ARQUITECTURA. 61 ARQUITECTURA DE LOS PUEBLOS SITUADOS Á OCCIDENTE DE ASIRÍA. E3C3-IPOIA.. Los egipcios sobresalieron en la Arquitectura más que en las demás artes plásticas, en razón del grado de civilización que al- canzaron, el cual no les permitió representar con toda sinceri- dad y limpieza las ideas, no habiendo sabido hacer más que simbolizarlas. Simbólico pues fué el fondo de la civilización egipcia, como simbólicas fueron también las formas; habiendo cultivado el símbolo de tal modo, que aventajaron á los demás pueblos que les habían precedido, en el arte que por este prin- cipio se rige. Por esto puede decirse que Egipto fué en la Anti- güedad un pueblo arquitecto por excelencia: atestíguanlo las teorías originarias que tomaron por punto de partida los mate- riales que emplearon, y la misma distribución que dieron á sus edificios. La teoría originaria de la arquitectura egipcia hubo de ser la construcción de piedra por simple presión vertical. La enormi- dad de los pedrejones que emplearon y las formas piramidales que dieron á los conjuntos, al propio tiempo que ofrecieron una garantía de solidez, imprimieron á los monumentos un carácter de grandiosa gravedad y de austeridad magestuosa. No tenien- do Egipto, como no tenia, maderas de construcción, no pudo menos de recurrir á esta teoría originaria, respondiendo á ella por cuantos medios le fué posible ; habiendo empleado métodos especiales para la explotación de sus ricas canteras de piedra asi arenisca como calcárea y granítica; métodos que llegaron á 62 LAS BELLAS ARTES. darles pedrejones de veinte y cinco metros de longitud. Verdad es que por las pinturas de los hipogeos puede conjeturarse que emplearon la madera en algunas construcciones; pero también se echa de ver en algunas de aquellas representaciones, que las maderas formaron parte de los tributos impuestos á las nacio- nes vencidas : lo cual da á entender que este material hubo de ser considerado en el país como una preciosidad, habiéndose empleado como artículo de lujo. La teoría de la construcción de piedra hubo de conducir á los arquitectos al conocimiento de la construcción circular y de sus contrarestos. En la época de Homero habia en las márgenes del Nilo malecones de curvatura horizontal, cuya fuerza para resis- tir al empuje de las aguas está comprobada por la existencia de muchos siglos. Por otra parte, se han encontrado en Tebas bóvedas construidas con dovelas; y aunque algunos les han da- do fecha muy reciente, así como otros han sacado de las peque- ñas dimensiones que tienen, una prueba negativa de poder,^ sin embargo, es menester mirar la cuestión bajo el punto de vista de que con la enormidad de las lajas de piedra que podían obte- ner, no necesitaron aguzar su ingenio ni emplear su habilidad en la consecución de un objeto, como el de cubrir los edificios, que naturalmente los materiales les ofrecían. MURO. Estrabon habla de la convergencia de los muros egip- cios, circunstancia que solo puede referirse á la forma atalusada ó en escarpia que dieron á este miembro arquitectónico. En- tiéndase sin embargo, que esta forma solo apareció en los pa- ramentos exteriores, pues interiormente el muro siguió la línea del aplomo. COLUMNA. El empleo de la columna como miembro caracte- rístico de sustentación data en Egipto desde muy antiguo; sien- do muy natural que tuviese un desarrollo en sus formas, bien por la actividad del genio indígena, bien como resultado de in- fluencias extrañas. Desde los pilares que se ven en los hipogeos del alto Egipto, hasta las columnas de los templos de Philoe y de ABQUITECTURA. 63 Tebas no hay grandes pasos que dar: y hubieron de darlos lue- go que para atender á las necesidades de aquella civilización, se vieron precisados á construir peristilos, salas hipóstilas y salas hipetras. Veamos, pues, cuales fueron los caracteres de la columna egipcia ; y que desarrollo especial alcanzó este miembro arqui- tectónico. En los hipogeos de la montaña de Beni-Hasan hay columnas que han sido calificadas Ae profodóricas por las estrias en arista Fig. 31. B. De los hipogeos de Beni-Hasan. A. G. Del Palacio de Karnak. que tienen los fustes; no llevando en el sumiscapo más que un simple abaco (Véase letra B). No es que esta circunstancia sea un dato para conceder mayor antigüedad á estas columnas que á las de fuste liso que tan comunes son en los monumentos de Egipto; porque en cambio todas las de esta última clase llevan 64 LAS BELLAS ARTES. capiteles que pudieran indicar una época más adelantada : al cabo la mayor riqueza de exornación es una prueba de más exi- gencia en el gusto. En las formas y exornación de las columnas egipcias se ob- serva que el tipo original debe haber sido el tronco de la pal- mera, toda vez que algunos fustes se presentan con alguna hin- chazón en el imoscapo, donde al propio tiempo están figurados los folículos que suele haber en el arranque inferior de las plan- tas bulbosas. (Véase la base letra A) La arquitectura egipcia apenas emplea las BASES, y las que emplea, no pasan de ser más que un simple disco ó una sección de cilindro, ó una especie de toro. (Véase la hase, letra G) Tres tipos ofrecen los CAPITELES, á saber:—capitel en capullo (A) apenachado (C) historiado (fig. 31). El primer tipo presenta la flordellotocerrada, coronada con un ^•^^•"Air^T^jSnil abaco cuadrangular; y no parece si- no que con los astrágalos figurados en el sumoscapo del fuste se trate de indicar las ligaduras necesarias pa- ra sujetar un manojo de tablas, que es lo que muchas veces representa el fuste. El segundo tipo ofrece al- gunas variantes: ya presenta una serie de -pétalos que se extienden con magestuoso vuelo, ya una sim- ple campánula guarnecida de folí- culos^ ya es el pomposo ramage de una palmera: siendo notable en este género de capiteles la forma y Fig. 32. Del templo de Gartasa. disposición del abaco que es una manera especial que tuvieron los artistas egipcios de sentir la propiedad de este accidente del capitel, pues no hicieron que el abaco descansara ni siquiera cubriese el mayor vuelo de los pé- talos que constituían el capitel, sino que le hicieron seguir las ARQUITECTURA. 65 lineas capitales del fuste, dejando aquel vuelo como un simple accidente natural, de modo que no deje sospechar siquiera que ese apenachado de los pétalos ó ramaje pueda tener la preten- sión de sostenerle. El tercer tipo presenta cuatro fachadas en cada una de las cuales aparece un mascaron con el tocado egip- cio y un bajo relieve representando alguna escena ó acto rela- tivo al destino del monumento; y el todo coronado por un abaco con iguales formas y condiciones que el que llevan los capiteles del segundo tipo. Los grandes pedrejones que los egipcios sacaron de las cante- Fig. 33. Templo de Edfu: estado actual. ras, y la falta de maderas de construcción, hubieron de ser cau- sas coeficientes de que los cornisamentos solo constasen de dos partes, á saber: de arquitrcibe ó pieza de unión de los puntos de ^poyo; y de comisa como acusación de la cubierta. Esta cornisa formó un cimacio de gran vuelo, que constó de un gran caveto ó media caña coronada por un filete; siendo este cimacio em- pleado con tanta especialidad en la arquitectura egipcia, que ha venido á ser característico de aquel estilo. Es inútil detenerse al hablar del cornisamento egipcio, en manifestar la ninguna ne- cesidad que hubo en Egipto de dar pendiente sensible á las cu- 66 LAS BELLAS ARTES. biertas de los edificios, supuesta la falta absoluta de lluvias que hubo en el país. Los V N S se presentan rectangulares, y algunas veces con AO jambas convergentes hacia el dintel; coronándolos siempre un guardapolvo del carácter de los cimacios que constituyeron las cornisas de los edificios, según quedan descritas. Las puertas de los templos y palacios, y las pinturas de los hipogeos ofrecen muestras de las dos indicadas formas, como se verá luego. Los egipcios en la EXORNACIÓN lo mismo emplearon el bajo re Heve que la pintura; y lo mismo adornaron de este modo los paramentos de los muros que los fustes lisos de las columnas. Los folículos del tronco de la palmera y la flor del loto hicieron el principal, sinoel único papel en la exornación antemática, por" que fueron los dos vegetales de los cuales los naturales del país sacaron gran provecho: el fruto de la palmera y la harina que se sacaba del grano del loto ganaron la veneración en que los egipcios tuvieron tales plantas. La escritura geroglífica, aunque no adiestró á los artistas egipcios en la expresión, les obligó á ser exactos en la significación, habiendo sabido materializar las ideas más metafísicas: prueba de ello es el Ritual fúnebre que forma parte del Libro de las manifestaciones ó revelaciones. El cuadro que este Ritual presentaba entró en el sistema de exornación, y los artistas no hicieron más que copiar sus viñe- tas, ya en relieve ya en pintura, en las grandes construcciones. Los egipcios emplearon la policromia para realzar los bajos relie- ves lo mismo que todo miembro y accidentacion arquitectónica; habiendo hecho uso al efecto de procedimientos especiales que han conservado á los colores toda su viveza hasta nuestros dias. OBELISCO. ES uno de los miembros arquitectónicos más ca- racterísticos de la arquitectura egipcia. Como tal miembro y no como monumento independiente debe ser considerado tratando, se de esta arquitectura. Consiste en un monolito prismático de cuatro caras y base cuadrada, en disminución hacia la parte superior: consta de tres partes, á saber: zócalo, prisma y pira- ARQUITECTURA. 67 midion. Las cuatro caras del prisma están cubiertas de gerogli- ficos, en relieve más ó menos bajo, y algunas veces simplemen- te esgrafiados. Los obeliscos suelen ser de gra- nito rosa de las canteras de Siena, y sus caras están perfectamente pulimentadas. La regularidad de la base depende de las dimensiones que tuvieron los pedrejones al salir de las canteras: así es que apesar de presentarse los obeliscos siempre pareados, muchas veces no fueron iguales: notóse esta diferencia en los de Luksor, el menor de los cua- les tuvo u n zócalo casi doble que el Fig' 34. Obeliscos de Luksor. más alto. La relación que guarda la base con la altura no procede de una regla fija, aunque no se andará fuera de camino si se sienta como tipo mínimo la propor- ción de uno á ocho, y como máximo, la de uno á diez; disminu- yendo en un tercio desde el imóscapo al sumoscapo. Mientras los anticuarios no tuvieron medio para la interpre- tación de los geroglíficos, el espíritu de sistema no andaba pe- rezoso en hacer conjeturas buscando el significado en las más ó menos arbitrarias etimologías del nombre que se da á los cuer- pos arquitectónicos que nos ocupan: ya fueron considerados co- mo altares, ya como símbolos de los dedos de la divinidad, ó imágenes de los rayos solares, gnómones ó relojes, ó indicadores del curso de los astros. Después que con la piedra de Roseta se ha encontrado la clave para la interpretación de los geroglíficos, está reconocido que los obeliscos son monumentos esencialmente conmemorativos; de manera que respecto de los edificios á que están adheridos no hacen más papel que el que en los edificios de la época moderna puede hacer una lápida. Aquellos geroglí- ficos dan á conocer el objeto de la fundación del edificio á que 68 LAS BELLAS ARTES. preceden, su destino, el nombre de las divinidades á que estu- vieron consagrados, y demás circunstancias que pueden servir para la historia del monumento. Por lo demás, supónese que la denominación deriva de una palabra griega que vale aguja, palabra empleada por los griegos que se establecieron en A.le- jandria, hombres de espíritu cáustico y mordaz en demasía. Se ignora la época en que fué erigido el primer obelisco en Egipto; pero sin género alguno de duda no hay ninguno man- dado erigir por faraón de alguna dinastía anterior á la xvm, que data del siglo xix ant. J. C. Cambises el persa mandó destruir muchos obeliscos; y está en lo cierto que si los faraones de orí- gen griego no mandaron erigir ninguno, adornaron las pobla- ciones con los que pudieron haber á mano. Casi puede asegu- rarse que de la época de los Ptolomeos data la adulteración de este miembro arquitectónico respecto de su objeto: y los empe- radores romanos y aun los bizantinos importaron en sus respec- tivas capitales obeliscos sacados de Egipto, como testimonio de sus conquistas, ó recuerdo de su dominio; erigiéndolos como monumentos independientes, en medio de las plazas públicas. Los egipcios dieron á sus monumentos una disposición espe- cial que completó el carácter de ellos: y aunque se quisiese ha- llar alguna afinidad entre esta disposición y la empleada por otros pueblos contemporáneos, nunca estará desprovista de cier- ta espontaneidad que le da una originalidad notable. Los edificios monumentales de Egipto debieron esta origina- lidad á los Bromos, á los Pilones, á los peristilos, salas hipósti- las, y salas liifelras. Estas distintas partes, especialmente los jyilones y los peristilos, ofrecieron una disposición que no ha empleado ningún otro pueblo. Dromos, Fué una vía empedrada con grandes adoquines, formada por dos filas de esfinges ó machos de cabrio de dimen- siones colosales, colocados en elevados zócalos, y distantes entre sí unos cinco metros. Estos colosos tuvieron grabados en los ARQUITECTURA. 69 lomos, inscripciones que revelaron su significación. Esta calle era la avenida que conduela á los Pilones. Pilón. Llámase así de una palabra griega que equivale á Fig. 35. Pilón de Luksor. puerta. Es un muro alalusado formando dos alas de edificio, unidas por una construcción que forma el marco de una gran puerta. Los pilones sirvieron de defensa al propio tiempo que de observatorio, dando entrada á un templo ó á un palacio. Su- bióse á las plataformas por escaleras practicadas en el grueso de los muros. A uno y otro lado de la puerta elevábanse colosos representando los fundadores ó favorecedores del monumento; y un tanto más adelante se erigían dos obeliscos. En las gran- des festividades plantábanse á lo largo de los pilones gruesas y altas entenas en cuyos topes flotaban sendas banderolas tal como se ve representado en las pinturas de los hipogeos. Los paramentos de los muros estuvieron adornados con esculturas geroglíficas viéndose el círculo alado flanqueado por dos ureus en el gran cimacio que coronaba los muros. Peristilos. Al rededor de u n santuario {secos) construyeron pórticos, pero interceptaron los intercolumnios á la altura de la mitad de los fustes por medio de un muro coronado cou un grande esgucio, ó sea, el cimacio de que antes se ha hablado, cuyo muro estuvo entallado con varias representaciones alegó- ricas y geroglíficas en relieve bajo. En el intercolumnio central 70 LAS BELLAS ARTES. dejábase una puerta sin dintel. Ejemplo de ello es uno de los templos de Denderah, que quizá no sea anterior á la dinastía de los Ptolomeos. Fig. 36. Templo de Edfü. .Salas kipóslilas é Mjyetras. Las primeras son aquellas cuyos techos están sostenidos por columnas. Aventurado fuera supo- ner que semejan te disposición sea de origen egipcio; porque la idea de ella existe en las construc- ^j clones trogloditas de India y de Persépolis, en la hipótesis de que estas últimas puedaa ser anterio- res á las construcciones egipcias de que ahora se trata, ya que du- damos de la anterioridad de esta disposición, como de la de los pe- ristilos, á la dinastía de los Ptolo- meos. Las salas hipetras no son más que atrios porticados , que así los encontraremos usados en- tre los griegos como entre los ro- manos, los cuales hubieron de to- Fig. 37. Sala de Mediiiet-Abú. mar semejante disposición, de los ARQUITECTURA, 71 etruscos. Más adelante veremos la consideración que estos atrios merecieron en la civilización griega y en la latina. Fig. 38. Sala hipetra del Templo de Philoe. Los monumentos que nos han quedado de la antigua civiliza- ción egipcia, ó se encuentran excavados en las laderas de las sierras del alto Egipto (troglodites), ó fueron construidos con materiales transportados: de la propia manera que unos son reli- giosos, y otros civiles. Como quiera que sea, todos tienen una disposición análoga; de modo que algunos de los monumentos con materiales transportados no parecen más que imitaciones de los troglodites. Speos. Llámanse así las excavaciones hechas en las peñas con objeto religiosor, no fúnebre; por consiguiente fueron tem- plos, cuya planta es análoga (si no sirvió de modelo) á los cons- truidos sobre el suelo. Algunos de_eslos speos van precedidos de construcciones, anunciándose con un dromos, ó con colosos 72 LAS BELLAS ARTES. representando á determingidos faraones, como en el speos de Onadi-Essebona (valle de los leones) donde se ve á Sesostris. El speos más pequeño de los cuatro de Irim se anuncia con una Fig. 39. Speos de Isambul. fachada en la que aparecen entallados en la roca seis grandes nichos conteniendo sendas estatuas colosales de siete metros de altura, representando á dicho faraón, á su esposa y á sus hijos: está dedicado á la diosa Hathor, la Venus egipcia. En el interior hay pilares prismáticos coronados con cabezas de mujer, y mul- titud de bajos relieves coloridos. El grande speos de Isambul tiene la fachada decorada con cuatro colosos sentados, que miden más de doce metros de altu- ra. En el interior se encuentra una sala cuyo techo está soste- nido por ocho pilares que tienen adosadas otras tantas estatuas de Osiris. Las paredes están atestadas de bajos relieves repre- sentando asuntos históricos referentes á las conquistas de Ram- ses el Grande en Asia y África. Cuéntanse hasta diez y seis salas decoradas de este modo; terminando el templo con un san- tuario en cuvo fondo se ven cuatro estatuas sentadas del tamaño ARQUITECTURA. 73 mucho mayor que el natural, representando áAmon-Ra, Phre y Phta, en medio de cuyas divinidades está dicho faraón conocido también por Sesostris. Los templos levan- tados con materiales transportados, por su forma y por su deco- ración parecen extrai- dos de una montaña y transportados á una llanura, ofreciendo perfeccionado el tipo de los monumentos troglodites. Sin em- bargo, aunque la dis- posición de los tem- plos sea generalmen- te conforme, la planta varia por adiciones hechas en distintas épocas. Estrabon describe Fig. 40. Sala en el templo de Isambul. gj m o n u m e n t o d e He- liópolis; y su. descripción está confirmada por las ruinas encon- tradas dentro de los recintos de antiguas ciudades; y supone que se entraba al monumento por un dromos de unos treinta metros de longitud, consagrado á Anubis: seguian dos pilones el uno en pos del otro: luego el secos que tenia un santuario precedido de un pórtico: añadiendo que las paredes estaban cubiertas de ba- jos relieves, que al decir de dicho autor, eran parecidos á los griegos de la época primitiva. El templo del sud en Karnak consagrado á Kons, uno de los personajes de la triada tebana, tuvo un dromos, un pilón, una sala hipetra, otra hipóstila, ilu- minada por tragaluces; y las paredes estaban cubiertas de bajos 74 LAS BELLAS ARTES. relieves: en el fondo estaba la puerta del santuario, el cual apa- recía completamente aislado, corriendo á su rededor u n pasillo de bastante anchura: y terminando el edificio con una sala hi- póstila que conduela á varios departamentos. La división del santuario en muchos secos es general en todos los templos egipcios; y contribuían á esta subdivi- sión los Manumissi. Al lado de los grandes templos en que se adoraba una triada, se construía otro templo de me- Fig. 41. Templo de PhiioB. uores dimensiones, el cual suponíase que era imagen de la mansión celeste, donde la diosa, segundo personaje de la triada, había dado á luz al tercer per- sonaje que la completaba; y á esta paridera se le dio el nombre de Mammissi (sin duda por los romanos). Las paredes de estos monumentos sufragáneos, por decirlo así, estuvieron cuajadas de representaciones en bajo relieve, de semejantes sucesos; asi- milando estas circunstancias á las del nacimiento del príncipe que había mandado erigir el templo: todo de conformidad con las creencias de los egipcios sobre el nacimiento y educación de sus faraones. PALACIOS. Ofrecen una disposición sino igual, análoga á la de los templos. Con efecto, precédeles un dromos con esfin- ges; sigue un pilón de grandes dimensiones con colosos y obe- liscos ; tienen salas hipetras, en mayor ó menor número se- paradas, pilones, con dos ó más órdenes de columnas: salas h i - póstilas destinadas unas á recepción de personajes, á simple conversación , á bibliotecas , como asi lo indican varias repre- sentaciones encontradas en los muros de distintos monumen- tos. Hasta aquí el edificio pertenecía á la vida pública; el resto estaba destinado á la vida privada, presentando una serie de habitaciones á manera de los secos ó santuarios de los t e m - ARQUITECTURA,. 75 píos, rodeadas de pequeños departamentos con salida á pasillos comunes, cuyos departamentos hubieron de servir de dormito- rios á los individuos de la familia y de la servidumbre. Fig. 42. Ruinas de Karnak. Existen ruinas de palacios más notables, que comprueban lo que acaba de decirse, tales como las del Menmonio, del Ame- nophia, del Rameseyon, siendo el de Karnak, el más magnífi- co y suntuoso. Laberinto. Este fué uno de los palacios más notables del país, por su objeto como por sus formas. Este edificio tuvo una extensión portentosa y estuvo situado en la noma ó provincia Arsinoe ó Cocodrinópolis, hoy Al-Fayum, junto al lago Moeris al sud de Memphis. El lago Moeris fué obra de un faraón de este nombre en el siglo xvm ant. J. C. La idea de este lago guardaba bastante ana- logía con el sentido moral del Laberinto, toda vez que el objeto principal de esta obra fué disminuir el inmenso caudal de agua 76 LAS BELLAS ARTES. que el rio pudo traer en la época de las inundaciones, á fin de poderle utilizar después para riegos en beneficio general del país. Según la opinión más probable se aprovechó la disposición natural del terreno, el cual ofrecía una gran cuenca; habiéndo- se abierto un canal para ponerle en comunicación con el rio. En la actualidad este lago no existe. Pero volvamos al Laberinto. No están de acuerdo los historiadores sobre la antigüedad de este palacio. Suponen unos que fué obra del mismo faraón Moeris; pero Manethon atribuye su construcción al faraón La- baris IV de la dinastía XII. La planta, disposición y extensión de este palacio solo puede conocerse por la descripción que hace Herodoto que le visitó; cuyo autor habla del monumento con grande entusiasmo: de manera que con ser griego, dice, que el monumento era superior á todas las construcciones levantadas por los griegos. Estrabon habla también de este palacio; no siendo menos entusiasta de él que Herodoto. De las relaciones de ambos escritores so desprende, que el edificio ocupó una área no menor de mil y quinientos metros cuadrados, levantándose en uno de sus ángulos una pirámide decorada con" figuras de grandes dimensiones y de bajos relieves. Dice Herodoto que el edificio se componia de doce palacios , como así puede deducir- se de la descripción de Estrabon; es decir, que constaba de tan- tos palacios cuantos eran en la época de la construcción las no- mas ó provincias en que el Egipto se dividia. Cada uno de estos palacios tenia alternativamente las puertas distintamente orien- tadas, de manera que seis de estos palacios las tenían en la fa- chada que miraba al Norte, y seis en la que miraba al Sud; corriendo un peristilo alrededor de cada palacio. Constaban es- tos de dos altos, á saber: uno subterráneo y otro al nivel del plan terreno; y parece que el primero era inaccesible á los ex- tranjeros ó quizá á los profanos, toda vez que Herodoto en su narración dice, que los guardas que le acompañaron no quisie- ron permitirle la entrada, habiéndole dicho que allí se encerra- ARQUITECTURA. 77 ban las tumbas de los antiguos faraones que habian mandado levantar aquel edificio, y las momias de los cocodrilos sagrados. Al decir de Estrabon cada departamento tenia el tecbo formado por una sola laja de piedra. El conjunto de los doce palacios es- taba encerrado en un recinto formado por una infinidad de ga- lerías y comunicaciones artificiosamente combinadas, que cons- tituían cierta dificultad para el ingreso: así lo relata Herodoto, habiéndose mostrado sorprendido de tan extraordinaria cir- cunstancia. Según Estrabon, el Laberinto ó palacio de Labaris fué el sitio destinado para las grandes asambleas que celebraban los diputa- dos de las nomas, reuniones conocidas con el nombre de Pane- giries: y en aquel consistorio, los diputados con los sacerdotes y sacerdotisas trataban de los grandes intereses del país^ así reli- giosos como civiles ; y añade ChampoUion que no pudo imagi- narse monumento más digno y propio para el objeto indicado; estando, al parecer, ideado según el espíritu de las institucio- nes egipcias que tan reglamentado tenían así las clases, como las corporaciones y como los individuos: de manera que hasta su situación fuera del valle ó cuenca del Nilo, como si dijéra- mos, en terreno neutral no perteneciente á ninguna de las no- mas, pudo llevar la idea de que ninguna de estas pudiese ejer- cer presión ni la menor influencia sobre las Asambleas. Los Ptolomeos abandonaron el Laberinto, edificando en su lugar el templo de Phta en Memphis, destinándole al mismo objeto que aquel tenia. lidificios f articulares. Solo con gran prevención deben ocu- parnos, pues fácilmente lo que de ellos se dice puede muy bien referirse á las épocas en que la civilización egipcia hubo de estar influida por la griega ó por la romana. Herodoto es el es- critor que puede hacer referencia á época más antigua, ya que vivió en el siglo v ant. J. C. Una circunstancia es notable, respecto de los edificios particulares, en su relato: dice que los egipcios comían en público; y como en algunas pinturas de las 78 LAS BELLAS ARTES. ruinas existentes se encuentra que los edificios particulares tu- vieron en la parte más alta una azotea cubierta con un ligero te- cho sostenido por columnitas, puede interpretarse el dicho de Herodoto en el sentido de que los egipcios comian en estas azoteas. Atestiguado también está por las pinturas que hay en los mo- numentos de aquellas edades, que los egipcios tuvieron quintas ó casas de campo, más ó menos Fig. 43. De una pintura de El-TelL suntuosas, con jardines ó huer- tas, pabellones, árboles y muchas otras partes propias para la comodidad y para el recreo. MONUMENTOS SEPULCRALES. El culto de los muertos fué la base de las creencias religiosas del antiguo Egipto; y en este culto es donde se han encontrado las causas del embalsama- miento de los cadáveres. Previsora la religión egipcia, hizo caso de conciencia esta práctica en beneficio de la higiene pública; pues sustrayendo los cadáveres de la acción deletérea de un suelo periódicamente inundado por el Nilo, y sometido á los ra- yos de un sol abrasador, se disminuían las causas de las pestes. Los egipcios, pues, procuraban adquirir durante su vida un si- tio donde pudiese ser enterrado su cadáver por los sobrevivien- tes; procurando el mayor decoro en las sepulturas. Estos cuidados religiosos en favor de los muertos, con los usos y prácticas á que dieron motivo, mantuvieron en Tebas una industria muy productiva, y á la que se dedicó una buena parte de la población. Así es que hubo un barrio en Te- bas, cuyos moradores procuraban todo lo necesario para el em- balsamamiento y momificación, dedicándose á la tarea de fabri- car sarcófagos y otros objetos fúnebres. El gobierno además llevaba el registro de la propiedad de las sepulturas. Sabido es ARQUITECTURA. 79 el sentido alegórico de muchas de las figuritas encontradas en tales sitios, representando al difunto con el azadón y el arado, y llevando en el hombro el saco de semilla; porque los egipcios representaron en esta vida cuanto creyeron que pasaba en la otra, por alegorías sacadas de las tareas agrícolas. Hipogeos fúnebres. Siguiendo á ChampoUion el joven, que describe con suma precisión los que visitó pertenecientes á las dinastías XVIII, XIX, y XX, de origen tebano, estos hipogeos no fueron más que tumbas abiertas en las laderas de las sierras: y cuando el hipogeo presentaba una cavid,ad larga, especie de corredor, aunque interrumpida por varios departamentos á ma- nera de cámaras sepulcrales, llevaron el nombre de SiTinges. Así lo dice Suidas. Los egipcios indudablemente practicaron las excavaciones de que tratamos, con doble objeto, á saber: para utilizarse de la pie- dra, y para abrir sepulturas ó sitios donde pudiesen depositarse los cadáveres. Los mejores y más ricos hipogeos fúnebres están en Nubia; y por las riquezas artísticas que encierran pueden considerarse como el museo de todo cuanto puede dar á conocer el estado de la civilización del antiguo Egipto. En general los hipogeos fúnebres se anuncian por una fachada esculpida en la roca; dando paso á una galería oblicua al horizonte en dirección al centro de la montaña. A trechos se encuentran jambas de puertas dando paso á pequeñas cámaras cuadradas ó á otras mayores cuadrilongas, cuyo techo está sostenido por pilares que estriban sobre un estilóbato que corre al rededor. En estas cá- maras se colocaban los sarcófagos; asi como los objetos pertene- cientes al difunto se depositaban en las menores. Los más nota- bles de los hipogeos de la Nubia son los que están situados en el valle de Biban-el-Moluk, el cual venia á constituir la ne- crópolis real. ChampoUion dice que el sitio es á propósito para un objeto fúnebre, pues el valle está rodeado de peñascos hen- didos presentando bandas negras, como si fuesen ocasionadas por un incendio; siendo aquel sitio tan triste y árido, que 80 LAS BELLAS ARTES. ni las fieras le frecuentan. Se entra al valle por una abertura sobrado estrecha practicada por la mano del hombre, ofreciendo sus muros, restos de esculturas Qgipcias. Al pié de las sierras ó en sus laderas se ven muchas puertas rectangulares, cegadas la mayor parte de ellas, cuya deco- ración está casi del todo borra- da: son las puertas de las sepul- turas reales, que todas son pa- recidas. Cada una de ellas cor- respondió á una tumba ; porque antiguamente las tumbas no se comunicaban entre sí como en la Fig. 44. Hipogeo de Biban-el-Moluk. actualidad, siendo esta comuni- cación obra de inquiridores de antigüedades y tesoros. Añade dicho anticuario, que no se con- serva allí ningún orden de succesion ni de dinastía, sino que cada faraón abrió su tumba donde le pareció más conveniente; y que es imposible no quedar sorprendido, después de haber pa- sado el umbral de la puerta, ver aquellos corredores cubiertos de bajos relieves perfectamente pulimentados, conservando en mucha parte el brillo de los vivos colores con que fueron pinta- dos. Las cámara^ están más ricamente decoradas, sobresaliendo en la decoración la cámara dorada, como la llamaron los egip- cios, que es la mayor, y en la cual se colocaba el sarcófago real, que era de grandes dimensiones y de una sola pieza de granito. Parece que la decoración de estas tumbas reales fué sistemá- tica; y vista una cámara están vistas todas las demás, con pe- queñas diferencias. En ellas se encuentra cuanto puede desearse para conocer los menores detalles de la vida privada, ó, á lo menos, de las costumbres generales de los antiguos egipcios, de los muebles, utensilios , trajes y armas de uso más común. ARQUITECTURA. 81 Solamente los faraones y los grandes personajes de la na- ción, eran enterrados en sepulturas particulares: los cadáve- res de los individuos de las demás clases tuvieron sepulturas comunes situadas no lejos de las poblaciones. Bajábase á ellas por unos pozos verticales que daban paso á galerías subterrá- neas, en las cuales se encuentran amontonadas una multitud de momias. La galería subterránea de Abydos , segunda ciudad de la Tebayda, es inmensa, y no cede en dimensiones á la de Tebas. En Sakkara y otros puntos hay también pozos que condu- cen á galerías atestadas de vasos de forma cónica, ya de piedra comun^ ya de piedra especial pulimentada, ya de loza azul con- teniendo ibis embalsamados. Las grutas de Samoum son célebres por el número de momias de cocodrilos y de personas que con- tienen; estando doradas casi todas estas últimas. Por razón del aire mefítico que allí corre, la curiosidad más temeraria no ha podido emprender un reconocimiento capaz de poder explicar con alguna certeza de datos el origen de este inmenso depósito de restos de seres pertenecientes al reino animal. Pirámides y Necrópolis. La costumbre que tuvieron los an- tiguos egipeios cuando vivieron en el territorio alto del país, de abrir las sepulturas en las laderas de las sierras y en necrópolis subterráneas por medio de pozos fuera de las inundaciones del Nilo, hubo de dar origen á las Pirámides. En el Ritual fúnebre de Egipto, la montaña de occidente significa la mansión de los muertos, en atención á que por una alegoría sacada del mito del Sol, según la cual la vida se asimila al curso de este astro^ el occidente representa la Muerte. La montaña de Tebas estaba si- tuada al oeste del rio y de la ciudad; por consiguiente, detrás de ella se ponia el sol: y en aquella montaña se depositaban los restos mortales de los faraones: y tales personajes, después de muertos, eran asimilados á aquel astro-dios. Pero habiendo los príncipes pasado á establecer su corte en Memphis, y queriendo conservar en lo posible las costumbres de Tebas, quisieron le- vantar sobre sus respectivas tumbas, montañas artificiales, las A-6 82 LAS BELLAS ARTES. Pirámides, puesto que en el bajo Egipto solo hay cerros de poca altura, así como procuraron el establecimiento de necrópolis ar- tificiales. Hablaremos en primer lugar de las Pirámides, dejando para después hablar de estas necrópolis. Las pirámides más célebres y considerables están á la izquier- da del rio Nilo en Ghizé, punto inmediato al sitio donde estuvo sentada la antigua Memphis. Se levantan sobre un terreno más elevado que la llanura que la ciudad ocupó un tiempo; de ma- nera que el asiento de las pirámides está á unos veinte y cinco metros sobre el nivel de las mayores inundaciones del Nilo. La gran pirámide de Chefrem tiene de base unos ciento cincuenta metros cuadrados, con unos noventa de altura. Todas las pirá- mides están construidas sobre planta cuadrada, orientadas por los ángulos; los corredores y cámaras sepulcrales suelen estar en la roca que sirve de asiento, excepción hecha de la pirámide de Cheops, que la tiene en la mitad del eje. El macizo de las de Ghizé es de piedra calcárea; pero su paramento exterior está revestido de sillares perfectamente aparejados. No andan acor- des los arqueólogos sobre la forma que tuvo la cúspide: unos su- ponen que las pirámides terminaron en una plataforma, otros en verdadera cúspide formada por una sola piedra, como la de Dashur; y sin embargo, todas terminan del primer modo, ensan- chándose diariamente aquel plano. Tuvieron distintas entradas,, dando paso á corredores horizontales y á otros más ó menos in- clinados que hubieron de cerrarse á trechos con tablas de pie- dra sobre correderas. Llégase por estos corredores á las cámaras sepulcrales, algunas de ellas revestidas de granito, donde es- tuvo fijo en el suelo el sarcófago real. En algunas pirámides esta cámara va precedida de otra que hubo de contener sarcófa- gos de personajes de inferior categoría. El techo de estas cáma- ras suele ser plano; aunque en algunas suele ser apuntado ó en ángulo. Se han descubierto tragaluces que van desde las cama- ARQUITECTURA. 88 ras hacia el paramento exterior en sentido ascendente, abertu- ras que hubieron de servir también de ventiladores. Ni interior ni exteriormente tienen esculturas ni geroglíficos; y si alguna inscripción de esta naturaleza se ve, es indudable que ha sido puesta en época posterior á la construcción del monumento, pues los autores más antiguos no hablan absolutamente de se- mejante circunstancia. La invasión de los persas en la Edad antigua y la de los musulmanes en la media han de haber pro- ducido el saqueo de todos los objetos curiosos que estas sepultu- ras debieron contener. El número de las pirámides de Ghizé es el de nueve; tres mayores que las cuatro restantes. En distintos puntos de Abisinia y de Nubia existen varios monumentos de esta naturaleza, ya solos ya formando grupos: unas pirámides Fig 45. Pirámide de Nuri, en Nubia. tienen las fachadas planas, otras las tienen escalonadas, y to- das están precedidas de un pilón formando la entrada. Notable es la de la gran pirámide de Memphis. En la parte de la cadena líbica que se adelanta hacia la llanura, aparece entallado en la misma roca el grande Esfinge. La altura que mi- de puede dar idea de la cantidad de piedra que hubo de ex- traerse de aquel sitio para dejarla aislada.- Desde el terreno en 84 LAS BELLAS ARTES. que asienta hasta la parte superior de la cabeza mide diez y siete metros, y tiene de longitud de treinta á cuarenta: el Fig. 46. Esfinge y pirámide de Ghefrem. perímetro de la cabeza, en la línea de la frente, es de unos veinte y siete metros. Una excavación de algunos pies de pro- fundidad se ve en la frente, que debió de servir para fijar los adornos ó tiara real ó religiosa que hubo de determinar la re- presentación simbólica de la figura. Semejante coloso, con las pirámides, ha sido objeto de muy serios estudios: han sido removidas en nuestros tiempos las arenas que le tenían enter- rado, y se ha encontrado el jambaje de una puerta entre los brazos y debajo de la garganta. Reconocida detenidamente esta puerta se ha visto, que daba paso á galerías subterráneas abier- tas en la roca que se extendían á gran distancia, y por últi- mo, que había establecida una comunicación con la mayor parte de las pirámides levantadas en aquella comarca. Todas estas circunstancias explican perfectamente las noti- cias que dan los escritos árabes acerca de la existencia de varios pozos y galerías subterráneas dependientes de la gran pirámide; y que había en la cabeza del esfinge una abertura que conducía ARQUITECTURA. 85 á este monumento ; y he aquí como se explica la circunstancia de que la gran pirámide carezca de puerta. Necrópolis y estelas. Si en el alto Egipto hay pozos que dan paso á galerías subterráneas atestadas de momias; en el Bajo Egipto, en Sais, existen restos de muchas necrópolis edificadas con ladrillos crudos. Presentan masas enormes de más de diez y seis metros de altura; divisándose desde lejos muchos pisos de nichos para guardar momias. Hubo necrópolis para cada una de las clases en que el pueblo egipcio estuvo dividido; y estuvieron encerradas en vastos re- cintos, que parece han de haber contenido también tumbas de algunos faraones de las últimas dinastías. En estas necrópolis es donde se encuentran estelas fúnebres, que no son más que planchas de piedra ó de madera, rectangu- lares por la parte inferior, y en arco escarzano en la superior. En estas estelas había representados, ya en bajo relieve ya en pintura, los parientes del difunto ofreciéndole á este presentes y tributándole los últimos honores; completando el cuadro una inscripción explicativa del asunto, conteniendo los nombres de los que en aquel cuadro figuraban: el difunto estaba sentado, y los parientes ó estaban de rodillas ó permanecían en pié. ETItXTSOA. Bien quisiéramos hablar de la arquitectura etrusca con toda la extensión que podemos hacerlo de la griega, y queda hecho de la egipcia; pero faltan datos, y sin ellos no es posible estable- cer un sistema razonado de la arquitectura de este pueblo. Bien pocos monumentos arquitectónicos se conservan de la época en que podemos considerar la Etruria entregada á su propio genio. Las primitivas conslruciones etruscas pertene- cen á la civilización pelasga; y sus monumentos más notables