ïï£m\ WM , ; • M. FOSSAS PI CARTUJA MONTALEGRE CARTUJA DE MOKTALEGRE tíh ÏL-1~\ ASOCIACIÓN DE ARQUITECTOS DE CATALUÑA CARTUJA DE MONTALEGRE MEMORIA DESCRIPTIVA D. MODESTO FOSSAS PI LEÍDA EN LA EXCURSIÓN HECHA AL MONASTERIO POR LA ASOCIACIÓN EN 11 DE MAYO DE I-S84. ¿e II BARCELONA TIPOGRAFIA DE LA CASA P. DE CARIDAD. 1884. hf.hXl c ADIENDO el turno de ponencia de !a> excur- siones artísticas que la CATALUÑA periódicamente verifica al Sr. D. Mod as Pi. eligió éste para dicho lin la notable Cartuja de Montalegre, á la cual se trasladaron el dia 11 de Ma- -. GARRIGA, ROGENT, VILLAR, TOR; RVLLACH , ARTIGAS, R U S , FONT Y CARRERAS, Y I ¡ S A L A , CA AR- . MERCVDER. PASCUAL, RENA, GUSTA, BASSEGODA, FERNANDEZ, POLLÉS, PONS, DOMÈNECH ESTAPÁ, SAGNIER, Y FONT Y SANGRA. Recibidos atentamente en el Monasterio por uno de los Rdos. Monges que lo habitan , procedieron á una minuciosa visita de todas las dependencias del mismo, durante la cual se hicieron atinadas observaciones, así bajo el punto de vista artístico como en el constructivo. A continuación reunidos todos en el claustro pequeño, el ponente Sr. Fossas Pi dio lectura al siguiente traba- jo monográfico del monumento. INTRODUCCIÓN / * qué hemos venido, queridos compañeros, á este ameno lugar? ¿por qué el solo hecho de tener de común la posesión de un mismo título que nos autoriza á ejercer idéntica profesión, nos halla congregados, cual otras veces, por dicha, ha acontecido , á la sombra de vetustos muros, al pié de venerandas ruinas? Si juntos hemos dejado por algunas horas la capital del Principado aleján- donos del constante bullicio que en ella reina y de los esplendores, más ó menos fugaces, que allí por do quier distraen nuestro espíritu, si, haciendo un paréntesis en nuestras ordinarias y respectivas cos- tumbres , nos hemos trasladado á algunos kilómetros de distancia, no es que hayamos venido al campo para respirar un aire saturado de mayor cantidad de oxígeno que refrigere y dilate nuestros pul- mones , no es que nuestro objetivo sea solazarnos á la vista de la - naturaleza, siempre joven, siempre reflejando la lozanía de que la dotó el Criador, no es tampoco que, huyendo del siglo y de la sociedad que en él se agita, y trayendo á la memoria la vida que allá ^n los mejores tiempos de este cenobio debieron llevarlos bue- nos religiosos que en el mismo moraron, y de la cual nos dan elocuente ejemplo los pocos de ellos que hoy lo habitan, vengamos tan solo á considerar las excelencias de aquella vida. Nos trae aquí el deseo de instruirnos y de á la vez deleitarnos. Y en efecto, si bien apreciamos la existencia humana, dejando aparte los goces de los sentidos, así como aquellos que, aun cuan- do lo son del espíritu, responden d vanas ilusiones del hombre , habremos de reconocer como fuentes de deleite de base sólida, aquellas cuyos arroyos conducen á la indagación de la verdad y de la belleza, consideradas la belleza y la verdad en su solio el rriás elevado del mundo real, tocando en las regiones ideales, y aun penetrando en ellas en cuanto al alma humana le es permitido. Todos nosotros hemos elevado nuestro espíritu á estas inconmensu- rables alturas y en ellas nos hemos solazado ya, desde que en nuestros estudios los conocimientos estéticos nos han abierto tales horizontes, y cuando en alas del entusiasmo artístico, bien hemos recorrido la historia del noble arte que profesamos, bien con el lápiz en la mano damos forma á concepciones de nuestra imagina- ción, bien, como al presente, nos gozamos ante la contemplación de gloriosos monumentos de edades pasadas en que admiramos realizadas inspiraciones que son opimo fruto de arquitectos que en aquellas edades vivieron. Hé aquí, pues, á lo que hemos venido, unidos por estrecho lazo de estudios y aficiones; á recrear nuestro espíritu admirando belle- zas del arte arquitectónico, á fortalecerle para las concepciones que estemos llamados á realizar, á estudiar en el monumento que á la vista tenemos, para obtener ejemplos que aplicar á las obras de la edad presente, á rejuvenecernos cual se rejuvenece quien, tras larga ausencia, vé y estrecha entre sus brazos al amigo querido de la infancia, á sacudir el letargo, en cuyas redes tiene aprisionada nuestra imaginación la prosaica práctica del ejercicio cotidiano de nuestra carrera en una época metalizada cual la en que vivimos. Dos caminos distintos cabe seguir al tratar de hacer la mono-. grafía de una obra de arquitectura, pues ó bien, empezando por conocer los datos históricos concernientes á su erección, ó que en ella hayan influido, nos toca averiguar á la vista de estos datos, si la obra realiza la belleza, ó en otros términos, si idealiza la- esce- na de la vida real que, en tales condiciones, tuvo el artista por mi- sión espresar, ó bien habríamos de proponernos la recíproca, esto es, deducir del exacto conocimiento de la forma del conjunto y de los detalles del monumento, la edad ó edades de que es fruto, y el hecho ó el fin útil que se quiso con él representar ó conseguir idealizándolos. Afortunadamente para mí, la posesión de algunos datos históricos del monasterio que á la vista tenemos, y cuya monografia, quizás con sobra de atrevimiento, emprendo, me per- mite seguir el primero de los dos caminos trazados, aunque sea con la vacilación del tímido viajero que, apesar de las numerosas piedras miliarias que halla en su recorrido, teme á cada paso estraviarse. Así pues, fiado más que en mi inutilidad, en vuestros superiores conocimientos, á los que ligeras indicaciones bastan para abrir estensos horizontes y sobre todo en vuestra benevolencia de la que todo lo espero, doy principio á mi tarea, á la que me obliga el cumplimiento de un deber, en cuyo desempeño empezaré por la cita de las pocas noticias que los autores, á los cuales he tenido ocasión de consultar, me han proporcionado acerca la historia de esta Cartuja; seguiré refrescando vuestra memoria, al par que la mia, en cuanto las crónicas de la monarquía aragonesa afirman relativamente á los hechos y al estado de cultura de la edad en que el monumento fué erigido; continuaré fijándome en los rasgos característicos de la arquitectura en las épocas ó estilos que en este lugar tienen su representación; y acabaré por la descripción concreta de la obra relacionada con los datos antes aportados, se- ñalando los medios empleados por el artista para realizar el fin que se propuso. CARTUJA DE MONTALEGRE NOTICIAS HISTÓRICAS PARTICULARES, ( i ) Allá en la segunda mitad del siglo xm existía en la cumbre de este monte comprendido en la jurisdicción municipal de Tiana de esta provincia y tan propiamente dicho Monte-alegre, un con- vento de damas principalísimas, religiosas de la orden de S. Agus- tín, cuyo instituto en 1362 fué trasladado á Barcelona. Posterior- mente compró Fray Arnaldo de Torre vieja á la Colegiata y Ca- nónigos de Sta. Eulalia el mentado edificio, con sus tierras, monte y posesiones, viviendo en él eremíticamente con otros sacerdotes durante algunos años, al cabo de los cuales pasó á ser propiedad del Hospital de Sta. Cruz, de cuya Administración lo adquirieron los Cartujos de S. Jaime de Valparaíso, ó de Vall de Paradís en Febrero de 1415. Un hecho milagroso acaecido en Paris á fines del siglo xi había dado origen á la fundación por S. Bruno de la orden de la Car- tuja, cuyo nombre tomó del que se daba en Francia al lugar Char- treuse en que fué establecido su primer monasterio, estendiéndose esta religión á España un siglo después al fundar el rey de Aragón (1) P. Villanueva—Viaje á las Iglesias de España—Tomo 19, carta 132. Pí y Arimón—Barcelona antigua y moderna. Dr. D. José de Valles—Primer instituto de la Sagrada religión de la Cartuja. — 12 — Alonso el Castro la primera Cartuja denominada de Scala-Dei en la provincia de Tarragona. La segunda Casa de este instituto en nues- tro pais fué la de S. Pablo de la Marina en el punto conocido hoy por S. Pol en esta provincia y costa de levante, fundada en 1269 por Guillen de Mongriu, quien hizo donación para este fin del Castillo, tierras y posesiones por él adquiridos y además de cuanto fué ne- cesario para doce monges y un prior, frailes y sirvientes. Vivieron mas de cien años.los Padres Cartujos en dicha casa, si bien el sitio fué siempre poco apacible por su eminencia y ser combatido por esta causa de recios vientos de mar y tierra, hasta que su co- munidad se unió en 1433 á la de éste cuya monografia va á ocu- parnos. Por los años de 1344 D. a Blanca de Centelles viuda de D. Ra- mon de Calders dispuso la fundación de otra Cartuja en un edifi- cio que hasta entonces habia sido castillo junto á la villa de Ta- rrasa, hoy ciudad de Tarrasa, dándole el nombre antes citado de San Jaime de Vall de Paradís; mas teniendo la casa corta habitación y no contando con esperanzas de aumento, nació la idea de su traslación áotro punto, lo cual tuvo lugar, como queda dicho, en 1415, al quedar vacante el convento de ermitaños de la cumbre de este Monte-alegre, que por derivación llamamos Montalegre, el mismo en el que ha- bían residido anteriormente las Monjas agustinas trasladadas á Barcelona. Estuvieron los Padres Cartujos en este convento con mucha estrechez y falta de comodidad, hasta que resolvieron ba- jarse á la falda del mismo monte en punto mas apropósito, donde se levantó la fábrica que hoy admiramos, y de la cual dice Vallés en su primer Instituto de la Cartuja, que es la mas curiosa y per- fecta de las de España; quedando en el edificio de la cumbre la casa llamada en Castilla de Procuración y apellidada Conrería en Cataluña. Empezóse la nueva Casa, inmediatamente de adquirida la pro- piedad del terreno, por el padre D. Domingo de Buena Fé, Prior de la Cartuja de S. Jaime de Valparaíso, siendo Conrer D. Pedro Coll de la misma. Invirtióse en la obra el producto de la venta del edificio y posesiones de esta estinguida cartuja, así como un legado _ IJ _ de Beltran Nicolás, mercader de Barcelona. Quien mas trabajó en ella filé Fray Juan de Nea, carpintero en el siglo, que vino á la Casa como su procurador y fué muy valido del Rey D. Alfonso V y de la Reina D. a María, no menos que del Papa Nicolás V con quien le unía antigua amistad. Adelantó mucho la construcción en 1423 después de algunos años que no se trabajaba en ella, y realizada mas tarde la unión con esta Cartuja de la de S. Pablo de la Ma- rina , de que queda hecho mérito, se perfeccionó de todo punto la obra (dice Vallés) en 1448 con las ayudas de costa que dio el Pontífice y trajo Juan de Nea á su vuelta de Roma, y también con los favores y limosnas de los Reyes de Aragón; siendo gene- ral de la orden el Padre D. Francisco Maresma y prior D. Pedro Ferrer, monge profeso de Porta Cceli. Y antes de acabarse, hallán- dose la reina D.a María con toda su corte en Barcelona, visitó es- ta cartuja recibiendo gran gusto de verla en el estado en que la halló. Y para que juzguéis de lo parcos que eran en aquel tiempo, el propio autor atribuye á Juan de Nea el dicho, de que esto fué por el mes de Agosto y gastó para agasajar á la Reina y á todos los que con ella fueron, una libra y cuatro sueldos de moneda de Cataluña, que á la de Castilla corresponde por doce reales de pla- ta en aves, huevos y melones; y que á otro dia estuvo el Obispo de Barcelona á ver la obra, y dio la comida á todos los que en la misma trabajaban. Por último afirma el autor referido, que el sitio del emplazamiento está cercado de viñas, jardines y árboles fáltales, con una calle de cipreses muy hermosos (que hoy han desapareci- do) símbolo (dice) de la altísima contemplación que aquí se trata, como Santuario insigne dedicado para este ministerio. Las suscintas noticias estractadas alcanzan hasta á mediados del 1400, en cuyo siglo debió la religión de los cartujos obtener gran desarrollo en España, pues es la época en que se alzaron mayor número de monasterios de esta orden. En efecto, en el año 10 estaba en construcción el claustro y la iglesia de la cartuja de Vall de Cristo en el reino de Valencia; del mismo tiempo es la de Jesús de Nazaret en el de Mallorca; en el 33 se edificaba la iglesia de la del Paular en Castilla la Vieja; en Sta, María de las Cue- — 14 - vas cerca de Sevilla se trabajó del 10 al 48. La cartuja de Miraflores junto á Burgos se erigió por los años de 1441 terminándose en el 88; la de Ntra. Sra. de Amiago próxima á Valladolid fué fundada en 1443; la de la Inmaculada Concepción en Cazalla en 1476; se puso la pri- mera piedra de la de la Defensión de María Santísima en Jaén en 1478 y fué dispuesta en 1459 la fundación de la de Granada, por mas que no se puso por obra hasta el siglo siguiente. Diversas construcciones se contienen en este recinto de Monta- legre que pertenecen á épocas ^posteriores á la primitiva, mas no contando con otras noticias acerca la edad de su erección, que la de dos fechas correspondientes á los años 1727 y 1750 grabadas en la obra, dejo de mentarlas en este lugar de la presente, para hacerlo mas adelante. NOTICIAS DE HISTORIA GENERAL. Acabamos de ver que las primeras construcciones de este mo- nasterio, en el emplazamiento que hoy ocupa, datan de 1415; en cuyo tiempo, frescos todavía en Aragón los recuerdos del memora- ble reinado de D. Pedro IV conocido en Cataluña por el del Ptt- nyalet, habia el pais atravesado la turbulenta crisis á que dio lugar la muerte sin sucesión del rey D. Martín, á cuya crisis puso término el renombrado parlamento de Caspe, que llamó al trono en 1412 á D. Fernando el de Antequera, y en 1416 á su hijo Alfonso V , el IV en Cataluña, quien reinó hasta 1458 y tuvo por esposa ala no- ble, discreta y prudente D.a María, la misma que contribuyó pode- rosamente á la construcción de esta cartuja. Sucede á D. Alfonso, D. Juan II y á éste en 1479 Fernando el Católico, que con su en; lace con D. a Isabel de Castilla realiza la unidad de la monarquía española. Desde la abolición del Privilegio de la Union por el rey D. Pe- — is — dro habían cesado las famosas contiendas entre el trono y la aris- tocracia que por tantos años conmovieron el pais, quedando esta- blecido en Aragón el predominio del Poder Real. Resolvióse por estos tiempos la gran cuestión del cisma de la Iglesia producido por las pretensiones del anti-papa aragonés Pedro de Luna, quedando restablecida en 1429 la paz religiosa mediante el concilio de Constanza, y si bien á poco amenazó otro cisma, conjurólo el de Basilea, renaciendo de nuevo la calma en 1449. Lafuente (en su historia de España) se complace en evidenciar los notables adelantos conseguidos por el pueblo aragonés durante el siglo xiv en los ramos que principalmente constituyen la organiza- ción social y la cultura, á la vez que hace notar el pernicioso in- flujo que en todas las fuentes de la riqueza pública habian ejercido en el siguiente las turbulencias del interregno, y las incesantes guerras de conquista, de resultado mas brillante que provechoso para el pais. Poseía por entonces Cataluña grandes elementos, hasta el punto de afirmar Balaguer, (en su historia) que para la marina, comercio, industria y artes, lo propio que para las letras y las ciencias, los si- glos xiv y xv fueron la edad de oro en el Principado. Buena prueba, de ello son los muchos y valiosos monumentos que se erigieron en aquella próspera edad, la mayor parte de los cuales dichosamen- te se conservan para gloria de la tierra catalana. De estos tiempos son; en Barcelona la Sta. Iglesia Catedral, las Iglesias de Sta. Ma- ría del Mar, de Stos. Justo y Pastor y de Ntra. Sra. de los Reyes ó del Pino; los claustros de los conventos de Junqueras y de Mon- te-Sion, la parte mas antigua de la Casa de la Ciudad con su his- tórico salón de Ciento, el salón de la Casa Lonja que formó parte del edificio primitivo y la parte antigua también del Palacio de la Diputación. A la propia época pertenecen el monasterio de Pedral- ves (que detalladamente conocéis por la notable monografia leida en análoga ocasión por un dignísimo compañero) la Iglesia de Santo Domingo de Manresa, los claustros de la Catedral de Vich y otros memorables edificios, aparte de aquellos que la piqueta demo- ledora ha hecho desapiadamente desaparecer. - i6 — Es sorprendente, á la verdad, el considerable número de cons- trucciones monumentales que en la referida época se elevaron, mas tal sorpresa se desvanece al considerar que estas construcciones eran el producto de la fé pura y robusta, no menos que de la piedad bienhechora, de los que en ella vivieron; sin que ni la duración, ni el costo de tan colosales empresas fuera obstáculo que dificultara su realización. La erección de un templo, la fundación de una casa monástica, eran un legado trasmitido á la posteridad por el patrio- tismo y el espíritu religioso. Los reyes, á la vez que los grandes y poderosos, tenian por un imperioso deber el contribuir eficaz- mente á tales empresas; un pueblo entero secundaba y aplaudia es- ta grandeza y veia en ella el distintivo de la categoria y preponde- rancia de quienes la ostentaban por tan nobles medios. ¡Qué menos podemos hacer nosotros que poner en evidencia esas bellezas crea- das y procurar con ardoroso empeño su conservación! RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LOS ESTILOS DE ARQUITECTURA Á QUE PERTENECE EL MONUMENTO. Entrando ya en el terreno del arte, no presumo deciros nada que no tengáis por muy sabido, ni menos cabe en mí la ridicula pretensión de enseñaros, de la cual protesto de ahora para en ade- lante, antes bien reitero la petición de vuestra indulgencia por todo aquello que quizás no logre espresar con la precisión debida. Al noticiaros que las primeras fábricas de esta Cartuja proceden del siglo xv, habríais adivinado ya, aunque no la tuvierais á la vis- ta, el género de su arquitectura, y con mayor razón al recordaros algunos de los monumentos que de igual época posee el Princi- pado catalán. Bien sabéis que desde fines del'siglo xu ó primeros años del xiir, — 17 — desarrollando tradiciones del estilo que la. precedió, tomó incre- mento la escuela ojival, cuyos principios fundándose en la razón ausiliada de la ciencia, tendían á espiritualizar la materia. Latentes gran parte de estos principios en el género románico, manifiestan- se ahora clara y resueltamente en el equilibrio en el sistema cons- tructivo por resistencias activas opuestas á fuerzas activas también; con la adopción de formas que son lógica consecuencia de la es- tructura, dictada á su vez por las necesidades de cuya satisfacción se trata; llevando por objetivo velar las superficies y adelgazar y piramidar las fábricas; y tomando esclusivamente de la flora local los elementos decorativos. En el planteamiento de tales principios, procedia el artista de la edad media inspirado por su fé religiosa, puesta la mente en el Creador, alentado su espíritu con la espe- ranza de una vida futura sin término y aspirando á sentir el in- finito en contraposición á los amagos del mundo finito en que vi- vimos. Por esto, no considerando á la materia sino como un medio de que no le era dable prescindir para espresar su idea, busca, de una parte en la ley de las proporciones, y de otra en la aplicación de principios científicos, el modo de que aquella presente la ma- yor esbeltez, así como la menor apariencia posible, ya elevando sus construcciones á la manera que su alma se eleva, ya compli- cando la forma para que el volumen se haga menos perceptible y la materia se adelgace, ya por último, mediante el secreto del con- trarresto de fuerzas; llegando así á una estructura que responde perfectamente al fin que se propuso conseguir. Estos artistas tenían, como los griegos, el sentimiento de la forma, que dejaban bien conocer, en el trazo de los perfiles, en lo sentido de la ornamen- tación , en el estudio de las siluetas, en la acentuación de las par- tes que habían de aparecer con mayor valor, en la armonía del conjunto con los detalles. Mas no eran, sin embargo, esclavos de la forma, como lo eran de los principios; jamás (dice Violletle Duc) la forma ha embarazado á los arquitectos que en la edad me- dia; así han levantado iglesias, como castillos, palacios, y otros edificios civiles y militares; y no obsiante, el menor fracmento de una construcción de esta época denota su origen, lleva el sello de 3 — i8 — su tiempo, porque cada miembro de esta arquitectura es la espre- sion de una necesidad sentida en la estructura de la obra de que forma parte. Esta arquitectura, al igual que todas las cosas humanas, ha sen- tido la influencia de la ley de la vida que les es común, por lo que, al aparecer el siglo xv había visto ya sus mejores tiempos, había alcanzado la meta de su destino y con su estilo florido empezaba entre nosotros el período de su decadencia, que debía verse con- sumada en el siguiente. Sin embargo, en el primer tercio de aquel siglo, siguiendo todavía las buenas máximas del anterior, supo la arquitectura gótica conservar su unidad y espontáneo carácter, y menos aficionada al refinamiento y á la afectación en España que en el estranjero, según opinión de Caveda (en su ensayo histó- rico,) mostrábase modesta y sencilla, y sí bien debilitó y complicó los perfiles y fué á la vez amiga del ornato, no llegó en esto á exa- geradas pretensiones. Por todo ello, al describir el monumento que me ocupa, aun cuando llamaré vuestra atención acerca lo bien pensado de su planta, que responde perfectamente á las necesidades que debió llenar, y os haré observar notables perfecciones de sus elementos constructivos, no podré, en el campo exclusivo del arte, mostraros bellezas de primer orden, por mas que, aun en éste te- rreno, habréis de convenir conmigo en que el artista sintió bien, y logró hacer sentir á los demás, la tracendencia del noble fin para el que la obra fué erigida. De los siglos xvn y xvm son algunas de las construcciones existentes en este recinto, por lo que me permitiré ligeras ideas acerca el estado del arte en esa época. No es esta ocasión oportuna para estudiar las causas del cambio radical que sufrió la arquitectura y se propagó á nuestra patria á principios del 1500; basta por el presente recordar el hecho y en su apoyo traer también á la memoria la trasformacion que experi- mentó la vida de los pueblos, de la cual dice un autor, que nace entonces el orden político y empieza el desorden moral, cesa la anarquía de la sociedad y asoma la de las ideas. La arquitectura gótica había adaptado escrupulosamente las for- — i9 - mas á la estructura de las construcciones, mas, llegada en la deca" dencia de aquella, la degeneración de estas formas, deseosos los artistas de dar con otras que las sustituyeran, y fascinados por el estudio de la civilización greco-romana á que las aficiones de su tiempo les llevaron, trataron de hacer aplicación de las formas del arte clásico, que habia sido el fiel reflejo de esta civilización, á la estructura que les era propia y que respondía á las necesidades lla- madas á satisfacer. Hiciéronlo con alguna fortuna al principio, aceptando las formas, mas no las proporciones del clasicismo, cual lo acreditan las obras del estilo plateresco; mas como, sentada una premisa, forzoso es deducir de ella su ineludible consecuencia, así también, á las formas greco-romanas hubo de adaptarse la estruc- tura, no menos que las proporciones, que les correspondían, y co- mo ni aquella ni éstas guardaban armonía con los usos y costum- bres contemporáneos, debió acontecer por precisión lo que desde mediados del siglo décimo sexto sucedió, esto es, que la construc- ción y el arte vinieran á ser dos cosas independientes en estrafto consorcio, cayendo mas tarde, y ya bien entrado el siglo décimo séptimo, en los delirios de Borromino yChurriguera, para, después de otro ensayo de restauración greco-romana, venir á parar al eclec- ticismo que nos es propio. No me he propuesto seguir paso á paso la historia del arte, se- ñalando detalladamente todas sus faces; ha sido mi ánimo notar únicamente rasgos característicos del mismo, al objeto de tener base en que fundar las observaciones que deba emitir en el aná- lisis concreto del monumento que me ocupa, á cuyo análisis paso á consagrarme, pues sin duda es mas que suficiente la preparación con la que os he molestado, empezando por describirla. — 20 — PLANTA GENERAL. En dos, y aun mejor, en tres partes puede considerarse dividida la planta general del monasterio, y á dos épocas distintas corres- ponden las principales construcciones en el mismo existentes. Los monges, para cuyo uso fué levantado, al apartarse del siglo, bus- caban la soledad, deseaban el recogimiento para dedicarse á la meditación de las verdades eternas, y al reconcentrarse en sí mis- mos, necesitaban individualizarse, no sólo en el mundo, sino hasta en la morada que á una comunidad de ellos servia de retiro. A es- te objeto primordial está consagrada la estension mas importante del área ocupada por la Cartuja, el estudio de cuyas necesidades, dada su especial naturaleza, está llevada al estremo. El monge cartujo puede encerrarse en su celda y estar en ella como en su casa, pues realmente cada celda es una casa. No tiene para que traspasar su puerta, ni aun para procurarse el alimento del cuerpo, pues que se lo encuentra en la ventanilla abierta á este fin en el muro que con el exterior comunica; y si, en ocasiones, debe salir de su celda y recorrer las contiguas y prolongadas galerías para trasladarse á otros puntos del convento, la regla del silencio, por todos guardada, le evitará la distracción en sus meditaciones, si es que no se encuentra solo en este lugar. Dos espaciosos patios, cercados de claustros, constituyen la ba- se de la distribución de esta primera parte de la planta que estudia- mos. Estos claustros dan entrada á las celdas, situadas todas ellas á su alrededor. Cada celda la forma, como queda dicho, una casa completa, y es, ala vez, independiente de todas las demás. No puede darse una disposición mas simple, mas razón .da y, al propio tiempo , mas cabal para llenar con acierto las necesidades que ha- bían-de satisfacerse. Un patio de suficiente capacidad para que , el — 21 — desarrollo de sus cuatro lados, permitiera las edificaciones que ha- bían de circunvalarlo; unos claustros ó galerías que, siguiendo dicho desarrollo, facilitaran, el trasladarse á cubierto de un punto á otro; y cerrando el conjunto los recintos parciales correspondientes á cada habitación. No bastó un solo patio para contener el número necesario de celdas, cuyo número, si traspasa de mucho el preciso para doce monges y un prior que, en los primeros tiempos de la re- ligión de la Cartuja, solian contener los conventos de esta orden, fué sin duda en razón á haberse reunido, como queda dicho, en una sola las dos comunidades procedentes de S. Jaime de Vall de Pa- radís y de S. Pablo de la marina, y por ello debieron disponerse dos patios claustrados, con un línea de celdas intermedia. El monge cartujo no es el ermitaño que vive en una soledad abso- luta. Aquel, si bien en algo semeja á éste, forma también parte de una comunidad de sacerdotes, y además de haber de llenar los debe- res de un ministro del Señor, se reúne en determinados casos con los otros comunitarios. He aquí motivada la que podemos considerar co- mo una segunda parte de la planta, comprensiva de la Iglesia, capillas, sala capitular, refectorio y celdas de frailes legos, y sirviendo de en- lace de esta parte con la primera, la celda prioral, cual eslabón que reúne en el monasterio la vida comunal á la vida privada. Un claustro de reducidas dimensiones, y en directa comunicación con los antes referidos, da paso á la mayoría de dichas dependencias, teniendo además otra entrada la Iglesia, para uso de los fieles. Llá- mase claustro Recordationis este último, porque cuando enterraban algun difunto, congregados en él los monges, hacia el prior una breve recordación de la muerte. Por último, una tercera parte queda por tomar en cuenta, tal es la comprensiva del cuerpo de edificio que sirvió de hospedería y se halla contiguo á otro gran patio sin pórticos, paso obligado general, junto al que está el ingreso al convento desde el exterior; conteni- do este ingreso en un cubo que fué elevada torre, hoy considerable- mente rebajada. Pertenecen principalmente al siglo xv, primera época de cons- trucción del monasterio, los tres claustros, las celdas de los mon- — 21 — ges, los muros de la Iglesia, quizás la portada de ésta y algunas de las capillas; y corresponden á los siglos xvii y xvm casi todas las restantes obras; no siéndome fácil emitir opinión, con las solas obser- vaciones que he tenido ocasión de practicar, acerca de si otras cons- trucciones anteriores habian ocupado el emplazamiento de las últi- mas , á cuyo supuesto da motivo el dicho de Vallés, citado en otro lugar de la presente, de que la obra se dio por concluida en 1448, ó si su proyecto formó parte del plan primitivo, sin llegar entonces á realizarse. Cualquiera de estas dos hipótesis parece, sin embargo, admisible, pues que ambas vienen autorizadas por el natural y ló- gico enlace, que en la planta general, presentan las construcciones de las dos épocas. CLAUSTROS. De los tres patios claustrados, sólo dos se hallan rodeados de cel- das. Uno de ellos, el que contiene el cementerio, es de planta cua- drada de 47*60 metros de lado en su paramento de fachada, con nueve tramos ó compartimentos de tres vanos uno en cada cara; es rectangular el contiguo, de igual medida en el lado mayor, pero con solo ocho tramos y siete en el menor; siendo también cuadrado el claustró pequeño, de once metros de lado, con seis intercolunios en cada uno, contenidos en dos compartimentos. En la composición arquitectónica imperan los principios del arte ojival, pero con cierto refinamiento, y alguna adulteración propia de la época de decadencia á que la obra pertenece. Aparte de los casos en que el sistema leñoso ha sido el adoptado en las techum- bres de los claustros; en aquellos en que fué éste el abovedado ,.al ser sustituidas las bóvedas de cañón seguido por las de arista, cam- bió la manera de actuar las presiones laterales contra los elementos constructivos sustentantes, al concentrarse aquellas en la verti- - 2J - cal de los arranques, confluencia de los aristones, en vez de ejer- cerse uniformemente en toda la longitud de los muros. De aquí que, centralizada la base de estabilidad á determinados puntos, el macizo comprendido entre estos en cada tramo, haya podido redu- cirse al simple carácter de cerramiento, destinado á minorar por razo- nes de comodidad, el vano resultante entre los referidos apoyos y la arcuacion que los acuerda; cesando por esta misma causa de ser motivado el uso de colunas pareadas en el sentido trasversal del mu- ro apeado, tan en boga en los claustros románicos, y al que debió dar lugar el crecido espesor que el propio muro requería para servir de estribo á las bóvedas de cañón. En nuestro caso, sin embar- go, no se presenta resuelto el problema con tanta espontaneidad, pues que contra el macizo apeado por las tres ojivas de cada tramo estriban en parte las bóvedas por arista del claustro, en vez de hacerlo únicamente contra los pilares que separan aquellos, en lo cual, si no hay perjuicio para la estática, lo hay para la estétic.i, si bien la subdivisión y la forma adoptada de bóvedas disculpan esta disposición. Colimas cilindricas, con basas y capiteles de planta octogonal y perfiles bien sentidos, reciben con toda naturalidad dichas tres oji- vas, de sencillo y robusto moldurage, las cuales son abrazadas por un arco escarzano de considerable vuelo, francamente acusado, sobre cuyo arco, después de enrasado se estiende la cornisa, que adolece en su perfil del defecto de la época. Avanzan los pilares aun mas que el espresado arco, y son coronados por la moldura superior de la cornisa, cuya moldura corre por todo el frente de los patios, quedando las restantes cortadas por dichos pilares y, á la vez, peifiladas en el paramento de los mismos, cual no solia hacerse en los buenos tiempos de la edad media. Sirve de remate á la obra en fachada un antepecho formado de losanges ornados de arcos lobulados, é intermediado de poco esbeltos pináculos, la mayor parte de los cuales han desaparecido. Estos pináculos llevan en sus vertientes las hojis propias de ellos, cuyo dibujo tiene igual defecto que el que hemos notado en el perfil de la cor- nisa, y que se observa también en las gárgolas mal definidas que, - 24 — para arrojar el agua de los terrados, posee cada uno de los referidos pilares. El contrarresto de fuerzas laterales se verifica, en el sentido longitudinal, mediante, no solo el equilibrio de los arcos escarzanos entre si, sino también á favor de los contrafuertes, siendo mayores los de los estremos, favorecidos además en esta parte por las bó- vedas angulares. En el trasversal, sirven al efecto los propios contrafuertes, y también el muro que carga en las ojivas, por mas que, como queda dicho, no sea esto lo mas lógico. Con respecto á la ley de proporciones, cada tramo, con sus pila- res comprendidos, presenta las de un cuadrado, el arco escarzano es rebajado próximamente al quinto, los intercolunios ojivales no llegan en su altura á duplicar su ancho, las colunas tienen en los dos patios mayores i« y J / Í diámetros, y considerada esta altura total dividida en ioo partes, resulta corresponder 15 y J / Í a I a basa, 62 al fuste y 22 y ] / Í al capitel; variando estas proporciones en el claustro pequeño, cuya coluna mide 13 diámetros y á la cual co- rresponden para 12 y 1/t partes de basa, 71 y i/í al fuste y 16 y 1/i al capitel. Por último, en las ojivas el radio no traspasa la propor- ción de un sesenta por ciento de la cuerda. La disposición general es idéntica en los tres clautros, observándose alguna pequeña varia- ción entre los dos mayores, pero más particularmente en el menor, según aparece de las proporciones mentadas y del detalle de su dibujo, lo cual hace suponer si empezaría la obra por éste, modifi- cándose después en los otros. El claustro es, en las casas monásticas, el lugar donde mejor se refleja el carácter del monumento, cualidad ciertamente no desmen- tida en el que estoy analizando. La austeridad, el misticismo, el reposo, la pequenez en medio de la grandiosidad, se sienten, se tocan en este apacible lugar, no menos que en las líneas todas que á la vista tenemos. Esta soledad, pero soledad no adusta, sino más bien embellecida con toda la es- plendidez déla naturaleza; estas prolongadas, estrechas y-unifor- mes galerías; esta serie interminable de ojivas que, afectando curvas poco acentuadas, reposan sobre estables colunas, de graciosos al par que severos capiteles, exhaustos de toda ornamentación y ho- - 25 - jarasca que distraiga la mente; el sin número de bóvedas, que al cruzarse dan lugar á incontables aristones, y cuya montea poco peraltada limita á su propio nivel la estension de la vista al elevar- se; estas masas de muros en que los escasos vanos que los perforan se distinguen por sus cortas dimensiones; estos robustos arcos rebajados, que á la vez que dan idea de estabilidad y volando sobre los paramentos producen un fin útil, parece como que tienden á reducir la altura de las construcciones, haciendo aparecer más bajo y pesado, lo que de por sí ya no es alto; todo, absolutamente todo convida al recogimiento del alma, todo llama al hombre á la me- ditación , para que reconociendo su pequenez acá en la tierra y alzando su espíritu á superiores regiones, abra el corazón á la es- peranza de su salvación eterna acumulando méritos para alcanzarla de la misericordia divina. Al lograr el artista con las formas arquitectónicas empleadas es- presar tales sentimientos, lo ha hecho de manera que, si bien estas formas respiran humildad y sencillez, no están por esto desprovis- tas de cierta originalidad á la vez que de elegancia, apesar de ser producto de una época decadente del arte. Observad sino, queri- dos compañeros, el conjunto de cualquiera de les tramos compo- nentes de estos claustros y más particularmente el de uno de sus elementos constructivos formados por la coluna y los dos arcos que en ella apoyan, y no dudo hallareis confirmado mi juicio. Las basas apean bien las colunas, los capiteles, sin presentar la va- riedad de los de edades anteriores, y desprovistos de todo orna- to, sin duda al objeto de aparecer mas severos, ofrecen pureza de líneas y se desarrollan con gracia hasta recibir las ojivas; y éstas pesan sobre aquellos afectando robusto perfil, con la proporción en su montea requerida por la parte sustentante, dada la idea de gravedad que aquí impera. De manera que, si el arquitecto ha conseguido en su obra idealizar la vida monástica haciendo sentir al expectador la naturaleza, el carácter de ella; si es objeto de la belleza en el arte idealizar la vida en alguna de sus escenas del mundo real, tendiendo á hacerla aparecer tal cual la concebimos si fuera posible que la naturaleza humana viviera exenta de toda clase - 26 — de ficciones y deformidades; fuerza nos será convenir en la belleza del monumento que admiramos. En el sistema constructivo descúbrense muy recomendables cir- cunstancias, que se traducen por, escelente calidad de los materia- les, especialmente en cuanto á la fábrica de ladrillo, acierto hermana- do con la mas estricta economía en la aplicación de sus diferentes cla- ses á las diversas construcciones,y perfección en la.mano de obra. Las colunas, formadas cada una de tres piezas correspondientes res- pectivamente á sus tres elementos, son de piedra almendrada que presenta la finura del mármol. En el basamento general, en los ar- cos ojivos, y en los pilares contrafuertes, aparece empleada la sille- ría con despiezo uniforme, en vez del sillarejo tan en boga en la Edad Media, siendo de notar que en los pilares está usado aquel material tan solo en la mitad de su espesor, aquella cuyo paramen- to corresponde al interior del claustro. Demuestra tal proceder es- quisito gusto, pues con él, al par que se atiende no sólo á la econo- mía, sino también á quitar ostentosas apariencias, se logra armoni- zar todo este paramento, ya que están así mismo paramentadas por esta parte, del propio material, las enjutas de los arcos ojivos hasta el nivel de arranque de bóvedas, y se consigue igual armo- nía con el ladrillo, que, desprovisto de todo revoque, es el domi- nante en los frentes de los patios. Pero lo que es digno de espe- cial mención y hasta de estudio, son las bóvedas por arista de todas las galerías que, siendo de rosca de ladrillo, con arranques y claves de sillería (si bien estas no todas) están formadas de ladri- llos' moldeados cada uno á la figura que exige la estereotomía de aquellas, viniendo á constituir un dovelage exacto y acabado que en cada sección de bóveda se presenta normal al aristón diagonal correspondiente. Así mismo son moldeados y de escelente cali- dad los ladrillos de los arcos escarzanos y de la cornisa, como igual- mente son de barro cocido los antepechos de arcos lobulados y los pináculos ornados ; todo lo cual es prueba evidente del muy notable adelanto que alcanzaba esta fabricación en aquella época. No me siento con fuerzas, ni dispongo en la ocasión presente de espacio bastante para emprender el examen comparativo de los — 27 - claustros de diversas épocas en edificios monumentales de nuestra tierra; no puedo resistir, sin embargo, al deseo de evocar el re- cuerdo de una afirmación hecha por el compañero estimado don Elías Rogent en la monagrafía, que tanto aplaudisteis, de S. Cu- gat del Vallés, en la cual al enumerar los caracteres de aquel claus- tro, dice, que éstos los conserva la arquitectura catalana hasta los albores del Renacimiento, cuya afirmación la veo confirmada en este monasterio. Cuatro siglos separan á Montalegre de S. Cugat, durante cuyo largo espacio de tiempo pasó el arte por los períodos del romanismo y de la escuela ojival; mas á pesar de esto y salvo la práctica de los diversos y respectivos principios en ambos claus- tros imperantes, descubro en ellos cierto aire de familia que así trasciende á la disposición general, como á las proporciones de los detalles, fácilmente demostrable numéricamente este último aserto; aire de familia que se percibe en un no se qué, que nos hace reconocer ambos monumentos como de casa. CELDAS. Divisado este monasterio, bien subiendo del valle por la cues- ta del Monte-alegre en cuya falda se halla recostado, bien bajando de la cumbre y dominándolo, como á vista de pájaro, ofrece, cual habéis tenido ocasión de observar, pintoresco aspecto, y semeja una aldea con sus casas aisladas y perfectamente alineadas al rede- dor de estensas plazas, con sus edificios públicos que sobresalen de aquellas, y con su iglesia que se eleva sobre el conjunto; desta- cando bien cada casa su cubierta á dos aguas, con su huerto, su galería y su elegante é historiada chimenea; de manera que le fuera fácil obtener el censo de población á quien quisiera hacerlo por el número de hogares en tal aldea contenidos. Porque, èn efecto, como he anticipado al hablar de la planta general, cada celda constituye una casa completa, comprensiva de un cuerpo de edifi- — 28 — cío que contiene el ingreso, con la ventanilla por donde recibe los alimentos, y dos estancias, una de ellas con su chimenea y la otra con alcoba, en planta baja, aparte de un desván ó granero en otra alta. Tiene además el huerto con dos cobertizos, á manera de claustro ó pórtico, uno de éstos, con lavadero, pila de aseo y hasta una estancia mirador en la mayoría de las celdas á la cual se sube desde el huerto. A primera vista parece ser mucha habitación la de una ceLda para un solo monge, especialmente comparando con lo que son éstas en los conventos de otras religiones, y aun con las habi- taciones de familia en los pueblos; mas, bien considerada la vida del cartujo, y dado el aislamiento en que se encierra,, vemos plena- mente justificada la disposición referida. Por otra parte, tengo pa- ra mí, que en tanto se abate el espíritu y disminuye la elevación de sus ideas, en cuanto es más reducido el espacio en que el cuer- po se mueve, y que, por el contrario, el alma humana se esplaya y eleva á más dilatadas y más puras regiones, cuanto de más es- tenso campo de acción goce el cuerpo que la contiene, á reserva, sin embargo, de hallarse libre de perniciosas influencias de agen- tes esteriores. Por esto el monge cartujo, sin contradecir sus há- bitos de humildad y pobreza, sin que estos hábitos dejen de per- cibirse en cuanto le rodea, necesita de holgada habitación, por mas que, dentro de ella, no solo renuncie á todo género de comodidades, sino que hasta se complazca en macerar su cuerpo. Todo en la celda respiráis sencillez más estremada; los vanos son todos de reducidas dimensiones, no hay más líneas arquitectó- nicas que las propias de la construcción la más modesta, á escepcion de unos reducidísimos pilares de planta octogonal y ladrillo mol- deado, que constituyen los soportes de la pequeña galería del huerto. El número de celdas, es de treinta, distinguiéndose aparte de és- tas la prioral, que así en su situación como en sus dimensiones, es completamente distinta; mas como ha sido objeto de una total restauración en fecha contemporánea, nada m í es pírmitido de- cir de su disposición primitiva. - 29 — • IGLESIA.—CAPILLAS. Hablando D. Eugenio Llaguno (en su obra de arquitectos y ar- quitectura de España) de la Cartuja de Miraflores, cuya iglesia, es de una sola nave, hace notar la desproporción que existe entre su longitud y su latitud y dice que merece escusa esta desproporción, por el modo con que los cartujos distribuyen sus templos. Esto mis- mo se confirma en este convento, pues en efecto, la iglesia, de una sola nave sin capillas, por ser regla también de los cartujos que éstas se hallen separadas de aquella, mide una longitud de 32 metros y 70 centímetros, por la latitud de 8 metros y 80 centímetros, sin com- prender el ábside poligonal. Parece motivada esta sobrada longi- tud de la nave, por razón de tener en su tercio inferior una división, junto á la cual arrimaban dos altares, al objeto de que en la iglesia permanezcan separados, de una parte los monjes y de otra los sirvientes del convento, así como los fieles que á ella concurran. Del interior de la iglesia se conservan, como pertenecientes á la época primitiva, únicamente los muros, pues las bóvedas han sido reconstruidas de algunos años á esta parte; siendo lamentable la desacertada restauración, á medio terminar, de que aquella ha sido objeto con este motivo. En el presbiterio ha debido existir, según Valles, autor tantas veces citado, el sepulcro de D. a Blanca de Cen- telles, fundadora de la Cartuja de S. Jaime de Vall de Paradís, de la cual es ésta inmediata sucesora, mas no aparece á simple vista este sepulcro. La estructura constructiva denota que no se guardaron en ella los principios propios de la arquitectura gótica, pues que no aparecen estribos, contrafuertes, ni arbotantes, sino que el muro es todo él de considerable espesor para poder resistir el empuje délas bóvedas, teniendo el mismo abiertos dos ventanales quenada ofrecen de no- — JO - table. Esta estructura, y la de la portada de la propia iglesia, me in- clinan á suponer, y no sé si en ello estaréis de acuerdo conmigo, que por los años de 1448 en que Vallés da por concluida la obra del convento, no debió estarlo en cuanto á la iglesia se refiere, pues especialmente la portada aludida acusa una fecha más adelantada, que pudo ser la de fines del mismo siglo, ó quizás de principios del siguiente. En efecto, la complicación de la planta de ambos pilares de esta portada, la escasa elevación y ninguna elegancia de sus agujas de remate, el trituramiento del perfil de sus jambas en derrame, la interposición de basas en este mismo perfil, el poco valor y con- fuso dibujo de los capiteles correspondientes á las ligerísimas colunas de las mismas jambas, la falta de imposta de enlace de estos capiteles, la montea de las ojivas, el arco elíptico que consti- tuye el dintel, cuyas molduras se cruzan con las verticales, el ca- rácter de la ornamentación del friso de este dintel, no menos que el de las hojas que recorren la cimbra del arco conopial que sirve de archivolta y remata en un Cristo de poco recomendable estatua- ria; todo indica en su arquitectura un estilo en su mayor deca- dencia, del cual no abundan los ejemplares en Cataluña, aun cuando en el mismo atrio en que la portada se abre, aparezcan líneas mucho mas puras que las descritas. ¿Da esto último lugar á suponer que la portada quedó por realizar en la primera cons- trucción y se llevó á cabo mas adelante? Vuestra ilustración dará á esta pregunta la contestación que merezca. «JLa Cartuja (dice el autor de quien tomo la noticia) dentro de « sus templos no ha tenido capilla alguna; regularmente las tiene « divididas en distintos lugares, y son tantas que, acabada la misa « Conventual, cada sacerdote se vá á la que tiene señalada á decir « misa, y así todos sin embarazarse la dicen á un tiempo. » Así es en este monasterio, en el cual paralelamente á la nave de la iglesia y con el intermedio de un corredor ó pasillo se hallan cua- tro estancias, independientes entre sí, que fueron capillas, con sus puertas muy bajas, y la mayor sencillez en su recinto; cubierta cada estancia, así como el pasillo y la sacristía y archivo que están contiguos, por bóvedas por arista de fábrica de ladrillo iguales en — ?i — construcción ó las de los claustros. Otras capillas existieron en distintos puntos, an comunicación con el claustro pequeño varias, y todas en la proximidad de la iglesia, algunas de las cuales, si bien en ruinas, dejan comprender por sus restos, su estilo greco- romano. Su número total, aunque difícil de apreciar en la actuali- dad, parece no fué menor de doce. Las construcciones que circunvalan el patio de entrada del con- vento y son de la época del Renacimiento, nad.i ofrecen de notable, por cuya razón, así como por haberme estendido ya bastante en las que datan de la época primitiva, no hago mas que apuntarlas. De ellas forman parte la hospedería y el refectorio; ambos cuerpos de edificios destinados hoy á otros usos, como está también con- vertida en capilla la que fué antes sala capitular. Por último, creería dejar incompleta esta monografía de Monta- legre , sí antes de darla por terminada, no hacía mención, aunque sea muy de ligero , de otras dos obras, anexa una y dependiente otra de la propia Cartuja. Es la primera el notable y bien conser- vado torreón pegado á la cerca de la parte Norte del recinto y que, á mi juicio, es obra anterior á la construcción del monasterio, sin que por esto crea que le cuadre el nombre de torre morisca con el que lo he visto citado en cierta publicación; impidiéndome decir más de esta obra el no haber hecho estudio alguno de ella. Y quie- ro referirme al citar la segunda, al edificio situado en la cumbre de este mismo monte, muy posterior en sus construcciones á aquel que debió servir de primitivo convento á los monges venidos del de Vall de Paradís, cuyo edificio, llamado en las cartujas catalanas Conreria, ó sea casa de labranza, suele estar en Castilla dentro los muros de los conventos, si bien ocupando el lugar mas retirado del recinto, al paso que en las de nuestro país se halla separado, al objeto de que el ruido que en él se prod-ice, no perturbe el silencio de la meditación que en el convento reina. Servia la Conrería de habitación al monge que ejercía el cargo de procurador y álos sir- vientes que se dedicaban, ya á la labranza de las tierras pertenecien- tes á la jurisdicción del monasterio, ya ala práctica de los diversos ofi- cios , que para cubrir las necesidades de éste, se ejercian en dicho - 32 - lugar, en razón á estar siempre las Cartujas emplazadas en puntos distantes de población. Creo haber evidenciado cuanto de notable tiene este monumen- to y á la vez hecho sentir cual sea el fin útil de su estudio. La bien pensada distribución de su armónica planta, las perfecciones en la construcción de su fábrica y el sentimiento artístico fiel espresion de la idea monástica que por do quier palpita, constituyen el trípo- de en que este estudio y por tanto el provecho que de él se obten- ga, descansan. Cuando una obra arquitectónica satisface plenamen- te estas tres condiciones; cuando ha precedido el acierto en la dispo- sición y ordenamiento de todas y de cada una de las dependencias que ha de contener para bien llenar su objeto; cuando merecen elogios así la elección de los distintos materiales constructivos, co- mo el modo y forma en que han sido éstos empleados, en perfec- ta relación con la naturaleza de aquel objeto; y cuando por último con el sabio uso de ambos medios se logra que el edificio tenga carácter, espresando así en el conjunto como en todos sus detalles la idea artística del fin positivo que realiza y haciendo bien sentir esta idea al espectador; entonces nada mas queda que pedir á la obra del arquitecto, antes por el contrario debe ésta servir de pro- vechosa enseñanza para los que le seguimos en el orden de la vida. Perfección en el trazado de la planta, excelencias en la construcción y palpable expresión de la idea monástica, son recomendables cir- cunstancias que no dudo habréis conmigo reconocido en este monu- mento , de donde por tanto habremos de deducir la conveniencia y la utilidad de su estudio. Bien quisiera, además, tener alguna noticia que comunicaros, por la cual poder venir en conocimiento del nombre del arquitecto ó arquitectos autores de la obra.analizada, mas, sabéis lo difícil que es descubrirlo, sobre todo en cuanto á la obra de la Edad Media, por el empeño que, fundados en su humildad, ponían siempre en ocul- tarlo los artistas de aquellos tiempos. ¿Fué el arquitecto de este monasterio Fray Juan de Nea, á quien Vallés cita con tanto enco- mio como la persona que más trabajó (dice) en la obra y como quien más recursos procuró para ella? No pasa ésta de una ligera sospecha; que carezco de más datos en que apoyarla. — \i He llegado, por fin, al término de mi urea; sirva ella, aunque no por su bondad, de estimulo á otros de vosotros, como los notables trabajos de los compañeros queridos que me han precedido, me han servido á mí, no solo de estímulo, sino más bien de provecho- sa enseñanza. Persistiendo así la Asociación que nos une, en su no- ble senda, alcanzará opimos frutos, que redundarán en bien de no- sotros mismos, en favor de las obras de arte de nuestro suelo que con tanto cariño miramos, y en pro de la patria á la que nunca amare- mos bastante. LJ n aplauso unánime de los concurrentes coronó la lectura del precedente trabajo del Sr. Fossas, quien re- - H - cibió los plácemes de todos sus oyentes. Terminado el objeto primordial de la excursión, tuvo ésta su comple- mento en un fraternal banquete celebrado en el edificio Conrería, en cuyo acto se hicieron fervientes votos por la conservación de nuestros antiguos monumentos. Barcelona 11 de Mayo de 1884. El Vice-Presidente El Secretario MAGÍN R I U S . JOAQUÍN BASSEGODA. i