De este libro, que no se pondrá en venta, se han tirado 3oo ejemplares. Quedan cumplidas las disposiciones de la ley para los efectos de la pro- piedad. APUNTES ARQUEOLÓGICOS D. FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA OR D E-NADOS POR SALVADOR SANPERE Y MIQUEL publicados por DON JUAN MARTORELL Y PEÑA BARCELONA 1879, APUNTES ARQUEOLÓGICOS DK ü . FRANCISCO xMARTORELL Y PEÑA —-^-^pjxfiff-—* EJEMPLAR DEDICADO AI. GERONA: IMPKKNTA Y LIBRERÍA DE VICENTE DOBCA, 1879. Á MI QUERIDO HERMANO FRANCISCO. Al publicar los manuscritos que tu modestia te im- pidió dar á luz en vida, no me propongo recomendarte al aplauso de tus conciudadanos; estos ya han hecho jus- ticia á tu patriotismo.—Sea este libro tan solo un testi- monio del fraternal cariño que en vida nos unió, y del culto con que guarda tu querida memoria tu hermano JUAN. ( 7) AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE BARCELONA. Extracto de la sesión pública ordinaria celebrada por el Excelentísimo Ayuntamiento constitucional de esta ciudad el dia 22 de Noviem- bre de 1878. Abierta la sesión á las cuatro de la t a r d e , bajo la presidencia del M. I. Sr. Alcalde accidental D. Enrique de Duran, Leyóse acto continuo una comunicación suscrita por D. Juan Mar- torell y Peña, en la que incluía copia de las siguientes cláusulas del testamento de su hermano D. Francisco: «Dejo y lego á la ciudad de Barcelona todas mis colec- ciones de Arqueología é Historia Natural, junto con los mue- bles que las contienen, y todos los libros de mi propiedad particular, escluidos los que proceden de mi difunto padre; y á más la cantidad de ciento veinticinco mil pesetas, bajo las condiciones siguientes: Que atienda la misma ciudad, ó sea el Municipio ó Corporación que la represente, á la buena con- servación de dichos objetos, é inaugure con ellos la creación de un Museo local público y una Biblioteca auxiliar, pública también; y que destine la renta de dicho capital ó la parte de ella que sea necesaria, á la fundación de un premio de veinte mil pesetas el cual deberá ser adjudicado cada cinco años en el dia de San Jorge, patrón de Cataluña, á la mejor obra original de Arqueología española que se presente en el concurso que al efecto deberá organizarse, sea impresa ó ma- nuscrita y de autor español ó estranjero. Serán jueces ó cen- sores en dicho concurso cinco personas idóneas que habrán de elegirse cada quinquenio por el Ayuntamiento ó Corpora- ( 8 ) d o n representativa de la ciudad, bajo la presidencia honora- ria de uno de sus alcaldes ó jefes. Y el sobrante que cubier- to dicho premio restare de la renta de las espresadas ciento veinticinco mil pesetas, quiero que se aplique al aumento de la colección arqueológica contenida en este legado.—Quiero que dicha cantidad de ciento veinticinco mil pesetas que aca- bo de legar, se separe desde luego de mi haber hereditario echando mano del metálico existente y de valores de fácil realización, y que se invierta de común acuerdo entre el Al- calde ó jefe del Municipio de esta ciudad, en representación de la misma, y el que pase á ser poseedor de la casa de Calella, bien sea un individuo de la familia Martorell, en fuerza de la referida sustitución ordenada por mi difunto pa- dre, ó bien una persona estraña, después de estinguida la lí- nea de sustitución fijada en el testamento del mismo; cuya inversión deberá hacerse precisamente en una forma que ofrez- ca todas las garantías compatibles con la legalidad existente en la época respectiva, prefiriéndose en consecuencia la ad- quisición de una finca en nombre de la ciudad de Barcelona, si esto fuese legalmente posible; con el bien entendido de que si en cualquier tiempo, después de adquirida dicha finca, viniese á quedar privada la ciudad ó su Ayuntamiento del derecho de poseerla, bien fuere por causa de desamortización ú otro cualquier concepto, es mi voluntad (y así espresamente lo ordeno) que quede nulo y sin valor ni efecto este legado, tanto respecto del capital de ciento veinticinco mil pesetas, ó sea de la finca con él adquirida, como de mis colecciones y libros; todo lo cual pase al que en aquella fecha fuere posee- dor de la espresada casa paterna de Calella, bien fuere de la familia, ó bien una persona estraña que la hubiese adquiri- do en virtud de compra ú otro título singular, á cuyo fin ordeno, desde ahora para entonces, el correspondiente legado condicional á favor de dicho posesor, haciéndolo estensivo también al caso en que el Ayuntamiento ó Corporación mu- nicipal no cumpliese con las obligaciones que le he impuesto de buena conservación de las colecciones y libros ó fundación y continuación del premio quinquenal que dejo prescrito; en cualquiera de cuyos casos anulo también el presente legado y faculto ampliamente al posesor de dicha casa paterna de Calella para reclamar é incautarse de todas mis colecciones y libros, lo propio que de la finca, valores ó pertenencias ad- quiridas en nombre de la ciudad, con el espresado capital de ciento veinticinco mil pesetas; á cuyo efecto, y para el caso (9) que la ley permita la adquisición á nombre de la ciudad, de alguna finca, quiero que esta se inscriba en el Registro de la Propiedad con las condiciones, limitaciones y causas resciso- rias determinadas en la presente y anteriores cláusulas refe- rentes al legado de que se trata. Y en el caso de que no fuese posible por la legislación vigente en la época respectiva la adquisición de un inmueble, dispongo que el referido ca- pital objeto de este legado, se emplee en papel del Estado, convirtiéndolo en una inscripción intransferible de la Deuda pública á nombre de la ciudad ó su Ayuntamiento, á fin de asegurar la conservación de dicho capital y garantir el cum- plimiento de las obligaciones que dejo prescritas, las cuales deberán al efecto hacerse constar en dicha inscripción.—Pre- vengo también espresamente que si mis albaceas arriba nom- brados, por causas ó razones fundadas, las cuales dejo á su absoluta discreción, considerasen conveniente retardar el cum- plimiento de los precedentes legados hechos á favor de la ciudad, podrán aplazarlos por diez años contaderos desde la fecha de la publicación de mi testamento; pero en tal caso deberán en primer lugar cuidar durante dicho período de la buena conservación de los mencionados libros y colecciones; y en segundo lugar deberán separar desde luego de mi cuer- po hereditario, en efectivo ó en valores de fácil realización, el referido capital de ciento veinticinco mil pesetas para inver- tirlo de un modo conveniente y asegurar por este medio el cumplimiento á su tiempo de los repetidos legados.» El señor presidente tomó la palabra y dijo que la lectura del re- ferido documento demostraba la manera delicada, noble y generosa con que el señor don Francisco Martorell y Peña habia querido do- tar de un gran beneficio á Barcelona. Que un acto de semejante na- turaleza no necesitaba de encomios, siendo inútil encarecer lo que significa para la Ciudad. Que el consignar simplemente la gratitud del Ayuntamiento en representación de la capital, fuera cosa pequeña para corresponder dignamente á tal prueba de estima, y por lo mis- mo creía necesaria una inmediata resolución que patentizara el agra- decimiento de Barcelona al último recuerdo que le dedicó uno de sus buenos hijos, y opinaba que era menester, sin perjuicio de los ulte- riores acuerdos, evidenciar de una manera indeleble la gratitud y con- sideración que esta ciudad tributa al señor don Francisco Martorell y Peña, lo cual podria lograrse conmemorando su nombre en la forma más ostentosa posible en el punto donde se levante el Museo que vendrá á iniciarse con su legado, y que enriquecerán sin duda otros ( ió ) hijos de Barcelona, insiguiendo el ejemplo dado por el señor Marto- rell. El señor Camp y Sala dijo que se adheria con entusiasmo á las manifestaciones del señor presidente y creía que á ellas se adherian igualmente todos los señores concejales. Que en el Museo deberia consignarse el nombre del señor Martorell como fundador del mismo pues constituirá un ejemplo levantadísimo de amor á la localidad que habrá de producir dias de gloria para las Ciencias y las Letras de Barcelona, y concluyó pidiendo que, sin perjuicio de los acuerdos de- finitivos que tomara la comisión correspondiente á su debido tiempo, se dirigiese una comunicación á la familia del finado significándole la inmensa gratitud del Municipio, y que se acordase desde luego co- locar en el Museo, que habia de levantarse, una lápida conmemorati- va declarando fundador del mismo al señor Martorell y Peña, así co- mo también un busto retrato de dicho señor. El señor Cusachs se asoció á lo manifestado y propuesto por los señores presidente y Camps y Sala, y pidió que declarándose urgen- te la proposición, se discutiera y votara en el acto. Hecha la oportuna pregunta y resuelta afirmativamente por el con- sistorio, fué aprobada por unanimidad y sin debate la proposición en los términos últimamente formulados por el señor Camps y Sala, re- solviéndose que la comunicación del señor Martorell, origen del espe- diente, pase á la comisión 2.a Sesión del martes 17 de Diciembre. Dióse cuenta del dictamen de la Comisión proponiendo que se construya en el Parque un Museo de Historia natural y Mineralogia que lleve por nombre el de Museo Martorell, y fué aprobado el dic- tamen y el proyecto presentado, por unanimidad. < II) ASSOCIACIÓ CATALANA D' E X C U R S I O N S . Necrología de D . FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA, llegida en la vetllada literaria dedicada als catalans il·lustres morts durant ï any 1878. (1) EXCEL·LENTÍSSIM SENYOR; IL-LUSTRÍSSIM SENYOR; SENYORS: L honrarme la Junta Directiva de la Associació catalana A d' excursions comissionantme per escriurer la necrología del distingit y malaguanyat catalanista D. Francisco Mar- torell y Peña, m' imposà un deber molt per sobre de mas ïorsas, ja que no de ma voluntat. Mes aquesta decisió de la Junta 'm proporcionà un medi per pagar mon pobre tribut á la memoria de tant bon patrici y á la amistat que 'm professà. Essent aquest de- ber per mi baix tants conceptes inexcusable, no he pogut de cap ma- nera deixar d' acceptar 1' encárrech que se 'm confià. Explicats tais antecedents, no dubto que 'm faré acreedor á la vostra benevolencia Quant u n home consagra u n a gran part de la activitat de sa vi- da á un ordre de trevalls que han de passar á ésser patrimoni de tots; quant aqueixos trevalls costan grans sacrificis, molts disgustos, y no reportan cap benefici material al que s' hi dedica; quant van (1) En dita vetllada, com en la que celebrà 1 Ateneo Barcelonés, estavan presents las autoritats de totas classes de Parcelona, y los representants de varias c, rporacionj científicas y literarias. ( 12 ) encaminats á enaltir lo que té de mes noble y mes admirable nostra naturalesa, se fa sens dubte digne del respecte y del agrahiment dels deme's. Y molt deu pujar de punt aquesta gratitut, quant los deixa tots de manera que pugan servir lo mes directament possible pera '1 prorit de sos semblants, proporciona medis pera son cultiu y desen- rotllament, y 'Is deixa á son pais que n' está complertament necessitat Això ha fet nostre malaguanyat catalanista En Martorell, donant un noble exemple que deuria imitar tot aquell que 's troves en con- dicions análogas y "s precies d' aymador de son pais. Avans- de ressenyar ab pocas paraulas los trevalls á que tan profi- tosament se dedicà, dech consignar d' un modo especial son tracte afa- ble y sa extrema amabilitat. T o t s los que havian tingut 1' honor de relacionara, y sobre tot los que molt sovint tenian d' apel-lar á son auxili per consultar mil dubtes que sempre's presentan en los estudis eientírichs, sortian eomplascuts de son bon aculliment. No era per éll una molestia, sino mes bé un moment agradable, '1 poguer donar sa valiosa opinió y posar á disposició del que li consultava, sas col- leccions y sas obras, facilitant aixís d' una manera extraordinaria 'Is estudis á aquells que dedicarse volian á las brancas dels coneixements que ab predilecció á éll 1' havian ocupat. Y are diré de pas que sols d' aquesta manera penosa, abusant de 1' amabilitat dels particulars, desprès de haver tingut de buscar medis per relacionarshi, es com poden ferse 'Is estudis científichs en los punts ahont, com en nostra capital, no existeixen museus d' aquesta classe. Don Francisco Martorell y Peña nasqué en Barcelona '1 dia 19 de Novembre de 1822. Molt coneguda es sa distingida familia en lo cò- rners de nostra capital y no son menys coneguts alguns de sos indi- viduos per los serveys qu' están fent á 1' Historia natural de Catalu- nya. Nos limitarem á indicar tant sols qu' havia exercit la professió del còrners y que fou propietari en los 12 últims anys de sa vida, y passarem á ocuparnos de sos trevalls de malacología y d' arqueología, que d' una manera especial interessan al pais per lo qual tant carinyo havia sempre demostrat. Los primers estudis á que se dedica foren los d' Historia natural, essent la malacologia la branca de aqueixa ciencia que mes li inte- ressà, y en 1' any 1854 comensá á formar sa molt notable col-Iecció. Ningú duptará un sol moment dels atractius que tenen tal classe de coneixements, no ja baix lo punt de vista de bellesa, sino baix lo mes important de la veritat; no en va posa un autor antich per tí- tol á una obra de conquiliología, «Recreatio mentis et ociilorum,» per- qué desde 1' instant que I s coneixements dels sers naturals se concre- lin solsàment á la enumeració dels objectes y que 's considerin sens tenir en compte las relacions que mantenen uns ab altres, sens dedu- ( i3) hirne las lleys á qu' están subjectes, ab una paraula, sens que servei- xin per la investigació de la veritat, fi al qual s' encaminan tots los esforsos de las ciencias, la Historia natural no podrá figurar en lo nú- mero de aquestas. Fou tanta V activitat que desplegà 'N Martorell, que arriba á reu- nir una col-lecció, segons veurem al ocupárnose 'n, de unas 6.000 es- pecies, això es, una de las mes importants qu' existeixen en Barcelona. Molt 1' auxiliaren pera fer u n aplech tant notable sos viatjes y las relacions que tingué ab numerosos y cèlebres naturalistas, entre 'Is quals figuran Mr. Cuming, possehedor d' una de las millors col·leccions qu' existeixen, Mr. Bourguignat, Mr. Crosse y '1 doctor Hidalgo, ha- ventli dedicat aquest senyor un acéfalo, la Modiola Martorelli, de la costa de Valencia, y Mr. Bourguignat un gasterópodo terrestre, 1' Hè- lix Martorelli, que 's troba en lo Desert de Sarria, y un altre fluviá- til, la Lymnaza Martorelli, de 1' estany de Banyolas. La Societat Malacológica dels Pirineus Orientals, en vista de lo molt que 'N Martorell havia fet per aquest ram de la Historia natural, 1 admeté en 1872 com á soci honorari. * En 1864 comensá la col-lecció arqueológica, y fou tant lo que 1' anaren interessant los estudis que á la Arqueología 's refereixen, que 'n los últims anys de sa vida s' hi dedica ab entussiasme, segons se fa evident en sas disposicions testamentarias. Y * compren, dat 1' atrac- S tiu y la gran importancia dels estudis d' Arqueología, ja que, segons u n autor, «d' ella 's poden treure 'Is usos, costums y opinions fent- «nos viurer entre mitj dels antichs, ressucitant son estat social, ab sas «armas, vestits, espectacles, cerimonias, ritos religiosos, funerals, bo- «das, convits, habitacions, adornos; donan una forma determinada á «las imatges que s' ha creat 1' esperit, á las ideas qu' ha tret de la «lectura; ompla vuits á n' els textes; suministra á la interpretació in- «esperats medis de crítica 'na introduheix en temps que no tenen «cap monument literari.» Figura entre 'Is objectes per ell reunits una col-lecció 'numismáti- ca. No podia menys de possehir, ja que tant serveixen per los estu- dis arqueológichs, aquestos monuments als quals tant deu la Historia, aquestos monuments ahont se perpetúan grans fets, retratos de perso- natjes, vistas d' edificis, caràcters usats en certas épocas, que á mes d' esser de una materia que pot resistir per temps indefinit á la guer- ra que li tenen declarada 'Is anys que no deixan estar may res en repòs, reuneixen una altra ventatja que 'Is fa superiors als demés; la de que n' existeixen molts exemplars. Mes no 's contenta solament ab aqueixos trevalls: en 1868 empren- gué 'Is estudis d' Arqueología prehistórica, d' aquesta ciencia que pot ser será destinada á resoldrer problemas de la mes alta trascendencia, 2 ( 14) mes que avuy dia porta tant divididas las opinions dels que s' hi de- dican, encare que de tots modos pot considerarse com lo Has de unió entre 'Is estudis histórichs y I s naturals. E n 1868 va fer u n viatge á la isla de Cerdenya. De gran interés era per son objecte lo visitar los Nurhages qu' existeixen á mils en aque- lla isla, aquestos monuments tant particulars que no tenen cap sem- blansa ab los que d' altres punts se coneixen y que no hi ha avuy dia cap raig de llum que puga guiarnos per la investigació de son origen y de 1' objecte á qu' eran destinats. Allí reculli E n Martorell gran abundancia de notas que poden esser de gran interés per 1' es- tudi dels monuments histórichs de que tant rica n' es la Isla. Desprès recorregué tota la Italia, aquest pais interessant baix t a n t s conceptes, ahont tingué ocasió de recullir gran nombre de datos y d' objectes per enriquir sas col-leccions. Visita la Bélgica en 1869, y aquest viatge va esser de gran inte- rés sobre tot per la numismática espanyola. En 1870 recorregué la Es- panya y Portugal ahont tingué ocasió d' enriquir notablement sas col-leccions de monedas y de moluscos, ja ab los objectes recullits per ell, ja ab los que 1' hi proporcionaren los cambis verificats ab altres col-leccionistas. L' any inmediat de 1871, recorregué novament la Espanya y reculli alguns objectes d' arqueología prehistórica. Havia també estat en la isla de Menorca, ahont visita 'ls Talayots, aquestos monuments bilítichs tant incomplertament descrits, y deis quals fins avuy dia no se 'n coneix cap estudi serio. Una excursió en 1875 y una altra en 1876 verifica en Alcudia, en la isla de Mallorca, ab 1' objecte d' estudiar lo teatro qu' existeix en lo camp conegut ab lo nom de Santana. Allí prengué sobre '1 terre- no alguns croquis que 1' hi serviren per escriurer una memoria que hauria publicat si no 1' hagués la mort sorprès mentres s' ocupava en portar á efecte aquest important trevall. Figuran en sa col-lecció arqueológica, á mes de alguns objectes de cerámica romana, molts altres trovats en la necrópolis de T a r r o s en la isla de Cerdenya; son notables també 'ls procedents d' un Talayot de la isla de Mallorca que está situat en lo camí que conduheix de Pollensa á Alcudia. Son important aplech numismátich lo forman casi exclusivament monedas qu' interessan á la arqueologia d' Espanya. Aixis es que n' hi figuran moltas d' Ibéricas y de las diferentas series espanyolas. No hi ha perqué dir que las monedas aragonesas y catalanas constituheixen una de las parts mes predilectas de sa col-lecció ja que com á bon catalanista debia interessarli en gran manera tot lo que 's referia al pais que '1 veijé nàixer. Molt notables son alguns exemplars inèdits de Catalunya, y sobre tot, un de Ausona, qu' es 1' únich que 's coneix. (15) En sos viatjes reculli varias monedas de mérit entre las quals fi- gura una bona col-lecció de la isla de Cerdenya, algunas de las pro- vincias d' Italia en la época que pertanyian al domini espanyol, y moltas y notables dels Paissos Baixos, de la época també en que la nació espanyola havia estés allí son poder. Molt importants, variats y numerosos son los objectes de Arqueo- logía prehistórica qu' En Martorell havia reunit. E n t r e ells citarem la rica col-lecció de llansas, ganivets y altres instruments de sílex trovats en Campbarbet-Muy y en Montguillain, en lo departament fran- cés de 1' Oise; en Almadén y en San Isidro del Campo. Y ara diguem quatre paraulas respecte á sa notabilíssima col-lec- ció conquiliológica, ja que, com havem dit, la conquiliología es lo ram de la zoología á que casi exclusivament s' havia dedicat. Per arrivar á reunir un gran nombre d' especies d' Historia natural en un pais en qu' está tant atrassada aquesta ciencia y ahont tant pochs son los que se n' ocupan, no hi ha dubte que 's necessita una verdadera vo- cació. Sols aquells qu' han fet en Barcelona tal classe de trevalls po- den formarse una idea de la gran dificultat que hi ha en reunir una col-lecció de 6.000 especies de moluscos, qu' es lo número aproximat dels que possehia E n Martorell. Lo recullir las del pais en numerosos exemplars, lo proporcionarse duplicats d' altras regions, estableixe cam- bis, adquirir corresponsals, lo freqüent extravío de las remesas, supo- san un gasto de temps y de paciencia extraordinaris. Recordo que va- rias vegadas m' havia dit al parlarli de lo que debia haver trevallat per reunir tant numerosa col-lecció que «mil especies son molt fàcils «de reunir; que 's comensan á trovar las dificultats quant s' arriba á «2000, y que d' aquest número en amunt lo trevall d' anarlas adqui- «rint aumenta ab una gran proporció.» Mes aquest aplech conquiliológich no es sols important per lo nú- meros. Las relacions d' E n Martorell ab distingits malacozoólechs li proporcionaren un gran nombre d' especies que tenen lo mérit d' es- ser determinadas per ells y de moltas de las quals son autors. T a l condició las fá indisputablement d' un valor inapreciable, per quant no hi ha cap género de dupte respecte de sa bona classificació, servint aixis d' excel·lents tipos per comparar. Se distingeix ademés sa col-lecció per la minuciositat ab qu' están expressadas las localitats de molts moluscos, lo qual contribueix no poch á la exactitut en la determinació dels mateixos y dels que s' hi comparan. Me havia dit alguna vegada parlant sobre aquest particu- lar, que tota especie que no anés acompanyada ab la indicació de sa localitat precisa, perdia en son concepte una gran part de son valor. No es menys recomanable la bona conservació dels exemplars, en casi tots los quals s' hi poden estudiar los mes petits detalls, los mes ( 16) amagats caràcters. T a l circunstancia es sumament útil, ja que serveix per la bona classificació de la especie y facilita la de aquellas que s' hi comparan. Molt ben representats tenia lo numerés genero Cyprcea y 1' ele- gant genero Mitra. Los Pneumonopomáceos, que tant se distingeixen per sa delicadíssima y variada estructura, figuran en son aplech en una gran proporció, ja que havia tingut un empenyo en reunirne lo mes gran nombre possible. No hi ha perquè dir que 'Is moluscos terrestres, d' aigua dolsa y marítims de Catalunya representan una de las notabilitats de la col- lecció, puig com á bon catalanista, no podia menys E n Martorell de dedicarhi sos afanys d' una manera especial. La major part de las es- pecies recullidas per éll, 1' Helix Martorelli de Sarrià (de Barcelona) y la Ljnnncea Martorelli de Banyolas que, segons he dit, li dedicà 'l sabi naturalista Mr. Bourguignat, donan molt valor á n' aquesta part interessant de sos trevalls. Notable per demés es la sèrie que possehia dels moluscos de Ma- dera, ahont s' hi vehuen representadas casi per una totalitat las n u - merosas especies que d' allí 's trovan descritas. Poch li falta també per ésser complerta á la col-lecció de 1' Isla de Cuba, de aquesta An- tilla que posseheix potser la fauna malacológica mes rica, variada y de formas mes elegants y capritxosas de tot lo mon; y tant e^s aixis, que, segons E n Felip Poey de la Habana, '1 Dr. Lluis Pfeiffer, príncep de la Malacologia moderna, escrigué que «quant va rebrer las especies «de la «Vuelta de Abajo» que posavan en sa col-lecció 'Is desitjats ti- «pos Orbignyans y Moreletians, havia sigut lo dia mes felis de sa vi- «da.» Las numerosíssimas especies de la brillant é interminable fauna de las Filipinas representan altre dels papers mes importants de son aplech, y las raras y típicas formas Australianas, sobre tot per lo que respecta á conquillas terrestres, figuran allí en una proporció molt no- table. Arribaría á ferme pesat si tingués d' enumerar y donar una idea de las especies que possehia de las Islas Sandwich, de la China, de la India, de diferents punts del N. y S. d' América y d' África, en una paraula, de las regions mes llunyanas y poch exploradas, d' ahont es tant difícil poderse proporcionar los objectes naturals. Basta y sobra ab lo dit per veure la molta activitat que degué des- plegar per poder reunir unas tant notables col-leccions. A tais trevalls s' estava dedicant ab entussiasme, per lo qual podia esperarse d' ell molt mes encare, puig que contaba tant sols 56 anys d' edat, si s' hagués prolongat sa laboriosa vida. Mes per desgracia una mort casi repentina, ocorreguda en Barcelona lo 9 de Novembre d' enguany, vingué á sorpendre '1, privant de son valiós concurs al ( 17) desenrotllament de la Ciencia per la qual tant carinyo havia demos- trat. No transcorregueren molts dias, desprès del de sa mort, sense que 's fes pública y qu' excités 1' entussiasme de tots aquells qu' estiman los adelantos de la Ciencia y 1 bon nom del pais, la noticia de sas disposicions testamentarias, en las que hi há un llegat d' un gran in- terés sobre tot per Barcelona, y que prova de la manera mes patent 1' extraordinari carinyo que 'N Martorell tenia á la terra que '1 veijé nàixer. E n la sessió que celebra 1' Ajuntament lo dia 22 de Novembre, se llegiren per lo Sr. Secretari d' aquella corporació las cláusulas del tes- t a m e n t , que transcrich á continuació: Véase página 7. Que aquest llegat ha respost á una de las mes apremiants necessi- tats de Barcelona, no hi há cap género de dupte. Los estudis arqueo- lógichs y naturals son d' un gran interés, més encara, son indispensa- bles, per aquells pobles que desitjan no anar molt enderrera en lo camí de la civilisació; res ho demostra tant com los museus y biblio- tecas auxiliars que posseheixen gran número de poblacions de 1' es- tranger, moltas d' ellas no tant importants com la nostra. Allí troban tots los que volen dedicarse á trevalls d' aquesta classe, medis pode- rosos que 'ls auxilian; allí s' instruheixen moltas personas que no d' altra manera se farian cárrech de la gran importancia que tenen aques- tos estudis; allí acostuman á conèixer la utilitat dels mateixos á molts d' aquells que avuy dia, quant la casualitat los conduheix á visitar una col-lecció particular, dihuen moltas vegadas: «pera que serveix això?», pregunta que dona lloch á las mes tristas consideracions. Los efectes que produheix 1' examen d' un museu, los haurà expe- rimentat tot aquell que 'Is haji visitat ab alguna atenció. Jo recordo 'ls que 'm produhiren las visitas al museo de Bulaq, en lo Cairo, ahont hi han atesoradas tantas riquesas de la interessant historia de V Egipte; y verdaderament, aixis com lo trepitjar lo terreno d' un pais pot donarne mes idea que lo que se 'n llegeixi y veji pin- tat, de la mateixa manera la vista d' aquellas momias de personatjes, d' ibis, d' esparvers, de cocodrilos, tant detalladament descritas en las obras, las estatuas de divinitats, los vasos, miralls, fragments de mo- bles, escarabats religiosos, sceptres y emblemas de las divinitats, llan- tias y tants altres objectes, precisan mes y mes los coneixements ad- quirits, donant lloch á estudis cada volta mes complerts. ¿Qui será que visiti '1 Museo Nazionale de Nàpols, ahont tanta abundancia hi há de pinturas, estatuas, utensilis, papyrus y moltas altras preciosi- tats arqueológicas trovadas en Pompeya y Herculano; ahont s' hi veu una de las millors col·leccions de vasos qu' existeixen; ahont s' hi ad- ( 18 ) mira '1 famós grupo del T o r o Farnesi, y '1 no menys célebre Hércu- les Farnesi, que no 'n surti ab ideas mes precisas de las adquiridas avans de véurer'l, que no se 'n porti mes coneixements dels que te- nia avans d' entrarhi, que no hi trobi materia llarga d' estudi? Si necessitat imperiosa es la dels museus arqueológichs, ¿qué dirém deis d' Historia natural? Molt degué tenir en compte E n Martorell al fer un tant bon llegat á la ciutat de Barcelona, las vegadas que vo- lia comparar alguna de las moltíssimas especies duptosas y 's trovava sens saber ahont recorrer, tenint que apel-lar en últim cas al auxili de sos corresponsals. ¿Com se esplica que hi haji qui 's dediqui als estudis d' una ciencia que, sobre tot avuy dia, ha adquirit una tant gran importancia, si no 's posseheixen medis, ó ha d' ésser de una difi- cultat extrema 1 proporcionárseos? ¿Com será possible trevallar en pro- fit de la Historia natural del pais, si cada hu, com aquell qui diu, ha de comensarne de cap y de nou los estudis? ¿Qui duptará un sol moment que trevalls d' aquesta naturalesa, que son aqui poch menys qu' impossibles, hi ha moltíssima mes possibilitat de ferlos en las po- blacions ahont existeixen museus públichs d' Historia natural? Basta ab lo exposat per donar una lleugera idea de las grans ven- tatjas que reportan los museus públichs y de la moltíssima falta que fan en una ciutat de la importancia de Barcelona. Lo llegat de 'n Martorell ha vingut donchs á donar un impuls poderos á la realisació del plan que hi havia de ferne un en lo lloch ahont existeixen avuy encara 'Is quartels de la Ciutadela, donant aixís un motiu d' agrahiment á tots aquells que de cor s' interessan per lo bon n o m de nostra hermosa Ciutat y per la il-lustració de sos habitants. Nostra Corporació municipal, inspirada en tais ideas, ha tingut 1' acert de perpetuar la memoria d' aquest fet; en sessió de 17 del cor- rent aprobá la construcció del Museu ab arreglo al projecte presen- tat y acordà que portés lo nom de Museo Martorell en conmemora- d o del n o m de son fundador. A mes de sas col-leccions llega 'N Martorell las obras per ell ad- quiridas que forman part de sa notable biblioteca. La falta de llibres y publicacions ahont poguer estudiar tots los coneixements dels dife- rents autors y las opinions qu' aquestos han emitit, sens lo qual u n no coneix los parers y molt menys sab á quin deu atendrer's ó be si deu formarsen u n de propi, es sens dupte la principal dificultat ab que deu topar tot aquell que aqui 's dedica á estudis de la naturale- sa del que 'ns ocupa. ¿Quin particular podrá adquirir, per exemple, totas las mils obras que sobre malacología s' han publicat, ates la ra- resa de moltas d' ellas per una part, y per altre lo gran cost que su- posan, ja pe'l trevall que representan dels autors, ja per lo esmero en la execució de las láminas? ¿Com poder dir si una especie que 's tro- ( 19) va en lo pais ha sigut descrita, si no 's té lo que sobre 1 particular s' ha publicat? No hi ha dupte donchs, de que al disposar En Martorell de sos llibres perqué serveixin com á element auxiliar del Museu crea 1 núcleo d' una biblioteca indispensable sense la qual no 's pot ab profit donar un sol pas. Y are crech oportú '1 fer una objecció á una idea qu' encare qu' emitida particularment, podria tenir una desastrosa influencia, quant se disposi '1 planteig d' aquesta biblioteca, ja qu' es la opinió d' una persona competentíssima en la materia y no dupto que pot esser con- sultada respecte del particular. Recordo un dia, demanantli un amich lo parer de si convindria la adquisició d' algunas obras antigás d' His- toria natural per la nostra Biblioteca universitaria, respongué que no, perqué fora un gasto inútil, ja que la ciencia va engrandint son camp cada vegada mes, té necessitat de fer novas separacions y per lo tant las obras antigás quedan arreconadas y no donan cap utilitat. Supo- sem que fos aixís: llavors nos trovariam sempre esperant las que po- guessen sortir, y ben segur que no fora aquest un bon medi pera fer los estudis convenients. Mes no es sols això; ¿com se podria fallar de las cuestions que sempre hi ha respecte á la determinació de moltas especies, sino anant á veurer com son autor las ha descritas y las ra- hons en que 's funda per crearlas? Nos trovem á cada pas en que lo qu' un considera com una varietat 1' altre ho té com una especie y un tercer ho posa en la sinonimia; lo que aquells miran com á for- mas qu' arrencan d' un sol núcleo y ho tenen sols per derivacions d' ell, altres ho admeten com á especies ben caracterisadas. Ab aquestas vacil·lacions ab que 's trova la Historia natural, no hi queda altre re- curs qu' estar provehit de tots I s medis per saber á que aténdrer s. ¿Que las obras antigás d' Historia no serveixen? ¿Quin es 1' autor que no consulta, no diré á Linneo, ni á Lamarck, sino fins á Plini y al mateix Aristóteles, en una paraula, á tots los que s' han ocupat mes ó menys directament de lo que ell vol tractar? ¿Com es que Mr. Mo- quin-Tandon en una de las millors obras de Malacologia que s' han escrit, porta en la bibliografia una llista de mes de mil obras, y '1 Dr. Hidalgo en son Catalogo iconográfico y descriptivo de los molus- cos terrestres de España, Portugal y las Baleares hi té una nota d' autors consultats que 1' hi ocupa 174 planas? Ab lo exposat pot veu- rer's de sobras lo equivocada qu' es la opinió de que no serveixen las obras antigás d' Historia natural, y lo molt acertat de la disposició d' En Martorell respecte á la idea de la biblioteca auxiliar del Museu. No 's contenta nostre malaguanyat compatrici ab deixar elements que facilitessin 1' estudi de la Arqueología y de la Historia n a t u r a l . Volgué ademes crear un poderós estímul perquè 's trevalli en profit dels adelantos d' una de las importantíssimas brancas dels coneixe- í 20) ments á qu' ell se dedicava y ab tal objecte fundà '1 premi quinque- nal de 20.000 pessetas, que deu adjudicarse á la millor obra d' Ar- queología espanyola que 's presenti al concurs que al efecte se orga- nisará. Lo bon resultat que dónan aquestos premis es per demés ponderarlo: 'Is fets demostran quantas y quant bonàs obras existeixen degudas á tal procediment, y no dupto que 'Is estudis d' arqueologia d* Espanya tindran ab lo llegat d' E n Martorell un gran medi de ade- lanto. Es molt de notar la voluntat expressament manifestada de que '1 dia de 1' adjudicació del premi quinquenal ha d' ésser precisament lo de Sant Jordi, patró de nostra benvolguda terra, ab lo qual demostra una volta mes son extrem amor á Catalunya. No priva això que pu- gan concorrer al premi 'Is estrangers, puig que, segons una hermo- sa frase de 'n Poey, «la ciencia es cosmopolita.» ¿Per qué no ha d' estar agrahit lo pais al estranger que fa trevalls que ben mirat re- portan un benefici al pais mateix? E n nostre concepte, tant amor pa- tri manifestà 'N Martorell ab aquesta disposició, com ab los actes en que mes carinyo habia demostrat á sa terra. Al cap d' avall, lo que 's desitja son bonàs obras d' Arqueologia espanyola. Molt be deu merèixer donchs, per la creació d' aquest premi nos- tre distingit Catalanista, de tots los que desitjem 1' adelanto dels co- neixements en nostra patria; de tots los que 'ns interesém perquè bri- lli al costat de las que figuran en primer terme en lo progrés cien- tífich. Vol endemés que '1 sobrant de la renta de las ia5.ooo pessetas, pagat lo premi quinquenal, s' apliqui al aument de la col-lecció ar- queológica continguda en son llegat, ab lo qual acaba de fer evident lo molt que 1' hi interessaba aquesta branca importantíssima dels co- neixements. Molt poderós es 1' auxili que, com á particular, dóna ab aquesta part de la renta, perquè dins pochs anys tinguem en nostra capital una rica col-lecció arqueológica; puig no dupto que tant bon exemple servirá en gran manera á corporacions y á particulars perquè contribueixin per sa part á fer lo Museu digne de la importancia d' aquesta ciutat. La pèrdua d' un home que deixa tant bona memoria de son pas per la terra; d' un home tant útil á la ciencia y aymador de son pais al qual llega lo fruit de sos trevalls científichs y un capital au- xiliar per 1' increment dels mateixos ¿com no será sentida per tots? Gracias á son poderós concurs, Barcelona tindrà una de las joyas que mes falta li feyan, una de las mes ricas qu' en nostre sigle pot os- tentar, una d' aquellas que mostran ab orgull las poblacions que fi- guran al cap de la civilisació. Tots los que tocarán en lo successiu las utilitats d' aquest llegat, ( 21 ) tots los que veurán que 'Is fills de Catalunya son considerats pels de las nacions mes adelantadas y que 's fan un lloch honrés entre ells, no podrán menys de consagrar un agradable recort á aquell que tant poderosament influhí en portar á cap una obra que actualment es d' una necessitat imperiosa. Gracias al amor que á son pais tenia 'N Martorell podrem acudir, no á contemplar ab gran disgust un tem- ple erigit per Marte, á pesar nostre,—no á mirar aquellas bocas de bronze que 'ns amenassavan sempre ab sos vòmits de foch y de ferro, no á veurer un objecte degradant, indigne de la humanitat; sino á admirar sobre sas ruinas un altre temple erigit per Minerva, que 'ns exten carinyosa 'Is brassos y 'ns obra las fonts de la sabiduría, col- locantnos en lo lloch que com á homens nos correspon: al cap de munt de la escala de la Creació. H E DIT. ARTUR BOFILL. 3 ( 33 ) ATENEO BARCELONÉS. Velada artístico-literaria dedicada por dicho Centro d la memoria del que fué uno de sus socios, D. FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA, y celebrada el sábado 22 de Mar^o de 1879. DISCURSO DEL V I C E P R E S I D E N T E . SEÑORES: L considerar bajo un punto de vista general la maravillosa A variedad de seres vivos que pueblan, animan, adornan y distinguen la superficie feraz y accidentada del mundo er- rante en cuyo hogar vivimos, vemos, con tanta claridad como sorpresa, que cada ser viviente, en el momento mis- mo en que por fenómeno misterioso es engendrado, recibe una canti- dad de vida tal, con tal impulso, que viene á ser análoga á la que en su dia sus padres recibieron, y á la que deberá trasmitir integra- mente á cuantos hijos á su vez él engendrare. Todos bajo este con- cepto, al nacer, somos iguales; todos venimos al mundo con un capi- tal de vida análogo; todos poseemos parecidas energías; todos comen- zamos bajo idénticos auspicios. Pero, de esta cantidad de vida determinada y fija en cada ser, podemos á nuestro antojo disponer como queramos; y téngase presen- te que como poder no es deber, no viene por esta afirmación legiti- mado ningún desorden, ningún desacato, ni atentado alguno contra el uso regular y procedente de las armónicas potencias que durante nuestra vida nos animan. De ahí, Señores, procede y se origina que la voluntad , libre y se- ñora en el elevado imperio de nuestra vida intelectual, hace del hom- bre lo que el hombre quiere: elévale á las nubes ó le arrastra á los abismos; hácele estimable ó censurable, le proporciona goces ó le acar- (24) rea sufrimientos. La voluntad, Señores, nácele gastar ó ahorrar su vida; ya que el capital que en el momento mismo de su nacimiento recibiera, se halla á su disposición á todo instante; y asi precipitán- dose lo puede derrochar en pocos dias, como cautelosamente retenién- dolo, lo puede hacer durar por largos años. Mal estamos los que en este momento histórico vivimos, para com- prender la vida, ociosa é inútilmente prolongada: ante la inusitada actividad que nos rodea, oscilantes entre el error y la verdad, frente á frente á tanta pregunta sin respuesta, en vista de tanto problema sin presumible solución, arrebatados por deseos imposibles, vislumbran- do regiones inhallables fatigamos las potencias que nos rigen y agotamos las pocas fuerzas que nos restan, gastando nuestra vida, ex- tenuando nuestra pobre inteligencia, siempre impulsados por la pode- rosa energía de nuestra propia voluntad constantemente dirigida hacia un objetivo misterioso é incomprensible. ¡Ideal de nuestro espíritu que se aleja tanto más de la mirada, en cuanto más caminamos y avan- zamos hacia el intrincadísimo sendero del deseado progreso intelec- tual! ¡Cuántos esfuerzos en la nulidad extinguidos, cuántas esperanzas en la decepción desvanecidas , cuántas aspiraciones en un caos de dudas deshechas y borradas; cuántos intentos fracasados, cuántos en- sayos infructuosos, cuántos trabajos perdidos, cuántas fuerzas agota- das en las misteriosas regiones del progreso! ¡Cuántas voluntades, cuántas inteligencias, cuántas vidas ha consumido la conquista más sencilla! ¡Ah, noble fin, mira espontánea, anhelo indescriptible, el fin, la mira y el anhelo únicamente dirigidos hacia el bien de los demás, con sacrificio eterno de la propia vida! Tal es, Señores, la vida del filósofo, tal la del literato, tal la del artista, tal la del sabio en cualquiera de las ciencias. Trabajos penosísimos, jamás al provecho propio encaminados y siem- pre al bien de los otros conducidos. La vida humana considerada en sí sola, es pobre vida: desgraciado de quien en una nulidad egoística se encierra. Inútil para todos, con- viértese en parásito que á nadie, ni aún á sí propio, podrá servir ja- más de algun provecho. El hombre, viajero errante en una esfera también errante en el espacio; punto en otro punto; nada en otra nada si á la inmensidad de los abismos y á la infinidad de los mundos uno y otra se com- paran; el hombre, ser finito, perdido en la inmensidad de océanos sin fin; imperfecto, ante una inconcebible perfección; contingente, ante una incomprensible causa necesaria; relativo, ante un poder imperece- dero y absoluto: el hombre finito, imperfecto, contingente, relativo, viérase aislado, contemplárase formado sin motivo ni razón, admira- (25 ) rase de su propia mezquindad y contingencia, si no se considerase necesario, útil, provechoso, indispensable, para los hombres todos que por todas partes le siguen, le preceden y rodean. La vida en el hombre propio es poca cosa: esta vida considerada moralmente, ofrécenos dos fases completamente distintas entre sí. La primera, representada bajo el punto de vista fisiológico por el creci- miento, desarrollo y estacionabilidad perfecta del hombre material, es una vida de esperanzas: la segunda que lo está en igual sentido por el desmoronamiento paulatino del edificio humano tan trabajosamente levantado, lo es únicamente de recuerdos. El período de realidad no existe, ya que la una espera este período que jamás ha de llegar, y la otra deplora su pérdida, siendo así que jamás habrá existido. T a l es, Señores, la existencia; tales son los efímeros goces que de- seamos; tales son los pasajeros males que tememos. Pasa la vida como chispa breve que á duras penas ilumina ins- tantes; pasa: y así como se estingue la clara luz del dia, apenas ha dejado el sol nuestro horizonte, y aparece la noche con su oscuridad y con sus tinieblas, borrando el brillo, los colores, los contornos, las imágenes; así también al apagarse, en brevísimo tiempo, nuestra vida, camina nuestra material existencia hacia la nada; desaparecen de nues- tro cuerpo los contornos; ocúltase nuestra imagen en la tierra; bór- rase de la memoria de las gentes nuestro nombre: y todo, para nos- otros, en nosotros mismos, se acaba, desaparece y se anonada. Así sucede siempre en nuestro cuerpo y en la nula memoria que dejamos, cuando nada, para nadie hicimos; cuando nuestras huellas con nuestros pasos mismos se estinguieron; cuando no legamos ni el recuerdo de una acción, ni la memoria de una obra, ni la satisfac- ción de u n beneficio: cuando nuestra vida ha sido ociosa, y eterna- mente estéril, y constantemente inútil. La vida aislada no es vida; es un movimiento temporal en cuerpo efímero, sin motivo, sin objeto, sin fin, sin efecto y sin razón. El fin moral de la existencia humana en humana sociedad, consis- te pues, en el concurso que cada actividad presta á las otras: el hom- bre aislado, para la humana sociedad, es hombre perdido. Quien más presta, más vale; quien más dá, más se ennoblece; quien más se sa- crifica, más se eleva. Así el mártir que perece por la idea, como el héroe que combate por su patria, como el santo que dedica á Dios toda su vida, como el sabio que gasta su actividad en penoso estu- dio; así el artista que en su propia imaginación sueña belleza. Así, Señores, cada hombre, en cada actividad y en cada esfera, concurre incesantemente y sin pensarlo, al provecho y al bien de los demás. Así está la social economía distribuida; así hemos de admitirla y así debemos admirarla y ensalzarla. ( 26 ) Pero cuando el hombre ni es héroe, ni es mártir, ni es sabio, ni es artista; cuando ni el entusiasmo le arrebata, ni una incomprensi- ble fe' le ciega, ni la pasión exaltada le domina, ni el amor le con- duce á empresa alguna, ni la ambición le encamina á grandes fines: cuando el hombre modesto, inteligente, laborioso, vivo, activo, em- prendedor, trabaja en la oscuridad más absoluta, rodeado únicamente del silencio, sin otro fin que atesorar para los otros, sin otro móvil que el único deseo de ser útil, sin otra aspiración que el bien de to- dos, sin otra esperanza que la conciencia de obrar bien: cuando este hombre pasa dias y más dias trabajando siempre sin descanso algu- no, y al adquirir á costa de inmensos sacrificios una fortuna indepen- diente que le permite entregarse ya al descanso, vemos que la dedi- ca en su gran parte al fomento de las artes y las ciencias, HACIEN- DO LO QUE NO COSTUMBRAN HACER SINO LOS REYES Y LOS PUEBLOS: fundar un MUSEO, conservarlo y aumentarlo diariamente: y halla en él las síntesis de sus goces todos, el ideal de todas sus aspiraciones y am- biciones, el objetivo de los penosísimos trabajos de su vida: cuando este hombre de quien durante su existencia ni se hablara tan siquie- ra, lega, al morir, una fortuna á la ciudad donde vio el ser y le de- ja igualmente un Museo, formado con sus ímprobos trabajos y con- servado con su incansable actividad y con su energía: cuando un hombre de este género, llega á verificar un acto de esta clase, enton- ces, por poco que sintamos, debémonos sentir impresionados; por po- co que seamos asequibles á la comprensión de las ideas nobles, es- pontáneas, levantadas, hémonos de sentir mágicamente conmovidos; por poco que nuestro corazón no sea ingrato, ni nuestra inteligencia olvidadiza, ni nuestra voluntad poco potente, hemos de quedarle eter- namente agradecidos, sin que jamás olvidemos ni aquel nombre ni aquel hecho; y debemos manifestarlo claramente en alta voz, así pa- ra rendir á su memoria el debido tributo y homenaje, como para hon- ra de nuestra propia generación y para estímulo de las generaciones venideras. E l Ateneo Barcelonés, para honra propia y admiración agena, cuen- ta entre sus difuntos socios, nombres venerandos y figuras ilustres y grandiosas. Recordad, Señores, una sesión no m u y lejana, en que la mágica palabra de cuatro insignes oradores os recordaba la vida pro- vechosa del ilustre fundador de este Ateneo; recordad, Señores, como nuestros vastísimos salones declaráronse incapaces para acertar á con- tenernos; recordad que tantos cuantos éramos oyentes, constituíamos otros tantos admiradores entusiastas. Y tened presente que el insigne socio, cuyo preclaro nombre en esta histórica noche recordamos, es tan benemérito, tan digno, tan ilustre, t a n notable como el que más lo ha sido en nuestra querida y afortunada asociación. (*7) D. Francisco Martorell y Peña es para el Ateneo honra estima- ble; es su memoria, digna de loor y de recuerdo eterno; constituye sn vida una página brillante, digna de ser esculpida en mármoles y bronces; es Martorell el representante más genuino y más idóneo de esta clase de seres, nunca suficientemente comprendidos y apreciados, que dedicando su inteligencia toda y su actividad entera al cumpli- miento de un trabajo humilde, oscuro, silencioso, sin recompensa de brillante gloria y sin esperanza de premio y galardón, contribuyen de u n a manera más sólida, segura y permanente al común progreso de las humanas sociedades. Y asi como se necesita más heroísmo para arrostrar la muerte en profunda y oscura galería socavada en las e n - trañas de la tierra, que en campo raso blandiendo al aire la tajante espada y frente al enemigo valerosamente descubierto; así también, Señores, requiere más heroismo, más abnegación y más virtud, el tra- bajo cotidiano del hombre laborioso, que encaminado al más noble y al más espontáneo de los fines pasa sin ser nunca percibido, que los esfuerzos del sabio, del literato, del artista, que á cada paso se ven aplaudidos y admirados, y por este solo hecho, á cada momento se les ensalza y se les premia. D. Francisco Martorell y Peña pertenece á la raza de estos hom- bres distinguidos; héroes oscuros y obreros incansables, que sin ser envidiosos ni envidiados, sin tener admiradores ni rivales, sin desear alabanzas ni temer censuras, continúan un laborioso trabajo comen- zado, y tan sólo con su vida le dan fin. El Ateneo Barcelonés, dispuesto siempre á honrar todo acto ó to- do hombre digno de honra, ha dispuesto en memoria de Martorell es- ta velada. Vais á oir, Señores, la noble historia^ de la vida de este socio; vais dentro de pocos instantes á juzgarle; vais á asociaros al imperecedero dolor de su familia, al cariño que sus numerosos a m i - gos le tenían, á las simpatías que en tantos cuantos le conocían y trataban sabia inmediatamente despertar. Permitidme, Señores, que yo, á quien la casualidad más que otra cosa, me obliga á ocupar es- te sitio en este instante, aporte también mi pobre y modesto contin- gente á la memoria del difunto socio que lloramos. Labios más autorizados que los mios debían abrirse esta noche para inaugurar esta sesión; la suerte no ha querido que nuestro digno y sabio presidente pudiera asistir á ella, como así indudablemente, hubiéralo deseado. Perdonadme que en estas áridas y mal trazadas líneas, con las que acabo de ocupar vuestra atención, vaya, defectuo- samente traducido, el homenaje que este Ateneo dedica á un socio ilustre. Afortunadamente el querido nombre que venimos á conmemorar en este sitio, será pronto conocido de propios y extraños. El Avun- ( 28 ) tamiento de Barcelona vá á levantar un Museo Martorell, dentro de poco. Este Museo, verdadero monumento de reconocimiento y grati- tud, dirá con toda la elocuencia de su valor intrínseco y artístico: BARCELONESES: ESTE EDIFICIO, CON LOS INESTIMABLES OBJETOS QUE CON- TIENE, PROCEDE DE UN PATRICIO ILUSTRE Y GENEROSO; DE UN HOMBRE, QUE PARA DEJAROS LEGADO DE TAL PRECIO, SACRIFICO TODA SU VIDA CON ÍMPROBOS TRABAJOS; DE UN CONCIUDADANO Á QUIEN LA MAYOR PARTE NI SIQUIERA CONO- CÍAIS Y Á QUIEN HA SIDO PRECISO QUE VINIESE LA MUERTE Á ARREBATÁRNOSLO, PARA QUE FALTANDO SU VOLUNTAD, QUE COMANDABA IMPERIOSAMENTE SU MO- DESTIA, SALGAN SUS BENEMÉRITAS OBRAS Á LA LUZ, Y SEA SU NOMBRE DESDE HOY EN ADELANTE CONOCIDO, Y POR LAS GENERACIONES FUTURAS VENERADO. HE DICHO. RAMON COLL Y PUJOL. ( 2 9 ) BIOGRAFÍA DE D. FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. SEÑORES: IEN hubiera querido el autor de este trabajo que otro se encar- B gara del estudio de la vida del digno consocio cuya memo- ria honramos hoy dedicándole un testimonio de nuestro apre- cio, pues no ha de ser posible á quien todavía le duele la herida que le causara la pérdida de tan eminente compañe- ro, tener la seguridad de que la pasión no llevará su pluma ni al ditirambo, ni á la elegía, extremos que de seguro escusaríais con vues- tra bondad y simpatía, pero que no podrían compadecerse con el fin de vuestro Instituto. Además confundiría su parte con la que otros tomarán en este certamen, de ofrendas á una memoria querida de todos, pues á que sintáis lo grande de la pérdida de vuestro compañero se empleará el ingenio de los que cultivan las artes divinas de la música y de la poesía; que no debemos despedir friamente á quien con nosotros com- partió los puros placeres de la amistad, del libre trato social, ó go- zó de la serena y dulce vida de la ciencia y el arte, que al ver va- cío el puesto que á nuestro lado ocupara, no hemos de llenarlo como la desgraciada cortesana que cambia de afectos como la luz de colo- res, sino que, á nuestro sentido cariño se impone, como á la santa y pudorosa viuda, el eterno culto de su recuerdo en la parte más íntima de nuestro corazón. Quede, pues, á su cargo, tejer tan sólo el armazón de esta coro- na de siemprevivas que el Ateneo Barcelonés ofrece hoy á su me- 4 (3o ) moria, y venga luego la poesía con sus flores á embellecerla, que cuánto mayor sea el número de los que se empleen en esa bienaven- turada obra de honrar á un muerto, mayor ha de ser la seguridad que sientan de haber interpretado rectamente vuestro sentimiento v vuestras aspiraciones, los que con tanta temeridad han tomado por su cuenta el hablar en nombre vuestro. ¿Que' sabemos de la vida de trabajo de este ilustre hijo de Barce- lona, de D. Francisco Martorell y Peña? Para muchos toda su vida, toda su biografía se cierra entre dos fechas, entre la de su nacimiento que ocurrió en 19 de Noviembre de 1822, y la de su muerte ocurrida en 9 del mismo, y del año 1878, cuando iba á cumplir los 56 años. T a l vez otros se adelanten y digan que se habia conquistado en el comercio una envidiable reputación por su integridad y celo; que en el cumplimiento de sus deberes como Corredor Real de Cambios, era un modelo de honradez, y que habiéndose ganado con su duro trabajo de cada dia el bienestar de su vejez, que no siempre se al- canza sin detrimento de la salud, hacia ya diez años que vivia sepa- rado de los negocios; reduciendo asi su papel al de essas modestas abejas que gastan su vida fabricando la dulce miel que es el regalo de la vida. ¡Dentro de esa esfera de acción, cuánto, sin embargo, no tendría- mos que agradecerle!—Envidiable es, sin duda alguna, el hombre que consagra todos los momentos de su existencia al cultivo de la Cien- cia pura, pero no por esto son menos útiles aquellos que en una es- fera, ya que no t a n elevada, no por esto menos trascendental, traba- jan para el adelanto y progreso de la sociedad; que es el comercio el lazo amoroso que une á todos los pueblos de nuestro Mundo-Tier- ra; que es por el comercio como los hombres entran en relaciones y se comunican sus inventos, y más de una vez el buque que se ha creído que al salir de puerto no llevaba más cargamento que el de los productos de la industria y de la agricultura, ha desembarcado en el puerto de su arribada un cargamento de ideas. Debiéramos, pues, agradecerle en este círculo y esfera, al que fué nuestro Consocio, la parte que tuvo en la fama que alcanzó y en los servicios que prestó á Barcelona, á esta ciudad que nació para el tra- bajo y por el trabajo vive, la Casa comercial de Martorell y Bofill de la que fué su asociado durante muchos años, que aunque de ella tuviera la superior dirección su hermano D. Miguel, inteligencia de primer orden, hombre emprendedor y entusiasta de las glorias comer- í 3i ) cíales de la patria, digno sucesor de los Grallas y Dusays, y cuyas grandes tradiciones viven hoy todavía en la casa de sus antiguos so- cios, de los Sres. Bofill, no por esto dejó de llevar á aquella obra los servicios que siempre presta el hombre de entero carácter y de pri- vilegiada inteligencia, que tales condiciones se revelan siempre cual- quiera que sea el medio que se emplee para ponerlas de manifiesto, y por ser tales, son siempre á todos y en todas partes beneficio- sas. Empero, sin temor de ofender su memoria, antes por lo contrario creyendo honrarla y enaltecerla, podéis, Señores, decir que no os ha- llaríais hoy aquí reunidos si sólo se tratara de honrar al consocio que no hizo más que cumplir con la ineludible ley de la naturaleza humana, con la ley del trabajo. Que nada le deberíais en este caso, que nada se debe al que cumple con su deber estricto, que sólo al que se adelanta al cumplimiento de sus deberes debe la Humanidad, esa hija de Dios, el recuerdo eterno de su agradecimiento. Que Francisco Martorell hizo algo más que ser el laborioso con- socio de una ilustre casa de Comercio, ¿quién puede dudarlo?—¿Qué, asi se realizan actos como el que Barcelona entera ha aplaudido en- tusiasmada, sin que uno no se salga de la estrecha órbita donde ba- tallan los intereses mezquinos de las luchas por la vida? — ¿Así se sacrifica el fruto de la especulación, el fruto del trabajo de cuarenta años, del ahorro y de la economía, á una necesidad del espíritu, sin que ese espíritu viviera como el de las almas beatas en la contem- plación de Dios, en la contemplación del puro azul del cielo, del ar- t e y de la ciencia? Educar la inteligencia del hombre para que en todas ocasiones y en todas las situaciones de la vida se eleve la superior condición de su espíritu, es el problema cuya solución está reservada para una so- ciedad más perfecta que la nuestra; hoy tal educación sólo es posible para las inteligencias privilegiadas, ó para aquellas familias cuyo pa- dre sacrifique su existencia en favor de su segunda existencia, en fa- vor de sus hijos.—Hé aquí, Señores, el secreto por el cual, el Cor- redor de Cambios, el Comerciante, el hombre entregado diariamente á la vida de la especulación, del tráfico y del agiotaje, supo vivir á la vez en un mundo superior de ideas y de conocimientos. Pero es lo cierto, que asi como se paga siempre con daño del al- ma el quebrantamiento de lo justo, asi no se traspasan los umbrales del templo de la ciencia y del arte sin caer para siempre aprisionado en las mallas de oro que guardan las entradas de tan sagrado alcázar. Y de la misma manera que la voluntad enérgica quebranta las peñas, cruza los aires, baja al fondo de los mares, aquel que ha tenido vo- luntad para recibir la iniciación en ese mundo, de lo eterno descono- (32 ) cido, de lo eterno para conocer, no se para hasta llegar al santuario, hasta interrogar la muda esfinge cuyos secretos sólo al tiempo tiene reservados. ¡Feliz, mil veces feliz el hombre á quien Dios concede en premio de su santa vida el que pueda recoger uno de ellos en el momento de su divulgación! En este punto, y en este dia, sólo podéis tener el presentimiento de que quien de una manera tan levantada coronó su vida, no vivió alejado de ese mundo superior cuyo áspero y difícil camino á tantos desalienta; pues hoy que todo se colecciona, hoy que todo quiere guardarse para que los siglos venideros no tengan la pesada tarea que con tanta gloria ha llenado el nuestro, de descubrir los más os- curos orígenes de los pueblos, sus usos y costumbres, ¿qué importa una colección más ó menos rica, ó riquísima, para el caso, de con- chilogía?—¿Millares de conchas recogidas y buscadas en todos los paí- ses de nuestro Mundo-tierra merecen más preferente atención?—Cier- tamente, Señores, el coleccionista, cuando no es más que un mero coleccionador de objetos, sean los que fueren, poco significa, y si le buscáis término de comparación sólo podréis compararlo con el ava- ro. ¿De que le sirven al avaro sus tesoros? ¿Goza de ellos por ventu- ra, goza la Humanidad de sus riquezas?—Pues de igual manera el que colecciona sin saber lo que colecciona, y en ello no lleva más afán que el de poseer, que es el que siente el avaro para aumentar su capital inproductivo, ó entierra su colección, como el avaro su di- nero, ó lo deja á algun sobrino, que es lo que le sucede al avaro, para que la derroche ó disipe.—Pero cuando se trata de un verdade- ro coleccionista, el simil podéis buscarlo en el caso del hombre que habiendo atesorado con su trabajo, se preocupa de que no se pierda del mismo ni un milésimo de ese capital tan necesario para llevar á cabo la más insignificante empresa; á este hombre le veréis de conti- nuo preocupado del mejor uso y empleo de ese nervio de la produc- ción, y tened por seguro que ese capital no morirá en sus manos; así el coleccionista, cuando tiene conocimiento de lo que colecciona, cuando conoce su importancia para el progreso científico, se preocupa ante todo, de que lo que le ha costado tanto trabaja reunir, tanto trabajo ordenar y clasificar, no desaparezca malogrando sus esfuerzos y lo que fué la honra de su vida. Por esto nuestro consocio, no te- niendo hijo á quien legar el fomento y cuidado de las colecciones de su padre, se las ha legado á Barcelona, á esta madre de todos los Catalanes, á esta ciudad Cap y Casal de Cataluña como la llamaban los reyes de Aragón, contando con la seguridad de que habia de agra- decerlas y guardarlas como guarda y agradece el buen hijo todo lo que fué grato á su padre. Y no os formaríais idea exacta del valor de las colecciones de ( 33 ) nuestro Consocio si tomarais por otro camino que el de averiguar el arte y estudio con que fueron formadas. La colección de Conchilogía de Francisco Martorell principió à for- marse en 1854, y junto con ella principió la colección de objetos de las ciencias naturales. Desde dicha fecha hasta la de su muerte, du- rante 24 años, todo el tiempo que su actividad en los negocios de su profesión le dejaba libre, lo entregaba no sólo á sus investigaciones de coleccionador, sino al estudio de las ciencias naturales marcando su afición por la geología, y como en esas investigaciones no perdia nunca de vista el fomento de los estudios patrios, procuraba siempre adquirir la mayor suma de conocimientos de aplicación posible, y así fué de los primeros que se inscribieron como alumno á las lecciones de Geognosia, con aplicación especial á Cataluña, que el malogrado Llobet y Vall-llosera dio en 1859 en la Academia de Ciencias natura- les y Artes de Barcelona, cuando contaba ya la edad de 37 años, edad la mejor para estudiar con fruto, pero que no siempre aprove- cha el hombre, preocupado en ese período de su vida por las condi- ciones sociales que se ha creado. No creáis exagerar, Señores, á causa de vuestro afecto por el ilus- tre Consocio que habéis perdido, estudiando esta faz de su vida cien- tífica, creyendo que en sus estudios de naturalista habia profundizado la materia, que si es necesario acreditarlo á la mano tenéis la carta que en 22 de Enero de 1877 le escribió Mr. Berthelot, autor de gran número de estudios sobre Historia natural y antigüedades de las islas Canarias que le han conquistado gran reputación de sabio en el mun- do científico, contestando á la que le habia escrito con motivo de su reciente y precioso libro Los pájaros viajeros y los peces de paso, pues la crítica de detalles de obras tan especialistas sólo puede ha- cerla el hombre conocedor y perito. (1)—Dicho se está que tales co- nocimientos los adquirió en la época de su vida que acabamos de re- señar. Preparado estaba nuestro consocio para entrar de lleno en una nueva serie de trabajos que sin temor podéis decir que hacia de con- suno con sus estudios puramente naturalistas: tales son los trabajos prehistóricos. Vosotros le habéis visto en 1859 estudiar Geognosia, pero en el (1) Et á propos d' oiseaux, j ' ai été enchanté de vos appreciations sur mon dernicr ouvrage. Vous m' avez parfaitement compris, car vos remarques se sont précisement fixées sur les points les plus importants de mes études et de mes observations: les comparaisons entre V organisme des poissons et des oiseaux, mes opinions physiolo- giques sur la vessie natative et les cavités aéréferes des animaux de ces deux or- dres zoològiques distinctSf mais qui nos offrent pourtant de si remarquables analogies. (34) año anterior hay que notar el viaje que hizo á Mallorca y Menorca, viaje de artista y de arqueólogo. Pasó todo el mes de Agosto de i858, Francisco Martorell, en las islas Baleares estudiando sus Talayots, Navetas y Clapers como na- die los hubiera antes estudiado, como nadie los ha estudiado después. Con el metro y la brújula levantaba sus planos y determinaba su orientación, y como esto no bastaba á su afán de naturalista y ar- queólogo, á sus trabajos gráficos seguían las escavaciones, escavacío- nes que más de una vez dieron fruto, y del mismo podéis gozar en su museo. A los trabajos de vuestro consocio, deberéis, Señores, el conocer con todos sus detalles los talayots de Son Nohuera dels Fra- res, de Son Covas, Aranet del Vela, Arta, S' Estalrica, Son Frare, Aratat y Son Serra de Mallorca, y la Nau dels Tndons y otras Na- vetas, Talayots y Dòlmens de la Isla de Menorca.— La exactitud de sus dibujos, la nimia escrupulosidad de los mismos, revelan una mano firme y experta en las artes del diseño. ¡Lástima, y lástima grande, que quien habia estudiado tan raros monumentos con tan gran cuidado, y habia podido compararlos con otros monumentos de igual índole del extranjero, no nos haya dejado por escrito el fruto de sus impresiones y de su estudio, quedando para otros un trabajo para el que estaba admirablemente dispuesto y del todo preparado! Nótase un claro en la vida científica de nuestro compañero, á con- tar de i858, claro que va de esta fecha á la de 1868 y comprende su período de mayor actividad comercial, pues es durante el mismo uno de los socios de la casa de Martorell y Bofill.—Por lo que luego ve- remos, ¡cuánto no es de lamentar que una equivocada ó falsa direc- ción hubiese distraído á nuestro compañero de aquel orden de estu- dios y trabajos para los que tenia una tan real como verdadera vocación! Algo hemos dicho de los servicios que como comerciante prestó Francisco Martorell á su hermano, ¿pero que son, ni que valen al la- do de los que de seguro hubiese prestado á la ciencia y al arte, de haberse consagrado por entero á su cultivo?—Insistid, insistid, Seño- res, sobre este particular, ya que tenéis de las consecuencias de una falsa dirección en la vida tan grande ejemplo; insistid, que tal vez á vuestro lado están hoy otros ilustres consocios, cuya situación tantos motivos de analogía ofrece con la de Francisco Martorell; mostradles el ejemplo para que interroguen su sentido íntimo; hacedles visible el daño y perjuicio que de una manera tan irreparable se causa al re- nombre científico de la patria, y decidles que si el hábito, este dés- pota de la naturaleza humana, los fuerza á seguir por otro camino, al menos dejen que sus hijos, libres, vuelan con las alas de su voca- ción. (35 ) Empero, os equivocaríais, Señores, si creyerais que fueron estos diez años estériles para la ciencia. Durante ellos, la colección de Con- chilogía se completa y alcanza la importancia que hoy tiene; su inte- ligencia se forma, atesora conocimientos grandes en arqueología, y asi como la crisálida al romper su claustro se transforma en la brillante y pintada mariposa, asi Francisco Martorell al romper con su condi- ción de comerciante se nos presenta convertido en un verdadero ar- queólogo. Reanuda, desde este momento, sus viajes, aunque mejor diríais, reanuda la serie de sus interrumpidos estudios, pues, tomando el mis- mo Álbum que diez años antes le acompañara en su escursion á las islas de Mallorca y Menorca, pasa á la isla de Cerdeña en 1868 pa- r a estudiar los Nurhags, monumentos cuya estrecha relación con los Talayots de nuestras Baleares han notado hombres de tanto valer como La Marmora y Fergusson. Las Petras marmoradas, los Nurhags de Sa Patada, Pa^a, S. Bárbara, Sa Coste, Orolis, Orólo y Meddií, y las sepulturas llamadas de gigantes de Alghero, son estudiadas por vuestro compañero con el mismo cuidado y detenimiento con que diez años antes estudiara los talayots de Mallorca y Menorca. Planos hechos á escala, cortes trazados con toda la habilidad de u n geóme- t r a , observaciones de construcción dignas de u n perito constructor, referencias exactas y precisas á los monumentos similares de nues- tras islas, escavaciones coronadas de éxito y cuyos resultados guarda en su museo, junto con un empezado estudio arqueológico; tal es el fruto del primer viaje de estudio y de esploracion de Francisco Mar- torell al poder correr libre por el camino de su vocación. A contar de esa época, todo su entusiasmo, toda su actividad se emplea en los estudios de la arqueologia prehistórica. ¿Y que le lle- va, señores, á abordar los más arduos y difíciles problemas de la arqueologia? El mismo lo ha dejado escrito: su afición d cuanto tiene el misterio de una gran antigüedad. He aqui la clave del secreto de sus viajes de estudio por España, Francia, Italia, Suiza y Bélgica en busca de objetos prehistóricos. Y es que el hombre, al estudiar los misterios de las edades pri- meras, siente su comuninad de origen y de especie con aquellos de sus hermanos que primero abrieron en este mundo-tierra las vías de la civilización. Les vé brotar del seno de nuestra madre común, la T i e r r a , donde depositara su germen el Creador del universo; les vé promover sus primeros pasos, y desde este primer momento ya en lu- cha por las necesidades de la vida; son las piedras sus primeras ar- mas, sus primeros instrumentos de defensa y trabajo, y esas armas é instrumentos, que durante siglos se han creido perdidos, hoy nuestro siglo, el siglo más grande de la historia de la Humanidad, ha sabida ( 36) descubrirlos en las primitivas sepulturas y en los estractos terciarios y cuaternarios de nuestro planeta. A uno y otro punto fué á reco- jerlos y á buscarlos nuestro consocio: del fondo del hermoso valle que un dia formó el lago de Rebenhausen en Suiza, sacó de una ha- bitación lacustre, por él descubierta, una hacha de silex y otros ins- trumentos y objetos de aquellas remotísimas edades; de los Nurhags de Cerdeña, de los Talayots de las Baleares, de Francia y Bélgica, de los terrenos cuaternarios de Madrid, de una sepultura descubierta cerca de Villafranca del Panadés recojió análogos instrumentos y ob- jetos, aumentando de esta suerte el valor de sus colecciones con el va- lor de una indisputable autenticidad de los hallazgos. Transcurrido ese período en que el hombre vive y muere en las cuevas naturales ó en las que abre por su mano, el hombre eleva sus primeras construcciones, construcciones cuyo estudio no ha mere- cido gran atención en nuestra patria, pero que la obtuvo, y toda, de Francisco Martorell. Los restos de las acrópolis y recintos fortificados de Tarragona, Olerdula, Aramprunyá, Caserras y Gerona merecen su atención, y se dedica á su estudio: los enterramientos Olerdulanos cu- ya antigüedad tanto le preocupó, le dan ocasión para escribir un es- tudio de importancia que en un dia no lejano podréis aplaudir, y si- guiendo el hilo de esas primeras manifestaciones de la civilización pri- mitiva, va marcando las huellas que ha dejado en nuestro suelo en Olerdula que toma como á tipo, en Aramprunyá, Bañólas, Caserras, Belianes y otros puntos.—Mas el hombre primitivo como el hombre de nuestros dias también elevaba otra clase de monumentos, los que mas tienen de su modo de ser, de la intimidad de su naturaleza, los mo- numentos religiosos. Nuestro compañero también los buscó y supo dar con alguno de ellos antes desconocidos ó completamente ignorados ú olvidados. Las mesas de los Baleares, el menhir de S. Hilario Sacalm, la piedra bamboleante de la plana Basarda, por su estudio serán cono- cidos en nuestra patria y del mundo entero que tanto se interesa por esa clase de descubrimientos.—Como veis, pues, su afición al misterio de los monumentos que ofrecen una gran antigüedad se alimentó en el estudio del modo de ser del primer hombre y de las primeras so- ciedades humanas. En sus viajes de exploración y de estudio empleó nuestro consocio los últimos diez años de su vida; á medida que la cruel enfermedad que iba minando su existencia avanzaba, su actividad se paralizaba, sus viajes eran menos frecuentes, la necesidad de reposo y de quie- tud se hacia sentir, pero por grande que fuera esta necesidad, ¿cómo habia de imponerse á su naturaleza, á su modo de ser? En el reposo trabajaba y coleccionaba. Como si hubiese presentido su prematuro fin, llena sus apuntes de referencias á otros trabajos suyos y estraños, (37) como aquel que obligado á hacer un gran viaje, quiere antes dejar sus cosas en orden para causar con su ausencia las menos molestias posibles. Sus colecciones son revisadas y ordenadas de nuevo; pero en el Ínterin forma una nueva colección: su colección numismática. Des- cuidada ésta durante los mejores años de su vida, se forma cuando los padecimientos le obligan á la inacción. Entonces descubre Fran- cisco Martorell un nuevo género de viajes y de ignorados descubri- mientos en la numismática, y como esta ciencia tiene también sus mis- terios y su gran antigüedad, Francisco Martorell se afana en coleccio- n a r nuestras monedas autónomas, pero no descuidando á la vez cuan- tas al paso se le ofrecen, enriquece su monetario con piezas de im- portancia y de tan raro valor algunas de ellas que solo por Francis- co Martorell nos serán conservadas. Llegó, como veis, demasiado pronto la catástrofe. Si es verdad que alcanzó el límite de una edad de donde empieza á contarse el ocaso de la vida, ¡cuántos y cuántos no van mas allá, hasta los últimos tér- minos de la vejez, conservando sana su mente en un cuerpo sano! Por esto uno de los mas notables descubrimientos de nuestro con- socio, el de la Necrópolis y teatro romano de Alcudia que le obliga- r o n á hacer dos nuevos viajes en 1875 y 1876, se resiente ya de la fa- tiga y peso de su vida. Otra mano diríais, que no la suya, tomó aque- llos apuntes que de una manera tan incompleta han llegado hasta no- sotros. Su seguro lápiz, su exactitud de geómetra faltan por comple- to; u n croquis apuntado con conocimiento, este es el último fruto de su laboriosa vida, el último resultado que le debe la arqueologia, y no el más precioso por ser el último, sino el mas estimable por la importancia y trascendencia del descubrimiento, pues debajo de las gradas del teatro descubrió nuestro consocio una necrópolis olerdulana. Señores, he concluido: el último acto de su vida podéis decir que es su testamento. Por éste lega á Barcelona sus colecciones de Con- chilogía, prehistoria y numismática, y una selecta biblioteca de obras relativas á estos ramos del conocimiento humano. Y funda, por últi- mo, un premio de cuatro mil duros que debe adjudicarse cada cinco años al autor del mejor trabajo sobre arqueología española que se presente al certamen que al efecto ha de abrirse, y cuyo premio ha de adjudicarse precisamente el dia de S. Jorge, patrón de Cataluña. No nos entusiasmaremos nosotros con el donativo, por grande y valioso que sea; todos vosotros sabéis que esta clase de ofrendas á la ciencia son frecuentes en el extranjero, aunque rara vez tan importan- tes, de modo que cuando no la motivara una vida consagrada por entero á su culto, el ejemplo y la emulación la hiciera indispensa- (38 ) ble.—Por otros motivos debemos entusiasmarnos, y el primero es qus se haya dado el ejemplo en nuestro país, en este país catalán tan in- justamente censurado por los que no quieren conocerle. De nuestro comercio tachado de egoista y de especulador con perjuicio de todos, ha venido el ejemplo de fundarse un premio que no tiene igual en España para el fomento de los estudios arqueológicos, y esto sí que tiene por qué entusiasmarnos. El ejemplo viene de los que con más ardor trabajan, que nada hay comparable á la fiebre del comercio; el ejemplo viene de Barcelona, de esta ciudad tenida por un centro me- ramente mercantil é industrial, porque hay empeño en ignorar que en punto al estudio de las antigüedades patrias, nosotros contamos entre los primeros de España á Finestres, Caresmar, Masdéu, Pascual y Dou. Y hay todavía nuevo motivo para nuestro entusiasmo, para nues- tro contentamiento, en el acto con que Francisco Martorell nos dejó en su testamento la prueba de sus levantados sentimientos. Nuestro compañero ha llamado para ganar el premio á cuantos se dediquen al estudio de la arqueología, asi sean nacionales ó extranjeros, que para la ciencia y el arte no hay más patria que el mundo: pero el español ha querido que la fundación de su premio redunde en prove- cho de su patria, y por esto dispuso que no se premiaran más que obras sobre arqueología española; y el Catalán ordenó, en honra de su madre Cataluña, que el premio se adjudicara en el dia de aquel Sant Jordi patrón, cuyo nombre conocen y recuerdan todas las Ciu- dades del Mediterráneo. A los que no saben como se puede ser catalán y español á un tiempo citadles este ejemplo. Y á los que tampoco entienden como se puede ser español y catalán á un tiempo, decidles también que se miren en este espejo, que asi como al hijo no le es necesario abor- recer al padre para hacer de su madre el ídolo de su corazón, asi nosotros, catalanes de raza, no tenemos necesidad de odios ni de aborrecimientos para mantener vivo en nuestro pecho la llama de aquel entusiasmo que por el país de nuestro nacimiento sintieron nuestros progenitores, y que con nuestra sangre inoculamos á nues- tros hijos. Hé aquí, Señores, los verdaderos y exactos motivos que para vues- tro entusiasmo existen en el acto que corona gloriosamente la vida de nuestro compañero, y que le asegura la inmortalidad. En esto no estamos, sin embargo, del todo exactos. Claro está que aquel que sabe disponer de su fortuna con el acierto de vuestro con- socio, logra de sus conciudadanos, de la Humanidad el reconocimiento eterno; claro está que es un modelo ofrecido cada dia á los que se hallan en el caso de poder ser útiles á sus hermanos como útiles les ( 39) fueron durante su vida, un medio, en fin, de continuar viviendo en el seno de la sociedad que le contó como uno de sus hijos hasta la consumación de los siglos. Pero cuando por encima de este acto hay- una vida consagrada al estudio, los frutos de este estudio bastan por sí solos para dejar ese rastro luminoso con que los grandes hombres y los hombres útiles alumbran á la Humanidad en su continuo y nunca interrumpido progreso. Si Francisco Martorell no hubiese lega- do gran parte de su fortuna á Barcelona para fundar un premio pa- ra el fomento de los estudios propios, sus descubrimientos le asegu- raran delante de la posteridad un puesto preferente,—y aqui es justo que conste el agradecimiento y aplauso con que vé el Ateneo Barce- lonés á su hermano D. Juan Martorell disponer la publicación de sus manuscritos, demostrando con tal acto, no sólo su acendrado cariño por su hermano, sino la nobleza de sentimientos hereditarios en su familia y su amor al progreso científico y artístico de la patria;—al asegurar, decia, Señores, que por sus estudios se habia conquistado Francisco Martorell un puesto entre los hombres que no mueren pa- ra la Humanidad, podéis dar como prueba el hecho de que sobrevivi- ría aún cuando ni rastro de ellos existiera, pues su nombre está ya grabado en esas mismas conchas cuyo estudio le ha ocupado gran parte de su vida, y en ellas estará esculpido por toda la eternidad de la vida del hombre, que asi se conservan los nombres de nuestros bienhechores en lo infinitamente grande, en los nombres de las cons- telaciones celestes, como en lo infinitamente pequeño, es decir, en las humildes conchas que apenas se mueven en el fondo de nuestros mares. Bella es la vida, Señores, cuando por entero se consagra al bien; la serenidad de la conciencia sirve de galardón y premio eterno. Horrible es la vida cuando por entero se consagra á la mezquina satisfacción de nuestros apetitos sensuales; cuando la gastamos siendo indiferentes á cuanto nos rodea, á cuanto se mueve y agita en torno nuestro, á cuanto solicita y reclama nuestro apoyo. Para esa clase de hombres la Humanidad indignada guarda el látigo con que cruzó su cara el gran poeta de las venganzas; para ellos guarda todo su des- precio que es grande como la eternidad de su vida; para esos hom- bres, en fin, escribió su sentencia en tres palabras: Guarda e passa. Pero bella, de toda la belleza divina, es la vida, cuando por el estu- dio encadenamos los momentos que de ella gozamos en nuestro pla- (40) neta con las sociedades y hombres qne ayer fueron, con los que hoy son, con los que serán mañana; y de esta vida gozó, goza, y gozará Francisco Martorell. H E DICHO. SALVADOR SANPERE Y MIQUEL. ( 41 ) DE LA IMPORTANCIA DE LOS ARCHIVOS, BIBLIOTECAS Y MUSEOS EN CATALUÑA. NO de los rasgos distintivos de la civilización moderna es, U sin duda alguna, la generalización de los conocimientos útiles, ya por medio de la enseñanza directa en las es- cuelas, ya merced á la enseñanza indirecta que proporcio- nan esos mudos pero elocuentísimos maestros que se lla- man archivos, bibliotecas y museos. Hasta qué punto se completan y perfeccionan mutuamente estos dos elementos de instrucción, dígalo el progreso de las artes, las ciencias y las letras en los últimos tiempos, revelado de una manera brillantísima en esas grandiosas manifesta- ciones de la civilización, en las exposiciones universales, que al par que han reflejado la intensidad del movimiento intelectual del pre- sente siglo, han sido como inmensos museos de donde ha deducido la humanidad su verdadero estado de progreso ha sacado saludables enseñanzas para el porvenir. En las aptitudes especiales demostradas por los distintos pueblos en aquellos públicos certámenes, se ha manifestado también claramen- te la clase de elementos que poseían para estudiar ó para inspirarse en la esfera artística. Así Italia, en sus excelentes escultores, ha sig- nificado toda la valía de sus obras de esta clase: Francia y Alema- nia, exhibiéndose artistas en toda la esfera de los productos más pu- ramente utilitarios, han enseñado poseer aquellas nutridas colecciones arqueológicas donde se han recogido hasta los objetos más insignifi- cantes Je la vida común: Inglaterra y los Estados Unidos han pre- sentado una singular perfección en las manufacturas y en las máqui- nas, ponderando así la importancia de sus enseñanzas de artes y oficios, y de sus museos de inventos útiles donde pueden recorrerse todas las fases de la concepción de éstos: España, en fin, con la bri- ( 42 ) liante pléyade de pintores que ha bebido su inspiración en las gale- rías de la Península, ha dado á comprender que no puede morir una gloriosa tradición artística, literaria ó científica, mientras el país con- serve la áurea cadena de las obras que á través de los siglos la han constituido. Si, pues, la significación de estos hechos indica hasta qué punto debe procurar toda nación que quiera progresar, el cuidado de los monumentos que la haya legado la antigüedad, y su presentación á las personas estudiosas en colecciones científicamente estudiadas, no deberemos ponderar aquí los méritos que á la pública estimación con- traen los particulares que, adelantándose muchas veces á la iniciativa oficial, no titubean en sacrificar sus particulares intereses para coope- rar á dicho objeto. Precisamente nos reúne hoy en el Ateneo Barcelonés un acto de esta clase. El distinguido patricio D. Francisco Martorell y Peña, que en vida se habia distinguido por su decidido amor á los estudios ar- queológicos y á las ciencias naturales, habiendo redactado algunos interesantes trabajos referentes á los primeros, y reunido interesantísi- mas colecciones, ha querido que los esfuerzos de toda su vida fuesen útiles á la ciudad que le vio nacer, legando á Barcelona la impor- tantísima cantidad de 25.ooo duros para crear un premio quinquenal á la mejor obra de arqueología española, y sus colecciones y bibliote- ca para que figuren en lugares públicos á propósito para ser consul- tadas. El digno compañero que me ha precedido os ha demostrado la importancia de este legado, del cual no pueden menos de esperarse grandes beneficios en pro de la pública instrucción. Mas para que el acto de verdadero patriotismo que hoy conmemoramos resulte avalo- rado en toda su trascendencia, preciso es que dirijáis conmigo una mirada al pasado de Cataluña, para observar la vida de sus coleccio- nes artísticas y científicas á través de los siglos; para dedicar un re- cuerdo á los hombres eminentes que, como Martorell, han tenido por objetivo el enriquecimiento de aquellas colecciones, aún á costa de sacrificios de toda clase; y para considerar la diferente suerte que hubiera cabido á ese preciosísimo haber de nuestra patria, hoy en gran parte perdido, si hubiesen tenido más predecesores nuestro Mar- torell, y más imitadores los beneméritos patricios que le antecedie- ron. No cabe dudar de que la afición á las antigüedades se adquiere prin- cipalmente con la lectura de los anales y con el estudio de los mo- numentos de un pueblo. Y sucede que en el país donde las revolucio- nes y las guerras más daño han causado á aquellos, es donde las personas aficionadas y amantes de sus tradiciones más entusiasmo (43 ) muestran hacia los restos de la pasada grandeza. Cataluña se halla en este caso: poseedora de un subido caudal de obras artísticas y litera- rias, se ha visto, á causa de las contingencias políticas, despojada de él en su mayor parte; y hoy son ruinas muchos de sus suntuosos edificios; yacen olvidados en manos ignorantes códices y libros que eran ornamento de sus antiguas bibliotecas; hánse destruido la mayor parte de las obras de arte y ciencia que las adornaban; y hasta lo que la iniciativa particular habia reunido por los esfuerzos de varias generaciones, se ha visto esparcido otra vez, ó malbaratado por la necesidad ó la incuria de sus poseedores. Afortunadamente, ha cedido la fiebre de destrucción que, primera- mente so color de modificaciones, y después claramente manifiesta, caracterizó al pasado siglo y á gran parte del actual. Hoy el renaci- miento histórico, tan general en los países románicos, tiene por prin- cipal objeto conservar lo poco que nos queda del pasado para sa- car de él provechosas enseñanzas. Es útilísimo, pues, todo lo que tienda á dar k conocer, cada dia más, el verdadero valer de las obras que nos han legado las genera- ciones pasadas, ya que la ciencia ha reconocido hoy, de una manera indubitable, que la tradición, en todas las esferas del saber, ha sido la verdadera y universal ley que nos da la clave para conocer, y es al propio tiempo la antorcha que nos ilumina para avanzar. E n este concepto es como, aún á trueque de no poderos ofre- cer sino un ligerísimo boceto de lo que han sida y son en. nues- tra patria las colecciones monetarias, las bibliotecas y los museos que más han llamado la atención de los sabios, he entresacado algunos interesantes datos, contenidos en nuestras principales obras de historia y antigüedades, que ofrezco á vuestra ilustrada atención y recomierir do á vuestra nunca desmentida benevolencia. Contrayéndonos al propósito que nos guia, que es tratar de la im- portancia de los archivos, bibliotecas y museos de Cataluña, hemos de tomar como punto de partida el siglo X, que es el en que acaban las irrupciones agarenas en nuestra patria, y proclamándose indepen- diente, por los años de 987, el Conde Borrell I, pone los cimientos donde descanse la grandeza de nuestro progreso en la edad media. Precisamente de este mismo siglo, y coincidiendo con la fundación ó reedificación de muchas iglesias y monasterios, arranca la existencia de algunas de las más ricas colecciones diplomáticas que poseemos. E l archivo de la Corona de Aragón supónese originado en documen- tos de esta temporada. Del de la Catedral de Barcelona sábese, por las pocas personas que han tenido ocasión de visitarlo, que posee (44) •documentos salvados de la catástrofe de Al-Mansur. Consta así mismo que los habia en la antigua catedral de Vich, en el monasterio de S. Benito de Bages, en el de Ripoll, en la antigua iglesia de Urgel, y algunos otros. Asegurados á fines de este siglo los dominios de C a t a l u ñ a la vie- ja para sus condes, pudieron dedicarse ya en el siguiente á llevar sus armas á la otra parte del Llobregat, y á difundir los beneficios de la paz á las comarcas conquistadas. La iglesia, guardadora única de la ciencia en aquellos tiempos, fué la predilecta de nuestros príncipes, que debian apoyarse en ella para que les proporcionara la luz de la ilustración que les faltaba. Del siglo XI datan, pues, importantísimas fundaciones religiosas y reedificaciones de antiguos templos, entre los cuales citaremos, como u n o de los más notables, el de la segunda catedral de Barcelona, que fué consagrada en io58. Cuando concluidas aquellas construcciones las órdenes monásticas pudieron sentirse satisfechas en sus nuevas moradas, se apresuraron á adquirir y reproducir las obras de la antigüedad pagana y cristiana q u e yacían en el olvido por la turbulencia de los pasados tiempos. Entonces reuniéndose los monjes pendolistas en los retirados scripto- riums, en plácida calma, interrumpida sólo por el trinar de las aves que poblaban los frondosos bosques y huertos del monasterio, y por el rumor de las bullidoras aguas de las fuentes del claustro; sentados en sus mesas de madera, donde todo estaba previsoramente arreglado; teniendo á la vista el antiguo códice cuyas letras solo podria desci- frar el ojo versado en este trabajo, iban trasladando al pergamino, combinando la tinta indeleble y los colores vivos con los refulgentes matices del oro y la plata, aquellas monumentales obras que repre- sentan la inteligencia de las edades que fueron, y sin las cuales hu- biera sido para nosotros el pasado como un oscuro é insondable caos. Por tal manera fuéronse enriqueciendo las bibliotecas de los Mo- nasterios, y creció la afición á los libros. De este siglo es la dona- ción hecha por E r m e m i r o , canónigo de Vich, de algunos códices es- critos por él mismo ó mandados copiar á sus costas, á la biblioteca de aquella Catedral que comprendía ya varias obras religiosas, y entre las profanas, las de Virgilio y Horacio. La del monasterio de Ripoll se aumentó también por estos tiempos, entre otros, con el Psalterio en letras plateadas sobre fondo morado y las iniciales y epígrafes de oro; contándose en ella, al hacerse un inventario en 1047, unos 192 códices. Menudearon en el siglo XII las dádivas de Reyes y Príncipes á las casas religiosas, y estas procuraron corresponder á tal protección trabajando en acrecentar su caudal científico. La iglesia de Ager em- (45 ) pezó su archivo y data de esta época la colección de cánones que po- see la iglesia de Urgel, considerada como una de las más puras y perfectas. El obispo de Barcelona, D. Arnaldo, legó su biblioteca á ía Catedral. Son de esta centuria los primeros documentos que figuran en nuestro archivo municipal. En el siglo XIII se inició la preponderancia del poder real con monarcas tan gloriosos como Jaime el Conquistador y Pedro el Gran- de. El elemento laico empezó á tener representación en el terreno de las ciencias. Los juristas, que tanto ayudaron á los reyes á formar las compilaciones de usajes y costumbres, fueron los primeros que in- trodujeron el gusto de las letras en la vida civil: á su renacimiento contribuyó no menos el paso del lenguaje hablado á la escritura lite- raria en casi todas las lenguas romances, hecho de extraordinario al- cance que venia á ensanchar los dominios de la inteligencia. Los re- yes comenzaron dando el tono á la adopción de este nuevo elemento intelectual, usando la lengua vulgar para obras salidas de sus manos, tan importantes como las Partidas en Castilla y la Crónica del Rey D. Jaime en Aragón. Siguieron este impulso los nobles, los legistas y los físicos, generalmente árabes ó judíos, que rodeaban la persona del monarca, escribiendo á porfía en romance tratados originales de todas las materias, y traducciones de las principales obras de la épo- ca clásica y de los autores árabes que habían representado y repre- sentaban aún entonces la mejor parte del movimiento científico. Vánse entonces formando en los reales depósitos de documentos públicos y particulares, que, creciendo de continuo, han llegado por fortuna hasta nosotros, siendo hoy inapreciables tesoros diplomáticos. Entre los de nuestra patria, descuella el que hoy conocemos por Ar- chivo general de la Corona de Aragón. Aunque el primer documento original que en él existe data del 5 de las calendas de Julio del año de la Encarnación 875, alcanzando en no interrumpida serie la guer- ra de la Independencia, hasta el siglo XIII, y propiamente el XIV, no puede darse como definitivamente constituido en el palacio mayor de esta Ciudad. En efecto: durante el tiempo de los Condes parece que los documentos se guardaban en cajas y sacos debidamente rotulados, dispuestos á ser transportados á lomo para seguir á los príncipes en sus continuos viajes. Algunas de estas cajas ó sacos se depositaban, á veces, en las casas religiosas para mayor seguridad. Hasta el siglo XII no se conocieron los cartularios, y en el XIII, con la invención del papel que facilita la reproducción de documentos, se establecen ya definitivamente los registros ó matrices. La fisonomía del siglo XIV es altamente interesante, y contrasta con la del anterior. Predomina en él la vida cortesana sobre la vida militar que caracteriza al siglo XIII. Va difundiéndose la instrucción ( ¥> ) en todas las clases y se nota ya refinamiento en las costumbres de aquella sociedad que olvida de dia en dia la sencillez de los antiguos tiempos. Los monarcas Pedro IV y Juan I, que son los que más re- lieve ofrecen en el cuadro de aquella época, representan asi mismo el grado de ilustración que el siglo habia alcanzado. El primero, con la publicación de varias obras, entre ellas las célebres Ordenanzas de los oficios de la casa Real, demuestra su afición á las letras, como la revela también mandando en 1346 que el archivo real se fijase en una de las salas del palacio mayor, y ordenando á su escribano que en adelante cuidase de su conservación; origen de la no interrumpida é ilustre sucesión de archiveros que hasta el presente han cuidado de aquel depósito. A más del público ú oficial, habia en el palacio el archivo ó bi- blioteca particular del monarca, en la misma estancia donde se guar- daban las armas, y al cuidado de un tinent les claus del Archiu de les armes del Senyor Rey. De la existencia de esta interesante depen- dencia nos dan claro testimonio multitud de cartas y otros documen- tos custodiados en el actual archivo, en especial del Rey D. Juan I, quien se nos muestra en ellas tan apasionado por los libros como el más entusiasta bibliófilo de estos tiempos. En una colección publicada en la Revista histórica latina por nuestro apreciable consocio, el Se- ñor D. Francisco de Bofarull, léense datos curiosísimos sobre el par- ticular. En uno reconoce recibir de P. Palau, tinent les claus del Ar- chiu de les armes, varios libros, AU ben Jares, Alfragani, de Sancta Margalida; en otra noticia á su escribano de ración haber indicado á Palau le busque en el archivo el Jlos sanctorum en romans (prueba de que menudeaban allí los libros;) manda al Gobernador de Cerdeña le envié los del difunto Ramon Cervera, y solicita otros de nigroman- cia á Perpiñan; al Conde de Foix le envia un estralau, un mapa mun- di, unes hores d arena y un almanach de tres anys, á cambio de dos lebreles; pide á los que las tenían en depósito, las obras en hebreo que se salvaron del saqueo de la aljama de Valencia; y finalmente, en otra carta participa al Maestre de Roda haberse llevado un libro de la librería del castillo de Caspe, al cual le privaba la entrada su guardador; recomendándole no moleste á éste por el suceso. La afición á las bellas letras túvola también el hermano y sucesor de D. Juan, Martin el Humano, llegando en tiempo de éste la bi- blioteca particular de que hemos hablado, á su mayor explendor. Cónstanos así por el inventario que de ella se tomó en aquel tiem- po, inventario que por ser una curiosidad bibliográfica fué publicado mo- dernamente en Alemania, y ha sido reproducido en los Trovadores en España de D. M. Milá. Según este documento, comprendía aquella biblio- teca 285 obras, número muy importante tratándose de una época an- (47) terior al descubrimiento de la imprenta. Las habia de ciencias ecle- siásticas, leyes, astronomía, filosofía, navegación, veterinaria, medicina, historia, retórica, geometría, etc.; escritas en francés, latin, castellano, hebreo y catalán. E n esta lengua habia verdaderas preciosidades, ta- les como una traducción de los viajes de Marco Polo, la estralabia, Sobre la carta de navegar, Libre de la terra santa, Libre de les naus, Libre dels membres del cors del hom, Libre de art de alquimia, etc. No se enriquecieron menos en este siglo XIV las bibliotecas de los conventos y monasterios, especialmente las de Poblet, la de la Cate- dral de Tortosa cuyos códices pertenecen casi todos á esta tempora- da, y la de Santa Catalina de Barcelona. Con el siglo XV se inicia un gran renacimiento en el espíritu de investigación en todos los ramos del saber, produciéndose de ahí los estudios de verdadera crítica histórica y arqueológica, que tanto apa- sionaron los ánimos de los hombres de ciencia en el siguiente. E n nuestra Cataluña tenemos, asi mismo, buenos ejemplos de lo tempra- na que se desarrolló la afición á las colecciones de antigüedades, ba- se del desenvolvimiento que hemos señalado. Ya á principios de la centuria Mossèn Bernardo Boades, rector de Santa María de Blanes, en su obra histórica: Libre deis feyts darmes de Catalunya, conclui- da en 1420, dice al final del capítulo segundo, hablando de Marco Catón: rí he vist molts recorts scrits en pedres marbres, que en lo dia de vuy sen troben en alguns lochs de Catalunya; e de aquestes e de moltes daltres ri he pensament de femé un gran libre, hon anirá la declarado de aquelles scriptures e de les inftnides monedes quen tench aplegades de aquell temps; y más adelante en el capítulo 3." añade, hablando de gobernadores romanos: sen troben recordances en pedres marbres en alguns lochs de Catalunya, tambe sen son trobades daltres personatges, conforme veurets en lo meu libre que stich en pensament de faerne, e jal he començat a ordonar. Estas palabras hablan muy elocuentemente en favor del ilustrado Boades, quien se adelantaba á su tiempo, dando toda la importancia á la epigrafía y á la numismática para el estudio de la historia patria. ¡Cuántos tesoros perdidos para siempre por no haber llegado hasta nosotros la obra del buen Rector de Blanes! De entre los sucesos del tiempo de D. Juan II, de aquel lúgubre encadenamiento de perturbaciones políticas sociales, se destacan dos in- teresantes figuras, víctimas sacrificadas á la ambición y á la perfidia. E l Príncipe de Viana y el Condestable D. Pedro de Portugal, tan ca- balleros como ilustrados, son dignos de nuestro recuerdo por su amor á las antigüedades. E n el inventario de los bienes del primero, tomado en Setiembre de 1461, consta, á más de una gran variedad de joyas, armaduras, vestidos, etc., su librería, componiéndose principalmente de (4§) obras clásicas, algunas en catalán, otras en francés, siendo de notar las Eticas de Aristóteles traducidas por el mismo Príncipe, y los evan- gelios en griego; detallándose también la caxa de les medalles que es en la dita librería, que contenia 6 taulas con 640 monedas y meda- llas de oro y plata, 4 con monedas y medallas antiguas de cobre, y 2 con monedas y medallas antiguas de plomo. Citaremos como otras de las curiosidades que se leen en dicho inventario, un estralabio de latón, un tablero de ajedrez con adornos en hueso representando la historia de San Jorge obrada per personatges, ricos tapices, y una image de alabastre ab la figura del Princep. Las aficiones del Con- destable á esta clase de colecciones las conocemos especialmente por el erudito trabajo que ha publicado últimamente D. José Coroleu en la Revista de Gerona sobre tan infortunado monarca. Comprenden los documentos que hacen á nuestro objeto, desde 1464 á 1466, y consis- ten en una carta en que manda pagar varias cantidades por encua- dernar un libro titulado Titolivio, de cuero color tenat oscuro con broches dorados, cordones de oro y seda, las armas reales pintadas y el título de las letras en oro; en otra en que manda entregar á cier- to sujeto los libros Ethica de Aristotil, Tulli de Officiis y de Viris illustribus, y en otra en que reconoce haber recibido del Obispo de Vich, á cuya custodia habíalos encomendado, varios libros de teología, astrologia, filosofía, y poesía, como de historia vulgar en lenguas ca- talana, francesa y portuguesa, latina y otras, y un armario de mone- das ó medallas antiguas. Precisamente por la misma época en que fallecieron esos dos Prín- cipes habia tenido lugar el descubrimiento de la imprenta. Sea Bar- celona ó Valencia la primera de España que la adoptó, ello es lo cierto que fué el reino de Aragón el que en la península sintió cru- gir por primera vez las prensas de madera que transportaban al principio de un lado á otro los maestros alemanes que las habian in- troducido y que muy pronto se fijaron en aquellas ciudades y en algunos de nuestros más célebres monasterios como San Cugat y Montserrat. Desde entonces, y especialmente por todo el siglo XVI, fueron reproduciéndose en ediciones que hoy forman las delicias de los bibliófilos, las obras maestras tanto religiosas como profanas. Los opulentos monasterios fueron, como se deja comprender, los que dis- poniendo de los crecidos caudales que exigia el coste de aquellas edi- ciones, pudieron reunir la mayor parte de ellas. Así el de Santas Creus, á más de su colección de códices, especialmente en catalán, de astronomía, medicina, cirugía, álgebra, etc., ostentaba con orgullo una colección en 91 volúmenes de obras impresas en el siglo XVI, com- prendiendo todos los clásicos griegos en su propia lengua. Estas colecciones que el transcurso de los años iba acumulando en (49) los cenobios, viéronse especialmente aumentadas en el siglo XVII, por las donaciones de algunos particulares. Aparece en primer término el canónigo de Lérida D. José Gerónimo Besora, hombre erudito é insigne anticuario, natural de Barcelona, quien en 1654 lega al Convento de Carmelitas Descalzos de esta Ciudad 5577 volúmenes, la mayor parte manuscritos de raro valor. Con este contingente llegó la biblioteca de los Descalzos á ser una de las primeras, sino la primera, de Barcelo- na, pues á últimos del pasado siglo, cuando la visitó el P. Villanue- va, de quien tomamos muchas de las noticias de este trabajo, com- prendía una completa colección de obras clásicas así castellanas como catalanas, entre estas las de S. Pedro Pascual, las de Arnau Vidal sobre gramática, de Marsili, los Oficios de la casa Real de D. Pe- dro IV, notándose, así bien, una colección de cartas de eruditos con- temporáneos y relacionados con el célebre Nicolás Antonio. Los Car- melitas, en reconocimiento á la donación de Besora, colocaron su retrato sobre la puerta de la biblioteca. No es menos digno de men- tarse D. Pedro de Aragón, hijo de los Duques de Cardona, por la dádiva que hizo en 1673 al monasterio de Poblet, de su biblioteca comprendiendo unos 6000 volúmenes de las principales ediciones de aquel siglo y del anterior, con la especialidad de ir todas ellas e n - cuadernadas en tafilete rojo, con relieves dorados, y colocadas en ar- marios de ébano y cristal de Venècia. Nada resta hoy de estas pre- ciosidades: por casualidad fué á parar á manos de u n amigo nuestro, que lo encontró revuelto entre los heterogéneos objetos de un escena- rio, uno de aquellos volúmenes, y ¿sabéis cuál era el pié de impren- ta? Nada menos que de los Elzevirs, de esa casa cuya perfectísima tipografía ha sido hoy modelo para las más lujosas ediciones. D. Jaime Ramon Vila, escritor barcelonés del siglo á que nos re- ferimos, dejó también varios manuscritos al Convento de S. Geróni- mo de la Murta, entre ellos un gran nobiliario en 4 volúmenes folio de que era autor. Hizo copiar así mismo á sus expensas algunas an- tiguas obras de historia de Castilla y Aragón, que han figurado mo- dernamente en alguna de las principales bibliotecas de esta Capital. E n la centuria ariterior á la actual, aumentó en Cataluña la tra- dición erudita, representada por hombres insignes. Uno de ellos, el Sr. D. Ignacio de Dalmases y Ros, primer cronista del Principado, poseía una selecta biblioteca que creemos conservan sus nobles des- cendientes. Por este mismo tiempo llamaba ya la atención de los sa- bios el Museo de historia natural que desde el siglo XVI habia em- pezado á formar la familia de Salvador, del cual nos ocuparemos más adelante. E l P . M. F r a y Tomás Ripoll puso gran diligencia en el arreglo de la biblioteca del Convento de Santa Catalina de esta Ciudad, ( 5o) abrie'ndola al público, que desde entonces pudo consultar á más de las obras modernas, los antiguos códices catalanes, las tablas astronó- mico-geográficas, los manuscritos árabes y tantas otras excelentes obras que ya desde antiguo venia poseyendo aquella suntuosa casa. Consig- nan los me'ritos de este patricio las frases que se leen en una lápida que se conserva en el actual Museo de Santa Águeda, que le pusie- ron sus coetáneos al pié del busto que se veía á la entrada del Con- vento. Otro dignísimo eclesiástico, canónigo de Tarragona, D. Ramon Fo- guet, que falleció á últimos del pasado siglo, se hizo también acreedor á la pública estimación al legar á la biblioteca de PP. Observantes de S. Francisco de aquella ciudad su biblioteca de unos 4000 volúme- nes, su monetario de unas 3ooo piezas entre monedas y medallas, y un pequeño gabinete de historia natural. Al hablar de este sujeto es- clama en su entusiasmo el P. M. Villanueva: «Nunca serán bastante- mente alabados los literatos que hacen esta especie de donaciones á la posteridad, perpetuando el buen uso del tesoro que más estimaron en su vida.» Poseía asi mismo Foguet una colección de pinturas que pasó á su hermano D. Francisco. Llegamos ya á la época en que verificó su viaje literario el cita- do P. Villanueva, esto es, á principios de este siglo (1804) en la cual pudo afortunadamente contemplar toda la suma de esos tesoros que presto debian desaparecer. Con interés nos habla de la biblioteca de obras raras catalanas, del ordenado monetario, de las obras de numis- mática, y de los objetos de historia natural que guardaba el P. Fray Juan Izquierdo, Provincial de S. Agustin de Barcelona; nos describe los códices del Archivo de la Catedral que acababa de investigar el insigne Caresmar; y á la par se lamenta de la indiferencia dominan- te respecto la conservación de las antigüedades, á pesar de los bue- nos deseos de alguna que otra persona, como el canónigo de este Cabildo, Oliveres, quien proponía colocarlas en la esplanada, donde al mismo tiempo que hermoseasen el paseo estuviesen expuestas á la pú- blica contemplación. Y era tanto más de lamentar esta indiferencia hija de la falta de instrucción, cuando se contaban entonces en Bar- celona cuatro bibliotecas públicas: la de P. Dominicos con 20.000 vo- lúmenes, la de Franciscanos (llamada Mariana) con 9618; la de Car- melitas Descalzos con 8160, y la de Mercenarios con 6000. Lejos de la Capital, en la soledad del Monasterio de Bellpuig de las Avellanas, habíanse dado á conocer desde mediados del siglo XVIII tres ilustres religiosos, que se dedicaron con abundante fruto al estu- dio de nuestras antigüedades. D. Jaime Caresmar, infatigable erudito, que al morir en 1791 dejó á aquella casa diez y ocho volúmenes de trabajos históricos donde resplandece la más atinada crítica; D. Jaime ( 5i ) Pascual, catalanista entusiasta y ardiente investigador, cuyas coleccio- nes, anotaciones y misceláneas comprendían trece tomos (murió en 1804) así como eran de un gran valor sus tres monetarios, sus códi- ces, sus colecciones de historia natural y de antigüedades griegas, ro- manas y egipcias; y D. José Martí, de escelente crítica como Cares- mar, que se ocupó de la Canónica catalana antigua y de otros trabajos de erudición; son los tres varones eminentes que hicieron célebres sus nombres en la historia de las letras catalanas, y convirtieron en un valioso centro de enseñanza la antigua casa de la orden premonstra- tense. Salat, autor de la obra sobre las Monedas de Cataluña, nos dá noticia de algunas de las principales colecciones que en su tiempo habia en Barcelona, entre ellas las de D. José Mariano de Cabanes, D. Enrique García de la Huerta y otras. Al alcanzar los primeros años del siglo actual, nos hallamos con la decadencia rapidísima de ese caudal cuya descripción hemos bos- quejado. La guerra de la Independencia primero, las conmociones po- líticas después, y en especial la catástrofe de i835, en que quedaron destruidas por el saqueo y el incendio la mejor parte de las casas religiosas de nuestra provincia, pusiéronla en el trance del que ve ani- quilada en un dia la herencia que le legaron sus mayores. Gracias empero, á algunas personas amantes de nuestro buen nombre pudo recogerse parte de aquellas riquezas, particularmente los libros, para constituir la actual Biblioteca provincial con sus 140.000 volúmenes, entre ellos 443 ediciones del siglo XV, 368 manuscritos, pasando otros, como los preciosos códices de Ripoll, al Archivo de la Corona de Aragón. Gracias, también, á haberse conservado los depósitos de las Cor- poraciones civiles, podemos hoy contar con un abundante fondo de documentos histórico-literarios. Larga seria aun nuestra tarea si debié- semos describirlos: meras indicaciones los darán á conocer. En el Ar- chivo de la Corona de Aragón se conservan 18626 escrituras en per- gamino, 6388 volúmenes ó registros de cancillería, el archivo de la an- tigua generalidad de Cataluña, los 2158 legajos y libros del Consejo de Aragón en los siglos XV, XVI y XVII, una gran colección de bu- las pontificias y otros muchos documentos referentes á cuerpos é ins- tituciones relacionadas con el antiguo gobierno del Principado; el ar- chivo municipal cuenta con unos 4000 volúmenes en deliberaciones, dietarios, bandos, cartas originales etc.; el del Real Patrimonio con- tiene los documentos pertenecientes á la antigua bailia general de Ca- taluña y los del Maestro Racional y comprende unos 44000 volúme- nes ó legajos. En bibliotecas, después de la provincial de que hemos hablado, sigue en importancia la episcopal, con unos 20,000 volúme- ( 52 ) nes y los 2000 que forman la especial catalana, á la que legó sus in- teresantes papeles el célebre me'dico D. Carlos Gimbernat; la de la Facultad de Medicina, la de las Academias de Ciencias naturales, de Buenas Letras, de Jurisprudencia etc. Con estos elementos, como á base de estudios, ha debido contar exclusivamente la generación que abrió los ojos á la luz en los dias de decadencia y ruina. Hoy, por dicha, un espléndido renacimiento brota en todas las ramas del saber; y si este renacimiento ha sido más señalado en literatura é historia que en ciencias físicas y natu- rales, débese á que los que á estas se dedican no han poseído, en ge- neral, aquellos centros dónde ir á beber los saludables manantiales de la observación; y hasta en el mismo campo de la historia han sido menos cultivadas las antigüedades, por ser también más raras las co- lecciones de esta clase. Aunque es cierto que para el progreso de las ciencias habia poseido Barcelona el gran museo de los Salvadors, que desde 1598 habia ido en aumento, en especial el herbario que llegó á 5ooo especies; esta colección no está ya íntegra, ni en disposición de poder ser visitada fácilmente. Y si lo es también que por lo que res- pecta á antigüedades posee aun rica esta Ciudad algunas colecciones particulares, entre las cuales merecen particular mención después del monetario de D. Manuel Vidal-Quadras que compite con el del Mu- seo Arqueológico nacional y posee unas doce ó trece mil piezas; los de los Sres. D. Ramon de Sisear, D. Luis Fernando de Alós, D. Juan Armengol, D. Arturo Pedrals y D. Cayetano Carreras; apesar de la buena voluntad con que sus entusiastas poseedores al igual que los dueños de colecciones particulares de historia natural, Señores de Bell- lloch, Martorell (D. Manuel), Campaner, etc., facilitan particular- mente la visita á esas colecciones, no puede el público sacar de ellas el provecho que reporta lo que es patrimonio de ese mismo público. Y aquí debemos señalar también la rica colección numismática ampu- ritana de D. Celestino Pujol y Camps, de Gerona. No faltan tampoco, en otro orden de estudios, interesantes biblio- tecas y galerías particulares, entre ellas las de D. José Carreras y Ar- gerich, la galería de pinturas de D. Sebastian Anton Pascual hoy de su heredero, las de Campaner, Cabanyes y otros; la biblioteca cer- vántica de Rius, las catalanas de Aguiló y del difunto Sr. Pujol y Baucis; mas de todas ellas podemos decir lo mismo qne hemos indi- cado, esto es, que siendo de dominio particular, sólo de una manera indirecta pueden influir en la cultura general. Últimamente los esfuerzos de la Comisión de monumentos y de la Real Academia de Buenas Letras han podido formar en el artístico edificio de Santa Águeda un museo lapidario y de antigüedades de toda clase, interesante tanto para el arqueólogo como para el artista, ' ( 53) que sólo habia podido disponer hasta ahora de las pinturas modernas y de las reproducciones de antiguos fragmentos arquitectónicos que posee la Academia de Bellas Artes. T a l era el estado de los museos y bibliotecas en nuestra ciudad y en Cataluña, cuando la por demás loable donacion-Martorell ha veni- do á señalar el comienzo de una nueva era de prosperidad y progre- so científico. Inspirándose, sin duda, el eminente ciudadano en ese mismo renacimiento que en todas las esferas del saber se verifica hoy en nuestra patria, ha querido contribuir á su progreso, al igual que lo hizo en vida, después de su muerte. Al legar á la ciudad sus colecciones, y al encomendar la adjudicación del premio quinquenal á la mejor obra de arqueología española, ha hecho mucho más valio- sa su dádiva, confiándola á ese elemento constitutivo de toda socie- dad, al municipio, cuya vida es eterna como las bases en que aquella descansa; librándola así de la infausta suerte que ha cabido á esa no interrumpida serie de tesoros que otros hombres beneméritos confiaron á la sombra del claustro, sin imaginar siquiera, en su fé sencilla, que pudieran un dia ser pasto de la ignorancia y de la codicia. Martorell ha señalado el camino que sin duda será seguido por otros que tendrán á gloria el imitar su ejemplo. Ese nombre, con el cual ha decidido la ciudad fuese bautizado el edificio que ha de guar- dar el legado, será, por siempre más, ilustre para los barceloneses, para los catalanes, para los españoles todos, al juzgar, como lo hacia el erudito viajero, que «nunca serán bastantemente alabados les que haciendo estas donaciones á la posteridad, perpetúan el buen uso del tesoro que más estimaron en su vida.» HE DICHO. ANTONIO AULESTIA Y PIJOAN. 7 ( 53 ) Á LA MEMORIA DEL BON CIUTADÀ, EN FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. SONÉT. •—^ ITXÓS aquell que, al fer "sa despedida 1 dels sérs idolatrats, deixar alcansa - "^~ ^ penyora de conhort per 1' anyoransa del viu de nostre cor ensenyorida. La ciutat que 't aoná naixensa y vida va infundirte ab 1' amor tendra esperansa de deixarli u n a eterna recordansa quan fòs per u n etern ta greu partida. Finares, Martorell! T a ciutat noble recordará ;1 teu nom, puix será digna del clap de gentil mon en que prospera; Retraurá ta memoria tot u n poble, y será per tothom bella consigna d' u n progrés que t è apòstols y 'Is venera. J. RIERA Y B E R T R A N . ( 37) Á LA BONA MEMORIA DE EN FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. u no has estat dels sers que fan la vida T sentint per tot llohansa estrepitosa, y que al morir la humanitat olvida: tu seguires carrera silenciosa y 't cubrí en lo silenci la mortalla; que '1 feble riu per sobre 'ls rochs murmura, y '1 riu potent sense ramors de valla. Ab despullas sens nom d' edats estranyas se formava ton ser, que Barcelona sens saberho portava en sas entranyas. Morires, y '1 xiprer de ta corona llorer se va tornar d' eterna essència, que '1 teu ser, al obrirs' la sepultura lo bressol ha trobat d' altra existencia. Per so avuy, en lo clos d' aquesta sala, devant la patria tots sos filis s' aplegan; lo goig mes pur de tots los pits s' exhala, devant ton nom las testas se doblegan, y diu desd' ara al mon la patria historia que '1 fruyt de tos afanys nostre entussiasme de sigle en sigle te '1 retorna en gloria. ÁNGEL GUIMERÀ. ( >9 ) Á LA GEOLOGÍA. DEDICADA AL DISTINGUIDO PATRICIO D . FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. ODA. ^ BREME, tierra, las profundas hojas / \ que encierran de t u vida los afanes, •*• *-y nuevamente las antorchas rojas enciende de tus hórridos volcanes; que, á su luz, quiero penetrar tu historia, cantar tus timbres y ensalzar tu gloria. ¡Cuántos siglos y siglos han pasado en que sólo la bárbara codicia abrió tu seno, de metal preñado! ¡cuántos siglos, de u n polo al otro polo, te creyó el hombre un pedestal tan sólo! Comprendo tu dolor, tu pena triste, cuando á los sabios viste rasgar el velo azul del firmamento, astros y soles reducir á cuento, y, desprendidos de tus dulces brazos, de otros planetas estudiar los lazos y perseguir el vago movimiento. Dolióte ver á tus ansiosos hijos en otros mundos los anhelos fijos; pero tú, como madre cariñosa, ( Co ) perdonaste su amante desvarío; y, llorando á tus solas su desvío, hacinabas, prudente y afanosa, preciosos materiales para el dia en que viera la luz la Geología. Y aquel dia llegó; por fin el sabio bajo hacia el suelo los alzados ojos, reemplazó la piqueta al astrolabio y removió tus fósiles despojos. Y él, que del primer libro buscara ansioso la edición primera, miró impresas con hondos caracteres las formas variadas de los seres que á Dios plugo lanzar á nuestra esfera; con sorpresas crecientes, á la luz de la ciencia, en sobrepuestas losas funerarias descubrió la existencia de aniquiladas razas embrionarias y de razas que aún están presentes; vio, en tus hondas heridas, el paso de unas vidas á otras vidas; y te abarcó en conjunto, desde el sublime punto en que Dios te llamó con voz de trueno y el caos arrojóte de su seno. Lloraste ya al nacer, ¡quién no ha llorado! tus lágrimas copiosas, desprendidas, el monte abandonaron por el llano, y en los cóncavos senos recogidas, rellenaron el férvido Occéano. Flotó en la nada tu gigante cuna; la gravedad colgóte en el espacio; pabellones de nácar y topacio te dio el sol, en las gasas de sus nieblas, y, rasgando las lóbregas tinieblas, para tus noches encendió la luna. La materia candente se enfrió de las aguas al contacto, ( 6i ) como el dolor, que siente, del llanto amigo, silencioso tacto; formada la película primera sintió del fuego el ardoroso brío, y á ondular comenzó, de igual manera que las mieses ondulan en estío; pero vencido, y encerrado luego, por nuevas capas el hirviente fuego, desahogó su furor lanzando al alto columnatas de lava y de basalto. Como sencilla virgen ruborosa, al vislumbrar el sol entre celajes, con florecientes y verdosos trajes cubrió su desnudez la tierra hermosa; y mientras las erráticas estrellas la ley fijaban de sus claras huellas robando de los iris los colores pintó la flora sus galanas flores. Y la fauna nació; vida rastrera tuvieron los primeros moradores, que terminó en el cieno; el aire impuro, irrespirable era, y nunca vieron el azul sereno. No bastó de las conchas la defensa de los arrastres á evitar la ofensa, y en pétreas fosas yacen que ni al golpe del hierro se deshacen. Y el sabio, al ascender de prole en prole, dio con la de hulla portentosa mole, profeta de la industria de estos dias, y, al vislumbrar visibles armonías entre aquel mineral y nuestra fragua, y estudiar de su enlace la potencia, admiró la divina Providencia que antes de darnos sed, diónos el agua. En oscuras cavernas hacinados, animales halló, tan asombrosos, 8 ( 62 ) que, aunque muertos están y destrozados, ponen miedo en los pechos animosos. Aves que al sol lucieron sendas galas, que en rastreante vuelo recorrían el suelo, y que de piedra tienen hoy las alas. Y, sepultos en lodo, los escualos y saurios devorantes, los mammutes gigantes, que de rehacer la ciencia encuentra modo; razas que un dia el orbe dominaron y, por fortuna, á no volver pasaron: tan sólo allá en las márgenes del Nilo, recuerdo vivo, asoma el cocodrilo. Cual madre cariñosa que, presintiendo de otro ser la vida, ya dispone afanosa cuanto al reposo y al placer convida, asi, naturaleza, con diligente mano, ya la morada á preparar empieza para el huésped cercano; apaga los volcanes cuya luz le ofendiera; de los raudos inquietos huracanes amengua la carrera; y, en sus antros ignotos, encierra los terribles terremotos. Con valladar de arena, del mar soberbio la pujanza enfrena; cuelga del árbol el añal tributo de su sabroso fruto; con incienso de ñores embalsama las brisas regaladas; pajarillos cantores pululan por las verdes enramadas, y, templando el ardor del fuerte estío, llueve sobre las hojas el rocío. Con el genio en la frente, ( 63 ) con amor en el alma, ante natura rica y sonriente, despertó el hombre bajo verde palma; y á sus ojos salió la vida entera, absorto y extasiado, al mirar á su lado una dulce y hermosa compañera. Las capas del plioceno le dieron sepultura, que halló de un semejante la figura otro humano, cavando aquel terreno; y, para que no acuda á su mente la duda, encuentra en formas raras hachas, labradas por sus propias manos, que dicen á las claras que, nacidos á un tiempo, el trabajo y el hombre son hermanos. De entonces, sin notable sacudida, paso á paso siguió lenta la vida; t a n sólo un dia, de recuerdo triste, que en erráticos bloques está escrito, para lavar el mundo de un delito Dios rompió el dique que á la mar resiste. Las aguas se cernieron sobre el monte, y al arrastrar con ímpetu salvaje, para que más á su Hacedor no afronte, casi el humano terrenal linaje, tanta hez en su curso recogieron que amargas á sus senos se volvieron. Mas ya todo acabó; con nuevo brío retoñó el árbol á cercen cortado; volvió á hacer nido el pajarillo alado, volvió á su cauce el anchuroso rio, y, del sol á la luz y de la luna, volvió el mar á mecerse en su ancha cuna. ( 64) Geología explendente, peana de la historia que en tí fija la planta prepotente, y recibe de tí blasón y gloria. Tu luz es la tan pura que presidió del mundo el nacimiento, y, en las ondas del viento, dio un ósculo á tu virgen hermosura. Tuyo es el sacro fuego que mantienen incógnitas vestales de la tierra en el centro, sin sosiego. Ciencia nacida ayer, ya eres gigante; para á tu arbitrio manejar la tierra y remover cuanto su fondo encierra, heredaste los músculos de Atlante. Hasta en Nerón al hombre has convertido, pues, rasgando los senos de su madre, sus entrañas has hecho que taladre para ver el lugar donde ha nacido. Tú miras otras ciencias de estos dias como al sol del saber raudas se elevan, mas de improviso caen, porque llevan alas de cera, débiles teorías. Tú buscas en la muerte caminos de verdad; y, de esta suerte, con firme planta subes, por escalas de piedra, hasta las nubes. Colección tienes ordenada y rica de fósiles, y huellas naturales, medallas que ninguno falsifica; tus teorías son fijas é inmortales, que en mármoles se basan y en granitos; tus antiguos anales, por el dedo de Dios están escritos. MELCHOR DE PALAU. COLECCIONES. «-^^CXííiCSXS^J^-j -• (67) COLECCIÓN DE H I S T O R I A N A T U R A L . C^C^Çj\j£XÇilj7^}^3^» N los trabajos leídos en el seno de las Asociaciones que hon- E raron la memoria de D. Francisco Martorell y Peña, se han dado interesantes noticias acerca de las colecciones de histo- ria natural y arqueología, legadas á la Ciudad de Barce- lona. Hubiéramos deseado dar aquí detallada cuenta de las mismas, pero fácilmente se comprenderá que su inventario y catálogo sobre ser empresa difícil, requiere un largo espacio de tiempo para poder realizarse, y como el hasta hoy transcurrido no haya sido bas- tante á pesar de la laboriosidad de la persona á quien ha confiado el Excmo. Ayuntamiento de Barcelona la conservación del Museo Mar- torell, de aquí que á nosotros sólo nos sea posible dar incompletísima noticia de las mismas. La colección de objetos de historia natural se divide en dos par- tes para nosotros. De la primera sólo podemos hacer mención, y ésta comprende multitud de objetos de geología, zoología, fósiles, antigüedades prehis- tóricas del extranjero, etc. De la segunda parte, ó sea de la colección de Malacologia ó mo- luscos, es posible ya dar interesantes detalles por estar adelantados los trabajos de clasificación. (68) COLECCIÓN DE MALACOLOGÍA. Comprende esta colección ejemplares de los siguientes géneros: GÉNEROS. ESPECIES. EJEMPLARES. Argonauta Linneo. 3 4 Spirula Lamarck. i 3 Nautilus Linneo. i 2 Hyalea » 3 10 Cleodora Perón. i 2 Cuvieria Raug. i 18 Yanthina Bolt. 4 H Carinaría Lamarck. i 2 Murex Linneo. 45 107 Typhis Monfort. 2 6 Trophon » I 8 Fu sus Lamarck. 16 37 Melongena Schumacher. 10 22 Cyrtulus Hinds. 2 3 Pleurotoma Lamarck. 48 383 Lachesis Risso. i 20 Tritón Lamarck. 32 58 Persona Monfort. 2 4 Ranella Lamarck. 19 40 Buccinum Linneo. 25 58 Bullia Gray. 7 9 Phos Monfort. I 3 Hindsia Adams. I 1 Nassa Linneo. 53 218 Eburna Lamarck. 4 6 Cj'clops Monfort. 1 7 Purpura Brugnieres. i5 26 Ricinula Lamarck. 16 36 Monoceros » 5 8 Concholepas » 1 2 Cuma Humphroy. 2 4 (69) Raparía Schumacher Coralliophila A. Adams. Rapa Klein. Magilus Montfort. Leptoconchus Ruppel. Oliva Brugnieres. Dispacus Klein. Ancillaria Lamarck. Fasciolaria » Busycon Bolten. Latirus Monfort. Turbinella Lamarck. Scolymus Sowerbyi. Voluta Linneo. Mitra Lamarck. Marginella » Erato Risso. Volvaria Lamarck. Columbella » Harpa » Cassis » Cassidaria « Oniscia Sowerbyi. Dolium Lamarck. Malea Valenc. Ficus Rousseau. Velutina Blainville. Lamellaria Montagu. Nática Adanson. Sigaretus Lamarck. Scalaria » Terebra Brugnieres. Pyramidella Lamarck. Obeliscus Humphrey. Ringicula Deshayes. Chemnit\ia D' Orbigny. Odostomia Fleming. Eulimella Forbes. Eulima Risso. Solàrium Lamarck. Contis Linneo. Dibaphus Philippi. Strombus Linneo. (70) Pterocera Lamarck, Rostellaria » • Chenopus Philippi. Struthiolaria Lamarck. Halia Risso. Terebellum Lamarck. Cipraza Linneo. Ovula Brugnieres. Calpurnus Montfort. Cjrphoma Bolten. Birostra Sowerbyi. Cancel·laria Lamarck. Cerithium Brugnieres. Melania Lamarck. Yo Lea. Pyrgiila De Crist. Lep toxis Raf. Melanopsis Ferussac. Pirena Lamarck. Littorina Ferussac. Modulus Gray. Fossai'us Philippi. Paludestrina D' Orbigny. Planaxis Lamarck. Rissoina D' Orbigny. Rissoa » Hydrobia Hartmann. Paludinella Pfeif. Amnícola Gould. Vivípara Lamarck. Paludomus Sowerbyi. Bythinia Gray. Valvata Muller. Ampullaria Lamarck. Tiirritella » Cxcum Fleming. Vermetus Adanson. Siliquaria Brugnieres. Onustus Humphrey. Xenophorus Fischer. Calíyptrcea Lamarck. Trochita Schumacher Galerus Humphrey. (7i ) Crepidula Lamarck. 8 47 Pileopsis » 4 14 Narica Rechor 2 4 Neritopsis Grat. I Nerita Linneo. in 20 Neritina Lamarck. 45 238 Nav ¡cella » 8 12 Phasianella » 10 48 Turbo Linneo. 22 5i Astralium Link. 3 8 Uvanilla Gray. 1 1 Pachypoma » 8 13 Adeorbis Wood. 1 19 Rotella Lamarck. 6 Chrysostoma Swainson. H i 2 Delphimtla Lamarck. 1 2 Livona Gray. 1 3 Trochus Linneo. 2 5 Pyramidea Swaison. 4 6 Polydonta Schumacher. 3 22 Clanculus Montfort. 9 3 Craspedotus Philippi. 1 22 Monodonta Lamarck. 9 5 Euchelus Philippi. ? 34 Thalotia Gray. 1 9 Zi^yphinus » 11 2 Elenchus Humprhey. 3 5i Bankïvia Beck. 1 6 Trochocochlea Klein. 2 6 Clorostoma Swainson. 4 4 Omphalius Philippi. 3 8 Monilea Swainson. 1 2 Gibbula Risso. 14 70 Vitrinella C. B. Adams. 2 21 Stomatella Lamarck. 4 12 Gena Gray. ? ? Haliotis Linneo. 12 27 Teinotis H. et A. Adams 1 3 Fis sur ella Brugnieres. 19 72 Emarglnula Lamarck. 7 22 Rimula Defrance. 1 2 Subemar ginula Blainville. 1 3 Dentalium Linneo. (70 Patelloidea Quoy. 21 4' * Gadinia Gray. I 4 Patella Linneo. 22 69 Nacella Schumacher. 2 7 Chiton Linneo. 24 48 Tornatella Lamarck. 4 8 Aplustrum Schumacher. i 2 Hydatina >> 3 4 Bulliria Ferussac. i 2 Çylichna Loven. 3 ? Utriculus Brown. 3 12 Vàlvula A. Adams. i 2 Bulla Klein. 3 18 Haminea Leach. 4 14 Akera O. Muller. i 1 Scaphander Montfort. i 3 Atys » 6 i3 Philina Ascanias. i 2 Lobiger Krohn. i 1 Dolabella Lamarck. 2 2 Dolabrifera Gray. I 1 Aplysia Linneo. 3 8 Umbrella Lamarck. 2 6 Tes tac ella Cuvier. I 7 Vitrina Draparnaud. 12 38 Simpulopsis Beck. I 2 Succinea Draparnaud. 22 97 Hèlix Linneo. 644 3273 Hypselostoma Benson. I 1 Anostoma Fischer. I 1 Streptaxis Gray. 8 i5 Bulimus Leopoli. 247 638 Partida Ferusac. 10 25 Auriculella Píeiffer. 1 4 Achatinella Svainson. 53 119 Car e lia H. et A. Adams. 2 5 Columna Perry. 1 I Rhodea H. et A. Adams. 1 I Spiraxis C. B. Adams. 1 2 Orthalicus Bech. 6 10 Perideris Shuttlevorth. 3 3 Limicolaria Schumacher. 6 8 Achatina Lamarck. (7?) Ferussaccia Bourguinat 6 8o A^eca Leach. 7 57 Tornatcllina Beck. i i Oleacina Bolten. 7 20 Streptostyla Shutt. 2 4 Pupa Draparnaud. 85 I3I6 Macroceramus Guilding. 17 53 Cylindrella Pfeiffer. 7i 239 Megaspira Lea. i 2 Coeliaxis Adams. i 1 Temesa » i 2 Balea Pidreaux-Gray. 3 21 Clausilia Draparnaud. 9 3 361 Limax Linneo. 3 7 Parmacella Cuvier. i 3 Melampus Montfort. 10 4i Marinula King. 2 5 Pedipes Adanson. 2 33 Pythia Bolten. 14 27 Cassidula Ferussac 4 16 Aurícula Lamarck. 3 6 Alaxia Leach. 3 14 Blauneria Shuttl. i 22 Leuconia Gray, i 6 Carichium O. F. Muller. i 10 Proserpina Gray. 3 16 Chilina » 8 i5 Limnxa Lamarck. 39 266 Amphipeplea Nilson. i 1 Phisa Drap. 22 100 Physopsis Krauss. I 3 Planorbis Suettard. 36 279 Ancylus Geoffroy. IO 198 Ampullacera Quoy. 3 6 Siphonaria Sowerbyi. 12 26 Truncatella Risso. 9 78 Cyclotus Guilding. 12 17 Opisthoporus Benson. 2 2 Pterocj'clos » 4 4 Craspedopoma Pfeiffer. 3 23 Aulopoma Troschel. i 1 Cyclophorus Montfort. 25 40 Leptopoma Pfeiffer. 6 8 ** (74) Dcrmatocera Adams. 2 5 Megalomastoma Guilding. li 62 Cataulus Pfeiffer. i 1 Pupina Vignard. 5 13 Registoma Hasselt. 4 14 Callia Gray. i 1 Choanopoma Pfeiffer. 18 62 Ctenopoma Shutleworth. io 56 Diplopoma Pfeiffer. i 3 Adamsiella » i 1 Lithidion Gray. i 1 Otopoma » i 1 Oyclostomus Montfort. 20 49 Tudora Gray. 6 18 Leonia 1 5 Cistula » 9 23 Chondropoma Pfeiffer. 40 138 Pomatias Studer. 19 100 Hydrocena Parreyss 2 6 Omphalotropis Pfeiffer. 2 4 Trochatella Swainson. 8 36 Litcidella » 1 4 Helicina Lamarck. 36 120 Alcadia Gray. 5 9 Pholas Linneo. 3 4 Dactylina Gray. 4 7 Barnea Risso. 2 3 Zirphcea Leach. 1 2 Martesia » 1 1 Teredo Linneo. 2 5 Fistulana Brugnieres. 1 1 Gastrochcena Lamarck. 2 3 Aspergillum. » 2 3 Solen Linneo. 2 6 Ensis Schumacher. 3 10 Phartts Leach. 2 4 Pharella Gray. 1 1 Solecurtus Blainville. 3 7 Machoera Gould. 1 1 Tagelus Gray. 4 9 Saxicava FI. de Belleone. 1 3 Mya Linneo. 1 3 Corbula Brugnieres. 9 73 (75 ) Anatina Lamarck. 2 2 Thracia Leach. 3 8 Pandora Brugnieres. 2 5 Mactra Linneo. 2 5 Maclrella Gray. I 2 Hemimactra Sowerbyi. II 22 Mulinia Gray. 3 4 Rangia Desmoulins. 2 4 Lutraria Lamarck. o 7 Tresus Gray. I i Darina » I i Standella » 2 3 Coecella » I i Asaphis Modeer. 3 io Psammobia Lamarck. 4 li Sanguinolaria Lamarck. i 2 Soletellina Blainvitte. 4 7 Elidia Gray. i 2 Tellina Linneo. 49 I3I Tellidora Morch. i I Fragilia Deshayes. 2 3 Lucinopsis Forbes. I i Donax Linneo. 15 54 Capsa Lamarck. 2 4 Galatea Brugnieres. 2 4 Scrobicularia Schumacher. 2 4 Syndosmya Recluz. 2 14 Amphidesma Lamarck. 7 12 Paphia Gray. 4 6 Mesodesma Deshayes. 3 9 Venus Linneo. 12 36 Mercenaria Schumacher. 7 18 Criptograma Morch. 7 13 Chione Megerle. 14 38 Çytherea Lamarck. 7 9 Callista Poli. ii 27 Tivela Link. 5 6 Sunetta » 3 6 Circe Schumacher. 14 58 Dosinia Scopoli. 12 24 Çyclina Deshayes. 3 5 Tapes Megerle. ^4 137 l'cnerupis Lamarck. 6 14 (76) Çypricardia » Coralliophaga Blainville. Petricola Jonas. Choristodon » Cyprina Lamarck. Cyrena » Corbicula Megerle. Batissa Gray, Cyclas Brugnieres. Pisidium Pfeiffer. Cordium Linneo. Papyridea Sowerbyi. Lcevicardium « Hemicardium Cuvier. Adacna Eichwals. Ysocardia Lamarck. Chama Brugnieres. Tridacna » Hippopus Lamarck. Lucina Brugnieres. Loripes Poli. Corbis Cuvier. Diplodonta Broun. Peronia Rechor. Kellia Turton. Hindsia Deshayes. Galeomma Turton. Astarte Sowerbyi. Gouldia C. B. Adams Cardita Brugnieres. Mytilicardia Blainville. Lacaria Gray. Unió Retzius. Margarita Schumacher. Barbala Humphrey. Anodonta Cuvier. Iridina Lamarck. Pleiodon Cour. Spatha Lea. Hyria Lamarck. Castalia » Aetheria » Mytilus Linneo (77) Crenella Broun. 2 10 Nuculocardia Orbigny. I 10 Modiola Lamrck. 13 29 Lithodomus Cuvier. 7 13 Modiolarca Gray. i 2 Dreyssena Van Ben. 3 11 Septifer Rechor. i 2 Avicula Lamarck. 5 7 Meleagrina » i 1 Perna Brugnieres. i 10 Malleus Lamarck. 4 6 Pinna Linneo. 9 16 Trigonia Brugnieres. 2 2 Arca Linneo. II 27 Barbatina Gray. 12 36 Anomalocardia Klein. II i5 Senilia Gray. I 2 Scapharca » I 2 Para llelipipedu m Klein. 2 4 Argina Gray. I 2 Cuculloea Lamarck. t I 1 Pectunculus » 10 18 Nucida >> 2 11 Leda Schumacher. 5 17 Yoldia Muller. ? 1 Nuculina Wood. i 2 Pectén Brugnieres. 38 77 Vola Klein. 7 9 Pleuronectia Sowerby. 4 4 Lima Brugnieres. 9 18 Pedum i 2 Spondylus Lamarck. i3 18 Plicatula » 2 6 Anomia Linneo. 6 19 Placuna Lamarck. i 1 Placenta Retzius. i 1 Vulsella Lamarck. 2 2 Ostrea Linneo. 12 27 Amphidonta Fischer. 4 4 Alectryonia « 2 11 Terebratula Lwyd. 2 4 Tercbratulina Orbigny. 4 9 Megerlea King. I 2 (7») Magas Sowerbyi. i 2 Argiope Deslongchamps. i 7 Orbicula Cuvier. 2 3 Lingula Brugnieres. 2 6 TOTAL. Géneros 406. Especies 4.422. Ejemplares. 17051. No siendo posible publicar el detal'e del anterior catálogo por no estar ultimado, hubiéramos deseado por lo menos poder hacerlo de aquellos grupos que enriqueció con sus investigaciones el Sr. Marto- rell, pero este nuestro deseo tampoco podemos realizarlo por lo que toca al género Helix u n o de los más importantes por dicha circuns- tancia; nos limitaremos, pues, á dar el catálogo de los géneros Limnea y Modiola, y respecto del género Helix reproducimos la variedad Martorelli descubierta en Sarria aumentada de cuatro veces mayor que el natural y clasificada por Burgniaut. GÉNERO LIMN^EA.—Lamarck. ESPECIES. AUTORES. PROCEDENCIA EJEMPLARES. Amj'gdola Trsehl. Europa. I Appresa Say. Michigan. 2 Auricularia Drap. Barcelona. 3 Calella. 3 Constanza. 1 R. Duero (Soria). 4 Zaragoza. b Var. Canalis Villa Orihuela. 5 Catalonica Parrays. Barcelona. 4 Catascopium Say. Filadèlfia. 4 Columella Say. Michigan. 3 Cubensis Pfr. Isla de Cuba. 3 ( 79) Desidiosa Say. Ohio. 4 Elodes Say. Maine. 3 Fiar ida Morel. China. 2 Fragilis Say. Delaware. 2 Glacilis Dup. Escálelas. 4 Glabra Mull. Francia. 4 Var. Francfort. 5 Glutinosa Drap. Bélgica. 3 Gracilis Jay. Michigan. 3 Hit milis Say. Maine. 3 Intermedia Feruss. Francia. -• Limosa L. Barcelona. 4 Calella. 5 Gerona. 10 Olot. 4 Sardañola. 4 Soria. 7 Marginata Mich. ? 2 Megasoma Say. Florida. I MARTORELLI Bourg. Bafwlas. 10 Dos veces mayor del natural. Ovala Drap, Albufera (Valencia). 4 Galicia. 3 Sevilla. 3 Palustris Drap. Cataluña. 2 var. elongata Reg. Mahon. 3 var. Corbus Gnr. Barcelona. 3 var. Mahon. 4 Peregra Mull. Caldetas. 4 Mahon. 4 Galicia. 6 Francia. 3 Valle de Aran. 6 Reflexa Say. Michigan. 4 Rubiginosa Betta. Italia. 2 (8o) Rufescens Gray. Isla Mauricio. 4 Stagnalis Drap. Argelia. i Michigan. i Jura. 3 var. Roma. i Truncatula Mall. Soria. 6 Sarria. 6 Luchon. 6 Isla de Madera. 16 Orihuela. 4 Barcelona. 15 Italia. 7 Vulgaris Pfr. Calella. i3 a. Suiza. i b. Menorca. 4 c. Palma. 6 Maine. i GÉNERO MODIOLA.—Lamarck. Adriàtic a Lam. Barcelona. Albicosta Lam. Is'.a Timor. Barbata L. Barcelona. Mahon. Glaberrima Dunk. Australia. Guyanensis Lam. Pernambuco MARTORELLÏ Hidal. Benicarló. Mitad del'natural. Petagnce Suah. Barcelona. Plicatula Lam. Nueva Orleans. (8i ) Semifurca Lam. Panamá. I Sonhausii Ree. China. 2 Pulipa Gm. Matanzas. 3 a. ? Isla Mauricio i b. ? Mar Rojo. i COLECCIÓN NUMISMÁTICA. Dejamos dicho que la última en orden de las colecciones forma- das por D. Francisco Martorell y Peña fué la numismática, y por lo mucho y bueno que recogió en tan poco tiempo puede juzgarse d e lo que con el tiempo hubiera sido, si este no hubiese acabado de un modo tan inesperado con la vida de tan esclarecido patricio. Sobre unas 1.750 monedas y medallas de oro, plata y cobre, de que consta el monetario, pendientes de clasificación, y casi en su totali- dad pertenecientes á las nacionalidades españolas, pues solo dos chelines ingleses de últimos de la edad media hay en la colección, la colección mas notable es la que se refiere á la numismática catalana que cons- ta de unas 58o monedas, á saber: Reyes de Aragón: monedas de oro 10; de plata 19; de bronce 9. Condes de Barcelona, y pueblos catalanes: monedas de oro 8,—con la bilingüe-árabe-latina de Berenguer Ramon I;—un centenar de plata con la ausonense publicada por Villanueva y que se creía perdida; y 181 de cobre. Condes Reyes de Aragón, de Provenga, Montpeller y Rosellon; 10 monedas de plata; y 19 de cobre. Reyes de Las Baleares; 1 moneda de oro; 36 de plata, y 46 de cobre. Reyes de Valencia; 1 moneda de oro; 35 de plata, y i3 de cobre. Reyes de Aragón, reyes de Cerdeña; 10 monedas de plata y 33 de cobre.—Esta colección es muy preciosa por ser raras las dichas mo- nedas y ser casi completa. No contiene como las otras duplicados. Reyes de Aragón y de las dos Sicilias; 22 monedas de plata y 18 de cobre. (82 ) La colección navarresa tiene 7 monedas de plata; y 27 de co- bre. La Castellana y Reyes de España, Duques de Milán y reyes de los Países bajos es importante. Principia con Alfonso VI —año 1073— y acaba con Amadeo I. Las series son poco numerosas, pero bastante se- guidas, y la flamenca tiene piezas de valor y es notable, pues consta de 5 monedas de oro, 29 de plata y 53 de cobre. La serie americana es escasa, pero notable por el valor comercial de sus piezas; solo tiene 18 monedas de plata, y 11 de cobre. La colección árabe no es de extrañar que sea escasísima por lo mismo que no son comunes ni mucho menos los hallazgos de mone- das árabes en Cataluña, por esto solo tiene i5 monedas de plata; y 5 de cobre. Mas importante, y fruto de sus espediciones es la colección por- tuguesa que arranca de la edad media y contiene 4 monedas de oro, 45 de plata; y 76 de cobre. Respecto á la colección antigua hay que notar que las monedas con inscripción púnica están representadas por 10 monedas de cobre de Cádiz y Málaga, y por 4 Ebusitanas.—Las que contienen inscripcio- nes ibéricas y celtibéricas, inclusa la Ampuritana, que .solo cuenta siete monedas, dos de ellas de plata, con una variedad inédita y que no se encuentra en la preciosísima colección del señor Pujol de Gerona, cons- ta de 14 monedas de plata; y de un centenar de cobre.—El resto del monedaje celtibérico contiene piezas raras. Curiosidades las tiene la colección, pues además de la Ampuritana y de la Ausonense hay una moneda de oro visigoda cuya lectura nos ha sido imposible, y que no nos parece una falsificación. La adquirió el Sr. Martorell y Peña en Italia. Hay además los duros acuñados por los cantonales de Cartagena; multitud de dinerillos de Aragón; 5 mo- nedas de las acuñadas por los maestres de Malta, etc. La colección de medallas contiene algunas de italianas de indispu- table mérito artístico; y la de proclamaciones de reyes de España; y la acuñada con motivo de sucesos faustos en. España y Flandes es muy notable y completa. Bastará lo dicho para que se tenga idea del importante núcleo que para el futuro monetario catalán ha legado á Barcelona el Sr. Mar- torell y Peña; pero al terminar, y para evitar hasta la sombra de in- verosímiles suposiciones, nos toca declarar que contadas de paso, y sin ningún estudio las monedas de la colección que nos ocupa, como que solo dedicamos á su recuento y examen una sesión de tres horas, no deben tomarse las cifras presentadas por nosotros como de una ri- gurosa exactitud, así por lo que hace al total, como por lo que toca á las clases y variedades. ( 83 ) BIBLIOTECA. La Biblioteca de D. Francisco Martorell y Peña legada también á nuestra ciudad consta del siguiente número de obras: Religión.—Obra, 3.—Tomos, 3. Geografia y viages.—Obras, 17.—Tomos, 17. Historia.—Obras, 37.—Tomos, 56. Arqueologia.—Obras, 83.—Tomos, 99. Numismática.—Obras, 29.—Tomos, 35. Bellas Artes.—Obras, 8.—Tomos, 10. Arquitectura.—Obras, 7.—Tomos, 7. Ciencias naturales.—Obras, 12.—Tomos, 14. Paleontología.—Obras, 4.—Tomos, 7. Historia natural.—Obras, 73.—Tomos, 91. Agricultura.—Obras, 2.—Tomos, 3. Astronomía.—Obras, 2.—Tomos, 2. Medicina.—Obras, 10.—Tomos, 10. Legislación.—Obras, 10.—Tomos, 10. Comercio.—Obras, 3.—Tomos, 4. Literatura.—Obras, 49.—Tomos, 63. Total.—Obras, 341.—Tomos 411. Creemos que importa hacer constar que como con la muerte de D. Francisco Martorell y Peña han quedado algunas de sus obras in- completas, debiéndose contar entre estas dos de las mas importantes, como son los Catálogos de moluscos de España de Hidalgo, y el Nue- vo método de clasificación de las medallas autónomas de España de don Antonio Delgado, que el Ayuntamiento de Barcelona no descuide su suscricion, ya que para la conservación y fomento de sus colecciones legó D. Francisco Martorell y Peña cantidad suficiente al efecto. APUNTES ARQUEOLÓGICOS DE D. FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. 9 (8 7 ) MONUMENTOS MEGALÍTICOS. L estudio de las llamadas «edades de piedra», por lo que ha- E ce á Cataluña, muy poca cosa ha adelantado desde que la ciencia prehistórica entró en el orden general de los conoci- mientos humanos. Los descubrimientos han sido cortos en nú- mero y á veces hasta insignificantes, y cuando por suerte se ha hecho un descubrimiento de primer orden, la ignorancia ha desba- ratado ó destruido el feliz hallazgo. Hasta hoy los puntos más esplorados y que más abundantes datos para el estudio de la prehistoria catalana han suministrado, han sido los valles de Ribas, donde el presbítero D. Pablo Parasols y Pi, y D. José María Pellicer y Pagés han recogido gran número de hachas de silex y granito, dardos de piedra, cuchillos, puntas de lanza, etc., que guardan en sus colecciones particulares, ó constituyen una de las más notables secciones del Museo provinciol de Artes y Arqueología de Gerona. E n orden á su importancia, y aún en orden superior, hay que co- locar el hallazgo de Caldas de Malavella, donde, además de un buen número de instrumentos de trabajo y defensa de la edad de piedra, se hallaron restos de animales que, aunque todos conocidos, no deja- ban de acusar especies hoy perdidas ó desaparecidas de nuestro suelo y aún de Europa. Pero todos los hallazgos ceden en importancia ante el que tuvo lugar há dos años cerca del Bruch, donde la casualidad puso de ma- nifiesto el esqueleto de un hombre de la edad de piedra, de un guer- rero, del que sólo se recogieron y conservaron las armas que á su lado tenía en la tumba, y lasl cuentas de un collar, habiéndose deshecho al contacto del aire el esqueleto, según se asegura, sin que del mismo se salvara el menor fragmento. Dicho se está que en orden á esta serie de hallazgos, los más im- portantes y los más trascendentales son aquellos que se refieren á los (88) restos animales, 6 al hombre. De aquí la importancia capital y escep- cional de los [hallazgos de Caldas de Malabella y del Bruch. Restos humanos. D. Francisco Martorell y Peña conocía de sobras esta importancia, y de aquí que al registrar las que él llama sepulturas olerdulanas de Bañólas, recogiera los restos de algunos esqueletos hallados en ellas y los depositara cuidadosamente en el Museo de Gerona, donde se guar- dan de un modo conveniente. La relación de este hallazgo se verá circunstanciada al llegar al estudio de las sepulturas olerdulanas. Pero en este momento importa averiguar la trascendencia del ha- llazgo y su importancia. En sus apuntes, dice el Sr. Martorell y Peña: «Estos huesos no tienen valor arqueológico, porque hallamos las sepulturas sin ninguna de las condiciones que, como veremos más adelante, debieran haber conservado si no hubiesen sido violadas y abandonadas por mucho tiempo antes de ser de nuevo utilizadas, co- mo muchas veces se ha reconocido en toda clase de sepulturas anti- guas.» Esta escrupulosidad es la mejor garantía que de la autenticidad del descubrimiento podríamos pedir. Respecto á la posible violación de las sepulturas de Bañólas, nada hay que objetar; respecto á la se- guridad que dá de haber sido violadas, si en esto quiere dar á en- tender que los restos humanos no son de la época de las sepulturas, hacemos toda clase de reservas por cuanto, como se verá en su lu- gar, dista mucho el punto de poderse dar como incontrovertible. Lo que sí puedo asegurar es que á raiz del descubrimiento se dio á los restos humanos hallados en las sepulturas de Bañólas toda la importancia que en realidad de verdad tienen, y en prueba bastará citar el registro que de ellas hizo la Comisión provincial de Monu- mentos históricos y arqueológicos de Gerona, pues consta en sus ac- tas, de las que he pedido testimonio, (Sesión de i5 de Noviembre de 1871) que había ingresado en el Museo «un paquete de huesos huma- nos de unas sepulturas celtibéricas de junto á Bañólas.»—Y dicho se está que cuando se estiman como celtibéricas las sepulturas descubier- tas, y cuando no existe memoria histórica alguna por la que sepamos que dichas sepulturas fueran utilizadas en épocas posteriores, no hay (8oT para que poner en tela de juicio la grande antigüedad del descubri- miento. Respecto á la importancia de los huesos recogidos, huesos prove- nientes de todas las partes del cuerpo humano, incluso de la cabeza que por lo mismo son los más importantes, diré que uno de los más inteligentes miembros de la Comisión de Monumentos de dicha pro- vincia, el laureado historiador D. Joaquin Botet y Sisó, me dijo en carta de 12 de Febrero del presente año, «estar todos muy rotos». Circunstancia por la cual no se ha sacado de ellos dibujo alguno, aunque de seguro no ha de ser inconveniente bastante para que con su estudio detenido, no pueda persona inteligente decirnos algo de la raza de hombres enterrados en las sepulturas olerdulanas de Bañólas. Aquí hay que hacer mención de dos preciosísimos cráneos que en la colección de antigüedades de D. Francisco Martorell y Peña exis- ten, y que creemos proceden de Andalucía, conjetura fundada por ha- ber dado con ellos en una caja que contenía algunas antigüedades de dicha región de España, pues á no mediar dicha circunstancia, no tendríamos de su procedencia noticia alguna. Por esto no es posible clasificar dichos cráneos, que desde luego rechazan la antigüedad de los restos descubiertos en Bañólas, pues su perfecto estado de conser- vación da lugar á suponerlos de una época relativamente moderna. Del descubrimiento de u n nuevo esqueleto de la edad de piedra nos ha conservado noticia D. Francisco Martorell y Peña. Hachas é instrumentos de trabajo y defensa de la edad de piedra. Las hachas y demás instrumentos de piedra, granito, silex y pe- dernal, cuyos dibujos siguen larga, 0,082 m. larga, 0,068 m. larga, o,o3o m. ancha, 0,044 m- ancho, 0,040 m. ancho, 0.034 m- ( 90) larga, 0,093 m. larga, o,o38 m. larga, 0,070 m. ancho, 0,012 m. ancho, o,o35 ni. ancho, o,o38 m. fueron descubiertos j'unto á un esqueleto hallado en una sepultura de los alrededores de Villafranca en 1867, conforme es de ver en la si- guiente nota: En 1867, un payés, al parecer de los alrededores de Villafranca, vendió estos obj'etos á uno de los dos ó tres plateros que hay en una de las calles de aquella villa. El platero los vendió á Torner, y este me los ha cedido. Según las esplicaciones del payés fueron hallados debajo de una loza muy reluciente, j'unto con varios huesos. Torner cedió una hacha á Pujol y otra á otro sugeto. Esta nota lleva la fecha de Octubre de 1868. Entre sus antigüedades prehistóricas pertenecientes á nuestra re- gión, únicas de las que hemos creído que debíamos dar noticia en es- í 91) te punto, (para las demás véase el catálogo de su colección) se en- cuentran dos hachas, registradas de la manera siguiente: fig. 1. fig. 2. larga, 0.074 m- larga, 0,068 re. m ancho, 0,040 m. ancho, 0,049 - Número 1.° Comprada á un muchacho de la casa de campo lla- mada Puig, en S. Marsal del Monseny, que la halló en el bosque de robles de Vila, cerca de Viladrau.—Julio de 1868. Número 2.° Encontrada en Ribellas de Munt, alta montaña del Pirineo, cerca del Canigó, pero en territorio español. La he adquiri- do en Besalú del mismo sujeto que la encontró.—Agosto de 1871. Una y otra son de granito, y la de número 2 ° es notable, además de sus dimensiones, por su afilado corte que supone un largo y pa- ciente trabajo para lograr su desgaste ó filo. Antes de pasar adelante, debemos decir algunas palabras acerca de la nomenclatura de los monumentos y objetos de la edad megalítica. Las hachas que acabamos de reproducir son llamadas por gran nú- mero de autores extranjeros, Celtce. Esta palabra generalmente usada para dar nombre á las hachas en bronce de los países del Norte se generalizó tanto más fácilmente, cuanto que venia á dar una etimo- logía del nombre del formidable pueblo ó raza céltica. Asi se hizo de los celtas los introductores de los metales en Europa, y de su veni- da principió á contarse la inauguración de la época ó edad de 'los metales. A medida que ha ido perfeccionándose la ciencia prehistórica, tal denominación ha ido cayendo en desuso, y hoy se usa de las pala- ( 92 ) bras hacha, dardo, cuchillo, etc., para denotar los instrumentos de piedra, cuya forma ó posible atribución corresponde á tales palabras; de aquí la falta de un nombre científico, de una nomenclatura cien- tífica que en parte llenaba la palabra celtce. La necesidad de una nomenclatura se echa de ver, cuando se no- ta que en todos los paises, las palabras dolmen, menhir, etc., á pesar de no responder en idea á los monumentos que nombran, se usan sin escrúpulo, aunque de tales denominaciones se proteste, habiéndose in- troducido por el uso en el lenguaje científico desmintiendo á Millin quien aseguraba en 1814 «que jamás tales palabras serian admitidas por los sabios, quienes, nada pueden admitir sin pruebas.» Ya que, pues, nos vemos en el caso de usar de dichas denomina- ciones, ¿por qué no generalizar entre los arqueólogos los nombres vascos que }>ara los instrumentos de piedra cortante dio á conocer el abate Inchauspe, y llamar á la Hacha Ancora; al Azadón, Ait^urra; al Cuchillo, Ai^ttoa; á las tijeras, Ai^turrac; palabras todas formadas por la radical Ait\ roca? Siquiera la denominación científica seria ri- gurosa, y en el compuesto vasco tendríamos, del hecho científico tan controvertido de una edad de piedra, una demostración filológica, que envuelve y encierra un hecho de toda evidencia histórica. Esto aclarado, y dejando para cuando trate el autor de los Ta- layots de Mallorca y Menorca el hablar de sus dòlmens, pasaremos á dar cuenta del grupo que de esta nueva clase de monumentos mega- líticos estudió en Cataluña. En la Revista histórica, Tomo II, página 224, se encuentra un ar- tículo dedicado al estudio del menhir en cuestión, suscrito por Juan Martorell. El estudio, lo es de nuestro autor, pero la equivocación de nombre no es la única que se encuentra en dicho trabajo. Entre sus manuscritos se halla el borrador de dicho artículo que sustancialmen- (93) te no difiere de lo publicado en la Revista sino en un punto impor- tantísimo, cuya rectificación honra sobremanera á su legítimo autor. Le'ese en la Revista histórica: A un kilómetro de la conocida villa de S. Hilario, tan frecuenta- da en la estación veraniega por razón de su salutífero manantial ací- dulo-ferruginoso, fórmase en el crucero del camino de Arbucias, sobre una suave loma, una plazoleta donde los bañistas suelen reunirse du- rante el paseo de la tarde para gozar del magnífico panorama del Monseny y recibir á los recien llegados ó despedir á sus compañeros. Junto á la referida encrucijada, álzase lo que allí dicen Pedra llar- ga, que es un monolito sin labrar, colocado verticalmente, midiendo i'8o m. de alto por o'yo m. de lado en su mayor anchura, y tiene emplantada en la cúspide una tosca cruz de hierro. Alrededor hay tierras de sembradura, y es preciso andar más de un kilómetro para encontrar otro pedrusco de buen tamaño. No existe documento que diga el origen ú objeto de aquella piedra: sin embargo, su aspecto afirma algo de solemne y monumental: sólo la tradición, por boca de los vecinos de S. Hilario, refiere una historia del diablo, el cual, para servir á una doncella de Pontmajor, cerca de Gerona, que, disgustada de mojarse cada dia atravesando el rio, hubo de ofrecer en cambio del servicio de construirle un puente, darle su alma, ofreció dejárselo construido á la media noche del mismo dia del pacto; pero arrepentida la muchacha y mediante el consejo de un viejo, dispuso engañar al diablo haciendo que el gallo cantase antes de media noche; asi sucedió, que cuando el diablo venia en volandas de Montserrat cargado con la última piedra que debia rematar la obra, cantó el gallo, y creyendo que habia transcurrido el plazo soltó la piedra larga que quedó en el mismo lugar que hoy ocupa. Siem- pre la poesía de la tradición suele suplir la historia de aquellas cosas que naturalmente no se esplican. Sabido es que los menhirs, después de servir en su origen para determinar un punto de convocación, señalar el sitio de algun hecho memorable ó simplemente fijar el sitio de una sepultura, quedaron en la memoria de los pueblos con cierto culto religioso, acudiéndose á 10 ("94) ellos en determinados días ú horas de la noche para la celebración de ritos supersticiosos ó prácticas profanas aún después de establecida la religión del Crucificado. Las costumbres ó preocupaciones se desar- raigan difícilmente: la piedad se ha utilizado de ellas algunas veces para darles otro giro, y sin duda con esta idea no pocos de aquellos bárbaros simulacros fueron convertidos en objetos de devoción, con sólo poner ó incrustar en los mismos algun símbolo religioso, una imagen, una cifra, la señal de la redención, etc., y así se hizo con la Piedra larga. Sigue aquí en la Revista un párrafo intercalado, en el que su au- tor dice: Nada ofrecería de particular que los celtas hubiesen dejado «ese recuerdo etc.»; de este párrafo me consta que pidió D. Francisco Martorell y Peña la rectificación que no se hizo, por consideracio- nes fáciles de comprender, y por la gran bondad del autor incrimi- nado, pero en la nota de rectificación que tengo á la vista, se lee al terminar: uque se habla en el artículo de los Celtas que el descubridor del monumento nunca pensó mentar. La importancia de esta rectificación consiste en presentarnos á Don Francisco Martorell y Peña, como muy impuesto en la larga y deba- tida cuestión de la venida de los Celtas á Cataluña por un lado, y de otro sobre sí debe ó nó atribuirse á dicho pueblo ó raza la erección de esta clase de monumentos megalíticos. La rectificación prueba, que paxa nuestro Autor, ni pisaron los Celtas la tierra cata- lana, ni á ellos pueden atribuirse dichos monumentos, conclusión, la primera, que creemos haber demostrado en nuestro libro sobre los Origens y fonts de la nació catalana, y la segunda, hoy en firme, es- tablecida por los hombres más eminentes de la ciencia prehistórica, y hasta admitida por los más ardientes celtistas, por más que entre no- sotros halle ciertos obstáculos en arraigarse, debidos al atraso intelec- tual de nuestro país. Monumentos megalíticos de la Plana Basarda. En Noviembre de 1871 hicimos una importante y deliciosa excur- ( 95 ) slon que debo agradecer á mi buen amigo, D. Joaquín Botet y Sisó, de Gerona, que me favoreció acompañándome. En la provincia de Gerona, siguiendo la carretera que desde la capital conduce á Cassá de la Selva y á Llagostera por entre los bos- ques de alcornoques que enriquecen la comarca con la industria del corcho, se llega al pequeño pueblo de Solius de la Vall de Aro. La parroquia y el pueblo están en el fondo de un valle formado por altas montañas graníticas. A una legua al S. O. de la parroquia, y á le- gua y media del mar, uno de los estribos de aquellas montañas for- ma una meseta llamada Plana Basarda, cuya piso es una pegmatita granular: en ella hay abiertos unos treinta silos tan arrimados unos á otros que casi se tocan, y además otros formando dos líneas rectas y paralelas, habiendo contado en una de ellas otros ocho silos. Su for- ma parece igual á la de los de Olerdula; sólo hemos podido medir el diámetro de dos de ellos, que es de 1.85 m. para uno, y de 2.35 m. para el otro, los demás están llenos de piedras y de matas. La base se diferencia en que, así como los de Olerdula la tienen de forma rectangular, los de la Basarda afectan la circular, variando su diáme- metro entre o. 5o y 0.67 m. con el rebajo para la tapa de forma cua- drángulas Entre los silos hay agujeros más ó menos rectangulares de 0.18 de lado y 0.40 de profundidad, como para colocar perchas ú horcones, con que formar casas, ó sostener techos. La circunstancia de haber sido abiertos aqui los silos en roca tan dura, y el haber descubierto un revocado en otra entalladura cercana llamada el Porxo, que luego describiremos, nos ha sugerido la idea de que estos, al parecer depósitos, que hasta ahora hemos llamado silos, pueden haber servido lo mismo para líquidos que para áridos, tanto aquí como en Olerdula, siempre que en Olerdula se estucasen para que la porosidad de la roca no absorviese el líquido, circunstan- cia muy factible, si se considera que las sepulturas de Olerdula pro- bablemente estarían estucados como las de Bañólas. En el punto en que acaba la meseta para continuar elevándose la montaña hay al pa- recer algunas albercas completamente cegadas por la tierra y las matas. (96 ) Al dejar la Plana Basarda, á corta distancia, siguiendo la vereda que baja á Solius, encontramos, abierta en la peña viva que se le- vanta á nuestra izquierda, una entalladura rectangular al nivel del suelo, llamada el Porxo (E' Porche), de 1.45 m. de profundidad y i.g5 m. de ancho; la altura es de 1.40 m., pero escarbando con la mano se ve que continua hacia abajo sin que sepamos hasta qué profundidad. En las escabrosidades de sus caras quedan restos de un revocado. No encontramos detalle alguno por dónde indagar lo que aquello fué. Siguiendo la misma vereda, á media legua antes de llegar á So- lius, á la izquierda, en la misma especie de granito que constante- mente tenemos á este lado, hay una escavacion llamada la Tuna, pa- recida á una bolsa, ó á un silo acostado, por la forma curvilínea que tiene tanto en el fondo como en el piso y techo: la boca está al nivel del sue- lo, redonda, con rebajo para la tapa también redonda: para entrar hay que hacerlo á gatas: las dimensiones son, alto 1.90 m., ancho (97) 2.3o m., profundidad 2.90 m., diámetro de la boca 0,70 m. ¿Sería es- to una sepultura? Adviértase que en vano hemos buscado por esa co- marca sepulturas como las de Olerdula y Bañólas. Antes de dejar estos sitios, hemos de señalar dos datos importan- tes para su historia: un monumento megalítico natural, y cierta cerá- mica antigua: el primer dato es hipotético, pero, sobre ser curioso, puede dar lugar á descubrimientos interesantes en aquella agreste lo- calidad; el segundo dato es muy positivo y dará nada menos que una fecha á quien sepa aprovecharlo. En una de las crestas de los montes graníticos que rodean la Pla- na Basarda, hay uno de esos sorprendentes monolitos llamados piedras bamboleantes, que tanta importancia parece que han tenido en los tiempos prehistóricos; es un magnífico canto de unos 8 á 10 m. de longitud, en equilibrio sobre otra peña, en la que descansa por un sólo punto, y que "un hombre hace bambolear con facilidad: pero aquí todo es ca- sual; el monolito ha sido desprendido de la peña viva por alguno de (98 ) esos sacudimientos del terreno que tantas fisuras producen en las cres- tas de los montes, y mucho más, cuando hay, como en aquel sitio, los filones de creta que tanto abundan en el granito de nuestro país. Este monumento natural, si asi podemos llamarlo, que se ve desde gran distancia por cuanto se proyecta en el azul del cielo, pudo atraer bajo su tutela á los adoradores de ciertas piedras, siendo tal vez es- tos los primeros moradores de la Plana Basarda, como parece haber sucedido en Bélgica. Y como las razas suelen sucederse en los sitios habitados ya una vez, es muy posible que después del hombre de los menhirs, de los dòlmens y de las piedras bamboleantes, viniera á nuestra meseta el hombre constructor de silos, y de la cerámica de que vamos á hablar. En toda la Plana Basarda y principalmente donde están los silos y los agujeros para harcones, se encuentra esparcida gran cantidad de cerámica rota en pequeños fragmentos, entre los que se distinguen asas, bordes y pies de vasos y ánforas, junto con pedazos de teja, todo cuando menos romano. En el canto de muchos de los fragmen- tos más finos, de 2 á 4 milímetros de espesor, se ven 2, 3 y 4 ca- pas sobrepuestas, alternando los barros rojo y negro. Nótanse además algunos pedazos, cuyas formas no hemos podido determinar, de un barro muy basto con mezcla de gruesos granos de arena. Poseemos algunos de estos restos que ponemos á la disposición de quien desee examinarlos. La escepcional importancia del descubrimiento de la estación ar- queológica de la Plana Basarda no se habrá ocultado al que haya leido la puntual descripción del Autor, que olvidó hablar de dos de- talles muy interesantes. Bajando de la Plana Basarda hacia Solius, pe- ro tomando á mano derecha para bajar al torrente, se encuentra otra meseta de iguales dimensiones que la Basarda conocida con el signi- ficativo nombre de Pla del vidre. Por donde le vino el nombre de Pla del vidre nadie supo decírmelo en la localidad, pero no es dudo- so que el nombre le vino de haberse hallado en el mismo en época desconocida, cierta cantidad de vidrio, circunstancia que comparada con la de hallarse en la Plana Basarda gran cantidad de cerámica parece demostrar la hipótesis del Autor de haber existido en ella (99) población en la más remota antigüedad histórica.—Además junto al Pla del Vidre que está á cinco minutos de la Basarda, pero ya en el fondo del torrente, existe un monolito de ocho metros de lado por cuatro de lado, conocido con el nombre de pedra sella, por aparentar la figura de una silla de caballo, pero que desde el momento que ad- mitiéramos que el tal monolito fué labrado por la mano del hombre, despertaría en nosotros la idea de los famosos toros de Guisando. ¿La pedra sella es un monumento debido al acaso? ¿Es uno de tantos ca- prichos de la naturaleza?—Debemos confesar que la pedra sella de no hallarse junto á los evidentes restos de una antigüedad tan grande como son los que acusan la existencia de un opidium en la Plana Basarda, no tendría valor alguno arqueológico, pero si se suma la casualidad con lo realmente positivo y notorio, se verá que la casua- lidad ha de entrar por algo en la cuenta de la importancia y valor científico y arqueológico de la estación de la Plana Basarda. Respecto á la piedra bamboleante, género de monumentos de los que antes sólo se conocia en España la llamada Piedra giratoria de Lu- que—Góngora.—Antigüedades prehistóricas de Andalucía, pág. 87.— hay que advertir que existen todavía dudas sobre si son pura obra de la casualidad de la desnudacion de los terrenos subyacentes ó si en ellos intervino la mano del hombre para algo, y con algun obje- t o . El mismo Sr. James Fergusson, Les monuments me'galithiques, Pa- ris, 1878, pág. 364, después de haber atribuido á causas naturales la existencia de tales piedras, y de afirmar «que de su hecho no se sigue que hayan sido colocadas en tales posiciones con intento, ni que ha- yan sido utilizadas con un objeto religioso», añade: «Una de estas «piedras existe en Francia, sin embargo, llamada la Pierre-Martine «situada cerca de Livernon, en el departamento del Lot, que parece «mejor que toda otra colocada artificialmente»—Con lo copiado se ve claro que aún para los hombres más prevenidos en contra de toda hipótesis acerca de estas piedras se levanta la duda de la posible in- tención del hombre en buscar tan extraordinarios equilibrios. Y para nosotros se estimará la duda tanto mas fundada cuando no teniendo la de que el euskaro ha llegado hasta nosotros vaciado en los mol- des de la edad de piedra, vemos que también para los monumentos de esta clase tenian un nombre, nombre que lleva precisamente hoy dia un pueblo de Gascuña, tal es el de Harri-billaga que traduce Mr. Luchaire Etudcs sur les idiomes pyrénéens etc.—Paris 1879.— p. i3g.—por les pierres tournantes.—La piedra bamboleante de la Pla- na Basarda, adquiere verdadera importancia arqueológica é histórica cuando se la completa con los restos antiguos descritos por el Au- tor, y por esto creemos que debería tomarse ó dictarse alguna dispo- sición para prevenir en lo futuro el capricho de algun nuevo propie- ( ioo ) tario de la Plana Basarda, pues según me contó 'su colono, su último propietario tuvo un dia el capricho de emplear en derribarla los ca- torce ó diez y seis hombres que trabajaban cortando corcho, sin que por fortuna pudieran lograrlo. Al estudio de la antigüedad de la estación arqueológica de la Ba- sarda hemos dedicado largas horas de trabajo. De nuestro estudio he- mos sacado que seria posible inquirir la existencia de alguna antigua población por aquellos alrededores, desaparecida ya en los primeros tiempos de la edad media, población cuyo nombre no pudo fijarnos con seguridad el Sr. Vicens, Alcalde de Solius y persona de gran ilustración, por sus estudios universitarios y acade'micos, quien, sin embargo, nos aseguró haberla visto citada en unos pergaminos de un vecino suyo que hasta hoy no hemos podido encontrar. Del examen de la cerámica nada puede deducirse, pues por lo mismo que es de lo más tosca, y sin dibujo alguno, sólo permite su- poner una gran antigüedad. Claro está que el nombre de Basarda, dado á la meseta, puede encu- brir el nombre de la primitiva población, pero también puede el nombre haberse dado á consecuencia de las condiciones topográficas de la comar- ca. E n esta parte de la provincia de Gerona, se dá el nombre de Basar- da á toda comarca triste, solitaria, sombría, desierta y así se dice, que tal comarca, fa basarda, que es casi como si dijéramos da pavor. Desde luego, la palabra Basarda, con pertenecer al idioma catalán, por su radical desconocida en la lengua latina, acusa su procedencia de otra lengua. Además, si en Solius existe la Plana Basarda, en la misma pro- vincia de Gerona, no dejan de existir varios pueblos de la misma ra- dical, Basa-goda, Basa-lu, Bas, etc., por donde se puede afirmar ó suponer que bien pudo existir en la Plana Basarda un opidium de es- ta radical Bas, puesto que tal radical se encuentra en otros varios pueblos del distrito ó provincia. Desde lue'go tenemos que una lengua hablada en nuestra E í ^ a ñ a , y que con Humboldt creemos se ha venido hablando en Cataluña, nos da una perfecta explicación etimológica. Basarda, es lo mismo que Basaeta con r eufónica como es costumbre entre los vascos cuando se encuen- tran juntas dos vocales. La radical Bas, Basa, Basoa, significa exacta- mente lo mismo que en catalán, «desierto, salvaje,» por lloch desert, lloch selvatje, y el sufijo eta que se encuentra en gran número de nombres euskaros de uno y otro lado del Pirineo puede valer tanto como lugar, sitio, punto, aunque otras veces se presente envolviendo la idea de pluralidad, y tiende á pluralizar el tema. E n una y otra acepción explica perfectamente el nombre catalán, que como se ve, es euskaro puro, y Basarda no quiere decir ni más ni menos que lloch desert, selvatje, que es el valor que damos en catalán á la palabra Basarda. ( iot ) ACRÓPOLIS Y RECINTOS FORTIFICADOS. ns23?5~ UEDE darse por seguro que la primera habitación que P tuvo el hombre en la tierra fueron las copas de los árboles y las cuevas naturales.—Cuando su ingenio se fué aguzando, á las cuevas naturales sucedieron las artificiales, y en estas se nota ya una cierta dis- posición arquitectónica, es decir, un cierto orden que facilita el cumplimiento de las necesidades de la vida.—Mas, como el hombre gusta en extremo del aire y del sol, las primeras cabanas no tardaron en nacer. Pero como estas no podían darle de por sí toda la seguridad y defensa de que necesita- ban contra las pasiones de sus semejantes, y de los animales dañinos, las chozas agrupadas fueron encerradas dentro de re- cintos más ó menos vastos, buscándose siempre aquellos sitios cuya posición topográfica constituía por sí sólo casi una to- tal y completa defensa. Estos recintos primitivos van á ser ahora objeto del estudio del Autor. ii ( I02 ) I. ACRÓPOLIS Y MUROS DE OLÉRDLLA. En la provincia de Barcelona, en la cumbre de los montes que á una legua al S. de Villafranca de Panadés limitan su llano, hay la parroquia de S. Miguel de Erdol, edificada dentro del recinto que un dia fué la Acrópolis de Olérdula.— Dista del mar sola cuatro le- guas. En esta cumbre hay una meseta casi aislada por un corte natural que la rodea por el Norte, Oeste y Sur, siendo sólo accesible al Es- te por una suave pendiente. El único lado vulnerable era, pues, el del E. por cuanto el resta quedaba asegurado por el corte natural del terreno, asi se construyó para su defensa y cierre un muro ó muralla de 147 metros de longi- tud que cerraba y aislaba por completo la meseta. Dicho lienzo de muralla se compone aún hoy dia, siguiendo la di- rección del mediodía al septentrión, de un muro de 45,20 metros de longitud, que va desde el corte de la peña á una torre cuadrada de 7.95 m. de lado. Continua luego el muro siguiendo la dirección del anterior por un trecho de 16,0 m., y aqui tuerce formando un án- gulo de 3o.°, continuando el muro en una extensión de 20.5o m. has- ta dar con otra torre cuadrada de 6.0 m. de lado. Entre esta torre y otra que la sigue hay un paso de 3.70 m. de ancha que da acceso á la meseta. Tiene la nueva torre 6.70 de lado y 1 de vuelo: desde este punto el muro se va ladeando un tanto hacia el Oeste en una ex- tensión de 18.0 m. hasta encontrar una torre de planta triangular de 8.3o m. de base, y cuyo ángulo saliente es curvilíneo de 5.5o m. des- de el vértice á la base, continuando el muro conforme á la inclina- ción antes dicha durante un trecho de 14.50 m. donde termina por haber encontrado ya de nuevo el corte del terreno. ( io3 ) La muralla pertenece á dos épocas muy distintas: la base, hasta unos 3,o vi. de altura en casi toda su extensión está construida con sillares de forma y tamaño irregular, variando sus dimensiones de i,o m., hasta 3,o m. de longitud, y de o,5o á 1,0 m. de altura, pre- sentándose en hiladas más ó menos horizontales, formadas por pa- ralelógramos y trapezoides de todas dimensiones, efecto de la gran irregularidad de los sillares mayores; á veces un gran sillar se enca- ja en el ángulo de otro, y otras veces, la irregularidad de alguno está corregido con otro más pequeño. Hacia la parte de la torre que está más al S., se nota mayor regularidad en el corte de los sillares y por consiguiente en la horizontalidad de las hiladas; los sillares que forman los ángulos son perfectamente regulares; en uno de ellos hay de relieve como dos fragmentos de cilindro sin labor alguna; sin e m b a r g o , es menester advertir que están muy gastados por el tiempo. Toda esta muralla tiene su paramento vertical y los sillares están muy bien ajustados y sin ninguna clase de cemento. Su estilo, como se ve, pertenece al llamado ciclópeo, del género de las construcciones que han quedado en Mantinea y en Mycenas. No lo comparamos con el de la muralla de Tarragona, ni con algunos Talayots de las Ba- leares, ni tampoco con ciertos Nurahages de la isla de Cerdeña, por cuanto la construcción de esos monumentos es muy distinta, y de seguro de época anterior. Sobre la base ciclópea ó antigua de nuestra muralla, se levanta hasta completar su altura que es de unos 6,0 m., otra construcción de sillarejo hecha con sillares que por lo general sólo tienen o,35 m. de largo, y á la que daremos el nombre de moderna bien que pro- bablemente remonte su construcción al año 1109, fecha de la última restauración del castillo que en 929 levantó sobre los muros de Olér- dula, Sumario, hermano de Wifredo II, al expulsar á los árabes de aquella comarca, según largamente lo prueba el Sr. D. Manuel Milá y Fontanals, en sus Apuntes históricos sobre Olérdula. La muralla sirve de revestimiento á un terraplén, cuyo espesor solo se puede medir en la parte alta, espesor que varia entre 1.70 m. ( 104 ) y 2.20 m: es de suponer que en la base ó parte antigua es mucho mayor. Olérdula que durante siglos fué límite ó frontera entre los árabes que ocupaban á Tarragona y su Campo, y el Condado de Barcelona, sufrió mucho de tal situación; y de más de un escalo y asolamiento de Olérdula da razón la historia. De aquí que su muro se presente tan di- vidido y roto. Sin embargo, no puede dudarse de que la muralla ciclópea correría en los primitivos tiempos de uno á otro extremos del corte natural que casi aisla la meseta, y no obstante hoy tenemos de construcción moderna la torre triangular y 20,0 m. de muro en el extremo Sur, y de época du- dosa la torre de 6,0 m. de lado que está á la izquierda de la entrada. A este le falta el revestimiento. La en- trada de que hablamos nos parece abierta en fecha posterior á la de la construcción de la muralla ciclópea. Si admitimos el origen pelúsgico que indistintamente se da á los res- tos de muralla ciclópeas que subsisten en Grecia, Asia Menor, é Italia, ten- dremos que admitir el mismo origen para las murallas ciclópeas de S. Mi- guel y Tarragona, á pesar de que, como ya hemos dicho, es de toda evidencia que la construcción del muro ciclópeo de Tarragona data de más remota época. Posible es que fueran pelasgos, si es que no ( io5 ) fuera gente prehistórica la que construyó las murallas de Tyrintho y Tarragona, pero nunca se podrán atribuir á dichas gentes los mu- ros de Ole'rdula que tan grandes diferencias con aquellos ofrecen á nuestros ojos. Su construcción puede atribuirse á otro pueblo griego, también á los iberos; recuérdese que en Sagunto existe un lienzo de muralla igual al de Ole'rdula, y que se da por fundadores de Sagun- to á una colonia de griegos de Zacyntho á los que se unieron los Rútulos de Árdea. Nuestro sabio amigo el filólogo D. Manuel Milá y Fontanals, nos dice en la primera página de sus Apuntes históricos sobre Olcrdula. —Memorias de la Academia de Buenas Letras de Barcelona. Tomo II página 5o3, que el nombre de Olérdula «Olcrtula, que se lee en «antiquísimos documentos de la edad media debió ser impuesto en los «tiempos primitivos, como lo demuestra la terminación ula, en rigor «no distinta de la en tilos propia de algunos nombres indígenas «(v. gr. Bastidos, Vardulos, Turdulos); y la* semeianza de formación «con el Ilerda, y la identidad primitiva de raíz con los de Ordal y «de Olorda montes vecinos que en lo antiguo hubieron de ser com- «prendidos bajo una misma denominación, demuestran una antigüedad «ante romana.» Respecto de los iberos, no hay razón para disentir de la opinión general de que habitaron toda la península como aborígenes, ó á lo menos como venidos á nuestras tierras en la época prehistórica. Después de la exacta y detallada descripción del muro de Ole'rdu- la y del recinto ó acrópolis de dicho pueblo, el Autor ha procurado inquirir el pueblo constructor del muro y el pueblo fundador de Olérdula. A su inteligencia no se ocultó que la solución de este pro- blema debia buscarse en la filología, por lo mismo que la historia antigua de Olérdula es del todo desconocida. De aquí que fundara su opinión en lo que escribió D. Manuel Milá y Fontanals acerca del nombre de Olérdula. Desgraciadamente la doctrina de nuestro docto compatricio es errada, por más que se fundara en lo dicho por Humboldt.—Recherches sur les habitants primitifs de l Espagne.—Pa- e a ris, 1866, pág. 48.—Qu I opinión de Humboldt no es admisible, pruébase con solo considerar que para él, la terminación que sedu- ( ioG ) ce á D. Manuel Milá y Fontanals, es igual lo mismo para Vardu- los que para Betula en lo que hay evidentísimo error. La Ba¡t-ula laietana, hoy Badalona, nos ofrece en sus monedas la siguiente inscripción: 11*4 Lü A que se traduce letra por letra BITSL, de modo, que para encontrar la terminación hay que suplir precisa- mente las vocales que la forman; haciéndolo así, leeremos BiTSuLa. —Si para llegar al conocimiento de lo que signifique el nombre ibé- rico tomamos por punto de partida el nombre latino, sabemos ya que Bcetula quiere decir álamo blanco, y por el nombre ibérico sabemos que Bartula no es de origen latino, pues la diferencia de radical es Ba?t por Bits.—Pero ya el nombre latino se da como de posible orí- gen gálico (céltico), y en este caso tenemos el irlandés Beth, Beithe, y el Ersse Beiht con igual significación. La terminación ida debería- mos esplicarla entonces por whvyn, que en Cimrico significa bosque plantación, y entonces tendríamos Beiht-whvyn, Bith-ulu(yn), que nos esplicaría la forma monetaria. Verdad es que th en ibérico no es U4 sino @, .' session du Congrés intcrnational d Anthropologic et a" Archeologie prehistòriques. ( n3 ) circunstancia, una vez determinada su antigüedad, basta y sobra pa- ra precisar la que puede y debe darse á su fortificación, pero Ínterin esta no se conozca, no es dato bastante la semejanza de unas líneas de fortificación con otras de reconocida antigüedad y de extraños pai- ses. Un medio ya de comprobación puede y debe buscarse en el ex- traño nombre de la montaña. Erampruniano se lee en los documen- cias, dicen los S. S. Arnould y Rndiguès, parecen hacer remontar el atrincheramiento á la época de los pueblos galos: el enrejado es semejante á los que usaban los galos en la construcción de sus oppidum, descritos por César. Según los mismos S. S. Arnould y Radigués, el campo de Bonne (Pont-de-Bonn, de Mr. Hauzeur) (i) tiene una disposición análoga á la de Hastcdon; su superficie es de 4 hectáreas; también alli se ha encontrado gran cantidad de cascos de silex, cerá- mica y medallas romanas. En esta fortificación, (barricada de piedras, como le llama Mr. Hauzeur) se han abierto tres zanjas. La una, distante del istmo, ofrece una mezcla de tierra y piedras, sin señal de calcinación. En otra, á loo metros del istmo, la misma mezcla descansa sobre piedras calcinadas y vestigios de carbón, al nivel de la peña; al borde de esta, se levanta un muro de mampostería, con vestigios de paramento al esterior del cam- p j ; al pié del muro se han encontrado clavos enmohecidos, de hierro forjado, largos de 14 á 19 centímetros. En la trinchera ó barricada del istmo, asentada sobre la pe- ña, se han descubierto dos muros paralelos construidos con piedras sin cemento, de 4 á 9 centímetros de grueso, 40 á 5o de ancho y de variable longitud: los dos pre- sentan hacia el exterior del campo, un paramento que ha permanecido casi vertical, el espacio comprendido entre los muros, está lleno de cascajo, del cual gran parte está calcinado; y todo descansa al nivel de la peña, sobre numerosos vestigios de carbón: sobre el muro interior existen restos de una mampostería parecida á la que se ha encontrado en la precedente zanja, las dos hiladas inferiores aparecen aún en su sitio: estas ruinas contienen clavos de hierro forjado, semejantes á los preceden- temente encontrados. Los süex, las medallas romanas, los vestigios de carbón y de piedras calcinadas,- los muros de piedra seca, los de mampostería en cuyas ruinas se encuentran clavos muy enmohecidos, ;no indican dicen los SS. Arnould y Radiguès que tres especies de fortificación se han sucedido? Los campos de Femelle y Olloy tienen el istmo defendido por más de una trin- chera y fosos; pero no quedan defensas artificiales en el resto del perímetro. En los dos campos se han encontrado silex y en el de Femelle un fragmento de rueda de molino romana. La fortaleza de Sinsin, descrita por Mr. Hauzeur, entra en el tipo topográfico de las arriba citadas; las barricadas son también semejantes, pero no se ha encontrado silex. Entre las fortalezas de esta clase en Bélgica, podemos citar Bioulx, Epiave, Fal- mignoul. Furfooz, Hastiere, Herbuchenne, Ivoir, Malaise y Poilvache. El sabio Direc- tor del Museo Real de Bruselas, Mr. E. Dupont, asegura (2) que en ellas se encuen- tran pedazos de silex. puntas de flecha, hachas ó fragmentos de hachas pulimentadas. Además, no cabe duda que algunos de estos campos fortificados, fueron utilizados por los romanos y en la Edad Media. (1) Anales de la Sociedad Arqueológica de Xamur. t. V., p. ¡6. (2) Compte rendit de la 6.' session du Congres. p. 47?. ( 114) tos latinos de la edad media; Aramprunya y Eramprunya en los de igual tiempo catalanes; hoy día suena Aramprunya en boca de los campesinos y de la gente del pais. E n una y otra forma las dificul- tades son iguales. Expondremos lo que sobre este punto hemos ade- lantado. Nosotros descomponemos el nombre de la siguiente manera, Ar- Am-prunia y leemos Ar-Am por el hebraico D i n i n que nos da una idea exacta y precisa de las condiciones topográficas pues el nombre hebraico no dice mas que Monte que se levanta en lo alto, monte mag- nífico, monte piramidal y también edificio en lo alto de un monte, ex- plicadas estas últimas determinaciones por las raices árabes hermanas. Todas las escepciones caen perfectamente bien, y de aquí todavía la dificultad de escojer una de ellas. La que debería determinar la elec- ción es la palabra prunia-no; ¿pero que quiere decir prunia-no? Desde luego dicha palabra no es ni hebraica, ni euskara, pues á una y otra lengua repugna casi en absoluto el grupo pr.; ni por el céltico, ni por el griego hemos podido llegar á su determinación. ¿Es latina la palabra? E n este caso podria explicarse por pruína, pruinosus, pruna y prunus. Las condiciones topográficas parecen exigir de las palabras latinas las dos primeras, y entonces tendriamos que los romanos aña- dirían al nombre, digámoslo así, aborigena de Ar-aram tal como sue- ( US ) na, pruína, la escarcha, y ya se comprende que el cambio de pruína en prunía no ofrece dificultad alguna, pues ni siquiera puede decirse que sea una sencillísima metátesis, que para nosotros en el caso no hay mas que un vicio de pronunciación. Usando pruína como adjeti- vo para explicar que el monte piramidal, ó que el alto edificio del monte, etc. está siempre lleno de escarba, escarchado, con lo que tal vez quisieron diferenciarlo de otros castillos situados en análogas con- diciones tenemos entonces el adjetivo pruinosus, que como no debia aplicarse al monte, sino al recinto fortificado, y por lo tanto habitado, daria para los romanos un femenino, y así dirían, Ar-aram-pruinosa, cuyo nombre por contracción en el hebraico, tanto mas natural cuan- to se trata de una repetición, nos da Ar-am; y en el latino la con- tracción pruína como se ve no hace mas que darnos el sustantivo. No se nos ocurre otra posible explicación del nombre de Aram- prunya. Claro está que si se acepta nuestra etimología, el solo hecho de que el pueblo semita que civilizó ó colonizó nuestro pais diera nom- bre á tal monte, y nos dijera que en el mismo habia un edificio en lo alto, envuelve la demostración de que dicho monte ó estaba ya edificado por los indígenas, ó se edificó cuando su invasión. En uno y otro caso queda demostrada en parte la tesis de nuestro Autor. IV. RECINTO DE SAN PEDRO CASERRAS. E l erudito presbítero, Dr. D. Pablo Parasols y Pí en un artículo inserto en el Museo Universal correspondiente al 9 de Setiembre de 1866 dice:—San Pedro está asentado «al borde de un precipicio que «le rodea por tres partes, y tenía cerrado el paso á la lengua de ro- «ca que forma la sierra, con un enorme muro cuyos cimientos se «observan hoy dia en el punto llamado Coll dels moros. Parece que «allí hubo dòlmens.» La antigüedad de las construcciones de S. Pedro Caserras se des- prende también esta vez del examen de las mismas, y de hallarse en el recinto fortificado sepulturas olerdulanas como se dirá en su lugar. Mas como quiera que su nombre de Caserras parece contradecirlo, ( II6) pues se tiene por moderno, y como propio de la lengua catalana, estará aqui muy en su lugar desvanecer dicha preocupación. Como se puede ver ya en la época romana suenan en nuestro país una Secerras, y una Ascerris, sin que con esto queramos decir que uno sea el nombre, y común también con Caserras. Si la palabra forma- tiva es Serras esta se explica por el labortano Zerra que no quie- re decir Sierra, sino Colina. En este caso tendríamos un afijo ka, ca, cuya explicación por el euskaro no es posible, pero esto no vie- ne en contra de nuestra etimología, pues llamándose en los docu- mentos antiguos Caserras Castrum Serras ó Kastro Serra, se ve claro que el nombre actual, no es más que una contracción de Cíí(strum) Serras. Nótese bien que Serra no es palabra latina bajo el sentido de Sierra de montes, sino como Sierra para aserrar, y que en el labortano que es uno de los dialectos euskaros, Zerra no sig- nifica Sierra, sino Colina: que á Caserras corresponde exactamente la escepcion labortana, pues no se podia dar á una población un nombre tan general como el de Sierra, Zerra le llamaron, pues no se trataba más que de la colina en que echó sus raices la población íbera. A mayor abundamiento nótese que el provenzal tiene ser y sera, para cima, cúspide de monte, lo que para nosotros no explica la pa- labra euskara, sino que esta explica aquellas, pues no debe olvidar- se que los Ligures iberos, habitaron y poblaron las costas de Pro- venza. Nosotros no podemos admitir la corriente provenzal que Mr. Van Eys, y Herr Diez notan en el euskaro, para ello no sabemos ver razón alguna ni filológica ni histórica, mientras que para lo contrario existen entrambas, y poderosas, como acabamos de ver. Zerra, ó Caserras debe, pues, considerarse como un oppidum ibé- rico.' V. MUROS DE GERONA. Hallándome de paso en Gerona á últimos de verano de 1871, mis buenos amigos D. Joaquin Botet y D. Celestino Pujol, entrambos de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos de su provin- cia, me hicieron el obsequio de acompañarme á ver los restos de la fortificación romana que existen debajo de las ruinas de la torre Giro- nella, volada por los franceses en 1812, al retirarse de dicha Ciudad. ( "7 ) Además de los restos romanos, mis buenos amigos me hicieron observar una construcción vecina que aparece en la base de un lien- zo de muralla de carácter indeterminable, que, según el inteligente Sr. Botet se cree que pertenece á la época que medió entre los si- glos XI al XII. Este vetusto resto está hoy dentro de la ciudad, en la parte alta, dando frente, á una pendiente de 3o°, á cuyo pié hay otra de las gloriosas ruinas de 1809, la Universidad vieja y su Igle- sia. La base de'#esta muralla es lo que en particular llamó mi aten- ción, por parecerse mucho á la célebre construcción ciclópea que ciñe la primitiva Tarragona. Esta base la forman peñascos de 1 hasta 3.6o m. de largo por o.5o y 1.80 de alto, colocados sin orden, conforme lo permitía su ta- maño y forma, de modo que no deja duda sobre su antiquísimo origen. Hay que advertir que en algunos sitios, ciertos peñascos tienen interpuesta una ó dos hiladas de pequeños cantos de o.i5 y 0.23 m. lo que á primera vista quita al muro su carácter; pero es- to puede ser una restauración de mucho posterior á la construcción del muro, por haber caido las piedras de mayores dimensiones que llenaban los intersticios de los grandes peñascos, cosa que también se observa en el muro de Tarragona cuya remota antigüedad nadie dis- - ( n8 ) puta. Lo regular es, que todas esas moles de Gerona, sin escepcion tengan su centro de gravedad sobre otras tan salidas como ellas. LA altura mayor de ese m u r o es de cinco metros. Desde el pié del ábside de la iglesia de la Universidad, se disfru- ta de todo el frente de la muralla que corre de N. O. á S. E. en una extensión de 80,0 m. empezando en una torre rectangular meti- da entre las casas, yendo á terminar en la torre cuadrada del telé- grafo, que forma parte de la actual fortificación, y á la que es per- pendicular el lienzo de muralla que nos ocupa. Nuestro muro en tan largo trecho solo está interrumpido por una torre semicircular de 9,© m. de diámetro. En la base de las torres no hay rastro alguno de esa construcción ciclópea; todas las citadas corresponden á un sistema muy posterior de fortificación, y esto parece probar que dichas peñas no han sido amontonadas para servir de sólido pié á la actual forti- ficación, sino que son el resto de un muro más antiguo, si asi no fuese, las peñas seguirian también en la base de las torres. Probablemente el muro ciclópeo (?) correria sin interrupción hasta la vecina torre Gironella, asentada en la cúspide del cerro que domi- na aquella parte del monte, á cuya falda se estiende la ciudad: asi lo hace creer su topografía y los restos de la muralla romana con sillares de 1,0 m. de longitud por o.5o m. de alto, que subsisten de- bajo de las ruinas de la t o r r e , y que deben haber sustituido, ó tal vez cubran todavía la primitiva acrópolis. Necesita también puntualizarse un poco este punto demostrando la grande antigüedad de Gerona. Suena ya esta ciudad en la época ro- mana con el nombre de Gerunda ofreciéndonos la particularidad de conservar la palabra Unda que luego ha perdido.—La etimología de Gerona ha sido muy estudiada y podemos escoger entre la voz feni- cia Gerhum que significa indígena, y la voz céltica Ger-ond, cuya traducción es Cerca del confluente. Esta segunda etimología seduce y para desvanecerla hay que notar que Gerona no está cerca de la confluencia del Oñá y el Galligans, sino en la confluencia, y que de ninguna manera debe entenderse que se trata de la confluencia del T e r con el Oñá, por lo mismo que Gerona está encerrada entre los dos primeros rios. Luego, ¿cuándo los celtas llegaron á Gerona? ¿Si ( "9) todas las invasiones célticas caen dentro de la época histórica, ha di- cho historiador alguno que los celtas invadieran Cataluña? Si históri- camente no puede probarse la existencia de un pueblo céltico entre nosotros, no cabe atribuirle la fundación de dicha ciudad. Háse notado también que en los más antiguos documentos el rio Oñá que hoy pasa por dentro de Gerona, y que en la época primiti- va pasaría lamiendo su muralla se llama Undar, de aquí la posibili- dad de una etimología que se ha indicado pero que nadie ha estu- diado, cuando para tomar por este camino bastaba y sobraba la pre- cisa indicación topográfica de llamarse el Oñá, Undar. ¿Undar, es palabra desconocida? No; Undar en euskaro y tal co- mo suena y está escrita significa hondo, y asi para los iberos, el rio Undar, seria el rio hondo. ¿Podemos explicar la palabra ó afijo que precede á Undar? Sin dificultad ninguna; Gero significa en la misma lengua lo que está cerca, junto, al lado de una cosa. Por lo tanto, Gero-Undar, es la ciudad de Cerca, junto, al lado del Undar, ó co- mo diríamos hoy la Ciutat de prop V Onya. Ahora podemos abordar el estudio del problema que tanto preocu- pó á nuestro Autor, ¿qué pueblo, que raza echó los primeros cimien- tos ó construyó los recintos fortificados de Tarragona, Olérdula, Aram- prunya, Caserras y Gerona?—Nosotros conocemos las etimologías de todos estos pueblos escepto el de Tarragona, estudiemos, pues la eti- mología del último pueblo, cuyo origen nos falta conocer. Desde l u é g o ' l a radical Tarra, común á muchos otros pueblos, Tar- radell, Tarrasa, Tarazona, etc., nos advierte que se trata de un nom- bre geográfico ó de los que por su naturaleza entran en la composi- ción de los mismos. Efectivamente, Tarra, es vasco, y significa pue- blo es decir, el conjunto de la gente de un pueblo, asi hoy se dice Burgostarra, esto es, el natural de Burgos, el de Burgos, la gente de Burgos, de modo, que Tarra se nos presenta como un sufijo. ¿Pode- mos considerar igualmente dicha palabra como un afijo? ¿Esta cuestión la resuelven los hechos? El vasco no ha sido cultivado como lengua literaria, no tenemos una relación, un conocimiento histórico de dicha lengua, asi no nos es posible saber si lo que antes era afijo ha podido pasar á sufijo. Por otro lado puede explicarse tal radical por la he- braica v i s torre Tsara como fortificación elevada por los semitas. Pero hay la particularidad demostrada por el nombre geográfico de la región cuya capital era T a r r a g o n a , y por las monedas autónomas de dicha ciudad, cuya leyenda es < £ £ es decir, KoSE, que el nom- bre primitivo de Tarragona fué Kose, de donde Kose-thania. Pero Kose, ¿es también palabra euskara?—Si, su significado es hambre, pe- ro aplicada á la tierra, á los montes significa estéril. Tarragona sen- ( 120 ) tada arriba de un grupo de montañas estériles (Mendi gose) (ak) pudo llamársele la estéril, gose a, gose ak, y de aquí el ncmbre mo- netario Kose que es el sustantivo: el cambio de A-, por g no ofrece dificultad de ninguna clase. De modo que tenemos. Tarragona — Tarra-Kose ó Tsara-Kose. —Origen ibérico ó se- mítico-ibérico. Olérdula —Al-ar-dala —Origen semítico. Aramprunya—Ar-aram-jprunia —Origen semítico. Caserras —Zerra —Origen ibérico. Gerona —Gero-Undar — » » Nosotros llamamos ibérico al pueblo primitivo de España, al p u e - blo que suena y se considera por todos como habiendo compuesto su primera población, al aborigena. Para nosotros este pueblo hablaba el euskaro; y creemos que el pueblo semítico confundido con el pueblo fenicio, no es otro que aquel famoso pueblo pastor que conquistó el bajo Egipto ó el Egipto entero, y que hoy la ciencia moderna ha identificado con el pueblo Chetha. Al avanzar los semitas hacia el Oc- cidente siguiendo la costa Africana vecina de la Asiática, la Palestina y la Siria, donde tenían su asiento, no es de creer que no pasaran más allá del Egipto, antes por lo contrario, lo lógico es hacerlos mo- ver y avanzar hacia el Occidente protegidos por las naves de los Ke- fat ó Fenicios, los primeros navegantes del Mediterráneo. Esto cree- mos haber demostrado en nuestro libro sobre los Orígens y fonts de la nació catalana. Si los Chethas vinieron tan luego quedó asegurada para ellos la conquista del Egipto, los Chethas y los Kefat llegaron con una civi- lización de mucho superior á la de los aborígenas, quienes probable- mente vivirian aún en la edad de piedra, pasando de repente á la de los metales que conocerian por la invasión semítica; de aquí la que creemos fácil conquista de nuestro pueblo ó fácil fusión de los dos elementos. Es evidente, pues, que un pueblo en plena posesión de los metales, un pueblo constructor de buques, no construye muros de una forma tan rudimentaria como los de T a r r a g o n a y Gerona, es decir que no amontona peña sobre peña para construir una muralla, sino que talla con mayor ó menor regularidad los sillares. De aquí que dichos mu- ros no puedan atribuirse á la gente semítica, y queden para la gen- te ibérica. Y de ello tenemos una clara demostración comparando los muros de Tarragona y Gerona con los de Olérdula. E n los prime- ros no se ve el menor rastro ó conocimiento del arte de la construc- ción, sus muros no son otra cosa que un amontonamiento de peñascos ( 121 ) más ó menos grandes. Entrambas ciudades son de origen ibérico; Olérdula de origen semítico construye ya sus muros con regularidad arquitectónica, con arte. El muro, pues, de Tarragona, llamado ibérico por nuestro Autor, por llevar en sus sillares grabadas las letras del alfabeto mal llama- do celtíbero, pues su verdadero nombre seria semita-ibero, ó fenico- ibero, de los fenicios sus propagadores, es una muestra del estado á que habia llegado la civilización fenico-ibérica, ó bien de la cultura del ibero bajo la influencia semita. La importancia del estudio de nuestro Autor es ahora evidente. No sólo nos ha dejado elementos bastantes para determinar la edad de las más antiguas construcciones de nuestro suelo, sino para preci- sar los adelantos de la civilización en nuestra patria á contar de las más remotas edades. ( '3') ) SEPULTURAS OLERDULANAS. LEVADOS de la afición á cuanto tiene el misterio de una gran L prender antigüedad, su gran hemos visitado los restos de Olérdula muralla—que queda ya descrita—sus sepulturas, silos, etc.. esta curiosa expedición nos ha animado para em- otras, como por ejemplo, las del Castillo de Banyolas, S. Marti de Canigó, Isla de Mallorca, etc., y otras, á medi- para ver Aramprunya, sus da que hemos sabido ó podido sospechar la existencia de algun mo- numento análogo ó igual á los de Olérdula. Dejándonos llevar, pues, de nuestra afición, y con el objeto de ser útiles á los estudiosos, vamos á ensayar la descripción de lo que he- mos visto en dichos sitios; á referir las noticias que hemos adquirido sobre monumentos de la misma índole que existen aún en varias lo- calidades de España, Islas Baleares, Francia é Italia; y finalmente á discutir la opinión de los ilustrados señores Amador de los Rios y Trueba sobre la edad de las sepulturas de Álava, por si consideran justo modificar su opinión en vista de los datos que les ofrecemos. Olérdula. Ocupémonos desde luego de las sepulturas y silos de Olérdula por cuanto han de servir de tipo. ( 124 ) Dentro de la meseta fortificada y fuera de ella, junto al corte Sur de la peña, hay muchas sepulturas abiertas á pico, de poniente á le- vante, en la caliza compacta del desnudo suelo. Estas sepulturas tie- nen la forma del cuerpo humano tendido á la larga, marcan la con- figuración de la cabeza y de los hombros y desde aqui siguen los lados convergentes hasta los pie's, rematando en curva; al rededor, y siguiendo la misma forma, tienen practicado un rebajo para recibir la losa. La longitud de las sepulturas varía desde 1,92 m. á o.5i m., vién- dose en grupos y mezcladas sin ningún crden las del hombre más corpulento y las del recien nacido. Las dimensiones de las mayores, entre las que se conservan en suficiente buen estado, son de 1,92 m. largo por 0.61 m. de ancho, 1.90 m. por 0.60 m., 1.83, m. por o.52, I.80 por o.5o, y unos 0.45 m. de profundidad. En la pendiente que queda fuera de la muralla, además de las se- pulturas, hay por toda su extensión muchos silos excavados en la ro- ca: la forma de este hueco es circular y la boca rectangular con rebajo para recibir una losa, ó tabla con que cerrarla. Por lo general, la dimensión de la boca es de i,5o m. por 1,0 m.; la anchura del silo es de unos 2,5o m. La profundidad no puede medirse por estar todos ellos llenos de piedra y de maleza. En toda la meseta, dentro y fuera de la muralla, hay otras mu- chas entalladuras, hoy indescifrables por su mal estado, en la parte interior hay la más grande; es una alberca rectangular de 16,0 m. de longitud, 6,5o m. de latitud y 3,5o de profundidad á la que se baja por una escalera practicada en la cara de uno de los lados mayores. Varios regueros conducen el agua á la alberca. Al rededor, y al pié del corte que forma la meseta, y, principal- ( 125 ) mente hacia poniente, al pié del despeñadero que hay á lo largo del gran barranco llamado la Vall, hasta llegar á casa Castellví, que es- tá á media legua de S. Miguel, se ven en la peña una infinidad de cuevas naturales, de silos, regueros, mechinales y otras entalladuras que indican claramente que todos aquellos sitios fueron poblados. A 8,0 tn. de las paredes de la ya expresada casa de Castellví de la Vall, en dos peñas desprendidas del monte, de 6,0 m. de longitud la una, y de 4,70 m. la otra, hay excavado un silo: las dos son iguales á los que se ven fuera de la muralla ciclópea; estas dos pe- ñas estaban tocándose, hasta que, hace unos treinta años, volcóse una de ellas por efecto de las aguas, quedando el silo casi boca abajo, de modo, que ahora sólo arrastrándose puede penetrarse en él; gracias á esta disposición está el silo vacío y pudimos medirlo á satisfacción; el corte vertical es ligeramente piriforme, la profundidad es de 2,3o m. y la anchura de 2,10 m. Muchas son las consideraciones que pueden hacerse tocante á la antigüedad de las diferentes entalladuras que acabamos de describir; pero antes de hacerlas, describiremos los monumentos de igual índole de las comarcas ya citadas, á fin de enriquecernos de datos con que fundar una opinión. Arampninya. Descrito ya en su lugar el recinto fortificado de Aramprunya, só- lo debemos decir aquí, que al pié de la iglesia, en la roca que hay encima de ella, y junto á la alberca, quedan una docena de sepultu- ras de todos tamaños, orientadas de poniente á levante. La forma es igual á las de Olérdula, escepto en el rebajo para la losa que, en Jugar de seguir la configuración de la cabeza, continua desde los la- dos en linea recta hasta formar ángulo con la prolongación de la recta que pasa por la cabeza. Otra pequeña diferencia se nota en al- guna sepultura, y es, que la losa debió ser menos gruesa sobre la cabe- za, porque alli el rebajo no es tan profundo como á lo largo del cuerpo. 14 ( 126 ) Indudablemente el número de sepulturas debió ser mayor, y mu- cho más antiguas que la iglesia, la alberca y el castillo, que datan probablemente de la época de la reconquista. Ya al hacerse el desmonte para emplazar la iglesia desaparecerían una parte de las sepulturas, de las que ha quedado una enterísima en la parte alta de la roca, y otras varias al pié de la iglesia, casi borradas por haber quedado en el paso del uno al otro edificio.. Al abrirse la alberca también desaparecieron otras sepulturas, de las que quedó una mitad en uno de los bordes, cortada en el senti- do de su longitud, fig. i y otra en el borde opuesto de niño fig. 2 muy bien conservada. Además podemos suponer que en la meseta, ocupada hoy por el castillo, habría también algu- ñas sepulturas, como se ve en Olérdula dentro. ^_^ . arbitraria ordenación y orientación, \? "r son las que quedan á la izquierda 1=3 del primer grupo que hemos menció- C5:^ • . , • 1 1.3o m. y 1.75 m. de largo por 0.40 e ^ de anchura media. La sepultura colosal citada, mide 2.3o m. de lon- gitud por 0.55 m. de ancho, con un rebajo para la losa de 0.14 m.; las otras mayores miden unos 2.o5 de largo, pero las hay de 2.3o m., siendo de advertir que la más pequeña de cuantas hemos visto no baja de i.3o m;. esto parece indicar, como no se caiga en la hipótesis de una raza agigantada, que aqui no se cuidaba de ajustar las sepulturas á las medidas regulares del cuerpo humano, ó las del difunto, como se haria en las localidades antes examinadas. El número de sepulturas que en Alcudia hemos visto desde lo alto (1) En el primer párrafo de la nota que hay en la página 146 de la Historia de Cataluña, que con tanta aceptación está publicando D. Antonio de Bofarull, por una lamentable equivocación, refiriéndose á este teatro, se dice: «que hay sepulturas ¡gua- níes á las que nos ocupan, labradas en los sillares superiores de un derruido circo «romano etc.»—Respecto á lo que se dice en el texto de Arquincta y Armentia, nos remitimos á lo que diremos más adelante. (2) En nuestro poder tenemos la porción alta del occipital y parte posterior del parietal, la undécima vértebra dorsal, y una porción del innominado derecho que r e - cogimos en una sepultura. ( 140) de la colina, á las gradas del teatro, creemos que no bajará de dos cientas. Aqui junto presentamos en detalle las gradas del teatro con las cuatro sepulturas que mejor se conservan é indican su posición res- pectiva á las gradas; como se ve dos de ellas están en el mismo sen- tido de las gradas, una en el asiento, y otra en el pasadizo, á sus pies. Atravesando un pasadizo y un asiento hay una tercera sepultu- ra; y la cuarta en dirección transversal también está fuera de las gradas. En la parte de la colina que queda en lo alto de las gradas, de Levante á Poniente, abundan las sepulturas; encima de las propias gradas, por la parte de Poniente no hemos visto ninguna; por el la- do de Levante hay varias, y según nos ha asegurado el colono, le- vantando la tierra que hay al pié de las gradas se encuentran sepul- turas en gran número. De estos datos á nuestro entender puede deducirse la edad de la Necrópolis. Al ver la colina cubierta de grandes grupos de sepulturas, y que encima de las gradas, esto es, en el sitio más cómodo para abrirlas, hay pocas, se siente uno inclinado á creer que, al cortarse las gra- das desaparecieron muchas de las sepulturas, que allí existían: de las ( i4i ) que han quedado, ninguna tiene el rebajo para la losa, alguna no tie- ne la profundidad necesaria para abrigar el cadáver, y de otras sólo quedan débiles huellas: las pocas que hay íntegras están por el lado de Levante, que es donde mejor han podido conservarse, por lo mis- mo que las gradas corren en la dirección de las sepulturas; del lado opuesto no hay ni una, tal vez, porque aquí, cortadas al través por las gradas, quedarían tan mutiladas, que desaparecieron sus últimas señales. Es verdad que las sepulturas de Alcudia son las más toscas que hasta ahora hemos visto, pues todas forman un mal rectángulo, y al- gunas son mayores de lo que se necesita para encerrar el cuerpo de un hombre. Estas circunstancias podrian hacernos creer que se abrie- ron en una época de decadencia, tal vez en la época cristiana, des- pués de la completa destrucción del teatro; pero en esta hipótesis, ¿cómo es que nunca se habia hablado de tales sepulturas ni de las de S. Vicens? ¿Cómo esplicar que se hubiera perdido de ellas toda memoria, ni se conserve documento alguno que como á tales sepul- turas cristianas las esplique? Existen también en esta interesantísima colina tres cuevas: una de ellas está encima de las gradas del teatro, la otra en la caña de Le- vante, y la tercera fuera del teatro, todavía más á Levante, y al pié de la colina, las tres tienen la boca á mediodía y están m u y derui- das; en la descripción que de ellas vamos á hacer las nombraremos respectivamente con los números i, 2 y 3. La cueva número 1, ó la de encima del teatro—véase más adelan- te la planta de este—está dividida en dos cámaras, una á continua- ción de la otra, la primera mide 6,90 m. de longitud, y la segunda 3,0 m., la altura es de 2,0 ni. y el ancho varía entre 3,o y 3,5o m. A la altura de la imposta que hemos notado en las de S. Vicens, se han excavado modernamente anchos pesebres para el ganado vacuno que de noche abriga: en el techo hay tres respiraderos que no bas- tan á iluminar el interior de la cueva. La cueva número 2, que está en la caña por estar casi hundida 16 í M2 ) no pudimos penetrar en ella; sobre una parte del techo hay excavada una sepultura. De la cueva de número 3, que está fuera del teatro, sólo queda una parte, cuya longitud es de 6,12 m., su ancho 6,60 m., tiene un gran respiradero en el techo.—En este punto empieza á abrirse una cantera que 'dentro de poco tiempo devorará cuevas, gradas y sepulturas. Debemos advertir que no nos ha sido posible levantar la inmun- dicia, la tierra y las piedras que cubren el piso de estas cuevas, y de las de S. Vicens; por lo demás, abiertas todas y utilizadas algu- nas desde hace mucho tiempo para pocilgas, poca esperanza nos que- daba en punto á encontrar en ellas algo que pudiera interesar á la arqueología. Si hemos hecho mención de estas cuevas, y de las del encinar de S. Vicens, es por creer que existe cierta conexión entre ellas y las se- pulturas que hay á su lado, y porque estimamos que pueden contribuir á probar que las sepulturas son más antiguas de lo que se ha dicho. Creemos que estas cuevas fueron sepulturas, y en época más re- mota quizá habitaciones, y que nuestras sepulturas olerdulanas se abrieron en S. Vicens y en Alcudia con preferencia á otros sitios por que estos tenían adquirida cierta importancia con las cuevas, y lo probaria la sepultura olerdulana que hay cerca de la puerta de la cueva número 8 de S. Vicens. Estimamos las cuevas como sepulturas por su profundidad, impro- pia para habitaciones donde tanto se necesita de luz y aire: además vemos en ellas cierta analogía con otros monumentos megalíticos lla- mados avenidas, galerías y caminos cubiertos, y también dólmenes prolongados, de los que tenemos preciosos modelos en Francia, en Arles (Provenza), en la Pierre Turquoise (Sein-et-Oise) etc.; en Di- namarca, Smidstrup, etc.; y finalmente uno de los mayores es la cue- va de Menga, ó del Mengal, que personalmente como tantos otros hemos visitado, y existe á un cuarto de hora de Antequera. Compá- rense nuestras cuevas de S. Vicens con las galerías cubiertas de Ar- les (1) de unos 40,0 tn. de largo, por 3,o m. de altura y otros 3,o (1) Altees coavertes de la Provence, par M. Cazalis de Fonduce, Paris, 187?. ( 143 ) de anchura, abiertas en la peña viva y se notará inmediatamente la dicha correspondencia. La galería de Arles está cubierta con grandes peñascos, y encer- rada dentro de un túmulo. Bájase á la misma por unos escalones que llegan formando un vestíbulo hasta una puerta que á través de un tabique da paso á una gran cámara; esta disposición concuerda con las cuevas mallorquínas, y más todavía con la cueva de Ante- quera, y como la opinión del autor que ha dado á conocer el monu- mento de Arles es muy respetable, diremos que, según M. Cazalís de Fonduce, dichas cuevas han sido abiertas para servir de sepulturas á una población que habitaba aquellos paises en los primeros tiempos de la edad de bronce, y que por sus tradiciones arquitectónicas re- cuerdan á los constructores de dòlmens, (i) Para ver la transición de los dòlmens á las cuevas de S. Vicens, nótese el Mengal de Antequera con sus túmulos, formados con gran- des peñascos puestos de canto y otros por cubierta, con pilastras la- bradas para sustentarlas, transición á las cuevas de Arles abiertas en la peña del piso, y á las cuevas de Mallorca excavadas en el seno de una colina. Son Covas.—Isla de Mallorca. Cuevas-habitaciones nos parecen las de Son Covas, á tres cuartos de legua de Campos, Isla de Mallorca, que visitamos en i858, camino de Santanyí. Las mayores son paralelas al camino, una de ellas tie- ne tres puertas, otra cuatro, con tantas aberturas puede haber luz y ventilación, más póngase la atención en la planta de estas cuevas, y (i) Id., id., pdg. 34. (144 ) se verá como si existiera una cueva ó habitación para cada puerta, en- sanchadas luego para mayor comodidad ó para convertir en habita- ción lo que tal vez eran antes sepulturas: al pié de esta colina hay restos de seis talayots, cuatro de ellos agrupados en el vértice del ángulo que forman los caminos que conducen el uno á. Son Covas y á Santanyi, y el otro á los baños sulfurosos calientes de Font-Santa. — Véase más adelante el estudio sobre los Talayots. Lo dicho hasta aquí, es lo que hemos visto por nosotros mismos, y podria bastar á nuestro objeto, pero antes de concluir queremos dar todas las noticias que hemos adquirido para que sirvan de go- bierno á quien mejor que nosotros ilustre esta clase de monumentos. Caserras. El erudito Pbro. Dr. D. Pablo Parassols y Pi en el citada artícu- lo inserto en el Museo universal—9 de Setiembre de 1866,—dice que en S. Pedro de Caserras, provincia de Barcelona, se conservan sepul- turas abiertas en la misma roca, bajo la forma y medida de los ca- dáveres. Sur roca. De boca del mismo Dr. Parasols sabemos que en Surroca, provin- cia de Gerona, hay sepulturas en un largo trecho que empieza más abajo del cementerio en dirección á casa Fogonella. Parte de estas sepulturas tienen cabecera, y otras no, como en Banyolas. Las que tienen cabecera están excavadas en la roca y las que no la tienen están en la tierra formadas con pequeñas piedras bastas y llanas, una y otra clase de sepulturas tienen por cubiertas grandes losas. El mismo señor nos ha asegurado que ha hallado en las dos cla- ses de sepulturas una moneda de bronce junto á la cabeza del esque- leto, y habiéndonos dado cinco de estas monedas recogidas por él en dichos puntos y sitios, han resultado ser, dos monedas de las llamadas ( 145 ) celtibéricas, de Ampurias una de ellas con la leyenda P'í* rAJt^^f4, de I*4 A A 4 H Ildoure la otra, y de los emperadores romanos Au- gusto, Hadriano y Marco Aurelio las otras tres; todas medianos bronces de mala conservación. Parece que*en dicho pueblo, y en el lugar indicado hay probabi- lidad de encontrar más sepulturas intactas, pero todas cubiertas por la tierra que se ha deslizado del monte. 5. Feliu de Pallarols, Capellades, Roda, Berga, Belianes, Ripoll. En Cataluña también tenenemos sepulturas excavadas en la roca del género de las de Banyolas en S. Feliu de Pallarols; Capellades; Roda, junto á Vich; y cerca de Berga. En las inmediaciones de Be- lianes, pueblo próximo á Bellpuig—P. de Lérida—en una colina lla- mada Castellsaubá hay silos, y á media hora de allí sepulturas oler- dulanas. Tenemos sepulturas escavadas en tierra dura en Ripoll en la calle del Arrabal inmediata á S. Pedro. En Sitjes hay silos en la ro- ca del país, en la villa vieja. Almorax.—Provincia de Toledo. El sabio geólogo, D. Casiano de Prado, en su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid, pág. 74, dibuja unas sepultu- ras que vio en la provincia de Toledo entre Almorax y Paredes á 2 '/, ó 3 kilómetros de entrambos pueblos; y de ellas dice: En otras peñas graníticas hay allí mismo verdaderas sepulturas, su hondo es medio metro, y el largo es el correspondiente á la estatura de un hombre. Sólo habia una que pudo haber servido para un mu- chacho de 12 á 14 años. En dos de ellas he visto que tenían una entrada para la cabeza. En algunas se ve también un encaje donde entraba la losa que los cubría. Vele% Blanco.—Provincia de Almería. En el interesantísimo trabajo del Sr. D. Manuel de Góngora, ti- ( 146) tulado: Antigüedades prehistóricas de Andalucía, página 72; se lee que: En el llano que se extiende entre el cerro del Judio y el de Mai- món, cerca de Velez Blanco en la provincia de Almería, hay un cemen- terio con sepulturas abiertas en la roca, largas de cinco piés por una tercia de ancho. Los cadáveres están de costado, vuelto el rostro ha- cia el Sur, y rectos los brazos. Baca.—Provincia de Granada. Léese en la citada obra, páginas 114 y 115: A media legua de Baza, provincia de Granada, y á 400 m. de la ermita de Santa Cruz, hacia la parte Sur del camino de los baños de Zújar, hay un vasto campo de sepulcros. Mas de un centenar de ellos he hecho yo mismo descubrir.—Las tumbas -se relacionan aquí una con otras en posición uniforme; tienen de profundidad total dos varas y media, tres de longitud, como dos tercias ó una vara de an- » chura, y tres cuartas de profundidad. Al excavar en este paraje, ex- traída la capa de tierra vegetal, las losas que cubren las sepulturas muestran cuidadosamente tapados los intersticios con duro mortero. Tienen todos los esqueletos muy singular colocación, la cabeza hacia Poniente, pero inclinada en dirección al Sur; los piés á Levante pero dirigidas sus puntas hacia el Norte. Junto á cada cabeza hay dos ó tres calaveras, y á los piés muchos huesos hacinados. E n t r e las rodi- llas de varios esqueletos habia manojos de esparto. Dos esqueletos te- nían el cráneo mirando al cielo en perfecta posición supina; reposa- ban sus manos sobre el pecho, no habia otras calaveras ni huesos hacinados á sus piés; uno cié los esqueletos tenia á la diestra un va- so, de barro. Singular coincidencia: en Baza se ha encontrado una sepultura con un vaso de barro cuya forma es la de una botella con asa, y en Banyolas se encontró un jarro de barro rojo de unos 0.20 m. con gollete y pico, y dos asas á los lados de una forma muy usada en el país para beber agua. Lástima grande que el señor de Góngora no dé más detalles- del centenar de sepulturas que hizo abrir, que de hacerlo tal vez hubiéramos sabido si dichas sepulturas están revesti- das de estuco como las de Banyolas, ya que sabemos por su narra- ( 147 ) cion que concurre la circunstancia de estar cerradas los juntas de las losas de la cubierta con mortero, como las de dicho punto. Arnedillo.—Provincia de Logroño. El Sr. Ingeniero de minas, D. Justo Egozcue, en su Nota de la constitución geognóstica del suelo de Arnedillo provincia de Logroño, inserta en el Boletín de la Comisión del mapa geológico de España, Tomo II, página 21, refiere que Según allí se le dijo, se hallan unos nichos abiertos en las rocas de ciertos parajes y que por el "croquis que se le hacia son semejan- tes á los que representa la fig. 49, pág 74 de la Descripción física y geológica de Madrid, por el Sr. de Prado. Are/oncea, Provincia de Logroño.-—Foncea, idem.—Corro, Provincia de Álava. E n el Diccionario geográfico y estadístico de España de D. Pas- cual Madoz, se lee en los artículos consagrados á dichos pueblos, que se han descubierto en sus inmediaciones, sepulturas abiertas á pico de martillo en peña viva, acusando gran antigüedad. Albeni\, y Gurendes.—Provincia de Álava. E n las Noticias sobre las vías, poblaciones y minas antiguas de la provincia de Álava, publicadas por el Sr. Coello y Quesada en 1873, se lee, que, en Albeniz existen sepulcros antiguos que se creen cel- tas, y que en Gurendes lo mismo que en Sobron—y de las de este ( 148 ) último punto hablaremos detalladamente más adelante—existen sepul- cros abiertos en la peña. Pedroches, Provincia de Córdoba.—Herradon, Provincia de Avila, En la obra citada del Sr. de Prado, pág. j5, se lee: Que en los Pedroches (Provincia de Córdoba) se ven también se- pulturas entre Torrecampo y Conquista, con la particularidad de que conservan aún las losas que los cubrían; y según se le manifestó, también se encuentran en el granito de Herradon, pueblo de la pro- vincia de Avila. En varias localidades y provincias. Léese en la nota de la página 146, col. i. a de la Historia de Ca- taluña de D. A. de Bofarull, T o m o I. Barcelona 1876, que corrobora la sospecha del historiador, sobre si dichos sepulcros pueden referirse á cristianos de los primeros siglos de la denominación de los árabes en España lo que dice D. Aureliano Fernandez-Guerra y Orbe sobre el Sarcófago cristiano de la Catedral de Astorga y es lo siguiente: El dogma de la resurrección de la Carne, y la contemplación de haber sido depositado el cuerpo del Redentor en un- sepulcro abierto en peña viva, fué parte á que varios cristianos ricos, sobre todo en España desde el segundo siglo hasta mucho después, abrieron en la roca sus tumbas. Las cuales son verdaderos ataúdes, angulares unos, curvilíneos otros y mixtos los más, dibujando en cierta manera la ca- beza y el fajado cuerpo, ó trazando en lineas rectas el hueco para la cabeza y hombros. Existen con cruces y signos cristianos, en T r i l l o , (Guadalajara) según el señor de la Rada y Delgado; y en Elorrio, (Guipúzcoa), según el Sr. Zobel; y parte vistas por mi, y parte in- ventariadas por mi, en fé de testimonio seguro, las tiene Cataluña, en San Pedro de Caserras, Badalona y S. Miguel de Erdol; Valencia ( 149 ) en Játiva; Murcia en Monteagudo; Almería, en Velez Rubio; Jaén en San Julián, orillas del Guadalquivir; en la dehesa de los Escoriales, término y á tres leguas de Andújar, dentro de Sierra Morena; y en el cerro de las sepulturas, de allí no muy lejano, Granada, en Loja; Sevilla, en Osma; Toledo, junto al castillo de San Cervantes; Madrid, en Perales de Tajuña y Colmenar Viejo; Palència, en Quintanillo de Corvio; Burgos, en Tártales de los Montes; y Vizcaya en Durango. Estimo craso error suponer célticas semejantes sepulturas. Con el respeto debido al Sr. Fernandez Guerra, hemos de repetir lo que ya dejamos dicho, esto es, que: en S. Pedro de Caserras, en S. Miguel de Erdol y en Trillo sólo hay sepulturas abiertas en la peña viva, y que las que se creyó haberse descubierto en Badalona en 1860 eran sepulcros romanos, como lo explicó en el Diario de Barcelona de la tarde del 11 de Junio del mismo año, el Inspector de Antigüedades de la Corona de Aragón, D. Esteban Paluzíe; de con- siguiente por las circunstancias ya referidas, por lo que hace á estas cuatro localidades citadas por el Sr. Fernandez-Guerra y Orbe, no existen cruces ni signos cristianos, ni de ninguna otra clase, como en verdad existen en los sepulcros en bloques de que hablaremos al tra- tar de los de Elorrio y Durango.—Nosotros confesamos que de los demás puntos citados por el Sr. Fernandez-Guerra y Orbe no tene- mos más noticia que la que da dicho señor, por lo tanto y en vista de la evidente inexactitud por lo que se refiere á las localidades ca- talanas, sin ofensa ni agravio, nos vemos obligados á admitir con be- neficio de inventario, todo lo demás que hemos copiado. Arles.—Provenga. E l Sr. D. Joaquín Botet y Sisó, nos ha referido que á media le- gua de Arles, en Provenza, vio el año último de 1873, al rededor de la capilla de Santa Cruz, junto á las ruinas de la Abadía de Mont- major, de cincuenta á setenta sepulturas olerdulanas grandes y pe- queñas con cabecera y sin ella. S. Ambroix.—Gard. El Doctor Companyo con quien tuvimos el gusto de visitar las 17 ( 15o ) referidas sepulturas de S. Marti del Canigó, nos escribe con fecha de 21 de Junio de 1874, que en S. Ambroix, Departamento del Gard, Francia, cerca de la iglesia de Rosieres, y en lo alto de una escale- ra llamada de Cardone, hay, en roca caliza compacta ocho sepulturas de diferentes dimensiones y de forma semejante á las que juntos vi- mos en S. Martí. Del lado de Digne se encuentran también, en ter- reno parecido y le'jos de poblado, las mismas sepulturas en número de tres, irregulares y de varias dimensiones. Cris solo. —Italia. En la Iconografía di alcuni oggetti di remota antichitá rinvenuti in Italia,—publicada por el Sr. Gastaldi, Turin, en 1869, encontra- mos la descripción del hallazgo de unas sepulturas olerdulanas. A la izquierda del Pó, en Crissolo, se eleva un monte de unos 100 m. de altura, angosto, cortado casi á pico: en el borde del precipicio hay el santuario de San Chiaffredo. En 1860, á pocos pasos de la iglesia, al descubrir la roca (calchisto) del subsuelo, para extraer materiales de construcción, se encontró el hueco de una tumba excavada en la peña. Tres años después, al descubrir otra porción de roca con igual objeto, en encontró otra sepultura que el Sr. Gastaldi pudo exami- nar.—Era.—Dice este Sr.: Una cavidad para recibir la cabeza, después la cavidad se ensan- chaba para recibir los hombros y el torso, y en fin, las paredes del hueco corrían suavemente convergentes la una hacia la otra en di- rección á los pies, donde faltaba la pared terminal, destruida en las anteriores excavaciones. La longitud del vano era de i'6o (nótese la lalta de la pared que cerraba la extremidad inferior;) la anchura me- dia de o'6o, y la profundidad de o'5o; el fondo presentaba un vano más profundo que correspondía al dorso. Las sepulturas estaban cubiertas con grandes piedras, las dos en- cerraban un esqueleto y, según el Sr. Gastaldi entendió, se encontra- ron algunos anillos y brazaletes de bronce. Añade también que dicho genero de sepulturas era nuevo para él, y que nunca había visto ia ( I5I ) forma del sarcófago egipcio en su país, ni sepulturas excavadas en roca, relativamente tan dura. Sobron.—Urrecha.—Arguineta, Provincia de Álava. Finalmente D. Antonio de Trueba, en un artículo inserto en dos números de La Ilustración Española y Americana, correspondientes al 25 de Agosto y 5 de Setiembre de 1871, habla de dos necrópolis que ha examinado; la de Arguineta y la de Sobron en la provincia de Álava. La necrópolis de Sobron se halla junto á la villa de este nombre, en la falda de los montes de Arcena, en la orilla izquierda del Ebro. Al pié de aquellas breñas, se encuentran muchas entalladuras como las de Olérdula y, principalmente, en las mesetas de la Viña y de Lantoron y en el emplazamiento y cercanías del inmediato estableci- miento balneario. E l Sr. de Trueba, después de describir aquellos sitios, dice: H é abierto muchos de estos sepulcros buscando alguna inscripción, alguna medalla ó algun utensilio doméstico que pudiera satisfacer mi curiosidad,, indicándome u n nombre, una naturaleza, una religión ó una época; pero toda mi diligencia ha sido vana: sepulcros de la for- ma del cuerpo humano abiertos á pico en la roca calcárea ó en grandes sillares sueltos, algunos de sílice, que han debido llevarse de larga distancia, pues allí ni en aquellas cercanías no se encuentra la sílice; otros cavados en la tierra, revestidos lateralmente con piedras verticales y cubiertos con grandes losas toscas; cuerpos tendidos boca arriba, con los pies hacia oriente y los brazos extendidos á los cos- tados; una arandelita de plomo y fragmentos de un jarrito de barro encarnado, ambos objetos sin labor y forma que señale una época determinada; esto es lo que descubrí, á pesar de mis pacientes inves- tigaciones. Más adelante dice el Sr. de Trueba, que cerca de los baños se han encontrado ciertas piedras huecas cuadradas, de sílice, labradas ( 152 ) con mucho esmero, que si han tenido un destino fúnebre, se puede sospechar hayan servido de urnas cinerarias, y añade: Que yendo de los baños á la ermita se ven á la orilla del cami- no unas cavidades de forma oval, que traen á la memoria el recuerdo de los silos. Por último, dijéronme que en los numerosos sepulcros descubiertos en la meseta de la Viña, al abrirse no ha mucho el ca- mino que conduce al establecimiento balneario, contenian esqueletos de varones y hembras de todas edades, sin excluir la infantil. T a m - bién me pareció que en los sepulcros de la meseta opuesta se inhu- mó cuerpos de diferentes sexos y edades. No se puede dar una descripción que convenga más á lo que se ve en Olérdula; pero el Sr. de T r u e b a habla también de—sepulcros abiertos en grandes sillares sueltos, algunos de sílice, que han debido llevarse de larga distancia, pues allí, ni en aquellas cercanías, no se encuentra la sílice.—Por lo que vamos á ver luego, estos sepulcros nos parecen estraños á los abiertos en la roca del piso: pero sigamos la narración del ilustrado autor del artículo. E n el robledal de Urrecha, que está en un monte de las cercanías de Durango, ha examinado dos sepulcros en los que se encontraron; Restos humanos en la capa de tierra y cal que cubria el fondo de la cavidad. Uno de los sepulcros tiene oproximadamente la forma y longitud del cuerpo h u m a n o , y está construido con mucha regula- ridad y arte. El fondo está enlosado y las paredes son de lositas so- brepuestas horizontalmente á cordel y sin cemento alguno. La cabe- cera del sepulcro forma un cuadro de la extensión de la cabeza del hombre y está construida en sillares labrados puestos verticalmente. La losa que cubria esta cabecera, y que se conserva en la casa Con- sistorial de Izurza, tiene una canal transversal en que se conoce haber existido letras en relieve. Desgraciadamente estas letras han desapare- cido y apenas se puede leer la sílaba ME en caracteres romanos. E n la cara superior de uno de los sillares que forman la cavidad desti- nada á la cabeza, creimos ver las letras R. I. P . iniciales de Requies- cat in pace. A pocos pasos de este sepulcro se descubrió otro, abier- to como el primero, de oriente á ocaso; pero era tan pobre, que se reducía á una fosa sin revestimiento, cubierta con losas toscas. La otra necrópolis, nos dice el Sr. de Trueba, está en Arguineta, ( i53 ) á menos de un tiro de bala de la villa de Elorrio. Alli hay una co- lina con una ermita de S. Adrián, y en el campo que la rodea se ven hasta veinte y tres suntuosos sepulcros compuestos de enormes sillares huecos, con tapa también de piedra y de forma alomada ó prismática: parece que estos sepulcros estaban hace pocos años dise- minados por la colina y que son del género de los que se colocaban en torno de los Monasterios del país en los primeros siglos del Cris- tianismo; dos de ellos tienen inscripciones y algunos otros parecen haberlas tenido. Las dos inscripciones legibles las copia y traduce así. IN DEI NOMINE. MUMUS IN CORPORE VIVENS FECIT. IN ERA DCCCCXXXI. En el nombre de Dios. Hizo Mumo esta sepultura viviendo en el cuerpo. Año ochocientos noventa y tres. Aqui duerme. NARIATES DE IBATER XVII. KALEND. AUGUSTI. ERA DXDXXI. Nariates de Ibater, á diez y siete de Julio, Año ochocientos ochen- ta y tres. Una y otra inscripción tienen cruces con el alfa y la ómega. El Sr. D. José de los Rios, en un trabajo importante como todos los suyos, inserto en la Revista de España, correspondiente al 10 de Agosto de 1871, habla también de estos sepulcros que dice existian de antiguo junto á las iglesias de Arguineta, Gaseta, Apatamonaste- rio y Miota, ya colocados á flor de tierra, ya más profundamente soterrados: (1) y sigue, copiando de un trabajo especial que no he- mos visto; (r) Se encuentra también esta clase de sepulcros en bloques soterrrados á flor de tierra, de antes del siglo XI hasta el siglo XVI, en el Poitu, la Saintonje, la Cham- pagne y otras varias comarcas; según Mr. Caumont en su Abécéaaire d Archéologie, i ( i54) Todos están tallados en piedra arenisca, y en cada uno está la- brado el hueco para la colocación del cadáver, de tal modo que la cabeza entra en una cavidad expresamente abierta para este objeto, asi como en otra el resto del cuerpo, en la misma forma que las fundas egipcias. Hay algunos para dos cadáveres: La tapa de estos sepulcros es un trozo macizo de piedra formando caballete, ó sea ele- vada por la cúspide y viniendo á rematar gradualmente su espesor sobre el vivo de la caja. Junto con estas sepulturas, existen cuatro peregrinos discos de la misma piedra, que elevados antes en tierra, á la distancia de sesenta pies, parecían circuir las tumbas indicadas; estos discos tienen labras en dos de ellos como á manera de un sol, toscamente dibujado por el anverso, y por el reverso de uno un óvalo ó círculo con una canal, que remata en el vivo, ó punto por donde se halla hincado. E n el reverso de los otros dos nada se descubre. E l Sr. de T r u e b a dice que—estos discos abundan en el país, y que no se puede dudar de que son piedras sepulcrales que antigua- mente se colocaban á la cabecera del sepulcro, generalmente lisos, algunas veces con labores y otras con inscripción, que suele estar en caracteres que algunos califican simplemente de monacales, E r r o d e euskaranos ó vascongados, y otros de ibéricos;-—añadiendo que,—se suelen encontrar también en estas piedras caracteres de transición del ibérico al romano, el romano puro y el gótico. Nosotros hemos visto estos discos, aún en uso en el cementerio de Monein, pueblo á pocos kilómetros de Pau, colocados á la cabe- cera de pobres sepulturas abiertas en la tierra; en los que están me- jor conservados, se vé por un lado una pequeña inscripción con el centenar corriente y por el otro una cruz más ó menos parecida á la de Malta; lo que no impide que aquí y en nuestras provincias vas- congadas hubiese antiguamente inscripciones euskaranas, según Erro, ó ibéricas según otros. E n Cataluña no hemos visto, ni tenemos no- ticia, de que haya nada que se parezca á esos discos. Ambos Sres. T r u e b a y Amador de los Rios, consideran estos d i s - cos y las dos clases de sepulturas que acabamos de ver, (esto es, las abiertas en bloques y las que lo están en la peña viva,) obra de los primeros siglos del Cristianismo en aquellas provincias; opi- nión que no puede ponerse en duda respecto á las abiertas en los bloques, pero que no es bastante justificada en cuanto á los discos t ( 155 ) y á las sepulturas olerdulanas, según nuestro humildísimo enten- der. Respecto á las sepulturas abiertas en bloques no puede haber du- da que son cristianas en vista de las inscripciones citadas, con sus fechas, y de los objetos que en ellas se han encontrado; armaduras, espadas, espuelas, vestiduras, ruecas, husos, etc., etc. Y aunque pu- diera objetarse que sepulturas de todas épocas se han utilizado en tiempos posteriores, no vemos en estas motivo alguno para dudar, si- no todo lo contrario, cuando sostienen dicha opinión eruditos como los Sres. Amador de los Rios y T r u e b a ; pero ¿en qué se fundan es- tos Sres. para creer de la misma época las sepulturas olerdulanas que en Álava como en Cataluña y el Rosellon se hallan casi siempre en sitio naturalmente fuerte como las mesetas de la Viña y Lantoron, de Olérdula, Eramprunya, Caserras y S. Martí del Canigó, acompa- ñadas de silos como en Lantoron Olérdula? ¿Qué se ha encontrado en las sepulturas olerdulanas? Un jarro de barro rojo en Banyolas, fragmentos de un jarrito de barro encarnado y una arandelita de plo- mo en Lantoron, todo sin labor y forma, que señale una época de- terminada. Y dígasenos, ¿en qué localidad se ha encontrado indicio alguno de que estas sepulturas son de una época cristiana? Nosotros no conocemos ninguno. Si no hemos entendido mal, el Sr. de Trueba ha encontrado en Sobron sepulcros abiertos—en grandes sillares sueltos, algunos de síli- ce, que han debido llevarse de larga distancia, pues alli, ni en aquellas cercanías, no se encuentra la sílice;—en este caso, es muy posible que por cualquier motivo hayan sido llevados alli en época relativamente reciente, como ha sucedido con los que hace pocos años han sido co- locados al rededor de S. Adrián de Arguineta, junto á Elorrio; estas sepulturas en ningún otro punto han sido encontradas mezcladas con las olerdulanas y siempre en torno de los más antiguos Monasterios y Parroquias del país. Esto último nos parece otra prueba de que no son de la misma época, porque de serlo, algunas sepulturas en blo- ques se habian de encontrar en Cataluña, donde tanto abundan las olerdulanas. ( i56) CONCLUSIÓN. Reasumiendo ahora lo más importante que hasta aqui hemos no- tado, tenemos: que en Glérdula hay sepulturas abiertas en la roca viva junto á silos, en u n sitio naturalmente fuerte y cerrado por u n m u r o , al parecer ibérico. E n San Vicente, de Mallorca, hay sepultu- ras en una colina cuyo piso es de roca, junto á cuevas antiquísimas; y á pocas leguas hay silos olerdulanos en la roca á poca distancia del mar. En Alcudia, (también Mallorca) en una colina hay sepulcros en la roca, anteriores á un teatro romano. En Aramprunyá hay se- pulturas en la roca, que no fueron respetadas al fundarse la iglesia y el castillo; la localidad es naturalmente fuerte y la parte culminan- te aislada por dos fosos cortados también en la roca. En Banyolas tenemos sepulturas en la roca del subsuelo de la población, de la Parroquia y del Monasterio que data del siglo VIII. En Solius hay silos como los de Olérdula y Lantoron en una meseta casi aislada, á poca distancia de un monumento megalítico natural; la meseta está cubierta de gran cantidad de pedazos de cerámica, á lo menos, ro- mana, y de otros tal vez más antiguos. E n la meseta casi aislada del Monasterio de S. Martí del Canigó (Rosellon) que data de los prime- meros años del siglo XI, hay sepulturas en la roca que está debajo de sus paredes. E n San Chiaffredo (Territorio de Crissols, valle del Pó) hay en la roca sepulturas en las cuales se han encontrado obje- tos de bronce. E n una de las sepulturas de Banyolas se ha encontra- do un jarro de barro rojo con asas, para beber. En Baza, sepulcros con esqueletos extrañamente colocados, y en una de ellas u n vaso de barro con la forma de una botella con asa. E n las de Lantoron se han encontrado fragmentos de u n jarrito de barro encarnado y una arandelita de plomo, todo sin labor ni carácter. En Surroca se han encontrado monedas de bronce celtíberas y de Marco Aurelio en las sepulturas abiertas en la roca y en las abiertas en la tierra; estas es- t á n formadas con pequeñas piedras bastas y llanas, sin cabecera y cu- ( i5 7 ) biertas con grandes losas. En Ripoll hay sepulturas excavadas en tier- ra dura. En Sobron hay también sepulturas excavadas en la tierra pero revestidas lateralmente con piedras verticales y cubiertas con grandes losas. En Urrecha hay dos sepulturas abiertas en la tierra, con huesos mezclados con tierra y cal; la una se reduce á una po- bre fosa, y la otra está formada con lositas sobrepuestas, tiene la ca- becera construida con sillares, en uno de los cuales y en la losa que cubre la cabecera, hay caracteres romanos. En Arguineta hay ciertos discos sepulcrales con caracteres calificados por algunos de ibéricos, y sepulcros abiertos en enormes sillares, con tapa alomada, labrado el hueco para uno ó dos cadáveres con la misma forma que las fundas egipcias. Algunos de estos sepulcros conservan restos de inscripciones latinas del siglo IX, y en los mismos se han hallado armaduras, etc. Todas las sepulturas, sin excepción, están en el suelo en posición horizontal. Su forma es en unos sitios con cabecera, en otros sin ella, y en pocos se ven mezcladas las dos formas: en Banyolas, Al- morox y Arles hay las dos formas, en la peña, y en Surroca hay en la peña las que tienen cabecera, y las que no la tienen están en la tierra. En Olérdula, Eramprunya, Banyolas, Almorox, Sobron, Saint Ambroix Digne, Arles, San Vicente de Mallorca, etc., hay grupos de sepulturas de personas de todas edades. Las sepulturas de Erampru- ya las hemos visto en una arenisca muy dura; las sepulturas de San Marti del Canigó y los silos de Solius las hemos visto en el granito; entre Almorox y Paredes, provincia de Toledo; en Pedroches provin- cia de Córdoba; y en Herradon, provincia de Avila; según D. Casia- no de Prado, las sepulturas están en peñas graníticas: lo que nos prueba, conforme nos lo ha dicho la historia, que los silos íberos, ó la raza que los excavó, templaban el hierro, y tal vez, labraban el bar- ro que hemos vistos en Solius. Además debemos observar que las sepulturas que se encuentran en las provincias de Álava y de Huesca, las de Cataluña, de Mallorca, San Martí en el Roselló, Saint Ambroix y Digne en el Departamen- to del Gard, Arles en Provenza, y Crissolo junto al Pó, están en territorio íbero, y que las sepulturas de las provincias de Jaén, Cór- 18 ( i58) doba, Avila, Toledo y Guadalajara, están en territorio celtíbero, si seguimos á G. de Humbold, quien, en sus Investigaciones sobre los habitantes primitivos de España, dice, «que los íberos habitaron, sin mezclarse con los celtas, al rededor del Pirineo y en la costa meri- dional, y que los dos pueblos mezclados ocuparon el interior, la Lu- sitania y la mayor parte de la costa del Norte. Que fuera de España hacia el Norte, solo se encuentra rastro de los íberos en la Aquitania (véase lo que hemos dicho de los discos de Monein). Que habitaron en la costa meridional de la Galia narbonesa, y que, probablemente los íberos fueron uno de los pueblos primitivos de la Italia continental.» De lo dicho, parece ciertamente deducirse que todas las sepultu- ras de que hemos hablado tienen el mismo origen, pero que son de diferentes épocas: las más antiguas serian las que están en las altas mesetas fortificadas por la naturaleza y por el arte. El uso de estas sepulturas se iria perpetuando hasta las de Urrecha y los sepulcros del siglo IX que encontramos en Arguineta; asi vemos las primitivas en Olérdula junto á la muralla ibérica; en Caserras abri- gadas por un enorme muro; en Eramprunya junto á los fosos que defienden la meseta : y finalmente, en la isla de Mallorca en San Vi- cente y en Alcudia junto á sepulcros de trogloditas (?) y con ante- rioridad á un monumento romano; en Surroca conteniendo monedas celtíberas de Augusto, Hadriano y Marco Aurelio; en Solius vemos silos olerdulanos rodeados de cerámica muy antigua; y en Banyolas, Eramprunya y San Marti, sepulturas olvidadas debajo de monumentos de los siglos VIII y XI; hasta llegar á los sepulcros de Arguineta del año 893 de la era vulgar. A todo esto podemos añadir, que esta clase de sepulturas n o se sabe que hayan sido usadas por los antiguos pueblos que han venido á España, como son los celtas, fenicios, griegos, cartagineses, roma- nos, suevos y visigodos. No habiendo podido traer estos pueblos el uso de las sepulturas olerdulanas, ¿á quienes se pueden referir mejor que á los iberos? En este interesantísimo estudio la conclusión del Autor es lógica admitidas las premisas; ¿pero queda bien demostrado que los sepul- ( i5g ) cros llamados olerdulanos no pertenezcan á la época cristiana? Noso- tros hemos examinado la necrópolis de Alcudia, anterior según el Sr. Martorell al teatro romano, pero que en nuestro sentir, y del exa- men del monumento no resulta tal prioridad. El campo sepulcral se abrió nó en el teatro, sino en la plazoleta de la meseta, y sólo algunas po- cas sepulturas se corrieron á partir de dicha meseta por el declive en que se habian abierto las gradas del teatro. Si el teatro se hubiese abierto en la necrópolis, las sepulturas no tendrían la altura para abrigar el cadáver como la tienen casi todas, y las que no tienen di- cha altura no es por efecto de haberse tallado las gradas encima de ellas, sino por el desgaste secular de la caliza de la colina de Alcu- dia. Notaremos también que en el campo sepulcral se encuentra una sepultura con cabecera, pero no como la de Olérdula, sino afectando la forma de una muger vestida y con los brazos cruzados sobre su pecho, rareza digna de notarse, tanto más cuanto que todas las otr ¡s no tienen cabecera. Las dos sepulturas de forma olerdulana de San Pedro Caserras, por estar encerradas dentro del monasterio y en r egular ordenación, poca prueba dan de su antigüedad. T a l vez no debieran confundirse las sepulturas con cabeza y las descabezadas, pues aunque contra esta división protestan las de Ma- nyólas, no está muy clara la confusión que se hace de unas y otras al tratarse de varias localidades. Hasta hoy el único dato que aparece como positivo para probar la grande antigüedad de las sepulturas llamadas olerdulanas, es el hallazgo de monedas imperiales en las de Surroca, que nos dan como hecho de toda certitud, el de que tal clase de sepulturas se abrian ó se usaban por los tiempos de Marco Aurelio—de 161 á 180 de Jesucristo,— fe- cha que corresponde con lo dicho por el Sr. Aureliano Fernandez Guerra de abrir en la roca sus tumbas los cristanos del siglo segundo. Si el Sr. Fernandez Guerra probara su aserto con testimonios ar- queológicos como los hallados en Surroca, la cuestión se podria dar por resuelta, y aunque por tal se pueda dar, recordando lo que dice «que en ellos existen cruces y signos cristianos» como quiera que la cruz se haya usado por multitud de pueblos antiguos, asiáticos, eu- ropeos, y hasta americanos como símbolo religioso, miles de años an- tes de Jesucristo, de aqui que no conociendo qué clase de signos sean los otros «signos cristianos», no se pueda dar por resuelta la cues- tión, y aún debiéramos saber si las tales cruces son la cruz latina ó la stvasti ¡—¡—' cuyo origen ario es bien conocido. Luego es muy dudoso que en España hubiera llegado el cristià- ( 16o ) nismo en el siglo II al grado de desarrollo que supone el gran nú- mero de sepulturas olerdulanas descubiertas, y asi seria conveniente por los que pudieran llevar adelante esta parte de los estudios del Sr. Martorell, que nos dieran á conocer los símbolos religiosos que en dichas tumbas se han descubierto, ya que desgraciadamente en Cataluña y Mallorca no presentan símbolo alguno, único medio para llegar á un conocimiento definitivo del asunto, y para dar por rema- tada la cuestión de procedencia que con tan sólida demostración in- tenta nuestro Autor. ( I6I ) TEATRO DE ALCUDIA. E lo poco que se ha escrito sobre las antigüedades de Po- D llentia, sólo hemos podido leer lo que publicó el difunto D. Antonio Furió, en su antigua Carta histórico-crítica sobre la Pollentia.—Palma, 1839, y lo que dice D. Juan Reines, en las notas que ha puesto al fin de su Destrucción de Po- llentia.—Palma, i863. El Sr. Furió, copiando de D. José Barberí, Vida de Sor Clara Andreu.—Palma, 1808, dice que en Alcudia se ven los vestigios y gradas de un anfiteatro. En la página 41 se lee que no faltaba su coro, circo ó anfiteatro para los espectáculos y juegos públicos. El mismo Sr. Furió, copiando al elogiado historiador Doctor Juan Bini- melis, (1) en la página 48, habla de templos y teatros en Pollentia.— El Sr. Reines, en la nota número 3, dice que, en una pequeña altu- rita «que hay detrás del oratorio de Santa Ana, vése en el dia parte del anfiteatro en segmento de esfera, con sus anchas gradas abiertas en la peña, y que todavía existen íntegras las cuevas en donde se guardaban las fieras.» Lo que nosotros hemos acertado á ver en la colina en que estaba sentado este monumento, son los restos de las gradas de un teatro, excavadas en la peña viva. En la parte alta quedan ocho gradas con- (1) Noticias del Reyno de Mallorca—Historia m. s. divivida en 5 libros, que se guarda en el Archivo de la Cofradía de S. Pedro y S. Bernardo de Palma (año 1839), traducida del mallorquin al castellano, por D. G. Tarrasa. Pbro.—D, Juan Binimelis murió en 1616. ( 162 ) céntricas por las que bajan dos escaleras, de dos escalones por gra- da, formando así tres cuñas; al pié de estas gradas hay un corredor (oiaC(í)¡AaTa, prcecintiones) de un metro veinte y siete centímetros de anchura, y á continuación otras dos gradas, sin poder llegar al fondo de la orchestra por estar llena "de tierra, contenida por una mala pared seca, á cuyo pié, sigue la pendiente general del terreno. La cuerda del arco que forma la grada más baja, es de 18,0 me- tros: las gradas, aunque en mal estado, dejai ver sus escaleras (x),'.¡iax e ç scalce,) que convergen hacia el centro en número de tres, siendo por lo tanto cuatro los kerkides ó cunei ( x s p x í S e í ó cunei) en que se divide la cavea ó koilon (cavea ó xolXov). También se nota distintamente en las gradas el pasadizo que cor- re entre el asiento del espectador y el de la grada subsiguiente, algo ( 163 ) más elevada que el pasadizo; la anchura total de la grada, es de i,o5, esto es, 0,95 el pasadizo, y 0,46 el asiento. Al pié de las gradas si se excavara, tal vez se encontraria el es- cenario y pared de fachada, pero en el dia no queda el más pequeño sillar, ni el más insignificante recuerdo por donde poder rastrear la ordenación de esta tan interesante parte del teatro. Que de un teatro, y no de un anfiteatro se trata, se ve claro con solo considerar que el diámetro ó cuerda de la grada más baja es sólo de 18.0 m. con lo que la arena quedaría tan angosta, que no bastaria para los ejercicios de los atletas, gladiadores, etc.; y además bajando la pendiente del terreno sin interrupción hasta el mar, re- sultaria que el nivel de la arena y de la galería exterior de la parte opuesta á las gradas daria un muro muy alto, y de más difícil cons- trucción que si estuviera en terreno horizontal. Verdad es, que las gradas están de cara al Sur, y que para ser de un teatro están contra toda regla y costumbre, y contra lo que hemos visto en Sagunto, que están de cara al N. á fin de que los rayos del sol no cegasen á los espectadores; pero hay que notar que en Pollentia no se podia hacer de otra manera, por cuanto toda la cuesta está abierta al Mediodía. Las cuevas de que habla el Sr. Reines no son propias para fieras, por lo mismo que están por encima las gradas y fuera del monu- mento. La entrada al Teatro nos parece que seria por la parte superior, donde hoy están abiertas las sepulturas olerdulanas de que antes he- mos hablado. El estado de degradación de estas ruinas se debe en gran parte á la naturaleza de la piedra en que están abiertas, pues se trata de una calcárea no muy resistente. Pero todo esto seria tal vez poco para acabar con tan esclarecidos restos de la antigüedad romana, sin la cantera de que ya antes he- mos hablado, y sin la mano del hombre que con el azadón procura ganar un poco más de terreno, que rellenado de tierra, produce al año algunos manojos de trigo. ( 164 ) ¿Tanto abundan estos monumentos en España que podemos mirar indiferentes su destrucción? Nosotros añadiremos que cuando en Mayo del presente año (1879) visitamos las ruinas de Pollentia hallamos una novedad que indica el próximo fin de los restos de su teatro. Una pared seca corre por mitad de las gradas paralela á su diámetro, rompiendo el hermoso punto de vista que ofrecía la gradería cuando la visitó el Sr. Marto- rell. Lástima que los vándalos que destruyeron á Pollentia no se limi- taran á esto, pues lo peor es que han dejado sucesores entre noso- tros. ( 165 ) NURHAGES DE LA ISLA DE CERDEÑA Y TALAYOTS DE LAS BALEARES. INTRODUCCIÓN. ISITÓ en 1868 D. Francisco Martorell la isla de Cerdeña, V tas movido del deseo de conocer para juzgar leares. notas explicativas de tre los Nuraghes de De este viaje su semblanza sus tan ponderados Nuraghes con los Talayots de las Ba- sólo tenemos los dibujos y unas muy cor- los mismos, y un fragmento y los T a l a y o t s , es decir, documentos de paralelo en- para empren- der el estudio de las artes y civilización primitiva de las islas del Mediterráneo, pues por algunas notas sueltas y apuntes de autores y libros reunidos, hemos adquirido el convencimiento de que el Señor Martorell se proponía estudiar los monumentos que de igual índole ó clase existen en las islas de Malta, Pantelaria, etc.— (1) Pero lo cierto (1) Verdaderamente es notable el desarrollo que alcanzaron las grandes construc- c : ones megalíticas en las islas mediterráneas. De la semblanza ó parentesco entre los monumentos dichos de las islas de Mallorca, Menorca y Cerdeña hablaremos larga- mente; y aunque se ha dicho que iguales analogías, ó similitud, existía entre los mo- numentos de estas islas y los de las islas del mediterráneo Gozo, Pantelaria, etc.; de mi se decir que hasta hoy no he podido formar igual concepto falto de documentos en que acreditarlo. Los Sesi de la isla Pantellaria, cuya planta hemos visto en el estudio del marqués Guido dalla Rosa:—Parma, 1871.— Abita^ioni deW época delia pietra neil' isola di Pantellaria; y en el estudio de las mismas publicado por el Sr. Cazalís de Fondouçe y Cartailhacc, Materiaux pour V historie primitive et naturelle de V homme.—Tou- ¡ousse—To. 8, 1873, demuestran que la analogía es puramente idealógica, pues son los Sesi construcciones de forma semicircular de una altura de dos metros, que des- cansan sobre un estilóbato de o,5o m., teniendo abierto hacia su interior pero en ar- bitraria dirección, aunque este no sea el caso del Sesi Cossiresi, varias galerías que 19 ( 166 ) es que no llegó á formular su pensamiento sobre tan disputados mo- numentos, y que para nosotros ha dejado una tarea por demás difí- cil, por lo mismo que de los monumentos de la Cerdeña sólo cono- cemos lo que han dicho los escritores italianos. Adivínase ya la importancia que tienen para nosotros los Nuraghes desde el momento que se tiene por bien sentada su semblanza ó si- militud con los Talayots de las Baleares, demostrando con esto una unidad de civilización mediterránea, al parecer no conocida de los antiguos y más afamados historiadores, y como quiera que su civili- zación implique la de los pueblos continentales mediterráneos, el pro- blema que el arqueólogo está llamado á resolver en este caso es el de los orígenes históricos de la civilización mediterránea, África, Es- paña, Francia, Italia. Nosotros creemos haber dado en los Orígens y fonts de la nació catalana la clave de esta clase de estudios. Desconocida la historia del Occidente de Europa de todos los his- toriadores antiguos, no teniendo de ella más que una relación míti- ca, casi se desconfiaba que pudiera hacerse luz sobre la misma, cuando de repente se iluminó con la más hermosa claridad gracias á los trbajos de los egiptólogos que supieron descubrir y leer en los graníticos libros historiales del Egipto, la historia antigua de los pue- blos mediterráneos. Hoy por hoy, pues, el período histórico del occi- dente de Europa é islas mediterráneas comienza en el siglo XVIÍI antes de Jesucristo, es decir, siglos antes de- que Moisés escribiera los primeros libros de la Biblia. Corre por lo tanto el período prehistórico de la civilización medi- terránea á compás del de los pueblos más celebrados del mundo oriental, y si rezagada ha quedado la historia de esta parte de nues- marchan tod^s hacia el centro formando una estrella, de dos á diez, según los publi- cados por los autores dichos, galerías por las que puede entrar un hombre á gatas y que terminan en una especie de rotonda en la que puede ponerse de pié" un hombre de baja estatura; estando el resto lleno de piedras. La construcción, según se ve en el esterior, está formada por hiladas de piedras brutas, pero evidentemente cortadas para entrar como sillares de cortas dimensiones y colocadas en seco. Esta disposición y altura, como se verá, disiente radicalmente de la ordenación de los Talayots y Nu- raghes, cuya disposición recuerda tan sólo en forma, y género de construcción, aun- que en los Talayots sea esta más robusta. Respecto de la isla de Gozo, sus grandes construcciones megalíticas se apartan todavía más de los Nuraghes y Talayots que no los Sessi de modo, «que solo á una imaginación baleárica» Revista histórica, Tomo IV, p. 194.—Fita. Antiguas murallas de Barcelona. Barcelona, 1877. le es dado confundir unos y otros monumentos.—Lo verdaderamente notable y extraordinario es, que en las islas mediterráneas tal géne- ro de construcciones alcanzaron un grado de desarrollo y de perfección como no haya ejemplo en el Continente de obras tan notables. ( i67) t r o continente, no hay motivo hoy para temer ó esperar que no se haga en lo sucesivo nueva luz sobre el mismo. Podemos, también hoy, en virtud del conocimiento de nuestro pri- mer período histórico formular—para suplir el vacío—entre las prime- ras manifestaciones histéricas y la primitiva ú originaria civilización, una hipótesis racional. Hemos dicho en los Orígens que no es lógico ni racional supo- ner, que aquella confederación de los pueblos del Asia menor cono- cida de los antiguos con el nombre de Hycsos ó pueblos Pastores, é identificada por los egiptólogos con los Chethas que conquistaron el Egipto XXII siglos A. de I. C.; se mantuviera quieta y en reposo, cuando su gran triunfo le abria el Mediterráneo, cuando en su com- pañía iba el primer pueblo comercial y marítimo de la antigüedad, los Kefat—Fenicios—y cuando por espacio de 5 I I años dominó el Egipto y llevó á gran altura su cultura y civilización como lo de- muestran los monumentos de las dinastías de los Pastores. Partiendo de este punto de vista hicimos dar la vuelta al Mediterráneo á los Chethas, y aún creemos haber demostrado su marcha, por habernos dejado como piedras miliarias del mismo, las grandes ciudades comer- ciales de África y Europa cuya fundación á ellos es debida. Pero lo cierto, seguro y positivo es, que tan pronto son arrojados del bajo Egipto los últimos Chethas—siglo XVIII a. de C.—y empren- de Thothmes III su persecución y sumisión, los pueblos mediterráneos aparecen como la Minerva de Athenas, armados todos de una pieza y luchando ya á brazo partido con los Egipcios. Es decir, aparecen en un estado de civilización y cultura que dejan ya para su época prehistórica tal vez, el estudio de los monumentos que con tanto en- tusiasmo estudió D. Francisco Martorell y Peña. Once naciones ó pueblos sometió Thothmes III, y entre estos ha- cen á nuestro fin.—Los pueblos que habitaban las islas del gran Alar. —Los pueblos de las extremidades de las tierras y de la vuelta del gran circuito.—Estos dos grupos de pueblos se sabe que son los me- diterráneos, pues el gran mar ouat-oer se ha demostrado que era el Mediterráneo al cual se daba también el nombre de «gran circuito» por su forma circular, esta indicación es preciosísima, pues demuestra que la forma del mar Mediterráneo era perfectamente conocida de los Egipcios XVIII siglos a. de J. C. lo que supone un primer estado comercial y marítimo dsconocido de los historiadores todos. Si Thothmes III sometió á su autoridad los pueblos de las islas del Mediterráneo, y los pueblos costaneros del mismo de resultas de su guerra con los Chethas, cuya capital, Kadesh, tomó por asalto; ;la unidad de la conquista no demuestra la unidad del primitivo im- perio Chetha? Para nosotros es de sentido común. Thothmes quiso ( 168 ) acabar de una vez con los enemigos todos de su patria, y someter á su autoridad á los que juntos y reunidos se habian levantado contra aquellos que los habian arrojado del Egipto. H a y aquí que notar un punto muy importante. Si los Chethas. conquistaron el Egipto y se egipciaron hasta el punto que demues- tran los monumentos que de sus quinientos años de dominación que- daron en Egipto; si conquistaron el Mediterráneo ó lo colonizaron— es decir, civilizaron,—esta conquista, esta civilización tendría el carác- ter semítico-egipeio de la civilización del bajo Nilo durante la domina- ción de los pastores: con la conquista pues de Thothmes III no hacían más que cambiar de señor ó señores de dichos países, pero sin atacar fondo y carácter de su organización social; es decir, que bajo T h o - thmes continuaría desarrollándose la civilización aborígena-semítica d e los pueblos del Mediterráneo. Pero, entiéndase bien, para este primer período semítico, que los semitas difundieron por el Mediterráneo .la civilización egipcia, pues el elemento semítico no adquirió en Asia carácter propio sino cuando y después de la conquista de Egipto. Con Thothmes III se abre el período de la hegemonia egipcia del Mediterráneo, y no acaba sino cuando el triunfo de la dinastía ethio- pa á primeros del siglo VIII a. de J. C. T a l vez, y esto nos parece hasta seguro, los pueblos costaneros se emanciparon antes, pero n o asi los isleños, como creemos fácil de demostrar. Las inscripciones de Thothmes III no enumeran los pueblos del mediterráneo, ni de sus islas, ni de sus costas, pero los de Ramses II nos hablan ya del pueblo shardana identificado por todos los egiptólo- gos con los cerdañeses de la actual isla de Cerdeña, y con los Sor- des, Sor dus ó Cordus de Avienus de los Pirineos y Rosellon. Ya antes de Ramses II, Ramses I estuvo en guerra con los Che- thas, pero Ramses II tuvo que luchar contra los pueblos Chethas de Asia menor y contra los pueblos Chethas del Mediterráneo que reu- nidos se lanzaron contra el Egipto, renovando más de una vez la lu- cha á pesar de los triunfos del invencible egipcio.—Su hijo Menehptah Baienrra ó Menehptah I, tuvo que sostener nueva guerra con los pueblos isleños y mediterráneos deseosos á nuestro modo de ver de recobrar por completo su independencia y autonomía. Los Libyos, acaudillando á los Aqueos, Etruscos, Lycios, Cerdañenses y Sycnlos que eran gen- te ibera atacaron por mar y tierra el Egipto. No se extrañe que los Chethas asiáticos no reaparezcan en esta nueva campaña, pues tarda- ron en rehacerse de los golpes que les dio Ramses II. Las grandes perturbaciones y guerras civiles que estallaron en el Egipto á la muerte de Menehptah, la salida de los hebreos acaudilla- dos por Moisés durante su reinado, ó mejor durante el reinado de su hijo Seti II, descompusieron de tal suerte el imperio egipcio que segu- ( i69) ra se creía su perdición, pero Ramses III detuvo su ruina dando al Egipto dias de prosperidad y gloria. Como es de creer los pueblos vecinos de Egipto se habían armado contra los abatidos Faraones, y Ramses III tuvo que sujetar de nue- vo á los mismos enemigos que Thothmes III sometiera siglos antes. Los Chethas asiáticos fueron definitivamente vencidos, también lo fue- ron los pueblos de las islas mediterráneas, y los Cerdañeses pasaron á servir como auxiliares en la misma Libya bajo las banderas egipcias. Estudíense ahora en los relieves egipcios los trages y armas de los Shardanas, y se verá en ellos marcada la influencia egipcia. Es- tudíense en las obras de Lamarmora y Spano las antigüedades Sardas, y se verá en toda su extensión la influencia del arte egipcio. Compá- rense las antigüedades sardas con las menorquinas que á continuación reproducimos y que conserva en su museo el Sr. Soler (Mahon), y cuyos dibujos nos remitió el Sr. Blasco, y á la vez con los puros monumentos fenicios, y se verá viva la misma influencia. Recuérdese la tradición del Hér- cules egipcio fundador de Cádiz, las antigüe- dades egipcias encon- tradas en África y Es- paña.— Cerro de los Santos.— Tarragona, etc., y tendremos por la arqueología una de- mostración positiva de la narración histórica. Pero hasta aquí so- lo hemos podido citar de los pueblos mediter- ráneos, el Cerdañés y el Siculo ó Siciliano: ¿qué era del Baleári- co? ¿Nuestras Baleares estuvieron también so- metidas á la influen- cia y dominación egip- cia? ( i?o ) La demostración de que en efecto las Baleares estuvieron sometidas al imperio egipcio data del siglo pasado. E l céle- bre Velazquez la hizo exuman- do u n texto de Solino, pero de cuya mala interpretación resul- tó que nadie dio crédito á So- lino, ó mejor que de lo dicho por Solino se sirvan para ha- cerle decir lo que no dijo, y se desconozca lo que en reali- dad de verdad dijo. Solino, copiando á Lucio Cornelio Boccho, según se cree, escribió «que el reino Baleárico fué de Bocchoris hasta la destrucción de los Frygios,» pero leyendo todos los autores, Troya, en vez de Frygios, de aquí que se haya contradecido á Solino por no saber á que Boccho- ni dar el reino Baleárico. Corta la dificultad D. Fidel Fita dando las Baleares á los reyes de la Mauritania Cesarense; ¿pero quién ha dicho ni imaginado siquiera que para la fecha de la guerra de T r o y a aceptada por el Sr. Fita existiera tal reino mauritanio? Se leyera pura y simplemente en vez de interpretar, y no haría- mos difícil lo fácil, ni oscuro lo que está claro.—Léase pura y sim- plemente lo dicho por Solino, esto es, que las Baleares pertenecieron á Bocchoris hasta la ruina de los Frygios y no de T r o y a , y se verá como la ruina de la dinastía Saita egipcio, y triunfo de los ethiopes, concuerda con la total y completa ruina de los Frygios ocurrida qui- nientos años después de la de T r o y a , (i) (i) La concordancia se establece colocando el sitio de Troya por los años 1200 a. de C. y como la destrucción de los Frygios ocurrió cinco siglos después de la caida de Troya lo que nos lleva al siglo VIH a. de C. tenemos que, como la dinastía Sai- ta ó XXIV dinastía llena todo el siglo VIII a. de C. la ruina de Bocchoris ó Boken- rrau según los textos egiptólogos, y la de los Frygios, concuerdan cronológicamente. —Véase Maspero Histoire ancienne des peuples del Orient.—Paris 1876.—D' Arbois de Jubainville.—Les premiers habitants del' Europe.—Paris 1877. D. Fidel Fita habia ya entrevisto la posibilidad de que el Bocchoris de Solini fue- ra el Bokenrrau de la XXIV dinastía.—Revista Histórica.— loe. cit. pdg. 199, solo que partiendo de la idea de que la eversionem Frygum quiere decir «destrucción de Troya» y no de los Frygios, encuentra que el tal Bocchoris II fué cinco siglos pos- terior á la fecha que indica Solino, circunstancia que puntualiza precisamente lo dicho por Solino. La dominación de los Egipcios no solo se justifica por dicho autor, sino que á mayor abundamiento tenemos en la isla de Mallorca noticia cierta y segura de ha- ( i7i ) Y asi se comprende que luego de decirnos Solino que las Baleares dejaron de pertenecer al Egipto por los años ochocientos noventa y tantos, nos hable del paso del estrecho por Hércules y fundación de Cádiz que se coloca en los siglos octavo ó noveno a. de J. C.—¿Se comprende que hablara primero de un Bocor mauritano y luego del paso del estrecho de Hércules ocurrido siglos y siglos antes? Tenemos conocida la historia antigua de Cerdeña y Baleares, ¿y qué hemos adelantado con ello á nuestro fin? El saber de ciencia cierta que los monumentos más celebrados de dichas islas, Nuraghes y Talayots no puedan referirse á pueblo alguno histórico, y deba co- locarse la época de su construcción por lo menos más allá del siglo XX a. de J. C. ¿A qué pueblo, pues, hay que referir la construcción de los Nur- aghes y Talayots? No diremos nosotros al pueblo aborígena, pues en este caso los aborígenas de, las Baleares y Cerdeña serian de una misma raza y pueblo. Nosotros creemos que dada la distancia entre dichas islas, y entre estas y las de Gozo, dicha hipótesis no es admisible, y que el efecto de dicha semblanza se debe á la unidad histórica, esto es, á la unidad de un pueblo civilizador, colonizador ó conquistador de las islas mediterráneas. Dando el nombre de ibérico al pueblo de nuestra península, y sa- biendo que es opinión general entre los antiguos escritores, que toda la costa europea mediterránea fué poblada y civilizada por los Iberos, que los Siculos ó Sicilianos son Iberos, y que una colonia de iberos pasó á Cerdeña según Pausanias, la atribución de dichos monumentos al pueblo ibero parece imponerse, y solo se desiste de tal idea ante el hecho de no existir en tierra firme los monumentos que tanto abun- dan en las dichas islas. Si entre los Nuraghes y Talayots existe verdadera analogía y sem- blanza, entre los pueblos Cerdañés y Balear existe ó parentesco ó uni- dad de civilización; y como quiera que los dichos monumentos no ten- gan analogia ni semblanza con los de los demás pueblos de la tierra, de aquí que se debe afirmar y afirmemos que ellos acusan, ya que no una unidad de raza, una unidad de civilización isleña mediterrá- nea.—Y aquí debemos recordar el texto de los pueblos sometidos por T h o t h m e s III. XVIII siglos a. de J. y dar toda su importancia al he- ber existido junto á la actual Pollenza, en su muelle, una ciudad llamada Bocchoris, de Bokenrrau su fundador, ó dedicada á su memoria.— Esta ciudad de la que tene- mos noticia de su existencia en el año 6 de nuestra era, ya no existia en tiempo de Plinio—de 23 al 8i de Cristo—pues terminantemente dice, Bochorum fuit—XI—I—Z>¡- dot-Paris 1860, equivocándose por tanto D. Fidel Fita al suponerla destruida por los vándalos ó normandos.—loe. cit. pág. 201. ( 172 ) cho de distinguir de los pueblos mediterráneos, el pueblo de las is- las, del costanero, con lo que se demuestra que en tiempo de Thot- hmes existia un pueblo isleño mediterráneo con carácter propio y dis- tinto del pueblo costanero. Esto parecerá simplificar mucho la cuestión pero en realidad no le hace dar un paso, pues esta diferencia de civilización podemos de- mostrarla de un modo indubitable: las monedas llamadas fenicias de las Baleares comparadas con las ibéricas ó catalanas Ampurias. Sagunto. Lérida. ( 173 ) y lo mismo con las celtibéricas bastan por sí solas para caracterizar dos civilizaciones, pero con esto sólo podemos asegurar que mientras en el continente la civilización fué ibérico-semítica ó fenicia, en las islas la civilización primitiva dejó el sitio á la civilización semítica, y como no se pueden dar ni á los Chethas, ni á los Kefat, ó Fenicios, los monumentos en cuestión, de aquí que los Talayots y Nuraghes deban resueltamente darse á la época prehistórica, y á una confederación de pueblos isleños mediter- ráneos. Después de lo dicho podemos dividir la historia del pueblo isleño mediterráneo en los siguientes períodos. —Época prehistórica. — Nuraghes, Talayots, Sessi, se- pulcros de gigantes. —Época histórica. Período autónomo-semítico. Desde la invasión de los pasto- Período egipcio. tores 22 siglos, a. de C. Período fenicio. A la conquista Romana, 2 si- Período púnico. glos a. de C. Período romano. Comprende, pues, el periódico histórico dos mil años, y dentro del período histórico no cabe colocar la construcción de los monu- mentos objeto del estudio de D. F . Martorell y Peña. Quizás se creerá, que si para averiguar el origen histórico de los Nuraghes y Talayots hubiéramos tomado por el camino filológico nuestra tarea de investigación hubiese sido mucho más fácil y fecun- da en resultados; para desvanecer tal suposición tocaremos ahora es- te punto. 20 ( 174) Arraigó tan fuertemente la civilización semítica en las islas medi- terráneas, que ni en su toponomástica quedan rastros del pueblo pri- mitivo, todo lo que no es fenicio ó púnico es árabe en las Baleares, latino en las demás islas; y asi hay que notar que, mientras en Cer- deña llámanse Nuraghes los monumentos megalíticos que nos ocupan, de evidente raiz semítica, Talayots se llaman en las Baleares, pala- bra enteramente árabe. ¿Cabe suponer que los primeros invasores semíticos, allá por los siglos XXII ó XXI a. de J. C. introdujeran junto con el nombre tal clase de edificios? Esta tesis sostiene el canónigo Spano quien se apoya en la sem- blanza de forma entre los Nuraghes y la T o r r e de Babel; y aunque es notable cuanto dice y tiene rastreado en la Biblia acerca de la confi- guración y forma de las primitivas ciudades y casas del pueblo judaico, evidentemente su tesis no se hubiera conquistado las simpatías del mun- do científico si no se hubiese fundamentado en el estudio filológico. No fué el canónigo Spano el primero en señalar la raiz fenicia del nombre Nuraghe; Arri en Italia señaló la raiz 11 j nur «fuego» que aceptó luego La Marmora, y si hemos dicho que en Italia fué el primero Arri en señalar la dicha raiz, es por cuanto entre nosotros el insigne Pérez Bayer la indicó también como luego veremos.—La segunda parte del nombre ofrecia ya mayores dificultades que solo Spano supo vencer.—En este estado las cosas, y cuando parecía re- suelto el problema, el señor Giovanni Flechia avanza contra la común y admitida opinión de Spano, y sostiene resueltamente con gran co- pia de doctrina, que la palabra Nuraghe es sencillamente la palabra latina murus corrompida y pronunciada conforme á la manera parti- cular del dialecto Sardo.—Y aquí vamos á ver como la filología só- lo puede edificar sobre seguro mediante el conocimiento histórico. Sostiene el Sr. Flechia que la forma más antigua de la voz Nura- ghe es Muraghe de donde sale justificado el latin murace de murus; pero esta forma no va más allá del siglo XI de C : y con esto queda dicho que de la misma manera puede ser corrupción del primitivo nom- bre, que forma primera;—de otra parte Spano cita un autor del siglo IX que escribe ipsos nurakes, etc., pdg. 72, nota.—Restablecido este punto y la antigüedad de la raiz nur, vemos que no se puede dar de barato lo dicho por Pausanias y Solino, de que la isla de Cerdeña fué poblada ó colonizada por una tribu ibérica, cuyo jefe se llamaba Nora. Si admitimos este origen por un m o m e n t o , tenemos que la final se podria explicar por la terminación ó sufijo ghe, propia de los dialectos logudurese y sardo, y decir Nora-ghe, con lo que ten- dríamos que se habria dado á las casas, templos, ó sepulcros de los íberos de Nora, el nombre de su jefe ó el de la tribu, aunque bien ( 175 ) se pudiera decir, que conforme á la tradición, se dio á tales monu- mentos el nombre del pueblo que los construyó. ¿Era, pues, el nombre de Nora conocido de los antiguos íberos?— No; si confundimos el pueblo íbero con el pueblo de lengua euskara ó vascuence.—Si: si buscamos tal nombre entre los de la toponomástica ibérica.— Tenemos en primer lugar el nombre antiguo de Narbona I*1 |í ^ Y> Nere, que sólo citamos por señalar la existencia de una ciudad de tal nombre en tierra firme de Iberia, y en segundo lugar el nombre decisivo y aclaratorio de cuanto hemos dicho hasta aquí de Nura, que es el nombre primitivo de la isla de Menorca, de la tierra de los Talayots; de suerte, que dada la emigración señalada por Pausa- nias y Solino, y suponiendo esta, salida de Ínsula Nura, tenemos ex- plicado el nombre del jefe del pueblo que pobló ó mejor civilizó la isla de Cerdeña, el nombre de la tribu ibérica que se trasladó á Cer- deña, y el porque se llamaron Nuraghes los monumentos de la Cer- deña elevados por la tribu ibérica de Nura, y luego la unidad de raza y de civilización de estas islas del mediterráneo, y el hecho de que reunidas las encontremos bajo la hegemonia egipcia, que como sabemos duro hasta los días de Bo-chen-rau, ó Bocchoris. Demostramos, al parecer, el origen ibérico de los Nuraghes en contra de lo que dejamos dicho anteriormente, pero la contradicción desaparece desde el momento que se recuerde el carácter esencial- mente semítico de la civilización de las Baleares.—De aquí la hipó- tesis de que el pueblo ibérico mezclado con el pueblo semítico de las Baleares—con los Chethas—caracterizara la civilización del pueblo in- termediterráneo, del pueblo de las islas, como dicen los textos gero- glíficos, y que puedan reputarse los Talayots y Nuraghes como mo- numentos sepulcrales, como pirámides, es decir, como sepulcros á la manera de las pirámides, con lo que notaríamos ya las primeras in- fluencias del pueblo Chetha-egipcio, es decir, del elemento semítico egipciado del mediterráneo.—Y quedarán explicados los Talayots en todas sus partes, en las mesas, cromlechs, etc., si concedemos al ele- mento aborígena, ibérico, su parte, en el carácter que tomaria la civilización semítico-ibérica del mediterráneo, mostrándose naturalmen- te más poderoso en nuestras islas Baleares, por lo mismo que el ele- mento ibérico dominaba en ellas, ó componia el elemento de fondo, de población, y de aquí que en Cerdeña, ya no se encuentren ni las mesas, ni los Cromlechs, porque á Cerdeña pasaria la colonia ibé- rica, no como colonia de origen, de procedencia, sino formada prin- cipalmente por el elemento fenicio. Determinado el pueblo y la época de construcción de los monu- mentos sardos y baleáricos nuestra tarea será ahora mucho más fácil. ( 176 ) Pero se dirá "que toda nuestra demostración se funda en la proce- dencia de la tribu ibérica que pasó de las Baleares á Cerdeña, y que su nombre patronímico ó nacional lo ha contradecido una persona de tanta autoridad como D. Fidel Fita, reduciéndole hasta el punto de no dejarlo sino para la isla del Aire. Esto es cierto, más como no- sotros creemos errada la opinión de nuestro sabio compatricio, por esto hemos prescindido de ella; y como quiera que en verdad intere- se fundamentalmente este punto á nuestra teoría, examinaremos con cuidado su opinión, para que quede triunfante la nuestra que con- cuerda con la de los historiadores de la época romana. El texto que hay que discutir es un fragmento del Itinerario de Antonino que copiamos á continuación tal como lo publicó para su tesis en la Revista histórica, D. Fidel Fita: ínsula Diana; Lesdos, Ebusos. Ab hac Ínsula Carthaginem Spartariam stadia CCCC. Et a suprascrita Ínsula ad Baleares stadia CCC: ínsula Columba, Balearis major; ínsula Nura, Balearis minor. ínter se habent Baleares stadia DC. Desde luego se ve que el texto del itinerario trae equivocadas las distancias, y que hay una distancia suprimida; pues, ¿es posible, se puede admitir que en un Itinerario se sepruma la distancia entre el Continente y Ebusus, que es tanto como si dijéramos la paimera eta- pa, la primera marcha, y cuando tan grande y escepcional importan- cia tenia Ebusus que se consideraba como la llave de las Baleares? Entiendo que no puede decirse que la distancia viene englobada en la distancia que se fija entre Carthagena y Ebusus, pues en el Itinerario no se trata tan sólo de la distancia entre la capital maríti- ma y la isla, sino de la menor distancia de esta á la costa. Pero de- mos por admitido que no hay error de copia, y que efectivamente el Itinerario no señala otra que la de Carthagena á Ebusus. Que hay error evidentísimo y manifiesto en contar C C C C estadios entre Ebusus y Carthagena, se ve con solo mirar en un plano la situación geográfica de las Pityussas y Baleares respecto á la costa de la península. ¿Cómo hay que contar la distancia entre u n o y otro punto?—Evi- dentemente por la linea de navegación, pues el itinerario lo que ha- cia era marcar las marchas contadas por estadios.—¿Entre qué pun- tos hay que contar la distancia? — ¿Entre los dos extremos más próximos á las costas, ó entre los puntos de partida y de llegada?— ( *77 ) Claro está que debe contarse de puerto á puerto, pues para un itine- rario de nada servia marcar una distancia entre costas que no debia aprovecharse. Asi como por tierra los puntos señalados son las man- siones, paradas, altos ó descansos, asi por mar ha de ser lo mismo. Y un ejemplo tenemos en Plinio. Este nos dice que de Ebusus á Denia—cerca de isla Diana—van 700 estadios, y efectivamente esta es la distancia entre Ebusus ciudad y Dianium. Pues midamos la distancia entre Ebusus ciudad y Carthagena y tendre'mos corregido el error del itinerario donde el copista suprimió una M, pues hay MCCCC estadios y no CCCC. CCC estadios cuenta el itinerario entre Ebusus y las Baleares, y DC dice que median entre una y otra Balear. Que estas distancias van trocadas, es evidente. La distancia menor que que puede contarse entre Ebusus—isla—y la Balear mayor es la de 5oo estadios, pero como ya hemos visto que la distancia no se mi- de entre costas, sino entre puertos, ¿cómo determinar entre qué puer- tos hay que medir la distancia de Ebusus á la Balear si tenemos esta distancia equivocada? Plinio, que nos ha ayudado ya anteriormente, también esta vez nos presta su concurso. E n t r e Ebusus ciudad y las Baleares, dice que va tanto como de Ebusus á Denia, es decir, 700 estadios, y efectiva- mente esta es la distancia justa entre Ebusus y Palma. La diferencia entre 700 y 600 estadios en el supuesto de haberse trocado las cifras en el itinerario se puede explicar, y se explica dada la evidencia del error por haber suprimido igualmente el copista una C. El cambio decifras de que tratamos se comprueba con la última distancia de que habla el itinerario, esto es, con la que media entre una y otra Balear. 600 estadios dá entre una y otra isla y esta distancia existe sólo entre Pollenza y Mahon.—¿Se contó así la distancia en el itinerario? Creemos que no, en primer lugar porque frontera á Pollenza está la menor distancia entre las dos Baleares, y precisamente es el punto ocupado por la antigua capital de la Balear menor, por Jamma, hoy Ciudadela.—En segundo lugar, Plinio, al contar la distancia entre las dos Baleares, dice que esta es de 28 millas que dan 240 estadios, y admitiendo el cambio que nosotros creemos ver en el Itinerario tene- mos que la distancia, según este, seria de 3oo estadios, y 3oo esta- dios van de Jamma á Pollentia. ¿Pueden contarse de otra manera las distancias?—Creemos que no, y vamos á probarlo. Si tomamos la distancia de 600 estadios y buscamos en la costa de la Balear mayor un punto de llegada, partiendo de Mahon, podre- mos fijarlo en Puerto Colom. ( 178 ) Puerto Colom es para el Sr. Fita la ínsula Columba reducida la ínsula al farallón de la entrada de su puerto. Admitida la reducción y la explicación, hay que corregir la distancia entre Ebusus y las Baleares y contando de Puerto Cclom á Ebusus ciudad, la distancia es de M estadios, cuando el itinerario da sólo DC haciendo la correc- ción, y CCC poniendo la cifra del itinerario.—Es, pues, de toda evi- dencia lo dicho por nosotros respecto á distancias, y puntos de dis- tancia. Corrijamos, pues, el Itinerario y traduzcámosle al castellano: Isla Diana, Lesdos, Ebusus. De esta isla á Carthagena Spartaria MCCCC estadios. De la sobrescrita isla á las Ba- leares DC estadios: isla Columba, Balear mayor; isla Nura, Balear menor. Entre sí distan las Baleares CCC estadios. En el supuesto de que nosotros embarcando en isla Diana siguié- semos el camino del itinerario, tendríamos que: Partiendo de isla Diana, que es el islote de Portichol junto al ca- bo de S. Martin, antes Cabo ó Promontorio Dianium, ó Artemisium, pasaríamos por isla Lesdos antes de llegar á Ebusus, y de Lesdos á Ebusus. Quiere el Sr. Fita que Lesdos sea el islote de Botafoch que está en la misma entrada del puerto de Iviza. Pero á tal reducción se opone precisamente el camino que para ir de Diana á Ebusus ha de seguir la nave.—En primer lugar ha de pasar por entre Ebusus y Ophiusa— Formentera—y ¿cómo creer que citara el itinerario el islote Botafoch y dejara de hacer mención de Ophiusa?—Pero hay más, para pasar por entre las dichas Ebusus y Ophiusa hay que hacerlo ó por el F r e u chico, esto es, entre Ebusus y las islas Negras y del Penjat, ó por el F r e u grande, esto es, entre la isla del Penjat y la isla relati- vamente grande del Espalmador; y también podrian pasar en aquel tiempo las naves entre la isla del Espalmador y la de T r o c a d o s , y por entre ésta, y la punta del Bononar de isla Formentera—Ophiusa— Y cuando aún antes de llegar á la Botafoch, aunque á corta distan- cia de ésta la nave tendría que encontrar la isla de las Ratas; ¿es siquiera opinable que Lesdos sea la Botafoch y nó una de las islas citadas entre Ebusus y Ophiusa. Cual de todas las islas citadas sea Lesdos, no lo sabemos, ni po- demos hacer más que presumirlo, considerando que siendo el paso más cómodo por el Freu grande, ó sea por entre la isla del Penjat y la del Espalmador que es la más considerable del grupo, que esta seria la romana Lesdos. Una vez en marcha para las Baleares—Balear mayor—¿se llega ( 179) antes á la isla Columba, ó bien isla Columba es el nombre de la Balear mayor? El texto latino, la puntuación que al mismo ha dado el Sr. Fita, identifican isla Columba con la Balear mayor, de la misma manera que identifican isla Nura con la Balear menor, esta identificación es manifiesta, y si hay equivocación es necesario demostrarlo de un mo- do irrefutable. Hemos visto, marcando las distancias, como no podíamos pasar de Ebusus á Puerto Colom, y no siendo posible la reducción de la isla Colom á Puerto Colom, y no encontrándose en la linea de Ebusus á Palma isla alguna á la que poder dar dicho nombre—pues no puede atribuirse á las de Porrasa, Salai y Coleta situadas junto á la costa de la izquierda de la bahía de Palma, isla Columba no puede ser otra que la Balear mayor. Por donde le vino este nombre creo que fue' por llamarse anti- guamente la isla Palomera; nombre que aún conservaba cuando la conquista de Mallorca por Jaime I el fondeadero formado por la cos- ta d' Andraix y la isla Dragonera, donde está isla Pantaleu, vinien- do á caer en desuso, el dia que triunfó sustantivándose el adjetivo vo major, dado á la mayor de las Baleares. Esto dicho, y desembarcado en Palma el navegante, subiría por tierra á Pollentia para ir á buscar la nave que le conduciría á la is- la Nura Balearis minor. Que deben identificarse estos dos nombres, no puede caber duda, después de todo lo dicho; ¿pues, es siquiera opinable el punto?—Cuan- do el itinerario ha dejado de citar Ophiusa y Capraria, islas impor- tantes, ¿es de creer que citara el islote Ayre cerca de la entrada del puerto de Mahon? Ve'se esto más claro, cuando caso de poderse ad- mitir que Port Colom fuera isla Columba, resultaría que el itinerario hubiese dejado de citar precisamente las islas Conillera y Cabrera junto á las cuales habia de pasar la nave en su navegación de Ebu- sus á Puerto Colom, para citar luego á la insignificante isla Ayre. Nótese bien el viaje ó itinerario y se verá claro como se va de isla á isla sin citar otras que aquellas que la nave encontraba preci- samente á su paso. De isla Diana á la Lesdos.—De Portichol á la Espalmador.—De Lesdos á Ebusus.—Del Espalmador á Ibiza.—De Ebusus á la Colum- ba ó Balear mayor; de la Columba ó Balear mayor á la Nura ó Ba- lear menor.—Y esta es la marcha de todo itinerario que no cita nun- ca puntos intermedios sino son estaciones, y bien se comprende que en el Itinerario ni se podían, ni se debian enumerar todas aquellas islas que de le'jos ó de cerca se vieran por el navegante haciendo su camino. ( i8o ) No pasaremos por alto la demostración filológica que de su tesis hace el Sr. Fita y que tiene real importancia.—Al establecer que ín- sula Nura es la Balear menor, dice «que el nombre púnico de la is- la era m ï J (pequeña)». Nótese el caso raro de que un pequeño is- lote de algunos centenares de metros cuadrados, diese nombre á una isla antigua de algunos millones de metros cuadrados; que una isla inhabitable diera nombre á una isla habitada y civilizada. Esto por sí sólo basta para demostrar la imposibilidad de reducir á la isla de Ayre la isla Nura.—En segundo lugar nosotros confesamos que no conocemos la palabra púnica que traduce el Sr. Fita por pequeña, y que dada la radical hebraica n "i y que Gesenius explica por loca mi- da i. e. arboribus destituía, que conviene á la Balear menor, aún hoy escasa en arbolado, no sabemos como aquella pudo formarse. Pues si tomáramos la palabra ~i sr J nos encontraríamos con puer, palabra que entendemos ser imposible transcribir por pequeña.—Si algun autor ha descubierto tal raiz púnica para nosotros ha pasado inadvertido; ni Schroder en su Phoni{isches Sprache; ni Levy en su PWni^isches Worterbuch, han recogido tal palabra. Creemos nuestra tesis suficientemente probada para que sea nece- sario entrar en una discusión etnológica; ni menos creemos que sea necesario contradecir á los autores que consideran la ida de Norax á Cerdeña como poco creible, (i) pues unos y otros ó no han podido ó no han querido tomar en cuenta las serias modificaciones que en la antigua etnografía clásica han introducido los descubrimientos de los egiptólogos, y de la arqueología moderna. (r) Müllenhoff.—Deutsche altertumskunde. T. I, p. 4^8. ( ISI ) ISLA DE CERDEÑA. LOS NURAGHES. ON razón dice el Sr. Spano que si cuantos autores han es- C crito acerca del uso de los Nuraghes disienten, es por di- sentir acerca del pueblo que los levantó, (i) Existe hoy conformidad bastante respecto el uso de los Nuraghes, y en Alemania como en Francia, es opinión ad- mitida y corriente la de Spano, esto es, que los Nuraghes son anti- quísimas casas, ó habitaciones de los primitivos habitantes de la isla de Cerdeña. Puédese admitir esta opinión aún disintiendo de la demostración de Spano. Nosotros confesamos que no podemos asentir á la idea de buscar 3n Asia menor, en la Palestina y Mesopotamia, los primeros monumentos de este género, por lo mismo que los grandes trabajos arqueológicos de nuestro tiempo de que han sido objeto dichos paí- ses no han revelado la existencia de un sólo Nuraghe; y también puede admitirse dicha opinión aunque se disienta acerca de su etimo- logía. Spano deduce la etimología de la voz fenicia nur que equivale á «fuego» y de hag, hagah «grande», ó bien de hag, «tectum».—Y el todo traduce por casa, es decir, por «fuego», recordando que en la edad media las estadísticas de población que se hacían «por casas,» recibían el nombre de «fuegos», costumbre general de todos los pue- blos latinos.—Asi entre nosotros se decia que tal veguería tenia «tans fochs».—La idea, aunque no la etimologia nos parece exacta. Tampoco nos parece más exacto lo dicho por el Barón Enrique de Maltzan, (2) quien explica la segunda parte del nombre por una r a d i c a l semítica hag ó chag, cuyo significado seria «cosa circular, re- (1) Memoria sopra i Kuraghi di Sardegna.—Cagliari 1867, p. 43 y 44. (2) Reise auf der Insel Sardinien.—Leipzig, 1869, p. 285. 21 ( 182 ) donda», de donde «casa redonda».—Entiendo que el autor alemán se equivoca. Conformes con que la voz nur sea sinónima de casa pues- to que tal sinonimia dura toda la edad media, y aún hoy se dice que tal lugar ó aldea tiene tantos fuegos, pero jamás se podrá con- sentir que una sinonimia reciba una determinación, esto es, que se dijera «fuego grande,» «fuego circular, redondo», por fuego, casa. Si la etimología de la palabra nuraghe, no tiene,, respecto á los edificios que llevan tal nombre, un valor tradicional, del nombre de • la tribu ibérica que invadió ó pobló Cerdeña, y se ha de explicar fi- lológicamente, nosotros entendemos que hay que combinar la teoría de Spano con la del Sr. Flechia, y decir que la radical es nur, fue- go, y la terminación ghe que en el dialecto logudorense reemplaza la terminación cent latina, de donde para la palabra Nuraghe un sardo- romano murakem, muracem, (i) ó nurakem, nuracem, sino se acepta la etimología del Sr. Flechia. Ofrece además la teoría del Sr. Spano la inmensa ventaja de es- plicar el hecho singular de que algunos grupos de nuraghes se pre- sentan como ocupando puntos estratégicos; aquí junto damos la plan- ta de los nuraghes de Sa Corte cerca de Bortigali planta levantada por D. F. Martorell y Peña en 1868, época de su viaje á la isla ,'de Cerdeña y cuya indicación topográfica es la si- guiente: «De N. á S. unos 60 metros. Situado sobre un alto escarpado; al (1) Dell origine della voce sarda Nuraghe.—Tormo. 1872, p. 5 á 7. ( i83 ) «pié corre el llano. Está tan destruido que sus propias ruinas dificul- tan el levantamiento del plano.» ¿Quién, á la vista de esta planta no reconoce u n recinto fortifica- do y flanqueado con torres; pues, tal es la forma exterior de los nu- raghes? ¿Y tal disposición convendría para sepulcros? No ciertamente. La extensión cercada, los cuatro nuraghes del interior, claramente indica que no se trata de una mera atalaya, sino de un recinto dis- puesto con arte para la seguridad de los nuraghes interiores. Y para acabar de una vez con la idea de atalayas, lean á La Marmora y á Spano una vez siquiera los que tal dicen, y aprenderán que los nu- raghes asi se encuentran en altos escarpados, en las cúspides de mon- tes y colinas, como en el fondo de los valles. En los planos geográ- nco-topográficos de dichos autores, se verá igualmente demostrada esta verdad, y por ciertos rastros de agrupación se reconocerá la existen- cia de antiquísimas ciudades ó lugares. ¿Qué es un Nuraghe? La descripción del de Santa Bárbara de cerca de Macomer, cuyos dibujos siguen, ( i«4) responden á la cuestión. Las únicas indicaciones que de tal documento nos ha dejado el Sr. Martorell se reducen á las siguientes dimensiones: «Altura de la cámara baja, 8,5o m. «Diámetro, 6.0 m. «Altura de lo cámara alta, 4.0 m. «Diámetro, 3.2S m. El general La Marmora publicó igualmente en su admirable obra los planos, cortes y perspectivas de dicho nuraghe (1), y en el Ca- pítulo III del libro I, dá su descripción. Destruido por la parte de su ingreso, resulta que en la restitución de la planta hay alguna diferencia entre la del General y la del se- ñor Martorell; y debemos advertir que el perímetro acusado por un muro del que quedan rastros considerables cierra los nuraghes ó nu- raghe que quedan en su centro, de modo que en él hay que imagi- nar un ingreso para llegar al que conduce al interior del nuraghe, y si no se ha indicado es por no existir del mismo rastro alguno. La situación del nuraghe de Santa Bárbara, es la siguiente: «sobre una pequeña altura al N. de Macomer y dominando la villa, siendo á la vez dominado por una montaña de la que forma su pié occi- dental.» La Marmora dice también «que tal monumento es notable sobre to- do por la forma de su plan, que en vez de ser triangular, es más (1) Voyage en Sardaigne.—París, 1840. ( i85 ) bien cuadrado, aunque los mures que correspondan á los lados estén construidos en linea curva como se obssrva en otros monumentos de igual índole.» Más adelante vere'mos un magnífico ejemplo de un nu- raghe de planta triangular. De lo dicho por La Marmora, parece deducirse que la planta cuadrada es un tanto rara: nosotros no estamos en el caso de re- solver la cuestión, pues carecemos de datos bastantes para poder ha- cerlo; sin embargo, diremos que si son raros, el Sr. Martorell tuvo el buen acierto de darnos además noticia del nuraghe de Menddu, cuya planta es un cuadrado perfecto flanqueado de torres que comu- nican entre sí directamente, según el Sr. Martorell, «pero sin que sea posible hoy cruzar por los corredores de comunicación por estar obs- truidos,» y con la cámara central: el ingreso de ésta tampoco se pue- de determinar por el estado ruinoso del monumento. Entiende el general La Marmora que la circunstancia de que afecte el nuraghe de Santa Bárbara la' forma cuadrada, es debida á los cua- ( 186 ) tro nuraghes ó torres de los ángulos que indica en su planta, y que no señala en modo alguno el Sr. Martorell, de modo que en este punto quedamos confusos por no saber de qué parte está la equivo- cación , pues entre la ligera indicación del General y la supresión de las cuatro torres en la planta del Sr. Martorell, no cabe com- posición ninguna. De todos modos , lo que vemos claro , es el acierto con que el Sr. Martorell escogió de entre los cuatro mil nuraghes de Cerdeña los que más dignos de estudio son para los arqueólogos. Hoy se entra en el nuraghe de Santa Bárbara por la cámara cen- tral de las tres que se presentan de frente y cuyo frontis está der- ruido, siendo de creer por la configuración de la planta que efectiva- mente por dicho punto estaria la entrada. Una vez dentro de la cámara central,—la puerta del corredor que comunica con la gran cámara es sólo de un metro de altura,—y jun- to á la puerta de entrada, á mano derecha, se encuentra la escalera en espiral, cuya dirección marca en nuestro dibujo una saeta, y la cual conduce á la cámara del primer piso, y á la azotea del monu- mento. La cámara del primer piso, cuyas dimensiones conocemos, es- tá iluminada por una ventana, cuyo eje no corresponde con el de la puerta de entrada sino que cae mucho más al Oeste. Una nueva y radical diferencia encontramos entre la planta de La Marmora y la del Sr. Martorell, tal es, la del corredor que comu- nica desde la cámara principal á la cámara de la izquierda del in- greso, y la nueva escalera que otra saeta indica y que acusa por su forma una escalera de servicio interior entre la cámara del piso prin- cipal y el bajo.—Esta contradicción creemos que puede esplicarse su- poniendo que cuando La Marmora visitó dicho monumento encontraría obstruida la galería de comunicación dicha, lo que daria por resulta- do que escapase á su investigación. Nota además, el escritor italiano, tres nichos de 0.9 m. que no ha señalado en su planta el Sr. Martorell, y de los cuales veremos lue- go un ejemplo. Sabemos ya lo que es un Nuraghe, y como quiera que el que nos ha servido de tipo no sea el más perfecto por su estado de conserva- ción y dibujo, antes de concluir por el examen de tales monumentos acerca de su uso, examinaremos un nuevo nuraghe para orillar toda clase de dificultades, y aquí advertiremos que si antes no hemos prin- cipiado por este ejemplo es por autorizar la descripción con la que del monumento de Macomer hizo un arqueólogo tan eminente como el general La Marmora. Monumento tipo en todo su natural ó normal desarrollo es el nu- raghe de Orolis ó Madrona del distrito de Silanos. ( i87) La planta es triangular, que como sabemos, es la normal. A la mitad de un estrecho corredor se encuentra una galería de comu- nicación entre las dos torres laterales y el mismo, y hacia su fin, junto á la cámara principal á la izquierda, se encuentra la escalera en espiral que con- duce á la cámara del piso principal y á la azotea. En frente de la escalera hay un pequeño nicho, circunstancia que notó La Marmora también para el nuraghe de Santa Bárbara, y que nosotros creemos poder es- plicar diciendo que seria para poder facilitar la vuelta de los que su bieran ó bajaran armados con lanzas, etc. ( i88 ) El corte transversal nos" esplica su interior, y nos hace ver la re- ducida altura de la puerta de entrada que es de un metro, y como pasado el ingreso la galería tiene la altura de una persona. Lo que no nos explica el corte, es la galería de comunicación con la torre del vértice superior del triángulo;, omisión que no sabemos como explicar. La planta de la cámara del primer piso nos enseña el movimien- to de la escalera la entrada la cámara y los nichos de que hablaba La Marmora para el nuraghe de Santa Bárbara, y cuyos nichos igual- mente se ven en la cámara baja. Como sistema de construcción de las bóvedas (?) de las Cámaras, los cortes claramente explican que se lograba cerrar el espacio ha- ciendo que unos sillares salieran sobre los de las hiladas inferiores, sistema que se encuentra usado en todos los paises del mundo: nada, pues, de bóvedas cortadas ó dispuestas con arte. Obedece á este sistema de construcción el nuraghe de Orólo, M y cuya planta puede reputarse en un todo igual á la anterior, circuns- ( i8o) tancia que nos permite dar esta forma como la normal de los Nura- ghes. De este Nuraghe dicen los apuntes del Sr. Martorell: Distancia entre A y B, 4,0 m. » entre B y C, 4,0 m. » entre C y D, 6,0 m. » entre D y E , 4,0 m. » entre F y G, 21,0 m. «Este Nuraghe tiene una ventana sobre la puerta baja. En el co- n o principal tiene una segunda cámara con puerta al esterior.» Por los ejemplos citados se viene ya en conocimiento de que la forma simplificada de los nuraghes, ó la forma típica, es la de un só- lo cono ó torre con celdillas y escalera para subir á la azotea. T a l se nos presenta el de Sa Patada del distrito de Macomer, cuyo corredor de entrada de 3.5o m. de largo, tiene á su mitad la escalera que conduce á la plataforma; y á cuyo extremo se encuen- tra una cámara A B, de 3.5o de diámetro con tres nichos ó cel- das. Dicho se está que aún cabe mayor sencillez en la construcción de un Nuraghe, de modo que el nuraghe típico, el nuraghe primiti- vo, en su forma elemental la vemos nosotros en el nuraghe Paza del 22 ( 19° ) distrito de Macomer, cuya cámara, según el Sr. Martorell, tiene cinco metros de diámetro por 7.5o m. de altura. T o m a n d o ahora por punto de partida el nuraghe Pa\a, para ele- varnos hasta el de Santa Bárbara, que no dá de mucho el máximo desarrollo de semejante clase de construcciones como puede verse en La Mármora, vemos la idea del nuraghe desarrollarse complicando ca- da vez más su construcción. ¿Y qué otra cosa pueden ser r m á s que habitaciones los nuraghes?-—¿La cámara del nuraghe Pa\a de cinco metros de diámetro por siete de altury, puede suponerse una cámara sepulcral?—¿El nuraghe de Santa Bárbara, con sus cuatro cámaras en el piso bajo, y su cámara en el principal, con su doble iuego de es- caleras, su azotea, indican otra cosa más que una habitación huma- na?—Y cuando en tales construcciones sólo una ó dos veces se han descubierto restos humanos, suponerlos enterramientos, es aventurarse más de lo que permite el cerrado terreno que á la arqueología abren los hombres que se consagran á su estudio. Luego, si los nuraghes fueran tumbas, ¿qué serian las llamadas «sepulturas de gigantes»? E n los apuntes del Sr. Martorell y Peña se encuentran varios di- bujos de «sepulturas de gigantes», y lo sensible es que ni la más li- gera descripción de las mismas venga á explicar unos monumentos de una naturaleza tal, que no basta el lápiz para darlos á conocer; y esto es tanto más de sentir cuanto que las sepulturas de gigantes dadas á conocer por nuestro compatricio, son ine'ditas; por lo tanto, para su descripción, sólo podemos referirnos á las descritas por el general La Mármora, bien que haya diferencias notables entre una y otra clase de monumentos. í 191) A_ES_ta_B fç\ Las figuras 1, 2 y 3, corres- ponden á una de las dos sepul- turas de junto al nuraghe de Santa Susana, una y otra sepul- tura están muy deterioradas, ja quedando de ellas tan sólo par- te de los cimientos y de la estela (n.° 3). Una sepultura de gigantes consta, por lo que enseña el dibujo, de una construcción for- mada de bloques de junto dos ó tres hiladas y de una altura total de un metro y medio, y ISÜSS^s» cuya planta es la de una gale- ría rematada por un semicírcu- lo. La entrada de la galería, tumba ó cajón, está cerrada por una estela de dimensiones varias, y el canon de la tum- ba está cubierto por grandes losas. Delante de la tumba se abre una plazoleta formada por un arco de círculo en cuyo centro se abre perpendicular al diá- metro, la tumba. Esta disposición es la nor- mal, y en todas las tumbas de gigantes, publicadas por La Mármora es constante, pero no sucede lo mismo con los ejemplos re- cogidos por el Sr. Martorell, pues dicha plazoleta desaparece en las sepulturas de Alghero. La sepultura de Alghero—figuras 5 y 6, se encuentra á una le- gua al N . O. de dicho punto, en terreno llano y al pié del monte de Mestre Juan.—El ancho de la planta es de i5,o « . , y su largo de 11,5o m.—La estela n.° 4, tiene 2.3o m. de ancho, 1.60 m. de ancho, por o.2D de grueso. La figura n.° 6, es la planta de la sepultura n." 2 de Alghero res- taurada, cuya fachada se ve en la figura n.° 7, siendo la de n.° 8 su corte. ( 192 ) Y por último, tenemos en la adjunta figura la planta, alzado y corte de la sepultura llamada de Pe- ra Pons, situada á una legua al N. O, de Alghero en terreno llano y al pié del monte de Mestra Juan; siendo la longitud del cajón, de I á M, 8.15 ni. Que tales construcciones son sepultu- ras, se deduce naturalmente de la exis- tencia de estos cajones de dimensio- nes tan extrañas, puesto que mientras su longitud es considerable, pues va- ría entre seis y ocho metros, su alto es casi siempre de un metro ó de un metro veinte y cinco. La Mármora, refiriéndose á la gente del país, dice que algunas veces se han hallado restos humanos en tales puntos, pero hasta hoy ningún descubrimiento positivo ha venido á confirmar este aserto, Cierran los apuntes arqueológicos del viaje á Cerdeña una neta sobre las Petras marmoradas que dice así: AAññ «Son seis piedras de i.5o m. de altura. Unas de otras distan unos 6.0 m., y están á unos 200 pasos de distancia al E . del nuraghe T a - muli del distrito de Macomer, y en fila de N . á S. Las tres piedras que están situadas más hacia al S., tienen tetas, en las otras tres no se ve rastro de ellas. A cinco metros de distancia de las dichas pie- dras, y paralelos á las mismas, existen los restos de una sepultura de gigantes, y otras á 60 pasos más y también en disposición para- lela.» De tan raros monumentos, dá una descripción el general La Már- mora, junto con otros de igual clase, pues no son únicos en la isla, en el libro II del capitulo I de su citada obra, pero nada adelanta- ( 193 ) riamos copiando la descripción, pues poco más ó me'nos dice lo mis- mo que nuestro Autor; y respecto de su origen y naturaleza, nada dice el autor italiano y nada nos ha dejado escrito el Sr. Martorell. Claro está que la imaginación corre inmediatamente en busca de ana- logías y que uno cree descubrirlas en los Menhirs, pero con esto po- co adelantamos, pues la función de los menhirs no nos es menos des- conocida.—Por otro lado, sus reducidas dimensiones nos impiden com- pararlas con los menhirs] célticos, casi tampoco se pueden comparar con los baleáricos á pesar de no ser de colosales dimensiones. Con- cretémonos, pues, á inventariar esta clase de monumentos por si al- g u n dia la ciencia logra esplicarlos. Ya no nos queda del viaje á Cerdeña del Sr. Martorell, otra cosa más que la siguiente nota: «En el distrito de Macomer he visto también el nuraghe Rugin, de un sola cámara; el de Montemuradu, cerca del cual hay vestigios de muros y habitaciones de una época posterior; el de Tucosi, veci- no al anterior, de una sola cámara, de grandes dimensiones pero to- da llena de los restos arruinados del mismo. También he visto el nuraghe Tiziano que me pareció sólo empezado, pues se ven algunas piedras colocadas al pié y al rededor de un peñasco de donde parece que han sido arrancadas y colocadas en el sitio que ocupan. Igualmente he visto el nuraghe Sa Coronis, que es de los más bien conservados y limpios de piedra y matas, tanto al esterior como dentro de su única cámara; tiene una gran puerta de unos 2,10 m. de altura por i,3o de ancho, que es cosa rarísima. La piedra que forma el dintel es de extraordinarias dimensiones y encima de ella se abre una ventana. E n la escalera practicada en el espesor del muro hay cuatro pequeñas ventanas que dan al exterior en forma de troneras sin que por esto basten á dar luz, pues por el espesor del muro, no llega al interior de la escalera. La cámara es de cinco metros de diá- metro, y tiene tres celdas altas y espaciosas; el muro no cuenta me- nos de cinco metros de espesor.» «Inmediato á la villa de Macomer, á su mismo nivel, y frente al llano, he visto los nuraghes Corte, y del Socorro: el primero tiene la cámara hundida con las tres celdas de rigor y otra en el espesor del muro frente á la escalera, y tiene una ventanilla encima de la puer- ( 194 ) ta. Los nuraghes del Socorro y S' AMlibirchi están arruinados. En el llano, al pié de Macomer, y próximos á dichos nuraghes, se ven restos de otros muchos.» ( io5 ) ISLAS BALEARES. —~<&Afy}tfifsv*r TALAYOTS, NAVETAS, ALTARES, ETC. ARA demostrar cuan cierta es la relación entre los Nuraghes P y Talayots no hay como estudiar en el libro del general La- Mármora el Talayot de Son Noguera des Frares, á un cuar- to de hora de Lluch Major; y decimos que debe estudiarse en la obra del insigne arqueólogo italiano y no en su ac- tual estado de conservación, como lo ha hecho D. Francisco Marto- rell y Peña, pues hov dicho monumento, reproducido por el grabado, n o despertaria tan viva en nuestra imaginación la memoria de los monumentos sardos. El dibujo de La Mármora, que á continuación reproducimos, acusa, digámoslo así, la forma de la vóbeda, la manera de cubrir el recinto, punto importantísimo, pues, cuan- tos hemos visto y estudiado por su estado de destrucción no per- mite formar concepto sobre tan interesante punto. Con razón sobrada decia el ge- neral italiano,—ob. cit., pág. 143, —que el Talayot de Son Nogue- ra des Frares—«ofrece todos los caracteres de un Nuraghe sardo de un solo piso».—Y aquí con- viene decir, para que no se crea en una restauración del monu- mento en cuestión hecha por el arqueólogo italiano, que es de to- do punto indudable que en i833 ^ * W -34, época del viaje de La Már- mora á las Baleares, el Talayot de Son Noguera estaba cubierto, pues dicho señor deploró viva- mente que la falta de luz le im- pidiera buscar la escalera interior, caso de que existiera.—ídem, id.. ( 196) Hasta donde la similitud entre los Talayots y Nuraghes puede llevarse, nos lo dirá el curso del presente estudio, pero desde luego, y sin movernos del Talayot de Son Noguera, podemos con sólo dar una idea del aparejo del monumento, hacer visibles las diferencias de construcción que iremos señalando, pues los elementos característicos de la puerta ó ingreso del Talayot de Son Noguera se reproducen en todos los monumentos de igual índole, agravándose todavía, pues mientras en Son Noguera la puerta es de i.3o m. de alto por i,o m. de ancho, otros Talayots, cu- yo ingreso está a l nivel del suelo, como por ejemplo, en el de Cumia—isla de Menorca—la puerta tiene 0,8 m. de alto por 0,60 de ancho, de modo que es ne- cesario entrar á gatas. SON NOGUERA. Después de lo que dejamos ma- nifestado, ha de 5er ya de todo punto imposible á los peritos en arquitectura sustraerse á la idea de que existiran dos tipos de T a - layots puesto que existen dos ti- pos de puertas, por ser la puerta el elemento principal y determi- nante en toda obra de arquitec- t u r a , y este principio estético es verdad lo mismo al hablar de la CüRNIÁ. arquitectura clásica que de los monumentos prehistóricos que nos ocu- pan.—Existen, pues, Talayots de puerta alta, y Talayots de puerta baja, denominación que podrá parecer vulgar, pero que en nuestro sentir es la más exacta, y en arqueología la exactitud ha de primar lo literario ó rimbombante. Talayots de puerta alta.—El tipo, en toda su sencillez, es el T a - layot de Son Noguera dels Frares—isla de Mallorca.—Su planta es circular como en los de «puerta baja».—Las dimensiones de las puer- tas varían, pero siempre permiten que un hombre de talla regular pueda pasar de frente. E n su estado de conservación actual, el Talayot de Son Noguera conforme los datos suministrados por el Sr. Martorell tiene 4.30 m. de alto, i3,o m. de diámetro, y 3,5o m. de espesor el muro. Este cons- ta de siete hiladas en la parte más alta formadas de bloques, siendo ( 197) los mayores de 2,0 m. de longitud por 1,0 m. de latitud, y 0,70 de altura. El taluz del muro es de unos 20 grados. Cerraría por lo tanto el monumento avanzando las hiladas, unas por encima de otras, sistema que por si sólo acusa el estado de ci- vilización del pueblo que construía los Talayots. ¿Pero no hubo progreso en este estado de civilización?—¿El pueblo que principió construyendo el Talayot de Son Noguera no se elevó á mayores concepciones arquitectónicas dentro de ese mismo estilo de arquitectura? Nosotros creemos ver el estado de progreso en el Talayot de San Agustín Vell situado en el término de S. Cristóbal—isla de Menorca. —Al hablar de ese Talayot debemos dar un público testimonio de nuestra gratitud á D. Juan Pons y Soler amigo que fué del malogra- do Martorell y Peña, pues sin conocernos y sólo mediando los bue- nos oficios de D. José Oliver, cuya residencia en Mahon deploramos, los que seguros de su amabilidad y liberalidad desearíamos poder es- tudiar á todas horas su preciosa colección de antigüedades, armas y pinturas; nos ha facilitado, hechos á escala, pues D. Juan Pons y So- ler es todo u n arqueólogo, cuuantos dibujos le hemos pedido de los Talayots, Navetas, etc. de la Balear menor, para rectificar y comple- tar los apuntes del Sr. Martorell, y los hechos por nosotros en nues- tra rápida excursión por las hermosas Baleares. El Talayot de S. Agustin es de los de puerta alta, pues ésta tie- ne 1.40 m. de alto por i,5o m. de ancho. Su planta es circular, y el muro tiene un espesor de 3.5o m. El corredor de entrada que en el umbral tiene i.5o m. de ancho, va estrechándose de mo- do que la puerta de la cámara tiene sólo un me- tre de ancho. La cubier- ta de este corredor está formada por tres grandes losas. Cuenta el Talayot sie- te hiladas que en su parte más alta miden 5.6o m. de altura sin que pueda asegurarse que la última hilada sea la del coronamiento. El diámetro de la cámara es de 7.20 m.. E l de la base es de 14.5o; y el del coronamiento de 11.80. Para cubrir la cámara, el artista ? ó arquitecto ? menorquino elevó dos colunas en la disposición evidentemente arbitraria que acusa la 23 ( 198) planta, formadas de cinco bloques cuyas dimensiones van aumentando con mejor razón estática que estética desde la ba- se, pues el sillar que for- ma ésta, cuenta sólo un "" metro de lado por 2.10 metros que tiene el último, esto es, el quinto sillar.—El m u r o , cer- rándose por su interior hasta la altura de las colunas, permite que, grandes losas puestas desde las colunas al muro, cierren la cubierta, colocándose losas de menores dimensiones entre los huecos que aquellas dejan. Nuestros dibujos permitirán que se forme exacto concepto acerca de esta disposición de la cubierta, dispuesta de una manera tan original, que creemos única en esta clase de mo- numentos de la edad de piedra, pues aunque es bien seguro que los silla- res así del muro como del interior se trabajarían me- diante instrumentos de hier- ro, no creemos que de ta- les herramientas se supiera hacer gran uso.—Las grandes losas de la cubierta, las mayores que llegan á tener 4,0 m. de largo están hoy apoyadas por la parte interior por unas vigas de mata que colocó allí una mano desconocida y á la que debemos agradecer lo hecho eter- namente, pues nos ha conservado un monumento preciosísimo y por desgracia, en su estado de conservación único en la isla de Menorca, y por lo tanto en el mundo. ¿No habrá, entre cuantos lean estas páginas, quién se sienta con fuerzas para pedir que sea declarado el Talayot de San Agustí Vell, conocido también por Viga de Mata, monumento nacional? ¿La Aca- demia de San Fernando no tomará la iniciativa? Para terminar con la descripción del Talayot de San Agustín, dire- mos que á un lado del muro en la parte exterior se encuentra un hueco ú aposento de 0.80 de ancho por 1.60 de largo. La piedra que forma el dintel de este aposento tiene 2.3o m. de largo. Quisiéramos ahora poder referir á esta clase de Talayots los que de igual estilo y sistema de construcción existieran en las dos Balea- res, pero esto no nos es posible, porque de. viso no hemos visto otros, pues cuantos se pueden clasificar entre los de este grupo, están, los que nosotros hemos visitado completamente arruinados, como el de Arta, etc. ( 199 ) Talayots de puerta baja.—Este grupo se subdivide en Talayots de puerta baja y escalera interior, y en Talayots de escalera exterior, pues el sistema es idéntico. Si fuera posible una clasificación por edades de los Talayots, diría- mos que entendemos ser los más antiguos los Talayots de escalera ó rampa exterior, que á éstos siguieron los de puerta baja, y en último término colocaríamos los de puerta alta. La razón de esta clasifica- ción hace del destino que nosotros entendemos dar á los Talayots en lo que discordamos de los arqueólogos menorquines y de D. Rafael Blasco, de quien tendremos ocasión de hablar con el elogio que se merece. Admitiendo nosotros que los Talayots obedecen al mismo sistema arquitectónico que los Nuraghes, y que por lo tanto acusan una uni- dad de civilización, si los Nuraghes son antiquísimas habitaciones hu- manas, habitaciones humanas son los Talayots. Admítase, por lo pron- to, y bajo beneficio de mayor prueba esta afirmación, que justificare- mos más adelante para comprender la razón de nuestra clasificación, fundada en la seguridad que para sus viviendas buscarian los cons- tructores de Talayots. U n Talayot que tuviera que escalarse en plataforma es de más di- fícil acceso y de más fácil defensa que no un Talayot cuya puerta al nivel del suelo podia mañosamente sorprenderse. Y comparando es- ta clase de Talayots, es decir, los que para dar acceso á la platafor- ma obligan á subir por una angostísima escalera interior á gatas, con los que ofrecen un ingreso cómodo y despejado, fuerza nos es confe- sar que estos últimos suponen u n estado de civilización más adelan- tado, una sociedad más culta y menos desconfiada. Ofrecemos como tipo de los Talayots de puerta baja el de Cur- nia—isla de Menorca—cuya puerta damos más arriba, y cuya escalera interior de la que se ven ó ó 7 peldaños es intransitable por la rui- na de la parte superior del monumento. Su planta ofrece el grave defecto de no llevar indicado el punto donde venia á desembocar la escalera, cuestión ésta intere- sante pero que nosotros no he- mos podido resolver por la ins- pección del monumento, pero que se resolverá de seguro, el dia que tengamos en España un Ministro de Fomento que disponga una Misión arqueológica á las Balea- res.—El diámetro es de 14.75 m. Antes de resolver ó procurar resolver todas las cuestiones que ( 20» ) ofrecen este grupo de Talayots al arqueólogo, veamos los Talayots de rampa ó escalera exterior. Reputaremos como á tipo perfectísimo el precioso Talayot de To- relló situado á una hora de Mahon. Su planta, como se vé, no se diferencia de la del Talayot de Cur- A nia sino en la rampa, y en ofrecer unos estribos á la ventana supe- rior.—El diámetro es casi igual pues da 14.20 m. Por lo que hace al alzado fá- cilmente se comprende que según sea el juego de la rampa exterior que se presentara en una ú otra forma: por ejemplo, entre los Ta- layots de Cumia, TALAYOT DE CURNIA. cuyo alzado, lo mismo que el de Torelló que á continuación reproducimos, dibujos debidos á D. Rafael Blasco, no se nota diferencia sensible, ( 201 ) y aún esta seria menor, si el tiempo no hubiese destruido para el de TALAYOT de TORELLÓ. Curnia la rampa exterior, pues es de todo punto imposible negar que no hubiera existido, dado el vuelo de algunas piedras, sin embargo hare'mos notar, que esta circunstancia también se nota en el de To- relló, lo que daria lugar á pensar en una doble rampa, no conduce á la puerta superior, por nosotros llamada ventana. Mas, cuando las rampas tienen verdadera importancia ascensional el monumento ofrece un aspecto nuevo, tan nuevo que permite du- dar si no estamos en frente de una nueva clase de construcciones, tal se presenta cerno ejemplo el Talayot de Benicodell de dalt en el ( 202 ) termino de S. Cristóbal—Isla de Menorca— del que ofrecemos dos vistas tomadas por el Sr. Martorell. Imposible nos fué cuando nuestra visita á la isla de Menorca re- conocer este Talayot, pues el violentísimo levante que reynaba el dia que visitamos los monumentos de San Cristóbal hacía muy peligrosa la ascención, amen de que por ser muy tarde—casi de noche—y por el cansancio del dia, y el camino que nos faltaba hacer para llegar á Ciudadela, poco fruto habíamos de sacar de nuestra inspección que dejamos para nuestro regreso, y que por accidente imprevisto no pu- dimos después realizar. Ahora es cuando debemos resolver el difícil punto de disponer para vivienda humana los Talayots de este grupo que estudiamos. Cuando se examina el de Torelló, su grande y magestuosa venta- na de I . I O por 1.65 m., nos da clara idea de un edificio, de una ha- bitación en lo alto, y si no se hubiese destruido la cubierta de los dos muros ó estribos de la ventana de 3.37 m- c ' e l a r g ° e s t a impre- sión seria mucho mayor.—Nosotros sabemos esa última circunstancia por habérnosla escrito el Sr. Blasco, á cuyo conocimiento habia lle- gado por habérselo dicho un anciano aldeano de Torelló, quien le contó que las piedras de la cubierta habían sido derribadas por «via de entretenimiento por algunas personas que acudían á solazarse» en dicho Talayot. Cubierta la galería en cuestión, ¿cabe suponer que fuera el único espacio cubierto? ( 203 ) Completamente arruinado el coronamiento del Talayot, no es posi- ble, por el examen del monumento, deducir el sistema de la cubier- ta, pero si es cierto, y dado el estado de los monumentos, no es posible contradecirlo, lo que dice Ramis—Antigüedades célticas de la isla de Menorca. Mahon, 1818, pág. jó—que «es asi mismo reparable «que en la parte superior de algunos de estos Talayots, sale de su «enmedio una grande pilastra ó coluna ¡que aún se halla en pié»— Son Codul de Perrerías—estas pilastras ó colunas que como la de Son Codul, según dicho Ramis, «tenia diez palmos de altaría, con un ancho de once y dos de grueso»,—id., id.,—podían muy bien servir de punto de apoyo á los maderos que cargaran sobre el mismo des- de el muro, de modo que formaran una cubierta cónica. Esto no es más que una hipótesis, es cierto, puesto que hoy en Son Codul no existe tal coluna, pero el hecho no es para inventado, y á Ramis dentro de su teoría druídica, de estorbo mejor que de au- xiliar le servían las tales colunas en lo alto de los Talayots. No podemos hablar de los Talayots, que según una descripción que de esta clase de monumentos publicó el Sr. Ole'o y Quadrado en su Historia de la isla de Menorca. Cindadela, 1876,—debida al men- cionado Sr. Pons y Soler, Tomo II, pág. "ijh,—«son atravesados por «una escalera interior ó una galería simple ó bifurcada con nichos ó «celdillas á los lados»,—pues ni el Sr. Martorell y Peña, ni nosotros hemos tenido la fortuna de conocerlos, á pesar de que es indudable que tales circunstancias existirán cuando de ellos habla una persona tan verídica y respetable. Otra clase de monumentos contiene como en especialidad propia la Isla de Menorca, pues en su hermana la Mayor no hemos visto ninguno, ni oido hablar de ellos que deban referirse á los Talayots, tales son los edificios llamados Navetas, y que nosotros llamaremos Mapaliss. MAPALEs-fNavetas).—La existencia de los edificios llamados vulgar- mente navetas, «navecillas,» está en mi concepto destinada á resolver u n grande problema etnográfico que de m u y cerca se relaciona con los orígenes ibe'ricos. Aquel tan conocido y manoseado texto de Varro de que en Espa- ña «tras de los Iberos vinieron los Persas, luego los Fenicios y des- pués los Celtas y Púnicos» y que nosotros hemos explicado en los Origens y Fonts de la nació catalana, cuando se une á lo dicho por Salustio, esto es, «que después de la muerte de Hércules, los Me- dos, Persas y Armenios se acercaron en su emigración hasta las cos- tas del Océano,» hay que veamos en la persistencia de la tradición un fu'idamcnto de verdad que importa analizar y descubrir. ( 204 ) Desde luego se comprende que ni Varro ni Salustio hablan de los tales Medos, Persas y Armenios como refiriéndose á los pueblos históricos conocidos por estos nombres, pues es materialmente impo- sible por cuanto su emigración por caer dentro del período histórico nos seria perfectamente conocida. Entendemos, pues, que se trata de una invasión aria, y bien sabido es que los dichos pueblos son parte principal de tan poderoso tronco de las razas humanas. Esto admitido, ¿el texto de Salustio recibe una demostración do- cumentada, con diploma de piedra, en nuestras islas Baleares, cuan- do dice «que los dichos invasores al tomar asiento junto á las orillas del gran mar se construyeron de sus naves chozas, que por esto las casas de los Numidas tienen la forma de un buque con la quilla pa- ra arriba.»—Ceterum adhuc cedificia Numidarum agrestium, quce MA- PALIA illi vocant, oblonga, incurvis lateribus teda, quasi navium cari- nes sunt.—Cap. XVIII—edi. Nisard. Paris, 1861. Como África no ha guardado de las casas de los Numidas llama- das Mapales y que por su «forma oblonga y su techo encorvado se parecen á quillas de buques» un solo ejemplar, á lo que parece, lo dicho por Salustio no habia llamado la atención de los arqueólogos, pero dicho se está que á los arqueólogos menorquines no les pasó por alto el citado texto: asi D. Juan Pons y Soler no deja de recor- dar el texto del autor de la guerra de Jugurtha, aunque se limite á deducir como consecuencia del mismo el hecho, importantísimo cierta- mente, de que «por lo menos un siglo antes de nuestra era existían en África, en Numidia, edificios en forma de buque». ¿Tales edificios eran propios y exclusivos de los Numidas como da á entender el texto de Salustio? Hasta hoy no hemos visto señalado monumento alguno de dicha clase ni en Numidia ni en otra parte de África, solo en un libro de Drumond Hay, titulado Vestcrn Barba/y etc. London, 1844, pág. 25, hemos leido que las tiendas de los nómadas del Atlas se parecen en algo á un bote con la quilla hacia arriba—-Their form is somewhat si- milar to that of a boat with is keel upwards.—De lo que no sabemos si es posible concluir en favor de la difusión de las mapales por todo el Norte de África. Si fuera posible la afirmativa ¿tendríamos una prueba más en favor de la civilización libyeo-ibérica del Norte de África y de la península pirenaica?; pero sea lo que se quiera, lo cier- t o es que la mapale era atribuida por la antigüedad á una invasión aria realizada por mar que explicaria los elementos arios que en la raza y en la toponomástica de los países del extremo occidente medi- terráneo, se notan, y que sólo se acertaba á explicar por la invasión céltica, por ser el pueblo celta, como es bien sabido, un pueblo ario; ¿debemos, pues, atribuir dichos monumentos á los arias? ( 205 ) Bastante hemos dicho por ahora para hacer ver la decisiva importancia que para resolver el gran problema de los orígenes de la población y civilización del Occidente de Europa tienen las Mapales ó navetas. Demos ahora á conocer tan peregrinos monumentos. El más conocido y divulgado es el que lleva por nombre la Nau dels Tudons, vecino á Ciudadela, esta es la sola Mapale dibujada por D. Francisco Martorell y Peña. Su planta y corte levantados con toda escrupulosidad y con toda escrupulosidad dibuja- dos, explican la clase de monumentos de que tratamos; dicha planta y corte están trazados bajo escala de uno por dos cientos; siendo por consiguiente la longitud total de la nave en su interior de io.5o m,, y hasta el extremo de su proa se miden 14.50 m. Nótese la antecámara y recuérdense las cuevas de la isla de Mallorca—San Vicens—de que más arriba hemos hablado. La fachada de la Nau dels Tudons es sumamente característica, y tal como la dibujó el Sr. Martorell la hemos puesto en la portada del 24 ( 2o6 ) presente libro, pero aquí daremos una vista total tomada de una fotografía. o a » Merece notarse la puerta por lo angosta, pues su ancho es de 0.57 m. por 0.75 de alto. Quisiéramos aquí poder tranquilizar á los lectores acerca de la conservación de tan precioso monumento, que por ser el mejor con- servado hasta hoy merecerla colocarse dentro una campana de cristal; tan importante es para la historia del arte y para la etnografía. Pero es el caso que su estado de completa ruina es inminente. ( 207 ) Hoy la cubierta se ha venido abajo, de modo, que si le fué posi- ble al Sr. Martorell y Peña penetrar en el interior del monumento, hoy el interior no existe, aunque seria fácil la restauración; y cayó la cubierta por la misma causa que arruinara por completo el monu- mento. Si se examina con cuidado el grabado que representa la Ma- pale deis Tudons se verá hacia su extremo, pasado el olivo un hue- co," en este hueco nació y creció en todo su desarrollo un olivo her- mano del que hoy allí crece, y que al extender sus raices por entre los bloques, desaquilibró los bloques ó sillares, derribó algunos de ellos, y por esta causa se vino á bajo el techo. El olivo que hoy existe y se ve en nuestro grabado, ha desaquilibrado también los sillares por donde van introduciéndose las raices, algunos años más y llegará el dia en que un fuerte levante haciendo trabajar el olivo como una palanca, le- vantará el muro lateral de la Mapale y se vendrá abajo arrrastrando la fachada, única en los monumentos de esta clase que existen en la isla. Si los Talayots de S. Agustí Vell y de Torelló merecen ser de- clarados monumentos nacionales, ¿con cuánta mayor razón no lo me- recerá la Mapale deis Tadonsl—¡Ojalá que nuestras excitaciones no sean desoídas, y se deba á los estudios del Sr. Martorell y Peña la conservación de monumentos que no tienen igual en el mundo entero! Hemos hablado de otros Mapales que ahora detallaremos, pues por lo mismo que se habría creído durante muchísimos años que la Nau dels Tu- dons era un monumento único en su clase en la isla de Menorca, las hipó- tesis que se h a n levantado para explicar su singular disposición ven- drán al suelo, cuando se sepa que hasta se pueden reputar comunes en dicha isla, aún cuando disten mucho de la abundancia de los Talayots. D. Juan Pons y Soler, infatigable investigador de las antigüedades menorquinas, es quien ha descubierto los cinco Mapales de que vamos á dar cuenta valiéndonos de sus propios dibujos con la seguridad de que, quien á la primera invitación que le hicimos se puso á nuestra disposición, aprobará que nuestro común amigo D. Rafael Blasco me los enviara. Dos mapales completamente arruinados existen en Na Beltrana. Otro, aunque arruinado, deja ver su planta, tal es el de Calafi vell en el término de Ferrerias. Sus dimen- siones son las siguientes:: Longitud de la nave, i5,2o m.; su mayor latitud, 6,8o m.\ espesor del muro, 2,20 m. Mayor interés presenta el que se en- cuentra situado en la lengua de tierra que separa el puesto de la Nitja de la cala del mismo nombre. ( 2 0 8 ) Completamente arruinado también, pues, sus muros sólo tienen un metro de altura, ofrece la novedad de te- ner en su interior dos muros que al divi- dir la nave en tres compartimientos señala á cada uno un nivel diferente, siendo el más bajo el de la punta ó proa. De modo que cuando se medita sobre esta circunstancia, y se ve el terreno alzándose hacia la po- pa, parece imposible sustraerse á la idea de que los artistas ó pueblos constructores de Ma- pales no entendieran dar á sus monumentos, como idea simbólica, la del buque.=Sus di- mensiones son: largo de la nave, 14.36 m.; ancho en su primer mu- ro transversal, 1.83 m.\ en el segundo, 960; en la fachada, 9.65.= Como ya se señala en nuestro dibujo, esta Mapale ofrece la circuns- tancia de tener á 1.80 de su proa un menhir que se presenta hoy á flor de tierra, pues se levanta tan sólo 0.76 m.. Tenemos, por último, el precioso Mapale de Son Mercè de baix situado también en el distrito de Ferrerias, arruinado por la parte de su popa ó ingreso, pero cuya restauración seria sumamente fácil y poco dispendiosa. Si se restaurara y se clasificara entre, los monu- mentos nacionales se prestaria un verdadero y eminente servicio al arte y á la ciencia. La planta del Mapal de Son Mercé ofrece la novedad de estar di- vidida en dos naves por una ^serie de pilares de los que sólo hart quedado tres en pié; pues hay que suponer que al arruinarse la par- ( 209 ) te delantera de la nave arruinó los pilares, cuya distancia es entre primero y segundo de 1.70 m.: entre el segundo y tercero, 1.90 m. y entre el tercero y la punta de la nave hay 2.?o m.. La longi- tud total de la nave es de 11.o m., Su ancho, tirando coordina- das por los puntos donde están emplazados los pilares, dan las si- guientes dimensiones: 2.90, 3.70, 3.8o m. La nave al tocar á la fa- chada tiene 3.10 tn.. El grueso de los muros es formidable, pues acusan un espesor de 2.80 m.; de modo que la linea de fachada era de 8.90 m. Desde luego se adivina su disposición interior y su sistema de cu- bierta que explican los siguientes dibujos, siendo de notar la singular construcción de los pilares, que tienen o.5o m. de escuadría, y 1.60 m. en los sillares de mayor vue'o, recordando los pilares de S. Agus- tí Vell. L a colocación de las grandes losas de la cubierta ( 210 ) que ya dejan comprender los cortes transversales que hemos presen- tado, se explicarán perfectamente mediante el corte longitudinal que á la vez nos dará á conocer el estado de ruina de la parte de popa. Las losas que unen á los pilares entre sí, tienen dimensiones con- siderables como lo demuestran las distancias á que están situados res- pectivamente, de modo, que siendo el intercolunio de la proa de 2.3o m , no será mucho menor el arquitrabe que corresponde á este p u n t o . Por último, su aparej"o no tiene la grandiosidad ni la robustez del de la Nau des Tudons, pues son sus sillares casi uniformes, paralepí- pedos de 0.60 de lado; lo que tal vez explique el considerable espe- sor del muro. Altares.—Conóceme en la Balear menor con el nombre de Alta- res, los monumentos que en Inglaterra se llaman Blithes, esto es, «mesas» y son dos grandes monolitos colocado uno de ellos de pié y el otro descansando sobre el mismo en perfecto equilibrio formando una tau. La construcción de tales monumentos ofrecía ciertas dificultades pa- ra el perfecto equilibrio de la piedra horizontal que no siempre se vencían con la caja que en la misma se abria para que entrara el pié derecho; caja, cuya profundidad puede estimarse como á mínimum en 0.40 m., que es la que arroja la caja del Altar derribado de Tor- re Gaumes—Isla de Menorca.—Y aunque hoy existen varios altares compuestos únicamente de las dos piezas dichas, como los de T r a p u - co, cerca de Mahon; Torralba de Salord, término de Alayor etc. tampoco son raros los Altares que han tenido que ser fortificados pa- ra que la tabla ó piedra horizontal se mantuviera en equilibrio, lo que se ve en Torre Trencada á una hora de Ciudadela, en Telati ( 211 ) más á las claras el oficio de puntal á que se destinaban monolitos de 3 metros de largo. Una circunstancia notabilísima hay que señalar, respecto á la cons- trucción de estos puntales. Asi en Talad como en Torre truncada el puntal no alcanza desde el punto en que se ha co'ocado á sostener la piedra horizontal, por cuya razón lleva un abaco. La repetición de este hecho prueba claramente que no es casual. Luego las piedras de los altares están trabajadas, por lo tanto no puede admitirse que por falta de previsión se cortaran cortos los puntales. Y lo que más ha de llamar la atención de los arqueólogos es la circunstancia de que esos puntales encajan también con los abacos, de modo que forman en rigor nuevos altares inclinados. ¿Qué debemos deducir de esta circunstancia? ¿Qué no se trata de desaquilibrios, sino de un simbolismo para nosotros desconocido?—Bien pudiera ser esto último.—De todas maneras la verdad no se conocerá sino el dia aquel en que una Misión científica experimente el caso levantando el punta'. Para terminar daremos á conocer las dimensiones de algunos alta- res, datos que en parte debemos á D. Refael Blasco, otros son del Sr. Martorell y Peña, y los menos recogidos durante nuestra excursión. ( 212 ) Altar de Torre truncada, alto 3.o m.; piedra vertical, 2.60 m.\ grueso de !a horizontal, 0.40 m.; grueso de la piedra de refuerzo, o.56; distancia á que está colocada, 0.22. Altar de Torre llafuda—cerca de Torre trancada.—La altura de la piedra vertical no pude medirla por el espesor del matorral, de modo que sólo se ve de la misma i.5o ni. de su altura: piedra horizontal, 2.34; ancho, 1.25; grueso, o.3o m. Altar de Trapucó —Pié derecho, 3.o m.; de ancho 2.80 por 0.40 de grue- so.—Tabla: 3.5o m. de largo, por 1.60 m. de ancho; y 0.60 grueso. Altar de Torre cuba—Distrito de A'ayor.—Pié derecho: ancho, 2.40 /«.; alto, 3.0 m.; grueso, 2.3o m..—Tabla: largo, 3.85 m.; ancho, 1.20 m.\ grueso, 0.40 m.. Altar de Torre llissa—idem. id.—Pié derecho: alto, 2.70 m.; grue- so, o.3o m.—Tabla: largo, 3.40 m.; ancho, 1.5o m.; grueso, o.5o m.. Altar de Torrauba de Salord.—Según datos de D. Juan Pons y Soler, mide: Pié derecho: alto, 3.07 ni.; ancho, 2.40 m.; grueso, 0.49 m..—Tabla: largo, 3.8o; ancho en un extremo, 1.19; y en el o t r o 0.86 m.; grueso, 0.73. Respecto á este altar, D. Rafael Blasco nos hizo saber que habién- dose hecho una excavación junto á su pié, á 1.60 m. de profundidad, todavía no se habia dado con la extremidad de la piedra vertical, de modo, que bien puede estimarse en 5.o m. la altura del pié derecho, y si tomásemos como normal el resultado obtenido con semejante excava- ción, que es lástima no se haya repetido en otros puntos, á los pies dere- chos de los altares descritos, debería añadirse dos metros más de altura. Altar de Torrellissa vell.—Pié derecho: 2.55 m. de alto; ancho, 2.40 ni.; grueso, 0.60 m.. Tabla: largo, 3.20 m.; ancho, 1.80 m.; grueso, 0.60 Altar de Santa Ponsa—término de Ferrerias—Pié derecho; alto, 0.80 m.; ancho, 0.60 ni.: grueso, 0.60. T a b a : largo, i.5o m.¡ ancho, 1.10 m.; grueso, i.5o m. Por las dimensiones que dejamos apuntadas del que podríamos lla- mar diminuto altar de Santa Ponsa, comparadas con las de los gran- des altares, se echa de ver lo importante que seria un estudio á fon- do de esta clase de antigüedades, importancia que subirá de punto á los ojos de los lectores cuando sepan las circunstancias que concurren en su emplazamiento, de que ahora trataremos. En el grabado aoterior representando el altar de Talati de dalt, se ve que éstos acompañan á los Talayots, y asi es en efecto, pues al- ( 213 ) tares aislados, independientes de toda vecindad de los Talayots, no conocemos ninguno; por ser este hecho tan general, si un ejemplo pudiera citarse de que fuera de la vecindad de un Talayot existiera un altar, sostendríamos que esta circunstancia concurre por haberse destruido radicalmente el Talayot. ¿Qué relación puede existir entre el Talayot y el altar}—Difícil dar una razón que á todos satisfaga, pero si los Talayots se les considera por unos como á sepulcros, y por otros como á casas, habitaciones, la presencia de un monumento religioso á su lado queda explicado, demostrando este hecho que el dios-penate es universal y común á todos los pueblos. El altar, además de estar situado junto ó próximo á uno ó más Talayots, porque á veces un sólo Altar se encuentra para un grupo de Talayots como en Trapucó, etc., está, digámoslo así, encerrado dentro de un círculo de menhires como indica en perspectiva nuestro grabado de Telati de dalt cuya planta en su actual estado reprodu- cimos á continuación: a En T está el Talayot de Telati de dalt: en A el pié derecho del al- 23 (214) tar; en B la pieza de refuerzo; en C una habitación megaíítica ( ? ) de que luego hablaremos. Derrotado y perdido el círculo de los menhires, que en Telati se presenta encerrado dentro de otro formado por bloques como indica nuestro grabado y á la distancia de i.o m. de los menhires, formado en su estado actual por solos dos hiladas, no permite asegurar si la solución de continuidad que entre los dichos menhires hoy se nota es natural ó accidental, cuestión e'sta que no se presenta ¡en el ánimo del investigador hasta tanto que se estudian tan curiosos monumentos en Torre Gaumes,—isla de Menorca. No escapó á la diligente atención de D. Francisco Martorell el estudio del altar de T o r r e Gaumes, cuya planta levantó con todo cuidado, reproducie'ndola á continuación nuestro grabado. Ve'se en el centro el pié derecho del altar,, que aún está en su sitio bien que m u y inclinado hacia el suelo por haberse desaquilibrado, y caido la tabla que se conserva por fortuna' á su lado, con lo que se permite estudiar con toda detención la caja labrada en for- ma de ala de milano, y pensar en la restauración posible de un monumen- to único en su clase, el dia ¡que el Gobierno de España se ocupe séria- men r *-"i L^ *] t e de la conservación de los mo- numentos nacionales. ™ ^ ^ ^ ^ ^ De las paredes que cierran el al- tar dará una idea el adjunto cro- quis representando el centro izquierdo de la planta, siendo su mayor altu- ra de 2.74 m.. Las tres grandes losas que se ven en nuestro grabado jun- tas ocupan una extensión de 5.25 m.. La puerta perfectamente forti- ficada, tiene nada me- nos que 2.10 m. de ancho, por 2.60 m. de alto; y por el decli- ve del terreno se ve claro, aunque el es- ¿ pesísimo matorral que allí hay impide dar cuenta exacta, que se subiría al plano del ( 215 ) altar bien por una escalinata ó por una rampa. La planta, en su es- tado de conservación, es perfecta, pues los muros existen en toda su extensión, teniendo su menor altura i.5o m.. En el ábside el plan- terreno está levantado señalando el punto de honor para las ceremo- nias que allí se verificasen. Piérdese la imaginación en la estación arqueológica de Torre Gau- mes por la gran abundancia de ruinas que presenta, talayots, cír- culos, tal vez verdaderos dólmenes, etc., y por la innegable im- portancia del altar de que acabamos de hablar, de modo que seria en nuestro sentir el punto más á propósito para emprender el estu- dio de los monumentos prehistóricos baleáricos.—Nosotros no entrare'- mos en el terreno conjetural, ni buscare'mos en civilizaciones y cultos conocidos de otros pueblos explicaciones más ó me'nos satisfactorias; sin reprender á los que esto hacen, entendemos que para hacerlo con verdadero valor lógico, falta todavía mucho que hacer en punto á la investigación arqueológica. E n Talati de dalt, hemos dicho, existe una habitación megalítica cuya planta conocemos, y cuya construcción y ordenación dará á co- nocer la adjunta perspectiva: La colima del centro tiene un metro de altura y sostiene una piedra circular, sobre la que vienen á descansar las que arrancan del muro para formar la cubierta.—Su pequeña altura, ¿indica una habitación? Nosotros hubie'ramos deseado dar al público una vista de conjunto de un grupo de Talayots con sus círculos, altares, etc., pero es ma- terialmente imposible á causa del sin número de altas cercas con que tienen la costumbre de cerrar y dividir sus propiedades los menorqui- nes; por esta razón reproducimos aqui junto, la vista total de los Ta- ( 2i6 ) layots de Trabucó tal como se conservarían en 1833-34, época del viaje del general La Mármo- ra á las Baleares, y que toma- mos de su citada obra. Descritos los monumentos ba- leáricos es posible ohora determi- nar su significación y destino. La idea que domina en las Baleares es la de que los Tala- yots son sepulcros erigidos para perpetuar la memoria de algun varón esclarecido, sin considerar que su número hace ya impo- sible tal hipótesis.— Si dejando á un lado la idea atributiva, nos empeñamos en considerarlos co- mo á meros sepulcros, su núme- ro extraordinario y su disposición interior protestan ya contra se- mejante atribución. Puede creer- se en un sepulcro cuando se tra- ta de uno de esos Talayots ma- cizos, pero á la vista de San Agustí Vell, Cumia, etc., etc., no es posible continuar opinando de esta suerte. Entendemos que son habita- ciones humanas, primitivas, y así su número se explica; y si se considera que aún hoy la pobla- ción de las Baleares está derra- mada en Menorca por toda la is- la formando caseríos, de modo que el número de pueblos ó agru- paciones de casas es cortísimo— véase el mapa arqueológico—se verá claro como los Talayots re- presentan exactamente esos mis- mos centros de población rural que hoy existen en la isla. ( 217 ) Pero en la isla de Mallorca y en Arta tenemos el grupo de los Talaj'ots del alminar de sas paisas bastantes por si solos para desva- necer toda clase'de dudas. De la topografía del terreno, del punto en que están emplazados los Talayots, y del muro que los cierra, da una perfecta idea la plan- ta de tan curioso monumento que tampoco escapó á la inteligente investigación de D. F . Martorell y Peña. ¿Qué representa nuestro grabado, más que dos Talayots defendidos por un muro de circunvalación, con una sola puerta para el ingreso de.itro del recinto? De este muro y de esta puerta en su actual estado dará idea el ( 218 ) adjunto grabado que nos enseña que en realidad estamos en frente de un monumento representati- vo de una civilización rudimentaria.—Las dimensiones de la puerta son i.3o m. de ancho por i .85 m. de alto.—La piedra que forma el dintel tiene 2.0 m. de lar- go por 0.90 de escuadría.—El gran blo- que que forma uno de los lados de la puerta, tiene 2.20 m. de alto por i,5o de ancho, y 1,0 m. de grueso. El relieve topográfico, su situación en el valle de Arta, hasta parecen demostrar lo que podríamos llamar un punto estra- tégico, cuya idea acredita la situación de los dos Talayots. Este recinto, en su ma- yor diámetro, tiene 123,0 m. Probada la tesis de que no es posible ver en los Talayots, sepulcros, la idea de que son las casas que para sus moradas levantaron los primeros baleáricos se im- pone de toda necesidad, máxime, cuando se recuerdan los altares que están á su proximidad. Esta sola consideración de- biera bastar para que se dejara de ver en los Talayots, Atalayas, torres para la defensa y guarda de las islas, idea que hoy difunde y sostiene D. Fidel Fita, en la Revista histórica de Barcelona, T. IV, pág. 193, cuando ni un sólo baleárico de nuestros dias sostiene seme- jante te'sis, pues aquella pretendida combinación de Talayots dispues- tos de tal suerte formando triángulos, se ha venido al suelo, cuando se han reconocido y estudiado el gran número que de ellos guarda la isla de Menorca. De la ordenación y agrupación de los Talayots el Sr. Martorell y Peña tuvo la previsión de indicar que debería levantarse el plano del grupo de Son Covas situado en el distrito de Campos—Isla de Ma- llorca—y en la confluencia del camino de Son Covas y el carretero ( 219 ) á los baños sulfurosos de la Font Santa, que por mi mismo levanté. H, es el camino ,rde Son Coras; las cuevas se encuentran en G, su distribución interior nos es ya conocida, de la boca de una de ellas damos aquí su dibujo. I, es el camino car- retero á Font-Santa. —En F, hay un 7a- layot, desde este pun- to se descubre el mar; ¿es un vigía, una ata- laya? En este caso que significan el Ta- layot E á mitad de la pendiente de la co- lina en cuya meseta está el Talayot F y sobre todo el grupo de Talayots A, B, C, D, situados en la concur- rencia de los dos camines dichos, es decir, en el fondo de la hon- donada ó valle, de donde era imposible atalayar en parte alguna? Diremos, también, que si en nuestro dibujo hay cuatro talayots 22 ( °) agrupados, que á estas horas el Talayot B ha desaparecido, pues en Mayo de este año y á nuestra vista, se estaba desmontando la última hilada. Este hecho que nos explica el gran número de Talayots que han desaparecido en la isla de Mallorca donde hoy se presentan, al decir de los mallorquines, tan solo en el distrito de Campos y Arta, bien que también se encuentren por la parte de Pollenza, nos permi- te suponer que en el llano de Son Coras tal vez en lo antiguo hu- bo un número mucho mayor de Talayots, de suerte que formarían una verdadera población. Por último, la investigación lingüística, muy descuidada, puede dar más luz de la que se cree, pues en las palabras Talayot y Mapale, si no se esconde el pueblo constructor de tales monumentos, se en- cierra el pueblo que les dio nombre. Talayot se dice que viene del árabe talat, de donde salió la pala- bra castellana «atalaya»; pero Talal, dice el canónigo Spano, y por lo tanto Caragol * Binujuorda ¡i Son Camps >n Olmas A » Jo% BilL>qtigt í". JieHrívruí • JliruaUin • .Twrmadtíi • Jvnttre¿Unas lüjalt Sania Crm^L JjfdAYOÑ ., $fè**^^nuAcmos *•"Jbrre Trena SuUniil ¿¿alafii SótUKock J •¿¿rrasdtü Morlant ••UCci!#9'r -^tTilnUde dalt,. ^pAH CniSTÓBAl • Jorraubtt / • 70«U¿ . ,(± • Jarre Paixina Jjvujnuda di, • Bélíathentura 'fiínuahUi, SenMttar. ''.iHranat -'JiiaUoJnll¿U ¿alt • ¡auUm vella Saní Juan's %J.Uài aú Po¡ %Jorrauhet ^Jarrauia i Sftinujótu vil Tornedii- • Jàrrauitn veW D• * ^+SnUo Tomas .¿Bspiadria * • Cuauw •BuiuafuHtt Son, ¿aliar "Son Alúna Jorre dtl YaJl ••,<_ M ii Son Tari Los datos que sobre antigüedades contiene este mapa EXPLICACIÓN DE LOS SI han sido tomados de L·s obras de D.Juan Ramís.decymn' Tcúayot tes comunicados por D. Juan Tons y Soler y otraspersonas y de Altar olservaaoms y aludios propios hechos en distintos ocasiones. Cromlech. JfaJwn iJdeJuaw de 1876 Construcción ¿n forma, de rume- Habitación- mnaaUticsL. Cueva, arüfi-dal. -División- de- términos municipales (."•>(&?*,AKCIM.JÍ. ÍNDICE. — *~^i56it-—* DEDICATORIA de D. Juan Martorell y Peña á su hermano Fran- cisco AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE BARCELONA. E x t r a c t o de la sesión pública ordinaria celebrada p o r el Ayuntamiento de esta Ciudad, el dia 22 de Noviembre de 1878. . . ASSOCIACIÓ CATALANA D' EXCURSIONS. Necrología de D. Fran- cisco Martorell y Peña, llegida en la vetllada literaria dedicada als catalans il-lustres morts durant 1' any 1878, per E n Artur Bofill ATENEO BARCELONÉS.—Velada artístico-literaria dedicada por dicho Centro á la memoria del que fué uno de sus so- cios, D. Francisco Martorell y Peña, y celebrada el sábado 22 Marzo de 1879 Biografía de D. Francisco Martorell y Peña, por D. Salva- dor Sanpere y Miquel De la importancia de los Archivos, Bibliotecas y Museos en Cataluña, por D. Antonio Aulestia y Pijoan A la memoria del bon ciutadà En Francisco Martorell y Peña.— Sonet por D. J. Riera y Bertran . . ._ . . A la bona memoria de En Francisco Martorell y Peña.— Poesía.—Por D. Ángel Guimerà A ¡a Geologia.—Oda.—Dedicada al distinguido patricio Don Francisco Martorell y Peña, por D. Melchor de Palau.. 5g COLECCIONES 67 APUNTES ARQUEOLÓGICOS DE D. FRANCISCO MARTORELL Y PEÑA. MONUMENTOS MEGALITICOS 87 ACRÓPOLIS Y RECINTOS FORTIFICADOS 101 SEPULTURAS OLERDULANAS 12'j TEATRO DE ALCUDIA 161 NüRAGHES DE LA ISLA DE C E R D E N A Y TALAYOTS DE LAS ISLAS BALEARES.—Introducción i65 Isla de Cerdeña.—Los Nuraghes 181 Islas Baleares.—Talayots, Navetas, Altares, etc 195 ., ife