su PASADO/SU PRESENTE Y su PORVENIR, HISTORIA COMPUESTA KN VISTA DE LOS DOCUMENTOS EXISTENTES EN EL- ARCHIVO DEL MONASTERIO, POR EL AlíAD EL M. ILTRE. SR. 0. MIGUEL MONTADAS. MANRESA: Lnpronta de Roca, callo de S. Miguel núiu. i~). Í87L È's propiedad del Mnnaxiei'io. À LA SANTÍSIMA VIRGEN DE MONTSERRAT. SEÑORA; I )s dovaelvé agradecido lo que gratuita¬ mente le habéis dado VUESTRO ESCLAVO , I). Miguel Muníados, A luid. \ M, I. S, Yuto. Genl, üíi Vïcu, île leido cl libro ^Montserrat, sn pasado, su préseme, '(SU porvenir,» El título engaña. Hablan los labios mas autorizados, no noticias muy interesantes á la par que ignoradas, la tra-- dicion en su fuente pura, la crítica, datos auténticos, apre^ riaciones exactas, parece que nada dejaban por desear. Ao obstante otra cosa hay; otra cosa se siente: un pcr-^ fume de devoción, que exhalan todas sus páginas, la con-- fianza en María, que se presenta siempre cual madre cari- ñosa, son para cautivar al corazón mas distraído. Creo haber desempeñado la comisión de V, M ■ I. S de la cual tengo d honor el protestarme. II, S. y Capellán Q, B. S, M, Manresa ¡O de Octubre de -íSOtí. FR, FRftUClSCO ENRICH, 0. P. ViCH 17 DE OcïDBDE DE 18(16, Vi,sli) el ínlornio queantecede, concedemos nuestro pcrmiBO para la impresión del libro titulado; Montserrat, su pasado, su presente y su porvenir. è>cmuat II, -P ic. ✓ —"'¡a»-*-- • '¿t4' ' LO QÜE FUÉ KiONTSERRAT. parts; prxMSRa. Capítuio I. La Montaña. Su síhiaaon topográfica, su. clima, y los varios nombres que le han dado los que sucesivamente la han dominad^). En España , en e! centro de la industriosa y morige¬ rada Cataluña, en la Provincia de Barcelona, á los 41.°, 3618" latitud N., su pico mas elevado, v á 5 09'ñ3' . — 10 — ó O horas, 20'12" longitud E del meridiano de Madrid, y á 3,993 pies sobro el nivel de las aguas medias del famo¬ so Llobregat {Ruhricalus de los antiguos), ó i/tíS pies sobre el nivel del mar, en el clima G.", sobre los linderos de los antiguos Condados de Barcelona y Manresa, á 3 leguas {el Santuario es el punto de partida de estas medi¬ das) de esta bácia el Sur, y á 7 de aquella bácia N. 0., y teniendo á Oriente y Sur el Mediterráneo, á 13 Kilóm. 718 m. el ferro-carril de Zaragoza á Barcelona, á 19 Kilóm. el del Centro ó de Barcelona á Tarragona, al es¬ tremo de los Obispados de Barcelona y do Vicb sin estar en ninguno de ellos, y aislada de las deiiMs de su clase, so levanta arrogante y esbelta cual una Reina en su tro¬ no, una Montañ.v calcada sobre un pedestal imperecede¬ ro, de i leguas de circunferencia. (1) Segura de que ninguna revolución ba de destronarla, y con la conciencia de ser inalienables los títulos por los (¡ue posee sus inmensas riquezas, espera tranquila, y re¬ cibe afectuosa los bomenages de los sabios, de los curio¬ sos y de los creyentes que la visitan, y con una galante¬ ría sin igual á todos franquea los infinitos senos en que custodia cuanto tiene de mas valía, de mas bermoso y mas raro, prcstóndose amable al mas minucioso análisis del cosmógono, del poeta, del. asceta y del bardo, segu¬ ra de que nadie agotará sus caudales, ni la reducirá á la indigencia, ni la-dejará en descubierto. Y esto en todas épocas, desde su aparición sobro el glo- iD Líégasc al Sanlu.irio por tres caminos díferonies: por la carretera do Monistrol (magnífica bajo todos conceptos y quo viene desde la estación dei mismo noniiire; «por el sendero de Collbató, que tiene, contando desde la « carreterageneral de Barcelona á Madrid, 7 K. 977 m.; y por la carretera I llamada de Caja-d/asona, que rodeando la iMontai'ia va al .Monasterio, por «cuya Via, y á contar desde el punto de la carretera general en que concluyo «elítaiñino do Collbató, hoy la distancia de 19 K.bOOm.» ür, Aniús, historia tlr ¿a Pudads Montserrat, l'dj. 7¿. — íí — ho; pero especialmente desdo su metarnórfosis hasta nuestros días, y así esperamos que continuará liasta que los dias so acaben. Codiciada de cuantos la han conocido, se han tenido por liichosos todos los que enla sucesión do los siglos- han dominado á Cataluña por la sola razón de contar en¬ tre sus conquistas la Montaña por antonomasia, y todos se han apresurado á designarla con un nombre especial que en su dialecto respectivo indicase su principio cons¬ titutivo, según la opinion que de ella se hablan formado. No reputándola un todo homogéneo los que precedie¬ ron á la muerte de Jesús nuestro Redentor, sino una aglo¬ meración, la llamáron en caldeo Monl-cells ó Montones. No hemos podido averiguar que idea se formáron de es¬ ta Montaña los Romanos, y por lo mismo no atinamos con el significado de la palabra Camíf con que la distin¬ guieron de las demás. Los contemporáneos á la muerte del Redentor del hom- hre, al ver lá" coincidencia do la trasforrnacion de esta Montaña con los fenómenos que tanto llamáron la aten¬ ción en el calvario, expresáron la idea que de olla conci¬ bieron llamándola yl/o«;-e5/om7, (quasi tortus,) que sig¬ nifica la expresión de un gran dolor. Mas adelante, y despues que una cruel vengunza hubo traido los Moros á España, no contentos estos crueles in¬ vasores con dominar al país, ni con tener en la esclavi¬ tud á nuestros padres, en su-frenético empeño de arre¬ batar de sus corazones la religión que profesaban, é impo¬ nerles un idioma que rechazaban como bárbaro,al cúmulo de peñascos de que se compone esta Montaña le dieron el nombre de Gis-taus, que expresaba la idea de unas rocas siempre en vela, siempre de guardia, siempre vigi¬ lantes. — iá — Cuando en siglo vni nuestros nobles caballo- el mismo ros empezaron la reconquista do nuestro suelo, adelan¬ tando en ella, establecieron en esta Montaña sus castillos, y al izar en uno de estos su bandera el providencia! Car¬ io Magno, le dió el nombre de Montsiat, que en el idio¬ ma que el país usaba entonces expresaba ba misma idea que mas adelante expresó el nombre Montserrat, un .Monte aserrado, por figurar, al mirarse de lejos, que w- rnata como dentellado, cual si íuese aserrado, con cuyo nombre, que ha continuado hasta nuestros dias, es cono¬ cido en todo el mundo. Y esta idea la ha confirmado el Monasterio que desde los primeros dias de su existencia ha tenido por armas una Montaña con una sierra, y esta en actitud de aserrar, en lo mas alto de ella. Fundados en esta etimología, nunca podremos consen¬ tir que se escriba Monserrate, ni Monserrat, .sinó Mont- ■serrat. 'N Capitulo 1!. P'iguro y oHgen de la Montaña de Monímrat. No hay viagère de cuantos visitan al Montserrat que no sienta una admiración profunda al ver su configura¬ ción; y si alguno de ellos geólogo ó mineralogista, se es siente arrebatado á la mediti^icion de su origen y naturaleza Mirada por la parte del antiguo camino real de Barce¬ lona á Madrid, llamado carretera del Bruch,- que con re¬ lación al Monasterio está al poniente, parece un juego de bolos, porque suspicos o pirámides están separadas unas de otras; y apartándose algo mas de la Montaña, especialmente vistvando siempre su brújula con dirección al Norte, per¬ suadido que daria ó con los pozos de Santa Magdalena, ó con los pozuelos de la Roca del Lloro. Efectivamente, venciendo dificultades y salvando dis¬ tancias, pudo llegar muy adentro de la montaña, tan¬ to, que por todas las señales, se persuadió estar muy cerca ó debajo de la ermita de Santa Ana. Gozosos él y sus compañeros de lo mucho que hablan visto y andado, se las prometían mas felices de allí ade¬ lante, cuando be aquí que dieron con un barranco tan enorme y de distancias tan sorprendentes, que por mu¬ cho que discurrieron y conferenciaron entre si, hubieron de convencerse de la imposibilidad de salvarlas. Y lo que mas los arredró fué el gran ruido (jue metían las aguas que tenían su lecho y corriente en aquel ¡)ro- fundo barranco. Se resolvieron entonces á retroceder, guiados siempre do las cuerdas que hablan ido dejando al paso, con áni¬ mo de estudiar y proveerse de oíros utensilios para una nueva expedición, que los impidió la guerra de la inde¬ pendencia , por la cual cesaron los estudios de este hom- — 33 — lire incaiisablí! que llevado por la obediencia á Nápolcs allí murió en 1841 en santa vejez. No faltaron monjes que después de los años de 1824 buscaron, y aun nosotros iñismos después de los de 1844 hemos también buscado el boquerón, que sirvió de en¬ trada al P. Joana para la sobre dicha expedición ; pe¬ ro á pesar de haber llevado del siempre prácticos pais, ebmo él, hemos visto i'rustrados nuestros deseos y tra¬ bajos; y hemos conjeturado que alguna de las peñas des¬ gajadas de la bóveda, ha obstruido el tal boqueron-entra- idit per ipsas pennas usque in fun- "ílum de ipsa vallo quae vocatur Foradada, üe occiduo ascendit per ípsam »Volleni jam dictam usque ad Palomeram. et pervadil ad ipsam Saohil» «'Departe vero Circii resonat ad ipsam Cellam et descendit usque ^con estas puntos ad Une»..., suspensivos quiso dar á entender sm duda el que oopiá del archivo ¡as confrontaciones de que se. ocupa esta nota, que el pergamino era ilegible en esta parity «de Sancia Maria, et sic descendit per ipsum tor- ««rentein de Valle mala usque in Lupricatum.» Consta esta donación por carta hecha 13 de las Calendas de Junio del año 13 del rey Enrique y 1142 de Jesucristo. La Capilla mas adelante fué en parto dada, y en parte vendida al Monaste¬ rio por ocho onzas de oro por Giliberto Vizconde y por Ilermisendis su mujer on 7 de la.s Idus do Enero del año 30 del rey Felipe, y 1090 de Jesucristo. — 43 — fuerzos supremos para impedir su ruina: las monjas (¡ue les reemplazaron en su cargo no perdonaron sacrifi¬ cios para conservarlo en pié, hasta que por fin en el si¬ glo XI los monjes, mas afortunados que sus predecesores, pudieron lograr que la piedad de los Vizcondes de Bar¬ celona Udalardo y Riquilda lo reparasen y le diesen una forma arquitectónico-religiosa mas pronunciada, y que el obispo de la misma ciudad Giuslaberto lo consagrase, como delegado, y no como de su propia jurisdicción, bajo la misma advocación de S. Miguel palroh de la montaña de Montserrat. Constituido mas adelante en toda forma el Monasterio de Montserrat, y regularizado en él y popularizado el culto de la Santa Imagen de María, los caminos que conducen al mismo fuéronse perfeccionando con el tiem¬ po , de suerte que por muchos siglos fué el principal el que viene de Collbató; y la coincidencia de pasar junto á la capilla de S. Miguel este camino, y avistarse desde ella el templo de María por primera vez despues de una fatigosa subida , hizo que el Arcángel fuese invocado pol¬ los romeros para poder trepar sin tropiezo por tantos ris¬ cos, y superar la fatiga; que al llegar á ella, dieran al Santo Arcángel rendidas gracias por los auxilios presta¬ dos, y que descansando á su sombra un momento, se preparasen para concluir su romería con mayor devoción. Aquí limpiaban su sudor, aquí se aliñaban para entrar con decoro y presentarse debidamente al pié del Trono de María, y desde aquí, entonando la misteriosa y paté¬ tica Salve, bajaban lo restante quien descalzo, quien de rodillas, quien disciplinándose, quien cargado con cade¬ nas, quien llevando como un trofeo, las de que se babia librado, quien llorando, quien rezando sus plegarias ó Rosario basta bailarse al pié de la Santa imagen y haber¬ la besado aquella mano de la que tantos beneficios babian — U - recibido, Pero de esta Capilla volveremos á hablar mas adelante; y entretanto nos ocuparemos de la CAPILLA de los Santos Acisclo y Victoria. Arrojados los gentiles de la Montaña de Montserrat, y [losesionados de ella pacííicainente los cristianos desde el año de 253 ue Cristo, el sacrificio de adoración y de ora- clon que no podían ofrecer al venladero Dios en las po¬ blaciones dominadas por los gentiles, lo ofrecían al de estas enormes masas de abrigo granito y de árboles secula¬ res, que además de la seguridad personal, les ofrecían la facilidad de levantarse sobre todo lo terreno en una Mon¬ taña en que todo conspira para elevar el espiritual cielo. — 45 — El número do los fieles que, huidos del escandaloso trato de los gentiles, de sus orgias, de sus bacanales y de sus fiestas lúbricas, deseaban tributar un bomenage de sumisión y amor al verdadero Dios, iba en aumento progresivo; y sabiendo que Montserrat ofrecia seguridad V libertad, allá acudia. Agregóse á esta idea la fama del Íieroismo con que en Córdoba hablan dado la vida por Cristo á principios del siglo iv los dos hermanos Acisclo v Victoria, y del modo con que favorecían en sus penas á los cristianos que los invocaban ; y esto motivó el eri¬ girles una capilla al oriente, ya que S. Miguel la tenia al mediodía, y al otro lado del torrente Valí mal (mas adelante de Santa María) á med.iados del siglo, según nos asegura la tradición. Aquí venían los cristianos de la parte del norte y oriente, al igual que á la Capilla de S. Miguel los mora¬ dores de la vecindad meridional y del poniente, por serles mas accesible, y en una y otra con toda tranquilidad y con toda la efusión de su alma ofrecían el sacrificio de alabanzas, de expiación y de petición al Dios tan ofendi¬ do por sus vecinos y conciudadanos, y en una y otra cuando alguno de los pocos sacerdotes de Cristo podia a.sociárseles, les limpiaba sus almas con el Sacramento de la Penitencia, bendecía sus matrimonios, y regenera¬ ba el fruto de su cristiano amor con las aguas del Santo Dautismo. Pero una y otra de estas dos Capillas se resentían del gran mal de la época, y era no tener un custodio fijo, y así hablan de quedar abandonadas cada vez que las ocu¬ paciones domésticas y la necesidad de acudir al socorro de los demás fieles, obligaban á los Sacerdotes á retirar- .se, durando esto basta el siglo vi, en que Dios proveyó de moradores fijos, como vamos á ver sin perjuicio de ocuparnos de la tal Capilla en otra oc&sion (terceraparte). Capítulo YIIL La montaña de Montserrat relativamente á sus moradores permanentes. Los Bonitos en Monistrol en ei siglo VI ; estos cuidan de las Capillas do los Santos Acisclo y Victoria y de S. Miguel. Al que no ha venido haciendo profundos estudios sobre el Montserrat y su historia, podrtin serle indiferentes cier¬ tos hechos, pero para nosotros todos son interesantes ,en gran manera, todos los vemos enlazados entre sí por una providencia admirable, y todos con una divina tendencia al fin y objeto principal, que es la Sagrada Imagen de María, á cuyo culto y veneración desde su principio se ha ido encaminando con la mas suave naturalidad, así lo fí¬ sico como lo moral; así la geología, como la mística. El no haberse fijado persona ni corporación alguna en Montserrat para cuidar de las capillas citadas de S. Mi¬ guel y de los Santos Acisclo y Victoria, en el espacio de tres siglos con respecto á esta, y de cuatro relativamente á aquella, podrá parecer un efecto del estado religioso, y civil ó político de aquella época ; pero nosotros que va¬ mos estudiando con mas cuidado las cosas, y siguiendo hasta los mas insignificantes pasos de la historia, hecha- mos de ver que todo era transitorio en aquellos siglos, porqué la Providencia, que nose equivoca en sus disposi¬ ciones tenia reservado , para el siglo vr al hombre grande bajo todos conceptos, al hombre de su siglo y de los fu- — kl — turos, al hombre en fin que había de tener su duración hasta el fin del mundo, sirviendo siempre en primera línea á la Iglesia de Jesucristo: y esta gran figura era San Bonito, el Legislador del Monte Gasino. A este nuevo Moisés estaba reservado en los decretos eternos todo lo relativo al culto religioso de Montserrat, á este Santo bahía escogido María para confiarle el gran Tesoro de su Imagen, y de su culto; y por esto so apre¬ sura á enviarlo á ella con tres siglos de anticipación al grande acontecimiento que forma época en los anales re¬ ligiosos del país, paraque lentamente y siguiendo el ciu"- so ordinario do la gracia, que es sembrada y nacida á manera del grano de mostaza, y crece basta hacerse un árbol en ([ue habiten las aves del cielo, fuese preparán¬ dose para el gran dia de que hablaremos en el capítulo xvii, párrafo segundo. Y en efecto viviendo aun S. Be¬ nito, España fué otra de las naciones afortunadas, que por medio de los discípulos del ilustre Patriarca recibió las reglas de moralidad, que él escribiera y promulgara, dictadas por el Espíritu Santo. ■Quirico, que así llaman todas las crónicas al que vino á Cataluña, fijó sus miradas en las riberas del famoso Rubricatus, boy Llobregat, y á la raíz de la Montaña que por llamar la atención dedodos, no podia menos de lla¬ mársela al que venia de otra montaña áspera y de difícil acceso, cual es el Monle Casino su cuna monástica ; y allí en la soledad y entre el murmullo de las aguas dei rio que contrastaba admirablemente con el ruido de los árboles de la Montaña azotados por el viento, y con el de las fieras sus únicos señores, ensayó con la vida cenobítica el culto de la Virgen María en una imagen de piedra, y edificó un monasterio pequeño, que por serlo tanto tomó el nombre diminutivo de Monasleríolum que conservó siempre. — 48 — Naturalmente la tal Montaña llamaba la atención de. Quirico y de sus monjes, quienes de vez en cuando trepa- han del mejor modo que podian entre los riscos, pam buscar en ella algun sitio acomodado para mayores aus¬ teridades, siquiera en ciertos dias, á imitación de Bonito, que habia habitado por tres años una cueva en Sublago ; y estas excursiones los llevaron por fin á las capillas do los santos .\cisclo y Victoria y de S. Miguel, desiertas á tiempos, y á tiempos atestadas de fíeles: y enterados por twtos del objeto de tales oratorios, acordaron con satis¬ facción de todos, que una y otra corriesen á cargo de los hijos del Penitente del Sublago y Legislador del Monte t^yasino. V hé aquí á la historia poniendo en manos de los be- ueíiictinos la Montaña en su parte religiosa, y bé aquí á los benedictinos del siglo vi ensayando un culto, que con tanta pompa hablan de continuar siglos y mas siglos has¬ ta el punto de ser la Catedral modelo, y la Catedral de tas Montañas en el xi.x; y quedando en su consecuencia las tales capillas en manos do una. corporación, no se velan los fieles en la dura necesidad de abandonarlas, ó de no hallar en ellas quien les guiara en el culto sino iban endeterminadas épocas, y con determinadas per¬ sonas. Podian, pues, ya subir allá en cualquier época, y aisladamente, y siempre con la certeza de hallar algunos monjes. El culto fué ya desde entonces fijo y perenne en la Montaña de Montserrat. Capitulo 1\. La montaña de Montserrat es poblada de ermitaños. Destruyen los moros sobre el año 20 del siglo vii el Monasteriolum ; los mon¬ jes pasan de la vida cenobítica á la eremítica: se dispersan por varios pun¬ tos de la Montaña, y siguen cuidando de las Capillas de los Santos Acisclo y Victoria y S. Miguel. La Divina Providencia, cuyos designios son realizados las mas de las veces por caminos que léj'os de ser los del hombre, son reputados por este una locura, ó álo menos opuestos al objeto que por ellos se propone alcanzar, iba encaminando los sucesos de la montaña de Montserrat para la gran celebridad á que la destinaba, y para este objeto escogió la destrucción del Monasteriolum, á cuyo fin habla impedido que pasase de monasteriolum á mo¬ nasterio á pesar de su existencia de mas de un siglo y medio, de la amenidad del sitio en que radicaba, y de las buenas circunstancias que lo acompañaban. Atendida la condición humana, aquellas circunstan¬ cias debían de aconsejar el engrandecimiento del Monas¬ teriolum; pero si esto se hubiese llevado á efecto, en medio de las comodidades que ofrecía su situación to¬ pográfica á no tardar se habría mirado con horror la as¬ , pereza de la Montaña, y no se habrían realizado los de¬ signios de Dios al llamar á Quirico desde Casino al Llo¬ bregat. 4 — 50 — Deja, la Divina Providencia que sigan su curso pues, las segundas, y este curso trae á los moros á causas España ; estos caen cual crueles lobos sobre los cristia¬ nos se estienden por las riberas del Llobregat, y los pa- , cíficos moradores del Monasteríolum se ven precisados á . salvar sus vidas y su Instituto con la Santa Imagen de María de piedra entre los peñascos de la Montaña, que solo de vez en cuando, y como por via de excursion ascé¬ tica, uno que otro visitaba, contentándose de ordinario con la posesión de las capillas de S. Miguel y de San Acisclo. Desde los cerros y elevadas rocas miraron con la ma¬ yor resignación, ya bastante entrado el siglo viii, los fugi¬ tivos del Monasteríolum como arrasaban su pobre mora¬ da los bárbaros venidos del Africa, y confiados en que la Virgen Santísima no les abandonaria, se sentaron en el hueco de una de las rocas para deliberar sobre su suerte futura. Oidos los pareceres de aquellos varones que estaban concordes en la caridad, resolvió el abad que desde aquel ■ momento y durante las circunstancias quedaba estable¬ cida en las cuevas y bosques de la Montaña la vida ere¬ mítica tan conforme á una regla que no podian cumplir , cenobíticamente, y que en este método de vida esperasen todos con fé la restauración del Monasteríolum, ó la suerte que la Divina Providencia les tuviese reservada. Acogieron todos con sumisión y respeto el oráculo divino salido de los autorizados labios de su Prelado, y bajo cierta consigna de obediencia y union, se interna¬ ron unos bácia el medio dia y otros al poniente de la i Montaña en busca de un asilo, aun cuando fuese á costa de una lucha entablada con alguna de las fieras que ocu¬ paban las cavernas ó cuevas. No hay memoria de que se dirigiese alguno hácia el norte. Sin duda aquella parte jï^ïï de la Montaña no reuniria las indispensables condiciones para la vida humana, aun la mas austera. Los que tomaron el rumbo del medio dia , edificaron una en honor de S. Pedro (que sin duda era el capilla titular del Monasteríolum destruido), á un tiro de ballesta del sitio conocido hoy por Santa Catalina, y además quedaron encargados de las capillas de S. Áliguel y de San Acisclo, y este encargo los puso en contacto con los fieles que venian á orar, y que de vez en cuando les traian un bocado de pan y sal, con que condimentaban las yerbas silvestres, que eran su alimento ordinario. Los que se retiraron hacia el poniente edificaron en memoria de los de Casino una capilla en honor de San Martin, en el desfiladero que hay entre S. Gerónimo y el Bruch, y no pudiendo recibir alimento alguno de los pueblos, porque ninguno entonces existia por aquellos alrededores, se ponian en contacto de vez en cuando con sus hermanos que vivian por la parte conocida boy por Santa Catalina, y estos con los de San Miguel y de San Acisclo. Así conservaban su dependencia y fraternidad, así se prestaban mutuos auxilios espirituales, y por este medio partian entre sí un mendrugo de pan, cuando la buena suerte lo bahía providencialmente traído por al¬ guno de los fieles. Este género de vida no era el mas á propósito para hacer numerosos prosélitos, pero sí para recabar del tro¬ no de la Divina Gracia las misericordias del Señor sobre un pueblo tan vejado y oprimido por los moros. No hemos encontrado un documento que nos haga constar con certeza en cual de los varios oratorios levan¬ tados en la Montaña, habían colocado la Imágen de pie¬ dra que habían subido , consigo del Monasteríolum estos buenos ermitaños; pero ora sea que la tuviesen en este, ora en aquel, la veneraban dia y noche, invocando á Ma- — 52 — ría á favor de su patria de la fé de Jesucristo, y la inte¬ y resaban para que alcanzase un remedio para tantos males que, según información de los fieles, oprimían al pais. Sabian por ellos que España ya no tenia rey, ni cau¬ dillos que pudiesen levantar pendones y dar el grito de independencia ; sabian que los moros de tal suerte lo do¬ minaban todo, que no solo eran dueños de las fortunas y de la libertad del pueblo, sino también de la vida de todos, y que nadie podia invocar á Jesús y á María sin sentir al momento sobre su cuello los alfanges y cimitar¬ ras de los Sarracenos y... Tantos males les bacian redoblar sus sacrificios expia¬ torios en sus propios cuerpos, y mezclar con lágrimas sus oraciones. Sus ayes no interrumpidos eran transmiti¬ dos de uno á otro de los valles de la Montaña por los ecos en ella tan frecuentes ; y hasta las mismas aveci¬ llas parecía que participaban del llanto de sus protec¬ tores. ¿Y tantos ayunos, tantas abstinencias, tantas mace- raciones, tantas vigilias, tantas privaciones, tantas lᬠgrimas y gemidos dirigidos al cielo por manos de María, á cuyas plantas estos varones santos las depositaban con tanta constancia como fé, ¿no hablan de herir el corazón de aquel buen Dios, que por los pecados de nuestros padres habla entregado al pueblo español en manos de los moros, verdugos los mas crueles, y moverlo á mise¬ ricordia enviando un remedio inesperado? - Capitulo X. La montaña de Montserrat es fiel confidente de los secretos de la Providencia. £1 Obispo y el gobernador de Barcelona, á principios del siglo viii, esconden en el hueco de peña la Imogen llamada la Jerosolimitana, que uno habian- traido à Barcelona los Apóstoles y se veneraba en S. Justo. benigno Dios realmente á los sacrificios de Se inclinó estos buenos ermitaños, igualmente que á los de los fie¬ les que venian á orar en la Montaña, si bien difirió por algun tiempo el remedio que babia resuelto enviarles. Y mientras su providencia preparaba acontecimientos de un carácter trascendental y que babian de llamar la atención universal de un modo estupendo, se realizaba sigilosamente otro que en su dia babia de ser el todo de Montserrat. Los moros hablan triunfado de un modo tan general ^ que ni las mas populosas ciudades babian podido librarse de su yugo opresor, y bajo el imperio del alfange y Alkorán desaparecía todo lo sagrado con todo lo bello y científico,. Barcelona gemia bajo el peso de la cimitarra, Barce¬ lona babia enmudecido en todos sus templos, y cada cristiano discurría el medio de salvar con su vida, con su fé y su moralidad las imágenes de su particular de¬ voción. — 54 — Lo que con estas los particulares, hacían las autori¬ dades con las expuestas á la veneración pública ; y siendo tan marcada la que el pueblo barcelonés tributaba á la Imagen de María conocida por la Jerosolimitana que, se¬ gún la pia tradición, babia traído S. Pedro ó algun otro do los apóstoles por órden y en vida de la misma Madre de Dios, y que S. Severo y Santa Eulalia habían ya venera¬ do con el nombre de la Morena, en la iglesia boy llama¬ da de los santos Justo y Pastor, el Obispo y el Goberna¬ dor trataron de ocultarla de común acuerdo, para librarla de una casi cierta profanación. Por algunos cristianos que habían venido ú Montserrat á orar en S. Miguel y en S. Acisclo, supieron que esta Montaña podría ser á propósito para tan piadoso intento; y á este fin con el mas riguroso incógnito treparon por sus riscos el día 22 de abril del año 717. La Providen¬ cia , que tenia en el Montserrat una cueva preparada á este efecto desde configuración, dispuso que les vi¬ su niese al encuentro uno de aquellos venerables ermitaños; comunícanle su objeto, y él con divina y especial inspi¬ ración los guió á la Cueva, por los senderitos que entro los matorrales y seculares encinas los PP. se habían abierto en sus excursiones ; y allí con .el mayor dolor de¬ positaron la ~ 55 — Santa Imagen que dejaron bajo la égida de S, Miguel Patron de la Montaña. Retiráronse el Obispo y el Gobernador anegados en lágrimas; yel ermitaño, único que entró en el secreto, saludábala todos los dias desde lejos para no exponerse imprudente á descubrir su tesoro. Entretanto que las zarzas y matorrales se apresuraban á cegar el sendero, y á cerrar la boca-entrada de la Cue^· va paraque viviente alguno no diera con ella basta el dia prefijado en los designios de Dios, los males de la patria tomaban un incremento espantoso, y parecía que ni el mas remoto remedio podia para ellos esperarse. Redoblaban los ermitaños sacrificios y sus oracio¬ sus nes, y ya casi exánimes con tantos ayunos y niaceracio- nes, habrían sucumbido á no experlmci;; ;!' un cierto — 56 — socorro que ellos no atinaban de donde procedia, y que era del fuego del divino apior que la Virgen por medio de su oculta Imagen les comunicaba. Capítulo XI. La montaña de Monlserraí cuna de la reslauracimi cris¬ tiana y de la libertad de Cataluña en el siglo VIH Los gemidos y sacrlûcios de los ermitaños han sido aceptados ante el iroBo de la gracia: inspira Dios valor y fé á los nobles catalanes escondidos en loa» Pirineos: venciendo estos dificultades, llegan á la montaña de Montserrat- levantan castillos en ella, y desdo aquí comienzan los iriunfos de la fe y de la libertad sobre la infidelidad y opresión do los moros. Efectivamente la Virgen Maria cuya Imágen estaba ya en la Montaña, y que allá los decretos de la Divi¬ en na Misericordia era la destinada para sentar en dia no muy lejano su trono visible de gracia en la misma, habia aceptado con maternal cariño la comisión que los ermi¬ taños la hablan confiado con tanta fé y humildad; y acer¬ cándose al trono de su Hijo divino, le dirigió una plega¬ ria á favor de España su patrimonio, y de todo el terri¬ torio que domina la montaña de Montserrat, recordándole que la estaba graciosamente concedida para su trono de misericordia. No habia acabado la bella Ester María su plegaria , y ya por órden de Dios partia el Arcángel S. Miguel, pa¬ tron de la montaña de Montserrat y principe de los ce¬ lestiales ejércitos, hácia los Pirineos, Canigó, Confluente, Ribagorza y Capsir, é inspirando un valor divino á los — 57 — nobles catalanes que hablan preferido vivir entre fieras, que renegar de su fé y hacer traición á su patria, les hizo entender que habla llegado la hora de la misericor¬ dia , y que Dios pondria en sus manos el territorio que media entre aquellos montes y el Mediterráneo. Alentados los caballeros con el vivificador soplo del cielo, abren paso al través del muro de eternas nieves se que los rodeaban, y como ligerísimas águilas se lanzan cpn denuedo á los llanos, pelean con valor y fortuna, y bajo las órdenes de diferentes caudillos y capitanes, que ellos mismos se habian elegido por fiiltarles ya los anti¬ guos, llegan á la Montaña que sus antecesores habian llamado Montcells, ó Carraf, ó Mont eslorcil, y que los bárbaros sarracenos llamaban Gius-taus, y como por ins¬ piración convienen en levantar en ella castillos para ha¬ cerse fuertes, y desde ellos formar sus planes estratégi¬ cos contra los enemigos del país. Eran los años de 718 ó de 719 cuando los caballeros trepaban entre las breñas de Montserrat, y tomaban po- posesion de los Gius-Taas ó rocas vigilantes de los sar¬ racenos situadas al norte, y que era su entrada natural, ya que bajaban del Pirineo. Antes de pasar adelante levantaron allí un castillo si¬ tuado en los picos que median entre la Roca foradada y el sitio conocido hoy dia por Casa Masana. Todavía se conservan hoy ruinas y paredes de la Iglesia parroquial bajo la advocación de S. Pablo de la Guardia que en el castillo habian edificado sus fieles victoriosos, y que boy está trasladada en la casa conocida por Casa Elias, á poniente de la Montaña. A este castillo le dieron el nombre de la Guardia, por¬ que los caballeros con él se propusieron no solo guare¬ cerse, sino también vigilar y guardar el territorio que tenia unas 20 leguas. — 58 — Seguras ya en este castillo de la Guardia las personas de tan interesantes guerreros y adalides, determinaron sus gefes practicar un reqonocimiento minucioso en la Montaña, guiados siempre de un impulso interior vino que los y di¬ dirigia desde el norte al oriente y medio dia, y es que S. Miguel patron de la misma los condu¬ ela hacia su capilla para ponerles en contacto con los ermitaños, cuyas oraciones les hablan recabado del trono de la que era destinada por Reyna de Montserrat, la gracia del valor y pericia militar para apoderarse del ter¬ ritorio que Dios los habla concedido. Faldeando la Montaña, llegaron por fin los valientes y confiados exploradores á las S. Miguel: capillas de S. Acisclo y de aquí encontraron ermitaños, y aquí su fé su amor reanimados y con la ofrecer á Dios por medio de inexperada fortuna de poder legítimos ministros los sa¬ crificios do que por tantos años se hablan visto privados, entonaron cánticos de alabanza al altísimo Dios y á su bendita Madre, la cual presentían ser en esta Montaña su reina y patrona de un modo especial. Cumplido este deber religioso, aquellos heraldos de la fé y de la patria guiados por los ermitaños se internaron en la Montaña, y enterados de toda su topografía de sus relaciones con y los territorios las mas rendidas circunvecinos, dieron gracias á sus guias y regrosaron á la Guardia. Faltábanles á estos caballeros nifestar á los expresiones con que ma¬ compañeros que hablan quedado en el cas¬ tillo el gozo que inundaba , su alma al volver á abrazar¬ los excusándose de , no haber podido antes darles parto del resultado.de sus no era la de los exploraciones, pues aquella época telégrafos ; calmados los primeros movi¬ mientos de alborozo y algazara, sentáronse á deliberar sobre su futura estrategia. — 59 — Convencidos por las observaciones de los exploradores de que podia ser muy útil levantar fortalezas en las que estuviesen guarecidos de los ataques y asechanzas de los enemigos, y desde las cuales pudiesen hostilizarlos y batirlos, designaron en el croquis que se babian impro¬ visado al efecto los puntos que consideraron mas á pro¬ pósito para construirlas, nombraron los respectivos cas- tillanos, \ acordaron \os Sanios j Señas, los modos de prestarse mútuos ausilios y la dependencia relativa ; se dieron un fraternal abrazo, y llevando cada uno el lábaro santo que juraron hacer ondear en sus respectivos casti¬ llos y defender basta morir, á no exigir otra cosa la ciega obediencia militar, treparon ligeros y briosos"por aque¬ llos riscos, oteros, cerros y rocas basta colocarse cada uno en su lugar competente. La pericia militar de estos guerreros que tantos años babian estudiado, nó en los gimnasios romanos, sinó en¬ tre fieras y detrás de murallas de nieve de muchos me¬ tros de espesor, se manifestó en el modo de colocar sus castillos. Por la parte de oriente levantaron el de Olger junto á la capilla de S. Miguel ; por la de poniente el de Collgató, (nombre de los dos barones sus respectivos castellanos), el de Marro entre norte y oriente, y el Montsiat en una elevada atalaya (boy S. Dimas), con los cuales y el de la Guardia tuvieron no solo defendida la Montaña por los principales puntos, sino también tomadas todas las veredas por donde poder ofender á los moros y bajar á los llanos á sorprenderlos y expoliarlos. Visiblemente peleaba á favor de estos héroes el cielo. La Virgen Santísima oculta en la Montaña recogia los perfumes de los inciensos y oraciones di' los ermitaños que, cual otro Moisés, levantaban nocb ' y dia á ella las •manos implorando la victoria contí '. ' lüeles, y San — 60 — Miguel guiaba de un modo indudable las batallas de los que tenian fija su vista en el Lábaro santo. Aterrados los moros no podían darse la razón de sus derrotas ; y su despecho era rabioso al ver que quien los bumillaba era un puñado de hombres sin instrucción, sin recursos y sin hogar. Lamentábanse de que sus Gim-Taiis hubiesen sido el principio de sus quebrantos, y en su desesperación jura¬ ron por Mahoma que, ó harian ondear la media luna en los castillos en que ondeaba la cruz, ó se precipitarían por aquellos riscos para ocultar su ai'renta. No faltaron vicisitudes por algunos años en la guerra que animaba la Imágen de María oculta en esta Monta¬ ña siendo siempre su , resultado poder hacer excursiones en los territorios vecinos, rescatar varios esclavos, rea¬ nimar el valor del país, levantar pendones por la liber¬ tad y obligar á los moros á reconocer , que el país que ocupaban no simpatizaba con ellos, y que si sufría su yugo, nos los amaba. Once años duraron estos combates en los alrededores de la Montaña sin que ni el hambre, ni la fatiga hubie¬ sen enervado el valor de estos denodados caballeros ; y si en el año 730 abandonaron el castillo Marro, no fué tanto por las bajas que en tantos combates habían sufri¬ do como por haber entrado en su , plan estratégico para ulteriores batallas. Lo cierto que los moros, que antes de estas domi¬ es naban todo el país próximo á la Montaña, desde enton¬ ces solo de paso y muy de corrida podían pisarlo, y aun siendo en numerosas legiones, y que al momento los cristianos fueron formando caseríos y poblaciones, y le¬ vantando castillos auxiliares, acorralando á aquellos hácia las ciudades, que á imitación de los montañeses empe¬ zaron á sacudir también el yugo sarraceno. Capitulo XII. La montaña de Montserrat con relación d algunos caseríos que se han edificado bajo la sombra de sus castillos en el mismo siglo YIII. Edifícanse las casas de Riusech, la Calsina, Pujol y Martorell bajo la sombra de los castillos entre norte y oriente, y alguno bajo la sombra del Otger y Colígalo entre medio día y poniente. Los valientes fundadores de los castillos de Guardia, Marro, Montsiat, Otger y Collgató, é iniciadores del gran plan de la libertad de Cataluña, cuidaron no solo do levantar estos bélicos edificios, sino de que hubiese quien labrase las tierras que pudiesen rescatar, para con¬ tar con medios con que acudir á las primeras necesida¬ des de la vida, ya con rebaños, ya con frutos de la tier¬ ra , y formar un núcleo de comunicaciones militares. Las casas de que hay noticias tradicionales, y que por su posición topográfica es mas probable que tuviesen su origen en aquellos tiempos, son las que están en la zona del castillo Marro ; de las demás no hay tradición que designe su localidad ni por la parte de la Guardia, ni por la de Collgató. De la casa Riusech hemos visto papeles que si no se remontan á aquellos tiempos, suponen sin embargo cier¬ tos hechos que no podrian consignarse, sino datara de — 62 — entonces existencia, como tendremos ocasión de ma¬ su nifestar mas tarde. De las casas Calsina, Pujol y Marlorell no hemos te¬ nido el gusto de ver papeles ; ¡)ero consultada la tradi¬ ción de las mismas, y del monasterio de Montserrat, afirmamos con toda probabilidad que su existencia es coetánea al castillo Marro. Que los fundadores de estas casas fuesen ó algunos de los barones venidos de los montes ó algunos de sus va¬ lientes guerreros, es tan verosímil que, atendidas las circunstancias que se bailaba el pais, no puede con¬ en jeturarse lo contrario. Un poco mas apartados de las citadas, y en lo que boy es término de ^larganell, bay las casas llamadas Florí, Bisbal, Oliver, Buidés, Gras y Foní, cuyos pro- ])ietarios aseguran por la tradición recibida de sus mayo¬ res, que su existencia dala del tiempo de los moros, y por consiguiente puede muy bien creerse que eran los qne durante las treguas iban levantando los encastillados de la Guardia ó Marro, ó sus soldados, ó los hijos de las pri¬ meras familias cristianas que babian logrado la libertad, á consecuencia de las excursiones militares hechas por los moradores de los eitados castillos. Pero ¿conservan estas casas los primitivos apellidos? De la de Riusecb, de cuyo archivo se nos han facilitado caballerosamente noticias, podemos afirmar que lo ha variado muchas veces, llamándose boy Olzina el propie¬ tario si bien la casa solariega es conocida por el Piten: , el propietario del Pujol lleva boy el apellido Oller, ob¬ servando también variación en otras. La Calsina estai vez la única casa que conserva el pri¬ mitivo apellido, con el cual desde las primeras ocasiones en ha hablado de ella se la designa en el archivo que se del Monasterio, según relación de los monjes ancianos. — 63 — La antiquísima nobilísima casa Elias probablemente y se remonta á la misma época, igualmente que la casa Masana, pues que una y otra han radicado siempre den¬ tro de la zona del castillo de la Gmirdia; y la capilla pú¬ blica que en su casa tiene la primera, lleva el título de S. Pablo de la Guardia, á cuyo Santo, según se asegura, en el referido castillo se daba culto, que al ser aquel abandonado, fué trasladado á la mencionada casa. No existe en Collbató casa alguna determinada que afirme ser la primitiva del baron Gato ó Agaton; pero sí se gloría el pueblo de traer su origen de tan noble cas¬ tellano, y de llevar su nombre de Coll de Gato ó Agató. Capitulo Xlll. Jm montaña de Montserrat protegiendo la reedificación del Monasteríolum en el mismo siglo VIH- Cajo la protección de los nobles encastillados en Montserrat los ermitaños re¬ edifican el Monasteríolum. y se reúnen en él en comunidad: se reúnen al¬ gunas familias bajo su sombra: dejan algunos individuos el servicio de las capillas: mueren todos los que habían entrado en el secreto de la ocultación de la Santa Imagen: piérdese la memoria del lugar en que fué depositada. No habían olvidado los ermitaños el acuerdo que to¬ maron al principiar la vida anacorítica, á consecuencia de haber sido destruido el Monasteríolum, y al cobijarse en los huecos de las rocas de la Montaña cuando fueron arrojados de las riberas del Llobregat, como queda dicho en el capítulo ix, pág. 49 y 50; y consiguiente á él, luego que los nobles encastillados en la Montaña hubie¬ ron alejado de los alrededores de la misma á los moros, se reunieron el mayor número posible al pié de las rui¬ nas del Monasteríolum, y empezaron á levantarlo de nue¬ vo con sus propias manos, y con todo el ardor de su amor á su primitiva profesión. Como con ello pretendían tan solo proporcionarse un modesto abrigo, dieron al nuevo edificio las mismas di¬ mensiones que tenia el antiguo, designándole con el mismo nombre diminutivo de Monasteríolum, que este llevaba. — 6ò — Soles entonces allí estos monjes, de los terrenos in¬ mensos de que eran propietarios parte por concesión de los conquistadores, parte por compra hecha á estos, la¬ braban lo que les permitían las horas señaladas para el trabajo de manos en la regla de S. Benito, y el escaso personal con que contaban; y así siguió por algunos años. Mas adelante, y cuando la paz fué asegurándose en el país, algunos cristianos que, ó hablan sido afiliados al ejercito libertador, ó hahian tenido suficiente valor para abandonar sus hogares en poder de sus injustos opreso¬ res en las poblaciones dominadas, se reunieron á la som¬ bra del Monasteríolum para recibir de sus PP. la instruc¬ ción y los santos Sacramentos en la iglesia que bajo el titulo de S. Pedro, como la primitiva, habían reedifica¬ do; y con esta ocasión les fueron inspirando el amor al trabajo, y para estimularlos les cedieron algunos terre¬ nos bajo pactos los mas equitativos, y lo menos posible onerosos. Aquí tenemos ya un pueblo en miniatura, ó en em¬ brión, por decirlo así, y de él hablaremos en su propio lugar. Pero el fervoroso deseo de reunirse en comunidad no hizo imprudentes á los ermitaños: tuvieron bastante ab¬ negación para resignarse á que quedasen algunos de los mismos al objeto de prestar algun servicio á las antiguas capillas de S. Acisclo, de S. Miguel, de S. Pedro y di^ S. Martin, y prodigar á los caballeros que con tanto he¬ roísmo custodiaban los varios castillos, todos los auxilios que de su ministerio pudiese reclamar su jamás desmen¬ tida piedad durante su permanencia en la Montaña. Es muy probable que uno de estos ermitaños fuese el que habla entrado en el secreto de la ocultación de la Santa Imagen la Morena con el Obispo y el Gobernador de Barcelona, y que aprovechándose de la disposición de — 66 — su iil)ad, quedase en la Montaña para no perder de vista la santa cueva, y sin verse precisado á revelar el secreto á persona alguna. Esperaba confiado la realización de los designios de la Providencia; pero no era escojido para tomar parte en la manifestación, cual lo babia sido para la ocultación: aquellos designios tenian señalada una épor ca mas lejana ^ y un cuerpo gastado por la peniteneia y por el llanto, sin un milagro no podia alcanzarla en el curso de sus dias. Pero si la Providencia no lo tenia reservado para ex¬ perimentar el placer de volver á besar los piós de la San¬ taImagen Morma, lo tenía para recibir entre sus brazos á sus hermanos cenobitas, que escapados segunda vez del Monasteríohm del todo destruido, subían á reasumir la vida del yermo y á bacer florecer unas virtudes que solo podíanser vistas y admiradas de los ángeles. Estos anacoretas sepultaron con este antiguo y venerable ermi¬ taño el secreto del lugar en que estaba la Morena. Y como habían muerto en santa vejez el Obispo y el Gobernador de Barcelona, igualmente que los confiden¬ tes que con ellos habían dejado en su concha á tan pre¬ ciosa perla, y como al apoderarse de la ciudad los moros, debieron de perderse las notas en que es de presumir que este hecho se consignara, de aquí es que se perdió absolutamente la memoria del lugnr en que estaba la imagen Santa. Era sin duda disposición de la divina Providencia que para su manifestación en el gran dia no quería intervención alguna humana, como se dirá en su propio lugar. Capitulo XIV. La montaña de Montserrat firme baluarte de los cristianos en la pujanza de los moros desde el año 730 al 797. Apocléranse los moros del castillo .1/orro; d#»struyen el Monasteríolum segun¬ da vez: suben los monjes á reanudar la vida eremítica. Tranquilos los moradores del restaurado Monasterío¬ lum en las riberas del Llobregat, toda su ambición era dar culto á Dios y á su Santísima Madre, en la antiquí¬ sima Imagen do piedra que liabian bajado consigo de la Montaña, reanimar la fé y ardor de los valientes que custodiaban los castillos, procurarles los frugales ali¬ mentos por medio de su trabajo, auxiliado del de los fie¬ les que á su sombra y á la del Monasteríolum se aven¬ turaban á cultivar las tierras del pié de la misma Montaña, y orar por todos, cuando una nueva invasion sarracena los obligó á otra extrema resolución. El país no había correspondido dignamente á las mi¬ sericordias del Señor, que habla enviado los valerosos redentores que por tantos años, desde los castillos del Montserrat hablan sostenido reñida lid con los opresores y tiranos. El país, afeminado con las muelles costumbres impor¬ tadas por los dominadores, no tuvo suficiente valor para sacudir un yugo con que se habla familiarizado. Y Dios en su justo enojo retiró sus gracias, y entregó — 68 — va por la sumidad ó montaña hasta el collado sobre una Roca que so dice "Cerbero, y do alli baja hasta el lugar dicho Sierra del Dotador, o Dolavor. y "allí termina. A so! poniente y desde alli baja en el torrente de fachil, ó far- »hij, y va por el dicho torrente nasta debajo la Plana de Mayans, y alli ler- "inina. A parte de Círcio, o tramontana sube por otro torrente, y posa al Co- "llado de Olnia, ó Oliva, o Oluya y baja en el torrente de Ri«> seco, y va de alli "en el medio del Llobregaie» Y mas adelante despues de referida la vent i deleitado Mai hecha al Pro. Cesario por Ainsulfo y Druda, prosigue: «Todas "las cuales cosas terminan y van de la Puerta antigua de dicho Caslillo Marro "liasta las Rocas de Bernat, 6 en el torrente, y baja por el dicho torrente i_.ïlv) .SÎÎpUC;.;ÎO . í.ti.' ;;mus í'jilC CS'iC L'Sriilr.'. (lu abandoiindu iu^. crisLiaiios en el año 730, estuvo en poder de los moros cuarenta y tantos años, era para estos una llave de la Montaña por aquella parte; y gran no arrojados de allí, era imposible toda otra operación á los cristiajios. Por aquí por lo mismo empezó Garlo Magno sus ope¬ raciones, para dejar libre del todo el Montserrat, des¬ pués de haber humillado en los llanos la media luna, ya que aquí se había retirado y atrincherado el grueso y lo mas florido de los restos de los ejércitos vencidos. Con su táctica militar llama á los enemigos fuera de sus murallas, y en el sitio en que hoy está la iglesia, se trabó el combate, siendo tanto el valor con que los cris¬ tianos pelearon, que no solo vencierqn á aquellos, sino que desalojaron á los del castillo Marro, quedando libre toda la Montaña y país adyacente. Era el día 22 de noviembre de 797; y al dar Garlo »hasta la Boca que se dice Hoja {ó Roña Rubia) y pasa por dichas Rocas que «son sobre lugar dicho Monistrol, y vuelve á otra Roca que so llama eí- e. wdcrrecarfa, y pasa « la Roca que se dice Caro! (ó Querol), y de allí baja en el «torrente de la fuente de Santa Cecilia, y sube por el dicho torrente hasta »la dicha parle i.e dicho Castillo.» Hoy dia apenas hay señal alguna del local que ocupaba este Castillo; pero D. Jaime Oller, venerable anciano que raya a los 80 años, y dueño del ínoA Pujo/de Marganell, nos ha asegurado muchas veces que siendo él mozuelo y criado del K. Párroco de Santa ecilia, habia no solo visto existente en gran parte el edificio material del mismo, sino también derribándole algunas pare¬ des por ordende su Amo el citado R. Párroco, y en el año de 1811, do jas piedras de silleria restantes formaron uti Parapeto las tropas de Na- poleon en el mismo sitio; de aqui es que con mucha precision nos ha dado las confrontaciones del Caslillo Marro colocados él y el que escribeestas líneas^ en el propio local, diciendo: «Al norte confronta en parle con el bosque de la «CaisiuH, y parte con tiernas d-íl P.»rrx>co de Sania C 3Cilia: al poniente con vi- oñas del Mas Martorell: al medio dia con un peñasco que salo de un monton »de rocas, ó Single que e»tá bajo de la antigua carretera llamada de Gasa «Masana, y que dista de lo que era Puerta del G >stillo 134 pal-nos catalanes; »y tiene et.tie él y la roca el camino que de Sta. Cecilia va ¿Marganell; y al »orlenie con tierras de Sta. Cecilia.» Mag·no gracias á Dios por tan insigne \dctoria , hizo voto (ie levantar en el mismo sitio de la batalla un templo lí Santa Cecilia, á cuyo culto la Iglesia tiene dedicado aquel dia, y sobre el mismo campo hizo donación del territorio y futuro templo á Rodulib, uno de los valien¬ tes capitanes que mas se distinguió, en premio de sus hazañas. Dia que no debió de olvidar jamás Cario Magno; y no hay duda que la montaña de Montserrat será una precio¬ sísima piedra de su diadema, y que adornará su blason con honor. Capitulo XV!. La Montaña de Montaerrat se transforma de castrense en monástica. Santa Cecilia. Retíranse las guarniciones de los castillos do Montserrat: vende Rodulfo oi Mas y castillo Marro: edifícase juntoa la capilla de Santa Cecilia un monas¬ terio de Benitos. Los bravos que con el precio de sus fatigas y de la sangre de sus venas habian levantado y conservado por tantos años los castillos de Montserrat, despues de la victoria del glorioso dia 22 de noviembre, comprendie¬ ron que su deber era bajar á batallas eampales, supuesto que aquellos ya no tenian razón de ser. Se despiden por, lo tanto de sus antiguos amigos y pastores espirituales ermitaños subidos del Monasteriolum destruido, imploran sus oraciones, y deseándose mu¬ tuamente bendiciones del cielo para su respectiva mi- sion, estos se internan en sus cavernas, ó se agregan al rededor de las varias capill;>s, y aquellos descienden, ardiendo en amor patrio y bajo la enseña de la Santa Cruz, á dar cima al gran plan libertador, iniciado bajo tan felices auspicios. Enmudecieron por lo tanto en Montserrat los clarines y demás instrumentos bélicos; y el horrísono eco de los gritos de muerte y exterminio es sustituido por el armo¬ nioso y metódico cántico de alabanzas al Dios que dá las victorias, y humilla a los tiranos. Los ermitaños se reúnen" para deliberar sobre su ul¬ terior método de vida, y como inspirados resolvieron por unanimidad no proceder á una segunda restauración del Monasíeriolum, sino protejer y amparar únicamente á los fieles que so habian acogido á su sombra, y dentro de la zona de lo cedido por los conquistadores dárles so¬ lares en que edificar, y tierras que labrar, y proseguir ellos la vida eremítica, continuando el cuidado de las capillas de S. Miguel, de S. Acisclo, de S. Pedro y de S. Martin. .\ la sombra de la libertad y tranquilidad del país, los propietarios de los caseríos ñinsech, Calsina y demás que dejamos recordados en el capítulo xii, pág. 61, no per¬ donaron fatiga para impulsar la labranza de los respecti¬ vos terrenos y la cria de ganados ; y á no tardar, aque¬ llos campos regados con la sangre de los mártires del cristianismo y de la patria, volvieron á presentarse con la lozanía tantas veces marchitada por la inmunda planta de los agarenos. Pero la iglesia de Santa Cecilia, que por órden de Garlo Magno se habla levantado, y que con el Mas y cas- liHo Marro ])osch ya Rodulfo, apenas daba señales de vida. Los descendientes de Rodulfo impulsados por el ejem- — 75 — pío de este, y á ejemplo suyo, cual caballeros siguieron el ejército ; y como descuidaron su castillo, á pesar de serles tan honorifico y de tan grata memoria, resolvie¬ ron venderlo con su Iglesia y Manso adyacentes en el año 871. Complacidísimos los compradores Ainsulfo y su esposa Druda con la adquisición de tan apreciable é histórica joya, no se reputaban felices si no secundaban las miras de Cario Magno al levantar la capilla en honor de Santa Cecilia : y como para lograrlo, el mejor medio que se les ofrecía era levantar allí un monasterio Benedictino, este plan fué adoptado y realizado en el año siguiente de 872. , No faltan críticos que, no pudiendo combinar la exis¬ tencia del monasterio de Santa Cecilia en el manso Mar¬ ro , con las circunstancias que se refieren de los pastores que recibieron los avisos del cielo para el descubrimien¬ to de la Santa Imagen, creyeron que de las mismas deben iníerirse una de estas dos consecuencias: esto es, ó que el monasterio de Santa Cecilia no existia cuando se descubrió el sitio donde estaba la Santa Imagen, ó que los pastores favorecidos por el cielo no eran de la casa Riusech, que suponemos tan cerca del monasterio de Santa Cecilia; porque añaden, á haber este existido, siendo los-Pastores del Riusech, lo mas natural, lo mas obvio, lo mas sencillo era que el señor de Riusech diera aviso á Santa Cecilia, ya que suponemos ser mora¬ da de tantos varones eminentes, y no á un sacerdote que no sabemos de donde procedia, y que este diese aviso al ■Obispo residente en Manresa. Mas nosotros creemos que lo mas natural, lo mas sen¬ cillo y lo que procedia era que el señor de Riusech si¬ guiese en todo el curso que nos refiere la historia, y no otro alguno, y nos fundamos en las razones siguientes: 1." En aquellos tiempos, saben como muy bien to- — 76 — 'ios los que están versados en la historia monástica, los mas de los monjes no eran sacerdotes; solo habia uno que otro en los monasterios solitarios para las preci¬ sasnecesidades del culto y administración de los Sacra¬ mentos á los individuos del mismo, y que generalmente no tenianbajo su cuidado parroquial otros seglares que sus dependientes ó comensales. 2." Que entonces los monjes vivian tan aislados del comercio humano, que aun cuando supiesen que no muy lejos del lugar en que radicaba el monasterio hubiese alguna íámilia, ningún roce tenian con ella, y les era enteramente desconocida, y mucho mas cuando media¬ ban, como en el caso concreto, entre esta y el Monasterio espesos bosques y profundos barrancos. No habiendo por consiguiente roce de la familia Riusech con los monjes del monasterio de Santa Cecilia, y no te¬ niendo este sacerdotes de sobra para mandarlos acá y acullá á celebrar, lo mas natural era que los señores de Riusech apelasen á un sacerdote libre, y que viniendo este á decirles Misa en su oratorio, los mencionados tra¬ tándolo como familiar, le contasen lo que entonces tanto llamaba su atención, y que el mismo sacerdote fuese á participarlo á su Prelado, y no á los monjes para él qui¬ zás desconocidos. Y no solo e.sto : hay otra razón para nosotros de mu¬ cho pe.so. Todos los historiadores conviénen en calificar de sobre natural, y por consiguiente providencial, la invención de la Santa Imagen con las circunstancias que la acom¬ pañaron. Ahora bien; ¿no da mas realce al milagro, mayor autenticidad álas circunstancias y mas importancia á la Santa imagen, el que todo pasara por manos de una persona tan autorizada y pública, cual es un Obispo, que no la mera intervención de un simple monje ó de un abad, que por santo que fuese era des¬ conocido en la comarca, y en todo el condado de Man¬ resa? ¿No era consiguiente, que una Imagen que no quiso el cielo que la escondiesen en la Montaña sino un príncipe de la Iglesia y la primera autoridad civil y mi¬ litar de Barcelona, por ser de una importancia singular, al tiempo prefi jado por la Divina Providencia fuese es- traida de su cueva-escondrijo por otro principe de la Iglesia? Y ¿estaría, en tal caso, tan acreditado el origen, pro¬ cedencia hallazgo y primer culto de la Santa Imagen , en este sitio como está hoy? ¿No podria decirse que todo era pura invención de los monjes? La Providencia dispu¬ so bien todas las cosas. Quede pues sentado, que se hermanan muy bien la existencia del monasterio de Santa Cecilia, y las circunstancias de la invención de la Santa Imágen. Esto supuesto, y volviendo á nuestra historia decimos, que así como á las grandes calamidades y perturbacio¬ nes han acompañado grandes extravíos, así también, ge¬ neralmente hablando, suceden á las mismas grandes desengaños. A las funestas guerras con los moros hablan seguido lamentables defecciones, y calmadas las pasiones con la paz consiguiente á nuestras victorias, hubo célebres pe¬ nitentes entre los que se habían afeminado con el con¬ tagioso roce de los africanos. La fundación del monasterio de Santa Cecilia no po¬ dia ser mas providencial. Al momento se vió atestado de los desengañados, y de las eminencias que miraron como un asilo de la virtud y del saber aquel lugar que, años atrás, lo habla sido del heroísmo, Apenas habia corrido el indispensable tiempo para crecer, y la virtud y el saber babian llegado ya, y da¬ ban opimos frutos. Es muy probable que los monjes, que del segundo Monasteríolmn babian reanudado la vida eremítica, hubie¬ sen fallecido ; y que los que se les babian agregado en este método de vida en el transcurso dt?tantos años se bubiesen reunido con los de Santa Cecilia, sugetándo- se igualmente á su prelado los encargados de las capi¬ llas de S. Miguel, de S. Acisclo, de S. Pedro y de San Martin-, y bajo este supuesto se explica muy bien el que S. Julian, bijo del monasterio de Santa Cecilia, fuese Capellán de S. Acisclo, cuando por su virtud y por su saber fué sublimado á la silla de Egara (TarrasaJ, y que JoanGarí fuese procedente del mismo Monasterio, en¬ tonces destruido ya, y no del Monasteriolmi, á no darle una longevidad portentosa, ya que la destrucción de este data de los años de 730, ó algunos mas, al paso que Garí, y la bistoria de Montserrat lo supone, murió el 898; y si lo queremos bacer procedente del Alonasteriolum, ba de ser diciendo que fué uno de los tantos que no pu- diendo ser monjes cenobitas por estar destruido el Mo- nasteriolnm, se agregaban á los eremitas procedentes de este, y que en todo rigor eran la continuación de toda aquella comunidad dispersa. No siendo propio de este lugar historiar todo lo con¬ cerniente á Santa Cecilia, lo dejaremos para su propio lugar. Capítulo XYIL La montaña de Montserrat, objeto visible de las miseriear- dias de Dios y de su Santísima Madre, es declarada el trono de la Gracia'. § 1.° SEÑALES QUE INDICAN EL LUGAR EN QUE ESTÁ LA SANTA IMÁGEN. El cielo revela el secreto do la Santa Imagen: en que año: modo con que la manifiesta: de donde eran los pastores que fueron favorecidos con las señales. Se habian trocado las suertes: los moros que, dueños por tantos años de los campos y ciudades, se velan acor¬ ralados en los montes de donde solo bajaban furtivamen¬ te cual otras fieras para saciar de vez en cuando sus instintos brutales, su rapacidad y su sed de sangre y ex¬ terminio sobre los que por un momento, á causa de su sexo, edad ó condición bailaban indefensos; en el plan de la Providencia servían para conservar en todo su vi¬ gor la disciplina militar, y tener ocupados los valerosos capitanes, que á no tener enemigos extraños^ babrian quizás sido enemigos domésticos, é impedido la regene¬ ración política que lentamente se estaba elaborando en el seno de la renaciente sociedad. — 80 — Ya los condes ceñian sus sienes con la corona ganada en los campos de batalla, y Barcelona los reconocía y aceptaba sus leyes ; ya las cosas religiosas se iban rigien¬ do por las prescripciones emanadas de los legítimos pre¬ lados, ya las costumbres corrompidas por las desen¬ frenadas máximas del Corán, eran purificadas por las santas doctrinas del Evangelio. El en fin, marcbaba en regla. país , La misericordia de Dios y la justicia se habían dado el ósculo de paz, y por todas partes sonreía la aurora de un dichoso bienestar, cuyos rayos asomaban ya en el de una horizonte, cual la estrella consoladora despues tempestuosa noche. y oscura Y era que se aproximaba el gran día de la aparición de la Imagen que en los aciagos de 717 ocultaron en una cueva del Montserrat Erigónio gobernador, y Pedro Obispo de Barcelona (pág. 55.) Entre los caseríos edificados á la sombra de los casti¬ llos especialmente del castillo Marro , (capítulo xv, pᬠgina 71,) existia una casa distante del mismo entre norte y oriente 3 K. 40 metros, y del Monasteríolum (del sitio en que en Monistrol radica hoy la capilla de da Concep¬ ción) 1 K. 720 metros, de la que présentâmes el 8i — Facsímile, tal como existe hoy bajo el seudónimo del Piten,, y era la del noble Rmsech. Ora sea que el dueño de esta casa fuese uno de aque¬ llos caballeros libertadores del país y terror de los moros, lo que es rtfciy probable (corno se dirá en su lligar,) ora de alguno de los fieles acogidos á la protección del cas¬ tillo Marro, es lo cierto que constituian propiedad de la misma, algunos terrenos arrancados del dominio sarra¬ cénico y los cultivaba y tenia además ganados cabríos y , vacunos. Datos del archivo de la propia Casa, y del monasterio de Montserrat lo propio que la tradición del país, asegu¬ ran que es un hecho histórico y no un cuento lo que vamos á referir. Corria el año 880 del Señor, y los pastores del Riu- sech sallan todos los dias faldeando la Montaña de norte s — 82 — á mediodia con sus hatillos de cabras y vacas, cantando haladas á la Virgen y á Jesucristo que los habia librado del yugo de los sarracenos, alternándolas con las que exaltaban las proezas y beroismo de los Castellanos de la misma Montaña. Eran siete los pastores, y distribuidos en otros tantos puntos con sus cabras y vacas, eran felices formando sus coros, y repitiendo uno los cantos que concluian los otros, encargándose los ecos de trasmitir su inocente al¬ gazara de valle en valle, basta confundirse con los mur¬ mullos del Llobregat. Tales eran los goces; y esto constituía, y esto era toda la ambición de estos sencillos é inocentes Pastores. Volvían un dia al caer del sol bácia límsech, cuando, fueron sorprendidos por ciertas luces, cuya multitud y resplandor, no menos que la bora y el sitio de la apari¬ ción, excitaron vivamente su pensamiento. Era un sᬠbado. La noche se les venia encima á pasos agigantados, y el temor de ser sorprendidos por ella y de dar un disgus¬ to á sus amos, los obligó á suspender la contemplación de lo que no comprendían. Pero convinieron en que la prudencia aconsejaba ser reservados por entonces. Nada vieron en los dias siguientes, y esto los confir¬ maba en que habla sido prudente su reserva. Pero vino otro sábado, y en la misma hora y sobre el mismo punto notaron lo que en el sábado anterior. Con disimulo preguntaban á sus amos sobre algunos puntos de astrologia, para asi averiguar si lo que velan era ó no natural ; pero todavía no dieron á comprender el porcfué de sus preguntas, ni sus amos lo sospechaban por ellas. En la Montaña conferian entre sí muchas veces sobre — sa¬ lo que podria ser lo que tan inusitadamente les llamaba la atención, y como por inspiración convinieron todos en darse de un modo especial á la oración, y hacer ai- í,'unas obras penales, para lograr del cielo alguna luz, continuando en el entre tanto en su reserva, á fin de no dar pábulo á hablillas. Al aproximarse el sábado siguiente oraron con mas fervor, y la vision ya se presentó ocompañada de músi¬ cas que los arrebataban y los tenían fuera de sí, inuii^ dándolos en un mar de gozo que los bañaba en lágrimas; Pero resolvieron esperar aun otro sábado antes de hablar del hecho á nadie. Amaneció en efecto el sábado cuarto ; reaparecieron las luces, repitiéronse las músicas, y bañadas sus almas en el mismo gozo, resolvieron por unanimidad comuni¬ carlo todo al señor de Riusech su amO; Oyó este la relación de los pastores: se informó de todo hasta llevar su investigación al extremo, ya pregun¬ tándolos juntos, ya por separado, ya alagándolos, ya amenazándolos, y convencido de que era imposible una superchería entre tantos, ni haber motivo plausible para ser sostenida, caso de haberla, se inclinó á darles crédi¬ to : pero su sagacidad militar le indujo á verlo por si mismo. El sábado siguiente hízose el mayoral de sus pastores, y como uno de tantos partió con ellos. § 2." El señor de Riusech v6 lo que los pastores le contaron: dà parte de todo à quien corresponde; viene e! Obispo: este se cerciora por si mismo, y se re- sueive à una investigación; halla la Imâgeii; pretende llevarla íx Manresa: se hace inmóvil en el lugar que hoy está la iglesia: y la deja en la capilla de los santos Acisclo y Victoria. Meditabundo andaba todo el dia el señor de Riusech entre sus pastores, y disimulando lo mucho que le tenia preocupado el objeto de su dia de campo con las pregun- — 8.V — tjiâ les hacia sobre el ganado, pastos, fieras, etc.., quô se sorprendido por un golpe de música , que si sintió bien al principio pareció lejano, al momento se hizo sen¬ tir acompañada de armoniosos cánticos. Se volvió como por instinto hácia el mediodía, y hé aquí que- sobre el gran promontorio de rocas que hay debajo- del castillo Ótger y de la capilla de S. Miguel, vió una multitud de centelleantes luces, y que lo propio que la música se lijaban en determinado punto del mismo promontorio... ■(Basta, (dijo), fuera de sí lo he visto con mis propio.s. ojos, y lo be oido con mis propios oidos.» «No sois im¬ postores.» «No estabais alucinados.» Y en el mismo ins¬ tante se fué de regreso á Riusecb, nadando en un mar do delicias. Según algun dato existente en el archivo de la Casa de Biusech, tenia esta ya entonces oratorio (ó capilla) como lo tienehoy, y los domingos y dias festivos iba algun Sacerdote á celebrar la Santa Misa.Vino el dia siguiente V el que fué al olijeto indicado fué informado de todo por el señor de Biusech, y los dos juzgaron prudente, que aquel todavía quien debiese ejercer jurisdicción en la Montaña de Montserrat viera por sí mismo las mara¬ disposiciones. villas antes de tomar ulteriores sábado siguiente, el buen Sacerdo¬ Con tiempo vino el te se convenció de la realidad de cuanto se le habla contado; y juzgó un deber suyo dar aviso personal al Prelado inmediato, sin embargo de que no sehabla de¬ terminado por no haberse ofrecido ocasión hasta en¬ tonces. Postróse en Manresa el Presbítero á los pies del Obis¬ oido por este cuanto llevamos referido: Iré, dijo, po, y propias las palabras de Moisés. Iré y veré esta haciéndo.se grande vision. Y no faltó el sábado siguiente acompañado do sus familiares para que fuesen testigos del suceso. Y — 85 — il cielo que no se enoja de que sus obras se sujeten A prueba por quienes para ello autorizara, presentóse con toda su pompa, por decirlo así, y dió la mas cabal y en¬ tusiasta serenata á su Reina en la presencia del Prelado, que ya no dudó de la verdad del hecho, si bien no ati¬ nara en objeto determinado ó que se dirigia una señal el tan extraordinaria; y para averiguarlo, ordenó que ayu¬ nase tres dias la íámilia de Riusech, la de los Caseríos vecinos, las del Monasteríobm, y las de Manresa. Informado por los ermitaños de S. Miguel, de S. Acis¬ clo y demás, igualmente que por los pastores, de que por aquella parte del castillo Otger podria darse con al¬ gun senderillo que llevase al lugar tan milagrosamente indicado, destacaron en su busca algunos de los depen¬ dientes de Riusech y de los otros caseríos, inclusos los del Monasleríohim, y limpiarlo de malezas de modo que pudiese dar paso al Obispo y á su comitiva. No habian pasado tres dias y ya aquellos robustos la¬ briegos, á fuerza de fatigas habian desbrozado el senderilo que 163 años atrás habian pisado un Obispo y un Go¬ bernador, para ocultar el Tesoro que ahora el cielo quie¬ re poner de manifiesto por medio de tantos prodigios; y el Obispo de Manresa, aunque apoyándose en un báculo y en los robustos labriegos, se determina á pasar al lu¬ gar portentosamente indicado. Pero, ni el Obispo ni su comitiva habrian dado con lo que buscaban, si el prodigio de los sábados anteriores no se hubiese renovado en aquel instante. Las malezas, arbustos, y desprendimientos de tantos años, de tal suerte habian ocupado todo el lugar, que ni ocurrian sospechas de la existencia de una cueva, al pa¬ so que todos conocían cuan falsa era su posición, pues que sobre sí veían todo un monte, y debajo de sus pies todo un abismo. — 86 — Clamaron todos al cielo en tanta aflicción, y... el mismo golpe de música, los mismos cánticos y las mis¬ mas luces se presentaban y se fijan en un punto deter¬ minado y á la aflicción y al llanto suceden el gozo y el , alborozo. ¡Ahí debe estar! dijeron todos: ahí debe estar lo que el cielo quiere regalarnos. Y los robustos jóvenes con sus chuzos, sus hachas y sus palancas despejaron como por encanto el local, y al dar con la abertura de la Cueva : ¡ Un templo, señor Obis¬ po! clamaron alborozados. ¡Una iglesia! Facsímile de la cueva de entonces. Entró el Obispo en aquella maravillosa Cueva conver¬ tida en lugar santo, yalumbrado por las celestiales luces, que les hablan servido'de señal y guia, y embelesado por el armonioso cántico de los ángeles, viendo en medio de — 87 — una nube tie incienso la prodigiosa Iniágen de la Madre del Redentor y nuestra, él y los que le acompañaban postráronse adorándola extasiados, mientras los celestia¬ les músicos, intercediendo por nosotros, la saludaban con el anticipado, tierno y consolador cántico de la Salve Regina, con el cual aun boy podemos saludar y pedir gracia á nuestra buena Madre en el mismo lugar. Nunca habia presenciado Montserrat Procesión mas tierna y mas devota; el Obispo entona el Nunc dt- miílis, porque se siente dominado de los afectos del autor de este bellísimo y expresivo cántico, suben por donde babian bajado, y en llegando á la vista del castillo Olger; — 8S - ¡á Manresa!... dice el Obispo, que ni habia sentido la fatiga de la cuesta, ni el peso de la Sania Imagen. Y todos se dirigen por S. Miguel á S. Acisclo, que era el camino natural y abierto para seguir por la Calsi- im, ó el ñiuaech, hacia Manresa, prosiguiendo sus cánti¬ cos del Magnificat y Te-Deum con el mayor alborozo y júbilo; al lugar en que hoy está levantada una cruz, para perpetuar su memoria de este hecho, y en frente del punto donde existe hoy dia el Camarín en que se venera la Santa Imagen, esta se hizo tan pesada, que obligó al Obispo á dejarla en el suelo, sin que hubiese fuerza hu¬ mana que pudiese moverla. Comprendió el Obispo el porqué de tan repentina co¬ mo extraordinaria mudanza; hizo voto de levantarla un templo aquel mismo sitio, y suplicó al cielo que entre en fcinto lepermitiese colocarla en la inmediata capilla di» S. Acisclo, pues su fé y su amor no le consentían dejarla al raso. Al momento la Imagen volvió á su peso natural, y la llevaron á la capilla indicada. Capítulo XVlli. L·i iiwníaña de Montsm'al ex ya de hecho ellrono de gracia. La Sanlisima Virgen osten ta su poder y piedad: y ren- be corno Rema los homenages del pueblo ralalav. Frimer culto en la capilla de S. Acisclo: los ermitaños primeros Minislro'·. los sirve á este objeto un individuo de la familia Uiusecb: Joan Garí es «1 primoro en que se estrena el poder de la sania Imagen. Con orgullo santo puede entregarse á todos los tras¬ portes del mas divino júbilo el pueblo catalan, pues que le ha amanecido un dia venturoso. El gran Dios que por tantos siglos se habla mostrado enojado, ostenta ya su misericordia; y la Madre de piedad, que por tanto tiempo habla tenido oculta aquella Imagen con que les habla dado una cabalísima prueba do su cariño, cual con la del Pilar á los aragoneses, se la pone ya de manifiesto; y no en un sitio que pueda ser considerado privativo de esta ó de aquella familia, de esta ó de la otra población ó co¬ marca, sino en una Montaña, que por ser de ninguno, es de todos, y en que podrán subir todos y de todas par¬ tes á pedirla gracia. ¡Felices y mil veces bienaventurados los pastores, que tuvieron la dicha de ser los magos del siglo 9.° á quie¬ nes no una sino innumerables estrellas anunciaron la aparición del Iris de paz! ¡Envidiable y digna de todo — 90 — elogio la familia ñiusech, predestinada para ser la prime¬ ra que ha de entrar en la manifestación de los secretos de Dios, cual la de'Zacarías en Hebron! ¡Feliz Gottoma- ro, que en medio de un templo fabricado no por un Sa¬ lomon, sino por la misma mano de Dios, ba tenido el consuelo de recibir en sus fatigados brazos á la Madre del que recibió Simeon en los suyos, y exclamó: Ahora, Señor, dejadme morir en paz! ¡Felices los moradores to¬ dos de las casas levantadas al lado de las ruinas del Mo- nasleriolim, y los de la Cahina, Martorell, Pnjol y otras que fueron las escogidas para ser las primicias de la bue¬ na nueva, cual los pastorcillos de Belen!.,. Gozaos todos y sin distinción; saltad de regocijo, y bendecid noche y dia al Señor y á su bendita Madre en su Santa Imágen, porque han hecho cosas grandes en vosotros: y por estas cosas todas las naciones y todas las generaciones os llamarán bienaventurados. Corresponded á los designios de Diosen tan privilegiada elección, y no degeneren de vosotros vuestros sucesores. V vosotros, hijos de! gran padre y patriarca S. Benito, á quienes la Providencia condujo á esta montaña, para- que iniciado en ella con anticipación de algunos siglos el culto de la Santísima Virgen, y purgada la misma con vuestras penitencias de las abominaciones de los gentiles y de los moros, se convirtiera en digno trono de la Rei¬ na de los cielos y de la tierra, de cuya prodigiosa Imágen sois custodios, sed siempre dignos ministros de tan gran Ibeina: ya que por la gracia de Dios sois medianeros en¬ tre él y su pueblo, seguid fomentando el culto que vues¬ tros padres comenzaron: encended mas y mas el amor de ios fieles á nuestra buena Madre; rogad á Dios por los que vengan á implorar su amparo: con vuestras peniten¬ cias obligad al Padre de las misericordias á que nos con¬ ceda, que hasta la consumación de los siglos sea Mont- — 91 — serrat el monte santo, y lugar de consuelo y de refugio para todas las calamidades públicas y privadas... Los hijos de Benito, aquellos santos varones que, ama¬ mantados monásticamente en el monasterio de Santa Ce¬ cilia, cuidaban de S. Acisclo, levantados sobre todo lo terreno, dirigieron con júbilo y con la mas humilde ter¬ nura la primera salutación á María en su Imagen, y se sintieron interior y exteriormente llenos de una unción parecida á la del Bautista y de Elisahet, que les hizo ex¬ clamar prosternados; bendila lu eres entre todas las muje¬ res, y bendito el fruto de tu vientre! y de donde, ó ¿cuan¬ do hemos merecido que venga á visitarnos la Madre de nuestro Dios y Señor? Luego dieron mil gracias á Gottomaro, prometiéronle no abandonar la Santa Imagen, felicitaron á los pastores, á la familia de Riusech y á toda la comitiva, y luego de retirada la multitud, se entregaron á santas meditacio¬ nes, y suplicaron muy de veras al Señor, que se dignara iiacerles entender el modo como queria fuese honrada la gran Beina de Montserrat; inaugurándose un culto coti¬ diano que ha seguido con mayor perfección desde en¬ tonces. La tradición de la casa de Riusech asegura que un in¬ dividuo de su familia se quedó al servicio de la Santa Imágen. Hemos dicho (en el capitulo .\vi, pág. 73,) que uno de los ermitaños que cuidaban de la capilla de S. Acis- (do, y quedaron al servicio do la Santa Imágen despues de haber sido depositiída en ella, era Joan Gari, tan cé¬ lebre por su inocencia, como por su estrepitosa caida, y edificante penitencia. Vamos á ocuparnos de él considerándolo en estas tre.s épocas de su vida; dejando entre tanto el Obispo de Man¬ resa que, en cumplimiento de su voto, apresure la edili- t^acion de la capilla para la Santa Imágen, de la cual va¬ mos á hacer breve una descripción y presentar de la misma un Facsímile. Esta Imagen es de madera, (ignórase de que clascj, de olorsuavísimo, incorrupta, pintada y dorada fmísi- rnamente; está sentada en su silla, vestida y con diade¬ ma dentellada, igualmente que el niño Jesús que tiene en su regazo, siendo de la misma madera, y formando eon ella una sola pieza; es negra y de color stibido, pero < 1 Niño algo mas claro. — 93 — tradició» asegura que la Virgen Maria la hizo tra¬ bajar en vida, para dar con ella una prueba de su amor á los catalanes, cual con la del Pilar á los aragoneses; asegura asi mismo que S. Pedro ú otro de los apóstoles la trajo á Barcelona; en donde, bajo la advocación de la Jerosolmüana, se la edificó un templo, que fué ampliado mas tarde cambiando su antigua advocación por la de los Santos Justo y Pastor, y sirviendo de Catedral interina basta la construcción de la actual, y que de alli la traje¬ ron á la cueva el Obispo y el Gobernador en 22 de abril de 717: asegura igualmente que á pesar do ser decente¬ mente arreglado por el escultor el vestido de la Imagen, la cubrían con otro amovible; vestido que era de seda listada, y de igual coste á los que boy usa, y que no de¬ teriorado durante los 402 años que estuvo escondida en la cueva, se co'nservó basta la devastación de 1811. Y asegura por fin que intencionadamente y por ascetismo subidísimo se la dió en su construcción el color negro, habiendo sido también venerada en S. Justo bajo la ad¬ vocación de la Morena. JOAN GARI. Convenia sin duda, para los altos fines de la Divina Providencia, que la Madre de gracia inaugurase su misión en esta Montaña, dispensándola á un pecador de gran talla, paraque en los siglos venideros no pudiese dudar¬ se que encontraría misericordia en Montserrat aun el que hubiese tenido la desgracia de caer en los mas horrendos crímenes. Convenia, sin duda, que los muchos millones de hom¬ bres que habian de visitar al Montserrat, distraídos si¬ quiera algun dia de sus negocios mundanales y atencio¬ nes domésticas, leyesen en un gran libro, en Joan Garí, cuanto debe temblar el inocente, y no ponerá prueba su virtud; cuanto debe esperar el delinquente, y no preci¬ pitarse; y cuanto debe animarse el penitente, y no deses¬ perarse. Con venia que Montserrat ofreciese á todos una leyen¬ da verídica, y que en compendio recordase á todos sus visitadores las austeras costumbres de los Pablos y Anto¬ nios, las caldas de los Davides, Salomones y Sansones, los castigos ó penas impuestas por Dios á los Nabucodo- nosores, y las penitencias voluntarias de las Magdalenas y Egipcíacas. La historia es una escuela; es una severa lección. § 1.° GARÍ INOCENTE. Los cenobitas que liabian dado pruebas mas relevan¬ tes de su virtud y valor, soban suplicar y obtener de su abad la gracia de salir al yermo á batirse solos con el infierno; y entre los que de Santa Cecilia se juzgaron aptos para tan gloriosa como arriesgada empresa uno fué Joan Garí. Nos importa poco su origen y su patria, pero nos im¬ porta mucho su indudable historia. Ya que los monjes escapados del Monasleríohim, se¬ gunda vez destruido, se hablan encargado de las varias capillas de la Montaña, al mismo tiempo que de conti¬ nuar la vida eremítica tan felizmente ensayada por sus predecesores los del primer Monasleríohm; era justo que habiéndose sujetado en su vejez al prelado de Santa Ce¬ cilia por faltarles el propio, el cuidado de las mismas capillas corriese en lo sucesivo á cargo de dicho Monas¬ terio. Aquellos no tuvieron habitaciones contiguas para los encargados de las_ mismas, los cuales vivían eremítica¬ mente en alguna de las cuevas próximas. Garí habla dado las mas inequívocas pruebas de tudas las virtudes monásticas, y su abad lo juzgó acreedor al combate del yermo, dándole primeramente por compa¬ ñero á Julian, y cuidando de S. Acisclo y de la Santa Imagen recientemente hallada. Dios quiso probar la virtud de Garí, nó porque igno¬ rase cuantos eran sus quilates, sinó para que los cono¬ ciese el mismo Garí, que ya sentía asomársele los pri¬ meros crepúsculos de un juicio algo ventajoso de sí mis- — 96 — mo, y comenzaba á olvidar que la soberbia ha sido siem¬ pre el principio de todo pecado. Realmente él era grande delante de Dios; realmente Dios estaba satisfecho de su correspondencia á las gra¬ cias; y realmente Dios se complacia en manifestárselo así, de vez en cuando. La campana colgada de unos pi¬ lares que estaban en la plazuela de S. Acisclo era el ins¬ trumento de que se valia Dios para ello; esta campana tocaba por sí misma al venir de Su Cueva (1) Garí como saludándolo, y lo despedía al regresar á la misma. (4) Esta i·iieva está Indicada en la prcg·'ntn lámina por la cruz que está marcada con el número 1, en ees proinoiilorio da rocas, y casi en su centró ficta dfl editor. — 97 — Y seria una inculpar á Dios por las caídas L·lasí'emia de criaturas que abusan de los bienes que íes dá con sus mano liberal. Seria sentar el principio de no ser lícito ni honesto hacer bien á un miserable, porque este abusa ó puede abusar de las bondades de su bienhechor. A Garí le llamaban ya demasiado la atención los do¬ nes de Dios, y engriéndose con ellos, no levantaba tanto como antes la consideración al Dios de los dones: de aqui provino el distraerse algo de Dios, y pensar demasiado en sí mismo. El que vencido en mil combates se liabia resuelto á una vergonzosa retirada, vio el corazón do Garí, y desde luego concibió esperanzas muy fundadas de vencer al (|ue se complacíaen los dones de que estaba adornado. La lubricidad es el vicio que mas degrada al hombre, porque lo rebaja al nivel de los brutos: y este es el cas¬ tigo con que de ordinario humilla á los soberbios la Pro¬ videncia de Dios. ¡Pobre Garí! ¡qué emboscada te prepara tu enemigo! Reinaba en Barcelona Wifredo el Velloso primer conde, V por secretos juicios de Dios, (que no son de este lugarj, se enseñoreó del cuerpo de Riquilda, una de sus bijas, el maligno espíritu, quien declaró que no saldría de ella sino por mandato de Garí, de cuya persona y morada dió las señas. El amor paterno llevado al extremo, hizo al Conde de¬ masiado incauto, y 'se resolvió á seguir los consejos de un enemigo contra los de la prudencia. Fueron desatendidas de Garí, que te¬ todas las excusas mió que se le tendia un lazo; pero halagado con la visita y el cargo honorífico que le confiaba nada menos que todo un conde de Barcelona, quedó deslumhrado. Cedió, y... ceder es perderse. Siente mucho Dios la fiüta de correspondencia de sus 7 98 siervos; retira las gracias que no ve recogidas, y de aquí el resfriarse el fervor de la caridad del perezoso, cuyo enemigo se envalentona à medida que el decae. Y Garí cuando estaba en honor no lo entendió, y per¬ mitió que el Conde se retirase sin su liija. No habia pasado un cuarto de' hora, y ya Gari quedó sobresaltado con la experiencia de lo que solo sabia por las lecturas de los libros santos: y Garí no se acordó de orar y buir. Fluctuaba entre Dios y la criatura, y aun así confió en su virtud. Pero Dios, que buinilla á los so¬ berbios tanto como exalta á los bumildes, quiso que en el año 888 viera de un modo estupendo y que horripila, lo que no quiso ver ni pensar un momento antes. Primero que acudir á la Señora, de cuya Imagen estaba encarga¬ do, acudió al que pensó ser un amigo, y que por su des¬ gracia era su mas cruel enemigo. UARÍ DELINCUENTE. El enemigo fingió ser un ermitaño, y sin embargo de que Gai'í debia baber sospechado una emboscada con la aparición de un hombre, que dijo baber ya algunos años que tenia por allí su vivienda, á él acudió por consejo. Garí á no tardar recibió la paga de su malhadada con¬ fianza. Volvió al peligro de donde debia haberse alejado, y una triste caida arrancó amargas lágrimas de los án¬ geles santos, al mismo tiempo que una carcajada y un palmoteo de los espíritus malignos, que hizo estremecer la Montaña basta sus cimientos. Y como estas funestas caidas no alumbran, sino que ciegan mas y mas, de aquí el que volviese á confiarse al imemigo, que le aconsejó lo que estaba en su plan: que con un crimen ocultase otro crimen. — 99 — aun tenia manchadas sus manos con la Y Garí que sangrede su víctima, volvió por un tercer consejo á su enemigo, y este le precipitó á la desesperación y al sui¬ cidio. Fuera do sí el que liahia tenido la desgracia de echar de su corazón á su hucn Dios iba á consumar el último de los crímenes; y al abalanzarse sobre uno de los abis¬ mos, levantó maquinalmcnte su vista á la capilla de san Acisclo, y se acordó de lo que no se babia acordado an¬ tes del crimen, de la Virgen que allí él babia venerado; y era que entonces la Virgen le miró como Jésus á san Pedro. Arrancó un profundo suspiro, se sintió arrebatado por una fuerza oculta del borde de la sima que tenia á sus pies, y ronqjiendo en un mar de lágrimas, se fué vo¬ lando á echarse á los pies de aquella Santa Imagen, que quería que el primer ensayo de su misericordia fuese sal¬ var al mas criminal do los hombres. Allí alpié del altar pidió y alcanzó un profundo dolor da sus crímenes, y luego resolvió pasar á Roma á pedir una indulgencia plenaria al Padre Santo. § 3.° GARÍ PENITENTE. es absuelto Garí: En Roma acepta la penitencia con que el Padre Santo le recuerda su briilalnlad, cual á Na- bucodonosor: vuelve, y no se avergüenza de expiar su delito en el mismo sitio que fué el único testigo de él, y de regar todos los dias con lágrimas del mas acerbo do¬ lor la tumba que lo encubría: no levanta los ojos al cielo porque tiene la conciencia de su crimen, y de que es tierra, y con toda la convicción de su dignidad, y de la asquerosidad del acto que lo embruteció, se arrastra ra- — I (JO — rii/naíineali' sobre sus inauos y pies, por ser osla la luas aiiálog-a poinlíuujia para aquel que, en un luoiuonlo de (Josvanccinúento, se habla arrastrado sobre la tierra, eual \il ó insensato réplil. Seis años llevaba ya de expiación y lágrimas Garí. cuando Dios exigió de él una prueba mas bumillante. Así el delito, como el castigo que por él habla sufrido, solo hablan sido conocidos hasta entonces de las rocas, y qui¬ so que lo fuesen también de los que en cierto sentido líuiian interés en saber la satisfacción y el crimen. Que¬ ría probar si consei'vaba todavía algun resabio de los an¬ tiguos humillos, que subidos á la cabeza lo hablan des¬ vanecido, ó si podria volverlo al primitivo estado do pri¬ vanza, y confiarlo de nuevo sus dones. Quería, en fin, dar al Conde una pública y scvei'a lección, recordándole ({ue es maldi lo el cjue confia en el hombre, como á tal, por virtuoso que sea. Era el año 894 cuando el Conde determinó subir á Montserrat, no expiar la falta en él cometida, ni para para llorar á perdida Riquildis, sino para una partida su de caza: pero entraba en los designios de la Providencia ({Lie sin conocerlo ni apercibirse de ello, fuera el instru¬ mento de misericordia, y el medio de que Dios se valió para obligar á Cari á dar una pública satisfacción de su crimen, ya que con su imprevisión lo habla sido del de¬ monio, para empujar al siervo de Dios á tan horrenda calda. Avanzaban los monteros del Conde la mayor al¬ con gazara hacia el torrente Vallmall, (hoy (orrente de Santa María), y dejando á un lado la capilla en que se venera- ha la Santa Jmágen hallada, para levantarle caza, los perros con inusitada carrera y alaridos se lanzan á salvar una altura de enfrente arrastrados por el olfato. Los monteros se precipitan tras los perros, y entri^ — 101 — iuiil(V,as y ayudándose luútuainoiilc escalan unos pénas¬ eos, y... quedan sorprendidos á la vista de un mónstro. lie inagnilud y calidad que no atinan á caliíicar, y una que los aguarda de un modo el mas inofensivo. Ante su aspecto quedan por instinto desarmados, re¬ servando para el Conde la resolución del caso. Despachan lín mensajero, quedándose los demás de guardia: llega el conde fatigado, atraido en alas del de¬ seo de ver lo que se le habla descrito por tan raro, y al verlo: Ninçjun daño se le haga, dijo providencialmente; l''nladde acercaros y de alarlo. Un sudor frió bañó por un momento la frente de los monteros al oir el mandato sintiendo a del Conde; mas lio tardar que por causa desconocida se dispertaban cu — 102 — pedio los afectos de compasión, se acercaron sin te¬ ^^u mor al presunto mónstruo que se dejó atar cual el mas manso corderito. Pero ni aun así pudieron atinar á que género pcrtene- cia la presa; y era que la Providencia reservaba para un dia mas solemne y plausible el descubrimiento. Humillado Gari y reconocido reo, adoró los designios de aquel Dios á quien había ofendido: reconoció al Con¬ de, y se juzgó merecedor del suplicio: y por lo mismo que, arrepentido de veras, deseaba dar á Dios toda la satisfacción que le exigiese la justicia, aceptó en silen- i'io toda la pona que Dios y el Conde quisiesen impo¬ nerle. Atáronlo, pues, y condujeron al inámlrno moral á Barcelona, y lo trataron como á mónslruo real. En la eaballei'iza del Conde expiaba en paz v tranqui¬ lidad sus delitos sin quejarse jamás de una Providencia, que si bien le babia cambiado el lugar y el modo de la i'xpiacion, no le privaba del consuelo que siente un alma arrepentida satisfaciendo á la justicia divina, que no quie¬ ro la muerte sino la conversion y vida del pecador que le ofendió. .Miró Dios el arrepentimiento de Cari, acejiló su ex¬ piación dolor, y (piiso que la gracia sobreabundase y su en donde babia abundado el delito. Cuanto mira de lejos al .soberbio, se complace en estar con losbumildes. Que¬ daba Dios satisfecho, y qui.so manifestar de un modo ad¬ mirable su misericordia. Estaban de fiesta los Condes por haberles Dios dado un nuevo vastago: dieron un banquete á los principales de su condado para solemnizar tan fausto acontecimiento, y Juzgaron honrarles, mandando traer á los postres y hora de los bi'indis al inofensivo ó indoíinibb' Mónslrno razado rn ñfonlserrat. — 103 — Esta era la hora que Dios tonia reservada para hacer ostentación de un rasgo peculiar de su grandeza y muni- fiôencia; lléml, Joan Garí, dice el niño objeto del ban¬ quete, y en voz que todos comprendieron clara y tamente: lléml, Joan Garí, Dea t ha perdonat los distin¬ pecats: (levántate, Juan Garí, Dios lia perdonado tus uceados), y enmudeció el niño. Atónitos el Conde y sus magnates apenas creían lo que velan; pero Garí es el encargado de sacarlos de su estu¬ por; Garí se levanta en pié, Garí- cuenta con lágrimas sus miserias, Cari conílésaso reo, Garí se postra á los pies del Conde, y Garí implora una gracia en obsequio del regocijo, y de las bendiciones quo el cielo babia dis¬ pensado al Conde con el nuevo vastago. El Conde anegado en lágiámas secunda las misericor¬ dias de Dios, y ratificando del modo mas solemne la sen¬ tencia y el í'alio que Dios ba pronunciado sobre Garí por los balbucientes lábios del niño Miró, dice: Garí, lo Compte t' ha perdonat, y le dió el ósculo de paz. Vistiób* una túnica y se le cayó el vello. Solo exi jo de tí, continuó el Conde, que me lleves al sepulcro de mi nunca suficientemente llorada Riquildis. § 4." GAHÍ líEl'.AUANDO SüS ESCÁND.ALÜS. Garí, hombre ya bajo todos conceptos, vino á Mont¬ serrat con su bicnbecbor, indica el sepulcro de el Conde su víctima, caban, y... ¡riquezas de la siempre adorable misericordia de Dios! una gracia sucede á otra gracia, y un gozo es el complemento de otro gozo; á los primero,s golpes del azadón Riquildis dispertando del dulce sueño ({ue en brazos do jalaría la Madre de. Dios babia disfruta¬ do desde el momento cu que fué dcigollada. — 104 — sale radiante de hermosura, y con la sonrisa en los labios abraza á su Padre, (jiu- persuadido de su total descomposición, todo lo tenia pro- parado para llevarla al sepulcro de sus mayores. Al respirar Riquildis el común ambiente en los brazos de su padre, recuerda todo lo trágico de su historia, y ai ver al agresor, Perdona, padre mió, perdona al agresor que está junto á ti, exclama inflamada en caridad. «Por i>la Virgen que me libró del pecado, invocada en mi mas «peligroso trance, por esa Virgen que me recibió en sus «brazos al ser degollada, por la »he dormido Virgen en cuyos brazos tranquila hasta este momento, olvida, pa- ))drc, todo lo que la misma Virgen y su santisimo Hijo «han olvidado también. Un momento de extravío de su — iOo — «razón lo arrastró...» Y las lágrimas del Conde mezcla¬ das conlas de Riqnildis, apagáronla la voz, y el Conde exhalando un profundo suspiro, dijo: ¡Concedido! «¿.qué mas pides, hija mia?» «Mi vida es debida á la Virgen María, y es justo que tolla se la consagre.» «Permíteme, padre mío, que todos los días que me «restan deella, los pase al servicio de esta su Santa Imá- «gcn hallada y que se venera en esta capilla, á cuyos «umbrales fui degollada, sepultada, conservada y resu- «eitada, ó dispertada despues de siete años.» Ahogando con supremo esfuerzo los sentimientos de la naturaleza, e.xtraordinariamente sobreexcitada, Ri(¡mUhs, dijo el Conde, lodo se te concede. Me lo pides por la Vír- (¡en María, y nada pnedo neyar á qumi tanto te ha favo¬ recido, y toda te debes. Vuelvo el Conde á Barcelona, dejando á Riquildis acom¬ pañada de sus doncellas, y una escolta de escogidos ca¬ balleros de su guardia personal, y al momento forma un proyecto de monasterio al rededor de la capilla de la Virgen. Cari, cuyo perdón bSljia ratificado el Conde, se retiró al momento á su primitiva Cueva, y allí proseguía una ejemplarísiraa y rígida penitencia, y estaba contemplan¬ do en silencio lo que se realizaba al rededor de la capi¬ lla de la Virgen. Puesta ya toda la comunidad de monjas en su regula¬ ridad monástica, concibe Cari el proyecto de rcjiarar el escándalo, y en su fervor se presenta á las señoras, y se dona perpetuamente al monasterio. Aceptan las señoras tan precioso donativo, primicias las obe¬ de las futuras bendiciones del cielo, le señalan diencias, y de un modo especial le encargan la sacristía y cuanto pudiese tener un contacto inmediato con la - 106 — Santa Imagen, relativamente á los que viniesen á visi¬ tarla, y Garí es el mas bello cjemjjlar de todas las virtu- tes, así para las señoras, como para los romeros. - El Señor, que registra los corazones, se complace en Garí, lo regala como en los mas fervorosos días de su inocencia, y lleno de méritos, siendo ya conde Gorrell I, inmediato sucesor de Wilredo I, murió en olor de santi¬ dad en el año 898, consiguiendo que su cuerpo fuese sepultado en la misma cueva en que liabia hecho tan ás¬ pera penitencia despues de vuelto de Roma, y en donde prohahlemente hahia perdido su inocencia. Las religiosas, testigos oculares de las virtudes de Garí y de los iaYnres con (juc Dios lo regalaba, por mucho que él tratase de ocultarlo, no pueden olvidar al que tan¬ to las hahia edificado, y asi es que el año 9Ü5 y viviendo, aun Riquildis, precedías todas las formalidades que en¬ tonces eran canónicas, bajaron su cuerpo de la cueva, fabricaron un sepulcro distinguido en la capilla de la Virgen, lo tuvieron siempre en gran veneración la que comunicaron con su historia á los monjes sus sucesores al restituirse al monasterio de las Puel-las, y así conti¬ nuaron los monjes sin interrupción hasta en 1755 en que fué derrihaila la capilla-primitiva, mil veces amplia¬ da, para edificar el claustro romano actuahnentee.xistente. No olvid aron empero los moines este sepulcro al der¬ ribar la capilla, antes bien, fieles conservadores de la no interrumpida y venerada tradición, con toda la decencia posible encerraron en una arca forrada de terciopelo los restos mortales do este distinguido varón, y los coloca¬ ron en uno de los armarios de la iglesia nueva; tres (de los que hay en la pared del ábside ó tras del altar ma¬ yor, es el mas próximo á la puerta que por aquel lado conduce á la capilla de Santa Ana), mientras que la santa madre Iglesia determinaba sobre su culto público. — m — De allí desapareció con todas las demás reliquias y todo lo perteneciente al culto en la invasion francesa el dia 25 de Julio de 1811. Volveremos á hablar de su cueva en el capítulo xxiv de la tercera parte. (ÍNA INSINUACION BIOGIi.ÁFICA SOBRE LOS DESCENDIENTES DE LA FAMILIA lUUSECII. Hemos venido dando por cosa sentada, que los afortu¬ nados pastores que vieron las señales con que el cielo indicaba la cueva en que estaba escondida la Santa Imá- i,'en boy venerada en Montserrat, eran de la noble casa de Riusecb, cuyo dueño las vió asimisuio, dióaviso al sa¬ cerdote que les celebraba en los dias festivos, asistiendo despues él y su familia al acto de la invención, acompa¬ ñándola cuando trataban de conducirla á Manresa; siendo |)or lo mismo testigo de cuanto sucedió y liemos referido. Y finalmente liemos dejado consignado que un indivi¬ duo de esta noble y afortunada lámilia se quedó al servi¬ cio de la Santa Imágen en S. Acisclo, asociándose ó po¬ niéndose á las órdenes de S. Julian y de Joan Garí. Naturalmente ocurre preguntar si esta familia ha de- .saparecido del todo, ó si e.xiste todavia. Sí, afortunadamente existe; y ba llegado por legítima sucesión en línea recta basta nuestros dias, siendo jefe hoy el muy noble D. Ensebio de Olzina y de Torres, 01- y.inellas de la Pezuela y Riusecb, conocido en el pais por el CabaUer de Monistrol, el cual si bien no tiene su ve¬ cindad en esta villa, sino en Barcelona, pasa en ella sin embargo largas temporadas en los veranos. En esta nobilísima, antiquísima y honradísima familia. — 108 — SC ha conservado la tradición de cuanto hemos referida, y se halla consignado en varios papeles, do que con toda hidalguía nos ha remitido notas el citado D. Ensebio, las cuales está enteramente conformes con las del archivo (le Montserrat, y con la historia y la tradición de nuestros mayores. Pero no podemos menos de añadir (jue esta familia ha- hia guardado con mucha veneración en una Urna forrada de terciopelo verde las escudellas, (escudillas) en que comian los afortunados pastores, y las enseñaban los ge- fes de la misma á cuantos solicitaban verlas como el ci¬ tado Ü. Ensebio con sus hermanos que todavía viven, aseguran haberlo visto practicar por sus mayores, hasta (jue en el año de 1811 con la entrada de los franceses en Monistrol desaparecieron con harto sentimiento de tan honrada familia. Desaparecidas las escudellas, custodiaban la urna en que habian estado encerradas por tantos siglos, como un monumento histórico, y como un recuerdo ó legado de sus ascendientes; pero en 25 de Enero de 1837 apo¬ derándose de Monistrol una partida de los llamados Hon¬ da del Yallés, por ser este su gefe, Ignacio Font de Man¬ resa, (a) Perejan, y Francisco N. valenciano, dieron con la urna, y sin conocci' su valor histórico, arrancaron el terciopelo y mandaron que de (id se les hiciera un cha¬ leco para cada uno, y desapareciendo así el últiim^» resto (le tan históricas alhajas. Acompañando en el sentimiento de tan irreparable^ pérdida al Sr. de Olzina, le hemos indicado la idea de hacer un facsímile de las tales escudellas, ya que no solo él, sino también sus hermanos y varios ancianos de Mo¬ nistrol, pueden recordar sus formas y dimensiones, para conservar de esta manera con un monumento tan veneranda historia palpable y trasmitirla á sus descendientes. — -109 — Nos complacemos en dejar consignado que esta idea ha merecido la aprobación del Sr. de Olzina, y que está en realizarla. § 6.° SI EXISTI.V EL PUEBLO DE MONISTROL CU.\NDO FUÉ HALLADA LA SANTA IMAGEN. Se nos ha preguntado muchas veces nuestra opinion sobre si la villa de Monistrol existia ó no al tiempo de la invención de la Santa Imagen. Estamos muy distantes de presumir poder nosotros formar opinion, y decidir cuestiones en que están di.s- cordes historiadores de gran talla. pudiendo dejar desairados a los que nos han Pero no honrado tal pregunta, parécenos que, supuesto lo con queMejamos consignado en los capítulos anteriores, po¬ demos decir que - no - Monistrol con este noml)re y en forma de pueblo, esto es, con su gobierno municipal y sus demarcaciones, etc., no exis¬ tia entonces; pero existia en embrión, por decirlo asi, ó en pañales. Queda ya atrás consignado que desde el siglo 6.° en las riberas del Llobregat existió un monasterio, que por ser de modestas dimensiones quedó con el nombre diminutivo de Monasleriolnm ó Monaslcriol que fué destruido en el año 620, y reedificado á mediados del siglo 8.° bajo el mismo diminutivo; que como obreros suyos y bajo el abrigo de los castillos de la Montaña, se reunieron al- _ íM __ gunos de los fieles que, ó servían de un modo ú otro al cjércilo lihorlador apostado en la Montaña, ó habían po¬ dido evadirse de los pueblos esclavizados por los moros; pues bien: Dueños los monjes de una gran porción de terrenos de los alrededores del Monasteriohnn, adquiridos parte por compra y parte por donación de los conquistadores, per¬ mitieron que los fieles los ayudasen en sus ocupaciones campestres á ([ue estaban dedicados á ciertas boras por su instituto, y asi fueron formándose también ciertas vi¬ viendas, ó llámense cabañas, según permitía el estado azaroso de la guerra. Estas humildes viviendas fueron mas tarde desampa¬ radas con fugarse segunda vez los el Monasleríolum al monjes; y como estos no volvieron á presentarse á re¬ clamar sus primitivas propiedades, al regresar los que habían vivido en las modestas casucbas reconocieron por dueños de los territorios á los conquistadores, y proce¬ diendo á reedificar sus casitas cultivaron sus tierras bajo el señorío de los reconocidos propietarios. Dejamos también sentado que la casa de Riusecb pro¬ bablemente es la de uno de los caballeros, usando por este motivo armas de tal, y en las cuales figura un rio; y es probable por consiguiente que algunos de los pri¬ meros que volvieron á vivir junto al Monasleríolum des¬ pués de su segunda destrucción, reconocieron por su se¬ ñor al caballero de Riusecb cediéndoles este parte de los territorios conquistados á condición de ser reconocido como señor de ellos, ya prestándolo vasallaje, ya dándo¬ le un vaso de agua al presentarse, ú otro censo seme¬ jante. Es muy natural también que multiplicándose los des¬ cendientes de la familia Riusecb, igualmente que los de las familias dependientes de la misma casa solar, desea- — 112 — sen instalarse, á cuyo fin el Señor les fuese vendiendo ú cediendo en enfitéusis ó con otras condiciones algunos de los territorios va Id ios en las riberas del Llobregat, que así se fuesen multiplicnndo las casas, (]ue agregadas for¬ masen un pueblo mas ó menos numeroso, que como tal mas tarde se le diese su autonomía ó vida propia muni¬ cipal, según las leyes de la época. Los barones que babian conquistado los territorios del pié del Montserrat, los perdieron del todo ó en parte con las nuevas invasiones de los moros: y de aquí el que al arrojarlos de él los condes de Barcelona se hiciesen diur¬ nos de ellos, dejando de titularse tales los Uiusech que aunque percibiesen, y perciban algunos censos en ¡\Ío- nistrol, no tienen señorío alguno. Y así en el año 888 el conde Wifredo, como tal señor de toda la Montaña, hace entrega de todas las iglesias, de la misma, inclusa la de S. Pedro del Monaslcríolum, al monasterio de Ripoll. Consta también por datos del archivo de Montserrat, que á consecuencia de esta donación vinieron algunos monjes y administraron la iglesia de S. Pedro, que en todo ó en parte, reedificaron el Monasteríolum para vivir en comunidad, siendo harto verosimil que no faltasen al¬ gunos fieles que morasen en viviendas levantadas á la sombra de la Iglesia, que labrasen tierras adquiridas á enfitéusis ó en propiedad subsistiendo el nombre primi¬ tivo. Y de aquí el que se llamase el lugar en que radica¬ ba Monasteríolum, Monasteriol, y sus habitantes se distinguiesen de las demás localidades con el nombre de monasleriolenses, ó vecinos de Monistrol. Con las Iglesias donó el conde Wifredo al monasterio de Ripoll el señorío de este lugar y Montaña, y por esto consta de datos del archivo de Montserrat, que su Prior y el abad de Ripoll en 1006 vendieron como señores, v ce¬ dieron en enfitéusis varias tierras de Monistrol para cul- — 113 — ■íivo y paraedificar, llamando ya á este lugar MonixtroL y no Monaxteriol ni Monasleriolum. En el archivo de la reverenda comunidad de Monistrol existe un documento que que en el año de 1)30 existia ya el pueblo, prueba como nos lo ha asegurado el actual archivero el Reve¬ rendo 1). Cristóbal "Carreras. El rey D. Jaime en el año de 1220, concede á sus vasallos la iaeultad detener mer¬ cado, dándole al mismo tiempo el nombre áe parroquia. In villa vexíra quœ dicilur de Monistrol, dice el rey. Además cuando los propietarios de las tierras é iglesia de Santa Cecilia traspasaron su propiedad á Cesáreo, í;n ■el año de 9tí, al señalar los límites de las mismas, ha¬ blan del lugar de Monistrol. Quede por lo tanto consignado que la villa de Moni.s- trol en el sentido indicado no data de ayer., como supo¬ nen algunos, sino cuando menos de los siglos 8. o ü. , y que puedo gloriarse de tener dentro de su demarcación civil y parroquial á la nobilísima y antiquísima casa de Riusecb, (boy Olzina). Capitulo XÍX. En la monlaña de Montserrat establece culto se un fijo á ^ la Santa ímágen, y se encarga définitrcamente d la familia benedictina. Edifica Vifredo el Velloso primer conde de Barcelona un monasterio al rede¬ dor 6 contiguo á la capilla de la Virgen hallada: trae monjas benitas de S. Pedro de las Puel-las de Barcelona: Biquildis primera abadesa: es su se levanta la primera hospedería. Excusado sería este capítulo, si la severidad de la nar¬ ración histórica no nos o])lig·ase á reasumir algunos dé¬ los hechos consignados en el párrafo cuarto de la vida de Joan Garí, para poder tener mas fija la ligazón de las ideas que tanto interesa al obj'eto de ver la dependencia que tienen unas de otras. Hemos consignado ya que la Sania Imagen hallada quedó al cuidado de los ermitaños en S. Acisclo, El Obispo Gottomaro activó de un modo digno del ob¬ jeto la edificación de una capilla exclusivamente para la Santa Imagen, en un recodo de la Montaña, en el plano mas próximo al punto en que se habla quedado inmoble^ y la dejó al cargo de los mismos ermitaños. Y la calda y penitencia de Garí, providenciales sin duda, fueron ocasión de que el culto de la Santa Imagen se formalizara do un modo fijo, y que la familia benedic¬ ta se encargase.definitivamente de él. — 115 — Wifredoprimer conde, consecuente con la condescen¬ dencia que tuvo con Riquildis su hija, dió un impulso regio á la fábrica del monasterio que la edificó contiguo á la capilla levantada por Gottomaro, y trayendo Benedictinas de S. Pedro de las Puei-las de Barcelona, inslaló una comunidad, dándola por prelada ó primera abadesa á su misma bija con todas las preeminencias y privilegios de tal el año 896. Desde este año quedó regularizado el culto de dia y de noche; desde este año se celebró fija y diariamente el santo sacrificio de la misa; y desde este año los fieles (pie se sentían movidos á subir la escabrosa montaña á fuerza de fatigas, ó para cumplir un voto, ó para implorar la.s — 1Í6 — gracias de la que es madre de ellas, cuconlrarou quien pudiese complacerlos eu todo lo relativo á los scntimieu- tos religiosos, y quien pudiese acudir al socorro de sus necesidades corporales. Se estableció ya entonces una hospedería. (1) Pero los tiempos aquellos no eran normales por des¬ gracia, y el Monasterio y hosperlería hubieron de edifi¬ carse bajo la salvaguardia de castillos ó torres. El Conde comprendió el peligro en que quedarian las •señoras, si las dejase abandonadas á sus propios recursos y valor, y así es que rodeó el monasterio, capilla y hos¬ pedería de murallas de, una altura y espesor proporciona¬ dos á la estrategia de aquellos tiempos, y en ellas levan¬ tó unas torres que lo propio que de defensa, pudiesen servir para los vigilantes. Y á expensas de su bolsillo tuvo siempre cierta guar¬ dia, ó llámese guarnición, para impedir que los moros en ningún caso pudieran sorprender y bumillar á las vír¬ genes del Señor. Las murallas empezaban en la plazuela de S. Acisclo,, .seguían por lo que hoy es huerta de arriba, y cogiendo (1) El libro timlado Catálogo de los bienhechores esoríto on pergamino, que , comienza en el año 88Sy obra en el archivo de este Monasterio, en el fól, 2 dice lo siguiente. «Año ochocientos odíenla y ocho el serenísimo Sr. í). Vifredo "Pelos, conde do Barcelona, después de haber edidcado^'ste convento de Monl- Msorrat y tomado muy por su cuenta la protección y amparo del mismo, como «siempre lo hizo su ilustre caso y familia, movido á mayor devoción por los «muchos milagros nue esta Beina iiacio, y por la vida ejemplar de la señora «abadesa su liija y demá.s religiós is, hizo donación para siempre á este con- «vento, y por él á ü. liodulfo su hijo moíije del convento de Bipoll (para quien «y parasu sepuiiura ediíicaba aquel insigne monasterio), de la mayor narte de «esta Montaña, lugar y término de Monistrol con las iglesias quohabia en lo «alio .y bajo ella, (es à saber, esto convenio, S Acisclo, S.Pedro y S. Martin' «con la directa y alodial señoría, jurisiiiccion civil plena, quedando este eon- «venio por viriud de esta donación suieto al monasterio de BipuU, hasta el año «1410. (jue la Santidad de Benedicto XIU lo erigió en aliadla.» •Supone por consiguiente este relato que en el año 88S ya estaba instalada la comunidad de monjas, y que el monasterio se ediücó antes de este ano, y que en elintermedio del 880 al S88 se levantó la capilla primitiva y tuvo lugar la historia del hallazgo con vida de la degollada Biquildis etc. etc Un libro de notas, que obra en el archivo de este Monasterio, dice que lí coa led ó en el año de 887. — 117 — ('1 edificio monasterio, capilla, y la hospedería que esta¬ ba dentro de lo que hoy abrazan los aposentos de S. .41- foHso y del renrrablc José de las ¡Jántias, cerraba muy cerca de lo que hoy es Fonda. Véase el presente. Facsimile de la primitiva capilla y primer monasterio de monjas- Él numero 1, es la capilla edificada por el Obispo Oot- fomaro: el número 2 el monasterio levantado por Wiire- do primer conde: el número 3 la hospedería: el nume¬ ro Acisclo; los números 5^ O, 7, 8, O, y 10 las -4 S. torres-de las murallas: el número 41 la puerta que en la muralla daba entrada al monasterio é iglesia: al pie de la muralla habla el camino peonil y de herradura, y lue¬ go todo eran barrancos. Todo el local que hoy ocupan — 118 — los edificiosposteriores, so ha abierto á fuerza do brazos, desmontando y terraplenando. El número 12 la campana del milagro en la plazuela de S. Acisclo. Los números desde el 13 inclusive hasüi el 25 exclusive indican las murallas, y los números 25 indican el camino peonil y de herradura que estaba al pié de las mismas. Con estas precauciones, no solo estaban seguras las señoras que se dedicaban con el mayor fervor y recogi¬ miento al culto de la Santa Imagen, y con la mayor bu- mildad y caridad al servicio de los ^ que venían á visitarla, sinó que todos los romeros y peregrinos contaba)i con un auxilio armado en caso de algun peligro en la Montaña. Seria por demás especificar a(|uí la asignación que el Conde dejó aseñalada así para el culto, como para el per¬ sonal y edificio: basta dejar consignado que estaba muy agradecido á la Santísima Virgen iMaría por el milagro hecho á favor de Riquildis, que Riquildjs era su hija, y él el Soberano de Barcelona. Capilulo \\ íji Santa Imagen venerada en ¿a iglesia de las benedic¬ tinas de Montserrat y conocida por el nombre de HALLADA, es llamada por algun tiempo la VÍRGEN DE LAS BATALLAS. Gorrerías de los moros: los condes de Barcelona los persiguen: llevan al com¬ bate la Santa Imagen hallada en Montserrat: vencen con ella y la dan el nombre déla Virgen de las batallas. No faltaban á los condes de Barcelona ocasiones de dar pruebas de su valor y pericia militar, porque los moros, si bien desalojados de las ciudades, no se daban todavia por vencidos. De vez en cuando presentábase un número de hombres no despreciable, y era indispensable presentarles la ba¬ talla, ó dejarlos dueños del pais. Es verdad, y lo miramos como providencial, que estos moros, ni en cuerpo de ejército, ni en guerrillas, ni en número insignificante si quiera se presentaron jamás en las inmediaciones de la capilla de la Virgen hallada, ni — 120 — ia alarma á las causaroîj nicnor monjas puestas al servi¬ cio de la misma, si bien el año 90ü en llegaron hasta Santa Cecilia y destruyeron el castillo Marro y el monas¬ terio; pero no faltaban escaramuzas por los alrededores de la Montaña. La fe de los condes y de sus- valientes era muy fer¬ viente, armados con ella como con inexpugnable capa¬ y cete y coraza al combatir á los enemigos de la verdad y y de la patria, esperaban la victoria mas que de sus es¬ fuerzos del auxilio del ciclo. De aquí surgió la confianza en la Virgen Madre de Dios, y de aquí el simbolizarla en las banderas; y no sa- tisfecbos todavia así su fé y su amor, la esperanza de ser mas seguro el triunfo si llevasen en los combates la Ima¬ gen que bajo el nombre de hallada el pueblo catalan ve- | neraba en Montserrat, les sugirió la idea> de ir por ella al baber de dar un golpe formal al enemigo. Efectivamente' al ver la multitud de guerreros llegaiv y que tenia a su presencia la Santa Imágen, se electriza¬ ba, y á la voz de ¡per la Madona de Moníserral! (por la Vírg'en de Montserrat) se lanzaban todos como leones sobro las huestes enemigas, las arrollaban, y las obliga¬ ban cuando menos á una vergonzosa fuga, quedando el campo siempre por los nuestros, valiéndcda por esto en¬ tonces el nombre de la Madona, y mas adelante de la Mare de Deu de las batallas, (nuestra Señora de las ba¬ tallas.) Y luego volvíanla á su capilla al cuidado de las beni¬ tas, celebrando con pompa las victorias que su fé á ella i atiabuia. ^ ÚNICO. VENEnAClON EN QUE ERA TENIDA LA CUEVA EN AQUELLO.? TIE.MDOS. .^si como la Virgen Saníísima no pudo olvidar la casa en que concibió al Yerbo Eterno, la cual deseosa de que íuese siempre respetada de los fieles, convirtió en tem¬ plo en el que especialmente ha- dispensado sus* gracias: así también en su deseo de precaver contra todo olvido la Cueva en que estuvo su Santísima Imagen por espacio de 162 años, dispensó en ella muchas mercedes, que no es de este lugar enumerar. Las monjas benitas primero la visitaban periódicamen¬ te, ya en cuerpo de comunidad, ya particularmente en los dias de sus fervores, y cuando ¡lor- medio do las pena¬ lidades que esta visita exigia, pretcndian y esperaban al¬ guna gracia especial; practicaban ló propio los fieles á imitación de las señoras. El camino que ordinariamente era el que partia del Monasterio, tomando por la llamada Escala de las monjas al oriente del mismo, seguia por la Plana ó solano do los ])mos (soley deis pi'ns), entre - oriente y niediodia, conti¬ nuaba por las cuevas roñosas (cavas ronyosas), y seguían atravesando despues el fmrenle de Sania Maria, se subia hasta el camino actual, mas allá de la vertiente de las aguas que bajan de S. Miguel. Entonces no babia aun allí edificada capilla; y mas adelante, en tiempo de los monjes, se levantó una cuyo — 122 — Facsímile V í' 2 nn '"r f I Sacrilici. .1 níi / iiio/'í }hablar 1 fie ella el en 'r capítulo 25 de volva la tercera parte Capitulo XXI. Lo Santa Imágen pasa defmiliramenlfí de las monjas ó los monjes benedictinos, y desde entonces es conocida bajo el título de Nuestra Señora de Montserrat. Uclírniise do Montserrat las monjas: sustitúycnlas los monjes y porqué: toma el .^fontserrat la Santa Iniágen. título de nuestra iifflora de Con mucho l·ioiior suVo y lustre de las familias mas nobles de Cataluña, de donde procedian, continuaban las bijas del gran Benito bajo el maternal gobierno primero de la bija del Conde Biquildis, luego do Fidis su tia, y mas tarde de las abadesas dignas sucesoras suyas, dando á la Santa Imágen un culto ju'opoi'ciorKulo á la época, y los mas raros ejemplos de todas las virtudes á cuantos visitaron á Montserrat por espacio de ochenta años, cuan¬ do el cambio de las circunstancias hizo indispensable tomar otras resoluciones relativas al mismo. La idea de una posible humillación de unas vírgenes dignas de toda consideración por su estado, por su vir¬ tud, por el bien que babian merecido de la religion y del pais, y también por las distinguidas familias á que portenecian, si por desgracia el ejército sarraceno que amenazaba, lograse por algun tiempo correrse por estos enmarcas, fué do tanto peso en el ánimo del conde Bor- — — ¡"cllprimero de, esto nombre, que le o])ligú á pensar sé- riamente en la obra privilegiada de su abuelo Wifrcdo, primer conde.- Agregábase á esto la consideración del número cada dia mas creciente de peregrinos y devotos que acudian. allí atraídos de los milagros (jue obraba la Virgen hallada, así en las batallas como en tiempo de paz, en las nece-. sidades do la vida doméstica lo propio que en toda clase do enfermedades,- lo cual obligaba á las monjas á una vida mas activa de lo que requería su vocación, toda vez que debía darse hospediije y alimentos á tanta multitud, y todo esto pesó lo bastante en el ánimo del Conde para resolverse á retirar derinitivamento las señoras, y traer monjes para el servicio del culto y de la hospedería, lo que se realizó el año 976; Estos vinieron de Ripoll i y aquellas volvieron á reu¬ nirse con sus primitivas hermanas do S. Pedro de las- Puel-las de Barcelona. (1) Los monjes desde luego- hicieron esfuerzos heróicos para dar mayores dimensionesá la primitiva capilla, des¬ montando á fuerza de sudores algunos palmos de la mon¬ taña contigua, ya para onccrrar en ella los sepulcros pri¬ mitivos y el de Riquildis que era de actualidad, ya para dar mayor impulso al culto, mas- esmerada á los devotos hospitalidad y peregrinos', pero siempre bajo la salva¬ guardia de los castillos, que conservaron como una ne-- cosidad de la época, si bien lès eran como una pesadilla. Vencidos mas tarde los moros, la Santa Imagen, á cu- [\] El libro citado ToMíogro de los bienhfchoresl ío). 2 vuelta, año fcere estatraslación y dice: «El conde Ilorrcll... sacó las 976, rfl- señoras monjas d^ ••este convento y las trajo á otro que les edillcó en llarcelona en un lugar lla- ifmado ^Voníftj junto à nuestra • Señora del Puerto, fuera de la misma «de donde por no ser el ciudad, puesto á propósito, año 995 su hijo el serenísimo con- pcie D. Uamon. habiendo heredado el condadO, las trasladó al convento do san vFedr© üe las PueWasdo dentro la misma oiudadvf — 12o — ■ ya protección visible atribuian las victorias los héroes cristianos, ya no tuvo que ser llevada á los campos de batalla, y de aquí ol que los fieles que la visitaban en Montserrat, insensiblemente la fueron invocando por un nombre que era el del lugar en que se veneraba; y desde entonces en todos los escritos y en todas las conversa¬ ciones ha sido distinguida por ol de Nueslra Señora de Moiilserrat, quedando únicamente jiara la historia el de la Virgen Jerosolinrilana, de la Virgen hallado, la l'/v-- gen morena y la Virgen de las batallas. SJíl Todas las eapillas de la montaña de Montserrat pasan a.í dominio del monasterio de Itipoll, y todas son Nrunus Dkecésis. Ei condo Vifr-Hlo cede toílns las Iglesias del Monlserra-t al MonasN^rio de^fti- poU; c'ítc ojoi\e en i^llas jurisdicción episcopal: no hay en la Montana linca alguna divisoria entre ci obispado do Vich y el de Barcelona. En el mismo año 888 en que Wiíredo fué víctima de un suceso tan doloroso como ol acontecido á su bija Ri- (|uildis, según (jnoda explicado en la vida de Garl, asistió á la consagración de la iglesia del Monasterio de Ripoll, y con Ocasión do tan solemne fiesta, .cedió al mismo to¬ das las iglcsia-s (juo habla así en lo alto como al pie de la montaña de Montserrat, que él habla rcconquist;)d(n echando de sus alrededores á los sarracenos (]ease lo dicho en la pág. 60). Estas iglesias eran las do S. Pedro del Monastenolam. — 126 — la (Je S. Martin al poniente de S. Gerónimo, la de S. Acis¬ clo, y la de Santa Maria ((pie era la que acababa de edi¬ ficar el Obispo de Manresa). Es sabido que en tiempo de la restauración, cuando los cristianos reconquistaban algun territorio en (jue nin¬ gún obispo balda ejercido la jurisdicción, ni le estaba evidentemente sujeto, el conquistador, o los primeros fieles moradores de aquel tei'reno separado pedian los auxilios espirituales al que mas pronto podia dárselos, ó con anuencia de la Santa Sede lo entregaban á un sacerdote óabad, y este era el representante de la misma, y en su nombre, ó con inmediata sujeción á ella, ejercía en el to¬ dos los actos jurisdiccionales. Siguiendo esta costumbre Wifredo, y no constando que obispo alguno hubiese tenido ni ejercido jurisdicción alguna, ni en tiempo de los infieles, ni mas tarde en tiem¬ po de los moros en las iglesias de S. Pedro, de S. Mar¬ tin, de S. Acisclo y de Santa Maria, que estaban ó en el pié, ó en la falda, ó en lo alto de la montaña de Mont¬ serrat; las entregó todas al abad de Ripoll, veste que ya ejercía jurisdicción ordinaria é inmediatamente depen¬ diente de la Santa Sede en su monasterio é iglesias ad¬ yacentes, con la misma facultad apostólica entró á ejer¬ cerla también independiente de todo otro Ordinario en el expresado territorio. ¡So se le ocultaba á SS ifredo el lieclio reciente del ha¬ llazgo ó invención de la Santa Imagen, y la construcción de la capilla por el obispo de Manresa ó de Vicb, pero mirólo como un hecho aislado y accidental ó de persona privada, á la manera que el de haber traído el de Barce¬ lona la misma Imagen á la Cueva, y no como la conse¬ cuencia de un precedente, que no'existia. Y de aquí el que el obispo de Manresa ó Vicb no protestase ni recla¬ mase del Conde su derecho, como tampoco el de Barce- — 127 — Joña Iiabia reclamado del de Manresa ó Vich la Santa Iniá- gen al ser hallada, ni protestado contra la creación de la capilla en obsequio de la misma. Colocadas formalmente mas adelante las monjas beni¬ tas en Montserrat, ningún obispo se arrogó jurisdicción sobre ellas, y ni el de Manresa ó Vicb, ni el de Barcelona se juzgaron con derecho á gobernarlas: el abad de Ripoll fué siempre su Ordinario, y él los nombraba, ó designaba los sacerdotes que como vicarios suyos babian de dirigir¬ las y prestarles los auxilios espirituales. Es verdad. que al restablecer Cesáreo la iglesia de santa Cecilia en el año 942, creyendo que por ser aquel territorio reconquistado y sin tener prelado conocido po¬ dia entregarse á quien mejor le pareciese, pidió y recibió del obispo de Vicb el título de abad de ella, pero también lo es que mas tarde, al apercibirse de ello el abad de Ri¬ poll, reclamó y logró que la dicha iglesia y el monasterio fundado cu su territorio, volviesen á su jurisdicción, y que el obispo de Vicb abdicase la que, excitado por el (lignatario que nombró de buena fé, ci'eyó competer á su sede. Mas tarde en el extremo de la i\íontaña por la parte del norte se erigió una parroquia en lo que era castillo de la Guardia, otra al poniente en el territorio llaniado el Brucli. y otra en el mediodía llamada Collbató, en el castillo Collgató ó Coll de Agató-, y como ni el abad de Ripoll, ni los priores de Montserrat pretendiesen tener derecluj al¬ guno episcopal ó cuasi, por estar ya fuera de la montaña propiamente dicha de Montserrat, de aquí que el obispo de Barcelona haya estado siempre en pacífica posesión de ellas, si bien nunca se han fijado definitivamente sus límites de la parte de la Montaña, por no haber ocurrido necesidad de hacerlo. También es un hecho que el obispo de Barcelona con- iW ísagTÓ la capilla do S. Miguel, fundada sobre el destruido j templo de Vémis junto al castillo Olger ú Olgano, pero i como lo hizo invitado al efecto por la vizcondesa Riquil- dis y sus hijos Wislaherto y .hum, y no como prelado ■lerritorial, de aquí el que jamás obispo alguno de Barce¬ lona haya visitado pastoralmente la tal iglesia, ni haya pretendido ejercer en olla jurisdicción alguna. Es pues indudable que toda la Montaña, desde.que em¬ pezó á tener capillas, ha estado exenta de la jurisdicción de'los obispos vecinos, que mas adelante, conquistada al cristianismo, han ejercido siempre la jurisdicción cuasi episcopal los benedictinos; y que por estar al extremo dé¬ los dos obispados dcdkrcelona y de A'ich, y no enclavada en alguno de ellos, ha sido siempre uwe nulHus, con ter¬ ritorio separado, sujeto á la jurisdicción regular y cuasi episcopal do los prelados de dicha orden, dependiente solo de la Santa tSedc. Así lo han reeonucido los Sumos Pontíllccs Agapito en 951, Sergio IV en1011, Urbano II en 1097, El conci- | lio ó reunion de obispos y condes habido en Bipoll en 1032, El concilio de Nimes en 1090, Urbano lY en 1201, etc. etc., hasta el inmortal Pió -ÍX, siendo de ello una prueba evidente di haber este delegado su jurisdicción al obispo de Vich, que por lo mismo se titula-: Delegado apostólico del abadiato de Montserrat, que quedó vacante al fallecer el abad en 1851, y no haber podido darle su¬ cesor á causa de la supresión do los Monasterios decre¬ tada en España por las leyes civiles, con la cual volvió ú la Santa Sede la jurisdicción vacante de hecho, hasta (pie i este apruebe la circunscripción de diócesis que debe ha- [ cersc para cumplir lo pactado en el úllimo concordato. Es por lo tanto una vulgaridad el decir que el torrent Vall-mal ó áo Santa Maria, que es el que pasa por de- ' bajo del Monasterio, es la línea divisoria que .separa los ; \ \ I — 129 — obispados de Vicli y de Barcelona, pues que los obispos de Barcelona jamás han ejercido ni pretendido tener ju¬ risdicción en las varias capillas erigidas en la otra parte del mismo, y los ermitaños que vivian en ellas, en todo y por todo dependían en lo jurisdiccional y monástico del abad de Bipoll ó de Montserrat, sin que para nada acu¬ diesen al Prelado de Barcelona. Al erigir en abadia el monasterio de Montserrat y se¬ pararlo de Ripoll Benedicto XIII {alias Papa de Luna) en 1409, lo sujetó á la inmediata jurisdicción de la Santa Sede, y concedió á sus abades los mismos privilegios que gozaban los de Rip&ll en iglesias y territorios anejos, todo lo cual confirmó el Papa Martin V, cuyo decreto fué ra¬ tificado por Eugenio IV en 1431, sin que nadie recla¬ mase en contrario, y sin que despues haya ocurrido otra variación que la derivada de la supresión de las órdenes monásticas, como queda atrás indicado. Capítulo XXIIÍ. Al aumentarse el culto de miestra Señora en Montserrat se dan mayares proporciones á la jyrimitiva iglesia, y se levantan nuevos edificios. Los monjes desarrollan y aumentan el culto de la Virgen: el mayor número lio sacerdotes y confesores atrae mayor número do peregrinos y devotos: hay necesidad de dar nuevas proporciones á la primitiva iglesia^ y de levan¬ tar nuevos edificios para la hospitalidad. Siendo bajo todos conceptos mas proporcionados los sacerdotes que las señoras, para foinenlar y desarrollar el culto, y pudiendo además administrar los Sacramentos y dirigir ios espíritus, desde que los fieles supieron que en Montserrat se liabian instalado monjes, fueron aumen- lándose en mayor escala las visitas á nuesti'a Señora. Los milagros que cada dia obraba la santísima Virgen, invocada bajo el título de Montserrat, el bailar los devo¬ tos y peregrinos quien los consolase y remediase los ma¬ les de su alma, y al mismo tiempo la paz en que quedó la Montaña despues de expulsados definitivamente de sus alrededores los moros, alentaron de tal suerte á los del ])aís y á los extraños, que en breve sintió Montserrat la necesidad -de dar proporciones mas desahogadas á la pri¬ mitiva capilla, si bien habia de concretarse á lo que pcr- mitia la localidad ó situación topográfica, que no era otra — 43i — que una inmensa reunion de rocas originarias unas, y venidas otras por desprendimientos, teniendo al pié im¬ ponentes ])arrancos; de modo que en la realización de la obra no í'ué dable atender á las reglas del buen gusto v del arte, sinó que fué forzoso ceñirse á las condiciones y circunstancias del lugar. Y aunque las mismas causas obligaron á pensar en ampliar el Monasterio y la hospedería, pero su realización presentaba obstáculos poco menos que insuperables. El antiguo plan de fortificación por una parte,' y por otra las inmensas moles de los peñascos salientes á la suprn- flcie, con los barrancos que tenian á sus pies, .eran mo¬ tivos mas que suficientes para arredrar al de ánimo mas esforzado. Los siglo.^ aquellos no contaban como el nues¬ tro con los recursos que los adelantos de la época nos fa¬ cilitan para la traslación de montes enteros, y por lo mis¬ mo todo habia de ser obra de la fuerza bruta mas bien que del ingenio y del arte. Pero los milagros que no jiudieron obrar ni el arte ni la ciencia, los realizaron la fé y la devoción á la Virgen de Montserrat. El zelo dió á los inonjes fuerza de una que carecían por su natural habitud, se entregaron con valor á las file¬ nas de los peones, y con auxilio de palancas, cuñas,pun¬ zones y grandes mazos de hierro y acero, despues de mu¬ chos sudores lograron arrancar de su suelo originario enormes rocas, llenar con ellas los barrancos, y así pre- [larar un local en donde fijar los cimientos de algunos nuevos edificios que lograron poner en contacto y comu- ; nicacion con los primitivos, derribando parte de la.s murallas y torres que ya miraban innecesarias, despues de la tan prolongada é inalterable paz de que gozaba el Santuario. ¿Quién por consiguiente podrá comprender cuanto do- — 132 — bemos á aquellos laboriosos y abnegados cenobitas? Solo el que se haga cargo de la topografía, considere que todo era una pendiente basta el torrente Vall-vial, y tenga presente que aquella no era la época de la ])ólvora ni de la maquinaria, podrá apreciar debidamente los inmensos sacrificios que fueron menester, para levantar en Mont¬ serrat lo que hoy nos alaga, admira, consuela y ofrece alguna comodidad. La historia les debe una página de admiración y de gratitud, y tenemos una satisfacción en poderla dejar aquí consigmida. Capitulo XXIV. Medios con cjne contaba el monasterio de Montserrat para el sostenimiento de los ministros del culto de nuestra Señora^ edificios, hospedería y pobres en los primeros siglos de su fundación. f El conde Vifredo dá m Hipoll una parte de la Montaña queposeía por derecho larde se leyantü ei pueblo de ; de conquista, incluso el territorio en que mus Monistrol; se le agrega la cuadra de S Miguel:dádivas de condes y de oíros devotos. La providencia paternal del conde Wifredo no se limi¬ tó á la fábrica delMonasterio para su hija Riquildis y sus compañeras, ni cuidó precisamente de la seguridad per- | sonal de estas señoras, rodeando el edificio de murallas y torres, sino que se extendió á dotarlas con algunas pose¬ siones que entregó en propiedad al monasterio de Ripoll, como tutor nato del de Montserrat y de las iglesias ad¬ yacentes. '133 — — ÍJióle el laudémio la porción de la Montaña con que corre destle el Vall-mal, hoy torrente de Santa Maria, hasta el Llobregat inclusive, y sube otra vez por el tor¬ rente de Santa Maria basta S. Gerónimo, desde S. Ge¬ rónimo corre ó baja bácia el castillo Marro, cerca do Santa Cecilia y sigue la dirección del Ilhisech, cerca de la antigua de este nombre (hoy Pitea), vuelve al casa álveo delLlobregat, é incluye por consiguiente el sitio en que se fundó el pueljlo de Monistrol Mas adelante, en 982 confirmó el conde Berenguei' estas donaciones, y las sancionó el rey Lotario, expresán¬ dose que dá lo referido con sus tierras (labradas sin duda;. ron sus molinos de harina, selvas y carrascos: lo cual su¬ pone que ya babia habitantes al pió del monte, y por consiguiente el pueblo de Monistrol. Y señala las afron- taciones do este modo; «A parte orientis in serra quse venit do rio Mercinos »(ncra f/c jt/flí'rt la llama el pais), et peregit per ipsam 'iserram usque in ipso collo super ipsam rocbam rubiam y>\roca roja), et vadit per ipsum aquaeductum usque in «ílúvium Lupricatum: et de meridie venit per ipsum tor- «rcntem, qui dicitur Vall-mal, et descendit de ipso ca- «cumine Montis serrati.» (1) En 928 Sunyer, conde de Urgel, hermano del do Bar¬ celona y de la abadesa Riquildis, dió al Monasterio para siempre la cuadra llamada Yilamalichs, en el tib-mino de Monistrol, con la directa y alodial Señoría, jurisdicción civil plena, y otros muchos derechos, y en 929 el obispo (lo Vicb donóle los diezmos y derechos que en la misma- cuadra pcrcibia, y de algunos otros mansos del misnuy término. En 931 el propio conde Sunyer siendo gobernador de Gataluña por muerto del conde Mirón su hermano, (que i (I) Véase el mapa al fui de osla olira. — 134 — l'ué el que de edad de tres meses habló á Garí) confirmó las donaciones que hizo Wifredo Icelos en 888. En 970 D. Wifredo y 1).' Suilla su esposa dieron para .«;iem])re la iglesia y castillo de S. Pedro Sacama, en el término de Olcsa, con la señoría directa y alodial. Esla cuadra la quitó al Monasterio el conde Borrell, y la dió á Ermclindis muger del príncipe Ramon, mas esta pen¬ sando lo mejor, la volvió á la Virgen. En 982 el rey do Francia Lotario como á principal se¬ ñor de este Principado (por haberlo dado su hermano Ludovieo á los condes en feudo), á petición del conde Borrell confirmó todas las donaciones hechas y que en adelante se hiciesen al monasterio do Montserrat por los condes y por los particulares. Año 1042, Biquildis viuda y sus hijos U. Juan y don i Vislaberto obispo de Barcelona, reputándose indignos de | poseer como propia la tierra que el cielo habia santifica¬ do con la presencia de la Santa Imágen, y las lágrimas de los peregrinos que la visitaban, ofrecieron la capilla de S. Miguel (r/ite hasta hoy, dice el catálogo de los bienhe- ¡ chores, se vé enfrente de este convento), con todos los bos¬ ques y tierras (¡ue pertenecian á la misma, que eran mu¬ chas, y casi la mayor parto en la Montaña; cuya capilla | habia consagrado dicho obispo Vislaberto, dotándola en el acto de la consagración, de los bosques y tierras sobre- | ^dichas. 4049, Juan Bálart de Collbató ofreció para el cul¬ Año to de capilla de S. Miguel las décimas que le pertene- la | cian en una de las masías de Manolellas, en el término de aquel pueblo. Año 4076 el vizconde Guilberto ofreció á la Virgen en el lugar llamado Vacco y hoy día S. Antolin de Monistrol, un territorio de casi cien jornales plantado de olivos. Año 1098. el mismo Vizconde dá á la Virgen los alo- — 135 — llios que lo pcrloncciaii cu las masías de Manolellas, y principalmente en la masía llamada Bonpartit. Año 109-í, D. Hugo Gilberto y su Esposa dieron á la Virgen la iglesia de S. Jaime de Pellcrols, que ellos ha¬ blan fundado, con el término y cuadra con que la habiaii dotado en su fundación con la jurisdicción-civil plena; !a cual en el año 1219 el Monasterio permutó con el rey de Aragon D. Pedro por la cuadra del Malcaballer en el término do [ñera, también con la señoría civil plena y jurisdicción directa y alodial. Año l lOi, D." Gilia dio á la Virgen para siempre cier¬ tos alodios que le pertenecían sobre algunas casas y huer¬ tos en Gelida. Año 115-4, el Sr. Guillermo de la Guardia dió á la Vir¬ gen en libre y franco alou, una masía en el término del Bruch llamada lo Mas Llacuna, con .todos sús juros y pertenencias. Año 1101, el mismo ofreció la masía llamada Mas Gausach con la décima, juros y pertenencias en el Bruch. Año 1161, los señores Pedro de la Guardia y Gilia su mujer ofrecieron una masía en el término de Mano- lellas con la décima y señoria directa y alodial, Año 1107, ü. Raymundo^ de Gopons dió los olivares que tenia en el término de Ódena. Año 1108, Geraldo de Pierola dió su casa y heredad, tierras, montes, viñas, juros y pertenencias presentes y futuras. Año 1177, el citiulo Guillermo de la Guardia dió una pieza de tierra en el término del Bruch junto al torrente Moxmgues. Año 1189, un tal Sondrcdo ofreció muchas piezas de tierra, casas y huertos en tierra de Bages en el término de S. Pructuoso. Año 1197 el vizconde de Beses dió á la Virgen la igle- '136 - r sia de S. Jaime de Olivars en el termino de Odena , con Silcuadra y algunas masías alodiales con diezmos, primi¬ cias y censos, y la jurisdicción que los señores eclesiás¬ ticos por constituciones de Cataluña tienen sobre sus va¬ sallos. Año 1198, un monje de este Monasterio, llamado Ar- naldo, el dia de su prol'esion dió á la Virgen una heredad que tenia en la Granada, en el Panades. Año 1200, Ramon de Gastell-Aulí dió dos masías que tenia en Jorba y S. Genis, y otras tierras. En este mismo año Ramon de Cervera dió una cuadra llamada Yilavilella en franco alou en el término de Cas¬ tellfollit,y muchos censos y derechos sobre otras masías. Año 1202 D." Ermelindis viuda y sus hijos dieron al¬ gunas piezas de tierra, viñas, casas, huertos y otras pose¬ siones en el término de Terrasola, junto á S. Pedro de Riu de Bitllas. En este mismo año Ponce de Foi.\ dió la tercera parte de las rentas del Mas de Almanya en Castellet, con la se¬ ñoría directa y alodial. Año 1204-, Guillermo Ganfredo dió los alodios del Mas Vilar en el término de üdena, dos cuarteras de trigo y una de cebada todos los años sobre las masías que tenia Montserrat en S. Jayme deis Olivars, y una pieza de tierra y la directa y alodial señoría en algunos mansos. Año 1205, Raymundo de la Guardia dió unas posesio¬ nes que antes pertenecían al Mas Mitjans en el término de Esparraguera. Año 1206, Pedro Biosca y Raymundo Boixadós dieron el Mas Bosch con sus juros y pertenencias en el término del castillo de la Molsosa. Año 1211, Gerardo .\lemony dió los juros y derechos que le pertenecían en el Mas Ortés del término de Co¬ pons etc. — 137 — Año 1212, Geraldo Adalsarts dió una viña y alodios y rentas en el término do Clariana. Año 1213, Bernardo Arnaldo dio una casa y posesio¬ nes en el término de la Masanera junto á Barcelona. En este mismo año Guillermo do la Guardia dió el Mas Sobirats con todos sus juros y pertenencias en el término del Brucli. Año 1220, Domingo de Puxalt dió para siempre una cuartera de trigo anual. En este mismo año Guillermo do la Guardia echando el rosto ofreció los castillos que tenia en los términos'del Bruch y Guardia con la señoría directa y alodial y todo lo demás que le podia pertenecer. Año 1223, U. Guillermo obispo de Vich dió la cuadra del Mas Baró con todas sus tierras, juros y pertenencias en el término de Pierola. En este mismo año D. Raymundo de Cardona dió qui¬ nientos sueldos y su caballo ricamente enjaezado y sus armas. En este mismo año Guillermo de la Torre dió una pie¬ za de tierra que tenia en Monistrol. En esto mismo año Beltran, señor de la Baronía de Castellvell, dió las resclosas ó presas en el rio Llobregat para construir los molinos de Monistrol. Año1224, Arnaldo de Caldés dió una pieza de tierra muy grande en la parroquia de santa María. En este mismo año Guillermo Oliveres dió el Mas Oli¬ veres en el término do Rajadell, con sus juros etc. En esto mismo año Ponce de Rajadell dió una pieza de tierra, y la torre de Rajadell, con la señoría directa y alodial. .Año 1225, D. Ramon de Castell-Aulí dió ciertos caba¬ llos y armas que habia en su casa. En este mismo año Saurina mujer de Juan Casaprenya — 138 - dió una pieza de tierra en el lugar de S. Martin juntu á Villafranca del Panadés. Año 1226, Bernardo de Cirárias y su mujer dieron la señoría directa y alodial de los mansos Colomer de Pie- rola y Bisbal de Piera. Año 1227, I). Alberto de la Guardia y D. Berenguer su hijo, dieron la masía del Mas del Oían en el término del Bruch con la décima de los frutos, juros y perte¬ nencias. Año 1228, Guillermo de Montserrat y su hijo dieron el castillo llamado Castellnou de la Marca y todo su tér¬ mino en Sagarra, con toda la señoría directa y alodial, censos etc. En este mismo año Pedro de Esparraguerra dió la se¬ ñoría directa y alodial, juros, y otros derechos en la ma¬ sía del amo de Cheruzes, término de Pierola. En este misma año Amoldo de Montserrat, hijo del Señor del Castillo de Collbató, con consentimiento de su padre dió una pieza de tierra en el lugar llamado el Vivéi' de dicho pueblo. En este mismo año Guillermo de Claramunt dió el Mas Vilandell y otros en Esparraguera. Año 4230 Podro de Alharells dió los diezmos que le [¡ertenecian en Castellnou de la Marca. Año 1231, Pedro Sonando dió algunos molinos de tri¬ go en S. Pedro de Molanta, junto á Vilafranca del Pa¬ nadés. En este misnnj año Guillermo de Curzis dió los alodios juros y pertenencias del mas de I^aymundo Zapata en el término de Odena. Año 1233, Guillermo Folch, vizconde de Cardona, dió algunas masias en el término de Esparraguera. Año 123.1, Hugo de Malaplana dió una masía en el término de S. Cristóbal de Tóse.s. — 130 — Âùu 1235, Berenguer Guardiola dió lo mas Quiraters en el término de la Guardia. 1239, Berenguer de Cervera dió el Mas de Pedro Año Bonet la Guardia con todos los juros y, pertenencias. en Año 1240, Arnaldo Garrarió dió el Mas Noguer en el término del Bruch, con los juros etc. y 3-4 sueldos anuales. Año 1241, Gerardo de la Vid dió el mas Mûriers, en el término de la Vid. Año 1248, D." Sibila de Cardona dió el mas Verdagat en el término de S. Quintin. En este mismo año el vizconde de Cardona confirmó la dádiva de 36 medidas de sal; y U.° Elizenda de Folch dió el Mas Vellsolá en el término de Gravalosa. Año 1249, Berenguer de la Guardia dió los diezmos del Bruch y Vilaclara. En este mismo año el Vizconde de Cardona dió los mansos Incosa y Satorra en el término de Jorha. En este mismo año Ramon de Castell-Auli diy la ma¬ sía llamada Fontoriola en el mismo térijiino. En este mismo año Berenguer Bonjur dió tres masías en el término de Jorha. ' Año 1251, Ponce de Montlleó dió la mayor parte de los castillos do Garhesí y Narsí en la Sagarra. En este mismo año Bernardo de Alharells dió el casti¬ llo y término de Alharells en la Sagarra con la señoría directa y alodial, y los censos que tenia en Jorha y en el Bruch. Año 1252, Ramon de Valtraria dió una casa y heredad llamada manso Torrents. Año 1254, Raymundo de Rajadell dió la masía llama¬ da Casal de águila en el término de Balsareny, que de.s- pues trocó el Monasterio con Miguel Oliver por los diez¬ mos de Marganell. — '140 — En este mismo año un tal Guillermo dió el manso Lia- cuna en el término del Brucli. Año 1255, D." Inés de Cervera dió la masía de Ray- mundo Sangila en Castellfollit. Año 1260, Berenguer de Montserrat Señor del castillo de Collbató dió la masía de Selsforts, en el mismo tér¬ mino. Año 1263 Cuillermo de Orpí dió la cuadra y castillo de Roñas con todos sus honores, cultivos, yermos, cen¬ sos, emprios, jouas otros muchos derechos. y Año 1264·, el Monasterio compró la villa y castillo de Olesa con todos sus dominios, mercado, diezmos, sorvi-- cios, jouas, y lo confirmó el Rey U, Jaime- En este mismo año ü. Ramon de Cardona dio una ca¬ sa que habia comprado en Esparraguera. Año 1267, D. Berenguer de Cardona dio el manso de Janer. Año 1272 Cuillermo Emmalller dio los réditos y dere¬ chos que tenia en los mansos de Cubells, Joncosa, Jordá y Muradas. Año 1275, Cuillermo Castellet dió tres masías en el término de Vacarisas, llamadas los mansos de Castellar. En este mismo año Cuillermo Corts de Piera dió la alodial señoría los ma.nsos Torrent, den Pont, Canamer y algunas posesiones y casas en Masquefa. En los años de 1280, 1288, 1291 y 129T dieron cier¬ tos devotos varias haciendas para lámparas. Año 1297, Cuillermo Polit dió una viña en la cuadra de Estadella, en el término de Montllocli. Año 1302, D. Jaime li de Aragon dio para siempre cuatro cirios de cera blanca de cien libras cada uno. Año 1320, D." Cuillerma de Castellvell dió ciertas ma- .'íías en el término de Yallmoll, y cuadra de Vilabella con señoría directa etc. — 141 — En los años y 1326 se hicieron algunos donati¬ vospara lámparas. Año 1336 emprende el Monasterio la construcción del lamoso puente de Monistrol que concluyó en 1360 ó se¬ senta y tantos. Año 1372 Guillermo de Fort, señor del castillo y tér¬ mino de Collbató y de la cuadra do Santa Margarita de Monolelles, hizo donación de todo, y además de la plena jurisdicción civil y señoría. Con estas propiedades, otras de menor cuantía y algu¬ naslimosnas manuales, sostenia el Santuario un gran nú¬ mero de monjes y mayor de criados y acémilas para las provisiones de alimentos obras; daba gratuita hospitali¬ y dad á cuantos devotos sepresentaban á ofrecer su tributo de veneración á la Santa Imagen, asistía con todo lo ne¬ cesario á los que enfermaban en él, bacía los funerales á los que fallecían, y daba limosna á cuantos pobres se pre¬ sentaban, sin contar el gran número de individuos y fa¬ milias vergonzantes de los pueblos vecinos, á quienes ocultamente socorria. Capitulo X\ El monasterio de Montserrat es desmmbrado del de fíipoll: sus prelados son investidos con la dignidad é insig¬ nias abaciales, y se levantan nuevos edificios. Kí'nedicto XUI dí>sniomy>ra drl Monasterio do Bipoll el priorato de Moetserrat: lo erige en abadía: so lovanta un nubvo claustro bizanlino. La fama que por todo el mundo liabia adquiridoel San¬ tuario de Montserrat por las muchas gracias que la Vir¬ gen María dispensaba á toda clase de personas y necesi¬ tados, atraia cada dia mas concurso de gentes, que hacia indispensable dar mayores proporciones al templo, á la hospedería y á la habitación de los encargados de uno y otro. Habia porción de años que los prelados trabajaban una en este con fe y con ahinco, si bien sin un plan precon¬ cebido; y de aquí el que el conjunto fuese un informe monton de casas sembradas acá y acullá, según permitía la situación topográfica, y que Montserrat tan rico por la ímágen, por su culto, por los milagros de la Virgen, y por la multitud de devotos y peregrinos que lo visitaban,'pre¬ sentase el mas triste aspecto mirado bajo el punto de vista artístico. — 443 — El aspecto imponente de las rocas que por todas partes rodeaban al pequeño edificio, capilla y monasterio, los barrancos que tenian á sus piés, la falta de medios cien¬ tíficos y artísticos para remover tantos obstáculos, arre¬ draba á cuantos lloraban tanta falta de comodidad para los ministros de carencia absoluta de cuito, y para los huéspedes, á la par que la del gusto artístico, que distaba mucho de corresponder á la dignidad de la sagrada Reina á la cual todo estaba dedicado. Una rara casualidad, o mejor, una providencial é ines¬ perada visita, dio á Montserrat un hombre de génio y gran valor para intentar lo que entonces parecia impo¬ sible. Era el año de 1410 cuando el Luna, conocido papa de por Benedicto XIII, movido por lo que de Montserrat se referia, resolvió visitar personalmente el monasterio; vio¬ lo, y edilicado por la religiosa observancia de los monjes, por el solemne y continuo culto que se daba á la Santí¬ sima Virgen en su prodigiosa Imagen, por los muchos prodigios que obraba Dios á ftivor de los fieles que venian á adorarla, y por la hospitalidad y limosna que se distri- buia diariamente, le pareció que el Monasterio, era dig¬ no de ser elevado á un rango mayor que el de priorato y que daria mas importancia al culto si su prelado fuese sublimado á la dignidad abacial, y tuviese vida propia el Monasterio, supuesto que reunia cuantas condiciones para esto pudiesen desearse. Y en efecto lo desmembró del de Ripoll, le dió una vida y existencia propias, lo sujetó inmediatamente á la Santa Sede, y le concedió todas las preeminencias, de¬ rechos y privilegios que gozaban en el los abades de Ripoll. El primer abad, despues de este tan favorable hecho ocurrido en 1417, fué D. Marcos de Villalba, que habia sido el último prior sujeto á Ripoll. — \kí — Receloso este insigne varón de la legalidad de los ac¬ tos del tal papa, á pesar de haberlos aprobado en gene¬ ral el concilio Conslanciense, acudió á su tiempo al papa Martillo y, este confirmó tales concesiones, que mas ade¬ lante ratificó Eugenio lY. Viéndose este insigne varón libre de toda dependencia y mas realce al culto, y bonrar á la Santa ansiando dar imágen del modo que vivamente deseaban así propios como extraños, se sintió como arrebatado de un extraor¬ dinario valor, concibió el plan de un nuevo claustro, desmontó un pedazo do terreno, con las rocas que arran¬ có llenó el barranco, calcó sobre él los cimientos, y sor¬ prendió á los de mayor ingenio con el claustro bizantino que levantó en lo que boy es plaza, y del que se conser¬ van restos en el trozo de edificio llamado (orre en el ex¬ tremo de la misma, en cuyo ángulo y en el capitel se vén todavía las armas ó blason de tan grande bombre, que consisten en un losange acuartelado por tres fajas equidistantes y paralelas, destacándose airosa garzota do la cimera del yelmo. Barretean el escudo ocho listones en abanico. En el museo capiteles de este claustro, conoci¬ vénse do antes del incendio del año 1811 por el claustro deis IJargandaixos, por estar pendientes de su bóveda algu¬ nos inónsíruos marinos, que la piedad y gratitud de cier¬ tos marineros habla ofrecido á la Santísima Virgen. Sobre este claustro se hablan levantado dos ó tres pi¬ sos que servían para la habitación de los PP. entonces, y para bospederia antes del incendio citado. Capitulo XXYI. /;/ mayor mímero de coimirrenles exige el aumento de edi¬ ficios en Montserrat, y el culto de la Santa Imágen es cada día mas lucido y digno de la Madre de Dios. § 1-° EL ABAD-CARDENAL DE LA RÓVERE. Sü eclipsa por un intímenlo U estrella de Montserrat: decae en observancia, en rentas y en estimación; se retraen los fieles. Preséntase de nuevo el . sol: florece la observancia: enciéndese do nuevo la devoción de los fieles: rcnuévanse las peregrinaciones: viene un prelado de valor, energia y cono¬ cimientos; levanta un nuevo claustro. Los cuerpos morales sufren de vez en cuando sus cn- l'ermodades al igual que los físicos, y cual los a'stros, se presentan un dia en su zenit, para declinar luego á su nadir. Si tienen la fortuna de dar con un hombre de cora¬ zón brioso, de talento y de virtud, corta la enfer¬ sano, medad, y no raras veces los levanta de nuevo á su zenit. En pocos años Montserrat babia de tal suerte decaído en estima, en concurrencia de devotos, y en el culto de la Santa Imágen, á pesar de haberse aumentado las co¬ modidades para todos, que los hombres pensadores pre- 10 — îiG — sagiaban un funesto porvenir, y le auguraban una muer¬ te prematura, y no lejana. A buen seguro que solo hubiera quedado de Montser¬ rat un recuerdo histórico si hubiese sido propiedad de cualquier otro que no fuese la Virgen Maria. En efecto, esta Señora que es la que en todas épocas y en todas partes aplasta la cabeza del genio del mal, se compadeció de sus devotos, se acordó que habia aparecido y fijado su trono en Montserrat para prodigar el bien, y quitar el mal; y esta vez k) hizo de un modo tan estu¬ pendo y visible, que todo el mundo buho de confesar que el dedo de Dios estaba alli, y que quien confia en María no queda confundido. Sin presentar programas, sin hacer alarde de teorías, fué disponiendo con tal sabiduría y suavidad las cosas,, que en el espacio de treinta ó cuarenta años fueron de¬ sapareciendo las causas que tan pésimos efectos habían producido, y sin necesidad do anuncios, de llamamien¬ tos oficiales, ni de emisarios, los pueblos volvieron á presentarse en masa á glorificar á Dios en iVIontscrrat, y regresaban á sus hogares contando las maravillas que ha¬ blan visto, y las gracias que el amor maternal de María les habia dispensado. No habían pasado cuarenta años desde que el abad Villalba liabia levantado un claustro, y el abad Juliano de la Róvcre, cardenal de este nombre, ya se veia en la necesidad de levantar otro gótico,, del cual e.xiste hoy un. paño entero». Il — lïf — El facsimile del lienzo del claustro gótico- de Julio II. Juliano de la Róvere cotnpfendió su misión, y no la desatendió. El poco tiempo que medió entre la enco¬ mienda de la Abadía de Montserrat hecha por Paulo 2." y surenuncia en 1490, no le permitió llevar á cabo su pensamiento de destrucción de lo no bueno, y plantea¬ miento de lo mas perfecto; pero dejó zanjados los ci¬ mientos, indicada su marcha y removidos muchos obs¬ táculos. Y de aquí que el culto de nuestra Señora fuese enal¬ teciéndose, los devotos sintiesen llenados en parte sus deseos, y saludasen con júbilo un feliz porvenir, (jue veian asomarse sobre Montserrat como una risueña au¬ rora sobre el horizonte despues de una obscurísima y tristísima noche. 14'S o » UNION DE MONTSERRAT Á LA CONGREGACION DE VALLADOLID. Los reyes católicos procuran y logran que Montserrat se una á la congrega¬ ción de Valladolid: se retiran los claustrales: so regularízala vida eremítica: so dá una nueva forma á la Escolania: se ordena el modo de vivir de los do¬ nados ó hermanos legos, y el culto do la santa Imagen adquiere un nuevo explendor. Aaquel ojo avizor do los reyes católicos que todo lo penetraba, y á aquella providencia universal que bajaba basta lo mas mínimo, no pudo pasar desapercibido este Santuario tan grande, como célebre, objeto del cuidado y veneración de sus antepasados los condes soberanos de jlarcelona, y d© los reyes de Aragon. Se hablan informado minuciosamente de la Instoria de Montserrat, y hablan penetrado con su talento pro¬ fundo las causas de su decadencia en aquel entonces; y si bien estaban convencidos de que hacia algunos años que habla entrado de nuevo en el verdadero camino del progreso, comprendieron que este no podria menos de ser lento y expuesto, si una mano poderosa é inflexible no llevaba á cabo cuanto antes los planes iniciados. Florecía ya en aquel entonces una congregación que por haberse fijado en Valladolid, tomó su nombre; y los reyes, conociendo todo su plan y su objeto, creyeron que el único medio para realzar el crédito, el culto, y aun la estima del santuario de Montserrat, era desmembrarlo do la congregación claustral Tarraconense y unirlo á la de Valladolid. Comunicaron su pensamiento al Papa, quien accedió gustoso á la súplica que sobre el particular le dirigieron. — Íi9'— Expidió la bula Alejando VI en 19 de abril de li92, V en 2 de Junio de l-i93 tornó posesión de Montserrat el gcireral do aquella congi'cgacion, babiendo renuncia¬ do espontáncariiente el abad Peralta para no crear obs¬ táculos á la gi'ande obra de los reyes católicos' y de Ale¬ jandro VI; niereciendo por este importante servicio y desinterés ser promovido á la silla episcopal de Vicb. Desde luego se reunieron en un acerbo común todrrs los fondos, se recogieron los monjes á una clausura bas¬ ta entonces inusitada, se dió^ fin á todas las administra¬ ciones particulares, y se entabló una vida penitente y de tal suerte cdificativa, que aun los mas severos en moral y disciplina no pudieron menos de admirar la gracia de Dios, las bendiciones de María, y la abnegación de los cenobitas no vista por aquella generación. (Ion la metódica y fiel administración por una parte, y con la continua abstinencia y ayunos de los cenobitas por otra, las rentas que pocos años antes eran insuficien¬ tes para tanto como en Montserrat se gastaba en culto, ministros, edificios, bués|)edes y pobres, fué suficiente paiii cuadriplicar el número de ministros, remontar los edificios, y dar mayor y mejor provision á los huéspedes y pobres. Visiblemente se sintieron la mano de Dios y la bendición de su Santísima Madre. Eli culto, con el aumento de ministros y con el mayor riú/nero de ornamentos, adquirió un realce que recordaba primeros dias de la devoción á la Virgen á los fieles los de Montserrat, y tp;los á porfía procuraban ser los pri¬ meros en sus visitas y en sus ofrendas á la patrona y perla de Cataluña.