LECCIÓN VII, Sumario. ORDENES.—DEFINICIÓN.—GENERALIDADES.—ORDEN DÓRICO. Siempre que en las construcciones, cualquiera que sea el tipo ;í que pertenezcan determinando su carácter nacional, se observa la repetición, no de un modo material, pero sí de una manera ar- tística, de un proceder que da lugar á ver con claridad cual es el sistema constantemente observado en la posición que relativa- mente tienen las partes que constituyen las mismas construccio- nes, se dice que el conjunto de estas está arreglado á un orden. El sistema ordenado por escelencia en cuanto á las construcciones, no se advierte de un modo muy palpable en algunas de las que han tenido lugar en cualquiera de los tres períodos que hemos considerado, sino en el griego y en el romano: así es que consue- tudinariamente ya se emplea la frase órdenes de arquitectura, con referencia á las construcciones de estos dos sistemas. Sabemos por lo que ya hemos dicho, que en Grecia y en Roma se satisfacieran en las construcciones las necesidades propias del estado de aquellos pueblos, considerados bajo el punto de vista, de su civilización, y por consiguiente tomando en cuenta las necesi- — 96 — dades del orden moral, por lo que respetaba á las creencias y á las necesidades del ente físico, por lo que respetaba al engrande- cimiento de aquellas sociedades en las que tanto se interesaban para el efecto los individuos de las mismas. En todas sus cons- trucciones se observa la disposición ordenada de las partes que las constituían; pero no con sujeción á un patrón, no determi- nando siempre una misma masa, consideradas en ellas sus for- mas, sus dimensiones y las materias que las constituyeron, y sí, obrando siempre con referencia á la naturaleza de los materiales que podian allegar ó que debían emplear en determinados casos, á la posición de los*edificios, al ulterior uso que de los mismos se habia de hacer, y á la importancia mas ó menos trascendental que se les habia de asignar desde su erección; por esto el proce- der moderno que en algunos países y en determinadas épocas has- ta mediados del siglo actual ha regido, determinando bcomo pié forzado para cualquier construcción en proyecto la repetición de tal ó cual orden de arquitectura del período clásico de la Grecia, ó del turbulento de Roma, no es el proceder que nosotros podemos recomendar. Nosotros es cierto que con afán debemos detenernos en el estudio de los órdenes de arquitectura; pero con el objeto no de recomendarlos para una aplicación absoluta y sí para una aplicación relativa, en consecuencia de la que vengamos á adqui- rir la idea del modo como germinaron en la mente de los artistas de cada uno de estos períodos, el griego y el romano, como ger- minaron las ideas que, ordenadas y conduciendo al terreno de la práctica, les llevaron á obtener la resolución de sus problemas del modo acertado que para ellos y para la sociedad en que vivían, por sus costumbres, por sus necesidades habían llegado; pero co- mo nosotros no debemos desatender que nuestras necesidades, cos- tumbres y creencias están muy distantes de ser las que tuvo la sociedad en aquel período de su historia, período que respecto á Grecia puede referirse especialmente al siglo de Perícies y respec- to á Roma al siglo de Augusto. Nosotros que estamos en tan dis- tintas condiciones bajo todos puntos de vista, considerada nuestra c ivilizacion respecto á la de aquellas antiguas sociedades, es claro que si decimos que aquellas con las construcciones en las que emplearon estos órdenes, resolvieron el problema por completo, dicho está, por consecuencia, que nosotros huyendo del feo vicio del plagio de aquellas mismas formas, en nuestras construcciones — 97 — no debemos incurrir en el contrasentido de no estar conformes con nuestros procederes con los principios de libertad de acción para el arte que puede verse hemos proclamado implícitamente desde el momento que tenemos hechas las consideraciones que incluyen cada una de las lecciones anteriores, pues que obrando de otro modo, habríamos desatendido las condiciones con que podemos contar hoy para llevar á cabo en los procederes de la construc- ción los diversos detalles de la misma, pues siendo así que con- tamos con elementos tan distintos de los que alimentaron á la in- teligencia de los antiguos, y teniendo en cuenta que para las ne- cesidades á que está llamado el edificio, hemos de disponerlos de un modo relacionado con ellos, y por consiguiente distinto de la disposición que tuvo el edificio en el período antiguo enunciado, resulta que influyen directa y continuamente en las construccio- nes, pues los procederes que pueden emplearse para las mismas, son muy distintos hoy de los que en aquella época debieran em- plearse, ya por los adelantos que hemos tenido y podemos apro- vechar en ciencias y en artes, ya por los distintos modos de con- siderar á la misma materia para la construcción, especialmente en determinadas comarcas en las que, dadas sus producciones y las necesidades del edificio ó edificios hacederos,dada una combinación acertada, respondiendo á las condiciones que generalmente impe- ran en la construcción en el caso de la máxima economía posible para la misma, determinan un rasgo característico de las de nues- tra época á diferencia del carácter de espansion que bajo el punto de vista material puede verse en las construcciones del período antiguo. Hechas estas salvedades con el objeto de que,"al determinarlas condiciones de forma y posición, de todas y cada una de las par- tes de los órdenes, no creamos vernos ya en el caso de tener la pauta segura para poder dar carácter á nuestras construcciones, entremos de lleno en el estudio analítico de estos mismos ór- denes. Pueden considerarse ellos con referencia á la época griega y con referencia á la romana; realmente para adquirir una idea cla- ra y terminante del orden arquitectónico, basta referirse á la época griega. Ya hemos dicho en otra ocasión que las construcciones romanas en que se emplearon los órdenes, fueron una consecuencia de la impresión que en el romano invasor de la Grecia hicieron 13 — 98 — tes artes tedas de la misma, y muy especialmente la de la cons- trucción. Tres sistemas distintos se observan empleados en las ^instrucciones de la Grecia bajo el punto de vista de la ordena- ción de sus partes, y esos tres sistemas que determinan la posi- ción, dimensiones y formas de las partes sustentantes y de las partes sostenidas de los edificios, son conocidas con el nombre de orden dórico, jónico y corintio. - En el dórico se ve una construcción que responde al carácter austero de la comarca ó comarcas en donde se alzaron las cons- trucciones que determinaron completamente su fisonomía; en las construcciones que se empleó: en el ordenamiento jónicoi se observa la elegancia sin fastuosidad unida á una graciosa severidad: en el órí«n corintio se observa una riqueza que, sin escrupulosidades y rasgos repugnantes y sin anular la gravedad propia de todo lo que tenia sèlidez, lleva en sí un sello especial, presenta desde la pri- m e a impresión que produce una agradabilidad propia de todo lo que presenta estabilidad con formas en cierto modo copiadas de la naturaleza en sus producciones. Han sido varios los autores que, hablando de los órdenes, han fijado las dimensiones relacionadas de las partes que los consti- tuían; hasta en algunas épocas se ha deducido, pero de un modo infundado, que en las construcciones griegas en que se emplea- rdfiílos Órdenes, las proporciones de las partes integrantes de las mismas fueron fijas, determinadas, y de aquí el error de haber constituido en cierta época que ha durado en nuestro país hasta el primer tercio de este siglo inclusive, de haber considerado el ar- te así, reducido á un recetario que ni aun tenia la forma mate- mática, noble, artística y científica, de sujetará fórmulas dadas, á nn recetario empírico reducido á números, y dando lugar á las car- tillas de los órdenes, y cuyo uso fué el de emplear estas proporcio- nes supuestas, y por consiguiente falsas, en todas las construccio- nes que se llevaron á cabo, cualquiera que fueran las necesidades que eran llamadas á llenar, cualquiera que fuese el conjunto de materiales de que podían hechar mano para llevarlas á caLo. nos- otros no podemos en manera alguna admitir esto, tanto porque repugna á la sana razón, como porque en las misaias construc- ciones de la época antigua griega de que se ha deducido.la exis- tencia de los órdenes, podemos ver por poco que reflexionemos y paremos la atención sobre varios de ellos, que en aquel mismo pe- — i % % • « ríodo no fueron unofc mismos los números que determinara»}^ relaciones entre las partes sustentantes y las sostenidas, entre las secciones transversates ¡de> las ;primeí¡a8 en- posición vertical com- paradas (»n su altura,'de modo qüfe.¡UiV(fi$tudio atento d e l t a s mismas construcciones de las cuales se ha querido deducir un recetario lijo, nos enseña que aun en aquella época de sujeción para las paHes bajp'el fnmtol de ^ista del empleo de los órdenes rígidamente observadas^ lúvobmas libertad de acción, se refirió más á su dignidad propia el entendimiento de los artistas qnelas llevaron á cabo, que la inteligencia de los artistas que han veni- do¡2000 años después á tomarlas como tipo en números invaria- bles. ¡Pobre arte defrpaíseRieL que de este modo se entendía e | proceder de las construcciones griegas y de esta manera se caye- ra en el feo vicio del plagio, con todo el carácter servil que pu^ diera darse! Por este motivo nos vemos en el caso de estudiar con afán las cònstrúieciDnes; ma\ízmd& hàs. ¡órdenes empleados en-ja^ mismas, y si bien en los procedoresdeiiaConstrucción en Grecia, especialmente en el período de decadencia de la misma, en ías partes sustentantes se emplearon formas que dieron lugar ^ J a ' " - ^ construcción impropia de ornamentación, tan orgullosa como qojh traria á la significación que artísticamente debió comunicar á Jas construcciones, no por ello habremos de inficcionarnos ton|aad$ motivos de la época en que los coneeptos no tenían espresion ar- tística admisible dentro de las sanas doctrinas delarte. Recurri- remos, pues, al período florido de la Grecia. ,s>biq Real y verdaderamente lo mas notable por lo sencillo de la construcción griega, está en el aspecto robusto y severo de la construcción dórica, en lo agraciado, elegante y sólido de la cons- trucción jónica, y en lo esbelto.ó imitativo de la naturaleza deila construcción corintia. oh.d y ORDEN DÓRICO.—El carácter, particular de este orden depende de la proporción y armonía de las diferentes partes que lo forman; pero particularmente estriba en la acertadísima unión del arqui- trave del cornisamento con el fuste de la columna. En el orden dórico esta unión es la espresion mas pura y mas sencilla del pa- pel que desempeña la parte sustentante en trabazón no interrum- pida con la parte sostenida, mientras que en el orden jónico hay adornos que determinan una ornamentación indiferente, bajo el punto de vista que nosotros ya la tenemos definida en las con*- — too — tracciones, y decimos indiferente, porque, de no existir, siempre quedaria en lineamiento del arquitrave, determinando el modo, la forma y el por qué del mismo en la construcción. En el orden dórico hay distintas épocas que considerar dentro del mismo período de la Grecia. Consiste principalmente en el orden dórico empleado en las construcciones primitivas del Pelo- poneso; en estas construcciones la columna es poco esbelta. En el orden dórico de Atenas en el siglo de Pericles tenemos que hay mas libertad de acción, conocidos seguramente con mas detalle los materiales que se empleaban, tal vez ensayada y conocida su re- sistencia se determinó de una manera mas admisible, de un mo- do que causa aun á la simple vista mucho mejor efecto que las de que hemos hablado, la relación entre la sección transversal del sustentante vertical y la altura del mismo: así es que las for- mas de las construcciones del siglo de Pericles fueron esbeltas y por consiguiente graciosas. Realmente en este período de la Gre- cia, que coincide con lo florido de su civilización bajo todos los puntos de vista considerada, puede decirse que llegó también á su apogeo, la forma distintiva, el carácter especial de las construc- ciones dóricas. Una tercera época hay que considerar para el orden dórico en la que ya las construcciones se presentan mezquinas; ya el aspec- to es debilitado; construcciones decadentes, en fin, y pertenecen al período macedónico, es decir, á quel en que la Grecia ya iba rá- pidamente caminando á no tener independencia, á estar subyu- gada y por consiguiente no tener elementos propios de acción ni para la marcha material del pueblo ni para las inteligencias que constituían el germen del carácter del mismo. Respecto al origen del orden dórico, Vitruvio determina á su modo de ver, y bajo el punto de vista que consideró el arte, que es debido á Dories hijo de Ibellenes, rey de Acaya y del Pelopo- neso que, habiéndose de construir un templo á Júpiter y no sa- biendo que proporción darle, paró la atención en la relación que hay entre el pié del hombre y la altura del mismo, y de aquí pa- rece que dedujo la relación entre la base sección transversal del sustentante vertical llamado columna y la altura de la misma. Nosotros hemos de atender á dos consideraciones : primera, que generalmente los autores latinos de la época en que escribió Vi- ruvio no dejaban de espresar sus ideas hasta cierto punto de un — 101 — modo exagerado, de manera que la lectura de sus escritos de en- tonces hecha por nosotros ahora, no se presta fácilmente á una acertada interpretación de la idea vertida por aquellos autores, segundo, que aun en el supuesto de que la interpretación del testo vitruviano sea exacta y lo especifique todo en el sentido en que suenan las frases, nosotFos no podemos negar, pero nos abs- tenemos de admitir en toda la estension, semejante origen. Nada mas justo, nada mas posible, y hasta mas probable, que el hombre observándose á sí mismo, considerando en sus formas el prototi- po de la belleza mecánica y estéticamente considerada, puede ha- ber querido que en las construcciones elevadas por élá cabo, que son otras tantas producciones de la inteligencia, se transparente en cierta manera el modo de ser respecto á relación de propor- ción; y hasta podemos admitir que sin darse á sí mismo cuenta de este proceder, por la impresión que continuamente recibe, á consecuencia de la observación ó de la impresión producida por la armonía de las formas humanas, haya venido á producir ger- minalmente por mecánica natural los primeros rasgos de aquella relación de forma y de dimensiones; pero de esto á consignar que fué el único tipo, el tipo buscado, la relación entre el pié ó plan- ta del cuerpo del hombre y la altura del mismo, hay notable dis- tancia: nosotros sabemos que el artista ha imitado, unas veces directa, otras indirectamente, unas veces mediata, otras inmedia- tamente á la naturaleza; pero también sabemos que lo efectua en consecuencia del hecho en unas ocasiones, buscando el modo de la imitación y el objeto que se ha de imitar; y en otras, no dán- dose cuenta sino hasta cierto punto de sus operaciones, y obrando por consecuencia del impulso que se da á sí misma su inteligen- cia por el conjunto de impresiones que recibe, por la mayor ó menor atenta observación que continuamente todos hacemos de la naturaleza porque estamos llamados á trabajar, siquiera sea en algunas ocasiones sin darnos cuenta del curso poco latente de este mismo trabajo. Bajo el punto de vista de esta limitación po- demos admitir únicamente las teorías vitruvianas sobre el parti- cular. Algunos anticuarios creen ver en el origen del orden dórico á las columnas estriadas, llamadas por Champollion el joven, proto- dórica, perteneciente á las construcciones egipciacas. Los anticuarios modernos están acordes en decir que los pri- — 102 — meros edificios ^griegos eran de madera, y efectivamente así se desprende de 'los escritos de Homero y otros de los primitivos tiempos, dando origen de un modo cierto y exacto á la arquitectura dórica en los tiempos primitivos. Vitruvio dice que las colonias conducidas al Asia por el hijo de Codrus elevaron un santuario en honor de Júpiter Pannonius, y su constructor, no sabiendo en esta circunstancia qué proporción dar á las columnas, empleó las especiales de los naturales de aquel pais. En esto Vitruvio es- tá conforme con sus principios, pero sobre ellos ya dejamos es- puesto cuanto teníamos que decir. Los edificios dóricos del siglo de Perícies, que son realmente aquellos que debemos estudiar para tener una idea exacta de la fisonomía apropiada de este orden, son los templos de Segeslo en Sicilia: en estos, las columnas tienen de altura 4 diámetros y % tercios; en el templo de la Concordia en Agrigento, las colum- nas tienen 4 diámetros y 3 cuartos de altura respecto del imar- caspo ó base inferior de este sustentáculo; el templo de Miner- va en Atenas llamado el Parthenon, construido por Calícrates en él tienen las columnas de altura S diámetros y 6 décimos: el templo de Thesco en Atenas en que tiene 5 y 7 décimas: el Agora ó mercado público de la ciudad, en que tiene 6 diámetros y 8 décimos: el pórtico principal de los propilios en que tiene 6 diámetros y 8 décimos: el pórtico de Filipo en Délos que tie- ne 6 diámetros y 7 décimos, edificios cuyas ruinas podemos observar y estudiar en la época actual, datando en construc- ción del siglo dePericles. ¿Qué consecuencias podemos deducir de estos números? Lo que hemos manifestado antes: que en el período de la buena construc- ción griega, en que presidió la inteligencia artística y científica, no hubo proporciones fijas y tanto lo podemos afirmar así, cuanto que por estos números vemos que desde la relación de 1 á 4 has- ta la relación de 1 á 7, se emplearon las intermedias: lo que se ob- serva, es que en general las columnas empleadas en los templos, fueron mucho menos esbeltas que las empleadas en construcciones profanas; por consiguiente podemos deducir que se sacrificó hasta eierto punto en las construcciones de los templos el proceder bajo el punto de vista científico por medio de la forma, el aspecto ar- tístico que creyeron aquellos artistas convenia á la construcción religiosa, á la de los templos en su tiempo, y que á la inversa — 103 — las construcciones profanas especialmente en las destinadas para la plaza pública en donde el ateniense y en general el hijo de la (irecia, cualquiera que fuera el punto de la misma, ya en aquel paraje en que la gobernación era republicana, ya en aquel otro en que la gobernación era hasta cierto punto teocrática, que el ateniense tuviera en las formas de las construcciones.que le co- bijaban al emplear los derechos y usar de las libertades públicas, tuviera por este mismo aspecto la idea, la espansion que, si bien dentro de los límites de la justicia, le era permitida para la es- presion de sus ideas y para la práctica desús necesidades. Analizando ahora detalladamente el orden, dórico, tenemos que, como todos los órdenes, constituido de partes sustentantes verti- cales y partes sostenidas horizontales, en él deben considerarse primero las formas simples, después las compuestas, y en unas y en otras las diversas posiciones que pueden tener. La forma simple la podemos ver elementulmente considerada en la recta y en la curva; y la posición horizontal, vertical é inclinada en este determinando un modo de ser por el efecto óptico, modo de ser como consecuencia, otras veces, de las condiciones mecánicas de la construcción. La línea recta engendrando la superficie plana, la curva engendrándola superficie del mismo género, de revolu- ción en algunas ocasiones, cilindrica en otras, de doble curvatura en otras, de forma irregular necesariamente empleadas en algu- nas. La posición vertical de las formas así engendrada, la posición horizontal de ella, la intermedia determinando también modos de ser por el aspecto de las construcciones como elemento estético en las mismas empleada, modo de ser para ellas como consecuencia del empleo de las condiciones mecánicas ó de solidez, que fué con- dición de exigencia. El sustentante vertical de los órdenes fué constituido por la basa, basa ó pié de la columna^ fuste de la misma y capitel; par- tes sostenidasque siempre ocuparon la posición horizontal escep- to en una pequeña porción de estas mismas que ocuparon la po- sición oblicua total de la misma: cornisamento, subdivisión de este, arquitrace, friso y comisa, sobre ella y acusando ó siendo conse- cuencia de la existencia de las cubiertas en los edificios, una parte inclinada de la misma, determinando lo que nías tarde se concluyó cerrando el espacio en el centro de los edificios con la forma triangular llamada frontón. En el orden dórico el pié ó la — 10Í — basa no existia en las construcciones de la Grecia y no existía porque no fué necesaria, por la notable solidez dada al susten- tante vertical, columna, por la diferencia entre las basas superior é inferior, llamada la superior sumoscapos y la inferior imóscapos, diferencia que llegó á ser de un décimo, y así determinó la no necesidad de la basa ó pié de la columna y fuste de la misma, Respecto á su altura comparado con su basa, tenemos espuesto lo que se observa analizando las construcciones mas notables del pe- ríodo florido griego; su forma en detalle, siendo su basa superior é inferior de diferente diámetro y de sección circular transversal, determinó naturalmente la de un cono truncado, pero cuya incli- nación por la parte anterior se observa que fué mayor que por la posterior, siendo así en consonancia con las condiciones de la construcción ataluzada, cuando la mecánica aplicada es su funda- mento. La superficie de este cono truncado no fué lisa, estaba la- brada en forma acanalada, determinando así las estrias cuya generatriz en la mayor parte de los casos, fué un arco de circun- ferencia de círculo, escepto en el Parthenon, compuesto por una superficie plana terminada á derecha é izquierda por superficies cilindricas cuya generatriz fué un cuadrante de circunferencia; estas estrias estuvieron en posición veatical. Sobre la columna viene como segunda parte, como último miembro de la sustentante, el capitel. Este, en el orden dórico puede decirse con toda seguridad, que es laespresion mas pura, completa y sencilla, mas adaptable del papel que representó, ya se le considere como elemento de construcción mecánica, ya se le estudie bajo el punto de vista de construcción artística; él es- tá compuesto en el proceder dórico y griego, de acanaladuras que interumpen el fuste de la columna por la parte superior del mismo, predisponiéndose así el fuste á ser transformado natural, paulatina y graciosamente en el elegante eguino, que es el cuer- po de revolución cuya generatriz en unas ocasiones fué una elipse, en otras una superficie plana acorde con un trozo elipsoidal, siendo en uno y otro caso el diámetro de la elipse mayor ó m e - nor, y siendo el arco generador mas ó menos aproximado á la posición recta, determinando así una superficie recipiente en su parte superior del paralelípido, que de considerable altura res- pecto á la total del capitel determinó el abaco del mismo; así es como el capitel dórico se presenta con la forma mas apropósito para — 10o — recibir bien y sólidamente la construcción considerada en las cargas superiores á las partes susténtales de posición vertical, \ así es como determina el afecto apropiado de la construcción de zapatas, recibiendo inmediatamente las carreras en los entrama-* dos, carreras que en la construcción dórico-griega están repre- sentadas por el arquitrave, que es el primer miembro del corni- samento, que cargando inmediatamente sobre el capitel, determina la ligazón corrida por el establecimiento de una superficie hori- zontal receptora de la carga que viene á dar á la construcción el friso que inmediatamente está puesto sobre el dicho arquitrave, y la cornisa que es el último miembro del cornisamento y del orden; friso que en el orden dórico se distingue esencialmente por las acanaladuras que centradas con los ejes de las columnas deter- minan los tríglifos, siendo los espacios intermedios del friso, por cada dos triglifos lo que se determina con el nombre de melopas, las que recibieron en algunos casos ornamentación escultórica, en otras pintada, y en otros las dos á la vez. Los triglifos no siguieron constantemente un orden lijo de colocación en cuanto á los ejes de las columnas, pues en los ángulos de los edificios, separándose de estas condiciones y como regla general, vinieron á acusar la postificacion necesaria á los ángulos en el friso sa- liéndose de los ejes de las columnas angulares, los que también fueron de mayor diámetro que las demás del mismo. Los trigli- fos y metopas estuvieron coronados por una pequeña faja, líajo los triglifos, é inferior al listel, con que por la parte superior estuvo coronado el arquitrave, se labró una ornamentación sig- nificativa de reminiscencia de las construcciones de madera, en forma de pequeños conos truncados llamados gotas. La cornisa se compuso de un cimacio, de la corona con los modillones por los centros de los triglifos y metopas, un segundo cimacio y la esco- cia con cabezas de león en las alineaciones de los ejes de las columnas. Lo dicho es lo que mas caracteriza el orden dórico- griego. Respecto al orden dórico-romano, tiene basa su columna, y deja de tener fortificados los ángulos del cornisamento, pues que la rigidez de composición, la rigidez, digámoslo así, ingenieril de las construcciones del imperio romano condujo á esta y otras impropiedades, distinguiéndose así los frisos de los cornisamen- tos greco-romanos poniendo los triglifos en la prolongación del u — ÍOtí — ^VVV\/VVV\/\/\J"i/vv\/