AROHITEKTONISCHES SKIZZEN- BUC llne Sammlung i. Vil en, landlichen rtenhà'usern, Gartenveraerungen, S Wohngebàuden, Dekorationen ínnerer i Erkern, Balkons, Blumenfenstem, Brunnen, Springbrunnen, Hofge- deu, l.in Grabinonumenten und andem kl< welche eur Verschonerung baulicher kniagcn dicnen, und in Berlín, Pol und an andern Orten igeführt .simi. Mit Deia i I s. In z w a n g l o s e n Heftt lecbi BUtt In Uthographle and farbigem Drnck I MONOGRAFÍA fe* I I I •yy I' MONOGRAFIA de los Claustros d e la Santa iglesia Catedral Basílica de esta ciudad de Barcelona Premiada con el accèssit por la Sociedad Económica barcelonesa de amigos del pais, en el Concurso público del año 1873, y redactada por J. J O S É *C. E L A R E N A I X E N 8 A Otile carpintería que no de un trabajo artístico. De aquí pro- viene si nuestros trabajos artísticos difícilmente pueden competir con los de la edad media. Se busca lo bueno y lo mejor, pero lo barato; y esto es imposible. Artistas de mérito se bailan postergados por no poder producir obras á tan bajo precio como las ajustan otros; que apenas serán medianos, y con marcada injusticia Lea juzgamos á todos por las obras que producen en condiciones no muy ven- tajosas casi siempre. Bn esto no somos bastante justos, no baceinos favor á nuestra ¿poca, y tampoco nos lo ha- cemos á nosotros mismos. Las obras de los artistas en general no pueden presupuestarse ni pueden darse en li- citación pública. La inspiración y el genio no tiimen limites, y de aquí que no pueden valorarse ni menos pre- supuestarse. Es preciso distinguir el trabajo del artista del trabajo del artesano: el de este puede calcularse y va- lorarse teniendo á la vista los diseños que lo representan, examinándolos, midiéndolos, calculándolos: el de aquel es imposible. Los trabajos del artista no están sujetos á dimensiones, ni á tiempo, ni á la clase y valor del m a - terial en que se ejecutan. Solo el talento y el genio saben producirlos, pero no calcularlos antes de su ejecución. Concluida esta digresión, que al paso que dice lauto en favor de los escultores <\t' los siglos \iv y xv. es una de- fensa de los buenos artistas en genera] de nuestra 6] seguiremos el eximen de las restantes puertas «pie uos quedan en los Qausta I^a que quizás llama en primer lugar la atención de cuantos la visitan es la que di entrada á la iglesia. Puer- ta rica en detalles y que no carecen de elegancia, á pesar de su gusto romano-bizantino. La tradición la señala como haber pertenecido á la Catedral anterior á la actual, y puede muy bien admitirse esta tradición porque no hay duda que su forma, su conjunto y sus detalles, nada tienen de común con lo restante de la iglesia y de los Claustros. Esta puerta es como un antiguo trofeo digno de conservarse por sus recuerdos y por su belleza', y que vienen los herederos que lo han adquirido, y eslimándolo — 24 — en lo que vale lo colocan en un parage escogido y bien visto para recuerdo y veneración de las generaciones futuras. Esto fué, lo que á nuestro modo de ver hizo el arqui- tecto Fabre. Desmontó la puerta de la Catedral que der- ribó, y colocóla, no en el exterior, sino en un punto interior del edificio; y en un punto digno y muy visto: y al adoptarla y colocarla en igual punto, sujetóla á las dimensiones del espacio en donde la colocaba. Y al estre- char su latitud, robó la porción superior del arco semi- circular quedándole por consiguiente el tímpano en arco gótico ú ojival, ligeramente agudo. De aquí porque en- contramos aquella puerta bizantina falta del caracterís- tico arco semicircular con que siempre se distinguen. Lo que hizo Fabre, fué colocar una decoración gótica dentro del tímpano, y decorar bajo el mismo orden la parte su- perior del arquivolto. Y que así es como obró Fabre, lo acaba de demostrar la construcción de la misma puerta para la cual se aprovecharon mármoles que no formaban parte de ella, lo que se justifica examinándola atentamente y notando un fragmento de lápida mortuoria que no deja duda acerca de su origen anterior á la época de la arqui- tectura de los Claustros. (Se acompañó una fotografía.) Al lado de esta puerta hay otra pequeña para el ser- vicio de los custodes, (cual diseño geométrico se acom- pañó) y esta puerta sino está ejecutada por el arquitecto Fabre no se aparta mucho de su gusto. La manera como están agrupadas sus colunas, así nos lo manifiestan; y si la talla de los capiteles y del tímpano, y la niolduracion de las basas y del arquivolto, no están completamente ajustadas al estilo de aquel arquitecto, que parece está bien consignado en la puerta de la Sacristía, esto no obs- tante, puede y debe atribuirse á que la obra de talla se baria con mucha posterioridad á la época de su cons- trucción. Otra puerta de los Claustros pertenece en nuestro con- cepto al arquitecto Fabre, y es la del interior de la puerta de la Piedad. Esta puerta corresponde en frente del ma- chón angular de la glorieta, y el arco transversal de — 25 — aquella nave descansa por xino de sus arranques, en el vértice del arquivolto de la puerta, convenientemente enlazado, terminando en capitel para recibir el arranque del arco. Es una feliz combinación de aquellos medios que solo tiene el arle gótico para vencer acertadamente las dificultades de una planta sujeta al rigorismo de la8 necesidades y de la conveniencia, y que dan n los edifi- cios una variedad (pie no tienen los modernos. Los arqui- tectos de la edad media sabían prescindir de la Escritinia en todos aquellos casos en que podia contrariarles la plan- ta del edificio que era su punto preferente, y no se para- ban en hacer que la puerta viniera al centro de un espa- cio, ni que las piezas de un lado se correspondieran con las del otro, ni en que se vieran espacios y aberturas igua- les, sino que hacían los compartimientos según las nece- sidades de la planta, y colocaban las aberturas allí donde exigían las piezas, y las daban la luz y las disponían á la altura que el uso de las mismas piezas reclamaba, y las decoraban según su forma y sus dimensiones. Así es co- mo sacaban tanto partido de !a composición, y así es co- mo daban A sus edificios comodidad y variedad, y esta li- bertad de componer le¿ daba lugar á multitud de pensa- mientos y detalles variados que constituyen un arsenal inagotable de bellísimos modelos. Estas dos puertas, en último lugar espresadas, tienen el arco semicircular, cosa común en aquella época y en nues- tra Catedral, bien (píela arquitectura gótica admite todos los arcos, el adintelado, el semicircular, el elíptico reba- jado, el elíptico peraltado, y el ogival ú sea el de tre- puntos, que también asi se llama ¡ y este lo admite mas ó menos agudo según donde se emplea, y hasta lo interrum- pe, en su última época, en la parte superior, para añadir- le otros arcos inversos que aguzan su terminación. El arte gótico tiene ciertos principios fijos é invaria- bles, pero admite una facultad de obrar, en el arquitecto, que no puede encontrarse en los otros géneros de arqui- tectura, y de aquí la variedad que se nota en los edificios de la edad media; variedad que no encontramos entre las obras de los egipcios, ni entre las de los griegos, ni entre i — 26 — las de los romanos, ni en las de otras naciones y otros géneros de arquitectura. Si el palacio de nuestra di- putación provincial, y el edificio de la casa Lonja, pertene- cieran al género de arquitectura gótica, de seguro que reunirían mejores condiciones de conveniencia, délas que tienen; pero por causas que no viene el caso de esplicar, cayó en desuso el estudio y aplicación de la arquitectura gótica, en el siglo xvi, y sucedió como en las modas, que se ecba al olvido un traje útil y elegante para dar paso á otro incómodo y no pocas veces ridículo. Sigamos «1 estudio de las puertas de los Claustros de nuestra Catedral, y fijémonos en la de la Capilla de Co- munión ó de San Olegario, (cuya vista fotográfica se acom- pañó.) Esta puerta es muy parca en trabajos de talla, concre- tándose esta únicamente en los Capiteles de las colunas, en los frontones y pináculos de los estribos, y en las bojas del arquivolto y remate superior; pero está ejecutada con tanto acierto y con tanto primor, que es digna de cumpli- do elogio. El arco de esta puerta es semicircular, y en sus arranques no bay el dintel recto; toda ella queda libre, y está revestida de una severidad especial que quizás no se armoniza completamente con la restante obra de los Claus- tros. La molduracion está bien entendida y está ajustada á las prescripciones del género; la ornamentación está colocada en su verdadero lugar, sin que abunde, pero sin que se halle á faltar en ninguna parte, y el conjunto sa- tisface perfectamente. El espacio intermedio entre el arco semicircular de la puerta, que es el mayor, y que está en el plano del paramento de la pared, y el del arquivolto ojival levantado en su parte superior, como se practicaba en el siglo xv, viene ocupado por un rosetón en relieve acompañado basta los arranques del propio arquivolto con calados bien entendidos y característicos. La forma ó me- jor dicbo la combinación del rosetón central, que perte- nece á la tercera época de la arquitectura gótica, indican, sin que pueda caber duda alguna, ser esta puerta obra del siglo xv. Los estribos laterales están divididos en dos cuerpos, el inferior de planta cuadrada, y el superior de — 27 — planta triangular, y están ambos rematados por sus cor- respondientes frontones; y las superiores llevan á mas la pirámide que recibe el cogullo de remate final. Las tres puertas restantes, esto es, la de entrada á la Sala de Cabrevacion, á la Sala Capitular y á la capilla de Santa Lucia, son mas modestas, y no tienen de macho la importancia de las descritas. Pero sí tiene importancia la parte de talla cuyas hojas son tan delicadas y están ejecu- tadas con tanto primor y acierto, que parece imposible dar á la piedra arenisca tan bellas formas y que represen- ten tan vivamente las hojas de las verduras mas delicadas. De estas hojas se han sacado multitud de vaciados ávida- mente adquiridos por la mayor parte de nuestros tallis- tas, y estos modelos son considerados como de lo mejor que se puede producir: el arte del tallista ha hecho mérito de dos panteones existentes en estos claustros que vienen á formar parte integrante de su decoración, siendo el uno el del Sr. D. Francisco Desplá, sagristà de la Catedral de Vich, y capiscol de esta, que falleció en 1453, y pertenece al género gótico. Se compone de una pequeña severa deli- cadamente trabajada, con la estatua yacente del difunto, colocada dentro de un nicho de planta rectangular, senci- cillamente decorado con sus colunitas angulares y su a r - qui volto ornado de hojas delicadamente labradas. Es un bello modelo de la época, digno de la mayor estima. E n - tre la puerta especial de la Sala Capitular y la de la Ca- pilla de Santa Lucia, existe el otro panteón de Antonio Tallander, llamado Mosen Borra, que falleció en el año 1433, en el cual hay una figura de bronce que, sobre todo por su traje, ha dado mucho que discurrir á los anticua- rios y á los arqueólogos ; pero atendida la índole especial de este trabajo, nada perderemos en dejar reposar á Mo- sen Borra en su sepulcro, sin hacer ninguna clase de ave- riguaciones acerca de algunos accesorios de su traje. Que- dan en este panteón algunos restos de pinturas que eran el complemento de su decoración, pero el tiempo se ha encargado de hacerlas desaparecer y lo conseguirá, á no dudarlo, si personas celosas é ilustradas no se encargan de restaurarlas que aun quizá seria posible. - 2 8 — Dos lápidas significativas presentan estos Claustros. La una antigua, que recuerda la fuüdación de là Congrega- ción de la Concepción, y existe en la Nave de la parte de la calle del Obispo en uno de los mahones del jardin. (10) La otra moderna en recuerdo y perpetuidad de la solemne fiesta que tuvo lugar el 16 de junio del año 1871, celebrán- dose el xxv aniversario de la exaltación al solio pontificio de nuestro Papa Pió IX. (11) La primera de estas lápidas está escrita en caracteres góticos y la segunda los tiene romanos. Hemos descrito de una manera algo general los Claus- tros de nuestra Catedral por lo que son en sí, y debería- mos entrar ahora al estudio de las veinte capillas que en ellos existen; pero como dejaríamos demasiado atrás una parte muy esencial, interrumpimos el curso de la descrip- ción para ocuparnos del sistema de Construcción de estos Claustros; y lo hacemos ahora, porque al hablar de las Capillas han de tratarse materias agenas á la construcción de la obra en general. III. SISTEMA DE CONSTRUCCIÓN DE LOS CLAUSTROS Y MATERIALES EN ELLOS EMPLEADOS. Hemos dicho que estos Claustros se componían de cua- tro naves sin fijar entonces sus principales dimensio- nes, y no estará fuera de su lugar que las dejemos aho- ra consignadas. La latitud de las naves es de 4 metros 60 centímetros; la longitud total, de las paralellas á la iglesia y calle del Obisno, es de 41 metros 70 centíme- tros , y la de las dos restantes, hecha deducción de la la- titud de aquellas, es de 22 metros 60 centímetros. La al- tura hasta el arranque de los arcos, es decir, sobre Capi- teles, es de 7 metros 55 centímetros, y tomada debajo las claves de las bóvedas es de 9 metros 57 centímetros, le- vantándose estas 50 centímetros mas que las claves. Con la mayor satisfacción consignamos, que los materia- — 29 — les empleados para la construcción de estos Claustros y Capillas, todos son del país. La piedra es procedente de la vecina montaña de Monjuicb, la arena es del mar, y la cal de la misma que empleamos boy dia, procedente qui- zás de las canteras del Montgat que son, probablemente las que de mas antiguo se espío tan. Los arquitectos de la edad media no eran amantes de valerse de materiales extraños siempre que pudiera el país proporcionárselos para realizar sus concepciones, siendo una prueba de ello, los edificios que nos legaron; y esto, que, en aquella época no se conocían seguramente los dos bandos que tanto ban dado que bacer, titulándose, el uno proteccionista y el otro libre-cambista. Se prote- gían las industrias del país, se daba aplicación á sus pro- ductos sin bacer gala de proteccionistas; y el caso es que lo eran sin proclamarlo. Nuestros Claustros, y las Capillas, que tienen, están construidos con piedra sillar, tanto en sus paredes y en sus macbones y colunas, como en sus bóvedas y en sus arcos. Como puntos principales de apoyo, tienen los vein- te macbones que circuyen el jardín, de los cuales, ca- torce, estan subordinados á una misma planta, (que se acompañó en el original), y los restantes la tienen dife- rente, hasta entre sí, según el punto de emplazamiento y servicio que deben prestar; pero si diferencia se nota en la totalidad de la planta, no por estose olvida la correla- ción que deben tener con respecto al enlace general délos arcos y aristones de las bóvedas. Esto mismo se observa, bien que en menor escala, con respeto al testero de las Capillas, (cuya planta se presen- tó), que termina aon la coluna que motiva el arco trans- versal construido entre ellos y los machones de enfrente; en los que, los mismo que en los testeros dicbos, se acu- sa la molduracion tórica de los nervios de las bóvedas que cubren las cuatro naves. Las colunas son de planta circu- lar, pero las adyacentes, que son las que sirven de orí- gen á los nervios de las bóvedas, llevan filete ligeramen- te resaltado en los cuarenta y cinco grados de su circun- ferencia, medidos en la proyección horizontal. La piedra — 30 — sillar, de que se hizo aplicación en estas construcciones es á poca diferencia de un tamaño igual, y de un volumen que permite su fácil transporte y colocación. La altura de las hiladas es de 25 centímetros por término medio y su longitud varia de los 40 á los 60 centímetros con un espesor de 25 á 40 centímetros. La construcción es esmerada, y estan todos los sillares sentados sobre un lecho, ó capa de mortero, compuesto de cal y arena. La mampostería de los rellenos está formada de piedra ordinaria de mampostear, y mortero de cal y arena, siendo esta de grano mas grue- so que la empleada para el asiento de la sillería. Se ha notado una mayor dureza en los morteros em- pleados en la última obra de los Claustros, de la que tie- nen los morteros en general de la restante obra de la igle- sia, por efecto de la confección de la mezcla; cuales mor- teros estan generalmente escasos de arena y esto hace que el silicato no se haya producido en cantidad suficiente para darles la dureza que llegan á obtener nuestros mor- teros comunes. El sistema de cubierta empleado en estos Claustros, es el de bóvedas por arista, sobre aristones in- dependientes, formando arcos diagonales que sostienen en el vértice una clave colgante con calado ó imaginería. Al- guna hay que ostenta un escudo de familia; pero estas son pocas ó en escaso número. Los arcos, así como las bóve- das, tienen sus primeras hiladas horizontales disminu- yéndose así su cuerda y dando mas resistencia al estribo, y este sistema se siguió en toda la obra de la Catedral. Tanto los Claustros como las Capillas, estan cubiertos por terrado enladrillado como actualmente se practica en las construcciones comunes, con la particularidad, de que, los senos de las bóvedas estan rellenados con cachar- ros de barro cocido de diferentes formas y tamaños; todo con el fin de evitar una carga que debia gravitar horizon- talmente contra los estribos. Medida prudente y que se ha puesto en práctica en muchas obras antiguas y modernas, pero que son pocas las personas que tengan noticia de ha- berse tomado en nuestra Catedral. El piso general de los Claustros y Capillas es también de sillería, formado en algunas partes, particularmente en — 31 - la nave del Nor-Oeste, con losas funerarias sacadas de se- pulturas que estarian en otro lugar. En las tres restantes naves, todo su pavimento lo forman las losas de las sepul- turas construidas en su mismo espacio. En el pretil que divide los Claustros del jardin se notan multitud de lápi- das antiguas transportadas allí como un recuerdo, siendo alguna de ellas muy curiosa tanto por el carácter de letra como por la orla que la circuye. Veinte son las Capillas repartidas entre las tres naves de estos Claustros, todas ellas de forma absidal esceptuan- do la señalada con el número 15 (de la planta general que se presentó y á que hacen referencia las demás citas de esta clase) pero que no conservan iguales dimensiones" de latitud en su planta. Las contiguas á la pared de la iglesia, en número de sie- te, son iguales en planta y en alzado, esceptuando la mas inmediata á la puerta de la Capilla de Comunión que ocu- pa un mayor espacio, por estar entrada con la nave de los Claustros que tiene en frente. Puede fijarse por ellas un espacio cuadrado de 4 metros 20 centímetros, solamente que á los tres metros de profundidad, viene el lado del orc- togono que tiene 1 metro 50 centímetros, para dar lugar á la formación del ábside. Del testero de la pared divisoria y de los cuatro ángulos entrantes del perímetro, salen los seis aristones que se reúnen en el punto de la Clave y dan lugar á la formación de los seis lunetos que componen el conjunto de la bóveda, ó sea del sistema. Y estos lunetos no solamente descansan sobre los arcos independientes de los aristones que componen la osatura, sino que están apoyados sobre formare tes moldurados, con sus capiteles en el punto de arranque. Toda esta armoniosa combina- ción de colunas, arcos, lunetos y claves, queda perfecta- mente completada con la preciosa ventana abierta en el lado central que lleva su coluna aislada y el correspon- diente calado en la ojiva. Y para que nada falte en estas Capillas, vese, en uno de los lados menores, un nicho con sus colunitas y sus basas y capiteles, para guardar allí lo mas necesario'del mobiliario del altar. (Véase el Corte ge- neral de los Claustros. - 3 2 - Si bien las Capillas de la parte de la calle de la Piedad son algo mayores en sus dimensiones déla planta, siguen en sus alzados el mismo orden que las antedichas. En la fachada que corresponde á la parte de la calle del Obispo se observan tres Capillas desiguales, que son las señaladas con los números 9, 14 y 15, siendo de notar esta última, (la del ángu'o formado por las calles del Obispo y Piedad) que, sin sor absidal, tiene una mayor complicación en su bóveda, cuyos aristones formando estrella, sostienen ocho claves y la central, que es mayor que aquellas. Es un be- llo modelo para cubrir un espacio cuadrado, digno de atención y estudio. En esta nave existe la puerta de Santa Eulalia cuyo hueco no corresponde al centro del espacio, y sobre esta particularidad, diremos cuatro palabras. Es cosa sabida que hasta época muy moderna, las Ca- tedrales tenian el derecho de asilo para los delincuentes ó criminales, y se comprende que al construirse los Claus- tros se tuviera presente esta circunstancia. Los hombres que eran los que ordinariamente tomaban asilo en el lu- gar respetado por la ley, tenian su estancia en unos apo- sentos, parte de los cuales aun subsisten, encima de los Claustros, sirviéndoles de esparcimiento los terrados de los mismos; pero las mujeres, que gozaban de igual dere- cho de asilo, que los hombres, y que no podian estar en comunicación con ellos, tenian su aposento especial en el paso de la puerta de Santa Eulalia, subiendo por la peque- ña escalera que subsiste al lado mismo de la puerta. De aquí, el porque, el eje déla Puerta se desvia hacia el Sud del eje del paso, y de aqui, porque, subsiste aquella estan- cia que roba una parte de la elevación que tendría aque- lla entrada. La bóveda que cubre aquel espacio es digna de notarse tanto por la poca montea que tiene, como por el delicado trabajo de sus cinco clavos. Todas las Capillas tienen dos escalones que levantan su piso del general de los Claustros, y en el segundo de es- tos escalones esta asegurada la verja que las cierra. Estas verjas son casi todas antiguas, y las hay que son una obra maestra en el ramo de la Cerrajería; lástima que las hay — 33- tan deterioradas que apenas dan una idea verdadera de lo que fueron. No obstante: tres de ellas, sea suficientes pan que se comprenda lo que sabia producir el arte del cerra- jero, tan decaido pocos años después, y que tanto ha cos- tado elevarlo á la altura eu que hoy dia se halla. Eu aque- lla época se trabajaba con tanta facilidad el hierro, que se componían los remates de las rejas con agrupamientos que parecían trabajados en un material en extremo flexi- ble, capaz de tomar cualquier forma, en poco trabajo y sin ningún esfuerzo. En ellos se encuentran cogullos y hojas de diferentes plantas y flores muy variadas, con sus péta- los y sus granos. En manos de los cerrajeros de la edad medía el hierro se ponia blando y flexible, y tomaba cual- quiera forma; no presentaba, á la vista, dificultad alguna en su aplicación, tanto si era en barra como si estaba en plancha; y al hacer un trabajo, se combinaban ciertas pie- zas de bronce que le daban un realce extraordinario. Las rejas, las barandillas, los picaportes, los pescantes, las cerraduras, las viságras, todo tenia un carácter especial, y se veia mas la mano del artista que la del obrero que eje- cutaba el trabajo. Y este, no solo era asombroso cuando se hacían producciones imitándolos objetos del reino veje-" tal, sino que lo era. tal vez mas aun, cuando se querían reproducir animales, y particularmente fantásticos, que tenían algo de dragón y algo de murciélago. Su imagina- ción campeaba con toda libertad por las regiones imagina- rias, y salían de las manos del cerrajero productos que nos admiran. Alguna vez nos hemos procurado esplicar las cau- sas que produjeron la decadencia tan completa como espe- rimentó el arte de la cerrajería, y solo podemos atribuirla á la aplicación y uso de la pólvora en el arle militar. Se nos preguntará ¿qué tiene que ver la pólvora con la cerrajería? Vamos á esplicarnos. La digresión será un po- co estensa pero no la creemos del todo inoportuna, siendo como es, el ramo de la cerrajería, uno de los de gran impor- tancia en los edificios sagrados de la edad media, y que importancia tiene en los Claustros de nuestra Catedral. Antes del uso de la pólvora en el servicio militar, los hombres debían luchar cuerpo á cuerpo, poniendo á prue- 9 —al- ba su valor, su destreza y su fuerza; y era preciso res- guardarse de los golpes de sus contrarios. De aquí las co- razas y los capacetes, y mas adelante, las armaduras com- pletas, y estas se hacían no solo para el caballero, sino para el caballo que tanto convenia resguardar, porque perdido el caballo gran peligro corria el caballero. Entonces fué, cuando se aguzó el ingenio, y se apuraron los medios para que los cerrajeros hiciesen lo que hacían los sastres; para que hicieran vestidos ajustados á las per- sonas que debían usarlos, y los hicieron para el uso dia- rio y para los dias de ceremonia; para los dias de guerra y para lucirlos en los torneos. Los había que mostraban el material de que estaban fabricados, y eran bruñidos; así como los había dorados. Unos eran sencillos y otros es- taban primorosamente adornados con relieves de buen gusto. Entonces fué cuando el arte del cerrajero llegó á su mayor apogeo, y en todas las obras de hierro se daba á comprender hasta donde llegaba una habilidad que no tu- vieron sus antecesores, y que debía* perderse en el si- glo xvi, porque el empleo de la pólvora hacia completa- mente inútiles aquellas vestiduras incapaces de resistir el choque de los proyectiles arrojados á larga distancia y con una velocidad y fuerza hasta entonces desconocidas. Así es, que, toda aquella máquina de capacete ó casco, coraza, brazales, quijotes, brevas, escarpines, escudo etc., etc., quedó en desuso; sirvió para adorno de los museos, lo que no fué á parar á un rincón de L casa del ropavejero, a y todos aquellos artífices que tanta gloria habían dado al arte de la cerrajería, quedaron en el mas completo aban- dono. Se les acabó el medio principal que tenían parà ha- cer alarde de su habilidad, para demostrar su saber; y los sastres ganaron una impensada victoria, quedando solos en el palenque sin que ningún esfuerzo les costara. Entonces el arte de la cerrajería quedó reducido á fabricar objetos para las casas, y aun estos en reducido número, y de es- casa importancia. Por esto hemos dicho que la pólvora fué en nuestro modo de ver, la causa principal de la decaden- cia del arte de la cerrajería. Hemos dicho que esta clase de operarios quedaron reducidos á fabricar objetos de es- -35- casa importancia, y vamos á probarlo, aunque sea preciso dar alguna mayor latitud áesta digresión. Los deseos de bienestar han dado á las casas moderna un empuje radical en favor de todo cuanto pueda sor mas útil y mas agradable á la vida humana. Es cierto que el solar de la casa no será muy grande, pela en pego, la dis- posición y la distribución .con sus preciosos claustros; la de la iglesia y claustros de Santa Catalina, y la del Carmen, prescindiendo de otros celebrados monumentos de fqera de esta ciudad, como pueden atestiguarlo Ripoll, Poblet, Santas Creus, etc., etc.; y hasta muy reciente- mente hemos visto, derribar la histórica iglesia de San Miguel, la iglesia y convento de Jerusalen, y la iglesia y Claustros de Junqueras. Así es, que, esta ciudad, cuyos monumentos la hacían considerar como una ciudad ar- queológica, hoy día ha perdido ya esta consideración, atendido lo poco que le queda; y aun este poco, quien sabe lo que será, siguiendo la asoladora marcha que se ha emprendido. Y el miedo que tenemos, es tanto, que no podemos di- simularlo, ni podemo callarlo. Recordamos que pasando un dia por la calle del obispo notamos una banderola colo- cada en el Campanario de la Capilla de Santa Lucía, y al preguntar lo que aquello significaba, supimos que no faltó arquitecto, (afortunadamente no era natural de esta ciudad, pero sensible es que sea catalán), que proyectó ensanchar la calle del Obispo derribando las capillas que — 43 — tienen los Claustros de nuestra Catedral, contiguas á dicha Calle; y que por consiguiente llevando á cabo su pensa- miento, se derribaba asimismo la Capilla de Santa Lucía levantada en el año 1271 por el Obispo Arnaldo de Gurb. Ya no era para satisfacer la espansion de un pueblo en dias de frenético entusiasmo lo que motivaba una profa- nación tan sensible y lamentable, era el genio de la des- trucción, que, en el silencio del gabinete, conducía el atrevimiento de un hombre por un camino que las masas no quisieron emprender, por considerarlo indigno de ellas, dando así una prueba del respeto que les merece nuestro mejor monumento. Y si censuramos duramente el pensamiento de un arquitecto, y aun mas, la osadía de hacerlo tan ostentosa- mente público, alabamos y damos el cordial parabién á un ingeniero, que, haciendo un estudio mas profundo de las necesidades públicas, que debían satisfacerse en nues- tra época, halló medio de conseguirlo cumplidamente, sin tocar para nada nuestra Catedral, que aprecia y r e s - peta, como la aprecia y respeta el pueblo de Barcelona. Esto no obstante: lo que se ha relatado, es histórico; y por espacio de muchos dias la banderola colocada en el campanario de la Capilla de Santa Lucía, nos hizo saber la amenaza que pesaba sobre el monumento, objeto de esta monografía. Y esta amenaza se hizo pública en unos dias en que personas dotadas de un amor patrio á toda prueba, y de una nobleza de espíritu altamente recomendable, se ocupaban en la manera de allegar medios para concluir las obras de la Santa Basílica. (14) Así es, que, la coloca- ción de la banderola en aquel campanario fué, en aquellos dias un reto imprudente que merece la excecracion de todo buen ciudadano.... Y tememos que esta amenaza se repita, y forme eco, y se difunde, y que venga un dia ¡desgraciado se.ia por cierto! en que se acuerde y lleve á cabo tan fatal pensamiento. Hemos trabajado, trabajamos y trabajaremos, tanto como nos sea posible, para la conservación de los monu- mentos en general, tanto si son religiosos como profanos; porque los apreciamos, por su significación, por ser un — 44 — legado que nos hicieron nuestros antepasados, y porque son un fiel testimonio de su ilustración y buen juicio. Y esto lo haremos prescindiendo de la idea política que alimentamos, por mas que nos hayamos distinguido luchando en favor de la libertad y contra la tiranía El pueblo que no sabe apreciar los monumentos, difícil- mente podrá sostenerse en buen lugar, en la carrera de la salvadora civilización: ellos por sí solos «además de es- «presar cual sea su objeto hablan al alma, enaltecen la «imaginación y despiertan en una, sentimientos sublimes «y en otra, ideas fecundas.» Por esto vemos que cuanto mas ilustrado es un pueblo, mas respeto tiene á los mo- numentos que posee, y mas orgulloso está de poseerlos; y hace esfuerzos para aumentar su catálogo en vez de per- mitir que disminuya. (15) La Alemania, la Inglaterra, la Bélgica, la Francia, la Italia, son naciones ricas en monumentos, y hasta lo son en ruinas, de los que por causas inevitables fueron mas ó menos destruidos. Y en estas naciones se cuidan los mo- numentos y se conservan las ruinas; y se enseñan á los estrangeros, y hombres del pueblo, sin importancia algu- na, explican en su lenguaje sencillo y hasta poético, la historia ó las tradiciones que acompañan siempre á los edificios de remota fecha. Dejemos, pues, aparte, estas ideas; y entremos en el terreno artístico con la tranquilidad de espíritu posible en estos dias. Los Claustros de nuestra Catedral, son por sí solos una obra maestra debida al genio de tres arquitectos. En ellos se descubre el talento de Fabre, de Gual y de Escuder, y es sensible que tuviesen que suspenderse antes de su completa terminación. En los arcos que circuyen el jardín,y en los dos del exterior de la Glorieta, faltan los calados que deberían ocupar el espacio del verdadero arco ogival que arranca á la altura de los Capiteles, cuyos calados vendrían apoya- dos por sus extremos en los capiteles de los machones, y por el hueco de la abertura, en los de dos delgadas colunas apoyadas en el pretil que circuye las naves de los Claustros. - 4 5 - Este conjunto de calados y colunas, en cada arco, seria el complemento de lo que falta para mitigar los efectos de la abundante luz del exterior, que mal se aviene con el recogimiento que deben inspirar á los que por ellos transi- tan. Aquellos huecos, que boy dia dominan por su mag- nitud y desembarazo, quedarían reducidos á dimensiones proporcionadas, con la presencia de los calados y de las colunas á ellos anecsos, y dañan motivo á comparar la grandiosidad de lo que existe con el buen efecto, primor y belleza, de lo que falta. No dudamos del buen éxito que habría coronado los desvelos del arquitecto Andrés Escu- der en procurar la elegancia de los calados y la buena ornamentación de los citados capiteles, y estamos seguros, que los admiraríamos, como admiramos la original, y apro- piada ornamentación de la glorieta. Pero, con solo esta obra, importante en sí por su coste, y por lo difícil de su estudio, no quedarían completados los Claustros si no se coronaban las paredes que constituyen las cuatro, y en rigor seis, fachadas del Jardín. Al con- templarlas, no podemos menos de considerarlas con sus pedestales encima de los estribos sirviendo de contrapeso á las voladas gárgolas (que arrojan las aguas pluviales) representando animales imaginarios ó fantásticos, rema- tados estos pedestales con sus pináculos, adornados de variada crestería en sus frontones y en sus pirámides; ocupando los espacios entre uno y otro pedestal, calado antepecho al estüo del empleado en la puerta de la calle del Obispo que tiene nuestra Audiencia. Terminada así esta obra es cuando podría apreciarse en detalles y en conjunto, y entonces podria admirarse un monumento que difícilmente tendría rival en su clase y que seria el orgullo de un pueblo. VII. Mucho podria añadirse á lo manifestado con respeto á una parte de nuestra Catedral, déla que se habla con tanto respeto; y en parte es debido á que, si Catedrales existen — 46 — que puedan competir con la nuestra, ya por su gradiosi- dad y sobre todo por su fachada, de que la nuestra carece por completo, quizás ninguna puede competir con los Claustros, porque no son muchas las que los tengan, y quizas, ninguna, que los tenga tan grandes, tan esbeltos y tan importantes. Las ocho láminas que se acompañan (entiéndase al original) llenarán los vacíos que puedan esperimentarse en esta monografía; y los datos que ellas suministran, y los consignados en el texto, sacados del archivo de la misma Catedral, y de los publicados por nuestros paisa- nos, Piferrer, y Pí y Aximon, añadidos á los que nos han suministrado el estudio de este monumento, son, alo que creemos, bastantes, para dar una idea suficiente de la obra sobre que versan. Las láminas que acompañaban al original, son las si- guientes: Planta general de los Claustros; en la escala métrica de uno por ciento. Sección transversal de los Claustros, en la escala de uno por cincuenta. Planta de un machón aislado, y otra del coronamiento del testero de las paredes divisorias de las Capillas, enla- zados con los machones por medio de los arcos transver- sales y aristones por diagonal, en la escala de uno por diez. Puerta de servicio, contigua ala de la iglesia, en la esca- la de uno por diez. Reja de la capilla número 28 de la planta, á la escala de uno por veinte. Fotografía de la puerta Romano-bizantina de los Claustros, señalada en la planta con el número 4. Fotografía de la parte exterior de la Puerta llamada de la Piedad, señalado en la planta con el número 3. Fotografía de la Puerta de la capilla de Comunión, se- ñalada en la planta con el número 30. — 4T — VIII. Damos fin á esta monografía creyendo haber rendido un justo tributo de admiración y aprecio, á las generacio- nes que levantaron estos claustros: un elogio, aunque quizás no bastante cumplido, al genio y saber de los ilus- tres arquitectos que los proyectaron y dirigieron, así co- mo una mención espresiva á los escultores que con sus obras, tan minuciosas como perfectas, contribuyeron á realzar tan brillante pensamiento; y concluimos haciendo notar, como, gracias á los cuidados y dispendiosos gastos que para su conservación ha hecho, en diferentes épocas, el Ilustrísimo Cabildo, (16) podemos contemplarlos y ad- mirarlos en el buen estado en que se encuentran. ¡Gloria á los que contribuyeron á la construcción de estos Claus- tros! ¡Gloria al ilustrado Cabildo que ha sabido conser- varlos! ¡Baldón eterno á los que los desmerezcan! Barcelona 10 de Octubre de 1873 NOTAS 1 La contrata es del 9 de las Calendas de julio do 1317 y, segon ella , se asignaron a Fabre 18 sueldos catalanes por semana, á más se le seña- ló casa franca de alquiler para él y su familia, abonándosele, ade- más, 200 sueldos anuales para los gastos de vestido y calzado. 2 Este arquitecto percibía 3 sueldos 4 dineros diarios, y 100 sueldos para gastos de vestido y calzado ; pero en 1387, los obreros de la igle- sia, le aumentaron su asignado basta 22 sueldos por semana. 3 Se hizo el ajuste con Viader, en 3 sueldos G dineros por su doble cali- dad, de sustituto del arquitecto gefe, y de oficial de albaííil, abonán- dosele además 50 sueldos anuales para gastos de vestido. 4 Este arquitecto tenia asignados cuatro sueldos diarios, y por Navi- dad una gratificación de 100 sueldos. 5 La inscripción que tiene este sepulcro, dice así: Haec petra Francis- cum de Plano continet ortum;—Sanguine prEeclaro, cui magna scien" tia, virtus,—Fortuitis sociata bonis, laus, gloria fulsit;—Qui sacrista vicensis erat, qui sedibus almis—Canonicus, qui prsepositus prsecen- tor amatus.—Pauperibus l a r g u s , pius eclesiamque frecuentans,— Semper amans patriam s t u d u i t sua j u r a tueri.—Nomine vivit ob id varias volitante per oras. 6 En este sepulcro se lee la siguiente inscripción: «Hic jacet dominus Borra, miles gloriosus —Façta fuit sepultura ista anno Domini M.C.C.C.C.XXXI1I. 7 Esta Capilla llamada a n t i g u a m e n t e de las Vírgenes estaba completa- mente separada de la Catedral, j fué construida en 1271 por el Obispo Arnaldo de Gurb; y al construir, en el siglo xv, los Claustros, quedó unida á la Catedral sufriendo un recorte la parte de pared de fachada lateral, al objeto de dar mas amplitud á la calle del Obispo. Cuando en la «época constitucional, de 1820 á 1823, fué declarada parroquia nuestra Catedral, el servicio parroquial tuvo lugar en dicha Capilla, y entonces se construyó el Coro y la escalera por la cual se sube, y se tapió una puerta en la fachada de la calle del Obispo. 8 Esta inscripción dice a s í : «Cápela de Santa Eufrosina verja la cual «cápela en Pera Safont mercader ciutadà de Barcelona ha ops dell é «de tots los seus parens 6 fou comensada an nom de Deu á 9 de Sa- «tembra 1382.» El carácter de letra de esta lápida es digno de la ma- yor atención. 9 El Ayuntamiento de esta ciudad, dio en pública subasta, la figura del Neptuno que existe en la fuente de la Aduana, y no sabemos que corporación merece u n a mayor censura, si el Ayuntamiento que tal hizo ó la Academia de bellas artes que concedió á la tal figura su aprobación. 10 Dice esta lápida «Carner de la Confraria del Senyor Rey sots invoca- «ció de la Concepció de la Verge María.» 11 Esta lápida está escrita en caracteres romanos y dice así: (a) 12 Uno solo de los modernos altares, que data de los últimos anos del si- — 50 — glo xviii, existente en la Capilla, número 26, construido en mampos. teria cubierta con escayola, puede esceptuarse del juicio severo que hacemos; pero este altar, que, estaria muy bien en las iglesias de la Merced, ó de San Felipe Neri, etc. desentona no poco, y no puede ad- mitirse, en el local que ocupa. Es un modelo en su g é n e r o , pero esta circunstancia no es bastante para que lo admitamos en los Claustros de nuestra Catedral. En la Capilla, número 13, existe otro altar, que data de este siglo, que no llega, en mucho, a la consideración que merece el anteriormente espuesto. 1:1 En el año 1188 publicóse en Madrid el Prontuario artístico ó dicciona- rio manual de bellas artes, por el doctor D. Francisco Martínez, quien en la página 204 dice, que gótico es todo lo que está hecho a l a ma- nera de los godos, y que se da este nombre à muchas obras de a r q u i - tectura del tiempo medio, que parecen hechas sin reglas, y sin que se les conozca» las bellas proporciones antiguas. 11 El Hxcmo. Sr. D. Manuel Girona, á cuya iniciativa so debe la cons- trucción del Ferro-carril de Zaragoza á Barcelona, y la del Canal de Urgel, así como la conclusión del puerto de esta ciudad, y el proyec- to de aislar, por medio de un canal navegable, el Peñón y ciudad de Gibraltar, entusiasta de los recuerdos de nuestra patria y de la Con- servación de sus monumentos, encargó al arquitecto de la Santa Ba- sílica Catedral, el levantamiento de los planos y alzados de este mag- nífico edificio sagrado, costeando los gastos que fueron consecuentes: y acompañando el presupuesto aproximado para la conclusión de la fachada y otros accesorios, fueton presentados al Gobierno, en cuyas dependencias existen, pendientes de aprobación. Estas obras debian emprenderse sin gravar para nada los fondos del Estado, ni los de la provincia, ni los del municipio, y en aquellos dias (año 1863) fué cuando, sin motivo justificado, apareció la banderola en el Campana- rio de la Capilla de Santa Lucía, puesto que se habia señalado ya, el ensanche de la calle del Obispo, en el propio sentido, en el plano de la ciudad nuevamente levantado. 15 Hasta los pueblos semi-bárbaros tienen apego á la conservación de sus monumentos, y vamos á citar un hecho histórico que lo comprue- ba. Cuando en el año 1833, M. Lebas, ingeniero de marina enviado por el Gobierno de Francia, bajó de su asiento el obelisco de Luxor, para transportarlo á Paris, los habitantes del pueblo se sublevaron viendo que se les arrebataba aquel monumento, que, 3413 años antes habia levantado Rhanisés II, en la gran ciudad Tobas. 16 Estos Claustros sufrieron deterioros considerables cuando el sitio de 1714 por las tropas de Felipe V; y en 1842 lo sufrieron, en no p e - queña escala, cuando t i bombardeo llamado de Espartero ; y á costas del limo. Cabildo fueron reparados todos los daños causados, siendo de notar, que, poco después de la guerra de la Independencia, el mis- mo Cabildo eclesiástico hizo nuevo el enladrillado de los terrados de la nave y Capillas de la parte de la calle del Obispo. KSTA NOTA NO SE CONTINUÓ EN LA COPIA PRESENTADA AL CONCURSO. Nota a d i c i o n a l . Para demostrar la utilidad d é l a s monografías, como las pide la Sociedad Económica barcelonesa de amigos del p a í s , no hay mas que ver la manera poco exacta como hablan los extranjeros de nuestros monumentos, y de nuestros pueblos; y cuidado que no nos referimos á los franceses, porque de estos, se sabe, ya de muy a n t i - guo, que no pueden hablar ú ocuparse de España sin cometer multitud de inexactitudes, cuando no, de disparates. E n la Ilustración inglesa del dia 13 de este mes, que ha venido á nuestras manos después de concluida la presente monografía, está dibujada una vista que dice — 51 — ser de una calle de Barcelona, y es tan ideal, que ningún barcelonés será capaz de reconocer en ella ninguna calle de esta ciudad, porque á nada de cuanto existe, ni ha existido en el siglo anterior, se parece. Es un capricho disparatado en el que no faltan figuras con calzón corto, manta y sombrero calarles, completando la concurrencia, un sacerdote, q u e esto no puede faltar nunca, cuando son extranjeros los que se ocupan de cosas de Espafía. En el artículo se dice, entre otras lindezas, que la ciudad antigua está separada de la nueva por medio de la Rambla, que es un ameno paseo plantado de árboles; que esta ciudad tiene Arzobispo, y que la Catedral, llamada la Seo. es de arquitectura Normanda y Sarracena. Parece imposible, que en un pals tan formal como es la Inglaterra, que tiene tantos de. sus n a t u - rales domiciliados en esta ciudad, se desnaturalicen los hechos y las cosas de una manera tan lamentable; y lo es más, en la época presen- te, en que gracias á la fotografià se tienen las calles, los edificio*, y hasta los trajes, con toda la exactitud imaginable. Y luego se nos tacha á los españoles de lijeros y poco reflexivos... Y que diremos de los franceses. En este mismo año de 1875, el editor parisién M. E. Plon ha publicado un volumen titulado «L' Espagne, splen- deurs et míseres,» voyage artistique et pittoresque par P. L. Imbert, ilustrations d1 Alexandre Prevost», en el que hablando de nuestra Catedral, á la que solo dedican tres páginas, dicen: que los pobres les tiraban de sus trages: que en el jardin había un Capellán que leia su breviario entre u n circulo de gatos, agachados, tuertos, sin cola y sin orejas, que dormían 6 hacían su tocado al sol: que allí se recejen los gatos inválidos debido á un legado de un sujeto rico: que hay una torre que se levanta hasta el cielo: que un Capellán con nariz á m a - nera de hoja de cuchillo, ojos pequeños y vivos, barba proeminente quijada huesosa, orejas grandes y puntiagudas, gesticula y grita con voz nasal en el pulpito, y mientras esplica lo mucho que padeció J e - sucristo durante su agonía, dice á intervalos. ¡Anda! ¡Anda! ¡Anda!... y era que un perro le mordía las piernas.... dice que la Catedral tiene u n color moreno oscuro que le da u n aspecto siniestro, y que en el momento de la elevación, el ruido de las campanillas se parece al que harían multitud de pedazos de vidrio removidos fuertemente dentro de un saco. De la fachada dice que no está concluida ; que tiene gár- golas fantásticas que avanzan hasta la mitad de la calle lateral ; que las hay parecidas á monstruos chinos. Parece imposible que haya franceses tan torpes, tan mal intencio- nados, y que tengan tan poca dignidad, que en pleno siglo xix, se atrevan á escribir con tanto descaro, ensartando fábulas injuriosas, altamente ofensivas á un país con el cual tienen lucrativas relacio- nes. Tales escritores, deshonra de su nación, merecen ser condenados á la execración pública Quizás algun dia nos ocupemos detenida- mente de este libro en el que se insulta groseramente á Barcelona, lo mismo que á Valencia, Palma, Madrid, Toledo, Zaragoza, etc., etc. y lo peor es, que, no solamente, ese francés, muñeco, que oculta su verdadero nombre bajo el seudónimo de Imbert, sino que, M. Prevost en sus láminas miente tan descaradamente como pueda hacerlo su compañero. Es lástima que esas dos lumbreras no se hayan ocupado en escribir las grandezas y miserias de la campaña franco-prusiana del año 1870. Lo dicho es bástante para hacer comprender cuan útil es que nos dediquemos á escribir las Monografías de nuestros monumentos, i n - tercalando en ellas, aunque sea por via de digresiones, las costum- bres pasadas y presentes de nuestros pueblos, que á lo menos, serán testimonios irrecusables, que contrarrestarán las sandeces y vulga- ridades de infatuados é ignorantes escritores extranjeros. » QlOP ITIWTHR Fl\f< DISSITAS. Olil lS. TttllMl JAM l'itntTMNIh l¡h,|n\K (iroD. IWMIS ni mi. mura ROMIW.WPONTIFICI*!. ÓPTIMO. STIIEM'l IWH.Tl MU.! (flMl UCEttl MIXOM. PÍO. i\ Hfimil VIÜDIC.I. PiETITI. MIMI PITUIU.OIE IMIimi. FIRMÍSIMO l'R(iPI',\tr.lLO. pti '.i i m mu m m uitti.innit.niiiT.iMii nouwn IIWTB. CMMCTIÍ mttun nni.ii, n\iiT. Hciii. cumimHJi. ricni mjR.uuiTi unrnu. VOLIPUTI;. PFHHMH m. iT. uicararas. tutu IDJMCI. USÍUCIÍ. 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