ARQUITECTURA. • 91 plásticas en general, pues tienen interés arquitectónico por sus formas y decoración^ escultórico por el carácter de las represen- taciones que llevan, y pictórico por el dibujo y la composición de los asuntos. C3-R,IEOA.. La arquitectura griega en el periodo helénico es el tipo del género clásico, porque en ella aparece clara y distintamente la utilidad práctica sobre la expresión de alguna idea simbólica. Los griegos en las construcciones solo se atuvieron á la com- binación de materiales de distinta especie más natural, esto es, menos complicada, para responder á las necesidades de aquella civilización; y cuanto en ellas apareció, no tuvo más sentido que el que naturalmente convino á la solidez y à la comodidad; si bien todo fué dispuesto y proporcionado por medios y medidas sugeridas más bien por el Sentimiento, que por la Ciencia. El modelo fundamental, la teoría originaria de la arquitectura griega la halla Hirt en la construcción de madera: y con razón, porque este material tiene por sí mismo una forma dispuesta y determinada por la Naturaleza; presenta partes distintas, li- neas más ó menos rectas que pueden unirse en ángulos de dis- tintos valores ; ofreciendo postes y sustentáculos cilindricos ó prismáticos, y vigas para la construcción de las cubiertas. De esta manera se somete la Arquitectura griega al principio clási- co ; manifestando la estrecha conformidad con determinado y natural modo de construcción y con entera regularidad en las formas. El carácter distintivo de esta arquitectura se encuentra en la importancia que da á la presión vertical, por lo que la línea ho- rizontal campea en todas partes; disponiendo de los sustentácu- los como tales, esto es, no por el solo objeto de exornación; y 92 LAS BELLAS ARTES. dando á la extensión horizontal mayor importancia que á la vertical por razón del más sólido y cómodo asiento. Una circunstancia notable puede hacernos penetrar íntima- mente en el espíritu de la arquitectura griega, revelando sus más delicados secretos: tal es la convergencia de las líneas ver- ticales desde los cimientos, y la convexidad de las horizontales; de manera que considerado el Partenon en conjunto afecta la forma de una pirámide truncada, al mismo tiempo que las lí- neas de las gradas y las del entablamento siguen una curva inapreciable á la simple vista ,-pero que no deja de impresionar al sentimiento. «Yo no sé qué vida se deja sentir, dice Ran- chaud; la sequedad de la línea matemática se ve aquí corregi- da. » Los cálculos del arquitecto inglés Penrose que ha medido el Partenon en todos sentidos han dado á este curioso descubri- miento toda la precisión científica que es de desear. Los miembros de la decoración griega fueron reclamados muy especialmente por una de las necesidades de la civiliza- ción del país, á saber: la vida pública; la cual predominando en todos los actos sociales y políticos desde los que á la religión se referían , hasta los de la educación de la juventud, exigían la disposición característica del Pórtico, cuya construcción exi- gió el basamento, la columna, el cornisamento y el frontón. El muro tiene también suma importancia en la decoración griega ; pues aunque responda más al objeto general y material de la Arquitectura, que es , acotar, sostener y defender; por el apa- rejo que los griegos dieron á los materiales que en él emplea- ron, y por las combinaciones hechas con los sillares , produje- ron en el ánimo distintas impresiones: del muro procedió el Anta. Materiales. Los griegos emplearon en la construcción la piedra calcárea dura y los mármoles que les proporcionaron las ricas canteras de la Hellada situadas en Himeta , en el Penteli- con, en Efeso, en Proconesos y en la isla de Paros. Estas pie- dras las emplearon en sillares llenos, esto es, iguales en los pa- ARQUITECTURA. • 93 ramentos que en los tizones; no siendo conocido en aquella épo- ca el corte de la piedra en planchas. Emplearon también el ladrillo; y si bien quedan pocos mo- numentos construidos con este material, que puedan atribuirse á los griegos; sin embargo, no puede ponerse en duda que con ladrillos fueron construidos varios edificios públicos anteriores á la dominación romana. Emplearon los ladrillos ya crudos, ya cocidos. Los fabricaron de varias dimensiones á saber: los li- dios que midieron unos 30 cents, de largo por 16 de ancho: los ietradaron que fueron cuadrados, midiendo 60 cents, por lado; lospentadaron que fueron cúbicos, midiendo 75 cents, en cada lado. La madera y el bronce entraron en las construcciones grie- gas ; aquella para las armaduras de las cubiertas, construcción de techos y hojas de los vanos: este metal para cubrir estas hojas y para la exornación, como capiteles, antemas, relieves de los frisos etc. Las más antiguas construcciones no tuvieron argamasas ni betunes para unir los materiales, sino que emplearon clavijas de madera ó abrazaderas de metal en su lugar: solo con el tiempo hicieron uso de aquellas argamasas. Muro. Los griegos combinaron los sillares de tan distintos como variados modos; y el modo de aparejar las piedras con- tribuyó no poco al efecto y á la varia impresión que produjeron. Unas veces no hicieron más que escuadrar en arista viva los si- llares á fin de presentar mayor severidad por lo compacto del paramento; otras veces achaflanaron más ó menos tales aristas, como en el muro de Conon en la acrópolis de Atenas, para dar razón de una combinación hija del espíritu, hacer más directa y determinada impresión, produciendo una especie de almoha- dillado. Las combinaciones principales fueron: el Isodomos ó construc- ción por hiladas iguales, ofreciendo el enjarge por llaga alterna: Pseudisodomos, ó construcción por hiladas desiguales eurítmica- 94 • LAS BELLAS ARTES. mente alternadas: Dictiotetos, ó construcción por hiladas diago- nales, combinación conocida solo por la cita de Vitrubio. Emplearon los revoques, no habiendo dejado descubierta ja- más (á lo menos que se sepa) la construcción de ladrillo; y ha- biendo revocado no pocas veces algunas columnas de piedra y muros de sillares. Se han encontrado restos de este revoque en algunos puntos de Grecia y aun de Sicilia y de Italia. Si el efec- to fué dar á la construcción el aspecto del monolito ó si fué xina necesidad exigida por la exornación policroma que emplearon, no puede decididamente decirse; pero es probable que fuese por este segundo motivo más principalmente; no siendo de presu- mir que los griegos con su razonar justo tratasen de mentir materiales, ó de pretender engañar por aparato y no ilusionar con la realidad. Aunque conforme queda dicho, del muro se origina el anta^ sin embargo suspendemos hablar de este miembro de la decora- ción griega, dejándolo para cuando se trate de la colnmna,àG la cual toma algunos caracteres. Vanos. Aunque de los datos históricos resulte que los grie- gos quizá conocieron la construcción en arco dovelado, sin em- bargo en los buenos tiempos del Arte no hicieron uso de ella. Los vanos en arco que se ven en las construcciones griegas de los tiempos primitivos difieren mucho de los arcos construidos sobre el cálculo científico de las fuerzas y de los empujes. Ni el arco de la puerta de Arpiño, ni otros engendros del arco como son la bóveda del tesoro de Atreo en Micenas, presentan las pie- dras cortadas en dovelas, sino colocadas por hiladas horizontales con más ó menos escuadría; de manera que no ejercen empuje horizontal, sino presión vertical. De todos modos el ningún uso que hicieron los griegos antiguos, del arco y de la bóveda, nos releva de considerar esta construcción como propia del estilo griego. Todas estas circunstancias manifiestan que no pudieron los griegos emplear para los vanos formas curvilíneas; quedando completamente justificado que el carácter general de la arqui- ARQUITECTURA. 95 lectura griega fué la construcción que más natural se presenta á la vista, la que funda su solidez en la presión vertical. Cuando las jambas de un vano se levantan perpendicular- mente al suelo, el vano aparenta tener mayor anchura hacia el dintel que hacia el umbral ó el antepecho; y los griegos sin duda pcfra obviar este inconveniente óptico, inclinaron ligeramente las jambas convergiéndolas hacia el dintel. Por este medio au- mentaron la solidez y la elegancia del monumento; la solidez, porque quedaban reducidas las dimensiones del dintel; la ele- gancia, porque el vano parecía más esbelto, esbeltez que destruía un error desagradable á la vista. Por otra parte era evidente la armonía entre la forma del vano y la general del monumento, ya que así las columnas como los muros afectaban la forma piramidal. Pero el dintel no descansó simplemente sobre las jambas sino que probablemente estuvo asegurado por medio de clavijas de bronce, ó por una doble muesca en la que encajaron dos espigas que los dinteles llevaron. Déjase considerar, que en este caso, el dintel debió tomar mayor extensión fuera del ángulo de las jambas á fin de adquirir mayor fuerza. El buen sentido indicó que esta mayor extensión no debia exceder del nivel de la base de la jamba, como de ello ofrece un ejemplo la puerta dórica del oratorio de Phálaris en Agrigento; y en la Jónica del templo de Erecteo en la acrópolis de Atenas. PÓRTICO. En esta disposición es donde pueden hallarse los miembros de la decoración arquitectónica de la antigua Grecia reunidos para formar un. conjunto armónico y el tipo de la bella arquitectura clásica. Basamento. Unas veces le constituyó una simple gradinata sobre la proporción de la unidad de medida que eligieron; inconveniencia de que se tratará más adelante: otras veces fué un estilóbato con neto, zócalo y cornisa. Columna. En los primitivos tiempos no constó más que de fuste y capitel: con el tiempo hicieron uso de las bases, cuyo plinto fué al principio, circular; uso que no dejaron de 96 LAS BELLAS ARTES. seguir en determinadas ocasiones aun después de haber admi- tido el cuadrangular. En el reloj de Andrónico Cirrestes, obra que puede suponerse del siglo II ant. de J. C , las columnas con pertenecer al estilo griego de carácter esbelto y el más rico, tie- nen los plintos de las bases, cuadrangulares. Y asi como con el tiempo estas partes de las columnas tomaron esta variedad de formas, tomaron también distinta-accidentacion, como luego diremos. Los fustes que los griegos usaron no fueron cilindricos sino conoideos; en cuya práctica, á más de hallar la razón en el tronco del árbol, tipo originario de la columna, puede hallarse también en la mayor resistencia que debe haber en las partes inferiores. Por otra parte esta forma conoidea del fuste está en perfecta armenia con las formas generales, que, como queda dicho, tienden á la forma piramidal. Estos fustes generalmente hablando fueron estriados; y estas estrías que abrieron, hubieron de tener por objeto la mayor accidentacion, para favorecer el efecto perspectivo, ó bien la ex- presión figurada de las rendijas que las humedades producen en las cortezas de los árboles, cuando el sol las evapora. Las es- trías aunque curvilíneas quizá no llegaron nunca á semicircula- res, intermediándose ya por aristas ya por filetes. Y es de ad- vertir que si bien se han encontrado columnas griegas estriadas solo en parte, no debe entenderse que fuese intencionadamen- te, sino, y es lo más probable , que hubo de indicar que el edi- ficio quedó por recibir la última mano, supuesto que no se acostumbraba á abrir las estrías en los fustes sino después de colocados. De las columnas tomaron las Antas algunos caracteres, si bien el origen de esos miembros arquitectónicos no debe bus- carse en ellas sino en el muro. Con efecto, el ania no es más que el grueso del muro que aparece en las fachadas á que es normal, como aparece en los lados del pórtico cerrado, más propiamente llamado vestíbulo, y en los ángulos formados por ARQUITECTURA. 97 dos muros adyacentes; y en este grueso figuraron los griegos los miembros secundarios de las columnas con las cuales esta- ban en correspondencia, esto es, la base y el capitel; aunque este último, quizá no con todos los caracteres de alarde y ri- queza que tuvieron los de las referidas columnas. ?rjEf"'£K3 Fig. 49. Tribuna del Erecteion. Como columnas emplearon también los griegos, estatuas de hombre y de mujer; aun que quizá no con todo el buen crite- rio que tan comunmente manifestaron : si bien debe confesarse que semejante práctica indudablemente no pertenece á la época de mayor pureza de principios artísticos que Grecia alcanzó. Ejemplo de tales estatuas se encuentra en la tribuna situada en la parte del Erecteion que mira al Norte. Si hemos de atener- nos á la tradición consignada por Vitrubio, aquellas estatuas representan mujeres de la Caria hechas esclavas por los grie- gos , deduciéndose de aquí el nombre de Cariátides que suele dárseles ; pero es muy posible que semejante conseja no tenga gran fundamento; siendo más probable que los griegos emplea- sen la figura humana en lugar de columnas por pura razón de variedad más ó menos admisible; pero aun en la sinrazón há- A-7 i i 98 LAS BELLAS ARTES. liase un criterio especial en la elección de figuras haldadas, porque estas ropas de las muchachas (xopai) ofrecían á los arquitectos mayor garantía de solidez que la túnica y el desnu- do del efebo. Cornisamento. En la armazón de maderos que forman el techo halló este miembro arquitectónico su razón de ser con las tres partes que le dieron, á saber: el arquitrabe, el friso y la cornisa. El arquitrabe ó viga principal, como unión de los puntos de apoyo : el friso , como espacio ocupado por las vigas, en el cual apareció la expresión figurada de las cabezas de estas por medio de los triglifos; ó cubriendo estas cabezas, adornaron el espacio con bajos relieves alusivos y característicos : la corni- sa constituyendo la cubierta del edificio. En todas las fachadas de un mismo edificio acusaron los triglifos supuesto que en el interior combinaron las vigas, cruzándolas perpendicular ó dia- gonalmente formando casetones cuadrados ó losanjados, en el fondo de los cuales aparecía un florón. De la misma manera que en los frisos acusaron las cabezas de las vigas, en las cor- nisas dejaron ver las cabezas de las latas , formando modillones ó dentellones. Frontón. Con él acusaron la cubierta de dos pendientes ; y en su tímpano representaron en escultura asuntos propios de la localidad, con 16 que completaron la vida del monumento. En cada uno de los ángulos de este miembro colocaron acroteras para sostener estatuas. Si de la cubierta de dos pendientes tomaron motivo para el frontón en las fachadas principales, ya anterior ya posterior; de las bocas de las tejas que hubieron de aparecer en las latera- les hubieron de sacar la idea de las antetisas; formando una crestería de buen efecto. Las tejas que emplearon fueron de dos clases , á saber : plana y rebordada angulosamente la lomada; casi semicircular la en- sillada. En los primeros tiempos las construyeron de barro coci- do , desde mediados del siglo VI ant. J. G. las construyeron al- ARQllTECTURA. 99 gunas veces de mármol y hasta de bronce. Las de mármol fue- ron ideadas por el naxiota Bizes. MOLDURAS. De las que emplearon dependió no poco la belle- za de la decoración y el carácter del estilo; habiendo dado á cada una de ellas un oficio particular, y habiéndolas combinado con el mayor giisto y el mejor criterio. Ya las emplearon para resguardar de la acción de la lluvia las partes inferiores, ya para dar fisonomía á los miembros á que se hallaron anexas en razón de las sombras que en ellas proyectaron, ya acusaron . simplemente la construcción. Unas fueron rectilíneas, otras cur- vilíneas , sin qxie estas últimas afectaran jamás la forma circu- lar , sino la elíptica como más libre y que deja á la actividad del genio toda la libertad necesaria para llegar á la Belleza por sendas diversas. Emplearon el filete, el cuarto bocel, las golas derecha é inversa, el junquillo, el toro y la escocia, combinán- dolas como las letras del alfabeto para la expresión de distintas ideas. EXORNACIÓN. En esta parte de la decoración como en las de- más, fueron los griegos razonados, circunstancia sumamente indispensable, toda vez que la exornación es lo que da vida y contribuye al carácter del monumento. La Estatuaria y el Bajo relieve fueron los principales adornos que emplearon; así como hicieron entrar por mucho la Pintura en el adorno de los interiores. En el antema tomaron á la Natu- raleza por modelo, y las ideas las sacaron del objeto de la misma cosa adornada. Aunque este principio no puede sentarse de una manera abso- luta, por falta de conocimiento del sentido de muchos de los adornos que usaron; sin embargo, vemos por ejemplo, los tri- glifos representando en el cornisamento las cabezas de las vigas; los dentellones, los de las latas que formaron las cubiertas; y otros relieves de los frisos relacionándose con las ofrendas que se hacían á las divinidades á que estuvo consagrado un templo; ¿por qué, pues, no pudieron tener los restantes adornos un orí- 100 LAS BELLAS ARTES. gen análogo? Si hubo divinidades ú las cuales se les ofrecieron huevos ¿por qué los ovólos no pudieron proceder de ofrendas se- mejantes? Sin embargo, la arqueología artística no ha dado su- ficiente luz acerca del particular, debiendo por ahora conten- tarnos con meras suposiciones. Usaron adornos geométricos^ como las estrías, los glifos, las postas, los meandros, las trenzas, y adornos antemáticos inspi- rados así por la flora como por la fauna del país; y de ahí las • hojas de acanto, las de las plantas acuáticas, y los grupos de ba- yas de determinadas legumbres. La policromía debieron de emplearla con el objeto de dar ma- yor realce ó importancia á determinados miembros, molduras ó adornos. Los colores que más comunmente emplearon fueron el rojo, el azul y el ocre amarillo y hasta el negro algo pardo: el rojo le aplicaron comunmente á los filetes y junquillos, el azul á las hojas de agua y á los triglifos en la parte relevada. Los templos de la acrópolis de Selinonte en Sicilia y de Castor y Polux en Metaponto ofrecen ejemplos de exornación polícro- ma en lo exterior de los edificios. Es menester confesar que en esta clase de exornación exte- rior no fueron los griegos muy pródigos. Distinguióse la arquitectura griega tanto por lo razonado de su decoración, elección y combinación de materiales, como por sus bellas proporciones y combinación de partes, ó lo que es lo misino, por los principios simétricos y eurítmicos que en ella rigen. Si la Euritmia fué en esta arquitectura un principio constan- temente observado, no fué porque fuese solicitada como circuns- tancia aplicable á la disposición arquitectónica, sino como con- dición que la naturaleza de aquel estilo trajo consigo, siendo elemento esencial de su constitución. Por esta razón nunca la Euritmia fué un pié forzado en la arquitectura griega, habién- dose presentado en ella con la más completa naturalidad. ARQUITECTURA. 101 No fué menos observada por los arquitectos griegas la Sime- tría, la ciencia de la proporción, antes al contrario, quizá lo fué sobradamente. Observaron los principios de la proporción tan estrictamente, que basta sujetaron á ellos ciertos elementos de exornación cuya medida está ñjada por la Naturaleza, tales como la figura humana; proporcionando las estatuas por la escala del monumento á que estuvieron aplicadas, no apareciendo su grandiosidad por medida racional (esa medida que se comprende más bien que se demuestra matemáticamente) sino por medida material, que destruye el efecto estético. Y de la misma manera que proporcionaron las estatuas que necesitaron para completar el carácter del monumento, con relación á una unidad de medi- da tomada en el monumento mismo, dieron á muchas partes de este proporciones impropias é inconvenientes para el objeto á que estuvieron destinadas. En el Partenon, por ejemplo, la gra- dinata está proporcionada de modo que es inaccesible al hombre; habiendo tenido que subdividir algunas gradas en determina- dos puntos, para que respondieran á su objeto. Hé aquí lo que hace que el monumento arquitectónico griego sea más grande de lo que parece; pues la ilusión óptica es falaz, y solo al pasar á la medición material, ó al hacer el hombre uso del monumen- to es cuando se desvanece la ilusión y aparece la realidad. Es que lo grande solo se concibió en aquellos tiempos por la gran- deza material, de manera que á los mismos héroes y poderosos les fué atribuida una estatura sobrenatural. La proporción en los monumentos arquitetónicos de la anti- gua Grecia fué precisa, pero no fija: buscaron las proporciones por sentimiento; y en la adopción de la unidad de medida se acomodaron á las exigencias de los tiempos, lugares y objeto del monumento. Las proporciones del cuerpo humano en sus distin- tas edades y sexos, que han querido suponer algunos fueron la pauta que los griegos tuvieron presente para proporcionar los miembros arquitectónicos, no han dado más que consecuencias ridiculas á más de inexactas. 102 LAS BELLAS ARTES. Que los griegos no observaron siempre unas mismas propor- ciones se deduce de los monumentos que de ellos han quedado. La altura de las columnas de carácter más severo se extiende desde 4 diámetros hasta 6; la de las de más esbelto carácter mi- den de 8 á 9 diámetros; y algunas hay que aunque parecen más esbeltas, no lo son sino por la mayor altura del capitel. Lo mismo sucede respecto del cornisamento y de la disminución del diámetro de los fustes desde el imóscapo al sumoscapo. La arquitectura griega recibió de las proporciones mucha parte del carácter de los distintos estilos en que se desarrolló; contribuyendo no menos á ello las varias modificaciones que ra- zonadamente hicieron en la decoración. Los estilos en que la arquitectura griega se desarrolló no son más que una consecuencia del espíritu de las distintas fases de su civilización. La raza helénica procede de Hellen hijo de Deucalion, indu- dablemente de raza pelásgica. Hijos de Hellen fueron Doro, Aqueo, Jon y Eolo, que fueron tronco de las cuatro tribus he- lénicas, que con el tiempo quedaron reducidas á dos, por haberse confundido los aqueos con los jonios, y parte de los eolios con los dorios, pasando los restantes al Asia menor. Las tribus dóri- cas, sin género alguno de duda, fueron las primeras que se civi- lizaron, dejando sentir su influencia no solo en Grecia sino tam- bién en Italia , donde fueron los fundadores de la Magna Grecia. Los jonios, no menos dispuestos que los dorios á seguir los adelantos de las ideas, no titubearon en dar un paso más. An- dando los tiempos la aristocrática raza dórica, dominada por el deseo de brillar, fué llevada por el lujo introducido en razón de las riquezas que habia aumentado ; siendo el centro de seme- jante desarrollo , Corinto , la antigua Ephyro. He aquí las tres distintas fases de la civilización griega, representadas por los tres distintos estilos de su arquitectura, el dórico, %! jónico, y el corintio. ARQUITECTURA. 103 Descendiendo ahora á la esfera de la rutina en materias ar- quitectónicas, podrían aquí narrarse las anécdotas que se cuen- tan para dar á conocer el origen de lo que se llama órdenes de arquilectura griegos: pero poco deben importarnos tales conse- jas, mientras pueda conocerse en resumen, que entre los va- rios pueblos de la x\ntigüedad que cultivaron la Arquitectura, solo los griegos hallaron cuanto hallarse podia en aquella sazón en materias arquitectónicas, habiendo dado á sus monumentos sencillez sin pobreza, magnificencia sin redundancia, verdad sin vulgaridad, orden en la distribución de partes y variedad sin capricho. De ellos hemos aprendido los modernos la idea de los tres caracteres que deben distinguirse en arquilectura, á saber: el robusto, el gentil y el delicado, bajo las históricas de nominaciones de dórico, jónico y corintio; clasificación que bien puede admitirse como grados de desarrollo histórico de la arquiteetura griega, pero que debe borrarse de la nomenclatu- ra científica del Arte, y sobre todo llevando el vulgar y rutina- rio título de órdenes. El carácter de cada uno de los estilos que presenta la arqui- tectura griega, coincide con una de las tres distintas fases que ofrece el desarrollo de la civilización en Grecia ; tan cierto es que los monumentos artísticos son siempre la expresión de la época en que han sido producidos. Con efecto, fuerte, enérgica y y robusta la civilización dórica, como toda civilización primera, con una constitución aristocrática que hizo del país una federa- ción de príncipes, no pudo menos de ser representada por mo- numentos cuyo carácter distintivo fué la robustez. Fogosa y entusiasta la civilización jónica, constituida sobre una base de- mocrática, no pudo ser desmentida per los monumentos que hubo de levantar en honor de los héroes de la patria; y el carác- ter gentil y elegante se desplegó en ellos como emblema de la gloria que conmemoraban. Civilización floreciente, indudable- mente influida por el esplendor del mundo oriental, con todas 1 as costumbres de la democracia jónica, y la pompa de un 104 LAS BELLAS ARTES. constitución monárquica como la macedónica, Corinto hubo de presentar la imagen de aquel esplendor y de esta pompa en los monumentos arquitectónicos que erigió. Los dorios fueron los primeros que levantaron edificios bajo principios verdaderamente artísticos. La decoración que adopta- ron hubo de ser la expresión pura de la teoría científica de la construcción. Con efecto, no hicieron uso de ciertos accidentes que más tarde fueron empleados para dar á los miembros mayor elegancia pero no más propiedad: tal es la base, que en el estilo dórico apenas se halla empleada haciendo arrancar el fuste de la columna desde la plataforma del basamento: y como la co- lumna hubiera presentado entonces su altura como una circuns- tancia puramente accidental dependiente del peso que sobre- llevaba, de aquí el haber hecho muy sensible la disminución desde el imóscapo al sumoscapo. En los fustes abrieron estrias en arista, de menos de una semicircunferencia, con lo que al paso que quitaron la pesadez, no disminuyeron la severidad, relevando en cierta manera de punto la idea de sostenimiento con la multiplicación de verticales.—Los capiteles en los pri- meros tiempos de la civilización dórica, tuvieron gran vuelo , como para presentar gran plano de \ _J sustentación; siendo mucha la varie- sí dad en el carácter del cuarto bocel; trrT^nr^nil cuya curva se modifico, complano o • encorvó á gusto del artista que la Fig.50.CapiteldóricodelPartenon.tj.^2ara, uniéndose al fuste por un conjunto de filetes en disminución, pero solo por medio de unas hendeduras que sustituyeron al astrágalo. Razonados fueron también los dorios en los cornisamentos. El arquitrabe aun que liso daba idea de aquella severidad agena de la pesadez que fatiga. El friso tuvo métopas y triglifos acusando perfectamente la construcción y presentando figuradamente las cabezas de las vigas. La cornisa fué sostenida por modillones, expresión también figurada de los maderos que constituyeron ARQUITECTURA. 105 el techo del edificio, caracterizándolo más y más el conjunto de gotas á manera de clavos que llevaron en el sofito. Una circuns- Fig. 15. Templo de Júpiter en Olimpia. tancia especial debe notarse en el cornisamento y es: que siem- pre se encuentra un triglifo en el ángulo del piso, por consi- guiente no corresponde al eje de la columna; y no disminuyén- dose por esto, como no disminuyen las métopas, necesariamente el intercolumnio del ángulo del edificio es menor: y esta dispo- sición no es irrazonada porque no deja de tener razón de ser en la mayor fuerza y solidez que necesita el edificio en aquel punto. Los frontones en los monumentos dóricos, tuvieron bajos re- lieves en el tímpano; su coronamiento fué muy sencillo, y en sus ángulos se erigieron estatuas sobre sencillas acroteras. Los j'onios al par que los dorios levantaron edificios suntuosos dando á su estilo un carácter elegante y gentil, que después se consideró como medio entre la robustez del dórico y la esbeltez 106 LAS BELLAS ARTES. y riqueza del corintio. Las columnastuvieron varia altura, osci- lando entre los 8 y los 9 diámetros, comprendida la base y el ca- pitel, partes que nunca dejaron de emplear, aunque con variedad de formas. La más característica de las bases parece ser la que lleva to- davía el nombre de ática, compuesta de dos toros intermediados por una escocia; mientras que el más carac- terístico de los capitales fué el que tuvo volutas ya en las fachadas an- Fig. 52. Capitel jónico del templo de Minerva Áptera. terior y posterior con cojines (pulvi- nns como los llama Vitrubio) en las laterales, ya en las cuatro fachadas, como en las columnas angulares del templo de Minerva Áptera en Atenas. No es posible admitir la idea de que las volutas de los capite- les jónicos trajeran su origen de la costumbre que habia en la edad antigua de colgar en los templos y en las aras las cuatro astas de las víctimas; ni tampoco de los rizos de la cabellera de las mujeres, de la propia manera que se supone que de las pro- porciones del cuerpo de ellas sacaron los jonios el carácter del estilo arquitectónico; por más fundada debe tenerse la opinión de los que las hacen derivar de los tapices con que algunas veces se cubrieron los intercolumnios, arrollándose después en la parte superior de los mismos, como lo dan á entender los pul- A'inos que aparecen en las fachadas laterales del capitel, y las volutas que este presenta en las fachadas anterior y posterior. El cornisamento jónico está caracterizado por varios resaltos del arquitrabe, por el mayor número de molduras de la corni- sa, y por los dentículos que figuran debajo de la corona; sien- do el friso susceptible de admitir adornos en bajo relieve asi histórico como simplemente antemático. Las antas en el estilo que nos ocupa no tomaron todos los caracteres de la columna como en el dórico: la base fué igual al zócalo que corria al pié del muro, y el capitel no era más que la prolongación de la ARQUITECTURA. 107 cornisa del mismo, habiendo sido muy raros los casos en que se le aplicaran las volutas. Cuando el corintio Calimaco ideó el capitel con dos órdenes de hojas y los caulícolos en voluta debajo del abaco, el arte ar- quitectónico estaba bastante adelan- 5 tado; y si pudo sugerir esta idea la , cesta, y la baldosa y el cardo silves- tre que creció al rededor de esta ofrenda ó recuerdo, que una nodriza pudo depositar sobre la sepultura de la niña que amamantó, como cuenta Vitrubio; esto no significa sino que para la exornación arquitectónica Fig. 53. Capitel corintio estudiaron los gríegos la Naturaleza del mon. corág. de Lisícrates. i. -, •, -, como pudieron hacerlo para la repre- sentación escultórica ó para la pictórica; y que el deseo de ori- ginalizarse y aun de dar toda la pompa y esbeltez de que la decoración arquitectónica era susceptible, hubo de ser la que tal idea fomentara. Los griegos no aplicaron este capitel con todas las variantes que puede tener, á gran número de monumentos; ú lo menos se encuentran pocos ejemplares de él desde el que puede consi- derarse como primero, inventado por Calimaco. El más anti- guo es el que figura en el monumento corágico de Lisícrates, que data del siglo IV ant. J. C.: y ofrece una variante la lla- mada torre de los vientos, obra ó propiedad de Andrónico Cir- restes, que se supone datar del siglo II ant. J. C , aunque algu- nos quieren que no tenga la fecha más allá del siglo de Augusto. El estilo corintio , prescindiendo de la riqueza de exornación que admite, no se distingue del jónico sino en el capitel; mas colocado este en el sumoscapo del fuste jónico, da á las colum- nas mayor altura, de modo que bastaria él solo para imprimir á la decoración un carácter más esbelto , suficiente para deter- minar el mayor grado de desarrollo de la arquitectura griega. 108 LAS BELLAS ARTES. En las antas siguieron los corintios el misino sistema que los jo" nios : solo alguna vez aparecieron en los capiteles de ellas algun elemento de los que figuraron en los de las columnas. Los griegos emplearon estos tres estilos según lo exigieron las circunstancias de objeto, lugar y tiempo, guiados siem- pre por la luz de la filosofía y por su buen gusto. Vilrubio quiere suponer que en los templos hicieron aplicación de tales estilos según las divinidades á quienes eran consagrados; pero á más de no hallarse comprobada esta práctica, por el examen de los monumentos que quedan; no hay más que echar una ojeada sobre las ruinas que existen en la Iléllada, y con el texto de Pausanias en la mano puede ponerse en duda el aserto del ar- quitecto romano. Sin embargo, existe alguna especialidad res- pecto de la aplicación que pudo hacerse de cada uno de estos estilos : parece que el jónico en sus primeros tiempos se empleó comunmente para monumentos fúnebres; pues con efecto^ en los vasos griegos una columna jónica representa esta idea , así como una columna dórica es la expresión simbólica de un pala- cio. Pero estas circunstancias no confirman la opinión de Vi- lrubio ; no hacen más que determinar el símbolo expresivo de una idea. Examínese el carácter de la civilización dórica , así como el de la jónica y se hallará la razón de este simbolismo: fuerte y severa aquella como primera faz con que se presenta toda sociedad en su infancia , con una constitución aristocrática que, como antes hemos dicho, hizo del país una federación de príncipes, el palacio hubo de ser el monumento tipo': fogosa y liberal la civilización jónica , con una constitución democrática que hizo á los naturales del país ciudadanos impresionables, bulliciosos y sarcásticos, el monumento conmemorativo, emble- ma de la gloria que aquel pueblo ambicionó, hubo de ser una necesidad apremiante. Veamos ahora los monumentos exigidos por la civilización griega. ARQUITECTURA. 109 Que ningún pueblo ha levantado un monumento sin un ob- jeto que revele determinadamente sus creencias y sus costum- bres, es verdad tan notoria que no necesita confirmación. Conocien- do pues tales costumbres y talos creencias conoceremos la clase de monumentos que la civilización de un pueblo ha exigido del Arte, así como conoceremos el espíritu de los monumentos que esa civilización haya dejado. El pueblo griego tuvo pues la poesía y la imaginación por principio de sus creencias religiosas, y una especie de socia- lismo por principio de sus creencias políticas. La religión y la política estuvieron tan estrechamente enlazadas, que mútua y recíprocamente sirvió l ^ n a á los fines de la otra, ya ha- ciendo deber de conciencia lo que para nosotros no seria más que deber de conveniencia, ya considerando de mera utilidad lo que para nosotros seria un deber imprescindible de concien- cia. Todos los monumentos que el pueblo griego erigió en la época brillante de su civilización se dirigieron á un mis- mo fin, cual fué crear y mantener costumbres civiles que hiciesen al ciudadano obediente sin ser mandado, y capaz de mandar sin ser déspota. Esto no quiere decir que la sociedad griega fuese un modelo digno de ser servilmente imitado, porque como toda cosa humana, tuvo defectos de gran cuenta que condujo aquella sociedad á su ruina; pero la manifestación .de tales Ventajas y de tales errores corresponde á la Historia, así como su apreciación á la Filosofía. Por lo que á nosotros hace, bástenos saber cual fué el espíritu de aquella civifizacion para buscarle en la clase de monumentos que aquel pueblo eri- gió, y en la disposición que tuvieron. Los monumentos arquitectónicos que principalmente erigió la sociedad griega en la época de su mayor prosperidad, fueron templos, teatros, gimnasios, y los que pueden llamarse conmemo- rativos, en los cuales van comprendidos los fúnelres. Templos. Son los monumentos más importantes de las cons- trucciones griegas, en el sentido histórico y arqueológico-artísti- no LAS BELLAS ARTES. co. Con efecto, el templo del paganismo no fué solamente el san- tuario de las creencias del pueblo, sino también el de sus glorias, y el de sus artes; debiendo considerarse como un yer- dadero museo por la multitud de objetos artísticos que encerró. Por otra parte el templo griego fué mansión de la divinidad, y el pueblo no entró en aquel recinto para orar sino que quedaba fuera de él presenciando desde los alrededores los sacrificios y demás ceremonias del culto: hasta el mismo altar se hallaba fuera del templo. La necesidad de que el pueblo pudiese guare- cerse de la intemperie hizo probablemente rodear los templos de pórticos. Los templos más antiguos fueroi^le planta rectangular, con un vestíbulo (pronaos), y la cel-la (naos) donde se hallaba la estatua de la divinidad , no recibiendo más luz que por la puer- ta. Esta circunstancia le ganó el nombre de alea fon-invisible que llevó; así como la de ser inaccesible para el pueblo le hizo dar el epíteto ahaíon. Usaron la disposición llamada naos en farásiasi., porque los dos muros laterales prolongán- dose más adelante de la fachada anterior de la cel-la hasta la línea de las columnas que sos- tenían el frontón, presentaban en su grueso dos antas, ^«ms- tata. Usaron también la llama- da próstilo, en la cual quedaban Fig. 54. Templo en parástasi. suprimidos los muros laterales del vestíbulo, y las antas fueron sustituidas por columnas; de manera que la fachada presentó ya un vestíbulo sino un pórtico. Emplearon también la disposi- ción amphipróstila, esto es, con pórtico en la parte posterior como le tenia en la anterior: y quizá entonces la cel-la tuvo puerta en aquel como en este. La mayor suntuosidad é impor- ARQUITECTURA. 111 tancia exigió iera^los jwrij^teros, esto es, con pórtico al rededor; ya sencillo, ya doble (díptero); presentando ya seis, ya ocho co- Fig. 55. El Partenon. (Estado actual). lumnas en la fachada principal; teniendo la planta cuadrilonga: y^as necesidades del culto exigió en algunos de estos templos un opis^lomos ó departamento destinado á la custodia no solo de los tesoros del templo sino á la de algunos otros considerados como sagrados, cuales fueron los del Estado: departamento que por lo regular se erigió á espaldas de la cel-la. Construyéronse también templos cuya cel-la estuvo dividida en tres naves por medio de columnas (hipóstilos), así como se supone que se construyeron templos hipetros con galerías sobre- puestas una á otra. Las circunstancias especiales del templo hi- 'petro han sido muy discutidas por los arqueólogos, toda vez que plantea problemas arqueológico-artisticos de difícil solución, y cuyo mayor número está por resolver. Déjese al tiempo y al es- 112 LAS BELLAS ARTES. tudio el cuidado de alcanzarlo, para aprovecharse en su dia la Historia del Arte de los resultados que se obtuvieren. Supónese que hubo templos con substrucciones, y cítase co- mo uno de los más notables en este género el de Eleusis, consa- grado á Céres; y sin negar que haya habido otros templos con departamentos subterráneos como se ha observado en las ruinas de este edificio, debe tenerse en cuenta, que el culto de Céres en dicha localidad fué célebre por las ceremonias que allí se cele- braban con los que querían iniciarse en los misterios de aquel culto, haciéndoles pasar por mil pruebas extraordinarias. Se han encontrado muchos templos importantes ya por su estado de conservación, ya por los recuerdos que dispiertan, con escaleras en espiral construidas en los ángulos del edificio con- duciendo á la cubierta. El Partenon la tiene en el grueso de una columna: dato curioso para probar el conocimiento que los griegos tuvieron de semejantes construcciones. Los pavimentos de los templos se contruyeron con baldosas for- mando grandes combinaciones geométricas: otras veces cubrie- ron el suelo con una especie de estuco de una tinta amarillen- ta, en el cual trazaron dibujos con líneas de distintos colores. Suponen algunos que el suelo de la cel-la fué más elevado que el del pórtico, pero se exceptua de esta regla el Partenon; lo cual hace presumir la ninguna importancia que hubieron de dar á una circunstancia de esta naturaleza, cuando erP^el Par- tenon, que fué uno do los templos más considerados, no fué ob- servada semejante práctica; á no ser que la menor elevación del suelo quiera hacerse indicio de inferior categoría, lo cual no puede admitirse por encerrar en cierta manera una contradic- ción. Supónese que algunas veces los intercolumnios de los templos estuvieron interceptados por un antepecho; sin embargo no es- tá comprobada esta suposición con ningún dato. Parece que los dorios orientaron los templos haciendo que la fachada principal mirase á Occidente; y que los jonios del Ática ARQUITECTURA. 113 consideraron la orientación en sentido opuesto, esto es, constru- yendo la fachada principal contra Oriente. Los templos, especialmente los más importantes, fueron cons- truidos dentro de recintos formados por un muro; siendo consi- derado como sagrado el territorio comprendido dentro de esta cerca. Este recinto solo tuvo una entrada, tanto más suntuosa cuanto mayor fué la importancia del templo. Podrá formarse el lector una idea de ella, dándola de lo que entre los griegos fué un Propileos. PROPILEOS. Los griegos lo mismo decoraban la entrada de un recinto sagrado que el de una acrópolis ú otro cualquiera esta- blecimiento de interés público: he aquí lo que fueron los Pro- pileos. La disposición que comunmente se dio á estas puertas hono- ríficas se asemejó á la del pronaos de un grande edificio, pu- diendo constituir por sí sola un monumento. Los templos de Céres en Eleusis, los de Minerva enSunio yPriena, la acrópolis de Atenas, tuvieron cada cual en su gran recinto un propileos, donde la suntuosidad de la decoración y la riqueza de los mate- riales no escasearon. Estas construcciones hubieron de encerrar preciosidades de gran cuenta; hubo de ser muy magnífico cuan- to se encerró en un recinto que se anunciaba por un propileos: de otra manera seria suponer en los griegos una falta de buen sentido artístico, circunstancia que está completamente des- mentida por la Historia y por los monumentos que el tiempo y los hombres han querido dejar en pié. Una circunstancia especial llama la atención en los propileos, yes, que la gradina ta sóbrela cual estribaron estos monumentos así como todos los de importancia artística, hubo de estar inter- rumpida en el centro por una rampa que facilitaba el acceso al interior del recinto á los carros y á los caballos. Esta es la dis- posición que tuvo la gradinata del templo de Eleusis, así como la de la acrópolis de Atenas. TEATROS. Los juegos escénicos, (que este es el nombre que A-8 114 LAS BELLAS ARTES. dieron los griegos á las representaciones teatrales), estuvieron autorizados por la religión; y el pueblo asistió á ellos por de- ber de conciencia. Hubo tiempo en que el erario pú- blico entregó á los ciuda- danos el precio de las loca- lidades; lo cual vino á ser como hacer la entrada gra- tuita. El origen de los juegos escénicos de los griegos se Pig. 55. Teatro de Baco en Atenas. h a l l a e n laS ficstaS dioni- síacas, en las que se celebraron en honor de Baco (Dionisio), du- rante las cuales se cantaban himnos en obsequio de esta divini- dad. En los primitivos tiempos de la institución de estas fiestas los cantores iban montados en un carro, ó se colocaban en un tablado levantado á propósito (irchia). Andando los tiempos se construyeron una especie de teatros de madera. En la olimpiada Lxx, que corresponde á los años 490 y tantos ant. J. C. poco después de las guerras médicas, fueron reemplazados estos tea-, tros de madera por otros de piedra, con motivo del hundimiento que sufrió el Teatro de Atenas. El poeta Eschilo fué el que invitó á los atenienses á construir este teatro; y los artistas Demócrito y Anaxágoras fueron los que dirigieron la obra, habiendo elegi- do al efecto la vertiente de una colina al pié de la acrópolis: y tiénese por cierto que este teatro sirvió de modelo para todos los edificios de este género que en lo sucesivo se levantaron en Grecia. Por esto al teatro griego le distingue la circunstancia de estar construido en terreno pendiente ó en declive, en forma de hemiciclo, á fin de colocar convenientemente los asientos de los espectadores: donde el terreno no fué á propósito para semejante disposición, se construyó la gradería sobre un macizo de mam- posteria, ó un terraplén sostenido por dos muros. Como el tea- tro no tuvo cubierta procuraron construir la gradería contra el ARQUITECTURA. 115 norte, á fin de que los rayos del Sol no incomodaran á los es- pectadores. En la orcliestm ó espacio semicircular que al pié de la grade- ría quedaba, erigióse el Timele ó altar de Baco, alrededor del cual se colocaban los coros. Sobre un plano más elevado estaba el escenario, algo más ancho que la orchestra, de forma rectan- gular, sin que tuviera gran profundidad. El fondo de la escena fué un muro decorado con columnas y estatuas, en el cual veíanse abiertas tres puertas: la del centro era la que tenia ma- yores dimensiones y llevaba el nombre de basüeos, que vale real; las dos laterales representaban, una, la puerta de una caverna, otra, la de una casa particular. En cada uno de los muros que cerraban la escena por los lados habia una puerta; una de ellas daba salida al exterior del edificio, y la otra á la plaza pública {agora). Al lado de estas dos puertas habia otras dos por las cua- les bajaban los coreutas á lá orchestra. Supónese, y aun se tiene por cierto, que los griegos conocie- ron desde los primeros tiempos de su teatro, las decoraciones; asegurándose que fueron de forma triangular, girando sobre un eje: como quiera que sea, no hay datos para asegurar que los medios que se emplearon tuviesen afinidad con los que en el dia se emplean para la ilusión óptica: niégase rotundamente el uso de los telones de boca: á pesar de todo esto, no puede ne- garse la existencia en el teatro de Atenas de un empleado que se ocupaba de las tareas en que se ocupa en la actualidad el Maquinista. Construyéronse teatros para .la música y para el recitado; y en ellos se daban conciertos, ensayábanse los cantantes, y los poetas recitaban sus poesías antes de presentarlas al público. Dábase á estos teatros el nombre de Odeones (Odeos) del verbo odi, canto. El más célebre Odeon fué el que mandó construir el ár- cente Perícies en Atenas junto al Teatro de Baco. Fué entera- mente circular, y estuvo rodeado de pórticos. La escena ocupó ' una tercera parte de la circunferencia, adelantándose hacia la 116 LAS BELLAS ARTES. orchestra. Estos odeones tuvieron cubierta de forma cónica ; y supónese la del de Atenas que fué toda de madera. A semejanza de este Odeon fueron construidos los demás, aunque quizá no afectando una circunferencia. Edificáronse- junto á los teatros de declamación, y hasta hubo algunos anexos á ellos, comunicándose por medio de galerías. GIMNASIOS. Merecen la atención del artista arqueólogo como deben merecerla delfilósofohistoriador: y así como este, con el conocimiento de tales establecimientos, puede enterarse del gé- nero de educación que la juventud griega recibía influyendo en su naturaleza moral; el artista arqueólogo quizá halle en ello una razón de la trascendencia que el desarrollo de las fuerzas físicas, producido por aquellos ejercicios del cuerpo, pudo tener en el sentimiento de las bellas formas humanas en que tanto sobresalieron los griegos. Para conocer la importancia de los gimnasios es menester te- ner en cuenta su objeto. Era este la educación de la naturaleza física y de la intelectual de la juventud; la primera para hacer contraer á los jóvenes el hábito de las fatigas de la guerra; la segunda para dar al entendimiento de los mismos la fuerza ne- cesaria á fin de no brillar menos en las agoras (asambleas públicas), que en el campo de batalla ó en los juegos públicos. Ambas educaciones tenían un mismo fin, cual era prestar ser- vicios á la patria; habiendo sido consagrados por la religión, para hacer de su adquisición un deber de conciencia de todo griego. En la construcción de los gimnasios no se siguió ni pudo se- guirse regla fija, porque las dependencias se construyeron según las necesidades; y no todas las necesidades hubieron de llenarse por unos mismos medios: así por ejemplo, los baños en el gim- nasio de Elis estuvieron separados del establecimiento. Es inútil pues que nos entretengamos en indicar un plan que pueda sen- • tarse como regla general; al paso que ni todas las descripciones de los autores contemporáneos acerca del uso á que estuvieron ARQUITECTURA. 117 destinados tales establecimientos, ni los fragmentos que quedan, pueden darle á conocer. El Sr. Ganin presenta el plan de un Gimnasio, según Vitru- bio, mas no según las ruinas de determinado edificio destinado á este objeto; por consiguiente viene á ser un acomodamiento de varias partes, á las necesidades á que pueden creer los ar- queólogos debian responder tales establecimientos: conviene pues mejor dar razón de estas necesidades. El Gimnasio se ha confundido algunas veces con la Palestra, habiéndose dado indistintamente ya uno ya otro nombre á tales establecimientos de educación. La Palestra no fué más que una parte del Gimnasio, si bien una de las principales, supuesto que la paléstrica comprendia varios ejercicios corporales, siendo dis- tintos de los que constituyeron la orckésirica; al paso que á los ' pórticos de los gimnasios (quizá atrios porticados) los filósofos, los retóricos, los matemáticos y maestros de otras ciencias, acu- dían para discutir sus principios y sus teorías. Los ejercicios orchéstricos comprendían, la coristica (danza), la cuUstica (arte de voltear), la esferistica (juego de pelota): los paléstricos com- prendían, la carrera ya á pié, ya á caballo, ya en carro; elpuji- lato, con el solo puño, ó con el amphótide y guanteletes; la Jio- tnopláquia, (especie de esgrima); élpancracio mezcla de pujilato y homopláquia; el tiro del disco y el de la javaliníi, y el salto. Todos estos ejercicios exigían varias preparaciones, tales como baños, ya calientes, yafrios; fricciones de aceite, de polvos espe- ciales, etc. etc.; por consiguiente deben suponerse en el edificio departamentos ó gabinetes destinados á cada una de estas ope- raciones: así, junto al efebeos ó grande exedra, puede suponerse el eleotesios ó sitio donde se hacían las fricciones con aceite, y el lacónicum ó estufa seca; y la terma, baño caliente, etc., etc. Pueden suponerse atrios, pórticos con asientos, paseos con ár- boles (xisía), cobertizos porticados para los ejercicios atléticos en los días lluviosos [xistos). Puede suponerse también un esta- dio para las carreras á pié; y aun un hipódromo, y un anfiteatro 118 LAS BELLAS ARTES. para presenciar tanto las carreras á caballo ó en carro, como los demás ejercicios de este género. La importancia que los gimnasios adquirieron en Atenas du- rante los tiempos de la prosperidad, hizo que se construyesen con toda la riqueza artística capaz de hacer agradable aquella educación á la juventud griega. La escultura y la pintura con- currieron á dar mayor importancia á estos edificios, consignan- do los principios religiosos y políticos por medio de estatuas de divinidades y héroes, y representaciones de hechos notables en la historia del país. AGORAS. Para la vida pública, la civilización griega exigió sitios donde el pueblo pudiese celebrar asambleas: tales fueron las agoras ó plazas públicas. En ellas estuvieron los leschos, sitio destinado para las conferencias; los templos de las divini- dades; las estatuas erigidas en honor de los dioses ó de los hom- bres ilustres que habían merecido bien de la patria. Por lo regular las agoras estuvieron circuidas de pórticos, los cuales tomaron el nombre de j)oeciles cuando tuvieron repre- sentaciones pictóricas de hechos gloriosos, ó retratos de persona- jes históricos. Sin embargo de las muchas agoras que hubo de haber en el continente de Grecia y en la Jonia (Asia menor) no quedan más que fragmentos muy incompletos; conociéndose su disposi- ción nada más que por descripciones de autores más ó menos contemporáneos. MONUMENTOS CONMEMORATIVOS. Prescindamos aquí de las es- tatuas con que los griegos honraron la memoria de los hombres que por sus hechos lo merecieron: trátase aquí délos monumen- tos de interés puramente arquitectónico. Monumentos corcigicos. Su objeto fué conmemorar y honrar la victoria obtenida por alguna tribu en los certámenes de mú- sica que se celebraban en las grandes festividades, sobre todo en las dionislacas. El premio consistía en un trípode de bronce. Celebrábanse estas fiestas en el mes elafebolion (marzo) y ARQUITECTURA. 119 tuvieron el carácter que suele darse en el dia á los festivales orfeónicos. Verificábanse en los odeones ó en los teatros , y po- dían tomar parte en los certáme- nes todas las tribus del Ática, en- viando coros de hombres ó de niños. Presidia el certamen un árcente. Las tribus elegían por lo regular de entre sus miembros un ciudadano rico para costear los gastos (corega): este cargo era muy solicitado, porque una victo- ria venia á ser un título de noble- za del cual se hizo más de una vez mérito y alarde. Demóstenes dijo en un discurso: «Fui corega, trierarca etc., y en ninguna oca- Fig. 56. Monum. corag. de Lisícrates. siou he dcjüdo de C07ltribuir á lOS gastos públicos. Acompañábase el coro con una flauta, cuyo ta- ñedor [co-raula) debia estar bajo la dirección del compositor de la música iauledos). Esto es lo que se deduce de algunas traduccio- nes, y sobre todo de la inscrip- ción que lleva el monumento co- rágico mandado erigir por el co- rega Lisícrates de Cicina, en honor de la tribu Acamanthyde, coro de niños que ganó el premio, sien- do Arconte Evanetes, olimpiada CIV (355 ant. J. C ) ; así como de la que lleva el monumento de la misma clase mandado erigir por Fig. 57. Monum. corág. de Trasyiio. Trasyllo corega, en honor de la tribu Hippotoóntide, siendo co- i20 LAS BELLAS ARTES. raula Esio de Chaléis, auledos Carchidamo, bajo el arcontado de Nechmo, en la olimpiada CXI. (320 ant. J. C.) Hubo monumentos corágicos de mayor ó de menor importan- cia; llegando á ser hasta simples estelas, pero siempre soste- niendo un trípode, que, como queda dicho, fué el premio de la victoria obtenida en el certamen. Monumentos sejmlcrales. Los sepulcros que usaron los grie- gos en los primitivos tiempos de su civilización, fueron muy sencillos, reduciéndose á túmulos rodeados de un muro de sos- tenimiento. Subsistió este uso mientras el deseo ó necesidad de enaltecer la gloria de algunos personajes, y aun la del pro- pio país , no penetró en Grecia , porque andando los tiempos se decoraron los sepulcros con columnas, estatuas, bajos relieves, mármoles y bronces. Entonces las tumbas tomaron diversidad de formas, encontrándose tipos de ellas en ne- crópolis ó recintos análogos á nuestros ce- menterios, situados fuera de las poblaciones; porque no fué permitido enterrarse dentro de ellas sino por privilegio especial. Hubo tumbas cavadas en las rocas, com- poniéndose de varias cámaras rectangula- res, precedido todo de una fachada, por lo regular, de estilo jónico. Otras formaron un edículo con cuatro columnas y una cubier- ta, como las de los templos, cobijando el sar- cófago; de cuya clase solo quedan muestras en las pinturas de los vasos fúnebres. Co- lumnas truncadas fueron también indica- ción de una sepultura: indicáronse también con esleías, que fueron unas piedras pris- máticas con bajos relieves y retratos de los difuntos. Puede formarse idea de la altura Fia. 58. Estela griega, q^ic se dió tanto á estas esleías como á aque- llas columnas, por la prohibición que dictó Demetrio Falereo ARQUITECTURA. 121 de que tanto las unas como las otras no tuviesen más de tres codos de alto (unos cuatro pies y medio); prohibición que dictó sin duda por haberse abusado contra lo que hubo de parecer razonable. Levantáronse edificios formando cámaras sepulcrales, adornadas con vasos, guirnaldas y otros objetos del gusto del di- funto. La tumba de Mausolo rey de la Caria, mandada erigir por su esposa Artemisa, fué de las más suntuosas de aquella edad. Las tumbas más importantes afectaron la forma piramidal, forma sacramental entre los antiguos. La teoría primitiva de es- ta forma puede hallarse en la disposición de la j)ira en que se quemaba el cuerpo del difunto: asi es que los túmulos conti- nuaron en uso rematando con una estela que llevó el nombre del difunto. Los griegos diferenciaron los monumentos fúnebres en Po~ liandros, cuando sirvieron para muchos hombres célebres á la vez; Heroon, cuando sirvió para uno solo; cenoíafio cuando solo fué monumento conmemorativo, y no guardó resto alguno del difunto. Existe en Atenas un monumento que no pertenece á la clase de los conmemorativos, pero que puede dar idea de los conoci- mientos que hubieron de tener los griegos respecto de los cua- drantes solares y medición del tiempo: tal es el llamado Reloj de Andrónico Cyrrestes ó por otro nombre Torre de los vientos. Debe tenerse en cuenta que no pertenece á la buena época del arte griego, toda vez que no se le concede mayor antigüedad que siglo y medio ant. J. C. No puede decirse si dicho Andrónico fué el arquitecto, el as- trónomo, ó el particular que le costeó: al propio tiempo que al- gunos aseguran que dicho personaje data solamente de la época de Augusto; en cuyo caso podria suponerse que el monumento seria posterior al primer clepsidro ó reloj de agua que se esta- bleció en Roma para suplir los cuadrantes solares, por Scipion Nasica, en 159 ant. J. C. 122 LAS BELLAS ARTES. Este monumento elevóse en el centro de una plaza pública de Atenas. Cada una de las ocho fachadas mide 3'28 metros de ancho; y 12'20 de altura. Tuvo clepsidro para suplir la falla del sol cuando este se ocultaba detras de las nubes. Tuvo en lo alto un tritón giratorio, que se movia á merced del viento, cuya di- rección indicaba con una varita: Por medio de un sencillo me- canismo parece que también quedaban indicados los vientos en el interior del monumento. Las ocho figuras que en bajo relieve se veian en la parte superior de las fachadas representaban los vientos, á saber: Bóreas=norte: Cauro==N. O.: Zeploiros=0.: Apher=S. O.: Notos=S.: Euros=S. E.: Solanos=E.: Apelio- tes=N. E.: Cecias=N. Debajo de cada figura estaban los cua- drantes, y por su proyección no solo indicaban las horas sino también los solsticios y equinoxios. Los dias estaban divididos en doce partes. MONUMENTOS DE SOLA UTILIDAD MATERIAL.—CasaspaTticnlares. Deben diferenciarse los tiempos en que la sencillez de costum- bres no habia dado á las riquezas ni á la categoría social ningu- na importancia, de aquellos en que el lujo dominó; perdiendo aquella sociedad en sencillez y fuerza lo que adquirió en fausto y oropel ruinosos. El punto divisorio de estas dos épocas es la guerra del Peloponeso, (siglo iv ant. J. C ) . Sin embargo, debe advertirse que en Esparta se conservó por más tiempo la auste- ridad de costumbres á favor de la severidad de su constitución. En la época primitiva las casas particulares fueron muy mo- destas, y no se diferenció la del más poderoso de la del más hu- milde. La civilización griega no permitía en aquella época que las doncellas frecuentasen el trato de los hombres, por consi- guiente fueron criadas en el retiro, y sus habitaciones estuvieron en el piso alto de las casas, asi como las de los hombres estuvie- ron en el piso de la calle; he aquí elff¿neceo(habitación de las mujeres) y el andronUis (habitación de los hombres). Las casas de aquellos griegos primitivos tuvieron pues un alto, y termi- ARQUITECTURA. 123 naron por una azotea con antepecho ó baranda. Apenas tuvieron ventanas ú otras aberturas en la parte de la calle, por consi- guiente su aspecto fué sumamente sencillo. Sin embargo, con la autoridad de varios escritores puede asegurarse, que andando el tiempo, las fachadas se adornaron con objetos de escultura y de pintura representando símbolos particulares ú objetos aprecia- dos del dueño del edificio. En las fachadas y junto á las puertas levantáronse altares dedicados al dios de los caminos; y edifica-' ronse bancos de piedra, donde se sentaban los individuos de la familia cuando salían á solazarse y ver á los transeúntes, como podemos hacerlo nosotros cuando nos asomamos al balcón. En la segunda época la distribución de las habitaciones de la • gente acaudalada hubo de llegar á ser muy suntuosa. Vitrubio hace la descripción de la casa de un griego; si bien los asertos del arquitecto del romano Augusto deben en cierta manera con- siderarse como referentes á los últimos tiempos de la civilización y del arte griego. Si los gineceos estuvieron antes en un piso superior, se construyeron en esta época en el piso bajo, aunque siempre con entera separación de los demás departamentos; así como el andronitis estuvo también enteramente separado de los aposentos que se destinaban á los forasteros. En los gineceos hubo salas de baño; el talamos, cuarto dormitorio; el amj)hyta- lamos, sala de reunión familiar: en los andronitis hubo la biblio- teca, la pinacoteca y las exedras ó salas de conversación ó de vi- sita. Tanto el gineceo como el andronitis tuvieron un comedor especial, pues no se reunían los dos sexos para comer. De las investigaciones hechas hasta el dia resulta, que los griegos usaron las ventanas practicables desde el suelo del piso hasta el techo, cerrándose con postigos y cerrojos de metal, que las puertas se abrieron hacia fuera, y que sus cerraduras y lla- ves no fueron tan sencillas como las de nuestros tiempos, com- poniéndose de muchas piezas, cuya enumeración seria muy pro- lija y no tendría en este momento grande interés : Suidas des- cribe muy detalladamente las llamadas lacónicas, que dice fue- 124 LAS BELLAS ARTES. ron las más seguras. En los primitivos tiempos cerráronse las puertas con correas, á las cuales se les echaban unos nudos de combinaciones especiales que cada particular inventaba. POBLACIONES. La disposición de las poblaciones griegas de la época primitiva, nos es completamente desconocida; y la de las que se fundaron en los buenos tiempos del arte griego solo la conocemos por descripciones de autores contemporáneos de su fundación. Sabemos sin embargo que las ciudades de la época primitiva estuvieron construidas en las alturas, sin duda como ardid de defensa, atendidas las invasiones de pueblos inciviliza- dos, que hubieron de ser entonces muy frecuentes, y por razón de la multitud de fieras que hablan de infestar aquellas co- marcas. Cuando la civilización hizo progresos entre los helenos, las ciudades antiguas pasaron á constituir acrópolis, esto es, al- cázares ó puntos de defensa de las poblaciones que se agrupa- ron á su rededor, extendiéndose por las llanuras ó hacia las pla- yas. Atenas tuvo acrópolis , la cual estaba á gran distancia del Pireo, que fué su puerto. Procuraron los griegos que las po- blaciones estuviesen cruzadas por grandes avenidas, y en ellas construyeron los edificios públicos, dejando abiertas á trechos algunas vías más estrechas, que fueron de travesía. Alejandría estuvo dividida en dos cuarteles, por una calle de unos 7400 me- tros de largo por unos 50 met. de ancho; y en sus aceras hubo levantados magníficos edificios. Rodas cuando fué reconstruida después del temblor de tierra que sufrió en el siglo I. ant. J. C , fué considerada como un modelo por su regularidad y por sus edificios públicos. Según Vitrubio las agoras debían estar situa- das en las inmediaciones de los puertos en las ciudades maríti- mas, y en el centro de la población en las del interior : y añade que hubo sitios determinados para los templos de ciertas divi- nidades ; sin embargo, parece que los dalos de inspección han desmentido la regla dada por Vitrubio. Las grandes ciudades fueron encerradas en un recinto mu- rallado. Las murallas deMesenia, reconstruidas por Epaminon- ARQtlTECTLKA. 125 das durante la guerra entre Tebasy Esparta, estuvieron flan- queadas de distancia en distancia por torres cuadrangulares y semicirculares terminando en almenas de género especial. Ta- les torres se comunicaron entre sí por galerías interiores, y dos de ellas flanqueaban las puertas. Los recintos de murallas fue- ron algunas veces dobles y estuvieron rodeados de fosos. Vías pïil·licas. Nada se sabe acerca de si los griegos dieron ó no importancia á las vías públicas de" comunicación entre las distintas poblaciones ó comarcas; pues todo lo que en Grecia se encuentra pertenece á la época romana. Sin embargo, las vías interiores de las ciudades importantes, fueron empedradas con grandes adoquines ya oblongos, ya poligonales: consérvanse en la Hellada fragmentos considerables de esta clase de empe- drado. K,OMAlSrA. , Magniñcencia y suntuosidad, tendencia á la combinación científicamente pensada de los materiales, precisión matemáti- ca de las formas, minuciosidad de detalles y profusión de ador- nos; he aquí los caracteres generales de la arquitectura ro- mana. La magnificencia y la suntuosidad son caracteres que estu- vieron en perfecta conformidad con la aspiración del pueblo ro- mano á ser señor de todo el mundo conocido. Sin embargo, tales caracteres, aunque efectivamente convienen á la belleza^ no son sus elementos esenciales. Por esto indudablemente las construcciones romanas más admiran que agradan. Los romanos adoptaron la decoración griega, pero prefirieron dar importancia á aquellos miembros cuya solidez depende de cálculos científicos de fuerzas y resistencias; dejando los que tienen ya esta solidez en la construcción más natural, que es la simple presión vertical, relegados à simples objetos de adorno.