ARQtlTECTLKA. 125 das durante la guerra entre Tebasy Esparta, estuvieron flan- queadas de distancia en distancia por torres cuadrangulares y semicirculares terminando en almenas de género especial. Ta- les torres se comunicaron entre sí por galerías interiores, y dos de ellas flanqueaban las puertas. Los recintos de murallas fue- ron algunas veces dobles y estuvieron rodeados de fosos. Vías pïil·licas. Nada se sabe acerca de si los griegos dieron ó no importancia á las vías públicas de" comunicación entre las distintas poblaciones ó comarcas; pues todo lo que en Grecia se encuentra pertenece á la época romana. Sin embargo, las vías interiores de las ciudades importantes, fueron empedradas con grandes adoquines ya oblongos, ya poligonales: consérvanse en la Hellada fragmentos considerables de esta clase de empe- drado. K,OMAlSrA. , Magniñcencia y suntuosidad, tendencia á la combinación científicamente pensada de los materiales, precisión matemáti- ca de las formas, minuciosidad de detalles y profusión de ador- nos; he aquí los caracteres generales de la arquitectura ro- mana. La magnificencia y la suntuosidad son caracteres que estu- vieron en perfecta conformidad con la aspiración del pueblo ro- mano á ser señor de todo el mundo conocido. Sin embargo, tales caracteres, aunque efectivamente convienen á la belleza^ no son sus elementos esenciales. Por esto indudablemente las construcciones romanas más admiran que agradan. Los romanos adoptaron la decoración griega, pero prefirieron dar importancia á aquellos miembros cuya solidez depende de cálculos científicos de fuerzas y resistencias; dejando los que tienen ya esta solidez en la construcción más natural, que es la simple presión vertical, relegados à simples objetos de adorno. 126 LAS BELLAS ARTES. Con efecto, emplearon el arco de medio punto abierto en el muro con dovelas, que hubieron de tomar de los etruscos; lo cual in- dica un estudio especial de las leyes de Estática y de sus deri- vaciones, y un modo especial de construcción elevado á sistema; tanto más cuanto que del uso del arco , de su multiplicación y combinaciones, hubieron de nacer las bóvedas. La continuación del arco semicircular sobre la prolongación de su centro hubo de darles la bóveda de medio cañón; y la revolución del mismo arco sobre el eje vertical hubo de producir la bóveda hemiesférica (Tholus). El primer ejemplo de bóveda de medio cañón que existe es la cloaca máxima que sirvió para desagüe del foro, de Roma; y esta construcción es casi contemporánea de los muros de Signia: el primer ejemplo de bóveda hemiesférica que se co- noce, data de la época de Augusto: es el Panteón de Agripa, yerno de este emperador. Acostumbrados los romanos á este sis- tema de construcción no pudieron desprenderse de él aun cuan- do .conocieron y usaron la decoración griega; y en determinados casos la emplearon como elemento de exornación de su sis- tema arquitectónico, ya adosando, ya em- bebiendo la columna con el cornisamento en el muro que tuvo abierto el arco como accesorio de este va- no. Ejemplo de esta combinación son to- dos los monumentos de invención roma- na, como los arcos de triunfo. Al propio Fig. 59. Decoración restaurada del Teatro de Marcelo en Roma. tiempo pues que em- ARQUITECTURA. 127 picaron la decoración griega pura, la amalgamaron con el sis- lema de construcción que habían tomado de los etruscos, dán- dole carta de naturaleza. Pero no se hizo esta amalgama con aplauso de los romanos discípulos inmediatos de las escuelas griegas, pues Vitrubio, arquitecto de la época de Augusto, se lamenta de ello como de una mezcolanza de formas eterogéneas. No puede decirse si las quejas de los inteligentes ó el mayor estudio de ambos sistemas pudo preparar un nuevo orden de cosas respecto de la decoración arquitectónica; pero es lo cierto, que en los últimos tiempos del arte romano, en la época deDio- cleciano, se hacia estribar ya el arco inmediatamente sobre el abaco de la columna, quedando de este modo reintegrado este miembro especial y exclusivo de sostenimiento, en sus derechos. Por otra parte no debe desconocerse que esta reforma tenia por antecedente la práctica de hacer estribar una serie de arcos en sendos macizos, constituyéndose de este modo el pilar, miembro arquitectónico poco usado en la época griega, y que si bien no debe considerarse como origen de la columna, pudo dar la idea de la posibilidad de ser esta empleada para el mismo objeto como medio mínimo de sostenimiento: ejemplo de ello son los Acue- ductos. Hemos dicho que otro de los caracteres generales de la arqui- tectura romana fué la precisión matemática de las formas; de aquí los vanos semicirculares, la simetría y la euritmia exactamente observadas, la marcada tendencia á la igualación de los ángulos de los frontones, y el contorno circular de las molduras. Tal re- gularidad hubo de darla el uso excesivo del compás, cuyos re- sultados son exactos y fijos, de modo que todas las molduras curvilíneas fueron circulares. Estas formas dieron á la arquitec- tura cierta monotonía y uniformidad; caracteres que estuvieron muy en armonía con el positivismo de aquella época, é indican cuanto habia perdido la imaginación humana en actividad, ya que no se atrevía á entregarse al libre trazo. Que en la decoración arquitectónica fueron los romanos mi- 128 LAS BELLAS ARTES. nuciosos basta la nimiedad y pródigos hasta la profusión, apa- rece en todos los monumentos que aquella edad nos ha legado. No bastaron los antemas de hojas de acanto, de olivo y de planta acuática para adornar las distintas partes de un edificio, sino que combinando ñtarias y zodarias, llenaron profusamente todos los espacios, y accidentaron miembros hasta innecesariamente. La multiplicación de distintos altos en los monumentos introdu- jo ó generalizó la superposición de distintos estilos de la decora- ción, como puede verse en el coliseo ó anfiteatro Flavio. Déjase entender que colocaron los estilos por orden de mayor ó menor robustez desde los cuerpos inferiores á los superiores: así colo- caron el estilo dórico debajo del jónico y este debajo del corin- tio. El gusto pbr la minuciosidad de detalles hubo de dar origen , ^ ^, á los pedestales [stilohato) hijos del basa- mento continuo (stereoialo) ó desgaje de este. Los pedestales tuvieron por objeto el mayor número y la mayor variedad de lineas y el mayor efecto pintoresco Fig. 60. Estilóbato de un del monumento: v cuando no sirvieron templo de Tívoli. para dar mayor elevación á las columnas, sostuvieron vasos, trofeos y estatuas. Indudablemente los zóca- los cúbicos ó casi cíibicos, cuales se ven en el pequeño templo de Tívoli, obra de los últimos años de la República, hubieron de preceder á los pedestales. Los romanos al adoptar la civilización griega, hubieron de sentir necesidades análogas á las que los griegos pudieron sen- tir: la arquitectura romana por tanto hubo de responder á tales necesidades. 'EApói'lico fué pues una de las disposiciones funda- mentales del edificio monumental: así los templos, las plazas y todas las construcciones que debieron responder á necesida- des públicas, tuvieron columnatas , sosteniendo cornisamen- tos, ya con el carácter que los dorios dieron á la arquitectura. •» ARQUITECTURA. 129 ya con el de los jonios, ya con el que adoptóla Grecia en los úl- timos tiempos de su civilización. Pero al adoptar estas distintas fases de Ja arquitectura griega, el genio romano hubo de alterar aquellos caracteres, armonizando las formas con el modo parti- cular de sentir y de apreciar las cosas. Las alteraciones que la arquitectura griega sufrió entre los romanos, se echan de ver no solo en los monumentos que fueron de invención romana, como los arcos de triunfo, sino también en aquellos en que no se pu- do menos de conservar la disposición griega, como los templos. La decoración dórica fué poco á poco abandonada por los ro- manos, no quedando más que algunas muestras que atestiguan su uso: el tipo más bello de semejante estilo usado por los ro- manos es el teatro de Marcelo; siendo el que más se aproxima á las reglas dictadas por Vitrubio. Quizá hallaron el dórico de- masiado simple y severo y poco conveniente á la fastosidad á que aspiraban; así es que sensiblemente fueron modificándole, ^dando mayor esbeltez á la columna; aplicándole base, que mu- chas veces llegó á ser la ática; reduciendo el vuelo del capitel hasta no dar al cuarto bocel más que el cuadrante de la circun- ferencia; accidentando muchas veces el abaco; y por último ha- ciendo menos sólido é imponente el cornisamento con aumentar su accidentacion; emplear mutulos ó dentículos indistinta- mente ó ambos miembros á la vez, debajo de la cornisa. Una cir- cunstancia especial distinguió el entablamento dórico griego^ del romano: los romanos colocaron siempre el triglifo del extremo del edificio, á plomo del centro de la columna, con lo que al paso que igualaron los intercolumnios angulares á los demás, dejaron los ángulos del friso con dos partes de métopa, asi como los griegos figuraron los dos triglifos. En la decoración jónica no usaron los romanos de menor nú- mero de licencias; pero casi siempre en perjuicio de la elegan- cia. Unas veces no estriaron los fustes, casi nunca separaron del capitel el astrágalo, dejándole á aquel sumamente raquítico con la supresión del friso que en él figuraron los griegos; los A-9 130 LAS BELLAS ARTES. miembros secundarios presentáronse más ó menos adulterados, y el carácter ático desapareció del conjunto por completo. La decoración corintia fué la que llamó más la atención en la época romana. Apenas liabia visto la luz en Grecia cuando el centro político é intelectual del mundo conocido entonces se fijó en Roma , desarrollándose demasiado libremente en la civi- lización de la sociedad romana cuando el lujo adulteró lo artís- tico para sustituirle por lo faustoso. Las estrias fueron á veces sustituidas por imbricaciones; este mismo adorno y otros análo- gos fueron esculpidos en los toros; las antas lomaron los capiteles de las columnas; y los resaltos del arquitrabe se suavizaron por medio de junquillos ó contarlos de distintos géneros. En una palabra, el estito corintio por la riqueza de que fué susceptible se acomodó perfectamente con el carácter romano, y hasta que- remos reconocer el derecho en que el arte romano estuvo de enriquecerle, Pero de este derecho se abusó, y de este abuso nació el estilo que los arquitectos preceptistas del siglo XYl llamaron orden com/juesfo. Están de acuerdo los artistas arqueólogos en negar la exis- tencia de un estilo romano que constituya un sistema espe- cial de decoración arquitectónica; porque en resumen, todo queda reducido á haberse sobrepuesto una variante del capitel jónico en los dos tercios inferiores del corintio ; pues en cuanto á lo demás , todos los miembros tienen el carácter del estilo co- rintio, enriquecido con más ó menos gusto. Pero si el capitel dispuesto en la conformidad indicada puede considerarse des- provisto de unidad , quizá la base merezca más indulgencia por que no deja de ser razonada la mayor riqueza con que se pre- senta la base ática, cuya escocia queda interrumpida por un as- trágalo más ó menos sencillo. Dedúcese de lo que acaba de decirse , que los estilos griegos se acomodaron tanto más al carácter romano cuanto mayor ri- queza ostentaron, y que el capitel llamado compuesto no es más que una variante del corintio. ARQUITECTURA. 131 MATERIALES. NO es posible prescindir de dar razón de los materiales de que los romanos echaron mano, y del modo que los emplearon, por la influencia que aquellos y este pudieron te- ner en el carácter artístico de los monumentos arquitectónicos. Emplearon la madera y el bronce para los mismos objetos y con la misma oportunidad que lo habían hecho los griegos. No es posible desconocer que, siendo tan vasto el territorio en que Roma dominó desde los iiltimos tiempos de la república, y tan distintas las circunstancias geológicas de las varias comar- cas que comprendió, los arquitectos hubieron de acomodarse á las circunstancias de cada localidad , empleando los materiales que esta les proporcionaba, y del modo que se los proporciona- ba. Sin embargo, ejemplos podrían citarse de haberse transporta- do mármoles desde uno á otro país. La mayor parte de edificios construidos en Roma hasta el es- tablecimiento del imperio, fueron construidos con piedras saca- das de las canteras inmediatas á la ciudad. Asegurada la con- quista de Grecia, fué más vivo el gusto por los mármoles, y entonces fueron importadas á Italia desde la Hellada, Asia menor y Egipto , piedras de todas clases y de todos colores. Más adelante se explotaron muchas canteras de mármol en la misma península itálica; pero mientras tales canteras no fueron des- cubiertas fué tal la afluencia de mármoles procedentes de los países con los cuales Roma tuvo relaciones de comercio, que se cargó un impuesto por la introducción de semejante artículo (ley Julia); si bien semejante prescripción cnyó en desuso. Como las construcciones con sillares de mármol eran suma- mente dispendiosas, un caballero romano llamado Murmura (¿sig. I de J. C?) ideó un medio para obtener tablas de mármol, y de cubrir con ellas las paredes; y esta medida económica [crustee) fué generalmente adoptada. Los romanos emplearon también el ladrillo (laferes) y la te- ja {la-gula). Los ladrillos llamados tessera fueron de distintas formas, ya cuadrados ya exagonales; los llamados latéradi tu- 132 LAS BELLAS ARTES. vieron distintas dimensiones, midiendo los regulares un pié de longitud por medio de anchura: los liubo también triangulares; y con ellos se cubriéronlos paramentos de los muros de casquijo ó de ripio. Las tejas fueron de dos formas, tales como las grie- gas: plana y rebordada la lomada {tegula propia), y curvilínea la ensillada (imbrex).—Todos estos materiales de barro cocido merecieron mucha atención del gobierno de Roma, *el cual veló siempre por la buena fabricación: no siendo extraño encontrar en estos materiales las iniciales del fabricante, su marca ó sello particular, cuando no el nombre de un cónsul, ó el número de alguna legión. Varios fueron los modos de construcción que los arquitectos romanos idearon; y de ellos dependió el buen aspecto del monu- mento. El opus inccrtum fué el empleo del mampuesto sin sugecion á hiladas y sin más orden que su perfecto ajuste del paramen- to exterior, de manera que todas las Cedras estuviesen en con- tacto por todos sus lados y ángulos. La parte interior componía- se de guijarros y piedras más pequeñas engastadas en el mortero. Algunas veces el ángulo del muro fué construido con sillares ó con ladrillos. Esta disposición guarda analogía con el amplec- ton griego. El ojnis quadratuní fué la obra llamada en la actualidad de sillería. Han querido calificar de etrusco semejante modo de construcción, sin duda porque fué empleado en Roma desde la época de los reyes; pero no cabe duda qne ha sido empleado en todos tiempos y por todos los pueblos civilizados de la antigüe- dad; sin haber motivo para atribuir á los etruscos su invención. —Este modo de construcción admitió tres clases de aparej'o, á saber: el grande^ el medio y el pequeTio: el primero ofreció silla- res desde cincuenta centímetros a u n metro cincuenta cents, de longitud: el pequeño no pasó de cinco á quince centímetros; y el medio, que osciló entre el pequeño y el grande. El labrado de los sillares fué tan perfecto que aun en el dia el grande aparejo ARQUITECTURA. 133 apenas deja ver las junturas, apesar de las injurias de los tiem- pos ; siendo de advertir que generalmente no emplearon en su unión argamasa alguna; lo que no hicieron en el medio y el pequeño aparejo, cuyos sillares estuvieron unidos con lechos de argamasa bastante espesa. Es de notar igualmente, que el pe- queño aparejo tiene algunas veces hiladas de ladrillos á manera de verdugado, lo que al paso que sirvió para mantener el nivel de los sillares de revestimiento, fué un elemento de adorno: otras veces se presenta cuadrado; y otras colocado sobre su la.- do menor. El ophs reticulahim, es el dichtioteton griego: formáronle con piedras de unos diez centímetros cuadrados, de manera que los tendeles estuviesen en sentido diagonal, cruzándose mutuamen- te; construcción que hubo de dar al muro el aspecto de un ta- blero de ajedrez. Vitrubio asegura que esta construcción fué la más Usada en su tiempo. El opus spicatum, fué una construcion de ladrillos combina- dos por los ángulos, lo que venia á producir el efecto de las espi- gas del trigo, de cuya circunstancia hubo de tomar el nombre. Es construcción que en los últimos tiempos de la arquitectura ro- mana se combinó en fajas con otro de los géneros de que se ha hecho mención. Usóse también en los pavimentos. Apesar de la importancia que los romanos dieron á la obra de sillería, tanto en el pequeño aparejo como en el reticulado, la obra de ladrillo formó muchas veces los ángulos así como la ba- se de la construcción. Por otra parte, muchos arcos tuvieron la arquivolta de ladrillo; y con ladrillos fueron construidos muchos arcos de descarga. Revoques. Tuvieron entre los romanos bastante importancia artística no solo por su buen efecto, sino por ser susceptibles de exornación. Los prepararon con gran cuidado ; siendo notables el ojms marmorahim, y el álbum ó albarium. El primero equi- vale á nuestro estuco, y pudo adornarse con pinturas; siendo tal su consistencia que se ha podido aserrar en pedazos para ser 134 LAS BELLAS ARTES. trasladados á los museos por contener representaciones de algun interés: las ruinas de Pompeya y de Herculanum ban ofrecido muestras de esta clase de obras artísticas en perfecto estado de conservación. El segundo bubo de ser un revoque muy fino, según unos, {¿escayolad) ó una simple capa fina de blanco en la cual se podia escribir: sobre ello hay diversidad de pareceres. El sif/ninum opus así como el betún llamado maltha son ma- teriales cuya composición interesa más á la Industria que al Arte. Pavimentos. Empleáronse en ellos varios métodos. Cubríase el suelo de una masa como de estuco fino, en la cual se incrus- taban pedacitos de mármol, de ladrillo y aun de vidrio; lo cual producía el efecto del granito. Emplearon también los ladrillos de barro cocido ó de mármol de distintos colores, perfectamente combinados formando variados dibujos; particularmente en la época de Nerón en la cual principióse á colorir el mármol. Pero el pavimento más notable fué uno que sirvió muy especialmen- te para los interiores: tal fué el ojnis musiviirn, musaicum ó momicum el cual fué una pintura por yuxtaposición de peque- ños trozos de mármol, ladrilló ó vidrios de colores, engastados en una capa de cimiento. Por este procedimiento fueron repre- sentados antemas de todo género y cuadros históricos y mitoló- gicos. No sirvió únicamente para pavimentos, pues se empleó en la exornación de las paredes. El mosaico más antiguo de origen romano parece fué el que Sila mandó ejecutar para el templo de la Fortuna en Prenesto. Los romanos perfeccionaron este trabajo de modo que pudieron echar mano de materiales desconocidos en la época del arte griego; habiéndose hecho tan común su uso que hasta se trabajaron mosaicos portátiles: César los llevó en sus campañas para formar el suelo de algu- nas tiendas de campaña. La etimología de la palabra mosaico nos es desconocida. El trabajo hubo de nacer en oriente; pero la denominación parece deriva de Musa porque quizá se empleó por primera vez en ARQUITECTURA. 135 algun templo de las Musas; siendo Muller de opinión que fué el Museo el sitio en que por primera vez fué empleado este género de trabajo. Por otra parte el 02nt.s wmsivum parece exigir la denominación musaico y no mosaico como comunmente se dice. MONUMENTOS EXIGIDOS POR LA CIVILIZACIÓN ROMANA. Al ocuparnos de ellos debemos atenernos lo misnK) al monu- mento expresivo del carácter general de la civilización que al que solo fué la expresión del individuo en particular; lo mismo al monumento referente á la vida pública, que al que se rela- cionó con la vida privada del ciudadano romano; y lo mismo deberán ocuparnos aquellas construcciones en que el senti- miento artístico estuvo supeditado por el de utilidad material, que aquellas en que esta utilidad supeditó aquel sentimiento; teniendo en cuenta el principio de que, cuanta mayor fuere la preponderancia de la utilidad moral sobre la material, con mayor fuerza y vigor se hallará el sentimiento artístico; y vice-versa, cuanta mayor fuere la preponderancia de la utilidad material sobre la moral, mayor aparecerá la tendencia hacia los goces físicos. VÍAS PÚBLICAS. Ninguna nación entre las antiguas aventajó á los romanos en cuanto estuvo relacionado con obras de utili- dad pública material. Dieron á tales obras tal carácter de gran- deza y de solidez, que llegaron á afectar al sentimiento y á exci- tar el gusto artístico más exquisito. Dionisio de Halicarnaso y Strabon hacen notar con bastante fundamento que los caminos públicos, los acueductos y las cloacas fueron construcciones completamente descuidadas por los griegos. Al contrario los ro- manos, los cuales no se arredraron delante de obstáculo ni de fa- tiga alguna; y lo mismo aplicaron las fuerzas vitales de la nación á desecar pantanos, que á cortar montañas, y aplanar colinas, levantar valles y echar puentes sobre los ríos. 13G LAS BELLAS ARTES. Todas Jas vías públicas son prodigiosas por su extensión y solidez: y desde el uno al otro extremo de tan vastos dominios, corrieron veinte y cinco grandes caminos de 1500 á 1600 leguas de extensión. Desde los tiempos de César, Italia se vio cruzada por caminos en todas direcciones; y al reinado de Octavio Au- gusto pertenecen los construidos en las provincias del imperio, habiéndose empleado en la construcción cuantiosas sumas. El camino más antiguo de construcción romana data del siglo iv ant. J. C ; fué mandado construir por Apio Claudio; exten- diéndose desde la puerta Capena hasta Capua: de aquel magis- trado tomó el nombre el camino, como de esta ciudad habia to- mado el suyo la puerta. A lo largo de estas grandes vías se edificaron casas de posta; y de trecho en trecho hubo poyos para montará caballo, puesto que hasta fines del siglo iv de J. C. no se conocieron los estri- bos. De distancia en distancia erigiéronse piedras labradas, con una sucinta inscripción expresiva de las millas recorridas ó que quedaban por recorrer á partir desde la Gran Meta mandada fijar por Augusto en el foro delante del templo de Saturno. Lle- varon tales piedras el nombre de miliarias; fueron cilindricas y tuvieron de 5 á 8 pies de altura, estribando en un plinto cú- bico: la inscripción daba razón además del nombre del Cónsul ó Emperador que habia mandado construir ó reparar el camino. El uso de estas columnas viiliaiias data del siglo ii ant. J. C. en tiempo del tribuno Cayo-Graco. , Los caminos públicos, en las inmediaciones de las grandes ciudades, fueron adornados unas veces con arcos de triunfo y quintas, otras con sepulcros suntuosos; contribuyendo á hacer más pintoresco el país y más llevaderas las fatigas de los viajes. Los materiales y los procedimientos empleados en la construc- ción de tales vías están indicados por Vitrubio; pero aquel texto debe considerarse más bien como un precepto, que como datos para investigaciones arqueológicas. El camino público constó de tres parles, á saber: la calzada {ag(jer) y las dos aceras {crepidi- ARQUITECTURA. 137 nes). Las aceras tuvieron mayor elevación que la calzada, así como esta fué formada por grandes pedrejones bien ajustados; siendo fácil conocer en el día una vía romana por este modo particular de construcción. Varia fué la categoría de las vías públicas romanas, según el objeto que al ser abiertas se tuvo: así hubo vías consulares^ 2)r(EtoTÍas, militares, regias, vecinales, acjrarice j privai/B. PUENTES. Si bien aparece en ellos la pericia para resistir el empuje de las aguas, esto es, la utilidad práctica, sin embargo, hállase en los puentes romanos un elemento independiente que les da sabor artístico. Al propio tiempo hállanse anexos algunas veces á tales construcciones, monumentos de no poca importan- cia artística que completa esta circunstancia, tales como esta- tuas, arcos de triunfo, etc. etc. Los primeros puentes que los romanos construyeron fueron de madera: datan de la época de los reyes. César nos ha legado en la narración de sus campañas en la Galia la descripción del puente de madera que mandó echar sobre el Rhin. Aun en tiempo de Trajano se empleó la madera para esta clase de cons- trucciones; y de este material fué el anden del puente que mandó echar sobre el Danubio, si bien las pilas fueron de piedra. Es notable el puente de piedra de Adriano sobre el Tiber, que conducía al gran monumento sepulcral del mismo emperador, hoy castillo de Sant-Angelo, estuvo flanqueado por pedestales llevando sendas estatuas: tiene tres ojos grandes entre dos me- nores. El de Alcántara, que pertenece á la época de Trajano, habiendo sido terminado en 105 de J. C. según la inscripción que lleva; tiene unos cien metros de largo, y se eleva unos trein- ta sobre la superficie de las aguas del Tajo, sobrellevando en el centro un arco de triunfo. FOROS. El foro de los romanos fué una imitación de la ago- ra griega. En Roma como en Grecia estos sitios fueron á la vez plaza de mercado y puntos de reunión de las asambleas popula- res, sirviendo además para ejercicios gimnásticos, juegos escé- 138 LAS BELLAS ARTES. nicos y de todo otro género, pudiendo reunirse multitud de es- pectadores debajo de aquellos pórticos. Pero luego que se cons- truyeron palestras, y estadios, teatros é hipódromos, quedó el foro con sus dosobjetos principales á saber: el mercado y las asam- bleas públicas. Esto no obsta que poblaciones de grande impor- tancia llegasen á tener con el tiempo, cuando menos dos foros, uno civil y judicial que sirvió para las asambleas públicas y actos judiciales (el Pnix griego), y otro venal ó nundinario. Y deci- mos cuando menos, porque las poblaciones muy populosas lle- garon á tener un nundinario para cada mercadería: así es que Roma tuvo el forum])istorium, elioarium, el argentarium, des- tinados para la venta de granos, legumbre y caldos, ganado, ob- jetos de lujo, etc. Déjase entender que los foros venales hubieron de tener una decoración mucho más sencilla que los foros civiles y judicia- les ; no consistiendo aquellos casi más que en un recinto rodeado de pórticos con tiendas y almacenes; así como los segundos fue- ron enriquecidos con todas las maravillas del arte, rodeándolos suntuosos edificios, tales como el templo de la divinidad pro- tectora del foro, el erario, la curia, la basílica, la cárcel, arcos de triunfo, estatuas etc., etc. Sin embargo, no puede indicarse regla general para la disposición ni decoración de los loros. El solo ejemplo de un foro civil romano que ha llegado hasta nosotros es el de Pompeya: y merece ser descrito á ñn de que podamos formarnos una idea de lo que pudieron ser esta clase de sitios públicos, nunca para tener un tipo á que hubieron de su- getarse los constructores romanos. Al norte levantóse el templo de Júpiter: á cada lado hubo un arco de triunfo: los tres costados restantes del foro tuvieron un pórtico en el plan terreno, y otro encima de este. La decoración del pórtico inferior fué de estilo dórico, la del superior hubo de ser de estilo jónico, á juzgar por los trozos de columna y capite- les ú medio entallar que se han encontrado en el suelo; lo que puede probar que el monumento estaba en vías de construcción ARQUITECTURA. 139 cuando sucedió la catástrofe que dejó enterrada la ciudad en la lava del Vesubio. Estos pórticos estribaron sobre dos gradas, y el piso del centro del foro estuvo empedrado con gran- Fig. 61. Foro de Pompeya, restaurado. des adoquines de forma regular; viéndose diseminados por aquel espacio varios pedestales revestidos de mármol que sin duda hubieron de sostener sendas estatuas. Se han encontrado escale- ras, aunque bastante estrechas, que conducen á los pórticos su- periores; con la particularidad de que ninguna de ellas, excep- tuada una, tiene la entrada dentro del recinto del foro; circuns- tancia que induce á creer que estas galerías estuvieron reser- vadas en determinadas ocasiones para'cierta clase de gentes de distinción: de otra manera las escaleras hubieran sido más espaciosas.—En aquel recinto hay otros monumentos colo- cados sin euritmia alguna, tales como la Escuela pública, un edificio dedicado por Eumachía, sacerdotisa, á la Concordia y á la Piedad públicas; la Curia, la Cárcel, un Poecile, el Contraste público, la Basílica, y un Cuartel. Parece que el templo de Jú- piter sirvió de Curia y de Erario público; y esta opinión está fundada en la disposición del edificio, pues en el fondo del mo- numento se encuentran tres departamentos abovedados parale- 140 LAS BELLAS ARTES. los entre sí; al paso que la gradinata que forma el estilóbato del edificio está dividida ó interrumpida en la parte inferior por una plataforma que debió de servir de tribuna para las arengas, como aquellos departamentos para archivos y tesoros. PUERTOS. Las naves romanas antes del imperio, para po- nerse á cubierto de los vientos, fondearon en golfos naturales de pequeña extensión. Prescindiendo de la configuración que los imperiales dieron á los puertos, por ser cuestión de Ciencia más que de Arte, el aspecto de los muelles y de las construccio- nes que en ellos levantaron tuvo algo de monumental. Tales muelles presentaron un macizo de mampostería (opera struc- turm) ó una serie de arcos algo rebajados (opera pilarwm) ofre- ciendo el aspecto de un puente. En la parte superior extendía- se una vasta plataforma sobre la cual se erigían monumentos honoríficos. En el centro de la boca del puerto construíase un islote donde se colocaba el faro, dejando paso á uno y á otro lado para las naves : parece haber servido de tipo para las cons- trucciones de esta clase el faro de Alejandría. Cerraron los puertos con cadenas que pasaban desde el uno al otro muelle. El puerto más considerable que los romanos construyeron fué el de Ostia en la embocadura del Tíber. Fué obra del empe- rador Claudio : estuvo adornado con vastas construcciones te- niendo inmediato el Emporkim, especie de foro nundinario para la venta por mayor de los géneros, frutos y efectos desem- barcados. El puerto de AíPiium fué obra de Nerón; el de Civita- vecchia, de Trajano; y ambos siguieron un estilo análogo al de Ostia. MONUMENTOS MILITARES. Las murallas, es decir, el recinto murallado no debió formar ángulos pronunciados; y á esta idea hubieron de responder los textos de Vitrubio y de Vegecio cuando dicen , el primero, que han de afectar la forma circular, y el segundo, la poligonal; pero ambos autores están contextos en que los recintos de murallas ARQUITECTURA. 141 no debieron afectar jamás ángulos agudos por estar dema- siado sugetos á la acción de las máquinas de guerra. Estas mu- rallas por lo regular estuvieron coronadas de morlones ó alme- nillas para cubrir el cuerpo á los defensores: rodeólas un foso y una esplanada (jmnoerium) exteriormente, y otra esplanada en lo interior: estuvieron flanqueadas por torres situadas á tiro de saeta la una de la otra, ya circulares ya poligonales y pocas veces cuadradas, con el objeto de tener defendido el pié. Las torres cuadradas cuasi siempre se construyeron con el aparejo pequeño, y probablemente son de época muy adelantada. Los campamentos (castra) no pertenecerían á la historia del arle monumental si en su construcción no hubiese algo de ar- tístico. Los hubo movibles y fijos: los primeros se levantaron según la mayor ó menor proximidad del enemigo lo aconseja- ba : los segundos sirvieron de cuarteles de invierno á las tropas ocupadas en la conquista de distintos países, habiendo dado origen á muchas poblaciones. En Francia es donde mayor nú- mero de poblaciones de tal origen se encuentran; pero no todas deben atribuirse á César como vulgarmente se hace. Por lo demás, conviene estar enterado dolarle estratégico de los roma- nos, y el objeto de los distintos cuerpos de tropas de que consta- ron sus ejércitos, para conocer la utilidad y conveniencia en la disposición de los campamentos. CISTERNAS. La falta de manantiales pudo sugerir la idea de estas construcciones para guardar las aguas llovedizas; pero la abundancia de ellos pudo sugerir la de utilizarse de este medio para purificarlas y emplearlas para distintos usos. Así como esta clase de depósitos pudieron ser particulares , pudo el go- bierno de Roma atender á las necesidades públicas de igual gé- nero, y entonces la construcción hubo de lomar ya un carácter monumental. Prueba de ello son el número de cisternas que se encuentran en algunos de los países dominados por Roma, como España y alguna otra comarca meridional del imperio. Es nota- ble la de Constantinopla, la cual debe considerarse como mués- 142 LAS BELLAS AKTES. tra la más reciente de esta clase de construcciones romanas , que los neogriegos hubieron de imitar: la cisterna de Constan- tinopla es obra del bajo imperio. NINFEOS. Son grutas en donde manaron aguas potables. Los griegos las hablan decorado con pórticos y estatuas ; sin embar- go, ningún resto nos queda de un monumento griego de esta clase. Los romanos hubieron de imitar el ejemplo de los griegos, y pusieron asientos á su rededor para que las gentes pudiesen gozar de lo delicioso de aquellos sitios, en los cuales no desple- garon menos suntuosidad que en otros monumentos. En Roma y en sus alrededores hubo muchos ninfeos, llamados así porque se consagraron á las ninfas; y de sitios de recreo inocente , pa- saron á ser con la relajación de costumbres, sitios de disolu- ción y de cràpula. ACUEDUCTOS. Estas construcciones son verdaderamente mo- numentales , sorprendiendo por su grandiosidad; por lo que han merecido la admiración de las generaciones que han suce- dido á los romanos. Quizá sean una prueba del atraso en que á la sazón estaban las ciencias físicas acerca del nivel de las aguas; pero no puede negarse que son modelos de construc- ción. Los acueductos fueron de dos clases, subterráneos ó sobre el suelo: los primeros fueron canales cubiertos con bóveda : los se gundos sirvieron de enlace á los subterráneos, atravesando valles á desmedida altura muchas veces, por lo que llegaron á tener más de dos órdenes de arcos. La forma piramidal que dieron á los pilares que sostuvieron estas series de arcadas dieron al monu- mento extraordinaria elegancia. Durante la época de la República construyéronse de sillería; durante el imperio empleóse también en estas construcciones el ladrillo. Podríamos citar muchísimas de ellas, existentes cerca de grandes poblaciones de origen romano ; pero bastará con citar el acueducto de Tarragona {pont ih las Ferreras), y el célebre ARQUITECTURA. 143 de Segòvia, maravilloso por su extraordinaria elevación , pues mide 102 pies, y por haber desafiado las injurias de los tiem- pos, á pesar de estar sus sillares sentados á hueso, y de las mu- • Fig. 62. Acueducto romano (Segòvia). chas construcciones que han venido, por decirlo asi, á apoyarse en aquellos estribos. HABITACIONES PARTICULARES. Debe distinguirse domus, de villa: la primera era la habitación dentro de una población ; la segunda, era la quinta ó casa de campo. Domus. Sobre su disposición y formas no es posible estable- cer reglas : sin embargo existen generalidades que pueden de- 144 LAS BELLAS ARTES. terminarse perfectamente; siendo de advertir que cuanto se diga acerca de las habitaciones de la gente acomodada no puede referirse á época anterior á la dictadura de Silla. Desde luego puede decirse que las dos partes más caracterís- ticas de iina casa romana (doniMs), aquellas que constituyeron la fisonomía interior del edificio y que se encuentran en toda habitación de alguna importancia, siendo su situación constan- temente la misma, fueron: el atrio y e\2)eristilo, cuyas partes se comunicaban por el tablinum ó por corredores, {/atices) ó por ambos medios á la vez; así como al airio se entraba por el •prótiro, que. fué digámoslo así, el vestíbulo de la casa cuya puerta salia á la calle. El atrio fué una pieza rectangular cuyo techo tuvo una aber- ARQUITECTURA. 145 tura en el centro (compluvium) por donde recibía la luz, cuyas vertientes caian en un recipiente. Llamóse cavcedüim,àe cavum (edñim, esto es, parte vacía ó sin edificar. Tomó distintas formas y distintos nombres según este techo fué ó no sostenido por co- lumnas, según estas fueron en mayor ó menor número, ó la decoración tuvo uno ú otro estilo : así hubo el tmcanicum que tuvo el cavoedium sostenido simplemente por cuatro vigas, que,- cruzándose, apoyaban sus extremos en el muro: el tetríistilo cu- yos cuatro ángulos del cavcedium estuvieron sostenidos por sen- das columnas: el corintio, del mismo género que el anterior pero más espacioso y rico: el displuviatmn, que tuvo la pendiente del tejado hacia la parte exterior del edificio: el testudinatum, esto es, que estuvo cubierto por un tejado amanera de concha de tor- tuga, por consiguiente no tuvo impluvñim y hubo de recibir la luz de algunas ventanas practicadas en el muro; no siendo pro- piamente hablando catadium.—El atrio fué el punto de reunión de las visitas y de los forasteros y amigos; y estuvo adornado con estatuas, retratos de familia, jarros de metal; y en él estuvo el altar de los dioses tutelares de la familia. El taUinum fué una pieza media entre el atrio y el peristilo, y pudo tener corredores para comunicarle con ambas piezas. En su origen contuvo el archivo de la familia, ó sirvió de comedor {triclimum): más adelante estuvo algo separado de la comunica- ción expresada. El peristilo, fué propiamente hablando, un jardín rodeado de un pórtico. Fué el verdadero santuario de la vida doméstica don- de estuvieron los dormitorios, los tocadores y cuanto pudo re- ferirse á la vida interior. Las demás piezas, á saber: mcus ó salón de reuniones, la exe- dra ó sala de conferencias, la biblioteca, la pinacoteca y otras, estuvieron situadas en distintos puntos del edificio, según las ne- cesidades y gusto del dueño de este: así como en la parte de la calle hubo siempre las tiendas donde se vendieron los frutos de las fincas rústicas que este poseía. A-IO 146 LAS BELLAS ARTES. Las casas de los ricos estuvieron separadas unas de otras; pe- ro siempre alineadas entre sí. Las construidas para inquilinos constaron de varios pisos. Desde Augusto dictáronse algunas disposiciones relativas á la altura de los edificios que llegó á ser de catorce metros. Villa. La Agricultura fué una de las principales ocupacio- nes de los romanos. En tiempo de la República cultivaron los campos y las huertas que rodeaban las casas: en la época impe- rial fueron además floricultores; ya no fueron simplemente huer- tas sino jardines lo que rodeó sus quintas, las cuales tuvieron fuentes, grutas y todo género de recreos, como paseos, pales- tras, etc. •La villa constó de tres partes, á saber: la quinta propia (villa ó proedia uriana): la alquería (rilla rústica): el frutal. Estas casas de campo tuvieron habitación de invierno y habitación de vera- no, así como una especie de torré alta ó mirador donde alguna vez colocóse el triclinio. Vamos ahora -á hablar de los monumentos cuyo objeto pudo influir en las costumbres del pueblo romano, ya para moralizar- las, ya para relajarlas; nunca para hacerlos responsables del abu- so que de este objeto pudo hacerse. TEMPLOS. LOS romanos hubieron de imitar los templos de los griegos ya que tuvieron creencias análogas: solo introduje- ron algunas modificaciones en su distribución, por causa de las nuevas necesidades que el culto exigió. Sin embargo, dieron á los templos mayor suntuosidad, pero no mayor grandeza é im- ponente aspecto. Véase la lám. de la pág. siguiente. Aumentaron el número de columnas en los pórticos. Constru- yeron muchos pórticos pseudodipteros y pseudoperípteros, indi, cío infalible del gusto decadente; pues donde existe la columna está de más el muro de sostenimiento; siendo irrazonado el de cerramiento por avenirse mal con él la idea de libre circulación. Construyeron muchos templos circulares ya monópteros ya pe- ARQUITECTURA. 147 ripteros, compuestos, aquellos, de un recinto circular formado- por columnas que estribaron en un basamento continuo; y estos, Vig. 64. Templo romano. (Nimes.) de una celia, al rededor de la cual habia un pórtico. Hasta cons- truyeron templos dobles, esto es, unidos por la parte posterior de sus hemiciclos, muestra de lo cual son los de Venus y de Roma. Por lo demás, los templos romanos estuvieron circunscritos dentro de un recinto formado por un muro ó por un pórtico, siendo la entrada una especie de propileos ; la celia fué análoga á la de los templos griegos, no ofreciendo otra diferencia que la de estar colocada la estatua de la divinidad sobre un basamento, dentro de una hornacina, ó cobijada por un cornisamento con frontón , sostenido por dos columnas. En general emplearon la decoración corintia para los templos; y no faltan ejemplos de estar flanqueado el basamento por pe- destales en los cuales estribaron las columnas. Respecto de la orientación nada puede decirse, á pesar de la regla que sienta Vitrubio, pues la experiencia ha venido contra- 148 LAS BELLAS ARTES. •diciendo tal regla, de modo que se han encontrado templos en una dirección y otros en otra , indistintamente. TEATROS. Hasta el siglo II ant. J. C. no se les dio una cons- trucción permanente. Antes de esta época se ejecutaron los jue- gos escénicos en tablados de quita y pon que se levantaban en el Circo: y solo un siglo después de ella tuvo Roma un teatro de forma griega. Sin embargo, el teatro romano se diferenció del griego en que tuvo la orcbestra algo más espaciosa que este, y la escena más profunda y alta; estribando la gradería en bó- . vedas formando galería, traducidas al exterior por distintos altos con arcadas y columnas, (porticus).- El sitio destinado para los espectadores, esto es, el teatro propio , fué semicircular con gradas (gradus) distribuidas entre los distintos pisos en grupos (cavecR), separados bori- zontalmente por pasillos (proRcinctiones, ó haltei), y en sentido vertical por escaleras (scalw, ascenstis) que se irradiaban desde el centro del teatro. Así en las contraseñas de entrada (lesera tíieatralis) que fueron de marfil, de metal ó barro cocido, al pro- pio tiempo que se anunciaba la pieza dramática que babia de ejecutarse, se indicaba con números la cavea, el cuneus, y el gradus. La orcbestra ó espacio que quedaba al pié de la gradería estaba ocupada por los magistrados y personas de distinción. La escena se levantó unos cinco ó seis pies sobre el suelo de la orcbestra; y su boca nunca se extendió más allá del diáme- tro de esta. Por lo regular presentó una fachada monumental. El muro qué formó el fondo tenia tres puertas: valva regios la del centro , hospitalia la de los lados. Los actores declamaban en la parte anterior {prosceniwm) desde la cual se adelantaba hacia la orquestra una plataforma de madera donde cantaban los coros: se vestían detras de la escena [parascenium ó postce- nium). El espacio que habia sobre la escena (episcenium) equi- valía á lo que es en el día el telar, y el que habia debajo {M~ posceñium) á lo que se llama el foso: uno y otro espacio contenia varios departamentos para el servicio del Teatro. ARQUITECTURA. _ 149 Las condiciones acústicas del Teatro antiguo no pueden com- prenderse. Sábese, que el teatro no tuvo cubierta y que á lo más se extendió sobre la parte ocupada por los espectadores un rico toldo; que el Teatrum tectmn de los romanos fué, como el Odeon de los griegos, un local destinado para la música y para lecturas de los poetas; que la existencia de ciertos vasos de cobre colocados en determinados puntos del Teatro, á los cuales se refiere Vitrubio, no está comprobada por ninguna de las i n - vestigaciones practicadas al efecto; y que solo las formas espe- ciales de las mascarillas con las cuales los actores declamaban , pueden responder ya no de tales condiciones, sino de la fuerza y poder que debia tomar la voz del actor, debiendo producir el efecto de bocinas. La escena estuvo mejor servida entre los romanos que entre los griegos, por efecto de los adelantos que en esta materia se hablan alcanzado. A uno y otro lado del proscenio se veian los bastidores triangulares girando sobre un eje [versátiles); así como los telones {dúctiles) aparecían por medio de correde- ras. Los cambios de decoración no se hacían á la vista, sino después de haber ocultado la escena con el telón de boca [aiileim ó siparium)qne se levantaba delante del proscenio: y decimos que se levantaba, porque en efecto no caía del episcenmm. Hubo tres clases de decoraciones : una para la tragedia; y re- presentábanse con ella edificios grandiosos, palacios, templos: otra clase para la comedia, con la que se representaban plazas y calles públicas: otra para las piezas jocosas y satíricas (atella- nce) con la que se representaban cavernas, montañas, bosques, etc. Por último hubo para el servicio de la escena varias má- quinas cuyo nombre griego indican el uso y objeto que lleva- ban: unas producían el rayo, otras el trueno, otras servían para los vuelos, otras para levantar las decoraciones, otras para las apariciones instantáneas, y otras cuyo objeto es desconocido. ANFITEATROS. Vale esta voz doble teatro; pues en efecto constó, como si dijéramos, de dos teatros unidos uno contra 150 LAS 13ELLAS ARTES. otro; formando una graderia en círculo ú ovalo {risorium) y al pié de ella con forma análoga, la arena. Fig. 65. Anfiteatro Flavio: vista exterior. El objeto de estas construcciones fué ofrecer en espectáculo todo género de combates así de gladiadores como de bestias feroces ; j^a simulándole en tierra como en la mar , para lo cual inundaban el espacio de la arena, convirtiéndose entonces el anfiteatro en Naumachia; pues hasta Domiciano no tuvo Roma un edificio destinado para simulacros navales. Por último, en los anfiteatros se satisfizo la pasión del pueblo romano por las grandes emociones, basta presentarle en ellos á los delincuentes condenados á la última pena expuestos á la voracidad de las fieras: y he aquí como en los anfiteatros recibió la religión cris- tiana el sello sangriento de su santidad, perfección y pureza, muriendo como santos los que quisieron conservarse fieles á la Religión que su conciencia les habia hecho abrazar. El anfiteatro fué edificio de invención etrusca; y los romanos ARQUITECTURA. 151 al adoptarle le dieron mayores proporciones , excediendo á los inventores en suntuosidad y magnificencia. Los anfiteatros fueron construidos para gran número de espectadores: llegaron á contener cuarenta mil personas, siendo el mayor que se Fig. 66. Anfiteatro Flavio: vista interior. haya construido el de Flavio Vespasiano en el cual cupieron, según fama , hasta cien m i l , por cuyo motivo fué llamado Colo- seum (de una voz griega que vale cosa grande). El anfiteatro más antiguo de Roma data del tiempo de César; pero solo hasta la época de Augusto no tuvo esta capital un anfiteatro de piedra , por lo mismo, permanente; pues los anteriores no fue- ron más que provisionales. La arena estuvo rodeada por un foso que podia llenarse de agua, y por un muro de unos cinco metros de altura, sobre el cual se extendía después la gradería, dividida como las de los teatros; y de este modo estuvo defendida de todo percance en los combates de ñeras: y hasta para mayor seguridad todavía se co- locó encima de aquel muro una verja. 152 ' LAS BELLAS ARTES. La preferencia de los asientos estuvo en razón de la mayor proximidad á la arena; y por esto las gradas primeras estuvie- ron destinadas para los magistrados, sacerdotes, tribunos, y otras autoridades. Estos asientos de preferencia estuvieron separados de los que ocuparon las demás clases, por un muro menos ele- vado que el anterior, adornado con columnas. . Tanto la gradería como la arena estuvieron al aire libre: pero se ha encontrado en la parte superior de muchos anfiteatros una serie de cartelas con un agujero vertical, en donde hubieron de colocarse sendas clavijas de madera para sostener un velarium, que hubo de colocarse sobre las graderías, asegurándole además en mástiles clavados al rededor de la arena. Debajo de la gradería corrieron las galerías de comunicación {cmicamerationes); de las cuales la principal ó del plan terreno quedaba á disposición del público todas las horas del dia para pasearse, habiendo en ella tiendas y almacenes. Indudablemen- te en la parte inferior de la gradería hubo substrucciones para custodiar, alimentar y quizá hasta criar las fieras (vivarüim). La fachada exterior presentó tres ó más órdenes de arcos ador- nados con pilastras, columnas y estatuas. Los trípodes perfuma- dores y floreros que se colocaban en los arcos de las galerías, y los surtidores que en tales puntos se soltaban durante los espec- táculos, daban á estos edificios un carácter indefinible, pues se- mejante voluptuosidad se avenia harto poco con lo cruento del espectáculo, no pudiendo decirse si se trataba de aumentar ó de disminuir esta fiereza. CIRCOS. Construcciones erigidas para alimentar la pasión del pueblo romano por las corridas ó carreras en carro, y aun á ca- ballo. Si bien fueron particulares de la civilización romana, sin embargo tuvieron analogía con el Estadio griego. El primer Circo que se erigió en Roma hubo de ser de la épo- ca de Tarquino el Anciano; aunque quizá no tuvo las formas que tuvieron aquellos con los cuales más adelante la munificen- cia de César y de Augusto dotó á dicha ciudad. ARQUITECTURA. 153 La planta de estas construcciones huho de ser un paralelógra- mo sumamente prolongado y bastante irregular respecto de sus Fig. 67. Circo de Caracalla, restaurado. lados menores, pues el que constituyó la fachada principal tuvo alguna oblicuidad respecto de los lados mayores, y un tanto de convexidad hacia lo exterior; y el opuesto formó un perfecto he- miciclo: al primero llamaron oppidum, estuvo flanqueado por sendas torres con puertas para el servicio interior, así como tu- vo á lo largo varias cocheras (carceres), y en el centro la puerta principal (pompa circensis) por donde entraban los aurigas que iban á disputar montados en sus respectivos carros. En el lado opuesto, esto es, en el centro del hemiciclo, hubo la puerta de salida del vencedor [porta tTiunfalis). Un estilóbato de algo más de un metro de altura dividia la arena (aunque con interrupciones) en sentido de su longitud, sin llegar á sus extremos [spina) ; con la particularidad de que la dividia desigualmente, pues quedaba más próxima à los espec- tadores de la izquierda que á los de la derecha, entrando por la puerta principal, sin duda por la presunción fundada de que al principiar las carreras hablan de correr mayor número de carros en línea, que al doblar la espina. En cada uno de los ex- tremos de esta había erigidas las metas, y á lo largo de ella hu- bo abrevaderos y pasos practicables, indudablemente para los servidores. En la espina se erigieron estatuas, altares, obeliscos. 154 LAS BELLAS ARTES. y la mesa de los óbolos ó delfines: con el número de estos obje- tos se marcaban en ella las vueltas que daban los carros. Delante de las carecres se trazaba una linea como punto de partida; y otra en el extremo opuesto com.o término de la car- rera. La gradería de los circos tuvo una disposición análoga á la de los anfiteatros; el palco de honor estuvo casi en frente de la primera meta: el délos jueces estuvo, como es natural, enfrente de la segunda. En la parte exterior del edificio instaláronse al- gunas veces, almacenes de géneros, pórticos, etc., etc. No puede asegurarse si ciertas circunstancias de poca enti- dad que á más de las referidas se notan en el circo de Cara- calla, que es el que mejor puede haber proporcionado datos por conservarse en mejor estado que otros, entraban en las condi- ciones generales, ó si fueron una particularidad á causa de la configuración del terreno; pero no puede decirse que las indi- cadas dejasen de ser justas y razonables atendido el objeto de esta clase de construcciones. HIPÓDROMOS. Tuvieron por objeto las corridas de caballos. Ocuparon una extensión inmensa: y su área estuvo circuns- crita por un cuadrilongo limitado por una valla de piedra de poco más de un metro de altura. En el extremo elevóse la meta á que debia llegarse. El terreno ofrecía en toda su extensión distintos y variados accidentes y alturas para que los espectado- res pudiesen gozar del espectáculo desde distintos puntos de vista. BASÍLICAS. Esta denominación es la terminación femenina de un adjetivo latino derivado del griego, que significa cosa real; y en este sentido se dio también á semejante edificio el nombre de Regke cedes. Quieren algunos suponer que este nombre solo fué debido á la magnificencia con que tanto su exterior como su interior fué decorado; asi como otros tienen por más cierto que semejante distinción se la dio el destino que tuvo, muy importante en el orden social, ya que con efecto parece que en ARQUITECTURA. 155 las basílicas se trataron asuntos que afectaban muy directamen- te los intereses del Estado, entre los cuales no hubo de ser el menor la Administración de Justicia. Si las basílicas formaron ó no parte, del palacio de los empe- radores, es cuestión de poca importancia; al paso que no seria tan fácil sostener esta idea como regla general, habiéndose en- contrado restos de basílicas en distintos puntos, separados de dichas moradas. Un abuso hizo tal vez que las basílicas fuesen también sitios de contratación, en los cuales se reunían los negociantes para sus tratos; por cuya razón, anexos á tales edificios tuvieron también los mercaderes, almacenes y tiendas para la venta de géneros, constituyendo una especie de mercados. La planta de las basílicas formó un rectángulo, alterado algu- na vez en uno de sus lados menores por un hemiciclo; así como quizá hubo basílicas abiertas, esto es, que no constaron masque de u n techo sostenido por columnas para que pudiera circular libremente el público: y à esta forma se refiere la palabra Por- ticiim con que alguna vez la basílica ha sido nombrada. Sin embargo parece fuera de toda duda que la mayor parte de estos edificios (si no los más recientes) fueron cerrados por muros, en los cuales hubo ventanales; y tuvieron en su interior dos ó cuatro órdenes de columnas formando naves, con un pórtico en la fachada, dando ingreso al edificio distintas puertas abiertas al pié de cada una de aquellas. Encima de cada uno de los ór- denes de columnas estribaba otra columnata, constituyendo otra galería, cuyo antepecho servia á aquella de estilóbato. Esta se- gunda columnata sostenía el techo de la nave principal. Las laterales que se extendían debajo de dichas galerías terminaban, según Vitrubio, con un crucero [franseption) separado por una balaustrada, de cuya circunstancia hubo de tomar el nombre. El suelo de este crucero era algo más alto que el de las naves; y era el sitio destinado para los curiales. En el centro ó en el hemiciclo, cuando le había, se hallaba el hema ó tribunal ó sitio 156 , LAS BELLAS ARTES. para los jueces. A dereclia é izquierda del lema liubo departa- mentos para usos particulares del Tribunal. Por lo regular estos edificios tuvieron el tecbo apuntado, y hasta se supone que hubo basílica con la nave central descu- bierta ó al aire libre. De todos modos el lema tuvo siempre techo ó cubierta; y si hubo hemiciclo, su cubierta afectó la forma de un cuarto de esfera, llamada concha por los romanos, apsis por los griegos. THERMAS. Fueron los monumentos que mejor razón pueden dar del carácter de las costumbres romanas. En tiempo de la República el uso de los baños llegó á hacerse en Roma una necesidad cotidiana tanto para el patricio como para el plebeyo. Cañáronse los romanos hasta tres veces al día en invierno, y hasta cinco en verano. Desde el tiempo de Pompeyo hubo en Roma baños públicos. Agripa hizo donación de sus thermas al pueblo romano. Los em- peradores que vinieron después de este yerno de Augusto man- daron construir baños que merecieron los mayores encomios de los escritores de la antigüedad: los más célebres después de los citados fueron los de Nerón, los de Vespasiano, los de Antonino, los de Caracalla, los de Diocleciano y los de Constantino. Cons- truyéronse edificios para baños en otros puntos del imperio don- de quiera que se hallaron manantiales de aguas calientes; y aunque en los primeros tiempos solo se dio el nombre de thermas á los establecimientos de estas aguas, no obstante, dándose á la palabra mayor extensión, se comprendieron también con eUa los de agua fría, haciéndose una denominación genérica. El conjunto que presentaron las thermas más notables recuer- da por sus principales disposiciones los gimnasios griegos, aun- que sobre un plan más vasto. El objeto fué lo que cambió; porque mientras lo principal de los gimnasios fué la educación física y la intelectual, y el baño fué un accesorio en este género de educación, las thermas tuvieron por objeto principal el recreo, siendo la educación lo secundario. ARQUITECTURA. 157 Los romanos reunieron en las tbermas cuanto pudo halagarla vista y fascinar la imaginación: asi es, que á más de las piezas F!g. 68. Thermas de Caracalla: estado actual. para el baño, hubo exedras, salas de conversación, pórticos, calles de árboles con asientos, ricas bibliotecas; todo sirviendo de punto de reunión asi á las gentes del gran mundo, como á 158 LAS BELLAS ARTES. los sabios y curiosos; de modo que dentro del recinto de las ther- mas se dieron espectáculos dramáticos y atléticos. El edificio de las thermas hubo de contener un mWanww^, ba- ño común de agua caliente; un frigidarmm, baño de agua fria; un baño laconicum, de vapor; el esj)olia(orivm sitio para desnu- darse; el miehiaritmi donde el bañista se imgia con pomadas y ungüentos olorosos; el esferistermm donde se entregaban á varios ejercicios del cuerpo antes de entrar en el caldarhim. Al salir del baño se pasaba al tepidariMín, sala de paso para preve- nir la impresión del cambio de temperamento entre el calda- rimn y el tefidarium. Al rededor del caldarmm habia un ándito y una gradería (schola) para los espectadores. Este sitio de baño no tenia techo, al paso que le tenia el frk/idarium. Le tuvo también el laconi- cum, el cual fué abovedado, con una abertura en la parte supe- rior que se cerraba con una tapadera {clypeus). Debemos prescindir aquí de las distintas prácticas usadas y ob- servadas para las'varias clases de baños, y del uso del s/rir/iliwi para restregarse y excitar la transpiración; porque son detalles arqueológicos que las obras de consulta pueden dar á conocer: y respecto de la manera ó medios que se emplearon para alimen- tar los baños, basta saber, que el agua se calentaba en vasos de cobre después de recibirla del aquàrium ó gran receptáculo: que las salas de las thermas se calentaban por medio de tubos de tier- ra cocida, de forma cuadrada, que comunicaban con-el Mjwcavs- tum, espacio que se extendía debajo del suelo recibiendo el caló- rico, del horno que tenia anexo: y que el laconicum tuvo en el centro un gran receptáculo en donde hervía el agua y del cual salía el vapor, cuya masa se aligeraba por medio de la abertura del clypeus. La decoración arquitectónica de estos establecimientos fué de lo más suntuoso que concebirse puede; y en su exornación no se escasearon las obras de Escultura, ni las de Pintura, los mo- saicos, y todo lo más escogido que el Arte pudo producir. El gru- ARQUITECTURA. 159 po de Laocoonte, el Hércules y el Toro Farnesio, el Torso de Bel- vedere, la Flora y los dos gladiadores fueron encontrados, parte en las Thermas de Tito y parte en las de Caracalla. Supónese que estas últimas tuvieron tan vasta extensión que podian bañarse á la vez unas tres mil personas, conteniendo á más de baños comunes, otros particulares de pórfido y de már- mol, y hasta pilas suspendidas para poder columpiarse durante el baño. En el reinado de los primeros emperadores bañáronse juntos los dos sexos; pero desde Adriano se subdividió el esta- blecimiento en bahiea virilia y halnea muliehria óninfea: y aun- que eij. la época de Heliogábalo volvieron los antiguos usos; Marco Aurelio y Alejandro Severo restablecieron con todo su vi- gor las prescripciones de Adriano. Por último, las thermas romanas, por lo vasto del plan y por el lujo y magnificencia que presentaron, son los monumentos que dan á conocer perfectamente la sociedad romana, cuando cansa- da de sus tareas políticas y sociales abandonó su suerte en m a - nos de déspotas, y cuando cansada de conquistas que la enri- quecieron sobradamente, se entregó al goce de los placeres materiales. MONUMENTOS CONMEMORATIVOS. Arcos (le triunfo. Fueron de invención romana, si bien Pli- nio la atribuye á los griegos; sin embargo de que ningún vesti- gio ha quedado de un arco de triunfo de la época griega, ni hay autor de la Antigüedad que haya hecho mención de ninguno. Por otra parte la forma que los romanos les dieron hubo de ser muy distinta, cuando el mismo Plinio los llama de nueva'in- rencion. Quizá se encontraría el origen de esta clase de monu- mentos en los propileos griegos, y quizá á ellos se refirió Plinio cuando los supuso de origen griego; pero fuera aventurada toda conjetura acerca de este particular; no debiendo hacerse aquí más que una indicación para las ulteriores investigaciones que cualquiera pretenda hacer. El objeto de los arcos de triunfo fué celebrar la memoria de 160 LAS BELLAS ARTES. una victoria ó de u n vencedor; elevando á grande altura esta- tuas dignas del liecbo que diera margen al monumento. Un ob- Fig. 09. Arco de triunfo. (Orangei. ' jeto menos general bubo de dar motivo á la erección de un arco monumental cuando se encuentra en Cataluña, en el camino real que conduce desde Barcelona á Tarragona, u n monumento de esta clase debido á la munificencia de u n particular, según la inscripción que lleva y dice así: EX. TESTAMENTO, L.LICINII.L.F. SERG.suRAE. CGNSECRATvM. Además los arcos practicables por las cuatro fachadas que algunos emperadores, entre ellos Dioclecia- no, erigieron en Roma, sirvieron á los mercaderes de punto de reunión, viniendo á constituir una bolsa mercantil. En los primeros tiempos los arcos triunfales se construyeron sobre planta circular y con gran sencillez; más adelante se les ARQUITECTURA. 161 dio mayor suntuosidad y se construyeron á manera de grandes puertas ó vastos pórticos. Los primeros arcos de triunfo fueron de madera y se adornaron con los despojos arrebatados á los ene- migos: más adelante se dio á estos monumentos mayor suntuo- sidad y la Arquitectura así como la Escultura desplegaron toda su actividad y toda su riqueza para alcanzarla. El ladrillo, los sillares perfectamente labrados, los mármoles, el bronce mismo figuró en tales construcciones "por mucho, andándolos tiempos. También fueron estos arcos más ó luénos sencillos según la importancia del hecho: unos tuvieron un solo ojo, otros dos y los hubo hasta de tres, en cuyo caso el del centro tuvo mayor altu- ra. Levantáronse en la entrada de las poblaciones, en las plazas públicas, en las grandes avenidas ó encrucijadas, en la entrada ó en el centro de los puentes, y donde quiera que concurriese gran número de gentes por ser sitio de mucho paso. Italia ofrece muchos ejemplares de arcos de tres ojos y de uno , ya situados en plazas, ya en puentes: Francia y España ofrecen algunos de dos y de uno en situaciones iguales. En Oriente se encuentran algunos con dos órdenes de ojos. Coluiñiim monumentales. Los romanos que procuraron ensal- zar las glorias de su patria, buscaron cuantos medios pudo suge- rirles su deseo para alcanzar semejante objeto. No les bastaron los arcos triunfales para perpetuar el recuerdo de una victoria; y echando mano de las columnas, dieron á estos miembros a r - quitectónicos una existencia independiente, erigiéndolas como' monumentos conmemorativos. Los griegos que no cedieron á los romanos en amor á su patria, nunca erigieron en monumento un miembro arquitectónico solo, sino combinaciones, razonadas de varios miembros de esta clase. No se trata aquí de condenar esta práctica de los romanos, ni de prescribir reglas; no deberá parecer que esté de más aquí una indicación acerca del buen sentido, que á nuestro modo de entender dirigió siempre al g e - nio griego, que si no creó el Arte creó la Belleza. Erigiéronse estas columnas con varios objetos, á saber: para A-H 162 LAS BELLAS ARTES. honrar la memoria de hombres eminentes y la de grandes he- chos {honoríficas); ó para perpetuar una serie de hechos histó- Fig. 72. Columna Antonina. ricos (cronolófficas)] ó disposiciones legales {legales); ó para indi- car los límites de determinados países {limitrofes); ó para fijar los alistamientos de tropas {militares): las que tuvieron adheridas proas de naves, perpetuaron la memoria de victorias navales {Tostratce). Hubo además en Roma la columna hélica desde cuyo pié el cónsul arrojaba un venablo hacia la dirección en que es- ARQUITECTURA. 163 taba situado el país al que se declaraba la guerra; y la lactaria en cxiya base liabia un nicho abierto en donde se depositaban los recien nacidos, cuyo nacimiento el rubor necesitaba ocul- tar. La columna Trajana y la Antonina existentes en Roma son las más acabadas muestras de las columnas honoríficas. Tienen en su fuste entablados en bajo relieve varios hechos notables de las expediciones de estos emperadores, y en el interior una escalera en espiral {cocJdis). En la parte superior de la Trajana estuvo erigida la estatua del respectivo emperador llevando nn globo de oro en el cual se supone estuvieron encerradas las ce- nizas del mismo personaje. Trofeos. La mayor parte de pueblos de la Antigüedad tuvieron la costumbre de perpetuar con esta clase de monumentos sus victorias. Los griegos colgaron de los árboles los despojos de los vencidos: los romanos erigieron trofeos en los campos de batalla; y de ellos solo ofrece ejemplos la columna Trajana en su fus- te. Alhtan. Puede contarse entre los monumentos conmemora- tivos, por analogía de objeto. El Álbum no era más que un espacio limitado y reducido de un muro exterior de un edificio, cubierto con un revoque más ó menos fino donde se escribían anuncios de interés ya público, ya privado; pero el espíritu de grandeza del pueblo romano lle- gó á dar carácter monumental á lo que de suyo parece-no podia tenerle. En Pompeya se ha encontrado un monuniento que así lo acredita. Con una decoración arquitectónica suntuosa, se ofre- cían á la vista del público veinte y cuatro compartimientos en- cuadrados por pilastras sosteniendo frontones ya rectilíneos, ya curvilíneos estribando en un basamento negro. En estos compar- timientos cubiertos de un fino revoque trazábanse con caracteres negros ó rojos, anuncios de espectáculos, ó demandas dirigidas á los ediles para la mejora de algun ramo de la administración pública ó títulos que acreditaban á determinados industriales; ICit I,AS BILLAS AUTES. Ó en que se encomiaba la.conducta de algun funcionario publico á manera de lo que fueron en la Edad media los Vicfores. C. CYKPIVM. PANSAM. ^ D . AVRIFICES. VNIVERSI. ROG. «Todos los plateros invocan á Cayo Cuspio Pansa, edil.» MARCVM. CERRINIVM. VATIAM. yEDILEM. ORAT. VI. FAVEAT. SCRIBA. ISSVS. DIGNVS. E S T . «El amanuense Issus solicita la protección de M. Cerrinio Va tia: es abonado.» Sepulcros. Fué costumbre entre los romanos hasta muy adelantada la época de la república, depositar {humaiio) los ca- dáveres en la tierra. Más adelante se acostumbró quemarlos; y lavando las cenizas con vino y miel, metíanlos en urnas {olla) de barro cocido, de alabastro, de mármol, ó de vidrio; siendo m u y pocas las familias que tuvieron el privilegio de inhumar los cadáveres enteros, en cuyo caso embalsamábanse y se colo- caban en sarcófagos de piedra. Tanto las urnas cinerarias como los sarcófagos se depositaron en camainas sepulcrales de distinta especie: ya fueron subterrá- neas ó excavadas en las laderas de los montes [condiíorium); ya construidas sobre el suelo [nioií/')j)e/i//on}; ya pudiendo contener varios enterramientos á manera de nichos {columharinm). Los monumentos sepulcrales no podian erigirse dentro de los recintos de las ciudades, sino en casos m u y especiales en que fué concedido como u n honor. Solo fué permitido erigirlos á lo largo de las vías públicas; con lo que se lograba dar á estos caminos un aspecto pintoresco al paso que severo é imponente. Para convencerse de ello no hay más que ver la llamada Via (le los sejnilci'os en las ruinas de Pompeya, de la cual ofre- cemos una perspectiva á continuación. ARQUITECTURA. 165 Fig. 73. Via de los Sepulcros. (Pompeya.) Los monumentos sepulcrales de los romanos tuvieron varias for- mas; así es que difícilmente puede señalarse el tipo que prevaleció. El mausoleo de Aiigasto^ tuvo un basamento circular de már- Fig. 74. Tumba de Augusto. mol con nichos al rededor, construido en una plataforma cua- 166 LAS BELLAS ARTES. drangular. En este basamento estribaron varios terraplenes en forma piramidal y en ellos hubo arbustos plantados; rematando el conjunto con la estatua del emperador. Un pórtico daba en- trada á la cámara sepulcral en la cual estaba el sarcófago del emperador y las cenizas de sus parientes y deudos. En cada uno de los lados del pórtico hubo un obelisco. La tumha de Cayo Sextio fué una pirámide de mármol ú imi- tación de las pirámides de Egipto, con una altura de unos 40 Fig. 75. Tumba de Cayo Sexlio. (Roma.) metros por 30 mets. cuadrados de base. La cámara sepulcral se elevó á unos 4 mets. sobre el suelo, llegándose á ella por un cor" redor. En cada uno de los ángulos de la pirámide hubo pedes- tales con sendas columnas y estatuas. El Mausoleo de Adriano (Moles Adriana) fué uno de los mo- numentos sepulcrales más grandiosos de la antigüedad. Bien lo merecía el que tanto blasonó de constructor y restaurador: en el dia constituye la fortaleza de S. Angelo sobre el^Tíber. En un basamento cuadrangular, actualmente hundido en el suelo, levantóse im cuerpo también cuadrangular adornado con una columnata. Levantóse encima de este cuerpo otro circular formando una galería con arcos y columnas: circular y con otra galería igual, hubo de ser el tercer cuerpo, el cual hubo de sos- ARQUITECTURA. 1C7 tener el remate en forma de túmulo, sirviendo problablemente de remate la estatua del emperador, aunque suponen algunos Fig. 76. Tumba de Adriano. (Roma.) que fué una pina. Las estatuas hubieron de estar prodigadas en todas las galerías. El cuerpo inferior hubo de contener las ur- nas cinerarias y aun los sarcófagos. La tumba de los Horacios y de los Cimacios así llamada, que se encuentra á lo largo de la vía Apia cerca de Albano, ofrece una-idea del sepulcro etrusco de Porsena que en sa lugar he- mos dicho ha sido descrito por Varron y por Plinio. El señor Orioli le interpreta del mismo modo que interpretó el de Porse- na. Como quiera que sea, la forma del monumento es notable por la analogía que guarda con el de este lar etrusco. ¿El senti- IGÍ LAS BF.LLAR ARTES. do de este monumenlo es simbólico? He aquí lo que queda por resolver. , Fig. 77. Sepulcros de los Horacios. (Roma.) Sarcófagos y Cipos. Muchos de los primeros se han conser- vado en el territorio' que comprendió el imperio romano; pero quizá mayor número de los segundos se conserva en los museos arqueológicos de Europa. Los sarcófagos fueron de piedra, de barro cocido ó de metal. Sen- cillos fueron los más antiguos, se- veros en los primeros tiempos del imperio, con bajos relieves ó con otra clase de adornos desde la épo- Fig. 78. Sarcófago de Scipion Bar- . . batus. (Vaticano.) ca (le los Antouinos: en una pala- bra, la naturaleza de los adornos y el estilo de la escultura uni- do todo con el carácter de las inscripciones, da bien á conocer la época á que pueden pertenecer. » Los cipos no son más que las estelas de los griegos. Erigiéron- se sobre los túmulos ó sobre las cámaras sepulcrales ó simples sepulturas; y tuvieron la forma de un pedestal rematando en frontón. En la parte superior acostumbraron tener un recepta- ARQriT.CTtRA. 169 culo y un ahugero, sin duda para recibir las libaciones que para honrar la memoria de los difuntos, alli solian hacerse. En la fa- chada anterior tuvieron la inscripción principal, y en los demás tuvieron algunas veces atributos entallados. Esculpiéronse cipos de pequeñas dimensiones para recuerdo de per- sonajes notables ó de personas que- ridas; íigurando como parle del moviliario. Los romanos tuvieron la costum- bre de hacerse erigir las tumbas durante su vida, haciendo grabar en ellas algunas disposiciones tes- tamentarias. De la misma manera acostumbraron erigir monumentos Fig. 79. Cipo romano. (monumen/a) A \a memoria de una persona, sin aparato alguno fúnebre; por esta razón se han en- contrado en puntos distintos, cenoiafios dedicados á unas mis- mas individualidades. Adornaron las cámaras sepulcrales con vasos de toda clase, y figuritas de barro cocido representando los dioses penates [tvk- lares):- depositaron en estos sitios gran número de lámparas; habiéndose encontrado allí tablillas de marfil y láminas de plo- mo con inscripciones y fragmentos de las flautas rotas después de los funerales. En las sepulturas de los niños se han encontra- do toda clase de juguetes; en las de las matronas, objetos de to- cador; en las de los guerreros, toda clase de armas; en las de los artesanos los útiles de sus respectivas profesiones; y en todas una infinidad de objetos los más insignificantes del uso del di- funto. Este depósito de objetos pertenecientes al mismo, en las cámaras sepulcrales, deja suponer lo especial de las ceremonias con que se verificaban las exequias; espíciafidad que sube de punto con el banquete, fúnebre (siUccrnia) que celebraban los 170 LAS BELLAS ARTES. parientes y amigos del difunto al día siguiente de ellas: nada tiene pues de particular que se haya encontrado en Pompeya y calle de los sepulcros un triclinio que hubo de servir para di- cho objeto. (Véase la lámina 73.) He aquí la arquitectura romana,la cual, según dice un autor contemporáneo, ha ejercido bastante tiranía sobre la moderna. La causa de ello quizá haya sido la fascinadora esplendidez y la grandiosidad, si no la rutina tradicional. Como quiera que sea, los monumentos que nos ha legado la civilización romana, ofre- cen el tipo de una arquitectura de transición entre la regida por el principio materialista, y la regida por el espiritualista, estan- do como están mezcladas en ella las dos formas fundamentales que caracterizaron á entrambas, á saber: el ArquUrahe y el Arco. BIZANTINA.. Los elementos arquitectónicos que hubieron de reunirse en Bizancio luego que Constantino trasladó la Corte imperial desde Roma á aquella ciudad, hubieron de ser, respecto de la idea, unos principios espiritualistas, respecto de la forma, el estilo romano en completa degeneración. Las creencias cristianas y la nueva constitución política que Constantino dio al imperio, hubieron de tener nuevas necesida- des á que el arle debió responder; y sin embargo, ni en el reinado de este emperador ni en el de sus sucesores hasta Justiniano, que principió á reinar en 527, no parece sino que el arte arqui- tectónico anduvo á oscuras, sin hacer nada que fuese capaz de responder ni á la menor de las necesidades de aquella sociedad moralmente transformada, pero cuyas creencias así religiosas como políticas se resentían de las supersticiones que iba aun que paulatinameate Sbandonando. De manera que por espacio de dos siglos las nuevas necesidades se satisficieron con monumen-