LECCIÓN XIX, Sumario. EDIFICIOS RURALES.—CONSIDERACIONES GENERALES.—CASAS DE JORNALEROS. EDIFICIOS RURALES.—La edificación rural obedeciendo á los prin- cipios generales de la composición considerada ya de una manera directa, ó ya en relación con los procederes observados en la an- tigüedad y en los tiempos modernos, ha de sujetarse también á circunstancias especiales que son características en cada caso particular y vienen á ser consecuencia de las condiciones espe- ciales de la localidad, que caracterizan los diferentes modos del laboreo de las tierras, y los diversos frutos que de ellas pueden recolectarse. La edificación rural ha de obedecer á la doble con- dición de facilitar habitación, satisfaciendo las necesidades ma- teriales del ente físico y las morales en cuanto esta se la considere destinada para personas; atendiendo solo á las prime- ras cuando solo se trate de las dependencias propias para los ani- males domésticos. Han de acondicionarse las dependencias, unas para facilitar las faenas de la agricultura á que se dediquen los que han de alojarse en el edificio, y otras dispuestas para el al- macenamiento y conservación de los productos obtenidos y reco- 31* — 242 — lectados, y otras en fin, donde en los casos necesarios, puede desarrollarse el trabajo agrícola-industrial. En los edificios rurales, debemos tener en cuenta que la condi- ción especial que ordinariamente los califica é influye de un mo- do notable en la manera de ser que debe tener la masa de ellos, es hallarse constantemente en despoblado y sujetos á sufrir todas las peripecias, todos los resultados procedentes de las accidenta- ciones del terreno, de los fenómenos y de los cambios atmosféricos que tienen lugar. Estudiada así una construcción rural, dados los materiales para llevarla á cabo, y suponiendo su resistencia tal que po- damos obtener con poco espesor en los muros, la bastante para la estabilidad en un edificio, no basta que así guiados nos creamos en el caso de poder asignar tal ó cual espesor en los mu- ros considerando su solidez únicamente, porque en muchos casos, especialmente en aquellos en que los materiales sean de grande resistencia, esto nos conduciría á llevar á cabo una construcción sólida sí, pero incómoda y hasta mal sana; y por consiguiente inadmisible. CONSIDERACIONES GENERALES.—Las condiciones de localidad por la situación geográfica y los fenómenos que tienen lugar en los cambios atmosféricos, nos obligan á determinar en forma y modo las construcciones rurales á fin de satisfacer las condiciones de habitación para el hombre, especialmente en las horas en que ne- cesita descanso después de las fatigas del trabajo agrícola. La economía animal, las necesidades de las personas que han de alojarse en las dependencias del edificio rural y la conservación de las materias propias de la agricultura, exigen que en el inte- rior de las habitaciones se hagan en lo posible muy poco sensi- bles los cambios atmosféricos, ya cuando el aire se satura de hu- medad, ya cuando pueda tener lugar su enrarecimiento. Es preciso no olvidar que espuestos á la intemperie lo6 edifi- cios rurales, soportan la fatiga consiguiente á los acciden- tes atmosféricos que se presentan, con mayor intensidad que no en los edificios incrustados en manzanas dentro de un cas- co poblado; puesto que sabemos que el agrupamiento en una población, el enlace de sus vias, la determinación de sus paseos, sus alamedas, la implantación de sus arrabales y la situación misma dadaá la población, si se hizo acertadamente, hacen me- nos sensibles dichos cambios atmosféricos. 213 — Teniendo presentes estas observaciones, se comprende que no es igual construir en despoblado, para los efectos de satisfacerlas necesidades materiales consiguientes á la vida animal y á la con- servación de la materia inerte, que cuando se llevan á cubo en poblado; y así cuando se teme que los materiales que se han de emplear en la construcción sean por su naturaleza propensos á determinadas condiciones higrométricas, es necesario auxiliarnos con procederes especiales, que deben ser objeto de un estudio particular en cada caso; á fin de neutralizar los malos efectos que pudiéramos temer por el resultado final; ó bien, si la economía no se opone, elegir aquellos materiales que no teniendo condicio- nes higrométricas temibles, nos determinen elementos á propósito para obtener el resultado apetecido. Al establecer un edificio rural en despoblado, lo primero que hay que tener presente es su orientación ó situación. Esta orien- tación no es arbitraria; tampoco es uniforme la situación que en una coniarca cualquiera se hade dar á un edificio rural; depende de las condiciones generales que califican á esta coniarca, y de las especiales que determinan en la misma localidad las corrientes de aire y su mayor ó menor intensidad. La condición general que siempre deben tener las construccio- nes rurales, es que su planta baja esté elevada respecto de la ra- sante general del terreno en donde se implanten; pues, por este medio la haremos en cierto modo imposible de ser atacada de las humedades. Si en cuanto á la orientación debemos elegir la si- tuación mas conveniente para una ó varias construcciones rura- les, ante todo tendremos en cuenta la longitud y latitud geográ- fica del lugar en donde hayan de alzarse, y si no conocemos la localidad, deberemos investigar cuáles son en las estaciones es- tremas del año, las corrientes de aire que dominan por mas tiem- po; si su intensidad es consiguiente á la calificación de flojos, borrascosos ó vendábales, sujetando siempre la edificación, á una orientación tal que esquivando las corrientes mas temibles espe- cialmente cuando constituyan vendabal ó huracán ó bien aquellas cuya dirección nos haga temer resultados negativos por los mias- mas que conduzcan ó humedades que las saturen, desde luego nos den el abrigo conveniente para las dependencias del interior del edificio; abrigo que no solo constituirá la comodidad y salu- bridad debidamente consideradas en éL sino también la facilidad — Ui — de que siendo menos la fatiga á que está espuesta la construcción, sean en menor escala los medios que para la solidez del edificio hayamos de emplear al estudiar mecánicamente su construcción. La accidentacion topográfica de nuestra península hace que á pequeñas distancias se presenten localidades con climas diversos, como sucede comparando cualquiera de las provincias del Medio- día con las del Norte, y aun las provincias del interior, en el mismo litoral; la provincia de Barcelona, por ejemplo, con cual- quiera de las del Mediodía nos da diferencias notables; que no tanto consisten en las diferencias de nivel respecto al mar, como en las accidentaciones topográficas que determinan las corrientes de aire, su intensidad variable y las altas ó bajas temperaturas según el paraje de donde vienen, y aquel ó aquellos por donde pasan antes de bañar la localidad que se considere. En Barcelona cuando vienen del Este, sabido es prácticamente que nos traen, sino inmediatamente al poco tiempo, grandes brumas que gene- ralmente se resuelven en lluvias en el llano, y muchas veces du- rante la época invernal, en nieves en la parte alta de la provin- cia: la intensidad de estas corrientes no acostumbra á ser de vendabal ni menos huracanado; pero no deja de ser considerable en la costa que limita al llano de Barcelona. Las condiciones ne- gativas por los miasmas que saturan aquí al aire, tienen lugar cuando las corrientes vienen del Sur-oeste; pues dadas las condi- ciones de posición y naturaleza de las inmediaciones de esta ciu- dad y su llano, se observa que arrastran muchas veces miasmas, que si no son deletéreos no dejan de perjudicar cuando vienen á través de la cuenca del Llobregat y establecen corrientes por el llano del Hospitalet y del Prat. Estas consideraciones las hacemos con el objeto de consignar de un modo práctico, que en cualquier caso en que debamos pro- yectar edificios rurales, no solo debemos considerar las corrientes de aire, sino también averiguar cuáles son las circunstancias es- peciales que reúnen las localidades donde hayamos de establecer las construcciones y solo así tendremos probabilidades de acierto evitando en nuestros proyectos por la posición y por la estructura, que puedan los edificios alterar las condiciones normales de la economía animal en su estado de salud, y las que requiere la conservación de los frutos. Obtenidos tales datos podremos orientar acertadamente el edi- — 245 — ficio para que reciba 6 no la impresión directa de tal ó cual cor- riente de aire. Siempre que condiciones especiales no modifiquen el procedimiento, la situación de los edificios rurales debe ser al Sur, determinando la posición de los rompimientos principales en tal dirección, ó cuando esta no sea posible por condiciones escepcio- nales de localidad ó por las generales que califican á una región como sucede con nuestras provincias del Sur, entonces la prefe- rible será la del Este; pero no en aquellos países en que, como en esta provincia y en todo el litoral, el aire que en Valencia es co- nocido con el nombre de levechc trayéndonos nubes ó por lo me- nos grande cantidad de humedad, pueden alterar las condiciones apreciables para la salud y las indispensables para la conserva- ción de los frutos. Así es, que en comarcas como esta debe evi- tarse la situación del Este y es apreciable la del Sur; pero en aquellas partes de una localidad en que sus condiciones especiales la califican como cálida, la situación Sur del edificio no dejará de estar espuesta á inconvenientes que la hagan digna de ser ca- lificada como incómoda, especialmente en las dos terceras partes de los meses del año. En las provincias del litoral y Mediodía de nuestra península el invierno es casi primaveral con cortas es- cepciones y dura poco, mientras que el tiempo cálido las califica constantemente. Así lo indican los productos y frutos propios de la agricultura, especialmente los espontáneos como las piteras ó pitas que aquí se llaman adzavaras, y que pueden servir como se- ñales para determinar cuál es la parte cálida del territorio. En estos casos no situaremos la construcción al Sur y si lo hacemos procuraremos que el detalle de ella sea tal, que en la época estial venga á neutralizar las malas condiciones que reuniria si reci- biera directamente la impresión de los aires y rayos solares. En las comarcas en donde no esté bien determinada la condición de calidez ó frigidez, siempre tomaremos el término medio del cua- drante Sur-Este, huyendo por regla general de situar los edificios al Oeste porque son pocas las comarcas que no reúnan malas con- diciones por las corrientes de aire proveniente de esta situación; y únicamente en aquellas localidades en que su estrema calidez haga cambiar la orientación Sur por ni siquiera hallarse en bue- nas condiciones en la del Sur-Este, deberemos orientar el edificio en la situación Norte. Por lo espuesto se deduce que un edificio rural aislado ha de tener precisamente orientadas todas sus fa- — 2Í6 — diadas, desde el momento en que una de ellas lo esté eu cual- quiera de las direcciones indicadas, porque es claro que las otras estarán en dirección de los vientos cardinales, ó en las interme- dias según los casos. Téngase en cuenta, que entendemos por orientación del edificio, cualquiera de las posiciones que deban darse á los muros que le limitan, y los que no estén en la orientación asignada estarán en la consiguiente del mismo edificio. Nosotros al recomendar tal ó cual situación, nos referimos á las dependencias precisamente destinadas para dar habitación á la familia labriega: después de esto hay que atender á las otras dependencias necesarias para fa- cilitar alojamiento, estabulación á los animales domésticos, y luego otras destinadas para la conservación de los frutos. Para determinar la disposición de las demás dependencias, deberemos tener en cuenta cuáles son ellas y destinar el grupo de cada una de las mismas para aquella orientación mas propor- cionada al objeto. Determinadas las condiciones generales respecto á la orienta- ción, entremos á examinar algo del detalle que debe considerarse dentro de las condiciones generales de la construcción rural. La rasante de todo edificio rural debe hallarse elevada respecto de la del terreno para evitar las humedades; pero el efecto que se protluciria en muchos casos es necesario que no tenga lugar, por lo que en general no solo es conveniente levantar la planta baja, sino que es indispensable emplearen la pavimentación materiales que sean poco 6 nada higrométricos al mismo tiempo que satis- fagan las condiciones de la economía que en la edificación en ge- neral y particularmente en la de que nos ocupamos, es uno de los puntos obligados mas atendibles. Además de elevar la planta baja respecto del plan-terreno, será bueno horadar ó perforar, siem- pre que sea posible, por la parte subterránea construyendo sóta- nos ó semi-sótanos, para que facilitada la corriente de aire por la parte inferior se garantice la sequedad del piso, obteniéndose por este medio al mismo tiempo la ventaja de tener dependencias subterráneas destinadas para almacenamiento de ciertos frutos que nunca están mejor dispuestos para la conservación que cuan- do se hallan sus envases en las condiciones que se obtienen en la construcción subterránea. Las construcciones rurales inglesas obedecen casi constantemente á este sistema, y las tierras prooe- — 147 — dentes de los desmontes necesarios para ellas sirve» en parte para formar los terraplenes con los que se obtiene la altura á que se situa la planta baja del edificio rural. Decimos semi-sótanos, porque muchas veces la escavacion se hace á poca profundidad y lo que le fallaria de altura para que sean practicables, se suple por lo que se eleva la espresada plan- ta, haciendo que el edificio esté sobre un sub-basamento al cual se sube por una escalinata de tres, cinco ó siete escalones. En todo edificio hay que considerar la masa general; ea su de- talle los muros, y en estos los rompimientos, que deben tener y pueden consistir en puertas y ventanas. Estas han de estar en consonancia con las necesidades que han de satisfacer y con la fatiga á que se halla espuesto el edificio. Generalmente en todos los edificios rurales, caracterizados por la modestia en los proce- deres ó mano de obra y en el material empleado, la forma y las dimensiones no son tan arbitrarias como pudiera suceder en las demás construcciones. Así es que tanto por esto como por el ser- vicio, generalmente la latitud y anchura de las ventanas es de 80 á 90 centímetros, siendo no pocas veces de 60 á 70, y la altura de l m . á l m . 40: las puertas cuando sirven únicamente para el paro de personas, no deben tener mas de 1 m. á 1 m. 20 de an- cho por 2 m. y 2 m. 50 de altura. Pero cuando las condiciones especiales del edificio nos obligan á establecer dependencias á propósito para el desarrollo de los trabajos propios de la indus- tria, que muchas veces se combina con la agricultura, tomando de esta como primeras materias sus frutos, entonces el edificio rural ha de obedecer á condiciones industriales, y por consecuen- cia los rompimientos de los muros en las dependencias á propó- sito para la industria rural, han de ser consiguientes á las nece- sidades de esta; y como la ramificación de la misma da lugar á tan diversos órdenes de trabajo y distintas maneras de obtener productos del mismo, será necesario en cada caso obtener los co- nocimientos propios del resultado que ha de dar la industria ru- ral de que se trate. Generalmente en todas las ventanas y puertas y particularmente en las de fachadas de los edificios rurales deben determinarse guarda-polvos ó viseras, que no tienen por origen un motivo de ornamentación sino la satisfacción de una necesi- dad. Si se trata de una comarca cuya situación geográfica deter- mina un clima cálido, es necesario reservar en lo posible 4 la ha- — 248 — bitacion, de recibir directamente la impresión de los rayos sola- res, para que no afecten á la calefacción de la misma, siendo preciso en este caso templar la luz y de aquí las viseras ó guarda- polvos rurales; y si bien á primera vista, estudiados los detalles de una construcción rural, según los principios de composiciónT vienen á determinar el efecto de una ornamentación, téngase en cuenta que el objeto solo ha sido, conforme hemos dicho, satisfa- cer una necesidad. En las construcciones rurales que se elevan en el Sur es nece- sario establecer siempre en las puertes de las fachadas, no ya solo viseras sino intercolumnios, soportales ó porches que determinan la refrigeración necesaria para la entrada del edificio. Estos por- ches sirven al mismo tiempo para que (cuando se hayan esten- dido en la línea conveniente) puedan los animales domésticos re- cibir los aperos y los atalajes necesarios al salir de las dependen- cias en donde se hallan estabulados y se ponen á disposición de los operarios que les han de conducir al trabajo. Esto ha dado lu- gar en nuestras provincias del Mediodía á las terrazas que están al nivel del piso primero porque son las cubiertas de estos por- ches que generalmente circunvalan todo el edificio ó por lo menos una ó dos de sus fachadas. Al proyectar un edificio rural no podremos determinarlas de- pendencias sin saber antes el número de las que ha de tener y las necesidades á que han de satisfacer: así es que dada en otra lec- ción la*clasificacion en general de las construcciones rurales, entra- remos hoy en el detalle de ella para tener una idea general de las necesidades que en cada caso particular habremos de satisfacer. CASAS DE JORNALEROS.—Nosotros podremos considerar la casa del jornalero, la del obrero, la destinada para una familia ocu- pada en una pequeña ó en una mediana esplotacion, y por últi- mo, la destinada para una esplotacion en grande escala de fincas de notable estension, y consiguiente división de laboreos y pro- ductos. Si la construcción rural debe distinguirse por las condiciones de la economía y presentar su masa con la modestia que conviene á la índole de su destino, no por esto entendemos recomendar que las construcciones rurales sean mezquinas hasta el estremo de ser raquíticas: en ellas debe haber el carácter que determina en su fisonomía el grado de robustez propia de todo lo que tiene re- — Ü9 — sisteneta por la acertada disposición de los procederes y de los materiales, para que empleados convenientemente se obten- gan construcciones que respondan á las necesidades que le son originarias. Determinaremos, por lo tanto, en la construcción ru- ral, un estilo que producirá un carácter particular que ha de ser distinto en unas comarcas respecto de otras, especialmente en nuestra Península, en que su accidentacion topográfica es causa de que se planteen en el estudio de la construcción, cuestiones tan esencialmente distintas en unos que en otros casos. Si el ma- terial de a Iban i ler ía es conveniente emplearlo en nuestro litoral, porque las cales, las arenas, los ladrillos y todos los objetos ob- tenidos por la alfarería son de superior calidad, en aquellas otras comarcas en que no sucede esto y que no podemos disponer de las materias indicadas, pero que tenemos, como en el Norte de Espa- ña, bosques en donde se da la madera de construcción en gran can- tidad y buena calidad, es indudable que allí la construcción rural se llevará á cabo con éxito, empleando el elemento propio de la localidad. Si en las provincias del Mediodía, el uso de las cales no es generalizado, si allí, teniendo Como tienen yeso carbonata- do, emplean este material en la mayor parte de los casos, nece- sario será que nosotros pensemos mucho sobre el particular, si nos encontramos en el caso de llevar á cabo un sistema de cons- trucciones especialmente rurales. Es decir, que antes de empezar á edificar y decidirnos á construir, es necesario que adquiramos datos en la localidad respecto á los materiales de que debamos servirnos, y conocidas las condiciones negativas y positivas de ellos por su naturaleza y su laboreo, entonces tendremos elemen- tos para poder tratar convenientemente en la parte material la construcción que hayamos de proyectar. Si á esto agregamos el conocimiento de las condiciones especiales de la localidad, y las noticias que debemos adquirir, si nos es desconocida; si después entrando en la parte concreta del edificio y de las necesidades que ha de satisfacer, averiguamos cuál es el número de depen- dencias que le corresponde, cuál la estension de ellas y la dispo- sición que han de tener relativamente las unas á las otras, ten- dremos que en cada caso especial habremos podido estudiar un proyecto que esté en condición de ser admisible, de ser construi- do y de reportar las ventajas que son de exigir. La casa del jornalero debe ser modesta por el número de sus 32 — 250 — dependencias puesto que no necesita sino las mas indispensa^ bles, modesta por los materiales y su laboreo, y por la mano de obra que debamos emplear; sin que se entienda que hemos de es- catimar el gasto imprescindible para la misma: pues la economía consiste en no gastar mas de lo necesario, sin dejar de hacer cosa alguna de aquellas que en cada caso sean indispensables. A los jornaleros podemos considerarlos como caseros ó brace- ros solteros ó ambulantes. En el Sur de España, en donde las fincas rurales se dan generalmente en arrendamiento, allí el bra- cero es llamado casero. En todas las grandes fincas rurales tiene el casero una barraca ó una casa pequeña en la cual encuentra alojamiento; allí no necesita tener otras dependencias que la del dormitorio, un reducido corral, la -cocina y un pequeño cuarto para las herramientas indispensables, puesto que las de labranza las facilita el labrador de la casa central. En las localidades en que el bracero no es ambulante, ni tiene las condiciones del casero del Sur, necesita la casa rural condi- ciones especiales que exigen sea mas complicada. En esta casa el jornalero establece una familia rural, y necesita, además de las dependencias mencionadas una para el almacenamiento de los comestibles por una semana, mes ó año; según que la localidad se halle jnas ó menos lejana de poblado ó de mercado. Constan- temente en la casa debe haber el horno de pan cocer, la facilidad de obtener el agua potable, por conducción ó por elevación de un pozo si fuera fácil. En lo demás, por lo que respecta á la situa- ción, elevación del suelo, cubierta, espesor de los muros y sus rompimientos, se sujetarán á las condiciones generales ya indi- cadas.