LA RARCH!,ONA. IMPRENTA BARCEL ADVERTENCIA. lili la serie dci cartas que forman este volú- •u'ii, se lialla contenido un número algo rcgu- . r de datos y noticias sobre el certamen uni- 1 versal de París de 1878, que pueden servir á las personas que lo lian visitado para mejor re- bordarlo, a las que no lo lian vislo para formar- • aproximado concepto de su importancia , y á - que vayan aun (í la capital de Francia para muer un hilo de Ariadna, siquier mediano, que Les guie por entre aquel laberinto de producios de todas las naciones del mundo. Por estas ra- zones hemos creído que el reunirías en colección no seria pensamiento inoportuno. \Á EXPOSICIÓN DE PARÍS E1ST 1878. Vanos á dar á los lectores del Diario en una serie de W, ['ALACIO DEL CAMPO \)L MARTE. cartaB la impresión que nos ba producido el grandioso certamen abierto por Francia en el Campo de Marte y en la pendiente del T roe adero. Vamos á convenirnos en uno de tantos visitantes curiosos qui' toman nota de lo que mas llama BU atención, examinan ol porque y se gozan en darlo á cooocer á sus compañeros y á las per- sonas que tras de ellos han de ver las mismas obras di; arte, las mismas manufacturas, iguales máquinas, idénti- cos productos de la actividad bumana. Entrar eu minu- cioso examen ni es cusa que toque al Diario hacerlo, porque se necesitarían volúmenes y seria enojoso para sus leyentes, ni es tarea que pudiese llevar á feliz termi- no un solo Individuo y menos que nadie el autor de esta» cartas. Véase el espacio que ocupa la Exposición y te comprenderá el fundamento de lo que llevamos dicho En dos partes se divide como es sabido; el palacio del Campo de Marte y el edificio del Trocadnro con los jardi- nes en medio unidos por el puente de Jena lobrn el rio. Mide el primero cuatrocientos veinte mil metros cuadra- dos y su planta la forma un paralelógramo dividido eu — 2 — diez y seis crujías en el sentida longitudinal, cruzadas á su vez por otras que permiten ir con facilidad de un pun- to cualquiera á olro de! interior del palacio. Laa facha- dan anterior y posterior tienen dos vestíbulos de 3tiO me- tros de largo por 2i de ancbo, coyns extremos se unen por medio de las doa vastas (calerías de maquinaria defi5i>metros cada una pnr 3!!m 60 de anchura y 24 de altura. La parte central de ambos vestíbulos esti unida por la galería de Bellas Arles con callea a cieio abierto por sus dos lados y dividida además en dos trozos que dejan una plaza cuadrilonga, en el centro de la cual se levanta el pabellón de la villa de París destinado exclu- sivamente á la exposición de las obras de arte encarga- das y costeadas por la Municipalidad, de las construccic- nes de toda clase realizadas por sus arquitectos y de las mejoras introducidas en una población que se distingue entre las mas celebradas de Europa por su policía urba- na. Una de las calles abierta junto á la galería de Bellas Artes es la llamada de las Naciones, porque todas las del mundo con excepciones muy raras ban ofrecido en ella á las miradas curiosas de les parisienses y de los viajeros de todos los palies, un» muestra mas o menos teaira! ríe su arquitectura en una época determinada. Recordarán nuestros lectores, y muy particularmente los que hubiesen visitado la Exposición de 1861, que el autor de la traza de esta última adoptó para el palacio la forma elíptica gubdividida por los radios que yendo des- de el centro, en donde había un jardín, a la circunferen cia, fijaban con claridad matemática los espacios desti- nados á las naciones, espacios divididos á su vez por las elipses concéntricas que constituían laa distintas gale- rías del arte y de la industria. Hemos dicho que el autor de aquel proyecto lo concibió y realizó con claridad ma- temática, pero como las matemáticas con ser elemento de belleza poderosísimo no lo son en absoluto, ni mucho menos, resultaba que la Exposición de 18CT no ofrecía ningún punto de vista grandioso, ninguno o> esos con- juntos que cautivan al espectador y que dan idea de la •¿randiosidad y magnificencia de la empresa realizada. — ;Í — Aquella? lineas que se perdían en la forma elíptica, la repetición del mismo efecto, si tal puede llamarse , en todas las galerías, daba entonces al Campo do Marte una monotonía desesperado™ y le hacia aparecer, no como lugar en el que se hubieran congregado los pueblos lo- dos del universo para celebrar en expléndida fiesta los triunfos de la inteligencia di-1 hombre, sino como una suerte de establecimiento industrial en el que, como es lógico y ha de suceder, todo te halla subordinado á la economía de tiempo y economía plendores artísticos! ¡Cuánto lujo y cuánta magnificencia en los diamantes de la Corona, en la colección del princi- pe da Gales que parece sueüo de las Mil y una noches, en los objetos exhibidos por la compañía de las Indias y por los talleres de Sevres y de los Gohelinos ] Ocasión tendre- mos de hablar de estas maravillas, tras las cuales se van las codiciosas miradas del avaro, los deseos de las damas amigas ríe traerse bien y andar galanas, y los ojos del artista y del aficionado á las artes ganosos de sorprender — i — ol secreto del encanto que en si tienen las joyas, armas y cstnfas orientales. Las calles cubiertas que corren á lo largo de las naves paralelas á la galería de las máquinas no son muy an- chas; pero como su número es relativamente considera- ble, bastan para que la circulación sea desahogada no siendo muy excesiva la concurrencia. Su altura guarda proporción con lo ancho, y ambas dimensiones están adecuadasá las necesidades de las industrias dedicadas á la fabricación de productos para ti «estufo del hombre y para el mobiliario, asi como a todo cuanto se refiere á las Artes liberales que con la maquinaría y las Bellas Arlet forman las cinco grandeB agrupaciones contenidas en el interior del palacio del Campo de Marte. liemos indicado ya la extensión y la anchura de las dos galerías de ma- quinaria, con lo cual habrán podido adivinar nuestros lectores e¡ punto de vista que ha.de gozarse desde uno espectadores, y que este destino interior lo acusa el al- zado de una manera perfecta, pues que hasta las gaterías mezquinas qne en él aparecen vienen a ser ó mejor son ^lectivamente los corredores ó vomitorios quedan entra- da y salida á los concurrentes á aquel vastísimo moder- no anfiteatro. Bueno es el argumento en pro de la defen- sa, pero al menos avisado se le ocurre la repuesta en spguida. Es esta, que el mérito, el ingenio del arquitecto ie agua dulce y de agua salada, etc., etc., porque la **numefacion minuciosa DO uaná a nuestros lectores mas acabada idea de la amalgama de edificios mas ó menos sólidos, mas ó menos serios, de producios, da exhibicio- nes formales, de pasatiempos y de tentaciones para el bolsillo que caracterizan aquel trozo de los jardines de la Exposición universal de 18"$. Completan el abigarrado conjunto de esta parte del certamen las varias tiendas, que ya sueltas, yo formando calle se dedican á la venta ile tapices y armas de Argel y del Egipto, de porcelanas chinas y japonesas, de mueblas de laca del Japón y de infinidad de objetos ricos y artísticos, ornamento unos de un taller de artista ó de un salón aristocrático, y de poco precio y menor sustancia otros, verdaderas fruslerías que no por serlo dejan de (t-ner algún particular atractivo y ser causa de que franco á franco se vacien en aquellos bazares improvisados las bolsas de franceses y extranje- ros, ya que en afición á los objetos orientales rivalizan todas las gentes de mediano gusto artístico que se pa- san las borai muertas, sobre todo por las tardes, conver- sando cou moros, chinos y japoneses, como Dios les da á entender á unos y á otros, regateando un lápiz, un chai bordado eti oro ó un taburete con incrustaciones de nácar á aquellos mercaderes que suelen pedir doblado el precio •le la mercancía, cogiendo de vez en cuando á algún incauto entusiasta ó á algún comprador no pacienzu- do para aguamar las insufribles chinchorrerías del re- gateo. LA CALLE DE LAS NACIONES. Pintoresca en grado superlativo es la vista de esta calle de la que hemos hablado al paso en una de las cartas anteriores y en la cual vamos á ocupamos antfs de penetrar en el interior del palacio del Campo de Har- te. Figúrense nuestro» lectores una serie de fachadas va fiadísimas por sus líneas arquitectónicas, coloree y ma- teriales empleados en su construcción, colocadas á lo largo de la vía á cielo abierto que tiene al igual de las naves del palacio una longitud de 630 metros. Imagí- nense también el juego de contrastes que resulta no sol< de aquella tiramira de fachadas diversísimas, sino asi- mismo de la reunión de obras felices, bien compuesta?, elegantes unas, y otras desmedradas, chillonas y pee*' menos que ridiculas. Á tout mgnevr toutkonnevr, dicen por aquí, y entrán- donos sin mas preámbulos en el examen (te las fachadas levantadas por las Daciones expositores como cabeza di sus respectivas secciones, es de rigurosa justicia tribu- tar un aplauso entusiasta y poner en sitio preferente s la Bélgica que se ha adelantado á todos los Estados d < Europa, Asia y América. Es la fachada un verdadero y esplendido palacio de loa tiempos del Renacimiento, imagen mas ó menas exacta de las moradas aristocráti- cas ó de ricos burgueses que se ven en Amberes, Brujan y Gante y que son encanto del uajero y objeto de estu- dio para el artista. Construida toda la fachada en már- mol ceniciento labrado por manera distinta según el iltic que ocupa y en ladrillo para formar los plafones de los paramentos, tiene una entonación sumamente simpa tic: — l a - que contribuye á realzar SUB esbeltas proporcione», sus gallardas líneas y el movimiento de sus cuerpos salien- tes, palerías y chapiteles. ¡ Qué severo se presenta el in- greso con la puerta ricamente tallada en madera': [Qué linda impresión causa un mirador de !a misma materia colocado en uno de los ángulos del edificio! iQué bien bailadas están las galerías con ricas columnas de bruñi- do marmol que unen los varios cuerpos de la fachada y cómo seña «ralo pasar en ellas largas horas al caer de la tarde de un templado día de primavera 6 de otoño l Esta bonita muestra del estilo flamenco ha llamado con justicia la atención de todos los visitantes inteligentes, y si no mienten nuestros informes una acaudalada per - sona la ba adquirido para convertirla, en fachada de una casa, que va a levantar tan pronto como la Exposición baya concluido. Siguiendo a Bélgica, cabecera de todas las naciones en la calle de- este nombre, forman en puestos envidiables y sin órrten du preferencia los Paists Baps, Portugal, Bu- sla, España, Suecia é Inglaterra. Comenzando por nues- tra patria ba de alabarse el pensamiento general de la fachada, para laque con buen tiDo se eligió el estilo hispano-arábigo ó morisco. Una calle como la que esta- mos describiendo ha de tener mucho de teatral y hasta de relumbrón, debiéndose buscar por lo mismo I ¡pos ar- quitectónicos que den campo á los artistas para realizar efectos algo brillantes. Es indudable que nuestros pre- ciosos edificios moriscos, en especial los de Granada, son a propósito por su (raza característica y por su es- plendente decoración para atraer las miradas y cautivar las voluntades de los curiosos mas ó menos instruidos que recorren las vías de estos grandes mercados 6 baza- res llamados Exposiciones universales. Bastante hay que elogiar en la traza general de la fachada española que esta bien proporcionada y tiene un cuerpo central con tejado voladizo muy lindo, aun cuando en toda la cons- trucción asomen algunos trozos que bien pueden califi- carse de mentiras históricas, no nada á propósito por lo mismo para que las personas ignorantes de la arqultec- — 11 — tura hispano-aráblga formen exacto concepto de un" formas y de su carácter. En esta mentirosa impresión débese achacar gran parte de culpa al decorado pollero mo, bien entonado y con tintas á nuestro ver mny exac- tas en el pórtico del pabellón central, pero muy chille ñas y propias de café 6 casa da bailón á la moderna en otros fragmentos de nuestra fachada. Eran y eon los ára- bes grandes maestros en el arte de combinar los colorea- mas brillantes. Nadie les aventaja—pues á lo mas se l?s igual entales ,9 tintas á primera vista mas opuestas y en sacar efecto-' de ULa riqueza y atractivo realmente asombroso». Puc- bien, este secreto no han sabido hallarlo los artista» qtr< han decorado la fachada, con excepción del fragmento ;'; que hemos aludido, y á ello se debe en gran parte que la de EspaBa, con obtener aplausos de los naturales d<' nuestra tierra que saben cuan difícil es el vencimiento completo en semejantes materias, con ser del gusto de los extranjeros que miran con derla infantil curiosidad aquel ejemplar tan diverso de los que existen en la- regiones septentrionales; no alciince la aprobación en- tusiasta é incondicional de los que han pasado hora- y días en Granada, Córdoba y Sevilla contemplando los edificios admirables moriscos y mudejares, y que prefieren la solidez y seriedad de la fachada helga ?.\ fausto y oropel de otros frentes de la calle de las Na- ciones. Típicas se presentan las fachadas de Rusia y Suecia, construidas ambas en madera. Coronan la del Imperio moscovita robustos chapiteles recubiertos de zinc ó pi- zarra con galerías altas d desvanes de no menor robustez y de marcada gallardía. Semejantes en el conjunto las fachadas rusa y sueca, distínguense sin embargo una de otra por los motivos de ornamentación, sobrios en alto prado, que hay en las puertas, ventanas y paramentos, así como por las fajas de color que recuadran los cuer- pos principales y que son rojas y verdes de tono oscuro en la casita de Rusia y rojas solo en la de Suecia y No- ruega. En amhas la construcción se halla acosada a! exterior con una claridad y limpieza que debería servir nos de ejemplo á loa pueblos meridionales, aficionados á pintar los ciliares de piedra 6 por contrario camino á aparentar riquezas valiéndonos del estuco. Portugal tuvo la plausible idea de ofrecer & las mira- das de los visitantes «le la Exposición un specimen de la característica arquitectura gótica portuguesa, recarga- da hasta la saciedad y & trechos graciosa 6 espantable- mente pesada. Al Intento eligió una puerta del soberbio convento gótico de Belem, situado á orillas del Tajo y no lejos de Lisboa; mas como los santo» que hay en ella no correspondían al objeto que había de llenar la facha- da en el Campo de Marte, acudió también a la inventiva, y cometió un anacronismo artístico, sustituyendo por figuras de almirantes y grandes inquisidores portugueses las imágenes sagrailas que estilen en el original, cuyas dimensiones están además consi Jera bizmen le reducidas en la reproducción de que estamos hablando. Inglaterra en la extensa linea que ocupa ha levantado varios fren- tes, presentando una habitación señorial de los tiem- pos de la reina Ana, de rojo ladrillo con halcones de pie- dra blanca, bello ejemplar que se lleva la palma entra ía construcción ojival en estilo del reinado de Isabel y la casa de campo de la época de Guillermo III, que con un cercado en verja de hierro primorosamente labrado son las construcciones alzadas por la Gran Bretaña en la ave- nida de las Naciones. Los Países Bajos tienen en la mis- ma vi a una mttgnilica fachada con figurinas bien coloca- das y herrajes de notable dibujo, á semejanza de los palacios de Ley den y Rotterdam, y lo» Estados de la América central y meridional el frente de una casita semi-barroca, de muy elegante traza, con un bonito mi - rartor y un pórtico desahogado y de proporciones muy bien halladas; con cuya enumeración termina la serie de los Estados que mas brillan en la tantas veces citada calle, great atraction en unión con otra» muchas cosas, de la Exposición universal de 1878. Y dirán acaso nuestros lectores, después de haber recorrido las anteriores líneas, ¿dónde quedan Austria ó Italia, Daciones muy adelantadas y que unta y tau merecida fama se han conquistado con sus obras artísti- cas? ¿Hánse eclipsado además los otros pueblos del mun- do que DO figuran entre los citados en los antecedentes párrafos? Austria é Italia hau construido ana fachadas en el palacio del Campo de Maite, per© la fortuna no se ha mostrado propicia á l*s autores de los proyectos. La aus- tríaca adornada con dibujos esgrafiados en negro parece de papel pialado y «"pobre de lineas y fría sobre toda ponderación. La italiana que trata de presentar el alzado de uo palacio mllanés, es de igual pobreza de lincas y desentonada en la decoración , puesto que los grandes plafones de barro cocido, rojo, con lindos dibujos del mil seiscientos no anuoukan con el blanco crudísimo de las estatuas y de los grupos y medallones, ni con los mo- saicos sobre fondo de oro, trabajos dignos de llamar aisladamente la atención ile los artistas y aficionados. Agregúese á esto el escasísimo valor escultórico de las estatuas y la malísima mano de los grupos que simbo- lizan las artes y la industria, colocados en los tímpanos abiertos en los arcos del pórtico, y se tendrá idea perfecta de cuan poco feliz ha estado en su fachada una nación que ha sido y es aun en no escala parte, maestra de todas las del mundo en materias artísticas y en ese buen gusto instintivo que constituye el alma, la vida, «1 atrac- tivo mayor du un pueblo, lian de entraren el cortejo de \ustria e Italia, los Estados-Unidos, que DO han gas- tado mucho jugo de entendimiento en componer el frente- de su succión, Suiza que se presenta á modo du aldeana desgarbada y miserablemente vestida y Grecia que ha arreglado una facbadila de una casa del tiempo de Peri- cles, ao mal dibujada pero á cuyo colorido debería apli- carse lo que ¡levamos dicho sobre la decoración polícro- ma hispano-arábiga. El tercero ó cuarto grupo, mejor dicho, en la calle de las Naciones lo forman la China y el Japón, que tampoco se han devanado mucho los sesos para arreglar sus res- pectivas fachadas, deseosas acaso de no prometer afuera lo que no pudiesen cumplir dentro y con el fin de que — 17 — fuese mayor la sorpresa de ios visitantes ante las joyas y maravillas que han amontonado en las naves dsl inte- rior del palacio, á las que dedicaremos á íu tiempo carta especial y entusiasta. La fachada de China es negruzca y triste, reproducción fiel á lo que se cuenta, de una pnerta del palacio de Pekín. La del Japón es entretenida, puesto que lleva en sus muros el plan de Tokio y el mapa de aquel imperto y tiene una típica puerta, maza- cote de madera sostenido por pilares reforzados con ítruesos herrajes y con sendas fuentes á los lados. De Mías mana el agua continuamente por unas flores de ma- yólica, agua preciosísima en aquel punto para el sedlen o visitante escaso de cernimos, ya que puede bebería sin illojar la mosca, rara excepción en un sitio en donde juesla un ojo de la cara la satisfacción da la mas insig- nificante necesidad de la vida humana. BELLA» ARTES.—PDITURA. Es acto semi-ínslintivo en todas las personas que vi- sitan el palacio del Campo de Marte entrar en la gale- ría de Bellas Artes, después de haber echado una rapi- dísima mirada al conjunto del edificio, á los parques y construcciones riel Trocadero y á la entretenida calle de las Naciones. Sitio de honor se concedió con justicia, como se leba concedido siempre, á esta manifestación elevada de la inteligencia del hombre, formando en la actual Exposición la galería de Bellas Artes el centro, el núcleo del certamen como el Toco de donde radia el calor que ha de vivificar tudas las producciones de la indus- tria desde aquellas en que el arte desempeña papel im- portantísimo hasta las que como la maquinaria son hijas predilectas de las ciencias exactas. Entrase en la palería por el pabellón central de! vestíbulo de honor y la for- man varios salones y salas de dimensiones no muy gran- des, divididas por el pabellón de la Villa de París, em- plazado en el centro de un cuadrilongo, como indicamos ya en una de las anteriores canas, los cuadros franceses ocupan las testeras centrales, si as! podemos expresar- nos, y Ins de naciones extranjeras se encuentran en am- bos trozos de la galería, á saber: en el que corresponde al lado del Trocadero; Inglaterra, Italia, SueclayNo ruega y Estados Unidos de América: en el lado de la Escuela militar; Austria-Hungría, España, Rusta, Bél- gica, Portugal, Grecia, Suiza, Dinamarca, Países Bajos é Imperio de Alemania. No seguiremos este orden en el examen de la galería de pinturas, en primer lugar por- que no darla á nuestros lectores idea clara del puesto — 19 — que en las Bellas Arles tiene cada nación, y en segundo porque nos llevarla á un trabajo minucioso y pesado, impropio de un periódico polilico como el Diario. Pro- curaremos agrupar todo lo que pueda agruparse, y tra- laremos con especial predilección de la sala española, por serlo, y porque mantiene muy alto nuestro pabellón y es causa de legitimo orgullo para los hijos de la tierrn que inmortalizaron con su pincel los Velazquez y los Murillos. Razón existe también para que elijamos á Francia como cabeza de cata revista. Es innegable que Francia ha estado por muchos años y se halla aun en gran parte al frente del movimiento artístico. Pintores y escultores cuenta de fama europea y muchos cuyas obras pasarán á la posteridad coronadas de laureles. Su influencia en (odas las escuelas contemporáneas es man i lienta y á ella -e debe la propaganda en favor de las obras de arte, que ha extendido su estudio de una manera prodigiosa y ba hecho que la afición á poseer cuadros y esculturas no tea ya patrimonio de una clase determinada sino deseo ge- neral en todas las gentes medianamente ilustradas. Sos- tiene Francia en la Exposición universal su pabellón ar- tístico, pero las salas inglesa, austríaca y española son otros tanto* « quién viven, oíros tantos gritos de «aler- ta», que le dan los artistas de estos pueblos, algunos de los cuales compiten con lus primeros de su tierra, y aca- so , y sin acaso, se igualan con ellos y hasta les aventa- jan. Nuestros lectores lo comprenderán asi, si tienen paciencia y buen humor para leer estas cartas, sin per- juicio de que á su tiempo y sazón les hagamos notar ma* detenidamente lo que al vuelo dejamos apuntado. Figuran en la sección de pintura francesa en sitio pree- minente algunos artistas cuyos nombres son conocidos de todo el mundo. Nos referimos á Bretón, Bouguereau, Bonnat, Laurens, Melesonnier, ele. Dos grupos pueden formarse con ellos: uno que atiende al concepto det cua- dro de un modo predilecto, que cuida de imprimirle un sentimiento grandioso que se apodere del corazón de los espectadores, que es holgado eo el desempeño y que siu hacer depender de las dimensiones semi- colosales el mé- rito de la obra, huye de lodo lo raquítico y desmedrado, Bretón, Bouguereau y Laurens soo los prohombres da es te grupo y sus lienzos los que mas indeleble impresión han de dejar en todos los visitantes dotados de nobles sentimientos y de buen gusto artístico. Llevan impresa los cuadros de Bretón usa melancolía delicada que sedu- ce con fuerza irresistible; plácele la luí amortiguada de los crepúsculos malulino y vespertino y pone en sus figu- ras una expresión tranquila, profunda 4 la vez, trasunto del alma del artista, del autor incomparable de La Saint- Jean y de otras obras no menos i n? piradas. F.n uno de los salones del Campo de Harte ha expuesto Bretón la fon- taine y La glaneim, esta última una sola figura de dimen sion natural, campesina que lleva en sus hombros un haz de trigo al retirar de los trabajos de la siega. Es varonil su cabeza, hombrunas quizás las facciones de la aldeana, mas i qué se\etidad respira su actitud setena! \ qué bien se compadece aquel rustro que parece ser el de la «mujer fuerte» con la atractiva tristeza esparcida por todo el cuadro! ; y cómo se comprende al mirarlo que aquella mujer con cuerpo robusto, rudo, ba de guardar una alma de sin par delicadeza! Itouguereau ofrece un aspecto muy distinto del que tienen las ubras de Bretón. De dibujo correctísimo, bien puede afirmarse que el insigne Rafael de i'rblnoessu £uia y su maestro. Dicenlo con elocuencia que no falla, sus vírgenes de lineas irreprochables, y sobre lodo los em bul esadores niños que dibuja con verdad y elegancia admirables y en log cuales se complace en acumular todas las dificultades del escorzo, sin fatiga y con una naturali- dad que oculta perfectamente el estudio si por acaso ha sido este minucioso y largo. Ejemplos de lo que dejamos diebo son los niños de su cuadro La charité, sobre todo ul que hay acurrucado al pié de la matrona y que es una verdadera maravilla, y el infante muerto de La Viergi coniolairict, obra ue intenso sentimiento y en la cual ia caber.a de la Santa Virgen es modelo de dolor y al par de resignación cristiana. El modo du pintar de Bouguereau — 21 — ;tyuda a bacer brillar las excelencias de su dibujo, puesto que es palero hasta un extremo asombroso y huye de los empastes y de toda clase de efectos producidos por medio? ¡écnicos. Laurens, el tercero de tos artistas franceses que hemos citado como formando pane del primer grupo, se dló a conocer hace muy pocos años y hoy es objeto de genera- tes aplausos por su cuadro L'Etat major autrichien áezani Ir. corpt de Marceau. Contábase por París estos días que lfc obra de Laurens y Juana la Loca de nuestro Pradilla erro sujeto (tu discusión en «I Jurado para ver á cuál de las dos SP, concedería una de las pocas medallas de honor qufi han de adjudicarse á la sección de pintura y se añadía, ¡ue los jurados franceses optaban por el de su paisano al paso «jue lodos los jurados extranjeros se decidían por "1 d« nuestro compatriota. No viene á cuento que demos ahora nuestro voto, que podría quizás hacerse parcial> pero hemos referido lo qae se dice y lo que se comenta para que adivinen por ello nuestros lectores el mérito real y positivo de tos lienzos de Laurens y de Pradilla y como españoles s e regocijen (Je que un compatricio nuestro haya estado próximo á obtener ahora, si no la ha obteni- do ya, la distinción envidiable y envidiada que logró en 1867 el malogrado Eduardo Rosales con su precioso cua- dro Et testamento de Isabel la Católica. Mas volvamos k Laureimde quien nos bemos apartado con la digresión anterior, para decir que «u lienzo que representa el Esta- do mayor austríaco contemplando el cadáver del general Marceau es de composición simple, bien ordenado, sin rebuscamiento de efectos en las actitudes de las varias figuras que la forman, y tratado con gran sobriedad en el colorido, algo triste como para armonizar mejor con la lúgubre escena representada. ¡Singular coincidencia la de los cuadros que se han disputado el premio de honor' En ambos se llora la muerte de un personaje; con expre- sión desesperada de dolor, basta parecer locura ó ser'o realmente en el de España; con expresión de pena y dt> admiración á la vez ante el infortunio del soldado valien- te, en el de Francia; doloridos los dos, con esa tónica dos con un colorirlo — í'j — al^o oscuro y con una verdad que acredita con sin par elocuencia el plato hispan o-arábigo colocado al pié del tapiz, ñola preciosa también de color, en el segundo de los citados lienzos. Corresponden a la segunda época El modelo. El jardín de los poetas. El almuerzo en el jardín y otras varias en las cuales buscó Fortuny la verdad del natural, la exactitud en la luz, en el color, en el aire, huyendo de efectos calculados de sombra basta uu extre- mo que llega á perjudicar á trozos la consistencia de sus cuadros y á dar á las figuras cierta apariencia de som- bras coloridas ó de imágenes recortadas. El jardín de lot poetas saldría á nuestra defensa si se opusiera alguna ob- jeción á lo que llevamos dicbo, y mostraría á los crite- rios imparciales y no nada apasionados que el grupo de ¡a dama y ei galán que ensayan la comedia junto á unos árboles te confunden algo con los árboles mismos y cou las llores del jardín, algunas de las cuales están pin- tadas con una delicadeza, finura y transparencia supe- riores al mas entusiaBla encomio. Ubre de reproche en el sentido antes expuesto se ha- lla FA modelo que á nuestro entender es el mejor cuadro de composición y de expresión entre los originales de Ma- riano Vortuny expuestos en el Campo de Marte, No pon- deraremos los mármoles del salón que son mármoles rea- les y verdaderos, ni los reflejos y matices de los bronces objeto de asombro para cuantos examinan ei lienzo, ni hablaremos de ios innumerables pormenores de ejecu- ción que hay en él para concretarnos á celebrar el dibu- jo irreprochable, la expresión fidelísima de los persona- jes que vestidos con sendos bordados casaconeg exami- nan las lineas del modelo ó modela mejor dicho, y para poner de relieve el luur de forcé, el salto mortal realizado por el artista al obtener que el cuerpo desnudo sonrosa- do de la muchacha destacara claramente, sin confusión de ninguna suerte, sobre un fondo de seda color de rosa. A. la verdad, después de haber \isto El modelo de For- tuny quédanse muy atr&s sus numerosísimos imitadores, que los llene en todas las naciones, siendo muy percep- tible en distintos artistas la influencia ejercida por las obras de nuestro celebérrimo paisano. - 16 - Perseguía Fortuny con grande empello en los últimos a,fios de su vida el trasladar a sus lienzos $lo sombra de convencionalismo las magas délos objetos y las nola.6 •le color que en el natural producen, y á este afán sacri- ficaba otras cualidades de las que no puede prescindirse sin daño positivo en ninguna producción pictórica. Di- gaio sin» El matadero en Portici, una de sus últimas pinturas, sino la última; mas téngase en cuenta al juz- garle por ella que empezaba esta clase de estudios cuan- lo le sorprendió la muerte, que nuevos trabajos y nue- vas experiencias habrían hecho que diera mayor solidez á sus cuadros sucesivos, y que sabe Dios á qué puoto hu- biera llegado quien disponía de fuerzas tan artéticas co- mo las que, se requieren para ejecutar las obras citadas y ¡odas las que tiene en la Exposición de 1878. Forluny di- bujaba con gran maestría; Fortuny en lienzos como lo» del Almuerzo en el jardín. Los moros en el cepo, en piaba el natural en lineas color y luz con una exactitud que llega ¿ d a r á estos cuadros reproducidos por la fotografía apariencias (te haber sido sacados de la realidad directa- mente; Forluny en un estudio pequeñísimo de mujer, con la simplicidad mas admirable, con incomparable «tiu fo.p>n pictórico, con la pincelada mas segura que ima- ginar se pueda, pone la luz del sol de uní manera no su- perada por Dinguno de los artistas de los pasudos y de los presentes tiempos. Quien tales «lotea poseia, quien en cortos años conquistó tan alto puesto en el mundo de las arles ¿¿que altura babri» podido remontarse en años venideros? Pregunta cuya contestación la Providencia «ola podría darnos. Bástenos á nosotros, por ahora, ha- cer constar que Fortuny es una gloria de España, como lo es Pradilla, y que ambos figuran como heroicos capi- tanes en la falange numerosa de los artistas contempo- ráneo* de nuestra patria, cuyos nombres y cuyas obras serán objeto especial de la siguiente Inmediata carta. Rosales se halla también representado en la sección es- pañola por su cuadro de Lucrecia y por los Evangelistas. — 47 — Si Sosales no hubiese dejarlo el Testamento de ¡tabel la Ca- tólica, La presentación de 0. Juan de Austria y D.' Blanca de Navarra, entregada al caplal de Huch, cuadros que manifiestan evidentemente el visor de concepto, el vigor de dibujo y la facilidad de ejecución propia ule las obras de aquel malogrado arlisia, de seguro no le hubiera con- quistado el alto nombre que alcanzó, y que sostendrá en el mundo artístico, su cuadro de Lucrecia exhibido en el Campo de Marte. ¿Quién puede negarle las cualidades de franco desempeño, de grandiosidad en et 'modo de estar pintado? Nadie, ala verdad; mas al propio tiempo ¿quien DO ve con pena aquellos romanos, modelos vulgares de cualquier taller; aquella Lucrecia, placera juanetuda eiu ninguno de los rasgos de belleza que inmortalizaron H la heroína romana; aquel personaje puesto en primer tér- mino , maniquí ó comparsa de teairo que va con la lec- ción aprendida y la ejecuta automáticamente? Por fortuna tiene Rosales en el mismo salón los dos Evangelistas S. Juan y S. Mateo, y aun cuando están colocados a bas- tante altura, no dejan de lijarse en ellos las mirada» de, los artistas y de los aficionados, porque seducen la gran- diosidad y seguridad del dibujo, la majestad de las lineas y la expresión varonil sobrehumana 'le las testa», en par- ticular de la de S. Juan, méritos nada comunes ó quizás rarísimos entre los pintores contemporáneos. El mayor elogio que puede bacene de, los Evangelistas de Rosales es consignar que tienen carácter miguel-angelesco y que por lo mismo recuerdan las asombrosas figuras pintadas en el tecbo de la Capilla Sixlina por el autor de esta con- cepción gigantesca. Antes de ocuparnos en el examen de los retratos y de los cuadros de género es juslo que tributemos un aplauso á las obras Et cuerpo de S. Sebastian sacado de la Cloaca Máxima de Ferrant y La educación de «n principe de Mar- tínez Cubells, bien pintada á fragmentos la primero, y de un desempeño holgado y de simpático colorido la segun- ila, á laque (laña en grado extremo la falta de distinción y de nobleza en casi todas las figuras que entráñenla composición. Ambos cuadros babrisn brillado mas á no - 4 8 - liaber tenido próximo el de Pradilla, junio at cual palide- cen los de asunto histórico reunidos en la sección espa- ñola. Un retrato hay en la misma que pregona e! talento de su autor D. Raimunilo Madrazo. La dama retratada viste sencillamente y de colores claros y el fondo del lienzo es de raso azul, también claro. Aparte de que la actitud de (aseñora retratada es muy natural, aparte de la habilidad con que se hallan modeladas su cabeza y sus manos, es •le admirar en el lienzo de Madrazo la elegancia exquisita del conjunto, el primor con que están pintadas todas sus partes, lo rico y suave al par del colorido y sobre lodo el haber logrado sin esfuerzo que no resultase confusión en- tre la figura y el fondo á pesar del idéntico valor de las tintas, y que sin sombras marcadas, con una luz difundi- da por todo el ambiente aparecieran precisos los contor- nos y animada, viviente la imagen de la petsona retra- tada. Este retrato es la obra capital de Madrazo, sin que se le aventaje ni aun le iguale siquiera ningún otro de loa varios que ha expuesto en la sección de España. Las pinturas de género hacen asimismo envidiable pa- pel en nueslro salón de Bellas Artes y compiten ventajo- samente con las mas celebradas de las naciones extran- jeras. A i están y no me dejarán embustero, Román M Ribera cuyo talento de observación es realmente por- tentoso y que en sus dos cuadros Café al aire libre y Tea- tro de aldea, ofrece otras tantas composiciones de una verdad difícilmente superable, con un juego de cabezas —las de los músicos del teatro por ejemplo—de una limpieza de dibujo y vigor de expresión que envidiará de seguro el fimoso Meissonnler en persona; Jiménez A ran- da que si bien tiende á dejar sin perspectiva aérea sus cuadros por afán de precisar bien el dibujo, es en este acabado maestro presentando finezas que se aplauden mas y aquilatan cuanto mas se contemplan sus obras El mercado y El majo viejo; González, autor de Jos lienzos con asuntos de casacon y chupa bien ordenados en la disposición délas figuras, pintados sueltamente, con me- nor minuciosidad de la que suelen emplear los artistas — 3t — mas vigoroso y suelto pincel aquellas testas venerables; 69 imposible dar con medios pictóricos mas sencillos y a la vez mas enérgicos expresión mayor á las cabezas de los inválidos, caria una de las cuales merecería premio en reñidísimo certamen; es Imposible ofrecer con mayor exactitud y con mayor elevación los sentimientos del al- ma de los vállenles veteranos transcritos en sus viejos rostros , de lineas hermosísimas, de atractivas facciones. El pensador y el pintor se revelan por entero en este cua- dro que ha obtenido medalla de honor y ante el cual se encuentra siempre parado un grupo numeroso que na se cansa de admirar sus bellezas y que las descubre nuevas cada vez que vuelve á contemplarlo. AlmaTadema tras de ílerkomer se lleva las miradas do los concurrentes á la sección inglesa. SI no estamos equi- vocados Alma Tadema es belga y como tal figuró en la Exposición de 18G7, pero de largos años habita en Lon- dres y de la gran capital ha hecho su segunda patiia, razón por la que ha colocado en 187S sus obras entre las de los artistas británicos. Alma Tadema es un hombre que vive entre caballeros de gabán y sombrero de copa, que Ion gastará él, como es el uso del vestido! Austríacos y fran- ceses rivalizan en este último punto y se disputan el premio sobre quién ha esculpido de an modo mas vulgar y mas defina nádame» le la estatua ó siquier la cabeza de alguno de los grandes héroes de la historia ó de un sabio ilustre en los anales de la ciencia. Encuéntrase en la sec- ción francesa—que comienza por llenar dos salas á la testera de la galería de Bellas Artes—un retrato del ma- riscal Mac-Mahon que ha de tenerse por la jugarreta m u terrible que baya podido hacerle el mas feroz ene- migo del septenado. Ab uno duce omnts, según el adagio latino, y á fe que quien se empeíe en acumular ejem- plos para justificación de lo que llevamos afirmado, poco trabajo habrá de costaría, pues los encontrara como ce- rezas en árbol cargado de froto. No se crea, empe- ro, que en ninguna de las aludidas esta lúa» deje de ba- ilarse algo digno de elogio, puesto que varias tienen frag- mentos bien estudiados y esculpidos con cincel bastante hábil. Requiérele sin embargo algo mas que la sola habilidad del estatuario para obtener aplauso y admiración en un certimen tan importante como el abierto por Francia en 1878, Requiéreme eu el autor de la obra esas detós que le sefíalan entre la general m^diania y que puestas en sus producciones imprimen á estas un sello especial verdaderamente artístico, por donde se apartan de sus compañeras y se elevan entre ellas á nivel superior. De las obras escultóricas que en el Campo de Marte reúnen estos ó parecidos mérito?, unas demuestran un conocí- — u — miento cabal, un estudio repetido de los ejemplares clá- sicos, asi de la antigüedad como del Renacimiento, al paso que otras son hijas directas de la observación del natural, del estudio de lo que vive y pelecha en nuestro mundo sublunar en los dias mismos que alcánzanos. En el primer con;eplo Francia 6 Italia cuentan algunos es- cultores notables y en el segundo se lleva loa laureles todos la patria de Miguel Ángel y del caballero Berniní, en cuyas ciudades mas famosas parece haberse refugía- lo el Genio de la Escultura á juzgar por las manifesta- ciones de este arte dificilísimo exhibidas en el Campo de Harte. Italia—dice todo el mundo—es la reina de la Es- cultura; Italia, proclaman á voz en grito franceses, in- gleses, alemanes, belgas, etc., domina en soberana en el concurso de 1818 por la cantidad y la calidad de los gru- pos, estatuas y testas que ha presentado en sus salas y galerías. Bien hablan los que así hablan, y lo que á con- tmuacion expondremos lo probará á nuestro entender elocuentemente. No se crea, á pesar de ello, que los es- cultores italianos se libren por entero de las censuras que antes hemos apuntado, pues no faltan tampoco en su sección estatuas desnudas y vestidas que podrían ser esculpidas á tantos francos metro como diz que lo hacen ciertos estatuarios de aquella tierra privilegiada de las artes. Tal Cleopatra ó Cleopalras ostentan por allá sus formas mas que regularmente feas, con perdón sea di- cho de sus autores, que podrían dar quince y rayft á sus vecinas las francesas en punto á miseria de concepción y mal gusto en la actitud y en las lineas. Es innegable empero, que junto á estas producciones de receta figuran otras de gusto neoclásico también, mo- deladas con garbo admirable y de un conjunto elegante, sobresaliendo entre ellas la Peri y la Bipatia del comen- dador Tabacchi de Milán, bien colocadas, de hermosas lineas, de expresiva cabeza la primera y esculpidas am- bas con una finura de cincel que traslada al mármol per- fectamente la morbidez suavísima de las bellas formas femeninas. Mas con ser notables las obras que en este género escultórico tienen los italianos, se distinguen mas — Cj — principalmente sus artistas en el Campo de Harte por las producciones naturalistas ó realistas, en las cuales son hoy maestros incomparables en toda la extensión de la palabra. Yénse en la sección de Italia en medio de los cuadros al óleo, dos bustos en mármol de un viejo almi- barado que sonríe á una niucliachuela que responde á sus miradas con picaresca coquetería, dos bustos insupera- bles bajo el punto de vista de gracia y verdad en la ex- presión, de inventiva en testas concebidas para que va- yan dft pareja. Esta verdad naturalista, que los escultoreí italianos traducen en el mármol con habilidad sorpren- dente, encuéntrase asimismo en dos bustos de Belliazzi, vecino de Ñapóles como Ceiicelll autor de los anteriores, de Gors, florentino, que sale del mar y se abrocha la ca- misa tiritando materialmente de frió. E-ta observación del natura!, este realismo los emplean algunos escultores de uua manera que no perjudica a la belleza de las lineas generales da la estatua, puen con feliz criterio saben ele- gir el momento en que les ofrece el modelo gracia en la actitud y gracia en la expresión de IBfisonomía.Con mas elevado sentido ha usado Monte verde este mismo estudio de! natural en su celebtada estatua de Jenner probando en iv kijo lot efectos de la vacuna. En la viva atención que se nota en el rostro y en la cabeza teda del Ilustre médi- co, en su mano que va a practicar la Incisión en el brazo nobleza el tstado de espíritu del hombre que ha descu- bierto una verdad científica y que tiene seguridad com- pleta en su eficacia basta e! extremo de ensayarla en la persona misma de su hijo. El Jenner de Monteverde es quizás la estatua mas acabada, mas interesante y de ma- yor significado de la Exposición y los reparos que podrían oponerse á su silueta, algo replegada y como enmarañada por causa del asunto elegido, no son obstáculo para que los visitantes del concurso, asi los conocedores de fa his- toria y de las leyes de la escultura como los Ignorante* en estas materias, se detengan en frente de ella, la cele- bren y la conserven en el número de sus recuerdos artís- ticos mas señalados. — 36 — Francia cuenta en el Campo de Marte algunos excelen- tes estudios del natural, mas Jas producciones escultóri- cas que han de darle renombre pertenecen ni grupo que sin olvidar las en sefiantas de aquella clase busca la ins- piración en fuentes mas elevadas y menos asequibles á la generalidad de los artista?. En este prupo ocupan lu- gar preferente la Juana de Arco de Cbapu y las estatuas modeladas por Pablo Duboi- para el sepulcro dpi general Lamonciere, y en particular el Valor militar y la Can- dad que, vaciadas en bronce, figuran ya en la Exposición de 1878. La Juana de A reo brilla sobre todo por la expre- sión religiosa de su cabeza, y en las dos figuras de Du- bfiis son de alabar la grandiosidad del modelado, la sim- plicidad de los paitos y la ausencia de calculados efec- EvangelisUs de nuestro Rosales, recuerda las obias de Miguel Ángel y muy particularmente ¡i penseroto de la capilla de los Mediéis en Florencia. Resultado de la impresión causada por las creaciones de otro artista italiano, del nunca bastantemente alaba- do Rafael de Urbino, es La Virgen Madre de nuestro pai- sano D. Juan Samsó, ati como ba de clasificarse de es- tudio naturalista El primir paso de don Manuel Oms, catalán asimismo como no ignoran nuestros lectores. Tiene La Virgen Madre delicadeza de modelado, elegan- cia de lineas eea cual fuere el punto desde donde se It contemple, al par que hay en El primer pato esponta- neidad y atractiva gracia asi en ta figura de la madre Como en la del bijo. Ambas obras pueden parangonarse, sin riesgo de que salgan vencidas en la comparación, C D las buenas de los escultores italianos y franceses; O coa lo cual dicho se está que España tiene asimismo en ral concepto motivo de regocijo y orgullo, y que á Cata- luña, patria en el día de tantos escultores de talento, le toca parte principalí-ima en la satisfacción que han de experimentar las Arles españolas por los triunfos obteni- dos en ta Exposición internacional de 1818. Creemos haber hecho notar á nuestros lectores lo mas culminante de la sección de Escultura. Líbrenos Dios de — 57 — entrarnos en las salas y galerías de Inglaterra, Austria, Rusia, Grecia, etc., porque sería asunto de pegar tajos y mandobles á diestro y siniestro y de no dejar estatua con cabeía. Las estatua» y retratos ingleses son tipo acubado del trabajo de alfarero, siendo imposible imaginar cabe- zas mas frías y ap o I azada* que la mayor parle de las ex- hibidas en su sección respectiva; Austria merece que se le conceda privilegio de Introducción en la especialidad sia, Bélgica y oirás naciones que figuran en la sección de Escultura no han enviado ma» que ensayos y estudios cono los hay igualmente en todas parles, trabajos que sí pueden hacer mediano y aun excelente papel en una Ex- posición regional, no miden la talla necesaria para figu- rar dignamente y sobresalir en un certamen al que acu- den los escultores de mayor ingenio y de mayor fama de lodo el mundo civilizado. Italia, pues, queda por reina del grupo artístico que hoy hemos examinado, y junto a e!la, como damas de honor, aparecen noblemente Fran- cia y España. BELLAS ARTES—ARQUITECTURA—MÚSICA. Has desdichada aun que la Escultura es su hermana mayor la Arquitectura. A la primera se le asignan por lo menos calles y plazas, centros de sala, lineas visibles de galería, al paso que la segunda parece pobre vergonzante que se esconde Iras de la puerta. Los pasillos y IOB rinco- nes son los sitios que por lo común se conceden á los tra- bajos arquitectónicos en las Exposiciones universales, certámenes que aun cuando presten abundante materia de estudio al observador ilustrado, están adrede dispues- tos para entretener y admirar á las muchedumbres, por donde la parle teatral y aparatosa se antepone siempre á la clasiGcaciou y ordenamiento rigurosamente científi- cos que serian acaso menos fascinadores para la vista de todos los concurrentes. Las naciones mas favorecidas han podido atrapar alguna pequeña sala para la exposi- ción de los trabajos de sus arquitectos, fortuna que no le ha cabido á España, que ha debido colocar sabe Dios cómo los proyectos de aquella clase enviados á París, y entre ellos el de una iglesia parroquial de Itumeu y Gua- rini, el del monumento conmemorativo déla guerra de África de Rovira y Rab&ssa, y los de Tenas, Saracibar y de otros artistas, algunos de los cuales han alcanzado ya en certámenes nacionales honoríficas y merecidas re- compensas. Del examen superficial que hemos hecho de los proyec- tos arquitectónicos presentados en el Campo de Harte, aparece á nuestro entender de un modo visible que á — Ui) — ninguna de las principales Escuelas de Europa le faltan coniiclmientos extensos, y quizás profundos, en la histo- ria del Arte desde los tiempos mas remoto» hasta nues- tros días; que sus maestros y sus discípulos tienen habi- lidad grandísima para utilizar los elementos de pasadas épocas y de antiguos estilos; que dando mayor ó menor uoidad á los indicados elementos, todos en general des- cubren que han compuesto á retazos los alzados de sus construcciones; y que según el gusto de la persona ó Cor- poración que pa^aii así proyectan en estilo góllco como acuden al griego, al románico, al árabe, á los varios del XV y XVI y hasta tonum prestado» traza y motivos de decoración de Egipio, de la ludia y de la Cnina. De esta iufiuencia no escapan naciones que como Husia conservan todavía en grado muy regular la tradición artística bi- zantina que se observa maniliestamente en los productos do su industria y de una masera especial en loa de carác- ter suntuario. La falla absoluta de uu estilo arquitectó- nico propio del siglo XIX, el eclectismo á que han de acudir los arquitectos por esta misma causa, y el cosmo- politismo que va borrando con asombrosa rapidez los signos carscMnslicos de las razas y de los pueblos civili- zados, son los tres datos que explican la situación en nuestros días de la Arquitectura, concienzuda, erudita, sabia, mas no original ui inspirada. Por epígrafe de esta carta hemos escrito la palabra Mútica y vamos á dar á nuestros lectores la razón de ha berlo becho. Quisieron los organizadores del certamen internacional de 1878 que ese divino arte no estuviera reducido á T humilde condición de haber de figurar con a sus producciones en las galerías destinadas á los trabajos Üpográlicos, íino que depusiera de medios para dar a conocer sus creaciones valiéndose del desempeño artísti- co, dándoles su vida propia con ayuda del canto y de la ejecución instrumental. A este intento se acordó COHS- Lruir en el Trocadero el vasto hemiciclo para conciertos, cuya existencia conocen )a los lectores del Diario por nuestras anteriores cartas. Allí han de Ir apareciendo sucesivamente orquestas y cantores de muy diversas na- — 60 — clones y allí podrán recoger los aplausos de millares de oyentes venidos de toda* las partes del mundo civilizado. Millares hemos dicho porque según nuestros cálculos ca- ben en aquel vastísimo anfiteatro de cinco m i l i cinco mil quinientos espectadores, número extraordinario á la verdal y que la fantasía parisiense exagera aun, afir mando que pueden coger en la llamada Sala de fiestas sobre ocho mil personas. El Rolpe de vista que el hemiciclo presenta es sober- bio. Forma su parte baja la platea con numerólas fila* de Billones cruzadas pur cinco pasillos con los cuales se facilita la cómoda circulación de los oyentes. Tras del parterre corre un circulo de palcos como nuestros palcos- plaleas que tienen encima otros, loa cuales vienen á cons- tituir las primeras Blas del verdadero anfiteatro. Tras de esos palcos primeros comienza la colosal gradería subdi- vidida asimismo por varios pasillos, y por fin en último término, abiertas en los muros mismos do cerramiento del aaloD, grandes Balerías reforzadas á trechos por ma- cizos y sustentadas por elegantes columnas pareadas. Todos los asientos son de madera negra tapizados de ter- ciopelo y las paredes del hemiciclo se hallan pintadas de color rojo Van Dlck con orlas doradas. El esceiario que tiene poca profundidad es lambien macúo y forma un segmento de circulo- al objeto de que reúna el local bue~ nas condiciones acústicas. Le dan luz grandes ventanales puestos en la parte superior del muro, en el que también junio al escenario hay abiertos dos palcos de preferencia apellidado uno de ellos la loge du Manchal por ser desti- nado al general Hac-Hahon en los dia« que asiste á los conciertos. El de enfrente no creemos que tenga mas ra- zón de existencia que la de U simple euritmia del salón. La decoración de este se computa con dos columnas puestas a ambos lados del escenario que sirven de pe- destales • sendas estatuas de la Gloria repartiendo coro- nas á los genios inmortales de la música, y con grandes tarjetones al rededor del hemiciclo en los cuales orlado» de laurel y palmas se leen los nombres de los composito- res mas famosos de todas las naciones. — 61 — liemos indicado que en la traza de la Sata de fiettai se tuvo muy en cuenta, como naturalmente debió suceder, el objeto á que se It destinaba, que no era otro que el de la celebración de grandes conciertos y ejecución sat en S necia y de Cristian i a en No- ruega proporcionarán en el mismo local ratos deleitosos A los que puedan escuchar bien interpretados los cantos plañideros de los pueblos septentrionales;-y asi por igual estilo otros cantores y otras orquestas llegadas de Oriente y de Occidente, del Norte y del Mediodía, facilitarán al músico y al aficionado que en la Sala de fiesta» del Tro- cad ero puedan pasar al arte sublime de Haendel, de Mo- zart y de Rossini una revista univertal parecida á la que en las galerías de la Industria y de las Bellas Artes pue- den pasar á las producciones de estos ramos de la activi- dad humana, el agricultor, el fabricante y el artista. GALERÍAS I)E LA INDUSTRIA. Vamos a consignar brevemente las impresiones que he moa recibido en las galerías de la Industria en el palacio del Campo de Marte, á semejanza de lo que hemos prac- ticado con la galería de Bellas Artes. Ya adivinarán nues- tros lectores, sin necesidad de explicación alguna, quri un examen detenido de los infinitos productos allí expues- tos,!)! es asunto apropiado para el Diario ni tarea que pudiésemos llevará cabo con nuestras fuerzas y con el tiempo de que disponemos. Figúrense, pues, que un cu- rioso mas ú menos instruido apunta en su cartera ó libro de memorias lo que nota y lo que se Ir, ocurre y tendrán con ello idea anticipada de lo que van aserias cartas que dediquemos á las secciones de la Industria. Francia ocu- pa en los dos grandes grupos en que se bailan divididas por la galería de Bellas Artes y calles paralelas á la mis- ma, las naves á la izquierda desde el vestíbulo de honor, estando destinadas á la» naciones extranjeras las coloca das amano derecha. Los grupos del mobiliario y sus acetsorios son los pri- meros que atraen la atención del visitante, por cuyo mo- tivo es natural impulso en la generalidad comenzar la revista entrándose por los compartimentos en que las ca- sas francesas de B!ot y Drouard, Bnyer hermanos y Bar- bedienne exponen sus bronces artísticos, objetos de me- tal cincelado, vasos y estatuas en metal fundido etc., etc. Poco asombro suelen causará los españoles las estan- terías de las citadas casas, no porque los objetos que — 61 - contienen no sean merecedores de aplauso y realmente artísticos muchos de ellos, sino porque no les son nuevos, antes por lo contrario recuerdan haberlos visto iguales 6 muy parecidos en los escaparates de nuestras mas renom- bradas quinquillerías. Asi acontece, verbigracia, con los innumerables relojes, candelabros, jarrones oeo-griegos unos, estilo del Renacimiento otros, del tiempo de los Luises aquellos, y muchos en esa especie de jerga ó mez- cla de estilos y de épocas, de buen gusto y de bizarras extravagancias á que conduce el afán y la necesidad acaso, de presentar cosas nuevas en el mercado. Barbe- dienne entre los expositores franceses de ese grupo se lleva la palma por la abundancia de ejemplares y por las dimensiones y riqueza de la mayor parte. Al intento ex- clusivo de que figurase en la Exposición universal fabri- có y tiene colocado en su instalación—como se dice aho- ra—un reloj monumental, estilo del Renacimiento, de bronce dorado, cincelado perfectamente, con columnas de mármol rojo y placas de esmalte de LImogeg, obra lu- josísima, mas cotí sus puntas y sobras de recargada. Las reproducciones du estatuas modernas, en variedad asom- brosa de tamaños, se ven también en las estantería» de Barbedienr.e, en las cuales el amateur puede adquirir la Juana de Arco de Chapu, el i'akr militar y la Candad de Pablo Dubois, obras que hemos elogiado al hablar de la Escultura, vaciadas en bronce y de dimensiones que va- rían desde pocos centímetros á un metro ó mas todavía. Siguen á los bronces de arte los muebles á bon marché 6 llámense precios módicos y ]n que M. En- — 60 — rique Penon ba combinado las demás telas, Lapices ccti imaginería á ia manera de Greuze y objetos colocados eu aquel Improvisado camarín, todos de esos limes que pa- rece que ilan á los sillones, arquillas y muebles un cierto aire de anligiie^ad, y una entonación rica y tranquila a! mismo tiempo. El poder fascinador que llene el compar- timento descrito perjudica bastante a los que le siguen, a pesar de que merezcan ser examinados cuidadosamen- te por su carácter artístico la cama con pinturas de Lip- manD, los muebles tallados de Mercier hermanos y una chimenea y espejo de ébano con incrustaciones de marfil de Duval. Tras de los explendores de los muebles de lujo en los cuales la experta mano del tallista y del escultor han prodigado su talento, no hacen mala figura los cristales y los espejos de BaccaraL y Saint Gobain. La fama mere- cidiaimnie las cristalerías de Veneciay deMurano, tan lineas preciosas de las copas y vasos salidos en vlejoi tiempos de aquellos talleres, dispertaron hace ya muchos a5os la curiosidad primero y el interés después de los fa- bricantes en aquel importante ramo de la industria. En- sayo tras ensayo, fueron mejorando sucesivamente el as- pecto de los objetos de cristal, consiguiendo darles si m> la delgadez y ligero peso de los cristales legítimos anti- guos de Venecia, por lo menos BUS esbeltas líneas con fe- Ik aplicación á las necesidades modernas. No contentos aun con esto franceses, ingleses é italianos diéronse á es- tudiar les cristales de Oriente, y aprovechando procedi- mientos parecidos á loa de la cristalería de Bohemia, la- braron las lámparas, ánforas y vasos de va riadas for- mas, de cristal esmaltado de diversos colores, copia mas ó menos fiel de los venidos de Persla, del Aaia menor, del Cairo y de otros puntos en donde llego a su apogeo ese grupo del arte suntuario, como lo atestiguan los ma- ravillosos ejemplares reunidos en públicos museos y en colecciones privadas y en los actuales momentos en la sección retrospectiva oriental del Trocadero. En los apa- radores de la Exposición tienen en esta especialidad Jean. Dupontieu y Gellé lámparas y vasos que son joyas de — (¡7 — arle en luda la extensión de la palabra v f a los que lo.* figpaBoles de posición holgada deheriau poner atención especial, a fin de ayudar por medio de la introducción en nuestra patria de esta suerte de producios, a propagar en ella el buen gasto que si bien hace diariamente sensi- bles progresen, se encuentra aun en nivel muy bajo en ía escala de los pueblos europeos. No son, empero, los cristales pulcramente tallados, ni los esmaltados a estiío oriental ios ü~ue mas cautivan y sorprenden á la (¡eneralldad de los visitantes de la Expo- de Saint Gobain y Jeumont y para el témplele de cristal iíe la renombrada manufactura de Baccarat. £1 epíteto de colosal cuadra perfectamente á los mencionados espe- jos, y nuestros lectores no lo creerán exagerado cuando les digamos que el menor de ellos mide diez -j nueve me- tros cuadrados ¡/ veintisiete metros el mayor, superficies extraordinarias bajo todi>s conceptos y que superan á lo que hasta ahora, spgun nuestras uolicias, se había pre- sentado ientos mil francos. Tales y Lautas son las riquezas isncerradas en los escaparates de los joyeros citados y de otros muchos que han enviado trabajos de su arLe á la Exposición, que el visitante llega á imaginar str cosa de cuento lo que está viendo, y deslumhrado por aquello» iwplendores necesita hacer un esfuerzo para lijar la aten- CÍOD en el labrado do los objetos que es primoroso en frra- do superlativo y en el Jarrón y plato esmaltados por Du- ron con una pulcritud, elegancia y aspecto artístico que recuerdan las celebradas joyas de Gen ven u lo Cellini y de los orífices de su tiempo. Para justificar, en fin, lo que tiernos afirmado al principio de esta carta, en el supuesto úa que no bastase la descripción que hemos hecho; para que nuestros lectores puedan comprender mejor que es aquella sección un sueño de las Mil y una noches, aña- valor solo de las perlas y diamantes exhibidos en aquel ¡iequinísimo espacio. Forman vis á vis con la joyeria los vestidos de señora, t>n donde hacen también de las suyas el lujo y la magni- licencia. Pillase cuanto pueda concebir la imaginación ile la dama mas amiga de vestir galanamente, y de segu- ro se encontrará realizado en los aparadores de las mo- distas masculinas y femeninas —porque hombres y mu- jeres se dedican en Paris á esta ramo de la industria. En lilla cou mucha mayor f&cilidad^ue en la joyería puede caerse en la exageración y en el mal gusto, y de ahí los vestidos riquísimos sobre toda ponderación, chillones, recargados de (lores, blondas, plumas, pájaros, frutas y ile cuanto halló á mano la persona encargaba de confec- cionarlos. Entre los de es la clase figura uno de raso blan- co que tiene sembrados por cuerpo y falda pajarillos disecados de pintado plumaje, venidos de las regiones tropicales, que producen desastroso efeclo, traje á pro- posito pina que lo vista alguna de esas señoras improvi- sadas qu" neo sitan tapar con mucho raso, muchas flo- res mucho oro y muchas piedras lo bajo de su estofa y su educacioti m;s pobre todavía. En la misma sección — 7(1 — hay otro vestido blanco con pájaros (amblen sembrados en el cuerpo y en la falda, pero en 61 tuvo la modista el buen sentido y el buen gusto de hacer que los pajarillos fueran bordados cu plata > oro y sedas de colores, v los de la falda adema» semi-velados por una finísima red que se extiende hasta el extremo de una larguísima cola. Larguísima cola hemos dicho y casi debemos conside- rarlo como apuntamiento inútil, pues siendo los vestidos mas lujosos dispuestos paca bailes ó reuniones de gran tono, llevan todos como es de suponer colas intermina- bles. Log colores pa!ido*<, azul, verde manzana, blanco lila son los preferidos para los vestidos mas elegantes y degusto roas exquisito. Entre ellos los hay realmente preciosos, aunque varios mejorarían todavía mas si se les quitaran perifollos que para nada necesitan, lleván- dose las miradas del bello sexo que recorre aquellas co- quetonas salas, uno de J. B. Boinfiel de raso verde ter- roso bordado de sedas de colores pálidos, con cola á grandes pliegue»; otro d« la misma casa, amarillo claro, con guarnición de encajes; uno lindísimo de Agustina Cobn, azjl pálido con bordados en oro de sencillo y ex- celente dibujo; y por fin otro blanco y violeta claro con encajes y bordados no menos elegante que el anterior, salido de los talleres deJourdan yAubry. Junto á esos deslumbrantes trajes figuran algunos modestos por s" apariencia y por el precio, en los cuales sin retintín y sin pretensiones se descubre una mano hábil y muy ex- perta en combinar con sencillez formas y colores. Un" de los aludidos vestidos, que probablemente no costar» muchos francos, llevaba la rotulatado baber sido vendi- do aiarenta y nueve vecet, lo cual manifiesta elocuente- mente el sueca que ha tenido ea la Exposición de 1S7S. Faltaríais ¿ la dama que quisiera adquirir en el Campo de Marte lo necesario para el prendido y locado, con junto ala golilla Mídicis de Fouquet y el vesiido azul claro bordado de Agustina Ohn, Poco habría de rebus- car ea las galerías de la industria francesa para dar con zapatos y botitos de todos los colores, bordados en seda — 77 — y oro, con botones de este metal ricamente cincelados y con el lacón historiado basla un punto inverosímil. Sa- pos y culebras en materia de buen gusto se Lailán en es- ta sección al lado de productos que hablan muy alto en pro de la destreza, pulcritud y elegantes instintos del maestro en obra prima que los ha labrado en sus talleres. Prescindamos de los chales y maulónos de Cachemira expuestos en número considerable, pasemos asimismo por alto las telas de seda > lana para vestidos de señora, no nos detengamos en tas blondas y encajes en donde hay mucho Que ver y no poco que Celebrar» dejémonos tam~ bien en el Utilero lo referente al traje del hombre y del niilo asi como la sección de juguetes entretenida y en alto grado curiosa, y terminemos esta carta que acaso ofrezca mediano Interés para nuestras lectoras, dedican- do algunas palabras á la industria d« las flores artificiales dud ba tenido en breves anos en París un desarrollo pro~ digioao. Las naciones que figuran en primera linea en el movimiento industrial luchan con Francia en casi todos los ramos y en alguuos la aventajan. Solo en las llores arli&ctales farís se lleva por entero lu palma de la victo- ria. Son artistas de vera» las muchachas y los hombres— pocos en número estos—que se ocupa» en la fabricación ilefloresde papel ó seda, con las que reproducen los mas delicados efectos de la naturaleza. ¡Qué ramilletes de ro- sas Un verdaderos, tan hermosos se ven en aquella sec- ción! ¡Con qué habilidad imita» las plantas y las flores de tallo mas delicado, de pélalos mas linos, de matices mas ricos y variados! ¡Cómo se confunden con las natu- rales las matas de la modesta y sin par myosatis y cómo burlarían al observador mas avisado las ramitas de ca- pillut Veneris que semejan obra de hadas por su ejecu cíon maravillosa! La» horas muertas se pasan ante los escaparates de las floristas parisienses, máxime si el visitan le pertenece al sexo bello, uno de cuyos envidia- bles privilegios consiste en advertir mas fácilmente y percibir con mayor intensidad cuanto se distingue por i'.elicado y elegante. GALERÍAS DE LA INDUSTRIA. Concluida la re víala de los grupos de «Mobiliario y Vestido y sus accesorios» que á escape hemos pasado por las galerías francesas, no será disparatado emprender otra igual por las secciones extranjeras que, según dijimos, ocupan el ala derecha del palacio de! Campo de Marte. Piensen nuestros leyentes que suben á un vagón de ca- mino de hierro en tren directo y que al igual de las ciu- dades, aldeas, bosques, rios, etc., que allí ven desfilar ante su vigía, desfilan ahora los Estados mas importantes del anticuo y del nuevo continente y sus producciones mas celebradas y dignas de estudio. Inglaterra abre la serie de las naciones comenzando por el vestíbulo noble del palacio, y á fe que bien lo merece por la cantidad y variedad de los géneros que ha exhibido y por su excelencia en el concepto técnico. In- dicamos al hablar de la sección inglesa de pintura, que se llevará chasco mayúsculo en el Campo de Harte quien imagine que los subditos de la Gran Bretaña son gente refractaria á las bellezas artísticas, y apuntamos, asimis- mo entonces, que las galerías mencionadas, asi como las de industria, demuestran con elocuencia Irresistible que la sociedad inglesa posee gusto exquisitísimo y que se y entusiasmo para aprovecharon e! decorado de sus ha- bitaciones toda suerte de elementos artísticos. Saben ja nuestros lectores á qué asombroso prado da riqueza y perfección han llegado los franceses ñor lo que toca a) ajuar de sus casas; conocen medianamente por nuestras descripciones el talento extraordinario que emplean en '.razar y tallar un mueble, en tejer telas de diversos esti- Ms y en combinar unas y otros de un modo tan agracia- r e á la vista como plausible á la inteligencia. p u e 8 bien; '',13 vecinos de iniriatftrra compiten con ellos en parecido ,>rimor, en erudición iflual, en idéntica ciencia y acaso en algunas especialidades les dejan rezagados, no por mayor perfección en el tecnicismo industrial, n¡ siquie- ra por mayor instenin, sino porque el espíritu reflexivo :1o los hijos de la poética A Ib ion les guia con mas seguro . paso en el empleo de tos recursos todos de la industria y ^e las riquezas y magnificencias del dibujo y de la ían- lasia. Tienen los franceses, sin darse cuenta de ello, una tendencia mas ó menos manliiesla en ocasiones, A dar á sus productos un carácter expléndido, que recuerda aun •uando no lo Imite el rococó de su estilo arquitectónico. Por lo contrario, los Industriales ingleses, que cuentan fin sus talleres verdaderos artistas, nomo CoinnwinyLofik, Schoolbred y C.\ Grpgory y C , Iloward é hijos. en toe muebles y en los conjuntos decorativos, preciosos por todos conceptos, que han exhibido en el Campo de Mar- te, demuestran una severidad en las lineas, una parsi- monia en los materiales empleados, una simplicidad tan admirable que no excluye la riqueza bien usada, qne arrancan aplausos de todos los visitantes, en los cuales -tejan recuentos indelebles. ¡Qué severo y al par suntuo- so es el gabinete, tallado en madera de doradillo y ador- nado con lozas pimadas, figuritas y objetos de arte que ha e\puesto la casa de James Schoolbred y C.M iQué atractiva fascinación ejercen los ángulos de la sala ó ga- binete arreglados por Iloward é hijos, en los cuales se ve la chimenea de ordinarias proporciones, decorada ar- tísticamente , circuida de bancos no m<*nos artísticos, cuya disposición recuerda la rte nuestros antiguos boga- rfs, la del acó de la patriarcal familia catalana I Auxilian en gran manera á los decoradores ingleses toda* las industrias artísticas que hoy se benefician en el Ruino Unido. Y asi por ejemplo, á pesar de las maravi- llas de B .cearai y de laa cristalerías francesas y austría- cas, Tomás Wrtbb é hijos pueden ofrecer en el Campo do Marte una instalación que sorprende alas personas mas conocedoras de este ramo de la industria, puesto que junto con cristales tallados con incomparable maestría presentan ejemplares, re-ultado de largo y detenido es- tudio , que imitan las entonaciones nacaradas de los an- tiguos vidrios romanos. Hay en loa aparadores deja ci- lada casa una botella de cristal, de tamaño común, cuyo precio está fijado en once mil doscientos cincuenta francos que el observador DO estima exagerado después de baber visto por sus propios ojos la limpieza de ejecución , la corrección del dibujo, la fabulosa paciencia empleados un lodos sus motivos de ornamentación y de un modo -rado algunos tronos del que en el Partenon esculpió el iDiuoital arllata helénico Fidias. Miutün , Doulton y C , Llaw y Goode emulan en la cerámica los triunfos alcan- zados por su compatricio Webb en la especialidad de la cristalería, Los grandes jarros de loza pintada de Min- ton, las plicas di; lo mismo y los ladrillos de las citadas fábricas se hacen admirar de los espectadores por su perfección mecánica y por las ventajas que reúnen para suaplicacioD á los edificios, merced al carácter arqui- tectónico, a las ma«as propiamente decorativas de sus dibujos, así se reproduzcan en ellos figuras humanas ó remas del r^íino animal, conio tengan por objeto la rep6~ lición de cláusulas ornamentales geométricas. Elkingh- : L'rbino y de Gubbio, reproducciones que hace pagar i;i embargo á poso da oro, al paso que las cristalerías "neciaoas bao sabido hallar el secreto de fabricar el vi- no con una finura extraordinaria, copiando a su vez us formas de las copa*, vasos, botellitas y chismes anli- -uos Es señal cierta del éxito que estas y otras fábricas '•;\n tenido en la Exposición el rólulo de Vendido que, ]>ende de los objetos mas lipicos, rótulos que al propio tiempo son barómetro infalible del nivel á que ba llega- do el buen gusto en todas las naciones, ya que en ios nombres da los compradores se bailan representadas Francia, Inglaterra, Alemania, Rusia, Is Estados-l'ni- ilos,etc, etc., y solo do xez en cuando, muy raramente ; por desgracia nuestra 1 aparece un apellido que indique pertenecer á nuestra querida España. Mas aun que en la loza y en la cristalería, mas que en tos objetos de bronce aparece el talento y la hábil roano de los artífices de Italia en los muebles tallados en ma- dera. Pídase primor de ejecución fin aquellas alacenas y arquillas, demándense toda suerte de dificultades venci- das, exíjase en ellas una tradición artística sostenida, ]hs testas á lo Ghiberti, rn los mascarones, en los Testo- nes y follajes, en lodos los motivos de ornamentación y los mostrarán en seguida realizados en sus admirables muebles Mazzami, Mariotli, Civitta y Frulini. Hemos ci- lado el nombre de Ghiberti y á buen seguro el inventor famosísimo de las puertas del Baptisterio de Florencia aplaudiría con entusiasmo las cabecitas modeladas con talento escultórico y COD gran senümiento decorativo que enriquecen un armario de grandes dimecsiones original de Civitta, y otro mas pequeSo tallado por Frultni, quien aventaja todavía ásus compatricios en hacer de la made- ra lo que se le antoja, labrando asi las hojas y tallos mas delgados como los temas de decoración mas diminuios. Con los tallistas sostienen la tradición artística de Italia los joyeros romanos, entre ellos Caslellani y Morelü, quienes han enviado al concurso universal de 1878, jo- yas imitación de las elruscas, ejecutadas primorosamen- te en filigrana, y entre ellas algunos collares de igual la- bor y de oro cincelado inspirados en los ejemplares mas famosos de la colección Campana y de la que Augusto Castellani, el autor de este nuevo Renacimiento, creó en la capital del orbe católico hace ya algunos años. Bien merecería Austria-Hungría, si tuviéramos tiempo y espacio para ello, qne dedicáramos extensos párrafos a sus fabricantes de muebles y lapices, Filipo Haas de Viena, Bans TrinkI y C. Dracbíler, ensalzando con entu- siasmo la aplicación artística del terciopelo sobre la seda becba por el primero y el tercero y haciendo notar un sofá, de estilo sera i-rom a no antiguo, obra del segundo que pasa inadvertida y que es sin embargo una de las mejores de la Exposición por su dibujo, por la cabal en- tonación de la madera y de las telas y por su carácter confortable y apropiado & las necesidades del dia. Non limitaremos a mencionarlos á Tn de pasar en seguida á la i especialidad austrlica, á loque en el argot parisiense se llama anide Vietme. Nos referimcs i los objetos de mar- roquí, piel de Rusia, cuero, etc., que elaboran Augusto Klein, L. Groner, Urbano Kolbl, Weidmann, y otros industriales austríacos, y en los cuales la finura, la per- fección teas exquisita en la mano de obra compilen coa el sello artístico mae digno de entusiasta encottio. Mu- íbos serian los ejemplares que podríamos citar, pero en ¡'embarras du choix apuntaremos como !oa capitales 6 por lo menos como los que en primer termino DOS han llamado la atención , las encuademaciones severas y si par ricas, porque la severidad y la riqueza DO andan re- Sidos ni cosa que lo parezca, de Groner y Kolbl y unas caja? de terciopelo labrado y cuero ó hierro con incrus- taciones de oro en losaDjes, de Pollack y Jocksly que han sido adquiridas ya por Museos de Europa, en los coa les serán objeto de serio estudio por parte del artífice y del artista. GALERÍAS DE LA INDUSTRIA. DINAMARCA, ESTAÑOS 1 1 «AL, PORTUGAL, HÓN SAN MABLNO 1 VA1.I. Rusia hace brillante papel en el concurso do París de 18"8. Aparte de que la disposición general de sus gale- rías, sus aparadores y escaparate», las cortinas coloca- das en distintos sitios para combinar las luces demues- tran que ha dirigido el arreglo una mano inteligente, los productos expuestos en diversos ramos de fabricación .son voz que advierte a las naciones occidentales de Eu- vuelo en el Imperio moscovita y que en no pccos artícu- los bacen gala los rusos de un sentí míenlo artístico po- deroso. Que la fabricación se desarrolla en aquel Estado lo prueban las fábricas de estampados de Moicou, que han exhibido indianas muy bien pintadas, y las de Bars- noff y Rabeneck pañuelos rojos, atnaiillosy verdes de carácter igual á ios que se fabrican en Barcelona y que se usan en la montaña catalana y en las provincias de Valencia y Galicia. Son signos evidentes del predomi- nio del buen gusto entre la sociedad rusa los ricos y bien compuestos muebles tallados que Moscou ha enviado al certamen y los objetos tados¿;olocados en los escapara- tes de los plateros y joyeros Ovtschinnikotfy Tctütske- lelfde San Petersburjto yKlebnikofT de Moscou, Cincelan estos artífices la plata y el oro con primor digno de los — XÜ — artistas Doren linos, los esmaltan con ifrual arle y poseen el secreto de combinar aquellos ricos metales con toda suerte de piedras preciosas de variados colores produ- ciendo conjuntos polícromos de particular encanto y en los cuales se ñola la influencia marcada de la tradición bizantina. En este concepto son lindísimos y de nuevo estilo para los europeos de aquende, tos brazalete*, lap sortijas y lis diademas labradas por los joyeros rusos. Tiene la sección rusa otro? <- ocupan manufactura ni producto dignes de mencionarse. ("¡UERÍAS DE LA INDUSTRIA. La China, el Japón y la Persia serán tema especial de esta carta cumpliendo la indicación que tenemos hecha á nuestros lectores. Los pueblos orientales son los nifios mimados de la actual Exposición y á juzgar por las rotú- lalas de vendido que se leen en ca»i todos los ejemplares expuestos por ellos, bien puede afirmarse que han he- cho excelente negocio. En las secciones mencionadas SP para el público en el primer momento llevado solo de la curiosidad, mas luego que ha examinado los muebles, las lelas, los bronces que llenan las estantería» y escapa- rates, aun cuando nada sepa de chinos, japoneses, y persas, aun cuando no se dé cuenta clara de por qué le agradan y cautivan sus producios suntuarios, siente que se va apoderando de él el entusiasmo, y tcaba por ha- cer coro con sus exclamaciones de aplauso con los artis- tas y personas conocedoras de la historia de! arte, quie- nes encuentran alli abundante materia de inspiración y as y aGcionados de Europa y América? ¿Por qué al re- solverse que España f¡guiase en el certamen de 1818 no se obró á semejanza de los demás Estados, los cuales no lian dejada sin duda ala sola iniciativa particular, que unviara lo que se le antojase, sin guia, sin orden, sin su- perior dirección que utilizara todos los elementos nació - nales, los mas típicos, los mejores, los que pudiesen brillar mas en el Campo de Marte y en los parques conti- guos? El acaso parece haber sido la uorma que ha presi dido en el arreglo de la sección de Industria española; el acaso ó una dirección nada inteligente habrá sido el autor de los armarios feísimos que allí;se ven y de aque- ll&s caricaturas del arto hispano-morisco que hact'ii ve- ces de portadas; el acaso tendrá también ¡a culpa de que aparezcan en aquellas salas objetos tan mal labrados co- mo de estúpidos dibujos y basta ¡pásmense uuestros lee- lores y sonrójense de vergüenza! que en la Galería del Trabajo se halle expuesta aud.plaza de loros de hojadela — 07 — ta, zinc ó materia parecida, trabajada por añadidura de la manera mas infeliz que darse puede. Lo mas doloroso, lo mas lamentable del rebajado papel que estamos haciendo en el Campo de Marte, consisto en que España tiene a su disposición medios para esUr de- corosamente representada en un certamen internacional, fiemos examinado las secciones extranjeras del actual concurso y como conocemos también lo que hace la iu- dustria de nuestro país, podemos afirmar lo que autei hemos adelantado, esto esque España cuenta con centros productores y con algunos ramos especiales de fabricación cuyos trabajo* bien elegidos, bien agrupados, y coloca- dos a la manera que lo han hecho las demás naciones, hubieran sostenido el buen nombre de nuestra patria. Tal es el mal gusto, la falla de criterio en el arreglo de nuestra sección industrial que nasia los diversos exposi- tores dignos de ser aplaudidos por las obras que bao exhibido, se pierden entre aquel batiburrillo de armarios Ue formas y dimensiones opuestas y de lineas encontradas a manera de laberinto. ¿Que les sucede verbigracia, ¿ Placido Zuloaga y a Eguiazu de Eibar con sus obras de üierro con Incrustaciones de oro y plata? | Qué eltclo .lecoraiivo tan precioso y magnifico üubierau hecho los candelabros y loo lasoa árabes del primero, asi como los escudos o fuentes de ambos, cincelados con un talento artístico de primer orden y labrados con una delicadeza y con una pulcritud que causarían admiración álos mismos artistas persas, maestros también en tan difícil arte! ¿No subiría el valor de aquellos bien modelados y bien dibu- jados grifos que sostienen los candelabros, así como el de las quimeras, hojarascas, etc., de los escudos y de los motivos geométricos de los jarrones, si estos bellísimos objetos estuviesen colocados sobre rico fon Jo de tercio- pelo ó raso de entonación simpática que avivara y acre- centara su riqueza? Zuloaga es un industrial artista y si eu vez de haber nacido en EspaEa y de tener que figurar en la misma entre sus expositores, fuese francés, inglés, juliano, sus objetos damasquinados que compiten con los de Peraia y Veneeia estarían puestos en sitio de honor y como joya de que debieran envanecerse las naciones po- seedoras. Nosotros le hemos metido en una sala mttr- avteros y apena» si le hemos dado espacio para que los visitantes ilustrados pudiesen contemplar con mediano desahogo sus jarro Dea y candelabros, asi como los escu- dos del mismo y de su paisano Eguiazu que en Eibar sos- tienen noblemente ese género de fabricación, patrimonio casi exclusivo de nuestras Provincias Vascongadas. Sitio de honor merecerla también la EspaSa Industrial por sus estampados. Es cierto que sus escaparates ocu- pan extenso espacio y que dentro de ellos están bien ar- regladas las variadas indianas que se fabrican en aquel antiguo ó importantísimo establecimiento; mas ni él, ui Ricart y Compañía, ni Sert hermanos, ni otros fabrican- tes de tejidos, ni expositor alguno, en una palabra, por mas que se distinga en un determinado ramo de indus- tria, logra escapar á la influencia de la atmósfera de po- breza y de chapucería que se advierte en el conjunto de ¡a sección española industrial en el palacio del Campo de Marte. Una prenda rica y bella vestida por mujer pin gajosa y sucia ó pasaría inadvertida ó producirla impre- sión igual á la que causase el resto de su traje derrotado. Seria preciso que la descubriera un ojo observador para (¡ue se fijase detenidamente en ella y la examinase y aplaudiese. E>to ocurre con los expositores mencionados; esto pasa con las indianas de la España Industrial ante las cuales fabricantes muy conocedores de esta clase de manufactura se detienen por largos ratos, celebran la es- tampación , los colores y los dibujos, mas ó menos imita- dos de los extranjeros—punto en el que es necesario procurar alguna emancipación empleando los recursos artísticos que tenemos á mano—comparan las indianas de Sans y lo propio los percales de Ricarl y Compañía con las fabricadas en otros países, y en la comparación ob- tienen los catalanes un lugar por extremo ventajoso. Otro tanto les sucede á Sert hermanos, quienes sin embargo — fatigados lal vez de lautas exposiciones —no han he- cho en la actual los esfuerzos que hicieron en las pisa- das al intento de dar á conocer los elegantes reps, man- — 99 - tas de lana y demás lelas que fabrican en Barcelona con perfección técnica y con plausible buen gusto en los di- bujos. Como no llevamos propósito de ocuparnos en el exa- men detenido de la sección de industria espaíiola, porque sería cuento de repetir con frecuencia individualmente, lo que para ei conjunto de sus salas hemos dicho antes, no? limitaremos á consignar que andan por allí desperdi- gadas instalaciones que merecen estudiarse, como la de fotografías de Laurent, la de libros do instrucción de Gas tinos, la de guantes de Cornelia, la de blondas de Pi y Solanas, la de relojes y cronómetros da M. Riego suce- sor de Losada, y algunas otras en que se ven objetos sueltos dignos de elogio, confundidos entre otros muchos de gusto deplorable y de ejecución material a duras pe- nas mediana. Entretenida para los aficionados y mas desahogada que lag otras salas, es la arreglada por el mi- nisterio de la Guerra para exponer las magnificas armas de Toledo, cañones de Trubia y de Sevilla, proyectos de obras militares y los uniformes de las distintas armas del ejército espaBol por medio de maniquíes, sistema que han adoptado asimismo otras naciones para dar á conocer sus traje? característicos, pero que huele siem- pre á gabinete defigurasde cera y que causa una impre- sión semi-cómica en la generalidad de los visitantes y so- bre todo en los regularmente ilustrados. ¥ después de consignado que dejaremos para la revista general de ia Galería del Trabajo el mencionar las pocas máquinas que España tiene ett el Campo de Marte, habremos aca- bado la ingrata tarea que hoy hemos debido llevar á ca- bo y que por fortuna no tendremos que repetir, puesto que en el pabellón del Paique y en el Trocadero volve- remos á bailarnos en terreno igual al que encontramos en la Galería de Bellas Artes. Si lo que en 1818 nos ha pasado en Parid fuese para nosotros motivo de advertencia y escarmiento, podría- mos consolarnos con la esperanza de que en otro con- curso de las Artes y de la Industria representara nuestra patria el papel que sin vanagloria puede hacer en seme- — 100 — janles palenques. Has no tenemos confianza en qu« asi suceda, antes por lo contrario es muy probable v casi seguro que se repita lo de ahora; que España vuelva a figurar--- J - L - : - J ' ~— ' apa, en la anera de exhibir sus productos; y que bas- ta llegue á a eriguarse antes del cierre de U actual Ev- posiclon de P rís, que merecen laureles y coronas los que han organiz o la sección española del modo que podran imaginar n tros lectores, si han tenido paciencia y buen humor ra no suspender desde e! comienzo la lec- tura de esta UALERÍA DEI. TRABAJO. Si el ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha loma- se cuerpo y alma para recorrer en unión con su lie! es- cudero Sancho Panza la titulada Galería del trabajo, que rodea por sus cuatro costados el palacio del Campo de Marte, aconteceriale de seguro aventura idéntica á la de los famosos molinos de viento. ¿Qué otra cosa habían de parecerle las ruedas colosales, los volantes, los mar- tinetes, las (transmisiones de las máquinas de aquellas grandiosas naves que otros tantos brazos descomunales le sendos gigantes Br¡áreos, adrede allí apostados para ;uardar á alguna encantada Princesa, ansiosa de verse ibre di' tamaña esclavitud, gracias al esforzado brazo de Igun caballero andante? ¿Qué otro efecto sino el de in- irnal ruido, había de causarle el golpear de los mar- netes, el silbar de las ruedas, el crujir de los en- jranajes, el chirriar del hierro, con otros iguales ó mayores estrépitos capaces de infundir espanto igual al que los mazos de los batanes causaron en el ánimo del asendereado escudero? Y fantasía aparte, es cierto que con dificultad se encuentra en la Exposición de París un espectáculo que en movimiento y en grandeza pueda compararse al de la Galería del trabajo. ;Qué de artifi- cios allí acumulados! ¡Qué de ingenio empleado en con- cebir y ejecutar aquellas máquinas cuya sensibilidad es tan exquisita como la de la dama de nervios mas deli- cados, á pesar de que sus miembros se midan por metros, de que pese kilogramos cada uno y de que esté formado ile materias tan duras como el hierro ó el acero de mejor temple! ;Qué agradables ratos pasa el visitante, dándose — 102 — á pensar cómo la inteligencia humana domina las fuerzas mayores y cómo las esclaviza á su antojo á ñn de cumplir mejor la redentora ley del trabajo! No encontrará en la citada galería el fabricante dedi- cado á un ramo determinado de la industria, las máqui- nas de su especialidad que puede ver reunidas en vastos talleres y de un modo completo si se toma la molestia de visitar algún centro Importante manufacturero. Dijimos ya que la Exposición tenia en todos sus grupos algo de teatral, de aparatoso, por donde se llevaba tras sí mas fácilmente las voluntades y las afecciones de la generali- dad de las gentes. Esta circunstancia y la falta de local —pues por grandes que sean los palacios y parques del Campo de Marte y del Trocadero no bastan á contener todos los artificios innumerables que emplea hoy [a in- dustria en sns variadísimas manifestaciones—estas cir- cunstancias, repetimos, han sido causa de que Franela y lodos los Estados se limitaran áexponer lo mas curioso y nuevo, algo que en la mecánica ofreciese alguna útil aplicacioi desconocida hasta ahora ó cuando menos poco vulgarizada. En este concepto ofrece, pues, materia de Interesante estudio la Galería del trabajo y podría dar pié para escribir series de cartas y aun volúmenes ente- ros áqulpn tuviese en el particular la competencia de que carecemos nosotros. Mas si bien no poseemos en la mecánica y en las ciencias exactas con o oimientos bas- tantes para juzgar con cabal criterio de la bondad y per- fección de las varías máquinas enviadas al concurso de 1818; ya que como visitantes observadores no hemos dejado de fijar la atención en algunos ejemplares, dire- mos algo de lo que hemos apuntado y de lo que recorda- mos, siquiera para mover !a curiosidad da los lectores de! Diario que puedan examinar con fruto y provecho propio y en beneficio directo de su patria, la Galería del trabajo, que se llamó Galeria de maquinarla en la Expo- sición universal de 1867. Numerosos son los productos de este grupo de la in- dustria que Francia ha enviado al certamen. Ocupa esta nación el ala izquierda del Palacio, desde el vestíbulo de — 103 — honor, y en ella ña expuesto máquinas de vapor de di- versos sistemas; ventiladores fabricados por Genestc ~ Herscher y C que hacen muy buenos oficios en las ca- lurosas tardes del mes de julio; bombas que elevan cau- dal pnderoso de ftcua con notable simplicidad en el meca— nismo; ascensores que funcionan á la vista de lodo el mundo y con los cuales se sube hasta dar casi con el techo de la nave, sin peligro según reían los carteles de que se renueve el desgraciado caso ocurrido h poco & tiempo en el Grand Hotel y del que dimos noticia á nues- tros lectores; máquinas y bombas hidráulicas; idem para hilados y tejidos; otra para componer y distribuir presen- tada por la casa de Cb. Kastenbein; la de imprimir de Mannoni y la zincográfica de Wibart; numerosos apara- tos é invenciones para fines uti'isimos todos, y basta en medio de lodos esos pacíficos artificios, que dejarían em- bobado al mismo Juanelo el autor del tan celebrado del Tajo, entre aquellos generadores de vapor, telares, etc., e l e , de benéfica aplicación para el alivio de las necesidades materiales del género humano, a?om& su cabeza una máquina de destrucción, origen de desgracias y fueute de lágrimas, una máquina destinada á la fabrica cion de los artistas y artífice* de la Persla. En la vertiente del Trocarle™ ballanse revueltos en amigable confusión, los edificios destinados exclusivamente á la exposición de los productos de un reino determinado y las tiendas y tenduchos cuajados de baratijas insustanciales y de trastos de ningún valor juntoá armas primorosamente damasquinadas, á telas tejidas con admirable sabor artís- tico en oro y colores, á tapices tunecinos, de Marruecos y de Persia, estos últimos los primeros entre tos del Orien- te, y auna porción mas de objetos lindísimos que, según anticipamos en nuestras primeras carias, hacen pagar aquellos mercaderes á peso de oro, sacando partido del entusiasmo que armas, lelas y tapices causan en todos los europeos y americanos medianamente instruido». Ante semejante fascinación de la vista, ante la brillan» tez y esplendor de las estofas y de la cerámica del Orien- — 112 — te, no ha de causar asombro que pabellones muy bien trazados y muy bien construidos y llenos de útilísimos productos, planos, memorias, < te., como el destinado á la parte forestal de Francia, sean poco visitados si por acaso alguien movido de curiosidad ó llevado de afán mas noble se tómala pena de subir los escalones que guian á la entrada d i udificio. Argel, el Egipto, Persia, trompetero de voz irresistible convoca á todas las perso- nas que pasean por el Parque y las incita y obliga á en- trar en las tiendas ó pabellones alzados en aquel sitio por las antedichas naciones. Es cierto que á nadie le duelen las caminatas que hade hacer para ello, acariciado en estos días por los ardientes rayos de un sol oue da colo- rido local á las construcciones y á los moros de todas casias que recorren las calles y plazas del Trocadero. Ralos deleitosos y bastante instructivos se pasan alli y espectáculos animados se contemplan junto á aquellos improvisados palacios y bazares todos los dias de la se- mana, al caer de la tarde, única hora en que los europeos pueden arrostrar los ardores caniculares. Entonces se convierte en agradable pasatiempo el recorrer el palio y las galenas de la exposición de Argel, organizada en un edificio que lecuerda algún tanto las mezquitas de Tleni- cen, de los siglos xiu y xiv, sobre todo en los azulejos polícromos que imitan con acierto la ornamentación árabe, y en los dibujos del minarete copiados de la rui- nosa mezquita de El-Mansura. En estos dias en que el cielo de París se presenta sereno y con un color azulado, pálido reflejo con todo del de nuestra España y de las comarcas del Asia y África, la silueta del pabellón de Ar- mo pintoresca, constituyendo una vista apropiada para encender en las personas aficionadas á viajes y á impre- siones nuevas, el afán por recorrer los países eu donde se ba desarrollado aquella arquitectura y en donde reinan todavía las costumbres que son su natural y necesario complemento. ¿No na de soñar con ir al Cairo, Argel ó siquiera a nuestras incomparables Granada y Córdoba el — 113 — espectador instruido qua pase algunos ratos en el ga- llardo patio del pabellón de Ar^el, dejándose allí me- cer por el aroma de las plantas, por los perfumes de las esencias expuestas en las galerías y sobretodo por el suave murmurio de la fuente, con su tazou de alabastro en el que can el agua mansamente, animando y embe- lleciendo el jardín cilo, la galería y todo el pequeío pa- lacio, serai de burlas, se mi de veras allí levantado? ¿No ha de sentir vivos deseos de trasladarse á Eglplo quien en el pabellón construido por arden del Virey examine lo» planos en relieve del Canal de Suez, obra prodigiosa, fruto colosal del tálenlo y de la perseveran- cia de M. Fernando de Lesseps, lazo directo de unión entre las Indias y el Mediterráneo, y al mismo tiempo conozca con verdad mas ó menos completa—porque las mentiras no faltan en tincon alguno de la Exposición— el ajuar originalisimo, labrado en maderas ricas aserra- das y torneadas, de una opulenta casa del Cairo o de Alejandría, como puede verse eiiuno de ios ángulo* dt I edificio mencionado V Argel, Egipto y Marruecos ofrecen en el Parque del Trocadero temas abundantes de estudio y de pasatiempo. Persia asoma con el Ululado «Palacio del Sbab» que por de fuera nada tiene digno de notarse y menos de aplau- dirse, con excepción empero de las fajas de azulejos en mosaico, semejantes en el trazado geométrico a las de la Alhambra de Granada, pero muy lejos de las que se ven y se admiran en la suntuosa antigua morada de los mo- narcas natritas en punto al vigor de los colores y á la fuerza de los reflujos metálicos de algunos de ellos, méri- to que por lo visto se halla exclusivamente reservado a los artífices moriscos y mudejares de las épocas anteriores ai reinado de los Reyes Católicos. Es preciso hacer cola por algunos minutos para penetrar en el pseudo-palaclo delShah, ponderado como obra maravillosa y dechado del arle persa. AlfinIras larga espera el guardia allí apos- tado deja que entre el curíuso, y á poco versado que se halle e«te en achaques de arquitectura y de estilos deco- rativos, apenas ha Iraspasado el umbral se queda con — 111 — tamaila noca abierta, no de admiración entusiasta sino labradas por dis- tintas naciones en el periodo que la agrupación abarca. La Colección oriental es acaso la mas interesante del Trocadero. Débese esto & que mi lo» museos no abundas por lo común los objetos suntuarios procedentes de aque- llas regiones, en la proporción en que figuran los de En- mpa desde los mas remntos siglos hasta la era presente. Los ejemplares remitidos por Rolschild, Thlrion, Giróme y Roudillon son verdaderas joyas en toda la extensión de \¡\ palabra, mas por su mérito artístico, que por su valor intrínseco, pequeño y quizás Insignificante en muchos de ellos. Hay en aquella galería dos lapices de M. Rotscbild uno de ellos y de M. Roudillon e! otro que constituyen— permítasenos la comparación— do» sinfonías de color asombrosamente armonizadas. Señálase por un rojo sua- ve con matices dorados, sin que conleDga un hilo de oro, la nota del de M. Rotschild, al paso que el de M. Roudi- t emendo en ambos el dibujo la mezcla de vaguedad y de precisión que como dijimos en otra carta constituye uno de los atractivos mayores y mas poderosos de los tapices y estofas orientales. Un escapa rale de la dilección oriental está exclusivamente destinado ¿ las lámparas árabes con leyendas, en vidrio esmaltado, y allí se ven y se admiran los tipos que han servido a los modernos fabricantes de cristales Dupontieu y Gallé para construir sus hermosas — 121 — lámparas orientales que venden por H O y 600 francos, ü aun cuando no les hayan podido dar todavía la gemí-opa- cidad que se nota en las árabes antiguas y que cono en las vidrieras de los siglos xni y xn ayuda en gran mane- ra á Imprimir en la luz un tinte suave y misterioso. Ar- mas damasquinadas, trabajos de allarjia y taracea, azn- I"jos de excelentes dibujos, telas de seda tejidas ó borda- das en oro, y otros varios objetos completan la colección oriental, cuyo examen recomendamos con eficaciaá los lectores del Diario que se decidan á bacer el viaja a París para visitar la Exposición de 1818. No nos detendremos en el al* derecha á hablar del Egipto, India, China y Japón para no repetir la mayor parte de los conceptos que expusimos en carta anterior; dejaremos también á la Bélgica, única nación de Europa que con España y Suecla figuran en la Exposición re- trospectiva; y nos pararemos solo en la sección españo- la donde vuelve a respirar desahogadamente el que ha nacido en la península y quiere con amor las cosas de su tierra. Inteligencia, buen guslo y acierto han pre- ndido en la elección de los ejemplares enviados al Tro- cad ero y en su colocación en los trozos de galería que POS están destinados. Apenas entra il visitante en la sec- ción de España ¡qué grandiosa impresión le causa la ar- madura ecuestre de Carlos V rodeada de otras riquísimas, , bal Colon! ¡Cómo se van en seguida lo Cristo- tras de la gallarda lámpara de Cisne ros que alumbr mezquita vado precio nuestro musco Arqueológico nacional I ¡ Qué lindos y bien labrados aparecen los cascos de Boabdil y de Fernando el Católico con otros objetos presentados por la incomparable Armería Real de Madrid! ¡Cómo ar- monizan con las armas y armaduras los tapices del Real palacio de una suntuosidad y carácter superiores á cuanto se ve en el Trocadero y en el Campo de Marte, pequeña muestra todavía de las riquezas que en el parti- cular poseen nuestros Reyes y que á l''s ojos del artista eclipsan las del Regente y del Kohi Noor de los diaman- — 122 — tes de Francia á Inglaterra! Para redondear la sección retrospectiva española se han expuesto cofres góticos y del renacimiento, muebles de taracea, sillones en cuero de Córdoba, píalos hispanoarábigos que superan á todos los demás del mismo género, caprichos pintados por Goya, el demoledor de su época, pincel revolucionarlo, en la ejecución y en el concepto, un vaciado del Apolinu de Tarragona, y fotografías hechas por Laureot de al- gunos monumentos y de los tipos y trajes de loa habi- tantes de todas las provincias de EspaSa. Aplauso me- rece quien haya organizado esta sección y como la jus- ticia es nuestro norte se lo tributamos cordial, ensalzando lo que se ha llevado a cabo en el Trocad ero como ensal- zamos la Galería de pinturas y el pabellón del Campo de Marte. A tristes reflexiones, sin embargo, te presU el espectáculo de nuestra grandeza en la sección retros- pectiva. ¡Cómo contrasta la riqueza de los trabajos sun- tuarios allí reunidos, con nuestra actual pobreza y mi- seria, sintetizadas eu las galerías de la Industria, que arrancan siempre lágrimas de pena ó voces de D¡digna- ción de los españolea todos que las visitan! ¿A quién no se le vienen á la mente los versos de Rodrigo Caro? Estos, Fablo, ¡ay dolor! que ves ahora Campos de soledad, mustio collado. Fueron un tiempo Itálica famosa. CCRIOSnUHES Y EXTBETENIMEMOS HE l.A EXPOSICIÓN Pase usté zefiora y tome uzté aziento-, asi Invitaba á una «Jama española á que entrara en una lujosa llénela de alcatifas levantada en la sección do Túnez, un TÍIOTO ves- tido cou rico chaquetón rojo bordado de oro y ancho pantalón de lo mismo á la manera oriental. Y á seme- janza del inoro andaluz, una muchacha del restauran! ruso, tocada la cabeza con el gorro especie de diadema, de sbda azul con oro, lentejuelas y piedras falsas que usan las aldeanas de ciertas comarcas del Imperio moscovita, le decía con acento muy francés á an prójimo de nuestra tierra li y a de la biéfe anglaise cu viennoise, si vout /'ai - mez, al notar los visajes que hizo apenas hubo tragado un sorbo del verdadero Koumyt ruso. Así por el estilo andan esparcidas por la Exposición algunas otras cu- riosidades etnográficas], y gracias que la mentira se circunscriba en los restauranes y bazares á las genles también que siguiendo el ejemplo del ventero le den al con curren le gato por liebre, ofreciéndole, vamos al de- cir, UD vaso de suero por un vaso de legitimo Koumys ruso. Couíte sin embargo, que no lodos los representantes de razas exóticas que hay en el Campo An Marte y en el Trocadero son de pamplina, como los antes aludidos. Al- con el debido respeto, pudiera aplicarse lo de la mona de L fábula, y otros que DO necesitan ostentar sus holga- a das vestimentas, rameadas de oro y flores de seda, ni sus largas colas para dar á conocer que no proceden de la raza caucásica. Chinos y japoneses, los primeros con sus trajes propios, y los segundos disfrazados á la eu- ropea, no ocultan el punto de su nacimiento, y los anos por su pintoresco aspecto y los oíros por su estrambó- lica facha son objeto de interés y de curiosidad para los visitantes da la Exposición de 1818. No lo son menos los árabe» de tez bronceada, nariz aguileña, negra barba ,i la usanza de su lierra, con blanquísimo alquicel sujeto á la cabeza por medio rte una gruesa cinta, que se pa- sean reposadamente por las calle? del Palacio y de ios l'arques mirándolo todo con e?a pasividad oriental tan opuesta á la animada gesticulación y á la viveza de mo- vimientos peculiares a los habitantes de algunos pueblos ile Europa. Mas chinos, Japoneses y árabe» quedan os- curecidos por los tres pieles rojas que estuvieron á visitar la Exposición, vestidos con los económicos trajes que suelen usar en su país, adornada la cabeza con plumas y juntorrojeados cara y cuerpo, con lo cual no es de eltra- fiar que se vieran cercado» de grupo compacto de curio- sos por entre el que apenas podía abrirlea paso el oficia! norte-americano que les servia de guia y de intérprete, ya que á la Confederadoo de los Estados Unidos se debió este agasajo hecho á la República francesa, con motivo de! universal certamen de 187S. Es un hecho, y lo com- prenderán bien nuestros lectores después de lo que lleva- mos dicho, que en algunos momentos asi las naves del palacio como los jardines tienen cierta semejanza con las ferias que so celebran en comarcas limítrofes de regiones pobladas por razas opuestas y en las cuales se reúne por lo mismo el conjunto mas abigarrado yft la vez intere- sante, de facciones, colores y trajes, algo parecido alo que ha de acontecer, por ejemplo, en Busia los días en que se verifica la antigua y famosa feria de Nigni-Novgo- rod. Es siempre espectáculo que tiene un bonito lado pintoresco y presta al mismo tiempo materia á risa y burlas ver, como hemos visto, á una seBora prendida á ta última moda de acá, con sombrero de plumas, flores y blondas, recogida coquetamente la falda en la mano que calza guante irreprochable de finísima piel de Suecia, — 1Í5 — obsequiada por un caballero de sombrero de copa y ga- bán negro, por un moro de veras de turbante y lujosa túnica de raso con pasamanos de oro, y por un chino le- gitimo como lo afirmaban su tez, sus ojos y la larga cola que ¡e alcanzaba casi los talones. Grupos semejantes se presentan en la Exposición repetidas veces, siendo asun- to de curiosidad para la inmensa mayoría de los visitan- tes y uno de los medios entretenidos de pasar el ralo, Oirá clase de pasatiempos encuentra el flaneur deseoso de matar en aquel sitio algunas horas distraídamente. Indicamos que la Galería del Trabajo era una especie d<¡ vasto taller y ahora añadiremos que á la vista del públi- co en las tres grandes naves paralelas á las avenidas do Labourdounaye, de Sufren y de la Escuela militar se [abran y elaboran objetos de diversas clases que se ex- penden luego á precios económicos, fenómeno raro que tío se nota por cierto en las demás galerías, ni en los ane- xos pabellones, cabafias, Hondas, etc., délos parques y jardines. Si algún visitante desea entregarse al doice far niente acariciado por acordada música, por la que «com- pone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos quu nacen del espíritu», no tiene que hacer otra cosa ma* que irse por la lardea la nave di» la facbada posterior, sentarse en una otomana ó en cómodo sillón y escuchar las sonatas que ejecutan en los grandes órganos de Sloltz y Fermis, músicos que conocen bien sus registros. Si !B place examinar cómo se fabrican gemelos, pendientes, brazaletes, portamonedas y otras mil chucherías le bas- tara con acercarse á los talleres en miniatura allí impro- visados y en donde coram populo hacen gala de sus habi- lidades, mas ó menos trasnochadas, algunos industriales franceses que sacan muy buenos francos de los objetos (jue venden y en los cuales no falta, como es de suponer, ul mole: Somenir de l'Expoñlion de ]8~8. Algunas de esas industrias han alcanzado ahora el mismo buen exiln que lograron en 1867, debiendo colocarse entre ellas en puniera línea la labra del diamante que la casa de Rou- lina ensena á todo el mundo, fascinando la vista de les curiosos con la brillantez de aquellas preciosas piedras, — 120 — y la fabricación de sombreros hongos que hacen rapidi- si mámente los obreros ocupados en ella, asi se trate de los de dimensiones naturales como de los pequeSos mo- delos para señora, que elaboran en un «anliamén y qne reparten luego á cuantos aflojan la también pequeña can- tidad de veinticinco céntimos, Y por fin, si el visitante acompaña a algún chiquillo ó sin esta circunstancia quiere ver un chisme ingenioso, le succés de I'Expo&üion, como rezan periódicos y carteles, acuda al puesto de juguetes establecido por M. Marlin, frente á la Escuela militar, y allí verá la poupfe nageute ó muüec» ondina, monigote que por medio de un resorte ejecuta en el agua los movimientos todos de un nadador experto, con gra- cia y naturalidad que se llevan las añciones de niños y ciñas y no dejan de llamar también la atención de la gente crecida. Cuando ?1 espectador cansado de andar algunos kiló- metros se ve obligado á buscar un reparo á sus drcaidas fuerzas, le brindan con manjares y bebidas raras los rrs- lauranes, buffet*, cafés, pabellones de degvstalion, etc., '•te, diseminados por «I Campo de Mane y el Trocade- ro. En ellos por Sil ó 60 cuntimos, tipo me dio en los pre- cios, \f\ dan un bocktie cerveza de centenares de clases distintas, como la Pale-Ale y Perter de Inglaterra, Favta de Viena, Patrie de Estrasburgo, con las innumerables excelentes fabricadas en Francia; una copa de vino blan- co húngaro en la Tiarda de esta nación; el aguardiente ruso Vodka ó el fíoumys, leche de yegua fermentada, en «I restaura!» de que hemos hablado ya á nuestros lecto- res; café á la turca, es decir, escaldado en la misma taza en los cafés de Argel y de Túnez; el punch de pina en la Üenda de la Martinica; queso de Melbourne, especie de Chester, con vino de la Australia en la cabana levantada en el ángulo dr, la fachada noble del Palacio; cacahuetes en la sección de Marruecos, y otros varios artículos de comer y beber en los diversos establecimientos de esta clase construidos en los Parques, desde los restaúranos francés, inglés y español, en los cuales se come mejor 6 peor según los dtas y según lo que se pide, siempre pa- — 127 — candólo mas que medianamente caro, basta el restauran! Duval, instalado en el ángulo de la Escuela mili lar, en un lindísimo y vasto pabellón de madera, en donde se come barato, y se sirven ciertos platos no mal condimentados, y se come por boca, ojos y narices, gracias á lo apreta- dos que están los concurrentes y al olor de manjares di- versos que so percibe allí continuamente. Algunos de estos puestos no se contentan con la sim- ple expendiclon de los manjares y de las bebidas, sino que para atraer mas a! público, los sazonan con música, ya francesa típica, como en la Cervecería Gaste!, ya de opuesto carácter como en el café turco y en la Ttarda tiungara. Mientras en estos últimos saborea el concur*— rente una taza de café ó una copa de vino blanco, ambos sin color, olor, sabor ni sustancia, le recrean los oídos una copla de músicos de Argel que ejecuta una especie de cantilena», no desprovistas de una vaga melodia que llega á cautivar al oyente ó le fuerza á descabezar el sue- no, si no se encuentra bien dispuesto para oír cosas tan ¡jlafaderas; ó le deleita otra copla de tsiganes que en el restaurara búngaro toca con mucho colorido melodías populares de aquella comarca y sonatas origina les desús compositores, mereciendo citarse entre loa ejecutantes un joven músico que valiéndose de una especie de cla- vicordio ó tímpano —que de ambas cosas tiene el instru- mento—produce efectos sumamente agradables y arran- ca todas las larde» entusiastas aplausos. De modo que vista, paladar y oido encuentran satisfacción en las ctt- riosidadet y entretenimientos reunidos en el Concurso in- ternacional de Paris de 1878, en el cual para su mejor éxito se ha tenido muy en cuenta el manoseado precepto Omne tulit punctum qui miscuil utiíc dulcí, que libremente traducido en romance viene á decir: «triunfará quien mezcle lo útil con lo agradable.» Hemos llegado «1finde la jornada. En el curso de la misma hemos apunlado las observaciones que se LOS han ocurrido e indicado mas ó menos abiertamente las ense- ñanzas que de la actual Exposiciou pueden sacarse. ¿Las aprovecharemos los españoles? Ai posten l'arduasentenza. Hoy el que menos corre vuela y los individuos como los Estados lo demuestran elocuüii temen te con BUS hechos. La Exposición de 1851 enserió á Inglaterra que se hallaban atrasadas sus industrias bajo el punto de vista de ¡a for- ma y que la mano de obra irreprochable, su bondad in- trínseca no constituían míiitos bastantes para sacarla triunfante en la lucha con los productos franceses. South Kensinghton nació de allí, y la provechosa influencia quu este museo y sus escuelas han tenido en la industria de la Gran Bretaña empezaron a demostrarlo la» galerías de Wt y han acabalo da hacerlo patente las de 1878. Mu- chas naciones representaban en 186" modestísimo pape! al lado de Francia e Inglaterra; ahora son muchas las que demuestran un progreso evidente y algunas las quu han foméntalo y desarrollado industrias, que aplican a los objetos por ellas fabricados principios sacados déla historia del Arte en todas tai épocas, armonizándolos hábilmente con las necesidades contemporáneas. Italia y Austria-Hungría nos salen fiadoras del aserto. Los fabri- cantes de muebles y ricas tefes de Viena, loe tallistas de Hilan y Florencia, las cristalerías de Venecia alcalizan aplauso asi del artista y del aficionado á las Bellas Artes como del que sin estar iniciado en ellas siente y compren- do cuánto aventaja un obj-to labrado con sentimien- to artístico á otro por tico que sea, que claudique por este lado. No se nota en la Industria una dirección y un estilo determinados, parque carece el siglo xix como hemos dicho, de un estilo propio; adopta el prin- cipio ;« prendí man bien oujc 'i trouve, y encastillado en un sincretismo 0 eclectbmo que siente amor por lodo lo bello de torios las épocas, asi 10mi prestados elementos á la antigüedad griega y romana, como sigue las huellas de los Renacimientos español, francés é ita- liano, é imita á Peisla, Turquía y á todos los pueblo» del Oriente. Esa difusión, esa extensión del buen gusto os un hecho irrebatible. Escasean en la actualidad los pintorrs y es- cultores de gran lem pie, son fn rrducido número en la í>eccion de Bellas Arles los Ileiknmer, Muucacksy y Pra- liiila, no existe un hombre que a semejanza de Rafael de Urbino y de Miguel An>¡el figuren cual planetas, al rede- dor de los cuales giren sus compañeros como satélites del astro; pero en cambio son muchos los pin I ores de todas las naciones diestros en el manejo del pincel, muchos los escultores que saben modelar con regular aciertn un torso y una testa, muchos los arquitecto!' erudium. sabios que de la Iraza de los edificios. Esta difu«i»n misma iie los conocimiento* que desde los que profesan el arle como medio de subsistencia, irradia batía la* personas que por su carácter y estudios mas apartadas han de hallarse de este terreno, ha sido y continúa siendo favorable en alto grado á la industria. Svn numerólos en Francia, Ingla- terra y Alemania los arquitectos y pintores de gran talen- to y de renombro envidiable que se dedican al dibujo artístico-industrial, y que por lo mismo ya constru- yen un palacio ó levantan un templo, ya pintan un cuadro de interesante asunto, ora provecían la deco- ración de un comedor ó gabinete, ora dibujan un mue- ble, únatela 6 un objeto cualquiera de cerámica. De ahí los ventajosos nsu'tarlos obtenidos por aquellas na- ciones y por Italia y Rusia; de ahí el aire de buen gus- — 130 — < producen los trabajos de su Industria á la hábil manera conque han sido colocados y dispuestos, cuidándose a la vez con empeño de apartar de las galerías todos los que pudiesen dar mala Idea de sus artífices, por lo chapucero déla labra y la fealdad marcada de sus líneas. Suiza, verbi- gracia, que se señala en la relojería y en las blondas, ha arreglado con especial cuidado las instalaciones destina- das á estos ramo?, al paso que las naciones septentrionales como Rusia, Suecia y Dinamarca han procurado bacer resallar el mérito de su» pieles, en lo cual se aventajan como ea lógico 4 lodos los pueblos meridionales. Francia é Inglaterra, Austria- Hungría é Italia, no satisfechas con las excelencias que cada ejemplar llevaba en si, han tra- tado de ponerla* de relieve exponiéndolos unas veces rodeados de lapices antiguos, legítimos o imitados, pro- curándoles otras un fondo de una tinta neutra algo ca- liente, y agrupándolo? siempre de manera que pudiesen •er cómodamente examinados desde sus mejores y mas bellos puntos de vista. Pero ¿qué mas, si los Imperios de — 131 — la China y del Japón y los reinos de Parala, Túnez y Mar- rueco.-, con solo seguir las tradiciones de su tierra, rivali- zan con las naciones mas ilustradas (M antiguo y del nuevo continente? Ya dijimos mi la caria esp'cial que los dedicamos el particular encanto é ¡Títere* que aquí lias secciones ofrecen á lodos los visitante! curidsos y estu- diosos, y ahora tolo añadiremos que el Oriente se ha presentado por la vez primera con todas su» galas y con loda,s sus magnificencias en el cerlimen internacional abierto por Francia en 1878. Que España tiene medios para no hacer el desairado papel que representa en las «a- lerias de la Industria en el Campo de Marte, lo saben los lectores del Diario que han visto y examinado las impro- visadas Expo.-teioii.s de Barcelona de 1811 y 18T7 y la regional de Madrid de 1876 ; los que b&n podido notar 6 H mis de una ocasión que si E»paüa esta muy 'éjos lie acor nes que figuran en primera línea en el Campo de Marte, cuerna hoy ya—gracias al movimiento iniciado por algu- nos beneméritos patricios—ai tislae y fabricantes que sa- ben sacar ventajoso partido ch los productos españoles, eligiendo los mejores y colocándolos de modo que se vea hasta qué punto pueden parangonarse con los similares extranjeros y haciendo resaltar las cualidades típicas de aquellos en l > cuales te consvnan todavía rastros de las