LECCIÓN III, Sumario. FILOSOFÍA CON QUE DEBE HACERSE EL ESTUDIO DE LAS CONSTRUCCIONES.—ASPECTO DEBIDO Á TODA CONSTRUCCIÓN.—BELLEZA.—ARMONÍA. FILOSOFÍA CON QUE DEBE HACERSE EL ESTADO DE LAS CONSTRUCCIO- NES.—De lo que llevamos espuesto se deduce, que los datos pro- pios para el estudio de la composición pueden considerarse con- cretamente respecto al edificio, ó bien relativamente á las necesi- dades que el mismo es llamado á llenar. Mientras que los unos, presentan el cuadro de los problemas mecánicos de la construc- ción, á resolver, los otros, determinan la necesidad que hay de calcular en posición, forma y dimensiones, las dependencias que ha de tener el edificio, si, en su ulterior uso, ha de responder á las necesidades en las que podemos ver el punto de partida de su estudio. Los datos pues para el estudio de la composición, pueden de- terminar un cuadro sinóptico compuesto de dos partes principa- les; una, que haga referencia á la estabilidad, á la solidez; otra que haga referencia al uso apropiado del edificio, dadas que sean las condiciones materiales, tanto en el interior ó sea en las de- pendencias del mismo, ó bien considerando su mole ex te nórmente. — 39 — De estas consideraciones deducimos, que el método conveniente para poder obtener resultados apreciables en un estudio cualquie- ra de composición, no es accidental, no puede quedar entera y esclusivamente á nuestro arbitrio; ha de sujetarse á la acción que continuamente deben ejercer sobre nuestra inteligencia los datos que sean pertinentes, procurando con el mayor cuidado que no estemos supeditados, ni por la preocupación que suelen producir los procederes doctrinarios, cuando con falsa interpretación de los datos de la historia del arte, ejercen coacción en nuestro ánimo, por lo que en determinadas ocasiones pueden llegar á darnos un resultado negativo, ni tampoco por lo exhausto de los conoci- mientos fundamentales, que siempre son necesarios al resolver cualquier cuestión de aquellas que pueden presentarse como ob- jeto del trabajo de nuestra inteligencia. Nosotros ya hemos dicho algo, para que podamos formarnos una idea de la influencia que tienen todas las consideraciones que pueden constituir en conjunto, lo que se llama formalmente filo- sofía del estudio de las construcciones; y en consecuencia de los principios antes sentados, hemos podido comprender la necesidad de la existencia de todas aquellas que vienen á llenar las necesi- dades que la sociedad siente, desde el momento en que constitui- da, y teniendo una razón de ser, ha de responder á la dignidad que le es propia considerándolas en todas sus ramificaciones. Pero las construcciones pueden presentarse en grupos dis- tintos, de las que esclusivamente estudiáremos las rurales, industriales, y aquellas que tienden á la satisfacción de las nece- sidades de la vida doméstica; y en estos casos, del mismo mo- do que en el estudio de cualquiera de las construcciones arqui- tectónicas, es preciso, es indispensable, que el proyectista se ha- lle pertrechado de todos aquellos elementos que pueden constituir la apreciabilidad del trabajo que desarrolle. ¿Y cómo conseguir esto? No se conseguirá, única y esclusivamente, con que la mole del edificio por él proyectada, presente á primer golpe de vi sta, á la primera impresión, mas ó menos agradabilidad como conse- cuencia de la elegancia mayor ó menor de su forma, en conjunto y en detalle ó, como consecuencia de lo pulcro del trabajo de las mismas ó de lo acertado del estudio mecánico de ellas; en con- secuencia de lo cual se presenta, lo esterior de la mole de un edificio, con una solidez á toda prueba. Circunstancias aprecia- — iu — bilísimas son estas, circunstancias son también indispensables; necesarias para toda coustruccion; pero por si solas, no bastan, no constituyen el edificio, tomado él como nosotros lo hemos de considerar, tomado él como se deduce de las apreciaciones que tenemos hechas. ASPECTO DEBIDO Á TODA CONSTRUCCIÓN.—El edificio tiene siempre una estructura interior; y esta estructura interior, ya lo hemos dicho, debe estar dispuesto á satisfacer las necesidades, que si para nosotros, al proyectar, no son conocidas y hasta sentidas, de mala manera estaremos predispuestos á satisfacerlas; es por con- siguiente del mismo modo necesario para proyectar los edificios en que haya de tener lugar la satisfacción de la necesidades do- mésticas, es necesario é indispensable, la formación previa de un programa. Para la formación de este programa, los puntos fun- damentales del mismo, deben estribar en la consideración de lo que, aun con referencia á los edificios ó construcciones de carác- ter público, debe'calificar á las construcciones ó edificios de ca- rácter particular. En estas, únicamente hay que atender ala per- sona ó familia para quien están destinadas, á la posición social de esta misma familia, á la profesión del gefe de la misma ó del individuo para quien es construido el edificio; no desatendiendo -tampoco la situación general de la comarca, el paraje adonde se haya de llevar á cabo este mismo edificio, y teniendo muy en cuenta cuales son los materiales que para satisfacer á la econo- mia al mismo tiempo que al decoro relativo, podemos obtener en la comarca en donde se ha de llevar á cabo la construcción cuyo proyecto se nos encomienda. Es claro, que en las construc- ciones domésticas, del mismo modo que en todas las destinadas para satifacer necesidades, ya de carácter público, ya de carácter privado, la mole interna y en su consecuencia el aspecto esterno de la misma, ha de estar de modo 'que no qnede desatendida la higiene y la comodidad, y por consiguiente, siempre conside- raremos como necesidad absoluta la obtención de la luz; la con- veniente disposición á propósito para que ella vivifique, digámos- lo así, el interior de las dependencias de un edificio, para que no quede disminuido el necesario calor, para que haya la venti- lación conveniente, para que la salida y la entrada de las aguas esté en consonancia con las exigencias del gusto y del uso; para alejar del edificio todas aquellas materias que pueden causar in- — 41 — fcecion en el mismo, como sucede con las aguas inmundas y con las aguas sucias. Por manera que la luz, el calor, el agua, el ai- re, el aseo en fin de un edificio, han de constituir el modo de sa- tisfacer en el interior del mismo, las necesidades domésticas y también materiales. Hemos dicho antes, que al edificio se le ha de considerar, no solo en su esterior, si que también en su interior. En las condicio- nes generales que una buena distribución debe tener, respecto á lo que como punto obligado debe ser satisfecho, acabamos de decir lo que por ahora es suficiente; sin perjuicio de insistir detallando sobre el particular, cuando en el estudio de edificios, de un destino espe- cial dado, hayamos ya de acercarnos á la parte concreta da la reso- lución de nuestro problema. Necesario es por ahora para nosotros, hacernos cargo de las condiciones á que debe estar sujeta la mole es- terna de los edificios, porque en ella podemos considerar que existe parte de lo que hasta aquí hemos llamado agradabilidad, que es el resultado, vulgarmente hablando, de cierta elegancia, de cier- ta propiedad, con condiciones en virtud de las cuales, las cons- trucciones observadas por nosotros, puede decirse, que se hacen mas ó menos simpáticas, según dejen satisfecho nuestro ánimo, rec- tamente juzgando, á diferencia de cuando se hacen mas ó menos antipáticas, si para nosotros se presentan como repulsivas después de un análisis concienzudo. BELLEZA.—Ya en el lenguaje vulgar, se ha hecho uso de la pa- labra belleza.'El uso de esta palabra muchas veces es inadecua- do, importa mucho por consiguiente para nosotros, definirla de un modo tal, que podamos tener criterio propio para establecer juicios relativos, ó establecer debidamente las construcciones, y no precisamente lo haremos guiados del deseo de convertirnos en críticos, pues nuestro objeto, aqui, el objeto de nuestros estu- dios es averiguar, siquiera sea someramente, las condiciones con que deben cumplir en su mole esterna y en sus detalles, tanto internos como estemos, los edificios para que, entre el aspecto interior y esterior de sus moles, consideradas para su uso, haya real y verdaderamente analogía, relación directa; circunstancias que son siempre indispensables para que se produzca la que has- ta ahora hemos^llamado agradabilidad, efecto de simpatía, que en nuestro ánimo produce el efecto que recibimos por el aspecto de cualquier construcción, una vez considerada con alguna de- tención. 6 _ 42 — Lafilosofíade las construcciones de la cual hemos hablado, sin haber empleado aun esta palabra, al hacer las consideraciones que han constituido la anterior lección, y lo que llevamos espuesto hasta ahora, ha determinado la razón de ser de las cosas que las constituyen, y esta razón de ser no puede tener lugar, sin que en los resultados últimos, las construcciones satisfagan por completo al objeto á que son destinadas; y esta satisfacción completa, no existe sino hay relación íntima entre las partes y sino hay intima relación también, entre el modo de ser de las formas y el uso de ellas. Por esto nosotros, de la belleza, si bien que muy difícil de definir, podremos tener un conocimiento exacto, determinando el modo de ser del estado armónico que para toda construcción, ad- misible, como artística, debemos exigir. ARMONÍA.—Debe haberla, entre el objeto que constituye una construcción y el uso á que se destina: armonía debe haber también, entre las partes que constituyen el detalle déla cons- trucción, armonía debe haber también, entre la construcción y la impresión que causa en el intelecto de la persona que despreocu- padamente, la observa y analiza. Cuando en un objeto dado de construcción, ya sea mueble ya sea inmueble, se reúnen, ó existen simultáneamente estas tres armonías, el objeto construido con su- -jecion á ellas, indudablemente es bello; y lo es, porque no puede menos de cumplir con la doble condición de satisfacer necesida- des y de presentarnos en su forma material y esencialmente con- sideradas, el resultado de una acertada combinación que no pue- de producir impresión desfavorable en el ánimo del observador que despreocupadamente, con inteligencia y con parsimonia, lo observa y lo estudia. Sin embargo, como los puntos de vista que pueden establecerse por la inteligencia del hombre, para llegar al cabo de cualquier estudio, pueden ser tan distintos, y como en el estudio del detalle de los objetos sujetos á un análisis, pue- de haber diversidad de consideraciones, desde luego, no pode- mos desentendernos de los casos prácticos que pueden presentar- se en los que existen indudablemente las dos armonías; es decir, la armonía entre las partes que constituyen una construcción cualquiera, y la armonía de esta construcción con el objeto ó el uso á que es destinada. Y sin embargo de existir innegablemente, estas dos armonias, observada la construcción" por una persona cualquiera, siquiera sea animada de la mejor buena fé y pertre- — 43 — chada con todos los conocimientos y la instrucción necesaria, sin embargo, si no existe para ella la tercera armonía, no produce en su ánimo, la misma impresión que en el ánimo de otra que, pose- yendo también conocimientos ad-hoc y con igual buena fé, obser- va y analiza la constrnccion. Esto puede haber dado lugar, en el lenguaje vulgar, á la especie de proverbio de que sobre gustos na- da hay escrito, dejando ancho campo para que cada cual juzgue. Sin embargo este casi-proverbio, vulgar para nosotros, no puede tener fuerza, no puede tener aplicación; la interpretación que se dé á esta frase no puede, para nosotros, valer mas ni menos de lo que vale una palabra vulgar, que en alguna ocasión será tal vez aplicable; pero no en teoría general. Nosotros lo que debemos hacer es, distinguir entre la belleza singular ó absoluta y la belleza relativa. La belleza singulaT ó absoluta exige innegablemente, la existencia de las dos primeras armonías: la naturaleza misma en su inmenso conjunto, nos está presentando el ejemplo mas palpable y mas grandioso de estas dos armonías: armonía, entre el objeto de ella y el uso á que está destinada, armonía, entre las partes que la constituyen; y asi po- demos en cierto modo obtener el germen de la belleza, hasta cierto punto absoluta, mientras que cuando en ella se ha obtenido la tercera armonía, no puede menos de ser relativa al orden de co- nocimientos del que analiza, á la síntesis que hace después de un atinado análisis, á las épocas en que este se hace, á las ideas do- minantes en esta época, á la organización social en fin, y á la instrucción del individuo en particular. ¿Quién duda que hoy, por nosotros estudiada una construcción cualquiera de los si- glos antiguos, délos pueblos de las antiguas civilizaciones, en el período mas lejano, respecto á nuestros dias, por mas que en- contremos realmente belleza, no será esta el resultado del estudio hecho bajo el mismo plinto de vista que lo hiciera su autor, ó que pudiera hacer la sociedad cuya civilización pasó, cuya prepoten- cia dejó de existir en la época lejana en que tuvo lugar esta cons- trucción? ¿Quién duda entre nosotros, que las construcciones lle- vadas á cabo en el Norte no debiendo ser, porque una razón na- tural bien obvia basta para determinarlo, no pudiendo ser de la misma índole que las construcciones llevadas á cabo en el Sur, observándose las del Norte por una persona hija del Sur y vice- versa, no quiera hacerse cargo de las condiciones de necesidad de- — H — cada una de oslas zonas? ¿quién duda que el resultado de impre- sión que produzca cada una de estas moles no será el mismo? lie aquí, pues, el resultado que se obtiene por las diferencias á que dá lugar la belleza relativa, según las condiciones en que se en- cuentra el observador. DECORACIÓN.—.Nosotros con las dos primeras armonías, podemos obtener solidez y decoración; pero la decoración, también es una consecuencia del empleo de los medios que siempre debe usar el compositor, para que, siendo su obra simpática, desde luego de- termine la posibilidad, por lo menos, y cuando mas, la probabi- lidad de que en ella se obtenga la tercera armonía, de que ella, juzgada por la inteligencia de un espectador, resulte victoriosa. Nosotros no podremos establecer los medios precisos para ob- tener la triple armonía en nuestras construcciones, sin que de antemano empleemos los medios gráficos de que podemos dispo- ner, á fin de que, vaciada la idea que tengamos de la construc- ción, desde luego, antes que por nadie sea juzgada, lo sea por nosotros mismos, y en consecuencia, corregida en lo que menester sea. La espresion gráfica de nuestros conceptos en construcción, es mediante las proyecciones; pero antes que esto tenga lugar, antes que en las mismas se determine de un modofijoel modo de ser que ha de tener ulteriormente la construcción, es indispensa- ble para nosotros, disponer de una mano obediente que, guiada por la inteligencia, vacíe, digámoslo así, la espresion del concep- to que sobre la cosa que se haya de construir, haya formado nues- tra inteligencia; y lo haga con esa libertad de acción con que de- be hacerse siempre todo borrador, en que únicamente debe empe- zarse á considerar el embrión de la espresion que mas tarde ha de dar el total de la misma, y lo deberemos hacer así, por dos ra- zones de necesidad: primera, economía de tiempo; segunda, que es mas fácil y por consiguiente mas hacedero, determinar con la libertad con que podemos hacerlo en croquis, el modo de ser de las formas, cuando en estas debe siempre transparentarse el resul- tado del sentimiento íntimo, que no puede menos de producir ins- piración. Es verdad que no es conveniente dejar, única y esclu- sivamente, encomendado al sentimiento y á la inspiración el re- sultado final, el resultado definitivo de un proyecto de construc- ción; pero no es menos cierto, que es indispensable que siempre, aun cuando haya intervenido la inflexibilidad del cálculo, auu — 48 — cuando las condiciones de solidez, dando lugar á la resolución de problemas matemáticos, nos conduzcan por caminos trillados, y de inflexible recetario, no es menos cierto, que en el detalle de las construcciones, debe siempre ser ostensible el sentimiento artísti- co; lo que no tendrá lugar de seguro, sino somos capaces de hacer un croquis libre y no licencioso, en que vaciemos la idea en sus formas mismas materiales que mas tarde han de ser tratadas ma- temáticamente, sujeta á lo que sin matar la inspiración, antes bien ayudándola y afirmando su razón de ser, por la posibilidad de rea- lización arquitectónica, puede llamarse mecánica natural, que siempre tiene el hombre cuando posee conocimientos á propósito, y puede establecer una, á priori, combinación armónica con sus conceptos en los que, así y solo así, debemos ver en embrión la triple armonía que mas tarde ha de tener la espresion final de la obra. Para el efecto, no son pocas las ocasiones en que es indis- pensable para el compositor, no contentarse con las proyecciones ó sea con la espresion geométrica del pensamiento que haya hecho de la construcción; necesita también tener trazado el efecto pers- pectivo de la misma construcción, para poder desde luego apro- ximarse á considerarla en el plano de su dibujo, de una manera análoga como el espectador lo hará, cuando la construcción esté realizada; ora haya de estar aislada, ora incrustada entre otras, y habida también cuenta del paraje de emplazamiento, según que el proporcione espacio mas ó menos limitado. Pero el croquis no podrá hacerlo el compositor, sino que de antemano tenga un programa; de manera que el estudio de la composición concreta, debe empezar por el estudio del programa; y éste consiste, en el cuadro sinóptico y por consiguiente espre- sion ordenada, de todas y cada una de las dependencias que debe tener el edificio; cuadro ó espresion ordenada, en virtud de la cual el compositor, el proyectista, ya podrá tener una idea, después de haberlo formado, de la posición relativa que han de tener las de- pendencias, de la forma y dimensiones de las mismas, y de todas sus demás circunstancias; pero el programa no tiene solo esta es- tension, debe también estenderse á la consideración de la locali- dad en la cual se haya de alzar el edificio, de los materiales que deben ó pueden emplearse en el mismo; al personal que en globo debe presupuestarse como necesario para la construcción, á los precios unitarios ó elementales y á los precios compuestos que — Í6 — pueden empezarnos á dar una idea de la trascendencia mayor ó menor, que ha de tener el coste del edificio, para que asi tenga nuestra inteligencia todos los elementos que son necesarios, á fin dé que el croquis por el cual acabamos de decir que se ha de empezar una construcción, no sea consecuencia de una ilusión, de un desvarío, y dé lugar á una espresion utópica que como tal, no'pueda pasar á la realización. Por esto inmediatamente después del programa, y no antes, es cuando ha de venir el trazo del cro- quis, para tener mas tarde el plan; es cuando teniendo en em- brión, y en consecuencia, el sentimiento de las formas generales del edificio, podemos ya hacer que intervenga el cálculo en lo ne- cesario, para determinar el modo de ser de estas formas; en ma- teria como calidad, en materia como forma y cantidad; en mate- ria como posición. Nosotros vemos pues, que al estar estudiando una construcción, cuyo proyecto se nos ha encomendado, es indispensable que aten- damos á los fundamentos principales, para que podamos conside- rar la parte que ha de influir en la generalidad de los conocimientos de la construcción talmente dicha, de la construcción mecánica- mente considerada. Debemos, para obtener las formas propias de una construcción, considerar las necesidades de la misma, desde las condiciones especiales que tal vez exige la cimentación de ella, hasta las condiciones, también tal vez especiales, que exige la cu- bierta ó techumbre de la misma; para que con el conocimiento de estas necesidades y del empleo consiguiente de los medios para satisfacerlas, nuestra inteligencia busque los elementos bastantes para imponer cierta forma, cierto sentimiento en la mole, que de- termine su modo de ser apropiado, y que nos provea, digámoslo así, de los elementos propios para conducirnos á la obtención del término, sin el cual no es posible que exista la belleza; belleza, que no es precisamente de recomendar, sino que es de exigir, en toda construcción y máxime aquella que determina el modo de ser de la arquitectura de una comarca. ¿Pero bastará con esto? Hemos dicho que se necesita que exista; ó por lo menos, hacer lo posible para que exista la tercera armonía, es decir, armonía en- tre el objeto construido; entre el edificio ya hecho y el espectador. Uno de los medios con que podemos contar para obtener esta ar- monía es después del fundamental, que consiste en resolver la cuestión con referencia á los datos que la misma entegra, á los — 47 — elementos propios de ella, después de haber compuesto el trabajo con referencia á este punto forzado y obligado de toda construc- ción, emplear hoy procederes artísticos auxiliares, de los que de- bemos echar mano muy parcamente, pues que indiscretamente empleados pueden conducir á gastos supérfluos y consiguiente ne- gación de bondad en las construcciones, dando lugar á desvarios en el terreno del gusto. Hablamos de la decoración: la decoración, nosotros la debere- mos considerar como apropiada, y en este caso admisible; como adjunta ó superpuesta, y en este caso muy espuesta á cometer er- rores económicos y artísticos. La decoración apropiada, es aquella que se obtiene resolviendo el problema del modo acertado que exige e arfe, combinando los materiales de un modo oportuno, habiéndoles he- cho tomar ó adquirir, mediante el trabajo del hombre, las formas que exigen la mecánica y la belleza; y solo entonces, es cuando en las construcciones, se dice que está acusada en el esterior la estruc- tura interior de las mismas, y entonces es cuando el grado de be- lleza de las construcciones, puede decirse que llega al rango que les corresponde; pero á mas de lo que por este circunspecto proceder se obtiene, existe muchas veces el deseo de decorar, y si por de- corar, se entiende poner adornos, ya sean de relieve, ya sean ob- tenidos por la pintura monocroma ó polícroma, sin mas que el deseo inmoderado é inmotivado de adornar, de tapar las construc- ciones, tal vez de cubrir defectos de la estructura, la decoración artística por nosotros admitida, no será esta. Nosotros tendremos adornos significativos, y adornos indiferentes; y la decoración que recomendaremos en primer término, es aquella que se deduce de la construcción considerada en su estructura, en su esqueleto; aquella que se deduce de la construcción que considerada en al- zada, dispone á la idea de la estabilidad permanente, al equilibrio estable; y considerada en su planta, en su proyección horizontal, nos determina un enlace tal, de los muros y construcciones todas que constituyen el interior de un edificio, que únicamente, al as- pecto de esta proyección horizontal, ya nuestro ánimo se dispone á no quedar sobresaltado con la idea del resultado que se obten- drá, si el empuje horizontal no está convenientemente contrarres- tado, la presión vertical convenientemente apeada, y cualquier otra fatiga de la construcción, convenientemente equilibrada. Estos son los gérmenes de la verdadera belleza; estos son los — 48 — gérmenes del elemento originario de ella; del elemento armónico. Los elementos de que puede echar mano la decoración, no consis- ten en el estuco, batuto, la pintura, la cerámica, la vidriería, y en determinadas combinaciones; consisten sí, en la acertada elec- ción y empleo adecuado de estos medios y de cuantos puede po- ner á contribución un reflexivo proyectista. La distribución de aguas, y con conveniente salida para las mismas, puede ser entre otros, un elemento apropiado y bastante potente para la decora- ción. Nosotros al estudiar una construcción cualquiera, no deberemos hacerlo sino con sujeción al empleo de los elementos que consti- tuyen la triple armonía que debe existir siempre, para que haya belleza; y cuando no, acercarnos, en cuanto sea dable, al resulta- do que se obtiene cuando existe la primera y segunda armonía ó sea la de la construcción observada con el uso á que está destina- da y la de las partes que entre sí combinadas, de un modo el mas acertado posible, han de determinar la estabilidad, la solidez de la construcción, y en su consecuencia la naturalidad, para que su mole tenga un carácter apropiado. AAAAAAAMAAAAA.