CAPITULO II. DEL NACIMIENTO A VEINTICINCO ANOS PRIMEROS DEL PINTOR. 1678 1704. ENTRE los albores de la primavera y la primera florida de los rejuvenecidos árboles y de las flores, y cuando los antes pelados campos empiezan á al- fombrarse de ufanoso verdor que alegra las aveci- llas y al rústico campesino; y entre la popular fies- ta de la Divina Pastora, que con las nacientes flores y los juguetones rebaños se solaza, y la no menos popular de San Jorge, patrón de la catalana tierra, que dá á las rosas su primera fiesta en la ciudad de Barcelona, celebróse en el casco viejo de la populosa ciudad y próximo á su catedral, uno de los másan- ^tiguos, y siempre nuevos regocijos de familia, que en pasados dias eran sabroso pasatiempo para las gentes ociosas, y que en Ja oca^en de que hablamos debió dar por especiales cir- cunstancias larga ocupación á la más numerosa parte del vecindario que habita- ba en la casa y calle donde aquella tenia lugar. Fué el del bautizo del hijo de un dorador, venido modestamente á luz algunos dias antes, y que llevado por el pa- 5o ' ANTONIO dre, los padrinos, y sin duda alguna, por amigos y allegados de uno y otro, iba á recibir el agua lustral en la mencionada Seo ' con el popular nombre de A n t o - nio. Llamábanse sus padres Salvador Viladomat ^ y Francisca Manalt ^; y fueron sus padrinos la joven soltera Teresa Andreu, hija de José Andreu, vidriero de profesión, y el Dr. Micer * Juan Jofreu '. Distinguido padrinazgo el del último en aquel concurso de menestrales, que casi parece presagiar superiores distincio- nes al vastago recien nacido. Era.el i6 de Abril de 1678. No fué por tanto el 18 de Abril de 1682, como leemos en un testimonio de prueba examinado por nosotros, y dictado por otro Viladomat ^, sino cuatro años y dos dias antes, como espondremos en seguida. Nació pues probablemente el 12 del primaveral mes, y en el año 7 8 , cual escri- bían en otros dias D. Antonio Ponz ^ y D. Agustín Cean Bermúdez * . * Empero á pesar de la primera y última fecha — aquella de indestructible cer- teza y esta de gran probabilidad—pudiera sospecharse alguna equivocación acer- ca del año y dia en que vino á luz el hijo de Salvador. Hay por una parte en fa- vor de la fecha aceptada por nosotros la tradición histórica conservada en el Viaje de España ^, y en el Diccionario histórico '<>, de los dos autores antes citados; la noticia de una presumida partida de bautismo de Antonio Viladomat, transcrita por el Doctor D. Francisco Mestres en su Galería Seráfica " , y la íntegra copia de ' SEO. En Cataluña y Aragón se llama asi á la Iglesia Catedral. ' Unos han escrito Villadoraat, otros Viladomar y otros, en fin, Viladomat. La redacción verdadera es la nuestra. Es también la definitiva , la más catalana y la única aceptada por los individuos de esa familia incluso el pintor. '• Ponz y Cean Bermúdez dicen Manaut, otros escribieron Manan ; pero la partida de desposorio de Sal- vador dice Manalt. —Véase el APÉNDICE á este tomo, documento V, al fin del libro. ' Micer es el Messire francés ( Monsieur) — En Cataluña se aplicaba á las personas de carácter público y de carrera civil. ' Ver partida de bautismo de Antonio Viladomat. — Apéndice N." vi de este libro, partida N.° 2. '• Partida N.° 3 del Apéndice vi. Igual partida tomada del pleito de María Puig contra Riera y otros, año 17K7. —Escribano Antonio Roig de la Torre. — Archi\ o de la Real Audiencia de Cataluña. — Fól. 16, súplica. ' Ponz (D. Antonio) — Viaje de España, Madrid 1785. — Tomo xiv. — Carta primera, N.» 60, nota. " Cean Bermúdez.— Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, letra V, palabra Viladomat (Antonio/ — Madrid, i8oo. Tom. v, pág. -lió. ' De D. Antonio Ponz ya citado. Tom. xiv dicho, mismo lugar. ' " De D. Agustín Cean Bermúdez. Tom. y lugar citados. '• Publicada en Barcelona por José Ribet, 1857. Tom. i, pág. 355. VILADOMAT. 5t esta partida, que tomada de los libros de Bautizos de la Catedral de Barcelona, damos en nuestros apéndices ' ; mas se presenta por otra parte, con la casi irrefutable fuerza de todo documento oficial, y en favor de la fecha que rechaza- mos como inaceptable, otra partida de bautismo, sacadaá la vez del archivo déla misma Iglesia por sucesores y herederos del referido Antonio, é incluida en un pleito público seguido por ellos ante la Audiencia de Cataluña en 1787 2. Estos dos comprobantes, históricos para nosotros, presentan las singulares circunstan- cias , de ser en efecto partidas verdaderas de dos hijos legítimos de Salvador Vila- domat, una délas cuales ha de ser por precisión la de nuestro Antonio el pintor, y otra la de alguno de sus hermanos. Ninguna de las dos nos asegura nada con certeza, pues encabeza los nombres del bautizado la de 1678 con el que fué de! padre, y tiene por primero entre los del recien nacido la de 1682 el corriente nombre de José. Hállase en fin que cada una de esas partidas ofrece por nombre común el que damos al pintor , y esto aumenta la confusión ^. ; A qué fecha in- clinarnos entonces, y qué partida aceptar para salir de la duda?.... Queda un ca- mino seguro: el de inquerir entre las partidas de óbito y de matrimonio de los hijos de Salvador, cuales fueron los nombres aceptados por ellos en el decurso de su vida. Recurriendo á este medio encontraremos, q u e , después de muertos dos de esos descendientes del dorador, quedaron en la familia el segundo y tercero de los hijos • y que al contraer matrimonio cada uno de ellos en dias posteriores, lo efectuó con el nombre de Agustín el que mas tarde casó. Celebróse este enlace en 1722 en Santa Maria del Mar, y al redactarse su memoria en los libros parro- quiales díjose al esposo, dorador de profesión, é hijo de Salvador Viladomat que también fué dorador '. Comparando luego nuevamente las dos partidas en cuestión * reconócese en efecto, que tuvo Antonio el pintor un hermano que tomó de entre sus nombres el de Agustín, y que debió ser éste forzosamente el que aparece bautizado en 18 de Abril de 1682.— Tuvo también ese mismo hermano grandes y variadas oca- • Apéndice vi, N.» 2. ' Apéndice vi, N.o 3 y lugar dicho del pleito Puig etc. '•' Compárense partidas 2.' y 3." del Apéndice vi. * Comparar partidas i y 2, y 5 y 6 (del Apéndice vi) entre si. ' -apéndice xix. * Comparar nuevamente las partidas 2 y 3 del Apéndice vi con la partida de Desposorio Apéndice xix. > ANTONIO siones de demostrar sus relaciones fraternales al primogénito de los d o s , como se verá en adelante; y también podremos conocer como supo pagarle á su vez con el oro puro del carino nuestro elogiado pintor.— Fuera de duda queda pues , des- de luego, el nacimiento y bautizo de éste, ya que no rezando el nombre de Agus- tín más que la partida del año 8 2 , fué el 16 de Abril de 1678 , el dia en que re- cibió el agua lustral el famoso pintor catalán. Solo puede ocurrir alguna duda acerca del dia en que nació, pues solo se conoce ese dia por noticias indocumen- tadas, cuales son las de Ponz y Cean Bermúdez.— ¡ Y es lástima en realidad que quede aun esa fecha envuelta en conjeturas por la desconfianza histórica! A trueque de esto, poseemos verdadera certeza del nombre con que fué bau- tizado, y de las modificaciones que en ellos se introdujo por su familia, á la vez que de la fortuna con que antes que por nosotros se ha señalado ese cambio, adi- vinado tal vez por mera casualidad. Llamósele en la pila bautismal con los nom- bres de Salvador, J u a n , José ' y Antonio =, siendo cierto por lo tanto lo que aseguró el Doctor Mestres acerca del primero de ellos ^. Y, siguiendo una costum- bre muy en boga á la sazón en su .pais, y aun admitida en él, y en otras provin- cias de España, — la cual puede observarse también en la partida de bautismo de su padre, y en las de otros de sus hermanos y allegados •*— adoptóle su familia el cuarto nombre de pila, y con este le llamó sin duda en adelante, pues ese y no otro fué el que usó en cuantos documentos de su puño y letra nos quedan; el que le dieron siempre sus parientes y sucesores en todos los testimonios qne de él nos hablan ; aquel con qué se nombró en los actos mas públicos de su vida ^, y con el cual le señaló la crítica y le reconocieron la tradición y la historia. Y , no cabe ' Ver partida 2."Apéndice vi. — Salvador nombre del padre; Juan nombre del padrino ; José por la ma- drina — es el nombre del padre de ésta. - Nombre de ó por la matrona (r). ' Galería Seráfica, lugar mentado, dice que se le llamó Salvador en la pila del bautismo. ' Ver Apéndices iii y iv y pleito Puig dicho , Fól. 8, Súplica , partida de bautizo de Francisco hijo de Krancisco y Gerónima. •' Esos documentos son: p. e. : el encabezamiento de la Cartilla dietario que lleva estas palabras en la cubierta: Llibreta del que tiiich cobrat y^ pagat per la casa de mos sogres etc., qae citaremos más ade- lante.—Pleito de María Puig etc., fól. 162 y siguientes, súplica. — Todo el curso del pleito Puig, antedicho. — Los pleitos seguidos por A. Viladomat contra el Colegio de Pintores de Barcelona y vice-versa, de que se hablará muy luego. — La Llibreta de cosas molt útils per la casa de Diego Puig. de que tomamos el árbol genealógico del Apéndice N." i. — Los varios documentos oficiales de nuestro Apéndice que hablan del pintor. — La lápida de la sepultura de .\ntonio Viladomat pintor ; etc., etc. VILADOMAT. 53 duda ninguna acerca de la autenticidad de los documentos que tales revelaciones nos hacen, puesto que á ellos debemos la cronología regular y perfecta de su vida, ascendencia y descendencia; y no hay otros que mejor y de distinto modo se aco- moden á ella, ni que concuerden mejor con los datos históricos que hicieron me- moria de su interesante vida. — Antonio, pues, se llamó desde la cuna al niño Viladomat, que tan honroso nombre y señalados dias debia conquistarse. Más ;por qué se le llamó con este, y no con el que fué el del santo patrono de su padre; con el del dia en que se le hizo cristiano, ó con aquel con que se le ahijó su doc- to padrino • ? — ; qué ideas, ó preocupaciones, ó recuerdos domésticos se tuvie- ron ? Lo ignoramos por entero: solo sabemos que el nombre de su patrono adop- tivo tiene no sé qué sabor de amable sencillez, perfectamente acomodable al carác- ter y hechos del pintor en ulteriores dias. Pero , no adelantemos los juicios y sigamos la narración. Remontémonos un instante á más antigua fecha de la familia Viladomat. Corria el año de i 5 3 6 , y en el comienzo de ese año se efectuó en la entonces Villa de Berga un enlace poco ruidoso entre un joven sastre llamado Francisco Viladomat, que á la sazón contaba veintiséis abriles y una doncella de condición humilde, conocida por Gerónima Ràfols ^, —y tan humilde que solo llevó por dote con que engrosar el peculio de su marido la tradicional arca de madera, de colo- sales proporciones, que con la dote se daba, y algunas prendas de ropa y sencillas prendas de tocado 3.— Numerosos parientes nacidos de un tronco común forma- ban las ramas adheridas á esa familia novel, y á ella daban sombra con su fron- • Ver de nuevo las notas i y 2 de la pág. 52. •' Ver Apéndice 11. • En el pleito Puig contra Riera etc., se halla (fol. 44, súplica) el testamento de Gerónima Ràfols. En > ese testamento se vé que la testadora nada legaba, indudablemente porque nada debia poseer. Pero era costumbre á la sazón el dar (en Cataluña) hasta á las mas pobres novias un arca (caixa) de madera, que desde los siglos medios entregaban los padres de los desposados á sus hijas para que guardaran en ella sus propias joyas y ropas. Estas arcas , preciosas en aquellos tiempos, y en los siglos xvi y xvn cubiertas ó salpicadas de ornatos, imágenes y labores, calados, etc., mas ó menos ricos según la fortuna ó posición de los desposados, se simplificaron en el xviii; pero no perdieron por eso sus rectas líneas y sus propor- ciones colosales. De ellas quedan algunas en Barcelona y muchas en los pueblos y villas de Cataluña y Aragón. En el pleito Puig ( ya dicho) se hace mención de una caixa ab pany y clau dada con varias ropas y algunas joyas á María Farrer , mujer que fué de Miguel Viladomat, hijo de Francisco el consorte de Gerónima Ràfols. — V. fóleos primeros de ese pleito, documentos A., Capítulos matrimoniales de la esposa de Miguel, María Farrer. — En el Catálogo de la Exposición retrospectiva de Barcelona año 1867 se men- cionan muchas de esas arcas de madera. 54 ANTONIO doso linaje, que de más en más se extendía y poblaba ', á la par que cierta pública estima con la proverbial honradez de los más de sus individuos, clérigos ó segla- res. De aquel bendecido enlace, nacieron tres frutos de bendición, que fueron otros tantos miembros de esa familia, y que vieron seguidamente la luz del mun- do en la misma villa de Berga, en 1643 % en 1645 ^ y en 1648 *. Dedicóse el pri- mero de ellos al oficio de carpintero; al de calcetero 5 el otro, que ejerció en los años de su vida, cortada en tempranos dias, á los 32 años de edad ^, y fué el ter- cero Salvador, el menor de los tres hermanos '^, y más tarde padre de nuestro Antonio. Alejado el último del hogar doméstico desde su vigésima tercera primavera, y venido á Barcelona para amaestrarse en honrosa profesión, entró desde el 12 de Agosto de 1671 á ejercer el aprendizaje de pintor dorador en el taller de un arte- sano, para nosotros desconocido, llamado Bernardo Amorós, que practicaba ese oficio en la ciudad ». Con este hizo público pacto de fiel servicio de mancebo, mientras prometia cumplir el dueño honrada y gratuita enseñanza práctica —hasta donde alcan:{áran la inteligencia j ^ laboriosa aplicación del discípulo, —• el dia 2 de Setiembre del año últimamente citado. Por dos años comprometieron ambos sus buenos y oficiosos servicios, obligándose el segundo entre otras cosas curiosas, á permitir tomar al joven Salvador, lección diaria y libre fuera de su taller, y con otro cualquier maestro, desde el alba al sol nacido, siempre que lo pidiera y en tantas horas como gustara, después de concluido el trabajo, por la tarde ó al anochecer, á fin de que pudiera estudiar á su grado, y como entonces se acostumbraba el arte de dorar y de pintar, propio del antiguo y catalán oficio de dauradors, pintors retaulers ^. —Comprometíase de vez el maestro Amorós. ' Parte de ese árbol de familia es el que damos en el Apéndice i, incompleto en extremo. ' Apéndices i y 11. ' Apéndice de la nota anterior. ' Apéndice y partida de bautismo, número in. i Calcero ó calcetero, como se dice en el pleito, era antes de 1762 ó 63 el oficio de sastre que solo podia hacer calzas , ó sea obra determinada.—P. Puig, fol. 127. ' Apéndice ii y notas del mismo. " .apéndices i, ii y iii. ' Ksto se inñere del documento apéndice iv, ó se lee en el mismo. P Doradores y pintores de retablos : gremio muy bien organizado en Barcelona en dias de D.'Juana y de su hijo Carlos I ó V, y reorganizado con igual importancia en el reinado de Felipe IV, como puede leerse en las ordenanzas (ordinacions) de á fines de 1600 , que se conservan en poder del último prohom- VILADOMAT. 55 que maestro debia ser por su gremio ', á remunerar el trabajo de nuestro mozo, después de terminar el aprendizaje, con un salario mensual de cuatro libras bar- celonesas, las que debia cobrar al concluir cada mes; y á pagar sus anteriores ofi- cios, con un vestido completo formado de balón 3' ropilla de paño ventidotsé (de 22 hilos en trama), y de color á su elección; un jubón de boquéales; un sombrero entrefino, y un par de medias y otro de zapatos, que con ser todo flamante le pusiera de fiesta =. — Y en cambio de pactos tan comunes entonces, servia de do- méstico y de aprendiz nuestro mozo al dorador y su familia - durante el tiempo ^ convenido. Con tales pactos debió completar su aprendizaje en el taller de Amorós, y llamarse luego maestro á su vez • , título que se le dió con el de ciudadano de la ciudad condal desde 1678 5, —pues ningún otro documento nos queda entre los cuidadosamente guardados por el hijo y herederos de Salvador que diga nuevo aprendizaje del mismo, ó pactos nuevos habidos con otro artesano por el antes mancebo < . Desposóse al concluir aquel en la gótica basílica de Santa María del > Mar con una muchacha soltera de la ciudad de Solsona ^ é hija de labradores, y fueron sus testigos en ese dia —el 19 de Marzo de 1674— otros dos artesanos, tejedor de velos el uno y dorador el otro. El cielo le dió por consorte á Francisca Manalt, que unida en estrechos lazos con él — por dias harto cortos en verdad — vino á separarle más aún de sus antiguos deudos de Berga, de su hermano mayor y de su anciano padre, que le sobrevivió por algun tiempo, hasta contar diez y bre del gremio de doradores de Barcelona, que vivia todavía en 1869. — Es un documento histórico muy curioso. ' Solo los maestros podian tener aprendices y mancebos. ' Esta traducción es la que mejor nos parece. Algunos de los nombres catalanes de esa pieza de ropa nos las ha traducido el erudito arqueólogo D. José Puiggarí de Barcelona. — Ver Apéndice iv. ^ Por entero Apéndice iv. * Sin esa condición y otras (como las de hacer varios ensayos de invención y dibujo de ornato) no podia adquirirse el título de dorador y pintor de retablos. ' Ver partidas de bautismo de dos de sus hijos. — .apéndice vi, números 2 y 4 ; mestre daurador ciuta- dà de Barcelona. « Si otros pactos hubiesen existido se hallarían probablemente en uno de los dos inventarios del pleito de M.* Puig, etc., pues los sucesores de Salvador guardaron con escrupuloso cuidado los documentos de laíamilía. — V. dichos inventarios. El tiempo de aprendiz se cumplió por que se le llamó dorador y no mancebo desde 1674. ' Apéndice v. — Véase por entero. 55 ANTONIO seis lustros ' ; y mas aún de su madre' y segundo hermano, que antes que él se partieron de la tierra 2. Cuatro años completos pasaron sin que las mas puras y hermosas esperanzas del matrimonio se yieran gratamente coronadas, —pues el primer fruto de nues- tro par, bautizado el 14 de Julio de 1675 ^, murió envuelto en pañales á los dos meses de nacido '^, hasta que rodando el quinto año deparó la providencia á esa familia, un dia de indescible júbilo y algunos quizás de dolor, prestando su más pura aroma al amor conyugal, con el nacimiento y bautizo del hijo de Salvador que discutimos poco há *. — Y estamos nuevamente en el punto de que partimos. Mas ¡ quién sabe si de ese dia en adelante mecieron lágrimas y suspiros, ó el blando y dulce céfiro y el arrullo de las hadas la cuna del recien nacido ! ¡ Quién si los años de inocencia y de locuaz encanto fueron sin sombras, ni tristura, ni acerbos presagios de luto ! Y ¡ oh ! quién pudiera contar los dramas del corazón que inundaron el de aquellos esposos sencillos, felices sin duda con su humildad... porque todo es para nosotros silencio y vacío en torno de esa inocente criatura. Nació después de otros cuatro años el ya nombrado Agustín ^, y recibió los nombres de José, Salvador, Antonio y Félix, siendo sus padrinos los nobles hermanos D. Agustín de Copons y D.^ Francisca Copons, hijos del ilustre señor D. Ramon de Copons y Grimau, y miembros de una de las familias que más honrosos cargos desempeñaron en su pais, y cuyos nombres han quedado gra- ' Todo hace creer que el primero de sus hermanos permaneció en Berga , donde murió. — Ver Apén- dice II.— El padre de Salvador vivió hasta los 8o años. —Ver mismo Apéndice. '• Francisco hermano de Salvador murió de 3 2 años, como ya dijimos. — Ver pág. 54. — Su madre Ge- rónima, cuando se dice en el pleito Puig, fol. 44, stíplica, y nota 3." Apéndice 11. ' Apéndice iv N." i. « Id. —Id. —2. ' .apéndice vi.. Ver páginas 49 á .''3 y sus notas. El archivo de la parroquia de Sta. Eulalia de la villa de Berga posee una partida de bautismo, que es la que por equivocación se creyó en Berga era la del pintor Antonio Viladomat, y la que dice asi tra- ducida : Hoy siete de Diciembre del año mil seiscientos seteitta y cuatro, yo el Reverendo Vicente Thomasa, Rector de Berga, he bautizado á Antonio, Nicolás, Francisco de Asis, Ramon; hijo legítimo y natural de Ramon Viladomat, curtidor (pelaire) y de María Ana su consorte. Fueron padrinos Antonio Thomasa negociante de la ciudad de Solsona, habitante hoy de la villa de Berga,y la Sra. Mana Ana Gitble. — Como el padre de nuestro .\ntonio no era el curtidor Ramon , sino el dorador Salvador nada puede probar la transcrita fé de pila. Ambos eran, empero, primos carnales.—V. Apéndice i." I .\péndice VI, 3, y páginas 5i á 52 y sus notas. * VILADOMAT. Sy bados, como publico testimonio en los muros interiores de la población Condal'; y vino á luz mas tarde el cuarto y último hijo de nuestro dorador, que bautizado en la Catedral con los nombres de Miguel, Francisco y Salvador, el dia 22 de Octubre de i685 % proporcionó nuevo dia, nueva ocupación y nuevo alborozo á esa familia. Pero están tan barajadas las alegrías y las tristezas de este mundo, tienen tan mezcladas sus coronas y sus palmas el matrimonio y la familia, y anda la muerte tan cerca de la cuna y de la vida, que junto á las más festivas esperanzas se apa- garon para siempre las más gratas ilusiones. La muerte, que entonces como hoy, trabajaba sin descanso y á jornal, forjó en breve dos mortajas, abrió en breve dos sepulcros, y en su duro lecho cambió en seguida para el padre el tálamo nupcial, y poco tiempo después la cuna del último vastago de Salvador. Dejó su casa y sus amores el primero el 25 de Noviembre de 1687 3, entre los asomos del invierno y los postreros soles de otoño, y á los trece años de casado, y quince meses más tarde su hijo Miguel cuando solo contaba cuatro años *. Huérfano de padre, pues, y manco de dos hermanos quedó el niño Antonio, teniendo por consuelo y guia á una madre, q u e , como todas, debia adorar los frutos de su cariño; por esperanza los cortos bienes de su padre, compuestos sin duda de aquella casita de menestral donde vino al mundo '\ y donde tuvieron lugar otras escenas de familia que llevamos apuntadas s, y de otra casita que con ' Es la antigua calle de Copons. Ver Balaguer (D. Víctor) « Las calles de Barcelona » impreso por Sal- vador Mañero, Barcelona 1867.— Ver el antiquísimo origen de esa familia en los Sermones Panegíricos pronunciados en Santa Maria del Mar, año 1861, por el Rev. Doctor D. José Roca y Colí, presbítero, é im- presos en Barcelona por Joaquín Bosch, 1861. — Nota 18 de esos sermones. — D. Agustin de Copons y su familia fueron parciales de Felipe V en la guerra de sucesión. El Marqués de S. Felipe dice que marcharon á Madrid después de la toma de Barcelona en 1705. —Tom. i, g 227. —Véase en el mismo Tom. g 223 su fidelidad al rey- ' Apéndice vi, 4. ^ Apéndice viii, i.» * Apéndice vi, 6 y 5. ^ Parece ser una de las casitas que diremos en seguida. ^ Nada nos hace creer que fuera otra la casa en que vivió Salvador hasta su muerte. En la partida de de- función de los dos hijos suyos, se halla que salieron de allí para ser enterrados los que allí fallecieron. En la de Miguel, — el hijo que como se vé en el Apéndice vi murió de cuatro años — se lee claro , y en la de Salvador, el padre, de quien dice en la partida de óbito: « está á la travesía del carrer del Bou, dormit á las monjas Magdalenas « se entiende también; y la única traviesa de la calle del Bou de la Plaza Nueva y 8 ANTONIO ella formaba pareja en la calle de antiguo conocida con el nombre de calle de Se- llent '. Quedábanles además por porvenir la vida, el mundo que vivia y su tra- bajo ; y por consejeros de ellos los tutores que en postrera voluntad nombró su padre un mes antes de morir =. Eran estos el Rdo. sacerdote Tomás Viladomat, residente á la sazón en Barcelona ^, y primo carnal del dorador +, piadoso varón sin duda que en sus años postreros ejercía la cura de almas de las monjas Mag- dalenas 5, y hermano del Rdo. Baltasar Viladomat, que por sus cristianas virtu- des desempeñó el grave cargo de prior del Convento de San Salvador de la Bade- 11a, donde murió «aè opinió gran ^^ ^, como escriben sus conocedores; Benito Vi- ladomat, arcillero, también su primo '', quien por su prole numerosa debió ser te- hácia las Magdalenas, es la.calle de Sellent. Y como quiera que Salvador habia comprado á José Galvany tendero de telas de Barcelona , dos casitas en la calle de Sellent, y esto era en 1677 , un año antes de nacer Antonio, es de presumir que en una de ellas vivió y murió, y que de allí salieron también sus hijos, para ser bautizados. La casa que hoy sustituye á aquellas compradas por Salvador , es , según creemos , la de número i. — Después de muerto Salvador pasaron sus hijos y esposa á habitar en la calle del Bou , ca- sa que mas adelante compró con otra á ella unida Agustín Viladomat, dorador, según se desprende de una nota del Pleito Puig contra Riera y otros que dice: « Primo : lo acte auténtich de venta feta per Jaume Serra fuster, á Agustí Viladomat dorador, de unas casas situadas en lo carrer del Bou de esta ciutat, rebut en poder de Saver Pujol Notari publich de Barcelona, ais cuatre Janer de mil setsents vint y sis junt ab sos inclusions cusidas en seguida de aquell, n Asi mismo se vé en el documento 2.° del Apéndice vn., tomado del archivo de pabellones de Barcelona. — Esta casa donde vivieron fué sin duda la que pasó des- pués á José Viladomat, y mas tarde á José Puig. — V. Documentos del Apéndice vii. —Es la casa de la ca- lle del Bou , número 8 , en que hoy hay un dorador, y que fué reconstruida con otra. — Ver Apéndice vii. — Se desposó allí Antonio, y nacieron sus hijos, y murieron todos ellos —menos José el pintor—, la madre del artista, su hijo y la esposa del pintor Antonio. José se trasladó mas tarde á una de las casas de su abuelo, y allí murió , como se dice en el último documento del Apéndice, y en su biografía, cap. ix. • Son las casas de la calle de Sellent de que se habla en las tres partes del Apéndice vii, y que, como se verá en él, pasaron de Salvador á Antonio su hijo primogénito, de este, á José su nieto y finalmente á la fa- milia Puig herederos de José Viladomat. —Véase la nota anterior. '•' Salvador Viladomat otorgó testamento en manos del Notario Salvador Golorons de Barcelona el dia 28 de Octubre de 16S7. — Ver el Pleito Puig contra Riera etc, fol 146. Súplica. Este testamento no le he- mos hallado en los manuales que parecen ser de aquel Golorons. •' Esta indicación se hace al elegirle por albacea. — Ver seis notas mas adelante. ' Véase el árbol Genealógico número i. — Apéndice. — Letra /. i, etc. No podia ser otro Rev. Tomás. • Ver mismo árbol. /. i, Esto debe significar aquello de: « Morí en Barcelona servint ¡as monjas Mag- dalenas ! . > '' Ver ese árbol. — Letra H. 1 D. Diego Puig, de la familia Viladomat, le calificó asi. ^ Árbol número i. — Letra G. 2, etc. VILADOMAT. nido en no menos grande opinión i, y últimamente un escultor conocido por Juan Roig, amigo ó allegado del dorador 2. Y ¿ qué hizo su hijo Antonio en los años de muchacho ? Tomar sin duda por guia la piadosa existencia de aquel varón virtuoso; el honrado vivir del bien quisto arcillero, y las artísticas ideas del escultor. Habia nacido además en el taller de un pintor dorador, y debió tener para él cierto aliciente ese arte de pin- tar que complace la mirada con vistosos colores y formas atractivas. Estaba bien avenido sin duda con los pinceles y colores que un dia manejaba Salvador, y allá en su fantasía de muchacho debió hallar cierto aliciente en buscar las memo- rias de su padre y los encantos del trabajo de su padre. Muchacho debia ser todavía cuando entró de mancebo en el taller del pintor adocenado Pascual Baylon ^, pues si tomamos á la letra los datos que apuntó Cean Bermúdez, apenas debió contar once años cuando empleaba sus tiernas ma- nos en moler colores y en embarrar lienzos * . Por los de 1698 , —siguiendo la * Cronología de Cean ^—, ingresó probablemente en el de Bautista Perramon, pintor sin duda de mayor nota que el anterior — el cual ejercía en Mayo de 1729 el hono- rario cargo de Cónsul del Colegio de pintores de Barcelona. Ignoramos empero cuales fueron los oficios del joven Antonio durante su niñez y mocedad en los ta- lleres de sus maestros. A juzgar por las palabras con que Cean Bermúdez nos di- ce: « aprendió á embarrar con el primero, y después fué discípulo del segundo, con • En los libros bautismales de Nuestra Señora del Pino (Barcelona) se leen sucesivamente las partidas de los numerosos hijos de Benito (Benet) el arcillero (gerrer).—Es de aquella familia da arcilleros tan pró- digos en hijos, y á la que también pertenece el Severo Viladomat de quien se habla en uno de nuestros Apéndices, xxiv. 2 En el fol 146, súplica, del Pleito Puig, se lee esta cláusula del testamento de Salvador: ^Elegesch en marmesorsy del present testament executors, al Rev. Thomás Viladomat Pbre, en Barcelona resident, Joan Koig escultor, Bernat Viladomat oller, ciutadans de Barcelona. • Baylon de nombre, no de apellido. — San Pascual Baylon tiene su dia en el calendario catalán el 17 * de Mayo. El apellido de este pintor se ignora pues, aunque no importa tampoco.' * Cean Bermúdez. — Apuntes históricos citados § g 1 .'• y 6.° — Cean dice que á los veinte años comen- zó á desenvolver su talento (es decir á pintar de cuenta y cosecha propia ); que estuvo nueve años con Per- ramon , luego tendría á lo mas once años cuando entró en el taller de su primer maestro Pascual.— 20 —9 r : II años. ' Es decir nueve años antes de los veinte.— Ver Pleito seguido en 1739 por Antonio Viladomat contra el Colegio de pintores de Barcelona, Escribano Jaime Creus, — Archivo del Real Patrimonio de Catalu- ña. — En el fol 3 bis de este Pleito hay un documento de 22 Mayo 1729 en que consta Perramon como Cónsul: texto latino. 6o ANTONIO quien estuvo nueve años hasta que con gran ingenio y aplicación aventajó al maes- tro ',» creeríamos que ingresó en el taller de ambos para aprender el arte subli- me de la pintura; más cuando leemos en el mismo autor, que, «los dos maestros que tuvo no le enseñaron otra cosa que moler colores y preparar lienzos ^,» nos parece que solo se habla de un aprendiz ó mancebo como los que define Vicente Carducho ^. Comparando además esos dos textos se halla á Cean en grandísima contradicción, porque no es posible que aventajara á sus maestros, quien solo aprendiera de ellos á moler colores y preparar henzos "*. Nos parece, sin embargo, que puede concillarse en algun modo lo expresado por el biógrafo andaluz, dicien- do, que aprendió nuestro joven el arte que en posteriores dias cultivó, al mismo tiempo que, como su padre, servia de mancebo al primero, ó á los dos de sus maes- tros. Fué este además el modo corriente como empezaron sus ensayos artísticos muchos contemporáneos de Murillo y de Ribera, y como llegaron á los peldaños de su fama artistas de más oculto origen, como Pareja y Sebastian Gómez. Tam- bién fué común en Cataluña ese modesto comienzo del arte hasta muy entrado nuestro siglo, y en los dias de Viladomat, desde el establecimiento del Colegio de pintores en el Principado en el reinado de Carlos II 5, y desde que el arte de la pintura se consideró como arte libre en el reino ^, no se alcanzaba el título de Maestro Colegiado, sin haber sido antes aprendiz seis años y dos mancebo pin- ' Cean. — Diccionario, mismo lugar ya dicho: VILADOMAT (Antonio). ' Mismo lugar. ' Vicente Carducho, Diálogos de la pintura, dice: «el moler los colores y aparejar los lienzos..., es de los moledores ó criados; y á los oficiales conviene el copiar ó ejecutar la doctrina y dibujos que les diere el maestro. »—Diálogo octavo. — Apredi^ era criado; Oficial es mancebo. '• D. Antonio Ponz — Viaje de España, Tom. xiv., lugar antes dicho, estuvo en esto mas acertado que Cean. — Embarrar y preparar lientos, en hoca. de Cean, es ponerlos lienzos de primera mano. ; Querría significar también aparejar telas, ó disponerlas para pintar en ellas ? '•• Carlos II (ó mejor su Consejo) fué el que concedió á los pintores de Barcelona en 3 de Marzo de i688, q\ie fueran considerados como artistas, y que pudieran formar Colegio. — Ver en el pleito antes señalado (de 1739), fol. 19 éís y siguientes, un estracto de las Ordenanzas que con este motivo se dieron á los pintores de Barcelona, agremiados hasta dicho mes y año de 1688. — Antes de esta fecha habia en la ciudad Cofradía de pintores y no Colegio : fué pues un ascenso de categoría la de esos artistas. — Para mas detalles ver por enter.i el pleito, y sobre todo su fól. 13 y § 28. •• El privilegio de 1688 — dado en forma de ordenanzas — y especialmente su último capitulo, que trata de los pintores no colegiados. — Id. por entero el pleito de 1739, fol. 14. g 36 ; fol. 5.", 4, — Copia de un capítulo de las ordenanzas, fol. 9 § 22 ; fol. 10 g 23 ; fol.' 11 y 12, | | 25, 26 y 28. VILADOMAT. 6i tor '. De imaginar es, pues, que Antonio Viladomat comenzara como los otros aspirantes á pintores, siquiera abandonase después el camino que en un princi- pio emprendió, á almas de menos empuje que la suya y á ingenios menos osa- dos. Y ; cuáles fueron la educación ó instrucción generales que en esos años adqui- rió ? Indudablemente no debieron ser muy extensas, porque quien hacia de apren- diz desde tan niño, y practicaba la pintura en sus mocedades con tanta aplicación y empeño, no debia, ni podia dedicar grandes horas á las letras. Que el empleo del pincel es también para sí, muy exigente y hasta egoista, pues, quiere en su cultivo las mejores y más largas horas, hasta para lo más mecánico del trabajo. Aparte de ello, un simple huérfano de menestral, venido al mundo en el íihi- mo tercio del siglo xvii, escaso de bienes de fortuna, obligado á compartir con su estudio su propia subsistencia, y quizás á partir con sus manos propias el pan para su madre y hermano; y una madre sin letras, criada en rústico hogar % y es- posa de un artesano, debian pensar que eran nociones bastantes para un joven de su bra^o, las nociones cristianas, envueltas en invenciones y juicios populares que alimentaban su espíritu en familia, y las mas puras que le henchían en la Casa del Señor; y creerían á su vez que no debia aprender más letras que las primarias por mucho que como hijo de un Ciudadano pudiera aspirar en tiempos venideros á nobles honras y á cargos especiales: que tal era además el común pensar de sus coetáneos y el del pueblo Catalán. Tuvo sí, las nociones del niño, que empleó hábilmente en el curso de su vida?, escribiendo en edad sexagenaria con la soltura y corrección de un Curial, y siempre respetando la lengua materna, y pagando el justo tributo de los doctos á la orto- grafía catalana de su época ; y en sus cuentas mostró la hábil é inteligente maes- tría del mas práctico negociante de sus años. — Existe todavía por entero un cua- derno, ó dietario de familia ••, el cual sobre ser un curioso documento de su mano, sirve á decirnos en su forma, pulcritud, redacción y ordenamiento , el gran cui- • Pleito de 1739 entre Viladomat y el Colegio de p i n t o r e s . - F o l 6 g 1 8 . - V e r también el privilegio otorgado á los pintores de Barcelona por D. Carlos II, y lo que decimos en el Cap. v, etc. ' Era hija de labrador como se dijo y vio. ' Asi se vé en sus escritos y sus cuentas etc. — Ver Apéndice ix. * Cuaderno dietario encabazado así: Llibreta del que tinch cobrat y pagat per la casa de mos sogres.... Yo Anton Fi7aiomat, que empieza en ;8 de Marzo de 1728 y acaba en 9 de Mayo de ij36.~Pleito de M.^ Puig contra Riera, fol. 162 y siguientes. 62 ANTONIO dado y el metódico é inteligente sistema del pintor en objetos de esta clase,—que Solo podia conciliar quien tuviera nociones fijas y bien sabidas desde dias juve- niles. Su redacción forma además, el más completo documento que nos queda del Antonio Viladomat, llano y sencillo, y con el traje más casero de su espíritu. Aquí concluye, sin embargo, la parte educativa general. Si otra cosa aprendió en tiempos posteriores, debiólo al desarrollo de los años, á su talento, á los aza- res y sucesos de su vida y profesión, al vaivén de su pais al roce y trato con gentes de otras tierras ú otra patria; y si habló, escribió ó entendió el castellano fueron más parte en é l , el trato que el estudio ó la lectura; pero nunca debió saber el latin, ni en nociones, por más que escribiera en latin ciertas leyendas é inscripciones de sus cuadros y bocetos, que como otros pintores de entonces ó de hoy, recibía, sin duda alguna, de aquellas personas que le encargaron sus obras '. Y por lo que hace á los libros que pudieron encontrarse en los estantes de su ca- sa en fecha más cercana á nosotros 2, no sabemos que haya ninguno que nos pruebe cosa contraria á loque podemos presumir. Pero volviendo á sus estudios preparatorios de pintor hay que recordar nue- vamente con Cean Bermúdez, que estuvo nueve años con Bautista Perramon, hasta que con grande aplicación é ingenio aventajó á su segundo maestro. Del primero dijo Ponz 3, que fué profesor de corta habilidad, y no debió de tenerla muy grande el otro, á quien en solo nueve años dejó en zaga Viladomat. — Y, que aprendió con el último no hay que dudarlo; ¿más que aprendió? — Indudablemente, lo que el tiempo permitía: á dibujar sin verdad ni conciencia; á pintar de brocha gorda, para despachar lienzos á destajo; á copiar imágenes ' No quedan en latin mas textos de Viladomat, que los de sus cuadros ó dibujos, y estos son religiosos, tomados por iniciados en las sagradas letras. Son además muy variados, y de muy diversas obras, y no es probable que tan erudito fuera Viladomat. Mejor es creer esos textos de diferentes personas conocedoras de muchas obras. — Con Castellanos tuvo relaciones y correspondencia, — ver el pleito Puig, Inventario, y apéndice xviii, carta de D. Diego Esmandia y de D." Alfonsa Oliveros; — mas no nos quedan cartas de Antonio escritas en esta lengua.— También tuvo relaciones con franceses, ingleses y alemanes. ,;Sabria algo de estos idiomas ? Lo ignoramos.— Entre los documentos de su casa los hay en francés , sin embargo, recibos de un tal Mr. Puch, — ver además el fol. 53, Inventario; i66, 170 y otros del Dietario ya dicho y pleito de M." Puig, etc. —y los documentos que se anotan en los Inventarios de ese pleito. — Mas ade- lante veremos que mas supo, y hasta donde alcanzó su inteligencia. ' Kn el Inventario I del pleito Puig se transcriben los títulos de algunos libros latinos propios de hom- bres de estudio, y se citan otros muchos en fóleo y en 4.°, etc., que por el modo con que se les indica, y el lugar en que se les halló, debieron ser de un hijo de Antonio el pintor. ^ Pons. — Viaje de España. Tom. xiv, pasajes ya señalados: nota. VILADOMAT. 63 de mezquina fantasía, partos de sus maestros; á recojer en su mente algunas no- ciones de perspectiva, que, contra el decir de sus biógrafos poseyó, aunque de ligerísimo modo, y á recordar tal ó cual precepto estadizo, y por añaflidura á emplear algunos de los procedimientos al oleo, al temple y sobre pared, que lue- go señalaremos; porqué hablan llegado la pintura y sus estudios en Cataluña á un estado lamentable de inaudita postración '. Conservábase en el ejercicio de ellas las tradiciones de los maestros del pasado, que el gremio de pintores, y los artistas clérigos y monges hablan guardado hasta 1688, y después de este año hasta el próximo siglo, con los profesores que estu- diaron antes de entonces; pero habia perdido con los nuevos artistas esa misma tradición el magnífico explendor que conservó en mejores dias, y por toda la edad medía. Débiles el espíritu público y el popular por las luchas continuas contra Castilla dominadoras ora con la Francia de Luis XIV, y más ocupado de empre- • La poca importancia de las obras que de á últimos del siglo xvii (catalán) nos quedan; lo bárbaro del estilo de las más, y lo modesto de la vida de los pintores más conocidos de entonces (escepcion hecha de escasas notabilidades) hacen pensar lo terre — á terre, que andaban la pintura y sus enseñanzas. — En cuanto al arte del dibujo era más bien un oficio que un arte. ' Todos los historiadores catalanes reconocen ( á la vista de documentos de inestimable precio, y de innegable verdad), que sintió Cataluña desde antes del reinado de Felipe IV el peso de la dominación cas- tellana, que toleraba, cuando no patrocinaba, los escesos y lamentables desmanes, algunos de ellos de do- lorosísima recordación, que á su sombra cometían los magistrados y gefes castellanos, y las tropelías y y vejámenes á que, con el templado y escesivamente dócil pueblo catalán , se entregaba la desenfrenada soldadesca de los tercios españoles. Después, la llamada guerra de los Segadores, en el reinado de FelipelV y otros sucesos posteriores crearon dias de prueba y luto, y una situación casi siempre tirante, en el espíritu de los hijos del Principado, que pareció embargar constantemente el ánimo de los más de ellos desmalazando su antiguo y patriótico alientp, y aquel republicanismo, ó liberalismo, por lo me'nos, de sus instituciones, tradiciones y costumbres. Esa situación opresora nos ha parecido siempre de mal augurio para los progresos del arte local, y una de las causas de los cortos medros que en determinados periodos de los tres últimos siglos, tuvo la pintura catalana—pintura antes tan floreciente en los siglos xiv y xv, y muy poco sin duda , en los dias deles precursores é iniciadores del renacimiento. Esta opinión no es solo nuestra ; de ella parece participar nuestro maestro, el respetable D. Pablo Milá , quien la espresó al Sr. D. Valentín Carderera , como una de las causas de lo poco esplendorosa de la pintura Catalana moderna. Aquel bullanguerismo, que de antiguos dias era padrón de ignominia, con que la dominación castellana señalaba al gobierno , ó á la historia, los que llamó rebeldes, carácter y pueblo catalanes, fué compañero á la vez que efecto, de poco políticas ideas, y de miras egoístas, y de ciertas antipatías poco hidalgas de los gobernantes españoles. El arte catalán debió á estos pues, en buena parte el mermado lustre que pudo dar por la suya, al de la nación española. Sirva ello de memoria á los menospreciadores de ese arte, y del espíritu provincial, que desgraciadamente se afrancesa y castellaniza demasiado! 64 ANTONIO sas bélicas y de rasgos de civismo que de los fueros del arte; combatidas las ge- neraciones del tiempo por violentas marejadas de ese espíritu, y desmedrado el arte del^ Principado por la decadencia general, apenas hacia más el de la pintura con los sucesores de Guitart Gassen >, y los postreros partos de los Juncosas, que ir prolongando su agonía entre la bambolla de desgraciados conceptos. — El di- suelto gremio Cofradía de pintores habia perdido antes su carácter, y no guar- daba en sus últimos dias más que las apariencias del pasado y las formalidades exteriores. Al concluir el siglo xvii, no era el arte catalán más que un oficio con más ó menos reglas ó recetas como el de menos estima, y este oficio hecho escla- vo de un preceptismo casuista, era el que ejercían los maestros que formaron á nuestro Viladomat. Para ellos — como para el común de sus colegas, — el genio, el talento, el sentimiento, la imaginación, no tenían aliciente ni atractivo, ni apa- recían sublimados en conceptos ó producciones de arte; la inspiración carecía de nombre, pues no era tal inspiración, y sí sólo una monstruosa combinación ó amalgama de entendimiento, cuando no de la memoria á solas, mezclada con al- gunos chispazos tardíos de fantasía, y muchísima imitación sembrada de mal gus- to ; la poesía de las formas bellas era un vago eco literario; la espontaneidad en producir un hábito de combinar, y la libertad del arte se habia perdido mucho an- tes que sospechara nacer, con los íjltimos esfuerzos de la independencia política y deia übertad provincial. Estaba en desuso el antiguo, y su estudio parecía ignora- do, pues los yesos escasos que existian dormían sin duda en los desvanes, las obras de los maestros apenas acertaban á enviar algun nombre envuelto en sombras, ó ciertas estampas y copias pronto desparramadas, que se admiraban por el autor; y el natural aparecía solo de tarde en tarde como privilegio y recompensa de en- canecidos profesores. Flotaba por lo tanto la pintura entre el lejano recuerdo de la verdad, y las vagas sombras y fantasmas de la concepción artística, y estaban tan lejos sus profesores del realismo natural como del ideal poético de Leonardo ó Rafael =. — El único término hábil que quedaba á la enseñanza, era pues el que se ha señalado como sirviendo de norma á Antonio Viladomat. ' Guitart y Gassen pintores de Cataluña en el siglo xvi y xvii. — Ver acerca de ellos Palomino y Cean Bermúdez —y los apuntes del final de este capítulo ii. ' Contrasta de un modo singular lo mezquino y vulgar de las pinturas de esta época con el arte admi- rable, experto, inspirado , espléndido si se quiere, y sobre todo viril, del riquísimo tesoro de pinturas de los siglos XIV, xv y xvi que guarda Barcelona, tales como las preciosas tablas de su catedral, ó las piezas sueltas y grandiosas del gremio de Curtidores y Zurradores, la riquísima colección del gremio de »' fi,, VILADOMAT. 65 Sensible cosa nos parece el que no quede cuadro ninguno señalado con certe- za, como de sus profesores, pues que por carecer de ellos no podemos decir apun- to fijo las cualidades que tuvieron, ni el alcance justo de lo que pudieran enseñar- le. Hay empero, cinco lienzos de regulares dimensiones atribuidos á Perramon, tal vez con algun fundamento, ó quizá mejor por tradiciones de familia, cuyas formas y procedencia son verdaderamente catalanas, y cuyo estilo, anterior al siglo pasado, tiene ciertos puntos de contacto con el que allá en sus mocedades aplicó nuestro pintor. Componen otras tantas figuras, á manera de retratos, de ta- maño mayor que el natural copiados hasta la rodilla, y pasaron, según se dice, de la antigua y noble casa de Pinós á la noble de Paguera, y en i856 á su posee- dor actual. Representan —como se lee en la parte posterior de las telas— el he- breo pastor David con la Cabera de Goliat, á Caj'o Julio César, á Constantino Magno, ú Reymoro Gamir, yla heroína Juana de Arco '. Cuatro personajes se- ñalados, que ornaron en otrois dias las solariegas moradas de algun castillo rural. Variadas son en su conjunto y aun más variadas en detalle, las partes que los componen, y entretenida, aunque no prolija, fuera su descripción. Más,'como son piezas dudosas para el común de los conocedores, contentémonos con saber que, formando imágenes sueltas é independientes, destacan sobre fondos ó acce- sorios alusivos á cada una de ellas. Miradas de conjunto presentan cierta extraña mezcla de grandiosidad vulgar, dibujo descuidado y tosco, rústica cuadratura, gran cúmulo de defectos en sus formas , contrastes vivos y claro oscuro marcado , y tanta escasez de luz en al- gunos , como falta de arte y buen gusto otros. A vueltas de varios detalles agra- dables y de no despreciables fragmentos, ofrecen poca expresión y pasiones vulgares, que se muestran tanto m á s , cuanto mayor es la talla histórica del personaje; verdadera afición á lo colosal, sin inteligencia, ni atractivos, lo cual da á esas piezas cierto reflejo de barbarie, por más que permita al pintor mucho alarde de facilidad en el manejo de los pinceles, y en empastar el color, á la par que de su práctica en despachar anchos lienzos á destajo. Forman , en fin, cua- dros inacabados, ó á manera de barrocos bosquejos preparados para concluir. Plateros, ó el cuadro siempre famoso y distinguido de Dalmau. En estos se siente un pasado floreciente, ilustre , libre, del arte barcelonés ó catalán , al paso que en las obras de los contemporáneos de Viladomat falta vigor é independencia del ingenio. • Hoy propiedad del Sr. Bosch Pazzi de Barcelona. — i S76. Q 66 ANTONIO Y, cotejados esos lienzos con los primeros de Viladomat, descubrimos entre unos y otros, tantos puntos de contacto y relaciones tan íntimas que , sin pecar de exagerados, podemos considerarlos de maestro á discípulo. V e r d a d e s , q u e , varias partes de los aquí juzgados parecen mejorar el conjunto de sus figuras; más, ¡quién sabe si los fragmentos más bellos son de alguna mano delicada y más llena de brio juvenil, que la que trazó los cuadros! ; Quién si esos mismos fragmentos los pintó Viladomat?—Su gracia y vigoroso buen gusto parecen ha- berlos tocado; y es muy extraño, por otra parte, que piezas de estilo tan barroco tengan como donoso engaste porciones tan agraciadas. Empero, sea ó no sea ello ilusión del que juzga, no puede desconocerse q u e , salvo las diferencias de ingenio, sublimadas en el discípulo, tienen los lienzos atribuidos al maestro, las tintas y tonos de los trajes que en sus primeras obras ponia Viladomat; la economía de sus luces; su distribución en germen; su esca- sez de brillo en todas partes, su misma afición á los cielos nebulosos, cenizos y de sonrosado crepúsculo; los tonos de sus montañas; los paises de sus fondos; su ejecución intencionada por sueltos y anchos planos, aunque con menos valen- tía; su opaco vigor de colorido, la dureza en trazar los contornos; la distribución de su claro-oscuro, de sus masas, de sus pianos, y cierta desenvuelta colocación de todos los personajes, amen de muchos detalles en uno y otro semejantes, como el modo de pintar los ojos, de colorir las armaduras, de imprimir toques sueltos y de buscar gran efecto. Basado en parecidas reglas ó prácticas pintaba Viladomat cuadritos de poca monta, á guisa de ensayos, que le encargaban particulares conocedores de su mérito, de los cuales nos quedan varias efigies y bustos de santos, y otros más completos, llenos de cierto candor inocente por la poesía de los preclaros tipos de la Iglesia, de un sentimiento delicado hacia las figuras cristianas, de mucha dulzura y suavidad en la manera de tratarlas y en su ejecución material, unida á amable timidez de pincel, que revela los comienzos también tímidos de un ar- tista '. Y junto á tales piezas de agradable recuerdo, vislumbre de mejor porve- nir , hallamos otras de carácter distinto, vibración de fogoso entusiasmo, y de exaltadas memorias de acaecimientos militares ^ Bullían á la sazón en el espíritu • De estos cuadros parecen ser los siguientes de nuestro CATÁLOGO RAZONADO : C. I., i, 2 y 3 ; III. 3 y D . XV. I . ' NOS parece, como diremos en el texto, hijos del entusiasmo catalán por la campaña de 1689 a 1697 VILADOMAT. 67 del pintor las impresiones, memorias, imágenes é ilusiones déla pubertad, y tenían lugar á la vez en toda Cataluña, y últimamente en su capital una de las luchas mas heroicas y obstinadas de que hace memoria la moderna historia cata- lana '. La invasión francesa de 1689, y el sitio y toma de Barcelona en 1697 tenian lugar por entonces, y nuestro mozo Viladomat, habia oido en ella por primera vez el estruendo del cañón, el sonar de los clarines convocando al com- bate, el clamoreo popular mezclado con las quejas de las mujeres y los lamentos de las víctimas, el vocear y la gritería de las refriegas, y las narraciones ardientes y apasionadas de los sucesos ; y habia visto — de lejos sin dudaá sus diez y nueve a ñ o s — , el tropel de apiñados escuadrones volando entre nubes de polvo, el rielar del sol en avenidas de bruñidos aceros; la confusión de la lucha, y el de- nuedo y las heroicas hazañas teñidas con sangre, entre los revueltos brazos de los que peleaban, ó los convulsos cuerpos de los que caian y morían.—Y un dia llegó también por entonces, ó poco después, en que se le pidió el cuadro de alguna empresa militar, y entonces trasladó al lienzo, con todo el vigor de su memoria y el cuerpo de su fantasía, aquellas mismas escenas que sus ojos vieron y que se revolvieron en su alma por las hondas huellas que en su alma dejaron. — Tal es acaso — y como ejemplo— el origen verdadero del lienzo militar que aquella infructuosa y desesperada campaña nos trae á la memoria. La obra suya más importante de este período parece ser sin embargo la de sus veinte años. Ponz y Cean hablan de ella con elogio, diciendo aquel, q u e , «hizo entonces los cuadros de la capilla de la Concepción de la catedral de Tar- ragona »2, recuerdo mejor traído á cuenta por el mismo autor en el tomo xin del Viaje de España, donde menciona haber visto en la Iglesia de los Jesuítas de aquella ciudad « dos ó tres cuadros del pintor catalán Viladomat ^. » Su encomiador Cean Bermúdez, expresa, con más acierto tal vez, que en los cuadros de la capilla contra Francia, ó de impresiones imaginativas y sensitivas de las empresas de entonces. E! cuadrito que aqui recordamos figura en nuestro Catálogo razonado. Con D. I., i. Algunos otros posteriores pudiéramos mentar, pero están ya lejos de esos sucesos. ' Cuando no otro libro que trate de este período puede verse la interesante relación de esa campaña que hizo el Sr. D. Andrés Avelino Pi y Arimon en su Barcelona antiguay moderna, Tom. II, Pág. CSy y siguientes; edición 1854. ' Ponz. Viaje de España citado. Tomo xiv.—Lugar ya dicho. •' Ponz, misma obra.—Tomo xfii, última carta que trata Je Tarragona y sus inmediaciones. (Carta sexta, g 48.) 68 ANTONIO de la Concepción del colegio de los Jesuítas (ó en la Iglesia que fué de los Jesuítas, como escribe mas adelante) fué donde empezó su autor á desenvolver su talen- t o ' , y esas breves noticias de nuestros dos escritores fijan con bastante precisión la importancia de tales cuadros, y el período de su ejecución. Verdad es, que trastornando probablemente el primero la cronología de la vida y hechos del pintor, y confundiendo en ella sucesos que pasaron ya entrado el siglo xviii 2, pone momentánea duda acerca del tiempo en que se pintaron los cuadros; pero esto nada obsta á que les consideremos como de 1698, ya que en los apuntes de Ponz hay evidente error de sucesos y precipitación en contar esos veinte años. Lo que sí parece hoy de difícil saber es el n ú m e r o , los asuntos, tamaños y proporciones, estilo, gusto y paradero de tales cuadros, ya que ninguno de los que nos dá noticia de ellos , entra en esos ni otros detalles interesantes, y cuando se llega hasta á dudar por algunos eruditos^, de la realidad de su antigua exis- tencia. Sólo las pasadas generaciones de monges, pudieran habernos dado en otros dias algun camino para buscarles. No cabe, sin embargo poner en tela de juicio que debieron existir, pues no es creíble que un viajero de sencillez y verdad dignas de un Pausanias, hubiera dicho que los vio, y menos aún, á la manera de viajero griego, que eran dignos de verse; más lo que algunos pudieran creer controvertible es el lugar en que estuvieron á fines del pasado siglo y á los comienzos del nuestro: en la Iglesia de los Jesuitas ó en la Catedral de Tarragona. E m p e r o , no nos parece tampoco cuestión de gran debate este asunto, cuando se sabe que la primera vez que Ponz ' Cean. Diccionario.~\'er y comparar la noticia critica y el corto catálago de cuadros. 2 Ponz, lugar citado poco ha, dice : que Viladomat « á los veinte años de edad ya empezó á distinguirse con sus obras al temple que aprendería de Viviena, y al óleo. Entonces hizo los cuadros de la catedral ( ha de decir de los Jesuitas, como veremos en seguida) de Tarragona, de que se habló en el tomo xiii de este viaje.» — Tomo xiv, carta i.", 6o, nota. Bibiena (ó Viviena, como dice Ponz ) no vino á Cataluña sino muy después, como veremos en el curso de este libro. Cean Bermúdez enmienda ese error de cronología. Como también veremos más adelante, cuando la venida de Bibiena á Cataluña, Viladomat estaba ya muy adelantado en su arte, y no era el principiante de que hablan Ponz y Cean. ' Estos eruditos tarraconenses, muy apreciables sin duda como anticuarios romanistas, no merecen confianza ninguna como á inteligentes en pintura: ellos mismos confiesan su poco conocimiento de esta parte. Ignoran, según nos parece, los textos de Ponz y de Cean, antes copiados. VILADOMAT. 69 los citó fué con ocasión de hablar del antiguo templo de la Compañía', donde tuvo ocasión de admirarles, y sobre todo, cuando se puede asegurar con testi- monios de verdadero aprecio, y con observaciones críticas de experiencia, que los doce lienzos de la capilla de la Concepción que existen en la iglesia metro- politana tarraconense , y que por erróneos juicios pudieron atribuirse á Vilado- m a t , se deben al Dr. José Juncosa, que les pintó ex-profeso para ella en 1688, cosa de diez años antes que contara sus afortunados veinte el discípulo de Per- ramon =. A falta de esas piezas con que ilustrar la vida artística de nuestro joven, nos quedan todavía en la ya dicha iglesia de P P . Jesuítas, varios fragmentos algo deteriorados, pintados en el m u r o , y en dos pilastras del presbiterio; en dos techos ó bóvedas de otras tantas capillas, y en cuatro arquivoltas, arquitraves y doble número de pilastras que introducen á los altares de uno y otro lado de la nave. Esos olvidados fragmentos nos inclinan á pensar con más probabilidades a ú n , que fué en alguna de esas mismas capillas donde se vieron en antiguos dias los ya perdidos é importantes cuadros 3. Son tales fragmentos á manera de representaciones escenográficas, á gusto del siglo xviir, y formáronlo debieron formar en su dia, parte de una ornamenta- ción más extensa y completa, sujeta á un plan general de decoración interior del templo. Representan en los dos techos, á manera de bóvedas en perspectiva, en las que se descubre que tenia su autor temprana afición y algun conocimiento de los trazados pintorescos de arquitectura y de las reglas del arte que enseña á di- bujarlos , sin llegar por eso á poseer gran maestría en el de los escorzos, ni en la manera de dar relieve y figurar espacio: por donde se viene en conocimiento de • Con este nombre conocían los antiguos hijos de Tarragona que alcanzaron el año veinte, la iglesia que fué de monges Agustinos hasta muy entrado nuestro siglo, y mucho antes de padres Jesuítas. ' Ver Cean Bermúdez: Diccionario tantas veces dicho, artículo JUNCOSA (el Dr. D. José,) g 2.°, da noticias ciertas acerca de este punto, tomadas de documentos auténticos del archivo de la catedral de Tarragona. — Ver también los apuntes históricos que dejó manuscritos el Rev. Dr. D. Domingo Sala, erudito y curioso Canónigo que fué de la catedral de Tarragona. En esos apuntes dejó compendiosa y erudita noticia de las partes y obras más bellas que encierra dicha catedral, y de varios datos acerca de las mismas, tomados sin duda del archivo de ella. El Sr. D. Andrés Fanés, archivero y secretario del Cabildo tarraconense , nos dió á conocer una copia de esos apuntes. ^ Ver acerca de estas pinturas lo que de ellas decimos en nuestro Catálogo razonado.—Algun erudito de Tarragona nos dijo que en esa ciudad se las miraba como de manos de los Jesuítas , y esto lo creemos un gravísimo yerro. M,. 70 ANTONIO cuan errónea fuera la idea de los que pudieran pensar que ignoró sus nociones hasta ocho ó diez años más tarde. Ofrece la derecha de estas perspectivas á ma- nera de una cúpula circular, con tragaluces también circulares, y con figuras de angelitos enlazados con flores en la base de los cuatro ángulos, todo de regular buen gusto é inteligencia, y presenta el otro techo un cascaron con escudos y empresas heráldicas, que juzgamos de poco interés.—Y de no menos curioso estudio y mas novedad sin duda, son los ornatos de las dos grandes pilastras del altar mayor que componen anchas trenzas tejidas con cintas, flores y hojas, por entre las que asoman niños desnudos como cupidillos, que imitan esculturas: ornatos que, á vueltas de porciones agraciadas, reúnen otras de poca novedad, de tímido y escaso buen gusto; las infravoltas que forman espesas guirnaldas, ó mejor cortinas, de hojas, rosas, tulipanes, de vez en cuando enlazados con ange- litos de agraciadas formas y suave color; los arquitraves y frisos, — mas dete- riorados que las demás partes,—donde asoma la inteligente afición á la esceno- grafía arquitectónica, en capiteles, columnas, etc., acaso ornados con figuritas y r a m o s ; y las caras interiores de las ocho pilastras, cuatro de las cuales tienen representados figuras de niños alados en parecidas actitudes, que llevan sus ma- necitas á lazos y cintas tejidos con ramos de amontonadas flores, faltas á veces de arte; dos más, también con bellos niños ángeles, mejor acabados que los ya dichos, que tienen en sus manos las cintas de un ornato oval, que sobre cada uno de ellos está pintado figurando en su interior un crucifijo plantado en el cuerpo de un alacrán, recuerdo de la Redención del pecado, y con un libro cerra- do y un gajo de blanco lirio , símbolos de religiosidad y de pureza. Últimamente, se ven en las dos pilastras restantes las figuras de dos mancebos alados, de sen- timental y religiosa expresión, que tienen la punzante corona de espinas y los clavos del Calvario, y tanta gracia y recato en sus actitudes, tan modestas y aeras líneas en sus pliegues, que parecen trasportarnos á mejores tiempos del arte. Unos y otros, niños y mancebos de las pilastras, sientan sus pies en bases ó capiteles de pintorescos ornatos, y algunos de ellos—contra las reglas de arte— aparentan producir oscuros esbatimentos en los paramentos de aquellos susten- tantes, como para destacar las imágenes y finjir relieve. — Partes todas q u e , miradas en detalle ó de conjunto, demuestran grandes disposiciones juveniles, ingenio flexible y delicado, pero no exento de exuberancia, ni bastante hábil en escojer, pero variado en sus combinaciones; y en la parte de colorido, común monotonía y abigarramiento del colorado, azul y ocre en los ramos, cortinas y VILADOMAT. 71 trenzas de flores, y juicios que nos conducen á decir: «¿ serian tal vez esas pin- turas de las que pusieron á Viladomat por sobre su último maestro ?» —y á pen- sar que si lo fueron hay que rectificarse en el juicio, de que no debió ser Per- ramon muy distinguido en pintura. Una observación resta que hacer además, y es la que están ejecutados esos fragmentos sobre una fina preparación de yeso barnizado, y con colores que pa- recen al óleo, haciendo creer esto, que debió ignorar su autor el verdadero pro- cedimiento mural, que, como otras estimables cosas, se afanaba en proporcionarle el tiempo. Y , no pasaba ya el tiempo en balde! que un suceso memorable de Barcelona, vino á prestar al ingenio del pintor aquel más sublime aliento de inspiración que todos los artistas buscaron con afán y bendecían al hallarle, dándole ocasión de retratar á un varón de preclaras virtudes que en sus dias vivió, y que fué en Cata- luña, por lo santo, compañero el beato Salvador de Horta y de Sta. María del Socors. Esa ocasión fué la muerte del beato José Oriol de Barcelona, acaecida el 23 de Marzo de 1702, y el personaje por él retratado, aquel humildísimo capellán de Ntra. Sra. de los Reyes, señalado en su vida como santo, honrado después de muerto como grande y beatificado en nuestro siglo por el Papa Pió VII >. El eco de sus virtudes era sabido en todo el Principado, y habia logrado tras- poner en su repetición el círculo de la Península , llegando á resonar por el Me- diodía de Francia, y hasta la Ciudad Eterna. Y todo el mundo conocía y señalaba en la Condal, al capellán sencillo, heroico en la humildad , en la pobreza, en la austeridad; todos le admiraban en su caridad sin límites, que le obligaba á despo- seerse de lo propio y á mendigar lo ageno para socorrer al prójimo; todos en sus incansables predicaciones, en los talleres del jornalero, en los asilos de los des- graciados y en las públicas plazas, y unos y otros, hijos de Cataluña y habitantes de Barcelona, le hablan visto partir hacia R o m a , ó en busca de más lejanas tier- ras con el talante y hábitos del peregrino, y el fervor del misionero cristiano; ó sa- bían las narraciones de sus milagros, la popularidad de su nombre y el entusias- mo que tras él apiñaba al pueblo, ávido cual otro Mesías, hasta la capilla de la Comunión de Ntra. Sra. de las Arenas, para presenciar allí el denuedo de su ' Cuanto decimos acerca del Beato José Oriol puede leerse en la Vida de éste que escribió D. Juan Francisco Masdéu , edición castellana de i8o5, donde se expresa in extenso, y mas brevemente en el Año cristiano, en la Leyenda de oro, etc., etc., también castellanos. El 23 de Marzo celebra la Iglesia la fiesta del Beato Oriol. 72 ANTONIO amor, ó sus operaciones sobrenaturales con la curación de los enfermos; y final- mente , cuantos pisaban entonces las calles de la ciudad, hablan podido seguir con la vista y atraídos por el rumor de la muchedumbre, á aquel espectro sublime cargado de vigilias, de ayunos, insomnios y silicios, y consumido y siempre animado por el divino fuego de la más pura y grande de las pasiones, el santo amor de Dios. Pues bien: ese santo personaje, que hasta la incredulidad podia admirar, le conoció Viladomat desde niño' y debió venerarle cuando mozo, y al morir fué el mismo señalado joven uno de los que llevados por el entusiasmo artístico á lo grande, ó por la fama de sus méritos, concurrieron á retratarle, pues era sin igual ocasión para un pintor, la de poder copiar tan imponente figura, envuelta en aroma de santidad y en las fascinadoras memorias de sus singulares hechos. Y cuenta D. Juan Francisco Masdéu en su Vida del beato José Oriol ^, que habiendo ido á retratarle tres pintores antes de que se le sacara de su casa para la iglesia, echaron líneas por largo tiempo sin poder dar nunca con la verdadera fisonomía del santo, que variaba continuamente, con gran pasmo de los que le copiaban; por donde se puede imaginar la profunda impresión que debieron dejar en el ánimo del joven artista aquellos momentos de fantástico consorcio con los restos del santo, y el helador prodigio de humildad señalado como milagro; — y añade el mismo piadoso autor, que, «se hicieron, á pesar de esto en aquel dia y en el siguiente no pocos retratos del Beato, del mejor modo que se p u d o , y á invitación de inumerables devotos,» siendo el más parecido de todos ellos el que sacó Viladomat. Cual pudo ser ese histórico retrato, se ignora en nuestros dias, en que apenas se conoce el elogio de Masdéu, y no es posible entrar, por lo tanto , en curiosos detalles acerca del valor artístico de esa obra, ni asegurar siquiera el partido que del rostro de aquel buen eclesiástico pudiera haberse tomado, ya que á juzgar por los cuadros de Flauger ^, y por los grabados catalanes que nos pintan al doc- > • ' El Beato José Oriol nació en Barcelona en i655, donde residió casi siempre hasta su muerte. En Bar- celona fué doctor y eclesiástico— 1674 y 1676 ; —y en la misma ciudad fué donde se dio á conocery á venerar por sus milagros.—Nació el 23 de Noviembre de i655. — A. Viladomat vino á luz trece años des- pués que Oriol; pero le vio durante otros veinte años, y desde los dias de su mayor fama y popularidad. " Ver apéndice X de este libro. ^ ^ Flauger fué pintor de Barcelona de á últimos del siglo pasado y primeros del actual. Distinguióse mu- fho por los años de 1808, pues parcial á José Bonaparte retrató varias veces á este señor, por lo cual, y poi- VILADOMAT. yS tor José Oriol, apenas pudiera buscar el arte en su color cadavérico, y en sus enjutas carnes disposición alguna poética. Existe, empero, una cabeza ó busto que le figura muerto, la cual parece ser por lo menos copia de otro lienzo de aquel pintor, cuando no obra de su propia mano — como creemos nosotros — y en ella seria posible mirar el recuerdo de tan interesante cuadro. Sus formas son innegable trasunto del natural; sus facciones de puro tipo aguileno, ojo pequeño, cuadratura marcada, descarnado rostro, y cabeza, cabello y bigote negros, son los mismos que ha conservado la historia; su fácil ejecución á grandes rasgos y planos, como fué le de Viladomat; la luz melancólica y como artificial, y el conjunto de los efectos y disposición son reflejo de íntima y viva impresión del pintor ante aquella enérgica figura, cuyo espíritu, lámpara de ardiente lumbre, habia apagado en el cuerpo el rudo soplo de la muerte. — La cabeza que así juzgamos, lleva birrete de doctor, y está acostada, presentando su perfil en una especie de almohadón verde; y des- taca su luminosa faz — que el contraste de un blanco cuello hace más triste toda- vía— ante un tétrico y negro fondo. En ella levanta además los quilates de su interés para cuantos la ven, el recuerdo, ó tradición de que es un retrato tomado del propio rostro del Beato Oriol, y es fama que también le levanta, la admira- ción y memoria de los milagros que por la misma faz se han operado'. Cues- tiones ambas ante las cuales se detiene nuestra pluma para permitirnos admirar de nuevo con la piedad al venerable José Oriol! Muchos retratos y cuadros contemporáneos del anterior pudiéramos señalar ahora, si tuviéramos datos verdaderos en que poder apoyarnos, y algunos entre los primeros, vistos continuamente por aficionados y eruditos en los archivos de ser del partido francés , se le llamó el afrancesado. Este pintor ha dejado un buen retrato del Beato José Oriol, del que se han sacado numerosas copias. Hay también un grabado tomado directamente de ese cuadro. • Ver nuestro Catálogo ratonado , cuadro número D, xx de las piezas sueltas donde le damos descrito como de Viladomat. De sus milagros dá detallada cuenta la familia que le posee, y también la dan otras personas piadosas. Hasta el mejor cuadro ó grabado de Oriol le embellece las facciones para darle poesía El Sr. D. Baudilio Carreras (casa de la Vireina de Barcelona) posee un retrato original ó copia de otro que representa al Beato José Oriol muerto y alumbrado por cirios. No nos parece copia de cuadro alguno de A. Viladomat, ni puede ser original de éste, pues carece de su sentimiento de belleza. Es , empero , cu- rioso como recuerdo histórico. 74 ANTONIO I Ntra. Sra. del Pino ' y de la Catedral de Tarragona 2; pero es forzoso trasponer \ el espacio de un año para saber algo con certeza de las obras que llevó á cabo el famoso pintor catalán. I Y, estamos en i-jo3. De esta fecha son seguramente el cuadro y frescos de la Capilla de la Convalecencia de la capital de Cataluña 3. Arranque espontáneo y ya nutrido de los veinte y cinco años del pintor, en él puede verse el ancho vuelo que tomaba al terminar su marcha algo indecisa de anteriores fechas, y como cobrando aliento — suelto ya de la presión de sus maestros — iba presen- tándose en sus partos, cada vez mas vigoroso y caracterizado. Pasemos, p u e s , á juzgar ese reflejo de su virilidad. i Qué nos dice y enseña ? Ante todo, que son un cuadro y fresco de la fecha á que nos referimos, pues lo es también el retablo, del que forma aquel la parte mas principal, — y donde está grabada esa fecha á uno y otro lado del altar; — y después, su disposición y juicio crítico, pues la descripción completa de este importante conjunto se halla menudamente detallada en el Catálogo ratonado que damos más adelante. En el centro del retablo y como su parte principal, figura de mano auténtica de Viladomat, la Conversión de S. Pablo, cuadro q u e , uno de los autores tantas veces citado en el curso de este libro, señaló ya como de esa misma mano "^Í en el que se descubre grandísima semejanza con los cinco lienzos antes atribuidos á Perramon; atrevimiento juvenil; facilidad, novedad y naturalidad, y bellos frag- mentos de dibujo, á trueque de otros defectuosos y hasta llenos de deformidades. — El caballo del santo, entre otras p a r t e s , es verbi gracia, una verdadera y petrificada monstruosidad. Esa es la parte central y más importante de la capilla, pintada al óleo y sobre lienzos: el resto de ella está decorado por igual procedimiento que los fragmentos de los Jesuítas de Tarragona, y compone, desde los arrimaderos de los azulejos hasta la llave de la bóveda, una pieza con quince cuadros, ocho de los cuales son pequeños pasajes de la Vida de S. Pablo; otros tres mucho mayores y de ' Retratos de algunos doctores y eclesiásticos, que ornan las paredes del Pino en la dependencia dicha su archivo. **^- ' Rgtrato de algun prelado que se halla en el archivo de la catedral de Tarragona. También , á lo que parece, el boceto Juicio de Salomon. N.° C. viii, 4 de nuestro Catálogo, Colección Cabanyes. •' Para más detalles véase nuestro Catálogo ratonado. ' Cean Bermúdez.—Dicc/omrío. Catálogo de cuadros de Viladomat. ^ VILADOMAT. yS admirables dotes, referentes á algunos del mismo santo, y la bóveda de cuatro caras adornada con la Coronación de la Virgen, con hermosos coros de ángeles, músicos y cantores, serafines y querubes, y con escojida corte de santos , que, á escepcion de S. José, S. Agustín y S, Cristóbal, son todos ellos santos patrones de España ó de Cataluña. Enlazan y concluyen la decoración mural de la capi- lla, ornatos que sirven de marco á muchas escenas; Virtudes y ángeles que adornan los vanos de las puertas y ventanas, y otros preciosos angelitos, unidos por cintas y flores, ligan á la vez el resto de su decoración. Comparando estas pinturas murales con las de los antiguos Jesuítas tarra- conenses, descubrimos en ambas las mismas aficiones y tendencias, muy mejo- radas sin embargo en las que ahora nos ocupan: puede decirse casi que se com- ponen unas y otras de iguales elementos, y que sólo se diferencian por los adelantos que obró la práctica en el pintor. Si unos son , pues , de Viladomat, lo han de ser — e n mucha parte por lo menos—-los que se presentan como de ma- yor ó menor aprecio entre los de sus veinte ó sus veinte y cinco años. En los dos hay las mismas rosas, tulipanes, hojas, cintas y niños; menos profusos, mejor elegidos , y más bien combinados en la obra de sus mayores años : en ellos apa- rece el mismo tono general — aunque poco más brillante en la Convalecencia — iguales ó muy semejantes ornatos; mismo modo de preparación y barniz mural, y fuera harta casualidad , que dos fábricas de distinta fecha y de diferente ciudad que tuvieron á la vez cuadros de Viladomat, poseyesen tan parecidas decora- ciones , pintadas y preparadas por dos ó más diferentes m a n o s , y una y otra tan acomodables al estilo juvenil de nuestro pintor catalán. Siguiendo en nuestra creencia, juzgamos la última de ellas como una obra relativamente admirable q u e , distando mucho de ser completa y acabada, y no exenta todavía de exuberancia, ni tampoco de partes vulgares, revela muy señaladas condiciones artísticas, y un poderoso y sostenido esfuerzo juvenil por levantar el ingenio, pues toda la decoración está llevada á cabo con igual aliento y complacencia, entre asomos de incipiente timidez. Tiene en muchas de sus es- cenas fragmentos de exquisito y clásico gusto y otros verdaderamente rafaelescos, que nos inducen á pensar de su autor, que habia visto láminas, copias, ó bocetos del famoso pintor de las Logias, ó de Nicolás Poussin. El colorido de los frescos puede tildarse de sombrío y monótono, por punto general; más sobre esas con- diciones reflejo de su inexperiencia, campea el frescor y naturalidad de tiernas carnes y de pintadas flores , el brillo y verdad de muchos ropajes, y hasta la 76 ANTONIO riqueza de ciertas tintas del conjunto, que si á confesar verdad dan abigarra- miento y falta de bien concebida unidad al todo de la decoración, presentan cuadros de completa armonía y de variados y numerosos matices. Abundan muchísimo los efectos y los contrastes grandiosos que relevan las escenas, y un sabor pintoresco, delicado y magestuoso, que las hace sobre todo líricas y so- lemnes. Son bellas y características las fisonomías y expresiones en casi todas las figuras; grande é interesantes muchas, otras de exquisita dulzura y algunas su- blimes hasta el más puro ideal. ¡ Qué mucho que en medio de tantos elementos de grandeza, decaiga alguna vez la de su joven a u t o r , y que mezclara algunos rostros feos ó prosaicos, recuerdos de sus maestros , ó del vulgo de su pueblo , si le acompañaban la tradición escolar, el natural que veia, el vulgarismo de sus nociones y la comezón de la edad! Si sólo era su preceptor y guia la energía de su ingenio y su delicado espíritu ! — Resaltan también en el dibujo la correc- ción y grandeza de los principales personajes, y de las escenas de gran t a m a ñ o ; el regular trazado de los paños, llenos.de intención y movimiento, á pesar del corto estudio que ofrecen los trajes, y son sencillos, claros y agradables, cuando no grandiosos, la disposición de la figura, el agrupamiento de los fragmentos, y la magistral explicación de los argumentos que dicen sin comentarios: en esta parte hay que admirar además el delicado é interesante pintoresco de los segun- dos términos, que parecen tomados de cuadros modelos; la sencilla variedad de los planos, la tímida afición al paisage, y la elemental comprensión de la perspectiva, arquitectónica principalmente, en las q u e , como dijimos en otra p a r t e , tuvo suscintas nociones, y por la que inició de muy temprano verdadera pasión escenográfica. Abunda de vez el estudio del natural, que hallamos en figuras, detalles de estas y paisages, y en variadísimos y algo acabados grupos de flores. Derrámanse, en fin, á manos llenas, en toda la decorativa obra, naturalidad, verdad, facilidad, vida, animación y movimiento, y la feliz y abundosa chispa, que á veces para en verbosidad. — Y mirando la obra en deta- lle , obliga á pararse para saborearles la juguetona naturalidad de los niños y de los ornatos puramente decorativos, la hermosura de los grandes cuadros, la majestad de alguno pequeño y el grecismo intuitivo y acertado de otros, bien distinto por cierto del frió y empalagoso gusto alegórico neo-clásico de la tierra, cargado con caracoladas armaduras, mantos y penachos, y adobado con borce- gíes y calzones de las villas y riscos catalanes. Para decirlo en pocas palabras, es esta decoración muy superior á cuanto VILADOMAT. 77 hizo Viladomat en tiempos anteriores, pues, aunque no forma una obra de con- ciencia , compone una pieza atrevida y suelta, que revela sus muchos adelantos; corona bien su mayor edad, y predice para él y su país un porvenir de espe- ranza; un poderoso ingenio henchido de decisión admirable, y entusiasmo y arranques poéticos cada vez mas señalados. Redondeado y completo queda ahora el quinto lustro de su briosa mocedad: en esos años, el modesto niño se hizo distinguido joven; el hijo de menestral ascendió mucho más en pública consideración con el cultivo del arte ' ¡ feliz re- compensa de la civilización moderna! — ; pero ni como mozo, ni como artista perdió nada de su carácter íntimo y altamente popular, que le habia conservado su sencilla educación, sus relaciones y familia y los sucesos de su tiempo. Crue- les dramas domésticos le enseñaron la resignación ; opresión , abandono, sangre y denuedo malgastados de su patria dolorida le amaestraron en la energía; hu- mildes padres , cristianos, tutores y varones ejemplares, entre los que descuella aquel eclesiástico sin par de su época, superior en virtud á cuantos le rodeaban, que á nadie cedió en constancia sinó á la muerte, y que grabó viva imagen en el alma del pintor — quien le recordó en posteriores obras 2,—fortaleciéronla suya para las luchas del m u n d o ; y esos y otros sucesos, memorables, fuertes y sin dobleces, criaron en é l , sencillez de vida, energía de carácter y grandeza de espíritu. Hoy parecería su educación algo estoica ó semi-heróica, si tuviera pre- dicadores; y ¡qué diferencia existe el nervioso, sentimental y femenil tipo del meridional contemporáneo, y el de aquel atlético espíritu, para el que la sere- nidad, la fé y el heroísmo debieron parecer vida corriente ! Y ; qué artista ciu- dadano de su tierra le igualará en nuestros dias ? ; Cuál mozo se le comparará ? — El esbelto y flexible naranjo de hoy, débil por constitución, fragante por su azahar, ha sucedido con este aspecto, acaso con ciertas ventajas, al recio y viejo roble de entonces. ' En el pleito de lySg se lee que , los Cónsules de Pintores eran Cónsules de Prohombres de otros gre- mios , fól. 13, 29.—También se vé que para ser pintor colegiado se exigían pruebas de limpie:{a de sangre, fól. 5, y últimos párrafos de las ordenanzas de estos. Ver además el aprecio que se hacia de los pintores en el siglo XVIII. Dietario municipal de 1707 á 1708, Junio 1707 , documento número 40 , sobre artistas y ar- tesanos plateros. ''• Uno de esos fieles recuerdos del Beato Oriol, lo pintó Viladomat en el Exorcismo de un demoniaco. Cortada.—Cuadros de Belen : A. II., 10 y 11.—TEMPLOS DE BARCELONA. 78 ANTONIO Con casi sólo su ingenio y su entereza le halló el arte en sus comienzos de p i n t o r , y así, sólo, le tenia aún al terminar su mayor edad, pues no podia ha- ber libado todavía y menos aun nutrídose del almíbar que preciosas flores del arte de pintores estranjeros desparramados por Cataluña, le pudieran ofrecer; ó con aquellas tan numerosas de otros pintores de la tierra , que , formados con Caxesi, con J o r d á n , Rizzi y Caravaggio", convertían en interesantes museos más de un claustro ó templo de su ciudad natal. Ni nos parece cosa probable tampoco, habida cuenta del corto estudio que poseía á la sazón, que le dieran mucho fruto los viejos fragmentos romanos, las preciosas esculturas italianas , ó las fábricas señoriales, que guardaba Barcelona. Más factible es conjeturar en esta parte q u e , algunos recuerdos a q u í , sueltas reflexiones allá, acullá vivas y durables impresiones, venidas al acaso y de momento, recibidas en sus visi- tas á Tarragona^, p. e., ó con algun artista de nota que quedaba todavía-*, com- pletaron sus estudios y avivaron sus aficiones por esos años de su vida. No parece por otra parte que se diferenciara de Lessueur en su aislamiento artístico, ni que lograra morar, como Murillo, en una corte de artistas que esti- mulaban el ingenio, y menos todavía, que , cual otros pintores que dieron fama á su patria , contara con magnates y señores que compensaran sus vigilias con aficiones eruditas , ó con entusiasmos artísticos. ¡ Densa y profunda niebla le ro- deaba , p u e s , por todos lados! Y si se sondea el porvenir, muertos desde mucho antes los Blanch* y los Pedro Pablo de Tarragona-^; los Miguel Roca^, Gassen 7, Cuquet**, Fray Lo- ' Caxesi ó Caxés y Lúeas Jordán , fueron muy copiados por muchísimos pintores del siglo xvii, hijos de Cataluña (V. sus nombres y biografías en el Diccionario de Cean Bermúdez)—y tuvo el último de ellos grandísima boga entre los del siglo xviii, pues Viladomat les citó (como veremos en el cap. v), y les copió muchísimo, con varios otros pintores, el catalán Mayol (Salvador), que fué director de la escuela de Bellas Artes de Barcelona á quien en oposición á Flauger se le puede llamar el anti-afrancesado. ' A la vista de las pinturas de la catedral de Tarragona.—Otros cuadros habría visto con interés en Barcelona. • Con alguno de los Juncosa que al parecer vivía en Tarragona. ' Pintor que vivía en 1579. ' De sobre i563. •• De 1600. ' Murió en 1058 á los sesenta años. * Murió en i66(). *-: •* VILADOMAT. 79 renzo Tarragó i, Guitart = y Vignoles (ó Viñoles)^ de Barcelona; el pintor poeta Serafí* (apellidado el Griego) que trovaba en romance vulgar; y en 1693 el an- ciano pintor Arnau \ encina secular y pàtria, que vió pasar con los torbellinos del tiempo varias generaciones de artistas , muchas escuelas y aficiones ; y ya en el ocaso de su existencia el celebrado Guirró'', los dos primos Juncosa ^ y el dis- cípulo de Fray Joaquín, José Franquet de Cornudella**, suyo era el siglo que nacía, y en sus manos tenia depositada la existencia del arte catalán. ¡ Qué hion- rosa situación la suya si honraba á su patria con su ingenio! ¡ Qué galardón para ese joven el de figurar como maestro en su lozana primavera ! Y ¡ qué contraste con su aislamiento ! ¡Cuántas dudas y esperanzas!... Más, salvado esas reflexiones , cabe decir por lo pronto , que , la tierna plan- ta que llevó á su familia el padre de nuestro Antonio, formaba ya un coposo árbol, Heno de ufanosa vida y de expansivo crecimiento , y que fué cierto bajo este aspecto, aquel viejo adagio catalán , qui á casa hy porta á casa hy troba, — pues que un precioso germen guardado entre grandes cuitas dio , andando el tiempo, un nombre envidiable al de dos modestos esposos. • Fray Lorenzo Tarrago pintó un cuadro de Ntra. Sra. de Monserrate para el Salón de Ciento del Con- cejo municipal de Barcelona. 2 De 1576 á iSyg según se sabe. •' Tenia cuadros en la Merced de Barcelona.—Ponz. K/aje <íe Kí^aña. Tom. xiv, carta sexta. Eran de 1651, g 49 : Existian en e! claustro de ese convento. * Pí y Arimon. Obra citada Tom. xi, pág. 283 etc.—io Grech, en catalán : tal vez porque seguia la es- cuela neo-Griega.—PuhWcó dos llibres de poesía vulgar en llengua catalana. En Barcelona en casa de Claudi Bernat, i565. Ab privilegi per deu anys. Tom, in S.° de 124 fól. Su profesión de pintor la dijo Serafí en la dedicatoria de las poesías, donde escribió : « essentne delitat après de una art de la pintura en la de trobar en vers, mes que altre cosa alguna.» Ver Pí, referencia. Esas poesías de Serafí gozaron gran fama en otros días: hoy perdieron algo de ella , aunque conservan parte de su interés. El nombre de Poesía vulgar, que les dio su autor, es el único que les cuadra. ^ Nació en iSgS en Barcelona donde murió en 1693. ^ De i63o á 1710. ' Fray Joaquín, que fué monge de Scala Dey—nació en i63i, pintó hasta 1708,cuando falleció. — El Dr. José Juncosa, eclesiástico de Tarragona, se dice que murió allí ya entrado el siglo xviii. ' José Franquet fué discípulo de Fray Joaquín Juncosa con quien pintó en Cornudella en 1678. — Para más noticias de éste y de los demás artistas antes citados véanse Palomino de Velasco, Ponz , tomos xm, carta 6.", y xiv, carta primera, y Cean Bermúdez, Diccionario histórico. Palomino llamó equivocadamente el licenciado D. Juan Juncosa al Dr. José Juncosa, ya nombrado. Ver Cean Bermúdez. 8o ANTONIO Como creció ese nombre , ó se formaba aquel á r b o l , ó pugnaban y vencían de continuo, el dualismo de su aislamiento — la soledad de un principiante y la dignidad de maestro — comenzaremos á verlo en el siguiente capítulo. Y entramos en tiempos heroicos. %