LECCIÓN IV. Sumario. CONSTRUCCIONES CON ESPRESION PROPIA.—PERÍODOS DE LAS MISMAS HASTA LA O E S - APARICOIN DE LA DOMINACIÓN ÁRABE EN ESPAÑA.—RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LAS CONSTRUCCIONES.—PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL A R T E . — T E O R I A DE V L - TRUVIO. CONSTRUCCIONES CON ESPRESION PROPIA.—Desde que hemos defi- nido las construcciones artísticamente consideradas, habiéndolas clasificado, hemos indicado las condiciones que deben llenar para que de las mismas pueda deducirse, que su estudio se sujetó á condiciones propias de la filosofía del arte, filosofía que debe siempre presidir al estudio de toda construcción, para que siquie- ra sea germinalmente, tengamos ciertos elementos que nos facili- ten el conocimiento originario, propio para poder juzgar, sino con toda probabilidad de acierto, por no tener aun todos los detalles necesarios, al menos para poderlo hacer de manera que ese juicio, relativo á cualquiera construcción, una vez formado, nos conduz- ca á inquirir cuáles son los rasgos de la misma, que haciéndola notable y mas ó menos apreciable, determinan su aspecto propio; su fisonomía distintiva. Las construcciones con espresion propia, siempre determinan períodos fijos de la existencia de la civilización, porque de ella son una de tantas otras consecuencias en la marcha del progreso 1 — 50 — sucesivo de los pueblos, como otros tantos hechos procedentes de las obras del hombre; son siempre páginas fehacientes que de- terminan el mayor ó menor grado de cultura que tuviera tal ó -cual sociedad, en tal ó cual época de su historia; pero esto sucede, considerando las construcciones de un país en conjunto; y cuando ellas, observadas asi en masa, determinan la existencia de lo que ¿podíamos llamar unidad arquitectónica, por cuanto fijan bajo el aspecto general que llegan á tener, el modo también general de ser respecto del país; á diferencia de las mismas construcciones, que consideradas como sometidas á nuestro análisis individual- mente, en las que, en distintas épocas y procediendo también de distintos autores, pueden desde luego verse rasgos característicos diferenciales, existentes sin perjuicio de la unidad general á que .parece sujeto el sistema también general de ellas. "Estile-Carácter.—Cuando las construcciones llevadas á cabo por una persona, estudiándolas de un modo conveniente, todas ellas .presentan un modo de ser particular de la construcción, una manera particular de ser por el aspecto; cuando en las for- mas se ve cierta tendencia constante, á consecuencia de los proce- deres que mas comunmente emplean aquellas mismas personas, que suponemos autoras de un número determinado de construc- ciones; entonces se dice, que estas están sujetas á un estilo, se di- ce que el autor de ellas, las comunica una manera de ser particu- lar, que toma el nombre de estilo. Pero los pueblos, en cada uno de los grados de su civilización, tienen también en cierto modo su carácter propio, del mismo modo que lo tiene cada particular en consecuencia de los elementos consecutivos necesarios para de- terminar un carácter. Las ideas dominantes en un país, bajo los distintos puntos de vista que para juzgarla rectamente convenga tomar, determinan siempre el modo de ser del que puede llamar- se carácter del país, y entonces determinan también, entre otras cosas, la manera de ser general de las construcciones; manera de ser, que contribuye poderosamente á darnos como resultado final la fisonomía mas apropiada para las mismas, sin perjuicio de que ellas estén sujetas, por lo que respecta á la influencia de los tra- bajos de la inteligencia individual de su respectivo autor, al es- tilo especial que cada cual obtenga en la marcha general de los trabajos de la construcción arquitectónica considerada bajo el do- ble punto de vista estático y estético. Se observa que la construc- — a l - ción con espresion propia, talmente dicha, ha tenido lugar en períodos bien determinados, bien distintos entre sí, de la histo- ria general de los pueblos, que es la historia general de la civili- zación del hombre. PERÍODOS DE LAS MISMAS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA DOMINACIÓN ÁRABE EN ESPAÑA.—Estos períodos para proceder con orden, los dividimos en antiquísimo, antiguo y moderno. Comprendemos en el período antiquísimo, los pueblos y las civilizaciones que flore- cieron en el Asia; en el Oriente, que fué, digámoslo así, donde tuvo su cuna el saber, la civilización, el progreso de la inteligen- cia humana, en época anterior á la aparición y predicación del Evangelio. Comprendemos en el período segundo, calificado con el nombre de antiguo, las civilizaciones que ya en época próxima á la predicación del Evangelio determinaron estados sociales tan notables como el griego y el romano; y comprendemos en el pe- ríodo moderno, la serie de tiempos transcurridos, desde la pre- dicación del Evangelio hasta nuestros dias. En el período antiquísimo las construciones del Oriente, aquellas que estuvieron destinadas á satisfacer las necesidades correspon- dientes, los usos, costumbres y creencias de aquellas gentes que tuvieron un carácter especial, una fisonomía apropiada, distinta de la que han tenido las mismas construcciones dispuestas para satisfacer las necesidades del hombre, en diversas condiciones de civilización, en diferentes comarcas y en distintas posiciones so- ciales. En efecto: las diferencias esenciales de todas las concausas concurrentes, cuando dado un estado social se alzan las construc- ciones, se observa; no solo, por lo que hemos dicho teóricamente en los principios generales sentados antes, sí que también por la misma esperiencia, estudiando atentamente los restos de las cons- trucciones de los pueblos y de las civilizaciones anteriores á la nuestra en las que se observa constantemente, el hecho de que es- tán siempre en relación directa con aquellas concausas, resultan- do por consiguiente, que el aspecto de estas mismas construccio- nes es totalmente distinto en cada caso, y produce en nuestro ánimo impresiones completamente diversas, según que se consi- deren las moles de las construciones en uno ó en otro cualquiera de estos tres grandes períodos en que hemos dividido la historia general de los tiempos, para el objeto del estudio general de ellas. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LAS CONSTRUCCIONES.—Los rasgos que. — 32 — caracterizan mas á las construciones en cada período, son conse- cuencia de lo que acabamos de indicar y debemos en cierto modo detallar. En los pueblos, pertenecientes al período antiquísimo, la poca importancia que en aquellas sociedades tenia el individuo, la grande importancia que tenia la corporación, el predominio absoluto y opresor que ejercieran las clases sacerdotales y milita- res eomo privilegiadas, la imposición absoluta de sus absurdas creencias religiosas, el modo de ser en íin, la regla de conducta limitada para las inteligencias y fija para la marcha material de aquellas sociedades, están perfectamente reflejadas, como otras tantas concausas, en el número y en el modo de sus construccio- nes: en el número, porque puede decirse que está reducido, por lo que respecta al arte, en aquellos países y en aquellas épocas, al templo y al palacio como tipo, al que se ajustó el conjunto de eonstrucciones que fueren consecuencia de servicios públicos, es- pecialmente en Egipto, reglados por las creencias religiosas y por el modo de ser de la sociedad; y en el modo porque lo absoluto de todos los principios, determinó lo absoluto y rígido delasformas. Nada, ni aun por tradición admisible, tenemos, respecto de la ha- bitación particular, nada, ni aun por tradición tenemos que pueda en cierto modo compararse,en aquella época antiquísima,con nues- tros modernos municipios, con nuestra gobernación moderna lo- cal, originada en cierto modo y hasta cierto punto, de los procede- res sociales y gubernamentales, griego y romano. En aquella época, y para aquellos pueblos, todo para la corporación y por la corporación; todo para el predominio y por el predominio absoluto de una sola dase; nada, ó á lo mas muy poco, para el individuo; y por consiguiente el sistema de las construcciones, el número y el destino de ellas, como hemos dicho, estoba en rela- ción directo con las citadas concausas. En la época antiquísima á que nos referimos, las construccio- nes que mas se distinguen por este quietismo, por esta inamovili- dad, traducida en las formas materiales de la misma, son las in- dianas y egipciacas; en ellas puede descubrirse, es verdad, un trabajo paciente y entretenido; puede hasta verse en ellas un ca- rácter especial, porque se transparenta el que puede llamarse, digámoslo así, síntoma de los adelantos, que en las mismas cien- cias y en no pocas artes tuvieron, no aquel pueblo en general, y sí aquellas castos privilegiadas en particular; porque ellas reasu- — Su- miendo en sí el poder de la ciencia, de la inteligencia cultivada, y el poder material, el de la milicia, puede decirse que constitu- yó, lo que modernamente espresamos con la palabra Estado; y fuera de estas corporaciones, el resto fué pueblo gobernado en la conciencia, en la inteligencia y en la misma personalidad, de una manera tal, como siempre lo ha hecho, tanto en las formas antiguas como en las modernas, el absolutismo, ejercido unas ve- ces por la persona, otras por la corporación privilegiada omnímo- damente, dando siempre los mismos resultados para las socieda- des á él supeditadas. Los tipos de construcciones, indianas y egipciacas que tenemos á la vista determinan, siquiera sea elementalmente, el carácter de inmutabilidad que distingue á sus masas consideradas en su tota- lidad, ya sea en el templo, en el palacio, en la construcción fu- neraria ó en el monumento conmemorativo. En todas ellas seve- ridad, austeridad, parquedad de líneas y simbolismo difícil unas veces, imposible otras, hasta ahora, de ser interpetrado por noso- tros. En el período antiguo, hemos comprendido las antiguas civili- zaciones de Grecia y Roma. Las construcciones de estos dos pue- blos, responden á necesidades diversas por la diversa constitu- ción, por el diferente modo de ser de estas sociedades, respecto á las antiquísimas. Desde luego nos determinan por su número y por su estructura, condiciones defisonomíaespecial, bien distin- ta de la que tuvieron las contracciones pertenecientes al perío- do antiquísimo. Las construcciones griegas y romanas, y especial- mente las primeras porque las segundas fueron originadas de ellas, las construcciones griegas, pertenecientes al período florido de aquel país, determinan su carácter particular por el número; porque ya no se concibe, ya no existe solo el templo y el palacio, si bien que en dos de las tres comarcas que mas se distinguieron en la antigua Grecia, el palacio y el templo fueron las moles lla- madas á dar verdadero carácter á la construcción, á diferencia de parte del territorio gobernado por la república, en que no era ne- cesaria una de estas dos construcciones, no era necesario el pala- cio, talmente considerado; pero el individuo, en cualquiera délas tres regiones en que floreció la antigua civilización griega, tuvo una representación propia; la familia existia con todas las con- diciones de respetabilidad reconocida por aquella sociedad. Se — 5i — admitieron pues, y habian de ser satisfechas las necesidades in- dividuales, y las colectivas de familia, al mismo tiempo que las de la gobernación ya limitada á localidad de una mayor ó me- nor cstension, ya estendida ala general del Estado. Tuvieron por consiguiente lugar, todas y cada una de las causas que determinan la necesidad de dotar á cada uno de los edificios, dentro de cuyas dependencias han de ser satisfechas; y por consiguiente en el pe- ríodo antiguo histórico de que nos ocupamos, representado por Grecia y Roma antiguas, ya tenemos una multitud de construc- ciones que, respondiendo á necesidades que las causaron, vinieron á tener, para aquella civilización, el carácter especial que era consiguiente; la fisonomía propia, y por consiguiente á determi- nar la existencia de la triple armonía que ya hemos dicho cons- tituye la belleza, belleza cuya obtención debe ser el objeto espe- cial de consecución en toda obra de arte. Nos reservamos para mas adelante, detallar concretamente los rasgos característicos de las construcciones de este período clásico de la Arquitectura, y manifestar, analíticamente, el modo de hacer con provecho tal estudio, refiriéndonos á datos tomados de algu- nos monumentos antiguos. En el tercer período; en el período moderno, que sabemos empieza con la predicación del Evangelio y llega hasta nuestros dias, hay una sub-clasificacion que hacer: en primer lugar la apa- rición de las doctrinas del cristianismo, determinando una revolu- ción en las ideas primero; y mas tarde, influyendo en el modo de ser material de los pueblos, determinando, ó por lo menos coin- cidiendo, con la caida del imperio romano, con la división en oriental y occidental del mismo, y la traslación de la silla imperial á Rizando, hoy Constantinopla, apareciendo si bien que militante, con aspiración y probabilidad de victoria en el siglo V, determi- nándose simplemente en el siglo X de nuestra era, y dando lugar desde aquel á este, á construcciones en las que, si bien se conserva- ra el rasgo característico de su fisonomía, de su carácter proce- dente de las antiguas formas griegas, fueron no obstante modifica- das por los procederes de la construcción romana; pero que habiendo de satisfacer á necesidades completamente distintas de aquel antiguo pueblo pagano, fueron presentándose y desarro- llándose con sujeción á los principios propios para obtener soli- dez, que siempre son los mismos; pero no con sujeción á los — 55 — principios en que se fundara la satisfacción de las necesidades, que habian desaparecido y sido sustituidas por otras, en lo cual consiste precisamente el modo de ser de las diferentes formas que, aun dentro del empleo de los procederes de la construcción griega y romana aplicadas á nuestras primitivas construcciones desde el siglo V al siglo X, se observan al estudiar los restos mas ó menos completos de ellas. Desde concluido el siglo X al siglo XV, tenemos las construcciones propias de la que puede llamarse plena Edad media, y entonces el número de las mismas es en conse- cuencia del modo de ser particular de la constitución de las so- ciedades en los siglos medios, en las que tanto influyó el poder feudal. La forma, la posición y el número de las construcciones feudales, determinaron un modo de ser característico, de la cons- trucción perteneciente á la arquitectura doméstica, particular ó privada; á diferencia de las construcciones militares y de las de- más que con destino público, vemos que satisfacieran necesidades del mismo carácter; pues fué punto obligado del estudio de aquella época, atender á las condiciones á que hubieron de suje- tarse las verdaderas construcciones feudales. En los períodos en que hubo el noble y el pechero, en que se conoció el siervo y el señor, y en que era legal el proceder consiguiente á la existencia de estas entidades, se comprende bien que la construcción parti- cular para el individuo, fuera muy limitada en forma, en impor- tancia y número. En forma y en importancia, porque ninguna tenia el siervo comparado con el señor; en el número, porque ningún interés de vivienda podia tener la familia de la plebe, del pueblo, cuando era tan precaria su situación. La absorción por parte de los magnates era completa, y el fausto en las construc- ciones domésticas, única y esclusivamente era posible, y por con- siguiente admisible, en las que pertenecían á los nobles en todas las gerarquías que en la Edad media fueron conocidas. En una palabra, en aquella époea, no se conoció la clase media del modo que hoy existe; en aquella época, en la que habia el siervo y el señor, el noble y el plebeyo, el noble, gozando de franquicias, de preeminencias, de una superioridad omnímoda; el plebeyo, soportando hasta la vergonzosa servidumbre personal é indivi- dual; la arquitectura de las casas del jornalero, del agricultor, del operario, no podia tener desarrollo; y faltaba así la causal nece- saria para determinar el carácter de la arquitectura doméstica, tal — 56 — y como hoy la debemos considerar; es decir: dispuesta á dar con- veniente alojamiento al hombre y á la familia que constituye, en relación con sus posibilidades, con su posición social, pero siem- pre respondiendo en absoluto á su dignidad, que es patrimonio de todo ente racional, y que no necesita para ser satisfecha osten- tación y lujo; y sí, acierto en la moderación, y moderación en la espresion ostentosa cuando esta procede. Las condiciones antes espresadas, determinan verdaderamente los rasgos característicos de una parte no poco importante de los siglos medios, considerados en cuanto á sus construcciones, de las que las particulares estaban representadas por el palacio se- ñorial. Las que determinaron el modo de ser de la administra- ción local y satisfacieron las necesidades gubernamentales de aquellos tiempos, reunidas á las anteriores, completaron el cua- dro de las construcciones civiles, talmente dichas, de aquella época. Pero de las construcciones de la Edad media, en que puede considerarse el completo desarrollo del arte de aquella época y su manifestación carásteristica, es en las religiosas, pues que en aquellos siglos de fe viva, aquellas generaciones tan sencillas co- mo activas y enérgicas en todos sus procederes, no pudieron me- nos de responder con obras propias, á necesidades propias; des- cartándose así, no solo del plagio de los antiguos procederes clá- sicos, griego y romano, sí que aboliendo la reminiscencia que de éste aun se hacia en las construcciones de los primeros siglos del cristianismo. Este es un hecho comprobado por nuestros monu- mentos, y por los de las comarcas que los han conservado. En esta época en que al mismo tiempo que existia el absurdo de la servitud, habia la ventaja para aquellas gentes de poseer en el claustro bibliotecas, en donde, puede decirse que se refugiaron las ciencias, las letras y las artes, huyendo del fragor de las ar- mas, y encontrando un amparo y protección para estenderse y ramificarse como posteriormente hubo de suceder; en efecto, na- tural fué que tanto por esta influencia material, como por la ori- ginaria de la impulsión de las creencias, se determinase un ver- dadero progreso para el arte, hasta aparecer éste con esa gallar- día que tan armónica es con las ideas de todos órdenes que se desprenden de los principios fundamentales de la religión, rege- neradora del hombre, proclamadora y afianzadora de sus liberta- — 57 — des, y escudo invulnerable y perdurable de su dignidad presente y futura. Si apesar de todo, en la Edad media, la construcción doméstica no tuvo un carácter determinado en algunas comarcas, fuerza es conocer que, ni consistió en falta de elementos artísticos, ni de principios fundamentales en que poder estribar la satisfacción de las necesidades individuales para todos los entes racionales, cual- quiera que fuese su rango social y posibilidades pecuniarias. Pero existió el régimen militar, hubo contiendas, y se erigió en la prác- tica el derecho del mas fuerte, y los efectos de la conquista pro- dujeron sus resultados de vasallage, influyendo asi de un modo negativo en la construcción doméstica. Por k manifestado, puede decirse, que en la Edad media se > tiene la arquitectura doméstica, en el palacio señorial, en la casa del potentado; la religiosa, en las construcciones que se alzaron, como parroquias, catedrales metropolitanas ó diocesanas, los monasterios, y establecimientos de beneficencia; en las construc- ciones militares, las que determinaron los cercos y atalayas; ade- más, las construcciones de gobernación civil, que fueron también muy limitadas, porque el poder de las armas lo fué todo en aque- lla época, como hemos dicho, de modo que solo nos referimos á los edificios de los antiguos municipios. En la Edad media hubo, para nosotros los españoles, un perío- do que podemos considerar dentro de un paréntesis, y fué el per- teneciente á la dominación árabe, de una considerable parte de nuestra península, dominación que tuvo lugar desde el siglo VIII y que egerció influencia en nuestras construcciones, especialmen- te en el Sur de la Península, hasta mucho tiempo después de ha- ber desaparecido por completo dicha dominación, estinguida du- rante el reinado de los reyes católicos; dominación, que dando lugar á la invasión de gentes de creencias religiosas diversas y de costumbres distintas, desde luego, produjo una confusión en las formas de nuestras construcciones, y mas tarde, un carácter de- terminado á consecuencia no ya de la confusión y sí de la fusión de los dos procederes artísticos, existente é invasor; por esto es por lo que las construcciones árabe-españolas, lo mismo que una gran parte de las de tipo y de carácter de la Edad media, dentro de nuestra Península, se diferencian mucho de las construcciones árabes de la misma Edad media en otros territorios ó países. 8 — :;8 — La gran cantidad de tiempo, durante el cual influyeron en nuestro territorio, la difusión de sus conocimientos, la propaga- ción de sus procederes materiales en la realización de las cons- trucciones, fueron otros tantos motivos por los que el modo de ser del arte arquitectónico á partir, especialmente en nuestra Penín- sula, desde los siglos IX y X hasta el XII, especialmente en las co- marcas del Sur, se diferencia esencialmente, respecto de los pro- cederes de la construcción artísticamente considerada, en las co- marcas en donde no fué duradera la dominación árabe, como su- cedió en Asturias y en Cataluña. Determinados en general los períodos de tiempo en que puede observarse la existencia de los rasgos característicos y distintivos de las construcciones, hasta la estincion de la dominación árabe, es preciso que nos hagamos cargo de cuales serán los principios fundamentales á que debamos sujetar el juicio que hagamos de las construcciones aludidas, y de la importancia artística de las mismas. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL ARTE.—Son principios funda- mentales, pajra juzgar las construcciones en el terreno del arte, primero, la investigación de si esa construcción responde, dada que sea la época, conocidas que sean las costumbres del pueblo, y consignadas que estén las condiciones especiales de necesidad que en su uso ulterior ha de haber satisfecho; observar si ella es- tá en armonía con aquellas, porque no estándolo no podria tener carácter propio. Es necesario, en segundo lugar, observar si en los procederes empleados, la construcción está realizada, ó en los procederes indicados, la construcción solo está proyectada; si en ella se echa mano de las condiciones mas á propósito, ya eligien- do los materiales que exigen las condiciones especiales de la es- tabilidad, y al mismo tiempo con ellos nos brinda la localidad en donde se hubiera de alzar ó ya después de elegidos conveniente- mente, laboreándolos del modo mas oportuno para que, antes que todo y sobre todo, determinen con su forma y con la cantidad de su materia, la solidez que hemos de procurar en la construcción; la duración, por consiguiente de la misma. Es preciso también, tener muy en cuenta si la combinación de materiales de diversa naturaleza se hizo de modo que el enlace entre ellos fuese una de tantas garantías, de la consiguiente estabilidad de la construcción; porque de otro modo no se obtendría la importancia del carácter, — 39 — y la fisonomía apropiada que la distinguiera. Procediendo de este modo, vendremos á obtener la tercera condición para juzgar, en el arte, toda obra existente ó todo proyecto; averiguando cual es su estructura á que pudiera llamarse esqueleto ó canevas de la mis- ma construcción, tal, que considerándola como una especie de tejido nervioso, en la espresion que se establezca en el sistema lineal que lo represente, dé lugar á que ese mismo estatumen transparentado al esterior del edificio y revestido conveniente- mente, produzca y realice en la construcción, su correlación ad- misible, eu términos que haya la armonía de la parte interna con la esterna; formando así la homogeneidad relativa de la masa y el conjunto de la misma. Para juzgar respecto á las construcciones, es principio funda- mental también, no partir de ligero, no dejarse llevar de las pri- meras impresiones, ya sean estas favorables á la opinión que he- mos de formar de ellas, ya sean adversas. El juicio es un trabajo de nuestra inteligencia, que no puede ser concluido, que no pue- de dar frutos maduros, sin que además de ser ordenado sea pa- ciente; necesita tiempo y reflexión, y si la primera impresión que en nuestro ánimo causa una construcción, ya sea en proyecto, ya sea en realización, es negativa, por ejemplo, mucho hay adelan- tado para que no llegue á ser favorable en definitiva; pero no de- bemos precipitar nuestro fallo hasta el estremo de pronunciarlo irrevocablemente, ínterin no hayamos entrado en el por qué de las cosas, á fin de que veamos si aquella primera impresión y su resultado producido en nuestro ánimo, son ó no justas; y condu- cen, ó no, á una reprobación. Por la inversa: si la impresión que en nuestro ánimo produce una construcción proyectada ó realiza- da, es favorable, porque tal vez la predisposición en que nos en- contramos es benévola, ó porque coincide con ella el modo parti- cular de presentar un proyecto, que tal vez sea de condiciones irrealizables, que tal Yez esté únicamente confeccionado con cier- to agrado de dibujo, por ejemplo; pero sin condiciones de arte, sin condiciones de construcción, sin condiciones armónicas, en fin; es preciso, para salvar este inconveniente, que del mismo modo como antes hemos indicado, debamos guardarnos de la ne- gativa, de la reprobación impremeditada; nos guardemos también, de dar un fallo favorable; y esto, no lo indicamos solo para que sirva para nosotros, en el caso de considerarnos críticos, nosotros — 60 — hemos de ser antes que todo, críticos ú observadores de nuestras propias acciones, de nuestras propias obras; y hacemos esta reco- mendación para convenir, en definitiva de ello, que debemos en- friar nuestro ánimo, enfriarlo completamente, para hacerlo im- parcial .respecto de los proyectos por nosotros estudiados; no de-* bemos tomar como base para el juicio que formamos de ellos, un continuo, incansable y constante descontento, pero luego debemos huir de tomar el cariño y afición que generalmente todos tenemos á nuestras obras, hasta el estremo de preocuparnos de una mane- ra lamentable, y encenegarnos no viendo las consecuencias nega- tivas que de su estudio analítico se desprenden. También para la construcción y para laespresion de su estruc- tura, en el edificio que analicemos ó en el proyecto que suponga- mos, debemos tomar como base para el juicio que debemos hacer de tales obras, que nunca habremos de estar satisfechos por com- pleto de ellas, hasta que lleguemos á adquirir el convencimiento de que hemos tocado todos los resortes, hemos emprendido todos los caminos posibles, para obtener el resultado final que nos pro- ponemos, ó se nos hubiera propuesto, en el programa establecido; ó para deducir, si de edificios existentes se trata, que sus autores resolvieron las cuestiones en consecuencia con lo que exige la tri- ple armonía que es, en cierto modo á la vez, causa y efecto de la belleza. Esto en el terreno práctico nos conduce, cuando na de juzgar y si de preguntar se trata, á la necesidad de hacer bor- radores distintos, de efectuar todas las correcciones de que sean susceptibles y así lograremos, á la vez que perfección para nues- tra obra, perfección por las costumbres que adquiere nuestra in- teligencia, en la investigación de los procederes á propósito para obtener condiciones apreciables en nuestro estudio; nunca jamás, darnos por contentos del resultado de las primeras impresiones, del vaciado de las ideas que únicamente podemos tener como en embrión, respecto á la cosa estudiada, cuando solo pensamos en ella improvisadamente; porque en este caso alimentamos nuestra propia holgazanería, al mismo tiempo que dejamos de producirlo que debe y ha de exigírsenos, que es la mejor perfección posible por la cantidad y calidad de nuestro trabajo, espresado de un modo tan convincente como completo. Establecidos los principios fundamentales con los que se puede obtener el juicio que puede hacerse de obras existentes ó de los — 61 — proyectos de las que se hayan de realizar, y recomendado lo que mas conviene especialmente al principiante, hagamos mención de la manera particular como estos principios han sido considerados en algunas de las épocas de la antigüedad. Nada nos queda como doctrina escrita fehaciente, respecto las épocas indiana, egipciaca y griega, porque la acción destructora del tiempo, y la mas des- tructora aun por la maldad de algunas generaciones, producien- do incendios, desaparición de bibliotecas, de escritos, y de mo- numentos, no ha dejado otra cosa, sino restos de construccio- nes, que materialmente vistos, artísticamente analizados, pueden en cierta manera producirnos como resultado Anal algunas ideas, si bien que no demostradas, y por consiguiente no posible de ser consideradas como fundamentales, respecto á la manera como fueron considerados, esplicados y aplicados los principios funda- mentales del arte en los procederes del mismo empleados para las construcciones; y es tanto mas difícil, poder asegurar por la sim- ple inspección, por el estudio por profundo que sea, de las cons- trucciones antiguas, cuál fué el modo de influir de los principios generales del arte en el ánimo de los artistas, de los constructo- res, en aquellas lejanas épocas; cuanto que al hacer el análisis de cualquier construcción, por mas que estemos convencidos de la conveniencia y necesidad de remontarnos al modo de ser de la época, á las costumbres de aquellos pueblos, de aquellas gentes, por una parte es muy difícil que no nos distraigamos en este propósito, atentos y ligados á nuestros usos y costumbres y á los consiguientes puntos de vista que para las construcciones no po- demos menos de establecer en ellos y en aquellas. Asi es que únicamente tomaremos como principios fundamentales fijos, cier- tos, aquellos sobre los que no quepa la menor duda; aquellos que hayan llegado hasta nosotros por la escritura; por estos única- mente podemos considerar hasta cierto punto de que manera in- fluían las causales del arte en el ánimo de los egipcios, después de haber podido descifrar los geroglíficos de alguna de sus cons- trucciones y asegurar muy de cierto de que modo, en la época romana, se observaron y consideraron los fundamentos del arte, atendiendo ó refiriéndonos á lo que sobre los mismos nos dice y dejó consignado en sus diez libros Yitruvio, autor latino, de la época del imperio que escribió sobre la arquitectura, y único ro- mano de que tengamos noticia, que dejara consignadas reglas de aserción sobre la misma. — 62 — TEORÍA DE YITRUVIO.—Yitruvio establece, como condiciones es- peciales indispensables, la belleza, la solidez y la conveniencia: establece, como condición de belleza, la necesidad, absolutamente exigida, de la euritmia y de la simetría. Entiende Yitruvio por eu- ritmia, la condición á que según él debe estar sujeta toda cons- trucción, de tener los miembros de la misma impares al centro, los pares ó repetidos colocados de una manera tal, que estén á izquierda y derecha de un eje central; entiende también Yitruvio por euritmia, la condición de necesidad para que cuando haya cuerpos en una construcción de una elevación mayor que la ge- neralidad de la misma, si son impares, siempre caigan uno al centro; si son pares, estén distribuidos en igual número los unos y otros, constituyendo en el primer caso, la piramidacion en el sentido de elevación; en el segundo, la piramidacion en el sentido de depresión. Yitruvio dice que ha de haber también simetría en los edi- ficios; y la simetría tal como Yitruvio la concibe y la esplica, con- siste en que los miembros de toda construcción tengan entre sí relación admisible, relación dada; estén en proporción. Exige, el mencionado autor, conveniencia para las construc- ciones arquitectónicas, y lo esplica, buscando sus fundamentos desde la acertada elección del paraje de emplazamiento, hasta el acertado estudio del número, forma y disposición de las depen- dencias; vemos por esto, que la manera como Yitruvio establece, fundamental y originariamente, el estudio délas construcciones, y el modo como lo hemos hecho nosotros, no se diferencian en gran cosa bajo el punto de vista de la forma: se diferencia en parte esencialmente, bajo el punto de vista de las aplicaciones, como cstension de la teoría. Nosotros nos guardaremos de deter- minar condiciones absolutas, precisas, fijas, para obtener la be- lleza de nuestras construcciones. Nosotros tenemos principios ge- nerales, y aunque siempre la teoría es absoluta, bajo estos prin- cipios, y de acuerdo con lo que de ellos se desprende, consigna- mos y proclamamos la libertad de acción, si bien que ñola licen- cia en el arte, porque de otro modo no quedarían satisfechas nues- tras necesidades y legítimas aspiraciones, si nuestra teoría, mal aplicada, viniera á determinar las construcciones y sugetarlas á un recetario que no podemos ni debemos admitir. OBSERVACIONES.—Ño por esto condenaremos, antes bien, respe- — e s - taremos si bien que no en absoluto, la teoría fundamental de Vitru- vio; ella es importante y apreciable por lo que encierra, que está en relación directa con las condiciones de apreciabilidad para las construcciones que hemos recomendado en nuestra teoría, y es ade- más respetable, porque hemos de considerar los principios estable- cidos por Vitruvio, no en la época actual y sí con referencia á la época en que escribía, á los procederes que exigia para la construc- ción esta época, á las costumbres de aquel pueblo, á las condiciones en fin, de que se encontró rodeado el autor á que nos referimos. Respetando en él y aprovechando de su teoría lo que está en re- lación y es aplicable en nuestros dias, no por esto dejaremos de insistir sobre las condiciones que para obtener belleza y la triple armonía de nuestros edificios, hemos indicado deben siempre ser para nosotros el guión que nos conduzca al iiltimo resultado de los problemas. No obstante, nosotros hemos debido hacer mención de la teoría de Vitruvio, siquiera haya sido someramente, tanto porque como hemos dicbo, era el único autor de que tengamos noticia, proce- dente de la antigüedad, como porque el sistema de las construc- ciones de la antigua Grecia, influyendo mas tarde en la Roma pagana, determinó un proceder general empleado para los edifi- cios, proceder que dio lugar á la arquitectura que distinguiremos de hoy en adelante, con el nombre de clásica, arquitectura clási- ca, que ha influido notablemente en el modo de ser de las cons- trucciones de una manera tal, que hasta en la época actual esta influencia se deja sentir ya en el conjunto, ya en el detalle de las mismas. No obstante: la arquitectura ha tenido en su forma de- tallada diversos períodos, sin dejar por esto de presentar una fisonomía tal, que daban desde luego rasgos de su origen. Tenemos además del período que hemos llamado paréntesis de nuestra época moderna en España, la dominación árabe; tenemos la decadencia de la arquitectura; primero por el furor con que fué estudiado, y afán irreflexible con que fué aplicado todo lo que después del siglo XIII y especialmente en Italia en el XV se des- cubrió, viniendo así á querer establecer reglas fijas, aplicables á todas las construcciones y aplicadas á todos los edificios que ha- bían de satisfacer las necesidades que no eran aquellas por las que se habian llevado á cabo las construcciones antiguas. Estudia- das de este modo resulta que el sistema general de las construc- ones en los siglos XYI y XVII y en nuestro país especialmente el XVII y XVIII, venia á presentar señaladas manifestaciones un modo de ser tan rastrero, de una manera ten lamentable espresion, que puede decirse que llegaron casos que el arte gó á la nulidad. En esta nulidad hay para nosotros cierto gra- do de apreciabilidad, pues que allí donde todo es negativo, todo está por crear; y puede con celo, con acierto y buenos estudios, restablecerse la buena forma. Esto es lo que ha sucedido á partir de mediados del XVIII hasta el presente: es el período en que aho- ra nos encontramos, en el cual hemos de establecer principios, de- terminando un camino que no nos conduzca á las aberraciones del plagio del antiguo, ni á las preocupaciones que pudiera haber en la época moderna; y así puede resultar que nos conduzca tal vez á darfisonomíapropia á las construcciones, cualquiera que sea el grupo de las mismas, que en un país haya de someterse á estudio. /V\/V\/VA."AA./VÍVr^A.A/V/\/\