ARQUITECTURA. 19 Cerdeña sino en que no tienen más que un piso, y que los pe- queños que los rodean no están relacionados entre sí. Los estudios del Sr. de la Mármora, en su viaje á la isla de Cerdeña, pueden servir de mucho al arqueólogo artista que desee extender sus consideraciones sotre unos monumentos cuyo orí- gen y ohjeto son tan dudosos. MONUMENTOS ASIRIOS Y PERSAS. Al ir á ocuparnos del estilo arquitectónico de los pueblos que constituyeron el primitivo imperio asirlo, y de los que hereda- ron más inmediatamente su civilización antes de Alejandro Magno (sig. iv, ant. J. C.) deben tenerse en cuenta varias cir- cunstancias.—1.* Que hay cierta analogía entre los monumen- tos de Nínive y los de Egipto de la época de Sesostris.—^2.^ Que este Faraón de vuelta de sus expediciones al Asia trajo consigo á á Egipto artistas asirlos (sig. xvii, ant. J. C.) — 3.» Que el persa Cambises se llevó de Egipto artistas para levantar monumentos enPe'rsia (sig. vi, ant. J. C.)—4." Que el genio egipcio en esta época pudo estar influido por el griego; pues según Plinio, Te- lephanes, escultor griego, trabajó para Darío y paraXerxes—úl- timamente : que cualquiera que sea la edad de todos los monu- mentos que se encuentran en el territorio del antiguo imperio asirlo, su teoría originaria indica la época primitiva del arte de construir, aunque en via de adelanto. Los restos de los monumentos de los asirlos así babilónicos como ninivitas, como persas, ofrecen caracteres comunes, á lo cual podrá llamarse color local; habiéndose perpetuado en tales países tradicioualmente durante la época indicada. Así es que en los monumentos persas no se ve más que un desarrollo especial de los babilonios: las plantas de los edificios afectan formas rec- 20 LAS BELLAS ARTES. tangulares, especialmente el cuadrado; el alzado presenta ya no una combinación de distintos pisos, sino una superposición de terraplenes en disminución gradual, tendiendo á la forma pira- midal como garantía de la solidez. La exornación bubo de ser geroglífica, ó á lo más ideográfica, representando monstruos alados, ñeras de toda clase; extendiéndose á la alegoría bistórica en su estado más primitivo, siempre caracterizando la categoría del personaje, por la mayor estatura. Todos estos objetos fueron esculpidos en relieve bajo, ó pintados. Encuéntranse sin em- bargo, empleadas en algunos puntos, inscripciones con caracte- res fonéticos cuneiformes; perteneciendo indudablemente todos ellos al último período de la época indicada. BABILONIA. ES la ciudad más antigua de la Caldea. Fué fun- dada por Nemrod nieto de Cam, el diestro cazador, como le lla- ma la Biblia. De esta ciudad no quedan más que escombros que dejan bien poco que adivinar. En el siglo ii ant. J. C. no quedaban ya más que las miirallas, sirviendo el territorio que acotaban, de par- que de caza á los reyes partos, desde la muerte de Alejandro Magno. Si el estilo arquitectónico procede del modo de construcción, del modo de construir empleado en Babilonia puede sacarse gran luz para conocer los caracteres generales de los monumen- tos que adornaron esta ciudad, pudiendo venir á confirmar las tradiciones que existen. Estas tradiciones dicen que las plantas de los monumentos debieron afectar las formas rectilíneas y re- gulares que quedan indicadas, particularmente el cuadrado; así como en los alzados hubieron de dominar las formas piramida- les. La exornación hubo de ser enteramente simbólica, debien- do de consistir muy especialmente en relieves de barro cocido, representando monstruos alados, tigres, leones y figuras pinta- das. Comprobarán también tales tradiciones el conocimiento de la naturaleza geológica del país, así como de sus producciones. ARQUITECTURA. 21 Ni en toda la región donde tuvo su asiento la antigua Babilo- nia, ni en toda la comarca á muchas leguas alrededor existe can- tera alguna, ni señales de que fácilmente pueda obtenerse piedra para labrar. Indudablemente los babilonios se vieron precisados á ir á buscar á Armenia la que hubieron de emplear en sus construcciones: debe por tanto presumirse que hubieron de em- plear en estas más comunmente los ladrillos ó secados al sol ó cocidos. Viene en comprobación de ello el texto del lib. xi del Génesis, vers. 3.*, donde se refiere que los hombres de las tribus primitivas dijeron: «Venid, hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego: y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de be- tún en vez de argamasa,» y el Génesis, es la tradición escrita más antigua que se conoce. Parece que colocaban los ladrillos por hiladas, y de trecho en trecho extendían un lecho de cañas, y el todo lo revocaban con una argamasa compuesta de asfalto y yeso. También se supone que los babilonios hubieron de conocer la construcción en bóveda dovelada , pero no se ha verificado jamás una prueba de ello, ni se ha encontrado dato alguno que pueda conducir á una suposición siquiera. Los monumentos exigidos por la civilización que alcanzó el primitivo pueblo babilónico, fueron: las murallas, los malecones, el templo de Belo, los palacios, y los jardines coleantes. Murallas. Su recinto formaba un cuadrado perfecto ocupando un espacio de unas doce leguas cuadradas. Circulan, más bien que una ciudad, una comarca, en la que solo habia poco más de dos leguas pobladas: el resto servia para proporcionar víveres á la población. Su altura fué grande, sí bien no están de acuerdo los autores acerca del particular. Estuvieron flanqueadas por 250 torres: eran de ladrillos hechos del barro que se habia sa- cado de los fosos, y estuvieron revocados con una capa de asfalto. Tuvieron cien puertas cuyos postigos fueron de bronce. Maleco7ies j puente. Los malecones tuvieron por objeto con- tener las aguas del rio Eufrates en un cauce: fueron construidos de ladrillos. El puente tuvo los estribos construidos con piedra 22 LAS BELLAS ARTES. traida de otros países, estando unidos los sillares con abrazaderas de metal (probablemente cobre) y llenos los intersticios, de plomo derretido. El piso fué de madera de ciprés y de palmera. Templo de Belo. Supó- nese que fué edificado sobre las ruinas y con la misma planta que la torre de Babel. Esta planta fué un cuadra- do, su alzado afecta la for- ma piramidal, su altura total fué de unos ciento Fig. 13. Templo de Belo. cuarenta y cinco metros. Consta de ocho altos ó cuer- pos, y estuvo encerrado en un recinto de media legua por lado, no teniendo más que dos puertas. Comunicáronse los altos entre sí por medio de rampas colocadas en la parte exterior: y termi- nó el monumento en una plataforma, donde hubo una capilla ó santuario, dentro del cual veíase un lecho magníficamente deco- rado y una mesa de oro. En aquel sitio hubo el observatorio astronómico. En otra capilla inferior estuvo el ídolo Belo, que era de oro. En uno de los departamentos de este templo estu- vieron custodiados los archivos de la nación, así como todo lo más importante de las observaciones astronómicas hechas por aquellos sacerdotes. Berose dice, que la exornación interior de este monumento fué una amalgama de símbolos monstruosos, todo ejecutado con barro y en bajo relieve, y colorido al natural. Al pié del edificio, pero dentro del recinto que le circuyó, hubo las habitaciones de los sacerdotes y guardas del templo. En el reinado de Xerxes, (sig. V, ant. J. C.) decayó sobre- manera el esplendor de este templo ; siendo dicho monarca quien, de vuelta de su campaña á Grecia, le despojó de los te- • soros que allí se encerraban; si bien es verdad que habia decaí- do ya un tanto su prestigio cuando la religión de los caldeos fué suplantada por la de los persas. ARQUITECTURA. 23 Palacios. Parece que en Babilonia hubo dos palacios, uno en la margen oriental, y otro en la occidental del rio Eufrates, sien- do el segundo de mayor capacidad que el primero. Este segun- do palacio compúsose de varios recintos de murallas construi- das de ladrillo, de los cuales el primero fué más alto que los restantes, y tuvo cerca de tres leguas de circuito: el segundo, á más de un espesor y de una elevación considerables, ofrecía en los paramentos la imagen de toda clase de animales, coloridos al natural: el tercero fué menor, y tuvo en los paramentos repre- sentaciones de caza, viéndose á Semiramis arrojando la javalina y á Niño hiriendo á un león con la lanza etc., etc. Estos recin- tos tuvieron tres puertas. El palacio de Oriente estuvo adorna- do con estatuas de bronce de los referidos monarcas y de algu- nos sátrapas, y de otros funcionarios. Supónese que estos dos palacios se comunicaron entre sí por una substrucción que atravesó por debajo del álveo del rio. Entre los escombros amontonados en los sitios en donde se supone que existieron estos dos monumentos, se encuentran fragmentos de mármol, de alabastro, de vasijería y de barros barnizados. Jardines colfjantes. Créese que datan del siglo VII ant. de J. C. y que fueron obra de Nabucodonosor II, quien mandó construirlos áfin de complacerá su esposa, que deseó ver en Ba- bilonia la vegetación de su país natal, que fué, según se asegu- ra, Armenia. Consistieron estos jardines en varios terraplenes en disminu- ción gradual, sobrepuestos unos á otros, midiendo el inferior unos 120 metros por lado. Estos terraplenes parece que tuvie- ron el primer suelo formado por grandes lajas de piedra; sobre ellas se extendieron gruesos lechos de cañas cimentadas con as- falto; encima de estos lechos asentaron dos hiladas de ladrillos unidos con yeso, las cuales iban cubiertas con láminas de plo- mo; extendiéndose últimamente la gran masa de tierra vegetal. Cada uno de estos terraplenes, estuvo sostenido por pilares hue- 24 LAS BELLAS ARTES. eos llenos de esta misma tierra, á fin de recibir las raíces de los enormes árboles que allí se plantaron. Para subir desde el uno al otro terraplén construyéronse escaleras en la parte exterior de los muros de sostenimiento; así como para el riego estable- ciéronse aparatos que subían el agua del rio. En tiempo de Alejandro Magno existían todavía estos jardines. Los viajeros modernos quieren que las ruinas de Kars sean los restos de este monumento. NíNivE. Se señala como fundador de esta gran ciudad á Asur descendiente de Sem. Hubo una época en que se creyó que Nínive había sido tan completamente destruida, ya por el incendio déla época de Sar- danápalo (795 ant. J. C.) ya por la destrucción verificada por los babilonios y medas (625 ant. J. C), que no habían 'quedado de ella más que enormes ruinas de un muro de 40 metros de altura y de 360 de largo, á las cuales daban los del país el nom- bre de Tmnha de Niño. Pero en 1843 descubriéronse en Korsa- bat y en Koyunjik (Pèrsia moderna) ruinas que han querido suponerse restos de la antigua Nínive ; sin embargo, hay razo- nes bastante sólidas para desvanecer esta suposición. El monumento de Korsabat consiste en un muro formando un recinto cuadrado; viéndose en el lado oriental y en el occiden- tal, restos de un foso. Al norte hay varios departamentos cua- drados ó cuadrilongos, de mayor ó menor extensión, comuni- cándose entre sí por medio de puertas. Este monumento está construido sobre un suelo de ladrillos cocidos, de forma cuadra- da, los cuales llevan inscripciones cuneiforme^. Debajo de este solado hay un lecho de arena fina de unos diez centímetros de espesor; cuyo lecho está extendido encima de otro solado de ladrillos fuertemente cimentados con betún. Las paredes están revestidas de grandes láminas de espejuelo marmoriforme, pa- recido al que se encuentra en aquellas inmediaciones; cu- yas láminas, al parecer, estuvieron unidas por medio de abra- ARQUITECTURA. 25 zaderas y clavos de cobre; y de unas y de otras se han recogido varios fragmentos. Restos de un revoque de un hermoso azul que allí se encuentran, dan á entender que las paredes tuvie- ron exornación de un género especial. La cubierta de estos departamentos hubo de ser de madera, ó cuando menos, de este material hubo de ser la armadura que le sostuvo, toda vez que se ha encontrado en el suelo una cantidad notable de madera carbonizada. La exornación de aquellos muros consistió en bajos relieves esculpidos en dichas planchas de espejuelo. Todas estas repre- sentaciones tienen un sentido completamente simbólico; siempre ofreciendo el dibujo un carácter grandioso, presentando las figu- ras las proporciones de una raza más bien robusta que gentil: y con ser composiciones escultóricas, todas fueron coloridas y exornadas polícromamente. PÈRSIA. LOS monumentos de este pueblo, último heredero de la civilización asiría, solo hace dos siglos que son conocidos: y aunque incompletos y sobrado mutilados, bastan para dar idea del gusto de los antiguos pueblos de Elam ó Elimais. Estos monumentos existen en Schuster, cerca de cuya ciudad están las ruinas de la antigua Susa de que habla la Biblia; en la lla- nura de Istakar ó de Mardask donde estuvo situada la antigua Persépolis; y en la llanura de Murgab donde se supone estuvo Pasagarda. Consisten en restos de antiguos palacios y en grutas sepulcrales abiertas en las laderas de los montes peñascosos, ó formados de enormes masas de piedra. Pero no todos los monumentos que se han encontrado en aquel país pertenecen al período histórico que al principio queda in- dicado, esto es, al inmediatamente anterior á Alejandro Magno: así es, que solo haremos mención de los comprendidos en di- cho período. Cuestiónase acerca de si la arquitectura persa antigua fué influida por el gusto egipcio del tiempo de Cambises, ó si fué 26 LAS BELLAS ARTES. obra de artistas griegos: los más de los' arqueólogos convienen en que domina en ella el gusto jónico; y sin embargo, tanto en la disposición natural como en la decoración, se ve un estilo peculiar del país, como si dijéramos, un color local muy pro- nunciado. Con efecto, ciñéndonos á la disposición general délos monumentos, cuyos restos pueden reconocerse en la actualidad, el sistema de superposición de terraplenes es el general y casi exclusivamente observado. Respecto de la decoración puede sen- tarse como principio, que dominó el género arquitrabado ó en platabanda. El miembro prin- cipal es la columna, con exclusivo oficio de sostener el corni- samento. Consta de fuste, base y capitel. El fuste disminuye desde el imóscapo al sumoscapo; y suele estar proporcionada por su diámetro in- ferior, presentándo- se ya estriada ya lisa. Para las bases, la flor del loto en sentido Fig. 14. Capiteles de Tschilminar. inverso es la forma más generalmente adoptada; así como para los capiteles, las for- mas generales son, los cráteres más ó menos adornados y el abaco con volutas, y la zodaria de licornias, que son los asnos silvestres de que habla Ctesias; y sobre los lomos de estas des- cansan los arquitrabes. No es posible dar razón circunstanciada de la forma de los cornisamentos, pues lo único que puede decirse sobre el parti- cxilar es, que todaslas conjeturas conducen aun estilo egipcio, lo ARQUITECTURA. 27 cual no excluye las influencias griegas, ya que en la época en que hubieron de erigirse los monumentos que nos ocupan, la influencia de la civilización griega no pudo menos de sentirse en oriente. Constituyen la exornación, bajos relieves esculpidos en frisos paralelos, separados por listeles tachonados de rosas, flores cuya frecuente reproducción en la exornación persa indica que en- tonces, como en la actualidad, aquellos pueblos tuvieron por ellas especial predilección. Representaron también adornos to- mados del reino vegetal, combinados con animales fabulosos, habiendo sobresalido en la policromía. De Pèrsia hubieron de sacar mucho más adelante los árabes la rica exornación que usaron; y de Pèrsia son indudablemente oriundos los ladrillos esmaltados y los barnizados que con tanta prodigalidad como oportunidad, usaron así en oriente como en España. Texier su- pone que todos los bajos relieves persas fueron pintados ó colo- ridos, y que en este trabajo fueron los persas sumamente deli- cados y primorosos. No es posible, hablando de la exornación persa, dejar de citar las monstruosidades que representaron, abortos de las creencias religiosas de aquel antiguo pueblo. Aunque el magismo, que fué la religión que profesaron, no fué muy favorable al arte figu- rativo^ puesto que no admitía ídolos, ni quizá templos; sin em- bargo, hállase que los Feruheres, los Esfinges, y los personajes alados, constituyen una parte muy importante del sistema de exornación que en aquellos monumentos puede contemplarse. El Zend-Avesta, libro canónico de los persas antiguos, llama feruheres á los buenos genios, creados por Ormuzd, los cuales se unen al cuerpo de cada hombre antes de su nacimiento para no dejarle hasta su muerte, combatiendo constantemente contra los malos genios creados por Ariman. Los esfinges son toros con alas ó sin ellas; alguna vez tienen cabeza humana cubierta con la tiara persa; pudiendo suponerse, con bastante fundamento, atendidas las distintas maneras de ser interpretada esta repre- 28 LAS BELLAS ARTES. sentacion, que no son más que símbolos déla Fuerza y de la Gloria. Los personajes alados son figuras humanas que repre- sentan simbólicamente determinadas individualidades de eleva- da categoría: suelen tener cuatro alas, dos en las espaldillas, y dos en las caderas, y llevan en la cabeza las astas^ símbolo de la Fuerza, y algunas veces la ñor del loto. Conocidos ya los caracteres generales de la arquitectura per- sa, veamos los monumentos exigid os por su civilización, que nos quedan. No ha llegado á noticia de los arqueólogos la disposición de ningún templo perteneciente á las creencias religiosas de los antiguos persas, el magismo. Sin embargo, no hay duda de que en la época del segundo Zoroaslro (sig. v, ant. J. G.) edificaron templos. Solo han llegado hasta nuestros dias monumentos que han sido considerados como palacios , siendo probable que á esas vastas contrucciones se hallasen anexionados los templos. TscHiLMiNAR. Monumento notable por su originalidad, cuyas ruinas están situadas en la comarca donde se levantó la ciudad de Persépolis. Dice Potter que es el palacio que Alejandro Mag- no mandó incendiar en el desorden de una orgía por insinua- ción de la cortesana Thais, si bien el crédito que esta anécdota merece, está muy desvirtuado por las ideas civilizadoras y la ilustración del monarca macedónico. La opinión más recibida es la de que estas ruinas son restos de la cindadela ó alcázar de Persépolis, las cuales tienen en el país varios nombres, tales como: el trono de Djemschit, ó de Kai-kosrú, la casa de Darío, Tschilminar, 40 columnas, número genérico que usan los ára- bes para indicar multitud. El monumento consiste en un gran terraplén adosado á un monte por la parte del Este, ade- lantándose hacia el Oeste: tiene la forma casi rectangular: de Norte á Sur mide unos 300 metros, y de Este á Oeste unos 180 metros con 5 metros de altura. En esta plataforma se elevan otras varias, y en ellas hubieron de levantarse edificios para ARQUITECTURA. 29 distintos usos. Cada terraplén está rodeado por un muro formado de enormes pedazos de mármol gris oscuro, tan perfectamente unidos, que apenas se conocen las junturas. Parece que cada muro estuvo coronado de un parapeto almenado, ó de un ante- pecho. El primer terraplén solo tiene acceso por el lado occiden- tal hacia el ángulo Norte por medio de dos tramos de escalera Fig. 15. Tschilminar. cuyos peldaños apenas miden 0'08 metros de altura, teniendo mucho más de extensión. La anchura de la escalera permitiría el paso á diez caballos de frente. Perpendiculares á la primera escalera están situados sobre el terraplén los propileos ó por me- jor decir, la puerta de los esfinges. Más al fondo hay una cis- terna y la boca de cañerías subterráneas procedentes de la mon- taña. A unos 50 metros de distancia hacia el mediodía hay otra 30 LAS BELLAS ARTES. escalera dispuesta de un modo análogo á la primera, aunque no tan alta como ella. Los paramentos de sus muros están exorna- dos con bajos relieves, ordenados del modo que era costumbre entre los persas, esto es , representando guardias del rey y asuntos tomados de la historia del país. Las inscripciones de esta escalera están grabadas con caracteres cuneiformes; é in- terpretadas según el sistema del Sr. Lassen dan á entender que el monumento fué obra del siglo v. ant. J. C , ejecutada por orden de Xerxes. En el terraplén á que esta segunda escalera da acceso, es donde existe el verdadero Tschilminar ó multitud de columnas, si bien de ellas no hay más que un corto número en pié: todas son estriadas, y hubieron de pertenecer á un edificio digno de la mayor consideración por su disposición general. Con efecto, á 5 metros de la escalera hubo de elevarse una sala hi- póstila conteniendo 72 columnas de 2 metros de diámetro, y de 8 diámetros de altura, siendo un tanto menores las del grupo central por hallarse situadas en un plano más elevado, sin duda para servir de estrado al trono. El techo hubo de ser de madera plancheada de metal; y los intercolumnios de los costados hu- bieron de tener tapices colgados para resguardo del interior del estrado. Varios otros departamentos ó pabellones hay en este monumento más ó menos separados del que se acaba de descri- bir; pero lo irregular de su disposición y distribución, que no constituye un sistema, y el no haberse descubierto por completo la planta general, son circunstancias que relevan de toda des- cripción. Por otra parte, los detalles no han de darnos mejor idea de la disposición arquitectónica del monumento. Debajo del gran terraplén que constituye su base, hay abier- tas en distintas direcciones varias galerías, cuya extensión y destino es desconocido: apenas .cabe en ellas un hombre puesto de pié. Pedro de la Valle habla de ellas y de la cámara cuadrada á que llegó, y que ninguna circunstancia notable ofrece para el Arte. Los del país dicen que tales galerías se extienden á 6 le- guas hacia el centro de la montaña, llamada de las sepulturas. ARQUITECTURA. 31 por razón de las que hay esculpidas en sus laderas peñascosas, algunas de ellas á grande altura , y todas parecidas ala que va á ocuparnos. NAKSCHI-RUSTAM. En la ladera oriental de la montaña á que Fig. 16. Sepulcro de Nakschi-Rustam. está adosado el Tschilminar, y á dos leguas de este monumento hay cuatro sepulturas: la más notable de ellas es la de Eustam, uno de los héroes muy célebres de la antigua Pèrsia. La fachada de la sepultura es un profundo rehundimiento he- cho en la roca , en forma de cruz griega , y que mide unos 25 32 LAS BELLAS ARTES. metros de altura. El monumento está dividido en tres cuerpos: el inferior no tiene decoración alguna y sirve de zócalo: el se- gundo, que tiene mayor extensión para formar los brazos de la cruz, tiene esculpido una especie de pórtico arquitrabado con cornisamento de estilo griego, y.las columnas tienen capiteles formados por dos licornias: en el intercolumnio del centro hay una puerta cuya cornisa presenta el carácter del cimacio egipcio: el tercer cuerpo tiene representado en bajo relieve una especie de sarcófago de dos altos, sostenido cada uno de ellos por una fila de esclavos , viéndose en la plataforma superior al rey con el arco en una mano, situado delante de una ara en la que arde una llama sagrada; vese en lo alto el feruher ó buen genio del monarca, y en el recuadro y gruesos del rehundi- miento están los guardias en ademan de llorar. El interior es una cámara de unos 6 metros de área y dos de altura : tiene el techo ennegrecido per el humo de las lámparas que allí debie- ron de arder; y en el fondo hay tres nichos en hornacina donde hubieron de depositarse los lechos fúnebres. A más de todos estos monumentos, existen en el país que constituyó los antiguos imperios de Asiría y Pèrsia , algunos otros que á nuestro modo de ver son más bien propios para sa- tisfacer la curiosidad arqueológica que para constituir un siste- ma histórico de las Artes plásticas. Ya dijimos al principio que no haríamos mención de aquellos monumentos que no fue- sen obra de aquellas edades á que concretamos nuestras consi- deraciones, y añadimos ahora, que aunque haya algunos otros en aquel país que tienen la antigüedad de aquellos imperios, pasaremos muy someramente sobre ellos, toda vez que los frag- mentos que de ellos quedan, pueden dar pié á conjeturas más ó menos probables; pero que no son datos para obtener certeza alguna. Tales son, la llamada tumba de Salomon, y las ruinas de Susa. La llamada tumba de Salomon situada cerca de Nakschi-Rus- ARQUITECTURA. 33 tam, es la tumba de Ciro, de que habla Estrabon, que es uno de los que mejor la describen. Las ruinas de Susa apenas dan motivo para la menor conje- tura, y deben la importancia que tienen, á haber sido aquella ciudad el sitio donde se verificó la historia de la judía Ester en tiempo del rey Asnero; y la del profeta Nehemías , el que obtu- vo de Artaxeries Longamano el permiso para reedificar los mu- ros de Jerusalen. Allí existió el maravilloso palacio al cual die- ron los griegos el nombre de Memnonia. Para concluir, repetiremos lo que al principio de esta historia de la Arquitectura asiría y persa hemos dicho, á saber, que pa- ra verificar las fechas aun de los mismos monumentos que que- dan mencionados, como obra de las antiguas y más primitivas generaciones que poblaron el país, siempre será menester tener presentes las circunstancias especiales que en distintas ocasio- nes pusieron á Asiría en relaciones con el antiguo Egipto , y á Pèrsia con Grecia. ARQUITECTURA. D L S P E L S ST A O A O I N E D ASIRÍA. E O UBO IU D S RE T E INDIA.. Los indios han tenido el arte arquitectónico reducido á reglas por los mismos libros canónicos de sus creencias religiosas : los Puranas. Entre los artistas indios ha gozado de gran reputación el libro llamado Manasara ó sea, ciencia de la proporción. Tie- nen además un libro que trata de la Arquitectura militar atri- A-3