Capitulo XXVII. Eslahléceme en iiOS en Montserrat aiatro comunidades: cenobitas, eremitas, hermanos legos y escolanes. El abad García de Cisneros. Organizase dü modo espceial el personal del Monasterio: distingüese en un cuatro clases: delorden do ellas resulta una armonia perfecta: se establece un Laus perennis: so enaltece el culto de la Sunt-a imàgen; y los fieles que¬ dan complacidísimos y edificados. x\un(jue absolutamente liablanclo, Dios no necesita de medios ni do hombre alguno para realizar sus planes, sin embargo eJ curso ordinario de su Divina Providencia so sirve de ellos mas bien para honrarlos, asociándolos á sus operaciones, que por serle indispensables. Por esto en todas épocas aparecen hombres propor¬ cionados á sus designios, y los enriquece de los talentos y virtudes que á este objeto son conducentes. Tal fué sin duda el célebre P. García de Cisneros. Habiéndolo Dios predestinadodar cima á la obra para iniciada Montserrat años atrás, y para en la cual los re¬ yes católicos habíanse constituido [)rotectores, desarrolló en poco tiempo el plan de la restauración, que fué lle¬ vado á cabo franca y decididamente. De aquí el que Montserrat se viese enriquecido á no — loi laritai' hombres (le laleoto, de saber y virtud, á la cimi par que liumildes, dóciles y laboriosos. Distribuyó desde luego el personal en cuatro clases, y á cada una scfialó sus respectivas obediencias; dotólas con sabias leyes, y de su observancia resultó una armo¬ nía la mas perfecta, porque todo fué obra de la caridad, todo fué gobernado por ella. A los monjes sacerdotes señaló, sobre las observancias de la regia de S. Ee- .0,el estudio, la administi'acion d(; los Sacramentos y predicación de la divina palabra á los peregrinos ynu- ;rosos fieles que venian á recibir las bendiciones de la itísima Virgen María. ( A los hermanos logos les confió cl desempeño de las varias artes que son in¬ dispensables á las necesidades de la vida, la hospedería, la enfermería y la policía exterior. Había una tercera clase que vivia en la montaña, y que por una no interrumpida sucesión venia heredando el método de vida inaugurado en el siglo 6.° por los mon¬ jes fugados del Monasícríoliim, al ser destruido por los tarracenos; pero los individuos de esta clase no vivían en tanta sujeción como era de desear,Y pedia el nombre v hábito de ~ 133 — Anacoreta ó Ermitaño con que se honraban; y á hacerlos entrar en la verdade¬ ra senda de la perfección monástica se consagró sin ce- . en sus eternos secreto.s? Capítulo XXIX. Medios con que contaba Montserrat para tantos gastos en estos años. Recobra el Monaslerio algo de lo que había perdido en los años pasados: ad- qiiiore algo de nuevo: los reyes católicos se muestran generosos. . Cireunstancias harto (lesagradablcs, y que desearnos vivamente consignadas en la historia, hicieron no ver decaer el monasterio y el culto de Nuestra Señora de Montserrat desde el año 1417 al 1470, como so indicó en el capítulo 26 página 145 y 146, y entonces hasta en sus temporalidades sufrió disminución increiblc. Pero todo lo volvió á recobrar en el dia del 1470 á 1510 período que mé¬ y siguientes. Y 110 solo esto, sinó que adquirió ya por donación, ya por compra, muchas otras posesiones; y con ellas, con las limosnas manuales de los fieles, y con las bien orga¬ nizadas cuestaciones, pudo bacer frente á tan enormes gastos como los que le acarreaba el magnífico y pompo¬ so culto, el personal, los huéspedes, los pobres y los edificios. (Omitimos los nombres de los donadores en gracia de la brevedad.) — ICI — En '1-428 adquirió cl priorato de S. Pedro de Riude- vitllcs. En 1500 cincuenta cuarteras de trigo anuales sobro el castillo de Mont-Cortés. En 1506 adquirió la baronía de Aríésa de Segre des¬ pues de unpleito, y la poseyó pacíficamente en virtud de una concordia aprobada por el real acuerdo de la Au¬ diencia de Barcelona en 1790. En 1512 adquirió la granja llamada Condal ¡unto á Cervera. En 1513 ó 1-4 compró la granja de la Albareda en Prals de líeg, y la de Montaler con sus términos de Bil- hes, Coílfret y Lincas. En 1537 compró el castillo de fíigiier, el de Yall-maña, parte del de Zavíl, la baronía de Monlmagasíre y una casa enla villa de Mon:on. En 1539 adquirió todo el Monasterio de Santa Cecilia jen esta Montaña) con todos sus derechos, posesiones, diezmos, primicias, etc. por entrega voluntaria del mis¬ mo, que en 150-4 iiabia decretado el Papa Julio II. En fuerza de estos títulos adquirió la iglesia de Mar¬ ganell, la de Matadas, el Priorato de S. Pedro de Paga- nell cerca de la villa de Anglasola, el de S. Pedro de Ambigans en la Conca de Barbará, el de Santa María del Camí en la Segarra, censos y otras cosas en Manresa, Salellas, Tarrasa, Piera, .Pierola, en Villaformosa, en S. Miguel üérduls, en Santa Maria de Camps, en el condado de Cardona, en Castelltallat, en S. Mateu, en Fonollosa, en Campins, Folgars, Palau Tordera y Riells. Con el priorato de S. Sebastian dels Gflrcbs en el tér¬ mino de Aviñonet en el Panadés, adquirió en 1-410 todos los derechos, tierras y demás censos, que poseia en va¬ rios lugares pero especialmente en S. Pau de Ordal, II — 162 — Villafranca del Panades, Yillaformosa, Villalbis y S. Mi¬ guel Déi'duls. Con el Prioralo de S. Pedro de Ilmlevillles en '1-428 adquirió todos sus derechos, diezmos, posesiones, cen¬ sos, etc. y algunas tierras y derechos en Terrasola, etc. A estas adquisiciones so agregaron limosnas de los re¬ yes católicos, y de algunos particulares, que fueron su¬ ficientes para las necesidades de los peregrinos, rome¬ ros, pobres, ministros del culto, para la conservación de los edificios y para el ensanche do la primitiva iglesia; pero considerando que si todo lo dicho bastaba para aten¬ der á las necesidades cotidianas no era suficiente para levantar el nuevoedificio-iglesia que todos .los fieles re¬ clamaban, se acudió al medio de hacer un llamamiento general á la caridad de los mismos, ya que la utilidad esperada lo habla de ser también para todos ellos. El modo con que fué contestado este llamamiento se verá en el capítulo siguiente. Capitulo XXX. Levántase en Monlserrat un suntuoso y magnifico templo d la Santísima Virgen Maria. El abad Garriga: quien fué este: concibe de niño ia idea de un templo digno de la Madre de Dios: lo comienza siendo abad y lo calca sobro ios cimientos del ediliciu que para Monasterio habian empezado los reyes calólicos: con que medios contó par-a tan gigantesca empresa: idea ó sencilla descripción do este letnpiu. Seria sobre el año 1513, poco mas ó menos, cuando entre otras dádivas ofrecidas á la Virgen, Montserrat re¬ cibió una nunca vista en él basta entonces. Llegó al Monasterio un labriego de las cercanías de Balaguer, llamado N. Garriga con una caballería menor, y encima de ella unas angarillas. Pidió jsor el sacristan, y puesto á su presencia. Padre, le dijo, sírvase V. P. re¬ cibir la ofrenda que traigo para la Virgen en cinnplmien- to de un voto que de común acuerdo hicimos mi esposad yo. Y la olreiida era un cabrito y un niño de 7 años. Perplejo el P. Sacristan por un momento y embarga¬ do por la multitud de reflexiones que en tropel sobre tal I ofrenda se le ocurrian, dudoso al mistno tienipo sobre la licitud del voto, caso do no haber en este licclio algo de — 164 — impostura ó aberración de la mente del oferente, resol¬ vió por de pronto reusar la aceptación del niño. El padre del niño insistió, y temiéndoso el P. Sa¬ cristan un crimen, una ilusión, una impostura, ú otra cosa semejante, resolvió llamar al abad. Este examinó minuciosamente al labriego, y cerciora¬ do de la veracidad del voto, de estar en cabal juicio el oferente, del consentimiento de la madre y demás: Pa¬ dre Sacristan, dijo, reciba E. aiiilms ofrendas: adoremos los designios de ¡a Divina Providencia. Qnis patas íste paer erit ? Que sabemos nosotros si este Niño se lo tiene reservado la Santísima Virgen para cosas grandes? Pues ya no dudo de cfue la mano de Dios está en él. Insistís buen hombre, dijo al labriego, en que este hijo vuestro sea consagrado al culto de Ntra. Sra. de Mont¬ serrat? Si, Padre, contestó, y con todo mi coraron. Y afrmais delante de Dios que lo consiente libremente vuestra esposa, y que no lo reclamareis en ningún tiempo? Si Padre, quiero de veras. Ea, pues, buen hombre, dad el tiltiñw abraco al que ya desde este momento será el hijo predilecto de María. Y el padre estrechó contra su pecho al hijo, llenólo de besos entre sollozos, y pedida por el hijo la bendi¬ ción... Á la Escolania con él, dijo el "abad. Será lo (¡ue .será. La Virgen lo cuidará ya (¡ue lo ha adoptado tan visi¬ blemente. Y el niño fué dando muestras de estar con él la gracia y las bendiciones de María. El niño fué dócil, aplicado, y tuvo un despejo mas que regular. ' En poco tiempo aprendió además de los rudimentos | musicales, los elementos do primera enseñanza propios j de su edad, y mas adelante los de gramática latina, ma- j nifestando vivísimos deseos de consagrarse con perpétuos j — 16o — votos al servicio de la Scjíora, que con tanta predilec¬ ción lo habla admitido entre sus pag-es. Al contemplar el templo de la Señora de la Casa de harto reducidas proporciones para tajitas personas como la visitaban, á pesar ile los grandes esliiej'zos que enton¬ ces se hacian para darle mayor desahogo en su latitud y longitud, exclamaba con entusiasmo pueril; Quant yo seré gran faré una iglesia moll gran á la More de Deu! (en siendo yo mayor he de levantar nn gran templo á la Virgen!) Su virtud y su ejemplar conducta lo hicieron acree¬ dor á ser admitido en clase de monje, y su observancia, y su saber lo hicieron digno de ser elevado á la dignidad abacial en '1559^ Y aquí se manifestó e\ porqué la divina providencia lo habla traído, y se verificó la prevision del Abad Burgos al admitiido niño 46 años atrás. Apenas habla tomado las riendas del gobierno de Mont¬ serrat y habla podido enterarse de todos los ramos y de los recursos con que podia contar, cuando ya se estaba ocupando del proyecto de una iglesia digna de la Madre de Dios, que era su sueño dorado. Contemplaba los cimientos del gran Monasterio ideado por los reyes católicos, y le parecieron dispuestos provi¬ dencialmente para la grande obra que proyectaba. En su entusiasmo por la gloria de María, no, se decía, no consentiré que se levante un magnífico edificio para los ministros de la Jieina antes (¡ue para ella. ¿Los monjes é yo en soberbio cdiflcio, y el arca de Dios en cabaña do ¡líeles? Videsne quod ego liahitem in domo cedrina et arca Dei posi ta sil in medio pellium? decia con David á Natan; y vuelto á Dios en la oración, le recordaba los deseos de su infancia, crecidos en su mocedad y robustecidos en su edad viril: Memento Domine sicut juravi... St introie- ro in tahernaculim Domus mece et ascéndero in lectmu ~ }66 — struli mei... doncc inveníain locum Bomino (Dommœ) (2, Beg 7. 2. Psalm. 51 v. I. 2. 5.) Y lleno de aquella le que traslada los montes, para la que no hay dificultad que no se venza, dió principio á la iglesia actual, con el presentimiento do que la Señora que le habla sugerido los deseos y lo habla escogido des¬ de su infancia, le facilitarla los medios. No se hacia empero la ilusión de que la Virgen le ha¬ bla de traer al efecto todo el numerario estándose él ma¬ no sobre mano; pero si le suplicaba se dignase indicarlo los medios que entraban en su providencia; y recordando que Montserrat no era exclusivo de Cataluña, si bien era de unmodo especial de los catalanes, emprendió una cuestación general por todo el principado, extendiéndola mas tarde por todas las provincias de España. Comprendió cuan delicado era este medio y á cuantos fraudes y compromisos podia prestarse, y para obviarlos y legalizarlo todo bajo una organfzacion, que no dejara que desear al mas delicado, elevó sus preces á la Santidad de Pió IV, y al rey Felipe II, y obtenida por 10 años la vénia y privilegios de ambas potestades, dis¬ puso las cuestaciones bajo ciertos reglamentos y la vigi¬ lancia de personas de conocida probidad, dando todo el mas feliz resultado. Dióse principio á tan gigantesca obra en 1560 y con¬ cluyóse en 1592, bastando 32 años de continuos desve¬ los, y expensas incalculables (mas de doscientos mtl du¬ cados), para dar al Monasterio y á los devotos el consue¬ lo inexplicable de ver el templo concluido en su genera¬ lidad, si bien faltaba el revoque que se realizó en 8 años, y costó 150,000 libras barcelonesas, y los retablos y adornos etc. en que se invirtieron otras 50,000 libras; trabajando de continuo de 100 á 120 hombres, 12 acé¬ milas, y 10 bueyes de carreta — 167 - Fac.jimiie y descripción del Templo. Consta el templo de una vasta Nave central, esbelta y clegíinte, cuya elevación de 120 palmos catalanes o es sean 33'32 metros; teniendo de longitud 300 palmos ó sean C)8'325 metros y de latitud 79 1[2 palmos ó 15'4-o2 metros. En cada uno de los lados de la Nave se abren G capi¬ llas bajas, y 6 altas que están sobrepuestas á las bajas, dos de las cuales están cubiertas por el coro alto. Dicbas capillas son todas iguales, y cada una se levanta sobre un cuadrado que mide 31 palmos catalanes ó sean G 712 metros de alto, teniendo todas ventana cuadrilonga pro- — -168 — porcionada á su altura y encima un rosetón circular. Cierra la nave un ábside que forma un medio polígono de 7 lados en los cuales hay dos puertas, y sobre ellas dos arcos semicirculares, que sirven para dos tribunas una én cada lado, teniendo cada plano del polígono un rosetón circular igual, y á la misma altura que el do las Capillas. La pared de í'achada tiene un espesor promedio de 7'50 palmos, ó 'r27 metros, y las colaterales exterio¬ res un espesor de lü palmos, l"9-í- metros. Las capillas están separadas por dos séries de pilastras de orden corintio las inferiores, y del Toscano las supe¬ riores construidas todas con piedras marmóreas que ad¬ miten un bello pulimento, y que, según se cree, fueron extraidas de canteras de la misma montaña. Entre la 5." y G." capilla y entro esta y el presbiterio estan pareadas las pilastras de que hemos hablado, lo que tal vez se hizo con la mira de cubrir el frente de los estribos de los arcos torales, en cuya bóveda intermedia se babia levantado un grande y magnífico lucernário, ó cimborio, del que solo quedan los vestigios del lugar que ocupó. — ICO — Facsímile de la puerta del mismo Templo. La fachada de la iglesia consta de dos cuerpos de mo¬ derna construcción, cuyas labores fueron bastante bien ejecutadas, degenerando su remate en barroco, y bailán¬ dose encima de ella un grande rosetón, que dá luz al coro y al centro de la nave. En el centro de la fachada hay una grande y espacio¬ sa puerta cuadrangular, que es la única que dá entrada á la iglesia. Esta puerta tiene en cada lado un primor cuerpo compuesto de tres columnas corintias y aisladas, cubiertas por una cornisa, en cuyo centro fué colocada una imagen del Salvador, hecha de la misma materia que — 170 — las otras de que so habhrá. Sobre dicbo cuerpo se le¬ vanta otro compuesto de tres pilastras con sus corres- j pondientes pedestales. El todo del frontis que acaba de I describirse es do piedra de ia Montaña, pulimentada con la rica finura que admiten las rocas do Montsei'rat. En los intercolúmnios y entre las pilastras bay 12 ni¬ chos, cuyo reñíate tiene la forma de una hermosa con¬ cha, y que cobijaban las imágenes de los doce apóstoles labradas en mármol de Carrara, y de cuyas estatuas, co¬ locadas con mucha posterioridad á la conclusion do la obra, solo quedan 4 y aun mutiladas, (en el Museo es¬ tán los restos de las demás.) Entre el lintel de la puerta principal y la cornisa del primer cuerpo de la ílicbada hay un bajo relieve de már¬ mol de forma semicircular que representa la Santísima Virgen, á la cual sirve de Trono la montaña de Mont¬ serrat, en la que está sentada, teniendo una figura á ca¬ da lado en actitud de adorarla; sobre la cornisa del se¬ y gundo cuerpo y como remate hay otro bajo relieve de forma cuadrangular y de poco gusto, ([ue representa la Anunciación de nuestra Señora, por ser este el misterio bajo el cual fué consagrado el Templo, é invocada en lo antiguo la Santa Imágon que en él se venera. Este re¬ lieve viene escudado con otros dos, y con las Armas Reales, por concesión de los Reyes sus protectores, (por cuya razón el Monasterio se llama Red) y las del Mo¬ nasterio, que las forma una montaña que la divide una sierra. Recientemente emprendió una nueva restauración se del templo, de que sehablará en su propio lugar. Tras del ábside hay un local que tiene los honores, y aun presta el servicio de camarin, sin tener las condi¬ ciones que tan preferente lugar reclama. Dominaba la idea de dejar perpetuamente la Santa — 47'l — Imagen en el primitivo templo por la sola razón de ser el primitivo, y por haber obrado en él tantas maravillas; y esta idea venia á ser mas respetada por la sanción que le babia dado la Santa Sede, prohibiendo la traslación de la Santa Imagen: y por lo mismo el nuevo templo se ha¬ bla levantado para "el solo objeto de celebrar los divinos oficios con pompa y de modo que pudiesen estar presen¬ tes los innumerables devotos que se reúnen en ciertos dias del año; objeto que no pedia un camarín. Mas al variar de plan cuando variaron las circunstan¬ cias, ideó un camarín en lo que boy es patio de re¬ se creo de los niños, y no dando lugar á que se realizase el proyecto la precipitación con que Felipe III en 1599 quiso que se trasladase del templo antiguo al nuevo la Santa Imágen, para lo cual babia obtenido facultad de Su Santidad, fué preciso habilitar interinamente el que boy ocupa la Señora, pasando la interinidad á constituií estado que podemos ya llamar normal, pues no hay es¬ peranzas por ahora de que se realice el primero y mag¬ nifico proyecto. Capitulo XXXI. Consagración del nuevo templo da Montserrat y su par- cial ornato. La reunion de los obispos en Barcelona en concilio provincial os considcrcula ocasión oportuna para la consagración de la nueva iglesia de Montserrat lué consagrante el de Vich: dia deia consagración: asislcncda de grandes personajes: Felipe 11 atiende al porvenir del santuario, y adorna la iglesia con regio explendor* Uctablo: la sillería del coro: reja, dorados. La noticia de la conclusion del magnífico Templo d(; Montserrat fué acogida con júbilo por cuantos se intere¬ saban por la gloria de la Señora; pero de un modo inex¬ plicable por los catalanes que velan acabada la Concha do su preciosísima Perla. Hasta los collados, los cerros y las rocas todas de Montserrat saltaron de go:o como car¬ neros y cordentos, en expresión de üavid [Salm. 113 v. i.) y todos, propios y extraños, domésticos y íorasleros ve¬ cinos, pedían á voz en grito que fuese consagrado cuan¬ to antes, para poder alabar en él al Señor que tal Madre habla criado y á la Madre que tal casa y morada había elegido. Era el mes de Enero do 1592 y los Obispos de la pro¬ vincia de Tarragona estaban reunidos en Barcelona con inotivo de un concilio provincial. Ocasión tan pro¬ picia para subir á Montserrat no pasó á su abad desa¬ percibida. — 173 — Habia ya dado cuenta al Rey do la conclusion de la obra, V de los deseos de la comunidad y de todo el pue¬ blo, no menos que de los encontrados pareceres sobre la traslación de la Sania Imagen, y el rey quiso aprovechar la reunion de tan insignes Prelados para resolver la duda y poner el Templo on estado de poderse abrir al culto. Episcopado catalan quiso dar en cuerpo una prueba El mas del aprecio y respeto con que miraba el Santuario, V con efecto subieron todos á csccpcion del i\lotro{3olitano que estaba enfermo, y del de Lérida, cuya silla vacaba en aquel entonces. Hechos todos los preparativos de rúbrica, reunidas las autoridades del Principado y demás personas notables, lo propio que un gentío inmenso que deseó tomar parte en tan solemne acto, el dia 2 de Febrero de 1592 con¬ sagró este templo el obispo de Vich D. Pedro Jaime, ya que el Prelado do la misma habia sido el afortunado que bailó y trajo la Santa Imagen hasla este mismo sitio, que ella de un modo tan milagroso escogiera para su mora¬ da: elegí et mnctifmm locvm islum, ul sit nomen meum ihi in seinpiternum et permaneani óciili meí, el cor meum ibi cunctis (liebus (2 Paralip. 7. v. i6.) Y por ser dicho dia consagrado á la Purificación de Maria, se determinó que el aniversario de la consagra¬ ción del templo se celebrase perpetuamente el dia 3 do Febrero. Fueron entusiastas las manifestaciones de júbilo que dió elpueblo por haber asistido á tan grande fiesta, y haberse ya ofrecido en el nuevo tiemplo aquel sacrificio que Salomon habia augurado y saludado en otro tiempo con la inmolación de 22,000 bueyes, y de 420,000 car¬ neros, con los poéticos y proféticos cánticos de David su padre, y con los magestuosos acentos de los órganos ta¬ ñidos por los Levitas y despues todos se retiraron á sus — .174 — hogares loando al Señor porque es bueno, y llenos de las bendiciones que para sí y sus familias babia derra¬ mado la Madre cariñosa de los catalanes la Virgen de Montserrat. Pero los prelados y las autoridades quedaron en d Monasterio para deliberar sobre las cartas que el Rey les habla escrito, y que les fueron entregadas por manos del abad, al mismo tiempo que se le dio parte de haberse cumplido sus reales y piadosos deseos y del júbilo cmi que hablan asistido sus fieles vasallos. Entre tanto que esperaba el Rey. el resultado de la deliberación de tan competentes y autorizadas personas, reflexionaba sobre el porvenir del Santuario y sobre (d ornato del templo. Para lo primeró concedió un privilegio con el que au¬ torizó la cuestación de limosnas para el .santuario de Montserrat en todas sus Indias; y para lo segundo, man¬ dó construir un gran retablo para el altar mayor digno del objeto á que babia de dedicarse, y de la persona que iiabia do costearlo. A consecuencia del mencionado privilegio pasaron el mar los hijos de Montserrat y se establecieron en Méjico^ Perú, Lima, etc. Para obrarcon acierto en el ornato del templo y á fin de poder construir el retablo mayor según reglas del arte y con toda la magnificencia posible, fué llamado al con¬ vento de la Estrella en Rioja á la presencia del rey Es¬ teban Jordan, escultor de una bien merecida nombradla, y recibió órden en 17 de Octubre de 15t)2 de pasar á Montserrat inmediatamente, y sobre el terreno hacer los estudios de dos retablos: uno para el caso de que se re¬ solviese no trasladar la Santa Imagen del antiguo al nue¬ vo templo, y otro para el caso de que la traslación fuese aprobada; en uno y otro caso bajo la dirección del abad. — 175 — Quince dias permaneció en Montserrat Jordan, y apro¬ bados por S. M. los planos que presentó, y concertados el tiempo que liabia de necesitar, y los honorarios que liabia de percibir, se retiró á Valladolid, y en dos años liubo concluido su obra, que fué traida á Montserrat en (15 carretas de bueyes, ajustadas en 0,000 ducados, in¬ cluso el montarla, ausiliadas en él tránsito por todas las autoridades reales, y despues de haber tenido S. M. el gusto de aprobarla, viéndola montada en la plaza de Valladolid. Colocado el retablo en Montserrat, y recibido por Joi'- dün un documento justificativo del abad, recibió de S. M. los 10,000 ducados en que babia sido contratado, y 4,000 por las notables mejoras que ultra de la contra¬ ta babia introducido en el plan, y los escudos reales que babia colocado en su remate. Luego trató el rey de pintarlo y dorarlo; concertó esta obra con Francisco Lopez de Madrid en 9,000 ducados, el cual la concluyó en 1599. Desabogo grande fué para el Monasterio la munificen¬ cia con que el rey Felipe II costeaba el retablo del altar mayor y su dorado, y esto le permitió atender á otros de los objetos preferentes, cuales eran los retablos colate¬ rales, en que gastó mas de 50,000 libras catalanas, y la construcción de la sillería del coro; á cuyo efecto mandó traer madera de corazón de roble de los famosos bosques (le S. Juan de las Abadesas, y en el tiempo estipulado y por el precio de 7,000 libras, ílibricó Cristóbal de Sala¬ manca las 91 sillas, que en dos órdenes altas y bajas formaban el mas imponente aspecto además de recoger el espíritu. Las 30 bajas representaban en bajos relieves la vida, pasión y muerte de Jesucristo, y las 55 altas imágenes de cuerpo entero de otros tantos santos principales, sin contar con los de otros accidentales. — ne — El famoso atril, que correspondía con la maginficcn- cia del coro, no se hizo hasta el año 1635. La magnífica reja que separaba del cuerpo de la igle¬ sia el presbiterio y coro bajo, fué trabajada y colocada en el año 1609, costando 1,4-00 ducados. En 1,669 D. Juan de Austria, hijo de Felipe IV, hizo dorar toda la iglesia, costándole 4,000 escudos de oro. Al dejar consignadas la historia las grandes sumas que en estos años invirtió el Monasterio en la fábrica y orna¬ to del magnífico templo, en que todavía boy ostenta su poder misericordia la Madre de la gracia, la Perla de y Cataluña, seria injusta sino trasmitiese á la posteridad, que todas fueron efecto del crédito que adquirió el San¬ tuario por los muchos milagros que la Señora obraba vi¬ sitada en él, ó invocada en los mayores apuros. Y uno de los grandes milagros, á nuestro ver, era no solo el poder acudir el Monasterio á tantas expensas hol¬ gadamente, si que también sostener el personal do 70 monjes, 16 ermitaños, 8 donados, 20 escolanes, 4 sa¬ cerdotes seculares, y mas de 300 criados, sin contar los donados que estaban siempre ocupados en las cuestaciones vulgo plégas. Y para el servicio de la casa babia 120 acémilas, 12 muías de silla, y algunos machos con que sallan á las cuestaciones los donados cuestores (vulgo quistons.) Y, ¿cuánto se invertia en limosnas? ¿Cuánto en lá hos¬ pedería? Preciso nos es ser francos: no hemos encontra¬ do una nota exacta entre los varios papelitos que se sal¬ varon del incendio del archivo, que nos cerciore de las cantidades invertidas en limosnas y hospedería, como en lo demás que dejamos consignado, y creemos que la ra¬ zón no es otra que el no llevar cuenta ningún monje de tales gastos, por cuanto á los PP. mayordomo, cillerizo y aposentador, se les daba del fondo del Monasterio cuan- — 17; to necesitaban .para sus respectivas oficinas, y lo gastado en huéspedes y pobres se les abonaba como gastado de¬ bidamente, que es lo (jue hemos podido colegir de la tradición. (1) Y, ¿quién no reconoce aquí y bendice la divina Pro¬ videncia? Verdaderamente Maria, la Perla de Calahma, es la divina dispensera. (I) Lo que no hemos hallado en el archivo ¡nsignificanle de este Monasterio, por haber sido pávulo do las llamas en el año 1811, lo hallamos en la obra que, Í)ajo el tílulo de Libro de la historia y milagros hechos d invocación de nuestra Señorade .Voni5errai, escribió elabad de este Monasterio Fr. Pedro de Burgos^ de cuya obra hay un ejemplar del año 1627 en la biblioteca de S. Juan de Bar¬ celona, y otro en nuestro poder, la cual en su capítulo 6." dice: «Asisten en esta santa casa mas de 250 personas dedicadas al servicio de »Dios y de su santísima Madre. Hay dentro del claustro del .Monasterio mas "de 60 monjes. Hay 13 ermitaños en las 13 ermitas, y 3 ó 4 en el Monasterio »quo esperan que se les dé ermita. Hay 4 ó mas capellanes seculares. Hay 60 "frailes donados (legos). Los niños escolanes son 24. Hay un médico, barberos, "boticarios, herreros, carpinteros, cereros, horneros, Irajineros, mozos de «espuela, y otra gran mullitud de gente de servicio, que sertin por todos unas "400 personas poco mas ó menos. «Tiene osle Monasterio mas de 200 cabalgaduras, y mas de 180 de ellas se •ocupan en traer provisiones, sin contar en este número las ochenta y mas •que andan á las Plegas (cuestaciones). «La renta que el Monasterio tiene para sustentar una máquina tan grande •no pasa de 9,000 libras catalanas dea 10 reales cada una.- pero ayudándose de •las limosnas, se sustenta la mas insigne hospitalidad que en el mundo se co- •noce, acudiendo con lo necesario, conforine á la calida ! de la persona deca- "di uno.» «Sábese de cierto, que tomando el afio por entero, entro los contí- •nuos que en casa residen, criados y peregrinos que acuden, se sustentan un •día con otro pasadas do 1,200 personas.» «Gástanse 4 000 cargas devino; 150 •cargas de aceite: en cebada 10,000 cuarteras, que son 11,000 hanegas de Cas- «íilla. Para el acarreo de la paja están señaladas 8 acémilas... y la Casa se ha «empeñado en 60,000 ducados en este año de 1626, sin que semejante quiebra •como esta, disminuyala iimosna ordinaria, que siempre se ha dado, teniendo •consideración á que la Virgen nuestra Señora proveerá de remedio, paraque •ninguno salga de su santuario necesitado, espiritual ni corporalmente.· ¡Cuán¬ ta fé! ¡cuánta esperanza! ¡cuánta caridad: ;Ó providencia de Dios: ¡ó amor de liaría de Montserrat::: 12 Capitulo XXXil. ' Trasládase al nuevo templo de Montserrat laSta. Imágen. liesultado déla deliberación do los Prelados del Principado y de los individuos Feiipe III resuelve asistir personalmente á la traslación de la del Santuario: Santa Imágen: faculta para ello ol Nuncio de Su Santidad: dia y modo en que so hizo. Llamados y escuchados uno por uno todos los monjes, ermitaños y hermanos legos del Monasterio por la junta de los Prelados reunidos en. Montserrat con motivo de la consagi-acion del nuevo templo examinaron con santo zclo las razones muy importantes, que en pro y en con¬ tra hahian alegado las partes, decidiéndose por fin por la traslación de la Santa imágen al nuevo templo. El rey Felipe II acogió con aplauso esta resolución, y determinó llevarla á cabo. Dos cosas muy importantes obligaban á diferirla; la falta de ornato en el templo nuevo la una, y la probibi- eion pontificia la otra. Pero, ¿qué dificultades no se vencen cuando hay una decidida voluntad, y media un rey poderoso á la par que piadoso? La del ornato la tomó á su cargo Felipe, y ya hemos visto en el capítulo anterior con cuanta brevedad y á cos¬ ta de cuantos sacrificios la venció haciendo el retablo. 179 — Poro hv Divina Providencia habia elegido á su hijo para realizar lo que él habia ideado , del mismo mo¬ do que á Salomon para levantar el gran templo traza¬ do por David: David y Felipe II solo fueron escogidos para preparar un gran dia de gloria á sus respectivos hi¬ jos Sajomon y Felipe 111. Los designios de Dios han de ser acatados, no orgullosamente escudriñados. Efectivamente, mientras se preparaba el templo pava recibir á la figurada por el Arca santa, á María la madre del hijo de Dios Jesús, el Señor llevó á su gloria á Feli¬ pe II, y Felipe III su hijo no descuidó realizar el gran pensamiento, y lo que habia sido objeto de tan vivos de¬ seos de su augusto padre. Concluida en 8 de Julio de 1599 la tarea de las Cortes reunidas en Barcelona y obtenida por el abad del Nuncio de Su Santidad D. Camilo Cayetano la facultad de tras¬ ladar la Santa Imágen, al dia siguiente 9 de Julio púsose en camino el Rey para Montserrat con su regia comiti¬ va, y el II, dia domingo, fiesta de la Traslación de San Benito, y en que se cumplian 39 años de haberse puesto la primera piedra del edificio que D. Fernando el Cató¬ lico destinaba para Monasterio se*i'ealizó con la solemni¬ dad peculiar del Santuario, y digna de la presencia de los Beyes, la tan deseada traslación. No se habia oficiado á los pueblos, no se habían ocu¬ pado los periódicos del programa de esta tan solemne como regia fiesta, los alambres de los telégrafos no ha¬ blan enviado telegramas á las varias capitales de Cata¬ luña y sin embargo de haberse propalado con fines se¬ cundarios la falsa noticia de la declaración de la peste en Barcelona,'los caminos y veredas que conducían al Mo¬ nasterio se vieron cuajados materialmente de muchos de¬ votos de María de todas las clases y condiciones, que nun¬ ca deja el pueblo catalan de dar una gran importancia á r- Í80 — cuanto atañe á Montserrat, ysiempre mira como propias las grandezas de su gran Perla, la Virgen las fiestas y María. Los dias 10 y 41 de Julio serán siempre memorables en los fastos de la historia catalana, y Felipe III pudo quedar bien conyeneido de cuanto le agradecían los ca¬ talanes lo que hacia en favor de su gran Patrona, con los vítores con que por todos los collados, recodos y rocas de la Montaña lo saludaba la multitud al visitar las er¬ mitas y la cueva, al asistir á la precesión de la trasla¬ ción, y al despedirse por la tarde para regresar á Bar¬ celona. Montserrat recordará siempre este dia de júbilo, y los pueblos no olvidarán jamás lo que presenciaron; nos lo han contado nuestros padres, y la presente generación se encargará de trasmitirlo á las venideras. Y este júbilo, fuerza es confesarlo, no tanto fué efecto de la brillantez de los riquísimos ornamentos preciosos y pontificales con que se presentaba el abad, ni de las ca¬ pas de brocado de que estaban revestidos los monjes, ni de-las dalmáticas de la misma tela con que se presenta¬ ban adornados los erihitaños y hermanos legos, ni de la presencia de la magestad del Rey y de su imponente corte, ni de las deslumbradoras é innumerables joyas de oro y piedras preciosas con que se presentaba á la vista de su amado pueblo la reina de las Españas, la Perla de Cataluña, como por haberles cabido á todos la feliz suer¬ te de ver de cerca y á su placer esta Imágen que si bien la venian adorando é invocando de generación en gene¬ ración desde el siglo 9.°; la obscuridad de la iglesia an¬ tigua y el modo con que estaba colocada en su trono no fe hablan permitido contemplarla á satisfacción hasta esto dia. Y nosotros no podenios recordar lo que sobre esta es- — IS'l — cena nos lian contado nuestros mayores sin sentirnos- proiundamente conmovidos. En efecto la Santa Imágcn, que no liabia salido de aquel anti([uisimo templo desde la última vez que bajo el título de la Yirgen de las batallas liabia. dado aliento y valor á los esforzados catalanes, que bajo la dirección de nuestros condes soberanos habian derrotado á la fanática chusma morisca, colocada en su magnífico y riquísimo trono y sobre los hombros de cuatro ancianos monjes revestidos con albas y estolas, y con el cortejo de toda la corte del rey de España y de toda la comunidad, se había despedido de su primitiva capilla para no volver mas á ella, había ya bendecido con su presencia los claustros- bizantinos y gótico, y las demás obras que desde entón¬ eos se habian levantado en torno de su antiguo trono, y entre mil bendiciones del pueblo, que oran el eco de Ios- himnos que entonaba la comunidad, y de los villancicos de los inocentes escolanes, fué dejada por mandato del abad sobre sus andas en medio de lo que entonces era Tina granplaza, yes en el dia el patio del claustro nuevo,- paraque allí á la luz del dia,- y á sus anchuras el pueblo- pudiera verla de cerca y dar á sus amorosos corazones- toda la expansion que tantos años tenia por decirlo así represada. Momento fué este que arrancó lágrimas de todos los presentes desde el rey hasta el último de la comunidad. Se aproximó el pueblo sin desórden, contenido por un respeto filial, y gritos de; ¡Ag que hermosa! que cariñosa! que mirar tan airactiro! que buena Madre! y un Yira la Mare de l)eu de Montserrat!! Quens benehesca la Alare de Den de AíoniserratU resonaron por aquellas encrucijadas y plazuelas, repetidos por railes de devotos de María, y entusiastas por todo lo que es Montserrat. Y recordando el pueblo que allí tenia á su rey Felipe III, y 20.° de sus — 182 — condes: Yiva el Reij! exclamó; Viva oí conde de Barcelo¬ na!!! Señor Conde, (fue la Virgen de Montserrat corres- fonda á vuestros obseqiidosü Y se levantaron las andas, y la Virgen entró por pri¬ mera vez en su nuevo templo, y entre los cánticos gra¬ tulatorios del Te-Deum laudamus, despues de haber estíu do oyendo las peticiones que arrodillado al pié de las an¬ das le dirigió el rey, fué colocada definitivamente en su trono el dia 11 de Julio de 1599. (1) (1) Mas adelante, en 10 de Junio de 1691, estando la comunidad en mallines déla fiesta de la santísima incendió el trono de nuestra Señora, Trinidad, se y se apagó el fuego repentinamente sin causar daño à la Santa Imagen. Agra¬ decida á tan señalado beneficio la comunidad votó un solemne Te-D«um, y s» yanta todos los años en dicho dia. Capitulo \X\III. El templo antiguo sigue abierto al mito, y modo de cO'inu- nicarse con él desde el Monasterio antiguo y único entonces, desde el año '1599 al '1755. Trasládase !a Santa Imagen al nuevo templo: colocan un simulacro de esta en elantiguo: continúan visitándolo los Geles: queda este como una capilla fo¬ ránea: pasadizo provisional para ir à él sin salir de la clausura: derríbasela tal iglesia. Como paredes del antiquísimo templo de no eran las nuestra Señora lo que llamaban la atención de los fieles, igualmente que la de los monjes, sino la Santa Imagen que venia venerándose en él desde el año 880, de aquí el que trasladada esta al nuevo y magnifleo templo, todo el culto público se trasladase también á el. Sin embargo el sitio no podia ser olvidado ni de los fieles, ni de los monjes. Adoravimus in loco ubi steterunt pedes ejus, al ser pre¬ guntados todos y cada uno ¿por qué entrais á orar ahino estando ya la Santa Imágen? respondían llenos de lé; es verdad; pero no podemos olvidar un sitio en que la misma — 184 — ha estado 719 (1) años, en que ha obrado mas de 400 mi¬ lagros púhíicos, sin contar los miles ocultos, en que ha sido visitada de de 50 generaciones, y mas por personas dr todas clases, edades, sexos, condiciones y naciones, y en que todavía hay tantos recuerdos de los muchos varones ilustres que aquí han sido iluminados y tantos sepulcros en que descansan muchos de nuestros héroes. En efecto en esto templo tan digno de nuestro respe¬ to, quedaban descansando, entre otros, que el incendio del archivo en 1841 nos ha privado de recordar, Bernar¬ do Jutglar y su esposa, Guillermo, señor de la Guardia y del Bruch, D. Ramon de Cardona, ü. Ramon Casteliau- xií, U." Elisenda Gastellaudí, I). Guillerm de Curris. D. Berenguer de la Guardia, Dalmau Cirera, D." Cecilia deGastellaudí, D. Berenguer de Puigalt, Berenguer de Montserrat, señor de Collbató, los Monhuis y Planas. Isabel Papiol, D.' Catalina de Aragon y Rajadell, Doña Leonor de Aragon, condesa de Albayde, al pié del se¬ pulcro de su hermano el duque de Luna y de Segorbe. Bernardo de Villamarin conde de Capacho y almirante de Nápoles, individuos de la casa de Pinós y Fonollet. dos obispos, varios abades. D." Beatriz de D.' Beatriz Enriquez, Áltarriba, y condesa de Treventó. En la entrada de la misma iglesia se veian en el suelo dos pedazos de jaspe verde, y en medio do ellos otras dos piedras menores blanca la una y la otra colorada, en cuyo lugar habla sido depositado en 905 el cuerpo del lamoso Joan Gari, bajado de la cueva de su nombre en donde habla sido enterrado al morir en 898; y de esta (í) Tal notaríi cl Icntor que lo que nosolroá afirmamos de haber esta¬ vez do la Sania Iinágen en este templo 719 años no concuerda con lo que dice la lápida que osló empoirada en una de las pilastras que dan entrada al claustro hoy existente, poro lo entenderá si recuerda que nosotros hemos fijado la (^poea de la invención déla Santa da U fijó en 8S8. íV'uís la nota Imágen en cl año880, y et que puso la lápi¬ pticíía enla póg. 116, — 183 — iglesia fué extraído en 1608, y encerrado en una urna forrada de terciopelo negro, con franjas de oro, fué co¬ locada en uno de los armarios del tesoro de la iglesia nueva entre otros de diferentes santos, (véase el párrafo cuarto del capítulo xvn.) (1) Para perpetua memoria de haber estado aquí por tan¬ tos siglos la Santa Imagen, se puso el epitaíio que se lee ahora en el pasadizo del claustro nuevo y dice así: Philippo tertio 11ispamarum liege Cntholíco. pmsenle, Deiparœ Virginis ¡mago, hinc, (y téngase presente est(^ hinc (pie es la clave para entender la inscripción hoy co¬ locada en el claustro) in temphm novum Irada ta fuit quinto idusJulii, auno 1509 cum hic (nótese bien el hic advérbio) scptingentis el undecim annis miraculis cla¬ misset. En el mismo altar que habla estado la Imágen prin¬ en cipal los 719 años se colocó otra copia suya para que los heles al visitar la iglesia no so hallasen sin un recuerdo de la principal pudiendo dirigirle sus plegarias. En la pilastra en que en el 24 de Marzo de 1522 col¬ gó las armas Iñigo (hoy S. Ignacio) de Loyola y estuvo arrimado los ratos que no podia estar de rodillas la no¬ che que las veló, fué siempre muy señalada, y para qm' trasladada la Santa Imágen no se hechase al olvido, en 1603 el abad Nieto colocó una lápida, (que ahora está (l) Kn el oüo 1600 fueron trosladados de la iglesia antigua á la nueva los ca¬ dáveres de los monjes enterrados en aquella, igualmente que los inhumanos en la capilla llamada de S. Benito, que estaba en :o que hoy son escusados al pié de la torre-campanario; entre ellos los dol abad CIsneros colocado en una urna aforrada de terciopelo negro, (y fué depositado en S. José),los desali¬ ñas, y de ios obispos Figuera, Tocco y Fraciada de Cuenca, que falleció aquí al regrosar del concilio de Trenlo, pontificando en esta Iraslacion el curdeiud Colona. Los restantes se trasladaron en 1627, y fueron colocados en medio de la iglesia. — 186 — lamblen empotrada en el pasadizo del claustro nuevo) y que dice; (.(.Beahis Ignatius á Loyola Me nndta frece jletilque Dco se, Yirginiqne devovit, Me taniquan armis spmíualibus, saeco se muniens, pernoetavit. Hiñe ad societatem Jesu fundandamprodiií Anno MBXXII» Fr. Ixmrentius Nieto Albas dedicavit anno I&05. Hay aquí notar los adverbios Me é Mnc que se re¬ que fieren no al lugar en que hoy está la lápida, sino al que estuvo de la iglesia vieja: de lo contrario no tendrian el sentido histórico de que hablamos. Y esto mismo debe aplicarse á la de S. Pedro Nolasco que oró en 1218. Quedaron asi mismo allí algunas lámparas que ardían noche y dia, muchas pinturas y adornos, y muchas muestras de milagros, mortajas, muletas, piernas, bra¬ zos, figuras de cera de diferentes personas, candelas y cirios que estaban esparcidos por ella. Naturalmente interesa á la historia la resolución de una no insignificante dificultad y es esta: La iglesia vie¬ ja quedó solo como un monumento histórico: todo el culto público se daba en la nueva; esta estaba entera¬ mente aislada de los demás edificios, y tenia una sola puerta (página 187) ¿por donde entonces se comunica¬ ban con ella los monjes y demás dependientes? Se acudió á la idea de una especie de corredor cu¬ bierto. Afortunadamente se encontró que parte del antiguo Monasterio y las capillas altas de la nueva iglesia esta¬ ban en el mismo nivel. Pues bien: se labraron unas her¬ mosísimas colunas de piedra de la montaña (parte de ellas estan echadas detrás de las paredes de la iglesia al norte junto al altar del Santo Cristo); constituyóse sobre ellas un corredor, se abrió un espacioso portal en la pa¬ red de la iglesia nueva, y se adornó con una magnífica — 187 — portada corintia de piedra, y así todos los individuos del .Monasterio pasaban del edificio á la iglesia á cubierto y con vistosa entrada. Véase el Facsímile. Muchas y muy respetables personas nos han preguii- tado varias veces sobre las dimensiones de la iglesia an¬ tigua y á pesar de haber consultado las historias, y lui¬ do, y vuelto á leer los varios papelitos ó notas, que pro¬ videncialmente se salvaron del incendio del año i8'M . , hemos tenido el sentimiento de no poder responder con exactitud. Sin embargo por lo que nos han referido algunos que hablan alcanzado otros que hablan visto en pié la tal iglesia, podemos decir que sus dimensiones eran las si¬ guientes: — 188 — Tenia de longitud 25 metros, de latitud 17, de clova- eion 10 ú TI sin el tejado; estaba en dirección al orien¬ te y ocupaba principalmente el local que hoy dia ocupan- la portería del iNIonasterio y parte de la escalera del mis¬ mo, y los aposentos de S. Fulgencio y de S.- Leandro, desde la puerta bizantina. No predominaba en ella deter¬ minada idea, ó gusto arquitectónico. Tenia iiltimamente tres puertas: la bizantina que ora la del centro principal- y de la cual presentamos un facsimile y otras 'dos late¬ rales. Facsimile de la ptierta bizantina. El interior del paño del claustro gótico de Julio 11 lioy existente, y que actualmente sirve para Iteiuhi da meda- ^ 189 — Has, fué como un adyacente de la ig'lesia antigua en el último período de su existencia para el culto (sin la bó¬ veda intermedia, cjue se hizo en el siglo pasado): era como una especie de capilla de Sacramento, en la cual se hablan colocado los confesonarios ya para dar mas desahogo al templo, ya para la quietud de confesores y penitentes. La misma estrechez de la iglesia hahia obligado á ha¬ bilitar para el culto un local que hahia entre''la misma y la torre-campanario, que ó recordaba el último período de las monjas., ó el primero de los monjes. Este local que era una capilla dedicada al patriarca S. Benito, es¬ taba al nivel del coro, y servia para sala de lectura con¬ ventual, llamada por esta razón colacim y para sepultura de los individuos de la comunidad; (1) con la cual la comunidad se hallaba mas desahogada para ciertas fun¬ ciones y actos, que en su defecto hubiera tenido que practicar en la iglesia. Esta capilla de S. Benito .estaba consagrada como lo indicaban las G.ruces encarnadas que tenia en sus pare- dos, si bien la falta del archivo no nos permite consignar que obispo la consagró, ni en que año. En el año de 179-4 fué derribada por innecesaria, y por exigirlo asi la obra del claustro hoy dia existente, y también la construcción de la magnífica escalera prin¬ cipal y de piedra, volada en 1812, y que desde el sitio ocupaílo en el dia por la bodega en el piso 5.°, subia basta el 8,°, y lo restante fué destinado parte para lo que hov es recibidor en el 6.° habitaciones en el 7.° y 8.°; y para escusados de los pisos 6.°, 7.° y 8.°. Parécenos que esta descripción que acabamos de lia-- (U Véase Va nota anterior. — 190 — c.cr de laiglesia antigua, y de sus adyacentes, igual¬ mente quo de su situación topográfica y de sus dimen¬ siones, tal cual lo hemos recibido de una tradición que ] lio deja de ser respetable por ser oral, podrá ser muy útil á la posteridad, que al haber desaparecido la única pared con sus dos puertas bizantina y principal la una, V otra de las colaterales que boy existen, quedará sin ningún recuerdo histórico de una iglesia tan lamosa bajo todos conceptos. Mas adelante y en su propio lugar se dirá cuando y porque fué derribada esta iglesia, y que se hizo de los recuerdos que encerraba; " i Capilnio XXXIV. Ëslado del santuario de Montserrat desde el año 1599 hasta el de 1155. Magnificencia del culto; crecidísimo número de monjes, do ermitaños, her¬ manos legos y escolanes. Afluencia de romeros y peregrinos; falta de habi¬ taciones para todos. Como natural, se divulgó por todo el mundo la no¬ era ticia de haberse construido un Reina de cielos y tierra en magnifico templo á la Montserrat, que esta era un rival de la Montaña del mismo nombre, que babia sido consagrado con una solemnidad que raros templos den gloriarse de ella, pue¬ y que por fin en él, como en su natural concha, babia sido trasladada la Perla de Catalu¬ ña, presenciándolo y autorizándolo el 20.° conde de Bar¬ celona con su lucida corte, el rey Felipe III. Esta noticia llamó la atención de todos los que se in¬ teresaban por las glorias de la que es Madre de Dios, y la honra de toda España, si bien de un modo especial de Cataluña, y todos se hicieron un deber do venir á visi¬ tarla y rendirla sus homenajes en su nuevo trono;, y to— i dos, aumentada su fé, concibieron nueva esperanza do I alcanzar mayores gracias en recompensa de la gran pie— — 192 — dad con que, según sus facultades, hablan contribuido á levantar esta catedral de las montañas. Desabogado en su posición el Monasterio, por haber dado ya curso á sus gigantescos proyectos do ornamen¬ tación interior del templo, pudo personal, y aumentar el de aquí resultó un culto no visto basta entonces y sor¬ prendente ya por la duración, ya por el modo, igualmen- mente que por el número del personal. Codiciosos los monjes de la gloria de la Señora, que " se babia dignado honrarlos llamándolos á su servicio, se esmeraban en obsequiarla dia y noche, y con tanta pom¬ pa y solemnidad,, que no babia catedral en España, y tal vez en ninguna parto fuera de Roma, que pudiera ri¬ valizar con Montserrat, porque estaba todo, combinado de tal modo, que puede asegurarse, que se daba á Dios y su Santísima Madre el Laus perennis tal como puede darse en este estado de destierro, y que les dán cumpli¬ dos los bienaventurados en la patria. Comenzaban los monjes al punto de la media noche, yal retirarse estos á las dos de la mañana, daban prin¬ cipio los moradores del yermo, habiendo antes hecho resonar los ecos de sus cimbalillos por todas las sinuo¬ sidades de la Montaña, y saltar de gozo á todas las rocas que saludaban con júbilo á su Criador. Concluian los ermitaños dando la comisión á los ju¬ guetones y bulliciosos pajarillos, que con el sol prosi¬ guiesen los cánticos eucaristicos al Dios que con tanta liberalidad y munificencia los babia dado el ser y enri¬ quecido con tantos dones; y entonces los monjes daban principio á la oblación del mas tremendo de los sacrifi- < cios, ofreciendo sin cesar, y distribuidos por turno en las capillas altas y bajas, las misas privadas por vivos y difuntos, y de un modo especial por los bienbecbores del Santuario. — 193 — A lanlitr los niños escolanos sallan con la candi¬ no dez de un alma inocenlc y radiando de hermosura, coa la compostura y modestia de un hombre el mas for¬ mal y mas consumado en virtud, con júbilo de un candoroso y agradecido hijo, y saludaban entusiasmados á su amorosa madre la Virgen que les habla escogi¬ do, con el Sahe sancla parens, pudiéndose gloriar do no haber otro colegio en todo el mundo católico, á quien la Santa Sede haya lavorecido con un privilegio mas amplio que el suyo, cual es jioder cantar misa vo¬ tiva con gloria y (redo, todos los dias del año que pueda celebrarse. Los hermanos legos, para que los niños no quedasen privados del infantil placer do cantar juntos la Alborada á su cariñosa Madre, se encargaban durante aquel acto, de ayudar todas las misas privadas, y en concluyendo, los niños los reemplazaban, y marchaban ellos á sus res¬ pectivas obediencias, como sastrería, zapatería, panade¬ ría, carpintería, cocina, hospedería interior y exterior, enfermería, huerta, etc. etc., sin perjuicio de juntar.se con la comunidad en el coro y demás actos públicos df Oración menbal, lecturas, etc., conforme permitían las circunstancias. Muchos monjes se dedicaban con infatigable zclo á oir las confesiones de la multitud de los devobjs y jiere- grinos, que ó ya venían con e.ste designio preconcebido, ó que la gracia distribuida por manos de María los ¡)re- paraba al pisar los umbrales ilc su tcmjdo augusto, ó se las daba al besarla aquella mano que es la dispensera de todas ellas. Y como los visitantes eran de todas las naciones, al¬ gunos de los confesores poseían el francés, el inglés, el aleman, etc. Luego que los ermitaños liabian rezado las horas del 13 — 191 — Oficio Parvo, rosarios y oficios de difuntos, habian teni¬ do su Oración mental y lectura ascética, se entregaban un rato á sus labores de manos en la soledad, los monjes volvían á su grave cántico gregoriano, y cantaban las boras y la misa mayor con la majestad y pausa que tan divino oficio exige, basta que concluido este deber y consagrado algun rato á la oración, á la compunción y llanto por los pecados propios y los del pueblo, iban á tomar juntos y en silencio un frugal alimento, elevando durante este acto su espíritu á lo celestial y eterno por medio de la lectura de los libros sagrados. Mas no por eso quedaba el templo sin culto; durante este período uno de los PP. estaba celebrando misa en el altar de la Virgen para consuelo de los devotos. Por la tarde, en cuanto babian pagado á la naturaleza el indispensable tributo de aquella refección frugal, unos y otros volvían á alternar alabando al Altísimo, empe¬ zando los niños escolanes, tras de ellos los ermitaños en la soledad, y luego los monjes con la majestad del canto gregoriano y órgano, basta que volvía la bora de la so¬ lemne y grave Salve al anocbecer; de suerte que los dé- votos y peregrinos no entraban en el templo sin encontrar algiin acto de culto público que los excitase á devoción, que les robase la atención, y á que poder asociarse para tributar el bomcnaje de su amor y agradecimiento á su gran Reina. ¿Era por cónsiguiente extraño que aquí se obrasen tantos milagros, se ex])criniontasen tantas conversiones, se depusiesen tantos odios, se restituyese lo mal babido, se diese término á tantos divorcios, cesasen tantos escán¬ dalos, y se tomasen resoluciones que tantos bienes cau¬ saban á la sociedad, realizados al momento de restituirse á sus hogares los que les babian concebido? Era muy lógico. Y bé aquí porque todos sin excepción venían á — 195 —. Montserrat á Ijuscar toda clase do bienes, y todos se vol- vian consolados. En la creencia general Montserrat era una piscina para todos los males, y una mina de todos los bienes: y bccbos la confirmaron. los Una sola cosa echaban de menos: aposentos. Los pobres hallaban que comer, los enfermos un lo¬ cal y médico, botica, cirujano, enfermeros y ropa: los peregrinos y visitantes, aun los do la alta sociedad, una mesa regular, aunque no opípara, pero gratuita: mas no habia suficiente local para hospedar decentemente á la mayor parte de los que podian disfrutar de aquellos fa¬ vores. Ni aun los mismos monjes y hermanos legos te¬ nían para todos habitaciones que reuniesen las indispen¬ sables condiciones higiénicas: mas cómodamente estaban relativamente las caballerías que los hombres. Y esto que levantaba una queja general, llamó la atención de los que por su posición debían de buscar un remedio para tanto mal. Y do aquí surgió la idea de un vasto dia.se todos los males, plan que reme- y acallase todas.las exigencias. Este plán vastísimo no podia realizarse sin sumas fii- bulosas: pero habla fé, y con esta no hay dificultad que no quede allanada como se dirá mas adelante: y mien¬ tras que aquel plan es discutido y se arbitran inedios, nosotros haremos una excursion á Tchas y á la Tebaida que, al paso que elevará nuestro abatido espíritu á la consideración de lo que está sobre la region de los sen¬ tidos, nos refocilará nuestras cansadas fuerzas con tanto recorrer una série de mas do nueve siglos fecundos en hechos interesantes. Será lo que vulgarmente se llama un dia de montaña. Capitulo XWV. íiesiímen do lo dicho pamalmrnfc en varios capiinlos reUt- iiro ú la vida cremilica en la vionlaña deMontserral. l'acsímíle de sus erinilas, teuas, tebaida, ta'isok. Porqué la montaña do Montserrat se dividió on dos cuarteles, dando al uno el nombre do Tebas, y do Tebaida al otro: porque se dio á su cúspide el nom¬ bre de Tabor: método de vida de los PP. ermüauos en estos últimos tiem¬ pos: situación topográlica do las ermitas; facsímile do cada una de ellas tal como estaban al ser destruidas en 1811. Dosg'raciadamcrile todo elasceti'Tio de la nioiitaña do Montserrat ya no os mas que un dato histórico. El que en nuestros dias visita esta Montaña ni tropieza en el ca¬ mino las carahanas de peregrinos, que con el bor¬ con dón una mano y el rosario en la otra, con los pies en descalzos y la modestia y conpimcion del corazón refle¬ jada en sus rostros, subían rezando á coros sus plega¬ rias, para ganar las muchas indulgencias con que ios Sumos Pontííices liabian manifestado su aprecio á esta clase de romerías; ni halla de trecho en trecho aquellas moradas humildes que cncerrahaii como en voluntarios sepulcros á ciertos hombres de que no era digno el mun¬ do, y que se reputaban muertos á él ó civilmente; ni aquellos modestos oratorios que, al mismo tiempo que un descanso corporal, proporcionaban al espíritu un rato — 197 — ¡i;ira dominar la materia: ni aquellos jiignetones y hulli- l'iosos pajarillos que, criados providencialmente para un inocente solaz de aquellos santos solitarios, han desapa¬ recido por falta de objeto. De suerte que la montaña de Montserrat tan animada tiui'ante el periodo de sus glorias ascí'ticas, hoy está de- calvada, desierta, presenta solo montones de ruinas jior todas partes, de modo, que el viajero lia de remontarse mentalmente á otra época, y figurarse real y existente, ki que solo es histórico, para hacerse .siqierior á las ideas que inspira lo presente, y animarse á una excursion á Tehas y á la Tebaida, y á la subida del Tabor. Que esta Montaña deíde sus principios fué considera¬ da con especialísimas condiciones pai'a el culto de la Divinidad, lo prueba e\-identemente lo que dejamos con¬ signado en los capítulos vii y viii, y que los hombres de ideas mas avanzadas en la ciencia del espíriíu encontra¬ ron cuánto podia exigirse para el planteamiento y per¬ fección de la vida espiritual lo prueban los capítulos XIV; XVI, xvn, XIX, XX, etc. Dues bien: aquella vida eremítica creada como por ne¬ cesidad al ser destruido por dos veces el Moiuisleriolwin y el monaslerio de Santa Cecilia, fué prosiguiendo así en pañales, por muchos siglos, y si bien nunca dejéj de ha¬ ber un número suficiente de hombres que la enaltecie- i'on en particular, no llegó á su perfección hasta el si- En principio, y cuando los que eran cenobitas de. un profesión y eremitas solo por necesidad, se volvieron á emprender la vida cenobítica al cesar las causas de su exckmlración, (nombre de esta y no de aquella época! los que por imitación se habian sujetado á su magisterio continuaron la vida de sus maestros en las cavernas ó concavidades de las rocas, pero sin cohesion, sin de- — 198 — pendencia de un superior, sin regla fija, y sin un hábito ó traje que les fuese privativo, y debiendo cada uno pro¬ curarse el socorro de las primeras ó indispensables ne¬ cesidades de la vida. Es verdad que á principios del siglo xiv y sobre los años 1320, el infante ü. Juan, prior del Monasterio, lo¬ gró que los ermitaños habitantes en distintos puntos de la Monhiña le prestasen obediencia, lo que fué un desar¬ rollo con que la vida eremítica pasó de la infancia, por decirlo asi, á la pubertad; pero no logró, por causas que ignoramos, llevarla hasta á la edad viril. Las obras de la gracia en su curso ordinario imitan á las de la naturale¬ za; y necesitan algunos años para desemvolverse y cre¬ cer hasta su perfección. Vino por fin el siglo xv, que era el destinado por la Divina Providencia para levantar á lo sumo de la perfec¬ ción todo lo referente á la vida monástica en Montserrat, y entonces la vida eremítica y la cenobítica se dieron el ósculo de la paz fraternal, y ios eremitas, comprendien¬ do toda la idea de su institución, reconocieron que ha- bian estado fuera de su elevada misión,pretendiendo empezar por donde debian acabar. Comj)rendieron que la vida eremítica es lo sumo de la perfección cenobítica, y que esta es un noviciado para aquella; comprendieron que el aislamiento absoluto y voluntario es muy ocasio¬ nado á sucumbir en la continua guerra que el ermitaño ha de sostener contra los enemigos invisibles que sin descanso le asedian; y un peligro que con facilidad y con prontitud lleva al espíritu privado; que carece del sello de la perpetuidad, que cierra la puerta de un solo golpe á la volubilidad é inconstancia humana; y bajo esta per¬ suasion suplicaron ser admitidos á la vida cenobítica y monasterial, ser contados entre los monjes, y sin perjui¬ cio de que si algun dia los prelados los juzgasen aptos — 199 — para salir á un cerlámen singular con el Goliat infernal y sus auxiliares el deinonio, mundo y carne, los envia¬ sen al yermo, pero siempre dependientes del mismo Mo¬ nasterio, que habia de ser su guarida y lugar de refugio: Efectivamente accedió el Monasterio; los instruyó, los elevó á la categoría de verdaderos monjes benitos, admi¬ tiéndoles sus votos solemnes, organizó la vida creraítica, destruyó las antiguas manidas, levantó nuevos edificios en sitios que, á la par que mas bigiénicos, se prestasen mas fácilmente a la vigilancia y á los auxilios de los pre¬ lados, y poner de esta manera á salvo la virtud (¡ue tanto peligra si cada uno ba de proveerse de lo necesario; y desde aquel momento la vida eremítica fué elevada á la edad varonil, se desarrolló en toda su natural perfección, sus individiK'S fueron dignos imitadores de los Pablos y Antonios, y el pueblo cristiano vió en su tiempo que eran una verdad el retraimiento, la penitencia, la auste¬ ridad de vida, la oración, y ludia con todos los enemi¬ gos del género bumario, que antes babia creído una exa¬ geración do los que babian escrito las leyendas de los PP. del Egipto, Tebas y de la Tebaida; y bé aquí porque estos dos últimos nombres fueron trasladados á la Mon- biña de Montserrat, que dividida por el torrente Vall-mal ó de Sania M (tría úe oriente á poniente, se dio el nombre de Tebas á la parte que queda al medio dia, y de Te¬ baida á la que está al norte. Y finalmente llevados de la idea religiosa, y viendo que por su elevación esta Montaña domina un territorio inmen¬ so, y que al que está colocado en su cúspide le parece ha¬ llarse dominando todo lo material, de moclo que lejos de ser el mismo que antes de subir, se halla trasformado en otro, que siente de un modo mas excelente, y que teniendo debajo de sus piés y lejos de su corazón rodo lo munda¬ nal, exclama alborozado: Bomtm esl nos Me esse: Bien — 200 — estamos agid: á diclm cúspide le han dado el nombre de Tabor por la analogía que guarda con aquel Monte en que se transfiguró nuestro Redentor y Salvador Jesús, y es ilechado de todo perfecto asceterio. Los ermitaños vivían de tal suerte reglamentados, que el cumplimiento de sus particulares leyes apenas les de¬ jaba dos horas libres al día, que con gran parte de la noche consagraban á sus rezos, oración mental, lección espiritual, labor de manos, y otras mortificaciones inte- i'iores y exteriores. Comían de vigilia todos les dias del año; ayunaban desde el 13 de Setiembre basta el sábado santo, á excepción de los domingos y de tres ó cuatro festividades; de Resur¬ rección á Pentecostés todos los viernes, y de Pentecostés al 13 de Setiembre los miércoles y viernes. Ellos mismos se aderezaban la frugal comida de que les proveía cada semana el Monasterio, porque no les era permitido tener dependiente alguno bajo ningún concep¬ to, ni asociarse á persona alguna, ni aun domesticar un animal. En las cnfei'rnedades, en el estado de decrepitud ó im¬ posibilidad, eran bajados á la enfermería del Monasterio, y allí se les cuidaba con todo esmero. En estado de salud solo bajaban al Monasterio en las cuatro ó cinco festividades principales, á cuyas funcio¬ nes asistían, tomando parte con la comunidad de los monjes, y despues de haber comido con estos, regresa¬ ban en silencio á sus respectivas ermitas. Generalmente todos eran hombres maduros en la edad, y muchos habían ocupado en el siglo desahogadas posi¬ ciones, ó sido de carrera brillante en la milicia, en el foro ó en el comercio; y como hombres de convicción, eran consecuentes; y correspondiendo á la gracia de la vocación, se hacían muy grandes delante de Dios, aun- - 20! — que eran muy pequeños en su propio concepto, y en el (le aquellos que, ligados á los sentidos, no pueden com¬ prender como un hombre puede ser feliz sin los goces materiales. Sencillos por convicción, y fuera ya del imperio de las pasiones, en los ratitos de recreación se solazaban con las avecillas que nacidas en el bosque o en los agujeros de las ermitas, con su instinto natural comprendían que los ermitaños eran sus bienbecbores, y en ningún caso ■sus enemigos; y de aquí que mirasen como casa propia la del ermitaño, y como propia su mesa, no menos que su lecho, y penetrando allí á todas horas del dia, comie- .sen con él, durmiesen con él, y puestos sobre sus hom¬ bros y sobre su cabeza con ademanes festivos, le obliga¬ sen á alabar al criador con sus naturales cánticos y ex¬ presivos gorgéos. No creemos salimos de nuestro propósito, trans¬ cribiendo los siguientes versos: ((Los aucellels graciosos ((Viuen allí sens susto ni cuidado, (dbiig veuràs qib amorosos «Se posan sobre 1' muscle ab desanfado; ((V á escusas d' un pinyó quels provoca, ((Mil voltas ab lo becb besan la boca.» En unade las ermitas tenían una capilla común, ade¬ más de las particulares que habla en cada una, y allí se reunían todos los dias festivos, y los jueves de las sema¬ nas cuyos dias eran todos de labor, y en ella confesaban, (íomulgaban, oian misa, y las pláticas de su P. Director, que era un monje dé' los mas acreditados en ascética, y se titulaba Vicario de la Montaña, cumplían sus rezos que eran de comunidad en tales dias, y luego regresaban á sus respectivas moradas en silencio como hablan ve¬ nido. — 202 — En ninguna época han faltado entre ellos hombres de una virtud no común, y de muy Icvahtada oración; y por lo mismo eran en general muy apreciados no solo de los monjes ijue los trataban con mas frecuencia y los cono¬ cían mas á fondo, sino también de los grandes persona¬ jes que los visitaban, y de la multitud de heles que lo,s admiraba. ¡Cuántos habiendo subido á la Montaña con la estu¬ pidez de la indiferencia, con la sonrisa burlesca en los labios, ó con un aire de compasión hácia estos seres ásu ver desgraciados, ó con el libertinage en su corazón y en sus obras, bajaron compungidos y llamaron corriendo y á prisa, á un P. Confesor! ¡Cuántos sintieron trocárseles su corazón porque fué iluminado su entendimiento! cuán¬ tos resolvieron dar de mano á ciertos negocios en (¡ue no sobraba la limpieza! ¡Cuántos de allí bajaron heles espo¬ sos, obedientes hijos, buenos ciudadanos, y probos ma¬ gistrados! Y era que los ermitaños predicaban muy alto con .su silencio y recogimiento, abnegación y desprendimiento. ¡\ todo ha desaparecido!!! y como no hay allí tides causas, no se ven ya tales efectos!! Cuánto se diferencian los siglos unos de otros!!! \ no crea el profano en estas materias que semejan¬ tes hombres serian solo sombras pasajeras, por cuanto su modo de vivir dehia ser el mas á propósito para acor¬ tar la existencia del mas robusto, y constituir por lo mis¬ mo una especie de suicidio lento, pero seguro; pues que [)or los datos que obran en nuestro Archivo podemos ase¬ gurar que el promedio de la vida de estos metódicos y morigerados varones era de 71 años, 1 mes y 3 dias. Es verdad que ya no (juedan mas que estos datos his¬ tóricos de hombres dignos de mejor suerte: y que de lo que fueron sus moradas y testigos de sus virtudes y peni- — 203 — leiicias quedan mas que ruinas; pero por lo mismo, no que el lenguaje de estas es todavía muy elocuente, y lla¬ man de un modo providencial la atención de la ma^w parte de los que visitan al Santuario, nos lia parecido conveniente'trasladar aqui un facsíniile de cíkIa uno Ae estos históricos ediflcios tal cual existían el dia 25 de Julio de 1811 por la mañana,—pues dejaron de existir el (liasiguiente,—con una sencilla explicación de la situa¬ ción topográfica de cada uno de ellos. Y no solo esto, sino persuadidos que prestaremos un obsequio al visitante si le indicamos como ó por donde ha de subir á visitar tales ruinas, y supuesto que hemos de comenzar á hablar de una ó de otra, lo haremos de modo que esta indicación sirva también de Guia. (1) El camino ordinario que hoy toma la mayoría de los visitantes es, subir del Monasterio á Santa Ana, de Santa Ana á S. Gerónimo y al Tahor, volver visitando las de la Tebaida, enseguida las de Tebas, y regresar por hSier7'a Larga y S. Miguel al Monasterio: sea pues la primera la (i)" El (jue guste noticias detalladas sobre cada una de las ermitas, vea el libro titulado Amigo del viajero en Montserrat. ■ — 204- — Ermita de Santa Ana. Lms ruinas de esta ermita hállanso á un cuarto de lé- S'ua del Monasterio, sul)iendo por (d Torrente de Sania Maria, á Trenca-barra!.'; ó E.sirél de Gibraltar. Era bas¬ tante capaz, pues que era la iglesia parroquial de todos los ermitaños, como queda indicado en la pág. 201 y en ella vivia algunas veces c! P. Vicario. De todas es la qne tiene menos vista. — '205 — San Gerónimo. Eslíiba esla situada casi en la cúspide de la Mordaña, y era la mas distanto del Monasterio; pero la mas apa¬ cible á la vista; distaba de él (por el camino indicado" 3 K. 588 metros. A un tiro de piedra de ella está lo que podemos llamar elpunto culminante de la Montaña, y que forma una reducida llanura en que estuvo edificado un Oratorio bajo la advocación de Ntra. Sra. (Sania Maria la mes alta. Es el mejor panorama que puede presentarse al viaje¬ ro, pues que el que se ludia colocado en este punto, no solo domina toda la Montaña, sino que mira debajo de sus pies los demás montes de Cataluña y algunos de Ara¬ gon y Valencia, el mar Mediterráneo con las islas de Mallorca, y Menorca, por lo cual mereció ser llamado el Tabor. — 20G — Al descender se suele tomar la dirección de la Tebai¬ da y así se dirigen á la Ermita de San Antonio ALad. La situación de esta ermita la á era mas propósito pa¬ ra su objeto, pues que estaba exenta de todo bullicio del mundo. A medio dia, levante y norte tenia encantadoras vistas. Dista de S. Gerónimo 4870 pasos. — 207 — San Salvador. Estaba esta á la falda de inmensas moles. Tenia agra¬ dables vistas al oriente y medio dia. Además del oratorio principal tenia otro en el hueco de una roca que le sirve de capitel en mas de 100 varas de elevación, en la cual hay una rendija que manifiesta estar abierta de arriba á bajo, (véase el cap. ^8.) De esta por una pendiente bastante perpendicular se bajaba á la que distaba de ella 850 pasos, esto es á la — "208 - Ermila.de la Santísima Trinidad. Edificada en un llano basíanle espacioso y jdau.sildc ora muy alegre, asi por el medio dia, coiíiopor el orienle A 600 pasos de esta hallábase la — 209 - Ermita de S. Dimas el buen ladrón. El antiguo Castillo Montsial ó Monlmrat fue conver¬ tido en ermita, y por su posición topográfica no tenia sino una entrada practicable al poniente: la rodean por las otras partes horrorosos despeñaderos. Volviendo atrás y tomando el camino hacia Tehas, á unos 150 pasos estaba la 14 — 2i1 — Ermita de San Benito. Volviendo hácia la ermita de la Sma. Trinidad por ser (d menos peligroso de los senderos, y á unos 400 pasos de ella se hallaba la ermita de S. Benito, que también ora muy apacible y de deliciosa vista por la parte del me¬ dio dia y de oriente. De esta se l.)ajaba á la de Sania Ana, se pasaba el Tórrenle de Santa diaria inclinándose bácia el medio dia y subiendo por el camino bastante regular todavía, que allíse presenta, y despuos de dejar al pié del grupo de grandes rocas llamadas de S. Jaume, á'derecha é izquier¬ da, el camino que allí empalma, se emprende en direc¬ ción recta bácia arriba para dar en lo alto con lo que era subida á la Ermita de Santiag-o. A esta ermita, pegada al centro de la enorme roca de su nombre, se subía por unas vueltas y revueltas hechas á cal y canto, cómodas y no peligrosas. Distante del Monasterio unos 2,800 pasos, lo domina¬ ba todo á ojo de pájaro, oyéndose desde ella casi cuanto se hablaba en las plazas del mismo. So habia de bajar por las mismas revueltas, y prosi¬ guiendo hacia el medio dia, se descubría desde luego la Ermita de San Juan. Por lo raro situación era admirable esta ermita; de su colocada en peña-mónstruo que lo ser¬ el hueco de una via de lecho en elevación de mas de 30 varas, el mismo hueco le servia de piso á lo larjío, do suerte que solo te¬ nia paredes por delante que al paso que la cerraban, eran el amparo para no derrumbarse al precipicio de muchas varas, que era lo que média lo restante de la roca hasta su base. En la misma roca, y en la misma sinuosidad, pero dividida por la naturaleza y por el arte, estaba la — — Ermita ele San Onofre. Esta, como su-vecina la de S. Juan, no podia tener si¬ no una entrada, á causa de estar edificada en el seno do una gran roca; pero la de S. Juan la tenia al poniente, y esta al oriente en línea recta. Por lo mismo, y sin embargo de poderse hablar los moradores de una y otra, para comunicarse habian do caminar 200 pasos que eran los que distaban. Subiendo entre oriente y norte una escalera de 100 escalones, y á distancia de unos 650 pasos, se llegaba á la — 215 — Ermita ds Santa M.ag'dalen.u. Entre un;ns elevadas rocas estaba esta ermita, que si bien tenia bermcsas vistas á medio dia, levante y ponien¬ te, en cambio era combatida incesantemente de recios vientos. Volviendo á bajar los 400 escalones, y dirigiéndose desde S. Onofre hacia medio dia, á irnos 2i0 pasos se bailaba la Ermita de Santa Catalina.. Era la mas insignificante on panoramas, y esta])a co¬ locada debajo de una peña aislada y sin tener particula¬ ridad alguna. Pero en cambio de sus privaciones tenia la melódica compañía de los infatigables cantores, rés que el que sin mas inte¬ permitir el Ermitaño que se sentasen durante el !mo en su frugal mesa, lo recreaban noche y dia, y lo arrebataban con sus gorgeos á la consideración de la eternidad. Por lo mismo que estaba situada en una especie valle, tenían mas frondosidad los árboles de que la rodeaban, abundaban en mayor número los arbustos la lozanía de las y era mayor plantas, de modo que las avecillas ba¬ ilaban allí mayores y mas proporcionadas condiciones para vivir y procrear, siendo por lo mismo esta ermita como una pajarera universal. Capitulo XXXVI. Algunos de los privilegios ó gracias que los condes de Barcelona primero, luego los reyes de Aragon y mas (arde los de España sucesores de aque¬ llos han concedido á AJonlserral. (i) Año 888 el conde Wifredo el Velloso, edificado el Mo¬ nasterio, lo puso bajo su protección, y le donó la mayor parte de esta Montaña, el lugar y término del Monaste- riol con las iglesias lo alto y bajo de la que liabia en misma; cuya donación confirmó el papa 8érgio 111 en 905 á petición del conde de Barcelona. Año 1031 por concesio'n de este, del rey Lotario de Francia, y del legado del Papa, se declaró la exención de este Monasterio, sujetándolo inmediatamente á la Santa Sede, y ejerciendo sus Prelados la jurisdicción episcopal (1) Muchos de estos son sacados del libro de pergamino existente en el Ar¬ chivo do este Monasterio; titulado Catál^^go de los. Bienhechores, que comienza en el año de 888, y termina en el de 1807. — 218 — en todo cl territorio señalado por^Yifrodo el Velloso, y ha seguido sin interrupción hasta nuestros dias. Año 1226 1). Jaime de Aragon concedió á este Mo¬ nasterio la facultad de tener mercado público en Mo¬ nistrol todos los sábados, y de utilizar sus productos, tomando bajo su protección al mismo Monasterio, sus cosas y personas, y á cuantos viniesen ó volviesen de él, cuyo privilegio confirmó en el año 1291, declarando que los peregrinos solo pudiesen ser castigados por delitos qne hubiesen cometido durante su peregrinación; como lo babia concedido en 1218. El mismo en el año de 1231 concedió al Monasterio la exención de pagar cosa alguna por pan, vino, aceite, ganado grueso, ó menudo, ó por otras cualesquiera cosas que fuesen suyas; asi como la de satisfacer en todo tiem¬ po y en cualesquier de sus reinos cosa alguna por-razon de pasaje, medida ó lleuda, ó de otras cualesquiera impo¬ siciones en las compras ó ventas que hiciese, y en la conducción de las cosas mismas objetos de tales contra¬ tos, queriendo que siempre fuese inmune de todas y cua¬ lesquiera imposiciones y derechos. En 1298 ü. Jaime II confirma todas las concesiones de su padre y abuelo. .\ño 1334' D. Alfonso confirma todo lo que antecede, y declara que los peregrinos que solo pueden ser casti¬ gados por delitos cometidos en su peregrinación á Mont¬ serrat, no puedan serlo por deudas, ni otras menudencias de poca importancia. Año 14-23 D. Alfonso II de Aragon concede á este Mo¬ nasterio el derecho de poseer barca en el Llobregat en el término de Esparraguera y Olesa, y el de tener bar¬ quero y poner tasca, de la que nadie participe, ni aun el mismo Rey ni sus sucesores. Año 1458 D. Juan rey de Aragon concede perpétua- — aló¬ mente á les abades do Montserrat el título de biblioteca¬ rios mayores de los reyes de Aragon, y que en fuerza del cual presidan en todas las bibliotecas reales de sus rei¬ nos, y gocen inmunidades de los mismos privilegios é (jue gozan los abades de Poblet y Santas Creus; el uno como capellán mayor, y por limosnero mayor el otro, mandando á todos sus oficiales y justicias que se los guarden; v sea su consejero: de cuyos títulos han venido usando hasta nuestros dias. Año 1459 concede el mismo Rey que el Monasterio pueda tener tribunal en las casas de su propiedad de Barcelona y conocer de las causas civiles, pero no de las criminales, de sus vasallos, firmarlas, y hacer todo com¬ plemento de justicia. Año 1469 el serenísimo luíante primogénito del rey D. Fernando el Católico, siendo gobernador general de este principado, eximió al Monasterio de pagar sello real en sus chancillerías por cualquiera escrituras que en nombre del mismo se sacasen. Año 1475 el mismo Infante concedió que los bacine¬ ros, de este monasterio, pudiesen usar esto es, cuestores armas ofensivas y prohibidas, y que durante su oficio fuesen libres del derecho de barcas, puentes y barras, con todo lo que lle.váran; eximiéndose de cena real á to¬ dos los vasallos ó habitantes del mismo. Año 1510 el propio I). Fernando concedió á los reli- — 220 — giosos de este Monasterio que fuesen libres é inmunes de cualesquiera imposiciones ó derechos para llevar di¬ neros, libros, candelas, ropa, aunque sea con acémilas, mientras no se tratase de cosas prohibidas por los fueros del reino. Año 1520 el emperador Carlos V. concedió á los aba¬ des de este Monasterio el título de sacristan mayor de los reinos de Aragon, y el goce de las preeminencias y pre- rogativas inherentes á semejante dignidad; de cuyo títu¬ lo han usado hasta nuestros dias. Año 1622 el rey D. Felipe IV concedió al Santuario que pudiese sacar cuatro mil estarellos de trigo de la isla de Cerdeña, que por término medio importaban cada año ■4,000 ducados. Año 1624 el mismo rey concedió que por 7 años con¬ tinuos pueda sacar del mismo reino de Sicilia quinientas salinas de trigo, que un año con otro vallan mas de 2,000 ducados. Alio 1706 al visitar este Santuario el emperador don Carlos de Austria, dejó su espada á nuestra Señora, nom¬ brándola Capitana de síi ejército. Año 1831 Fernando VII en 14 de febrero restableció 221 en su vigor la concesión de 125 fanegas de sal que en 1108 hizo á este Monasterio la casa de Cardona propie¬ taria de las minas, confirmado por Felipe V en 10 de Julio de 1717, y que habia sido revocada poco antes por el ministro del mismo Fernando. Año 18-14' Isabel 2." mandó abrir esta iglesia etc. Otros muchos privilegios habian concedido á Mont¬ serrat los monarcas, comenzando por los soberanos con¬ des de Barcelona, siguiendo luego los reyes de Aragon, y por último los de España; ¡lero parece lo suficiente ha¬ ber indicado algunos, para que la posteridad conozca que este Monasterio y santuario han estado siempre bajo la protección de los soberanos, y que esta protección no ha sido solo honorífica, sino real y explicada en gracias de mucha estima según las respectivas épocas en que fue¬ ron concedidas. .VLGÜNAS DE L.\S GRACIAS OTORGADAS POR LOS PATPAS. Año 905 el papa Sergio III, á petición del conde de — 222 — Barcelonaj confirma para siempre la donación que de la mayor parle de la montaña de Montserrat é igdesias en ella existentes, con la directa y alodial señoría y juris¬ dicción civil plena, liabia hecho á esto Monasterio en 888, Wifredo el Velloso movido de ki devoción á la Virgen, y de la vida ejemplar de su hija Riquildis y de sus religiosas. Mas adelante fué tamhien confirmada por los papas Agapito lí Urbano II. y Año 1031 el papa Juan XIX, por su legado Galterio, arzobispo Albanense, congregado en Ripoll con algunos obispos de Cataluña y Francia, concedió al Monasterio de aquel punto la jurisdicción episcopal sobre el de Mont¬ serrat, su Montaña y Pueblo de Monistrol; concesión que al ser desmembrado de Ripoll fué confirmada á esto Monasterio por Urbano IV, Eugenio IV y Paulo IV. Año 132G el papa Juan XXII concede 100 dias de in¬ dulgencia á los que visiten á esta Santa Imagen en todas las festividades de nuestra Señora y en las de la Nativi¬ dad del Señor, Resurrección y Ascension, y 40 en sus octavas. Año 13G2 Urbano V concedió que en gracia de los pere¬ grinos pudiese celebrarse todos los dias Misa poco antes de amanecer; y Alejandro VI extendió el privilegio á dos horas despues de media noche en 1405, ó mas adelante. Año 1395 Bonifacio IX concedió que se pudiesen con¬ mutar los votos hechos á este Santuario, oir las confe¬ siones de los peregrinos, y administrarles todos los Sa¬ cramentos. Año 139G el mismo Papa concedió á todos los fieles ({ue verdaderamente arrepentidos, confesados y comul¬ gados visitasen esta Santa Imagen en el dia del naci-t. miento de la Virgen, la indulgencia llamada de la Vor- líúncuía: y la extendió á toda su octava en 1309. — 223 — Año 1410 el papa Benedicto XIII concedió á este Santuario que pudiese hacer cuestaciones y nombrar cuestores, y que los obispos no pudiesen pedir mas de un florin por las licencias de cuestar en sus obispados. En este mismo año el referido Papa separó de Ripoll á este Monasterio, lo sujetó inmediatamente á la Santa Sede, lo erigió en abadía, y facultó á sus abades para ejercer directamente la jurisdicción casi episcopal. Año 1418 el mismo Papa sujetó al Abad de Mont¬ serrat el Monasterio de Santa Cecilia y sus anejos, para que en ellos ejerciese su jurisdicción episcopal. Año 1419 el mismo concedió á esto Santuario la fa¬ cultad de absolver á todos los que le visiten de todos los casos reservados, á excepción de los incendiarios sacri¬ legos y violadores de Monjas, á los cuales pudo absol¬ vérseles una vez en vida en virtud de üicultad concedida por el Legado de Martino V, en 1428. Este Papa facultó al Santuario para poder enagcnar los réditos menos útiles basta valor de 100 ducados. Año 1429 un Legado del mismo, pasando por este Santuario, lo facultó para que sus Plegadores (cuestores) pudiesen pedir limosna sin licencia alguna de los ordi¬ narios. Año 1504 (ó algunos años despues), Julio II concedió muchas indulgencias á este Santuario. Año 1504 en 19 de Junio el inismo Papa concedió que el Monasterio pudiese vender imágenes etc. y vitua¬ llas tanto á los seculares como á los eclesiásticos, con algun lucro para la bos])italidad. Año 1522 Adriano VI bailándose en Tarragona conce¬ dió á este Santuario muchas y grandes indulgencias. ,, Año 1524 por su legado á Lálere concede Clemen¬ te Vil, que la fircultad de absolver de todos los reserva¬ dos y de habilitar ad pelendum debilum que Julio II en — 22í — ISü-l' habia concedido á cuatro monjes señalados por el abad de cada monasterio de la congregación, el de Mont¬ serrat pueda extenderla á mayor número. Año 1561 Pío IV concedió un Jubileo plenísimo para los que dieren limosna para continuar la obra de la Iglesia comenzada por el abad Garriga, y paralizada por falta de recursos, despues de baber invertido el Monas¬ terio mas de 50,000 ducados. Año 1577 Gregorio XIII privilegio in perpeluum el al¬ tar de Nuestra Señora, facultando á todos los sacerdotes seculares y regulares para sacar una alma del purgato¬ rio en cada Misa que en él celebren. Año 1611 Paulo V concedió que estando impedido el altar mayor, pueda trasladarse al de Santa Ana la indul¬ gencia de Ánima queconcedió Gregorio XIII en 1577; y su cardenal legado, en decreto de 19 de Marzo, explicó este impedimento, diciendo: Quando in eodem (scüicet al- tari majori) sacrosanrlnm Eucharisliœ Sacriftcium fieri eontigerit, lam in Missis solemnibus el conventaalUms, quam in aliis rotivis, et aniversariorum, neo non si prœ- fatum sacrificium ab aliquo Prœlato, vel ab alia persona in dignitate constituía, rel eminent i cujnscnmque Religio- nis peragatur: vel in choro divinum ojficium psallatur; rel quando ob loci reverentiam in prœdicto Altari non li¬ cet celebrare, vel cum occasione cdicujus festi celebrandi le- gitimum impedimenlum exurgere vaíeat. — 225 — Año 162G cl cardenal Barberini Legado á Lálere de Urbano 8.° concedió mucbas gracias y privilegios á este Santuario al visitarlo,; pero el libro que vamos siguiendo de los Bienhechores no los individualiza. Año 1638 el Excmo. D. Antonio Barderini adminis¬ trador de la arcbicofradía del Santísimo Sacramento ó de la Minerva de Boma, por su Breve dado en dicba ciudad á 1-4 de Abril de dicho año, (aprobado por el Comisario de la Cruzada con decreto do 23 de Junio de 1757), agre¬ ga y une la do este Monasterio á la de la Minerva, y con¬ cede la laeulíad de ganar las mismas indiligencias y gra¬ cias que los papas habían concedido á aquella. «Véase el libro manuscrito titulado Notimas hislóneas ^)de Montserrat, en el archivo de este Monasterio.» Año 1699 Inocencio XII concede que las indulgencias otorgadas á este Santuario no queden suspendidas en el año de Jubileo. Año 1729 Benedicto XIII (el legítimo), á petición de ios reyes Felipe V é Isabel su esposa, concede mucbas indulgencias á las cruces, rosarios, mcdMlas etc. ben¬ decidas por el abad ó presidente de este Mona.stefio. fS — 226 — Año 1752 Benedicto XIV concedió que todos los sa¬ cerdotes pudiesen celebrar Misa votiva do Nuestra Señora en el altar mayor de esta Santa Iglesia todos los dias que no sean de 1." ó de 2/ clase. Año 1801 en 10 de Diciembre concedió el papa Pió VII, por medio de la S. C. de Bit., que cada dia pudiesen cantarse dos Misas votivas de Nuestra Señora con Gloria y Credo. De tiempo inmemorial los niños escolanes cantan to¬ dos los dias del año su Misa roliva de Nuestra Señora con Gloria y Credo, sin podamos asegurar qué papa que concedió esta facultad, por que el arcbivo desapareció el año 1811, y nuestros mayores, á quienes babiamos in¬ terrogado, nos han dicho que creian que esta costumbre y autorización eran coetáneas á la institución de la Es¬ colania, tan antigua como la existencia de los monjes Be¬ nitos en este Santuario, como á su vez lo hablan oido á sus mayores. Por la desaparición del mismo arcbivo nos faltan da¬ tos de otras concesiones de los Sumos Pontífices. Año 1861 en 4 de Junio Pió IX concedió que el altar de las Calacumbas de este Monasterio sea privilegiada in perpetuvm para sacar alma del purgatorio en cada Misa. Año 1863 en 12 de Noviembre el mismo Papa con¬ cede que la festividad de Santa Escolástica sea de 1." cla¬ se en este Monasterio. Año 1864 en 26 de Enero ■ concede el mismo Papa que todos los fieles que visiten este Santuario confesados y comulgados puedan ganar indulgencia plenaria, apli¬ cable á los difuntos, cada año en el dia que ellos elijan, con tal que oren por los fines sabidos. Año 1864 en 2 de Junio el mismo Papa concede que en esta iglesia puedan cantarse dos Misas de difuntos cada semana en dias de rita doble. — 227 — Año ÍSO-i en 31 de Marzo el mismo Papa concede indulgencia plenaria á los (pie visiten la iglesia llamada la Cueva, en que fué hallada la Santa Imagen, como que¬ da dicho de la del Monasterio. Año 1865 en 4 de Mayo el mismo hace extensivo al altar de la Cueva el privilegio de Benedicto XIV al altar mayor de esta iglesia principal, así en misas rezadas como en las cantadas. Año 1867 en 4 Julio el mismo Papa concedo que en el altar en que está la copia de la Imagen principal estancia del camarín se pueda decir Misa votiva de Beata Virgi- ne en ciertos dias igualmente que lo dicho en 1752. Por la sagrada Penitenciaría viene concediendo cada tres años la facultad de absolver de todos los casos reser¬ vados, incluso el de herejía. Capitulo XXXVII. Presentados varios diseños jxira nn nnevo Monasterio, se discuten, y adóptase el actual. l'uoron muchos los diseños que so presentaron para la obra nueva: se discu¬ ten en el seno déla amistad, y entre personas entendidas, y amanies de las glorias de Caialuña á la par que zelosas por las del Santuario: apruébase de- üniUvamente el actual: se arbitran medios para realizarlo. Dejamos sentado en el capítulo XXXIV página 195, que el lamento por falta de aposentos era general, y que al ver que proporcionalmcnte estaban mejor acondicio¬ nadas las caballerías que las personas, se convino en la erección de un vastísimo edificio que ocurriese á todas las necesidades. Comprendiendo todos que este proyecto era de una trascendencia inmensa, juzgaron que no debia irnprovi- j sarse, sino ser el resultado de profundos estudios y lar- j gas vigilias. | Llamáronse al efecto hombres de reputación para que sobre el terreno hiciesen sus estudios, oyesen los inte¬ resados, y se hiciesen' cargo de las necesidades que de- bian remediarse y del objeto á que se destinaba el edi¬ ficio. No bastaron algunos meses, ni aun años para levantar los planos, y no fueron dos ó tros, sino varios los pro- i — 229 — ycctos que se presentaron como resultado de concienzu¬ dos estudios. Lo accidentado de la Montaña, la necesidad de un derribo general de todo lo existente, el deseo de conser¬ var los lugares respetables por mas de un titulo, y lo cre¬ cido de los presupuestos, eran materia suficiente para raucbas conferencias, cada una de las cuales presentaba mil incidentes por las varias cuestiones que promovian tanto el derribo general de lo antiguo, como el número do años que tan vasto plan exigia para su realización. Es verdad que en todas estas cuestiones habia siem¬ pre unanimidad de miras y objetos: es verdad que siem¬ pre dominaban en ellas la caridad y la devoción mas acendrada á la Virgen Maria; pero por lo mismo que se respetaban las opiniones, se levantaban de la conferen¬ cia para estudiar mas y mas la cuestión en vista de las razones aducidas por una y otra parte, y esto dio lugar á que pasasen algunos años antes de tomar una resolu¬ ción definitiva. Nuestros mayores nos han contado algunas de las co¬ sas que sabian por los que hablan alcanzado aquellos dias, y ha sido muy consolador para nosotros el saber que el desenlace fue debido al respeto al principio de autoridad. Viendo que pasaban años y siempre se adu¬ cían razones de gran peso por una y otra parte, se le¬ vantó el Prelado y dijo: Pues bien: acábese la discusión: opto por tal plan .. y todos unánimamente respondieron: aprobado. Y con aplauso general se dió por aprobado de¬ finitivamente el plan que hoy vemos realizado en parte: y desde entonces ya no se pensó mas que en arbitrar medios. De ello trataremos en la segunda parte. LO QUE FUÉ IIIIÜNTSERRAT. PARTSÍ SSGUHOA. Capitulo 1. Levántase en Montserrat nn gigantesco edificio-monasterio á mediados del siglo XYIII. Ksíado ílorecicntc del Monasterio: eminente devoción a la Santísima Virgen: fe viva, que hace arbitrar recursos para el gigantesco edificio que se proyec¬ ta: hócese un llamamiento universal: se organizan cuestaciones autorizadas: so da principio ala obra en 1755: dimensiones del edificio construido. Traiiscurria el sig-lo xvni, y el Santuario de Montser- rnl solo hallaba estado no se en floreciente, porque el cul- io. expresión del amor y respeto á la Virgen María allí — 231 — venerada en su Santa Imagen, era animado y del todo puro, sino porque aumentaba de tal suerte que alcanzó á su apogéo, en el mismo siglo. Los monjes encargados de él hablan heredado de sus mayores aquella í'é que traslada los montes, y salva to¬ dos los obstáculos, y en el entusiasmo de su amoroso zelo por la honra de su Reina, cual Garriga conci¬ bió el sorprendente proyecto de una fábrica que hoy con tanto acierto es llamada la Catedral délas montaftas, con¬ cibieron el gigantesco de un edificio contiguo á esta, que correspondiendo á la fé y á las necesidades de la época, fuese la expresión de la devoción del pueblo catalán á su general bienhechora y un testimonio de su gratitud que legaran á las generaciones venideras. Llamaron pues al pueblo en su ayuda, y el pueblo cor¬ respondió con entusiasmo. Previó el pueblo catalan que al presentar los padres sus lujos á la Virgen de Montserrat (t) admirados estos de tan singular molfi, babian de preguntarles: ¿Qué sig¬ nifica- este magnífico edificio? babian de responderles: Hijos mios: gemimos en ralle de lágrimas; para educaros debidamente, sentimos la necesidad de la protección y am¬ paro de la ytrgen, gne quiso sentar su trono en este monte singular: la hemos invocado y nos ha oido: el deber ejue la gratitud nos impuso, h:o que os legásemos con nuestro nombre y nuestra fortuna la fe y devoción á María, sim¬ bolizada en este monumento de nuestra eterna gratitud: amad, pues, hijos mios, á la Soberana Beina que en él se venera, invocadla postrados á los pies de su portentosa imá- (1) Es gencrol costumbre secular en Gataliiiia que los que no han podido contraer su matrimonio en Montserrat, vayan luego do casados á ponerse bajo el amparo de la Virgen, de suerte que es ya adagio en el pais: que no pot &er bon casat, qui 710 du sa do^ia d Hontscrrat: y mas adelántela presentan los frutos de su cristiano enlace. — 232 — (jen, y si sois dignos herederos de nuestra fe y de nuestra devoción, os ayudará cual á nosotros y á nuestros padres. Pero los iiiiiiistros de esta Excelsa Reina han com¬ prendido siempre que Montserrat, aun cuando do un mo¬ do especial pertenezca á Cataluña, no deja do ser de la España toda, y aun del mundo entero; y de esta convic¬ ción surgió la idea de hacer un llamamiento á todas las Provincias del reino al mismo tiempo que al pais. Mientras, pues, el arquitecto (1) levantaba los planos, mientras so acordaba el derribo de lo antiguo informe y ruinoso, para presentar dominante un gran pensamiento en todo el conjunto; contextándose á los que calificaban de impropio para un Monasterio un tan basto plan, que la regia babitacion de un laeayo, y las magnificas caba¬ llerizas en un palacio real no tienen razón de ser, ni ii'.'portancia por el lacayo, ni por los brutos, sino por el monarca á quien sirven; mientras se pensaba que la Vir¬ gen no podia honrar á los que la visitasen en esta Mon¬ taña de un modo mas digno que dándoles posada en su propia y regia casa; se imploró el auxilio del Gefe de la Iglesia y del de la nación á imitación del abad Garriga; y se organizó como entonces una cuestación general por toda España. (2) Los resultados no pudieron ser mas satisfactorios: el abad P. D. Benito Argerich en el primer cuadrienio de su prelacia, el dia 14 de Setiembre de 1755, tuvo la sa¬ tisfacción cual otro abad Garriga, de poner la primera piedra del edificio que continuó con actividad, lo propio que su sucesor el P. D. Mauro Salcedo, no solo hasta (1) Nos han dicho miestroá mayores que el arquitecto que formó estos pla¬ nus, fué el que levantó los del castillo de Figueras, y sin duda influyó esto á que la obra por su espesor no permita habitaciones proporcionalmente. >óase lo dicho en lapág. 166 sobre las cuesiaciones del abad Garriga- — 233 — finir suprimer cuadrienio, si que también en el segun¬ do, ó sea desde 1761 hasta el 25 de Marzo de 1764 en que falleció; de modo que á su muerte estaba, sino con¬ cluido, tan adelantado, que parece fabuloso, atendiendo á que entonces no se contaba con los adelantos de nuestro siglo, y hubieron de preparar el local en los barrancos, salvar las distancias que habia de peñasco á peñasco por medio de arcos, y calcar sobre estos los fundamentos, si bien de un modo el mas ingenioso. Los hombres de poca fé llamaban locura la tal em¬ presa; pero la de los que la acariciaron y llevaron á cabo liizo ver que todo se puede cuando no presiden ideas mezquinas, sino que domina un grande objeto como el amor y las glorias de Maria. Levantó pues la piedad un edificio rival de las mismas montañas, cuyo — 23'i. — Facsimile pi'cscnüiinos marcado el número 1, las que anima, y con las dá la santa armonía de que sin él carecerían. Como la posición topográfica no permitía grande ex¬ tension, Imbo de suplirse esta por medio de la elevación, siendo su altura desde el camino real hasta el tejado, de 480 palmos catalanes, ó 3G'08 metros. De los 7 pisos de que consta hay 3 destinados para hospedería externa, uno para interna y los tres restantes para habitación de los ministros del culto. El entresuelo lo está para caballerizas, cuyas abertu¬ ras tienen solas rejas; las del primer piso ventanas, y los restantes balcones. — 235 — El espesor de las paredes es de 13 palmos, ó 2'522 metros en las cuadras, y va disminuyendo hasta acabar en 5 palmos ó 0'97 metros en el último piso. La elevación por la parte del claustro es menor, pues que desde el patio al tejado solo cuenta 117 palmos, ó 22'698 metros. El claustro nada tiene de monacal ni de un gusto exquisito, pues aunque su primer cuerpo ó sean las pilastras y arcos son de arquitectura greco-romana en su mas vulgar excep¬ ción. los otros cuerpos son de arquitectura civil comim. Se concluyó el año de 1707 en su parte exterior. Capitulo 11. Continua la relación del prmjeclo del nuevo Monasterio. Con la obra levantada del 1735 al1767, no se concluyó el vastísimo plan; cual era este:para su realización se habia de derribar todo lo antiguo: con que medios contaba el Monasterio para tan costosos edilicios: gran confianza de • todos en la Virgen: providencia especial de María. Si el año 1767 en concluyó el Monasterio actual, se ó claustro existente, concluyó el proyecto estudia¬ no se do y determinado, pues que á continuación de él habia de haber otro cuerpo de edificio y claustro igual al exis¬ tente, y en él habia de realizarse y presentarse todo el pensamiento concebido, con su fachada monasterial, de arquitectura greco-romana, y no como un edificio civil con balconada, como el existente en la actualidad; la es¬ calera principal digna de un edificio tan grandioso; habia de haber todas las oficinas del Monasterio, botica, casa- babitacion para el médico, la hospedería exterior ó apo¬ sentos, y una série de habitaciones ó cuartos para las varias clases de personas que viniesen á visitar el San¬ tuario; de suerte, que todas las necesidades de una hos¬ pedería general estaban combinadas con la santidad del tugar, paraque sin llegar á los límites de un lujo poco digno del lugar y del objeto que deben proponerse los — 237 — visitantes, proporcionasen cuantas comodidades podian so esperar las personas mas delicadas. Este plan exigía el sacrificio de casi todo lo existente: ' y se consintió en ello en gracia de los que' viniesen á vi¬ sitar á la Virgen. ¿Y con que contaba el Monasterio para levantar tan gigantesco como útil edificio, para sostenerlo levantado, sufragar los continuos gastos de la hospedería gratuita y su menaje, de enfermería y su servicio, para dar á tantos pobres su limosna, consistente como siempre en pan por mañana y tarde, y una suculenta sopa al medio dia para el esplendor del culto y de sus ministros? Contaba mas con la Providencia de la Señora de la Casa, que con sus bienes raices; porque como Maria es todo su objeto, todo lo consagra á su culto, y todo de ella lo espera. Los monjes y los ermitaños, los hermanos donados y los escolanes se han considerado siempre únicamente como ministros, siervos y pajes de Maria, y por lo mis¬ mo liancomprendido siempre queá la Señora corre'spon- de proveer de todo, despues que ella ha indicado de un modo indudable su voluntad relativamente á la magestad y pompa del culto, al número del personal y sus catego¬ rías, á la hospedería y sus clasificaciones, á la enferme¬ ría y su servicio. Y la providencia de la Señora lia sido siempre tan pru¬ dente como digna de ella, tan ingeniosa como acomoda¬ da á las épocas; y sirviéndose de las varias circunstan¬ cias sin violentarlas, ha obligado á que la adorasen los mas estudiosos estadistas y financieros de todos los siglos. Su objeto ha sido siempre tener fijo su trono en Cata¬ luña; desde este singular monte derramar sus gracias sin límites sobre todos, reservando á su maternal cariño pro- •yeer á los gastos que se ofreciesen. Los monjes tenían fé; la experiencia de muchos siglos — 238 — los habla radicado ella; y esta fé les hizo concebir un en proyecto fabuloso para los que no la tenían, ó la tenían muy lánguida, y les dió fuerzas y recursos para realizar¬ lo, porque Maria inspiraba á sus devotos; estos con gozo le ofrecían su óbolo, se extasiaban al ver que con sus in¬ significantes, pero afectuosas ofrendas, engrandecian á la que por ser Madre de Dios lo era suya, al restituirse á sus hogares llevaban la convicción de (pie tales sacrifi¬ cios derramarían las bendiciones del ciclo sobre sus ñi- milias y sobre sus fortunas; y así se explica (fi porque al ir á visitarla, cánticos los mas entusiastas expresaban la confianza de ser amparados por tan buena Madre; y al regresar, con cánticos los mas expansivos patentizaban no haber quedado fallidas sus esperanzas. Capitulo ill. Porqué no se continuó el proyecto del edificio. Se paraliza la obra gigantesca: porqué; un pleito perdido: la revolución fran¬ cesa de 1792. Naturalmente cuantosven indicado un nuevo claustro en el extremo del existente, preguntan por la causa de no haberse continuado. El deseo de responder á semejante pregunta que nos hemos hecho nosotros mismos también muchas veces, nos hizo interrogar á nuestros mayores que, ó vivieron mientras dominaba la idea de un nuevo claustro^ ó co¬ nocieron á los que vivían mientras se estaba edificando el existente. Era el año 1767, como hemos dicho en el capítulo II, cuando se acabó lo exterior y principal de lo existente. Se trabajaba con fé y entusiasmo en el arreglo del inte¬ rior, y al mismo tiempo abrían los cimientos para se una nueva escolania á la parte opuesta de la iglesia,-y junto á lo que habla de ser sacristía, para estar aquella en mas armonía con el servicio del culto, cuando un ac¬ cidente imprevisto vino á entorpecer las obras; un fran¬ cés entabló una demanda contra el Monasterio. — 2/1.0 — Poseia este de muchos años atrás ciertos bienes de un legado, y de una procedencia legítima á juicio de los ju¬ risperitos que él habla consultado, y estos con detención estudiado antes que se resolviese á cargarse con las obli¬ gaciones que le imponía el testador; y hé aquí que cuan¬ do cumplidas las obligaciones, invertía los productos en las obras citadas, el francés pretendió probar no ser pro¬ pietario de tales bienes el legatario, sentenciando los tri¬ bunales á favor de aquel; y como quedase por consiguiente privado el Monasterio de los recursos que aquellos le su¬ ministraban para la obra, tuvo que proseguirle con mas lentitud. Y si á esto se agrega que trascurridos los años señalados en las concesiones pontificias y reales para las cuestaciones generales, estas cesaron, quedará explicado el porgué una obra que pudo levantarse en 11 años basta poner la última piedra, necesitó después otros 20 para poderse habitar, que fué el año 1792 poco mas ó menos; y paralizada esta obra, lo quedó también la de la escola- nía, que abrazaba un gran pensamiento enlazado con el proyecto de un camarín digno de la Señora que en él había de ser venerada, y recibir en corte y tener su be¬ samanos; y el de una sacristía que correspondiendo al templo, estubiese exento de servir de paso general, y pudiese contener decentemente cuánto está consagrado al culto; y si á esto se agregad trascendental cambio de cosas acaecido en Francia en el año 1792, que puso en expectativa á toda la Europa, se comprenderá la razón to¬ tal y adecuada del abandono de una obra tan magnífica, V así indicada. Capítulo IV. Proyecto de un plan de hospedería inlerina. Previendo el Monasterio que habla de durar muchos años la paralización de lasobras, utiliza de lo antiguo cuanto puede para hospedería: destina â ella una parte del nuevo edilicio; liospédanso algunos prelados franceses: Mont¬ serrat llega ü su apogeo, y declina al perigéo. Fijo siempre el Monasterio en su tínico objeto, el cul¬ to de la Santa Imágen, nunca pudo apartar su vista de la hospedería. Por lo mismo que los devotos y entusiastas de Mont¬ serrat no son vecinos del mismo, y muchos van de muy lejanos paises á visitarlo, el Monasterio ha estudiado en cada una de sus épocas el modo con que corresponder por su parte á los obsequios que aquellos van á tributar á la Seitora: y asi viendo que por las causas alegadas en el capítulo anterior, habia de abandonar interinamente el proyecto de un nuevo cuerpo de edificio y por consi¬ guiente el de su hospedería, hizo lo que era lógico, utili¬ zó cuanto pudo de lo antiguo, y trasladando la comuni¬ dad á los pisos altos del antiguo y del nuevo Monasterio, entregó los bajos al P. aposentador para el servicio del público, procurándole cuántas camas y menaje le per¬ mitían los recursos procedentes de sus renías, y de las oblaciones de los devotos, ía _ 243 — Satisfechos los fieles con las comodidades que les pru- * porcionaba la Virgen Santísima por medio de sus depen¬ dientes los monjes, edificados del retraimiento y obser¬ vancia de estos, sentíanse trasportados y- extasiades pol¬ la magostad del culto, conocian que aquí se acallaban todas sus pasiones, y que María oía sus súplicas, bende- cia sus empresas y sus familias, y se gozaban en una calma, que sin embargo prcsentian que no podia ser du¬ radera. Los sucesos de la Francia babian obligado á buscar hospitalidad en este sitio retirado .del bullicio de las pa¬ siones á ciertos obispos franceses acompañados de parte de su clero, igualmente que á algunos monjes del mo¬ nasterio de S. Ginés dependiente del de Montserrat (4, cual destierro de su patria fué mirado como un preludio de los males que á no tardar llovieron sobre este San¬ tuario. Todo, todo entre tanto seguia su curso natural; la co¬ munidad de los monjes era numerosa y regularizada cual nunca, los ermitaños tenian su número completo, los que babian de sucederles esperaban, ensayándose en el Monasterio, y su conducta era edificantísima: la escola- nía estaba dirigida por hábiles profesores monjes, que con otros monjes ex-escolanes formaban una capilla ({ue ' ora el embeleso de cuantos la oian; los hermanos dona- dos, en número considerabilísimo, tenian corrientes todas las oficinas, las de])endencias, la hospedería y enferme¬ ría, y Montserrat olía mas á paraíso que á destierro. \ sin embargo se aproximaba á su ruina. Diríase que por haber llegado al mediodía declinaba ya'al ocaso: porque como su vida era la de otros tiempos muy diferentes, no se avenia con la del siglo 19". (I} Estaba situado en ot Hosellon, no muy lejos de Perpifutn, en el Obispado de Elna. Capitulo V. Cométese una gran falla en Montserrat á principios del' siglo XIX, y luego fué castigada. Trátase de convertir ol Montserrat do Maria en Montserrat de Marte: so pa¬ líaosla trasTormacion con ol amor pálrio: Dios se ofende de este desacato: viene un castigo que á la [jar es una lección p-ara ias generaciuiios venide¬ ras: quédase el Monlscrrai sin víveres . El siglo entraba en Montserrat heredando todo XIX cuanto le acababa de legar el xviii al espirar, y cual jo- , ven inexperto, contó poder enmendar á sus ascendientes. Al espirar el 18°, le advirtió que en el vecino reino habia hacinados muchos combustibles, y que por lo mismo estuviese muy sobre aviso. Le recordó que mientras en Cataluña ardió la desoladora guerra de sucesión, Mont¬ serrat fué mirado como un punto religioso siempre y poV todos, y que en él jamás ondeó otra bandera que la blan- ,ca, porque Maria es /m de paz. Y para que no lo olvidase, le dijo: «Mira, ¿ves eseedi- ))ficio, (1) sobre la fíente llamada del Portal, y fuera de »los muros del Monasterio? Pues era un cuartelillo en (1) Es loque hoy parece un corral un poco" mas arriba y 6 espaldas de la fuente del Portal^ _ 24i — «miniatura quo las tropas llamadas entonces carlistas, «que militaban por la Casa do Austria, y que neccsita- «ban uná fácil comunicación entro sí, babian edificado, «va por no ser gravosas, ni comprometer al Santuario, «y ya sobre todo para testificar su respeto y deferencia «iiáma la casa de la Patrona de Cataluña y Reina de los «revés. El templo es para orar, se decían, y nada mas. «Allí liemos de ir á pedir valor, y todas las virtudes mi- «litares; allí hemos de ir á implorar las bendiciones para «nuestras armas, y luego salir fuera á blandirías, y ma- «nifestarnos dignos do la protección de la Virgen de las ^dmtallas, como llamaron nuestros mayores á esta Santa «Imagen.» Oyó desdeñoso estos y otros avisos el jóven siglo, y al mirar sobre la faente del Portal aquel recuerdo bistórieo, no imitaré, dijo para si, á los vencidos. \ cometió una gran falta. Efectivamente apenas entradas las tropas francesas en Barcelona, y advertido el pais de lo que iba á suce¬ der. trató de defender su independencia, que dió el nom¬ bre á la guerra que bajo esto punto de vista y con esta idea sostuvo hasta lograr su objeto; y de la cual solo ha¬ blaremos por lo que mira á Montserrat, dejando lo demás á otros historiadores. Ella dió ocasión á que en Mont¬ serrat se cometiese una gran ¡dita, que la justicia divina vindicó también luego. (Todo lo entrecomado lo trascribiremos del abad que era entonces.) «Luego de entradas las tropas francesas en Barcelona, «(una persona de las que mas figuraban en el pais) es- «cribió reservadamente al capitán general conde do Ez- «peleta, consultándole si convendria aprovechar en Mont- «serrat los momentos para un armamento. El conde de «Ezpeleta contestó con su sagaz prevision: Que no podia — aw — )}haher inoportuna que empegar á manifestarse cosa mas »por el Santuario los temores de la opinion. La respuesta fué despreciada, por mas que fuera pre¬ visora, y dada por persona tan autorizada como intere¬ sada y competente. «Los pueblos sabedores de lo que pasaba en la capital, «empezaron á conmoverse, y muchos centenares, y aun «millares de sus vecinos aptos- jiara las armas, acudían «al mismo Santuario á buscar allí dirección, y no pocos «tal vez el sustento, con indicaciones de amenazas si no «so lo diesen.» ¡Compromiso delicado en tales circuns¬ tancias! «Necesario ha sido tener la mesa parada todo el dia «para tanta multitud, y destinar monjes de trato que la «contuviesen en algun orden con buenas razones.« «No seria fácil calcular aquí lo mucho que en ello «gastó entonces el Monasterio.« «Preciso ha sido también asalariar alguna considerable' «guardia provisional de paisanos, que en lo posible im- «pidiese la matanza por sospechas en concurrentes des- «conocidos, hasta que alguna autoridad supletoria decku- «rase lo lícito de las primeras hostilidades. «No se ocultaban al opresor de la capital estas con- «currencias, y enviaba á Montserrat terribles amenazas «de devastación y ruina.» ¡mayor y mas peligroso con¬ flicto! «Para aligerarlo se activó desde Montserrat la erección »de la:primera junta corregimental de Manresa. « «Dejando aparte lo mucho gastado en Montserrat y en- «las dependencias, con tanta multitud de soldados y so- «matenes, en el mismo se les daba dirección á la na- «dente junta de Manresa, á Igualada, y á otros puntos «en que hubiese armas y jefes, y todo pagado por el Mo- «nastorio.» — 246 — «üe Montserrat envió la madera se seca para hacer «en Igualada las primeras cureñas.» «De Montserrat sa- wlieron dos religiosos con el estandarte de la Señora á »ciertos puntos de las alturas de Cusa-Masana, para en- wtusiasmar en ellos á los muchos somatenes, que en los «primeros encuentros con un solo mal cañón y contí- Miiuas descargas de fuegos menores desde casi todas las «matas, luciese retroceder á los vencedores de Mafengo.» «Además de franquear Montserrat en su recinto y en »todas sus dependencias sustento á cuantos somatenes «acudían, cedió en todas las parroquias en que percibe «diezmos, en unas la cuarta parte, y en alguna la terce- »ra, para los primeros tercios de mújuelels, mientras la »junta superior no arreglaba para ello las contribuciones.» «Llegado de Mallorca el primer general, marqués del «Palacio, y arribando de Granada poco después el gene- »ral Campoverde; no teniendo ya el Monasterio nume- «rario, ni víveres con que auxiliarlos, les remitió 65 cu- «biertos de plata, una rica salvilla, y algunas escupide- »i:omprometo á desalojarlos en el espacio de 8 dias con mis solos soldados.» V ni aun así fué atendido. Y sin embargo la oltcdiencia militar le hizo respetar lo rosutdto por la Junta; si bien lloro al ver los efectos. 2} En efecto, liízose solemne fiesta, y lucidísima precesión como en épocas normales, pero no hubo mas concurrencia que las tropas acantonadas en el Hanluario. ¿Se reanimaba (d etípíritu dir el público á Montserrat? público, no acudiendo ni pudicndo acu¬ Capitulo VIII. Desaparición del mejor tesoro, las santas reliquias. Puso à salvo con tiempo el Monasterio las santas reliquias: manda la Junta que sean devueltas: apodéranse de ellas los franceses, y las profanan: se salva¬ ron algunas por no haberse restituido providencialmente à sus respectivos lugares. En todos tiempos entre los cristianos las santas reli¬ quias han sido reputadas siempre como un tesoro de un valor inapreciable; ya porqué nos recuerdan las eminen¬ tes virtudes y sufrimientos de nuestros héroes, estimu¬ lándonos á su imitación, ya porque nos alientan con la esperanza de una felicidad para la cual ellos todo lo sa¬ crificaron, y ya finalmente porque confiamos en sus mé¬ ritos é intercesión. De aquí el afan por enriquecerse con ellas, así los templos como las cojnunidades religio¬ sas, y los particulares, y de aquí también los esfuerzos hechos en épocas de persecución para sustraerlas de la profanación, y las precauciones adoptadas por la Igdesia tanto para evitar el fanatismo, como para recobrar la campleta identificación de las mismas, y darlas el debido culto. El Santuario se babia distinguido siempre en la ad¬ quisición, veneración y cautelosa custodia de este tesoro celestial, como consta del capítulo xv fóleo 174 del Com- — 2oi — jiendio de la historia de Monlserrai-, pero también por t'l tuvo que llorar á lágrima viva al verlo en parte profana¬ do, y en parto perdido. Queda dicho en el capítulo anterior, que el Monaste¬ rio, al saber que en la .lunta babia prevalecido la opinion de la fortificación del mismo, babia tomado la precau¬ ción de sacar lo mas precioso de la sacristía, (activó el abad, dice en otra nota, la trasportación de todo lo mejor de la sacrislia en ocho arque tones): y no hay duda tpio entre lo mejor de la sacristía las santas reliquias han si¬ do siempre reputadas los objetos preferentes. Queda diclio también que la Junta para reanimar el espíritu público, (que no iba ya á Montserrat) mandó que todo se restituyese al Monasterio. Y efectivamente las santas reliquias, que ya babian sido extraidas de las imágenes, y relicarios en que esta¬ ban colocadas, al sacrificar en aras de la patria toda la plata, como queda dicho en los cap. 5.° y 6.°, fueron de nuevo colocadas por órden de la junta en su armario propio en la sacristía, si se escoptuan las dos sagradas espinas de la corona de nuestro Rey y Redentor Jesu¬ cristo, el dedo índice de S. Juan Bautista, y alguna otra que providencialmente babian quedado en poder de al¬ gun monje particular, que mas adelante se llevó el Cré¬ dito público con lo poco que babia quedado. Pero habien¬ do sabido el P. Percebal que las dos sagradas espinas del Señor y el dedo de S. Juan estaban en la secretaría de cámara del obispado de Barcelona, autorizado com¬ petentemente fué á reclamarlas, y le fueron entregadas en debida forma. Las demás reliquias desaparecieron en parte, y parte fueron tiradas por el suelo, mutiladas, rotos los sellos que autenticaban la identidad, entre inmundicias, y mez¬ cladas con huesos no humanos. Y entonces vista la im- — 2oS — posibilidad de distinguirlas é identificarlas, las recogie¬ ron los monjes y las dieron sepultura honrosa en la hoya que está abierta en el lado del Evangelio del Altai- de S. José. Del cuerpo del penitente y femoso Juan Gari, no se halló rastro: ¡Hahia desaparecido del todo! Otro tanto sucedió con la Espada de S. Ignacio, no pudiendo los monjes conjeturar si los franceses la llevaron como una mera arma, supuesto que no tenia inscripción alguna que les pudiese llamar la atención ni con que apreciarla, ó desdeñarla por su procedencia, ó si la hi¬ cieron pedazos, como otras alhajas allí depositadas. Pasamos á ocuparnos de dicha espada en el siguiente Capitnlo IX. La espada de S. Ignacio de Loyola. Lo que flejó en Montserrat Iñigo de Loyola en 2i (le Marzo de 1o22 desapa¬ reció en "2.0 de Julio de î811 ,y esta no es la que se enseña en la iglesia de Be~ >en de Barcelona. No os nuestro ánimo capítulo de La ve¬ tratar en este nida de Iñigo de Loyola á este Santuario, supuesto que nadie la niega: vamos á hacerlo únicamente de la Espada, í[ue consigo trajo de Pamplona, y que dejó colgada en el sitio de la iglesia en donde estuvo orando de rodillas, y |)ara descansar un rato se levantaba, y estaba en pié; en cuyo lugar mas adelante se babia colocado, para eterna memoria del becbo, la lápida de que benÚos hecho mé¬ rito en la página 185. Que esta espada estuvo en Montserrat basta el 25 de •lulio de 1811 en uno de los armarios como un recuerdo — 257 — histórico, tenido en mucha estima y veneración por su procedencia, es cosa que nadie lo habia dudado hasta hace poco tiempo. Pero afortunadamente podemos toda- via citar testigos oculares que pueden ser interrogados, pues viven y están en su sano juicio, además de otros que han fallecido ya, y nos habian asegurado haberla vis¬ ta y tenido en las manos mil veces hasta el dia de su desaparición el citado dia 25 de Julio de 1811. Los que viven son el P. I). Benito Percebal, sacerdo¬ te de 85 años de edad, (1) y el lego Fr. Mariano BaM, también de 80 años poco mas ó menos, que vivieron muchos años en el Monasterio antes de su destrucción, y sus estragos, sin otros muchos que no cita¬ lloraron mos por no recordar ahora sus nombres. En nuestros dias por algunos se ha pretendido que es¬ taespada es la que se enseña en la iglesia de Belen de Barcelona: sin embargo semejante pretension lejos de justificar, probaria á lo mas, habiendo entonces desapa¬ recido de Montserrat, babia ido á parar á la iglesia de Belen. Pero ni esto es admisible. Los monjes que habian te¬ nido mil veces en la mano la espada que S. Ignacio dejó en Montserrat, fueron de intento á ver la que se enseña en la iglesia de Belen, y nos han asegurado una y mil veces en las conversaciones familiares, que esta no es la que estuvo en Montserrat 289 años 4- meses y 4 dia. Sin embargo los monjes citados no han negado jamás, ni lo negaremos tampoco nosotros (á pesar de haber quien hasta niega que sea tal arma), que la que se enseña en Belen sea de S. Ignacio, y digna por consiguiente de to¬ do aprecio, pues que es muy natural que un militar de (I) Escribíamos estas líneas en Octubre de 1864 y este anciano murió como un justo en 28 do Diciembre del mismo año. 17 — 258 — graduación tuviese no una sino varias espadas. Nos con¬ cretamos únicamente negar la identidad de la de Belen con la que ofreció á Nuestra Señora en Montserrat Iñigo de Loyola. Mas si alguien se empeñase en afirmarla, nos asistirla derecho para preguntar ¿cómo se justifica? ¿De qué ma¬ nera se prueba la adquisición por la iglesia de Belén des¬ pués del 25 de Julio de 1811? No ignoramos que algunos han supuesto sin justificar con documentos auténticos, que no han presentado, ni es posible que presenten por no existir, ni haber existido jamás, que la iglesia de Belen y la de Montserrat, hicie¬ ron un cambio: que aquella dió á esta la cabeza de santa Gertrudis la Magna, y esta á acquella la espada de S. Ig¬ nacio. Suposición esta que nunca se ha consignado de un es modo oficial, ni menos ha sido hecha por persona que le- gitimamente representase la iglesia de Belen de Barcelo¬ na, debiendo en todo caso probarse como y cuando se hizo el pretendido cambio. Perolejos de haberse justificado, nos juzgamos auto¬ rizados para afirmar que es soñado tal cambio, ya porque nunca ha poseído la Iglesia de Montserrat la notabilísima reliquia de la cabeza de Santa Gertrudis la Magna, sino solos dos huesos que estaban colocados en el corazón de la imagen de plata de la Santa, según consta de varias historias, y afirman los testigos antes citados, y ya por¬ que lo desmienten las deposiciones contestes de todos los que han afirmado haberse conservado la citada espada en Montserrat hasta el 25 do Julio de 1811. No se rea¬ lizó puesel tal cambio antes del citado dia ni despues, porque mal podia cambiar Montserrat lo que ya no poseía. Además, semejante cambio no podia realizarlo Prela¬ do alguno á hurtadillas, sino con anuencia de la comu- — 259 — nidad, de la que íio solo no nos lian hablado los prelados y monjes que hemos conocido de 40 años á esta parte y que á su vez habían conocido á los del siglo pasado casi hasta su mitad, sino que todos han estado contestes en afirmar haber poseído siempre el Monasterio la espada de S. Ignacio, sin que ni uno siquiera nos haya hablado ja¬ más de una tan insigne reliquia como es la cabeza de Santa Gertrudis la Magna. Parécenos innecesario insistir mas sobre el particular, y que dejamos por lo mismo suficientemente probado que la espada de S. Ignacio desapareció de Montserrat el dia 25 de Julio de 1811; que no es la que se enseña en la iglesia de Belen de Barcelona, y que nunca la cam¬ bió el Santuario con la cabeza de Santa Gertrudis la Magna. Finalmente afirmamos que là espada de S. Ignacio que estaba en Montserrat tenia una contraseña, de la que carece la que se conserva en la iglesia de Belen, con¬ sistente en unas flores de lis en el puño. Nos lo han ase¬ gurado los que la han visto; y lo confirma Villanueva en su Viaje á Monlserral. Carta LIV página 143. (1) (1) El Dr. Arnüs en la ya citarla obra Historia de ïct Puda de ^font$errat^ página 8*2, dice: «Pedazo do hierro (!o que llaman espadín de S. Ignacio en Be- »len) que estuvo à visitar allí, y que no tiene carácter alguno de tan religiosa »y memorable ofrenda. Aquella malísima arma—si arma fué—no pudo haber »sido ceñida por el noble y elegante antiguo paje de Fernando V, ni menos «puesta en ofrenda á los pies de la reina de los cielos. Tal pretendida reliquia ! "no tiene auténtica; y según el último cura que fué de aquella parroquia,so «cree haber sido adquirida de Montserrat en cambio de medio cráneo de Santa «Gertrudis laMagna; hecho que ya me pareció dudoso, cuando «que ahora no increiblCjy estoy autorizado para desmentir.» Capítulo Viene sobre Monlserral el castigo general insinuado en el capítulo VI- Los castigos parciales y providenciales no logran los efectos que entraban en los designios de Dios; continúa á pesar de ellos la flaza de armat en Mont¬ serrat: se cumple el vaticinio de un santo abad hecho al morir. faltas cometidas en Montserrat, es consi¬ Vistas las guiente que veamos como fueron para castigadas ejem¬ plar de las venideras generaciones. Es muy lógico que lo que tiene su única razón de ser en determinado objeto, deje de existir en faltando este. Montserrat no de ser que la elección tenia otra razón que do él hizo la Virgen María para establecer allí su trono de piedad y de clemencia, de misericordia y de gracia para todos los hombres, sin distinción de indi¬ viduos, clases, ni tiempos, representada por medio de una y determinada imagen suya. Pues bien; En el ardor del amor patrio hubo en el año 1808 yen los tres siguientes, quien, sin consultar ála Virgen como Señora y única interesada, sin comprender suficiente-1 mente la indicada razón de ser de Montserrat, se hiciera la ilusión de poder amalgamar con ella el concepto de una plaza de armas ó castillo; y la Señora, que no admi- — 26í — ■ te rival en Montserrat, viendo que desde aquel momento no era considerada como lorrc de David, y que los que hablan resuelto el problema í'avor de la forlificücion, en [)usieran mas que en ellaconfianza en las armas, y su cu los hombres, estoy de mas aquí, dijo: esconderé mi ros¬ tro y consideraré las postrimerias de vuestros cálculos, de vuestro ardor militar, y de vuestro poder. Y al retirarse la Madre, dijo el Hijo: levántense esos hombres en cuyo valor, pericia y poder confiais, y ven¬ gan á vuestro socorro, y os amparen en la necesidad. Ved que yo soy solo y que no hay otro Dios ,sino yo. Yo quitaré la vida y yo haré vivir: heriré y curaré, y no hay quien pueda librar de mi mano. Alzaré mi mano cd cielo y diré: vivo yo para siempre. {Deuter. 32 5S y 39.) ¡Triste espectáculo! Maria, la llamada, la creída, la invocada por tantos siglos como patrona do Cataluña, bajó de su trono de Montserrat; y este que mientras fué tenido por lo que era, por un terreno ó monte neutral, un asilo religioso y por lo mismo común para todos los creyentes, cualquier que sean su pais- y su lengua, fué respetado por todos, sin que tuviese enemigos, ni ¡¡udie- se tenerlos, los tuvo ya convertido en plaza de armas, porqué faltáronle aquellas consideraciones, ó razón de ser. La santa Imágen no solo no fué tenida y venerada co¬ mo un xris de paz, y como un refugio común y un medio de que se valdria como en otras épocas de fe la Madre de Dios para salvar la patria, sino que se cayó en el er¬ ror de creer que ella necesitaba quien la salvara, y se confió su guarda á la impotencia de una pared del huer¬ to de la ermita de San Dimas. ¡Un desacierto trae otro por necesidad! Y la bondad de María dió en rostro á la humana ine¬ ficacia, permitiendo que la Santa Imágen cayese en po¬ der de los franceses, del que se libró por si misma no 202 queiñendo llevar al extremo el castigo que iniciaba, ni permitiendo que la destrozasen ó la hiciesen desaparecer para siempre, contentándose con haber dado á la poca te de todos y aun á la falta de respeto, una severa lec¬ ción, que aterroriza. (1) La aprendieron afortunadamente I los monjes, y de aquí el que en las alarmas siguientes, al ponerse ellos á salvo, siempre llevasen consigo la Santa Imagen. Y en verdad, María, escondido ya su rostro, conside¬ raba las poslrimerías de un Montserrat que no era el suyo, del Montserrat fortificado, y sin la Santa Imagen; y vió que aquellas eran lo que era lógico que fuesen, nn monton de ruinas y de cenizas. Y era que Dios, tratándose de su gloria y de la de su Madre, no sufre rival: No daré á otro mi gloria {Isai 4. 3S) que quería hacer ver que es maldito el que confia en otro hombre independientemente de Dios; y que El es solo y no hay otro Dios sino El. Y ved porque apostrofando á los que no confiando en su Madre, sino en las armas, les decia: ubi sunt?., donde estánsus dioses en los cjue te¬ man la confianza? Ved, fuego se ha encendido en mi fu¬ ror... amontonaré males sobre ellos, y emplearé en ellos (I)En las varias excursiones que hicieron los franceses por ía Montana en la temporada que estuvieron en Montserrat, dos individuos de su tropa dieron con la Santa Imagen, que estaba en una de las paredes del huerto que hay al pié déla ermita de S. Dimas, la desnudaron de sus vestidos y alhajas con que estaba adornada, concibiendo luego el sacrilego proyecto de ahorcarla. Como lo concibieron lo pusieron por obra. Al pié del camino que sube á la ermita ' habla una secular encina, de la cual se conserva hoy todavía una parte, ocháronla una soga al cuello, y uno de los dos se subió al árbol para tirar de la ; soga, quedando el otro al pié de él para ayudar á levantar la Imagen; cuando hé aquí que el de arriba se cayó muerto y frió. Aterrorizado el otro, tomó la Santa Imagen, y la devolvió anegado en llanto al mismo sitio. Este soldado mas adelante fué á Tarragona: confesó su delito, y facultó à su j confesor para publicarlo ó manifestarlo á los PP. de Montserrat, y estos nos lo han contado mil veces, pero especialmente cuando en nuestra mocedad pasá- ambos junto à la dicha encina. — 263 — lodas mis saetas, valiéndome de los franceses como de instrumentos. [Deut. cap. cit.) ¡Y los franceses á no tar¬ dar vengaron el honor de María como ministros de la justicia divina! Y ved el porqué de la dispersion de las cuatro comuni¬ dades de monjes, ermitaños, donados y escolanes; de la desaparición de tantas preciosidades, del archivo, de las santas reliquias, y aun del mismo Monasterio; cum¬ pliéndose lo vaticinado por el abad Argerich al morir en 25 de Marzo de 1764, diciendo: Desde la corona de la Virgen al gallinero, todo será destruido en Montserrat. El Señor de vez en cuando abre á sus siervos el libro del porvenir. Capílulo \I. Modo con qiie la juslicia divina vindicó la injuria hecha ó la Sanlisma Virgen: primero fué incendiado el Monasterio. Vienen ios franceses sobre el Montserrat: plaza de artnas el 25 de Julio da 18H: retíranso las tropas españolas: quedan dueños los franceses: rctíranso estos en 11 de Octubie y al retirarse incendiaron todos los edificios é iglesia. «Habia venido (i) y penetrado en Montserrat fuer- una »te columna de franceses el 12 de Enero de 1801), {di- y>cen las citadas notas del abad,) sin causar daño alguno >tni en el Santuario, ni en el Monasterio antes bien el »gefe colocó guardias de su confianza para impedirlo; «extendiendo además humanidad á cuidar de que no su «faltase alimento para algunos monjes enfermos, que no «hablan podido huir.» (2) (1) Apesar del silencio con quo vino la columna francesa entre 8 y 9 do la noche, tuvieron aviso de su venida los monjes, y pudjeron poner á salvo lo mas principal, y subirse á la montaña, menos los viejos y enfermos que hubie¬ ron do resignarse á quedarse bajo la Providencia. (2) Uno délos monjes (el P. Ton alva) que al ausentarse los demás, mani¬ festó tener suficiente valor para esperar enCasa la tropa francesa, al aproxi¬ marse esta, mudó de consejo, y tomó el partido mas prudente, cual era subir h la montaña con los demás. Salla ya en trajo de viaje por la Puerta del Portal do la Fuente, cuando soiprendido por los franceses, de repente le ocurre fin¬ gir que iba á recibirlos amistosamente en nombre do los demás. Pidió cou — 26» — ))Y al retirarse el dia se redujo á llevar las siguiente «provisiones de boca pudo con seis caballerías del que «mismo Monasterio que halló en la cuadra, por no ha- «berlas podido retirar antes á tiempo.» «El prelado (cuyas son estas notiis) se restituyó á casa «al anochecer, muy pocas horas despues de la retirada y «escaramuzas, que vió desde un cerro.» «Volvió la tropa francesa segunda vez, el 25 de Julio «de ISli, y entonces permaneció mucho tiempo (hasta «el 11 de Octubre próximo) todo-lo saqueó, todo lo mal- «versó, todo lo (£ue allí habla desapareció para siempre: «pero algunos pergaminos, y libros que cayeron en bue- «nas manos, los recobró el Monasterio despues de la paz. » «Algunos residuos de lo que no pudo vender ni lle- «varse, los redujo á cenizas con el edificio.» Pero veamos ya mas detalladamente lo que sobre la segunda venida ó invasion de los franceses nos dice tan en general el abad. Súpose en Montserrat el 22 de Julio que habia de avan¬ zar bácia el Brueh una gruesa division francesa; y te¬ miendo los gefes de la guarnición el ser atacados, á ho¬ ra muy avanzada de la noche dispararon 3 cañonazos des¬ de la hatería de los apóstoles, que era la señal convenida para llamar á aquel lugar y reunir á los somatenes de los pueblos vecinos; pero estos se presentaron en número insignificante. La comunidad por este hecho comprendió su peligro, y se retiró con tiempo. Avanzó efectivamen¬ te el cuerpo de tropas francesas y el 25 de Julio mien¬ tras las nuestras estaban en su llamado Castillo, sobre instuncia que lo prcsenlascn al General, y puesto à su presencia, con Inusitada tranquilidad,, rostro serttno y en francés l)ien acentuado, le ofreció la Casa, los viveros, y las personas que Jiabia en ella. Escuchó conmovido el General la tan inesperada arenga, y complacido de la benévola hospitalidad ofrecida, sintióse revestido de todos ios sentimientos de humanidad, y en su consecuencia lomó las disposiciones de que habla en sus no'.as el abad. — 266 — jas armas, una fuerte columna francesa, bien guiada por un práctico, (1) subió por el camino que desde el Bruch junto á la casaden Jorba dirige á S. Jerónimo; y no ha¬ llando allí resistencia, se dirigió al reducto de la ermita de S. Antonio, depósito de los proyectiles de mano, y se apoderó de todo sin resistencia. A su vez el grueso del ejército francés, bien guiado, también, marchaba por Casa-Masana á Santa Ceojlia, y no hallando tanpoco allí resistencia, por haber ya retirado la tropa y los cañones el baron de Eróles, tomó las altu¬ ras que dominaban la hatería alta del Hospitalet, situada en el camino que de Santa Cecilia va á la Trinidad, aban¬ donándola al momento la tropa española, y salvándose por aquellos barrancos. Libre de obstáculos el ejército francés, siguió su triun¬ fante marcha hácia San Jaume V blanch, abandonado también con sus cañones, hasta Montserrat. Entre tanto la columna que bajaba de S. Antonio, se¬ guia hácia las ermitas de S. Salvador, Trinidad y S. Be¬ nito, y topando en el camino con los ermitaños Crospis y Picañol, los asesinó bárbaramente, disparando luego desde el camino de Santiago varios, algunos tiros contra algunos monjes y escolanes que buian hácia Santa Cata¬ lina, hiriendo en la espalda al P. Pedresa. Tranquilos estaban en el Monasterio los gefes baron de Eróles y Manso recibiendo partes, cuando de improvi¬ so se presenta el enemigo en lo mas alto de la escala dreta (eran las TI y I[-4 del dia). Corridos de una tal sor¬ presa resolvieron poner á salvo las personas, abandonan- (f ) Era este un Casero f}ía$overJ de una de las Casas de campo de ios alre¬ dedores de Martorell; cayó á no tardaren manos del Somaten, conducido á Tarragona, y juzgado legalmente fué sentenciado á ser descuartizado, y su ca¬ beza colgada en uno de los sitios mas públicos del Bruch, como traidor á la Patria. — 267 — do la fortificación con las provisiones de boca y guerra, que las tenian dos años. para Parte de la tropa bajó á Monistrol por la escala de las monjas; y el baron de Ereles con algunos se dirigió á Casa Tabella, tomando el camino de la cueva de la Vir¬ gen, del fnral de las viñas de Collbató, y el Cayrál, en cuya casa se fueron reuniendo los dispersos monjes, es- colanes y paisanos. El Sr. Manso con sus tropas tomó el camino de S. Mi¬ guel bácia Collbató, ya no sin peligro, porque los fran¬ ceses le dispararon algunos tiros desde las alturas de S. Juan y Santa Catalina; pero guiado por un pastor, bajó por un atajo conocido por la dresera de Joan Gari, llamada así por hallarse en ella impresa en la dura peña la planta de un pié bumano, y que suponen era el único camino existente en tiempo Cari, pasó por entre el cas¬ tillo y pueblo de Collbató sin haber perdido un soldado siquiera. Algunos de los monjes que babian quedado en el Mo¬ nasterio despues de la alarma del 22, tomaron varias di¬ recciones; pero el P. Moreiras, que por sus achaques y años estaba muy pesado, y babia confiado en la fortifica¬ ción, fué alcanzado en el camino que vá ,á la cueva de la Virgen, fué asesinado y arrojado su cadáver al barranco, que está debajo del huerto de la escolania. Mientras esto pasaba en el Monasterio, se aproximaban é iban llegando los franceses por varios caminos, y ba¬ ilando abandonada la plaza, entraron en ella como due¬ ños. En la enfermería babian quedado los PP. Mingálva- ro, Carreras y Batlles: los dos últimos fiillecieron á no tardar, y á petición del primero sus cadáveres fueron de¬ positados en las ordinarias bóvedas de S. José; lo propio que mas adelante al regreso de los monjes, los de los PP. Moreiras, Cróspis, Picañol y Brocb, fallecido este — 26S — en el camino de las paparras, ignorándose si violenta,- ó naturalmente, y quedado insepulto en la Montaña. No les faltaron bajas á los franceses, durante su per¬ manencia en la entregada Plaza, porque por ser domi¬ nada por todas partes, no faltó quien de vez en cuando los hostigase; si bien nunca fueron batidos en forma; y asi es que permanecieron disfrutando del gran botin que les dejaron nuestras tropas, y de lo del Monasterio hasta el 11 de Octubre del mismo año, en que al marchar pe¬ garon fuego á la iglesia, coro y demás edificios. Pero ni la justicia divina estaba satisfecha todavia, ni- los franceses hablan dado fin á su triste y humillante- misión, como vamos á ver. Capitulo \II. Segunda destrucción: el Monasterio fué volado. No cayeron en la cuenta los partidarios de la fortificación à pesar de los cas¬ tigos que Dios descargó sobre M«'ntserrat: Green se empeña en proseguir la fortificación, se encastilla en S. Dimas: cae prisionero: los franceses volaron lo que habia perdonado el incendio: Montserrat dejó de existir. Al ver mejores edificios de reducidos á cenizas los Montserrat y todo el interior del suntuoso Templo, al re¬ cordar el modo con que por todas partes fueron sorpren¬ didas nuestras tropas, y hubieron de abandonarlo todo apesar de su amor pátrio y valor incomparable el dia 25 de Julio do 1811; al considerar que faltaban ya todos los elementos con que entonces contaban de becbo los bra¬ vos defensores de Montserrat, ¿quién no hubiera creido fundadamente que el proyecto de defensa sostenido en mala hora contra la respetable opinion de valientes y en¬ tendidos militares, y cuyas fatales consecuencias llora¬ ban amargamente y sin remedio asi todo el pais como el Santuario y el Monasterio, no hubiera sido abandonado para siempre y basta con rubor? y sin embargo desgra¬ ciadamente no fué así. El coronel inglés D. Eduardo Groen conservaba sin duda el título de gobernador de la perdida plaza de Mont- — 270 — serrat, y sentia una humillación insufrible en ser solo go¬ bernador in partibus, y de aquí el empeño en una nue¬ va fortificación, siquiera fuera parcial, y en la ermita de S. Dimas, que juzgó menos expuesta, como mas próxima al Monasterio, desde el cual podia ser abastecida por la escala dreta. Pero no tuvo en consideración lo expuesto basta aquí, ni que para amparar á unos 25 hombres que allí podía mandar, necesitaba un cordon de mas de 25,000 que circuyesen toda la Montaña, supuesto que no hay punto por donde los prácticos no puedan llevar allá gente, sin que baste á impedirlo la mas exquisita vigilancia; y mas entonces que la arboleda era muy crecida por todas par¬ tes, y basta los caminos do cabras estaban siempre ex¬ peditos. ¡Ni la experiencia de la humillante sorpresa del año anterior le hizo mas prudente! El Monasterio comprendió todas las consecuencias de un plan tan funesto, las expuso, no fué atendido,- y tuvo que xesignarse á ellas. Apenas hablan desamparado el incendiado Montserrat y santuario los franceses el 31 de Octubre do 1811 y aun humeando por todas partes las cenizas, cuando lle¬ garon allá los mas mozos de los monjes y legos, y con esfuerzos beróicos y peligro de la vida apagaron el fue¬ go del modo que pudieron; tras de ellos llegaron los de¬ más monjes llorando amargamente al considerar la im¬ posibilidad de dar culto á Dios y á su santísima Madre,- según babia quedado el Templo. Recorrían lo destruido, y al bailar intacta la llamada Sala capitular i hé aquí, exclamaron con júbilo, un tenn pío providencialmente reservado para nuestra querida- Madre. Trabajaron, sudaron, fueron abriendo paso á los de¬ votos, lo adornaron del modo que les permitió la triste y — 271 — angustiada situación en que habian quedado, y allí cele¬ braron públicamente los divinos oficios. Para cobijarse la comunidad fueron aprovechando las localidades en que menos se babia cebado el fuego, y se tenian por dichosos de haber podido reanudar sus tradi¬ cionales prácticas entre unas paredes y techos que ame¬ nazaban ruina é infundian pavor al de ánimo mas va¬ ronil. Pasaron asi sanos y robustos la rigurosa estación del invierno, supliendo la Divina Providencia la falta de abri¬ go y alimentos, cuando, como queda indicado, el anti¬ guo gobernador Green, despreciando sus ruegos se em¬ peñó en encastillarse en S. Dimas, lo cual sabido por los franceses, destacaron contra él una no insignificante co- lumna^ que subió allá el 28 de Julio de 1812, colocó una pieza de artilleria á pocos pasos' de lo que el 8r. Green llamó fortaleza, ¡¡or la parte de la ermita de la Trinidad, le intimaron la rendición, se rindió, entregóse él y los mas de su compañía llamada de anglo-calalanes, descol¬ gándose con peligro de la vida los demás por el barranco que cae sobre el camino, llamado deis Degotalls, el dia 30 del mismo Julio. Afortunadamente los monjes se ha¬ blan puesto á salvo con tiempo, llevando consigo á la Santa Imágen. Irritados los franceses, llevaron cuanto bailaron, colocaron cinco hornillos de pólvora en diver¬ sos puntos del Edificio perdonado por las llamas, pegᬠronles fuego, no desfilando la columna que estuvo forma¬ da en la carretera junto al Barranch deis Ases, basta oir la e.vplosion de los mismos hornillos, que acabó con la Pla¬ za de Armas, y fué tan horrorosa, que abrió algunas puertas y ventanas de Tarrasa., p El número 4 indica la parle del Edificio en que por ser mas flaca se cebó mas el fuego; y el número 2 la parte volada por los 5 hornillos de pólvora. Permítasenos aquí una pequeña digresión sobre el ini¬ ciador de la fortificación, y sobre la misericordia de Dios para con él. Si bien este buen hombre lloró amargamente por mu¬ chos años las consecuencias de su desacierto, que ya no pudo evitar cuando quiso, no lloró el mismo desacierto ó lo que él habia trabajado en principio. Y así es que sin pretender entrar en los juicios de Dios, y formándolo solo histórico, decimos que las amarguras que tuvo que •devorar por mas de 40 años, el verse en un presidio, á — 273 — pesar de su distinguida categoría, y morir fuera del seno de su familia, fué un castigo visible y palpable de su pe¬ cado. Dios se lo haya perdonado, y nosotros se lo per¬ donamos también. Pero ya que en estos capítulos hemos hecho resaltar la justicia divina en la destrucción de Montserrat y de sus adyacentes edificios, capillas y ermitas, justo es que pongamos de relieve su infinita misericordia por la in¬ tercesión de la Virgen que en él se venera. En primer lugar, fué una providencia misericordiosa y bajo todas las luces sobre-humana, el que la Sta. Ima¬ gen no se perdiese para siempre. Fuélo así mismo, que no perecieran todas las tropas do la guarnición; porqué atendiendo á que las tropas francesas venían por la carretera de Esparraguera hacia el Bruch con ánimo de subir, guiados por prácticos, á to¬ mar la retaguardia de las de la guarnición, y atendiendo también que por la parte de Collbató, de la nieva de la Virgen y aun de Monistrol, no tenian avanzadas estas úl¬ timas; si por desgracia al mismo tienq)0 que una division subia por casa Jorha á las finassas de S. Gerónimo, hu¬ biese subido otra por Collbató, otra por el paso del furát hacia la nieva de la Virgen y de esta, otra mirando á Monistrol, como era natural, los españoles hubieran que¬ dado cortados por todas partes. En tercer lugar fuélo también que no muriesen todos los monjes, atendiendo á que, amigos todos de permane¬ cer en el punto de su profesión, á pesar de tantos sinsa¬ bores, sustos y distracciones, esperaron para escapar á última hora, y cuando ya los franceses estuvieron á la vista: y si murieron algunos, fué porque inocentes é inexpertos en lo que son guerras, no podian persuadirse del peligro inminente; pues no faltó quien á las reflexio¬ nes exclamase: ¡Qué! ¿no son cristianos los franceses? No 18 — 274. — Mthen que es no malar? y al recordar uno de los el quinto sacristanes, que qncda])aii on la sacristía algunos dolos cálices (|uo habian scrvitlo el mismo dia de Santiago, dijo: ¿si volveré eorriendo por ellos? respondióle el P. sa¬ cristan mayor; hay miedo: quedan cerrados en el ar¬ mario, y llevo las llaves en el bolso. Sin duda esta senci¬ llez templó la divina justicia. Y volviendo al Montserrat volado, j)ermítasele á nues¬ tro oprimido corazón un pequeño desahogo, exclamando: Ahi tienes, hombrecillo, el resultado de tus cálculos. Montserrat fué grande, mientras fue divino, mientras fué de Maria, y según las inspiraciones de Maria lo gober¬ naron sus Ministros; pero desde el momento que se as¬ piró á bumanizai'lo; ¡ab! vedlo: un mouton de ruinas. Corona, pues, tu obra, ó hombre, levantando sobre ellas una columna con esta triste inscripción: Aquí fué Montseuiut, mientras nosotros pasaremos á manifestar lo que es. LO QUE ES MDHTSERRAT PA Qrrtrr; ^ A rprr la Santa Señora desde }fontserrat á Barcelona en Sovhmhre de 18^2Imagen de l^iteslra referida por el P. D. Benito Percebal, que es el monje, arriba en el texto citado.y escrita «El (lia 27 de Noviemhre de 1S22 ú las 8 y media de la mañana llegaron á este monasteiio de Montserrat D. Antonio Bray comandante de Martorell y su canton juntamente con D. Rafael Grau, y D. Isidro Ferrer comisionado por el gefe político Sr. Bruton para recoger lo restante del tesoro de este? Santuario (lo que se llevaron consta en el archivo de este tando custodiando la Virgen el P. Benito Monasterio) es¬ Percebal, monje, el P. ermitaño Iklaiias Cálvo, y el hermano lego Fr. Valentín Traserras. Leida la orden ai monje, se le mandó entregar lo contenido en ella, hasta la corona ba puesta la Santa Imagen, y que lleva¬ los anillos (que tomaron ellos por si, y no en¬ tregó el Padre); y habiendo marchado ellos á la una de la tarde, Padre como quedaba la Imagen, corrió la y viendo el cortina, quedando los mismos tres indicados Percebal, Calvo y Traserras custodi;'indola.» «El dia 23 de Diciembre del mismo año llegó una partida de tropa de Espar¬ raguera para custodiar el Monasterio por órden El dia 28 del mismo mes superior. llegaron entre tres y cuatro de la tardo los cita¬ dos D. Antonio Bray, y D. Rafael Grau coiuírden del gefe político para tras¬ ladar la Santa Imagen á Barcelona y al P. monje en su compañía. Se colocó sin corona por supuesto la Sania Im igen en el mismo cajón de que se habían servido los PP. monjes al huir en la guerra de la indepen¬ dencia y ponerla á salvo en las alarmas, y al dia siguiente entre doce y una de la tarde se colocó en un coche y el P. monje con ella, y continuaron su carrera hasta Martorell: en el camino salían á revèrenciarla los gentes con los pueblos y corazones tristes, viendo á eslu Princesa que se ausentaba de ellos.» «En Martorell aquella noche sedepositó la Santa Imagen en el convento de los capuchinos con su caja, hasta el dia siguiente que, habiendo venido facultad del gobernador de la Mitra D. Francisco Pou. fuó reconciliada la iglesia por el Sr. ecónomo Mosen Miguel Ràfols y se Sollens, é inmediatamente puso en publica veneración, esmerándose el «Al otro dia se cantó un oíicio pueblo en obsequiarla.» solemne; por la tarde se cantó \m rosario con explicación de misterios que hizo el Rdo. Dr. D. Mariano Santacana, beneficiado de la misma villa; y así continuó en pública veneración hasta el dia 5 de Enero del año siguiente. Pero no debe omitirse que al mismo tiem¬ po que tenían contento de ver aquella su patrona, que se habia dignado vi¬ sitarlos, sus corazones estaban llenos de tristeza al ver que iba como pri¬ sionera, y verla sacar de su Santo Monte en que había estado por tantos si¬ glos para consuelo de todas las naciones: y lo mismo sucedió por toda la carrera hasta Barcelona.» «El dia -1 do Enero de 1823 llegó u Martorell una comisión del cabildo ca- — 287 — Obedeció elmonje, colocó k Santa Imágen en una caja, y entrados en un coche que al efecto habla llevado allá el Comisionado, emprendieron su marcha. tedrui de Barcelona compuesta de los Sres. canónigos D. Tomás Aspar y 1). Juan Altuber, para acompañar la Santa Imagen.» «Kl dia siguiente 5 de Enero entre siete y ocho de la mañana colocaron la Santa Imagen dentro de un coche, y en él entraron con el P. monje acom¬ pañante, los comisionados, 3' tomaron la dirección de Barcelona.» «Llegamos al pueblo de Sans, 3- el Rdo. Vicario y pueblo de Sans salió en procesión ú recibir la Santa Imagen, y fué colocada con toda veneración en aquella Iglesia, quedando aquella noche bajo la custodia del Sr. marchando á Vicario, Barcelona los comisionados, y quedando hospedados en casa del mismo Rdo. vicario los PP. monje y ermitaño, 3' el hermano lego antes citde estos muros, segura de que ninguna adversidad podia alcanzarla con la ^intercesión de Patrona tan poderosa. Sola la consideración de que los innu- »merables beneficios que por muchos siglos ha dispensado á Cataluña desde »su Santuario, son una prueba evidente de haber elegido el Monasterio para »trono de su grandeza, es capaz de mitigar el sentimiento que causa á esta »capital la devolución do tan precioso tesoro, á que ha debido acceder este »ayuntamiento en vista de la escitacion que le ha hecho el R. P. M. Fr. Mau- »ro Llampuig apoderado do V. S.» «Pero no queriendo privar á los piadosos devotos de María Santísima del »consuelo que recibirán en tributarla rendidos obsequios antes de su salida. »ha acordado dedicarla triduo, que so solemnizará en la santa iglesia ca- un »tedral en los dias 9, 10 y 11 del corriente, y en el inmediato 12 será lleva- »da procesión general con asistencia del M. I. cabildo eclesiástico, y de en »este cuerpo hasta la plazuela que hay en el camino de Sans cerca donde se »hallaba la Cruz cubierta, en cuyo paraje podrán entregarse de ella los reli- ^>giosos que V. S. tenga ú bien destinar para recibirla.» «Al participar á V. S. esta resolución, no puede el ayuntamiento dejar de 'Congratular ú V. S. de la satisfacción quo debe caber á ese real Monasterio 294 -_ á ellos exclamaba: sinite 'párvulos vemre ad me: teniendo á mucha honra detenerse en muchos de ellos, devolvién¬ doles personalmente las mil y mil visitas que todos la »por el recobro de la Santa Imagen, al propio tiempo que se complace en la »dicha que ha tenido esta ciudad de conservarla en depósito, hasta poderla »devolver á los dignos sucesores de S. Benito, esperando que en union con »V. S. dirijan á María Santísima las mas feivientes súplicas para que conti- »núe ú esta ciudad su protección á que se confiesa deudora.v «Dios guarde á V. S. muchos años. Barcelona 6 Junio de 182-1.» «El Marqués de Sextmexat. José María de Ponsich.» Copia del acta de la entrega de la Santa Imágen hecha por la reverenda comunidad de S. Miguel Arcángel de Barcelona d los PP. monjes de Montserrat. «En la ciudad de Barcelona á nueve dias del mes de Junio del año del na- »Giniiento del Señor de mil ochocientos veinte y cuatro: Constituido yo el »escribano junto con los testigos infrascritos en la parroquial iglesia de San »Miguel Arcángel de esta ciudad, y en la sacristía de la misma donde se ha- »llabaii convocados los reverendos señores comunitarios infrascritos, que »componcn aquella reverenda comunidad, han dicho que, por cuanto a los »seis de Enero del año próximo pasado de mil ochocientos veinte y tres, por »disposicion del gobierno en aquella época llamado constitucional, fué tras- »ladada la preciosa Imágen de nuestra Señora de Montserrat desde su propio vreal Monasterio á la santa iglesia catedral de esta capital, y de alli (despues »de un devoto novenario) á dicha iglesia parroquial de S. Miguel Arcángel, »que aquel ayuntamiento habia habilitado para su capilla particular (por ha- »berse trasladado la Rda. comunidad junto con la parroquia á la iglesia do »S. Agustín) donde ha sido venerada y adorada por la religiosidad barcelo- »nesa hasta este momento de su traslación, de todo lo que (prescindiendo de »los disturbios y revolución que originaron aquel acontecimiento) ha cabido »particular satisfacción ú esta reverenda comunidad por la dicha de que tan »soberana Señora se haya dignado elegir el recinto de esta iglesia parroquial, »pa.ra recibir los cultos religiosos que á su Santa Imágen se han dedicado vdurante cerca de diez y siete meses que han trascurrido de permanencia en »esta iglesia. Por lo tanto ú fin de que conste en todos tiempos no solo lo que »queda explicado, si que también (que anelando los dos cal)ildos eclesiástico »y seglar de esta ciudad acceder á la justicia de las súplicas con que el »M. I. abad y monjes del real monasterio de Montserrat reclamaban) la devor »lucion de aquel precioso tesoro, que entre las ocho y nueve horas de la »mañana del dia de hoy, junto con los PP. prior y sacristan de dicha iglesia »de Montserrat, siendo el primero el M. R. P. M. Fr. D. Mauro Llampuig, y »el segundo el R. P. Fr. D. Benito Percebal, se han conferido presididos por »el Excmo. Sr. gobernador de esta plaza en dicha parroquia de S. Miguel, y »despues de haber sido recibidos por la misma reverenda comunidad en la »formalidad de estilo, se ha cantado la Salve^ han besado la mano á tan di- »vína Señora, y asociándolos los reverendos comunitarios procesionalmente, »se han llevado dicha Santa Imágen al presbiterio de la santa iglesia cate- »dral para hacerla los demás obsequios acordados por ambos cuerpos. Por lo »que han requirido ú mí el escribano que de este memorable suceso llevase »auto, y de él diese testimonio siempre que se ofreciese: que fué hecho en »la expresada ciudad de Barcelona día mes y año arriba dichos. Siendo p?#^ — 29o — habian hecho por espacio de cerca de mil años en el monte santo, y avivando mas y mas en los mismos el ca¬ riño hacia ella, como lo acreditan cada uno con sus vi- »sentes por testigos José María Torrent y Julia, y Salvador CIos y Gualba, »practicante del arte de notario, en dicha ciudad residentes. Y los reveren- »dos D. Gabriel Plú Gura-ecónomo, D. Mariano Soler, D. José Mirabel, don »Antonio Bórias, D. Jaime Mas, Dr. D. Salvador Andreu, D. Jaime Ordeitg, »l")r. D. Felix Olsina.D. Juan Omedes, D. Salvador Yilavemlrell,D. Miguel Cu- »yàs, D. José Obach, D. Juan Simon, D. Domingo Malet, D. Antonio Nau- »dó y D. José Menendez subdiácono, todos beneficiados de dicha parroquial »iglesia, conocidos de mí el escribano, han tributado facultad para firmar - »por ellos á los reverendos individuos de la misma, D. Miguel Cuyas prior »de herencias, y á D. José Obach archivero, quienes lo practican de su »mano.—Miguel Cuyas Pbro.—José Domingo Obach Pbro. archivero.—An- »te mí José Maria Torrent notario.» «Concuerda con el original que queda en mi Protocolo. Y en fé de ello re- »quirido la signo y firmo en este real sello tercero en Barcelona á quince de »los referidos mes y año. Signo•j'=Jph. Maria Torrent Not. Publ. del nú- »mero y colegio de Barcelona.» Gopia del oficio del Exorno. Ayuntamiento de Barcelona al entregar al ^fo~ nasterio una corona para la Virgen. M. I. S. Abad del real monasterio de Montserrat. Sensible es para la devoción que Barcelona ha profesado constantemente ú nuestra Señora de Montserrat el momento en que va á separarse de ella su prodigiosa Imúgení sola la justicia con que el M. I. abad del real Monasterio de su título reclama la devolución de tan precioso tesoro, y la convicción de que el Santuario en que ha sido venerada por una larga série de años, es el punto que ha elegido para recibir los homenajes de todo el principado, y dispensar los beneficios á que la son deudores sus naturales, han podido de¬ cidir á esta ciudad á tan generoso sacrificio, como lo es el de desprenderse de la original efigie de su especial protectora, bastando solo á templar su do¬ lor, la consideración de que fué un puro fabor de esta soberana Reina el ha¬ berse dignado entrar en ella en los dias pasados de la mayor aflicción y amar¬ gura: favor que ha empeñado de tal modo la gratitud de esta Población, que ha creído no deber dejar partir á tan poderosa Patrona, sin haberla dado un testimonio de su gratitud que la ofrece en la corona con que ha ceñido su sa¬ grada cabeza. Sírvanse Vdes. Rdos. asegurar al !M. I. abad de los sentimientos de que la capital de Cataluña se halla animada húcia la Santa Imágen, y pedirle en nombre de este ayuntamiento-que en union con los religiosos de su Monas¬ terio, eleve á María Santísima las mas fervorosas súplicas para que se per¬ petúe eternamente la piedad del pueblo barcelonés. Barcelona i S de Junio del 48^4. Luis de Balsecour. El Marqués de Gironella. José M.*^ de Ponsich. Por acuerdo de la ciudad de Barcelona. El Escribano Secretario habilitado, Nicolás Siman Labrôs. — 296 — sitas anuales ora colectivas, ora individuales, pero elevo- tas, fervorosas y expresivas de su fé, esperanza y amor. Por fm satisfechos los por haberles cabido la pueblos suerte de haber tenido recinto tan gran Ueina, y en su obtenida su leendicion para sus babitanlcs cuyos hijos las madres acercaban al Trono-coche con la mayor ternura y fé, saludada y aclamada por todas partes con los mas entusiastas vivas á la Madre de Dios, á la Reina de cielos y tierra, á la protectora y Amparo del País, á las 4 de la mañana del dia 14- salió del Bruch y empezó á pisar la Santa Montaña, acompañada siempre de un gentío in¬ menso. Pero no quiso entrar en su Real palacio sin hacer os¬ tentación de munificencia, pues que cerca de Santa su Cecilia cayó delante de la rueda del Real Coche un hom¬ bre: y cuando todo el concurso asustado dió un grito de consternación contando que habia de ser magullado por la rueda, á continuación dió otro gratulatorio, viendo que se levantó con suma ligereza y sin la menor lesion. Serian las 9 de la mañana poco mas ó menos cuando llegó el coche-trono á la vista del monasterio y allí en¬ contró la Señora reunidas sus dos comunidades, esto es, la de Presbíteros de Monistrol, y la de sus monjes, pre¬ sididos por el M. I. Sr. Abad vestido de pontifical. Bajᬠronla del coche, la colocaron en las andas, que frente de la capilla llamada de los Apóstoles tcnian preparada, la adoraron todos con la mayor devoción, regando la car¬ retera con lágrimas de ternura y agradecimiento por su regreso y feliz viaje; y vueltos en sí, y en medio de un profundo, pero alborozado silencio, uno de los Caballeros comisionados (que sentimos no haber podido averiguar si fué el Excmo. Sr. marqués de Sentmenat ó el antiguo escolan el M. l. Sr. ü. Benito de Sagarra) en sentidas y entrecortadas palabras por la emoción en que fluctuaba — 297 — su noble aima, hizo la entrega Je la Santa Iinágen en nombre de la noble y condal ciudad de Barcelona, sien¬ do testigos todos los concurrentes, al M. I. Sr. Abad y comunidad allí presentes. Bien hubiera querido el M. I. Sr. Abad responder ai noble diputado por Barcelona con palabras que fuesen la expresión de sus sentimientos, de los de la comunidad todas igualmente que de leda la comarca; tanteó y volvió á empezar; pero le fué imposible; su alma enagenada y nadando en el océano de su gozo por tan fausto como singular acontecimiento, prorrumpió en un torrente de lágrimas, que ni siquiera le permitieron pronunciar una palabra; y gracias que no se cayó desmayado, como lo hacia temer su profunda conmoción. Pero supliéronlo todo la música y los entusiastas vivas de la multitud que contemplaba conmovida tan tierna escena. Aquella entonando sus preparadas composiciones y esta dando mil expansivos vivas á la Mare de Deu de Monl- serral, y gracias á los comisionados de Barcelona poripie les devolvían su Reina y su patrona; y los ecos de las descargas de las reservas, conocidas por el nombre de realistas, retumbaban reproducidas por mil y mil sinuo¬ sidades del Monte, yendo á zambullirse en las corrientes del Llobregat que se esforzaba para hacer sentir también á su vez el murmullo de sus aguas que parecía tomaban parto en el gozo general del país, y saltaban de alegria porque de nuevo entraban en el ejercicio de su destino, que es besar noche y dia los pies del Trono de la Señora. Llegó por fm Esta al umbral de su templo; allí se vol¬ vió á su devoto y entusiasta pueblo como en actitud de darle gracias por sus obsequios, prometiéndole continuar sus bendiciones y estar entre ellos, si no se hadan de ello indignos, y entró e^n su templo despues de 1 año, 5 meses y 16 dias de ausencia. — 298 — Entonces prorrumpió de nuevo la multitud en los mas fervorosos vivas, entonces fué cuando el entusiasmo á llegó colmo, y entonces fué cuando todos se felicitaban su por tanta dicha, y cuando prometian á María su amor y su adhesion sin límites. Se colocó en fin la Santa Imagen en su Trono en el camarín, se corrió luego la cortina, prosternóse la mul- titmd, adoróla con toda la efusión de su corazón y con las mas expresivas gracias, empezóse la misa de pontifical que celebró el M. I. Sr. Abad de Montserrat de Madrid D. José Diego, hijo de este, y que se encontraba en él ac¬ cidentalmente, y dijo el sermon gratulatorio el Rdo. P. prior D. Bernardo Garrich (1), concluyendo con un so¬ lemne Te-Deuvi una fiesta que formará época no solo en los fastos de Montserrat, sino también en los de Barce¬ lona y en los de Cataluña toda. (I) Expuso elegancia, sentimentalmente y erudición el texto: Revertere, con rercrtsreSunamitis, ut inlueamur te, dando pruebas desús de conocimientos, profundo agradecimiento y amor á María, ó interpretando los su sonti- iniontos de la comunidad y del pais por tan grande acaecimiento.