AGIOS > AUTÍST ICO"-ARQUEOLÓGICA BAEIELONESÁ - I O DETALLES ARTÍSTICOS Y • i I \ EDAD MI DIA CATALANA SOCIEDAD ARTÍSTICO-ARQUEOLÓGICA BARCELONESA ÁLBUM DE DETALLES ARTÍSTICOS Y PLÁSTICO-DECORATIVOS EDAD MEDIA CATALANA. BARCELONA: I M P R E N T A DE L U Í S TASSÓ Y SERRA CALLE DEL ARCO DEL TEATRO, NÚMS. 2 1 Y 2 3 . ÁLBUM DE DETALLES ARTÍSTICOS Y PLÁSTICO-DECORATIVOS DE r.A EDAD MEDIA CATALANA. / • « ^ » J ^ A colección reunida en este Álbum, es un facsímil de los f 4 f í « ^ | trabajos presentados por D. Ramon Tenas. D. José Puig- J b l v ^ ^ v g a r í , D. Juan Serra y Pausas y D. Santiago Rusiñol, en el v _ ^ ^ 4 i í c e r t á m e n de Artes Decorativas últimamente celebrado por la benemérita Sociedad Fomento del trabajo nacional, favorecidos todos con primeros premios, en la sección séptima arqueológica. La publicación de estas colecciones que llevan en sí tan sólida garantía, completa los propósitos de aquella Sociedad, de la Ar- queológica y de los mismos autores, que son popularizar los cono- cimientos á que se contraen, difundiendo la noción de nuestras artes históricas, ayudando á la ilustración general, y favoreciendo especialmente á los artistas industriales que tanto precisan de bue- nos y legítimos modelos. El Sr. Tenas quiso y logró reunir un conjunto de motivos cien- tíficamente desarrollados, desde su traza elemental á la más c o m - pleja, sobre ornamentación latino-bizantina en Cataluña, para guía y progreso del porvenir. Con acierto escogió este período histórico, por ser, como dice, el más genuino del país, el que dejó más numerosos y acabados m o - numentos, ofreciendo en general un sello propio y característico. Reducido á la ornamentación escultórica sin subir á la decoración, que es un grado mayor de estudio, acompañó 28 grandes láminas en 3 grupos, uno de combinaciones geométricas como base del sis- — 4 - tema (2 láminas), otro de 22 láminas de detalles, desde la hoja al friso, desde la base al capitel, desde la más sencilla flor hasta el ro- són más complicado, con toda su variedad de polígonos, combina- ciones y enlaces, y ocho modelos sacados de Poblet y Tarragona, que juzga ser superiores en riqueza durante este período latino-bi- zantino, de grande aplicación y muy adecuados á la enseñanza; y por fin e l t e r c e r g r u p o e n 4 láminas, ofrece un desarrollo de capiteles en toda su escala de ornato, uno de secciones arquitectónicas de- corativas, incluyendo variadas formas de arcos de aquel período, y otro de aplicaciones del mismo ornato sobre diversidad de objetos y materias. Para este álbum condensó su idea en algunos de los mejores y más significados tipos. El trabajo del Sr. Puiggarí, por feliz coincidencia se contrae á igual época: ofrece asimismo un estudio d é l a ornamentación románica en nuestro país, menos preceptivo que demostrativo, abarcando en grupo complejo pinturas y miniaturas, esculturas, mosaicos, es- maltes, mobiliario é indumentaria. Creyendo que la base del pro- grama era sintetizar los caracteres ornamentarios de un período histórico concreto, en la diversidad de sus aplicaciones, ofreció de todo un poco,ya q u e d a d a la escasez de tiempo, era imposible des- arrollar el asunto en grande escala; pero a u n así, los tipos que allegó son tan peregrinos como originales, y del conjunto sale per- fectamente la demostración apetecida. Esos estudios que forman una verdadera Gramática, revelan u n ahinco y una laboriosidad de muchos años, comprendiendo en jun- to diversos ramos de la producción artístico-industrial, esculturas principalmente, pinturas, labores y motivos de decoración en artefactos de variado linaje, esparcidos por nuestro suelo, descono- cidos y olvidados las más veces, siendo así que entrañan toda una historia, mucha valía en ocasiones, y siempre útilísima enseñanza. ¿Quién irá fuera de ellos á buscar la técnica, á fijar los comienzos y desarrollos de esas artes genuínas ó aplicadas, que en un período milenario representan la vitalidad del ingenio'local, que tanto pres- tigio alcanzó en la Edad Media, que tanta relación ofrece con los esfuerzos sincrónicos de otros países, con las evoluciones de la e s - tética y con la marcha general de la civilización? H o y sobre todo, depurada la crítica, aguzada la inteligencia, abiertos grandiosos concursos, y adelantados como se hallan tales conocimientos en muchos centros productores, que los benefician lucrativamente para numerosas industrias; es á la vez una mengua y un daño para nosotros, no explotar cual se merecen los elementos que todavía conservamos, como preciosas reliquias de un brillante pasado, en que nuestras artes alimentaban activos comercios, h a - cían competencia á los más florecientes de Italia, llevaban sus pro- ductos hasta las costas levantinas, surtían los mercados propios sin recelo de extrañas concurrencias, satisfacían las necesidades y el lujo de las diferentes clases sociales, y finalmente producían mara- villas, como palacios, castillos é iglesias todavía en pié, artefactos tan delicados de gusto y elaboración, que los extranjeros más aman- tes ó conocedores que nosotros de nuestro pasado, vienen a r r e b a - tándolos hace años por medio de activos emisarios, para lucirlos como exquisitas alhajas de sus museos, y divulgarlos en lujosas publicaciones cual modelos dignísimos de estudio. Las colecciones de los señores Serra y Rusiñol, no son menos interesantes, a u n q u e especiales del estiloogival, reducidas á dos so- los ramos del arte decorativo. E n efecto, con igual ahinco que sus compañeros, y con gran discernimiento artístico, han ido tomando de muchas localidades excelentes modelos, arquitectónicos el u n o , y de ferretería el otro, todos legítimamente catalanes, en la varie- dad de aplicaciones que supieron darles nuestros artífices de la Edad Media. Los diferentes trabajos reproducidos, llevaron justamente el voto favorable del jurado y la atención del público inteligente. H o y , pues, dándolos á luz, no hacemos más que completar el servicio de su factura, insiguiendo los móviles que ligeramente dejamos apuntados. Por la C. D. RAMON SORIANO. CARACTERES Y DETALLES DE LA O R N A M E N T A C I Ó N DEL ARTE ROMÁNICO Ó LATINO BIZANTINO EN CATALUÑA AS artes, hijas de la civilización, son á la vez un gran elemento civilizador. Con las artes se difunde el gusto, prospera la in- dustria y florecen las naciones. El culto de las artes eleva la imagi- nación y hace apacible la vida: por las artes se hicieron ilustradas y poderosas célebres naciones de la antigüedad, y á ellas deben su prestancia algunas de las modernas. Atenas y Roma: hé aquí dos nombres que de suyo simbolizan la glorificación del arte: París, Londres, Viena, Bruselas, Ñapóles, Florencia. Madrid mismo, á las artes que cultivan ó atesoran, deben su mayor fama, y su atrac- tivo para viajeros de todo el m u n d o . ¿Qué m u c h o , si las artes constituyen la expresión estética de cada estado de civilización? T o d o el modo de sentir de una sociedad, susceptible de símbolo ó de forma, se sintetiza en las artes: por ellas en calidad de m o n u - mentos, mejor que por los escritores, conocemos la arrogante ma- jestad de los antiguos asiáticos, el hieratismo de Egipto, el epicu- reismo pagano, la espiritualidad de los siglos medios, las explendi- deces del renacimiento. Cuantos elementos de vida constituyen un estado de civilización, instituciones, orden social y político, creencias, doctrinas, costum- bres, cooperan á la fórmula del arte, hasta el extremo de producir él una convención de la cual nace un estilo. Esta verdad poco asentada, no debe perderse de vista en el e s t u - dio de las evoluciones estéticas, que han generado cada una de las que llamamos artes históricas. La convención en dichos respecti- vos períodos, es tan gráfica y universal, que se traduce en todo l i - — 8 — naje de manifestaciones, desde el edificio más balumboso,hasta el último objeto de uso m a n u a l ó utensilio. Prueba notoria de ello, es el cambio ó transformación absoluta y radical que las artes y sus productos sufren de uno á otro siglo ó fase de civilización, pasando desde luego al orden histórico. A v e - ces, según es el cambio, queda cierta relación entre el período a n - terior y el subsiguiente, pero no tarda en formarse una nueva con- vención, y el arte se adapta á la idiosincracia generatriz. Grecia y R o m a , por su mancomunidad en muchos puntos, tuvieron una convencionalidad estética similar, el horizontalismo arquitectóni- co, el antropologismo y antropomorfismo en escultura, y en p i n - tura el gusto llamado clásico, con variedad de productos y acceso- rios artísticos. La sociedad bárbara que reemplazó ó se fundió en la romana, no fué más que el plantel de una nueva civilización, que debía desplegarse en la llamada Edad Media, y coronarse en los tiempos modernos. Esta civilización, por ser la nuestra, debe interesarnos particularmente, y á ella consagran con ahinco sus estudios los hombres pensadores. F u n d a d a en el cristianismo, no hay que d e - cir si su arte ha sido esencialmente cristiano, ó tal cual desde su origen le concibió el sentimiento religioso. E n g e n d r a d o en las c a - tacumbas, insinuado en los primeros cenobios, cultivado en los monasterios y sublimado en nuestras magníficas catedrales, es la antítesis del horizontalismo y materialismo paganos, una mutación tan radical como la del Olimpo al Calvario, una diferencia tan r e - marcable como del Partenon á la basílica ó al d u o m o , de Fidias á J u a n de Fiesole, de la Venus impúdica á las candidas Laura ó Beatrice. Verticalidad por sistema, simbolismo por fórmula, y por accesorios toda la exuberancia de vida de la fecunda naturaleza. Si ese arte, después del siglo xv en que alcanzó su período álgi- do, vino en cierto modo desnaturalizándose y contrajo nuevos ca- racteres, en parte ajustados al antiguo arte clásico, en parte dege- nerados y llevados hasta las superfetaciones del barroquismo y otras congéneres ó consecutivas; es que la misma civilización se dualizó, ya que en concurrencia con la idea cristiana, merced á la fijación de estados, al descubrimiento de América, al progreso de los estudios clásicos y arqueológicos, á la dialéctica que produjo el cisma, y otras muchas causas largas de e n u m e r a r ; su actividad tomó nuevos rumbos, tendiendo así en instituciones como en estudios y artes, á un eclecticismo que hoy todavía apena á las sociedades, y constituye para la civilización moderna un problema de resolución dificilísima. E n la imposibilidad de trazar toda la historia del arte moderno, el más digno de averiguación para nosotros, nos detendremos en sus albores cuando después de brotar, por decirlo así, á guisa de tosco cardo, en medio de una haz de ruinas, aparece grosero como — 9 — aquella planta, si bien robusta cual ella, para extenderse t luego y poblar la soledad con abundancia de recias matas y fornidos tallos. Aquel período primero del arte cristiano, llamado románico ó latino-bizantino, merece nuestra atención por varios conceptos: pri- mero, por ser la base del que floreció hasta muchos siglos adelante; segundo, porque entraña elementos fecundísimos, que después de su desarrollo propio en el siglo xn, engendraron el ogivalismo, y aun hoy vienen siendo susceptibles de numerosas aplicaciones; ter- cero, porque en Cataluña arraigó con especialidad, dejando tipos y ejemplares tan variados como peregrinos, y últimamente, porque la abundancia de los mismos facilita su demostración. Es probable que las encarecidas iglesias de la monarquía visi- goda, aquellas basílicas Ovetanas enriquecidas de pórfidos y m á r - moles, afectarían la traza románica á juzgar por algunas descrip- ciones de ellas que han quedado, por monumentos sincrónicos de otros países, y por otros similares consiguientes, que perseveran en Galicia y Asturias. Y aquí hemos de permitirnos otra observa- ción esencial: el sincronismo es completo en cada período artístico, y la convención estética idéntica entre los pueblos comprendidos en una misma civilización, ya sean europeos, ya asiáticos ó africa- nos, sin que lo impidan distancias, como podría demostrarse con numerosos ejemplos de distintas procedencias; aparente fenómeno muy sencillo de explicar. La civilización obra por grados: los hom- bres de una época no pueden pensar como la que ha de venir: pero en cambio piensan y sienten como sus coetáneos. Por eso el arte, que es un sentimiento, debió presentarse idéntico por asimilación, aun siendo multiforme en cada período; y por eso en los siglos v y vi debió ser exclusivamente románico, pero no romano ni ogival. Creemos, sin embargo, que aquel romanismo ocurriría e m b r i o - nario, bastante indeciso aun en la elementaridad ó disparidad de sus hechuras, para constituir verdadero estilo. Si queremos h a - llarle formado y con vestigios materiales de sí contraidamente á la ornamentaria, objeto especial de este trabajo, es forzoso llegar al siglo VIII. • Analicemos. Si algun período merece el nombre de gótico, tan abusivamente empleado en la historia, es el que siguiendo á la dominación visi- goda y formando casi una época, conservó largo tiempo sus resa- bios, y fué verdaderamente gótico en sus complexos elementos. Generalmente el arte de aquella época ofrece doble carácter. Si la representación es de hechos ó personajes antiguos, religio- 2 — 10 — sos ó civiles, conserva u n sabor bastante clásico hasta fines del si- glo x, y como de mayores pretensiones, obra acaso de los artistas de más valía, no carece de mérito en la disposición, expresión, proporción, naturalidad de formas, partido de paños, etc. Otras veces no pasa de ser u n tosco é improvisado ensayo de manos ignorantes, y entonces si bien esencialmente grotesco y de n i n g ú n valor científico, recomiéndase arqueológicamente por su propia candidez y expontaneidad. E n la ornamentación m o n u m e n t a l y mobiliària, déjase advertir igual dualismo. Durante el siglo v m , se imitan a u n ó se copian servilmente los tipos romanos; de ahí viene llamarse románico ese nuevo estilo degenerado. Pero la fantasía ó el antojo campean: al- gunos constructores noveles, tanto más osados, cuanto más i g n o - rantes, ensayan motivos originales, no siempre infelices, y este primer paso, que será la emancipación del ingenio, sustituye al tríglifo y á la greca, las formas más simples de dientes de sierra, cabezas de clavo, canecillos, rosetas, faces prismáticas, lacerias, orlas granuladas, y hasta los follages de acanto y de palma, que tan ricamente se desplegaron, agruparon y alternaron como acce- sorios característicos del género románico-bizantino; sin contar el simbolismo figurativo q u e especialmente le distinguió, tomando en él una parte principal, ya en sentido religioso, ya en el histó- rico, ya simplemente en el fantástico. Muchos ejemplares quedan en España y fuera de ella para p o - der seguir la marcha gradual del arte de la Edad Media, que e n - gendrado en las ruinas del r o m a n i s m o y del goticismo, anduvo, por decirlo así, vacilante y temeroso en los tres primeros siglos de su infancia-¡épocas primaria y secundaria), pero ya robusto en el siglo xi y despejado en el inmediato (época terciaria), se desplegó en el siguiente con toda la lozanía de su virilidad, hasta florecer luego bajo la pompa más expléndida (época ogival). Y no sin razón damos á aquel arte una sola vida, porque según nuestro juicio es pueril cuando menos, la distinción que se s u - pone entre los estilos llamados bizantino y ogival, ya que entre ambos no existe la menor solución de continuidad; y desechando las fábulas del hallazgo de la ogiva y de la supuesta influencia de las cruzadas, sólo acertamos á ver el desarrollo sucesivo, motivado y lógico de un solo arte, al compás del único período social, r e l i - gioso, filosófico y estético, que comprobado de mil maneras, cons- tituyó la civilización de aquella grande época, media entre la a n - tigua y la m o d e r n a . El estilo arquitectónico a u n podemos estudiarlo hoy en cuatro principales m o n u m e n t o s , todos del siglo ix, que por maravilla se conservan y son: las iglesias de San Miguel de L i n o , Santa María de N a r a n c o , Santa Cristina de Lena y San Salvador de Valdedios, sin contar la fracción más antigua de la Cámara Santa de Oviedo. — II — Sus plantas varían entre la cruz griega, como San Miguel, el paralelógramo, como Santa María, v la basílica á tres naves, como Santa Cristina y San Salvador. Por defuera la decoración es recti- línea á secciones verticales, que suelen indicarse por los contra- fuertes, y á zonas horizontales que señalan la distribución interna. E n esta, predominan la bóveda v el arco paraltado ó de rebajada curva, asentada sobre capiteles cúbicos, y columnas que suelen ser gemelas y atorzaladas. E l torzal, cable ó cadenilla, con alternación de figuras de h o m - bres y de animales, hojarascas, Mores, etc., es la decoración más común en filetes y m o l d u r i g e s , volutas, tímpanos, ¡ambages, cor- nisamentos, capiteles, etc. Como raro tipo no muy posterior, a u n q u e de otra índole y en diversa localidad, citaremos la iglesilla de San Miguel de Tarrasa, en Cataluña, aneja á las de San Pedro y Santa María, que forman un grupo donoso y peregrino en la barriada extramuros de aque- lla población. Ocho columnas en cuadro, dentro un pequeño recinto de igual planta y bóveda corrida, sostienen sobre sus va- riados capiteles y anchas m é n s u l a s , los correspondientes arcos paraltados de ligera tendencia á herradura, formando una especie de atrio que remata en cúpula, recibiendo luz zenital á semejanza de los conocidos baños árabes de Toledo, de otros que había en Barcelona, y de los que en menor escala todavía, encierra Gerona dentro su convento de Capuchinas. Las columnas son de bonitos mármoles v jaspes, más gruesas las angulares que las intermedias, y sus capiteles (alguno de mármol blanco) ostentan, ya la galana riqueza de los estilos antiguos, ya la candorosa indecisión del r o - mánico. El piso compónese de aquel cemento de ladrillo m a c h a - cado ú hormigón que solía emplearse entonces, y debajo del m i s - mo hav, insiguiendo otra general costumbre de la época, una cripta en varias comparticiones que acaso sirvió de batisterio. Ksta capilla originalísima v no poco vistosa, debió construirse con fragmentos desparejados de ricos edificios anteriores, que no fal- tarían á la antigua Egara; y si esto le quita alguna expontaneidad, en nada disminuye su importancia artística, que juzgamos mucha, pues sin ser árabe, presenta grande inclinación á ese gusto en su ca- rácter ya desarrollado, pudiendo servir de poderoso argumento q u e acredite la filiación entre el mismo y el románico-latino. España tuvo en esta época suma riqueza de códices, que fueron gloria y lustre de sus diferentes iglesias por larga serie de siglos, pero del ix apenas queda n i n g u n o , mereciendo sólo señalarse un rico Salterio conservado por la Real Academia de la Historia, e n - — 12 — riquecido de adornos y miniaturas. N o hay datos para juzgar de la valía de nuestros artistas en aquella época, con relación á los ex- tranjeros; sin embargo, en cuanto á escritura, es un hecho paleo- gráficamente demostrado, su absoluta superioridad sobre la itá- lica, la germánica y la francesa. El arcediano de T i n e o habla con encarecimiento de unas pinturas que el rey Casto mandó hacer en el frontispicio de la Cámara Santa de Oviedo, esto es, u n Crucifijo en lo alto, con San J u a n y la Magdalena, las figuras de pincel, pero sus cabezas de bulto (sistema seguido en muchos bajo-relieves y otros objetos de ornamentación coetánea), añadiendo el cronista: «era obra de tanto primor, que causaba admiración, y los grandes maestros del oficio se espantaban de que tal obra se hiciese en se- mejante época.» Las cabezas todavía permanecen. La misma dualidad artística del siglo VJII, se reproduce en esos y otros m o n u m e n t o s del ix y aun del x y xi. Allí donde menos p r e - pondera una agitación radical, ó donde mejor se conserva el p r i n - cipio autoritario, el estilo tiende al clasicismo y procura a l i m e n - tarse de las doctrinas recibidas. Las composiciones son ordenadas, graduadas, colocadas en perspectiva, dentro u n escenario real; subsiste la noción del desnudo, de los escorzos, del modelado: en los colores hay matices, sobriedad y luz: en las fisonomías e x p r e - sión: en los paños soltura y naturalidad; hasta los personajes visten con preferencia togas y pretextas, ciñendo frontalera y calzando el campago: tales son las producciones de los más notables centros de Oriente y Occidente. Allí empero donde la revolución es más hon- da, y la sociedad se replantea sobre nuevos cimientos, cual sucedió en nuestro país, el genio del arte renace como todo lo demás bajo diversa forma, pero con los caracteres infantiles de sus creadores, Cándido, torpe, indeciso é inarticulado. A semejanza de las vagas siluetas de los primeros etruscos, ó de l a s q u e diz bosquejaba sobre arena el niño Giotto copiando sus reses; la gestión de ese arte i n - cipiente, se reduce por decirlo así á un chapuceo instintivo, sin ninguna de aquellas condiciones que se adquieren, y que sucesi- vamente adquirió con la experiencia y la educación. H é aquí por qué son tan infelices las esculturas de m o n u m e n t o s y artefactos, y las pinturas y miniaturas de aquella época; pero siendo á la vez muy ingenuas, el sello de impresión q u e llevan consigo las convierte en una especie de fotografía de su época, base hoy pre- ciosa y única para la historia de ciertas menudencias, que e n v u e l - ven tipos y costumbres, actos de la vida pública y familiar, escenas reales y quiméricas, muebles, utensilios, etc. A u n q u e los edificios del siglo x acusan sólo rudeza y m e z q u i n - dad artística, conviene no olvidar lo azaroso de la época, y q u e los más se erigieron con escasez de recursos ó con modestia de pre- tensiones. Para echar el resto, n o faltaban elementos, en especial de buenos constructores, cuya valía relativa ya sería mucha cuando - 13 — Abderraman en una paccion ó ajuste, acaso la tregua de 944 con Ramiro I I , estipuló que se le enviasen doce alarifes para la obra del exquisito palacio de Azzara que fabricaba á la sazón. Al adelantar el siglo, comienza la influencia de un nuevo estilo, que ocasionando cierta anarquía, perjudica á la arquitectura. Obedeciendo á la ley general estética, el arte en sus demás ramos fué siguiendo el propio orden de desarrollo. Los más notables manuscritos de este siglo, verdaderos joyeles en su línea, son dos ejemplares del Comento del Apocalipsis, obra de San Beato de Asturias, precedido del de Victorino (siglo x) q u e se conservan, uno en la biblioteca de Baena n.* 1,113, que es del año 960, y otro en la catedral de Gerona, aunque visiblemente traído de aquella región de España, según ya conceptuó el P. V i - llanueva por el carácter gótico de su escritura, que no se usaba en Cataluña, copiado y miniado de orden de un abad Dominico, por dos religiosos presbíteros, Sénior y Emeterio, en la era de i , o i 3 (año 9 / 5 ) . Cataluña, si vale conjeturar por el mejor dato que conocemos de fines del siglo (capiteles iconográficos de los claustros de San B e - nito de Baiges), seguía otra dirección, inclinándose al género francés, de donde como es natural, recibía más directo impulso. El auge de las artes, temperamento seguro del progreso social, evidencia en numerosas fábricas que se han conservado, la índole ya briosa del genio español en el siglo xi. León, Nágera, Ávila, Zamora, Salamanca, Sahagún, Viseo, Coimbra y otras poblacio- nes de nota, recibieron á la sazón mejoras radicales que aun hoy forman su mejor gala. Del siglo xi datan las fundaciones ó erec- ciones de nuestros célebres monasterios de Ripoll y San Cucufate del Vallés, tipos del género en Cataluña, los clustros de la Cate- dral de Gerona y sus iglesias de S. Pedro de Galligans y San D a - niel, San Lorenzo de Lérida, las donosas iglesias de Segòvia, la colegiala de Santillana, el monasterio de Cornellana, la Seo de Jaca, San Claudio de León, Santa María la Antigua de Valladolid, las abadías de San Miguel in Excelsis y de Montearagon. etc, etc. El arte, sin desmentir su filiación, porque el espíritu es u n o mismo, va adquiriendo fisonomía propia, y se deslinda histórica- mente en sus varias manifestaciones. El gusto románico ó latino, tiende cada vez más á confundirse con el bizantino, para iniciar un género complexo de nueva índole: estamos ya lejos de las escuelas merovingias y carolingias, y del estilo español que algunos han llamado asturiano; mas no por eso faltan edificaciones típicas en u n o y otro género. Los procederes acaso son más toscos é indeci- — i4 — sos, efecto del olvido de las buenas tradiciones clásicas y del tras- torno é ignorancia generales; en cambio, debiendo ceñirse á sus propios recursos, adquiere cierta viveza, mayor espontaneidad, se hace original y crea. Ese trastorno, como quier pasajero, dio á los edificios, p i n t u - ras y demás objetos suntuarios, suma rudeza, igual cuando menos á la de la segunda mitad de la precedente centuria; pero en medio de aquellas pesadas construcciones y groseros detalles, descúbren- se tendencias innovadoras, inspiraciones de lucimiento y g r a n d i o - sidad, que sólo pueden basarse en un estado de progreso moral y ventajas materiales de posición. Fácil es comprender q u e el arte, como todo, vá subordinado á los sentimientos é influencias religiosas. Los terrores del a ñ o mil, re- d u n d a r o n en beneficio de la Iglesia: los fieles se apresuraron á ren- dirle tributo; los artistas se pusieron á su servicio; el mismo clero dirigió sus obras y enriqueció sus bibliotecas. El arte, pues, más que nunca, sigue siendo profundamente monacal, simbólico y misterioso, y su imperfección mecánica contribuye á darle a s p e - reza y severidad. Espacios limitados y sombríos, paredones desnu- dos, arcos balumbosos, pilares macizos, puertas y lumbreras su- m a m e n t e angostas ó achatadas; hé aquí lo que á primera vista hiere en los m o n u m e n t o s de entonces. La influencia bizantina acú- sase en sus bóvedas uniformes, ábsides redondas ó poligonales, imafrontes resaltados, triangulares espadañas, cúpulas esféricas, capiteles cúbicos y laboreados, nervudas volutas, ajimeces g e m i - nados; pero sobre todo en la ornamentación, que es geométrica, prismática, ajedrezada, lobulada, ó bien de lacerías, folicaturas, tipos de la naturaleza vegetal y animal, etc., tendiendo á adherirse hasta con impropiedad, á cualquier parte salediza de la fábrica. La que de fijo despliega nueva vida, lejos de anihilarse, como sostienen algunos con poco criterio y menos conocimiento, es la escultura. Si medrosa hasta a q u í y reducida á u n humildísimo pa- pel accesorio, tomando vuelo con la imaginería, surge osadamente en frontones, remates, interiores, aras, sepulcros y tabernáculos, además de su prolificacion asombrosa en bajos relieves y entalla- dos, movibles ó amovibles, sin despreciar los más vulgares objetos manuales. L a escultura pertenece al lujo, tanto ó más que la pintura: es el primer aliño de que el arte echa m a n o para engalanarse: de ahí su crecimiento en las nuevas pretensiones de ostentación. Y sin e m - bargo ¡cuan infantil aparece todavía! ¡cuan amomiadas sus estatuas! ¡cuan torpe el movimiento de sus pretendidas escenas de acción! E n dibujo ó forma, subsiste algo del dualismo que antes señala- mos, si bien la tradición arcaica ha desaparecido, y la bizantina viene á fundirse en un sistema innovador, de ruin incipiencia, que sin embargo interesa por g e n u i n o , por espontáneo y por constituir — i s - la base de un arte que se regenera: además tiene el valor absoluto de la arqueología, como cabal retrato de la sociedad que la produce. Hov". aquellas pobres figuras nos parecen absurdas en el c o n - cepto artístico; ¿pero acaso, ese grave anciano de tendida barba, ese guerrero adusto, de torvo ceño, esa virgen púdica que sonríe al cielo, ese mancebo que mira fija y azoradamente por delante, no son la expresión más fiel de las ideas, creencias y personalidades á quienes figuran, bastante candidas ellas mismas para que se c o n - ceda perfección relativa á esas obras, hasta humillarse v adorarlas pavorosamente bajo representación de alguna Santa imagen? No pretendemos decir que careciesen de valor absoluto: lejos de esto las hay finísimas, de mucha intención, de excelente ejecución, bien calculadas y ejecutadas; por ejemplo, las que llevan en alto relieve los nichos mayores de la portada de Ripoll: el Dios Padre de la de Santiago de Carrión, y en su género la cruz laboreada de León, regalo de los reyes D. F e r n a n d o y D.* Sancha: la urna de santa Eulalia de Mérida, en Oviedo, mandada labrar en plata por D. Alfonso VI hacia la fecha de 1070, que además de curiosa por su guarnición de onduladas líneas y toscas imágenes, lo es por la inscripción árabe que ciñe su cubierta, ejemplar raro de la influen- cia del pueblo enemigo, y quizá de la cooperación de sus artífices en las obras cristianas. Es verdad que aquellas portadas y esos jo- yeles, cobijan figuras ya embebidas y larguiruchas, ya aplastadas y rechonchas, en lo cual suele influir no poco la exigüidad del espa- cio que se les reservó entre intercolumnios, tímpanos, consolas, recuadros, filacterios, frisos, etc., pié forzado que no siempre, por su misma índole, consiguieron eludir las maravillas del estilo ogi- val. Generalmente, empero, son tan estudiadas como permitía la va- cilación de aquel rudo arte, sobrado en menudencias de pliegues y adornos, en afectaciones de expresión v ademanes, etc. Esta pue- rilidad alcanza señaladamente á los agrupados y escenas de c o m - posición, de los que hay algunos estimables, entre muchos dispa- ratadísimos; y con todo, la plástica del siglo xi, aun en sus más inconscientes ensayos, entraña dos grandes cualidades estéticas, segura prez de futuro lucimiento, que quizá nunca hermanaron tan felizmente algunos insignes modelos de la antigüedad, á saber: sentimiento y alma. N o otras causas dan hoy tan sujetiva i m p r e - sión á la Majestad de Caldas, á las vírgenes de Montserrat y de P u v . á Santiago de Compostela, al Crucifijo de Berito. al Cristo de Balaguer, al Santísimo Misterio de S. J u a n de las Abadesas, á los muchos Pasos y Calvarios que se guardan en nuestras catedra- les, sin otras innumerables imágenes que, afectas al culto público, h a n herido siempre con vehemencia la impresionable sentimenta- lidad popuíar. ¿Y qué decir de la pintura? Cuatro solas tablas conocemos de aquel período, curiosísimas además de su rareza, por su importan- — i ó - cia relativa, que las constituye verdaderos tipos con referencia á la primera mitad del siglo, pues en la segunda hubo ya cambio s e n - sible, según veremos : una de dichas tablas, sirve aun de frontal en el altar mayor de la donosa iglesia románica de san Esteban de Llanas, á u n kilómetro de C a m p r o d o n ; otra, hállase reservada en la casa Ayuntamiento de Vich, procedente de u n a capilla de santa Margarita, cerca de Torelló, donde la vimos y copiamos sirviendo asimismo de frontal; la tercera, traída del pueblo de Espinelvas, la posee el Círculo Literario de dicha ciudad, y otra por el estilo existe en san Lorenzo del Grau, cerca de Olot. Reproducen unas y otras, pasajes de la vida de sus titulares: la segunda en cuatro cuadros al rededor de otro ovoide, donde está la Virgen Madre con el N i ñ o , toda ella circunscrita por u n a guarnición de torzales; la primera por igual estilo, ceñida de leyendas explicativas y de una orla a m o - saicada; la tercera con la Virgen en el centro, á u n lado la a d o r a - ción de los Reyes, á otro la entrada en Jerusalen, y al pié unas figuras de profetas; la última con escenas de la vida de san Lorenzo, y Jesucristo en el centro. Por esos ejemplares se ve que el sistema de retablos era á la sazón u n o mismo y ritualmente consagrado. E n presencia de tan venerables antiguallas, la crítica enmudece, y sólo da lugar á embelesarse a d m i r a n d o aquellos productos reales de un origen tan lejano, por grande azar salvados no obstante su fragili- dad. ¿Y acaso admiten crítica las inocentísimas producciones de que hablamos, con sus figuras recortadas sobre un fondo alternada- mente claro y oscuro, dados de solos tres ó cuatro colores, azul, amarillo y cinabrio, los perfiles de negro y los claros con hachazos de albayalde ? El mismo pintor fiaba tan poco en su obra, q u e tuvo buen cuidado de señalar el n o m b r e de cada personaje: Stephanus, Margareta. Olymbrius (el tirano), Carnifices (los sayones). Cierto que esta necesidad ó costumbre, por entonces ya radicada, fué g e - neral en los siglos xi y xn, llegando apuradamente á calificar tales pinturas. No se busque pues en ellas regla ni medida, corrección ni propiedad: una intención francamente piadosa, groseramente definida: ciertas aspiraciones de efecto no ingratas, por la juxta po- sición de colores, y todas las ingenuidades de una ignorancia tan osada como vacilante, es cuanto en apariencia dan de sí. Mas d e - bajo de ese ardimiento chapucero y de esa aturdida inexperiencia, hormiguean tan lozanos gérmenes, acúsanse tales presentimientos y revelaciones, que su exterior pobreza se convierte en riquísimo venero para mil deducciones filosóficas, históricas, artísticas, s o - ciales, etc. N o ahondaremos el asunto porque sería ocioso en este lugar: bástenos haber indicado algunos de los conceptos que avaloran á esas joyas singularísimas, tan desechadas, sin embargo, por nuestra desidia; sobre que únicamente nos propusimos dejar bien sentada la índole de la nueva fase pictórica, que bastante análoga con d i - — 17 — chas tablas, se deslíe por todos sus grados y esferas de acción, desde las representaciones más calificadas, hasta las viñetas más informes y los más ruines trazos caligráficos. De unos y otras encierran bue- nas muestras en Cataluña, Ios-archivos catedralicios de Barcelona, Gerona, Vich, y el histórico de la Corona de Aragón, que ha jun- tado las mejores procedencias de antiguos monasterios; si bien en general no pasan de caprichos o r n a m é n t a n o s , obra de simples ca- lígrafos, en letras capitales y marginaduras trazadas con tinta, ber- mellón y algo de oro, llenando acaso y desigualmente los espacios con lavados de ligeros colores. Muchas habrá en el resto de España según referencias de Masdéu, Flores, Villanueva, Eguren, Ama- dor de los Rios y otros paleógrafos que se hacen lenguas de las bi- blias, breviarios y colecciones canónicas de nuestras bibliotecas, en otro tiempo famosas, como lo eran las de León, Oviedo, Sala- manca, Sevilla, Valladolid, etc., etc., hoy desgraciadamente huér- fanas, á consecuencia de sensibles guerras y excisiones. Algo ha quedado en el rico depósito Escurialense, y de lo demás que pudo recojerse se incautó principalmente la Real Academia de la H i s - toria. Los m o n u m e n t o s , su planta, estructura, miembros principales y aspecto colectivo„durante el primero y segundo tercio del siglo xn, son análogos á los del xi; la escultura y la pintura radicalmente unos mismos, y sus accesorios gráficos y plásticos en las industrias relacionadas, como bisutería, mobiliario, cerámica, etc., tampoco envuelven cambio fundamental, siguiendo el mismo principio es- tético y las formas de ornamentación ya trilladas. El rasgo que más sobresale en este lapso histórico, es un refinamiento de gusto y de procederes dentro del propio sistema, hasta que en los últimos años comienza á desplegarse el ogival, acusándose ambos donde quiera como resultado natural de la marcha del tiempo y de los esfuerzos de u n a actividad progresiva. Pasma verdaderamente la fecundidad artística de los siglos xi y XII, desplegada en toda E u r o p a por la iniciativa de altos persona- jes, y con auxilio de todas las clases. Baste considerar que apenas hay localidad notable, donde no quede memoria suya de diversas índoles, no sólo en templos famosos y grandes monasterios, sinó en iglesias sufragáneas y rurales, capillas, eremitorios, palacios, fortalezas, casas concejiles y particulares, asilos benéficos, puentes, acueductos y m u r a l l a s ; todas en general obras muy prolijas, de grandioso efecto, de calculada intención, y tan sólidas q u e las sub- sistentes admiran y las arruinadas llenan de asombro. Esta sección artística i n c l u y e , p r i m e r o , la estatuaria; segundo, la decoración ; tercero, la ornamentación. Bajo el concepto p r i - m e r o , más elevado y de consiguiente más difícil de progreso, gana poco durante el siglo x n . Rígida y afectada, románica en el estilo, hieràtica en su iconografía, no sabe aun salirse de la convenciona- 3 — i8 — lidad; sin embargo, á su modo sigue el progreso general, y en cuanto cabe dentro de teorías preconcebidas, ejerce bien, y a m e n u d o con relativa perfección. La novedad de i m p o n e r en los sepulcros figu- ras semblantes, como estudio cercano de la naturaleza, la socorre m u c h o ; pero donde granjea mayores timbres, quizá por igual r a - zón, es en los bajos relieves, sobre todo de asuntos reales y profa- nos. A u n q u e vá á tientas en desnudos, musculatura, modelado de extremos y cabezas, en la justa acción y proporción de los miem- bros del cuerpo h u m a n o , osa y acomete no poco, y esta osadía es ya un progreso. Sus Crucifijos parecen desollados; en cambio tiene buenas imágenes vestidas, Vírgenes de bella silhueta, apóstoles, santos y reyes como los de numerosas fachadas é interiores de igle- sias, y raras semblanzas de personajes sobre las tapas de sus s a r - cófagos. De la decoración hemos enunciado sus principales rasgos al r e - señar la fase arquitectónica: en cuanto á la ornamentación, u n volumen no bastaría para su análisis. E n variedad, movilidad y capricho, es inagotable: ein olvidar el simbolismo religioso, n á - cese picaresca, aun dentro del recinto sagrado. Fórmula de transi- v cion la más expresiva, á sus recursos habituales agrega otros nue- vos y singularísimos: todo sirve de medio á sus^ines, pero no con inconsciencia, ya que las más veces sobre un antojo erige un sis- tema, y acaso de elementos m u y dispares saca motivos de belleza y chispeante originalidad. Por ejemplo, toda la cenefa del arco de ingreso de la catedral de T o r o , es una serie de figurillas acurruca- das, tañendo variedad de instrumentos: en la Magdalena de Z a - mora hay una orla de cabecitas caricaturadas: las cimbras de la puerta obispal en la Seo de aquella ciudad, forman como u n encaje de modillones emparejados en degradación, á tres órdenes; la voluta de San Pablo del Campo de Barcelona, lleva u n sartal de e m b l e - mas cabalísticos, pareciendo aludir á la obra de la creación; soles, estrellas, animales, peces y rostros h u m a n o s . E n unas partes s u a - ves imágenes y seres angélicos, en otras figurones y carátulas, e n - driagos y vestiglos. Los artífices de aquella edad, más laboriosos que sabios, ayudaban á su ingenio buscando modelos fáciles en la naturaleza: de ahí tal abundancia de objetivos sacados de groseros originales, que forman la base de semejante ornamentación, unos copiados servilmente, otros mejorados y desarrollados, tomando á la vez del reino animal sus reptiles, volátiles y cuadrúpedos; del vegetal sus plantas, flores y frutas, y de cualquier parte lo más singular ó asequible, con enlaces de cintas undulosas, bandas per- ladas, cables retorcidos, sartas, cadenillas, trenzas, filacterios, meandros, lacerías y cuanto en este género quepa imaginar. Así trilló para la escuela ogival sus mejores elementos de a d o r n o , al paso que retuvo de la bizantino-románica los más característicos, si bien mejorándolos con factura exuberante, y sacando gran par- — i9 — tido d é l a s graciosas hojarascas de acanto y palma; todo lo cual no p u d o menos de dar un conjunto, inarmónico si se quiere, pero al- tamente ingenioso, muy adecuado á la índole general del arte y del gusto que d o m i n a b a n . A u n q u e rezagada, la pintura viene también distinguiéndose. Sus cultivadores se esfuerzan en sacudir la tutela bizantina, é i m - primir al arte una dirección más libre y segura. Por otro lado tomaba creces la pintura de vidrieras, no ya redu- cida á combinaciones acasetadas, radiales ó prismáticas, sino abar- cando la imaginería sacro-profana, con labor de grisalla y cenefas de gran riqueza. N o lograban menos favor el mosaico y el esmalte, géneros de pintura laboriosa, que suelen prevalecer en las crisis seniles é i n - fantiles del arte, cuando á falta de genio se valúa por mérito la prolijidad. De u n o y otro a b u n d a n modelos en todas las naciones: el frontal de bello mosaico vermiculado, gusto italiano, obra del siglo XII, procedente de la derribada iglesia de San Miguel, de Bar- celona, guárdase hoy en el museo provincial de la propia ciudad: otro célebre, servía como de alfombra á la iglesia de Ripoll; y muchas de España han tenido la fortuna de conservar piezas nota- bles del mismo artefacto y de varias épocas, sin contar las arrinco- nadas en los museos. Lujo especial dal bizantinismo, el mosaico, avínose fácilmente con el estilo románico-ogival, y sobre todo con el arábigo, que lo aplicó marcadamente en sus atauríques, almo- cárabes, alicatados y tracerías de estrías, alijares y azulejos. Mayores condiciones de universalidad y antigüedad gozó el es- malte'. Conocido desde lejanos tiempos en Asia, África y Europa, estimado de los bárbaros del Norte, y recibido con ahinco en las naciones que estos fundaron, de seguro fué una d é l a s primeras industrias lujosas de la Edad Media, aplicándose no sólo á edifi- cios, iglesias y sepulcros, sinó al mobiliario de todo linaje, en car- pintería, metalistería, bisutería, especialidades indumentarias y ornamentarias, utensilios sagrados y profanos, panoplia, cerámica, encuademación de libros, etc. Originariamente dábase por tabica- cion, constituyendo una especie de mosaico; más al perfeccionarse en los siglos xi y XII, se convirtió en translúcido, iluminado á t i n - tas simples, y luego, hacia el siglo xv, realzado con los matices y recursos naturales de la pintura. Cataluña poseyó en joyas sacras, tanto ó más que otra región, y señaladamente del siglo XII dos frontales de oro y mosaico,¡en sus iglesias de Ripoll y Gerona. El primero fué robado ya en el año 1463, durante la guerra de D. J u a n II; el de Gerona desapa- reció como muchas otras cosas en la llamada de la Independencia. Regalo este último de la condesa Guisla, mujer de D. Ramon Be- renguer el C u r v o , tenía en el centro u n medallón de bajo-relieve representando á la Virgen Madre; al pié de él otro con la efigie de — 20 — la donadora, y al rededor nichos de varios santos, enlazados con labores de filamentos y piedras. Consérvase dichosamente el reta- blo de plata y sus anejos, no sin haber corrido graves azares, junto con otras buenas alhajas reservadas en la sacristía. Llegamos por fin á la miniatura, sección siempre fructuosa para la historia íntima, en razón de la espontaneidad que la distingue, gracias á su proceder fácil y á su acomodaticia aplicación. La m i - niatura es u n complemento del libro: allí donde se refiere ó m e n - ciona algun hecho, allí acude ella dándole forma; y como los artistas de la Edad Media carecían de crítica, en el sentido racio- nal de la palabra, cualquiera que fuese la época ó la individuali- dad, pintaban la suya. En esto cabalmente estriba la impresión grá- fica y tangible, y por ende el valor histórico del dibujo iluminado ó miniado, que fielmente y siglo por siglo viene reproduciendo los tipos de ellos, al paso que en su conjunto y ornamentación se reflejan el espíritu del mismo siglo, y la perfecta idiosincracia ar- tística, moral y social de que es dócil intérprete la mano del dibu- jante. E n el dibujo de figura adquiere mayor gusto y seguridad, mejorando sus proporciones, encaje, expresión, gestionado, etc.; pero donde despliega excesiva facundia, hasta lograr colmada p e r - fección, á veces con todo el sello y toda la explendidez oriental, es en los detalles ornamentarios, rasgueos, orladuras y florecencias, que derrama por los manuscritos, al rededor de las viñetas, en sus cabeceras, finales, marginaduras, ó en la inmensa profusión de letras de capricho y grandes capitales, inclusivas á su vez de otras viñetas. Bajo semejante forma puede decirse que sutiliza y reasu- me los diversos sistemas de su teoría, la misma que inspira á la escultura y que alcanza á los demás ramos. Lozanos frutos dejó por do quiera en este centenar. Nosotros, a u n q u e tenemos m u c h o , perdimos y perdemos no p o c o , al través de lamentables disensiones, tan funestas al arte como á la arqueología; pero quedan todavía ejemplares excelentes en catedrales, academias de bellas artes y de la historia, bibliotecas del Escorial y de T o l e d o , museo nacional, archivo de la corona de Aragón, etc. Para abreviar daremos solo razón de dos códices, á nuestro propósito muy estimables, porque sintetizan la índole y el carácter de la miniatura del siglo xn, en las dos opuestas regio- nes oriental y occidental de nuestra Península. Es u n o el Líber privilegiorum, libro de testamentos ó donacio- nes de reyes á favor de la iglesia de Oviedo, resto casi único y v e - nerable de las muchas riquezas q u e atesoró su archivo. F o r m a d o por el obispo D. Pelayo, según lo abonan su efigie y una inscrip- ción final que dice: «Pelagius episcopus, hoc opus fieri jussit», i n - cluye en 13o hojas las otorgaciones de varios reyes de Asturias, tdesde Alfonso el Casto hasta Urraca, otras de prelados y magna- es, bulas pontificias, relación de sucesos, arancel de prestació- — 21 — nes, etc., consistiendo su adorno, sin enumerar las viñetas acceso- rias, en siete grandes cuadros, que no serían los únicos, pues hay señales de haberse cortado algunos, ofreciendo cada cual escenas dobles, una mayor y otra menor, dentro de sus marcos, regular- mente de forma arquitectónica. E l otro códice, q u e pertenece al archivo de la corona de Ara- gón, llámase Líber feudorum, y encierra una porción de concesio- nes feudales, que recopiló y dedicó al rey D. Alfonso el Casto de Aragón, Raimundo de Caldes ó Calidis, deán de la iglesia de Bar- celona, y deja traslucir su fecha el último documento, que es del año 1176. E n ochenta y ocho hojas de gran folio y buena letra, contiene sobre cuarenta miniaturas, además de la portada, donde bajo el habitual ornamento de arquerías, se representa al dedica- dor y al rey, ambos sentados en el mismo banco, con un escri- biente al lado del primero y mucho pueblo detrás del segundo. U n o de los cuadros mejores es el que encabeza la dotalia del conde de Beziers, Bernardo Atto, á favor de su yerno Guifré ó Vifredo dé Rosellon: el padre y la madre, el yerno y la hija cele- bran su contrato, asiéndose los fiadores del manto en señal de r o - boración ó seguridad. Algunas miniaturas quedaron sin concluir, dejando observar el orden que seguía el dibujante en su ejecución; primero, tanteo con grafio ó lápiz, luego aplicación de oro y plata en los campos, coronas, franjas y orladuras; después el baño de colores, en cuya combinación no entran carmín ni ultramar, y la delineacion final con negro de marfil, que recorre todos los contor- nos, marcándose á hachazos los pliegues oscuros, y con albayalde los claros, además de otras líneas cruzadas para figurar muestras de ropas. Hay también unas viñetas xilográficas de índole muy ruda, de mero símbolo (el acto de la investidura entre el rey y su feudatario!, semejantes á reyes de naipes, trazadas con tinta y re- paso de bermellón y oro, tal vez diseñadas ya en época anterior para cabeza de varios diplomas de la colección. T a l es en globo el cuadro artístico de esa férvida y laboriosa época, que comienza en la barbarie, y acaba al destellar los b r i - llantes resplandores de una nueva y aventajada civilización. DETALL DE L05 D I B U J O S D E ESTA SECCIÓN. N cuanto permitía la brevedad del tiempo y la complejidad del trabajo, n o s h e m o s ceñido á presentar algunos tipos orna- m é n t a n o s en pintura, escultura y artes decorativas ó aplicadas. PINTURA. A ella atañen los siguientes dibujos: N.° i. Orlas de tres tablas de diferentes siglos: la superior es del frontal que todavía permanece en la feligresía de Llanas, cerca de Camprodon,, obra del siglo x; la segunda á la tabla de Santa M a r - garita del A y u n t a m i e n t o de Vich, que es del siglo xi, y la tercera á otra tabla del x n procedente de Espinelvas y poseída hoy por algu- nos socios del Círculo Literario de Vich. Las tres acusan un mismo sistema de enlaces y entrelazos policrómicos, y dan justa idea de este género o r n a m e n t a r i o . N . ° 2 . Imagen de Santa Margarita, calcada de la tabla susodi- cha. C o m o las demás figuras y fondos de toda ella, está pintada al incausto con solos cuatro colores toscos y primitivos, minio, alma- gre, ocre y añil, además del blanco y negro que acentúan c r u d a - mente los perfiles, en ausencia de medias tintas. La grosería de forma y de procedimiento, evidencia cuan atrasado se hallaba t o - davía el arte pictórico, y los lentos avances con que siguió en su laborioso renacimiento. — 23 - N.° 3 . Tabla de la escuela hierático-bizantina, oriunda de una población de nuestra alta montaña, hoy propiedad particular. T i e n e la circunstancia de hallarse pintada en pergamino fijado so- bre la tabla. Da cabal idea del sistema gráfico y convencional se- guido por dicha escuela, si bien ciertos accesorios de o r n a m e n t a - ción v algunas partes de dibujo y colorido, difieren del proceder de aquella, revelando el influjo de otro, qne podría ser indígena, y en tal caso daría la medida de cómo la anterior fué recibida y tras- formada en nuestro suelo hacia la segunda época del bizantino-ro- mánico. MINIATURA Y ORNAMENTACIÓN DE MANUSCRITOS. E n este ramo del arte subsisten buenos y numerosos ejemplares. El cabildo de Vich posee una colección de códices iluminados, tan rica como variada, de los cuales hemos sacado muchos de nuestras reproducciones. El Calvario n.° i se eleva á los primeros tiemposdel romanismo, y a u n ofrece ciertos resabios del arte clásico decadente. Todavía el sol y la luna vienen representados en la forma pagana de Apolo y Diana, y el estilo dista mucho de ser tan seco como el de la citada Santa Margarita, por ejemplo. Otros códices de Vich nos h a n dado materia para el dibujo n.° 4. Las viñetas más interesantes á nues- tro objeto, son las cuatro simbólicas tomadas de u n Evangeliario del siglo x, que recuerdan perfectamente los esmaltes de aquel tiempo, y a u n q u e infantiles, rebosan novedad y donosura. La gran capital trasladada al pié del dibujo, atañe á otro manuscrito del siglo s i - guiente. El dibujo n.° 5 comprende varios asuntos. Sus lindas capitales figuradas y floreadas, adornan en el citado archivo de Vich, otro Salterio del siglo xn, y rebosan ya toda la elegancia del estilo r o - mánico en su tercera fase. Una peregrinación á los S. S. Lugares por el obispo Hayton, en el siglo v n , de que hay copia del xi en el archivo de la Corona, recogida de Ripoll, contiene una fantástica imagen de Nuestra Señora, y las pequeñas capitales continuadas en el mismo dibujo: y en San Ginés de Agudells copiamos la otra Virgen de talla de madera, pintada y dorada, hecha con notable soltura y tendencia á un nuevo estilo. Separadamente representa- mos en lo alto, una portadita del viaje de Hayton, y luego varias capitales de códices procedentes de Ripoll y San Cucufate, hov en el archivo de la Corona. Gerona, posee un peregrino códice de fines del siglo x, Comen- tario al Apocalipsis por San Beato de Galicia, traslado al parecer, del original q u e allí se conserva, a u n q u e superior á él en sus i l u s - traciones, las cuales ofrecen relativamente soltura y grandiosidad. — n — Nótase en ellos la influencia del elemento árabe, que ya á la sazón se dejaba sentir en beneficio de las artes españolas (Véase el d i - bujo n.° 2.). A la misma Catedral pertenece otro códice, con su original e n - c u a d e m a c i ó n de tablas esculpidas (siglo xi,) de cuyo libro son los motivos o r n a m é n t a n o s n.° 3, muy característicos así en la varie- dad de sus formas, como en la juxta posición de colores, que t i e - nen analogía con la decoración mobiliària del propio tiempo. De números 6 y 7, reproducimos la primera gran página y otra intermedia del Liber Feudorum, rico códice del siglo xn conser- vado en el Real archivo de la Corona de Aragón. Original y no sin visualidad es el motivo o r n a m e n t a r i o puesto como cimbrera del cuadro, formado de un grupo de castillos, materia de las o t o r - gaciones del libro. Una y otra viñeta allegan además crecido inte- rés i n d u m e n t a r i o (Véanse nuestras observaciones en el texto). El manuscrito de que tomamos el dibujo 8.°, era u n libro de co- ro del gabinete de D. J u a n Carreras, adornado con caprichosas iniciales, las cuales van separándose de las formas del romanismo. Márcase en ellas el esfuerzo de los pendolistas y miniaturistas para sacar motivos originales, no destituidos de gracia, y por cierto de gran colorido local. Desde entonces la miniatura tomó nuevos r u m b o s , y ya en el siglo xin u n vuelo superior, iniciando las m a - ravillas que hoy forman el encanto de nuestros museos y biblio- tecas. ESCULTURA. La representación de imágenes religiosas, dio pronta vida á este ramo del arte, que además formaba accesorio indispensable de la arquitectura. E n el dibujo primero de esta sección, reunimos c o - pia de u n bulto m u y conocido y popular en Cataluña, la Santa Majestad de Caldas; otro de u n a Virgen Madre, que hallamos años atrás en San Miguel Desfay, y unos bajo relieves del antiguo fron- tal de altar que permanece en San Cucufate del Vallés. De la M a - jestad (crucifijo), á pesar de cuanto se ha dicho y fingido, se vé ser una efigie puramente bizantina, en traje imperial, como vistió la tradición á las de su clase, particularmente en aquella Iglesia. P i n - tada de color de púrpura con estofados de grifos y recamaduras, su ropaje es un ejemplar donoso de los paños orientales que cor- rían desde la época de Carlo-Magno. E n el original la cruz lleva al dorso pinturas de oro y colores (medallón con el ángel de la r e - surrección). La Virgen de San Miguel Desfay, de talla m u y infe- rior, tosca y llana, es un tipo de imagen común y sin pretensiones, cual otras muchas venerados aun en nuestros santuarios. Mejores y más francos de estilo hallamos los pasos de la infancia de Jesús, — 25 — q u e repartidos en sendos cuadros con leyendas, según usanza de aquel tiempo, decoran el viejo frontal de San Cucufate ¡talla de madera sobre dorada). Otra imagen muy popular es la Virgen del Claustro de Solsona, objeto del dibujo n.° 2. De mármol y esculpida con notable finura, la graduamos de joya exquisita con relación al arte del siglo xn. A u n q u e de proporciones desiguales y pesadas, el garbo y la digni- dad de postura, la dulce expresión del rostro, el fino partido de paños y la prolija delicadeza de sus accesorios o r n a m é n t a n o s , le dan á la vez un valor tan importante en arte, como crecido en a r - queología. Observación especial merecen la franja de su túnica y las orlas de la clámide, prendida al hombro derecho en lugar de m a n t o . T a m b i é n es originalísima la forma de su cetro, á manera de pilarcillo surmontado por dos palomas adosadas, que picotean una azucena ó pina. El bulto n.° 3, es venerado en la iglesia mayor de Cervera bajo el título de Nuestra Señora del coll de las sabinas, recogido de al- g u n antiguo santuario. También, al siglo xn debe su origen, pero dista m u c h o de la perfección de la solsonense. Pintada y dorada, ofrece á su vez alguna curiosidad i n d u m e n t a r i a , ya en el rico c o - llar engastado de pedrería, común á la Madre y al N i ñ o , ya en el cordón que sostiene el m a n t o , característica moda de aquel siglo, ya finalmente en la muestrilla con que su ropa viene realzada. Con los dedos, en vez de cetro, sostiene una bolita dorada, que podría simbolizar la esfera del m u n d o , cosa no acostumbrada, pues suele ser atributo del divino Infante. Los bajos relieves del dibujo 4. 0 adornan la caja funeraria de D. R a m o n Berenguer I I I . el G r a n d e , existente y bien conservada hoy en el ex-monasterio de Ripoll. Su delantera lleva cinco ó seis comparticiones recuadradas, con leyendas al lado, explicando lases- cenas q u e se representan, y son las de su fallecimiento y entierro. Una de las dos que reproducimos, la absolución del cadáver por prelados acompañados de un acólito con la cruz sin astil, como se llevaba entonces, en el féretro y amortajadura del ilustre finado, ofrece curiosas particularidades. El otro cuadro representa el llanto de los barceloneses por la pérdida de su excelente señor. Esta copia nos costó m u c h o en razón al gran deterioro de la p i e - dra, con ser una escena de sumo interés representativo, y q u e difi- cílmente podrá ya reproducir nadie más. El florón de encima, esculpido en ambas testeras del sepulcro, es un dechado, tanto por la elegancia del motivo, como por la finura de ejecución. A los mejores m o n u m e n t o s y claustros de los siglos ix, x. xi v x n . hemcs recorrido para exponer en detall y en todo su desa- rrollo, la ornamentación que caracteriza el arte escultórico de los tres períodos del románico-bizantino, y á ese estudio corresponde el g r u p o de dibujos n ú m s . 5 al i 3 . 4 — 26 — Los n ú m s . 3 y 6 trasladan de la catedral de Tarragona y de la antigua portada d e M o n s e r r a t , varios motivos de intradós, frisos, impostas, etc., en que campea toda la facundia de aquellos b u e - nos artífices, que á razón de pocos dineros de jornal, improvisa- ban sus maravillas, reuniendo espontaneidad á gran soltura de mano de obra. Del n.° 6, su primer capitel es de la iglesia de Porqueras, sobre el estanque de Bañólas, y el segundo de la portada de San Pablo del C a m p o , de Barcelona, ambas anteriores al siglo x, deter- m i n a n d o la primera época de u n arte novel que, precisamente por l o q u e tomaba ó copiaba del antiguo, se d e n o m i n ó románico. Los otros dos capiteles, y los de los dibujos 7 y 8, existen en San Benito de Baiges, construcción del a ñ o 970, galanos ya y o r i - ginales, pero con cierta indecisión y pobreza, fundados p r i n c i p a l - mente en la combinación de palmetas y lacerias. Los n ú m s . 14 y i5 son otros capiteles de los claustros de San Pedro de las Puellas, de Barcelona, de la capilla de N t r a . Sra. del Camí (casa T a r r é s en la Garriga); u n o grande toral de dicha iglesia de Porqueras (época secundaria), y otro rico de Ripoll '(época terciaria). De los soberbios y malogrados claustros de San Cucufate del Vallés, dan excelente muestra los dibujos 9 y 10, donde campea toda la ingeniosa laboriosidad del siglo xi, que tanto hizo en pro del arte, dándole verdadera resurrección. Sus motivos llevan m a r - cada superioridad al período anterior. Para el florido siguiente, n i n g ú n modelo ocurría mejor que el de los claustros de la Seo T a r r a c o n e n s e . Véase si caben primor, variedad y capricho superiores á los motivos apuntados en n u e s - tros dibujos 11, 12 y i 3 . A m e n de la forma esbelta y bien proporcionada del capitel, sus adornos son tan prolijos, originales y sentidos, q u e entrañan un arte en toda su sazón, una lozanía de imaginación que embelesa, u n despacho de ejecución que sorprende. Y sin embargo, á este arte se le apellidó bárbaro, y a u n los sabios de principios de este siglo lo condenaban como producto informe de la inconsciencia. Necesitábase, necesítase a u n u n estudio detenido y concienzudo de esos peregrinos ejemplares del arte de la Edad Media, para comprender la filosofía de sus secretos y la magia de sus encantos, y para admirar todo lo que hay de trascendental en su ritmo y eu- ritmia, todavía susceptible de desarrollos y aplicaciones descono- cidas. Ahí se vé cuan necesario es el profundo análisis de esas venerandas antiguallas, si se quiere otra vez encarrilar el arte con r u m b o fijo, y evitar al eclecticismo preséntelas aberraciones que suele padecer en toda la escala de su actividad, desde el m o n u - mento público inclusive, y que solo sirven para atestiguar nuestra superficialidad novelera, por no decir fatuidad ignorante. — 27 — En los dibujos 12 y i3 damos alguna muestra de los capiteles de imaginería de los citados claustros de S. Cucufate y Tarragona, y unas singulares pilas para agua bendita, del siglo x. que sirven en la iglesia de los Santos Justo y P a s t o r . d e Barcelona, recogidas probablemente de su prístina fábrica. ARTES APLICADAS. — ESMALTES. El n ú m e r o 1 constituye otra procedencia del cabildo Vicense. donde según costumbre añeja, sirve este Crucifijo para tomar j u - ramento á los nuevos canónigos. Debió anejarse á alguna cruz procesional, pues la plancha esmaltada figurando cielo y estrellas que sostiene la imagen, no pasa de un accesorio decorativo, y ade- más lleva varios agujeritos al rededor que servirían para clavarlo. Nuestra copia es facsímil, tamaño del original. N ú m e r o 2. Arquilla de los S. S. Reyes, propiedad del señor Vidal. E n traza y ejecución semeja á otras conocidas de la escuela de Limojes, famosa desde el siglo xi por sus artefactos en este g é - n e r o . La circunstancia de hallarse entre nosotros, arguye que pudo fabricarse en el país, toda vez que su esmalte no aventaja en mérito á la muestra de Vich. Ambos atañen al esmalte de tabica- cion que fué el primer procedimiento, con anterioridad al t r a n s - lúcido. N ú m e r o 3. Copón, propiedad del citado señor Vidal, que figuró en una exposición celebrada por la sociedad A rtistico-arqueoló- gica. H é aquí una joya litúrgica q u e , sin hartas pretensiones, p o - dría ser modelo de elegante sencillez por sus proporciones tan jus- tas, como esbelta es su forma. Los colores que lo esmaltan acaban de darle un atractivo peculiar, muy bien avenido con el metal. INDUMENTARIA. Rarísimos ejemplares quedan de aquellos brocados y ricomases. de aquellos sirgos, glifos, Oftofis v otras ropas que tan soberbia- mente vestían á los barones feudales, y á los dignatarios áulicos ó eclesiásticos de la temporada que reseñamos. Y con todo, ese ramo industrial merecería un estudio especialísimo, ya que insiguiendo las descripciones de muchos cronistas, desplegó excesiva o p u l e n - cia, así en variedad de géneros como en caprichosidad de labores, g u a r d a n d o largo tiempo el sello de su origen-transmarino. A falta de mejor investigación, contentémonos con dar de n.° 1 el croquis de una capa que se conserva en San Cucufate del Vallés, como re- liquia del abad Viure, tejida de seda de colores diversos, y n o t o - riamente de los susodichos orientales, en que era frecuente la r e - presentación de alimañas emparejadas ó confrontadas dentro de — 28 — cuadros, óvalos, etc. Recordaremos como otro ejemplo, la túnica de la Majestad de Caldas, y a u n podríamos citar el singularísimo frontal de San J u a n de las Abadesas, q u e el pueblo llama de las bru- jas, por sus caprichos de monstruos fantásticos y pavones entremez- clados de floreos ó ramajes en seda verde, encarnada y oro, de no- toria fábrica pérsica ó indostánica. Acompaña á nuestro dibujo el de la fimbria ó paramento arabesco q u e va bordada y sobrepuesta de oro y seda carmesí, al extremo delantero del alba de dicho p r e - lado, según fué uso hasta el siglo xvi. Los bordados del dibujo segundo, a u n q u e posteriores á la época románica, sirven para evidenciar el progreso que las artes textiles alcanzaban durante el siglo xiv. T a m b i é n en la abadía de San J u a n , subsisten inapreciables frontales del i3oo y 1400, en cuyo elogio sería corta toda ponderación. Con ellos hacen juego, u n terno no menos valioso, y el collar que nos ha suministrado las dos medias figuras de este dibujo. Otras de la sección inferior hállanse tejidas y bordadas en un frontal de la propia fecha, si bien de distinto género, obra del florentino Geri Lopi conforme él reza, constituyendo á su vez una peregrina alhaja de la Seo de Manresa. Baste decir que en muchos compartimientos á zonas sucesivas, representa todos los misterios de la infancia y pasión del Salvador, con tanta profusión de tipos y detalles, que asombra por la paciencia y admira por la perfección. MOBILIARIO. Esta sección no interesaría menos que la anterior, para el desa- rrollo de la moderna industria y enseñanza de los industriales, si fuese dable tener á mano copiosos ejemplares en que a p u r a r o n su ingeniosidad los artífices de la Edad Media. Nuestro dibujo i." ofrece en su mitad superior, un fragmento de marfil que sirvió sin duda de arzón zaguero á una silla de montar, y representa u n juego ecuestre de amazonas, algunas tocadas á lo morisco, r e - cuerdo de aquellas zambras caballerescas entre cristianos y moros que entraban más de lo que parece en las viejas costumbres caste- llanas. La silla plegadiza de la sección inferior, prolijamente l a - brada con marquetería de gran sabor arabesco, hace hoy parte de los objetos reunidos en el Museo Arqueológico de Santa Águeda. El dibujo 2. 0 figura otros objetos que á su tiempo copiamos en la casa y capilla de San Miguel Desfay: u n arcon trabado de e l e - gantes abrazaderas de hierro; u n a especie de candelabro tosco de hoja de lata, y dos grandes candeleras que cual la mayoría de pro- ducciones de aquella época, tan mal juzgada y apreciada, se r e c o - miendan por su garbo, buen gusto y airosidad, á vueltas de una ejecución despachada que prueba suma familiaridad técnica entre — 29 — el artífice y su obra. Así es como se trabaja con verdadera con- ciencia, y se consigue el maridaje de belleza y utilidad que ha de ser la base de todo artefacto ó manufactura. El n ú m e r o 3.° ofrece tres puertas que determinan iguales é p o - cas en su ornamentación, u n a copiada de un capitel de los claus- tros de la Seo de Gerona; otra postigo de la sala Capitular de la Catedral Tarraconense, bella tracería con inclinación al gusto ara- besco, y la tercera existe a u n en la pequeña iglesia ó capilla q u e corona el cerro de T a g a m a n e n t (Algunos dibujos aquí reseñados no se han reproducido en este Álbum). A¿* ESTUDIOS DE CERRAJERÍA CATALANA. ODOS los dibujos comprendidos en esta sección, son copia exacta del natural de diferentes localidades y procedencias, reuniendo para su aplicación la doble ventaja de poderse estudiar teórica y prácticamente. La industria de labores de hierro en la Edad Media, de que los más célebres arquitectos se servían para adorno y riqueza de sus construcciones, aventajaba indudablemente á todas sus anejas, pues mientras los gremios de carpinteros y albañiles casi nada no- table conservan de sus pasantías, es sabido que el de cerrajeros ha dejado notables trabajos, siempre admirados y estudiados con fruto. Por desgracia ese arte decayó mucho: hoy procede más de r u - tina que por estudio. En cambio los albañiles han progresado no- tablemente, y construyen suntuosos edificios en que la ligereza de obra no embarga á su solidez y elegancia. Por otro lado los car- pinteros, emancipándose gracias á adelantos sucesivos del influjo de la cerrajería más perfecta, ya no construyen aquellas puertas materialmente lisas para fachadas, que de necesidad debían deco- rar los cerrajeros con bellas visagras, ricos clavos y salientes tara- ceas (de todo lo cual damos muestra en nuestros dibujos), sinó que las llenan de plafones y contraplafones, moldurajes y embu- tidos de maderas ricas, uniendo á la belleza del dibujo y al pri- mor del trabajo, buena impresión óptica, hija del colorido y del buen juego de conjunto. Hé aquí porqué la ferretería ya no es lo que era antes, ó sea en la Edad Media; ya no se viene de otras partes á buscar catalanes como Blay y Sunyol. para trabajar çn las verjas de Notre Dame, — 31 — ni u n gremio establece las condiciones que Con verdadera a u t o r i - dad prescribía, según puede verse en las ordenanzas de muchos, ni la pasantía de un maestro se celebra, caso de celebrarse, con la solemnidad de aquel tiempo en que, «-per portar ventatge als de- més arts é oficis, després de l' examinado, anabá lo nou mestre acompanyat dels demés, ab músichs detrás.» Una decadencia artística general es la calidad más saliente de los siglos XVII y XVIII, efecto de la corrupción del gusto y del olvido de las buenas tradiciones. Aquellos hombres que repudiando el color natural de sus cabellos preferían el blanco, muestra de vejez ó decrepitud, y que desfiguraban su cabeza bajo colosales pelucas, daban clara muestra del maleante gusto de una sociedad caduca, y conforme las Enciclopedias de su época revelan un trastorno m o - ral, en la arquitectura que crearon, verdadero termómetro artís- tico de cada época, resalta la decadencia d e s ú s concepciones, bas- tardeadas por el remate aparatoso, la columna salomónica, los rechonchos apeos, el dintel y el arco truncados, y la ociosa hoja- rasca, bajo cuya balumba desaparecían las líneas y aun la forma entera del objeto adornado; en suma, el Barroquismo. Estos desvarios, que según expresión de Donoso Cortés, p e r t u r - baron el dulce sosiego de la clase artesana, fueron causa de que los industriales, sujetos á planos y detalles en escala natural, obra del arquitecto, debieran ceñirse al patrón, ahogando en sí los i m - pulsos del genio, que de hecho, en el terreno práctico, tantas m a - ravillas había producido. Por eso los gremios que antes en sus pasantías exigían no solo el artefacto, sinó la invención ó idea, ya en dichos siglos reducíanse al trabajo material ó mano de obra. De seguro los forjadores de hierro hubieron de hacer cual los d e m á s , y como en el gusto barroco y en el que le sucedió llamado por el señor Manjarrés, en su notable obra sobre las Bellas Artes, «restauración de primera y segunda época», el hierro mereció desde entonces escasa importancia, simplificáronse en extremo los trabajos de ferretería, limitados á su efecto mecánico, sin p r e t e n - sión alguna. Sus hermanas la albañilería y la carpintería, en razón inversa, mejoraron práctica y especulativamente: el albañil estudió los ma- teriales de su uso, procuró adelgazar los gruesos, asegurar las bóvedas y ajustar las líneas: el carpintero ensayó maderas de toda procedencia, las dio oportuna aplicación, saliéndose de la rutina, y siguió las buenas reglas del arte y de la ciencia. Por este medio á una vez, libres de la acción que sobre él ejercían los cerrajeros al principio, ylos escultores más tarde, solo e l l o s d a b a n l a ú l t i m a m a n o — 3* — á sus obras de alguna importancia, postergada de consiguiente la ferretería en razón á lo limitado de su esfera. Así, en el balance de las artes industriales, ella es desgraciada- mente la que presenta mayor déficit; hueco q u e importa llenar con actos y exposiciones como la celebrada por el Instituto del F o m e n t o , para recordarles su importancia antigua, y trillarles el camino por donde recobrar su perdido prestigio. H é aquí una de las razones p o r q u é nos hemos ocupado de esta especialidad. Insiguiendo los nobles propósitos del referido I n s t i - tuto, consideramos urgente é imperiosa la necesidad de enderezar la instrucción de nuestros menestrales, de esos honrados obreros q u e ganan el sustento con el trabajo incesante de sus manos; comprendemos, según expresaron M o r e n o Nieto en sus conferen- cias del F o m e n t o de las Artes en Madrid, y Sampere y Miquel en ese mismo Instituto, que la esencia de dicha enseñanza estriba en que cuantas manufacturas salgan de los talleres nacionales, encie- rren sabor artístico, entrañen aquella belleza que hace agradable una cosa útil, puesta al nivel de la alta comprensión del h o m b r e , á cuyo servicio viene destinada. Esto que siempre es digno, y las ventajas económicas inherentes al progreso industrial, pues cuanto mejores sus productos, más ventajoso lugar ocupan en los mercados europeos; hace r e c o m e n - dable cualquier esfuerzo dirigido á su progreso: así, a u n q u e nuestra colección no produzca más resultado q u e demostrar lo bueno ya hecho en otros tiempos, para que se arguya lo mucho q u e a u n puede hacerse en lo sucesivo, nos daremos por contentos y pagados. El a ñ o 1877 publicaba la J u n t a Sindical del Gremio de m a e s - tros carpinteros de Barcelona, una revista con el título de Fo- mento de la construcción, en u n o de cuyos artículos doctrinales se dice, «que en las artes liberales, son raras excepciones los artistas improvisados,» añadiendo que «sólo el estudio, el tiempo y la ex- periencia pueden formarlos debidamente». Esto, q u e es exactí- simo, no deben olvidarlo los ferreteros á quienes especialmente nos dirigimos. Un hábil profesor, Mr. Viollet-le-Duc, en su d i c - cionario 'idu Movilier français». traslada una interesante confe- rencia del maestro cerrajero H u g u e s , quien lamentándose de lo poco que se pagaban las obras artísticas, venía á justificar la es'ca- sez de ellas. Muchos de nuestros industriales, ni siquiera esta excusa podríao alegar, porque la falta de organismo en sus oficios ha originadn tal desbarajuste, q u e los más llegan á oficiales y no pocos á p a t r o - nos, sin tener aquella aptitud que antes exigían los gremios, n o solo para garantía del público, sinó para más seguridad de los mismos adeptos, así sobre su aptitud técnica, como sobre su efica- cia personal en la impulsión de los esfuerzos gremiales colectivos. — 33 — Hoy puede hacerse más que en el siglo xn, en que el hierro se trabajaba en barra y en plancha, porque existen poderosos medios para reducirle hasta á hilo sutilísimo, y aun elaborándose á m a n o , dispónese de piezas de mayores dimensiones, acomodado ya aquel útil metal á todas las necesidades de la vida práctica, desde los palacios de hierro y cristal, hasta los objetos más pequeños ó los utensilios más vulgares. El empleo de grandes masas, exige suma precisión geométrica, y sobre todo mucha corrección de forma. Los pequeños modelos antiguos que en breve espacio reúnen á veces todo el mecanismo de un edificio ó de otros tipos, son a b u n d a n t e fuente de inspira- ción para numerosísimas aplicaciones, en todas las escalas de su factura. Bastará citar el ejemplo de nuestro malogrado amigo don Jaime Serra y Gibert, que poseyendo á fondo los más recónditos secretos del arte decorativo, inventaba y caracterizaba con tan a d - mirable ingenio, en pleno siglo x i x , muebles y artefactos de purí- simo gusto en sus variadas fases históricas. No es verdad, dice Schiller, como frecuentemente suele afir- marse, que el gusto público influya en la decadencia del arte: al revés, los artistas son los que decayendo, hacen descender hasta ellos al público, y en todas las épocas de postración artística, la culpa ha sido de los profesores. P r o c u r e n pues nuestros cerrajeros desmentir el dicho de S c h i - ller, haciendo como u n o de ellos, que en el concurso artístico i n - dustrial abierto por el Centro de Maestros de obras de Cataluña, en el año 1877, demostró que querer-, es poder, y que a u n es d a - ble despertar con brío del adormecimiento de tantos años. Esmérense en recoger abundantes ejemplares y muestras de los buenos tiempos del arte, y hagan por tenerlos siempre á la vista, aun para trabajos del todo diversos; pues nada como los buenos ejemplos eleva tanto la inteligencia y dispone á grandes cosas. 5 DESCRIPCIÓN DE LOS DIBUJOS. PUERTAS. BARCELONA.—Santa María del Mar (núms. i y 2). F u é consa- grada la actual iglesia en el siglo xiv, y á esta época atañen las puertas cuyas placas de ferretería reproducimos. TARRAGONA.—Puerta de la catedral (núms. 3, 4 y 5). R e i n a n d o D. Alfonso I I I , año i 3 3 o , fué consagrada la parte de la catedral de T a r r a g o n a que mira á oriente, cuya fachada honra á los artífices que la levantaron, constituyendo u n a bellísima p á - gina del arte en Cataluña. En la puerta principal que la da i n - greso, á par de la arquitectura y escultura, la ferretería obró maravillas: doblegándose el hierro sobre el y u n q u e como blanda cera, salió de las negras y callosas manos de los cerrajeros del siglo xiv, una verdadera joya q u e es y será, mientras q u e - den clavadas en dicha puerta sus placas y chatones, manantial inagotable de estudio y comparación para la cerrajería m o d e r n a . Las placas son rectangulares, fijadas en la madera con lindísimos clavos y dobles charnelas de exquisito dibujo, formando un c o n - junto a l a vez que grandioso, riquísimo y exuberante de detalles. E n cada portillo hay sendos llamadores, de lo mejor de su clase que conserva Cataluña, al igual que toda la puerta de la suntuosa catedral T a r r a c o n e n s e . Como detalles, van de n ú m e r o 3 , el dibujo de u n o de l o s c h a t o - tones. de n ú m e r o 4 una de las charnelas, y de n ú m e r o 5 u n l l a - mador. — 35 — BARCELONA.—Catedral Basílica (uúmero 6!. Puerta de la escale- rilla del pulpito.—Este peregrino accesorio fué construido por los alemanes Miguel Loquer y J u a n Frederich, maestro y discípulo, labrándolo ambos en el año 1443.—La puerta verja se armoniza perfectamente con el resto de la construcción. CHATONES. {Números 3, y de 7 al t5.¡ Estos clavos ó chatones, puramente o r n a m é n t a n o s , servían para formar lindas v artísticas combinacio- nes en puertas, ventanas, cajas, armarios y otros muebles. Los números 7, 8, 9, 10 y i 3 son de la catedral de Barcelona, el 3 de la de T a r r a g o n a , el i5 de la de Gerona, el 11 de la iglesia de San Cucufate del Valles, el 12 de una casa particular de Lérida, y el 14 de la antigua fachada de las Casas Consistoriales de Barcelona. Picaportes ó llamadores ¡números 5, ió y 17 al 19.). E n t r e los objetos que dieron pié á la cerrajería de la Edad Me- dia para transformarse á hierro candente en preciosidades mo- n u m e n t a l e s , fueron los llamadores, de que han llegado hasta nos- otros lindos ejemplares, para evidenciar el grado de perfección del arte del hierro entre los siglos xu y xvi. El n ú m e r o 16 pertenece á la antigua casa del Arcediano, hoy de D. José Altimira (Barce- lona!. Corresponde al siglo xv; es de gusto raro y carácter muy ori- ginal. N ú m e r o i 3 , de la colección de D. Manuel Blanch iBarcelona). Se parece mucho á otro del a r r u i n a d o palacio de Mossèn Sorrell en Valencia, ambos de ornamentación bien combinada, s o b r e - safiendo en el reproducido, el carácter típico de la cabeza q u e sirve de aldaba. N ú m e r o 18. del Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona). En la doble puerta de dicho archivo, existen dos picaportes e n t e - ramente iguales, de los que copiamos u n o , destacándose en ellos cuatro cruces de San J o r g e , entre las bellas combinaciones del cír- culo que sostiene su aldabón. N ú m e r o 19, de una casa particular de Vich. Es también obra del siglo xv; representa una tosca figura de Jesús, que hiere sobre el chatón , enclavado en un reptil á manera de dragoncillo, imagen del dragón infernal. La idea es originalísima y piadosa en el fondo, pero incongruamente exhibida, pudiendo haber sido feliz con un poco más de simbolismo. Rejas de ventanas inúms. 20 v 2 1. . Como tipos de su ornamentación v aplicación en el género oji- val, presentamos dos ejemplares, u n o de la catedral de Barcelona, n ú m . 20, y otro del palacio episcopal de Gerona, n ú m . 2 1 . Grifos de hierro (núms. 20 y 22 al 29). Engendros de la fantasía de aquella edad, los grifos ó pa- lomillas y animales fantásticos, constituían u n pintoresco elemen- to de la decoración masónica, como todavía se observa en n u m e r o - sos accesorios de las fábricas de aquel t i e m p o , balcones, sale- dizos, galerías, grúas, canales, veletas, muestras, fogones de iluminación, etc. Su caprichosa silueta, en medio de tan som- bríos editícios, recuerda algo del contraste moral y social de aquella época de caballería y c r á p u l a , de a m o r y venganzas, de fé y superstición, que entre mil peripecias se desplegó en todos sentidos con la más exhuberante lozanía. De esta variedad de ca- prichos, damosalgunos ejemplares que todavía se ven en Barcelona, consagrados á diversos usos, y si bien haylos que podrán corres- ponder á época más adelantada, llevan bien el sello de su t r a d i - ción, y confirman la factura de procederes anteriores, con estilo ya radicado. Charnelas y visagras (núms. 4 , 3 1 y 32). La n ú m e r o 4 es de T a r r a g o n a , la 32 del Museo provincial de Gerona, la 3i del Museo del Centro Literario de Vich. Goznes, Barcelona. T r e s , tamaño n a t u r a l , minuciosamente l a - brados, pertenecientes á la colección de D. Alejandro Planella. Cerrojos (núms. 35, 36) de los claustros de la catedral de Barcelona. Los dos copiados son típicos, y del gusto gótico más puro que conocemos en su clase. Referente á estos productos y á su elabora- ción, Viollet le Duc en su curioso Diccionario, pone la siguien- te relación en boca de u n constructor de la Edad Media: « Se «necesita hierro muy bueno para trabajos tan delicados, pues u n «momento más de fuego los quemaría sin remisión. E n los clavos «antiguos de puertas, y en herraduras gastadas, es donde encuentro «material más á propósito: hoy dia se venden hierros tan malos y «quebradizos que no sirven para el caso. El a r m e r o con q u i e n «hablaba, le dijo: ¿por qué no fabricáis hoy piezas como esas, «tan finas y d e l i c a d a s ? — P o r q u e no las pagáis bastante: hé «aquí un cerrojo labrado por encargo de un mercader r i - sco, pero es persona de gusto. La mayoría de señores que — 37 — »me piden estuches, sólo estiman lo que brilla; por esto la cerra- j e r í a va decayendo diariamente.» Llaves (núms.37 á 43). Barcelona. La colección que presentamos, tan exquisita en factura como en carácter, está tomada de la notable del señor Pons. Candelabros de hierro (núms. 44, 43), el primero, de San Cucu- fate del Valles, y el segundo, de San Ginés de Vilasar. Servían en las iglesias para sostener grandes ciriales, y formaban parte de la ornamentación litúrgica en fiestasy solemnidades. Pocas iglesias antiguas de Cataluña dejan de conservar algunos de esos candelabros, generalmente de forma análoga, si bien más a d o r n a - dos unos q u e otros, como sucede con los de San Pedro de Tarrasa que no reproducimos, por haberlos dado ya el hábil lápiz del ma- logrado Serra. Cru\ de hierro (núm. 46), de la Garriga. E n la capilla de San Macario, propiedad del M. 1. Sr. Roselló, guárdase forjada en hierro la cruz de este n ú m e r o . Parece corres- ponder al siglo x i n , insiguiendo el carácter bizantino de sus tres brazos y gusto ojival del conjunto, marcando bien la transi- ción entre ambos. Utensilios varios ¡núms. 47 á 59). El 47 es un trébede del Museo de Santa Águeda Barcelona); el 48 un almirez de la Garriga, siglo xiv; el 49 un candelabro de mesa, siglo xiu, colección de don M. Aguiló, notabilísimo por su rareza y originalidad. Tiradores ó argollas ¡núms. 5o al 55 . El 5o es de la colección de D. A. Planella; el 51 de una puerta de nuestra Casa Diputación, y el 52 de un armario de la sacristía de la Catedral. Tríptico y corona de facistol ¡núms. 53 y 54). Catedral de Barcelona. El facistol fijado en el centro del c o r o , lleva por corona un apa- - 38 - rato de hierro, que por su trabajo delicadísimo, su bien c o m b i - nado y exquisito dibujo, su elegancia y esbeltez, constituye u n verdadero joyel artístico. E n el n ú m . 53 damos de él alguna idea, si bien es muy difícil copiarlo detalladamente. Sirve para iluminar á voluntad todo el contorno del facistol, teniendo á este efecto m o - vimiento giratorio. Añadimos un farolillo de aceite sacado de la colección de don Manuel Blanch, por e s t a r e n carácter con la expresada corona, y ser de forma sumamente original. El n ú m . 54 es u n o de los cuatro trípticos que existen en el coro susodicho. Verjas (núms. 52 al 63). Barcelona y Gerona. CLAUSTROS DE sus CATEDRALES. Cuatro modelos de verjas tomamos del claustro de nuestra Cate- dral, con varios detalles de ellas, como son palmas de formas di- versas, cuya descripción excusamos por ser muy conocidas de los afi- cionados y artistas. El n ú m . 64 procede de Gerona, siendo una verja m u y distinta en carácter de las de Barcelona, conforme u n o y otro se evidencia por el dibujo. ÍNDICE DE LAS H E L I O G R A F Í A S . ÁLBUM T E N A S . ESCULTURA. ESTILO ROMÁNICO-LATINO I Entrelazos de círculos. 2 Id. sencillos. S. P . Galligans, etc. 3 Id. dobles. Poblet. 4 Id. mixtos y curvilíneos. Poblet, etc. 5 Rosones varios. 6 Motivos ornamentarios. Poblet, etc. 7 Otros id. 8 Id. id. 9 Id. de varias procedencias. io Columna, arco y capiteles. S. Benito de Baiges. ii Arco, catedral Tarragona; arquillos, S. P. Galligans. 12 Capiteles, (ierona y Ripoll. Fustes de columnas. 13 Capiteles. Poblet y Tarragona. ÁLBUM PUIGGARÍ. ESCULTURA. ESTILO ROMÁNICO-LATINO. 14 Capiteles. S. Pedro y Ntra. Sra. del Camí. 15 Id. Porqueras y Ripoll. 16 Id. S. Pablo, Barcelona y S. B. de Baiges. 17 Id. Igual procedencia. 18 Id. S. Cucufate del Valles. 19 Id. S. Cucufate id. 20 Id. Catedral Tarragona. 21 Id. de la misma catedral. 22 Id. de la misma. 23 Detalles. Claustros de id. 24 Más detalles id. 25 Pilas de S. Justo. Barcelona. 26 Sepulcro de R. Berenguer. Ripoll. — 40 — 27 Florón testero del mismo sepulcro. 28 S.a Majestad de Caldas, Virgen, retablo. 29 Virgen del Claustro. Solsona. 30 Id. del Coll de las Sabinas. Cervera. PINTURA. 31 Orlas de tablas. 32 Imagen de Sta. Margarita. Vich. 33 Tabla, estilo bizantino. MINIATURAS. 34 Misal de Vich. 35 Apocalipsis. Gerona. 36 Adornos de un ritual. Gerona. 37 Del Liber Feudormn. (Archivo de la C. de Aragón.) 38 Viñeta del mismo códice. 39 Capiteles. Imagen en S. Ginés de Agudells. 40 Evangeliario. Vich. 41 Letras de adorno. Varios manuscritos. 42 Otras letras y adornos. Salterio. ESMALTES. 42 M Arquilla. » BORDADOS. 42 te Ropas y copón. 43 De S. Juan de las Abadesas y de Manresa. MOBILIARIO. 43 i»s Fragmento de mueble. 44 Arca y candelabros. S. M. Desfay. ÁLBUM S E R R A V PAUSAS. DETALLES ESCULTÓRICOS. E S T I L O OJIVAL. 44 bis De la Audiencia de Barcelona, macolla 1; de la Catedral, 2, 3, 5 y 6; ro- setón del Pino, 4; cruz termal de Abrera, 7. 45 Folículos y remates. Catedral de Barcelona. 46 Adornos y escudos sepulcrales. Barcelona y Gerona. 47 Otros adornos. Mallorca y Lérida. ORFEBRERÍA. 4S Cáliz de fines del siglo XV. FERRETERÍA. 49 Remates de verjas. Catedral de Barcelona. ?o Variada colección de llaves. CERÁMICA. 51 Azulejos. 53 Otros azulejos. ÁLBUM RUSIÑOL. FERRETERÍA Y CERRAJERÍA. ESTILO OJIVAL. 53 Chatones. (4 Barcelona, 11 Tarragona, 12 S. C. del Valles, 14 casa en Lérida, Casas Consistoriales, Barcelona.) 54 Aldabón. Casa Arced. Barcelona. 55 Id. Catedral de Tarragona. 56 Id. Casa en Vich. 57 Grifos ó palomillas. (1 Barcelona, 2 museo de la Universidad, 3 calle del Obispo, 4 id. del Oli.) 58 Charnelas, 32, 33, 34. Grifos, 28. Parrillas, en Sta. María de Barcelo- na, 29. 59 Visagras. (31 Vich, 32 Gerona, 4 Tarragona.) 60 Cerrojos. Claustros catedral. Barcelona. 61 Llaves. (Colección de Pons.) 62 Candelabros. (43 S. C. del Valles, 44 S. B. de Baiges.) 63 Clavo. (15, Gerona), llave (43), trípode (47), almirez (48.) 64 Facistol. (54, Catedral de Barcelona.) Candelabro (Colección Aguiló.) 65 Tiradores, 54, sacristía de la Catedral de Barcelona, 51, 52, colección Planella. 66 Verja. (Escalinata del pulpito, Catedral de Barcelona.) 67 Verjas, remates. (Barcelona y Pedralbes). Palomillas (plaza del Borne.) 68 Verja y palomilla. 69 Verja. (Catedral de Barcelona.) 70 Id. claustros de la Catedral (Barcelona ) 71 Id. de los mismos. 72 Id. remate, de id. 73 Id. remate cruz, de id. 74 Id. detalles, de id. 75 Id. cerraduras, de id. 0 — 42 — ASOCIACIÓN ARTISTICO-ARQUEOLOGICA BARCELONESA. SOCIOS P R O T E C T O R E S . i S. M. et Rey V). Alfonso XII. 2 Excma. Diputación Provincial de Barcelona. 3 Excmo. Ayuntamiento Constitucional de Barcelona. SOCIOS HONORARIOS. i Excmo. Sr. Ministro de Fomento. 2 Excmo. Sr. Capitán General del Distrito. s Excmo. Sr. Gobernador Civil. 4 Excmo. é Husmo. Sr. Obispo de la Diócesis. 5 Excmo. Sr. Rector de la Universidad Literaria. 6 Excmo. Sr. Director General de Instrucción pública. 7 Seremo. Sr. Duque de Montpensier, Infante de España. 8 M. I . Sr. Comendador D. Juan Bautista Rossi. 9 Seremo. Sr. Archiduque Reignier. io S. M. el Rey de Portugal. — 43 — SOCIOS RESIDENTES. i D. José Puiggarí, Abogado. 2 » Felipe Jacinto Sala, Fabricante y Propietario. 3 » José Vailet, Pbro, Catedrático del Seminario. 4 » Ramon Soriano, Maestro de Obras. 5 » Eduardo Támaro, Abogado. 6 » Fernando de Délas, Hacendado. 7 » Tomás Moragas, Pintor. 8 » Tomás de A. Gallisá, del Comercio. 9 » Bartolomé Bosch y Pazzí, id. io » Jerónimo Faraudo, Médico. 11 M. I. S. Marqués de Alós, Hacendado. 12 D. Bernardo Castells, Bordador. 13 » José Pradera, Propietario. 14 » Federico Bordas, id. 15 » José Talarn, Escultor. 16 » Arturo Pedíais, del Comercio. 17 » Francisco Maspons, Abogado. 18 » Francisco Esteve y Sans, Propietario. 19 » Macario Planella, Maestro de Obras. 20 » José Moliné, Comerciante. 21 y Hermenegildo Monfredi, Abogado. 22 » Pelegrin Marqués, Fabricante. 23 » Heriberto Mariezcurrena, F'otógrafo. 24 » Francisco Isaura, Fabricante. 25 » Ramon de Sisear, Hacendado. 26 * Luis Fernando de Alós, id. 27 » Fernando de Segarra, id. 28 » Juan Armengol, Propietario. 29 » Carlos de Pai relia. Hacendado. 30 » Baudilio Carreras, ¡d. 31 » Rosendo Novas, Escultor. 32 M. I. Sr. Conde de Bell-llocli, Hacendado. 33 D. Alejandro, Planella, Pintor. 34 » Ignacio Gallisá, Notario. 35 > Elias Rogent, Arquitecto. 36 » Luis Rigalt, Pintor. 37 » Migue! Victoriano Amer, del Comercio. 38 » Pablo Mili y Fontanals, Profesor. 39 » Trinidad de Fontcuberta, Hacendado. 40 * Carlos de Fontcuberta. id. 41 Rdo. D. Luis Selles, Doctor en teología. 42 » José María Caner, Corredor Real. 44 — 43 D. Cayetano Cornet y Mas, Ingeniero Industrial. 44 » Francisco Masriera, Platero P i n t o r 45 » José Masriera, id. 46 » Federico Pasarell, Escritor. 47 » Francisco Miquel y Badía, Abogado y Escritor. 48 » César Ortembach, Corredor. 49 » Jacinto Torres y Reyató, Maestro de Obras. 50 » Antonio de Ferrer y Corriol, id. 51 » Juan Roig y Bofill, Pintor. 52 » Federico Soler, Escritor. 53 » José O. Mestres, Arquitecto. 54 » Eduardo de Moner, Abogado, Archivero del Real Patrimonio. 55 » Jerónimo Granell, Maestro de Obras. 56 » Antonio de Ferrater y Llaujer, Propietario. 57 » Eduardo Llorens, Pintor. 58 » Eusebio Güell, Propietario. 59 » José Mirabent, Pintor. 60 » Mauricio Serrahima, Abogado. 61 » Antonio Caba, Pintor. 62 » Juan Bofill y Martorell, Naviero. 63 » Félix Vives de Amat, Abogado. 64 F2xcmo. Sr. D. Francisco de P . Rius y Taulet, id 65 D. Agustín Rigalt, Pintor. 66 » Bernardino Martorell, Propietario. 67 » Salvador Armet y Ricart, id. 68 » Ramon Cebrian, Dorador. 69 » Juan de Maza, Abogado. 70 » Meliton de Llosellas, Notario. 71 » Juan Pujadas. 72 » Ignacio Girona, Banquero. 73 » Casimiro Girona, id. 74 » Eduardo Tarascó, Atrecista. 75 » José Altimira, Propietario. 76 » Esteban de Martí, Corredor. 77 Excmo. Sr. D. José Pujol Fernandez, Abogado. 78 D . Cayetano Benavent, Pintor. 79 » Ramon Suñol, Abogado. 80 » Ramon Amado, Pintor. 81 » Delfín Artos, Abogado. 82 » Isidoro Pons, Propietario. 83 » Alejandro Pons, del Comercio. 84 » Juan Martorell y Monteys, Arquitecto. 85 » Manuel Risueño, Abogado. 86 » Antonio María Morera, Profesor de dibujo. 87 M. I. D. Ramon de Luanco, Catedrático de Química. 88 D. Eusebio Auje, Platero. 89 » Juan Rubio de la Serna, Hacendado. 90 M . I . D . Manuel de Víllaronga, Canónigo. 91 D. Salvador Valls, Propietario. 92 » Mariano Aguiló, Bibliotecario. — 45 — 93 D. Camilo Oliveras, Arquitecto. 94 » José Carrera, Médico. 95 » Jaime Andreu, Escritor. 96 » Emilio Clausolles, Médico. 97 » José de Caralt, id. 98 s Plácido Aguiló, Bibliotecario. > 99 » Ignacio Fontrodona, Abogado. 100 » Bruno Riambau, Abogado. 101 » Nemesio Singla, Propietario. 102 » Leoncio Serra, Dibujante. 103 » José María Serra, Propietario. 104 » José Estruch, del Comercio. 105 » Vicente Genovart y Alsina, Pintor. 106 » Manuel Amell, id. 107 » Emilio Santamaría, Estracista. 108 » Crescencio María Moles, Profesor. 109 » Magín Pujadas, Litógrafo. 110 » Mariano Matallana, Maestro de Obras, ni » Juan Amell, Propietario. 112 » Francisco Pagés y Serratosa, Escultor. 113 » José María Rodríguez Carballo, Catedrático. 114 » José Serra, Pintor. 115 » Federico Marcet, del Comercio. 116 » Camilo Fabra, Hacendado. 117 » Ignacio Carreras, Fabricante. 11S » Olegario Llaveria, Pintor. 119 F.xcmo. D. Sr. Manuel Duran y Bas, Abogado y Catedrático. 120 D. Leoncio Sanmartí, Abogado. 121 Excmo. Sr. D. José Vilaseca y Mogas, id. 122 D . J o s é María de Barraquer de Puig, Hacendado. 123 M. I. Sr. D. Félix María Falguera, Abogado. 124 M. I. Sr. D. Francisco Javier Benabent, Doctoren Medicina y Cirugía 125 D. Eugenio Bladó y Bulbena, Abogado. 126 » José de Olsina, Hacendado. 127 » Policarpo Aleu y Arandez, Abogado. 128 » Juan Arana de la Hidalga, id. 129 » José Ferrer y Soler, Propietario y Fabricante. 130 » José Xiró y Jordá, Maestro de Obras. 131 » Antonio J. Bastinos, Propietario y Editor. 132 » Pedro Company, Profesor. 133 » Emilio Cabot, Platero. 134 » Joaquín de Gispert, Abogado. 135 » Tomás Coll y Plans, Propietario. — 4° — SOCIOS CORRESPONSALES. Nombres y apellidos. Residencia. I D. Luis Roca. Lérida. 2 » José Tarongí. Palma de Mallorca, 3 » José Pifarrer y Pintó. Vilasar. 4 » José Serra y Campdelacreu. Vich. 5 » Juan Vallés y Mitjans. Tarrasa. 6 » Enrique Claudio Girbal. Gerona. 7 » Antonio Vila y Guitó. Figueras. 8 » José María Pellicer. Ripoll. 9 » Joaquín Forcada. Sabadell. 10 » Bartolomé Muntaner. Palma de Mallorca, II » Marcial de la Cámara. Valladolid. 12 5 Buenaventura Hernández. > Tarragona. 13 » Andrés Bofarull. Reus. 14 » Terencio Thos y Codina. Mataró. 15 Excmo. Sr. Marqués de Monistrol. Madrid. ió D. José Saderra. Olot. 17 » Joaquín Vayreda. Olot. 18 » Francisco Viñas. Gerona. 19 » Celestino Pujol y Camps. Gerona. 20 » Antonio Mir. Tarragona. 21 » Saturnino Ginesta. Tarragona. 22 » Francisco Maria Tubino. Madrid. 23 » José Castells. Lérida. 24 » Teodoro Ponte. París. 25 » Abelardo de Carlos. Madrid. 26 » Ramon Padró. Madrid. 27 » Juan de Dios de la Rada y Delgado. Madrid. 28 » Bartolomé Farra. Palma de Mallorca 29 M.I . Sr. Buenaventura Ruiz Aguilera. Madrid. 30 M. I . Sr. Pedro de Madrazo. Madrid. 3i D . Eduardo Saavedra. Madrid. 32 M . I . Sr. Eugenio de la Cámara. Madrid. 33 D. Manuel Oliver H u r t a d o . Madrid. 34 Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer. Madrid. 35 D,. Antonio María Fabié. Madrid. 36 » Victoriano Codina Langlin. Londres. 37 » José Biosca y Mejia. Valencia. 38 » Luis Roca. Lérida. 39 » Francisco Javier Rosés. Gerona. 40 » José Pifarré. Lérida. — (7 — 41 D. Mariano Alegría. Salamanca. 42 M. I. S. Marqués de Vallgornera. Tarragona. 43 » Joaquín Botet y Sisó. Gerona. 44 Excmo. Sr. D. Alejandro Subasky. Tula (Rusia 45 D. Romualdo Nogués y Milagro. Madrid. 46 » Alfredo Opiso. Tarragona. 47 M. 1. Sr. Marqués de Tamarit. Tarragona. 48 Excmo. Sr. Marqués de Aicañices. Madrid. 49 EscmO. Sr. Marqués di' Heredia. Madrid. 50 D. José Rosell. Cervera. 51 » José Orobitg. (tal fot a. 52 » Antonio Pellicer y Pagel. Centellas. 53 Excmo. Sr. Conde de Morfi. Madrid. 54 » Ramon Vinader. Madrid. 55 » Rafael Esquivel. Sevilla. 56 » José Ignacio Miró. Madrid. 57 » Juan Ramonacho y Clerc. Gerona. 58 » José Marti y Monsó. Valladolid. 5Q » Manuel Almeda. Gerona. 60 » Mariano Pardo de Fígueroa. Medínasidon 6i » Celedonio Velazquez. Toledo. 62 » Manuel Guillen. Zaragoza. 63 » Ramon Torres Martínez. Coraría. 64 » Manuel Esperavé Lozano. Salamanca. 65 Exmo. Sr. D. José de Posada Herrera. Asturias. 66 T). Adolfo Llanes Alcarraz. Murcia. 67 » Luis Arigó Torralba. Valencia. 68 » Antonio Puiggari. Perpiñan. 69 » Ricarel. París. 70 M. I. Sr. D. A. Ruata. Portugal. 71 D. Joaquín Posidonio Narciso de Silva, Portugal. 72 * Antonio García Gutiérrez. Madrid. 73 » E . Cobaux. Charleroy. 74 M. R. Sr. Barón Yos Alee Helíest. Viena. 75 Sr. Barón Conrado. Viena. 76 Sr. D. Lope Barron. Madrid. 77 Rdo. Dr. D. Eduardo Millas Presbítero. Chile. 78 » Philippe Jean. Atenas. 79 » Etienne A. Conmanondi. Atenas. 80 M. I. Sr. Jaime Dach y Sabater. Tarragona. 81 f José Ignacio Gual. Tarragona. 82 » Mariano Ciará. Vich. ,» José Ordeix. Montevideo 84 » Jacinto Labaila. Valencia. 85 » Fernando Roig Flores. Valencia. 86 » Luís Tramoyeres. Valencia. 87 » Juan Lamote. Tortosa. 88 » Emilio Grahit. Gerona. 89 > D. Joaquín Grau Carreras. Gerona. 90 » Alfonso Sola. Caldas de M 91 » Benigno Joaquin Martínez. Madrid. - 4 s - 93 D . José Sabater y Pujáis. Albacete. 93 » Claudio Pereira de Chaby. Lisboa. 94 » Arturo Guillem. Zaragoza. 95 » Delfín Deodato Quedes. Lisboa. 96 Excmo. Sr. D. Manuel de Herrera. Guatemala. 97 » D . Frutos Martínez Lumbreras. Madrid. 98 » Juan Federico Muntadas. Zaragoza. EL VOCAL DE LA J. D. Secretario, R. SORIANO. '- "i"*** • tSCULTURA^ £fc>. ESCULTURA j ' ?. CUVUÍOMJ mnfJÇUt. í¿« •"?*?•..-3t SSX(\M.I> V C \ : „ . > m . S C U L T U R A = K¿ J. ¿«KA».. Mt,. >?,(.{,!. feg&£ W &w '^& - • *• • «• * ¡*" ESCULTURA »cv * ¿,.u«.. «¿^.^ * . »?^. íw,.w..-. $ák «h •m ** i V w ESCULTURA . « ¡ -w- v . A • %í ir % * « . 9. 36C ESCULTURA ~ ^ i -rvu..-, h^~.^,^\^,n <¿uj»H™im¿aMit.%mM H M H M t ESCULTURA = ^-- ^ c^^w^^*x>»*»^u^^t*uMa¿éAn^. « M J * J w -' v*i.i 1 - _ -J 7 l /, • L 3 1 U L 1 U R A ' M - . . , ,.-%..«- CsW~— k h . ».«tu~~M. ESCULTURA í ESCULTURA = ^v^a.^.»^.^., í.,v.(„. ¡.«Viyjrf &. .JU.,-' t ESCULTURA -» »«•**. ***-**»>* E S C U L T U R A »N'2O. 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J**^-** >w-á MANUSCRITOS - evss. o^v».*—. 4 * ' 'à> ÍÏJw ü ü v.^v^Pr aKgsv m Wl MANUSCRITO=N«3fe. «JWJ *.&• -MANUSCRITO • N ll.3Fovuro. jet" ! ¿Uc&i'AfOcCa.wwiia.A éL^*»*.IjÍtf¿7! .Cfc MANUSCRITO >m.%^ Oc£ * R o c t Oapct»*)-,•....^....,, WamMWmSaBIIKBm «BBWBHWMWPBwnBBffBBHBHBBsSCTBlK aUKmKHmHB ESCULTURA = **«. - .......v^ FERRETERÍA .» cw u* &«*» ««AWU. .» JU ?W«I ^%. ,;,<<•' JAS? >V • 5 OJTECTURA ^a,.!^;^" '"^^ ? iltí M RKtfa«f«4 <\ ft.lvi .ft, . Jí. ^ Si. 5«. te*^ ESCULTURA « s ^ ^ . ^ ,w.. ESCULTURA- W* %M f.Uli.. M. C:.W^ ¡i »*Jb«. 4k~.^¿¿ II - • v r - :."-'• ':-••'' , TECTURA . ~ . „.» fc Jm*.aiífcj* JU »* ORFEBRERIA ***• - FERRETERÍA, . § * * K M h jjZ,. Jf. SÍ^S CERÁMICA » Ü **„ 9 W . A * » }. S'- É Sum. ; f i « « . )• S 5 ' » CERÁMICA -?e :C. £U¿U £ CERÀMICA -^-. .1 I „ - *v"' j¿s ••>«a@fc y FERRETERÍA .. w ís.eww„».%~*«;.w-* ¿.-w.».»™...*^ FERRETERIA - 6L£)a£ou ¡ c Ca. c*9 r L J A I A J I I 1 ILriLA..- ¿IL?1XÍ¿>U ?C C^O. O O» ckuv» ¿c 2?^***»>*y~'&M FERRETERIA- SR. ICApoUC FERRFTFRfA «.T.ÍV i ^ - ; i í « ' " ? > ^ - t ~ •:~~...!íú«ú.,...,..jj^ej(. FERRETERIA.. ftr'ÍS. &.· l .i.U»*j;,i>j5J l· .3«^..i1>.~tU.!*X f «^C!v»»U. FERRETERIA. ,«... >, r ERRETERIÀ.-jj^fc*. „=;« cw* S»«~.>*su~ -.>^.?».us¿¡m.-^. FERRETERIA . = - ^ , ^ . U t*J ?. "¡wiiA-tr n€«aU FERRETERIA.-**.^ ;.'.:ï.-:!.s!tli·'l·i.\i·tr·:.:'Íl.<.<\UL· «tí.i.» M S ï". i,-..'.• FERRETERIA.. * >MS;íiU,.(U,SKr':;V.„\.1;.úci\,^U.S«J^ <É)H fl| FERRETERIA. ¿L·s.'kU.te&A }*<$**&,***$ _ F E R R E T E R I A .• •"•'«• *<~*' ? ~j* -«i »»»•<.... -.?..>. ~ * J O , « FERRETERIA.- * J M &U¿«.- < FERRETERÍA.- C W w3.t»&t*¿x««¿~. *u FERRETERÍA,- W». ^ «„«., sww., ^ e ^ * 7,,1u5i.«laa»»,w!3,¡1c»u?u¡ ?• »*«An». FERRETERÍA .* ^.^ ^^W^M...^?^», s&««u«.. FERRETERIA .•etni. e««..«™*\. s, «** ti (1 FERRETERÍA .* %n±. ©4u«« >. ^ « «¿a. >. u ^.^t >.», •rv:- May ^msk T*í " n N i 1 i liULLU 1 ¿L ' n ¡ 111 n i M 1 „ r E R R E T E R I A . = ?bMs. £¿xiu>..^».s^>t«a«Atf,i»uaMijj>9!buX« FERRETERIA.- SW,« pílela?