CATALOGO DEL DE flNTURAS Y |RABADOS. i icADEMIA DE |ELLAS |I{TES BE LA :FE-Ovxasroi^ IDEÍ C^xdxz. CATALOGO DE 1INTÜRAS T G 11 ABADOS rOllMADO l'OR LA SECCIOX CORRESPONDIEUTE DESDE NOATEJrBRE DE 187,) HASTA MAÏO.DE 1876, Y APROEABO POR LA ACADEMIA EN* JUNTA GENERAL CELEBRADA EL 4 DE JUNIO DEL MISMO AÑO. CADIZ IMPRENTA DE LA REVISTA MEDICA, DE D. EEDERTCO JOLY, CALLE CEBALLOS, N.® I. 1876 l^g^Este Catálogo es propiedad de la Academia, quo se reserva respecto- de él todos los derechos que le concedeu las leyes. ^CADEMIA DE ^ELLAS ^RTES DE LA PROTINCIA DE CADIZ, En el acta de la Junta general celebrada por esta Corporación el dia 4 de Junio de 1876, al punto 10, se halla en resumen lo siguiente: Dióse lectura por el Sr. Secretario á un oficio de la Sección de Pintnra fecha 31 de Mayo, remitiendo -el Catálogo de cuadros y grabados de este Museo Provincial, precedido de un prólogo redactado por el Secretario de la Sección yacompañado de una mues¬ tra de los tipos papel en que, á juicio de la mis¬ y ma, debia hacerse la impresión, y de un presupues¬ to de gastos formado sobre la base de 500 ejempla¬ res: y despues de haber dado lectura al citado pró¬ logo su autor el académico Sr. D. Romualdo Alva¬ rez Espino, y de haber sido examinados los trabajos por los Sres. Académicos presentes, se tomaron por unanimidad los acuerdos que siguen, y que, copiados á la letra, dicen: 1.° Dar un voto de gracias muy expresivo á la Sección de Pintura y especialmente al Sr. Vice-Pre- sidente de ella D. Francisco Fernandez Fontecha, por la actividad desplegada en esta obra y por el esmero y escrupulosidad con que habia sido ejecutada por su iniciativa y bajo su incansable dirección y estímulo. 2.° Darloparticular, y con expresión del vivo en reconocimiento y profunda satisfacción de la Acade¬ mia, á los Sres. D. Ramon Rodriguez, Académico Director del Museo, y D. José Morillas, artista res¬ taurador del mismo, por el mayor trabajo y la admi¬ rable constancia y útilísima intervención empleados en esta obra. 3.° Extenderlo también al Sr. Académico D. Ro¬ mualdo Alvarez Espino, por la composición del pró¬ logo ha contribuido á realzar el mérito de con que esta obra, manifestándole el placer con que ha asis¬ tido la Academia á la lectura de su escrito y el alto aprecio con que recibe un trabajo que responde dig¬ namente á la importancia y significación del libro y á la cultura y buena fama de la Academia. Seguidamente se acordó, también por unani¬ 4.0 midad, que se procediese cuanto antes á la impresión, encomendando su cuidado, y la corrección de pruebas á la Comisión de corrección de estilo, asesorada dig¬ namente con la persona del Sr. Presidente de la Aca¬ demia. 5.0 También se resolvió que los ejemplares que sobrasen, una vez hecha la distribución oficial, se pu- siesen á la venta para iiso de los visitadores del Es¬ tablecimiento y del piiblico en general, por la canti¬ dad del costo de la impresión. 6.° Y finalmente, á instancias de la misma Sec¬ ción de Pintura, y como expresa en su oficio, se ac¬ cedió á darle copia de este acuerdo para que pudiese publicarlo al frente del catálogo. Así consta al folio 31 del libro de Actas de las Jun¬ tas generales de esta Academia, de lo que como Se¬ cretario certifico, firmándolo conmigo el Sr. Presi¬ dente en Cádiz á 4 de .Junio de 1876. El. Presidente, El Secretario Accidental. Vicente Rubio y Diaz. José Alcolea. PEOLOGO. El deseo de la inmortalidad, el amor á lo eterno y el instinto poderoso de la vida clavados Dios en el fon¬ por do de la criatura, se han exjrresado siempre, en lenguas de bronce y piedra y con palabras de oro ó de tinta, por todos los pueblos de la tierra. La nada pone espanto en el corazón del hombre, lo mismo que en la conciencia de los pueblos; ni el indivi¬ duo, ni las naciones pueden avenirse á cruzar la tierra, como dedo que rompe el cristal de la fuente ó ave que corta el transparente espacio; ni ser humano ni raza ra¬ cional que asienten su planta en el polvo, levantaron para siempre su pié del suelo, sin grabar la huella de su paso ó dejar tras de sí la señal de su existencia. Un aliento sin rastro, una estrella sin ráfaga, una voz sin eco, cosas son que asustan, quizás ¡ror lo que pugnan con esa ley admirable y profunda del alma, que se llama vida y se cumple en la historia. Un pueblo sin historia, es algo contradictorio; como un pensamiento sin lenguaje, ó un corazón sim gemidos, ó una conciencia singrito. Por eso cuando la humanidad no sabiaescribir, pintaba; y cuando no sabia recojsilar sus hechos en tablas, los coleccionaba en el ¡lecho, los dejiositaba en la mente y los reproducía y enseñaba, sir¬ viendo el labio de puerta á la memoria. El archivo de la humanidad, escondido entre los plie¬ gues de la conciencia del anciano, era visitado por la juventud, ávida de conocer los prodigios del pasado y los fundamentos del presente, cuando al declinar la tarde, al fulgor de la luna de estío ó al resplandor de las hogue¬ ras del invierno, se asentaba en ancho corro para escuchar el relato de antiguas glorias ó de pasados sufrimientos. Este tributo al ayer era pequeño, como estrecha era la huella que el ayer había legado. Preciso era hablar al mundo, hablar á los siglos, hablar en todas partes y ha¬ blar siempre! La tradición es débil puente, para que so¬ bre él ruede toda la humanidad; más bien que arca en que se guarde fiel el dejíósito de la vida, es tumba en que se desgastan, se pudren ó se adulteran los secretos déla historia y los portentos del pasado. - La naturaleza que había sustentado al genio, debía procurar los medios de perpetuar su gloria. La piedra y el bronce, la montaña, de arterias de hierro y cabellera de roble, dio materiales para el monumento y base para su firmeza; y el hombre vivo arrancó del fondo los me¬ tales, y de la superficie el madero, y de lo alto la roca, y de lo hondo el cimiento, y alzó un recuerdo en honor del hombre muerto. El hombre rudo halló medios de ex¬ presar su admiración al hombre genio: y desde entonces, ni la virtud, ni el amor, ni la ciencia, ni el arte, ni el pa¬ triotismo, ni el valor, han muerto en el mundo, ni han dejado de palpitar bajo la dura forma en que quisieron encerrarles el pasmo y la veneración. La tierra se cubrió de monumentos. El genio supo con¬ quistarlos, el arte los levantó y el respeto los ha conser¬ vado. Y cuando la roedura del tiempo ó el vendabal de las iras han derrumbado sus fuertesparedes ó desarticulado sus empinadas techumbres; todavía el espíritu popular, con esa piedad que dicta el culto de los muertos, ha recogi¬ do los restos y los ha encerrado en un templo, no de otro modo que despues de una batalla, van las gentes buscan¬ do, á través del llanto, los cadáveres amados, para darles sepultura. — 11 — Y templos, sagrados cementerios del pasado, fue¬ esos ron los Museos (museum, (louçetov). Lugar consagrado á las Musas, divinidades que presiden â las artes liberales y á las obras del genio: divinos son, en efecto las obras que guardan, y divinos los sentimientos que allí los con¬ ducen, las ideas que allí depositan y los fines para que allí se coleccionan. El Museo es el complemento de la historia; hijo del eorazon al principio, es hoy pasto para la inteligencia y modelo para la conducta. No hay libi-o más interesante que el que narra los he¬ chos humanos, ni prueba más imponente de la verdad de ese libro, que el Museo-, si en aquel se dice lo que fué, en este se vé lo que se hizo: la humanidad, latente por deeiz'lo así bajo las páginas de la historia, aparece, se muestra viva y poderosa, entre los objetos aglomerados en los Museos-, ya no nos habla por una sola boca, ni encar¬ na en el narrador para revelarse; es ella misma la que se nos muestra: cada resto, cada trozo, cada ruina, es un pensamiento desprendido de un poema, ó un latido de una pasión, ó un intento que quedó en pié al destruirse la obra entera de una conciencia. Cada estatua, cada cua¬ dro, cada libro, es un espíritu que sueña ó medita, que sonrie ó solloza, que seduce 6 enseña. No hay lugar á du¬ das: el autor existió, existe aún, está allí: aquello es obra de sus manos,inspiración de su mente, ideas de su fan¬ tasía ó propósito de su voluntad. Un Museo no es un panteón, como una historia no es una novela; el Museo, como la historia, son la realidad: en tanto que el panteón es la muerte, y la novela el sue¬ ño, que es imagen suya. Elayer estéril, en cenizas, en sombras, puede expresarse el sepulcro; el mañana, por en antojos, puede significarse en auroras, en esperanzas, por la novela; mas la realidad clara, positiva, elocuente, solo está mostrada en la historia y verificada en el Museo. Por eso todo pueblo que tiene una historia, tiene un Museo-, arsenal de tradiciones, joyel de glorias, relicario de recuerdos: y cuando, despues de haber penetrado el hombre con el pensamiento en las melancólicas regiones del pasado al hojear la historia, pisa los salones del Mu¬ seo, cree sentir en su frente las serenas auras de la an¬ tigüedad, y que revolotean sobre su cabeza los espíritus venerandos que le hablan bajo aquellas formas con un misterioso lenguaje. Tragas, costumbres, sucesos, institu¬ ciones, ritos, ceremonias, y figuras, gestos, inscripciones, actitudes, escenas dramáticas, la vida toda de pasadas edades, quieta y muda al parecer, pero conmovedora y elocuente para el alma, vienen á darnos ideas de otros paisas, á enseñarnos el mundo de otras edades y á des¬ pertar imágenes de diversos hombres conocidos por la fama y sentidos por el estudio. Las sombras vagarosas de extrañas gentes envueltas en las sonrosadas nubes del mito poético, ó los fantasmas pavorosos de tremendos héroes alzándose entre el polvo de increíbles combates ó de monstruosas empresas, acuden primero á nuestra memoria. Brillantes huestes de valerosos guerreros ó placentera comparsa de galantes trovadores y tiernos pastorcillos, acuden despues: magestuosas figuras de imponentes reyes ó de arrogantes señores, seguidos de quejumbrosa multi¬ tud de siervos, ó miserables masas de esclavos, cruzan ante nosotros, y orgullosas reinas y altivas esclavas vienen con ellos, rodeados de inocentes aldeanos, enamoradas doncellas ó intrigantes tapadas. El torneo y el auto de fé, el palenque y el cadalso, el rapto y el desafío, el drama y la tragedia, se suceden en la memoria: y la batalla, y la procesión, y el asalto, y la fundación del templo, y el trono, y la hoguera, y el con¬ cilio, y las córtes, y el alcázar y el monasterio, se levan¬ tan en el fondo movedizo y vario de la fantasía, animados. — ]3 — sonoros, coloreados, vivos como si fueran la verdad de¬ tenida y paralizada en su existencia fugaz, por el poder absoluto del genio y para lección eterna de los pueblos. Más cerca: al e.xtremo ya de la cadena, el Museo nos babla de nuestros antepasados con insinuantes voces: lue¬ go de nuestros mayores con curiosa expresión y por últi¬ mo de nuestros padres, con interesantísimo lenguaje: la cadena se cierra; el libro acaba; el siguiente capítulo he¬ mos de escribirlo nosotros, la obra inmediata debe brotar de nuestro espíritu y salir de nuestras manos: tras el úl¬ timo cuadro ó la postrera escultura, no hay nada: vacío como el porvenir, hueco como el no ser: inmóvil, ancho y diáfano como la inmensidad que espera una creación, como el escenario que espera el drama, el cielo como que espera un alma. Este alma la nuestra: un dia se inspira, se ilumina, es se enciende, el rayo produce la obra: la historia tiene y una página más; el Museo una nueva belleza y una nue¬ va enseñanza: página de historia contemporánea, belle¬ za todavía viva, enseñanza quizás no bien entendida ni aprovechada todavía. Sí; porque un Museo no es solo un hacinado conjunto ú ordenada série de restos y muestras, triunfos y gran¬ dezas de antiguas culturas y añejas civilizaciones, con¬ servados como aliciente para la curiosidad, y tributo para el orgullo: no es tampoco solamente la manifestación de esos instintos del vivir y esas aspiraciones á la perpetui¬ dad, recolectados por el respeto á la vanidad de los pue¬ blos, ó por el amor ó el egoísmo de las posteridades. El Museo tiene su objeto; el estudio y la inspiración: y rui £n; el estímulo y la enseñanza. Tesoro de ideales más 6 ménos bellos y puros, depósi¬ to de reglas más ó ménos exactas y grandes, se ofrece como fuente perenne á la meditación y punto de arran¬ que à la fantasía. El objeto del Museo es el objeto de la — 14 — historia, mas el del arte: es el objeto del entendimiento, mas el del corazón; es en fin el objeto de la conciencia entera que, nutrida con el pasado, llena el presente y pre¬ para lo futuro. Inundado el espíritu con las luces que irradia el pasado y encendido en las llamas que alum¬ braron lejanos horizontes, desata los brillantes raudales de abrasadora corriente y se lanza al porvenir, no de otro modo que la devastadora lava del volcan rugiente, sube hasta el cielo y se derrama en diluvio de fuego sobre la descuidada campiña. Las aspiraciones infinitas del alma, inflamadas en este incendio, invaden el porvenir; y la li¬ bertad avanza llena de entusiasmo y de grandeza por las anchurosas vias de la existencia terrestre, en busca de un engendrado al húmedo calor del fecundo pasado. ideal Hé aquí la influencia del Museo sobre el corazón: no es menos clara la queejerce sobre el juicio. Como expresión del clasicismo, encierra el arte viejo las reglas eternas de la belleza, y las muestra selladas con la venerabilidad de la vejez, el culto á la autoridad y la eficacia del tiempo. Convencido el pensamiento re¬ flexivo del valor de los principios, más aún por su exac¬ titud y grandeza, que por la magestad del artista que se los muestra en sus obras; mientras por una parte los estudia y aprende y decide seguirlos sin olvidarlos; por otra contiene, regula y subordina á los preceptos de la prudencia y de la sabiduría, los raudos vuelos y exagera¬ dos impulsos de un sentimiento fogoso y de una imagina¬ ción delirante. Y así en equilibrio las tendencias de un genio sobi'ado independiente y anárquico, con las impo¬ siciones absolutas é intransigentes de una autoridad es¬ trecha y tirànica, el alma artística halla el cauce por donde deben deslizarse rápidas, pero cristalinas, las aguas de su inspiración y de su inventiva. La atmósfera que se respira en el Museo, dá la paz y la armonía á las diversas y aun opuestas facultades ar- tísticas; ante las obras de la humanidad sabia é inspira¬ da, realízase la preciosa alianza de la autoridad antigua con la libertad moderna; el mundo viejo aporta el rigoris¬ mo del pi'ecepto, y el mundo nuevo la grandeza de la aspiración; allá el tacto, acá el vuelo; allá el acierto, aquí la novedad; allá el consejo, acá el antojo; allí el juicio, aquí la esperanza; siempre lo verdadero unido á lo be¬ llo, lo bueno unido á lo magnífico, lo que debe ser con lo que puede que sea. No es otro el progreso; no es otro el Museo. Por eso su fin, no es diferente del destino humano. El sentimiento popular y la autoridad ilustrada, no han ordenado y defendido en anchas salas y bajo robustas te¬ chumbres los productos del saber y del genio, los restos de la historia y los destellos de la vida, sino para lección elocuente y ejemplaridad eficacísima de los espíritus mo¬ dernos y de los artistas de la actualidad: para fuentes de inspiración acertada y ocasión de enseñanza bellísima de cuantos vienen al mundo adornados los con esplendores de la poesía ó los rayos del talento. Y allí acuden el que piensa y el que sueña, el que co¬ pia y el que inventa, el que deduce y el que siente; y nu¬ trido el cérebro ó incendiado el corazón, dueños de la idea ó poseedores del entusiasmo, bien pronto buscan y en¬ cuentran medios de expresar lo que entraña el pensamien¬ to ó se exhala de la emoción, y entran con nuevas obras en la espléndida corriente de las artes, haciéndose conti¬ nuadores de gloriosas tradiciones y de famosos intentos. No hay pueblo culto, que no tenga el Museo por termó¬ metro de su cultura: no hay pueblo rico, que no ostente, entre los bienes de su tesoro, las joyas de sus Museos. La guerra es bárbara, porque despues de destruir la vida, sa¬ quea las riquezas amontonadas en esas arcas de la civili¬ zación y del sentimentalismo nacionales: es impía, porque en el atentado contra la humanidad presente, envuelve la — IB — ruina de las generaciones pasadas: es sacrilega, porque ataca la obra de Dios en el hombre vivo, y la obra del hombreen el arte viejo: es cruel, porque al par que odia la presencia del intento actual, destruye la santa memo¬ ria del esfuerzo pasado. No tolerar la humanidad ni en sombra, ni en resonancia! odiar del hombre hasta la flo¬ rida huella, hasta la luminosa estela, es horrible y des¬ garrador!... Tras la guerra, llora la familia ante el cadáver y la so¬ ciedad ante los escombros: la ruina espanta y desespera: la guerra es doblemente temible y odiosa: deja los cam¬ pos tintos en sangre y las ciudades ennegrecidas con las cenizas: el cadáver siempre hace temblar y gemir, ya sea el del hombre, ya el del producto de su alma inmortal. Por el conti'ario: el la vida, y el Museo el co¬ arte es razón del arte: un puebloquiere dar señales de vida, que ha de fundar un Museo-, una sociedad que intenta demos¬ trar su actividad, su espontaneidad y su vigor, ha de se¬ ñalar á las gentes francas las puertas del templo levanta¬ do al genio, abiertas las páginas de su rica historia, cla¬ ras las pruebas de su originalidad y su inventiva, de su ilustración y de su grandeza. Hé aqui la significación, la utilidad, la importancia y la necesidad del Museo. II. Cádiz, que marchó desde tiempos remotísimos al frente de la vida española, que figuró desde inmemoriales eda¬ des al lado de aquellos pueblos más complicados en los sucesos famosos de ^ historia, cuya conducta fué tantas veces, desde lejanos tiempos y con diversas razas, decisi¬ va paralos destinos de la Península y aun de Europa, cu¬ yo anhelo, al correr tras los elementos varios que dan la significación y la preponderancia, siempre se mostró cía- ro eficaz, y cuyo espíritu dejóse cautivar tantas veces y por las ideas más grandes y fecundas; Cádiz, ansiosa de li¬ bertad, de religiosidad, de riqueza y de ilustración, amó la paz, amó la belleza, amó el arte y fundó un Museo. No bien los en tiempos modernos se despierta el culto de lo antiguo, y los aires de civilización engendran anto¬ jos de ciencia y arte; y apenas nuestros legisladores tor¬ nan la vista del lado de los intereses morales de los pue¬ blos, y dejan caer, como benévola semilla, en el fecundo campo de las conciencias, leyes que alientan la ilustra¬ ción y favorecen al progreso, cuando nacen en España, y bien pronto en Cádiz, las Escuelas de nobles y bellas ar¬ tes y los Museos, como sus consecuencias y preciosos com¬ plementos. Reconocida la influencia de las artes, no ya en la cul¬ tura y moralidad de un pais; sino en su industria, en su comercio y en su riqueza, dedicáronse los gobiernos á uni¬ ficar los estudios de las Academias provinciales, á recons¬ truirlos sobre principios nuevos y fijos, y á conceder es¬ tatutos y bases que les sirviesen de fundamento y de con¬ dición á su desarrollo y vitalidad. Entonces apareció en España el Real Decreto de 31 de Octubre de 1849, que tuvo la honra de redactar D. Ma¬ nuel de Seijas Lozano. El artículo 65, primero del cajjítulo XI, dispone que queden á cargo de las Academias los Museos provincia¬ les, hasta entonces poder de las autoridades adminis¬ en trativas, más dadas aquel tiempo á la política que al por arte y más celosas del movimiento gubernamental de los partidos, que del cuidado y desenvolvimiento del arte y la ilustración. Mas no es esto tanto de extrañar en esta época, si se tiene en cuenta que la misma Academia gaditana se ol¬ vidó de este nuevo interés puesto bajo su tutela, toda vez que hasta un año despues y en 12 de Enero del 61, no ( 2 ) — 18 — aparecen en las actas de sus Juntas las primeras gestiones para reclamar los cuadros que liacía trece ó catorce años formaban reunidos el germen de un Museo provincial, en poder de la autoridad. Empezáronse las obras que reclamaba el local, y entre¬ tanto acordóse en Junta de gobierno de 28 de Abril de 1851, que se limpiasen de polvo y basura los cuadros existentes en la Escuela, y que se viese el modo de col¬ garlos luego en los lugares más apropósito y más visi¬ bles, hasta tanto que se conclu)'era la sala de Juntas. Sin duda proyectaban que por ella einjDezára á signifi¬ carse el Museo. Cerca de dos años despues, y en Junta general del 4 de Setiembre de 1852, las obras del fi/iíseo debian bailar¬ se terminadas, puesto que en el acta se lee el acuerdo de inauguración el dia 10 de Octubre, cumpleaños de S.M. la Reina D.® Isabel; y en la de la sesión del 20 del mis¬ ino mes, consta ya una proposición del Sr. D. Javier de Urrutia acerca del modo de llevar á cabo la inaugura¬ ción. Poco Noviembre del mismo año, nom¬ despues,en 7 de bróse en Junta generalComisión que debia examinar una las pinturas que existian en poder de la de Monumentos históricos y artísticos de la provincia, y disponer la tras¬ lación de las que debian de figurar en el proyectado Mu¬ seo. Dicha Comisión evacuó en efecto su encargo, y trajo á la Academia destinó, unos á la sala varios cuadros que de exposición y otros á las galerías del edificio, de cqya distribución dió conocimiento y obtuvo aprobación, en Junta general de 23 de Diciembre del mismo año. Constituido el Museo, dejábase sentir imperiosa la ne¬ cesidad del catálogo: las leyes del método y del órden, el amor al arte, el deber de la conservación y las delicade¬ zas de la integridad y custodia, lo exigían terminante¬ mente. El catálogo es la formalidad, la justicia, el con- — 19 — cierto y la probidad de un Museo-, el menor concepto de su importancia, se desprende de la utilidad que presta al Tisitador y al inteligente; mayor es el que se deriva de la propagación y publicidad que en honra de la Academia hace de las obras que atesora y de las fuentes de belleza que posee, y aun más grandes todavía el que se deduce del celo y rectitud de los custodios de ese arsenal, de su amor al arte, de su desvelo por la enseñanza y hasta de su moralidad y justificación; un catálogo defiende al Mu¬ seo y á sus guardadores. Es además ' una preciosa página de la historia moral de un pueblo; unos anales interesan¬ tísimos de esta magnífica institución, un libro de erudi¬ ción y hasta puede ser una obra literaria, al par que una reseña histructiva del arte. Así es, que no bien inaugurado el Museo pictórico cu las Escuelas de Bellas Artes de Cádiz, procedióse á la for¬ mación del.catálogo: y en Junta de 20 de Enero de 1853, recibióse un oficio de la Sección de pintura acompañan¬ do analista de 110 cuadros que debieron ser la base del naciente Museo, y sobre la cual recayó el acuerdo de que quedase sobre la mesa y á disposición de los Sres. Aca¬ démicos que quisieran examinarle. Justamente un mes despues (20 de Febrero de 1853), estámpase en las actas de la Junta general, la última hue¬ lla que dejó este proyecto de catálogo; pues que en aque¬ llas consta, que fué aprobada la susodicha nota de 110 obras y que se acordó que debería imprimirse. Una des¬ graciada condición impuesta á este acuerdo, que no fué decisivo, ha evitado seguramente que el un hecho hasta catálogo fuera hoy; puesto que allí se dijo que se zase su apla¬ imjjresion, hasta versi se colocaban en el Museo nuevos cuadros. Sin duda juzgóse pobre en su cuna la nueva institu¬ ción, ó hubo esperanzas próximas de que enriquecerla, detuvieron para todos el beneficio de dar á luz el catá- — 20 — logo; porque de no ser así, el propósito de esperar nuevas obras, impediría siempre la manifestación pública de las existentes. Desde aquella fecha, se hace en las actas de la Acade¬ mia mención de los cuadros que vienen á enriquecer el Museo, ya con obras remitidas por el Excmo. Ayunta¬ miento, ó por la Junta provincial de Agricultura, Indus¬ tria y Comercio, ó por la Comisión de Monumentos his¬ tóricos y artísticos; ya con las adquiridas por la misma Academia á consecuencia de públicos certámenes ó con cualquiera otra ocasión; ya las obtenidas por generosa y espléndida donación de algunas personas amantes de las artes y del esplendor de esta Escuela y de esta ciudad; pero nada se encuentra referente al católogo, cuyo pro¬ yecto, más bien que dormido, parece muerto. El Museo vive y crece; hay aumento y restauraciones; se gasta en él esa savia del oro que vigoriza todo cuerpo social; pero nadie mide sus fuerzas, cuenta sus vicisitu¬ des, ni consigna sus progresos. III. Acontecieron luego las gravesperturbaciones y funes¬ tas el doloroso ejem¬ disidencias que dieron por resultado plo de un centro de ilustración que se perturba y de una entidad moral que se vé condenada á muerte por órden del Gobierno. Mas por fortuna, en el momento mismo en que la primera autoridad de la provincia convocaba á Junta general para dar cumplimiento á la penosa órden de disolución, reconstituía también por mandato superior- la Academia, aumentando en ella nuevos elementos de vi¬ talidad y de salud. El 23 de Octubre de 1875, quedó, pues, reorganizada esta Academia, en la forma indicada por el Excmo. Sr. Gobernador en su comunicación y pro¬ puesta del 20 de Agosto, y ordenada por la Superioridad — 21 — •en 14 de Octubre, bajo la Presidencia del Sr. D. Vicente Kubio y Diaz, á quien se unian como Consiliarios el Excmo. Sr. D. Francisco Flores Arenas, D. José Ramon de Santa Cruz y D. Francisco Fernandez Fontecha. Las dos sesiones primeras, celebradas el 26 y el 29 del mismo de Octubre, bastaron á la nueva Junta de Go¬ mes bierno para dejar constituida la Academia y completo el número legal de sus miembros; y cuando dos dias despues el Sr. Presidente la declai-ó en Junta general definitiva¬ mente establecida, alentó en un breve discurso á las Sec¬ ciones á desenvolver una gran actividad, á mostrar un celo justo y provechoso y á iniciar cuantas reformas cre¬ yeran convenientes al bien de la Escuela, á la utilidad ge¬ neral y al decoro y esplendor de la nueva Asociación, donde permanecian agrupados en gran cantidad todos los elementos vivos de la antigua Corporación, en pequeña parte enriquecidos con algunos nuevos. En la distribución de los Sres. Académicos en Seccio¬ nes, resultó la de Pintura, constituida en esta forma : # Vice-Prendente. d. Francisco Fernandez Fontecha. Secretario. D, Eomualdo Alvarez Espino. Vocales. d. Santiago Gonzalez Lago. D. E.amon Eodriguez. L. Eafael Botella. D. Cáelos Fernandez. d. Ernesto Gonzalez. D. Luis deMária y Fernandez Campos. D. José de Asprer. D. Joaquin Euiuo v Bosichy, Marqués de Casa Rdvago. D. Manuel García Barcia. el (*), t)e los 32 individuos de que se compone la Academia, inclusos Presidente y los Consiliarios, 22 de ellos habian pertenecido á la Cor¬ poración disuelta: y aunque se hubo de nombrar otros 10 Académicos, como quiera que existian 5 ■ vacantes, resulté que hablan sido elegidos to - ■dos los antiguos, ménos 5. — 22 - Y en fué nombrado Director del la elección de cargos, Museo de Pinturas, artista gaditano, pri¬ el distinguido mero discípulo y boy Profesor de la Escuela, D. Ramón Rodriguez, y como Vice-Director D. Ernesto Gonzalez, discípulo de esta casa, y también en la actualidad miem¬ bro de su profesorado. Desde este momento, la Sección de Pintura entró con decidido paso en la senda de sus deberes, animada de un admirable espíritu de reforma y de progreso: y en su pri¬ mera sesión, celebrada el 7 de Noviembre, no solo se dejá oir la voz del Sr. Vice-Presideute, pidiendo la formación del catálogo como obra de la mayor importancia y nece¬ sidad, sino que,haciéndose ejecutiva la propuesta jjorla aceptación unánime y decidida de ella, se procedió al nom¬ bramiento de una Comisión que se encargase de los tra¬ bajos fundamentales, sin perjuicio de examinarlos, dis¬ cutirlos y aprobarlos por la Sección plena, que los habrá de presentar como suyos, á medida que la Comisión los vaya ejecutando. Los Sres. designados para^este trabajo, fueron los si¬ guientes: D. Eamon Eouiiiguez, Presidmte. , U. Ernesto Gonzalez. D. Rafael Botella. D. Santiago Gonzalez Lago. D. Luis de Máhia y Fernandez Campos. D. Manuel García Barcia. A esta Comisióndeberian agregarse el Sr. D. José M.» Perez y Sihimboscun, perteneciente á la Sección de Es¬ cultura, pero artista pictórico: y el Sr. D. José Morillas, antiguo restaurador del Museo. Al mismo tiempo se acordó pedir à la Secretaría gene¬ ral de la Academia cuantos antecedentes y documentos existiesen en ella y que merecieran ser consultados como — 23 — bases para aquellos trabajos; y ante todo la autorización de la Junta de Gobierno para proceder á ellos. Todavía esto pareció poco: en la misma sesión propuso el Sr. Yice-Presidente la formación de otra Comisión mix¬ ta de las Secciones de Pintura y Arquitectura, que se ocupase de estudiar j' formular un proyecto jn-esupuesta- do de las obras de ensanche que reclama imperiosamente elMuseo-, preposición que fué aceptada con igual decision y para la que fueron designados en el momento y como miembros de aquella Sección, los Sres. que siguen: D. R.\5ion EomiiGUF.z. D. Ernesto Gonzalez. D. José de Asprer. D. JoAouiN Rubio y Bosioiiy. Por su parte, la Sección de Arquitectura designó â los Sres. siguientes: D. Juan de la Vega. D. Cayetano Santolalla. D. Adulfo del Castillo. D. Pedro Ibañez Pacheco. A esta Comisión agregóse también el Sr. Vice-Presi- dente de la Sección de Pintura, quien trajo en breve á la Sección la noticia de que la cuestión quedaba termina¬ da y el asunto del ensanche del Museo en manos de la autoridad, como encargada de ajirobarlo y resolver su par¬ te económica. A su vez la Comisión de catálogo no ha descansado un instante; actividad y un esmero laudabilísimos, con una bien pronto aparecieron en las sesiones los resultados de los trabajos semanales, árduos y delicados muchas veces y con relación á obras de oscura procedencia ó de discu¬ tible autor y mérito. Y á su vez la Sección de Pintura con igual afiin y constancia, terminaba sus periódicas y - 24 — frecuentes reuniones en el Museo y frente á frente de la apreciaba, de¬ obra de que se trataba, leía el dictámen, lo cidia lo que hubiese lugar y lo pasaba aprobado á la Co¬ misión encargada de la corrección de forma y estilo, com¬ puesta por el Sr. Vice-Presidente, el Sr. Marqués de Ca¬ sa Rávago y el Secretario de la Sección, designados para este fin en Junta del 9 de Febrero de 1876. Todavía faltaba algo al proi^ósito reformador de la Sec¬ ción de Pintura, y al pensamiento de enaltecer estas Es¬ cuelas, ofreciéndolas á la juventud estudiosa y al público en general con todos los elementos de utilidad y riqueza que guarda en su seno. En la misma sesión del dia 9 de Noviembre, D. Ramon Rodriguez propuso transformar la sala de sesiones en ga¬ lería de grabados, con lo cual, no solo ganaría en belle¬ za el local, sino que luciría la Academia las bellas obras de esta especie que posee, fundaria una sección del Mu¬ seo llamada en lo sucesivo á grandes y preciosos desen¬ volvimientos y brindaria un aliciente más á la admiración y al estudio. Acogida con placer esta idea, no ya por la Sección, si¬ no por la Junta de Gobierno, cuya venia hubo de solici¬ tarse y por la Academia en general á quien se dió cono¬ cimiento de este oportuno proyecto, al mismo Sr. Rodri¬ guez quedó encomendado el llevarlo à cabo con auxilio de la comisión de catálogo. En Junta del 15 de Marzo dióse ¡Dor terminado este nuevo encargo, recibiendo el Sr. Rodriguez un merecido voto de gracias de la Sec¬ ción, que luego confirmó y enalteció justamente la Aca¬ demia, en Junta general del 2 de Abril. Hoy, en fin, la Sección de Pintura tiene la viva satis¬ facción y aun el alto honor de ofrecer á la Academia, á las autoridades que tan eficazmente la alientan y sostie¬ nen, al estudioso espíritu artístico, que por dicha para todos se levanta potente y entusiasta entre nosotros, y á los inteligentes y aficionados, no solo â las bellezas del arte pictórico y del grabado, sino á las glorias del arte en general y del particular de nuestra patria, así como á los medios y muestras de su cultura y adelantamiento, un li¬ bro en que van anotados, mediante orden y clasificación todas las bellezas y modelos, todas las obras y estudios que guarda el Museo provincial confiado al cuidado de es¬ ta ilustre Asociación, y preparados para la enseñanza y la admiración de todos. Trabajo detenido concienzudo es este, que no tan so¬ y lo puede servir dar una muestra del espíritu que para anima á esta Corporación, que así se esfuerza por distin¬ guirse desde los primeros pasos que dá despues de su re¬ constitución, sino que también debe considerarse como base para trabajos ulteriores, origen de estímulo para los llamados á proteger y contribuir á su desarrollo ulterior y guia fiel y acertada de cuantos se propongan saborear nuestras preciosidades artísticas en los ramos de la pin¬ tura y el grabado, estudiarlas detenidamente ó tan solo sentirlas y gozarlas. Gran parte de la bonra de haber llevado á cabo esta obra, corresponde, â no dudar, muy especialmente á los Sres. D. Ramon Rodriguez y D. José Morillas: la direc¬ ción de aquel, la erudición de éste, y la constancia y ce¬ lo de ambos, han servido de poderoso móvil y de constan¬ te luz en medio del abatimiento que siempre produce un trabajo largo y laborioso fuentes oscuras y embro¬ y unas lladas. Solo la asiduidad incansable del Sr. Rodriguez, los preciosos datos comunicados por el acendrado amor á las artes del Sr. Morillas, y la estudiosidad é ilustración de ambos, han dado primero á la Comisión, luego á la Sec¬ ción de Pintura, y por último á la Academia, medios de poder ofrecer en ordenada clasificación, verdadero valor y acertado juicio, un trabajo digno de confianza y en que con seguridad pueden estudiarse una multitud de obras — 26 — interesantísimas debidas al pincel de Zurbarán, Murillo, los Herreras, Lúeas Jordan, Bassano, Marcb, Valdés, Ru¬ bens, Spagnoleto, Greco, Jordaens, Cano, Roelas, Bian- cbi, Costanci, Heem, Cbiari, Rivera, Cerrado, Juanes, Van-Dyck, Rivalta, Tiépolo, Breugbel, Caracci, Goya, Tobar, Guido y otros muchos de las Escuelas Española, Romana, Flamenca, Sevillana, Bizantina, Napolitana, Valenciana, &c., entre los antiguos; y entre los moder¬ nos, cuadros notabilísimos del mismo Sr. Rodriguez, cu¬ yos trabajos ban sido honrados con medalla de oro en la exposición de Paris de 1867, Gonzalez, Botella, Longo, Ortiz, Bejarano, Ferrant, Chicane, Urmeneta, Abbati, La¬ go, Rincón, Balaca, Garcia (Ilispaleto), E. Cano, Gon¬ zalez Tavé, Fernandez, Belmonte y otros muchos. A estas hay que agregar hasta 72 preciosos grabados con que se ha inaugurado esta Sección, entre los cuales figuran algunos de Morghen, Goya, Dupont, Bonato, Le- Page, Iode, Wolff, Jiolo Veneto, Bossi, Gregorf, Ber- vic, Pozzi, Klauber, Mengs, Wille, Vazquez, Martinez, Camarón, Selma, Pavón, Alegre, Muntaner, Carmona, Ballester, Esquivel, Ameller, Boix y otros varios, asimis¬ mo descritos y oifienados. Dos advertencias antes de concluir: en el catálogo no figuran todos los cuadros que posee la Academia: sino so¬ lo aquellos que por su mérito se han considerado dignos de la pública exhibición; es decir, que constan en él las obras que á juicio déla Comisión ofrecen, por algun con¬ cepto artístico, títulos bastantes para figurar en el Museo", las demás, hállanse repartidas en lugares poco visibles, ó totalmente escondidos de la curiosidad y la critica. Ni tamjjoco debe extrañarse que no aparezcan en el Museo todas las obras anotadas en el catálogo; pues que ni el salon á que hoy se encuentra reducido puede conte- (•) Todas las demás o"bras que no se insertan en este Catálogo, cons¬ tan anotadas en los inventarios de la Academia. nerlas todas, ni su estado permite exponerlas, sin proce¬ der antes á una restauración á veces larga y costosa; mas dicho se está, que acusada su existencia y numeradas en el catálogo, habrán de ostentarse un dia al lado de las demás y en su lugar correspondiente. La segunda advertencia refiérese al método seguido en el catálogo. Ciertamente que no necesita explicarse, lo que fácil¬ mente se comprende al abrir este libro; mas bueno es que se entienda que el procedimiento clasificador seguido pol¬ la Comisión, obedece ante todo al corto número de obras, relativamente á otros Museos, que posee el de esta Aca¬ demia y al pensamiento de exponerle sencillamente y sin alardes de clasificaciones eruditas ni de sutiles investi¬ gaciones. Asi, pues, una vez divididas las obras en los dos gran¬ des grupos exigidos por la capital separación del arte an¬ tiguo y el arte moderno, se ha seguido primero el orden de autores agrupándolos según el índice alfabético de los apellidos, y luego el de escuelas, respecto á aquellas obras que no lo tenian reconocido. Tanto en uno como en otro caso, báse indicado al lado del cuadro, si es claramente del autor á que se aplica ó está solo ¡rroducido según su estilo y manera, y si la obra es en efecto de la escuela en que se la incluye ó lo parece no más, por presentar sus rasgos característicos, bien con perfecta claridad, bien con cierta vaguedad y decadencia. Tras el autor ba colocado un pequeño se apunte biogrᬠfico, sigue luego el número y nombre del cuadro, su tex¬ to y fundamento, cuando es posible, su ligera descripción y sus dimensiones. Asimismo al lado de la escuela vá una breve noticia y tras ella las condiciones más importantes de la obra. En los grabados se ba procedido con igual método, aunque jjartiendo de un simple orden de colocación alfa¬ bética. — 28 — La parte tipográfica ha sido luego la encargada de dar á todo esto la conveniente distribución, claridad y belle¬ za; y la Comisión se lisonjea de ofrecer al público un ca¬ tálogo, que si nó exento de defectos, reúne condiciones que le hacen apreciable. Esta Sección espera que, siendo el primero que dá á la estampa, sus imperfecciones ba¬ ilarán disculpa en ese mismo profundo afan que la ani¬ mó para llegar á este punto,y en la infatigable constan¬ cia y el vivo entusiasmo con que ha trabajado en su obra basta terminarla. Por último; de este prólogo, como del mismo catálogo, dióse lectura en J unta celebrada por la Sección de Pin¬ tura en 18 del presente año: sometiéronse sus de Mayo ideas á discusión por el Sr. Vice-Presidente, que quiso, en razón, robustecerle con la adhesion de todos los Sres. Académicos que componen la Sección, y una vez acepta¬ do por unanimidad, pasó con el catálogo al seno de la Academia, quien asimismo le aprobó en Junta general de 4 de Junio, ordenando su impresión al frente de este últi¬ mo, como ba ¡rodido ver.=e por la copia del acuerdo trans¬ crito en sus primeras páginas. Debe esperarse que el favor popular sancione esta nue¬ va prueba de laboriosidad y amor á las Bellas Artes que acaba de ofrecer la Academia, y que este libro baile en las autoridades españolas y especialmente en las de nues¬ tra provincia, la aceptación que merecen los esfuerzos he¬ chos en defensa del buen nombre de esta Escuela, y de la utilidad y honra de todos. El Vice-Presidente de la Sección, Francisco Fernandez Fontecha. El Secretario, %pniualdo ^Alvarez Espino. CATALOGO DEL ^USEO DE ^ÎINTUEAS ARTE ANTIGUO. Sección I. PINTORES. BASSANO. (Jacobo da Ponte, llamado el) Nació en Bassano (Estado de Venecia) en 1510, y murió en la misma ciudad el 13 de Febrero de 1592. {EscuelaVene- ciana. ) Su padre Francesco da Ponte, fué su primer maestro en el dibujo y aun en las Bellas letras; Bonifazzio Veneziano fué el primero que le enseñó á manejar los pinceles, y bajo su dirección se ejercitó en el estudio de las obras delTiciano. Muerto su padre, el cuidado de su familia y de su pequeña hacienda le llamaron de nuevo al pais de su nacimiento, y allí alcanzó su mente, con el continuo es])ectâculo de las ri¬ sueñas márgenes del Brenta y de los pintorescos collados del Bassanes y del Vicentino, aquella poderosa compren¬ sión de la naturaleza común y campestre, que vino á com¬ pletar, digámoslo asi, la esfera de la estética veneciana, so¬ lo vista por el Ticiano y el Veronés por su lado más noble. En su primera época manejó el color con gracia y dulzura y con movimientos parmesanescos-, mas luego su pincel, del todo emancipado, golpeó el lienzo con extraordinaria ener¬ gía y llaneza, y á fuerza de naturalismo se hizo un tanto rústico, como fácilmente puede observarse en esas compo¬ siciones extravagantes en que realizó la extraña alianza del — 30 — espíritu bíblico con las cosas y personas de su tiempo. Así pues, el toque de Bassano no es fino; pero sus colores, prin¬ cipalmente el verde y el carmesí, tienen un esmalte singu¬ lar. También carece, como ¡ñntor de género, de la intención y chiste que se reputan hoy dotes principales en los que le cultivan. Era amante déla lectura y de la música. Falle¬ ció de 82 años y con honoríficas exequias fué enterrado en la Iglesia de San Francisco en Bassano. Tuvo la gloria de enseñar la pintura á Caletto Cagliari, el hijo de Pablo Ve- ron és. Jacobo Bassanopuede llamarse el iniciador de la pintura de género en Venecia; pero rara vez ejercitó su numen en asuntos profanos; antes bien, casi siempre las fértiles co¬ marcas venecianas, sus campesinos, sus casas y sus reba¬ ños, y hasta sus mismos aperos de labranza 5' los usuales utensilios de la vida, sirviéronle para representar pasages del antiguo y nuevo Testamento, á cuya lectura era muy afi¬ cionado. Las ciudades de Venecia, Vicenza, Brescia, Padua, Treviso y otras, tuvieron á gala el ser poseedoras de sus parábolas, misterios, historias, estaciones, mercados, ven¬ dimias, escenas campestres,^—ya bulliciosas,—ya mudas,— ya con rebaños y calderos, ya sin ellos. 1. PEREGRINACION DE MOISES Y SU PUEBLO. Y dijo el Señor í Moisés: Ponte delante del pueblo, y toma con¬ tigo de los ancianos de Israel, y Uova en tu mano la vara con que beristes al rio, y vé. Mira que yo estaré allí delante de tí sobre el peñasco de TIoreb: y herirás el peñasco, saldrá el agua para que beba y el pueblo. IIí- 20I0 Moisés así á vista de los ancianos de Israel. nombre de aquel lugar. Tentación-, á causa de la ron- Y llamé el hijos de Israel, y porque tentaron al Señor diciendo: cilla do los ¿Está el Señor entre nosotros é né? Y vino Amalee, y peleaba contra Israel en Baphidim. Y dijo Moisés á Josué: Escoge hombres, y sal á pelear contra Amalee: yo mañana estaré sobre la cima del collado, teniendo en mi mano la vara de Dios, &c. ( Exodo, cajj. XVII ) Despues del piocligioso milagro del agua de la peña, mientras el pueblo de Dios sácia su sed, pro- — 31 — siguen el viage Moisés y Aaron con otros israeli¬ tas, y divisan á lo lejos las tiendas de los amale- citas á quienes han de dar la batalla en Rapliidim. El cuadro que existe en el Museo de Madrid, del mismo autor é igual á este, aunque de mayores di¬ mensiones, fué regalado á Felipe IV por el duque de Medina de las Torres. tn m Alto; 1,068,—Ancho: 1,695,—Lienzo. 2. EL RICO AVARIENTO Y EL POBRE LAZARO. Hubo cierto liombre muy rico, que se vestia de púrpura y de lino finísimo, ytenia cada dia espléndidos banquetes. Al mismo tiempo vivia un mendigo, llamado Lázaro, el cual cubierto de llagas, yacia «1 la puerta de éste, deseando saciarse con las migajas que caian de la mesa del rico, mas nadie se las daba, pero los jierros venian y la¬ míanle las llagas. («San Lacas, xvi ) Este pasage ha servido como de pretexto al au¬ tor para introducir en su lienzo varias personas de ambos sexos, ocupadas en colocar sabrosos manja¬ res sobre una mesa que aparece servida bajo una magnífica columnata,que permite recrearse en una deliciosa perspectiva campestre, interrumpida por una prosaica y formidable batería de cocina. El cuadro que existe en el Museo de Madrid, del mismo autor y asunto que este, aunque de dimen¬ siones mayores, fué regalado á Felipe lY por el duque de Medina de las Torres. m m Alto: 1,Q68,—ANcno: 1,695.—Lienzo. 3. ENTRADA DE LOS ANIMALES EN EL ARCA. T díjole el Señor: Entra tú y toda tu casa en el Arca, porque te be visto justo á tí, delante de mí en esta generación. De todos los animales limpios, toma siete y siete; macbo y bombra: mas de los animales inmundos toma dos y dos, macbo y bembra. E — 32 — igualmente de las aves del cielo siete y siete, macho y hembra; para que se conserve la simiente sobre la haz de la tierra. Hizo, pues, No6 lo que el Seíior le habia mandado. Y entró Noé en el Ai-ca y sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos con él, &c., &c. ( Génesis, cap. vii ) Mientras Noé,cuya figura aparece en el primer plano del cuadro rodeado del toro, la vaca, perros, corderos, conejos, asnos, &c., dirige una plega¬ ria al cielo, y su familia recoge las provisiones que han de servir para alimentar durante el dilu¬ vio tanto á ellos como á los animales; estos van mansamente subiendo por una rampa de tablas y en parejas al Arca, donde una mujer los recibe. Al mismo tiempo, se dirigen á ella por los aires algunas aves, y otras descansan y esperan la vez sobre un árbol. El cuadro que existe en el Museo de Madrid, igual á este aunque de mayores dimensiones y del mismo autor, fué comprado por Ticiano y envia¬ do á España para el Emperador Carlos V. m m Alto: 1,068.—Ancho: 1,695.—Lienzo. 4. JESUS ECHANDO A LOS MEKCADERES DEL Teíiplo. El Salvador, con el azote levantado, arroja á los vendedores que se babian establecido en los espaciosos pórticos del Templo de Jerusalen con sus mercancías, y basta con sus ganados. Dos de estos caen de espaldas, otros huyen cargados con sus efectos, y algunos recogen de las mesas el di¬ nero que babian adquirido. El fondo es un sun¬ tuoso edificio abovedado, dentro del cual se eleva, sobre una escalinata, un pabellón, en cuya entra- — 33 — (la se iimestran de pié como presenciando la esce- na, dos sacerdotes de la antigua ley, y al que sir¬ ve como de toldo un amplio cortinage carmesí, prendido al fuste de una columna. El cuadro que existe en el Museo de Madrid igual á este, aunque de mayores dimensiones, fué regalado á Felipe IV por el duque de Medina de las Torres. in m .'\.lt0: 1,068.—Axcho; 1,695.—Lienzo. BIANCHI. (Peduo) Nació en liorna 1G94 y en murió por los años de 1789 ó 1740. (Escuela líomana.) Fué discípulo de J. Triga y después del Iluaccio y de Benedetto Luti. Sobresalió en la pintura de historia, de paisage y de animales; y también se ejercitó en el género de frutas y flores. 5. MUERTE DE ABEL. y acouteciií que al cabo de muchos dias, Caiu prci^iitó ofrendas al Señor de los frutos de la tierra. Abel lo oíVcciú también do los iiriniogéuitos de su ganado y de las gi'osuras de ellos: Y miró el Señor á Abel y ú sus ofrendas. Mas á Caiu y á sus ofrendas no miró: Y Caiu se encendió en grande ira y decayó su semblante: A' díjole el Seíior: jPor iiado y porqué qué te has ense- decayó tu semblante? Pues qué hicieres bien no serás recomixiusado, y si mal no estará luego el iiecado á las puer¬ tas? Mas tu apetito estará en tu mano y tú te eusenorearás de ól. y dijo Caiu ú hermano Abel, salgamos fueni: Y su como estuvie¬ sen en el campo, levantóse Caín contra su hennano Abel ( Génesis cap. iv. ) y matóle. Está Abel en tierra, y Caiu, con aspecto ame¬ nazador, lo tiene cogido con la mano izquierda por los cabellos, en tanto que con la derecha em¬ puña la quijada del jumento, arma cruel del pri- ( 3 ) — 34 — mer fratricidio. Figuras de tamaño más que natu¬ ral. Fondo de paisage oscuro. m ni Alto: 2,136.—Ancho: 1,532.—Lienzo. BRENGHEL. (Jitan, llamado de terciopelo.) Dice Mr. Blanc en suHistoria de los pintores, que un céle¬ bre baron aleman, reconocido como una autoridad en ma¬ terias de arte, sin duda porque sus libros se vendian muy caros, pretende que á JuanBrenghel le llamaban de tercio¬ pelo, por lo fino de su pincel; pero que la verdadera causa de que le llamasen así, fué la elegante costumbre de vestir siempre con esta rica tela. Pertenecía á una familia de al¬ deanos de la villa de Brenghel cerca de Breda (Brabante), de donde tomó su nombre. Es dudoso para sus biógrafos el año de su nacimiento; pero se cree que tendría éste lugar por los años de 1575 en Bruselas. Fué hijo de Pedro y pa¬ dre ó hermano de otro Pedro, ambos pintores y que se dis¬ tinguieron en el arte, llamando al primero Brenghel el tic- jo y al segundo Brenghel del infierno; pero el que más so¬ bresalió fué ,Tuan el de terciopelo. Despues de haber hecho sus primeros ensayos en la pintura, sintió despertarse en él el gusto por los paisages y obras de la naturaleza, y quiso viajar,)' recorrer, como todos los de su tiempo,la pintoresca Italia; y en efecto, despues de haber estado algun tiempo en Colonia, pasó á Roma, d'uide bien pronto creció su fa¬ ma. Habiendo tenido ocasión de conocerlo el Cardenal Fe¬ derico Borrorneo, lo tomó bajo su protección y le encargó gran número do cuadros pequeñitos. Brenghel volvió á Am- beres en 1597, y en esta época fué cuando hizo conocimien¬ to con Rubens y empezaron à asociar sus pinceles, pues se ven muchos cuadros de Rubens, adornados con flores de Brenghel, sobre todo en las madonas, así como á su vez Brenghel pintaba las figuras á Peters Neefs, en sus precio¬ sas catedrales. Brenghel se casó en Amberes con una bella flamenca, de la cual tuvo una hija, llamada Ana Brenghel, célebre también en la historia del arte, por haber tenido tres tutores ilustres; Corneille Schut, Van Balen y Ru- — 35 - bens, además por haber reunido la circunstancia de haber y sido la primera mujer de David Teniers. Enlazado con to¬ dos los grandes pintores de su pais por los vínculos de la amistad y del parentesco, Brenghel aparece como una gran figura en Amberes. Cuando Van-Dyck empezó magnífi¬ su ca galería de retratos de artistas, que fueron grabados por los Lúeas Wostermann, los Pontius, losBolswert, los Pier¬ res de Iode, hizo también este honor á Brenghel de tercio- peh, grabando su retrato al agua fuerte con su propia ma¬ no, el cual es considerado como una de las mejores estam¬ pas de Van-Dyck. Murió por los años de ta 1642, aunque es¬ fecha, lo mismo que la de su nacimiento, es dudosa. 6. LA ADORACION DE LOS SANTOS REYES. ( Escuela de Brenejhel. ) Ellos, luego que esto oyeron del Roy, fuéroiise. Y lié aquí que la estrella, que Rabian visto el Oriente, iba delante de ellos, hasta eu que llegando, vino y se paré sobi'e donde el niíio estaba. Y cuando vieron la estrella, tuvieron muy grande gozo. Y entrando en la casa, hallaron al niiío con María su madre, y postrándose, le adoraron; y abiertos sus tesoros, le ofrecieron do¬ nes, oro, incienso y mirra. {San Mateo, cap. ii, vers. IX, X y xi.) La Virgen sentada, tiene sobre sus rodillas al niño: uno de los Reyes se acerca y, postrándose, le presenta sus dones que la Virgen mira con aten¬ ción: los otros dos Reyes, están también arrodi¬ llados á la derecha de la Virgen : muchas figuras, con trages alemanes del siglo XVII, llenan la es¬ cena; en el fondo se vé una casa, de construcción flamenca ú holandesa, sobre la que brilla la es¬ trella que sirvió de guia á los magos. Este cuadro es uno de los que mandó á este Mu¬ seo el Excmo. Ayuntamiento en 31 de Diciembre de 1874, y vino calificado como original de Bren¬ ghel; pero la Academia corrigió esta calificación asignándolo á la Escuela de Brenghel. La Comi- — se¬ sión encargada de formar el catálogo, haciendo nuevos estudios é investigaciones, cree que este cuadro debe ser copia de aquel á que se refie¬ re Luis Viardot en el tomo titulado Les Musées d'Allemagne (pág. 202) donde dice, hablando del Museo Belhedere de Viena, lo siguiente: "género-, á pesar de'los títulos que debermn hacerle figurar entre los cuadros dehistoria, yo pongo entre los cuadros de género, á consecuencia de su particu¬ lar estilo, una adoración de los Reyes de Juan Brenghel de terciopelo." ni m Alto: 0,360.—Axono: 0,740.—Taula. CANO. (Aloxso) Pintor, Escultor y Arquitecto que nació enGranada en 1601, de cuya Catedral fué racionero: murió en la misma ciudad en 5 de Octubre de 1667. (Escuela Sevillana.) Fué Cano discípulo en la escultura de Juan Martinez Montañés, en la pintura de Castillo y Pacheco, y de su padre Miguel Cano en la Arquitectura. Los primeros frutos de su ingenio se cosecharon en los campos de la Escultura, y en ellos dió claramente á entender, que á las enseñanzas de su maestro Montañés habla sabido, en su exquisita comprensión de la belleza clásica, agregar otras fecundas lecciones ar¬ rancadas al estudio y contemplación de los mármoles anti¬ guos, que en su palacio de Sevilla, vulgai-mente llamado Casa de Pilatos, hablan reunido los egregios Duques de Al¬ calá, Médicis sevillanos. Asi lo atestiguaron los hermosos retablos que ejecutó para el colegio de San Alberto y para el Monasterio de Santa Paula, y la preciosa estatua de la Virgen con el Niño que hizo para el retablo mayor de la parroquia de Lebrija, comenzado por su padre y terminado por él. Un desgraciado lance que hubo de ocun-irle en Se¬ villacon el pintor Llano y Valdés, y en que éste salió he¬ rido, le obligó á refugiarse en Madrid el año 1637. Hallá- — :J7 — base por entonces en la plenitud de su reputación y de su valimiento con el Conde-Duque de Olivares el pintor Die¬ go Velazquez, antiguo condiscípulo de Cano en la Escuela de Pacheco, en Sevilla; y con la generosa protección de Ve¬ lazquez, logró Cano la dirección de algunas obras de arte en los PalaciosReales, la estimación y aprecio de otros ar¬ tistas demérito, el cargo de Pintor del Rey y el de Maes¬ tro de dibujo del Príncipe D. Baltasar. Era el artista granadino hombre de carácter violento, y que llegaba hasta el extremo de no tratar á veces con gran cortesja á su augusto discípulo. Desde el año 1652, en que se le dió la colocación y pose¬ sión del cargo de Racionero de la Catedral de Granada, has¬ ta el de 1658, en que obtuvo del Rey la cédula mandando restituirle su ración, sostuvo una viva lucha con aquel Ca¬ bildo; porque despues que este, en consideración al mérito artístico del Racionero, habia accedido á solicitar del Rey que se cambiasen en funciones de Bellas Artes las de música y canto, propias de la ración que habia vacado, con la con¬ dición de que Cano se ordenase in sacris en el plazo de un año, ni llegó á realizarlo en el término prefijado, ni quiso obedecer en el de próroga le concedió luego; y res¬ que se pondiendo, tanto á los miramientos j- contemplaciones del Cabildo, como à los que le plugo al Rey otorgarle, llevan¬ do su bondad hasta señalarle otra nueva les evidentes de no próroga, con seña¬ pensar en hacerse subdiácono, y de con¬ siderar prebenda como una pension que á nada le obli¬ su gaba, si noera á percibir sus rentas, en tanto que se dedica¬ ba libremente al predilecto cultivo de las Artes. 7. APARICION DE LA VIRGEN Y EL NIÑO JESUS Á. San Francisco de Asís. Entre los muchos favores que obtuvo San Fran¬ cisco de Asís de Jesucristo y de su Divina Madre durante su vida seráfica, uno de ellos es el que sir¬ ve de asunto á este cuadro. Arrodillado sobre una grada y con la cabeza y brazos levantados, tiene — 38 — el Santo la vista la sobrenatural aparicioiu fija en La Virgen, sobre un foco de luz celestial, se mues¬ tra sentada sobre un trono de nubes; y su Divino Hijo, desprendido del tierno regazo de su madre, en quien fija la vista como pidiéndole su consenti¬ miento, vá á arrojarse en los brazos del Santo. Al lado de éste, hállase el Beato Fray Gil su com¬ pañero y uno de sus primeros discípulos, el cual de pié cou las arguenas sobre el hombro izquier¬ do, contempla la escena admirado de lo que vé, á pesar de hallarse acostumbrado á presenciar estos preciosos favores que el cielo concedia á su querido maestro. Próximo á las rodillas del Santo, se vé sobre las gradas el libro en que meditaba. Por de¬ bajo del grupo de nubes que sostiene á la Virgen,, y á través de una empalizada, se descubre una sa¬ lida á huerta ó campo. Este cuadro procede del convento de Capuchi¬ nos de Sanlúcar de Barrameda. m m Alto; 4,435.—Ancho; 2,810.—Medio punto. 8. TRANSITO DE UN RELIGIOSO FRANCISCO. Boceto del cuadro de Cano que existe en la Aca¬ demia de San Fernando. En una pequeña celda desnuda de todo ornato y echado sobre una tarima, con la espalda apoyada en un saco envuelve la piedra que le sirve de que almohada, cruzadas las manos, y el sello de la muerte en el rostro, exhala su último suspiro, un pobre franciscano. Dos frailes de su misma orden le ayudan á bien morir; uno de pié á su cabecera. — 39 — tiene una vela encendida en la mano derecha y en la otra crucifijo en el que aquel un clava los ojos, mientras parece que repite actos de fé; el otro, ar¬ rodillado al pié del miserable lecho y con las ma¬ nos juntas, susurra las mortuorias. Por la preces puerta de la celda se divisa el cláustro, en el que se ven dos religiosos conversando. El alma del que espira, representada por un religioso con hábitos blancos, aparece en lo alto del cuadro, arrebatada como la de Elias de en un carro fuego tirado por dos caballos también blancos. En el boceto seña¬ lado arriba, dibujan tres ángeles se que rodean la carroza y ostentan los atributos de la victoria. m Alto; 0,487.—Axciio; 0,471.—Lienzo. 9. CRISTO EN LA CRUZ. {Estilo de Cano.) Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con gran voz dicien¬ do : ¡J)io8 mió! ¡Dios mío! ¿Por qii¿ me has desamparado! (San Mateo, cap. XXVII, vers. 46.) La posición enérgica de esta figura, hace creer que sea el momento expresado por el texto, el ele¬ gido por el autor al hacer esta obra. Está el Redentor clavado en la Cruz, la cabeza levantada mirando poco á la derecha y algo un privada de luz y parece que dirige al Eterno Padre las palabras citadas del Evangelio de San Mateo. Las piernas están algo dobladas: fondo oscuro. m m Alto; 3,368.—Anciio; 1,718.—Lienzo. 10. LA VIRGEN Y EL NIÑO. ( Estilo de Cano.) Tiene la Virgen á su Divino Hijo sentado en la falda y sujetándole con la mano izquierda, mien- — iu — tras que cou la derecha le presenta el pecho, mi¬ rándolo con maternal cariño; figuras de tamaño natural y de medio cuerpo. m m Alto; 1,026.—Ancho: 0,859.—Lienzo. 11. UN NIÑO JESUS. {Atribuido á Alonso Cano.) El niño está contemplando la corona de espinas que tiene entre sus manos; y apoya un pié sobre el mundo. Varias rosas y una manzana se hallan esparcidas por el fondo. Este cuadro es uno de los que remitió á esta Academia el Excmo. Ayuntamiento en 31 de Di¬ ciembre de 1874, con destino al Museo provincial do pinturas. »n III Alto; 0,730.—Ancho; 0,510.—Lienzo. GALLOT. ( Jacques) Nació Callot en Nancy en 1592; murió en 1635. (Escue¬ la Francesa.) Se esea])ó do.s veces de la casa patenia (la primera á la edad de doce años) con el propósito de estudiar los grandes maestros de Italia; fué célebre grabador al agua fuerte y dibujante, en cuyo arte trabajó mucho más que en la pin¬ tura. En la obra de Mr. Charles Illanc titulada Histoire des Peintres de toutes les Ecoles, al ocuparse de este autor, ])ublica, entre otros grabados, una reproducción de este cuadro. 12. UÑA POBRE CON TRES NIÑOS. ( Copia de Callot.) Uno andando, otro sobre sxi espalda y el tercero al pecho. m m Alto; 0,615.—Ancho; 0,464.—Lienzo. — 41 — 13. DOS MENDIGOS. ( Copia de Cai.lot.) Uno deellos, al parecer ciego, vá conducido por el otro, que con el sombrero en la mano, pide limosna. m m Ai,to: 0,615.—-Anciio: 0,464.—Lienzo. C AH AC CI. {Escuela de los) Estafamilia, compuesta de Lodovico, Agostino y Anni- bal, todos ellos artistas, floreció en Bolonia. Annibal, el de más sobresaliente mérito entre ellos, nació por los años de 1560 y murió en Roma por los de 1609;fuê el que personi¬ ficó mejor la Escuela que ellos crearon. No solo se distin¬ guió en la pintura de historia, en las alegorías y retratos, sino que fué también paisagista señaladísimo, y aun pintor de ¡lénero lleno de energía y de gracia, por haber cedido á la influencia de los maestros flamencos y venecianos de su época. 14. LA CARIDAD. Una matrona, reclinada sobre un divan, vuelve la cabeza bácia la izquierda con cariñoso intento de besar á niño, que, en actitud graciosa, vá á un responder con un abrazo á la que le brinda con sus caricias; al lado opuesto rodea ella con el brazo el cuerpo de otro niño, que con ansia bebe el ali¬ mento que le suministra su tierno pecho. Delan¬ te, y recostado sobre la falda de la misma matro¬ na, se vé á un tercer infante que duerme tranquilo ese sueño que sigue á la necesidad satisfecha, bajo el amparo de esa madre de las virtudes llamada la caridad. m m Alto: 1,370.^Ancho: 1,570.—Lienzo. — 12 — CORREGGIO. (A>-toxio Allegri, llamado el) Nació en CoiTeggio (Ducado de Parma), en 1491; murió en la misma ciudad, el 5 de Marzo de 1534. (Escuela Loni- harda.) Fué Allegri pintor y escultor. Sus padres, que pertenecían á la clase media, pudieron disponer de sufi¬ sin embargo cientes medios para educación à su hijo. dar una buena Créese reconocer en Correggio el estilo de Leonardo de Vinci, como preparación del que demostró despues de su juventud. También se tiene por seguro que Antonio Alle¬ gri se perfeccionó en Módena, Parma y Ileggio. No visitó el Correggio los Monumentos del arte antiguo en Roma, ni conoció los encantos artísticos de Florencia, Milan y Ve- necia: pero en el estudio deBegarrelli, que le enseñó â mode¬ lar figurillas de ban'o, había vaciados abundantes, que, sus para un hombre de su genio, vahan tanto como los mármo¬ les antiguos; y Mantua y Parma, donde permaneció más tiempo, tampoco estaban del todo desprovistas de cuadros de los grandes pintores de la corte de Leon X. Sus mejores obras están repartidas entre Parma, Paris, Dresde, Berlin y Viena. Parma jiosee el famoso cuadro de San Gerónimo: Paris la Antiope: Dresde la Noche: Berlin la Ledo y \iena el lienzo de Jupiter. Correggio fundó en su pjais natal una verdadera Es¬ El cuela, y bajo este concepto su nombre figura al lado de lo.s Sanzio Buonarotti y Leonardo de Vinci. 15. BUSTO DE LA VIRGEN. Está la Virgen eon las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos bajos: viste túnico encarnado y manto azul y lleva tocado blanco. Fondo de nu¬ bes. Donativo del Sr. D. Juan José de Urmeneta, Director que ha sido de esta Escuela de Bellas Artes. m m .\lto; 0,464.—Axcho: 0,348.—Lienzo. — i3 — CORRADO. (Giaqtjimto) Nació Molfeta en (reino de Ñápeles), en los últimos años del siglo XVII; murió en el mismo Ñapóles, en 1765. (Escuela Naiiolitana.) Estudió con Solimena y con el Conca en su ciudad natal, y despues en Roma en la Academia de San Lúeas, que le abrió sus puertas en 1753. Es uno de los más hábiles y fe¬ cundos de cuantos siguieron la Escuela de Lúeas Jordano, y le caracterizan su habilidad como fresquista, y su gracia para templar y armonizar los colores. Vino á España en el mencionado año de 1753, para reem¬ plazar á Amiconi, pintor de Cámara de D. Fernando VI, y para pintar las bóvedas del palacio nuevo de ñladrid. A su llegada, nombróle aquel monarca Director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando; continuando de primer pintor de Cámara, hasta la llegada de D. Antonio Rafael Mengs, en cuya época se volvió á Nápoles. 16. LA VIRGEN Y EL NIÑO. La Virgen, sentada y de frente, coge la extre¬ midad de un paño blanco con la mano derecha, mientras que el otro extremo vá á parar á su iz¬ quierda, con la que sostiene al niño que descansa sobre él. El niño en actitud de adoración, tiene una cruz en la mano derecha, y dirige la vista ha¬ cia el cielo. Este cuadro es uno de los doce que legó á esta -'VcademiaelExcmo. é limo. Sr. D. José A.Lozano. m m Alto: 0,250.—Ancho; 0,220.—Lienzo. COSTANCI. (Plícido) Pintor italiano que floreció en Roma, á mediados del siglo XVIII. 17. S.VN BRUNO. Figura de medio cuerpo y tamaño natural: en la mano izquierda tiene una calavera y en la dere¬ cha una cruz. Este cuadro es muy parecido en es¬ tilo á los de Zurbarán; procede de la Cartuja de •Terez. m ra Ai.to: 1,068.—Ancho: 0,813.—Lienzo. CHIARI. (José) Nació en Roma en 1675 y murió en Roma en 1736. ('JEscuela Ronuina.) Este pintor fué uno ele los buenos discípulos de Cár- los Marata. 18. LOS DESPOSORIOS DE SANTA CATALINA. Arrodillada la Santa, extiende su manoderecha hácia el niño Jesús, que se halla sentado en el regazo de su Santísima Madre, y muestra entre sus dedos índice y pulgar el anillo de sus deposo- rios con la Santa. Alrededor de este grupo hay va¬ rios ángeles, f En restmiracion.) m ra Alto: 1,765.—Ancho: 1,346.—Lienzo. GALLEGO. (Eeknanbo) Cean Bermúdez dice en su Diccionario de Pintores Espa¬ ñoles, tomo II, página 156, refiriéndose á Fernando Galle¬ go, lo siguiente: "Nació en Salamanca andada la mitad del siglo XV; y aunque pudo haber sido discípulo de Alberto Durero en Alemania, como algunos quieren, por haber seguido su es¬ tilo, también pudo haber estudiado en España, á donde le trajeron muchos profesores alemanes, flamencos é italianos, por ser el general que reinaba en toda Europa; y lo más verosímil es que haya aprendido con Pedro Berruguete, su paisano, ó con algun otro pintor de los muchos que enton¬ ces habla en Castilla." — 4r> — Vivió hasta la mitad del siglo XVI en Salamanca. Dice además claramente, que sus obras se equivocaban con las de Alberto Durero. 19. LAS ANGUSTIAS. ( Tríptico.) Centro. Está la Virgen con su Divino Hijo muer¬ to en los brazos, acompañada de San Juan, la Mag¬ dalena y las santas mujeres. A lo lejos se descubre el Calvario, y una gruta en que están dando se¬ pultura al Señor. Puerta izquierda. Jesús, cargado con la Cruz, marchando al Calvario. Puerta derecha. La Resurrección. Está firmado el año 1470. ra n» Alto: 0,890.—Ancho; 1,160.—Lienzo. GRECO. (Doménioo TTieotocói'tjli ó Theoïocó- pülo, llamado el) Nació en Grecia por los añosde 1Ô48; murió en 'J'oledo en 1625 á los 77 años de edad, y fué enterrado en la parro¬ quia de San Bartolomé, con grandes muestras de general sentimiento. (Escuela Veneciana.) Trasladado el Greco desde su pais natal á la hermosa Ve- necia, tomó lecciones del Ticiano estilo aprendió tan cuyo perfectamente, que sus primeras obrasconfundieron con so las del gran maestro. lín Italia fué donde le apellidaron con el nombre de su nación, por el que generalmente se le ha distinguido despues. Hallábase establecido en Toledo en 1577, en donde trabajó mucho, no solo como pintor, sino también como escultor y arquitecto. Cuenta Francisco Pa¬ checo, que habiéndole visitado el año do 1611 en aquella ciudad, le enseñó una alhacena muy grande do modelos de barro trabajados por él para sus obras de pintura y escul¬ tura, y una sala llena de bocetos de todos los cuadros que habla pintado hasta entonces. ¡Lástima que á tanta f'ecun- - 4G — didad no hubiese siempre unido el buen gusto! Torciendo de repente, no se sabe por qué, el excelente rumbo que ha¬ bla tomado en nn principio, dió en una manera tan disloca¬ da y rara, transformando sus personages en espectros, que no parece sino que de todo punto perdió el juicio. Algunos han supuesto que lo hizo así por huir de la semejanza que sus primeras obras ofrecían con las del Ticiano, y aparecer como más original. Sábese que, á pesar de la facilidad que afectaba el Greco en sus lienzos, los retocaba muchas veces, dejando en ellos crueles borrones. 20. SAN FKANCISCO DE ASIS. {Estilo de Greco.) Con escuálido semblante, barba negra y poco poblada y la vista levantada al cielo, está el Santo extasiado con clara expresión de fervorosa religio¬ sidad. Con la mano derecha se descubre á través del hábito la llaga del costado, mientras que con laizquierda sostiene una calavera que está sobre un libro. Media figura de tamaño natural. m m Alto; 0,700.—Ancho: 0,540.—Lienzo. GUIDO REÑI. {Llamado comunmente Guido.) Nació en Calvenzano cerca de Bolonia el año 1575 y mu¬ rió en 1G42. (Escuela Bolonesa.) Púsole su padre en la Escuela del Flamenco Dionisio Calvaert, llamado il Eiammingo-, pero aficionado al estilo de Ludovico Carracci, dejó el modo extranjero para seguir el de su compatricio, al cual se aplicó tanto, que éste á los 20 años de edad le hizo comparecer en público, con admiración de Agustin Carracci y envidia de Annibal. En la belleza de sus formas, particularmente en las cabezas (copiadas casi siempre de los mármoles antiguos y de las Niobes con pre¬ dilección) y en su manera de agrupar las figuras, se advier¬ te un cálculo frió; es decir, más bien la obra de la reflexion que la del entusiasmo; y muy rara vez imprime á sus traba¬ jos el sello de un sentimiento espontáneo. Tal es el carác- ter predomina en la generalidad de las producciones de que este pintor; pero en el desarrollo de su talento, pueden se¬ ñalarse fácilmente tres períodos: en el primero se aproxima bastante á los naturalistas; sus obras presentan un carácter imponente, casi violento; sus figuras grandes, magestuosas, realzadas por medio de densas sombras, recuerdan la ma¬ nera de Carabaggio. A este periodo pertenece la Crucifi¬ xion de San Pedro, del Vaticano. En el segundo que pode¬ mos llamar detransición, y que es en el que aparece más feliz predilección por lo poderoso y terrible, cede el cam¬ su po á un estilo de mayor sencillez y naturalidad. A este tiempo pertenecen sus mejores pinturas, que son sin duda la Natividad, del coro de la Iglesia de San Martin de Ña¬ póles; el famoso cuadro de Feho y las Horas, del Palacio Rospigliosi en Roma; la Degollación de los Inocentes, de la Pinacoteca de Bolonia; y el Coro de Angeles, del abside de la capilla de Santa Silvia, también en Roma. Distinguense las obras de este período, tan dichoso como fugaz, por un animado y brillante colorido. Las de su última época ofre¬ cen tonos plateados, grisientos y hasta verdosos. El inspira¬ do idealismo de que tanta gala habia hecho, se transforma 3- degenera al fin, para terminar por una lánguida y desani¬ mada generalización, sin la menor sombra de carácter, por una especie de gracia convencional, sin persuasion y sin verdad. Contribuye sin duda á despojar de todo atractivo las producciones de este postrer período de Guido, el des¬ cuido con que ejecutó la mayor parte de ellas. Hizo diferentes viajes á Roma: allí estudió á Rafael y el antiguo. Despues volvió á Bolonia, donde se estableció y vivió con gran opulencia y esplendidez, y fundó su celebra¬ da escuela. Se dice que llegó á hacerse pagar los retratos de cuerpo entero, á quinientos escudos (diez mil reales), su¬ ma considerable para aquel tiempo. Pasó á Ñapóles en 1622, parà pintar la capilla de San Genaro; pero tuvo que abandonar aquella capital, huyendo de las persecuciones de Rivera )' Lanfranco 3' demás pinto¬ res napolitanos. A su muerte en Bolonia, fué sepultado en la Iglesia de San Domenico. Guido Reni, á más de pintor, fué grabador. — 48 - 21. SAN MIGUEL. {Copia de Guido IIeki.) De piéj tendidas las alas como si acabara de descender del cielo y en actitud de triunfo sobre Lucifer vencido, el Arcángel apoya el pié izquierdo sobre la cabeza del demonio: blandiendo con su diestra la espada, símbolo material de la justicia eterna, como si fuera á herirle: dibújanse en el fondo, rodeando la figura del reprobo, algunos re- fiejos rojizos, significación de perdurable castigo. Figura de cuerpo entero y tamaño heroico. m m Alto: 2,693.—Ancho; 1,742.—Lipínzo. 22. LA VIRGEN Y EL NIÑO. {Estilo de Guido Reni.) Sentado en el brazo derecho de su madre, mués¬ trase el niño Jesús rodeándola el cuello con su brazo izquierdo y apoyando blandamente la ma¬ no derecha sobre el pecho materno. La Virgen es¬ tá de perfil con las manos cruzadas : figuras de me¬ dio cuerpo y medio natural. m m Alto: 0,626.—Ancho: 0,487.—Lienzo. HEEM. (Juan David) Nació en Ulrecht en 1600. En 1670 con motivo de la guerra salió de Holanda con toda su familia, y fué á vivir á Amberes donde murió. (Escuela Flamenca.) Fué discípulo de David su padre, pintor de flores y fru¬ tas: pero sus obras son más apreciadas que las de aquel. 23. NATURALEZA MUERTA. Un jarrón, varios limones, platos, copas, cuchi¬ llos y otras piezas propias de comedor. IT) R) Alto: 0,743.—Ancho: 0,651.—Tabla, - 49 — HERRERA. (Fkaxcisco de: El Viejo.) Nació en Sevilla por los años de 1576 y murió en Ma¬ drid en \(3Ó&. (Escuela Sevillana.) Fué discípulo de Luis Fernandez, y el primero que se emancipó en Andalucía de la manera tímida que conserva¬ ron por mucho tiempo nuestros pintores españoles, y for¬ mó un nuevo estilo con que ya se manifiesta el génio na¬ cional. A él debe el suyo D. Diego Velazquez, que le ins¬ pirócon su enseñanza, antes de pasar á la de su suegro Pa¬ checo, quien no pudo mitigar su fogosidad con sus precep¬ tos y detenida manera. Fué muy particularmente célebre por su fácil ejecución, respecto á la cual se cuentan cosas prodigiosas. Se ejercitó alguna vez en grabar en bronce, y tal vez por eso, se le imputó el delito de monedero falso. Ketlrado en el colegio de Jesuítas de San Hermenegildo, j)intó el cuadro del Santo titular, que llamó la atención de Felipe IV cuando estuvo en Sevilla en 1624, á cuya cir¬ cunstancia debió que el Rey le ])erdonase. Despues pasó á Madrid en 1650, donde residió con gran crédito, hasta su muerte. 24. SAN PEDRO. Se presenta solo la cabeza casi de perfil, y la mano derecha en tiene llave que una y un libro. Ovalo. m m Alto: 0,790.—Axcno: 0,674.—Lienzo. 25. SAN PABLO. Aparece como en el cuadro anterior, solo la ca¬ beza, con la vista dirigida arriba y la mano iz¬ quierda, en la que tiene una espada. —Ovalo. IT) m Alto: 0,790.—Ancho: 0,674.—Lienzo. HERRERA. ( Feancisco de: El Mozo.) Nació en Sevilla en 1622; murió en Madrid en 1685. (Escuela Sevillana.) ( 4 ) — 50 — Empezó sus estudios bajo la dirección de su padre, pero como éste tenia mal carácter y él no lo tenia muy bueno, huyó de marchó á Roma, donde en vez de estu¬ su casa y diar los grandes maestros del arte, se dedicó á la Arquitec¬ tura y Perspectiva, con el objeto de pintar alfresco. Luego que supo la muerte de su padre, se restituyó á Se¬ villa. Cuando en 1660 los profesores sevillanos estableci'e-, ron Academia pública, fué nombrado Director segundo; mas ni era hombre que se aviniese á ser gobernado por otros, ni fácilmente concedia á ninguno superioridad sobre si propio en el arte; y esto hace sospechar que por ello de¬ jase á Sevilla y se trasladase á Madrid. A poco de haber llegado á la córte, pintó un cuadro para el retablo mayor de los Carmelitas Descalzos que represen¬ ta á San Hermenegildo, y la bóveda del coro de San Feli¬ pe el Real. Despues le encargó Felipe IV la cúpula de la capilla de nuestra Señora de Atocha. De resultas de cuya obra, que mereció el agrado de S. M., fué nombrado pintor del Rey. Esto aumentó tanto su vanidad, que decia de al¬ gunas de sus obras, que se debían haber colocado al públi¬ co al son de clarines. Nombróle en 1677 el Rey Maestro mayor de las obras reales, confiriéndole la plaza de ayuda de Furriera. Por entonces abandonó los pinceles á pesar de ser la pin¬ tura el arte mostraba más habilidad y se dedicó ex¬ en que clusivamente á obras de Arquitectura. Trató á los demás artistas con sumo desprecio, y los sa¬ tirizó siempre que tuvo ocasión para ello con escritos y con pinturas; alcanzando á veces su mordacidad hasta á algu¬ nos personages de la misma córte, donde residió hasta su muerte. 26. LA MAGDALENA ASCENDIENDO AL CIELO. (Parece ser de Heukeea el 3Iozo.) La Santasuspendida en los aires, con las ma¬ nos sobre el pecho y la vista fija en un resplandor divino, asciende á los cielos entre nubes y rodea¬ da de Angeles y Querubines, — 51 — Este es uno de los cuadros que remitió á esta Academia el Excmo. Ayuntamiento con fecha 31 de Diciembre de 1874. m m Alto: 1,180.—Ancho: 0,870.—Lienzo. ■JORDAN. (Giokdano Luga: llamado en España Lir- oas Jordan.) Nació en Ñapóles en 1632; murió en la misma ciudad en Enero de 1705. (Escuela Napolitana.) Pintor de extraordinaria facilidad é imitador de casi to¬ dos los grandes maestros. 27. SAN MIGUEL. El Arcángel desciende de un rompimiento lu¬ minoso de nubes, blandiendo en la diestra una es¬ pada de fuego y arroja al infierno, en aiiiñado gru¬ po y llenos de espanto, á los ángeles rebeldes. Fi¬ guras de tamaño natural. m m Alto: 2,020.—Ancho: 1,486.—Lienzo. 28. ANGEL DE LA GUARDA. Está en el aire é inclinado hácia un niño, que por la expresión de su semblante y posición de su cuerpo, grita y corre asustado abrazándose al cuer¬ po del celestial protector. Este le ampara con su brazo izquierdo, señala con el derecho al cielo y mira al demonio que se dibuja detrás de un ter¬ razo, como indicándole que su designio quedó burlado. Fondo de país, en el cual se vé un lago y á su orilla en lontananza una ciudad. Figuras de tamaño natural. m m Alto: 2,020.—Ancho: 1,486.—Lienzo. — 52 — 29. LA HIJA DE HERODIAS. Y queríí'nclolo matar, temia al pueblo; por 104. RETRATO DE UN GENERAL, DE LA OR- den de San Juan de Dios. {Escuéla Espaiíola.) Está vestido con el hábito de su orden y mues¬ tra una carta en la mano. En uno de los extremos superiores del cuadro, hay un blason que demues- * tra perteneció la persona en él representada á una familia ilustre. Fondo oscuro. Figura de medio cuerpo y tamaño natural. Este cuadro es uno de los doce que legó á esta Academia el Excmo. é limo. Sr. D. José A. Lo¬ zano. m m Alto: 6,640.—Ancho: 0,520.—Lienzo. 105. SAN FRANCISCO DE ASIS. (Escuela i:spaí!ola) Muéstrase el Santo de tamaño natural hasta po¬ co más de medio cuerpo, de perfil, cogiendo con ambas manos un crucifijo. Tiene sobre una mesa un libro y una calavera, y en el ángulo superior del cuadro, imitando estar pegada á la pared, se vé una estampa de la Vir¬ gen y una palma. m m Alto: 1,114.—Ancho: 0,720.—Lienzo. 106. SAN PABLO APOSTOL. {Escuela Española.) Este cuadro solo presenta el busto del Santo: pero se ven sus manos apoyadas sobre la gran em¬ puñadura de una espada. Alrededor hállase tam¬ bién limitado circularmente por una orla engala¬ nada de primorosas flores. m tn Alto: 0,859.—Ancho: 0,743.—Lienzo. 107. SAN PEDRO APOSTOL. {Escuela Española.) Busto; pero que descubre la mano derecha en la que lleva una llave: y se baila en el centro de un círculo limitado por una orla adornada de be¬ llas flores. m m Alto: 0,859.—Ancho: 0,743.—Lienzo. 108. SAN FRANCISCO EN UN CARRO DE FUE¬ go. {^Escuela Espaîiola.) inferior de este cuadro hay una ins¬ En la parte cripción de la que está tomado este asunto, que dice así: "Estando ausente de sus compañeros el Santo Padre, se le apareció una noche en un carro de fuego cercado de ad¬ mirables resplandores para que esta su transfiguración se manifestase á sus santidad como discípulos su efigie las luces del tabor manifestó á los Apóstoles su gloria." Medio punto en cuyodiámetro se marca el hueco de puerta. En el centro se vé al Santo, senta¬ una do en un carro de fuego que rueda sobre nubes arrastrado por cuatro caballos: á los lados apare¬ cen dos grupos de frailes franciscanos que contem¬ plan al Santo llenos de admiración y respeto. Me¬ dio punto. {En restauración.) m m Alto: 1,161.—Axciiü: 2,220.—Lienzo. 109. SAN FRANCISCO, SOSTENIENDO LA IGLE¬ sia. {Escuela Española.) inferior de este cuadro hay una le¬ En la parte yenda en verso, de la cual está tomado este asun¬ to, que dice así: En sueños el Papa vió Que la Iglesia se caia, Y que Francisco ponia El hombro y la sustentó: Despues esperimentó Que sustento muy constante La Iglesia titubeante No la Iglesia material Sino la Iglesia formal Aqueste místico atalante. (*) Xo es legible. El Santo, colocado de perfil, sujeta con ambas manos la base de pilastra que está fuera de una la vertical amenazando desplomarse: á la izquier¬ da y á lo lejos, se ven las demás columnas del templo: en el centro hay un grupo de angelitos. Medio punto. {En restauración.^ m m Alto: 1,161.—Ancho: 2,229.—Lienzo. 110. SAN BARTOLOMÉ. {Escuela Española.) El Santo, con túnico pardo y manto blanco, ele¬ vada la mirada al Cielo, muestra en la mano iz¬ quierda el cuchillo con el que señala á su brazo derecho, para indicar sin duda el martirio á que fué condenado. Más de media figura, de tamaño natural. {En restauración^) m m Alto: 1,393.—Ancho: 0,999.—Lienzo. 111. LA ANUNCIACION. {Escuela Sevillana.) Y al sesto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios ú una ciu¬ dad de Galilea llamada Nazareth. A una Virgen desposada con un varón, que se llamaba Joseph,, de la casade David, y el nombre de la Virgen era María. Y habiendo entibado el ángel á donde estaba, díjole: Dios te sal¬ ve, llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Y cuando ella esto oyó, se turbó con las palabras de él, y pen¬ saba qué salutación fuese esta. Y el ángel lo dijo: no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. lié aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. (San Lúeas, cap. i, vers. 26 á 31.) La Virgen, arrodillada delante de una mesa cu¬ bierta con un tapete de color verdoso y en la que se ven un libro abierto y una canastilla con avíos de coser, hállase sorprendida por el Angel San Gabriel, que se le aparece medio arrodillado so¬ bre una nube, trayendo en la mano izquierda una vara de azucenas, emblema de la virginidad, y se¬ ñalando con la derecha al Espíritu Santo, que apa¬ rece en el centro de una gloria poblada de Serafi¬ nes, nuncios de la encarnación del Verbo en las entrañas purísimas de María. Este es uno de los cuadros que remitió á esta Academia el Excmo. Ayuntamiento con fecha 31 de Diciembre de 1874. m m Alto: 0,630.—Axcho: 0,840.—Lienzo. 112. LA ADORACION DE LOS SANTOS REYES. {^Escuela Sevillana, en decadencia!) Ellos, luego que esto oyeron del Rey, se fueron. Y hé aquí que la estrella que hablan visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegundo, se paró, sobre donde estaba el niño. Y cuando vieron la estrella, se regocijaron en gran manera. Y entiTindo en casa, hallaron al niuo con su Madre María, y pos¬ trándose le adoraron: y abiertos sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. (San Mateo, caí), ii, vers. 9 á 11.) La Virgen está sentada sobre una grada y mues¬ tra su hijo á los Reyes Magos: uno de estos se adelanta, é hincando la rodilla, presenta su ofren¬ da, mientras los otros dos, algo más atrás, esperan de pié: á la derecha de la Virgen se halla S. José. En el fondo primer término, el establo, y en lon¬ tananza grupos de gente. m m Alto; 1,672.—Ancho: 2,090.—Lienzo. 113. SAN ANDRES APOSTOL. {Escitela Sevillana.) Hállase el Santo reproducido de frente, en pié, con barba blanca medianamente larga, el brazo derecho un tanto levantado y asiendo con la mano también derecha una escuadra que apoya sobre un peñasco que tiene delante: sobre este se vë un libro abierto, cuyas hojas parece volver con la ma¬ no izquierda. Túnica roja y manto verdoso. Me¬ dia figura, tamaño natural. Este de los doce cuadros que legó á esta es uno Academia el Excmo. é limo. Sr. D. José A. Lo¬ zano. m m Alto: 0,810.—Ancho; 0,620.—Lienzo. 114. CABEZA DE SAN JUAN BAUTISTA. {Escuela Sevillana.) La cabeza del Bautista se representa sobre un paño carmesí, bajo el cual aparece el liston con el "Ecce agnus Dei." Fondo de Cielo. Tamaño na¬ tural. m m Alto: 0,487.—Ancho: 0,627.—Lienzo. 115. CABEZA DE SAN PABLO APOSTOL. {Escue¬ la Sevillana.) Sobre una base cubierta en parte por una cor¬ tina roja que el lado izquierdo del cua¬ baja por dro, se vé la cabeza del Santo colocada en una fuente de oro, bajo la cual asoma la espada, ins¬ trumento de su martirio. Tamaño natural. m m Alto: 0,487.—Ancho-. 0,627.—Lienzo. 116. EL NIÑO JESUS. {Escuela Sevillana.) Representa el niño Dios en esta pintura de unos siete á nueve años: está sentado; delante y bácia su diestra, hay una mesa cubierta con tapete de color un tanto morado, sobre la cual se ven la cruz, los clavos, la sentencia que más tarde se fi¬ jó en aquella y un jarrito lleno de flores: parece hallarse sumergido en melancólica meditación, é inclina su cabeza para contemplar una corona de espinas que tiene en su regazo: sus brazos reposan naturalmente sobre sus muslos, y sus delicadas manos parecen heridas por las punzantes espinas; así lo indica la circunstancia de tocar con su dies¬ tra el índice de izquierda. Fondo de cielo, y su hácia el centro rompimiento de gloria con un un grupo de querubines: una cortina de color verdo¬ so cae á la espalda del niño Jesús. Figura de cuer¬ po entero y tamaño natural. m m Alto: 1,672.—Ancho: 1,695.—Lienzo. 117. SAN PASCUAL, sacando ánimas del pue- GATOEio. {Escuela Sevillana.') San Pascual se aparece nube á las sobre una almas que gimen en el Purgatorio, y ofrece á al¬ gunas de ellas el cordon de su hábito, como brin¬ dándolas á salir de aquel lugar de regeneración, mientras que algunos Angeles mancebos ayudan á otras á subir hasta la mansion de los justos. En la parte inferior del cuadro, se ven entre llamas otras almas infelices que imploran piedad y espe¬ ran la eficaz intercesión del Santo. m m Alto: 0,627.—Ancho: 0,487.—Lienzo. 118. FRAY BERNARDINO DE SEVILLA. {Escuela Sevillana.') Busto prolongado y tamaño natural; viste el hᬠbito de su orden. m m Alto; 0,570.—Ancho; 0,450.—Lienzo. 119. RETRATO DE UN ESCULTOR. {Escuela Se¬ villana.) Es un busto de personage, vestido de negro, un con bigote perilla blancos: se representa en el y momento de modelar una cabeza de niño. Parece recordar algo el retrato de Alonso Cano, hecho por Velazquez, que existe en el Museo de Madrid. Tamaño natural. m m Alto; 0,720.—Ancho; 0,674.—Lienzo. 120. LOS DESPOSORIOS DE LA VIRGEN V SAN José. decadencia.) {Escuela Sevillana, en José, adornado con su florida vara, recibe en su mano derecha la de la Virgen María que se la dá tímidamente. Entre los dos está el Sacerdote ben¬ diciendo el providencial enlace, y sobre aquel tier¬ no grupo desciende el Espíritu Santo. Dos figuras de hombre se hallan al lado de José y otras dos de muger al de María; el pintor ha querido signi¬ ficar á San Joaquin y Santa Ana. El fondo repre¬ senta nn templo moderno. m m Alto; 2,299.—Ancho; 2,786.—Lienzo. 121. VIRGEN DE BELEN. {Escuela Valenciana.) La Virgen mantiene sobre una de sus rodillas y - 128 — de pié al niiio Jesús, que acaricia la cava de su ma¬ dre con la mano derecha, mientras le rodea el cue¬ llo con el brazo izquierdo: entre la mano izquierda de la Virgenel vientre del niño, hay un paño y blanco que cae, y dando la vuelta por detrás, vie¬ ne á pasar por el otro extremo ála mano derecha de aquella que lo suspende con delicada actitud. Fondo de gloria, con angelitos. Este es uno de los doce cuadros que legó á es¬ ta Academia el Excmo. é limo. Sr. D. José A. Lozano. m m Alto: 0,220.—Axciio: 0,180.—Lienzo. 122. ÉXTASIS DE SANTA CATALINA DE SENA. {Escuela Valenciana.') "Siendo aun muy joven esta Santa, recibió el hábito de la Tercera Orden de Penitencia del Padre Santo Domingo. Gustaba tanto de la penitencia, que su vida era una ora¬ ción continua y una incesante mortificación. Cierto dia, en medio de uno de sus éxtasis, sintió asaltada su imaginación de pensamientos impuros; redobló sus lágrimas, sus peni¬ tencias y mortificaciones, y la señal de la victoria fué una amorosa aparición de la Santísima Virgen y de su Hijo, con cuya vista recobró su alma la serenidad. Desde aquel dia redoblaron los místicos arrobamientos. Casi no usaba de otro género de alimento, que la Sagra¬ da Eucaristía; una vez pasó desde el primer dia de Cuares¬ ma hasta la Ascension, sin más sustento que la comunión que recibía cuotidianamente, y al primer dia dijo á su con¬ fesor que su Divino Esposo y ella hablan trocado los cora¬ zones. Este éxtasis ha sido el que el autor ha querido expresar en el asunto de este cuadro. La Santa parece que va á caer al peso de su propio cuerpo, y dos ángeles mancebos se apresu- — 129 — ran á impedirlo: delante de ella el Señor en pié la sostiene también con una mano, mientras que con la otra le de arranca su pecho el corazón. A los pies de la Santa hay un libro abierto, una calave¬ ra y un tallo de azucenas símbolo de la virginidad. Fondo á la izquierda, la entrada de un edificio con gradas; al otro lado se dibuja un dorado ce- lage. m m Alto: 2,182.—Ancho; 1,356.—Lienzo. ARTE MODERNO. PINTORES. ABBATI. (G) Aunque nacido en Ñápeles ó en sus cercanías, es discí¬ pulo de la Academia de Florencia, donde estudió el arte con aplicación j' aprovechamiento. [Escuela Florentina eon- temporáneai) 123. UN PAIS. Terreno árido atravesado por una corriente de aguas, que á juzgar por la escasez de vegetación que se nota en sus márgenes, hace creer que sean del mar, más que producidas por las lluvias. Las aguas vienen al parecer del lado del horizonte, donde se divisan en gran cantidad: en la márgen derecha de este arroyo, crecen algunos matojos de un verde pálido. tn m Alto: 0,400.—Ancho: 0,520.—Tabl.i. ( o ) — 130 — 124. UNA PERSPECTIVA. Kepresenta el de un convento de la Orden coro de predicadores: vé el atril con varios libros y se algunos frailes rezando las horas canónicas. E.eci- o be la luz por una gran ventana, cerrada con vi¬ drios de colores, en los que se dibujan una Virgen y dos Angeles sosteniendo un escudo á sus piés. Firmado en 1865. m ra Alto: 0,580.—Ancho: 0,540.—Tabla. 125. UNA PERSPECTIVA. Representa un balcon del palacio de la Seño¬ ría de Florencia, por el que se descubre una gale¬ ría en la que se vé á un page vestido con trage del siglo XVI, que se asoma negligentemente, diri¬ giendo su vista hacia abajo; otro page colocado de espaldas se descubre al otro extremo. ra m Alto: 0,830.—Ancho: 0,570.—Lienzo. 126. UNA PERSPECTIVA. Representa pórtico ó ancho zaguan de un un claustro, cuyaverja abierta dá paso á una religio- •sa y vista á un patio, inundado por el sol, cuyos rayos penetran hasta el mismo claustro. Arrimada á una columna del patio se vé otra religiosa sen¬ tada y leyendo un papel que tiene colocado sobre sus rodillas: á su lado y de pié está otra tercera fi¬ gura. Firmado en 1865. m ra Alto: 0,730.—Ancho: 0,470.—Lienzo. "127. UNA PERSPECTIVA. [Subida d la Capilla de los Médicis, en San Loremo de Florencia.') Por una ancha escalera se vé ascender á un re¬ ligioso de la Orden de San Francisco: una colum¬ na sostiene el pasamanos por uno de sus lados y en el otrose levanta un arco que se pierde en el extremo superior del cuadro. na na Alto: 0,450.—Axciio: 0,360.—Lienzo. ALVAREZ. (Domingo: Pintor de historia.) Nació el año 1737 en Mansilla de la Sierra de Cameros, Arzobispado de Burgos. Estudió en Roma, á donde fué pen¬ sionado en 1757, y fué nombrado individuo de la Acade¬ mia de San Fernando, por el mérito de su cuadro sobre la fábula de Diana y Endimion de segunda vez en Roma, fué favorecido en 1788 con el cargo de Director de la Escuela de Bellas Artes de Cádiz, y falleció en Jerez de la Fronte¬ ra en23 de Octubre de 1800. 428. RETRATO DE CARLOS III. Muéstrase el Rey de tamaño natural de pié y de más de medio cuerpo; viste su pecho armadura de acero; tiene cogido el cetro con la mano dere¬ cha y la izquierda levantada como accionando: tamhien á izquierda se vé una mesa con algu¬ su nos accesorios, y en el fondo se dibuja una colum¬ na con amplio cortinage. m m Alto: 1,520.—Ancho: 1,100.—Lienzo. 129. DIANA Y ENDIMION. Endimion es visitado por Diana, en su gruta del monte Latmos. Cuadro de dos figuras de ta- — 132 — maño académico; la de Endimion, que duerme so¬ bre una peña, á la izquierda del cuadro, y la de Diana, que aparece á la derecha sobre nubes. m m Alto: 0,930.—Axcho: 0,750.—Lienzo. 130. LA FULISIMA CONCEPCION. Figura de más de medio natural, rodeada de Angeles y Querubines, con flores y palmas: el tú¬ nico de la Purísima tiene un color verdoso. m m Alto: 1,910.—Axciio: 1,240.—Lienzo. 131. LA VIRGEN NIÑO. Y EL Virgen de Belen, cuadro de dos flgiiras de tama¬ ño natural y que se halla en bastante mal estado. La Virgen tiene en su falda al Niño Jesús dor¬ mido. m m Alto: 0,950.—Ancho: 0,700.—Lienzo. BALACA Y CANSECO. (Ricaedo: Hijo se¬ gundo de D. José Balaca, y pintor de historia.) Nació en Lisboa el año 1814, y desde muj' niño se de¬ dicó al mismo arte seguido por su padre, bajo cuya direc¬ ción y la de los profesores de la Real Academia de San Fernando, hizo sus estudios pictóricos. A la edad de trece años empezó Balaca â figurar por sus obras en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, ha¬ biendo presentado en las celebradas desde el año de 1858 al de 1866 las siguientes: "Josué deteniendo al Sol:" "Ejñso- dio de la batalla de las Navas de Tolosa:" "Batalla de los Castillejos en Africa:" "Batalla de Almansa:" "Episodio de la batalla de Bailen:" "Otro de la de los Castillejos:" "Carga de húsares en la guerra de Africa:" "Toma de una galeota de moros por el pueblo de Cádiz, y varios estudios y retra- — 133 — tos. En las referidas Exposiciones de 1858, 1860 y 1802, fué agraciado con mención honorífica de segunda clase; en la de 1864 con otra mención especial, y en la de 1866 con medalla de tercera clase. En el año de 1865, alcanzó el primer premio en el cer¬ tamen celebrado por la Academia de Bellas Artes de Cádiz, y despues también ha obtenido menciones honoríficas en los certámenes iniciados jior la misma Academia en los años de 1866 y 1867. En el Museo Nacional de Madrid se conservan de este artista dos obras; la Batalla de Almansa y el episodio de la de Bailen. 132. SANTA CRUZ SOBRE LAS AGUAS. {Origen del escudo de la Santa Iglesia Catedral de Cádiz.') D. Alonso el Sabio, despues de conquistar de los infieles la ciudad de Cádiz, como en señal de toma de posesión los cristianos, hizo clavar el por estandarte de la Cruz dentro del mar. De este he¬ cho toma origen el escudo de esta Santa Iglesia Catedral. En el centro de la composición y al pié de las murallas de la ciudad recien conquistada, el Rey D. Alonso á caballo, con la cabeza descubierta, la mano izquierdaen el pecho y el brazo derecho ha¬ cia el fondo con enérgica actitud, levanta la mi¬ rada al cielo. A su alrededor están sus pages y por- taenseñas. Por lado y otro, un formando semicírcu¬ lo, se ven soldados á pié y á caballo, impidiendo á los grupos del pueblo, que están detrás, que se acerquen al alférez que lleva el estandarte y va á caballo entrando en el agua, para clavar el signo de nuestra redención en la orilla: el caballo, enjae¬ zado con una gran manta adornada con las armas — 131 — de Castilla yLeon, se resiste á penetrar en el agua. A la derecha y en primer término, aparece otro grupo de pecheros, entre los que se hallan mez¬ clados algunos árabes, uno de los cuales, ya viejo, descansa el brazo y la cabeza sobre el hombro del otro con señales de abatimiento; su compañero, joven y vigoroso, muestra airado el semblante y cierra el puño de su brazo derecho, extendiéndo¬ lo en señal de la rabia que le inspira aquella ce¬ remonia. A su viejo del pueblo con el sombrero lado un en la mano, mira con curiosidad los movimientos del caballo del alférez. Delante de él dos soldados con los brazos enlazados señalan el mismo objeto; victoreando á todos se adelanta un cbicuelo des¬ harrapado alzando al aire su sombrerillo con la diestra mano. Fondo de campo con las murallas de la ciudad, de la que se descubre también la bahía con sus bajeles surtos en ella. En primer término un trozo del mar. m m Alto: 1,130.—Ancho: 0,710.—Tabla. CABRAL BE JARANO. (Manuel) discípulo de su padre D. Antonio, Pintor sevillano: fué y despues de la Escuela de Bellas Artes de su ciudad na¬ tal, en cuyas clases sobresalió siempre, alcanzando varios premios; en la actualidad es ayudante de los estudios ele¬ mentales de la misma, individuo de la Academia de Santa Isabel de dicha población, y pintor honorario de Cámara de S. M. Entre las principales obras de este artista figuran la Cal¬ da de Murillo, el Martirio de San Servando y San German, pintado en 1864 para un concurso abierto en Cádiz y á cu¬ yo trabajo se adjudicó el Accésit'. D. Alonso el Sabio ú orí- gen del escudo de la Catedral de Cádiz, y otros varios. — 135 133. LA CAIDA DE MURILLO. En este cuadro se representa á Murillo en tier¬ ra y en el momento de prestarle sus auxilios los frailes capuchinos; hay un lego en primer término que acude con una taza de caldo para el paciente, presentándosela al fraile que se halla más inme¬ diato á él: también aparecen otros frailes que la¬ mentan el suceso, los cuales, con una figura que suspende á Murillo por la espalda y un niño, com¬ pletan aquel grupo; más lejos se descubren algu¬ nos individuos de la comunidad que se acercan presurosos. En el fondo se vé el andamio desde el que cayera el pintor y la parte inferior del cua¬ dro que pintaba. Este cuadro fué ejecutado para uii concurso convocado en 1862, en cuya virtud fué adquirido por esta Academia con destino al Museo. ra ra Alto: 2,010.—Axcho: 1,730.—Liexzo. 134. SANTA CRUZ SOBRE LAS AGUAS. {Origen del escudo de la Catedral de Cádiz.) D. Alonso el Sábio, despues de conquistar de los infieles la ciudad de Cádiz, para significar la toma de posesión en nombre del Dios de los cris¬ tianos, hizo clavar el estandarte de la Cruz den¬ tro del mar. De este hecho toma origen el escudo de la Santa Iglesia Catedral de esta población, y él es el asunto del cuadro que nos ocupa. En este se representa á D. Alonso el Sábio en el acto de dar la orden á su alférez mayor para que clave el estandarte de la Cruz sobre las aguas; - I-ÎC — dicho alférez aparece á caballo en el momento de penetrar entre las ondas, mientras que el Rey se vé, postrado ante el signo de la redención, dando gracias al Cielo por la conquista de la plaza y el progreso de la religion. Este cuadro fué pintado para un concurso convocado por la A.cademia en 1865, y en él obtuvo el Accésit, siendo, en su vir¬ tud, adquirido por aquella con destino al Museo. m m Alto: 2,570.—Ancho: 2,830.—Lienzo. BELMONTE Y VAGAS. (Mariano) Pintor paisista, natural de Córdoba y discípulo de la Real Academia de San Fernando. En las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1856 á 1864, han figurado diferentes obras de su mano, habien¬ do alcanzado mención honorífica en la de 1858 y premio de tercera en las dos siguientes. En la de Cádiz de 1864 ex¬ pusocinco paises. Sus lienzos, Pista tomada de la Casa de Campo de Madrid, y Cuevas de las Palomas (Valencia), fueron adquiridos por el Gobierno para el Museo Nacional. En la Galería de cuadrosdelinfantel). Sebastian Gabriel, hay otro pais de este pintor. Fué académico y profesor de las Academias de Bellas Artes de Cádiz y Valencia, en cu¬ ya última población le sorprendió la muerte el año de 1864. 135. LA SIERRA DE CORDOBA. La vigorosa vegetación de Andalucía y sobre todo la de la fértil sierra que representa esta com¬ posición, á primera vista en el hermoso se nota país que nos ocupa. El Guadalquivir corre apaci¬ ble entre dos sierras que se ven en lontananza, y vá marcando su curso por todo el cuadro. En al¬ gunos de sus tornos suele encontrarse un caserío. En el del piimer término á la izquierda crece un