17f) LAS BELLAS ARTKS. dente, ya más ilustrado, hubo de influir en el estilo bizantino á favor del frecuente trato con los pueblos italianos del litoral del Adriático, y del establecimiento de la dinastía latina en Cons- tantinopla. Así es que se echa de ver una notable modificación en la planta de las iglesias que en aquella época se edificaron en Oriente, adoptándose á menudo las formas latinas. LIA.TINO-BIZAN'TIN'A. En el siglo vni, cuando la escuela bizantina ya fué conocida en toda Europa, la Arquitectura había seguido en esta región un estilo que tenia el arco de medio punto y la bóveda de medio cañón ó dividida por arcos torales ó por témpanos^ por carácter ge- neral. Desde dicha época, amalgamándose los elementos bizanti- nos con los del romano degenerado que existían en cada país, se produjo un estilo que ha recibido distintos nombres, de confor- midad con circunstancias especiales de las distintas localidades donde sus caracteres principales se han reconocido. Así vemos que se ha llamado, en Italia, lombarda; en Francia, Tommiica, normanda ó carlovin.¡iia\ en Alemania, teutónica ó hl:ant¡na\ en Inglaterra, sajona; y en España, gótica antir/ua, asturiana^ ga- llega y l·l-antina. Para distinguirla con una denominación gené- rica qne tenga la debida exactitud, podrá denominarse, romano ó latino-hkantina. Semejante estilo ha tenido distintos grados de desarrollo. Antes de designarlos debe advertirse, que no es posible fijar los límites de las distintas épocas de semejante desarrollo con fecha determinada. Hay una fluctuación difícil de apreciar en las causas y en los efectos, así como en la prioridad ó posterio- ridad de aparición dedicho estilo. En primer lugar, no se ha pa- sado de uno á otro estilo repentinamente, sino por una serie rnás ó menos interrupida de actos: en segundo lugar, no hay edificios que hayan sido terminados por una misma generación: en tercer lugar, no se ha verificado el desarrollo del mismo m o - ARQUITECTURA. 177 do, ni en la misma época en todas las localidades por idénticas causas. Por otra parte, las de las variantes pudieron proceder de la naturaleza y calidad de materiales de que pudo dispo- nerse; de la influencia que pudieron ejercer en el gusto los mo- numentos de edades pasadas que hubo erigidos en el país; del mayoj ó menor número de relaciones con los países más adelan- tados; y por último de las necesidades de cada localidad. Imposible es por tanto dar á conocer todas las variantes que pueden haberse presentado en el estilo latino-bizantino; no pu- diendo hacerse más que recomendar la apreciación de dichas circunstancias en el examen ó estudio que en cada país se haga de dicho estilo, y presentar su desarrollo no en su carácter univer- sal y absoluto que podria excluir toda variante, sino en el gene- ral que admite distinciones más ó menos importantes. Limitaremos pues épocas, pero no como verificación de fechas, sino como necesidad cronológica; y señalaremos tres grados, por una apreciación ya no arbitraria, sino aconsejada por un principio racional que da dos términos y un medio á las cosas sugetas á la mudanza de los tiempos. «Desde la decadencia romana hasta el siglo vni usóse el rotnano ó latino por predominar en él este elemento sobre el bizantino: »Hasta el siglo XII usóse el lalino-Mzantino 2)'>'Oj>'io, por h a - llarse perfectamente verificada la fusión de los dos elementos: »Desde la referida fecha el estilo puede llamarse de irans'tsion, porque ya aparecen en él elementos de otro estilo que va á prin- cipiar. Arcos. En la 1 .^ época usáronse arcos de medio punto ya forma- dos con dovelas separadas, por grandes lechos de arganjasa ó con ladrillos euritmicamente colocados; ya formados en su totalidad de ladrillos. Proyéctase alguna vez encima de la arquivolta, co- mo para protegerlo, un cordón hecho de ladrillo á manera de guardapolvo. En la 2." época vense usadas varias formas: la semicircular ó A-12 178 LAS BELLAS ARTES. de medio punto: la de medio punto peraltado; el de herradura y el lobulado de tres ó de cinco lóbulos que si no procedió direc- tamente de la escuela bizantina, fué un elemento suyo modifica- do por los árabes. Solamente en algunas criptas se usó el arco semi-ellptico. En la época 3." principia á presentarse el arco de dos puntos, como elemento de variedad en la decoración; de manera que así aparece como un arco de medio punto insensiblemente apunta- do, de la propia manera que como el de dos puntos muy marca" damente lancetado: no siendo raro encontrar indistintamente mezclados el arco de medio punto cobijando dos apuntados; ó uno apuntado cobijando dos de medio punto. Puertas y ventanas. Desde luego preséntanse las rectangula- res con el dintel apoyado en cartelas proyectadas en el intradós de las jambas; siendo este dintel aligerado por un arco de des- carga, ya de ladrillos, vade piedra; disposición que es exclusiva de las puertas. Para estas y para las ventanas úsanse indistin- tamente la forma rectangular y la de medio punto: esta última es la más común en las ventanas, estribando el arco en co- lumnas adosadas al intradós de las jambas. Sin embargo las ventanas de los grandes edificios casi siempre se presentan de medio punto muy estrechas y prolongadas, de modo que llegan á parecer aspilleras, ofreciendo un abocinado desde dentro á fue- ra, muy pronunciado. En la 2." época las puertas fueron la parte de los edificios en donde se empleó mayor riqueza. Constituyéronlas una serie de arcos de m'edio punto estrechándose sucesivamente hasta el vano, apoyados cada uno de ellos en sendas columnitas, presen- tando las arquivoltas profusamente adornadas. No menos ador- nadas qne las puertas fueron las ventanas, en cuanto lo permitió su naturaleza; afectando ya la forma semicircular, la lobulada y la en mitra: las rectangulares, tienen el dintel apoyado en cartelas proyectadas en el intradós de las jambas, ó en una co- lumnita central constituyendo ajimeces. Reúnense algunas veces V>-. 8 1 . Calearal Je Zamora. ARQUITECTURA. 181 dos ventanas semicirculares debajo de un solo arco, y ábrese entonces en el tímpano un ojo de buey: y í-i alguna vez se reu- Fig. 82. Ntra. Sra. la grande. —(Poitiers). nen tres vanos, siempre el del centro toma más altura. En las Catedrales de Zamora y de Poitiers pueden verse ejemplos de lo que acaba de decirse. En la S.^ época las puertas no afectan forma alguna distinta 182 LAS BELLAS ARTES. de las usadas en la anterior, solo se presentan con mayor pro- fusión de adornos, como si se pretendiese bacer desaparecer el muro detrás de la riqueza de columnas, molduras y estatuas, y basta dividiendo el vano por medio de una columna central. Siguen las ventanas el carácter de las puertas; pero los ojos de buey toman gran desarrollo dividiéndose y subdividiéndose con irradiaciones de columnitas de las cuales se desprenden arcos lobulados, si bien se contentan con simples lóbulos cuando apa- recen con vanos de corto diámetro. Bóvedas. Grandes dificul- tades halláronse en los pri- meros tiempos para la cons- trucción de bóvedas de grandes dimensiones, teme- rosos los constructores del empuje que ejercían. Así fué que solo se abovedaron algunos ábsides y naves de pequeño diámetro; y aun , , esto no con s;ran frecuencia. Fig. 83. Bóveda de medio cañón y arcos torales. " Las bóvedas que se constru- yeron fueron de medio cañón, divididas en porciones por arcos formeros: por lo demás fué mucho más frecuente la construcción de los techos apuntados por medio de una armadura de madera. En la 2.* época hubo más atrevi- miento en la construcción de bóvedas; si bien no les fué posible todavía á los constructores vencer las dificultades de las grandes dimensiones. Para evitarlas, adoptáronse la bóvedas por Fig. 84. Bóveda por arista. aristas que los romanos hablan usado desde la época de Diocleciano, aumen- ARQUITECTURA. 183 tando la fuerza de las aristas con arcos diagonales, á más de los torales, viniendo á constituir una armazón sobre la cual podia descansar con toda seguridad la bóve- da. De aumentar [atujcré) de este modo la fuerza de las aristas de una bóveda, es de donde trae su origen la denomi- nación de ojival {cmgivxleSj augiva) que se ha dado á la bóveda en esta conformidad construida. Creciente fué el atrevimiento de los constructores en la 3." época, ensan- cháronse los diámetros de las bóvedas con valentía á favor de la fuerza que Fig. 85. Bóveda aujival ü ojival, dallaron en las ojivas: y los techos apuntados sobre armaduras de madera solo por necesidad cubrie- ron los edificios. En los países del norte donde los normandos asentaron, se continuó sin embargo semejante construcción por la facilidad con que pudo hallarse en aquellos bosques maderos de grande escuadría, y por la pericia que tuvieron para aquella clase de construcciones, preparada por la industria que desde muy antiguo vinieron ejerciendo, la Carpintería de ribera. Contrafuertes. Estos miembros arquitectónicos no pudieron n a c ^ sino de la necesidad de contrarrestar grandes empujes, ya de los arcos torales, ya de las ojivas, ya de las bóvedas: por con- siguiente en la época 1.* poco uso debió hacerse de los contra- fuertes supuesto que no surgieron motivos para ello. No sucedió lo mismo en la 2." época, porque la mayor exten- sión que se dio á los arcos y á las bóvedas exigió en los muros mayores refuerzos que los que ya venían usándose; y he aquí el desarrollo que en esta época tomaron los estribos de las bóvedas en los puntos de los muros donde existia el mayor empuje de los arcos y ojivas que las sostenían. En la 3.* época fué cuando se dejaron ver variantes de estos contrafuertes según el gusto de cada constructor. 184 LAS BELLAS ARTES. Tres fueron las principales formas que los contrafuertes afec- taron, y las enumeraremos por el orden de mayor á menor sim- plicidad. Ó fueron simples pies derechos ó sea pilares de. refuer- zo relevándose un tanto del muro, á cuya forma se ha dado el nombre de banda lombarda; ó fueron una especie de espolones arrimados al muro en que asentó el arranque de la bóveda sin llegar a l a cornisa y terminando en escarpia, ó estos mismos es- polones formando varios resaltos ya en escarpia, ya en frontón, eleváronse á la altura de la cornisa del muro que apoyaron, y muchas veces sobresaliendo de ella rematando en frontón. Pilares y columnas. En la 1." época sostienen las bóvedas y arcos, enormes pilares sin gracia alguna; á menudo cuadrados sin moldura alguna que los accidente ni altere su árida fisono- mía; algunas veces cilindricos con capitel y base de especiales I — I formas. El capitel ó es un cono truncado con mol- \^_ f duras insignificantes, ó un cuarto bocel apolazado; si bien alguna que otra vez se ve la intención, aun- que torpe, de remedar el corintio: las bases ó no fueron más que u n degenerado toro sobre un plin- to, ó u n torpe remedo de la ática. Durante algun tiempo los pilares simples se con- Fig. S6.de s. Vi-servaron excesivamente cortos y gruesos; pero laidoRavena. en la 2.* época Combináronse ambas formas como para indicar la oscilación en la marcha del arte, embebiéronse los cilindricos en los cuadrangulares ó quizá en otros cilindricos, variando en sus proporciones para levantarse desde el suelo hasta el nacimiento del arco, á fin de recibirle ó recibir las ner- vosidades ojivales de las bóvedas. Los capiteles cubriéronse en- tonces de figuras, y monstruos, quimeras, sierpes, y de repre- sentaciones así fabulosas como históricas, de donde proceden los capiteles llamados historiados. Forma el carácter de los pilares de la 3." época el adelgaza- miento de los fustes hasta el punto de tomar el aspecto de esbel- tas columnitas, sobrecargándose de adornos de todo género; ta- ARQUITECTURA. 185 les como entrelazados, zig-zages, puntas de diamante, estrias ó imbricaciones; mezcláronse los capiteles historiados con anle- máticos de'bastanle gusto, reminiscencias de la riqueza corintia, con entalle más profundo, y más pericia en la ejecución. Las bases viéronse entonces adornadas con cuatro garras ocupando debajo del toro las enjutas que este dejaba en el plinto. Cornisamento. En la época 1." suprímense á menudo el arqui- trabe y el friso, no conservándose más que la cornisa. Otras ve- ces liácese también caso omiso de esta y queda el frontón rema- tando el muro. Las cornisas suelen apoyarse en modillones de formas variadas y caprichosas ñgurando cabezas de vigas, las cuales son unas veces atalusadas, más á menudo forman volu- tas, cayados, cabezas de monstruos, constituyendo los llamados canecillos. Con el tiempo desaparece la idea del cornisamento griego. Simples chaflanes sostenidos por canecillos constituyen las cor- nisas. A veces estos canecillos apoyan arquitos como acusando bovedillas, siempre siguiendo la dirección de la cornisa ya sea esta horizontal, ya se presente en declive á manera de frontón. No es raro tampoco ver sostenidos estos arcos por columnilas formando una galería simulada; ni lo es tampoco que tales arcos se enlacen entre sí, manifestándomenos hip(3critamenlesu objeto, de servir más bien de exornación, que de aparentar un vano ó galería. La mayor riqueza y combinación de todos los elementos de las épocas anteriores se presentan en la última, en las cornisas. Umbelas. Solo en esta última época pudieron nacer estos doseletes de forma particular, afectando edificios, porque solo en esta época fué cuando se creyó conveniente su uso para cobijar las estatuas que principiaron á usarse como elemento de exor- nación de los edificios, especialmente religiosos. Exornación. Hubo en esta época un cambio radical en la construcción: empleóse muy comunmente el pequeño aparejo romano; hízose entrar en la construcción gran cantidad de la- 186 LAS BELLAS ARTES. drillo de forma y fabricación análogas á las que en la época romana se habia usado, no tanto para atender á la mayor solidez como para contribuir á la mayor exornación. Asi es que muchas veces las molduras y cornisas fueron reemplazadas por filas de ladrillos; y por el contraste de colores que estos ofrecían combi- nados con los sillarejos, formáronse dibujos geométricos en las paredes, de donde hubieron de originarse los verdugados. Este carácter geométrico le tuvieron todos los adornos que se entalla- ron en piedra, siendo la ejecución sobrado ruda y grosera. Las inscripciones vinieron á constituir en cierto modo un adorno; y aunque se emplearon en ella los caracteres romanos, pero siem- pre fueron mal trazados y confusamente dispuestos. Generalizóse con el tiempo el aparejo medio: el reticulado y el espigado constituyeron un elemento de exornación: poca cabi- da tuvo en esta el anlema, siendo más comunes los losanges enca- denados, toros entrecortados, enlazados, cruzados y anudados, zig-zages contrapuestos, líneas nebulosas, almenillas, puntas de diamante, cables retorcidos, ajedrezados, monstruos, y bajos re- lieves representando asuntos históricos, de ejecución ruda y grosera. Más adelante aparecieron los entrelazados, lasfitarias, hojas de trébol y de otros vegetales en los capiteles, los dientes de sierra en las cornisas, y los trilobados de 3 y 4 lóbulos en los vanos y ojos de buey. La ejecución, como la construcción fueron más per- fectas, hubo mejor elección de materiales, y estos estuvieron mejor aparejados. Hubo mejor dibujo en los adornos y fueron ya muy raros los elementos de exornación reminiscencias del gus- to romano que hasta entonces se habia usado. Sin embargo todo indicaba la aparición de un nuevo estilo, que habia de aprove- charse de todos esos elementos. De los monumentos arquitectónicos que hubieron de erigirse en la época en que dominó el estilo latino-bizantino, no existen más que Iglesias, Monasterios y Cantillos feudales; siendo de Ábside de la Catedral de Toro. ARQUITECTURA. 189 suponer la construcción de Hospitales para peregrinos, yendo comprendidos en las Iglesias y Monasterios los monvmentas fú- nebres, puesto que no hubo entre los cristianos la creencia que entre los paganos, de que los cadáveres profanasen los sitios sa- grados; y debiendo por último suponer la construcción de pala- cios para los magnates, aunque probablemente hubieron detener el carácter de alcázar, en una palabra, de Castillo feudal. IGLESIAS. Las construidas durante la época expresada en las comarcas de Europa situadas al occidente de Bizancio, especial- mente en Italia, á diferencia de las que se construyeron al oriente de dicha capital, hubieron de tomar por tipo aquellas construc- ciones que con mayor facilidad pudieron responder á las necesi- _ dades del culto organizado en las Cata- ( \ > cumbas. Las criptas-iglesias do estos f i ^ subterráneos hubieronde ser este tipo; . 'I -ïi así como las basílicas paganas atendi- da su disposición, hubieron de respon- der con toda exactitud á este objeto. Queda ya dicho que el emperador Constantino dio á los cristianos de Ro- ma variasbasílicasexistentes en aque- lla ciudad para que fuesen convertidas en Iglesias; siendo sus formas las que en el rito latino prevalecieron. Las basílicas que se construyeron fueron por consiguiente precedidas de un nartex con arcos sostenidos por columnas, cerrados con cortinas colga- das en varillas; á cuyo nartex se le dio el nombre de Calhecmnenajtorque en él estuvo la pila bautismal. El interior del edificio se dividió ya en Kig. 88. Ábside de la Catedral tres, ya en cinco naves separadas por "*"'^°""- • columnas. El extremo de la nave cen- 1-90 LAS BELLAS ARTES. tral opuesto á los ingresos se redondeó en hemiciclo, el cual se cubrió con un cuarto de esfera en forma de ábside (apsis. axis.). Cada nave tuvo una puerta de ingreso con destino especial; una para los hombres, otra para las mujeres, otra para los peregrinos, otra para los muertos; teniendo en cuenta que en las primitivas iglesias estuvieron separados los sexos. Sobre las naves laterales hubo galerías ó tribunas para las mujeres consagradas á Dios. El santuario tuvo el suelo algo levantado y se cerró con verjas. El altar ocupó el centro del santuario; y consistió en una mesa de piedra más ó menos rica colocada so- bre la tumba de un mártir, y debajo de un tabernáculo [ciho- riiim) sostenido por cuatro columnas, de cuyo centro colgaba la paloma que con- tenia la Eucharistía [jñxis), ó en su d e - fecto una lámpara. Como las iglesias latinas siempre fue- ron construidas sobre la sepultura de algun mártir, de aquí el que algunas tu- viesen una cripta en la cual fueron estas colocadas {Confessió, Martirium). Parece que en algunos países de Euro- pa orientaron las iglesias primitivas colo- cando la puerta contra oriente: de mane- ra que el celebrante puesto, como fué cos- tumbre, de cara á los fieles, miraba á oriente. Más adelante se entendió la Pig. 89. Altar y tabernáculo deo^'i^^tacion al Contrarío: fué que entonces s. Jorge in Veiabrum. (Roma) el celebrante por dísposícíon canónica se colocó de espaldas al pueblo: de manera que en uno y otro caso el sacerdote miraba á oriente. Sin embargo la orientación de las basílicas no fué observada en Roma, é iudistintam,ente el eje de los edificios tomó varias direcciones: y aun en los mismos países donde fué observada no se presenta exacta, sin duda porque no siendo conocida la brújula, solo sirvió de norma el ARQUITECTURA. 191 punto del horizonte por donde hubo de salir el sol en la época en que hubieron de abrirse los cimientos. Otras disposiciones se encuentran en las más antiguas basíli- cas^ que tienen una significación de todo punto alegórica, tales como el número de columnas, de ventanas, de puertas; todo con sentido místico. Pero relativamente al simbolismo de los núme- ros el mismo presbítero Gerbert que ha hecho investigaciones acerca de ello, confiesa que no ha hallado texto alguno que justifique sus asertos. Las basílicas de occidente, lo mismo que las de oriente, fueron decoradascon grande esplendidez, figurando mucho en esta .de- coración el mosaico y las pinturas con fondo dorado representan- do asuntos notables de la Historia sagrada, y algunas alegorías. Las inscripciones con caracteres de oro sobre un fondo azul cons- tituyeron un grande elemento de exornación. Modificaciones de grande importancia sufrieron las basílicas romanas en Italia desde Constantino hasta el siglo VI en que la escuela bizantina tomó un carácter determinado. Con efecto, la importancia que fué dándose á los transeptos hizo que esta par- te del edificio llegase á formar una cruz con la nave principal: y si bien no existe decisión alguna canónica que determine la forma que haya de darse á las iglesias cristianas; sin embargo la forma en cruz fué la generalmente adoptada con fé para la planta de los templos cristianos de occidente. El nartex hubo de tomar una extensión especial, hasta el punto de constituirse en un atrio ó peristilo rectangular: y aunque se cree que semejante modificación es de origen puramente bizantino, sin embargo hállase usado en la basílica de S. Pablo extramuros de Roma • que pertenece al siglo V, y en alguna otra de la misma ciudad. Extendióse también el santuario hacia el centro de la nave prin- cipal desde el altar, sin duda para que los salmodistas, diáconos y subdiáconos pudiesen desempeñar su ministerio separados de los fieles, ó que la afluencia de estos no se lo impidiese: y he aquí el corimi canentium clericm'um que se nombra en los libros 192 LAS BELLAS ARTES. de disciplina eclesiástica, de cuyo coro se tiene una muestra en S. Clemente de Roma, reconstruida en los siglos VIH y IX. Fij;. 90. Curo de S. Clemenle (Uoma). Con el tiempo, y después que se sintió en occidente la i n - fluencia bizantina, verificáronse algunas modificaciones en la disposición de las iglesias. En la 1.* época fueron poco comunes las iglesias de tres naves; y cuando se erigió alguna, las latera- les fueron menos elevadas que la central; quedando encima de aquellas los trifor'iDS, verdaderas galerías, con vista á esta por ajimeces de tres vanos, primero, á cuya circunstancia debieron el nombre, y por serie de arcadas después, para mayor grandio- sidad. En las poblaciones de corlo vecindario las iglesias consta- ron de un rectángulo con ábside ó ábsides en hemiciclo: y solo en circunstancias muy especiales se adoptó una planta circular ó poligonal. En la 2.'' época se presenta uno que otro ejemplo de iglesia en cruz griega; "pero en general subsiste la forma de cruz latina, prolongándose las naves laterales al rededor del santuario para reunirse á espaldas del hemiciclo; siendo este el origen de los iha'·tdmla'orio'i que en adelante tuvieron las iglesias de al- guna categoría, donde se abrieron desde luego algunas capi- ARQUITECTURA. 193 lias sin pasar del crucero ó transepto. En la época 3.^ los prime- ros cruzados, de vuelta de sus expediciones, quisieron reprodu- cir las formas de la iglesia del Santo sepulcro; he aquí como se construyeron algunas con planta circular, elevándose el altar en el centro, rodeado de columnas: y he aquí las comunmente lla- madas iglesias del te^nple, las cuales son buen testimonio del valor piadoso de los primeros que fueron á la Tierra santa, ar- mados de fé viva y generosa con la cual tan grandes empresas llevaron felizmente á cabo. Torres campanarios. La religión cristiana necesitó reunir á los fieles para celebrar los divinos oficios. Díceseque San Pauli- no de Ñola en la Campania, en el siglo V, fué el primero que se sirvió de campanas para este objeto; pero es lo cierto que hasta el siglo IX no adquirió gran desarrollo el arte de fundirlas de gran tamaño, pues en las Cata- cumbas ya usaron los cristianos campanillas {tintinahida). Como quiera que sea, de esta circuns- tancia depende el fijar la época en que principiaron á construirse las torres campanarios en las iglesias. Pero antes de esas torres, usóse elevar en las fachadas principales, espadañas con arcos para colocar en estos las campanas de mayores dimensiones. Andando los tiempos y tomando mayor tamaño las campanas, hubieron de levantarse torres cuadrangulares con tejado de doble ó cuádruple vertiente „ , . „, , sobre el punto central de los Fig. 91. de San Jorge in Velabrum. transeptos; más adelante sobre la puerta priacipal, ó en uno de los ángulos del edificio. A-13 194 LAS BELLAS ARTES. En la 2.^ época multiplícanse las torres campanarios con el solo objeto de la buena visualidad; casi siempre cuadrangulares con chapiteles de poca altura. En la 3.* época, más atrevidos los constructores, especialmen- te los de los países septentrionales, aguzan los chapiteles, y les dan variadas formas; conservando sin embargo cuadrangulares y muy reforzados los cuerpos inferiores. Monasterios. Las persecuciones de la Iglesia cristiana y el de- seo de aproximarse á la perfección, movieron á muchos cristia- nos á huir á los desiertos para vivir en la soledad. Cuando es- ta vida eremítica ó anacorética pasó á ser cenobítica, esto es, cuando los solitarios se reunieron para hacer vida común (si- glo iv) parece que los eremitas construyeron las habitaciones al rededor de un edificio principal {ccenoMum); y cuando se construyeron edificios á propósito para esta vida, llamáronse monjes, esto es, solitarios, y á tales edificios monasterios. Durante la época primitiva los monasterios estuvieron situa- dos en parajes desiertos; pero con el tiempo levantáronse pobla- ciones á su rededor, así como se edificaron más tarde monaste- rios en las poblaciones. En la primera época la vida ascética de los monjes no supuso el carácter clerical: en el siglo iv se asoció en occidente este carácter á la vida monástica; así como desde el vii puede decir- se que el clericato fué inherente á la vida monástica. Las ocupaciones de los monjes se extendieron desde el rezo á la enseñanza de las sagradas escrituras, y á la formación de bi- bliotecas capaces de contribuir á esta enseñanza y de responder á todas las dudas religiosas, históricas yfilológicasque pudiesen ocurrir; por cuya razón la copia de libros fué una de las tareas á que los monjes con mayor asiduidad se dedicaron. Constituidos los monjes de esta manera, fácil será conocer las necesidades á que hubieron de atender los edificios que para albergarse se construyeron. La vida ascética, no hubo de con- cederles más que habitaciones pequeñas; la cenobítica hubo de ARQUITECTURA. 195 exigir la comunidad y regularidad de la vida práctica y tempo- ral; el carácter clerical, la contigüidad de una iglesia; y la mo- nacal, la interdicción á los seglares de penetrar en el recinto del monasterio: de donde el dar el nombre de dauslrum á todo el ediücio en general, y en particular á la parte del mismo en cuya disposición se ve simbolizada perfectamente la clausura. Fig. 92. Claustro de Fontenay (Francia). El claustro es con efecto una parte notable de un monasterio. Con una disposición análoga á los atrios que precedían á las ba- sílicas primitivas, no parece sino que los claustros fueron esloS mismos atrios que cambiaron de situación, colocándose en uno de los costados de la iglesia para servir de paso á los monjes desde sus celdas, al coro, á la sala capitular {cajñtuJum), á la biblioteca, á la tesorería , {thesaurum) donde se guardaban los tesoros de la comunidad para el servicio del altar; al locutorio (locutorium); á la hospedería para los peregrinos; el refectorio, á la cocina y á los demás departamentos que eran menester. Hasta la fuente estuvo en medio del claustro como en los atrios 196 LAS BELLAS ARTES. de las basílicas: y quizá bubo en él un oratorio donde acudieron los monjes para verificar actos de devoción particular. En la época en que se erigieron los grandes monasterios con verdadero carácter monumental, el estilo latino bizantino habia desplegado ya todas sus galas: los arcos del claustro presen- táronse de pequeñas dimensiones en proporción de las gale- Fig. 93. Claustro de S. Pablo del Campo (Barcelona). rías que formaban; ya fueron semicirculares^ ya lobulados, es- Cemenlciio de SU. Incs (liomaj. Fig. 9k ARQUITECTURA. " • 199 Iribando siempre en columnitas pareadas en sentido del grueso del muro; siendo los capiteles de ellas, antemálicos, reminiscen- cias más ó menos aproximadas del corintio ó romano; ó historia- dos, con asuntos del antiguo y nuevoTestamento, especialmente los de la galería inmediata á la iglesia. La base ática fué la que apareció en estas columnitas, con la degeneración consiguiente. MONUMENTOS FÚNEBRES. Cementerios. Las Catacumbas deben ser consideradas como los primeros cementerios de los cristianos; y en calidad de tales se abrieron subterráneos en todos los países donde imperó la fé de Jesucristo. Aun inmediatamente después de la paz constan- tiniana, las Catacumbas de Roma contiiiuaron sirviendo de ce- menterio por el piadoso afán de enterrarse junto á la tumba de determinado mártir. Después del siglo v, sumisos los cristianos á las leyes de la sociedad civil en que vivían, siguieron fiel- mente sus prescripciones, instalando los cementerios fuera de los pueblos; sin embargo, indudablemente el mismo piadoso sen- timiento que les hizo buscar en las Catacumbas un enterramien- to junto á las tumbas de los mártires de su fé, hubo de inducir- les la idea de buscar las sepulturas en las basílicas ó en las in- mediaciones de ellas. Constantino fué el primero que con asen- timiento de la Iglesia quiso tener la sepultura en el vestíbulo de la basílica de los santos apóstoles que había fundado en Bi- zancio; los emperadores Teodosio y Honorio quisieron imitar este ejemplo; y poco á poco otros personajes de categoría desearon tener semejante honor; habiéndose aumentado de tal manera este afán, que hubo necesidad de reprimir por una ley lo que llegó á ser abuso. La Iglesia sin embargo en el siglo vn permitió de nue- vo las inhumaciones ya no en el interior sino al rededor de los .templos; siendo probablemente este el origen de los cementerios que hasta nuestros días hemos visto al rededor de las iglesias parroquiales; siendo los nichos no más que los loculiàe las Cata- cumbas. Sarcófagos y osarios. En todas épocas, aun en la de las per- 200 LAS BELLAS ARTES. secuciones de la Iglesia, los cristianos han erigido sepulcros sobre el suelo: nada puede darlo á entender mejor que las exi- gencias que algunas veces tuvo el populacho pagano en algunas comarcas del imperio para que fuesen destruidos. Los erigidos antes de la paz constantiniana tuvieron una cámara mortuoria, imitación de los cubículos (cuUcula) de las Catacumbas; más adelante tuvieron un hemiciclo en la parte anterior, y el jardin {hortus) que rodeó la cámara. Las inscripciones y algunos emble- mas designaron entonces las sepulturas. Depositáronse también los cadáveres en sarcófagos, que en los primitivos tiempos fue- ron arcas de piedra, como las que hablan usado en las Catacum- bas, colocadas debajo de hornacinas (arcasolia). Cuanto más remontemos nuestras consideraciones á la primera edad del cristianismo, mayor analogía encontraremos entre los sarcófagos cristianos y los paganos, en cuanto á la forma general, más no respecto de los símbolos que los decoran, pues sobre este particular debe acudirse al simbolismo cristiano de las Catacum- bas. Estos sarcófagos se modificaron directamente luego que la Iglesia los admitió, ya en los atrios, ya dentro de los mismos tem- plos; de manera que al fijar la atención en los que se labraron desde el siglo vni, no puede menos de notarse que casi ninguno de ellos tiene las dimensiones necesarias para contener el cadá- ver de una persona, siquiera de mediana estatura; al paso que por el contexto de los epitafios, así como por la pluralidad de huesos humanos que contuvieron, no pueden calificarse más que de urnas-osarios. El modo más general de la colocación de estos sepulcros fué encima de dos ménsulas proyectadas en los muros, figurando algunas veces leones ó leopardos, ó simplemente sirviendo de soportes, cobijado el conjunto por un arcosolio. HOSPITALES. Italia, Francia y España, durante la época lati- no-bizantina, tuvieron que sufrir las devastaciones de los bár- baros la primera; la tiranía de los señores feudales la segunda; la última, la invasión de los árabes mahometanos; y todas la guerra ' ARQUITECTURA. 301 con sus más atroces consecuencias; por esto las comunicacio- nes hubieron de hacerse tan difíciles como penosas y arriesga- das. Sin embargo, las peregrinaciones se multiplicaban, y los caminos eran continuamente transitados por devotos que iban desde todas partes á la Tierra Santa, á Roma^-á Santiago de Gompostela, unos por acallar los remordimientos de su con- ciencia, otros para el cumplimiento de algun voto. Los pere- grinos ricos pudieron obtener hospitalidad en las casas de sus amigos; la Caridad cristiana se apresuró á ejercerla con los po- bres en albergues comunes: y tal fué la rapidez con que se multiplicaron los Hospitales, así en las poblaciones como en los despoblados, que no pareció sino que la sociedad solo se compo- nía de peregrinos, de enfermos y de hospitalarios. En estos es- tablecimientos fué donde los leprosos tuvieron un tratamiento especial mezclado con prácticas religiosas, por tradiciones bíbli- cas conocidas. De tales monumentos no quedan más que recuerdos. CASTILLOS FEUDALES. En el siglo ix el Feudalismo tomó gran desarrollo por resultado de las capitulaciones de Kiersy-Oisse dictadas por el emperador de Occidente Carlos el Calvo (877) de la dinastía Carlovingia. Estas disposiciones legales, subdividien- do la soberanía hasta lo infinito, la desentralizó de tal manera, que llegó á haber un soberano en cada comarca; sobre todo en Francia y en Alemania. Esta su^Ddivisión de la soberanía produjo como era consiguien- te, enemistades y agresiones por parte de los Señores feudales; y en la necesidad de defenderse, ya de los iguales, ya de los más poderosos, ya de los más atrevidos, hubieron de construirse verdaderas fortalezas: he aquí los castillos feudales. La estrate- gia d e aquellos tiempos pudo aconsejar las alturas como sitios > más á propósito para esta clase de construcciones; y de aquí los castillos roqueros, por haberse construido en lo más elevado de alguna roca escarpada. Al amparo de los castillos agrupáronse las viviendas de los 202 LAS BELLAS ARTES. feudatarios, de la propia manera que lo liacian otros particula- res al rededor de los Monasterios, los cuales á su vez hubieron de parapetarse detrás de muros de circunvalación tomando el aspecto de los mismos castillos feudales. He aquí el origen de Fig. 95. Puerta de Ncvers (Francia). muchas poblaciones de la edad media con los nombres de m n - tates, urbes, oppida, castm, castellà, rici. según la mayor ó me- ARQUITECTURA. 203 ñor importancia que fueron adquiriendo, con el alcázar en el centro, en el cual descollaba la torre del liomenage, ya cuadrada, ya circular, y el conjunto circuido por murallas (circnlum mi- nus); y la población (hiinjum) al rededor, circuida también por un muro de circunvalación (drcnlum mayv.s): disposición que no excluía otras análogas, según las circunstancias que hablan mediado para obtener los particulares el derecho de asilo [ml- vamentíim). Los fosos, empalizadas, puentes levadizos y todos los medios de defensa y de prevención empleados en aquella, aunque no son para descritos aqui, porque poco tienen que ver con el Arte, sin embargo por sus formas y por el aspecto que daban al con- jiinto, merecen que se haga alguna mención de ellas en la his- toria del mismo. Tales son las almenas, barbacanas, matacanes f" I iHII'l'' H» i iHI'liTi ilJMWtl I «HfliJIC v\\M<^ mmmm jii- k\ám.j^mm»iiimMUí Fig. 96. Almenas. Ó buhardas y garitas. Variadas fueron las formas de las almenas que coronaron los muros: los morlones ya fueron escalonados, ya dentados, ya pris- máticos coronados por un piramidión, ya rectangulares hendidos por una aspillera vertical ó en cruz. Las barbacanas fueron una especie de saledizos colocados en la parte superior del muro, coronados por almenas, y sostenidos por cartelas unidas entre sí por una serie dearquitos, para dejar caer impunemente proyectiles al pié del muro. Por consiguiente la barbacana constaba de jparafelo y canecillo; el primero ponia á cubierto el defensor; el segundo sostenia el parapeto y la parte de suelo que quería dejarse. 204 LAS BELLAS ARTES. Las buhardas ó matacanes, fueron saledizos del carácter de las barbacanas aunque no tuvieron la extensión que estas; no sir- Fig. 97. Barbacanas. viendo más que para vigilancia ó defensa de las puertas; por lo que se colocaron sobre estas en la parle superior del edificio. Las garitas {scaraguagtas) fueron torrecillas circulares que se proyectaron en la parte superior de los ángulos de los edificios y aun de las partes intermedias de las fachadas de estos. Los castillos feudales perdieron mucba parte del carácter té- trico que tiene toda fortaleza luego que terminó el período latino- bizantino, que fué precisamente cuando principió la época ca- balleresca. OJIVA-IJ. Los romanos llamaron hárharo á cuanto era extranjero: los artistas de la época del Renacimiento llamaron gótico á cuanto no tuvo las formas griegas ó romanas que adoptaron. El respeto que se quiso afectar por la antigüedad pagana fué la causa de la denominación que desdeñosamente se dio al estilo arquitectó- nico que se quiso derrocar. No debemos entretenernos demasiado en manifestar la impro- piedad de la denominación, porque para ello no bay más que atender á la época en que aparecieron los godos, y á la época ARQUITECTURA. 205 en que nació el sistema de arquitectura que va á ocuparnos, y se verá el anacronismo. Con efecto, en el siglo vni hablan des- aparecido ya los godos, y la arquitectura ojival no se erigió en sistema hasta el xni. Mejor cuadra á esta arquitectura el dictado de germánica, to- da vez que en Germania fué sistematizada, habiéndose estable- cido al efecto es cuelas que con asiduidad y resultado, se ocuparon en el estudio de la Arquitectura. En el siglo xni Strasburgo, Colonia, Viena, Zurich y Magdeburgo tuvieron tales escuelas, siendo la primera de dichas ciudades la sede principal de las lo- gias ó asambleas de francmasones ó constructores libres, que bajo la denominación de hermanos de San Juan, propagaron los principios en ellas establecidos, enviando sus adeptos donde quiera que fueron llamados. Conocemos ya el origen del nombre, que por el país que le dio el ser, corresponde á esta arquitectura: conozcamos ahora el que suele dársele comunmente por sus formas características. A esta arquitectura se la llama ojival por ser la ojiva lo que constituye el fundamental modo de construcción de la bóveda. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la palabra ojiva tal como la hemos considerado al hablar de la arquitectura latino- bizantina, ha sido empleada desde época muy reciente, para in- dicar, ya no las nervosidades que reforzaron las aristas, sino la libre altura que tomaron los arcos de dos puntos; y la aparente lógica de esta razón pudo hacer después que la costumbre vinie- se á sancionar el error. Pero es el caso que la ojiva en la significación de arco aumen- tado, no es la base de la economía de la arquitectura que nos ocupa; sino que lo es la ojiva en su verdadera significación de nervosidades salientes, que llevan el empuje horizontal de las bóvedas á cuatro puntos de apoyo contrarestades por arbotantes. Y en tanto es así, como que en la arquitectura que nos ocupa, el arco puede ser de dos puntos ó apuntado, lo mismo que de medio punto ó semicircular; de manera que una y otra forma 206 LAS BELLAS ARTES. no son más que accidentes de la construcción. El único objeto que en ella tiene el arco apuntado es disminuir el empuje hori- zontal de los arcos y dar más fuerza á los puntos de apoyo. Y he aquí otra razón para que se restituya ala palabra ojiva [avjiva) su propia y genuina significación, 6 no se dé al estilo de arqui- tectura sistematizado por las Escuelas del Rhin otra denomina- ción que la de Germánica. En otro principio está basado el carácter de esta arquitectura, y es el sistema de líneas verticales. La arquitectura germánica es la última palabra de la construcción en arco, y la expresión menos material de la arquitectura generalmente considerada: es el tipo de la arquitectura romántica, formando juego con la clá- sica, cuyo tipo encontramos en la arquitectura griega de la An- tigüedad. Conocida la razón del nombre de esta arquitectura, y el ele- mento fundamental de su carácter, debemos dar razón del orí- gen del arco apuntado vulgarmente llamado ojiva, siquiera por la consideración en que se le ha tenido, aunque equivocadamen- te,'de ser tal elemento, y en su consecuencia por lo debatida que ha sido la cuestión por hombres de mérito, que admitieron quizá solo por costumbre semejante idea. No puede decirse de un modo categórico el origen de las for- mas del arco llamado ojival; pero es coincidencia notable, que apareciese esta forma cuando los cruzados importaron de Orien- te mil invenciones y objetos desconocidos de los occidentales; y sabido es que existían en Oriente muchos ejemplares de vanos ojivales. Bajo dos puntos de vista puede la cuestión mirarse, á saber: el técnico y el filosófico : Bajo el punto de vista técnico ó sea de las teorías conjeturales de la cons),ruccion, hállanse algunos constructores, especial- mente ingleses, que pretenden manifestar que la forma ojival de los vanos debe su origen á la intersección de arcos de medio ARQUITECTURA. 2Ü7 punto; estableciendo como principio, que el arco de dos puntos fué descubierto por los que observaron las nuevas formas re- sultantes del enlace de dichos arcos, tal como se usó en el si- glo XIII. De esta teoría son compañeras otras que pueden esta- blecerse como consecuencia de combinaciones mecánicas que también pueden producir la forma ojival de los arcos. ¿Seria acaso tan improbable que la elevación de los frontones latinos exigida por la mayor pendiente de un tejado, tan necesaria en los países lluviosos, y donde las nevadas y las escarchas son muy frecuentes, hubiese sugerido la idea de circunscribir en aquellos triángulos rectilíneos, otro curvilíneo? El Sr. Merimee dice, que no es debida la invención de la forma ojival del arco, al acaso: estamos conformes: pero no podemos estarlo en que la timidez de los constructores, por no atreverse á construir grandes arcos de medio punto, fuese la causa de que se ideasen los de dos pun- tos. Si esto fuese cierto, no deberíamos dolemos, sino felicitarnos por la necesidad que aguzó el ingenio de aquellos tímidos cons- tructores hasta hallar tan libre forma. La necesidad de tener que edificar en áreas de poca extensión, la idea de ganar dimen- sión en altura á falta de dimensión superficial, pudieron tam- bién ser origen de la necesidad de establecer ese sistema de lí- neas verticales y de armonizar con esta necesidad la forma de los vanos con el de las líneas generales. Mírese ahora la cuestión bajo el punto de vista filosófico, esto es, de la idea especial que á tales formas ó sistema de líneas puede aplicarse; y hallaremos dos causas que pudieron contri- buir á la admisión del estilo ojival, á saber: el espíritu elevado del cristianismo, y la necesidad que el procomunal tuvo de le- vantarse en defensa de los intereses de los artesanos, y de los mercaderes. No se crea que solo fueron estas las ideas que hubieron de presidir en el establecimiento de este sistema de arquitectura que nos ocupa, porque esto fuera desconocer el corazón huma- no, que siempre se ha movido según las impresiones que ha re- 208 LAS BELLAS ARTES. cibido. Cuestiones internacionales han mediado en la materia. Si bien las luchas entre Italia y el Imperio germánico pudieron impeler á los alemanes á emanciparse de los principios que Ita- lia profesaba en Arquitectura, asi como en otros conocimientos; sin embargo no podrá jamás negarse que la filosofía alemana supo sacar partido de semejante realidad en beneficio del Arte, de las creencias religiosas y de-las instituciones civiles que á la sazón se organizaban. El simbolismo cristiano expresado en mil detalles de la disposición arquitectónica, no pudo menos de ser expresado también por los alzados. Según la expresión de Montalembert el cristianismo no necesitaba extenderse sobre la superficie de la tierra debajo de vastas techumbres destinadas simplemente á poner á los fieles á cubierto de la intemperie y fuera del bullicio del mundo; necesitaba sí, que todo se dirigiese hacia un fin elevado y se lanzase al espacio hacia el trono del Altísimo. Por otra parte las municipalidades dirigiendo los des- tinos de los pueblos debían levantar consistorios en medio de las poblaciones, como para mirar desde grande altura los inte- reses generales: y el nuevo estilo que la Arquitectura tomó, pa- reció á propósito al efecto. No bastaba luchar con la política con- tra el poder del Feudalismo para recordarle lo que era debido al Rey y á la Patria; era preciso elevar las torres y las almenas del consistorio al nivel del castillo feudal. Si al rededor de este se agruparon los labriegos vasallos feudatarios pegados al terrón; en los puntos más elevados de las poblaciones de industriales y mercaderes debieron elevarse los consistorios donde los intere- ses comunes debían ventilarse. Si en vista de todas las consideraciones que acaban de hacerse quisiera .conocerse nuestra opinión respecto del origen de la arquitectura ojival, y de su erección en sistema; diríamos sin titubear: que el Oriente pudo prestar la forma; las creencias religiosas y políticas su espíritu; el pueblo germánico su orga- nización en sistema; y las influencias de cada localidad, las va- riantes. Fig. 98. Claustro de la Catedral. (Barcelona). ARQUITECTURA. 211 Esta arquitectura tuvo un desarrollo especial, habiendo tenido distintas fases que recorrer, y sucesivas denominaciones que tomar. Estas fases son tres, como indicativas de los tres carac- teres que en todo desarrollo de un estilo se presentan, á saber: robustez, gentileza, y delicadeza. Prefieren otros darles nombres correspondientes al orden numérico de su edad, llamándolos: primario, secundario, terciario: Otros atendiendo á las formas más salientes de la decoración han empleado las denominaciones de lancetado, radiante y flamígero. Nosotros preferimos la no- menclatura siguiente: Germánico (vulgarmente, gótico) robusto; que floreció en el siglo xni: Germánico (id. id. ) gentil; en el xiv y parte del xv: Germánico (id. id.) flamígero; hasta bien entrado el siglo xvi. Arcos. En la 1." época el arco apuntado en forma de cuchillo de lanza fué el característico, sin exclusión de la semicircular completa, y de la esquebrajada; habiéndose notado en toda cla- se de vanos y bóvedas; y en unos y en otras se encuentra algu- nas veces, peraltada. Las arquivoltas están formadas por robus- tos toros ó baquetones; nunca por platabandas. En la 2.» época circunscríbese el arco apuntado en un trián- gulo equilátero ó bien isósceles, tomados los centros euritmiea- mente sobre la base del mismo. Complícanse las'arquivoltas con boceletes y escocias. En la 3.a época el arco apuntado tiende á rebajarse, circunsr cribiéndose en un triángulo obtnsangulo; empléanse los serai- elípticos, cairélanse muchos, y preséntanse casi todos conopiales con mayor ó menor afectación. En las arquivoltas, las escocias, aristas y baquetillas se combinan de una manera, que apenas la vista puede alcanzar á percibir más que el efecto, pero no los de- talles. Bóvedas. Adelantado ya el arte de construir al principiar el estilo germánico, edificáronse bóvedas mucho más atrevidas y 212 LAS BELLAS ARTES. ligeras, ya no con casquijo, sino con dovelas, aunque de peque- ñas dimensiones, apoyándose en arcos formeros y cargando so- bre ojivas. Estriban aquellos y estas en pilares cilindricos adosados á otros pilares cuadrangulares ó igualmente cilindri- cos, ó aislados. Los aristones que constituyen las verdaderas oji- vas se presentan muy ostensiblemente con clave historiada en su intersección. En la segunda ép(ïca toman las bóvedas el mismo carácter que el arco; desarróllanse con mayor diámetro; y las nervosida- des sobre que cargan, presentan como las arquivoltas, mayor ac- cidentacion con molduras propias de la época. Distínguense las bóvedas en la 3.'' época por la mayor acci- dentacion y mayores detalles prismáticos de las nervosidades sobre las cuales gravitan; cruzándose estasen varias direcciones dentro de los formeros, ya como ojivas, ya como voladizos, ya como terciarios; presentándose claves pinjantes en los puntos de intersección, siendo la central la más preponderante. En Ingla- terra es donde tales claves aparecen con más alarde y compli- cación. Contrafuertes. En la época anterior se habia contrarestado el empuje de las bóvedas, por otras bóvedas laterales en cuarto de círculo Colocadas en el interior de los edificios, formando naves laterales. Este sistema hubo de producir los arbolantes con sus botareles y arcos botaretes. Con efecto, aquellos arcos que forma- ron naves laterales en los interiores, presentáronse en el exte- rior de los edificios, con el botarel rematando ya en glacis, ya en tejadillo lomado; formando otras veces un escalonado á dis- tintas alturas. Estos botareles llevaron en la parte superior un canalón por medio del cual se arrojaban lejos del edificio las aguas llovedizas; de manera que los contrafuertes fueron miem- bros exigidos por la solidez, al propio tiempo que por la higiene, digámoslo así, puesto que fueron un preservativo de una de las calamidades más dañosas á los edificios, cuales fueron, las hu- medades. Y si la solidez y la higiene fueron el origen de los ar- ARQUITECTURA. 213 bolantes, el sentimiento no dejó de ganar con su aparición en el edificio, piiesto que dio á este mayor accidentacion y mayor efecto pintoresco, habiendo sabido sacar de ellos gran partido los artistas de la edad media. Con efecto, en la 2.^ época los contrafuertes se multiplican y se adornan rematando en pináculos más ó menos sencillos y de mayor ó menor número de altos; teniendo guarnecidos los án- gulos de los respectivos chapiteles con hojas zarpadas, rematan- do en un pellón. Mucho más accidentados se presentan los contrafuertes en la Fig. 99. Catedral de Colonia. época 3.a Subdivídense los arcos botareles formando una serie de arcadas sostenidas por delgadas columnitas, sobrellevándolos botareles con pináculos adornados con hojas zarpadas en sus aris- tas , y rematando en un pellón ó en una estatua ; todo después de haber figurado distintos altos y presentado en cada uno de ellos variadas formas prismáticas. 214 LAS BELLAS ARTES. Pilares y Columnas. Al principiar la época ojival los pilares que sostienen las bóvedas aparecen con diversidad de for- mas: su planta ya es un cuadrado, ya una circunferencia, ya una elipse; teniendo embebidas por mitad cuatro columnas, de fuste completamente cilindrico, y en diametral oposición; cuyas columnas se elevan arbitrariamente hasta el arranque del arco. Esto no quita que en ocasiones especiales los pilares tomen la forma cilindrica y sin levantarse agrande altura, antes bien que- dando desproporcionados respecto de su diámetro, tomen una base y un capitel remedándola columna: asi sucede en algunas criptas. Con el tiempo se aumenta en los pilares el número de" co- lumnas embebidas, en correspondencia con el número de boce- lones que constituyen las arquivoltas y las ojivas. Preséntanse también en los vanos gemelos de las ventanas y en los claus- tros , columnitas fasciculadas cruciforme de diámetro perfec- tamente igual en el imóscapo que en el sumoscapo. Más tarde pierden las columnas todo carácter de tales; au- mentándose su número de manera que llega á desaparecer de- tras de tantas Baquetas y baquetillas el pilar en que están em- bebidas; combinándose con molduras prismáticas y escocias más ó menos profundas; y acabando por borrarse toda idea de soste- nimiento, puesto que este liaz de baquetas se retuerce à manera de cable, y más parece que el pilar cuelga de las bóvedas, que no que estas queden sostenidas por el pilar. Los zócalos en los primeros tiempos se especializan en cada columna embebida: cada una de estas estriba en una base par- ticular, remedo de la antigua ática; siendo hacia el fin de la época, más recogidas estas bases en sí mismas, y menos altas, ya que los loros van complanándose y perdiéndose las escocias. Es- tas bases tienen á menudo mascarones ó pellejas retorcidas que se extienden por las enjutas de los plintos. En la segunda época ya han desaparecido las escocias de las bases: en su lugar apa- recen zócalos separando dos toros en completa degeneración; de ARQUITECTUKA. •215 modo que se pierde toda idea de la base ática; presentándose á la vista como una superposición de zócalos estribando en uno común que abraza la forma general del pilar. En la época terce- ra todos estos caracteres se presentan de la propia manera, aun- que de conformidad con los que los pilares toman. 100. Claustro de la colegiata de Sta. Ana. (Barcelona). No existe menor degeneración en los capiteles que en las ba- ses. Remedan primero lo apenachado y antemáíico del antiguo corintio; aumentando los abacos su volumen, y, en casos deter- 216 LAS BELLAS ARTES. minados, sus accidentes. Zarpadas, ya no apenachadas son las hojas que adornan los capiteles de la segunda época; y muchas veces no parece sino que por complacencia se enraman ó figu- ran en el tímpano: los abacos aumentan los detalles, y la plata- banda queda convertida en escocia muy pronunciada. Sin em- bargo, encuéntranse de esta época columnitas que continúan remedando el antiguo corintio, pero no conservando de esta forma más que el conjunto. En el último período del estilo ojival el capitel ya se presenta solo como una simple abrazadera ante- mática de todo el haz de baquetillas que constituyen el pilar, ó desaparece este por completo, especialmente en los ajimeces. Puertas y ventanas. El alféizar ó derrame del muro es el carácter de todos los vanos del estilo ojival: no parece sino que á fuerza de multiplicar arcos en disminución hasta llegar al vano se llegó á conocer el efecto menos material que podia pro- ducir el muro. A estos arcos corresponden sendas columnas de fuste comple- tamente cilindrico: y todo este aparato de decoración va suce- sivamente perdiendo el aspecto de arquivoltas y de columnatas, hasta quedar reducido en la 3.° época á manojos de ba- quetillas, aristas y escocias, unidos en el arranque de los arcos por abrazaderas antemáticas, y por sendas bases de diminutas proporciones al pié, sobre un estilóbato común más ó menos clausulado. En la época 1." estas puertas suelen formar un cuerpo ade- lantado coronado por un gablete, que estriba lateralmente en robustos contrafuertes. Pierden estos la robustez á medida que los gabletes se presentan más ligeros y por consiguiente con menor empuje; y las puertas acaban por ser en la época 3." es- beltas guimbergas con decoración de mero aparato. El vano de las puertas principales de las Iglesias suele divi- dirse por un pilar con una imagen, el cual tiene un simbolismo especial, al decir de algunos, tomado de las'palabras de la terri- ble sentencia: «t/lí« •?;/« <Í ¿« í?e/*ec/¿«.; o/^ra « la izquierda: una .a Fig. 101. Catedral de Tarragona. ARQUITECTURA. 219 jMva loshuenos; otra páralos pecadores. Cada cual al atravesar el umbral de la Santa Casa, debe darse cuenta de sus obras buenas ó malas y elegir la vía. Este pilar subsistió mientras duró la ar- quitectura ojival; desapareciendo de muchas iglesias en el si- glo XVI cuando se perdieron todas las tradiciones de las escuelas germánicas. Las ventanas siguen idéntico desarrollo que las puertas aun- que con menos suntuosidad. El agimesc es el carácter general délas ventanas; y probablemente .motivos de decoración las hace gemelas, esto es, cobijadas por una misma arquivolta. Pero en la 1.* época el tímpano se perfora, presentándose lobulados tanto los arcos de las ventanas como estas perforaciones. En la 2.^ época ya no son perforaciones sino crucerías lo que los tím- panos ofrecen, presentándose con enlace razonado los baquetones que las constituyen, y apoyándose mutuamente. En la época 3.'' ya no son perforaciones ni crucerías, sino caprichosas combina- ciones de aristas y baquetillas lo que el tímpano ofrece; especie de afiligranado que menos se comprende que sorprende; subdi- vidiéndose los vanos gemelos ya no por columnitas secundarias como pudo hacerse en la 2.» época, sino por simples montantes sin carácter alguno de columna. En los edificios civiles de la iiltima época aparecen ventanas y aun puertas rectangulares, otras conopiales, con guardapolvos capialzados aquellos, y del carácter conopial del vano estas. Los rosones siguen el desarrollo general de los tímpanos de las ventanas gemelas. Compónense en la I.'' época, de círculos concéntricos, irradiándose de su centro columnitas que sostie- nen, ó por mejor decir engendran perforaciones más ó menos lobuladas. Multiplícanse las irradiaciones de columnitas más delgadas, de cuyos capiteles arrancan crucerías que se enlazan para reforzarse. Al llegar á la 3." época la combinación de mol- duras prismáticas en líneas flamígeras y serpentinas forman una filigrana de mejor efecto que de claro y determinado di- bujo. 220 LAS BELLAS ARTES. Boseletes y Marcpiesinas. Los doseletes ó umbelas que cobi- jaban las estatuas adquirieron en la época ojival un carácter particular por razón de las marquesinas y chapiteles que sobre- llevaron afectando cimborrios, remates de torres y aun de edi- ficios. Tomaron más adelante el carácter poligonal en la planta, y la absidal en el sofito: rodeáronse de arcos con gabletes y hasta con contrafuertes: y en la 3." época cada lado tuvo una guimberga aguzándose los chapiteles de manera que ya no fueron sino delgadas agujas caladas y afiligranadas, con elegan- tes hojas zarpadas en las aristas y rematando en un pellón ó en una estatuita. Molditras. Las rectilíneas, generalmente hablando, se pre- sentaron más por arista que por paramento: consecuencia pre- cisa del sistema que parece existir en la arquitectura ojival que nos ocupa, de dar la menor importancia posible á la materia: no parece sino que los chaflanes, biseles y los taluses fueron á reemplazar á los listeles y á las platabandas. Las molduras cur- vilíneas por lo general consistieron en bocelones y baquetas y en escocias más ó menos pronunciadas hasta quedar en simples cave, tos. En la época 1.* los bocelones fueron cilindricos ó cordiformes de robustas proporciones, é intermediados por escocias. En la época 2.'» las aristas de los bocelones cordiformes se aplanaron presentando superficies á manera de filetes: debiendo tenerse en cuenta que tales bocelones cuando no tuvieron este acciden- te, afectaron en su corte horizontal más bien la forma elíptica que la circular: no tomaron tampoco en esta época tan grandes proporciones como en la anterior; uniéndose con escocias de poco desarrollo y hasta con simples cavetos. En la época 3.* los bocelones quedan reducidos á baquetillas piriformes; y así es- tas molduras como las escocias están intermediadas por aristas: de manera que domina el carácter prismático; y la decoración con ser más detallada tiene mayor dureza y sequedad. En general, las molduras del estilo arquitectónico que nos ocupa, más bien parecen obtenidas por rehundimiento que por ARQUITECTURA. 221 superposición; pues sus mayores vuelos no exceden de las líneas capitales de las formas generales adoptadas. Exornación. A mediados del siglo xni todos los adornos grie- gos y romanos habían desaparecido, no quedando de ellos más que capiteles que querían recordar el corintio, pero muy media- tamente. Los restos bizantinos iban al propio tiempo des- apareciendo; y solo la flora de cada país ofreció á los artistas modelos para el adorno: la frugalidad que reinaba en los mo- nasterios pudo sin embargo introducir la imitación de las hor- talizas. Así fué que en los primeros tiempos aparecieron sobre los guardapolvos, gabletes, y en las aristas de los chapiteles y de los pináculos obras de crestería figurando cayados floridos, los cuales fueron con el tiempo hojas encrestadas que por último se presentaron como rampantes ó zarpadas. Estas hojas de berza frisada, de olivo, de laurel y de cardo espinoso son las que más comunmente sirven para el objeto. Desde la 2.* época las hojas de berza y las de cardo espinoso destacándose de los cavetos ofrecen lacinias de atrevida y deli- cada ejecución; presentándose con grande alarde en la última época, á manera de flligranado y de perforaciones ligeras y ele- gantes. Las bichas y monstruos y aun figuras hunianas llegan á combinarse con semejantes hojas no sin algun conato de satí- rica alusión. Arcadas ya simuladas ya perforadas constituyen el adorno de los antepechos de la 1.^ época. Más adelante las crucerías más ó menos lobuladas y en combinación geométrica vienen á susti- tuir tales balaustradas; hasta que por último acaban por pre- sentar esas combinaciones de molduras prismáticas en líneas serpentinas y flamígeras propias de la 3." época. Los arquitos trilobados y quintilobados se presentan como so- portes de las cornisas de la última época, así como el cairelado constituye el adorno principal de los intradoses de muchos arcos. En los canalones de los tejados que aparecen en lo alto de los 222 LAS BELLAS ARTES. muros ó atraviesan los pináculos de los botareles , déjanse ver representadas figuras de personajes, magistrados, subalternos, dependientes del establecimiento ó de la institución á que el edificio sirve; sin que dejen de verse algunas veces figuras ri- diculas y basta obscenas, en las cuales pueden encontrarse datos para la historia de la caricatura de aquellos tiempos. Al hablar de la exornación no podemos menos de detenemos un momento en la Policromía, por el uso que de ella hubo de hacerse en el estilo ojival. Mucho se ha discutido acerca del par- ticular y de la discusión pueden sacarse consideraciones de no poco momento. Los edificios construidos en la época en que domi- nó el estilo sistematizado por las escuelas germánicas, hubieron de ser adornados con pintura polícroma? Existen pocos monu- mentos ojivales que tengan este género de exornación; pero na- da tiene de extraño supuesto que no hay ninguno terminado. Por otra parte hay monumentos en los cuales se ven muchas de sus partes exornadas policromamente. La arquitectura la tino- bizantina, que tanto floreció en Italia, empleó la policromía y aun las representaciones pictóricas, esto es, el género de pintu- ra histórica, no solo en el interior sino también en el exterior de los edificios; nada tendría pues de particular que la arquitectura ojival hubiese seguido la misma práctica, ya que no en mosaico como aquella, á lo menos al temple ó con sustancias secantes. Y por último, que la arquitectura ojival es susceptible de admitir el elemento polícromo y aun la Pintura histórica como elemen»- to de exornación, no puede dudarse; una arquitectura que tuvo entre sus elementos característicos la vidriera de colores para quitar á la luz que había de iluminar el interior del edificio la rudeza de la Naturaleza física, no pedia dejar de admitirla Pin- tura en todos sus géneros, y todos sus procedimientos, para qui- tar al muro toda la materialidad de que el Arte puede pres- cindir. Varios son los monumentos que fueron erigidos en la época ARQUITECTURA. 223 en que dominó en Arquitectura el estilo sistematizado y se- guido por las escuelas germánicas. Son á saber: Las Iglesias Catedrales, los Co7isistorios y Lonjas de mar, los castillos señoriales, esto es, ya no con el carácter feudal, sino con el de morada del señor jurisdiccional y alodial, cuyo poder procedia más bien de pactos especiales con la población que se acogia á su sombra, que de usurpación de derechos so- bre una clase constituida en servidumbre. Estos monumentos nos conducirán á tratar de algunas de sus partes integrantes-, que sin ser monumentos completos, tienen todo el carácter monu- mental correspondiente; así como trataremos de otros monu- mentos de segundo orden aunque no menos importantes en la historia del Arte. CATEDRALES. Al terminar el siglo xn desarrollóse en toda la cristiandad una actividad extraordinaria para la construcción de catedrales; habiéndose aumentado sobremanera el fer-s'or re- ligioso con la vuelta de los primeros cruzados. Entonces recor- rieron la Europa multitud de familias con el objeto de contribuir con el trabajo de sus manos á la construcción de Iglesias. Fué una especie de peregrinación á donde quiera que pudiese con- tribuirse á la erección de la Casa del Señor, considerada como la puerta del cielo. Entre esta muchedumbre hubo hábiles obreros y prácticos experimentados que trabajaron bajo la dirección de artistas tan modestos, que apenas dejaron recuerdo de sus nom- bres, trabajando más para la gloria de Dios que para la de sí mismos. Muchos de los directores de estas obras fueron obispos, abades ó monges. Fué que en medio de las revueltas continuas, guerras y devastaciones anteriores al siglo xii, los restos del sa- ber se habían refugiado en los monasterios, y de allí, iluminados por el fuego del amor divino, hubieron de salir aquellos artistas, muchos de los cuales fueron alumnos de las escuelas germá- nicas. Entonces fué cuando se levantaron de sus cimientos las cate- 224 LAS BELLAS ARTES. drales de París (1223) de Bruselas (1226) de Yorck (1227) de Burgos y de Toledo (1228) de Reims (1232) de Colonia (1246) de "Westminsler (1247) y otras. Para la construcción de estas iglesias adoptáronse conmun- mente las plantas del 2." estilo de la época anterior, esto es, el deambulatorio al rededor del Santuario; continuación de las naves laterales; pero se dio á estas parles mayor extensión, du- plicándose las naves. El muro de cerca del coro lomó gran desarrollo, elevándose al rededor del santuario y tomando en la parte anterior una fa- chada con galería ó tribuna alta {JvM) donde se colocaba el diá- cono para leer el evangelio; quedando cerrado de este modo el Santuario. En el siglo xiv el estilo ojival llegó al más alto grado de es- plendor y á toda la plenitud de su poder: de manera que bajo el punto de vista artístico puede considerarse como la expresión más propia del pensamiento cristiano. Entonces las más gran- des catedrales presentaron concluidas muchas de sus principa- les partes; termináronse obras principiadas en épocas anteriores, y se echaron los cimientos de algunas otras. En aquella sazón solo se habían construido capillas al rededor del Santuario, pero en esta época estableciéronse ya á lo largo de las naves en am- bos costados, desde el transepto hasta las mismas puertas de la fachada principal. Algunos arqueólogos han querido ver en esta práctica un re- cuerdo de los sepulcros de los mártires que rodearon los depar- tamentos de las Catacumbas. Oíros dicen que las exigencias de las varias corporaciones ó gremios ó cofradías que diariamente se creaban y deseaban honrar y venerar al santo tutelar de la Corporación, obligó á ello; como quiera que sea, la devoción dio origen á tales capillas: y aquellos altares y aquellos retablos no pudieron ser más que monumentos elevados por la piedad á la memoria de un mártir ó de un confesor. A mediados del siglo xv el fervor religioso había menguado Fitj.ioa. Catedral de Burgos. Fig. 103 i-i^ Catedral de Toledo. ARQUITECTURA. 227 sobremanera: ya no circulaban las caravanas de peregrinos que desde remolos países iban á contribuir á la construcción de la Casa de Dios sin más recompensa que la remisión de sus peca- dos: ya no podia atenderse tan fácilmente á la terminación de las obras comenzadas: el Arte sebabia secularizado: el valor del trabajo ya se habia reducido á metálico; ya no eran los prelados ni los monges los arquitectos, sino artistas de profesión con ho- norarios convenidos. Faltóle al arquitecto la Fé, y esta principió á ser reemplazada por los fríos cálculos de la especulación: el amor propio cedió á la modestia, y se dejó ver en todo que se trabajaba más para la gloria particular que para la de la Reli- gión y la del Arte. Perdida la sublime simplicidad del siglo xni y la elegancia del xiv hubo menos espontaneidad en la idea; así fué que ya no se erigieron iglesias desde los cimientos sino que solo se trató de terminar lo comenzado ó restaurar lo deteriora- do: y á falta de trabajos en grande escala, solo se atendió á la terminación de ciertas partes secundarias. Así fué que las cate- drales no sufrieron grandes modificaciones, toda vez que casi ninguna de ellas se levantó desde sus cimientos; no habiéndose hecho más que dar mayor extensión á determinadas partes, co- mo por ejemplo: al coetus canentmm dericornm, al cual fué trasladado el coro desde el ápside y rededor del Santuario: le- vantándose los muros de cerca á alguna altura, por las mismas, causas que se habían levantado antes las cercas del Santuario cuando allí se reunían los presbíteros, esto es, para preservar- se estos de las corrientes de aire durante el rezo. Y se hizo tal innovación para poder celebrar en aquellos coros centrales con- cilios ó sínodos. Torres campanarios. Las catedrales de la época ojival levan- ,laron las torres campanarios, ya formando un mismo cuerpo con el edificio, ya separadas de este, ya en la parte anterior, ya en la posterior, ya en el centro, ya en los costados. Con el tiempo los chapiteles, lanzándose atrevidos, se calaron y afiligranaron con gusto; y ya piramidales, ya cónicos otras veces, especial- 228 LAS BELLAS AETES. mente en las regiones más septentrionales de la Europa central se cubrieron con pizarra. Sin embargo, ó de intento, ó por falta de medios, muchas de estas torres quedaron mochas. Fig. 103. Catedral de París. A menudo se duplicaron; y casi no dejaron abiertos más que los vanos para las campanas en la parte superior. En la época 3.* no se presentaron tan agudos los chapiteles; Lonja de la seda, en Valencia. Fig. 104 ARQUITECTURA. 231 pero se rodearon de botareles y pináculos característicos de la época. CONSISTORIOS y LONJAS DE MAR. NO fué una costumbre general en todas las poblaciones principales de la Edad media tener una casa consistorial para celebrar las asambleas los cuerpos desti- nados al régimen municipal. En muchas partes se reunieron al aire libre, en otras un pequeño terraplén cubierto con un sobra- dillo sirvió para dirigir la palabra á la muchedumbre; de mane- ra que hasta que el sistema municipal tuvo una verdadera constitución, los Consistorios no fueron edificios de grande i m - portancia ni fueron decorados convenientemente. Por esto no puede fijarse la época en que principiaron á levantarse de sus cimientos; pues mientras unas poblaciones habían adquirido por circunstancias especiales ó por el favor de los monarcas, cartas pueblas y foreras, y códigos y privilegios especiales para su régimen económico y político; otrcis apenas tenían importan- cia como poblaciones. La disposición de los edificios consistorios hubo de acomodar- se á las prescripciones de sus reglamentos especiales y á la d i - versidad de cometidos que hubo de llenar. Por lo general tuvie- ron un salón de deliberaciones, un balcón principal ó un cuerpo adelantado en el centro de la fachada á manera de terrado, que hubo de servir para las arengas, publicación de leyes, procla- mación de príncipes, y demás casos en que la autoridad hubo de dirigir la palabra á la multitud; sirviendo también para el propio objeto la meseta superior de la escalera, que algunas ve- ces se construyó en la parte central de la fachada. Algunos de estos edificios fueron coronados de almenas, y tuvieron una torre que sirvió de atalaya, y donde estuvo el reloj ó la campana para la congregación de los ciudadanos y toques de rebato. Tales torres según el aspecto que se les daba indicaban la categoría de plaza de guerra. Donde los Consistorios se presentaron con grande efecto mo- numeatal fué en Francia y en los Países Bajos de la Alemania. '232 LAS BELLAS ARTES. Los Consistorios sirvieron también á los mercaderes para sus tratos; así fué que muchos de tales edificios tuvieron pórticos para dicho objeto. Sin embargo, en las poblaciones del litoral no dejó de haber edificios especiales para reunirse allí los mercade- res; y por la antigüedad de los respectivos códigos marítimos puede conjeturarse la necesidad que hubo de esa otra especie de Consistorios que llevaron el nombre de Lonjas de Mar: pue- de examinarse concienzudamente lo que de estos edificios nos queda: pocos de estos hay anteriores al siglo xv. PUENTES. Déjase suponer que todos los construidos ó reedifi- cados en la época ojival tuvieron los ojos en arco de dos puntos. Algunos de los de nueva construcción estuvieron flanqueados por torres; y los más característicos tuvieron el ojo central mu- cho más espacioso y elevado que los de los lados; por cuyas razo- nes no tuvieron el suelo horizontal sino que presentaron doble pendiente en sentido opuesto uno del otro desde el centro, en cuyo punto se construyó muchas veces un oratorio. CASTILLOS. Estas moradas de los caballeros no tienen en la época ojival el aspecto de tétrica fortaleza que tuvieron los de los señores feudales de la época anterior. El carácter de Señor'terri- torial y jurisdiccional no era tan temible al paso que daba al due- ño gran prestigio, de manera que su morada era por decirlo así la casa consistorial, la albóndiga y la cindadela de la población. Los agimeces constituyeron el carácter general del edificio, cuyo aspecto, por lo accidentado de su planta, era pintoresco. En lo interior, las salas de grandes dimensiones destinadas para re- cepción, la sala de armas, y el comedor contribuían al efecto mo- numental del conjunto, que se aumentaba con los techos de ma- dera sostenidos á veces por grandes arcos, y con chimeneas que ocuparon un lienzo de pared y estuvieron decoradas siguiendo el estilo de la época. Los grandes alféizares de los ventanales en ajimez tuvieron asientos de piedra, desde donde podía uno ver lo quemas cerca del edificio pasaba, sin necesidad de asomarse. Para apreciar debidamente la' diferencia que pudo haber de ARQUITECTURA. 233 un castillo feudal á un castillo territorial y aun jurisdiccional, es menester conocer la diferencia de costumbres que pudo ha- ber entre un señor feudal y un caballero. El Alcázar, tal como la poesía lo entiende, no dispierta una idea tan terrible como el Castillo feudal. POBLACIONES. En la época ojival el interior de las poblaciones Fig. 105. Muestra de edificios particulares de la Edad media. presentó un aspecto particular, que lo mismo se produjo en el norte que en el mediodía; allí para librarse los callejeros de las lluvias y nieves; aquí para ponerse á cubierto de los ardores del sol. Tal fué la disposición de las fachadas de las casas particu- 834 LAS BELLAS ARTES. lares, con saledizos de mayor vuelo eil cada uno de los distintos altos. Esta circunstancia quizá solo apareció en los últimos tiem- pos de la época ojival, porque desde la lalino-Mzantina, los edifi- cios particulares solo se caracterizaron por las formas gemíneas de las ventanas, por los aleros unas veces, y por el almenillado ó escalonado en lo alto del muro. En las fachadas de los edificios urbanos, ya se veian esculpi- das imágenes de Santos tutelares del propietario, ó atributos de su profesión; ya capillas delante de las cuales se encendía una lámpara durante la noche; ya inscripciones ó sentencias religio- sas y morales. Fuentes j^Micas. La importancia que las aguas potables te- nían como la tienen ahora, en las poblaciones, hizo que en las de numeroso vecindario se erigiesen fuentes públicas con carácter monumental. Los claustros (^e los monasterios y los de muchas catedrales tenian fuentes y pozos decorados más ó menos sun- tuosamente para proporcionar agua al vecindario. Cruces limítrofes. Los límites jurisdiccionales de los pueblos y aun de los dominios señoriales fueron señalados por medio de cruces, que según la importancia de los dominios fueron deco- radas de una manera suntuosa, cobijándolas debajo algunas ve- ces de un edículo de mayores ó menores dimensiones. Patíbulos. Las ciudades importantes tuvieron en uno de sus sitios más concurridos, como debe suponerse que lo eran las plazas de mercado, \a jíicota para poner ala vergüenza álos que se habían hecho merecedores de esta pena legal: así como los señores jurisdiccionales tuvieron dentro de su territorio horcas fijas para ajusticiar á los delincuentes. Sin embargo, nunca este patíbulo tuvo la decoración que pudo tener la j!>/t"Ote de una ciudad populosa. MONUMENTOS CONMEMORATIVOS. Por voto de los poderosos Q de los pueblos levantáronse algunos aunque muy pocos, á la memo- ria de hechos notables para la historia del país, ninguno, que sepamos, á determinados personajes, por mérito civil. ARQUITECTURA. 235 I El carácter que tales monumentos tuvieron no puede definir- se; dependiendo del sentimiento que hubo de presidir, atendidas las ideas y costumbres de la época. Los momimentos fúnehres son los más notables entre los con- memorativos erigidos en la época ojival. Desde que el Cristianismo salió délas Catacumbas siempre se tuvo á mucha honra enterrarse junto á la tumba de un mártir ó junto á un retablo erigido en honor de un santo tutelar. De aquí el que hasta nuestros dias los cementerios estuviesen situa- dos junto á las iglesias parroquiales; y que por especiales privi- legios, personajes de categoría ó corporaciones, tuviesen unos sus sepulcros en el interior de las Iglesias y en los claustros de los monasterios, y otros tuviesen abiertas en estas localidades sepulturas subterráneas. En los cementerios se acostumbró erigir una capilla dedicada á San Miguel. En el centro de ellos colocóse una gran cruz mo- numental, ó bien una torrecilla á manera de faro, cuya linterna se "encendía durante la noche por respeto al sitio y como para simbolizar la luz que debe guiar á las almas de los finados en las vías eternas. Estas linternas fúnebres datan de los más r e - motos tiempos: algunas veces solían erigirse en el remate de u n edículo, que al propio tiempo servia de osario. Los monumentos sepulcrales particulares de la época ojival pueden dividirse en tres clases; á saber: sepulturas, que eran enterramientos abiertos en el suelo: scjndcros, que eran una imitación de las urnas sepulcrales cuadrangulares que se usaron en la época de la decadencia romana, donde se depositaba el ca- dáver: osarios, que eran cajas de piedra á manera de sarcófagos, pero de dimensiones mucho menores que la estatura humana, donde se depositaban los huesos exhumados de un individuo, ó quizá los de todos los de una familia. í Las sepulturas estuvieron cubiertas con losas que contuvieron inscripciones, ú objetos propios de la profesión del difunto ó d i - funtos allí enterrados; y si la sepultura fué particular apareció 236 LAS BELLAS ARTES. la figura de este á manera de estatua yacente, de relieve muy bajo ó simplemente esgrafiada, vestida con trajes ricos, apoyan- do la cabeza en cojines, y los pies en perros ó leones. Los sarcófagos se colocaron ya aislados, ya en un nicho abier- to en el muro, cuya última disposición fué reminiscencia de los arcosolios (motitimenío arqnaia) de las Catacumbas. Se deco- raron con arcadas y esta tullas, y tuvieron en la cubierta esta- tuas yacentes esculpidas en alto relieve y en igual disposición que se esgrañaban ó esculpían en las losas sepulcrales. Los ar- cosolios, como se deja entender, hubieron de estar decorados con gabletes, guimbergas, contrafuertes y pináculos propios de la época. Los osarios, al igual que los sarcófagos, presentaron muchas veces en su cubierta estatuas yacentes: y lo mismo los sarcófa- gos que los osarios se colocaron ya debajo de arcosolios, ya so- bre repisas, siempre sobrellevadas por leones ó leopardos, cir- cunstancias procedentes ya de la época anterior. El desarrollo que en la época ojival tuvo el espíritu caballe- resco y la heráldica, hizo admitir un lenguaje simbólico, que sin ser pueril, (como quizá lo fué en adelante), constituyó uno de los principales elementos de la decoración de los monumentos sepulcrales de la época que nos ocupa. La postura de la estatua yacente, su manera de colocar los brazos y las piernas, el apoyo que pudo tener para los pies, su traje, su modo de tener la es- pada, los escudos de armas, sus timbres, motes y divisas, y las figuras con que se cargaron; todo tuvo importancia en estos monumentos. El conocimiento de la Ciencia heráldica puede dar á conocer este lenguaje, que no deja de tener bastante de artístico. He aquí la arquitectura ojival, última expresión, como queda dicho, de la arquitectura en arco, que principió en la época ro- mana: arquitectura, que aunque despreciada por los artistas que siguieron las huellas del Renacimiento, dio á la que con esta ARQUITECTURA. 237 denominación pretendió restaurar la decoración griega y la ro- mana, la disposición de los edificios y las formas generales; ha- biéndose esta última acomodado al espíritu de ella, aun sin echarlo de ver; porque al cabo estaba más en armonía con las creencias y costumbres á que hubo de servir así como con los adelantos de las ciencias auxiliares de la Construcción. ¿Tuvieron los árabes, antes deMahoma, arquitectura particu- lar que pudiera servirles de tipo para la que después de Mahoma adoptaron? A esta pregunta solo podemos contestar que no h e - mos hallado que en Arabia existiera otro monumento anterior al profeta más que la Kaaba. Que carácter pudo tener este edificio cuando su cuidado y custodia era objeto de serias contiendas y discordias entre las tribus árabes, difícil es decirlo, pues puede haber sufrido bas- tantes modificaciones, de las cuales, es menester confesar por otra parte, no queda noticia alguna. Según las creencias árabes, la Kaaba es el templo más antiguo que existe consagrado al Dios verdadero. Los historiadores orientales atribuyen su fundación á Abraham: Diodoro Sículo, que vivió en el siglo i de J. C. h a - bla de este templo. Por otra parte la forma y aspecto del san- tuario que existe en la actualidad en la Meca, no ofrecen nada que pueda desmentir esta remota antigüedad, que además está atestiguada por varios historiadores. Sin embargo, el santuario llamado Kaaba no es un tipo capaz de constituir una arquitectura particular, porque es una especie de cubo construido con piedra parda déla Meca, toscamente apa- rejada y desigualmente dispuesta. La longitud de este edificio parece que se extiende á unos catorce metros, la anchura á unos doce, y á otros tantos su altura: tiene una puerta en la fachada que mira al norte^ situada á unos dos metros del suelo, la'cual