LECCIÓN II, Sumario. DEFINICIÓN DE LAS CONSTRUCCIONES ARTÍSTICAMENTE CONSIDERADAS.—CLASIFICACIÓN- —GENERALIDADES SOBRE LA FILOSOFÍA CON QUE DEBE HACERSE EL ESTUDIO DE LAS CONSTRUCCIONES RAZONANDO SU PROYECTO. De lo que hemos dicho en la lección anterior, se deduce: pri- mero , bajo qué punto de vista debemos considerar en lo sucesivo nuestro trabajo, dirigido á satisfacer las condiciones que exige siempre la edificación; y segundo, de qué modo deberemos con- siderar y observar el resultado de nuestros trabajos, á fin de apreciarlos del modo debido y poder calificarlos ó no de una composición, bajo el punto de vista admisible de la palabra. Nosotros no podremos venir en conocimiento de la apreciabili- dad del resultado de nuestros trabajos, sin que de antemano nos podamos dar cuenta del detalle de los mismos, y examinar, á la luz de un detenido análisis, si este detalle cumple ó no con las condiciones á que es llamado en la composición por nosotros es- tudiada. El análisis de nuestros trabajos por los que nos dirigimos á ser compositores, para que sean apreciables, nos" ha de dar por resultado, que la predisposición de todo edificio satisfaga las ne- cesidades del orden moral y las necesidades del orden material; — 22 — doble orden de necesidades que siempre se presentan á satisfacer en las construcciones cuando son destinadas para el hombre, ya se le considere individuo, ya se le considere como miembro de una familia en cualquiera de los grados que relativamente á ella puede ocupar. Es, por consiguiente, necesario que nosotros defi- namos las construcciones bajo el punto de vista artístico, que es bajo el que las hemos de considerar y bajo el que las hemos de estudiar especialmente en el curso actual. DEFINICIÓN DE LAS CONSTRUCCIONES ARTÍSTICAMENTE CONSIDERADAS. —Siempre que una acertada combinación de materiales, elegidos y empleados convenientemente, haciendo á los mismos adquirir las formas oportunas, nos da por resultado, como no puede menos de suceder, un objeto cualquiera que, por su forma y por su uso propio ulterior, es apropósito para satisfacer necesidades del or- den moral, ó necesidades del orden material, ó ambas á dos, en- tonces se dice que el objeto por nosotros así concebido y realiza- do, ó de posible realización, determina una construcción. Nosotros sabemos que las necesidades del hombre tanto en lo moral, como en lo material, son crecientes; el número de ellas es indefinido, y lo es porque siempre el número de las necesidades del hombre está en relación directa con su civilización, y con el grado de perfección que esta tenga; y como la perfección de la civilización es indefinida, puesto que depende de la marcha de la inteligencia humana, y esta, trabajando, conoce el punto de par- tida, pero nunca le es dable señalar el límite al cual puede lle- gar en el curso ulterior de su crecimiento , de aquí que las ne- cesidades en el orden material y las necesidades en el orden moral sean, ó debamos considerarlas para nuestro intento, en número indefinido; y por consiguiente, si las construcciones han de estar dispuestas de modo que queden satisfechos cada uno de estos dos órdenes de necesidades, cuando aquellas son destinadas para el hombre, se deduce claramente que el número de las mis- mas construcciones, debe ser considerado, por consecuencia, tam- bién como indefinido. Sin embargo, para el orden de nuestros estudios, para satis- facer las necesidades de nuestra instrucción, al objeto de poder producir en el estudio de la composición de las construcciones aquello que sea aceptable, aquello que satisfaga las necesidades legítimas del hombre, es indispensable que dentro del inmenso — 23 — número de construcciones, que á primera vista podemos vislum- brar que de necesidad se presentan como otros tantos objetos para el trabajo de la inteligencia del compositor, hagamos una clasifi- cación, y establezcamos un cierto orden en las mismas; clasifica- ción y orden que predispongan á nuestra inteligencia, para que con fruto y con el menor cansancio posible, empleando el método mas adaptable, pueda, desde luego, sentar principios en conse- cuencia de reflexiones, y obtener resultados que sean otras tantas teorías de aplicación para cada uno de los casos que relativa- mente á cada uno de los grupos que vamos bien pronto á consi- derar pueden presentarse en el orden del establecimiento de los proyectos de composición. CLASIFICACIÓN.—De la definición que hemos dado de la cons- trucción artística, y de la observación que hemos hecho de que toda construcción viene llamada á satisfacer necesidades del or- den moral y material, y á veces ambos órdenes de necesidades á la vez, se deduce que las construcciones pueden dar por resulta- do objetos muebles y objetos inmuebles; es decir, que el resultado de las construcciones en unos casos dará objetos transportables, y en otros objetos que por su naturaleza y ulterior uso, serán com- pletamente inmuebles. En el primer caso se encuentran todas las construcciones que nos dan por resultado aparatos, utensilios, y, en general, todos aquellos objetos que sirven para satisfacer las necesidades, desde las mas elementales ó rudimentales del inte- rior en la vida doméstica, hasta aquellas que tienen lugar en el desarrollo del trabajo aplicado á las artes manuales, á los oficios todos ó sea á la industria en todas sus manifestaciones; mientras que hay otra clase de construcciones que dan por resultado la inamovilidad de las mismas y destinadas siempre para satisfacer las necesidades del ente moral ó del ente material ó ambos á la vez, en lo que respecta, unas veces, á la habitación por lo que de ella exige la organización de la familia, dando lugar á la satisfac- ción de las necesidades de la vida doméstica, y en otras, á las de la vida pública, así como también á las necesidades que se ori- ginan de las creencias, en consecuencia del régimen que estable- cen para las conciencias, los principios religiosos de un país; á las necesidades que crean las leyes, en virtud de la influencia que las mismas tienen, y las exigencias consiguientes para satis- facción de las necesidades de la administración de justicia, con- — 24 — siderada en toda su estension y bajo el punto de vista general de la palabra, las construcciones destinadas para satisfacer las necesidades en el orden civil, ya bajo el punto de vista administra- tivo, ya bajo el cooperativo, á las necesidades que se crean con- siderando á un pais bajo el punto de vista militar, ya conside- rando el estado de paz, ya el de guerra y consiguiente necesaria defensa sea activa ó precautoria; en todos estos casos las cons- trucciones necesitan ser por su naturaleza y consiguientemente por los resultados últimos de las mismas, completamente inmó- viles, completamente inmuebles, y dan lugar á lo que en general se conoce con el nombre de edificio. Por lo espuesto tenemos definida y clasificada la construcción: primero, en mueble é inmueble.; y definida cada una de estas según acabamos de indicar; pero para el objeto que nos proponemos, no nos basta esta clasificación; es necesario que, dentro de la misma, detallemos algo mas á fin de poder entrever los puntos de partida de los distintos caminos que nuestra inteligencia se vé en la pre- cisión de seguir, al tomar como punto objetivo de su trabajo el estudio de las construcciones. En el estudio ulterior de todas y cada una de las mismas, veremos corroborado lo dicho respecto de que por su naturaleza, por su índole especial, el edificio tal como queda definido, es y debe ser inmueble. Sin embargo: hay 'una escepcion en el dia, pues que hay construcciones de edificios muebles ó transportables y se pretende, por el empleo del hierro ó de la madera, ó por la combinación de ambos materiales, tener edificios que puedan ser desarmados y consiguientemente trans- portados de uno á otro lugar. Imposible esto, no lo es; pero ya para nuestro objeto, dadas nuestras costumbres y principios, no hace al caso la construcción escepcional mencionada, y así resul- ta que la podríamos bien incluir en el grupo de las construccio- nes muebles si bien que habiendo de estar dispuestas para satis- facer en diversos lugares necesidades del orden moral ó del orden material, lo que debiéndose obtener con edificios susceptibles del transporte, no dejaría de presentar serios inconvenientes hasta para algunos pueblos que alcanzan un grado de civilización tal que les posesiona de territorios de grande estension y de un modo perenne. Si esto se admite se deberá deducir qne la supuesta construc- ción mueble satisface las condiciones de la especie de vida nó- — 23 — mada á que se entregará el país que tales costumbres tenga. Comprendemos con nuestra civilización, con nuestra organiza- ción social, con nuestra organización administrativa, en todos sus detalles, con las costumbres que se establecen en la vida de familia, la estabilidad inmutable por punto principal que, en con- secuencia de todas estas concausas, se obtiene por parte de las personas que ejercen cualquiera de las profesiones artísticas, científicas ó literarias; se comprende, por regla general con cortas escepciones que solo sirven para confirmarla, que el edificio des- tinado para el hombre ha de ser inmueble; porque el hombre una vez establecido se observa que en general á lo que aspira es á fundar una familia y cuidar de ella gozando de la vida doméstica ó bien á permanecer individuo de una familia, y aunque en con- tados casos permanezca solo, aun considerándole individualmente una sociedad á cierta edad, nos dice la esperiencia que siempre se establéceles la palabra que empleamos, se establece en un lugar, y aquel es en donde fija su domicilio, en donde necesita su edificio, edificio que ni puede ni debe ser mueble por el estilo de los utensilios domésticos. No se puede concebir sino como el resultado de una aspiración de la aplicación de la industria con el mejor deseo tal|vez, pero no con el acierto que es de desear y de exigir por la dignidad del hombre, por su civilización y consi- guientes costumbres generales en la sociedad, y singulares en la vida doméstica. Tenemos, por lo que hemos dicho, que siendo la construcción por su naturaleza inmueble destinada para satisfacer las necesi- dades del individuo ó de la familia en cualquiera de los dos ór- denes repetidamente mencionados, se da lugar al edificio; pero, señores, es preciso tener muy en cuenta que al usar nosotros esa palabra edificio, no hemos de considerar única y esclusivamente la casa, lo que vulgarmente se llama edificio, ó bien en general la construcción levantada con paredes y cubierta con techumbre; si bien en la generalidad de los casos en esto consiste el edificio materialmente observado. Para los efectos que nos hemos pro- puesto en la clasificación que estamos preparando, deberemos en- tender que la palabra edificio representa para nosotros la idea de toda construcción ya sea visible en su mole, del modo como se presentan los edificios en su acepción vulgar, ó ya consista en salpimiento de terreno para satisfacer cualquiera de las necesi- i — 26 — dades que se presentan, como otras tantas exigencias en un pais industrial, en un pais en que la agricultura y la iudustria de- terminan en parte el grado de su civilización y consiguiente po- derío; en países, en fin, considerados en la cuarta clasificación de aquellas que hemos supuesto en la lección anterior, al hablar de los períodos de civilización que hipotéticamente pueden conside- rarse en el orden sucesivo de la misma para los pueblos. GENERALIDADES SOBRE LA FILOSOFÍA CON OLE DEBE HACERSE EL E S - TUDIO DE LAS CONSTRUCCIONES ARQUITECTÓNICAS RAZONANDO SU PROYECTO. —Asi que inmediatamente después de lo que tenemos espuesto, respecto á los motivos de la clasificación, nos es necesario saber- lo hacer, al objeto de ver cuales son las condiciones que han de presentar las distintas construcciones según el orden detallado de las necesidades que han de satisfacer. Se presenta la construcción inmueble, en primer lugar, como edificio talmente dicho; pero también se presenta la existencia de la construcción inmueble para satisfacer las necesidades del transporte, considerado en su grande escala y por los distintos medios en que puede emplearse, dando lugar á la construcción de las vías; y decimos vias porque son varios los modos de obtener satisfacción para las necesidades del transporte. En primer lugar, tenemos las vias por tierra y las vias por agua: en las vias por tierra tenemos desde el camino ordinario, que une entre sí dos pueblos de pequeña importancia, la carretera que une entre sí los pueblos de grande importancia, tal vez las capitales de provincia, las carreteras que tienen, por la índole especial de su curso, una importancia de interés gene- ral para un pais, los caminos de hierro, y en general, toda via que proporciona facilidad para el transporte, si se trata de grandes distancias, ó las que son no menos importantes para los transportes y para los servicios urbanos, como sucede con las vias del interior de una población considerando en sí mismas á las calles y á las plazas, del mismo modo que á todas aquellas superficies de terreno inedificado existentes dentro de las pobla- nos y destinado para satisfacer las necesidades del trausporte, al mismo tiempo que las de la higiene, considerando bajo el punto de vista general, que siempre debe hacerse al establecer el estu- dio analítico del modo de ser material de una población, estu- diando su casco urbano. En las vias también hemos de considerar existentes ó incluí- —in- das en la clasificacionn que hacemos á aquellas que facilitan los transportes, teniendo el carácter de vias fluviales; y en estas de- beremos incluir los rios canalizados, los canales interiores de un pais que sirven para satisfacer las necesidades del riego ó de la navegación, ó ambas á dos: los puertos, como resultado de apro- vechamiento de las formas particulares que en determinados pa- rages tienen las playas en el litoral de un país, donde una de sus. fronteras sea hacia los mares. i Como construcciones que deben incluirse al considerar cada una de las anteriores, tenemos las ausiliares ltamadas obras de arte, en las vias en general, como sucede con los puentes, con los viaductos, con los acueductos, con los túneles y con toda construcción, siquiera sea subterránea, que deba satisfacer necesidades de cualquiera de lo» dos órdenes mencionados. Ayudan á completar la resolución del problema y ayudan tanto cuanto que es indispensable su existen- cia para que ese mismo problema esté admisiblemente resuelto; pero en las vias no hay solo que considerar las que [dejamos es- puestas; las necesidades materiales, las necesidades morales del hombre en la sociedad tienen muchas mas exigencias; las unas y las otras conducen á la necesidad de tener una recta administra- ción, de predisponer á la misma á determinar aquello que con- viene sugetar á las instrucciones directivas, instrucciones por las que es necesario proporcionar la mayor rapidez porque siempre en general, para las operaciones del hombre, el aprovechamiento bien entendido del tiempo, sin por esto recomendar la precipita- ción perturbadora, es gran ganancia en cantidad y en calidad para los últimos resultados de su trabajo. Por esto, la aplicación de los adelantos de la Ciencia, de los adelantos en las aplicaciones que se obtienen por la Ciencia, por las artes en general y consiguientemente por los resultados que las mismas dan, en los distintos oficios, la perfección consiguien- te de los artefactos, conduce, por pequeña que parezca su índole, por pequeña que parezca su importancia en casos particulares, conduce á satisfacer de un modo admirable en último resultado las necesidades de un orden mas elevado para el hombre. Así es que en las vias en general debemos considerar también, como lo acabamos de hacer con las vias de comunicación, las de trasmi- sión y como partes de ellas, las estaciones telegráficas, los me- dios conductores de la electricidad, y las maneras mas á propó- — 28 — sito de la construcción para satisfacer la necesidad_.de la seguri- dad, no solo respecto á los ataques del hombre sino también á los ataques que para esta misma construcción desde luego debe pre- veer el constructor, dadas las condiciones y uso ulterior de las mismas, y dados los fenómenos atmosféricos', que tienen lugar especialmente en determinadas estaciones del año, y en determi- nadas comarcas de cualquier país. Nosotros, en el grupo de las construcciones, no deberemos desatender que las necesidades materiales del individuo ó de la colectividad de individuos, especialmente considerando un pueblo de mas ó menos importancia, exige servicios que son absoluta- mente indispensables, y que por consiguiente dan lugar á la ne- cesidad de la edificación, para satisfacer á estos mismos servicios. En efecto: nosotros no podemos comprender que sean satisfe- chas las necesidades de la higiene, las necesidades quepon con- siguientes á nuestra economía animal, sin que tanto en la habita- ción considerada en edificios propios del individuo ó de su fami- lia como en el conjunto de las construcciones de una población cualquiera, se halle la disposición que exigen las necesarias con- diciones de salubridad. Con esta, se obtiene la higiene del cuerpo; pero nosotros hemos de atender también á la del alma. Los in- , convenientes serian gravísimos sino estuviesen satisfechas las necesidades de la conciencia que tenemos de nuestra propia dig- nidad al mismo tiempo que las de la salubridad material; pues son de temer para el hombre y por el hombre las que pueden llamarse enfermedades del alma y las que son como tangibles, enfermedades del cuerpo. La construcción del edificio si es acertada, alejará á los que pueden considerarse como miasmas que infesten ó amenacen in- festar el alma, del mismo modo como también debe tender á anular todos los miasmas que afectando á la economía animal, puedan producir enfermedades y tal vez la muerte. El edificio dispuesto con arreglo á las condiciones de detalle que vamos á indicar sirve para la acción que tiene lugar en la satisfacción de las necesidades del individuo consideradas no so- lo materialmente por lo que respecta á las exigencias de su eco- nomía animal, si que también moralmente por lo que respecta a la prueba constante que en su ser tiene el hombre de la dignidad que le es propia; dignidad de que nunca, absolutamente nunca, puede (porque no debe) considerarse desprendido. — 29 — Por esto, mientras que los detalles á que deben sujetarse las ronstrucciones de los edificios, para satisfacer las necesidad es cor- cespondientes á la salubridad desde luego han de ser tan co m- pletos como que de ellos depende en gran parte que no contra* ga enfermedades el individuo, la familia ó el pueblo que se considere, con lo que se habrán satisfecho las necesidades materiales en to- da la escala posible; se hace también necesario conocer y sentir las necesidades deducidas de la dignidad de nuestro propio ser, de ese Yo, que ni debe ser exagerado por la soberbia de la vanidad ni rebajado por la soberbia de una impia negación. Sirven á las necesidades materiales en general, y por consi- guiente deben ser incluidas en la clasificación que vamos hacien- do de todas aquellas construcciones subterráneas que están dis- puestas para satisfacer servicios urbanos, rurales, militares, higiénicos, y hasta los mismos de comodidad. Es indispensable tener en cuenta que las construcciones subterráneas destinadas para satisfacer servicios urbanos, pueden ser consideradas desde el caso en que se obtienen para las mismas dependencias tales que pueden ser utilizadas, ó como almacenamiento de objetos, nunca para habitación de personas hasta aquellas otras que sir- ven para la conducción del agua potable para dar salida á las aguas sucias, para depósito en una casa, ó conducir en otra de un modo conveniente y á sitio oportunamente elegido de antema- no las aguas inmundas para determinar la traída de aguas en general, y para dar salida ó entrada á todas aquellas materias que exige la naturaleza del edificio y el número de las necesida- des que el mismo es llamado á llenar. Si se consideran las aguas pluviales, en una comarca donde no son recogidas y donde por consiguiente es indispensable procu- rar para las mismas salida, entonces el sistema empleado para proporcionar esta salida en el menor tiempo que sea dable y con la menor incomodidad posible, determinará en esta parte uno de tantos elementos apreciables para la construcción y consiguiente- mente para la disposición del edificio. Si las necesidades rurales exigen que las construcciones sean subterráneas ó séanse aque- llas que se obtienen en virtud de roturaciones del terreno, sean de una índole dada, y con sujeción á determinadas condiciones, cuando sean conocidas detalladamente estas, cuando aquella ín- dole que deba tener la construcción sea estudiada de un modo — 30 — conveniente, es indudable que el resultado, de la misma en.su ejecución, responderá á esta necesidad y tendra el geirnin üe economía y del carácter apropiados oonocen las En las mismas construcciones multares, < ^ J * e ™ ^ £ necesidades que son llamadas á satisfacer, cuando en» •« ™ * cuencia se determina la resistencia que han, d t m e , Jj ^ l e que han de presentar, la posición mas oportuna W M j £ " n c i u vendo por la forma que deben afectar, tendremos hechun esta dio mediante el que encontraremos un re saltad o que d « el carácter que le es apropiado; ó lo que puede llaman* la n*o- nomía que las ha de distinguir. wipnioas cuando Cuando las construcciones son meramente « W J ^ g g J J el objeto del estadio especial de las mismas es únicay « 2 ™ mente, atender á las necesidades de sal «bridad ¡ 1 * ^ ™ ™ ™ con relación al individuo, ya con relación i la ™™¡££p£_ individuos que siempre existe en un pueblo de mas o_meno; un portancia, entonces el sistema de las construcciones tambiénsu feto á satisfacer un orden de necesidadesconcretes, R¿e t e n e r J su carácter, porque ha de tener un modc>ju h ^ aU e se, y estu 0 r este modo particular de ser cuando es ^ /^.s 'iementos conveniente" y cuando por consúmente se ^ ^ ^ ^ ° % sin los que no se tendría ciertamente resuelto el P ™ ^ J ¿ * obtiene lo que constituye el germen único, elg>rmen verdadero de lafisonomía,ó sea carácter de ^ « ^ ¡ ¡ ¡ L d eá n e c e si- Pcró no basta satisfacer cada uno de «tos o r d e ^ ¡™¡¡¡\ dades asi clasificadas, pues que ademas « 3 Ï Ï v ÏÏnSa- otros: á la comodidad, á la agradabihdad ^ ^ ^ ¿ a d e s bilidad que contribuyen en unos casos a « J ^ J ^ S & n del orden moral, y en otros, á satisfacer ^ [ 3 ^ ^ ^ material; generalmente lo hacen á la ^ \ ^ ^ ¡ m ^ apre- órdenes de necesidades. Son per . ^ * ^ ! £ S e s t o s d o s dables, para el hombre, te»?>«¡232SSSSÍS£ L puntos de vista de las necesidades consideradas en ^ a i lugar á construcciones en número mas o m e » 0 ^ ° n n ^ ^ o cn s si - gun la importancia del casco urbano de la l ¡ H w > Q ™ e fiera ó bien dentro de la habitación pa^«lar dereditoo que se estudie y según el gusto y posibilidades p e ^ ™ 8 *1 «dn duo, en lo accidental, pues en lo esencial, nada puede faltar a tracción dispuesta á los usos propios del eüiücio. — 31 — Últimamente, si bien respecto á las construcciones al hacer la clasificación de ellas en muebles é inmuebles, hemos determinado en qué consiste la naturaleza de las unas y de las otras , no obs- tante, aun ahora hablando de los edificios ó del edificio en el sen- tido lato de la palabra, deberemos volver á mencionar la máquina talmente dicha, que si bien compuesta de piezas que hacen que sea posible el montaje y desmontaje de la misma, y consiguiente- mente el transporte de ella, cuando la máquina es de determina- da importancia, cuando regula la marcha de los grandes estableci- mientos industriales, y cuando por consecuencia es el resultado de la combinación de piezas con un mismo ó varios materiales, combinación en consecuencia de la solución acertada del proble- blema mecánico, que con elementos afines se haya resuelto acer- tadamente y dado lugar á la que debe llamarse construcción me- cánica en las aplicaciones industriales; en este caso á la máquina asi considerada, también corresponde el carácter, la fisonomía apropiada; también en ella debemos ver un sistema de construc- ción particular que en su género, debe tener cuando el problema está acertadamente resuelto, tanta agradabilidad, tanto derecho á ser considerado dentro de las construcciones del edificio bajo to- dos sus puntos de vista. Puede hasta cierto punto considerarse la maquina como inmueble si consiste en dar lugar á resultados trascendentales para el capital. El objeto de nuestro estudio se dirige al edificio talmente dicho, y no al artefacto; no á la máquina: al artefacto porque el objeto de la práctica de las artes manuales, y los oficios que guiados siem- pre en sus adelantos, en la perfección de su trabajo, y en el pro- greso del mismo por los adelantos científicos aplicados convenien- temente, determinan el modo de ser de las diversas industrias. I\o se dirigirán nuestras observaciones tampoco al estudio, á la composición, á la determinación del proyecto industrial de una máquina. La división del trabajo hecha por el hombre, determina el punto de partida para obtener indudables resultados exactos y apreciables, y no hemos de considerar que seamos buenos para de un golpe y simultáneamente estudiarlo todo; la misma clasifi- cación que acabamos de hacer nos conduce al conocimiento de la necesidad de que para una división acertada del trabajo dirigién- dose cada cual á aquella parte resultante de esta división, para la que se considera mas apto, mas dispuesto, desde luego dé por re- — 32 — sultado la apreciabilidad que siempre es de desear en los últimos resultados de nuestro trabajo. Por lo dicho se deduce que, dejando para las artes el estudio y práctiea de la confección de los artefactos, para la profesión del ingeniero industrial el estudio y composición ó proyecto de la maquinaria y dirigiendo nuestras miras concretamente al estudio del edificio, este deberá de ser objeto de nuestras investigaciones; y de los edificios, nos concretaremos á aquella parte de los mis- mos que está llamada á llenar las necesidades domésticas tanto en el interior de las poblaciones como en despoblado, satisfaciendo en el segundo caso, en despoblado, además de las necesidades de la habitación, las necesidades de la vida rural. También estable- ceremos el estudio de los edificios necesarios para la industria, destinados á satisfacer las necesidades consiguientes á la marcha y progreso del trabajo fabril y manufacturero en sus diversas manifestaciones. En el edificio podemos hacer aun clasificaciones que nos determi- nen mas la importancia del mismo, en todos los casos que pue- den considerarse; en efecto: hemos mencionado repetidas veces los dos órdenes de necesidades llamadas á ser satisfechas por el edificio. Las del orden moral, deben considerarse en las exigen- cias que tiene la religión, la inteligencia, la higiene, y la defensa de un país. La religión del país, reglando las conciencias, satis- faciendo á las necesidades del espíritu, y á sus aspiraciones: las necesidades de la inteligencia, satisfaciendo á la noble ambición que tiene el hombre de siempre ser mas; pero mas, en el vuelo, no de sus preocupaciones, y sí de su sólida instrucción: la higie- ne por lo que respecta á la conservación de la salud del individuo que siempre es elemento de la conservación de la salud pública: la defensa de un país, dando lugar á las construcciones militares, porque siempre es una consecuencia de la conciencia que tiene el hombre, de la conciencia que tiene una sociedad de los derechos que le son ingénitos, siempre que la base de su existencia es sa- na, base sana, que nunca tendrá lugar si su origen no está en el trabajo concienzudo, pausado, no interrumpido, y en el conoci- miento del cuadro que constituye en una coluna los derechos, y en otra, inmediatamente en frente, los deberes; y cuando estos derechos y estos deberes están situados de modo conocido y apre- ciado, y de manera que resulte un equilibrio, entonces es cuan- — 33 — do el individuo y la sociedad están en la senda de adquirir un grado de importancia tal, que empezando por hacerse respetables á sí mismos se hacen respetables y son necesaria, y absolutamente, respetados por los demás. Dase lugar así y no de otro modo, á las naciones potentes y de independencia duradera, que teniendo un carácter particular y distintivo lo han de comunicar á todas las manifestaciones de su trabajo y lo han de dar por consiguiente á sus construcciones, teniendo y poseyendo así lo que puede lla- marse arquitectura nacional, ó por lo menos, elementos que des- pués han de producir esta arquitectura. País que no tiene carác- ter, no puede imprimirlo á sus obras; y es por consiguiente país pobre, y decrépito, moralmente considerado, y ha de venir á ser pobre y miserable, materialmente estudiado. Su arquitectura cuan* do mas, será un plagio. En los edificios destinados á satisfacer necesidades del orden moral, deben considerarse incluidos los que siendo religiosos, unos, están destinados para el culto, otros, están destinados para la instrucción en las ciencias referentes á las creencias: después los edificios destinados para la instrucción pública en todos sus grados; porque no hay país en donde sea posible, ni concebir que se pueda apreciar y por consiguiente satisfacer, las necesidades del orden moral, si la inteligencia en este país no tiene ciertos quilates, que por cierto no han de ser escasos, partiendo del prin- cipio de que, la potencia de un país socialmente considerado está en relación directa con la instrucción de sus naturales. De los edificios aptos para la instrucción pública deben consi* derarse, desde la escuela mas humilde de la aldea mas insignifi- cante, hasta la universidad, ó las academias de la población mas importante. En las construcciones destinadas para satisfacer la necesidad de la instrucción pública, deben distinguirse también aquellas que tienen un carácter oficial, respecto de aquellas otras que tienen un carácter popular, un carácter convencional; de familia, digá- moslo así, socialmente consideradas. Un número considerable de edificios de instrucción pública de- be existir en un país, si en él hay libertad de acción para la cien- cia, y libertad de acción para la profusión de la ciencia; si en él hay libertad de enseñanza, en fin, no se concibe, sino desventajo- samente, país en donde haya libertad de enseñanza, y no existan 5 — 34 — sino construcciones destinadas para la enseñanza oficial. El país que teniendo libertad de enseñanza no alza construcciones, lleva- das á cabo, ya por la cooperación de los individuos, ya por indi- viduos que con posibilidades pecuniarias para hacerlo, decisión para emprenderlo, generosidad para ejecutarlo, no tengan el áni- mo bastante levantado para dotar con ellas á su patria, ese país estaria en el mismo caso que si no tuviera libertad en la enseñan- za ; pues que no basta tener libertad, es necesario querer y saber usarla, querer y saber emplearla. Tenemos también, satisfaciendo á las necesidades morales, los edificios administrativos, aquellos en que tiene lugar el trabajo que se desarrolla siempre en los pueblos, con arreglo ásu orga- nización, para que la administración pública que exige la sociedad encomendada á la acción tutelar de las autoridades, desde luego tenga lugar del modo debido. Satisfacen necesidades del orden moral, aquellos edificios en que .se administra la justicia, aplicando convenientemente la ley. Y si en los edificios administrativos podemos considerar desde la casa ayuntamiento del pueblo mas insignificante, hasta las aduanas de las plazas y puertos de primer orden, en toda la gradación que hay, ya según los distintos ramos de la administración, ya según la importancia de los pueblos en que haya de tener lugar; de igual modo en la construcción de los edificios judiciarios, debemos con- siderar existente esta clase, desde el tribunal que administra jus- ticia aplicando la ley en la instancia primera de paz, ó facilitando la conciliación, hasta las audiencias territoriales; y en último lu- gar, como edificio destinado á las mas altas funciones de la ad- ministración de justicia, el tribunal supremo de la misma. En esta clase deben también comprenderse aquellos edificios, en los que tiene aplicación práctica el resultado de los juicios sobre hechos originales y también los que perentoriamente son necesarios para evitar que escape de la acción de la ley, todo aquel de quien se pueda sospechar que ha delinquido en el grado bastante para merecer una pena, si le fuese probado el delito. Tenemos, satisfaciendo también necesidades del orden moral, las construcciones militares, porque por mas que la defensa de un país en sus resultados prácticos dé lugar á la acción de la fuerza material, no obstante, estudiadas convenientemente en un país, sus estudios no serán convenientes sino están acertada- — 3o — menle dispuestas por la situación que ocupen, por la figura que tengan, por la mole que presenten en un ataque, consideradas en fin, como resultado de investigaciones y de estudio previsor, he- cho y dispuesto por las gentes encargadas de gobernar y velar por la integridad del país, satisfaciendo así necesidades de la na- ción, que hace consistir el honor de su bandera entre otras co- sas, en estar siempre dispuesta á no ser atacada con éxito para ella negativo, para que no sea nunca desmembrado ni moral ni materialmente el honor del patrimonio nacional que, en el terreno práctico, consiste en la integridad del país. De este modo, las construcciones militares satisfacen necesidades del orden moral de una sociedad, de un país que se organiza á sí mismo, y tiene con- ciencia de su dignidad. Satisfacen también á necesidades del orden moral, las mismas construcciones higiénicas, porque indudablemente en un país en donde se consideran centros de población, en donde hay plazas, jardines, paseos, parterres, donde hay ateneos, liceos, sociedades cooperativas de la instrucción, y donde hay teatros, no es solo lo material lo que debe considerar el hombre cuando se halla en las horas del descanso, pues no le es dado hacer abandono de su dig- nidad mientras tenga conciencia de su existencia y disponga del divino don de su inteligencia, no es lícito para el hombre des- prenderse de ella ni por un solo momento; y aun durante el tiem- po de la satisfacción de las necesidades considerándolas solo bajo el punto de vista material, aun en este caso, es necesario que na- turalmente, aun sin darse cuenta de ello en alguna ocasión, no decaiga ni desmerezca su espíritu. Por esto las construcciones del interior de las poblaciones, si bien que siendo higiénicas satisfa- cen necesidades del orden material, por cuanto ayudan á evitar que sea atacada nuestra economía animal por determinadas en- fermedades, satisfacen también necesidades del orden moral por la correlación misma que existe mientras tenemos vida, ó sea, mientras existe la unión entre el espíritu y la materia, pues que es un hecho que á proporción que la materia está mas sana, el espíritu puede disponer del aparato, cuerpo mas perfecto, y por consiguiente puede estar en condición de ayudarse á sí mismo, á conservar también su higiene particular, qué higiene particular debe considerarse para el espíritu. Desde el momento que el hom- bre nace con su libre albedrío, tiene conciencia de sus disposició- — 36 — nes, y haciendo uso y no abuso de la libertad que le diera el Ha- cedor, viene á satisfacer de una manera competente sus necesi- dades. Son, por consiguiente, las construcciones en gran número, in- clusos los mismos paseos, edificaciones á propósito para satisfa- cer, si bien que de una manera inmediata, necesidades del orden material, de un modo mediado las aspiraciones, las necesidades del espíritu. ¿Qué país, qué persona que tenga dignidad, puede concebirse que no aspire á dejar un recuerdo de su existencia? No es posi- ble concebir un país que tenga, no idea completa de su dignidad, sino siquiera sea rudimentalmente, que no aspire á dejar á las generaciones futuras una página, una señal de su existencia, y esto que sucede en las sociedades, sucede en el individuo: el in- dividuo pensando, el individuo considerado como hombre público ó como hombre privado; como padre de familia, porque general- mente todos los hombres vienen á parar á ser jefes de una fami- lia ¿á qué aspirar? Aspirar, á lo que apesar de ciertas negacio- nes, todos confesamos: mira á la posteridad, el hombre público por sn patria y por lo que en beneficio de la misma haya podido allegar, y desea que quede un recuerdo de su trabajo y de sus aspiraciones: el hombre privado, el padre, al porvenir de sus h i - jos; y en ese porvenir aunque en cierto modo pueda considerar entre otras cosas una especie de renacimiento de su existencia, le impulsa sobre todo, como es natural, el cariño que se desarrolla en el padre respecto del hijo; pero en su último dia, nos dice la marcha de la vida humana que aspira, y sus aspiraciones y de- seos consisten en dejar un buen recuerdo mas allá de la tumba; y este deseo que legítimamente debe y puede crecer á propor- ción que las acciones del hombre le hacen mas acreedor á ello, es indudablemente el origen que tienen las construcciones monu- mentales de un país. No son estos, principios de teoria personal: no son principios que pueda decirse que corresponden al indivi- duo A ó á la época B: ellos están comprobados por el hecho de todas las sociedades, en todos los siglos y en todos los paises: en la India, en el Egipto, en Grecia, en Roma, en los pueblos per- tenecientes á civilizaciones posteriores, asi como en los antiquísi- mos, siempre en las comarcas donde florecieron sociedades, en al- gunas de cuyas comarcas ha desaparecido hoy la civilización, aun — 37 — alli mismo se alzan testimonios fehacientes de la civilización de aquellos pueblos; testimonios en los cuales, pueden hasta en cier- to modo leerse las creencias religiosas, verse la importancia del individuo, y la omnímoda que tuviera cierta clase; puede verse reflejada la existencia de la civilización en las moles del Egipto, en la India, en Grecia y Roma, y aun en poblaciones pertene- cientes á civilizaciones que han tenido lugar posteriormente á aquellas antiguas, siempre vemos entre otras cosas, el deseo de perpetuar el hombre la memoria de su existencia.¿Por qué? ¿por dignidad egoística suya ? No, hay dentro del hombre un deseo mas trascendental, ¿y este deseo cuál es? ¿en qué consiste? En dejar un legado á las generaciones venideras, para las que consi- derándolo como el resultado del trabajo rectamente intencionado, en su conciencia y en su inteligencia, ha de serles y facilitarles el modo de ser mas agradable en la existencia terrenal. Muchas ve- ces el hombre no se dá cuenta de esto mismo: muchas veces el hombre cree satisfacer á su orgullo personal con dejar un recuer- do, pero obedece á este impulso que existe dentro de él; de otro modo no seria posible, á menos de concebir mermada la dignidad del hombre. ¿Y las necesidades del orden material? Las necesidades del or- den material, están satisfechas cuando con un número consi- derable de construcciones se satisfacen los diversos programas, que digámoslo así, son consecuencia del desarrollo de la ci- vilización. En estas construcciones debemos considerar la arqui- tectura doméstica en su estructura material, la rural, la indus- trial, y la comercial, las que merecen consideraciones que serán objeto de otra lección. AAAAAAAAyVWWVW