LECCIÓN XIII. Sumario. ARQUITECTURA DOMÉSTICA MODERNA.—ECONOMÍA, MÁQUINAS.—CASAS EN C H I N A . — E G I P T O . — G R E C I A . — R O M A . — E D A D M E D I A . — S I G L O XV AL X V I I I . — ÉPOCA ACTUAL. ARQUITECTURA DOMÉSTICA..—El objeto que nos proponemos en el curso actual, es determinar las condiciones á que debe sujetarse el estudio de los proyectos.de arquitectura destinados á la cons- trucción de la casa, y por consiguiente, el punto de vista bajo que hemos de considerará la arquitectura, es en cuanto se refiere á la satisfacción de las necesidades de la familia, razón por la que toma el nombre de arquitectura doméstica. En esta no hay la mis- ma ostentación puesto que ella no tiene razón de ser, que en la que podemos llamar alta arquitectura; en la arquitectura de los monumentos notamos el desarrollo y fastuosidad de la construc- ción llevada á cabo para satisfacer las necesidades públicas cual- quiera que sea el rango de las mismas y la especie á que perte- nezcan. La arquitectura doméstica, disponiendo las dependencias de un edificio en número y cantidad suficiente para que las necesi- dades de habitación ó alojamiento de la familia queden satisfe- chas del modo debido, cumple con su objeto y determina el. modo — lli — de ser de las construcciones pertenecientes d un rango particular muy digno de ser estudiado, toda vez que tanto por el número que de ellas necesita todo pais civilizado, como por la trascendencia que tiene el que la constitución de la familia en la vida íntima de ella no quede quebrantada por las condiciones malas de un edi- ficio, se deduce que es trascendental y que debe ser muy detenido el estudio de toda construcción doméstica. No porque hayamos hecho mención de los caracteres distintos que ha presentado el sistema de las construcciones en cada una de las épocas pasadas, en cada uno de los pueblos de cuyas civilizaciones hemos hecho una rápida reseña, no por esto podemos y debemos deducir en manera alguna que sean aplicables los principios todos que con- ducen al mayor desarrollo y consiguiente fastuosidad de la cons- trucción. En las construcciones domésticas nosotros hemos nece- sitado adquirir una idea, siquiera sea elemental, de las condicio- nes especiales que constituyeron la fisonomía que determinó para sus construcciones cada pueblo, no con otro objeto sino con el de determinar en nuestra inteligencia un motivo de analogía para poder deducir en nuestra época y con las condiciones todas que ella reúne cuáles deben ser los procederes que deben emplearse, y cuáles también los puntos de vista bajo los que puede conside- rarse limitado el estudio de las construcciones que respondan á nuestras necesidades. Dicho se está, que admitiendo estos principios generales, con- signándolos como una de tantas bases de nuestras elucubraciones, es indudable que al estudiar las construcciones destinadas para satisfacer las necesidades de la familia, no deberemos desenten- dernos de las condiciones que determinan la constitución de la misma en la época actual; pero esta constitución depende de la organización que para la familia tienen los diversos pueblos se- gún las diversas creencias; no es la misma la organización de la familia turca, que la de la familia cristiana; no son los mismos los lazos que entre sí unen á los miembros de la primera res- pecto de los de la segunda y precisamente las condiciones de or- ganización determinan indudablemente las condiciones diferen- ciales entre los edificios de la arquitectura doméstica en uno y otro de los pueblos que hemos supuesto; no es la misma la orga- nización de la familia en la época actual en los pueblos cristia- nos, que en épocas pasadas en que el paganismo determinó el — n*; — modo de ser de las creencias y hasta la manera particular de la constitución de la familia; y así el establecimiento de la construc- ción destinada para casas en la época actual, es diferente del de los pueblos paganos; pero que sin perjuicio de lo dicho en ellas no hemos de desdeñar el análisis que debe hacerse de aquellas antiguas construcciones, porque respecto de las que forman el objeto especial á que se dirige nuestro estudio, en la época de hoy, podemos repetir las mismas razones que hemos espuesto al de- terminar la necesidad y conveniencia de establecer el relato de los rasgos característicos que han determinado en distintas épocas, desde la mas antigua conocida á las construcciones de los pue- blos civilizados, no precisamente para plagiar, no para copiar de una manera servil, y sí para ilustrar nuestra inteligencia con el objeto de que estableciendo relaciones de comparación, pueda de- ducir cuáles son las relaciones especiales, los rasgos característi- cos que como admisibles pueden y deben determinar la fisonomía especial que caracterizar y calificar debe nuestras construcciones de hoy. Pero nosotros, cuando después de haber hecho un para- lelo entre las construcciones domésticas de épocas pasadas, poda- mos ya encontrarnos en disposición de determinar alguno ó algu- nos principios de la arquitectura doméstica de la época actual, no deberemos tampoco desatender cuáles son las condiciones de la comarca en que debe suponerse el conjunto de las construccio- nes que determinan en ella lafisonomíapropia de la arquitectura doméstica; y cuáles son las condiciones generales que determinan los modos de ser diferenciales de la época de hoy respecto á la época en que tuvieron lugar cada una de las construcciones cuyo grupo vamos á indicar bien pronto. ECONOMÍA, MÁQUINAS.—La época actual, se presenta de modo que los dos rasgos característicos que mas la diferencian de lasépocas antiguas son, por una parte la razón de ser que tiene hoy y el punto de vista especial bajo que se considera la economía en todos los procederes y especialmente en los de la construcción, y por otra parte los adelantos de la mecánica que aplicados al modo de ser y á la ejecución de las construcciones, determinan el de ser especial de la misma economía, no solo en coste pecuniario, sí que también en duración de tiempo, y por consecuencia se deduce que estos dos elementos combinados oportunamente, nos han de dar de una manera indudable motivos de modificación en las tu — formas respecto á las que fueron empleadas en las épocas anti- guas á proporción que tengamos mayor facilidad de ejecución; facilidad que es indudable con los adelantos hechos por la mecá- nica. Por otra parte, en la época actual, especialmente en los pue- blos cristianos en los que la dignidad del individuo y el organis- mo de la familia de un modo respetable, tienen una razón sólida de ser, ya la casa, el edificio destinado para satisfacer las nece- sidades, siquiera sea con aplicación á las que siente la familia de mas modesta posición, ha de cumplir con condiciones que están en razón directa de las exigencias que tiene para la materia la higiene, para el espíritu nuestras creencias religiosas y muy es- pecialmente la deducción que de ellas se hace en cuanto se refiere al decoro; decoro que es el antemural en la vida práctica, en la vida doméstica, de la dignidad de cada uno de los individuos de la familia en la posición respectiva que tienen. Hechas estas advertencias establezcamos, siquiera sea rápida- mente, el paralelo entre las construcciones que pertenecientes á la arquitectura doméstica han tenido lugar en todos los períodos de que nos hemos hecho cargo al hablar de los rasgos caracterís- ticos generales de las partes constitutivas de las construcciones. En el período antiquísimo, hemos hecho mención, entre otras, de las arquitecturas del Egipto y de la China, y en el período an- tiguo hemos tomado como tipo de las construcciones las que tu- vieron lugar en la antigua Grecia y en la Roma pagana. Inme- diatamente después hemos consignado que á la caida del imperio romano y en los albores del cristianismo, tuvo lugar la que mas tarde desarrollada fué en plena Edad media y que especialmente desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, tuvo lugar como hecho el renacimiento en las artes, ciencias y letras; inmediatamente des- pués tenemos plena época actual, época que podríamos llamar de hoy. Hagamos pues consideraciones respecto á la habitación par- ticular en cada una de estas épocas, refiriéndonos á las del perío- do antiquísimo y antiguo por los datos que tenemos históricos unos, y otros á mas de serlo, comprobados por construcciones que podemos aun someter á nuestro estudio; y en cuanto á la épo- ca antigua y á las construcciones de Grecia y Roma, tanto por los datos históricos como por los monumentos que aun nos quedan, no hay duda alguna de que tenemos elementos bastantes, históri- cos y de hecho, para calificar de un modo acertado y justo, cons- — 177 — trucctohes domésticas en la Edad media, igualmente que las del siglo XV al XV1I1. CASAS EN CHINA.—La construcción domestica en la China, fué en los siglos en que en el seno de aquel vasto imperio existió una ci- vilización floreciente y tal vez superior á sus coetáneas, de la mis- ma manera con muy cortas diferencias, no en la esencia, sino en la forma y tal vez de un modo insignificante é inapreciable á co- mo se presentan hoy mismo en aquel pueblo estacionario; datos históricos comprobados tanto por la tradición en aquel país, co- mo por sus antiguos cronicones, nos están determinando la exis- tencia de este hecho. Es por consiguiente lo mismo analizar una construcción de casas en la China de la época actual, que de la época del origen de su civilización. Se observa en la casa china que constantemente se levanta sobre un solar rectangular ó cua- drangular, separado de los contiguos; en términos que no hay en la mayor parte de los casos contigüidad ó adyacencia de edificios, distribuidos de manera que, como en todas las construcciones do- mésticas del Oriente, hay un grupo de dependencias destinadas esclusivamente para el uso del jefe ó dueño del edificio, al que aquí llamaríamos cabeza de familia; otro orden de habitaciones separado del grupo de las anteriores por el jardin central que constantemente determina una de las dependencias indispensables de la casa china, habitaciones destinadas para las mujeres; por- que el habitante de aquel territorio prepara su alojamiento del mismo modo que en todos los pueblos del Oriente. La organiza- ción de la familia está así en relación directa con el edificio que habita; las dependencias destinadas para el uso de las mujeres se hallan en disposición de tener también lo necesario para cui- dar de los infantes de la familia; se hallan rodeadas en términos que está completamente cercada, digámoslo así, la vivienda, ó incomunicada la reconcentración que especialmente para las mu- jeres se advierte, favorecida por el sistema de distribución y cons- trucción empleada en todas las orientales. Está el aislamiento perfectamente desarrollado en la China, por lo que las vistas consiguientes á los rompimientos esteriores en los edificios están reducidas allí á la nulidad. Para satisfacer la necesidad del espar- cimiento, de la espansion de ánimo que es necesario tener para no convertir el interior del edificio en una especie de cárcel ó pri- sión, se estudiaron todos los medios que se podían emplear para n 178 — hacer agradable la estancia en la casa, y así es que la jardinería en China, tuvo desde muy antiguo una razón de ser porque vino á satisfacer una necesidad imperiosa y por esto se advierte que los juegos de agua, las plantas raras, la distribución capri- chosa y juguetona, tan apropiada- para los jardines, la deter- minación y distribución de colores, tanto en las producciones vegetales como en los materiales empleados en las construc- ciones en el detalle de las mismas, como son las pajare- ras, los gallineros, etc., etc., todo esto determinó un modo de ser particular en la zona central del solar destinado para la casa, zona central constituida en jardines, ál rededor de los que se en- contraron y encuentran las dependencias de habitación y espe- cialmente las destinadas para las mujeres y la familia. En el detalle de la construcción, el empleo de las materias r i - cas, las incrustaciones de nácar, marfil, plata y oro, las combi- naciones geométricas en cuanto á representación de construccio- nes y completamente libres en cuanto á la ornamentación indife- rente que también usaron y la poca altura de los edificios, debi- da, según unos, á la necesidad que siente el chino de que sus mu- jeres no suban escaleras por la forma forzada que tienen los pies; debida, según otros, á la grande estension de terreno de que siem- pre se componen las poblaciones de aquel imperio, y el consi- guiente poco valor; debido, según otros, finalmente, ala necesidad de que el jardín sea una de las porciones del mismo mas intere- santes y de que no se puede prescindir; y debida, según nuestra opinión, á la reunión de estas tres circunstancias, sin que la una deje exhausta á las otras dos: ello es, que se presenta el hecho de que los edificios destinados para la habitación particular, gene- ralmente hablando, no tienen sino la planta baja y en muy pocas ocasiones un piso alto y aun de poca elevación; que en la planta baja y haciendo adquirir al plan terreno del edificio, la forma á propósito en cuanto la podríamos obtener representándolo en su trazado vertical por secciones, á fin de evitar las humedades y todas las demás molestias consiguientes cuando las habitaciones de un edificio en planta baja sean inferiores en nivel al resto del solar; siempre determinaron una manera especial en la distribu- ción, primero en erugías y cada una de estas después en habita- ciones. En la crugía ó erugías destinadas para el jefe de la familia se tiene especialmente la sala de recepción de visitas, así como — no — en las crugías destinadas para las mujeres se tienen además de las dependencias á propósito para el tocado de ellas, aquella otra en que también reciben á las mujeres con quienes tienen.trato mas ó menos íntimo, es decir, á sus visitas.. El jardín de la casa china, que puede decirse es el verdadero esp- irado de ella, especialmente en la parte baja de aquel imperio en donde el clima cálido así lo exige, la distribución caprichosa, al mis- mo tiempo que en cierto modo ordenada, hace que puedan tenerse las recepciones de hombres y mujeres en las visitas que ellos y estas se hagan recíprocamente, con absoluta separación de sexo, como se acostumbra en todos los pueblos del Oriente. Parece que el ger- men, los elementos originarios del que mas tarde fué arte árabe eon fisonomía propia desarrollada,, se encuentran en el estremo Oriente; pero no hay datos suficientes para determinar esto como un hecho, por cuanto la estrema libertad en el dibujo, represen- tación del modo de ser de sus muebles, de sus utensilios y su misma casa, especialmente en la jardinería de ella, también ahora se nos presenta en multitud de ocasiones como teniendo ciertos rasgos característicos de lo que en época mas moderna y en un pueblo vecino al nuestro se llamó barroquismo ó rococó. La forma esterior en conjunto de las construcciones chinas ya la conocemos, porque el sistema en la casa, del mismo modo que en el palacio, de la misma manera que en la thoa y que en gene- ral en todas las edificaciones, es paralelepípeda y cubiertas ar- queadas,- muchas veces de doble curvatura, con ornamentación arbitraria, pero siempre en estos casos significativa, determinó el modo de ser de la construcción. Este sistema se empleó también en la casa, así es que tanto por la elevación de los edificios como por las formas y hasta por los mismos colores de los materiales, siempre en las construcciones chinas se advierte, cuando se ob- servan en conjunto en el interior de una población, á pesar de la gran variedad de los detalles de cada una de ellas, una especie de uniformidad que no puede menos de producir en un número considerable de sus grandes poblaciones, cierta monotonía. EGIPTO.—Las construcciones particulares fueron también conoci- das según datos que se tienen, no ya del mismo modo que en la Chi- na, en el Egipto, porque de ellas podemos ver en cierto modo una descripción gráfica por lo que de las mismas se nos presenta en al- gunos vasos etruscos. La construcción particular del Egipto res- — 180 — pondió á las condiciones del territorio y también ¡i la organiza- ción de la familia en aquel país; ella se presenta del mismo modo que todas las demás construcciones de aquella época en aquel suelo, considerándola en general, de forma piramidal trun- cada con muros de un espesor bastante considerables; pero no llevados á cabo con los mismos materiales que su construcción monumental, con un número de dependencias muy limitado, número de dependencias que estaba en armonía con las condicio- nes especiales del poco y casi ningún aprecio que en aquella so- ciedad teocrática se hiciera del individuo y de su dignidad y consiguientemente de la importancia de la familia. Obedecía en sus detalles la construcción de la casa en el Egipto á las condi- ciones especiales del clima abrasador en aquel territorio y por esto la existencia de las tenazas, especialmente en la parle de aquel pais en que es un fenómeno casi desconocido la lluvia, las terrazas dispuestas para correr los grandes toldos y proporcionar así, de un modo artificial, corrientes de aire y sombra y consi- guiente refrigeración en los pisos del edificio que generalmente fueron dos altos puestos, pues en aquel territorio la planta baja de todo edificio, era en varias comarcas poco menos que inabitable bajo el punto de vista higiénico. GRECIA.—En donde tiene una existencia propia y un desarrollo notable la arquitectura doméstica, es indudablemente en el segundo período, y en donde están las construcciones típicas de la arqui- tectura de que tratamos, es en Grecia, y especialmente en la Roma pagana. 01>edeciendo indudablemente la sociedad á los impulsos de su crecimiento moral y determinándose en cada paso dado por la civilización, un adelanto hacia la constitución social, la pro- clamación de la dignidad humana se vio en los buenos tiempos de Grecia y Roma. Comparando las construcciones domésticas de estos dos países, con las que habían tenido lugar en épocas ante- riores pertenecientes al período antiquísimo, se ve que ya no ha- bía tanta diferencia en el modo de ser de los procederes, y en la apreciación de la necesidad de ellos por la arquitectura domésti- ca, y los procederes y necesidades de los mismos empleados en la alta arquitectura, es decir, en la arquitectura de los monu- mentos. La familia griega organizada según la manera de ser de las constituciones, de las creencias religiosas y la marcha política de — 181 — la antigua Grecia, con la severidad y austeridad del antiguo do- rio, con la dulzura fraternal del antiguo ateniense, con la gala- nura, la elegancia al mismo tiempo que la independencia del antiguo jonio, determinaron razones de ser para la respetabilidad de la familia y razones de ser consiguientes por la multiplicación de los editicios destinados para satisfacer las necesidades domés- ticas. ROMA.—En Roma, en el período en que la matrona no fué una concubina, sino lo mas aproximado posible ala madre de familia, tal como la consideramos respetable y respetada en los pueblos cris- tianos, y con la consideración consiguiente en ellos, en Roma también tuvo razón de ser la casa propiamente dicha, determi- nando períodos especiales para la arquitectura y motivos de in- vestigación de rasgos característicos y fisonomía apropiada para la misma. Tanto fué así, cuanto que en las casas griegas y ro- manas no se desdeñó el constructor de las mismas, antes bien, se consideró obligado á emplear todas las formas en toda la esten- sion que determinó el modo de ser de las construcciones, de los órdenes de arquitectura. No fueron simplemente los órdenes empleados para determinar condiciones mon u me uta les en los templos, en los palacios y en las construcciones destinadas al fausto, á la honra ó á la reminiscencia de hechos públicos. Los órdenes de arquitectura con toda la nobleza que se debe suponer tuvo en la imaginación de sus inventores cuando los aplicaron á estas construcciones de carácter público, fueron igualmente em- pleados en la casa particular, y este hecho solo prueba la impor- tancia que en aquellos pueblos, dentro de aquellas civilizaciones se reconoció á favor de la casa particular, como se reconoció la importancia que tuviera para la marcha de la sociedad, para la prepotencia de la misma, la organización sólida de la familia, el establecimiento de la patria potestad. Por esto ya la construcción de la casa griega, puede y debe considerarse en su distribución y en su estructura artística. En su esterior la distribución de la casa griega, dando motivo á la distribución de la casa romana, puede ser considerada como ori- ginaria de la segunda y estaba constituida de las dependencias en planta baja á propósito para todos los sirvientes (y no debe- mos entender el empleo de esta palabra hoy dia significando lo mismo que con nuestra civilización, significamos con la palabra — Ui — sirviente) los sirvientes en Grecia fueron no solo los destinados á las faenas propias de una casa habitada, sino también aquellos que hoy llamamos dependientes, ya porque el jefe de la familia dedique su trabajo al comercio, ya á cualquiera otra de las pro- fesiones que pueden suponerse; porque la familia griega fué com- puesta de los individuos que real y verdaderamente la constituían, mas de los sirvientes y dependientes. Como el jefe de ella y to- dos tenían albergue dentro la casa, hubo por consiguiente de res- ponder en número, forma y división de dependencias, á las con- diciones de necesidad y organización. La casa griega consideradas para el dorio, para el espartano, no puede confundirse con la; destinada para el antiguo ateniense, y ninguna de estas dos puede considerarse en idénticas circunstancias á la casa griega destina- da para el jonio. Ya hay entre la habitación particular entre la casa jonia, doria ó ateniense, por mas que á primera vista en su distribución nos parezcan del mismo modo consideradas, hay la misma diferencia esencial que tuvo razón de ser y dio por resul- tado la forma del orden dórico, las del jónico y las del corintio: severidad, austeridad para el dorio; elegancia y cierta fastuosidad- para el jonio; elegancia y dulzura declarada para el corintio. r. Así es que mientras en la casa griega dórica se advierte sa- tisfecho todo lo que era de necesidad; pero sin nada de galanuraT sin nada-que no esté en consecuencia y consonancia con la auste- ridad que distinguió á aquella sociedad, ya en la casa ateniense tiene razón de ser la jardinería, ya los objetos pueriles son en ella- conocidos, ya el solar de la misma admite no solo las dependen- cias propias para habitación, sí que también aquellas otras que determinan el modo de ser de la espansion dentro del edificio. Considerada la casa griega en alzado ya lo hemos dicho, en ella se emplearon los mismos sustentantes y partes sostenidas que determinaron el modo especial de ser de los órdenes. En la casa romana, no en la época de la decadencia y prosti- tución de aquel pueblo, sino en la de su poderío, en el período brillante de su existencia, en ella tuvo una representación así res- petable dentro de las condiciones del paganismo la matrona ro- mana. Ella en la sociedad á que perteneció y dadas las condicio- nes especiales de aquella misma sociedad, representó un papel que aproximadamente puede compararse en cierto modo con el que representa la madre jefe de una familia cristiana. Las condi- — l i - ciones, pues, de la distribución de la casa romana, estuvieron subordinadas á la organización de la familia y no importó poco la representación que en ella tenia la matrona para determinar el número, forma, posición y dimensiones de las dependencias, pe- ro influyó también sobremanera el modo de ser que tuvo el ciu- dadano romano, la vida doméstica, y la estension de los derechos que declarados á su favor constituían la vida pública. Así es que en la planta baja de la casa romana, constantemente se dispusie- ron las dependencias á propósito para establecer la venta de los productos que se obtenían por el desarrollo del trabajo en distin- tas industrias ó varios quehaceres á que se destinaban los escla- vos, y por esto la planta baja casi constantemente estaba ocupada por las dependencias mas subalternas del edificio. Tuvo razón de ser por consecuencia la necesidad de un número de pisos que generalmente fueron dos, en muy pocas ocasiones tres, y cuyos altos en absoluta incomunicación con las dependen- cias de la planta baja. Tuvieron lugar las habitaciones propia- mente dichas de la familia, estas habitaciones dependientes entre sí por cuanto las destinadas por el jefe respecto de los demás es- tuvieron todas determinando un grupo completamente separado de aquellas otras destinadas para admitir los huéspedes, que con el trato consiguiente á la civilización del pueblo romano, hubie- ron de determinar motivos de ser de necesidad para los edificios, porque uno de los caracteres que mas distinguieron en la época floreciente la vida del ciudadano romano fué el de la hospitali- dad. La dignidad del individuo reconocida determinó la razón de ser de la necesidad de su continua instrucción, de la conserva- ción de la memoria de los pasados; sus creencias religiosas de- terminaron la de la representación de sus divinidades y la com- binación de todas estas circunstancias dio por resultado que nna de las dependencias de la casa estuviera destinada para las tablas ó retratos de los antepasados; otra para biblioteca y que en otra se determinara la posición mas á propósito para los dioses tute- lares y que en determinado punto de la casa también se consig- nara por medio de la estatuaria el sistema de las creencias reli- giosas de aquel pueblo, ya de un modo espresivo, ya de una manera simbólica ó emblemática. Del mismo modo que en la griega, en la casa romana se em- pleé cualquiera de los órdenes de arquitectura; el dórico y jó- — 184 — nico fueron comunmente empleados, en muy pocas ocasiones el corintio y aun en el contado número de ellos solo en deter- minados partes del edilicio, por ejemplo en los intercolum- nios que determinaban la parte cubierta de los grandes desig- nados que dejaron para incomunicar la dependencia de la fami- lia, respecto de aquellas otras destinadas para los huéspedes. Se ve pues que en la antigua Roma como en la antigua Grecia no se huyó del empleo de los órdenes para la construcción particular, por mas que el sistema de la arquitectura y con el desarrollo de la misma dando lugar á los órdenes viniera á ser en consecuen- cia de la necesidad que sintieron aquellos pueblos de elevar fas- tuosas construcciones dedicadas á la satisfacción de necesidades públicas, y teniendo muy en cuenta en primera línea de ellas, las de las creencias religiosas y las de la reminiscencia que desearon quedara perenne, de determinados hechos conocidos, por ejemplo los de sus conquistas. Pues bien, estas formas que fueron el últi- mo resultado del desarrollo de la construcción aplicada á la cons- trucción de los edificios públicos, fueron empleadas en la cons- trucción doméstica, y este hecho prueba la importancia que para el antiguo griego y romano tuvo tal construcción, del mismo mo- do que tuvo importancia la familia y la respetabilidad de la mis- ma. Esto aconteció en aquella época y en aquel pueblo, en que el germen que ha determinado de un modo definido la constitu- ción de la familia en las sociedades cristianas, sucedía dentro y á pesar de las creencias del paganismo; dentro del materialismo consiguiente á ellas y ya tuvo razón de ser en principio la digni- dad, y la satisfacción de las necesidades propias de ella. EDAD MEDIA.—Yiene la Edad media, en el orden cronológico que nos hemos propuesto; es precedida en los plenos siglos de ella de la desaparición del antiguo poderío del paganismo roma- no; el esplritualismo tiene razón de ser, y determina uno de los rasgos característicos de la Edad media; la organización de la fa- milia lo mismo que la organización de la sociedad han sufrido una modificación profunda con la desaparición de las creencias materiales deducidas del paganismo y sustituidas por la predica- ción de las verdades del Evangelio, y su consecuencia primordial, radical de las creencias religiosas para la constitución y modo de ser de la familia: ya la emancipación de la mujer en el sentido en que puede admitirse esta palabra, es proclamada por el cris- 185 — tianismo; ya la mujer deja de ser cosa; ya no es la matrona ro- mana; ya tiene la misma importancia que el hombre en la orga- nización de la familia; ya la ley determina derechos del mismo modo para el uno que para el otro de los dos cónyuges; reconoce y deslinda de una manera completa la razón de ser que tiene la respetabilidad que tiene el padre respecto del hijo, la guarda de los derechos de este por el padre; las obligaciones del uno y las del otro, la relación y enlace dulcificador sin que queden que- brantados los principios de la respetabilidad. Estos son los ras- gos característicos que mas determinan la diferencia de ser que tuvo la familia antigua de la familia posterior á la predicación del Evangelio, de la familia de los pueblos cristianos. La casa había de responder indudablemente á las nuevas con- diciones tanto considerada en detalle como en el conjunto de sus dependencias: el empleo emblemático de determinadas construc- ciones alegóricas, el simbolismo á la arquitectura del paganis- mo no podía, no debia tener lugar en la construcción moderna, porque ó habia de ser el resultado de una deslealtad respecto de las creencias ó el resultado de una copia, de un plagio servil de las antiguas construcciones; si era lo primero no constituía sino una escepcion de la regla general ó un sistema viciado, como tal deleznable y destinado á ser confundido; si lo segundo, consti- tuia un principio vicioso y como tal condenable. Nosotros no po- demos admitir el plagio por mas que hagamos estudios de todo lo antiguo, nosotros no podemos admitir el estado especial en que se encuentra un número de individualidades que desiertan del campo de nuestras doctrinas que tenemos como verdaderas, por- que lo podemos demostrar; pues que no solo las deducimos de la fe fundamentalmente, sino que de acuerdo con ella nos puede guiar la sana razón que empieza proclamando el conocimiento de la dignidad humana, y el verdadero abolengo de ella que es puerto seguro donde no es posible el naufragio sino para la impiedad,ó pa- ra la moderna charlatanería hipócrita del cual muchas veces en el sentido de aparecer proclamando absurdos contrarios tal vez á lo que dicta la íntima conciencia á los mismos apologistas de la tira- nía del materialismo, desenterradores de todos los absurdos y abo- minaciones porque ha pasado una parte de la humanidad en sus desgraciados períodos, y plagiarios traductores de la fraseología de la impiedad antigua á la fraseología de la moderna despreocupación. U — 186 — La casa cristiana por consiguiente del misnio modo que las fa- milias hubo de presentar un nuevo aspecto. ¿Cuál fuera este? Si atendemos á los siglos en que las contiendas y las perturbaciones no dieron razón de ser á la disposición tranquila y en que las gentes hacian la vida militar propiamente dicha, no podemos ver que tenga razón de ser la casa particular como arquitectura de formas simples determinadas; pero si aun dentro de la misma Edad media observamos la organización de la familia cuando le- vantó edificios cuyos restos podemos hoy examinar aun cuando sea en los castillos, en las casas señoriales, advertiremos por una parte el espíritu militar que presentó respondiendo á las necesi- dades de la época y á las conturbaciones que por otra parte la calificaron, el respeto que se notó ya en las dependencias de la casa para la dama, tanto considerada como madre de familia cuanto considerada como doncella; lo agreste, lo independiente de las dependencias ó habitaciones para el hombre en la familia; la separación absoluta entre las habitaciones de la planta baja del edificio y las de la planta noble de él; determinadas las pri- meras para los sirvientes y las segundas para los dueños en las diferentes categorías de los mismos; las terrazas determinando entre las cubiertas y los suelos de los primeros pisos, en unas ocasióneselos sobradillos dispuestos para conservación de los pro- ductos de la agricultura; en otras para dar acceso á las fortifica- ciones que constantemente erizaron las construcciones señoriales. Mas tarde en los bajos siglos de la Edad media tenemos ya la casa rural, la casa determinando el modo de ser de la vida en conse- cuencia de la posesión mas tranquila de los terrenos, de la mul- tiplicación que tuvo lugar en las faenas de la agricultura, de la estabilidad é independencia. Coincide la existencia de la casa rural, como es natural, con la creación de los municipios, con la proclamación de las libertades de la localidad, con la independencia de los territorios á las re- giones de un pais, y tenemos en fin que la construcción en este, como en todos los períodos de las diferentes civilizaciones, ha llegado á tener la magnitud en distintos territorios y responde en el conjunto de las construcciones que son llevadas á cabo en las diferentes comarcas á la razón de ser que tiene y al origen que reconoce. Por esto de Europa en los pueblos del Mediodía se ob- serva que tuvo razón de ser la construcción rural, no en la mis- — 187 — ma época y no en las mismas condiciones que en los paises del Norte, y nótese cuáles fueron las condiciones, las peripecias por- que pasaron los unos y los otros paises, y se verá así esplicada la diferencia de modo, de tiempo y ocasión en que la construcción tomara mas vuelo en unos que en otros. Dentro de nuestra Pe- nínsula tenemos que en el Norte de la misma las construcciones rurales no se desarrollan ton pronto como en el Mediodía, como en la misma zona media dentro de la cual consideramos á Cata- luña. Tiene razón de ser por mas tiempo la construcción rural en los pueblos del Norte que en los del Mediodía; son proclama- das las libertades locales mas pronto en el Mediodía que en el Norte, la libertad individual, por lo que hace referencia á la re- gión territorial, es allí mas pronto conocida que en otros territo- rios, la posesión tranquila y la consiguiente multiplicación de los trabajos de la industria y de la agricultura tienen lugar en el Me- diodía antes que en el Norte y se desarrolla el sistema de las construcciones en general y muy en particular de las rurales, en la zona del Mediodía antes que en la del Norte, y en esta des- pués que en la zona media; siguen proclamándose las libertades regionales; tienen razón de ser porque es reconocido el munici- pio, la reunión de municipios determina la razón de ser de la li- bertad regional en la zona media, vuelan estos procederes hacia la zona del Norte, desaparecen las construcciones señoriales y los últimos rasgos de la Edad media, y tiene razón de ser plena la arquitectura doméstica. SIGLO XV AL XV1H.—En los siglos XV y XVI es en donde se ve en las construcciones domésticas una porción de casas que aun hoy mismo están siendo dignas de llamar nuestra atención y de suje- tarse á nuestro estudio por el número que de las mismas queda. La construcción doméstica, siguiendo las mismas peripecias que la agricultura en general y esta lo mismo que los pueblos que le han dado fisonomía propia, se sujetó en los siglos XVI, XVII y XVIII á las condiciones diferenciales que fué presentada la socie- dad. En Francia, obedeciendo al sistema barroco que tuvo origen en los reinados en que las Pompadours y las Su Barri ejercieron su influencia maléfica en la corte, en España en las épocas en que este afán que siempre nos ha dado malas consecuencias, este afán de copiar y plagiar todo lo que viene do Francia, eligiendo siempre por desgracia lo malo, nos produjera el churriguerismo — 188 — que respecto de España tiene el mismo sistema de construcción que el barroquismo en Francia. A diferencia de las construccio- nes que se alzaron en la época del reinado de Carlos III y muy particularmente durante la administración de Floridablanca, las construcciones de los últimos tiempos de nuestra moderna época han sido siempre un tan fiel trasunto de lo que en la arquitectura ha sucedido en Francia, como infiel proceder de lo que en la ar- quitectura debiera hacerse en España. ÉPOCA ACTUAL.—La construcción de la casa no se ha estudiado en nuestro pais en los últimos tiempos del modo como debiera para res- ponder á las necesidades propias de la comarca, distintas en donde se ha tenido que alzar, distraidos con la forma y con la imitación de una forma mala, hemos maleado nuestro espíritu bajo el doble aspecto de crear, de alentar la pereza y consiguientemente de que no obligándole al trabajo, se haga casi improductor, y si nuestro pais no se despierta de este letargo, y si despiertos no empeza- mos por proclamar la necesidad absoluta de cerrar la puerta á todo lo que sea estranjero y especialmente lo que sea francés, acabaremos por no tener ni aun rasgos característicos que ellos deben diferenciar nuestro carácter, y los del pais respecto del de allende los Pirineos. No se recomienda que hagamos lo contrario de lo que allí se haga, sino trabajar y cuando por el trabajo lle- guemos á obtener procederes y resultados semejantes ó tal vez iguales á'los obtenidos en un punto del estranjero, poco debe im- portar; pero se ha empezado por no pensar y por querer implan- lar en nuestro pais lo que en otros ha producido tal vez malos efectos y aunque los haya producido buenos, no tenga aquí razón de ser. Si en nuestra época actual se han de distinguir las cons- trucciones de lo que han sido las mismas especialmente en los tres últimos siglos y particularmente en los años que llevamos del actual, es necesario que todos, desde el aparejador de una obra hasta el director general de un sistema cualquiera de cons- trucción, nos convenzamos de que conocido el vicio, el producto, la esencia deletérea de él, es necesario que huyamos si no quere- mos contribuir con el mismo ejercicio de nuestra profesión á que se acaben de malear las condiciones de nuestra época, y las espe- ciales de nuestro pais. Los planos de edificios particulares que tenemos á la vista y un detenido estudio sobre los mismos, hecho cronológicamente, — 189 — teniendo en cuenta lo que dejamos espuesto, nos invitarán indu- dablemente á obrar con la necesaria parsimonia en el estudio de la agricultura doméstica, que es mucho mas trascendental de lo que á primera vista puede parecer, si á ella nos dedicamos con el buen deseo del hombre que tiene la conciencia de sus deberes profesionales. /v\/v\/V\/\/\/\/VfV\.n/\/V\