J. GIBERMAU LLIBRES ANTICS I MODERNS Diputació, 222 Tel. 4 1 2 6 5 5 4 08011 BARCELONA Asociación Artístico-Arqueológica Barcelonesa JlhEViïïl f)EL·IOSI$EM) DEL GABINETE DE OBJETOS ARTÍSTICOS DF. D. ¡JOSÉ EEI^EIÍ Y SODE^ SOCIO NUMÉRICO DE LA PRESENTE ASOCIACIÓN Jí¡0 1354 BARCELONA IMPRENTA DE LUÍS TASSO Y SERRA 2 1 Y 2 3 , ARCO DEL TEATRO, 2 1 Y 2 3 DISCURSO PRELIMINAR. LAS ARTES ARQUEOLÓGICAS ANTE LAS EXIGENCIAS DE LA CULTURA MODERNA. £ Jí N setiembre de 1877 inauguró Barcelona las llamadas ferias S^^fe y fiestas de Nuestra Señora de la Merced. Todo el mundo recuerda la solemnidad en ellas desplegada, y el cúmulo de mani- festaciones y regocijos con que se procuró darles el prestigio co- rrespondiente á la categoria y al buen nombre de esta capital y á la cultura moderna. Generalizada la costumbre de grandes manifestaciones en todos los pueblos, costumbre que tanto influye en la ilustración y frater- nización recíprocas, Barcelona no podía quedar rezagada ante tan beneficioso movimiento, y á eso se debió la institución de las ferias y fiestas anuales que han reportado ya fehf es logros, hasta el punto de que no sólo las principales ciudades de España, sinó pobla- ciones de menor nota, se apresuran á seguir el ejemplo, añadiendo á las expontáneas aunque estériles diversiones populares, funciones de más empeño y fruto, como son los certámenes literarios y las exhibiciones del arte y de la industria. A medida que la civilización avanza, favorecida por los colosa- les descubrimientos de nuestra época, resulta un sensible cambio en el orden de las públicas necesidades tanto material como moral- mente, y así como hasta las clases inferiores buscan viviendas sanas, viajan en ferrocarriles y comen en confortables restauranes; así hasta el humilde obrero, en cuanto permiten sus alcances, ama la asociación, se dedica á la lectura, utiliza las públicas enseñanzas, y aun en sus solaces procúrase diversiones de lujo y de gasto, no reducidas á un mero sensualismo. Si esto sucede en las últimas capas sociales, ¿qué no será en otros grados de la escala, donde la iniciativa y actividad ingeniosa pueden desplegarse sobre las bases de una educación 6 instrucción más ó menos sólidas? Acabó el tiempo de los privilegiados: la experiencia prueba du- ramente que sólo el hombre hábil y bien aprovechado, medra y prospera en la vida. No hay fatalismos, hay sí accidentes desgra- ciados, próspera ó mala fortuna; pero esta contingencia no debe ni puede retraer al varón fuerte que, allegando las condiciones de un buen ciudadano, condiciones elementales de suyo, sepa utilizar aprovechadamente las aptitudes que de la naturaleza haya recibido. Por desgracia existen aún grandes remoras. Los progresos sociales son lentos, como resultado de un cúmulo de concausas. Surge el genio y descubre nuevos luminares: surgen Newton, Leibnitz, Balmes, Dante, Cervantes, Shakspeare, Rafael, Murillo, Velázquez: su luz derrama inefables resplandores; pero de momento no alcanzan á la multitud, y es necesaria la sanción de los siglos para que umversalmente sea reconocida su potencia. Comienzan por utilizarse de ella discípulos y adeptos, lo cual equivale á decir que cada genio abre una escuela; las escuelas suscitan polémicas, estas engendran partidos, y á merced de la pasión, de la preocupa- ción ó del orgullo, la verdad queda oscurecida, hasta que en tiempos más tranquilos logra difundir su esplendente luz. Este proceder reiterado con cada una de las causas de progreso, sube de punto en el concurso de todas ellas, dificultando extraordi- nariamente la obtención de aquel conjunto armónico, sin el cual la marcha de tal progreso hállase expuesta á vaivenes incesantes. Y no obstante, sin la compenetración de las diferentes fuerzas socia- les, sin la progresión moral á la par de la material, sin ilustración, moralidad y honradez, al lado del vapor, del gas, de la electricidad, del telégrafo y del teléfono, sin hombres hábiles y probos enmedio de los poderosos agentes que el genio mpderno ha franqueado y franquea á toda clase de especulaciones; la sociedad nunca se diri- girá con paso seguro al alcance de los deleitosos goces de un estado perfecto de civilización. Quedan todavía numerosos obstáculos, que se llaman tradiciona- les: fanatismos, rutinas, privilegios. Mientras unos quieren ir ade- lante, otros se esfuerzan en quedar estacionados ó volver atrás, como si fuera posible detener la marcha que el Autor de lo creado imprimió inexorablemente á todo, hombres y cosas; y como si no fuera menos criminoso ahora que en tiempo de Galileo, negar el pur si maove! Contra la preocupación ó rutina, y los vicios á ellas anejos, no hay otro remedio que la enseñanza, la difusión de luces, donde se entrañan las verdades. Esa es felizmente la tendencia moderna, y á ella deben su prestancia las naciones más distinguidas. Como Cartago y Atenas en la antigüedad, como Venècia y Florencia en la edad media, como los Países Bajos después, varios pueblos y aun simples localidades, donde una actividad ingeniosa logra echar raíz, son vivo ejemplo de- lo que puede esta concentración, ya para el bienestar propio, como para propagandas avasalladoras. El domi- nio del mundo pertenece al ingenio; aserto hoy como nunca ele- vado á categoría de axioma. Barcelona, exuberante de vida, llena de un glorioso pasado, llamada á grandes logros en el porvenir, amén de los deberes que le imponen su representación é influencia, hace años que entre mil contrariedades, despliega vigorosas fuerzas para elevarse al nivel que le corresponde. ¡Cuánto no ha hecho en el último cuarto de siglo! Pero asi como el corredor, á medida de las ventajas que ob- - 6 - tiene en su carrera, se esfuerza más y más para alcanzarla ansiada meta, nuestros progresos deben estimularnos incesantemente para conseguir otros, máxime cuando aventajados émulos nos hacen competencia en tan noble concurso. Concurso son los certámenes y exposiciones, como al principio decíamos, y de su trascendencia cabe ya juzgar por los resultados obtenidos. Sin contar la institución de los Juegos Flores, que son otro concurso anuo, del cual ha resultado un movimiento literario sin ejemplo y sin precedente entre nosotros; las artísticas é indus- triales celebradas en varias fechas, han dejado una estela brillantí- sima, cuya trascendencia no es fácil calcular. Consideremos la acti- vidad y emulación suscitadas en todos los ramos de producción artística, que yacían en lastimoso decaimiento, los grandiosos talle- res establecidos, las lujosas tiendas fundadas á competencia, que son una exhibición permanente de artefactos, donde muchas veces los géneros del país se confunden con los extranjeros: hasta las la- bores manuales de mujer rayan á una perfección incomparable, y en la esfera de las bellas artes, .como por ensalmo ha surgido una verdadera escuela, de la cual brotan ingenios cual flores, para es- maltar propios y ágenos pensiles. Este resultado es doblemente lisonjero, ya por lo que en sí in- volucra, ya por restablecer una gloria que á nuestra capital se le ha querido disputar. Decían muchos y en varios tonos: Barcelona es una ciudad metalizada, ciudad del algodón, incompatible con las ' bellas artes. Banalidad insulsa; ¡cómo si la industria y las artes pu- dieran andar divorciadas! La ciudad condal llena de monumentos y joyas artísticas, la cuna de Dalmau y de Viladomat, la fundadora de una de las primeras academias de Nobles Artes, la que de sí ha enviado por todo el mundo representantes tan egregios como los arquitectos Selles y Soler, los escultores Campeny y Sola, los grabadores Fontanals y Esteve, los pintores Clavé y Espalter, y modernamente al incomparable Fortuny hijo casi de Barcelona, con otra numerosa pléyade de artistas barceloneses ó catalanes que han ido á buscarse esferas grandiosas para su gloria, en las princi- pales capitales de Europa y aun de allende los mares; esta ciudad que hoy maravilla al público con las exhibiciones hebdomadarias de casa Parés, semillero de ingenios y entidades cada vez más signifi- cadas, constituyendo un plantel de gran esperanza desde ahora y para lo futuro; finalmente, esta ciudad cuyos artistas han primado sin desventaja con los más renombrados extranjeros en grandes ex- posiciones universales; esta ciudad repetimos, no necesita vindicarse de la nota que se pretendió echarla, y en respuesta á tan gratuitas censuras, bástale mostrar los florones que adornaron su corona ar- tística, y señalar las eminencias que extienden su fama hasta los úl- timos confines del globo. Barcelona no sólo es y ha sido siempre artística, sinó que debe serlo, porque es industriosa. La industria no puede medrar sin las artes: los mismos fabricantes de estampados y tejidos, básanse esencialmente en el elemento artístico que da á sus géneros visto- sidad y atractivo. Aun los mecanismos productores toman presta- das al arte en cuanto cabe, su elegancia, esbeltez, ligereza, ajuste y cabal relación, que dan aspecto simpático al conjunto de ellos. Y las artes suntuario-industriales que tan radicalmente concurren á la producción, ¿cómo medrarían sin el buen gusto, proporción y ar- monía, sin la gracia, riqueza, novedad, capricho y demás condicio- nes que sólo una íntima familiaridad con el arte bello puede suminis- trar? Nó: ningún pueblo espere ser aventajadamente industrial sinó es verdaderamente artístico: por eso Francia, Bélgica y Alemania siendo muy artísticas, prevalecen en los mercados; por eso Inglate- rra y los Estados Unidos esfuérzanse en equilibrar su desventaja artística, con la mayor ventaja que en los mercados disfrutan. La expansión artística promovida en Barcelona por su expan- sión industrial, augura grandes provechos si se utiliza debidamente. Ya que los artistas van dando de sí, á los industriales toca hacer convenientes aplicaciones, y las harán, porque ambos progresos marchan de frente. Es innegable que el culto de las artes, la difu- — 8 — sión del gusto por ellas, se asimila desde luego el gusto del público, cuya masa instintivamente apetece lo bello y sabe saborearlo. Así ha sucedido en nosotros hace tiempo con la música; y lo propio sucederá con las artes, ayudando el parangón incesante de infini- tas muestras que los extranjeros nos envían. De ahí la necesidad imprescindible en nuestros industriales, de aguzar el ingenio y de- purarse al compás de las innovaciones, tanto por su observación propia, como por el escarmiento práctico. De contado, no sólo en mantelerías y ropas, sinó en ebanistería, joyería y en otros muchos ramos de producción, ya tenemos realizadas ventajas que asombra- rían á los productores de 40 años atrás, y que por momentos consi- guen más crecido desarrollo. Hé aquí como el arte influye en la industria y vice-versa. Pero en la categoría del arte suntuario industrial, entra un tac- tor de gran influencia que no puede ni debe quedar desapercibido: tal es el elemento histórico. Por varias causas, una de ellas el des- conocimiento de las manifestaciones histórico-artísticas, aun entre la grey profesional; no se ha explorado cual conviene á la indicada producción. Nadie dudará que nuestros abuelos, participando de la genial idiosincracia, fueron activos é industriosos, produciendo mu- chas y acabadas obras según el estado del arte en las respectivas épocas. Su desconocimiento procedió de juzgarlas en absoluto como producto de la barbarie, bajo cuyo error de concepto aun se llaman góticos los monumentos de la edad media; expresión depresiva, in- ventada por los literatos, y usada aún ingenuamente á comienzos del siglo actual por varones tan ilustrados como Jovellanos, Capmany y otros, que tomaban aquellos por verdadera obra de los godos, ó por informe resabio de su dominación. Toda una revolución intelectual y literaria, la revolución del ro- manticismo, se necesitó para reaccionar los estudios históricos, y restablecerlos sobre las verdaderas fuentes que iba beneficiando el perseverante ahinco de algunos arqueólogos. Entonces se empezó á comprender que la vida de diez ó doce siglos no había sido estéril — 9 — para el progreso de las artes; que desde los godos hasta Rafael, mediaron más de 30 generaciones que vinieron contribuyendo á la obra de la civilización universal, con la suma de su autonomía, de su especulación é inspiraciones, y que de aquel caos confuso brotaban lozanas manifestaciones artísticas, de preciso sincretismo y de forzosa ubicuidad. Entonces se reconoció la filiación de Rafael á Perugino, de Perugino á Giotto, de Giotto á Cimabué, y de este á los bizantinos: entonces se vio que la catedral flamígera brotó del duomo lanceolado, como este del sombrío monasterio, y el monas- terio de la cripta y de la basílica. Entonces comenzó á deslindarse aquella maravillosa florecencia que, arrancando del capitel corintio, se desplegó en las grecas románicas, en las lacenas bizantinas, en los rosones de la primera época ojival, en los caulículos de la se- gunda, y en los filamentos de la tercera, hasta la miríada de inven- ciones á cual más peregrina que dispuso y produjo el renacimiento. Y si al rayar este, el cambio de estudios é ideas, motivó cierta solución de continuidad, no por esto quedó roto el hilo histórico: pudiendo decirse que las extravagancias del barroquismo y del ro- cocó, fueron en cierto modo el resultado de una exageración de principios, ó de una superfetación basada aún en reminiscencias de la edad media. ¡Qué cúmulo de encantos abiertos á la especulación del ingenio! ¡qué inmenso y variado campo de exploración! Desde el palacio á la cabana, desde el trono regio hasta el más sencillo utensilio, viose que todas las obras de arte estaban subordinadas á diversos órdenes, que además de su sujetividad genuína, encerraban una savia de casta y un germen orgánico, infiltrados en la individualidad de cada pue- blo, é identificados con la colectibilidad social. Viose que las con- diciones estéticas sucesivas, fueron producto ingenuo del modo de ser de las respectivas épocas, siendo este, resultado necesario de las creencias, instituciones, ideas y costumbres dominantes en aquel ciclo social de que forma parte nuestra propia generación. Viose pues, que todo ello era el principio y crecimiento de la vida que - lo — nosotros disfrutamos, la acumulación del trabajo de muchos pue- blos, que al través de grandes ensayos y peripecias, asentaron las bases del edificio social que hoy día va tocando á su coronación. Efectivamente, aquella actividad encerraba el secreto de nuestra his- toria; el misterio de esos doce siglos que los mismos sabios no du- daron confundir bajo una sola palabra de anatema. Estas consideraciones podrían llevarnos muy lejos: lo indicado basta para conocer la importancia del estudio de las artes históri- cas, las dificultades que envuelve, y su trascendencia en las artes modernas. Una serie de órbitas redondeadas, con sus generaciones y filiaciones, con su teórica y técnica, con variadísimas manifesta- ciones homogéneas, características, sistemáticas, generalmente de una impresión tan expontánea como bella y sentida; constituyen un fondo de estudio muy digno del afán con que á él vienen consagrán- dose de años, los más hábiles literatos, artistas y arqueólogos de Europa, sacando resultados brillantísimos en pro del arte decorativo industrial. A ese estudio importa que nosotros llevemos nuestro contin- gente. Las artes del país y las manifestaciones que ellas dejaron, tienen cuando menos igual valía que las extranjeras, por la induda- ble brillantez de nuestro pasado, por las riquezas que aun atesoramos, y por la escasa exploración que hasta ahora han mere- cido. La base de tal estudio son los monumentos mismos, edificios ó artefactos, pues tratándose de artes ya fenecidas, en ninguna otra parte cabe buscar modelos más legítimos y auténticos: pero como los caracteres artísticos de cada período se demarcan en toda la es- cala de su producción, el estudio debe ser por grupos y conjuntos, para abarcar á un tiempo el espíritu de escuela y el secreto de procedimiento. A facilitar semejante estudio y suministrar segura enseñanza, conducen grandemente las exposiciones retrospectivas, otra inven- ción moderna, cuya idea ha surgido naturalmente de los mismos vacíos y causas indicadas más arriba. El que quiere instruirse pide - 11 - modelos: puede buscárselos, y logrará su instrucción: pero el mo- vimiento científico de la época, y la aspiración general de enseñanza, exigen y tienen derecho á esperar más. No basta que el artista ande al azar perdiendo tiempo en busca de tipos eventuales para su uso; y sin embargo así han debido formarse su educación histó- rica muchos de los modernos; mas hoy día que la critica, principal- mente en letras y en artes, formula racionales criterios, es obliga- ción de los gobiernos, de las corporaciones, de las academias y de todo cuerpo docente, facilitar la enseñanza por cualquier medio, á medida que la cultura se generaliza y perfecciona. De aquí la ne- cesidad de salvar y conservar los monumentos, y con ellos toda clase de objetos históricos, artísticos y arqueológicos, con la necesi- dad no menor de reunidos, siendo posible, en centros generales y locales ó museos, de exhibirlos por medio de exposiciones perma- nentes ó accidentales, de darles en fin toda la publicidad deseable, para que se difunda la noción v se forme el gusto, no sólo del artista ó productor, sinó del público y del vulgo, para quien una de las enseñanzas más directas ha sido siempre la experimental, la que entra por los ojos. .Nuestra Sociedad Artístico-arqueológica, nacida á raíz del su- ceso que al principio referimos, ante la evidencia que en los mis- mos expositores produjo la cuantía y multitud de ejemplares raros traídos respectivamente ácolación, sin que de muchos se sospechase siquiera su existencia, como sucedió con algunos de nuestra Seo y con los notabilísimos del monasterio de Pedralbes, encerrados en su recinto desde el siglo xiv, de donde cabía colegir cuantos otros exigirían olvidados ó desechados, que merecieran figurar á la ca- beza de una colección, y ostentarse al mundo no sólo para ense- ñanza, sinó para vindicación de nuestras artes, y para la honra del país que puede blasonar de ellas sin postergación á las extranjeras, tan cacareadas; nuestra Sociedad, repetimos, formada exclusiva- mente para contribuir á la instrucción artistico-industrial valiéndose de los indicados productos materiales de su clase, creados y conser- - 12 - vados al través de los siglos; adoptó desde luego como medio más conducente, el de las exposiciones, y considerando que las mismas, transitorias de suyo, podían dejar resultado permanente con las fa- cilidades de reproducción que hoy están al alcance de la tipografía auxiliada de la fotografía y la heliografía, no vaciló en arrostrar el compromiso de una publicación que llenase el objeto tan fiel y au- ténticamente como dichos recursos permiten; y de ahí la serie de àlbums que ha venido dando sobre interesantes materias de su especialidad. El campo por recorrer es tan vasto como ameno; los argumen- tos de estudio tan prolijos como diversos, no siéndolo menos sus elementos, y á la actividad especulativa ofrécense grandes alicientes para que se ejercite y despliegue con esperanza de seguros logros. Y téngase muy en cuenta que no es cuestión de mera curiosidad, como en general se entiende la misión del coleccionista ó anticua- rio, sinó de una investigación la más difícil y trascendental. El ingenio nunca ha faltado al hombre: este ingenio en sus ma- nifestaciones ha producido las artes, más ó menos liberales ó apli- cadas, variando con inagotable expansión según las influencias de origen, de raza, de tiempo, de lugar, de sujetividad y de objetivi- dad, á compás del sentimiento, del gusto, de la instrucción, de las necesidades, de los ejemplos, de las experiencias, etc. de muchas épocas y de numerosas generaciones, para producir lo que llama- mos estilos históricos, que son otros tantos cuadros de la actividad humana en períodos concretos, dentro una esfera perfectamente re- dondeada, cada cual distinta de la otra, y que sin embargo de diri- girse todas a u n mismo fin, divergen esencialmente en el medio de expresión: asombrosa prueba de la maravillosidad de dicho ingenio que. adaptándose á todas las circunstancias, ha sabido siempre sacar de la naturaleza real, ecuaciones conformes á su idealismo, explo- tando cuanto le rodea para reengendrarse sucesivamente bajo tantas exterioridades estéticas, cuantas forman por grados el inmortal mo- numento artístico de lo pasado y de lo presente, garantía de lo por- venir. Estamos, sin embargo, en un periodo histórico de ilustiación, cuya actividad sobresale sobre la de otros más inconscientes, y por lo mismo no puede contentarse con el despliegue ingenuo que á ellas bastaba muchas veces, como relacionada con su propio ser m o - ral y social. Hoy filosofamos, razonamos, criticamos y alambicamos mucho: hoy tenemos además esos mismos precedentes históricos que vinculan en sí gérmenes nutridísimos, secretos dignos del ahinco de los sabios, tipos y elementos no agotados, recursos toda- vía fecundos y utilizables en teoría y en práctica. De otra parte, la inmensidad de formas ya explotadas, sujeta el ingenio á duras pruebas, siendo tanto más difícil remontar el vuelo y aparecer ori- ginal, en cuanto nuestros dogmatismos y reglamentaciones se im- ponen, haciendo imposible el candido slancio peculiar de otras épo- cas, y aquellas rudezas primitivas, de las cuales, sin embargo, á veces brotaba un sistema. A tal punto llega la dificultad, que en equivalencia de iniciativa se ha revertido á los susodichos preceden- tes, y en vista de los recursos que entrañan, á medida que ahondaba su estudio, han ido prevaleciendo las que llamamos artes históri- cas, para imponer á su vez sobre la mayoría de ramos de la pro- ducción artístico industrial y decorativa, principalmente en todo lo suntuario, los estilos y modelos del paganismo, de la edad media, del renacimiento y posteriores, que sin duda no tienen razón de ser con nuestro estado político y social, pero que acaso en su eclectismo, responden á su ser moral y filosófico. De aquí la heterogeneidad que caracteriza al arte industrial moderno, desde la arquitectura hasta el más liviano artefacto; fenómeno reproducido en todas las naciones, prescindiendo de ciertos rasgos despuntados en alguna que otra con vislumbres de originalidad, señaladamente desde la aplicación de hierro fundido á las construcciones, aunque en el fondo revelan siempre una base conocida. Ahora bien: ya que en virtud de esa especie de transacción admitimos y aplicamos ideales característicos, que han tenido gran desarrollo, y que precisamente por haber alcanzado su perfec- — l i - ción nos embelesan todavía; lo menos que puede hacer un ar- tista contemporáneo es conocerlos bien, para aplicarlos debida y convenientemente. Por fortuna, somos hijos todavía de la civiliza- ción cristiana que tantas maravillas produjo, susceptibles sin impro- piedad, de aplicación directa, como la tienen con frecuencia á todo lo religioso; de suerte que la estética de la edad media, con sus ins- piraciones inmediatas y sucesivas, goza en cierto modo vida p r o - pia, vida de actualidad, y por consiguiente merece más que otras alambicarse y profundizarse. Aun en este sentido concreto, repeti- mos que el campo es vasto, y que mucho falta estudiar y ahon- dar, para salir airoso en la utilización de lo que especialmente cons- tituye el arte ojival en sus elementos, en su contextura, en sus desarrollos, en sus localizaciones y ubicaciones graduales, sucesi- vas, lógicas siempre y razonadas. La defectuosidad de su estudio, hija del desprecio en que fué tenida por la ignorancia científica de los clásicos, radicada en el protestantismo artístico del renacimiento, aun no ha podido llenarse del todo después de su rehabilitación, quizá por defecto de tiempo, de cumplidos análisis, ó de suficientes ejemplares, estadísticas, gramáticas, etc., que d e n l a clave perfecta de ellos, necesaria para crear expontáneamente dentro de su técnica sin tener que apelar á la copia ó al modelado. En prueba podrían citarse los muchos y deplorables ejemplos de construcciones, y hasta de restauraciones llevadas á cabo en lo que va de siglo, siendo muy contados los arquitectos que como Mr. Violet-le-duc y algunos ale- manes, en cuyo país, por genio ó por sistema, suele estudiarse más seria y concienzudamente que en otros países, hayan acertado á compenetrarse de los secretos de dicho arte. <¡Y si esto sucede con uno solo, el más cercano y el más vivo, qué no será de los demás? Y cuenta que para las necesidades de la ilustración, para las exigencias de la crítica, para la realidad de las cosas, y para la fijación de las verdades, que es hoy más que nunca y debe ser siempre la meta, el objetivo de todo estudio; poco valen las instrucciones superficiales de que muchos se contentan, por no gastar meollo, sin considerar que ni esta conducta les acredita, ni sus trabajos medran, y en vez de mantener los fueros del arte, lo adulteran con gran menoscabo de su noción; cuando por el contra- rio, una aplicación certera y una observación constante, sobre preci- sos datos y conclusiones, serian el único medio de llegar al gran desiderátum, para cuyo logro vienen conspirando cuantos aportan á ello, unos sus medios, otros sus estudios, otros sus auxilios y fa- cilidades, otros su acción oficial más ó menos eficaz. lié aquí porque la Arqueológica, contando con dignos miem- bros, que son ilustrados coleccionistas, se esfuerza en cooperar á tan buena obra, creyendo que toda propaganda por humilde que sea, nunca resulta infructuosa, cuando se hace de buena voluntad y por convicción, con ardoroso y sincero deseo. J. PUIGGARÍ. DESCRIPCIÓN GABINETE FERRER Y SOLER 0 N el deber que la Arqueológica se ha impuesto de publicar anualmente un Álbum de objetos artísticos con relación á su instituto, deber que hasta ahora ha cumplido fielmente de una manera casi prodigiosa, si se considera su falta de recursos, no contando más que con el sobrante de las escasas cuotas de sus socios, después de cubiertas las atenciones imprescindibles de personal y gastos menores; en este deber, decimos, único medio por ahora y por varias circunstancias, de que pueda mostrar su activi- dad; habíase utilizado para los Àlbums anteriores, de pequeñas ex- posiciones celebradas en su local, sobre varios ramos de la Arqueo- logía ó de producciones artístico-industriales, aprovechando como modelos, los ejemplares y objetos raros traídos á dichas exposiciones por sus mismos socios, coleccionistas en varias especialidades, quie- 3 — 18 — nes se honraban de contribuir por este medio á la difusión de co- nocimientos, y propagación de la enseñanza artístico-arqueológica; meta á que dirige todos sus esfuerzos la presente Asociación. El recurso de las exposiciones, sin embargo, sobre ser poco fe- cundo, hubiérase agotado luego, primero por razón del sensible retraimiento que más de una vez hemos debido lamentar, y que en cierto modo se explica por el fundado interés y hasta egoísmo de los posesores; segundo, por la escasez de objetos verdaderamente arqueológicos, curiosos y capaces de formar enseñanza; tercero, por haberse ya echado mano'de los mejores de ellos, siendo conocidos ó repetidos los restantes, y finalmente por la dificultad hartas veces insuperable de reunir y traer á una exposición, ejemplares muy pre- ciosos en lo artístico ó en lo arqueológico, que ni son manuales ni pueden extraerse de donde se hallan; sin contarlos gastos y engo- rros que aun de los trasportables ocasiona su traslación y colo- cación. En este apuro, ocurrióse á la Asociación y acordó en sesión de 20 de mayo de este año, acudir á los centros ó lugares mismos donde los objetos se contienen, para sacar imágenes de ellos con el fácil y seguro procedimiento de la heliografía, siempre bajo el beneplácito de sus dueños ó posesores, reuniendo así materia para nuevos y su- cesivos Àlbums, que sin los inconvenientes susodichos, ofrecieran igual ó mayor interés que los anteriores y no menor utilidad, tods vez que la elección es más libre, y tratándose de colecciones forma- das, puede ser más escogida. Indicábase desde luego para el buen logro de tal propósito, la muy celebrada del digno socio y distinguido propietario D. José Soler y Ferrer, persona la más adecuada y sobresaliente entre los colectores, pues á su esmerado gusto y saber artístico, allega r e - cursos para adquirir preciosidades, por raras, costosas y peregrinas que sean. Bien conocida y frecuentada es su galería, modestamente denominada taller, de todos los artistas y aficionados, donde en una serie de departamentos alhajados y decorados con una magnificencia — 19 — que deslumhra, aparecen muebles, ropas, efectos y utensilios de diversas épocas y de lejanas localidades; productos de la industria de muchas generaciones, y de todos los países del mundo; alhajas lejítimas de reyes, y otras dignas de reyes y de príncipes; tesoros de primor y habilidad en que apuraron su ingenio los artífices de la antigüedad, de la edad media, del renacimiento y hasta del barro- quismo; maravillas españolas, venecianas, francesas, flamencas; es- pecialidades de origen persa, indio, turco, chinesco, japonés, asiá- tico, africano y americano. Ya en el vestíbulo ó entrada, entre curiosos muebles, admíranse unos cuadros con bocetos originales de Sans y otros artistas contemporáneos. El corredor que conduce al salón principal, está cuajado de piezas cerámicas, arabescas y españolas de Manises, ali- cantinas y salmantinas á reflejos metálicos, catalanas, italianas, fran- cesas, alemanas, todas escojidas ó por su gran tamaño, ó por su hermosura y delicada elaboración. Junto á la puerta, dos panoplias con figurín, ostentan piezas tan raras como variadas de armaduras defensivas de la edad caballeresca. Sorprende el golpe de vista del salón, alumbrado de día con luz zenital, que puede velarse á placer por un ingenioso juego de trasparentes, y de noche por una exquisita lucerna formando mi- riadas de luces de gas. ¡Cómo pintar ó describir aquel conjunto de rarezas desplegadas por todos lados, no con la incongruencia de un gabinete de anticuario, sinó con el hermoso atractivo de un centro voluptuoso, en cuyos detalles todos, aparecen el atildamiento del gusto más delicado y de la mano más pulcra, el aroma de lo rico, el sabor de lo confortable, el sentimiento de lo bello! Techumbre de grandes cristales, paredes llenas de holgados tapices, parquet en mosaico de maderas, cubierto de alfombras turcas, de pieles de foca y de oso; en el centro un mueble riquísimo, arquimesa de roble y nogal, atestada de jarrones y otros objetos, sosteniendo un soberbio reloj péndulo, que puede figurar entre los mejores de la época de Luís XVI: á derecha é izquierda otros muebles no menos inte- — 20 — resantes; una preciosa arca novial gótica; armarios históricos, con- teniendo menudencias singularísimas por su valor y su factura; una colección de indumentaria catalana, trajes y calzado de corte, fas- tuosos los más, y como apéndice, un muestrario de elegantes som- breros de señora, desde principios de este siglo. Otros muebles, á cual más rico, ocupan los paramentos laterales: divanes, sillones, y entre ellos un tocador del siglo pasado, á mano derecha; á la izquierda una especie de mostrador, hecho de piezas de un buen retablo del 1700 y gusto corintio, cuyo contenido inte- rior y exteriormente en estatuas, figurines de vestuario, jarrones, útiles, armas, dijes y menudencias de toda suerte, forma por sí solo un conjunto que daría reputación á cualquier poseedor. Flanquean este accesorio, bufetes, arquillas y otros muebles que sería prolijo describir, y luego emparejando con el mismo, de análoga hechura, corre una librería que es otro tesoro por sus colecciones de libros y láminas, obras todas sobresalientes, especiales de varios ramos artísticos, y las más lujosamente editadas en España y en el extran- jero. Dentro un recodo ó retrete que forma el propio salón taller, siguen como mueblaje, un piano, una chimenea, un ascón-banco, un jarrón lavamanos, fábrica barcelonesa con escudo de armas, de los que se estilaban en casas muy distinguidas, perfectamente con- servado y de especial rareza. Otras estancias hay colmadas de cosas buenas, con esa prolijidad del colector entusiasta é incansable, entre las que merece señalarse el gabinete dormitorio, donde resalta una cama que ella sola bastaría á calificar la colección, tanto es el va- lor material y artístico de sus maderas y embutidos, de sus incrus- taciones de nácar, marfil y metal, de sus mosaicos en variedad de colores, figuras, frisos y accesorios; haciéndole exquisito juego sus tapetes y colgaduras, persas, turcas, chinas y japonesas, tan delica- das de labor como brillantes de matices; y la arquilla de obra amo- saicada por estilo de la cama, que la acompaña, y el labrado pla- fondo que sirve de paramento á la misma. Junto á ella distingüese no menos, una tabla estofada de oro, del s. xv, con figura de santa — ¿I — Ana, de cuerpo entero, llevando en brazos á N." Sra. su hija, y esta en los suyos al niño Jesús, aludiendo á la doble generación; todo obra de delicado pincel, y rebosando aquella tierna sentimentalidad característica del arte cristiano. Tan importante y variada reunión de objetos, hace de la colec- ción Ferrer lo que se llama un gabinete de curiosidades, gabinete como puedan tenerlo los lores de Inglaterra y los pares de Francia, gabinete de que ciertamente no hay par en Barcelona, y de que di- fícilmente le habrá en el resto de Fspaña; pues si hoy día abundan los colectores, y hasta se ha originado cierta moda entre las clases ricas, falta en general lo que al Sr. Ferrer le sobra, sin ánimo de herir su modestia, esto es el criterio artístico, el saber arqueológico, y el sentimiento y buen gusto de la persona que ha viajado, visto, comparado y aquilatado mucho, hasta conseguir el honroso fruto de sus investigaciones y adquisiciones. Un gabinete de esta clase, difiere esencialmente de los arqueoló- gicos, ó de los más ó menos caracterizados de museos, en que no es ni puede ser sistemático, sin por esto carecer de igual mérito é im- portancia, ofreciendo quizá con ventaja el interés de impresión y no- vedad. Para el estudio, tampoco aparece desventajoso: esencial es sin duda y de gran monta, conocer el desarrollo de las artes en su laboriosa generación, desde tiempos los más lejanos, bajo diferentes puntos de partida, y al través de ciclos sociales muy varios en cons- titución, pero enlazados entre sí, ejerciendo sobre las creaciones ó productos geniales, una influencia que les imprimió carácter, tradu- cida en lo que llamamos gustos, estilos y escuelas. Interesa primor- dialmente. porque envuelve gran trascendencia de porvenir; porque sobre complexo y difícil, no está depurado ni mucho menos, por se- cretos de procedimiento no investigados, por tradiciones interrum- pidas después de rota su hilación, y por el olvido, desconocimiento ó pérdida de tipos y ejemplares que ni se hallan á mano, ni es dable traer á colación para sacar las síntesis de que se aprovecharía la en- señanza. Concretándonos á nuestro país ¿quién ignora que tuvo ó — 22 — debió tener artes florecientes en todos los períodos históricos, como lo acreditan sus grandes centros de población y ciudades florecientes en época lejanísima, y tan anteriores á la civilizadora de los romanos, que apenas se columbran como un vago recuerdo en los apuntes de geógrafos ó en indicaciones topográficas? Y nada diremos de los tiem- pos posteriores. ¿Quién no ha admirado alguna vez las muchas y va- riadas formas artísticas, bajo mil aplicaciones, monumentos, pinturas, muebles, joyas, armas, etc., etc. que en objetos de todo tiempo y en la serie de muchos siglos, revelan sabor de raza, peculiar idiosincra- cia, sutil ingenio, hábiles manos y procedimientos no menos saga- ces, para crear con frecuencia obras sorprendentes, así en concepción como en confección, labor, primor, delicadeza, visualidad, etc. Este conocimiento sólo pueden allanarlo las investigaciones arqueoló- gicas y los estudios eruditos; y cuando á fuerza de datos, compa- raciones y deducciones, quepa depurar la verdadera síntesis, relacio- nada y gradual de cada uno de dichos ramos, es cuando podrá decirse que se tiene de ellos el génesis, la definición, la caracteriza- ción, base indispensable de sus desarrollos científicos, y en conse- cuencia de sus progresos con aplicación ajustada. En cambio, el estudio de tipos ú objetos curiosos, de especia- lidades características, como las que componen la mayoría del gabinete Ferrer, sinó sintético, es analítico, tiene relativa importancia histórica y local, ejerce una influencia muy sujetiva, é interesa no menos al investigador que al artista, por su misma rareza, especia- lidad y curiosidad. Regularmente los objetos de tales colecciones sobresalen por una ó muchas circunstancias: algunos fueron ya la- brados en calidad de curiosidades; otros se conservaron como tales desde su origen: compuestos los más de rica materia, ó trabajados y exornados riquísimamente, vinieron adscritos á la elegancia, al tocador de la dama, al secreter del potentado, á la ostensión esen- cialmente decorativa. Las copas de Boule y de Venècia, los vasos de Etruria y C a m - pania, las vajillas chinas y arabescas, el mobiliario y la delicada — 23 — bisutería holandesa, francesa, indiana, las armas del Japón y de T o - ledo, los singulares adminículos de oro, plata, nácar, cristal de roca, piedras y metales, que ya por estas materias, ya por su exquisito realce, envanecen justamente al que los posee y enajenan al que los admira; son á una vez modelos acabados cada cual de por sí, pro- digios de industria é ingenio, y argumentos de estudio y aplicación bajo múltiples aspectos: estudio con relación al período y desarrollo histórico, concreto ó complexo; aplicación referente á la técnica ó procedimientos, habilidad industrial ó mecánica, secretos de fac- tura, utilización de efectos, alcance de resultados. Viendo estas cosas. no sólo se recrea la vista, sinó que se avivan el ingenio y la espe- culación, se forma ó depura el gusto, y se abren nuevos horizontes al arte, á la vez que nuevos derroteros al artífice. Este es precisa- mente el noble objeto de semejantes colecciones: ostensión y vul- garización de modelos, singularmente para el justo aprecio de tipos históricos, cuya aplicación mal comprendida ó defectuosamente es- tudiada, origina tantos anacronismos y aberraciones. La Arqueológica cree pues llenar un deber, y rendir servicio á los intereses que representa, explotando esta vez el rico filón gene- rosamente franqueado por su digno consocio, y que constituye el asunto del presente Álbum. A los inteligentes no debe encarecerse su importancia, con sólo recordar la fama adquirida por el gabinete en cuestión; y á los artistas industriales, únicamente observaremos que la colección puesta á su alcance por medio tan sencillo, es fruto de largos años, de considerables dispendios y de prolijas excursiones é investigaciones, en tanto que ni buscando mucho, ni viajando y gastando más, lograrían la adquisición siquiera de una parte míni- ma de los objetos aquí reunidos. Y después de consignar un ex- presivo voto de gracias al Sr. D. José Ferrer y Soler, entremos ya en la descripción del Álbum. POR EL ORDEN DE LAS LÁMINAS SECCIÓN PRIMERA. GRUPOS DE CONJUNTO Y MOBILIARIO. Lámina 1. a —Representa esta primera lámina la galería situada al lado izquierdo del salón, que allega como muestrario principal objetos tan escogidos como variados, históricos y etnográficos, se- ñaladamente trajes y ropas orientales, armas de esgrima y de fuego, vasijas, jarros, muebles, utensilios, taburetes de laca chinesca, ar- quillas, bandejas, una mandolina veneciana, alguna estatua y otros objetos artísticos. Son dignos de especializarse dos jarros japoneses de laca negra, estampados con prolija labor; dos copones indios de cobre, grabados no menos prolijamente; un relojillo péndulo japo- nés de singular artificio, con su mecanismo en forma espiral; varias tacillas árabes de vidriado; partesanas del siglo xvi, azagayas afri- 4 — 26 — canas, flechas americanas, espingardas de la Kabilia, etc. Sobre- salen un frasco ó polvorera de hueso finamente grabado, estilo ita- liano del renacimiento, que representa en niela entre orlas de hojarasca, dos cuadros sobrepuestos, rapto de Europa y baño de Diana: unos incensarios, de sabor bizantino, aunque la tapa parece restaurada, leyéndose en su copa este rótulo, en caracteres del si- glo xi: "Bernardus fieri jussit: Sti. Felicis;» un regio narguilé persa de zinc, laboreado con gran delicadeza, y esmaltado de colores en que predomina el azul. Todos estos objetos se hallan en perfecto estado de conservación, son susceptibles de aplicación inmediata, y pueden apreciarse y estudiarse hasta en sus menores detalles. L á m . 2. a —Este otro grupo, compuesto de excelentes ejempla- res, descuella en el centro testero del salón. Sírvele de base una gran mesa de nogal bien tallada, moderna imitación de las flamen- cas del siglo xvi; encima de ella una rica arquilla alemana del renacimiento, de nogal y roble, muy correcta de líneas, delica- damente calados según el gusto ojival más puro los frentes de sus cajoncitos, que son cinco por hilera, flanqueados á los extremos de dobles montantes con cuatro bonitas estatuas de los Evangelis- tas, que cobijan otros tantos angelillos, ofreciendo el conjunto una combinación tan severa como sencilla y armoniosa. Surmonta la arquilla un gran reloj sobremesa de metal negro, incrustado de bronce brillante, con estípites y simulacros de lo mismo, á manera de conopio coronado por la diosa Minerva, que abarca la esfera, sostenida ésta por el Carro del sol, apoyándose las cuatro columnas v angulares en caballos acostados y medio encabritados, todo sobre un caprichoso basamento. Esta rica pieza procede, según noticias, . de la Real casa de Luís XVI de Francia, y corresponde al estilo de su época. Acompáñanla dos jarros chinescos casi gemelos, todos envueltos en una miniatura esmaltada de numerosos personajes: obra primorosísima del siglo xvu, rebosando el mayor capricho y originalidad de aquel arte siempre ingenioso. Rodean la arquilla otros objetos de vaha: dos grandes fuentes moriscas de lindos di- bujos y largas inscripciones, á reflejos metálicos (siglo xvi); dos jarrillas valencianas de loza esmaltada, con asas agrandadas y altas cabeceras, recordando el gusto arabesco (siglo xvn); fruteros; otra vasija; un polvorero de marfil, etc. Al pié de la mesa, agrúpanse un narguilé indo-árabe no inferior al ya descrito en la lámina pri- mera, un elegante braserillo de pies contorneados, un finísimo pe- betero arabesco y un jarro tazón, todo de metal. Sólo los objetos de esta lámina, por su valer, primor y especialidad, vienen á ser otros tantos argumentos de estudio, acreedores á la mayor atención del artista, del artífice, del arqueólogo, y no decimos del curioso, porque todos á porfía causan maravilla y embeleso. L á m . 3.*—Más que objeto artístico, la librería de esta lámina no es la alhaja menos preciosa del salón que describimos, ya que ninguna otra revela mejor la rumbosidad y la ilustración artística de su rico propietario. El cuerpo de este mueble, original y elegante, es como la galería adjunta, procedencia de un exquisito retablo del siglo xvn, estilo compuesto, madera tallada y dorada. De la cornisa penden dos medallones de mármol, que parecen legítimamente an- tiguos, figurando respectivamente á César y á Germánico. Allí, en un centenar de volúmenes ricamente encuadernados, brilla la flor de las publicaciones artísticas ilustradas que honran la moderna prensa extranjera; el magnífico Thresor numismatique, de 20 volúmenes, con láminas en acero; Les arts árabes, de Bourgoin; L'ornement des tissús, por Dupont Auberville; El palacio de la Alhanibra, por Oven Jones; Herculano y Pomfeya, por Barré; La Enciclopedia de las artes plásticas, por Demmiard; el Costume histo- >ique, de Racinet; Las artes metálicas, de Giraud; las monografías de Benvenuto Cellini, por Plon y de Juan de Bolonia, por Atel, to- dos con grabados, facsímiles y cromos; sin otras obras del mismo género que sería largo referir, inclusas varias carteras de foto- grafías, heliografías y grabados originales; verdadera comidilla para todo aficionado, tesoro difícil de hallar en otra parte, digno de ser examinado con detención, mejor que recorrido en ligera reseña. — 28 — Lám. 4. a —Donoso armario de roble, estilo holandés del si- glo xvi-xvii, tallado con un gusto y delicadeza superiores á todo elogio. Elegante y correcto de formas, bien distribuido en sus par- tes, encajan perfectamente el ancho friso, cornisa y su delicado co- ronamiento,con el cuerpo principal de cristales, entre pilares de re- salto, cariátides, apeos de mascarones y otros adornos, y con el cuerpo bajo á manera de basamento, incluyendo dos cajones curio- samente paramentados, flanqueados también deestribos caprichosos, que apean en leones. Sobre ofrecer un bello conjunto de motivos arquitectónicos, este mueble no desmiente á su índole, constituyendo el feliz maridaje de fidelidad de tipo, á la vez que acierto de destino y utilidad de servicio; no siempre bien atendido por el afán de os- tentar un lujo sin cálculo: excelente modelo para los artífices en su especialidad. El interior contiene riquezas fastuosas en trajes indíge- nas y extranjeros, que bien analizados formarían de suyo una pá- gina interesantísima. L á m . 5."—Arquüla de nogal marqueteada de marfil: su puerta central lleva grabada la imagen de S. Pedro Mártir: trabajo origi- nal y algo tosco, parece española del siglo xvn. Hay encima, ade- más de un espejo oval de graciosa montura, objetos de bronce moderno imitando á los antiguos, y alguno de legítimo valor histó- rico, como un pebetero árabe de minuciosa labor, típico en su género, y una cetra arabesca de cobre grabado á niela, forma es- beltísima y tapa de apagador: el asa parece sofisticada. Visten la arquilla por el dorso, ricos tapetes orientales, y debajo de ella hay colocadas tres grandes piezas de cobre, jarro, lavamanos y dos bandejas para demandadero de iglesia, con adornos estampados (si- glos xvi y xvn). L á m . 6. a —Bufete trinchante ó tarjetero, esencialmente de co- medor, cual las modernas etagéres; hecho de roble, nogal y ébano. embutido de maderas de colores y marfil, representando escenas de caza, tallado de frisos y montantes, al estilo italiano del siglo xvn que propende asaz al barroco. Su remate, especie de escudo supor- — 29 — tado por dos sirenas, se nos antoja grosero y poco feli?. Fn cambi u el aparador y su asiento, allegan gracia, primor, delicadeza, armo- nizan perfectamente entre sí, y ofrecen un conjunto tan rico como vistoso, ya en la originalidad de formas, ya en el contraste de colo- res. Acertada es la idea de sus embutidos, que constituyen un buen elemento ornamentario, pudiendo suministrar alguna luz á nuestros artífices, hoy sobretodo, con la reversión á la moda de que este mueble es tan remarcable tipo. Lárn. 7. —Tocador ó bufetillo de nogal y filetes dorados, estilo Pompadour, con un espejo caprichoso, dentro su elegante marco de rocalla. El cuerpo del mueble es armónico y bastante severo; el espejo y su marco, si caprichosos, no carecen de elegancia. Hay repartidas encima de él algunas porcelanas, frutero, jarrillo, grupo de amores, etc., que acusan las fábricas inglesas y francesas de prin- cipios de este siglo. Dos sillas altas de respaldos, torneadas y cor- leadas, con asientos de tapicería, no sin esbeltez peculiar, son buenos ejemplares del mobiliario que adornaba los salones de nuestros abuelos, en aquellos buenos tiempos del tontillo y de la peluca. El tapiz del dorso será descrito por separado. Lám. 8. —Arqueta de ébano perfilada de marfil, con dos meda- llones en el centro de sus puertas, de lo mismo, grabados en ellos dos escudos de armas. Nada más sencillo que este mueble y su adorno, pero causa impresión grata, demostrando como mediante una pequeña combinación geométrica, es dable reportar efectos de lujo artístico. Análogo adorno ofrecen los cajoncülos interiores, que llevan también escudetes grabados, figurando cabezas y otros adminículos de tiempo de Ana de Austria; detalle interesante por- que determina fecha y procedencia. Van en este grupo dos singula- res candeleros de hierro modernos, fábrica de Viena, imitación de lo antiguo, uno espiral con juego de rosca, que insiguiendo sus ani- llos s i n e para ir subiendo la vela: el otro recuerda los velones de la Edad Media. Además d é l a estatua, bandejas, frascos y jarros colo- cados encima de la arquilla, distingüese en el centro una preciosa — 30 — copa italiana, siglo xvn, de cristal de roca cincelado en resalto, con pié de lo mismo, sirviéndole de sustentáculo un fauno de bronce que embraza dos delfines, cuyas colas enroscadas ayudan á sostener la copa: además, el labio de esta es de metal esmaltado por dentro y fuera, con preciosas miniaturas de escenas mitológicas. Los demás objetos tendrán explicación aparte. Las bandejas son de las flamen- cas que corrían en el siglo xvi. Lám. 9 . —Exquisita cama (también italiana, siglo xvn) de r o - ble y otras maderas, toda ella esculpida y minuciosamente taraceada de marfil, concha y bronce á tres matices. El centro de la cabecera, entre prolijas bandas y guarniciones, ostenta un bullicioso juego de amores: sobre el delantal extremo, en medio de otros lindos ador- nos, una delicada Pomona recoge en su regazo los frutos del amor; todo obra de dichas maderas y metales, con pasmosa delica- deza y armonía de tintas; lástima que el dibujo de la figura no sea muy correcto, aunque tiende al género clásico. Con esta cama, su- perior en su clase y verdaderamente regia, empareja una arca de asiento, recomendable por idéntico lujo de ornamentación, llevando sobre su paramento un escudo de armas en realce, y respaldada por un friso moderno, imitación antigua, donde se reproduce el bajo relieve de la batalla de Pavía, del conocido panteón de Francisco I. Apabellona la cama un exquisito paño japonés, seda y oro, de es- pléndidos colores, y cúbrenla una colcha y almohadas superiores á todo encarecimiento, por su gusto y elaboración, estilo puramente oriental. De la tabla gótica colocada junto á la cama, hicimos mé- rito en nuestra introducción; pero callamos, á fin de no cansar, la multitud de otras alhajas hacinadas en la propia estancia, la pre- ciosa silla y no menos preciosa causeuse que se comprende en nues- tra lámina; una gran mesa de jaspe, otra arquilla, sillas y sillones que les preceden; consolas, cornucopias, jarros, medallones, cua- dros y colgaduras, etc., formando de aquel recinto, misteriosamente alumbrado por vidrieras de colores, un nido de secretos encantos, ó mejor un santuario de arte, sinó un tesoro de arqueología. — ;ii — L á m . 9 bis.—Silla de alto respaldo, de baqueta, tachonada y fogueada, sobre fondo de oro; estilo cordobés. Silleta de badana repujada, formando lindísimas labores, y entre ellas, en mitad del respaldo, un escudito de tres flores: ambas corresponden al si- glo xvi, probablemente de fábrica nacional. Como objetos secunda- rios, difícil sería presentar otros más adecuados al severo estilo ar- tético, y al lujo así extrínseco como intrínseco que blasonaba á las suntuosas moradas de la nobleza de aquellos tiempos. L á m . 10.—Cran caja ó arca de las llamadas noviales, tan usa- das en nuestro país durante los siglos xv y xvi. La presente es de las mejores y bien conservadas que hemos visto, modelo perfecto en su clase, labrada con toda la delicadeza del estilo ogival, depu- rado por el renacimiento. Así el exterior de las puertas como el in- terior de la tapa, van pintadas de imaginería; la escultura se reduce á una angosta banda que divide las dos puertas, al interior de estas y á los cajones, de suerte que el verdadero adorno aparece al abrirse la caja, á semejanza de los antiguos trípticos, como reservada para el goce íntimo y de confianza que particularizaba en aquel tiempo la vida de familia. El estilo parece alemán, pero nada tendría de par- ticular fuera labor del país, ya que de igual y superior mérito las obraban acreditados tallistas de Barcelona, Vich, Gerona, Lérida y algún otro punto de Cataluña. SECCIÓN II. ESPECIALIDADES ARTÍSTICAS. Lám. 11.—Reunimos en esta lámina dos porcelanas de e s - malte, una á hechura de pequeño tríptico, de 12 centímetros, y otra, espejo manual, de 15. Ambas parecen italianas, de fines del siglo xvn, bellamente esmaltadas de colores, á pincel, con la per- fección que alcanzó este procedimiento. El tríptico representa el - 32 — . Calvario en el centro, á la izquierda la Resurrección y á la derecha la Asunción del Señor: composiciones buenas; colores bonitos; di- bujo algo flojo. El espejo oval, de orla arandelada y mango plano, lleva floreos salteados, y una escena mitológica en el dorso, de mérito pictórico análogo á la pieza anterior. Como utensilios, pare- cen dijes exclusivos de dama, algo menos fútiles que otros prodiga- dos en las modernas quincallerías. Lám. 12.—Tapiz francés del siglo xvu. Parece figurar á la reina de Sabá presentándose á Salomón, en tipos y trajes á lo Luís XIII; sin embargo puede ser algún recuerdo histórico de María de Médicis, cuyo célebre enlace dio tanto que hacer á los artistas de su época. El paño, bien tejido y conservado, recomiéndase por la grandiosidad de composición, escuela de Rubens, como tam- bién por el dibujo é iluminación que son magistrales; no así el co- lorido, frío y pobre por demás, muy distante de lo que alcanzaron los flamencos, y después los gobelinos en la misma Francia. Un ac- cesorio realza á esta pieza, y es su orla de flores, de tan linda combi- nación como hábilmente resaltadas. Cuelgan sobre las esquinas de este tapiz, dos cornucopias gemelas de espejo, con orla y figuras esmeriladas y su guarnición de cristal abrillantado, dignas de obser- varse por su forma bastante graciosa, aunque barrocas. Lám. 12 bis.—Otro tapiz italiano del siglo xvi-xvn, ofrece ca- racteres de todo punto contrarios al anterior. Su composición es nula, reduciéndose á la figura de un Atlante, de dibujo pésimo: el colorido vivo, demasiado fuerte quizá, sin propiedad, variedad ni armonía. También la orla prevalece como la antedicha, por su proli- jidad y bellos motivos ornamentarios. Lám. 1 3 . — T res dijes caprichosos de pequeño tamaño, inclu- yendo cada cual una muestra de reloj; producto veneciano del siglo xvu. El de enmedio, montado sobre una pieza de cristal de roca, de corte octógono y pié análogo, figura un ostensorio apeado por el genio de la música, llevando en el centro del horario un fino esmalte de la Comedia. Los laterales simulan jarritos, el de la iz- — 33 - quierda hecho de lápiz lázuli, y el de la derecha todo de esmaltes representando genios alados, en torno de la esfera, y detrás los amo- res de Marte y Venus: sus asas son sierpes enroscadas, y un agui- lucho sirve de remate á los brocales ó tapadores. Como alhajas, di- "ficil es hallar otras más delicadas, de labor más primorosa, y de mayor capricho, juntando la visualidad con la utilidad; pero bajo el concepto estético, habría algo que observar acerca la dificultad de aliaje entre un reloj y un jarro; cosa muy ingeniosa si se quiere, pero contraria á la verosimilitud y propiedad artísticas, cuyas reglas nunca se quebrantan en vano. Lám. 14.—Otros tres dijes de igual índole y circunstancias que los anteriores: la copa del centro, cristal de roca preciosamente tallado, susténtase en aros de bronce cincelados y esmaltados, con remate de pinaculillo, llevando este á su vez una diminuta muestra, y luego una figurita de campesino italiano. Más propia hallamos la otra muestra de esmalte y pié de bronce, que tiene adosados dos ge- nios gnomos, y por corona un remate de dos delfines: ligeros cupi- dillos juguetean en torno de la muestra, en cuyo respaldo está figurado el juicio de Páris. El ramilletero, á hechura de cuerno, de esmalte como su pié, afianzado por un grifo de bronce, tiene pinta- dos los dioses del Olimpo; bella composición, vivos colores, y dibujo asaz correcto. L á m . 15.—Colección del mismo género, compuesta de un reloj para pupitre en forma de caja exágona, cristal y bronce esmaltado, de remarcable pulcritud, sirviéndole la esfera de tapa. Dos jarrillos de tocador, uno cristal de roca y bronce esmaltado, de cuyo metal son las asas, y un niño coronado de flores que sirve de asidor: el otro, loza esmaltada, también guarnecido de bronce, el pié miniatu- rado con delicadeza. L á m . 16.—Tacilla de cristal de roca, en figura de caballo ma- rino, sobre pié de lo mismo y bronce esmaltado. Preciosa es la co- llera del caballo, hecha del mismo bronce, y salteada de algunos rubíes y esmeraldas. Acompáñanla dos pilas para agua bendita, i - 34 - excelente la de cristal de roca grabado y cincelado, de graciosa h e - chura, con cifra de Jesús en su cobertor. La otra, de plata sobredo- rada y esmaltada, tiene forma de medallón, representa de relieve al Padre Eterno; la copa hecha á manera de concha, con esmaltes recomendables por la viveza del color blanco, entre otros. Lám. 17.—El búcaro, de cristal de roca á guisa de cuerno re- torcido, y ensortijado por una sierpe de esmalte y plata, que empieza formando el asa, lleva brocal metálico esmaltado, de igual primor que los antedichos, y es de los joyeles que seguramente mejor real- zaban el libidinoso gabinete de cualquier dama veneciana, en la buena época de su prestigio. Como hermosas piezas de igual mate- ria, no le va en zaga el brocalillo, sobre armazón de plata dorada y esmaltada de la derecha, y el otro relojito sobremesa, hechura de copón, con la muestra debajo de su media cascara, sostenida por un negrito de plata y esmalte. Todos los objetos de estas últimas láminas, pertenecen conforme se h a visto á un mismo género, á igual estilo, y probablemente á un mismo origen y patria; todos se recomiendan por su materia y delicadeza, la mayoría por su originalidad y elegancia de formas, no menos que por la riqueza y variedad de accesorios. Bajo el con- cepto histórico, patentizan el buen gusto que ya dominaba en Italia en producciones lujosas, cuando los dislates del churiguerismo ava- sallaban todavía muchas obras artísticas de otras índoles y proce- dencias. Como artefactos, revelan gran maestría de elaboración y de confección, en cuyo sentido serán siempre ejemplares valiosos, sinó modelos dignos de aprecio y observación ahincada. SECCIÓN III. CRISTALERÍA. Lám. 1 8 . — B ú c a r o s , fruteros, copas, frascos, cantarillos y — 35 — otros objetos de vidrio y cristal labrados, principalmente venecia- nos de los siglos xvii y xvm, imitación algunos de lo antiguo. Sabida es la perfección que este arte alcanzó por entonces en Italia, no sin competencia de pueblos vecinos, entre los que Barce- lona alcanzó merecida nombradla. Los reunidos en esta lámina son incomparables en finura, delicadeza, esbeltez y demás circunstan- cias: nótense la botella de largo cuello, y cuerpo bollonado imi- tación de pina: la copa larga de cristal tornasolado, forma de tulipa y pié dorado, punteado de esmaltes: otra sutilísima copa de pié gra- nulado á doble espiral, figurando serpientes que la sostienen: otras dos copas en el escalón superior, cuyos afiligranados pies, sinó de tanto gusto, no ostentan menos capricho; la pecera del centro, á guisa de corona puesta sobre un cojinillo, tocada la corona de vidrio dorado y azul; el jarro de vidrio polvoreado de oro, salpicado exteriormente de azul, figurando toscas incrustaciones, con asa de serpientes y base de delfines, imitación griega; los vaporosos flore- ros y fruteros de primer término, y otros dos colocados encima, graciosos y esbeltos como corolas de flores ó cálices de azuce- nas etc., etc. SECCIÓN IV. . CERÁMICA. Lám. 1 9 . — P o r efecto del cambio de costumbres y del des- arrollo mercantil, la cerámica fué uno de los renglones que me- jor se explotó durante la actividad del Renacimiento. En España vino recibiendo notable impulso de los moriscos, que dieron origen y reputación á las principales fábricas, Málaga, Alcora, Valencia, et- cétera. Por eso los museos en general, y el gabinete Ferrer en parti- cular, reúnen ejemplares notables por lo raros, entre la multitud de objetos que donde quiera produjo este artículo. La heliografía 19 - - 36 — ofrece una pieza de loza valenciana, de forma apaisada, blanca con dibujos azules, representando el juicio de Páris, no de mala traza, y una orla undulosa de prolija rocalla, color amarillento. Este objeto revela cierta particularidad de costumbres poco conocida, pues cons- tituyendo un verdadero cuadro de adorno, debe suponerse serviría para el de habitaciones particulares, como económico equivalente de tablas y pinturas, en armonía con la decoración de azulejos, que también por tradición arabesca fué entonces ampliamente utilizada en edificios públicos y particulares, para frisos, pavimentos, techum- bres, etc. De dos grandes fuentes que hacen grupo, la una, blanca y azul, orla abarrocada, representa amores y ninfas, cuyo dibujo visiblemente italiano, tiene algo de Miguel Ángel. La otra de igual procedencia al parecer, es sólida, grandiosa, y en su centro figura de azul el sueño del amor, también á grandes r a s g o s . Campea en medio un frutero panerilla, matizado de flores, estilo francés del si- glo XVII, y completan el grupo un jarrillo, dos botes de boticario, uno hechura de frasco y otro de la forma común, con salvilla aneja, el primero azulado claro, y ambos además de la rotulación, con cenefa de flores y pajaritos. Lára. 20.—Este segundo grupo, ostenta piezas á cual más notables, algunas á reflejos metálicos de la reputada fábrica de Manises, descollando en primer término una española de grandes dimensiones y variedad de colores, con pronunciado sabor ara- besco. Representa en el centro una pareja de labradores alicantinos, indicándose al pié la fecha de 1612; en la cenefa interior, escenas de tauromaquia entre palmeras, y en la orla, adornos de animales y otros caprichos, con extremada minuciosidad. Otra de reflejos cobri- zos es visiblemente granadina, pues el escudo que la blasona, soste- nido por el águila austríaca de dos cabezas, lleva en su cuartel infe- rior el busto de Boabdil encadenado, y al dorso tiene una sigla del fabricante, que parece decir Plá. Otros dos platos cóncavos españo- les del siglo xvii, merecen señalarse por la curiosidad de sus pintu- ras policrómicas, una de hilandera valenciana ó andaluza, y otra de — 37 — dos soldados, tambor y espingardero, de tiempo de Carlos II. Otros platos colocados al pié, los juzgamos obra del siglo xvi: hay además, de loza común, unas lindas aceiteras, fábrica española y pinturas á lo chinesco; otro elegante bote de botica; graciosas redomillas, una de ellas ochavada, origen francés; un frutero recalado, etc. Lám. 21.—Cerámica y metalisteria. El tinajón indicado en nues- tro preliminar, es el que aparece en el fondo de esta lámina. Obra indudablemente barcelonesa, según el escudo de armas que sobre él resalta, orlado de dos espléndidos girasoles, constituye una gran pieza, de vidriado verde muy brillante y de agradable forma, á pesar de su corpulencia: las asas son dos lagartos; el brocal está rebajado: al confín tiene la espita que indica su servicio de lavamanos. Dicho detall de las armas, le distingue y recomienda entre los que aun se utilizan en muchas casas de labranza, y que también se utilizaban en las señoriales durante el citado período de afición á este lujo. T o - dos los demás utensilios de esta lámina, son metálicos: brocales, jarrones, braserillos japoneses, de característica hechura, y bande- jas flamencas del renacimiento, distinguiéndose una colosal en el primer término, repujada á martillo y bandeada de inscripciones. Lám. 22 Dos preciosos utensilios indianos, de cobre amari- llo, repujado y grabado con excesiva prolijidad. Aunque de forma algo panzuda, tienen ambos graciosa silhueta. La copa está cua- jada de animalillos, guirnaldas, flores y arabescos, y su tapa re- saltada por tres cabezas de león, interpoladas de genios indostánicos, con remate de alcachofa: el pié es de lo más elegante, y el platillo ó salvilla sobre que descansa, arandelado y recortado finísima- mente. Las asas del jarro simulan ser aguiluchos: su ornamentación varia á zonas sobre la tapa, collar y ceñido inferior, pero es uni- forme en todo el cuerpo, por estilo de escamado á red de malla, cada malla labrada como primoroso encaje. — 38 — SECCIÓN V. ARMERÍA. Lám. 2 3 — L a panoplia h a interesado siempre á los colec- cionistas, ya por la multitud y variedad de armas, al través de todos los siglos históricos, ya por el gran número de las que se han conservado, como objetos útiles y curiosos en todo tiempo, ya por el mérito real que entrañan, ó por materia, ó por calidad, ó por su forma y decoración, que sin ser esencialmente artísticas, han dado margen á todas las apuraciones del arte. Artículo de lujo y gala muchas veces, especialmente la armería defensiva, vino dejando modelos exquisitos que pregonan la esplendidez de sus dueños y la ingeniosidad de producción, en diversos y sucesivos lugares del globo. El Sr. Ferrer, sin reunir tesoros como los que por ejemplo contenía la Armería Real de Madrid, y que por una causa no ave- riguada, eternamente lamentable, acaban de desaparecer en dos horas de incendio, después de cuatro ó cinco siglos de constante rebusca y esmerada conservación; ha logrado hacerse con ejempla- res exquisitos de varias procedencias, entre las cuales, como especia- lidad de esta colección, sobresalen las etnográficas, chinescas, japo- nesas, indias, turcas, árabes del Joló y de Filipinas. No carecen de representación las indígenas, y entre buenas espadas del tiempo de los Felipes, sinó figura ninguna célebre del perrillo, haylas de Ayala, del maestro Francisco, y de otros famosos toledanos. La lá- mina 23 reúne tres espadas y una daga, del alemán Enrique Coe, la del centro, según inscripción; leyéndose en la media hoja de la t( izquierda E . Francisco me fiz en Toledo», > la de abajo lleva el nombre Caino, repetido. Caracterízanse las tres por sus empuña- duras de guardamanos y gavilanes, extrañamente contorneados, — 39 - rejillados y sutilmente laboreados. La daga de la derecha tiene en el puño algo de arabesco, con su hoja de tres filos. Lám. 2 4 — « T o m á s de Avala me fiz en Toledo» dice á su vez la espada que encabeza esta lámina, notable por su delicadísima cazoleta del siglo xvi, de bordillo no menos primoroso, y sus des- comunales arriaces. La otra espada de abajo, algo parecida en forma y labor, es de las de cuatro filos, condenadas por varias ordenan- zas. Crúzanlas dos dagas misericordias de vistoso guardamano, cuyas hojas dentelladas eran de golpe seguro y mortífero. Lám. 2 5 — G r u p o compuesto de casco, coselete y brazales de foja de hierro, sobre cota de malla, estilo alemán del siglo xvi, dos esbeltos sables turcos incrustados de oro, con leyendas ó lemas in- vocatorios; una alabarda notable por su larguísima cuchilla, y tres mosquetes importantes, el primero de ébano incrustado de marfil, y cañón labrado, entre cuyos adornos hay cerca de la llave un es- pingardero francés de Luís XVI, y en la culata dos atletas lu- chando; el segundo, árabe, embutido de metal y marfil, y su cañón de plata y oro, con la particularidad de estar rayado por dentro, y tener en la culata un receptáculo semejante á las pistoneras mo- dernas, reducido el disparador á un pequeño botoncillo. El tercero es turco, no menos curiosamente incrustado de marfil, concha y maderas de colores. Completan este grupo otra daga de bonito puño, con hoja acanalada, y un galano puñal japonés. Lám. 26 -Sables de lujo, uno chinesco para mandarín, y otro japonés, con pomos, abrazaderas y vainas de metal y plata, forrada de madera la del segundo; ambos grabados y laboreados con toda la delicadeza peculiar á la industria de aquellas naciones. La lá- mina, sin necesidad de relato, dejará apreciarlos en sus detalles. Lám. 27.—Otro tanto puede decirse de los varios objetos que reunimos en este grupo, sólo para dar idea de la importancia de la colección. Recomiéndase entre ellos un legítimo capacete romano de hierro. Lám. 28.—Nuevo grupo de ejemplares japoneses, en que sobre- — 40 — salen dos panoplias de guerra con todas sus piezas, un bonete de mandarín, abanicos, dijes, un exquisito idolillo de porcelana, etc. Queda llenado nuestro cometido. Acabamos de presentar de la colección Ferrer y Soler lo que más se destaca en ella, sin atrever- nos á decir sea lo más selecto, pues tanto y tan bueno encierra, que se haría difícil escoger y más aun graduar preferencias entre la riqueza, belleza, abundancia, variedad y hasta heterogeneidad de su contenido; fructuosa materia no sólo para uno, sinó para muchos Àlbums. Bástanos señalarla á la atención de los propulsores del arte y de sus aplicaciones, para que sepan hay en Barcelona otra excelente fuente donde beber, otro manantial abundoso y explotable, contando con la hidalguía de su dueño, que por cierto no rehusa franquearle á cuantos tienen curiosidad ó necesidad de admirar aquel precioso taller. Así completa generosamente su obra, ya que ha- biendo prestadoun servicio casi público, creando á mucha costa depó- sito tan interesante, en calidad de coleccionista verdaderamente ilus- trado, sirviendo personalmente al arte con su talento y sus recursos, no duda poner el fruto de todo ello al servicio de la generalidad. P o r nuestra parte, utilizámonos de su merced para facilitar á curiosos y estudiosos el conjunto de tipos inclusos en las heliogra- fías que presentamos y detallamos, á cuya vista cualquiera podrá formarse cabal idea de los originales, y á la vez estudiarlos ó apre- ciarlos en la reserva de su gabinete ó taller, habiendo así adquirido con insignifiante dispendio y sin la menor fatiga, modelos impor- tantísimos en indumentaria, mobiliario, tejidos, pinturas, escultu- ras, vajillería, vidriería, armería, en suma, los principales ramos del arte aplicado, histórico y arqueológico, bajo diversos conceptos de origen; lo cual entraña una enseñanza fecunda para cuantos se hallen en disposición de utilizar tan buenos elementos, y estimar su importancia. La Arqueológica no dejará de encarecerla, bien persuadida de que sólo á copia de modelos y ejemplares, tanto más valiosos cuanto más ricos y legítimos, es posible vulgarizar la noción que no suministra ninguna Academia, la de la variedad de aplicaciones, trasformaciones y combinaciones que en la práctica pueden sufrir dichos ramos artísticos, concreta ó complejamente, y el desarrollo que estas combinaciones ofrecen, bajo técnicas propias, en el de- curso de los tiempos, ó al influjo de su procedencia etnográfica, sociológica, dogmática, histórica, tradicional, etc. ÍNDICE DE LAS HELIOGRAFIAS. Galería de objetos varios. Grupo de mesa, arquilla y otros objetos. Librería, siglo xvu. Armario id. id. Arquilla id. id. Bufete id. id. Tocadorcillo, siglo xvm. Arqueta, siglo xvu. Lecho rico, imitación antigua, bis. Sillón y silleta, siglo xvi. i o. Arca novial, siglo xv. i i. Especialidades artísticas. Porcelanas. 12. Tapiz, siglo xvii-xvin. 12 bis. Otro tapiz, italiano, siglo XVI-XVH. 13. Muestras, siglo xvi-xvu. 1 4. Muestras y ramilletero, siglo xvi-xvn. 15. Muestra y jarrillo id. id. 16. Caballo marino, pilas, id. id. 17. Búcaro, copitas, id. id. t8. Cristalería veneciana, siglo XVI-XVH. 19. Piezas cerámicas, siglo xv». 20. Piezas cerámicas, siglo XVI y xvu. 2 i. Ltensilios metálicos, siglo xvi y xvu. 22. Copas indianas, siglo xvu. 2 3 y siguientes. Piezas de armería, siglo xvi y xvu — ¡:¡ TISOGITIGIÓI) ^HTÍSTI60-^^Qn60LÓ6I6?I BARCELONESA. SOCIOS PROTECTORES. 1 S. M. el Rey D. Alfonso XII. 2 Excma. Diputación Provincial de Barcelona. • $ Excmo. Ayuntamiento Constitucional de Barcelona. SOCIOS HONORARIOS. 1 Excmo. S r . Ministro de Fomento. 2 Excmo. S r . Capitán General del Distrito. •} ' Excmo. S r . Gobernador Civil. 4 Excmo. é limo. S r . Obispo de la Diócesis. 5 Excmo. S r . Recior de la Universidad Literaria. ó Excmo. S r . Director General de Instrucción pública. 7 Scrmo. S r . Duque de Montpcnsicr. Infante de España. 8 M. I. S r . Comendador D. Juan Bautista Rossi. 9 Sermo. S r . Archiduque Reignier. 10 S . M. el Rey de Portugal. SOCIOS RESIDENTES. t D . José P u i g g a r í . Abogado. 2 » Felipe Jacinto Sala. Fabricante y propietario. 3 M. I. S r . Dr. D. José Vailet. Canónigo. 4 D. Ramón Soriano, Maestro de O b r a s . 5 » Eduardo Támaro. Abogado. f> » Fernando de Delás. Hacendado. — 4i — 7 D . Tomás Moragas, P i n t o r . 8 » Bartolomé Bosch y Pazzí, del Comercio. 9 » Jerónimo Faraudo, Doctor en Medicina y Cirujía. io M. 1. S r . Marqués de Alós, Hacendado. ii D . Luis Castells, Bordador. 12 » José F r a d e r a , Propietario. 13 » Federico Bordas, id. 14 » José T a l a r n , Escultor. i 5 » A r t u r o Pedrals, del Comercio. 16 » Macario Planella, Maestro de Obras. 17 » José Moliné, Comerciante. i8 » Hermenegildo Monfredi, Abogado. 19 » Pelegrín Marqués, Fabricante. 20 » Heriberto Mariezcurrena, Fotógrafo. 2i » Francisco Isaura, Fabricante. 22 » Ramón de Sisear, Hacendado 23 » Luís Fernando de Alós, id. 24 » F e r n a n d o de Segarra, id. 25 » Juan Armengol, Propietario. 26 » Carlos de Parrella, Hacendado. 27 » Baudilio C a r r e r a s , id. 28 » Rosendo Novas, Escultor. 29 M. 1. S r . Conde de Bell-lloch, Hacendado. 30 D. Alejandro Planella, P i n t o r . 31 » Ignacio Gallisá, Notario. 32 » Elías Rogent, Arquitecto. 33 » Luis Rigalt, Pintor. 34 » Miguel Victoriano Amer, del Comercio. 35 » Trinidad de Fontcuberta, Hacendado. 36 » Carlos de Fontcuberta, id. 37 Excmo. S r . D. Francisco de Paula Rius y Taulct. 38 D. Cayetano Cornet y Mas, Ingeniero Industrial. 31; » Francisco Masricra, Platero, P i n t o r . 40 » José Masriera, id. id. 41 » Federico Pasarell, Escritor. 42 » Francisco Miquel y Badía, Abogado y Escritor. 43 » César Ortembach, Corredor. 44 » Jacinto Torres y Reyató, Maestro de Obras. 4Í » Antonio de Ferrer y Corriol, id. 46 » J u a n Roig y Bofill, P i n t o r . 47 » Federico Soler, Escritor. 48 » José O . Mestres, Arquitecto 49 M. I. S r . D . E d u a r d o de Moner, Abogado, Archiv. del Real Patrimonio. jO D . Jerónimo Granell, Maestro de O b r a s . 51 » Antonio de Ferrater y Llaujer, Propietario. 52 » E d u a r d o Llorens. P i n t o r . — 15 — 53 D- Eusebio Güell, Propietario. 54 » José Mirabent, Pintor. 55 » Mauricio Serrahima. Abogado. 56 » Antonio Caba, Pintor. 57 » Juan Bofill y Martorell. Naviero. 58 » Fèlix Vives de Amat. Abogado. 50 i) Agustín Rigalt. Pintor. 60 » Bernardino Martorell, Propietario. 61 » SaKador Armet y Ricart, id. 62 » Melitón de Lloselles, Notario. 63 » Juan Pujadas. Hacendado. 64 » Ignacio (iirona. Banquero. 65 » Casimiro < ürona. id. 06 » Eduardo Tarasco. Atrecista. 67 » José Altimira. Propietario. 68 » Ramón Suñol. Abogado. 69 » Delfín Artos. Abogado. 70 1 Isidoro Pons. Propietario. 1 71 » Juan Martorell y Monteys, Arquitecto. 72 » Antonio María Morera. Profesor de dibujo. 73 M. I. D. Ramón de Luanco. Catedrático de Química. 74 D. Eusebio Aujé. Platero. 75 i> Juan Rubio de la Serna. Hacendado. 70 M. 1. D. Manuel de Yillalonga. Canónigo. 77 D. Mariano Aguiló. Bibliotecario. 78 » Camilo Oliveras. Arquitecto. 79 » Emilio Clausollcs. Médico. 80 » José de Caralt, id. 8 1 D Plácido Aguiló, Bibliotecario. 82 1 Nemesio Singla. Propietario. 1 83 » Leoncio Serra, Dibújame. 84 » José Estruch, del Comercio. 85 1 Vicente Genovart y Alsina, Pintor. 1 86 » Manuel Amcll. id. 87 » Emilio Santamaría, Estracista. 88 » Magín Pujadas. Litógrafo. 89 » Mariano Matallana, Maestro de Obras. 90 » Juan Amell, Propietario. 9 1 » Francisco Pagés y Serratosa, Escultor. 92 » José María Rodríguez Carballo, Catedrático. 93 » José S e r r a . P i n t o r . 94 » Federico Marcet. del Comercio. 95 » Camilo Fabra, Hacendado. 96 D Ignacio Carreras, Fabricante. 97 » Olegario Llaveria. Pintor. 9 8 Excmo. Sr. D. Manuel Duran y Bas, Abogado y Catedrático. 00 D . Leoncio S a n m a r l í , Abogado. 0 0 Excmo. S r . D . José Vilaseca y Mogas, id. oi D . José Maria de Barraquer y de P u i g , Hacendado. 02 M. I. S r . D. Félix María Falguera, Abogado. 03 M. I. S r . D. Francisco Javier Benabcnt, Doctor en Medicina y Cirujia. 04 D. Eugenio Bladó y Bulbena, Abogado. 05 » José de Olsina, Hacendado. 06 » Policarpo Alcu y Arandez, Abogado. 07 » J u a n Arana de la Hidalga, id. 08 » José Ferrer y Soler, Propietario y Fabricante. 09 » José Xiró y Jordá, Maestro de Obras. 10 » Antonio J . Bastinos, Propietario y Editor. 11 » Emilio Cabot, Platero. 12 » Joaquín de Gispert, Abogado. 13 » Tomás Coll y P l a n s , Propietario. 14 » Joaquin Olivó y Formentí, Hacendado. 15 » Luís María Soler, Abogado. 16 » J u a n Cardona y V e r t ; Profesor. 17 » E n r i q u e de Gispert, Ingeniero. 18 » José Ribot. Ingeniero. 19 » A r t u r o Saforcada, del Comercio. 20 » Francisco Planas, Abogado. 21 » Federico Damians y Pellicer, Abogado. SOCIOS CORRESPONSALES. Nombres y apellidos. Residencia. i D . Luís Roca. Lérida. 2 » José Tarongí. Palma de Mallorca. 3 » José Pifarrer y Pintó. Yilasar. 4 » José Serra y Campdelacreu. Yieh. 5 » J u a n Valles y Mitjans. Tarrasa. 6 » E n r i q u e Claudio Girbal. Gerona. 7 » Antonio Vila y C u i t ó . Figueras. 8 » Joaquín Forcada. Sabadell. 9 » Bartolomé Muntaner. Palma de Mallorca 1o » Marcial de la C á m a r a . Valladolid. 11 » Buenaventura Hernández. Tarragona. 12 » Tercncio Thos y Codina. Mataró. 13 Excmo. S r . Marqués de Monistrol. Madrid. 1 4 D . José Saderra. Olot. 15 » Joaquín Vayreda. Olot. 16 » Francisco Viñas. Gerona. 17 » Antonio Mir. Tarragona. i8 D. Saturnino Ginesta. Tarragona. '9 > José Castells. J Lérida. 20 » Ramón Padró. Madrid. 21 » Juan de Dios de la Rada y Delgado Madrid. 22 » Bartolomé l a r r a . Palma de Mallorca. 23 M. I. S r . Pedro de Madrazo. Madrid. -¡4 D. Eduardo Saaredra. Mad.id. JS M. I. S r . Eugenio de la Cámara. Madrid. aC 1). Manuel Oliver Hurtado. Madrid. 27 Excmo. Sr. 1). Víctor Balaguer. Madrid. 28 1). Antonio Maria Pable. Madrid. -9 1 V ictoriano Codina Langlin. Londres. ?o • Francisco Javier Rosea. Gerona. 31 • José Pifarré. Lérida. 32 » Mariano Alegría. Salamanca. 33 M. 1. S r . Marqués de Vallgornera. Tarragona. 34 D. Joaquín Botet y Sisó. Gerona. 35 Excmo. S r . D. Alejandro Subasky. Tula (Rusia). 36 D. Romualdo Nogués y Milagro. Madrid. 37 » Alfredo Opiso. Tarragona. 38 M. I. S r . Marqués de Tamarit. Tarragona. 39 Excmo. S r . Marqués de Alcañiees. Madrid. 40 Excmo. S r . Marqués de Heredia. Madrid. 4i D. José Rosell. Cervera. 4* » Antonio Pellicer y Pagés. Centellas. 43 Excmo. S r . Conde de Moríi. Madrid. 44 D. Ramón Vinader. Madrid. 45 » Rafael Esquivel. Sevilla. 40 » José Ignacio Miró. Madrid. -17 » Juan Ramonacho y Clerc. larragona. 48 » José Martí y Monsó. Valladolid. 49 > Manuel Almeda. Gerona. 5° i> Mariano Pardo de Figucroa. Medinasidonia. 5 1 n Celedonio Velázqucz. Toledo. 52 .. Manuel < iuillén. Zaragi'/a. 53 » Ramón Torres Martínez. Coruiia. 54 » , Manuel Espcravé Lozano. Salamanca. 55 » Adolfo Llanes Alcarraz. Murcia. $6 » Luis Arigó Torralba. \ alencia. 57 » Antonio Puiggari. Perpiñán. 58 M. 1. S r . D. A. Ruata. Portugal. 59 D. Joaquín Posidonio Narciso de Silva. Portugal. 60 » E . Cobaux. Charleruy. • i 1 M. R. S r . Barón Yos Afcc-Hdfcrt. Viena. 62 S r . Barón Conrado. Viena. 63 » D. Lope Barren. Madrid. — 48 — Ó4 Rdo. Dr. D. Eduardo Millas, Presbítero. Chile. 65 » Philippe Jean. Atenas. 66 » Etienne A. Conmanondi. Atenas. 67 M. I. S r . Jaime Dach y Sabater. Tarragona. 68 D. José Ignacio Gual. Tarragona. 69 » Mariano Ciará. Vich. 70 » José Ordeix. Montevideo. 71 » Fernando Roig Flores. Valencia. 72 » Luis Tramoyeres. Valencia. 73 » J u a n Lamote. Tortosa. 74 » Emilio Grahit. Gerona. 75 » Joaquín Grau Carreras. Gerona. 76 » Benigno Joaquín Martínez. Madrid. 77 » José Sabater y Pujáis Albacete. 78 » Claudio Pereira de Chaby. Lisboa. 79 » A r t u r o Guillem. Zaragoza. 80 » Delfín Deodato Quedes. Lisboa. 8 1 » Frutos Martínez Lumbreras. Madrid. 82 » Juan Federico Muntadas. Zaragoza. 8? Excmo. S r . D. Salvador Gallegos. República del Salvador. 84 Excmo. S r . D. Fernando C r u z . Guatemala. Barcelona 1." Agosto de 1 8 8 4 . E L VOCAL DE LA J. D. Secretario, R. Soriano. PL 2 'A . PL3 • M » T * t « T ' " pA B, > r^p ^^^^B fi i JÍ ! U «li!i• I JnHiNtM • : j I lililí l i l i Uf fi. T'l ife r ,'i PL 5 i'L | «. * PL 7 PL 9 PIS PL 10 PL l i PI.