ANALES "DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. ANALES DE LA VIDA 1 DE LAS OBRAS DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ ESCRITOS CON AYl'lJA DE NUEVOS DOCUMENTOS G. CRUZADA VILLAAMIL. MADRID LIBRERÍA DE MIGUEL. GUIJARRO 1885 Esta obra es propiedad de los herederos de don (Jregorio Cruzada Villaamil, yuienes su reservan lambicn el derecho de traduce ion de la misinn. Queda heclio d depósito que marco la Ley. Biblioteca General d Histtna de I Art •iiijUliin A SU MAJESTAD EL REY DON ALFONSO XII. SEÑOK: La cariñosa solicitud con que V. M. protege las letras y las artes patrias es tal, que no parece osado atrevimiento acudir á V. M. con la ofrenda del estudio , siquiera sea tan modesta cual la presente. No más que por los gloriosos recuerdos artísticos que evoca este pobre trabajo mío , pre- tendo que V. M. se digne ampararlo con su augusto nombre, dispensándome así el más preciado galardón y la honra más alta que me es dable alcanzar. SEÑOR: Guarde Dios la preciosa vida de V. M. los muchos años que la felicidad de España la necesita. Madrid 2S de Noviembre de 1884. AL LECTOR. He creído siempre que Velázquez es el príncipe de los pintores españoles y uno de los primeros del mundo. Esta creencia, que se arraigaba en mí tanto más cuanto mayor era el conocimiento que iba adquiriendo de las obras maes- tras del arte de la pintura que veía en Italia, Alemania, Flandes y Francia, me sugirió el deseo de escribir un libro que tratara de la vida y de las obras de tan soberano pintor. Y tornóse en propósito el deseo cuando en 1869, merced al cargo oficial que entonces desempeñaba , me fue fácil registrar el rico archivo del Palacio Real de Madrid, porque allí encontié en los expedien- tes, papeles é inventarios del reinado de Felipe IV y de su hijo, gran número de documentos, de tal autenticidad é interés, que con ellos se podía corregir y aun reconstruir la más antigua y extensa monografía de Velázquez. Pero como la dicha nunca es completa, hallé también señales ciertas de que por •¿f,¿t¿~i ** aquellos legajos había pasado, mucho tiempo atrás , otra mano avara y de xf • conciencia escasa, dejando en ellos profundo surco, llevándose los papeles de más interés, quizá, para mi intento. Los desaparecidos documentos, cuyo / / . origen, si es que aún existen , ya no puede ser ignorado de su poseedor, mucho habrían de añadir á estos Anales el día en que llegaran á publicarse. Alentado con el hallazgo, que no porque hubiera podido ser mejor dejaba de ser bueno , proseguí mis investigaciones por otras partes, y acudiendo de seguida al archivo de Simancas, hallé algo, aunque poco, que complementaba algunos de los datos que en el Palacio Real había copiado. De Simancas pasé al Archivo histórico nacional, y en él me mostraron el expediente original de las Informaciones hechas para que Velázquez se cruzara caballero del hábito de Santiago, que no escasa luz arrojan sobre la familia, las condiciones y la vida del artista. Con éstas hasta ahora ignoradas noticias, con lo que propios"** y extraños escritores han publicado y con el estudio de las pinturas de \ Velázquez que aquí y fuera de aquí he examinado , hago este libro. ^ ^ 2 AL LECTOR. Mi primer pensamiento fue limitarme á reproducir la vida de Velázquez que insertó Palomino y Velasco, el año de 1724, en el tomo segundo de su libro Museo Pictórico; ó la que de ella copió D. Juan Agustín Cean Bermúdez, el año de 1800 , en' su Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes de España, y repite en la manuscrita é inédita Historia de la Pintura, que guarda la Biblioteca de la Real Academia de San Fernando ; ó traducir el pintoresco libro Velázquez and his Works, London, 1855, escrito por el caballero Stirling; pero como las notas y apéndices hubieran resultado más voluminosos que los textos, desistí de aquel pensamiento, y, aun cuando conozco que me faltan inteligencia, ilustración y pluma para escribir el libro digno del gran artista que cumplidamente le diera á conocer, sin embargo, la fuerza del deseo , la temeridad de la ignorancia, la admiración y el cariño que á sus pinturas mayormente cada vez profeso, me decidieron, y aquí están y a , impresas en forma de ANALES , mis investigaciones sobre la vida de Velázquez, seguidas del Catálogo de cuantas pinturas hay noticia cierta que produjeron sus pinceles , y aun de las que se pretende, con algún viso de autoridad, atribuirle. Y he adoptado esta forma de Anales, á pesar de la aridez que aparejada lleva y de las lagunas que no me ha sido posible desecar, porque con ella se sigue paso á paso la vida del artista en los sesenta años que logró; porque, sencilla y llanamente , sin galas de estilo, pretenciosa fantasía y pesada erudición , pueden entretejerse en el texto , y formar la principal parte de la trama, todos los documentos auténticos , sin relegarlos á notas ó apéndices, siendo ellos las piezas de mayor interés y verdadera importancia ; porque en esta forma hallará el curioso, más fácilmente y más concretado, lo que saber quisiere; y, en fin y principalmente, porque no he hallado otra más modesta. Este libro, como es el primero que en lengua castellana se escribe exclu- siva y detalladamente sobre Velázquez, no es un perfecto estudio de su vida y de sus obras. Nuevas investigaciones , ó la casualidad , pueden descubrir las muchas noticias que aún se ignoran , y mientras docta pluma (1) prepara otro libro , sirva éste para llenar, provisionalmente siquiera, el vacío que hasta hoy ha habido en la historia de las bellas artes españolas por falta de un estudio de la vida y de las obras del príncipe de los pintores españoles. Marzo de 1884. CAPITULO I. DESDE 1599 Á 1623. La pintura en el reinado del segundo y del tercer Felipe. — Rubens en España.—Don Feli- pe IV.—El Conde-Duque de Olivares.—La pintura al comenzar este reinado.—Familia y nacimiento de Velázquez. — Pintores sevillanos á principios del siglo xvn. — Maestros de Velázquez.—El obrador de Pacheco.—Primeras obras de Velázquez.—El aguador de Sevilla.—1618: Casamiento de Velázquez con la hija de Pacheco.—Retrato de ella.—1619: Su primera hija.—Cuadro de la Adoración ds los Reycs.—Influencia del Greco y de Luis Tristán.— Segunda hija de Velázquez.—1622: Primer viaje de Velázquez k Madrid.—Retrato de Góngora.—Don Juan Fonseca y Figueroa.—Vuelve Velázquez á Sevilla. ROSIGUEN las bellas artes y en particular la pintura, en el reinado del tercer Felipe el desarrollo que alcanzaron en el anterior, viviendo de la savia que las legaron aquellos artistas que Felipe II logró escoger, dentro y fuera de España, para, que enriquecieran los templos y monasterios con frescos, tablas y lienzos de imágenes san- tas, escenas del Viejo y Nuevo Testamento y asuntos de devoción, y ornaran sus palacios con pinturas de los hechos gloriosos de nuestras vencedoras armas en toda la redondez de la tierra y con los retratos de sus heroicos caudillos. Ni uno solo de los pintores españoles, que en svi tiempo alcan- zaban algún nombre, dejó de recibir de tan protectora mano trabajo y recompensa digna. El extremeño Luis de Morales, justamente apellidado el divino, el mudo Navarrete, el por- tugués Alonso Sánchez Coello, Carvajal Barroso y Pantoja, recibieron sus órdenes para ocupar sus pinceles; y si Pablo de Céspedes no contribuyó con su erudición y su paleta al esplendor del Escorial, fue porque no aceptó la invitación que le hizo de parte del Rey, Ambrosio de Morales. No contaba España, en el último tercio del siglo xvi, ni había en toda Europa, pintores á la altura de la grandeza artística ANALES P E L.\ VIDA Y DE LVS OBRAS que Felipe II pretendía para, el Escorial . Italia y Klandes se hallaban en momentos de tregua, ó más bien de decadencia. Sólo, de la extinguida raza de los gigantes pintores italianos, vivía en Venecia el viejo Tiziano, y Felipe monopolizó hasta su muerte aquel poderoso genio de la pintura, á quien el tiempo no vencía, eme sin descanso ni fatiga trabajó hasta cumplir los noventa y nueve años de su vida. SÍ el propósito de Felipe II de hacer del Escorial un templo para Dios y una mansión para las artes, hubiese hallado en Italia los artistas que en ella florecieron al comenzar su siglo, ¡ qué no sería aquel monasterio! ¡ Qué palacio y qué convento hubiera podido comparársele ! A España hubieran venido , ó para España hubieran trabajado, de grado ó por temor, Miguel Ángel, Rafael, Sansovin, Carpacio y tantos otros. Únicamente la reina del Adriático guardaba al octogenario Tiziano , y para el Escorial pintó El Maytirio de San Lorenzo y La Santa Cena, que aún allí se contemplan; y si Veronés, Bonifacio y Bordone, jóvenes aún, no vinieron al Escorial, causa fue de ello el poco conocimiento de las artes de nuestros embajadores en Venecia, que prestando oídos á la universal fama de Tiziano, á la veneración que el mundo entero le tenía, no descendieron á ver y comprender las obras de aquellos secuaces de la misma escuela, quizá muchas de ellas no menos dianas de la misma fama que alcanzaron las del maestro de Cador. En tiempos de Felipe III no dio un paso el arte , aun cuando siguieran trabajando en la corte y en los sitios reales aquellos italianos que, gustosos de España, la adoptaron por nueva patria. Lienzos y frescos pintaban figurando gloriosas hazañas de españoles , asuntos principales que por mandato .del Rey trazaban sus pinceles , pues error ha sido de escritores tan largos de pluma como cortos de estudio, así extranjeros como naturales , suponer que en España no se ha pintado mas que santos , absorbiendo á la pintura por completo el sentimiento religioso. Pocas cortes tan fanáticas , en verdad, se cuentan como las de los Felipes II y III , y sin embargo , recórranse con la vista los inventarios de las obras de arte de ambos reinados, y además de las tablas y lienzos que guarnecen altares, relicarios y claustros, se hallará con- siderable número de cuadros que representan batallas , escenas mitológicas, retratos de personas de toda índole , cacerías y asuntos de costumbres. Los Caxes y Carduchos, Sánchez Coello , Moro, Pantoja y González no des- cansaban , ya retratando , ya componiendo asuntos propios de la época y de la corte. El más curioso acontecimiento de este reinado, en esta materia, hubo de ser la llegada á ValladoHd del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens, enviado á S. M. con presentes por el Duque de Mantua, Vicente Gonzaga , en Abril DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. del año 1603. Traía Rubens para S. M. una hermosa carroza tallada (quizá la que hoy se ve en las reales caballerizas , y se conoce con el nombre de coche de doña Juana la loca), con sus caballos ; doce arcabuces , de ellos seis de ballena, y seis rayados; y un vaso de cristal de roca, lleno de perfumes. Para la Condesa de Lemus, una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para el secretario Pedro Franqueza, dos vasos de cristal de roca y un juego entero de colgaduras de damasco con frontales de tisú de oro. Veinticuatro retratos de Emperatrices para D. Rodrigo Calderón. Y para el Duque de Lcrma , un vaso de plata de grandes dimensiones con colores, dos vasos de oro y gran número de pinturas , que consistían en copias mandadas sacar en Roma al pintor Pedro Facchettí de los cuadros más preciados de aquel tiempo. La circunstancia lastimosa de haberse deteriorado algo las pinturas por las continuas lluvias en los veinticinco días que emplearon desde Alicante á Valladolid, ocasionaron que la estancia de Rubens se prolongara en aquella corte mientras las restauraba , y las cartas en que da cuenta á su protector de este contratiempo y del cumplimiento de su misión , presentan curioso juicio crítico del estado que en la corte alcanzaba á la sazón el arte de la pintura. Ocupándose de la restauración de los lienzos , dice á Iberti — secretario del Duque de Mantua—que el de Lerma quiere que en un momento pintemos muchos cuadros, con ayuda de pintores españoles. Secundaré sus deseos, pero no lo apruebo, considerando el poco tiempo de que podemos disponer, unido á la miserable insuficiencia y negligencia de estos pintores, y de su manera—á la que Dios me libre de parecerme en nada — absolutamente distinta á la mía. Y Rubens tenía muchísima razón: porque aquellos pintores eran diametralmente opuestos á su modo de ver y de sentir. Y á pesar de carecer de buenos artistas, la afición no había desaparecido de la corte, como el mismo Rubens lo confiesa al escribir en sus cartas: El Duque de Lerma no es del todo ignorante de las cosas buenas; por cuya razón, se deleita en la costumbre que tiene de ver todos los días cuadros admirables en Palacio y en el Escorial, ya de Tiziano, ya de Rafael, ya de otros.—Estoy sorprendido de la calidad y de la cantidad de estos cuadros, pero modernos no hay ninguno que valga. Más , pues , por afición que por cortesía el Duque de Lerma, es de creer que, sabedor de que el flamenco que traía las pinturas era un buen pintor, preguntase al embajador de Mantua .si S. A. el Duque le había enviado para que se quedase aquí al servicio de S. AI., pues en ello tendría gusto. A esto, sigue diciendo el embajador á su señor, le respondí, para no perder este servidor, que V. A. le había enviado solamente para traer los cuadros y para dar cuenta del viaje; pero que durante su estancia aquí, serviría á S. E. en lo qt:c quisiera ordenarle. Creo fijamente que el Duque le ha de H ANALES DE L V VIDA Y DE L \ S OBRAS mandar hacer algunos cuadros. ¡ Lástima grande que aquel embajador no hubiera juzgado conveniente al logro de sus pretensiones diplomáticas que Kubens hubiese quedado al servicio de Felipe III ! Pero aquel servidor era muy precioso para un Príncipe tan artista y fastuoso como Vicente Gonzaga, y no había que esperar que tan fácilmente se desprendiera de sus servicios. Ya que el de Lerma no pudo retenerle en la corte , hubo de contentarse con encargarle varios grandes lienzos para la iglesia del convento que fundaba en aquella villa, de los que alguno se conserva en Valladolid. Además, y como dice Rubens al de Mantua , otra obra importante haría para satisfacer al gusto del Duque de herma y honrar á S. A., con la esperanza en que estoy de darme á conocer en España, con un gran retrato ecuestre del Duque de herma. Más que alguna afición hallaría Rubens en la corte á la pintura cuando deseaba darse á conocer como pintor. Este retrato, un Demócrito y un Heráclito que para el mismo Duque hizo , han desaparecido; pero no el gran lienzo de la Adoración de los Reyes, que poseyó el sin ventura Marqués de Siete Iglesias. No fue menor desgracia, para las artes en este reinado , que la marcha de Rubens, el incendio del Palacio del Pardo, donde las llamas devoraron inmensos tesoros artísticos y preciosas pinturas, unas por sus bellezas, otras por su importancia histórica , pues muchas de ellas eran retratos de perso- najes y trasuntos de hechos de armas interesantísimos. Tal fue la vida de la pintura durante reinó Felipe III. ¿Fueron las mismas las aficiones y los gustos en el siguiente reinado ? El importante papel que desempeñó en la vida de Yclázquez Felipe IV exige conocerle particularmente. Hijo de Margarita de Austria y de Felipe I I I , vino al mundo Felipe IV en Valladolid, el día 8 de Abril de 1605 , viernes de Semana Santa, apadri- nándole en su bautizo el Príncipe de Saboya Víctor Amadeo y la Infanta su hermana Doña Ana Maurícia, que á la sazón contaba cuatro años, y á quien destinaba el cíelo para madre de Luis XIV de Francia. No había aún cum- plido el Príncipe los cinco, cuando ya se concertaba su matrimonio con Doña Isabel de Borbón, hija de Enrique IV y de María de Médicis, tierna princesa > por el cuarto del Infante Cardenal D. Fernando , por serle fácil el acceso, merced á la buena voluntad del ayuda de cámara del Infante , su amigo ( /o y paisano , el hijo del Conde de Peñaranda. Y en esto convinieron , porque no querían entrar en la cámara del Rey sin preceder la fama que ganase antes con algún retrato. Se decidió que fuese éste el del propio Fonseca, y puestas manos á la obra , bien pronto se terminó , y más pronto aún lo llevó el Sumiller á Palacio , pues la noche del mismo día en que se aca- bara presentáronle á los Infantes, que mucho admiraron el parecido. Ni mudos ni quedos quedaron los dos padrinos tle Velazquez en presencia de 32 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS los I n f a n t e s , pues t a n t o lo elogiaron y tal r u i d o m e t i e r o n , que en media hora lo vieron todos tos de Palacio, y creciendo la a d m i r a c i ó n , nació el e n - t u s i a s m o , y llegó el eco h a s t a los oídos del R e y , que m a n d ó llevarlo en seguida á su presencia ; que fue la mayor calificación que pudo hacer del retrato, dice Pacheco. El éxito ante S. M. no pudo ser más completo , pues en el acto se dispuso que muy luego hiciese el retrato del Rey. Por razones de agradecimiento , habían pensado los amigos de Velázquez que debía hacer antes el del Infante Cardenal, por cuyas puertas había entrado en Palacio, pero ia orden de S. M. era tan urgente , que no daba lugar á vacilaciones y hubo que obedecerla. Cuidados ó placeres del Rey retardaron por algu- nos días la ejecución , aunque no muchos , pues en 30 de Agosto se terminó á gusto de S. M., de los Infantes y del Conde - Duque, placiéndole tanto al favorito , que dijo , según Pacheco afirma , que hasta entonces no había sabi- do pintor ninguno retratar á S. M. Esto bastaba , y aun sobraba , para que la corte saludara al nuevo pintor y creciese su fama , tanto más , cuanto que muy satisfecho el Rey de su retrato , ordenó el Conde-Duque que ningún •otro pintor había de retratar á S. M., y que se recogiesen todos los he- chos hasta entonces por los pintores de Palacio ; orden que, si bien era en extremo halagüeña para Velázquez , contribuyó no poco á exacerbar en su •contra los ánimos de los artistas desairados. Como , según el refrán , las cosas de Palacio van despacio, hasta dos meses después no se vieron los rer sultados de tanto entusiasmo. El Conde-Duque , al felicitarle, le pronosticó grandes triunfos y recompensas , empezando por darle de ello la primera , muestra, nombrándole pintor del Rey y admitiéndole al servicio de S..M. para que se ocupara de lo que se le mandase de su profesión, señalándole veinte ducados al mes. He aquí los términos de esta merced , q u e , como otros do- cumentos que se citarán, se guardan en el Archivo del Real Palacio de Madrid. Su M." A 6 de Octubre 623 . Recibe en su Ker." á Diego Velázquez, pintor, para que se ocupe en lo que se le ordenare con v. ls d.a al mes en el P.°'' de las obras deste Al- cázar. A Diego Velázquez, pintor, he mandado recibir en mi servicio , para que se ocupe en lo que se le ordenare de su profesión, y le he señalado veinte ducados de salario al m e s , librados en el Pagador de las Obras, destos Alcázares, Casa de Campo y del Pardo. Vos le haréis el despacho necesario para esto, en la forma que se hubiere dado á cualquiera otro de su profesión. (Aquí la rúbrica del Rey.) En Madrid á 6 do Octubre de 1C23. —A I V de Hoff Huerta. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Este decreto parece que no deja duda de que á Velázquez se le nombra- ba según la forma acostumbrada; pero como había distintos precedentes, por haber sido nombrados anteriormente dos pintores con salario mensual y además pagadas aparte las obras que pintaran , y á otro pintor se le había asignado un salario por solo el cual debía de hacer cuanto se le mandara, surgía naturalmente la duda sobre á cuál de las dos fórmulas había que atenerse. En ella , el pagador Pedro de Hoff Huerta juzga necesaria la consulta, la cual eleva á S. M., dando por resultado que en el ánimo del Rey estuvo que se entendiera del modo más provechoso para Velázquez, como lo demuestra el decreto marginal, de su propia mano escrito, en la siguiente Real orden: P.í" de Hoff Huerta. A 28 de Octubre 23. Envía la cédula en que V. Mgd. admite en su servicio á Diego Veláz- quez, pintor, y manda se le paguen los v.te ducados de salario al mes, *DB m o del K« • >' ^ ' a s °k ras -""/ /y llerizas , hizo sacar el caballo que S. M. montaba con más frecuencia, viole ' y &* marchar, trotar, correr, hacer corbetas; copióle reposado, estudióle inquieto, r\ y fija quedó en su memoria la estampa entera del bruto en el aire que le l/LJ-^' ** ' convenía reproducirlo. Después pasa el Manzanares , y en la Casa de Campo / escoge el punto de vista que mejores lontananzas y más convenientes prime- ros términos le presenta. Loa viejos inventarios de Palacio registran repetidos estudios de caballos de mano de Velázquez , que prueban su constante cos- tumbre de estudiar el natural. 1625. Este primer retrato del Rey á caballo no existe desgraciadamente. De- bió perecer en el incendio que en 1734 dio fin al viejo Alcázar de Madrid. Queda como único consuelo , ó quizá para sentir más aún su pérdida , la descripción que de ¿1 hicieron los que le admiraron. Si gustó en la corte el primer retrato , verdadera estupefacción produjo el segundo. Pero no bastaba ya que fuese admirado en Palacio , ni era justo privar á Madrid entero del contento de verlo ; y así dice Pacheco: Habiendo acabado el retrato de S. M. á caballo, imitado todo del natural, hasta el país, con su licencia y gusto se puso en la calle Mayor, enfrente de San Felipe, con admiración de toda la corte y envidia de los del arte, de que soy testigo. Hiciéronle muy gallardos versos, aplaudieron y ensalzáronle los hombres todos de buena voluntad; fue por muchos días el acontecimiento y regocijo de la villa , que toda ella acudió 38 ANALES DE LA VIDA Y DE L \ S OBRAS á verlo y recrearse con la gallarda apostura del regio jinete que , airoso y arrogante , creía verle cruzar los montecillos de la Casa de C a m p o entre encinas y carrascos , m á s que p i n t a d o y encerrado d e n t r o de los listones del m a r c o . E n un lado del cuadro , sobre u n a p i e d r a , se leía esta inscripción: PHILIPUS MAGNUS HUIUS NOM. IV. POTENTISSIMUS HISFANIARUM R E X , INDIARUM MAXIM. IMP. ANNO CHRIST. xxv. SECULUM XVII. ETA. xx A. Cuenta Palomino, que conoció el retrato , que en una piedrezuela fingió un papel algo arrugado, pintado por- el natural con alguna diligencia, como lo muestra el mismo, para en habiendo salido el cuadro á la censura poner su nombre y considerar las faltas que le ponían. Y añade q u e , obediente Velázquez á algunas indicaciones bené- volas que le hicieron los inteligentes caballistas sobre el aire del caballo, retiró el cuadro , lo corrigió y lo volvió á exponer, escribiendo en el papel citado : DIDACUS VELASQUIUS PICTOR REGÍS EXPINXIT. Pero como nada de esto cuenta Pacheco, y el candoroso Palomino escribe más de medio siglo después de la muerte de Velázquez , y se hace eco en su libro de todas las consejas y cuentecillos que el vulgo refería de los pintores viejos, hay al- guna razón para sospechar de ello , pues no parece probable que hubiera omitido Pacheco este detalle. Por otra parte , conviene tener en cuenta que Palomino copió la inscripción del cuadro en Palacio y también la firma de Velázquez , y que éste , como más adelante se notará , despintaba y volvía á pintar encima corrigiendo las actitudes de los caballos con bastante frecuen- cia, todo lo cual siembra la duda y no permite asegurar el hecho. Sin embargo, algo puede sospecharse que aconteciera con este retrato, pues por lo menos hay que creer que no satisfizo á su autor , porque no otra cosa- se deduce del hecho de figurar solamente en el inventario de 1686 , no en el Alcázar, sino en el cuarto que en la Casa del Tesoro ocupaba el Aposentador de Palacio , donde Velázquez murió , y estar allí el cuadro sin marco , en compañía de otro que no llegó á concluir, y también se han perdido. De- ficientes siempre las descripciones de los cuadros en todos los inventarios, no lo son menos en esta ocasión, que omite decir si estaba ó no borrado ó despintado. La musa de Pacheco produjo este soneto: Á DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ, PINTOR DE NUESTRO CATÓLICO REY DON L'ELIPE IV, HABIEXDO TINTADO SO RETRATO Á CABALLO, LE OFUliClÓ SU SUEGRO FRANCISCO PACHECO, ESTANDO EX MADRID, KSTE SONETO: Vuela , o joven valiente ! en la ventura De tu raro principio : la privanza Honre la posesión , no la esperanza Del lugar que alcanzaste en la pintura. DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. Anímete 1' augusta alta figura Del Monarca mayor que el orbe alcanza , En cuyo aspecto teme la mudanza Aquel que tanta luz mirar procura. Al calor deste sol templa tu vuelo, Y verás cuánto extiende tu memoria La fama por tu ingenio y tus pinceles; Que el planeta, benigno á tanto cielo, Tu nombre ilustrará con nueva gloria , Pues es más que Alejandro, y tú su Apeles. Otros poetas cantaron también la gloria del artista, entre ellos el notable dramático D. Luis Vélez de Guevara, su amigo y compañero en Palacio; pero el que algo dice del retrato en sus versos, es un su amigo y paisano, en una larga silva ampulosa, á la manera de aquella escuela , y de la que pa- rece oportuno copiar lo que al retnito se refiere, haciendo gracia al lector de las otras estrofas. HLOGIO AL RETRATO DEL REY NUESTRO SliÑOK Á CABALLO QUE PINTÓ DIEGO VKLÁZO.UEZ, PINTOR DE SC MAJESTAD , DE DON JERÓNIMO GONZÁLEZ DE VILLANUEVA. A tu semblante indinan soberano i O gran Señor de la cristiana gente ! ( Cuando en fuerte bridón , de acero armado, Feliz te imita el que tu nombre adora) El persa fiero la indomada frente, La diestra amenazante el otomano. Pica el caballo , que el dorado freno Tascar parece, que oprimida gime Del grave peso la pintada selva. No forzada verdad, al dulce engaño Cop:a feliz de Numa ó de Trajano, Pues cuando de tus ojos me retiro Y busco del trasunto el desengaño, A ti te adoro y tu retrato admiro. Alma espira el pincel, alma le debe La línea más sutil que le gobierna. Muévese el sauce y las olientes flores, Con parleros olores, Y con trinos las aves Publican lo que sabes, Eternizar tu nombre, Velázquez , que á tu mano Debe el afecto humano Crédito más que de hombre. 4o ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Recompensa el Rey á su pintor este retrato mandándole dar, y lo dice P a - checo , trescientos ducados de ayuda de costa y una pensión de otros trescientos, que para obtenerla debió dispensar la Santidad de Urbano VIH, el año de 1626. Si~ guióse la merced de la casa de aposento, que vale doscientos ducados cada año. Si todas las mercedes que Felipe IV otorgó á Velázquez, que fueron muchas, hubiesen sido de esta misma índole , es decir , de tal naturaleza que no hubieran llevado unidas el ejercicio de algún cargo en Palacio extraño al arte , ¡ cuánto mayor hubiera sido el premio y cuánto más no habría ganado la pintura española! Pero considerados entonces los pintores en España como oficiales de mano, más se creía honrarles con cargos palatinos, por modestos que éstos fuesen , que con maravedises. Hay que hacer justicia y conocer lo que ha sido cada época, y no tildar por esta clase de mercedes á aquella corte. No constan, que se sepa hasta ahora, los documentos de estos dones en el Archivo de Palacio, ni de ellos hay más noticias que éstas que da Pache- co , que es sobrada autoridad para el caso. 1626. Comienza en este año la vida palaciega de Velázquez. Traslada su casa al Alcázar, al aposento que se le señaló , y que más tarde, al desempeñar cargos de bastante importancia en la Casa Real , mejora considerablemente. Ya instalado , sería cuando trajo su familia y casa de Sevilla y cuando pintara las dos hermosas niñas de busto y tamaño natural, cuadros núme- ros 1087 y ro88 del Museo del Prado, L a mayor parece contar siete años y la otra cinco , y su parecido es t a l , que desde que se las ve se asegura que son hermanas. Recordando la fecha del nacimiento de sus dos hijas , Fran- cisca é Ignacia, nótase que convienen en la edad , y el estilo de ambas pinturas puede sin esfuerzo grande concederse que es el de esta primera época cortesana de la vida del pintor. ¿ Será cierta esta suposición ? Lo que desde luego se puede asegurar es que no son retratos de Infantas, pues dado el estilo de los cuadros y la edad de las niñas, no podían ser trasunto de la única hija, que por este año , tenía el Rey , que era la Infanta Doña María Eugenia, nacida el 21 de Noviembre del año anterior de 1625 ; la tercera que sobrevivía, pues la primera llámala Doña Margarita, nacida el 14 de DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Agosto de 1621 , no vivió mas que veintinueve horas, la segunda duró poco más , y esta tercera falleció á 21 de Julio del año 1627. Y en verdad que este año de 27 fue pródigo de hijos para Felipe IV , pues de su esposa Doña Isabel tuvo la cuarta niña, que no pudo lograr mas que algunas horas de existencia; de una dama desconocida nació un niño , que se llamó Fran- cisco Fernando Isidro de Austria , y de otra, una niña nombrada Ana Margarita, que murió á los veintiséis años de superiora del convento de la ••> Encarnación de esta corte. Así pues, ni legítimas ni naturales contaba por entonces el Rey hijas que pudieran suponerse que fuesen estas dos de los retratos. Pero , no porque Infantas no sean han de suponerse hijas de Ve- ' lázquez , porque muy bien pudieran no serlo , tanto más cuanto es muy de sospechar que Velázquez no pintara solamente para Felipe IV y que tuviera bastantes encargos en la corte. Es también de notar que los tales retratos no , están registrados en los inventarios de Palacio, ni de ellos se hace mención que estuvieran en el estudio del pintor. Esta suposición , así como la del retrato de la madre , son para mí como las creencias piadosas , que en nada dañan, sino que , antes por el contrario, producen mayor veneración ; y paréceme algo irrespetuoso tratar de desvanecer la duda, cuando en puridad de verdad no puede demostrarse lo contrario. Siguiendo, pues, aquella creencia, sería la mayor Doña Francisca, que á los quince años casó con el pintor Juan Bautista del Mazo , y la pequeña Doña Ignacia, que ya era difunta cuando su hermana contrajo matrimonio. 1627. Seguía á Felipe IV, en edad, su hermano el Infante D. Carlos , nacido en Madrid en 7 de Setiembre de 1607 , que nunca se separó de su lado hasta x\ 1 que murió al frisar en los veinticinco, llegando á ser más que mediano poeta. (y' / A este Infante retrató Velázquez por estos años , como se ve en el cuadro / número 1073 del Museo del Prado, de tamaño natural y cuerpo entero, con / rico traje, gallardo aire y elegante ademán. Ya en los años que llevaba en la corte el Sevillano mejoraba su estilo y acusaba rápidos adelantamientos. No hay más sino comparar este retrato con el de Felipe IV, que suponemos /) I (J el primero , y salta á la vista la superioridad del de D. Carlos. / Crecía la justa fama de Velázquez , nadie osaba competir con él en los / 6 / 42 ANALES DE LA VIDA Y D'.í LAS OI3ÜAS retratos, pero el despecho y la envidia, que nunca duermen , protestaban afirmando que el Sevillano no sabía pintar mas que retratos, ni sabía hacer mas que cabezas. ¡ Lo que ciega el despecho ! Esto decían Carducho y Caxes , esto repetían todos los pintores, y esto llegó á oídos de S. M., que siem- pre favoreció á los hombres virtuosos, y con singularidad á éste, y volvió por su opinión mandándole hacer un cuadro, según cuenta Jusepe Martínez, pintor aragonés , grande amigo de Velázquez. Prácticos eran los pintores del Rey en llenar grandes lienzos de figuras, representando batallas, vidas de santos, asuntos bíblicos y mitológicos , y como nada de esto había pintado su nuevo compañero en los años que llevaba en la corte , creyeron , en su ceguedad, que lo esquivaba por miedo é ignorancia, y trataron de obligarle á acudir al campo en que ellos se creían invencibles para truncar su fama, vencerle y relegarle á la condición de retratista exclusivamente. Aun el más prudente, discreto y erudito de todos sus émulos , Vicente Carducho, creía segura su derrota. Fue este florentino sumamente amante de España, adonde vivió con su hermano y á quien no quiso acompañar cuando regresó á la patria. Escribió un curiosísimo libro que tituló Diálogos de la Pintura, é imprimió en Madrid en 1633 , y es el más precioso de cuantos en materia de bellas artes nos legó aquel siglo , ora por las numerosas noticias que de aquellos tiempos nos comunica, ora por los rectos juicios y sana doctrina que esmal- tan muchas de sus páginas. Con el silencio, cuida de demostrar Carducho su inquina hacia Velázquez , no citándole ni una sola vez siquiera por su nom- bre para tributarle el más ligero elogio; y cuando forzosamente tiene que citar alguna de sus obras , que adornaban el nuevo salón de los espejos-en el Alcázar, se guarda muy bien de discurrir sobre ellas. Sin nombrarle le alude en el sétimo diálogo , y á su pesar se escapa de su pluma un justo elogio, que en vano trata de desvirtuar. Conocí, dice, otro pintor tan osado como favorecido de la pintura, de quien podíamos decir que había nacido pintor, según tenia los pinceles y colores obedientes, obrando más el furor natural que Ios- estudios. ¿ Entendería el buen Carducho por estudios la imitación ó copia de los pintores de su patria, que él tampoco supo ó quiso imitar ? Si quería decir que no se parecía á ninguno de cuantos él conocía, razón le sobraba y justo era. ¿Pero qué entendería por furor natural, si en ello no veía el soplo divino que se llama genio ? No se daba cuenta el florentino de que las con- diciones del genio no son las mismas ni aun parecidas á. las del crítico , y que la espontaneidad, ó furor natural, como él decía, está reñida con ¡a erudición , hija del constante estudio. Eran los pintores del Rey por este año , con sueldo unos y honorarios DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. otros , Vicente Carducho , Eugenio Caxes , Ángel Nardi, y Velázquez en preferente lugar. De orden de] Rey se abrió entre los cuatro público certa- men , que había de consistir en que cada uno pintase un gran cuadro cuyo asunto se les daría, y el lienzo que mereciese el lauro, a juicio de un jurado, se colocaría en la pieza nueva del Alcázar, sobre la entrada principal , y su autor sería recompensado por el Rey, recogiendo los otros tres pintores sus lienzos. Nombró S. M. jurados al Marqués de la Torre , D. Juan Bautista Crescencio, del hábito de Santiago , gran conocedor y artista no vulgar, y al Padre Dominico Fray Juan Bautista Maino , ya mencionado. El asunto elegido fue una alegoría de la expulsión de los moriscos, llevada á cabo en el anterior reinado por el Duque de Lerma. Las dimensiones del cuadro habían de ser las mismas de las del de Tiziano, que representa á Felipe II ofreciendo á la Victoria su hijo el Infante D. Fernando, que está en el Museo y tiene el número 470 , y mide 3,35 de alto por 2,74 de ancho , pues sin duda había de hacer pareja con él. Los cuatro pintores pusieron manos á la obra, y ter- minados los cuadros, el jurado proclamó por Velázquez la victoria: y en ver- dad que, conociendo á los otros tres pintores, no habrían de abrigar muchas dudas los dos jueces. Colocóse el cuadro en su sitio , con moldura dorada y negra, junto á otro de Rubens, que era la Reconciliación de Jacob y Saúl, y uno de Caxes, La historia de Gresinda. Ya no tenía la envidia pretexto que alegar, estaba vencida en todos terrenos. Este lienzo no existe: las llamas del incendio del Alcázar lo devoraron. Los inventarios de Palacio muy poco, y Palomino algo más , hacen su relato. Estaba, se colige por unos y por otros , en medio del cuadro el Rey Felipe III vestido de blanco , armado , con el bastón en la mano , señalando á una tropa de moriscos, moriscas y niños, que llorosos iban conducidos por algunos soldados : veíanse á lo lejos unos carros y un poco de marina con algunas embarcaciones que los esperaban para trasportarlos á la vecina costa de África. A la mano derecha del Rey se veía la figura alegórica de España, representada por una matrona , sentada al pié de un edificio, con trofeos de yj f guerra, empuñando en su diestra escudo y dardos y en la siniestra mano un / 7 ¡/l haz de espigas, y armada estaba á la romana. A sus pies corría esta inscrip- ' ^ ción: Philippo III Hisp. Regí Cathol. Regum Pientisimo Bélgico Germ. Afric, I ? ^> Pacis et jttstities cultori: publica: quieús assertori: ob éliminatos feliciter mauros, } Philippus IV robore ac vertute magnus maximus animo ad majora natus, propter antiq, tanti parentes et putatis ohservantia que ergo trophoeum hoc eregit. Anno 1627. Didacus Velasquez hispalensis Philip. IV Regis Hispan. Ptctor ipsiusque fecit. Anno 1627. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Terminado el lienzo y logrado el triunfo, tocaba al Rey otorgar la recompensa , y no se hizo esperar. En el libro de asientos de la Real Casa , se lee la siguiente : Diego Velazquez juró por ugier de Cámara en manos del Conde de los Arcos y en presencia de Carlos Siynney, Grerier, en 7 de Marzo de 1627. (Al margen.) Su Majestad le hizo merced del paso de este oficio para Juan B. u del Mazo, su yerno, que juró en 23 de Febrero de 36. El ugier de Cámara tiene de gajes 12 placas al día, casa de apo- sento , médico y botica. No consta el nombramiento original , pero basta este traslado para con- firmar el hecho, así como también para saber que el certamen debió verificar- se muy á principios del año 27. Contaba ya Velazquez con este nuevo sueldo , unido á los anteriores , á más de la casa, médico y botica , próximamente unos once mil quinientos reales al año en dinero , mas lo que pudiera costar la casa y asistencia , lo cual, según Stirling , era muy considerable para aquella época, y aun para ésta, si se tiene en cuenta la diferencia de los tiempos , valor de la moneda y exigencias de la vida, y muy principalmente si religiosamente se le hubiera pagado. 1628. Í. Ignórase todavía los lienzos que pudiera haber pintado Velazquez para r servicio del Rey desde que entró en Palacio hasta Setiembre de 1628 , i*- además de los que mencionados quedan , pero es de presumir que hiciera algunos más en estos cuatro años. Velazquez, tímido y retraído por carácter, creyéndose muy bien recompensado con los favores y dádivas recibidos del Rey, contando además con medios propios para su sustento — como lo de- clararon muchos testigos en las pruebas para su hábito, al exponer que siempre le vieron á él y á su familia tratarse con lustre y porte de hombre principal, ílegando alguno á declarar que gastaba coche — no se sentía apre- miado por la necesidad para molestar á su protector exigiendo la liquidación de sus cuentas y el pago de lo que se le resultaba deber por lo pintado para S. M., según se estipuló en su nombramiento. Pero trascurrieron cinco DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. años y ya era hora, por lo menos , de formalizar cuentas. Y no por esto hay que juzgar á Velázquez interesado , todo lo contrario. Estas cuentas no lle- gan á ajustarse, ni aun se tasa ó pone precio á las obras hechas, ni siquiera, á las que pudiera hacer en adelante , llegando su desinterés hasta darse por satisfecho con la merced que por la siguiente Real orden se le dispensaba: A Diego Velázquez, mi pintor de Cámara, he hecho merced de que se le dé por la despensa de mi casa una ración cada día en especie como la que tienen los barberos de mí Cámara, en consideración de que se á dado por satisfecho de todo lo que se le debe hasta hoy de las obras de su oficio que á hecho para mi servicio; y de todas las que adelante mandare que haga, haréis que se note afü en los libros de la casa. (Hay una rúbrica del Rey.) En Madrid á 18 de Setiembre de 1628.— Al Conde de los Arcos, en Bureo. Solamente faltaba á Velázquez , para ser un verdadero criado del Rey, recibir el plato, que no otra cosa es la ración de cada día en especie. Pero si esto hoy nos parece algo humillante, hay que tener en cuenta que en aquella época no lo era, ni mucho menos, pues de igual suerte, con más ó menos su- culencia, según hi clase, gozaba la servidumbre toda, desde el mismo favorito Conde-Duque de Olivares, hasta los mozos de oficio. Hay, pues, que hacerse bien cargo de las costumbres de cada época para juzgar con acierto, pues si se aplica á hechos de otros tiempos el criterio que resulta de los usos y cos- tumbres que hoy tenemos , indefectiblemente habremos de caer en el error. Así pues , no era si se quiere exageradamente mezquino para Velázquez el trato estipulado , porque algo significaba entonces doce reales para el plato, contando como ya contaba con todo lo necesario para la vida; mucho más cuando era seguro que nuevas y próximas mercedes vendrían bien pronto á aumentar su prosperidad. Aquel mismo día toma nota el Bureo, que hoy se llama Intendencia de Palacio, de aquella orden en estos términos: Por orden de S. M. en 18 Set. de 1628, se hace merced á Diego Ve- lázquez, pintor de Cámara, de que se le dé por la despensa una ración cada día en especie como la que tienen los barberos de Cámara, en consideración á que se ha dado por satisfecho de todo lo que hasta el dicho día se le debe de sus obras que ha hecho de su oficio para servicio de S. M., y de todas las que adelante le mandare hacer. (Al margen.) Esta merced no fue por razón del asiento de pintor de Cámara, que no le tiene en este libro, sino en satisfacción de lo que se le debía por sus obras para el servicio de. S. M., y se advierte que se entienda, que los goces de los pintores no corren por la Casa Real, sino por la Junta de Obras y Bosques. La ración que tienen los ayudas de barberos es de doce realas al día. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Y al pOwO tiempo el mismo Bureo la ratifica, diciendo: Diego Velázquez, pintor de Cámara. Orden para que se le libre lo mismo que á los barberos de Cámara por la despensa. — En Bureo á 27 de S.b!-e de 1628.—Hallándose en 61 los señores Conde de los Arcos y Marqués de Valdeonguillo y maestro de la Cámara y Contralor y Grefier, se acordó que, sin embargo de no haber crecido el ordinario de la des- pensa de Su Mgd., se le pusiera en el repartimiento de cada mes á Diego Velázquez los doce reales de ración de que Su Mgd. le ha hecho merced desde el día en que se la hizn. De modo que, hasta el siguiente mes, no comenzó Velázquez á devengar los doce reales para el plato , que en el Madrid de entonces suponían , es indudable , cuatro veces más que hoy. Por estos días, en el mes de Agosto, apareció á Madrid el pintor magní- fico , gloria de Flandes , Pedro Pablo Rubens , que por segunda vez visitaba ]a corte de España , después de veinticinco años de ausencia. Han creído muchos biógrafos de este célebre artista que esta vez vino á Madrid como DE DIEGO DE SILVA VELvZQUEZ. diplomático , enviado por la Infanta Doña Isabel Clara Eugenia , Goberna- dora de los Países Bajos , ó como secreto agente del Rey de Inglaterra—que lo era ya el antes Príncipe de Gales , que mencionado queda—casado con Princesa de Francia , quien sintiendo extinguido el enojo contra España y disgustado de la política de Richelieu , por haber combatido en La Rochela á los protestantes franceses , volvía los ojos á España por ser la nación más poderosa que interesar contra la Francia. (Un ligero estudio di á la estam- pa en 1874 , como ya se ha dicho , sobre estas negociaciones , y para no repetirme, bastará con apuntar aquí lo más preciso.) Las buenas voluntades de los ministros ingleses, y sobre todas las del caballero Cottíngtón, servidor asalariado del Rey de España, daban calor á las benevolencias del inglés. Sabedor de cuanto pasaba, un pintor favorecido de Carlos llamado Gervier, que muy agradecido estaba al buen recibimiento que le dispensó la Infanta Isabel Clara Eugenia en cierta ocasión , por mediación de Rubens, al darle á éste las gracias por escrito , le da también cuenta del ánimo del Rey sobre el particular , y le descubre su corazón, como á quien tengo por un verdadero ami- go (son sus palabras) , demostrándole cuan fácil y cuan posible sería llegar á una paz , le invita, como subdito español que era, á que de ello enterase á quien creyera conveniente. Acontecía esto el año 1627 y Rubens se apresu- ró á tlar cuenta de todo á S. A. la Infanta, quien por acuerdo de su Consejo lo comunicó á S. M. Poca importancia se dio á esta noticia en un principio, pero tanto insistían de Flandes, que al fin la Junta de Estado dirigió á S. M. este acuerdo, que original obra en el Archivo de Simancas, leg. 2.561 , folio 114. Señor: En esta Junta se ha platicado sobre lo que contiene la inclusa carta de la señora Infanta Doña Isabel, en que apunta que Pedro Pablo Rubens ha dicho que está pronto á entregar las cartas originales que le han escrito en la materia de conciertos en Inglaterra, pero que porque ninguno las entenderá, sería bien ordenarle alguna persona á quien pueda mostrarlas, si ya Vuestra Majestad no se sirve que las traiga á esta corte. Y parece á la Junta que siendo V. Mgd. servido, se podría res- ponder á S. A. que diga á Rubens que venga á esta corte y traiga las dichas cartas y papeles que se le han pedido, pues con esto se podrá entretener esta plática y delatarla lo que fuere necesario, y si fuere me- nester que tenga efecto, antes habrá hecho provecho que daño la venida de Rubens.—-En Madrid á 4 de Junio de 1628 años. Ésta y no otra fue la causa de la venida de Rubens á Madrid ; que no se hizo esperar mucho. Era ya Rubens un consumado cortesano, acostumbrado al trato de Reyes y Príncipes , hombre distinguido por su instrucción vastí- 43 ANALES DE LV VIDA Y DE L.\S OBRAS sima en muchos ramos del saber, por su conocimiento de Jas lenguas , espa- ñola , italiana , francesa , inglesa y holandesa , aunque pocas veces escribió en la nuestra. Y estas raras prendas , unidas á su fama de gran artista y á sus aristocráticas costumbres, hacían de su persona el más simpático caba- llero de su tiempo. La Infanta Gobernadora le distinguió grandemente desde el momento en que le conoció, ella misma le armó caballero y otorgó mer- cedes como artista, y gustosa aprovechó aquella ocasión para enviarle á la corte de España con ios papeles de Gervier y cartas suyas muy expresivas, recomendando mucho , tanto cuanto se merecía, su discreción y decidido amor á S. M. y gran celo en su servicio. Dejando al diplomático seguir sus gestiones en la corte , cumple aquí tratar tan sólo del artista. Trajo consigo Rubens ocho grandes cuadros de su mano para ofrecer á S. M. , quien con gusto y estimación los aceptó y mandó colocar en el salón nuevo del Alcázar de Madrid , según Pacheco afirma , y como consta en el inventario de las pinturas del Alcázar verificado en 1636 , en que se lee que, en la pieza nueva, sobre el zaguán y puerta principal de Palacio, había veintinueve lienzos , entre los cuales se registran éstos : Un lienzo de Rubens, la Reconciliación de Jacob; otro del mismo, que es la historia de cuando Ulises des- cubrió á Aquiles vestido de mujer, entre las hijas y mujeres de Darío, con una daga en la mano derecha y la vaina en la otra, y Ulises que ase del brazo y otras muje- res con joyas en las manos; otro de mano de Rubens, con la historia Mudo Qebola abrasándose el brazo sobre una pira en que está el fuego. Hay un Rey sentado y un hombre muerto con un puñal, y otras figuras. Otro cuando Sansón mató con la qui- jada á los filisteos, y él está entre ellos, puesta la rodilla en el suelo y en la mano derecha una quijada. Otros dos, el uno es de cuando Sansón estaba desquijarando al león, y el otro de David, que está matando un oso y tiene muerto un león. Otros dos, que el uno es un sátiro que está esprimiendo un racimo de uvas á dos chiquillos, y una tigre recién parida, con unos cachorrillos. El otro es la Diosa Ceres, con dos ninfas que tienen una cornucopia de frutas y un niño á los pies que está comiendo otras frutas. Éstos son los ocho cuadros á que alude Pacheco. Como se nota por el ligero y nada literario relato de ellos, no todos serían completamente de mano de Rubens , pues en aquellos en que figuran principalmente ani- males , prudente es pensar que fuesen pintados en colaboración con otros pintores flamencos , que á él, es bien sabido, se asociaban para este linaje de pinturas. El flamenco , tanto por su persona cuanto por las cartas de la Infanta y los cuadros que traía, fue muy bien recibido en la corte. Entendióse con el Conde-Duque y con la Junta de Estado para la cuestión política , y para DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. todo lo demás se le remitió á Velázquez, encareciéndole que le sirviera y agasajara, mostrándole cuantas obras de arte poseía S. M. en Madrid y sitios reales , y poniendo á su disposición las que quisiera copiar. Como convenía entretener el negocio , se dio gran pábulo á la afición de Rubens y se recomendó á Velázquez que nada dejara de enseñarle de lo mucho que el Rey poseía. Con pintores comunicó poco, afirma Pacheco , y es de creer , dada la idea que aún conservaría de ellos el flamenco y que con gusto rectificaría en cuanto á Velázquez, que , si bien se hallaba aún en los primeros tiempos de su vida, muestras sobradas ofrecía á Rubens para conocer cuánto habría de llegar á ser el pintor español. Sólo cotí mi yerno, prosigue Pacheco , hizo amistad , con guien se había antes por carias correspondido , y favoreció mucho sus obras por su modestia, y fueron juntos á ver el Escorial. ¿Cómo , cuándo y para qué se habían entendido por cartas Rubens y Velázquez antes de este año? Lo ignora en absoluto: no hay biógrafo de uno y otro artista que lo sos- peche siquiera. Del conocimiento de la vida de ambos pintores y de los cuadros registrados en los inventarios que contienen las diferentes obras íjue en Palacio se hacían y que cambiaban de colocación , cabe la con- jetura , la suposición , de que , conocidos en Madrid los retratos de los ar- chiduques Alberto é Isabel, gobernadores de Flandes, de mano de Rubens, y no menos la fama que alcanzaba de gran pintor, deseara Felipe IV — ya aficionado á sus obras como se colige de haber tomado en la almoneda de los bienes confiscados al malhadado D. Rodrigo Calderón , Marqués de Sieteiglesias , el gran cuadro de la Adoración de los Reyes — adquirir algunos lienzos del flamenco y se encomendara á Velázquez que con él se entendiera, si no para encargárselos , que esto sería cometido de S. A. la Infanta, para indicarle la índole de los asuntos , los tamaños y hasta los sitios en que habían de colocarse. No cabe sospechar que otro fuera el motivo de esta desconocida correspondencia. Que desde el momento en que ambos artistas se conocieran había de unirles estrecha amistad, cosa es que del carácter de uno y otro natural- mente se desprende. Simpático el flamenco por sus prendas personales, con la aureola del apogeo de su fama, y sin pretensiones ni orgullo el modesto Sevillano, que como á maestro le admiraba, no había caso para que desper- tase ni en uno ni en otro el vanidoso gemís irritabile de los artistas. Rubens era á la sazón omnisciente en materia de bellas artes ; Velázquez comenzaba á vivir y no conocía mas que Sevilla y Madrid , poco más que nada, comparado con la erudición del flamenco, que además de gran artista era un consumado arqueólogo. Modesto en exceso el español y ansioso de estu- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS diar y de ver , sabía muy bien cuan grande y útil provecho podría reportarle la amistad de aquel célebre artista , que por su carácter noble y caballero le invitaba á la franqueza y confianza, para consultarle cuanto se le ocurriera. Rubens, que mejor que el mismo Velázquez conocía cuánta y cuan gran- de era la disposición extraordinaria que el cíelo había querido otorgar al español para la pintura , y que , como consumado maestro , sabía lo que necesitaba Velázquez para el completo desarrollo de su genio, comenzó á influir notablemente en el Sevillano con su estilo y manera, pintando delan- te de él y haciéndole parar mientes en la valentía y brío con que manejaba el color, ya que no en la corrección del dibujo. Por otra p a r t e , no sería menor causa de influencia las conversaciones que ambos frecuentemente ten- drían, apreciando juntos las obras maestras de los pintores venecianos y flo- rentinos que en tanto número se guardaban en el Escorial, Sitios y Palacios reales, ante las cuales Rubens enseñaría al joven Velázquez á saber apreciar sus bellezas , abriendo á sus ojos inmensos horizontes y mostrándole las reglas del buen gusto artístico y los inmutables preceptos de la estética. Y como resultado de todo esto, terminaría Rubens sus consejos incitándole, más aún, creando en su ánimo el propósito firme de que, cuanto antes, visitara la Italia entera y allí estudiara en el antiguo, el canon de la belleza plástica, y en los pintores, las galas del color , la grandiosidad de la composición y la perfección del dibujo; con lo que, y las dotes de su clarísimo ingenio, en bre- ve formaría su particular estilo , su manera de ser en la pintura, tomando y apropiándose todo aquello que de su agrado fuere. De qué manera obró este consejo en el ánimo de Velázquez, muy pronto se ha de decir. Causa verdadera estupefacción el número de obras que produjo Rubens en los nueve meses que permaneció en Madrid y que pintó en el estudio mismo de Velázquez. Sólo para Rubens se levantó el veto puesto á todos los pintores de la corte , excepto Velázquez , de retratar á S. M., á la Reina y los Infantes ; cuyos retratos de tamaño natural y cuerpo entero hizo para el Palacio de Bruselas. También retrató á S. M. á caballo : y este retrato, á juzgar por la descripción que de él han hecho los que entonces le vieron, podría creerse que es el mismo que hoy se ve en la Galería de Florencia, (Museo de gli Uffizi, señalado con el número 210, con manifiesto é imperdo- nable error atribuido á Velázquez) , dado que no sea una copia, pues tan desfigurado está por la restauración , que sólo en él se encuentra el recuerdo de lo que pudiera haber hecho Rubens. Retrato es éste que no se debe con- fundir con otro pequeño, igualmente ecuestre, de Felipe IV, verdaderamente de Velázquez, que el mismo Musco atesora en la Galería Pitti. También re- DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. trató á la Infanta Priora de las Descalzas , repitiéndola varias veces, y á muchos personajes particulares. Vínole en deseo copiar algo de Tiziano , y consta que , por lo menos , lo hizo de los retratos del Landgrave , Duques de Sajonia y de Alba , Cobos y un Dux de Venecia. De cuadros de composición copió Los baños de Diana, El robo de Europa, Venus y Adonis, y Adán y Eva, lienzo este último al presente en el Museo del Prado. Originales, hay noticia de que pintara el retrato de Felipe I I , que vemos en el mismo Museo, una Concepción para D. Diego Mexía, un San Juan Evangelista para el hermano del Duque de Maqueda, D. Jaime Cardona; y retocó, agrandó y añadió algunas cosas en su lienzo de la Adoración de los Reyes , que aún hoy admira- mos. Y por último , pintó dos cuadros de caza , uno de jabalíes y otro de venados, que se colocaron en el mismo salón nuevo. Sólo conociendo la prodigiosa fecundidad de Rubens y su extremada facilidad y valentía , puede creerse que en nueve meses pintara unos cuarenta cuadros , entre copias y originales, pues aun cuando únicamente se hubiera, ocupado de pintar, resul- taría que no habría empleado mas que una semana en cada uno, cosa verda- deramente pasmosa. Si prendado quedó de Rubens nuestro Velázquez , no menos lo hubo de quedar el flamenco del Sevillano, porque según testimonio del mencionado Greficr de S. M., D. Gaspar de Fuensalida , al prestar su declaración en las tantas veces citadas pruebas para el hábito de Santiago, dice: Que siempre le conoció en Palacio á vista de S. M. el Rey nuestro señor, Dios le guarde, con nombre del mayor pintor que hay ni ha habido en Europa, y que así lo confesó Rubens, un gran pintor flamenco, cuando vino á esta corte. Aun rebajando algo del dicho del Grefier, siempre quedará como verdad , por lo menos , que Rubens reconoció y proclamó el mérito de Velázquez y apreció sus talentos. 1629. Un cúmulo de raras casualidades, si no fue alguna mala voluntad, parece como que perseguía siempre á Velázquez en la redacción de las órdenes en que constaban las mercedes que el Rey quería dispensarle. En 18 de Setiembre del año anterior se liquidaron las cuentas de Velázquez , dándose por quito «n cambio de la merced de la ración de doce reales diarios, pero obligándose por ella á pintar cuanto en adelante se le ordenase. No fue ésta la voluntad de Felipe IV , pues diapuso aclarar aquella orden con esta otra; ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Por orden de 18 de Setiembre; del año pasado de 1628, hice merced á Diego VeÜzquez, mi pintor de Cámara, de que se le diese por la des- pensa de mi casa una ración cada día en especie, como la que tienen los barberos de mi Cámara, en consideración á que se ha dado por satisfecho de todo lo que se le debía hasta aquel día, de las obras de su oficio que-había hecho para mi servicio , y de todas las que en adelante hiciere, declaro ahora en esta orden que han de ser los retratos origi- nales que yo le mandase hacer, y asimismo se le ha de acudir con los demás emolumentos que tienen los dichos barberos de mi Cámara. (Rú- brica del Rey.) En Madrid á 9 de Febrero de 1629.—Al Bureo. Ya era esta merced algo más que la otra, pues sólo le obligaba en cuanto á los retratos originales que el mismo Rey le mandase hacer , y de ningún modo en las copias , ni en todos los demás cuadros que pintara, bonificando así, poco ó mucho, pero bonificando al fin , los términos de la merced. En Abril de este mismo año creyó ya el de Olivares conveniente comen- zar las gestiones para tratar de [a paz con Inglaterra y las provincias rebeldes de los Países Bajos , y para ello dispuso la marcha de Rubens á Bruselas con cartas para S. A., en que se le decía que le hiciese partir muy pronto para Londres con los poderes especiales que llevaba, á fin de que secreta- mente y sin carácter de Embajador oficial , tratara de conseguir lo que en las instrucciones que llevaba se le mandaba. Asimismo era portador de los despachos que autorizaban á S. A. para convenir una suspensión de hostili- dades con los holandeses. Consta todo en despacho de la Infanta que hay en Simancas que dice así : Señor: A V. Mag. di cuenta de haber pasado á Inglaterra Pedro Pablo Rubens, y que quedaba esperando aviso suyo de lo que allí negociaba, con deseo de asentar la suspensión de armas, conforme á la orden y voluntad de V. Magd. y el poder que me ha enviado. Dicho Rubens me ha escrito en sustancia que en Inglaterra muestran buen deseo de hacer la paz con V. Magd. y estrechar la amistad y buena correspondencia más que nunca; pero desean cosa segura y caminar de una vez á la paz, dando á entender que se ha de restituir en efecto el Palatínado, y que no es necesaria suspensión de armas habiéndose de concluir la paz, conforme á la dicha restitución, como más en particular lo ha represen- tado Rubens, y escribe de nuevo á que me remito. V. Magd. mandará considerarlo y tomar la resolución que más convenga á su Real servicio. N.° S. r , etc., etc. Quédese Rubens gestionando en Londres y volvamos á Velázquez , que durante la estancia de aquél en Madrid pintó una de sus mus populares obras , la más capital de las de su primer estilo , el cuadro que llama el DE DIEGO DE SILVA VEUZQUEZ. pueblo Los Borrachos, y por cuyo éxito en Palacio se animó el artista á rogar á S. M. que le diese licencia para visitar la Italia. Gustoso el Rey se la concede , como consta en este documento: Diego Velázquez, pintor de Cámara. Licencia para que pueda pasar á Italia y gozar como si estuuiera presente. Su Magestad a sido seruido de dar licencia á Diego Veláz- quez , su pintor de Cámara, para que baya á Italia y tiene por bien que por el tiempo que durare su aussencia goze lo mismo que oy se le da, así de Gajes como de recompensa, de que me auisa por orden de v.« y tres. Vm. esté adbertido para que se le continúe lo que en esta conformidad huuiere de hauer.—Guar- de Dios á Vm., 2á de Junio 1629.—El C.dli de los Arcos. Al Contralor. Otorgado el permiso , para preparar el viaje necesitaba Yelázquez saldar nuevamente sus cuentas para allegar recursos, por lo menos. Se hizo un arreglo por esta cédula: Diego Velázquez, pintor, cargo de cuatrocientos ducados en plata. Los trescientos á cuenta de sus obras y los ciento por la de una pintura *-' ' dejiaco que hizo para servicio de S. Mgd.—El Rey: D. Mateo Ibá~ñez" de" "*"~S"egovia, de la Orden de Calatrava, mi tesorero general, yo os mando que de cualquier dinero que se os está" hecho ó hiciere cargo en mis. arcas de tres llaves, sacándolo dellas con intervención de los contadores de la razón de mi hacienda que tienen las dos, deis y paguéis á Diego- Velázquez, pintor, cuatrocientos ducados en moneda de plata, que valen ciento y cincuenta mil mrs. Los trescientos dellos por cuenta de lo que se le debe de pinturas que hace para mi servicio, y los ciento restantes por cuenta de una PJnUira_de Baco que ha hecho para mi servicio, que con su carta de pago, ó de quien"su poder hubiere y ésta mi cédula, habiendo tomado razón della el Grefier de mi Bureo, que ha de preve- nirlo para que á la' persona que se hubiere entregado ó entregaren las- dichas pinturas, se le carguen para que dé cuenta de ellas, tomándo- la asimismo los dichos contadores de la razón serán bien pagados, y mando se reciban y pasen en cuenta, en la que diereis del dicho nuestro cargo sin otro recaudo alguno, y apruebo y tengo por bien lo hayáis cumplido antes de ahora en virtud de orden de mi contador mayor. Fe- cha de Madrid á 22 de Julio de 1629.—Yo EL REY. —Por mandado del Rey Nuestro Señor, MIÜUKL DE IPENARRIETA. Tomé la razón, TOMÁS DE AUUILAR. Tomé la razón, BARTOLOMÉ MAMZOLO. Hntre ésta y la anterior Real orden pintó Velázquez el Cuadro de los Borrachos, y estos datos oficiales desvanecen el error en que han incurrido- 5f ANALES DE L \ VIDA Y T>E L \ S OBRAS los que han escrito que fue pintado en 1624 , porque han visto que anduvo por ahí rodando de corte en corte un cuadrucho que aquella fecha lleva, queriendo hacerle pasar por el boceto. No fue muy espléndido D. Felipe IV con Yelázquez apreciando tan mo- destamente el cuadro , mucho más en vísperas el pintor de un largo viaje; pero quizá se juzgara bastante esta remuneración , unida al disfrute de su sueldo y gajes por todo el tiempo que durase la ausencia. ¿ Qué cuadros se- rían aquellos por que se le mandaban pagar tres veces más que por el de Los Borrachos? No parecen que fueran retratos , supuesto lo convenido en la Real orden de 9 de Febrero , y sin embargo , tengo para mí que no pudiera por menos Felipe IV de mandar pagarle t o d o , retratos y composiciones, porque ni Pacheco , ni ninguno de los biógrafos de Velazquez registran cua- dros de composición , ni aun se conocen , que deban suponerse de esta primera época del artista., que tanto se pagasen , y que en tan poco tiempo como es los diez meses que median de una á otra Real orden , se pintasen, restando el invertido en el de los Borrachos y el empleado en acudir á Ru- bens. Y parece naiural que si hubiesen sido estas pinturas del género de la de Baco, se habrían dicho sus nombres ó asuntos. Así pues es muy de sospechar que estos lienzos fuesen retratos, y algunos de ellos de los bufones de la corte , que constan en los inventarios de Palacio y no se conservan. Toda descripción que pudiera hacerse del Cuadro de los Borrachos parece ociosa, acompañando á estas líneas su reproducción. Pudiera indicarse los colores de cada uno de los paños que cubren ó visten en todo ó en parte cada una de las figuras; pero ¿ qué idioma tiene frases ó palabras bastante gráficas para expresar con exactitud y enseñar con perfección los tonos y medias tintas de Velazquez á quien no los haya visto ? Por nuestra parte nos confesamos impotentes para ello. ¿ Qué es el Cuadro de los Borrachos ? ¿ Es una bacanal propiamente dicha á la manera clásica de las de Pussino? ¿Lo es, si no, aunque menos clásica, pero conservando todavía algún sabor de antigüedad y muchísimo de natural, como lo son las de Tiziano ? ¿ ó es acaso una reunión de bebedores á estilo de las de Teniers? El Cuadro de los Borrachos no es ninguna de estas tres cosas , aun cuando participe algo de todas ellas. Pretenderemos demostrarlo. Era costumbre en los siglos xvi y xvn , tanto en España como fuera de ella , designar con el nombre de poesías ó de fábulas los cuadros que pintaban los maestros y que representaban asuntos sacados de la Mitología , descritos en éstos ó los otros versos de tal ó cual poeta griego ó latino. Llenas están P E DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. las cartas de Tiziano ú Carlos V y á su hijo Felipe II de estas palabra:, con que designa los cuadros que pintaba , que ya había acabado , ó que se ha- llaban en camino para S. M. Estas poesías diferenciante en Tiziano de las que él llama fábulas, en que , así como en las fábulas EC atiene á la letra del poeta para la reproducción de la escena que quiere pintar, en aquéllas no toma de la fábula ó del poeta mas que la idea culminante del hecho, ó, más claro, el personaje protagonista; y en todo lo demás se separa del poeta ó de g5 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS l;i fábula cuanto quiere , aun cuando ninguna relación ó conexión tenga esta desviación con el protagonista. Ejemplo sean de ¡o dicho algunos de los lien- zos de Tiziano que posee el Museo del Prado. El conocido por la Bacanal es un cuadro verdadera fábula, en que el pintor del Cador procuró ceñirse en un todo al poeta: los que titula Damnae, Leda, y demás de su género , son los que verdaderamente llama poesías, pues tomando como punto de partida la representación de cualquiera de estas poco austeras divinidades paganas, íicaba por hacer el retrato de tal ó cual duquesa de la época, de ésta ó la otra cortesana , y hasta del favorecido amante juntamente. Sabido , pues, lo que por poesías y por fábulas se entendía entonces , veamos á cuál de estas clasificaciones se aviene el Cuadro de los Borrachos. ¿ Es una fábula conforme con la Mitología griega , ajustada á la letra de algún poeta clásico del mundo pagano y trasladada al lienzo ciñéndose es- crupulosamente á datos arqueológicos , tal y como pretendía hacerlo Nicolás Pussino? Verdaderamente que no. Ni Velázquez entendía una palabra de arqueología , ni le importaba un ardite la verdad histórica, ni pudo soñar -siquiera hacer un cuadro á la manera griega , emulando á Ceuxis y á Parra- sio , pues estos pintores no le serían conocidos , seguramente, mas que por haber visto y oído sus nombres en alguno que otro soneto de su suegro , que tan recordados los tenía en los puntos de la pluma , como olvidados en la punta del pincel. Y sin embargo , es indudable que la figura que representa á Baco tiene algo más que lo que de sí arroja el natural, maestro y guía constante de Velázquez. No puede desconocerse que aquel joven desnudo, coronado y coronando, sin más traje que unos paños plegados sobre'los muslos , así como la otra figura que está detrás de él y á su derecha, repo- sando sobre el codo , desnuda también y también coronada, levantando con la mano izquierda una copa, quieren representar y representan efectiva- mente, el primero á Baco, y el segundo un Eauno ó un Sileno. Esto quiso Velázquez hacer en ambas figuras, esto quiso que fuesen y significasen y esto son y significan para todo el mundo, Y están admirablemente represen- tados , aunque á la manera de Velázquez, esto es , al natural, al vivo; es decir, copiando al pié de la letra dos hombres que pudieran servir, más ó menos propiamente , para modelos de un Baco y un Fauno , añadiéndoles los atri- butos propios de ambas divinidades. Así hizo Velázquez en este cuadro un Baco y un Fauno, así hizo á Apolo en el cuadro de Las Fraguas , y así hizo á Marte en el lienzo que lleva este nombre; y así hubiera hecho á toda la corte celestial de Júpiter olímpico. Hasta aquí el cuadro tiene muy poco de la pretcnsión clásica de Pussino , y mucho de lo que Tiziano llama poesías, ó DE DIEGO DE SILVA VIÍIAZQUIÍZ. 57 sea representar á tal ó cual divinidad pagana copiando la figura de tal mujer ó tal hombre fielmente retratados ; y basta mirar el lienzo para ver lo mucho que tiene de Teniers , metiendo figuras , cogidas en las tabernas , entre el dorado marco del cuadro. Una pintura de Baco llamaba Felipe IV á este lienzo , y tenía razón, pues no es mas que un cuadro en que se pintó á Baco , de la misma manera que entonces se pintaban y por el mismo estilo que entonces se concebían los cuadros de asuntos místicos , tal y como se pensaba y reproducía por lo general en el siglo xvn un milagro de San Antonio de Padua ó de San Diego de Alcalá; esto es, pintando al santo más limpio, más guapo y más luminoso que los demás personajes del milagro , quienes eran exactos y fieles retra- tos, ó de los amigos, ó de los servidores ó de los protectores del pintor. Tal fue el procedimiento que Velázquez siguió, como siguieron todos sus contem- poráneos madrileños. En cuanto al resultado, en cuanto al efecto y en cuan- to á la incomparable belleza del lienzo , á nadie siguió Velázquez , ni nadie pudo , ni ha podido , ni podrá seguirle. El Cuadro de los Borrachos ha llamado el pueblo de Madrid á este lienzo desde qne empezó á verlo en el Museo Real en 1828, (los domingos que no llovía 6 no había barro en las calles), y el pue- blo de Madrid tuvo muchísima razón, porque lo que el cuadro representa, lo que á nuestro juicio estuvo en la mente de Velázquez , no fue mas que figu- rar unos cuantos solemnísimos borrachos recibiendo de manos del dios de las vides el galardón debido á sus constantes , grandes y heroicas borracheras. ¿Y cómo está representado este asunto? Como es imposible soñarlo mejor, como no puede haberlo imaginado nadie mas que Velázquez , como no puede concebirlo mente alguna con más verdad , con más gracia, con más alegría, con mayor solemnidad, con mejor expresión , con más originalidad. El pintor inglés David Wilkie , que vino desde Londres á Madrid expre- samente para estudiar á Velázquez , abreviando el objeto de su viaje , no estudió mas que este cuadro de todas las obras de este pintor. No empleó en tal estudio el medio de la síntesis, como dicen los filósofos , sino el de la análisis. Empezó por un ángulo del cuadro , y haciéndole la disección , fue estudiándolo pulgada por pulgada, hasta llegar á la punta opuesta. Todos los días de Dios , buenos ó malos, iba al Museo , se sentaba delante de su querido cuadro y pasaba las horas en silencioso éxtasis ; y cuando la fatiga y la admiración le vencían, exhalaba un / » / / que le salía del fondo del pe- cho , cogía su sombrero y se marchaba. Sin ser pintor, dice Mr. Viardot, que esto cuenta, sin ser inglés, he hecho otro tanto. A los cuatrocientos ducados añadió S. Mgd. para el viaje de Vflázquez, g8 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS según nos enseña Pacheco, el pago al contado de dos años de su salario, que montaban otros cuatrocientos ochenta ducados más; y esto hace creer que la licencia que se le concedió sería por aquel tiempo. Más dadivoso el favorito y más conocedor de las necesidades de los viajes, dio á Velázquez doscientos ducados en monedas de oro , un rico medallón con el retrato de S. M. y mu- chas cartas de favor para los embajadores y amigos de España que residían en los estados de Italia que había de visitar , recomendándole poco menos que de oficio á los embajadores que en Madrid estaban acreditados , á fin de que ellos á su vez lo recomendasen en sus respectivos países. Cómo lo hicieran estos embajadores , sólo se sabe de dos , del de Venecia y del de Florencia, cuyos despachos me son conocidos , y juzgo curiosísimos porque cada uno demuestra lo que en la corte oían decir de Velázquez, y aun la opinión que ellos mismos habían formado de é l , por lo que inquirieron y por lo que el Secretario de Estado, D. Juan de Velilla, les decía. La carta del veneciano es ésta : Mi ha fatto sapere Don üiovanni di Vegliella, che il Segretario di Stato (é ha anco titolo di Consigliero) che il Sr. Conté di Olivares per ordine del Re, le ha commandato di procurare pasaporte et lettere di recommandatione per Diego Velasquez, pittore di Camera di Sua Maesta, che se ne passa con lo Spinola á Milano, poi da se in altre cita d' Italia et particularmente in cotesta di Venetia, per trattenervesi, vedere et aprenderé le cose della sua profesione. L'istesso ufh'cio é stato fatto apresso li nuntíj e qualche al tro ambasciator ancora. Yo per corrispondere al desiderio di S. E. in riguardo delle commissioni di S. M.'1 et per complire all' ufiicío della creanza, le ho fatto il pasa- porto, e le ho dato lettere per il Sr. Giorgio Contarini, fú di S. Marco; per il Sr. Vicenzo Grimani, fú di Sr. Fiero; et in térra ferma per il Sr. Cap.' de Verona, et per il Comm.™ mió fratello. Questo pittore é giovane, e, per quello che á me pare, non puo esser di sospetto questo suo passagio costi; solo mi persuado che per acquis- tare maggior peritia nella sua professíone habbe procurato questa licenza dal Re di vedere ¡e cittá principali d' Italia, et li cose notabile dell* arte sua: con tutto cío, perche questo é per fermarsi comme mi ha detto in Venetia, ho giudicato espediente darve cuesto raguaglio all Ecc.« vostre, le quali con la loro prudenza potranno faie osservare ció che le parirá intorno a questa persona, che dovera capitare con l'indi- rizzo delle predette lettere costi et nello stato. Al Vice Mocenigo. Ma- drid 28 Iuglio 1629. La desconfianza veneciana brilla principalmente en este eterito, más que la recomendación , y da á conocer , como era de sospechar , que el mayor «leseo de Velázquez era estudiar los coloristas venecianos , aquellos que como el mejor habían expresado ti color. DE DIEGO DE SILVA VELXZQUEZ. La otra carta , recientemente descubierta en el Archivo Médico de F l o - rencia por mi buen amigo el profesor de la Universidad de Bonn , Doctor D. Carlos Justi, que me la ha facilitado antes de darla á la estampa el periódico alemán Zeitschrsi fiir Bildende Kunst, de Leipzig, es curiosa por varios conceptos. Además de ocuparse de Velázquez como hombre , forma juicios , que podrían ser ciertos, pero que son muy poco lisonjeros para los españoles que no eran personajes distinguidos ó de alta alcurnia. He aquí la carta: 11 ? e Reu™ Sige Freno Oss™ 1™ Son piü giorni che ho dato lettere di raccomandazione á un pittore fauorito del Ré e del Conté di Oliuares , chiamato Diego Velasches il quale é passato in Italia col márchese Spinola , et prima uuol ueder Lombardia e Venetia, e poi passerá á Firenze, e a Roma; quando coparirá non uorrei chesele facesse ne troppo ne poco ; bisognerebbe che qualche pittore lo hospitasse come da sé; S. S. A. A. ét i Prñpi lo fauorissíno; et se bene al Sr Conté e superfluo il ricordar cosa alcuna, uorrei non di meno, che tutte le persone de Principi lo chiamassero di un Voi muy redondo, pche egli come dico é fauorito dal Ré et dal Conté, et oltre alP essere uscier di camera, pratica molto adétro in corte, et no uorrei che egli si potessi uantar con i cortigiani di quá et co le mta medmc. d1 hauer hauuto del V. S. da' nostri pfnpi ó cortesía maggiore di quel che conuenga ad un Pittore; io consiglierei che il GDuca si facesse fare un ritratto dá lui; et poi li donasse una collana con la sua medaglia; mostrandosili con grauitá di Ré, e trattandolo bene nel genere della sua professione; perché con gli Spagnuoli bassi tato si perde in stimarli poco, quanto in stimaiii troppo, et á V. S. I. bacio D,i Madrid li 22 di Setl™ 1629. Di V. S. 111"". e Reum\ Obblig™. FreTTo e Serure AUERARDO MEDICr. r Mons . Arciu" . di Pisa. El tal Averardo sabía bien el español y parece que también debiera de entenderlo el Arzobispo de Pisa, porque es muy característica y expresiva la frase española que usa para aconsejar el tratamiento que debiera darse á Velázquez: un voi muy redondo. Y de seguro que no debió conocer perso- nalmente ni haber tratado á Velázquez, cuyo noble nacimiento, tímido carácter, respetuosidad excesiva , esmerada educación y adquirida costum- bre de alternar en la corte con S. M. , los Infantes, el Príncipe de Gales y los grandes de España , debieran haber enseñado al diplomático florentino que no era Velázquez de los españoles de baja clase con quienes tanto se pierde estimándoles mucho como considerándoles poco: porque tampoco era hombre de 6o AN'ALKS Dli LA VIDA Y DE LAS 0I5KAS vanagloriarse á su vuelta de haber sido excesivamente considerado en Flo- rencia , tanto más cuanto que no necesitaba , ni mucho menos , tanta cor- tesía para su fama, porque ni mucho ni poco ni nada contribuyó á ella su estancia, ni aun el estudio que hacer pudiera en Florencia, donde nada ciertamente había de encontrar que á su manera especial de sentir y expresar el arte de su profesión pudiera serle indispensable. Había, sin embargo, que agradecerle al extremoso aristocrático florentino el resto de la conducta que aconseja seguir con el pintor, lo cual indudablemente haría porque el pintor era favorito del Rey y del Conde-Duque, ugiey de Cámara, y porgue lema mucho prestigio en la Cámara Real. Preparaba Velázqucz su viaje á Italia por aquellos días para aprovechar la marcha á Milán del vencedor de líreda, D. Ambrosio Spinola, Marqués de los Balbases , é ir en su compañía hasta las playas de Italia , adonde iba el Marqués -á relevar á D. Gonzalo de Córdoba y á tomar el mando de ejército contra franceses. Surtos en Barcelona los buques que habían de llevarle á Genova, se embarcaron el día 10 de Agosto, y al tocar tierra marchó el General á su gobierno de Milán y Velázquez en postas para Vene- cia , quedando profundamente agradecido al Spinola del singular cariño con que durante el viaje y antes del viaje le honrara aquel gran soldado, último de los capitanes de aquella raza de guerreros españoles que en el siglo ante- rior vencieron á todos los ejércitos de Europa. Y si era íntimo y verdadero el agradecimiento y amistad de Velázquez, pronto se vio la muestra, cuando contribuyó á la inmortalidad de aquel ilustre capitán con su cuadro de la Rendición de Breda , llamado comunmente el Cuadro de Las Lanzas. CAPITULO III. DESDE I63O Á I63S. Veláztiiiez en Venecia.—L» esciieU veneciana. — Tintorelo—Llega á Roma.— Las Fraguas de Vtitcnn3 PIUCO DE SILVA mana , pues hizo tamlnén algunos estudios de la villa en que vivía , ó de cualquiera otra, y de algunos monumentos , tal como el arco de Tito , que todos ellos embelesan por su verdad y frescura. Pero no hay noticia de que trajera estudio alguno formal de las esculturas monumentales de la antigüe- dad que por allí hallara á caJa paso. Una estatua se nota en uno de estos estudios , y con dificulta 1 puel; decirse si representa á Cleopatra : de tal modo y tan de ligero pasa por el anticuo. VELAZQUEZ. (Juicn así pintaba, quien de aquel modo sentía el natural, quien tan poco, tan nada, se preocupaba de la belleza clásica, ¿qué hacía ya en Roma que no pudiese hacer en Madrid ? Partió para Ñapóles, en donde conocer desearía á José Ribera, como él oficialmente protegido y quizá con mayor esplendidez. Era por entonces Vi- rey el Duque de Alcalá , amarte de las artes , poseedor de selectísima gale- ría y de antiguo protector de Pacheco. Recibióle cariñosamente , y por su ANALES DE L \ VID.V Y DE L\S OBR\S mediación entablaría relaciones con Ribera, á quien por sus cuadros en el Escorial y Madrid ya conocía y admiraba como compañero , pero á quien más admiraría seguramente al ver lo que allí había pintado á la manera grandiosa de Miguel Ángel en las pechinas y techos de aquella soberbia Car- tuja. Aquel valenciano de vigoroso genio , terrible expresión y sin rival por aquellos días en toda Italia, á quien llamaban el Spagnoleto, era como hombre de carácter duro y no admitía competencia con ninguno otro artista. No podía haber rivalidad entre ambos españoles , (aun á pesar de serlo) y de ser Kibera quien era. Ocupando éste el puesto de maestro por su mayor •edad y fama adquirida ya en toda Italia, no veía un rival en aquel compañe- ro , allí de paso , tanto más cuanto que Ribera no pensaba volver á Kspaña, como en efecto no volvió, y lo confirma el siguiente relato que el pintor aragonés Jusepe Martínez hace en su libro Discursos practicables, refiriendo una conversación que tuvo con él en Roma por los años de 1625. Entre varios discursos que hice á preguntarle (dice) de cómo viéndose tan aplaudido •de todas ias naciones no trataba de venirse á España, pues tenía por cierto eran vistas sus obras con toda veneración , respondióme : * Amigo carísimo , de mi voluntad es la instancia grande , pero de parte de la experiencia de muchas personas bien entendidas y verdaderas hallo el impedimento , que es, ser el primer año recibido por gran pintor: al segundo año no hacerse caso de mí, porque viendo presente la persona se le pierde el respeto; y lo confirma esto, el constarme haber visto algunas obras de excelentes maes- tros de esos reinos de España ser muy poco estimadas: y así juzgo que España es madre piadosa de forasteros y cruelísima madrastra de I03 propios naturales. Yo me hallo en esta ciudad y reino muy admitido y estimado, y pagadas mis obras á toda sa- tisfacción mía , y asi, seguiré el adagio tan común como verdadero : Quien está bien, no se mueva. » Y no iba descaminado el valenciano pensando de aquel modo. En el poco tiempo que en Ñapóles se detuvo Velázquez retrató, no más que en busto , á la Infanta de España Doña María, la pretendida del Rey de Inglaterra, que esperaba momento propicio para embarcarse en busca de su esposo , el Rey de Hungría. Esta pintura se cree ser la que guarda el Museo (número 1.072), aun cuando otro también pretendía serlo en la citada galería del Sr. Madrazo. Visitando el Museo de Ñapóles , llamó mi atención la hermosa copia que allí existe del cuadro de Los Borrachos, que no tiene las grandes manchas oscuras que el original presenta , á consecuencia de lo muy maltratado que fue en el incendio del Palacio antiguo de Madrid el año de 1734 ; y al verla, se ocurre sí por acaso la enviaría, el mismo Velázquez , hecha no por su DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. mano , pero vigilada por ¿i , á consecuencia de haber hablado de ella á Ribera. Estos dos pintores , los más grandes que cuenta España , quedaron ami- gos , y útil sería para Ribera la amistad de Velázquez porque no pocos de los muchos cuadros que de aquél iban llegando á España para Felipe IV, ¿quién duda que fuese recomendada su adquisición por el mismo Velázquez? Afinesdel año abandona Velázquez á Italia y vuelve á España al em- pezar el de 1631 , pues figura cobrando de presente la nómina de Enero. 1631. Que fue recibido Velázquez en la corte con muestras de regocijo , ase- gúralo Palomino; y que con ansia se le esperaba , no hay para qué dudarlo. A W L E S DZ L.V VIDA Y D:i LVS OIÍR.VS pues falta hacía ya el pintor tU Cámara por las novedades que encontraba á su vuelta. Al poco tiempo de su sali li de Espina había dado á luz la Reina Doña Isabel, el 27 dj Octubre d^ 1629, un niño que se llamó el Príncipe Don Baltasar Cario.;, esperanza de tantos reinos y á quien tantas veces , en la corta vida que alcanzó, había de retratar Velázquez , siendo de creer que lo hiciese por primera apenas llegado , según debe colegirse de esta carta de pago del famoso Protonario de Aragón, íntimo amigo de Olivares, con quien más adelante nos encontraremos , del año de 1634 , publicada en la Colección de documentos vúditos. Mas, mi! ducados de á once reales qus en diversas partidas se pagaron á Diego Velázquez , pintor de Cámara de S. M., por el precio de diez y ocho cuadros de pinturas , que fueron La Susana de Luqueto, un original de Basan , la Danxe de Tiziano , ti tuxiro de Josefo, el cuadro de Vulca- no, cinco ramilleteros, cuatro paísitos,dos bodegones, un retrato del Príncipe N.° S.r y otro de la Reina N." S.', tasados por F . " de Rioja en TI.000 rs. Primeramente se colige que el cuadro de Jo quedar en su poder la escrip.™ que ha hecho esta parte para seguridad de la segunda doy esta cert.fm en Ma- drid a 15 de Febrero 1634.—JERÓNIMO DE CANINCIA, Y no fue ésta la única gracia que se dispensó á Velázquez, pues este mismo declara en documento muy posterior, que hace ahora (en 1646) doce años que S. Mgd. le hizo merced de honrarle con plaza de su ayuda de la guardarropa sin ejercicio; y en verdad que fue ésta otra de las más conformes con su pro- fesión y provechosas para el arte , por ser sin ejercicio y libre ya del servicio de Ugier de Cámara. 1655. El retrato ecuestre de Felipe IV número 1066 del Museo merece detenido estudio , para fijar aproximadamente la fecha en que pudo ser pintado. La edad que representa el Monarca es la de unos treinta años , poco más ó menos , pues no hay que olvidar que este soberano marchitó pronto su ju- ventud, y alcanzó prematura vejez á causa del exceso de los placeres sensua- les á que se entregó constantemente desde muy temprana edad , como lo demuestra haber tenido entre legítimos y fuera de matrimonio veinte hijos conocidos de doce mujeres lo menos. Tal edad acusa que el.retrato sería he- cho de los años 1633 á 1635, época que coincide precisamente con la en que se envió á Florencia á Pedro de Tacca el retrato, en pequeño tamaño, del Rey á caballo para que modelase la estatua. Nótase asimismo que la postura del jinete no discrepa de la del que monta el caballo de bronce mas que en tener aquél algo más bajo el brazo derecho que empuña la véngala de mando, y descubierta la cabeza. En cuanto al aire ó postura del caballo, no hay discre- pancia alguna, ni tampoco en la brida, silla y demás arreos. El traje de ambos jinetes y la armadura son también los mismos, y no hay otra diferen- cia entre ellos mas que la de estar cubierta la cabeza de] de el lienzo con gran sombrero con plumas y desnuda la de bronce , no por otra razón esto ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS último mas que por seguir Tacca su tradicional costumbre , porque así mo- deló las de Enrique IV y Felipe III, y así estaría el busto que mandó Veláz- quez para que el escultor tuviese á la vista el perfil completo de la cabeza del Rey. Y sobre todo , decide esta fecha la identidad , la igualdad, fuera del tamaño , de este retrato con el pequeño del Museo de la Galería Pitti de Florencia, que es el mismo que se mandó á Pedro Tacca. Por otra parte, consta que este retrato colgado estuvo en las paredes del Palacio del Buen Retiro , hasta que fue trasladado al siguiente siglo al Palacio nuevo. Por la edad que en él representa el Rey y por las demás consideraciones expuestas, no cabe duda alguna de que este retrato ecuestre no pudo ser pintado en otra fecha. El retrato , ecuestre también , de la Reina Doña Isabel Borbón que con él forma pareja , no es todo él de mano de Velázquez , ni fue primeramente pintado al mismo tiempo que su compañero. Para adquirir de ello convenci- miento basta estudiarlo en sus detalles. Bajo la amazona y en el caballo aún se revela distinta mano. Doña Isabel debía tener por estos años los treinta y tres cumplidos , y no los aparenta. El riquísimo traje que viste, cuya gran falda está cuajada de infinidad de cifras de su nombre bordadas de oro , así como los dibujos de la primitiva gualdrapa del caballo, son de mano tími- da , torpe y minuciosa , opuesta en el modo de hacer á la de Velázquez. La gola de gasa, esponjada, sin almidonar , es bien distinta de las que se lle- varon en el anterior reinado, y está sobrepuesta ó pintada posteriormente sobre el cuello escotado , á la francesa, que forma el cuerpo del mismo ves- tido. El peinado alto alrededor de toda la frente cayendo hasta la mitad de ambas mejillas , es una masa poco detallada, que cubre de cualquier modo, aunque con efecto de lejos , otro distinto peinado que debió rematar en un pequeño sombrerillo ó adorno con pluma blanca, de la cual algo se distingue todavía. En cuanto al caballo, los repintes no son menos salientes que en la figura. También el primitivo marchaba al paso , pero más recogida ó baja llevaba la cabeza, que mucho se distingue por debajo de la nueva, y casi toda se vería si las largas crines blancas, que caen todas á la derecha del cue- llo del animal, no le cubrieran gran parte del hocico. Varían, por efecto natural de la nueva postura, la posición de las manos del caballo , que for- zosamente había de estar más alta la que aparece levantada. La línea forma- da por las ancas , cubiertas con la amazona, aumenta ahora el volumen por esta parte, y cuantos detalles del bordado han sufrido alguna trasformación por menos pliegues ó por otra causa, están tan descuidados y faltos de la minuciosidad de lo demás, que es por extremo el contraste que ofrecen con DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 87 ' los primitivos que no han sido tocados. El paisaje conserva en parte también mucho de su ser primero. Este retrato no ostenta como su compañero la firma ó señal que Veláz- quez acostumbra á usar en los cuadros de empeño ó de importancia grande que pintó en el intervalo de sus dos viajes á Italia. Ni el uno ni el otro tuvieron las dimensiones que ahora alcanzan de 4,14 de ancho, como clara- mente lo indican las costuras que corren de alto á bajo que unen en ambos- sendas é iguales tiras de lienzo , para lograr mayor anchura. Esto evidencia que ambas pinturas estuvieron prístinamente en un sitio que no exigía ma- yores dimensiones , y que más tarde se quiso destinarlos á otro distinto, donde las proporciones del muro ó pared que los sustentara hacían precisas mayor anchura. Estos mismos detalles ofrecen los retratos también ecues- tres de Felipe III y la Reina Doña Margarita su esposa , y por ende hay que convenir en que los cuatro ocuparían alguno de los salones del viejo alcá- zar, antes de construido el Buen Retiro, y que desde aquél vinieron á éste, y al trasladarlos hizo en ellos Velázquez la prolongación y repintes que tan claramente se notan. Pero el retrato de la Reina Doña Isabel , esto es, el primitivo , es ante- rior al de su esposo, porque esta señora ciertamente no aparenta mas que unos veinticinco años, que aumentados á los del año de 1603 , en que nació, dan por fecha el de 1628, y por entonces no hay noticia en los inventa- rios de Palacio , ni en la obra de Pacheco , que tan satisfecho da cuenta en su libro del retrato ecuestre que antes de esta fecha pintara Velázquez el de Felipe IV, de que aquél hubiese hecho también el de la Reina, y que en ver- dad no hay seguridad, ó al menos no la dan los datos escritos, ni los cuadros originales conservados de que Velázquez pintara más de un retrato de esta Reina , que es el supuesto que se mandó á Alemania el año de 1632. Y no es esto para producir sospecha alguna de inverosimilitud ; porque hechura Velázquez del Conde-Duque, por quien entró en la corte, había de ser de sus parciales , y por lo mismo malquisto y como sospechoso tenido por los del contrario partido que se amparaban de la Reina, partido que creía espías del Conde-Duque á los criados de Palacio sus protegidos. La Reina, además, tenía su casa independiente de la del Rey su esposo , con dotación especial, de la que pagaba sus criados , y entre ellos tenía su pintor, como lo tuvo su hijo el Príncipe , cuando para este cargo nombró á Juan Bautista del Mazo. Así pues , brota la creencia de que el retrato de Doña Isabel, sobre que re- pintó Velázquez , no fue de su mano ; así como que hasta estos años y no antes ni después, no fue pintado el retrato de Felipe IV. Y porfin,el Inven- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS tario del alcázar viejo del año de 1636 no contiene ya los retratos de Feli- pe III y Doña Margarita, porque habían sido trasladados al nuevo Palacio del Buen Retiro. Los otros dos retratos de los padres de Felipe IV presentan aún más claras señales de que han sido grandemente repintados y añadidos también como los anteriores , para hacer con ellos pareja. El de Felipe III , que es muy posible que fuese , como el de la Reina su esposa , de mano de Bartolomé González , tiene corregido todo el brazo derecho, que ahora se ve más bajo y más adelantado ; velada gran parte de la armadura , cambiado el borrén delantero de la silla, corregida la pierna derecha y nuevamente pintado el pié y el estribo. El primer caballo des- aparece bajo otro, tordo también, cuyas soberbias crines , que de los pechos le pasan, y su airosa cabeza, todo lo cubren. Las correcciones de los cuatro remos son muy visibles y hacen airosa y natural la actitud del bruto, que marcha al galope. Mucho queda de la figura del Rey, cuyo rostro, banda , armadura y sombrero están concluidos y miniados de tal modo , que al verlos solos fuera del cuadro no se dudara de atribuirlo todo á González. El fondo, como antes, representa la orilla del mar. El de Doña Margarita de Austria ofrece tantos repintes y variantes como el anterior, con más , la innovación del país, que era antes un esmerado jardín con cuadros de boj, flores y fuentes , que ahora están borrados ligeramente á grandes brochazos con nuevo color, y no bien por completo , para figurar árboles y ramajes. El fondo aparenta una espléndida puesta del sol, pero como pintado sobre color ya viejo y sobre el lienzo nuevo de los añadidos laterales, resulta cortado y rechupado en los costados. Del busto de la Reina no repinto Ve- lázquez mas que las plumas del sombrero , algo del pelo y de la gola suma- mente almidonada, á usanza del tiempo de su reinado. El anterior caballo marchaba al sosegado andar del paso castellano , y queda de él tan poco, que ni "aun decirse puede que fuera también pío como el nuevo. La gualdra- pa era antes más corta y los nuevos bordados que la alargan están pintados á la manera larga, no buscando mas que el efecto á cierta distancia , y esto, como en el de la Reina, su nuera Doña Isabel, contrasta muy mucho con el prolijo adorno del traje todo que dejó intacto. Los repintes de los tres retratos están hechos de un modo brusco , desdeñoso, á la ligera, pero firmes y seguros; son correcciones, cual sl^íí hacerlas en la obra de un discí- pulo torpe, cogiendo los pinceles y paleta, hubiese dicho Velázquez con mal- humorado tono : Esto se hace así; y tardara tanto en decirlo como en hacerlo. Tiene importancia no escasa el estudio de las correcciones de estos re- PE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. tratos , porque nada más gráfico puede hallarse para conocer á las claras el maravilloso golpe de vista de Vclázquez , que sin vacilaciones ni dudas , en un instante, aprecia segura y precisamente la línea y el tono de color , no sólo cuando del natural copiaba, sino ahora corrigiendo lo pintado y sabien- do dejar de lo que hecho halla cuanto no perjudica al conjunto que después de la corrección resulta. Y como los viejos inventarios de Palacio , aunque sin juicio ni criterio artístico redactados, siempre encierran algún dato que derrame luz, por pá- lida que sea, sobre algunas pinturas, prestan apoyo á las conjeturas sentadas sobre estos tres retratos. El inventario de 1636, que es el más antiguo de los del reinado de Felipe IV y el único hecho en vida de Velázquez, anota en la pieza segunda, sobre el cuarto de Órdenes, en el Alcázar de Madrid: Un lienzo al óleo, en que está pintado un caballo grande, blanco, en pelo, con su freno, y en un anca tiene un sol. Otro lienzo, también pintado al óleo, en él un caballo castaño. Otro lienzo, de la misma manera, en que está pintado otro caballo. Otro lienzo, de la mis- ma mano, en que está pintado otro caballo. Resultan , pues , cuatro caballos , y ninguno original de Velázquez, porque sin duda son los mismos que en tiem- po de Felipe III se hallan inventariados en la quinta pieza de la Casa del Te- soro, y de este modo: Cuatro lienzos grandes con cuatro retratos de cuatro caba- llos, los dos rucios y los dos bayos que no están acabados, que tiene de alto cada uno tres varas escasas. Los bayos, tasados á cuarenta ducados, y los otros á cincuenta. Había , pues , en Palacio quien había hecho estudios de caballos del na- tural , y que no era Velázquez. ¿Qué duda cabe con esto de que los tres pri- mitivos retratos no fueron de su mano ? Y en cuanto á los retratos de los padres de Felipe IV, puede sospecharse que estuvieran en Valliidolid y que de allí los trajera Lorenzo Praves , veedor y contador de las obras de aquella ciudad, cuando por estos días vino á la corte, precisamente á traer para el Retiro pinturas de las que había en aquellas casas reales, y unas portadas y chimeneas de mármol y jaspe, etc., etc. Y hay en estos cuatro lienzos un detalle á todos común. Ya sean sobre- puestos ó cosidos {que más creo esto último, pues yo no he visto los cuadros por el revés) , tienen todos un trozo de lienzo cuadrado , de media vara de largo próximamente , que en los retratos de los Reyes se halla en el ángulo inferior izquierdo , y en el de las Reinas en el lado opuesto , entendiéndose según se miran. Sospeché en un principio que estos remiendos ó sobrepuestos podrían datar del momento en que fueron repintados y añadidos los lienzos, pero la circunstancia de verse muy claramente en algunos, tales como en los de Felipe III y Margarita, la primitiva pintura, tenuemente cubierta por Ve- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS lázquez , prueba que no fue así y que estos cuadrados los tuvieron los cuadros antes de ser ensanchados por los costados. Mejor examinados , con ayuda de lente de aumento , parece en algunos que no hay costura , pero que aparenta serlo una línea de color sobrepuesto á la raya formada , por haber estado doblado hacia arriba y metido detrás el lienzo por algún tiempo, pro- duciendo el color, nuevamente aplicado al desplegar el doblez, la mencionada raya que aparece como costura. ¿Qué causa produjo en los cuatro cuadros estos mismos efectos? Pudiera obedecer al propósito de haber querido quitar, borrar , ó desaparecer la inscripción que hubieran podido tener y en que se dijese el nombre del retratado, su edad y demás datos, según costumbre. Sin embargo, es muy dudoso que esto fuese la causa, porque aún se ve la antigua pintura y no hay rastro aparente de inscripción alguna. Notando que estos cuadrados alternan igualmente en los dos matrimonios reales, esto es, que en los Reyes están en iguales posiciones y contrarias á las de las Reinas, nace la suposición de que se hayan cortado los lienzos de abajo arriba, hasta la altura de unas dos cuartas , y desde ellas doblado lo cortado por detrás , á fin de que el ángulo recto entrante en el cuadro permitiera que pu- diese ser éste colocado en algún frente del salón donde hubiese una puerta, que por su distancia al muro ó pared próxima no admitiera la colocación del cuadro entero; ni las alturas del salón consintieran tampoco que los cuadros cupieran entre el dintel de las puertas y el techo. Ó bien que otro testero ó frentes del salón tuvieran dos puertas, una en cada lado, junto á las esquinas ó rincones. En estos casos , colocados los Reyes en parejas , resultan mirán- dose , y marchando los caballos el uno hacia el otro, mientras que la anterior suposición forzaría á que los caballos se huyesen y los matrimonios se vol- vieran la espalda , resultando que , como el vulgo dice, parecería que estaban reñidos. Ésta es la suposición más natural que como hipótesis puede pasar, puesto que no se encuentra dato en contrario en los inventarios que he tenido á la vista , ni en cuantas noticias conozco de estos cuatro retratos ecuestres. He aquí gráficamente cómo pudieron estar colocados estos retratos: DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Y ya que de caballos tanto se ha tratado , acabemos con ellos , pero no como aquel año 1635, en el cual quemáronse las caballerizas viejas de Palacio y con ellas cuarenta y dos caballos de S. M. y dos hombres. Los madrileños al día siguiente presentaron á S. M. cincuenta caballos. Vestido de cazador está D. Baltasar Carlos en el retrato más antiguo que de este Príncipe cuenta el Museo del Prado , de mano de Velázquez. Encan- ta ver aquel gracioso niño por el aire y donosura con que , elegantemente plantado, empuña la escopeta por el cañón con la mano derecha, y ostenta su traje compuesto de botas , guantes , montera , ancha valona y tabardo, con dos perros de raza á sus pies y cobijado en una encina. En el ángulo izquierdo inferior dice la edad del retratado, que era la de seis años, y como el Príncipe nació en Octubre de 1629 , acusa haber sido pintado á fines de 1635. Como otro retrato de su padre y algunas cacerías , se colige por los inventarios que fue hecho para la Torre de la Parada , Palacio de caza, en los términos del Pardo. 1636. El tierno Príncipe compartía su tiempo en estos años entre la caza y la equitación. En el retrato ecuestre en que nos le figura Velázquez sobre una fogosa y redonda jaquílla andaluza, galopando resuelta y fiera por los cam- pos que esmalta el Manzanares , no representa más de seis años. Luce el Príncipe rico traje con botas , banda y gran sombrero negro. Empuña el bas- tón de mando , y con apuesto continente y aire marcial, aquel preciosísimo niño encanta é inspira respeto , pues su noble mirada , expresiva y penetran- te , revelan ya un futuro general, ganoso de conducir sus huestes al combate en busca de glorias para su patria. Simpático el modelo , y retratado con cariño por Velázquez , el cuadro es una perla entre las ricas joyas de las obras de este artista. Y ya podía el Príncipe correr con su valiente y vanidosa jaca , después de aleccionado por el mismo Conde-Duque , que como caballerizo mayor, no quiso declinar esta honra , y de cuyas lecciones tomó Velázquez pié para pintar un cuadro grandemente historiado, con el retrato del Príncipe, á quien ense- ñaba á andar á caballo D. Gaspar de Guzmán, según atestigua Palomino , que vio esta pintura , por los años de 1724 , en la casa del Marqués de Liche, ANALES DE L.V VIDA Y D E L.\S OBRAS PRÍNCIPE D. BALTASAR CARLOS. fobrino del Conde-Duque , donde con singular aprecio se guardaba. Este cuadro sería pintado para el Conde-Duque, indudablemente, pues que se ha- llaba en poder de su familia y no lo registran ninguno de los inventarios de DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Palacio. El caballero Stirling asegura estar tal lienzo , en el que ve á Ve- lázquez completo por el don de vida y acción que anima á todas las figuras, for- mando parte de la Galería del Marqués de Westmjnster, en Londres , y añade que en él están retratados también Felipe IV y Doña Isabel, en un balcón del picadero , puesto en el fondo , desde donde presencian las leccio- nes de su hijo. Descansando en la autoridad de este caballero, tan aficionado á Velázquez , es de creer que sea este lienzo el del Marqués de Liche. Y como á todos los. buenos cuadros de Velázquez , le sale á éste también por esas galerías inglesas su boceto y su reproducción. Tiempo hacía que Velázquez no reclamaba el pago de sus honorarios y de sus pinturas , pero esto no era indicio ni señal alguna de que le satisfacie- ran ordenadamente, sino de su escasa actividad , de su temperamento apáti- co y de la cortedad de su genio poco bullicioso y expansivo. Pero aun cuando nunca, afortunadamente, pasó por el duro trance de necesitar para vivir exclusú'amente de lo que le proporcionaran sus oficios en Palacio , había de ocurrirle , por más paciente que su carácter fuese, exigir, siquiera fuere cada tres ó cuatro años, lo que se le era en deber. En este de 1636 decídese á presentar á S. M. el siguiente memorial, que hemos encontrado en el Archi- vo de Simancas , Lcg. 37. Consultas de la Junta de Obras y Bosques. Señor: Diego Velázquez, Ayuda de la Guardarropa de V. Magd. y su pintor de Cámara, dice que á él se le deben de sus gajes hasta fin del año 1634 once mil ochocientos y cuarenta y tres reales , como parece por certificación del Veedor y Contador de las Obras Reales, y 3.960 reales, de cuatro anos de vestido de que V. Magd. le hizo mer- ced, á razón de 90 ducados cada uno, de que tiene libranzas del Guar- darropa, que todo monta 15.803 reales; y demás desto se le deben otras cantidades de pinturas que ha hecho, por lo cual se halla con mucha necesidad, suplica á V. Magd. le haga merced de mandar se le paguen con efecto los dichos 15.803 reales, para que pueda mejor acudir al servicio de V. Magd. en esta ocasión que se ha mandado pintar para ]a Torre de la Parada en la R.a (sic) muy grande. Decreto: Habiéndose dado por Diego Velázquez, mi pintor de Cáma- ra, el memorial incluso, he acordado de remitirle á la Junta de Obras y Bosques y ordenado que se procure forma como pagarle y darle satis- facción. (Rúbrica del Rey.) En Madrid á 16 de Octubre 1636. A Don Francisco de Prado.—-La Junta: En 24 de Octubre 1636 se publicó esta orden en la Junta y se acordó se consultase á Su Magd. que en cobrando se cumplirá con este hombre. (Rúbrica.) Poca luz arroja este expediente sobre las pinturas á que alude, pero algo hace suponer la indicación de ser para la Torre de la Parada lo que se pro- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS paraba. La ininteligible abreviatura R." del memorial no hace gran sentido con el muy grande que la sigue , pero puede significar Reforma, y que la obra era de mucha consideración. Recurriendo á los inventarios de aquel Palacio de caza, hechos á fines del siglo xvn , y á las procedencias de algunos cua- dros en el Pardo y en el Palacio nuevo , se halla que en la primera pieza de aquella Torre había cuatro retratos de diferentes sujetos y enanos, de mano de Velázquez , tasados en cincuenta doblones cada uno, los cuales se llevaron al Palacio del Pardo. ítem: tres pinturas iguales de mano de Velázquez, la una de Marte, la otra de Esopo, y la otra de Menipo, tasadas en ciento cincuenta doblones. La de Marte se trasladó al cuarto bajo, pieza tercera, número 118 , y las otras dos conducidas al Pardo. Además, en 1714, se sacan de dicha Torre para el Pardo, de orden del Conde de Montemar y se entregan al Marqués de Ballus , cua- renta y dos pinturas , entre las cuales se encuentran estos cuadros registra- dos: En el Pardo, de la Torre de la Parada, pieza primera, sacado para el Pardo: Eelipc IV abullando un Puerco cogido con dos perros : es una sobreveníanse Pieza primera, Torre de la Parada, sacado para el Pardo, un lienzo grande pintada una caza de gamos con telas, que el Rey y sus hermanos mataron á cuchilladas, y la Reina estaba sentada con sus dantas en un tablado.—Una tela Real de javalíes con cuatro horquillas : es lienzo grande.—Otro lienzo grande en que está pintado Feli- pe IV, siguiendo un javalí á caballo con lanza , y reventó el caballo , con asistencia, de sus hermanos y otros señores.—Menipo, filósofo.—Esopo, filósofo.—Un bufón, revestido de filósofo, estudiando.—Además, en el inventario del Alcázar de Ma- drid , hecho en 1636 , se lee : Pieza primera del pasadizo, sobre el Consejo d? Órdenes, una cuerna de venado, que la pintó Diego Velázquez, con un letrero que dice : Le mató el Rey nuestro Señor. Ahora bien : reparando en que la edad que representa en sus retratos de caza, Felipe IV conviene con estos años , así como el Príncipe en el ya citado, es de creer que las pinturas que se le man- daron hacer fuesen estas cacerías , para colgar en las paredes de las salas, y los demás cuadros más pequeños para entre ventanas y sobrepuertas ; con los cuales y con otros cuadros antiguos de notable importancia que se esco- gieron y sacaron del Palacio de Madrid , quedó alhajada la Torre. A todo este trabajo de pintar de nuevo y escogitar pinturas de otras partes para reformar la Torre de la Parada, parece ser á lo que Velázquez aludía en su memorial. La cacería llamada ó conocida con el nombre Del Hoyo, existe en la Na- tional Gallery de Londres. Llamábase El Hoyo un sitio , á una legua de Ma- drid , caminando Manzanares arriba, en el cual había una ermita y en ella una Virgen, que tomaba el nombre de aquel sitio, y de la cual cuidaba ó era DE DIEGO DE SILVA VELAZQÜEZ. propietaria una hermandad ó cofradía que por el mes de Mayo celebraba en Madrid á sus expensas una corrida de toros, que se denominaba la corrida de Nuestra Señora del Hoyo, y precisamente á la del año de 1636 asistió S. M. D. Felipe IV. (Memorial histórico, tomo 13J En las cercanías ó término de esta ermita debió verificarse esta cacería, cuyo cuadro puede conocerse en Madrid por una copia que de él hizo Goya, y quizá se forme más acertado juicio por ella de lo que fue el original , que por este mismo , á causa de haber sido terriblemente deteriorado al forrar el lienzo una mano tan torpe é inexperta , que puso la pintura á punto de desaparecer , y gracias á una restauración hábil se conserva aún algo original de Velázqucz. En el catálogo se cuenta la historia de cate lienzo. La cacería que se designa por la del Tabladillo, lo mismo que la del Hoyo, representa una batida hecha en los montes de] Pardo con asistencia de la Reina y la corte toda y multitud de figuras , coches , caballos y carros: como aquélla, se halla también en Londres , en la Galería de Lord Ashbur- tón , pero de ella no hay trasunto alguno en el Museo del Prado. La montería de lobos, que se salvó del incendio del Alcázar de Madrid de 1734 , no pudo librarse de la rapacidad de 1814 , é ignoro su paradero. La sobrepuerta que figuraba á Felipe IV aballando a un puerco, no deja rastro alguno después del inventario de 1714, en que se trasladó al Pardo, é igual- mente desconozco dónde haya podido ir á parar. En resumen : de las cace- rías de Velázquez nada más que los retratos del Rey, del Príncipe y del Infante guarda el Museo de Madrid , y tal falta es tan de lamentar , cuanto que por ella y por la de otro cuadro , (La Venus del espejo), también en Ingla- terra , resulta no del todo completa la obra de Velázquez en nuestro Museo. Así pues , si no todas estas grandes cacerías , alguna de ellas pintara en este año , y las que no, habrían de ser anteriores , puesfigurandoen ellas el Infante Cardenal D. Fernando, que faltaba de España desde 1633, prudente es creer que de estos años data. De las pinturas de Esopo, Menipo y Marte, todas dichosamente conser- vadas en el Musco del Prado, se ofrece alguna duda sobre si fueron ó no fueron pintadas por aquel entonces y para aquel sitio. Sus dimensiones, casi iguales , hacen creer que en efecto serían para colgadas entre ventanas ó balcones , como reza el inventario y sobre ello no hay duda alguna, pero ¿ serían pintados por este tiempo ? Por su estilo parecen pertenecer al que con más frecuencia usó el artista en los últimos diez años de su vida, aun cuando en los dosfilósofos,y no en el Marte, se hallen trazas del modo de pintar que practicó después de su primer viaje á Italia. Ni por el estilo, ni ANALES D E LA VIDA Y D E LAS OBRAS por el asunto , son compañeros del guerrero los dos desarrapadosfilósofos,y aunque juntos se hallaran en aquel Palacio cazadero, no se puede admitir que la fecha de su nacimiento coincida. En cuanto á aquéllos, puede existir la duda, porque otros lienzos , á todas luces de este período, presentan el mismo carácter y aun menos huella de color y más breve estudio. El célebre fabulista clásico es la figura de un viejo , aún erguido , limpio el afeitado rostro, desordenada la espesa cabellera, secos los arrugados ojos, anchos los pómulos , que con severo y reposado gesto expresa la meditación más profunda. Aquella cabeza es una copia del natural de las más estudia- das y concluidas. Si los groseros harapos que viste y la enmarañada cabellera desaparecieran y se trocaran en mayor aseo y más decentes atavíos , podría no resultar quizá un Esopo, pero sí un pensador profundo. Ni éste, ni cuadro alguno de Velázquez , ostenta erudición clásica. Qué pretende simbolizar al- gunas de las circunstancias que concurrieron en Esopo, puede llegarse á co- legirlo con buena voluntad, así en el voluminoso pergamino que abraza bajo el izquierdo brazo , como en el valde ó media cuba y las alforjas que están en el suelo á sus píes. Lleno aquél de agua, espejo puede ser de la verdad que brilla en la moral de sus fábulas ; y aquéllas, el recuerdo de la conocida copla en que modernos fabulistas de ellas dijeron , que en la parte de ade- lante llevaban los ajenos vicios y en la de atrás los propios. Burlón , picaresco y socarrón es el viejo que representa Mcuipo. Este no abraza los libros , los tiene á sus pies. Sonrosado el rostro , cana la barba, calado el gran sombrero , envuelto en el embozo de andrajosa capa , ligera- mente inclinada hacia adelante la cabeza, que escorzada presenta, retozando en sus labios maliciosa sonrisa y desdeñoso gesto , nada le importa, de todo se mofa, es la burla pasiva de cuanto se le presenta por delante. Como su compañero, podrá no ser Menipo, pero resulta el tipo de la indiferencia y del desprecio de todo. No ha estudiado bien estos dos contrarios tipos quien pretende que fueron tomados de una casa de locos. Cuerdos y muy cuerdos resaltan del cuadro , que si algo de extravagante en ellos verdaderamente tildarse puede, no será la vida, que palpita en sus rostros con expresión bien caracterizada, sino las toscas vestiduras que ridiculizan las figuras. Son la gran caricatura artística. Gozaba por estos años de valimiento en la corte el simpar poeta satírico, agudísimo é intencionado , profundo escritor y noble caballero D. Francisco de Quevcdo y Villegas, de quien da cuenta Palomino que retrató Velázquez, DE DIEGO DE SILVA YELÁZQUEZ. pintándole con los anteojos puestos, como acostumbraba de ordinario ó traer. A creer á los Pl\ jesuítas en la correspondencia inserta en el Memorial histórico, el favor de Quevedo era por este entonces grande en la corte , pues aún corrían los tiempos de su amistad con el Conde-Duque. D. Luis de Narváez, dicen aquellos Padrea, está preso muy estrechamente por haber compuesto y dado á la estampa una comedia en prosa, que es una sátira muy atroz, y continuo sarcas- mo contra D. Francisco de Qucvcdo, y aunque pudiera muy bien D. Luis haber ex- cusado esta pesadumbre, porque se ofrecían otros á quien poder atribuir y achacar este escrito, no quiso, porfiando que él era el autor y no otro alguno— Créese que es D. Francisco quien debajo de cuerda le ha hecho prender, si bien él lo niega fuertemente, y animoso jura que en saliendo D. Luis de la cárcel, nalga cuando saliere, le ha de desafiar luego v mantener el desafío, por gran maestro de esgrima que sea D. Luis. De esta suposición gratuita, así como de la vida toda de Don Francisco , ha dicho cuanto saberse puede la docta pluma de nuestro sabio amigo, gloria de las letras en este siglo, D. Aureliano Fernández Guerra. De las buenas relaciones de Quevedo con el de Olivares y de la importancia de su persona , nada tiene de extraordinario colegir que hiciera en estos tiempos de su próspera fortuna amistad con Vclázquez en casa del Conde-Duque , y que con gusto hiciese su retrato, más bien que años adelante, cuando volvió á la corte libre de su cautiverio en San Marcos de León, por la caída del poder dd de Olivares , con quien trocó en enemiga la amistad primera. CAPITULO IV. DESDE 1637 Á 1643. Bufones y enanos de la corte de Felipe IV.—Retrato de la Duquesa de Chevreusse.—Naci- miento de la Infanta Doña María Teresa.—Retrato del Duque de Módena.—Cristo de San Plácido.—Retrato de Adrián Pulido Pareja.—Victoria de Fuenterrabfa.—Retrato ecuestre del Conde-Duque.—Oíros retratos del mismo.—Cuadro de Las Lamas.—Incendio del Pala- cio del Buen Retiro.—Ajuste de cuentas.—Nueva asignación para el pago.—Rebelión de Cataluña y Portugal.—Fiestas en la corte.—D. Pedro Calderón de la Barca.—Nóminas de Velázquez.—Tasa un cuadro de Carducho.—Retrato del Príncipe D. Baltasar.—Casamiento del hijo natural del Conde-Duque.—Jornada de Aragón.—Atentado contra Olivares.—Ve- lázquez y Jusepe Martínez.—Caída del Conde-Duque.—Velázquez, Ayuda de Cámara.—Es nombrado para asistir á la Superintendencia de las obras de Palacio.—Opónese la Junta de Obras y Bosques.—Confirma el Rey su nombramiento y le hace merced de dos mil ducados por una vez,—D. Luis Méndez de Haro. 1657. OSTUMBRE fue del reinado de Felipe IV, lo mismo que de los anteriores, mantener al lado de los reyes y dentro de la corte , bufones , enanos , hombres de placer , ó , según la gráfica frase de la época , saban- dijas de Palacio. Y sigue también la costumbre de hacerlos retratar y guar- dar sus trasuntos ; pero como en los anteriores reinados, los retratos de aquellas pobres gentes no tenían más interés que el efímero que pudieran despertar en vida los retratados, casi todos se han dejado perder, conserván- dose tan sólo uno de ellos, por ser del pincel de Antonio Moro y resultar una figura excelentemente pintada. En este reinado de Felipe IV aquellas raras, ridiculas ó locas personalidades, complemento de las costumbres cortesanas, se hallaron enfrente del primer pintor de España, del más naturalista de to- dos los pintores , gozoso siempre en el estudio del natural , tal y como Dios lo había hecho , y resultan estas figuras verdaderas obras de arte y pasan á la posteridad aquellas sabandijas. Como obras de Velázquez , los retratos, juntamente con la admiración que producen , excitan la curiosidad de cono- cerlos y avivan el deseo de llamarlos por sus nombres, y aun si posible fuera, de saber sus habilidades , bufonerías ó singularidades. El rico Archivo del Real Palacio proporciona el conocimiento de muchos , si no todos , y los inventarios con sus breves relatos y las memorias de aquellos tiempos por casual incidencia, añaden la certidumbre de quiénes sean los retratado.':, cuando la pintura de ellos viene á convenir con los datos escritos. 102 ANALES DE I.A. VIDA Y DE LAS O B R \ S Pretendiendo reformar ó hacer economías en los gastos de los vestidos que se daban anualmente á los criados de Palacio que gozaban de estos ga- jes conforme á su categoría, hácese una relación en el año de 1637 de todos ellos, en la que aparece , entre muchas gentes de condiciones diversas, el mismo Velázquez en compañía de los barberos de Cámara, de los músicos, y de los enanos , bufones y demás sabandijas. Por curiosa se inserta ín- tegra , dejando para luego después entresacar de ella aquellos á quienes por la mano de Velázquez conocemos. Felipe IV. Cámara. Leg." 3. Sobre lo que contiene la relación inclusa de los vestidos di; mercad que se dan por la Cámara. —Como os parece , etc.—Señor: Por la rela- ción inclusa V. Magd. se servirá de ver los vestidos ordinarios y extraor- dinarios que se dan cada año por su Cámara, y por haberme parecido muchos en número , de que se podrían excusar algunos y reducirse otros á menos valor, diré lo que en cada uno se me ofrece para que habiéndolo visto Su Magd. resuelva lo que más fuere de su Real ser- vicio. A los músicos de Cámara se les comenzaron A dar vestidos de precio de 100 ducados, y en la reformación general que se hizo, en que se les baxó á todos la décima parte, quedaron en 90, y en el año 1622 se redu- jeron á 400 reales, corriendo en esta forma hasta el de 1626, que por consulta del Duque volvió á mandar V. Magd. se les continuase los mismos 90 ducados. — Paréceme que se les podrían dar de aquí adelan- te 80 ducados, que es al respeto que van moderados los demás. El vestido de D. Enrique Butler, músico, que conforme á la relación monta 200 ducados , me parece podría ser calzón y ropilla de terciopelo liso labrado, como lo escogiere , herreruelo de paño , jubón de raso blan- co , medias de seda, fifias, sombrero ordinario y espada negra con pu- ños dorados, y que el precio de la espada no pueda cxcedtr de 120 reales. Cuando se hizo el asiento con Iíat.c Jovenardi, se ajustó con él que se le había de dar un vestido de precio de 100 ducados , paréceme que se le debería guardar su asiento, no siendo V. Magd. servido de mandar otra cosa. Los vestidos de los barberos y de Diego Velázquez se podrían reducir á 80 ducados, y los de los mozos de la guardarropa á 70 ducados. A los mozos de retrete se les podrán dar de aquí adelante vestidos de á 60 ducados. Los de los zapateros, que son de 54. me parece que podrán pasar como están. Los de los escuderos de á pié podrían quedar en 50 cada uno. A los barrenderos se les dan vestidos de 45 ducados; parece que se les podrían continuar así; y lo mismo á los jardineros del jardín del Emperador y de la Priora; pero podría servirse V. Magd. de mandar que á los jardineros que entraren , en lugar de los que ahora lo son, se les reformen. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. El vestido de 72 ducados que se da á Tomás Pinto, por haber sido ayo de D. Antonio, el enano inglés , me parece que se podría reformar desde luego. El que se le da al destilador, aunque es de los más antiguos, me parece que se reduzca en éste á 80 ducados, y que al primero que entra- re se le reforme. Los vestidos de Frías y su compañero, que tienen á su cargo los le- breles, me parece que se les reduzca ahora á 80 ducados cada uno, y que á los primeros que entraren se les reforme por esta parte , y se les vista por la caballeriza la librea de mezcla. A Doña Beatriz de Vargas se le podría continuar, siendo V. Madff. servido, lo mismo que ahora se le da, porque he entendido que su nece- sidad es muy grande y que en esto consiste su principal sustento. A Soplillo sería de parecer que se le diese un vestido á su medida de terciopelo, otro de gorguerán y otro de tafetán, ocho camisas y la demás ropa blanca de la persona ajustada á este respeto, pero todo á su medida, y que con lo que certificase el escribano de Cámara, que unido todo esto en dinero, lo pueda librar el guardarropa. A Calabazas se le podrían dar los vestidos que ordenare el Camarero mayor y la ropa blanca que hubiese menester al respeto de ocho camisas, y lo demás se ha de reformar, Y lo mismo se hará con D. Diego de Acedo (El Primo ) , pero todo á su medida , como queda dicho, A Lezcano y los demás enanos se les podrían dar los vestidos que ordenare el Camarero mayor ó Sumiller, á la medida de sus cuerpos. A Andrés Pérez se le ha dado de algunos años á esta parte un vestido, como se dice en la relación, pero me parece que hoy éste sea ordinario, ni se haya de poner en el libro. Y que cuando V. Magd. fuere servido de mandarle dar alguno, sea sotana, herreruelo y calzones de paño, jubón de olandilla ó carnuzas, medias de seda, ligas y dos camisas: y á todos se ha de tomar la medida por sus cuerpos, y presente el escriba- no de Cámara, que certificará lo que es menester puntualmente. A D. Juan de Austria, Banuelos y Ochoa, me parece se les podrá continuar como hasta aquí se ha hecho, sin que tengan cosa fija. A D. Cristóbal Velázqueji me parece se le podría reformar el vestido que hasta aquí se le ha dado algunas veces. A Cristóbal el ciego se le dará á disposición del Camarero mayor ó Sumiller, pero como el de Andresillo cuando se le hubiere de dar. A Pablo de Valladolid , si se le mandare dar algún vestido , podrá -ser de terciopelo ó paño , de las calidades dichas arriba. Y lo mismo á Bau- tista el del Ajedrez, y en este caso se le ha de hacer efectivamente y ponérsele y no andar como ahora. También se suele dar algunas veces á Nicolás Panela vestido de la calidad contenida en la relación, y en éste me parece lo mismo que en Bautista, en caso que se le mandare dar alguno, y que se le ponga efec- tivamente. Y los cuerpos de jubones de estos vestidos podrían ser de aquí ade- lante de olandas crudas, fustán, lienzo ó carnuza, como quisieren. Cuando V. Magd. mandare dar algún vestido á Alonso Martínez, que no le tiene si no es en este caso, me parece que podrá ser de terciopelo ó paño de las calidades referidas arriba, y también las espadas, cuyo precio no ha de exceder de 120 reales, como queda dicho. iO4 ANALES DE L.V VIDA V DE LAS OBR.VS Y sería de parecer que los que entrasen de nuevo en lugar de los que ahora tienen vestidos de merced por orden de V. Magd., entren sin ellos, y quede este gasto reformado para adelante. A D." Angeles de Toledo, de nación t u r c a , y á su madre é hijos, se les han dadn por mandado de V. Magd. los vestidos que dice la relación: á mi me parece que al marido y a los hijos varones se les den vestidos de paño, y á ella se le podría dar de terciopelo gorguerán ó r a s o , y á dos niñas pequeñas unos habitillos de alguna cosa conforme á su edad; y porque los dos hijos mayores la tienen ya y disposición para poder servir , juzgo que sería conveniente que por donde toca les mandase V. Magd. hacer alguna merced para que vayan con más aliento. listo e s . Señor, cuanto se me ofrece en razón de los vestidos que se dan por la Cámara y forma en que podrían correr adelante. V. Magd. mandará en todo lo que más fuere de su Real servicio. De! Aposento 15 de Set. r de 1637. Y faltan en esta lista, por ser posteriores á ella ó por no gozar de vestidos en aquella fecha , los enanos y bufones Morra, Velasqitillo , Pernia, Nicolasito Partusato y María Barbóla, todos éstos retratados por Velázquez , así como Juan de Cárdenas y el bufón Toreador, que por indicar los inventarios de Carlos II que pertenecía .su pintura á la primera manera de Velázquez, no vivirían quizás en aquel año de 1637. Los demás que se conservan, todos pertenecen á los dos estilos del gran maestro que siguieron á sus dos viajes á Italia, y como no hay dato escrito que á cada uno de ellos asigne fecha fija y no se puede , prudentemente pensando y sin más guía que el estilo que presentan , determinar el año de que datan , es preferible tratar ahora de todos ellos, ya que de nombre se conocen por la anterior relación. En el viejo Alcázar de Madrid, y desde los primeros años del reinado de Felipe IV, se destinaron á adornar la escalera de la Galería del Cierzo los retratos de enanos y bufones que no se mandaban al Buen Retiro y los demás Sitios reales. Morra y El Primo aparecen juntos, esto es, formando pareja, y ambos los registra y tasa en el inventario hecho á la muerte de aquel sobe- rano por Juan Bautista del Mazo. Supóncsc que sea Morra el del cuadro se- ñalado con el número 1.096 del Museo del Prado, por convenir su estilo con el de estos tiempos de Velázquez y por medir iguales dimensiones que su compañero. Esto último no es una razón, tanto porque era costumbre cortar ó añadir los cuadros en Palacio para ajustarlos á un sitio dado , cuanto por- que otros enanos hay que correspondan con su medida, centímetros de más ó centímetros de menos, y tanto más cuanto que el lienzo está diciendo cla- ramente que en su principio fue ovalado , encerrando perfectamente la figura que esta misma forma afecta. Sin embargo, estos dos enanos convienen entre sí en el estüo, y juntos estuvieron en el Alcázar. Es el D. Sebastián Morra DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. una figura or.linaria, cortísimo de piernas y casi natural de cuerpo, y está en el cuadro sentado por tierra completamente de frente , sobre fondo sin deta- lles. ¿Sería italiano este Morra y tomaría su mote del juego tan popular entre las gentes bajas de Roma? En castellano no tiene significación esta palabra. Don Luis de Aedo , ó Haccdo , llamado El Primo, consta en la relación. Su figura es la de un hombre chiquito , bien proporcionado y de fisonomía ni ordinaria ni tampoco vulgar. Con los bigotes á la moda, su traje negro de gola según el uso, anchísimo sombrero echado sobre el lado izquierdo, y frente espaciosa , abona el distintivo de Don con que se le nombra , tanto por su aspecto aseado y formal, cuanto por no ofrecer ridiculez marcada para la burla. Se le representa rodeado de libros , estudiando ó tomando notas de un infolio casi tan grande como él. Además , este D. Luis tenía para su cui- dado , por los años de 1653 á 1654 , destinado un criado llamado Jerónimo Rodríguez , que cobraba la pensión especial de doce reales mensuales que al Primo había asignado S. M. Y en la nómina que comprende los seis meses de Setiembre de 1653 á Marzo de 1654, se lee que aquellos setenta y dos reales se le mandaron dar por asistir á la estampa. Esto de asistir á la estampa no parece otra cosa mas que asistir á alguna imprenta, y no cuadra mal tal asistencia con la ocupación que en el retrato tiene. No era, pues, D. Luis un hombre de burlas , ni un loco, porque de ser lo uno ó lo otro no se com- prende que se le pensionara poco ó mucho por asistir d la estampa, ni tal com- pañía es consentida en las imprentas ni compatible con el uso de las cajas y de las prensas. Concurriendo estas circunstancias en el Primo, cuyo califica- ANALES DE L \ VID.V Y DE LAS OBRAS tivo no se alcanza á qué pudiera obedecer, ¡quién sabe si habría podido ser el aludido en el suceso siguiente, acaecido en Palacio en Diciembre de 1643! Fue el caso que Marcos Encinillas, Aposentador de Palacio y un hombre muy de bien recibido en él y querido de los Reyes, mató de noche d su mujer, y se huyó á sagrado. Dicen que hubo celos de un enano de Palacio , y que por la mañana le aguardó para matalle, pero sucedió que habiendo madrugado el Príncipe nuestro Señor para ir al campo, había ido con S. A., con que se escapó: si bien la voz uni- versal es que la difunta era santa y que murió inocente de la sospecha. En cuanto D. LUIS DE AEDO (F.L PRIMO). á la fecha del retrato, es de creer con el Sr. D. Pedro de Madrazo, que fuera la del año 1644 y hecho en Fraga, deduciéndolo del documento del Archivo de Palacio , que en aquel año se reproducirá. Pero este enano, que también acompañó á S. M. en la jornada de 1642, recibió en Daroca una herida en la cara , producida por las astillas que del coche hizo saltar la bala dirigida contra el Conde-Duque, y en el retrato no presenta el rostro del Primo cicatriz alguna , que de tenerla ya la hubiese Velázquez indicado. Es muy posible , sin embargo , que no dejara huella la herida. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Quizá los inventarios de la casa de Horbón , en los que campea el más lamentable é incomprensible olvido de lo que significaban, representaban ó re- trataban los cuadros de la época de los últimos reinados de la casa anterior, confundieran este retrato con el de Morata, el loco, de Felipe III , inventa- riado en 1621 por primera vez, describiéndole con tinos anteojos y sentado al pié de un árbol y con un libro en las manos; ó quizá sea éste el retrato á que aluden al registrar un enano revestid] de filósofo, que todo puede temerse del desconocimiento en aquella segunda mitad del siglo XVIII de los pintores y de la pintura del siglo anterior. Por incidencia tan sólo nombra aquella relación á D. Antonio , el enano inglés, al proponer que se excusen los vestidos que se daban al mozo Tomás Pinto , por haber sido ayo de este enano. Y es de extrañar que en ella no conste que también se le asistía con vestidos , pues , en verdad , el traje con que se le conoce no tiene nada de modesto. Como su retrato , que es el nú- mero 1.097 del Museo del Prado, pertenece por su estilo al último de Ve- lázqucz , y la inglesa fisonomía de D. Antonio acusa ya alguna edad , es de sospechar que Tomás Pinto hubiera sido su ayo hasta pocos años antes de éste de 1C37 , porque en el retrato cuenta D. Antonio más de los cuarenta. No parece concluido , pero á tres ó cuatro metros de distancia el efecto que produce es prodigioso ; y el peno mastín que le acompaña compite con el del cuadro de las Meninas. En cuanto á la seguridad de que sea este cuadro su retrato , es completa, por las deducciones que con excesiva timidez ofre- ce en su catálogo del Museo del Prado el Sr. Madrazo. Se había supuesto que el cuadro número 1.092 del Museo dul Prado, que ahora dice el nuevo catálogo que es el retrato del bufón Pablo ó Pablillos de ValladMd, lo era de algún cómico ó representante; y se fundaba esta suposición en la actitud del personaje , que en verdad parece que está repre- sentando. Por estos años se paga por representar un particular, esto es , un monólogo, que es lo que aparenta el retrato, á Juan Volantín, y también era la compañía de Roque de Figueroa la que por entonces con más frecuencia actuaba en el Palacio de Madrid , si bien no era ella sola la que entretenía á la corte , pues muchos nombres pudieran citarse de autores de comedia, como entonces se llamaban á los directores de la compañía de cómicos, que re- presentaban en los Palacios de Madrid y del Buen Retiro. Como la actitud de la figura es teatral y el estilo de la pintura no conviene á fecha más avanzada que la de estos años, y precisamente fueron los de mayor furor por las comedias en ambos Palacios, no parecía despropositada la suposición. Pero como en lo; inventarios de Palacio no se hace alusión á retrato alguno ANALES P E LA VIDA Y DE LAS OBÜAS l'AHULLOá U t \ALLAIXJUD (tí DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. de cómico ó autor, con tal dictado, no admite el Sr. Madrazo la suposición de que éste pueda serlo; y hallando que por las dimensiones que mide el lienzo y por la circunstancia de vestir golilla el retratado , convienen con el retrato inventariado en el Buen Retiro en 1700 , de Pablillos el de Valladolid, debe de ser éste y no otro el tenido hasta hoy por el cómico. Ningún otro detalle da aquel inventario de que poder asirse para sostener tal suposición. Por otra parte, aquel inventario nombra á este bufón de distinto modo del que se le llamaba en la relación de 1637 , donde su nombre es Pablo de Vallado- lid y no Pablillos el de Valladolid, que no es lo mismo , aunque se quiera que lo sea , pues á quien se llame Pablo de Valladolid se le menosprecia lla- mándole de aquel modo ; y es de chocar que figurando con aquel nombre durante su vi J a , resulte con otro distinto después de su muerte. Y no se diga que en la relación se guarda respeto alguno á estas pobres gentes, pues bien se ve que se les llama por sus nombres ó apodos, pues habiendo uno llamado Soplillos y no Soplos, no hay por qué haber llamado Pablo al que se llamara Pab'.illos. Sea como quiera , pues no hallo datos para negar ni apo- yar la hipótesis, el retrato de este hombre , pintado en el aire, sin suelo , sin campo , sin paredes , sin cielo que indiquen donde se halla , pero perfecta- mente plantado , es una figura que parece por su estilo pertenecer á los pri- meros años que siguieron á la vuelta de Velázqucz de su primer viaje á Italia , pues no hay en él recuerdo alguno de tintas venecianas , pero sí más franqueza, más soltura, mayor dominio del arte que en el cuadro de Los Borrachos. Modelo es de color y dibujo este peregrino retrato. Otro cuadro de las mismas dimensiones se inventariaba en 1791 y tasa- ba en dos mil reales en el Palacio nuevo, suponiendo ser el retrato de Ve- lasquillo, el bufón, original de Velázquez, nombre que sólo en este inventario se lee del tal bufón. Más parece confusión de este nombre con el de cual- quiera otro de los que llevan los demás cuadros de bufones , que nombre nuevo, por no sonar en documento alguno del siglo xvir. Como á Pablo el de Valladolid, se le trueca en diminutivo despreciativo el nombre á Calabazas, otro bufón, y se le llama en 1700, Calabacillas, des- cribiéndole con un retrato en una mano y un billete en la otra; y es de suponer que estaría de pié , pues el cuadro medía lo mismo que los anteriores , esto es, dos y media varas de alto y una y tercia de ancho. Por la descripción, no se conserva en el Museo. Llámase á otro , sin saber por qué , el Bobo de Coria. Es de los pintados por estos años para la Torre de la Parada, donde lo halla el inventario de 1700 en compañía de otros tres , y que al ser trasladado al nuevo Pala- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS ció , se dice ser un bufón con un citellecito á la flamenca, que muy bien conviene con este cuadro número 1.099 del Museo. Pero es el caso que este mucha- cho , bobo ó idiota ciertamente, sentado sobre una piedra , vistiendo cuellos y puños á laflamenca, tiene á cada la'lo una calabaza, caída la de la izquier- da , en pié la otra , y al frente un vaso de vino. Es de notar en este bufón que, desdeñando Velázquez terminar la pintura de las manos, caballos, enca- Jes y hasta el vaso de vino que está en primer término , borra y corrige una CALAUAZAS (E IA). jarra con asa que estaba á la izquierda del muchacho , pinta sobre ella y la convierte en una calabaza, con propósito firme de que no sean jarros y sí ca- labazas las vasijas que rodeen at retrátalo , y de las cuales escancia el vino en el vaso. Tal circunstancia puede despertar la idea de que éste sea el Calabazas ele la relación, pues natural es que á quien se llama Calabazas, ro- deado de ellas se le retrate. La corrección indicada hecha por Velázquez, téngola por pruebas de ser éste el bufón Calabazas y no el Bsbo de Coria, aun cuando pudiera muy bien haber nacido en aquel lugar de Extremadura. En DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. cuanto á que sea el retrato de Calabacillas el del inventario de 1700 , toda conjetura es inútil no existiendo el cuadro. Al maniaco llamado D. Juan de Austria le conocemos ya viejo, veinte años después, poco más ó menos, de la relación. Retrato inimitable, de efec- to verdaderamente prodigioso , pintado sin nada, sin cuerpo de color, á la manera'del retrato de Inocencio X , ofrece en los accidentes que le rodean la demostración de ser su monomanía la de creerse el mismísimo y redivivo D. Juan de Austria, venciendo en Lepanto, batalla que por el hueco de una ventana se recuerda. Seco, enjuto, algo agobiado , con ridículo sombrero de escasa ala y abundantes plumas 4 traje á lo soldado , espada y partesana de. capitán , el pobre viejo no resulta antipático , á pesar de su ridicula figura. Pintado fue para el Retiro , con otro que no se indica quién pudiera ser, si bien por el tamaño coincide con el nuevo Pablillos; empero si esto es así, no fueron pintados al mismo tiempo, porque éste de D. Juan de Austria es una de las últimas pinturas de Velázquez. El más débil de todos los retratos de estos hombres de placer es el llamado "Bernia, que no debiera estar aún en Palacio cuando la propuesta reforma. Su traje á lo turquesco, por cuyo detalle , que en los inventarios se le aplica, se viene en conocimiento <\c quién se¡i, no ofrece interés, tanto más, cuanto que está por concluir. Otro de los enanos (') muchacho idiota que guarda el Museo del Prado es el llamado El niño de Vallecas , pintado por Velázquez en la época compren- dida entre sus dos viajes á Italia. No hay razón ninguna que autorice á Jarle semejante nombre, que si la hubiera ya hubiese cuidado el Sr. Madrazo de exponerla en su catálogo, saltando por cima del respeto que le merecerá naturalmente este antiguo y gratuito bautizo. Compañero este cuadro de los otros tres de la Torre de la Parada , que eran Morra, el Pruno y quizá Ca- labazas ó el Bobo de Coria, debe suponérsele pintado por estos años y de prisa, pues no concluidas las manos, ni detallado lo que entre ellas tiene, no es fácil colegir lo que sea. De los nombres de la relación pudiera conve- nirle el de Andresillo por lo de muchacho , pero come quiera que nada más que el nombre se sabe de este bufón, toda suposición es aventurada. Menciona la relación á Bautista, el del ajedrez ; y ordena S. M. en 19 de Junio de 1638 , que se le den todos los días con mucha puntualidad cinco reales á Bautista el rojo, con que le mando socorrer por vía de limosna, y liareis que se ten- ga mucho cuidado con el cumplimiento desto. Pellicer , en sus Avisos, cuenta que en Diciembre de 1639 , y por cosa rara se puede avisar, murió en estos días en Madrid Juan Bautista, que jugaba con el Rey á las tablas, de cerca de cien años. ni ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Estaba casado con María de Aguilar y tenia setenta y sie'e años de matrimonio. ¿Será acaso su retrato la cabeza de viejo, pero muy viejo, de encendido color rojo, señalada en el catálogo del Museo del Prado con el número i. 115? ¡Quién lo salte! Lo que no es dudoso , aun prudentemente pensando , es que el lla- mado Alonso Martínez en esta relación , sea el mismo cuya semejanza los señores Cardcra y Madrazo han hallado en la cabeza pintada en el cuadro número 1.105 del Museo , con la del Alonso Martínez , autor de El arte de ballestería y montería. El vestido que se le ha de dar había de ser de terciope- lo ó paño, y también se le daría espada, y de ello .se desprende que era per- sona de alguna calidad. Perdido está, si llegó á hacerlo Velázquez, el retrato de Cristóbal el ciego, que raro sería que no lo hubiese hecho , siendo (según Pellicer dice en los Avisos del día 3 de Julio de 1640) un hombre humilde, pero insigne, digno de compararse á Hornero: éste fue Cristóbal, el ciego de Cicmpozuelos, el más único componedor y trovador de repente que han visto los siglos, y como á tal, asalariado por S. M. Murió ahogado en un río al venir á la octava del Corpus de un lugar de esta comarca. 1038. No siempre había de verse Velázquez obligado por ministerio de su car- go de pintor del Rey á trasladar al lienzo las imágenes de las personas reales y las ridiculas figuras de las sabandijas de la corte , que alguna vez habría de descansar de la monotonía de los primeros y del desagrado de muchos de los segundos, viendo reposada delante de sus ojos lafiguraele- gante de alguna hermosa y principal señora. No menudearon en su vida estos casos , que muy contados son los retratos originales que de mujeres hizo , ni era él artista muy propio para que le buscasen aquellas con quienes la natu- raleza no se hubiera manifestado cariñosa dotándoles de singular belleza, porque los pinceles de Velázquez , más fieles que la balanza de Astrea , ni daban ni quitaban, y en esto de retratar á damas , pincel que no da belleza es pincel que no acierta y que no sirve. A 20 de Noviembre se comenzó á ade- rezar la casa para hospedar á la Duquesa Gravosa (sic), que fue la que tiene tribu- na á la Santísima Trinidad, (como dicen las cuentas del oficio de la tesorería DE DIEGO DE SILVA VKUZQUKZ. de Palacio del año de 1637.) Mucho dio que hablar en la corte y en la villa la llegada de la famosa y arriscada Duquesa de Chevreusse, María de Rohan Montbazón , y tan solemne el recibimiento que se le hizo , que despertados los celos de la Princesa de Carignán , huéspeda en la corte , envió á saber de S. M. cómo la había de tratar, y recibió por respuesta que 5. M. solía dar órdenes á sus vasallos de lo que habían de hacer, y que por tanto ella mirase cómo se había de haber con la dicha Duquesa. Una carta de aquellos días , sacada á luz por el Sr. Gayangos en el Memorial histórico, (donde trata extensiva- mente de esta señora y su visita) , enseñará lo que en la corte se decía de ella. Carta del Cap." I). Jerónimo de Luna. La Duquesa de Xebrosa entró en esta corte el 6 del corriente con un séquito tal de carrozas y jinetes, que no me acuerdo haber visto nunca otro igual. Apenas hubo grande y caballero que no saliera al campo con sus criados, con tal esmero de arreos y cabalgaduras que era cosa de ver. Bien es verdad que la francesa se Jo merece y mucho más, pues es bella en extremo, blanca y rubia, y tiene el semblante majestuoso y dulce á un tiempo. Está aquí muy estimada c!e todos, y es tan bizarra, que una destas noches pasadas cenó en casa de D. Carlos Boduquín, el criado del Conde-Duque que la asiste, sirviéndole de bracero. Acabó- se la cena á las doce, y ella le dijo con muy buena gracia que la acom- pañase á la parada, que estaba bien lejos. Él, que estaba con los brindis de la cena muy pesado y es poltrón, se resistió, y sobre esto hubo gran- des donaires y cortesías. Kstas llanezas por aquí son raras y aun sospe- chosas, y para Francia son bizarrías, como el vestirla y desnudarla un camarero que trae de allí, mozo de treinta años: y esto último es fuerza que les parezca bien á las señoras de Madrid, y espero que ha de que- dar entre ellas introducido el uso por muy acomodado. Qué trae aquí ó pretende la bella francesa, no os lo sabré decir, por- que cada uno cuenta su cosa, y quizá ninguno acierte con la verdad. Unos dicen que el Santo Cardenal, queriendo degollarla como ha dego- llado ya á tantos señores amigos de la Reina de Francia, envió gente que la prendiera á un su castillo, donde vive de ordinario, y que ella tuvo aviso de París, y se fugó metiéndose acá dentro en nuestra casa. Hay quien asegura que todo es trama de antemano trazada y que aquí la aguardaban. Llegó á la frontera disfrazada de hombre, á caballo y seguida de su escudero á la antigua usanza. Debió salir de Madrid precipitadamente el 12 de Febrero, después de asistir á las grandes fiestas y certamen dados en su honor en el Rúen Retiro, p u e s el día 13 SÉ descolgó la casa de la Duquesa Xcbrosa ( s i c ) y se t r a j o la h a - cienda á Palacio. En el poco tiempo que la dejaron libre las fiestas, las cacerías y los con- 15 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OHRAS vites , hizo su retrato Velázquez con el aire y traje de francés , como escriben los padres Jesuítas. Se supone que un lienzo de los que se hallaron á la muerte de Velázquez registrado así: Una cabeza de una inglesa, fuese este retrato , suponiéndose también que no se lo llevara y que sea un error lo de llamar inglesa á la que siempre llamaron aquí la francesa; y también que aquí lo guardara Velázquez quizá para recordarla por él S. M., que algunos buenos ratos debió pasar en su compañía en fiestas y monterías. Más que dudoso parece tal supuesto. Nació por este año , á 20 de Octubre , la Infanta Doña María Teresa de Austria, á quien el hado destinaba para Reina de Francia y esposa de Luis XIV. Fueron sus padrinos la Princesa de Carignán y el Duque de Mó- dena Francisco I, que al efecto vino á Madrid, y á quien Vdázquez hubo de retratar, recibiendo en recompensa una cadena de oro. Una de las obras más capitales de Velázquez, su obra maestra en el género religioso, es El Cristo de San Plácido, pintado por este tiempo. Como éste sin igual Crucifijo , mandado pintar por el Rey á Velázquez , quizá en desagravio del ruidoso escándalo acaecido en el convento de la Encarnación Benita de San Plácido, en el que figura el Protonotario de Aragón (que ya se ha visto que pagó á Velázquez algunas pinturas) tuvo por origen aquel suceso , algo debe apuntarse de lo que se contaba en la corte , siquiera sea breve y concisamente, extractándolo de un manuscrito contemporáneo que dio á la estampa el erudito historiador de Madrid D. Ramón Mesonero Ro- manos. Con ocasión de ser el Protonotario de Aragón (D. Jerónimo de Villa- nueva, Ayuda de Cámara de S. M. y muy amigo del Conde-Duque) patrono del convento de la Encarnación Benita, unido junto á su casa, (callede la Madera, número 8), estando un día en conversación con S. M,, hubo de decir que en su convento estaba una hermosísima dama por religiosa. Quiso el Rey verla y pasó disfrazado al locutorio con Villa- nueva. Enamoróse de ella, y ayudado de las astucias del Conde-Duque y del Protonotario, rompió la clausura por una cueva de la casa de éste, que dio paso á una bóveda del convento destinada á guardar el carbón. La hermosa monja, sabedora del deseo del Rey, entre resuelta y tímida, dio de ello conocimiento á la Abadesa, y ésta, animosa y desoyendo amenazas de aquellos dos poderosos terceros, dispuso en la celda de la dama, la noche de la primera cita, un estrado en cuyas almohadas la hizo reclinar, y á su lado puso un devoto Crucifijo con luces. Entró por la mina primero D. Jerónimo , dejando en su casa al Rey y al Conde, y en vista de aquel espectáculo, volvióse confuso y se suspendió la ejecu- DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. ción. Descubierto el engaño, luego tuvieron principio los galanteos, que no pudieron estar en secreto, llegando á poner en ello mano la Inquisi- ción. Creciendo el escándalo, pidió Roma la causa, adonde debió lle- varla el notario del Consejo, Alfonso de Paredes, á quien a! desembarcar en Genova detuvieron y quitaron el cofrecillo en que la llevaba, redu- ciéndole á prisión. Llegada á manos del Conde-Duque , la llevó á S. M., y entrambos la quemaron en la chimenea del cuarto del Rey. Había sido preso en Toledo el Protonotario, y allí se estaba hasta que por fin dis- puso el Inquisidor General que un tribunal, compuesto de padres de los más respetables de los conventos de aquella ciudad , le reprendiesen, sin decirle de qué, acabasen por absolverle, con la penitencia de que por un año ayunase los viernes, no volviese al convento y repartiese dos mil ducados de limosnas, con lo cual se le devolvieron sus empleos, con orden precisa del Rey de que nunca le hablase ni al Conde-Duque de Esto murmuraba la villa : pero otra fue la causa seguida por el Santo Oficio á las monjas de aquel convento y á Fray Francisco García Calderón, causa ruidosísima en la que también fue procesado el Protonotario y que ter- minó en el año de 1638 , habiendo comenzado el de 31 , y pasado á Roma, revotándose el tribunal de la Inquisición y absolviendo á todos, frailes, monjas y Protonotario. Por el feliz término de este suceso mandaría pintar Felipe IV á Velázquez el Crucifijo que donó al convento , además , y á decir del vulgo , del reloj de torre , en cuyas campanadas , señalando los cuartos después de todas las horas, creen las gentes oir todavía doblar con fúnebre tañido por la monja de la conseja. Pintó Velázquez este maravilloso Crucifijo con la misma veneración que pintaran la imagen del Crucificado Juan de Juanes y Luis Morales, el divino: no hay en esta pintura aquellos toques atrevidos de incomparable efecto, peculiares de la mayor parte de los lienzos de Velázquez , pues antes por el contrario, es un estudio detenido, prolijo, acabado, casi miniado, del natural, con la misma exactitud que revelaría el objetivo de una cámara oscura. Recuerda el Sevillano en esta obra los consejos de su suegro y maestro Fran- cisco Pacheco , así en la manera prolija de detallar, como en el modo de enclavar en la cruz al Redentor , pues sujeto á ella le presenta con cuatro clavos , conforme con cuanto sobre el particular dejó aquél escrito en su precioso libro ya tan citado. Velázquez , cuyo vuelo en las regiones del arte no se remontó á las es- feras de lo ideal, más que por otra cosa, porque se conocía muy bien y sabía aún mejor , que sus límites estaban marcados entre las esferas del na- turalismo artístico tan lejos del grosero realismo como del idealismo de Fie- n6 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS solé , no se atreve á descubrir el rostro de Cristo en su redentora agonía por no sentirse capaz de representar la sublime expresión de tan supremo instante , y con buen juicio , con prudente acuerdo , salva tanta dificultad y consigue producir en el espectador la abstracción más devota , cubriendo parte del divino rostro con la cabellera que cae sobre él por la inclinación de su cabeza sobre el pecho. El santo leño se destaca sobre fondo negro , sin detalles ni paisaje alguno , cual si en la tierra no estuviera ni á ella pertene- ciese ya. Jamás esta gran agonía ha sido tan magistralmente pintada, dice el caballero Stirling. 1O5O. En el Palacio del Duque de Arcos vio Palomino, entrado ya el siglo xvín, el famoso retrato que hizo Velázquez de I_>. Adrián Pulido Pareja, caballe- ro de la Orden de Santiago , capitán general de la armada y flota de nueva España. Este personaje, que no alcanzó gran celebridad en la historia , pero que ha llegado á adquirirla por el pincel de Velázquez , estuvo por este año en la corte á pretender , é hizo de él entonces uno de sus más celebrados retratos, pintándole con pinceles y brochas que tenia de astas largas, de que usaba algunas veces para pintar con más distancia y valentía, de suerte que de cerca no se comprendía y de lejos es un milagro. Complacido quedó Velázquez de su obra, al firmarla contra su costumbre de esta manera: DIDACUS VELÁZQUEZ FECIT. PHILIP IV A CUBICULA EIUSQÜE PlCTOIi. A N N O 1639. Páginas atrás se ha afirmado , para probarlo ahora , que no es muy se- gura guía para datar la época fija en que Velázquez pintó aquellos de sus cuadros cuya fecha se .desconoce (por no abonarla datos escritos ó conjeturas ciertas), que presenten eí carácter de estar pintados á la manera larga, efec- tista , esto es, para ser vistos á cierta distancia. Acábase de presentar la prueba de ello en éste y en el anterior año de 1638. En aquél sale de sus manos el Cristo de San Plácido, cuadro acabado y estudiado detalladamente, y crt éste el retrato de Adrián Pulido Pareja,firmadoy fechado, hecho con pinceles y brochas de astas largas, de que usaba algunas veces para pintar con más distancia y valentía , de suerte que de cerca no se comprendía y de lejos es un milagro. No hay error de imprenta en la fecha que Palomino atribuye á este re- trato , cor.10 acontece á las veces, porque la misma es en kis dos ediciones DE DIEGO DE SILVA VIÍLÁZQUEZ. de su obra, ni se puc le dudar que la haya, ni hay para qué , desde el mo- mento en que dice que algunas veces usaba de pinceles de astas largas. Conviene recordar esto porque se suele creer que únicamente después de su segundo viaje á Italia usó este procedimiento , y que por lo tanto todos sus cuadros que aquella circunstancia revelen hayan de pertenecer á los últimos diez años de su vida. Y es evidente el aserto de Palomino , porque de seguir aquella creencia, resultaría el absurdo de que Velázquez había pintado la mayor parte de sus obras en los nueve años comprendidos desde 1651 á 1660 , en que murió ; época en la que , precisamente, fue cuando menos produjo su paleta, porque ocupaban su tiempo principal y grandemente sus trabajos como criado del Rey en los cargos de Aposentador Mayor y Superintendente de las obras de Palacio , quedándole menos que nunca para consagrarlo al arte ; y además de que con la edad crecía también su ingénita pereza. La emplazada privanza del Conde-Duque, tan duramente combatida por la opinión y por sus émulos , resiste tanta oposición y parece afirmarse aún más en este año , merced á la fortuna de nuestras armas en Fuenterrabía. Cercada, y fuertemente , la tenía el ejército francés al mando de Conde con más de diez y ocho mil hombres bien pertrechados y protegidos por la escua- dra francesa del Bidasoa. El de Olivares , para acudir al socorro , hizo un prodigioso esfuerzo á fin de reunir un cuerpo de ejército , que , á pesar de todo , no excedió de doce mil hombres , compuesto de vascongados , nava- rros, riojanos , algunos irlandeses y un regimiento, al que había dado su nombre, formado en su mayor parte de soldados escogidos é hijosdalgos de Madrid , de donde eran exclusivamente dos compañías al mando cada una de D. Rodrigo de Tapia y D. Francisco Luzón. Este pequeño ejército mandaba el Almirante de Castilla con el Marqués de Mortara y el de Torrecusa, ó ToiTc:chiuKs:i, napolitano. Creían en la corte que Fuenterrabía era perdida y que el francés avanzaba ya España adentro. Tanto era el descontento, tan sospechado el descalabro, tal la ansiedad y tanta la angustia y la impaciencia en Madrid , que las gentes que vieron llegar el 10 de Setiembre de 1638 un correo del Norte por la Red de San Luis, en tropel le siguieron hasta la casa del Conde de Oñate, residencia del Correo Mayor, y apiñándose á la puerta no le dejaban entrar mientras que no dijera las nuevas que traía: «El Almirante está en Fuenterrabía y ha roto al ejercito francés», dijo el correo , y prorrumpió la muchedumbre en vivas al Rey y al. Almirante. Y la victoria en verdad fue completa y altamente gloriosa para nuestra infantería , según costumbre en todos los triunfos. Se ganaron toda la artillería , armas, mu- ns ANALES D;; LA VIDA Y DE LAS GURAS niciones, bagajes , setenta banderas y hasta la recámara de Conde , que fue el primero en huir por la mar. Se hicieron más de 1.500 prisioneros y la mortandad del francés excedió á este número. Todos los tercios rivalizaron en valor, distinguiéndose entre ellos las compañías de Madrid que mandaba el Marqués de Mortara, como gente moza y alentada y de la cascara amarga. Todos se preciaban de la hoja y estaban tan ejercitados en el manejo de la espada y broquel, que los más de ellos los llevaban consigo, y como entraron con sus picas en batalla, y hasta entonces no las habían tomado en su vida en las manos, se hallaron tan embarazados que las arrojaron en el suelo, y metiendo mano á las espadas y broqueles, en tirándoles un golpe de pica el enemigo, lo rebatían y al instante entraban con él y lo atravesaban con la espada. Y aun cuando esto no sea pertinente, copiase aquí en demostración de la per- fecta escuela de esgrima de la espada en aquellos tiempos, y por mi afición de toda la vida á tirar aquella noble y sin igual arma. El júbilo por tan completa victoria fue inmenso, el regocijo grande, pero no sin demasías y bárbaros atropellos cometidos por el populacho con los franceses que vivían en Madrid, pues el que no vio quemada su hacienda fue porque con dineros y gritar contra su patria contentó á la chusma. El Conde-Duque se rehabilitaba y la adulación de todos los Consejos, .sus hechuras, le atribuían la victoria por haber contribuido á ella con los refuerzos que mandó y con el brillante arrojo y bravura de su regimiento •de hijos de Madrid, mis paisanos. Al siguiente año de 1639 recibió por recompensa ser nombrado Alcaide perpetuo de Fuenterrabía con 300 maravedises al año ; mas , que en cada uno , el día de la victoria de Fuenterrabía , le enviase el Rey una taza ó copa de oro en que haya bebido antes S. M. : mas 12.000 ducados al año en encomiendas de Indias: mas 1.000 vasallos más en Andalucía, y que los Consejos le diesen la enhorabuena, y al Rey las gracias. Un P. Jesuíta decía entonces que £5/0 se parecía á lo que pasa en cierta par- te de las Indias, que cuando la mujer pare se acuesta el marido y le dan torrijas, y la mujer se va á trabajar al campo. El Almirante lo trabajaba y á otro dan el premio. El de Olivares era oficialmente el General de Fuenterrabía. Esta gloría militar prestada era motivo sobrado para que su protegido, su hechura , su amigo Velázquez , contribuyera á ella pintando el sin igual retrato ecuestre del Conde-Duque , en el que aparece como verdadero General victorioso, volviendo la cabeza para llamar á sus huestes de retaguardia , indicándoles DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. con la véngala el sitio adonde le debían seguir para consumar la victoria, ya declarada en la vanguardia. Airosa y valiente postura encubre las no muy descargadas espaldas del jinete. No hay pintor alguno que haya igualado- siquicra á Velázqucz en este retrato. Bien se ve el cariño con que fue pinta- EL CONDE-DUQUE DE OLIVARES. do. Hasta aquí rayó, y no más allá , el arte de la pintura en esto de repre- sentar retratos ecuestres. ¡ Qué majestad , qué inteligencia , qué reposada bravura la de aquel General! Si á la altura de la bondad artística del retrato» se hallara la gloria militar del personaje , debiera ser el Gran Capitán , Na- i3Q AN.VLES Díi LA VIDA Y DE LAS OBRAS poleón ó Molke el retratado. Este cuadro , como sus obras maestras, lleva pintado el pliego de papel con que las firmaba. Otro retrato hay del Conde-Duque en la sala española de la Imperial Ga- lería de l'Hermitage, en San Petersburgo. Muchos ratos he pasado admirando este retrato, que aparece de pié , cuerpo entero, tamaño natural , vestido de negro, con la cruz verde de Alcántara, empuñando un bastón con la mano derecha, que descansa sobre un bufete con tapete rojo, sobre el que está el sombrero, y apoyada la mano izquierda en la empuñadura de la espada. Es un verdadero Velázquez, anterior sin duda al retrato ecuestre y no tan ma- gistralmente ejecuta'lo. Y el convencimiento crece de punto comparándolo con otro retrato en busto del mismo Conde-Duque, en aquella misma sala colocado , copia, á no dudarlo , de Mazo. Es indudable que Velázquez habría hecho más de un retrato del de Oli- vares antes y después del de Fuenterrabía , pero de esto á suponer originales de su mano cuantos por ahí andan en poder de aficionados y galerías , hay un abismo. No porque precisamente haya sido pintado en 1639 el cuadro de La Ren- dición de Breda se incluye en este lugar. Antes quizá haríalo Velázquez, pero no lejos de este año debe de ser su fecha. Y exclusivamente suya debió de ser la elección de este asunto para el cuadro que debiera pintar con propó- sito de llenar un hueco en el salón nuevo de Comedias del Palacio del Buen Retiro , porque otros dos grandes lienzos había en el Alcázar reproduciendo este mismo hecho, uno de los cuales aún se conserva, pintado por Leonar- do en lo.s días de aquella victoria , acaecida en 1626. • Breda, dice Céspedes y Mcneses, ciudad de la campiña en la provincia «de Brabante , asilo en quien fue la primera conspiración de los flamencos «contra su Príncipe y Señor, está situada en un contorno de siempre verde «amenidad y casi en medio de Bolduque (Bois-le-Duc), Anveres , Huisden, • Roosendaal, Bergas , Obzón , Getrudcmberg , y circundada de selvas , bos- »ques , hermosas praderías y dos riberas , Merok y Aa , que la atraviesan y «rodean.» •En I5go , en tiempo del Duque de Parma, nos la ganaron los holandeses por una arriesgada estratagema, y desde entonces éstos, y Mauricio de Nassau que la estimaba como herencia propia, la fortificaron grandemente dejándola formidable. Cercóla el Marqués de Spinola en 5 de Marzo de 1625 , con in- tento de ganarla sin gran riesgo, queriéndola rendir por el hambre. Nunca creyó Mauricio ;d de Spinola con bastante fuerza y poderío para sitiarla for- DE DIEGO DE SILVA VlíL.x/ÍQUIÜ/í. malmentc, pero cuando la vio tan apretada, acudió en Octubre al socorro con más de diez y ocho mil hombres y ayudado de su hermano. Pero como Spinola á todo estaba apercibido , le hizo cara y obligó á retirarse á sitio no lejano , donde el holandés se fortificó para amenazarle de continuo y combi- nar ataques simultáneos con los sitiados. Frente á la plaza , que heroica- mente se defendía , y con las huestes de Mauricio á la espalda , mantúvose firme el Marqués y pasó todo el invierno , crudo en demasía , defendiéndose de las nieves , los hielos y las aguas, que rompiendo unos diques, le echó encima el Nassau para anegarle , y peleando constantemente contra unos y otros enemigos, y lo que aún era peor , contra la voluntad manifiesta de no pocos de sus propios capitanes, que consideraban la empresa temeraria é im- posible. Pero el de Spinola era de la raza de Gonzalo de Córdoba y Hernán- Cortés, y no cedía jamás en tales casos mas que perdiendo la vida. Al llegar la primavera de 1626 tenía tan estrechado el cerco, tan próxima de las mura- llas estaba su tienda, que una bala de cañón le hizo pedazos su propia cama, y otra le llevó los hocicos á su caballo , porque los sitiados le veían prodigar tanto su persona de continuo que podían dirigir á él mismo su puntería. Al fin , impotente el ejército auxiliar y no pudiendo más los sitiados, capitula- ron en 5 de Junio , y entregando la plaza , salieron con todos los honores de la guerra , que bien lo merecían aquellos valientes que se sostuvieron cerca de un año. Eran más de tres mil hombres: esperábalos Spinola en el cuartel de Balanzón, acompañado de Noeburg y de los nobles de su campo, y agasajando y re- cibiendo no solamente con honor, pero loando su valentía y la constancia de su de- fensa dilatada, al Gobernador Justino de Nassau y sus coroneles y á un hijo de D. Manuel de Portugal, á dvs naturales de Mauricio y otros dos del Justino. Creeríase que Velázquez había leído este párrafo de Céspedes y Meneses, y que en él se inspiró para pintar su cuadro, si no fuera muy presumible que al mismo Spinola hubiera oído cuanto le aconteció en Breda, cuando en su compañía hizo el viaje desde Barcelona á Milán en 1629 , y del que gratísi- mo recuerdo debía conservar el artista por la cariñosa amistad con que le acogió aquel gran soldado , aquel héroe , que acabó su vida, como dijo Que- vedo , muñéndose de los que no osaron morir, al saber eme su hijo había perdido una posición que defendía , y no murió en el combate. ¡ Tal fue el hombre de Breda! liste cuadro es la obra capital de Velázquez. En él está todo el pintor. Naturalista en el fondo y en la forma , corre parejas la sencillez y la verdad de la composición con la realidad y la naturalidad de lo pintado. Estudio detenido, soltura , franqueza , libertad y acierto en el pintar , agrupar y dar ANALES DE LA VIDA V DE LAS OBRAS carácter á todas las figuras, distinguiendo las unas de las otras sin acudir al recurso de los grandes contrastes; aire , color y vida, expresión y sentimien- to , honor y nobleza en unos y en otros adversarios; colorido brillante y es- pléndido , dibujo sin defecto , exuberancia de verdad por todas partes. Esta obra maestra es para la crítica juiciosa un libro donde hay mucho que apren- der y que admirar. Puso en él Velázquez su alma entera , cuanto cuidado y esmero era capaz de consagrar á su estudio y á su ejecución. Se cree que todas ¡as cabezas de este lienzo son retratos del natural; ¿qué habían de ser, si las pintó Velázquez? En lo que no hay seguridad es en quiénes sean los retratados : porque excusado parece advertir que los maes- tres de campo , coroneles y capitanes que con Spinola estuvieron sobre Brc- da , locura sería sospechar que los reuniera Velázquez doce ó trece años * después en su estudio para retratarlos. Es retrato inmejorable el de Spinola porque del natural haría, seguramente , durante la navegación de Barcelona á Genova, algún apunte de su noble amigo. Entre los demás se cree, y yo lo creo, que hizo su propio retrato en la figura que modestamente se ve entre el caballo de Spinola y el marco del cuadro ; y tanto es así , que por la edad que representa dedúcese próximamente la fecha del lienzo, pues apenas acu- sa los cuarenta años aquel rostro. Y tanta es la fe con que* así lo creo , que es el retrato que se reproduce al principio de este libro. Ningún otro tan auténtico representa á Velázquez en esta época de su mayor vigor y vida. Para el salón nuevo de Comedias se pintó este cuadro , y aquel calificativo advierte que el salón no era el primitivamente hecho en 1630. Pero ya existía en 1640, como lo atestigua Valladares en sus Avisos, al detallar que nada sufrió en el incendio del Palacio del Buen Retiro , acaecido el año siguiente de 1640 , como se dirá. Por los años de 1637 se acabaron las obras del tea- tro nuevo del Buen Retiro , y en él se verificaron las comedias de las grandes fiestas que hubo en la corte des le el domingo 16 hasta el martes 25 de Fe- brero de 1637 , con motivo de la elección del Rey de Romanos. Además, en 1638, volvió Breda á verse sitiada y rnuy apretada por el Príncipe de ürange , y el Cardenal Infante I). Fernando acudió desde Bruselas al soco- rro de ella y de Amberes , é hizo levantar el sitio y derrotó á los holandeses. Quizá esta victoria refrescaría en la corte el recuerdo de Spinola y pudiera contribuir á despertar en Velázquez el deseo de dar una prueba de su agra- decimiento y buena memoria á I). Ambrosio Spinola , Marqués de las Ba- leares. Todas estas concausas van de consuno á demostrar suficientemente que el cua Iro pudo muy bien ser pintado antes de 1639, pero no después. DE DIEGO DK SILVA VELiZQUEZ. 164O. La estrella del Conde-Duque , á pesar de sus fulgores de Fuenterrabía, estaba próxima á desaparecer. Como todos los astros que se ven en el hori- zonte aparecen , en virtud de la mayor capa de atmósfera que atraviese su luz , más grandes y brillantes , así el favorito , acumulando placer sobre pla- cer , fiesta sobre fiesta para deslumhrar al Monarca, aparecía más en pri- vanza cuando á perderla se acercaba. Menudeaban los avisos al Rey en su daño, ora hallándolos en su propia cámara , ora en los espectáculos y pa- seos , ya por escritos , ya en caricaturas , como aquélla en que se represen- taba á S. M. herrando á una muía y el Conde-Duque teniéndosela le decía: Hierre V. M.; y respondíale Felipe IV: Ya no puedo más: ya por fin en el solemne acto religioso de acompañar al Santísimo Sacramento, oyendo de boca de un rústico decirle : Señor, al Rey le engañan, esta Monarquía se va acabando y quien no lo remedia arderá en los infiernos. Sordo , obcecado , im- perdonable en su apatía Felipe I V , el Grande, pero grande como los hoyos, que más lo son cuanta mis tierra se tes quita, no comprendía , no percibía el ruido sordo , precursor de la tormenta que venía por los reinos de Aragón y Portugal. Para ensordecer más su oído en estos años, las fiestas teatrales menudearon más que de ordinario en el Alcázar viejo. En las del Buen Re- tiro , cuando en ellas estaban , aconteció un terrible incendio , cuyas llamas consumieron cuadros y riquezas artísticas. Curiosa la relación de este si- niestro que hace Valladares , no parece holgar en este sitio : Ahora por menor hablaré de otras circunstancias del incendio. Tenía el Sr. Conde-Duque prevenida una gran fiesta y ¿os comedias en el Coliseo nuevo, con muchas tramoyas y aquello tan bien aderezado que no podía alcanzar más la imafinación. Y para que se entretuviesen las damas, veinte mil reales de huevos para tirar, todos plateados con diversas aguas de olor. El domingo antecedente, estando ensayando las comedias, en unas cuchilladas que se levantaron dieron algunas heridas á D. Pedro Calde- rón, su autor, que parece fue presagio de lo que sucedió el lunes siguien- te. Por la mañana, á las siete y cuarto, empezaron á dar voces unos hombres, que se quemaba el cuarto de S. M. (q. D. g.), y fue tan de improviso, que luego comenzaron á brotar las llamas por tres 6 cuatro partes. Y porque el fuego prendió por lo alto de una torre por donde era el paso de las damas, fuá forzoso buscar modo para poderlas socorrer. Por otra parte subió el Protonotario y los señores Conde del Águila y I2 4 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Marqués de Aytona por el salón dorado, y rompiendo una puerta fueron llamando á las posadas de cada dama, y á medio vestir las iban sacando á toda prisa. A la Sra. D.' M." de Córdova, hermana del de Guadalcá- zar , apenas la podían sacar de la cama. El Rey salió á socorrerlas en cuerpo, y la Reina no muy vestida. Así, Reyes, damas de Ja Cámara y criadas, saliendo por la puerta de los jardines, se fueron á guarecer á la ermita de San Pablo, que era más cerca. La Sra. Condesa-Duquesa cuidó del Príncipe y de la Infanta: fue mal día éste para las señoras damas, porque alguna, entre lo soberano del Palacio, con la falta de los adornos, mostraba más años: y otras sin los aliños, menos deidad. Mu- chas criadas , por recocer las jaulillas y redomas de sus amas , con los demás aderezos, se ponían á riesgo de quemarse. Alborotóse Madrid y acudió todo el lugar: unos al robo, y otros al remedio. Rodearon las guardias todas, hasta las viejas de Castilla, el Sitio. Entraron dentro las Religiones, grandes, señores y caballeros; y sobre ser día muy claro y sereno, como de verano, ardía por diversas partes como si fuera un leño muy seco. Mandó el señor Conde-Duque descolgar todas las ricas tapicerías, cuadros, camas, escritorios, con todas las demás alhajas del cuarto de los Reyes. Este fue el mayor daño, porque como no tenían escaleras, con palos y manos tiraban de todo, y todo lo ha- cían pedazos, arrojándolo por las ventanas sin orden ni atención. El se- ñor Conde-Duque asistió todo el día, sin comer, al fuego, dando órdenes de lo que se había de hacer, asistiéndole todos los señores y recogien- do toda la ropa con sus manos y al hombro á un salón que está en los jardines, cuidando de su custodia los señores Duques del Infantado y de Híjar. Acudieron todos los Consejos y Alcaldes. Jamás se vio más entereza y sosiego como mostró el Sr. Conde-Duque. A la tarde pidió á las Religiones que le mandasen doce frailes cada una para que acabasen de apagar el fuego aquella noche, que duró hasta el martes. Quemáronse los cuartos del Rey y Reina y el de las damas, que fueron los dos lienzos! de las plazas de las fiestas.... Faltaron muchas joyas y dineros de las damas y otras preseas. Los Reyes se fueron á la noche á Palacio. No tocó el fuego en el ala Norte del Palacio, donde se hallaba el teatro nuevo , pero algún cuadro de Velázquez ardería en este incendio , que por otra parte no preocupó gran cosa á la corte , pues á las cuarenta y ocho horas volvieron SS. MM. al Retiro y vieron las comedias prevenidas con todos los Consejos, quienes, con el reino, han ofrecido grandes donativos, que llegan á más de doscientos mil ducados, que antes se harían efectivos indudablemente que si se dedicaran á pertrechar los desnudos y mal pagados tercios que por esos mundos andaban. Pretende -Velázquez liquidación de su cuenta, que como de costumbre sí él no lo pedía y á ello apremiaba no había cuidado de que se le pagara. El documento que esto reza , dice : Dli DIüGO Di; SILVA VlihX'AQVlLZ. Su Mgd., Dios le guarde, ha sido servido de mandar por orden de 27 de Febrero pasado, que á Diego Velázquez, su pintor de Cámara, se le den quinientos ducados cada año en la despensa, repartidos por meses. á cuenta de lo que se le debe de pinturas hechas y de las que adelante irá haciendo. Y siempre que constare no debérsele nada ha de cesar este socorro; para lo cual ha de preceder el que cada año se ajuste la cuenta de lo que se le debe de sus obras hasta allí, para irle socorriendo el siguiente. Haced, Señor, que en esta conformidad se ejecute la orden de Su Majes- tad. De Casa 30 de Marzo de 1640. — Al Conde de Castro. —Nota. Al despacho de la media anata que está dentro de este pliego, y dentro del pliego no hay nada. A continuación: Empezósele á librar desde el dicho mes de Marzo. Y así fue en efecto, porque en papeles sin fecha de cargo á Velázquez como pintor de Cámara, hállase la referencia de este mismo mes y año como principio de cuenta , que termina en fin del año 1642 , en que verifica otra nueva liquidación. Estos mismos papeles hacen conocer de qué manera se le libraron las consignaciones que debía percibir á cuenta de lo que de orden de S. M. pintara en los años de 1635 á 1639 , y Enero y Febrero de este de 1640 , comenzando á librarle , como queda dicho , nuevamente desde Marzo. He aquí estos apuntes, que arrancan desde el año de 1628. Diego Velázquez, pintor de Cámara de Su Mgd. De lo que se le libra por quenta de las obras que hace para el seruicio de Su Mgd. Por decreto de iS de S>* de 62K le hizo Su Mgd. mrd. de la ración que tienen los barberos, que son doze R." aí día y de un bestido de nouenta d." al año, como ellos le tienen, por quanto con esto se dio por contento todas las obras que hasta enton- ces hauia hecho para el seru.° de Su Mgd. y de los retratos originales que adelante se le mandaren hazer. Su Mgd. le hizo mrd. por decreto de 18 tic Mayo de ifijj, de un paso de una bara por el qu;il se le cargan. . . D I5<>o> Mas se le carga el derecho que Su Mgd. tiene perpetuo en las casas de Pedro de Ita, en la calle de la Con- cepción Jerónima, que tiene de aposento el dicho Diego Velázquez, y Su Mgd. le hizo mrd. de la quenta de sus obras de que dio auiso D. Jerónimo de Villanueva, Pro- tonotario de Aragón D (500) Mas se le cargan mil y ciento R." de plata que valen trein- ta y siete mil y quatrocientos mrs., que por quenta de 126 AWLES nií L.V VIT1.V Y DK LAS OHR.VS sus obras ordenó el Duque Medina de las Turres, se le diesen en el dinero de la Cámara 37 M 4 0 0 Mas cinco mil R.* de plata que valen ciento y setenta mil maravedises, que por papel del Protonotario de ig de Agosto de 637, se le libraron en Gabino Penducho á quenta de sus obras 170 M Mas se le carga el premio de la plata de las dos partidas antes desta D (500) Mas se le carga un oficio de escriuano acrecentado en el repeso maior desta corte , ygual al que ponen los escri- banos del crimen y por el D (500) Mas se le cargan quinze mil seiscientos y veinte y cinco reales en vellón, que valen quinientos y treinta y un mil doscientos y cincuenta mrs. que se le han libra- do desde el mes de Marzo de seiscientos y quarenta hasta fin de Diciembre de seiscientos y quarenta y dos de los quinientos ducados al año que Su M#d. por or- den de veinte y siete de Febrero de seiscientos y qua- renta, mandó se le librasen en la despensa de su casa á quenta de las pinturas que hauia hecho y hiciese adelante hasta que contase no debérsele nada. . . . 531 M 250 Incompletos los papeles d e este ajuste de cucntíis en el Archivo del Real Palacio de Madrid , y desconocido el libro ó apuntes en que se anotaran los cuadros que pintara de orden del Rey , ó para el Rey sin su" orden previa, faltan los datos más preciosos é interesantes para conocer las obras que Ve- lázquez produjo para España y para Alemania, y por ende nace la dificultad de fijar con certeza indiscutible la cronología de las que se conocen y que aún dichosamente se conservan. Que el libro ó papeles en que cada año se anotaran los lienzos que pintase ha debido existir, cosa es bien cierta , pues que á estos datos había que ceñirse para los ajustes de cuentas que se en- cuentran hechos en diferentes épocas de su vida. Y que este libro ó papeles serían precisamente los documentos más importantes , los que más clara luz derramaran para conocer la marcha progresiva del artista, no ha menester de- mostración. Pero como casi siempre acontece que los más preciosos datos de la vida de los grandes hombres no se hallan donde naturalmente se cree que •debieran encontrarse, así acaece precisamente con Velázquez. Más importan- tes para las contadurías ú oficinas palatinas de aquélla y de casi todas las épocas las partidas de data ó pago del pintor favorecido del Rey que las obras de arte que las originaran , hállanse estas notas de los libramientos, pero sin detallar ni indicar siquiera el nombre y precio de las obras que con ellos se pagaban. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Año nefasto para España este de 1640. Estallan las rebeliones de Por- tugal y Cataluña en la Península, arden las guerras contra franceses y holan- deses, y no parece sino que todo se conjura y encamina á la ruina de la pa- tria. Y en tanto el Rey , aun cuan lo forma el propósito de marchar al reina de Aragón para dar calor con su presencia á lo.s leales, dilata su partida* 1041. Y mientras aspecto tan terrible tomaban las cosas, el ministro, tan ciego para su ruina propia como impotente para remediar la del reino , se preocu- pa , más que de los males del Estado, del escandaloso encumbramiento, por odios de familia , de un su hijo natural, atropellando para ello hasta el Sa- cramento que con una pobre mujer le unía. Para mayor oprobio lanzaba al Rey por igual ó parecido camino , poniendo casa á uno de sus hijos, habido con la cómica llamada la Calderona, haciéndole apellidar D. Juan, en ridi- cula parodia del otro D. Juan , á quien Carlos V no dio á conocer oficialmen- te en toda su vida. Mucho era menester atender al Rey y distraer á la corte á fin de que en los males de la patria no parasen mientes. Para dar relieve al contraste que resulta de los regocijos cortesanos y de la gravedad de las rebeliones, léase cómo Pelliccr, en sus Avisos, da cuenta de lasfiestasde este año de 1641. El día dd Corpus SL vio cu Madrid grande gala y bizarría, como si n > o tubiéramos á las puertas la guerra. Acompañó S. M. la procesión vestido de anafaya, cabellada y negro, con alamares bordados de plata:, á la tarde se representaron los autos, uno del Dr. Mira de Amescua, Prior de Üuadix, de la ronda y visita de la Cárcel en alegoría: fue cosa grande; representóle la Rosa. Otro de Luis Vélez de Guevara, morali- zada la fábula de Icaro, no tan bueno; huole la Góngora y Velasco con» la otra mitad de la compañía de la Rosa. Otro fue de D. Francisco de- Koxas, que no pareció bien, fue el sotillo de Madrid á lo divino: repre- sentóle Jusepe y la negrilla con la mitad de la compañía de la viuda. El cuarto fue el Sansón , del mismo Koxas, razonable , que hicieron fñigo y la primera dama, que es Jusepa, con lo restante de la compañía de la viuda: las galas fueron muchas, gigantes vestidos de nutvo y la tarasca,, de buen gusto, con unos caballeros que lidiaron un toro. Ha continuado la fiesta de la Traslación de Nuestra Señora del Buen Suceso, y mañana miércoles 2 se corren toros delante del Hospital de la Corte, en la plazuela que llaman Puerta del Sol. Háse desembaraza- do de los caxones y vendedoras y se han hecho hermosos andamios y tablado. UH AKVL1-:S lili L \ VIDA Y lili IAS OBRAS Y lo de Cataluña apretaba tanto, que vino I). Pedro Calderón de la Barca , caballero de la Orden de Santiago, enviado por el Marqués de Hinojosa desde Tarragona, á dar cuenta á S. M. del estado de aquel ejército. Pasó al Kscorial, donde estaba S. M-, y volvió en el coche del señor Conde-Duque, haciéndole relación de todo con mucha puntua- lidad. Y m á s parece q u e fue la venida del gran poeta p a r a dirigir las comedias en el Alcázar y en el Retiro en los meses d e O c t u b r e y Noviembre y hasta que en Diciembre enfermó S. M . , de t a n t o divertirse quizá, q u e para acudir al remedio de lo de Cataluña. Para mayor desdicha murió en 9 de Noviembre, en Bruselas, el Cardenal Infante D. Fernando, que algunos días de gloria dio á nuestras armas cui~ dando de la gobernación de aquellos estados y haciendo con su persona en la guerra lo que hacer debiera su hermano mayor. Por lo que á Vclázqtiez atañe , en este año ha de decirse que consiguió, al parecer, que se hiciese un arreglo definitivo de sus cuentas, así como tam- bién cobrar por mesadas corrientes, pues en las nóminas de lo pagado por la despensa de la casa del Rey á los dependientes de los oficios de boca y otros de los •años de 1641 y 1642, consta esta partida: A Diego Velázqitcz, pintor de Cámara, y d buena cuenta de las pinturas que ha hecho y hiciese en adelante, 15.625 mrs.— Diego de Silva Velásqitcz. La nómina del mes de Enero de 1641 es la prime- ra en que se encuentran en el Archivo de Palacio las firmas autógrafas de Velázquez del modo indicado, esto es, anteponiendo el Silva , suprimiendo el Rodríguez y escribiendo con s y no con z el Velázquez , que es como se halla en todas sus firmas. Guárdanse todas las nóminas de este año, excep- to las del mes de Setiembre , por este concepto de pintor de Cámara , y alguna hay de las correspondientes á su recompensa de ayuda de la guardarropa, por lo que cobraba al mes 12.648 mrs. Se conoce que no faltaban este año en las oficinas de Palacio ganas de pagar á Velázquez , ni dineros para tener al corriente las atenciones todas , porque se hallan tan completas todas las nó- minas , que hasta la del mismo Conde-Duque , por lo que de la despensa cobra, allí se guarda, acompañada del decreto del Rey recomendando la puntualidad del pago , con nota del célebre Protonotario de Aragón , Villa- nueva. Si al mismo Conde-Duque se pagaba tarde ó mal , ¿qué de extraño •es que se hiciese lo mismo con el pintor de Cámara ? Por curiosidad , y aun cuando sea pecar de exagerada trivialidad y excesiva menudencia de detalles poco pertinentes al caso y que rebajan más que otra cosa estos Avala, DE DIEGO nii SILVA VElAZQUEZ. aquí va este documento en que se cuenta lo que para parte del plato gozaba el hombre más poderoso de la Monarquía. Conforme á la relación inclusa que va firmada del Prot., se dará al Conde-Duque cada día lo que le toca por ser mi camarero mayor, dis- poniéndose de manera que con puntualidad se le acuda con lo que ha de cobrar de cada uno de los oficios de mi casa; pues la templanza con que procede no queriendo llevar todo lo que justamente se le debe , al oficio obliga a que con toda puntualidad se le dé satisfacción en los géneros que "contiene la memoria.—En Madrid á 3 Abril 1641.—Al Bureo. Además de los 3.2D5 mrs. de gajes y pensión y libreas que en cada un año se han de pagar por los Consejos al Conde-Duque mi Señor, con su oficio de Camarero mayor, ha de gozar S. E. lo siguiente: Ocho panes de boca á 15 mrs. montan cada día 120 maravedises; al año 43.800 Doce panecillos á 5 mis. al día; al año 21.90» 2 Trece azumbres de vino á ir mrs., 954 mrs.; al año. . 4-995 Cien suplicaciones y dos tabletas al día, 100 mrs.; al año. (Suplicaciones llamaban á los barquillos.). . . 25.550 La cera conforme la cuenta del Grefier 45.220 La fruta de verano, 14 libras un día con otro á razón de 26 mrs., hacen 224, y en invierno 8 libras á 40 maravedises uno con otro, 272; al año 99.280 El tercio de nieve se regula á razón de 6 arrobas un día con otro, que A 84 mrs., montan la nieve y fruta. 283.240 1.361.705 Jerónimo de Villanueva. El cargo de pintor de Cámara había de obligar naturalmente á Velázquez á ser el perito , el asesor de la Junta de Obras y Bosques en materias de pintura; y así es que de ella recibe la orden siguiente : pintor, para que por su parte asista á esto, ha acordado la dicha Junta que v, m, haga esta tasa, y le nombra para ello, de que doy aviso y á v. m.. á quien Di gard p a que en esta conformidad se eje- á á i Dios g , t f i d d j cute.—Madrid 12 de Agosto de 164 Qué hiciera Velázquez tasando este cuadro de uno de sus enemigos más constantes , no lo lie podido averiguar por más que á ello induce la curiosi- dad de saber cuál sería su conducta en este ca'-o , aun cuando no puede ANALES DE LA. VIDA Y DE LAS OBRAS ofrecer duda que , olvidando la enemistad que Carducho le tuvo en vida y que tan demostrada aparece en su importante libro Diálogos de la Pintura, no nombrándole ni una sola vez y aludiéndole una tan sólo para zaherirle, hiciese por su parte cuanto pudiera en beneficio de sus herederos. Doce años representa tener el Príncipe D. Baltasar Carlos en el retrato de mano de Velázquez que atesora la Galería Imperial de Belvedere de Viena. A este año corresponde por lo tanto registrarlo , y sería una de las pinturas que á la sazón se le pagaran y se le mandasen hacer para enviar á Viena, para que allí conociesen al Príncipe. Más niño que en el que pos- teriormente se hubo de hacer , está en éste el Príncipe con mayor propiedad representado , pues su traje es menos oscuro y severo y el conjunto más bello y simpático. Es , de los que conozco de este Príncipe, el retrato más inspi- rado , exceptuando el ecuestre. 1642. La novedad de la corte fue en este año el casamiento del hijo natural del Conde-Duque con Doña Juana de Velasco, hija del Almirante de Casti- lla. Hízole Conde de Arzacollar y Marqués de Mairena y asignóle más do treinta mil ducados de renta, además de los bienes que le donaban. Desde el Rey, la Reina y los Consejos, hasta los títulos del Reino, toda la corte le visitó , y con regocijo , aparente al menos , le recibían. Sin embargo , algún tanto rehacio habría de andar Felipe IV en las concesiones que el Conde pretendía para su hijo, cuando un chusco desconocido lanzó á las murmura- ciones una redondilla que pinta el personaje tan de repente improvisado. Supone que el Conde-Duque dice : Vuestra Majestad despache A mi hijo don Julián , Hoy Enrique de Guzrnán Y ayer Guzmán de Alfarache. Probablemente Velázquez retrataría al mismo D. Enrique, tanto por amor al padre, cuanto por la importancia que verdaderamente adquiría hasta en el mismo cuarto de la Reina , precisamente donde menos eco alcanzaban las hechuras de Olivares. DE DIEGO DE SILVA VliLÁZQUEZ. D. BALTASAR CARLOS. 132 ANALES DE LA VIDA Y DE L \ S OBRAS Por mucho que el estado de rebelión de Cataluña clamase el remedio y éste fuera la presencia del Rey en aquella comarca , no se precipitaba el de Olivares á salir de Madrid. Acordada estaba la jornada y urgente se creía, pero de aplazamiento en aplazamiento no partió de Madrid S. M. hasta el mes de Abril, y no con prisa adecuada á la necesidad , sino que, antes por el contrario, parecía como que á Madrid se tornaba, pues yendo de Alcalá á Aranjuez , dudando del camino que debiera seguir, resultó que al mes, esto es , á fines de Mayo , se hallaba S. M. todavía en Vacia-Madrid. Como de estas jornadas formaba parte Velázquez, más como criado que como pintor de S. M. , aun cuando en ellas también pusiera mano en sus pinceles, parece á propósito hacer de ellas algunas referencias. No es para sorprender que el pintor de Cámara siguiera á S. M.f cuando hasta el enano El Primo era de la jornada. Las cuentas, que se pueden ver en el Archivo de Palacio , así lo atestiguan , y el mismo Pellicer, dando noticia del atentado contra el Conde-Duque ocurrido en esta jornada , que fue el hecho más co- mentado de toda ella , hace mención de este hombre de placer, que resultó herido , mientras el privado salió ileso. Dice aquel curioso avisador que El jueves 17 sucedió en Daroca una cosa bien extraordinaria, y es: que por la mañana salió el señor Conde-Duque al Humilladero, como acostumbra, donde vio pasar la compañía del señor Marqués de Salinas que llegó con doscientos hombres y otras, y á la vuelta pasó con su ca- rroza por un lado de la de Salinas y una escuadra de la de arcabuceros, que era la primera hilera, le hizo salva. Entre los que tiraron , disparó uno con bala y otro dicen que con taco fuerte. La bala ó taco dio en una barra del coche, hacia la parte de la proa, y rompió la barra hacien- do hasta batería, y con la pólvora y pedazos que chaspó, hirió en la cara á un enano que iba allí, que llaman El Primo, y alcanzó algo al Secretario Carnero, aunque no de peligro. Salvado afortunadamente el Conde-Duque del atentado, si realmente lo hubo , continúa la jornada á Zaragoza, y en la larga permanencia en aquella ciudad conoció Velázquez á Jusepe Martínez , pintor aragonés , más erudito que hábil, quien, á la manera de Pacheco y Carducho , dejó escrito un cu- rioso libro bajo el título de Discursos apologéticos del nobilísimo arte de la Pintura, dedicado al segundo D. Juan de Austria, y que es conocido por haberlo dado á la estampa la Real Academia de Bellas Artes de San Fer- nando, anotado por el Sr. D. Valentín Cardera, quien, como paisano del autor, dirigió la edición. Por este libro , interesante para conocer la historia de la pintura en España por las noticias curiosas de su tiempo, se colige que su autor quizá aprovechara la amistad J ^ w , ---*,.- á la Junta para que en ellos se le guarde y den los despat ANALES DE LA. VIDA Y DE LAS OBRAS que en ello recibirá merced. (Dice en la carpeta.) En Madrid el 17 de Mayo de 1647. Tráigase lo acordado sobre estas pagas y relación de to- das las personas que tienen situado salario, recompensa ó limosna en la consignación de las obras destos Alcázares, con distinción, para tomar resolución. S. M. D. Felipe IV , con su inmutable calma, vuelve ú su costumbre de mandar que se satisfaga á Velázquez , y decreta : Habiéndoseme díido e! memorial incluso por Veliizquez. rni Ayuda de Cámara, en razón de lo que se It; está debiendo del salario que goza por las obras y de la forma en que pide se le dé satisfacción, así de lo corrido del, como de lo que adelante corriere, he acordado remitirle á la Junta de Obras y Bosques, para que viendo lo que en él representa, se disponga que á Velázqueü se le pague lo que por razón de! dicho sa- lario hubiere de haber de lo corrido y de lo que adelante corriere se le Pague, {sic) en la forma y como se hubieren pagado y pagaren los suyos á los demás que me sirven en las dichas obras. Ejecutaráse así. (Rú- brica del Rey). En Madrid á 11 de Mayo de 1647.—A D. Francisco de Prado. 1648. Algo , de que no hay noticia , debieron haber visto los palaciegos cova- chuelistas y algo importante debió notar el Mayordomo mayor, Marqués de Malpica, cuando se aplaza de improviso la lucha que constantemente soste- nían contra Velázquez , la resistencia pasiva que en último caso oponían al cumplimiento de las órdenes terminantes de S. M., pues pronto, de una vez , sin obstáculos , se le paga la cantidad relativamente considerable que se le debía aún por cuenta de los cuadros que había pintado en Palacio para S. M., nada menos que desde el año de 1628, y se le aumenta á setecientos ducados la consignación anual, que era de quinientos, para pa- garle con ella aquellas obras. ¿Qué causa pudo producir estos efectos? ¿Qué acontecería para que cesara la enemiga que después de la caída del Conde- Duque de Olivares creció más y más en la Junta de Obras y Bosques contra Velázquez? Quizá la amistad con el nuevo favorito D. Luis Méndez de Haro, que aun cuando no tan vociferada como en tiempos de su tío, tan grande ó mayor era su privanza , amparase decididamente á Velázquez. Quizá deba ser cierto que por estos días hiciera su gran retrato á caballo nuestro artista. DE DIEGO P E SILVA VELÁ./ÍQUEZ. El caso es que el valimiento , la influencia, el prestigio de Velázquez en Pa- lacio crece desde estos momentos y aumentando sigue cada día hasta el último de su vida. El desbarate administrativo corre parejas en estos tiempos con el des- acierto político. En las oficinas palatinas hállanse órdenes terminantes que aparecen no cumplidas ; mándase á las veces lo que se cumple con exceso ó no se cumplimenta mas que á medias ; hay decretos que llevan la fecha an- terior á los acuerdos que los motivan, y en fin, es tal el cúmulo de informali- dades , que , unidas á la falta de documentos que las aclaren ó expliquen, producen una confusión imposible de desvanecer. En este expediente , por ejemplo , salta á la vista que , después tle liquidadas por dos veces con ca- rácter definitivo las cuentas y las cantidades que por concepto de los cua- dros que había pintado Velázquez aún se le debían , renace ahora la fecha de 1628 , en la que pintó el cuadro de Los Borrachos, para arrancar de ella una liquidación general de cuanto hubiese pintado y por ello percibido en estos veinte años. Seguramente , más aún , forzosamente en alguna de las mesas del Bureo, ó de la Junta de Obras y Bosques, ó en el archivo del Gre- fier, debió haber un libro , apuntes ó papeles, donde constasen todos los cuadros que iba pintando Velázquez para S. M., los años en que los pintara y las cantidades en que se apreciaba cada uno ; pues de no ser así, ¿ cómo podría justificar Velázquez el saldo que á su favor pudiera resultar desde tan remota fecha? Pero este libro ó papeles no existen en el Archivo de Palacio de Madrid; puedo asegurarlo. En Simancas tampoco lo ha encontrado el ce- loso jefe de aquel Archivo, que con interés lo ha buscado. ¿ Dónde podrán hallarse estos detalles de tan inmensa y capital importancia para saber con certeza las fechas, tasaciones y pago de las obras de Velázquez como pintor de Cámara? Si en alguna parte estuviesen, que todo podría ser, y no hubie- ran perecido y algún día se dieran á la estampa, ¡cuánto habría que corregir y aun que añadir á estos Anales, á este estudio hecho casi á tientas, en la sombra que producen los pocos é incompletos datos que con tanta dificultad y fatiga he reunido en tantos años para estudiar los sesenta que vivió Ve- lázquez ! Que por estos tiempos crece el valimiento de Velázquez en Palacio es cierto y se deduce , además de lo expuesto , de que , como en los tiempos de sus primeros años, pide marchar nuevamente á Italia con el pretexto ó motivo de adquirir allí obras de arte para la pretendida academia que se había de formar en Madrid, hasta por las Cortes del reino pedida á S. M., ]6a ANvLES Olí L\ VIDA Y DE LAS OBRAS ó más ciertamente para el adorno del Alcázar y del Buen Retiro. Jusepe Martínez así lo asegura en MIS citados Discursos, diciendo: Propúsole S. M. que deseaba hacer una galena adornada de pinturas, y para esto que buscase maestros pintores para escoger de ellcs les me- jores, á lo cual respondió: «¿V. M. no hade tener cuadros que eada hom- bre los pueda tener?» Replicó S. M.: «¿Cómo ha de ser eso?» Y respondió Velázquez: «Yo me atrevo, Señor, si V. M. me da licencia, ir á Roma y á Venecia á buscar y feriar los mejores cuadros que se hallen de Tizia- no , Pablo Veronés, Basan, de Rafael, de Urbino, del Parmesano y otros semejantes, que de estas tales pinturas hay muy pocos príncipes que las tengan , y en tanta cantidad como V. M. tendrá con la diligen- cia que yo haré; y más que será necesario adornar las piezas bajas con estatuas antiguas y las que no se pudieren haber se vaciarán y traerán las hembras á España, para vaciarlas después aquí con todo cumpli- miento.» Dióle S. M. licencia para volver á Italia , etc. Y lo mismo cuenta Palomino y los que le han copiado. One Velázquez tuviera tantos deseos de volver á Italia , y aun quizá más de los que tuvo veinte años atrás cuando por primera vez fue á visitarla, no cabe dudarlo. En los artistas estos deseos siempre están vivos. ¿Y cómo no había de desear y grandemente Veíázquez emprender este segundo viaje, cuando con él, además del placer de visitar de nuevo los santuarios del arte que ya conocía, pactaba una tregua con las contrariedades y desdichas que le ocasionaban los celos y malquerencias de los palaciegos ? Así se comprende que aprovechara las nuevas brisas de benevolencia que por estos tiempos se levantaron en su ayuda para realizar su viaje, buscando quizá él mismo el pretexto que refie- ren Jusepe Martínez y Palomino. Urgíale marchar pronto , y conseguido el permiso de S. M. trata de reunir los recursos necesarios para el viaje y promueve la liquidación general de sus cuentas , en expediente cuyo decreto guarda Simancas y en el cual además consta el aumento de la consignación anual que para pago de lo que píntase de orden del Rey venía gozando. El decreto del Rey dice así: Diego Velázquez me ha representado, que de las pinturas que ha he- cho para mi servicio desde el año 628 hasta el de 640, y de los gajes de pintor de los años desde 630 ha¿ta 634 que faltó la consignación, se le restan debiendo 34.000 reales , porque lo demás se le ha pagado en los 50J ducados que le mandé librar en los ordinarios de los de la dispensa por meses, desde 640 , suplicándome que sea servido de mandar que estos 50J ducados se le cumplan á 700 y se le paguen en la misma con- signación hasta que le haga merced de acomodarle en cosa equivalente DE DIEGO DE SILVA VELXZQUE7,. 163 para poderse sustentar, con que s? dará pnr s'itisfejho de cita deuda y de las demís pinturas que ha hecho é hiciere adelante; y porque he venido en concederle lo que pide, el Bureo dispondrá qus así se ejecu- te, previniendo lo necesario para ello. —Madrid á 18 de Mayo de 1648. (Rúbrica del Rey). El Bureo , en 6 de Octubre de 1648 , acordó sin gran precipitación: Que se cumpla este decreto como S. M. lo manda y el Contralor lo libre en el ordinario de la despensa.—Sebastián Gutiérrez de Pareja. Viudo Felipe IV, muerto el Príncipe D. Baltasar y los Infantes D. Carlos y D. Fernando, urgía el casamiento del Rey, y concertado estaba ya su ma- trimonio con la Archiduquesa Doña Mariana, hija de su hermana Doña María, la pretendida del Príncipe de Gales y esposa de Fernando III , Emperador. Era, por lo tanto, Doña Mariana sobrina de Felipe IV, y la misma que años atrás había sido destinada para princesa de Asturias. Aprestábase ya la em- bajada que había de ir á recibirla en Trento y acompañarla á España en nombre del Rey , y en la cual figuraban los Duques de Nájera y Maqueda, el Marqués de Bedmar y el Conde de Figueroa , sus mayordomos. Esta ocasión aprovechó Velázquez para emprender su viaje , pues con la embaja- da llegaría hasta Genova, domlc había de desembarcar aquélla, que seguiría luego por Milán hasta Trcnto. Si alguna merced especial de dinero para ayuda del viaje hizo Felipe IV á Velázquez , en ninguna parte se sabe que conste , como tampoco hay no- ticia del crédito ó letras que llevar debiera para las compras que había de hacer en Italia de pinturas, estatuas y moldes de ellas (ó hembras como entonces se decía) para vaciarlas aquí. S. M. mandó por orden de 25 del corriente (Noviembre de 1648), que se le dé á Diego Velázquez de Silva, su Ayuda de Cámara, que pasa con este viaje (el del Duque de Nájera) á Italia, á cosas de su Real servicio, el carruaje que le toca por su oficio y una acémila más para llevar unas pinturas. ¿ Serían estas pinturas que llevaba consigo á Italia retratos del Rey para regalar á los Príncipes, cuyos estados iba á visitar, ú otra clase de cua- dros? Nada se colige , ni por datos de aquí , ni por los muchos documen- ANALES DE LA VIDA Y D E LAS OBRAS tos que hasta hoy se han publicado , originarios de los Archivos de los ducados antiguos de Italia que en estos momentos se registran y dan á la estampa. Se embarca Velázquez en Málaga con el Duque de Nájera, llega á Ge- nova , sigue hasta Milán , reposa pocos días aüí, y presuroso de llegar á su favorita Venecia , no espera á gozar de las fiestas que en aquél nuestro Estado se preparaban para recibir á la futura Reina de España, y llega al principiar el año de 1649 á la ciudad de los Canales.