T i l ESTÍTICA i US MTES DEl DIJO, PARTE GENERAL. CAPITULO PRIMERO. EL ARTE EN SU ACEPCIÓN GENERAL. I. Naturaleza y esencia del arte.—n. Elementos de que el arte consta.—m. Ciencia Estética. I. Todo lo que el hombre conoce ó puede conocer en abs- tracto, esto es, con exclusión de todo sujeto, ó solo en atri- buto ó calidad, como los preceptos de moral y de justicia, los axiomas matemáticos, etc., es Ciencia: Todo lo que la actividad humana produce moviendo los sentidos, es Arte. El Arte en general se definirá por consiguiente: toda pro- ducción hija de la actividad humana. Para que exista el Arte es indispensable el elemento sensible. Las ideas que el hombre tiene no pasan á ser Arte hasta que el hombre las ha hecho sensibles, hasta que las ha presentado en lo exterior, hasta que las ha exteriorizado. Por esto el Arte no puede quedar en simples abstracciones, sino que necesita que las ideas se formulen de una manera — 10 — ú otra, y que de nuestras facultades espirituales, pasen á la actividad práctica, y puedan los demás hombres cono- cer el resultado de esta actividad. La obra de Arte no es sin embargo para los sentidos, no es en estos donde debe producirse, porque no ha naci- do para satisfacerlos : es más íntima la cuerda que debe mover, llegando hasta la facultad del espíritu , de conocer lo verdadero y lo bueno, lo real y lo sustancial de las cosas. Porque hay dos maneras de considerar la sensibili- dad, á saber: como finó como medio. La sensibilidad es un fin cuando en la percepción no se mezcla ningún acto de la inteligencia; es la más elemental y grosera; porque la imaginación no se representa entonces los objetos exterio- res, sino que los contempla con deseo interesado : la indi- vidualidad del hombre eslaiinica que entonces siente; por cuya razón no siente mas que la forma concreta, no aper- cibiéndose de la esencia de las cosas: es el gusto contin- gente, variable, que mueve el deseo de apropiarnos tales cosas para nuestro uso. La sensibilidad es un medio cuando pasa mas allá de los sentidos y se dirige á satis- facer una necesidad especulativa del espíritu: los objetos son entonces pensados en lugar de ser simplemente perci- bidos y deseados: no hay entonces ínteres en aplicarlos á nuestro uso,, en consumirlos: pero en cambio puede con- vertirse lo concreto en abstracto, y el espíritu puede pre- tender elevarse entonces sobre la forma individual, para concebir la idea pura. Entre estas dos clases de sensibili- dad, el Arte ha de tomar el medio término: no debe tomar la sensibilidad como un fin, no debiendo adherir á la reali- dad, sino á la apariencia de ella; no ha de tomarla como un medio, para no elevar la individualidad á la idea ge- neral. La percepción sensible y la abstracción, esto es, la sensi- — 11 — bilidad como fin y como medio, se revela en la Obra de Arte, del mismo modo que en el que la produce. El pro- ductor concibe la idea, pero la concibe bajo una forma con- creta que se ha de manifestar en lo exterior, bajo una forma sensible: y aunque obra por una fuerza desconoci- da y con cierta facilidad en manejar los materiales del Arte ; tiene conciencia de lo que hace, y obra con inteli- gencia: la sensibilidad y la inteligencia se hallan enton- ces combinadas en la actividad productora. Si el Arte necesariamente ha de presentarse bajo formas sensibles, esto es, accesibles á los sentidos; es menester bus- car, primero, las condiciones de los medios materiales de representación de que el hombre puede disponer para pro- ducir tales formas, y después las condiciones de los senti- dos que deben impresionarse de estas. Los medios materiales de representación ó de expresión que el hombre tiene son, á saber: plástícos, figurativos ó lineales, tónicos y literarios; porque en efecto el hombre expresa sus ideas con figuras ó formas visibles y palpa- bles; ó con sonidos que manifiestan simplemente el senti- miento; ó con signos que representan los sonidos simple- mente, ó bien, articulados formando palabras. Estos me- dios de expresión corresponden á dos modos de percibir los objetos^ á saber: cmitemplativamente 6príicticamente: el pri- mer modo deja sentir un placer puro, desinteresado que no nos mueve á apropiarnos el objeto, sino á gozar en su con- templación: el segundo modo, solo nos proporciona un go- ce material y práctico que nos obliga á hacer nuestro el objeto y hasta á destruirlo ó consumirlo para sentir sus efectos. Sensible, práctica y materialmente perciben las sensa- ciones el olfato, el paladar y el tacto; contemplativamente, esto es, no de un modo práctico ni interesado que excite — 12 — algun deseo de poseer ó destruir el objeto expuesto á su percepción, las perciben la vista y el oido. El olfato siente por una especie de descomposición química; el paladar, por una trituración; y el tacto por un roce destructor, en mayor ó menor escala. A estos cinco sentidos materiales debe añadirse un sex- to sentido dependiente de la vista y del oido, ya que por medio de estos recibe las sensaciones: es un sentido interior, constituido por la facultad de nuestra mente de ser excita- da por dichos dos sentidos- exteriores, al propio tiempo que por la Memoria y el Entendimiento: tal es, la Itnaginacion sensible. Este sexto sentido no es corporal, es el sentido del alma, que no solo percibe y retiene las imágenes, sino que •las forma y crea. A la facultad que tiene este sentido de percibir y retener las imágenes de los objetos, se le da el nombre de Imaginación pasiva; como la de crear é idear imágenes lleva el de Imaginación activa: la primera es sim- plemente, la Ií)mgÍ7iacion: la segunda es la Fantasia. De la Fantasía son bijas las obras de Arte; por lo que no •debe confundirse lo fantástico con lo quimérico: lo primero puede existir aunque en la realidad no exista; lo segundo ni existe en la realidad, ni puede existir en la ilusión del Arte: lo primero es ficción según datos proporcionados por la Naturaleza; lo segundo, no halla datos para fingir una realidad, por lo que no es accesible al Arte : ni siquiera puede existir como absurdo artístico. II. Conocida la esencia del Arte y los medios de represen- tación que el hombre tiene; debemos entrar en el conoci- miento de los elementos de que el Arte consta. Si las ideas que el hombre tiene no pasan á ser obra de — 13 — arte hasta que se han hecho sensibles, necesariamente el Arte debe constar de dos elementos, á saber, la idea, y la aparición sensible de ella, ó lo que es lo mismo, el Fondo y la Forma. De ninguno de estos dos elementos constitutivos puede prescindirse, porque sin la Forma , no habria ele- mento sensible, y sin la Idea, la Forma no tendría una ra- zón de ser. El Fondo le constituye la esencia de las cosas de confor- midad con los principios de la Verdad absoluta, en pos de la cual debe ir incesantemente el hombre: la Forma está tomada de la Naturaleza, ya haciendo aplicación de sus le- yes físicas y morales, ya buscando en sus conjuntos así co- mo en sus detalles, la manifestación de aquella Verdad. Esta Verdad la busca el hombre por medio de las facul- tades de què su alma está dotada, á saber: el Pensamiento, la Voluntad j el Sentimiento: facultades que solo se difeïen- cian en el modo de funcionar, siendo el mismo su objeto, á saber, el inquirimiento de la Verdad absoluta. El pensa- miento busca esta verdad discurriendo: la Voluntad la quiere dándole el nombre de Bondad. A estas dos faculta- des, esto es, al Pensamiento y ala Voluntad les basta el fon- do de las cosas, no necesitan exteriorizar la Idea, estoes, no necesitan la Forma; la cual, como queda dicho, es indispen- sable al Sentimiento. Pero cuando la Verdad constituye el objeto del Sentimiento, no lleva el nombre de Verdad ni de Bondad sino el de Belleza. Por esto la Verdad, la Bondad y la Belleza son una misma cosa bajo tres distintos aspectos. III. La ciencia que tiene por objeto la Verdad absoluta es la Filosofía. Constituye sus tres partes fundamentales, el examen psicológico de las tres facultades del alma humana — 14 — que acaban de indicarse: así, el examen del Pensamiento constituye la Lógica; el de la Voluntad, la Etica; el del Sentimiento, la Estética. La Lógica enseña á buscar la Ver- dad en abstracción; viene á ser la fórmula algebrayca de la ciencia; por consiguiente se dirige á la Razón: la Etica en- seña á buscar la Verdad por la excelencia moral que en- cierra; y se dirige á la Coíiciencia: la Estética busca la Ver- dad bajo formas concretas y sensibles; y se dirige al Senti- miento sin dejar de hablar á la Razón: si se quiere, es la parte más material de la Filosofía ; pero también es la que examina esta facultad de sentir que constituye indudable- mente la armonía entre el alma y el cuerpo. Concretemos nuestras consideraciones á la Estética ya que es la parte que se ocupa del Arte. Estética procede de una voz griega que vale sentir. Prin- cipióse á usar esta palabra en una época en que se hizo con- sistir la Teoría intrínseca del Arte en el examen del Senti- miento que la Belleza dispierta en nosotros. Kant consagró mas tarde la voz en su estudio psicológico de lo Bello: y apesar de que su significación no respondía al objeto que la ciencia del Arte debe llevar, supuesto que el que cultiva el Arte no necesita conocer como ó de que manera senti- mos, sino cuales son los móviles del Sentimiento; la voz quedó admitida. Quizá con mas propiedad podria dársele el nombre de Calloloffía, de dos palabras griegas callos que vale Belleza, y logos que vale ciencia ó conocimiento; pero esto seria introducir una innovación para la cual no esta - mos autorizados. No cabe dar definición categórica y exacta de la Estética geyíeralj sino decir sencillamente, que es la 2)arte de la Fi- losofia que se ocupa del Sentimiento; á no ser que especiali- zando más, digamos que es, la Teoría del Arfe relativa al criterio de la Belleza. — 15 — Criterio viene de crítica^, que es el juicio razonado que se hace de los objetos de arte. Debe tenerle el que ejerce el Arte, tanto para la producción, como para el estudio de las obras de los demás. De aquí el que la doctrina de alguno que ha escrito sobre Estética se haya llamado Criticismo, Filosofía^ critica, ó Idealismo crítico. La Crítica ha sido efectivamen- el punto de partida de la Estética; y los críticos son los que han sistematizado esta ciencia del Arte en provecho del Arte mismo. Y cuenta, que no considero como críticos todos los que han dado en ejercer la Crítica, porque no de- ben reconocérseles en todos las circunstancias necesarias para ello; pues para ejercerla se necesita mucha ciencia, mucha experiencia, y una exquisita delicadeza de sen- timientos, pues como dice el proverbio italiano: «Tutto si j)uò sjñegar iutto dir lice Ma lisogna saper come si dice» proverbio que no parece sino que se haya hecho para el caso. La Crítica ejercida por mano maestra honra al que la ha merecido, porque siempre supone en la obra critica- da circunstancias que han llamado la atención del crítico maestro, por su bondad; pues la Crítica debe enseñar, mas no por exposición negativa, esto es, poniendo de manifies- to los defectos, sino relacionándolos con las bellezas. La Estética tiene por objeto el conocimiento de la natu- raleza, del fin y de la misión del Arte, las formas que este reviste; las relaciones que estas formas guardan entre sí; el puesto que á cada una de ellas le corresponde en una clasificación natural. Sin el conocimiento de la Estética, solo se sabran términos vagos^ solo se tendrán ideas vulga- res ; se harán divisiones caprichosas y superficiales; y se desconocerán los límites de cada una de las formas que el Arte reviste; de donde, el extraHmitarse en los modos.de expresión, desnaturalizando el Arte. — 16 ~ Se dirá que ha habido grandes artistas cuando no existia todavía sistematizada la ciencia Estética; peroá nadie se le ha ocurrido decir que entre los fundadores de escuelas cé- lebres haya habido uno que no haya tenido teorías estéticas especiales: si no las formularon, las emitieron como princi- pios sueltos. La Estética es ciencia muy moderna; sin embargo su historia data de muy antiguo: lo cual prueba cuanta expe- riencia ha sido menester para elevar sus principios ó sistema. La Estética ha de servir de hoy mas para explicar las Bellas Artes, para razonar sus prácticas. Después de haber existido en estado de mero presentimiento ó como mera intuición en el alma de los grandes artistas de las edades pasadas, deberá servir de guia á los maestros presentes y á los que les han de suceder en el cultivo del Arte bajo las distintas formas que reviste.