CAPITULO V. ARQUITECTURA INFERIOR. ART. I. Naturaleza y objeto de las Artes suntuarias. La Arquitectura como arte de expresar simbólicamente nuestras ideas con formas labradas según las leyes de la Geometría y de la Mecánica no se limita, como queda di- cho, al edificio, sino qiie se extiende basta el más insigni- ficante dije ó trebejo, como única arte que tiene á su car- go dar forma á la materia que no la tiene en sí inmanente, para uso y comodidad y bien parecer de la vida social. Pe- ro las mayores dificultades que hay que vencer en la cons- trucción del edificio, y los muchos y más vastos conoci- mientos que hay que adquirir para la composición y la construcción, hacen que la Arquitectura se divida en ma- yor ó superior, y en menor ó inferior: á la primera dándole el nombre de Arquitecittra propia, reservando á la se- gunda el de Arle suntuario, como todo queda dicho altra- — 239 — tar de la naturaleza y objeto de la Arquitectura general- mente considerada. El Arte suntuario da producciones de término, ó por mejor decir, sus producciones son susceptibles de un sen- tido artístico ya determinado, y en ellas puede adivinarse una expresión. El objeto de la producción suntuaria será por consiguiente la belleza de todos los objetos distintos del edificio que la civilización hace necesarios, ya que el Arte suntuario es el que da forma á toda clase de materia- les para atender á estas necesidades. A las necesidades de la civilización distintas del edificio según queda dicho en su lugar, se atiende con el mueble y con el traje. MueMe es todo objeto construido y no cimentado, por lo que puede ser trasladado de uno á otro sitio. Sirve á los in- tereses materiales y aun morales de la vida común y prác- tica. Bajo su nombre deben admitirse los útiles y herra- mientas que se emplean en la producción, y.hasta las mis- mas armas ofensivas, por más que su utilidad sea del todo material. Traje es aquel ropaje de forma especial que cu- bre el cuerpo humano al cual sirve de abrigo y de defensa; respondiendo muy directamente á la necesidad del Bien parecer que el trato social exije: bajo su nombre deben ir comprendidas las armas defensivas que pueden usarse. El Traje y el Mueble se relacionan con el sentimiento moral no menos que con el material y positivo: la honestidad y la decencia así como el abrigo y la defensa son objeto del Traje; la custodia de nuestros intereses materiales, el prestigio de los morales, lo son de la misma manera, del Mueble. El fondo ó sentido del Arte suntuario lo mismo que el de la Arquitectura considerada en general, le constituyen las creencias de la humanidad así religiosas como sociales y políticas, las necesidades ya morales ya físicas, ya gene- — 240 — rales ya particulares que la civilización de continuo crea: así, un retablo, un vaso, un trípode, una joya, un traje, etc. etc., responden á todos estos sentimientos y á todas estas necesidades. La forma está también tomada del mundo real, más no por imitación escultórica ó pictórica, sino procediendo por teorías originarias y obedeciendo las leyes físicas, esto es, no imitando la Naturaleza sino sometiéndo- se á sus leyes; ó bien, imitándola, no en las formas reales sino en lo elemental de ellas. Cuando un artista construye una mesa, atiende á las fuerzas y resistencias de la made- ra, esto es, á las leyes físicas, ensamblando piezas; cuando la adorna, emplea elementos tomados del reino animal ó vegetal, no de modo que ofrezca la ilusión de la realidad, sino disponiéndolo todo de modo que se realize la verdade- ra fusión del elemento geométrico con el orgánico. En la armonización del fondo y de la forma para obte- ner el objeto del Arte suntuario bay que atender á la mis- ma circunstancia que en la Arquitectura mayor ó superior, á saber: que existen dos intereses encontrados que se re- chazan mutuamente: uno físico que se dirige á nuestra Gomprension; otro estético que afecta nuestro Sentimiento: de utilidad material el primero ; de utilidad moral el se- gundo. Es notable la circunstancia de que á medida que la utilidad material crece, va perdiéndose la utilidad moral; interesándose tanto menos la Imaginación y el Sentimiento, cuanto más va interesándosela Inteligencia. Foresto un va- so ó un traje son susceptibles de una importancia moral que no podrá alcanzar nunca una herramienta ó una arma ofensiva cualquiera. En el Arte suntuario la naturaleza de los materiales y el procedimiento tienen más importancia que en las demás Artes, no porque estas dos circunstancias hayan de supe- — 241 — ditar la acción del Arte ni quitarle á este la libertad que necesita para funcionar; sino porque de ellas es de donde principalmente saca las bellezas que le son propias y ca- racterísticas : porque el Arte no puede en ningún caso ad- mitir semejante predominio. Pero en el Arte suntuario ha sido muy común confundir el medio de obtener formas, con las formas mismas, y ha- ber querido el procedimiento sobreponerse al Arte. No: las formas proceden del Arte; los procedimientos, esto es, los medios para obtenerlas proceden de la Ciencia tecnológi- ca, de la Industria, si así se quisiere. No es estraño, pues, que persistiendo en el indicado error se venga hablando hace tanto tiempo de la aplicación que debe hacerse del Arte á la Industria, no habiendo sido pocos los ensayos que se han hecho y los medios que se han empleado para dicho efecto desde que las Exposiciones universales han demos- trado que no basta que las producciones suntuarias estén bien elaboradas, sino que ademas deben ser bellas, esto es, deben tener el conveniente sabor artístico. Entre el Arte y la Industria no es menester que se haga aplicación alguna, porque hay un consorcio tan natural y tan perfectamente combinado y de tal manera constituido, que no puede si- quiera suponerse la separación entre estas dos clases de conocimientos humanos el Arfe y la Industria; palabras escritas sobre toda la materia que compone nuestro globo. La producción que suele llamarse industrial lo es solo por los medios empleados para obtenerla, más no respecto de las formas obtenidas, porque estas proceden del Arte: por esto se ha dicho oportuna y convenientemente que el Arte da las formas, la Industria los ^procedimientos. Cuanto acaba de decirse aparecerá completamente expla- nado y aclarado, teniendo presente lo que se dijo respecto de la naturaleza del Arte en general, de su pluralizacion, 16 — 242 — de la división que suele hacerse de las Artes en liberales y mecánicas, en titiles y bellas, y de esa distinción entre el Arte y el oficio, entre el artista y el artesano, elprofesorj el artista de que se ba tratado en la Parte general de esta obra. El Arte suntuario lo mismo que el Arte considerado en general, se ha pluralizado revistiendo distintas formas. Estas formas nacen, unas, de la naturaleza de los materia- les que se emplean en la producción suntuaria, ó de la de los procedimientos que estos materiales exigen, ó de una y otra á la vez: nacen otras, del objeto que la producción lleva, y del modo de expresión que se emplea. De aquí proceden las tres funciones especiales que el Arte suntua- rio desempeña, y son: construir, adornar y reproducir. Para conocer del modo debido el desempeño de estas funciones deben hacerse preventivamente algunas obser- vaciones relativas á la naturaleza de los materiales y al ca- rácter de los procedimientos. Desde luego debemos desvanecer la errónea creencia que en muchos talleres existe de que el Arte puede idear cosas inejecutables. No: en manera alguna; porque todo lo idea- do artísticamente es ejecutable, pues en la concepción ar- tística deben haber entrado todas las condiciones necesa- rias para que la idea pueda exteriorizarse bien y cumpli- damente. Cuando para realizar un pensamiento no exista un procedimiento, el artista auxiliado por la Tecnologia deberá buscarle, de lo contrario no será productor; y piér- dase cuidado, que en el adelanto de la Ciencia industrial, todo debe considerarse posible ; así como en la apreciación racional del artista para atender á las condiciones de la producción, nada puede ser inejecutable: de otro modo seria hacer poco favor á la Ciencia tecnológica, porque se- — 243 — ria suponerla incapaz de progreso: y todo debemos prome- térnoslo de los esfuerzos de la Ciencia aplicada, desde que hemos visto los prodigios del Vapor, de la Electricidad y de la Fotografía. Cierto es que los materiales pueden admitir formas que no sean las mas conformes con su naturaleza : sin embar- go la ausencia de ciertas cualidades necesarias para pro- ducir efecto estético probará hasta la evidencia, cuanto re- pugnará á esta naturaleza semejante forma : así, por ejem- plo : córtese la continuidad de los filamentos de la madera para producir una forma curvilínea, y la solidez desapare- cerá. También se han empleado en la elaboración de deter- minados materiales medios impropios de la naturaleza de estos : así por ejemplo: lo mismo puede acepillarse la pie- dra que la madera, lo mismo la madera que el hierro pue- den someterse á una presión análoga á la forja, pero la naturaleza de la piedra y la de la madera rechazarán del mismo modo tales procedimientos. Si la Ciencia ha someti- do los materiales á operaciones que les hacen adquirir for- mas impropias de su naturaleza, podrán estos ser medios de facilitar la elaboración, más no de alcanzar bellezas. Si se han multiplicado los inventos, si hay medios para suplir procedimientos costosos por otros más económicos, em- pléense en buena hora, más no se dé á las producciones un carácter impropio de la naturaleza del material y de^ procedimiento típico: al cabo, ni el Arte puede ser una remora para la producción, ni la Industria debe buscar la adulteración del Arte; antes al contrario, el Arte debe ennoblecer á la Industria, como la Industria enriquecer al Arte. Por último, no todos los medios de producción pueden admitirse en un sistema de las Artes suntuarias, porque no todos esos medios producen para el uso inmediato de la — 244 — vida común y práctica; no por que carezcan de importan- cia, sino porque no dan producciones de término, digámos- lo así, no debiendo considerarse más que como partes de un determinado ramo de ellas, ó no mereciendo más con- sideración que la de fregar atonas. Tales son: las sierras mecánicas, los cilindros para laminar los metales, las fra- guas, las máquinas de hilar, las de tejer, etc., etc. Y aun- que el Arte puede tener intervención en tales producciones preparatorias, puesto que de formas se trata; pero solo para apreciar la parte más material de la Belleza, más no para aplicar á la forma ningún sentido especial que mueva el Sentimiento. Teniendo pues en cuenta tales observaciones, puede es- tablecerse el sistema de las Artes suntuarias, formando de ella tres grupos, á saber: de las Artes suntuarias de cons- trucción., de las de adorno y de las de reproducción. Artes suntuarias de construcción son aquellas que dan al material la última forma necesaria para servir á las nece- sidades la vida práctica.—^De exornación aquellas que sim- plemente aplican adornos alas superficies, complementan- do el carácter del producto.—De reproducción, aquellas que ofrecen medios para la multiplicación fácil del número de ejemplares de un tipo dado. Cuatro son los materiales que en el grupo de las Artes suntuarias de construcción han de reconocerse como tipos, y cuatro los procedimientos fundamentales : los primeros son, la madera, el metal, el barro y la tela: y los segun- dos, la talla con instrumentos de filo propios de la Carpin- tería; la forja y la lima, instrumentos propios déla Cerraje- ría; la plasma sobre la rueda, procedimiento propio de la Alfarería; y el corte y la costura, propios de la Sastrería. — Las Artes suntuarias que tienen por objeto la exorna- ción de toda superficie , pueden expresarse anaglíptica- — 245 - mente, esto es, relevando el adorno sobre un plano ; ó grá- ficamente, esto es, pintándole en el mismo. — La fundi- ción del hierro así como la fabricación de indianas, y el tejido Jacquart dan las producciones de las Artes suntua- rias de reproducción. Cada uno de estos tres grupos comprende un número de formas suntuarias que deben considerarse como fundamen- tales, reuniendo todas las analogías relativas á la natura- leza de los materiales y de los procedimientos, quedando determinados los límites de cada Arte, sin hacerlas inacce- sibles, á fin de poder obtener aquellas combinaciones que las necesidades que de nuevo surgieren, puedan exigir. Pero ningún material, ni procedimiento alguno, puede constituir un Arte, mientras que un Arte puede echar ma- no de materiales de distinta especie y emplear muchos y diversos procedimientos. Es ejemplo de esto la Pintura, que como quiera que ejecute por superposición ó por yux- taposición de colores, y emplee el procedimiento al fresco, al temple, al encausto, al esmalte, al óleo, á la aguada, siempre se funda en las mismas teorías estéticas, se rige por unos mismos principios, y produce iguales efectos. Esto explica la necesidad de que en el Arte suntuario haya una nomenclatura genérica que tenga todo el sabor artístico necesario. Demos razón de esta nomenclatura, siquiera porque los datos en que está fundada traen un origen his- tórico recomendable. El grupo de Industrias que pueden reunirse sobre la base déla Carpititería constituye el arte Dedálka^ del nom- bre de Dédalo, característico de los escultores en madera áticos y cretenses que fueron los que en la primitiva civi- lización europea, iniciada en Grecia, introdujeron el uso de los principales instrumentos y útiles de la Carpintería. — 246 — El grupo de Industrias que puede reunirse sobre la base de la Cerrajería constituye el arte que llamamos Toréutica; no por que la Toréutica de los antiguos griegos corresponda exactamente á todo trabajo en metales, sino por cierta ana- logía no desatendible, toda vez que con tal denominación, no solo la Escultura en metales y el cincelado, sino tam- bién la combinación del metal con otros materiales van comprendidas. En una palabra, comprendieron los antiguos con el nombre de Toréutica el trabajo de los metales con el ausilio de punzones; y según los casos, comprendía un va- ciado en molde con retoque de cincel, y los trabajos á mar- tillo ó con embutidor, según cuyo último procedimiento trabajáronlos antiguos la plata, el oro, el bronce y hasta el hierro; siendo el mismo trabajo aplicado á la fabricación de armas y alhajas, y teniendo anexo el damasquinage. La Cerámica ha merecido la consideración de Industria después de tener la de Arte. Gomo Arte, reúne todas aque- llas Industrias que trabajan material blando, produciendo superficies de revolución sobre una ó más generatrices. El nombre de Cerámica puede derivarse según algunos del de Keramo, que se supone inventor de la rueda del alfarero; y según otros, y es lo más probable, de una palabra griega que vale asia ó cuerno^ que fué la materia y la forma del vaso para beber entre los primitivos pobladores de Grecia. Las Industrias de construcción con materiales plegables, las comprendemos dentro del círculo del arte genérica y arqueológico-artísticamente llamado Indumentaria, del la- tín indumentum que vale, vestido; porque en el vestido es donde el plegado tiene expresión, de conformidad con la del cuerpo que cubre; contribuyendo á dar nobleza y movili- dad á la figura humana. Por el plegado del ropage, ciertas partes del cuerpo adquieren una animación que de suyo no tienen; y por el plegado del Ropage y del Traje, la Es- — 247 — cultura y la Pintura, al paso que dan razón de los movi- mientos de las figuras que representan, ya describiéndolos, ya preparándolos, complementan el carácter. En las artes de exornación tenemos en cuenta el modo material de representación de este adorno: tal modo puede ser plástico, ó gráfico, esto es, el adorno puede labrarse de relieve, ó no presentarse mas que superficialmente: en el primer caso la representación será escultórica, en el se- gundo será pictórica. Cada una de estas dos artes puede por consiguiente tomar el nombre de uno de estos efectos: asi llamamos Anaglíptica, el arte suntuario que representa los adornos de relieve, ya que anáglifo vale tanto como obra producida por el cincel: y crowá^^í'm el que representa los adornos por medio de colores, pues tanto como color, vale la palabra griega cromo: y el color es el elemento prin- cipal de este género de adorno. Otra división admite la Cro- mática, que extiende sobremanera sa jurisdicción, y es: que el procedimiento puede ser, por superposición ó por yuxtaposición: por el primer modo, los colores se aplican á las superficies con brochas: por el segundo se colocan ma- teriales de distintos colores los unos al lado de los otros, como el tapiz, el bordado, el mosaico. A la Anaglíptica se refiere la Escultura de talla ; así como á la Cromática la Pintura policroma. Las Industrias de reproducción no pueden menos de lle- var un nombre genérico tomado del procedimiento, porque á él están más íntimamente sujeto el Arte: por consiguien- te, siendo la fundición, la estampación y el tejido las in- dustrias típicas de este grupo, con los nombres genéricos de Vaciado, Estampado y Tejido designamos respectiva- mente las artes suntuarias en que este grupo se divide. — 248 — Sobre estas bases está organizado el siguiente Sistema de las Artes suntuarias. Clasificación arlís- Artes tica. Industrias tipos. suntuarias. /Carpintería Dedálica. Artes de Cons-\Cerrajería Toréutica. truccíon. j Alfarería Cerámica. \ Sastrería Indumentaria. Artes de Ador-(^^^^^^^^^ ^® ^^^^^•· • • Anaglíptica. no. Pintura de paredes. . . Cromática. Artes de Re- Fundición Vaciado. producción. Fabricación de indianas.. Estampado. Tejido labrado Tejido. Todos los materiales y todos los procedimientos que puede el Arte necesitar entran en uno de estos grupos, ó son combinaciones de ellos: así, dentro de la Dedálica ba- ilaremos los distintos ramos de la Carpintería desde el de obras de afuera, basta el mismo cubero; la Toréutica pue- de comprender todos los ramos de la metalistería desde la Cerragería á la Joyería: á la Cerámica lo mismo puede per- tenecería Alfarería que la "Vidriería, pues si aquella trabaja una supérele de revolución sobre una generatriz, obtiene esta por insuflación superficies de revolución sobre distin- tas generatrices. Preséntese pues cualquiera Industria, y examinada su naturaleza, su objeto y sus resultados, podrá señalársele un puesto en este sistema; y en la duda acerca de la clasificación, las analogías y las combinaciones por razón de la pluralidad de naturalezas, no podrá menos de dar los resultados convenientes. — 249 — ARTÍCULO n . Artes suntuarias de Construcción. Las reglas de la Decoración son en el Arte suntuario lo mismo que en la Arquitectura superior, las que han de dar á conocer las formas convenientes; porque tales reglas son las que por analogías y por semejanzas desarrollan los mo- tivos que las necesidades de la construcción, de la comodi- dad y de la utilidad proporcionan. Las necesidades de la construcción en el Arte suntuario son, como queda dicho, creadas muy especialmente por la naturaleza de los materiales y lo típico de los procedimien- tos. Grande es en el Arte suntuario la importancia del ma- terial, no tanto por su valor ó preciosidad como por su constitución ú organismo; porque estas dos circunstancias, unas veces rechazan ciertas formas, y otras solicitan de- terminados y especiales procedimientos. Son típicos los procedimientos que sin perder la naturaleza primitiva tie- nen cierta cultura y están como encarnados en la misma naturaleza del material. El productor suntuario debe por consiguiente conocer la .naturaleza de los materiales, su fuerza y su resistencia, las combinaciones de que estos materiales son susceptibles; y si no hubiere obtenido este conocimiento con la ciencia y profundidad del ingeniero, deberá haberla obtenido con la práctica del taller, en una palabra, deberá conocer la industria, sino científica, prác- ticamente. Con dificultad se puede llegar á ser productor Artista sin ser antes Industrial. Pero el conocimiento de la naturaleza de los materiales y de los procedimientos, dará las formas primeras; pero sin responder á las exijencias de la comodidad, uso, y utilidad — 250 — Ó interés así moral como positivo ó material. iPara este efecto es menester tener en cuenta otras circunstancias: pues con efecto, las formas ideadas por el hombre para los usos de la vida práctica deben componerse de varias partes subordinadas, si se quisiere, á la principal, pero que con- tribuyen no solo al buen uso y servicio del objeto, sino también el carácter conveniente. A estas partes secun- darias se las da el nombre de miembros, como puede dar- se el de sentidos á todas aquellas aberturas que el uso y la comodidad exijieren. Estas dos denominaciones tienen su origen en el tipo que el artista debe tomar por norma de todas las formas que quiera inventar, como hemos dicbo al tratar de la Decoración. Estos miembros tienen ó han de tener una accidentacion para caracterizarse mejor, porque de lo contrario no se tendría mas que la osatura: á esta accidentacion se leda el nombre de molduras. Las molduras, como también queda dicho en su lugar y caso, evocan recuerdos, y ofrecen prue- bas evidentes de que no es el capricho irrazonado ni la arbi- trariedad lo que en la producción suntuaria ha sido el orí- gen de las formas generales no menos que el de los más minuciosos detalles. Por último, el desarrollo de todos los motivos que la cons- trucción proporcione, se ha de verificar, ya no por un me- dio directo y propio, sino indirecto ó figurado: es que en el arte arquitectónico como en el literario no hay tanta abun- dancia de medios para darse á entender, que no sean, hasta indispensables, ciertas analogías y ciertas semejanzas, prestándose las artes mutuamente medios y materiales. Este medio indirecto, estas analogías y estas semejanzas, no dejan de ser gratas al alma, porque al paso que hablan á la Inteligencia mxieven el Sentimiento; y no dejan de dar al producto cierto prestigio moral, cierto interés más reía- — 251 — clonado con la parte espiritual de nuestra naturaleza, que con la material percepción de los sentidos y el simple goce y placer de estos. Veamos ahora cuales son las formas propias de cada una de las Artes suntuarias de Construcción. No vamos á determinarlas para precisarlas, ni mucho menos para imponerlas, sino para fijar el punto de partida del productor^ á fin de que pueda lanzarse á la producción sin perder de vista el punto á donde debe regresar, no ex- traviándose en el intrincado laberinto de medios, de adelan- tos y de combinaciones que en la producción pueden pre- sentarse. Sabida es la importancia que el material tiene en Arqui- tectura, subiendo de punto en el Arte suntuario, por el efecto que al primer golpe de vista produce en el ánimo del espectador; asi como en la Arquitectura superior las formas son las que Uaman antes de todo la atención. Las dimensiones y formas primeras del material, su color, su misma rudeza natural parece dan razón del carácter de la obra; así como la robustez y grandiosidad de la figura, y el color del cutis la dan de la fuerza y del temperamento de una persona. ¡ Cuan distinta es la impresión que nos hace un hombre dotado de gran musculatura, de la que nos produce el de musculatura raquítica! ¡ Cuan distinta impresión causa un cutis atezado, del que causa un cutis blanco y rosado! Véase, pues, cuanta es la influencia del material en el efecto del producto, y cuanta la atención que la Naturaleza merece del productor. No es posible desconocer que cada material tiene exte- riormente cualidades propias y peculiares. Estas cualida- des lo mismo pueden existir en la constitución natural del material, que en el resultado de los procedimientos á que — 252 — este puede someterse. Hay materiales de distintos colores: unos materiales admiten pulimentos más ó menos brillan- íes: hay colores y pulimentos más ó menos permanentes en unos materiales que en otros: bay cualidades especiales más propias para un objeto que para otro; y á todas estas circunstancias es indispensable atender si se quisieren producir las impresiones convenientes: y aun podrá suce- der también que en los materiales de naturaleza y consti- tución análogas, lo que en unos casos será inconveniencia, en otros será ventaja. ¿Quién pondrá en duda que el metal lleva ventaja al cristal por lo tocante á la fragilidad? y sin embargo, la transparencia da al cristal la superioridad para el envase de líquidos, pues de este modo puede adivinarse la calidad de estos. Lo mismo la plata que el acero admiten pulimento, y sin embargo, el efecto del acero pulimentado es bien distinto del que produce la plata bruñida, dando este último metal idea de mayor ligereza y basta, si se quisiere, de mayor ductilidad. La preciosidad del material no deberá regularse por el valor que en el mercado tuviere, sino por las cualidades que distingan su constitución y su organismo, y por los procedimientos que admita, á fin de armonizar todas estas circunstancias con la labor que quisiere aplicársele. Por consiguiente, en las artes suntuarias de Construcción, de- berá admitirse el principio de que la mano de obra sea pro- perdonada á la preciosidad del material: de modo que es- tudiando la naturaleza de este, pueda bailarse el género de labor de que es susceptible, á fin de levantar de punto se- mejantes cualidades. Por haber tenido presente este prin- cipio los artesanos de la Edad media, dieron á sus trabajos un carácter artístico bien digno de ser mencionado y en- carecido. No hay material tan precioso que en la elaboración no — 253 — pueda sufrir contratiempos ó presentar particularidades accidentales é imprevistas que neutralicen su preciosidad: por esto el productor no debe ceñirse á ser un hábil prác- tico, sino que debe ser observador continuo, y estar dis- puesto siempre á aprovecharse de todas aquellas circuns- tancias que la casualidad le depare; de modo que hasta un defecto deberá ser para él un estímulo para añadir un atractivo al producto; porque el productor suntuario debe considerarla tarea á que se entrega, como resultado de un trabajo razonado, y no como el de una tradición de que no pueda darse cuenta; debiendo seguir los impulsos de su propio genio buscando nuevas combinaciones en la obser- vación diaria del taller, sin ir á buscar fuera de él formas cuyo sentido no puede ser hallado. Por no haberse tenido en cuenta la naturaleza del mate- rial, se ha descarriado distintas veces la producción sun- tuaria, del verdadero camino, habiéndose pretendido im- poner á los materiales formas que no estaban en armonía con su naturaleza. Durante los tres siglos que inmediata- mente han precedido al xix, los carpinteros, por ejemplo, imitaron muchos objetos impropios del material en que trabajaron, y presentaron columnatas, arcos , edificios, en una palabra, todo menos la Carpintería; y esto en nom- bre del Arte clásico, cuando al contrario, el Arte clásico pa- rece que exijia el empleo de los materiales en perfecta ar- monía con sus propiedades particulares. Abrase cualquier tratado de Carpintería de los últimos tiempos, y no se en- contrará más que el modo de labrar columnas dóricas, ó jónicas, ó corintias; el modo de construir arcos y penetra- ciones de ellos, á fin de imitar con maderos las construc- ciones de piedra; de modo que los carpinteros acabaron por no saber trabajar con idea verdaderamente artísco-carpin- tera, esto es, verdaderamente dedálica. Retrocediendo á — asi- los primitivos tiempos de la construcción artístico-indus- trial, es como podrá llegarse á trabajar convenientemente los materiales. No es que se pretenda hacer retroceder la producción á la primera rudeza de los procedimientos, sino llamar la atención sobre los principios, á ñn de hacer apli- cación de ellos á los nuevos y mas adelantados medios de producción: al cabo en los orígenes de esta es donde se en- cuentra el Arte con toda su libertad, dominando al pro- cedimiento; mientras se ve el atraso de la producción suntuaria cuanto más predominio ha tomado el modo de elaboración. La cuestión está pues en inventar y perfeccio- nar procedimientos sin menoscabo, ó más bien, en benefi- cio del Arte; y llevar adelante el Arte por toda clase de procedimientos. Sentado que las formas en las Artes suntuarias nacen en primer lugar de la naturaleza de los materiales; y sentado que la construcción es lo que da motivos para la decora- ción; es evidente, que no debe mentirse jamás la natu- raleza de los materiales, ni con la combinación más há- bilmente ideada, ni por nna exornación sobradamente prodigada é hipócritamente aplicada. No vamos á dar razón de las formas especiales propias de cada arte en particular, porque ni es posible ni habria ra- zón para hacerlo: procederemos sobre la base del sistema que antes hemos establecido; circunscribiendo nuestras consideraciones á los materiales típicos de cada una de di- chas artes, y teniendo en cuenta el modo de elaboración de que son susceptibles. De tales consideraciones podrán de- ducirse cuantas reglas convinieren para hacer aplicación á otros materiales de análoga naturaleza. Dedálica. Todas las formas que la madera, material típico de este — 255 — arte admite, deben estar basadas en la línea recta, porque m lo más común es que la fibra esté en esta dirección. Mas como en los accidentes de los troncos y en las bifurcaciones de las ramas pueden encontrarse líneas curvas sin forzar la * naturaleza del material, por esto debe generalizarse más la regla, diciendo, que las formas estén basadas en el parale- lismo entre las superficies y la fibra; no pudiendo admitirse en manera alguna como principio en la Dedálica el veti- cortado. Y si la madera puede dar curvas por medio de los accidentes de los troncos ó de las bifurcaciones de las ra- mas, esto no puede considerarse más que como circunstan- cias accidentales del material, que por lo mismo que deben ser buscadas á propósito, constituyen una especialidad, si no una excepción, por otra parte muy digna de ser tenida en cuenta. Que no deben darse nunca á la madera formas curvilí- neas, es una regla basada en el principio de economía del material. Hay en esto una idea justa, un principio cierto y un sentimiento que la experiencia y el estudio imponen, sin perjuicio del Arte, porque el Arte le solicita. Los car- pinteros de la Edad media consideraban que un material tan precioso como es la madera, que requiere tantas y tan costosas preparaciones, antes de ser empleado en la cons- trucción, merecía no ser desperdiciado ; dándose idea de su preciosidad, por medio del cuidado con que debe ser tratado. Si en nuestros tiempos no nos merece la madera la consideración de material precioso, es porque se la em- plea casi sin preparación alguna, dejándola sometida á lo- dos los movimientos á que pueden dar motivo los acci- dentes atmosféricos. En la Edad media se emplearon mil medios para secar los maderos, ya teniéndolos sumergidos en el agua por algun tiempo, encerrándolos después en co- bertizos secos, teniéndolos allí apilados convenientemente — 256 — para la fácil circulación del aire, y á menudo sometiéndolos á la acción del liumo, lo cual explica el color de bronce florentino que tienen algunos muebles fabricados en aquella Edad. Esta falta de preparación de la madera que se nota en nuestra época, bija de la precipitación con que se ba de producir por la premura de los pedidos, baciendo sentir fatales consecuencias, ba planteado la cuestión acerca del modo de impedir en la madera la facilidad de alabearse ó encojerse que tanto influye en las ensambladuras. Por esto lia sido preciso buscar formas especiales y modos de cons- trucción que si no destruyen tales cualidades, neutralizan sus efectos: de aquí la necesidad de que los tableros no sean mayores que el ancbo de las tablas, de que las ensambla- duras sean frecuentes, y del empleo de otros medios seme- jantes, dignos de ser atendidos. No es menos atendible el otro principio que en el punto de que se trata debe tenerse presente, y es, dejar á la madera la mayor fuerza posible á favor de las ensambladuras. Con efecto, la naturaleza de dicho material rechaza toda pre- tensión de monomerismo, al paso que solicita con avidez el ensamblaje de maderos y de tablas, con la diversidad de^ tirantes, pares, correas, egiones, riostras, ristreles, tornatf' puntas, tableros, etc., etc., que presenta la teoría primi- tiva de la Carpintería, y existen en el cuchillo de arma- dura para la cubierta de los edificios, pudiendo sacarse de tales combinaciones muchos motivos para la decoración. Se dejará toda la fuerza posible á la madera en cuanto se evite todo chaflán y toda moldura en el punto en que la ensambladura se verifique. Las ensambladuras deben conservar una estructura ló- gica en armonía tanto real como aparente con la naturale- za de la construcción. Será defectuosa la aplicación de re- gletas combinadas y clavadas ó encoladas en tablazones, — 257 — sin ninguna relación con la estructura y combinación de estas, ó sin el objeto de evitar los movimientos de que el material fuere susceptible; porque en las Artes la Belleza, como la Virtud en la Moral, no debe ser una apariencia, sino una realidad; y si no debe serlo la Belleza, tampoco deberá serlo ninguna de las circunstancias que la consti- tuyen. En la mayor parte ó en casi todas las obras de ebaniste- ría ó carpintería para el moviliario, construidas desde el siglo XVI acá, para nada se ha tenido en cuenta la natu- raleza de la madera; habiendo sido trabajado este mate- rial orgánico como hubiera podido trabajarse el inorgánico, y habiéndose dado á la madera formas propias de la piedra ó del metal, sin que haya podido escusarlo el dorado ó la pintura imitativa más 6 menos fiel ó más ó menos hábil con que se ha querido ocultar tamaña soñsticacion. La aplicación de colores ó barnices á las construcciones de madera, no deben tener por objeto la sofisticacion de ellas, sino la conservación del material. La diversidad de maderas que existen y la analogía que con la madera tienen el marfil y el asta respecto de la con- sistencia y susceptibilidad de distinto pulimento, crean una diversidad de trabajos y aun de profesiones de carác- ter análogo. Toréutica. Para saber hallar las formas propias del hierro forjado ó batido como material típico de la Toréutica, debe verse pri- mero como se presenta este material á la elaboración artís- tica, esto es, á la forma de término para servir inmediata- mente á las necesidades de la vida común. No nos ocuparemos de las formas preliminares, expresa- das por la nomenclatura puramente industrial porque no 17 es de nuestra incumbencia: reduciremos pues, esta nomen- clatura de las formas primeras á lo genérico de ellas. Así diremos que el hierro se presenta á la Toréutica con las formas primeras de barra, llanta y palastro; sin dejar de tener en cuenta que la barra puede ser cilindrica ó pris- mática, y prescindiendo del grueso que puede tener la llanta ó la plancba. Estas formas primeras admiten en la Toréutica formas de término ya rectilíneas ya curvilíneas: la tenacidad que el Herró batido tiene, le hace admitir bifurcaciones y cur- vaturas de toda clase; y por especiales procedimientos se le hace obtener en determinados casos, determinada acci- dentacion: el hierro admitirá pues, combinaciones por medio de penetraciones, empalmes ó bifurcaciones, ó cons- trucciones tomadas de la Cerámica, ó bien una imitación directa de la Naturaleza. Debe evitarse que las combinaciones no obedezcan ex- clusivamente á las leyes físicas de la Naturaleza, porque será fácil que tal combinación tenga más bien un carácter mecánico que artístico. En las penetraciones deberá dejar- se al hierro toda la fuerza posible á favor de las mismas; no tratándose en ningún caso de ocultarlas por medio de embebimientos ó remaches. El efecto de la combinación en barras y llantas depen- derá también del modo como estas estén colocadas. La barra prismática colocada por sus fachadas no ofrece la fuerza ni la resistencia que tiene la colocada por ángulo ; y sin em- bargo á nuestro Sentimiento parece lo contrario: es porque mientras la Perspectiva desarrolla en las barras el mayor ancho por la diagonal, el escape que los planos ofrecen quita á la materia su rudeza. Otro tanto sucede con las llantas, que colocadas por su lado ancho no tienen la fuer- za que tienen colocadas por su grueso, mientras que en apariencia el efecto es al contrario. — 25!) — Respecto de los procedimientos hay que notar, que la forja es el principal y propio procedimiento de la Toréuti- ca, pero no el único ni exclusivo. Sobre este procedimiento hay observaciones históricas que hacer muy útiles para el establecimiento de teorías especiales. El cerrajero moderno no necesita vencer la dificultad que se presentaba al de la Edad media: los poderosos medios que en el dia existen en la Industria, pueden proporcionarle el hierro con las per- fecciones que necesita. Los cerrajeros de la Edad media cuando trataban de preparar una barra de hierro para dar- le después la última forma, no podian darle gran longitud, porque la necesidad de tener que caldearla repetidas veces para escuadrarla ó redondearla con perfección, hubiera hecho la operación sumamente embarazosa; no obtenién- dose sino por medio de operaciones muy trabajosas y espe- ciales la extensión que la forja no podia dar; y he aquí por que las verjas de los primeros tiempos de la arquitectura germánica solían componerse de piezas pequeñas: las im- perfecciones de la forja solían disimularse con golpes de buril en frío ; dando de este modo á las varillas un aspecto en cierta manera pintoresco. En el día la lima se encarga de rectificar las torpezas del forjador: de manera que puede decirse, que sin desmerecer el un trabajo del otro, cada uno tiene dificultades que vencer; habiendo adelantado el se- gundo cuanto aquel ha atrasado, ó mejor, el progreso del uno ha estado en razón directa del atraso del otro. De los trabajos de forja ó fragua proceden los trabajos á martillo sobre metal en frió de que tanto puede usarse en metalistería para el buen efecto; y á estos trabajos son aná- logos por la presión con que obran sobre el material, los verificados al torno: de manera que este procedimiento, si bien nace de la Toréutica, produce superficies de revolu- ción propias de la Cerámica, ni mas ni menos que las for- mas que dá la rueda del alfarero. — f60 — Al presentarse el hierro en plancha ó palastro, debe te- nerse muy en cuenta la proporción entre la fuerza del ma- terial y las dimensiones del objeto, porque el uso del pa- lastro para la representación de grandes paramentos que hagan inaccesible la luz y el aire, no es más que una imi- tación de formas mendigadas á la cantería ó á la Dedálica ; y su empleo para un compacto cerramiento es inconve- niente por la facilidad con que puede alterarse la forma á causa de estar sugeto el material á la abolladura. La plancha recortada puede producir toda clase de for- mas para refuerzos de la madera y piezas de herraje, etc. con una imitación del elemento orgánico vegetal arquitec- tónicamente verificada: ejemplo de ello son los goznes re- cortados de muchas puertas, y los remates de las verjas construidas en la época en que floreció el estilo germánico. Todas estas formas tendrán modificaciones, dimensiones y adiciones según el objeto elaborado deba servir para sos- tenimiento, cerramiento, herraje de obras déla Decálica,ó para adorno de las de la Indumentaria ó de las armas ofen- sivas y defensivas; siendo todos estos objetos otros tantos manantiales de formas variadas y útiles, y dando motivos para la decoración más propia y conveniente. Cerámica. La Cerámica puede considerarse de dos maneras, artís- tica ó indnstrialmenfe. Artísticamente considerada reconoce un material típico y unas formas fundamentales que son las que producen el vaso, la pátera, el candelabro; pues al cabo, como queda ya indicado, la etimología déla palabra, la voz Keramos, no significa más que la materia y la forma del vaso para beber. En el mundo industrial la Cerámica ha tenido variados aspectos, habiéndose desarrollado en tan distintos grados y — 261 — con multitud de caracteres: la diversidad de pastas cerá- micas ha producido diversidad de procedimientos, tanto respecto de su preparación como de su elaboración y de su pulimiento ó última mano para servir á toda clase de usos, asi públicos como privados, asi de mero aparato como de utilidad positiva; de manera que desde el vaso para beber hasta el ladrillo más común, todo se ha hecho caber dentro de la jurisdicción cerámica. En el mundo artístico ya es otra cosa : mientras el cincel y la escoda son los útiles con que se labra la piedra, mientras los útiles y máquinas de gran potencia labran el metal; los dedos, y á lo más, los palillos del modelador labran el barro sobre la rueda. La rueda es un torno; y el torno da superficies de revolución sobre distintas generatrices: las superficies de revolución son pues, las fundamentales del barro ó de toda masa plasta dentro de la jurisdicción de la Cerámica, considera- da como arle. Pero con decir que las superficies de revolución son las fundamentales de toda masa plasta no se determinan por esto las formas que la Cerámica puede producir, porque pueden servarías las generatrices. Para obtener las formas cerámicas originarias, existen dos sistemas, á saber: el botánico y el geométrico; siendo el primero, complemento del segundo.—El sistema botánico saca formas ya de las raices de los vegetales, ya de los troncos, ya de las corolas de las flores, ya de las frutas; pero este sistema, con ser demasiado científico no puede rechazarse, porque es me- nester admitir el elemento orgánico que ofrece, para poder fusionarle con el geométrico que constituye la base del mo- do arquitectónico.—El sistema geométrico con ser cientí- fico es muy elemental, por consiguiente no puede presen- tarse aislado, sino en combinación con el elemento orgá- nico no solo vegetal sino también animal, porque también — 262 — en este no dejan de encontrarse formas convenientes, y propias. Este sistema proporciona varias formas, siendo las principales la cilindrica y cónica, la esférica y ovoi- de, y la discoide. El tipo de las formas cilindrica y có- nica puede hallarse en los tallos fistulosos, en los cálices de algunas ñores así como en los cuernos de algunos ani- males rumiantes: el de las formas esférica y ovoide, puede hallarse en las raices bulbosas, en todas las frutas y en los huevos que ponen las hembras de las aves: y la discoide puede proceder de las conchas de ciertos ani- males testáceos, al paso que puede considerarse como una simple complanacion de las formas esférica y ovoide. —Supuesto que estos dos sistemas pueden y aun deben combinarse, podrá decirse, que las necesidades propor- cionarán al artista cerámico la idea, y la Naturaleza da- rá las formas originarias que mejor puedan responder á ella. A estos manantiales debe el cerámico acudir, dejando de ser imitador de formas producidas por cerámicos de otros tiempos, para distintos usos y en distintas circuns- tancias. Consultemos nuestras necesidades actuales, y pro- cedamos del modo que queda indicado, y tendremos las formas propias de la Cerámica, sin dejar por esto olvidadas las tradiciones, porque ellas deben servirnos para ayudar el criterio en la elección de formas. Si el barro se trabaja á la rueda, y si la rueda al cabo da superficies de revolución sobre un eje, la insuflación con la caña del vidriero da superficies de revolución sobre distintas generatrices. Indumentaria inawnwniaria. Inútil parece indicar que las distintas operaciones de importancia económica que producen el material plegable — 263 — que ha de recibir una forma suntuaria, no dan á la tela otra consideración en el Arte que la de materia primera, y material típico de la Indumentaria. Para conocer las formas que la tela, considerada de este modo, admite, hay que tener en cuenta, que todo material plegable puede emplearse de dos distintas maneras, ó como colgadura ó cortinaje, ó como traje. De cualquiera de estas maneras que el material plegable se emplee hay que con- siderar el carácter del pliegue que el material admita. Vendremos en conocimiento de este carácter, examinando la estructura y cuerpo del material en cuestión, su mayor ó menor elasticidad, flexibilidad ó entereza, su visualidad, y por último las dimensiones en que se hubiere de emplear. Con estos conocimientos fácilmente podrá comprenderse que cuanta mayor fuere la elasticidad, mejor podrá apli- carse á cubrir sin perjuicio de la forma que cubra; y que cuanto mayores fueren las dimensiones, mayor podrá ó deberá ser el cuerpo de la tela, ó sea, cuanto mayor fuere el cuerpo del material plegable mayor inconveniencia ha- brá en emplearle en pequeñas dimensiones: asi el punto de malla se empleará con ventaja donde y cuando hubiere de darse estricta razón de las formas cubiertas; el tejido de lana admite un plegado distinto del de lino ó de algo- don ; la piel curtida ó el fieltro, el paño burdo, el terciope- lo, pueden presentar mucha grandiosidad en el pliegue, sin que ninguno de estos materiales pueda emplearse en pequeñas dimensiones para el efecto del plegado. El tejido de seda tiene visualidad, pero su pliegue es duro y angu- loso, y por lo mismo exije grandes dimensiones. En estas circunstancias esceden á la seda, los brocados y los broca- dillos. Si en la colgadura basta tener en cuenta todas las ante- dichas circunstancias de estructura, cuerpo, flexibilidad, — 264 — entereza y visualidad, en el traje hay que atender además á- la configuración del cuerpo humano á que la tela por medio del corte y la costura ha de someterse, á la movili- dad posible de ese cuerpo, y á los movimientos probables del mismo según las ocupaciones á que el hombre se dedi- que. El traje debe ser al hombre en acción lo que el edifi- cio es al hombre en reposo. El hombre debe poder moverse con él y dentro de él con entera libertad, á fin de que en lo exterior pueda hallarse la razón de las formas generales, y de la movilidad de los miembros, por medio de un ple- gado natural y libre, no mecánicamente indicado, como en muchos de los trajes modernos, cuyos pliegues son fijos y determinados por la especialidad del corte y la plu- ralidad de costuras. Por esto los trajes holgados, los que más bien son un ropage que un traje, hallan mejor acogi- da en el Arle, que esos trajes ajustados al cuerpo amanera de mortaja ó de embalage con formas estudiadas al efecto, porque responden mejor á la suntuosidad, magestad y solemnidad que la civilización en distintas ocasiones ha requerido. Confundiendo tales ideas sobre el traje es como se han cometido mil anacronismos, vistiendo personages de nuestra edad con trajes de la antigüedad griega y romana: si tales trajes griegos y romanos son más artísticos que los de nuestros dias, no es razón para que se empleen en la representación de personages de nuestros dias, sino que lo que debe hacerse es, buscar en los trajes de ahora lo más arüstico que tuvieren. La división del género humano en dos sexos exije tam- bién que se atienda á los accidentes naturales á que el cuerpo de la mujer está sujeto para responder más fácil- mente á ellos, en beneficio de la decencia y del rubor. Después de todas estas consideraciones puede decirse que las formas que á la tela pueden darse^ deben ser tomadas — 265 — de las necesidades de abrigo y defensa y bien parecer que el trato social exije; circunstancias en las cuales existe un manantial de formas variadas y características. Particularizemos nuestras consideraciones á los miem- bros y á los sentidos especiales de las producciones sun- tuarias. Los manantiales de los miembros y de los sentidos que cada género de producción suntuaria ha menester son: el destino y uso del objeto, y el oficio á que cada miembro y cada sentido ha de responder. Para esto debe hacerse diferencia entre al Mueble y el Traje. El Traje sirve inmediatamente al cuerpo humano; el Mueble sirve mas á los intereses positivos del hombre. El Traje está en relación íntima con las formas humanas, al paso que algunas veces puede encontrarse en estas formas el origen de algunos miembros del Mueble tomando el nom- bre de los del cuerpo humano, por ejemplo, los brazos de un sillón: sin'embargo, el objeto de tales miembros es más material, se dirige mas á la comodidad que al sentimiento moral, al cual muy especialmente atienden las partes del Traje. Como quiera que sea, tales miembros han de servir al objeto elaborado, no de cualquier modo, sino de un modo propio y conveniente, sólida y claramente, contribuyendo muy especialmente á caracterizarle. Las necesidades á que el Mueble ha de responder, son: De reclmacion del cuerpo /lumano. El hombre puede ha- llar descanso, sentado, tendido y hasta arrodillado: para cuyos fines se construyen sillas, taburetes, bancos, camas, reclinatorios, etc., etc. De envase y sermcio de sustancias de distinta naturaleza. — 266 — Se envasa toda clase de sustancias para su conservación, y se suministran y se bace uso de estas, puestas en vasos de distintas formas, constituyendo copas, páteras, candela- bros, lámparas, etc., etc. De guarda y cmtodia de hienes movibles. Los bienes no raices que poseemos queremos tenerlos á cubierto de los ataques de un agresor, y por esto los guardamos dentro de arcas de distintas formas, constituyendo cómodas, arma- rios, secretarios, menesteres, etc., etc. De cómodo ejercicio de nuestras fac%dtades morales y ma- teriales y fácil y natural exposición de objetos de toda clase. Donde más comunmente ejercemos con toda comodidad nuestra actividad productora, es sobre una tabla más ó me- nos horizontal á la altura del pecho, sobre poco más ó me- nos;, conociendo semejante mueble con el nombre de mesa, de escritorio, pupitre, velador, etc., etc.: y también sobre una tabla borizontal asentada de la propia conformidad, pueden fácilmente ser expuestos los objetos producidos por nuestra actividad industrial, dando á semejantes tablas el nombre de aparador, de mostrador, etc., etc. De rápida traslación de personas y bienes movibles. Todo vehículo responde á esta necesidad social, sea carro, coche, y hasta si se quisiere, nave; si bien la construcción de esta ofrece dificultades que se relacionan bastante con la Arqui- tectura superior, y merece estudios elevados y especiales. De fácil y conveniente elaboración. Todo instrumento, her- ramienta ó trabajo facilita la elaboración^ ayudando más ó menos nuestra actividad productora. Las necesidades á que el Traje ha de responder, son: la honestidad, la decencia, la defensa, y el prestigio de per- sonajes investidos de determinada autoridad. La honesti- dad, la decencia y este prestigio pueden sostenerse elabo- rando el traje con material plegable; al paso que la defensa — 267 — puede extender sus exigencias al empleo de metales, cons- tituyendo la Panoplia. Ocupémonos en primer lugar de los miembros necesarios al Mueble. El Mueble puede contener objetos de distinta naturaleza: la conservación de estos objetos puede exijir circunstancias más ó menos especiales: ha de tener asiento ó ha de estar colgado: su destino puede exijir traslación más ó menos continuada: esta traslación puede ser más ó menos fácil. En cualquiera de estos casos de por sí ó combinados, ha- brán de emplearse miembros que respondan á tales cir- cunstancias de reclinación, de cabida ó capacidad, de sustentación, de traslación y de conservación. A estas cir- cunstancias han de servir los miembros, como queda indi- cado, de un modo propio, conveniente, sólido y fácil, que deje adivinar al primer golpe de vista el uso especial del objeto que deba elaborarse complementando su ca- rácter. El hombre puede reclinarse ya echado, ya arrellanado; por consiguiente una cabecera no deberá tener el carácter de simple respaldo, ni el respaldo el de un brazo, ni el de un antepecho. Un estante no es un cajón, ni un cajón es un vaso, ni un vaso es una caja, ni una caja es una cómo- da. Por otra parte, objetos hay que deben guardarse pues- tos horizon talmente, y otros verticalmente: unos necesitan estar cerrados, y otros tapados. Los Muebles de capacidad, unos han de recibir líquidos, y otros han de contener ári- dos; unos han de servir para distribuir estas materias más ó menos lentamente, ya por decantación, ya por absor- ción: y este conjunto de circunstancias exijen ya puertas, ya tapaderas, ya tapiones; cráteres ya de recepción, ya de distrihucion, con golletes, picos, mecheros, etc. — 268 — Unos Muebles requieren asiento, otros aplomo: según el mueble deba gravitar sobre un plano, ó estar suspendido. Los muebles que hayan de asentar sobre un plano, será menester que estriben sobre pies: el solo nombre de pié dice cuanto es posible decir para rechazar del mueble el basamento, pues indica que el tal objeto tiene movilidad. Los antiguos egipcios hubieron de tener muy en cuenta estas circunstancias, pues en su simbolismo especial figu- raron patas de animales con distinción de las traseras y de las delanteras, aplicándolas convenientemente. En los Muebles de asiento, manuables, tales como las copas, custodias, candeleros y otros análogos, el pié consta de distintas partes. En una copa, por ejemplo, tenemos en primer lugar la parte sustentada ó sostenida que es la cmnca; y entre esta y el pié existe el fuste, el cual debe poder empuñarse sin alterar las proporciones que debe ha- ber entre lo sostenido y lo que sostiene. Para ello hay un expediente usado tradicionalmente desde la Edad media y sancionado por artistas notables del siglo xvi como es Juan de Arfe y Villafañe; expediente que ha venido á constituir- se como una necesidad en la construcción de los muebles de asiento de que trata- mos, como lo es el capitel, por ejemplo, en la constitución de los llamados Orde- nes arquitectónicos: tal es la manzana, la cual colocada en mitad del fuste, propor- ciona seguridad y comodidad para la tras- lación fácil del Mueble, al propio tiempo que sin alterar las proporciones entre lo sostenido y lo que sostiene, indica al primer golpe de vista el punto donde ha de colocarse la mano para sostener el objeto. * La manzana-^ á pesar de ser miembro solicitado por todo — 269 — Mueble de asiento, sirve mas bien para favorecer el uso de este objeto que la traslación del mismo de uno á otro punto. Para este efecto hay otra clase de miembros. Hay Muebles que frecuentemente deben ser trasladados de un sitio á otro, por consiguiente la mayor facilidad de la traslación será condición indispensable en todos los miembros que sirven para dicho efecto. Esta traslación puede hacerse de dos maneras, á saber: por suspensión ó por empiiñadura: propios para la primera manera son las asas; propios para la segunda son los mangos; si bien hay también asas que exijen la posición de la mano tal cual el man- go la solicita para verificar la traslación: asi, por ejemplo, el asa única y lateral de un jar- ro, requiere, mas bien la empuñadura que la suspensión : no hay mas que fijar la vista en el vaso que va dibujado al margen , cuya disposición no deja duda alguna no solo acerca del uso á que está destinado , que no puede ser otro que la distribución de un líquido, sino también acerca del modo como debe hacerse este uso. Las dos asas euritmicamen- >te colocadas en los costa- dos de un vaso , como pue- de verse al margen, indican perfectamente el modo co- mo debe ser trasladado este mueble ; siendo por empuñadura ó por suspensión , según la forma de las asas. El cántaro tiene en la parte superior una asa por suspensión con carácter muy marcado. El mango de una cuchara, el de un cuchillo, el de una pátera, á mas de ser miembros de traslación lo son de cómodo uso. Asi como los miembros sustentantes ó se desprenden de los sostenidos para buscar asiento como en el Mueble , ó — 270 — arrancan de la base para ir en busca de los sostenidos, co- mo sucede en la Arquitectura superior; en los Muebles que deben estar suspendidos , está invertido, el orden de los miembros. Incapaces tales objetos de mantenerse en una po- sición enhiesta, no pueden presentar la relación de lo que sostiene con lo sostenido, sino la del suspensivo con el sus- penso. La relación entre uno y otro miembro no es la del peso que descansa, sino la del pinjante que suspende; ya no existe la relación del fuste que sostiene el cornisamento, ni la del pié que asienta y conserva enhiesto el mueble, sino la de la argolla, tirante ó cadena que tiene suspendido el peso. Veamos ahora los miembros necesarios al Traje. Queda dicho que el Traje está en inmediata relación con las formas del cuerpo humano, sirviendo á necesidades físicas no menos que á otras morales. Siguiendo el orden de estas necesidades no menos que atendiendo á las formas de aquel cuerpo, se irá comprendiendo el número y forma de los miembros que el Traje necesita, y el modo como deben colocarse en este. La cabeza se ha de cubrir. Demos el nombre genérico de cobertura á todo lo que al efecto sirva, bien sea para defen- sa, bien para abrigo. Los pies han procurado siempre pre- servarse de la escabrosidad y mala impresión del suelo que pisan: las manos han necesitado preservarse unas ve- ces, del frió , y más tarde lo que fué un simple preservati- vo se ha convertido en objeto de bien parecer: lo mismo pues se calzan las manos que los pies. El cuerpo más espe- cialmente que los brazos y las piernas, ha tenido que cu- brirse tanto por razón de abrigo, como de honestidad y decencia: llamaremos pues vestido á las piezas que á este efecto sirven. El Traje del género humano, pues, ha cons- tado, generalmente hablando, de vestido, calzado y cober- tura. — 271 — El vestido talar sirve á los dos sexos indistintamente: á la muger para atender á los accidentes á que por razón de la maternidad esjá su cuerpo expuesto; al hombre para dar más importancia á su talante y aspecto. Con efecto debajo de un vestido talar, y más bien, de un ropage, si asi se permite decirlo, desaparece la individualidad, quedando á la vista más bien la investidura de la autoridad, que la persona ó individualidad investida , levantando de un mo- do material la estatura como expresión figurada ó simbó- lica de la mayor talla moral que debe suponerse en el hombre que se halla investido de una autoridad. Al pres tigio de ella, no al de la personalidad es menester al cabo atender especialmente. Las ocupaciones á que el hombre puede dedicarse exijen menor holgura y rozagancia cuanto mayores fueren la movilidad y actividad que ellas exijieren; pues si el Traje sirve á la honestidad y á la decencia, no ha de servirme- nos á las tareas á que el hombre debe dedicarse en cum- plimiento de sus deberes sociales. A estas mismas circuns- tancias debió su origen el ceñidor. De la túnica corta procedió la casaca, esto es, la levita, [V JiaUt), que recorta- da, ha dado origen al frac del siglo xix: así como del anti- guo manto hubo de nacer la capa. La túnica corta hubo de obligar á la adopción de la bra- ga que introdujeron en Europa los pueblos galo-germanos {zilako) ó de la de los antiguos orientales (anaxirides), la primera con el objeto de abrigo y decencia, la segunda como simulación quizá de la costumbre salvaje de pintarrajearse el cuerpo. Apéndice de la braga ha sido la calza, formán- dose de su conjunto los pantalones. Así como la calza no ha sido más que un apéndice de la braga, las mangas han sido apéndices de la túnica; la cual por lo mismo ha venido á constar de tres partes, á saber: el cmrpo, la falda y las mangas. — 272 — La copa y las alas son las dos partes de que el sombrero consta; así como la gorra consta de casco y venda. El som- brero responde á los usos de resguardo d% la cabeza y del rostro, mientras que la gorra solo puede serlo de la cabeza; y por la visera que la venda puede llevar, lo es de la vista. La Copa tiene por objeto conservar la frescura en la molle- ra, y por esto algunos sombreros bajos de copa llevan mn- tilador. La venda proporciona mejor encaje ala gorra y mejor asiento á la visera. Como miembro, si no indispen- sable, útil para impedir la caida de toda cobertura, puede contarse el harhoqiiejo (redimi.cula), el cual viene usado desde el gorro frigio y el sombrero tesalio_, hasta nuestras gorritas de viaje. La sandalia hubo de ser el origen de todo calzado, ha- biendo precedido al zapato j á\a iota. Uno y otra son al pié lo que el guante á la mano, sin más diferencia sino que el uso del pié no necesita la accidentacion de su calzado, como el de la mano: al pié le basta sostener el cuerpo en la posición natural que permite al ser humano dar á la mirada toda clase de direcciones; al paso que la mano ne- cesita toda la movilidad de los dedos para los usos ma- teriales que tiene y para la expresión fisiognómica. Ahora bien, cualesquiera que hayan sido los nombres que se hayan dado á todas las prendas del vestuario que el hombre en distintas regiones y en distintas épocas ha usado, y para cuj^a invención tanta fecundidad de ingenio se nota en los modistas de nuestro siglo xix; nunca podre- mos apartarnos de la sencilla nomenclatura que dejamos indicada, ya en su simplicidad ya en complicada variedad: en su simplicidad, comprendiendo bajo un nombre genéri- co cada una de las prendas del vestuario, como bajo el de t/'(- nica comprendemos todo lo que cubre el tronco del cuerpo: en combinación, formando por los usos, extensión ó ane- — 273 — xión, prendas especiales, como por ejemplo, e\ropón, que participa de la naturaleza de la tiinica y del objeto del manto; los pantalones que no son más que una anexión de la calza á la braga; el gahan que es una combinación de la túnica y de la gorra por razón de las mangas y de la capi- lla que tiene unida la túnica. Cada una de las partes de que se componen el vestido, la cobertura y el calzado, guardan entre sí una relación distinta de la que guardan las partes de un Mueble : no es la relación del sustentante con el sustentado, ni la del pinjante con el sostenido, sino la del hroche con lo abrocha- do. He aquí lo que motiva la introducción de ciertos ele- mentos de eterogénea naturaleza en el Traje, que para ma- yor esplendidez, prestigio ó distinción, se han convertido en joyas y alhajas, viniendo á ser estas para el Traje lo que los herrrajes para las obras de carpintería, á saber: el com- plemento y el adorno. Como complemento pues, han de res- ponder religiosamente á su objeto que es: el abrochado, esto es, el ajustamiento y sostenimiento sobre el cuerpo humano de las prendas del vestuario para el más fácil y conveniente uso de ellas, y la más fácil tarea de vestirse y desnudarse : porque el Traje necesario como es para el abri- go, defensa, decencia y bien parecer, si no debe ser un obs- táculo para los movimientos, tampoco debe cercenarnos el tiempo que necesitamos para otras tareas; debiendo el hom- bre poder vestirse fácilmente sin menoscabo de la compos- tura y del aseo que el trato social requiere. Del Traje ha nacido la Panoplia ó vestidura de metal para defensa del cuerpo en los lances de guerra. Sin em- bargo, la transformación que ha sufrido la táctica militar y la estrategia, han hecho innecesaria esta clase de vesti- dura ; perteneciendo en el dia más bien á la Historia que i8 — 274 — á la Estética: y aun dado caso que á esta última ciencia perteneciera, indisputablemente, correspondería más bien á la Toréutica y á la facultad de Artillería que á la Indu- mentaria, aunque sin desprenderse de las relaciones que con este Arte suntuario puede tener. Molduras. Las molduras no tienen la misma importancia en la Ar- quitectura inferior que en la superior, ni tienen razón de ser con igualdad de condiciones en todas las Artes suntua- rias. Acerca del origen, clases y formas de las molduras y del modo de combinarlas y disponerlas se dijo lo conve- niente en el tratado relativo á la Arquitectura superior; nos ocuparemos solo de las circunstancias especiales que el empleo de estos accidentes puede ofrecer en las Artes sun- tuarias para dejar convenientemente explanado y aclarado cuanto sobre el particular puede decirse. No cabe duda que la construcción es menos complicada en las Artes suntuarias que en ta Arquitectura superior; y en algunas de las Artes suntuarias poca ó ninguna com- binación existe: délo que se infiere, que si en el monu- mento raíz las molduras pueden adquirir pronunciada vuelo que les imprima carácter fisiognómico; en el Arte sun- tuario no pueden tener otro carácter que el de perfiles para la determinación de contornos, de límites de las distintas piezas de que puede componerse un objeto, ó de suaviza- cion de resaltos producidos por la diversidad de miembros. En la Arquitectura superior hay mucha eterogeneidad de materias asociadas, hay diversidad de presiones y de re- sistencias de las cuales es menester dar razón de un modo ya propio, ya figurado: no sucede otro tanto en las Artes suntuarias en las cuales no existe tan complicada cons- trucción ni tanta eterogeneidad de fuerzas y de resisten- ~ 275 — cias, haciéndose las combinaciones más por mecanismo que por solidificación, para facilitar desmonte. En la De- dálica, por ejemplo, aunque entra, diversidad de ma- terias, pero no con el objeto de solidificar, sino simple- mente de asegurar; pues basta la misma encoladura solo es admisible por abuso, toda vez que el ensamblaje es el modo especial de construcción de este arte. En la Toréu- tica tienen todavía menor importancia las molduras, toda vez que no hay asociación alguna de materiales eterogé- neos y por consiguiente no hay por que dar razón de ella , y toda vez que la naturaleza de las formas generales que la barra ó llanta admiten, no las exigen. Es verdad que la plancha ó palastro admite formas que se obtienen por un procedimiento análogo al que dan las formas cerámicas; sin embargo, debe considerarse que de la Cerámica traen origen por extensión del procedimiento típico de este Arte, más no por la naturaleza del que lo es de la Toréutica. Con lo que acaba de decirse podrá comprenderse, que en la Ce- rámica las molduras tienen un carácter distinto del que pueden tener en la Dedálica y mas en la Toréutica; de- biendo añadirse, que esta diferencia consiste en que puede considerarse que en la Cerámica tienen la misma natura- leza y origen que en la Arquitectura superior. Lo que son las molduras para el Mueble son las Vueltas, Golpes, Vivos y Franjas para el Traje. Sus dimensiones deben ser proporcionadas al uso de cada una de las partes de que este se compone, no dominándolas sino resguardándolas para que aparezcan de fácil variación cuando con el uso se hubieren deteriorado. Deben proceder siempre de los forros esceptuando las Franjas, las cuales tienen su origen en la muestra y combinación délos hilos de distintos colores que constituyen el tejido. He aquí como las Vueltas, los Golpes, los Vivos y las Franjas tienen una razón para justificar su — 276 — existencia en el Traje. De las Franjas nacen los flecos, los cuales deben considerarse más bien como un adorno que como una accidentacion. Esta misma consideración mere- cen los falbalaes y volantes. Los grandes y pronunciados vuelos que se dieren á las molduras empleadas en las Artes suntuarias, no serán más que u n conato de asimilar la construcción suntuaria á la del monumento raíz. Por otra parte si en este bailamos que los interiores no exigen de las molduras el vuelo que los exteriores por razón de ser más determinadas la cantidad y la cualidad de la luz que han de recibir; con mayoría de razón el Mueble no necesitará niolduraje tan pronunciado ya que debe estar siempre colocado en los interiores: ade- más las dimensiones de las distintas partes de un Mueble no pueden permitir excesivos vuelos, porque las formas capi- tales se perderían en medio de una accidentacion, que por que fuese bien aplicada, no por esto producirla mejor efecto. Todas estas reglas no tienen aplicación á los accidentes del Traje que hemos asimilado á las molduras del Mueble; porque su mayor ó menor efecto no depende del relieve sino del color: y la mayor ó menor diferencia ó viveza de este solo puede regularse por la necesidad de una expresión muy marcada, como sucede en los uniformes militares. ART. m . Artes suntuarias de adorno. En las Arles suntuarias de construcción lo mismo que en la Arquitectura superior, el productor para complemen- tar el carácter del objeto producido puede echar mano de trabajos escultóricos y pictóricos, así como de los corres- pondientes á las Artes suntuarias de adorno, la anaglíjiti- ca V la cromática. — 277 — Respecto de los trabajos escultóricos y pictóricos, no de- bemos hacer mas que añadir algunas observaciones, á las que hicimos al hablar de la Exornación en el tratado de la Arquitectura superior. Algunos creen que aplicar obje- tos de Escultura y de Pintura á producciones de la Ar- quitectura inferior elaboradas caprichosamente, es hacer aplicación del Arte á la Industria : en primer lugar no debemos aspirar á esta aplicación porque no puede me- nos de reconocerse y de sostenerse el consorcio que debe haber entre estos dos elementos de la producción sobre la base de que el Arte da las formas y la Industria los procedimientos: en segundo lugar, aplicar una obra de Arte á un objeto artístico, no es más que contribuir á la caracterización de dicha obra; así como aplicarle á un ob- jeto feo, ni es hacer artístico este objeto, ni dar á la obra de Arte el realce y la importancia que requiere, sino más bien rebajar su efecto. La aplicación de las Artes suntuarias de adorno á las de construcción requiere condiciones especiales y distintas de las que son menester para aplicarlas á la Arquitectura su- perior. Los muebles y los trajes tienen la razón de sus for- mas en las necesidades de la vida práctica, y en el uso ó deslino de unos y de otros; por consiguiente al aplicar al mueble ó al traje la exornación, deben tenerse en cuenta tres circunstancias, á saber: I." El género de adorno que se ha de aplicar: 2.' La naturaleza de la superficie que ha de adornarse: 3.^ El uso á que el objeto está destinado. Como es sabido, el adorno puede presentarse anaglíptica ó cromáticamente: al adorno anaglíptico se asimila el re- camo, y al cromático el bordado al pasado. Desde luego ocurre preguntar ¿El adorno anaglíptico puede aplicarse á toda clase de superficies? — 278 — Las superficies se presentan á la exornación ó tensas ó para someterse al lüiegue. Debe aquí advertirse que no ha de confundirse la posibilidad de plegarse que la superficie pudiere tener, con la necesidad de someterse al pliegue : asi por ejemplo, una alfombra por más que sea fabricada de material plegable, solo puede tener la consideración de superficie tensa, porque tensa ha de presentarse al uso. Ahora bien, las superficies tensas lo mismo pueden ser exornadas anaglíptica que cromáticamente, con tal que no lo impida el uso á que esté destinada : asi una alfombra con ser superficie tensa no puede tener adorno anaglíptico, porque este género de exornación neutralizaría su uso; y no solo no puede emplearse en tales superficies el adorno anaglíptico con toda su realidad, pero ni siquiera en simple apariencia, porque entonces se caería en el contrasentido de ser fácil y realmente transitable una superficie que aparentemente no lo seria. En las superficies plegables hay otras consideraciones á que atender: podrá neutra- lizarse el efecto del adorno por razón del género del plie- gue que la superficie plegable admitiere cuando el ador- no no pudiere presentarse con la integridad necesaria para dejar adivinar cuando menos, los motivos ó cláu- sulas de que el adorno constare: por contrario sentido po- drá neutralizarse el efecto del plegado á causa de un sis- tema de alineación que el adorno tuviere, ya que el siste- ma de alineación vertical neutraliza el plegado caído, así como el sistema de alineación horizontal favorece la movi- lidad y el efecto pintoresco del objeto, aumentándose esta movilidad extraordinariamente: atendiendo pues, ala na- turaleza y dimensiones del pliegue que la superficie ple- gable admita, y al efecto del sistema de alineación del adorno, se obtendrá la aplicación conveniente del adorno á las superficies plegables. — 279 — Seria imitil decir, que fuera hasta cierto puuto indife- rente en las Artes suntuarias de adorno el empleo de esos ó de esoíros materiales, si no existieran ciertas preocupaciones ó necesidades sociales que les diesen á estos determinado valor: pero también es verdad que en ningún caso debe fundarse el mérito de un objeto artístico en el valor intrín- seco de los materiales empleados: y sin embargo materia- les hay que tienen determinados valores y son objetos de exornación: así las maderas, los metales y las piedras pre- ciosas tienen un valor especial en el mercado, al paso que tienen condiciones que no dejan de responder al objeto de la exornación : y si bien semejante valor y tales condicio- nes no pueden aumentar el mérito artístico del objeto; sin embargo, no deja de estar fundada mucha parte de este mérito en saber aprovecharse y sacar partido de tales con- diciones. Esto da á entender que entre la naturaleza de tales materiales, la idea y la forma puede existir determi- nado género de relaciones artísticas: pero nunca podrá concederse á tales materiales una independencia tal que pueda redundar en perjuicio del efecto artístico. Es menes- ter desprenderse de toda preocupación respecto de este particular, y considerar las maderas, los metales y las pie- dras preciosas solamente como materiales propios para la coloración. Si alguna vez se quisiere hacer alarde del mé- rito extraordinario de alguno de dichos materiales, por ejemplo de un gran brillante, será condición precisa para que este mérito forme el objeto principal, que la joya en que fuere engastada esa piedra no tenga pretensión alguna distinta de este objeto, sino que llene lo más simplemente posible la condición del engaste. No podemos concluir estas consideraciones especiales re- lativas á la aplicación de las Artes suntuarias de exorna- — 980 — clon á las de construcción y hasta á la Arquitectura supe- rior, sin ocuparnos un momento acerca del simbolismo de los colores. Este simbolismo está sancionado por la práctica de los más distinguidos maestros. La ciencia heráldica sancionó un tiempo semejante simbolismo, del cual se ha abusado quizá después cuando las revoluciones políticas han venido á hacer caer aquella ciencia en desuso ; acabando por ser sus preceptos casi del todo convencionales en manos de la galantería veleidosa de nuestros tiempos. Sin embargo, es menester confesar que el lenguaje poético del Blasón no deja de tener atractivo, y que su decadencia ha dejado en las Artes suntuarias un vacío respecto de la nomenclatura de las formas y de los adornos. Según puede verse en el heraldo español Aviles, los co- lores ó esmaltes, así como los metales y piedras preciosas, no fueron escojidos sin causa ni razón simbólica: así se simbolizaron con ellos, los planetas, los signos del zodíaco, los elementos, los días de la semana, los meses del año, los árboles, las flores, los animales, las virtudes y todas las cualidades del género humano. Esta causa y esta razón la buscaron hasta en los principios de las ciencias naturales, de modo que, por ejemplo, el diamante le consideraron comn representación del color negro, atendiendo á su na- turaleza, ya que los naturalistas le consideran como una carbonización. Sin pretender aconsejar que este simbolismo sea llevado hasta la nimiedad, á fin de no hacer caer el Arte en pue- rilidades inconvenientes, ¿quién no ve en el azul la metá- fora de la dulzura y de la tranquilidad del alma, de la se- renidad, de la aspiración sentimental, del recogimiento? ¿en el rojo quien no ve la energía, el dominio, la sobera- nía; en el amarillo, la riqueza y la expansión; y en el — 281 — verde la indiferencia? Es que el azul tiene por principio la oscuridad, asi como el amarillo la luz, el rojo la neutrali- zación de estos dos elementos por ilusión óptica, así como el verde es la neutralización obtenida por una satura- ción en cierta manera química. ART. IV. Artes suntuarias de reproducción. En el Vaciado, en la Estampación y en el Tejido, no debe atenderse al procedimiento sino al tipo que se ha de plura- lizar. Las producciones de estas artes no tienen la impor- tancia que en la esfera industrial y económica. La cuestión para el Arte no está en el procedimiento, sino en el carác- ter que se dé al producto; y supuesto que el procedimiento da por resultado la multiplicación de ejemplares de un mismo tipo, no hay mas que dar al tipo el carácter conve- niente, y multipliqúense cuanto se quiera los ejemplares, en cuyo caso se verá, que lo artístico no está reñido con lo industrial ni con lo económico. Solo en este concepto pue- den admitirse artes de reproducción. Las condiciones artísticas á que debe someterse el tipo que se ha de reproducir, están fundadas en el principio de que este tipo tenga el carácter, de conformidad con el ma- terial que se trabaje y con los procedimientos á que este material deba someterse: con el material que se trabaje, para poder apreciar el grado de consistencia que tu- viere al desprenderse del molde; y con los procedimientos á que el material deba someterse, á fin de que sea propio y conveniente. Así con el vaciado en molde de un material fusible, no deberán imitarse formas de otro material que no admita la fundición, por ejemplo, las formas de la ma- — 282 ~ ^ dera, porque tal imitación por medio de las artes suntua- rias de reproducción, no puede dar el efecto del Arte en toda su libertad y espontaneidad; así el moldeage del cris- tal puede presentar con grandísima economía algunos de los efectos del cristal tallado; con la estampación sobre pa- pel pueden obtenerse algunos primores respecto de la pin- tura mural; con un tejido bien combinado puede imitarse, y aun con más justificación, las bellezas de un cachemir; y sin embargo, debe confesarse, que ni en aquel moldeado del cristal, ni en aquella estampación, ni en este tejido, se verá nunca el Estilo, esto es, la mano guiada libre y es- pontáneamente por el Genio; pues en tales producciones la libertad solo estará en la idea del prototipo, así como en la ejecución no se verá mas que la inflexibilidad del meca- nismo. Por esto aunque con la cromolitografía, por ejem- plo, puedan obtenerse obras de indisputable mérito, nunca podrá este consistir en la de la libre y espontánea ejecu- ción: por esto aunque un vaciado en metal pueda expresar directamente la idea escultórica del artista, no sin que este en la invención haya tenido en cuenta el material y el pro- cedimiento. Pero aunque las artes suntuarias de reproducción no presenten el Arte en toda su lozanía como las de inmediata ejecución, no quiere decir que no deban ser apreciadas como artes, porque algo hay en ellas que inmediatamente del Arte procede, y por lo mismo las hemos contado como grupo especial en el sistema que hemos establecido. Y así como el Arte no debe ser una remora para la Industria, ni la Industria una adulteración del Arte; tampoco el que una producción artística haya sido ejecutada por un procedi- miento, debe ser una razón para que no pueda ser ejecu- tada por otro, ó más fácil ó más económico; porque la cuestión no está en el modo de producir, sino en el aspecto — 283 — artístico que debe tener el producto; para lo cual deben po- nerse en perfecta armonía con el procedimiento, la idea, la forma y el material. ART. V. La Simetría, la Euritmia y el Decoro en las Artes suntuarias. Las leyes de la Simetría, de la Euritmia y del Decoro, tales cuales han sido aplicadas á la Arquitectura superior, tienen aplicación á la inferior ó Arte suntuario, sin mas diferencia que el objeto á que la aplicación debe hac^se. Si simétricos han de ser los cuerpos, miembros, molauras y adornos de un edificio, también deben serlo los cuerpos ó partes, miembros, molduras y adornos de un mueble ó de un traje: si la Euritmia no admite fuerza ni violencia en el monumento raíz, tampoco puede admitirla en una producción suntuaria. La realidad y la apariencia de la Simetría y de la Euritmia existen con iguales condiciones en la Arquitectura superior que en la inferior: y si debe haber propiedad en la Invención y la Composición arqui- tectónicas, á ella está sujeto de la misma manera el edificio que el mueble y el traje. No insistiremos, pues, respecto de todas estas leyes, y á ellas nos referimos, queriendo te- nerlas aquí por reproducidas. Sin embargo, el deseo de presentar novedades está de- masiado arraigado en el Arte suntuario para que no deba encarecerse muy mucho la observancia de las leyes del De- coro. Por falta de esta observancia han caido las artes sun- tuarias en ridiculeces sin cuento, y es menester evitar que vean la luz ciertas aberraciones é incongruencias bien dignas por cierto de censura. Por semejante inobservancia se ven objetos que ni representan lo que son, ni son lo que — 284 — representan, por ejemplo, muebles, alhajas y partes de un traje que nada significan, ni puede saberse de que origen proceden, ni cual es su expresión ni su sentido. La profu- sión de adornos viene á completar la falta de propiedad; así se ven, por ejemplo, colgaduras sobrecargadas de colgajos incongruentes, y muebles y alhajas cuyo objeto queda oculto debajo del embolismo de hojas, rocallas, y de formas sin origen y sin sentido. Todas estas incongruencias son debidas á la influencia de lo que se ha llamado la Moda, este aborto del Lujo que parece contradecir todo lo razonado á causa de cierta vo- lubüidad que en su naturaleza encierra. La Moda, capri- c h o como es, tiene el despotismo por razón, y el mal gusto por consecuencia; y el mal gusto es la tiranía de las formas. El capricho con su despótico mando llegará á pin- tar los rostros de azul y hará adoptar guantes para los pies, y engastará piedras preciosas en las cacerolas de una co- cina, y creará ridiculeces hasta antieconómicas é incon- venientes. Esto conduce á reflexiones muy atendibles. Con efecto, ¡cuantos productos industriales han perdido su valor y existen arrinconados en almacenes, imposibilitados de vol- ver á ver la luz por no haber tenido sus formas otro principio que el capricho y la sinrazón, y haber caído por consiguiente en lo ridículo! j Cuántos valores se han ma- logrado por haberse tenido que aprovechar materiales á los cuales se habían dado formas caídas en la ridiculez! ¡Cuántos valores no se han exagerado para resarcir los va- lores perdidos ó que se ha previsto debían perderse! Cuan- do el Lujo y la Moda imperan en absoluto entonces los va- lores son efímeros; respecto de los materiales, porque estos sufren alta y baja como todo valor circulante; respecto del modo de ejecución ó de elaboración, ó sea, de la mano de — 285 — , obra, porque este valor viene á perderse con el tiempo. Por lo contrario, el valor que el Arte da á la forma es inde- pendiente del que tiene el material y del que tiene la ma- no de obra: en vez de decrecer va en aumento con el tiem- po: véase sino el aprecio en que se tienen en el dia muchos objetos elaborados por aquellos artistas de otros tiempos, escultores, pintores, carpinteros, rejeros, plateros, tapice- ros, mosaicistas, etc., etc., cuyas obras se aprecian en la actualidad hasta en fragmentos, hasta en astillas, hechos trizas, ó en harapos. Se nos alcanza muy bien que el Lujo, como efecto desordenado de la vanidad y del orgullo, exis- tirá mientras existan hombres ; se nos alcanza m u y t i e n que la veleidad de la Moda existirá mientras exÍTO el Lujo: mas ya que no es posible desterrar del género h u - mano tan punible inclinación, dirijamos por buen camino las pasiones, moralizando y puliendo el Sentimiento, esto es, hagamos que imperen las Teorías estéticas en la Mo- da, así respecto de los muebles como de los trajes que la conveniencia social hubiere de prescribir para la conserva- ción de una disciplina ó como símbolo de ella; y la ciencia económica no deberá tener inconveniente en sustituir el Arte al Lujo como base de los principios en que está asen- tado para sostener el movimiento productor: y no se tema que el Arte agote los medios para alimentar semejante mo- vilidad, mientras haya Fantasía, mientras haya Sentimien- to, mientras haya necesidades por satisfacer y leyes físicas que obedecer, que son los verdaderos manantiales de la Be- lleza, á la cual puede llegarse por inumerables caminos. En este sentido se ha dicho que el Arte ennoblece á la Industria, como la Industria enriquece al Arte.