^• CAPITULO III. UN P E R Í O D O HEROICO Y OTROS IMKZISEIS ANOS DEI. PINTOR. 1704— 1720. RESUMEN. España y Europa de 1701 á 1704. — La Guerra de Sucesión desde los Pirineos al Danubio. — Estado de España á los comienzos de la guerra. — El ingenio de Viladomat al calor de estos sucesos: vitalidad de ese ingenio. — Un vacío de cuatro años en la historia del pintor. — El casamiento del Archiduque Carlos de Austria en 1708, y las aficiones artísticas de ese príncipe. — Venida de Fernando Galli (Bibbiena) á Barcelona. — Parte de Galli en las fiestas del desposorio. — Las representaciones escénicas de la Lonja y la pintura de sus decoraciones : una de esas piezas, Loa ú opereta. — Relaciones de Galli y Viladomat. —Fernando Galli, cuando le conoció Viladomat.— Influencias del artista italiano en el ingenio y arte del barcelonés. — Obras en que Viladomat reveló esas influencias. — Frescos y cuadros del presbiterio del destruido Templo de Santa María de Junqueras. — Que fueron esas pinturas.—El retablo del altar mayor proyectado por Viladomat y trabajado por el escultor Pedro Costa. — Quien era Pedro Costa.— Conrado Rodulfo maestro de Costa. — Recuerdo de Conrado Rodulfo y de sus obras de arte en España. — Conrado Rodulfo escultor del Archiduque: sus obras por encargo de éste. — Su conocimiento con Viladomat. — Que aprendieron de Rodulfo Costa y Viladomat. — Un grupo de dos maestros extranjeros y de otros dos artistas de Barcelona: su concierto. — Influencias de los dos primeros en el arte barce- lonés. — Notable huella de su ingenio en el del pintor Viladomat. — Una reproducción del Descendi- miento de Amberes por Rubens, obra de Viladomat. — Otros cuadros de este pintor contemporáneos de los de Junqueras. — 1708 á 1711 y las tragedias de ese período : crecimiento del ingenio del joven pin- tor catalán al calor de esos sucesos. — Obras de Bibbiena en 1711 : los frescos de S. Miguel Arcángel en Barcelona. — Popularidad de esos frescos. — Lo que eran y lo que de ellos destruyó el vandalismo revo- lucionario de 1868.— Descripción y juicio crítico de tales pinturas de Bibbiena. — Parte que en estas pudo tener Antonio Viladomat: su carácter de pintor de la independencia catalana. — Un retrato del general Guido de Staremberg por Viladomat. — Staremberg y Viladomat.—La obra de 1708 á 1713 : que pudo ser. — El pintor barcelonés ante el general alemán : relevo del ingenio. — Otros retratos de Viladomat. — El de D. Francisco de Cardellar. — Otro posterio'r de un caballero francés pintado en 1718. — Abocamiento del ingenio al período más cruel de la Guerra de Sucesión. CAPITULO III. UN PERIODO HEROICO Y OTROS DIEZISEIS ANOS DEL PINTOR. 1704—1720. TRES años hacia en 1704 que habia bajado al sepulcro Carlos II el Hechizado, — ¡dia fatal aquel en que murió! — y tranquilo corria al pa- recer en la monarquía española el reinado de Felipe V. La muerte de tiempo ansiada, y el cuestionable testamento' del primero traian gozosa á la Francia; y el advenimiento del segundo á la corona del reino á Europa divi- dida y ya concitada para una de las más desastrosas é improductivas guerras; mientras seguia cuarteando el gigantesco imperio de Carlos \ ' , y comenzaba á separar á Cataluña, Aragón, Valencia, Ñapóles y Flandes de la antigua corona de Castilla. Los más grandes esfuerzos de no lejanos dias; la sangre europea profusamente derramada, las frecuentes y tristes hecatombes, los pac- tos reiterados de familia 2, y los malgastados esfuerzos de recelosos diplomá- ' Como sabe bien el lector que conoce nuestra historia patria, aun no ha resuelto ésta, ni resolverá tal vez, las dudas que suscita la del último testamento del rey Carlos II. ' Nos referimos aquí al Tratado matrimonial de Luis XIII con Doña Ana de Austria ; á la Ley de exclu- 84 ANTONIO ticos y favoritos, que por tanto tiempo habian combatido por el equilibrio euro- peo , volvian á hallarse olvidados por la postrera voluntad del más apocado mo- narca, mientras que el odio tradicional de las más poderosas naciones, descubría nueva ocasión de cobrar viejos agravios, de defender propios derechos, de en- sanchar los Estados, de humillar á los soberbios, de lucir las argucias y de esgrimir las armas. Luis XIV, regia orgulloso los destinos de dos naciones, y las más vastas del continente le miraban recelosas en sus crecidos dominios. ; Podian no quebrantarle ? Quebrantáronle en efecto provocando esa guerra civil de dolorosa memoria, poniendo al Austria en abierta hostilidad con Francia, sublevando el Vireinato de Ñapóles, y coligando á Inglaterra y Holanda, desafectas al Rey Cristianísimo por sus impolíticos actos, con el austríaco imperio; uniendo á liga tan poderosa á Saboya y Portugal, que acariciaban conquistadoras esperanzas, y oponiendo á los expertos generales Villeroy, Villars, Catinat y Vendóme, sus émulos obsti- nados el pequeño abate saboyano y biznieto de Mazarino, el travieso príncipe Eugenio, y el arrogante Malborough favorito de Inglaterra. Italia, Holanda y el centro de Alemania eran desde 1701 el vasto campo de la desastrosa lucha; más ni en una ni en otra parte ningún acontecimiento gran- dioso que ensanchara el horizonte de la civilización , ningún móvil de adelanta- miento que quebrara los hierros de la ignorancia, ninguno de aquellos elementos que ponen en juego aspiraciones levantadas, que efectúan ebullición espiritual, que dispiertan el entusiasmo público produciendo conceptos y formas sublimadas, se produjo desde entonces para hacer tolerable la guerra', sino que todo se redujo sion de los príncipes franceses, de heredar la corona de España; á su promulgación en las cortes de Burgos en 1618; á la cláusula del Testamento de Felipe III, confirmando la anterior ley de exclusión; á los artícu- los II y IV, V y VI del Tratado matrimonial de la Infanta Doña María Teresa con Lu!s XIV, acordado entre éste y Felipe IV; al artículo 33 de la paz de los Pirineos ; al juramento de Luis XIV de obsers'ar esta paz y aquel tratado matrimonial, etc., etc. ' Contra lo asegurado por el Sr. Víctor Coussin acerca de la Guerra, en su Introduction á Vhistoire de la philosophie (4.'edition,) puede afirmarse, que la Guerra de Sucesión no fué para Europa un elemento necesario de la civili^^acion, (ver de ese libro pág. 190) y menos aún un beneficio (pág. 194); antes bien que fué gran desgracia, en especial donde triunfó el espíritu francés : puede afirmarse por lo tanto ( en con- tra del eminente pensador) que fué cuantiosa jugada pérdida para la humanidad, — vuelta contra la civHi:{acion ( p . igS ), que nada adquirió tampoco con ello el espíritu nuevo (id.), —porqué no (uéel ven- cedormejor que el vencido, ni mereció serlo éste, ni fué justa la victoria, (pág. 194) — Lección ix. — DE LOS PUEBLOS. VILADOMAT. 85 á herir el orgullo de Luis XIV provocando su decadencia ', á desmembrar su in- flujo político ó á cambiar el mapa de Europa.—• Las ciudades de Italia y de Flan- des pasaban alternativamente del vencedor al vencido, sin que pudieran creerse uno ú otro dueños de lo que conquistaban; los triunfos de las batallas no de- cidían las victorias, pudiendo opinarse por lo común que eran uno y otro ven- cedores de las que daban, ó á la manera que Voltaire dice, entonarse preces y y acuñarse medallas por los dos bandos 2; los jefes que las dirigían parecían hacer cuestión de táctica militar, de honor, denuedo ó pericie, cuando no de punible egoísmo, la suerte de las naciones: todo era cuestión de una batalla; los pueblos se sentían lastimados sin compasión, vejados sin esperanza; sus campos, sus tierras, sus casas se convertían en cuarteles ó campamentos, y en escuelas tristemente célebres de las campañas; sus bienes en botin de amigos y enemigos, su honra en pasto de la soldadesca sin freno; los hijos y las mujeres, los ancia- nos y los niños desparramados pagaban con la vida y el pudor el triunfo de los grandes capitanes; la sangre y el denuedo se cobraban con el saqueo y el pillage. Millares de hombres sin patria , sin hogar, sin fortuna y sin porvenir vagaban en bandas destructoras segando mieses, sacrificando ganados, asolando villas y ciudades, ahuyentando por do quiera al tranquilo campesino, y sembrando por todas partes el terror y el espanto, la consternación más profunda-'. Diezmábanse los pueblos y consumíanse los públicos tesoros , y la ruina y la miseria , el ham- bre y la desolación fueron el único fruto de cien victorias. Bambolearon muchos príncipes en sus solios, y abandonaron los magnates sus alcázares, que fueron cayendo al estrépito de las armas, y al caer, pirámides de cadáveres y regueros de inocente sangre dejaron memoria de su pasado. Y, en fin, al través de yermos y poblados, desde el Mediterráneo á Viena, y desde el Rhin al Danubio, vastos cementerios de humanos restos 3' negros vuelos de aves carniceras fueron los tristes mensageros del conmovido espectador. Solo en España amenazó la lucha hasta 1704, en que tuvo su principio, como ' De entonces data la verdadera decadencia de Luis XIV, que llevaba en sus entrañas cierta parte de la decadencia de la monarquia francesa, que algunos autores ( como E. Pelletan) han exagerado. (Ver el librito Decadence de la Monarchie francaise.) ' Voltaire en varios pasages de su Siglo de Luis XIV. •' El brillante literato inglés Thackeray hizo una breve, pero animada pintura del estado de Europa en ese periodo en su estudio Jorge I de Inglaterra (1714 á 1727). — Ver su libro Los cuatro Jorges; estudio de la Corte y- Sociedad inglesas de ¡j r4 á ijJo. 86 ANTONIO amenaza el huracán, con imponente silencio. Aquí los papeles públicos de teo- logías políticas, profusos cual en otras partes, y defensores de derechos, ó de uno ú otro pretendiente á la corona nacional; las hojas satíricas y jocosas que ponían en ridículo á los más conocidos repúblicos; los cantos ó coplas populares, espíritu de las comarcas '; las páginas epigramáticas y los libelos de partido hen- chidos de pasión del momento ó de odios harto arraigados ; las demostraciones contradictorias y á las veces encontradas de territorios diversos; las rencillas de los grandes, de cortesanos y palaciegos, y el vergonzoso predominio de cierta dama extrangera, de otros magnates españoles, de un cardenal y varios embaja- dores, que hirieron la fibra nacional y el caballeresco orgullo de las gentes de pro, unido á las polémicas acaloradas y á los cuchicheos de antecámara, vicios antes casi inveterados, y no menguados entonces, á descontentos públicos y mal calladas murmuraciones, y aventuras nocturnas, que, desvelando la corrupción adoptada por la nobleza, y que amparaba el regio alcázar, comprometían de vez hasta el honor de los mismos reyes; y la abolición ó el uso de un justillo, y una.golilla, la supresión de una cola, y el olvido de pueriles etiquetas, busca- capié de rencillas públicas entre franceses y españoles , de documentos diplomá- ticos y cartas de dos monarcas =, alternando con ruidosas congregaciones de Cortes y no menos ruidosos actos y acuerdos de diputados; con alguna fiesta oficial, y tal ó cual partida de caza, boda, bautizo, viaje ó peregrinación, fueron los únicos é importantes hechos que flotaban en el revuelto mar de la pública opinión, ora creando gravísimos descontentos y desopinando á los gobernantes; ora mancillando regios nombres, para debilitar su prestigio y amenguar su autoridad; ora dando margen v amparo á los desacatos y traiciones, y poniendo ' Entre los muchos libros y libritos del tiempo deque hablamos ó posteriores, puede verse como con- teniendo algunas de esas piezas escritas ; — El Diccionario de autores catalanes anónimos y el folleto de los señores BofaruU, y el libro de D. Manuel Milá y Fontanals De la poesía popular (pág. 85, primera edición, en que se citan también la obra y opúsculo antedichos); los historiadores catalanes de esa Guerra como Pí y Arimon, Tom. ii, 668 en adelante, Balaguer, etc.; los castellanos como Lafuente, etc.; todos los más conocidos cronistas del tiempo, donde se da larga cita de esos opúsculos, poesías, etc.. y los tomos del En- sayo de una biblioteca de libros raros y curiosos, que ofrecen una noticia mas larga que en ningún otro libro, desparramada en estos acá y acullá, en sus preñadas notas. ' Entre otros muchos libros del tiempo puede leerse alguno de los capítulos de los Comentarios del Marqués de San Felipe, y sobre todo el toin. ii de las Memorias de Millot, donde se halla un minero ri- quísimo de apuntes del espíritu cortesano, mezcla arrogante y pueril, varonil y rastreante de los señores y príncipes franceses y castellanos de 1700. — Los detalles son gráficos, vivos y tomados del natural. V I L A DO MAT. 87 cada vez más manifiesta laJucha por largos dias acallada, pero no menos gigan- tesca que dividia ocultamente la unidad de la nación. Este era, p u e s , el estado general de Europa y el particular de España en 1704, cuando empezaba á despuntar Antonio Viladomat; estado triste ó infecun- do , que una sola chispa lanzada al interior de la Península podia hacer devora- dor; estado fatal y sin esperanza, que iba á postrar el arte patrio en sus antiguos dominios y más florecientes comarcas de Castilla y Andalucía, Aragón y Valen- cia ; este y más cruel le aguardaba en los sucesivos dias de esperanzas de nuestro artista, y parece inconcebible que pudiera crecer con ellos como en los tiempos de paz. — La aparición de una escuadra en las aguas de Barcelona , aunque con poco feliz arribo en el año de que hablamos >, señaló ya á Cataluña el impor- tante papel que debia tocarle en breve en el desangramiento nacional, y este fa- tal suceso , por otros tan elogiado, iba á poner á nuestro artista durante más de dos lustros, ante el porvenir más incierto y la esterilidad más grande. Pero si le alcanzaba la suerte, podia crecer sin duda al compás de los sucesos mientras cre- cía la lucha. ; A qué lado se inclinaba la nebulosa fortuna ? Contra las ideas preconcebidas y los sistemáticos juicios, cabe decir desde luego, que la inquietud de la guerra no pudo apagar su ingenio, ni cambiar su porvenir, pues, su personalidad potente y su venturosa estrella iban á depararle con esa guerra sus mejores influencias. Viladomat probó con ello una vez más en la historia, que la autonomía y el carácter se sobreponen comunmente á las influencias destructoras, cuando esas dos calidades hallan en la personalidad hu- mana un firme punto de apoyo. Y probó, por otra parte, lo que la experiencia enseña, que las naturalezas privilegiadas cuentan por providenciales medios, con privilegios especiales que les sirven de escabel, pudiendo afirmarse de nuestro artista, que tuvo esos privilegios hasta en los tiempos más azarosos de la Guerra de Sucesión, cual si la acción de la lucha tuviera solo victorias para su templado espíritu, ó quisiera depararle el único triunfo de estima del período que apun- tamos. Tuvo también en su favor en ese mismo período, la protección eficaz de las clases religiosas, que en el Principado catalán, como en el resto de España, eran los más seguros auxiliares para el sosten de las artes bellas, que utilizaba el culto y la tradicional piedad, así en los altares del templo, como en las paredes ' A últimos de Mayo de 1704.—Infructuosa tentativa del principe Darmstadt y de la escuadra anglo- holandesa. 88 ANTONIO del claustro. Y unas y otras circunstancias fueron protector constante de su ul- terior desarrollo y seguro crecimiento. Más, es preciso dejar á un lado un vacío de cuatro años para hallar esas in- fluencias, y el fruto que produjeron ; es forzoso pasar por alto acontecimientos tan importantes como el primer bombardeo de Barcelona por las escuadras alia- das, 3^ las escursiones extrangeras del litoral de España; como el sitio y toma de esa ciudad por el Archiduque Carlos, señalado anteriormente con imponentes fenómenos'; el nuevo acedio de la misma plaza y su heroica defensa, y la humi- llante retirada del príncipe Duque de Anjou, tan humillante y desgraciada que hasta pareció nublarse el sol para ocultar su desgracia 2; la toma y pérdida sucesiva de la Corona de Aragón por los ejércitos aliados; la toma de Gibraltar por las escuadras inglesas, y la derrota de las francesas; la toma de las Baleares por la flota Anglo-Holandesa; el rescate de Menorca por las Galeras de Francia; la sor- presa de Canarias; el inútil dominio de Castilla, la posesión de Madrid y las derrotas portuguesas de 1707^; los horrores de Egea; los escesos de Asfelt en Alcoy, Alcira y Valencia que hasta á sus parciales repugnan +, y en la desgraciada 'T'En uno de los Dietarios del archivo municipal de Barcelona (año 1704, Diciembre) se lee la siguiente sencilla é ingenua relación que pinta el tiempo y sus hombres: « Dijous á X X de dit (mes X ) —Dit die á las sinch de la tarde estant seré y sens veures ningún nuvol, » de repente se veu una flamarada molt ardent en la present ciutat, aixint y venint, segons verídicas personas » del mar, uns éient venia á modo de barra de biga de foch, altres ab globo y cua, se ubrí y dexá tres » nuvoismolt clanells, los quals duraren en la regió celeste mes de mitja hora, y desprès de dita flamarada )i se sentí en lo cel com si se disparasen algunas artillerías y desprès molta mosquetería que durà cerca de » alguns tres credos. Deu nos vuUa mirar ab uUs de misericordia y donarnos sa gracia. Amen.» Este fenómeno, pavoroso para aquellas buenas gentes, debió ser interpretado por los naturalistas ma- temático-astrólogos de Barcelona, como aquella otra aurora boreal de que nos dejó nota el Marqués de San Felipe en sus Comentarios (Tom. i ) : — como el anuncio de la terrible guerra que ya habia amenazado á Barcelona y qne amagaba á España y á Europa entera. Bien lo dáá pensar el cronista del Dietario! ' De ese eclipse de sol hablan cronistas, historiadores y el Dietario municipal de ijob (dimecres á xii de Abril) cuenta que duró total un cuarto de hora, entre 9 y 10 de la mañana. ' En Castilla se cumplió lo que dijo con algo de hipérbole San Felipe: uquePetersbourgescribió á Lon- dres con la expresión de que no la dominaría el Rey Carlos, aunque tomase ese empeño la Europa toda.»— Tom. I, pág. 285. * S. Felipe. Memorias, tomo i, año 1707, dice hablando de Asfelt en el reino de Valencia; el rigor de Asfelt padecia excesos; y eso lo escribió aquel cronista á quien todos los atropellos parecían poco para los catalanes. ¡ Qué no habría en los de Asfelt cuando tanto se siente de ellos 1 ¡ cuando ün tan ciego parcial de Felipe los llamó escesos ! vVILADOMAT, 89 Játiva dada al más torpe pillage por los soldados de aquel Felipe, que en vano quiso arrasarla para borrar sus glorias i; la célebre batalla de Almansa que dio un reino por botin; la pérdida de Oran hecha presa de moros, y la toma de Ara- gón y Cataluña hasta la ciudad de Lérida, que no perdonó el saqueo del príncipe de Orleans, para sorprender los progresos de nuestro joven pintor: es forzoso saltar los períodos de grandeza y de decadencia de los parciales austríacos hasta 1708, para descubrir mejores tiempos de nuestro Antonio Viladomat. Y no es porque falten obras que revelen sus adelantos en ese espacio de cuatro años, sino por no tener documentos que comprueben su ordenamiento y su cronología hipotética. Empero, al salvar ese período, solo queda un vacío que llenar con interesan- tes datos, como otros que señalamos en el curso del libro; más no un espacio interrumpido en la historia de nuestro artista que llegue á ocultar sus estudios, ya que se descubren estos en breve en poco posteriores obras, condensadoras en sí mismas del vacío cronológico. Los sucesos que mediaron en tal transcurso de tiempo —graves sucesos en verdad, y que hubieran apagado en otros hasta la ins- piración de artista— no fueron parte á decepciones de su carrera pictórica, puesto que hizo el tiempo su obra, aunque oculta á nuestra vista, sirviendo hoy á reve- larnos lo activo de sus trabajos : que son como el trabajo de mina, oculto á largas porciones y solo visible á distancias. Uno de esos extremos que señalan el adelanto del pintor VilaSomat, le pode- ' Acerca de los bárbaros hechos de Játiva pueden leerse el poco conocido papel (catalán) de 1707 (?) titulado « Justicia y Conciencia en la causa del Señor Carlos tercero (que Dios guarde) arreglada según » toda ley natural divina y humana. Ajustadas para el tribunal de Dios y de los hombres, presentadas por » los fieles, leales y verdaderos españoles, contra la injusta, violenta y desarreglada obstinación de los que » no le reconocen legítimo rey de las Españas.» —«Memorial de verdades auténticas contra engaños solem- nes. » — Barcelona, por Rafael Figueró, Impresor del Rey nuestro Señor, año de 1707.—Aunque de mano Carlista—y parcial á veces—es verdadera la pintura de sus últimas páginas (último apéndice) que están encabezadas con estas palabras: « Recopílanse horrendos sacrilegios que en el Reyno de Valencia han per- » petrado los del partido enemigo de Carlos III, años 1705 á 1707 inclusives. Este documento se aviene con lo que describe y comenta el Marqués de San Felipe en la campaña de Valencia, y lo que dijeron el Duque de Noailles por boca de Millot, 1707, Tom. 11 citat. pág. 327, y Voltaire en su SIGLO DE LUIS XIV, qu'on y passa toutes les bornes du droits de la Guerre. — Millot añade: «les creautes et les concussions s'étendi- « rent dans le pays, un des plus beaux de la nature, et en fit un theatre de desolation Ce n'étoit pas le » moyen d'étouffer la haine du peuple. » —\ Y á pesar de todo ello el orgullo del rey cedió al del pueblo: Játiva sigue siempre llamándose Játiva 1,. 90 ANTONIO mos revelar con un brillante suceso: el del casamiento del Archiduque con una princesa alemana. Recordémosle brevemente. Tuvo lugar este enlace en la capital del Principado, el dia i." de Agosto de 1708. Previsto de algunos meses, y deseado de un año á entonces por el príncipe austríaco, celebróse por poderes en la ciudad de Viena el dia 23 de Abril con el emperador José, y se hizo á la mar la novia hacia la nueva corte. Contaba á la sazón el rey Carlos su vigésima tercera primavera', y el año tercero de su reinado en la capital de Cataluña. Joven, bello, robusto, amante de su t r o n o , querido de sus subditos, —« susjieles Catalanes^,»— públicamente religioso y anheloso de herederos que continuaran su trono, y la dinastía austríaca; aficionado á las artes como sus otros ascendientes , amante de la belleza con cierta regia pasión, hallá- base en el mejor período para relevar los ocios que los azares de la guerra le obli- gaban á guardar en la capital del Principado, donde con no escaso oro y esfuerzo de sus servidores ^, sabia alejar el hastío y el sosiego monótono á que el solterío prestaba; y aunque no en los mejores tiempos de sus triunfos nacionales, hallaba bastante apoyo á sus deseos de nuevo objeto, en las aspiraciones reales, el interés de sus subditos, el orgullo de abolengo, la adulación palaciega y cierta regia indi- ferencia de los males de su reino. Eligió por su consorte á una de las mas her- mosas princesas de las Cortes de Europa, la peregrina doncella Isabel Cristina de WolfenbuteH, á quien servian de ornamento las bellas prendas morales de religiosidad mífdesta y de virtuosa prudencia, de que se hacen lenguas los cronis- tas de su tiempo 5, y de quien se habia enamorado, según cuentan las crónicas, por • Conocida es la fecha del nacimiento del Archiduque. Su figura ha quedado pintada en buenos retratos; su carácter y su espíritu en muchos libros y documentos, entre los que deben recordarse muchos pasages de San Felipe. ' Asi llamaban á los Catalanes los documentos y cartas que les dirijía el Archiduque, y asi lo decian en todas partes y á su rey los que le eran de veras fieles. 3 San Felipe, pág. 295 y 96 y 363 del tom. i de sus Memorias. — Su afición á la música, su buen gusto é inteligencia en esa y otras artes nos lo dirán textos y notas siguientes; y en cuanto lo mucho que se gas- taba en divertir al rey, nos lo expresan algunas quejas de los Catalanes que se hallan señaladas en los die- tarios municipales de Barcelona, y que si no confirman aquellas palabras de San Felipe, « no sin quejas de ¡os Catalanes con tan civil expresión , que decian se gastaba demasiado en músicos,v dan pié para creerlas. Véase para aclarar y corroborar esto los sucesos que apuntamos á continuación. Según San Felipe ( pági- na tgS ) las diversiones del rey y de sus cortesanos servian para descrédito de alguna familia. * Doña Isabel Cristina de Brunswich Luneburg de Wolfenbutel, protestante por su cuna de la que abjuró. ^ Ver el elogio que hacen de ella las Memorias de San Felipe , T. i , págs. 363 y 64 largamente, y el VILADOMAT. • 91 su bello retrato '. Reina bizarra y alegre como lo decían entonces con histórica sencillez una embajada Catalana ^, era la jóvén princesa envidiable compañera de la ociosidad del rey, y fascinadora imagen para elevar la muelle vida á que el rey se aficionaba, entre escojidos músicos y expléndidos señores '. impreso de que hablaremos todavía (nota siguiente y pág. 93) de 1708 , donde se la admira y dice hermosa con frecuencia , como expresa el Marqués. — Sus bellas dotes le valieron una ópera en que se recuerdan sus • amables ó encantadoras calidades (y tal vez otras) en su elogio, — ver mas adelante —; algunas comedias, muchas otras composiciones en prosa y verso, y entre ellas la Canción Real del Marqués de Villaclara impresa en Barcelona en la imprenta de Juan Pablo Martí (año 1710), de 20 páginas: « Al glorioso aplauso » de la Augusta y Real Majestad de la Reina nuestra Señora Doña Isabel Cristina de Brunswich , Wol- «fenbutel y Luneburg etc., Serenísima Reina de las Españas y augusta Emperatriz de las Indias, etc.; — y un Romance y un Soneto impresos en Barcelona : por Francisco Guasch, impresor, —que elogiaban las bellas prendas de la Reina con ocasión de haberse apeado « en la Rambla de Barcelona para acom- pañar el Santísimo á la casa de una enferma... » en 8 de Marzo de 1712.—En el Soneto se le compara á la diosa Atalanta!.. ' El haberse prendado el Archiduque de la princesa por un retrato — que no sabemos hasta donde sea cierto— nos recuerda otro hecho igual contado de Felipe IV, de quien se enamoró su segunda esposa la Infanta Mariana, por un retrato de Velazquez. Estas anécdotas son comunes en las Vidas de reyes. — Cuando Isabel Cristina se desposó con el Archiduque tenia i5 años. ' Ver el Dietario Municipal, 1708, documento n." 75, dirijido á los Sres. Concelleres, donde se lee: La Señora Reyna es molt bizarra y alegre com V. E. ha experimentará. — En el de que hablaremos más ade- lante (pág. 93, nota 3) impreso por Figueró se lee (pág. 9 ) : « que los individuos de una embajada volvie- ron á Barcelona (de Mataró) admirados de sus peregrinas perfecciones. » — En la pág. 21 del mismo opús- culo hay el siguiente retrato de la Reina, q u e , aparte de IOG empalagos de la retórica, descubre el del natural. Dice así: — a Inmediatamente venia la Reina nuestra Señora (á su entrada en Barcelona), tan bella, que eran » acendrado oro las rubias y dilatadas ebras de sus cabellos, afrenta de las más puras azucenas su blancura, » crédito alegre de las turquesas sus hermosos ojos, rubor de las bellas rosas sus mejillas; componiendo en » su elevado y airoso talle una hermosa Reina, y una Reina de la hermosura. Iba vestida al traje alemán de » tela riquísima, cuyo campo sobre su nativa preciosidad, sembrado de una inmensa copia de finísimos » diamantes, representaba un cielo de pequeñas estrellas, donde presidia un sol humano despidiendo rayos » con el adorno de su pecho en joyas, y de su real cabeza en aljófares; quanto se reparava en su Majestad, » era suave encanto de los ojos, pero en la refexion de los discretos, robaba los corazones, ver en tan rara » belleza, y atavíos reales, una majestad tan afable y tan modesta, uniendo en lazo singular, lo soberano » para el culto, y todo lo afable para el agrado. » — Sin esas gracias no se hubieran dedicado á su belleza, óperas y versos galantes. 3 Que espléndidos eran en verdad el príncipe Antonio de Lichtentein, el Duque de Pareti, el napolitano Conde de Stella (el más introducido en la gracia del Rey, como dice San Felipe, y el mejor opinado para sus secretos pasatiempos.) Y cabe citar también por lo suntuosos á D. Francisco Buikowski de Husters- heim , caballerizo de campaña del Rey; los condes de Altair , de Sástago , de Corcojuela y de Besora , Gen- 92 ANTONIO Quiso Carlos recibir á su esposa cual correspondia á su rango y á su ulterior grandeza, y cual requeria su hermosura y el buen nombre de un rey artista de la Casa de Austria, y llamó para ello á Barcelona á un pintor de fama de los que entonces brillaban, el italiano Fernando Galli, conocido por Bibbiena, á quien consagró el encargo de dirigir las fiestas con que se honraba á sí mismo '. — C a - taluña desangrada con los gastos de la guerra, iba á ser la costeadora de las bri- llantes fiestas, y á hacer un nuevo sacrificio — digno de mejores tiempos y de mayor gratitud^,— para agradar á aquel rey, que mas por pasión personal, que por apego á sus fueros y amor á sus libertades, que tan queridos le eran, le tenia encariñada^. Llegó, pues, Fernando Galli á la capital del Principado, con tiempo tiles hombres de Cámara; el Barón de Klein ; el Conde de Cauriani y D. Juan Godofredo Luis Barón de Beck, pagesde S. M. y D. Juan Jorge Wirman Caballerizo de Campo de la Reina, y el Conde de Zinzin- dorf Camarero mayor y Sumiller de Corps de S. M. el Rey; varios generales y gefes de alta graduación. • Ver acerca de Fernando Galli (Bibbiena) entre otros artículos, que no tenemos á mano al escribir estas notas, lo que de él dijeron Ponz y Cean Bermúdez en el tom. xiv del primero, lugar dicho, y del segundo en sus artículos VILADOMAT y COSTA ( D . Pedro); el bien resumido artículo del Magasin Pittoresque, tom. XXV, (Noviembre de iSSy) pág. 353 y siguientes; acompañado de un buen grabado de otro dibujo inédito de ese pintor italiano; el Dictionnaire historique des peintres de toutes les ècoles por Adolfo Siret; 2." edición, artículos GALLI, pag. 345. — Comparar esos apuntes.—Ver sobre todo J. Marchini BIBBIENA, in-4.°-Capolago, 1821. El bien enterado articulista del Magasin Pittoresque escribe: «llamado á Barcelona para dirigir las fiestas que allí debían celebrarse con motivo del casamiento de Carlos III»; pero no señala la fecha. ' No nos parece dudoso que el Archiduque olvidó pronto á los Catalanes, y basta recorrer la historia de ese período, para convencerse de ello. — Como á documentos no manoseados véanse los que existen en los libros de Oí/iéeracioíies y vení¡e¡«íMena de Santa María del Mar de Barcelona, posteriores á 1710, donde se hallan exposiciones dirigidas al Archiduque à Viena. ' Basta hojear los Dietarios municipales, etc., los documentos archivados, las historias escritas y hasta las cróni¿as que lo desmienten, para quedar plenamente convencido de que tenían los catalanes, y los bar- celoneses en especial, una loca pasión por el Archiduque; y que no es cierto que solo por odio à los caste- llanos, por solo apego á los fueros, y mas por temor del francés, que por cariño al austríaco, combatían los Catalanes contra Felipe V.— Ver los comentarios de San Felipe, T. i , 296. — Los catalanes tenían pasión por la libertad , que siempre invocaron ; por sus fueros, que les hicieron romper con algun principe; te- nían odio a! francés, aversión al castellano; pero estaban también fascinados por el Archiduque, y esto lo afirma el mismo San Felipe, cuando recuerda el efecto que producía el espíritu de ese principe en sus sub- ditos y otros personajes. — Ver también Millot. — Memoria, T. 11, pag. 299. — Donde se resume bien ese entusiasmo de los catalanes es en la poesia ó poesías con el titulo de: Afectos barceloneses al llegar nuestro amado monarca Carlos tercero, (que Dios guarde) á la Excelentísima Ciudad de Barcelona: matizado de títulos de Comedias, este año de 1J07, donde la Ciudad, la Diputación, el Bra^o militar, Cabildo y Clero, Universidad. Lonja de mar, los Religiosos, Monjas, Gremios, mujeres, niños y el autor , loan en un VILADOMAT. gS suficiente para ser tal vez el aposentador' de lá Consorte del Rey , como hacen creer sus biógrafos, y contribuyó sin duda á dirigir esos festejos, que durante cinco dias llenaron á Barcelona de bullicioso concurso, así por el aparato fastuoso, y la ostentación brillante, como por la variedad de sus cuadros, las invenciones de sus castillos, de sus artificiales fuegos, de sus profusas luminarias, ó el deslumbre de sus joyas, trenes, libreas y ornamentos, magníficas procesiones y atrayentes espectáculos, pregonados por clarines, y por sublime2 acorde; y que pusieron á la ciudad en fama muy superior á la que hasta entonces gozaba entre las cortes de Europa ^. Más, sobre todos esos objetos debió ocupar á Bibbiena la decoración del regio alcázar y de los suntuosos aposentos señalados á los Consortes; la va- riedad de pinturas y de los ornatos públicos +, -y la decoración escenográfica, en que lucia como maestro, para los dramas y óperas que se estrenaron en la Lonja^. Eran las óperas italianas composiciones alegóricas á las fiestas de la ciudad, y gran novedad en el país, pues forman los primeros orígenes de esa importación Soneto la llegada del Archiduque platonizados. —Ver las fiestas que le hicieron á su paso Reus y otras po- blaciones : todo lo que raya en delirio popular. De todo esto se escribieron curiosos papeles. ' .<í/;oie«ííiíior; ver lo que significaba este cargo, que desempeñó Velazquez al lado de Felipe V, en las Grande:(as de Madrid de Avila, pág. 333, y en D. Melchor de Santa Cruz: Floresta española, pág. io8. — W. Stirling, cita también estas obras en su biografía de Vela^que:^, Cap. viii, y da un acertado resu- men.—J^unque los biógrafos de Bibbiena no nos dicen que hubiese tenido este cargo , es sin embargo cierto que le ejerció al ser el organizador directo, ó como se quiera, de las fiestas para que le llamó el Archiduque, y que le pudo seguir ejerciendo, en parte por lo menos, al quedar al servicio de este en España y luego en Viena. " Una de las partes que dieron lucimiento, y que merecieron especial elogio, en las fiestas de recepción de la princesa Isabel, fueron los músicos. —Ver la descripción que citamos en seguida. — Esto era propio para un rey artista, para un tan gran aficionado á la música y para el que tenia entre sus gustos predilectos el de los músicos. Era y es también propio de un príncipe alemán. ' Ver la descripción de esas fiestas en un impreso de 40 páginas dado á la estampa en Barcelona, por Rafael Figueró en 24 de Setiembre de 1708, y dedicado A la Sacra, católica y Real Majestad de la Reina nuestra Señora; donde con pomposo lenguaje se lee muy por menudo la descripción de esas fiestas reales. Hay en ella vida, color y exactitud escrupulosa. * Véase en la descripción de la nota anterior la reseña de todo: pueden considerarse como parte de la dirección de Bibbiena todas aquellas de decoración de tiendas ó pabellones en que se recibía á los príncipes; del palacio Real con cuadros, estatuas, etc.; de algunas ornamentaciones de calles y plazas, y quizás las de algunas magnificas carrozas, doradas y pintadas, sin duda , á la usanza del tiempo. — Ver la descripción dicha de Figueró. 5 Descripción citada, pág. 2 8 ; Pi y Arimon, Tom. 11 — pág. 783. — Tuvo lugar la primera representa- ción de las óperas el día 2 de Agosto; la de la Comedia el día 6 del mismo mes. 94 ANTONIO artística á la capital de Cataluña '. Una de esas representaciones es cierta Loa en verso italiano, y de mitología alegórica dedicada Al bello nombre de Su Ma- jestad Católica la Reina Isabel Ctñsiina ^, con que las deidades paganas Venus, Juno, el Amor, Hércules, París y el Hado, los parciales de la Belleza y los par- ciales de la Virtud — aduladoras alusiones á los regios desposados—discurren en el Eliseo, donde moraba la Belleza entre mirtos y flores, y murmuradores fuentes; ó entre riquísimos manantiales y espumosas cascadas, tras los que huia el rio Letheo, serpenteando á lo lejos, acerca de las excelencias de la belleza y la virtud, para reunirías después, con hermoso concierto —adulación vulgar— en una distinguida Elisa, la del mas bello fiambre^ que referia á Elizabetta—, y en el Archiduque Carlos, semi-divinizado en esa pieza de música^: obra que por sus comunes versos y su escasa fantasía no tiene más cualidad — aparte de la de sus notas, que nos son desconocidas—, que la de brindar al artista un campo pinto- resco en que ostentar su ingenio en poéticos paisages y panoramas magníficos *. Ocupado en estas obras, ó en otras posteriores estaba Fernando Galli cuando le conoció Viladomat. El desposorio del Archiduque, y las ya dichas fiestas rea- les, fueron entonces el elemento para ese encuentro feliz de dos artistas estima- bles, y el que iba á abrir á nuestro pintor horizontes mas dilatados con un más importante maestro. — En qué ocasión le conoció, y cuáles fueron las causas de las relaciones de ambos pintores, no lo dice la historia; pero es de imaginar que ya ayudando á Bibbiena para la recepción de la princesa ó en la pintura de aque- llas decoraciones, que, según el decir de Ponz, divertían al Archiduque ^; ya por ese ciego imán que atrae y une á los hombres de nota; ya por sus pasiones artís- ticas y las simpatías del pintor joven para con el hábil decorador, encontró su ingenio novel con el del experimentado Galli. Y hay que recordar además, que • No se sabe que las hubiese antes. Alguna ó algunas de ellas nos son desconocidas. » Su título es: Ilpiú bel nome. — Festeggiandose il nonte felicísimo de sua Maesiá Católica Elizabetta Cristina, regina delle Spagne. — Componintento da Camera per música. — Así dice el libreto de la Opera : en tres cuadros. — Sus personajes (Interlocutori)-Venere, Giunone, Paride, Ercoles, Fato, Coro di Seguaci delta Bellej^a, Coro di Seguaci della Virtú. ' Elizabetta es el nombre Isabel en italiano. — De él saca el autor del libreto, el nombre de Elisa y el de Eliseo , jardín de la Belleza, para dar color antiguo y mitológico , á gusto del tiempo, á la composición, y referirla á la princesa. Es forzar algo el argumento ! * No conocemos lo que en ellos hizo el pintor Galli; más suponemos que serian grandiosos panoramas y perspectivas dilatadas, según su gusto escenográfico, exuberante y pomposo. ^ Ponz, pasaje citado del Tom. xiv. VILADOMAT. 95 era ya Viladomat distinguido en su arte, y el único catalán ó residente en Barce- lona, con cuya chispa y destreza pudiera contar el italiano en los aplaudidos tra- bajos que en Barcelona realizaba. Que no fué en verdad pobre hallazgo el que á los dos favorecía! Era Fernando Bibbiena, cuando le conoció Viladomat, pintor distinguido y muy preciado de una de esas familias de artistas que procreaba la Italia de los siglos XVII y xviii, y en quien lo modesto de la cuna no logró impedir el desarro- llo de su estimable talento, ni privar el noble ingenio de las más bellas distincio- nes de príncipes y magnates '. Nacido en iGSy en el humilde hogar de un me- diano pintor, decorador y arquitecto, José María Galli (el Viejo,) oriundo de Bibbiena, lugar de la hermosa Toscana, de donde tomó el pseudónimo que tras- mitió á su familia, fué el mas distinguido pintor de ella, y el que reunió en torno suyo hermanos, hijos y nietos, que fueron sus imitadores: tal era su persona- lidad ! —Discípulo ante todo de su padre en quien la humildad y la pobreza no apagaron la pasión al arte despuntó muy luego con este, y pasó después al taller del ecléctico Carlos Cignani «artista de no gran importancia, de agraciado y su- perficial estilo 2;» que le levantó mucho más, usando con él del buen deseo que merecían su aptitud y las simpatías del viejo Galli, su amigo y condiscípulo. Re- cibió también F . Bibbiena con uno y otro maestro las influencias del Albano, que les habla formado, y algo más adelante, las tan en boga á la sazón, del con- ceptuoso Borromini, al que sentia vivo apego. La soltura en el pintar y la gracia ligera, y á las veces enfática; el gusto decorativo y el arte de componer que ema- naban del Albano, unidos al barroquismo, á que los dos siglos pasados tributa- • Ver Siret, Magasin Pittoresque, etc.: obras dichas. — Los Galli más importantes de esa familia fueron: Juan María (el viejo;) Fernando hijo de Jiían María y de quien hablamos, Alejandro, Antonio, Juan María, (eljoven), y José hijos de Fernando ; Francisco y María Oriana hermanos también de Fernando. Véase el árbol de familia según lo entendemos: Juan María {el Viejo) Francisco Fernando María Oriana I r - ^ -T 1 José Antonio Alejandro Juan Mana (el Joven) I Carlos ' Franz Kugler. — Resumen histórico de la pintura en Italia, Lib. iv, Cap. i. F. Albani. 96 ANTONIO ban tanto culto, se fundieron en su ingenio, y compartieron en sus estudios lu- gares preferentes. Más, con todo y estas condiciones —defectuosas en parte— supo el italiano Bibbiena, crearse un estilo propio que le distinguió de sus maestros por más que arrancara de ellos, y á ellos se sujetara. En 1708 cuando pintaba en Barcelona, contaba cincuenta y un años ', y habia alcanzado la talla de sus mejores tiempos. Distinguido arquitecto como su hermano Francisco, el arquitecto del rey Leo- poldo 2; decorador magnífico", como el mejor de su siglo; fresquista admirable y suelto más que Juan Antonio Galli, llamado lo Spadarino ^, compañero por la espada de los Caracciolo y Corenzio, y el escenógrafo de más talla entre todos los boloneses; sin segundo en las perspectivas, en que lucía su ciencia á la vez que su atrevimiento *, era una figura notable, que debió de sorprender á nuestro joven pintor. Su colorido natural y la suelta ejecución debieron hacerle un adepto en este artista catalán; y su invención fecunda, sus grandiosos ó colosales conjuntos, portentosos á las veces, hasta con sus mismos defectos de exagerada afectación, debian imponer á nuestro autor y joven barcelonés, que no habia visto hasta entonces en la tierra de sus ensayos, imaginación tan fecunda ni fantasía tan bri- llante unida á tan diestra mano. Aquel reputado pintor que subyugó á su estilo á ocho artistas de su nombre, hasta medio siglo más tarde; el que apegó á sus creaciones á cien señores ilustres; el que aventajó á sus maestros en virilidad é invención, y dio á Italia modelos, y ocupó á Europa entera en la imitación de sus obras, y que esparció su nombre, y desparramó sus fuerzas en las Cortes más principales de Alemania é Italia, que le colmaron de honores y le cargaron de empresas \ habia de cautivar con su influjo y aprisionar con su ingenio á Antonio Viladomat. ¿ Pero hasta dónde influyeron ese ingenio y gusto artístico ? Si ha de darse entero crédito á escritores castellanos aprendió de Bibbiena la arquitectura y perspectiva, y la pintura á temple; pero ¿ es creíble por una parte que sólo ' Nació, según opinión admitida y aprobada al parecer, en 1657, en Bolonia. " Ver Siret. loe. cit. ^ No era de la familia de Fernando Gallí. Pintó en el curso del siglo xvii. — Ver Siret. * Esta cualidad que le saben todos sus biógrafos, se vé también en la colección de sus obras grabadas por Antonio Buffagnotti y Pietro Giovani Abate. — Un ejemplo de sus obras ene'dicas, lo hemos dicho, está en el Magasin Pittoresque, tomo citado. * Ver sus ya expresados biógrafos. \,- VILADOMAT. 97 aprendiera estas, y no está probado por otras que habia adquirido anteriormente los elementos de esos estudios? ¿ Es por ventura creíble que las relevantes cuali- dades, superiores para su tiempo y extraordinarias en Cataluña, que distinguían á Galli, no marcaran viva huella en las del pintor Viladomat ? — No es posible creerlo, antes bien es de imaginar, que, les impresionaron hondamente, y que fueron la causa de cierta afectación de obras siguientes; de algunos cambios efec- tuados en sus cualidades técnicas, especialmente en el colorido; del vuelo de Incomposición que adquirió en adelante y hasta de varias de las escenas de sus importantes cuadros. Comparando levemente las composiciones de ambos, se viene luego en conocimiento de esos puntos de relación; y es que Viladomat apuntó de Bibbiena muchos rasgos artísticos, y guardó tal vez consigo alguno de los dibujos del decorador bolones. Cabe asegurar, sin embargo, para relevar al catalán que huyó del afectado ampuloso y del barroquismo recargado de su maestro italiano, probando de nuevo con ello la autonomía de su ingenio. —Y no es cierto por otra parte que las nociones de perspectiva, que, según Cean y Ponz adquirió por entonces, fueran la iniciación primera de quien habia ensayado ya ese elemento con muestras de sus aficiones, en los Jesuítas de Tarragona y en la Convalecencia de Barcelona '. Más acertado es creer en esta parte que ahondó tan interesante estudio con el respetable maestro; y que á no haberle conocido, hubiera quedado tal vez en germen esa relevante parte, que solo él dominó y aplicó con grandeza entre los pintores sus coetáneos ó los artistas catalanes. Solo en el estudio de la arquitectura y en el procedimiento al temple, y el arte escenográfico y gusto de decorar — que sus encomiadores olvidan — se inició por entero con el pintor del Archiduque, precediendo con ventajas á cuan- tos después estudiaron el método de Vedremany =. Y en fin, resumiendo este párrafo, está fuera de toda duda, que fué Bibbiena el mejor maestro de Antonio Viladomat, y el único de quien aprendió la grandeza de los fondos, y la espacio- sidad de sus cuadros, magníficos y atractivos, con otras distinguidas prendas ig- notas antes de entonces entre los artistas catalanes. ¿ Reveló esas cualidades en inmediatas obras el pintor Viladomat ? Sí, las ' Ver el capitulo anterior. ' Juan Vedremany.—Libro de arquitectura. — Ver más adelante José Viladomat, Cap. ix.—Ver nuestro dibujo de apuntes de perspectiva y arquitectura de la página siguiente y el magnífico proyecto para el monumento de Semana Santa de la Catedral de Barcelona de que va más adelante una importantísima reproducción fotográfica. En unos y otros se vé las influencias de las lecciones de Bibbiena. i3 00 > H O AUTÓGRAFOS INÉDITOS del álbum de los herederos de D. Juan R. Campaner. VILADOMAT. 99 revelo muy luego, y poco después sin duda de 1708 , tal vez en ese mismo año, resumiendo en todas ellas el completo de sus estudios que acabamos de apuntar. Acerca de las ya juzgadas dejemos hablar la historia por uno de sus biógrafos. Este nos asegura, que «Viladomat manifestó sus adelantamientos en el presbi- » terio de las monjas Junqueras...., no solo en la perspectiva con las pinturas al » fresco, sino también en la arquitectura con la traza que hizo del retablo, que » ejecutó D. Pedro Costa, y así mismo en dos monumentos de Semana Santa, » que pintó al temple para los Carmelitas descalzos de Barcelona y para los de » la villa de Reus '. Como fueron esas obras, qué calidades tuvieron, he aquí lo que no podemos decir con la seguridad de otros dias. Ignórase hoy lo que fueron los dos monu- mentos al temple de los Carmelitas descalzos, pues muchos años há sin duda, que desaparecieron del público 2, y no es posible, por lo mismo, estudiar los adelantos del discípulo de Bibbiena. Y en cuanto al templo de Junqueras, tam- poco nos son conocidos los progresos de perspectiva de las pinturas al fresco, que también se destruyeron ^. Falta, pues, ese nuevo objeto de sus estudios pic- tóricos, y la noción cierta del concepto que dio plan y unidad á la obra del pres- biterio ; no habiendo de ella otras noticias, que puedan dar campo á la crítica de partes desaparecidas: la imaginación y la historia, la historia postuma única- mente , podrán decir lo demás , si nuevos descubrimientos, ó perspicaces esfuer- zos no logran romper el silencio que les sirvió de velo. Pero, mientras nuevos estudios confirman las apreciaciones del mérito de esas pinturas, y extienden el juicio crítico, nos quedará la certeza de que fueron gran novedad, y por ello un adelanto en su carrera artística. No existen, pues, para la crítica más que los cuadros del presbiterio, y el retablo que diseñó: parte está trasladada, por lamentables sucesos'', desde su íHitiguo asiento á la Iglesia parroquial del pueblo de Gelida. ' Cean Bermuíícjf. — Diccionario: A. Viladomat. — En Reus hubo pinturas en el Camarín de la Miseri- cordia. ' Ancianos de Reus no lo recuerdan. ' No hacemos memoria de haberlas visto. Solo recordamos que en su lugar habia una capa de yeso gris figurando piedra de canto, y unos inmensos adefesios, como trofeos y armas de cristianos y moros. Sin duda estaban borrados ó destruidos de mucho antes los frescos de Viladomat. * En Enero de 186g,—después de los graves actos de vandalismo de la Revolución de Setiembre (^ de 1868) —cuando se demolió y trasladó al Ensanche de Barcelona el material del templo de Junqueras para reedificar la actual parroquia de la Concepción. 100 ANTONIO Lo que son esas pinturas es posible juzgarlo ante las mismas obras. Como decimos más adelante representa en dos medallones yparte del retablo. El Salva- dor del Sagrario, de que nos habló Ponz ', y un Cuadro de Santiago batiendo á los Sarracenos, que hizo decir á otro escritor español, que son dos cuadros al óleo en que se ven figuradas batallas contra africanos ^. El mérito de tales cuadros es bastante problemático, según afirman algunos; más, puede asegurarse, sin temor de graves yerros, que si no es relevante, como el de cuadros posteriores del pintor Viladomat, es evidente adelanto de su pintar al óleo. La Concepción es común, el diseño algo incorrecto, como en anteriores cuadros; pero es de vez más limado, algo castigado y tímido por rebuscar cor- rección ; su colorido más brillante; abundante el empastado ; más fácil la ejecu- ción , y lucen acá y acullá en el último de los dos cuadros ciertos chispeantes rasgos, y cierta bélica valentía y escenográfico aparato—que dicho sea de pa- sada, — no fueron nunca espontáneos en el pintor catalán. Y entre otras circuns- tancias, se distinguen en esos cuadros, un colorido más rojizo que en los lien- zos anteriores, — aunque bastante opaco, como de la pintura á fresco—yá vueltas de otras tendencias inoculadas por sus maestros, y de cierta falta de expre- sión y frialdad fisiognómica, una entonación rubicunda, que, como las otras partes, recuerda lejanamente sus orígenes italianos ^. Y, en el diseño del retablo, por lo que'este nos demuestra, revela sus ade- lantos , con haber dado esa prueba de que habia aprovechado las nociones de arquitectura, que ignoraba poco antes. Su distribución en tres cuerpos, sus columnas neo-romanas, siis cornisas en taluz, sus esculturas y ornatos no ofre- cen nada notable, á no ser una obra sensata, simple en su disposición, clara en las aplicaciones de sus partes, correcta en su trazado, dé acertada perspectiva, ^ imitada por muchos, y que contribuyó á alejar la churigueresca jerga que emba- razaba la vista y corrompia el sentido; pues en esas condiciones, tan raras en Ca- taluña , cuando la trazó el pintor, cifra su mérito verdadero y las simpatías que obtuvo. Si fuera pieza de mármol, ó de otra materia dura y de más limpios per- files que la rústica madera , y estuviera ejecutada con más pericie escultural, pa- sara por obra maestra ó por loable novedad de los tiempos del mal gusto. Fué el escultor del retablo, como se expresa anteriormente, el catalán D. Pe- ' Lugar c!t. del Tom. xiv. ' Cean Bermúdez.—A. Viladomat.—Catálogo. — Se conservan en el Coro de la Concepción (Ensanche). ' De la Escuela ecléctica del Albano, etc., pero muy modificado por Bibbiena y por el mismo Viladomat. VILADOMAT. loi dro Costa, jóven artista como Viladomat, más joven que él quizás ', y oriundo de la ciudad de Vich, el que dedicado de sus mocedades al arte de Churriguera cuyos vicios aprendió con profesores de Cataluña, y que estudiaba entonces con mejores principios, al decir de algun autor, aunque con sobras de mal gusto, su profesión de escultor en el taller de Rodulfo escultor del Archiduque, y con Fernando Bibbiena émulo de sus títulos 2. Aunque Conrado Rodulfo no era un maestro de los de más talla en la Es- cuela á que se dio, interesa recordarle por lo que influyó en Costa, amigo de Viladomat, entonces y después su colega en obras que ambos emprendían; por lo que podia haber influido en ese pintor catalán 3, y por su influencia más segura entre los escultores de Barcelona, coetáneos y discípulos de Costa. Nacido en Alemania y en otra humilde familia, como los más de los artistas ; continuador y discípulo , como tantísimos otros, en la profesión de su padre, oscuro escultor alemán que nos recuerda á Galli el Viejo, visitó el novel Conrado la bella capital de Francia, donde pudo hallar las huellas de Puget y de Girardin, é importante porción de Italia, donde se encariñó vivamente con las obras del Bernino, hasta llamarse su discípulo, y que con Borromini su coetáneo hacia tal comercio de mal gusto, que inundó de él á toda Europa. Venido más tarde á España á prin- cipios del siglo último, y establecido en Madrid , amigóse con Capuz, quien le encaminó á Valencia, para asegurarle trabajo, y el cotidiano pan, que no sobraba en la corte. Realizó en ese reino importantísimas tareas, que le dieron nueva estima, y suficiente provecho , distinguiéndose entre ellas las obras de la Cate- dral donde construyó el Portal Mayor, hasta el alcance de su cornisa; la caraco- lada estatua del mártir San Vicente, la Anunciación de la Virgen en su medio 'relieve y otros dos medallones, con aquel aliento creador que distinguió á tantos barrocos de las pasadas centurias, tan malamente empleado en empalagosas obras, incorrectas de dibujo y llenas de yerros de invención; y habiendo llegado á Valencia en 1706 * con motivo de la guerra el Archiduque Carlos, le tomó á su servicio y le adhirió á su séquito, como escultor de cámara 5. • Hasta hoy no tenemos la fecha de su nacimiento. Una partida del Archivo de la Catedral de Vich, desprendida de uno de sus libros, y colocada en otro de 1680, podia hacer creer que Costa —José, Anto- nio, Pedro, Jaime— nació en 20 de Abril de 1680. ' Cean.—Diccionario — palabra COSTA. ' Costa, amigo y colega de Rodulfo y por Viladomat en relación con Bibbiena. • En 2 de Octubre de 1706. ' Estas noticias españolas en Cean y Ponz — 1)iccionario del primero y Viaje del segundo y en I08 ,o3 ANTONIO El giro de los sucesos de 1707, obligaron al Archiduque á trocar su nuevo asiento por la capital del Condado donde aposentó su corte y tenia sus sim- patías, y donde á la vez le llamaban la fidelidad y el cariño del pueblo barce- lonés ', y vino Rodulfo con su Rey á la residencia real 2, después de realizar en Valencia — donde quedaron entonces y se hallan todavía — los bocetos de dos monumentos encargados por el príncipe para la ciudad Condal; uno erigible á su memoria y coronado por su retrato , y otro á la Madre Inmaculada 3, de que era el rey muy devoto *, y del que habia hecho promesa, con piadosa humildad después del acedio de esta plaza por el Duque de Anjou ^. — Entonces se cono- cieron Costa y Viladomat, que también conocieron al pintor del Archiduque, y fué á la par entonces, cuando aprovechando las relaciones de Rodulfo y de Bib- biena, daban relevantes pruebas de común aprovechamiento, y de naciente in- genio en el templo de Junqueras. Pedro Costa y Viladomat aprendieron de Conrado aquel cúmulo de impre- siones y de tradiciones de arte que habia recogido en sus viajes y en el estudio de sus modelos ^; y aquellas preocupaciones que llevaban á concebir máquinas Recuerdos y Bellezas de España. — Ponz Tom. iv, de su Viaje, Carta ix, § 13-16, Valencia — Madrid 1774, no fija la fecha de las obras de Rodulfo y dice de él: «Deseoso de mejor maestro huyó de la casa de su padre y se fué á Paris.» ' Así lo aseguró San Felipe T. i, pág. 286, y lo hacen pensar las cartas del rey. — Dietarios municipales, 1707. — El rey entró en Barcelona por el antiguo portal del Ángel el 22 de Marzo de 1707. — Ver dietario citado de 1706 á 1708. ' Cean Bermúdez. — Diccionario dicho. ' Id. mismo lugar. * El Marqués de San Felipe — á quien citamos con especialidad cuando es sincero con sus contrarios, por ser entonces fiel cronista—, dice, que, después del triunfo de los aliados en Barcelona en 1706 «el rey Eárlos usó de gran moderación de ánimo de la victoria, y con su acostumbrada piedad dio públicamente gracias á Dios por ellas;» pág. 253, Tom. i.—Ver también Dietario dicho, 1706, dia xii de Mayo, carta del Rey; —y en el mismo Dietario xiii de Junio, otra carta; 20 de.Junio de 1706 etc., su devoción á la Inma- culada. ' Ver Dietario Municipal y San Felipe. — Todo lo citado nota anterior — donde se hallan los documentos en que ordena el rey la erección de la columna á la Inmaculada Concepción, en la j7/a;fa del Born de Barce- lona primero , y temporalmente de madera, y luego de mármol; la realización del pensamiento del Archi- duque, y el acta de calificación de todo ello.— En diciembre de 1706 se colocó solemnemente su primera piedra.— Ver detalles, Dietario dicho. — También el dia xiiii (14) Nov. del mismo año y libro y otros puntos del Tom. — Visitas de los Concelleres en procesión á la pirámide. — El rey al llegar á Barcelona la visitó también. ' Cean Bermúdez. — Diccionario. — RODULFO ( CONRADO ). Ver págs. anteriores. VILADOMAT. io3 tan monstruosas, rodeadas de alegorías y coronadas por retratos, y columnas tan recargadas como los modelos de Rodulfo de que ya hemos hablado. Costa y Vi- ladomat aprendieron de Conrado aquella doctrina artística que tanto pregona Cean y que debia mejorar las de nuestros catalanes ¡ tan rudas á la sazón, que á la del alemán no alcanzaban ' ! Pedro Costa sobre todo, iba á mejorar con ellas sus prácticas de escultor, y á aprender aquel su estilo bastante sobrio para su tiempo, no sobrado de detalles, poco finido en el trabajo, pintoresco en sus con- juntos, natural en sus varias formas, incorrecto en el diseño, arquitectónico en sus masas, é influido del barroquismo de todas sus producciones, y en que otros tiempos creyeron ver reflejos del arte clásico '; é iba á adquirir con él, aquel ade- lanto en su arte que le permitió ser en su patria uno de los mejores escultores; que le proporcionó ser en ella el que con otros artistas lograra fundar en Barce- lona una academia de dibujo donde tuvo sus orígenes la Escuela de la Lonja; el amigo y colaborador de Antonio Viladomat hasta muy entrado el siglo; uno de los primeros académicos de la de Nobles Artes de San Fernando, desde 1764 y hasta el año 61, en que falleció en Berga, después de dejar al Principado notables pruebas de su ingenio en numerosas obras, y el fruto de su talento en tres tomos de nobiliarios, que le robaron al arte sus momentos mas fructuosos •''. Pedro Costa y Conrado Rodulfo, Bibbiena y Viladomat, he aquí el núcleo artístico más importante del período de que hablamos; el centro más distinguido que se señala en España en todo aquel centenar; el que sirvió de guia, y el que dio el tipo estético á la escuela catalana del siglo xvni. La historia hallará en él, para la pintura española el grupo más eficaz, el concurso más productivo, más notable, más sincero, más platónico, más exento de envidias en el arte de dos si- glos. Él llenará en el de esos dias de universal decadencia el período de efusión, que recuerda aunque de lejos, los bellos y entusiastas dias de la pintura italiana, y los tiempos de más fruición de la pintura española. ¡ Qué bello concierto fué ese! ¡qué envidiable armonía animaba la activa obra, de tal cortecilla de artistas! La • Cean — COSTA (D. Pedro.) ' Cean, lugar dicho, nota anterior, cree, harto equivocadamente, que á no ser por ciertas distracciones Costa « se igualara á los antiguos, B — Acerca de esas obras y otras preparamos un trabajo titulado: Piedras miliarias de la escultura Catalana. ' Cean mismo lugar. — Más adelante veremos sus relaciones con A. Viladomat. — Cean dice de los libros de nobiliarios, que, cayó en laflaquezade haberse dedicado á leer nobiliarios indagando el origen y tratos de las principales casas de aquel Principado, con tal tesón que dejó escritos tres tomos, encargando en su testamento se depositaran en el archivo de los PP. de San Felipe Neri de Barcelona. 104 ANTONIO civilizada Europa pudiera mirar en ellos, en pequeñas proporciones, aquel entu- siasmo estético, aquel sentimiento nutrido, ya que no la elevación de miras, que campearon de una vez en el siglo xvi, y lo que no ha visto después, la más pro- ductiva modestia, y el olvido más fecundo de esos ocultos artistas —tan modestos algunos de ellos como olvidados de su tiempo— que engendraron calladamente los elementos de una Escuela. Barcelona tuvo con ellos por mano de catalanes el italianismo de entonces con todos sus caracteres, con muchos de sus defectos y con todas sus ventajas; la ciencia de la Escuela ecléctica, como el tiempo lo entendía, con la frialdad de expresión y el estudio de otros maestros, su composición pensada y su distribu- ción escénica, y las bases del naturalismo con sus copias del natural, su pasión por pintar, su afición al colorido, su descuido del dibujo, abundancia de color, y ejecución despachada, valiente y llena de brios, y entonación algo cálida; y el deseo de impresionar, la aspiración al efecto, las aficiones al paisage, á los fon- dos, los panoramas, las perspectivas, los contrastes rebuscados, que aceptaban las dos escuelas, y que se cruzaban en Italia por los años de que hablamos. Y, Antonio Viladomat hallaba en las conversaciones — siempre típicas y fe- cundas entre los que cultivan el arte—, y de los artistas que admiraba, en las lecciones que le daban, en los dibujos que le enseñaban y que iba á reproducir ', en las obras que componían, en los lienzos que pintaban, en el mundo que le mostraban, le contaban, le juzgaban, le exibian, el italianismo en boga, con las máximas estéticas, que levantaban su espíritu sobre el tan romo de sus coetáneos y de que más tarde dio pruebas en notables documentos 2, y la revelación artís- tica^ que servia de botafuego á sus espansivas facultades. Poco después de ese tiempo seguia nuestro pintor la huella de esas influencias reproduciendo de alguna lámina el celebrado cuadro de Amberes, El Descendi- miento de Rubens 3, donde variando algunas imágenes, y el tamaño del cuadro; poniendo de su cosecha el color; catalanizando las figuras y algo las expresiones; dándole nuevos y severos efectos; modificando las ideas y hasta en parte el espí- ritu de la obra, probaba claramente las adquisiciones artísticas que habia hecho, y sus aficiones extrangeras. Este cuadro toma con Viladomat menos extensión, su composición está más recojida, como concentrando vivamente el sentimiento ' Ver enseguida el Descendimiento por Rubens. ' Ver Cap. viii. —Apreciaciones estéticas de Viladomat. ' Conocido cuadro de la Catedral de Amberes. VILADOMAT. io5 hacia el Cristo, parte principal del cuadro; su desarrollo es menos grandioso, aunque de vez más sentido; la inspiración campea menos; y el genio es aquí ta- lento; el arte está suplido en mucha parte por el estudio y la observación directa del natural; la patria del cuadro es muy otra que en el original y es la catalana pura; el espíritu flamenco, las formas flamencas y la libertad flamenca están com- pletamente olvidados; y la religiosidad del pintor y del pueblo donde pintaba esta obra se revelan-en toda ella por la piedad y el recato, que el genio fogoso de Rubens trocaba por la pompa y la pasión de un arte más material y mundano. La composición , en fin, es la misma, pero el cuadro es distinto, así por las va- riaciones espirituales que ofrece , como por el espíritu é ideas que revela '. Anterior á esta reproducción , y casi contemporáneo de los cuadros de Jun- queras , debieron ser indudablemente algunos de los lienzos que conocemos, y entre ellos una Muerte de San Alejo, y un Rapio de San Ignacio de Lojola =, compañeros de igual tamaño; una ascensión ó Apoteosis de San Vicente de Paid^, de expresiones interesantes; un pintoresco Sueño de San José'^, sobrado de incor- recciones; una Transververacion de la "Virgen Santa Teresa 5, falta de idea- lidad ; y tres Adoraciones de los Pastores ^, de diferentes efectos y variadas com- posiciones , ó fruto de facilidad en la invención y en sus recursos é impresiones, á la par que de iguales defectos que los lienzos anteriores; y todos presentan por igual como cualidades dominantes, valentía de entonación y soltura de pincel, de vez que alguna dureza en las tintas, é impresiones sombrías y muy variados efectos. Corrían también con esas obras y de 1708 á 1711, importantísimos sucesos, que hacian de dia en dia más precaria la situación de Cataluña, y del resto de la Península, y que servían acaso de escabel á la personalidad artística del pintor de quien tratamos. Ya era la toma de Mahon por el general Stanhope en 1708; y 112 ANTONIO diseños; y taFó cual cabeza interesante colorida con valentía, con fresco y limpio pincel en otra de las capillas'. Por ello, pues, se comprende la dificultad gravísima con que debe tropezar quien quiera juzgar con estos datos del asunto decorador del templo y de su mé- rito artístico. Solo de lo que vio puede juzgar el que escribe, y asi le cabe afirmar que fueron quizás de Viladomat la parte de colorido, el dibujo y hasta la concep- ción de las porciones indicadas de una de las capillas, porque se veian en ellas marcadamente las cualidades de ese artista en su segundo período; que los frag- mentos de Apóstoles ó de antiguos Profetas en nada podían recordarle por su gigantesco dibujo, la dureza de sus carnes y su abigarrado conjunto; y que el Juicio del presbiterio era concepción italiana, reflejo de Miguel Ángel, visto á través del criterio de algunos de los Caraccis, ó de varios de sus discípulos, que dejaba distinguir acá y acullá separadas ciertas cualidades propias del pintor de Barcelona, junto á vastas porciones de distinto carácter y hasta de opuesto gusto que con ellas contrastaba de una manera notable. ' j, Por entre la espesa capa de un revoque moderno que cubría estas pintqras, y junto á vastas manchas rojizas de magnífica coloración, en que la fantasía adi- vinaba imponentes imágenes ^, veíanse partes del Juicio, incomprensibles algu- nas, y otras con un grandioso grupo de torvas y fornidas almas revolviéndose entre negras aves á manera de grifos , y otros singulares monstruos, y entre en- roscadas culebras que oprimiéndolas las abrasaban á bocanadas de fuego, y sobre las cuales cernía magnífico coro de ángeles convocando las almas con do- radas trompetas, mientras que á su rumor sublime se precipitaban en el abismo los reclamados por el infierno. Magnífico y atractivo fragmento donde se veia campear la desesperación del infierno, contrastando vivamente con la magestad del cielo; el triunfo y grandeza de los ángeles y la congoja de los malos. Y en torno del imponente grupo corrían como decoración, sirviendo de límite á la bóveda, ornatos arquitectónicos formando ciertos casetones , y dorados florones y llaves, como los que se ven en varios cuadros de nuestro pintor catalán ^. ' En la bóveda de la que fué Capilla de los Apóstoles, una de las más interesantes del templo.— V e r * Ponz, Viaje de España, T. xiv, carta de Barcelona. ' Si se hubiese conservado la fábrica de San Miguel hubiera sido posible desprender del cascaron del presbiterio y de otros sitios la espesa capa de cal que cubria parte de las pinturas, y desvelar de nuevo magníficos trozos de un imponente fresco. * ' La familia del difunto artista D. Tomás Padró conserva un dibujo reproducción de ese fresco. VILADOMAT. ii3 Era un trozo atractivo y lleno de grave interés, aunque se viera inspirado del techo de Miguel Ángel de la capilla Sixtina, en que lucian por igual viva ima- ginación , vigoroso y moreno color , pero en extremo natural , valentía de pincel, grandioso dibujo, concepción enérgica, formas hercúleas, expresión inteligente, intencionada, hábil, bosquejos magistrales, manchas chispeantes y características, manos correctas y admirables, cuadratura grandiosa, muchos escorzos, dramático aparato, ángeles magníficos, valientes, denodados, heroicos! — y donde á vueltas de algunos trozos de célicas imágenes, que eran sin duda de nuestro Antonio, dominaba el italianismo con todo su carácter; el gusto de Bibbiena con la expontánea exuberancia, y cierto adelanto artístico , que aun no podia alcanzar el pintor barcelonés. Cualidades unas y otras, que puestas en re- lación con las de otros trozos de que hemos dado noticia, nos hacen imaginar que inventó y guió las obras, como se ha dicho hasta hoy, el pintor del archi- duque , y que trabajó con é l , y creó algunas partes de esa decoración su discí- pulo catalán: y así se concilia también el texto citado de Cean con nuestro modo de ver, y el decirse una obra de Bibbiena y á la vez de Viladomat. Estos y otros trabajos que Bibbiena y Viladomat ejecutaban de común, ha- cían admirar al último con la admiración del primero, y tendieron á presentarle como uno de los pintores de la independencia catalana; y el concierto de esos artistas y de Conrado Rodulfo, le hablan puesto de lleno en el movimiento del tiempo; le hablan hecho alguna p a r t e , aunque tal vez aparente, de las tenden- cias del pueblo, hablan inclinado hacia él las ocupadas miradas de los parciales del archiduque; le habían puesto en pleno roce con los cortesanos del príncipe, y los más granados personajes de la Corte de Austria, haciendo de é l , á la par un grave pintor cortesano.—Y, una de las pruebas de esto se tiene con saber que pintaba el retrato de Staremberg entre sus mejores retratos '. Guido de Staremberg, el general alemán que desde Voltaire hasta hoy se ha juzgado por todo el mundo como «el más distinguido de todos ios imperiales, después del príncipe Eugenio ^; » el defensor de Viena en i683 ; gefe en la toma ' Ver Cean Bermúdez. — A. VILADOMAT. * = Tomo IX de la Hist. de España de Mariana, continuación de D. J. M.' Gutiérrez de la Peña, edición de Barcelona, por Oliva, 1839.—Pág. i63.—Voltaire, en su 5íg-ío de Luis X/K, le decia: «Staremberg qu' on regardait comme un autre Eugène. » —Cap. xxii, y tres páginas antes decía: «le general allemand qui avait le plus de reputation après le prince Eugène n —Vendóme le llamó en sus Memorias (dichas): g-ríiHii homme —pág. 24—; undes plus fameux, etdes plus experimentezgenerauxde son siede », pági- na 19; otros pasages de este tomo, como el que copiamos después. 114 ANTONIO de Buda en 1686, y en el sitio de Belgrado en el año 8 8 ; el escogido de Eugenio en Italia y en Hungría ; el gefe de la Italia alemana en 1701, el feld-mariscal del imperio á los tres años siguientes; el que sujetó á los húngaros, y combatió en España la causa del rey Felipe desde 1708; el vencedor de Almenara, y el que quebró en Zaragoza las huestes del rey francés, era el que entonces pintaba Antonio Viladomat! ; Puede dudarse acaso de que era nuestro pintor un grave pintor cortesano ?... Guido de Staremberg, en quien miraba Vendóme el émulo más temible', era el que logró fijar, y el que ponia á su l a d o , con su habitual franqueza el sencillo catalán. Staremberg y Viladomat ¡ qué agrupación de figuras! — qué oposición de caracteres é importancia de personajes ! Guido de Staremberg, el severo mi- litar, el heroico soldado, el activo capitán que habia cubierto de gloria la memo- ria de su nombre; que habia impuesto su fama con el temple de su espada y su militar pericie, que habia paseado con sus trofeos sobre hecatombes humanas hasta sus cincuenta años =, las armas de varios pueblos , era el que quería ponerse á las órdenes de nuestro mozo.—Y Antonio Viladomat, el pintorcillo olvidado, el joven de ingenio novel, el que no habia visto más tierra que la tierra que pi- saba , que no habia oido más glorias que las de sus padres y abuelos, amen de la suya propia; que no habia tratado más héroes que los que criaba su suelo, era el que quería pintarle en toda su gallardía. ¡ Qué singular contraste, y qué pe- regrina avenencia los de estos dos personajes ! — Diríase que la fornida águila acariciaba una tórtola con maternal cariño ó con familiar dominio. Y, Antonio Viladomat debia ser esta avecilla con toda su timidez , y su inocente viveza. De 1708 á 1713 , mientras residió en Cataluña el general Staremberg , le re- trató nuestro artista ^, con su facilidad y soltura y con tanta maestría y semejan- za tan grande , que aun merecia recordarse entre los elogios de la crítica á la con- clusión de aquel siglo*. Ignórase lo que era este retrato y lo que pudo valer como á producción de a r t e ; más es posible imaginar, por los otros retratos que á la • Memorias dichas, y tom. citad.— págs. 19, 23 y 24, y otros pasages. Batalla de Villaviciosa etc. y pág. 193 del Vendosme. ' Nació Staremberg en 1657,como se sabe. '•' Aunque no consta fijamente la fecha ni el objeto del retrato, creemos, sin embargo, que debió pintarle en el período de mayor popularidad de Staremberg, y cuando más largamente permaneció en Barcelona, después de su regreso á esta capital tras la acción de Villaviciosa (r) ' Texto citado de Cean: Fi/adomaí. VILADOMAT. ii5 sazón pintaba, que debió ser estimable entre las obras de su clase y los retratos de su tiempo, y el solo hecho de haber pintado tan importante figura el infatiga- ble artista prueba hasta que punto debió ser apreciado como pintor de retratos. — En este se verla fijada , según opinión del tiempo, el alma de Staremberg que admiraron los grandes hombres y recordaron los que le vieron , y hasta sus mis- mos contendientes : aquel « hombre infatigable , de extraordinario aplomo y pe- « netracion sin límite , incapaz de graves yerros y muy capaz de reparar los que « otros cometieren ; el que en los más peligrosos sucesos hallaba inesperados re- « cursos ; y de quien tanto admiraba el mérito,.... el más noble capitán con quien «luchó su pericie , que no veia otro en su imperio á quien poder compararle » ' . Y debió dejar en él por la familiaridad con que le vio — que el roce acerca á los grandes — aquel su carácter afable; aquella su sinceridad ; aquella su galantería y caballerosa explendidez que le fueron características, y que le conserva la histo- ria 2; pues sus facultades artísticas debieron sentir su vida, debieron crecer sus bríos y aumentar su brillantez por ese envidiable trato ¡ tan nuevo como asaz raro en la vida de aquel artista ! Al hallarse ante ese hombre de tan singulares prendas , de tan alta c a t ^ o r í a , de historia tan relevada y de popularidad tan vasta á la par que tan activa, debió alumbrar al pintor la inspiración fecunda, y el fuego de la poesía heroica para fijar en el lienzo con toda la verdad objetiva, y la subjetiva emoción — tan laten- te , tan creciente, tan fantástica y embriagadora en este momento de su vida — la.imagen algo ideal del héroe que retrataba. Y , si se pudiera penetrar en los de- talles íntimos de aquel momento supremo y de aquel familiar dramático, que ofrecieron las expansiones del pintor y del capitán, que adivina la fantasía, tal vez se pudiera hallar en la conversación de los d o s , y en la digna afabilidad , y y explendidez bellísimas del ilustre general, ciertos recuerdos amables y cierta ' Asi escribía el duque de Vendóme en el tom. citado de sus Memorias, pag. 23 y 24, y en las ya di- chas, como quien habia tratado de cerca al general alemán. ' Mismas Memorias fág. 826 y 328 y siguientes donde se habla de las finezas, hidalgía y caballerosidad con que trataba Staremberg al duque de Vendóme; que contrasta por cierto con lo que hizo este general francés usando de una astucia innoble y poco agradecida, para impedir la toma de Tortosa por los sol- dados del Archiduque.— Ver el documento n." 42 del Dietario municipal— 1713 — donde se halla, de vez, la dignidad militar, el sentimiento de obediencia , pundonor del rango, cargo y cariño, gratitud y simpatía para con los catalanes y barceloneses en especial. m ii6 ANTONIO *^ ocasión de poesia'. Más, como quiera gue fuese era la segunda vez — por lo menos la vez histórica — en que el pintor catalán hallaba al trazar un retrato, fecunda ocasión de emociones. Cosa de dos lustros antes habia podido fijar la efigie del Beato Oriol ante los restos del Santo, ahora lograba pintar la imagen de la nobleza con el brillo del m u n d o ; entonces la lumbre divina, ahora la grandeza terrena; allí el prototipo del Santo y del venerable asceta, aquí la imagen fecunda que dio el ideal á los héroes: y en los dos casos el sublime , de dos tipos de sus obras, que rebrotó en sus cuadros y retoñó en su espíritu. Pero no es esta sola prueba de que fué Viladomat notable pintor cortesano , y de que puede llamarse por ello el Vela\que:{ catalán, sinó que pintó otros cua- dros de ese mismo período, aparte de otros siguientes, que le dan ese dictado. Uno de los que se le atribuyen en el citado período, es el curioso retrato del ilustre maestre de campo de infantería española D. Francisco de Cardellar = . Vi- > via el señor Cardellar á mediados de mil seiscientos, y murió por esos años en 1682^. No p u d o , pues , pintarle en vida el artista de quien tratamos; más pudo co- piar con esto su varonil figura de otro antiguo cuadro, dándole el noble aparato, con que se halla en imagen, marcial y caballeresco; con el rostro de medio lado y la cabellera undosa , como leonina melena , negra , abundante y crespada ; re- clinado el diestro brazo en el morrión acerado, y erguida la altiva cabeza como desafiando el valor; teniendo en fin á su espalda el nebuloso cielo y el tronco desnudo de un árbol con leves hojas rizadas, y las azulosas montañas, que re- cuerdan vagamente el carácter del retratado y el ambiente de su patria. Y , otro importante cuadro , aunque de poco después, que posee más bellezas, y permite menos d u d a , es el de un caballero de familia catalana y de prosa- pia ilustre, al parecer francés, y cuyo hermoso retrato debió realizar el artista en 1718, por los diasen que pintaba, en la Casa de Caridad de la villa de Reus *. Severa figura de anciano de fisonomía distinguida y de expresivo sem- • La imaginación presiente los obsequios de que debió ser objeto Viladomat por parte del caballeroso general. 2 Cuadro D.XVI. — de nuestro Catálogo. ' Del Archivo de la familia Cardellar, tomamos la siguiente nota que se halla en un libro manuscrito titulado Genealogía de la Familia Cardellar. — a Francisco de Cardellar... Mestre de camp de Infantería Espanyola... morien 1682. ' Cuadro D.XVH de nuestro Catálago.—En Reus pintó Viladomat por los años de 1718 —según se cree— VILAD.OMAT. blante — casi parece viviente-— que revelan su nobleza ; con larga y canosa pe- luca tejida en espesos bucles, blanca y retorcida corbata y apapalinadas mangas; figura esbelta y airosa á pesar de sus años , como las pintaban Mignard y el per- piñanés Rigaud que escribe en un pesado in-folio , de anchos y espaciosos plie- gues, teniendo parte de él en una mano y la pluma en la otra, y revueltas car- tas , plumas y objetos en la mesa donde escribe; mientras se miran á su espalda, destacando en oscuro fondo de los paños de una cortina, el sillón en que se sienta , la librería de su estancia , y el bosquejo de un cuadro oval, con la senti- da efigie del santo amable de Padua que agasaja al Niño Dios K Con parecidas obras llegaba Viladomat al período mas violento de la Guerra de Sucesión en el Principado de Cataluña. El transcurso de diez años, de 1703 á 17x3 , le habia ya preparado á importantísimos trabajos, y obtenido en sus manos un arte suelto y viril; pincel desembarazado y grandiosidad de compren- sión de los asuntos de sus cuadros y los modelos que copiaba , y aquella gallar- día maestra , que solo logra crear el concurso de esas tres partes. varias perspectivas de monumentos de Semana Santa. — La fecha de este cuadro está escrita en él de mano de su autor y al pié de.la librería dice: Fait pour ijiS. ' Ver la fotografía de este magnífico retrato.