LECCIÓN XXVII. Sumario. CONSTRUCCIONES PARA LA RECOLECCIÓN DE COSECHAS.—ALMACENES DE F O R R A J E . — GRANJAS.—GRANEROS. CONSTRUCCIONES PARA LA RECOLECCIÓN DE COSECHAS.—La recolec- ción de cosechas puede considerarse en lo relativo á su conduc- ción desde los locales en que están depositadas hasta los mercados, ó bien cuando tiene por objeto el almacenamiento por cierto tiem- po exigido en unos casos por las necesidades de la agricultura, especialmente cuando los productos de las cosechas se destinan para simiente ó bien cuando por condiciones del comercio se exige el almacenamiento hasta la época oportuna en que tienen un valor en el mercado, y responden á los réditos que son de es- perar del capital que debe considerarse en las fincas rurales. Las construcciones para satisfacer estas necesidades en cada caso, cambian en cuanto á sus dimensiones, pero no en cuanto á la situación, estension y forma de sus solares. Así también rela- tivamente á las condiciones especiales que determinan la necesi- dad de construcciones, en unos casos aptas para constituir verda- deros cerramientos, en otros dispuestas para establecer corrientes de aire mas ó menos rastreras, en vez de la ventilación que siem- — 310 — pre debe haber en el interior de las habitaciones rurales. Es ne- cesario, especialmente tratándose de construcciones para la con- servación de los productos de la agricultura, conocer el detalle que las ha de integrar y cuál es el destino de las dependencias según la distinta naturaleza de los rendimientos de las fincas. Así se comprende que no estén en las mismas condiciones las de- pendencias de una casa rural, en un llano donde la irrigación determina una de las causas de la mayor riqueza del territorio, respecto de otra localidad montuosa de la que no pueden esperar- se determinados productos por falta del riego. Concretando la cues- tión y tomando ejemplos de nuestra Península, tenemos, que con- siderando la casa rural con las dependencias para el almacena- miento de los productos, en el llano de la huerta de Valencia, de Granada ó de Murcia, esta construcción habrá de estar en condi- ciones distintas de las exigidas para almacenar productos agríco- las en los inmensos llanos de la Mancha ó en los territorios escar- pados de la parte alta de Cataluña, ó de los valles de las provin- cias Vascongadas. Las cosechas de frutas, caldos, cereales y gramíneas se dan en este territorio; pero únicamente los cereales responden en el pro- ducto que rinden al capital que representan las fincas considera- das en la Mancha ó en cualquiera de los estensos terrenos que tiene aun de secano nuestra casi deshabitada Península. Por consiguiente la casa rural para almacenamiento de cosechas ten- drá un número mayor de dependencias si debe cumplir con las necesidades á que es llamada, considerada en cualquiera de las comarcas irrigadas, respecto de cuando se la haya de suponer en un terreno secano, en que á veces para llenar las necesidades bastará una sola cuadra, con tal que tenga las dimensiones y si- tuación á propósito. A proporción que el número de las dependencias crece, aumen- ta también la dificultad de obtener la conveniencia debida en es- tas dependencias, toda vez que su contigüidad respecto de los productos, las puede hacer inservibles para el objeto. No convie- ne que los miasmas ó efluvios de determinados productos, satu- rando el aire en su paso por estas habitaciones, puedan ser trans- portadas á las contiguas en donde tal vez perjudicarían á otros productos en su calidad; pues hay algunos cuyo almacenamiento es necesario cuidar de un modo especial para que no pierdan en — 311 — cantidad ni en calidad, como sucede generalmente con todas las frutas; y á proporción que se procura la menor^eyaporacion, es- ta será garantía de su conservación máxima, y de que pueden ser trasladados al mercado en la época oportuna; habiendo per- dido lo menos posible de sus condiciones originarias, como su- cede en los países vinículas con las uvas, ó en los países en que los productos ácidos determinan grandes rentas en las fincas, por ejemplo en las estensas huertas de naranjos y limoneros y otras clases de frutas acidas en las huertas de la zona media y del Sur. En general las habitaciones para el almacenamiento de las co- sechas deben estar garantidas de las humedades, y su orientación será contraria á aquella de la cual pueden venir las corrien- tes de aire saturado de las humedades en la mayor parte del año. Por ejemplo, si para la conservación de las frutas acidas en el litoral de esta provincia fuese necesaria una construcción ru- ral, no deberia ser en la situación del Levante, porque en esta comarca los aires de esta dirección vienen generalmente satura- dos de grandes cantidades de humedad y son precursores de llu- vias mas ó menos copiosas, pero generales. Esta se hará para evi- tar la descomposición de las frutas y por consiguiente la pérdida, primero, de las buenas condiciones que las han de calificar y mas tarde la pérdida total. Debe huirse de que estos productos es- tén espuestos á corrientes de aire muy seco, porque en este caso la evaporación de los jugos que constituyen las buenas condicio- nes de la conservación de las frutas, determinaria una desecación que no seria procedente. Debe evitarse que las habitaciones reciban directamente los rayos solares y la influencia de los refle- jos, especialmente en las localidades en donde la alta temperatu- ra califica la que ordinariamente se tiene en la atmósfera. El espesor de los muros será no solo el consiguiente para la solidez de la construcción, sí que también para evitar las conse- cuencias de la influencia termométrica en el interior de las de- pendencias. Por esto en el conreo de fincas de importancia, por su estension y cantidad de productos en frutas, debe en estas de- pendencias consultarse continuamente el termómetro, á fin de que por la apertura de los rompimientos, la temperatura lo cám- . bie de 12° á 15° centígrados. Las cubiertas deben ser de modo que la parte superior del pi- so en donde estén haya habitaciones, ó bien que se determine 312 — doble cubierta ó sobradillo que aquí se llaman golfas, para que se hagan menos sensibles los cambios atmosféricos. La calidad, las especies distintas de los productos y el tiempo que ha de durar su almacenamiento deben tenerse en cuenta, tanto por lo que anualmente rinden, como porque son los que con mas abundancia se dan en la generalidad de los casos en nuestra Península, los forrajes secos y los cereales de toda especie además de las frutas. Así deberemos tener en cuenta las condiciones de conservación de tales forrajes, y también aquellas otras depen- dencias en donde hemos de almacenar por mucho tiempo los ce- reales. ALMACENES DE FORRAJE.—'Los almacenes de forraje deben estar en la planta baja de los edificios y piso elevado respecto de la ra- sante general del terreno circunvecino de 0 m. 50 á 0 m. 60; en los terraplenes necesarios para obtener esta elevación deben evitar- se los efectos de la capilaridad en el caso de que los terrenos cir- cunvecinos sean húmedos, ó se tema la humedad. En terrenos irrigados deben construirse los terraplenes determinando tapas que se cruzan en ángulo recto y en número considerable para producir un drainaje ó sistema de desecación subterránea evi- tando así los efectos de la capilaridad y la estension de la hume- dad sobre el piso. Cuando este se encuentre construido con estas medidas precautorias, es apto para recibir los forrajes, y para asegurar su conservación. Si en el forraje espuesto á los rayos solares se ha producido la desecación es necesario garantirla contra la humedad, tanto directa como del aire saturado por la misma; así las ventanas en los almacenes de forraje estarán en la parte de donde vienen los aires menos saturados de humedad, generalmente es en la dirección Norte; pero en localidades en que por condiciones especiales del suelo las corrientes del Norte vengan saturadas y no las del Sur, se abrirán las ventanas en esta orientación, no obstante de que siempre elegiremos prefe- rentemente la corriente de aire del Norte si no hay condiciones que nos obliguen á lo contrario; porque- conviene que los aires se- cos acaben de enjugar el forraje. Siempre que estos almacenes se establezcan dentro de un edifi- cio, se separarán del conjunto de las dependencias para evitar la. entrada de miasmas que deben temerse en fincas de estension en donde hay muchos animales domésticos y sus defecciones son — :U3 — considerables. Preciso es sujetarse á esta condición para que el forraje, que es alimentación de los animales domésticos, (que en muchos casos constituyen ganados y en consecuencia, parte del rendimiento de una finca), no perjudique las condiciones que la hacen recomendable y no quede mermado este rendimiento, lo cual sucede cuando á un forraje seco le faltan las condiciones ali- menticias ó las que exije la economía animal repugnando tomarlo los estabulados. GRANJAS.—En nuestro pais se acostumbra á usar la palabra granja en un significado que no tiene. Su acepción vulgar deter- mina una construcción en la que al mismo tiempo que hay una dependencia para almacenamiento, hay las habitaciones para los colones, trabajadores, etc. Nosotros no hemos de entender la granja en esta acepción vulgar porque es equivocada: la conside- raremos como dispuesta para recibir todos los productos gramí- neos, sean ó no cereales, antes de haberse practicado cualquiera de las operaciones mecánicas, mediante las que se obtiene eLúlti- mo rendimiento de la planta, es decir las gavillas de trigo después de la siega, las gavillas del cáñamo, y en general todo lo que constituye una tala, esceptuando la de los montes altos y bajos; una tala de productos de la agricultura en los que se ha de favo- recer la desecación antes de determinar el último resultado de la cosecha, y la necesidad de determinar la desecación en las gavi- llas para evitar la putrefacción. Las construcciones dispuestas para estos resultados son las que conoceremos con el nombre de granjas; deben estar dispues- tas en los correderos de las construcciones rurales en donde se establece el centro directivo de los trabajos de conreo: no pueden confundirse con los porches; deben constituir edificios, unas ve- ces con cerramientos continuos, otras interrumpidos, no por rompimientos en puertas y ventanas sino por rompimientos cor- ridos que den lugar á dejar construcciones aisladas separadas con pilares ó soportes. No en todas las regiones son igualmente necesarias las granjas: en la del Norte, son indispensables, y en la del Sur casi innecesarias. Pero cuando se trata de grandes fin- cas, indudablemente deben ser una de tantas construcciones que convenientemente dispuestas, determinan uno de tantos motivos de aprovechamiento de productos y consiguiente acrecentamiento de la renta. 40 — 314 — Las interrupciones de las cubiertas facilitarán la luz en deter- minados parajes para que pueda desarrollarse el trabajo en el interior de estas dependencias sin necesidad de luz artificial para evitar la contingencia de un incendio. Su orientación es de Norte á Sur, los muros que miren al Le- vante ó al Oeste deben estar completamente corridos sin rompi- miento alguno para imposibilitar el paso de las corrientes de aire, porque está averiguado que las de Levante producen principios de descomposición y las del Oeste determinan mermas en la canti- dad por peso y á veces en la calidad. Generalmente en esputa- ciones de poca importancia las granjas están defectuosamente al aire libre, cubiertas por una especie de paraguas y están natu- ralmente bañadas por todos los vientos, de aquí que en la época de otoño, viniendo aquellos saturados de humedad, especialmen- te en localidades inmediatas á grandes cuencas se produce la putrefacción y pérdida de una gran cantidad qne no ha podido ser sometido á la trilla ó graminacion. Deben construirse con materiales económicos; en granjas in- mediatas á ramblas, el canto rodado con el mortero puede deter- minar los revestimientos de estas construcciones. Si la madera abunda será preferible, y en caso contrario todos los materiales combinados con la arcilla determinan la seguridad de una dese- cación dentro de un local. La granja debe estar dispuesta á recibir los haces ó gavillas elevadas respecto del terreno esterior de 1 metro á 1 metro 50, evitándose en este pavimento los efectos de capilaridad que pu- dieran hacer ascender las humedades en este piso, y para ga- rantir á las gavillas de humedad será necesario que haya además un piso alto. Las cubiertas, puesto que los solares deben ser rec- tangulares, deben estar á dos altos determinando los elementos de un frontón; sin embargo en ocasiones la planta debe ser cir- cular para que determinándose rompimiento de ingreso y salida en direcciones convergentes hacia la parte central y divergentes á los distintos caminos que pueda haber en el conreo, se facilite la fracción y almacenajes de las gavillas. Los graneros, dependencias dispuestas para recibir plantas gramíneas, sean ó no cereales, deben tener la solidez del suelo á propósito para el peso considerable que las grandes cantidades de ellos pueden dar al edificio, que esté garantido de la pérdida — 315 — que puede sufrirse en cuanto á calidad por los aires infectados de miasmas ó saturados de humedad y en cuanto á cantidad pol- los animales que en el campo se sostienen á costa de los produc- tos de la agricultura. Así es que un granero dispuesto en las plantas bajas de los edificios, aun cuando el piso de estos sejhalle elevado del terreno esterior 1 metro ó 1 metro 50, no tiene las debidas é indispensables condiciones aun cuando se le dé la orientación Norte; por consiguiente los graneros deben estar en la parte superior de los edificios, en los sobradillos; pero no so- lo en la orientación Norte sino separados de toda contigüidad á los corrales para evitar el paso de corrientes de aire saturadas de humedad ó infectados de miasmas procedentes de la economía animal. El cálculo del espacio necesario para el solar de los almacenes de forraje, las granjas ó los graneros, depende en los primeros del espacio que ocupan los productos que han de ser almacena- dos, en los segundos del espacio en volumen por medida y tam- bién del peso de los mismos productos. Se calcula que por cada 100 quintales de forraje se necesita 1 metro cúbico, por consi- guiente, para determinar un solar será necesario saber cuantos quintales rinde la finca, y añadir á esto un 25 por 100 de solar, para que cuando el almacén de forrajes haya de recibir grandes cantidades de este material, se pueden distribuir de modo que no se determine una masa continua, con objeto de facilitar la cir- culación de aire en todas direcciones; y obtener además el espa- cio necesario para pasillos en el sentido longitudinal y transver- sal de la cuadra, dándose lugar á almacenes de doble y triple crugía longitudinal ó combinación de estas en el caso en que la estension del lado mayor del rectángulo fuese tan considerable que viniera á romper la continuidad de los cerramientos del for- raje, para evitar que la putrefacción corra y se estienda á toda la masa almacenada. Cuando la planta de la granja fuera circular, el sistema radial establecido en la misma para los pasos, en la práctica nos dá que en vez de un 25 de aumento se calcule un 30 por ciento. La cubierta mas á propósito para los graneros es la bóveda; pero como ha de ser preferible la posición de un granero en la parte superior de un edificio, en muchas ocasiones las bóvedas, especialmente si las crugías son estensas en su latitud ofrecen di- — 31(i — ficultades económicas, y en este caso los entramados de madera dan mayores garantías de solidez y de conservación para el gra- no almacenado. Si la granja fuese tan considerable que la cantidad de granos importara para espendcrlos con el mayor valor posible en el mercado, entonces debe adoptarse un sistema de construcción para la conservación del grano, constituyendo graneros ó silos. Consisten los silos en cerramientos en forma de pozos practica- dos en el principio verticales y á cierta profundidad en galerías redondas, revestido todo, incluso el pozo, de modo que quede ga- rantido el espacio contra las humedades é impresiones directas de todo cambio atmosférico, y se obtenga seimpre una temperatu- ra constante que no baje de 12° y no suba de 15° centígrados, y para obtener tal resultado deben elegirse aquellos terrenos en que no hay manantiales y construirse de modo que la cubierta del pozo sea por bóveda, esté respecto á la rasante esterior del ter- reno de 2'50 á 3 de elevación, sea de rosca, tenga una tapa para el ingreso vertical, que el revestimiento lateral del pozo sea do- ble quedando un espacio intermedio que se rellena de arcilla pa- ra determinar una construcción parecida á una ataguía, á fin de que cuando el terreno sea permeable, aun cuando seco, se halle garantido el-pozo y las materias almacenadas del ingreso de las aguas pluviales. Este sistema fué empleado en el antiguo Egipto y en nuestro país durante la dominación árabe; se han encontra- do en algunas escavaciones trigos y otros granos almacenados desde miles de años, conservando las mismas condiciones que tenían en el acto de la recolección y después de producida la de- secación. Por consiguiente la práctica misma que es inconcusa nos determina que cuando los silos están construidos en estas condiciones que no son difíciles en la práctica de la construcción, desde luego prestan bastante garantía de la conservación; sin em- bargo hoy casi no se emplean, tanto por la poca economía que se obtiene en la construcción del silo como por su uso porque los jornales son considerables para la inclusión y estraccion del gra- no cuando es en gran cantidad. Los ejemplares de granjas y graneros que examinaremos, nos darán la espresion gráfica de cuanto dejamos espuesto.