LECCIÓN XIV. Sumario. CONSTRUCCIONES PARTICULARES EN POBLACIONES SUBALTERNAS.—CONDICIONES GE- NERALES.— DISPOSICIÓN CONVENIENTE OE LAS VÍAS URBANAS. — BARRIOS.— ARRABALES. CONSTRUCCIONES PARTICULARES EN PORLACIONES SUBALTERNAS.— Recordando que las construcciones arquitecturales no deben ser consideradas solo en su mole esterna y porja manera de sus detalles de ornamentación, sino también por lo que hace referen- cia á la estructura interior de las mismas mediante la cual pode- mos obtener dependencias que sean mas ó menos á propósito para satisfacer las necesidades del uso á que ulteriormente son desti- nadas, y teniendo en cuenta cuanto hemos espuesto respecto á las construcciones particulares de que tenemos noticia relativamente á las épocas y á los pueblos de civilizaciones antiguas, hoy debe- remos ocuparnos de consignar los principios fundamentales que deben tenerse en cuenta para el establecimiento de las construc- ciones particulares, que constituyen la arquitectura doméstica de un pais considerándola en poblaciones subalternas. La casa puede considerarse destinada en nuestros dias á satis- facer únicamente las necesidades de alojamiento para los indivi- duos que componen una familia, ó dispuesta para satisfacer si- — 191 — mtritáneamente que á estas necesidades, á las consiguientes á la industria ó trabajo á que se dediquen las personas de esta misma familia. Hemos, pues, de distinguir entre la casa habitación pro- piamente dicha y la casa que determinando locales á propósito para la habitación, tenga los necesarios para los varios trabajos á que se dedican las personas que la hayan de habitar, de modo que estén en las condiciones que exige cada clase de industria. La diversidad de industrias que hay; los diversos modos de ejer- cerla, según que se consideren en mas ó menos grande escala; los elementos primeros para determinar eï modo de ser del tra- bajo en su desarrollo, todo constituye rasgos que deben tenerse en cuenta para determinar las condiciones especiales á que por necesidad debe sujetarse el establecimiento de los edificios en este caso considerados. Suponiendo que nos encontramos en una población subalterna y que hemos de determinar el número de las diversas clases que pueden constituir sus edificios particulares, estamos en el caso de hacer una clasificación espeeial con referencia al objeto. En pri- mer lugar tenemos la casa habitación propiamente dicha; después la casa habitación con dependencias industriales; después pode- mos considerar la casa habitación con dependencias á propósito para cualquiera de las industrias rurales. Tenemos, pues, necesidad de estudiar la casa habitación- rural propiamente dicha, igualmente que la casa habitación comercial. Distintos son los trabajos que exigen las diversas industrias, y respecto de todas ellas hay necesidad de conocer el elemento pri- mordial para deducir de él las condiciones á que deberán suje- tarse los edificios que destinados á estas necesidades se estudien á propósito, así como aquellas otras que lo sean para satisfacer las necesidades del comercio, en los que un estudio análogo nos ha de facilitar la resolución de los problemas que puedan presen- társenos. Si consideramos los elementos que deben allegarse para obtener la mole general del edificio, mole de la cual depende el efecto último que él ha de producir considerando su masa en conjunto al esterior de la misma, tendremos que si de antemano nos es conocida la localidad en lo que en la misma hace referen- cia á los materiales á propósito para la construcción, convenien- temente escogidos y de una manera oportuna laboreados, habre- mos obtenido los elementos originarios de la fisonomía apropiada 192 — de las construcciones; elementos originarios que por poco que re- flexionemos son ó se presentan de distinto modo en unas que en otras localidades, especialmente cuando ellas pertenecen á regio- nes diversas y por consiguiente han de dar lugar á rasgos que entre sí se diferencian, determinando en cada una de las regiones de un pais la fisonomía especial en las construcciones que al mis- mo corresponden. Puede considerarse que en el estudio de la composición aplica- do al establecimiento de los proyectos de la habitación particular, puede haber una fase del mismo estudio sujeta á condiciones da- das de tal índole, que puedan traslucirse en números mientras que al mismo tiempo coexisten condiciones especiales y siempre referidas á la localidad que dejan cierta libertad de acción al ánimo, interviniendo en la inteligencia que debe siempre guiar el estudio de los proyectos, la imaginación, en cuanto haga referen- cia á formas agraciadas, siempre que ellas estén en consonancia con la naturaleza de los materiales de que se puede echar mano en la localidad, y del modo acertado que se emplee en el laboreo atendido el papel que mecánicamente considerada la construc- ción han de desempeñar en ella, porque no es la misma la labra, por ejemplo, que se puede establecer en una parte sustentante, que la que debe tener una parte sostenida; no es el mismo el es- pesor que corresponde á un sustentante vertical que solo está es- puesto á una fatiga de presión, que cuando este sustentante si- multáneamente que la fatiga de presión haya de soportar el em- puje horizontal ú oblicuo de tal ó cual intensidad que debe ser para nosotros conocido, si estudiamos bien la construcción en proyecto, al objeto de que simultáneamente al estudio de la esta- bilidad de la misma obtengamos el estudio artístico de ella. En las poblaciones subalternas, en general, las construcciones deben distinguirse por la parquedad, por la poca fastuosidad; pero es necesario no confundir esta recomendación que hacemos, creyendo que hemos de parar en obtener construcciones de as- pecto de pobreza. La riqueza artísticamente considerada siempre se refiere al uso ulterior á que se destine el edificio y á la natu- raleza de los materiales que en el mismo se emplean, y teniendo en cuenta lo uno y lo otro, indudablemente si analizamos, si ha- cemos por conocer el material ó materiales de que podemos echar mano y consiguientemente deducimos cuál es el laboreo que le es — 193 — mas á prepósito, y si al misino tiempo tenemos en cuenta cuál es la naturaleza, la trascendencia del uso á que se destine el edificio, es indudable que estaremos en el camino de poder preparar las formas del material ó materiales que se deben emplear, de poder prepararlas de un modo conveniente para que colocadas en cons- trucción sean otros tantos elementos de la fisonomía apropiada que obtengamos para la misma. Pero antes que todo, debe ser considerado el solar sobre que se ha de alzar el edificio; y en el solar debemos estudiar su cabi- da, forma y situación. Para determinar la cabida del solar de un edificio, es indispensable tener de antemano conocimiento de las dependencias que ha de tener, en número y en clases. En núme- ro, para determinar el eómo de la situación de las crugías; en dimensiones, porque no en todas las dependencias ha de haber unas mismas cabidas, y ellas dependen siempre del uso á que vayan destinadas las habitaciones. Es para nosotros también in- dispensable tener en cuenta cuáles son las condiciones de forma y posición de las habitaciones de un edificio, porque de una y de otra depende que haya la comodidad que siempre se recomienda y se ha de exigir como uno de los medios de adquirir propiedad para la construcción; propiedad no solo artísticamente conside- rada, sí que también domésticamente admisible. Así es como comprendemos que antes de proceder ni aun á hacer el croquis de un proyecto, debemos tener en cuenta que la formación del programa del mismo debe ser el principio de su estudio, y en esfe programa deberemos ir colocando por el orden correlativo de la posición que preferentemente los unos á los otros deben tener los compartimientos del edificio según el uso á que se destina. Cuando para nosotros este uso fuere poco conocido, deberemos hacer in- vestigaciones á propósito para que nuestro ánimo pueda estar lo suficientemente ilustrado á fin de que trabajando nuestra inteli- gencia, queden en el proyecto hacedero satisfechas las condicio- nes especiales y que determinen el género particular del edificio. Solo euando así se ha determinado el programa y cuando en su consecuencia podamos formarnos una idea general de las condi- ciones características que han de distinguir al edificio, solo cuan- do á esta altura llegamos en el establecimiento, en el estudio del proyecto, solo entonces es cuando nos hallamos en el caso de em- pezar á rasguear un croquis; pero antes de ello debemos saber 25 — 194 — cuál es la forma del solar que podemos suponer y determinar, cuál es la cabida que al mismo solar corresponda La cabida podrá ser calculada por nosotros en a mayor parte de los casos, cuando no se nos dé como pié forzado el de levantar un edificio en un solar dado; puesto que conocidas por el programa to- das v cada una de las dependencias ó habitaciones que debe tener un edificio, será también conocida la suma de las superficies que cada una de ellas debe tener; agregando a esta suma la cantidad prudencial para los espesores de los muros que han de constituir d mismo edificio, y para los espacios deslunados o ineducados que debe tener para satisfacer las necesidades imperiosas de a atención de luz y ventilación en el interior: y después de haber hedió esto, únicamente nos quedará que disponer la situación y la f0r Cuando puntos obligados no nos limiten respecto á lasituacion, mv reglaseneral la de los edificios debe ser del E a OE y por E ' u ente si ellos son aislados quedarán orientados desde el mome°nto en que habiendo de estar dos de sus estremos en es as T s direcciones, los otros dos estarán en la de los otros puntos 03 NoneaseaSrbitraria la posición de las dependencias del interior de un edificio relativamente á la orientación. Todas aquellas depen- ènciàs dispuestas para establecer el trabajo de una industria, S e E e n u ^ s caso? estar situados al Oriente, en otros al Norte, ™ m u ^ o T s al OE.; y en algunos, especialmente en los países od Norte al Mediodía.Para las habitaciones dispuestas según los Z s d e là" da doméstica, especialmente aquellas donde deben establecérselos dormitorios ó locales de reposo, la situación mas c o n v e S e en la región del Sur es la del Noroeste, asi como en a reSríelNoíte la del Suroeste. Siempre deberemos esquivar a S i o n de los dormitorios hacia el Este, especialmente en la ^ n « X le Esoaña donde los aires dominantes vienen con T c S ^ i t i S u ^ saturados de humedad de laespre- sXsítuac on Levante. Aquellas otras dependencias destinadas oíra e èSlecimiento de un trabajo industria cualquiera, deben estar stuada de modo que se hallen resguardadas de la impre- sbn que sobre las mismas puede hacer la mayor o menor conti- nmdadd? los aires dominantes en una comarca, y laneutrahza- rionde los malos efectos que pudieran esperarse por esta causa: —m— obteniéndose de este modo que el conjunto ó la masa general d«l edificio sea orientado acertadamente. Cuando por condiciones es- peciales no es posible situar en la orientación mas convenien- te el edificio, entonces la combinación que se hace de las de- pendencias del mismo, mediante una distribución ingeniosa que- debe hacerse con relación á estas condiciones de neutralización, determinarán indudablemente y de un modo hasta cierto punto artificial ó mejor dicho artístico, la existencia de las condiciones recomendables que* no se hayan podido obtener para el edificio, dada que sea como obligado la situación de un solar para ellas. En el edificio, hemos dicho que deben también considerarse por lo que hace referencia á su solar la íigurabilidad, siempre que no sea pié forzado para el proyectista además de la situación, la figura de un solar. Respecto de la situación, dicho queda lo que puede hacer; y en cuanto á figurabilidad del solar, debe siem- pre optar como regla general, ó por la rectangular (5 por la cua- drada. Pocas son las ocasiones en que el perímetro de un edificio debe ser poligonal, muy pocas las en que debe ser circular ó de base elíptica; las condiciones del edificio; el uso ulterior á que se destina; las necesidades consiguientes de este uso, determinarán en los casos escepcionales cuando debe ser circular, cuando elíp- tico ó cuando poligonal regular el perímetro del solar ; pero es- eeptuando estos easos especiales que no hacen otra cosa que con- firmar la regla general, esta consiste en que la forma del solar de todo edificio, mientras otra cosa no nos obligue, debe ser rectan- gular ó cuadrada. Si nosotros no estamos sujetos á un pié forzado, debemos hacer que el edificio tenga tantas fachadas como lados tiene el perímetro del polígono que cierra el solar; pero si como sucede en la mayor parte de los casos , especialmente en el interior de las poblacio- nes, lo mismo las subalternas que las de mas importancia, el edificio está embebido en una manzana, entonces es necesario que tengamos en cuenta la relación lineal que existe entre la fachada ó fachadas que tengan el edificio y el fondo mayor del mismo; porque de esta relación deduciremos ya en principio cuál es la que debe haber entre la parte edificada ó cubierta y lainedificada ó deslunada, para que queden satisfechas las condiciones de ab- soluta necesidad que exigen la higiene y la comodidad. La higie- ne , por lo que respecta á la facilitación del aire respirable en — 196 — todas las dependencias interiores del cdilicio, y la comodidad por lo que hace relación á que se facilite luz en todas las dependen- cias ; y en cuanto sea posible directa y no dos ó tres luces como se obtienen en el interior de los edificios, cuya distribución es defectuosa ya por faltar en la combinación de las dependencias, posición, dimensiones y forma adecuadas, ó ya por un exagerado aprovechamiento del local con perjuicio de las condiciones á que debe sujetarse el estudio artístico de un ediíicio, y empleamos aquí la frase estudio artístico bajo el punto de vista, no precisa- mente de obtener ornamentación en el sentido vulgar de la pala- bra para el edificio, sino en cuanto hace referencia al modo inge- nioso con que debemos siempre obrar á fin de obtener en las dependencias de una casa el número necesario de las mismas para el uso ulterior de ella, y en cada una; las condiciones de higiene y comodidad satisfechas hasta la saciedad, porque no de otro modo podemos calificar de admisible al edificio proyectado. Son generales las condiciones á que debe sujetarse la edifica- ción en las poblaciones todas, y especialmente en las subalternas en donde los servicios municipales que hacen referencia á la co- modidad y á la higiene no pueden llevarse al estremo que en las grandes poblaciones, en que la policía urbana es un ramo, aten- dido en el que se emplean todos los medios que este exige; lo cual no obsta para que en adelante nos ocupemos del detalle de la dis- tribución especialmente, y en particular en algunas construccio- nes, nos habremos de hacer cargo délas condiciones especiales que exigen las dependencias del edificio en cuanto ellas hayan de ser aptas en número y calidad para satisfacer las necesidades de una familia proletaria, de una familia de modesta posición, déla mis- ma familia considerada como propietaria ya en las condiciones de industrial, ya en las de agrícola. Pero antes de entrar en este estudio detallado de la construcción y sentados los principios ge- nerales que para el establecimiento de un proyecto de una casa en una población subalterna debemos tener en cuenta, hagámo- nos cargo de las condiciones á que deben sujetarse todas las cons- trucciones en una población cualquiera, y especialmente en las subalternas; pues ellas son otros tantos elementos del modo de ser de, la satisfacción de las necesidades de la policía urbana, y vie- nen también á su vez á constituir los elementos del modo de ser á que se sujetan las construcciones todas del caserío de una pobla- — 19" — clou, y no será conveniente este estudio si antes no nos hacemos cargo de la disposición á que deben sujetarse las vías de la mis- ma población. DISPOSICIÓN CONVENIENTE DE LAS VÍAS URBANAS.— HABIMOS.— Cualquiera que sea el pueblo que se considere de pequeña ó de grande importancia, las exigencias para la comodidad y para la higiene son siempre las mismas: conveniencia en las corrientes de aire; empleo de los. medios para templar la intensidad de ellas en las regiones en que esta intensidad tenga lugar; aprovecha- miento de las aguas, ya sea considerando solo las pluviales ó ya las corrientes y hasta las mismas estancadas; determinación opor- tuna de las vias considerando á estas bajo el punto de vista mas general de la palabra; vias de comunicación con su distinta cla- sificación y vias de transmisión; la clasificación que debe hacer- se de ellas según que se las considere en despoblado ó dentro de poblado; el doble papel que desempeñan dentro de poblado para satisfacer no solo las condiciones de tránsito, sí que también de las necesidades de ornamentación urbana en cuanto ella sea apli- cable á la condición estricta.de las necesidades de la higiene. Así es que en toda comarca en que se haga perceptible el trabajo del hombreen las distintas ramificaciones ó clasificaciones, de él se deben advertir como otros tanlos rasgos de este trabajo, los caminos, los canales y los ríos canalizados. En las costas, las ensenadas, los puertos, las defensas para las inundaciones; en el interior rurales, para el eslerior las defensas militares. En el in- terior de toda población deben observarse la estension de las vias ordinarias, las calles, la clasificación conveniente de las mismas, la determinación de las dimensiones que las corresponden, la di- rección á que deban estar sujetas, la estension ó longitud que las convenga, la situación que debe darse á los espacios inedificados en una población en cuanto ellos sean necesarios, ya para satis- facer las condiciones de higiene en el casco urbano, ó ya para sa- tisfacer simultáneamente que á estas, á las del comercio y de la industria, determinando así el conocimiento originario de las pía- xas; la posición que debe darse á los paseos; la división que de- líe hacerse en las poblaciones cuyo casco urbano sea algo esternu- do en cuarteles ó barrios; la situación que convenga dar a estos seguí* el uso á que se destinan los edificios que los constituyen; la situación conveniente y la determinación del número necesario — 198 — de aquellos edificios que destinados á un uso procomunal vienen ;í completar la comodidad de la habitación, la comodidad de vecin- dad en una población cualquiera. Debemos considerar además los medios que pueden emplearse y que como mas á propósito nos conduzcan á modificar las pobla- ciones ya existentes en los términos que resulten ser necesarios; en las condiciones erróneas á que se haya sujetado el trazado de sus vias públicas; el número y dimensiones de las mismas, lo que exigiria el planteamiento de nuevo de estas mismas vias si la población no existiera, teniendo en cuenta por una parte las ne- cesidades propias de la economía, y por otra las necesidades téc- nicas ó facultativas á fin de preparar los medios en el proyecto de modificación: de manera que paulatinamente se vaya obteniendo la disminución de las condiciones negativas, sustituyendo á estas las positivas sin incurrir en el defecto de formular proyectos que por su grandiosidad queden en la categoría de imaginarios. La disposición mas conveniente que por lo general debe darse á las calles de una población es la del Oeste hacia el Este; pero como ha de haber travesías al objeto de facilitar el curso y trán- sito por el interior de la población . para economizar cuanto sea dable los transportes, es claro que siempre deberá haber también calles del Norte al Sur. Como que estas dos direcciones de orien- tación soir entre sí perpendiculares, de lo que acabamos de espo- ncr parece como que se deduce que nosotros sentamos como prin- cipio fijo que constantemente las calles de una población deben encontrarse formando entre sí ángulo recto, y si por regla gene- ral así lo consignamos , no es sin advertir que no son pocos los casos en que condiciones especiales del terreno obligan á deter- minar calles cuya posición en dirección ya no sea en ángulo rec- to. También la mucha amplitud ó latitud de las calles no puede considerarse igual en todas las regiones: en los paises del Norte y en los del Sur no pueden ser unas mismas en dimensión y di- rección las vias urbanas. La elevación y baja de temperatura se- gún que se considere á unas ú otras, determinan del mismo modo que para la construcción particular, formas especiales que están en armonía con las necesidades que se coligen de los fenómenos atmosféricos, que en cada caso tienen lugar, de la misma manera en las vias públicas determinan condiciones de construcción á propósito para ellas. — 199 — En las poblaciones que á nosotros nos quedan en el Me- diodía de España, en donde mas tradiciones se conservan de la dominación árabe, tenemos calles estrechas y tortuosas y que calificadas sin bastante conocimiento de causa ó sin detención suficiente, han dado lugar á que sobre las mismas se establezcan principios bastante erróneos. Quien ha crcido que en la época en que la arma blanca constituía la ofensiva y la defensiva, las ca- lles estrechas eran una necesidad, porque una sola persona defen- día el paso hacia cierto paraje; otros han creído que la falta de policía urbana dejaba en absoluta libertad, que convirtió en el ter- reno práctico en licencia cada uno de los particulares de la po- blación, y así se había obtenido la tortuosidad de las calles y la estrechez de las mismas; quien ha establecido lindes á la disposición y circunstancias de estas mismas vias árabes, y nosotros desapa- sionadamente, considerando la cuestión, no podemos ver en ellas otra cosa sino la satisfacción de necesidades propias del clima de aquella comarca. En las calles tortuosas y estrechas se favorecen las corrientes de aire, la refrigeración consiguiente del mismo, no se da entrada apenas al sol, y también por consiguiente se obtie- ne comodidad en el tránsito, y así es que para nosotros nada debe tener de particular que, dadas las condiciones del pueblo que las estableció y las de la comarca en donde puede establecerlas, ten- gan estas dimensiones y esta variación de dirección: y nos corro- boramos tanto mas en este aserto, cuanto que comparando estas vias públicas con la del Norte de España, vemos notable diferen- cia en ellas.. En el Norte en que las lluvias y nevadas son fre- cuentes ya se ven empleados los porches, se ven efectivamente grandes aleros; pero satisfaciendo las necesidades de dar salida á las aguas, y no precisamente para producir sombra; se observa ma- yor anchura que en las poblaciones del Mediodía en sus calles en las cuales se obtiene que queden bañadas por el sol en la estación en que este vivifica aquellas comarcas, sin que lo interrumpan las nubes ó cualesquiera otros fenómenos atmosféricos. Así es que nosotros, solo por observación y aun prescindiendo de nuestros principios, tenemos lo suficiente para comprender que al determinar la directriz ó el sistema de directrices de las vias públicas de una población, no hemos de sujetarnos precisa- mente á los principios que hemos establecido sobre la situación Oeste, Este, Norte y Sur, ni tampoco creernos en el caso de que — 200 — las vías de una población cualquieraHiayan de estar en las mis- mas condiciones que en otra, sin tener en cuenta las diferencias de situación geográfica. También deberemos situar conveniente- mente las plazas: en estas hemos de tener en cuenta si se destinan únicamente para que respecto á la población desempeñen un pa- pel análogo al que relativamente á una casa desempeña un patio, o si han de estar dando frente para establecimientos de utilidad pú- blica, ó si han de cumplir con las dos condiciones á la vez. Gene- ralmente las plazas deben situarse en una población en disposi- ción que ellas sean centros donde concurran las avenidas princi- pales de la misma. La división en barrios ó cuarteles debe hacerse siempre; especialmente cuando en una población se deban distin- guir el conjunto de los edificios dispuestos para habitación parti- cular, de lo dispuesto para satisfacer las necesidades de la indus- tria, ó para satisfacer las de la agricultura como sucede en las poblaciones agrícola-industriales. La separación entre estos bar- rios ó cuarteles puede obtenerse por medio de vias que se distin- guen por sus dimensiones y por la disposición que tengan respec- to á las de dentro del casco que determina una diferencia relati- vamente al casco obrero, al rural, al comercial. ARRABALES.—No debemos confundir los cuarteles ó barrios de una población con los arrabales de ella. Estos en toda población deben estar completamente separados del casco de la misma den- tro del cual se consideran los cuarteles ó barrios comercial, ur- bano y rural; y deben estar separados por medio de los paseos que generalmente, teniendo la forma poligonal, constituyen los llamados caminos de cintura en la longitud ó desarrollo con los cuales puede establecerse la facilidad en el tránsito ó transporte. Los arrabales de una población deben estar constituidos por los edificios que en cuanto sea posible ellos formen en reunión islas, manzanas de casas, y dispuestos para todas aquellas industrias ó en general todos aquellos establecimientos que en conjunto dentro de poblado podrían determinar condiciones nocivas ó negativas para la salubridad ó seguridad públicas. Por consiguiente la dis- tancia misma á que respecto del caso urbano deben estar estos arrabales, será siempre en condición de la naturaleza de los edi- ficios que los constituyen. El sistema de alineación para las vias públicas de estos arrabales también debe ser en consonancia con los edificios que lian de constituirlos y por consiguiente distinto — ¿01 — del empleado en las vias públicas en el interior del casco urbano. En toda población debe también considerarse cuál es la situa- ción mas conveniente que debe dársele, asignando do antemano el número de los edificios dispuestos para satisfacer las necesidades de carácter público que ia misma debe tener. Entre estas las hay dependientes de las creencias y de los usos; el número y posición de los edificios religiosos debe ser determinado; generalmente ellos deben estaren tal situación, que no propendan á hacer que reciban servidumbre, y en cuanto sea posible que tampoco la im- pongan; deduciéndose de aquí que en general deben formar man- zanas aisladas, y por consiguiente estar ó en las grandes vias ó en las plazas. Deben también tenerse en cuenta todos los demás edificios cuyas dependencias sean á propósito para satisfacer las condiciones que concurren siempre en todo pais civilizado. Las necesidades de la beneficencia pública, las déla seguridad, las de la salubridad, deben siempre formar en primera línea ante nues- tra inteligencia, cuando necesitamos estudiar una población. Así es que los hospitales, casas de socorro y en general todos los es- tablecimientos que hace necesarios la beneficencia, muy especial- mente en países cristianos, deben siempre ser considerados lo mismo en las grandes que en las pequeñas ó modestas poblacio- nes; porque la diferencia que habrá de unos á otros en cuanto á los establecimientos de que se trata, será respecto á la estension de ellos; pero las necesidades del ente físico y del ente moral son las mismas en los grandes que en los pequeños cascos poblados, y por consiguiente la atención que exige la humanidad es. de la misma índole en unos casos que en otros. Todas las demás construcciones propias déla seguridad, por lo que atañe á la administración de justicia y por lo que se refiere á la administración pública en general, también deben distinguirse en las poblaciones de que se trata; consignando la determinación del número de ellas, y la fijación délas dependencias que las mis- mas deben tener. Los lavaderos públicos, los baños y en general todo lo que con- tribuya á facilitar la salubridad debe ser igualmente objeto del estudio de una población. La determinación de las construcciones subterráneas para facilitarlas condiciones de la salubridad es una parte importantísima; las cloacas determinando en ellas la trac- ción de las aguas potables y la salida de las inmundas, la con- 26 —m— duccion de ellas á parajes en donde no puedan malear el aire trayendo miasmas á la población; la posición del matadero ó ma- taderos; dotación de bastante cantidad de aguas, para los mismos; la situación conveniente de los cementerios; la determinación de las condiciones que á los mismos corresponden; el conocimiento de los terrenos en donde se hayan de establecer: todo esto debe incluirse en el estudio bajo el punto de vista higiénico de una población. Cuando se tratara de situar de nuevo un casco urbano, las con- diciones generales á que deberíamos atender, debieran ser: pri- mera, calidad de los terrenos por lo que hace referencia no solo á la existencia de ellos en cuanto á la influencia que pueden tener en lo que se refiere á la solidez de las construcciones, sí que muy especialmente para los correderos que ulteriormente debiera tener la población, puesto que interponiéndose siempre los paseos y jardines que debe haber al esterior de un poblado, interponién- dose entre éste y el campo talmente dicho, no basta para que el aire quede oxigenado como debe procurarse por el arbolado que dentro y fuera de las poblaciones debe siempre situarse, sino que es necesario además que la comarca por la naturaleza del terreno sea á propósito para que la vegetación contribuya á oxigenar en la mayor cantidad dable el aire que ha de venir á alimentar, di- gámoslo así, la población. Así es que siempre que se encuentre en una cañada un terreno ligeramente inclinado y próximo á.una línea de fondo en los cor- rederos ó en las inmediaciones de los cuales BO haya encharca- mientós ni posibilidad de los mismos, aquel será un paraje con- veniente para el establecimiento de poblado, y cuando el poblado existe y las condiciones que acabamos de esponer ó no se reúnan por completo ó lo estén, pero me/xladas con otras negativas, el estudio de modificaciones debe dirigirse al aprovechamiento de las positivas, estinguiendo en cuanto sea posible las contrarias á fin de venir á parar de un modo artificial á las condiciones fun- damentales que acabamos de esponer. No en todas las ocasiones los cascos poblados se encuentran en las riberas ó cañadas de poca inclinación junto á las líneas de fondo; son muchos los casos en que se encuentran en las inme- diaciones de las playas. Ventajas hay, siquiera sea por la facili- dad y comodidad del comercio; pero no dejan de tenerse desven- — 203 — fajas ca lodos los terrenos playeros, por cuanto la inclinación de los mismos en la mayor parle de los casos es muy poca, y consi- guientemente difícil la salida de las aguas inmundas sin que ellas inficionen ó amenacen inficionar el casco urbano de que se trata. Por consiguiente, en todos estos casos, el estudio de la población subalterna en cuanto en la misma se hade obtener neutralización para las condiciones negativas, es tanto mas importante, cuanto que crecen las dificultades, y debe atenderse primordialmente á satisfacer estas necesidades, antes que las del aspecto esterior, porque de otro modo puede venir á convertirse un pais, una co- marca que naturalmente sea sana, en maléfica para la salud. Sin ir muy lejos del paraje en donde estamos, podríamos encontrar confirmado por los hechos lo que acabamos de esponcr. En la inmediación de las desembocaduras de los rios es es- puesto el establecimiento de una población, por cuanto en general, especialmente en los terrenos poco accidentados se tienen empan- ianamientos de aguas muy difíciles de desecar por la inmediación que tienen al receptáculo general de las mismas. Esto es lo que tenemos que esponer en general respecto á vias y condiciones es- peciales de población, así como lo dicho al principio constituye las condiciones generales de la edificación, especialmente por lo que en ella se refiera á satisfacer las necesidades de una familia considerándola alojada en poblado ó despoblado, y en cada uno de los estados rural, industrial ó comercial que pueden supo- nerse. V b " w w 'J\r