288 LAS BELLAS ARTES. cipios del Barroquismo en Arqviilectura exigió la aparición de un correctivo. He aquí la Restauración de la Arquitectura , cu- yos caracteres escolásticos primero y verdaderamete artísticos des pues vamos á historiar. ¿ ÜESTAXTR, AClOlsr, Despnes de una licencia tan perjudicial al Arte como la que habían producido las ideas de Borromini, de Bernini y de sus prosélitos, y con la cual las medianías (que siempre forman el mayor número) se perdieron en una imitación sin criterio; hu- bo de sentirse la necesidad de un nuevo llamamiento para la restauración del estilo greco-romano. El caballero Fontana en Italia, su discípulo Felipe Juvara con su reputación europea en España, y Perrault en Francia más adelante^' se propusieron sacar la Arquitectura de la anarquía del Barroquismo; pero apesar de los esfuerzos que estos hombres hicieron, ya precep- tuando, ya produciendo obras notables por sus cualidades artís- ticas tan lastimosamente olvidadas, no fué posible restaurar lo greco-romano en su primitiva pureza. Fué que el modo de ver y de apreciar las cosas estaba muy viciado, y les era imposible á los artistas prescindir de las preocupaciones é ideas de la épo- ca en que vivían. Quizá los medios que se emplearon no fueron los más apropósito ni los más eficaces. Pertenece á esta época el Palacio Real de Madrid, mandado construir por Felipe V bajo los planos y dirección del arquitecto turinés Juan Bautista Sa- chetti, habiéndose puesto la primera piedra en Abril de 1737. Es condición del espíritu humano la exageración en los prin- cipios que se contraponen á los que se atacan: la exageración pues de las ideas del Barroquismo trajo la exageración de los medios que habían de poner coto á la licencia á que daba lugar y así fué que al tomar á los preceptistas del siglo xvi por norma de lo que había de practicarse, se prescribió la observancia de Fig. 122. PalacÍQ real de Madrid. ARQUITECTURA. ' 291 aquellos preceptos, medidas y proporciones con la escrupulosi- dad más escolástica. En la necesidad de adoptar un texto para las Escuelas se adoptó el de Jaime Baroccio natural de Vignola, en el ducado de Módena; y desde entonces la Arquitectura quedó estacionada en las formas de este preceptista: formas que de puro ser imitadas fueron degenerando; de puro ser reprodu- cidas se hicieron vulgares; y de puco ser aplicadas á todos los casos y á todas las cosas, llegaron á hacerse ridiculas por in- oportunidad unas veces, por inconveniencia otras. Por otra parte las ideas sohre libertad que en la sociedad á la sazón cundían, hablan de ser un obstáculo para admitir un estilo que como el barroco era hijo de otra sociedad faustosa y enfáticamente aris- tocrática. Anuncióse, pues, lo que puede llamarse la segunda restauración àelcí KxqmiQcivLVü. Esta restauración fué hecha con cierta tendencia exclusivista de lo greco-romano; sin embargo no tuvo de exclusivo sino la pràctica; porque por un lado era demasiado escolástica, y por otro eran ya reconocidas las grandes circunstancias que distinguían otros estilos. No hay más que leer los críticos de fines del siglo pasado y de principios del presente, no solo los extranjeros-como los ingleses Chambers y Murphy, sino también los españoles ta- les como Llaguno y Amirola, Jovellanos y Cean Bermúdez. La circunstancia que pudo motivar este nuevo rumbo de la critica fué la antipatía de un literato alemán á todo lo francés. Goethe (1749-1832) fué el que en su juventud levantó el pendón procla- mando el reinado de un nuevo principio que en las artes podia regir; habiéndole encontrado en los monumentos arquitectóni- cos de la época ojival. Después de todo, debemos preguntar: ¿cuáles son las aspira- ciones de la Arquitectura? El arte arquitectónico se encuentra en el dia sin carácter determinado: aspira á la novedad, y di- vaga en el terreno de los hechos materialmente considerados, no consistiendo más que en una imitación de estilos que no ha 292 LAS BELLAS ARTES. estudiado en el fondo sino en las formas; trabajo sin gloria, sin objeto y sin resultado. Porque ¿qué gloria adquiere el que imi- ta lo que en otra edad se hizo? Su mérito no podrá pasar más allá de la exactitud de la copia: á lo más será el mérito á que puede aspirar un restaurador. ¿Qué objeto puede haber en la reproduc- ción de lo que los hombres de otros tiempos hicieron? Reprodu- cir el sentimiento, el modo de sentir de tales hombres, es pun- to menos que imposible. Por último ¿qué resultados puede dar una servil imitación? Bien triste es por cierto para el Arle; por- que con ella no se producirá la originalidad, no habrá estilo, circunstancia indispensable en la obra de Arte. Y sin embargo, esto es lo único que hace en el dia la Arquitectura. Ahora bien ¿es posible alcanzar originalidad en Arquitectura, alcanzar estilo? Dejemos á los que fallan en definitiva diciendo que todo está dicho en este arte; porque estos tales no ven más allá de lo que la vista material alcanza. No miremos las obras de los hombres si no hemos de penetrar su espíritu: así veremos, como suele decirse, con los ojos del alma. La sociedad tiene hoy más que nunca, necesidades áque atender, porque está en un pe- ríodo.de regeneración, mientras que la Industria, la ciencia in- dustrial quiero decir, ofrece un sinnúmero de invenciones aplica- bles al Arte, y á las cuales tiene éste á su vez aplicación. Si la Arquitectura ha de sacar de la bonstruccion motivos para la de- coración; la variedad de materiales que en el dia tiene la Arqui- tectura á mano y utiliza, y las necesidades de todo género á que ha de atender, son manantiales abundantes de ideas para al- canzar la originalidad: no la que suele confundirse con la extra- vagancia, ó la novedad de la veleidosa moda, sino la originali- dad artística que solo puede alcanzarse con genio y con criterio; el primero, dirigido por el segundo; este, adquirido á fuerza de estudio de los escritos, de los monumentos, y del corazón hu- mano, cuyos sentimientos el Arte ha de • excitar y poner en juego. PIN-.