CAPITULO VI. DE LOS ÚLTIMOS ANOS DE VILADOMAT COMO A R T I S T A , CON VARIAS VICISITUDES DE ELLOS , y DE OTROS DE SU VIDA. 1739— 1755. RESUMEN. Viladomat por los años de lyScj. — Obras suyas de por aquel tiempo. — La Virgen y San Agustín ; — Apoteosis de San Antonio; — Cuadros de Santo Tomás de Aquino. — Fatiga del artista y cansancio de los años. — Cuadros de la Capilla de San Olaguer, ú Olegario, en la Catedral de Barcelona.—Ocupación de Viladomat hasta sus sesenta años. — Lienzos de Familia que existieron en su casa. — Un retrato de Viladomat pintado de su propia mano. — Relaciones entre el retrato y las noticias tradicionales del re- tratado. — Afección del artista á sus sesenta años y su filosófica conformidad. — Un acto de familia en que tomó parte : 1742. — Sucesos dolorosos que le rodeaban : muerte de su hermano y de su esposa. — Sus cuitas.—Su fallecimiento en 22 de Enero de lySá. — Su sepultura. — Que se sabe de su testa- mento y bienes. — Conjeturas acerca de su posición. — Colección de libros, y de 200 cuadros y obras de arte que dejó en familia.—Que eran estos cuadros.—Sus apuntes y reglas de arte quedejó inéditos: que eran. — Viladomat teórico y práctico á un tiempo. — Su religiosidad: carácter de esta. — Su sencillez, entereza y dignidad : una anécdota. — Rectitud de su criterio y buen sentido: Viladomat perito. — Sus prendas morales. — Su nutrida escuela de discípulos. — Prácticas , ideas y espíritu de su enseñanza. — Elevado criterio de Viladomat.—Ideas propias suyas.—Viladomat y su escuela en pleno espíritu del Rena- cimiento.— Conclusión : Su admirable empeño por sostener levantada la pintura catalana del siglo xviii. — Su importancia y su independencia de vida: equidad del porvenir. CAPÍTULO VI. DE LOS ÚLTIMOS AÑOS DE VILADOMAT COMO ARTISTA , CON VARIAS VISICITUDES DE ELLOS Y DE OTROS DE SU VIDA. 1739 1755. Árbol robusto, de frondosa copa y fruto abundante; lozano cuando SUS juveniles esperanzas; grandioso, sano, fructificador cuando ya desarrollado, conservá- base aun entero, fuerte sobre sus raices y excelentes apariencias, desafiando los tempestuosos dias que le batian y azotaron, y que hablan endurecido y arru- gado su empedernida corteza. Su sabia iba secando, más era viril todavía ; sus frutos menos lozanos que en los años precedentes, nacían aun agradables y á las veces atractivos. Así estaban por los años de 1739, y en los que á este seguían nuestro pintor y sus obras. De este tiempo, poco antes y acaso poco después, son sin duda algunos lienzos que nos quedan de su mano. La Virgen y S. Agustín, S. Antonio en su apoteo- sis • y dos de los varios cuadros de Sto. Tomás de Aquino que guardó en la ca- pilla el Seminario Episcopal^ Cuadro de sala uno de ellos, grandiosos los otros • Cuadro este que se halla en la parroquia de San Agustin (e/ nuevo) de Barcelona, y que será sin duda del tiempo de esta fábrica, que sustituyó después de 1718 á la hoy llamada San Agustín el viejo. No podia pertenecer á este último templo, demolido cuando Viladomat no tenia aun pincel tan despachado ;Podia ser algo posterior á i yBg ? ' Estos dos fueron de Antonio Viladomat: los otros, como veremos, los pintó su hijo y , tal vez con 25 194 ANTONIO tres , distínguense sobre todo por la facilidad de ejecución y extraordinario domi- nio de invención y comf)Osicion. A vueltas de suma grandiosidad de concepto, dibujo y pincel; de clásicas bellezas, mágicos efectos y peregrino desenfado de ciertos pensamientos y formas, distinguíanse especialmente por lo práctico del pincel, que señala al artista, el trabajo de sus brochas, que con magistral soltu- ra y grueso empaste de color modelaban las imágenes; por la brillantez de las masas y viveza de los contrastes; y por el deseo de producir efecto con la destreza del pintor. Diríase al ver esos cuadros, que solo habia pensado en pintar pronto y de efecto, y en despachar las obras con el desembarazo de un escenógrafo, ó de un decorador de oficio; aunque con las más bellas dotes. Y aumentan estos conceptos la visible cooperación de ayudantes y discípulos que se descubre en los cuadros. La Virgen y San Agustín ', lienzo de poco t a m a ñ o , y un cuadro de este gru- po, donde entre simpáticos tipos y candidas fisonomías, de gusto popular, quie revelan un alma suave y sentimiento cristiano, y una poesía delicada, se descu- bre demasiado el deseo de terminar. La Apoteosis de San Antonio ^, henchida de episodios agraciados en bien agrupados niños; de bellezas de forma en el grandioso santo, y de gratas carnaciones , que demuestran mucho estudio, tiene descuidos tales, y tan antipáticas tintas mezcladas en el conjunto, que solo por lo precipitado puede tildarse á su autor. Y los lienzos del Seminario, el casto Tomás de Aquino encarcelado j tentado 3, y el Convite del mismo Santo en la mesa del rey de Francia *, fueran clásicas o b r a s , á no ser tan despachadas, ó me- jor dicho, descuidadas, en muchos de sus detalles—pintados por otra parte con el pincel más diestro: en esos dos vastos lienzos se sorprende á su inventor tan apegado á abreviar, y á empastar con mano suelta, que hasta descuida el dibujo y contornea sin limpieza. Y en unos y otros cuadros, hay trozos aun en boceto con otros bien concluidos, y un conjunto desigual. Adviértese en estas obras, que las trazaba su autor con cierto cansancio de sus este, algun ayudante, pero los inventó el maestro (en mucha parte á lo que parece) ó dio para ellos ideas é inspiración. Quizás pintó en parte otro de los cuadros. Todos se pintaron por lo que creemos , para el establecimiento del Seminario en el Colegio de PP. Jesuítas, después de la expulsión de estos. > Cuadro D, xm del Catálogo. 3 Cuadro A, iv. 3 A, XI, 1, del Catálogo. * Catálogo A., XI, 2. VILADOMAT. 195 años, y menos brillantez que antes, y que tienen además por el peso de la edad, un tinte general duro, ingrato y amanerado. Vése que no estaba ya en sus dias juveniles, ni en sus varoniles tiempos, sino en tiempos decadentes de su facultad y gusto. Era ya viejo en el arte y perdia poco á poco el frescor de fantasía, la energía de concepción y aquella ardiente pasión y buen gusto en el pintar. ¡ Cadu- ca virtud del hombre que acaba el humano ingenio con la sombría senectud! Sábese que también inventó por los años de que hablamos los pequeños me- dallones, con figuras de cuerpo entero, de San Olegario obispo ', que á nuestro modo de ver ejecutó otro pintor que perteneció á su escuela y que imitó su estilo. Dícese que algunos de ellos los pintó Manuel Tramullas ^, que poco antes fué su discípulo y que debió ser entonces uno de sus ayudantes. Más con todo y esos defectos y esa ayuda de gente moza, debia pintar todavía hacia sus sesenta años, pues como escribió Cean Bermúdez ^, estuvo ocupado hasta entonces en importantes obras de Barcelona y Cataluña. De ellas formaron también parte muchos cuadros y retratos de sus deudos y familia que decoraban su casa* y á que la tranquilidad de su vida y su retiro doméstico de los años de que hablamos, le debieron prestar campo. De tal colección de cuadros ha llegado hasta nosotros un interesante retrato en que se vé figurado el pintor Viladomat, cuadro que el tiempo ha gastado hasta borrar sus contornos, y casi toda la fisonomía del expresivo artista ^ Es un bellísimo resto lleno de valientes rasgos de un efecto magestuoso, de carna- ción vigorosa y de tonos delicados, obra de un colorista, y de expresión inte- resante, correctísimo diseño, vida y animación. Figura en este retrato al pintor Viladomat hasta más de la cintura, vistiendo chupa y coleto y trazando una perspectiva, ó diseño de arquitectura con el lapicero y el compás ^. Anciano como • Catálogo A. I. — Cean Bermúdez. — Diccionario: Viladomat (Antonio). « Cean: Palabras Viladomat y Tramulles (Manuel). 5 Biografía de Antonio Viladomat. '• Apéndice xxii. * Ver el Apéndice xxiii. y el cuadro D. vi., i. — Catálogo 5, apéndice 23 (f). ! El apunte que damos aquí es incompleto. El resto es imposible dibujarlo, y ni la penetrante mirada > y escudriñadora imaginación del malogrado pintor D. Tomás Padró, ni el lápiz de nuestro dibujante, ni otros varios artistas pudieron fijarlo en líneas. Harto incierta y difícil empresa fué la de perfilar los con- tornos de la cabeza que aquí damos. En el original todo es indeciso, fugaz, imperfilable: se escapa como el horizonte, como el contorno de un rostro en movimiento. Se vé, se siente, se comprende, se adivina, casi se toca; pero no se perfila. 196 ANTONIO de sesenta años, figura entera y gallarda, de fisonomía animada, simpática y son- riente; su ojo vivo y chispeante noblemente cobijado por el abultado párpado; su nariz aguileña, la boca comprimida, la barba corta y el ángulo facial bastante abierto, revelan aque- lla viveza y energía, aquel agradable ingenio, aquella penetración, nobleza y actividad que distinguieron al pintor, según la historia y la tradición cabe la crítica de sus obras.—Y cuen- tan la tradición y la historia que fué de estatu- •^ ra pequeña y de semblante afable; y estos datos del pasado concuerdan con el retrato. El todo de la figura es en extremo parecida á la que encabeza el libro, tomada como se sabe del Bautismo de San Francisco, la más gallarda de sus imágenes, que es digna del pincel de Velazquez, y que debió se- ñalar en la Galería Seráfica al pintor de aquella historia y ser perpetuo testimo- nio del mérito que le distingue en la soberana empresa. Con unos y otros cuadros debió acabar su carrera nuestro pintor catalán. Acaso tomando á Cean una de sus noticias, podría decirse que pintó hasta sus se- senta años, ó sea el año Sg , en que un temblor de manos — engendro de su pro- fesión ó excesiva actividad — le impidió poder pintar, con gravísimo sentimiento de los que apreciaban sus méritos •, y aunque no sea á la letra, puede darse por seguro que aquella misma afección le privó durante unos quince años de practi- car la pintura, y de emplear su existencia, tan pródiga en darse á todos, y en iluminar á muchos. La historia escrita recuerda con que entereza de espíritu so- brellevó su desgracia—como que era un cristiano, que veia en la desgracia y en la cotiformidad edificante un lado sublime de la vida; — y porque era un filósofo, que filósofo fué en sus actos y en muchísimas de sus o b r a s , — que miraba en el dolor un compañero del h o m b r e : — y era la admiración de sus allegados y ami- gos K Salpicaron esa existencia en dias de tanta prueba, momentos de alegría y tristes horas de la vida. ' Cean Bermúdez, lugar dicho. " Cean, mismo lugar. VILADOMAT. 197 Era en cierta ocasión el bautizo de un pariente del pintor Viladomat, hijo de uno de sus primos, Salvador el arcillero, el padre de nueve hijos , el que lle- vado á la pila por nuestro anciano pintor, daba á éste nueva vida y alguri verdor juvenil. Este y Teresa Julí, consorte de José Julí, simple maestro albañil, die- ron por nombre al ahijado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Pino, los de Antonio, Bernardo y Eudaldo ^ Y, fué á los 11 de Mayo de 1742 cuando nuestro loado artista manco ya para su arte, achacoso y entrado en años, reci- bía de sus parientes el deferente agasajo de apadrinarles un niño; y cuando de vez el pintor honraba á estos parientes— \ rara entereza de un hombre por do- ble peso agobiado!— y compartia con ellos, rodeado de menestrales, aquella cortesía sencilla y aquellos momentos gratos de alborozo y dignidad, de familia- ridad y holgura que tanto gustó á su siglo. ¿ Qué pensaban aquellos hombres de nuestro Viladomat para robarle así el sosiego que su vida le exigía, y para darle al bullicio de la juvenil edad ? ¿ Qué condiciones tenia para que así le ocuparan ? ¿ Era su propio carácter ó pagaban un tributo de respeto y de cariño al artista distinguido ó al anciano respetable ?.... Pero en otras ocasiones eran menos gratos momentos los que salpicaban su vida. Aquella modesta casa, que era la casa paterna y la vivienda de los padres de nuestro Viladomat; donde hubo tantos dramas en el familiar concierto, era en varias ocasiones morada de duelo y luto. En el año 44 — el dia 11 de Mayo — era enterrado su hermano Agustín Vila- domat ^, el que vivió á su lado desde los dias de muchacho, y el compañero más íntimo que moró en su propia casa, y que tomó en sus trabajos alguna impor- tante parte, á lo que cabe creer; y á los 4 de Octubre del año 47 vestia otro luto íntimo la reducida familia por la muerte de la esposa del septagenario artista^, que llevada entre el cortejo del clero de su parroquia, cual distinguida persona, fué á ocupar el arca fria en que reposó más tarde, su señalado consorte. — Y estos golpes tan frecuentes, que amagaban la existencia de nuestro Viladomat, le quitaron las joyas últimas y la marchita corona de sus amores caseros. Anciano y enfermo á un tiempo, y sin la esposa querida que velara por sus cuitas, sin más consuelo que un hijo — retirado y no expansivo, á lo que dijo su tiempo: — ' Apéndice xxiv. — José Juli, el maestro albañil, debia ser de antiguo conocido de Viladomat, pues en 1707 figuraba ya su nombre en los Dietarios municipales de Barcelona. 2 Apéndice xx. ' Apéndice xxv. 198 ANTONIO ¡ cuántas perlas de la vida desprendió de su corona la mano de la desgracia! — Y el dia 22 de Enero del año 55 , volvió á dormir de nuevo en el lecho de su esposa •. Nació con las primeras flores; murió cor los postreros fríos: tejieron su cuna guirnaldas y blancos copos su mortaja con los paños del invierno.—Era el tiempo de morir. Desde entonces está enterrado en el templo parroquial de Nuestra Señora de los Reyes, cubierto por negra losa^, modesta cual el pintor, y homenaje distin- guido de un personaje ilustre ^, y allí es recordado su nombre con caracteres de oro, y honrada su memoria con estas abreviadas cifras: ANTONIO VILADOMAT — PICTORI. BARCIN. QUI. IN TRA. PATR. LARES. NATVRA MAGISTRA. ARTIS EXCEL- LENTIAM COMPARAVIT. NICOLAUS: ROD. LASO. P. DECESSIT. ANNO. MDCCLV. Ni las palmas de los triunfos, ni inmarcesibles laureles, ni coronas de siem- previvas, han ornado aquel sepulcro, despreciado largo tiempo, y donde aun mora el olvido y duermen eterno sueño los restos de aquel pintor. Y, i cuál fué su testamento ? ¿ qué bienes dejó en legado á su único heredero ? Nada se sabe de cierto del postrer acto legal que pudo hacer Viladomat; ni si- quiera si le hizo *, ni de los bienes que tuvo hacia sus últimos años; ni si adqui- ' Apéndice xxvi. ' En la capilla que antes se decia de la Mare de Deu, y después de Ntra. Sra. de Guadalupe, en el pare- don á mano derecha del altar. — Lápida de mármol negro con letras de oro. 2 D. Nicolás Rodríguez Laso que se nombra en la inscripción fué Inquisidor en Barcelona. Era, como dice Cean, amantísimo de las bellas artes, observador de las obras de Viladomat, y admirador de sus mé- ritos. Puso esta lápida en la huesa de Viladomat treinta años después que este murió. * Es extraño que en los Inventarios de los Pleitos Puig contra Riera y otros no haya nota que haga men- ción del testamento de Viladomat.; Será que no le hizo 'i No tenia mas que un hijo y es posible que no le VILADOMAT. 199 rió algunos más de los que dejó su padre, pues entre los muchos papeles encon- trados á su hijo, é inventariados más tarde, no se citan documentos de su voluntad postrera. Y eso que en aquella casa, cual en las otras antiguas, se guardaban con respeto para trasmitirlos luego, los papeles importantes que hacian interés de familia. Más, aun cuando no se encuentre tal documento histórico, y el más precioso de todos para poder apreciar la posición del pintor, la fortuna que heredó y lo que pudo adquirir, sábese por inventarios de 1787" — después que murió su hijo—que conservó la herencia que le trasmitió su padre; otra casita vecina que le dejó su hermano — aquella donde m u r i ó , — y que antes fué la propia hacien- da de Agustín = Viladomat; muchos ajuares domésticos legados de abuelo á nieto; y se sabe asimismo, que empleó el peculio propio en educar á su hijo y en me- jorar su propia hacienda hasta muy entrado el siglo. Un inventario famoso que hojeamos todavía, relata muy por menudo aquellas y otras cosas , hasta llegar á decirnos las aficiones domésticas del pintor y su familia; su numeroso muebla- je y bien provistos armarios con abundantes ropas y no escasos en plata y joyas, y el extremoso cuidado con que se fué conservando y mejorando ^ siempre, con aquel catalán trabajo y cuidado paciente, — que recuerda el de la hormiga , •— que levantaba herencias y edificaba casas. Soltero su hijo único cuando murió Antonio y célibe de por vida , ni hubiera adquirido tanto como dejó al morir, ni lo hubiera mejorado hasta el grado á que llegó. Solo conservar debiera quien no podia mejorar por aguijón de su estado. Formaban los bienes de Antonio y de su hijo José — de procedencias distintas y sucesivos legados % — un patrimonio pequeño propio de un menestral; pero de nada faltado y hasta sobrado en algo para el tren de aquel pintor. Dejó una herencia modesta, que solo creció en muy hiciera. La verdad es que á haber hecho algun testamento se hallaría huella en el Pleito 6 en sus inventa- rios, donde constan hasta los mas viejos é insignificantes de los papeles de su familia. Nosotros hemos buscado en los archivos notariales antiguos y nada hemos descubierto. ' Del pleito Puig contra Riera, Alsamora y otros. ' Véase el Apéndice vii. — Campáresele en sus tres partes. ^ El del pleito Puig, 1787. — Por él se vé que la mayor parte del ajuar, etc., de la casa era de anti- guo uso. • Esta se comprende por la mescolanza y repetición de ejemplares de un mismo objeto, que una sola y > reducida fapiiha no hubiera adquirido á no heredarla. 200 ANTONIO poco tras la muerte de Salvador, pero herencia independiente , exenta de graves cargas, necesaria y confortable '. En ella salta á la vista una colección variada de numerosos libros ^; algunos de estos en foleo; acaso muchos de letras ; tal vez algunos científicos , y de san- tos y de piedad la mayor parte sin duda, — era exigencia del tiempo y necesidad del pintor; — y otra colección más rica de sobre doscientos cuadros 3, entre imá- genes cristianas, paisajes, bodegones, retratos de sus parientes y deudos—y es lástima estén perdidos! —; un rico minero de apuntes, bocetos y dibujos , y de notas especiales del arte de la pintura que escribió Viladomat. Lo que fueron tantos cuadros y dibujos apreciables, dícenlo algunos de los párrafos del apéndice de nuestro libro, tomados del Inventario de cierto impor- tante pleito: obras de sumo mérito, aunque sin pretensión ninguna, que ador- naban un taller ó una sala de dibujo, con los que quizá enseñó dando ejemplos á sus discípulos; decoraciones preciosas, rodeadas de ricos marcos y ornamento de la casa; piezas en mucho estimadas, envidiadas por algunos, y por otros perseguidas, y justipreciadas por todos en un crecido valor. Y los apuntes artísticos, ó sean notas de maestro, secretos para el buen méto- do del arte de pintar^ como les decia un doctor: secretos de los colores y arte de pintar'^—como en otra parte se escribe , — gozaban de muy buen nombre , y tenían mucha estima en el curso de aquel siglo : eran el maduro fruto de una ex- periencia constante, de un talento especial, de un original artista, de sus cono- cimientos empíricos físicos del colorista, en los procedimientos varios de ejecu- ción material; de su modo de comprender el arte en sus diversas fases, y que á existir todavía pudieran darnos la medida del pensador artista — quizás también de un escritor,—y del cultivo del a r t e , del artista y de su siglo con el criterio de este p i n t o r a ; Qué contenían esas notas?.... fuera curioso saberlo. ¿Qué expe- riencias conservaban, qué lecciones desvelaban, qué criterio les guiaba, qué • Véase el Inventario dicho y hágase escepcion de lo que fué de Agustín Viladomat, su hermano, y de algunas partes del ajuar. ^ Inventario mismo donde se detallan varios de esos libros. Por su número y materia algunos debian ser de Antonio; otros, sin duda los mas doctos, debieron adquirirse para su hijo, si es que no los com- pró éste. 3 Apéndice xxii. dicho. * Pleito de María Puig, etc. dicho, donde se citan con elogio diferentes veces : fól. 67 bis y 104, etc. '•• Esto dan á comprender y es de imaginar solo por el titulo que se les dá: solían ser entonces manual y gramática de la enseñanza. VILADOMAT. tradiciones guardaban, qué defectos censuraban, qué elevación contenían?.... fuera envidiable indagarlo. ¿ Cuál era la forma y método con que estaban presen- tadas , cuál la teoría artística que encerraban los apuntes, y hasta cuál la forma técnica, y el sentido literario con que se hallaban expuestas ?... Quizás estos mis- mos apuntes impresos y publicados, pudieran decirnos también que era Vila- domat como Céspedes y Pacheco, el Carducho y José Martínez, y con los gra- ves pintores, maestros de vez en su arte, un crítico de la pintura, un semi-esté- tico adoctrinador del ingenio del artista, erudito y pensador en su sublimado ejercicio. i Porqué el arte de la pintura poético como otro a r t e , levantado como todos, no se opone en modo alguno á la ilustración especial, ni á la cultura del artista; ni debe ser el pintor un simple hombre de ingenio, sentimiento é inspiración, expontáneos, toscos, sin lima; antes bien sirven al genio y desarrollan el talento para saber producir, la claridad de sentido y las erudiciones prácticas que dan una doble experiencia abreviando mucho tiempo á la práctica y al estudio. Y porqué es erróneo decir con el vulgo de los pintores, y ciertos brillantes críticos, mas bien que críticos maestros, q u e , se opone la doctrina á la facultad creadora; que merma la talla de esta y su empuje productor cuando crece la de aquella; que donde empieza la crítica concluye el arte bello, y la producción de bellezas, y porqué son tales nociones de todos los tiempos históricos, países y escuelas diversas; y la facultad que produce distinta del deseo de saber y del juicio que asimila. O será acaso el pintor, por el hecho de ser t a l , diferente del poeta, el arquitecto ó el músico y hasta un tipo desprendido — inconsciente é irreflexivo del de la especie humana?;—Cabe pensar que no ; y Viladomat por lo menos, con todo y ser muy diestro y muy especial artista en lo material del arte, pro- testó contra el sentir de muchos de los pintores al escribir sus Secretos del arte del pintor. Y era un eminente práctico que admira hasta al mas realista ! Estos fueron los legados que pudo hacer á su hijo, amen de algunos recuerdos 6 mandas especiales que señalara á otros en caso de haber testado; pero también fué el acto postumo que hizo á su propia historia y al arte de su comarca. Más cuanto dejó de sí mismo como á herencia postuma con su existencia preclara ! Su historia entera, su vida, con su complicada trama, son un legado precioso que tocó á sus herederos y á sus estudiadores y discípulos. Su religiosidad por hábito y arraigada educación, cual la de otros hombres del tiempo, henchida de fé y creencias ; nunca ni por asomo escèptica ; severa sin 26 202 ANTONIO ser dogmática; grave sin tener énfasis; intensa sin llegar á mística; natural y sencilla á un tiempo, como pudiera enseñarla el autor del Philothea, ó de La Vida depota ' ó como la aceptó su siglo ; que no oprimia el espíritu y permitía elevarle á las prácticas más puras del secular católico y descender á la vida con todas sus expansiones; que daba grandiosas alas para ascender al sublime del arte y poesía religiosa; candida tal cual vez , amable y simpática siempre, p o - pular en todas sus faces, permitiéndole mezclar la tradición 3^ la historia, lo verdadero y lo apócrifo, la vida de los santos, el libro de devoción y el catecismo cristiano, con las ideas del vulgo y sus graciosos errores, la poesía y la leyenda, como en la Leyenda de oro del atractivo Vorágines : tal era el sello católico de nuestro Viladomat, sello que vive en sus o b r a s , que en ellas está pintado y mar- cado con viveza ^, impreso en los libros ascéticos ^ y propio de sus coetáneos; que tantos prodigios hizo, y arrancó tanto heroísmo de corazones sencillos; y que le dió tanto campo para fijar en sus cuadros el carácter de una época, y hacer el arte de su patria, formado de obras devotas, sombrío, melancólico y sublime por la calidad de sus héroes; natural, amable y brillante por su personal espíritu; y á imágenes del arte p a t r i o , inclinado airosamente como grandiosa palmera por el calor religioso. ; Cómo, á no ser así, podrían caber á un tiempo sin sombra de paganismo en sus singulares cuadros, y cuadros de devoción, el familiar doméstico, junto al sabor ascético; el natural ascético junto al trans- porte místico; la angelical pasión con las toscas y rudas formas; el desnudo del mancebo y del encallecido santo junto á la castidad monástica; las ocultas gracias del cuerpo de deliciosas mugeres ligeramente hermoseadas por algo de sensua- lismo, con el pudor de los santos; la vida desenvuelta, algo picaresca en sus cuadros y picante en sus escenas con la candidez de las Vírgenes; las formas sanas y airosas llenas de vida y energía con las empresas mas arduas que disecan el cuerpo h u m a n o ; tantos puntos brillantes é incidentes felices, sal de popular sabroso, con el levantado místico ? — Por esta mezcla cristiana, que era tan pro- pia del mundo, distínguense aun hoy las obras y la religiosidad de su autor. • San Francisco de Sales. Era el guia de la conciencia laica de los siglos xvii y xviii. — También podría decirse que era el del carácter de la Santidad de aquel tiempo , distinto del de la Edad media. = Los cuadros sobre todo son el mejor libro donde se podian estudiar los caracteres de la religiosidad del pintor: allí está desenvuelta su manera de comprender y de sentir el objeto mismo de obras de asunto reli- gioso. ' Entre los libros ascéticos que se hallaron en poder del hijo de Antonio Viladomat los hay que pueden dar trasunto de la religiosidad catalana de entonces y de la que fué propia del pintor de quien hablamos. VILADOMAT. 2o3 Y , junto al tipo religioso, vuelo de sus facultades, hay el carácter moral — y las costumbres del hombre que son otros datos preciosos, dignos de imitación para juzgar á este artista. Su dignidad personal, nobleza é independencia , ener- gía de carácter y virilidad de espíritu, y aquella noble altivez y entereza del hombre digno, ageno al apocamiento, que demostró frecuentemente en diferentes sucesos; en sus pleitos con pintores y por guardar sus derechos, de que tan celoso estaba; en alguna causa pública intentada con otro o b j e t o ' ; los rasgos eminentemente prácticos, que como dice un autor , son con la dignidad los dos caracteres marcados de la nación catalana 2; la sencillez de su vida, que le tenia sin envidia por los títulos y honores, á que al decir de sus pleitos, era tan pro- penso el hombre ^; que le hacían tan democrático y de vez tan popular ; que le hacían dar al olvido la importancia que tenia cuando adquiría un simple título; que le tenían indiferente al carácter de mancebo, cuando otros se gloriaban del dictado de maestros; que le permitía abrir tienda donde poder pintar, taller ú operatorio público, como el mas común pintor, donde borroneaba ex-votos y bagatelas artísticas, sin desdoro de su orgullo, y que nunca le hizo marcar con sus inscripciones ni firmas, por dar pábulo á la vanidad y nombrarse al esdeve- nidero, ninguna de sus bellas obras, ni aun las mas señaladas, cual era entonces costumbre '^; aquella llaneza digna que le permitía codearse, olvidando tal vez su mérito, y recordando su origen, con el sencillo artesano, y el menestral hu- milde , al igual del caballero, del noble y el ciudadano, el artista ó el eclesiástico, y compartir con ellos las horas mejores de su vida ^ Y, cuéntase en esta parte una anécdota curiosa por el pasado siglo, el siglo de las anécdotas, y trasmitida hasta hoy por artistas que vivieron con el hijo del pintor y sus mejores discípulos, y es la de que Viladomat allá hacia sus años últimos tenia por costumbre diaria en las horas matinales, después de oír una misa en la Iglesia Catedral, la de ' Ver en el Inventario del pleito Puig (dicho) la causa intentada por Antonio Viladomat pintor contra Elena Dalmau en la Bailia de Barcelona. ' Camboulin. Essay sur 1' Hist. de la literat. Catal. — Segunda edic. — iH58, pág. 5. — Los rasgos prác- ticos de Viladomat se hallan en todos sus documentos, y la vida práctica en sus cuadros. ' Pleito con los pintores ij^g, fól. 12, 28, 26. — Muchos otros ya dichos. » Pleito de 1723 , g 9; lySg: fóls. 5 ó 6 ; fól. 12, § 26, 28. — Muchos otros párrafos dichos antes; sus libretas de cuentas. — Objetos dichos en el Cap. v. y los señalados en nuestros dibujos como ex-votos. > Ver los documentos varios del Apéndice, que tratan de actos de la vida privada y pública de Viladomat: i allí están los nombres de varias personas que con él trataron. 204 ANTONIO visitar á un amigo de profesión maestro herrero , en cuya casa tomaba un refri- gerio matinal, que se señala también , y en cuyo taller pasaba algunos ratos de huelga viendo trabajar allí en el yunque y en la fragua á los tiznados herreros, que cual los rudos Cíclopes del Vulcano de Velazquez, lucían allí sus fuerzas y sus fornidos brazos, alumbrados por cambiantes ante la chispeante l l a m a ' . — Sábese mejor aun su altivo desprendimiento y poco egoista carácter, que con frecuencia revela en las páginas de defensa de los diferentes pleitos, donde al pedir el derecho de vivir de su trabajo, prefiere el nombre de artista y el explendor del arte al egoista lucro ^. Sábese también el recto espíritu de justicia y senti- miento de equidad que acompañaba sus actos públicos, con notable distinción de deberes y derechos,—cosa rara en un mancebo!— hasta en el derecho es- crito, que en gracia de su talento y su sentido práctico comprendía y adivinaba. — Entre los varios rasgos que pudieran señalarse de tan noble sentimiento, hijo de su conciencia mas bien que de su razón, hay uno tan ignorado como todos los demás; pero más que ninguno curioso, y que se olvidará en breve á no recordarle hoy. Es este el de que siendo nombrado por los obreros de San Justo perito valorador de unos infelices cuadros que por esta circunstancia no quería pagar la Obra que los había encargado, resolvió el grave pintor por escrito dirigido á la expresada O b r a , que se pagara al colega sus emolumentos pacta- d o s , sin mermarlos en lo mas mínimo, —pues como dijo muy bien, — era el pintor y no el mérito con quien se habla contado , y no podia dar aquel más de lo que poseía como fruto de su invención, ni era yerro de su parte el aceptar el encargo, sino proceder ligero de la junta parroquial que habia cerrado contrato sin saber con quien trataba 3. Severa lección y juicio que califican un hecho y restablecen un derecho, con el arte de un jurista. ' El maestro de dibujo, Pons, que fué de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, que murió de 8o años, lo contaba sobre 1848 y algo antes á su colega D. Jaime Batlle, que falleció hace algunos años en edad septuagenaria. Pons lo habia tomado de uno de los TramuUas, según contaba el Sr. Batlle. > Pleito de 1723, fól. 2, g 29; 1739, fól. 2O. — No puso nunca seña en la puerta de su casa por atraerse la atención y con ella el lucro, cual hacian los pintores contemporáneos suyos, fól. 14, § 36 pleito de lySg; folio i 5 , g 37; fól. 21, % 29 del pleito de 1723. ' Además del sentimiento de equidad y de justicia que hay en sus pleitos, y que es móvil de ellos, habia que ver este documento, perdido hoy por la última desamortización eclesiástica. Conservábase en el Archivo de la obra de la iglesia parroquial de San Justo y Pastor de Barcelona. D. Pablo Valls, obrero mayor que era de esa iglesia, tiene noticia de tal documento que firmaba Viladomat. El artista D. Tomás Padró le conocía también, y nos hizo fijar en el titulo à& perito pintor que se dio á Viladomat en este acto semi- público. VILADOMAT. 2o5 Puede mentarse asimismo en la vida de Viladomat su probidad y honradez que le dieron el encargo de manejar mucho tiempo la hacienda de otras perso- nas I; su laboriosidad sin límite, que era su aguijón constante y que tanto le producía ; su moralidad doméstica vinculada en su familia ^; su aprecio de esta familia cuya distinción velaba hasta en sus años postreros ^; su tratQ amable, simpático , atractivo y de vez jovial que tanto le hizo sentir, apreciar y elogiar •*, como dice Cean Bermúdez ^, que se desvela en su rostro, que nos conservan sus cuadros^—si es que hablan de su autor,— y que aun creemos hallar en los ins- trumentos músicos, un salterio y una guitarra, que quizás tañía el artista, y en varios viejos belenes, pintado uno de ellos, y otro de perspectiva, desgobernado o t r o , tan estropeados como viejos, que quedaron en su casa, y en instrumentos de lujo para horas de solaz en los círculos y el teatro inventariados con sus joyas al postrer cuarto de siglo ''. Y , vése en su semblante y en los folios de sus plei- tos , un si es ó no es picaresco y satírico elevado , reflejos de su fina chispa **; y recuérdanse por igual su paciencia y resignación, su noble filosofía por dominar el dolor en los años de desgracia, como digimos y a , y á que le hablan preparado la religiosidad de su cuna, los vaivenes de su siglo y los golpes de la suerte ' . Distínguense su penetración, su intuición, rara viveza, su disposición á todo, pues así sabia lucir cuando debia razonar, como cuando tenia que escribir, pen- sar, contar, concebir, pintar ó manejar su fortuna y dirigir su familia; así en la vida privada, donde tanto campo t u v o , como en las empresas públicas donde vivió distinguido, siempre bien opinado, sabiendo luchar como diestro, mane- » V. g. la de sus suegros, y familia de estos. ' Las anteriores circunstancias y el orden de su casa lo demuestran, con las calidades que siguen. Ver en el Inventario del pleito Puig ese orden , y véanse sus libretas de cuentas. ' P. e. cuando se vé que á los entierros de sus hijos y esposa, etc., asisten Comunidades del Pino, — El pleito contra la Dalmau que parece ser de honor. — Ese amor á la familia y á los niños está en sus cuadros de escenas familiares y domésticas, levantado y extraordinario ! • El padrinazgo de i i de Mayo de 1742 pudiera tener por uno de sus motivos el carácter del pintor muy á propósito para ello. ^ Libro cien veces dicho. •i Tanta chispa y buen humor en sus cuadros , y tan constantemente presentados no pueden provenir más que de un carácter jovial. ' Ver estos objetos de dos en dos con profusión y usados. Inventario del pleito Puig. » Pleito de 1723 ( p . e.) fól. 21. § 29; fól. 17, g 9. ' Todo esto tuvo y vio. Tan duradero como de buen resultado. 2o6 ANTONIO jarse como hábil y hasta morir como grande '. Su vida entera está llena de tratos ilustres y relaciones importantes, con deudos, parientes, amigos y clientes nu- merosos, con los artistas notables extrangeros y del pais; de actos de roce y de mundo verdaderamente apreciables y de incontables ocupaciones familiares unas y otras, donde se halla al pintor, al escultor, dorador y arquitecto, al clérigo de algun rango, al monge públicamente ilustre, al militar galoneado, á la señora de corte, y al titular de abolengo, y como entremés de la vida al menestral, jorna- lero , labrador, }' hasta el modesto clérigo, cabe el mancebo humilde ^ y la m u - ger sencilla, unos y otros agradados de su singular carácter, su genialidad afable, y admirados ó engreídos de amigo tan señalado. Por lo que toca el arte legó á sus sucesores y numerosos discípulos el fruto de su actividad. Lo que la historia ignoraba lo dice el mismo pintor: que tuvo im- portante escuela, poblada de discípulos, notables algunos de ellos y otros brazos de su trabajo en la ejecución de sus obras, á quien transmitió sus estudios y sus ideas especiales, su estilo peculiar artístico y cualidades técnicas. Fueron, según los cita, Antonio Ferrer, pintor licenciado mas tarde; sus dos ayudantes prefe- ridos Dumele y Antonio Bordons, á quienes empleó mucho tiempo, é hijo de licenciado el último; un Francisco Saladrigas hijo del pintor de vidrieras, el joven Manuel Tramullas," también hijo de licenciado, otro de sus ayudantes, y el que le siguió mas de cerca simulando su estilo; un Nicolás Minguet, que con otros varios jóvenes é hijos de Colegiados, tales como José Loyga, Félix Cabanes, Pablo Rosell, Francisco Vives, Pedro Casanovas, Félix Nogués, prácticos todos en pintar en i ySg, y con Francisco Tramullas, hermanos del ya citado y separado antes que el otro de las máximas del maestro, con José Viladomat, el hijo único de Antonio, y con muchísimos más discípulos « que pasaron á bordadores, pla- teros y arquitectos » — pues para ellos sabia el pintor— y á distintos ejercicios ágenosos á la pintura, formaban aquel distinguido núcleo de nuevas inteligencias, y aquella importante pléyade en quien luego se perpetuó, que transmitieron su nombre por todo el resto del siglo señalando sus primores y extendiendo sus estilos á profesiones diversas, dándole la grave importancia de haber fundado una escuela tan señalada en su patria, como poco común en otras de la pintura • Ver todo el cúmulo de documentos citados hasta aquí como obra de Viladomat, ó en que se dá noticia de él; sus obras de pintor y de dibujante, etc., donde todo esto está de bulto y como de ayer. ' Ver las noticias de personas dadas en las biografías y las mencionadas en los Apéndices: forman una larga lista de nombres y personas que debían constituir su intimidad ó compartir su afecto y trato. VILADOMAT. 207 española del siglo xviii i. ¡ Cuándo se vio en Cataluña, ni en la ciudad de Barce- lona más numeroso cortejo en torno de un buen pintor, ni taller mas ocupado por numerosos asientos ^! El nombre de Viladomat pudiera estimarse en mucho en sus noticias postumas por haber congregado así, al igual que Pacheco, Her- i*. rera, Valdés Leal y Murillo ú otros principales artistas de la escuela andaluza, las esperanzas del arte de cerca tres tercios de siglo. — Y con esta circunstancia hay que estimar también la de haber preparado para tan diversas artes á la ju- ventud del tiempo; y la de ser sus discípulos hijos de varios pintores y de dife- rentes artistas, algunos los de mas grande fama, otros muchos colegiados, sus enemigos tal vez, y quizás sus contendientes en los litigios artísticos, que se creían menos que él para formar sus retoños con elevación y ufaneza y le negaban los títulos con que enseñaba á sus hijos 3. ¡ Cuánto no debia admirar á quien les era inferior en títulos y diplomas! Y ¡ qué nombre debia tener el maestro de los mancebos para que á él se doblaran y le rindieran tributo de admiración y res- peto sus mismos envidiadores! ¡ Qué lejos debia estar de ellos ! Mas ¿ qué prácticas enseñaba, que ideas les imbuia, y con que espíritu enalte- cia á sus discípulos y escuela ? Conforme el uso del tiempo y á lo que él mismo nos dijo en sus litigios de arte, dividíase la enseñanza en lo que toca al diseño, así en partes de figuras como en la figura entera: en imágenes acabadas y en figuras de bosquejo, ó con la dicción de su escuela en demostraciones de figuras, con lápiz y sobre papel, medio por que se adquiria la ejecución acabada y la práctica de trazar; en la de la pintura al óleo, temple, fresco, aguada, bistre y quizás pastel ó empastado con varios lápices de diferentes colores; en la preparación de estos, composición de vegigas, y de lo mecánico de ello, y arte del moledor "*; en el manejo del pincel y empaste de las varias formas, múltiples procedimientos, arte de la grajidia ó ' Ver el Pleito de lyBg, fól. 9, i 21. ' El Álbum de dibujos inéditos de D. S. R. Campaner tiene un autógrafo de D. Manuel Tramullas, en que se representó por este su taller con numerosos discípulos. — Dudamos que superara en concurrencia al de Viladomat. 3 Mismo pleito; mismo lugar. Los más de los padres de sus discípulos son varios de los pintores de su tiempo nombrados en el Cap. v. Algunos de ellos Colegiados entablaron como cónsules pleito á Viladomat, maestro que fué de sus hijos. ' Ver pleito con los pintores: 1723,! i 4 y f ó l . 19, §23. La base de todas esas enseñanzas debían ser las tan prácticas de Carduci (Vicente). —Diálogos. — Eran la teoría y las experiencias practicadas en todas partes. 2o8 ANTONIO de dibujo á grafito, que á la sazón y después fué compañero del fresco y tan de moda empleado en los frontis de las casas; en la pintura á dos tintas é imitando el relieve ó como copia del yeso y reproducción del antiguo y de imágenes de escultura; en la copia del desnudo, el retrato y el paisage ó los cuadros de otros géneros á que presta el mundo real; en la composición é invención con todas sus reglas prácticas y sus preceptos morales ; en el arte de perspectiva, en que tanto se distinguía el catalán pintor, y que tanto admiró y estudió la renaciente pintura; en el arte escenográfico, una novedad en Cataluña hija de aquella centuria; en el arte de arquitectura que practicaba el pintor, como todo gran artista de las mejores escuelas, y en una palabra, en todo aquello que se decia necesario para poder ser maestro, amen de lo material con los preceptos, reglas, fiindajnentos y ciencia que incluía aquel arte á que pertenecía la obra, y que se habia conden- sado por nuestro Viladomat como fruto de sus experiencias y recuerdo de sus enseñanzas, en sus secretos de colores y buen método del arte de pintar •. Y, si en pintar fué maestro ¡ cuánto debia valer también en sus teorías de arte, quien las habia guardado, escogido y metodizado en sus apuntes artísticos, fruto de sus muchos años é inagotable pintar ! — S u s colecciones riquísimas serian para sus discípulos la mejor prueba del arte practicado según ellos, y el modelo mas no- table y de no frecuente hallazgo entre los que nos legó su siglo. Elevado era ercriterio del viejo Viladomat, y debian adquirirle los discípulos como le inculcaba el maestro. Además del ejemplo vivo de elevación artística y de nobles sentimientos que en su maestro velan y con que adquirían nobles hábi- tos de la educación artística, y además del constante ejemplo y la atmósfera su- blimada , vida de su taller, recibían altos consejos de estética espiritual y de bella emulación. Por lo menos debia entender con los cónsules del Colegio, acerca de los objetos del arte, que requerían del artista, el « que á sutiles impulsos del pincel persua- diera la pintura á los ojos del espectador la historia, que lo pintado significa »^; y acerca de otras cualidades, la indispensable necesidad para el que aspira á ser artista de tener ingenio ó talento, inclinación ó aplicación al cultivo de lo bello, con que lograr ser peritísimo en el arte del pintor ^; las diferencias del arte entre • Ver lugar ya dicho pág. 200 nota 4. 2 Pleito de 1723, fól. 13. ^ Pleito de 1723, fól 19, §23. VILADOMAT. 209 el liberal y el mecánico; la superioridad de aquel sobre el arte material ' ; la di- ferencia que habia entre la profesión y el estado ^, ó la independencia del arte de todo carácter público; las supremas habilidades que distinguen al pintor ^; la importancia de la pintura para el lustre de las repúblicas, en la honra de los pue- blos, en la educación social y en la riqueza de las naciones "*; el desprendimiento activo, hijo de la emulación y del orgullo del ingenio, que hace á los que ejercen las v artes virtuosas y> gozarse más en el mérito que en el fruto que pro- ducen ^; y el norte á que debia m i r a r , el ideal que buscar un artista superior, como el renombrado Apeles, Parrasio ó Miguel Ángel, Rubens ó Jordán 6, ú otros de quien supiera y cuyas obras recordara ó guardara en sus carteras por reproducciones y apuntes, y que debían parecer á sus ayudantes y discípulos , de divinizados seres envueltos en opacas sombras y en purpurinos celajes como dioses de otro Olimpo. Y con espíritu tal, y el de otras muchas ideas que se ex- ponen como suyas en el curso de este libro ^, debia aromatizar el espíritu de los jóvenes discípulos; levantar sus aspiraciones, dar vuelo á sus facultades y ape- garlas muy de veras á una de sus pasiones, la profesión del artista por la espe- ranza de la gloria, y el tornasol de ilusiones, que son el girasol del genio y el estímulo más potente para darse á la belleza. Con estas y otras teorías similares de las mismas, ponia Viladomat á su escue- la y sus discípulos en pleno renacimiento. É l , que fué de este período por las cualidades múltiples subjetivas y objetivas, de concepto y ejecución, que en nuestra Introducción dijimos, incluso ciertos conceptos de las fábulas paganas, que no por ser de su gusto, sino como gusto de su siglo debió poner alguna vez en la decoración privada ó en los públicos adornos, no podia dejar de ser el res- taurador de aquel en el arte de su comarca y en el tiempo decadente, con el es- piritual sentido y carácter nacional de la pintura española: con un alma nacional ' Pleito de 1739, fól. 5 bis. ' Pleito de 1723, fól. 20, g 25. 3 Pleito de 1739,? 23. * Pleito de 1739, fól. 7, I 22 y 25. ' Artes Virtuosas, términos tomados del italiano, y que por italianos se habia introducido en Catalu- ña. — Véase además pleito de 1723 , fól. 21 , g 29. * Fragmento del pleito de 1739 ya citado en el anterior, Cap., fól. 10, g 23. • Todas esas ideas y su espíritu están impregnados de bello espiritualismo. Toda su teoria debia tener este carácter: y visto el hombre y sus obras no cabe imaginar de otro modo. 27 210 ANTONIO y las formas más preciosas de los clásicos antiguos, de los maestros de su arte y de la vida del mundo real. Así amparaba la pintura en los decadentes dias un hombre oscuro, olvidado para el resto àe la Península , y mucho más del mundo artístico. Y no fué por- que estuviera en un lugar inferior á los mejores pinceles con que se enorgulleció el reino, y menos — debe decirse — á figuras tan secundarias como Palomino y García Hidalgo que en vano quisieron guardar las buenas ideas que quedaban. No acabó, pues hasta él, en el siglo xvni, malgrado el juicio de Cean y de otros escritores, ni por el fuego de la guerra llamada de sucesión, la sencillez y el de- coro, ni el buen gusto de las formas propio de la alta pintura ' ; pues aun esta- ba en pié firme en su vigoroso asiento, solitario y batido cual los troncos del desierto, quemado por el sol ardiente y en un terreno tan árido como la que- mante arena, un solo ingenio de talla singularmente robusto, que mecia sus vas- tas palmas sobre el espigado tronco. —Solo, en su patria nativa, sin más maes- tros que el tiempo, algun pintor extranjero que cruzaba el Principado, ciertos bocetos y estampas que hallaba desparramadas, ciertas ideas que encontraba al acaso, acá y allá, sin tradiciones vivientes que le unieran á otros maestros per- petuados en cien obras, sin haber ganado tierras, ni atravesado mares, como otros argonautas que buscaron otras Ciclades hacia Italia ó Alemania ó la veci- na Francia, y sin haber pisado los suelos de Andalucía y Castilla, de Aragón y Valencia donde hubieron otras Escuelas, y tantas joyas pictóricas que le pudie- ran servir de botafuego de espíritu , ni la Corte de las Españas, con ser la Corte del arte ^, donde estimular su ingenio, sentado en el buen cimiento del talento natural, de la aplicación y afición al arte que cultivaba y tomando el mundo real por su constante maestro, y por único estímulo la necesidad del trabajo, y ' Cean Bermúdez, que opi na lo que antes se expresa en un fragmento ya citado en nuestra Introducción. —Diccionario histórico, tom. i de i8oo, pág. Lvm. ' Ponz dijo ya, que Viladomat no salió de Cataluña. Otros viajeros aseguran que estuvo en Valencia, donde dicen que pintó la decoración de una iglesia, que no sabemos cual sea; más mientras no haya nue- vos datos probados por documentos, ó de modo irrefutable, diremos que sus muchos trabajos y las-fe- chas en que le hallamos ocupado en Barcelona y otras obras del Principado, no parecen haberle dado larga y quizás ninguna ocasión, para emprender un viaje que requeria algun tiempo en el siglo xvm. VILADOMAT. su afición á la pintura por platonismo de artista, superó y admiró á todos sus contemporáneos en su propia especialidad '. Ni su tiempo ni otro tiempo, ni el suelo de Cataluña, ni la España de Felipe, ni de D. Fernando y D. Carlos tu- vieron maestro ninguno — con todo y haber Colegios, las Academias de enton- ces , — que igualara á este pintor, ni hubo ya en los Colegios más maestro que un mancebo. Deténgase paso á paso en los años de su vida el crítico exento de partido, ó el estudiador del arte; cuente los importantes actos que colmaron la medida de los mejores artistas, y diga si hubo ninguno que con tan escasos me- dios , y en medio social tan pobre, — ¡ hay qqe fijarlo mil veces ! — se presen- tara más rico y apareciera más grande. Porque, como dijo otro artista del si- glo XIX, iXfué el último suspiro de la Escuela Española '. Vivió sin ser sugetado á la veleidad de nadie, ni al alcázar de los reyes , ni al palacio de los grandes; pintando para el templo, el claustro ó la casa señorial, ó las moradas públicas ; dando á su arte las alas que tanto alabó Platón, para que volara suelto y aborreciendo la jaula, hasta la jaula dorada. Pasó su vida de artista sin alcanzar más títulos que los que le dio su arte, con singular deslumbre, sin ser colegiado, ni académico como fueron sus discípulos. Y murió como vivió, humilde en su propia casa, bajando al sepulcro modesto, sencillamente enterra- do á los 22 de Enero del año 55 ^, — no el dia 19 como se ha escrito hasta hoy*, — sin la ostentación y el lujo — que equivocando la estima fué á parar á menor talla por yerro de la fortuna ^; — acompañándole en duelo sus parientes y sus amigos y el séquito del afecto, que en tan solemnes momentos le guardaron por lo modesto, aquel carácter sencillo, popular y catalán, que fueron sus rasgos na- tivos y su filiación de adulto. Y la posteridad sincera le mirará en adelante como árbol gigantesco, que con todo y haber secado, pasma aun por su alto tronco y sus descarnados brazos. • Todo esto nos parece preciso repetirlo al resumir. ' D. Pablo Milá, en su curso de Teoría de las Bellas Artes dado en la Academia, hoy Escuela de Bellas Artes de Barcelona de i855 á 57. 3 Ver Apéndice xxvi. ' Ponz, Cean y Piferrer; todos los que han nombrado á Antonio Viladomat. ' Ver sus discípulos. Los Tramullas, Cap. ix.