DISCURSO INAUGURAL BEL AÑO ACADÉMICO DE 1 8 6 4 Á 1 8 6 3 POR EL EXCMO. SR. D. JOSÉ CAVEDA. (SESIÓN PÚBLICA CE 17 DF. SETIEMBRE DE 1805.) EL GKABADO EN ESPAÑA HASTA LOS PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XVIII. SEÑORES: Al cumplir con un precepto de los Estatutos lie la Aca- demia en la solemnidad que aqui nos reúne, quisiera yo interpretar (¡díñente su amor á las artes, poner de manifiesto sus importantes I ureas para fomentarlas; el vivo afán, la lierna solicitud, el ilustra- do celo con que ha contribuido siempre á su progreso. Pero supe- rior el empello al deseo, menguados los propios recursos, si es gran- de la voluntad, y debiendo el puesto que ocupo primero á la bene- volencia que ¡i mis escasos merecimientos, ¿qué podre decir boy puní corresponder dignamente á la confianza de esta corporación y ;'i las esperanzas del público que nos honra con su asistencia? Otros iiii'is afortunados y con un conocimiento de las bellas artes de que yo carezco, hallarían sin duda en su historia un vasto campo para encarecer toda su importancia, para demostrar la influencia que constantemente lian ejercido en el lmen gusto, las costumbres, el carácter y la cultura de los pueblos; para ofrecer á sus cultivado- res estímulos de gloria, nobles y elevados pensamientos, provecho- sas enseñanzas. Se las ofrecerían entre nosotros los monumentos de Herrera y Valtlelvira; los lienzas de Velazqucz y Murillo; lns es- culturas de Becerra y lterrngucte; los atinados esfuerzos del literato y el artista de nuestros (lias para reanimar el nspirítu creador, la inspiración divina (pie produjo estas obras inmortales. Si de todas poseemos juicios exactos y luminosas apreciaciones, si la filosofía y la historia de consuno nada perdonaron para ilus- trarlas, no cupo por desgracia al grabado tan buena suerte. Falla todavía el historiador que saque del olvido sus altos merecimientos, y nos ofrezca los rasgos característicos de su fisonomía propia. Son estos de tal naturaleza, se prestan de tal manera á las consideracio- nes del artista, y surgen tan espontáneamente de los hechos, que todavía, á pesar de mi justa desconfianza, voy á consagrarle algu- nos recuerdos, siguiéndole en su desarrollo progresivo desde su in- troducción en España, hasta el establecimiento de la Real Academia de San Fernando. Asi será como el atractivo y novedad de) objeto fijarán la atención, que yo no puedo esperar de mis escasos recur- sos, olvidado el disertador por la importancia misma del argumento ipie ha elegido. Con las ciencias, las letras y las artes, se desarrolló entre nos- otros el grabado promovido por ellas, como un medio necesario á sus adelantos, como la representación de sus enseñanzas, como el fiel intérprete y el reproductor de aquellas verdades cuya abstrac- ción exigía, para que fuesen bien apreciadas, convertirlas en imá- genes sensibles, poniéndolas al alcance de todos. Atiéndase ¡i sus primeras aplicaciones, a los fines de sus promovedores, á los estre- chos vínculos que desde su mismo ungen le enlazaron con la im- prenta, y se echará de ver que bien pronto, al apreciarse en lodo su valor la importancia de sus diversos usos, vino á convertirse en un ornamento de las letras y en liel auxiliar de la memoria, repro- duciendo con la representación de los objetos físicos y morales las impresiones que h k luí i h i di | 1 ? 1 t m \ i[ti • el tiempo debilita ( desvanece No fue ciertamente España quien produjo (an peregrino inven- to; pero si no le cabe esta gloria, nadie le negará la de contarse entre los primeros pueblos que ron más empeño procuraron exten- derle. Sirviéronle desde bien temprano sus más preciadas inspira- DISCURSO DEL EXCHO. SEfiOR DON JOSÉ CAVEDA. 321 ciónos para dar mayor realce a las obras literarias, y las de una religiosa piedad en cuya publicación empezaba á ensayarse la im- prenta al empezar la segunda mitad del siglo XV. Asi era preciso que fuese donde Mena, Santillana y Manrique prestaban á la socie- dad nuevos encantos con sus versos divinos: donde Fernán 1'erez de 'inzuían, Alonso de Cartagena, Diego Valera, Rodríguez del Padrón, Carrillo de Albornoz, Hernando de Pulgar y poco después Ocampo, Morales, (¡aribay, Zurita y Mariana devolvían u la historia su digni- dad perdida; donde el Brócense, Oliva y Nebrija restauraban el idio- ma del Lacio, rudo y menesteroso en la pluma de sus antecesores: donde la hermosa lengria castellana pulida y perfeccionada, rica y armoniosa á maravilla, tan admirablemente se prestaba á la expre- sión de los sentimientos más nobles y elevados, á la fluida narración histórica, á la imnion del misticismo religioso, á cantar las alaban- zas de Dios, á penetral- iU: sus bondades el corazón del verdadero creyente. En medio de este desarrollo intelectual, y cuando su benéficain- Hitencia se deja sentir en todas las clases y condiciones, aparece el grabado entre nosotros, seguro de que por peregrinas y provechosas será» recibidas con reconocimiento sus primicias, como precursoras de frutos más cumplidos. Imperfecto entonces, limitado a tímidos ensayos y poco seguro todavía en sus procedimientos, empieza por valerse de las planchas de madera y de líneas faltas de tersura y groseramente combinadas. Sencillo el mecanismo, corta la fatiga pura obtener un pronto resultado, fácil la ejecución, al alcance de loilas las fortunas sus productos y en breve plazo reproducidos, bas- tnii a satisfacer las exigencias de la sociedad sencilla, que le admira sin presentir la posibilidad de su progreso y los triunfos que le aguardan en un cercano porvenir. Así es como el grabado en uiadc- ni precede al dulce con planchas de hierro, cobre y acero, y como después de inventado este último todavía conserva su popularidad. No lia de extrañarse; bastaba entonces a las miras de la devoción pública y á las empresas literarias que le empleaban. Queríase solo un ornamento dií los libros, un signo piadoso que recordase la me- 322 REAL ACADEMIA DE SAN FÍRNAtiDO. moría ile un .Santo ó la sublimidad y grandeza de un misterio, no el primor y el refinamiento del arte, cuyas bellezas no podían ser bien apreciadas por la generalidad de un pueblo primero guerrero que artista, y antes dominado por el ascetismo que amigo del lujo y de las peregrinas inspiraciones del ingenio. En la imprenta recientemente inventada lia de buscarse desde la segunda mitad del siglo XV el poderoso auxiliar, el móvil más ac- tivo del grabado en madera y de su propagación entre nosotros. Los alemanes, al llevarla ¡t todas parles, se propusieron dar á su invento nuevo precio, allegando á la tipografía las estampas, las orlas, las letras floreadas, las ingeniosas viñetas y caprichosas fantasías que engalanasen las páginas impresas, combinando la novedad de la re- producción del pensamiento con las imágenes sensibles que más fá- cilmente y con más deleite le grabasen en el ánimo de los lectores. O el mismo impresor poseía también el arte del grabado, ó bien se asociaba al que lo ejercía para dar más subido precio a los produc- tos de su imprenta. Así lo comprueban muchos monumentos de ese tiempo, y así es como Mateo Flande.ro establece sus prensas en Za- ragoza el año de Í475, mientras que en el de 1478 funcionan en Valencia las de Nicolás Spindoler. De la misma ciudad salen tam- bién las impresiones del sajón Hotel; de Barcelona las de Pedro Uriin por los años de 14IÍ2, y de Lérida las de Lamberlo Palniart desde 1479 hasta 1484. Ó por este tiempo ó poco después generalizan sucesivamente la imprenta entre nosotros con el grabado en madera, que liare más peregrino el invento, los alemanes Pedro de Colonia, Estanislao I'o- tono, Hurus, Basílea, Fcd, M. Unput, J. Hosembach, G. de Brocard y otros de que las memorias ron temporáneas nos ofrecen notables recuerdos. Aun hoy se conservan en nuestras bibliotecas muchas de las obras que entonces salieron de sus prensas, y cuya exactitud, limpieza y corrección son por cierto de admirar, y nos prueban que la imprenta, diestramente servida, ha nacido casi perfeela. Es muy eficaz y general el ejemplo, muy seductora la novedad, grande y provechosa la aplicación, para que muchos españoles dejen DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ CAVEDA. 323 (le formarse al lado tic eslos extranjeros, rivalizando ron ellos en in- fíciiio y destreza. La imprenta de Pedro Drun desde Lien temprano ilustra á Ifarcclona, la de Mateo Venlrell á Gerona, mientras que oirás ciudades del reino admiran las ediciones de Pedro Rosa, Diego línmiel, Antonio Martínez, B. Segura, Alfonso dé Orla, Antonio Cen- lencra, Juan de Burgos, Juan Bey, Juan Vázquez, Juan Tellcz y los demás de que se encuentran curiosas noticias en nuestras bibliogra- fías. Y no.es solo de encarecer en los libros que dan a la luz la ele- gancia de la tipografía, la pureza y rectitud de las lineas, la preci- sión c igualdad de las márgenes y el esmero y belleza del conjunto: los recomiendan igualmente las estampas y viñetas de que va el tex- to acompañado. Es verdad; el arle se manifiesta en ellas inexperto y rudo todavía; pero ingenioso imitador y fiel interprete del espíritu, las ideas y las costumbres de la sociedad, siempre fecundo en útiles enseñanzas. Bajo este punto de vista, sobre lodo, es como despiertali la curiosidad del historiador y del arqueólogo los grabados en made- ra que bastante generalmente adornan los libros de los últimos años del siiOo XV y los primeros del XVI. Más atentos entonces los grabadores al progreso del arle que a la propia reputación, tarde trasmitían sus nombres á la posteridad en las obras de mayor aprecio para acreditarlos. Inútil es ya la pre- lension de descubrirlos, supliendo con aventuradas conjeturas el si- lencio que los envuelve en upa impenetrable oscuridad. Los mono- gramas e iniciale's de que algunas eslampas van acompañadas como signo característico de sus autores, son hoy un verdadero logogrifo, vano el afán con que algunos curiosos pretenden descifrarlos. Una larga observación ha demostrado su falta de correspondencia en ge- neral con los nombres de los impresores, por lo común alemanes, establecidos en España. Al alternar con los caracteres loa clichés ó moldes de las viñetas y (¡guras, atendían menos á la delicadeza y finura de las líneas y á su más acertada combinación, que a procurar un recuerdo, una im- presión fugitiva de los hechos y las sentencias con que alimentaban su curiosidad y su espíritu la religión y la historia. Tosca ;i menudo 324 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. y desabrida la ejecución, poro variados !os lin camión Los, áspero el rayado, angulosas las formas y frecuentemente descuidado el dibujo, todavía en estas primeras tentativas se encuentran composiciones ingeniosas, una agradable sencillez, cierta elegancia y riqueza en los trages, capricho y variedad en los accesorios, y dalos en extremo curiosos para apreciar la indumentaria de la época. En nuestras ero- nicas generales, en las particulares de personajes ilustres, en los li- bros de caballería, y más aún en los tratados ascéticos y las vidas de los Santos, aparecen estas cualidades características del grabado en madera lal cual entonces se practicaba, mayor o menor su precio según el mérito y la importancia de las obras en cuyo ornato se em- pleaba. Notables son, entre otras estampas, las de la crónica de San Fernando; las de la vida de Santa María Magdalena, escrita por mo- sen Jaime Gazull el año de 1496, é impresa en Valencia el de 1505; las 25 ó 2C que ilustran la vida de Santa Catalina de Sena y que Ja- fre dio á luz en la misma ciudad por los años de 1511. Nótase en ellas la singularidad de que con un carácter esencialmente español, y menos delicadas y perfectas que las de algunos extranjeros, no participan ya del estilo característico de la escuela alemana, ni de los pliegues angulosos y los ropajes complicados y las figuras lar- guiruchas y los tocados ágenos á Castilla y Aragón; asi como tampo- co del aire grave y la forma oblonga de las cabezas. Esta diferencia, que no puede ocultarse á los menos conocedores, y que supone el origen de una transición entre el arte antiguo y el que bien pronto debe reemplazarle, se echa de ver sobre todo en las voluminosas y repelidas ediciones del Flos Sanclontm del I1. Vega, impreso en Se- villa el año 1568, en Alcalá el de 1569, en Medina del Campo el de 1578. Alternan en esta obra, tantas veces reproducida, las deli- radas estampas de procedencia alemana, con las rudas y poco dete- nidas de autores españoles, habiendo servido las primeras para la edición de Zaragoza del año 1521, y agregándose & ellas las segun- das en las impresiones posteriores. Pero si en loa ensayos practicados al terminar el siglo XV y en los primeros años del XVI se advierto» las faltas del aprendizaje, el DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ CAVEDA. 325 róñalo de imitar mol secundado poruña mano inexperta, el buril (|ue obedece rastreramente á la inspiración que quiere dirigirle, no es ya posible desconocer el progreso alcanzado algún tiempo des- pués. El grabador español más desembarazado entonces y resuelto, mejor dibujante y menos atenido al goticismo germánico, al evitar la sequedad y encogimiento de sus anteriores trabajos, rivaliza ya ron el extranjero y en la valentía de la ejecución, en la limpieza de los perfiles y el sabor clásico de que nuestros escultores y pintores empezaban á darle honrosas pruebas. Guiábale el espíritu de Iferru- guete y Becerra, de Juanes y Morales. No le desmienten ciertamente algunos grabados de los artistas españoles que entonces florecían, lie Arfe, tal vez perteneciente á la familia de los célebres plateros que llevan el mismo apellido, existe la portada de la Genealogía de los Girones, que escribió Gerónimo Gudiel, impresa en Alcalá el año de 1577. Es notable este grabado en madera, si no por la pureza y valentía del buril, á lo menos por el buen gusto y el sabor clásico ild dibujo, según las máximas de la escuela florentina. Coronado por un frontispicio aparece aquí el escudo de armas de los Girones, «ni re las figuras alegóricas de la Prudencia y de la Forlaleza. Como correspondiente á la misma época, hace memoria el Padre Burriel de las estampas que el Famoso platero Juan Arfe de Villafañe diseñó y grabó con planchas de plomo para adornar el poema titulado El mbaüeri) determinado, escrito en francés por Oliver, traducido al castellano por Pedro Laso en quintillas, c impreso en Salamanca el año de 1573. Desde los primeros años del siglo XVII, el grabado en madera, por lo fácil y económico ya difundido en todas partes, se muestra lozano y vigoroso, popular é inseparable de la imprenta. En Catalu- ña y Valencia, sobre todo, aparece más pulido y castizo, y se em- plea hasta en las trovas y cantares y los romances caballerescos de que todavía se conserva viva la afición, poco después amortiguada, si no de lodo punto extinguida por la intencionada y festiva sátira de Cervantes. ¿Quién no conoce, por ejemplo, las viñetas vulgares (|iie ilustran las ediciones tle Los doce pares de Francia? Ni la abundancia y generalidad de las magníficas estampas de los más célebres artistas nacionales y extranjeros, ni su circulación entre las gentes de buen tono, ni la mayor cultura y la protección dispensada á las bellas arles bastaron a olvidar de todo punto el gra- bado en madera durante la primera mitad del siglo XVIII. Valencia, (¡ue siempre le habia cultivado con empeño, produce entonces mu- chas estampas de santas imágenes, con que se adornan sobre todo los libros devotos consagrados a la Virgen ó a las virtudes de los Santos patronos del reino. Como :'i porfía, se reproducen también en sus prensas láminas de medio folio, entre las cuales se distinguen algunas por lo correcto del dibujo, si bien el rayado poco detenido las hace rudas y desabridas. Más que el amor al arte las producía entonces la especulación, segura la venta y nunca indiferente la pie- dad del público á la contemplación de las angustias del mártir, á las penitencias del anacoreta, á las austeras privaciones del cenobita, al virginal pudor de las doncellas consagradas á la mortificación y la soledad en el silencio de los claustros. A esta clase de grabados corresponden el San Scrapio, por algunos atribuido á Juan Suarcz Valenciano; la Santa Águeda y otras imágenes debidas a I*. Escla- pez; el San Antonio que lleva la marca Q. II. E., y otras menudas estampas, como las de Santa Clara, Santa Casilda y todas aquellas á quienes se atribuía un patrocinio especial, y cuyo culto promovían á porfía las órdenes religiosas, los cabildos eclesiásticos, los santua- rios y las cofradías. Más difícil y costoso el grabado en dulce con planchas de cobre <1 acero, más tarde también introducido en España, y exigiendo de sus cultivadores largas tareas, constancia suma y conocimientos del arle al alcance de pocos, ni aun en los mejores dias del siglo XVI, cuando tanlo progresaban las bellas artes por todos protegidas, pudo desar- rollarse en grande escala y ser objeto de una particular predilección como era necesario para competir con los demás ramos de las bellas arles. Habia sucedido a la gentileza y graciosa coquetería del Rena- cimiento, la noble magestad y la sencillez simpática del greco-roma- no; á la ceguedad y apocado diseño de los antecesores de Antonio DISCURSO DEL EXCMO. SEfiOR DON JOSÉ CAVEDA. 327 de] Hincón, el idealismo de Rafael de Urbino, y la fuerza y vigor de Miguel Ángel: con su pincel dulce y pastoso se apropiaba Juanes las buenas prácticas de la escuela romana; conseguía Morales realzar sus piadosas fantasías con la tierna expresión del sentimiento religioso; desaparecían de la estatuaria la sequedad gótica y la rigidez de las formas, y no nos era dado todavía presentar, al lado de los célebres artistas que tales adelantos conseguían, un solo grabador digno ému- lo de su crédito, y de compartir con ellos el favor y los aplausos del público. No ha de extrañarse, atendidas nuestras particulares cir- cunstancias. Para satisfacer la devoción de las masas bastaban las estampas que producían en todas partes las planchas de madera: pa- i'n contentar el gusto de las personas ilustradas (i la ostentación y magnificencia de los grandes, nuestra influencia y poderío en Italia y los Países-Bajos atraían á la corle y las poblaciones/inás impor- tantes de la Península las mejores estampas que allí se producían. Con abundancia circulaban entonces entre nosotros las celebra- das de Marco Antonio Itaymondi y sus discípulos é imitadores, asi como las de Lucas de Leiden, de Alberto Durero y de los demás ar- (islas que la Europa admiraba. ¿Cómo rivalizar con ellos, cuando ni parecía posible acercarse siquiera á su saber y su práctica, ni pro- ducir con la misma baratura, ni encontrar un estímulo proporciona- di) ;'i los sacrificios que el arte exigía para llevarle tan lejos? De aquí que el buril extranjero, reproduciendo á módicos precios las obras maestras de los grandes pintores y escultores, bastase á satisfacer la curiosidad y buen gusto de los que entre nosolros amaban las artes, mientras que el grabado en madera, siempre popular y fecundo, se- guia en la posesión de alimentar la piedad pública. No se pretenda por eso que el grabado en dulce nos fuese de to- do punto extraño. Varios de nuestros artistas le cultivaron en el si- glo XVI, si bien en un grado inferior á los más acreditados de otras naciones. Nuestra es también la gloria de contarnos entre los prime- ros que manejaron el buril y el agua fuerte empleando las planchas de hierro, cobre y acero. Así lo comprueba la eslampa de la Virgen del Kosario grabada por Fr. F. Domenecb, que la autorizó con su 828 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. firma el año de 1455, si bien, apreciando algunos do oLra manera los números que determinan esta fecha, creen que con más razón pueden expresar la de 1480. De todas maneras, para estimar en su justo valor la antigüedad y el precio de tan notable grabado, no ha de perderse de vista que el descubrimiento de Finiguerra para re- producir el dibujo de la reducida plancha de metal que destinó á la iglesia de San Juan de Florencia corresponde al año de 1452 , y que este invento reducido á muy cortos límites, solo algunos años des- pués fue empleado en mayor escala y con resultados más cumplidos por Mantegna y otros plateros florentinos que, en vez de emplear las planchas de plata, las sustituyeron como menos costosas con las de estaño y cobre, dando al grabado otra extensión y las aplicaciones de que en su origen carecía. Adornan, pues, la estampa de Doine- nech tres fajas o zonas en las cuales representó los misterios gozosos, los dolorosos y los gloriosos con varias y menudas figuras, no escasa de ingenio la composición y detenido el trabajo, aunque revele la inexperiencia é indecisión del que aplica un invento reciente no lle- vado todavía á toda la galanura y brillantez de que es susceptible. Es de presumir, sin embargo, que no fue esta la primera producción del autor. Otras dehieron precederla, si se atiende al huen arreglo del conjunto, á las diversas combinaciones del rayado y á la facilidad y limpieza de las lineas- No se va tan lejos en las primeras tentativas ni se hace un ensayo en papel de á folio como es el de esta estam- pa, cuyas dimensiones eran entonces muy poco comunes. Por m i - nos ha debido empezarse el aprendizaje, y nuis nulos debieron ser sus primeros trabajos. Es igualmente apreciablc, ya se atienda al interés histórico ya á !a antigüedad que respira, el retrato del Príncipe de Viana, grabado también en papel de a folio y con planchas de hierro. Pretenden los inteligentes que sea esta una producción esencialmente española, y se fundan en que, menos acabada que otras alemanas y francesas de la misma época, no solo demuestra la infancia del arte entre nos- otros, sino que respirando cierto carácter de nacionalidad, bien pue- de suponerse, atendido su objeto, que el autor, cuyo nombre se ig- DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ CAVKÜA. 339 iwrn, sea uno de aquellos industriosos catalanes, entonces diestros imitadores de los inventos útiles y peregrinos á los cuales daban tarta de naturaleza. ¿Y dónde como en Cataluña encontraría el des- graciado Principe de Viana tanto amor y tantas simpatías, para que popularizada su imagen fuese en todas partes un grato recuerdo de sus merecimientos? Une allí mas que en otras parles contó siempre con entusiastas partidarios, y allí también las turbulencias san- grientas que llenaron (a tierra de odios y estragos dejaron honda semilla de inquietud y desasosiego, asociando su memoria ;i la del ilustre personage cuya defensa se consideró como una deuda que la patria satisfacia á la virtud y al infortunio. Las primeras tentativas para connaturalizar en nuestro suelo el grabado en dulce, no podían menos de continuarse con más empeño y mayores conocimientos del arle, cuando el desarrollo de las luces y los grandes inventos predisponían los ánimos á toda clase de em- presas útiles. España rivalizaba entonces en laboriosidad é ingenio, en poder y cultura con los pueblos más adelantados. Abundaban los pintores y los escultores de un mérito distinguido, y cundía el buen ííuslo hasta en los talleres del artesano. Entre los orillees y plateros conocedores de los metales, diestros en el arte de fundirlos y en el manejo del cincel, y avezados a los ornatos minuciosos, han de bus- carse los que por la índole especial de su misma profesión se dedi- caron los primeros al nuevo grabado, produciendo menudas estam- pus para dar ¡i conocer b d t ' at y p f 1 las destinadas alcuilo, It bl s d n 1 t aii j j 1 y de composición mas ai i e D 1 |1 t o t 1 i i dro Ángel llegaron hasta t ii nt 1 i 1 i i delicado y esmerada ej 1 d g 1 lal i y i i i miníenlo á la huena c 1 a" t a T 1 1 i retrato del cardenal Ta 1 j d 1 1 1 iy t u jo, y la preciosa Vírge 1 p nt n d n 1 i regazo y un bellísimo j lf 1 D [ 1 1 menos estimables no h d 1 1 p 1 1 i i IH'CS y las dcvaslaciont 111 | 1 t i ii 330 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. hojas do papel que pocos sabían apreciar, cuando las [nblns más es- timables, ornato de nuestros aliares, desaparecieron abandonadas al olvido, llegando solo Hasta nosotros un corto número para hacernos sentir la irreparable pérdida de todas las demás? Cualesquiera que fuesen, sin embargo, nuestros progresos en el grabado en dulce durante el siglo XVI, no llegó á generalizarse co- mo la pintura y la escultura, haciéndose popular y especial objeto de las vocaciones particulares. Dejábase por lo común á los extranje- ros que le habían introducido entre nosotros. Felipe II, tal vez con i:l objeto de propagarle en el reino, trajo á Flandes al célebre Pedro Parel, que habia grabado en Amberes por encargo suyo los planos^ cortes y alzados del monasterio del Escorial. No de tan puro y es- merado buril, pero sí de un correcto dibujo, es la portada que Juan de Diosa grabii en Madrid el año de 1524 para el libro escrito y pu- blicado por Blas de Robles con el titulo de Novus el melhodicus trac- lattts de represenlatione: figura una gloria de ángeles adorando el mis- terio de la Trinidad, donde primero es de encarecer la composición que la inteligencia del arte. Poco nlds tarde produce el maestro Diego de Zaragoza el año de í 548 la portada de los Anales de Ara- yon, de Gerónimo Zurita. Un cornisamento coronado de dos ma- tronas y sostenido por cariátides de carácter grandioso, y las barras de Aragón en el tablero, constituyen esta composición, ideada con discernimiento artístico y un dibujo valiente y clásico. Á la misma época corresponden las eslampas al agua fuerte de Pérez de Alesio, ya muy raras. Se aprecia sobre todo la de San Roque, en una hoja de nueve pulgadas y media de alto y seis de ancho. Con una prác- Liea más segura del rayado y mano más certera, nos da sus celebra- dos mapas Hernando de Solis, adornándolos con medallas y figuras alegóricas de huen gusto. Los del Asia, el África, la Europa y la América, así como el globo terráqueo que grabó el año de 1598, le acreditan altamente entre sus contemporáneos. Aun hoy examinan i gusto los inteligentes las medallas que representan á Colon y Anitírico Vespurio en su (¡arta geográfica de la América. Habían precedido ¡i esle arlisla otros no menos estimables, cu- DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ CAVE DA. 331 yas obras se buscan con tanto empeño por los conocedores. Los bu- rilislas más acreditados de Alemania y los Paises-Bajos encontraban al mismo tiempo seguro mercado para sus producciones en las prin- cipales ciudades de Aragón y Castilla, sin que por eso se aumentase el numero de sus imitadores entre nosotros. Otra animación y otras proporciones adquiere el grabado en dulce desde los primeros años del siglo XVII. Reducido hasta enton- ces á un estrecho circulo, y escasos sus cultivadores, se extiende y generaliza; gana en limpieza y gallardía, en galanura y gusto pinto- resco, si bien no puede colocarse todavía á la misma altura á que algunos burilislas extranjeros le babian levantado fuera de España. Encontraba ahora una'opinión más favorable á su desarrollo en las ni las clases de la sociedad; protección en el Palacio; un auxiliar po- ile.roso en la imprenta y los amigos de las letras. Ninguna obra de mérito veia la luz publica sin que el buril ó el agua fuerte la real- zase con estampas que la diesen mayor precio. O la lisonja ó la apre- ciación del verdadero mérito confiaban al grabado la imagen de los varones ilustres, mientras que la devoción pública multiplicaba las estampas devotas. Eran las de mayores dimensiones, que reprodu- cían los cuadros originales de los grandes pintores, un ornato de las habitaciones, una curiosidad en el gabinete de los hombres ilustra- dos, un estudio en el taller del pintor y del estatuario, una ocupa- ción tenida en estima que aseguraba la reputación y el bienestar de muchos. Debiéronse particularmente estos adelantos del buril á la ciiticnrrencia de los artistas extranjeros atraídos a nuestro suelo ó por la munificencia de los monarcas, o por la riqueza y el fausto de la corle y de las principales ciudades del reino. Sucesivamente fija- ron en ellas su residencia, Bernardo Heylan, que se estableció en Granada; Francisco Heylan, procedente de la misma escuela y gra- bador en Sevilla; Ana Heylan, de buril delicado y limpio, aunque poco vigoroso; Diego de Astor, discípulo del Greco, al cual.se deben las láminas de l& Historia de Scgovia escrita por Colmenares; M. Asin- SHI, á quien acredita grandemente el retrato de doña Margarita de Austria, ejecutado en 1G1ÍÍ con delicadeza suma; Alardo Ponina, 332 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. lijado en Madrid á principios del siglo XVII, rnyas muchas estampas se distinguen por la corrección y el espíritu que faltaba á la mayor parle de sus contemporáneos; el flamenco Schorquens, buen dibu- jante y esmerado burilista; pero falto de nervio, como entre oirás muchas obras lo acreditan las portadas del Viaje de Diego de Paredes, (Indo á luz por Tamayo de Vargas, y la de Las grandezas de Madrid del maestro Gil González Dávila; Juan Noort, mejor burilista que dibujante, fecundo é mfatigable en el trabajo, autor de varios retra- tos y de muchas portadas de libros; Juan de (¡ourbes, acreditado en Madrid, donde produjo los retratos de Enrique III, Lope de V>gn, Góngora y Moreno de Vargas; Pedro Angelo, que vivía en Toledo, de cuyo mérito es entre otras una muestra el retrato del cardenal Tavera y el de Cisneros que Ccan Bermudez califica de excelente; Pompeyo Roux, residente en Barcelona, autor de la portada del li- bro que lleva por título Consideraciones sobre tos Evangelios de los do- mingos de adviento, producción de FY. Francisca Cabrera; Roberto Cordier, que grabó las cien eslampas de los Emblemas de D. Juan Solorzano y Martin de ltosswood, del cual se encuentran todavía al- gunos retratos y eslampas devotas. Otros burilistas extranjeros de menos Hombradía ejercían enton- ces entre nosotros su arle, haciéndole popular; pero ninguno ha de- bido influir de una manera tan directa y provechosa en su progreso y desarrollo como el francés Pedro Perret, ya se considere su méri- lo y el nombre de las obras que produjo, ya su larga permanencia en Madrid, igualmente favorecido del trono y de la opinión pública. Discípulo de Cornelio f.ort, y grabador acreditado del duque de Ba- vicra y del elector de Colonia, hallo una acogida proporcionada á su talento y á su incansable laboriosidad, acreditándola en los reinados sucesivos de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. ¿Cómo con el ejeinyilo de tantos profesores distinguidos, cuando su arte les procuraba cré- dilo y riquezas, no se formarían muchos de los nacionales que en- tonces florecían? Tal vez salieron algunos de su escuela, mientras que á todos era dado estudiar sus buenas máximas en las obras que «alian á poríia de Madrid, Barcelona, Sevilla y Zaragoza. Como dig- DISCURSO DEL EXCMO. SEÑOR DON JOSÉ CAVEDA. 333 nos «mulos o felices imitadores de estos extranjeros pueden consi- derarse, entre otros, Juan Menendez, qne al empezar el siglo XVII grababa en Sevilla con espíritu y limpieza la portada del libro de Flavio Lucio Dexlro, comentado por Rodrigo Caro; Bartolomé Ar- leaga, autor del escudo de armas del conde-duque d<¿ Olivares para adornar el panegírico de la pintura, dedicado por su autora este personaje en Ki27; Juan Felipe, grabador en Valencia, cuyas estam- pas respiran franqueza, desenfado y buen efecto; Pedro Campolargo, conocido por sus países al buril tocados con el agua fuerte; Martin liudriguez, dado á producir menudas estampas de devoción; Juan Valles, que poseía un buril dulce y fácil; Francisco Navarro, á quien se deben varias portadas de libros, de ingeniosa composición y lmen efecto; Francisco Gazan, del cual ha llegado hasta nosotros el retra- to de D. Francisco de Quevedo; el licenciado Pedro Gutiérrez, cuyas obras se distinguen por la firmeza é igualdad del buril, y el dibujo según en su tiempo se comprendía; Diego Obregon, altamente acre- ditado entre sus compatriotas, como ninguno laborioso, y fecundo en portadas de libros y menudas estampas de santas imágenes; final- mente, Pedro Villafranca Malagon, quizá el que llevó más lejos el ¡iili; en España durante los últimos anos del siglo XVII, si se excep- túan algunos extranjeros sus comprofesores. Asiduo en el trabajo, franco en la ejecución, diestro en el rayado, si bien con poca varie- dad, obtuvo la honra de que Felipe IV le nombrase su grabador de rimara, y supo merecerla. Son de su mano las láminas del panteón del Escorial, concluidas en 1057; los retratos de D. José Casanova, el cardenal I). Baltasar Moscoso, doña Beatriz de Silveira, el vene- rable don Juan de Palafox, Calderón de la Barca, doña Ana de Aus- tria, Felipe IV y Carlos II, asi como también las portadas de varios libros. Si por el número de los grabadores y de las obras que produje- ron se hubiese de valuar el mérito de su arte en esta ¿poca, á mu- cha altura seria preciso colocarle; pero al valor que las letras le con- cedían asociándole á sus empresas , á la predilección que el público le aronlalin, no correspondían cicrlamenle sus adelantos, más enea- 534 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. recidos que de alta valía. Faltábale mucho para alcanzar ln perfec- ción á que llego bastante después, siendo su grandeza, como la del Estado, más aparente que sólida. Seguía una carrera harto difícil, de cuyo término se hallaba todavía muy distante, lento el progreso y penoso el aprendizaje. Necesitaba adquirir mayor experiencia, otro conocimiento de las diversas combinaciones del rayado, otro efecto pintoresco, otro brío y lozanía, mejor elección en los modelos, por lo común de escaso mérito; asuntos históricos que levantasen ln inspiración, dando lugar a grandes escenas y levantados pensamien- tos. Era limpio, pero generalmente desmayado y lánguido; deteni- do, pero sin fuerza. Buscó la delicadeza, y la encontró á menudo, pero falto de espíritu y de brío. En el conjunto de sus composicio- nes, por lo común bien dispuestas é ingeniosas, descubríase el ca- rácter de la época, la travesura sutil de Gúngora y Quevedo, los quebradizos conceptos del culteranismo, el dibujo, la sencillez y la verdad del pintor naturalista, el misticismo que le alentaba. La nación que tremola sobre los muros de Granada el pendón desplegado en Covadonga; que al través de las tempestades y supe- rior a los presentimientos fatídicos, arranca del seno de los mares nunca surcados un nuevo hemisferio: que triunfa en Lepanto, San Ouintin y Pavía; que admira á Trento con sus teólogos y á todos los pueblos cultos con sus historiadores y jurisconsultos, sus pro- fundos hombres de Estado y sus esforzados capitanes, no encuentra entonces para tanta gloria un solo recuerdo en el grabado. V es que tímido ó modesto en demasía, desconoce por ventura todo el alcan- ce de los propios recursos; es que una opinión más poderosa que su voluntad y sus aspiraciones, solo le exige estampas devotas, porta- das de libros, y retratos de personajes ilustres. Por fortuna no está lejano el dia en que con otro arrojo y confianza levante su vuelo y pida á la historia altos ejemplos de virtud y de heroísmo, y á los grandes pintores sus más sublimes inspiraciones para reproducirlas. Mientras tanto, Ü. Juan Bernabé Palomino, nacido para cultivar el grabado, le da nuevo impulso, le saca de los estrechos límites A que le liabia reducido una ciega rutina, y si no alcanza, prepara DISCURSO DEL BKMO. SEflOR DON JOSÉ CAVKDA. 39r por lo menos los triunfos que le aguardan, cuando al rompas de Cliurriguera sucede el de Rodríguez, y al licencioso pincel de los discípulos deHovasse, Vanloo, Procacini y Bambitelli, el delicado y pastoso del pintor filósofo D. Rafael Mengs. Dichosamente consa- grando Palomino su existencia toda entera al arte que le enaltece, no procede desde bien temprano sin un guia seguro; sin modelos clásicos que fecunden su ingenio. Los grabados de Edelink, Debret, I'eilli y otros burilistas no menos célebres, recorren entonces la Europa, llevando consigo la fama de sus autores, las máximas que aseguran su merecido crédito y las prácticas que las justifican, alle- gando la delicadeza á la fuerza, las ilusiones del claro-oscuro al me- canismo que le produce sobre las planchas de cohre y de acero, y el efecto pintoresco á la franqueza de una ejecución desembarazada y limpia. Palomino estudia estos grandes modelos, comprende el es- píritu que los produjo, deduce de su examen las teorías y las prác- ticas que no encuentra en su patria, y á fuerza de aplicación y de ingenio conquista, si no la gloria de igualarlos, a" lo menos la de <*u- pei ir á todos sus antecesores. Una larda vida, una constancia nun- ca quebrantada por los obstáculos, una laboriosidad de que hay poros ejemplos, la experiencia que inspira la confianza y la medita- ción que madura los conceptos, le dan entre sus compatriotas la primacía del arte, y con ella más obras de las que puede ejecutar. No descansa un buril solicitado igualmente de las casas religiosis, de los literatos y de los grandes. Así es como salen de sus preñas las reducidas e infinitas eslampas devolas que pululan por toda* pirtes; las de mayor tamaño y con mayor esmero terminadas, de, San Isidro según el original de Carreño, una de sus mejores o b r í s di; San Pedro en las cadenas conforme al cuadro pintado por Roe- las; de San Bruno, copia feliz de la estatua ejecutada en mármol por Pereira; los retratos, en fin, de Isabel Farnesio en pliego de i folio, y el del cardenal Valenli Gonzaga de la misma marca, lal vez de un mérito superior á cuanto ha salido de sus manos: que si n la venerable cabeza de este prelado, llena de expresión y de ver- h d j m ilBuiios di sus i r c o i n o s diligentemente conduid s Im 336 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. biese puesto mayor variedad de líneas combinadas ron otro arlo, bien pudiera esta lámina, ya tan digna de aprecio, confundirse con las mejores de los burilistas más acreditados de su tiempo. En mu- chas condiciones las iguala, si en otras aparece todavía inferior á ellas. Nada tan delicado y sutil, de tan prolijo y esmerado trabajo como los finísimos encajes de la sobrepelliz del cardenal, que ligeros y trasparentes solo esperan una brisa para moverse sobre el ropaje que engalana. Palomino no llevará por eso el arte al alto grado de perfección que ya entonces alcanza en Francia y que conseguirá des- pués en España. Dibuja sin notables descuidos, pero sin la grandio- sidad y corrección de los clásicos: detenido y esmerado, cuenta con un buril seguro y certero, pero ¿/mido é irresoluto: ama la morbi- dez y la blandura, y al procurarlas toca ó veces en el afeminamien- to: obedece la mano á la fantasía, y con todo eso su rayado ni ofrece todas las combinaciones de que es susceptible, ni la agradable va- riedad que, evitando la monotonía, da mayor relieve ¡i los objetos, y á la ejecución más brío y desenfado. Nunca, con todo eso, se ne- gará sin injusticia a este artista el mérito de superar á todos los comprofesores españoles sus contemporáneos, y de haber allanado la senda que después siguió Carmona con tanta gloria. No inaugura, prepara la reforma del arle, la anuncia; da en ella los primeros pa- sos, y la facilita con el ejemplo de su laboriosidad y constancia. Entonces aparece á su lado y secunda sus esfuerzos el burilisla francés Carlos Fliparl, discípulo de Wagner, altamente acreditado en su patria y en Italia, y traído á España por Fernando VI en el año de 1750. Más profano en la elección de los asuntos que los artistas españoles sus contemporáneos, sin tributar como ellos un culto casi exclusivo al misticismo, seculariza, por decirlo asi, el arte, buscan- do para él en la fábula y las coslumhres de la época nuevas y pere- grinas escenas que su buril gracioso y ligero acierta á realizar con mi atractivo y una expresión bastante á disimular la falta de nervio y de variedad en el rayado. Asi lo comprueban los retratos de Fer- nando VI y de la reina Bárbara, la lámina que representa unas más- caras pantomímicas, y la de Venus recostada teniendo á su lado á DISCURSO DEL EXCMO, S E S O R DON JOSÉ CAVEDA. 337 Cupido; risueñas y animatlíis inspiraciones, entonces de lodos cele- bradas, y que hoy mismo examinan con interés los inteligentes, por más que reconozcan la superioridad de otras posteriores. Contemporáneos de Flipart, y como imitadores de Palomino, lifíiiran no á tanta altura dos burilislas que procuran acercársele en la limpieza, el tono y el sistema del rayado. Tales son el aragonés Don liarlos Casanova y su hijo D. Francisco. Son del primero los planos y figuras de los viajes de D. Jorge Juan y de Ulloa; el San Agustín, i opiado del cuadro original de D. Sebastian de Herrera, y el retrato di; Fray Miguel de San José: produjo el segundo la estampa de San límigdio, grabada con dulzura y el dibujó poco castizo de la época, "tros muchos grabadores florecen en ella de un mérito inferior, y i'iiyas obras no son de bastante precio para llevar el arte más lejos. Mientras que así aparece el grabado al buril desde los primeros •IÍIOS del siglo XVII, alcanza el del agua fuerte mayor desarrollo y perfección. Le emplean como á porfía los pintores más acreditados pura dar á conocer sus principales inspiraciones. Las pocas estam- pas ile esta clase que aún se conservan, bastan para hacernos formar cabal idea de su mérito. Le tienen muy grande las de Ribera, tan raras boy y tan buscadas por su vigorosa entonación, su fuerza de ilaro-oscuro y su efecto pintoresco. Numerosas son las producidas con el misino método por el flamenco Cometió Scbut, avecindado entre nosotros; -Vicente Carduclio, Lúeas Jordán, Leonardo, l'edro Uodriguez, Francisco Arteaga, Andrés de Medina, Valdés Leal, Fran- cisco Fernandez, Pedro de Obregon, Villafranca, García y otros. Como una adquisición inapreciable y una rara curiosidad de muy I tocos conocida, se consideran las dos estampas tic Murillo que re- presentan á San Francisco y a la Virgen con el niño: en ellas se inisluce el Uerno misticismo, la dulce pastosidad y la gracia nativa fin su pincel divino. Un ejemplar existe también de los que con no- lidile desenfado grabó Claudio Coello para un libro de teología. Son ¡{íiiiiliiientc apreciadas las de Francisco Herrera, ejecutadas con pun- ía viva y brillantez, las de José Suarez, y los risueños países de Cam- polargo y Vargas, llenos de frescura y lozanía. Honrosa memoria 338 REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO. merecen laminen el pinlor granadino Chavarílo y el canónigo valen- ciano Vicente Vitoria, á quien debemos la reproducción de la cele- bre Madona de Foligno, una de las más admirables inspiraciones de líafael de Urbino. (lomo rivalizando con los grabadores de Valencia que tanta dis- posición manifestaron en el manejo de la punta seca y del agua fuer- te, produjo Aragón, entre otros de no escaso mérito, ¡i Valles, Gre- gorio de Mena, Zuanel y los Agüesa, grandemente acreditados por sus menudas estampas de devoción, por los escudos de armas exor- nados de figuras y cartelas, y por las caprichosas y ricas portadas de algunos libros, todas revelando ingenio y fecunda inventiva. Cuanto se había extendido esta clase de grabado en el siglo XVH, y cómo le luciera de moda su misma facilidad y buen efecto, puede inferirse del empeño con que le cultivaban liasla las personas que por su elevada posición social solo podian considerar el arte como un grato recreo y un bello ornato. Aún existe un ejemplar de la re- ducida y curiosa lámina grabada en Zaragoza por D. Juan de Aus- tria, discípulo en la pintura de Jnsepe Martínez, y aún se conservan pruebas de que ni la edad ni el sexo eran parte á desviar las voca- ciones particulares de un arle que tanto cautivaba entonces las vo- luntades. Asi es como se explica que 1¡I niña Teresa Agüesa, á la tierna edad de nueve años, hubiese grabado al agua fuerte en l(i(¡3, I ¡i bella imagen de San Antonio, en una hoja en cuarto, ron loda lii deslreza y valentía de un profesor encanecido en el ejercicio de su arte. AI terminar esta breve resena, donde solo nos ha sido posible emplear algunos rasgos generales y muy ligeras indicaciones, loca- mos ya aquella época notable para la política y las leLras en que re- cobrando la nación exánime su carácter enérgico, y con él las fuer- zas agotadas en cien años de no merecidos infortunios, se muestra digna de su antigua fama y de los respetos de Europa, que no al- canza á conciliar la rapidez de su pronta y gloriosa restauración con su reciente abatimiento. A los sombríos temores y soñados hechizos ilel pusilánime y enfermizo Carlos II, suceden los triunfos y altas DISCURSO DE], EXCMO. SRÑIH1 DON JOSÉ CAVHMA. 3;J*j |iiH.ensiones, la resolución y energía de Felipe V el Animoso: á las livianas tareas casuistas y sus pueriles controversias, los escritos lu- minosos de Macanaz y Feijóo, D. Jorge Juan y Martin Martínez, Carvajal y Lancaslcr y Monliano: ¡i la dialéctica sutil y revesada so- físticamente pendenciera del escolasticismo, el método experimental i!c Jíacon y los sistemas filosóficos de Descartes y Malehrancbe: á una lileratura degenerada y pobre después de haberse mostrado tan formula y rica, la clásica del reinado de Luis XIV, engrandecida con las inspiraciones de Fenelon y de Ifossuet, de Corneille y de Itacine, de Pascal y Labruyere. ¿Cómo este cambio feliz en las ideas, en las vocaciones, en el Gobierno, no producida otro igualmente provecho- so en las artes de imitación? Y cuando las vivífica y regenera, ¿no llegará su benéfica influencia al grabado, que con ellas se hermana y participa de su espíritu y se consagra ¡i reproducir sus mas pre- ñadas creaciones? Imposible: el grabado, cediendo n tan poderoso impulso, no puede permanecer estacionado. Cambia también de faz y de destino, viniendo a reanimarle entre nosotros el progreso que lia conseguido ya en las naciones mas cultas. Inauguran este brillan- le período de sn existencia talentos lan Fecundos y cultivados como los Carmona, Selma, Ametller y Engnídanos. Hermanando las leo- rías con las mejores prácticas, y alentados por el resultado mismo de sus aplaudidos trabajos, al procurarle nuevo esplendor extienden sus. límites y sns'aplicaciones, y con ellas la gloria de la Academia. l(c, su seno salieron eslos célebres artistas; con sus estímulos per- feccionaron los primeros y tímidos ensayos que, revelando un inge- nio creador, los condujeron después á las escuelas délos grandes maestros de Europa para hacer suyas sus teorías y sus prácticas y emular su merecida nombradla. ¡Ah! ¡si como la Academia recono- ce y aplitude con noble orgullo sn distinguido mérito, si como nada ha perdonado para realzarle, siguiese en su progresivo desarrollo el arle difícil que tanto honraron ofreciendo cu su historia a nuestra estudiosa juventud dechados de aplicación y de ingenio, y memora- bles ejemplos para fecundar su espíritu y alentarlo en su vocación y sus tareas! Séanos permitido esperar de Cuerpo tan ilustrado, la rea- ras imlriülicas. Ella le dará mayores demlios á la graliliul piililiea, siendo para las arle» un nuevo timbre, para sus apasionados uiiii fiisoftanza y un estimulo, y |iaru la nació» entera un comprobante Ib: