ARQUITECTURA. 237 denominación pretendió restaurar la decoración griega y la ro- mana, la disposición de los edificios y las formas generales; ha- biéndose esta última acomodado al espíritu de ella, aun sin echarlo de ver; porque al cabo estaba más en armonía con las creencias y costumbres á que hubo de servir así como con los adelantos de las ciencias auxiliares de la Construcción. ¿Tuvieron los árabes, antes deMahoma, arquitectura particu- lar que pudiera servirles de tipo para la que después de Mahoma adoptaron? A esta pregunta solo podemos contestar que no h e - mos hallado que en Arabia existiera otro monumento anterior al profeta más que la Kaaba. Que carácter pudo tener este edificio cuando su cuidado y custodia era objeto de serias contiendas y discordias entre las tribus árabes, difícil es decirlo, pues puede haber sufrido bas- tantes modificaciones, de las cuales, es menester confesar por otra parte, no queda noticia alguna. Según las creencias árabes, la Kaaba es el templo más antiguo que existe consagrado al Dios verdadero. Los historiadores orientales atribuyen su fundación á Abraham: Diodoro Sículo, que vivió en el siglo i de J. C. h a - bla de este templo. Por otra parte la forma y aspecto del san- tuario que existe en la actualidad en la Meca, no ofrecen nada que pueda desmentir esta remota antigüedad, que además está atestiguada por varios historiadores. Sin embargo, el santuario llamado Kaaba no es un tipo capaz de constituir una arquitectura particular, porque es una especie de cubo construido con piedra parda déla Meca, toscamente apa- rejada y desigualmente dispuesta. La longitud de este edificio parece que se extiende á unos catorce metros, la anchura á unos doce, y á otros tantos su altura: tiene una puerta en la fachada que mira al norte^ situada á unos dos metros del suelo, la'cual 238 LAS BELLAS ARTES. es accesible por medio de una escalera de madera que allí se arrima y queda durante la peregrinación: el edificio no tiene ninguna otra abertura. No lejos de la referida puerta y en el ángulo que mira al N. E. y á algo más de medio metro del sue- lo, está empotrada la famosa piedra negra objeto del más anti- guo respeto y de la más profunda veneración en aquel país, y único punto del edificio que se ofrece constantemente á la vista y al culto de los peregrinos; porque el resto del edificio está cubierto con un velo ó tapiz negro, rodeado de una anclia fran- ja en la cual están bordados con caracteres de oro, varios versí- culos del Koran. Esta piedra según la creencia de los árabes fué traída del cielo por los ángeles cuando Abraham anduvo ocupa- do en la construcción del templo, sirviéndole de peana: tiene unos 25 centímetros de diámetro, y forma un óvalo irregular de un color rojo subido que puede pasar por negro; color que los árabes suponen no fué el primitivo, sino que antes tuvo el de jacinto brillante y transparente, habiéndole metamorfoseado los besos de los hombres contaminados con la iniquidad: hay quien cree reconocer en ella un fragmento de lava con algunas partículas amarillentas; diciendo algun otro (Aly-Rey) que no es más que un basalto volcánico. El interior del edificio consiste en uñ salón cuyo techo plano está sostenido por dos pilares : no hay allí más adornos que inscripciones con caracteres árabes, lámparas de oro macizo, cuya luz es la única luz que alumbra aquel santuario. El suelo está cubierto de ladrillos de mármoles de distintos colores y formas, combinados eurítmicamente. No pudiendo ser la Kaaba un tipo de arquitectura para dar origen á un estilo especial, y careciendo el país de tradición al- guna á que atenerse para las construcciones monumentales que la civilización musulmana exigió; las conjeturas más fundadas deben conducirnos al término de las investigaciones arqueoló- gico-artísticas que acerca del particular debemos hacer. En pri- mer lugar refiere la Historia que dos arquitectos, el uno bizan- tino y el otro Cophto, que llevaban á Cophtis, en el alto Egipto, ARQUITECTURA. 239 materiales para una Iglesia cristiana, fueron obligados á reedifi- car el templo de la Meca; y aunque algunos dicen que este h e - ch o se verificó en tiempo de Malioma; sin embargo, es más pro- bable que se verificase, cuando menos, en tiempo de Ornar, que fué el primero que encerró en un grande edificio el santuario la Kaaba. En segundo lugar, los mahometanos salieron de la Arabia Feliz, entraron en la Pétrea, hallaron los monumentos del Sinaí, conquistaron la Siria y Egipto, pasaron al Asia menor llegando hasta las puertas de Constantinopla, y se apoderaron de Pèrsia: en todos estos países encontraron monumentos capaces de in- fluir en la imaginación de los árabes, los cuales con'el tiempo fueron tan ansiosos de saber como lo hablan sido de ensanchar sus dominios. Con efecto, y sea este otro de los datos conjetura- les, los árabes mahometanos fueron en los primeros tiempos ex- clusivos observantes del Koran, pero luego que hubieron exten- dido bastante sus conquistas, leyeron lo mismo este libro que los de Aristóteles y de otros autores griegos y latinos y bizanti- nos; de otro modo no podria concebirse que Kufa primero, y des- pués Damasco y Bagdad en Oriente, llegasen á ser centro de ilustración y de adelantos en ciencias y en artes,- y que las es- cuelas de Córdoba en Occidente reuniesen en sus recintos los hombres ávidos de saber de toda la Europa á la sazón civilizada, siendo manantiales de cultura en todos los ramos de los conoci- mientos humanos. En las primeras gradas del monte Sinaí entre su cumbre y la peña de Horeb, hubieron los árabes musulmanes de encontrar el monasterio de Santa Catalina, fundado por el emperador b i - zantino Justiniano y la emperatriz Teodora. Es verdad que en el dia este monasterio está rodeado de altas murallas, presen- tando el aspecto de una fortaleza de la Edad media, ó de nues- tros tiempos; pero el interior deja ver perfectamente eji muchas de sus partes los elementos bizantinos, que en el siglo vn h u - bieron de estar en toda su lozapía. La Iglesia es en donde más se conservan, recordándolos, su disposición y la doble fila de co- 240 LAS BELFAS ARTES. lumnas de granito, cuyos capiteles difieren casi todos entre sí. Lá bóveda del santuario tiene un mosaico que representa al emperador Justiniano y á su esposa Teodora con traje imperial, del mismo modo que en la basílica de San Vital de Rávena. La decoración, los retratos de los santos con fondo de oro, las lám- paras que cuelgan de las bóvedas, todo indica aquel gusto bi- zantino que hubo de reinar en el siglo vi. Oculta la ciudad de Petra al pié del monte Hor en un angos- to valle formado por altos peñascos, solo aparece á los ojos del curioso después de baber traspuesto un no menos angosto des- filadero, habiendo sido desconocida de los modernos hasta que Leborde ha revelado la existencia de esta antigua capital de los nabateos, exornada profusamente por los romanos, la cualhabia sido en tiempo de Alejandro Magno una de las escalas más im- portantes del comercio de los árabes. Parece que solo algunos edificios conservan huellas de su antiguo destino: hay allí un anfiteatro arruinado, un arco de triunfo medio caido, un templo cuya disposición solo se deja ver en algunas de sus partes, y so- bre lodo un gran número de sepulcros abiertos en aquellas peñas en un estado de conservación que poco deja que desear: el carác- ter siríaco, griego ó egipcio de su decoración da á aquella vasta necrópolis un aspecto indefinible: el carácter general sin em- bargo, es romano; la inscripción latina que Laborde encontró, data de la época de los Antoninos. Palmira la Tadmir (sitio de palmeras) de Salomon, solo bajo el reinado de Seleuco Nicator principió á tener importancia por hallarse en la gran vía de comunicación entre Europa y la In- dia. Rodeada por todas partes de un vasto desierto, conservó su independencia durante las guerras entre Roma y los partos; habiéndola conquistado Omar á mediados del siglo vn de J. C. En el dia. es un conjunto de ruinas importantes, romanas, cris- tianas y mahometanas, formando un raro conjunto. La narración ilustrada de los ingleses Dawkios y Wood publicada en 1753, es la obra que puede dar mejor y más exacta idea de la magnifi- ARQUITECTURA. 241 cencia de la antigua capital del reino de Odenato y de Zenobia. El Egipto en el siglo vii, más que en el dia, hubo de ofrecer á los musulmanes sus invasores, aquellas salas hipóstilas, las hipetras, los pilones, y las galerías ó pórticos cerrados, adornado todo con profusión de geroglíficos y de pinturas alegóricas y de brillantes colores; habiendo podido hacerse cargo de su efecto sorprendente. He aquí los monumentos que desde los primeros tiempos del Islamismo pudieron influir en la imaginación de los árabes para hacerse con un estilo arquitectónico propio del espíritu, de sus creencias: y he aquí por qué medios pudo desarrollarse al orien- te de Bizancio, como se desarrolló en occidente, otra arquitectu- ra que teniendo un mismo origen que la latino-bizanlina, no llegó á tener el mismo sentido, porque la naturaleza de los sen- timientos á que hubo de responder no fué igual. Entre una y otra hay la diferencia que va del Cristianismo al Mahometismo. Desde el momento en que, según la Historia enseña, el califa- to musulmán quedó dividido en oriental y occidental, hubieron de distinguirse dos caracteres especiales en la arquitectura árabe-musulmana. La diferencia de los climas, del aspecto de ia Naturaleza, y de los usos y costumbres de los. pueblos con los cuales los árabes musulmanes hubieron de comunicarse, debió producir también una diferencia de caracteres en la arquitectu- ra, que si no alteró el aire de famiha, ofreció rasgos individuales en la fisonomía. ARQUITECTURA ÁRABE-MUSULMANA ORIENTAL. El carácter general de la decoración, las formas generales y la dis- posición de los edificios todo tiene un carácter bizantino. El elemento persa de las dinastías arsácida y sasánida no dejó de influir mucho en el gusto de los árabes, habiendo subido de punto la riqueza de la exornación en la arquitectura musulma- na con la conquista de aquel país, queprobablemeute fué el que A-16 242 LAS BELLAS ARTES. la liabia introducido en la bizantina. Cluando los turcos seldjú- kidas (sig. xiv) adquirieron supremacía entre los musulmanes, pudo modiíicarse un tanto el gusto, por la fuerza de las circuns- tancias, aunque conservando siempre los rasgos de su origen. Los árabes tomaron el arco por elemento fundamental de sus Fig. lOG. Mezquita de Kaït-Bey, en el Cairo. construcciones. A la manera que los bizantinos, no los usaron de ARQUITECTL-RA. 243 simple medio punto sino que los paraltarou unas veces, y otras los extendieron más allá de la semicircunferencia, esto es, en forma de herradura. No es fácil justificar que la media luna, símbolo de la creencia musulmana, fuese la causa de la adopción de esta última forma, como no lo es que en ella tuviese su orí- gen: si hubiese sido lo primero, no podria explicarse como liu- bieran podido adoptar otras formas para los arcos; lo segundo no puede ser, toda vez que antes de losárabes conocieron el arco de herradura los bizantinos.—Al conocer los árabes con el tiem- Fig. 107. Kreümn, en Moscou. po el arco de dos puntos, que hubo de ser antes del siglo xii, 244 LAS BELLAS ARTES. Ilubieron de formar el arco tíanido, como si dijéramos, el de herradura apuntado. Las bóvedas que construyeron fueron hemiesfericas. Tomaron más tarde la forma ovoidea á medida que fueron internándose en Asia; y acabaron por adoptar la forma bulbosa, tan usada actualmente en Oriente y aun en el norte de Europa, habién- dose hecho común en Rusia, Pèrsia é India. No dejaron por ésto de emplear y con frecuencia los techos planos (alfarges) en los que emplearon maderas escogidas, y decoraron combinando los maderos con toda la variedad que puede dar de sí la geometría. En la arquitectura árabe se deja ver la relación de lo sosteni- do con el sustentante. Así como en el estilo romano y aun en el bizantino y ojival, podría decirse, que parece niás bien que el arco sale de la columna ó del pilar, que no que esta sostenga el arco; en el árabe se conserva patente el oficio de la columna, no con la relación de esta con el cornisamento, como en la griega, sino con el atrevimiento de sostener el poste en que el arco ejerce su empuje. Las partes de que la columna constó en los primeros tiempos, no fueron más que reminiscencias de lo griego y de lo romano; habiéndolo modificado á la manera bi- zantina, aunque quizá con mayor elegancia; alguna vez aumen- taron el número de astrágalos. Los árabes hicieron uso de las molduras, pero de una mane- ra que llega á constituir fisonomía particular el poco vuelo y las pequeñas dimensiones de ellas. Lo que más completa la fisonomía de la arquitectura árabe es la exornación del muro, ya cromática, ya de relieve: esta úl- tima, pareciendo más bien un hundimiento de fondo que su- perposición de elementos de adorno. Manantial de estos adornos encontraron en los tapices de India y de Pèrsia: y si no repre- sentaron comunmente seres animados como en estos, quizá fué por observancia estricta de los preceptos del Koran, de los cua- les, ó supieron algunas veces prescindir, ó les dieron otras ARQUITECTURA. 245 veces interpretación más lata. El azul, el verde, el bermellón y el oro los prodigaron con profusión; este metal para los relieves, aquellos colores para los fondos. Pero nadie como los árabes ha sabido multiplicar de una ma- nera tan variada é ingeniosa los elementos geométricos; com- binándolos con flores y hojarasca y plumajes y hasta con los caracteres deque se servían para la escritura: caracteres que en los primeros tiempos fueron kúficos, con los cuales fué escrito el primer Koran; y que más adelante cambiaron con los que en el dia vienen usándose. Los árabes imitaron el mosaico bizantino con piedras de valor y vidrios de colores; reemplazándole más adelante con azulejos ó ladrillos esmaltados, de origen persa, formando con ellos ali- zares de buen gusto. La época en que principiaron á hacer uso de los azulejos no puede fijarse, pero quizá sea tan antigua co- mo el cultivo del arte arquitectónico entre ellos. El alboayre, esto es, la exornación estalactítica compuesta de pequeñas por- ciones de bóveda combina- das, que usaron los árabes musulmanes hacia el si- glo XII, pudo nacer éntrelos orientales; pero faltan datos para asegurarlo de un modo absoluto. Al ocuparnos de la arquitectura árabe musul- mana que floreció en Occi- dente, podrá complementar- se el estudio histórico de este género de adorno. De Oriente procedieron los ali- catados, almocarbes, atau- Fig. 108. Fragmentos del Alcázar de Sevilla. riques y ajaracas, que des- 246 LAS BELLAS ARTES. arrollaron con buen gusto los árabes de Occidente, así como de Pèrsia tomaron los coronamientos de los muros recortados con almenillas, redientes y florones encrestados; cuyos tipos se ba- ilan en el Takibostan. que data de la época del rey Sapor (si- glo III de J. C ) ; y de los cuales no ofrece ejemplo ningún mo- numento griego ni romano. Son monumentos exigidos por la civilización musulmana las aljamas, los palacios, las alhamas, okeles, las karavanseras, y los monumentos conmemorativos y fuentes públicas. ALJAMAS: (Mezquitas). Los grandes templos del culto maho- metano son llamados por los musulmanes Djamis—(Aljamas). Lo que ellos llaman Mesdjicl son una especie de oratorios: y de Mesdjid hemos formado los españoles, mezquita; habiendo apli- cado esta denominación indistintamente á todo,templo maho- metano.' Las aljamas ^rriinitivas consistieron en un atrio (/mrew) rodea- do de dos ó más pórticos interiores, á la manera de las salas hipetras de los egipcios: pueden dar idea de ellas las de la Meca y de Egipto; si bien uno y otro templo han podido sufrir alguna alteración aunque nunca radical, que haya adulterado la primi- tiva disposición. Omar fué el primer califa que encerró la Kaaba dentro de un edificio; pero han sido tantos los califas, los sultanes y los imanes que después de él han querido señalarse con cambios, reparacio- nes, y nuevas construcciones, que es imposible reconocer las hue- llas de las primeras obras. La forma actual del monumento es un cuadrilátero, cuyas fachadas están ocupadas por editicios particulares que le quitan toda regularidad en lo exterior. Diez y nueve puertas dispuestas sin orden alguno, dan entrada al harem ó patio interior: son irregulares en su construcción; unas son semicirculares peraltadas, otras de dos puntos; todas tienen iuscripciones que al paso que les sirven de adorno, dan razón del que las mandó construir: no tienen postigos, para que á lo- ARQUITECTURA. 247 das horas puedan los creyentes entrar á orar. El patio interior es un paralelógramo regular de unos doscientos metros de largo por ciento setenta de anclio, rodeado de arcadas sostenidas por columnas, de las cuales unas son de granito, otras de mármol pero la mayor parte son de la piedra parda y común que se en- cuentra en las inmediaciones de la ciudad. Estas arcadas sostie- nen cupulitas hemi-esféricas, y del centro de cada uña de aque- llas cuelga una lámpara. En el centro de este espacioso atrio esta la Kaaba. No lejos de ella se levanta otro pequeño ediíicio cua- drado, de menores dimensiones, que contiene el pozo de Zem- zem, que según la tradición, es aquel donde Agar apagó la sed de su hijo Ismael; las paredes de la sala están revestidas de már- mol, y ocho ventanas dejan penetrar allí la luz. Un ándito de más de un metro de alto y más de dos de ancho rodea aquel manantial de agua dulce, único que tiene la ciudad, porque to- dos los demás son de agua salobre. El otro ediíicio que puede dar idea de las formas que tuvieron las primitivas aljamas, es la de Amrú, sita en el viejo Kairo: y si no se conserva con toda la integridad primitiva, á lo menos no está adulterada del modo que lo está la de la Meca que contiene la Kaaba. Remonta al siglo vn, y es la más antigua del país; á" principios del siglo vni fué reconstruida: en el ix fué incendia- da; restaurada más tarde, y reparada muchas veces. El primer patio tiene habitaciones para los peregrinos, cuadras, baño p ú - blico, abrevaderos, cisterna y otros accesorios: el grande atrio ó harem forma un cuadrado, rodeado de un pórtico desigual en el número de crujías ó series de columnas que le forman, siendo el lado de entrada el que tiene menos, y el del fondo el que tie- ne más. En este último están el Mirab, la tribuna del Muzzim, y el pulpito. En el centro del atrio hay una gran cisterna. Déja- se comprender que siendo desigual el número de crujías que forman el pórtico, el muro que cierra el edificio ha de ser un paralelógramo y no un cuadrado: contiene este pórtico 250 co- lumnas, todas de una sola pieza, é indudablemente procedentes 248 LAS BELLAS ARTES. de otros edificios: tienen cerca de cinco metros de altura; sns capiteles son de la época romana, y encima de ellos estriba un dado del cual parten tirantes de madera que atraviesan los in- tercolumnios. Los arcos son de medio punto peraltados, arran- cando desde el aplomo del dado que es el del abaco del capitel. Estos arcos están construidos con piedras de color, perfeclamen. te aparejadas. Encima de los arcos se levanta una pared de mor- rillo revocada con estuco, la cual sostiene el techo plano de madera sobre el cual corre el zaquizamí ó azotea. Las aljamas tomaron distinta disposición luego que Mahome- to II al frente de los turcos hubo conquistado la ciudad* de Constantinopla en 1453, y redujo al culto mahometano la basí- lica de Sta. Sofia. No era cosa nueva la conversión de las basí- licas cristianas en aljamas, porque en tiempo de las cruzadas hallamos á Saladino practicándolo en Jerusalen; pero solo desde Màhometo II se levantaron de nueva planta templos mahometa- nos á imitación de las basílicas griegas: prueba de ello son: la Suleimania erigida en 1556, y la aljama del Sultán Ahmed edificada ú principios del siglo xvn; y algunas otras que seria largo relatar. • La suleimania parece que combina los dos sistemas, pues la aljama cubierta, por decirlo así, va precedida de nn harem con todas las condiciones de las aljamas de la Meca y de Egipto que quedan descritas; al propio tiempo que aquella, esto es, la aljama cubierta tiene una cúpula á imitación de la de Sta. Sofia. (1). Minaretes: como las torres campanarios en los templos cris- tianos llegaron á ser necesarios en las aljamas los minaretes. Luego que fué fundada la religión mahometana, hubo de esta- blecerse un culto. Instituida la oración como práctica obligato- (1). Aunque el islamismo ha tenido y tiene derwihs, como el cristianismo ha tenido y tiene monjes, sin embargo, las moradas de aquellos (Tekyels) no han teni- do la importancia monumental que los monasterios: es que los derwiks tampoco la han tenido moral en la civilización, como la han tenido los monjes. ARQUITECTURA., 249 ria, se vaciló acerca del medio más propio para llamar á los fieles y reuniries en el templo; y con el objeto de apartarse de la práctica de los judíos, que lo hacian al sonido de la trompeta, y de la de los cristianos de oriente que lo verificaban por medio de la matraca; Abdalá, uno de los discípulos del Profeta, zanjó las dudas que se presentaron, declarando que había tenido una revelación, por la cual se le había indicado la voz humana como el medio más noble de invitar á los hombres á adorar al Cria- dor: desde entonces la voz del Muezín se deja oír en las galerías ó balcones de los minaretes que se levantaron con este objeto, clamando: Dios es grande; no hay más Dios que Dios, y Malio- nía es su Profeta: venid á la o?'acion; venid á la salvación, etc., etc. No está determinado el punto del edificio que los minaretes deben ocupar: entre los Schiitas (por ejemplo, los Persas) están unidos á la aljama; entre los Sunnilas (por ejemplo, los turcos, egipcios, etc.) están separados de esta. La aljama de la Meca tiene un minarete en cada uno de los cuatro ángulos del edifi- cio, y los tres restantes están situados ineurítmicamenté. Debe advertirse que solo esta aljama tiene el privilegio de tener siete minaretes, ó mejor, de tener un número de estos mayor que ninguna otra. Los de fundación imperial tienen hasta cuatro. ALCÁZARES y PALACIOS. LOS musulmanes poderosos que suce- dieron á los piadosos y rígidos kalifas de la primera época del Mahometismo, no pudieron resistir á los halagos del lujo y de la magnificencia de los soberanos de Pèrsia y de India cuyos países conquistaron. Cuando los poetas orientales, de origen árabe muy especialmente, han querido describir la solidez, la suntuosidad y la grandeza de un edificio, citan siempre los pa- lacios de dichos países. Por otra parte las promesas que el Koran hace á los buenos creyentes para la otra vida, no puede de ha- ber dejado de influir por mucho en el deseo de ensayar en esta las delicias y placeres de aquella. 250 LAS BELLAS ARTKS. Las suntuosas moradas que en el dia tienen los musulmanes, no pueden citarse como muestras de la magnificencia de las ha- bitaciones de los antiguos príncipes y poderosos; y para cono- cerlo no tenemos más que las descripciones que se encuentran en las leyendas y cuentos árabes. Las piedras y los metales más preciosos, las telas más ricas, los más brillantes colores, los es- tanques de azogue, están prodigados profusamente en tales des- cripciones como reminiscencias de la esplendidez que debe de presentar la mansión de los bienaventurados. Sin embargo, hay circunstancias en las moradas modernas que revelan u n carácter tradicional hijo de la civilización que el Islam pudo desarrollar. Así en efecto, las habitaciones de los particulares, como las de los potentados ó príncipes, están divididas en dos partes, una que ocupa el dueño de la casa ó cabeza de la familia, y otra para las mujeres, hijos y servidum- bre. En las moradas particulares, en las que no es posible una habitación para las mujeres, estas ocupan la parte superior del edificio. Indudablemente la,vida interior que la creencia m u - sulmana abona (y prescindimos aquí de lo rebajada que en esta creencia está la condición de la mujer), hubo de hacer que las casas particulares así como los palacios de los musulmanes no presentasen, como tampoco presentan en el dia en lo exterior, más que elevadas paredes del lodo desnudas, sin ventanas ni aberturas: y que en lo interior, el harem ó palio fuese indispen- sable, y que allí tuviesen como en la actualidad tienen, luces y salida todas las habitaciones y dependencias de la casa. ALHAMAS. LOS musulmanes, y en general lodos los pueblos orientales hubieron de adoptar y han conservado la costumbre de bañarse; habiendo establecido baños públicos (alhamas) con disposición, sino igual, análoga á las thermas de la antigua Roma. Ignórase la época de la cual datan los primeros establecimientos árabes de esta clase; pero es probable que en el siglo vni fuese ya costumbre adoptada por los musulmanes la de bañarse, toda vez que en las comarcas de la península ibérica de donde fue- ARQUITECTURA. 251 ron ya en aquel siglo desalojados, se han encontrado restos de tales establecimientos. FUENTES, CISTERNAS y ABREVADEROS PÚBLICOS. LOS árabes mu- sulmanes de Oriente no pudieron menos de dar grande impor- tancia á los manantiales y depósitos de agua, cuando no por la necesidad de este líquido que hubieron de sentir en los países cálidos que ocuparon, como recuerdo de la falta que hubo de hacerles durante la vida nómada que antes deMahoma llevaron. Así es que hubieron de dar á estas construcciones un carácter monumental, empleando en ellas toda la riqueza de su decora- ción. En el dia sitúan las fuentes en las esquinas: les dan una forma semicircular ó poligonal, y las cubren con una cúpula. Los abrevaderos están resguardados del sol por un alero de gran vuelo. OKELES Ó BAZARES. Deben su origen á las costumbres de los árabes anteriores al islamismo, cuya principal ocupación fué el transporte de géneros. Luego que los árabes musulmanes asen- taron en los países que bien les plugo, hubieron de sentir la ne- cesidad de estos mercados públicos, verdaderas lonjas de su co- mercio. Constan de un grande atrio porticado, al rededor del cual y debajo de los arcos, sitúan los vendedores sus tiendas. En el cen- tro del atrio suele erigirse una fuente, y en alguno de sus lados una mezquita. Estos mercados pueden cerrarse en determinadas horas. KARAVANSERAS. Las costumbres árabes que dieron origen á los okeles, hubieron de exigir las karavanseras ó paradores de las caravanas, dentro de las poblaciones ó en los despoblados, ó en el mismo desierto en medio de las grandes vías de comuni- cación. Son editicios parecidos á los okeles, aunque tienen h a - bitaciones y cuadras; y en los despoblados, están rodeados de muros de defensa, para evitar la rapacidad de los beduinos, de la cual no escapa ninguna clase de viajeros. En aquellos para- dores pueden estos descansar y reponerse tanto ellos como las 252 LAS BELLAS ARTES. bestias de carga, de las fatigas del viaje, para emprenderle de nuevo. En P.ersia es donde existen las más notables. MONUMENTOS FÚNEBRES. Entre ellos son notables las turhas ó capillas mortuorias, cubiertas con una cúpula. Suelen ir unidas á una mezquita ú oratorio propiamente tal; y contienen el se- pulcro del fundador. Solo están cerradas con verjas para quedar expuestas de continuo á la veneración de los fieles. Son notables también las estelas musulmanas, que no son más que lajas de piedra de bastante grueso ó prismas enhiestos en el suelo, rematando en un poste coronado por el fez ó gorro mu- sulmán. Los sarcófagos de los musulmanes no son más que reminis- cencias de los antiguos romanos, en la actualidad se diferencian poco de los que los cristianos empleamos, si bien llevan el epi- tafio en una estela erigida en la cabecera. ARQUITECTURA ÁRABE MUSULMANA OCCIDENTAL. Al principiar el siglo viii de la Era Cristiana, el mahometismo habia echado profundas raices en Asia; y desde la ludia se ha- bla extendido por las comarcas de África que el mediterráneo baña, y habia llegado hasta el Atlántico. La traición del Conde D. Julián, y la decadencia de la monarquía goda en la penín- sula ibérica, habían hecho que los árabes musulmanes atrave- sando el estrecho de Gibraltar, pisaran el suelo español, amena- zando á toda la Europa con una invasión más fácil de lo que pudiera prometerles sus ataques á Constantinopla. Hacia un siglo que el mahometismo habia salido de A.rabia, y habia ido ganando en cultura é ilustración, todo lo que el mundo romano habia perdido: y aun habia aventajado á este en los conocimientos importados de los países más orientales de Asia. Así fué que los árabes mahometanos al extenderse por toda la península ibérica y al atravesar los Pirineos, en cuyas ARQUITECTURA. 253 faldas septentrionales fueron detenidos por Carlos Marlel, no ejercieron actos de barbarie ni atacaron con el solo objeto de destruir, sino que buenos y generosos guerreros, respetaron las vidas, las haciendas y las creencias de los vencidos. El célebre D. Rodrigo de Toledo, cuyo testimonio jamás fué parcial de los árabes, hace justicia á la tolerancia de estos; tanta fué que has- ta permitieron á los cristianos tener sacerdotes y prelados. Si- guiendo las inspiraciones de Bagdad y de Damasco, de cuj'os califas dependieron por espacio de cerca de un siglo, los árabes establecidos en España entraron en la senda que aquellas cortes les trazaron; pero las contiendas entre los partidarios de la di- nastía Omniada que cayó, y los de la Abbásida que se encum- bró, retardaron la época de la verdadera ilustración árabe-espa- ñola. Cuando Abderrahaman, único vastago de la dinastía om- niada, vino á España, se llamó Emir independiente de Bagdad echando los cimientos del califato de Occidente, y estableciendo en Córdoba su corte: entonces, á favor de la paz que reinó, hu- bo de principiar la verdadera época de la ilustración árabe-es- pañola. Entonces se fundaron escuelas donde fueron enseñadas muchas ciencias, y donde todos los hombres ávidos de saber que habia en Europa fueron admitidos. Antes de esta época solo los habia ocupado la conquista y los medios de asegurarla; y no fué el respeto á las creencias religiosas de los vencidos, lo que menos se la aseguró. He aquí el origen de los muzárahes que no fueron más que los cristianos que permanecieron bajo el domi- nio de los árabes musulmanes dueños de España; como se lla- maron mmlejares los musulmanes que en la reconquista queda- ron bajo el dominio de los cristianos españoles. Bastarían estas consideraciones para entrar desde luego á conocer los caracteres del estilo que los árabes mahometanos emplearon en España, si semejante estilo no hubiese sufrido alteraciones muy marcadas durante los ochocientos años que los musulmanes estuvieron en este país, con variedad de sucesos, y resistiendo la reconquista de los cristianos, que desde Astú- 254 LAS BELLAS ARTES. rias, Navarra, Aragón y Barcelona se extendieron por la penín- sula YÍctoríosos. En el siglo xi ocurrieron entre ellos graves des- avenencias que precipitaron el califato de Córdoba hacia su ruina; habiéndose declarado independientes muchos gobernado- res de las ciudades subalternas. Solo los almorávides venidos de África pudieron levantar un tanto el poder del islamismo: ven- cidos poco más tarde por los españoles, los almohades, más ilus- trados que los almorávides, vinieron al cabo de medio siglo, de África, á contener u n tanto el ímpetii de las armas de Castilla. Cuando los castellanos gobernados por D. Fernando el Santo ganaron á Sevilla á mediados del siglo xni, mientras los arago- neses llegaban hasta Murcia, principió una nueva era para los mahometanos españoles; adquiriendo importancia la ciudad de Granada, único centro que entonces les qiiedó (1234) y del cual fueron arrojados doscientos cincuenta y ocho años más tarde (1492). He aquí marcadas las épocas que señalan los tres caracteres que pueden distinguirse en el estilo arquitectónico de los m u - sulmanes en España: Árabe hkantino puede llamarse al carácter que tuvo desde el siglo vni al XI, comprendiendo u n espacio de 295 años; y en él la invasión árabe (711); la fundación del emirato de Córdoba independíente de la corte oriental; la del califato (913); y las discordias civiles y formación de varios estados (1006): Árabe de transición, el que tomó en el siglo xi y se extendió hasta el xm; comprendiendo otro período de 148 años, y en él la invasión de los almorávides (1086) y la de los almohades (1145); terminando con la importancia que adquirió Granada (1234). Árabe español, el que tomó en el siglo xni y duró hasta el xv; comprendiendo un período de 258 años, y en él la construcción de la Alhambra, la conquista de Granada por los reyes cató- licos, y el fin de la dominación musulmana en España. Árabe bizantino: Desde el siglo vm al xi debe considerarse á ARQUITECTURA. 255 los árabes faltos de ideas propias; pero inspirándose en los mo- numentos que á su paso encontraron para alcanzar un estilo es- pecial. Hablan visto los monumentos bizantinos, los de E^pto, Fig. 109. Mirab de la aljama de Tarragona. los romanos; y tomando de ellos cuanto pudo acomodarse á su 256 LAS BELLA.S ARTES. nueva situación, y aun valiéndose de artistas bizantinos, dejaron entrever en sus construcciones, reminiscencias de la disposición de los monumentos que los bizantinos erigieron, de la decora- ción que estos emplearon, y de la exornación que los mismos adoptaron. Sin embargo, por poco que se fije la atención en los monumentos levantados por los árabes musulmanes en Oriente, y en los que levantaron en España, se hallará una diferencia ca- paz de determinar la opinión de que desdólos primeros tiempos de la cultura árabe en España, se desarrolló entre los musul- manes que ocuparon este país, una tendencia á singularizarse, y á emanciparse de los de Oriente. Decidiéronse por el arco de herradura; habiéndole preferido al semicircular que no desconocieron; y emplearon como variante los de tres y de cinco lóbulos, combinándolos y sobre- poniéndolos unos á otros según la elevación del edificio: mues- tra de ello es el interior de la aljama de Córdoba en la cual es notable la capilla llamada del Zancarrón, que fué la del Mirab. Construyeron techumbres planas de madera, por lo general de alerce, con sencillos lazos de ensamblaje. Esto no quita que hiciesen uso de la bóveda, que fué, ya de medio cañón, ya echa- da sobre arcos cruzados en distintas direcciones. Aquellos alfar- jes no llegaron á constituir al principio un artesonado; ni estas bóvedas llegaron á ser ojivas. Tomaron de los bizantinos los capiteles cúbicos; y los alterna- ron con otros de origen romano afectando la decoración corintia, pero sin pasar de un mero desbaste, no sujetándose á determi- nado número de series de hojas: por otra parte no fué raro encontrarlos empleados del mismo modo que fueron arrancados de los monumentos de la Antigüedad. Ninguna base se halla "empleada en las columnas de la aljama de Córdoba; circunstan- cia que da á entender que los fustes no debieron ser labrados á propósito sino extraídos de otros edificios y recortados y alcomo- dados segiin convino: de otra manera no podria explicarse por qué los encontramos en las columnitas del Mirab de Tarragona, ARQUITECTURA. 257 si bien conforma distinta de la romana: lo cual también prueba á su vez que no rehuyeron el empleo de la base. En los primeros tiempos los árabes en España adoptaron mu- chos adornos bizantinos, y hasta puede decirse que en la exor- Fig. 110. Aljama de Córdoba. nación imitaron completamente el estilo de estos. De ellos tomaron los lóbulos, que presentaron en los intradoses de los A-17 m 258 LAS BELLAS ARTES. arcos; los recuadros en que estos arcos quedaron cerrados en medio de labores más ó menos complicadas; y últimamente emplearon la policromia que tanto de los bizantinos como de los persas pudieron aprender, y qne se arraigó y connaturalizó de tal manera en el estilo árabe musulmán de España, que fué sucesivamente tomando incremento á medida que fueron com- plicándose las combinaciones geométricas asi de los alfarjes co- mo de los alizares y de los adornos murales. Árabe de transición. El tiempo que transcurre desde el si- glo XI al XIII, coincide con la venida á España de los almorávi- des y de los almohades^ los cuales, mejor que árabes, eran ya moros ó berberiscos; pues los mismos árabes mahometanos que desde el siglo viii asentaron en el África occidental, no hablan conservado las activas costumbres que trajeron de Oriente, ni aquel entusiasmo por las ciencias ni por las artes como los que antes pasaron á España. No pudieron portan- te traer á la Península nada. que enseñar á los descendientes de los primitivos árabes invasores, ni tuvieron estos nada que aprender de aqjiellos; antes al contrario, según el es- critor árabe Ebu-Said que escribió hacia 1237, fueron los restos de los almorávides y de los almohades los que llevaron á África desde Andalucía arquitectos y alarifes para sus construc- ciones. Por consiguiente las innovaciones que en esta época caracterizan el estilo áraVe de transición en España, deben con- siderarse como producto del gusto y del genio que los descen- dientes de los árabes invasores no perdieron nunca en este país, donde se conservó pura la raza, por no haberse mezclado con los indígenas por razón de creencias, mezcla que pudo verificarse fácilmente en África donde no existió semejante diferencia, ó á lo menos, ninguna otra religión que pudiese rivalizar con el islamismo. Uno de los principales caracteres que en el estilo árabe de esta época se distingue en España, es el empeño marcado de eman- ciparse de las tradiciones bizantinas y de las formas latinas; # • • ARQUITECTURA. • 259 propendiendo á la pompa y á la riqueza que el halago de los sentidos por las promíeas del Koran, excitaba en ellos. En esta época los arcos recibieron una modificación impor- tante: si bien fueron lobulados como en la anterior, pero lo fueron con más variedad y delicadeza; disminuyendo el tamaño de los segmentos de circunferencia, y multiplicándose con or- denado enlace. A estos arcos se añadieron los de herradura tú- midos. Pero la innovación más notable de esta época es la introduc- ción de los alboaires, bóvedas hornacinas formadas de pequeñas pechinas enlazadas entre sí y combinadas de la manera más vistosa; lo cual dio origen á las bóvedas estalactíticas. Muestras de estas existen en el alcázar de Sevilla, como queda dicho en la página 245. Ninguna alteración puede decirse que sufrió el elemento prin- cipal de sostenimiento, la columna; y en cuantos monumentos se erigieron hállase que recuerda perfectamente el gusto de la época anterior: sin embargo, quizá se ech-a de ver un tanto más de esbeltez, como en las columnas de las dos arcadas del norte y del sur de la capilla de Villaviciosa, y en los ajimezes de la Giralda de Sevilla, si pudiesen considerarse de esta época. En ella fueron empleados ya en la exornación ladrillos esmal- tados de distintos colores, de indudable origen oriental: con 'ellos se construyeron alizares en los departamentos de los edificios, siendo geométricos y de complicada combinación los dibujos que llevaron. En el resto de los muros, llenando todo el paramento, presentáronse adornos elaborados en estuco y yeso, representación de hojas especiales, combinadas con mol- duras lobuladas y lacerias que se cruzaban en distintas direc- ciones, rodeando leyendas con caracteres árabes de la época primitiva; esos caracteres procedentes de Kufa con los cuales hubo de ser escrito el primer Koran. Árahe-espaUol. La raza árabe-española no sentia ya la ne- cesidad de buscar en otras civilizaciones tipos que imitar: y 260 • LAS BELLAS ARTES. aunque quizá un tanto mezclada con las razas almoravide y al- mohade, se babia connaturalizado tanto |ia el suelo de Andalu- cía sobre todo, que le consideraba á este como su propia patria, á pesar de los reveses que babia sufrido y de los contratiempos que la babian reducido y arrinconado en las mismas comarcas que por primera vez pisaron sus antepasados. Principiaba Mo- hamad-ben-Alhamar á constituir el reino de Granada de una manera estable, escudado con la alianza de los reyes castellanos á quienes babia auxiliado en la conquista de Sevilla, y á favor de la ilustración que los almobades babian despertado, separándose del duro sistema de sus antecesores los almorávides. En Granada pues, es donde debió verificarse la innovación ó mayor desarrollo del gusto arquitectónico que constituye el tercer periodo del es- tilo árabe occidental, que por no conservar ninguna reminis- cencia de otros paises, y tener mucha originalidad queremos llamar árale-español; denominación más propia que la de mo- risca que algunos ban pretendido darle; toda vez que como que- da indicado fué la raza árabe de España la que enseñó á la de África, y no al contrario. En esta época los arcos fueron de ataurique cuajados de adornos, ya festones, ya lóbulos, ya estalactitas. Tuvieron dos formas, ó de medio punto paraltados ú ojivales afectando un tanto la for- ma de herradura si bien de un modo poco perceptible. En ge- neral se hallan circunscritos en un recuadro en cuyas enjutas hay lacerias de graciosa y complicada combinación con hojas é inscripciones. A menudo arrancan desde el mayor vuelo de una imposta de gran proyectura, cuando no del de un abaco de una columna. La profusión de angrelados y estalactitas que orlan muchas veces los intradoses de los arcos hacen parecer alteradas las formas indicadas, como sucede en el pabellón del patio de los leones enlaAlhambra. Construyéronse techos de madera con profusión de lazos de ensamblaje, sin presentar casetones de grandes dimensiones ni muy profundos. Las cúpulas se presentaron en forma de pina ARQUITECTURA. 261 sostenidas por pechinas estalaclíticas tan detalladas, que presen- tan el aspecto de una extraordinaria cristalización; tanto más cuanto que la misma bóveda está cuajada de adornos de esta clase. Estas cúpulas pocas veces aparecen extradosadas, y casi siempre están cubiertas con tejado. Obsérvase una variedad infinita en las columnas: por una parte adquieren grande esbeltez, por otra no conservan remi- niscencia alguna de su origen romano ó bizantino. Ostentan á menudo sus fustes, multiplicados astrágalos. Los capiteles se presentan ya apenachados, cubiertos de lacerias y hojarasca, ya estalactiticos, ya con crecientes, y siempre coronados de un abaco de grandes dimensiones. Las bases, cuando aparecen, tie- nen forma abocinada á manera de escocia de grande extensión. Preséntanse las columnas, pareadas unas veces, otras sobrepues- tas, en cuyo último caso las superiores estriban ya no sobre el abaco de la inferior sino sobre repisas ó cartelas que se proyectan sobre este abaco; lo cual no fué sino una mayor extensión de un sistema desdólos primitivos tiempos conocidos; como puede ver- se en la misma aljama de Córdoba. En estos últimos tiempos parece que todo el lujo de la imagi- nación brillante de los hijos del Mediodia se desplegó con toda su fuerza. Verdad es que los materiales que en las construccio- nes se emplearon no fueron de los que podian prometer gran duración ni permanencia; como si la civilización muslímica que la inventó presintiese su corta permanencia en el país: pero ¿cómo negar la riqueza, la profusión de originalidades, y sobre todo el ingenio con que atendieron con semejante exornación á las exigencias de un gusto exquisito, aunque quizá demasiado lisonjero para los sentidos? Los almocarbes, los alicatados, la hojarasca combinada con ricos plumajes, los frisos de lacerias, la misma repetición de cláusulas encerradas en arquitos más ó menos lobulados, sobrepuestos unos á otros con interpolada com- binación, y los colores y esmaltes de los fondos con que se real- zan tales adornos sobredorados; constituyen la exornación de 262 LAS BELLAS ARTES. aquellos muros, de aquellos techos y de aquellas columnas. Los caracteres cúficos quedan sustituidos por los árabes modernos que campean sobredorados, en unos lechos de hojarasca y pluma- jes matizados de colores. Completan tanta riqueza y tanto brillo los azulejos ó ladrillos esmaltados que forman los alizares, y la tran- quilidad de un suelo formado por sencillos ladrillos de már- mol. Los monumentos que la raza árabe levantó en España hubie- ron de ser aljamas, mezquitas, alcázares, observatorios, alhamas, sin contar con otras construcciones de mayor utilidad práctica como son lospuentes. Como muestra de las aljamas queda la catedral de Córdoba, que tiene bastante de común con la de Amrú de Egipto. Fué modificada por Alhakem, y adicionada por Almanzor. Que las aljamas de la Península hubieron de tener minaretes parece fuera de toda duda, toda vez que el Koran prescribe que se anuncie la oración por medio de la voz humana: pero también es posible, que los construidos por la raza árabe-española tuvie- sen la forma cuadrada como tiene el primer cuerpo de la Giral- da de Sevilla, obra del" siglo xi, aunque quizá no fué edificada para este solo objeto sino también para observatorio. Muestra de una mezquita, esto es, oratorio, puede ser el edi- ficio que existe actualmente en Toledo bajo la advocación de El Cristo de la luz. El edificio ó monumento que puede presentarse pomo muestra de los suntuosos palacios que la raza árabe levantó en España es la Alhambra de Granada: alcázar levantado en la sierra que domina la ciudad y dentro de un recinto de muros que consti- tuye una verdadera cindadela. La torre de los Gómeles que va intercalada en la página 264 deja ver el carácter que tiene el monumento exteriormente. Interiormente el aspecto es bien distinto: es la vida interior, la vida del harem. En aquellas ha- bitaciones, en aquellas salas, en aquella mezquita, es donde se ARQUITECTURA. 263 encuentra el tipo puro del estilo arquitectónico que produjo la civilización muslímica en el tercer período de su dominación en España, desde Mohamad-ben-Alhamar que reunió en Granada Fig. 111. Vista interior de la Alhambra. (Granada). los restos del poder musulmán de España, hasta la conquista del reino por los reyes católicos. Otros palacios antes que la Alhambra habia levantado la raza 264 LAS BELLAS ARTES. árabe en la península desde el primer siglo de su asiento en es- te país: los escritores árabes dan noticia de ellos, y de alguno, quedan todavía frag- mentos tan diminu- tos que no dejan adi- vinar siquiera lo que el monumento pudo ser: Tales fueron, el alcázar de Córdoba, Medina Azahra, y el palacio de Rusafa; en el segundo de los cuales parece que trabajaron ar- tistas bizantinos, ha- biendo sido levanta- do por Abderrah- man in en 936, y Fig. 112. Torre délos gómeles.—^;7¡o»i6ca. (Granada), d e s t r u i d o p o r His- cbem ni en 1008. La arquitectura árabe musulmana tuvo tal influencia en el estilo de las construcciones españolas, desde mediados del si- glo XIII hasta mediados del xvii, que modificó un tanto el carác- ter de la arquitectura ojival y aun la del Renacimiento, intro- ducidas en nuestro país, llegando á formar un estilo especial que no tiene par ni semejanza en las demás naciones de la tierra. Esta influencia se verificó ya por medio de las construcciones árabes que quedaron en las comarcas que los reyes de Castilla y de Aragón fueron conquistando, ya por medio de los alamines ó alarifes de procedencia árabe musulmana que trabajaron para los árabes españoles de los mismos estados castellanos y arago- neses. Tales alamines ó alarifes hubieron de pertenecer á la cía- ARQUITECTURA. 265 se de msallos mudejares; y de estos se ha lomado la denomina- ción que en nuestros dias se da á ese estilo especial de arquitec- tura de origen árabe; denominación que ofrece á la crítica histórica una de las fases más interesantes de la civilización española. (1). Los mudejares establecidos en Toledo, en Córdoba, en Sevi- lla y Valencia después .de sometidos sus territorios á las armas castellanas y aragonesas, ilustrados como sus correligionarios y compatriotas, hubieron de ejercer no poca influencia en la civi- lización española respecto de todos los ramos del saber en que aventajaban á sus dominadores; y más constructores de imagi- nación que ellos, hubieron de monopolizar también el arte de construir. Alfonso x el sabio (1252-1284) llamando á si todos los elementos de civilización- que existían esparcidos en sus anti- guos y nuevos dominios, ilustrado como fué, así como se erigió en patrocinador de la raza hebrea, lo fué del vasallo mudejar; accediendo á legitimar su establecimiento en el suelo castellano por medio de leyes especiales (Tit. 24 y 25. Partida vii). Pero si asimiló los mudejares á la raza hebrea respecto de la política, respetó en mucho mayor grado la dignidad personal de los mu- dejares; pues no les obligó á llevar señal alguna exterior como distintivo de su procedencia, á lo cual estuvieron obligados los (1) No entraremos en un examen detallado acerca de la etimología de la palabra Mudejar, porque es trabajo que á los filólogos que de la ilustración de los vocables se ocupan, más bien que á los arqueólogos artistas que estudian los monumentos que ilustran la Historia, corresponde. Basta saber que las voces árabes Dajalá y mu- dejalat determinan el acto de entrar en tratos y conferencias con alguno, aplicándose ya á las alianzas de los caudillos musulmanes con los jefes cristianos, ya á la su- misión de los subditos rebeldes; así como otras veces á la unión, acomodamiento y auxilio que los asociados podian prestarse mutuamente. Por otra parte Mudeclian ó mudegian (gente de la permanencia) son propias y características designaciones dadas por los árabes musulmanes á sus correligionarios pegados al territorio gana- do por los cristianos bajo cuyo dominio pasaban y permanecían. Como quiera que sea, en todos estos casos hay una especie de mudejalat ó acto de sumisión de mus- limes á cristianos mediante garantías, bien fuese por la necesidad de conservar sus bienes raíces, bien por razones de bienestar: de modo que la palabra mudejalat es la más inmediata etimología de Mudejar. 266 LAS BELLAS ARTES. judíos: de modo que los mudejares no podían ser condenados en las causas contra los Cristianos, sin el testimonio desfavorable de algun individuo de su propia grey: y mientras el hebreo ju- raba atrayendo sobre sí las más infamantes penas y maldiciones, Fig. 113. Alcázar. (Sevilla). el mudejar ponía solo á Dios por testigo de su buena fé: y aun que parece que en Córdoba se obligó á los mudejares á llevar se" Fig. 114. Sinagoga antigua. (Sta. María la Blanca. Toledo). ARQUITECTURA. 269 nal exterior que los distinguiera, hubo de ser por causas espe- ciales. Esta importancia que el elemento mudejar tuvo en la civili- zación castellana durante la Edad Media, concretada al arte ar- quitectónico hubo de producir un estilo especial, cuyos caracteres pueden examinarse en multitud de monumentos de Toledo y de Sevilla, y cuyo tipo originario se ha de encontrar en los monu- mentos árabes musulmanes que existen en España. Semejante estilo se extendió desde el siglo xni hasta fines del xvn, habiéndose desarrollado muy especialmente con la cons- trucción de palacios de potentados y proceres de Castilla, cuya opulencia excitada por el ejemplo del rey Don Pedro, quiso emu- lar también las suntuosas fábricas del arte granadino. Los edificios que más caracterizan semejante estilo, desde el palacio que los arzobispos de Toledo edificaron en Alcalá de Henares, cuyo salón de Concilios conserva su riquísimo alfarge, hasta el que los duques de Alcalá de Guadaira levantaron en Sevilla en pleno Renacimiento, y que es conocido en el dia por Casa de Pilatos, hay mucho y muchísimo que citar. Sin dete- nernos en el palacio de Trastamara, ni en los restos del Taller del Moro, Casa de Mesa, Colegio de Santa Catalina, Palacios de Galiana, en Toledo; existen los alcázares de los Ayalas en la misma-ciudad, de los Mendozas en Guadalajara, la Sinagoga, hoy Sta. María la Blanca, en Toledo, y muchas torres campa- rlos, ábsides y otras partes de Iglesias en Castilla la Nueva; En tales palacios descúbrese la severa gravedad y magnificencia aristocrática, cualidades muy marcadas en los magnates Caste- llanos; fuerza, poderío, arrogancia nobiliaria, confianza en el propio valor respiran todos, considerados exteriormente, mien- tras en lo interior cautivan la fantasía con el fausto y pompa de sus magníficos patios y suntuosos departamentos, donde la vida señorial se presenta con todas sus aspiraciones. La riqueza, la pompa y la gallardía y frescura de los elementos decorativos que en tales edificiçs se reúnen, produjeron las faustosas habitado- 270 LAS BELLAS ARTES. nes de los magnates, después de haber levantado pequeñas si- nagogas para los judíos, iglesias de poco extensas dimensiones para los cristianos^ pero unas y otras, ricas de ornamentacioíi, en la cual, y sea dicho de paso, las inscripciones están tomadas de los libros santos, ó son leyendas morales, ó dedicatorias; ha- biéndose empleado en ellas con buen efecto los caracteres mo- nacales en juego con adornos árabes. . El estilo mudejar, combinando perfectamente elementos del ojival y del plateresco de que nos ocuparemos luego, constituye un arte, que, bien estudiado, puede dar por resultado una ar- quitectura nacional, que nada dejaría que desear en comodidad, solidez, decoro y grandeza. Durante los períodos de la historia del arte arquitectónico que queda reseñado hasta aquí, puede haberse visto un desar- rollo de ideas tan natural, que al menos acostumbrado á seguir paso á paso la senda que el Arte siguió, le es fácil conocerlo; pe- ro al terminar la Edad media verificóse un hecho que, en cierta , manera, cortó la ilación de ideas que en materias arquitectónicas aparecía, por presentarse como exabrupto. Y sin embargo, este hecho venia preparado muy de antemano. Es menester tener en cuenta que Italia por tradición ó por antipatía á todo lo que pudo proceder de Alemania, nunca adoptó el estilo ojival con el entusiasmo que la Alemania misma como era consiguiente, la Francia, Inglaterra y aun España; y mientras las grandes escuelas arquitectónicas de las márgenes del Rhín fijaban los principios que debían guiar á los construc- tores, mientras los prelados y el clero de dichos países trazaban los planos de las catedrales en los siglos xn y xiii y aun el xiv, Italia recibiendo á los artistas que emigraban de Constantinopla envuelta en discordias civiles, y apesar del estado de completa