BIOGRÁFICO BEL PINTOR CRESOSTOMO MARTÍNEZ V SORÜ DISCURSO LEÍUO POR D, JOSÉ VIVES CISCAR ACADÉMICO DE NÚMERO veces en mi vida he de lamentar, como en la , ocasión presente, la carencia de dotes para co- 3sponder de algún modo á la confianza que en mi cifrasteis, al encargarme de llevar la voz de e ta Real Academia en acto tan solemne; mucho deploro sea yo quien ocupe este sitio, cuando \LO á mi alrededor peritísimos cultivadores de las Bellas Artes, amantes otros y no pocos encanecidos en el estudio de los grandes problemas que encierra su enseñanza; bien es cierto que si carezco de títulos para colocarme á vues- tro nivel, no cedo en cambio el primer lugar entre los admira- dores de todo cuanto se refiere á esas sublimes manifestaciones, nacidas de las tres hermanas gemelas, en cuya morada y templo nos hallamos. Niño casi pisaba yo con mucha frecuencia estos claustros del Carmen, en compañía del autor do mis dias, inte- ligente y entendido coleccionador de pinturas, para admirar los lienzos y tablas que cubren sus paredes: además, el trato con coleccionistas y pintores de esta famosa escuela y mi ins- tinto natural, me hicieron ir mirando poco á poco con respeto los productos del trabajo humano que, por un rayo de inteligen- cia superior, sabe arrancar al bronce ó mármol sus condiciones intrínsecas , copia? con exactitud la naturaleza en deleznable papel ó lienzo, y, finalmente, con burdos materiales, levantar soberbias Catedrales 6 magníficos edificios. Empero si amo por intuición lo bello, obedeciendo sin duda á esa tendencia de los hijos de Levante quo, descendientes de Grecia y Roma, viven de continuo en un campo verde y hermoso, les cobija un cielo límpido y riente, tienen como horizonte un mar tranquilo y juguetón que ciñe sus costas, amo también á mi pais con delirio, porque además de creerlo un trasunto fiel del paraíso, veo en su historia representadas las cualidades de un pueblo viril, cuando abraza con entusiasmo el cristianismo que brota ¡t modo de azucena olorosa del fondo del sepulcro de Vicente, el varonil presbítero de Huesca: si repaso la epopeya de su recon- quista, por la cual el invicto Monarca aragonés logra arrancar con poderosa mano del morisco turbante la perla de Valen- cia, para engarzarla entre las ya existentes en su trebolada corona: si admiro sus fueros, sus patriarcales costumbres, su fe y entusiasmo por todo lo grande , noble y generoso; en una palabra: me entusiasman sus santos, venerables, guerreros, filósofos, poetas, hombres de ciencia, y últimamente artistas. Ciñéndome, pues, á mi inclinación á lo bello y al cariño que siento por mi país nativo, he de hablaros precisamente de un hijo de Valencia, dedicado al noble cultivo de las Bellas Artes, casi desconocido, que, tras vida laboriosa, murió lejos de su patria en tierra extraña, legándonos como muestra de su genio fecundo varias obras, por las cuales pueden apreciarse su talen- to y sabiduría, dignos seguramente de que me esfuerce en hacer un fíosquejo biográfico del pintor y grabador valenciano Crisóslomo Martínez y Sorlí. Deber ineludible es de los vivientes el honrar la memoria de los pasados, si éstos, con su inteligencia y altas prendas, llevaron adelante el progreso de la patria: así se manifiesta la gratitud, se honra al país y se ponen de relieve las cualida- des de todo ser superior, para que sirvan de enseñanza á pre- sentes y venideras generaciones. Tracemos, pues, la vida del artista referido, y conduzcámosle al templo donde el genio, unido con la inmortalidad, moran constantemente y reciben allí con cariñoso . abrazo, ciflendo la frente con el verde lau- rel de la- victoria, al feliz mortal que, sin desmayos, con fe, en- tusiasmo y trabajo, reproduce la verdad que percibe por me- dio de sus sentidos. Señores Académicos: Es verdaderamente deplorable que el grabado, rama importante de las Bollas Artes, cultivada en Valencia con éxito fecundo, carezca de una buena historia, donde se señale su progresivo desarrollo, su manera de ser en si y comparado con otras escuelas, y lUtimamente los graba- dores de más fama; podrá objetarse á nuestro dicho, que Don Marcos Antonio de Orellana, en su manuscrito Vidas de los pintores, escultores, arquitectos y grabadores valencianos, fuen- te donde tomó Ceán Bermudez todo lo que inserta en su Dic- cionario, relativo á los artistas hijos de nuestro antiguo reino; D. Vicente Boix en sus Artistas valencianos del siglo XIX, y en nuestros días los Sres. Puig y Torralvay Marti Grajales, en su folleto Origens del grabal en Valencia, se ocupan de la materia: mas examinando dichos trabajos se notará falta de método, carencia de noticias biográficas, modo de grabar de cada profesor, número de obras é influencia de los valencianos sobre los demás españoles dedicados á este ramo. Y si de este campo pasamos al de la pintura, hemos de observar el mismo vacio: solo algunos artistas como Joanes, Ribalta y Ribera han merecido los honores de la publicidad, dejando en el olvido á muchos pintores anteriores, coetáneos y posteriores á estos maestros, que, sumados todos, constituyen la rica y fecunda escuela valenciana. He aquí el motivo que nos indujo ¡I escribir estas pobres lineas, que no se encaminan á averiguar los orígenes del gra- bado y la pintura, ni sus vicisitudes durante el siglo XVI: abarcan tan solo desde que Crisóstomo Martínez vino á la vida artística hasta su muerte, durante cuyo tiempo hemos de estu- diarle someramente como pintor y grabador, relacionándolo en ambos ramos, con los artistas de su tiempo. Excasos antecedentes tenemos de nuestro biografiado, á quien sus contemporáneos llamaron insignis pintor, pintor fa- moso y muy diestro en su facultad, y peritísimo pintor, adjeti- vos que demuestran bien á las claras no era un artista ado- cenado, sino muy al contrario, reunía aquellas cualidades su- periores que encuentran en el manejo de los pinceles y el em- paste de los colores la satisfacción íntima de su aptitud y su inclinación. Es ciertamente extraño, sin embargo, que ningún escritor do su tiempo nada nos diga de su vida y obras, á pesar do tan pomposas hipérboles, fuera del eruditísimo P. Rodrí- guez, en su Biblioteca valentina, si bien le considera más como grabador que pintor: algo avanzó en ambos sentidos el nunca bien alabado Orellana, al ocuparse y dar cuenta de obras de ambas clases: desde entonces, cuanto se ha escrito de Mar- tínez ha sido una mera copia de lo dicho por aquellos, sin ha- berse adelantado un paso. Esta dificultad ocurre en nosotros mismos, á pesar de no haber excaseado diligencias, visitando los archivos públicos y privados de Valencia, acudiendo álos tem- plos donde se hallan pinturas de la escuela, á la cual creemos se afilió, ojear-catálogos de los Museos españoles, en ponerá prueba la paciencia de nuestros amigos', pidiéndoles noti- cias de estampas, obras y pinturas, para hacer revivir de las nieblas del pasado al artista que ocupa nuestra atención en estos momentos: algo se consiguió do inédito, unas piedrecitas más se añadirán á su vida, útiles el día que se escriba l¡i 1 Consignamos gustosos y hacemos aquí pública nuestra gratitud, a nuestros queridos amigos el Illmo. Sr, D. José Gestoso y Pérez, profesor rio ia Escuela de Bellas Artes do Sevilla, y D. Manuel Gómez Imaz, reputa- Qo escritor sevillano. Lo propio ocurre con D. José Enrique Serrano, ol Excmo. Sr. Marqués de CruÜles, D. Joaquín Sorrano Cañete, D. Juan Ju- rat, D. José Campos Martí, D. Vicente Chlrivella, Jefe do la Biblioteca Universitaria de Valencia, y los 8ros. D. Vicente Vives Liern y D.Luis Tramoyares, Archivero y Oficial primero en el municipal do esta ciudad. Todos ellos cooperaron al mejor éxito de nuestra empresa, con un celo y diligencia'que les agradecemos profundamente. historia del grabado y pintura valenciana durante el si- glo XVII ¡ . Nació nuestro biografiado, según lo da á entender su parti- da'de bautismo que, tras no pocas fatigas, encontramos en el archivo parroquial de San Martín de esta ciudad *, el día 27 de Noviembre de 1628 3, recibiendo como nombres de pila los de Crisostomo, Alejandrino, José, conservando el primero y usándolo toda la vida sin el aditamento de Juan, cuya circuns- tancia, unida á la época en que so supone acaeció su muerte, da la certidumbre de ser del Martínez pintor y grabador la su- sodicha partida; de lo contrario hubiera sido difícil, por no de- cir imposible, el averiguarlo, dado lo común que siempre ha sido este apellido en Valencia. Fueron sus padres menestrales y no de mucha importancia, pues solo se designa al autor de sus días con la profesión de belluter (tejedor y torcedor de seda), sin clasificarlo de oficial ó maestro, cualidades de gerarquia. que no se hubieran omitido por tenerse en mucho en tal tiem- po, dada la organización gremial del arte de la seda; y lo pro- pio nos lo confirman los padrinos de pila, ó sean dos simples 1 Véase el apéndice C., donde se han reunido todos los datos biográfl. eos do Martínez escritos hasta, hoy. 2 Libro vm de Bautismos do la parroquia de San Martín Obispo y San Antonio Abad, folio 42 vuelto; Martínez - Disapte a 27 de Noembre de 1638 Bategi io Crisostomo Alejandrino ol Dr. Antonio Magaña V" a Crisostomo Ale- Jusep xandrino Jusep flll de Pere Martínez belluter y de Alejandra Soi-H, (oren compares Leandro Peres y Paula Camps ó V. a de íonchas. 3 El eruditísimo D. Gregorio Mayans y Sisear, en El arte de pintar Excmo. Sr. Conde do Trígona) hace, en el capitulo xxvm, una pequeña reseda de la Escuela valenciana de pintura, ocupándose, como consecuen- cia, de nuestro biografiado á quien supone nacido en Jativa en 1641. Para comprobar la exactitud de esta cita nos valimos de una persona que- ridísima, que personalmente buscó los libros de bautizos de las parroquias do dicha ciudad, correspondientes a los años 1640- 41 y 42] y solo en el primero se halla un Cristofol Martines y Pont, que no es el artista en cuestión. Además de las raaonea consignadas arriba, ¿se hubiera puesto Martínez en su retrato Valenciano, 6 Setabense, como estampo Ribera en sn rara estampa de Baco, caso de nacer en la antigua Setabis? particulares, sin calificación alguna que demuestre nobleza ó calidad superior al pueblo bajo. ¿Por que" no se dedicó Martí- nez a! oficio de su padre; cómo abandonó el telar, caso de ma- nejarlo, para cogerlos pinceles y el buril? Extremos son estos difíciles de contestar, mayormente si se atiende á que su pri- mer trabajo fechado data de 1G77, ó sea á los treinta y nueve años de edad, cuando se van apagando las ilusiones de la ju- ventud, que nos lanzan á senderos determinados, en los cuales vemos un porvenir lleno de gloria; mas si deduciremos, con ló- gica irrefutable, que los retratos del Vble. Sarrio donde se es- tampa esta fecha, son obras acabadas como dibujo y grabado; esto demuestra que en tal tiempo habia ya concluido su apren- dizaje artístico, hallándose en condiciones de trabajar sin di- rección alguna por haber alcanzado el grado de maestro. Llega ahora el averiguar: ¿cuándo y con quién estudió Martínez? A úmbos extremos daremos cumplida contestación, aunque para ello sea preciso hacer una pequeña reseña histórica, que de- muestre el estado de la pintura valenciana en la primer mitad del siglo XVII. Muerto el sublime é incomparable Joancs, aquel cuya obscu- ra vida nos hace aún dudar si estudió solo, ó fue á Italia para aleccionarse en los grandes maestros de la escuela romana, al demostrar sus obras, corrección de dibujo, frescura de colorido y diafaneidad de los fondos ó perspectivas, deja como discípulo m¡ls aventajado al monje de San Jerónimo de Gandía, que no llegó jamás ¡I la altura de su maestro, dada su incorrección en el dibujo, el amaneramiento y el abandono en que tuvo los va- liosos elementos artísticos que vio brotar de la paleta de Vi- cente Masip. Siguen al P. Borras los Ribaltas, especialmente el Francisco, que pudo conocer las distintas escuelas existentes entonces en la península del Lacio, merced al viaje que á ella realizó, visitando primero la ciudad de Bolonia, & la sombra de cuyo colegio fundado por el Cardenal Gil 'de Albornoz, vivían multitud de españoles y paisanos suyos. AHÍ pudo ver y admirar las obras de los Caraccis, especialmente de aquel Luis á quien sus contemporáneos designaban con el epíteto de buey, no por haber sido hijo de un carnicero, sino por su paciente tenacidad, su verdadera locura, si cabe asi calificarlo, en pintar de un modo distinto á como lo habla hecho Rafael, Ticiano y Leonar- do de Vinci; tenacidad que le hizo crear un estilo nuevo, clasi- ficado de decadente por algnnos críticos, á pesar de lo cual es superior, porque usó de corrección de dibujo, dando ásus figu- ras actitudes elegantes y naturales, de fuerza de colorido, y sobre todo porque tuvo una serie de discípulos sobresalientes llamados Agustín y Aníbal Caracci, el Dominiquino, Guido Reni, Francisco Barbieri y Francisco Albano, dignos sucesores de tan aventajado maestro. Cuando hubo Ribalta estudiado estos estilos, pasó á Roma á contemplar las grandes crea- ciones de Rafael y demás discípulos de la escuela florentino- romana y veneciana, copiando á todos, especialmente á Se- bastián del Piombo, en quien se reunía el colorido de Guior- gione de Venecia, y el clásico dibujo de Miguel Ángel, y cuya pereza ó afecto á la buena vida le imposibilitó, tan luego le agraciaron los Pontífices romanos con pingües sueldos al conocer su talento y prendas morales, de pintar más de lo que hizo, que es en verdad bien poco dadas sus excepcionales facul- tades. Como decimos, al ver Ribalta los cuadros de Sebastián, se enamoró de su estilo, y fue poco á poco formando un hábito de pintar propio, tomando por base lo aprendido en Bolonia con los Caraccis y en Roma con los pintores citados; y al venir á Valencia observó lo decadente de la escuela de Joanes, per- sonificado en el P. Borras y Cristóbal Llorens, quiso innovar el arte aportando para ello los distintos elementos adquiridos en Italia, por cuya razón se dice dibujaba con soltura, tomando mucho del natural, que estudió detenidamente, dotando á sus figuras de condiciones de grandeza y majestad, según nos lo demuestra el cuadro de la Cena del Colegio de Corpus-Christi de esta capital; siendo sensible no ocurra lo propio en el colo- rido, cuya desigualdad se achaca al permiso dado á sus discí- pulos de pintar eii sus propios lienzos y al sabor rojo ó do almagra de sus tonos, tomado de los boloneses. No existían en su tiempo Academias, ni establecimientos oficiales, donde se estudiara la pintura: los que tenían vocación al divino arte acudían al taller de los tenidos por profesores para aprender allí el dibujo, el colorido y la composición; y puesto que Fran- cisco Ribalta era un maestro de fama y se vio asediado de encargos que los frailes, parroquias, magnates y particulares le hacían, de su estudio salieron su hijo Juan, Castañeda, Bausa y Francisco Zariñena, los más aventajados de sus discí- pulos. Bien es cierto era su hijo el primero y en quien confiaba su padre, tanto, que muchos inteligentes no se atreven á cla- sificar las obras de cada uno, haciéndoles iguales en talento, frustrando su temprana muerte las fundadas esperanzas que el arte había concebido en su persona; bien es verdad también que Bausa y Castañeda son siempre duros, no comprenden los ideales del maestro, ni sus clásicas reglas de pintura ad- quiridas al contacto de los artistas italianos: solo Zariñenii pudo alcanzar el dictado de continuador do Ribalta, siendo oj eslabón que únala personalidad de este con los pintores sucesi- vos; pero en Zariflena no hay solo que estudiar al padre, ha de hacerse lo propio con sus hijos Juan y Cristóbal; los dos pri- meros son muy iguales, este último es más superior por no ha- berse contentado con lo aprendido; anhelando ensanchar sus conocimientos abandonó Valencia para visitar la corto, donde aquellos primeros Monarcas de la casa de Austria, merced a nuestro poderío en Europa, habían atesorado en sus palacios las grandes creaciones de los primeros pintores italianos, alema- nes,flamencosy holandeses. Su gusto no le hizo mirar con deli- ciosa delectación lo de Alberto Durero, Holbein, Kranak, Lucas de Leiden y los Van Eyks, & todos ellos desechó por secos, rea- listas, faltos de idealidad, dibujo y colorido, mirando en cambio como propio lo que hacían sus hermanos en el arto italiano, especialmente la escuela de Ticiano y los Caraccis-. De aquí derivan algunos críticos la reunión de estilos, dominante en sus lienzos, fuente en la cual bebieron sus continuadores, y en particular el artista valenciano más superior después de Joanes: me refiero á Jacinto Jerónimo Espinosa, pintor de mérito, des- conocido en España, puesto que su fama no sale de los ámbitos de esta ciudad, y que vale tanto como otros artistas do su tiempo nacionales y extranjeros, pomposamente encomiados por críticos y biógrafos. Hijo de un pobre pintor, se aficionó desde niño al manejo de los pinceles, estudiando en Cocentainaj donde había nacido, las obras del P. Borras, que también vio la luz en dicha población: trasladado a Valencia hizo lo propio en el taller de los Ribaltas, ó estudió sus cuadros, pues da lo mismo; lo exacto es haber seguido con entusiasmo su estilo y el de los Zariñenas, sin acordarse del que aprendió junto á su padre. Llega ahora la eterna cuestión de siempre, la de si estuvo en Italia, lo mismo que se dice de Joanes y de Francisco Zariñena: no es este el lugar para afirmarlo ó negarlo rotun- damente, si bien sea esta última nuestra opinión propia, y nos fundamos en que tiene su estilo lo mejor de los autores nom- brados, por cuya causa se acercó instintivamente al Domini- qnino en su primera época y á Agustín Caracci. Sea lo que fuere, Espinosa es el pintor valenciano por excelencia, según lo atestiguan sus lienzos colgados en las paredes de este Museo, en los cuales observaremos un empaste de color fresco y agra- dable, una agrupación natural y exacta en el conjunto, unas figuras llenas de elegante esbeltez, un claro obscuro bien pen- sado, dibujo y corrección extremada, como procedente de estu- dios detenidos del natural y de la anatomía del cuerpo humano, yfinalmentetodas las leyes de la perspectiva llevados al más alto grado de exactitud; no encontraremos en sus obras los asuntos secos, escuetos y espeluznantes de Luis Vargas ó José Ribera, ricos en tonos de luz viva a punto fijo, alternando con grandes masas de obscuro, no esos colores verdosos, terrizos y deslavazados del Greco, no los tonos de almazarrón de los Ribaltas y Jos Zariñenas: al contrario, en las obras de Espinosa se 'cierne la luz de una manera suave y delicada, la carne es carne, la indumentaria se describe por medio del pincel con la exactitud del natural, haciendo resaltar el bordado, el paño, el lienzo, según lo atestigua esa sublime página de la comunión de la Magdalena, que bastaría por si sola para dar fama inmortal al pintor que la pensase y realizara; y si fuera posible reunir los dos cuadros donde se colocan un acto igual que se efectúa en San Jerónimo, uno existente en el Museo del Louvre, atri- buido á Agustín Caracci, y otro del Vaticano de Dominiquino Zampieri, se vendría en cabal conocimiento de la inmensa supe- rioridad de nuestro valenciano sobre losjotros dos ', 1 Espinosa , a pesar do] indisputable mírito, es muy poco conocido fue- ra de España, contribuyendo a ello el no figurar obras suyas en los gran- Cansara la atención de mis oyentes si me extendiese en alabanzas dedicadas á enaltecer un artista, al cual admiro y juzgo superior en todo: esto me apartarla del tema del presento trabajo, al que he de volver precisamente para hacer constar que, durante los primeros años de Espinosa, nació en Valencia una nueva escuela importada por Orrente, que enamorado do Jacobo de Ponte, ó de Basano, ciudad italiana donde había nacido, vino á nuestra capital en 1612 al 14, trayendo el gusto de colocar animales en sus composiciones, como admirador do la naturaleza y de las escenas de la vida real, con una mezcla de color de tono rojizo, propias de los decadentes venecianos. Cuando los profesores de la ciudad del Turia supieron el encargo que los capitulares de su iglesia Catedral hablan hecho ¡i Orrente de pintar un San Sebastián, comenzaron á lanzar mil burlas que hirieron el amor propio del artistar dando ello origen á que tengamos en tal templo una de sus mejores obras. Admirados algunos valencianos de la factura y dibujo de este profesor, pronto acudieron á su estudio Pablo Pontons y Esteban March, de cuya semilla brotó una nueva escuela de tendencias decadentes, y á la cual se afiliaron Miguel March, Luis Sotomayor, Señen, Lorenzo Vila y Juiln Conchillos, que constituyen la escuela opuesta á la de Espinosa, dondo solo hallamos á Crisóstomo Martínez y al Dr. José Ramírez, presbí- tero, á quienes puede darse el nombre de últimos cultivadores de la clásica escuela valenciana de pintura. ¿En qué nos apoyamos para decir siguió Martínez las hue- llas y fue discípulo de Jacinto Jerónimo? Varias razones tene- mos para ello, que vamos á exponer: las obras, debidas á su pin- cel reseñadas por Orellana, son éstas: un San Miguel colocado en el segundo cuerpo del retablo de la iglesia del convento del Remedio de esta ciudad, cuyo paradero desconocemos por las vicisitudes que sufrió este edificio durante la guerra do la In- dependencia, viéndose convertido en parque de artillería y de- ¡ano: un San Francisco y un Crucifijo, adquirido este último de la colección ¡e Luia Felipe, que se vendií en Londres e! año 1853. Wuiermaun; Katalog ler KünigKchen Gcnsáidegahrie, en Drosdon, 1887; mima. 700 y 701. 33 pósito de municiones, dispersa su comunidad, y pasados unos pocos anos, destruido por completo y esparcidas sus curiosi- dades artísticas, sin que sepamos á dónde fueron: era también de su mano un San Andrés Corsino, que estaba en cierto altar- cito de la vecina iglesia del Carmen, entrando por la puerta principal, amano derecha, en cuyo sitio no se encuentra, ni se sabe dónde para, seguramente por haberse arrancado de allí cuando el templo se convirtió en cuartel (1812), ó al restaurar sus muchos desperfectos en 1823: lo verdaderamente exacto son estas palabras del célebre crítico D. Antonio Ponz, inter- caladas en las páginas 74 y 75 del tomo iv de su Viaje, que dicen asi: «Antes del cuerpo de ta capilla y junto á la puerta del templo, se encuentra un altar de San Andrés Corsino, cuyo cuadro es de Espinosa.» También dice Orellana era de su pincel una Purísima Concepción, que al escribir el articulo do Martínez, estaba en la casa de un carpintero de Valencia, cuyo rastro es aún más difícil de seguir que los anteriores; y, finalmente, asegura el mencionado biógrafo, le pertene- cía el San Pascual Bailón y otros santos existentes en el inter- columnio del antiguo retablo mayor de la Congregación, derrui- do con toda la iglesia en 1725, para levantar con mayor área el hermoso templo hoy existente, que se finalizó y bendijo en 1734. No son_ las obras reseñadas bastantes para merecer Martí- nez por ellas el dictado de insigne y diestro: debió pintar más y muy bueno cuando las obtuvo, mayormente en un tiempo en que, como queda-dicho, se disputaban en Valencia la dirección del arto dos escuelas opuestas con numerosos discípulos y pro- cedentes de Orrente y Espinosa. Siendo p^obre no debió dejar ociosa la paleta para adquirir con ella eí cotidiano sustento, alcanzando más de medio siglo de existencia, muchas fueron indudablemente sus pinturas. ¿Dónde están éstas? ¿Cuáles so- rían los rasgos artísticos que le diferencian de sus contempo- ráneos? No cabe duda alguna, existen en Valencia la mayoría de sus producciones, y tal vez las haya dentro del ámbito de este Museo: lo que falta es examinarlas con la debida parsi- monia para clasificar las suyas y las de sus condiscípulos: que pintó mucho nos lo dicen las razones apuntadas arriba; ade- 34 más, un eruditísimo valenciano * consigna estas palabras al reseñar el viajo que realizó al extranjero: «Por el camino se detuvo en algunas ciudades de Francia, en las cuales, para sustentarse honestamente, hizo algunas pinturas que conser- van la memoria de su habilidad, apreciándose mucho el uso que hacía de su gran pericia en la anatomía.» Luego trabajó, no solo en su país nativo, sino en Francia y los Paises-Bajos, donde murió. En estas naciones se tendrán sus lienzos como de autor anónimo, ó tal vez serán clasificados de la escuela espa- ñola < italiana, vistos los rasgos artísticos que en ellos domi- 5 nan, privándose á Martínez de la gloria que pueda caberle por sus excepcionales facultades; y esto es tan exacto, que la ge- neralidad de las historias de Bellas Artes, lo mismo españolas que de otro país, si lo nombran, solo le titulan grabador, y en manera alguna maestro en pintura. Hemos dicho teníamos va- rias razones para creerle discípulo de Espinosa, siendo la pri- mera el juicio que a un crítico tan experto como D. Antonio Ponz le causó el examen ocular del altarcito debido al pincel de Martínez, que le clasificó de la paleta del hijo de Cocen- taina; este juicio basta y sobra para confirmar nuestro aserto; además, en la sacristía de la iglesia de los Congregantes, ac- tualmente parroquia de Santo Tomás, se encuentra un San Pascual Bailón (90 centímetros de ancho por 130 de alto) que tiene mucha semejanza con esta escuela, y tal vez sea el que dice Orellana existía en el segundo cuerpo de su antiguo reta- blo s; finalmente, el hecho de haber preferido el Dr. Ramí- rez á Martínez para grabar las láminas de su obra Via láctea, conociéndose en Valencia tantos tenidos por maestros de esto arte, acusa cierta predilección hacia su persona, cierta amis- tad nacida al calor de haber concurrido á un mismo estudio, teniendo el propio maestro. Ateniéndonos á lo expuesto y á los rasgos característicos que se desprenden de sus grabados, podemos afirmar, sin vaci- 1 Mayaua. Arte de Pintar. 2 Además de oste lienzo, existe otro colocado en el primer altar en- senta á San Pascua! Baildn, de escuela valenciana, y que fue pintado expro- feao con loa otros de los altares de la Iglesia, al construirse ésta. ¡ación alguna, fue peritísimo en dibujo, notándose en él cuali- dades de sobresaliente en anatomía, no alcanzadas por ninguno de sus condiscípulos, ri¡ aún contemporáneos: dedicóse al género religioso y de retratos, para los cuales tuvo especial habilidad; y finalmente, en el empaste de los colores tomaría bastante do Espinosa. Se nos objetará que no constituyan solo su escuela Oisóstomo y el Dr. Ramírez, existen además Eximeno, padre é hijo, D. Vicente Carroz, Salvador Gómez (Luciano y Vicente), y D. Félix Falcó; pero no es menos exacto han pasado estos casi inadvertidos en la historia del arte valenciano, y solo los dos primeros merecieron la unánime aclamación de superiores y entendidos. Veamos ahora á qué altura se encontraba el grabado en Valencia cuando comenzó á trabajar Crisóstomo Martínez. Pujantes las dos literaturas de más valía existentes en nuestra Península al celebrarse el enlace de los Reyes Católi- cos; la castellana que arrancaba su buen gusto del tiempo de aquel D. Juan II tan amigo de las letras y de los literatos; la aragonesa que descendía de más hondas raíces y se bifurcaba en tantos reinos cuantos constituían aquella gloriosa corona, en- tre los cuales sobresalía Valencia, á la que se dio el nombre de Atenas de Occidente, por sus numerosos hijos dedicados al culti- vo de la sabia Minerva, unas veces buscando inspiración en el gusto italiano, otras irradiando á todos lados su genio vigoro- so y creador, ó acogiendo con cariño á los sabios de varios paí- ses que acudían á su seno, hávidos de conocer sus moradores ó contemplar su feraz suelo y templado cielo; pronto por estas causas vino á buscar amparo dentro de sus muros el prodigio- so invento de un ilustre pensador alemán, descubierto en las estrecheces de un taller de Maguncia y Estrasburgo. Cuando los valencianos apreciaron prácticamente el valor é importancia de la prensa y los caracteres movibles de Gutenberg, vieron en ello un principio innovador de gran potencia que tendía A popularizar las ciencias y todos los conocimientos humanos; y sin perder momento procuraron aprovecharse de sus ventajas, dando á la estampa las dos primeras obras conocidas en Espa- ña, y que sintetizan su estado literario en 1474 y 75. Con la primera festejaron a la Reina de los cielos en sentidos ver- sos, buscando inspiración en su fe y pureza en los principios religiosos: con el Salustio se patentizó el buen gusto de aque- lla generación hacia el clasicismo latino. No queremos significar con los anteriores renglones que el grabado nació á la par de la tipografía, en atención ó, que se conocen dos estampas grabadas sobro metal anteriores á su introducción en España, á saber: una Virgen del Rosario, fir- mada por Fray F. Domenech, y fechada según unos en 1455, y según otros en 1488, dado lo difícil que es aclarar con exacti- tud el valor numeral de las dos últimas cifras; y la otra el re- trato del príncipe de Viana, debidas á artistas de Aragón, siendo posible fuera valenciano el primero y catalán el segun- do: ambos constituyen la cabeza de la calcografía española que debió tener un carácter religioso en un principio como estam- pas sueltas, uniéndose más tarde al libro y sirviéndole de com- plemento para expresar la idea ó hacerle más simpático al lector. Lo difícil de hallar metales encarecía las planchas: la facilidad de la madera unida á las pruebas de la impresión xi- lográfica, fomentó esta rama del grabado, si bien se nota ca- rencia de nombres de los primeros artistas ó los monogra- mas son verdaderos logogrifos de solución imposible: además, los impresores alemanes esparcieron por toda Europa cli- chés con el sabor propio de su país, que los bibliopolas aplica- ban indistintamente á sus impresiones, bien fueran estas reli- giosas ó profanas. Esta dificultad, unida á la índole de nuestro trabajo, nos impide ocuparnos del grabado en madera, fijándo- nos solo en la talla dulce, tan luego se entra en la centuria dé- cimasexta, para hacer mención del platero toledano Pedro Ángel, grabador de delicada ejecución, correcto dibujo y fino buril que produjo hermosos retratos y láminas de devoción. Juan de Diosa en Madrid hace lo propio en 1524; el maestro Diego en Zaragoza trabaja admirablemente la portada de los Anales de Aragón, de Zurita, en 1548; el conocido Juan de Arfe se vale de planchas de plomo para ilustrar sus obras; el cosmógrafo Hernando de Solis, en Valladolid, ejecuta de un modo sobresaliente una colección de mapas en 1598, y para no cansar mas, el reputado Pérez de Alesio sobresale enaguas fuertes de sabor religioso, y Bartolomé Román trabaja su rara estampa que nos recuerda el desembarque y ataque del marqués de Sta. Cruz, contra portugueses y franceses en la isla Tercera 1. Pero esta clase de grabado adquiere mayor vuelo en este siglo y en el siguiente, no solo como un reflejo de nuestra po- tente literatura, sino porque tos Monarcas españoles, arbitros de los destinos de Europa y ricos en abundancia, llamaron á su alrededor á los artistas más famosos de las tres nobles artes, para emplearles en el adorno de sus palacios, templos y monas- terios, y á su ejemplo hicieron otro tanto los nobles, los poten- tados, los frailes y los cabildos. Si nuestro objeto fuera ocupar- nos de los trabajos de escultores, pintores y arquitectos ex- tranjeros, daríamos una lista de todos ellos y el número de sus obras; como nos circunscribimos solo al grabado, diremos el nombre de aquellos que acudieron al llamamiento real ó vinie- ron a España por su propia voluntad para ponerse al servicio de la prensa, según lo dan á entender los franceses Juan de Courbes, Pompeyo Roux, Roberto Cordier y 5acinto Taber- nier; los italianos Caxes, Alardo de Popma y Agustín Metelli, y los flamencos Miguel Coxefn, Martín de Roswood, Juan Schorquen, la familia de los Heylans, María Eugenia Beer, Cornelio Schut el mayor, y los fecundos Pedro Perret y Jüán Noort. Esto no quiere decir que el grabado en metal estuviera solo en manos de los extranjeros, pues además de los artistas arriba citados, hemos de ver otros españoles peritísimos en el manejo del buril, que sobresalieron en la fecha á que nos cir- cunscribimos, como Pedro de Villafranea, José y Juan Valles, Pedro y Martin Rodríguez, Juan Menendez, Bartolomé Artea- ga, Pedro Campolargo, Diego de Obregón, el licenciado Pedro Gutiérrez, Francisco Navarro y otros varios que omito para no ser tachado de vulgar. Exprofeso no he querido citar á ninguno que trabajó, vivió 1 Véase como ampliación & este punto: Discurso histórico sobre el principio yprogrt$oi delgrabado, por D. José de Vargas y Ponce; Discurso delExcmo. Sr. D. Jod Caveda; Noticias reunidas por IK Valentín Car- dtrera para la Academia de Nobles Artes de San Fernando, y otros curiosos trabajos debidos á la pluma tío eruditos españoles. 38 ó nació en Valencia durante este tiempo, para hacerlo aparte, dejando á un lado la sección xilográfica ó de madera, que es extensísima y merece estudio detenido. Un folleto impreso hace poco tiempo ' encabeza la lista do los grabadores va- lencianos con Francisco Ríbalta, á quien se le atribuye cierta estampa al agua fuerte, que rep nt I rificio de Isaac, sin emitir para ello razones convincentes y de tal peso, que no dieran lugar á duda alguna, mayormente cuando dicho artista nunca se le ha tenido por grabador, ni se citan como suyos grabados determinados: aventurar semejante afirmación sin probarla, es dar golpe de ciego y solo fundarse en apreciacio- nes particulares sujetas á pasión y que nos apartan de lo veraz. Eibera es verdaderamente quien encabeza la serie valenciana del siglo XVII, y en su alabanza dice un autor extranjero a, que bastarían solo el poeta y el martirio de San Bartolomé para dar fama a cualquier escuela; sin embargo, Ribera trabajó en Italia sus estampas, sin aportar nada de su país, ni inficionarse del gusto ó manera de sus contemporáneos italianos, grabó siempre de un modo franco é independiente, reflejando en sus obras un genio áspero y desabrido. Volviendo á Valencia, hemos de notar la total carencia de documentos durante la primera mitad de la centuria décimaséptíma, por los cuales se afirme conocíase el grabado en metal: todos los ejecutados hasta entonces son en madera, notándose gran variedad en su factura; mientras algunos se hacen estimables por su correcto dibujo y dulzura del rayado, otros carecen en absoluto de Ambas cualidades. De manera que los trabajos en acero y cobre solo se conocen después de 1650; se crea, á partir de esta fecha, un verdadero cuerpo de grabadores, puestos al servicio de la imprenta, que trabajan y estampan un número considerable de láminas: entonces aparecen Caudi, Felipe, Gimeno, Quesadez, Francia, Rovira y Martínez, junto con otros de menor impor- tancia, entre los que sobresale el canónigo Victoria, exento del pesado gusto de Tiépolo, Piazetta y Pitteri que llevan al ocaso sin saberlo, el correcto estilo de los grandes grabadores italia- 1 Origens áelgrahaten Valencia. 2 J. Duplessis. LOÍ maravillas del grabado, pág. 82. nos: para ello se inspira en ol puro dibujo do Rafael y lo tras- lada á la plancha de una manera franca y decidida, en la única lámina que se sabe ejecutó i. ¿En qué se diferencia Martínez de los grabadores de su tiempo? Estos, por lo regular, son desabridos, carecen muchas veces de dibujo, colocan los objetos en un plano sin darles aquella gradación de términos para que destaquen, no aprove- chan el claro obscuro tan fácil de obtener de la plancha, y final- mente nMa suavidad de lineas, ni la mecánica del arte puede afirmarse se nota en sus trabajos; en tanto Martínez no se sujeta al simple dominio del buril, con los artísticos efectos del agua fuerte, hábilmente empleada, realiza su pensamiento; ataca los fondos de los retratos con rayado paralelo en varias direcciones, obteniendo con ello gran masa de obscuro que hace destacar el objeto principal; el pliegue ó la arruga de la ropa la consigue con lineas graduadas en la misma dirección; las carnes sobresalen por medio de los puntos más ó menos espesos, según sea joven ó viejo el retratado. Délo dichoso despréndela armonía del conjunto déla obra, siempre agra- dable á la vista, de entonación artística y de un sabor tal, que no se confunden con ninguna de sus coetáneos: he aquí en dos palabras los rasgos más culminantes de nuestro biografiado, cuyo único defecto consiste en tener algunas estampas tiradas con tintas .parduzcas, poco propias para hacer resaltar su belleza y hermosura. Hemos dicho en otro lugar que Martínez comenzó sus traba- jos de grabador en edad algo adelantada, ó sea á los 39 años (1677), cuando habla ya acabado su aprendizaje artístico, y es casi probable sean todas las demás láminas posteriores & esta fecha, siendo pocas las dudosas, como vamos á ver en el orden cronológico de sus obrasfirmadasy las que no lo están. Acababa de morir el Vble. P. Domingo Sarrio, cuyas heroi- cas virtudes merecieron populares alabanzas, llegando a tanto su veneración, que se tuvo por dia de gran duelo aquel en que entregó su alma al Creador; á su entierro acudieron todos los 1 Vóaso o 1 apéndice A., donde reseñamos toáoslos graba danos de la segunda mitad del siglo XVII. cleros, comunidades de religiosos, el cabildo, jurados con sus togas, el tribunal de la Inquisición, la Real Audiencia, el Virrey y Capitán general del reino, la nobleza y el pueblo en masa; todos á porfía dieron público testimonio del profundo res- peto que les inspiraba aquel pobre sacerdote, cuyo cadáver lle- varon los magistrados de la dudad en hombros, desde la mora- da de su fallecimiento hasta el templo Catedral, donde se le celebraron solemnes funerales. Sí tantas fueron sus virtudes, si estas pasaron al dominio general, si todos sin distinción do clases se consideraron muy honrados en reconocerlas, nada es de extraño que el pincel, el buril y las letras se asociaran para dejarnos memoria de él y de su fisonomía. Así tenemos como primer documento el Sermón de las Exeqvias que el muy ilus- tre cabildo de Valencia, hizo en fu Santa Metropolitana Iglesia á la memoria del Devotísimo capellán, etc. Dixole el dolor Don fosef de Cardona. = Valencia: por Francisco Meflrc. Año 1677. (100 páginas en 4.°) con un retrato (ancho 113 mi- límetros; alto 171 milímetros) que representa al venerable de medio cuerpo, vestido de manteo, en actitud humilde, encerra- do dentro de un óvalo de hojas de laurel y botones, yen la par- te inferior se lee: Veraefftg. V. P. Doct.« DominiciSarrio, Va- leniini eiuf. Metrop* Beneficiat et Congreg. Oraiorii Prefbyteri. Obül díe 25 Februarii 1077. JEialis sua 68. Ckrüostomus Martínez f. OliT. delin. Este retrato, de buena ejecución, so tomó de un original que por encargo de la ciudad pintó Orient y se conserva hoy en su archivo municipal. El Svmario déla maravillosa vida y heroicas virtudes, etc, compuesta por el Dr. Antonio Jordán Selva (1678, en 4.°), contiene otro retra- to, también de medio cuerpo, con sotana, en actitud de oración y delante de un pequeño altar que sustenta un lienzo de la Virgen del Rosario; el original lo pintó el citado Orient para la Cartuja de Portacceli, en cuya portería se encontraba antes de la exclaustración, y fue grabado exprofeso por Martínez para este libro (an. 120; al. 171) con bastante pulcritud, sien- do de notar es su obra más común. Finalmente, se cuenta otro tercer retrato de gran tamaño y no poca rareza, hecho segu- ramente para recordar la memoria de las facciones del Vble. Sa- rrio, vestido con los hábitos de beneficiado do la Catedral, yte- niendo en ambas manos un libro y un bonete. El dibujo es co- rrectísimo, especialmente las extremidades superiores y la ca- beza llena de unción y bondad; el grabado no puede ser mejor, notándose pequeñas rayas que destacan sus detalles, aún sien- do pequeñísimos, y dan poderosa ayuda al conjunto. En el ángu- lo izquierdo se lee: Chrisostom. Martínez, pin. et esculp. Valen- tía (an. 220; al. 232). Existe entro los sermonarios valencianos uno titulado Tu- ra conceptvs prmdicabiles. Auclore D. D. Mclchore Fvster valen- UnO) etc. Lugduni L, Arnaud MCLXXIl (en 8.°), que lleva una anteportada grabada en cobre por un artista, del cual nos ocu- paremos en otro lugar, y dos hojas de papel más gordo y pe- queño, impreso en letras más chicas, que contienen unos apun- tes biográficos del autor del libro, escritos en latín, añadidos al resto del volumen en 1681, y además, doblado en cuatro par- tes, un retrato del mismo, por cuya causa se dice en las hojas antes mencionadas estas palabras: Lamina hcec, manu Chry- foftomo Martínez imignis pidoris, ipfum (cíale dicta reprefm- tas aprime. Esto nos confirma que no fue grabado esprofeso para esta, obra, mayormente cuando lleva la fecha de 1677, sino que se puso allí como un adorno, á la vez que la antepor- tada y las notas biográficas, todo lo cual se hizo en Valencia, después de haberse impreso el libro en Francia. Obra de suave entonación, de grabado irreprochable, de tonos de luz simpáti- ca, es el retrato referido: la piel de blanco armiño que, como ornamento canonical, cubre el pecho de Fuster, solo espera un suave céfiro para levantar la aterciopelada superficie; las fac- ciones pronunciadas, como consecuencia de los 66 años del re- tratado, se determinan en arrugas propias de quien comienza á pisar los escalones de la senectud, valiéndose para ello do puntos espesos si señala obscuro, y menos acentuados en las partes salientes; el bigote, la perilla y los cabellos entrecanos contrastan con las negras y pobladas cejas. Si no leyéramos el nombre de Chrisostomo Martínez, pin. et f.1, grabado en h 1 Lóese alrededor del óvalo moldurado esta inscripción: ^Doctor Melehior Fvster Propoaitvs Et Canonicvs Magistralis Valentinvs. 1677.» Cein Bermudoz, por error, lo llamó & esto canónigo Tristcr, y de igual especie de ménsula que sostiene el óvalo ó marco, podría to- marse por un Edelink, un Massiin, un Nanteuil, ó cualquier otro de los grandes burüistas franceses del tiempo do Luis XIV óXV(an. 125; al. 175). Otra obra se imprimió en Valencia por Francisco Mestro en 1678, con el titulo de Vía láctea seo vita candidísima San' Philipí Neri presbiteri, etc., en 4.°, debida á la pluma del eru- dito escritor y pintor famoso Dr. Josef Ramírez, de quien nos ocupamos en otro lugar, que lleva dos láminas de Martínez, la anteportada (an. 129; al. 181), compuesta de una alegoría, con la cual se significa el poder de los Pontífices Romanos, lo mismo en el cielo que en la tierra, grabando al efecto un águi- la y un león con las llaves de San Pedro, y sosteniendo á la vez una bolutada cartela, donde se lee el título de la obra; y el retrato de Inocencio XI, á quien se dedicó, hermosamente hecho, pero no tanto los cuatro niños desnudos que sostienen el ovalado marco , en cuyo centro se encuentra 1 (an. 128; al. 182). Esta última plancha se reprodujo y colocó en el Ser- món fúnebre en las célebres y autorizadas honras que á Nuestro Santísimo Padre Inocencio Xí, etc., Valencia 1690, en i.°, predicó en 8 de Octubre de 1689 en la iglesia parroquial del Salvador, el célebre P. Fr. Josef Rodríguez. Asimismo tenemos un retrato, debido al buril de Martínez, del Beato Patriarca D. Juan de Ribera, en la Idea exemplar de prelados delineada en la vida y virtudes del Venerable va- ron, etc., obra debida á la pluma del Dr. Jacinto Busquéis y Matoses, que fue impresa en esta ciudad en 1683. La composi- ción peca de pesada por la mucha hojarasca, uvas, espigas, flameros é incensarios que la adornan, sin dejar de tener algu- nos detalles deínterós, como la cabeza del Prelado, tomada in- • manera lo titula el folleto Origen* del grabat, lo que demuestra no fuo vis- ta la lamina original por dichos escritores. 1 En la parte inferior del busto y 4 ambos lados del escudo propio del Papa, se lee: Innocentivs XI. Qdescalchvs P. O. M. Créalos Die. XXI- Sep. MOCLXXV1. Además se coloca en el marco una parto de un salmo latino, relativo & io que esperaba la cristiandad do las cualidades del retra- tado. dudablemente del original de Ribalta, hecha con soltura y agradable entonación'. Agitábase en Valencia afines del siglo XVII la ideado construir un puerto para recibir por él las mercanciag que ve- nían de fuera, ó embarcar los frutos y diversos productos de sus numerosas industrias; además se vela con su construcción una fuente de riqueza que sirviera para reanimar sus arcas mu- nicipales, harto exhaustas y agobiadas con tantas pensiones, réditos y pagos ineludibles, como pesaban sobre ellas. Para llevar á cabo el proyecto pidieron los jurados el auxilio de las personas peritas, y una de estas imprimió un folleto de 11 pa- ginas en folio, con este encabezamiento: Arbitrio que dan Tlto- más Gvelda, ciudadano, y Antonio Ferrer, notario, en nombre de conseiero que es de esta illustre ciudad en el presente año 4676, para mayor beneficio y vtilidad de las siffas de aquella, proponiendo se construyese a la manera de algunas ciudades del extranjero, =un canal que hade fer tomando la línea recta enfrente délas barracas de los pefcadores del Cabañal, y ha de fubir por donde oy está la fuente de San Vicente Ferrer, hasta encontrar el camino, ó afagador del Giros, y rematar al puente que eftá á las espaldas del molino de Pilares, que eftá en la Alameda» (pág, 11). No debió ser bien acogida por la opinión pública la idea del canal, por cuanto se dio á la prensa en 1686 otro folleto, de 30 paginasen folio, que se intitula: Descripción del rnvelle,, que la mvy ülvstre civdad de Valencia lia mandado fabricar en sv playa, etc, cvya planta ideó Tito- más Gvelda, ciudadano, que fue impreso de fondos municipa- les a , y se puso para su mejor conocimiento una gran lámina (an. 210; al. 298), ejecutada primorosamente por Martínez, 1 Esta lámina se calcó en el siglo XVIII do un modo grosero 6 imperfecto, siendo muy fácil distinguirla de la de Martínez. En un ex- tremo se leo: R, F. 1706. ¿Sera Rovira? 2 En ol tomo 210 de Manuales de los Jurados de Valencia, corres- pondiente al año 1686, se encuentran las partidas de coste del folleto, y en 2 de Junio so halla este asiento: «ítem proveliixen que dit. C. C. en esecuciú de dit orde y proposició y del dit conté, gire per dita Taiila á per lo pron de una lAmina nue h¡i fet y 500 estampes Í|UO se iian tftrat pera dando pruebas de conocer, no solo la perspectiva, sino ademas interpretó el pensamiento de Guelda, encaminado á construir de escollera un gran muelle, con su correspondiente escarpa y desembarcaderos de piedra labrada, que formara un ángulo capaz de resguardarlas embarcaciones de los vientos del Este ó Levante, que son los toas peligrosos de nuestra playa. Quien mire con alguna detención este grabado, notará cierta simili- tud en las pequeñas figurillas, coches y caballos que ie ador- nan, con las que solía hacer Jacobo Callot en sus martirios y las miserias de la guerra: ó el movimiento y minuciosidad de de- talles que admiran y embelesan en los fondos de los retratos ecuestres de Moncornet. Pasemos ahora á reseñar las láminas que carecen de fecha exacta. La primera de todas tiene en el centro una Minerva senta- da, que sostiene con la mano derecha un blasón de nobleza, surmontado con corona de marqués y dividido en cuatro cuar- teles, osean las armas de Monserrat, CrespI de Valdaura, Ciurana y Zapata, y con la izquierda explica su contenido á varias figuras que la rodean, las cuales representan las virtu- des, en tanto una fama tocando la trompeta vuela por los aires; en el ángulo inferior derecho se encuentra la esquina de una calle con un edificio monumental, que debe ser la antigua casa del municipio valenciano (an. 200; al. 270). Retrato de medio cuerpo de D. Antonio Milán de Aragón Calatayud y Borja, de joven rostro, con guedejas, cara delga- da y cuello largo, vistiendo la piel de armiño de los canónigos valencianos, y en la mano derecha un pequeño libro. Destaca el busto dentro de un marco ovalado sostenido por dos figuras sentadas sobre una cornisa ó rebanco; á la izquierda una Minerva armada, que lleva una lanza y rama de laurel en la mano libre, y á la derecha un Mercurio con casquete y caduceo alado: entre ambos se encuentra un gran escudo de ios marqueses de Al- posar en lo priucipi de la doscripeió del molí que 90 ha impres segons contó fermat do Ferris inseratw alsant la sol tu pera ctit effecte.n Hoy se ha hecho muy raro este folleto, a pesar de los quinientos ejemplares que se impri- mieron entóneos. baida, 6 propio del retratado. Por m¡ls que el ejemplar de donde tomamos estos apuntes está roto y carece de firma, es sin duda alguna de Martínez, según lo demuestra la manera de grabar y la Minerva exactamente igual á la descrita en la lámina anterior (an. 210; al. 270). D. Antonio Milán pertenecía a l a nobleza más encopetada de Valencia, abrazó el estado eclesiástico, y obtuvo por su aplicación al estudio y relevantes virtudes un canonicato, ganando mediante oposición, una cá- tedra en la facultad de leyes, y fue además rector de la Uni- versidad en el trienio de 1678 al 80, durante cuyos años debió grabarse esta plancha. Uno de los mejores trabajos de este artista es su propio retrato, que reducido de tamaño (an. 194; a!. 215), se coloca al principio de estos renglones, traducida la inscripción latina que sustenta, eu esta forma: CRISÓSTOMO MARTÍNEZ VALENCIANO. ANAGRAMA. AQUÍ EKTEE LOS PRIMEROS EN SU ARTE VOLANDO. EPIGRAMA. Lo que con tu hábil y diestra mano la muda poesía traza Esto muestra elocuente la pintura y en verao lo relata, Y una y otra a tí pintando con esta alabanza te coronan Este entre los primeros en su arte vuela. Jerónimo López, eclesiástico burdigalenso. Profesor real en la Sagrada Academia de la facultad de Burdeos, Finalmente, en la sección de estampas de la Biblioteca Na- cional de Madrid, existen dos ejemplares debidos al buril de nuestro biografiado, procedentes de la colección Carderera, de cuya existencia tenemos noticia, gracias & la galantería de D. Ángel M." de Barcia, ilustrado jefe de dicha sección, que las describo de este modo ': 1 Existe ndemíta en la Biblioteca Nacional, y procedente de la indica- da colección, un dibujo & pluma da Martines, con una ligera aguada, sobre papel agarbanzado, que representa la Magdalena completamente desnuda, echada on el suelo y reclinada sobre una piedra: al lado una cruz grande y el vaso de perfumes: al fondo una gruta que indica ser el refugio do !a penitente (an. 36G; al. 230). Diana y Endimión: Antonias Viniusp¡n.nl(¡\n. 295; ¡il. 207). Le falta un gran pedazo, y ha sido restaurada poniéndole de otra prueba, en la que se notan variantes. Portada para la tesis ó proposiciones teológicas—Tlieoló- ffica plácito.—que Fr. Rómulo Merega, en nombre de los merce- narios de la provincia de Valencia, sostuvo en el Capitulo general de la misma Orden, celebrado á lo que parece en la ciudad de Huesca por los años 1678 al 80. Manchada, rota y falta de varios trozos (an. 404; al, 315). Conocemos una obra rotulada: Teatro Histórico Político y Mylitar. Noticias selectas y heroicos he:hos de los Príncipes y Varones más Illustres que celebra la Fama. A la protección de iV.* Señora de los Desamparados, patrona de la Ciudad de Valencia. Í74Í. Todos estos renglones existen en la antepor- tada, grabada en cobre porQuesadez, y además dieciseis retra- tos en metal que sirven de adorno al cuerpo de la obra, siéndonos desconocida la primera edición, caso de existir, puesto que nuestro dictamen se reduce á creer fuese retocada la plancha primitiva, añadiéndole desde á la protección... hasta 174i, lo que se compruebafijándoseun poco en la superficie de la misma. Otro tanto ocurre en el libro, pues se nota, á par- tir de la página 33 ala 236, uniformidad enlapequeñayborrosa letra que las componen, mientras la portada hasta la 32, y de la 237 al final de la Tabla, no solo el papel es más recio y mo- derno, sino la letra más grande y menos gastada. Además, hs fechas no se pueden compaginar bien: la anteportada vimos lleva 1741, la portada MDXLCCXXX y la censura XXV, Ene- ro MDCXC. Todo ello da a entender se imprimió en la dece- na de 1680 al 1690; y bien no se pusiera á la venta, ó que- dasen existencias de la primera edición en manos del editor, fueron aprovechadas, introduciendo las modificaciones referi- das, por cuya causa se notan variantes en el cuerpo déla letra, clase de papel y anarquía de fechas, siendo imposible que lo mismo Quesadez, que Martínez, vivieran en 1741, habiendo nacido poco más ó menos en el primer tercio del siglo XVII. Entre los retratos dichos se cuentan cuatro del estilo de nues- tro biografiado, por más que carezcan de firma, ó sean don Alonso V de Aragón, Constantino Magno, Alejandro Magno (estos dos muy bonitos) y Fcrnun-Gonzalo, Conde de Castilla. ¿Es de Martínez el monograma MF? Todos sus grabados descritos hasta de ahora, ó carecen de firma, ó lo están en letra pequeña bastardilla; se nota, no obstante, una diferencia en las Tablas anatómicas, que luego reseñaremos, y es la de firmar en letras mayúsculas de forma toscana, lo que demuestra variación en la manera de acreditar la originalidad ó proceden- cia del grabado, después de emprender su obra capital: solo hemos visto este monograma en un pequeño escudo de no- bleza (90 mil, en su eje vertical; 75 en el horizontal) hecho al agua fuerte, con corona de marqués, dividido en cuatro cuar- teles, el superior izquierdo subdividido en franja; en el superior é inferior tres árboles sobre un montecillo en fondo oro; los laterales dos alas en fondo azu!; el superior derecho un árbol sobre plata; el inferior izquierdo sobre fondo oro tres tizones ardiendo, viéndose rodeado este cuartel por ocho escudetes sobre fondo de púrpura, y el derecho en fondo de oro, águila de dos cabezas, sosteniendo con sus garras un escudito de oro. En el centro de los cuarteles se encuentra un escudete que tiene siete bandas horizontales de plata, en fondo de oro. Si nos ate- nemos á la forma del grabado, á la manera del dibujo y manejo del buril, se notan rasgos de sinonimia con los trabajos de Martínez, especialmente en las plumas de las alas y águila, ramajes de los árboles y adornos de sabor plateresco que rodean al blasón citado; todas estas razones, unidas á el monograma, que indudablemente significa Martínez fecit, nos da casi la segu- ridad de ser suyo este pequeño escudo. La actividad de este artista no solo se circunscribió á gra- bar en metal; hizo lo mismo en placas de marfil propias para adorno de contadores, burós y otros muebles incrustados, tan en boga en España durante la segunda mitad del siglo XVI y todo el siguiente. Nuestro querido amigo y dignísimo Presi- dente de esta Academia, el M. I. Sr. Marqués de llontortal, posee en su rica y selecta colección de antigüedades y objetos de arte, los dos contadores que dice Orellana se hallaban en poder de Manuel Belenguer, platero, cuando escribió los apuntes biografieos que insertamos en el apéndice C. En la pucrtecilhi central de cada mueble existe una gran placa, representando el juicio de París, y una Diana cazadora descan- sando, y en los restantes cajones más pequeños asuntos mito- lógicos, batallas, marinas, cacerías, animales terrestres, volá- tiles, peces y otros adornos, ejecutados todos ellos con gran primor y conocimiento: ambos se venfirmadosde este modo: Chrisostomo Martínez f. y el otro Martínez f., en el cajoncito inferior central. Pero la obra importante por excelencia, la que ha de darle- fama imperecedera haciéndole vivir a través del tiempo, son las Tablas anatómicas, que, como único ejemplar, se conserva en el Archivo de nuestro municipio, página incompleta desgracia- damente de un monumento ciclópeo; decimos incompleta porque asi lo es en efecto, desde el momento en que la muerte del autor vino & dejarle sin terminar; y decimos superior, por no existir nada hasta entonces en la Península que le iguale, á pesar de contarse en la bibliografía española algunos libros do anatomía adornados con láminas. ¿Cuál era el estado de los estudios anatómicos en España y especialmente en Valencia, cuando se grabaron estas láminas? Puntos son estos de necesaria aclaración, y así demostraremos evidentemente la superioridad del proyecto de Martínez. Las investigaciones anatómicas puede decirse se pierden en la noche del pasado, aunque es también cierto solo fueron tentativas mal practicadas por Galeno y otros médicos de la an- tigüedad, creando al efecto un cuerpo de doctrina falso, deriva- do de las disecciones realizadas con monos, perros y cerdos, que suponían iguales al hombre en estructura. Si hemos de dar fe á lo dicho en las historias de la medicina, llondini deLuzi, profesor público de Bolonia, fue el primero que en 1315 disocó los cadáveres de dos mujeres, dándole este acto gran fama, puesto que vino A tirar en parte por el suelo una nomenclatura falsa de los miembros del cuerpo humano, y un examen erróneo de sus huesos y visceras. No desperdició el tiempo el citado profesor, escribiendo para sus discípulos un Manual de Anato- mía, fundado en la doctrina de Galeno y sus observaciones par- ticulares, adornado para su mejor conocimiento de groseros di- bujos, que fue copiado hasta el infinito, sirviendo de texto en varias escuelas médicas de Italia desde el siglo XIV al XV, que aún se enseñaba en Pádua con prohibición expresa de otro cualquiera, y mereciendo se imprimiera en Papie en 1478, con el título de Anatomie. El siglo XVI es la Era de mayor florecimiento de esta rama do los estudios médicos: Jaime Dubois ó Silvio en Francia, y Jaime Berengucr de Carpi en Italia, en los principios de esta centuria, comienzan á llevar á cabo los trabajos preparatorios, sin abandonar añejas consejas; al asegurar el primero que so encuentra diferencia entre las doctrinas anatómicas de Galeno y la realidad def cuerpo del hombre, era por la degeneración de la especie humana; mientras el segundo, cansado de estudiar cerdos, buscó cadáveres de criminales, viendo en ellos lo que no existía, asegurando con la mayor buena fe era cierta la cla- sificación y examen hechos por el hijo de Pergamo. La corona de la inmortalidad le estaba reservada al gran Andrés Vesalio, que llevado solo de su afán de aprender, estudió en Lovaina, en París (bajo la dirección de Silvio), en Pádua, en Pisa y en Bolonia, donde existían las mas famosas escuelas de medicina, al frente de las cuales se hallaban los médicos más expertos do la época; en todas ellas aprendió, bien oyendo, bien con el cu- chillo en la mano, y producto de sus desvelos y recto criterio son las dos monumentales obras que escribió, tituladas: D>'- corporis knmnni fabrica librorum epitome (Basilea, 1542, en fo- lio y láminas) i; y De kumani corporis fabrica libri septem, dedicada esta última á Carlos V que costeó su lujosa impre- sión, adornada con estampas bastante buenas, y de la cual se conocen doce ediciones distintas, á partir de la primera im- presa en Basilea en 1543. No es nuestro objeto el ocuparnos de la revolución que Vesalio llevó á cabo en los estudios ana- tómicos después de impresos los citados Tolúmenes; solo hemos de decir, que tan luego se apreciaron la verdad de sus doctri- nas, comenzó el aniquilamiento de las teorías antiguas, y la ciencia, basada en lo exacto, marchó por derroteros libres y desembarazados hacia la consecución de un perfeccionamiento 1 Se conocen además laa siguientes ediciones de eata obra: París, 1MO, en 8 ° : Witemberg, 1580, on 8,": Colonia, 1660, fol., Leyden, 161G, o n 4.°: Amsterdam, 1C17, fol., 1633 en i.°, 1632 Col. y Londres, 1642, fol. 50 verdadero, que se realizó por el maestro y sucesivamente por sus discípulos. Reproduzcamos & modo de alabanza lo que puso bajo el retrato de tan eminente anatómico, uno de sus conciu- dadanos: CORPORIS HUMANI O.UI MEMBRA MI.VUT SECARET VESALIO NULLÜS DOCTIOB EXTITERAT. HLC MEDICIS ATOIT, RICIORIBUS AUXIT ET ARTEM, DüM SUBIT INTERNAS París, donde no debió hallar la acogida necesa- ria para emprender su trabajo, trasladándose á Flandes, pose- sión española y patria de excelentes grabadores, de cuyos talleres sallan entonces multitud de estampas sueltas y obras ilustradas de indisputable mérito, en los que obtuvo elementos suficientes que hicieron fructífera su misión. Lo que no nos explicamos es, cuándo y cómo remitió á Valencia las láminas existentes en su Archivo municipal, á pesar de no haber exca- seado diligencia para conseguirlo: algunas de estas están sin terminar, á manera de pruebas de grabador; otras llevan toques de lápiz ó de tinta china, señalando las sombras, y todas se bailan dobladas á un igual, como venidas dentro do un sobre; y las que juzgamos hechas en Plandes, son las más ligeras, menos acabadas y manchadas de tinta. Otro detalle hemos do tener presente: se observa una enumeración correlativa hecha en tinta ordinaria ó de escribir, de puño y letra del autor, que comienza en el número 1 yfinalizaen el 17, faltando la 16 como veremos: esto parece de-mostrar un envío, mientras las dos láminas grandes carecen de número, y á nuestro juicio se remitirían con posterioridad á las primeras, como final de la obra, para juzgarla según se desprende de lafirmadel autor y el versículo de Eaequiel que se graba en una cinta: ¿Moriría Martínez trabajando en el sistema venoso, arterial, nervioso y 1 Mayans supone que na abandonó nuestro biografiado la capital do Francia, muriendo allí en 1681, lo cual no es exacto, puesto que au contem- poráneo el P. Rodríguez claramente manifiesta pasó A los P ais es-Bajos, donde tuvo lugar su muerte en 1694: estos asertos los confirma plenamente Liret, eo su Dictionaire hiüorique des peintre& de iaules les ¿soles, impreso en 1836. Además, ¿eraposible falleciera en el año que dice Mayans enau Arte de pintar, cuando le ve mus vivo y contratando en 1667 con e] municipio valenciano, según lo demuestran los documentos del apéndice 8? otros órganos del cuerpo humano, lo único que falta para com- pletar la obra? Si aún disponía de cinco planchas, espacio sobrado contaha para trabajar en estos ramos de la anato- mía. Ateniéndose á las condiciones del contrato, el municipio no dehió'dar un céntimo al autor cuando se ausentó de Valencia, ni lo hizo después de remesadas, según parece, por no haber cumplido puntualmente las cláusulas del contrato; para aven- turarnos en tal afirmación, hemos ojeado los voluminosos Manuales ó cuadernos de acuerdos de los Jurados durante varios años, sin hallar un solo asiento donde conste la dala 6 entrega de cantidad alguna al referido grabador. Describamos ahora las Tablas por el orden como las colocó su autor, y fueron encartonadas en el siglo XVIII. Tabla 1." Huesos y juego de la parte superior de la muñe- ca, mano derecha. — 2." ídem idem vistos por la parte inferior ó palma. — 3.* ídem del pie izquierdo. — 4.ft ídem del pie derecho. — 5.B Cabeza articular del fémur cortado en sentido lon- gitudinal, para dejar ver la parte interna del hueso; se reprodu.ee el mismo hueso en tamaño más pequeño, y se pone un microscopio antiguo para, demostrar cómo se estudió el hueso cor- tado. a — 6. Huesos que constituyen la articulación de la rodi- lla, vistos de frente: un trozo de fémur unido á la cadera: el sacro y los huesos innominados. Esta lámina carece de numeración en tinta como las anteriores, pero en cambio se nombran los huesos de la rodilla por medio de letras bastar- dillas, grabadas en la misma plancha. a — 7. Tibia y peroné despojados del periostio. — 8.* Huesos temporal, parietal y varias mandíbulas. — 9.a ídem parietal, occipital y una vértebra. — 10. Estudio interior áe los huesos, con sus conductos medulares y ampliaciones del tejido óseo, prac- ticadas por medio del microscopio. Para formar 58 una idea do esta lámina, acompañamos adjunta una reproducción de la misma. Tabla 11. Estudio microscópico del tejido óseo extraordina- riamente ampliado y hecho de un modo magis- tral i. — 12. En la parte superior dosfigurasde hombres, vistas do espaldas, sostienen en la mano derecha le- vantada un ramo de adormideras, en la izquier- da una pala; ambas vienen a representar el cuer- 1 Para que se aprecien Jos profundos co n o cifilientos que Martines adquiría autos de grabar cada lámina, copiamos al pie de la letra la expli- cación autógrafa que acompaña a esta Tabla: «Todos estos ramillos o ti el «primer dibujo tan subdivididos en qae aparecen acaban las ramas de las «arterias, aún se pueden llamar principales: de estos miamos tomo el com- puesto de siete que represento muy en esceso grandes para proporcionar «a ellos el increíble extremo á que se van reduciendo. Como se manifiesta «en el 4." dibujo y loa reduzca la itnaginacidn (pues no hay otro medio) al «microscopios y exámenes: cuyo tamaño, incluso este circulo Q Estos nrt- «meros señalando dichos ramillos principales 1. 2. 3. i. 5. 6. Í 7 y en cuyos «intervalos es donde acaban de su bdi vid irse y rematan las arterias en esta «forma. Ein donde lo perspicaz de la vista alia su termino, alia halla el arto «principios de portentos, pues (mediante los microscopios) alia quo cada «cabito último do los que llega a percibir la vista, es una división de dos ó «tres gruesas ramas y estas se van entretegiendo entre ellos, ya apartán- dose, ya llegándose y comunicándose entre si, pasándose las unas á las «otras con indecible artificio, y reiterando este orden resulta quo ambos «puntos no Forman si no nn solo tronco, extrañamente compuesto y entrete- j i d o , de suerte que este ae puede llamar un tronco formado de otros 'troncos entrelazados, haciendo tantas y tan ingeniosas redes entre sí, «que no puedo creer sea penetrable á los hombres el conocimiento de esto «artificio y esto viene a ser cada ramillo, el cual representa el dibujo mejor «quo no lo hará la pluma, pues esta no halla en las letras lo que en las «turaleza para sí sola, y de los aparatos y efectos puede concluir la razón, «que estos dilatados y estreñidos lazos atenúan las partículas de la sangre «y de esta suerte se van purificando las tenuísimas partículas oleaginosas, sque en fin vemos se vftn depositando en Im cóncavos de los huesos, y ea «el modo este. De los troncos principales 1. 2. 3., ct.a, se van derivando sotros menores, parecidos por laa mismas circunstancias á los grandes: de «unos y otros salen diversas ramificaciones, cruzándose también en mil ma- ceras diferentes, pasando y comunicándose, unas con otras, sin' orden TABLAS DE ANATOMÍA, C. MARTÍNEZ. po humano,, cubierto de piel, ó careciendo do ella para apreciar con exactitud la situación de los músculos. En la parte inferior se encuentra un homóplato, visto por ambas caras, y en el centro, encerrado dentro de un circulo, otro ho- móplato con el periostio desprendido. Esta es la primer lámina que se vefirmadaen letra toscana, de este modo: Martínez Fe. C. P. R. Se notan varias correcciones hechas con lápiz. Talila 13. Dos figuras humanas sin piel, vistas por la espalda, «alguno, mas de e] que conoce la naturaleza misnin de esta suerte acaban «de ramificarse echando por fin y postre así los troncos como las ramas «unos cubitos ó apéndices a. a. a. a. Mas como las membranas de loa nervios «que acompañan estos ramificaciones desplegándose en apone uros as, va» «llenando todos espacios blancos b, b. b., ct.*, y entonces estos dichos ca- «bítos siendo j a los últimos remates y términos de las arterias y nervios, «acaban por último, pues desplegandose sus túnicas forman sobre dichas aapo neurosas con sus membranas como unos s a quitos 6 begiguíllos c. c. c , «ct.B, tan breves subtillsimas y trasparentes que no admiten ponderación, «pues aún la imaginación queda corta, y en ellos se deposita el purísimo «licor balsámico al cual llaman tuétano.=Con el mismo orden que fenece «la arteria, con ese mismo orden y á su lado van naciendo las raicea de la «vena, la cual revuelve por el mismo camino que viene la arteria y asi se «tribuirse desde el corazón, se dice tener de allí principio la arteria" pero «como de los extremos de esta se empieza á t rana colar la sangre venal, asi «quieren tonga de allí principio la vena y fenece al corazón, y por la vena «arteriosa queda la sangre venal y continúa hasta el pulmón, donde recibo «nueva labor y perfección, pues es allí su propia y continua oScína.=A esta «lámina hube de flecharles presto, presto el agua fuerte para no acabarlas «de malograr, quedando estas y otras como se puede ver A medio grabar, «sin contar con las que se han malogrado de todo punto, Ella representa «un pedacito de hueso hecho exclusivamente en grande, pues su original so «representa en ese óvalo, en el aumento visiblemente sin fundar mi razón «no en op n one no en exam ar el natural con una pena increíble, des- «mintíendo, como digo, la opinión de los que creen que los huesos tienen «fibras longitudinales y huecas, en estando acabado este hueso se verá la «verdad, tan clara como la luz, en este se ensena (o* se enseñará estando «acabado) el principio y progresos de los vasos adiposos y como se difu «den en ol m c lo e e tercer d b jo y e explica también la anatomía «del tuétano, como también la estructura de los tendones y otros nunt «de mucha consecuencia, todo se logrará con el favor do Dio 60 pero cada una de ellas en distinta posición, para estudiar los músculos. El horizonte que se fija entre ambas representa un cementerio poblado de árboles, y á la izquierda un hermoso edificio: el cielo, cubierto de nubarrones, le cruza un rayo, que hace huir espantados á varios hombres y animales. En la parte inferior estudio de homó- platos, con las inserciones de los músculos que mueven-el brazo. Firmada como la anterior. Tabla 14. Dosfigurashumanas, vistas de frente, sentadas en igual postura, una con piel y la otra sin ella, para estudiar los músculos y los tegumen- tos. En la parte inferior preparación ósea que con- tiene las tres últimas vértebras, el sacro, el co- xis y los huesos innominados. — 15. En la parte superior figura humana, vista de frente, sentada, con la pierna izquierda colocada sobre la derecha, teniendo una manzana en la mano derecha; se halla en tal postura para el estudio muscular. Se encuentra sin concluir, y en algunas partes se han hecho las sombras por medio de la tinta china. — 1G. No existe esta lámina. — 17. Dosfigurashumanas, vistas de espaldas y en idén- tica posición, apoyada la mano izquierda en una guadaña, y levantada la derecha, puestas ambas así para apreciar los movimientos con la piel y con los músculos. Todas las anteriores láminas tienen de an- cho 150 ó 155 milímetros, por 225, 230, 250 y 300 de alto. — Sin número. Gran lámina, en cuya parte superior se re- producen las figuras de los números 12, 13, 14, 15 y 17, provistas de piel, músculos y dejando ver el esqueleto: en la inferior, la mayoría de los huesos del neuro esqueleto. No entramos en más detalles para que pueda apreciarse su composi- TABLAS DE ANATOMÍA. C. MARTÍNEZ. eiún por medio del fotograbado adjunto'. Tiene algunas sombras reforzadas con tinta chi- na,—an. 510—al. 660. Tabla, No lleva número. Se reproduce en igual tamaño la estampa puesta en el sexto lugar, con solo la diferencia de carecer de letras grabadas, lo cual indica haberse estampado antes que aquella. — Sin número. Gran lámina de igual tamaño que la pe- núltima. Tres figuras de hombre de 460 milíme- tros de altura, uno de frente, otro do espaldas y otro de lado, on los cuales pueden estudiarse á la vez huesos, músculos, tendones y relieves musculares cubiertos por la piel: además existen 1 Hu aquí la explicación que da Martínez de e s t a lámina, si bien ho- rnos suprimido gran p a r t e de ello para no hacernos pesados: «El considerar ala g r a n diferencia que se halla e n t r e la t e o r í a y la práctica, pues eata es «la piedra de toque do aquella, me ha dado motivo de hacer tan grandes «estas tablas por e s t e nn¡ p u r a que su amplia decoración t e n g a en vez de •can todos los huesos, no solo en particular y en diversos modos, tanto ex- «teriorea como interiores é intrínsecos; mas también ya armado y compues- t o el esqueleto y movido e s t e en doce p o s t u r a s diferentes, y como en cada «haga toda esto un agradable bullicio á la vista, que mueve el animo, avi- «va y recrea el ingenio, incitándole á nuevas y varias meditaciones p a r a • lograr fáciles, doctos y dichosos efectos. Aqnl reconoco e! pintor de don- «de procede la gracia en los contornos, pues que la configuración de cada «hueso t r a e ya la ocasión de sí mismo, y el orden, número y compostura «de los músculos, traza la cierta y j u s t a perfección. También advierto al ci- r u j a n o como según el movimiento de las articulaciones so comprimen 6 «dilatan los músculos en varios modos, reconoce las partos que son m i s «carnosas y las distancias que hay desde la superficie del cutis hasta tocar «el hueso. Esta es la razón por la cual so ha delineado sobre los esqnele- «tos la idea y perfiles de la miologfa, A fln de que se comprenda un todo «junto do la osteología y miologfa claro como un cristal . = C a d a figura tie- • lo deTvi da y dle lamí íer t e . La segiinda debía ten