LECCIÓN X Sumario. PILARES,—ANTAS.—PILASTRAS.—MOLDURAS Y SU ORNAMENTACIÓN.—GENERALIDADES SOBRE LA DECORACIÓN ARQUITECTÓNICA. En la arquitectura clásica empleando los órdenes, no fueron las partes sustentantes aisladas solo constituidas por columnas, (si bien de este modo se emplearon en la mayor parte de los casos dichas partes sustentantes), pues en algunas ocasiones fueron sus- tituidas por pilares. El pilar se distingue de la columna en que por su forma está mas predispuesto que ella á trabar ó unirse con los muros de un edificio. De los pilares hay que considerar tres clases, dependiendo, mas bien que de la naturaleza, de su forma, de la posición que relativamente á los muros que cierran un edificio pueden tener como partes sustentantes. El pilar puede considerarse aislado, entregado en el muro, en los estremos del mismo, ó bien en las partes centrales de él; si el pilar está aisla- do, su basa generalmente es cuadrada, en muy pocos casos como sustentante aislado fué rectangular su forma; considerando el vo- lumen, generalmente hablando, fué de pirámide truncada; su al- tura relativamente á las dimensiones de la basa, y su sección transversal, en una relación idéntica á la que se observó en las 17 — 130 — columnas. Cuando el pilar estuvo entregado al muro ligado y produciendo un resalto, un consiguiente aumento de espesor, y reforzando por consecuencia los ángulos de los edificios, cuando se le situó en los estreñios de los muros, con los mismos ángulos del edificio, entonces tomó el nombre de Anta; y cuando el pilar estu- vo del mismo modo ligado ó entregado al muro, pero no en los estreñios de él, no reforzando los ángulos del edificio y si partes centrales de los muros del mismo, correspondiendo, como gene- ralmente correspondía en su eje, al eje de la columna del orden empleado en la construcción como sustentante aislado, entonces toma el nombre de Pilastra. Tanto en los pilares propiamente dichos, como en las pilastras, y en las antas, siempre se sujetó la construcción, en que este mo- do de espresion arquitectónica se empleó, al mismo carácter, á la misma disposición de miembros, al mismo detalle que el de las partes del orden cualquiera que fuese el empleado en el edificio; así es que hay pilares dóricos, los hay jónicos y corintios. Espe- cialmente en la época romana y greco-romana, la disposición de pilastras en los muros y en correspondencia con las columnas ó sustentantes aislados determinando las retro-pilastras, fué uno de los medios empleados con el mejor éxito, para obtener carácter de ornamentación; simultáneamente que de solidez ó estabilidad para el edificio en que tal sistema se empleara. La situación de las partes esternas de un edificio especialmente (en cuanto en él eran necesarias) los atrios, los pórticos, los inter-columnios de avenida, dieron lugar al empleo, en un número considerable de casos, de las pilastras como partes de la construcción de los mu- ros, que no solo reforzaban y hasta aumentaban el espesor de ellos en los parajes en que se implantaban, si que también moti- vaban con sus resaltos el apeo que debían hacer de los dinteles que quedaban constituidos por el nivel que era necesario que si- guiesen los arquitraves que cargaban sobre las columnas, ó sus- tentantes aislados y salientes, ó á determinada distancia de los muros que limitaban verdaderamente la construcción en cuanto al edificio propiamente dicho, constituido por las dependencias in- teriores del mismo. Los pilares, hemos dicho, que se sujetaron al orden de la cons- trucción á que pertenecieron, y así es, que en ellos deben consi- derarse la basa, el fuste y el capitel, del mismo modo que en las — 131 — columnas y que de la misma manera que al hablar de los órde- nes, recordaremos haber dicho, que en el dórico, especialmente en el griego, no se empleó la basa; de la misma manera se obser- va que cuando se emplearon en Grecia los pilares, si se les ca- racterizaba con la molduracion determinante del orden dórico, tampoco tuvieron basa; pero si los pilares eran del orden jónico ó del corintio, ya constituían parte de los mismos pilares cada una de las que constituían el carácter y los rasgos especiales que distinguen á cada uno de ellos. La proporción del lado de la basa del pilar con la altura del mismo en su fuste ó caña, la basa y el capitel jónicos, son las partes que determinaron el carácter de los pilares de este orden, y del mismo modo y con idénticos miembros en el pilar empleados en el orden corintio. Sin embargo, es de notar que en cuanto al sustentante aislado, en la Grecia fueron muy pocos los casos en los que se empleara el pilar propiamente dicho; bastantes en los que se empleó el anta y un número no crecido en aquellos en que se empleó la pilastra. Como ejemplos en que se empleara esta parte de la construcción, tenemos el de anta dórica-griega en el templo dt Pesto, también el de Júpiter en Ejina, el templo de Teseo, y los propileos de Atenas. En cuanto á los jónicos que se conocen, naturalmente se distinguen por la mayor riqueza de ornamentación; tenemos res- pecto de antas el Erectheo de Atenas, un monumento en Ebusus, el templo de Minerva en Priene, el templo de Apolo en Mileto. Como corintias mas usadas que en ninguna otra, en la época ro- mana, tenemos particularmente en cuanto á pilastras, el liceo, el pórtico del panteón, la basílica de Nimes y el arco de triunfo de Sep- timio Severo. Si reflexionamos sobre la importancia que, artísticamente ha- blando, hubo de tener cada una de estas partes de la construcción, veremos que como medio de caracterizar á la misma, es induda- ble que la pilastra y el anta son preferibles y debían ser medios preferidos en el empleo del pilar considerado en general; puesto que enlazadas tanto la pilastra como el anta de un modo directo inmediato á la construcción del muro, determinaban en algunas ocasiones un aumento de solidez en el mismo y acusaban en otras la existencia interior de determinados motivos de la construcción que indujeron al que la habia estudiado, al conocimiento de la ne- cesidad del refuerzo en determinados puntos de los muros; y co- — 132 — mo una de las consecuencias que se desprenden de los principios por nosotros establecidos, consiste en que, en lo posible se trans- parenten, digámoslo así, al esterior de nuestros edificios,los pro- cederes empleados en la construcción de los mismos para satisfa- cer ya sea las necesidades del uso ulterior á que están destinados ó ya las propias y esclusivas de la construcción mecánicamente estudiada, de aqui porque si de las antas y de las pilastras se ob- tiene aumento de solidez, y se acusan al esterior ó se representan al esterior de los edificios los medios empleados para satisfacer estas necesidades, una vez conocido, desarrollado que ha sido su estudio en el proyecto; es claro que estos medios están perfecta- mente dentro de las condiciones de los principios artísticos por nosotros sentados. No se hallan en el mismo caso de correlación por unión íntima para la construcción del edificio los pilares ó sustentantes aisla- dos: estos son necesarios ó no; si lo fueren, para ello está el or- den constituido entre las partes que lo determinan muy principal- mente por la columna, su capitel y cornisamento. Ella con su forma cónica truncada determina á la vez que el volumen mas á propósito para desempeñar el papel de sustentante, la superficie mas simpática, digámoslo así, porque considerando el efecto óp- tico no se puede temer que produzca cambio aparente en la for- ma que, siquiera sea ilusoria, afecta de un modo directo al últi- mo resultado que han de producir las construcciones, mermando, si fuesen pilares, las condiciones positivas para que pueda exis- tir la tercera de las armonías de que hemos hablado en su lugar oportuno; recordando que allí hemos dicho, que es necesario pa- ra que se encuentren en un edificio cualidades positivas, que exis- tan tres armonías de las que la tercera es, que pueda haber rela- ción entre otras, la de estabilidad entre la masa observada y el espectador que la estudia. Necesariamente allí donde veamos for- mas que pueden prestarse con mas facilidad á que se desarrolle este efecto simpático, ellas serán preferibles á las que no cumplan con esta condición ó cumplan de un modo limitado. El pilar está constituido, ó por un paralelepípedo, ó por un prisma piramidal truncado y en cualquiera de los casos hay cuestión de limitación para el desarrollo del efecto simpático que ha de producir la ter- cera armonía; toda vez que si fuera un paralelepípedo por efecto de la visión, por el efecto óptico y determinada distancia, y es- — 133 — pccialmente cuando el punto de vista estuviera en limitada situa- ción, tendríamos que la parte superior de su fuste nos aparecería mayor que la inferior, y por consiguiente lastimado siquiera fue- se aparentemente un principio de la mecánica estudiada cientííi- camente, y hasta de la mecánica que puede decirse natural, por las exigencias que tiene nuestra imaginación cuando establecemos ciertos modos de razonar sobre la necesidad de posición, forma, dimensiones y materia: que convenientemente empleados en los edificios determinan el carácter de solidez de ellos. Si suponemos en el pilar la forma, que fué la primera en la mayor parte de los casos, piramidal truncada, podrá haberse cor- regido este defecto siempre que se haya tenido acierto en determi- nar la diferencia de la basa superior respecto de la inferior; pero por la misma naturaleza de la forma geométrica del pilar, la for- ma piramidal truncada, tenemos las aristas determinando así li- mitación en las superficies ó caras del volumen que constituye el pilar; no dejando el reposo necesario para que pueda ser tan sim- pática la espresion de la construcción en este caso, como en el de que la superficie del sustentante aislado fuese curva y conve- xa; y de aquí la razón porque entre el pilar y la columna hay una diferencia notable de espresion y de apreciación, que deter- mina desde luego condiciones favorables para la columna, en el mismo número que desfavorables para el pilar, y precisamente por es o es por lo que se observa que en los buenos tiempos de la Grecia fueron muy contados los casos en que se empleara el pi- lar; así como en la decadencia de las construcciones, coincidien- do en aquella época, como coinciden y coincidirin en todas, con la decadencia de la sociedad, se multiplicó el número de cons- trucciones m que se empleara el pilar; lo que queda corroborado al observar que donde este, puede decirse, fué mas usado es en la época romana, en la época en que la construcccion greco- romana se presentaba en multitud de ocasiones, con formas en el detalle y en el conjunto, de una determinada y espresiva deca- dencia. Si nosotros estudiamos el arco de triunfo de Septimio Severo, y en general todas las construcciones corintias enquefuemuy usado el pilar ya en la época romana, veremos comprobado cuanto deja- mos espueslo: si comparamos esta construcción con los propileos de Atenas, con el templo de Teseo, y con el templo de Júpiter en — 134 — Ejina, veremos que, aun cuando en estas construcciones de la buena época griega se empleó el pilar en la forma de anta y de pilastra, no se empleó en la forma aislada; y por consiguiente de- duciremos en general, que las condiciones de apreciación de los sustentantes que no tienen sección transversal circular, son favo- rables estudiando la arquitectura clásica, cuando dio lugar á la pilastra y al arte; son determinantes de condiciones de decaden- cia, cuando se observa que se empleó el pilar talmente dicho que determinó un carácter particular en las construcciones romanas, carácter que fué consiguiente á la ausencia del cono sustentante aislado. Una parte de la construcción en que se emplearon los órde- nes nos falta describir y no lo hemos hecho hasta ahora, teniendo para ello fundado motivo. Generalmente todos los autores al hablar de los órdenes de arquitectura, al deter- minar las partes que los constituyen, de las cuales nos hemos ocupado en las tres lecciones anteriores, no se olvidan de men- cionar y describir el pedestal; pero nótese que nosotros he- mos hecho el estudio de los órdenes considerando el origen puro de los mismos y tomando no por la fuerza que queramos dar á nuestros asertos, sino por lo inespugnables que son los datos de la historia, tomando la descripción de los órdenes con referencia á los buenos tiempos de la Grecia, al origen de los mismos órde- nes, á aquellos edificios que podemos aun citar como ejemplos para tener conocimiento de los verdaderos tipos de la arquitec- tura ordenada clásica, y como en dichas construcciones no se ob- serva que jamás se empleara el pedestal, del modo como esta parte de la construcción de los órdenes se ha entendido por algunos au- tores, de aquí que nosotros hayamos hecho capítulo aparte para no involucrar el pedestal en los órdenes, ó mejor dicho, para de- jar consignado que el orden en arquitectura única y eselusiva- mente consta de las partes que hemos indicado al describir el dó- rico, jónico y corintio; y si bien es cierto que hubo construccio- nes de la época clásica en que se empleara el pedestal, no lo es menos que ni él fué conocido en la época griega, ni él formó par- te del carácter de las construcciones en que se emplearon los órdenes; ni él dejó de ser una de tantas consecuencias de la épo- ca de la decadencia verdadera, pronunciada y detallada de una manera espresa en el bajo imperio romano. Sabido es que las —13:> — construcciones romanas son una consecuencia del proceder em- pleado en las griegas, por mas que el enriquecimiento producido por el fausto romano, revistiera de una manera suntuosa muchas veces á las formas de su arquitectura; el detalle de estas formas y la generalidad de formas que distingue en ellas el modo de pro- ceder para sustituir la superposición de masas de uu modo esta- ble que siempre están acusando su origen, como verdadero, en las construcciones de la Grecia. No basta que en las construcciones romanas el empleo del arco simultáneo del empleo de todos los medios por los que se guió el proceder de la construcción griega para satisfacer las necesidades, determinaran cierto aspecto dis- tintivo en aquellas respecto de estas: el hecho es que en Roma se emplearon los órdenes; pero que estos tuvieron su desarrollo y al- canzaron el grado de perfección, que determinan los monumentos que aun hoy podemos estudiar en Grecia, en el siglo de Pericles, es decir, en el período de la máxima civilización de aquel anti- guo pueblo. Así es, que como tipo de construcciones de órdenes, real y verdaderamente las griegas; y puesto que en estas no se observan sino las partes que hemos dicho que constituyen el or- den, nunca podremos admitir que el pedestal forme parte de él por mas que de hecho no solo fué empleado en el orden romano, sino que en cierta manera y á pesar de lo que acabamos de espo- ner tal vez reconozca su origen en Grecia. En efecto: en la mayor parte de los edificios griegos en que se emplearon los órdenes ha- bía un sub-basamento que unas veces servia para aislar por ele- vación el suelo del edificio respecto de las rasantes de las vias públicas, ó de los terrenos que circundaban al edificio; y otras veces, determinaba la altura que habia de tener la mas ó menos suntuosa escalinata que se presentaba como medio de acceso por la planta del edificio. Principalmente en donde este proceder se empleó, fue en los templos, edificios en los que se usaron todos los medios á propósito para facilitar la espresion característica que les convenia, de gravedad y de recogimiento bajo el punto de vista que lo concibiera el antiguo griego en consonancia con sus creencias religiosas: el romano, habiendo observado la existencia de este sub-basamento y teniendo que satisfacer (en los casos en que se empleaba los órdenes en sus construcciones) necesidades de índole distinta, fraccionó los sub-basamentos, digámoslo así, y resultó que interrumpida la continuidad de ellos que habia si- — 130 — do en Grecia el recipiente, sustentante corrido de toda la cons- trucción griega en cada edificio de la misma, resultaron trozos aislados, contorneados y moldurados de dicho sub-basamento y de aquí se originó el pedestal. Por otra parte el orgullo, el fausto y las necesidades consiguientes en la organización romana deter- minaron la necesidad de la columna rostral; de la miliaria; de la honoraria; del antepecho ó barandilla en el anfiteatro; del arco en el teatro; y precisamente todos estos motivos fueron otras tantas causas para determinar el pedestal, como medio de dar carácter y mayor elevación y consiguientemente mayor nobleza, mayor de- coro á los sustentantes aislados, que ya en el pueblo romano no se emplearon del mismo modo, con las mismas condiciones y con las mismas exigencias en todos los casos que en la época griega, por cuanto en esta el sustentante lo fué real y verdaderamente para desempeñar los oficios de tal en la construcción de los edi- ficios talmente dichos; mientras que la columna, si bien fué em- pleada en el mismo sentido que en la Grecia, en Roma no obs- tante fueron no pocas las ocasiones en que este sustentante se em- pleó para satisfacer las condiciones del orgullo personal, ó para honrar la memoria de determinadas acciones, para satisfacer en fin, las necesidades de un pueblo invasor, conquistador y de con- siguiente carácter-militar. La columna miliaria, la rostral, la honoraria ú honorífica son otros tantos efectos de construcciones aisladas en que como sus- tentante la columna no lo fué, solo respecto del edificio; si se ob- servan las necesidades que hubo de satisfacer el constructor de la época romana, en su anfiteatro, en su arco, se tendrá también bien patente el por qué del fraccionamento del basamento origi- nariamente griego, dándose así lugar al pedestal; pero la esencia de los órdenes está en su origen y en la época en que alcanzó el grado supremo de su desarrollo y consiguiente carácter, y como repetidas veces hemos dicho que esta circunstancia existió en la época de la edad florida de la Grecia y no en la época romana en la que real y verdaderamente la decadencia de la arquitectura fué visible; de aquí porque nosotros no hayamos descrito el pedestal al describir los órdenes, y sí de propio intento nos hayamos reser- vado para hablar de él como hecho, pero no como componente de los órdenes. El pedestal se compone de basa neto y cornisa. En la basa del — 137 — pedestal se emplearon pocas molduras y en una forma tal que acusaran real y verdaderamente la mayor fuerza, la mayor ro- bustez que las corresponde: el neto del pedestal generalmente fué constituido por un paralelepípedo de basa cuadrada, en muy pocos casos rectangular; las cuatro caras de este paralelepípedo, o cuan- do era entregado en el muro las tres caras visibles, fue en unos casos obieto de ornamentación plástica y en otros se presento sim- plemente liso pulimentado cuando la materia de que estaba cons- truido admitía el pulimento: sobre el neto o dado del pedestal car^ó la cornisa; esta si bien que de molduras de alguna mayor esbeltez y elegancia que las de la basa, sin embargo, también tuvo un carácter de robustez á propósito para desempeñar el pa- nel á que era llamado, cual fué el de recibir y consiguientemente apear de un modo sólido la basa de la columna y por consecuen- cia el orden que cargaba sobre dicho pedestal. Hemos hablado de molduras y debemos advertir que tanto en el pedestal considerándolo como parte del orden greco-romano y no en manera alguna como parte del orden griego, del orden ar- quitectural talmente dicho, tanto en el pedestal repetimos, como en la columna, en el cornisamento, y en general en todas las par- tes de la construcción, las molduras puede decirse (y en esta par- te estaremos muy conformes con lo espuesto por el autor \ignolc) nue desempeñan hasta cierto punto en arquitectura el mismo pa- nel nue las letras en la escritura: ellas, convenientemente emplea- das determinándose en su carácter con las formas y dimensiones eme'las corresponden, desde luego pueden obligar a que obtenga- mos en las construcciones la espresion propia que las calibea. Una moldura según su forma y dimensiones puede muy bien ayudarnos á dar la espresion de delicadeza que corresponda en irnos casos, la fuerza, robustez y severidad que es necesaria en otros- la parquedad en el número de las molduras; la convenien- te elección de los parajes en que deben ser empleadas, son tam- bién otros tantos modos de espresion, y esto no solo nos lo debe dictar nuestro juicio si reflecsionamos atentamente, si que lo de- duciremos igualmente del análisis que se puede hacer de cual- uiera de las construcciones pertenecientes a la época clasica que estamos considerando y á los buenos tiempos de esta misma épo- ca Si observamos aquellos edificios que pueden considerarse co- mo tipos en que se emplearon, en la época griega, los ordenes 18 138 — cualesquiera que fuesen, siempre veremos no una abundancia, una exuberancia de molduras, antes por el contrario, el empleo- de las mismas en determinados parajes y la distribución de ellas en términos de quedar espacios en la construcción, en los que Ajándose la observación de quien la analiza, pueda hacer descan- sar su mente, digámoslo así, y no encontrarse abrumada con una confusión y hacinamiento de resaltos que nada le digan y que borren todo carácter ordinario de espresion ó fisonomía apropia- da. Si comparamos lo que así sucede en estos monumentos dignos de estudio (porque de él puede sacarse provecho relativo) con las construcciones también monumentales de la época de decadencia, y especialmente con las construcciones romanas, ya observaremos mermadas las circunstancias positivas que recomiendan á la ar- quitectura clásica de los buenos tiempos, á proporción que cre- ciendo el fausto y las pretensiones muchas veces infundadas, no pocas reprobables, se transparentó en las construcciones el con- junto, el detalle de los vicios de la sociedad para la cual se alza- ban, y precisamente por este y por lo mucho que sobre el parti- cular pudiera decirse, es por lo que estamos mas y mas conformes con el principio de que las molduras en la arquitectura, conve- nientemente empleadas pueden sustituir en cierto modo al len- guaje escrito, por el cual como medio se viene á obtener la espre- sion de las ideas. Las molduras son planas y curvas; en general con las moldu- ras planas se obtiene el efecto del quietismo de la estabilidad ab- soluta; con las molduras curvas, se obtiene la espresion de una máxima solidez en la mayor parte de los casos; pero también en otros con las molduras curvas empleadas convenientemente ya por las dimensiones de las mismas, ya por la forma ó naturaleza geométrica de la curva generatriz que constituye este volumen, se puede obtener un carácter de mayor ó menor espansiva soltura, y por consiguiente determinándose una ornamentación que será acertada, tanto mas, cuanto que el resultado de ella responda al carácter que corresponde al edificio en que se emplea ó á la parte del edificio en que haya podido tener lugar. Las molduras planas en situación vertical ó inclinada pueden proporcionar para el efecto óptico modificaciones en el efecto ge- neral que son llamadas á producir por la altura que tengan y por la proyectura que respecto á los planos recipientes las determi- — 139 — nen. Su salida puede también determinar juegos de luz y sombra que produciendo el claro-oscuro tan importante en todos los edi- licios, contribuye á dar carácter á estos. Las molduras curvas, tanto por las dimensiones que tengan como por la naturaleza de la curva que las genere, están llamadas á determinar también jue- gos de luz ó efectos del claro oscuro que siempre ha de producir en último resultado, como elemento principal, el efecto conclu- iente de su fisonomía ó carácter. Tanto en las molduras planas como en las curvas, es posible y fué empleada la ornamentación plástica. Esa ornamentación puede ser obtenida por el relieve al- to ó por el hueco; también en las molduras planas la ornamenta- ción puede ser por relieve ó por entallado. En las épocas antiguas las combinaciones geométricas determinaron condiciones de or- namentación, especialmente en el período perteneciente á dos de los tres que hemos considerado anteriormente y muy particular- mente en nuestra España en el período árabe. Las ornamentacio- nes obtenidas por combinaciones geométricas ayudándose de los colores especialmente cuando se podia obtener la armonía con los azules, los vermellones y los dorados y plateados, determina- ron un germen de ornamentación que convenientemente estudiada y desarrollada un dia pudiera dar la propiamente nacional, or- namentación que tiene, (por mas que sea local respecto á una considerable estension del globo) construcciones monumentales, y su estudio puede hermanarse en cierto modo con las construccio- nes que tuvieron lugar en la época del bajo imperio romano, cuando la traslación de la silla Bizancio. De todos modos la molduracion en los edificios no debe ser exuberante y exagerada ni por el número de las molduras ni por la naturaleza y dimensiones de ellas, ni por la ornamentación de que se las revista: únicamente allí donde sea necesario acusar en la construcción un enlace existente en la masa íntima de ellas, únicamente allí será procedente la imposición de los resaltos que constituyan las molduras, y así es, que estas empleadas de tal manera y eligiendo para ellas las dimensiones y formas á propó- sito, así y solo así será como puedan desempeñar en el aspecto esterior de las construcciones el mismo papel que para espresar las ideas desempeñan las letras que reunidas convenientemente nos facilitan la lectura. De este modo lo comprendieron induda- blemente los antiguos. — 140 — En muchas ocasiones principalmente para los principiantes, parece que es como una necesidad, ó por lo menos una conve- niencia llenar de moldura una construcción proyectada; pero si se tiene en cuenta que las molduras que nada dicen, y nada di- cen 'cuando no son puestas en su lugar conveniente, bajo el punto de vista económico de la construcción son gastos inútiles, y bajo el punto de vista de la espresion de la misma construcción cons- tituyen una confusión de ideas, y dan una espresion vacía. Es claro que el principiante con esta doble reflccsion tiene lo sufi- ciente para huir de tal vicio y por consiguiente debe seguir el principio observado por los antiguos, de no pensar en moldura- ciones para los edificios, sino después de haberlos estudiado sa- tisfaciendo las necesidades á que ulteriormente son destinados en su uso, llenando las condiciones de la buena construcción, y ob- teniendo así el esqueleto de ella, esqueleto que por su esencia queda preparado para ser revestido por una ornamentación admi- sible; pero llegado el caso de esta se hace preciso el perfilarla y el perfil de la ornamentación moldurada en arquitectura no es tan fácil como á primera vista parece. Es conveniente que nos haga- mos cargo al determinar un perfil de cornisa, un perfil moldura- do, cuál de los efectos de luz que ha de recibir y que consiguien- temente ha de producir en el edificio en que se emplea, es el mas conveniente y para poder con acierto obtener el perfil mas reco- mendable, es necesario, primero, tener en cuenta cuál es la ma- teria en que se ha de hacer la moldura, porque hecha en hierro, en piedra, y de la piedra suponiéndola, por ejemplo la de Mon- juich ó la de grano mas fino de Lérida, ó de cualquier otra co- marca, ó hecha en mármol, no puede ni debe ser la misma; pues el carácter de la molduracion es consecuencia entre otras causas, de la materia en que ha de ser llevada á cabo y le da también carácter la posición que ha de tener en el miembro de la cons- trucción donde ha de ser implantada; la fatiga mecánica que di- cho miembro soporta porque todo esto constituye rasgos que de- ben transparentarse en la molduracion, si ella ha de responder al efecto á que es llamada á desempeñar; si ha de ser en cierto modo un medio transparente en que pueda ser leida, digámoslo así, la construcción. También es necesario tener en cuenta la posición que han de tener los miembros moldurados, considerados en ma- sa, para los efectos de luz y sombra que se han de producir: — lil — comprender debemos que una molduraciou en una calle estrecha, no puede producir el mismo efecto que la misma en una gran plaza; que en un pais cu donde brille mucho la luz, por efecto del reflejo fuerte del terreno no hemos de emplear la misma mol- duracion que en el pais nebuloso en donde los reflejos no son bri- llantes; y precisamente la diferencia se advierte cuando se visitan las provincias del Sur y las del Norte de España, pues no hiere del mismo Modo intensa la luz en las construcciones levantadas en uno y otro de los estrenaos de la Península, no son las mismas las condiciones admosféricas para los efectos de ellas en las cons- trucciones artísticamente consideradas, y por consiguiente, los medios de la espresion obtenida por la molduracion no han de ser las mismas, han de cambiar. Vemos pues, en último resultado, que tanto en el proceder que debe emplearse para estudiar la esencia de los edificios, como en el proceder que debe tenerse en cuenta para obtener la forma apropiada de ellos, no ha de dejarse encomendado al acaso, no al capricho, no á la inspiración, de ningún modo á la improvisación; ha de ser siempre resultado de una atenta reflecsion, resultado de haber allegado todos los datos que en cada caso deben tenerse en cuenta, para obtener así por lo menos la probabilidad de acierto. Son no pocas las construcciones en que la ausencia de la mol- duración debe ser considerada como un medio de espresion ca- racterística de ellas; debemos tener muy presente que la moldu- racion no es admisible como ornamentación en arquitectura, sino cuando el objeto de la construcción no la repele y cuando consi- guientemente el material empleado en la construcción se presta por su naturaleza á esta molduracion; pero si se trata de edificios modestos en los que por consiguiente los materiales que en los mismos deben emplearse no son de naturaleza á propósito para la molduracion, porque si lo fueran ya no seria la elección de ellos acertada, si el aspecto del edificio estando en armonía con su uso ulterior debe ser modesto, es claro que la molduracion única admisible es la que se obtenga en consecuencia de haber hecho adquirir á los materiales que se empleen, las formas á pro- pósito para que las condiciones de la estabilidad queden satisfe- chas, y estas condiciones que exigen dimensiones y modos espe- ciales de enlace de unos con otros miembros de la construcción, determinarán partes entrantes y salientes en la misma, único — 142 — elemento de molduracion que en ellas será admisible. Por la i n - versa: si se trata de construcciones en que el uso á que estén ul- teriormente destinadas exija que elijamos materiales que admitan la molduracion, los procederes de la construcción empleando e s - tos materiales, han de ser en consecuencia de la naturaleza de ellos y de la construcción proyectada: en el detalle de ellos es claro que en este caso la ornamentación por molduracion ha de tener lugar en mas ó menos cantidad, con mayor ó menor profu- sión, pero siempre sujetándonos al principio de ornamentar solo lo que sea ornamentable, y no debemos considerar como tal sino aquello en donde la unión de las masas de la construcción exija un embellecimiento, no que oculte y sí que transparente los pro- cederes de la construcción mecánicamente estudiada, puesto que en ella se han de resolver tantos problemas para obtener la esta- bilidad, cuantas sean las combinaciones á quedé lugar el pro- yecto. v\z\n/\7\y"\/VA/VAA/vv\A/