LECCIÓN XII, Sumario. CUBIERTAS DE LOS EDIFICOIS.—CONSIDERACIONES HISTÓRICAS.—lo. ARTÍSTICA DE ACTUALIDAD. CUBIERTAS DE EDIFICIOS.—Deben considerarse los edificios en cuanto á los límites que los determinan, por el terreno que los sustenta, por los muros ó sustentantes que los circuyen y por las cubiertas que los terminan. La fisonomía ó el carácter que se da á las construcciones, de- pende en parte del sistema de las operaciones que conducen á predisponer el terreno sobre que se han de edificar en los térmi- nos convenientes según sean las exigencias, originadas en unas ocasiones por la naturaleza de los mismos terrenos, en otras por el uso ulterior á que se destinan los edificios hacederos, y en otras por la combinación de ambas circunstancias á la vez. Depende también del carácter mas ó menos apropiado que se llegue á hacer adquirir á un sistema de construcciones en una comarca, de las condiciones á que se sujeto en el terreno práctico de la ejecución el sistema general ó particular empleado en las construcciones de sus cerramientos laterales, de sus sustentantes, y de sus muros, como ya hemos visto. — 160 — Tanto al hablar de estos, como al determinar las condiciones especiales que han calificado en los períodos en que se han he- cho mas notables los sustentantes verticales, especialmente cuan- do hemos analizado los órdenes, hemos podido ya adquirir en cierto modo un conjunto de ideas que nos predispongan á poder conocer los elementos necesarios para describir, siquiera sea solo los rasgos característicos de la fisonomía de las construcciones en determinados períodos, y podemos deducir en consecuencia, cuál es el que con las condiciones especiales á que están sujetas las construcciones del dia, ha de venir á distinguir á las mismas; y en último resultado, á hacerles tener la fisonomía que les sea mas apropiada. Pero no nos basta lo dicho para poder tener una idea completa del carácter, que distinguir debe á las construccio- nes ó de los elementos que, reunidos, pueden constituir lo acaba- do, lo completo de dicho carácter. El cerramiento superior que tienen las construcciones, consti- tuyendo la cubierta de las mismas, y satisfaciendo necesidades, que unas veces son dependientes esclusivamente del clima y de la situación geográfica de la comarea; otras de los materiales que es posible emplear en las mismas, otras de los usos especiales á que son destinados algunos edificios, y otras de la combinación de to- das ó por lo menos de dos de estas circuntancias, hacen que las cubiertas de los edificios no en todos los casos estén en las mis- mas condiciones, y por consiguiente no en todas las ocasiones terminan por la parte superior, á los edificios, de un modo dado, de una manera uniforme. Si nosotros siguiendo el mismo sistema, que ya hemos empren- dido para las demás partes de las construcciones de los edificios, dirigimos, siquiera sea rápidamente, una ojeada á los que mas se han distinguido, á los que podemos considerar como tipos en ca- da uno de los períodos de que hemos hablado, observaremos que en las construciones llevadas á cabo en el período antiquísimo, las construcciones del estremo Oriente, esceptuando solo las de la China, siempre en ellas se observa que la cubierta de los edifi- cios, bajo el punto de vista de la inclinación que la determina con los flancos que la constituyen en lo que vulgarmente llamamos tejado, no existió, no fué conocida, y no lo fué, porque de ello no hubo necesidad; el mismo carácter de pretendida permanencia absoluta que imprimió el sello á las construcciones del perío- — 161 — do antiquísimo hizo que no fuese necesaria la cubierta, desde el momento en que en los principios de este período antiquísimo y no en aquellos pueblos que mas tarde alcanzaron una civilización notable, en la Judía y en el mismo Egipto los primeros rudimen- tos, digámoslo así, de la edificación, se ven representados por ex- cavaciones, por desmontes, en grande escala en losflancosde las montañas, en sus inmensas rocas. En el segundo período observamos ya la construcción con ma- teriales de transportes; pero afectando moles de una consistencia y solidez estraordinaria no respondiendo esclusivamente á la re- sistencia que á las piezas les correspondía por la fatiga á que ha- bían de estar espuestas como elementos de una construcción, sino respondiendo á la que parece fué necesidad que imperó constan- temente en el ánimo de los constructores, de llevar á cabo sus edificios de un modo que pudiera decirse que en ellos se había lo- grado una permanencia eternal. Estas moles ya en forma pirami- dal truncada, en sus contornos generales y en climas también cá- lidos, tanto por las circunstancias de ellas cuanto por su solidez estraordinaria, como por las condiciones del clima, no necesita- ron cubiertas acentuadas. Por la inversa, en el período antiguo y especialmente en los pueblos en que se alzaron las construcciones que ya hemos determinado como tipos de la arquitectura clásica, en Grecia y en Roma, ya las cubiertas se conocieron y ya deter- minaron rasgos característicos de la fisonomía especial de la construcción, porque en esta ya no se aspiró á otra cosa sinoá constituirla dentro las condiciones que determinan la belleza rela- tiva y á satisfacer las necesidades consiguientes al arte simultá- neamente que las consiguientes al uso ulterior á que estaban des- tinados los edificios. Ya en tales construcciones se considera la satisfacción de las necesidades públicas y también de las par- ticulares, en ellas se observa el respeto y atención que mereció el individuo y su familia, y se ven predispuestas las dependen- cias del edificio privado ó casa particular porque es conocida su necesidad y es satisfecha en el seno de aquella sociedad. Es por consiguiente constituida la población y en ella las manzanas de las casas y el sistema de viabilidad urbana; y en la misma, final- mente, todo el conjunto de las necesidades que determinan la hi- giene y el ornato público en las poblaciones de mas ó menos im- portancia. Los desagües necesarios tanto en cuanto á las rasantas 21 — 1(52 — de las vías públicas urbanas, como en cuanto al desagüe que ne- cesariamente hubo que estudiarse para las cubiertas de las man- zanas que constituyeran los edificios, y aun en aquellas ocasiones en que, como sucedió en cierto período de Roma antigua, las casas estuvieron aisladas unas de otras y no llegaron por falta de con- tigüidad á formar las manzanas tal como las conocemos en nues- tras modernas poblaciones, allí fué igualmente necesario facilitar el desagüe y por consiguiente determinar la cubierta en los edifi- cios particulares. Pero no solo esto, sino que en los mismos edifi- cios que empleando el lenguaje de hoy calificaríamos de públicos, en los monumentos, el sistema particular de la construcción su- jeto ya á las condiciones estáticas y estéticas, lo es igualmente á las condiciones deja economía que bien entendida, determinara la ne- cesidad de obtener su disposición de modo que quedaran coligadas las masas, no precisamente por otros sostenidos que la ampararan en toda su estension, sino por las cubiertas que en su forma y con los materiales empleados en las mismas determinaran la salida rápida ó escapadero de las aguas pluviales. En las construcciones griegas, á pesar de dominar como un rasgo característico el lincamiento horizontal por el empleo de voluminosos dinteles, en cuanto á la cubierta de los edificios se ven siempre los flancos inclinados, determinando en la intersec- ción de ellos con los paramentos esteriores de las construcciones, un triángulo que constituyó desde el origen el esqueleto, puede decirse así, del frontón, determinado por la cornisa horizontal del edificio y las dos inclinadas de los faldones de los tejados. El es- pacio interior triangular liso dispuesto, para recibir una ornamen- tación pintada ó escultórica, ó para quedar dejando á la vista los materiales de que está constituida la construcción, determina el tímpano. Las antefixas que estuvieron colocadas como remate del caballete del tejado ó como finales de la limahoya, determinaron el modo de acusar al esterior con galanura los límites de los flancos del trabajo. En el esqueleto de la cubierta representado mas genuinamente que de ningún otro modo en la arquitectura griega, fué el frontón motivo para establecer un sistema de ornamen- tación en la parte superior de los edificios, ornamentación que fué en unos casos pintada y en otros escultórica; las mismas an- tefixas sirviendo de remate ó nudo de conclusión de los frontones del modo espuesto, fueron de mármol ó de fabricación de alfare- — 163 — ría; y siempre en su forma obedecieron á un sistema de cons- trucción, como el que en todos los casos calificó de un modo no- table el período florido del pueblo que alzó construcciones típicas como aquellas. En el sistema de la construcción romana en que como sabemos ya fué empleado el arco y consiguientemente la bóveda obede- ciendo al principio general de acusar al esterior la estructura in- terna de las construcciones, el frontón primitivo triangular, pro- cedente de la época de las construcciones griegas se convirtió, no en todos los casos, en frontón de segmento, puesto que tuvo la parte inferior constituida del mismo modo que en Grecia por la posición rectilínea de las molduras que terminaban la cornisa horizontal del edificio; pero en cuanto á las dos formas rectilíneas angulares que determinaron el triángulo en Grecia, fueron susti- tuidas por un arco de circunferencia de círculo, que siempre, es- tuvo en magnitud y desarrollo, es decir, en el número de grados y en el desarrollo y posición, del mismo modo como la sección de la bóveda de cuya cubierta era perfil ó motivo de acuse. Ya en el frontón así modificado no tuvo tanta razón de ser el sistema de ornamentación adherente empleado en los frontones de la Grecia, ya la antefixa superior y algunas de las de limahoyas del arran- que no tuvieron razón de ser, y si bien en los frontones circula- res empleados en la época romana en algunos casos se ven mol- duras recargadas de ornamentación, la calificación que puede ha- cerse de ella es de indiferente, y ya sabemos la diferencia que hay entre ella y la significativa. En las construcciones de la Edad media, llamadas cristianas, porque se desarrollaron en sistema, tanto en el período en que las creencias del cristianismo tomaron el vuelo consiguiente á la fe de los siglos medios, como porque este mismo sistema de cons- trucción se empleó en los edificios destinados á los usos de la re- ligión en el mayor número de casos, ya las cubiertas toman y tienen un carácter distintivo; sabemos que uno de los rasgos ca- racterísticos de las de la Edad media consiste en que la verticali- dad domina en ellas, habiendo reducido acaso ala nulidad la ho- rizontalidad que dominó en la época de las construcciones del período del paganismo. Así se observa sin distinción de climas, y la inclinación de los flancos en las cubiertas es notable, en to- das las construcciones de dicho período, como en las mismas — 16i — construcciones elevadas en los climas cálidos cuando se empleó el sistema llamado vulgarmente gótico, en el que las cubiertas de los edificios siempre tuvieron una inclinación mucho mayor que en el sistema empleado en las cubiertas de los del perío- do del paganismo, en que no se usó el sistema del abovedado co- mo sucedió en Grecia, y estradosado de nivel como en algunos casos en Roma. Sin embargo, empleando este mismo sistema de las construc- ciones de la Edad media fué no pequeño el número de casos en que se obtuvo el frontón de una manera natural, si bien que el tímpano de este frontón fué de condiciones de lincamentos y proporciones distintas que el tímpano del de la época griega; pues en el frontón de esta época, el triángulo isóceles que consti- tuyó su esqueleto, tenia los ángulos de la base estraordinaria- mente agudos, y él ángulo en el remate por su parte superior, consiguientemente fué obtuso en la mayor parte de los casos. En los frontones originados en las construcciones de la Edad me- dia, ya se ve que los tres ángulos del tímpano fueron agudos en todos los casos, llegando algunas veces al estremo de ser mucho mas agudo el ángulo de remate por la parte superior que los dos laterales de la base del frontón; es decir, enteramente lo contrario de lo que. sucedió en el frontón rebajado de la época griega; dán- dose así lugar por una parte á que hubiera unidad en la masa general ó sea en la mole del edificio y en el detalle del mismo considerado en el frontón, dominando siempre ó con tendenciasá dominar la verticalidad; y en segundo lugar, determinando así con el tímpano un espacio á propósito para poder encuadrar, co- locadas de un modo conveniente, composiciones que generalmen- te fueron escultóricas representando constantemente cualquiera de los accidentes consiguientes á la dedicación del santo patrono de la construcción ó de cualquiera de los asuntos propios de la reli- gión, en virtud de la cual se levantaba el edificio, si para la mis- ma era destinado, ó bien obedeciendo al sistema obtenido por los lineámentos y estableciendo combinaciones geométricas, bien de relieve ó bien preparando el tímpano, tanto en las construcciones religiosas como en las profanas, y obedeciendo siempre á un sis- tema de simbolismo, que mas que en otra época cualquiera, califi- có á la arquitectura de los siglos medios; siendo este el porque de su carácter de universalidad y que tanto la distingue délas demás. En la Edad media ñó solo se llevaron á cabo construcciones para satisfacer tas necesidades de las creencias, sí que también se atendió á las necesidades domésticas del modo cómo entonces fué posible atender y que hemos espuesto. Si el individuo de todas las clases en que hoy se divide la sociedad, no tuvo una represen- tación tal y como la que hoy tiene para que pueda existir y tenga razón de ser la casa particular en todas las poblaciones y para todas las fortunas, no obstante: la arquitectura doméstica consis- tente en el sistema de las construcciones dispuestas para satisfa- cer las necesidades de la familia, fué conocida y desarrollada; si bien que dentro de los límites propios de las condiciones de aque- lla época. En una palabra, la misma casa señorial dispuesta para satisfacer las necesidades de una familia particular, determinó una de tantas construcciones de la arquitectura doméstica, y es necesario tener muy en cuenta la diferencia que hubo entre la cubierta de los edificios públicos, digámoslo así, de aquella edad, y la cubierta de los edificios particulares. En las de estos edifi- cios, si bien que en determinadas partes de los mismos, para co- bijar crugias se empleó el faldón de tejado, no fué ya en las con- diciones que en los edificios públicos: no se dio lugar al frontón en muchos casos: se satisfizo la necesidad sin mas que establecer la pendiente consiguiente á las necesidades del clima, según la zona en donde se llevaban á cabo las construcciones; y en aque- llas partes de las mismas destinadas para cubierta de las demás dependencias de la casa particular. El mismo sistema militar á que se sujetaban estas construcciones y las exigencias propias de la defensa, determinaron las terrazas, y entre ellas y sobre ellas los cuerpos salientes en el sentido de ele- vación dando lugar así á las atalayas desde los puntos mas elevados del edificio. Viene el siglo XVI y aparecen todos los datos que califican el renacimiento ; desaparece el sistema general y el modo de ser de la Edad media; influyen todas las circunstancias en la modifica- ción que se advierte en las construcciones; se restablece para es- tas en el detalle el perfil griego y*el greco-romano : en el conjun- to el remedo, el plagio servil de las construcciones de la época del paganismo; se conturban las ideas; hay confusionen los procede- res todos, y en medio de formas que no son dignas de ser reputa- das por lo que en sí representan , pero que sí lo son bajo el punto — 166 — de vista de no reunir rasgos propios de la localidad, puesto que se toman siempre, porque así se pretendió hacer, de una fuente común, y cae en cierto modo borrado por el momento todo lo que pudiera contribuirá que encada comarca ó por lo menos en cada país de los que tenían entonces dominio de territorio mas ó me- nos estenso, hubieran ó debieran de tener siempre carácter pro- pio, fisonomía distintiva las construcciones. La especie de modar el furor por el estudio sin precauciones contra el plagio de los antiguos, lo mismo se pronunció en las letras que en las mismas ciencias y en las artes; entonces es cuando aparece el sistema de las cubiertas llamadas italianas, y como dentro de nuestra pe- nínsula una parte importante de ella, el Mediodía, sus fértiles y un dia ricas provincias, tuvieron tanta influencia en aquella épo- ca en el modo de ser de la casi totalidad del territorio, y como para aquellos climas el sistema de las terrazas es el mas á pro- pósito, porque las exigencias del mismo clima así lo dan, natural- mente resulta que en las construcciones españolas de los siglos XVI y XVII el sistema de cubiertas por terrazas obedece, mas que á la razón de ser que tienen en algunas provincias, al imperio de la moda que siempre debe ser repudiada en las artes, como en todos los procederes que deben encomendarse solo á la inteli- gencia. El sistema de las cubiertas por terrazas no se puede acusar al esterior de los edificios sino por líneas horizontales, á diferencia del sistema de cubierta por tejados con frontón mas ó menos pe- raltado. Contra la moda, impropiamente llamada, como auxiliar en las artes, siempre hay un período en que viene la razón á es- tablecer las cosas en su punto; así sucedió en el mismo siglo XVII y muy especialmente en el siglo XVIII. En nuestra época, en las provincias del Norte y en las del centro de España las cubiertas por tejados se establecen acusando al esterior de los edificios las verticales que exigiera el clima en aquellos países en que se pro- ducen las lluvias ó las nevadas en gran cantidad y con frecuencia, y así queda para las cubiertas de los edificios de cada una de las comarcas de nuestro pais hecha la diferencia de los rasgos que constituyen la fisonomía particular, y el carácter especial que por el contorno general del edificio debe tener el mismo, según que se encuentre en uno ó en otro clima. CONSIDERACIONES ARTÍSTICAS DE ACTUALIDAD.—Nosotros, después — 167 — de esta rápida reseña de la historia, si así puede llamarse, de las cubiertas desde los tiempos antiguos hasta la época presente, lo que debemos hacer es tener en cuenta para las construcciones de hoy dia, que no solo debe influir en nuestro ánimo al proyectar- las, el conjunto de las necesidades á que hay que satisfacer en cuanto á cobijar y resguardar de los efectos de determinados agentes atmosféricos, como son los grandes vientos, las nevadas y lluvias y muy especialmente en el Mediodía de España la eleva- ción de temperatura, sobre todo cuando hayamos de hacer habi- table el piso mas próximo á la cubierta de un edificio establecien- do no solo la dirección mas á propósito en los flancos, sí que calculando de antemano la ostensión de ellos igualmente que los materiales que mas nos convenga emplear. No es accidental para los efectos artísticos que se hayan de obtener de las cubiertas de los edificios, que los planos de los tejados tengan una estension cualquiera, porque en esta hemos de ver, si consideramos al teja- do como representación de la existencia interior de una crugia; hemos de considerar entonces á la vista de los dos flancos de una cubierta, la estension latitudinal de la crugia que cobija, y for- marnos en su consecuencia una idea de la disposición interna que tienen las dependencias generales del edificio, de modo que por la cubierta tenemos una ley que convenientemente empleada, puede servir para el acuse al esterior del modo de ser en posición y di- mensiones de las crugias. En las cubiertas hemos de considerar las de flancos laterales eurítmicos en forma, en dimensiones y en colores porque también los que revisten los materiales que podemos emplear en las cu- biertas, ya sean propios de la alfarería, ya sean metálicos, deter- minan rasgos característicos de la cubierta. Como condición ge- neral por necesidad tenemos que en el Mediodía de España las cubiertas metálicas deben proscribirse, así como en el Norte pue- den ser adoptadas con preferencia á las en que se emplean los materiales arcillosos. En el Mediodía de España los colores y abrillantado que se obtiene por medio de los barnices en las pie- zas empleadas en las cubiertas, no se hace con el esclusivo objeto de obtener ornamentación y agradábilidad para el edificio; esta, si se obtiene, es como consecuencia, no como punto de partida de ejecución ; porque si se emplea desde la época árabe en que con tanto acierto se llegó á determinar el conjunto de todas las con- — 168 — ¿liciones que pueden hacer apreciables á una cubierta, fué para responder á la necesidad virtual, á la necesidad originaria de ha- cer que se reflejaran los rayos luminosos en vez deserabsorvidos, tanto por los colores empleados en las piezas como por el puli- mento de ellas; obteniendo así en la materia arcillosa un mal con- ductor ó por lo menos un imperfecto conductor del calórico, pues por el brillo dado á su superficie vino á ser un reflejador del ca- lórico. Es claro que á proporción que tuvieron con estos materia- les, en las condiciones que lo hacían adquirir en la fabricación, la necesidad de convertir en ventajas las desventajas del calórico, se hacían mas simpáticos empleados en el edificio y traian origi- nariamente la belleza que comunicaban al edificio en la bondad con que respondían á la satisfacción de la necesidad principal, cual es que la estancia en las dependencias del edificio sea cómo- do, y no perturbe las condiciones de la salud si se sujeta á las condiciones de la higiene. Cuando las cubiertas son de terraza , se acusan ó representan al esterior del edificio por medio de un sistema de molduras que constituyen la cornisa del mismo. Es necesario que no confunda- mos nunca la cornisa de un edificio con el cornisamento de un orden; nosotros al analizar los órdenes hemos visto que en cuanto á la parte sostenida superior de los mismos hay tres miembros principales: el arquitrave, el friso y la cornisa; y que estos re- presentan perfectamente acusados al esterior todos los elementos que constituyeron los edificios en donde ellos fueron empleados en la época clásica en que se llevaron á cabo. En Grecia y Roma constituyeron un medio completo de acuse al esterior los elementos internos de la cubierta de sus edificios; pero como la construcción de los modernos edificios no está sujeta á las mismas condiciones de las cubiertas que lo estaba entre los griegos y romanos, de aquí porque cuando se acusa al esterior de nuestros edificios la cubierta de ellos lo hayamos de hacer por medio de una combinación de molduras, y así resulta que no he- mos de amoldarnos al pié forzado de hacer arquitrave , friso y cornisa, porque esto seria plagiar é incurrir en los errores á que conduce una imitación tan servil como inmotivada, pues no he- mos dado á conocer los órdenes sino para razonarlos y de ningún modo para copiarlos, y sí solo para tomar de ellos en su esencia L necesario para poder operar obrando lógicamente con los ele- o 169 — mentos que debemos tener en cuenta hoy dia. La cubierta de nues- tros edilicios es la que necesitamos estudiar, y de las condiciones que tenga esta cubierta deducir los motivos del acuse al esterior de la misma, obrando así de un modo análogo al que lo hiciera el antiguo artista griego ó constructor romano, cuando, dadas las condiciones de sus cubiertas, tuvieron el acierto de representarlos del modo como lo hicieran al esterior constituyendo la parte sos- tenida de los órdenes en el arquitrave, friso y cornisa. Cualquiera que sea la naturaleza de la cubierta que nosotros empleemos, prescindiendo por un momento de los materiales que la hayan de constituir y atendiendo únicamente al servicio que haya de prestar, siempre nos encontraremos ó con que esta cu- bierta tiene poca inclinación respecto al horizonte, porque el cli- ma de la comarca en la cual se suponga la construcción no sea propenso á nevadas, y en él se produzcan de tarde -en tarde las lluvias, ó estando en comarcas situadas al Norte en que tengan lugar estos fenómenos atmosféricos con intensidad y frecuencia, la cubierta á propósito en cualquiera de estos casos ha de ser por tejados. Entonces tenemos siempre la necesidad de posición hori- zontal en determinadas molduras; en el primer caso constituyen- do el acabado del edificio ; en el segundo , constituyendo el reci- piente de las formas inclinadas que acusando al esterior los fal- dones de la cubierta, determinan la forma de la misma. Por consiguiente tenemos en ambos casos que nonos podemos escapar de emplear cualquiera que sea la forma que demos á la masa, la misma masa conocida con el nombre de arquitrave en la arqui- tectura griega y romana. ¿Pero estaremos en el mismo caso con el friso y la cornisa? No. El arquitrave, el friso y la cornisa determinan como miembros de un orden las condiciones especiales de la forma de él, puesto que el conjunto de este orden respondió á las necesidades y fué una consecuencia de ellas en la época y en los edificios en que se empleó; pero nosotros en nuestros edificios, hablando en general y salvas algunas escepciones, no empleamos el sistema de la ar- quitectura clásica. Nosotros, si distribuimos nuestros edificios con sujeción al programa en que estén basadas de un modo or- denado las necesidades á que han de satisfacer, y por consiguien- te deducir de ellas las dependencias que han de tener los mismos edificios, en la mayor parte de los casos no empleamos ni debe- 22 — 170 — mos emplear tal ó cual orden; porque no lo necesitamos, porque su empleo seria inadecuado; de donde resulta que una de las partes integrantes del orden, que es el arquitrave, friso y corni- sa, tal como estuvieron en la arquitectura clásica, no son nece- sarias ; por incidencia vemos que es indispensable en la mayor parte de los casos el empleo de una masa que respecto á nuestras construcciones hoy dia tiene en cierto modo una semejanza con el arquitrave de la época clásica, y por consiguiente será necesa- rio emplear el espresado detalle en condiciones aceptables , dado el sistema de nuestros modos de construir. La materia con que se construyen las cubiertas es, como hemos dicho, otra circunstancia que no hay que desatender, porque las exigencias de la conservación traen por consecuencia final exi- gencias en la construcción del edificio. Sabemos , por ejemplo, la conveniencia, y mas que la conveniencia la necesidad de que el material madera esté en condiciones tales, que por falta de ven- tilación no le espongamos á una pérdida, y por consiguiente ne- cesitarnos (siempre que haya de haber cubierta, y cubierta que por la parle interior del edificio haya de estar oculta , ya por los cielo-rasos, ó ya por cualquier otra de las construcciones que exigen los usos á que se destinan las dependencias del edificio) necesitamos, decimos, facilitar medios de la construcción para que los "espacios que queden cerrados se hallen en disposi- ción de que se produzca la ventilación á fin de que las made- ras no sufran. Sabemos que esta ventilación se ha de procurar en términos que no sea ó no produzca como resultado final el de que se estén impregnando las maderas de humedad que no venti- lada convenientemente viene á determinar motivos de deterioro para el edificio. Todas estas condiciones nos conducen al sistema de las cornisas llamadas arquitravadas, en las que dejando los ho- radamientos necesariosyen los espacios convenientes,los cuales son motivo de una decoración en detalle, cumplen además con las cir- cunstancias de dar pasoalaire en corrientes preestablecidas, sin que entre directamente la humedad en forma de lluvia por mas que pueda entrar cuando satura al aire atmosférico; pero que por la misma facilidad con que entra se produce la desecación cuando la humedad del aire se reduce á pequeñas cantidades. Cuando nosotros hemos hecho mención de las cubiertas del pe- ríodo antiquísimo, hemos cuidado bien de hacer una distinción — ni — de todas ellas respecto de las chinescas. Este pueblo del cslremo Oriente, singular en sus construcciones como en todo, presenta las masas ya con cubiertas determinadas desde una época muy antigua, empleando en ellas los materiales mismos que en nues- tro pais se han empleado y se siguen empleando ; en unos casos las cubiertas metálicas, y en otros casos, que son el mayor número, cubiertas compcstas de piezas obtenidas porla fabricación de alfare- ría. La razón de ser que tuvieron desde tan antiguo estas cubiertas, indudabjemente debemos encontrarla en la razón de ser que tuvo la edificación supeditada: sabemos que este pueblo, á diferencia de los demás orientales, satisfizo desde muy antiguo las necesidades generales de corporación sin perjuicio de atender á satisfacer las del individuo; se conocieron y respetaron los derechos de este y los de la familia; tuvo por consiguiente razón de ser la arqui- tectura doméstica, y tuvieron razón de ser las construcciones ais- ladas con cubiertas determinando el mismo origen de las cons- trucciones chinescas que tuvo lugar en la tienda de campaña por el estado nómada-pastoril en que desde muy antiguo se constitu- yó aquella sociedad, estado que aun conservan en algunas de las comarcas de aquel vasto imperio. Puede considerarse como mo- tivo bastante para determinar la razón de ser de las cubiertas, y aunque no queramos, aun visto el hecho de que la construcción en la China desde muy antiguo ha estado supeditada y represen- tada, desde la construcción mas modesta apta por la mutabilidad, como apta es una tienda de campaña , hasta la construcción del palacio, del templo y de la thoa. Allí precisamente en esta escep- cion que relativamente á las construcciones del período antiquí- simo vemos y hacemos observar en sus construcciones , tenemos una comprobación de lo que acabamos de esponer respecto á los rasgos característicos que debemos procurar para las cubiertas de los edificios, obrando en consonancia con los elementos que debe- mos tener en cuenta, cuales son: clima, necesidades consiguientes, y el uso y naturaleza del edificio en cuanto al carácter que le cor- responde y á la clasificación á que pertenece, influyendo además el proceder material de la construcción. Resulta, pues, que debemos considerar: materiales de que se puede y se debe echar mano para la construcción ; condiciones especiales de la división del edificio en crugías; posición que en- tre sí tengan estas determinando bien las diferencias que se ob- — 112 — tienen en los casos en que ellas son paralelas, ó en que se cruzan en dirección perpendicular, ó en los casos , aunque sean pocos, en que esta inclinación sea oblicua; fijación del carácter que debe tener una cubierta en todas ocasiones en que una parle de la mis- ma debe ser por superficies curvas; determinación de la sección de esta cubierta en este caso constantemente por líneas convexas, y en muy pocas ocasiones por convexo-cóncavas, siendo esta for- ma en pequeña cantidad respecto al total. Ejemplo: la sección de las cubiertas moriscas; ejemplo en nuestro pais, la sección de to- das las media-naranjas de las iglesias en Valencia, Murcia , Al- mería y Granada. Resumen, forma elemental-triángulo rectilínea; forma completa modificación tomando como base el triángulo rectilíneo y cambio de dos de sus lados los inclinados por una superficie, por un arco de circunferencia acusando una superficie convexa, ó por una semi-elipse recortada en alguna ocasión por la parte inferior en curva en sentido cóncavo. No debemos olvidar como observación especial respecto de las construcciones particulares, la condición á que deben su- jetarse las mismas en cuanto á su cubierta, de estar realizada en la generalidad de los casos la existencia de esta por el empleo de un sistema de molduracion que constituye la cornisa de los edifi- cios, cuando está muy lejos de ser el cornisamento de los antiguos órdenes. El paralelo de los frontones y cubiertas de la antigüedad y de la época actual que podemos observar en los modelos que tenemos á la vista ilustran cuanto dejamos espuesto.