i I h^ HS OMAS PADRO, ha muerto. que dormía nuestro amigo. Todos temían que el tiempo les El artista r1? intuición genial, el pintor poeta, á llevara la ventaja, y estaban ávidos del último recuerdo. quien la C L Ó J í' -rtuna parecía presagiar un envidia- Testigos también nosotros de aquellas impresiones, par- ble porvenir; el dibujante de inagotable vena, de chispa tícipes de esos sentimientos , curiosos del pasado del artista, cáustica, que tanto nos hacia pensar y reir, y reir cuando su ávidos de sus noticias, apuntamos unas y otros en seguida, corazón quizás lloraba oprimido por aguijones de la vida, y recelosos á nuestra vez de que, desprendidos poco á poco del ansiedades y nostalgias de artista, ha muerto. árbol del afecto, como desgajadas hojas de otoño, que el vien- Dormia su últi- to arrastra y seca, mo sueño, cuando y convierte en im- mudo, frió, inmó- palpable polvo, se vil en su estancia, perdieran muy en le contemplamos breve — ¡ y fuera por la vez postrera. lástima ! — por la Deudos, amigos, ingrata condición colegas y maestros, humana y frágil. apiñados en torno Ordenados con ma- suyo; movidos por no cariñosa, traza- un mismo senti- mos con ellos otra miento; llevados al biografía, é hicimos acaso y por oleadas un nuevo y justo hasta el pié del tá- homenaje al amigo lamo de luto, para sin dobleces y al darle allí el último artista distinguido. adiós, y el ósculo Padró bien los me- último de la amis- recía ! tad con las postre- Y, pues sabe- ras pruebas de cari- mos que murió bajo ño, le agasajaban laureles y coronas, sin cesar, como pa- sepamos como vi- ra condensar en vió. ¿Porqué tanto uno, más vehemen- le quisimos, y en te y sublimado, to- la primavera de su dos los a g a s a j o s vida tan sincera- que en treinta años mente le admira- de porvenir pudie- mos?... ran tributarle. Ar- Nació Tomás tistas escultores va- Padró en Barcelo- ciaban la imagen de na el dia 11 de fe- su cabeza, sobre la brero de 1840. For- cabeza misma que maba el árbol de vació tantas imáge- sus progenitores un nes; inspirados pin- viejo t r o n c o de tores apuntaban rá- prosapia artística, pidamente los ras- y son sus brazos gos de aquella vida más visibles un que perdia deprisa grupo de antiguos hasta su última es- escultores, con ta- presion, la espre- ller y residencia en sion del que duer- Barcelona , hace me; fotógrafos in- más de cien años : teligentes reproducían más de prisa todavía, temerosos de promedian el siglo pasado. Era su bisabuelo escultor, escultor que esa misma rapidez fuera más breve que la del olvido, las era su abuelo, y su padre era también escultor. Compañero formas vivas del que ya no vivía , para darlas profusamente aquel y quizás discípulo de Pedro Costa y de Juan Serra, fué en millares de pliegos de papel como retrato postumo; nu- el más notable de la familia, y reunia á su profesión conocida merosos cronistas apuntaban á vuela pluma el pésame de la el título de arquitecto, con que él mismo se nombraba. Compa- prensa con la impresión del momento; entusiastas escritores ñero de Amadeu el abuelo, poseía, como este, menos ingenio; recogían, acá y allá desparramados, despojos de la memoria y era el tercero de estos escultores, discípulo de Campeny y su para apuntar una biografía; jóvenes y avezados poetas pre- ayudante preferido, que sabia del maestro el talento, el inge- paraban una nutrida corona de pensamientos como corona nio, las aficiones, la originalidad y hasta las genialidades sin- de luto; mientras que otros grupos de amigos comentaban gulares, y que guardaba con respetuoso culto de discípulo las memorias y esperanzas de aquel corazón siempre virgen, esas noticias preciosas, que la muerte con su vida nos hurtó, siempre joven y entusiasta; de aquel espíritu, que, vuelto al y un sin número de bocetos en donde se vé de relieve la ina- cielo, parecía flotar aun en la melancólica estancia, ó conver- gotable vena del maestro. Don Jaime , el primero de los tres, tían en atractivo lecho, como lecho de recien desposada, en dejó entre sus obras notables varias conocidas esculturas de la fragante lecho de flores , el sombrío lecho de la muerte, en Universidad de Cervera, y las del altar del Santo Misterio de 3 I aquella villa; de D. Tomás el abuelo, son el Apostolado de esa que le impedia ver más lejos, pues su porvenir era otro. misma parroquia, y el altar de la Virgen de la Cinta de la ciu- ¿Quién debia decidirle? el trato con otros amigos, el cons- dad de Tortosa; y tiene D. Ramon, su hijo, desparramadas tante trato diario con artistas de otras artes, y el impulso de por España y por América un sin número de imágenes de de- otros maestros. voción, que numerosos clientes encomendaban á su ingenio Campeny, el ilustre Campeny, puso en su ingenio la ma- fervoroso. Porque el padre de Tomás era un sincero creyen- no y empezó á obrar el cambio. En sesiones los domingos le te, tan piadoso como sencillo, y tan bondadoso como hu- iniciaba en el arte plástico, y con su originalidad sui generis, milde, en quien veneraban sus hijos sus virtudes escondidas. le hacia trazar en el encerado formas y conceptos de arte, De D. Ramon Padró y de una buena menestrala, catalana imágenes y grupos triviales, aunque pensados con talento, de antaño, digna compañera de su esposo, nació nuestro To- que tenían para Tomás un siempre nuevo aliciente. ¿ Quién más. En el taller del uno, y con el vivo ejemplo de los dos, sabe si en aquel álbum del cómico de once años se hallan hue- halló su primera escuela, frente á frente de siempre nuevas llas de Campeny ? imágenes de devoción, y en medio de grandiosas esculturas, Después, entregado de lleno á la escuela de dibujo de que como el Torso del Belvedere, el Hércules Farnesio, el Dis- era Campeny maestro y D. Ramon ayudante, en la Lonja de cóbolo, el Gladiador, el Apolo, ó los fragmentos del Lao- Barcelona, hizo progresos rápidos, y cruzó las clases de ele- konte, y cien otros, que poblaban el vasto é intrincado taller mentos con disposiciones raras. Llegó á la del Antiguo, y en de su padre, rico por el de Campeny. Y en un conocido Co- ella empezó á revelar su afición del porvenir. Dibujando con legio que ocupaba la casa misma en que murió el pintor, re- mano hábil las bellezas esculturales, sintiendo sus grandes cibió su educación primaria, entre un enjambre de traviesos manchas con intuitiva mirada, casi adivinando su aticismo y muchachos—que sin desdoro sea dicho del director de aquel su delicadeza esquisita — como quien ya de muy niño las te- Colegio, que sabia su infantil mundo práctico al dedillo—, nia en diario trato y en hospedaje de familia—hizo compren- aprendió, como ahora treinta años se enseñaban, empíricos y der muy pronto que su carrera era el arte. Con razón se le rutinarios elementos sin razonado método. Toda la instruc- hizo, pues, quince años más tarde ayudante de aquella clase. ción general que adquirió, fué la corriente de aquel Colegio, Ingresado algo más tarde en la Academia privada de don y cuanto en adelante hizo, debiólo más que á dirección algu- Claudio Lorenzale, continuó su marcha rápida por el camino na á su intuición preciosa, que le tenia predispuesto á ense- emprendido, y con el no común buen gusto, la corrección de ñanzas superiores. Eran elementos de artista. dibujo, masque corrección purismo, la práctica de plegar, Aunque precoz en todo, medraba ya entonces en su espí- las nociones y ejercicios de composición pictórica, que ense- ritu una comezón constante, aunque vaga é indecisa, por algo ñaba el profesor del antiguo, adquirió soltura tal, y facilidad que supiera á arte, y un apego extraordinario por concebir tan grande en dibujar é inventar, que improvisaba conceptos imágenes y por verlas de relieve. Dibujando unas veces y de- con soltura de maestro. Rico de noticias prácticas; provisto clamando otras, coleccionando láminas, pasaba sus horas de de buenas ideas, y nutrido á la vez de imágenes; abundante ocio y sus asuetos de muchacho. Nunca, ni siquiera por ins- en calcos de aristas, de trajes, armas , monumentos para la tinto, se le veia en juegos frivolos; y si algun pasatiempo rui- pintura histórica, género de su maestro, y de historia de Ca- doso le servia de entretenimiento, era en ciertas veladas el de taluña, afición de aquella escuela; abastecido de apuntes, ser- las Sombras chinescas, con que su fantasía jugueteaba, ó el vido por impresiones, recuerdos y noticias; imitando á Lo- de la linterna mágica, que tenia para él sabroso encanto, por renzale y agradecido á sus esfuerzos, salió al fin, Tomás el fantástico efecto de las siluetas que trazaba. Habia siempre Padró, del taller del profesor. Su corazón sincero recordaba á algo de arte en sus aficiones de muchacho: la que le habia cada instante lo mucho que le debia; y sirva este recuerdo inspirado el diario trato con los yesos de su padre. íntimo á revelar un secreto del corazón del discípulo. Cuando ya más crecido, buscaba esos pasatiempos en la Habia por aquel tiempo en Barcelona una asignatura ar- declamación y el teatro. Un pequeño escenario improvisado tística que era el lugar de cita diaria de numerosos oyentes, y en familia, y entretenimiento de ella, reveló de muy tempra- dos veces por semana de maestros y discípulos. Era la clase no su pasión por el arte escénico, y casi decidió por mucho de Teoría é historia de la Academia de Bellas Artes. Fre- tiempo de su vocación artística. Para Padró el teatro!... No cuentaba sus escaños un púber barbilampiño que conocido de habia ocasión ni momento que pudiera dedicarle que no hu- todos, y codeándose con los maestros, por su conversación biera aprovechado. En las tertulias caseras, en los ocios entre picante y sus comentarios de artista, unido á su atrevida mi- amigos, y hasta en semi-públicos espectáculos, se le hallaba rada , espejo de su penetración , revelaba claramente cualida- representando con su pasión decidida y su inteligencia artís- des distinguidas, y precoz chispa é ingenio: era Tomás Pa- tica. El Guante de Coradino, el Zapatero y el Rey, ó Las dró. Allí al lado de Fortuny, y de otros notables jóvenes travesuras de Juatia, y otros dramas de este corte, aunque de discípulos de Lorenzale, que eran todos amigos suyos, y de distintos méritos, con privanza en aquel período, llenaban su muchísimos más, estrechamente apiñados en la reducida cla- fantasía; y con su insaciable anhelo y su lápiz primitivo, re- se , seguia paso á paso al profesor, con atención profunda y producía esos cuadros en las hojas de un viejo álbum que malgrado su temple locuaz, atraído por el ejemplo, cautivado conserva su familia: como no le eran bastante los ocios que por la doctrina, platonizado por el arte, recogía sus apuntes, se le ofrecían para ver las representaciones, ó para tomar tomaba al vuelo sus notas, exquisiaba sus dibujos y aromati- parte en ellas, las copiaba en aquel libro, para tenerlas más zaba su espíritu con lo bello y lo ideal. Y en dias de compo- vivas y siempre fijas á la vista. Y junto al ignorado artista hay sición estaba en los puestos primeros, esperando la justa críti- el pretendiente cómico, en una cópula de fantasía. Mas, el có- ca del profesor de la clase, á quien presentaba sus obras, sin mico ante todo. Sus íntimos compañeros, entre los que habia temor de que Fortuny las superara todas. ¡ Cuántas veces los figurado un poeta de nuestra tierra, honra de la catalana es- conceptos del imberbe adolescente revelaban gran talento y cena , le creyeron decidido por la profesión dramática. ¡ Pa- un fondo de preciosas prendas! dró cómico! — parece raro. Y sin embargo lo era con su es- Con Miguel Ángel, Rafael, Cornelius ó Kaulbach por tilo joco-sério y su locuacidad y chispa. ejemplo; con Leonardo de Vinci, el Peruggino, Fray Angé- Mas, la caprichosa fortuna tenia en sus ojos una venda lico ú Overbeck por maestros y por modelos, aprendió el arte fc 3 serio de Milá y de Lorenzale, y aunque el de su porvenir tores y entusiasmo — que sus papeles retraen —; y vio en fuera otro, era el gusto neo-romántico y el alemán en boga Madrid el arribo del ilustre general, que recordó en tierra es- con ribetes de misticismo, el que formó su criterio. Nunca le traña, entre la ingratitud y el olvido, aquellos esplendentes sirvió de estorbo aquel sello de dos maestros , que veneraba laureles y aquel entusiasmo magnífico con que galardonó á admirando, y hasta en sus postreras obras, en sus obras de España entera, —¡época memorable!—y-de Muley-el-Abbas, más aliento, dejó entrever las influencias de sus doctrinas es- con el séquito de uno y otro, y el grueso del sufrido ejército, téticas. Benéfico don de toda escuela, y provechoso cimiento que servían de brillante incentivo al artista y de aliciente á su de un buen método de arte. lápiz. Y hallándose ya en Madrid en tan favorable período — Inseparable de Fortuny, fué en adelante su compañero, y el mejor de nuestro siglo — estudió en su Academia bajo la un girasol de su ingenio. En el taller, en la cátedra, en la dirección sesuda de D. Carlos Ribera y D. Federico Madra- Galería de pintura, en la clase de colorido, en el campo por zo. La dirección del uno, la hábil mano del otro, y de los dos estudio, en las polémicas de arte, ó en los círculos de amigos, la ciencia ó arte, fueron para él de gran provecho. Y sus — de que nos quedan cuadros gráficos , — le siguió con sumo constantes visitas al museo de Pintura, lugar de sus embele- apego, émulo de sus cualidades — aunque con menos empuje— sos , el desvelo y espansion de su chispeante talento. Velaz- hasta llegar á imitarle. Porque Fortuny era el magister, el quez con su estilo suelto y su no sé qué cortesano; Ribera decidor y el ejemplo de aquel grupo de gente moza y amado- con su nervio y vida y su realidad que pasma; Rúbens ra de lo bello. con su color terso-graso y su brocha de maestro; Ticiano y Un libro de Gavarni, que llevaba á la sazón el presuntuoso Van Dick mezclando la vida y la elegancia con cariñoso pin- título de Celebrites Contemporànies, caido en manos de For- cel; Rafael por lo correcto y pensador de genio, y hasta el tuny, fué por aquellos dias la admiración de los dos. ¡Gavarni andaluz Murillo, mirado con cierto desden por nuestros jóve- entre aquellos jóvenes en 1857! ¡Qué placer para Fortuny! nes artistas, todos tenían atractivos y atinados elogios de su ¡ Qué asombro para Padró! Vena inagotable y rica de estu- criterio imparcial y de su delicado tacto. Castellanos, flamen- dio y observación, de constantes comentarios, de ocupación cos, holandeses ó venecianos, habian todos algo nuevo, algun casi diaria, fué el álbum de Gavarni, por su espresiva realidad aliciente especial para su gusto esquisito y levantado á la par: y su característico viviente, entonces, como después, aunque sutil y lince su ojo veia bellezas sutiles, que otros pasaran de distinto modo, compañero inseparable é inspirador casi por alto, en los lienzos de caballete, ó en los anchurosos lien- diario de Fortuny y Tomás Padró. Beneficióles sin viciarles, zos de atrevidos coloristas. Para él, nada habia sobrado, ni merced á sus buenos preceptos, y dio el sello y el botafuego asunto de segunda mano y de negligente estudio. á su chispa abundantísima y á su novedad de ingenio. Su vida en Madrid fué un encanto, aunque recatada y po- Más, Padró, como Fortuny, cultivaba en serio el arte. Es- bre , y pasó como un prodigio, como un ensueño ó ilusión. tudiaba el natural, la perspectiva, el paisage y la anatomía Con gusto la retraía , y con brillo de pincel, por no decir de pictórica, hacia bocetos de antiguos cuadros, pintaba el mo- palabra, con vivez de su hábil lápiz recordaba aquellos dias delo desnudo, y el plegado académico en el hombre, y el ma- de su mocedad de artista. Madrid tenia para él un atractivo niquí, se ejercitaba en el retrato y componia sin descanso con singular y un precioso aliciente. Formados ya sus elementos, pasmo de facilidad. Aventajado en todo, obtenia primeros su ilustración , su criterio, su erudición de artista; pasado de premios y las mejores notas, y en 1857 el premio de compo- simple fruto docente á verdadero iniciado, fué allí donde por sición y la medalla de plata de la clase de colorido, con una vez primera se le halla espontáneo, aunque incipiente á ve- invención asaz bella, aunque de lejos recuerdo de Fortuny y ces. Dibujando con frecuencia para el Museo Universal, de de sus maestros. gratísima memoria por haber dado á la imprenta no sabidos Y, sintiéndose con altas miras y con aspiraciones vastas, grabadores y dibujantes en boj, entre los que estaba Padró; hizo una escursion de artista por diferentes comarcas del para el Mundo Militar, de que era ilustrador importante, ó principado catalán, visitando especialmente los monumentos componiendo y pintando algunos notables cuadros, poco notables de Tarragona y Gerona, y los imponentes restos de afortunados tal vez, como el de Pelayo en Covadonga, que Poblet y de Ripoll, de que tomó cien apuntes pintorescos hizo de exprofeso encargo para premio de ese periódico, y pero artísticos; y copiaba por fragmentos los más preciosos que quedó olvidado en su redacción de entonces; ó como el detalles de antigüedades locales, y de fábricas venerandas de de la Redención de Cautivos, cuyo importante dibujo revela Barcelona y su provincia. Porque al estender su espíritu por su aspecto grandioso y su sentimiento histórico, recuerdo de esas regiones del arte, sentia admirable el pasado, — ese pa- su pasado, y justifica los elogios con que le honró Madrazo; sado que impone — y crecer sus cualidades. haciendo estudios y bocetos de los coloristas de nota de la Desde entonces le fué estrecho el ámbito de su ciudad na- Escuela española; ya copiando algunos cuadros ó restauran- tiva á sus deseos y esperanzas. Partióse de Barcelona ; per- do otros, por comezón por comer, con acierto tal y tal fortu- maneció en Valencia, buscando en la ciudad y sus museos los na que le valieron la nota de hábil restaurador y de distin- lienzos preciosos de Joanes, de Ribera y los Ribalta, que guido copista, pasaba entre cierto agrio y dulce su residencia admiró entusiasmado, é impresionado de ellos pasó después en Madrid. Mas ¡Padró restaurador! ¡Padró paciente copis- á Madrid, tierra de sus esperanzas. Quebrantado sin embar- ta ! Cuál debia ser su estrechez, y su cortedad de medios para go por una fiebre adquirida en sus paseos pintorescos en der- sujetar su ingenio á esos pacientes oficios! Y, con todo y ese redor de Valencia, cuya vega y viejas fábricas entretuvieron vivir, vivia ancho y con soltura en medio de su estrechez, por su lápiz, tuvo que dejar Madrid, tras una enfermedad penosa, su agilidad de espíritu y su conformidad de artista. que velaron sus amigos , y volvió á Barcelona á enjugar su Así era que sujeto á una existencia modesta tenia tiempo sufrimiento y su decepción primera. Padró guardaba el re- y aliento sobrado para dar suelta á su espíritu y componer cuerdo mezclado de gratitud y de nostálgico acento. preciosos cuadros, como el de la Sala de una Estación antes Vuelto un año más tarde á sus aspiraciones y ensueños, de partir el tren, que le valió el ser premiado en la Exposi- que de Madrid avivaban sus amigos catalanes, pasó de nuevo ción de pinturas de 1862, ó como el de Un ajusticiado, que á Madrid en 1860, después de ver en Barcelona la vuelta de por encontrados sucesos solo pudo comenzar. Lleno aquel de sus voluntarios y de los soldados de África, cubiertos de ví- impresiones brillantes y de sentimientos vivos, destello de su 4 alma amable, cariñosa y fraternal; eco de sus sentimientos y ducaba el de Roma cuando se hubo apercibido, y optó por el de su situación de espatriado; cuajado de bellezas de espre- de Madrid. Colmaba sus esperanzas, y le volvía á sus ilusio- sion, de movimiento y vida — aunque cuadro de costumbres nes, y ¡oh fortuna! no tenia competidor, y su instancia érala — de felices rasgos de ingenio y de espansiones simpáticas, única. Pero, una cruel fatalidad vino á entibiar su ilusión. mereció el justo premio con que le honró el jurado, y tras la Uno de sus amigos íntimos, que no creia aspirante, concur- ovación del público, el ser desde luego adquirido para el Mi- ría á última hora. ; Podia Padró contrariarle, ni competir nisterio de Fomento por el precio del catálogo. Y, es el lienzo con él? Su cariño lo impedia, y su impresionable espíritu del Ajusticiado, un exbozo á grandes manchas, de fatídica podia más que su afán de artista; y para no herir al amigo poesía, en que á vueltas de episodios gráficos y llenos de ver- abandonó su propósito. ¿Quién le hubiera imitado? Pues dad , inspirados de un cuadro real, hay un concepto impo- así era Padró. Lleno de cierta altivez, sin vacilación ni duda, nente de lo tétrico del suceso. Porque poeta é inspirado estu- manifestó á su familia que entre el goce de la pensión ó el vo al trazar las vagas sombras y los indecisos grupos del goce de la amistad, optaba por este último. — Y es otro se- concurso de curiosos que vuelven de aquel espectáculo, bajo creto íntimo que revelar á otro amigo. las brumas del cielo, los remolinos del polvo y el recio azote Fijo ya en Barcelona como sitio de sus reales, junto á su del viento, y al fijar aun más en vago, la tétrica silueta, er- hermano y á su anciano padre, que adoraba entrañablemen- guida en último término, del escueto ahorcado. Son, el uno te, comenzó su vida activa, y su período brillante. Con otros un desahogo, y el otro una protesta de genio: eran dos cua- dos pintores jóvenes abrió en la ciudad su taller, dedicándose dros de costumbres , serán dos asuntos de género; pero tie- á estudios serios, y á trabajos de artista en su estension va- nen el alma y estro, y la novedad artística de nuestro osado riada. Y, como que nacia á la sazón afición á la lectura, y á pintor. Innovador fué con ello, y acercó á la alta pintura los las obras ilustradas, y un negocio editorial, aprovechó la co- cuadros del mundo real. Y ahí empieza la segunda etapa de coyuntura, seguro de ser, cual otro artista, un ilustrador de nuestro joven artista, y la faz segunda y la más típica de su nota. Desde entonces data su comezón incansable, que devo- concepción é ingenio. ró su vida, y aquilató su ingenio. Y cuando holgaba su espíritu en lo esterior del taller, ha- En 1866 hizo un viaje á Monserrat, con un conocido fo- llaba su humor placentero ocasión y motivo incesante de re- tógrafo— el Sr. Martí y Cantó — recorriendo sus asperezas y tratar con su lápiz al Madrid de baja estofa, y á la gente de sus interesantes cuevas, durante tres activos dias. El recuerdo bajo sueldo, que menudean en la Villa. Y los truanes, los ga- de esa escursion le guardó entre sus apuntes, y está más vi- ñanes, los gallegos, los toreros, las mozas de rompe y rasga, vamente pintado en dos impresiones de viaje, en dos curiosos ó alguna olvidada manóla de Lavapiés ó del Rastro, los aspi- lienzos al óleo, ornato de su taller. Y ese hecho le dio aliento rantes á ministros y el fondo de los cafés, de la Perla ó de para seguir sus tareas. Levante, tenían para su ingenio un privilegio especial. Feli- En el siguiente año de 1867 llevó á cabo otro viaje de es- ces momentos pasaba apuntando sus arengas, é inspirando tudio á Paris, con motivo de la Exposición, que con carácter sus dibujos en la sempiterna charla, y , cual nuestro sin se- de Universal se celebró en aquel año, encargándole un edi- gundo Goyà, hallaba en la gente menuda estudio para ese tor, que, con un conocido escritor, el Sr. D. José Orellana, ingenio y vena para su lápiz. Y en el Madrid vasto, inmenso, ilustrara un curioso libro de aquel concurso francés. Pasó con en su confusa trama; en el Prado, la Castellana ó el Retiro; su hermano á Londres, cuyo interés artístico le parecia me- en S. Isidro y la Florida, en sus cercanías amenas, en los nor— por mucho que fuera grande el de sus clásicas escultu- oasis de sus yermos, en Aranjuez ó en el Pardo, un estímulo ras—, y cuyos caracteres y tipos convenían á su vena y lápiz. constante y aliciente pintoresco. Durante su estancia en Paris trabó afectuosas relaciones con En Madrid hubo, en fin, sus amigos, y un núcleo de ar- importantes artistas de la nación vecina, entre ellos con el se- tistas en cierne, de dibujantes fáciles, de ilustradores colegas ñor W o r m s , pintor é ilustrador de nota de las páginas de que hacian sus goces de artista. Con Mugica, Capuz, Perea ó L' Ilustration, quien prodigó elogios entusiastas á sus apun- Rico; con Zamacois, Sanz, Domínguez ó Ferrandiz, hacia tes de pintor. intimidad ó simpatías; y ligaba estrechos lazos — que solo Recabado á sus tareas dio á luz entre muchos dibujos, los rompió la muerte—con sus íntimos catalanes, escultores y Apuntes de la Exposición, y en sus ocios de ilustrador, hacia pintores, jóvenes como él entonces, y más tarde profesores ó cuadros y retratos, y otros trabajos importantes. De 1867 es distinguidos artistas. Tenia á la sazón 23 años. Más de una el ya conocido retrato de una de las Abadesas del Convento ojeada avizor daba en los años postreros al Madrid de sus de San Juan de Jerusalen, que pintó con interés, y que le encantos, y más de una verde ilusión se abria á sus esperan- valió sumo elogio; y de 1867 á 1868 son sus dibujos de vi- zas. ¡ Quién sabe si allí pudo hallar otros momentos felices! drieras pintadas, que fabricaba en Barcelona el Sr. Amigó. En 1863 dejó de nuevo Madrid y regresó á Barcelona. Esas vidrieras de colores, entre las que deben señalarse las Venia con aliento entero y armado de todas armas: tenia en que ornan el ábside gótico de nuestra Señora del Pino, y el mente la guia y doctrinas de cinco importantes maestros, panteón de Permanyer, forman importante trabajo, que dis- desde el típico Campeny hasta el donoso Madrazo; y por tinguió á su autor por su atinado cencepto y su grandioso di- obra de cada uno, otro sello original y un modo de ver en bujo, correcto y simple á la par. Son, como género nuevo,, arte, pues Lorenzale, Milá y Ribera tenian aspectos distintos, bello fruto de su talento. aunque en el fondo parecidos, de Madrazo y de Campeny. En Mayo de 1868 hizo otro importante viaje por el me- Habia por ellos el eclecticismo propio del pintor moderno, y diodía de Francia, acompañando á los provenzales que vinie- mil matices variados por el sin número de maestros de nues- ron á Barcelona con ocasión de las fiestas de la poesía cata- tros museos de pinturas, desde Mantegna á Pablo Potter. lana. Iba entonces comisionado por la Ilustración Española, Solo le faltaba un campo en que lucir su destreza. y en las páginas de ese periódico, y de otros extrangeros, Y ese campo le tenia. Eran dos concursos artísticos de dejó memoria de su paso. Nimes, la romana Nimes, con sus Barcelona y Madrid anunciados previamente para pensio- edificios antiguos, su bella maison Carree, su templo dicho nado en la Corte, y para estudiar en Roma. Pensó desde lue- de Diana, los restos de sus Arenas, sus fuentes y sus mosaicos; go en los dos — pues para los dos tenia espíritu —, más ca- Arles, con las importantes ruinas de su anfiteatro y sus tem- 5 píos, y su abundante museo, rico en objetos antiguos; Avig- Y era trabajo escesivo, pues para atender sus encargos y non, con su vasto museo, digno de una capital de Europa, sus muchas ilustraciones de libros y periódicos, de la Ilustra- eran para nuestro artista un emporio nuevo de arte, y una ción Española, de la Ilustración Universal, de la Ilustración revelación. En Bocaire compartió el entusiasmo con los co- Francesa, del Monde Illustrè, del Gmphic, y la Ilustración mensales de Roumieux, y en un arranque de ese entusiasmo,, de Leipsig Der Ilustrited Seftung; para dar brillantes dibujó á Provenza y Cataluña pintorescamente unidas por cuadros de hábil caricaturista; de escenas y retratos políticos los símbolos de las dos comarcas, y en una alegoría viviente — que con perdón de la claque, matan el patriotismo, y crean con tipos de los dos países — de que aun nos queda fotogra- el escepticismo de los hombres y las cosas, en política y en fía— que apuntó en diestros rasgos en el álbum de la hija del creencias—¡error de los tiempos modernos!—como el árbol anfitrión poeta. Y de su visita á Bocaire nos dejó otros re- que crece sin castigar su copa, ni sus intrincadas ramas, ni cuerdos en las páginas de su propio álbum, y en las de la su follage tupido, perdiendo su esbeltez y su sabia, por el pe- Ilustración Española, con la copia del panteón de la malo- so de sus frutos y la balumba de sus hojas y de sus abundo- grada poetisa María Antonieta Riviero, ó Antonieta de Bo- sas ramas, gastó Padró en apariencias las mas productivas caire. De Meliana nos guardó su visita á la casa de Mistral, sabias, y de un árbol vividero sintió desgajar las ramas, y ate- donde el inspirado autor de Mireya, la gentil \agala de las rido el viril tronco , por el gigantesco peso, que hasta llegó á Almejas, le encomió la satisfacción con que vería ilustrada descuajarle. Padró ocupaba entero el dia en sus tareas de ilus- su deliciosa obra por el lápiz de Padró, y le proporcionó da- trador ; buscaba y tenia á sueldo amigos que cooperaban á su tos y trages de graciosas provenzalas y de provenzales gallar- obra, y no dándole abasto el dia, pasaba las noches de claro en dos, que recogió el pintor para obsequiar al poeta. De Saint- claro desenvolviendo en vastas planas sus vigorosos concep- Rémi, patria y estancia de Roumanille, nos legó un sin tos y sus caricaturas grandiosas. Y, así nacieron aquellos cua- número de apuntes de las fiestas oficiales, con que en galante dros , siempre variados y nuevos, vivero de pensamientos, desquite se obsequió á los catalanes; de la comida oficial; de raudal de inspiración y chispa, animados y movidos, de asom- la entrada y corrida de los toros de la Camarga, «salvajes, brosas caricaturas, goces de nacionales y admiración de ex- negros y bravos, y renombrados por doquiera,» como los tranjeros, del periódico «La Flaca. » ¿ Y, como nacían los pintó Mistral; y de ese mismo Saint-Rémi nos copió las no- demás de su período satírico, que empieza en 1869 y acaba, tables antigüedades, y su precioso Cenotafio, en apuntes que su actividad en 1877?.!. Casi cabe remordimiento en haber remitió al Monde Musiré, é interesantes apuntes de la igle- gozado ó reido, en haber esparcido el espíritu á costa de su sia de San Francisco. Y en su paso hacia Marsella recorrió la existencia! vasta Crau, fugitiva por varios Jados, entre el Ródano y sus Pero como la suya era ágil, y rápida cual golondrina, y estanques, entre las montañas y sus páramos, y aquella tenia ingenio y espíritu para todas las empresas, en medio de Granja, hecha histórica por áurea pluma de Provenza, 11a- su impaciencia, y bajo el constante látigo, que le forzaba . mada Granja de Crau, donde diz que allí nacieron de la al trabajo, se rodeaba del cariño, y mirando algo más lejos, mente del poeta los deliciosos tipos de Vicente y de Mireya. y con corazón más alto, buscaba en el amor su aliento, y en En Marsella, en la vasta Marsella, remontó, en fin, la vista á una elegida muchacha sus encantos y sus esperanzas. Era la tierra prometida de la poesía provenzal, la hermana de hombre y sentía el alma, era joven y habia sus latidos del co-. Cataluña; y sintió desde su puerto, al través del vasto golfo, razón que seduce. Mas, como viven esos latidos, y vendan y viajando entre la onda oscura, los catalanes ecos. los ojos del Amor negra gasa de luto callemos aquellos he- De ese viaje con los felibres nos dejó un álbum precioso, chizos, aquellos arrobos de nuestro artista y del verde ena- con interesantes detalles; láminas importantes, que cubren morado. Digamos que también casó en 1870, y que en el mes curiosos cuadros; rasgos, tipos y escenas locales, que fijó su de setiembre, al asomo del invierno, trocó una blanca coro - espresivo lápiz, tras los hechos importantes con que fueron na de azucenas delicadas, por otra corona de rosas. Digamos obsequiados los poetas del Principado; y al lado de los pre- asimismo que de aquel enlace nació un ángel, que volvió muy sentes de los cumplidos — como los retratos de Roumieux, luego al cielo en 1872, marchitando mas de un bello pensamien- Roumanille, Mistral y Bonaparte W y s e ; y de algunas foto- to de otro vergel de esperanzas; y que vinieron al mundo grafías de monumentos locales, cual los relieves de la Tour- otros dos — Antonio y Caridad — nombre que fija nuestra mauy, en la.romana Nimes — ,un sin número de autógrafos, mente — que ni sienten el vacío, ni lloran las ausencias, ni y de simpáticas frases de aquellos^/e/iíres corteses, tan poe- comprenden el dolor, porque son ángeles, y en quienes el co- tas como espresivos, y tan entusiastas como patriotas. Gratos razón de Padró dejó las huellas de su cariño, y la memoria recuerdos de Provenza, que tenia siempre á la vista. de su imagen. Mas, llega á poco la Revolución de 1868; y aquí comien- Padró casado, vio un mundo nuevo de actividad y de es- za el período álgido del dibujante y del ilustrador. Y no fué peranzas ; pero también de aguijones, que el deber lleva con- por ser un adepto, ni menos un preparador de aquel recor- sigo. Casi á raiz de su enlace, y cuando casó su hermano, dable suceso, sino por la soltura de su lápiz, y su aguda fan- buscó á su padre el sosiego, cerrándole su taller, reduciéndo- tasía. La revolución de Setiembre, que impresionó su espíri- le gratamente al cariño de su esposa, ligándole al suyo propio, tu y que aguzó su ingenio, le robó sus momentos más pre- y habilitando para su holgura una casita vecina de la ciudad ciosos para el arte, con que se hubiera crecido, y torció—cual de sus labores, de S. Feliu de Llobregat, y propia de la fami- otras cosas — el nervio de su existencia. El campo que le lia , donde con los mejores recuerdos del taller del escultor, y ofreció, como diario ilustrador, y como lápiz cáustico, vedó los más importantes yesos, y bocetos de Campeny, hacia á á su ingenio un vasto campo, y al cuerpo su virilidad. Hizóle su padre grato aquel confortable retiro, aquel sosiego que popular; mas ocultó su grandeza! Y dejemos el suceso. encomiaba á la manera de León: En 1869, cuando se abrió á concurso la clase de dibujo de la escuela de sordo-mudos, concurrió Padró á esa lid, y, tras Dichoso el humilde estado del sabio que se retira brillantes ejercicios, fué nombrado profesor. Durante los seis años siguientes desempeñó esa plaza, hasta que hubo de re- y con pobre mesa y casa nunciarla, en 1875, por esceso de trabajo. en el campo deleitoso 6 con solo Dios se compasa, cargos— aunque para él honrosos — como el de regentar la y á solas su vida pasa, ni envidiado, ni envidioso. clase de Antiguo y natural en dibujo, de la escuela de la Lon- ja, que ejerció en 1870 y 1871; ó como la de instituir otra Y, para atender al cariño y al cuidado de su padre, y al clase en la Casa de Caridad de su ciudad nativa en 1873, ocu- goce de su familia, aguijoneó su espíritu, y el fogoso corcel de pándole uno y otra momentos preciosos de su existencia. Dan- su ingenio, no con espuela de ayuda, sino con hierro de casti- do de mano á la última, proyectó y dirijió el retablo princi- go. Las heridas se vieron siempre, sin cicatrizarse nunca. pal de la Capilla de la misma casa de Caridad y Beneficencia. Lanzado en esa carrera, espoleándole sin cesar, produjo su Como obra menuda de su lápiz pululaban bajo el suyo, y infatigable aliento siempre crecientes encargos, que su talen- sin milagro ninguno, siempre nuevos libros ilustrados, de te le atraia, y un sinnúmero de hojas de papel, que el calor los más variados temas y mas opuestos asuntos, como la His- de la revolución producía, y el espíritu popular satírico, y la toria de Méjico; Los hijos del Trabajo; El mundo riendo, frivolidad apasionada, devoraban diariamente. En esta obra de Robert; La colección de fábulas de los Sres. Montaner; gastó un caudal de inmensa vitalidad — que diera nombre á Los mandamientos de la Ley de Dios; Los pecados capitales; otras varias—y otro caudal de porvenir, sin hallar más re- Las Vírgenes milagrosas de los santuarios de España; el compensa que el óbolo cotidiano para el lustre de su familia y Teatro selecto, antiguo y moderno; La Historia déla Guer- el goce del corazón. Doce ó quince periódicos nacidos de en- ra de Independencia; La Historia de la Revolución de tonces á hoy, escritos como la hoja diaria, sin cesar y para el setiembre; La Historia y vida de D. Juan Prim; novelas dia, sin tener tal vez un mañana, ni gozarse en un ayer, que como las tituladas: La ambición en la mujer, La concien- su lápiz dibujaba á grandes trazos — como la improvisación cia etc., ó como Lo Rector de Vallfogona y La Dida, deque caliente, animada, pero indecisa, impresionable del periodis- tomamos algun dibujo; ó clásicas como el Gil Blas; elegantes ta,— y entregadas diariamente á la prensa sin espera, forma- como el Zapatero y el Rey de Zorrilla; muchísimas otras rán sin duda alguna, la obra más colosal de nuestros ilustra- " obras, cual las que forman parte de la colección de La Mara- dores, y un tesoro inagotable de imaginación fecunda. Son un villa; ó como la titulada Gráy palla, como Las Poesías Ca- prodigio, un pasmo, y envuelven por sí solos una existencia. talanas de D. Federico Soler, de donde es el grueso de nues- Ventura fué, sin embargo, que á distancias se presentó al- tros grabados, como la linda colección de Vírgenes en acero gun suceso, que renovó de cuando en cuando la vida de su publicadas por Pena y Sacanell; amen de arreglos importan- cuerpo y de su espíritu. La venida á España de un príncipe es- tes, como en las Obras de Julio Verne, ó de partes de algunas tranjero , por ejemplo, fué uno de esos sucesos. Padró fué otras, como la interesante portada de la Historia Natural de nombrado en 1870 por la Ilustración Española, comisionado Montaner y Simón. Los intermedios de esas tareas serias y especial para noticiar los espectáculos, á que iba á dar lugar de aliento están cubiertas por un verdadero mosaico de infi- el arribo D. Amadeo de Saboya á Cartagena; y acompañó nitos matices que forman, las láminas sueltas, los prospectos al poco afortunado Rey ala Corte, dando al periódico ilustrado importantes, las targetas de aspecto artístico, los retratos de de que era corresponsal, apuntes y dibujos de los espectáculos ingenios de nota ó de celebridades públicas, las imágenes de y festejos tributados al advenedizo monarca. En el tránsito santos, las leyendas, los cuentos, los almanaques, los calenda- de ese viaje hizo también curiosos croquis, é improvisaciones rios, las aleluyas, que es imposible recordar, y que demues-. de artista de los tipos del reino de Valencia, y de los pue- tran siempre, en medio de su variedad, el ingenio más fecundo blos por donde cruzó, que son primores de su lápiz, y, algu- y el más flexible y dúctil. nos, por su cuadratura admirable, los más sueltos ejemplos La más importante de esas publicaciones, es la grandiosa de la geometría aplicada á figura humana y al hombre en su preparación y colosal empresa de la Ilustración de la Histo- movimiento y vida. Y, cuando ya en Madrid, aprovechó su ria de España de D. Modesto Lafuente, que publican en encargo, para dar con él algun importante recuerdo, como el nuestra ciudad los Srs. Montaner y Simón—y que nuestra de la visita del príncipe de la Casa de Saboya, al cuerpo muer- cubierta recuerda, — y para la que hizo ya, en 1875, un impor- to de su patrocinador mas distinguido, el del general D. Juan tantísimo viaje á Sevilla, Granada, Córdoba y otros puntos de P r i m , que por dibujo de nuestro artista publicó el Monde Andalucía, á Madrid, Toledo, y el Escorial; que repitió á úl- II lustré. timos de 1876, meses antes de morir, visitando de nuevo Y, en ese mismo año de 1870, hizo otra escursion refrige- Madrid, el Escorial y Toledo. De esa tarea importante de Pa- radora, que nos retrae uno de sus àlbums, la cual aunque me- dró, tienen sin duda noticia nuestros lectores que conocen la nos importante que la anterior para su reputación artística, lo edición espléndida de nuestra Historia de España, y que la fué mucho sin embargo para rehabilitar su vida, y ejercitar su juzgarán sin duda empresa sorprendente y magnífica, y mo- lápiz. Fué una escursion veraniega á Viladrau, S. Hilario y á numento postumo, á la memoria de aquel ingenio, y que re- las vertientes é inmediaciones del Monseny, donde con asom- vela á las claras lo que hubiera llegado á ser como artista de bro de aquellas rústicas gentes, que veian algo sobrehumano esta clase; su conciencia y claro gusto; lo nuevo y vasto de en su facilidad prodigiosa, y hasta con encanto nuestro, llenó sus noticias, ó de su erudición artística, y de su ilustración un importante libro de curiosísimos detalles y de pintorescos distinguida; sin rival en nuestra patria entre los dibujantes cuadros é impresiones de paisajes, llenos de belleza y poesía, de nota; sin colega que le imite ni ingenio que le mejore. Pe- verdad y sentimiento esquisito de la naturaleza que copiaba: ro, lo que compite en mérito con esos apuntes históricos, son hay detalles verdaderamente notables y pruebas de facilidad los croquis, que el dibujante hacía en los ocios de los dos via- que rayan en lo ideal. jes, ,y que guarda su familia en dos importantes cuadernos El afán del trabajo diario se renovaba empero tras esos llenos de primores de su mano, que aunque no se rozan en momentos de holgura y de higiene de su espíritu, á la par ningún modo con el objeto de sus escursiones, forman el más que de su cuerpo, y al compás de aquel afán, crecian de más delicioso mucleo de apuntes, el más sabroso acopio de sus ti- en más los encargos cotidianos. Solo la feracidad de su con- pos, ideas y recuerdos chispeantes de su lápiz encantador, que cepción, y la rapidez de su mano, podían dar cabo á sus ta- entretenido admira, y por pasatiempo asombra. Son hojas reas. Y , como entremés de su vida, y de sus ocupaciones que entrañan un tesoro de imágenes y de memorias íntimas, forzosas nacíanle de cuando en cuando otros atareadores en- y de preciosidades ignotas, venero de inapreciable valor, don- 7 de sorprende el artista, algo más que á un dibujante, un per- deshacerse hasta de sus mismos elementos, del fruto de su seguidor incansable, y casi un adivinador, de la vida y de la trabajo, para complacer á un estraño ó ligar al último amigo. espresion, del movimiento y del carácter. Hay que verla pa- — ¡ Cuántas veces careciendo de esos mismos elementos los ra sentirla y entenderla para juzgarla aquella innata facilidad. cedia voluntario, temeroso de que exigiéndolos pudiese gra- Era el período más brillante de la vida de Padró; pero el var á alguno, ó privarle de sus recursos ! —: así era su abnega- más infortunado, pues amagaban duros golpes á su existencia ción. Y su corazón flexible se doblaba suavemente al asomo agitada; era el período en que su anciano padre casi en edad de un sufrimiento, al amago de una necesidad; para servir á septagenaria, sentia el peso de la vida con la flojedad de los un artista ó para tomar viva parte en las cuitas de los demás años; y cuando gozando las dulzuras de tranquilidad angéli- ¡como si él, no hubiera cuitas!... Así era su corazón. Y su ca, y el goce del porvenir con esperanzas de sus hijos, pasó inteligencia de temple era un talento claro, rápido y de gran como en un sueño de ángeles, brevemente turbado por los do- alcance, como que creyéndose ignorante, por arranques de lores del justo, á gozar eternamente la paz de los bienaventu- modestia , era lince por demás. Su prodigiosa memoria era rados. ¡ Golpe horrible para Tomás, nunca por él creído, que otra joya estimable, pues como memoria de detalles retenia veló con dolor sublime su ya corta existencia! Desde el dia 6 un arsenal de los más raros elementos y de noticias opues- de agosto de 1876 en que perdió su padre no volvió á alum- tas ; y como memoria plástica, como memoria artística, repro- brar su espíritu aquel frescor de su alma; sintió el nublado ducía fielmente de una sola mirada, y fotografiaba detalles con que ocultaba una tempestad vecina. esa máquina de su espíritu, que era máquina instantánea. A Y, ya al asomo de esta sin dar tregua á su espíritu, ni bus- juzgar á Tomás Padró por sus elementos científicos, se le car paz á su mano, vendida cara su salud, luchando entre la juzgaría modesto; mas al ver como entendía, penetraba ó adi- enfermedad y la vida, hacia sus dibujos postumos, y se cubría vinaba los más variados asuntos que le servían de tema para de encargos que no habia de ver cumplidos. Cuéntanse entre sus obras ilustradas, y hasta para libros científicos, se le cree- sus tareas de entonces, que hacian par con las de la Historia de ría preparado con ciertos sabios estudios. Y por su senti- España, las de una brillante portada de la Flora Filipina, las miento artístico, su comprensión selecta y su juicio atinado de diferentes retratos de literatos y artistas, las de importantes de la música y la poesía, de la literatura escénica, ó de los ilustraciones de una novedad literaria de otro escritor de nota, otros aspectos de la prosa y la poesia, era un criterio justo y periodista y publicista, que juzga una agreste y virgen por- tenia presciencia admirable: parecía que adivinaba. ción de España, las Vascongadas y Navarra, y amen de otros En sus ideas artísticas estaba á inmensa altura, y tenia trabajos, que quedan mas incompletos, la parte de autógra- tan buen sentido y mirada tan levantada, que era difícil supe- fos y calcados del libro Antonio Viladomat, que imprime el rarle : nunca ni una exageración de escuela; ni Un átomo de autor de este artículo. Copiando uno de esos autógrafos y pasión, hubo en su serena mirada. Era ecléctico por espíritu, el retrato del gran pintor le sorprendió lo muerte, y como si y ecléctico por educación, y en todos los géneros de arte — y quisiera darnos entre sus postreros recuerdos el mejor de sus podríamos decir también, en el completo de su espíritu—y en recuerdos, hizo su.última memoria déla efigie del pintor. todos los autores distintos, en todos los periodos de la histo- Singular casualidad, que aproximó así á dos muertos, á dos ria hallaba aliciente y bellezas ó cualidades estimables, y se- importantes artistas, á dos artistas catalanes, barceloneses paraba lo bueno de lo erróneo ó amanerado. Grecia, Roma, por más señas, á dos dibujantes de chispa: al dibujante atre- Egipto,, la edad media, el arte árabe y el renaciente, el ca- vido y al viejo pintor catalán. Que Dios aproxime su espíritu, racolado barroco., tenian para él, su sentido, y enseñaban sus en la tierra aproximado por el gusto y por el arte ! bellas prendas—alas veces imponentes, — que la parciali- Resta mencionar por fin , entre sus tareas notables del dad de escuela ha oscurecido á veces. Hasta en la decadencia último período, los cuadros del Instituto de la ciudad de Fi- decrépita de á últimos del siglo pasado, y comienzos del gueras ; el encargo que se le hizo por el Excmo. Ayunta- actual, encontraba á los maestros y sorprendía su atrevimien- miento Constitucional de Barcelona de dirigir el monumen- to. Porque al través de las formas de arte hallaba osados to que conmemoraba la paz en la plaza de este nombre, y con conceptos. Y ese espíritu de artista ecléctico, se descubría en motivo de las fiestas que por la paz tenían lugar, tras la últi- su taller, ó en lo interior de su casa, — vasto taller toda ella ma lucha civil; el premio del segundo concurso de la Ilustra- — donde los colosos de Ibsambul, y las vastas siluetas de ción Española que se otorgó á Padró por su importante di- Egipto,se hallaban junto al aticismo griego; y el ideal rafae- bujo D. Alfonso es la Pa\: y el grandioso boceto que con don lesco junto al realista moderno, pues todo eran para su es- Antonio Caba optó al premio de nuestra Diputación pro- píritu , faces distintas del espíritu, rasgos varios del ingenio, vincial anunciado á concurso público, y cuyo tema es la ó múltiples aspectos del mundo vivo, de la historia y de la Pa\: obra de grandioso aliento, de estudio serio y maduro, de vida humana, y reflejos de lo infinito. Un mundo tenia en su selectos pensamientos, grupos y composiciones, y en que se taller, y en su vasto entendimiento, giraba también otro mun- siente á Padró, en la parte que les cupo, á la altura de un do. ¡ Qué error fué el creerle absoluto, como algunos le cre- maestro. Y ahí nos quedan sus dibujos y detalles admirables, yeron ! ¡ Qué error en juzgarle ligado,—espiritualista é ideal, estudios sobre papel, que revelan en su ingenio, lo que el pú- — al árido materialismo! blico ignoraba: que era para lo clásico, y para sentir lo anti- Y como artista en acción se le vio siempre con ese espí- guo como el más correcto pintor; para lo vasto y lo grandioso ritu, y con aquel gusto ecléctico; por manera que así pensaba de la pintura al oleo, ó de la pintura á fresco como un mo- un bello asunto de género, ideal ó espiritual por ser arranque derno alemán. Y, esas empresas magistrales fueron como el del alma, por el estro que revelaba, como meditaba un cua- canto del cisne, el mágico canto de su ingenio, que se durmió dro en que lucia la alegoría, ó la belleza clásica, ó la edad después. Tenia treinta y siete años... Con ese verdor murió. media romántica, cuando no la edad heroica; y así se eleva- — Era el 16 de abril de 1877. ba al sublime á las formas más aéreas, como tocaba delicado El resumen de su humano temple y de sus cualidades ar- las formas acicaladas, ó descendia gozoso á la vida de lo vul- tísticas, nos dice que era adorable el frescor de su carácter, su gar— solo por lo chocante — con rasgos de pintor realista; amenidad y modo grato, su ductilidad de espíritu, su since- porque do quiera miraba, veia el sello característico, el verda- ridad con todos, su lealtad en todos sus actos, y aquel saber dero típico, que como miel de las flores libaba también su in- 8 genio.- Así era caricaturista con aquella espresion y aquel ca- desto, por lo que hacia á su persona, tan ajeno al bullicio, y rácter , desequilibrio del carácter por viveza de la espresion, del vicio tan alejado ? Mas recuérdense sus dos virtudes, su que hace los grandes caricaturistas, Sus caricaturas hablan, desprendimiento compasivo, y sus estímulos de dibujante; su y en medio de sus desequilibrios tienen la verdad, la vida, y pundonor de artista, y de artista aplicado, y se comprenderá la espresion atrayente.'Y, esta cualidad de Padró manó de su muy luego, que, tras su virtud, se iba el fruto, y tras su cora- espíritu observador y apegado á lo chocante, que perseguia zón la cizaña que consumia ese fruto. Los libros para su es- sin descanso, á lo típico y característico, siquiera fuese ridí- tudio, con que honraba á sus clientes devorarían dos peculios culo. Nada le hacia más feliz que es observar un rasgo, un como el que pudo tener, y las libranzas in mente, ó sin pro- gesto, ó una impresión ridicula, ó una exageración de las for- testo del portador, no tiene cuenta de resaca. Padró no era mas , de la vida, de la espresion, ó la desproporción huma- un negociante, no era un mercader de ingenio, era un cora- na , corporal ó del espíritu. Como si en él hubiera dos seres, zón de artista, y su pobreza hidalga valia bien otras riquezas. se le veia comunmente, como en dos atenciones distintas: en En su alma levantada tenían solo acojida los ideales huma- la que le era principal y en las que nacia de un accidente, ó nos , y los sentimientos altos: la admiración al pasado por un pasajero momento, ó una impresión intensa; y como si la grandeza que tuvo; el apego á los monumentos signos de hubiera dobles sentidos , tenia siempre ojo avizor para fijarse esa grandeza; la idolatría al presente, hasta al presente que en algo de efecto transitorio ó de advenedizo objeto. Y esa seduce con sus elucubraciones y sus fantasmas, y las ilusiones notable cualidad, esa impresionabilidad de artista, era tan y esperanzas por un porvenir de progreso — ideal que fascina marcada en él, que le hacia interrumpir á veces un asunto, ó al ingenio, con sus colores poéticos—, de civilización y liber- una conversación, para fijarse y gozarse en algo que le impre- tad. Y libertad hemos dicho. Padró tenia un alma liberal, sionaba; que le hacia sonreir, ó le arrancaba una carcajada, una aspiración liberal, elástica, indefinida — como sus inspi- ó un comentario picante, al par que una imagen real. raciones de arte — ; más por pasión que por creencia, porque Fecundo é inagotable en concebir ideas, sobre todo ideas era un corazón de artista, y sentia horror á la opresión, co- artísticas, era un improvisador de fecundidad asombrosa. A mo la sentia al vacío, y porque también tenia alas quería la primera impresión formulaba sus conceptos, y tras estos campo y vasta plaza donde levantar el espíritu, llevado por el otras cien, con pasmo de cuantos lo veian; y como si fuera raudo vuelo de la inspiración y del genio. Y Padró era un una misma cosa el concebir y el realizar, coma si la imagen creyente, un católico sincero, un cristiano de corazón, y si artística naciera gráfica de su mente, fijaba con su diestro lá- pareció indeciso en sus prácticas de artista, y si se le inculpa- piz, con la misma rapidez, ese cúmulo de impresiones, á cual ron deslices de la punta aguda de su lápiz— ¡ quién no los ha más encantadora, más original y más propia. Dibujaba con cometido! quién no ha sentido su época, ó no vivió con su tal prontitud , que seguia su imaginación como por obra de siglo!—, se le censuran sin duda, porque fija de bulto el arte máquina; y cual si jugara en el papel, ó moviera la mano al con la redondez de las líneas; mas no tuvo perversión, ni acaso, nacian de la punta de su lápiz, y al través de encon- hubo hiél, ni cupo vicio en su corazón de niño, siempre in- trados rasgos, de borrones indecifrables y de logogrifos en genuo y angelical. Y, los que le creyeron escéptico, ó le acha- líneas, los más espresivos dibujos. Hacia suyos los estilos de can impiedad, recuerden, que al morir su padre cubierto por cuantos maestros veia, y los remedaba tan hábilmente, los las ternezas y las lágrimas de sus hijos, esclamaba al pié del emulaba con tanto arte, que se confundía con ellos. Grenville, lecho del aterido anciano, tras su último suspiro: « ¡ Padre Gavarní; Bertall, Joannot, Philippoteau y hasta Doré (en pe- mió, ya no existes! ¡ Ya voló tu alma al cielo!... ¡ y allí esta- queño), se hubieran creído copiados; Overbeck, Kaulbach, « ras con mi madre!!...» — Son palabras de Padró que creia Delaroche , hubiera visto en él, los rasgos de sus produc- en la Eternidad, y en la religión de sus padres. ciones ; y, ya al final de su carrera, el sorprendente Neuville, Mas, decírnosla Eternidad, y á ella hizo via nuestro artis- con quien tenia Padró semejanzas extraordinarias, hacia sus ta ; y contraste singular y coincidencia azaz rara: la escalera, delicias de dibujante, con sus mágicos borrones, ó sus sor- la casa misma del colegio de su infancia que tantas veces prendentes cuadros y sus escenas militares. En él se sentia subió ameno y entretenido, sin prever su porvenir, fué la que nuestro artista, con su natural vigor, y á haber vivido mas le vio bajar cubierto de flores y coronas y de los postreros tiempo, hubiéramos en él admirado, al Neuville de nuestra lauros del espíritu que allí creció: la casa de sus amores y de patria. ¡ Qué seducción inmensa, que impresión infinita, dejó sus verdores galantes, fué la que le vio partir con aspecto Neuville en su espíritu! más sombrío; el taller de sus estudios, tapizado de sus imá- Nada diremos del dibujante, que era correcto, grandioso, genes y alfombrado de sus conceptos, fué la antecámara de ático, movido, elegante y lleno de pasión vivísima, de senti- luto y del numeroso duelo que formó su postrer cortejo. miento delicado, según los asuntos de sus cuadros, y los con- Y, hacia meses apenas, que el árbol de su familia tenia aun ceptos de sus dibujos; nada del compositor, que fué hábil y tres verdes ramas, y tres brazos aproximados, que le daban maestro, suelto al par que natural; nada del colorista que te- con su aspecto, atractivo aliciente. Un dia la segur cortante nia toques magníficos y mágicos efectos — aunque no fué co- del incansable leñador endió con sacudida ruda la rama cen- lorista — ; pero en cambio diremos de él que era tan concien- tral de las tres, y desapareció la de su padre: otro dia nue- zudo en todo — eh los cuadros y en los dibujos — que no vos golpes asestados á otra rama, que se erguía lateral, dio acometió encargo, sin meditaciones serias, sin comparaciones tierra á su lozanía y perdimos á Tomás; y hoy, aislada sobre múltiples, sin cotejo de obras y autores, y que tras esa con- ese tronco, solo permanece en él, con su brillante verdor, y ciencia artísica — que sus clientes ignoran—, consumió cuan-, oreada por el ambiente de suaves esperanzas, la más joven de to obtenia como fruto de su trabajo y por honorarios de sus las tres ramas. ¡ Quiera Dios que en crecimiento, pueda su obras: y que por esa virtud, por ese pundonor de artista, mu- verdor y esbeltez sombrear la huella de las otras dos! rió anheloso y pobre. / . Fontanals del Castillo. Padró pobre! ¿ quién lo habría dicho, al verle colmado de encargos, y cubierto de afán artístico ? tan honrado y tan mo- Junio de 1877. Barcelona: Tip.-lit. de C. VERDAGUER. D1PUTACIÓH PROVmtIAL DE BARCELONA , BIBLIOTECA CEHTBAL Reg. %£Jíó sig. % /j\ hf. w$ x DIBUJOS I)K T. PADRÓ. &£- i htirio' DIBUJOS DE T. PADRÓ ft