DISCURSO INAUGURAL BEL ASll ACADÉMICO DE 18(15 A ISlili POR El. Ex™. S«. D. JOSÉ MARÍA HUET {SESIÓN PÚliUCA HE 23 I>E SETIEMBRE DE 1811b). IMPORTANCIA DEL INSTITUTO ACADÉMICO, EN EL ESTADO ACTUAL DE LAS ARTES. Hien sabéis, Señores, f|uc en esta ocasión de comenzar nueva- mente las tarcas de la Academia, después de su periódica interrup- ción para el necesario solaz y descanso, debe alguno departir con vosotros por breve rato, discurriendo sobre cualquier yunto del ar- to, ó en elogio de quien, ¡i su elección y juicio, lo merezca ' . 1 Al usar do esta libertad para la elección de asunto, no cabe impul- so mayor que el que ha sentido y debido sentir el autor para hacer en BU discurso, con preferencia á todo, el elogio de un individuo que ha perdi- do recientemente la Academia, el general D. Antonio Iiemon Zarco de! Valle y Huet, cuya falta oprime todavía con desconsolada aflicción y cruel amargura el corazón de quien escribe estos renglones. Amándole en con- cepto, si no de padre, de un hermano mayor, querido como el que más de todos; y conociendo cual nadie sus altas virtudes, BUS méritos eminentes, su saber extenso y profundo; reputándole, en fin, por uno de esos escla- recidos varoneB que nacen y viven pava bien y ornamento de su patria; natural era que brotaran del corazón y prorumpieran en este momento de los labios y la pluma de quien tanto le amaba y asi le califica, su me- moria y su alabanza. Mas tal impulso fnó prontamente reprimido por consideraciones poderosas. No había de intentarse defraudar á la Real Academia de Ciencias, cuyo Presidente primero y único fue el General Zarco hasta el fin do BUS dias, del privilegiado derecho que sin duda tie- 426 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO, El encargo lia recaído esle año en el Académico úiliino por ur- den de antigüedad entre vosotros, como lo es también por inteligen- cia y conocimientos. Mns puesto que podríais sobrellevar la imper- fección y aridez de sus observaciones con la tolerancia que se con- cede al desempeño de una carga forzosa, cual si fuera aneja al novi- ciado, tiene quien la desempeña algún titulo para obtener vuestra benevolencia y encontraros indulgentes ne, á que allí, en solemne ocasión, se levanto la primera voz que pública- mente elogie el saber y merecimientos de quien tanto ae afanó en pío mover el lustre y gloria de aquella Corporación desde que fi¡ eada Además, los estudios, la profesión, la carrera del general le habi n llamado siempre á consagrarse preferentemente á vanas de la na sin por ello ser ajeno al conocimiento de las letras humanaa, ni al cult de la amena literatura, en que fue muy versado é instruido. En todo n verdaderamente asombrosos su capacidad y saber, BU incansable laborio- sidad y calificado discernimiento. Ni fuó tampoco extraño al estudio y contemplación, con exquisito guato, de todo lo referente á bellas artes. En sus importantes mandos aprovechó siempre la ocasión de favorecerlas y hacerles señalados servicios, conservando y reparando monumentos pre- ciosos, al mismo tiempo que cuidaba de restaurar ó levantar obras y fá- bricas, interesantes en otros sentidos al servicio, seguridad y defensa del . Estado. Dulce empeño fuera sin duda el de enumerar todos los títulos por que el general Zarco del Valle mereció bien de la patria, y es acreedor H hombre de Estado, y más especialmente como general distinguido en nuestro ejército, y altamente considerado por otros que le conocian bien en algunaa cortes europeas. Pero con ser dudosa la oportunidad en este instante, vendría también á defraudarse de otro derecho de preferencia ilel Cuerpo facultativo que mandó largos años, y cuyo Jefe se apresuró á intentar elogio tan merecido. Hecho, en fin, este por quien lo deja indicado, tal vez se hubiera atri- buido el justo encarecimiento al efecto y á la pasión, no reconociendo en el la imparcialidad necesaria, cuando no se achacase á censurable impulso de orgullo y vanidad personal; pues en tal caso hubiera sido forzoso decir algo que cediera en alabanza de próximos deudos y de los ascendientes del general Zarco del Valle, alguno de los cuales lo es también, aunque por distinta línea de quien esto escribe y se honra con sa apellido. Séalo permitido dejar aquí consignadas estas indicaciones, para que no se atri- buya su elección á vituperable olvido o vergonzosa ingratitud. DISCURSO DEL EXCHO. SEÑOR DON JOSÉ HABÍA HUET. 427 Por eso, con liarlo desventajosas condiciones, resolvióse á des- empeñarla, dentro de muy corlo y angustioso espacio de tiempo, aun arriesgándose á quedar individualmente deslucido '. El que os habla entiende que cumple así un deber para con su palria, deseoso siempre de servirla en cuanto alcance, ya que boy no puede prestarle los servicios, que en largo periodo de su vida tu- vo la honra de tributarle en su carrera, principalmente en la repre- sentación y ejercicio del ministerio público. Tal es la importancia que en coinun y general provecbo tiene ahora, mas, sin duda, que ni tiempos anteriores, cuanto se refiere ¡i nuestra Academia. Demostrarlo así, examinando primero en su generalidad la tras- cendental influencia del cumplimiento de sus deberes y de la eje- cución de sus atribuciones, y concretándose después á un punto de- terminado del arte, lia de ser el asunto de este breve razonamiento. Si fuera encaminado á evidenciar la importancia absoluta de la ilus- tre Corporación á que se dedica, lendriascle por notoriamente in- íilil, ron sólo recordarla historia de la Academia, el contenido de sus Estatuios y Reglamentos, la referencia que hizo nuestro digno Di- rector, al lomar posesión de su merecido encargo, y mus especial- mente el Resumen de las actas que acabáis de oir, y cuanto en él ha comprendido el infatigable celo de su benemérito Secretario. Mas lo que se intenta poner de relieve es el actual acrecentamiento de aquella misma importancia, su mayor y más necesaria trascenden- cia relativa en nuestros ilias. Merced á insignes progenitores de la excelsa Señora, que por di- clia ocupa el Trono de la Monarquía, estableciéronse en nuestro suelo las primeras Asambleas literarias, que en determinada época reclama la civilización de las naciones; y la obra se perfeccionó en este reinado, completando el número de lales cuerpos, según las va- riadas formas del saber humano. Grande, muy grande es la utilidad de aquel que, custodiando 1 Ha tenido que hacerse este escrito en San Ildefonso, reuidencU temporal de su autor, en muy cortos dias y sin el recurso de los libros 428 REAL ACADEMIA DR SAN FERNANDO. nuestros tesoros 1 i (erarios, cada dia va haciéndonos ver riquezas an- teriormente desconocidas; de atjuol que procura encaminar la elo- cuencia, la amena literatura y la etílica por la senda de la reda ra- zón, con acrisolado buen gusto, y conserva, limpia y lija la pureza de nuestra lengua. Pero aun es mayor su utilidad, ó mejor dicho, su necesidad im- periosa, hoy (¡lie la lozanía y soltura del ingenio, por diversidad dr causas y nnilUlnd de incentivos, puede caer en lamentables extra- víos; hoy que otras naciones se ocupan con más vivo empeño en dar lustre y publicidad á sus tesoros literarios, y aun á los nuestros, que por allá tienen; y por último, cuando con más fundado motivo >|ue el erudito Iriarte, pudiéramos decir que: De frase extranjera el mal pegadizo, Hoy á nuestro idioma gravemente aqueja; ó añadir, A consecuencia del extremo de dar en nleclnd.i y rMinil» arcaísmo: Pero habrá quien piensa que no habla castizo, Si por lo anticuado lo usado no deja. De igual importancia para el bien público fue el establecimiento de la Corporación encargada de cuidar, acrecentar y beneficiar dis- cretamente el depósito de nuestra historia. Pero también es hoy mayor esa importancia, merced a la obligación en que está de no permanecer indiferente á los adelantamientos extraños, ni dejarse sobrepujar por ellos, por lo mismo que ahora es más necesario que nunca poner dique á los ímpetus del error, tan audaz y afortunado en nuestros dias. Así conserva puro y recto el criterio con que de- ben ser juzgados los pasados tiempos y los hechos de nuestros ma- yores, desfigurados y viciados no pocas veces por el libre ejercicio de la imprenta, y por otras causas análogas, consiguientes á nues- tro actual modo de ser político. No ha sido menos útil y acertada de otro Cuerpo (cuyo vacío, por DISCOHSO DEL EXCMO. SEfiOlí DON JOSÉ M A R I * HUET. 420 untura! comparación , visiblemente se advertía), con encargo de di- rigir y promover el estudio que, recayendo sobre la exactitud y el cálculo, sobre la observación, el mecanismo y movimiento y las le- yes tle la naturaleza, merece la denominación especial de Academia da Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Así se importan y aclimatan entre nosotros, y aun se difunden y popularizan, los adelantamien- t o que en cualquier parte alcanzan el estudio, la observación y la expendían. N¡ ba sillo menor el acierto en crear otro cuerpo, exclusivamen- te consagrado a cultivar los conocimientos que boy se encaminan á mejorar en todas formas la sociedad, pero con incesante vigilancia, •para que no trascienda aquí el mal, para que se evite el ensayo de perniciosas teorías, y para que la opinión bien guiada no caiga, co- mo en otras parles, en trascendentales, perniciosos, lamentables, y basta funestos errores. Uosquejada la benéfica y alia importancia que uhura principal- mente tienen las demás Asambleas semejantes á la nuestra, y sus hermanas en patriótico objelo, liemos de dccjr algo en particular de la' que con tanta bondad escucha estas mal compuestas cláusulas '. Notorio es á todos el bien producido desde su creación; pero ma- yor es sin duda el que ofrece en nuestros dias. Menester es conocerlo y confesarlo: nos hallamos en epoca de decadencia para las artes, si no igual ni semejante á otras anterio- res, de triste recuerdo , consecuencia indispensable de multitud de causas conocidas. Bastaría entre estas enumerar la desaparición de poderosos estímulos, y la especie de descreimiento y anarquía que cunde basta la vida doméstica, efecto irremediable, forzoso, de la nueva furnia que, con alguna otra ventaja, presenta (cuando es ver- dad) la moderna civilización. Si, pur fortuna, lio se llega entre nos- otros al libre examen, cu lo que más importa al género humano, se examinan, se reforman, se renuevan, para bien á veces, en buen bura, los leyes, los principios y doctrinas. Tules alteraciones y ilu- 1 Véase el Apéndice. 430 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. das tienen que alcanzar liasla ¡i los preceptos aplicables al nrlc y á las reglas del buen gusto, y pudieran llegar á ser fatalmente daño- sas, si una suprema autoridad no los sostuviese y afirmase, impi- diendo que lo verdadero é inmutable se menoscabe y destruya. Hoy, que las fuerzas intelectuales, el ingenio, la capacidad y el saber se aplican, con más ó menos ambición, con más ó menos des- interés , á la participación que muchos alcanzan en los negocios públicos, en la dirección del Estado, en el régimen y gobierno de la Monarquía, vendrían á caer en completo olvido o desdeñoso descuido los esfuerzos de la inteligencia aplicados a la mejora y adelanta- miento de las artes, sino hubiera quien los atrajese con su poderosa y ejemplar influencia. Cuando tanto ha trascendido y se ha generalizado el empeño de preferir á todo el más cómodo bienestar personalisimo, y cuidar, con particular esmero, del mayor regalo de los sentidos; en esta época consagrada con tanto afán á los intereses y goces materiales, crece y sube de punto la importancia (le promover lodo lo que se refiere A nuestra parte intelectual, aun por los medios del agrado y del legítimo é inocente placer en las percepciones del espíritu. Mo- tivo sobrado tenemos para recordar en tal ocasión el delicado y filo- sófico pensamiento de nuestro IÜoja: Esta nuestra porción alta y divina Á mayores acciones es llamada, Y en mas nobles objetos EG termina. Y todo, no sólo para encaminar la humanidad por la senda, que menos la aparte de la única perfección capaz de conducirnos á nues- tro verdadero fin, el bienestar eterno; no ya por adecuado contraste con los goces materiales, sino para no quedar en lamentable y ver- gonzoso atraso en la marcha progresiva del verdadero engrandeci- miento de las naciones. Á proveer, más de lo que á primera vista pudiera creerse, al re- medio de esos males, y á confrarcslar los vicios indicados, acuilc la MSCURSO DEL EXCHO. SEÜOR DON JOSÉ MARÍA HUET. 431 institución de nuestra Academia. Véase la confirmación de este aser- to en un ligero examen «le algunos de los objetos á que se dirige. La inspección de la enseñanza (si no directa é inmediata como la tuvo en otro tiempo en que pudo y aun debió ser necesario, boy en cou- repto de suprema autoridad, por los medios que los actuales Esta- tutos y Reglamento le conceden, y todos aquellos que fundadamen- te pida y que un gobierno ilustrado no acertará á negarle) le da fa- cultad para contrareslar y destruir cuanto pueda ser dañoso en la profesión y ejercicio, y en el aprendizaje del arte, é igualmente para uniformar en lo que convenga los principios y doctrinas más sanas y adecuadas para la conservación y perfeccionamiento que le están confiados. La Academia , sin duda , ordenará más rada -lia el ejercicio «le esa suprema inspección ; y para ello procurará conservar la unidad exclusiva de autoridad, oponiéndose enérgicamente á la creación de ninguna otra que, ni por remota analogía, ni siquiera por semejanza en el nombre, pueda menguar el respeto y prestigio que exclusiva- mente necesita, no ya por pueril é inexcusable vanidad de sus indi- viduos, sino por reclamarlo y exigirlo asi multitud de consideracio nes. Esta inspección, este cuidado y empeño han venido á ser má¡ necesarios desde que ha llegado á exagerarse el sistema deunaiegu larizacion simétrica en nuestro territorio, hasta en aquello en que el recto juicio no lo consiente, y cuando no falla quien, cediendo á pro- pensiones excusables por naturales, pero á todas luces desacertad: s ¡liense en descentralizar y multiplicar lo que la buena razón y la conveniencia pública no consienten que se desvirtúe y generalice El estímulo en todas las profesiones del arte, que la Academia procura más de dia en dia, es otro de los grandes bienes que su e m lencia proporciona; bien muy acrecentado en los tiempos que alcan- zamos, y de tanlo más valer, cuanto que ahora fallan á las arles casi todos los estímulos que antes tuvieron, y especialmente los que ofrecían las riquezas de los proceres y los institutos y comunidades religiosas. Promueve nuestra Academia ese estímulo de d¡sihilos modos: con medios exteriores y con el ejemplo. 432 TIEAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. Entre los primeros, cuéntanse los premios y los concursos para merecerlos. No cabe duda en el acierto que lia de haber siempre en ln elección de asunto para esas obras determinadas, ni en que con los recursos de que se puede disponer ha de. procurarse que se eje- cuten forzosamente cada año, conviniendo, para mayor incentivo, implorar de nuestra Soberana la gracia de que se digne venir á honrar de tiempo en tiempo con su augusta presencia una de nues- tras sesiones, á la cual demos en todos conceptos la mayor solem- nidad posible con trabajos literarios y obras hechas para tal fin, ¡i semejanza de lo que se ha realizado otras veces en este mismo re- cinto. El otro modo de estimular es con el ejemplo; v no ya sólo en las furnias indicadas en el Reglamento, es decir, llevando á cabo la for- mación de Diccionarios especiales de bellas artes, indumenta- ria, etc., etc., sino acudiendo con el patriotismo individual de los Académicos, que no se negará por cierto, con sus propias y respecti- vas obras. Así podrá aumentarse y completarse la galería de los varo- nes que más celebridad han merecido en las artes, ya por medio de retratos que nuestros Académicos pintores ejecuten, ya escribiendo otros sus biografías, é imprimiéndolas y publicándolas, acompaña- das de dichos retratos, grabados por nuestros mismos profesores, lista especie de homenaje tributado á la virtud y al mérito ha de ce- iler en provecho de la juventud que se sienta con dotes y talento para cultivar el arte, y servirá de atracción ¡1 los verdaderos inge- nios, contrastando así las actuales propensiones á buscar, ante todo, la más inmediata utilidad. También estimula con su ejemplo la Academia en la publicación realizada por si misma de obras, memorias y trabajos inéditos, y en la reproducción de las que han llegado á hacerse raras y lo merez- can por su interés y especiales condiciones. Ya habéis oido cuanto en este camino se adelanta; y si, por desgracia, es con cierta lenti- tud contraria ai deseo de todos, procede de la escasez de recursos de la Academia. Para solicitarlos mayores obsta, sin duda, la penuria pública; pero mucho alcanza una buena voluntad, y la producción de DISCURSO DEL BXCMO. SEÑOR DON JOSÉ MARÍA HL'F.T. 433 nuestras obras irá aumentando cu lo posible los fondos de nuestro reducido tesoro. Las tareas indicadas lian ofrecido siempre ventajoso resultado, no sólo para promover el estudio y difundir las buenas máximas, sino para acreditar y alirmar nuestro buen nombre entre los pueblos civilizados, y obtener la estimación y respeto que trasciende y llega ;'i trasmitir basta individualmente en las naciones. l'ero muy más ventajoso ha de ser en los dias en que, amen- guando por desgracia el poder y valimiento de España, por haber de- raido un tanto de nuestra antigua grandeza, apenas se conocen en el inundo civilizado los justísimos títulos que poseemos para ocupar un lugar muy dislingnido entre los pueblos que han sabido cultivar con acierto letras y artes. Si se hacen algunas cortas, pero notables ex- cepciones, puede decirse que se nos juzga lodavia con error imper- donable más allá de nuestras fronteras. El impulso que da la Academia para que seamos conocidos y juzgados cual lo merecemos, y basta para combatir graves y tras- cendentales errores, es hoy, por Imito, más conveniente, importan- te, necesario Un sistenn I j i se^ui 1 > ron eficaz perseverancia, en las referi- das tareas, y en las que naturalmente deben acompañarlas, será purte, sin duda, á conseguir el remedio y lograr los linos á que se dirigen, y sólo la Academia puede llevarlo ¿t cabo. Para los objetos expresados, y para otros que ceden igualmente en bien de la patria, tiene y ejerce la atribución de atender á con- servar y reparar las obras y monumentos del arle. Jamás ha podido ejercer esta salvadora facultad, con más necesidad y ventaja para el bien de los españoles, como en los tiempos en que, por necesidad inevitable, han sobrevenido trastornos, destrucciones y hasta de- vastaciones increíbles. Cierto es qne se ha acudido a reparar la di- seminación y dislocación de las obras de pintura y escultura, mul- tiplicando las Galerías y Museos destinados a reunirías. Pero con no sur tal expediente lodo lo eficaz que convenía, puede venir á conver- tirse en dañoso por varios conceptos. 434 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. La Academia, i|itc tiene la dirección de este ramo, y que debe tenerla completa, sin excepción alguna en cuanto al Eslado perte- nezca, puede únicamente, con la fuerza de su autoridad, que au- mentará sin duda el Gobierno de S. M., atender, en caso necesario, á la conservación de preciosidades y riquezas inestimables en diver- sos sentidos, y á regularizar, como conviene, la existencia de sus depósitos. Su autoridad sabe contrarestar las tendencias contrarias á la discreta concentración de las obras, que pues ya no se hallan en el sitio para donde sus autores las hicieron, no pueden continuar desperdigadas, o" aglomeradas cuando más en muchos, apartados, y hasta oscuros recintos *. En esto tiene ya la Academia planteado con acierto el régimen oportuno: el cual, como habéis visto, por medio de las Comisiones provinciales, ha principiado á dar los frutos que se esperaban, y llegará á reparar en lo posible la ruina, y evitar la desaparición de las demás obras que aún se conservan, y que ates- tiguan la grandeza de alma, la valentía, y el poder y la piedad de nuestros mayores, ya que por desgracia han desaparecido y se han 1 La manía de multiplicar Galerías y Museos en todas las capitales de provincia ó poblaciones de alguna importancia, se ha despertado también al calor de extraños ejemplos. Mas prescindiendo de que este sistema se ha desacreditado, alterado y corregido allí dondo le vimos para copiarlo, las particularidades do nuestro suelo y todas nuestras circunstancias aconsejan que no se siga, ó más bien imposibilitan su ejecución si ha de ser para bien público. Ni convendría tampoco multiplicar por ese y otros medios los estímulos para la profesión de las artes, atrayendo medianas capacidades que no aciertan á encontrar aquí ni su peculiar provecho, y que embarazan y estorban, si no perjudican. El verdadero ingenio, el ta- lento especial se abre paso desde el más oscuro y desconocido rincón. Demás de esto, menester es que en ningún punto demos muestras de po- breza y mezquindad, cuando no pueden reunirse las circunstancias con- venientes para presentar como es debido las obras artísticas al público en general y en particular á los extraños. Quizás solo las ciudades donde se conservan y admiran las mejores obras de Murillo y de Juan de Juanes reúnan fuera de la corte las circunstancias á que aludimos. Pero no se entienda ninguna de estas indicaciones aplicable á las Comisiones pro- vinciales, creadas para acudir ó un remedio cierto ó importante, y cuya existencia puede ser grandemente provechosa, DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ MARIA HUET. 435 arruinado algunas muy importantes, y otras se hallan todavía en grandísimo riesgo, con mengua y oprobio de nuestra edad. Discúlpese este desahogo ante la Corporación que lia sabido con tanto celo atenuar en cuanto alcanza ese baldón de nuestros dias, y perdónese el amargo recuerdo do lo acontecido y la indicación de lo que aún nos amenaza, para justificar la importancia de este Cuerpo; importancia lan grande que, si la Academia no existiese, fuera nece- sario darle instantáneamente vida, aun sólo en concepto de Corpora- ción conservadora y reparadora del patrimonio glorioso de nuestra patria. Este es hoy, como habéis visto, uno de los preferentes obje- tos de sus tareas, muy más necesario en la actualidad que lo fue des- di; su creación, l'or no afligiros, por no ruborizaros en vuestro acen- drado patriotismo, se dejan de enumerar aquí las pérdidas ya consu- madas, y ni se indican siquiera las que amenazan próximamente. A todo proveeréis con incansable solicitud, siguiendo vuestra comen- nada obra, y levantando altísima vuestra autorizada voz contra ef bár- IIÜI-O error y manía destructora, donde quiera que se hayan presen- tado ó se presenten, defendiéndonos y amparándonos contra las acu- saciones que nos tachan de salvaje condición y vergonzosa barbarie. Mucho contribuirá ít tales fines la prosecución de la trascenden- tal empresa, que en 1345 anunciaba la primitiva COMISIÓN CENTIIAL HE MONUMBNTOS, compuesta en su mayor parle de muy doctos Acadé- micos: «La formación de una Estadística monumental (decia la Comi- sión al gobiermo supremo) era el pensamiento dominante que abri- Í;IÍ desde su instalación y á este fin dirigió todos sus pasos No se ocultan á V. E. [anadia) las graves dificultades que presentaba esta empresa, por lo cual no duda esta Comisión Central que le habrán parecido de no poca importancia los ensayos que se han consumado. Pero ni estas tentativas han satisfecho las esperanzas de esta Junta, ni es posible alcanzar el fruto deseado, usando de los medios que ha tenido hasta la presente fecha en sus manos» i . Aquella benemérita Corporación se dolia de la escasez de fondos para dar cabo á su ya 1 Mmaria comprensiva de los trabajos verificados por las Comisiones de acometida empresa: esla lical Academia, heredera, por la ley de Ins- trucción pública, de aquel nulísimo e ilustrado propósito, ludia en verdad al realizarlo con muy mayores dificultades económicas. Quie- ra Dios que llegue pronto dia, en que la holgura del Erario público permita que una Comisión de profesores de esta Academia recorra nuestra Península, visite los puntos donde existan obras y preciosida- des artísticas, y con un bien meditado plan, empezando por acudir á remediar lo que fuere necesario, allegue y ordene el caudal de noti- cias, que se lian menester para coronar por su cima aquel grandioso cuanto útil pensamiento. Asi, hecha la referida Estadística monumen- tal, podrá algún dia escribirse completamente la Historia del Arte en España, y llegaremos á tener un tesoro que aprovechar en diversos sentidos '. Y ved aquí, sin entrar en otras y otras consideraciones genera- les, ni en otro examen; sin recordar siquiera las demás atribuciones de sus Estatutos y Reglamentos; ved aquí demostrada la mayor im- portancia actual de la Corporación honrada desde su origen con el nombre del Santo Rey, conquistador de Murcia y de Jaén, de Córdo- ba y de Sevilla. l'ues si de estas consideraciones generales pasamos, aunque también someramente, á otras especiales, y nos concrétennos á un punto determinado, veréis confirmada más y más la verdad anun- ciada al principio de este bosquejo de discurso. Monumentos históricos y artísticos del reino, desde 1.° de Julio de 11H4, á igual fecha de 1845, redactada por el secretario, que era entonóos, de la Comisión Central, el Sr. I>. José Amador de los Ríos, pág. 128. 1 Debe notarse, además de lo indicado en el texto, que en este punto, insistiendo la "Comisión Central do Monumentos históricos y artísticos^ en su gran pensamiento de formar la Estadística monumental de España, realizó un precioso trabajo sobre un viaje arquitectónico á todas las pro- Tincias en luminoso informe, que firmaron en 16 de Setiembre de 1846 D. José Madrazo, D. Aníbal Alvarez y D. José Caveda; publicólo por este último señor en su Ensayo histérico sobre los diversos géneros de arqui- tectura empleados m España desde la dominación romana hasta nuestros dios, obra de que se hace mención especial en este discurso. DISCURSO DEL EXCNO. SEÍOR DON JOSÉ MARlA HUET. 437 Cuanto se lia dicho acerca tic la suprema inspección, del estimu- lo, tic la conservación y reparación de las obras artísticas en yene- ral, tiene aplicación exacta, concretándonos a las producciones de la Arquitectura. Pero hay en este punto, además, otras considera- ciones que corroboran la verdad de que se trata. Si en el proyecto, en el pensamiento y ejecución de las obras destinadas al servicio y á las atenciones públicas fue siempre, mas (¡nc conveniente, indispensable el autorizado parecer y suprema vi- gilancia de esta Academia, ¿cuánto más no lo será en los tiempos t[ue alcanzamos, en que se construyen edificios de mayor interés y trascendencia para el bien público, si no del lodo de invención mo- derna, de condiciones que lian sido desconocidas antes de ahora? Ta- les son los que sirven para la corrección ó castigo de los delin- cuentes; los establecimientos penales y penitenciarios, como boy se llaman, con cuya Falta ha de quedar imperfecto y en mucha par- te ineficaz (como por desgracia acontece todavía entre nosotros), el sistema más acertado en la imposición de las penas. Planteado ese sistema y ensayado en muy diferentes formas, desde las primeras penitenciarias de los Estados-Unidos; desde los establecimientos de Suiza y Bélgica, Francia é Inglaterra, basta los (¡ut! han llegado á construirse en Berlín, en otras ciudades de Ale- mania y en Jos Paises-Itajos, lian podido ser y son conocidos los re- sultados que ofrece y las alteraciones enseñadas por la experiencia basta en la distribución interior y aun en el aspecto exterior de los edificios. El completo conocimiento de ese sistema y de sus varias modificaciones, exije ante todo la dirección de experimentados ju- risconsultos, prácticos en la ciencia de legislar; pero reclama tam- bién el concurso de elevados y especiales conocimientos en el arle de construir, que en vano se buscarían fuera de la reunión de profe- sores inteligentes, que sólo puede encontrarse en un cuerpo como esta Academia '. 1 Si el justo temor de no dar excesiva y enojosa extensión al presen- te ttiscuTso no lo impidiese, pudiera quedar demostrada hasta la evi- 433 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. Demás do esLas consideraciones, cxislen otras de dislinla índole, (¡tic corroboran la verdad que se sustenta, l'ara indicarlas siquiera, t»i llevareis á mal que echemos una muy ligera ojeada, primero soliri; la historia de la arquitectura en general, y después en parti- dencia la necesidad de una indispensable, superior é ilustrada dirección en las construcciones do los edificios destinados al castigo y corrección de ios delincuentes. No basta, para conseguir el acierto conocer y aun lialjer estudiado algunas de las notables fábricas, que con este objeto se han levantado en Europa. Es menester conocer y estudiar todas las do más moderna construcción en una época determinada, hasta el momento en que hubiesen de aplicarse tales conocimientos. De otro modo, no ae aprovecharían todos los adelantamientos ó invenciones hechas hasta el dia para satisfacer las condiciones y llenar los objetos que por esto medio g e procuran. Pudiera citarse en comprobación el ejemplo de un laudable ensayo realizado ya en nuestro territorio, en que falta, sin embargo, al- guna de aquellas condiciones. Fácil es la comprobación de la necesidad referida. Desde que en el si- glo pasado se emprendió prácticamente por Howard la reforma de este ra- mo, y más desde que se aceptó y aplicó el sistema panóptico do Bentham, es tal la multitud de edificios que se han construido, tales sus variaciones progresivas, tales las modificaciones del sistema, según lo que la experien- cia ha ido ofreciendo, y tales y tantas las observaciones y estudios teóri- cos y prácticos que se han realizado, que, después de haber causado una verdadera revolución en esta clase de saber, quedan todavía muchos pun- tos dudosos y aun problemáticos para conseguir el fin apetecido. Bien pue- den asegurarlo así los que hayan recorrido, por lo menos, la Europa con esto intento. El autor de estas líneas, que (sin provecho ciertísimamente), y solo por puro celo y deseo de conocer algo en este particular, análogo á su profesión en la parte relativa al sistema penal, ha visitado muchas, si no casi todas las penitenciarías de Francia, Inglaterra, Bélgica, Suiza y de todos los diferentes Estados de Alemania, viendo los establecimientos des- tinados, asi para los delincuentes en general como para los de la clase mi- litar, que son también muy notables por cierto, abriga la convicción más profunda, no ya solo de la imperiosa necesidad, harto notoria, de empren- der la reforma en nuestro suelo, sino la do reunir previamente, por dis- tintos medios, todos los conocimientos que son indispensables en un cen- tro superior, hasta en la parte material de las construcciones y fábricas. Pero basta ya de estas indicaciones, que acaso puedan estimarse fuera de su lugar, y solo ser perdonadas por benévolas y particulares consideracio- nes ú su autor. DISCURSO DEL EXCHO. SEÑOll DON JOSÉ MARÍA HllET. 439 ciliar de la de España, bien que sea tan conocida, sobre lodo ;i vues- tra superior ilustración. Harto es sabido cómo el arte de construir, de origen oscuro, aunque ya con formas grandiosas y peregrinas en Asia y Egipto, llegó á su mayor grado de perfección en los pueblos helénicos, y cómo trasportado á Roma, amalgamado con el recuerdo y ejemplo de las obras etruscas, se engrandeció allí con la multitud y suntuo- sidad de los edificios, con la generalización de la fábrica, del arco y de la bóveda, con la creación de dos órdenes, y hasta con nuevos órnalos, si bien a costa de la sencillez, de la pureza, de la belleza y propiedad que alcanzó en Grecia. Desde la época de su mayor auge {y puede señalarse por lal la que vio levantar el panteón de Agripa), comienza a decaer, como el pueblo rey y el Imperio de los Césares, engrandecidos por el arle mismo, hasta venir a perderse el recuerdo de sus propias condicio- nes en la destrucción del Imperio de Occidente. En los tiempos á que se refiere Tácilo, que Gilibon recuerda modernamente, y que el magistrado Diibois-Guchan ha estudiado y desentrañado con tanto acierto 1 , fuese preparando hasta completarse el perdimiento del arle en todas sus formas; viniendo á resultar una interrupción ó vacío y una casi completa oscuridad. Ni bastó á impedirlo alguna notable construcción de los Longobardos, aun con loda la importan- cia que César Cantil le atribuye. Desaparece el arte antiguo, por haber cesado durante siglos la ejecución de sus obras; mas aparece otro enteramente nuevo, como el Imperio que le (lió vida, pero con un elemento nuevo también, que varia completamente las condiciones de su exislencia. El cristianismo, encerrado para el cnllo del verdadero Dios du- rante cuatro siglos en las Catacumbas, y limilado á excavar en es- Irecho y oscuro recinto, cnirc los sepulcros de sus mártires, algún 1 Tacite et son sude ou la sociité romaine impértale d'Auffiisle aux Ánio- nlns dans se raport avec la soáété moderne, par E. P. Dubois-Guchan, pro- cureur impértele a Nantes.—París, 1861. -HO HP.AL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. reducido espacio que le sirviera de templo, realiza la primera y mas ffranfle construcción del arte moderno; y trasladado á las basílicas, por no mancharse en sitios que habían servido á las falsas deidades del paganismo, inspira, reclama y obtiene la construcción del más peregrino edificio del arle nuevo cu el célebre templo di; Sania Sofía '. Ilecuerdo es este que da ocasión para defender al cristianismo de los cargos que se le hacen por lo que contribuyó a destruir los monu- mentos arquitectónicos de los gentiles. En .ley de verdad, no puede negarse el hecho; pero además de ser inevitable, y muy otra su ver- dadera causa y origen, puede examinarse y analizarse de tal modo, que la acusación resulte victoriosamente contestada. No es ahora el momento de intentarlo. Perdónese, pues, esta involuntaria digresión. Volviendo al cuadro que trazábamos, vemos el nuevo arte acer- cándose á nosotros en San Marcos de Venecia y en San Vital de Itá- vena, y combinado en cierto modo con las tradiciones del antiguo, producir obras de muy alto precio y magnificencia en Pisa (en cuya catedral quizá dio Buscheto el primer ejemplo de la unión del estilo lii/¡uilino con el románico), en Siena, y en multitud de ciudades de llalia, aunque recordando siempre las tradiciones clásicas, y opo- niendo poderosa resistencia ¡i las novedades, resistencia que (¡jó de- cididamente Nicolás de Pisa con el regreso á la iinílarion del anti- cuo en todas sus obras. Asi se contuvo casi completamente la introducción de otra nueva furnia, con que apareció el arle en el centro y resto de Europa, sur- giendo el nuevo estilo mal llamado gótico, y conocido ya general- mente bajo el titulo de agival. Afírmase su reinado y se propaga y extiende en multitud de obras, casi todas consagradas al culto católico, para el cual parece que este genero habia nacido exclusivamente. 1 Raros fueron loa templos del paganismo, que los católicos aplicaron al culto de la religión verdadera. De la aplicación hecha, tal como los edi- ficios se hallaban, apenas puede citarse otra que la del Panteón de Agri- pa, convertida en iglesia con el nombre de Santa María do los Mártires. DISCURSO DEL EXCMO. SESOR DON JOSÉ HARÍA HUeT. 441 Llegan por fin cu Italia los tiempos que pueden conceptuarse modernos, en que renace el arte en todas sus formas. El genio del célebre Giotto no se contenta con dar nueva y más poderosa vida á la pintura, sino que levanta la preciosa y riquísima obra que por su delicadeza y perfecciones debia ser preservada con el cristal, al de- cir de Carlos V, delante del precioso templo que sucesivamente construyeron Amolfo di Lapo, el mismo Giotto, Gadi y Orcagna, has- la que vino á coronarlo con su portentosa cúpula Bnmelleschi, uno de los primeros, si no el primero, de los grandes restauradores del nrle clásico en la construcción. Restablécese más clásico en Roma, lüijo la dirección del celebre Bramante Mazzari, y adelanta de suer- le, que el atrevido y valentísimo genio de Miguel Ángel cubre con fábrica idéntica (y aun mayor) al mencionado panteón de Agripa, el suntuoso leniplo donde se coloca la silla del principe de los Após- lolns. Pero basta no demos mayor extensión ¡i un cuadro destina- do meramente a servir como de base al que, según el propósito refe- rido, liemos de bosquejar de nuestra Arquitectura, bien que no haya rausado enojo, á pesar de su impm-feerrion, por lo grillo de sus re- ruerdos. Las construcciones de España, en todas las épocas indicadas, si- guen naturalmente el camino que de fuera les trazaron sus domina- dores ó maestros. Pocos restos han quedado para nuestro estudio de las anteriores al siglo X, á no ser los muy importantes de la domi- nación romana, cuya descripción debemos en parte al inagotable celo ile nuestro D. Juan Agustín (¡can Bermudcz. Con el fin de circunscribir ¡i más corlo espacio esta ojeada, pa- saremos por alto el período que principia cuando en la Península Icrmina el dominio é influencia del poder romano, y descartaremos el de la dominación goda, que (con perdón sea dicho de pareceres muy respetables, y entre ellos del que más veneración infunde á quien esto escribe, el del Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos), no presenta en la historia de nuestra arquitectura el espantoso vacio que se hu supuesto. Para convencerse de dio, bastará recordar aqui U2 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. dos obras <|uc se enlazan extrechamente con la liisloria de esta nue.s- Ira Academia: es la primera el notable Ensayo histórico sobre los di- versos géneros de Arquitectura empleados en España, escrito por nues- tro compañero, el Sr. D. José Caveda, obra tan honrosa para su autor como útil para el estudio del arte y agradable enseñanza de los que cultivan estos conocimientos: es la segunda la que lleva por Ululo: El Arte latino-bizantino en España y las coronas visigodas de Cuarrazar, ensayo liistórico-crítico debido á nuestro Académico el Sr. D. José Amador de los Híos y publicado ha cinco años por este ilustre Cuerpo al frente de sus Memorias. En ambos trabajos, que vindican el nombre español de la nota de barbarie, con que respecto di; la edad visigoda se lia pretendido abrumarnos, se enumeran mul- titud de construcciones pertenecientes a la expresada época, ahor- rándonos en consecuencia este recuerdo toda otra prueba, en asunto que tanta luí há ya recibido. Viniendo, pues, al restablecimiento de la Monarquía, cu que hu- bieron de seguirse naturalmente las tradiciones de los septentriona- les, encontramos un espacio de seis siglos, cuyo estudio lia sido, no ya casi desconocido entre nosotros, sino desdeñado por nuestros más ilustres y célebres escritores. Las preocupaciones del clasicismo que lian dominado algún tiem- po (y tal es la flaqueza de la inteligencia humana, que ni aún los más sabios se libertan de la preocupación, y hasta del error), hicie- ron apartar la vista de las construcciones hechas en España con an- terioridad á las catedrales vulgarmente llamadas góticas, fabricadas desde el ultimo tercio del siglo XII. Aun parece que sólo se estudió el género ogival como de paso, para llegar con alborozo al renaci- miento de las formas del arle griego y romano, lamentando que en i¡l principio de su restablecimiento no se hallaran todavía exentas de adornos y reminiscencias de géneros próximamente anteriores. l'ues en ese periodo de seis siglos, para el cual ha sido hasta du- dosa la denominación misma del prototipo arquitectónico adoptado «nlonces, que se ha ido sucesivamente lijando con el nombre de la- lino-Jjizanljüo, liizniitino-ronuiiiico y románico, hay fábricas (¡ni nil- DISCURSO DEL BXCKO. SEÑOR DON JOSÉ MARÍA HUET. 443 nierosas, lan varias é interesan les, lan bellas y magníficas en su gé- nero, tan progresivas en su perfección, y lan análogas en sus adelan- tamientos á los que hacían en la reconquista de la tierra el valor y la lé de nuestros padres, que bien merecen el detenido estudio, que in- dudablemente ha de promover a su tiempo la Academia. Publicacio- nes muy importantes, y entre otras las últimamente citadas, y la que se refiere á los Monumentos arquitectónicos de España, van ya di- fundiendo y generalizando los conocimientos de esta especie, la dis- tinción de las diversas ¿pocas históricas del arle monumental y de sus valias Irasformaciones y caracteres, estudio menos arduo y difícil que otros, en cuanto se limita á una parle del territorio de la Mo- iiüi-quia, la que se hallaba libre de la dominación agarena, cuando predominaba este genero especial de construcciones. En efecto, hay Une buscarla en el territorio de la antigua Monarquía de Asturias y León, en algunos puntos de Aragón y Navarra, y en la parle de Cas- tilla conquistada cu el siglo XI, cuando sus más avanzados linde- ros eran los ganados y defendidos por los caballeros que capitanea- ban el Santo Abad Raimundo y Fr. Diego Vclazquez, su esforzado compañero. Ni siquiera hay que hacer extensas correrías para cono- cer, cu sus diversos periodos, el estilo románico, á que en tercer liifíar aludo. Hasta visitar los curiosos templos de Segovia, de Avila i) de Zamora. [>i! lo cuiil se deduce, pura nuestro objeto, que dentro de l mirad» en lo jucerno del Monasterio del Porro], como no perderi da vina loa demíij enn (truc don o a citados. T ni"; especialmente la Igloiia mudejar de Carpí» Chrl/U, también ya dídarüj», a mi instancias, maniinionto nacional (iV. ib la A). DISCURSO DEL EXCHO. SEÑOR DON JOSÉ MARÍA IIUBT. 445 progresivas. Escápanse, sin embargo, de la pluma, y vienen natu- ralmente á los labios los nomlircs ile Avila y Tarragona, de León, Burgos, Toledo, Barcelona y Sevilla, de Mallorca, Segovia, Salaman- ca y oíros, asi como la serie de maestros y profesores, que supo enu- ve un magnífico claustro d j p > t su parte supe- rior, y en la inferior la balaustrada de dos ángulos de diverso genero, L pero no de menos primores y belL Se halla fijado el postrer desarrollo del genero, á que últimamente nos referimos, en la grandiosa Catedral, que trazada y levantada en 1S25 por el célebre maestro Rodrigo Gil de Ontañon, fue, con las de Barbastro y Sa- lamanca, la última obra del arte ogival que se construyó en nuestro suelo. Y para que no falten allí muestras de todos los géneros de construir, que completan los medios de BU estudio y del conocimiento de su di- versidad y distinción, hay en el antiguo y magnifico claustro de la Catedral, una capilla de gusto y ornato plateresco, con sus primorosos adornos; una portada del género greco-romano, que si no es obra de Juan de Herrera, á quien muchos la atribuyen, ha de serlo de Francisco de Mora, su discípulo ó imitador, y en el interior algún retablo trazado por D. Ventura Rodríguez. Tales circunstancias, aun sin tomar en cuenta la extraordinaria fábri- ca del celebre acueducto, que recuerda por su construcción el circo de Verona, y que con el trascurso de los siglos ha venido á ser un portento del arte; y sin traer ala memoria para rechazar nueva, mayor y más des- consolada amargura, uno de nuestros más peregrinos edificios con laa ruinas del histórico y célebre Alcázar; tales circunstancias, repetimos, no sólo dan particular interés á aquella ciudad, para los que gustan de la contemplación de las obras del arte y conocer prácticamente BU historia, sino que deslindan muy bien los distintos géneros de construcción, y ca- racterizan singularmente el denominado por nosotros bizantino-románico. Si pudiera dudarse de su existencia, de sus diferencias esenciales con todos los demás, aun de aquel de quien fuó inmediato precursor y con quien se amalgamó en alguna parte, durante la época de la transición del uno al otro, bastaría al visitar & Segovia, recorrer muchos de sus templos, aun cuando no se examinen los más pino por su parte exterior. Se han hecho laudables y recientes esfuerzos para publicar sus descrip- ciones; pero por su corta extensión y sus formas, no son bastantes para darlos á conocer, ni pueden satisfacer á los inteligentes yaficionados. No cabe tampoco ejecutarlo aquí, y menos por quien carece do la capacidad y conocimientos necesarios, ni ha hecho el detenido estudio que convenía. Pero han do indicarse siquiera algunos de aquellos edifi- incrar el Sr. D. Eugenio Llaguno y Amirola, a cosía de prolijas in- vestigaciones; pero menester es reprimir tal impulso, si no lia de hacerse más enojoso este razonamiento. Á poco de florecer en nuestro suelo la conslrucnoii IH/¡MÍIÍII,I. cios, que demuestran visiblemente la existencia y distinción del gúocro á que nos referimos, pues con tal objeto hacemos su recuerdo. La iglesia parroquial de San Millan, por ejemplo, fundada en el si- glo XI, renovada en una parte de su fábrica, conserva otra por fortu- na en el primitivo estado de su construcción, sin deterioro. Ofrece así ejemplo notabilísimo para el estudio del arte en el concepto que aquí tra- tamos, no ya por su planta y por sus ábsides de condiciones idénticas, en casi todos estos templos, que recuerdan siempre las primitivas basílicas, tan anteriores á las iglesias llamadas góticas, si no por la singularidad de sus arcos y bóvedas, de sus pilastras, de sus columnas y sus caprichosos capiteles, de notabilísima variedad y aun tamaño, con figuras en muchos de relieve, si bien incorrectas y darás, como era natural en eBe tiempo, verdaderamente curiosas hasta por el número y la composición. En algu- no llega i representarse una escena completa de la Historia Sagrada. En otros capiteles se observa ya la hoja de palmera, de la cual bien pu- diera decirse que en este género tiene un carácter semejante al que la hoja de acant o tuvo en el griego. Es también muy notable en este, como en otros muchos templos de Segovia, el pórtico, atrio ó claustro que or- dinariamente cubro su portada ó la circunda por alguna parte; muy di- verso, sin embargo, de los ogivates en todas sus formas y aun desemejante en sus adornos. Fórmase este atrio de columnas pareadas de cortas y determinadas proporciones, de capiteles ordinariamente distintos UROS di otros, y siempre caprichosos y con ornatos especiales. Por la parte exti rior de loa ábsides se observan en los huecos destinados para dar luz al templo arcos y columnitas semejantes i las referidas. Esta parte de la fábrica es más notable en la iglesia de San Clemente próxima a la de San Millan, donde parece que el arte iba regularizándo- so con cierta igualdad en sua pormenores y adornos. La parroquia de la Trinidad corresponde, como la de San Millan ante- riormente referida, al mismo género bizantino-románico y á la época que con acierto se hft designado como su primer período. Lástima es que el pri- mitivo retablo de esta iglesia, construido en piedra, de aquel mismo géne- ro, se halle hoy enteramente cubierto con un retablo del mal estilo de Chur - riguera. Por lo demás, este templo por sí solo parece que puede conside- rarse como un museo en miniatura: su portada, BU pórtico y atrio, su lin- do intercolumnio, aunque cubierto y desfigurado como todos en su mayor niscunao DEL EXCHO. SEÑOR DON IOSE HARÍA HUET. 447 importase y se aclimata en él como propio, desarrolla mióse progre- sivamente, y llegando á perfeccionarse en marcadas graduaciones, olro género notabilísimo que reinó, por decirlo así, á par con el la- tino-bizantino, el románico y el ogival, y que ofrece singulares be- parte con obra moderna, las lindas cohtmnitas que adornan el ábside cx- toriormento y las preciosidades que contiene, tal le constituyen. Hay den- tro del templo, en efecto, «na capilla con preciosa portada ogiva), cons- truida con todo el lujo de sus propios adornos, como para demostrar visi- blemente la diversidad de loa géneros y de las épocas. Consórvanse incrus- tados en sus paredes dos cuadros de medio relieve, con tres figuras cada uno, que son, sin duda, de la época más remota en el arte de la escultu- ra, muy interesante bajo de este aspecto, así como por la perfección, rela- tiva que ya alcanzó el autor en esta obra, muy digna de atención hasta por los colores que las figuras tienen, tres de ellas, son de los reyes Magos, todo conservado afortunadamente con muy laudable esmero. Además de otros preciosos objetos, se guardan en la iglesia, hoy en la sacristía, nota- bles cuadros, particularmente dos tablas de bellísimo colorido, estimable dibujo, bien entendidos paños, que demuestran loa primeros y verdaderos adelantamientos del renacimiento en el arte de la pintura.. Sirve de anejo á la iglesia anterior la de San Nicolás, y pudiera muy bien servirla de complemento para museo, según se ha dicho. Su cons- trucción es también del primer periodo bizantino-románico, y en ella se ad- vierto perfectamente marcada la diferencia de todos los demás géneros; conserva muestras de primores semejantes á los anteriores, aunque desfi- gurados como todas, y el retablo de su altar mayor es una bellísima obra del tiempo de la restauración clásica, con ornatos de muy buen gusto y di- ferentes lienzos do particular mérito; así como lo son otros que allí se en- cuentran. No ea posible, por último, dejar de nombrar siquiera la parroquia de San Esteban, con su atrio de columnas pareadas, sus arcos festoneados, sus impostas con diversidad da figuras, y BU gallarda y majestuosa torre del mismo género bizantino-románico: la de San Martin, que aun desfigu- rada por dentro, lo conserva exactamente en su planta, portada y atrio cu- yo carácter quiera Dios que se acierte ó conservar en la parte que hoy se está reconstruyendo; la de San Lorenzo, notabilísima por ser también de las primeras construcciones del género de que tratamos; por sus canecillos con equívocos adornos y su torre, fábrica toda de ladrillo desnudo, de singular y caracterizada construcción. Esto, sin referir otro número con- siderable de templos caracterizados de igual modo visiblemente, por lo minos en BU parte exterior, por ser la más conservada y menos recons- 449 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. Unzas y primores: lal es el que so admira en las construcciones ára- bes que conservamos, siendo en esto los españoles privilegiados so- bre todos los demás pueblos europeos, y en mucha parte aun sobre los mismos orientales. Del genero de construcciones, que los árabes nos trajeron y per- feccionaron; de su natural ejemplo e inevitable influencia en las que al mismo tiempo, ó poco después, se ejecutaban en los territorios :inaneados al Islamismo, nació otro estilo distinto, peculiar y exclu- sivo en nuestras poblaciones, desconocido fuera de la Península, no menos fecundo en bellezas, y muy digno de fijar nuestra atención. Ya recordareis que en este recinto se ha demostrado, con suma eru- dición y conocimiento, la existencia del esfilo mudi-jar ó muzárabe, como otros sin razón lo apellidan '. truida, entre otros, por ejemplo, el notable de la Vera-Cruz, pertenecien- te al segundo período del arte bizantino-románico y de singular construc- ción en au interior por su semejanza con el Santo Sepulcro. Ahora bien: reduciéndose» una sola población como Segovia, se ob- serva de una manera evidente, incontrastable, que ha habido, en el perío- do de siglos, un género de construcción distinto de los otros, cuando no se conocia siquiera el que vino inmediatamente después, llamado gótico ú ogival, esencialmente diverso de este, aunque en la transición del uno ,i] otro so mezclaran algunas do BUS partes naturalmente. ¡,Crtmo puode comprenderse y explicarse que escritores verdaderamente Fiibioa y entendidos, ó no lo mencionaran siquiera, ó por lo menos lo con- fundieran con otros, siempre con desden y menosprecio, y hasta conside- rándole como Tina aberración del buen gusto y de la razón mismaí Tal es la fatal preocupación de un intolerante clasicismo. En prueba de esta veidad, será bastante referirse á la conocida obra de D. Antonio Ponz. Véase su carta VIII.% en el tomo segundo, y particularmente en la página 23G. Con esto se justificará de algún modo la extensión de esta nota y el empeño que en ella indica su autor, corroborando lo que acerca del parti- cular expresa en su discurso, y los lectores sabrán perdonarle benévola- mente. Natural era, por último, que quien esto escribe, fijara su conside- ración, y aun su vista, ei bien por breves momentos, en las obras del arte que tenia á sus inmediaciones. 1 Véase el discurso.que encabeza el presente volumen, bajo el título de: El estilo mudejar en arquileclura. DISCURSO DEL B.XCMO. SE SOR DON JOSÉ MARÍA II L l t T . 44U Sij(iii> ;'i este, en nuestro suelo, el que fuera de anuí se llamó pa- nudo ilrl lleiutetmifitlo, y á que damos la especial denominación de Ari/iiilecitira plutrirsua. Sus preciosas y elegantes fábricas perpetua- rán siempre los nombres de Badajoz, Talavera, Alonso Berniguete, ron otros más, cuya referencia fuera prolija, y constituyen un estilo ilisliulo de todos los anteriores, y de la primera y completa restau- ración de la arquitectura greco-romana. Principiada esta por Covarrubias, Becerra, Silooe, Maeliura y Valdelvira, juntamente con lliaño y Villalpando, llega ¡i su mayor apogeo OH Juan Bautista de Toledo, y por último, en el más feliz y eminente profesor del genero, en el célebre Juan de Herrera. Aun- que todavía le siguen en tal camino por algún tiempo Vergara, Or- dofie.z, Monegro, Crescendo y otro no escaso número de maestros, apenas se habia completado este primer período del arte clásico, viene su decadencia y adultérase hasla el punto de olvidar toda re- gla juiciosa, en las construcciones inventadas y dirigidas por Churri- gucra, Herrera Barnucvo, Rivera y sus discípulos y alucinados imi- Indores. Sin embargo, conviene conservar esas obras y salvarlas de la proscripción completa, á que nuestros clásicos las condenaron, en su disculpable entusiasmo; pues á pesar de las aberraciones, que las afean, se encuentra en muchas de ellas cierta riqueza y lozanía de imaginación, y no poca originalidad y primor en los pormenores de su ornato; circunstancias que constituyen una página elocuen- te y muy caracterizada de la gran historia del arle. Este singular periodo de nuestra construcción es punió digno de estudio, si- quiera sea con el único objeto de precaver sus dislates y evitar sus extravíos. Sigúese la nueva y segunda restauración en el gusto clásico, pre- parada por Jubara, Sachucti y algún otro, y completada por el inge- nio de I). Ventura Rodríguez y tí. Juan de Villanucva, y de los de- más que han alcanzado hasla nuestros días. Ahora bien: enumerados los distintos géneros y diversos punios ile estudio que comprende este rápido bosquejo, ¿no cabe pregun- lar, Señores Académicos, cuál es boy rl eslilo preferente, en cuál 450 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO, dehi: procurarse ahora la perfección de la enseñanza, nial, en Ihi. aquel en que, sino exclnsivü ó generalmente, se construye cu la ac- I nalidad con todas las circunstancias, ijue requiere la belleza artisü- (¿i?... La contestación no puede ser dudosa. Sin traspasar el Pirineo, sin ir á contemplar los templos bizantino-románicos de la capital de Havicra, ni la grandiosa obra del arte ogiva!, terminada no lia mu- cbos años en el Reino-Unido, ni las construcciones de esta clase y di; otras un tanlo caprichosas del vecino Imperio; dentro de los mu- ros de nuestra Corte vemos levantarse el arco ogival y el de herra- dura, de igual suerte que el pórtico romano; mientras á cortas leguas de distancia se recompone felizmente hasta con trozos de fábrica del lodo nuevos, una basílica magnífica, ya cun alguna mezcla ogival, pero esencialmente bizantino-románica. Por olra parte, si ahora se suelen emplear simultáneamente los estilos más distintos, siempre que no lleven consigo la corrupción de la belleza, ni ofrezcan los desaciertos y extravíos de una imaginación dislocada; si en todos se construye y puede construirse, supuesta siempre la observancia de su pureza respectiva, nace naturalmente l;t cuestión de cuál será más adecuado en cada caso, cuál más á pro- pósito para el objeto del edificio que ha de levantarse. ¿Habrán acer- tado los ingleses en elegir para casa de su Parlamento, donde se co- bijan las asambleas que han venido á reemplazar (.segun la mutación di: los tiempos) las que (¡recia y Roma celebraban en los Pórticos y Foros, circunscritos y adornados con la clase de arquitectura que aquellos misinos pueblos crearon y perfeccionaron; babrán acertado en elegir para el grandioso palacio situado á orillas del Táuiesis el grnero de arquitectura, de que fue precursor el románico, y que pa- rece haber nacido sólo para recogimiento del alma, á fin de que se eleve á Dios y le adore en espíritu y en verdad? l'ues estas y otra multitud de dudas suscita la aplicación simultá- nea de los distintos géneros del arte de construir; siendo muchos los riesgos que para el acierto lian de seguirse, cuando se ofrece á nues- tros «jos la diversidad enumerada, y cuando el artista ha de preten- der naturalmente liacur uso de cierta prudente y discreta libertad. DISCURSO DEL EXCMO. SBSOR DON JOSÉ MARÍA HUET. 451 Sólo la existencia de eslí» ilustre Academia; únicamente su di- rección, su vigilancia suprema, su ilustración, el ejercicio de sus «Miraciones y facultades, y su respetable veto, interpuesto contra lodo lo imperfecto, irregular o erróneo; tan sólo, en lin, el pleno ejercicio de sus atribuciones alcanzaría hoy á evitar la pérdida irre- parable del acierto en producir la belleza, y aun de la oportuna elección del genero que debía predominar en nuestros monumentos arquitectónicos. Y ved aquí como sin hacer mención délas demás arles, respecto de las cuales pudiera decirse olro tanto, queda demostrada, romo al principio se propuso, la mayor importancia de nuestra Academia y el alio merecimiento y el deber forzoso por nuestra parle de servir- l;i, cooperando cada cual á su modo á que cumpla y llene el objelo liara (pie se creó, y ¡i que está hoy más especial y providencialmente ll.miada. Y ved, aqui, por último, cómo contribuyendo de cualquier modo á ese lin, viene á servirse á la patria. Pues todavía se encarece más e,l servicio, si se observa (concre- li'mdose laminen á la Arquitectura) todo cuanto se promueven y fo- mentan las tendencias mejores y las más provechosas en los tiempos que alcanzamos. Nn hay para IJIIÚ eulrar ahora en el examen dt; lo ijue ha sido el .irle cristiano, ni de lodo lo que debe al catolicismo en su reslaura- riuji. Otros con formas y razones mejores que acertaría á hacerlo (¡uit'u esto escribe, lo lian escrílo, lo han dicho fuera y aun denlro «le España. Pero importa dejar consignada una verdad. La arquitectura española, en todo el período antes deslindado, eslá consagrada principal y casi exclusivamente al culto, á la reli- gión de nuestros padres. Cierto es que desde el principio de la tenaz lucha contra la usurpación agarena, hasta que los Beyes Católicos recibieron las llaves de la ciudad, engalanada con los alcázares de la Alhambra, no podía pensarse en otra clase de construcciones de al- K"na grandiosidad, fuera de los templos consagrados á la fe, por la nial se lidiaba y por la que se obtuvo al fin la victoria, con la des- irnrcMHi de IHK cxlraílns é infidos dominadores. Nn es monos cierto i|ii(!, por cualquier causa, la arquitectura en España vivid duranlc osos siglos, consagrada á la religión y ajena á todo otro pensamien- to. I'ues de aquí se siguen dos legitimas consecuencias: primera, que el estudio del arte en esa forma y en ese tiempo no nos aleja, antes bien nos atrae de un modo 1 otro, siquiera sea indirectamente, a la 1 constante meditación, a la contemplación frecuento, al reconoci- miento délas verdades, y ¡i la excitación de las ideas y sentimientos que más nos convienen, á aquellos que más importa lioy conservar, propagar y difundir por todos los medios posibles: segunda, la de venir ¡i corroborar el incontrastable convencimiento de que los espa- ñoles lo debemos todo al catolicismo; nuestra existencia como na- ción, nuestra independencia siempre sostenida por el mismo igual impulso, nuestra grandeza, nuestras glorías, nuestras arles. Conservando su pureza, dirigiéndolas, fomentándolas, protegién- dolas, preservándolas del espíritu material invasor, acreditándolas rim su ejemplo, contribuye también la Academia, basta per el cami- no últimamente indicado, al bien y engrandecimiento de la <|tierid;> 1 ierra, en que liemos nacido. Consagrémosnos, pues, omnímodamente á su servicio.