VILADOMAT. CAPITULO I. INTRODUCCIÓN. DE LA PINTURA EN EL RENACIMIENTO Y HASTA EL SIGLO XVIIÍ. I. Orígenes y tendencias del Renacimiento. — II. Ojeada general histórica á la Pintura del Renacimiento. III. Qué legó la pintura del Renacimiento al siglo xvii y siguientes, y de cómo lo legó. — IV. Decaden- cia de la pintura con la general del arte. ORÍGENES Y TENDENCIAS DEL RENACIMIENTO. PERÍODO histórico, que ha dado lugar á grandes controversias, es el que empieza en el último tercio del siglo XV:, y cuyos ecos vienen á morir en igua- les dias del siglo pasado, entre los horrores de una revolución espantosa, y los delirios sin tasa de una generación carnavalesca. Y antes que él pasó el mun- do clásico con su escesivo apego á los encantos de forma, que hicieron plaza al oropel y aparato de los últimos tiempos del gran Imperio; y pasó la Edad media con su sentimental idolatría por el espíritu, que algunos calificaron de enfermiza ', quizás con ol- vido de escelentes cualidades. Mas ¿ cómo vino á luz el Renacimiento y cuáles fueron sus tendencias ? H. Taine. — Phüosophie de V art, i 8 6 5 , p á g . 118 y siguientes. i6 ANTONIO Tuvo su origen en Italia, en aquel país donde las tradiciones del mundo Griego, y Romano principalmente, más que en otro alguno, se mezclaban con las ideas de los siglos medios, que Dante sentia ya como ilpui'^o del paganesmo' infiltrado en el pensar de su época, y del cual no supo desacirse.ni el mismo divino poeta al acompañarse con Virgilio por el tenebroso mundo de las almas; creció con el entusiasmo de los letrados, poetas y artistas por los restos sabios ó bellos de la antigüedad, que existían desparramados por Italia y en las biblio- tecas monásticas; con el no menos grande de algunos artistas de los siglos xiv y XV, que á semejanza de Nicolás de Pisa =, que trabajó en dos coros de Pisa y Sie- na , estudiaban asiduamente algunos plásticos de aquellos; con los nuevos des- cubrimientos llamados clásicos hechos á costa de gran celo y trabajo; con las adquisiciones de manuscritos antiguos traídos por los bizantinos; por la incli- nación de la decadencia media á las bellezas de pura forma, y el odio de los italianos al gusto gótico alemán; por el estudio de la naturaleza á que se daban desde el siglo xiit, los escultores y pintores; por el sensualismo introducido en las costumbres, algo después de estos dias, y señalado en las fiestas : y, finalmente, por las vastas excavaciones, y algunas exhumaciones 3 efectuadas antes de Rafael y en tiempos de este gran ingenio, con un entusiasmo portentoso y digno de ad- miración. P e r o , también contribuyeron á desarrollarle y á llevarle á su plenitud, las protecciones de los Médicis, y de algunos venerables papas elevados al solio pontificio en medio de agitación é intrigas diplomáticas, ó bajo la presión de al- gunos príncipes y de sus graves miras políticas. Aquellos por orgullo regio ó va- nidad ; estos por amor y culto á lo bello, y unos y otros por unpasagero modo de comprender el arte—ageno á todo estímulo de creencia — y por ciertoapego álos grandes ingenios y á las magnificencias y esplendores de la antigua Roma, que sus esfuerzos nos han legado •, vieron desviarse los artistas y el arte de las tendencias cristianas con precipitados pasos, á pesar del viril empeño de Savonarola por poner desde las cátedras de San Marcos y de la Catedral de Florencia una valla gigantesca al tropeloro afán que todo lo derribaba, moral y costumbres, ciencia. • Divina Comedia, C. XX , i25 del Paraiso. ^ Años 1260-1266. ' Entre esas exhumaciones puede recordarse la de una joven romana tenida entre el vulgo por la hija de Cicerón. — F. Rio. — Del arte cristiano . Tomo II, pág. 129 y 140. — edición de 1861. VILADOMAT. J* 17 educación, religión y arte. Los Médicis en la capital de Toscana, derramaban riquezas sin cuento por poner al lado de las antiguas y venerandas imágenes de los santos las creaciones del paganismo, á la vez que se rodeaban de filósofos y doctores que querían pensar como Platón, Aristóteles ó Plotino, y cantar como Virgilio, y más principalmente á la manera del poeta Horacio. Y, aquellos papas venerables — á veces ligados á los Médicis por la sangre y el linaje — , de los que han escrito con más ciencia que nosotros Rio y Montalambert, y que mejor que por nosotros fueron juzgados por otros pontífices posteriores á ellos, tenían que permitir, ó no podían impedir, merced á las conmociones políticas y sociales del tiempo, que se cubrieran los nuevos muros de la Ciudad Santa, y hasta las pa- redes interiores del Vaticano de escenas y cuadros distintos de los que la Edad media había dejado, y sentían agitarse en torno suyo — tal vez bien á su pesar — las corrientes del entusiasmo de aquel siglo que les hacían dar paso á versos tan llenos de chispa báquica y desenvuelta cual los del Ariosto, y á representaciones escénicas tan embriagadoras como las comedias del Plauto, que era fuerza tole- rar , ó se veían obligados á presenciar, siquiera fuera con dolor, indiscriptíbles bacanales de Carnaval, envidia de la decadencia romana, que mancharon más de una vez la Roma cristiana.' —Contribuyeron á desarrollar el Renacimiento ilus- tres personajes como los que quemaron á Savonarola, y aventaron las cenizas del casi santo discípulo de Santo Domingo, y que tomando sendas artísticas distintas de las aceptadas por Nicolás V , y otros pontífices de temple sublime, abrían al arte el camino que con toda su grandeza aceptaron Julio II y León X . La pompa y magnificencia de unos y otros hallaron imitadores entre nobles é ilustres tos- canos, y en hombres tan aficionados á lo antiguo como Chígí, de ambiciones tan mundanales como los della Rovere, y los Riario, y tan apasionados como Ascanío Sforza, y más tarde Bembo, amigo de Rafael Sanzio, excitaron la emulación de los nuevos artistas ¡ tan perniciosas son á veces los patrocinios de los magnates! y el fervor popular hacia las tendencias é ilusiones paganas que formaron en bue- na parte la atmósfera renaciente. Y aunque sea de un modo más secundario tuvo también su importante parte en esas influencias el casi novel protestantismo — que creció en algo merced á la misma indiferencia religiosa del Renacimiento—,pues así como se engrandecía aquel con este flujo, produjo su reflujo favorable al arte del nuevo período histó- • A. F. Rio. — Del Arte cristiano. —El Papado y el Renacimiento. i8 •*•, ANTONIO rico, no por haberse hecho iconoclasta, sino por encarecer el estudio de la anti- güedad ; por su odio inveterado á la edad-media, y por haber creado lamentables vacíos en torno del CatoHcismo. Pues ese conjunto de circunstancias, y otras que de ellas emanan, hicieron creer á los hombres importantes de los siglos xv y xvi que era posible hacer renacer la vida, espíritu y costumbres, ciencias , letras y artes de Grecia y R o m a , desa- parecidas para siempre i5oo años antes. ¡Error increíble! ¡Fanatismo y obceca- ción quizás sin segundo en la historia! Creef en esas transformaciones , era creer hacedero el borrar para siempre los efectos, el trabajo y hasta las huellas de quince siglos; era olvidar que al morir una era, nace otra que recuerda esta; que las generaciones se suceden heredándose unas á otras las ideas, el estado de civilización y hasta los sentimientos. Era imposible por lo tanto que el siglo xv, fuese sustituido por el primero ó el cuarto anteriores á la época cristiana; y el re- nacimiento hubo de ser por lo tanto únicamente una aspiración á aquel ideal, con la continuación de lo existente modificado por lo impuesto ó añadido. El espíritu no podia morir entregado á la forma, sino que debían vivir esta y aquel; el hombre cristiano no podia dejar más que temporalmente , y aún así entre los doctos, eruditos, poetas y artistas, el lugar al hombre antiguo, y en- tonces todavía con ser los rasgos antiguos como un disfraz que debía sentar mal á un personaje, nacido, criado y desarrollado en la atmósfera y vida modernas. Por eso los caracteres neo-clásicos no fueron clásicos más que en apariencias en todas las manifestaciones del individuo de talla, siendo como se ha dicho muy bien, griegas y romanas, no según estos pueblos y civihzaciones, sino á la ita- liana ó á la francesa. Y el pueblo siguió llamando á los personajes griegos de entonces, á la manera que llamó más tarde á los personajes antiguos del teatro de Luis XIV y de Luis XV., con los títulos de Messire Achille j Messire Aga- mennon, ya que no había llegado hasta el pueblo, más que como algo singular y de moda — que no se inocula en el espíritu — aquel entusiasmo febril de los doctos y gente culta. E m p e r o , esa anticomanía que arrastró hasta al orador del pulpito á llamar los Dioses, al Dios u n o , y á evocar al Amor, á las Musas, á Minerva, á Júpi- ter, á Neptuno, y á todo un festivo Olimpo, marcóse en las obras del hombre, en las producciones del artista, de un modo para siempre distinguible: hizo á los héroes y personajes cristianos bastante á imagen de los paganos, convirtiendo en Júpiter al Dios P a d r e , en Apolo ó en Mercurio al Cristo, en Venus á la Mag- VILADOMAT. 19 dalena ó á Maria, en Eros á los ángeles y mensageros del Supremo Hacedor; y á las demás figuras del Antiguo y Nuevo Testamento, de la Vida ó de la Leyen- da de los Santos, èn otros tipos de la escultura clásica '. Es preciso ver algunas producciones de esa época, en que se pinta á la Virgen Purísima ¡ impudicidad execrable! en figura de Venus desnuda 2, para comprender cuan preocupados es- taban los ingenios de entonces y que fiebre tan intensa torcía los entendimientos. He aquí el lado flaco clel Renacimiento. Sin el sesgo pagano que tomó desde su origen, no hubiera sido más que la continuación mejorada de la marcha que emprendieron los dos siglos anteriores, y en este sentido hubiera producido in- dudablemente grandes mejoras en ciarte cristiano , y a q u e , al esplritualismo, idealismo y misticismo hubiera unido el mayor platonismo posible por las for- mas bellas y puras. Por haberse salido de estos límites fué indudablemente per- nicioso en parte, y preparó desde su origen la decadencia del arte. Y no se crea con algunos, q u e , en esa época histórica volvió el arte á su centro, porque en ese centro estuvo casi siempre durante la edad-media, ya que no se divorció, comunmente, de las ideas, sentimientos, creencias y cultura en general; ni tam- poco que se renovó con el estudio de las formas bellas, porque esto mismo iba haciendo paulatinamente desde los siglos xir y xiii principalmente, y después de Cimabue, Giotto y Massaccio. Testimonio de ello , son las obras de estos y otros artistas, y sobre todo las del Camposanto de Pisa. No consideramos, sin embargo, que fuese un gran mal sin resultado ninguno positivo para su tiempo ó los siguientes, como opinan algunos escritores que pregonan el misticismo, pues algo de gran valía nos ha dejado en las Logias y las Estaít{as del Vaticano, en el Pasmo de Sicilia ó en la Capilla Sixtina que no se produjo antes de este período histórico; y mucho nos enseñó bajo el punto de vista de la elevación y espresion de conceptos, las gracias lineales y la brillantez y hermosura del colorido. Puede decirse de él, que infeccionó el mundo de pa- ganismo durante más de un siglo, sin olvidar por eso lo que, por lo menos, en la parte material y de belleza esterna le debió el arte. Debe reconocerse, asimismo, que no llegó á cumplir el ideal que se propu- sieron sus grandes iniciadores, cuando solo logró aumentar el amor á lo bello y ' Ya Nicolás de Pisa « hizo de Juno una Virgen Santísima , de Platón un San José, y de Baco un Sa- cerdote. 1 — D. E. Forster. Apuntes de la historia del arte. ) ^ V. Añílales Archéologiques, tom. xii, pág. 3o8, y tom. xiii, pág. 242 : láminas. París. Dedrón. 20 ANTONIO el platonismo por lo hermoso y aproximar las advenedizas imágenes neo-clásicas y mitológicas á las más veneradas del cristianismo; y cuando hasta en la misma mitología unió — á veces en mal acorde maridaje — las ficciones mitológicas con el esplritualismo de los tiempos modernos.—La Calatea át Rafael del palacio Chigi, verbigracia, es el más elocuente ejemplo que puede citarse. Aquella mujer hermosa rodeada de Nereidas y Tritones, es una creación ideal del pintor de Urbino, inspirada de la literatura antigua; pero como del alma del pintor, henchida de cierto sentimiento delicado y lleno de gracia que desconoció sin duda la antigüedad. — En lo mejor de sus tendencias iba la edad de oro del arte italiano más lejos, mucho más lejos de la sustitución de lo casi coetáneo por lo antiguo, cuando creaba una antigüedad moderna, recogiendo y desenterrando los fragmentos y restos desparramados del pasado, que coronaba de nuevo, es- tudiaba ó imitaba, olvidando la civilización qne les creó en parte, á la vez que el ingenio de sus autores, entre unas generaciones que nada tenian de antiguo, que andaban por vias muy distintas á las del pueblo y grandes hombres de Gre- cia y Roma, y que alcanzaban por cierto otro y muy mayor progreso. Quedóle también al Renacimiento una gloria que puede llamarse postuma de sus iniciadores, quizás la que menos se propusieron, y es la de haber realizado la completa emancipación é independencia de las ramas plástico-gráficas, sepa- rándolas por entero de la Arquitectura, á que antes estaban sujetas, y dando oca- sión al ingenio para recorrer más vastos y más pintorescos horizontes. Este fué á la vez el resultado universalmente obtenido, ora porque alcanzó desde luego á todos los paises y escuelas artísticas; ora también por no haberse infiltrado ge- neralmente el clacisismo en Alemania, en Inglaterra, en España, ni en algunos puntos ó escuelas de la misma Italia donde no habia ningún precedente ni dispo- sición para aceptarle; ora por no haber tocado más que al paso, en aquellos pun- tos en que las tradiciones, creencias y costumbres eran contrarias ó más poten- tes que las influencias estrangeras. VILADOMAT. 21 II. OJEADA GENERAL HISTÓRICA A LA PINTURA DEL RENACIMIENTO. CON el decaimiento del antiguo espíritu católico de la Edad media, que alentó á los T o m á s , Domingo, Francisco, Buenaventura y Antonio de Padua, perdió- se casi por entero el espíritu filosófico ascético, la teología mística, el espíritu caballeresco, la poesía romántica de los juglares y trovadores, y el arte cristiano ogival coronado de ñores y ornamentos en los siglos xiv y xv. —Y, á medida que escaseaban los héroes cristianos como S. Ignacio de Loyola, ó Santa Teresa de Jesús, ó cuando la vehemencia de estos revelaba un heroísmo más aislado y que encontraba menos denodados prosélitos entre las clases populares; tomaba el arte, como la filosofía, un carácter más mundanal; se hacia el romanticismo clacisismo; medraba el deseo y hasta el anhelo de investigación científica, y se convertia el hombre en más práctico y egoista en las clases altas, y en solo devoto, y no en cristiano rendido y amador sublime en las llanas. Hondas sacudidas conmovían el cristianismo desviando á algunos del puro catolicismo hacia el protestantismo, llevando á otros la duda, y haciendo á muchos indiferentes ó poco interesados por las cosas santas, hasta el punto de exigir la creación del tribunal del Santo Oficio para contener las creencias dentro de sus antiguos límites, por lo menos aparentemente, y volver, ó sujetar el rebaño antiguo bajo el báculo de sus pas- tores y en el redil de la antigua Iglesia.—Perdían las costumbres de su inocen- cia y candor, hasta de aquel candor é inocencia que en muchos puntos, como en la antigua Pro venza, quitaba á la mujer su mas puro aroma á fuerza de mirarse en ella, de cantarla, adorarla y contemplarla con embeleso místico, ó de pasearla en pompa como Reina de las flores, de la poesía y de los torneos. Dejaban de contribuir los ricos señores á la erección de templos y á su suntuosidad por cons- truir y enriquecer alcázares, y la pompa cristiana encerrada en las basílicas se convertia en mundanal, callejera y pública. Pedíase el arte más para el adorno privado y cívico que para ornato religioso, y al artista más para producir belle- zas y servir al lujo y ostentación, que para animar la fé. ANTONIO La arquitectura se empleaba en un principio, ora siguiendo el gusto llamado gótico decadente, ora con el nuevo estilo compuesto por Brunelleschi y Alberti como á una inspiración de las obras romanas constantemente imitadas; pero sin parar mientes en las diferencias de estilo, pues ya parecía lícito emplear el ogival ya el precursor del Renacimiento. Mas tarde abandonó por completo el gusto florido y erigió gigantescas moles, como las de Bramante y San Gallo ó Miguel Ángel Buonarotti, ó llenas de adornos según el estilo de Rafael y el plateresco español. Introdujo esos últimos con poca dificultad en Francia merced al apoyo de Francisco I y Henrique I I ; con mucho mas trabajo en Alemania á pesar de cir- cunvalarle Italia, pais predilecto y originario del Renacimiento; y tenia menos asequimiento todavía en Inglaterra, donde con más insistencia que en parte alguna se volvía una y otra vez al goticismo. Y la escultura, que miró ya con indiferen- cia al carácter de los personajes religiosos cuando el primero de los grandes escul- tores de P i s a , siguió estudiando desde entonces, ora la naturaleza, ora los restos antiguos, para venir á parar al gusto viril y colosal de Miguel Ángel, de Benve- nuto Cellini, y demás contemporáneos de Italia; dejó en Francia el antiguo gusto iconográfico por el italianismo de la Escuela de Fontainebleau ; ensayó ese en Ale- mania con olvido délas escuelas originarias de Colonia, Sajonia, de Suabia, Fran- conia, Nuremberga y Bamberga, aunque con escasos medros después del magní- fico sepulcro de Maximiliano I erigido en los franciscanos de Inspruck; halló aun menos eco en Albion, y apareció en España con los estudiadores del Buona- rotti, los Diego Siloe, Gaspar Becerra y Berruguete. IY cual fué el derrotero trazado á la pintura ? — Dejando á un lado la Grecia cerrada á las influencias de los últimos cuatro siglos y entregada aun hoy á la Iconografía griega entre los monges athónitas, y hablando en general de todos los demás paises, es preciso confesar que no se hicieron todos reacios, ni todos fáci- les á las corrientes neo-clásicas. Italia, que en ese período artístico tuvo la dirección de los demás paises, por el entusiasmo, ya que nó por la fé, que habia heredado de sus antepasados, fué la que empleó mas insistencia en dar completo desarrollo al Renacimiento. Tuvo en Giotto el gran innovador, que dejando el tipo hierático del arte bizantino por la aspiración á las formas de la naturaleza, y lo tradicional de los asuntos por una concepción poética é ideal de las leyendas cristianas, dio el primer paso para la variación del arte, y la transformación de su objeto y .aspiraciones. El fué quien dispertó en toda Italia un vasto entusiasmo por el arte y especialmen- VILADOMAT. 23 te por la pintura, que parecía perdida con la decadencia antigua ; él, quien dio el germen para la grandes escuelas de Florenciay Siena que, empleaban el retra- to con profusión en las concepciones, al par que el sentimiento delicado de los asuntos pios; á la Mística de Fray Angélico y de Benozzo Gozzoli, llena de as- cetismo ideal y la más pura en los adelantos de forma y campo de los asuntos; á la escuela de Pádiía llena de poético sentimiento del colorido, y á la que tomando el lugar de esta como á su heredera produjo la varonil armonía de aquel con los pinceles de Palma (el viejo), Giorgione, BeUini, Ticiano y otros contemporáneos de Venècia; el que preparó la escuela de Milán cuyo principal maestro fué Leo- nardo de Vinci, henchido de esplritualismo, entusiasta por la espresion y de los encantos de forma, y délas ciencias de perspectiva y anatomía en el más alto grado; á la escuela de Ñapóles, pasageramente alemanizada con las influencias de Colo- nia; él fué quien dio germen ala llamada de Umbría^ lamas poética y melancólica de todas las italianas guiadas por el naturalismo, y la casi tan llena de entusias- mo y de pasión como la última de las tres Toscanas; él, en fin, el amigo y admi- rador de Dante, el que hizo brotar una pléyade de artistas, solo igual en los me- jores dias del arte Griego, que hicieron popular la' pintura por toda Italia, y ob- jeto de cierto culto delicado del pueblo que la llevó procesionalmente y en triunfo, como llevó en otro tiempo la Madonna de Cimabue. En manos de Leonardo, de los antiguos profesores de Venècia, y del mejor maestro de Rafael el Peruggino, apareció el Renacimiento con todos sus caracte- res, siendo el primero de esos eminentes artistas el último eslabón de la cadena que enlazó el arte italiano, antes refrescado en la fuente de la tradición, con el nuevo período artístico, ya que al sentimiento cristiano más puro y sublime, unió el amor al antiguo, á la espresion de lo psicológico por los rasgos de la fisonomía, por los ademanes y actitudes, en un grado de casi imposible realización. Y , solo faltó un paso más para llegar á la meta á que se andaba en el camino neo-clá- sico. Habíase apoderado entonces la pasión artística de todos los pueblos del conti- nente y península italianos, y por todas partes se presentaban ingenios de talla, figuras simpáticas y encantadoras henchidas de poesía y elevación de conceptos, y sentimiento sutil y delicado, y cada reino, ducado, ciudad ó pueblo importante, se enorgullecía con un grupo de artistas, ó uno de ellos por lo menos, que halla- ba en el arte sus mas desinteresadas y puras fruiciones. Trabajaban por alcanzar la mejor corona con emulación envidiable los pintores de diferentes escuelas; 24 ANTONIO luchaban en los concursos con entusiasmo artístico nunca después hallado, y con las más nobles intenciones; cedíanse unos á otros la palma sin envidias ni recelos, y adoraban todos la belleza con platonismo. Reuníanse los discípulos de una mis- ma escuela en torno de sus maestros, ó los artistas amigos cercaban á sus colegas de más talla, para oir de sus labios las lecciones de la experiencia, ó las que lle- nas de inspiración y fuego brotaban de la intuición, de la contemplación serena de la naturaleza, ante producciones antiguas, ó de las obras de los maestros de más valía. Aun nos deleita leer en las páginas de Vasari el amigable concierto con que se congregaban un grupo de esos amadores de lo bello para asistir á una fiesta, ó concurrir al Carmine de Florencia á admirar un cuadro de Masaccio, y renovar fraternizando la antorcha brillante de la fantasia! A u n , los coloquios llenos de alma, brios, fé, desparramados en las páginas de ese nuevo Plutarco de los artis- t a s ; aun las academias apolíneas tenidas por ellos en complacencia familiar, ó como buscaban con igual empeño y entusiasmo el nombre y fama, ó las preemi- nencias en las diferentes ramas del arte, ola inspiración en el divino cetro del poe- ta. ¡ Estábase en verdad, en lo moderna edad de oro del arte! ¡ Era una fantasía ideal la vida de aquellos italianos, más de una vez coronados de flores, de olivo y laurel, y con la aureola del genio!—Y para que manara de una vez entre ellos la ambrosia y el néctar de los dioses, y les diera pasto sin fatiga, el cuerno de la abundancia vaciado á la sombra de su fantasía, palmeaban en torno suyo, ó á lo lejos, una generación viril sedienta de belleza, un pueblo de profanos en el arte que tiene por gracia y don especial el haber nacido artista, y perpetuar entre sí ó heredar el gusto esquisito de los críticos y la chispa y el embeleso delicado del alma juntamente. Los magnates, los príncipes y los papas , no se desdeñaban de pisar el taller de un pintor, de recojer uno á uno sus pinceles, de esplayar con él su espíritu por las armonías de la belleza, de emular á un ingenio, y se sentían enaltecidos viéndoles trazar en el lienzo ó en las regias estancias de los alcázares y templos, á la sazón convertidos en museos, las aventuras de las fábulas paga- nas temporalmente ocultas y sorprendidas al sueño eterno de la antigüedad, ó las imágenes del cristianismo, adoradas entonces á la manera que las concepciones célicas de Dante fugitivas al aliento rápido del inmortal poeta. — Los artistas y sus obras eran buscados do quiera con afán como el ornamento más precioso de los edificios públicos y privados, y apenas la mano experta del artista hallaba treguas para pasar de una á otra producción: tan grande y constante era la de- manda de estas y tan rápido el delinearlas y bosquejarlas. — Habíase realizado entonces el Renacimiento. VILADOMAT. 25 Rafael Sanzio, aparecido algun tiempo antes de llegar esos dias, fué quien les coronó. Venido al mundo cuando las aspiraciones al paganismo buscaban en vano su centro de gravedad, cúpole á él la mejor parte en hallar este centro. Formado con los principios y tendencias de la escuela de U m b r í a, aprendió á gustar ya con ella la oposición de la piedad y ascetismo más intensos y de el goce y fausto materiales amados con pasión como patrimonio de los hijos y discípulos de aquel país. Entusiasta más tarde de las cualidades y estilo de Masaccio, de Leonardo de Vinci y Fray Bartolomeo; de los fragmentos y estatuas desenter- rados , por él en parte, de los cimientos de la antigua R o m a ; del colorido de algunos florentinos; de la redondez y tersura algo clásicas y varoniles del tipo romano moderno; teniendo por émulo al impetuoso Miguel Ángel Buonarotti; por amigos á la vez á ios frenéticos discípulos de Platón y Epicuro; por corifeos á unos corros de artistas jóvenes ebrios de esas mismas tendencias y aplaudidores de ellas; por protectores y patronos al cardenal Bibiena, al Conde deCastiglione, á Chigi, Bembo, y á los papas Julio II y León X ; rodeado de placeres en la flor de sus años; de mugeres hermosas y apasionadas con la pasión de las Cortesanas m griegas; arrastrado por ellas y por una vida muelle y sensual; alma candida, dulce, noble, generosa, delicada, como su figura y su rostro; apasionada, fle- xible , poética é idealizadora con platonismo, hasta del bello ideal de Epicuro, pero con el arranque y fuego de un corazón más moderno y meridional; nacido para amar y adorar, para sentir la belleza del modo más delicado con el gusto más esquisito y para dominar el arte en todos sus aspectos y faces, para adivi- nar el pasado y el porvenir como ningún otro ingenio, )'• para cernirse sublime en sus inspiraciones, hermoso en la manera de realizarlas sobre todos los que le precedieron en la era cristiana, y con más perfección que otro alguno, fué en verdad el único ingenio que debia dar unidad á las opuestas tendencias del arte de sus coetáneos y antecesores y ser el símbolo vivo de los caracteres antagonis- tas del Renacimiento. El fué quien hizo el arte de este período histórico todo lo que podia llegar á s e r , dando formas y caracteres marcados á la aspiración, al grecismo y romanismo. Él fué el único que pudo presentar á un tiempo y con igual empuje y resultados, las preciosas Madonnas tan numerosas como admira- bles que asombran el genio en los diversos museos de Europa, dando el tipo más hermoso é ideal de la mujer y de la familia moderna, y el que ilustrara con intui- ción y chispa é imaginación, envidia de la pintura antigua, los Amores de Psi- qkisj de Cupido por Apuleyo. Maestro predilecto de la Escuela Romana, á él 26 ANTONIO sólo se debió el grandioso prestigio y fama de tal escuela, y á no enfrentar con el gigantesco escultor florentino, él, sólo, hubiera fundado la más vasta artística de que pudiera hacerse memoria, y la que con más elevación y constancia patenti- zara los timbres del arte. Por lo menos, son pasmo del mundo sus fecundos par- tos á millares, estudiados, historiados, reproducidos j criticados durante más de tres siglos consecutivos, y por centenares de plumas, prensas, lápices y pince- les, y siempre juzgados como hijos de un alma cristiana y pagana a l a vez.— Disputaba al hijo de Urbino, y compartia con él la importancia artística de este período, otro ingenio, impetuoso como hemos dicho, original y hasta singu- lar, que hallaba como aquel mil entusiastas admiradores y discípulos á quien no habia de levantar sinó de sumergir en el oleaje de las exageraciones y del mal gus- to : hablamos de Miguel Ángel, poeta de nervio, músico espresivo, gran pensador, arquitecto y pintor famoso, y sobre todo gigantesco escultor. Por su elocuente palabra, por su amor á la antigüedad, por su sentimiento fogoso era también cristiano y pagano, y otra de las más importantes figuras de la época que nos ocupa; pero por su carácter altivo, independiente, enemigo de toda imitación é inspiración de obra ó idea agena y siempre algo descontento de sí mismo , se ha- cia más moderno que sus coetátieos, y precursor muy anticipado de los si- glos XVIIIj' XIX. Su incontinencia de originalidad, le hizo llegar á la exageración de lo varonil y colosal y admirar en el arte la ciencia de las formas, la perspec- tiva , y sobre todo la anatomía, con esceso, y al igual, ó más si cabe, que la producción inspirada de belleza. Al mismo egregio florentino se debe también el haber dividido en dos campos diversos, y hasta opuestos, á los artistas neo-clá- sicos de toda Europa, que siguieron á los de la escuela italiana, é innumerables obras, objeto de gran controversia y siempre inimitables. Y , junto á esos dos genios del Renacimiento brillaba la escuela Florentina con el estilo grandioso de Andrés del Sarto, el colorido brillante de Fray Barto- lomé de San Marco y el correcto y enérgico dibujo de Sadoma: tres artistas de entre los de más personalidad. P e r o , he aquí que independientemente y aislado de todas las escuelas aparece un milanès, el Correggio, falto de creencias, como los más de sus contemporá- neos, el cual pagado de la novedad de aspiraciones al clasicismo; llena la fantasía de ilusiones regeneradoras, se propuso volver el arte á un puro renacimiento de la antigüedad, y doblegar la religión cristiana á las creencias paganas, de un Olimpo con todas sus deidades, y desde entonces empieza á decaer el Renaci- VILADOMAT. 27 miento por exageración de aspiraciones irrealizables , pues que la carencia de fé en algo real engendró el vacío en los conceptos, vacío imposible de llenar con ilusiones que solo podian durar un momento entre los inficionados de la fiebre pasagera. Así es que solo pudo aquel maestro brillar en el colorido y fuego de eje- cución , partes materiales del arte , mientras que uniendo errores á errores mar- chaban él y sus discípulos á las más groseras exageraciones y á acabar por com- pleto con todo lo ideal ó espiritual que pudiera dar duración y vida elevadas al arte menos material entre las plástico-gráficas. La novedad que tanto cegó á los más grandes entendimientos del siglo xvi, era de nuevo la que engendró en esta escuela la aspiración desmesurada al efecto, y la que produjo otra tendencia de muerte para el arte, que poco antes tanto se habia levantado: con ella se inició la nueva decadencia de la pintura. Y ; qué hablan de hacer los discípulos de R o m a , Florencia, Milán y el resto de Italia, faltos de conceptos y sentimientos grandes y estimables, y solo apega- dos á las bellezas de forma con el colorido, y descuidados en el dibujo, más que seguir la común suerte y matar el arte ? Matáronle en realidad desde entonces to- mando el Renacimiento á la letra, creando una Mitología ridicula; mirando ante todo al efecto y á la ilusión; siguiendo sin talento ni genio á Rafael, á Miguel Án- gel, á Leonardo de Vinci, y á ese ó aquel maestro con rigurosa imitación, hasta en sus más grandes defectos; olvidando el buen estudio del antiguo, las lecciones de la naturaleza, y sobre todas las cualidades propias de cada individuo; oponiendo en fin el materialismo, alideaUsmo, misticismo y espiritualismo. Y, en vano traba- jaban por revivirle los esfuerzos de los Caraccis, fundando la Escuela Ecléctica ó áe. Bolonia, con la disposición y composición tomadas de Rafael, el dibujo de Mi- guel Ángel, la espresion de Leonardo, el colorido de Ticiano y los efectos del Correggio, pues que faltó algo superior al ideal de esos restauradores, que cons- tituyera poesía, no habiendo logrado producir más que un gusto y un estilo frios, combinación del entendimiento, que habia de parar en manera por la falta de calor de fantasía que revelara. Ni tampoco lograron nada por volverle á la an- tigua senda la habilidad de los Procaccini; ni del Caravaggio, Ribera, del Gui- do , el Dominiquino; ni de otros pinceles de Lombardía y Ñapóles, Roma y Florencia; ni el colorido delicado, esquisito, suave, brillante, p u r o , armonioso, magnífico del Veronés, el último gran ingenio de aquella Venècia fastuosa y des- lumbrante , llena de bullicios y festines y orgías, en que se mezclaban el vino y. la sangre juntamente, porqué el arte habia recibido el golpe mortal al perderse la 28 ANTONIO fé, el entusiasmo, y la poesía, que vivian antes en las costumbres hasta por una como escitacion nerviosa y enfermiza, que daban alma á aquel; y al trocar su elevación y entusiasmo por ricas galas y oropeles exteriores. Del corazón de Italia irradió el entusiasmo por el neo-clacisismo á los demás paises de Europa, y , si, como opinan algunos, se puede juzgar de lo grandioso é intenso de los resultados obtenidos en cada uno de ellos por relación de la dis- tancia á que esos pueblos se hallan del foco renaciente, debió ser Alemania, la que más pronto se sujetara á aquellos y la que á mayor altura llegara por las in- fluencias italianas. Empero no fué así, y los pueblos de allende el Rhin contra- dicen el aserto. Arraigado en ellos, más que en país alguno, el espíritu cristiano, á pesar de las victorias alcanzadas por los Doctores protestantes, y quizas por efecto de esa misma oposición; teniendo en ellos hondas y vivideras raíces la tra- dición y las costumbres antiguas, pedian unas y otras de un modo inconsciente las formas empleadas por los artistas de la edad media, modificadas, empero, por los nuevos adelantos de la cultura general, y técnicos del arte en particular. Difícil se hacia comprender que el país generador de artistas capaces de producir el sepulcro de San Francisco de Asis; el sentimiento cristiano de la escultura neo- gótica , y el ogival espinoso que duró hasta bien entrado el siglo xvi, fuesen los primeros que obedeciesen á la moda italiana exuberante de paganismo, cuando por el contrario se concibe fácilmente que á la Escuela de Colonia, henchida de infantil espresion del sentimiento cristiano, hermoseada con un colorido delica- d o , brillante y m a t e , y con unas tintas carnosas, suaves y trasparentes; servida por un dibujo seco y natural y por unas formas duras y extenuadas, y exten- dida en el siglo xv por todo el país germánico, sucedieran en este mismo siglo, la escuela de los Paises Bajos dirijida sucesivamente por Huber van Eyk, ' Van- der Veyden, Memling y otros artistas, y la de Siiabia, de Schongauer y Bart. Zeitbloom, más estudiosa del natural y del dibujo, hasta con esceso á veces, pero que siguió las tendencias de la anterior, con pliegues quebrados de manera que parecen metálicos, con un colorido muy vivo y unos ropages abigarrados á la usanza de la época , que gustaba acompañarlos con pedrerías y sartas de per- ' Otros le llaman van Dyk. VILADOMAT. 29 las, con aderezos, armas, muebles é instrumentos preciosos; y á esta la de Fran- conia cuyo principal maestro fué Volguemuth, la cual se distingue de sus coetá- neas y predecesoras por la dureza de contornos y formas, y por un colorido fresco y chillón al par que consistente; y en fin, que las tres últimas hagan presentir las cualidades de Alberto Durero y de J. Holbein, los dos pintores alemanes de más talla que empezaron el siglo xvi. Ni el primero á pesar de su carácter poético sen- timental y delicado; de sus grandes adelantos de ejecución é inspiración; ni el segundo por su grandísima movilidad de espíritu, penetración del alma humana, intención dramática y superiores cualidades de pintor de retratos, no aspiraron nunca á trasponer aquel antiguo sentimiento artístico alemán que tan bien se avenia con los últimos templos, palacios y otros edificios de la Edad media. En Alemania, Bélgica y Holanda desde Van Eyck y Van Orley y Lucas de Leyde fueron todos los maestros tradicionalistas germánicos durante los siglos xv y XVI, en lo piás brillantes del Renacimiento, sin que casi ninguno más que Juan Schoorcel, trocara entonces ni después el genérico espíritu y gusto de sus antepa- sados por un espatriado italianismo copia de Rafael, Leonardo de Vinci, Miguel Ángel ó Correggio. Y,; qué lograron hacer los sucesores de Cranach y Metssys, que idos á Italia después de comenzado el florecimiento del maestro romano, importaron á Ale- mania el gusto neo-clásico italiano, más que seguir mal á los pintores que imita- ban?— Perdióse, p u e s , con ellos en gran parte el arte alemán sin compensación, y solo al ponerse el siglo xvi y alborear el xvii, apareció en los Países Bajos, y al frente de la Escuela Flamehca, Pedro Pablo Rubens, hombre eminente, de chis- pa gigantesca, sensualista en Pintura y pagano al igual del Correggio, si bien pintando Venus, Mercurios, Ninfas y Amores, Flamencos, gordos, frescos, sa- nos ; paganos de la manteca, la leche y el queso; y colorista rival de los mejores de Venècia, Milán y Parma. Siguiéronle Jaime Jordaens que á menudo le imitó, y Antonio Van-Dyk, menos fogoso, sensual y más poeta, pero dotado de menos fecundidad, el cual es otro modelo encantador en el retrato; más no volvió á re- cobrar la pintura su antigua y pura ingenuidad de espresion ni sus endurecidas formas y secos contornos. Frente a estos aparecieron en Holanda con un espíritu sumamente local Van der Helst, H a l s , Bol y Rembrandt que también hicieron preciosos retratos, derramando el último de estos y el mejor, por sus contrastes vivos, la poesía fantástica del claro-oscuro en sus lienzos. 3o ANTONIO Alemana era también la Escuela Francesa del siglo xv, por haber seguido sus principales pintores de Anjou y de Tours las lecciones de Van-Eyk ó Van-Dik y otros maestros de los Paises Bajos; mas volvióse italiana en el siguiente con la ida á Fontainebleau de Leonardo de Vinci, Andrés del Sarto, Benvenuto Cellini, Rosso, Primaticcio, Nicolo del Abate y otros, que compusieron la Escuela creada por Francisco I y Enrique II. No luchó ya desde entonces, como en Alemania, la tradición con las tenden- cias invasoras, que fácilmente hubieran triunfado en la lucha á haberla, pues con- taban con predisposiciones en las costumbres de los hombres de letras y aristo- cráticos , comenzando por los monarcas. Era, sin embargo, indispensable que fuese tomando la cultura é ilustración un sesgo aun más asequible á que se localizara á orillas del Sena el italianismo es- patriado; para que adquirieran mas crecimiento los ensayos de Fontainebleau. Pero, ese tiempo llegó á los últimos años de Luis X I I I y en la mejor parte del reinado de Luis X I V , y Nicolás Poussin, admirador de Rafael desde muy jóven7 trasladado á Roma donde le siguió con gran talento y de una manera original, fué el mas neo-clásico de los pintores de entonces. A su influencia, antes que á >. la de pintor alguno , se debió el gran desarrollo que adquirieron el paganismo y la mitología entre los pintores franceses, y él fué quien fundó la-escuela de este país en Roma. Su amor, su idolatría al antiguo es proverbial, y se vé en todos sus lienzos; y mejor se vé aun su entusiasmo por la antigüedad, y por la poe- sía bucólica de Roma en sus escenas campestres, llenas de Sátiros, Panes y Bacantes, que retozan como la hojas de los árboles al soplo del viento, ó se so- lazan en ameno consorcio al son de rústicos instrumentos y al compás del cé- firo que juguetea entre el follaje y riza los arroyos. También se vé en sus mu- chas alegorías ó escenas mitológicas, y en sus composiciones clásicas de paisa- ge, á la manera de pasadas edades, en que el hombre se mezcla pintoresca y ele- vadamente con la naturaleza y se une con ella para su mayor poesía. Y , por otra parte, se le halla siempre espiritualista y cristiano en inumerables lienzos suyos, como ha probado algun filósofo ' , y hasta en sus mismas obras paganas. • Charles Leveque.— Lespiritualisme dans /'arí.—Nicolás Poussin — París—1864.— Bouchitté.—Le Poussin. , j VILADOMAT. 3i con todo y ser, después de su verdadero maestro, el que mejor pintó el espí- ritu antiguo que domina en la literatura de Grecia y Roma, y el que se inspiró mejor del soplo vital que anima los restos de la antigüedad. Otros pintaron esta junto á él; pero ¿ quién la sintió en el mismo suelo menos á la manera dramá- tica y cómica francesa ? ¿ Quién la doblegó en su país menos que él, á las aficio- nes ridiculas de sus contemporáneos ? Lessueur, cristiano y lleno de sentimiento, la pintó más cristiana: Lebrun con su estilo enfático, frió, acompasado, como las maneras de un cortesano de Luis XIV, ó como este orgulloso y empaquetado, aunque señalado monarca, quiso hacer de los Alejandros y Daríos, otros tantos compañeros aduladores de aquel, que volteaban á la manera de los lechuguinos de su señor sobre el tacón colo- r a d o : Claudio de Lorena, el Rafael del Paisage pintaba la naturaleza con un sentimiento demasiado esquisito para ser antiguo; Dughet, Champagne, Mig- nard y Lahyre estaban en línea muy inferior á Lessueur, á Poussin, y algunos hasta á L e b r u n , y pintaron poco quizás la antigüedad; y los Jouvenet, Bour- don y Coypel caian ya con esceso en lo vulgar, grosero y ridículo. Unos y otros eran discípulos de Italia por los asuntos ó partes técnicas de la p i n t u r a , más ó menos transformados ó modificados por la sociedad francesa á la que servían de admiración, de modelo, ó de aduladores, y todos aspira- ban al italianismo cristiano ó pagano del siglo xvi.— Estaba el neo-clacisismo en el gusto francés. Pedíanle las doctas y los doctores, los poetas y filósofos y hasta graves clérigos y prelados; dábanle en la poesía sabia ó corriente, y en el drama y la tragedia los vates de más nombre; empero, estos tomando por norma para la vida y costumbres de sus personajes de escena las que estaban en boga entre los señores de corte, la aristocracia diplomática*, ó la que podia complacer á un inmortal de por vida sentado en el trono del reino.— Hasta el cardenal Fenelon, el cristiano prelado, al escribir un libro de educación para el Delfin, buscaba su asunto y episodios entre los aceptados por la Antigüedad, y hacia correr por su estilo la vena clásica, y el lenguaje p u r o , imitación del griego y el latino.— Pagana era en fin, la vida desenvuelta de los palaciegos, y clásicos, ó neo-clásicos debian ser los partos del genio ó del talento presentados por la pintura. 32 ANTONIO Y , España que no era clásica, ni pagana, sinó cristiana y muy romántica, I qué hizo en su pintura al hospedar al Renacimiento ? España se acomodó á un término medio entre lo efectuado por los artistas alemanes y los franceses. Preparada desde el siglo xvi á los adelantos de formas, y modernizado su espí- ritUi algo á la italiana, pero con bastante pureza en la vida y las costumbres, recibió las tendencias del suelo italiano que tanto frecuentaba con magnífico hospedaje de estrangeras, rechazando las paganas que su espíritu bastante pu- ritano rechazaba, dando paso á las formas y figuras de la literatura antigua, ó neo-clásica como á recreación humana, y especialmente de los entendimientos cultivados; aceptó de lleno los adelantos técnicos, principalmente en la parte de espresion y colorido, y cultivó el arte uniendo las cualidades estrangeras que se habia apropiado, á la poesía sentimental y á las creencias y tradiciones here- dadas de sus mayores. Como en los siglos medios vio España á muchos estrangeres, protegidos por los magnates, cultivando la pintura en su suelo. Ticiano en tiempo de Carlos V, y Francisco Neapoli y Pablo de Areggio que al parecer iniciaron la Escuela Valenciana; en los de FeHpe II y Felipe I I I , al Greco, los Carduchos, Caxésy A. Rizzi; sus dos hijos en el de Felipe I V ; Lucas Jordán en el del infeliz Car- los I I , á los cuales seguían de Francia é Italia, Miguel Ángel Owasse, Rauch, A. Procaccini, Bonavia, Wanloo y Vauvitelli i, llamados por Felipe V para le- vantar el arte en los dias de su decadencia. Vio España partir para Italia á sus mas afamados maestros, Joánes, Céspedes, Pacheco, etc., y en seguimiento de ellos á muchísimos otros, algunos de los cuales imitando á Leonardo, á Miguel Ángel, ó al maestro de la Escuela Romana, quisieron, aunque con esfuerzo vano, transplantar las aficiones de allende, entre los menos cultos y más creyen- tes españoles. ¡ Que era valla ancha y de no fácil paso la que oponían la fé en las costumbres y en las predicaciones religiosas; más imponente y difícil de sal- var de lo que pudiera creerse! Artistas venidos de Flandes y algo italianizados cooperaron á hacer mirar el colorido y el estudio del natural como las partes más estimables que debían cul- tivarse por los pintores, produciendo una afición de vez en cuando casi inmode- rada por la imitación de toda naturaleza, y contribuyeron con los pintores italia- nos ó neo-italianos á que enlazara la pintura española en un conjunto lleno de ' Citados por Cean Bermúdez en su Diccionario Aiíío'ríCO.—Introducción. VILADOMAT. 33 alma y fuego, la poesía heroica, delicada, bella ó sublime de los grandes perso- najes del catolicismo, con el dibujo y las formas de toda la naturaleza humana y española, sin esceptuar siquiera la más vulgar, y con un colorido y unos efectos deslumbrantes, armoniosos, variados y dulces. D. Diego Velazquez, Murillo, Zurbarán, los dos Ribalta, Fray Joaquín Jun- cosa, José Martínez y Juan Bestard, ' reunían por punto general este conjunto en sus obras, de un modo marcado y estimable, si bien algun tanto diferente unos de otros según fueron las circunstancias ó elementos con que se formaron, las cualidades de su ingenio, ó la Escuela Madrileña, Sevillana, Catalana, Aragonesa ó Mallorquina á que esos pintores pertenecieron. Y, de cuantos figuraron ó vivie- ron en el siglo xvii podríamos añadir lo mismo, pues todos poseyeron con dife- rentes quilates esa mezcla española, italiana y flamenca. Así fué esta pintura nacional, aristocrática, religiosa y llana ó popular, por- que reunia la elevación entusiasta y noble del hidalgo, al entusiasmo y transpor- te cristiano del monge, y al carácter sencillo y piadoso de las mugeres y del vul- go. ^ Y si quiso tratar con las deidades de la Fábula demostró no conocerlas, pues que las represento sin ningún sentimiento de la antigüedad, como lo hizo Velazquez en Las Fraguas de Vulcano, en su Venus, Marte, etc. Este y los de- más artistas de su país se distinguieron principalmente, y podria decirse, casi sin escepcion, en la pintura de gallardos personajes de su tiempo, que retrata- ron tan bellamente como Ticiano, Van-Dick y los primeros retratistas de Ho- landa ; en los cuadros de martirios, éxtasis y embelesos místicos, que represen- taron sublimes, y en los de santos, monges y prelados, ora empleando el tipo an- daluz, castellano ó valenciano; ora el catalán, aragonés ó mallorquín. Honra y prez de España fueron con este general carácter luego de iniciado el Renacimiento, la Escuela de Sevilla y Andalucía, pagada del colorido fresco, armonioso, suave, rico y brillante; del dibujo lleno, ondulante y sentido, y de escenas que rebosan vida, fuego y movilidad meridionales: la de Madrid y Cas- tilla de color más opaco y magestuoso, de personajes de realeza y de más gran- des efectos y más correctos y puros perfiles y contornos: la de Valencia, llena ' Es el pintor mallorquín del siglo xvii, á quien Cean Bermúdez cita dos veces en su Diccionario, sin duda por no conocerle bastante, con los apellidos de Bastard y Bestard. —V. T. i. oper. cit. " A haber parado mientes en éste se hubiera comprendido mejor de lo que comunmente se ha hecho el carácter de nuestra pintura nacional, especialmente en la parte que constituye su carácter religioso y que Uamive^mos popular-religioso. — Sobre este género de pintura véase nuestro Cap. vni. 5 34 ANTONIO de tintas enérgicas, sanguíneas y sombrías, y de espresiones intensas y carac- terizadas : la Catalana, de pasiones y sentimientos varoniles, formas rudas, con- tornos secos, conjuntos meditados y tonos poco deslumbrantes, aunque verda- deros y sin amaneramiento: la Aragonesa continuada por José Martínez, su hijo Antonio Lujan (Martinez) y Bayeu, y últimamente la de Mallorca, más bien que escuela agrupación de algunos artistas formados con las obras de Ri- balta , Carlos Maratta, y Aníbal Caracci principalmente; ufana de sus Bausas, Mesquida, Danús, Rabasa y otros pintores de los siglos xvi y xvii, émulos de nacionales y estrangeres, de los que fueron discípulos—:todas hábiles en el manejo suelto del pincel, y henchidas de aquel espíritu hispano, religioso y po- g^pular, que prestó la abundante y aun no gastada inspiración á la divina Teresa, á Cervantes, Lope y Quevedo. É Inglaterra, autora de un arte gótico original y rico durante toda la edad media, señora del regio estilo perpendicular y del elisabet, dormitaba trasno- chada aun en el siglo xvii, después de erigir su bóveda de San Pablo á imitación de la cúpula famosa de Miguel Ángel. Es verdad que en escultura y pintura ja- más hasta entonces habla descollado; pero es estraño que al calor de Hans Hol- bein, pintor fantástico, y del agraciado Van-Dick, no naciera ni medrara ninguna flor de precio y estima hasta los dias de la decadencia del arte; y sobre todo es más estraño en la corte de Londres, donde brotaban ingenios gigantescos siguien- do á Schakespeare, y un sin número de otros poetas originales y aficionados á fantasear con los personjes mitológicos ó históricos de la antigüedad. Rusia, finalmente, dada al gusto bizantino desde casi olvidados dias de su civilización cristiana, continuó á la manera que los Athonitas, considerando el arte de la pintura como unida estrechamente á la religión y al culto, y desde en- tonces le puso bajo la férula y censura de los iniciados de su Iglesia. Recibió dó- cil las enseñanzas de los monges del Athos, y las devolvió á éstos con algunas mejoras; pero sugetándose siempre á las hieráticas tradiciones de la pintura de Oriente. Más tarde, cuando ya promediado el siglo xvi, y en el xvii, vio apare- cer en su suelo á varios artistas italianos que cultivaron la pintura en él, y á los que llamó Friajsky, los cuales si bien se ciñeron á la tradición, contribuyeron VILADOMAT. 35 á adelantar las partes técnicas de aquella y á modificar con éstas algunas escuelas locales, como la llamada de Sibèria. Empero, como esos estrangeres eran ecle- siásticos en su mayor parte, solo aspiraron á conciliar las ideas locales con los progresos artísticos de Occidente, si bien tampoco hubieran podido, ni pudieron algunos más osados que los demás, ensanchar el círculo de hierro de los asuntos, ni introducir el nuevo paganismo, que se hubiera penado como á infracción del dogma y de lo sancionado por los patriarcas y los Tsares. Continuó pues, al la- do de las nuevas influencias, el arte de los Moscovitas, de los Imperiales, etc., en el cual se ejercitó aquel Zoógrafo sin segundo, que falto de manos para ejercer la pintura, manejaba y guiaba éstos con la boca, por gracia de Dios, y para asom- bro de sus coetáneos. III. QUE LEGÓ LA PINTURA DEL RENACIMIENTO AL SIGLO XVII Y SIGUIENTES^ Y DE COMO LO LEGO. Pero al ir desenvolviéndose ese período histórico, íbase fecundando poco á poco para el porvenir. Los dos últimos siglos aprovecharon escasamente de sus partos, si bien con todo y eso, á ellos fué á quien primero se dirigieron. Eran aun poco espertes; hablan aprendido poco en la historia moderna, para sacar mejor partido de las enseñanzas del Renacimiento; y no es de estrafiar por lo tanto, que el siglo xix sea el que se utilice de ellos, con mas ciencia, honra y lus- tre , haciendo creer á muchos contemporáneos nuestros, ebrios de entusiasmo por el progreso histórico, que es el siglo novísimo el inventor de tantas mara- villas. — Llevaba en su seno el Renacimiento ya desde su origen, el germen de lo que debia producir, y que dio á luz completo, cosa de cien años después de ini- ciado, y así decimos con razón, que, era ya para el siglo xvii el germen que antes de comenzar éste se habia desarrollado plenamente , y recorrido todas sus faces, desde su origen hasta su decadencia, después de pasar por la mayor vitalidad y crecimiento posibles. 36 ANTONIO Enseñaba ya entonces, que el arte no puede vivir divorciado del espíritu, ten- dencias é inclinaciones de la época en que debe medrar, ni de los pueblos ó clases á que se dirije, porqué ó se eleva más ó menos de los que han de gozar sus suaves y deleitosas fruiciones, ó nodá lugar á éstas, ó perece y se agosta por obra de sus mismas aspiraciones, y por falta de soplo de vida y calor que le inspire, ó pasa en su tiempo como algo de transitoria moda é insignificante, ó cual combi- nación más ó menos bella ó encantadora, pero sin consistencia. Cosas contrarias á la vitalidad del arte, la que como mundanal busca siempre una atmósfera don- de crecer, y que le anime y vivifique. Y reanudó el hilo cortado en tiempos muy anteriores, haciendo ver con la elocuencia de los hechos, que, apenas cegada la corriente del sentimiento y la poesía constitutivos del fondo ó alma de las reali- zaciones bellas, pierde el arte su frescor, amenidad , y hasta su importancia; y de una manera más elemental si cabe, censuró las elucubraciones neo-clásicas, de- leite de las simples formas, y las de un orden parecido é inconsistente, que no tienen más apoyo que las aspiraciones vacías é irrealizables del ingenio. Estendió el objeto del arte mucho más que la edad media, dándole por fin, la producción consciente de bellezas interiores y exteriores, ó del espíritu repre- sentadas bellamente, y separándole del solo objeto de adoctrinar ó evocar la ad- miración y la piedad, conservóle empero, la libertad de obrar como en la época más romántica, ya que le permitió recorrer un mucho más vasto círculo, que so- lo tiene por limitación la repugnante y despreciable fealdad, ó las maldades del sensualismo, ó las costumbres aviesas y depravadas. Manifestó en su decadencia cuan imposible es pretender un desenvolvimiento artístico en que se oponga el fondo á la forma, despreciando ú olvidando uno de los dos, y cual es la pena que cabe atan irrealizables aspiraciones; permitiendo sin embargo, la caricatura, uno de los aspectos de la sátira, cultivado por Leonardo di Vinci con chispa y espresion admirables, siempre que se funda en la aspiración á lo perfecto, bello ó bueno por medio de lo ridículo de forma apoyado en un fondo, concepto, inten- ción, sentimiento, etc., apreciable del artista. Y, claro está que mucho más vas- tos fueron también los efectos á que quiso aspirar el Renacimiento, y que pro- porcionó á los dias que le siguieron, puesto que debian ser, y han sido tantos en adelante, cuantos fueron los efectos producidos por nuevas obras que se sujetaban al fin único de la belleza, multiplicados aquellos por el de las almas sensibles á las formas y conceptos artísticos. Y, al decaer á la vez con la imitación servil de sus maestros, anunció, que el VILADOMAT. Sj ingenio debe volar con sus propias alas sin pedir prestadas las agenas, y menos aun prestarse á otros ingenios por imitarles, puesto que entonces cae al querer cernirse por falta de suelta y espontánea facilidad en su acción; poniendo con ello muy de bulto el valer de las facultades individuales, y el calor de la inspiración, y desencantando asimismo á los adoradores ciegos de las antiguas escuelas, y á los apasionados de los tipos é imágenes hieráticas, por solo ser viejas ó antiguas. Rehabilitó la personalidad del artista dándole más talla que los siglos medios, y hasta que la antigüedad, considerando su ingenio, sinó como un destello infini- to, como algo superior y de no fácil hallazgo—cual las cualidades muy distingui- das del filósofo ó del político—; ofreciendo por otra parte ejemplos del abuso de esa personalidad, dignos de tenerse presentes para no imitar sus exageraciones y mal gusto, y de modernos y petulantes Apolodoros, que la cultura cristiana más corregida repele. Propuso al estudio del porvenir las facultades de sus grandes ingenios para indagar los medios por qué hablan llegado á su apogeo, y encomen- dó á los que desearan seguirle en tan elevada como espiritual senda, la educación de sus propias facultades con nociones levantadas, prácticas y siempre artísticas, por manera que, sin olvidar ninguna de aquellas se desenvuelvan todas armóni- nicamente para producir con espontaneidad y sin flaqueza de la inspiración. Creó junto al idealismo místico, ó al puro misticismo pictórico de los siglos anteriores, un nuevo idealismo ó sea concepción artística de entera fantasía, y un espiritualismo, ó modo artístico de concebir basado en la animación de la na- turaleza por medio de sentimientos ó cojiceptos, partes espirituales ambas, los cuales sirven no al culto, ni al ascetismo puramente, sino al hombre docto ó rudo con sus fruiciones deleitosas, conforme al nuevo y lato objeto de las bellas artes. Fué en esto una confirmación de la antigüedad clásica, si bien con mucha mayor estension, pues aquellos tiempos remotos basaron solo su arte en el idealismo sin mezcla. Mayor fué aun la influencia del Renacimiento para el desarrollo y gran creci- miento dado desde aquella época á los asuntos ó argumentos de los cuadros, pues como en ninguna otra anterior se abrió libre paso á todos los que no desdicen del valer del arte, desde los argumentos mitológicos que pueden brindar interés á un grupo de doctos y eruditos, hasta los agraciados idilios producidos al calor del sentimiento de la naturaleza y presentados, por ejemplo, en un vaporoso jarrón de flores festejado por pintadas mariposas, que puede interesar á espíritus de un temple poético afeminado ó esquisito. É , igual fué en el portentoso aumento de 38 ANTONIO los géneros pictóricos que continuaron siendo religioso con Leonardo de Vinci; religioso-popular con F. Herrera (el viejo), ' y que empezaron á tomar un ses- go histórico, ó una aspiración formal ó la historia con Rafael ó con Poussin 2; creando de par el género de fantasía, producto de ésta unida al sentimiento, ó de uno de los dos, de que tan admirables modelos legó el mismo pintor de Urbino en su Parnaso etc., ó el de los Andelys en sus Cuatro Estaciones; dando campo á otros muchos géneros antes casi desconocidos y de que están llenas, entre otras, las Escuelas de Flandes y Holanda en los siglos xvii y xviii, tales como las esce- nas de Costumbres de Teniers y van Ostade, Mieris, Gerardo Dow y Metzú; las bélicas de van der Meulen; los retratos realistas ó espiritualistas de Denner ó Mi- VQ\úf, e.\ paisage, verdadera novedad del gusto y sentimiento de la naturaleza nacido entre las clases modernas, llevado á su más alta y sublime poesía por Hobbema y Ruysdüel, y á la gracia florida y primaveral por Both y Wynants; las Marinas por van der Velde; las pinturas de Animales tranquilos como en un Edén de P. Potter; la vida familiar de las aves por Weenix, pintor de animales silvestres, y Hondekoeter que lo fué de gallineros, y en un grado muy superior por Wourverman, el incansable y animado inventor de ca\as; los bodegones de Adrienssen; las Arquitecturas pintorescas y románticas, que nacieron en Italia con la admiración y copia de los restos romanos, por Pedro Neef, y los floreros de van Huysum y Breughel, creando además muchos otros géneros compuestos de uno y otro de los anteriores, y el de la Caricatura moral al lado de la Cari- catura mordaz, de que tanto se abusa hoy con un espíritu baladí, muy inferior al que dictó la sátira punzante y cáustica de los siglos medios. Permitió también el arte de ese período histórico más movilidad, sentimiento y poesía á los personajes de la antigua pintura mural, y estendió el empleo del fresco al alcázar del príncipe y á la morada del potentado; creó la verdadera pin- tura independiente al óleo, y el procedimiento al temple, tan estimable para lo pintoresco decorativo; y dio mayor proporción á la aguada, que ya habia ensa- yado la edad anterior con sus brillantes miniaturas, amen de otros adelantos que produjo en la parte material del procedimiento, ora al papel, ora sobre marfil — ' Véase el Cap. viii de este libro — pintura popular y religioso-popular. » Rafael y Nicolás Poussin fueron los dos primeros artistas que entraron seriamente en el estudio históri- co de la antigüedad, si bien con los conocimientos limitados y nacientes de la arqueología y de la historia y costumbres antiguas que alcanzaban los siglos xv y xvi.— Fueron de los primeros que ensayaron la pin- tura histórica. VILADOMAT. Sg verdadera miniatura moderna. E inspirado de las producciones griegas y roma- nas, aprendió á componer y disponer, creando la composición animada y dramá- tica, que antes solo era disposición bella y sencilla; se apasionó de las obras que llamó clásicas, ó más perfectas del paganismo; de las bellezas de espresion viva y natural, de las formas hermosas, los contornos pulidos, correctos y bellos, pu- ros ó agraciados; de los atractivos del desnudo, que los siglos anteriores cuida- ron de ocultar entre mil pliegues del ropaje, y lo mostró en obras bellísimas como estudio indispensable al pintor moderno. Hizo más, comparando los fragmentos esculturales del pasado, pues los presentó á los artistas venideros como mode- los , esto es, como las obras mas dignas de observación y hasta de imitación por lo espresivo y esquisito; y buscando la fuente en que habían bebido los escultores Atenienses ó Rodios, halló esta fuente en la naturaleza humana y la recomendó á sus discípulos y herederos. No bastaba empero al carácter moderno del Renacimiento el aspirar á las be- llezas lineales y espresivas del clacicismo, sino que como á encariñado con la poe- sía y la música armoniosas y brillantes, quiso también en pintura'buscar el brillo y la armonía en el colorido, estudiando con esmero los efectos, el empaste y otras partes puramente técnicas indispensables para la magia de aquel, y la represen- tación aparente de la realidad que es propia del arte del pintor, dando á la vez nuevas perfecciones de forzoso estudio en lo sucesivo. Añadió la aplicación de la anatomía y de la perspectiva al divino arte de Apeles, haciéndole con intención y esmero menos escultural ó imitación del bajo relieve, y permitiéndole figurar la contextura superficial é interior del cuerpo humano, y las escenas anchas y gran- diosas, los cielos espaciosos y trasparentes, los fondos pintorescos é indefinidos, y , en una palabra, toda la representación más aparente posible de la naturaleza, hasta confundirse con ella de un modo antes de entonces desconocido, y después ensanchado por naturalistas y realistas, y por nuevos pintores escenógrafos. Resumió perfecciones de todas esas partes del arte en las muchísimas obras de sus más aventajados ingenios, y las ofreció á la admiración y entusiasmo de cuantos desde el siglo xvii en adelante fueron señalándose en la producción de be- llezas pictóricas, ó aspirando á la gloria de distinguidos artistas. Y, coronó la obra que preparaba, acompañando los principios emanados del arte antiguo y los del de la edad media con los suyos propios para la estética moderna; señalando al talento la vasta ciencia histórico-estética de la pintura, indispensable para el adelantamiento de este arte, y de cuantos le cultivan, y como la órbita mejor, y 40 ANTONIO quizás la única, en que pueda girar aquella, siempre ecléctica desde entonces y para el porvenir. Que, tales fueron los legados de la pintura del Renacimiento, ó mejor, de las ramas plástico-gráficas de ese período histórico, para la pintura del siglo xvri, y el siguiente, á pesar del empuje violento y arrollador que la arrastró hasta des- pués de columbrarse en su órbita redondo y nuevo el xix. IV. DECADENCIA DE LA PINTURA CON LA GENERAL DEL ARTE. La Civilización moderna más potente que la novedad, sentada sobre cimien- tos más duraderos que los de una moda ó afición pasagera, siguió en Itaüa, des- pués de la corta restauración de los Caracci y de los últimos albores de la escuela de Venècia, separando de más en más el concepto y la forma, que el Renacimiento aspiró á oponer con las preferencias dadas á la última por los iniciadores de éste, sin lograr nunca ni la verdadera oposición, ni una conciliación completa, como la realizada después entre nosotros, y solo provocando de más en más la deca- dencia de la pintura con la total del arte. Probó en verdad, contra todas las filo- sofías emanadas de Hegel ó Kraus, que la lucha, la oposición, la contradicción en una palabra, no es siempre fuente de progreso, sino que puede contribuir alguna vez, y muchas quizás, á desmoronar por completo los edificios con más afán y entusiasmo levantados. Cansóse el espíritu público italiano de la aspiración al neo- clacisismo, harto de ver la imposibilidad de realizarle, y tomó como cosa de pa- satiempo la mitología antigua. Pero, al seguir destruyendo, no edificaron tampoco allí los siglos XVII y xviii, sino que crearon un nuevo vacío junto al que hicieron los tiempos anteriores con la destrucción de cuanto sabia á tradicional y román- tico puro, dando lugar con ambos á la indiferencia y escepticismo más pernicio- sos para el arte. Quedóle á la pintura solo un camino que tomar en Italia insiguiendo la eos- VILADOMAT. 41 tumbre ya establecida, y era éste, el de imitar la naturaleza ó á uno ü otro maes- tro. Prefirió esta imitación á aquella, y se lanzó en pos del gusto de Miguel Án- gel con el más loco frenesí. Adoptó su amaneramiento, y como él, y aun más que él, pues lo hizo con menos genio, caracoló las formas, así de los ropajes como del desnudo, produciendo figuras torcidas como culebras y faltas de verdad; y aspi- rando á lo gigantesco, y no á lo agraciado, como los artistas griegos posteriores á Phidias y Praxiteles, no logró cual estos embellecer lo forzado y pretencioso, que en algo tiraba á barroco; sino que le dio un aspecto salvaje, si aspiró á lo colosal, ó falso y desagradable cuando no se salió de las proporciones y medidas natura- les. Y, cuando se limitó á seguir á tal ó cual pintor de Lombardía ó de Venècia pagóse de la facilidad de ejecución más que nunca, y del deseo de producir pron- to y con soltura y brillantez. Así hicieron Pedro de Cortona, Tiépolo, Palma el joven y sobre todo l^Mca fa presto ^ cuyo pseudónimo dice mejor que exposición alguna, la precipitación con que ejecutaba, y el poco tiempo y aprecio que debia darse entre sus colegas á la reflexión, ó á la producción de elevados y grandes conceptos. Pero, uníase á esa degeneración del arte las luchas continuas de Italia, que impedían cierto vuelo que aun era dable alcanzar, y una perversión extraordina- ria de las costumbres, especialmente en Roma, Ñapóles, Milán y Venècia, que llevaba consigo el desenfreno en las pasiones y de la sensualidad acompañada del veneno y el puñal. Y, los artistas de esta época no solían divorciarse de las ten- dencias generales, sino que acostumbraban, como el Caravaggio, El Espagnoletto, y sus discípulos, andar muy lejos de los grandes móviles del arte, del desinterés de miras, el puro goce de belleza y el entusiasmo por ella, como en los dias del florecimiento italiano; sino que con sus bajas y viles pasiones, con sus odios y en- vidias , eran el espanto de las almas generosas y ahuyentaban á todos los artistas dignos ó enemigos de esgrimir espada y de morir á fuego y mano traidora. Las obras de tales pintores se resienten de sus inclinaciones, que crearon la edad de hierro de la pintura moderna. Todas ellas se complacían en presentar despelleja- dos de la manera más repugnante, ó castigados con crueldad, á los mártires y santos del Catolicismo; en producir lúbricas bacanales de la manera más sensual y en pintar con satánica complacencia á las vírgenes más castas y púdicas como á hermanas de las Bacantes rodeadas de personajes que las contemplan con la pasión del Sátiro. Con tales elementos y rodeado de tal atmósfera ¿ qué podia ha- cer Pompeyo Eattoni al proponerse volver la pintura más ordenada y regular, y 6 42 ANTONIO restaurar el antes poco afortunado eclecticismo de la escuela de Bolonia ? Nada en verdad, porque la pasión italiana desviada un momento del buen sendero y de la pura belleza, y febril siempre como pasión meridional, borbotaba materialismo y sensualismo, y corria y volaba rápida en pos de constantes desvarios y siempre nuevas exageraciones. Otro rumbo tomó la decadencia en Alemania, donde después de los discípulos de Rubens y de la emancipación de los Paises Bajos se produjo un entusiasmo poético, que llegó hasta el siglo pasado, merced á la embriaguez popular por la libertad adquirida. Allí se pintó el entusiasmo y la fiesta con un carácter boiir- gois, infantil y tabernario; con mil cuadros de costumbres en que el bello ideal pictórico era el baile chocarrero de la gente llana, el humo de los fumadores es- parcido por largas pipas, y el vino de las espaciosas bodegas llenas de cubas y to- neles, derramado de mano en mano y bebido al sonar de los vasos en los brindis, y al compás de calientes coplas que parecían entonadas á Ceres ó Baco. Más, esa pintura vulgar, y popular en cierto modo, no salió tampoco de la marcha deca- dente del arte, pues llevó siempre á un sinnúmero de pintores que representaban tales escenas en pequeñas dimensiones, con un colorido brillantísimo y un cui- dado microscópico, por las esferas más bajas de la pintura conocida con el nom- bre á^ pintura de género. Jamás llegaron, ni á rozarse siquiera, con las grandes ideas, sentimientos é inspiraciones, ni con una ejecución magistral y valiente. Y luego de muertos Poussin, Lessueur, Duget, Lebrun y Claudio Gelée y de envejecido el gran Rey ¿ qué pintores quedaron á la Francia.? y qué glorias á la decadencia de la pintura francesa? Quedaron Greuze, Oudri, Desportes, José María Vien y otros de esta talla; Watteau, antes quizás despreciable á los ojos de Luis XIV, y Luis Vauloo , dos veces enaltecido con el título de pintor de cáma- ra. • Y al arte de la pintura contemporánea de Luis XV—salvo las marinas de José Vernet—, escenas tontas y vacías de algun Pastorcillo desdeñoso con peluca empolvada; y de bonitas pastoras cortesanas, vestidas de sedas y tules, ' En vez de grandes pintores tuvo la Francia del siglo pasado grabadores de primer orden, comoF. Che- rau, P. Devet, J. G. Will, Lepicié, N. Poilly, C. Vermeulen, Berwichs , L. J. Gathelin, P. G. Langlois, C. Macret, Edelmek, G. E. Petit, Beau-Varlet, Yugouf etc., que reprodujeron los retratos de personajes de valía, y algunas escenas y cuadros de variados géneros. VILADOMAT. 43 con sayas cortas y corpino escotado, como de bailarinas, medias de estameña, botito aristocrático y peinados colosales, que guardaban rebaños de corderitos • engalanados con cintas y moñas rosadas y azules; y cuadros que representaban así, la vida de una nueva Arcadia, menos ingenua, y más cómica que la antigua; escenas picarescas y desenvueltas de tinte bastante subido, como las que estaban en uso entre las gentes de tono; cuadros de colores algo parecidos á los flamen- cos, si bien menos armoniosamente presentados; incorrecciones de dibujo á gra- nel , y retratos medianos con profusión. España, que sintió ya desde Felipe V. el peso de grandes calamidades, si bien conservó recatada y pudorosa su rubor, cejó también desde Carlos I I , en sus bellas y sentimentales inspiraciones; y solo de tarde en tarde vio aparecer uno que otro ingenio que se confundía luego entre el tropel de pintores sin cien- cia ni talento, productores de deformidades, ó de infelices conceptos. Solo figu- raban en primera línea algunos tan barrocos como Maella, y otros como Mes- quida, que se animaban fuera del reino, y muchos churrigueristas hasta el delirio, y que si bien poseían chispa la apagaba entre pliegues é imágenes torcidas como columnas salomónicas. « La guerra de sucesión acabó de borrar las pocas bue- «nas ideas que hablan quedado de las bellas artes. Palomino y García Hidalgo «trabajaron por conservarlas; pero ni ellos ni sus discípulos pudieron conse- « guirlo. Las cornucopias y los papeles estampados sustituyeron á los buenos y «antiguos cuadros que sallan en abundancia del reino. Se acabó entonces de des- «terrar la sencillez, el decoro y el buen gusto de los templos, de los palacios, de «las salas y de los gabinetes, y las bellas artes cayeron precipitadamente en el «abatimiento, y por decirlo de una vez, en el mayor desprecio». ' Varios es- trangeros, algunos de ellos ya citados, ^ llamados por Felipe V, D. Conrado Gia- cuinto y D. José Filipert, que grabó escelentes láminas, y D. Santiago Amiconi,^ traídos por Fernando VI, no hicieron más que ver desaparecer el sublime arte de la pintura entre sus pobres esfuerzos y su ciencia vana. Mengs, fundando Aca- demias y diríjiéndolas, tampoco logró más que sus predecesores; ni otra cosa al- canzaron los que creaban Escuelas de dibujo y pintura en Valencia, Zaragoza, Sevilla, Palma de Mallorca y Barcelona. En estos tiempos apenas distinguen ' Cean Bermúdez. — Diccionario etc. Tom. I, pág. LVIII. » Pág. 32, parte 11. 3 Cean Bermúdez. — Oper. cit. LIX. 44 ANTONIO nuestros historiadores del arte más figura española importante que la del arago- nés Goya, hombre de travieso ingenio, más caprichoso que original, como buen aragonés, y entre humorístico y fantástico; porqué á una exageración sucedia otra, y á todas falta de calor para revivir el arte. ¡ Qué pasma en verdad lo sos- tenido y constante de aquella decadencia española unida á la decadencia general, que como plaga mortífera asolaba de continuo las antes feracísimas regiones del . arte y del ingenio, y aniquiló el buen gusto en medio de los más grandes deseos y de esfuerzos inauditos! Singularizóse únicamente Inglaterra en ese período de universal decadencia, dando á la historia del arte un Reynholds y un trainsbourough, famosos pintores de retratos, y dignos continuadores de Van Dyk y de Velazquez, especialmente el primero; un Benjamín West, notable en la composición; un Ricardo Wildson se- ñalado en el paisage, pintura favorita del pueblo británico, y el sin par Guiller- mo Hogarth, el más popular y más inglés por sus tipos de todos los artistas de este país. Más, aun con todo y estas notabilidades, no se crea que la pintura in- glesa se separase de la decadencia, sino que marchó con ella, si bien aquilatando más mérito y estudio, tan naturales á un pueblo constante y reflexivo. Era común y general achaque del arte de los dos últimos siglos, y especial- mente del XVIII la carencia completa de buen gusto y de señaladas bellezas , y el producir fealdades y deformes conjuntos. Solo la música conservó su tinte ideal y popular elevado, quizás por no haber recorrido aun por entero el ciclo de su desenvolvimiento, como aseguran graves escritores; y quizás también, ó con más probabilidades, por acomodarse mejor que arte alguno á las aspiraciones indefinibles de tal época, y convenir á la mo- vilidad de aquellas generaciones, á su deseo insaciable de novedad, de goces va- riados y de sensaciones, á que aspiraban los más, ó por dar alas al alma de otras sedientas de esplritualismo, y sofocadas por la enrarecida atmósfera de tan poco envidiables dias. Bajo esta última faz, puede compararse la música á la filosofía del tiempo, pasto sublime y aislado de algunos espíritus de temple, ó menos ba- ladís que los demás. Pero, la Arquitectura, la Escultura y la Literatura, no se apartaron en nada de la senda tomada por la Pintura, porqué estaban todas inficcionadas de un con- tagio general, que no venia solo del arte ni de los artistas, sino de toda la socie- dad. Marchando de abuso en abuso la primera, y en pos de lo colosal, completó su decadencia, ora en manos de Borromini y Berretini, que produjeron las más VILADOMAT. exageradas líneas é inexplicables moles, parto de la fantasía más extraviada; ora en los de otros arquitectos matemáticos y geómetras cuyo sentimiento de belleza se cifraba en la medida numérica, y para los cuales podria decirse en tono satí- rico con cierto personaje de Aristófanes: Traerán reglas y escuadras para medir los versos;' ora (y esto á la conclusión) en las de cuantos allegaron á los demás las fábricas griegas y romanas para todos los climas, pueblos y razas. — La Escultura siguió ásus hermanas plásticas aspirando por lo general con Bernini á lo afectado, raro y monstruoso, produciendo las más desagradables imágenes que sea dable conce- bir, pegadas á manera de moluscos, á conchas enroscadas en forma de hojas. Y, finalmente, la literatura cansada de ser culta se hizo culterana, parlera, falta de sentido, superficial, cuando no escesivamente desenvuelta; se llenó de imágenes rebuscadas, artificiosas, ininteligibles y gongoristas, pues como escribía Moratin, con epigramática vena, llamó estrellas á las flores, liquido plectro á la risueña fuente, y á los gilgueros prados voladores ~;' viniendo á ser á la postre inseparable compañera del estila barroco y churrigue- resco. Hubiérase creído por tan inmenso y uniforme desvío de buen sentido, que un poder sobre humano había emplazado á varias generaciones sucesivas ante el tribunal del mal gusto; ó que otra cruel Nemesis vengaba el escarnio hecho á los dioses del paganismo, agozando hasta el germen de la inspiración, sentimiento é ingenio delicados, destello de almas superiores, y el puro y deleitoso goce de be- lleza. Más, quién lo dijera! cuando reinaban en la vieja Europa dias tan de prueba para el arte, y cuando ni en España, ni en país alguno parecia quedar vestigio de las antiguas cualidades productoras de admirables y sublimes partos, aun medra- ba callado y en el olvido, en Cataluña un gran ingenio, y á su sombra continua- ba la Escuela de pintores catalanes.—Y aun vivia por entonces el muy famoso ANTONIO VILADOMAT. I Aristófanes. —Las Ranas. ' í/loratin. — Lección poética.