DISCURSO INAUGURAL IIEI. A Ñ O AI:AIII!MII:rsi'!.> DISCURSO DE DON MARIANO N(JUGUES V SECALL, 155 Sin saber cómo, Señores Académicos, he encontrado muicria pitra mi discurso, y yaque no me sea dahlc hablaros de las bellezas dt¡ la escuela italiana, de la flamenca, de la de Sevilla y oirás, des- tendiendo á la apreciación exacta y circunstanciada del arte y de los matices del estilo, en cambio me remontaré al seno de Dios, y en consideraciones de una índole levantada, ya que no sublime, que me subiere la contemplación de la belleza, os abriré mi corazón; pon- dré de par en par el recóndito santuario de mi alma; os diré lo que pienso de las arles, os referiré sus frutos, hablaré de sus consecuen- cias, de sus asombrosos resultados en bien de las sociedades huma- nas : ventajas que recopila Arriaza en dos versos, diciendo: Y de las artes el poder fecundo Que adorna, ilustra y civiliza el mundo. l'ero mili1, lodo principiaré prefiní lando cuál es la misión di; las bellas arles; y contestaré que es la de buscar lo bello y presentarlo realizado en sus obras, añadiendo que lo bello, según Platón, es el esplendor tic lo verdadero. Esta delinicion profunda encierra, á mi jui- cio, en compendio, todas las reglas, lodos los caracteres de las bellas artes. Seguramente no puede haber belleza sin verdad; y todos los encantos y galas de las arles nada dirían a nuestros ojos si se pres- cindiese de aquella, que es á la que las arles levantan un trono en todas sus obras, en todas sus concepciones. Los sucesos más tristes, los liecbos más horrorosos, los cubren ellas con su esplendoroso maulo, y el brillo de lo verdadero amortigua las impresiones dolo- rosas, quedando solo viva la de la admiración hacia el artisla que supo llegar á la imitación de la realidad. Pero esla realidad, que po- dremos llamar artificial, va acompañada de goces y dulzuras. Pavo- roso Fue el lance que se supone presenciaron los troyanos, viendo á Laocoonlc estrangulado en unión de sus hijos por las serpientes que los circundaron en apretantes lazos; pero el arle, al representar esta li'ifriibrc escena, al formar ese grupo lamentable, cuanto más se acer- ca ¡'i la verdad, más disminuye el liurnii1, porque prepondera l;i idea •15G BBAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO- de la viilorá .Ir [.-, pcrieia humana. Oid aliliilrÍHiiid .lldniílez com- probar mi pensamiento, refiriendo el dolor del padre cu etilos li'-r- iiiilius: ¡Mira cómo en su angustia el sufrimiento Los músculos abulta, y cuál violenta Los nervios extendidos; Cuál sume el vientre el comprimido aliunto Y la ancha espalda aumenta! Y en el cielo los ojos doloridoa Por sus hijos queridos. ¡ Ay! ¡ Cuan tarde su auxilio está implorando En tan terrible afán aún la ternura Sobre el semblante paternal mostrando, Cual débil luz por entre niebla oscura. Kn ese ^rupo, en esc trozo ili: mármol trabajado por el rinn'l del hombre, que representa 1 1 liecho doloroso, bailareis la verdad; 11 pero cubierta con los atavíos del arle que la da esplendor y la des- nuda de su repugnancia. Se vela naturaleza, pero triunfando ríe ella el ingenio del estatuario, cuya virloria es para nuestra aliña una satisfacción inconcebible. ¿No habéis visto el cuadro (jue representa la entrega de la plaza de Hieda á las triunfantes armas del Marqués Ambrosio de Spinoln'í La angustia del general vencido, Justino de Nassau, desaparece anle el noble continente del vencedor, cuya caballerosidad se retrata ronm de bulto á virtud de los inimitables toques del pincel de Vclazqucz. Nu citaré más ejemplos, pero en cambio para patentizar la idea de (¡nc la pintura da nuevo realce á los objetos, la presentaré ex- presada por el I*. Miro. (íonzakí en los siguientes versos: l)u la madre natura Los sures desmayados Á mas sublime estado los lev ¡Ó divina Pintura! DISCURSO DB DON MARIANO NOUGUÉS V SECAI.L. 457 Y al lienzo trasladados, Instruyes la razón, la vista encantas: Y así el aire suplantas De la verdad que imitas, Que con los coloridos Por tu mano ofrecidos También el ser parece que le quitas: La usurpación, colorea no te diera. IH) u \ i d tn tslos \crs s li demostración de la teoría que sos- lengo: la imitación suplanta á'la verdad, haciéndola más agradable por la ficción, que es un engaño encantador. A esta clase perlcnc- < n las maravillas de la perspectiva, que el mismo Miro. González leliere (le una manera que embelesa, y con una inteligencia admira- ble. He aquí sus palabras: En superficie lisa, Sin que causen aumento, Colocar valles, montes, selvas, rios A distancia precisa: Fondos, lejos, alturas y vacíos: .La mar de sus navios Separar, y la tierra Del globo refulgente: Y sombra que la luz nunca destierra Jamás logró natura: Súlo es don tuyo, celestial Pintura. He aquí realzada la creación debida al genio de la pintura, que sobre un lienzo de limitada extensión aglomera objetos, que no se confunden, antes bien aparecen a una distancia inmensa por la há- bil colocación de las sombras. Pero esos sombras que, como dice el 1*. Miro. González, la luz nunca destierra, son la magia con que la pintura hace destacar de un pimío los olijelos, fundando su poder 458 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. cu la oscuridad, cuyo poder encomió de una manera ¡nimilal'le otro poeta español. Oid á D. Juan DautisLa Arriaza, que arrebatado jior la inspira- ción ilecia en su poema titulado Emilia: Mira: eso luminar claro y fecundo Que en medio do los cielos se gloria, Arbitro de la luz, de dar el día De polo á polo al ámbito del mundo. Si de su luz el más brillante rayo Fulmina hacia su muro, . el desmayo Que el arte obró; y el mismo Bol se asombra Do no poder dar luz al rasgo oscuro Que condenó el pincel á eterna sombra. Con la suavísima melodía Ae los versos, i'on los matices de la poesía he explicado los encantos de las hullas artes, y esos asombro- sos milagros del claro-oscuro que da cuerpo y vida á las manchas que estampa el pincel en el lienzo. Pero volviendo olra vez á nuestro teína después de esta brevísi- ma excursión por los vergeles de la pintura, ya que liemos conside- rado lo bello como el esplendor de la verdad, añadiremos que no es esta la única definición, porque, según el Conde de Maistre, lo bello es lo que complace á la virlwl ümlvada; definición que atribuye á las bellas arles el poder de producir impresiones con que se recree la virtud y se predisponga el corazón del hombre á ejecutar el bien, rompiendo las terrenas ligaduras para elevarse á la esfera en que la virtud y la verdad despiden esos rayos luminosos que anegan el alma en dulzuras inefables. Lo bello es, pues, una semilla preciosa que las bellas artes están difundiendo continuamente sobre la sociedad, la cual con este rocío adquiere un medio de adelanto y de perfección, porque Dios ha que- DtSCUnsO DE DON MARIANO NOUfiltÉS V SECALL. 459 rido que por tales medios el hombro se mejore y engrandezca, romo si i n illi i o su iii|in> que el espíritu ejerce en la humanidad su debido ^ que el espuilii se enaltece con el ejercicio de las bellas artes i stu fuera de disputa El hombre se admira de la imagen que estam- po m el lienzo, de la estatua en que convirlió su cincel una piedra tosca: su corazón se enciende entonces en amor á estas obras de su Intento, y se crea goces separados de la materia:—ved aquí un re- medo de la Trinidad: un autor, un producto y un amor. Ved lam- inen una demostración de que la materia es inerte y no es creadora por sí; es indispensable un espíritu que la mueva; y si fue necesa- rio que el de Dios caminase sobre las aguas para dar movimiento ¡i lo creado, lia sido preciso también que el ingenio del hombre reco- giese los colores, los colocase con oportuna é inteligente disposición en el lienzo; que arrancase de la cantera un trozo de marmol y lo desbastase con su cincel, hecho del hierro que extrajo de la mina y fundió. V si de aquí pasamos ¡i las gigantescas obras de la arquitec- tura, veremos confirmada la superior inteligencia del hombre, de. suerte que una pintura, una estatua y una columna, serán á los ojos ib:I que discurra una prueba inatacable de la existencia de Dios y de la espiritualidad é inmortalidad del alma. Porque si el hombre no • pudo crear su inteligencia, debe haber un autor; y si esc Ser Supre- mo la creó y enriqueció con dotes tan distinguidas, no fue para su- mirla después en el polvo y privarla de esa vida de actividad, que la coloca sobre los demás seres del universo; porque los espíritus son destellos de la esencia divina, y esta es inmortal é imperecedera. El ejercicio de las bellas artes e s , pues, eminentemente morali- zador. No soy yo precisamente el que lo dice; puedo citar el testimo- nio de algunos sabios. «Importa, decía Mr. Portalis 1 , cultivar las bellas letras y las bellas artes, no precisamenle por la mira de nuestros goces y de nuestro esparcimiento, sino por el interés sa- grado de la virtud. Los bellos monumentos perpetúan las bellas nc- ' Del raí y del abuso del espiritu filosófico. -1(10 REAL ACADEMIA BE SAN FERNANDO. ciónos; los buenos libros propagan las buenas niáxiinns; i'l arle de hablar bien y Je escribir bien, predisponen al arle del buen gusto. En el estado de nuestras sociedades y de nuestras costumbres, la seca y fria razón se verá precisada á ceder la preferencia á la razón lff'illanlc y adornada.» I'uro todavía podemos harer oirás mnsiilcrariones i|iie prueban el carácter divino, por decirlo asi, de las bellas arles, <|uc pueden mirarse como las reparadoras délos extragos que experimentó la liiinianidad en el terrible cataclismo de su caula. «El cuerpo huma- no, dice un escritor, era el templo destinado á recibir la ¡mágen vi- va de Dios, y con este objelo, el Divino Arquitecto lo hizo grande, espléndido, digno en una palabra de un destino tan glorioso. La re- belión del hombre produjo un desconcierto hasta en las formas ex- teriores; y si alguna vez encontramos rostros que brillan con los resplandores de la belleza, será preciso confesar que no vemos en ellos sino restos informes de la belleza primitiva, que nos hacen en- trever, ya que no nos revelen, la obra maestra de Dios al formar el primer hombre en el estado de inocencia: obra en que acumuló y concentró todo el esplendor y riqueza de la creación. Los ojos del poeta y del artista penetraron este misterio, y como en el fondo de toda exageración y de loda mentira hay una verdad que sirve de punto de partida, se sigue que los ensueños del poeta y del artista en sus ficciones y en sus obras no son más que un recuerdo del Edén, una reminiscencia del estado primitivo y de la belleza que en- tonces hermoseaba al hombre.- Las bellas arles, al representar la imagen de este con las galas de la hermosura, no hacen mas que elevarse á la época venturosa de la inocencia, restituyendo a l a humanidad las ricas preseas de que la despojara la desobediencia de nuestros progenitores ' . 1 Estas ideas son, en el fondo, do Mr. Habet en su obra Sobre la direc- ción de la conciencia de una juren á su entrada en el mundo. Un concepto muy parecido he encontrado, después de escrito este discurso, en una composición de mi querido amigo y compañero el señor D. Pedro de Mudrazo, que se encuentra ala página 211 ,1o un libro im- DISCURSO DE DON MAIIMNO NOUGUÉS V SECALL. 481 Pero ¿rumo ejecuta el hombre eslos prodigios? ¿Cómo presiente y nilivina lo bello? ¡Ahí Solo en el seno del Eterno eslá el prototipo de la belleza; y el arlisla, para buscarlo, debe, como un nuevo IYo- nielco, subir al cielo á apoderarse de aquel fuego sagrado, trasla- dando á la tierra una pequeña parte de las riquezas contenidas cu el inagotable tesoro del Omnipotente. Dios hizo al hombre del barro daniasceno, y el escultor, formando una estatua, imita la obra del Criador: la luz naco proyectar sobre la tierra la sombra de los cuer- pos, y la pintura copia estos cuerpos, los representa y reproduce, cubriendo su copia con las galas del pincel, que para lodo tiene to- ijiícs, y para todos los sucesos de la vida atesora en sus tintas me- dios ile imilacion. Ora es la an^lica pureza de la Madre del Salva- preso con el titulo de fats cuatro Navidades, que contiene poesías de va- Los versos i que me refiero del Sr. Madrazo, son los siguientes: Las vocea mil que juegan En el cañaveral, Los ecos misteriosos Que al bosque encantos dan, Son ráfagas perdidas Del coro universal Que espíritus y mundos Alzaron ¡í compás. El músico, el poeta, Los buscan con afán, Y de ellos toma en ambos Su forma el ideal. ¡Qué relación no se encuentra entre estas ideas y las que enuncia Mr. Lourdoueix en su Filosofía del Verbo, en la que á las olaa del Océano, al aquilón que azota las selvas y al trueno les atribuye un verdadero len- guaje, obra de Dios; lenjuaje majestuoso é imponente, diverso del suave soplo del cúfiro y del dulcísimo murmullo del arroyo! Todo lo que llega á saber el hombre DO es más que una adivinación de las verdades que atesora el seno de Dios. Los poetas y los pintores adivinaron las prime- ras creaciones del reino animal. Si hemos de dar crédito á loa naturalis- tas, de una de ka primeras ípoens datan esos satirios gigantescos, dueños 4G2 IlEAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. dor, ora la afonía del ÍIomlire-Dios en la cruz, ora el sencillo festín de los aldeanos, ora el espléndido lianqucle de Baltasar y l.i mano terrible y misteriosa que trazó aquellas palabras que helaron la san- are de los convidados: ora la mar entumecida que en las cimas de sus olas íigila como un juguete los buques, que el bombre constru- ye ¡i manera de pueblos movibles: ora traslada al lienzo las nubes del crepúsculo vespertino, recamadas de oro y escaríala, ó las blan- quecinas gasas con que la aurora Uñe las crestas de los montes, y reanima la dormida naturaleza, que despierta asombrada al anuncio de la venida del padre de la luz, próximo ¡i aparecer sobre el hori- zonte, renovando su fúlgida carrera ¡i los ojos del universo. Dios colocó los montes sobre masas do firanifo, y el arquitecto solos entonces de la creación viviente, esos pterodáctilos con alas mem- branosas, loa más monstruosos entre los monstruos antidiluvianos, como megalosauros con coraza, cuyas formidables mandíbulas podían sin tra- bajo dejar paso á un animal del tamaño de un buey: esos iguánidos, de cien piéa de largo, que parece han servido de tipo ft los vampiros de las leyendas y á todos esos extraños colosos del reino animal que domina- ron durante millares de años en las regiones en que el hombre había de dominar algún dia, (Flammarion, La pluralidad de los mundos habitados, página 89.) Supone este misino autor, pág. 9 1 , que "tales animales y otros podian vivir en una atmósfera mortal para el hombre:., y á la 93 aiiade: "Las conjeturas que tienen el campo abierto en nuestro asunto, pero que no alcanzaron derecho de ciudadanía en nuestro libro, pudieran bien armonizarse con las creaciones fantásticas de los poetas y pintores que se han complacido en poblar de seres extraños loa tiempos descono- cidos, sembrando en ellos con profusión esos emblemas disformes y esos hijos de la extravagancia, que se han llamado esfinges, grifo?, cahires", dáctilos, lamias, elfos, sirenas, gnomos, hipocentauros, flrimaspes, sáti- ros, harpías, vampiros, n Las observaciones de este autor comprueban que los pintores con su inventiva alcanzan a las veces i. descubrir producciones que se suponen imaginarias, pero que existieron tal vez algunas, si hemos de creer á los naturalistas modernos. Antes que estos hablasen, los autores de libros de caballería hicieron pinturas que tienen relación con las teorías modernas. Hemos dado demasiada extensión á esta nota para demostrar que el espíritu del hombre se eleva á pensamientos que no pueden ser inspira- dos por la materia. DISCURSO DE DON MARIANO NOUGUÉS Y SECALL. 463 levanta cu la siiperlicie de la tierra una obra que es una segunda creación. El artista es, pues, un imitador de Dios, una mano que copia .sus obras, que las remeda, y con su imitación enaltece su alma y entona un himno solemne á las glorias del Omnipotente. Podré citar, cu apoyo de mi aserto, los versos de Pablo de Céspedes, que vio la luz en Córdoba, y que fue', según dice el Sr. D. Manuel José Quin- tana, escultor, pintor, anticuario y poeta, el cual, poseído de la idea de la dignidad y elevación del artista, exclamaba entusiasmado y sor- prendido : ¡Oh, tú, más que mortal, ángel divino! ¡Oh! ¿Cuál te nombraré? No humano, cierto, Es tu ser, que del cerco empireo vino Al estilo y pincel vida y concierto. Tú mostraste a los hombres el camino, Por mil edades escondido, incierto, De la reina virtud: á tí se debe Honra que en cierto dia el sol renueve. Concillándose I». Pedro Moiilengon ¡ilaescuUura, ilccia: Por ti son conservados Los héroes celebrados De la virtud, cuando la muerte dura Los reduce á ceniza Y tu diestro cincel los eterniza. Ved, pues, reconocido 4111' \as bellas arles son un ejercicio casi divino; y todavía añadiré que las obras de los artistas son una pre- dicación continua y elocuente de la existencia de Dios y de la espi- ritualidad é inmortalidad del alma. Seguramente 110 puede haber pintura, ni escultura, ni arquitectura sin inspiración; y la inspira- ción es luja de Dios: es una emanación de su esencia, un rayo que se escapa de su frente augusta y que penetra en h mente del artis- 4CA 11P..U, ACADEMIA I)R SAN FEMANDO. l.i, que alindo pul' mi nobLe <'r incomprensible cnlusiasmu, |n>i''iui estro divino indefinible, observa fine su pecho palpita, que sn alma se inflama; y lomando entonces arrebatadamente la paleta y el pin- rel, traza la efigie de la Madre de Dios, atribuyéndole una bdleza inimitable y respetuosa, emblema de todas las virtudes; ó pinta el Juicio final, y baec oir en los rasgos de su muda pintura las congo- jas y gritos de los reprobos, y los cánticos de los bienaventurados; < asiendo la regla y el rompas diseña la Octava Maravilla del mun- i do, el templo inmenso en que óslenla toda su gloria el Catolicismo; templo en el que, cuando uno enlra (como dice I'orlalis'), se vé pe- netrado de la grandeza del Dios á quien allí se adora. La cúpula de esta iglesia, sostenida por pilares que la presentan ligera, parece, por su elevación, por su extensión y su forma aérea, que no da al templo olra bóveda que el mismo cielo. líl principio religioso. Señores, sus dogmas sacrosantos son la wrdadera base, el sólido cimiento de las bellas arles. Mr. Bréolle 2 cu sus lecciones acerca de la influencia del principio religioso sobre il hombre y la sociedad, balitando de la esterilidad del inahomelis- íiui, decía: «El entusiasmo es un fuego que se apaga cuando no lo alimentan verdades inmutables y eternas. Estas verdades que profe- s;i la lieligion católica son las que dieron maleria á las concepciones del líimiü.» llazouando sobre este lema, añade: »EI siylo XVI fnú el de los pi'odigios artíslicos alimentados por el Cristianismo: fue el siglo de los I'erugginos, de los Rafaeles, Miguel Ángel, Tifíanos, Correggios, Veronescs y otros hombres inspirados por el dogma cris- liano:» y pasando a hablar do la poesía, añade: «Después de Arioslo encontramos á ese Torcualo Tasso, que queriendo imitar las formas de Hornero y Virgilio, se convirtió en un modelo inimitable: enton- ces lu posteridad adquirió la obra del genio superior de Camoens: lodos estos talentos recabaron su fuerza y su viffor del espirilnalis- ' Kn la obra citada antfl normen te. a Kstaa lecciones las dio en el Ateneo Real de París en el c 1837 i 1B38. DISOUTHO DE DON MARIANO NOUGUÉS Y SECALL. 465 mo cristiano, la bailaron en una absorción de pensamientos, en una creencia y fe. viva en las verdades reveladas por el Evangelio *.» ¿Necesito citar más testimonios y comprobantes para la demos- tración de mi tesis? De ningún modo, porque cuento con el senti- miento, con vuestra conciencia y la de todos los liomlires, que es la voz del alma, el eco de la razón divina que nos habla desde el cielo y que resuena en nuestro corazón. No ea extraño, pues, que un poeta de la antigüedad (Ovidio) pin- tíiso este entusiasmo del artista como la participación de la divini- dad: Esl Deus ifi nobis. agitante ealescimm Ufa. Otro poeta, pero cris- tiano a y de nuestros dias, calificaba esta inspiración de una aura arcana, de una tempestad interior y secreta, que agitaba y conmo- vía hondamente el corazón y la mente del hombre: la apellida asi- mismo un manantial desconocido y celestial, del que no pudieron formar idea cumplida los arlislas y poetas gentiles. Asi es que diri- giéndose al estro, lo llama una chispa invisible, que nada tiene de terreno, que á un barro frió é inerte comunica calor y vida, y lo re- visle de alas que le hacen competir con las obras del mismo Dios. Y este minien, este estro, esta inspiración no es obra de la en- señanza, sino que es hijo de un instante rápido, que enciende ó ex- tingue un pensamiento que atraviesa veloz por la mente. - Tu seifiglio < «a rápido istante: f Oí- (' accende, or C ammoraa unpensier. 1 Citamos a Mr. Dríollo por la exactitud de su pensamiento en el fon- do, aunque atribuya á algunos artistas como Peruggino y Veronese la con- sagración á objetos religiosos, en lo que no procede con toda exactitud. 2 Monseñor Daulo-Agusto, Conde do Foseólo, Patriarca de Jerusa- len, con quien contraje amistad en mi primer viaje á Madrid, me entre- gó copia i<> saludables consejos para caminar por la senda espinosa de la honradez y de la virtud. El pincel, colaborador de la eternidad, es el cetro que empuña nuil mano inteligente para arrebatar ¡i la muerte su devastador i guadaña y sus víctimas, exclamando el genio: plus ultra; después del sepulcro aún hay más: la imagen que en la tierra grabó en un lienzo la pintura, y la inmortalidad de las almas en el cielo. Cuando por la ley que impuso el Altísimo como pena al linaje humano, se verifique la destrucción de los objetos queridos; cuando las manos que nos acariciaron se hayan descarnado y convertido en polvo; cuando aquellos ojos que nos miraron con dulzura y nos produje- ron hondas emociones se hayan descompuesto, confundiéndose en la masa de los elementos; cuando abierta la huesa de la persona más querida no encontremos más que un puñado de tierra, se levan- la sobre este polvo yerto ó inmundo la imagen del objeto amado, y |milemos decir: Hivc est victoria que; vincil mundum: esto es, la pin- lui'a ha vencido las leyes inexorables de la muerte; ha conseguido i Oh entendimiento, entendí miento humano! í Para esto el gran vigor te es concedido Que al Criador inmortal te hace cercanoi , por la moralidad que lo enaltece, la superioridad del arte criatiano en suti obras: en nu tra patria afortunadamente el pin- cel no se lia prostit uid o & la lasciv y á la impureza como en algunos paíises. Cha Los Nucidle?. 468 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. salvar de la destrucción esa efigie que conserva la lítenle del Sobe- rano Hacedor para restituirla á la alma que voló á su seno. ¿Quien, á vista de su prodigioso poder, no mirará la pintura como un auxiliar del Criador? Los espíritus desaparecen, los cuerpos que animaban so disuelven y disipan; pero el pincel conserva los rasgos de las faccio- nes , y el hijo puede contemplar en delicioso arrobamiento el rostro de su padre, que al espirar podrá decir: Non omnis moñar; no moriré del todo; mi semblante estampado en un lienzo, resucitará en el ca- riñoso corazón de mis hijos el recuerdo de mi fisonomía. ¿Y cuánto no contribuye á la moralidad de los hombros esta remembranza con- tinua? Las bellas artes, ¿no tributan un culto á la inmortalidad de las almas, al poder de Dios, al Creador de los mundos? Ningún pin- tor hn sido impío en todo el rigor de la palabra; ningún escultor, ningún arquitecto lia puesto en controversia las facultades del Altí- simo, atribuyendo sus portentosas creaciones al acaso y á la fortuita rotación de los átomos. Pirron, filósofo incrédulo de la antigüedad, para profesar la duda como sistema, dejó los pinceles: si hubo algu- nos después, que se mostraron descreídos, fue en la apariencia; por- que mientras se ostentaban con ideas menos religiosas, cumplían á su pesar la misión divina , ejecutando obras que solamente podian M.T fruto de la inspiración celeste. En vista de lo que acabo de exponer, conliuuaré ensalzando á las bellas artes como propagadoras de esas creencias que moralizan á la sociedad. En crónicas de piedra, que no son otra cosa los edificios y las estatuas, escriben los sucesos y los trasmiten á la posteridad; y sobre lodo, la pintura, refiriendo con el pincel los hechos gloriosos y los que exigen imitación, por ser el fiel traslado de las virtudes do- mesticas ó del heroísmo de todo género, inspira pensamientos que engendran obras altamente recomendables. ¿Quién no se inflama en sentimientos caritativos cuando ve el cuadro del SamariUmo, en que se representa á éste ungiendo al viandante herido, que estaba pos- trado en el suelo, sin que se detuvieran á socorrerle los pasajeros de su nación? Este lienzo, ¿no es una lección elocuente y visible, aun- que muda, del amor ¡il prójimo? La eliirie de Nuestro Üedentor, DISCURSO DE DON MARIANO NOtJGUÉa V SECALL. 469 ¿cumilos sentimientos afectuosos no suscita en nuestras almas? Y el retrato de nuestros padres, ¿no nos recuerda muchas veces sus amonestaciones cariñosas, sus consejos, inspirados por la ternura? En lo religioso y en lo civil, las bellas arles contribuyen poderosa- mente á desarrollar y confirmar los principios de moralidad y de pa- triotismo. l'ero no debe olvidarse tampoco que las bellas artes son los ja- lones de la Historia, y que en ellos se graba el sello de la índole y calidad de las edades que atraviesa el mundo. Cuando domina el es- píritu religioso, cuando el amor de Dios enardece las almas del pue- blo, el arquitecto se consagra á levantar y embellecer la inorada santa en que se oyen lus oráculos de la Religión, donde el espíritu se arroba en la contemplación de los sagrados misterios y se embe- lesa con las ideas de la ventura celeslial que le hace prelibar antici- padamente en la tierra: la pintura nos presenta entonces las imáge- nes de los santos, el roslro hermoso déla Virgen, fiel traslado de una virtud sobrehumana, para cuyo trasunto es preciso ir al cielo á buscar el colorido y las tintas. Gu la época del Renacimiento, el gusto de la antigüedad, llevado al exceso, puede decirse que reinstaló el imperio del gentilismo, re- produciendo las Venus, los liacos y los sátiros; y el arquitecto cons- truyó templos para el placer, ó sea teatros, en donde según dice un escritor célebre, pudiesen lucir sus fingidas gracias las discipulas de Terpsícore. Para averiguar la índole, los sentimientos, las tenden- cias, las pasiones de un siglo, no lia y más que atender á las obras que dejó; más claro, al uso que hizo de las bellas artes. Con razón ba dicho Canlú en el prólogo de su Historia universal, que los poetas y los filósofos reflejan sus tiempos, como el rio las orillas por entre las cuales discurre. Esta reflexión se aplica también á las bellas ar- les. Por eso leiuo el juicio que forme la posteridad con respecto á nuestra España, donde, con dolor de los inteligentes, se lia dado preferencia á la construcción de cuarteles y plazas de loros, siendo la consecuencia de esta afición, que me abstengo de calificar, que mientras vemos erigirse tan deleznables monlímenlos, si' desplomen •170 R E A L ACADRMIA DE SAN FERNANDO. las obras maestras construidas por nuestros mayores, yaciendo en- tretanto, á su despecho, en ociosa inacción el vigoroso genio de nuestros artistas '. Ved, Señores, cómo las bellas artes son las compañeras y auxi- liares de la Historia, ofreciéndonos cu sus obras la prueba de los quilates de la civilización de cada siglo y de rada país. De la histo- ria del Oriente son páginas elocuentes los restos de Nínive, Itabilo- nia, Pcrsépolis, líalbeck y Piílmira; en las pagodas de la ludia U'- íuos los grados de su cultura: en los adoratorios, remedos de la* pirámides de Egipto, quizás entrevemos el origen de los templos mejicanos; y en las ruinas de Palenque descubrimos una civili- zación anterior á la de los Aztecas ÍJUC ocuparon las llanuras del Anahuac. Cultivemos, pues, las bellas artes, para poder dejar de nuestro siglo una memoria grata y digna á las generaciones que nos suce- dan, pero lamliien por la consideración de que en lo sucesivo deben ser una de las esperanzas de nuestra patria. Las bellas artes son in- dudablemente productoras de riqueza, pero de riqueza perfumada con el suave hálito de lo bello: así se infiere de las ideas que enun- ciaba un dia nuestro apreciable y distinguido compañero el Sr. Don Pedro de Madrazo en los siguientes versos 1 En medio de tantas devastaciones que afligen ¡í los amantes de laa artes, nuestra alma se dilata al saber y poder anunciar que el Excelentí- simo Sr. D. Joaquín Barraquer y L!au