ARTES M^&s^ \ RC U¿acic ^oi'^io He^U-eS- EXPOSICIÓN DE ARTES SUNTUARIAS. —»^0<£-°— BARCELONA.-1877. ÀLBUM HELIOGRAFICO DE LA D iïïs i m i s E CELEBRADA EDIFICIO DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA EN SETIEMBRE Y OCTUBRE DEL ANO >»:=»»i»c:^ èm BARCELONA: IMPRENTA DEL HEREDERO DE D. PABLO RIERA, CALLE DE ROBADOR, N.* 24 Y 26. 1878. '^) •¿í!^>-' PRELIMINAR Al proponer las bases de las ferias y fiestas últimamente celebradas en esta capital, ocurrióse desde luego á la COMISIÓN ARTÍSTICA Y LITERARIA la idea de abrir una Exposi- ción de artes suntuarias antiguas y modernas. ¿Por qué en tales ocasiones suele predominar esa idea favorable al movimiento artístico? Por dos razones bien obvias: la primera, la convicción de que el arte necesita auxi- lio, habida razón de su sensible atraso entre nosotros: segunda, la otra convicción más ó menos reconocida y paladina, de que el cultivo del arte interesa á una ciudad que se jacta de primar en industria y en comercio. No es de hoy tal convicción, ni de hoy tampoco el esfuerzo hecho para que nuestras artes florezcan: no basta, empero, un vano vocerío^ ni aún la generosa iniciativa, con frecuencia tomada, por autoridades y corporaciones protectoras. Hay sobre todo esto un elemento que de necesidad debe predisponerse, á fin de que ni las voces se pierdan en el vacío, ni los esfuerzos é iniciativas resulten estériles: tal es el gusto, ó mejor, el sentimiento púbhco, aducido á sus naturales inclinaciones, depurado de hábitos corrup- tores, de preocupaciones torcidas, de prevenciones falibles y de ridiculas jactancias. España, al traves de grandes peripecias, se ha visto pasar, casi sin sentirlo, de un ayer refractario á las modernas conquistas de la civilización. Como niño á quien se entrega un valioso juguete, háse aprovechado de él sin darse mucha razón de lo que costó elaborarlo, y esa elaboración, conseguida por naciones más reflexivas ó tranqui- las, á vueltas de trabajos preliminares que suponen en ellas un estado de instrucción gradual, ha sido para nosotros casi una improvisación, cuya falta de base deploramos y seguiremos deplorando con frecuencia. De ahí, en primer lugar, el presente atraso relativo, y luego el defecto de instruc- ción que, no sólo nos impide progresar, sino que hasta malea y esteriliza lo mismo que aquellas naciones nos traen hecho. De ahí también esa adulteración del gusto y del sentimiento que, mal dispuesto para recibir perfecciones sucesivas, origina toda clase de aberraciones, no sólo en lo artístico, literario, filosófico, etc., sino en lo político, administrativo y social. Seducidos por las encantadoras apariencias de la novedad, nos detenemos en la superficie de ella; queremos gozarla sin reflexión, obramos enteramente como chiqui- llos, queriendo entenderlo todo, sin comprender cosa alguna. Á eso ayudan nuestro carácter impresionable, y la corriente novelera que la fuerza de tantas revelaciones no ha podido menos de causar; pero ¿es esto formal? ¿no ha de llegar el día en que nos detengamos en tan falaz carrera? Sin alejarnos de nuestro objeto, dado que el cultivo de las artes es indispensable á nuestra ciudad industrial, y que ese cultivo debe extenderse y perfeccionarse, la idea oportunamente utihzada por la susodicha COMISIÓN LITERARIA Y ARTÍSTICA merece aplauso; y siquiera, para que no se diga que todo se fué en bengalas y chirimías, de- bemos congratularnos de que ella haya tenido realización. Muchos y ardorosos esfuerzos se requirieron; grandes y crueles decepciones vinie- ron sufriendo sus ejecutores; pero ¿qué importa? la fe trae su martirio, y el que es mártir de una idea, debe arrostrarlo todo, y sobre todo la befa de la ignorancia y el frío del excepticismo. Gradúan algunos de mezquina la Exposición celebrada, juzgando por la escasa con- currencia del púbhco y los parcos y equívocos elogios de la prensa. Todo eso es verdad, y debía ser así. Una Exposición improvisada, ingerida como otro festejo más entre muchos que se llevaron la atención principal, mal secundada por aquellos que debían lucirla,—el ele- mento artístico que veía mayor ahciente en otra exhibición negociada; el industrial ahito de manifestaciones recientes; el oficial, en parte, y el profesional y académico, celosos ó recelosos de los resultados;—la dualidad de la misma Exposición, que preci- saba subdivisiones en la acción colectiva, requiriendo elementos y medios contrapues- tos; la incoherente promiscuidad de trabajos y preparaciones dentro de un mismo local; la urgencia de tiempo y exigüidad de recursos; el aislamiento no pensado de las sub- comisiones organizadoras, y las abstenciones ocurridas donde más favorable acogida debía, esperarse, son causas más que sobradas para que demos fundamento al primer cargo. En cuanto al retraimiento del púbhco y de la prensa, las enunciamos antes, sin poder desistir de nuestro juicio, y sin que por eso neguemos la influencia del segundo motivo. Una Exposición como la de que se trata, verdadera novedad en este país, debía naturalmente ofrecer un parangón entre la suntuaria antigua y la moderna: á un nú- mero dado de tipos concretos, debía oponer otro análogo de similares; colocar al lado de las producciones arqueológicas, otras de la vida actual, para que á la simple ins- pección el visitante poco instruido, ó con maduro juicio el inteligente, apreciasen las afinidades ó diferencias, el origen y desarrollo, la derivación de las artes lujosas, por congenie ó sincronismo, por grupos ó analogías, por materias y actuaciones, por pro- cedencias y localidades, al objeto de saber algo de lo mucho que nos falta en materia tan complexa. Y no digan la ignorancia y el excepticismo que semejantes enseñanzas son ociosas: cuando cada uno de esos infinitos ramos contiene su razón estética, su credo, su gra- mática y su historia, es procacidad necia renegar de ello; es matar las artes en su base, y echar abajo de un soplo un edificio cuya creación costó centenares de años y el sa- crificio de miles de generaciones. Desgraciadamente la sección moderna tropezó con mayor retraimiento que la antigua, si bien no han faltado buenas producciones, como las metalísticas, de D. Francisco de Paula Isaura; las cristálicas, de D. Venancio Díaz y D. Francisco Castelltort; las arqui- tectónicas, de D. Jerónimo Granell; las escultóricas, de D. Antonio Massagué y D. En- rique Bosch; IdLSplásticas, de D. Casimiro Luchesi, Sres. Santaló, Gelabert hermanos, Pascual, etc.; las mohiliarias, de Guarro, RotUant, Bonastre, Busquets, Pinet, Fla- merichs; las cerámicas, de D. Magin Fita, Sres. Folch y Brossa, Tarrés, Chaminade, Lauzum, Molist; las musivas, de Boada é hijo; las fusiles, de D. Francisco Usich; las textiles, de D. Juan Hernández; las consútiles, de D. Fernando Cardús, D. Manuel Mi- ralles, hermanos Molió; las ceroplásticas, de uno de éstos; las caligráficas, del malo- grado D. Jaime Serra y Gibert, etc., etc. Descollaba ademas singularmente una riquísima colección de pinturas clásicas de buenos maestros, en que por rara fortuna se han podido admirar originales de Yelaz- quez y Murillo, Juanes y Ribera, Cano y Goya, Rubens y Caravaggio, Mengs, Viladomat, Flauger y Montaña entre los maestros catalanes; Madrazo, Ferrant y otros entre los modernos; con una riquísima colección de grabados desde Durer y Van-Ostade, hasta Morghen y Ametller. De la sección antigua diremos poco en este Prehminar: á ella se ha destinado el Álbum que presentamos, y cada uno de los grupos ó divisiones de él contendrá noti- cias suficientes. Fáltanos sólo vindicar á la arqueología y á los arqueólogos de cierta prevención con que se ha querido ridiculizarles, como si el venerable polvo de los siglos pudiera des- lucir al que sacrifica su vida, y á menudo sus intereses, con la sola mira de salvar secretos tesoros devorados por el tiempo. Desde que Walter Scott publicó su Anticuario, no cesaron las rechiflas contra esa clase benemérita; y sin embargo, aquel escritor era un coleccionista apasionado, que á tal afición debió el mayor éxito de sus obras. Á semejanza suya, los principales artistas y literatos pusieron ahinco en rodearse de objetos antiguos, y no sólo los Dumas, los Mery y los Fortuny, sino los Thiers y los Roschild, al culto de la arqueología se han esmerado en consagrar sus ocios domés- ticos y los sobrantes de su fortuna. Necesitábase la estólida superficialidad española para hacerse aún hoy un hazmereir del apasionado á lo antiguo; como si lo antiguo no fuera el cimiento de lo moderno; como si los modernos no fuéramos hijos de las obras de nuestros padres, y como si á tal punto pudieran envanecernos las actuales, que por las mismas despreciáramos aquellas admirables, suma del producto de tantos esfuerzos, sello de tantas civiliza- ciones, síntesis de tanta fervidez y lozanía, de tal inspiración y de tales glorias! Hace ya un tercio de siglo que en cierto periódico leíamos estas frases de E. Gil, á los cuales, aun después del tiempo transcurrido, hay poco que enmendar. «La mayor parte de las publicaciones españolas, con leves y muy honrosas excep- ciones, prescinden de nuestra historia y de los monumentos de nuestras artes: de real orden se ha demohdo y demuele, y cuando no, se deja caer lo que en pié queda des- pués de tantas guerras y trastornos; lo pasado va hundiéndose en las tinieblas eternas del olvido, lo presente nos aflige y desconsuela, el porvenir está preñado de incerti- dumbres y temores, y sin un esfuerzo de las inteligencias elevadas y de los corazones generosos, pronto nos veremos como un bajel que encalla en una playa inhospital y desierta. J > Precisamente el suelo español es de los que más agitaciones han sufrido, y más glo- rias han acumulado. Aquí se cruzaron infinitas razas, y se dieron cita naciones diversas, ya en son de amigas, ya en el de contrarias, para crear ó destruir intereses, cuya multitud y varie- dad presentan originalísimo cuadro en el orden de sus mutaciones. Esa serie de sucesos, que forma el tejido de la historia patria, dejó rastros vivos, de que se nutre la arqueología; campo vastísimo y no bien reconocido de exploración, donde á cada paso halla el investigador revelaciones y sorpresas inauditas, sobre los vagos orígenes, las raras complicaciones y los sorprendentes desenlaces de aquel tejido. ¿Quién, pues, sin mengua suya, mirará con desvío una ciencia que tan importante papel viene á jugar dentro de la órbita de los humanos conocimientos? Si con razón se dice que España carece todavía de historia^ ¿quién osará menos- preciar dicha ciencia, á la que se deben, entre muy recientes descubrimientos, los de Albuñol y otras localidades de Andalucía, que tan hondos misterios han revelado de las edades prehistóricas; los de Yecla y Cerro-Santo, que han presentado un mundo nuevo en la generación de nuestros aborígenes; los de Empurias, Tarragona, Itálica, Murviedro, que no cesan de verter luz sobre el estado de grandeza ó miseria de antiguas metrópolis; los de Guarrazar, que de golpe dieron una fase tangible al desconocido ser de la sociedad visigótica, y otros y otros que diariamente vienen á despejar los arca- nos de la Edad media, ó las interioridades de tiempos más cercanos á nosotros? ¿Es todo eso despreciable y baladí? Del arqueólogo, cuyo ahinco y perseverancia favorecen tamaños descubrimientos, lo menos que quepa concedérsele, es rectitud de juicio, buen gusto artístico y eleva- ción de alma. Entiéndase del verdadero arqueólogo, no de todos los denominados anticuarios, para algunos de los cuales acaso, el aludido W. Scott escribió su novela; ni de ciertos colec- tores risibles, que á semejanza de la lagartija de Triarte-, por manía de recoger lo apa- ñan todo, hasta los cromos de cajas de fósforos y los sellos de correspondencia. Gran rectitud de juicio es, por cierto, buscar los conocimientos históricos en sus fuentes legítimas, piedras miliarias de su desarrollo, autografía de sí misma, verdadera fotografía de edades fenecidas, que milagrosamente nos dejaron algunos rastros mate- riales, donde aun nos cabe el placer de tocarlas, y respirar algo de su vida é inspirarnos de su propio ser. Ademas, sólo una persona dotada de gusto artístico es capaz de consagrar su exis- tencia á la allegacion de curiosidades, que no tanto se quilatan por la valía intrínseca, como por su esencia y foíma; forma necesariamente nueva, peregrina, original, y de consiguiente artística en la especialidad de su gusto ó estilo dados, lo cual supone segura noción de éstos, y constante aspiración de ampharla, tendiendo siempre á in- versiones útiles y sucesivas perfecciones de una y otra; cuya afición, por el mero he- cho, se convierte en buen gusto. Mas no siempre el interés de un objeto arqueológico queda ceñido á la forma ó á su cualidad artística: la procedencia y las vicisitudes, el destino y la aplicación, pueden y suelen elevarle al rango de una santa reliquia, que vincula en sí delicados afectos, altísimas inspiraciones, todas aquellas veneraciones y remembranzas que en el orden moral purifican el alma, sublimando el espíritu y enagenando el corazón. Como el rizo de una mujer querida, ó como el último recuerdo de un padre ó de una madre, hay antiguallas en apariencia fútiles, que encierran valor inapreciable, por únicas, por singulares, por haber pertenecido á alguna celebridad, por referirse á un hecho sonado, por relacionarse con la historia de una entidad cualquiera, monumento, solar, nación, familia, etc. Ahora bien: semejante culto, propio sólo de almas sensibles, ¿no es un nuevo tim- bre para el arqueólogo? Insistimos en eso tanto más, en cuanto las corrientes de las escuelas modernas, morales, políticas y sociales, parecen conjurarse contra todo lo antiguo; advirtiendo que tal ceguera ó preocupación es común especialmente á los fanatismos extremos, como se ha visto en recientes luchas, — guerras ó revoluciones. ¿Por qué ese odio? ¿Acaso el conocimiento de lo pasado impide seguir adelante? ¿Es incompatible el progreso con los monumentos? ¿No son ellos un depósito sagrado que recibimos de nuestros abuelos, para transmitirlo á nuestros hijos; un mayorazgo que vincula la nobleza nacional, cuya ejecutoria son los timbres de progreso, que muy costosamente por cierto, reaUzaron nuestros predecesores? Lo hemos dicho, y no cesaremos de repetirlo. Sólo la ignorancia ó el excepticismo pueden sublevarse contra la ciencia arqueoló- gica, ó sea el conocimiento científico de nuestro pasado en todos los ramos; pero allí donde alienten almas superiores, espíritus verdaderamente ilustrados y despreocupa- dos, corazones ardientes y accesibles á cuanto civiliza y depura al hombre, dulcifica y hermosea la vida, eníaza y estrecha los vínculos sociales; allí se preciará y cultivará esta ciencia, que es, y no puede menos de ser cada vez más, sólida base del monu- mento de nuestra grandeza. Y ya que hemos hablado de los apáticos, séanos lícito, en conclusión, pagar una justa deuda de gratitud á los entusiastas que nos han secundado y favorecido, comen- -^( 10 ) ^ zando por el simpático D. Felipe Jacinto Sala, que desnudó sus salones para enriquecer la Exposición con los mejores cuadros venidos á ella, algunos de grandes maestros an- tiguos y modernos; los distinguidos señores marques de San Miguel de la Vega, condes de Belloch y Figuerola, D." Rosa Colom, la señora viuda de Parcerisa, D.'' Maríangela Piera, Moliné hermanos, D. Jerónimo Faraudo, D. Ramon de Marimon, hermanos Car- reras, D. Antonio María Morera, D. Bartolomé Bosch y Pazzi, D. Jaime de Puiguriguer, D. Domingo Vidal, D. Víctor Caze, D. Francisco Larrosa, D. Juan Pons y Forns, D. Juan Herrero, D. Jaime Moratona, D. Agustín Urgellés de Tovar, sucesores del Dr. Campaner, D. Federico Bordas, D. José María Caner, sociedad «Taller Embut,» D. José de Roselló, D. Eduardo de Casanova, el excelentísimo é ilustrísimo Cabildo Catedral, el excelentí- simo Ayuntamiento, la Audiencia del Territorio, la Bailía del Real Patrimonio, la Real Academia de Buenas Letras, el Seminario Conciliar, algunos monasterios y parroquias, inclusas las rurales de San Ginés, Horta, Bagá, Papiol, Sarria, las señoras religiosas de Pedralbes, el Cura párroco de Granollers, y señaladamente los representantes de varios gremios suprimidos de Barcelona (revendedores, curtidores, zapateros, carpin- teros, galoneros, plateros, arte mayor de la seda, etc.,) los cuales generosamente se prestaron á todos los deseos de la subcomisión. De ésta nada diremos, para que no se achaque á inmodestia, ya que en nombre de ella se habla; pero bien cabe consignar que la mayoría de sus individuos se multipli- caron para salir airosos del compromiso, llenando de la manera más digna posible el encargo ó confianza que recibieron de su mandante, la ilustre COMISIÓN ARTÍSTICA Y LI- TERARIA. Grandes fueron sus trabajos y no escasas sus decepciones, conforme se lleva dicho; pero todo lo dan por bien empleado si algo queda, testigo el presente Álbum^ y si el público les hace justicia de creer que en celo, en alientos, en afición y ahinco, nadie le hubiera servido con mayor deseo, aunque tal vez, dadas otras circunstancias, lo alcan- zara con mejor resultado. EXPOSICIÓN DE ARTES SUNTUARIAS. -«=>C<=·—;=— Antes de entrar en materia, séanos lícita una breve salvedad, á fin de orillar críticas. El nombre de Artes Suntuarias es moderno. Antiguamente la denominación de Suntuarias se daba á las leyes represivas del lujo; pero hoy, aunque en acepción no muy concreta, se apropia á las artes secundarias de aplica- ción ornamental y de decoración, especialmente en mobiliario é indumentaria. No parece, sin embargo, aventurado hacerla extensiva genéricamente á las Bellas Artes, siquiera por lo que tienen de decorativas, y bajo tal sentido las abarcamos en este Álbum, conforme hicimos en la misma Exposición, obligados por la necesidad de admitir gran número de piezas iconográficas y pictóricas en extremo originales, que otramente, ciñéndonos á la genuina materialidad de la palabra, se hubieran tenido que desechar. Por eso se dividió la Exposición en tres grupos ó clases, á saber: 1.° Bellas Artes, comprendiendo cinco secciones: Arquitectura, Escultura, Pintura, Grabado, Accesorios (tipografía, sigilografía, etc.). 2.° Mobiliario, subdividido en Muebles, Utensilios, Cerámica, Orfebrería civil y religiosa. Tapicerías,etc. 3.° Indumentaria, comprensiva de Trajes, Ropas, Alhajas y Armas. En puridad, estas clasificaciones y divisiones son más propias de las Artes retrospectivas, que de las Sun- tuarias propiamente dichas; pero la verdad es que la Exposición fué tomando aquel carácter, y toda vez que la fuerza de las circunstancias, entre ellas la falta de tiempo y de libertad de acción, impusieron este pié forzado, no creemos sea gran daño, excusada la impropiedad de elocución, haber logrado juntar las muchas y notables rarezas que admiraron los aficionados y el público. Ceñido, pues, á las mismas bases, va el presente Álbum, que será un reflejo perdurable de tan curiosa exhibición. GRUPO 1." IBellas artes. SECCIÓN 1.' Arquitectura. Por dichas razones de tiempo, de lugar, de pié forzado y otras fáciles de alcanzar, no hubo medio de que esta sección de las Artes viniera bien representada. Algunos fragmentos de poca valía en lo antiguo, y las bellas labores de los Sres. Folch, Fita, Luchcsi y Gra- nell en lo moderno, notablemente una sección del altar mayor, de gusto ogival, destinado á la parroquia de la Concepción, y un oratorio particular del mismo estilo, fueron las solas muestras exhibidas en representación de la más primordial, genuina, rica y abundosa de las bellas artes en nuestro país. SECCIÓN 2.' E««ultura. La escultura es un arte extensísimo, casi uno de los primeros instintos artísticos é industriales del hombre, propio de todo lugar y tiempo, y acomodable á toda clase de objetos, materias y destinos. Los ejemplares más antiguos que en la Universidad han figurado, son de la época romana, perteneciendo á la ^ 12 )s^ Real Academia de Buenas Letras de esta ciudad los siguientes: una pequeña ara y un cepo de piedra común; dos medallones mármol conteniendo bustos; otros dos, imitación romana (emperadores César y Domiciano), proceden- tes, según noticias, de una casa del Renacimiento que existió en la plaza de la CucuriiUa (hoy casa Castañer), y una lápida de la buena época, muy entera y de trazo vigoroso. Otros dos ricos medallones (Nerón y Julio Vero), éste sa- cado de Nimes, fueron exhibidos por D. Ramon de Marimon de Hortal, á quien se debió asimismo la importante colección glíptica de amatistas, topacios y otras piedras sigilarlas grabadas, en número de hasta setenta y siete piezas, muchas recogidas en Empurias, y otras en diferentes localidades de Francia é Italia. Debiéronse ademas al señor conde de Belloch una regular figura de guerrero en bronce, á D. Eliodoro Castelló dos ídolos, barro y madera, y á dicho Marimon, á D. Agustín Vintró y á D. Jacinto Sala algunos modilatos en bar- ro, cobre ó marfil de origen egipcio, indio, chinesco, etc. Representaron la Edad Media, la propia Academia de Buenas Letras con una donosa imagen de Nuestra Señora (alabastro, s. XIÍI), un alto relieve sepulcral figurando entierro, bien tallado y conservado (s. XIV), una Virgen de la Salud, sentada, de madera sobredorada y pintada, de la parroquia del Papiol (s. XV), otra pequeña Virgen en boj, cuyo pecho se abre á manera de díptico, mostrando en su interior finas y diminutas escenas de la Pasión (s. XV, prop. del señor conde de Belloch), un primoroso díptico de marfil, especie de tabletas que representan la vida, muerte y coronación de Nuestra Señora, y el juicio final de la parroquia de San Miguel, (s. XIV), unas figu- ritas y un niño marfil del Sr. Vintró, otra, plañidera de un sarcófago, exhibida por D. José O. Terez, y un frag- mento de pináculo, estilo ogival, del siglo XIV, perteneciente á D. Jaime Amer. De la época del Renacimiento trajo el Ilustre Cabildo Catedral una capillita de alabastro montada en madera (estilo plateresco), cobijando en su centro una estatua de la Virgen del Rosario, y orlada todo alrededor con meda- llones de los quince misterios, dorados y policromados, que forman en total un vistoso conjunto. El grupo mar- móreo de la Piedad, de las religiosas de Nuestra Señora de los Ángeles, es algo posterior, y lo mismo un pequeño relieve del Azotamiento, propio de la Academia de Buenas Letras. Á ésta pertenecen igualmente dos bustos en madera groseramente tallados, de Fray Juan Garin, y el ama te- niendo en brazos al conde niño Mirón que prodigiosamente habló al penitente ermitaño, cuyas figuritas recordaron largo tiempo la memoria de este suceso, en el mismo palacio de Valldaura, que diz fué teatro de él. De fechas más vecinas son un bajo relieve marfil de D. Eusebio Auge; una pequeña Virgen, idem, de D. Roman Arnet; un San Pablo, idem, deD. Agustín Urgellés de Tovar; un escaparate con imagen miniatura de D. Luis In- glada; un cuadrito con la Virgen y el Niño, marfil, del Sr. Vintró; otra Virgen del Rosario, madera, del párroco de Santa Cruz de Olorde; un San Francisco de Paula, idem, de D. Francisco Planas; etc., etc., mereciendo especial señalamiento el precioso crucifijo, marfil, de D. Eusebio Torres, atribuido á Miguel Ángel, que si no es del gran maestro, es indudablemente obra de matio muy hábil; otro bueno, propio de D. Liiis Balaguer; la bocina prolija- mente tallada en un colmillo elefantino, que lleva el retrato del rey Gustavo Adolfo de Suècia, á quien perteneció sin duda; la pila de agua bendita que, en forma de doble casilla, contiene dos primorosos grupos de figuras marfil (adoración de los Santos Beyes y Crucifixión del Señor), perteneciente á D. Jaime de Puiguriguer, heredada de su abuela D." Isabel Burgès, á quien por regalo de boda se la envió el Ilustrísimo Señor Arzobispo de Méjico el año 1776. No carece de gracia el relablilo venido del gremio ó corporación de Prácticos del puerto, labrado en 1748, y proveniente de una capilla que allí hubo. Tampoco son para olvidadas otras dos figurinas parejas de marfil (damas chinescas), propiedad de D. Felipe J. Sala, y como especialidad en ceroplástica, tiene gran mérito el cuadrito de la meditación de Jesús antes de su sacrificio, rodeado de ángeles y gloria, pertenencia de D. José Cruz, que no sin causa lo atribuye á Amadeu; siendo de la misma clase dos medallas, retrato de cardenal la una, y de señora del siglo XVIII la otra, expuestas por D. Alvaro Verdaguer, y otros dos retratos, época de la Revolución francesa (pro- piedad de D. N. Sastre y Cabañeras). Mencionaremos, en fin, un cuadro bajo relieve del Nacimiento (de D. Bamon Masolivcr), y una estatua de san Mariano penitente, obra del citado Amadeu, según su dueño D. Bartolomé Bosch y Pazzi. En la sección moderna distinguíanse unos angelitos del propio Amadeu (del Colegio del Arte mayor de la Seda, de su misterio de Semana Santa) y un grupo de figuras al natural, paso de otro misterio de dichas procesiones (en- tierro del Señor), propio del gremio de Revendedores, que el público barcelonés solía celebrar entre las mejores de su clase, y no sin fundamento, por ser trabajo castizo, aunque francamente despachado del célebre Campeny. Como se ve, no ha faltado á esta sección un desarrollo bien seguido, con buenos tipos, algunas verdaderas es- pecialidades, y alhajas de no escasa valía. Á título de accesorios en sigilografía y numismática, productos de acuñación ó fundición, cuya matriz es una escultura, distinguíanse en la primera clase las piedras y camafeos, y algun sello emporitano del Sr. Marimon, y un bonito facsímil del calendario mejicano, por lo antiguo; por los tiempos medios dos sellos anulares de plata, siglo XIV; una matriz de bronce, siglo XV; una de plomo, de D." Juana la Loca, y otra de D. Felipe IV, presentadas por D. Ar- turo Pedrals; el rico cuadro mostruario de la Sociedad catalanista de excursiones científicas, conteniendo trece sellos reales ó monásticos en cera, algunos raros y pacientemente restablecidos, lo que prueba el celo y diligencia de esta - ^ ( 13 )€^ naciente Sociedad que tanto puede favorecer ala investigación arqueológica; algunos otros colgantes de pergaminos originales, del Cabildo Catedral y de D. José Fiter, y el antiguo sello de plomo de San Cines de Agudells, exhibido por su señor Cura párroco; finalmente, por lo moderno vinieron algunas medallas, cajitas, estuches, unas campa- nillas de metal, unos morillos de bronce para chimenea, etc., exhibición de diferentes expositores. En la sección numismática figuraban cuatro principales colecciones: una titulada universal de monedas de co- bre, antiguas y modernas, de D. Antonio M.° Morera; otra de coloniales, imperiales y familiares, romanas y griegas, perteneciente á D. Federico Bordas, con ejemplares muy raros por cierto (1); un mostruario en nueve cartones de D. Francisco Larrosa, y un cuadro de diversas piezas laboriosamente recogidas por un obrero, D. Pedro Alsina, á quien esta muestra hace tanto más honor, en cuanto deben suponérsele menos medios y conocimientos que al común de los coleccionistas: también otro expositor presentó á última hora algunas monedas raras que no cupieron en el catálogo. Notables son en su clase el cincuentin de plata del reinado de Felipe III, y el centin de oro de Felipe IV, que expuso dicho Sr. Bordas, y otro cincuentin y un doble centin de oro (valor de mil pesetas), del reinado si- guiente, propiedad de D. J. de Puiguriguer. SECCIÓN 3." Pintura. Cuatro grandes salones, revestidos casi enteramente de lienzos ó tablas, han dado á la reina de las bellas artes colmada representación. Jamas, de seguro, se vio en Barcelona una colección tan numerosa y selecta de ejemplares pictóricos, desde lejana antigüedad hasta el día, para seguir paso á paso la carrera de sus adelantos. Sabido es que entre griegos y romanos alcanzó este arte sumo grado de perfección. La gracia de los etruscos, la delicadeza pompeyana, se reflejan vivamente en unos estucos del Sr. Moliné, halla- dos, según su decir, en excavaciones de Tarragona, pero cuyos asuntos conocíamos ya de antemano por haberlos visto en colecciones extranjeras de los museos de Ñapóles y Sicilia. Para nosotros dichos estucos son copias, pero estando hechas con toda la verdad é ilusión de sus originales, producen el efecto de los mismos, y dan buena idea de aquellas florecientes escuelas. Al caer el imperio romano, sucumbieron las bellas artes, y fué necesaria una verdadera reengendracion para que otra vez el ingenio tomase vuelo, renaciendo, como el Fénix, de sus cenizas. Las sombras de muchos siglos velan el misterio de este nuevo Génesis; y si en Oriente apenas una tradición convencional y hieràtica mantiene viva la llama sagrada, en Occidente reina una oscuridad casi absoluta hasta mediados del siglo VII. Vanamente Carlomagno en Francia y los Alfonsos en España procuraron realzar su grandeza, apelando, entre otros, al elemento artístico: pero ; cuan míseras y mecánicas fueron las producciones de aquel tiempo, á juzgar por los escasos monumentos que han llegado á nosotros, tablas ó miniaturas, aún de los siglos XI y XII! Una de estas tablas es la que, oriunda de la capilla de Santa Margarita, cerca de San Felío de Torelló, ha remi- tido el Ayuntamiento de Vich. Ella pinta con más elocuencia que cualquier discurso, la situación del arte pictórico en aquella lejana fecha: dato peregrino y casi único en Cataluña, pues sólo le conocemos otro semejante, que es un frontal todavía en servicio, de la parroquia de Llanas, junto á Camprodon. Humildes, parásitas, inconscientes entrambas, son dos candideces rudimentarias en pintura; pero ¡qué significa esto, si para la historia del arle en- cierran el valor de dos joyas irreemplazables, fruto de una sociedad muerta hace ya ochocientos años! De la pintura hieràtica bizantina es excelente ejemplar la tablita del juicio final, propia de D. Bartolomé Bosch y Pazzi ó de su señora, que los inteligentes han visto con admiración, sin empero acertar á definir su edad, que no parece de mucho remontarse á los siglos VIII ó IX. De igual escuela y semejante á otras muchas Vírgenes que le pertenecen, es la exhibida por D. José de Togores. En el siglo XIII se acentúa el adelanto: juzgúese por otras cabezas y bustos de Vírgenes, que presentaron las religiosas de Pedralbes y el Cabildo Catedral, siendo remarcable la de un cuadrito con puertas, de éste, digna del pincel de Cimabué. Un tríptico del canónigo Sr. Codina y el Salvador de D. Nemesio Singla, acusan un progreso relativo. Por los fragmentos de retablos de los Sres. Carreras hermanos, y de los sucesores del Dr. Campaner, que per- tenecieron á D. José Genescá, se evidencian los esfuerzos que venía haciendo el siglo XlV! (1) Según nota que él mismo nos ha comunicado, las monedas que eibibió, unas de cobre y otras de plata en dos planchas, eran de números 1 á 7 en la primera, imperiales romanas, de grandes bronces las números 1, 2 y 3, y medianos las restantes; del 8 al 19 autónomas ó acuñadas en España, desde la dominación fenicia, siendo de este origen la 16, celtiberas las de números 13, l i y 18, y las otras latinas. La segunda plancha en plata, contenía coloniales griegas de Italia (números 1, i y 3), imperiales romanas (números 4, 5, 6 y 7), familiares patricias (números 8 á 11), y árabes acuñadas durante la domi- nación de éstos (números 12 y 13). -»^( 14 )-^o- El artista comienza á traducir la vida, pero lucha con la falla de conocimientos técnicos, modelado y planta de la figura, perspectiva real y aérea, transparencias del color, efectos del claro-oscuro. Todo eso le obliga á apelar á recursos chavacanos, contorsiones y exageraciones de accionado, absurdos de agrupamiento, platitudes incongruas de tono y efecto: rebosan sus obras, sin embargo, tan infantil sentimentalismo, una fe tan candorosa y una verdad tan nimia de detalles, que esas pinturas llegan á ofrecer valor artístico, é indudablemente le tienen mucho histórico y arqueológico. De la transición ó primeros tiempos del XV, son una tabla del Calvario, de D. Luis Carreras, el Santiago, proce- dente de Junqueras, hoy parroquia de la Concepción, una tablita de la misa de san Gregorio (del Sr. Sala), otro pequeño Calvario, de D. José Puiggarí, y un donoso trípticofigurandodos santos y una santa, tamaño casi natural, de otro de los Sres. Carreras (D. Cayetano). Perfecciones ya en absoluto, reúnen el precioso frontal del Azotamiento, del gremio de Zapateros, recomendable por su perfecto estado de conservación; una tablita del casamiento de santa Ana, del Sr. Sala; otra tabla en tres comparticiones, coronada defiligranasy pináculos, del Excelentísimo é Ilustrísimo Cabildo; otra del mismo, com- pañera de la anterior en delicadeza y finura, representando las bodas de Cana; una excelente de santa Clara, dç D. Agapilo Vallmitjana; varias piezas del antiguo retablo de San Miguel, del gremio de Revendedores; las soberbias tablas de san Agustín, del gremio de Curtidores, que sorprenden por su grandiosidad de estilo; el tríptico de los santos Abdon y Señen y el obispo san Avian, adquirido del gremio de Zapateros por el referido Sr. Vallmitjana, y una tabla del paso de la Verónica, del señor marques de San Miguel de la Vega. Sigue adelante el progreso en los cuadros de las parroquias de Sarria y Granollers, sobresaliendo los cuatro reyes y profetas de esta última; y si el ya conocido de Bermeio que el Cabildo Catedral heredó de sus arcedianos, nos patentiza un arte digno de los Van-Eyck y Metzis, á su vez no le van en zaga el hermoso tríptico de la señora viuda del malogrado Parcerisa, y las cuatro tablas del colegio de Plateros, obra de magistral ejecución, que tiene elegancias al nivel de las del Perugino, y minuciosidades comparables sólo á las de los flamencos. Alborea el Renacimiento en otro cuadro de dichos Revendedores, quefigurala Virgen Reina, cortejada por cuatro santas, dechado de purismo místico, sin faltarle corrección notable; y avanzando el siglo XVI, tenemos al lado de las dos tablas de San Pedro y San Pablo, de la parroquia de Vallvidrera, otras muy recomendables del Sr. Sala (Sacras familias, una Natividad, un Santiago, dos retratos italianos, etc.), un Ecce-Homo, de D. Joaquín Soler y Plá, una tabla triplica de D. José Pradera, y sobre todo algunos modelos de escuelas ya formadas, ó sean ori- ginales del divino Morales, del célebre Juan de Juanes, y de discípulos suyos. La natividad de la Virgen, del señor de Ferraler, recuerda enérgicamente la de Miguel Ángel y sus imitadores. Llegados á estos confines, salimos al ancho camino del grande arte, entrañado en las ricas colecciones ó singula- res preseas de los Sres. Fàbregas, Mazorra, Sala, Vintró, Aixelá, Fradera, Roquer, Martorell, condes de Belloch y Figuerola, marqueses de Alós y de San Miguel de la Vega, ilustre Junta del Hospital general y otros distinguidos posesores, que no desdeñándose, antes ganosos de contribuir á la Exposición, han dado insigne prueba de ser tan ilustrados amigos de las artes bellas, como ardientes favorecedores de su propagación. ¡Cuántos tesoros desplegados de golpe á la admiración del público barcelonés, que por cierto bien pocas ocasio- nes tiene de conocer á las celebridades profesionales, inclusas las nativas! Aunque en materia tan complexa no es fácil se reúnan ejemplares bastantes ni para seguir un riguroso orden cronológico, ni para redondear nacionalidades, épocas y escuelas, de todo, sin embargo, ha habido en esa importante exhibición. El arte italiano brillaba desde los seguidores de la escuela rafaelesca, en Dossi Dosso, Carpí y otros anónimos, hasta los Bassanos, Caravaggios, Sasoferratos y Tintoretos. De Leonardo de Vinci presentó D. Jacinto Sala una Virgen sobre tabla; del maestro Francia, otra deliciosa Virgen con su divino Infante, el Rdo. Dr. Vailet; de Bassano una huida de Jacob, D. Víctor Caze, y del mismo, los mercaderes arrojados del templo, el señor marqués de San Miguel, y unas escenas rústicas dicho Sr. Sala; de Tiépolo una Samaritana, este último, y el mismo otros de Cama- rei, Mazzoli, Canuti, Casliglioni, Graziani, Parrucceli, etc., sin muchos más de diferentes expositores y de maes- tros indeterminados. Alemanes y flamencos distinguíanse por un Holbein (San Jerónimo), un David de Hems (floreros), un Rem- brandt (escena familiar), un Rubens (Asunción de la Virgen, y santo Tomas de Aquino, éstos del señor marques de San Miguel), un Noens (Nacimiento, de Aixalá), un Gotsero (retrato de Felipe V), y un Mengs (retrato de señora), los más de Sala, quien asimismo exhibió obras de otros autores de diversas procedencias, á que pueden agregarse el Felipe V, por Arnaud (del señor conde de Figuerola) y el frutero, por Hieper (de D. Víctor Caze). Como era natural, el mejor lote cupo á las escuelas españolas, bastando para convencerlo las siguientes obras de autores selectos, algunos de ellos firmados, cuyos dueños indicamos entre paréntesis. Ribalta, padre.—Liberación de San Pedro. Niño Jesús. San Juan (Sala). Morales.—Crucifijo (Cabildo Catedral). A. Cano.—San Pablo penitente (M. de San Miguel de la Vega). Murillo.—San Pascual (Martorell).—Tiro al blanco y pesca (Sala). -^( 13 )«^ Escuela de idem.—Sacra familia (Religiosas de los Angeles). Oración en el huerto (idem). Anunciación y ado- ración de los pastores (Roquer). Ribera.—San Francisco (Sala). Estudio (Aixalá). San Jerónimo. Escuela de idem.—Oración en el huerto. Caridad filial. Pastor (Sala). Velazqiiez.—Dos retratos de damas de tiempo de Felipe IV (Martorell). Escuela de idem.—Bufón del mismo Rey (Sala). Juan José del Soio.—Anunciación (Sala). Virgen rezando (idem). Luis del Yalle.—Frutero.—Flores y frutas (Sala). Maella.—Boceto mitológico (Sala). Desposorios de jSuestra Señora. Santa Magdalena (idem). Parra.—Bodegones y floreros (Sala). Llórenle.—Id. (Sala). Goya.—Su retrato (Sala).—Pavo muerto y pollos (M. de San Miguel).—Una vieja (Prudencio). Escuela de idem.—Torero (Sala). Copia de idem.—Dama (Sala). Modernos.—Madraza, Ferran, Pinaza, Mirón, Villamil.—Varias producciones originales (por Vintró, Sala, M. de San Miguel, Caze, etc.). De la escuela catalana figuraron: Viladamat.—Samaritana (Aixelá).—Adoración de los Reyes.—Disputa con los doctores.—Sueño de san José.— Virgen y dos santos (Il.« prior del hospital de Santa Cruz). Montaña.—Cristo (Sala).—Seis grandes lienzos de la vida de santo Tomas de Aquino (Seminario Conciliar). Tramullas.—Virgen (Aixelá). Flauger.—Costumbres andaluzas (Tapia). José Ferrer.—Flores (Sala). Deben añadirse algunos contemporáneos, entre ellos un retrato y un croquis de Fortuny, y composiciones varias de Miralles, Arnet, Pié, Domingo, etc., sin olvidar los bellos dibujos típicos de artes suntuarias, de nuestro parti- cular é infortunado amigo, y compañero de subcomisión, en su origen, D. Jaime Serra y Gibert. Aparte de esos autores conocidos, había más de doscientos cuadros de otros ignorados, antiguos y modernos, nacionales ó extranjeros, resaltando en gran parle por su valía, y admirándose señaladamente por todos los espec- tadores, la santa Magdalena en oración, de Maella, Lot y sus hijas, la Caridad romana. Glorificación de la Virgen del Rosario, san Jerónimo, otra Magdalena, un paso de Reinaldo y Armida, un san Miguel, que su posesor gradúa de la primera época de Murillo, una Sacra familia de sabor rafaelesco, una Dolorosa, el Apostolado (del señor conde de Figuerola), los cuadritos cornucopias (del M. de Alós), algunos retratos históricos, el notable del beato José Oriol difunto, el de la religiosa escritora catalana Rda. madre Hipólita de Rocabertí (del monesterio de los Ángeles), el de los Concelleres de 1690, pintado coa ocasión del privilegio de la Cobertura y en memoria del descenso de Nuestra Señora de la Merced (Ayuntamiento), y otros y otros que omitiremos por la brevedad. No faltaban pinturas sobre cristal, algunas primorosas en marfil, miniaturas adornando manuscritos y alhajas, un fragmento de vidriera antigua, expuesto por el Sr. Amigó, y los ricos esmaltes de los siglos XV y XVI (estilos flamenco é italiano) del Sr. Moliné, con algun otro no menos curioso. Por esta veloz reseña se echa de ver cuan nutrida era la sección pictórica, y que no hemos exagerado al enca- recer su importancia, así en calidad y cantidad, como en valer arqueológico, enlace histórico, desarrollo artístico, y mérito ya relativo, ya absoluto, para provecho de cuantos aman ó cultivan la más sublime entre las artes bellas. SECCIÓN 4.* Orabado. El origen del grabado propiamente dicho, según observamos hace años en otro lugar, no asciende más allá del siglo XV, aunque el arte de grabar sea muy antiguo, tan antiguo quizá como la escultura, siendo natural que la misma idea de practicar incisiones en la piedra, se extendiese á otros objetos y materias. La Biblia lo declara en muchos pasajes: compruébanlo mil ejemplares antiquísimos de monedas, medallas, anillos, armas, etc., y evidéa- cianlo, por fin, numerosas memorias de todas las partes del globo. Mas si el grabado se generalizó temprano, como simple motivo ornamentario, no así como matriz para la repro- ducción, habiendo transcurrido muchos siglos antes que el hombre concibiese esta otra idea, tan sencilla al parecer cuanto la primera. Queda casi averiguado que los naipes y el comercio de imágenes, le dieron nacimiento con la xilografía, que á su vez produjo la maravillosa invención de la imprenta. Su primera base fué la madera, como más blanda para la estampación relevada, pero luego el hueco sobre me- ^( 16 ) ^ tales abrió ancho campo á los ingenios, que pudieron desplegarse trazando dibujos originales con la aguja, ayuda- dos del agua fuerte, hasta que más diestros y seguros emplearon el buril. Del grabado antiguo sobre piedras duras, fueron en la Exposición excelentes muestras las que, oriundas de Em- purias y otros lugares, exhibió D. Ramon de Marimon de Hortal. Nada más rico que esas piedras pugilares y sig- natorias, que llevan un atributo cualquiera, cabeza, imagen, símbolo ó cifra, grabados en hueco con tal minucio- sidad y delicadeza, que sólo á favor del lente se descubre, en uno de ellos, por ejemplo, el carro del amor tirado por dos briosos corceles, que el dios travieso arrea con un ramo de flores; todo primorosísimo, así en invención como en ejecución. No abundando esta clase de alhajas, ha sido una buena fortuna poder ostentarlas en uno de los salones de la Universidad. Del grabado ornamentarlo, hánse ofrecido otros bellos tipos, desde las arquillas, cruces y ostensorios del siglo XI y siguientes, hasta los utensilios, neceseres, joyeles, piochas, relojes y cajas para rapé de fines del pasado siglo, que se detallarán en su lugar. El grabado de reproducción más antiguo entre los expuestos, es el de un ejemplar incunable de las Constitu- ciones de Cataluña, perteneciente al Excelentísimo Ayuntamiento. De madera y del ultimo tercio del siglo XV, revela significativamente el esfuerzo progresivo de este arte, á la sazón casi en mantillas, y sirve de buen dato para estudiar su desarrollo. Junto al mismo libro veíanse otros de fechas posteriores, que ciertamente no le aventajaban en el primor de sus grabados, como no sea el opúsculo caligráfico de Ixiar, que es bien conocido de los bibliófilos por sus delicadezas y elegancias. Á los Sres. Faraudo, Caner y viuda de Pujol, debimos principalmente los mejores grabados artísticos de la co- lección expuesta. Uno de ellos, casamiento de la Virgen, por A. Durer, en madera, es pieza notable por lo origi- nal y primitiva. No faltaban otros Durer, junto con Rembrandt, Edelinck y Van Ostade, Golzio y Wierix, Bol- wart, Dolendo, Sadeler y Bloemaert; losMorghen, Volpato, Testa, Guido, Folo y Bertelini; las mejores producciones de Audran, Levasseur, Lepautre, Desplaces, Le Bas, Tardieu, David; las de los españoles Carmona, Ametller, Mo- les, Casas, incluso algun original de Goya. Notabilísimo y seguramente el mejor de Callot, es su gran cuadro de la Feria, y recomendables asimismo el Juicio final, de Leonardo Gaultier, copia del famoso de la capilla Sixtina, los lindos agua-fuertes de Hertel y Lucas Giordano, las Doce horas, según originales de Rafael, y algunos de sus cartones; un Tobías sepultando muertos, deliciosa plancha de Clemens; hermosas reproducciones de Teniers y Greuze; las cazas de Eehn, Flipart y Ridinger; bellos retratos de santos, artistas, damas (Rafael, Horacio Rimi- naldi, Josefina, Borgi, etc.), el célebre cuadro del Ángel de la Melancolía, por Durer, otra Melancolía de Salvator Rosa; la química de Breugel; el magnífico retrato ecuestre de Moneada; varios originales de Tiépolo; muchos asun- tos religiosos, otros históricos ó alegóricos, algunos de costumbres y de capricho: todo eso y algo más vino de las galerías de aquellos diligentes coleccionistas. Al presidente de la Exposición antigua, Sr. Puiggarí, ha debido también esta sección dos grandes grabados ale- manes del siglo XVÍ, tan originales por su asunto, como delicados por su ejecución y finura de buril. D. Juan Herrero, D, Luis Calado, D. José Talarn, D. Jacinto Torres y D. José Fradera, presentaron á su vez buenas mues- tras de estudio y ornamentación, con otros grabados notables, y entre ellos un ejemplar del Viñola adornado con cuarenta y cinco planchas (tipos y detalles arquitectónicos). Á D. Ramon Morera se le debe un magnífico grabado. Adoración de los Reyes, según original de Rubens, parejo de otro representando la despedida de Jesús y su santa Madre, del Sr. Caner; á D. José Fiter un raro álbum de trajes grabados en 1583, y una apoteosis del reinado de Carlos Hí; á D. Salvador Armet otro álbum de excelentes aguas- fuertes modernos (tipos militares); á D. Juan Molas una Santa faz, distinta de otra grabada en una sola línea es- piral, por Antonio Casas, que es un esfuerzo de paciencia y de difícil ejecución; á D. Lino Soler y Garrigosa la prueba fotográfica de una gran lámina de la Virgen Carmelitana (1); á D. Juan Pons y Forns un minucioso atlas geográfico; al Sr. Larrosa tres originales libros de botánica, procedentes de la colección Salvador; á D. Federico Torres varios tomos de la historia Degli uccelli; á D. Pedro Soler una Vida de Jesucristo en ciento cincuenta y ocho láminas; á D. Marcelino Solano un libro ilustrado también con láminas, de Santo Tomas de Aquino; á D. Juan Feixes unas Empresas militares y amorosas, fechadas del año 1562, etc., etc. Tuvimos, pues, á medida de todos los gustos y adecuados á todas las enseñanzas, en su especialidad, grabados industriales y artísticos, grabados de aplicación y reproducción, grabados ingeniosos, caprichosos, raros, selectos, originales, típicos, magistrales y de escuela, conforme pudiera desearlos el más exigente aficionado, y como se honraría de poseerlos el más escogido gabinete. Para que se vea cuan ventajosos son esos llamamientos á concurso público, en beneficio de la multitud, ganosa de saber, ó simplemente curiosa y celebradora de lo bueno. (1) Esta fué remitida expresamente á la Exposición por conducto del Rdo. General de la Orden P. Fr. Angelo Savini, sacada en Faenza por otro reli- gioso, de su original impreso en Bélgica á comienzos de la pasada centuria, sobre plancha en dos láminas, de las cuales, según noticias, se ha perdido una. La lámina va dedicada al archiduque Guillermo de Austria, y representa á la Virgen del Carmelo entregando su santo escapulario á san Simón Stoch y san Alberto de Sicilia, los taumaturgos de la Orden. Vienen ademas representados los grandes héroes de ella, desde el profeta Elias hasta los últimos tiem- pos, con una orla de pasajes y leyendas, cuyo conjunta forma un bello apoteosis místico é histórico del instituto carmelitano. - ^ ( 17 )€<- SECCIÓN 5.- . ArreM>rl«s. La bibliografía y la tipografía pueden estimarse como accesorios de las bellas artes, la primera comprensiva de toda clase de libros y manuscritos, y la segunda como especial hijuela del grabado por reproducción. Ambas secciones son vastísimas, y ellas solas darían elementos para una exposición en crecida escala. La nuestra, sin abarcar grande espacio ni mucho menos, ofreció, principalmente en manuscritos, algunos ejem- plares notables, bastantes á deslindar su orden histórico y la importancia que sucesivamente adquirieron, ya por la especialidad del contenido, ya por las formas más ó menos espléndidas que contrajeron en el concepto artístico. El Cabildo Catedral hizo gala de las riquezas que su archivo atesora, en varios códices muy notables, el más antiguo escrito sobre pergamino de correcta y hermosa letra monacal, anterior quizá al siglo VIII, que determina perfectamente las tradiciones caligráficas anteriores á la adopción de las letras francesas y alemanas, sucesivo ele- mento de todos los escritos de la Edad Media. Seguían á éste, otros de los siglos XIII, XIV y XV, el último de papel, todos en caracteres de bella y genuina forma, aunque pobres de adornos. No así la Biblia del Sr. Vives de Amat, menudamente escrita sobre finísima vi- tela, que ostentaba numerosas iniciales de oro y colores, y algunas viñetas alusivas al texto, ejecutadas con aquella pulcritud microscópica peculiar de los miniaturistas del siglo en (¡ue ya Cataluña blasonó su poderío con las con- quistas de Mallorca y Valencia. Poco después, los Concelleres formaban una entidad bastante enaltecida para poder allegar la suma de sus pri- vilegios, usajes y ordenanzas, en la hermosa colección llamada Libro Verde, cuyo primer volumen, obra del año 1337, sobresalió en la Exposición. Nada más perfecto y uniforme (jue la escritura de su contexto; nada más delicado y primoroso que las orlas, capitales y miniaturas sembradas por sus páginas, maravillas de finura y buen estilo, última perfección en sus tiempos, y embeleso aún hoy día de cuantos las admiran y estudian. El comentario á los Usajes por Marquilles, es otro volumen del Ayuntamiento que dignamente acompañaba al anterior, y primaba con él en la magnificencia de su portada, bien conocida por una reciente reproducción cromo- litográfica, que figura á los Concelleres en su traje característico y legítimo, presididos por el monarca, recibiendo del autor la ofrenda del propio libro: éste fué escrito cuando el sabio jurisconsulto sumaba ochenta y un años, en el de 1448. Como trabajo artístico no es de lo mejor para su época; en cambio ofrece detalles tan apreciables y nu- merosos, que bien puede graduarse de típico en su género. Si faltase una buena muestra del primor que á la sazón alcanzaron los manuscritos y sus iluminaciones, ten- dríamosla en el rico devocionario de D. Jaime de Puiguriguer, obra catalana del mismo período, adornada con vein- tiséis grandes páginas de santos y escenas del Nuevo Testamento, todas preciosamente orladas y miniadas, donosos ejemplares de candida ingenuidad, de santo misticismo, de expontáneo gracejo y de pulcrísima ejecución. Al cesar el atildamiento ogival, las manifestaciones artísticas granjearon nuevo carácter, inclusa la ornamenta- ción de manuscritos. Rotas las vallas del tradicionalismo y de la convencionalidad, cobró el arte más empuje y sol- tura, ganaron sus composiciones en verdad y movimiento; blandeáronse las exageraciones de estilo; suavizáronse y redondeáronse las formas; hasta los accesorios ornamentarlos y los caracteres caligráficos y tipográficos revistieron insólitas elegancias, con motivos de singular originalidad. Esta reforma, llamada Renacimiento, campeó en otros dos horarios iluminados, uno de los Sres. Moliné, es- crito en vistosa letra itálica, llevando á su vez letras floronadas y páginas de santos, sino de primorosa labor, con- cebidas y ejecutadas con la soltura propia del nuevo estilo, y el otro perteneciente al limo. Sr. Canónigo D. Juan Codina, de trabajo mucho más despachado. De aquel siglo son unos grandes libros corales, traídos por el Reverendo señor Cura párroco de San Cucufate, procedentes del monasterio de su nombre en el Vallés, y otro, de las religiosas de Pedralbes, cuya principal valía consiste en la magnitud de las notas que encierran y de los frontispicios y letras capitales que les adornan en número prolijo, no desnudas por cierto de gracia y novedad. D. Pedro Armengol Cornet se encargó de enunciar la última fase de los códices miniaturados, con dos del si- glo XVII, escritos en redondilla española sobre vitela, uno de ellos (auténtica nobiliaria) orlado con vistosa varie- dad en todas sus páginas, y ambos exornados de portadas y cabeceras, tendiendo á remedar el gusto de los antiguos breviarios. En calidad de simples manuscritos, presentaron D. Eduardo Tomasa una singular escritura del siglo IX, funda- ción del monasterio de Valdoreix; el Cabildo unos pergaminos y cartas de tiempo de D. Pedro IV, del papa Urbano y del infante D. Martin, dos de ellas en plica, conservando su cierre primitivo; y D. José Fiter unas bulas y cartas de hermandad de los siglos XV y XVI, con sellos colgantes. No es para olvidado el bello cuadro de autógrafos de -<>^{ 1 8 ) € ^ reyes de Castilla y Aragón, conteniendo ademas un libro de la lezda de Tortosa, que presentó la Bailía del Real Patrimonio. Tan redondeada como la de manuscritos, fué la sección de impresos. Nadie ignora las polémicas que acerca la fecha de introducción de la prensa en Barcelona, ha venido suscitando un opúsculo (de Condenáis Oralionibiis) propio de la Real Academia de Buenas Letras, en cuyo final aparece inscrito el año 1452: esta original obrilla pudieron á su sabor examinarla los visitantes. Al lado de la misma, el rarísimo ejemplar municipal de las Constituciones de Cataluña, daba fe no sólo de nuestros avances tipográficos durante el reinado de los Reyes Católicos, sino del peregrino comienzo de nuestro grabado en madera, ya que la página inicial de este libro, arriba mentada, figurando unas cortes generales bajo la presidencia del soberano, á vueltas de su mísera composición, ofrece técnicamente un laudable tanteo de acierto. También hablamos antes de la caligrafía de Ixiar, á la cual seguían otros volúmenes de varias pertenencias, clases y fechas, unos señalables por sus tipos, otros por su ornato, algunos de solas estampas, otros de copiosa ilus- tración. La carta náutica del siglo XVII, exhibida por D. Ramon Pons, es una curiosidad siii generis, provechosa á la ciencia. No le va en zaga el tratado de teneduría de libros por partida doble, del mismo siglo (exhibición del pro- fesor D. Antonio Morera) y por otro estilo el atlas geográfico de D. Juan Pons y Forns, los tratados de medicina de D. Ramon Faraudo, el misal veneciano del gremio de Carpinteros, el libro nobiliario de la familia Pellicer que se conserva en la parroquia de Horta, las colecciones de historia natural, ornitología y botánica, procedentes de la biblioteca que fué de Salvador, etc., etc. GRUPO 2.° ÜVIolDiliar io. SECCIÓN 1." mueble». Este grupo entra con propiedad en las artes suntuarias, toda vez que de las artes bellas no hace motivo princi- pal, sino accesorio, en sentido de aplicación. El primer destino de un mueble es el servicio ó la utilidad: hay muchos que, sin dejar de serlo, carecen de cua- lidades artísticas; pero el lujo acierta á sacar partido de ellos, y acomodándolos á la vida fastuosa, los eleva á la categoría de objetos de arte, ya por la preciosidad de sus componentes, ya por el gusto ó elegancia de sus hechuras, ya por el artificio ó primor de sus realces y accesorios. Los muebles, pues, al igual de otros objetos suntuarios, se relacionan con el arte, con sus tipos y con su his- toria, y no sólo en la diversidad de ellos, sino en la variedad de accidentes, ofrecen curiosos modelos é interesante materia de estudio. El gusto es caprichoso. Cada época ha tenido el suyo. Aunque único é inmutable el sentimiento de la belleza, los pueblos han variado mucho en el modo de enten- derla y expresarla, según la índole de su origen ó el grado de su civilización. Por eso todos los objetos suntuarios, susceptibles de una aplicación artística, encierran valor histórico en cuanto reflejan el gusto dominante de su época, y siendo antiguos, entran de lleno en la jurisdicción de la arqueología. El mueblaje propiamente dicho, ha sido de todos los tiempos, pues constituye una necesidad de la vida social. Asiento, mesa, lecho y repositorio: sobre estos elementos ha girado y girará sin cesar, por más que el capricho haya ideado ó idee compuestos híbridos, que sin embargo se afilian á uno ú otro de dichos componentes. Si bien el destino de cada cual, precisa cierta unidad respectiva de conformación, son tantos los medios de ves- tirla y modificarla, cuantos pueden dar de sí la multiplicidad de usos, la exigencia de los poseedores, el ingenio de los artífices, y sobre todo el versátil despotismo de la moda. Desde el humilde escaño ó tarima, hasta el alzado solio ó el lecho de paramento, la arquilla nupcial, el locador de una dama, el bufete del sabio, ó el contador de una tienda moderna, ¡qué inmensa escala á recorrer en diversos grados de la especulación industrial-artística! Los muebles de nuestra Exposición contaban en relativa minoría, representando sólo dos ó tres de los últimos siglos: pero eso nada tiene de extraño. El mueble aplicado al uso cotidiano, es objeto de consumo incesante, y aun después de llenado su primer des- tino, se explota para otros secundarios hasta quedar fuera de servicio. •o^i 19 ) ^ Su fragilidad acrece, por componerse generalmente de madera. Sólo de mármol, piedra ó metal, han logrado sobrevivir algunos ejemplares de la antigüedad, que se guardan como oro en paño en museos é iglesias, debiendo contarse por muy raros los de la primera clase, anteriores á los siglos XIV y XV. Afortunadamente la imaginería de aquella y de anteriores épocas, nos ha legado memorias y figuras de los res- pectivos á ellas, con bastante claridad para poder formar apreciación. En este concepto, varias de las tablas que logramos reunir, desde el siglo X[ en adelante, y después los libros miniados y las estampas, suministran bastante luz al curioso investigador. Á poder eslimar legítima la silla atribuida á D." Elisenda, la real fundadora del monasterio de Pedralbes, ten- dríamos un mueble de la primera mitad del siglo XIV; pero ni la forma general, ni los detalles, dejan siquiera duda sobre ello, pudiendo admitirse á lo más como silleta de damas de principios del XVII. Más verdaderos y propios del siglo XV, son dos sillones-tijera de baqueta, que el Cabildo exhibió, sencillos en conjunto, pero ajustados en proporciones, cómodos sin pretensión y manuables sin pesadez. Otro sillón por el estilo, más elegante sin embargo, y todo él bellamente maqueado de nácar y maderas en mo- saico ataujiado, dentro del estilo castellano del Renacimiento, es conocida alhaja, perteneciente á la Academia de Buenas Letras. No faltaban aquellos graves y reposados asientos de los siglos XVI y XVII, de roble ó nogal ennegrecido, de formas severas y rectilíneas, con sus altas braceras, sus cuadrados respaldos, su forro de becerro ó de terciopelo con dorada clavazón, y sus pomillos de remate también de metal dorado. A dicho Cabildo, al gremio de Curtidores y á D. Mariano Campins, se debieron algunos de esta clase, y al Dr. Vailet una feliz imitación de los plegadizos, respal- dados de terciopelo carmesí yflecadosde oro. ínteres ofrecían por su estilo, una silla de nogal bastante parecida á los balancines modernos, cuyo asiento y res- paldo constaban de una pieza de cuero (presentada por I). Juan Pons y Forns), y otras sillas asaz laboreadas, de altas costillasy asiento de rejilla, todas del siglo XVII. Unos taburetes abarrocados, de harto mal gusto, con asientos de brocado de oro y seda, fueron traídos por las religiosas de Santa Teresa. El banco do obra del señor Cura párroco de San Jaime, aunque moderno, es una imitación acertada de los que con tanta riqueza y abundancia produjo la Edad Media, y un buen ejemplo de lo que da de sí el aprovechado estudio de las arles antiguas. En el ramo de arcas, arquillas, arquimesas, cómodas, armarios, etc., sin abundar los ejemplares, habíalos cu- riosos y escogidos. De la catedral vino una arca de reliquias, figura de urna sepulcral de madera, sobredorada, esto- fada y pintada con una imagen de obispo de medio cuerpo, obra transitoria del siglo XV al XVI. Del mismo centenar representaban su papel, cierta arquilla de ébano por estilo de las entonces en voga, henchida de cajoncitos, toda em- butida de labores y escenas figuradas de marfil, y una arca de nogal con tarima y pié moderno imitado, que es una preciosidad escultórica á semejanza de retablo, prolijamente tallado en montantes y cornisamentos llenos de volutas, repisas y hornacinas, que cobijan gran número de figuras, relieves, florones, etc.; ambos objetos pertenecientes ála sociedad Taller Embut. Después de esta arquilla, la más admirada fué una papelera arquimesa de nogal, con profusión de doradas y em- butidos de marfil, y numerosa cajonería de diversos tamaños, que según su dueño actual, D. Trinidad García Ber- mejo, alcalde de Tortosa, perteneció al célebre poeta D. Francisco de Quevedo. Varias noticias que dicho señor se ha servido comunicarnos, no consienten duda sobre la autenticidad de esta joya remarcable, consagrada por un re- cuerdo tan eminente. Seguían en orden de importancia dos cofres de un mismo estilo, imitación arabesca, cantoneados y plateados de metal, con grandes cerrojos en la tapa, propio el uno del Dr. Vailet, y el otro del taller susodicho; varias arque- tas de linda y profusa marquetería, pertenecientes á D. Felipe J. Sala, una arquimesa con ricas incrustaciones, del propio señor, y otras parecidas de D. Narciso Pujadas, D. Manuel García Peña, D.' Magdalena Arnau, D. Miguel Sola y D. José Segarra, algunas con labor de larda ó taracea, haciéndose notar entre las mismas por su riqueza y proporciones, una arca-armario con muchos repartimientos, y otro armario de cristales, charolado y realzado de curiosas labores á la japonesa, y en cambio un pequeño mueble, mesa y arquilleta de madera negra, sin adorno alguno, estimable por su sencillez y comodidad. Presentaron ademas D. Francisco Guigue, una cómoda-locador; D. Camilo Balaguer un tocador-arquilla de concha incrustada de plata; D. José Moliné otra arquilla maqueada; D. Juan Sánchez Alonso una de concha y ébano con adornos metálicos, sobremesa de nogal, y otra de ébano con dorados y su mesilla de madera; D." María Parellada una arquimesa; D. Tomas Moragas una arca italiana de estraña hechura, parecida á un cofre mortuorio de lujo, con delicada labor de talla y algunos dorados, todo esto de los siglos XVI y XVII; D. Jaime Camprodon una mesa y escaparate de estilo barroco, construidos en Vich en el pasado siglo, y una mesa dorada de la época de Luis XV; D. Francisco Armengol dos cómodas profusamente marqueleadas; y por último, D. Juan Prats y Rodés una cama de caoba, de principios de nuestra centuria, con bajo relieve y adornos dorados, único mueble de su clase, bella- mente restaurado por D. Federico Sala. Muebles más secundarios, aunque no inferiores en valía, eran un reloj de pared del señor conde de Figuerola, conteniendo sonería de repetición cronomética para dar las horas y sus fracciones; los cofrecillos del Taller Embut, conde de Belloch, Jaime Moratona, etc., entre ellos la tapa de una plancha metálica relevada y moldeada, figurando escenas de un caballero venciendo á un dragón, por su dama, y recibiendo luego amorosa recompensa, con un mole orlado alusivo en catalán, interesante fragmento del siglo XIV; y no se recomendaba menos el cofrecillo bucólico de dicho Conde, que debió figurar en el gabinete de alguna Pompadour, ochavado á guisa de urna, ostentando en sus paramentos delicadas miniaturas al pastel sobre vidrio. Las pequeñas cornucopias ya descritas del marques de Alós y algun cuadro ornamentarlo, como el de D. N., representando de falla un delicado ramo de flores, y el de D. Francisco Ardiz, que presentaba alrededor de una imagen, otrasfloresde plata, en riquísima guirnalda, venían á cerrar esta sección del mueblaje propiamente dicho. SECCIÓN 2.' Utenslltos. Los utensilios componen la parte íntima del menaje doméstico, ó el medio material auxiliar para toda clase de quehaceres, inclusos los de labor y producción. Como expresión viva de los usos íntimos de cada época, en su variedad, en lo ingenioso de sus aplicaciones y en la combinación más ó menos acertada del elemento artístico con su destino utilitario, ofrecen ancho campo á la investigación, y fructuoso resultado de su estudio comparativo. Lo malo es, que por índole especial son aún más deleznables que el resto del mueblaje, y no componiéndose de hierro ú otras materias fuertes, pocos sobreviven al corto período de su existir. En clase de herramientas tuvo la Exposición unos bonitos juegos de llaves históricas, romanas y árabes, de la Edad Media y del Renacimiento, escogidas por D. Juan Pons y Forns y D. Alejandro Planella, por singulares é inge- niosas: tuvo asimismo bellos ejemplares ó pruebas de maestría de cerrajero, señalándose unos aldabones y unas charnelas muy elaboradas, y ademas la gran llave, que se dice ser de las puertas de Ñapóles, cuando la conquista de Alfonso V, conservada por el excelentísimo Ayuntamiento, etc. Sobre un aparador de objetos cerámicos, llamaban la atención cuatro ó cinco velones, cuya hechura abarrocada descubría la fecha de su origen. El del Iltre. Sr. D. Agustín Urgelles, en su panzudo recipiente de seis mecheros, en su astil arandelado y en su pié de anchas estrías, recordaba algo de aquella hiperbólica rotundidad, propia de las construcciones churriguerescas. Igual exageración y mayor tamaño ofrecía el de la sociedad Taller Embut, cor- respondiendo al mismo estilo los del señor conde de Figuerola, de D. N. Sastre y de D. Santiago A. Saura, este úl- timo, curioso, por llevar en su pantalla marcadas las águilas de Austria, con el monograma Carolus. Una singular lámpara hebraica vino por conducto de D. Tomas Moragas. El candelero del Sr. Puiguriguer, en forma de pirámide funeraria, que cuando no lleva vela se cobija con un tapón á hechura deflamero,responde al afectado arcaísmo de la dominación napoleónica. Original por demás es la colección de antiguallas peruanas de D. Heliodoro Castelló, entre ellas unas vasijas de barro, llevando vestiglos y mascarones, calabazas laboreadas, tarros, cazoletas, almejas, que servían para guar- dar piedras preciosas, saquitos groseramente tejidos por los indios, etc. De las curiosidades del Sr. Marimon, exigen plaza en este lugar diferentes jarros y jarrillos emporitanos y etrus- cos, ó fragmentos de ellos con dibujos, inscripciones y pinturas de bustos y personajes; vasos lacrimatorios del mismo género; una lámpara de Empurias, con caballo alado y sigla del fabricante; un espejillo circular de metal con su tapa, hallado en Nimes; agujas romanas para el tocado; un priapo de bronce y una hacha sacrificatoria con el sagrado esmalte. El cálamo, especie de cañuto vegetal, traído de Asia por el Rdo. Dr. Salles, es de la especie misma que los an- tiguos usaban para escribir, bastante delgado y susceptible de cortarse como las plumas de ave. La pipa, del Sr. Arnet, con fogón y boquilla de plata, ofrece la circunstancia de desmontarse en piezas que ca- ben dentro de un pequeño estuche. D. Ramon Soriano exhibió otra de porcelana y ébano. El raspa-tabaco, del Sr. Saura, modelo de ingeniosa especialidad, y las cajas de acero labradas, para yesca y eslabón, de D. Juan Pons y Forns, eran adminículos precisos á los fumadores del siglo pasado. Más recientes parecen las cubiertas de petaca estampadas, del citado Sr. Arnet. Y como adminículos de labores mujeriles, tienen gusto y delicadeza la rueca tortosina, del Sr. Maspons, com- puesta de palillos embutidos de marfil, inclusos su aspa y husito, y otro palillo de hacer calceta de igual labor, propio de D. Jaime Amer. Cual importantes utensilios figuraban dos braseros, uno de hierro, de extraña configuración y donosas entalla- duras, perteneciente al Cabildo, acaso desde el siglo XIV, y otro del Ayuntamiento, que es una grande y bonita pieza de bronce, con anchurosa copa, obra de autor y fecha conocidos (Pedro Cerdanya, en 1675), cuyo brasero, con otros dos análogos, que importaron juntos mil ciento ochenta y ocho libras catalanas, daba calor al vasto salón senatorial, en aquellos buenos tiempos desconocedores aún de gas y estufas. Los morillos para chimenea, estilo rocalla (de D. Francisco Guigue), recuerdan otras de las usanzas patriarca- les de nuestros mayores. D. Juan Casasa expuso un elegante almirez de bronce del siglo XV, que con leyenda explicativa consigna los nombres de su fabricante y de su costeador, conceller de Barcelona. Agólpanse en este grupo tantos y tan variados objetos, que no es dable sistematizar su descripción. Señalaremos los principales á medida que nos ocurran : Dos perfumadores árabes, de cobre y tapa semiesférica entretallada, con la peregrina delicadeza de su estilo (propiedad del conde de Belloch). Unas bandejas del mismo metal, producto de la industria alemana, que por lo visto ocupó mucho entre otras baratijas á los buhoneros de la Edad Media, ya que en la mayoría de nuestras iglesias urbanas y rurales (dos de ellas pertenecen á la parroquia de San Justo), se conservan bandejas parecidas, de igual fábrica y nombre de autor. Otras arabescas, de latón, fueron traídas por D. José María Caner. Un servicio de plancha de piala, estilo imperial francés, del que forman parle dos grandes soperas á doble fondo, detall bien ideado para mantener el calor, surmonladas en sus cubiertas por un águila con alas tendidas, lo cual deja sospechar si acaso procederían de la misma familia de Napoleón. Unas marcelinas con sus jicaras, de nácar y adornos afiligranados. Un cubierto de oro macizo con esmaltes, obra rica y vistosa, propiedad del Sr. Sastre Cabañeras. Unas vinajeras y campanilla de plata sobredorada, regalo del difunto obispo Sr. Monserrat al Seminario Conciliar. Otras campanillas de metal (de latón con relieves; de cobre, representando una figura), siglo XVll, ole. Un facistol de metal, y otro de madera maqueada, siglo XVII. Dos lámparas salomónicas y dos candeleros de latón, del mismo siglo (propiedad del Colegio de Drogueros). Una araña de bronce, con imagen de Nuestra Señora en el centro (Gremio de Galoneros). Un fanal, conteniendo la efigie del Crucificado, y una medalla filigrana de plata. Un candelero de latón, con pió de madera y su reflector, del Sr. Urgellés. Una pila para agua bendita en forma de pequeña capilla, de metal (del). Francisco Guigue). Un estuche de afeitar, de concha, con adornos plateados, siglo XVIII. Una bacía de azófar con escudito grabado, siglo XVII. Un calendario miniado, del siglo XIV, muy notable, de D. Camilo Balaguer. Un tintero de latón, del siglo XVIII. Unas fichas de nácar para juego de naipes, igual tiempo. Una medida de hierro para tejidos de terciopelo, siglo XVII (del Colegio de Arte Mayor de seda). Un modelo de molino de chocolate, siglo XVIII (Colegio de Drogueros). Un bastón farol arabesco, que tiene sobre su contera un hueco donde va colocada la vela, sirviendo para evitar tropezones de noche (propiedad de D. José María Bosch y Pons). Una gaveta de metal, siglo XVII. Unas espaviladeras, igual siglo. Un azafate de plata laboreado, id. Un cestillo, id., id. Unas aceiteras del siglo XVIII (de D.' 3Iaría Parellada). Otras curiosas de vidrio, formando como un bocadillo de doble recipiente, siglo XVIII. Dos copas de metal esmaltado, siglo XVII (de D. Domingo Vidal). Un jarrón y fuente de plata, siglo XVIII (de D. Mariano Terez). Un jarro esmaltado, joyeros, candeleros, platos, teteras y tazas de lo mismo (del Sr. Moliné). Unas aceiteras de cristal con collarín dorado (de D. Eduardo Támaro). Aceiteras, copillas, palilleros, cuchillos y cucharones, todo de plata ó mangueado de ello (del Sr. Ardiz). Una botellita de cristal con pinturas al oleo, siglo XVIII (de las Religiosas de Santa Teresa). Un plato de madera plaqueado de nácar y vidrio, tosca alhaja de la Edad Media (del conde de Belloch). Dijes de sobremesa, como figurinas, pomos, baulillos, cuadritos, un pistolete de cristal, etc. Entre ellos me- recen señalarse dos delicadas chucherías pertenecientes al Sr. Bosch y Pazzi: un pequeño modelo de navio con jarcias y velas desplegadas, hecho todo de boj con primorosa labor, y un templete-fuente de marisco, obra de un religioso que vivía en Mahon, primero entre nuestros paisanos, cuyo natural ingenio logró sacar partido de esta novedad de eslranjis. . Concluiremos indicando algunos instrumentos músicos poco importantes, como el salterio de D. Antonio María Morera, siglo XVII, un violin de principios del XVII, traído por los Sres. Clausolles hermanos, una bocina, ya mencionada en la sección de escultura, etc. En la exposición moderna figuraban una vihuela y una bandurria, construidas por D. José Gomila, y algunos buenos pianos de la fábrica de D. Mariano Guarro. -*( 22 )€- . SECCIÓN 3.' CerñmlvM. El epíteto de cerámica se aplica, según el diccionario, á la fabricación y cocción de toda clase de objetos de tierra, loza ó porcelana. Es industria antiquísima, que debió ocurrirse naturalmente al poner al fuego el primer cachivache de barro. La porcelana, supuesta moderna por algunos, fabricábanla los chinos desde UHa época anterior á todos nues- tros anales: los vasos murrinos de griegos y romanos no eran otra cosa, y lo mismo la girca y el macano de la Edad Media. En España, esta industria tomó gran vuelo con los árabes, que desde el siglo IX la ejercieron con perfección. Aplicada al servicio doméstico, comprende una larga serie de utensilios, cuya confección duradera, si bien quebradiza, ha permitido conservar ejemplares de larga fecha. Ánforas, cráteres, jarros, vasijas, copas, aguama- niles, lebrillos, etc., son chismes que han recorrido todas las escalas de las civilizaciones antiguas y modernas; porque también la necesidad los hizo de uso indispensable. Los platos, sin ser desconocidos, no lomaron la importancia que hoy les damos hasta una época relativamente cercana, pues antes del siglo XIV se prescindía de ellos en la mesa, y tampoco eran conocidos á la sazón los tene- dores, que aun tardaron más de siglo y medio. La colección peruana de D. Heliodoro Castelló, patentizaba en la exposición cuan aventajado fué ya el arte figulino entre los pueblos de lejana antigüedad. Los vasos lacrimatorios del Sr. Marimon, algunas lamparillas y otras piezas romanas, prueban la lozanía de la misma industria en nuestro suelo, donde las vasijas saguntinas y tarraconenses han dejado en pos de sí una repu- tación indeleble. Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña en los siglos medios, gozáronla igual en este linaje de artefactos, y su tradición dista mucho de haberse perdido: testigos la loza sevillana, los jarros de Murviedro y Salamanca, las ti- najas del Toboso, los azulejos valencianos, etc., etc. De aquel tiempo, y acreditando la vajillería catalana que tan rico filón de comercio fué para Barcelona, Torto- sa, la Selva, etc., desde el siglo XIII, exhibióse un pucherillo medidor, que lleva pintadas las armas de nuestra con- dal ciudad. Las religiosas de Pedralbes trajeron algunas muestras de vidriado translúcido salmantino, á reflejos metálicos, y otros de loza común indígena y exótica, como fuentes de barro, jarros, floreros, platos grandes y otros meno- res, etc. En vajillas de los siglos XVII y XVIII, sacaron notables ejemplares los Sres. Bosch y Pazzi y Moliné, el primero con un muestrario de platos, fuentes, salvillas, marcelinas, tazas y jarritos, unos elaborados con capricho, otros coloreados con primor, y el segundo con otra variedad no menos curiosa de objetos de charol, azófar, etc., elegan- tes y de buen gusto. De D. Juan Pons eran otras dos lamparillas romanas, y una jarrilla de barro con pié de marfil. De D. Eduardo Támaro dos platos de loza con orla taladrada, y dos aceiteras de lo mismo, su dibujo bastante caprichoso. De D. Pedro Molist una elegante sopera de loza, siglo XVIII. De D. Miguel Sola una bandeja y dos fuentes, siglo XVII. En la parte moderna de la Exposición, dieron gran realce á sus productos cerámicos dos expositores, D. Carlos Chaminade y D. José Torres. Conocidos ya ventajosamente ambos fabricantes, se han propuesto y han conseguido emular en su especialidad, con las mejores poterías francesas, sajonas, belgas, etc. Vasijas de mil hechuras, tier- ras de varios matices, elegancia de formas, delicadeza de realces, esmaltes brillantísimos, accesorios ornamenta- rlos de mucho gusto; todo eso aciertan á reunir para crédito de sus respectivos establecimientos. Las felices imi- taciones de ejemplares antiguos é históricos, griegos, etruscos, egipcios, etc., y otros de épocas sucesivas, sancio- nados por la aceptación general, son nuevo argumento á favor de las exposiciones que, como la celebrada, dan nuevo ser á objetos olvidados ó perdidos, y avivan el ingenio de los productores con la vista ó comparación de ellos. . • El arte nunca envejece, y de sus productos puede decirse lo que Cervantes decía de los libros: no le hay tan malo que no contenga alguna cosa buena. •o^{ 23 ) € ^ SECCIÓN 4.- Orfebreria Religiosa j Civil. La orfebreria se integra, en mucba parte, de mobiliario; por consiguiente coge de lleno en este grupo. Consagrada desde muy antiguo al servicio del culto, ha dejado memorias esquisitas de gran valor artístico é histórico que, particularmente en España, enriquecen muchas de sus Catedrales. Los tesoros de la Cámara Santa de Oviedo, de León, Santiago, Burgos, Sevilla, Toledo, etc., tienen fama uni- versal. El Escorial por sí solo constituye un museo. En Cataluña hubo monasterios como Poblet, Ripoll, Scala Dei y San Cucufate del Valles, que alcanzaron pompa regia con toda clase de riquezas. Aun la Catedral de Gerona posee joyas de suma valía, empezando por la insigne de su retablo mayor, todo de plata, fundición y plancha, cobijado por su baldaquino de lo mismo, lleno de prolijas esculturas, bajo-relieves, pináculos y esmaltes; formando una especialidad arqueológica y artística casi única en su clase. Nuestra basílica no la cede en calidad y cantidad de preseas análogas: también su altar mayor, sino tan añejo, es de lo más peregrino en arte, y su rica custodia, con el trono que la sostiene, ha venido haciéndose de siglo en siglo un renombre popular. Pero no sólo las Catedrales y los monasterios, sino humildes parroquias de aldea, pueden jactarse ih' haber conservado y poseer alhajas de primera línea, como se acredita por algunas de las que han venido á nuestra ex- posición. Siguiendo el orden histórico, tuvimos en primer lugar, de la iglesia de Riells, antes del monasterio de San Mi- guel Desfay, un cofrecillo crismal ó de reliquias, una cruz procesional, un ostensorio del Lignum Cnwis y uti cáliz, los dos primeros del estilo dicho románico, que pueden remontarse á los siglos VI y MI, y los otros dos delXIIL La cruz es de las que en Francia se llaman patee, por el remate de sus aspas (jue recuerda algo la pata del ca- ballo; consta de dos láminas de plata, anverso y reverso, molduradas por estampación, menos la imagen del Cru- cijijo que va añadida, proyectándose en los brazos de la haz las figuras de los Evangelistas con sus letreros (que bien lo necesitan), y por el dorso los cuatro símbolos evangélicos en cada aspa, alrededor del Cordero pascual ó Agnus Dei que ocupa el centro, mediando de unos á otros,' motes ó entredoses ornamentarlos. El cofrecillo, á manera de pequeño baúl con tapa á dos vertientes, es de cobre esmaltado encasillado, figurando en simples siluetas el martirio de un santo obispo (acaso santo Tomas Cantuariense), y secciones de labores aje- drezadas, que forman lindas juxtaposiciones de color. Otras dos cruces, cuyos posesores no recordamos, ofrecen antigüedad casi igual á la de Riells, la una de plan- cha de hierro sencillamente recortada, con incrustación de algunas piedras ó vidrios imitándolas, y sobreposicion de una tosca efigie del Redentor, y la otra de latón ó plata sobredorada, moldurada por estampación, con cajetones repetidos de gusto bizantino. El cáliz de plata sobredorada, tan sencillo como elegante, del reverendo D. Jaime Moratona, puede remontarse al XII centenar, siguiendo en antigüedad y mérito al ya citado de Riells; pero supera á ambos en valor artístico é intrínseco, si no en antigüedad, el del reverendo párroco de San Juan de Horta, exuberante en riquísimos detalles, de lo mejor dentro del estilo ojival. Por estas mismas cualidades sobresale la otra cruz capitular procesional de nuestra santa iglesia, que habiendo ya figurado en la primera Exposición retrospectiva de la Lonja, vino también á favorecer la nuestra, para embeleso délos inteligentes. Filigranas, esmaltes, ricos accesorios, ornamentación profusa, corte originalísimo, hacen de ella una joya sin precio, digno modelo de la orfebrería religiosa local, en el período de 1300 al 1400. Y si la misma no bastase para acreditarla, ahí tenemos los relicarios y ostensorios que dignamente la acompa- ñaban, soberbios florones de un mismo arte, estrellas de un mismo cielo: el perfilado Lignum Cntcis de Riells; el otro del Cabildo, de cristal cilindrico, montado en plata sobre un donoso pié que extiende lateralmente dos brazos para sostener sendos angelitos, y cobijado por un airoso pináculo, al que rodea la corona de espinas; el de la ca- pilla de San Jorge de la Audiencia, delicadísimo como una estaláctica de plata y oro, y resplandeciente como ella, con sus rieles de perlas y amatistas; la Yera-Cruz parroquial de Horta, también de plata sobredorada, surmontando un basamento conopial que no nos parece del todo adecuado en su humilde lugar, ni guarda armonía con el resto de la alhaja, aunque primoroso el conjunto; y finalmente otra Vera-Cruz del monasterio de Pedralbes, plata afili- granada, del Renacimiento, IHevando alrededor del viril un filacterio con leyenda repartida entre sus dos faces, que dice: Hoc lignum Slce. Crucis, á Rdo. Dmo. Archiepiscopo Miralles, rite exacteeque ad latidem et gloriam Dei per ignem examinalum fuit, auno Domini 1330, 6 nonas octobris. •^^( 24 )€-^ Posteriores y de inferior cuantía, fueron otras cruces de igual procedencia, una entallada con los trofeos de la Pasión, otra con el Crucifijo pintado al oleo, y dos de D. Francisco Barbeta, tallada la una é incrustada de nácar la otra, todas de madera. De la misma clase había una recomendable, del Excmo. Sr. D. Manuel de Figuerola. Al siglo XVI le representaban, exhibidas por el cura párroco de San Gines de Agudells, una buena á la par que sencilla custodia de plata sobredorada, estilo ojival; un ostensorio de plata con reliquias de San Gines, dentro de un tubo cilindrico, conservando buenas reminiscencias del propio estilo, y el famoso relicario del Ayuntamiento, consagrado á los santos Fabián y Sebastian, tan rico por ser de plata sobredorada y pedrería, como por su trabajo primoroso, debido quizá al célebre Arfe ó cuando menos á alguno de sus aventajados discípulos, hecho á manera de templete, cuya cupulina armoniza perfectamente con los grupos de columnas salomónicas que la sostienen, y con otros muchos accesorios, entre ellos cuatro figurillas de los santos Doctores, que apean su laboreado basamento. Procedía asimismo de la capilla de San Jorge, una curiosa imagen de su titular, á pié, armada de punta en blanco, en ademan de herir con su lanza las fauces del dragón. El siglo XV nos dejó en ella un tipo exacto del armamento guerrero, compuesto de celada de encaje, gorguerin, peto y falso-peto, musequies, brazaletes y mano- plas, musleras, grevas. zapatillas, y tarja con la cruz roja; todo de plancha de plata pavonada, figurando hierro, con realces de oro. A tan singulares preseas, que fueron sin duda lo más granado de la Exposición, sólo falla añadir una custodia, un copón y un hisopo de plata, siglos XVII y XVIII, traídos por D. Pablo Muset, unas vinajeras y campanilla de la parroquia de San Gines (plata, siglo XVIII), otras vinajeras y campanilla, y un lindo cáliz, todo de plata so- bredorada y pedrería, imitación pseudo-bizantina, procedentes del Seminario Conciliar, y el cáliz moderno de plata, del reverendo presbítero Dr. D. Luis Selles, que llamó la atención, porque sin faltarle mérito artístico, lle- vabafilosóficamentesimbolizados desde el pié á la copa, en sendos emblemas ya históricos, ya místicos, la ver- dad á la vez y la figura del sublime misterio eucarístico; todo dirección de su ilustrado posesor, quien mereció la alta honra de que Su Santidad el pontífice Pío IX estrenase este cáliz, celebrando con él en el año 1872. Naturalmente la orfebrería civil, distaba mucho de allegar en antigüedad y mérito, objetos de la importancia de la religiosa. Algunos de ellos van mencionados en la sección de utensilios á que corresponden (la pila para agua bendita del Sr. Puiguriguer, las vajillas de los Sres. Ardiz y Larrosa, etc.); otros los mencionaremos en su lugar, como apéndices indumentarios (aderezos, relojes, cajas para rapé, etc.) Contráense sin embargo á la orfebrería: El donoso frutero de plata de D. Ramon Suñol (siglo XVIII). El delicado medallón de plata cuadrangular en punta, que lleva á un lado la imagen del Ecce-Homo y á otro una Virgen, propiedad de D. Antonio Farriols. La pipa de plata, de D.' Teresa Planas. Una cajita de metal bien laboreada, estilo del siglo XVII, del Sr. Sala. El singular y curioso ovillero de plata, siglo XVIII, del mismo señor. La pila para agua bendita de plata, sobre medallón de madera, estilo moderno, regular dibujo, propiedad de D. Crescencio María Moles. Una hermosa bandeja, del siglo XVII, del Sr. general Figuerola. El ramo de plata con esmaltes y piedras del cura párroco de San Miguel. Y poca cosa más. En la sala segunda de la Exposición, sección moderna, atraía á primer golpe las miradas de los visitantes, una soberbia numerosa instalación de objetos, tan seductores por la variedad y capricho de sus formas, como des- lumbrantes por sus reflejos de oro, plata y cristal. El nombre de D. Francisco de P. Isaura, es á la vez el de uno de los más calorosos adictos de la Exposición ce- lebrada, y el del entendido industrial que en aquella aparatosa anaquelería nos dio una breve, aunque expresiva muestra, de las riquezas que avaloran su establecimiento, siempre abierto á la admiración del público barcelonés. No nos toca á nosotros encarecer las bellas imitaciones en orfebrería, principalmente religiosa, que constituyen la base de dicho establecimiento, y que han alzado su crédito á una altura envidiable: las cruces, sacras, candele- ros y candelabros, joyeros, bandejas y demás objetos allí exhibidos, en la incesante expectación de toda clase de personas, llevaban su mejor credencial. A propósito, sin embargo, de estos objetos, hemos de insinuar una idea que es aplicable en general á muchas reproducciones de estilos históricos ya fenecidos. ¿Quién duda de ellos que dijeron su última palabra? Todos tienen bases fijas, por períodos, por circunscripciones, que no es dable inseguir sin mucho conocimiento de causa, ni menos salvar sin exponerse á la adulteración, al hibridismo, y de consiguiente á la superchería y al descrédito. Algunos artífices modernos, por afán de lucimiento ó novedad, no vacilan en arrostrar este ensayo peligroso, y las consecuencias asaz funestas que de salir mal trae consigo. •^i 25 j e - Contra tal riesgo, es prevención indicada familiarizarse con las buenas producciones originales, estudiando las manifestaciones históricas por ellas mismas; y hé aquí nuevamente patentizada la utilidad, por no decir necesidad, de las exposiciones retrospectivas, ó si se quiere, de las de artes suntuarias comparadas. SECCIÓN 3." Tapicerías y paramentos. El rico arte de la tapicería, de que tan valiosos modelos hay en Madrid, Burgos, Zaragoza, Tarragona y otras localidades de España, sin que hagan falta alguna los de fábrica extranjera, en la imponente majestad que su or- nato produce, en la belleza de sus composiciones de variados géneros, en la animada combinación de sus tintas, suele excitar siempre una admiración sin reserva, revelando de suyo un gran progreso industrial, que apenas tuvo competencia desde sus mejores tiempos. Si bien el uso de los tapices ha decaído mucho, y los paramentos á su vez han variado de un modo notable, el estudio de los buenos ejemplares en ambos géneros será siempre interesante y fructuoso para el desarrollo de fabri- caciones análogas entre las artes suntuarias modernas. Las aulea, amphimala, pradisteria, el opus phrygium, babilonicnm, acnpictiim de los antiguos, los draps sarrasins y de raz de la Edad Media, los entoldados y encamaradas (cambradas) del Renacimiento, no eran otra cosa que ta- picerías. El arte de elaborarlas, por lo lejano de su origen, se esconde en la noche de los tiempos. El santo tabernáculo de Israel velábase con ellas. Penélope ocupábase en tejerlas y destejerlas, para burlar á sus amadores. Las tiendas de Aquíles, de Dario, de Alejandro, y la de Carlos el Temerario de Borgoña, componíanse exclusi- vamente de tapicerías soberbias. Desde los primeros tiempos cristianos fueron adorno de las iglesias, pasando luego á las aulas reales, y aca- bando por vulgarizarse aún entre particulares, cuando apenas eran conocidos los grandes recursos de la escultura y de la pintura. Este lujo, en calidad de accesorio del mueblaje, ha llegado casi á nuestros días; sin embargo, las épocas de su mayor auge fueron los siglos XV y XVI, al desplegarse la interesante industria flamenca, que muchos reyes, entre ellos los de España, procuraron aclimatar en sus dominios. Acá sentiría pronto la influencia de los árabes, quienes en este ramo como en otros, ahincaron su sagaz ingenio, mientras el resto de Europa yacía aún sumido en la barbarie. Esa costumbre general, seguida en todas las casas opulentas, nobles ó no nobles, que persevera en muchos es- tablecimientos públicos, y la abundancia de ricas tapicerías que subsisten, inclusas las setecientas de la Casa Real, son pruebas claras de la importancia que tuvieron y de la consideración que gozaron. Las venidas á la Exposición, con ser pocas, no dejaban de corroborar este aserto, y á su solo aspecto echá- base de ver que el trabajo de tales artefactos, supone gran prestigio en las causas productoras, y gran maestría en la producción. Del siglo XV exhibió el Rdo. Dr. Vailet, dos fragmentos de tapices, que por la grandiosidad de estilo y la acen- tuación de formas y colores, merecen graduarse de cosa notable. La renombrada tapicería del sitio de Rodas, procedente de la antigua tabla de Comunes Depósitos, hoy del Mu- nicipio, se remonta á los albores del siglo XVI: la plaza sitiada, el campamento de los sitiadores, los bajeles y ga- leras que bloquean ó acometen, los cañones y bombardas de defensa, peregrinas en su traza originaria, y la mul- titud de objetos que llenan aquel paño hasta sus últimos rincones, con asombrosa precisión de detalles; dan á esta pieza subido valor histórico, que redobla su mérito artístico y su valía intrínseca. Las dos grandiosas de la Audiencia, resto de otras muchas que decoraban las salas de aquel superior tribunal, pertenecen al género simbolico-.milológico, tan favorecido en el siglo de los Bramantes y Ariostos. No puede negár- seles vigor de concepto, movimiento hasta de sobra, osadía en la exposición, y vehemencia de efectos y recursos. Sobre que generalmente los asuntos lo daban de sí, esta grandilocuencia artística, parece haber sido genuina de tales producciones, y no sin razón estética, ya que destinadas á llenar grandes huecos y dar golpe á razonable distancia ó elevación, no cumplirían su destino sin esa especie de exageración intencionada. De otra parte, el ar- tista tanto más se esxplaya, cuanto mayores son las proporciones de su obra; por eso las pinturas decorativas y al fresco, han dado vuelo á grandes ingenios, y esto mismo puede decirse de las tapicerías, testigos los célebres carto- nes de Rafael, sin otros de Rubens, Velazquez, Goya, etc. Una de dichas colgaduras parece representar escenas apocalípticas: la divinidad beatífica; ángeles vengadores ó exterminadores; un pueblo aterrado. La otra simboliza algun triunfo heroico: carros, caballos, camellos: el vence- dor ensalzado por una cohorte numerosa, en que se confunden las ninfas con los guerreros. Una y otra rebosan mag- i -^( 26 ) € - nificencia, y á vueltas de la exageración indicada, reúnen excelente dibujo, plegado, colorido y entonación, venta- jas no comunes en este linaje de producciones. Bellos son también sus bordes de arabescos, mezclados de frutas y flores, simulando cuadro. Otro tapiz exhibió el limo. Sr. D. Francisco Puig y Esteve, ni tan grande ni tan bello como los anteriores, pero sí vivo de color y acertada su composición, cuyo asunto es el llanto de Roxana por la muerte de Alejandro. Sus or- las son también de mucho gusto. Cortinas, mejor que tapices, aunque participan de ambas cosas, vinieron del monasterio de Pedralbes; una ri- quísima, de origen asiático al parecer, obra del siglo XVI al XVII, sobre cuyo fondo violado resaltan lindísimas combinacionesfloreadassobrepuestas, de diversos matices, y alternadas con leones emparejados y coronados, re- cordando las delicadezas del estilo persiano: otra de tupido brocado de seda, con amplios ramajes de oro, dádiva hecha al Cabildo catedral por un obispo que en ella dejó marcados sus blasones; y otra de sedoso vellorí en que se ven entretegidos grupos de fieras luchando, debida al Sr. Urgelles de Tovar. Algunos gremios trajeron sus paños funerarios de terciopelo negro ó carmesí, galoneados y franjeados de oro, los más del segundo ó último tercio del pasado siglo, distinguiéndose entre ellos el de Carpinteros, que es car- mesí, adornado con una gran cruz de oro y emblemas y leyendas alusivas á la muerte. El Arte Mayor de seda, ade- mas del suyo, adujo cuatro mantillas negras, bordadas de oro y plata á gran realce, que servían para decorar su misterio de la procesión. Lo mejor en paños, fueron los de atril y los frontaleros, nuevas especialidades debidas á las religiosas de Pe- dralbes; todos del tiempo de su fundadora D." Elisenda, como se evidencia por el escudo de Moneada bordado en los mejores, cuando no lo demostraran la índole y excelencia de las mismas ropas. Brocateles delicadísimos de seda y oro, uno fondo blanco, bordado á sus extremos en oposición con dos angeles, y recamado de lindas orlas: otro, fondo carmesí, sembrado de estrellas de oro, y uno verde punteado de plata, la- brado de cordoncillo de oro; donosas y singulares muestras de un arte siempre original, por sus motivos basados en la geometría y en la flora. Otro paño de atril de terciopelo, con blasones y galones de oro, pertenecía al siglo XVI y al reverendo Cura pár- roco de San Juan de Horta. Los frontales de Pedralbes eran tres, el más rico de terciopelo, sobre cuyo fondo escarlata campeaba de oro mate finísimo, una pequeña imagenflanqueadapor los escudos de armas de la ilustre viuda de D. Pedro III: los otros dos no le iban en zaga, tocante á riqueza de labor, uno de la Concepción sobre sirgo verde, llevando en la cima el versículo totapulchra, y alrededor emblemas de la letanía Lauretana; el tercero de seda azul, orlado con dente- llones de terciopelo rojo, y también cantonado de blasones. El Taller Embut, que generosamente respondió á esta manifestación con las muchas é importantes rarezas que ha sabido coleccionar, trajo á su vez un frontal, que si no alcanzaba en belleza á los descritos, primábales en sin- gularidad. De simple lienzo, bordado con sedas de colores, dividíase en pequeños cuadros, como una hoja de aleluyas, pa- reciendo figurar en la línea superior los gozos de María, y en los inferiores varios santos. Debió pertenecer á algun gremio de Zapateros, pues llevaba en un trozo de orla, indicados unos borceguíes. Lástima que su estado de dete- rioro no permitía valuar todo el mérito de este lienzo, que es pieza cuando menos del siglo XV. Todavía no hemos concluido con los frontales. Soberbio, riquísimo y de gran mérito en su género (siglo XYI), era el que vino de la capilla de la Audiencia territorial, cuajado de ramajes y volutaciones de oro, alrededor de una cartela en que resaltaba la roja cruz del Santo caballero. Otros dos del gremio de Curtidores, no menos ricamente bordados, del siglo XVII, en damasco blanco el uno y rosado el otro, cerraban perfectamente esta sección de artefactos, tan poco vulgarizados como dignos de serlo. A las citadas religiosas se debió un guadamecil de talle de frontal ó tapete, con imaginería; también especiali- dad en su clase, por dar razón de otra industria que nació en el siglo XVI, y que luego se creció hasta llegar á ser adorno obligado en todas las casas, con variedad de aplicaciones. D. José Moliné, expuso otro tapete bordado con tiras yflecosde argentería, correspondiente al siglo XVIII. De lo hasta aquí dicho se colige que el grupo mobiliario, principal entre las artes suntuarias, no dejó gran cosa que desear; y así nos place consignarlo para satisfacción de directores y expositores. Pudo haber ejemplares más copiosos, mas no es culpa de la Comisión si faltaron. Cada sección, sin embargo, túvolos muy escogidos, bastantes no sólo á determinar su generación histórica, sino también los accidentes y fases que á medida del gusto corriente, de la moda ó de la perfección industrial, fueron presentando en sus evoluciones; que es lo que importaba saber y lo que convenía demostrar. GRUPO 3 / Incl\JL3nae3nta.r ia.. SECCIÓN 1.* Trufes. Ningún ramo de la arqueología es tan complexo, á la vez que interesante y fecundo en deducciones, como la indumentaria. Nada más difícil de investigar que la inmensa variedad de trajes, esto es, la envoltura artística que los hombres de todo tiempo y condición, han adoptado sucesivamente, amen de las necesidades naturales de aseo, decencia y abrigo, por bien parecer, por distinción personal, por nobleza, gala ó esplendidez. Y si se considera que el traje es la exteriorizacion del individuo, sin cuyo aditamento no podría él gozar de vida civilizada, fácilmente se concibe la importancia de esa base tan sujetiva para toda representación histórica, para toda caracterización de época, y para toda exhibición figurada; ya que al hombre, actor principal del escena- rio del mundo, se contrae todo, especulaciones ideales y fenómenos de la naturaleza, tiempos y sucesos, pintura y realidad. Esto hace que él mismo en sus propias obras se haya reservado el mejor papel, pues no sólo en los períodos de la florecencia artística, sino en los de mayor rudeza, la figura humana ha constituido el tipo primordial, desde la Venus de Fidias hasta el bosquejo más rudimentario; y hé aquí porque un asunto tan complexo como el traje, se encarna con el arte, siendo á la vez tan fecundo en aplicaciones como en riqueza de datos. Ocurre ademas, bajo el último concepto, una circunstancia casi providencial. Los pueblos antiguos cuanto más rudos, y de consiguiente más difíciles de estudiar, en las raras memorias que dejaron de sí, obraban con pueril candidez, copiándose á sí mismos. De esta suerte, lo que á sus obras les falta de crítica, les sobra de expontaneidad, y ya que no floridos, son verdaderos. Así se observa en los monumentos célti- cos, galos, fenicios, etc., é igual fenómeno se repitió en la segunda infancia social de la Edad Media. Al recorrer las laMas góticasfijadasen la Exposición, chocaba ver la escena del Calvario, por ejemplo, llena de guerreros armados de punta en blanco y de escribas vistiendo como nuestros concelleres, gramalla y chapiron; á Santiago rebozándose en un manto diploide, galoneado de oro y prendido con broche de perlas; á san Agustín entre echevinos del siglo XV; á san Eloy y Garlomagno con capotillos, bonetes, escarcelas, puñales al cinto, cal- zado de polaina, recamados y bordaduras; todo eso en unas tablas de gran valer pictórico, coetáneas quizá de Rafael. Esto arguye cómo deben estimarse semejantes producciones, y á la par de ellas el abundoso caudal, que así la pintura como la escultura y la arquitectura, suministran esencialmente á la indumentaria histórica de los respecti- vos centros productores, en diversas fechas. Y aun más deben estimarse considerando, que aparte de los manuscritos, donde si se describen trajes falta la evidencia de su hechura, no hay otro medio de familiarizarse con ellos, porque carecemos de los originales; materia altamente fungible, que sólo por rara excepción, ó en calidad de santa reliquia las más veces, ha dejado algun ejemplar en los tesoros de los palacios ó de las iglesias. Haylas de esta clase en Westminster, en Aquisgran, en Monza, en San Martin de Tours, en Oviedo, León, To- ledo, etc. No lejos de nosotros, el monasterio de San Cucufate del Vallés conserva la planeta y el alba ó camisa romana, que su abad Arnaldo llevaba revestidas en la noche buena de 1350, cuando fué asesinado por Berenguer de Saltells, y en las que se ven aún marcadas huellas de las heridas. A haber venido estas ropas conforme solicitamos, tuvié- ramos dos raros ejemplares de la indumentaria religiosa del siglo XIV; la planeta remarcable por su corte orbicu- lar y su tejido de medallones exagonales y leones geminados, de estilo oriental, y el alba por su paramento al con- fio de la halda, labrado también á usanza arabesca, de oro y colores. La ausencia de estas preseas, quedó bien resarcida por otras de igual carácter religioso, algunas por cierto muy superiores en riqueza y ornato. Entre ellas la más señalada y antigua, era una mitra de forma casi triangular, poco más alta de un palmo, gas- tada y consumida de vetustez, y que en la Catedral se guarda con la pía creencia de haber servido al santo arzo- bispo Olegario. Ningún conocedor dudará de que cuando menos pertenece al siglo XII: su materia parece haber sido -<^( 28 ) ^ brocatel de oro ó plata: la banda vertical y horizontal que la adorna, salteada de medalloncitos con imágenes de Santos, es en extremo característica. Desde aquí hemos de salvar dos siglos, para encontrarnos con las piezas de un raro terno que aportó D. Domingo Vidal. Su corle no es muy antiguo: en el centro de la casulla y en el faldar de las dalmáticas, van unas tiras de imaginería de seda y oro, según general costumbre de aquella época; pero lo curioso es el campo de látela ó pieza, entretejida á zonas sucesivas y repetidas de un mismo objeto, que es la aparición de Jesucristo resucitado á la Magdalena, en seda clara sobre fondo rosado, con unas puntadas de oro, en lo que figura terreno. Así el motivo como la forma de este tejido, nos parecen muy especiales, y como quiera primitivos de una in- dustria localizada en este ramo, cuando iría emancipándose del largo tributo que la Europa entera rindió para ves- tidos áulicos y paramentos religiosos, á las confecciones ultramarinas ó arabescas. Describir ahora el otro terno de la Audiencia, es empeño para el cual no caben términos de ponderación. El vulgo le conoce porque se exhibe todos los años en la fiesta religiosa de aquel tribunal, junto con otros ornamentos que posee, y que afortunadamente guarda y cela con un esmero digno de todo elogio. Aquellos brocados tan hábil- mente tapizados de oro y velludo punzó; aquellos ramajes de tanta magnificencia, elegancia y buen gusto; aquellas galonaduras no menos graciosamente urdidas; aquellas bandas de bordados en seda de colores y oro, presentando á cuadros, ya en los tiros centrales de la casulla, ya en los laterales y capilla de la capa, ya en los faldares y sobre- mangas de las dalmáticas, toda la historia del santo héroe de la Caballería Cristiana, con multitud de figuras ex- presivas y dignas de estudio, por la variedad de trajes y armaduras de su época, muebles, utensilios, etc.: esos y otros muchos detalles que excusamos, dan subido interés á aquellas singulares piezas indumentarias, que acredi- tan á una la maestría de su autor Antonio Sadurní, la rumbosidad de la Diputación que las costeó, y la avanzada industria local, que en el postrer tercio del siglo XV daba de sí tan buena muestra, en esa obra tan difícil de ser igualada, como imposible de aventajar, aún en nuestros días de innegable adelanto. Aunque de menos empeño, distaban de ser adocenados el terno verde adquirido de San Roman de Rúrgos, por el Sr. Moliné, la casulla con iguales bandas de imágenes, traída por el señor curado Riells; dos capas pluviales de Rubí, de terciopelo rojo, con galones aquélla, y bandas y capilla de imaginería ésta; una casulla y una capa plu- vial de seda y oro, propias del Dr. Vailet; el terno de terciopelo carmesí galoneado y bordado de oro, de la parro- quia de San Vicente de Sarria; otro terno de D." Trinidad Fontcuberta, realzado con escudos y bordados ricos, y el otro del monasterio de Pedralbes, sencillo y sin bordados, pero en que la simple combinación de los colores de su tela, verde y amarillo, causaba simpático efecto; todos estos ornamentos, del siglo XVI. A la propia época asignamos la riquísima alba, con gran vuelo de encajes y algunos bordados de oro, figurando emblemas de la Pasión, que fué otra alhaja, y no la menos curiosa, de las traídas por el Excelentísimo Cabildo; debiendo agregarse dos valonas al parecer viatícales, hechas de oro, plata y sedas, ó de lo mismo sobre gró, debi- das al Sr. Moliné. Algo más recientes, pero á su vez dispendiosos y magníficos ternos completos vinieron, uno, fondo encarnado, déla parroquia de Santa María del Mar, y otro del gremio de Revendedores, tisú blanco de aguas; los dos con realzes definísimosbordados y deslumbrantes galonaduras. Tocante al traje civil, su inferioridad al religioso estaba en igual ó peor relación que la orfebrería; prescin- diendo de los muchísimos datos históricos quefielmentesugerían las tablas, lienzos, dibujos y grabados de la Ex- posición, y elogiando de paso el cuadro de miniaturas y acuarelas que D. José Puiggarí tiene preparados para una obra de indumentaria española, y son excelente muestra de la opima cosecha que en tal campo puede recogerse con estudio y perseverancia. Sólo del siglo XVIII ó principios del actual, cabía viniesen, como en efecto vinieron, algunos ejemplares estimables. Un gran traje de corle para señora, compuesto de jubón escotado y faldellín, con ancha y rozagante cola, tisú de plata,floreadode seda de colores, y guarnición de puntillas y borlilas de oro (de D. Bernardo Castells). Otro vestido de dama, corpino tapicería blanca, redecilla encarnada, manguitos y medias de seda blanca, y zapatos encarnados (de D. José María Draper). Una de payesa rica, falda y corposillo tapicería colorada, corsé id. blanca, redecilla negra con altos de lazos, pañuelo granadina negro, salteado y recamado de lentejuelas, medias de seda negra, zapatos de id. blancos, y man- gotes negros (de D. José de Roselló). Un jubón de seda negro,floreadode blanco, otro seda cereza con flores de varios matices, y una casaca de rizo de seda morado y negro (de D. Agustín Rigalt). Un pañuelo seda negra, bordado con lentejuelas yflecode oro; otro con puntilla negra; dos faldas, una, tapi- cería de seda, y otra negra labrada de ramajes; tres jubones de tapicería negra y flores blancas, blanco con flores negro listado, y un delantal indiana (de D.' Mariangela Piera). Un rico faldellín de seda amarilla, tejido de fajas negras imitando blondas, con verdadera ilusión (de D." Te- resa Subirana). Un traje de caballero, consistente en casaca de seda negra y chupa blanca bordada, y otro de talle análogo (de D. Bernardo Castells). -<^{ 29 ) * - Varios cortes de chupas blancas, bordadas unas de seda al realce y otras de cadenilla, todas del pasado siglo (de ü. Luis Mazorra). En clase de uniformes militares, sólo el indicado Sr. Castells produjo uno de la real Maestranza, del siglo que corre. Accesorios indumentarios para uno y otro sexo, húbolos diferentes. La chalina ó pequeña mantilla de D.' Venturita Parcerisa, fué de los más curiosos é importantes. Lindísima pieza de encaje, no se sabe que admirar más en ella, si el extraordinario primor del labrado, ó la peregrina gracia y novedad de su dibujo. Con decir que se atribuye á la Reina Católica, y que no inverosímilmente se remonta á los albores del Renacimiento, basta para quilatarla de notabilísima en su género. Hé aquí uno de tantos modelos que nuestros productores debieran tener siempre á la vista, ya porque, siendo indígenas, entrañan legítima nacionalidad, ya porque, siendo históricos, podrían ser base de un racional desar- rollo sin solución de continuidad, ya en fin, porque teniendo verdadero mérito, producirían útiles enseñanzas, y siempre llevarían la ventaja á muchos artículos insípidos ó incoloros, al oropel y falsa moneda de las mo- das de importación. Desgraciadamente sabemos de buena tinta que el indicado objeto irá en breve á manos de extranjeros, los cuales mejor preciadores que nosotros de nuestro propio abolengo, lo utilizan para ilustrarse, explotando á un tiempo nuestra ignorancia ó desidia, así con lo que nos toman, como con lo que nos devuelven de su cosecha. No deslucía del citado encaje otra pieza para alba, igualmente rica, pero no tan antigua, que vino á sellar el crédito de los muchos y buenos objetos en todos géneros, expuestos por nuestro Cabildo catedral. Señalábanse por otro estilo, unos luengos mitones de cabritilla Alonados de oro, y unas altas chinelas de raso blanco bordadas del rico metal, propias de D. Santiago A. Saura; una borla doctoral; una corona de hilo de plata para imagen; tres pares de zapalitos azules con rapacejos blancos, que el gremio de Drogueros sumi- nistraba á las niñas de la Misericordia que concurrían á la procesión del Corpus; unas enormes botas de ba- dana para postillones; un par de sandalias hebreas, de D. José Pons, y unas babuchas traídas de Jerusalen por el Rdo. Dr. Salles. Los galoneros sacaron sus muestrarios de pasamanos y galones, que sin ser de gran importancia, evidenciaban el curso que ha seguido esta industria, humilde y rutinaria por demás en Barcelona, aún á comienzos del presente siglo. SECCIÓN i: •topas.—B«nderwi. Las ropas atañen á la indumentaria, ora se consideren como base del traje, ora como independientes de él, pero acomodadas á cualquier ornato. Bajo ambos conceptos su ínteres no es inferior al del vestuario, propiamente dicho, su importancia histórica la misma, y su valor artístico equivalente al mérito y procederes de confección, y á las formas, colores, realces y accesorios que llevan estampados, entretejidos y adheridos. Pero siendo de igual naturaleza que los vestidos, participan de su fungibilldad; y esto hace que con haber sido muchas é importantes en todas épocas, pocas y raras han llegado á nosotros de una fecha algo lejana. En la sección de tapices y paramentos, quedan reseñados los principales que vinieron á la Exposición universi- taria; paños de atril, frontales, colgaduras, tapetes, de Pedralbes, del Taller Embut, y de otras proceden- cias, etc. Lo mejor después de ellos, fueron unos damascos para balcón, siglo XVllI, pertenecientes á D. Agustín Rigalt; uno verde, laboreado de blanco, otro azul celeste y amarillo con adornos blancos, y otro amarillo floreado de azul y encarnado; especiales los tres. Uno encarnado, llevando la fecha de 1735, provino del gremio de Cerrajeros. Un paño del siglo XYII, bordado en seda, oro y plata, era de D. Luis Mazorra y Pando. La toalla de comulgar, curiosamente labrada á facetas trapezoidales y cruciformes, que según su posesor D. Juan Traballa, pertenece á su familia de tiempo inmemorial, suponiéndole grande antigüedad; es de labor algo tosca, y no conservando carácter alguno del estilo ojival, la consideramos á lo más de fines del siglo XV ó princi- pios delXVL Deben señalarse otras dos toallas preciosas: una de D. Jaime Camprodon, tejida por su antecesor Francisco, en el año 1132, cuando aun no eran conocidos los lisajes y las máquinas á la Jaquart; y otra algo anterior, pre- sentada como modelo por el colegio del Arte Mayor de seda; ambas ricamente entretejidas de listas y losanjes en sedas de varios colores. Dos corporales de lino, con guarnición de oro y algunas piedras, fueron otra antigualla estimable de las reli- giosas de Pedralbes. •^( 30 )«- Un cartel de acto público universitario sobre seda amarilla, del año 1703, semejante á otros muy comunes de aquel tiempo, vino por parte de D. Buenaventura Ribas. Una faja de seda bordada, y una cinta de la Virgen de Monserrat, procedían de D. Francisco Maspons. Y para lo último dejamos, como objeto singular en mérito é importancia, la delicadísima toalla sacramental de la capilla de la Audiencia, sin duda coetánea de su magnífico temo, hecha de seda carmesí, laboreada con reco- mendable gusto, de oro y plata (género morisco), yflecaday puntillada de lo mismo. En calidad de accesorio, hablaremos de las banderas, que las hubo curiosas y notables. Sabido es que desde mucha antigüedad, las enseñas en sus varias clases, vinieron simbolizando preclaras ins- tituciones, tanto en lo religioso como en lo militar, y en lo civil principalmente contrajeron tal multitud de formas, símbolos y colores, que sería por demás extensa la sola reseña de sus variedades. Preciadas hasta en sus menores girones, constituyen aún un símbolo de gloria para las entidades que las ostentaron, y una gala perdurable en los templos, armerías y archivos, como de todos es cosa notoria. Entre los muchos emblemas de esta clase que Barcelona conserva, resaltó en la Exposición el conocido estan- darte de Lepanto, que las religiosas de Montesion guardan depositado, en virtud de un voto del ilustre héroe de aquella jornada. La autenticidad de esta pieza ha dado materia á controversias, y aun algun autor supone que no es tal bandera, sino un cosido de varios gallardetes, para darle apariencia de tal. Compónese efectivamente de tiras de colores alternados, blanco, amarillo, verde y encarnado, estrechándose proporcionalmente hasta rematar en dos puntas. Que las piezas están cosidas, no cabe duda, pero que antes fuesen gallardetes, ni se comprende los hubiese en número y tiro suficiente de cada color, ni tampoco la razón de hacer esto, cuando para ofrenda y cumplimiento de voto, bastaba presentar los gallardetes en sí mismos. Nosotros opinamos que es bandera y que es legítima, .por cuya razón debe ser admirada y conservada, no sólo cual depósito sagrado y reliquia venerable, sino cual timbre de gloria de los más enaltecidos para nuestra nación. Dos pendonciUos van anejos á esta bandera, dando apoyo á su legitimidad, ambos carmesís, llevando imágenes y escudos pintados y dorados, imposibles ya de definir por su estado de degradación. Bandera histórica fué asimismo una atribuida á los segadores del Vallés, toscamente pintada sobre un lienzo, con varios santos, entre ellos san Isidro; que podrá remontarse á principios del siglo XVII. Otra histórica presentó el arquitecto D. Antonio Rovira y Trias, adquirida por su padre de los gremios de esta ciudad, que la costearon en el año 1814 para una fiesta de desagravios, dedicada á los mártires de la libertad. Pou, Gallifa y otras víctimas de una conspiración abortada, y también para celebrar la evacuación de los franceses. Es cuadrada, en forma de pendón, hecha de tafetán blanco, pintados en ella en número de quince ó diez y seis, todos los santos y santas patrones de esta capital (santa Eulalia, san Raimundo, san Francisco de Paula, las Vírgenes de la Merced y del Rosario, etc., etc.). El Excmo. Ayuntamiento presentó un fragmento del no menos célebre pendón de santa Eulalia, vetusto pala- dión de las libertades catalanas, y uno de los muchos que debieron labrarse en épocas sucesivas. El de que se trata, conservado en el archivo municipal, lleva una buena pintura de la Santa, obra del siglo XVI, al óleo sobre da- masco encarnado, con una minuciosa orla tocada de oro que encuadra á santa Eulalia, y un resto de cartela á sus pies, que parece acabar con la palabra vici, acaso última del mote atribuido á César. Figuraron ademas algunas banderas gremiales: de Carpinteros, listada de encarnado y amarillo, llevando en su centro los atributos del gremio y la fecha de 1751; de Cerrajeros, carmesí, del siglo pasado; de Revendedores, blanca, y dos ó tres más por el estilo. En lo moderno, el colegio de Vilar exhibió dos bonitos pendonciUos procesionales; y á la galantería de la Junta de Ferias y Fiestas populares se debió descollase en primer término el lujoso pendón, ostentado con motivo de las mismas, por el M. I. Sr. Alcalde 1.° en la solemne procesión de la Merced. Raste considerar la ocasión y objeto con que fué labrado, para hacerse cargo de que sería, como en efecto era, digno de la rumbosidad de dicha Junta, y de la merecida fama industrial de Rarcelona. Competían en él la riqueza de materias, con la hermosura y varie- dad de labores, y bajo un plan general de mucho gusto, abundaba en detalles á cual más precioso. Su mejor elogio es el aplauso unánime que mereció de toda clase de personas. • SECCIÓN 3.' A p é n d i c e s IndumentArlos. Sin ser en puridad cosa de vestido, hay adminículos que contribuyen al realce y ornato de la persona, que el uso y el tono, el buen parecer y hasta las exigencias sociales, hacen en muchos casos, indispensables. ¿Qué señora, cuanto mejores vestidos lleve, osará salir en público sin sus obligados aderezos?¿Qué caballero se presentará en sociedad sin guantes, botones, reloj, etc.? •o^i 3 1 )^r>- El gusto, y casi la necesidad de tales accesorios, arranca de las sociedades más primitivas; pero ha variado mucho según los tiempos. El salvaje se engalana con plumas de águila 6 de avestruz, dientes de lobo, colas de raposas. Europeos y asiáticos, sármatas y griegos, romanos y sus sucesores, todos usaron aliños variados, ya para re- levar las gracias naturales, ya para sigijificar riqueza ó autoridad, ya simplemente por convención tácitamente prescrita y asentida. Durante los siglos medios fueron muy corrientes en personas de uno y otro sexo, collares, brochaduras, cintu- rones, etc., engastados de piedras y perlas, como de ello daban fe casi todos los cuadros antiguos de la Exposición. El Renacimiento, según por las mismas se veía, más rico ó ampuloso, pujó aún sobre las galanuras precedentes; y allí era de observar cómo abultaron y recrecieron los tocados y plumajes, los collares y cadenas, los brazaletes, patenas, ceñidores, escarcelas y aderezos de lodo linaje. A fines del siglo XVI, el Picaro Guzman de Alfarache precisa en las damas, broches, bolones, puntas, ajorcas, arracadas, joyeles, cabos de locas, cintas y sortijas. A una supone habérsele regalado un collar de hombros, una cinta y una pluma para el tocado, que de oro, piedras y perlas, valían las tres piezas más de 3,000 ducados. A este siglo deben contraerse el cinto grande de plata con alfiletero y cadena pinjante, traído por D. José de Roselló, y otro ceñidor no menos rico de los llamados castellanas, que las damas llevaban en sus castillos, pertene- ciente á D. Jaime de Puiguriguer. Con el siglo XVII vinieron otras especialidades: toquillas, cintillos y rosetas para sombreros; brincos y do- minguillos; gorgneras y arandelas; corales y sartas de abalorio y azabache; pretinas y cabestrillos; alamares y agujetas; garzotas de plumas, guantes de ámbar, antifaces, antojos, mocadores, cajas para tabaco, abanillos, manguitos, y luego las muestras de reloj. Algunos de estos objetos, acabaron de fijarse en la siguiente centuria, que á su vez introdujo los polvos y lunares, los tembleques y perendengues, las hevillas para corbata, brazos, charreteras y zapatos, la bisutería de pasta, similor, los camafeos, etc. A entrambas épocas conciernen los venidos á la Exposición, á este tenor: Una placa de plata, de Santiago, debida á D.* Teresa Planas. Una venera de la orden de Montesa, plata afiligranada; un pectoral de oro con esmaltes y rubíes; un medallón plata volteado de diamantes, y un relicario de oro y esmaltes, todo perteneciente á D. Eduardo de Casanova y de Gaitero; una alhaja oro y diamantes, de D. Jaime Tagell; un ramo de flores, oro y pedrería fina, de D. Eusebio Auge; otro elegante, plata esmaltada y piedras, del Rdo. Cura Párroco de San Miguel Arcángel; una piocha de cabeza, de D. José Moliné; un bonito aderezo, plata y piedras con su estuche, de D. Francisco Maspons; una cifra, oro y tres anillos id. esmaltados y brillantes, del nombrado señor de Casanova; una cruz plata y pedrería falsa y unos pendientes de payesa, plata labrada y piedras, del Sr. Auge; unos rosarios engarzados en plata, también del Sr. Casanova; otros, cristal y filigrana del Sr. Castells; unos de vidrio, del Sr. Esteve; un joyero de concha con guarniciones de plata, del señor conde de Figuerola. Cajas para tabaco, buenas y escogidas en general: de D. Bernardo Castells, una, plata labrada; de D. Agustín Vintró cuatro diferentes, de ellas, algunas con miniaturas; de D. Felipe Sala, otra de metal; del Sr. Casanova, id. de oro cincelado y variadamente matizada; de D. Manuel de Figuerola, id. con una miniatura creída de Teniers; del Sr. Puiguriguer id. concha, incrustada de plata; de D. Eusebio Auge id. de oro y esmalte; de D. Roman Arnet dos muy sencillas, etc. Relojes ó muestras: de D. Manuel Rodríguez, uno de oro, repiticion, con miniatura en el reverso; del Sr. Casano- va, otro esmaltado, guarnecido de brillantes, y otro ceñido de esmaltes y pedrería; de D. Francisco Esteve y Sans, uno plata de dos cajas; de D. Francisco Maspons, uno oro y esmaltes; del Sr. Puiguriguer, uno plata con sus nú- meros de porcelana; siendo también de notar el que iba metido en un estuche de cuero de forma casi esférica, y de D. Francisco Larrosa, seis diferentes con esmaltes, etc. D. José Moliné sacó él sólo, un cuadro aparador conteniendo veinte y ocho piezas de argentería, piedras y mi- niaturas, donde entre lazos, cifras, broches y pendientes, había cajas y relojes, y un abaniquillo con pié de marfil y oro, de singular lindeza. También D. José de Roselló expuso un cartón muestrario lleno de pendientes, sortijas, alfileres, botones, cadenas, hevillas, etc. La mayoría de esas alhajas, acusaban á tiro de ballesta su procedencia extranjera, el afeminado y voluptuoso mirmidonismo de tiempo de la Dubarry y la Pompadour. En especial los relojes, sólo podían venir de Francia ó de Ginebra, que sistemáticamente, hasta muy cerca de nosotros, gozaron el privilegio de surtir al mundo fashionable. Más nacionales ó indígenas fueron las series de abanicos y peinetas, que sólo para redondear esta sección, indi- caremos en globo, pues si bien ambas series son importantes, y de una y otra hubo ejemplares debidos á los seño- res Larrosa, Vintró, Arnet, Sala y otros expositores, no dieron de mucho lo que podían, atendida la gran variedad y riqueza de artículos de ambos géneros, y muy particularmente en abanicos, al compás de la moda nunca inter- rumpida de ellos, desde su origen á mediados del siglo XVII. Las peinetas, hijas de la república francesa, han tenido sus intermitencias: comenzaron simulando diademas de -<^( 32 )«- oro ú otro metal, incrustadas de perlas y pedrería; después se usaban de asta y concha, para favorecer el peinado, y nuestras bellas andaluzas en especial, sacaron de las mismas ventajoso partido. Con la Restauración francesa rena- cieron más lozanas que nunca, datando del período de 1830 á 1840 aquellas hechuras barroquísimas, hiperbólicas, piramidales, que con las hombreras de ballena y las mangas de alforja, tanto nos chocan al hojear el Petit Courrier des Dames y otras colecciones análogas de aquel tiempo: algunas de las peinetas expuestas por el Sr. Larrosa eran de esta clase. No há dos años víraoslas reaparecer, inclinándose desde luego á la exorbitancia; pero sin duda el recuerdo no lejano de su ridicula caída, impidió su rehabilitación : el caso es que las bellezas contemporáneas han tenido el buen gusto de cerrarles su tocador; y con esto compensan otras invenciones suyas, por cierto no muy conformes con el susodicho gusto. SECCIÓN 4.' Armería. Ramo es éste que hace un mundo aparte: llena la historia, llena salones y museos, llenaría cien exposiciones. Armas ofensivas y defensivas; de aparato y de uso; de guerra y de torneo; blancas y de fuego; de hierro y de otras clases; antiguas, medias y modernas: ¡qué inmensa variedad! ¡qué vastísimo campo de estudio para el arte, para las costumbres, para la ciencia militar, que es aún de innegable influencia en el bienestar y seguridad de las naciones! Siendo raros los ejemplares de la antigüedad, la atención de artistas y coleccionistas se ha fijado principal- mente en las armas de la Edad Media y del Renacimiento, que constituyen verdaderas panoplias, una entidad en su género, una vida histórica cumplida, tan notables por la singularidad de sus formas, como por la complicación de sus piezas, por la maestría de su trabajo y por la riqueza de su ornato; circunstancias que las quilatan en extremo, dándoles casi el valor de monumentos artísticos. Precisa y característica del caballero en la Edad Media, la armadura, el arnés, llegó á hacerse de uso ordinario, , aun en cortes, palacios y ceremonias, viniendo así á hermanarse con la indumentaria, anejada al traje ó porte ha- bitual. Su historia va eslabonándose como todas las invenciones del hombre: al principio toscas zaleas, pieles y co- rambres; después escamas, ensortijados y acolchados (thoromaca); luego la malla grosera, afinándose gradual- mente; á la malla se adaptan planchas (platas) y fojas; las planchas se extienden á los miembros extremos, in- vaden el cuerpo, desalojan á la brunia, al alsbergo, á la cota; y acabando por enlazarse todas las piezas mediante ingeniosas articulaciones, queda hecha la armadura de punta en blanco. Nueve siglos á lo menos de experiencia, exige el llegar á esta perfección; advirtiendo que no bien conseguida, un nuevo invento, el de la pólvora, viene casi á hacerla estéril. Desde entonces la armadura pasa á ser un artículo de lujo, pero lujo desmedido, que seguirá dándola voga y una vida facticia de otros dos siglos. Hé aquí porque seduce tanto el estudio de la armería. Cada pieza revela su época; y las épocas son muchas, y las piezas son tan varias como numerosas. En Barcelona existen buenas colecciones; y á no mediar los óbices de tiempo, y otras anunciadas en el preli- minar de este Álbum, su exposición hubiera llegado á tener importancia. Fortuna aun que á última hora vinieron dos refuerzos poderosos: D. Domingo Vidal por el Taller Embut, trajo cuatro de sus mejores panoplias, sin otros objetos sueltos, y el Sr. Conde de Belloch nos favoreció con escogidas piezas de su gabinete. Unas y otras son bien conocidas de los aficionados, por la abundancia, variedad y rareza de ejemplares: cascos, bacinetes y morriones, corazas y brigandinas, alzacuellos y escarcelas, rodelas y adargas; armas ofensivas de toda clase, desde el pesado mandoble hasta la sutil misericordia, lanzas, alabardas, ballestas, sables, pistolas, arca- buzes, etc. Su reproducción fotográfica nos escusará de mayores detalles, que ni aprovecharían, ni son de este lugar. Sólo diremos que las piezas más antiguas, apenas escedían del siglo XV, correspondiendo las más al siglo XVII, y las mejores al género ofensivo, notándose entre ellas alguna morisca. Ademas expusieron: el Ayuntamiento una bonita alabarda, cuyo hierro vaflanqueadoen su base con las dos águilas de Austria, indicio seguro de su fecha, y esta alabarda servía antiguamente para el conserge de la casa de Comunes depósitos; D. José Garrut una portesana del siglo XVI, y dos alabardas muy ornamentadas del XVII; D. Joaquín Vayreda una hacha de acero con mango de hierro y madera; el limo. Sr. D. Juan Codina un original mandoble de torneo, con empuñadura de garabato; D. Juan Pons y Forns dos pistolas, una incrustada de hierro y otra de latón; D. José Calcat una espada del siglo XVII; D. Federico Serrá un lindo espadín con puño de acero y guarnición de plata, llamada de mariposa, acaso por figurar sus cazoletas las alas tendidas de este insecto; D. Víctor Caze una buena escopeta española, etc. Como accesorios de equitación, pertenecían, al conde de Belloch entre sus demás objetos, un testuz de hierro ó chanfrea de guerra para corcel; á D. José María Bosch y Pons dos curiosas gualdrapas de terciopelo, bordadas de argentería, con sus pistoleras (siglo XVII), que se dice haber sido de un virey de Mallorca, y otra rica montura de caballo de igual tiempo, fué pulcramente exhibida dentro de una vitrina por D. José Moliné. Hemos llegado al cabo de nuestra tarea. Las breves páginas que anteceden y las láminas que las acompañan, dejan reseñado y pintado lo sustancial de la Exposición. Ya decíamos que, si bien escasa, no le faltaron selectos é importantes objetos, sobre todo en la sección retros- pectica; sin que la buena voluntad de las Comisiones dejase de hacer cuanto pudo para que lo fuera, ni perdonase esfuerzo para que lo fuera más. Ciento noventa expositores por lo antiguo, y un centenar por lo moderno, respondieron á su llamamiento, tra- yendo novecientos ochenta objetos aproximadamente los primeros, y sobre quinientos los segundos. Poco más cabía hacer en el breve espacio de tres ó cuatro semanas, cuando debió improvisarse todo, hasta la instalación, en un local enteramente vacío; y eso mismo prueba lo que pudiera hacerse con espacio, medios y cir- cunstancias favorables. Muchos visitantes, al recorrer los salones de la Universidad, dolíanse de que las preciosidades á tanta costa re- unidas, debiesen segregarse y desaparecer luego, quizá para largos años, volviendo al poder de sus dueños, que jus- tamente las recatan; y aun más sentían la posibilidad de que por codicia, negligencia ó ignorancia, ellas y otras muchas vengan irremediablemente á perderse, como ya de sobra ha sucedido. Templal)a apenas este sentimiento la válida noticia de que se iba á organizar un centro de exposiciones permanentes, idea que anda en vías de realiza- ción ; en cambio los amantes de la instrucción sólida, basada en legítimas fuentes, veían con gusto despertarse entre el vulgo la noción del valer artístico de aquellos objetos, que antes miraba con indiferencia ó desprecio, sor- prendido de que se les diese estima, cuando quizá conocía ó tenía otros semejantes arrinconados en casa. Hé aquí, pues, una de las ventajas de esta clase de exposiciones. Al comparar por instinto los productos de la moderna industria, familiares á todos, con sus análogos de la antigüedad, generalmente poco accesibles al público, se forma el gusto, se estiman las discrepancias, se suman los datos, se valúan los tipos; y toda persona mediana- mente reflexiva, deja de considerar un objeto arqueológico como trasto viejo, comprendiendo que el previsor celo del anticuario, lejos de ser estéril, ni mucho menos, confirma una vez más aquel célebre apotegma de Cicerón: Prisci avi vestigia, periliores vetustas facit. En efecto, la contemplación ó impresión de los restos vivos de pasados siglos, es una fuente incesante de nuevas y prolíficas enseñanzas. DICTAMEN QUE EL JURADO CALIFICADOR DE LOS ORJEïOS PRESENTADOS EN LA EXPOSICIÓN DE ARTES SüiTÜARIAS ANTIGUAS Y MODERNAS, INAUGURADA EL ülA 24 DE SETIIMBII DE W EN EL EDUICIO DE LA ONIVEESIDAD DE BARCELONA, EMITIÓ ANTE LA COMISIÓN ARTÍSTICA Y LITERARIA. Difícil por más de un concepto es la empresa que la Subcomisión encargó á los que suscriben, en sesión de 7 del corriente, sobre calificar á los expositores que se hubieren distinguido, presentando mayor número y mejores obras del arte antiguo, y más acabadas producciones del moderno. No se ocultaba á los infrascritos la indeterminación de principios en que su criterio debía fundarse, ya que no siendo llamados para fallar acerca del mérito intrínseco de los objetos exhibidos,—tarea común á los Jurados en toda clase de exposiciones,—resultaba deber tener en cuenta unas veces el valor arqueológico, otras el artístico, otras el-gusto, ahinco y celo del conservador, no siendo este último principio el menos recomendado; toda vez que el fin primordial de las recompensas acordadas, es estimular á aquellos pocos que en esta desfavorecida nación dan el noble ejemplo de amparar el arte y los recuerdos de otras edades, profanados ó malbaratados torpemente aún en nuestros días. Aumentó la dificultad del encargo, cuando reunidos en el local de la Exposición y examinado prolijamente lo que ella contiene, vimos que en general respondía poco á las comunes exigencias y á la que buenamente cabía esperar. ¿Pero acaso mediaron el tiempo, la protección y los elementos necesarios para que fuese mejor? La Subcomisión, con notoriedad segura, podría explicar estos detalles, en que el Jurado no debe entrar; pero aun siendo público que de parte de aquélla sobraron la buena voluntad, el entusiasmo y el trabajo, cuando todo lo demás escaseaba, los infrascritos no pueden menos de consignar que la Exposición, si relativamente distinguida en conjunto, dejó de ofrecer la complexidad y grandiosidad que podía, y que de seguro hubiera ofrecido en mejo- res circunstancias. A este juicio de la Exposición en general, cumple añadir que la sección moderna se resintió más, como natu- ralmente debía ser, de los inconvenientes expresados, sin empero faltarle á su vez descollantes especialidades; no obstante, así ella como la antigua resultan contener objetos que en rigor no atañen á las Artes suntuarias. Estimando en la moderna los adelantos de las industrias decorativas, juzgamos premiables á aquellos exposi- tores que han dado muestras de conocer y mejorar determinadas aplicaciones del arte, las cuales embellecen la vida de la familia, ó dan esplendor y suntuosidad á las manifestaciones públicas; al paso que en la sección antigua hemos admirado la abundante copia de buenos modelos pictóricos, y las verdaderamente ricas colecciones de tablas, ta- picerías, alhajas y muebles de los mejores tiempos del arte espiritual de la Edad Media, traídos señaladamente por algunas agrupaciones dignas de elogio, en razón del celo con que las custodian, y del interés con que han respon- dido al llamamiento de la Subcomisión organizadora. Insiguiendo este criterio, el Juríido juzga acreedores á premio de medalla, los expositores que más se han dis- tinguido, así por la calidad, especialidad, cantidad y mérito, como por la reunión y conservación de los objetos presentados; considerando dignos de diploma, los que han dado pruebas de igual ahinco y celo, si bien en menor escala, prescindiendo de las causas que á ello hayan podido contribuir. -^ 33 )«* Propónense, pues, los siguientes nombres: PARA EL PREMIO DE MEDALLA Excmo. Ayunlaniienlo Conslilucional de Barcelona. Excmo. é limo. Cabildo Catedral de la misma, limo. Sr. Presidente de su Audiencia. Dr. D. José Vailet, presbítero. Sociedad arqueológica Taller Embul. D. Felipe Jacinto Sala. » José Moliné. » Ramon do Marimon de Hortal. u Jerónimo Faraudo. Real Academia de Buenas Letras. Illre. Sr. Conde de Belloch. Gremio de .Maestros Zapateros. Rdo. Cura párroco del pueblo de Riells. D. Jerónimo Granell. u Eduardo Ramon Amigó. » Francisco de Paula Isaura. » Mafíiii Fila \ Uoxira. Riid. l>i, 1». .Iiiliin Maresma, Cura párroco de la iglesia de San Jaime. D. Domingo Vidal. » Francisco Mas.saguer. Asociación catalanista de Excursiones cientíricas. PARA EL PREMIO DE DIPLOMA limo. Sr. Marques de Alós. D.' Venturila Quintana, viuda de Parcerisa. Gremio de Curtidores. litres. Sras. Religiosas de Monlesion. lltre. Ayuntamiento de Vich. Rdo. Cura párroco y Junta de Obra de la iglesia de Granollers. Gremio de Revendedores. Sucesores del Dr. Campaner. Gremio del Arte mayor de la Seda. D. Juan l'dos \ Forns. limo. Sr. Marques de San Miguel de la Vega. D. Agustín Vinlró. » Francisco Larrosa. » José María Bo.sch. D." Hosa Colom. vi\i(ia de Pujol. limo. Sr. D. Afiu-tin I rgellés de Tovar. M. lltre. Seminario Conciliar. D. Cayetano y 1). Luis Carreras y Ara^. Excmo. Sr. Conde de Figuerola. D. Bernardo Castells. » Luis Balaguer y Llord. » José Pradera. » Francisco Ardiz. M. lltre. Junta del Hospital de Santa Cruz. D. José María Caner. » Agustín Rigalt. » Jaime de Puiguriguer. D." Mariangela Piera. Rdo. Sr. Cura párroco de Horta. D. Bomao Aroet. ->^{ 36 )€^ D. Eduardo de Casanova y de Gualtero. Sres. Folch y Brossa. Rdo. Cura párroco de San Vicente de Sarrià. Ilmo. Sr. Dr. D. Salvador Casañas. litre. Junta de Obra de Santa Maria del Mar. D. Carlos Chaminade. Sres. Bosch y San taló. » Bonastra y Feu. D. Francisco García Anguera. » Agustin Rotllan. Sres. Busquets hermanos y C D. Casimiro Luchesi. » Pedro Alsina. » Agapito Vallmitjana. » José Fiter é Inglés. » Alejandro Planella. » Antonio María Morera. Gremio de Carpinteros. D. Julián Casado y Costa. » Manuel García Peña, litres. Sras. Religiosas de Pedrálbes. Rdo. Cura párroco de San Cucufate. D. Ensebio Torres. D. Trinidad García de Bermejo. D. Juan Prats y Rodés. Gremio de Galoneros. Rdo. Cura párroco de Rubí. D. Francisco Maspons. » José de Roselló. Excmo. é limo. Sr. D. Francisco Puig y Esteve. Parroquia de San Miguel Arcángel. D. Ramon Coll y Pujol. » Bernardino Martorell. » Bartolomé y D.' Juana Boseh y Pazzi. Rdo. D. Jaime Moratona. D. Víctor Caze. » Federico Bordas. Barcelona 15 de octubre de 1877. José Puiggarí.—Eduardo Támaro.—José O. Mestres.—José pella.—.Antonio de BofaruU.—Pablo Gibert, PERSONAL DE LAS SUBCOMISIONES U HPÜSICl ARTES SUNTUARIAS ANTIGUAS Y MODERNAS, A.rtes antiguas. D. José Puiggarí, Presidente. D. Plácido Esteve. » José Vailet, Vicepresidente. » Roman Arnet. ^ » José Fiter é Ingles, Secretario. » Leopoldo Rius. litre. Sr. D. Francisco Puig y Esteve. VOCALES. D. Domingo Vidal. » Bartolomé Ribo. D. Francisco Miguel y Badía. » Pablo Milá. » Francisco Soler Rovirosa. » Claudio Lorenzale. » Narciso Pascual. » Mariano Aguiló. » Baudilio Carreras. » Antonio de Bofarull. M. I. Sr. Conde de Belloch. Sres. Moliné Hermanos. Presidente del Taller Emhut. D. Santiago Ángel Saura. litre. Sr. D. Juan Codina. M. I. Sr. Marques de Perelada. D. Manuel Torner. D. Francisco de P. del Villar. » Ramon Martí y Alsina. » Jerónimo Faraudo. » José Mira vent. » José Pujadas. » Rafael Guastavino. » Arturo Pedrals. » Andrés Aleu. » Ramon Muns. » Agustin Rigalt. » Antonio Aulestia. » Pedro Buqueras. » Francisco Manuel Sanjuan. M. I. Sr. D. Agustin Urgellés de Tovar. » Alvaro Verdaguer. D. Venancio Vallmitjana. » Eduardo Támaro. » Pedro Vives. » José Vidal y Torrens. » Ramon de Manjarrés. » Juan Soler y Rovirosa. » Bartolomé Bosch y Pazzi. » Benito Mercader. » José Fradera y Sans. » Cayetano Cornet y Mas. » Luis Rigalt. » Teodoro Baró. » Narciso Roca y Ferreras. » Manuel Risueño. » Francisco Vila. » José María Lasarte. » José Serra. » Ramon Ginesta. » Jaime de Puiguriguer. » Eusebio Corominas. » José de Martí y Cárdenas. » José Vilarrasa y Ferrer. » Alvaro Campaner. » Ángel Guimerà. » Carlos de Fontcuberta. » Jorge Jubany. Excmo. Sr. Marques de Ciutadilla. » Eudaldo Canibell. M. I. Sr. Barón de Maldá. » Adcifo Reinosn. D. Felipe Jacinto Sala. » Magin Fita. D. Bernardo Castells. D. Pablo Gibert. Rdo. Dr. D. Juan Martí v Cantó. » Federico Pasarell. D. Juan Torras. » Emilio Vilanova. Rdo. Dr. D. Eduardo María Vilarrasa. » José Sagarra. D. Adolfo Espiaach. » Ensebio Torres. » Juan Bautista Gil. » Excmo. Sr. General conde de Figuerola. * Joaquín Dachs y Laribal. » Crescencio Maria Moles. » Enrique d'Ogní. » Hermenegildo Moles. » José U. Cay oi. » Cayetano Carreras. » Francisco de A. Armengol. » Manuel Vidal y Cuadras. » Víctor Caze. Excmo. Sr. Marques de San Miguel de la Vega. » José Larrós. D. Federico Bordas. » Luis Domènech. » Francisco Larrosa. >? Enrique de Duran. J\.irtes -mociemas. D. Fernando de Delàs, Presidente. D. Antonio Caba. » Tomas de A. Gallisá, Vicepresidente. » Juan Vicens. » Ramon Soriano, Secretario. » Eduardo Llorens. » Antonio Oller. VOCALES. » Juan Medina. » Francisco Forment. D. Elias Rogent. » N. Pujol. > Epifanio Robert. > » Augusto Font. » Antonio Ferré. Sres. Masriera Hermanos. » José f). Mestres. D. Antonio de Ferrer. » Alejandro Perich. » Enrique Datto. » Francisco Rosell. » Juan Parés. » Antonio Bonastre. » Federico Ricart. » Juan Fió. » José A. Muntadas. » Luis Maciá. » José de ArguUol. » Andrés Pons y Ribas. » Pablo Borrell y Pujadas. • » ' " .'Ai. - .íosé Mouteys. » ' >cual. r rancisco de A. Valls y Ronquillo. Vmigó. » Narciso Ramírez. » .'naa Ferrer. Francisco de A. Espinal. » ' ;isa Hermanos. » José Forf'ís y Roquer. » ; «livisco Isaura. » Isidro Domènech. » Atanasio Carrasco. » Luis Fio! y Gros. » líliseo París. » Antonio Rigalt. » Agapito Vallmitjana. » Manuel ji.spert. » Rosendo Novas. » José Ginesta y Sales. > .luán Roig. > n KC! n-' • A ' -.U " N Ai Ir •Ti lil }•• el Sr. Burilas, se dijo equiujeaiiaraente (¡iie i.ihíf un eentin de oro de Felipe IV, j im fs asi, piie» el miíxi.. ,,, ,1.. „, it gniios, y de ^alor imiO pcjelas, es (iriipieiid de U. Jaime de Puisurigner. sieiirtu l.i li y del uro sobre ÍNDICE. w». f't- PRELIMINAR 5 16 Tablas góticas. Profetas (de Granollers). 16 bis. Dos id. id. Calvario, etc. 17 Tríptico gótico. Grupo 1.'—Bellas artes. 17 bis. Restos del pendón de santa Eulalia. 17 ter. Retrato de la madre Hipólita de Rocaberti.— Cuadro en cobre de san Pedro Pascual. SECCIÓN 1."—Arquitectura 11 17 quat. Santa Magdalena, por Maella. SECCIÓN 2 / - Escultura 11 18 La Sacra Familia, por Viladomat. 18 bis. Cuadro en cobre representando santa Teresa LAMINAS. y los principales episodios de su vida. 19 Retrato de una señora, por Mengs, y otro 1 Grupo de fragmentos de piedra esculpidos, de autor desconocido. de la Academia de Bellas Letras. 20 Esmalte, Sibilas. 1 bis. Medallón en mármol, de Lucio Vero. 2 Díptico gótico, y mitra de san Olegario. 3 Imagen déla Virgen cuyo pecho contiene un SECCIÓN 4.'—Grabado '. 15 díptico esculpido. - Crucifijo en marfil. 4 Crucifijo en marfil del Renacimiento. LAMINAS. 5 Retablo del Renacimiento. 6 Bocina del siglo XVIII y otros objetos de 21 Una virgen, por Alberto Durer. — Santiago marfil japoneses. apóstol, por Goltzius. 6 bis. Grupo defloresen madera, del siglo XVIII. 21 bis. Juiciofinal,copia de Miguel Ángel, grabado en cobre. — Grabado en madera de la vida Accesorios, Numismática. de la Virgen, por Alberto Durer. 22 Una feria, por Callot. 7 Monedas celtibéricas, etc. bis. Triunfo del Parnaso. 7 bis. Id. romanas. 22 ter. Apoteosis de santa Ana, agua fuerte, por 8 Id. id. y modernas. Lúeas Giordano. 23 La adivinadora de Schenau , grabada por SECCIÓN .3."—Pintura. 13 Scultze. La Primavera, por Andreau. LAMINAS. 2o La Virgen con el niño Jesús. 26 La curación de paralíticos, por Jouvenet. 9 Imitaciones etruscas. 9 bis. Frontal bizantino de Vich (Santa Margarita). 10 Vírgenes del siglo XIII y XYI. SECCIÓN 5.'—Accesorios 17 11 Tablas del siglo XIV. LÁMINAS. 11 bis. Otra del siglo XIV al XV. 11 ter. Dos id. del siglo XV. 11 quat. Frontal gótico, el azotamiento de Jesús. 27 Grupo de Códices. 12 Triptico de la Catedral. 28 Dos páginas de id., siglos VIII y XIV. 13 Tablas góticas de Sarria. 28 bis. Id. id. siglo XVI, portadas del libro 14 Id. id. de san Agustín. de arquitectura de Sebastian Serlio, edi- 15 Id. id. de santa Clara. ción de Toledo, 1592. -»^( 38 )€-«- « * • Th. 49 Tapices del siglo XVI, Apocalipsis (de la Au- G r u p o 2."—Mobiliario. diencia). 49 bis. Id. parejo del anterior. SECCIÓN 1.*—Muebles 18 49 ter. Id. de Roxana. LÁMINAS. 29 Arqueta del siglo XV-XVI, etc. G r u p o 3."—Indumenlaria. 30 Grupo de sillas. 31 Arquilla del Renacimiento. SECCIÓN 1.*—Trajes y ropas 27 32 Otras dos arquillas. 33 Grupo: Imagen de plata de san Jorge, déla real LÁMINAS. Audiencia, arquilla de hierro, ropas, etc. 50 Pendón y frontal. SECCIÓN 2."—Utensilios 20 51 Frontales de Pedrálbes. 52 Paños de atril. LAMINAS. 53 Ropas varias. 34 Velones, etc. 54 Colgadura de Pedrálbes. 35 Llaves de hierro. 55 Frontal de la Audiencia. SECCIÓN 3."—Cerámica. SECCIÓN 2.'—Ropas, banderas 29 LAMINAS. LÁMINAS. 3b ídolos y utensilios en barro, procedentes delPerú. 37 Vasos y utensilios de barro romanos y etruscos. 56 Casulla y dalmática. 38 Utensilios, jarros y arquillas, etc. 57 Temo de la Audiencia. SECCIÓN i.'—Orfebrería religiosa y civil. 23 SECCIÓN 3."-Apéndices indumentarios 30 LAMINAS. 39 Soperas, jarros, fuentes. LÁMINAS. 39 bis. Cajitas, relojes, etc. ÍO Pendientes, relojes, joyas. Véase Orfebrería civil. 41 Pila para agua bendita, alhajas. 58 Abanicos y peinetas. 42 Cálices. SECCIÓN 4.'—Armería. 32 43 Cruces. 44 Otras dos cruces (de Riells y de la Catedral). LAMINAS. 45 Ostensorios y relicarios. 46 Id. y cruces. 59 Panoplia. 47 Relicario del Ayuntamiento. 60 Id. SECCIÓN S."—Tapicerías y paramentos. S6 Dictamen que el Jurado calificador de los objetos pre- sentados en la Exposición de Artes suntuarias anti- LÁMINAS. guas y modernas, emitió ante la Comisión artística 48 Tapices del siglo XV. y literaria 39 -i S C l i .vci^invhs (7.. • # - • ^" Jan-uJ • Itrnjíuf'- I'l ermurpm^ If^in^pM' • f£Áeitsii L A T>EVIJ\KRESSE, ¿'oo (O I léelo ]]¡eo, el a el me Conuersioeuu ::* c •M^ '^t^. **)