CAPITULO VI. DE LA PRODUCCIÓN ARTÍSTICA. I. El Artista. El Profesor. El Aficionado.—Genio. Talento. Inspiración. —11. La obra de Arte. Invención. Composición. Complemento.— i n . Originalidad. Humorada.— r v . Estilo. llanera. Escuelas. I. La actividad que produce la obra de Arte es el artista. La palabra Artista tiene dos acepciones: ó significa sim- plemente el que se dedica al Arte y le profesa; ó bien sirve para distinguir al que sobresale en él: en cuyo segando caso, semejante dictado vale en el dominio del Arte lo que en el de la Ciencia el dictado de Sahio ; y el diploma que le confieren las Academias y Liceos, no es mas que una muestra de deferencia, un homenage tributado al mérito. Solo esta segunda acepción merece la consideración es- tética. Sin embargo, en la primera acepción hay algunas ob- servaciones que hacer, que á la consideración estética per- tenecen, y que son necesarias para desvanecer algunos er- — 81 - rores, si no preocupaciones, que en el mundo del Arte existen. Desde luego no debe entenderse aquí por Profesor el preceptor ó maestro, porque solo por antonomasia se ha dado este dictado al que enseña el Arte; pudiendo esta ser otra acepción de la voz, que no hace aquí al caso. La profe- sión solo se refiere al modo de vivir que uno elige; y el Arte pertenece á todos los estados, á todas las condiciones y á todas las clases de la sociedad; se ejerce sin título alguno académico, donde quiera y como quiera; siendo aplicable á todos los medios de expresión que el hombre tiene. Pero profesar el Arte, esto es, ser profesor del Arte no es ser Artista en la segunda acepción de la palabra, porque puede uno cultivar y aun sobresalir en el Arte sin profesarle. He aquí el Aficionado. Por esto no puede decirse que ^Aficio- naÁo sea la antítesis ó la contraposición del Artista., como rigorosamente hablando tampoco puede serlo del Profesor., porque no puede darse un profesor que no tenga afición al Arte que constituya su profesión; al paso que no puede su- ponerse la imposibilidad de ser Artista en quien no profese el Arte. La profesión nada tiene que ver con las cualidades que constituyen el Artista; porque lo mismo pueden encon- trarse aficionados con Genio y con gusto artístico, que pro- fesores que carezcan de ambas circunstancias. Pero consideremos ya la palabra Artista en la acepción de sobresaliente en el Arte. Las cualidades que han de adornar al Artista de este modo considerado, son de dos cla- ses, á saber: unas que proceden de la Naturaleza; otras que dependen de nuestra voluntad. Las que proceden de la Naturaleza y por lo mismo se califican de naturales, son, el Genio y el Talento: las que dependen de nuestra volun- tad y por lo mismo se califican de voluntarias, son, la JEducacion y la Instrucción, esto es, los buenos modales, las buenas maneras, el fino trato, y el cultivo de nuestras 6 — 82 — facultades intelectuales por medio de estudios serios siste- matizados. El Genio supone Imaginación. Solo por extensión se lia tomado la palabra Genio, tal como sxiele aplicarse á todo el que está dotado de facilidad de hallar sin esfuerzo la solu- ción de cuestiones complicadas ó dudosas en cualquier ra- mo de conocimientos. Solo por analogía puede aplicarse á un industrial, á un jurisconsulto, á un gran capitán el epíteto de hombre de genio, cuando se note en uno de esos hombres la facilidad de hallar salida á un punto que se les haya presentado diñcultoso. El Genio supone Talento, esto es, capacidad para el cultivo de las artes; y en este senti- do se ha confundido aquella dote con esta capacidad: no: el Genio supone Talento, pero el Talento no supone Genio; este brilla con luz propia, aquel con luz reflejada; el Genio es estrella fija, y el Talento el planeta que gira á su rede- dor: el Genio produce un todo debidamente dispuesto, esto es, una obra completa, mientras que el Talento, solo es una capacidad particular dentro de una esfera más bien cientí- fica que artística. En las artes el simple Talento sin el Ge- nio solo puede dar por resultado una hábil ejecución, no pasando más allá de la habilidad y de la destreza. Al Genio le distinguen la inclinación á interesarse por todo, la capa- cidad de comprender el lado individual y el particular de las cosas, la realidad de sus formas, y la facultad de rete- ner cuanto ve y observa: añádase á estas circunstancias la intuiciqn, esa visión interior que facilita la productividad de la Fantasía, y hasta proporciona cierta destreza para manejar los materiales propios de cada una de las formas artísticas. Porque este manejo nunca suele presentarse al Genio como un obstáculo para la producción: cuanto más grande es el Genio, menos dificultad encuentra en adquirir destreza; le es natural, como parte que es de la capacidad, -83 - del talento artístico. Por consiguiente, el don de ejecutar no le posee el Artista como facultad puramente especulativa de sentir y de imaginar, sino como disposición práctica para emplear todos los medios que el Arte necesita para expre- sarse: las palabras, el poeta; los sonidos el músico; la ma- teria con todas sus dimensiones y apariencias, el arquitec- to, el escultor y el pintor. No se crea por esto que semejante destreza, como conse- cuencia necesaria del Genio, no exija un ejercicio continua- do, antes al contrario, debe desarrollarse desde muy tem- prano con la práctica, para llegar á dominar los materiales y el procedimiento, de modo que puedan en su dia ser obe- dientes, y por lo mismo fieles intérpretes del Genio. Los materiales y el modo de manejarlos debe el Artista cono- cerlos como instintivamente, por decirlo así, á fin de que absorvan la menor parte de atención posible en la produc- ción de la obra de Arte. Poco adelantarla el literato que hubiese de atender á la estructura de las palabras para estudiar, ó á la forma de las letras y reglas gramaticales para vaciar sus conceptos; poco adelantaría el pintor que hubiese de atender al estudio de las proporciones del cuer- po humano y del contraste de los colores para componer un cuadro; y el músico á la disposición y estructura de las escalas y entonación de las notas para componer ima sinfonía. Y de la propia manera que con la sola destreza no se llega á producir una verdadera obra de Arte, sino un alarde gimnástico del Talento, por ejemplo : el de un vio- linista tocando unas variaciones, de un escultor ejecutando las diminutas y delicadas mallas de una red, ó de un poeta componiendo un complicado acróstico; tampoco son favora- bles al Arte los medios trabajosos para la producción, y las dificultades en la ejecución. El escultor siempre desplegará mejor su Genio ejecutando el primer pensamiento en bar- — 84 - ro, que en piedra: la ejecución musical no debe poco á la simplificación de los instrumentos sinfónicos. El Genio es la actividad productora de la Fantasía, por la cual la idea adquiere la posibilidad de hacerse accesible á los sentidos: y el estado del alma en el momento que la Imaginación está funcionando ó realiza sus concepciones, es la Inspiración: de manera que puede decirse, que la Fan- tasía es el teatro, el Genio es el actor, y la Inspiración es el espectáculo. Y decimos esto para que no se confunda lo uno con lo otro, pues de otro modo se formarán equivocados conceptos, se promoverán inexplicables confusiones, y se producirá un inconcebible barullo en las apreciaciones, su- mamente trascendental en el cultivo del Arte. No es el menor de los errores el creer que el Genio basta para este cultivo, y que toda instrucción y toda educación son inútiles; de donde se deduce el llamar Genio á toda aberración, á todo desarreglo, á todo desorden, á todo me- nosprecio de las eminencias del Arte, á todo desborde en la conducta artística. Si tal fuese el Genio, no habría me- jor artista que un loco ó un borracho. El Genio necesita las más de las veces quien le dispierte; ningún Genio nace tampoco educado, sino que necesita principios que le diri- jan, máximas que le enfrenen, no para tiranizarle, sino para contenerle: al cabo el fuego de la Imaginación no debe ser llama devoradora, sino calor vivificante. La verdadera Inspiración se realiza sobre determinado asunto del cual la Imaginación se haya apoderado, para expresarlo bajo una forma artística, constituyendo la situa- ción del Artista mismo durante el trabajo combinado del pensamiento y de la ejecución material. Es indiferente la manera como debe ofrecerse un asunto al Artista para exci- tar en él la Inspiración, pudiendo haberle buscado él mis- mo, ó haberle sido señalado. La causa que proporciona la — 85 — ocasión de producir, puede muy bien venir de fuera: la sola cuestión importante es, que el Artista se encuentre in- clinado á él por un interés vivo y enérgico: la Inspiración vendrá en seguida, ó será simultánea. El asunto dado dis- pierta las más de las veces la Inspiración, la solicita: la mayor parte de obras artísticas de mérito han sido com- puestas sobre asunto dado: los concursos públicos han pro- ducido las más de las veces obras maestras. Por esto no tendrá razón el Artista que entable recurso de fuerza con- tra asunto dado. En ningún caso la Inspiración debe ser evocada por un propósito deliberado, ó por la voluntad aisladamente; por que el que premeditadamente busca la Inspiración no pro- ducirá ninguna obra de Arte, porque ningún interés ar- tístico habrá movido su alma. Por esto es error considerar la Inspiración como un resultado de la exaltación, porque no puede ser efecto del calor de la sangre. Suponerla hija de los vapores del vino ó del bullicio de una orgia, es un absurdo, una jactancia que al paso que rebaja al hombre, destruye el mérito artístico. El enagenamiento de nuestras facultades espirituales no puede dar nada de provecho; el vicio no puede dar la virtud; lo falso no puede dar lo ver- dadero; lo malo no puede dar lo bueno; lo feo no puede dar lo bello, lo artístico. También se equivocan los que creen que lo delicioso de un sitio puede excitar la Inspiración: muchas veces no hace mas que embotar la sensibilidad, y algunas excitar el goce material de los sentidos. Las cualidades naturales por sí solas no bastan para cons- tituir un verdadero Artista; son menester además otras cu- ya adquisición depende de la voluntad, y que sirven tanto de estimulo como de lenitivo. El Genio y el Talento son una disposición de nuestras facultades intelectuales y de la sensibilidad, jjero necesitan dispertarse y desarrollarse: y he aquí lo que se alcanza por medio de la Educación y de la Instrucción. La Educación debe ser esmerada: debe poseerse para co- nocer el trato del mundo en todas las clases, categorías y estados; para sondear y conocer el corazón humano donde quiera que haya sensaciones que excitar y caracteres que desarrollar; y para hacerlo sin abusar de los medios que el Arte tiene, sin faltar á los deberes sociales. El trato social enseña al hombre tanto como los libros, á adquirir concien- cia de sí mismo y de las necesidades de la sociedad en que vive. Este trato social no debe limitarse al de un solo sexo, sino al de ambos reunidos ; por un lado , por razón de las distintas circunstancias y condiciones de cada uno; por otro, porque en esta clase de reuniones se guardan consideraciones, que si no son virtudes, predisponen el ánimo para adquirirlas, se adquieren ideas morales, y se aprende á hacer sentir álos demás, impresiones que no fal- seen el resultado moral del Arte. La Instrucción exije estudio y reflexión: el estudio hace razonado al Artista, la reflexión le da todo el aplomo nece- sario para obrar con verdadera libertad é independencia. En el trabajo del Genio ha de intervenir la reflexión; de otra manera podría decirse que el Artista en su tarea, obra por un impulso irresistible procedente de una fuerza inte- rior, como'algunos han querido suponer; y esto seria reba- jar el mérito artístico. El que se dedica al estudio del Arte debe extender su curiosidad á todos los objetos, para cono- cimiento de las formas del mundo físico, de la naturaleza íntima del hombre, de las pasiones que agitan su corazón, y de los tines á que su voluntad aspira: debe saber bajo qué condiciones el espíritu en sus distintas fases puede presen- tarse en la' realidad; debe ver. oír y procurar retener mu- — »/ — cho en la memoria para que todo germine en su interior y pueda presentarlo bajo distintos aspectos; en una palabra, debe reunir u n caudal de ideas que espontáneamente acu- dan á su Fantasía en determinados casos. A fuerza de ejer- cicio adquirirá no solo el liábito de producir, sino también la experiencia necesaria para conocer el buen camino, y el modo de salvar cualesquiera obstáculos que en la produc- ción puedan ofrecérsele. He aquí lo que desvanece la idea de que la edad juvenil sea la propia del Arte: porque no es fácil conocer desde muy temprano la realidad bajo todos sus puntos de vista, ni estar familiarizado con la Naturaleza y su modo dft presentarse á los sentidos. La instrucción no debe el Artista adquirirla por pasión, sino por convicción; de lo contrario seria perjudicial al ejercicio del Arte mismo. La Instrucción debe ser un au- siliar: así es que no debe adquirirse para bacer de ella una aplicación especial en la práctica del Arte; pero tampoco se adquiera la instrucción con fin vago, porque se arroja la perplexidad en el espíritu; y como el que viaja solo por viajar, se divaga, y nada se aprende. El Artista debe buscar la instrucción así en la práctica del Arte como en las teorías del mismo: pero más apro- vechando las ocasiones que la casualidad le depare, que yendo en pos de tales medios; porque la práctica del Arte, así como las teorías que pueden dirigirla, son como los aduladores: contradecidles y desde luego adhieren á vues- tra opinión: no hagáis caso de su opinión, y la verdad sa- le de estos medios espontáneamente. La práctica compren- de la contemplación de la Naturaleza y de las obras maes- tras del Arte, el Artista en su trabajo de Estudio, en sus observaciones, en sus procedimientos, y hasta en la ejecu- ción. Las teorías deben ser no las que tienen la pretensión de proveer de preceptos al Arte, sino las que son hijas de — 88 — la experiencia y estan basadas sobre la práctica, únicas que pueden señalar las sendas en que esta puede extraviarse, y proporcionar á la Critica una base sólida. Ambos me- dios deben ser atendidos: no debe el Artista ceñirse á uno solo al tratarse de resolver el menor problema de Arte. Con la sola práctica solo se adquiere facilidad de hacer, lo cual suele dar mucba petulancia; solo se crean imi- tadores; con ella sola todo es empírico, se carece de todo principio, y si alguno se admite, es apasionado, estando fun- dado mas en el modo personal de sentir, que en un modo racional de pensar; todo son consejos parciales, engañosos y sujetos á preocupaciones de Estudio, de país, de Escuela: y aunque sea verdad que tal práctica puede dar lecciones bastante provechosas, pero es muy fácil que produzcan ru- tinarios. Con las solas teorías, aunque estas sean la reu- nión metódica de los mejores principios dispersos, si bien se aprenden las reglas de la Crítica, sin la práctica, es fácil que no produzcan mas que pedantes. De lo que se deduce, que sin la disposición necesaria para el cultivo del Arte, esto es, sin Genio ni Talento, ni la práctica ni las mas sanas teorías podrán constituir un Artista: y sin embar- go, con gran fuerza de voluntad, si no se producen gran- des obras de Arte, tampoco se producirán grandes dispa- rates. II. # Conocida ya la actividad productora de la obra de Arte con todas las cualidades que deben dolarla, pasemos á co- nocer las circunstancias que deben distinguir esta obra. Dotado el Artista por la Naturaleza con Genio, engala- nado con la Instrucción y los conocimientos estéticos, se — 89 — lanza á la producción, para la cual se requieren tres ope- raciones, á saber: Invención, Comjoosicmi y Ejecución. Inventar en el Arte no tiene el mismo significado que en la Ciencia. La Invención artística difiere de la científica tanto en su objeto como en sus resultados: en su objeto, porque nada tiene que ver con los medios de producir, sino con la idea y el modo de producción, mientras que en la ciencia la Invención se refiere por completo á los medios. El hombre científico inventa combinaciones así de mate- riales como de medios para producir: el Artista inventa formas según determinadas ideas; lo cual no quita que muchos hombres científicos obren muchas veces como ar- tistas, sin echarlo de ver; porque toda forma del Arte pro- cede, como todo procedimiento de la Ciencia nace. La Invención es la operación que en primer lugar se practica para la producción artística; es un acto distinto de los demás, y en manera alguna es parte de la Composición como algunos han dicho; y en tanto es así, como que mu- chas veces una producción artística está bien inventada, esto es, tiene buena Invención, y está mal compuesta. Cuando á la obra artística se le da el nombre de Composi- ción no se toma esta palabra como acto necesario para la producción artística, sino como término genérico de la pro- ducción misma. La Invención suele confundirse también con la Inspira- ción. Esta, como queda dicho de antemano, no es mas que el estado del alma en el momento que el Genio realiza sus concepciones, en que inventa; es una consideración psico- lógica, no un acto de la producción artística. La Invención es el resultado de la Inspiración. En vista de lo dicho puede definirse la Invención en es- tos términos: es el hallazgo de la imágeii del asunto. Como — 90 — se deja entender, la imagen puede ser así tónica y literaria como plástica; de otra manera no se atribuiria Imaginación al músico ni al poeta, como se atribuye al arquitecto, al pin- tor y al escultor. Inventada la Obra, pasa el Artista á componerla. La Composición no consiste mas que en la disposición y comMnacion de las partes que la imagen del asunto propor- ciona. De manera que se refiere muy especialmente al ele- mento sensible, y es puramente exterior: es la distribución de papeles á los actores dramáticos, y al propio tiempo la disposición escénica. La Composición se ocupa tan espe- cialmente de la forma, como la Invención se ocupa del sen- tido, de la idea á que ella ba de responder y que ha de exteriorizar: lo cual al paso que robustece las pruebas que existen y quedan indicadas de que en ningún caso la Com- posición puede comprender la Invención , pone de mani- íiesto que las teorías estéticas no pueden tener generalida- des respecto de la Composición, porque las que existen, son especiales, afectan muy inmediatamente á los medios materiales de ejecución, debiendo dejarse para cuando se trate de cada especialidad. La obra de Arte debe presentarse completa, esto es, con- cluida: en ella todo debe estar ejecutado por completo. De- berá pues entenderse por ejecución la comjileta y perfecta terminación de la obra por el l·iten empleo de los materiales que los distintos modos de expresio?i prrojwrcionan. Llamase también Complemento. El talento para ejecutar no debe presentarse en el Artista como poder sino como realidad: lo que no aparece en lo exterior, no existe en el mundo del Arte. Esos alardes de fácil ejecución que quieren algunos aparentar, dejándolo -91 — todo descuidado, al paso que manifiestan orgullo y dejan ver como un desprecio hacia el público, espectador, oyente ó lector, no son mas que fanfarronadas y pretensiones de querer el autor glorificarse á sí mismo y venderse por más de lo que vale. Una obra de Arte no debe ser una indica- ción de la Belleza, sino la Belleza misma tal cual haya na- cido en la imaginación del Artista: por esta razón un sim- ple boceto no llega á ser todavía una obra de arte. Si en Arqueología artística son apreciados los bosquejos de autores que fueron, apreciándose el poder por la realidad, es por- que se conoce ya lo que el autor vale en otras obras por las cuales se ha hecho apieciable; pero de un artista vi- viente, los bosquejos, los borradores, no deben pasar más allá del recinto de su Estudio. Las principales cualidades del Complemento son la faci- lidad y la corrección. Facilidad. El espectador debe sentir el efecto de la obra de Arte sin echar de ver los medios empleados por el Ar- tista. Desde el momento en que se descubren tales medios, se ve al artífice que los ha empleado, y el efecto decae: en- tonces no se producen mas que ídolos fabricados por la mano del hombre, y no imágenes nacidas en la Fantasía. Los medios rebuscados tampoco son los que mejor efecto producen: no está poco encarecida la difícil facilidad, y no requiere poca práctica ni poca experiencia adquirir esta dote. Por esto la práctica del Arte nunca dejará de ser bas- tante encarecida á ñn de que en la ejecución no se halle obstáculo para la producción. La facilidad solo se adquiere con una temprana y continuada práctica, áfinde que en la época de la producción se esté completamente familiariza- do con los materiales y con los medios de ejecución. Corrección. A ella debe precederse como última mano. La Corrección necesita un criterio justo, formado por la re- — 92 — flexión no menos que por el buen gusto. La experiencia y el continuo ejercicio desarrollan este gusto, de la propia manera que hacen adquirir el hábito de juzgar convenien- temente de las cosas. Queda dicho que la obra de Arte se dirije al Sentimiento no menos que á la Razón; y puede muy bien suceder que en el calor de la producción el Senti- miento nos haya arrastrado más allá de los límites de lo razonable, y entonces será menester que la Razón recobre sus derechos entregándose el Artista al acto de la Correc- ción. Los distintos modos de expresión artística que el hombre tiene, requieren distintos y especiales modos de Invención, de Composición y de Ejecución. La expresión plástica presenta la forma en el espacio. Ya da á la materia formas que no proceden directamente de la Naturaleza, sino retrotrayéndola á lo elemental de la Geo- metría; y valiéndose de las leyes físicas todo lo aplica á las necesidades que la civilización de continuo crea: ya saca de la Construcción motivos para la decoración y aplica las leyes de la Regularidad según los casos y las circuns- tancias: ya imita al ser animado, dando razón, unas veces simplemente del carácter ó índole del espíritu que le ani- ma, colocado en situaciones diversas, limitándose á las formas exteriores con toda propiedad y difundiendo la vida con igualdad por todas las partes del cuerpo; otras veces representando al ser animado comprometido en una acción, expresando por medio del gesto, del ademan y de la actitud los sentimientos que pueden desarrollar el ca- rácter del hombre; y entonces la representación ya no emplea la materia con su volumen, sino en simple apa- riencia de este, complícase la forma gráfica con las modiñ- caciones de la luz, y el mismo espectáculo de la Naturaleza — 93 — llega á formar tema especial de la Invención y ser objeto de la Composición. La expresión tónica presenta la forma en el tiempo. Es- coje la cualidad y la cantidad de los sonidos; y fundiendo en uno los elementos aritmético y acústico, da razón de los sentimientos del alma engendrados por las creencias reli- giosas, ó por el amor patrio, ó por el deseo de la gloria, ó por cuantos sentimientos pueden brotar del desarrollo de una acción; expresándolos con toda la expansión de que el entusiasmo es susceptible. La sonoridad, la tonalidad, el ritmo, el número, el timbre de las voces y de los instru- mentos, la melodía, la armonía con todas sus combinacio- nes, las relaciones del mal llamado contrapunto, complican la producción; y esta complicación, que desde luego se echa de ver, ha hecho que bajo el titulo de Compositor, solo se entienda comunmente el Artista músico; siendo así que puede aplicarse á todos los que cultivan las demás artes; de la propia manera que por razones análogas referentes á la forma más material, el dictado de Bellas Artes no es ex- clusivo de las que tienen por base de su expresión el Dibujo. La expresión literaria; presenta la serie encadenada de ideas capaces de manifestar el desarrollo de una acción bajo todas sus fases, ó puede ser simplemente la manifestación clara y explícita de lo que pensamos y de lo que sentimos. Las partes ó momentos de una acción, la elocución, la acep- ción de las palabras, el sentido de las frases, la cadencia de los períodos, la estructura de las cláusulas, el ritmo y la rima, vienen á presentarse al poeta como elementos ,cons- titutivos de su obra no menos que como materiales para la expresión de su idea. — g i - ra. La obra de Arte debe presentarse revestida de circuns- tancias especiales, sin las cuales carecerá del sabor artís- tico conveniente. Estas circunstancias son, á saber: la Ori- gmalidad y el Estilo. La Originalidad es la que llama en primer lugar la aten- ción; porqpie con las ideas que vulgarmente envuelve, ha- laga más el amor propio: así á la idea de Originalidad suele unirse la de especialidad, de novedad y hasta la de la Mo- da. El Estilo se confunde con la Manera: la Manera suele tomarse muchas veces en sentido bueno y otras en mal sentido, por ejemplo: elogiando un cuadro decimos qne está pintado por la íW«í?er<í^rffltóio5«; y sin embargo, cuando se quiere rebajar el mérito de una obra de Arte decimos que hay en ella amanermniento. Por otra parte, del Estilo nacen las Escuelas; y la Escuela unas veces se considera por la naturaleza del artista, y otras por la imitación del estilo de un maestro más ó menos célebre. La confusión, las dudas y las cuestiones que de este mo- do tan contradictorio de entender las cosas pueden nacer , exigen consideraciones especiales acerca de dichas dos cir- cunstancias indispensables en la obra de Arte. Aunque la Originalidad parezca en cierto modo una cir- cunstancia accidental en la obra de Arte, sin embargo es una condición precisa é indispensable en esta, sin la cual no hay más que imitación servil, ya de la Naturaleza, ya de la obra de otro artista. En la obra de Arte el Artista debe identificarse con el asunto de tal modo, que produzca la obra como espontá- neamente, sin violencia ni trabajo alguno, y no como tra- - 9o - yendo á propósito las partes componentes: lo cual quiere decir, que el Artista no debe dejar ver- en la obra su per- sonalidad, que debe olvidarse enteramente de sí, para que en su producción no aparezca indicio alguno del trabajo de la imaginación y de la inteligencia respecto de la idea; ni de la mano productora respecto de la forma. El actor que no se reviste del carácter del personaje que representa, el pintor que deja ver el mecanismo de la ejecución, y el músico, y el arquitecto y el escultor y el poeta que en el acto de la producción necesitan tener á la vista obras age- nas, no producen Originalidad. Esta circunstancia adhiere perfectamente á la nunca bien encarecida difícil facilidad. La verdadera Originalidad consiste en la expresión es- pontánea de la idea de que el Artista se Iw.ya penetrado, de . modo que no la inlerrtim^M ni altere ninguna circunstancia accidental, ni en la concepción, ni en la ejecución. No con- siste, pues, en singularidades de ninguna especie: rechaza toda particularidad accidental, aunque no sea más sino porque lo ideal no la admite. Las singularidades de u n in- dividuo, esos rasgos que solo en él se advierten y no es fácil que á nadie más que á él se ocurran, son una Origi- nalidad nula y de ningún valor, porque solo se presentan como u n capricho ó un mero antojo. Si la Originalidad consistiese en ese capricho, seria más original el más estra- vagante. La obra de Arte debe presentarse pues, como sa- liendo de sí misma, y como si se hubiese dejado que por sí misma se produjese espontáneamente, de un solo golpe y sin esfuerzo alguno. La Originalidad no es la novedad en el sentido de cuali- dad que halaga el amor propio de los que solo aman lo nue- vo por ser nuevo, sino la novedad que trae consigo la espontaneidad de la producción y la propiedad de la aplica- ción; pero en ningún caso serenero á la Moda, porque esta — 96 — trae consigo la idea de capricJio irrazonado, y carece mu- chísimas veces de novedad; mientras que la Originalidad, tal como se entiende en el Arte, trae siempre consigo la novedad: atestíguanlo los mismos partidarios de la Moda cuando dicen, que vuelven las modas antiguas. Lo espontaneidad de la producción y la propiedad de la aplicación son dos circunstancias que no pueden menos de presentar novedad, porque siempre aparecen como inhe- rentes á la idea y á la forma, esto es, como que hubiesen nacido para ellas, y como si no pudiesen ser para otro ob- jeto que para aquel que se hubiese uno propuesto. Esto no quiere decir que alguna vez ciertas obras de Arte sean me- jor admitidas que otras, ó que unos géneros tengan en ocasiones dadas mayor aceptación que en otras, y que mu- chas veces la Moda no pueda descubrir circunstancias que sean provechosas para el Arte ; lo que quiere decir es, que el Arte no puede ni debe admitir en ningún caso la Moda como estímulo de la producción. A veces el Artista por un arranque especial de su genio, prescindiendo del carácter propio del fondo y de la forma, y haciendo brillar su imaginación sobreponiéndose á la idea adoptada, presenta lo ridículo y lo extravagante délas cosas. Entonces no existe la verdadera Originalidad, solo existe el humor. Esta palabra ha sido admitida en la no- menclatura artística, y ha hecho que se dé el dictado de humorista al escritor que afecta esta clase de Originalidad, haciendo alarde de ella. El humor presenta cierta vivaci- dad, y un carácter, en cierta manera festivo con tendencia ala sátira. Así llamamos los españoles htimorada ala re- presentación de la parte cómica de todo hecho ó caso espe- cial cualquiera que sea; ya que todo en el mundo tiene una parte ridicula, aunque no todos tengan la perspicacia de verla ni el suficiente genio para representarla. Lo Hu- - 97 — morístico será pues, el ahandmw del artista á semejante gé- nero de represeíitaciones. Puede haber en ello agudeza é ingenio, y ofrecer al mismo tiempo un atractivo deslum- brador; pero siempre dejará ver la ingercion, encierla ma- nera impertinente; produciéndose la obra sin la suficiente relación ni el enlace necesario, al propio tiempo que distraerá la atención del espectador ú oyente , y será dar á un accesorio una importancia perjudicial á la idea propues- ta, lo cual nunca puede ser ventajoso para el Arte. Pro- puesta la idea, el Artista debe sacrificar su personalidad y su amor propio á ella, y dedicar enteramente á ella su genio y su ilustración. Por esto pecan contra el Arte ciertos artistas que se complacen en presentar en sus obras ciertos incidentes, de buen efecto, sí, pero poco convenien- tes á la acción, y tanto más perjudiciales cuanto mayor es su mérito artístico, porque quitan el interés á lo principal. Ya que el Artista producirá Originalidad cuando bien pe- netrado de la idea la hubiere hecho suya y la hubiere ex- teriorizado con toda espontaneidad; se pregunta, ¿será original el que lomando la idea de otro, produzca también con espontaneidad, esto es, con todas las condiciones de la Originalidad? Lo será en efecto; no pudiendo haber en- tonces razón para reprochar las'semejanzas que pudieren hallarse entre una y otra obra, toda vez que no tendrán el carácter de plagio : podrá haber sí igualdad en la idea, po- drá haber, si se quiere, rivalidad, pero nunca habrá repro- ducción, ni copia. No creo que pueda negarse la posibili- dad de que dos hombres sientan de la misma manera, y estén inspirados por un mismo objeto, y aun sientan lo mismo; y muchos ejemplos ha habido que lo comprueban. ¡Cuántas veces se ha visto una misma idea nacida en la mente de dos hombres que jamás han estado en comuni- cación, ni han tenido jamás trato alguno entre sí, habiendo 7 - 98 - residido á distancias inmensas el uno del otro! pues tam- bién puede la obra de un Artista dispertar el genio de otro, y producir este una obra original sobre un mismo tema, y hasta con gran semejanza, si hubieren sentido déla misma manera. Por otra parte, si las semejanzas en la idea y en la forma matasen la Originalidad, no seria posible el juicio que sobre una obra artística hubiese de hacerse: semejante juicio debe estar fundado no en la noticia de lo existente, sino en un criterio razonado de las cualidades de la obra que haya de ser juzgada, ó lo que es lo mismo, no en el dato histórico, sino en el principio científico. IV. La circunstancia que distingue la Originalidad es el Es- tilo. El Arte se ha anunciado en la Sociedad como se anuncia en el individuo, á saber, con el Estilo. Sin Estilo no hay más que obras sin convicciones, ó una imitación de la Na- turaleza, sin objeto. Entre el simple imitador de la Natura- leza ó del Arte mismo, y el Artista, existe una distancia inmensa, que solo puede salvarlo el Estilo. El Estilo puede considerarse bajo dos puntos de vista, á saber: uno general que constituye el objeto del Arte; y otro particular que se refiere al modo de expresión y de repre- sentación que cada Artista tiene. El Estilo considerado bajo el primer aspecto, es el con- junto de circunstancias que reasume los varios modos co- mo la Belleza se presenta: no es la realidad, no es la Na- turaleza, sino lo Ideal, la Belleza misma. En este sentido general, una obra de Arte tendrá Estilo cuando todo esté representado en ella con aspecto propio y peculiar, y — 99 — con lo que más pueda caracterizarla. Un edificio, por ejem- plo no tendrá Estilo cuando no presente más que circuns- tancias aplicadas sin criterio, ó bien caprichosa ó inconve- nientemente. Tampoco le tendrán las obras de Pintura ó de Escultura cuando se presenten solo como imitaciones inoportunas ó inconvenientes de la Naturaleza, ó de la obra de otro Artista, no revelando más que la adopción caprichosa : tampoco le tendrá una música cuando no con- sista más que en combinaciones armónicas sin razón de ser que las justifique: ni tampoco le tendrá la obra poética que no se desarrolle con los elementos caracteres y cir- cunstancias espontáneamente; y, en una palabra, no le tendrá ninguna obra de Arte que no lleve las condiciones de la Originalidad. Véase pues, como el Estilo bajo el pun- to de vista general, constituye el objeto del Arte, porque es la Belleza misma. El Estilo es al Arte lo que las leyes de la Naturaleza son á la Naturaleza misma : para obrar artís- ticamente debe tenerse Estilo, como el Creador hubo de ser legislador para llevará cabo la creación. Sin Estilo no hay Arte, como sin las leyes de la Naturaleza no habria más que el Caos. Tres caracteres pueden distinguirse en el Estilo consi- derado como modo de presentarla Belleza, á saber: el grande, el ideal propio, y el de efecto.—El Estilo grande pre- senta la idea por la parle más característica, en lo esencial; es el Estilo ático en el Arte literario; lo griego antiguo de los mejores tiempos de la Escultura.—El ideal propio no presenta nada que no tenga un significado y no sea ne- cesario : ofrece la mayor vitalidad, es lo verdaderamente ideal, es la Belleza, y suele distinguirle la Elegancia.—El de efecto lleva casi todo -su empeño hacia la parte exterior de la representación: llega hasta lo minucioso: su intención es cautivar hasta por sorpresa: lo sencillo y lo grande desa- — 100 — parecen, reemplazándolos lo rico y lo gracioso; por consi- guiente la Gracia es uno de sus principales elementos.— Estos caracteres toman respectivamente los calificativos, severo, gentil ó florido, al determinarse en cada uno de los modos de expresión que el Arte emplea. El Estilo considerado bajo el segundo aspecto, esto es, en particular, refiriéndose á los modos de expresión y de representación, no es más que nn modo de presentar las cosas,propio y especial de cada individtmlidad artística, di- rigido por su modo especial de sentir. El Artista que tiene Estilo, á más de proceder como debe, en virtud de las le- yes de la idealización, ve las cosas por el prisma del senti- miento ; y al tomar la Naturaleza por modelo, la presenta tal como él la siente y por los medios que cree propios dentro de un determinado modo de representación. Bajo esta consideración se ha dicho: el estilo es el hombre. No se crea que el Estilo, bajo este aspecto considerado, revele la personalidad mezquina de que hemos hablado; porque no dependiendo de la voluntad del hombre sentir de este ó del otro modo, nada más natural que el hombre se parezca á sí mismo en el modo de hacer las cosas por sentimiento; aunque para hacerlas proceda por determi- nados principios y especiales teorías, y se acomode á la naturaleza y carácter especial de tales cosas: y si bien no dejará de traslucirse la individualidad de su Genio, no se- rá que esta se presente caprichosa ó irrazonadamente, sino sintiendo aquella cosa de un modo especial. Si el modo especial de sentir no es la base de la repre- sentación, la ejecución adquiere gran predominio, y se cae en la Manera. Esta no es más que un modo de ejecutar propio de tal ó cual individuo, caprichosamente adoptado pw este. Por consiguiente no siendo más que un modo de eje- — 101 — cutar, está reservado á la parle más exterior de la produc- ción artística. Por esto es tanto más ostensible cuanto más papel hace el elemento exterior: asi, donde más aparece es en lo plástico, por afectar al sentido en que las formas pal- pables hacen impresión. El Estilo suele confundirse con la Manera cuando esta por una casualidad ó accidente imprevisto, se armoniza con la conveniente representación. Pero esta casualidad le qui- ta á la Manera todo el mérito: por esto en ningún caso puede recomendarse esta degeneración del Estilo. Por consiguiente la diferencia que hay entre el Estilo y la Manera, es la que se deja ver entre el modo especial de sentir y el hábito de ejecutar. Por otra parte, el Estilo se doblega fácilmente á las exijencias y al carácter de la cosa, al paso que la Manera se pierde en la Rutina. Esta diferen- cia puede explicarse por la etimología de las palabras: Ma- nera, viene de mano; y esta pertenece á nuestra persona- lidad, estando identificada con nuestros hábitos corporales: al Estilo es el instrumento con el cual se trazan (trazaron los antiguos) las líneas; no forma parte de nuestro cuerpo, no siendo mas que un medio de que nuestra actividad pro- ductora se vale. La naturaleza del Estilo determina indu- dablemente la de las líneas que trazamos; pero le hemos elegido libremente y podemos cambiarle por otro. La Manera, á fuerza de repetirse^ se hace habitual, lle- gando á ser una segunda naturaleza en el Artista, y espe- cializándose más y más, á degenerar en Rutina. La Rutina por consiguiente es la destreza adquirida por el hábito: es la hipocresía del Talento. Cualquiera que sea el grado de habilidad que se adquiera por este medio, siempre queda reducida la producción dentro de un círculo oscuro que impidiendo los adelantos inutiliza las artes: se presenta siempre como degeneración del Estilo, y nace del equivo- — 102 — cado respeto debido á alguna eminencia artística, ó de la indolencia en no querer salirse de prácticas inveteradas por el uso. La Manera contraída de este modo aleja de la verdad hasta tal punto, que puede obligar á mentir impre- meditadamente la Naturaleza. Se ha dicho que el Estilo es un modo de expresar y de representar propio y particular del" individuo, dirigido por su modo especial de sentir: pues bien, así como el modo dé sentir no es igual en todos los hombres, tampoco ha sido igual en todas las épocas ni en todos los países. Existirán pues distintos estilos por efecto de esta diversidad, ya en- tre las individualidades artísticas, ya entre las distintas épocas y los distintos países, de conformidad con el desar- rollo histórico del espíritu humano. He aquí las Escuelas artísticas. Es absurdo clasificar las Escuelas por la patria de los artistas. En el arte pictórico, por ejemplo, encuéntrase que Poussin fué francés, y sin embargo estuvo siempre en Ro- ma. Juanes, con ser español, fué artista italiano; y si por ser natural de Valencia se da á su estilo el dictado de Es- cuela Valenciana, ¿podrá dársele al de Ribera, que estuvo siempre en Ñapóles y fué discípulo de Garavaggio? Es ver- dad que las Escuelas toman distintos rumbos, según los Genios que las dirigen; es verdad que el país en que se vive puede afectar en gran parte al estilo lo mismo que las creencias y las costumbres, para establecer la diversidad de Escuelas con la denominación de las distintas naciones; pero esto no altera el principio sentado de que la patria de los artistas no debe ser k única base para la clasificación de las Escuelas, como suele hacerse. Sulzer ha dicho respecto de ellas: «Suele darse el nom- bre de Escuela á una serie de artistas de origen común, al — 103 — mismo tiempo que con una comunidad de carácter en el talento.» Según Enrique de Mélida, constituye lo que se llama Escuela en Artes «la reunión de diversas individua- lidades artísticas unidas por educación y por sentimien- tos.» En un sentido más directo y preciso puede enten- derse por Escuela «una serie de artistas formados según los principios y reglas de un solo maestro»; pero en este caso téngase en cuenta que solo ha podido ó puede formar Escuela el que ha poseido ó posee principios fijos y razo- nables, no el que ha arrastrado ó arrastra una turba más ó menos entusiasta de plagiarios; porque ese tal no habrá te- nido ó no tendrá discípulos, sino imitadores. ¿Para el cultivo del Arte será menester afiliarse en algu- na de las Escuelas reconocidas? Mientras el Genio está bajo la férula del preceptor la confianza que en este se ha de poner ha de ser ilimitada, sus preceptos deben seguirse estrictamente: mas cuando se sale de la Escuela docente, principia la educación genial, que es la que se da uno á sí mismo, dirigido por sus propias convicciones y por un ra- zonado criterio. Entonces debe tenerse en cuenta que para sobresalir en el Arte debe hacerse no lo que otros artistas hayan hecho, sino hacerlo del modo como lo hicieron. Afiliarse intencionalmente en una Escuela, será hacerse servil imitador de su Estilo y contraer una Manera. Seme- jante imitación será de peor género que la servil imitación de la Naturaleza, porque habrá tenido por objeto la imita- ción de la imitación, mientras que la que se hubiere hecho de la Naturaleza habrá sido la imitación directa del pri- mero y único modelo que el Artista debe tener, aunque ol- vidando el principio de que la verdad de la Naturaleza no es, ni puede ser en ningún caso, la verdad del Arte. Acerca de la influencia que pueden tener las Escuelas en el adelanto y progresos del Arte, no podemos menos de — 104 - recordar lo que el Ilustre señor Don Nicolás de Azara en el prólogo á Menghs dice lamentándose del mal que las Es- cuelas pueden producir. «Todos los qiie las han fundado han sido hombres de mérito: sus discípulos los han procu- rado imitar, y á estos, otros sucesivamente: y como el que imita va siempre detrás del imitado, los últimos se quedan tan lejos que no llegan á ver á los primeros. Esto produce el obrar por práctica, y lo que he llamado pintores de receta.» Estas ideas pueden aplicarse á todas las demás artes.