LECCIÓN V. Sumario. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LOS SISTEMAS DE CONSTRUCCIÓN EN CADA PERIODO.— PERIODO ANTIQUÍSIMO.—E6IPTO.—INDIA.—CHINA.—SISTEMA HEBREO Y FENICIO. —BABILONIA.—SISTEMA ASIRIO.—SISTEMA PELÁSGICO.—CÉLTICO Ó ORUIOICO. —PERUVIANO. RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LOS SISTEMAS DE CONSTRUCCIÓN EN CADA PERÍODO.—De todo lo que llevamos espuesto, se deduce la necesi- dad, ó por lo menos la conveniencia, de adquirir un conocimiento que, siquiera sea ligero, no debe por esto dejar de ser detallado, respecto de los rasgos que mas caracterizan á cada uno de los procederes que bajo el punto de vista artístico se hayan empleado en la construcción, en los diversos tiempos de las tres grandes épocas, que hemos considerado al establecer la clasificación que dejamos espuesta. Importa para nosotros adquirir este conocimiento, no precisa- mente bajo el punto de vista de una curiosidad de datos, y sí, de un motivo para establecer nuestros proyectos en relación con los elementos propios que para los mismos nos presta nuestra época, considerando en ella nuestra civilización, nuestros usos y cos- tumbres, nuestras creencias, las influencias que tienen estas, y los datos puramente materiales en el modo de ser que deben pre- sentar nuestras construcciones, para llegar así á tener un tipo 9 — 66 — distintivo y responder á la necesidad, que ya hemos indicado an- teriormente, de que cada nación tenga su sistema particular y sus rasgos diferenciales en las construcciones, así como tiene sus le- yes y su gobernación. Naturalmente al indicar el como de los ras- gos característicos de cada una de las construcciones, lo haremos refiriéndonos á cada uno de los pueblos cuya civilización fué no- table en la antigüedad, con referencia á cada uno de los tres pe- ríodos, ya mencionados; antiquísimo, antiguo y moderno. PERÍODO ANTIQUÍSIMO.—La civilización puede decirse que ha te- nido su cuna constantemente en Oriente; los pueblos de aquella situación geográfica florecieron en épocas muy lejanas, respecto á la nuestra, de un modo asaz admirable para que ellos tuviesen Jiecesidad de llevar á cabo construcciones, que por su mole y por todas las demás circunstancias que se deducen del estudio que sobre ellas, ó sobre sus restos, aun puede establecerse, no deja- rá de verse el modo como estas respondieron en aquellas épocas á las necesidades distintivas, viniendo á satisfacer las exigencias de aquella organización social. EGIPTO.—El antiguo Egipto nos presenta en las moles, que aun hoy podemos someter á nuestro estudio, y cuya construcción pro- cede de épocas de tres mil años antes de J. C. hasta treinta años atítes de nuestra Era, nos presenta una serie de construcciones importantísimas por su número, no menos que por el tipo, por el carácter; por la fisonomía propia de ellas. Las condiciones de cli- ma, las de los materiales propios para la construcción, extraídos de la naturaleza geológica de aquellos terrenos, las creencias re- ligiosas, el modo de la gobernación de aquellos países, en conso- nancia con estas mismas creencias, y con la influencia omnímoda que ejercieran la clase sacerdotal y el poder militar, uniendo sus preeminencias, y creando así dos clases que mas tarde vinieron á confundirse en una sola, superior á todas; única clase privilegia- da en el Egipto, que determinó el número y el modo de ser de las construcciones respecto á la estension de sus moles y también con referencia al detalle de las mismas. El número, porque satisfa- ciendo única y esclusivamente, á las necesidades propias de un gobierno absoluto, todo fué por y para la corporación, nada, ó á lo mas muy poco, por y para el individuo; de este modo se comprende el por qué de la multitud de construcciones destinadas á palacios y á sepulcros de los magnates, y el por qué de la casi carencia de datos que tenemos respecto á lo que hoy podríamos llamar arquitectura civil; arquitectura de las casas y de las cons- trucciones para la vida de familia. Las inmensas rocas que nos presentan criaderos en aquellos territorios, desde luego brindaron al constructor con moles estensas para llevar á cabo sus construc- ciones con tendencia, constantemente, al carácter monolito, si bien que en la parte baja del Egipto, en la que florecieron la agricultura y las ciencias, en la que hasta la astronomía llegó á tomar un vuelo sumamente importante, atendidas aquellas lejanas épocas, las construcciones fueron también llevadas á cabo em- pleando los aprovechamientos propios de los criaderos arcillosos, estensísimos en las partes inmediatas del mismo; pero la tenden- cia del constructor egipcio, fué constantemente dirigida á dar á sus construcciones un aspecto de perpetuidad tan absoluta como puede proporcionar la inteligencia humana á sus obras; les in- dujo constantemente, y aun en esta misma parte baja del Egipto, á llevar á cabo aquellas construcciones en las que quiso Bejar una muestra flagrante de la existencia de aquella civilización, y del recuerdo á que se consagraba la construcción, por él llevada á ca- bo, una prueba flagrante de los procederes bajo el punto de vista material para la construcción con todo el rigor de perpetuidad deseada, y bajo el punto de vista de las formas, transparentando en ellas hasta por los colores empleados, el sistema simbólico que constantemente va unido al carácter y rasgos que distinguen á la fisonomía de la arquitectura egipciaca, en términos que ella, con- siderada en su conjunto y estudiada en sus detalles, necesita cons- tantemente una interpretación; pues por ser eminentemente sim- bólica, sus formas no están puestas al acaso, y obedecieron á los principios que se cree estaban consignados en los mismos libros considerados como sagrados por aquella sociedad, observados r i - gorosamente, como todo lo que se relacionó con la clase privile- giada sacerdotal. Se concibe, que en un país en donde todo era para la corporación, y tan poco quedaba para el individuo, la construcción particular, la construcción de las casas, esa que es llamada á llenar las necesidades de la familia atendiendo á la or- ganización de esta, y sobre todo á las condiciones de su conserva- ción, fué poco atendida en aquel país; así es, que mientras pode- mos leer de corrido, como quien dice, todos los modos de las for- mas particulares de la construcción egipcia, en lo referente ;i — 68 — templos, á palacios y sepulcros; de ningún modo, podemos ha- cerlo con referencia ¡i la construcción doméstica, sino tomando lo único que nos lia quedado, que por cierto es bien poco, tomando como datos la representación lineal que de esta construcción do- méstica se hace en algunos vasos etruscos. Los adelantos obtenidos por aquella sociedad en las ciencias, determinaron el ejercicio no de profesiones divididas, y sí de di- versos trabajos procedentes de estos mismos adelantos, por diver- sos individuos del cuerpo privilegiado. El poder que da la inteli- gencia cultivada, estaba vinculado, digámoslo así, estaba determi- nado á un círculo de personas, las que constituían la clase privi- legiada-, el pueblo en general, era llamado á ayudar materialmente en la marcha de aquellos tiempos y de aquella sociedad, y así es que las construcciones siguiendo esta ruta, además de limitadas en número, tenían toda la tendencia á una que podremos llamar uni- dad absoluta; unidad que se deja ver, observando la mole general de todas las construcciones egipciacas. En todas ellas, esa mole se presenta con tendencias á la piramidacion, con muy pocos cambios en la forma, en la planta general cuadrada ó rectangular, con grandes bloques de piedras de construcción, determinando el despiezo de la misma, con el empleo del dintel de grandes di- mensiones ó cuando menos de los dos paralelepípedos en posición inclinada, determinando una abertura que termina en la parte superior en triángulo, empleando en pocas ocasiones el arco, y por consiguiente la bóveda, no haciendo de él y de ella, rasgos característicos ó motivos de forma, para dar fisonomía propia á la construcción, y sí empleándolos como medios escepcionales de la misma y en el interior de sus grandes pirámides, especialmente en alguno de los pasillos de las mismas. En cuanto á la construcción, para satisfacer necesidades del orden material, se sabe, porque se deduce de la observación hecha en el territorio donde floreció aquella antiquísima sociedad, que á proporción que tuvo adelantos en las ciencias, los tuvo también en las artes, y que consiguientemente llegó á colocarse en el ran- go del cuarto período, el agrícola é industrial, y que teniendo en posesión terrenos tan fértiles como los del bajo Egipto, entre- gándose al cultivo de los mismos, determinó la multitud de ca- nales y demás conducciones para hacer florecerá la arquitectura; y en su consecuencia hubo de ser pueblo comercial. Hay datos hoy — 69 — para poder sospechar, con probabilidad de no equivocarse, que la construcción actual del itsmo de Suez no es otra cosa que la reaparición del mismo canal, existente tres mil años antes de Je- sucristo. Pero la civilización determinada por un sistema central, determinada por la existencia de una casta, de una clase cuyo gobierno en el territorio fué absoluto, de una clase privilegiada que concentró todo el poder moral centralizando en sí el cultivo de la inteligencia y reteniendo el poder material que da la pose- sión absoluta en las sociedades, conteniendo así en germen, como sucede siempre que tales causas concurren, el cáncer de disolu- ción en su seno. La clase sacerdotal y la militar conocieron los antagonismos; la clase militar, siendo disolvente desde el momen- to que fué invasora, y consiguientemente ambiciosa, vino á de- terminar el fraccionamiento primero, y mas tarde la caida del poder, hasta que el antiguo Egipto vino á ser una de tantas pro- vincias romanas, sujeta como las demás, á las condiciones de la marcha y de la decadencia de aquel antiguo y colosal poderío. En las construcciones del Egipto se atendió, según hemos indi- cado, al colorido de las mismas, obtenido en la parte estertor de ellas por la combinación de los materiales con sus colores pro- pios; y en el interior, por el revestimiento de los mismos mate- riales con colores obtenidos artificialmente. Los adelantos que obtuvieron en las ciencias y en las artes, están también determi- nados con estos colores, por cuanto después de tantos siglos aun en las construcciones del Egipto procedentes de aquella lejana época, y estudiadas hoy dia, se observan los colores del interior de ellas con la misma brillantez, con el mismo tono, con la mis- ma frescura que si hubieran sido llevadas á cabo de muy poco tiempo á esta parte. Esto da á comprender dos cosas, una de ellas, que no hace para nuestro objeto, lo adelantado que estaban los procederes químicos que conducen á obtener primeras materias á propósito para una tan larga duración: otra, que hace al caso pa- ra nosotros, y es que el antiguo Egipto empleó como medio par- ticular para dar fisonomía propia á sus construcciones, no preci- samente solo el esqueleto ó cánevas, digámoslo así, de la cons- trucción, sino que á mas la revistieron determinando con los co- lores la policromía, y á favor de esta la espresion simbólica de las mismas construcciones, porque en el empleo de los colores lo que se observa es representación, ya sea de producciones del reino — 70 — vegetal, ya sea de producciones del reino animal, constantemente en combinación tal, que determina los geroglíficos cuya interpre- tación ha dado lugar á trabajos desarrollados por tantos sabios y que últimamente nos ha puesto en el caso de poder apreciar las necesidades que fueron llamados á llenar aquellos edificios, donde hay tal ornamentación; así como para el estadista, la averigua- ción de los modos de la constitución social, y para el científico, los modos, el proceder y adelanto que fueron necesarios para ob- tener estas primeras materias para el arte, y finalmente para nos- otros el modo como dio espresion simbólica á las construcciones el constructor egipciaco, y la manera de considerarse que deben tener estas mismas construcciones con referencia á aquella época. En general, y en resumen, para la construcción en el antiguo Egipto, tenemos como carácter, la inamovilidad, como medio para obtener este carácter, la construcción con tendencia monoli- ta; es decir, una sola pieza ó con el menor número de ellas, co- mo forma particular en cada caso de aquellos que hubieron de presentarse para satisfacer diversos órdenes de necesidades; tipo, el templo y el palacio; carácter del uno y del otro, igual; ó por lo menos idéntico; consecuencia de este carácter, naturalmente, la casi-divinizacion que con el sistema hubo de hacerse de los magnates, aproximó al pueblo á que los tratara casi del mismo modo que consideraba á sus dioses. La construcción de sus se- pulcros, fué consecuencia déla veneración del casi-culto que rin- dieron á la memoria de los magnates y en general de sus difun- tos; lo que se ve palpable en sus manifestaciones, y como conse- cuencia de este mismo culto, se dedujo el cuidado que tuvieron en el embalsamamiento de sus cadáveres, necesidad llenada con el consiguiente deseo de la conservación perenne de los mismos cadáveres; y nos convencemos de ello, observando el resultado de la investigación que se hace de las construcciones de estos anti- guos sepulcros, aun cuando sea en sus necrópolis, que llamaría- mos cementerios, al encontrar un número considerable de momias, que no pueden haberse, obtenido por la disecación natural en con- sonancia con la naturaleza particular de aquellos terrenos, y si en consecuencia de una preparación adoptada y empleada en la generalidad de los casos; pues bien, la construcción sepulcral egipciaca respondió constan temen te á estas exigencias. La construcción particular, con referencia á la construcción — 71 — que hoy podríamos llamar pública, tuvo muy poca importancia para el Egipto; tan poca, como poca tuviera el individuo res- pecto de la sociedad, y en cierto modo menos, relativamente á la clase privilegiada que gobernaba omnímoda y absolutamente aquella sociedad. La inspección de los ejemplares que, como tipos de construc- ciones egipciacas, tenemos á la vista, comprueban lo que se de- duce de lo que sobre su sistema llevamos espuesto. Considerando la mole en general, se la ve severa y robusta: si se la estudia bajo el punto de vista de los materiales empleados, se observa que fueron de colosales dimensiones: si se analiza su forma como tal y sus colores, se dedúcela espresion eminentemente simbólica que caracteriza á aquellos monumentos; y si se estudia á fondo el orden de necesidades satisfechas, se ven dominar las que se des- prenden de las creencias religiosas que tuvo el antiguo egipcio, del clima abrasador del desierto, del sistema religioso-militar que imperó, y del desprecio que aquel orden de cosas-dictó para la vi- da, creando así una especie de culto por la muerte, esplicándose así, por todas estas causas, la supremacia de la arquitectura de los templos, de los palacios, y de los sepulcros; hasta el estremo de no dejar vida propia para la arquitectura civil, y de esta mu- cho menos para la privada. INDIA.—Otro pueblo, perteneciente al periodo antiquísimo, nos ha dejado sus construciones dignas de ser sometidas al estudio de las modernas edades, y es el indiano: él se presenta en el curso de los tiempos, también tres mil años antes de Jesucristo; pero que no como el egipciaco, cambia de fisonomía desde el momento en que cae bajo el poder de una potencia estraña, en la antigüedad; sino que sostiene su carácter hasta una época reciente, relativa- mente á nuestra civilizaeion. El pueblo indiano hasta la erup- ción del poderío inglés, en este mismo siglo ha conservado, si bien que decadentes, los rasgos característicos de su modo de ser en la civilización y por consiguiente en sus crencias, gobernación ordenada del individuo, y constitución de la familia, conociendo los medios de dar satisfacción á las necesidades propias en cada caso, bajo cada uno de estos aspectos. El pueblo indiano, obede- ciendo la condición general á que están sujetas las construcciones, condición que es originaria para todas ellas, en todos los países y en todos los tiempos, hubo de obtener la fisonomía originaria; los — li — rasgos que le son característicos en la época primitiva, mediante el empleo de los materiales; pero no ya, ni aun transparentán- dolos, sino aprovechando las condiciones de existencia, y de la naturaleza de la formación de aquellos grandes criaderos de roca; así es, que el primer período de la construceion indiana es mo- nolito, pero por escavacion lisa, mientras que en el segundo ya hay la escultura, y empieza el trasporte al terreno de emplaza- miento: en el tercero, la disminución de volumen y de talla; y en el cuarto, la que relativamente á aquel antiquísimo período, puede llamarse decadencia. En el primer período, solo albores, embrión de la civilización indiana, y nada podemos advertir que haga referencia al arte, sino bajo el punto de vista del ímprobo trabajo del desmonte de aquellas masas compactas rocaceas, hasta obtener grutas de una considerable estension. En el segundo período, ya aparecen estas mismas grutas con tendencias al revestimiento; escultura, repre- sentando en este revestimiento las condiciones de sus creencias, y en su consecuencia las condiciones propias de su gobernación, en lo que hacia referencia al poder también absoluto, omnímodo, centralizador, que ejerciera la clase privilegiada encargada del culto y de la guarda del país; clase que en el mismo como en el egipciaco, fué la sacerdotal. El culto que rindió el antiguo indiano á la naturaleza en todas sus manifestaciones, en todas y cada una de sus producciones, en todos y cada uno de sus accidentes, lle- gando á ser objeto de su veneración, lo mismo la serpiente, que la vaca, el buey, el elefante, la cigüeña, las plan tas y los árboles, del mismo modo que el curso del rio Ganges, siendo sus divinidades Brakma-Chiva y Blavan ó la naturaleza, determinó un modo de proceder de revestimiento para dar fisonomía ó carácter propio á las construcciones, en las que, si bien considerada su mole en general, se ve una similitud con las construcciones egipciacas, con- siderado en ella el detalle, se ve un cambio notable; cambio, me- diante el que podremos desde luego negar la aseveración de al- gunos que han pretendido que la arquitectura egipciaca, fué con- secuencia de la indiana, ó que esta fué resultado de la impresión producida en el ánimo de algun constructor, por la vista de las construcciones egipciacas. No es posible comprender esto, bajo el punto de vista de las relaciones que se suponga pudieran te- ner los pueblos del período antiquísimo, tanto porque es posible — "3 — que ni aun tuvieran noticia de la existencia, el uno respecto del otro, cuanto porque, aun suponiendo lo que acabamos de negar, suponiendo que estuviesen en relación, que se hubieran conocido y hubiera habido trato íntimo, nunca el carácter detallado de las construcciones indianas, estudiado á la luz de una detenida re- flexión, podria darnos por resultado que ellas tengan relación con las construcciones egipciacas, hasta el estremo de deducir que por efecto de un mismo proceder artístico, tengan una fisonomia igual. No porque la mole de las construcciones egipciacas é india- nas en general, sea la misma, dejará de resultar que considera- das dos ó mas regiones distintas, deba negarse que el sistema es " idéntico y que obedecen á un mismo impulso. No se necesita in- sistir sobre el particular para que nuestra razón por poco que se detenga, nos demuestre la exactitud de este aserto; es necesario colocarnos en el terreno de la descifracion del porqué de las cons- trucciones, descifracion que no puede hacerse sin analizarlas; mientras que en las construcciones egipciacas se observa en sus detalles la gravedad propia de un pensamiento detenido, de ideas que no pueden existir sin adelantos notables en las ciencias, sino por parte del pueblo en general, por parte de la clase privilegia- da de la sociedad por la cual se han erigido en las construccio- nes indianas, lejos de observarse esto, se ve que en el revesti- miento de ellas, cualquiera que sea el período de las mismas, hay mas libertad de acción, mas gentileza, si se quiere, en este mismo revestimiento; considerando sus detalles vemos, en ellos una representación escultórica, no sujeta á las mismas trabas que tuvieron en las condiciones de los libros considerados como sagrados por los egipcios antiguos, y por consiguiente con un as- pecto de representación acomodada á tiempos y á lugares, á que no hubo de obedecer la construcción egipcia. Por otra parte, si bien que con ideas, equivocadas en la reli- gión, el antiguo Egipto y la antigua India prestaron culto ó ado- ración á objetos de la naturaleza, ya procedentes del reino ani- mal, ya del reino vegetal,hay una diferencia esencial, notabilísima, entre las creencias indianas y las egipciacas, por cuanto en las indianas se observa, que no se conocía ó estaba muy oscurecida, la idea unitaria con relación al culto; mientras que constante- mente en el Egipto, la idea fué unitaria. Sí. inmediatamente que en el Egipto se dio culto á tales ó cuales objetos, la dirección de 10 la plegaría fué unitaria, mientras que en la India, ni la dirección de la plegaria, ni el sentimiento íntimo que la inspirara, tuvo tal carácter, y este precisamente parece ser el germen de la falta de unidad, materialmente considerada en las construcciones india- nas, respecto de la absoluta observada en la egipciaca. En la an- tiquísima India el poder de los bracmanes, casta sacerdotal privi- legiada y encargada del culto de su divinidad principal Brahma, determinó la existencia y la posición que en cada caso se hubiera de dar al templo y al palacio; no determinóla importancia por- que no la tuvo, de la construcción destinada á satisfacer las ne- cesidades individuales; y así es que en las construcciones particu- lares de la India, únicamente tenemos un dato, para creer que fué esencialmente pobre bajo el punto de vista del arte; este dato consiste en que en los libros considerados como sagrados en el antiguo indiano, se consignaba una maldición al particular que se construyera una habitación, sin sujetarse á las condiciones consignadas en estos libros considerados como sagrados. En una época, y con una civilización tal, en un país en que la construc- ción privada, la destinada para el individuo, para las necesida- des de la familia, estaba sujeta á estas trabas, desde luego puede deducirse, qne no pudo tener fisonomía propia la arquitectura doméstica. Las construcciones, estuvieron limitadas por el número, ven ellas es, en donde debe únicamente verse el carácter distintivo y la fisonomía que le fué apropiada. ¿Respondieron en el Egipto y en la India á las necesidades y al modo de ser de aquellas socie- dades, las construcciones en cuyo conjunto debemos considerar representada la arquitectura de estos mismos pueblos? Sí: en su número y en calidad, estuvieron en armonía y en relación d i - recta con las condiciones y los modos de ser de aquellas socie- dades. Así resulta de lo espuesto, cuyo resumen puede hacerse manifestando que el sistema teocrático indiano, determinó condi- ciones de unitarismo para la calidad artística; de limitación, para el número de las construcciones; y no obstante, el unitarismo no dio lugar á la uniformidad observada en el Egipto, contribuyendo á ello tanto el modo de ser de las creencias, còmode las naciones, climas y materiales de la India. Los ejemplares de monumentos indianos, entre los que descuellan las pagodas, desde luego nos convencen de la exactitud de lo espuesto. — 73 — CHINA.—También tenemos, dignas de ser consideradas, las construcciones pertenecientes á un pueblo singular bajo todos los puntos de vista que se le estudie, al pueblo chino. El imperio ce- leste dominando, poseyendo una vastísima estension de territorio que comprende todos los climas, y consiguientemente todas las producciones, en cuanto á climas, desde el mas cálido al mas frió; y en cuanto á producciones, naturalmente desde las tropica- les hasta todas las demás del estremo opuesto, se comprende que, en el sistema de sus construcciones ha debido obedecer á las con- diciones de posición y de exigencias de la misma. De la China únicamente consideraremos la parte de la que hoy dia puede de- cirse que se tienen datos positivos, seguros; y que no den lugar á discusiones y á errores, qué como tales, serian inadmisibles. De la China, consideraremos la parte baja de aquel imperio, en la que, desde muy antiguo según sus cronicones, 4000 años antes de Jesucristo, se tienen construcciones quesatisfacieron, y siguen satisfaciendo las necesidades del país. La civilización de esta co- marca, sin nosotros admitir por completo ni negar, sea tan anti- gua como se desprende de sus crónicas, que sabemos pueden par- ticipar del deseo de exagerar, propio de todos los orientales y demostrado en los ehinos, se sabe, según datos, que fué florida, adelantada, y que data de una antigüedad considerable. El carác- ter distintivo de las gentes originarias del moderno imperio ce- leste fué, bajo el punto de vista social, digno de ser incluido en el segundo período, nómada pastoril; pero mas tarde, la condi- ción de necesaria roturación de aquellos terrenos nos está indi- cando que se colocó en el rango de agrícola y agrícola industrial. Nómada-pastoril es pueblo que aun en gran parte se halla en este sistema de vida y agrícola industrial, por cuanto sus produccio- nes propias de la industria, en todos sus ramos desde una anti- güedad muy remota, están abasteciendo, ó por lo menos mos- trándose á toda Europa, especialmente en lo que respecta á la fabricación de utensilios y en la obtención de las pinturas, ha- biendo alcanzado la China desde remotos tiempos una perfección tal, que aun hoy dia puede considerarse como un secreto, cual- quiera de los procederes para obtener determinados productos en algunas industrias. El chino, originariamente huyendo del trato del europeo y de cualquiera de los demás pueblos del universo, tuvo dentro de su —T o - mismo progreso la razón de su retroceso, porque retroceso es en los pueblos, llegar á un período en que se paralice el curso su- cesivo de su civilización. Las creencias religiosas del chino son y fueron múltiples; su organización social fué, por lo que respecta al individuo, de absoluta libertad; hoy sin embargo se encuentra limitada por el círculo de coacción propia de la autoridad, repre- sentada por el mas inmediato mandarín, y en él orden de gradación hasta del emperador. En el orden de la familia, la organización de esta dependió de las condiciones áque se sujetó en la generalidad de los pueblos orientales; conocida y usada la poligamia, el edi- ficio particular hubo de sujetarse á las condiciones propias de la vida doméstica. El territorio bajo de aquel imperio, determi- nado por su clima; el conjunto de las necesidades materiales, de- ducidas de las condiciones de aquel, y de las exigencias de la economía animal; teniendo en cuenta las condiciones de forma de los pies de aquellos naturales, y las condiciones de la vida de fa- milia, fueron causa para establecer indudablemente una combina- ción tal, que ejerciera influencia de un modo directo en el ánimo, obligando así á este á satisfacer las necesidades del modo debido, obteniendo el germen debcarácter apropiado de las construccio- nes. De esta manera, es como se comprende porque las construc- ciones de la antigua y de la moderna China, como ya hemos dicho, no han adelantado gran cosa y son en gran número cons- trucciones particulares. Se observa en ellas, notable armonía de formas y de colores; y como composiciones arquitectónicas, con sujeción á un sistema unitario que á pesar de estar en el estremo oriente donde tanto puede la fantasía, desde luego las hace pre- sentar con cierta monotonía en el conjunto. No obstante, el de- talle es valiente y vigoroso; como vemos por los ejemplares que tenemos á la vista. La construcción pública y la casa particular, en la China, tie- nen su razón de ser fundamental y originario; asi es que desde la mas remota antigüedad, tal vez es el pueblo en donde se conocie- ron primero; y los poderes constituidos á pesar de ser absolutos, permitieron y hasta hicieron progresar ó ayudaron la multiplica- ción de las construcciones particulares ó privadas, sin por esto dejar de erigir la construcción en su rango ó carácter público, destinada para satisfacer las necesidades de la conciencia y de la sociedad. La construcion de templos y de palacios; las construc- — 77 — ciones todas, llevadas á cabo para satisfacer las necesidades gene- rales de la agricultura y de la industria, fueron conocidas en China; pero no por eso deja de conocerse y apreciarse por su pro- pia importancia la construcción particular, y de aquí que sea el primer país de todos los pertenecientes al período antiquísimo, de que podemos deducir datos seguros, fehacientes para estudiar la arquitectura privada de la familia. Las formas de la arquitec- tura china son, si bien que ligeras, volubles; teniendo en cierto modo transparentada ó impresa la necesidad de ser transporta- ble, en el período previo de la vida nómada pastoril; mas tarde, aun siendo construcciones estables han conservado aquella forma; decidiéndose en ella, del mismo modo que en todos los procede- res chinos el statu-quo de los procederes para idear ó proyectar, y también para ejecutar. Respecto á los procederes, á pesar de haber tenido aquel país una consideración adelantada desde anti- guo, se halla en retroceso; por cuanto los demás países han se- guido marchando en la senda de la civilización, y él ha quedado estacionado. La forma que generalmente afectan las construcciones de hoy dia, es la misma que afectaron en épocas pertenecientes al perío- do antiquísimo á que nos referimos, y por esto es por lo que se cree con fundamento, que el tipo unitario de las construcciones chinas, está en el período pleno de la vida nómada pastoril. Los colores de los materiales empleados para la construcción, vivos y combinados, son en cierto modo el reflejo del modo como eran impresionados los habitantes de aquellas comarcas por los ma- tices de las producciones del reino vegetal que influyeron notable- mente en el modo de ser de las construcciones, en el modo de ser de todos los procederes que tienen influencia en las artes; por la manera como los naturales de un pais se ven impresionados, desde el momento en que haciendo uso de su razón, ella les in- duce á observar y estudiar la naturaleza que les rodea en todas sus manifestaciones y obedecen á una de las que ejercen podero- samente influencia, cual es la de las producciones del reino ve- getal. Dejando para otra ocasión, el fijar las condiciones especiales de la arquitectura particular, de la arquitectura privada de la China, cuando lo hagamos estableciendo un paralelo entre ella y y la arquitectura privada ó particular, de cada una de las nació- — 78 — ftes, antiguas primero, y modernas después, seguiremos ahora determinando rasgos característicos de construcciones de épocas posteriores, si bien que pertenecientes al período antiquísimo. La construcción hebrea y la fenicia. SISTEMA HEBREO Y FENICIO.—En la construccioa hebraica solo fijaremos una fecha, 1643 años, antes de Jesucristo hasta 135 después; tipos, dos: uno mueble y otro inmueble: tipo mueble; la construcción del tabernáculo, durante la peregrinación del pueblo hebreo, bajo la dirección, de Moisés: tipo inmueble; la construcción en Jerusalen del templo de Salomon, construc- ción que aun que desaparecida y no teniendo muestra gráfica de la misma, la tenemos reproducida á consecuencia de la descrip- ción hecha en la escritura, por la construcción del templo de Santa Sofía en la antigua Bizancio, hoy Constan [inopia; la que conviene mucho tener en cuenta, porque en ella vemos el germen de lo que mas tarde fué la arquitectura del bajo imperio; la ar- quitectura bizantina. BABILONIA.—Tenemos inmediatamente 2680 años antes de Je- sucristo hasta 323 antes del principio de nuestra era, la cons- trucción babilónica llevada á cabo en su generalidad, aprovechan- do la prodaccion propia de los grandes criaderos arcillosos del territorio,, y obedeciendo en su falta de carácter, de fisono- mía apropiada; puesto que la tuvieron, egipciaca bastardeada, obedeciendo á la falta de carácter que produjo en aquella socie- dad su desaparición momentánea, y la maldición de que fuera objeto. SISTEMA ASIRIO.—La arquitectura asiria, determinada en-su forma por 2680 años antes de Jesucristo, hasta 64 después, y obedeciendo en su forma material á las condiciones del espíritu de la arquitectura egipcia, si bien que con un decorado ú orna- mentación deducida de copias de las producciones del reino vege- tal del país. SISTEMA PELÁSGICO.—Las construcciones pelásgicas, datando de 2000 años antes de Jesucristo, hasta 1200 años después, cons- tituyen en los primitivos tiempos, su origen por la superposición de piedras de forma irregular, de dimensiones colosales y de ca- ras poligonales: determinando única y esclusivamente, muros,, cuya fisonomía y carácter fué de rusticidad y de inmensa soli- dez; muros con rompimiento, constituyendo cuerpos de forma — 7ft — irregular generalmente trapecial; y dando lugar, no obstante esta rusticidad en el progresivo desarrollo de las mismas, á lo que mas tarde fué la florida arquitectura griega; el pomposo.carácter y fisonomía que le distinguió en la época de la civilización y de la independencia de la Grecia. CÉLTICO ó DMJÍDICO.—Mil años antes de Jesucristo hasta 878 después; sus construcciones parecidas en la forma ófisonomíaal sistema pelásgico, si bien que obedeciendo á las condiciones del druidismo; la religión de los druidas fantástica; fastuosa en el ceremonial y pobre en el material, y determinando así el empleo del Dollmen, del Menhir, de la piedra giratoria y de todas las construcciones simbólicas, que prepararon, indudablemente por el uso á que fueron destinadas, lo que mas tarde y en otras creencias religiosas, determinaron los procederes que dieron lu- gar al llamado Juicio de Dios. PERUVIANO.—Últimamente, cerró el cuadro de las construccio- nes pertenecientes al período antiquísimo, la arquitectura ó sis- tema de las peruvianas; teniendo lugar este, desde mil años antes de Jesucristo, hasta la fecha en que fué conocido por los euro- peos, hasta 1534; y la citamos en paralelo de las construcciones célticas, y las dos naciones en paralelo con las construcciones indianas; hasta cierto punto, considerada en ella su mole general, con las construcciones egipciacas, con las construcciones célticas, por la irregularidad de las formas; de los volúmenes, de los ma- teriales que entraron en su composición; con las egipciacas por el aspecto piramidal truncado que presenta su masa en general; y con las construcciones indianas, por lo que respecto al modo particular de la espresion escultórica, tomada como rasgo carac- terístico de la fisonomía de aquella misma construcción y consi- derándola empleada como medio simbólico de espresion. Estos son, todos los que pueden llamarse rasgos característicos de la fisonomía especial á que se observan sujetas las construcciones, llevadas á cabo en los pueblos y por las sociedades, que podemos decir, pertenecen al mas antiguo de los tres períodos que hemos considerado. No bastaria lo espuesto si no lo ilustráramos conve- nientemente, y así acompañamos muestras ó tipos de las construc- ciones pertenecientes á cada uno de estos períodos.