LECCIÓN VI, 5>ttmarw. PERÍODO ANTIGUO. Seguiremos determinando los rasgos característicos de las cons- trucciones pertenecientes á cada uno de los períodos, en que ya hemos dicho anteriormente, que consideramos dividida la serie de los tiempos en que han tenido lugar, bajo la influencia de las distintas causas que sabemos intervienen en las mismas como son: la situación del lugar, los usos y costumbres, las creencias, la constitución social y los adelantos mas ó menos importantes que en la senda de la civilización han hecho los pueblos, tanto por lo que respecta á la consolidación de sus mismas costumbres al perfeccionamiento del estado social, como por lo que tiene rela- ción con las condiciones especiales de los procederes que son ne- cesarios para llevar á cabo las construcciones. En el orden cronológico de los tiempos, á partir desde el últi- mo período de que hemos hecho mención en la lección anterior, tenemos que desde 1635 hasta 146 años antes de Jesucristo se desarrolla una civilización notable de un pueblo muy digno por varios conceptos, de ser tomado en consideración, por haber reu- — 81 — nido condiciones tales, que, dando lugar á un sistema de cons- trucciones notabilísimas, ejercieron grande influencia en las de los pueblos coetáneos, incluso el poder romano, que últimamente vino á ser dominador de aquel. Nos referimos á las construccio- nes griegas, que aun siguen ejerciendo influencia en el modo de ser de las de casi todos los pueblos, pues hoy dia la ejerce en el ánimo de no pocos constructores, y en el aspecto ó carácter de la generalidad de las construcciones de la mayor parte de las nacio- nes civilizadas: es distinción singular que revela la importancia de las construcciones griegas. En la Grecia antigua debemos considerar especialmente las po- siciones de territorio, en donde se desarrolló con germen propio la civilización y consiguientemente el genio distintivo de aquel pueblo. Este presentó diferentes fases, que predisponen á que sea considerado bajo distintos puntos de vista, toda vez que la antigua Grecia, teniendo la Elide, el Peloponeso y la Tefalia con el Epiro, determino la existencia de gobiernos distintos, desde el austero Dórico hasta el que mas tarde vino á ser afeminado Ateniense. En estos tres territorios se llevaron á cabo las construcciones que ori- ginariamente tuvieron lugar por colonos pelásgicos, tal vez por colonos egipciacos é indudablemente por colonos fenicios, empe- zando por el sitio conocido con el nombre de Spartino; pero los que real y verdaderamente determinaron lo que puede llamarse fundamento de la arquitectura griega, fueron los Helenos. En la marcha de los sucesivos pasos de la civilización griega debemos considerar los períodos heroico, el de transición, el período florido y el de la decadencia. Aun en el mismo período heroico, en el origen del pueblo griego, cuando no conocía sino en albores su civilización, existió unidad de fin, y últimamente ya poseyó condiciones de respetabilidad, desde el momento en que tuvo las ideas consiguientes á la imaginación de sus dioses á quienes ren- dir culto, y de sus héroes á quienes admirar. En el período de transición se observan ya los estudios de la historia en que se desarrollan las construcciones que del mismo han quedado, si bien que en restos bastante informes, viéndose en ellas lo que siempre sucede en todo pueblo que marcha, ya de una época de civilización naciente á la consolidación y desarrollo de las mis- mas, ya de una época florida á la decadencia; pasos inseguros, procederes no perfeccionados, por no estar basados en la concien- 11 — 82 — eia íntima de la ejecución que en sí lleva el germen, y por con- siguiente falta de un carácter determinado, falta de una fisonomia simple, que es lo que real y verdaderamente constituye la transi- ción, período á que están condenados á pasar todos los pueblos con todos los procederes consiguientes á la vida pública, y tran- sición que tiene su sello particular, y es el de no tener fisono- mía estable. No es pues ni en el período heroico de la Grecia, ni en el período de transición de la misma, en donde debemos bus- car las construcciones que hayamos de tomar como tipos para adquirir la idea de lo que fué el carácter de la arquitectura griega; pero tenemos señaladas en la historia y determinadas con mano maestra en los monumentos, las construcciones del período florido de la Grecia, el período de Licurgo y de Pitágoras, de Pe- rieles y de Phidias, el de tantos y tantos hombres como la ilus- traron en diferentes ramos. En este período en que tuvo existencia la ley, los conocimientos y obediencias para la misma, la socie- dad en que los poderes políticos fueron notablemente desarrolla- dos, en que el poder militar supo circunscribirse á su esfera pro- pia, y estaba contenido por un pueblo que tenia conciencia de su dignidad, y sabia donde tenia el límite , en este período que he- mos de considerar, se alzaron las construcciones que fueron el resultado del trabajo paciente, concienzudo y detallado, pudiendo dar lugar así á obtener fisonomía apropiada y carácter neto para las mismas: entonces es cuando lo mismo las formas estéticas en los procederes para obtenerlas, que los principios de la estática influyendo en estos mismos procederes, determinaron un modo de ser tal para las construcciones, que en ellas se obtuvo la ar- monía de las partes entre sí, al mismo tiempo que la armonía del todo de cada una de las construcciones respecto al objeto á que es- taban destinadas, igualmente que la armonía de estas mismas construcciones respecto al espectador de ellas ; se obturo pues para las mismas la triple armonía, y por consiguiente la be- lleza relativa que consiste en la existencia de esta triple a r - monía. Parece que es una ley indeclinable de la naturaleza detodoslos hechos humanos, que el movimiento respecto á los mismos no ce- se desde el momento en que la inteligencia del hombre da los pri- meros pasos en el curso de sus investigaciones, y consiguiente- mente la civilización de la humanidad sigue en la senda del — 83 — trabajo hasta llegar á un período brillante, pero á juzgar por lo que los hechos y la esperiencia nos acreditan, siendo imposible que la inteligencia del hombre eslé parada, de aquí que parece como una ley de finalidad, que desde el momento en que los pue- blos han alcanzado el período florido de su civilización, allí pue- de ya observarse el punto de partida de la decadencia de la mis- ma; es hecho esperimentado tanto en los tiempos antiguos como en los modernos. Tuvo lugar en la civilización de la antigua Grecia; la decadencia de esta empezó por las discusiones sociales, alimentadas por el desprestigio de la religión y por los hechos del poder militar; entonces fué cuando el poderío de Filipo vino á ser primero, y dividido entre los generales del gran Alejandro después del poder de los Macedonios, vino últimamente á caer ba- jo el poder tiránico, absoluto, de la antigua Roma, de la Roma pagana que imperó en la mayor parte del mundo entonces cono- cido. En este período de decadencia en que la Grecia no tenia independencia como nación, y no podia disponer de elementos propios de aquellos que alimentan y guian á la vez á la inteligen- cia, dejó de tener artes propias, así como dejó de ser un país in- dependiente, pero habia producido tantas bellezas y habia llegado á tal grado la perfección de sus construcciones, que si la Grecia perdió su independencia y consiguientemente todo lo demás que esta importa, no es menos cierto el hecho histórico de que subyu- gó al pueblo romano bajo el punto de vista de los procederes ar- tísticos. El pueblo romano, esencialmente militar, fué especialmen- te antes de conocer y haber podido estudiar las construcciones griegas, respecto á las suyas un pueblo ingenieril; constituyó con solidez, llevó á cabo todas sus construcciones para satisfacer las necesidades determinando en sus dependencias todos los de- talles apropiados para ellas; pero no habiendo obtenido forma artística que le diese por resultado la triple armonía que hemos recomendado, sino cuando subyugado por el estudio paciente que hiciera de las construcciones del territorio que habia dominado en Grecia, é impulsado por el amor á la gloria bajo todos aspec- tos considerada, y teniendo en cuenta la importancia que las artes tienen en un país, vino á adoptar para sus construcciones todas las formas del detalle griego, si bien que con pretensión de mejo- ramiento para las mismas que quiso obtener mediante una rique- za de ornamentación indiferente, que vino á complicar la sencillez — 8i — primitiva de la construcción griega, y á bastardearla; y así, y no de otro modo, es como se comprende el greco-romano. En la Grecia tenemos en el primer período, en el período heroi- co, que las construcciones quedaron reducidas á muros, á recintos sagrados y á puertas: recintos sagrados, porque la primitiva cons- trucción del templo griego, ya sea por pobreza de elementos ó ya fuese por influencia absoluta del modo de ser de sus creencias re- ligiosas, ello es que puede decirse que limitado el recinto á lo que hacia referencia á la superficie dentro de la cual habian de tener lugar las ceremonias primitivas religiosas, no tuvo otra cubierta si- no la celeste. Las puertas de sus acrópolis ó sea de lo que hoy lla- maríamos eiudades de mas ó menos importancia, la construcción de sus tesoros, las dedicadas á satisfacer las necesidades que des- de el origen de aquel pueblo sintió el mismo para prolongar cuanto mas fuere posible la memoria de los que fueron, ya estableciendo de esta suerte la amistad verdadera, y por consiguiente duradera, ya al premio que en la tierra pretendieron dar los hombres que les precedieron, obrando bien en la sociedad, en términos tales que eran, consideradas estas construcciones, las funerarias, casi co- mo sagradas. En el segundo período en que, como hemos dicho, florecieron con sus talentos en los distintos ramos á que cada uno dedicó su inteligencia, Platón, Sócrates, Aristóteles, Licurgo, Pitágoras, en fin, aquella pléyada de filósofos, de matemáticos, de legisladores, de artistas como Phidias en la escultura, Praxiteles en la pintura y multitud de arquitectos á la cabeza de los cuales podemos con- siderar á Dinostrates, Philos y otros determinaron el modo de ser de las construcciones, dedicadas á satisfacer las necesidades de la familia, que hoy llamaríamos construcciones de la arquitectura particular, privada ó doméstica, hasta aquellas otras que en no pequeño número fueron destinadas á satisfacer necesidades de la vida pública, dado el modo de ser que ella tuvo en aquellas co- marcas ó en aquella civilización y época. Así es que tuvo razón de ser la casa en. cuanto á lo referente á la arquitectura privada, y tuvo razón de ser la academia, el liceo, la palestra, el gimnasio, el circo, todas aquellas construcciones que por su naturaleza eran permitidas dentro de la acrópolis ó recinto murado, y todas aque- llas otras, como los propiseos, las agoras, los teatros y los sepul- cros, estaban ya á lo largo de las vias de comunicación ya en de- — 85 — terminados puntos situados de antemano respecto á las acró- polis. Las construcciones griegas desarrolladas convenientemente, teniendo la fisonomía propia de la arquitectura de aquel país, son las en que se empleó lo que se llamó y sigue llamándose orden arquitectónico: orden por que en el sistema que cada una de ellas constituye, ya se considere en él la construcccion estáticamente estudiada, ya la fisonomía ó carácter de esta construcción para adquirir los rasgos que le dan la importancia que tenga, se ob- servó una manera que puede decirse invariable en su esencia, si bien que no de un modo particular, pues reduciendo la cuestión á números se ve un sistema invariable en su esencia, como ger- men que ha dado lugar á determinar la posición y forma de los miembros y el íntimo enlace de ellos, posición y forma que de- terminan la estabilidad de la obra, forma y detalle que determi- nan, siquiera sean elementalmente, las condiciones de su carác- ter, d«s la fisonomía apropiada, estática y estética y observada de un modo latr indisoluble en estas construcciones que determina- ron indudablemente la triple armonía que constituyó su belleza en lo antiguo, la triple armonía que no podemos negar aun hoy dia, á pesar de que hayamos de observarlas nosotros que pertenecemos á una sociedad que siente necesidades distintas de aquella, y que ha de satisfacerlas por consiguiente de un modo que no le lleve al deseo de emplear aquellas construcciones que no serian ade- cuadas hoy, pero que lo fueron entonces. Por esto es preciso que no perdamos de vista la adver- tencia que hacemos, que por mucho que obrando en justicia ensalcemos las construcciones de que estamos hablando, no he- mos de deducir por consecuencia final que tomándolas al pié de la letra puedan satisfacer las necesidades también de hoy; ya lo hemos dicho en otra ocasión, nosotros ni para plagiar ni para adquirir el carácter de eruditos, hacemos las indicaciones retrospectivas, y sí, con el único objeto de ir poseyendo un ger- men que nos dé por resultado la manera de buscar con concien- cia propia, y con esperanzas de buen éxito, los elementos quehan de constituirla, que debemos obtener fisonomía apropiada de las construcciones que llevemos á cabo; pero si nuestro modo de ser social, nuestras creencias usos y costumbres distan tanto de ser lo que fueron las mismas en el antiguo pueblo griego, no obstan- — 86 — te la manera de ser que tuvo el régimen absoluto por que se ri- gió el Dorio, el régimen republicano por que se rigió el Espartano y el régimen blando porque se rigió el Ateniense, no dejan de te- ner representantes en el modo de ser que tienen y por el cual se rigen naciones modernas gobernadas unas de un modo republica- no ó por un absolutismo mas ó menos hipócrita otras, y por un sistema medio algunas. Si la constitución de la familia no es igual con las creencias y los usos del dia como lo fué en aquella época, sin embargo en su germen es la misma: la civilización griega florida dio lugar á familias con dignidad dentro de sus creencias y consiguiente constitución doméstica, las creencias del cristianismo cualesquiera que sean ya en el régimen protestaate, ya en el régimen católico, dan lugar á la dignidad de la familia, á la constitución sólida de la misma ; los usos á que está desti- nado el edificio particular son consiguientes á las necesidades de la misma familia y de aquí que si no podemos defender nunca que una casa griega pueda servir para el objeto de tal en la ac- tualidad, tampoco podríamos admitir que sea con fundamento completamente desechada, en cuanto á las formas, pues una ó al- gunas condiciones especiales de modificación, nonos indicaria si- no que hay una diferencia en nuestras construcciones respecto de aquellas á que nos hemos referido. En efecto, nuestra proceder de hoy, nosotros que podemos echar mano, para llevar á cabo las construcciones, de los medios para el laboreo de los materiales y hasta para el transporte de aquellos, múltiples y simplificados co- mo son respecto al número y al modo que tuvieron de ser los procederes de la antigüedad, son otros tantos elementos que i n - fluyen materialmente en el modo de ser de la materia dispuesta para nuestras construcciones, y así es que, por mas que á prime- ra vista parezca poco, influyen considerablemente en el carácter, en el aspecto de estas mismas construcciones desembarazadas di- gámoslo así, de la ligazón, de lo limitado que en algunas ocasio- nes hubo de ser el constructor, especialmente en la arquitectura privada. Inmediatamente después de las construcciones griegas, respecto- de las que dejamos dicho en general lo que cronológicamente debe- mos decir por ahora, sin perjuicio de insistiren ellas por la impor- tancia que tuvieron determinando el modo de ser de las órdenes y después de un modo detallado, el modo de ser de la construcción — 87 — doméstica, pasemos adelante en la especie de revista que hacemos de todas y cada una de las construcciones que tuvieron lugar en la antigüedad pertenecientes al período segundo de los tres en que hemos dividido la serie de los tiempos; y vamos á ocuparnos de la arquitectura etrusca. Las construcciones etruscas que tuvieron lugar desde 1419 años antes de Jesucristo, hasta 309 después, en su origen por los pri- mitivos lombardos no tuvieron de particular absolutamente nada mas sino la mole; pero en el período de civilización que corres- ponde ya al desarrollo del poder romano, tenemos entre otras los vasos etruscos como testimonio de una civilización mas adelanta- da, en que se refleja el adelanto en las ciencias y artes para poder disponer de las primeras materias convenientemente preparadas y de los procederes para la elaboración, que desde luego fueron ne- cesarios para llevar á cabo y obtener en aquellos mismos vasos etruscos tan completos resultados y las representaciones simbó- licas que en los mismos tenemos, desde luego nos indican cual fué la solidez de los principios en que estaba basada una ci- vilización que tanto bueno dictara á las inteligencias de aque- llos naturales. En las construcciones etruscas debemos con- siderar el origen del arco, de la bóveda; arco y bóveda que tanto determinaron la condición esencial de la fisonomía que distinguió á todas las construcciones del antiguo y del bajo imperio ro- mano. En efecto, lo mismo las construcciones etruscas en el último período, que las construcciones romanas cuyo período dé exis- tencia debemos considerar desde 733 años antes de Jesucristo has- ta 476 después, lo mismo en unas que en otras debemos tener en cuenta, que así como en las construcciones griegas dominó cons- tantemente la línea horizontal, y cuando mas se hizo apuntada, dando lugar á los frontones que acusaron al esterior la existencia de los flancos, á través de los cuales, constituyéndose las cubiertas de los edificios, se facilitaba la salida de las aguas pluviales; en las construcciones romanas, el empleo del arco, la prolongación del mismo en el sentido longitudinal de la construcción, dando lugar así á la bóveda, determinaron procederes para dar á la construcción un aspecto hasta cierto punto nuevo, á pesar del em- pleo que hizo el romano de las formas en detalle tomadas de la arquitectura griega. Con el empleo del arco y de la bóveda se fa- — 88 — cuitó cl modo de satisfacer necesidades de economía en la cons- trucción y de la estabilidad de la misma: de la economía en la construcción porque ya pudo llevarse esta á cabo, en algunos ca- sos aparejando con materias de un volumen limitado respecto á las enormes masas que para casos dados habian de emplearse en las construcciones griegas. Se dio carácter distintivo á la construcción romana, por el em- pleo del arco bajo el punto de vista artístico, por cuanto ya pudo obtenerse otra fisonomía, otro modo de ser, tanto considerado el arco empleado en construcciones de un solo piso, como en el su- puesto de ser medio de apeo, medio de sustentación de construc- ciones que atrevidamente se elevan á considerable altura. Los an- tiguos anfiteatros y los teatros mismos de Roma, comparados con las construcciones para igual destino de la Grecia, demuestran la exactitud de este aserto. Será para nosotros consecuencia muy in- dispensable determinar cual es la forma que caracteriza á las construcciones del orden romano y obtener así la distinción entre él y el griego para poder determinar el diferencial del greco- romano. Inmediatamente después de las construcciones romanas en el orden con que han tenido lugar, vienen las construcciones latinas. El origen de estas puede decirse existente en el siglo V del cris- tianismo y ellas tuvieron una influencia determinada hasta el si- glo X. En el siglo Y del cristianismo tenemos una fecha especial determinada y es la del 476 en la que concluye el período pro- piamente dicho romano. El sistema latino empieza con el bajo imperio, se desarrolla á proporción que va desapareciendo el paganismo como fundamen- to de la civilización romana y consiguientemente avanzando el cristianismo: es coetáneo por consecuencia de la división del an- tiguo imperio romano en occidental y oriental, es coetáneo respec- to de la traslación de la silla á Bizancio, hoy Constantin'opla, y de la conversión de Constantino al cristianismo, y tiene modos de ser, entre otras causas muy eficientes, la de la influencia de Santa Elena madre de Constantino el emperador, por esto es importan- te para el orden cronológico á que sujetamos el estudio de la construcción, no olvidar la fecha del 476. En el siglo Y de nuestra era, el sistema latino no consistió en otra cosa, sino en la modificación primera que tuvo que hacerse — 89 — del sistema de las construcciones romanas para satisfacer las ne- cesidades que nuevamente fueron creadas por la predicación de las verdades del Evangelio y por la influencia que ellas tuvieron en el modo de ser de las creencias del individuo y de la sociedad. Entonces fue cuando hubo necesidad de prestar culto de un modo distinto del que hasta aquella época se nabia hecho: entonces en odio á las construcciones de los templos en donde tantas abomi- naciones habian tenido lugar, especialmente en el período último decadente de la Roma pagana, en odio á aquellos templos, el primi- tivo cristiano prefirió llevar á cabo sus prácticas religiosas en los sitios que hubiesen servido para usos que si bien profanos, esta- ban en cierto modo en armonía con la nueva religión. Las anti- guas basílicas habian sido edificios judiciarios de la antigua Ro- ma, cumpliendo con aquella condición estas construcciones mas que no aquellas en donde se habian llevado á cabo los absurdos de las ceremonias del pagat?i?mo, especialmente en los últimos tiempos del mismo en que todas las pasiones, con coro virtudes, fueron las que determinaron el modo de ser de la sociedad deca- dente del antiguo imperio romano. El empleo de materiales de distinta naturaleza, de distintos tonos y de diferentes contesturas, hizo que tomaran estas construcciones un carácter y un sistema de rasgos que acabó de determinar la diferencia entre ellas y las romanas propiamente dichas; estas determinaron el sistema de construcciones con el nombre de latino, porque real y verdadera- mente dentro del territorio del imperio latino tuvieron lugar; si bien que fué bajo otro distinto sistema que el dominante en las originarias. Considerado el resultado de la impresión que hiciera en el ar- tista latino el sistema de las construcciones del Oriente, y muy particularmente aquellas que habian llevado á cabo al trasladar la silla á Rizancio, y observado el modo como en los colores se obtenia gran parte del efecto artístico en las construcciones, la arquitectura polícroma vino á reaparecer y sustituir á la mono- croma, y de este modo es como mas tarde desarrollándose en la construcción el principio de estabilidad simultánea, cuando se iba solidando la sociedad cristiana, tuvo lugar la arquitectura bi- zantina, con el desarrollo de la arquitectura latina dentro de Ri- zancio con los elementos del romano y combinación de este con los de la construcción oriental, determinando la manera de ser de 12 — 90 — Bizancio bajo el punto de vista arquitectónico, y mas tarde la re- lación de los pueblos entre sí, tal vez las mismas guerras, deter- minaron la difusión del sistema de la construcción bizantina en muchos territorios á distancias considerables, teniendo en unos puntos el carácter agreste que presenta en Cataluña y en otros el carácter agradable, risueño y hasta cierto punto juguetón, que presentan las construcciones bizantinas en todo el estremo Oriente. Una combinación del sistema de las construcciones ára- bes con el de las romanas y con las influencias en ambos siste- mas , combinadas con el modo de ser de las construcciones latinas, determinaron modos de ser, dando lugar en unas par- tes como en España, y particularmente en Cataluña , al romano bizantino , severo , mientras que en otras como en el Mediodia de España el romano bizantino casi no existe, y sí el bizantino oriental. El bizantino tuvo lugar desde 332 años después de Jesucristo basta 1400; pero desarrollado convenientemente y dando lugar en el siglo X, y muy particularmente desde el XII mediados del XIII, en.nuestro país á las construcciones que vulgarmente se lla- man góticas, y que nosotros no deberemos llamar sino del período florido de la Edad media ó simplemente cristianas. Por el cris- tianismo y para el cristianismo, se levantaron, por el vuelo que tomaron las ideas bajo el punto de vista de los procederes de la construcción, y la lección que se dio á las sagradas letras y en el poderío que adquirió la clase sacerdotal, en el amparo que pres- tó dentro de aquel período al pobre pueblo oprimido por el siste- ma feudal, amparo que dulcificó sus penas corporales, que sirvió para determinar un consuelo, vino á dar en último resultado un período notable, y esta clase para hacerlo disponía de elementos á propósito para elevar de una manera suntuosa lo que puede lla- marse construcciones pertenecientes al período florido de la ar- quitectura de la Edad media. Dentro de este mismo período, ya lo dijimos en otra ocasión, y lo determinaremos hoy con referencia á planos que mas tarde he- mos de ver, existe dentro de este gran período, el paréntesis ára- be que empieza en 622 y concluye de hecho en el 1031,es decir,en el siglo VII, principio del VIII,hasta el siglo X, principios del XI y en nuestras provincias del Mediodía, hasta fines del siglo XV el sistema de las construcciones árabes, respondiendo á necesidades _ 91 _ propias de un pueblo frugal, y al mismo tiempo muy material, desde luego determinó el modo de ser de la casa y de las cons- trucciones todas de la casa, por lo que respecta al modo de ser que tuvo la que en cierto modo puede llamarse familia árabe do la construcción pública, considerando los procederes de aquella sociedad. La construcción árabe hubo de responder, no solo á las ideas materialistas que tentó imperaron y siguen imperando en las creencias árabes, si que también á la reminiscencia que el árabe hubo de hacer de los territorios de donde era originario: nuestra imaginación se alimenta no solo de las ideas por el nutrimiento que recibe la inteligencia, sino también por el mismo nutrimien- to que la inteligencia recibe directamente de la observación de la naturaleza que nos rodea; si es triste, si es monótona, nosotros recibimos estas impresiones y tienen, consecuencia en nuestras obras, si es risueña, agradable, hasta el estremo de ser jugueto- na, juguetonas son y como resultado d« nuestras acciones las obras existentes que tengan lugar por nuestro trabajo. Este hecho que se observa constantemente, está comprobado en el sistema gene- ral de las construcciones árabes, por cuanto el empleo de los en- trelazados tomados de copias del reino vegetal, los principios re- ligiosos que les prohiben la repetición de las formas animales en sus construcciones, son los dos estrenaos sobre los que puede si- tuarse el eje al rededor del cual está el estudio de todas las cons- trucciones árabes, considerando en ellas su espresion ornamen- tada. Debemos en el orden cronológico de los tiempos volver á con- siderar á Roma; pero no la pagana y sí la cristiana, la Roma del siglo X hasta mediados del XII: en ella, el sistema de las cons- trucciones no es ni bizantino ni de la Edad media, ó lo que vul- garmente se llama gótico. Apegada Roma al sistema de las cons-r trucciones paganas aun para el servicio de las mismas creencias cristianas, ni supo eti el siglo X, por mas que quiso progresar en el sistema de las construcciones, hasta mediados del sigloXII, ni ha hecho hasta la fecha sino construcciones que están subordinadas á las formas de la multitud de restos que tiene del paganismo: se puede decir, pues, que en el mismo centro del cristianismo, las construcciones menos cristianas son las que se alzan en la misma Roma. Con la desapariciondel poder feudal; con los procederes deri- vados del mismo en la Edad media, tuvo lugar el renacimiento que, desde mediados del siglo XV hasta mediados del siglo XVli, consistió en el estudio que se hizo de las formas de las construc- ciones griegas y romanas, y en la reaparición que se pretendió para las mismas en los procederes de las construcciones en la so- ciedad moderna: el sistema de las construcciones'llevadas á cabo durante toda la Edad media, sustituido por el de las formas del antiguo griego y romano ó las greco-romanas, determinó coinci- dencia con el cambio de las costumbres y de los usos, pues ya no tuvo razón de ser la existencia del castillo feudal; ya la fortifica- ción señorial no tuvo motivo y sí la de las ciudades; ya tuvo vi- da propia desarrollado el municipio; ya la provincia empezó á determinarse y á tener gobierno particular mas tarde; ya el in- dividuo tuvo razón de ser civilmente y defender su dignidad; desapareció el sello del feudalismo que constituyó el modo de ser de la Edad media; desapareció el estado de servitud porque no pudo haber señor; y entonces en la proclamación de las libertades en la proclamación del país por el país, lo mismo en esto que en las demás naciones, vino á tener cierta libertad de acción el espí- ritu hasta entonces comprimido, libertad de acción que nO se sa- be si en el sistema de las construcciones fue bien ó mal empleada; el hecho es que en nombre del progreso y por el progreso se vi- nieron á hacer reaparecer las formas mas antiguas de construc- ción, las formas del griego y del romano; formas que tienen en sí un germen de belleza y de razón de ser, respecto á la época y so- ciedades que las crearon y aplicaron, y que es muy dudoso que lo tengan respecto á nuestra época y necesidades. De todos modos, los caracteres que mas importa conocer en toda construcción, son los que respecto al renacimiento deben llamar la ateneion nuestra hoy: en primer lugar, reaparece en detalle en las formas de la construcción del renacimiento, las formas de ornamentación y molduracion del griego y del romano; pero como nuestros edifi- cios en muchos casos no necesitan tener la mole considerable de las construcciones griegas, de aquí que en el renacimiento, el em- pleo de las formas de la arquitectura pagana, viene á dar formas raquíticas, menudas, migradas. Como un ejemplo de construc- ción del renacimiento en la época de transición del sistema de la construcción ojival ó cristiana en la Edad media, podemos citar la puerta déla Iglesia de S. .Miguel que se acaba de derribar, allí se — 03 — ve la combinación del dintel, construcción griega, la ojiva reba- jada construcción de la Edad media decadente y en la ornamen- tación de las pilastras la del renacimiento, tomada única y exclu- sivamente de construcciones paganas de la época, pujante de Ro- ma pagana. Aquí termina el período antiguo, y empieza propiamenteel pe- ríodo moderno para el cual podemos tomar como tipo lo que en las construcciones ha sucedido en Francia, ese país que ha tenido el privilegio de arrastrar por la influencia de la moda lo mis- mo en el modo de presentarse las personas que en el modo de presentar los edificios; ese país que ha tenido el privilegio de ha- cer vestir á casi toda Europa con su traje, ha tenido el tris- te privilegio de comunicar los procederes. Desde Luis XIII hasta Luis XY1 el gillotinado: tenemos primero, sistema do las construcciones que pueden determinar el carácter que en política y gobernación tuvieron Richelieu y sus secuaces, sen- cillo y severo en las formas y falso en el fondo. Luis XIV puede decirse también grande y fastuoso con opulencia en la forma, falta de propiedad y gusto en el fondo: tipo, la construcción j e - suítica; tipo en Barcelona, no otro mas acabado, que la construc- ción de Belen. Construcciones de Luis XY, sistemado coquetería, sistema de formas sin orden ni unidad, como tuvo la sociedad envilecida que rindió tributo de admiración á la dama Pompa- dour. Sistema de Luis XVI decadencia moral y material cero, y á este nivel ha venido la construcción hasta nuestros dias ó época muy próxima á nosotros. En este nivel cero, digámoslo así, po- demos decir que tenemos ventajas, y es que se nota ese negativo en que todo está por crear, encomendando á la inteligencia la in- vestigación de un carácter propio por medio de un trabajo que debe dar buenos resultados, conociendo los pueblos la necesidad de huir de plagios, especialmente de procederes malos, y cuenta que huir del plagio en arquitectura, es determinar carácter pro- pio en las construcciones de cada país. No tendríamos nosotros los españoles que citar construcciones como la de Belen en Barcelona, del Hospicio en Madrid y tantas otras conocidas en nuestro país con los nombres de borromines- cas y churriguerescas, si no fuese en el consuetudinario, infle- cionar su inteligencia en los desvarios de allende los Pirineos. Conozcamos el mal, abominemos de él y neguémosle carta de 9í — naturaleza para lo sucesivo. Operemos con nuestros propios ele- mentos haciendo trabajar á nuestra inteligencia; y evitemos ali- mentar nuestra pereza, que con ella nada bueno puede recibir el país. Asi pues, habiendo venido á parar hasta la construcción en nuestros dias, y reservándonos detallar á la construcción que de la época antigua nos ha influido en el modo de ser de las cons- trucciones modernas, es decir, conocido el fondo de los órdenes griegos y romanos, inmediatamente después habremos de empe- zar á preparar el terreno para hacer aplicación de las consecuen- cias que pueden deducirse de los que hemos espuesta y espon- dremos, aplicable á los procederes que han de determinar el camino que hayamos de seguir para dar forma apropiada á nues- tros proyectos, si ellos han de poder ser considerados como fruto de concienzudo estudio artístico. j\n.j\/\j\ru\/\J\rvnj\j\/\/\r^