CAPITULO V. D Í A S D E L G R A N F L O R E C I M I E N T O D E ANTONIO VILADOM.AT. 1 7 2 0 — 1739. RESUMEN. • Tiempo de contrastes. — Cualidades que habia obtenido Viladomat. — Elementos de su ulterior desar- rollo. — Su matrimonio: donde y con quien fué : sus nuevos parientes. — Su sucesión. — Necesidad de un titulo. — El gremio de pintores, y el previlegio de Carlos II constituyéndole en Colegio. — Los pin- tores colegiados de Barcelona. — Los no colegiados. — Espíritu de independencia del arte de la pintura con los no colegiados. — Licencia de mancebo pintor concedida á Viladomat.— Sus exámenes y ejercicios de prueba. — Actividad del licenciado Viladomat. — 1723 : Una apreciación del colegio de pintores bus- capié de un litigio con A. Viladomat. — El pleito con el colegio de pintores de Barcelona. — Defensa que de sus derechos y de la libertad del arte hizo Viladomat. — Sus apreciaciones y curiosas noticias artís- ticas. — Triunfo del mancebo pintor. — Su período florido ó brillante: sello de éste. —Grupo de varios lienzos particulares. —Uno importante: La Circuncisión, — Los cuadros de Santa María del Mar.— Sacra Familia. — Vasta colección de la parroquial de Mataró : — Pinturas de varios altares: — La Capilla de los Dolores;—El camarín y sus cuadros. — Los de la iglesia del Hospital de la misma ciudad.— Otro grupo de varios cuadritos, religiosos todos. —Otro de preciosidades artísticas de varios aspectos. — Un vivero de arte y de varios géneros. — Las cuatro Estaciones. — Cuadro de costumbres. — Vida de Santa María Egipciaca. — Venida del Espíritu Santo. — Boceto de Jesús suspendido en el Calvario. — Renombrados lienzos que no existen. — Los veinte cuadros de la Viday leyenda de S. Francisco. — Juicio crítico de estos: méritos y defectos. — Partes señaladas y hábiles. — Alto del ingenio. — Superio- ridad de Viladomat sobre sus colegas barceloneses. — lySg : lo que valia : nuevo pleito con los pintores. — Nueva defensa del gran maestro. — Superioridad de sus ideas. — Sú triunfo definitivo. CAPITULO V- D Í A S Dl·L GRAN FLORECIMIENTO DE ANTONIO VILADOMAT. 1720— lySg. Y era tiempo de contrastes. V o l t a i r e escribía \ ^ su famosa Enriquei- da en 1720 : Vilado- mat pintaba impor- tantes cuadros en ta- les dias de Voltaire. El menos crédulo in- genio y el pintor más cristiano del primer quinto del siglo com- ponían é inventaban con tan opuestas ten- dencias, en dos paises vecinos y en dos sociedades hermanas. Los dos crecían á la p a r , y como en Francia el escritor francés, era el pintor catalán el represen- tante genuino de sentimientos é ideas ocultos en la sociedad. Viladomat en su patria era algo á imagen de Voltaire, el alma á la par que la guia, la tradición viviente de una agrupación social, y el artista más principal y el más popular de todos los que quedaba á su pueblo. i5o ANTONIO Nuestro importante pintor habia alcanzado ya entonces en sus mejores cu;i- dros el mérito de serio ingenio, y en su ingenio y educación desarrollo casi com- pleto. Conocimiento de su arte, práctica de pintar, gran soltura de pincel, cor- rección en el diseño, atractivo en el color, armonía en los efectos, estudio del natural, observación de las pasiones, roce con varios maestros, formación con algunos de ellos, especiales conocimientos de arquitectura y perspectiva, de todos los procedimientos del arte que cultivaba y de cada uno de los géneros que per- mite la pintura desde el religioso al escénico, elevación del espíritu con distin- guidos artistas , vuelo y expansión del alma con ilustres personajes, grandeza y virilidad con espectáculos sublimes, evocaciones solemnes, inspiraciones fecun- das , patéticas emociones, momentos de gran artista, encargos importantísimos y obras sin tasa ni cuenta en que se formó un estilo propio, demostrando sumo mérito y poniendo á prueba el talento, la talla, en fin, más importante que alcanzara maestro alguno de su pueblo ú otro de Europa en lo que iba de siglo; todo, todo lo tenia probado en numerosos lienzos. Se habia agitado, habia vivido como hombre y como artista en un período de lucha , que daba nervio al espí- ritu , extensión de facultades, desarrollo intelectual y alteza de sentimientos, pábulo á la imaginación y estímulo de concebir, cuando no anulaba y perdia; habia tratado de cerca á los hombres más ilustres que cruzaron por su suelo; habia visto á los maestros de España, Alemania é Italia al través de los dibujos, los bocetos y las láminas, y los especiales juicios de otros maestros del tiempo; habia tenido por modelos á extrangeros de nota que le enseñaron y guiaron ; habia gustado del mundo real, y vislumbrado el antiguo, y estudiado del arte clásico los peregrinos conceptos trasladados en los yesos, — aunque en número muy corto—, ó conservados en restos en pueblos del Principado; habia sentido el buen gusto de las fábricas modernas en los templos y palacios que hermoseaban su capital; explayado ante el paisage, su feracísimo espíritu, y apreciado el de sus padres, y acaso saboreado con ellos las obras más importantes de los templos y los claustros, que debia visitar (á juzgar por los atractivos, por su afición al arte y por los usos de entonces ' ) , y donde debió heredar el carácter de estos ' Limitándonos á lo que dicen Palomino, Ponz y Cean Bermúdez, pudo ver Viladomat: — En Tarragona: Pinturas de la Catedral (sigloxvi y rafaelescas) del retablo de Santa María Magda- lena y del altar de la Anunciación. — La cúpula de esta capilla por Juncosa. — Pinturas de Isaac Kermes, capilla del Sacramento. — Al lado del Evangelio retablito con la coronación de Nuestra Señora, estilo de los Zuccari. — Angulo del Claustro , cuadro de mérito de Nuestra Señora, San Juan y San Bernardo. —Los VILADOMAT. i5i padres, los pintores catalanes: había , en una palabra, sentido las influencias que desvelan el talento, desarrollan el ingenio y forman la fantasía. Tal era y estaba entonces Antonio Viladomat. ¿ Qué le faltaba pues ? Nuevo campo y obras nuevas cuadros de la capilla de la Concepción y de la Vida de la Virgen, y el árbol de Jesé ; Retablo-Capilla Santa Tecla, dos I. G. colaterales en el presbiterio, que son S. Diego predicando y Santa Tecla en el martirio del fuego; Sacristía de esta Capilla. San Raimundo de Peñafort m. c , de c. e. retrato prior Rebolledo, S. Lúeas en retablo con S. Pedro y S. Pablo; Concepción, en sacristía capilla, S. Francisco, bocet. altar mayor. Ca- puchinos. Toda obra del Dr. José Juncosa. — Tarragona. Capuchinos: Mártir. S. Fructuoso y de los Diá- conos Santos Augurio y Eulogio en altar mayor, por Juncosa. — Capilla arzobispal: martirio Sta. Tecla y Santos Benedictinos adorando al Santísimo Sacramento, del Dr. Juncosa.—Muchas obras Convento mer- ced de Dr. Juncosa.— Cementerio Tarragona, varías obras del mismo doctor.—La Merced: San Pedro Nolasco y compañeros redimiendo cautivos y dándoles de comer; cuadro de religiosos de la orden en el Claustro y Coro. En este, retrato arzobispo Sánchez del mismo pintor. — Reus. Parroquial de S. Pedro : de Guitart, seis grandes cuadros del retablo. Vida del Santo. — Hermíta de Ntra. Sra. Misericordia: bóveda de la Cap. May. pint. de los dos Juncosas y sus discíp. Franquet. — Scala Dei. Cartuja: varios claros varones de ella en Sal. Capítul., grandioso Cuad. tester. puesto en su extensión. En coro de legos, nacimiento y Coronación de la Virgen ; treinta y seis cuad. en la cornisa. Igles. el cimbor. Sagrar., otros cuadros de devo- ción en celdas, etc. — Barcelona. Catedral : frescos Sala Capitular en bóveda; dos cuadros grandes capilla San Marcos; otros en retablo; muchísimos en claustros.—Santa María Mar, pintor Arnau capilla San Pedro.—Santa Catalina: dos pinturas gigantescas Santo Domingo y Santa Catalina en iglesia hacia capilla mayor. — La Merced : cuadro de Víñols en Claust. varios. — Varios cuadros y frescos en Sacramento.—Santa Ménica: del Dr. Jun- cosa pint. capilla mayor. — Trinitarios descalzos: Sacra familia de Procacini, t. n., que cubría una imagen, — San Agustín: mitad cuadro Claustro, Vida San Agustín de Arnau. — Agustinos calzados: de Gassen en Claustro vida Santo Patrón. — Carmelitas descalzos: de Cuquet gran cuadro en Sacristía, con Concilio Efeso presidido San Cirilo, cuadro en retablo mayor, en órgano , y en Claustro alto, 20 de Vida San Elias. 9 en portería retratos varones insignes de la orden. — Mínimos: de Arnau, San Francisco Paula y San Francisco Sales en iglesia. — San Francisco Paula: parte vida del Santo, de Cuquet y el resto de Gassen.— Padres recoletos: de Guirró Santa Mònica, grandioso cuadro. — Santa Ana : de Fr. Juncosa, cuadros del Sacramento gran tamaño, existentes todavía. — Los Angeles: retablo mayor y muchos otros, en grandes cuadros italianos y españoles ; celebrad, en i." capilla izquierda tres Santos mártires. — Capilla Palau: pinturas italianas retablo mayor del siglo xvi falsamente atribuido á Julio Romano. — Capilla Ayunta- miento Ciudad : cuadro famoso de Luis Dalmau y formas góticas síg. xv, y aparición de María á Barcelona en medio de los patronos de Cataluña, ofrecido por Concelleres, vasto lienzo, y Santa Eulalia, cuadro del Reverendo Padre Lorenzo Tarragó, Retratos de príncipes. — Scala Dei (Barcelona): hospital del mo- nasterio. San Bruno leyendo la Regla á monjes. — Montealegre, Cartuja: Bóveda capilla mayor; 8 lienzos de 7 palmos ancho y 7 Va alto en Sagrario con Santo Sacramento y Sagrada Escritura; — Bóveda á fresco, todo de Fray Joaquín Juncosa ; — etc., etc., etc. — V. Palomino : Noticia de artistas; Ponz: Viajes, Cataluña, folios xiii y xiv, cartas primeras, y Cean Bermúdez: Diccionario citado con algunas adiciones nuestras. — De las esculturas y arquitecturas los dos últimos autores en los tomos y obras citados. i52 ANTONIO en que poner de relieve todos sus elementos. Y hé aquí lo que iba á lograr. Fué en 1720 cuando habitando en Barcelona el contemporáneo de Voltaire resumia sus cualidades en numerosas obras. Contaba entonces el pintor la edad de cuarenta y un años. Sobrábanle los encargos para poder vivir, servíale su herencia modesta ' de constante amparador, y con su hacienda y sus manos tenia sobradamente para adquirir nuevo estado, á que la soledad casera y los años que contaba le debian inclinar, y á que un hombre reflexivo, y un juicioso catalán de aquellos tiempos honrados debian sentir harto anhelo. Brindábanle también de vez la tranquilidad octaviana que regia en el Principado ^. Felices años y estado, que debian dorar sin duda, las virtudes de aquel hombre de tan ilustre sentido, y de vida tan cuitada á la par que tan entera. Contrajo matrimonio pues, el pintor Viladomat á los 3o de Diciembre de 1720 ^, con una doncella humilde por su clase y su familia, modestos y sencillos sastres de la Ciudad Condal''^, quien con sus veintiséis mayos ^ correspondía dignamente á los años del pintor. Llamábase Eulalia Esmandia ^. Llevaba por dote á su esposo con su bondad y honradez, una pequeña herencia que le legó una abuela7, y aquella, aunque más lejana que pudiera heredar del peculio de su padre * harto comprometido cuando las bodas del pintor por la guerra de suce- * sión y el sitio de Barcelona de 1714^. Por su consorte Eulalia adquirió nuestro artista, espiritual parentesco con muchísimas personas de la familia Esmandia, entre los que entonces figuraban > Las dos casitas de que se habla en el Cap. ii, págs. Dy y 58, nota i y Apéndice vn. = Este período contrasta vivamente con el de la Guerra. Un catalán reflexivo podria pensar que no corria ya riesgo de rodearse á sabiendas de seres desventurados. ^ Apéndice xvi, partida de desposorio. • Id. y Apéndice xiv, 3 y 4. — Id. xiii; y pleito de Marta Puig contra Riera y otros, fol. 149, etc. * ^ Apéndice xni, partida de bautismo de Eulalia, dice que fué bautizada en 2 de Setiembre de 1694. • Ver los Apéndices xm ó xvi. > ' Apéndice xv. —La abuela era Eulalia Dimas, consorte del abuelo paterno , Pedro Esmandia, sastre.— El legado se hizo de 269 lib. 8 sueldos y varias ropas de uso, y con las condiciones que reza el Apéndice. » Todo lo de la abuela (que no legó á sus nietos) lo dejó para su hijo , y de esto,de lo que teniajosé Esmandia — sin duda heredado de su padre — y lo que era dote de su esposa y adquisición suya se repartió entre Eulalia y sus hermanos. ' En el pleito Puig contra Riera, etc., pueden verse las deudas que iba contrayendo la familia Asmandia (ó Esmandia) durante la Guerra, por cartas que obran en el pleito y que se indican en el Apéndice xi. — También en la libreta citada en la nota 4, pág. 61, Cap. 11 puede verse el pago lento de algunos de aquellos atrasos. VILADOMAT. i53 D. Isidro Esmandia, tio carnal de la esposa, más tarde prior de Escala-Dei', y con los otros hermanos D. Miguel Esmandia, que fué del Consejo Áulico en la ciudad de Viena ^, y D. Diego Esmandia, que por los dias de la guerra vestia el tricornio estudiantil y el manteo eclesiástico, y que hacia el año 43, vuelto á la vida del mundo, se honraba en la villa y Corte donde regía el Rey Felipe, con el cargo de Agetite fiscal del Consejo de Haciendan A su nueva familia sirvió de apoyo el pintor durante cerca ocho años, desde que falleció el padre '^, en el año 28 , tomando á su amparo el cuidado de las entradas y gasto de la viuda y los hijos, con singular esmero, idoneidad é interés ^; y con todos sus individuos debió vivir en buen trato y en muy cordial armonía, cual se sabe de alguno de ellos ''. Y el enlace de los novios, y el amor de esa familia recibieron su bendición con la nupcial de aquellos, en la parroquial iglesia de Santa María del P i n o , donde más de treinta años antes se enterró á Salvador, y un año después que Antonio á su hermano menor Agustín ^. — Cadena de relaciones, con que forma nuestro espíritu el hilo por que se une esta familia de artistas y con que revive el trato y se animan las costumbres de menestrales sencillos. De Antonio y Eulalia Esmandia vino á luz el primer fruto antes del 12 Octu- bre de 1721, dia en que fué bautizado en la Seo de la ciudad *, y nació el primer llanto del paternal cariño por la muerte de este hijo — á quien se llamó José — el día 10 de Diciembre del referido año ^. Solo dos meses de gozos y otros dos meses de penas! — cual si el destino del pintor perpetuara el de su padre, á quien en sus amores parece.— En 1725, volvió de nuevo la alegría á animar nuestra familia con el nacimiento y bautizo de una niña del pintor que llevó el nombre de Eulalia ' ° ; pero siete meses después se trocó nuevamente el que fué gozo en • Pleito Puig contra Riera. 2 Llamábase Magdalena una hermana carnal de la novia. — V. Apénd. xv. Ver Apéndice xviii. — D. Miguel Esmandia fué uno de los comisionados ciudadanos que en 1711 pasaron á cumplimentar á la reina Isabel Cristina á Mataró. V. pág. 7 de la Reseña de los festejos hechos á esta desde su partida de Viena. — Figueró 1711. ^ Mismo Apéndice, nota anterior y el xi. * V. Apéndice xiv. 5 Conforme se expresa por la Libreta del pleito Puig, citada en la nota 4 de la pág. 61. Nota i5. ^ Ver Apéndice xviu. ' Apéndice xx. » Apéndice xvir. 'J Id. id. "° Apéndice xvii. 2Q i54 ANTONIO dolor con la pérdida de esta hija ' ; y desde aquel dia en adelante entre flores y mortajas, pasaron con cuatro vastagos, Miguel, Antonio, Teresa y José2, las horas más felices de aquellos honrados consortes, que heredaron de unos padres la pérdida de sus hijos. Solo el último varón sobrevivió á sus hermanos y hasta al autor de sus días 3, y fué el único retoño que cultivó con cuidado, aunque no para gran nombre ^, el pintor de Barcelona. De éste que fué pintor — como en adelante veremos — se ha creido por todo el mundo que nació años antes de aquel en que vino á luz % confundiéndole de este modo con el que fué el primo- génito , y que murió en mantillas ; más los documentos inéditos que narran la historia cierta de los gozos y los duelos del maestro catalán, nos cuentan que se le llamó de pila, Salvador, J o s é , Antonio y Dionisio allá por los 10 de Octubre de 1722 6. La proximidad de enlace y sucesión obligó á Viladomat poco antes de casado á adquirir un rango artístico que le permitiera pintar y atender á su familia sin obstáculos ni privaciones. En aquellos dias históricos de gremios y de cole- gios , de privilegios y ordenanzas, era indispensable al artista , como al simple menestral, el tener algun carácter que le autorizara al trabajo de su oficio ó pro- fesión. Por ello Viladomat que tenia un ejercicio, y compromisos domésticos, que se disponía á sostener con su pincel y su h o n r a , solicitó por entonces un título que no tenia, y del que tal vez se pasara á no esperar obligaciones. Desde el 3o de Marzo de 1688, en que el rey Carlos I I , de inolvidable memo- ria , concedió ciertos derechos, y especiales preeminencias á la cofradía de pin- tores que existia en Cataluña y que convirtió en Colegio ^, era forzoso tener uno ú otro diploma artístico para poder pintar con público asentimiento de los demás pintores; de sus asociaciones gremiales, y de los poderes públicos, y ¿ cómo pudiera explicarse el que durante tantos años — desde 1704 á 1720— ejerciera • Apéndice XVH. ' Id. id. 3 Id. id. '' Id. id. — Véase el Cap. ix. Discípulos de A. Viladomat. s A p é n d . XVII. ' Apénd. XVII. — Hasta sus más próximos parientes equivocaron esta fecha en 1787. —Ver pleito Pufg fol. 18, súplica. ' Ver el ZJi'eííirío inMnicipa/del año 1688. Parte del documento que expresa la organización del nuevo Colegio de pintores está íntegra en un pleito entre el Colegio y Viladomat, de que se hablará más adelante. • Es pleito de 1739. VILADOMAT. i55 nuestro pintor su profesión artística sin dificultad ninguna, á no tener de su parte el azaroso período que terminó con la guerra y que trastornó el Principado; revolviendo sus costumbres, y dando al olvido ciertas prácticas, y numerosas leyes, y á no haber el privilegio de su independencia doméstica y de su estado social? Hasta los comienzos de julio de 1721 i", no solicitó el artista, á pesar de los encargos que continuamente tenia, la posesión de un título que exijía el pri- vilegio del último rey austro-hispano. Entonces pidió y obtuvo el carácter más modesto entre los artistas del tiempo, con el de licenciado pintor , ó de pintor con licencia para ejercer la pintura ^ Instado Carlos II por el gremio de pintores de la ciudad condal, para que le otorgara el carácter que le hablan condonado monarcas antecesores — como Don Fernando el Católico', — de tener las preeminencias de los otros ciudadanos, y un rango preferente al de todo menestral * por el lustre del pintor y lo liberal del a r t e , obtuvieron de aquel monarca ordena7i\as especiales, para que cole- giados , y no agremiados como hasta entonces, ejerciesen la pintura cual requeria su explendor ^. Era á la corte de España, donde tenia tanta estima el arte de Pacheco, Velazquez, Rubens, Murillo y Martínez, á donde se habían dirijido los pintores barceloneses en demanda de estos fueros, y no debían ser mirados como simples artesanos, los que tenían por su arte uno de los alicientes de los descendientes de Austria. Así , pues, en la fecha dicha del año 8 8 , autorizóse el Colegio; y poco después de entonces comenzó la institución. Formaban parte de ella ^, todos aquellos pintores que habiendo estudiado el • Documento xxi del Apéndice.— Ver el pleito del Colegio de pintores contra Viladomat del año 1723. Escribano Gerónimo Sastre y Rovira, ante la Superintendencia General de Cataluña. — Archivo del Real Patrimonio, antiguo estante núra. 4, m. ' Pleito antedicho, fol. 23, gg lo y i5, y Privilegio Cap. último. ^ Ver acerca del privilegio de D. Fernando, Dietario Municipal — iyoS á 1708, Jun. 1707. Documento 40.—Según un pleito seguido en la Intendencia General de Cataluña por A. Viladomat contra el Colegio de pintores en 1739.—archivo del Real Patrimonio , antiguo Estante 2.° 3, A. a.— escribano J Jaime Creus, — la Cofradía de pintores de Barcelona, libre y expontáneamente solicitó ser considerada como Colegio, y los pintores de ella como artistas, fol. 12 bis. % 28. •' Los Cónsules de pintores pasaban á Caberas de Cónsules, por el Colegio. Asi lo expresa uno de los dos pleitos antedichos. ^ Fol. 20 y 21, g 29, pleito 1723. — El de 1739, fol. 12 bis. § 28 hace elogio del arte. — El privilegio de Carlos II dice en su preámbulo: nobilis ministerii el del pintor, tractamentum liberali et non mecanicx. > Ver privilegio; todos los párrafos á excepción del último. Pleito antedicho de 1723, I 14. | ¡56 ANTONIO arte y hecho constante práctica con un maestro colegiado, durante el período de ocho años, siendo seis aprendí^, y dos mancebo pintor i, y que después de este tiempo y de haber dado las pruebas de limpieza de sangre , y haber pagado cien libras, en dos partes por mitad, para los fondos del Colegio, y como derecho de entrada; hubiesen probado de vez con muchísimos ejercicios, que eran aptos para el arte y que podian practicarle de una manera mediana. Constituían los ejercicios, como se lee en un pleito =, y se desprende del privilegio: primeramente en dibujar y bosquejar con lápiz sobre papel y ante cuatro examinadores, dos demostraciones de figuras; cinco imágenes de medio cuerpo y otras tantas de cuerpo entero , y en responder de repente á cuantas preguntas de arte les diri- jieran aquellos. Luego en inventar y componer un cuadro religioso de tino de los quince misterios de Dios, que debia representar el aspirante, después de tra- zarle en un cartón, en otro lienzo de ocho palmos de alto y dentro el plazo de dos meses. Y últimamente en bosquejar y dibujar en la casa misma del cónsul gefe, y ante dos cónsules, del clavario y cuatro examinadores, otras ocho figuras ó imágenes de cuerpo entero —dos por cada censor—, y en responder de impro- viso á tres ó cuatro nuevas preguntas referentes á la pintura. Y todos esos ensayos artísticos, con que se podia adquirir el título de colegiado tenían por censores fiscales y jueces definitivos la mayoría del Colegio, que con su voto numérico podia recibir ó no aprobar al artista censurado. Prolijos y harto largos trámites, con que se lograba el título de perito pintor, aunque escasas veces su mérito; con que demostraba un artista sus dotes y conocimientos en la práctica de pintar y en la especulativa del arte^, como.entonces se decia, en el arte de la Gra- fidia +, perspectiva y dibujo, y demás artes que componian el de la pintura á fresco, y en el manejo del pincel y de los colores y medios que á la sazón se empleaban 5, y con que hubieran brillado en otras épocas y escuelas los maestros colegiados. Pero al lado de estos maestros, que eran los de más rango y en la ciudad los más vulgares, con todo y su asociación, sus exámenes y sus títulos, permitían ' Esto dijimos ya en el Cap. ii, pág. 6o, nota 3 y pág. 6 i , nota i, ' Pleito citado 1723, fol. 10, % 14. 5 Pleito de 1723, fol. 19, ^ 23. * Pleito id. id. 5 Los actos que preparaban para obtener el titulo de Maestro Colegiado, como la enseñanza toda del pintor de entonces, constaba de las partes llamadas práctica y especulativa, es decir, ejercicios y nociones técnicas del arte del pintor. Pleito de 1723 g i.°, fól. i5. VILADOMAT. 157 las ordenanzas el ejercicio de la pintura con igual lustre y fama — si los otorgaba el talento — estando en un grado inferior á los pintores de nombre , y llamán- dose modestamente con el título de mancebo, ó el de pintor licenciado '. Era esta autorización de todo punto forzosa para practicar la pintura, y per- mitir á extrangeros su liberal ejercicio -, sin desdoro de la historia de la pintura española, y de los que en el reino legislaban en materias de arte; y un medio de dar á este y á los artistas nacionales la acción de una independencia que merecía todo ingenio por el título de tal % tuviera ó no tuviese origen alguno ilustre, ó recursos pecuniarios. Daba, en fin,á comprender que quería encaminarse á otorgar su acción propia al arte — suelta y sin traba alguna —, sin dejar de tran- sigir con el antiguo espíritu, espíritu provincial y aspiración de los gremios, que no le daban más vuelo que el de una estrecha ordenanza, y con el moderno espí- ritu — por lo que hacia al Principado — aunque ya viejo en España por el ejem- plo de Italia , que no le ponia más trabas que las de la moral católica, y que le daba hermosas alas y vuelo el más sublimado; y concillaba á la par las glorias del individuo y de antiguo nacionales, con la tradicional costumbre y las insti- tuciones públicas, que asentaban su existencia en la agrupación social y pública agremiación. Obteníase aquel título de pintor licenciado con solo sufrir los exá- menes que de común acordaran los Cónsules Colegiados, y pagar leve derecho de diez libras catalanas á la casa del Colegio por coste de la licencia, y seis libras cada año para subvenir á los gastos de la institución de pintores *. Y así se encon- traban libres de la acción de los maestros estos artistas sin rango, y libres de las trabas de un cuerpo — del que eran independientes — y que imponía muchos cargos y obligaba á tantos gastos sin producir ningún fruto -. Pues bien, como ya dijimos, atento Viladomat á la obligación de un título, y á su modo de vivir, obtuvo en el mes de .Julio del año 21 autorización del Co- ' Pleito de 1723, fo¡. 3, documento de 21 Julio; § 11, fol. 6 ; fol. 22 Documento ; fol. 33, § 10, etc. — Kn 'todas partes se opone el mancebo al pintor, y el licenciado pintor al pintor colegiado , puesto que la licen- cia no era mas que la continuación de la calidad de mancebo pintor con permiso para ejercer la pintura. La maestría, ó el carácter de colegiado, era tenido como un cambio de rango. ' Privilegio dicho capi-tulo último, y pleito de 1723 , fol. 10, g i5. 2 Ver la importancia que se da á los artistas en el Privilegio, y laque se dá por Viladomat, ó su defensor, en el pleito de 1723, fol. 21, g 29. ' Cap. último del privilegio ; Apéndice xii. — Varios pasages del pleito de 1723. •• Asi lo dijo Viladomat en el pleito de 1739, fol. 12, g 26. i58 ANTONIO legió para presentarse á examen como simple licenciado , conforme á las condi- ciones del último de los capítulos del privilegio antedicho; y en 3i de Julio del referido año se le otorgó su licencia por el cónsul Juan Sans con pactos y condi- ciones que autorizó un n o t a r i o ' . Dejó á otros las preeminencias, el título, los honores, de formar asociación , y se contentó con sus dotes y la obligación for- zosa de ser un simple vecino ^ de su ciudad nativa, tratado como mancebo, ó como jóve pintor ^, que no tuviera más trabas que las de pagar su entrada y las seis libras anuas al Colegio de pintores. Era que su alto ingenio y su recto buen sen- tido protestaba por el arte de lo inútil de este cuerpo; y lo que más tarde dijo, que la elevación del arte podia existir por sí sola sin privilegios ni títulos. Era que, convencido de su mérito y valer, preferia pasar por mozo ante el cuerpo de pintores ¡ y era ya adulto en pintar ! á perder su autonomía, y á apagar las ilusiones en que vivian los maesti~os á costa de su trabajo. E r a , en fin, con ese acto el campeen robusto de ciertas nuevas ideas*, que prohija siempre el genio, y que debian batir en brecha, y las batió más después, á las que hacían del pin- tar un artesano de rango: y á ello iba paso á paso aquel reputado artista que solo alcanzó ser mancebo ^. Presentóse antes á examen, y se entregó á los censores q u e , podían ser sus discípulos 6; pintó un cuadro importante de la Divina Virgen con su hijo en el regado, de seis palmos de alto y cinco palmos de ancho; hizo la entera obra á la vista de los cónsules; probó de vez con su mérito ser apto é idóneo en pintar; pagó desde luego á Juan Sans las tasas y los derechos ^, y pudo en lo porvenir, con autorización del Colegio , que antes deliberó *, pintar de su mano y cuenta^. • Documento xxi, del Apéndice ; el del fol. 5." del Pleito de 1723, § § i." y 2.° — Cuando se dio la licen- cia á Viladomat se hizo pública ( pleito de lySq, fol. 6, § 7.) - En el pleito de 1739, Viladomat dice (fol. 16, § 41) que era «miembro é individuo de otro de los barrios de la ciudad. » Independiente por ello del Colegio, que solo le reconocia como acreedor á 6 libras sueldos. ' Asi firmó Viladomat en un documento del pleito de 1723. Fol. 35. — Asi se le llama en su título de licenciatura. Apéndice xxi: Juveni pictori. * Nuevas para el tiempo. '•• Pleito de 1739, fol. 3. ^ Discípulos por el mérito. ' Apéndice, Documento xxi, pleito de 1723, fol. 5, entero. ' Pleito de 1723, fol. 33, §10.—En 13 de Julio 1721, según la licencia. 9 Pleito año 23, fol. 5, g J 3 á 5 inclusives. VILADOMAT. iSg Solo le forzó su licencia á una condición indigna del mérito de sus obras: la de adquirir el carácter de maestro colegiado desde el dia en que cesara de imperar aquel capítulo de las nuevas ordenanzas , que autorizaba al pintor el título de li- cenciado I. Ruindad propia de unos hombres que de seguro miraban en el maes- tro y modelo de la escuela Catalana un enemigo temible y en sus grandes cuali- dades, que llamaron ¿e«emér/í£Z5 ^, motivos de alguna envidia: —que siempre choca el talento con la pequenez grosera. Desde que adquirió la licencia Antonio Viladomat, ejerció públicamente su profesión distinguida; abrió tienda de su arte ^ sin el rótulo del oficio, ni la seña de pintor que entonces era costumbre *; pintó á sus anchas en ella, y tomó sobre su fama, como en anteriores tiempos, cuantos encargos le hacian sus numerosos clientes y sus justos apreciadores, teniendo sus ayudantes y discípulos despa- chados que así trabajaban á sueldo, como con él en familia ' : y con esto y con ser muy práctico en figurar perspectivas por el procedimiento á fresco y tener tan buen pincel, como sus envidiadores afirman; pintó desde aquel tiempo, y obtuvo mejor peculio — p o r confesión de los cónsules— que seis colegiados juntos^. — Por donde se vé que era al mérito y no á diploma alguno á lo que atendían los profanos. — Emprendió en su taller todo género de o b r a s , pintando á la par para el culto y la piedad ciudadana los más peregrinos lienzos, y para el lujo y fausto los más variados ornatos, así de objetos muebles como de decoraciones fijas, y entre ellos ricas camas con florones y ornamentos, esmaltados de hojas de oro, y en que se veian niños ángeles jugueteando 'entre el ornato, ó en torno de cu- riosas escenas — bellísimas algunas veces y de la moral más pura — apropiadas ^ » Véase la Licencia, Apéndice xxi, licencia del pleito del 2 3, folios 8 y 9. — Viladomat hace mención de esto en el pleito de lySg, fol. 6, y lo retrae como motivo de odiosidad. ^ Apéndice xxi. 3 Pleito de 1723, fol. 5 , § 4 . — Pleito de 1739, fols. i y i5 § 37. — Abrió su tienda en 1722, según el par. 4.° del pleito 1723. • Pleito de 1739, fol. i 5 , 1 37, dice que jamás le tuvo en la puerta. * '•> En el pleito de 1739, fol. 14, g 33, dice Viladomat, que siempre tuvo ayudantes, si les necesitó, y al- gunos comiendo en su mesa, y durmiendo y viviendo por mucho tiempo en su misma casa, como Marco Duraele y Antonio Bordons que lo eran suyos mucho antes de 1739. ^ Pleito de 1723, fól. 6, g g 5, 6 y 7. — Lo dicen los mismos Cónsules. — Viladomat lo niega más ade- lante fol. 2t, g g 3o y 3i ; pero lo confirma en el pleito de 1739, fol. i5, I "i-. i6o ANTONIO al objeto, como el suéíio de San José ', ó los célicos amores de la Familia Sacra ^-. Más poco después de esos años, y en 1723 , cupo al Colegio la duda del carác- ter que tenia el pintor de quien se trata, sirviéndole de buscapié un vulgarísimo hecho. Tratábase de exijir á nuestro Viladomat, como á los demás vecinos domi- ciliados en la ciudad, una imposición del tiempo, dicha contribución de uten- silios 3, con que proveía al ejército de los medios de alojamiento. Impüsosele con este objeto por el gremio de pintores, cual si fuera colegiado, una tasa muy cre- cida que le exijió la Real Hacienda, como de pago forzoso. Rehusó admitirla el artista, negando al catastro público las gavelas de maestro. Reclamó de la Inten- dencia el competente fallo acerca de su carácter, y entró en pleito con los cón- sules ^. Púsose en lucha con ellos, y defendió por igual su particular derecho, y el de todo pintor que se encontrara en su caso, — y solo existia otro licenciado ignoto llamado Bautista Soler ^ —; y levantando más alto el imperio de sus jui- cios , probó con razones graves la vulgaridad de aquellos que degradaban el arte y le confundían de vez con otros objetos públicos. Probó también con buen jui- cio , la ignorancia de los peritos que no sabian distinguir el objeto administrativo y algunas veces político, de las asociaciones públicas de los medios de sublimar las condiciones del arte, y como por la fantasía de un título querían realzar la pintura con exámenes y diplomas. — Negó de manera rotunda, y contra el decir de los Cónsules, que tuviera cosa comiin con el Colegio de pintores ^ ni con 7iin- gimo de sus individuos, pues no go:{aba el honor, ni podia pretender el grado, ni preeminencias que daban los privilegios, ni el tener oficio alguno, ni ejercer cargo público por elección de aquel cuerpo^. Negó de vez que pintara y obtu- viera mayor lucro, que juntos seis colegiados, á no juzgar á estos mancos , pere- zosos ó inhábiles en sus prácticas artísticas — lo que no era creíble por sus pomposos exámenes de que se hacian lengua los síndicos^ — ; y así ponia en ' Propiedad del autor de este libro. Tiene dos ángeles agraciados que recuerdan la Escuela de Murillo. Sus dorados podrían ser de Agustín Viladomat, hermano de Antonio. — El grupo del Siíeño de San José recuerda los cuadros D, v. vui y xvii., aunque poco hábilmente pintado. El conjunto es de buen efecto. ^ Catalogado como cuadro en nuestro Catálogo, pues lo parece.— Ver D. xxv. 3 Pleito de 1723 , fol. 23, dice: Real Contribución de utensilios, para proveer el servicio de camas, acei- tes y bujías para los cuarteles, con otras reales servidumbres, fol. 7. * En esto se funda el pleito de 1723 y su defensa por las partes litigantes. Véase in extenso. • * Pleito antedicho, fols. 7 y 17, § 12. 6 Pleito id., I g I y 2, fol. 16. • Id. id. — Fóls. 20 y 21, g g 29 á 3 i . < VILADOMAT. i6i ridículo la fatuidad de unos hombres incapaces de ser artistas, y sus ejercicios de prueba de que nacian tantos ineptos. Negó que fuera la licencia obstáculo para adquirir el título de maestro, y la destrucción del Colegio — cosas que debia creer por más que de vez las negara — , pues con satírico espíritu decia impor- tante honra la de aspirar á un rango, que por ser tan honorífico debia traer gran provecho '; y aquí zahiere de nuevo al lustre de la maestría. Y dio también por probado que mientras solo dos pintores, — Viladomat y Soler — hablan tomado licencia, otros seis pintores mozos, y todos ellos vulgares, hablan querido y lo- grado un rango muy superior con diploma de colegiados ^. Empero volviendo después por los títulos del arte, dijo con más sincero modo y su buen sentido práctico, que el examen con que se conferian los honores de maestro se diferenciaban solo de los del simple licenciado, en ser mas bien ceremonia que necesidad del arte 3, pues solo podian añadir la perfección del estado no de la profesión *, ni la destreza de su ejercicio, ya que bastaba una obra para poder probar el mérito de un pintor, pues ella demuestra el artejo la pericie del artífice ^; añadiendo á estos asertos, que partían de su espíritu aun- que no los redactara, que para ser peritísimo en el arte de pintar no era preciso entonces, ni lo fué en tiempo alguno el carácter de colegiado, ni el tener requi- sitos para merecer este nombre, ni el estar examinado, ni por aprendiz y man- cebo — por más que á la sazón se exijiera para variar de rango — , sino que era forzoso poseer^ewí'o ó talento, inclinación j ' aplicación, cual demostróla expe- riencia en los reinos en que floreció el arte de la pintura y brillaron sus profeso- res , y en los que nunca se habló ni se hubieron conocido Colegios ni colegiados, ni aprendizajes con estos, ni exámenes ni privativas ^. Ideas de envidiable mérito, para el tiempo en que brotaban, y que revelan gran talento y la genial intuición de Antonio Viladomat; el fruto de sus experiencias y propias meditaciones, y las ideas extrangeras que crecieron en su espíritu, á la vez que un nuevo paso, y paso de trascendencia, por libertar la pintura de la prosa y vulgarismo de adocenados • Fol. 17, g g 9, 12 y i3. —Pleito id. (1723.) » Fol. 17, g 12. Los pintores colegiados á quienes se alude eran Juan Grau , Juan Porcell, Melchor No- gués, Jacinto Font, José Ribas y Joaquín Feu. — Nadie sabe quien eran. 3 Fol. 19, i 23. * Fol. 20, § 25. * Fol. 19,1 23. ' Id. id. — g 24. i62 ANTONIO pinceles, y otorgarle libertad, que en todo tiempo mantuvo en el resto de la pe- nínsula ; é ideas, q u e , siendo aceptadas por la autoridad política trascendían á la social, é iban dejando huellas, y sentando precedentes en que se apoyaron más tarde otros pintores de nota para ejercer sin diploma. — Venció , pues, Vilado- mat en este litigio artístico de aspecto administrativo, y al vencer á los maes- tros ', llevó consigo la fama de pintor independiente , y la de ser el precursor que inició la libertad de la escuela catalana, que en esos añejos dias se la debió por entero ^. Don envidiable del genio que abrió paso al buen talento , y á lo bello y sublimado. Por estos mismos dias en que tal decidor y maestro probaba su personalidad de tan notable manera, practicaba de vez su arte con superior explendor, em- pleando por lo común su estilo florido ó brillante en obras de mucha estima. Debió acontecer sin duda , cuando tan constantemente aplicaba el nuevo estilo, que se aficionara el pintor por la magia de los colores de algunos importantes cuadros de países extrangeros, como las de algun Procacini que existían en Bar- celona , ó de varios lienzos nacionales, que cual los de Fray Joaquín Juncosa, Altissen, Cuquet ó Guirró ^, debió de admirar en los conventos. Y se presiente también que comprendiera el gran éxito que podían proporcionarle las brillantes armonías , por los buenos resultados que en numerosas obras había obtenido ya. Y era también indudable que este gusto del pintor le había dado horizontes nuevos y ocasión de algunos plácemes. O acaso influían á la par la ansiada y grata paz que gozaba Cataluña, la que con su vivo contraste con los tétricos y sombríos colores de los anteriores años, le disponían en espíritu á sentir y sabo- rear delicadas armonías; ó acaso el haber logrado sentir más pr6xímos y más frecuentes por aquel sosiego público el deleite y los encantos que brindaba la campiña, ó los cambios de estado y familia que visten con colores gayos la fan- tasía movible de todo novel esposo; y con otras circunstancias, ya dichas ante- riormente '*, y algunas de menor talla, podrían influir también los nuevos medios ' En el folia 34 del pleito (1723) hay la renuncia de los Consulesa la instancia en 27 Julio 1724, des- pués de la condena que eximió al pintor de pagar la imposición, etc. Está fechada en 16 de Julio 1724)' dada la sentencia en la Intendencia General de Cataluña, por D. Joseph Francisco de Alós y Rius. •' Hay que tener en cuenta que Viladomat era el primero y el único pintor que se defendía de tal ma- nera. Según el pleito dicho, de i73g, fol. i 3 , % 29, de 1688 á 1721 , esto es en 23 años, no hubo ningún licenciado, y todos fueron Colegiados, á excepción de Viladomat y Soler. ' Ver nota i de la pág. !5o y la conclusión del Cap. ir. * Cap. V, pág. 152. ? VILADOMAT. i63 del pintor, y las materias coloi'antes variadas, brillantes y ricas, que al tranquilo principado traia de nuevo el comercio. Era después de los treinta años de nuestro juicioso artista. Cruzaba entonces el período de viva y sólida imaginación y de sensibilidad vigorosa; habia pasado ya el de las frecuentes alboradas, fosforentes y pasageras que en gracia de la embriaguez que suelen llevar consigo son tan briosas como inconstantes y de vaga é indefinida poesía, á la par que poco asentada y seria ; más no el de aque- lla sensibilidad fina y robusta , que suele dar siempre un cuerpo ideal á las emo- ciones del alma. Estaba en el tiempo mejor para sentirse restaurado con las • mudanzas que encontraban; para hacerlas parte de sí propio y presentarlas realizadas en sus composiciones de entonces, que unieran pensamientos de estima á un colorido armonioso y rico, variado y explendente. Su temple siempre sen- sible y siempre ávido de poesía debió hallarla sin segunda en los acordes del color y en la magia de sus efectos, y es muy de razón que la empleara en sus hermosos partos; más ¡ qué sostenida y profunda debió de ser la impresión que cruzó sus simpatías, en él tan reflexivo y á la vez poco variable, para cambiar por entero el curso de sus estilos que por tanto tiempo habia tomado y que en tan numerosos lienzos habia logrado seguir ! Fijándonos en los cuadros que tales mudanzas ofrecen, hallamos como á más antiguos dos lienzos de la Adoración de los Magos y de La disputa con ¡os Doctores ', que son dos piezas de transición, en que á vueltas de muchas bellezas de concepto y de forma, y de cierta majestad solemne, que raya aveces en frial- dad, hay recuerdos más antiguos que aproximan estas obras á la Vida de Tobías-. Y, como cuadro de estilo intermedio y de notables elementos, merece aquí un recuerdo otro Sueño de San José i, de concepto é impresiones totalmente distintas de las que en otros lienzos de igual asunto dejamos hecho mérito, y donde aparte de rasgos vulgares del ángel inspirador, y de retoques inhábiles hay notabilísimo estudio en la figura del santo y en especial en su cabeza. Pero se modificó después para seguir caminando por la senda que acababa de elegir con otras de sus producciones de un carácter menos complexo, y más en orden al gusto brillante que al severo; dando por resultado en esta marcha ascen- ' Ver Catál.; D, xviii, 3 y 4. ' Citada Cap. ant. pág. 145 : Belen A. 11. 7-9. ' Cuadro D, xxi, 2. Véase ¡a fotografía. i64 ANTONIO dente, obras de mérito tan visible como otra Santa Isabel dando limosna á unos pobres '; Santa Catalina de Sena disputando con los falsos doctores =; y la Vir- gen María conocida por la Virgen de la leche ^, donde la belleza y armonía del colorido, el mucho efecto y la soltura del pincel departen su importancia con lo brillante, dorado y fresco, y de vez en cuando frió , tinte , de un gusto noble y lleno de encantadora economía '^. Posáronse mas tarde sus aspiraciones pictóricas en otro lugar mas alto, y pro- dujeron la hermosa Circuncisión del Divino Niño Dios ^ En ella estuvo el pin- tor feliz intérprete de la alteza del asunto. Derramó vigor en todas partes; encen- dida brillantez de luz en el inocente n i ñ o , y en la mano de uno de los oficiantes; riqueza sin deslumbre, pero regia en los sumo Sacerdotes; tinte melancólico en Maria y en su esposo ingenuo ; fuego indeciso por la novedad y el movimiento en los espectadores del fondo: todo con un acierto, parsimonia, brillantez y ma- gestad, que encantan y entretienen la mirada con amable y constante impresión. — En parte ninguna del cuadro brilla el o r o , y sin embargo ¡ qué magnífica riqueza nos atrae ! — ; en parte ninguna lucen blancos, ni amarillos, ni azules luminosos, y sin embargo ¡qué brillo de luz le e s m a l t a ! — ; en parte ninguna hay numerosos y variados colores y tintas de apiñados personajes que demues- tren lo imponente y hermoso del concurso que debia presenciar la Circuncisión del Verbo , y sin embargo ¡ qué llenos, animados y explendentes están los ám- bitos del edificio en que tiene lugar la ceremonia ! — Al ver tan importante obra ocurre decir á seguida, que si hubiese vivido su autor en Venècia creeríamos que habia tomado de ella la riqueza, el fausto y el aparato de sus trajes , y si visto á Ticiano ó al Veronés, que habia hurtado á la paleta de ambos, las tintas cálidas y armoniosas, los tonos indecisos salpicados de cambiantes, la grandio- sidad de los efectos y la soltura y donaire italianos de su pincel. Hay que ver este cuadro para medir la altura á que podia llegar ya entonces Viladomat, cuando • C. II. 2. del Catál. razón. ' C. IV. 2.: Catálog. 3 Catál. D. IV., y xxi. i. ' Algunos dicen dudoso uno de eslos cuadritos. Nosotros le creemos de Viladomat á pesar de lo vulgar.— El Museo Universal (de Madrid ) le dio en copia con un artículo de Fustagueras y Fuster. — i5 Jun. i858 pág. 8 i . Y el Sr. D. Félix de Pastor, tiene otro ejemplar del mismo cuadro D. xxi. i, en que pueden apre- ciarse menos las cualidades del pintor , por el mal estado en que se halla, pero que revela de modo visible los caracteres de Viladomat en estos tiempos. =• C. IV., 3. —Catálogo. VILADOMAT. i65 quería pintar el explendor magnífico, grande ó severo de las ceremonias del culto, y al Cristo del Evangelio entre los iniciados de la antigua Ley. Para^no marcar más gradaciones, difíciles de fijar, parémonos, como en la verdadera cima de su estilo de que tratamos, en los lienzos de Santa María del Mar , y en la mejor de sus Sacra-familia '. Son los dos más visibles de aquel templo — ya que los otros dos apenas se distinguen ^ — minero abundantísimo de tonos y colores escojidos; de tintas y matices variados ; de armonías brillantes y delicadas; de efectos mágicos y gran- diosos que ensanchan la escena y rayan en lo fantástico; de fondos llenos de novedad y acento melancólico; de carnaciones múltiples, que recorren en las mujeres desde el blanco señoril y sonrosado, hasta el moreno delicado de la huerta de Valencia, y en los hombres los más diversos vigores desde el cárdeno y amoratado hasta el rojo y más curtido de los marineros y gente ruda; de eje- cución sentida y encariñada que descubre entre dulzuras italianas y rafaelescas el alma inspirada y henchida de paciente amor por la pintura; dos cuadros de color, en fin , de la vida del divino Maestro, La Huida á Egipto ^ ,Y La Calle de Atnargura'^, convertidos en dos idilios encantadores que aprisionan el pecho de quien los mira: selectos conjuntos de color y sentimiento entre los mejores que en aquellos tiempos produjo, donde no se atina que preferir , si los encantos de las tintas con mucho gusto elegidas, ó lo selecto de sus varias partes pintadas con fina maestría. Y la Sacra familia ^ á que aludimos es un simpático cuadro del mas fresco y vigoroso dorado que dejó Viladomat, cuya Virgen María, de tinte frió y peregrino está pintada con angelical suavidad; el bendito José con carnación soleada, más no curtida , el divino Niño con el frescor y pastosidad de una manzana sin man- cha , y el rubicundo tinte del mas hermoso recien nacido; los dos angelitos que le adoran con las cálidas sombras y oscuros del pintor Veneciano de Carlos V, y el conjunto con un nervio y suavidad , un cariño , un acierto de tonos y matices. ' Catálogo A. III. 1-4 y C. III, 4 . 2 Esto lo escribíamos antes de restaurarse los cuatro lienzos del trascoro de Santa María del Mar. Hoy restaurados se ven los cuatro , y , á pesar de lo tosco de la restauración , merecen elogios por igual. ' Este cuadro es el mas apreciado y mejor conservado de los dos. A. iii, i. ' Horriblemente embadurnado. ¡Cuándo se prohibirá el restaurar!... —Catálogo A. i n , 2.—Véase nuestra Fotografía. '•• Reproducida en nuestra Fotografía SACRA FAMILIA. — De D. Baudilio Carreras y Xuriach. i66 ANTONIO una grandiosidad solemne de efecto, contrastes 3^ esbatimentes; una económica riqueza; una armonía y delicadez magisteriosas, dignas por cierto de la más ideal y pura de las familias. Sus personajes parecen respirar ai tibio y si^ve am- biente de una frondosa arboleda, y vivir una existencia plena de vida sana, sin zozobra ni aguijones. En ellos hay algo de cariño platónico, popular exquisito y de evangélico candor á la p a r ; y forman juntos y sin disputa, la composición popular de mas deliciosos y espirituales ritmos y armonías que haya podido dejar en Cataluña el gusto religioso de este género poético. Así brillaba el pintor en el curso de tales tiempos. De ellos puede decirse que fueron su ciclo florido , ó su primavera estética; y por lo que toca á sus obras, que han de ser las más simpáticas, aunque no sean las mejores, que hizo en el curso de su vida. ¡ Cuántas de las que aun nos quedan pasaron por las mas be- llas para Cean y otros autores, y serán en adelante admiradas por algunos como el fruto más maduro de su ingenio y su pincel! — Cabe citar entre estas los lienzos de Mataró: y ¡ cuanto no se han elogiado por nuestros mejores biógrafos ! Mas dista mucho por cierto de tocar en lo acertado lo que de ellos se ha escrito. Forman importante obra de mas de treinta y nueve piezas — excepción hecha en ellas de las pinturas á fresco — ; ocupan varios altares de la iglesia parroquial, la Capilla de los Dolores y el camarín de la Virgen, qué abre á espaldas de la imagen adorada en la Capilla, y son un fruto precioso, por el aliento y empuje que revelan en su autor '. Demuestran el atrevimiento artístico y la actividad histórica que en tales dias desplegaba, y la justa é importante boga de que go- zaba su pincel. Son además una prueba de que hallaba en sus discípulos y ayu- dantes en pintar elementos estimables para empresas de gran m o n t a , y de que eran justas las notas con que habia calificado el Colegio de pintores su mérito é idoneidad. ' Por lo que toca á los cuadros de diferentes altares son de verdadera estima, un grupo de San Antonio con el divino Niño, y la Virgen amadora Santa Te- resa de Jesiís; un medallón de San Bruno y otro del padre jesuíta San Francisco Javier por su dulzura y sentimiento y sublimidad de expresión, á la par que en otras partes de ejecución material, entre las que podemos mentar la suavidad de color, el gusto de composición y su invención y dibujo, y cuadros que estaban rodeados de perspectivas á fresco, con columnas y entablamentos, angelitos y » Catálogo : B. iii. —Todos los números. VILADOMAT. 167 guirnaldas. Puede figurar con estas, por su grandioso conjunto , un lienzo de la Lapi¿aciori del diácono San Esteban, que está dado al olvido por descuido la- mentable. Y con menos importantes méritos figuran allí una Concepción que sirve de velo á la imagen de la Virgen de este nombre, y un Coraron flameante del altar del Sacramento. La capilla antes mentada de la Madre Dolorosa, es una espaciosa nave de arquitectura moderna y varias pinturas murales — una y otras sencillas— donde figura un Via-Crucis, digno de aprecio y estudio, que ocupa á trechos los mu- ros , el retablo y otras partes de la notable capilla, y donde se adoran y admiran sobre la mesa del altar dos hermosos medallones de San Felipe Benicio y del monge San Francisco, y ante el nicho de la Virgen, un lienzo de la Piedad^ con que se cubre á la vista la imagen de escultura. — Era tan importante obra de 1730 según tradición vulgar, ó de pocos años antes, á lo que cabe creer por la lectura de una inscripción trazada por Viladomat en el retrato que hizo de un obrero protector de la expresada capilla, el Reverendo procurador D. Sal- vador Porcell, que falleció por Agosto de 1727. Y cuando cupiera duda de la çoetaneidad de esta fecha con sus estimables lienzos lo dirian de otros modos , las formas, el gusto y el color de las obras del recinto. ; Serian también de este tiempo los lienzos de las capillas ? — Cabe imaginar que sí. Eran de vez de esta fecha los cuadros del camarín, ó cámara de la Virgen, por donde se entra á adorarla entre grandiosas figuras d e / o s czííz/ro Evangelistas; á^ magistrales Apóstoles, clásicos y severos, y de ángeles y Discípidos que acompañan á María en sus sublimes dolores y en su purísima imagen de la Madre Inmaculada, con que está representada en el techo de la estancia. Y antes de entrar en la nave que pobló Viladomat, vése sobre la puerta que abre paso á este santuario á la Madre dolo- rida, que anuncia con su figura el lugar á que se llega, y que forma, por decirlo así, la portada, y á la vez la introducción del libro de sus dolores, que trazó nuestro pintor. Y allí se adora á la Virgen entre primores del arte. La Madre Dolorosa henchida de sublime pena, es un brillante y armonioso lienzo con el busto de su efigie, rodeado de un marco á fresco con guirnaldas y angelitos que sostienen una leyenda — los mejores compañeros de la mas alta inocencia, y de la mas bella pureza — que hacen muy ideal la poesía de sus lágrimas. Los dos óvalos del altar son dos piezas primorosas para mirar de cerca, y dos joyas de un colorista y de un pintor de noble alma, que dápositó en ellas con ejecución limada y una expresión vivísima, sus mejores calidades. i68 ANTONIO La colección del Via-Crucis son diez y seis diversos lienzos, ocho de ellos pe- queños formando otros tantos óvalos, con bustos y figuras enteras, y á manera de bocetos, ó impresiones de concepto, graciosos é improvisados, atractivos ó peregrinos, para mirar de lejos, donde lucen hermosas tintas , picantes y mar- cados efectos y magistral soltura, para interesar por manchas y bosquejos des- pachados , que debió pintar su autor en unas breves sesiones, y que debió consi- derar como un recreo de su espíritu; y los restantes ocho son aquellos vastos cuadros de dieu *^^^ P^^^ ^^ ^^^^ P^"^ otros die^ pies de ancho, y dos óvalos menos latos de figuras incompletas que recordó Cean Bermúdez, como de lo mejor que pintó, tn los que descubre el crítico un bello esfuerzo de la razón servido por la fantasía, con muchos chispazos poéticos, animados y vivientes, y cuadros de hermosos fragmentos, interesantes muchos, llenos de poesía viril otros, de dramáticos conceptos y grupos de movimiento , de efectos y aparato, aunque todos naturales, realzados por perspectivas y panorámicos fondos, y en que se ven ante todo marcado sabor escénico, algunos puntos barrocos , aspira- ción á lo grandioso y alguna vez afectado, y el deseo de impresionar con la eje- cución valiente , la disposición teatral, el claro-oscuro marcado y ciertos rasgos brillantes de escenográfico gusto. Distan de ser por lo tanto, por más que impon- gan y agraden , del mérito que les concede el biógrafo andaluz. Descubren tam- bién que su autor se impresionó ante esta empresa de manera muy distinta de lo que habia hecho hasta entonces, y que así el grandor de los lienzos, como el rango de los asuntos, el querer estar patético, trágico y dramático á un tiempo y copista en algun m o d o , de otros cuadros de algun nombre, le hicieron buscar en los suyos lo grandioso y afectado mas bien que lo elocuente y sentido; lo pen- sado y lo retórico antes que lo expontáneo y poético. Obtuvo su objeto con ello, pues no descuidó ningún punto, ni suprimió detalle alguno que pudiera condu- cirle á impresionar al vulgo , origen de estas pinturas, llegando por tales vias á hacer la imagen del Cristo una material figura brutalmente llevada con la tortura y el castigo al criminal suplicio; pero olvidó su poesía vulgarizando la imagen divina que brotó del Evangelio. Que de eso solo gustaban entonces y contritos adoraban en la vida del Hombre-Dios, y en el Camino de Cruces, los curtidos sentimientos y la piedad del pueblo. No e r a , pues, Viladomat, como de común le hallamos quien nos pintó los lienzos, sino el pintor impelido por diversas eircunstancias á vestir sus cualidades de atenciones é impresiones extrañas y del momento. El grupo de La Piedad que cubre la de escultura adorada en la capi- VILADOMAT. 169 lla, es un cuadro de vastas formas y proporciones gigantescas, que reproduce en pintura con escultural conjunto y estilo suelto y grandioso y notable buen gusto, el otro grupo que vela, y son los anchos trazados de los muros de la es- tancia lijeros conceptos á bistre , ó á simple claro-oscuro, mejor que pinturas murales y donde se descubre el deseo de ornamentar el recinto y completar la fasta obr%, sin distraer la atención de los lienzos antes juzgados. Más, la unidad del conjunto y la decoración en detalle, son sin la más leve duda, dignos de aquel célebre autor, que con tan variadas piezas en el estilo y formas, supo hasta simular dones del genio con solo recurrir al talento. Faltan recordar por último los cuadros del camarín , que tapizan el ochavado en la extensión de sus f r ^ o s , y que son lo mejor sin duda de cuanto dejó en la iglesia, pues sus Evangelistas y Apóstoles inventados con grandeza, concebidos con poesía, pintados con donosura , naturales y animados de sentimientos muy íntimos y de expresiones marcadas, varoniles por sus formas , vigorosos por su color, cálido y rubicundo, magestuosos en su actitud, distribuidos con arte y agrupados con acierto y comprensión de su historia, y formando todos ellos figuras muy meditadas por su expresión y carácter y un conjunto muy completo, que parece producido sin vacilación ninguna éh un solo esfuerzo de espíritu, y un mismo empastar del pincel — tan intensa es su unidad — , son obras de mu- cha talla, y con razón los guardianes de la sagrada estancia; y en compañía de los ángeles que agasajan á la Virgen , los severos compañeros de la Madre Dolo- rida , que recuerdan y meditan sus momentos de dolor. Campean sobre ellos en el techo, de once compartimentos, la Purísima Inmaculada, que la Trinidad corona, y que alaban y suspenden un coro de hermosos ángeles músicos y can- tores , que parecen compañeros de los que más de cuatro lustros antes trazaba la misma mano en los frescos de una bóveda de la ciudad c o n d a l ' : composición inventada por nuestro diestro pintor, pero que fué colorida por otro pincel más vivo, inarmónico y chillón. En torno de esta grandiosa empresa, cuya bien eslabonada cadena de asuntos, tanta elevación de espíritu revela, agrúpanse numerosas obras, que ora demues- tran la actividad incansable, ora la fecundidad inventiva, ora la facilidad de pro- ducir ; ya la práctica de la pintura, ya las ascendentes vias porque adelantaba ' Bóveda de la capilla de la Convalecencia de Barcelona. — Ver págs. 74 y siguientes, y Catálogo Ra:{o- nado A. x, 13-i5. — De los ángeles músicos de Viladomat damos uno al principio de este Capítulo, tomado del álbum de dibujos inéditos de los herederos de D. Juan R. Campaner.—Otros reproducimos de litografía. * % * lyo ANTONIO Viladomat, agrúpanse, decimos, otros muchos cuadros y colecciones de ellos de mayor ó menor monta, parte de su ingenio unos, ejecución de sus discípulos ó ayudantes otros, ó producto completo varios de su espíritu y estudios. Están entre los primeros casi todos los lienzos de la capilla del Hospital.de Mataró, y en especial los de San Francisco de Asisj^ San Félix del altar de Santa Filomena; el espacioso de Santa Gertrudis y los de San Lorenzo y Santa Rosa de Lima, que componen otro altar, y en que pinceles poco hábiles y colo- ridos poco simpáticos ó brochas harto atrevidas, prostituyeron los más delicados conceptos con detestables apariencias, y ¡ lástima grande es que uniera á ellos su nombre tal vez para tolerarlo, el mismo Viladomat, convertido muchas veces por su tiempo ó por su clase en mercader de pinturas ! Y corresponden al mismo grupo los dos lienzos de busto en miniatura, de Saii Ramon Nonato y d é l a Adoración de los Reyes, en que la dirección del maestro ' halló ayudantes menos rudos que supieron conservarles; y con estos los otros cuatro que fueron del altar del Sacramento de la Iglesia parroquial ^ (que arrancados de su sitio tie- nen hoy otra morada) donde las cualidades del autor se descubren aun más ocultas por obra de otros pintores. Cuéntase más ó menos por completo en el número de obras que Viladomat pintaba, dos interesantes medallones de Jesús niño,y de Marta ^ del Claustro de la Catedral de Tarragona , brillantes ambos por su color, y en especial el de la Virgen, sumamente simpático; los dos cuadros de La Visitación y Presenta- ción del tiiño al Templo '*, cuyos lindos bocetos de efectos luminosos, entonación vigorosa y conjunto muy rico, lleno de luz y deslumbre, con el oro, verde, rojo y escarlata, morado y blanco, nos quedan para revelarnos la pompa de sus esce- nas ; la expresiva imagen del angélico Santo Tomás en hábitos de Doctor ^, que á pesar del adelanto que descubre su expresión más parece pertenecer al anterior período que á la agrupación florida; el popular asunto de El arrepentimie?ito de San Pedro, que promedia uno y o t r o ^ , y el precioso Ecce-Homo^, señalada ' B. IV. — I y siguientes. » E. III. ^ B. XI., 1 / 2 . ^ C.V., 3 y 4 . '•• A., V. I. « ' Catálog. C. X. I. Ver la reproducción de este cuadro de D. Felipe J. Sala. • D. XII. — Véase la viñeta al comienzo del Cap. iv. — Es otro de los lienzos que la inhábil mano de los restauradores ha embadurnado. VILADOMAT. joya del arte que nos trae á la memoria por su entonación y sus tintas los cuadros del trascoro de Santa María con su mucho color, sus efectos muy marcados y en algun modo fantásticos, sus fáciles y garbosos toques, y su ejecución deliciosa. Con estas y aquellas obras, méntanse otras muchísimas de relevantes méritos y más adelantado trabajo en que pintó su autor. Aquí viene á cuenta entre ellas otra preciosa joya guardada en las monjas Carmelitas de la ciudad de Barcelona figurando á la Virgen del Carmen sacando las almas del purgatorio •, tesoro de efectos y armonías dulces y de carnaciones tiernas, especialmente en María, y en una de las almas, peregrina doncella puesta aquí por Viladomat para aumen- tar la poesía de la Madre de Dios, con el interés que inspiran las congojas de una criatura de constitución hermosa y débil; lienzo brillante sin brillo ni tonos gayos, por la sola suavidad de los efectos: allí se recuerdan de nuevo la apari- ción de María á San Jaime ^, y los lienzos de la Curación y Exorcisco de Cor- tada personaje de 1690 ^; cuadro el primero de efecto ardiente en el Apóstol que contempla á la Virgen con fuego y embeleso divinos, fresco y sonrosado color en María convertida en varonil matrona romana, sobrio y grandioso en todas % partes y de un sabor clásico en muchas; poéticos y fantásticos los otros dos. donde se pinta con sombría y sentida verdad la patética escena de la prueba del enfermo en medio de su afligida familia, y con relieve dramático que impresiona al fanatizado vulgo, el Exorcismo de Cortada, el paciente demoníaco: en otra parte se encuentra la Fundación de la Orden mercenaria *, obra despachada de primera, que prueba por sí sola cuan hábil era su autor en manejar las brochas con facilidad y desenfado — que brochas y no pinceles fueron los que la traza- ron — ^ y cuan maestro era en prodigar brillo, luz, fuego y etérea armonía en la celestial madre y doncella , serena como el cielo azul, y en las viriles imágenes de San Raimundo, San Jaime y San Pedro Nolasco: en otra se contempla y admira la trágica figura de la Virgen de la Piedad \ harta de enjugar sus lágri- mas , cárdena y enrojecida después de largo llorar, que con semblante grandioso y heroica expresión pregunta al expectador que piensa de su dolor y que siente ante su H i j o , tronzado en su regazo y bañado en ardientes lágrimas, que Mag- ' A. VIII. 2 A. II., 14. 5 A. II, l o y I I . * D. III, I. — Véase nuestro dibujo bajo cuadricula titulado: Fundación de la Orden Mercenaria. ' D. III. 2. 172 ANTONIO dalena y San Juan derraman junto á su cuerpo en actitud sin consuelo. Sublimes conceptos y escena- que retraen á nuestra mente otra Madre Dolorosa ' , que poco ha señalamos, y que embargan la fantasía con las levantadas imágenes y los líricos acordes de un poderoso ingenio : en otra parte se encuentra la repro- ducción artística de una Representación votiva de la Virgen de las Mercedes ^, vestida de tisú y con rostro de madera encarnada por escultores como se ve y venera en el altar mayor del templo de su nombre , ejecutada hábilmente por una mano maestra: en otra parte en fin, y cambiando de argumentos, un do- noso retrato de un noble comendador ^ con su peluquín empolvado, su corbata de holanda, su justillo y el ancho manto, y el que ostenta hermosos dones en sus magistrales paños, la suavidad de un Francia en sus mediatintadas carnes, la tranquilidad general de la escuela castellana y la gallarda nobleza de Coello y de Velazquez. Subia entonces por jornadas la habilidad del pintor, y poblaba con sus manos y con fantasía creciente de las más gallardas obras nuestra tierra cata- lana. ¡ Cuánto arranque y qué poesía derramaba su pincel laborioso sin cesar! Floreros, gallineros, bodegones le nacian también de entre las manos y á docenas, por su misma actividad; cuadros de costumbres, de caza, de animales; paisages y marinas, eran de vez el empleo de su activa fantasía ; y hasta el popular Ex-voto * en que se suelta un pensamiento improvisado y se adquiere un óbolo modesto y una muestra de simpatía del devoto agradecido , le daban ocupación. Compañero unas veces de Breugel y van Huysum, otras de Adrienssen, de Wouwerman, de Veenix y Potter, otras de Boots y Ruysdaél, ó ya de Pussin y Gelés, y con alguna mayor elevación y mas tamaño de Ostades y de Teniers; émulo, ya que no admirador ó imitador, de muchos otros, y maestro al par de los mejores en copiar y reproducir los cuadros animados de la vida y de la natu- raleza , en complacer las aspiraciones del alma y el deseo de emociones, hasta con las más modestas formas de la naturaleza sensible y en pagar sus tributos al fausto señoril, que queria ver trasladados á los salones privados la hermosura de la campiña, ó las rústicas costumbres y las materiales formas de marineros ' B. III. 7. ' D. III. 3. ' C. V. 5.—Véase la fotografía. ' El álbum de dibujos inéditos de los herederos de D. Juan Ramon Campaner (ver en n. Catálogo F. Dibujos I) contiene varios de Ex-votos. — Uno de ellos le reprodujimos en la pág. 83 del libro , aunque en pequeño tamaño. Tiene en el original esta leyenda: « La Mare de Deu de Monserraty Santa Martra. » — Es autógrafo de Viladomat. — Otros se ven en Berga en sus parroquias. VILADOMAT. 173 y labriegos, de las aves y animales, compartia en estas partes — cual hacia en otras muchas — con artistas anteriores y con otros de sus dias, los frutos deca- dentes que legó el renacimiento. En solo sus bodegones ¡ cuántos valiosos rasgos que imitan el n a t u r a l ' ! Pája- ros de muy diversas tintas y de variados plumajes; aves y animales muertos en que la habilidad del pintor llega á la verdad viviente; sin plumas, yertas, frias, tiesas con extrema verdad poética; pescados en que se siente la aspereza de la escama; verduras frescas y húmedas por el rocío matinal; frutas donde llega el arte del material olfato, partidas y agrietadas con el zumo cristalino; grupos de gallineros y escenas de palomar animados y vivientes; carnes y embutidos; cristales, porcelanas, vagillas; bizcochos, dulces y golosinas que atraen el pala- dar á exquisitos apetitos, ó con poco grata verdad de desperdicios y restos de opíparas comidas; cuantos grupos de enseres, de loza, hierro, cobre, bronce, acero, empleaba una bien abastecida cocina catalana del tiempo, ó tenia una bien aprovechada dispensa de económicas y sencillas gentes, lo utilizó Viladomat, así en cuadros completos del género, como para reproducirlo ó imitarlo en aquellos de historias ó leyendas encargadas á su pincel. E inventor en unos y en otros reproductor,fué siempre artista de pertinaz y agudo ingenio, que así sabia elevarse á lo ideal y grandioso como descender á lo trivial sin aparecer gro- sero. Y i cómo demostrar mejor su potencia productora que diciendo cual subia y bajaba de gradación sin perder de su alteza, en verdad y en carácter ? Medraba con tal fluctuación hasta tocar la cima de sus mejores dias. Y, así se iba encaminando á la meta de su estilo, que revela su carácter con vigoroso color y energía de pincel. Recuérdanse entre las obras que existen de tal período, y que le van aproximando de sus mejores cuadros, las de Las cuatro Estaciones, la de una Escena doméstica , que son sus cuadros ligeros; seis preciosos bocetos de la vida de una Santa, minero de caracteres, La Venida del Divino Espíritu sobre María y los Apóstoles, y el canto portentoso de Jesús suspendido en el Gólgota. Hállanse en las Estaciones ^ cuatro lienzos de paisage, bellas improvisaciones, " ' Véase la fotografía titulada « Cuadro Bodegón de Navidad » de D. Claudio Lorenzale, —Véase tam- bién el dibujo que encabeza el Cap. vii. — Compárense entre si las obras de nuestro Catálogo B. ix, 3-6; C. n . , 16 y siguientes; vii. i - 3 ; ix. 2. D. vii. xvii, 2. etc. — Para los floreros véase D. xviii. Secretaria del Hospital. 2 C. vil. 4-7. 174 ANTONIO aunque antes puestos en bocetos >, como resúmenes poéticos de escenas del mundo real en tales períodos del año. En una vastos jardines llenos de flores y damas de peregrinos colores, con albercas y fuentes, vistosas escalinatas, terra- plenes y arquerías de frondosos arbolados que dan sombra al galanteo, y espa- ciosos panoramas con que la moda francesa gustaba presentar los jardines: y era La Primavera. En otra una espaciosa marina en que con sentimiento finísimo del natural de paisage, se gusta la poesía melancólica del mar suavemente aca- riciado por ligero vientecillo que apenas logra rizarle, y en que flotan y se balan- cean varias lanchas pintorescas con chispeantes figuritas, una embarcación de porte poblada de marineros con vivísimos ropajes y dominada por ancha vela que sombrea la cubierta; donde nadan y se solazan grupos de hombres desnudos y donde cruzan á lo lejos airosas navecillas que llegan al horizonte y se levanta en nubes de aspecto imponente, trasparentes y doradas, el húmedo vapor, y en grandiosas perspectivas, restos de gusto antiguo con capiteles corintios, moles rectangulares de espaciosos edificios partidos por rectas vias, y colinas ya lejanas, que cercadas por el crepúsculo revelan con este lienzo la calma veraniega, y era un cuadro del Estío. En otro cuadro se vé con el mismo brillo y poesía la abun- dancia del Otoño, figurada en todas partes, ora en grupos de bebedores, ora en laboriosos trabajos de vendimia y acarreo, que muchísimas figuritas — imagen del movimiento — derraman por varios lados con diferentes tareas ; ora en nu- merosas casas y señoriles moradas coronadas por torreones , — signos de anima- ción de un poblado territorio, — en las luminosas nubes de oro y de vapor, que ufanosas se levantan preparando la fértil lluvia, y hasta en los detalles ínfimos de provisiones de boca suspendidos en guirnaldas y rústicos collares; en sobe- ranos pavos cercados de tropa alada y en cerdos redondos, rollizos, arrellenados en tierra con tranquilidad senil, como héroes de temporada, que por su forma y Tamaño son símbolos de la estación. Y en el último de los lienzos está figurado el Invierno moviendo á impresión de frió con su manto de blanca nieve y las barbadas motas que envuelven pelados troncos y alguna que otra figura ; donde se siente el invierno en grupos de personajes que se abrigan y se encojen tiri- tando de frió, llegando hasta á producirle por la expresión de la imagen; con aportadores de leña cargados de faginas, contrastando en algun modo con un* grupo de gañanes que se calientan y animan sentados á la redonda á la llama de C. IX., I. preparación del C. vii, 5. VILADOMAT. 175 la lumbre, y donde reina en fin la quietud en la solitaria comarca, revelada aun más de bulto por un inactivo carro que descansa del trabajo junto á aperos de labor bajo el techo de una casa. Son los cuatro paisages símbolos muy expresivos de las Estaciones del año y bien concebidos cuadros de la vida de esas épocas que en ellos está condensada, aunque con parcial aspecto y un sesgo muy catalán y típico del principado ; obras bien despachadas, animadas y vivientes, llenas de rasgos chispeantes, agraciados y humorísticos, que las hacen mas sabrosas, atractivas y apetentes, que recuerdan á Bibbiena y la perspectiva italiana, gran- diosa y panorámica, y aunque no con muchos detalles, la afición al gusto antiguo y á los monumentos romanos, que era otra pasión del tiempo, al colorido armo- nioso, y la viveza de ciertos tonos. A vueltas de incorrecciones, tienen en lo abocetados prodigios de ejecución, maestría é inteligencia en presentar las apa- riencias de las figuras activas, y en comprender el paisaje con abundancia de luz , aire, espacio y poesía: llenan en su conjunto, como nos dijo un maestro competentísimo en ello, « la distancia que media entre los cuadros del mundo real y los dibujados y pintados por notables paisagistas.» Figura la Escena doméstica ', que es un grupo de costumbres, los inocentes juegos de dos niños y su madre en un espacioso jardín , que tiene en último tér- mino un edificio clásico. De pié el mayor de los niños agita un abanico é invita al pequeñuelo á cogerle desde el regazo de la madre que con él está sentada. Rien los tres á porfia y hacen brillar á la luz tibia sus rubicundos rostros y sus lucientes trajes, luminosos y listados. Es cuadro único en su clase con sus pro- porciones escénicas entre los del pintor catalán, por más que existan dibujos de los que también catalogamos, que son de su mismo género y modo mismo de tratarle; y es obra la más brillante que nos dejó su autor, donde un arte ya viril vierte encantos y primores del colorido más gayo, más luminoso y chispeante, más rico, pero sin tintas que rompan su serena y grandiosa armonía, ni en las carnes vigorosas, ni en los ropajes de vivas listas, ni en los tonos valientes y mágicos, ni en el fondo tranquilo y vasto, que recuerda el de El Estío. Resume el adelanto que en las cualidades técnicas habia alcanzado el pintor, y la impor- tancia y nota que como á pintor colorista debe tener en la historia del arte na- cional , y es obra que viene á decirnos hasta donde sabia llegar en los cuadros á ' Véase la fotografía: Escena doméstica ó de costumbres, de los herederos de D. Joaquín de Cabanyes.- Catál. C. vui, 2. Compárese esta fotografía en el grabado que encabeza el Prólogo. 176 ANTONIO toda luz , y en la expresión de pasiones (aunque con tipos vulgares ), con vida y naturalidad que pican algo en realistas. ¡ Qué lástima que otra poesía subjetiva y levantada no otorgase á las figuras facciones más atractivas ! La historia de María Egipcíaca ' , tomada de la leyenda, puesta en seis dis- tintos cuadros, con tamaño de boceto, é imágenes en miniatura, expresando once pasages de la vida de la Santa, forma una obra importante que cabe en el tercer período. Rica por sus colores, solemne por sus efectos, grandiosa por sus cuadros, algo pródiga en momentos de la legendaria historia, que prestan á con- fusión ^ con todo y lo bien enlazados, de pensamientos viriles, de pasiones sublimadas y castas como la época en que vivia el pintor, y cuadros de vastos paisages, agrestes y anacoréticos, que rebosan aquella vida de la arrepentida Santa, y de fondos panorámicos, grandiosos cual los asuntos, son una empresa gloriosa de la vida de un noble artista: allí hay un raudal de poesía, épica al par que dramática, aunque solo apuntada. — El cuadro de La Virgen rodeada de sus discípulos que ilumina el divino Espíritu ^, es un lienzo colosal que señaló D. Antonio Ponz como parte del altar de los monjes dominicos de la ciudad de Barcelona , el cual hecho para mirar de lejos, es de efectos muy marcados y de grandiosas masas, donde el adulto pincel trazó con mano maestra, magisteriosas figuras—antes bien dibujadas * —, animadas por su expresión de sentimientos muy altos, dispuestas con sumo arte y clásica sencillez, trazadas con mucho aliento y correctísimo lápiz, y en que —salvo ciertos olvidos del asunto que se trata — se admira entre sombrías naves de un edificio antiguo y de perspectiva vasta, el asunto popular de la Venida del Espíritu: y aquí hay un cuadro com- pleto , maduro y bien acabado. — En fin, para terminar con este grupo de obras, en que descuellan muchas otras, hay que juzgar el boceto del Sacrificio del Gól- gota 5, donde el Cristo suspendido en el lugar del suplicio y sobre el madero fatal va á caer extremecido entre las hendidas peñas. Sublime momento poético, fan- ' C. II, i o - i 5 . ^ Véase lo que decimos más adelante y lo que se expresa en el cap. vii acerca de la profusión de momen- tos y escenas en los cuadros de Viladomat. 3 C. I, 26. * El Álbum de dibujos inéditos de los herederos de D. J. R. Campaner, de que se habla en nuestro Ca- tálogo Ratonado ( F . I.), contiene porción de apuntes de figuras y cabezas para este cuadro. — En la por- tada de nuestro libro; al comienzo del cap. 1.', y en nuestra lámina titulada Cabe:(aspara diferentes cua- dros , etc., hay copia de alguno de esos dibujos. ° C. VIII, 3 . VILADOMAT. 177 tástico y trágico á un tiempo, donde el genio ó el talento tiende su vuelo ins- pirado , que la vulgaridad no alcanza ahogada por el asunto. ¡ Con qué lírico acento y osadía de conceptos le presentó el catalán! — Fatídicas sombras á lo lejos de oscurecida ciudad y de cielo oscuro y tétrico; muchedumbre de soldados con algunos sacerdotes que se agitan al postrer término; apocalípticas sombras de infelices condenados entre cruzados maderos; soldados á la derecha, inactivos y sentados, con endurecidos rostros; desconsolados apóstoles agrupados á la izquierda, que acompañan á la Virgen y á María Magdalena trágicamente abri- gadas; herramientas desparramadas en la satánica obra; desorden por todos, lados , y en medio de ese desorden la imagen pálida del Cristo , mas tétrica y mas fatídica que las restantes imágenes, levantada con la cruz sobre el espacio en tinieblas, por cuatro hercúleos sayones , hijos crueles del infierno, que le empu- jan y enderezan con titánicos esfuerzos. Lienzo que recuerda á Rembrandt con sus luces y sus imágenes, y en su poesía sobre todo ; y que hasta en simple bo- ceto de fantasía exhuberante, dice cual fué la talla de nuestro pintor poeta que creó el canto sublime consagrado al Sacrificio de Jesús en el Calvario. A esos cuadros conocidos y que existen todavía, se anadian en otro tiempo cien importantes historias y pasajes de la vida de diferentes santos, todos muy elogiados por cuantos autores les vieron, y que les juzgaban entonces como de su mejor período. La iglesia de Santa Catalina, la de San Francisco de Asis, de los Carmelitas descalzos y descalzos Trinitarios , Convento de Capuchinos, P P . del Seminario, parroquia de San Miguel é iglesia Catedral de la ciudad de. los Condes, son las que tuvieron la gloria de importantísimas obras ' , sin contar las ya perdidas y de que aun quedan recuerdos en interesantes dibujos conserva- dos todavía = . Y fuera de Barcelona guardaban preciosas joyas el histórico Mont- * serrat sobre sus rocas fantásticas y fajas de largas nubes en la suspendida arca; Montealegreen su Cartuja entre silenciosos campos, retiro de graves monjes; Sar- ria en sus Capuchinos cercados de sombríos pinares que trepan por las vertientes ' Véase Cap. vii, parte G. I. Obras desaparecidas, etc. ^ Muchos de ellos catalogados en el Cap, v u , F. — De ellos damos varios en nuestras litografías y fo- tografías. También los damos en los dibujos intercalados como encabezamiento del prólogo : Escena de cosíumireí; en este mismo párrafo (pág. 178), Fundación benedictina; comienzo del Cap. viii. Divina Pastora, reducción fotográfica de un dibujo para el cuadrito precioso que existió en la que fué iglesia de San Miguel Arcángel, etc. — De muchos cuadros que hallamos en dibujos de Viladoraat se ignora la exis- tencia y el sitio donde estuvieron, y hasta su propio asunto. 23 178 ANTONIO como severos ascetas y llenan las hondas cuencas pobladas de avecillas compañeras de los frailes, y el convento de San Gerónimo, en la falda de Coll- serola y paso de Valdebron borrado para siempre del pin- toresco sitio '. « ¡ Pobres mon- » tañas ! —exclamó un dia un » critico impresionado por el »vandalismo asolador, — el » silencio habita hoy en vues- »tras cumbres, y solo el mur- »mullo de las aguas turba el » de vuestras vertientes. Cesó » con el monasterio la anima- » cion que os daban las cam- » panas y los cantos religiosos » de los monges, y sobre todo »los cantos de algazara de » nuestros padres que hacian » arder á menudo las ramas » secas de vuestros bosques, y «danzaban en vuestros repe- chos al son de alegres instrumentos, » y , ocho lustros más tarde la soledad y el silencio de aquellos sagrados lugares que la religión y el arte hicieron de vez ve- nerandos , inspiran igual tristeza al crítico y al artista. Más, dejando obras perdidas y hechos de tiempo juzgados, vengamos á Barce- lona al convento de los Fra Menors. Allí, en el sagrado recinto que la pasión y la ignorancia arrasaron con mano impía, moraban las obras maestras de nuestro Viladomat. A la sombra de los Claustros que fueron en otros tiempos albergue • Véanse Obras desaparecidas, lugar dicho. — De uno de los cuadros que pintó para Montealegre es la fotografía, Vocación de S. Bruno, reproducción de un dibujo. Para un cuadro de Valdebron la composi- ción en mancha que posee el Sr. D. José de Marti y de Cárdenas. — Dicese que el Excrao. Sr. Conde de Sol- terra, tuvo este cuadro ó un lienzo del mismo asunto por Viladomat. No le conocemos. VILADOMAT. 179 de santos, morada y sepulcro de príncipes, patronato de grandes, tesoro de bellezas y emporio de gloriosos hechos, que cien veces fueron escudo de las institu- ciones patrias, guardando su independencia, abrigá- ronse veinte cuadros de la Vida de San Francisco ', que son la mejor de sus obras. Ocupaban veinte espacios de uno de los antiguos claustros en el con- vento de Fra Menors, ó de Observantes Francisca- nos 2 de la antedicha ciudad, y tenia cada uno de ellos escrito bajo su marco con inscripciones en azu- lejos, dos leyendas que formaban dos décimas caste- llanas , faltas de buen gusto y poesía, con que se daba noticia de la obra figurada en el superpuesto cuadro ^. Es fama que los pintó Antonio Viladomat á una onza (dobla) cada cuadro,—premio indigno de tal empresa, paga del jornal más vil, —y que em- pleó en todos los lienzos un mes para cada pieza, malgrado sus muchos estudios, sus apuntes de deta- lle , sus bosquejos preciosísimos trazados sobre papel, sus fragmentos del natu- ral* y los cartones y bocetos que vagan todavía perdidos, s. ¡ Páginas inspiradas de una epopeya sublime ante las que se inclina el talento y siente sus timbres el genio que allí se vé reflejado ! ' Cuadros G, 1, 5 á 24 inclusives. = Ver para el caso entre otros cronistas é historiadores de Barcelona, á Pi y Arimon, obra dicha, T. i, página 567. ' Los copia y transcribe el Rdo. Dr. D. Francisco Mestres , presbítero, en el Tom. i y 11 de su Galería Seráfica, ya citada pág. 5o y otras. * La colección de dibujo de D. Juan Ramon Campaner conserva porción de asuntos y dibujos para estos cuadros. No solo los hay de figura humana, si que también de un perrito que sirvió de modelo para otro del Bautizo de San Francisco. — Al final del Cap. iv dimos uno, el Joven santo de hinojos ante el altar (?) (cuadro G. i, 9.); en la lámina Cabellas para diferentes cuadros, damos, n.° 3 :—Cabeza de San Francisco de Asís. Véase la figurita adjunta que es pensamiento para otra de la colección de San Francisco. ^ Estos bocetos muy estimados por los que les vieron, agrupados de dos en dos, estuvieron hace años en la celda del prior de los franciscanos de Berga, donde eran tenidos en mucho aprecio, y de alli desapa- recieron, cuando la supresión de las órdenes monásticas, creyéndose por algunos que emigraron á Roma. i8o ANTONIO Figúrase en la colección la vida del monge seráfico >, legendaria é histórica á un tiempo, desarrollada en cuadros, de composición variada y escenas sucesivas, todos caracterizados, formando cada uno de ellos un tipo escénico completo, dfstinto de los demás, aunque de todos hermano por su tinte general, y compo- nen en conjunto un bien desenvuelto drama de numerosos pasajes que se expli- can y completan con muchísimas escenas, cada cual desarrollada con célica tran- quilidad. Pintólas su autor maduramente, ó mejor, las hizo fijar por sus ayudantes de entonces, trasladándolas de sus bocetos y sus pequeños dibujos y cartones de más tamaño, pintándolas en seguida , ora de propio pincel , ora de pincel ageno y el suyo para acabar. De esto proviene sin duda el que tras ser tan pen- sadas sus composiciones de nota, presenten de vez defectos que no pueden ser juzgados como de la misma mano que trazó importantes partes: y e s de ver además, que siendo nuestro pintor tan singular talento, no pueda ser admirado en casi ninguna de sus obras como consumado maestro; sino que se le halla en sus cuadros defectuosos al par que grande, vulgar de vez que sublime. Era que como el insigne Lope y el maestro Calderón creaba sin acabar ni dar la última mano al producto de su ingenio, y que como todo artista español pagaba tributo al momento, sin mirar al porvenir, ni curarse de la gloria, si bien muy mucho de un público que no buscaba hermosura, sino verdad patética en la historia de los Santos y gráfico santoral, y de unos censores ascetas que pedian la pintura para excitar la piedad. Por ello se vé en sus obras la improvisación madura más no la obra acabada con paciente ejecución , que permitiera señalar al pintor Vila- domat con todas sus cualidades reunidas en una obra sin lunares ni defectos. ¿ Cómo podia ser así pintando de puro jornal de primera y á destajo, borro- neando los conceptos y dándoles á ejecutar con precipitado encargo ? Señálanse, p u e s , cien vacíos en la vida de San Francisco , ya de incorrecto dibujo , ya en la agrupación de figuras; ya en alguna perspectiva, solo en apariencia veraz; en la semejanza escesiva que tienen algunas imágenes; en el tipo de varias otras faltas de elevación , y en la historia del monge Santo nunca fiel y ajustada á la narración literaria, y todo se debe sin duda á la comezón de pintar y á la urgencia de concluir. Los ángeles, las Vírgenes y el Cristo son ' La colección de los veinte lienzos la reprodujo nuestro malogrado pintor Fortuny para la Galería Se- ráfica del Dr. Mestres. Grabóse pe'si mámente, sin que quedara huella de la habilidad de su trabajo. Podria formar uno de los mas acabados ensayos artísticos del joven y eminente artista. VILADOMAT. siempre poco simpáticos, y menos bellos que en otros lienzos del mismo pintor catalán.—¿Y como debe explicarse rinás por andar precipitado en concebir y pintar ? Más con todo y estos defectos, es la legendaria Vida su colección más famosa. Acúsase su realismo, pero hasta los mismos que acusan le ven con más simpatía que en otra escuela española justamente celebrada ^ y ts tan espiritual en los tipos, tan intenso su fuego santo, que hasta gusta la realidad de donde tomó sus héroes; tíldase la confusión á que dan lugar los cuadros por sus variados momentos que les sirven de explicación; más se olvida que fué un defecto del tiempo y no especial del pintor, motivado por los versos con que se explicaban los cuadros ' ; se le tacha de impropiedad en la caracterización del santo y en los retratos de monges y de personajes varios , sin los rasgos italianos, más se deja en el olvido que se halla igual defecto hasta en los mismos modelos de la más alta pintura, que cambiaron el sello histórico por el propio de otro pueblo, y que estuvo en el carácter de la pintura española. ¿ Qué importa que sea catalán en vez de ser italiano el protagonista de un cuadro, si es de vez más popular, sin perder de su dulzura, su fervor, su nobleza y su carácter, de sus formas y figura, rasgos graves de la historia ? Y no es tacha por otro lado el carácter religioso de esta colección famosa, en- tre brillante y sombrío , entre amable y melancólico, entre natural y sublime, pues fué el sello peculiar de las obras religiosas de la nación española en el 5Íglo xviii, que así elevaban su vuelo angélico y extasiad©, como descendían ;encillas y llenas de candidez. Era catalán con ello y popular en pintura , pues arrancaba del pueblo para devolver al pueblo su raudal de inspiración; y estaba en pleno carácter de aquel-arte nacional llanamente religioso y altamente popular. Son sí de relevante mérito muchísimas importantes partes de la colección de que hablamos, las que hacen olvidar cuantos lunares existen ó que puedan se- ñalarse por diferentes escuelas, pues son vivos rasgos de ingenio de talla muy superior, frutos del más pensador artista de los tiempos decadentes. La abun- dancia de concepciones, la rapidez de improvisar, la expontoneidad en las ideas, el frescor de fantasía, limpieza y redondez bellísimas, sin confusión ni embarazo, acabada y panorámica en conjuntos y detalles, grandiosidad en lo dramático, solidez en los conceptos, riqueza y fecundidad en producir las imá- genes , carácter y novedad objetivos en los tipos y figuras, hasta hacerles admi- ' Véase esto esplicado en el Cap. viii. 182 * ANTONIO rar por lo igual y sostenidos al través de las varias faces, edades y estados del hombre; espíritu, noble y severo , altamente levantado, religioso y de poesía épica, derramado en todas partes; nervio y grandeza en los más; inspiración nutrida, brillante y apasionada; verdad, variedad y viveza en las múltiples pa- siones en que era tan maestro; sentimientos intensísimos presentados con cariño y con amoroso arte; naturalidad viviente en todas las expresiones; fondos lle- nos de poesía y superior belleza del alma de las figuras y de los asuntos que aclaran ; accesorios peregrinos, ya de un simbólico objeto, ya de expresivo arte que aumentan el lenguaje gráfico y crecen de vez su poesía ; variedad constante en todo y relevante unidad; novedad del sello artístico y singular afición á lo chispeante y festivo, humorístico, característico y típico, mezclado con ingenuo modo con lo noble , lo severo , lo grandioso, lo sublime ; los varios episodios bellos, pintorescos , peregrinos, que campean donosamente; la gracia, abun- dancia de vida y expresión de felicidad, y aquel como sabor' ático , aquella agradable frescura, aquel apacible encanto que deleita tanto mas cuanto mas se saborea, y que dan aquel su amable tinte francamente poético á los cuadros del pintor, —y quién sabe cuanto mas ! — : todo , partes» artísticas que solo alcanza el talento en el grado que este autor en la Vida del Monge Santo cuando se aproxi- ma al genio por la potencia creadora, son los timbres de concepto que se ven y no se cuentan como rasgos naturales del artista Viladomat en los renombrados cuadros: fíjese en ellos el crítito y admire con que riqueza estan allí amontona- dos ! Cuantos los fueron viendo desde hace más de un siglo , han admirado en ellos distinguidas circunstancias. Unos elogian el mérito del parecido del Santo , que al través de las mudanzas que presentan las edades guardó siempre los rasgos de un tipo característico ' ; otros el imponente fantástico con mezcla de popular en el martirio del Santo azotado por los diablos 2; quien admira el misticismo dulce, suave, amoroso, con que Santa Clara y San Francisco se inflaman en fuego santo 3; quien aquel sublime desmayo, más bien que humanal transporte ' El primero que hizo esta observación fué D. Antonio Ponz en su Viaje, Tom. xiv, Carta primera, 6o, nota. ^ Piferrer. — Recuerdos y belle:(as, T. i de Cataluña, págs. 83 y 84. 3 Cuadro G. i, 20. Véase nuestra Fotografía Convite de San Francisco y Santa Clara. —El elogio es unánime y legítimo. VILADOMAT. ' i83 con que el seráfico monge se enciende de amor divino agoviado por sus rayos '. Y á citarlos uno á uno por los méritos que tienen, diríamos con un joven crítico q u e , los fuéramos mentando hasta enumerarlos todos =. Aparte de los cuadros dichos; de aquel banquete seráfico 3 en que la dulzura mística hermosea hasta el lego r u d o , y de la impresión de las divinas llagas donde no hay más allá * para la expresión humana, y del martirio del Santo original y fantástico, y popular acabado ^, pueden también admirarse por dife- rentes aspectos, á la par que por mil bellezas , el del Sueño del Papa '^ por la magia de colorido con la prodigalidad del rojo que hace las armonías de este cuadro comparables á las de Rafael y á las del español Velazquez en dos retratos de papas ; el de la primera Regla como á natural ascético de la vida anacorética entre fervorosos frailes y legos piadosos y humildes ^; como de italianismo bri- llante de los mejores tiempos el de la hermosa mora, digna del pincel de un Ti- ciano, que tienta al curtido monge ^; como de grandioso escénico, luminoso y bri- llante el de la profecía del fatuo 5; como impresión sublime del natural de paisaje el cuadro en que San Francisco es perseguido por su padre '"; como tranquilo y melancólico de esa misma naturaleza y por sus ricos efectos, el cuadro de las limosnas " ; como panorámico, ascético y tranquilidad monástica tres de los cua- dros dichos 12- y el de la aparición efe un ángel junto á las corrientes aguas ' 3 ; como de bien tratado paisaje , donde se desnuda el santo para vestir á un men- digo '* ; como de sabor poético plenamente popular el de la adoración de Jesús ' Cuadro I., 24. —D. Fr¿idsco Miquel y Badia en un largo suelto del Diario de Barcelona, tratando del Museo de la Academia dé Bellas artes de Barcelona.— Véase la viñeta al fin de este Capitulo. ' Mismo artículo del Diario de Barcelona. ' C. I. 20. — Todos los números que van sin letra son de la Vida de S. Francisco. *• I . 2 4 . ^ I. 2 3 . i¿.-. <• I . 1 6 . ' I. i 5 . « i, 18. 9 1,10. • > * » • "> 1, 1 2 . " I, H- " i 3 , i 4 , i 5 y 24 •3 I, 17. •' I, I I . i84 ANTONIO en el pesebre de Belén '; como á solemne aparato y disposición brillante el del bautismo del Santo 2; como solemne y severo con rasgos de Zurbarán el de las monedas de precio 3; como dramático cuadro el de la separación del mundo '*; como dura realidad el de la muerte del monge 5; como cuadro de costumbres, peregrino y expresivo el lienzo en que viene al mundo ^ ; piezas que con las tres restantes '', son un tipo cada cual imaginado completo é independiente de todos, aunque á todos parecido, donde se admira á su autor por algun sublime don ó cualidad distinguida. Y en cuanto á condiciones técnicas , son en conjunto estimables: resumen las calidades de todas sus obras mejores, y los mejores lienzos que habia podido pintar : son la síntesis más completa de todo lo precedente, á la vez que el cuadro completo de sus caracteres pictóricos, donde pueden estudiarse uno á uno todos ellos, y de manera más vasta que en todas sus demás obras; pudiendo de- cirse bien , que en la Vida de San Francisco está completo el caudal donde puede hallar el crítico al pintor Viladomat, n o b l e , vigoroso y enérgico. Su mérito relativo nos la hace la más apreciable de las obras de su autor , pues es la mejor de t o d a s , donde vació por completo su caudal de inspiración; más vigorosos conceptos y más ingenio y reflexión, más intensidad de sentimiento, más elevación y poesía; y en méritos absolutos está muy por encima de cuanto se hacia en aquel tiempo en que solo se pintaba para embarrar los lienzos, ó por llenarles de imágenes fácilmente ejecutadas, vagamente concebidas; pero nunca meditadas y menos aun animadas de idea alguna superior ó sentimiento subli- me. ¿ Estará acaso al nivel de aquel arte levantado, modelo en todos los siglos desde el renacimiento acá, que puso á la moderna Italia como maestra en el arte, á la mayor altura que alcanzara pueblo alguno ? Acaso podrá dudarse de que el pintor catalán con todas sus cualidades, mancas y defectuosas por condiciones impuestas, produjese con sus obras joyas cual las de Rafael, tan pensadas y com- pletas que parecen más que humanas, ó de seres superiores , —pues que ló era su a u t o r ; — acaso podrá decirse que no tuvo nunca el fuego exuberante de ' I, 22. 3 1,25. ' I, i 3 . ^ ' . 17- 6 1,8. ' I , 1 9 , 21 y 26. VILADOMAT. i85 Rubens, ni la gracia de un W a n Dick, ni la dulzura de un Murillo, ni la ener- gia de Ribera, ni la soltura de Velazquez, ni la fantasia de Rembrandt, acaso podrá dudarse que poesía es superior, si la ideal italiana , ó la natural de otros pueblos; que esplritualismo es mejor, si el que arrancó del espíritu ó el que parte del mundo real; más es de todo punto indudable que tenia Viladomat superiores cualidades y especiales caracteres que faltaron á otros ingenios, pues la veracidad de conceptos y la habilidad ejecutiva son igualmente estimables cuando improvisan los cuadros , aunque sin toques ni lima, que cuando acaban y pulen, tomando consejo al tiempo, los conceptos depurados en la calma de una estancia. La Vida de San Francisco, e s , pues, empresa sublime, por el aliento, el empuje y la expontaneidad que revela , — dones preciosos del genio , — como un cuadro de Rafael lo es como á esfuerzo postrero de un arte completo y pensa- do ; más ambos son inspirados, ambos tienen poesía; los dos son espirituales y reflejan los destellos de la luz viva del genio. Por esto el pintor catalán será tanto más admirado cuanto sea más conocido, y sus cuadros catalanes serán adorados siempre mientras exista su pueblo. Aquí se reposa el ingenio de nuestro Viladomat. Mucho pintó por entonces a l o que cabe pensar, más fué éste el canto sublime, que como el canto del cisne, señaló el postrer aliento del vigoroso pincel. Todo fué ingenio hasta en- tonces , todo fué arte más luego, y como cabe juzgar por las obras posteriores, la expontaneidad y frescura les faltaron más después. Pero las obras de entonces eran aun obras maestras que estaban muy por encima de cuanto se hacia en su tiempo. Ni los Sans, ni Juan Gavall, ni Juan Pablo Casanovas ' ; ni aquel grupo de pintores en que habla Bruno Tramullas, Salvador y Antonio Ferrer =; y muchísimos sin nombre ^ licenciados acaso unos y otros doctos del Colegio '*, y alguno como Bartolomé Saladrigas que era pintor de vidrieras 5, pintaron jamás tales cuadros, ni supieron concebirles, ni como • Pleito dicho de 1723, fól. 5 y Apéndice XXI. > Pleito dicho de lySg, fól. 13 bis, § 3o. ' Pleito de lySg, f61. 9, § 21 y fól. 3 bis, documento en latin. ' Pleito de 1723, fól. 17, § 12 ; y el de 1739, fól. 13 bis, g 3o.—Además de los pintores dichos y de los nombrados en la pág. 161, nota 2, habia en Barcelona los siguientes pintores : José Loyga, Félix Cabanas, José Vives, Mauricio Madriguera, Francisco Bat, Jaime Bosch y José Vinyals; todos ellos, al parecer, pin- tores oscuros. = Archivo parroquial de S. Miguel Arcángel (hoy Ntra. Sra. de las Mercedes) de Barcelona. — Libro 5o de la Obra parroquial, 1728, 27 Diciembre: recibos de artistas con sus firmas. 24 i86 ANTONIO cabia pintarlos sin ser por arte divino. Admirábanle unos y otros , y solo los más engreídos pudieron imaginar con la prosa de su ingenio, que fuera el pintor Viladomat otro maestro vulgar. Y campeó sobre todos ellos dominando y diri- giendo (como en adelante veremos) los retoños que brotaban de diferentes ta- lleres ' ; aplicando el don sublime con que el cielo le habia dotado, y empleando el gran prestigio á que le dio pié su tiempo. Fué el maestro, el decidor, el dictador de preceptos, el único artista de talla que brillaba en aquel tiempo, el defensor de derechos, el inoculador de principios, el maestro de cien discípulos, el educa- dor del ingenio y el relevador del arte de artífices y pintores. En el año 3q aun imponía con su ingenio la autoridad y buen sentido, defen- diendo siempre el arte de los erróneos conceptos y la audacia é ineptitud, llevándolo poco á poco hacia el arte independiente. Habiendo querido impedir el Colegio de Pintores á Antonio Viladomat que por su sola licencia y no tener la maestría pudiera ejercer la pintura de una manera pública , tener tienda de pintor con señal del oficio en la puerta , — que no usó cual ya dijimos — discípulos y aprendices, ayudantes y mancebos; em- prender obras de empeño, y contratar las que hiciera, recorrió Viladomat á la Junta de Comercio ^ en demanda de apoyo y á fin de que le confirmara el nece- sario permiso anexo á su profesión. ^ Como en años anteriores entabló litigio público con el Colegio de pintores, saliendo de par á la defensa de sus propios in- tereses, de los pintores y el arte. ¿ Cómo podia concebirse que el viejo Viladomat harto de nombre y de gloria, y de tan preciosas obras debiera ser postergado, al último de los pintores, falto de gusto y de arte ? ¿ Cómo que el más grande de ellos que brillaba en tales dias debiera verse humillado por no haber adquirido un pretencioso título?... Obró pues el viejo Antonio con su entereza y talento, oponiendo á los tres cónsules del Colegio de pintores sus ideas y buen sentido en esta cuestión aun virgen por no haberse discutido con bastante autoridad ni bastante elevación, y no haberse fallado aun con sanción de fallo público los dere- chos del artista al ejercer la pintura. Fué en ello el iniciador y á la vez el tipo y guia en la aplicación de la ley que regia á los pintores: y en los dos casos fué el modelo '^. ' Sus discípulos que diremos en el Cap. siguiente. — Ver pleito de lySg, fól. 3, | 29. ' Junta de Comercio y moneda, se titulaba. • Esto originó el pleito de lySg, ante la Junta de Comercio y moneda de Barcelona, que empezó en 6 " de Mayo. Fól. i y 6. * Como se ha dicho antes , Viladomat fué el primero que pidió y obtuvo la licenciatura, y el primero VILADOMAT. 187 Recurriendo á precedentes que le habia dado ya el pleito fallado á su favor en el año 2 4 , resumió igual defensa en el entablado ahora, negando que en su carácter hubiera excusa alguna para privarle el pintar con las mismas condicio- nes que á los demás artistas, pues fuera querer privarle de ejercer su profesión con toda la latitud que lleva consigo el arte y otorgaba el privilegio de 1688. ' Expuso de nueva manera mucho que ya habia sostenido en el pleito anterior — ; y entre las razones nuevas, que dictó su buen sentido, dijo cuan dila- tado pintar fuera el emprender vastas obras sin ayudante ninguno ^; cuan imposible el contratar empresas de alguna monta sin cooperación de otros; cuan necesario era al lucro, recitative tantum^, como el pintor decia con desprendi- miento noble, á la profesión que ejercía; cuan erróneo era fundar el fruto de la pintura en la vaciedad de un título, y olvidar la habilidad á la par que la fortuna *, que son sus bases legítimas; cuan ridículo y nocivo seria al ver á un Apeles, un Parrasio, un Miguel Angelo, un Rubens ó un Jordán — y sabia de estos pin- tores^ — ú otros artistas de tal talla , residentes ó advenedizos en la ciudad Con- dal, pospuestos de los titulares que tanto distaban de aquellos en las prácticas del pintor y en la formación de discípulos , y en fin, cuanto perderían el arte de la pintura y el lustre de la nación ^ sujetos á la rutina de una pueril ordenanza. Y dijo también nuestro artista, como habia tenido siempre sin oposición del Co- legio que callando habia aprobado — discípulos á granel'', y ayudantes distin- guidos , como eran un Marco Dumuele, y un Antonio Bordons, que en 1789 habitaba todavía en la casa del pintor, pintando sin duda con él ^; explicó, en que litigó por defenderla: jóvenes eran todos los otros licenciados posteriores, y debian ser por ello poste- riores á Viladomat en pleitear; y no debia haber litigio anterior, ni providencia ni fallo, ni auto anterior tampoco, pues á él se hubiera referido alguno de los pleitos de 1723 ó 1739. ' Capitulo último ds\ privilegio. 2 Pleito de 1739, fól. 6, I 10. 3 Mismo pleito del Sg, fól. 14, § 3i. — Rasgos de desprendimiento de Viladomat lanzado al egoísmo del Colegio y á su falta de elevación artística. * Mismo lugar de la nota anterior, fól. 14, g 35. , = En estas noticias se recuerdan las de Viladomat de origen italiano y las españolas del tiempo por la boga de que gozaba Lúeas Jordán. Es posible que no supieran tanto los maestros colegiados. < Pleito de 1739, fól. 10, § 23. • ' Fól. 9, § 21 ( 1739). — Muchos de estos discípulos eran hijos de colegiados. Véase el pleito. * Fól. 14, § 33, pleito del 39. — Viladomat dice bien que los ayudantes concedidos solo al Pintor Cole- giado eran los que aspiraban á este titulo. — Pleito de 1739, fól. 6 bis, § 18. i88 ANTONIO fin, en breves frases erobjeto de la licencia que admitía el privilegio, cual era el adelantamiento del arte liberal; el alcance de sus primores al ornato de la república, y el fomento de la pintura con ventaja de la riqueza, que guardada en el reino — y podia decir crecida—aumentara en lo interior sin ser exportada allende •; por que, como bien decia, el lustre y perfección del arte mira más al público bien que á la existencia de un Colegio y á su preponderancia pública ^. Defendió de nuevo el arte de las erróneas ideas que privaban en Cataluña, y con otras reflexiones de menos monta y alcance, abogó por su explendor, su libertad é independencia, y por su propio interés — que era el interés del arte, y fué seguido de otros que seguros de un buen éxito fundándolo en las defensas hechas por Viladomat 3, pidieron también la licencia y el ejercicio libre. Venció de nuevo al Colegio '^, que replegó su bandera ante el fuerte campeón de tan be- lla y justa causa; y tendió su bandera propia, ceñida de verdes lauros para la juventud florida, y agrupó bajo sus pliegues al altivo y noble ingenio que quiso dar lustre al arte con el título de artista. E l , fué por segunda vez quien abrió de nuevo paso en la patria catalana á la facultad creadora y al arte de producir; y uno de esos nobles seres que la han guardado hasta hoy. Débenle honores el genio y tributo los pintores. Pero tan ilustre anciano, que así manejó el pincel como manejó otras armas, contaba sesenta años en el año Sg. —Sobrevivido á las ramas que formaron su familia ; á los padres de su esposa y á una de sus hermanas ^; á los propio pa- ' Pleito de 1739, fól. 7, § 22. 2 1739, fól. 12, I 25. ' En el fól. 23 del pleito de 1739 se lee, que Manuel Tramullas pedia ser considerado como á licen- ciado Pintor con todos los derechos que obtuvo A. Viladomat: lo que el Colegio no habia querido conce- derle. — Y en un legajo de papeles antiguos del Archivo Municipal (de Barcelona): — papeles de Hechos y personajes históricos — se ve que el mismo Tramullas y los pintores licenciados de Barcelona instaron á la Real Audiencia para que les autorizara su ejercicio, y para tener discípulos y ayudantes; que Tramullas dirigió este mismo documento á consulta del Ayuntamiento , y que el Cuerpo municipal le dio su aproba- ción y patrocinio, contrariando un decreto anterior del Marqués de la Mina, que varió la práctica autorizada por el Capítulo último del Real Privilegio.—Era en i8 de Setiembre de 1750. El Ayuntamiento decia haber visto otras licencias anteriores, que debian partir en algun modo délos precedentes sentados por Viladomat, las que hacían el arte de la pintura liberal y no mecánico. — Véase este documento, firmado. * El triunfo de Viladomat fué el de que se condenara al Colegio d perpetuo silencio y á las costas, con lo cual se aprobaron sus ideas emitidas en el pleito. ^ La hermana á quien se alude aquí lo era carnal de la consorte de Viladomat y murió en Barcelona. Llamábase Magdalena (ó Magdaleneta) como se dice en el Inventario primero, y en 6\pleito de María Puig contra Rieray otros. En Julio de 1737 murió la suegra de Antonio,— mismo lugar. VILADOMAT. 189 dres suyos, á muchos de sus parientes y á los frutos de su enlace en cinco de sus seis hijos, estaba en la edad madura y en el tiempo de descanso que el invierno de la vida le demandaba ya entonces, y apoyado por sus bienes y por los que heredó de nuevo ' , en el báculo de un hijo que aun velaba su existencia, y en su decadente esposa, retiróse paso á paso á la vida sosegada. ' Estas herencias son los legados hechos á favor de la esposa de Viladomat y de su hermana Magdalena por sus padres. — V. Apéndice xv.