A R T E S DE I M I T A C I Ó N . ^'ll^fc CAPITULO VI. TEORÍA ESTÍTICA DE LA ESCULTURA Y DE LA PINTURA. El Arte solicita la representación del espíritu, de este elemento que el hombre siente en si, en virtud del cual tiene conciencia de sí mismo haciéndose objeto de sus pro- pias representaciones. La Arquitectura no hace más que simbolizarle dando á la materia una forma según determi- nado sentido, conforme con él por analogías y semejanzas. Al dejar el Arte esta tarea, se encuentra dentro de un cir- culo en donde ha de representar el espíritu con la forma que mejor puede dar razón de él: ya no ha de imaginar esta forma buscando teorías originarias y sacando de la utilidad motivos de Belleza; sino que encuentra modelos que imitar directamente: ya no ha de aplicar el sentido, sino que esta misma forma le trae consigo: la dificultad ya no está en buscar esta forma, sino en representarla se- gún los principios de la idealización: la representación ya — 287 — no se hace por analogías y semejanzas, sino por rasgos de- terminados y claros tomados del modelo dado por la Natu- raleza. He aquí como en la esfera de lo plástico existe el modo de representación por imitación. Sin embargo, guardémonos de admitir la imitación como objeto final de la Escultura y de la Pintura porque seria fácil que no obtuviésemos la Belleza. Téngase siempre pre- sente el principio de la idealización, que dejamos sentado en la Parte General de esta obra, esto es, purificar el mo délo que la Naturaleza ofrece, de todo cuanto pueda per- judicar al interés de la idea. Lo ideal por quitación, tal cual debe aquí entenderse, puede determinarse en lo plástico de dos modos: escnlióri- ca ó'pictóricamente.Para conocer las circunstancias que distinguen estos dos modos de determinación de lo ideal plástico en las Artes de imitación es menester que queden bien fijados los límites de cada Arte, pero sin separarlos del círculo en que ambas, la Escultura y la Pintura, están encerradas. Ambas tienen un mismo modelo, la diferencia está en los elementos que de él ha de tomar cada una de ellas: ambas buscan el espíritu, pero no le representan bajo el mismo aspecto ó formas: ambas buscan el modo de ha- cerle sensible, esto es, de ponerle al alcance de los sentidos, pero con distinta extensión y con distinto desarrollo. ART. I. Naturaleza y oljjeto de la Escultura. La idea que comunmente se tiene de la Escultura no se refiere más que al modo material de representación. Desde el momento en que el Arte en general consta de dos ele- mentos, el fondo y la forma, es preciso que al definir cada una de las Artes particulares se tengan en cuenta ambos elementos, así como deben tenerse presentes los caracteres especiales que las constituyen y las reducen á deter- minados límites. Decir que la Escultura es el Arte de representar lo bello con formas palpables, no es fijar los límites á que este arte debe circunscribirse, ni fijar su fondo esencial: el arte arquitectónico también representa bellezas con formas pal- pables. Decir que es el arte del ideal clásico, no es bacer más que fijar la categoría de esta forma que el Arte revis- te; pero no se da razón de sus caracteres. Decir que es el arte de la bella forma humana, limita m|p la jurisdicción de este arte; pero no se excluyen ciertos elementos que no le pertenecen, como el colorido, ni se da tampoco razón de los caracteres generales. La Escultura es: la representación del espíritu en su carácter individual p)or medio de la materia labrada bajo la forma del ser animado: estas pocas pala- bras, aunque no llenen perfectamente las condiciones de la Escultura, dejan, cuando menos, indicada la naturaleza de este arte, el objeto de esta imitación y el modo de repre- sentación. He aquí las circunstancias que colocan la Escultura en primer lugar después de la Arquitectura, históricamente considerando, y be aqui dado el primer paso desde el Sím- bolo al Carácter del espíritu. La Escultura se rige por el principio clásico ó materia- lista, constituyendo el tipo del Arte dentro de semejante principio. Esta consideración la merece, porque su objeto es personificar, materializar, digámoslo asi, el espíritu, darle simplemente á conocer. Por esto son tan estrechos sus límites, de manera que casi quedan reducidos á un solo punto^ á saber, el que puede determinar el paso des- de el aspecto espasmódico á la simple manifestación del espíritu y de la vida en poder. — 289 — La obra escultórica debe presentar sensiblemente el es- píritu; por consiguiente debe buscar la forma que más pro- piamente puede dar razón sensible de él. Esta- forma no puede menos de ser la humana, única que puede realizar este objeto. Pero esta forma no debe la Escultura presen- tarla como un simulacro, tal como lo hizo el Arte en su rudeza, porque esto no seria más que presentar una espe- cie de arquitectura orgánica, no siendo mas que un sím- bolo del espíritu, y en manera alguna su modo sensible de aparecer, como fueron las estatuas egipcias, y ciertas imá- genes deformes que se exponen á la veneración de los ca- tólicos, y solo merecen consideración arqueológica, pudien- do la Piedad haberse'contentado con ellas por la idea que dispiertan. La simple representación de la forma humana para dar razón del espíritu podria hacer que el Arte llegase á ser típico y, por consiguiente^ indefectiblemente estacionario, reproduciéndose de continuo unos mismos tipos. El paso desde semejante estado á la diversidad del Arte está, no en la representación de la simple generalidad de la forma capaz de reflejar el espíritu con la simple imitación de los rasgos de la realidad, sino en la representación de una in- dividualidad á la cual se haya comunicado toda la frescura de la vida, toda la vida de la Naturaleza, toda la naturali- dad del pensamiento. La Escultura, pues, debe hacer algo mas que presentar el espíritu por medio de la forma hu- mana en simple generalidad, sino que debe presentar la individualidad. ¿Qué es la individualidad? Lo individual es lo particular y especial de cada individuo. Le constituyen en la Escul- tura aquellas circunstancias fijas que hacen reconocer á una persona entre las demás de su especie. El escultor debe estudiar todas las circunstancias que pueden indivi- 19 — 290 — dualizar á una personalidad, haciendo sohresalir aquellas partes que mejor respondan á determinadas cualidades, y hacer de ellas un personaje dotado de vida, que no pueda confundirse con otro personaje, como no pueden confun- dirse en la Escultura griega á Neptuno con Júpiter, ni á Venus con Diana, ni á Juno con Proserpina, ni á Mercurio con Apolo. En el Hércules Farnesio, por ejemplo, se ve le- vantada de punto la importancia de la garganta, que es el miembro donde están reunidos los nervios que comunican á los músculos la movilidad ; la de los brazos que han de sostener la lucha con los monstruos y las fieras. Si la Escultura no debe presentar el ^spiritu por medio de la forma humana en simples generalidades, sino en in- dividualidades, tampoco debe presentar estas individuali- dades de un modo cualquiera, sino en simple Carácter. La Escultura presentando el espíritu sumergido en los movi- mientos y las diferencias, y en todas las impresiones de que es susceptible, en todas las agitaciones interiores que pue- de sentir por razón de toda clase de colisiones, de las luchas interiores y exteriores, y de todos los accidentes de una acción, no presentaria determinada la individualidad del espíritu: el fondo del lago no se transparenta cuando están agitadas sus aguas. En semejante tranquilidad es cuando se presenta el espíritu, de la manera más exacta: es la pri- mera manera propia que tiene de ser y en que el Arte pue- de presentarle. El arle escultórico no debe presentar el espíritu sino por medio de la forma humana en individualidad y en simple Carácter, y no en Expresión; porque no teniendo la pre- tensión de presentar la identidad con las existencias, se impone ciertos límites para poder quedar más desembara- zado en su acción. La Escultura en toda su pureza solo debe presentar el elemento principal é invariable de la in- — 291 — dividualidad; por consiguiente, debe rechazar todo lo acci- dental. La figura de los personajes debe salir de la imagi- nación del artista pura y limpia de todo accidente así moral como físico, no mostrando predilección por particularidad alguna de pasión, placer, deseos, ni por todo ese conjunto de circunstancias procedentes de la voluntad. El escultor en la producción de su obra debe proceder como procedió Dios en la creación, esto es, debe hacer la estatua á su ima- gen y semejanza, y como dejar que ella proceda con toda libertad en el mundo real. Así como Dios creó al hombre, v le dio libre alvedrío, el artista hace su estatua, como si la dotase de tal facultad. Un ejemplo puede manifestar cuales pueden ser los rasgos de la individualidad en Carácter: en una biografía se mencionan los accidentes variados y todos los actos de la vida de un personaje; y esta complicación de sucesos distintos y de acciones variadas y particulari- dades anecdóticas suele terminarlas el buen escritor por una descripción de la índole del personaje, reasumiéndola con la indicación de las cualidades principales, por ejem- plo, la de bueno, justo, magnánimo, pundonoroso, etc.: pues precisamente semejantes cualidades son lo que cons- tituye la naturaleza ílja del individuo, perteneciendo las demás á su manifestación accidental. No debiendo la Escultura presentar mas que el elemento invariable de la individualidad, deberá rechazar, por con.si- guiente, todo lo accidental, como son, el f/esío, la mirada, el color. Con efecto, la Escultura ni debe, ni puede em- plear estos tres elementos fugitivos que tan buen papel hacen en la Pintura, sino que debe limitarse á los rasgos permanentes del espíritu, fijándolos y reproduciéndolos en el semblante, en el ademan y en la actitud. Así, el rostro, no debe ser mas que una indicación de la expresión, y no debe hacer mas que completar la elocuencia. Lo que la Escultura necesita no es tanto el movimiento del rostro, como un rasgo fisiognómico, una actitud y un ademan na- turales, pero característicos, bien articulados y decidida- mente marcados, que vayan directamente á la imagina- ción; porque el semblante, la actitud y el ademan tienen siempre una expresión general, presentando, por decirlo asi, la fisonomía del alma concentrada. Del mismo modo que el rostro, los demás miembros tienen una fisonomía es- pecial, es decir, un medio exquisito, soberanamente típi- co aunque más general, el cual es un punto de partida para acentuar en seguida el carácter de cada figura por atenuación ó contracción de tal ó cual parte. Esta be- lleza de los miembros no se refiere solamente á su destino, sino á la vida que en ellos se transparenta como reflejos más ó menos lejanos del alma, ó más ó menos patentes de la vida espiritual. Quizá por este motivo la Escultura antigua ha prescindido casi siempre de la indicación de las venas, á fin de no dar razón de la vida orgánica, conside- rando esta indicación como cosa muy material. Si no es admitido en la Escultura el gesto porque desna- turalizarla este arte, conduciéndole más allá de los lími- tes que tiene impuestos para quedar más desembarazado en la producción, y más allá de los que tiene marcados por la naturaleza de la representación; con mucho mayor motivo deben estar excluidos de la Escultura la mirada y el colorido, sin embargo de que parecen propios para dar realce á la individualidad, supuesta la importancia que suele dárseles en nuestro ordinario y común modo de considerar á nuestros semejantes. Decimos, con efecto, que los ojos son el es])ejo del alma, y juzgamos de muchos sen- timientos interiores por el color. Ambos medios son datos tanto más seguros para juzgar de nuestros semejantes, cuanto q\ie se presentan involuntariamente en el exterior. — 293 — por ejemplo, el rubor en las mejillas, el amor en los ojos. Pero si estos medios de caracterizar la individualidad, fue- sen propios de la Escultura, podríamos quejarnos también de que este arte no emplease la voz, que al cabo es uno de los mejores medios de individualizar. La Escultura no tiene á su disposición ni la luz ni el aire: y aunque la obra de arte que se presenta bajo una forma visible y necesita un espectador, supone en efecto, la luz particularizada en el color; sin embargo, antes que el color, existe la forma como manifestación visible del espíritu; y el arte que se ocupa exclusivamente de la representación de esta forma, llena y satisface el espíritu del espectador, con solo pre- sentar su obra á la luz sin necesidad de emplear los medios de modificarla y combinarla. Sabido es cuanto puede satis- facer el ánimo el contorno por sí solo. También es cierto que tanto en la Antigüedad como en nuestra época se han empleado materiales de colores; pero esto no es emplear el colorido como en la Pintura, sino presentar la riqueza de materiales de que el arte puede disponer, ya como un sím- bolo del colorido, ya con el objeto de responder á conve- niencias de localidad, y hasta para contribuir á la mejor determinación del carácter. La encarnación de imágenes no debe considerarse en manera alguna como una necesidad del arte moderno: pro- piamente hablando no pertenece al Arte. Fué introducida por principio tradicional religioso. El arte escultórico antes de alcanzar su verdadero modo de ser, huh) de pasar por distintos grados de desarrollo; y la encarnación hubo de ser el primitivo, lo mismo en el arte pagano que en el cris- tiano. Guando la Escultura se encontró en su verdadero elemento, cuando se halló el verdadero ideal escultórico, desapareció el colorido, por innecesario, y la riqueza de materiales lo suplió todo. Ni tampoco para el buen efecto — gol- es necesaria esta encarnación: el crucifijo tamaño natural, de Benvenuto Cellini que existe en el trascoro del Escorial, no infunde menor veneración y respeto que los mejores que se llevan en las procesiones, y que están encarnadas con la mayor escrupulosidad. El antropomorfismo del arte cris- tiano, que no ha nacido de la imaginación de los poetas co- mo el griego, sino de la existencia real de sus individua- lidades entre los hombres, viviendo una vida como los hombres, sujeta á todas las miserias y penalidades, puede hacer admisible en Escultura el principio de encarnación de las estatuas; pero ya no para la mejor representación de la índole del alma, sino como revelación del elemento pic- tórico, de la Expresión en que la Escultura ha entrado á veces de una manera especial. Reasumiendo cuanto hasta aquí hemos dicho respecto de la naturaleza y objeto de la Escultura: el geslo solo es una manifestación más ó menos pronunciada de lo que hay de más pasagero en la individualidad, la cual se perdería en los movimientos y las diferencias si aquel fuese admitido: la mirada obligaria al personaje á ponerse en relaciones con otras existencias, y entrando en las contradicciones, este personaje no podria quedar en simple Carácter: el color, teniendo, como tiene, por elemento la luz no puede ser admitido por la Escultura, por que la luz no tiene for- ma palpable. De todos modos estos tres accidentes, á saber: el gesto, la mirada y el color desnaturalizarian la Escul- tura, porque supondrían más ó menos relaciones exteriores á que seria indispensable responder, so pena de dejarlas incompletas, y á las que no seria posible verificarlo por las razones indicadas. Esto no obstante, la Escultura tiene un desarrollo espe- cial que parece la hace separar de uno de sus primeros principioáj el Carácter: y sin embargo, no se separa de él, — 295 — á lo menos en lo esencial; de manera, que aun al querer presentar una acción, no toma de esta misma mas que lo estrictamente característico, ART. I I . Naturaleza y objeto de la Pintura. Considerando el Arte en la esfera de lo plástico, hemos encontrado que la Arquitectura se ha limitado á represen- tar el espíritu simbólicamente, labrando la materia inerte según las leyes de la Geometría y de la Física: la Escul- tura ha pasado ya á representar el espíritu bajo la forma que en la Naturaleza mejor le revela, que es la humana, ofreciendo en su más estricta consideración el tipo del arte clásico, esto es, la individualidad del espíritu en su mas alta tranquilidad y seriedad: pero no puede uno menos de considerar, que desde el momento en que el espíritu ha ad- quirido conciencia de sí mismo y de sus altos destinos, desde el momento en que se ha de presentar en el cuerpo humano para dar razón de sí mismo, no puede detenerse en semejante estado de reposo, sino que necesita pasar más allá, necesita un desarrollo; y este le adquiere poniéndose en relaciones con otras existencias, entrando en el movi- miento, en las diferencias y en las oposiciones, y compro- metiéndose en acciones más ó menos complicadas é intere- santes. La misión del Arte al llegar á este punto debe ser la determinación de estos movimientos y de estas diferen- cias, para hacerlos accesibles á la vista. He aquí la Pintura. La Pintura es el arte que representa de un modo visible el verdadero estado del espíritu excitado: lo que no puede hacer la Escultura, porque desde el momento en que quiere entrar en esta manifestación de afectos internos, — 996 — se encuentra natural y razonadamente falta de medios de representación. La Música por ser tónica, no puede ex- presar mas que lo que afecta al oido : la Poesía, aunque puede dar razón de la forma visible, pero desde el mo- mento en que pretende llegar á los detalles, siquiera los principales, se hace oscura y empalagosa: la manifestación visible del sentimiento por medio del gesto, del ademan y de la actitud, que es lo que hemos llamado Expresión, nin- gún arle puede hacerla como la Pintura. Esta se aprove- cha del elemento esencial de la Escultura, el Carácter, y pasa al desarrollo de él bajo todos los aspectos posibles, constituyéndose á su vez en nn medio de caracterización de la Arquitectura, y de ilustración de la Poesía y de la Música misma. La Pintura suele definirse por la sola forma ó por el solo procedimiento, pero de este modo se da equivocada idea de este arte. Por consiguiente, debemos comprender en la de- finición, en cuanto sea posible, los elementos que la cons- tituyen. Asi diremos, que la Pintura es to representación de los sentimientos Íntimos del alma humana bajo la aparien- cia visible ])or niedio del color. La naturaleza de este arte, es por consiguiente, en el círculo de lo plástico, la menos material. Presenta el espíritu no tal cual es, no en su ca- rácter inexcitado, sino tal cual puede ser en sus relaciones con los demás seres de la Naturaleza; le presenta no en la materialidad de la forma palpable ó corpórea, sino tan solo por apariencia visible, en una palabra, por todos los m e - dios que la ilusión óptica puede exijir. La Pintura es la forma por la cual el Arte generalmente considerado entra en el principio romántico, si bien no constituye su centro, que es la Música. La Pintura inicia la expresión del Sentimiento con la forma visible, que la Música c^fciplementa con la forma tónica, que es la verda- — 297 — dera expresión del Sentimiento, la verdadera expansión del corazón. El fondo de la Pintura le constituyen las alteraciones de que es susceptible el carácter individual, es decir, la vita- lidad del Sentimiento, los efectos de la sensibilidad más exquisita. Estos efectos no se han revelado en la Escultura, ni este arte ha producido movimiento alguno en el espíri- tu, habiendo dejado, por consiguiente, una necesidad por satisfacer, cual es, la de ver el carácter del individuo des- arrollarse y pasar determinadamente al movimiento y á la acción, nuestra personalidad, el principio de nuestra pro- pia existencia y de nuestra vida tomando importancia, pu- diendo contemplar lo que se mueve, agita y obra dentro de nosotros mismos. He aquí lo que hace la Pintura, no déte • niéndose en la representación de lo esencial en la indivi- dualidad de la persona, situación ó acción, sino pasando desembarazadamente al terreno de las particularidades. No creo aventurado suponer que el mayor desarrollo de la Pintura ha sido impulsado en la Edad moderna por la creencia cristiana, la cual reclama mayor animación espi- ritual que la pagana. El sentimiento íntimo, las satisfac- ciones y los sufrimientos del alma, se presentan en la creencia cristiana con toda riqueza: la antigüedad pa- gana no nos ofrece la variedad ni la profundidad de senti- mientos que aquella creencia. La zozobra, la desolación del alma, la amargura, el llanto, el dolor que parte el corazón de la Virgen Madre, ya en la salvación de su divino hijo de las asechanzas de sus perseguidores, ya al tenerle per- dido en el templo, ya en su pasión y muerte, ofrecen un campo vastísimo al desarrollo de la Expresión como ele- mento esencial de la Pintura: campo mucho más vasto que la Fatalidad que pesaba sobre el pagano. Los antiguos no pudieron presentar tanta riqueza de sentimieáltos, ni en — sos- ia misma Niobe al perder á sus hijos. La misma divinidad aparece en el dogma cristiano en medio de la sociedad hu- mana viviendo la vida mortal y sujeto á todas las miserias y penalidades de la vida terrestre. La Fé del Apóstol que predica el Evangelio, la abnegación del Mártir, la religio- sidad del Caballero, son manantiales inagotables de la Ex- presión como elemento esencial de la Pintura. Este mismo elemento determinado en el hombre, puede hallarse en cualquiera objeto inanimado que excite en nosotros senti- mientos de admiración, de respeto, de gratitud, de melan- colía y de apacibilidad, ó que alimente nuestras esperan- zas, ó avive nuestros deseos, ó recuerde nuestras costum- bres públicas y privadas, ó halague, por último, nuestros gustos. Al hallarla nace en nosotros un sentimiento que solo puede explicarse por la simpatía que existe entre nuestra alma y tales objetos; y he aquí lo que dá á los lí- mites de la Pintura una extensión tal, que después de la representación del ser humano, parte desde la del espectá- culo de la Naturaleza y corre hasta la imitación del menor de los detalles de ella, cual es la representación de la mas sencilla de las flores campestres. Desde el momento en que el espíritu, teniendo concien- cia de sí mismo, se desarrolla hacia el exterior y pretende presentarse no tal cual debiera ser sino tal cual es, des- plegándose con todo su poder, no puede menos el Arte de prescindir en cierta manera de la naturaleza de la materia y de los accidentes reales de aquella forma que hace al espíritu accesible á los sentidos; y en la armonizacion.de los dos elementos del Arte, el fondo y la forma, cede el es- píntu y cede la materia, bastando para la representación una simple superñcie. Ya no es entonces la manifestación plástica propiamente dicha, lo que se verifica, sino otro modo m-M propio para representar el pensamiento y los — 2Í>9 — sentimientos del alma, cual es la representación gráfica; modo menos material de manifestación^ puesto que se ciñe á la simple apariencia, no es ya la forma real sino la ilu- sión de ella. En cambio adquiere el Arte mayor riqueza de medios y mayor animación ; se abre un vasto campo á la imaginación del artista, la luz y el aire vienen á caer en poder del Arte, el cual modifica á su sabor ambos medios y los dispone de la manera que mejor le conviene. Supone además distintos términos, y de aquí la alteración del ta- maño de los objetos, la diversidad de tintas y de tonos, que es lo que constituye la Perspectiva lineal y la aérea. Por otra parte desde el momento en que los sentimientos íntimos del alma han de aparecer en el cuerpo, esto es, han de ser expresión gráfica, la forma viene á ser como indiferente, porque los escorzos han de multiplicarse, vi- niendo á suplantarse á la belleza del cuerpo, la belleza de la acción, efecto de la belleza del alma, para lo cual se ne- cesita algo más que las simples formas palpables, siendo necesaria entonces la mirada, el color, el lugar de la esce- na, medios que la Escultura no puede presentar, ya por ser inaccesibles á la naturaleza de ella, ya por exigir- lo las condiciones á que voluntaria, más no caprichosa- mente se impone el Arte; condiciones siempre razonada- mente dictadas, para no producir un efecto contrario al que debemos prometernos de este, que es la ilusión de la realidad, no la identidad con las existencias. La sola re- presentación del lugar de la escena basta para obligar al Arte á emplear solamente la apariencia de las formas y no su realidad; porque no solo ha de presentar al personaje, sino la acción en que se encuentra comprometido, siendo menester diversidad de relaciones de los personajes entre sí, y de ellos con todos los seres de la Naturaleza: luego no solo ha de aparecer en la obra de Arte la acción sino el — 300 — sitio en que se verifica, los medios por los cuales se reali- za , en una palabra, lo que puede muy bien llamarse la disposición y el aparato escénico. Es por tanto evidente la necesidad de emplear los efectos ópticos, en vez de las di- mensiones reales. Con estas formas aparentes puede la pintura apoderarse de todas las situaciones y de todas las acciones en que el espíritu humano puede encontrarse comprometido; de modo que hasta la misma individualidad en simple Carácter, exigirá otra cosa distinta de esta espe- cie de grandeza y tranquilidad que constituye la esencia de la Escultura, y algo más que aquella simplicidad de las concepciones de este arte, no siendo una simple explica- ción del carácter individual, sino xin desarrollo del mismo, reflejado en las formas humanas en medio de una situación bien determinada. Esta forma aparente necesita dos elementos, á saber: una linea que la determine, y un color que fije la canti- dad y cualidad de la luz que recibe. La línea no existe en la Naturaleza, no es sino un dato preventivo que el proce- dimiento necesita para dar razón de los límites de los cuer- pos ; sin que por esto se pretenda quitar al contorno para dar al colorido, la importancia, que, como se verá mas ade- lante, tiene el dihujo en la representación pictórica. Esa línea, ó contorno propiamente dicho, y ese color son lo que constituye muy especialmente la forma gráfica de la Pin- tura; debiendo repetir aquí, que si este arte está colocado entre los plásticos, no es por que presente las formas con toda su realidad, ó plásticamente en la propia acepción de la palabra, sino por que las presenta en ilusión ó aparien- cia plástica. Tal es la naturaleza y el objeto de la Pintura. *»;• — 301 ART. m . De la independencia de las obras escultóricas y de las pictóricas. Las obras de Escultura y de Pintura son independientes y tienen libertad de acción; pero tales circunstancias no son las que comunmente se creen. La Escultura y la Pintura por carecer de medios narra- tivos no pueden tener la autonomía que tiene la Poesía, porque ellas, así como su hermánala Arquitectura, no son mas que partes de un todo, del cual á su vez puede cada una de ellas ser objeto más ó menos principal. Si se escul- pen estatuas y se pintan cuadros para complementar el carácter de los edificios; se erigen también monumentos ar- quitectónicos para determinados objetos escultóricos y pic- tóricos : por ejemplo; un gran pedestal, una columna para una estatua , una pinacoteca para determinados cua- dros. Si la Arquitectura es la directora de las Artes plásticas no es por la especialidad á que su misión se extiende, sino por que ella crea la localidad artística en donde la Escul- tura y la Pintura pueden presentar sus producciones. Que la Arquitectura emplee la Escultura y la Pintura como me- dio de exornación, no es un motivo para poner en duda la independencia de estas dos artes. La independencia y la libertad no están en el aislamiento, sino en la sumisión á las leyes de la Razón para llevar un objeto social y civili- zador y alcanzar un puesto digno en la sociedad. La Escultura y la Pintura no pueden menos de respon- der á conveniencias de localidad, y han de guardar relación con los objetos circunstantes; pero esto no quiere decir que estas dos artes estén subordinadas á un fin estraño de mo- — 302 - do que no lleven en sí su propio y conveniente destino, por- que por un lado estas conveniencias son necesarias para la mayor inteligibilidad, por otra, penetrado el artista de esta conveniencia, la hace entrar como condición en la Inven- ción , y entonces esta condición será otro de los estí- mulos de la inspiración , y por tanto formará parte de la idea misma. No existe obra alguna artística que no tenga que responder á alguna condición: la Arquitectura á las de la localidad; lá Escultura á la estrechez del círculo den- tro del cual ha de moverse; la Pintura á la de la simulta- neidad de las situaciones de una acción: y sin embargo las tres artes plásticas son independientes, subsisten por sí, pero concurriendo y contribuyendo sin sacrificios mutuos á un solo y mismo objeto. La obra artística que carece de localidad fija y determi- nada carece de uno de los principales elementos de deter- minación. Una estatua ó un cuadro que no hallan mas lo- calidad á que aplicarse que un Museo, no pueden tener mayor importancia que la estatua ó el cuadro que son ob- jeto principal de un monumento á la determinación de cuyo carácter .contribuyen; ni esa estatua ni ese cuadro sin localidad determinada son más independientes ni más li- bres que la estatua ó el cuadro con localidad propia y es- pecial. La libertad de la estatua ó del cuadro que tienen localidad propia y conveniente, tienen la independencia y la libertad de la Razón ; la independencia y la libertad de la estatua ó del cuadro sin localidad determinada, son la independencia y la libertad del hombre nómada, del que no tiene patria ni hogar conocido, la independencia y la libertad individual egoista del hombre insociable. — 303 — ART. IV. I. Géneros en que las Artes plásticas de imitación pueden ejerci- tarse.—II. Cuales son propios de la Escultura y cuáles de la Pintura. I. Las artes plásticas de imitación desde el momento en que tienen en la Naturaleza un modelo que imitar , nece- sariamente lian de dividirse en las especialidades que este modelo puede ofrecer. Tales especialidades constituyen los distintos Géneros en que el Arte plástico de imitación pue- de ejercitarse. Veamos pues cual es la naturaleza y cuales son los elementos de cada uno de estos Géneros. El hombre vive acá bajo en relaciones con la divinidad por medio de la Conciencia ; con sus semejantes, por razón de sus necesidades físicas, sociales y políticas; con la Na- turaleza y con todos los seres qué en ella figuran, por razón de los recuerdos que una y otros evocan en su alma, de los deseos que en su corazón dispiertan, y de las pasiones que en él excitan. Las relaciones del hombre con la divinidad y con sus semejantes constituyen un Género que tiene por base la Hislorln: las relaciones del hombre con la Natura- leza y con todos los objetos que empleamos en los actos de nuestra existencia tienen por base la Sinqmtía: hé aquí los dos Géneros en que puede ejercitarse el arte plástico de imitación, á saber, el género histórico y el de Simpatía. Entiéndese por Simpatía la correspondencia ó afinidad que puede haber entre lo que nos rodea y nuestra índole ó situación, pudiendo extenderse desde el grande espectácu- lo de la Naturaleza hasta el menor de sus detalles. La His-' — 304 — toria es un caudal inagotable de sentimientos de abnega- ción, de desinterés, de generosidad y de todas las virtudes de que es capaz el espíritu humano ; y semejante Género puede presentarse con dos distintos caracteres, á saber: con el épico y con el descriptivo: con el primero se da razón del espíritu de toda una civilización, de la vida de todo un pue- blo ; con el segundo, solo se da razón de determinados seres animados ó de escenas tomadas de la vida común. GÉNERO HISTÓRICO.—Carácter épico. Es la epopeya propia. Debe considerarse como un modo de determinación de los hecbos; detalla sucesos con cierto lirismo; es un canto épico, es la obra maestra del arte plástico de imitación. Nada más difícil que presentar un suceso importante bajo un solo punto de vista, y de un po- lo golpe, de modo que con una idea general se abrazen to- dos los detalles. El pintor alemán Kaulbach ba dado en nuestros tiempos excelentes ejemplos de la Epopeya, en la Torre de Babel, en la Batalla de los Hunos; así como Rafael babia dado ya ejemplos notabilísimos de este género en la Disputa del Santísimo Sacramento, en la Escuela de Ate- nas, etc., etc. La epopeya pues, no es, precisamente tanto la representación de un suceso, como la forma lírica de él; no lleva tanto el objeto de representarle, como el de repre- sentarle bajo un aspecto notable. Es pues preciso, poner de manifiesto el espíritu del becbo y saber bacerle accesi- ble á la vista. Grande ausiliar del género épico es la Alegoría en virtud de la cual se individualizan generalidades y materializan abstracciones y se personifican bistóricamente ideas, ex- presándolas ya no en sentido propio sino en el figurado. Su manantial es la Mitología, no precisamente la griega como tal, sino porque en ella existe el verdadero sistema — 305 — de materialización y personificación de un caudal de ideas reunidas para dicho objeto. Carácter descriptivo. Los asuntos pueden referirse ya al hombre con cuya personalidad necesitamos ó queremos familiarizarnos, ya á las escenas y á los objetos que responden á nuestras afec- ciones, á nuestros goces y á nuestras tristezas. La famiharidad que necesitamos tener con los hombres puede exigir en primer lugar la representación de su per- sonalidad, y después la de los actos mas familiares de la vida común: en el primer caso se produce el retrato, en el segundo el cuadro de costumbres. Retrato. Por él debemos encabezar el Género histórico descriptivo, porque teniendo á la individualidad por mo- delo, debe esta presentarse de un modo más material, ya que ni puede prescindirse de ciertos rasgos fisiognómicos, ni de ciertas singularidades materiales, tales como el traje, el talante y mil otras circunstancias características. Un retrato no es mas que la descripción de una persona; pue- de tener interés en el círculo de la far.iilia ó en la sociedad, según el puesto que ocupe el personaje en una ó en otra. Sulzer dice, que el Retrato es un poderoso medio de estre- char y sostener los lazos de veneración y de ternura en las familias : recuerda á los descendientes no solo los rasgos de la fisonomía, sino los de la virtud de los antepasados, y ejerce la más saludable influencia sobre las almas. En el dia ya no se contenta uno con la sola memoria de personajes notables, de la de sus obras ó acciones, sino que desea ademas ver su imagen, cuyos rasgos fisiognómicos se cotejan con los morales, sirviendo al propio tiempo de estu- dio de tipos especiales. He aquí por qué el Retrato no debe eliminarse de la jurisdicción de las artes plásticas imitati- 20 — 306 — vas, sin negar á estas artes los medios que tienen para de- terminar individualidades: y hasta puede sostenerse que los progresos que ellas han alcanzado desde sus más im- perfectos ensayos, han consistido indudablemente en la per- fección del Retrato. El considerable número de grandes maestros que han cultivado este Género, justifica la consi- deración que en el Arte merece muy especialmente, como asunto digno del Arte. Costumbres. Este Género etnográfico le constituyen asun- tos tomados de la vida práctica, y exige la representación de una infinidad de detalles que en la esfera de la realidad hacen un papel nada secundario, y hasta llegarían á echar- se de menos, si no se produjesen. Alguna vez el naturalismo pictórico ha mezclado el mis- ticismo con lo vulgar ó familiar, produciendo obras en las cuales esta circunstancia parece debiera haberse omitido, por ejemplo, Murillo en la Sacra familia del gilguero; pero no debe verse en ello más que la sinceridad y buena fe del artista, que quiso identificar la creencia religiosa con la vida práctica y cotidiana, sin duda para hacer más accesi- bles las verdades de la Religióná la clase menos instruida, empleando al efecto el lenguaje que esta usa. Caricatura. El arte plástico en el modo descriptivo ha podido producir el fenómeno estético lo Ridiculo, dando un giro especial á la descripción, y valiéndose en cierto modo, de la alegoría, con lo cual ha producido lo que co- munmente se llama Caricatura y la Bamhocliada. (1) Si la exageración de los rasgos característicos de las per- sonas es la base de semejante representación, lo enigmático (t) La caricatura del género de costumbres ridiculas y de baja esfera se llama ham- hochada, del nombre del pintor holandés del siglo xvii, Pedro de Laar, á quien los ila- lianos llamaron ií hamhouio por su obesidad y pequeña estatura, el cual se dedicó muy especialmente á dicho género. - 307 - de la alegoría lo es de la idea. La Caricatura más bien es un modo especial de determinación del Retrato y de las Costumbres, sobre él fenómeno estético lo Ridículo, que un Género especial. Sóbrela naturaleza, efectos y circunstan- cias con que debe presentarse, se ba dicbo lo suficiente en la Parte general al hablar de dicho fenómeno. GÉNERO DE SIMPATÍA. El hombre á más de vivir con la Religión y con la His- toria, vive la vida práctica y común dando importancia á muchos de los objetos que le rodean. En este caso busca, ya no la manifestación exterior de los movimientos del alma, sino la excitación de los sentimientos propios por medio del espectáculo de la Naturaleza ó de los detalles de ella que halagan sus inclinaciones, ó sirven á sus necesi- dades, á sus goces ó á sus tristezas: he aquí el Género de Simpatía, de esa correspondencia ó afinidad que puede haber entre lo que nos rodea y nuestros sentimientos ó nuestra situación. En este Génerohállase la representación del espectáculo de ¡a Naturaleza, la de los Interiores, la de los Detalles de aquel espectáculo, de sde el florero, al más insignificante bodegón. Paisaje. Tal es la denominación que se da al Espectácu- lo de la Naturaleza ya sea en la tierra ya en la mar, lla- mándose al primero jí;«mye y al segundo marina. La im- portancia artística de un Paisaje ó de una Marina está en los elementos que el artista reúne, capaces de provocarde- terminadas emociones, presentando clara y distintamente determinadas las situaciones de la Naturaleza, reuniendo detalles que aparecen diseminados ó perdidos en la rudeza de la reafidad, y eliminando cuanto puede perjudicar al efecto propuesto, en una palabra, realzando los elementos capaces de producir este efecto, por las reglas de la idea- — 308 — lizacion. Las distintas situaciones de la Naturaleza ó de determinadas localidades, son los asuntos capaces de exci- tar las emociones simpáticas que son objeto del Paisaje. Interiores. Los mismos efectos pueden esperarse de la representación de Interiores, ya q\ie la Arquitectura debe considerarse como el espectáculo del pequeño mundo crea- do, ó inventado por el hombre. Asi como la importancia del Espectáculo de la Natura- leza está en la determinación de la situación de esta, la del Interior está en la elección del punto de vista y ,de los efectos de la luz, realzándose también por la introducción de figuras humanas que animen aquel escenario. Déjase comprender que el efecto del estilo de arquitectura re- presentado, entrará enla sensación que esta representación puede producir, esto es, el efecto que produce dicho estilo en la realidad, entrará en el efecto de su representación por ilusión óptica. Detalles de la Naturaleza. Después de la localidad como Género en que puede ejercitarse el arte plástico de imita- ción, preséntanse los objetos que sirven á nuestras necesi- dades, así procedentes de la Naturaleza como de la civili- zación, exigiendo una imitación más fiel y exacta, y cons- tituyendo los Floreros, Fruteros, Bodegones, etc., etc. ¿Por qué estos objetos necesitan una imitación más fiel, conforme acaba de indicarse?—Es menester que se tenga en cuenta, que á medida que falta el organismo, la determinación de la forma y del color exige nuicha precisión porque en uno y en otro viene á confundirse la idea, esto es, la idea y la forma vienen á ser una cosa misma. Esto supuesto, no pue- de menos de concederse, que lodos estos objetos deben ser representados por el arte plástico, con la imitación más fiel de sus circunstancias exteriores características, no por lo que ellas son en si, sino por la vida que ellas comuni- — 309 — can á los objetos : así, una piedra preciosa nos dice lo que ella es, solo por su color. Esla imitación que aquí se prescribe, no debe ser la imi- tación que engaña por el solo aspecto exterior, porque esto seria faltar al principio que hemos sentado en la Parle ge- neral de que la imitación no debe ser el objeto final del Arle. Este, aun en la imitación que prescribimos, alcanza un triunfo sobre la realidad, pues tiene el privilegio de lijar aquellos rasgos fugitivos de la Naturaleza, y de hacer dura- ble lo pasagero: y le alcanza, si no respecto déla represen- tación de la vida interior, por el aspecto exterior de situa- ción, de apariencia y de efectos de luz, no por lo que estos medios son en sí, como acaba de decirse, sino por la vida que comunican á los objetos representados. Si se toma- se la imitación fiel en su más estricto sentido, no exci- tarían interés estético ciertas cosas pintadas que ó son indignas de la cultura inteleclual, ó no pueden emplearse para uso alguno. ¿Cómo el hombre culto se acercaría, no digamos á los objetos menos pringosos de una despensa, pero ni siquiera á la cesta de pescados recien salidos de la red del pescador? Y sin embargo, el hombre culto aprecia los Bodegones de algunos pintores de la Baja Alemania y de algunos españoles como Meuendez. Es porque el Arle cambia el aspecto de todos estos objetos, rompe todos los lazos de la vida práctica, y nos coloca delante de ellos en una relación toda contemplativa, llamando nuestra aten- ción, ya no por relación con nuestras necesidades, ó con los gustos ó aversiones que podamos sentir hacia los objetos reales, sino porque estos objetos presentan su fin propio y gozan de la vida que les es peculiar. Por mas que el Arle pueda tomar por modelo tales obje- tos, no hay razón para presentar lo repugnante; porque así como el Arle no tiene derecho á ser inmoral ni libertino. — 310 ~ tampoco le tiene para ser nauseabundo; si no le tiene para ofender á la Razón, tampoco le tiene para ofender al De- coro, ni á la Buena educación. Han querido algunos condenar la representación de los Detalles de la Naturaleza, calificándola de prodigalidad del Arte; pero el Arte no debe privarse de nna clase de asun- tos como estos, que aunque carezcan de la importancia moral en el grado que la tienen los demás Géneros, son ausiliares de ellos, y exijen no poca delicadeza en la eje- cución, no menos que gusto en la disposición, para alcan- zar el debido efecto. GÉNERO ESPECIAL.—Irracionales. . Aunque la forma humana sea la más susceptible de la individualidad, no por esto deja de serlo la del irracional; pudiendo por cualidades especiales tener acogida en la Es- cultura y en la Pintura, y constituir su representación una obra independiente. Aunque entre el hombre cuyo rostro y cuya posición natural manifiestan el espíritu, y los irracionales cuyo exterior no se eleva sobre la simple expresión de la vida física, haya bastante diferencia, sin embargo, ciertos irra- cionales tienen circunstancias análogas á algunas que el hombre posee, siendo tanto más dignos de figurar como obra independiente, cuanto en la representación más reve- ladas aparezcan tales circunstancias. El caballo y el perro son los irracionales en los cuales estas mejor se presentan: sin que esto sea excluir otras familias de irracionales no menos capaces de ellas, tales como toda la familia felina, el león, la pantera etc., y la bovina, especialmente el toro. Al león puede adivinársele su instintiva penetración, no me- nos que al toro, sobre todo al bravio de la dehesa: si en el león se quisieren adivinar el poder y la magestad, en el toro — ali- se revelan la fuerza, la astucia y la bravura. Pero en el ca- ballo y en el perro, especialmente en el lebrel, el perdi- guero y el podenco, se notan muchas analogías con el ser racional, que dan á su carácter toda la riqueza necesaria para ser más dignos de una representación independiente. Al caballo sobre todo, le hallamos enlazado con el hombre, con una intimidad muy especial. A pesar de esto debe hacerse notar, que la individuali- dad de los irracionales en virtud de la cual son dignos de una representación artística independiente, es mas bien una individualidad de casta, que de especialidad de carác- ter; siendo esta individualidad tanto mayor cuanto mayor sea su instinto de penetración. La casta de los caballos de montar se distingue de la de tiro, como la de los perros galgos se distingue de la de los podencos, de la de los de salvación, y de la de los de presa. En la misma casta de caballos de silla se distinguen también algunas razas de más genio y más animación; circunstancia que no deja de notarse en los perros de caza. ' Un estudio fisiológico de toda clase de irracionales puede dar resultados satisfactorios respecto del mayor ó menor grado de importancia que puede tener para el Arte una fa- milia, casta ó raza de dicha especie. La representación artística de los irracionales constituye pues, un Género especial porque participa del Histórico y del de Simpatía á la vez: del primero por las analogías que en la especie irracional pueden encontrarse con la racio- nal; del segundo por las relaciones que aquella especie guarda con el Espectáculo de la Naturaleza. II. Vistos los distintos Géneros en que el arte plástico de — 312 — imitación puede ejercitarse, pasemos á la manifestación de los que son propios de cada una de las formas que dentro de la actividad imitativa el Arte reviste. Como queda dicho, dentro de esta actividad liállanse la Escultura y la Pintura; aquella ocupándose de la sola i n - dividualidad espiritual en simple Carácter; esta pasando á la determinación de todas las fases que puede presentar el desarrollo de este carácter en todos los movimientos y en todas las diferencias, en una palabra, pasando á la Expre- sión. Tales son los límites que el Arte se ha impuesto en la esfera de las dos artes plásticas imitativas. Como los límites que el Arle se ha impuesto en las dis- tintas formas que reviste no tienen mas objeto que dejar desembarazada la actividad de cada una de ellas; induda- blemente cada forma puede dar á los términos que limi- tan su actividad, mayor extensión, pero no un desarro- llo, porque seria impulsar un desborde ó una extralimi- tacion, encontrándose como se encontraría, sin medios de representación, ó teniendo que adulterar la esencia de la respectiva forma que el Arte revestiria. Tal extensión la toma la Escultura incluyendo dentro de su término no solo la individualidad Persona, sino también la individualidad Acción. Entonces la Escultura presenta estas individuali- dades ya con una sola figura, ya con varias en grupo, ya de relieve entero, ya de relieve sobre un plano.¿ Será igual por esto el modo de representación pictórico al escultórico en el Género histórico épico? En manera alguna: en la Pin- tura puede emplearse lo necesario y aun lo útil, mientras que en la Escultnra está todo reducido alo preciso, á lo i n - dispensable. Los griegos tuvieron el gran talento de decir mucho con pocos medios; y este es precisamente el princi- pio que ensancha los límites de la jurisdicdion escultórica, incluyendo en ella las individualidades Persona y Acción, — 313 — sin salirse del término que la limita, el Carácter; mientras que la Pintura se extiende hasta la representación de deta- lles de la misma Epopeya, pudiendo presentar hasta los de menor importancia. De este modo la Escultura ha podido recorrerla Historia asi religiosa como profana, sin entrar en el terreno jurisdiccional de la Pintura, moviéndose desem- barazadamente dentro de su esfera y bajo el régimen de un principio que representa la edad juvenil del Arte, que, co- mo la del hombre, es sobrado corta, y cualquiera accidente puede hacerle perder á este la frescura del cuerpo, como matar las mas halagüeñas ilusiones del alma: la Escultura debe, pues, hacer lo posible para no entregarse á devaneos que la harían dejar el verdadero camino. Las diferencias que existen en el Género histórico épico entre la Escultura y la Pintura no existen en él Género his- tórico descriptivo-por lo tocante al Retrato. Indudablemente el Retrato puede ser tratado lo mismo por uno que por otro arte, sin más diferencia sino que la Escultura debe ceñirse á la descripción del carácter individual, no debiendo entrar en los movimientos de que este carácter sea susceptible ; y la Pintura puede pasar á las particularidades de una situa- ción bien determinada ; y aunque por razón de su natura- leza puede este arte pasar á los movimientos, á las peripe- cias y oposiciones de una acción ; sin embargo, tales cir- cunstancias no pueden considerarse como convenientes al Género del retrato , porque la expresión puede muy bien neutralizar lo característico de la fisonomía, y en determi- nados casos, hasta hacerle desaparecer por completo. El cuadro del pintor español don Diego de Velazquez conocido con el nombre de Las Lan:as nunca podrá contarse con toda propiedad en el número de los comprendidos en el Gé- nero del retrato por más que estén allí retratados los per- sonajes que en la acción representada figuran ; pertene- ciendo más bien al Género histórico-ópico. — 314 — El Género de las C05í«»í¿'re5, por la misma razón que tra- ta asuntos tomados de la vida práctica, que halagan nues- tras inclinaciones y nuestros afectos naturales, exige la representación de una infinidad de detalles ágenos de la severidad y grandeza de estilo que la Escultura requiere; por cuya razón están más hien bajo el dominio de la Pin- tura. Sin embargo, no está fuera de la jurisdicción de la Escultura una situación determinada de la clase de aque- llas en que puede el hombre hallarse , con tal que no sean de la esencia del asunto el lugar de la escena ni los medios materiales de expresión de que la Escultura carece, como son el color y la mirada, ni ciertos detalles que en su modo de representación, serian más bien una reproducción adul- terada que una imitación de ellos. Cuando la idea llega hasta lo que puede llamarse interés dramático, la Escultura no puede menos de inhibirse de la representación. La de las coshimhres puede tener en la Pintura una extensión inmensa ; pudiendo pasar hasta la severidad de un hecho trascendental, con todo el interés dramático posible : así se ha elevado de categoría el cuadro de coskmihres en ma- nos de los ingleses Richter y Wilkie con la Leclwm del tes- tamento, El secuestro de Menes, Los políticos de aldea, El maestro de escuela, con todas sus variantes: no desme- reciendo de estos cuadros, algunos producidos muy espe- cialmente por los holandeses y los flamencos, y algunos es- pañoles y franceses modernos. En la representación del Género de Simjíatía en todos sus grados nada tiene que hacer la Escultura, no tanto por razones de conveniencia ó propiedad, como por imposibili- dad de alcanzarla atendidos los medios materiales de que puede disponer. Semejante representación es de exclusiva jurisdicción de la Pintura, porque ninguna otra puede dis- poner de los elementos necesarios para dar el ser á tales — 315 — representaciones. Es que lo que constituye el carácter de la Naturaleza inanimada, no es tanto la forma como el co- lor y la situación del objeto ; y la Escultura no dispone ni de la luz, ni del aire, ni del lugar de la escena ; y desde el momento en que quiere entrar en la imitación del ser ú objeto inanimado, se encuentra en la jurisdicción decorati- va haciéndose dependiente de la Arquitectura : donde ter- mina el estatuario principia el tallista.