CAPITULO VI. DESDE 16-49 A 1655. 1649: Velázquez en Venecia.—Avisa su llegada e] Embajador Marqués de la Fuente.—Cua- dros que compra en Venecia.—Breve estancia en Módena.—Llega á Roma.—ParLe para Ñapóles. — Vuelve á Roma. —Segundo matrimonio de Felipe IV. —1650: Compras que Velázquez hace en Roma. —Sus gestiones para traer á Madrid pintores fresquistas. — P e - dro de Cortona.—Colonna.—Mitelli. —Salvator Rosa.—Retrato del Papa Inocencio X.— Otros retratos.— Carta de Felipe IV ordenando á su Embajador en Roma la pronta vuelta de Velázquez.—1651: Nace la Infanta Doña Margarita.—Vuelve Velázquez á Ma- drid.—Cobra sus atrasos.—Zur harán.—Retratos de los Reyes.—Cuadro de La Coronación de la Virgen, —1652: Expediente para el nombramiento de Aposentador de Palacio que obtiene Velázquez.—1653: Cuestión sobre los aposentos para las fiestas.—Almoneda de la galería de Carlos II de Inglaterra.—1654: Muere Pacheco en Sevilla.—Jornadas á los Sitios Reales.—Los cuadros de La Venus reclinada, Mercurio y Argos, Psiquis,y Cupido, Apolo y Manías y Marte—1655; La fábrica de tapices de Santa Isabel.—Las Hilande- ras.—Cuestiones con los mozos de Palacio. —Órdenes de Velázquez. — Retrato de Ja Infanta Doña Margarita. 1649. v. este segundo viaje de Velázquez á Italia son tan escasas las noticias como del primero, Aun cuando algún rastro ha quedado en el Archivo general de Simancas que, por lo me- nos , d i i conocti d Liiacter particular del artista y el deseo de su Rey y señor de tenerlo constantemente á su lado. El Embajador de España en la república veneciana , Marqués de la Fuente, avisa á Felipe IV la llegada de Velázquez á aquella ciudad en carta que dice : ( Archivo de Simancas , Leg. 3.548.) Diego Velázquez llegó aquí á los 21, y sin perder tiempo he procu- rado que vea todas las pinturas que le permitiere el estar en mi casa, que el recato de aquí es de calidad que muchos tendrán escrúpulo, si bien procuraremos con maña que no le embarace esto ; y deseando en- caminarse á Módena (por haber tenido noticia de que podría hallar cosa muy á propósito), le daré cartas para facilitarle la introducción, y en todo le asistiré como en despacho de 22 de Noviembre me lo manda V. M., cuya católica persona guarde Dios como la cristiandad ba me- nester.—Venecia y Abril á 24 de 1649.—lil Marqués de ]a Fuente. Pasa este despacho al Consejo de Estado en 3 de Julio , y hecho el ex- tracto , acuerda el Consejo que se responda que está bien lo que ha hecho, y con fecha de 18 de Agosto se le contesta , en cifra, en estos términos: ANALES DE LA VIDA Y DE L\S OBIUS Queda entendido lo que contienen tres cartas vuestras de 24 de Abril, que la una trata de los negocios á que llegó ahí un sobrino del Salvint con cartas de la Reina de Suecia: hacéis relación particular en otra de los movimientos del Rey de Francia, y cnmo sabéis, tiene esto otro es- tado: en la última avisáis de la llegada ahí de Diego Velázquez , y está bien lo que hicisteis con él. Si se conociera la carta de S. M. que cita el Ktnbajador sabríansc por- menores de su encargo, pero ni aun los tenemos de la manera que Velázquez llenó allí su cometido. Por Palomino , y porque existen aun hoy día , sabe- mos que compró algunos cuadros de Tintoreto , entre ellos el conocido por La Gloria, lienzo con inmensidad de pequeñasfiguras, hechas á su manera, presto para acabar pronto , con algunas bellezas de color y de escorzos, y no poca bulla y confusión, que hace de este boceto un verdadero chaparrón de figuras y cuesta algún tiempo comprender y enterarse de tanta celestial persona como allí se encuentra pinta.da. Más importante y de mayor belleza es otro de los que .compró y representa las Aguas de Moisés, en el episodio de cogerlas algunas israelitas desnudas, con gracia y corrección coloridas y dibujadas. Mejor feria hizo incomparablemente con los cuadros de Veronés, sobre todo con el de Venus y Adonis, que hoy nos encanta y sostiene en el Museo del Prado la competencia con el de Diana y Endímión de Tiziano. Según Boschini, que debió estar bien enterado de lo que Velázquez hicie- ra este año en Venecía , gastó doce mil escudos en cinco cuadros que com- pró , dos de ellos de mano de Tiziano , dos de la de Pablo Veronés, y el boceto del Paraíso de Tintoreto. A más de dos mil escudos cada cuadro sale la cuenta, yá estos precios en aquel entonces era pagar regiamente. A pesar de su calma y de su flema, ¿ no sentiría alguna íntima desazón Velázquez , comparando los precios de estos cuadros con los que él alcanzaba por los suyos ? En Módena , para donde es de suponer que partiera de seguida , no hay noticia de lo que comprara, pero aun cuando nada pudiera adquirir hizo mucho para proporcionar más adelante al Alcázar de Madrid pintores deco- radores de. importancia , pues conociendo los frescos del palacio del Duque, hechos por Cotona y Mitelli , pretendió traerlos á España , como se ha de saber más adelante. Muy presto pasó á Roma, donde poco se detuvo por la necesidad que tenía de llegar pronto á Ñapóles para recoger dineros. Los dos mil ducados que por una sola vez se le dieron en 1643 , como queda dicho , no los había cobrado Velázquez por completo al emprender este viaje ; restábasele de ellos ocho mil n-aks. Encargo debió dejar , que DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. afortunadamente se cumplió, de que se los situaran en Ñapóles , en la supo- sición de que en un año, y para fines de 1649, ya estaría en aquel reino con su comisión terminada y pronto para volver á España. Pero Velázquez, hombre poco activo , que de perezoso se le tildaba en la corte , casi no había empezado su tarea y hubo de encontrarse en Roma necesitado de aquellos reales , y por lo tanto precisado de marchar á Ñapóles á recoger lo que disponía la siguiente carta-orden dirigida al Virey de Ñapóles por S. M. (Simancas, libro 861 , folio 113., Secretarías provinciales). El Rey: Ilustre Conde de Oñate , primo nuestro , virey, lugarteniente y capitán general: A Diego de Silva Velázquez, mi Ayuda de Cámara, hice merced el año pasado de 1643 , en consideración de estarme sir- viendo en esta ocupación, de dos mil ducados de á once reales castella- nos de ayuda de costa por una vez, librados en expedientes que pasan en ese mi Supremo Consejo de Italia, por cuya cuenta se le han pagado en ellos catorce mil reales; y habiéndome suplicado se libren y paguen en ese reino los ocho mil reales restantes que se le deben á cumplimien- to de los dichos dos mil escudos, lo he tenido por bien, y así os encar- go y mando proveáis y deis la orden que convenga, para que al dicho Diego de Silva Velázquez, ó á su legítimo procurador, se libren y pa- guen con efecto los di chos ocho mil reales, 6 el justo valor dellos, de cualquier dinero que ahí hubiere de mi Rea! hacienda, que por estar sirviendo con satisfacción mía en la ocupación referida, lo seré de vos en que dispongáis que se le paguen con puntualidad los dichos ocho mil reales. La presente resta ai representante. Dada en Madrid á 11 de Abril de 1649.—Yo el Rey.—Con señal del Conde de Monterey.— V.' O. Caimus. —V.' D. Petrus Gregorius R.—-V.» Salamanca R.— V.' Ramos R.—V.1 Gomes de Mora, Consiliarius.—Zarate, Secreta- rius.— S." ducatos. — Scripsi Ruiz de Aichuleta, Taxator.—Al Virey de Ñapóles para que á Diego de Silva Velázquez, Ayuda de Cámara de V. M., se paguen de cualesquier dinero que allí tuviere ocho mil reales que se le están debiendo á cumplimiento de dos mil ducados que V. M. le hizo merced de ayuda de costa en expedientes de este Conse- jo.—El Consejo. Nada puede decirse de su permanencia por esta vez en Ñapóles , ni aun se conoce la fecha de su vuelta á Roma , donde pronto debió llegar, por ser el punto en que principalmente podía hallar las estatuas que buscaba, que no eran otras mas que las clásicas halladas en ruinas y excavaciones , ya en Italia, ya en Grecia, que fueron desde que se conocieron y serán mientras duren el canon de la estatuaria, la maravilla del dibujo , proporciones y belleza que pueda alcanzar el cuerpo humano. Mientras Velázquez corría la Italia desde Milán á Ñapóles , llegaba á ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Denia á 27 de Agosto la Archiduquesa Doña Mariana , para celebrar sus bodas con Felipe IV , bodas que se retrasan á consecuencia de caer enfer- mo S. M. pocos días antes de pisar su prometida la tierra de España y que íe tuvieron postrado y convaleciente hasta fines de Setiembre. Ya restable- cido acuerdan celebrar las bodas en el lugar de Navalcarnero, donde, despo- sados por el ejemplarisimo cardenal Moscoso, arzobispo de Toledo, aquellos esposos , que antes se vieron casados que se hubieran hablado ni visitado, van á tener la noche al Escorial. A los dos días, el 7 de Octubre, ya estaban de vuelta en Madrid, donde les aguardaban comedias , máscaras , fuegos, toros y grandes fiestas en todo lo que restaba de año. 165O. Difícil cosa era que Velázquez pudiese adquirir en Roma estatuas y grupos de las condiciones que pretendía. Las obras de escultura griega y romana que apetecía estaban en poder de Príncipes , que las apreciaban más seguramente de lo que pudieran apreciarse en España , y no había de ofre- cerse la casualidad de ocurrir entonces alguno de estos raros hallazgos en ruinas, hundimientos ó excavaciones de intento hechas. Mas ya que no los originales, trajo los vaciados, ó los moldes ó hembras para vaciarlas aquí, y esto naturalmente había de entretenerle por algún tiempo. Pudo sí, adquirir estatuas , bustos y hermes romanos originales de la decadencia , de más riqueza é importancia arqueológica que artística , pues esto ya era más fácil de feriar. El biógrafo más antiguo de Velázquez , aquél de quien todos han copiado sin corregir ni dudar lo que registra, D. Antonio Palomino y Vclasco, refiere que trajo de Roma estas estatuas: el grupo de Laocoonte, el Hércules Farnesio, Antinoo, el Nilo, Cleopatra, Apolo, Mercurio, Niobe, Pan , un fauno , dos Bacos, Venus , Marte , Vesta , Diana , los gladiadores, Flora , todas , en fin , las que por clásicas se apreciaban y aun hoy día guardan los muros de Roma. Compró los bustos de Adriano, Marco Aurelio, Livia, Julia, Faustina, Numa Pompilio, Septimio Severo, Antonino Pío, Germánico , Domiciano , Scipión , Tito , y aun algunos más que no cita. Trájose también un vaciado de la cabeza de la estatua del Moisés que esculpió Miguel Ángel para el sepulcro de Julio II. Vació en Madrid estas DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. estatuas un Jerónimo Ferrer, que para ello vino de Roma , y Domingo de Rioja, excelente escultor de Madrid ; y algunas se fundieron en bronce. Se cree que habría de ser otro de los encargos que recibiera de S. M. enviar á Madrid algún pintor de fama, decorador hábil en la pintura al fres- co, para que por este procedimiento decorase fachadas y salones de los pala- cios. Desde que Felipe II hizo venir de Italia artistas de esta monumental manera de pintar, no habían llegado á España otros más , ni quedado tam- poco pintor español que con maestría supiera usarla; quizá porque los pa- lacios del siglo xvn , por regla general fueron , y aun lo son los de estos actuales tiempos que alcanzamos, de escasa si no de ninguna monumental riqueza artística , pues desde entonces hasta ahora los más suntuosos pala- cios que se construyen en España no ostentan en sus fachadas, patios, gale- rías, escaleras y salones estatuas, bajorelieves, bustos , hermes, medallones de bronce ó mármol, y mucho menos pinturas murales al fresco. Esto , las- timosamente , demuestra que el conocimiento , el gusto , el amor al arte monumental todavía no es familiar á los arquitectos españoles ni agradable á los poderosos que levantan palacios. Se aprecian , sí , y muy mucho por unos y otros las artes plásticas , pero en más modesta esfera, y es de creer que se esté en camino de llegar , y presto , á aquella mayor perfección y cultura. Conoció Velázquez en Roma, entre los muchos pintores que entonces gozaban de gran fama , á Pedro Beretini, natural de Cortona, gran mane- r'ista, facilísimo en el pintar al fresco , autor de las pinturas decorativas del palacio de la familia Barberini, entre las que descollaba la muy celebrada composición de La Gloria en uno de los techos de los principales salones. Reputado y admirado como ninguno de sus contemporáneos , hicieron sus amigos del nombre de Píetro di Cortona, con que se le conocía y designaba entre las gentes aficionadas á las artes , este ampuloso anagrama : Corona dei Pittort. A este pintor propuso Velázquez venir á España á pintar en los Palacios Reales de Madrid, pero aun cuando grande fuese el deseo de Feli- pe IV de que á su corte viniera, no se realizó el propósito , ni se sabe por qué , desconociéndose como se desconocen las circunstancias que pudieran haberlo hecho irrealizable. Preténdese que antes , en Bolonia , había tratado con los fresquistas y adornistas Colonna y Mitelli para contratarlos como á Cortona, y preténdese así porque años adelante , en efecto , vinieron y trabajaron en los Palacios Reales. Pero aquella suposición , así como la de que con Velázquez mismo llegaron á España, la destruye con buenas razones y mejores datos el cu- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS rioso libro, elegantemente impreso en Bolonia en 1678 y en Roma en 1769, del Conde Carlos César Malvasia , titulado Felsina Pittrtce, de esta manera inconcusa: Si dice nella Vita di D. Diego Velasquez de Silva che il Velasquez fu quegli che condusse i nostri due professori da Roma in Spagna, nell' ultimo viaggio che D. Diego fece in Italia; ma con buona pace del Sig Velasco, (Palomino) ció non puó essere in nesun contó, poiche si dice, che I' ultima volta, che il Velasquez fu in Italia, si fu nell 1648 (1650), e que poco dopo fu richiamato de Filippo IV alia corte, la dove i nostri professori vi andasono nell 1658.... Finalmente nel diario fatto per mano del Mitelli medesimo, e del quale ho ricavate tutte le presentí notizie, io non trovo per contó alcuno nominato il Velasquez, i quale se gli avesse cola condotti, certamente lo avreble notato, sicco- me notata trovo per minuto gli1 altra mínima circonstanza. Pero todo esto en naZ PIÍÍGO VE SILVA VELAZQUEZ. ANULES DE L \ VIDA V DE LAS O H R A S inusitado con que le honraron y del nombre que había dejado en Roma entre academias y artistas. Pero Felipe IV le negó inmediata y rotundamente el permiso , dando por razón lo mucho que había durado su último viaje , y que deseaba tenerle á su lado ahora más que nunca. Rey y artista se iban haciendo viejos: conocíanse, trataban y estimábanse hacía ya más de treinta anos, todos los días se veían , y Felipe IV, hombre en quien la costumbre dominaba y que además era amigo de aquellos con quienes continuo trato tenía , llegaba á considerar, á sentir como una necesidad tener siempre a su la lo á Vclázrjuez. Fracasado el propósito de este viaje y para subvenir á la necesidad de las obras, en breve se escribió á Italia y se cerró e! contrato con aquellos dos pintores biloñeses para que vinieran á Madrid inmediatamente. Y en demostración de que por cariño más que por ningún otro móvil negaba el Rey á su pintor el permiso de separarse de su lado, concédele en este mismo año y mes de Mayo á su yerno Juan Bautista del Mazo la merced de ayuda de la furriera: y no lo fue tampoco menor la de haber cobrado Ve- lázqucz no despreciables sumas. Diego Velázquez, pintor de Cámara, 89.78:1 maravedises, y en ro de Octubre de 1657, por Superintendente de las obras particulares, que Su Majestad señalare, debajo de la mano del Marqués de Malpica, Su- perintendente de ellas, 270.030 maravedises, que suponen die¿ mil quinientos ochenta y un reales vellón. Y además, para atender como Aposentador á los gastos de diferentes jornadas, 31.280 reales, como constaba en memorial de su puño, que no se conserva , pero que se registra en las cuentas de la furriera do Noviembre. En las jornadas que en este año, como en todos, hiciera la corte al fron- doso y ameno sitio de Aranjuez, debió de pintar Velázquez los hermosos paisajes que La vista de la calle de la Reyna, y de la Fuente de los Tritones representan. Lienzos compañeros son éstos que haría sin duda para seña- lados sitios del Alcázar de Madrid, donde había muchos de vistas ó paisajes de los Sitios Reales, ciudades , villas y castillos de alguna importancia de cuantos territorios pertenecían á los inmensos dominios de España por aque- llos tiempos. El de La Fuente debió sin duda de pintarse por este año, pues en uno de los lados de su pedestal se lee claramente esta inscripción: Pon MANDADO DE Su MAG. , ASO 1657. El otro, como compañero , es de suponer, pero no de asegurar, que al mismo tiempo lo pintara. Termina el año con regocijos en la corte por el feliz nacimiento del Príncipe D. Felipe Próspero, que no quiso el cíelo que fuese lo que I E DIIiGO DE SILVA YCLÁZQUE/Í. FUENTE DE LOS TRITONES. ANALES DE L \ VIDA Y DIv LAS OBRAS su segundo nombre prometía. De puño de Velázquez es esta libranza: Por quenta del papel que tengo de V.m de mayor cantidad , mande V.m se den 4 las guardas que anbenido esta Jornada de Valsaim y S. Lo- renzo desde diez y siete de Otubre de mili y seicientos i sinquenta y siete hasta primero de Nob.™ de dicho año arazon de cinco Ks cada noche de las camas qus se les suelen dar que son diez y seis noches i montan ochenta Ks. que con estoy su recibo serán bien dados oi prim." de Nobiembre de dicho año.—Diego de Silua Velasquez.—Son 8o R.' Vellcn. S Ju" Días de Üalareta. 1658. Ya ejercía por este año Juan Bautista del Mazo como ayuda de la furriera y acompañaba á S. M. y á Velázquez, su señor (que es como toda- vía en Castilla llaman los yernos á sus suegros), y de su mano recibía los gajes anejos á su oficio, que eran en tiempo de jornadas los que enseña este recibo, todo de mano de Mazo. He recibido de mi señor Diego de Silva Velasquez el acrecentamien- to , que se me hace bueno por la furriera, desta jornada que S. M., que Dios guarde , ha sido servido de hacer á Aranjuez en i ¡ y r4 de Enero y en 18 de dicho mes, y en 21 y 22 , que hacen cinco días , a razón de siete reales y medio, que hacen 37 reales y medio. Y lo firmo en Madrid á 2j de Enero de 1658. —Juan ijap.*» del Mazo. En el Sitio del Buen Retiro, y próxima al Monasterio de San Jerónimo y á Palacio, existía una ermita deJicada á San Pablo, primer ermitaño, rodeada de jardines, que llevaban su nombre, y en los que hasta bien en- trado el reinado de Carlos III estuvieron colocadas las estatuas que hizo Pompeyo Lconi en 1564 (y hoy guarda el Museo del Prado) de Carlos V, Felipe II y la Reina Doña María, admirablemente fundidas. Para el altar de aquella iglesia ó ermita debió pintar entonces Velázquez el gran cuadro que representó, en figuras de poco más de una tercia, á los dos santos ermitaños de la Tebaida, Antonio y Pablo , dando gracias al cielo por la llegada del cuervo milagroso que les traía en el pico la hogaza de pan. Una roca inmensa, en cuyas sinuosidades se ve la humilde mansión de San Pablo y en la cual se advierte á San Antonio llamando á la empalizada que la cierra, llena la parte izquierda de! cuadro; y en más cercano término, al otro lado, se ved león cavan-lo la sepultura para que San Antonio dé descanso • DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. en ella al cuerpo de su compañero. Mucho más lejos , en un paisaje sin fin que cruza un río, se vislumbra al diablo que halla á San Antonio en su cami- no. Es este lienzo una de las obras maestras de Velázquez. El paisaje, gran- SAN PABLO. dioso inmensamente , no tiene igual en cuadro alguno. Todo , á excepción de la cabeza del nonagenario Pablo , está pintado á la manera franca y de efecto de su último estilo. Sólo el rostro venerable de larga y blanca barba 3° 234 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS del caduco ermitaño está concluido cual si fuera una miniatura, contrastan- do grandemente tanta prolijidad y estudio con la rudeza con que están no más que abocetadas sus dos manos que, unidas por las palmas, eleva al cielo el anciano, y que sin embargo debían acusar más cercano término que la cabeza. ¿ Sería la devoción quien indujese á Velázquez á concluir con parti- cular esmero aquel santo rostro? ¿Cómo se explica, si no, el excusar igual pro- lijidad y dejar sólo al efecto aquellas manos , que por estar más próximas al espectador debieran estar más detalladas? El lienzo, mirado desde su dis- tancia debida , absorbe , admira , maravilla por su grandiosidad , por la ver- dad del paisaje. Bien empapado del espíritu del asunto estuvo al pintarlo, tanto por el arrobamiento que embarga á los santos que reproduce, cuanto por el desierto que imita (que no es Egipto ciertamente y sí una de las vertientes de las cordilleras próximas á Madrid) caracterizando así la vida austera y contemplativa de aquellos solitarios. Este lienzo , en su primitivo ser , terminaba por la parte superior en arco escarzano. Para llegar á tener acertada ¡dea del modo que pintó Velázquez el in- comparable retrato del Papa Inocencio X, sin haber tenido el placer de contemplarlo , puede servir el de Alonso Cano , del Museo del Prado. Diríase que ambos los había pintado al mismo tiempo. Si aquél lo pintó con más empeño , éste de seguro le hizo con más gusto. Cuando Velázquez no contaba aún los quince años y frisaba Cano en los diez y nueve, comen- zaron á estrechar su amistad, íntima y cariñosa. Cano, á pesar de su carác- ter algo rudo, se hizo querer no tan sólo de su amigo , sino también de sus padres , frecuentando su casa y entrando en la intimidad de la familia. En su azarosa vida, el Granadino halló siempre al amigo de los primeros años, y algo es de suponer que influyera la amistad del Sevillano en el ánimo del Rey para decidir en favor de Cano su cuestión con el cabildo de la Catedral de Granada, quien, por este tiempo precisamente, se queja á S. M. de que el racionero ni había profesado todavía, ni daba señales de hacerlo, además de que era hombre de pocas letras para aquel beneficio. Tan en favor de Cano llegó á estar el ánimo de Felipe IV, que es fama que contestó á los comisionados del cabildo : ¿ Quién os ha dicho que si Alonso Cano fuera hombre de letras no habla de ser Arzobispo de Toledo ? Poco se sabe de este gran artista granadino durante sus estancias en Ma- drid , pero se hallan huellas de su paso en los inventarios de Palacio, donde cuadros suyos se registran que pintó por mediación de Velázquez. Más escultor que pintor , Alonso Cano es de presumir que de agradecido al Rey ó de pretendiente , y no retratando en pintura nadie á S. M. mas que DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Velázquez , ni osándolo tampoco Cano , hubiera alcanzado el permiso de hacer el busto de S. M. Da derecho á tal suposición este retrato de Veláz- quez , en el que , con media docena de líneas no más sobre la imprimación del lienzo, apunta el busto de Felipe IV, que aparece modelando en barro, como lo prueba el palillo que empuña en su mano derecha. ¿Hubiera Veláz- quez osado indicar que Cano modelaba el busto de S. M. si no hubiese sido ALONSO CANO. cierto? ¿Habría dejado Velázquez de consignar en el retrato de su amigo el escultor, que había modelado el retrato del Rey? No hubiese osado lo primero , ni olvidado lo segundo. Es de admitir por tanto este dato que Velázquez nos suministra. Representa el retrato unos sesenta años próximamente , edad poco más ó menos que por aquel entonces contaba Cano. Y precisamente también en este mismo año de 1658 estaba Cano en Madrid, y él es uno de los primeros 236 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS O lili AS primeros que en la corte se presenta como testigo en la información para el hábito que pretendía Velázquez. El traje seglar que viste es el que podía vestir en virtud del plazo que para ordenarse se le otorgaba, y precisamente por lo que se quejaba el cabildo de Granada, y en el cual estaría más propio y cómodo para trabajar. En los retratos que conocemos que hizo Bocanegra, su discípulo , en Granada, la cabeza es de más edad , y el traje ya clerical, y, distinguiendo de manos, no hay repugnancia de uno á otro parecido. ¿Qué escultor hacía entonces en Madrid el busto de Felipe IV , á quien Velázquez pudiera hacer este retrato , verdaderamente de amigo? Ninguno: si le hubie- se habido , de seguro no habría faltado á prestar su concurso en la informa- ción para el hábito de Santiago , como no faltan Zurbarán , que estaba en Madrid , Carreño , Nardi y Herrera Barnuebo , artistas todos. La tradición aquí, al suponer que este escultor es Alonso Cano, se ajusta á la verdad y acusa la certeza. Véase ahora cómo , poco antes ó poco después de ser retratado por Velázquez , Cano responde á las preguntas de la información que original guarda el Archivo histérico. Testigo 84. En la villa de Madrid , á 23 días del mes de Diciembre de 1658 años, para esta información recibimos por testigo á el licencia- do Alonso Cano, racionero de la Santa Iglesia de Granada y natural de ella; juró 1» verbo sacerdutia de decir verdad y guardar secreto; y pre- guntado al tenor del tanto, dijo: Que conoce á Diego Velázquez, preten- diente , de cuarenta y cuatro años á esta parte, y que es natural de la ciudad de Sevilla; conoció á sus padres, que se llamaron Juan Rodrí- guez de Silua y doña Jerónima Velázquez, naturales de dicha ciudad: conoció al abuelo paterno1, que se llamó Diego Rodríguez de Silua, na- tural , que oyó decir haber sido, de la ciudad de Oporto, en el reino (le Portugal, y r.o conoció á la abuela paterna, mas tiene noticia della , y que se llamó doña María Rodríguez, así mesmo natural de la dicha ciudad de Oporto ; de los cuales sabe que fueron padre y abuelo del dicho pretendiente , porque á los que conoció los vio tratarse como pa- dres é hijos, y de los que no conoció lo oyó decir por cosa cierta que lo fueron, de los cuales sabe son y fueron habidos de legítimo matrimonio por no haber oído cosa en contrario, y por cristianos viejos, limpios de toda mala raza y mezcla de judio, moro ó nuevamente convertido, sin haber oido que ninguno dellos ni sus ascendentes fuesen penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición en público ni en secreto por delito alguno de los contenidos en la pregunta ni por otros. Y asimismo dijo que el tiempo que los conoció en la ciudad de Sevilla, donde asistió desde el año de catorce, los tuvo y vio tener por nobles hijosdalgos de sangre, según costumbre y fueros de España y Portugal, y fueron esti- mados guardándoles las exenciones que se acostumbran guardar á los demás hijosdalgos, tratándose con lustre y portj de hombres nobles, sin DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. haber tenido dichos padres ni aquél oficio vil, bajo ni mecánico. Y en cuanto al pretendiente, dijo lo mismo. —Y repreguntado por el oficio de pintor, dijo, que en todo el tiempo que le ha conocido ni antes sabe ni ha oído decir que lo ha tenido por oficio ni tenido tienda ni aparador ni vendido pinturas; que sólo lo ha ejecutado por gusto suyo y obedien- cia de S. M., para adorno de su Real Palacio, donde tiene oficios hon- rosos, como son el de Aposentador mayor y Ayuda de Cámara, y que esto es la verdad por el juramento que tiene hecho. Leyósele su dicho, rectificóse en él, y lo firmó. Dijo no tocarle las generales,y que es de edad de cincuenta y ocho años poco más ó menos.—Alonso Cano.— Fernando Ant. de Salcedo. — Diego Lozano y Villamejor. A mitad del verano de este año llegaron á la corte desde Florencia Miguel Colonna y Agustín Mitelli , cada cual con un hijo, quienes desde el año de 1652 andaban tratando su ajuste para venir á España, que no conclu- yeron de concertar hasta aquel entonces por mediación del Cardenal serení- simo Cario de Médici, en que convinieron habría de dárseles centoventicinque pezze da otto per ciascheduno íl mese; pagati mille scudi a ciascuno per i! viaggio, stabilito il rimborso di tutte le spese occorrenti ne lavori da farsi: fissate ventinove doppié mensuali per il vitto ad ognun di loro, oltre 1' abitazione pagata e mobiliata, con un regalo infine de tutte le opere, como refiere Malvasía. Fueron recibidos con verdadera impaciencia y aloja- dos por disposición de Velázquez en uno de los cuartos altos de la casa del Tesoro , donde también vivía Velázquez por ser Aposentador de Palacio , y en él hallaron la estimación y cariño de su afable trato. Inmediatamente procedieron, al contar del autor de la Felsina pitrice, á dar principio á sus trabajos. Aquel autor tuvo á la vista para escribir la vida de Colonna y Mitelli el cuaderno de memoria ó libro diario que escribió el primero de estos dos, más que notables pintores adornistas. Cuenta, pues, que sus pri- meros trabajos fueron pintar en la fachada del Palacio del Buen Retiro, que daba al jardín donde se erguía la estatua ecuestre de Felipe IV que hizo Pedro de Tacca. Mucho agradaron á la corte estos frescos , y ya conocidos y estimados los boloñeses , dieron principio al decorado de las salas del Alcázar, ó sea el Palacio viejo de Madrid. Tenía ya Velázquez aprobado por S. M. el proyecto de cuanto había de pintarse en todas las estancias. Tres eran las que primeramente decoraron, figurando en la primera La caída del Faetón, en la segunda La Aurora y en la tercera La Noche. Pasaron luego al salón ochavado, á ellas contiguo , que medía cincuenta pies de largo por veintiocho de ancho, y le llenaron con profusión de ninfas, faunos, sátiros, ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OliRAS flores y frutas , entre figurada arquitectura. Cuatro estancias y la capilla del Alcázar siguieron á aquel trabajo , terminando con representar la fábula de Pandora en otro salón , obra que dieron terminada en treinta y cinco días por la urgencia que había para recibir en ella al Embajador de Francia que á la corte vino en 1659 á pedir la mano de la Infanta Doña María Teresa para Luis XIV. Volvieron al Palacio del Buen Retiro y cubrieron el techo de una galería pintando en él La Aurora y Céfalo. De allí pasaron 4 la ermita de San Pablo , donde estaba el cuadro mencionado ya , y la decora- ron con sumo gusto. Terminados sus trabajos en los palacios reales recla- maron sus pinceles los grandes y los conventos de la villa, y á estos trabajos dio cima últimamente Colonna solo , porque su compañero Mitclli feneció antes de concluirlos , casi al mismo tiempo que Velázquez. En el año de 1658 (escribe Palomino) hallándose D. Diego Velázquez con el Rey en el Escorial, considerando S. M. que el ingenio, habilidad y méritos personales y otros servicios en D. Diego Velázquez le cons- tituían acreedor de mayores adelantamientos, le honró con la merced de hábito, el que eligiese de una de las tres Órdenes militares, un día de la semana de Ramos, y Velázquez eligió el del Orden militar de la Caballería de Santiago. Y prosigue: Oí decir á persona de todo crédito que habiéndose dilatado el despa- cho de las pruebas por algún embarazo, ocasionado de la emulación (que la tuvo grande), habiéndolo entendido el Rey, mandó al Presidente de Órdenes, Marqués de Tavara, le enviase los informantes, que tenía S. M. que decir en las pruebas de Velázquez; y habiendo venido, dijo: «Poned que á mí me consta de su calidad». Con lo cual no fue menes- ter más examen. En fin, salió de su despacho dei Consejo de las Órdenes ti jueves á 27 de Noviembre, y el viernes, día de San Próspero Mártir, 28 de dicho mes y año, en el convento de las religiosas de Corpus Christi, con las ceremonias acostumbradas y con gran gusto de todos, recibió el hábito por mano de D. Gaspar Juan Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, Conde de Niebla, que después fue Duque de Medina Sidonia; fue su padrino el Excmo. Sr. D. Baltasar Barroso de Rivera , Marqués de Malpica, Comendador de la Orden de Santiago. Volviéronle á Palacio, y fue de S. M. muy bien recibido y de todos loa señores de Palacio y criados del cuarto del Rey. Era el cumpleaños del Príncipe Felipe Próspero. A esto se reducen las noticias que hasta ahora se tenían de la merced del hábito de Santiago otorgada por S. M. D. Felipe IV á su pintor de Cámara Diego Velázquez. Merced fue en verdad muy señalada , aunque no prematura esta del hábito, por recaer en quien precisamente estaba obligado á demostrar en el curso del expediente de pruebas ó informaciones, que no DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. ejercía la pintura por lucro ó para vivir de ella, sino meramente por dis- tracción ó pasatiempo. Era ciertamente esta nobiliaria distinción grande- mente apreciada en aquel entonces, por ser puerta segura para entrar donde mayores aspiraciones podían realizarse , más apreciada aún que la de las grandes cruces en éstos nuestros tiempos, y sólo comparable á ellas cuando recaen en personas que no por obtenerlas son conocidas , sino que por haberse hecho conocer las obtienen. Pero todo esto que con tanto detalle cuenta el bueno de Palomino que llegó á su noticia, ni más ni menos que todo cuanto de Velázquez relata en su libro, por relación que le hizo el discípulo de Velázquez Juan de Alfaro, merece muy especial rectificación , porque se verá que el tal discípulo , ó no contaba con buena memoria , ó padecía algunas distracciones al participar á Palomino éstas y otras noticias de la vida de su querido maestro. Y hasta tal punto llega la distracción ú olvido de Alfaro, que comete el yerro notable de equivocar la fecha del nacimiento de su maestro en no pocos años, quizá porque desconociera su partida de bautismo que hoy nos es notoria. Para saber con certeza lo que hubo de verdad en este incidente de las pruebas para el hábito de Santiago , el único, el seguro , el cierto medio es conocer las pruebas mismas originales, y como es público que hace bastantes años se dispuso que el Archivo histórico nacional se incautara de todos los legajos que en el castillo de Ucles , de la Orden de Santiago , se hallaban casi abandonados, acudiendo á aquel centro, (donde con el orden, concierto y cariño que el cuerpo de archiveros y bibliotecarios es notorio que atesora todos estos monumentos,) se pueden ver, en compañía de las de Calderón, Quevedo, Saavedra Fajardo y otros ilustres españoles las pruebas originales de Velázquez. Pudiera ser cierto que Felipe IV concediese tal merced dónde y como dice Palomino , pero es muy raro que siendo así se tardara medio año, esto es, desde los primeros días de Abril al 7 de Setiembre, en dar principio al expediente de información. Y es mucho menos creíble que no llegando el Breve de S. S. hasta 29 de Julio de 1659 y no despachándose el hábito hasta aquella fecha, se cruzara el 20 de Noviembre de 1658 , día del cumpleaños del Príncipe D. Felipe Próspero y día precisamente en que se hallaban en Galicia los comisionados comenzando las informaciones. Y es todavía aún menos cierto que S. M. tuviera nada que dispensar, ni que se ofreciera á ser testigo en ellas , porque las informaciones resultan perfectamente correc- tas , claramente demostrada la hidalguía y nobleza de los ascendientes todos del pretendiente y muy favorable el informe con que termina el expediente. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Acabadas las informaciones en Sevilla el 18 de Febrero de 1659, no es gran dilación para entonces que no llegase el Breve hasta Julio , descontando de este tiempo por lo menos tres meses en el camino de ida y vuelta de Madrid á Sevilla y Roma. En 7 de Setiembre de 1658 S. M. ordena al Marqués de Tavara, Pre- sidente de Ordenes, que dé principio el expediente , conforme á la costumbre de la Orden , de las calidades á Diego de Silva Velázquez , su Aposentador y Ayuda de Cámara, á quien ha hecho merced del hábito de Santiago. Nombránse jueces al mismo Marqués de Tavara, á D. Juan de Estrada, D. Antonio Riaño , D. Fernando de Arce y D. Juan de Arellano. Y como el abolengo de Velázquez por parte de padre era portugués, manda S. M. á 27 de Setiembre, que con motivo de la guerra y separación de Portugal , las informa- ciones que tocan en la ciudad de Oporto, del reino de Portugal, donde nacieron los abuelos paternos del pretendiente, se hagan en sus confi- nes de Galicia, y sean señalados por confines los lugares de Monterey y Tuy. Y los demás que contiene dicha genealogía en la ciudad de Sevi- lla, donde nació el pretendiente y sus padres y abuelos maternos. Siguen á continuación, en el expediente, impresas las diez preguntas del interrogatorio para que se haga la información, y son nombrados para ella definitivamente D. Fernando Antonio de Salcedo y D. Diego Lozano y Vi- llamejor, quienes salen para Tuy y Monterey el día 20 de Octubre de 1658, y el i." de Noviembre empiezan allí las informaciones. Vuelven á Madrid, habiendo recogido informes de setenta y cinco testigos, en 19 de Diciembre, y al día siguiente los prosiguen en la corte comenzando por el número 76, que fue Don Jerónimo de Atrude, Conde de Castañeira, Marqués da Solares, de cuarenta años de edad, y declara que conoció á Velázquez siendo él niño, en 1628, que le consta la nobleza de los Silvas de Oporto y que al pretendiente le ha conocido siempre tratarse con mucho lucimiento, viviendo de su hacienda y bienes y de los gajes de sus oficios de Ayuda de Cámara, etc.. Y antes de tener dichos oficios sabe tenia esclavos y criados y sustentaba su casa con mucho lucimiento. El testigo 77 fue D. Félix Machado de Silva y Castro , Marqué.s de Montebello, portugués, señor de las casas de Castro y Vasconcellos, Co- mendador de San Juan , de la Orden de Cristo de Portugal, quien le conoce desde hace veinte años y abona la nobleza de los abuelos paternos. Del DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Marqués dice Lázaro Díaz del Valle en su manuscrito que obra en la Real Academia de San Fernando: Este gran caballero tiene universal ingenio en todas las artes de dibujo, pintura y buril, y después de ser grande historiador, genealo- gísta, político y adornado con otras muchas admirables prendas, vive en Madrid con grande opinión de su virtud. lis profesor de la pintura y se dice se ayuda de ella. El 78 , D. Pedro de Mascareñas , Marqués de Montalbán y Conde de Castelnovo , natural de Lisboa, manifestó que le conoce y consta la nobleza de sus abuelos paternos. El 79 , D. Jerónimo de Mascareñas , caballero de Caiatrava , del Conse- jo de Estado y Supremo de Portugal y del Real de sus Órdenes, Sumiller de cortina de S. M. y electo Obispo de Leiba, atestigua la nobleza de los abuelos paternos y á lo demás en favor del pretendiente. El 80 , D. Francisco de Meneses, caballero de Cristo , portugués, que nació en 1604, dice : le conoce desde 1640. Que sus abuelos paternos, de Oporto, salieron á vivir á Sevilla. Que no se valió deste arte para pasar con lustre y porte de hombre noble y principal como siempre se ha tratado. Que el dicho oficio no lo aprendió poniéndose al estudio con otro pintor, sino que por su ingenio é inclinación se dedicó á este ejercicio y ocupación, en que salió y sigue como es notorio sin haberse examinado en dicho oficio en ningún tiempo. El testigo número 81 , D. Gaspar Gómez de Abreu , caballero de la Orden de Avis y Juez de los caballeros de las Órdenes militares de Portugal, dijo conocerle desde 1643 y que, como primo que es del Marqués de Mon- tello , ha oído allí hablar de la familia de Velázquez , y da noticia de la Quinta de los Silvas en Portugal. Al terminar esta declaración, que complementa las hechas en Galicia en investigación de la hidalguía de los Silvas, se halla este auto : De los ochenta y uno testigos resulta que el pretendiente ha sido y es gran pintor; y para averiguar si antes que entrara en el servicio de S. M., que Dios guarde, le tuvo por oficio debajo del examen que hacen los que le ejercen públicamente, y haber vivido muchos años en esta villa y ser domiciliado en ella, nos pareció examinar algunos tes- tigos sobre si ha tenido otra alguna ocupación, y de su proceder y ejercicio en razón de lo referido. Madrid á 20 de Diciembre de 1568.—- Fernando Antonio de Salcedo. -Diego Lozano Villamejor. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Prosigue el testigo 82 , que es D. Jerónimo Muñoz, caballero de San- tiago , del Consejo de Italia , gentilhombre de S. M., regidor de esta corte, valenciano, de sesenta y un años y grande aficionado á la pintura, que depuso que conoce á Velázquez hace más de treinta años que vino á esta corte, y siempre le ha visto tratarse con lustre y porte de hombre noble y principal en oficios honrosos que tiene en Palacio, y que en cuanto á la pintura, la había ejercido por hacer gusto á S. M. El número 83, D. Fernando de Madrid, caballero de Santiago, caba- llerizo de la Reina y regidor más antiguo de la villa de Madrid, de cincuen- ta y seis años de edad, declara, que hacía muchos años que le conoció y que aun cuando es tan notoria la destreza que tiene en la pintura, es habi- lidad que ha tenido para pintar por su gusto... y no ha pintado lienzo ninguno para vender... y ser su habilidad gracia y no oñcio, como hom- bre bien nacido y principal que ha sido y es envidiado de todos. El testigo 84 fue Alonso Cano , cuya declaración está en la página 236. Número 85, Juan Carreño de Miranda, fiel executor por el estado de los caballeros hijosdalgos de la villa de Carreño, y natural de ella, dijo : Que conoce al pretendiente habrá casi treinta y cuatro años, que son los que hace que vino el testigo á esta corte. Que comunmente le llamaban y le llaman el Sevillano, que le tiene por noble hijodalgo, e t c . , y que sabe que yendo un día del año pasado de 1654 ó 55 á Palacio á buscar á di- cho pretendiente, subiendo por la escalera del cubo que sale á la galería del despacho, sintió que venía otra persona detrás del testigo, y recono- ció que era un caballero de la urden de Calatrava: porfió con él que pasara adelante, y le dijo que no, que supuesto iba á ver á Diego Veláz- quez, le dijese que su primo D. Fulano Morejón Silva le esperaba. Que no ha vendido pinturas por sí ni por tercera persona: antes se acuerda de un retrato del Sr. Cardenal Borja, siendo Arzobispo de To- ledo, que le pidió á Diego Velázquez le hiciese, el cual, llevándosele, no quiso tomar ninguna cantidad por él, y el Sr. Cardenal le envió un pei- nador muy rico y algunas alhajas de plata en recompensa. Otro gran pintor español, que como Alonso Cano le conoció en sus pri- meros años y que no hacía aún seis meses que había venido á la corte llamado por Velázquez de orden del Rey para que pintase en Palacio , fue el testigo que hizo el número 86. Francisco Zurbarán Salazar, natural de Fuente de Cantos, en Extre- madura, vecino de Sevilla, residente en Madrid descie Junio de 1658, y DE DIEGO DE SILVA VELÁ.ZQUEZ. dijo que le conoce hace cuarenta años, y que conoció á sus padres, que eran gente muy principal: que en la familia de Velázquez había habido familiares de la Inquisición; que á los padres, que conoció, los vio siem- pre tratarse con mucho lustre y estimación y lo mismo oyó de los abuelos: que no ha tenido tienda ni ejercido el oficio de pintor mas que para S. M., y que si hubiera algo en contrario lo supiera por haber muchos años que conoce al pretendiente y á sus padres. C A.RREÑO. El número 87 , Francisco de Burgos Mantilla , natural de Burgos , r e - sidente en esta corte desde que tuvo nueve años hasta hoy (24 Diciem- bre 1658) , afirma: Que conoce á Velázquez desde que vino á esta corte, que habrá casi treinta y cuatro años (1624), aunque había más tiempo que el preten- diente residía ya en ella... y siempre le oyó llamar el Sevillano.... Que conoció á su padre por haberle visto tal vez en esta corte.... Que se trata con lustre y porte de hombre noble.... Que Velázquez se tenía siempre en mucha estimación y en mayor punto y gravedad que los de- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Dice Díaz del Valle en su citado Ms. que fue este pintor discípulo de Pedro de las Cuebas en el diseño, vecino de esta villa de Madrid y famoso en hacer retratos por el natural , como lo manifiestan muchos que ha hecho en esta villa de Madrid de diferentes señores, con que ha ganado grande opinión. Sus padres fueron el licenciado Fran- cisco Burgos Mantilla, abogado de la Real Audiencia de aquella ciudad, y Doña Ana Cuende, sus vecinos y moradores. Fue el referido Francisco de Burgos discípulo del gran Diego de Silva Velázquez, pintor de Cá- mara de la Magestad N. S. Don Felipe IV, al cual siempre ha procu- rado imitar en la admirable manera. Vive este año 1658. El siguiente declarante , número 88, Angelo Nardi, pintor de S. M., natural de Florencia, vecino y residente en esta corte cincuenta y un años ha, y por lo tanto su compañero y émulo desde los primeros tiempos que Velázquez entró en Palacio , declara : Que le conoce desde el año 1626 ó 27, y que conoció á sus padres con ocasión de haber ido á la ciudad de Sevilla el testigo con el Sr. D. Luis Méndez de Haro.... Que ha tenido mucho trato y comunicación con él en los muchos años que ha que le conoce, y en lo demás contesta como todos. Seguía á este pintor el gran amigo y compañero de Velázquez D. Gas- par de Fuensalida , pero al empezar su contestación le dio un accidente tal, que se fue y se dejó para cuando esté bueno, según el auto. No menos amigo aparece el aragonés Francisco Vcrges, residente en Madrid desde el año 1647 , quien , con el número 89 , afirma conocer á Velázquez desde que vino á la corte; que le han llamado y le llaman el Sevillano; que es mucho lo que le conoce y que ha sido y es envidiado de todos, y en lo demás de completa conformidad con la verdad. Los números 90 y 91 son Sebastián Herrera Barnuebo , pintor, y Pedro de la Torre, natural de Madrid , que en nada discrepan de lo dicho. Con el número 93 declara Juan Fernández de Gandía, natural tic Burgos, residente en Madrid desde 1647 , y pintor, que le conoce treinta años ha, y que la primera vez que le vio fue en Roma, en ocasión en que S. M., que Dios guarde, le envió al preten- diente á besar el pié á S. S. Urbano VIII, porque deseaba mucho co- nocerle por hombre insigne y de los mayores que ha tenido la pintura, y que siempre le ha visto tratarse con mutho lucimiento y lustre. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Repuesto de su accidente , tócale el número 94 á D. Gaspar de Fuensa- lida , vecino y natural de Madrid, Grefier del Rey , de sesenta y dos años de edad , y dice : Que ie conoce cuanto ha que vino á Madrid.... Que siempre le ha cono- cido en Palacio á vista de S. M. con nombre de mayor pintor que hay ni ha habido en Europa, y que así lo confesó Rubens, un gran pintor que vino á esta corte.... Que le ha visto este testigo pintar en Palacio lo que S. M. le ha mandado, así para España como presentes que ha hecho á otros Príncipes de Europa; y sabe que lo ha enviado tres veces á Italia, como á Venecia, Roma, Florencia y otras partes, donde ha tenido mu- cha amistad con los SS. PP. Urbano VIH c Inocencio X, teniéndole en todas estas provincias por el modelo de la pintura, sacando retra- tos, etc.... y en las jornadas que ha hecho ha sido siempre para traer originales de su mano y de los pintores y estatuario antiguos.... Que el pretendiente es quien acabó y perfeccionó el Panteón del Escorial. Este Fuensalida fue el más íntimo amigo de Velázquez , á quien dio poder para testar pocos días antes de su muerte y de quien hasta después de ella recibió Velázquez pruebas de cariño. Siguiendo los palaciegos compañeros de Velázquez , tocó á I). Manuel Muñoz Gamboa, Contralor de la Reina y sus Altezas , natural de Madrid y de sesenta y cinco años de edad, que asegura le conoce desde el año 26, que le trajo el Conde-Duque de la ciudad de Sevilla para servicio del Rey, que ha hecho muchos viajes con el caudal de S. M. para hacer empleos y traer pinturas. Y el último de los testigos de la corte que viene á responder en los autos al interrogatorio, con el número 98, es D. Baltasar Barroso de Rivera, Mar- qués de Malpica, caballero de Santiago , Mayordomo del Rey y de su Con- sejo de Obras y Bosques , de cincuenta y dos años de edad, quien dice : Que le conoce ha treinta y cinco años (desde 1623). Que le tiene por merecedor del hábito.... Que el pretendiente ha ido muchas veces á Italia por orden de S. M., y con su real hacienda á traer originales y estatuas y á copiar de su mano las que hallase de los pintores grandes que ha tenido Italia.... Que S. M. ha querido seguir el exemplo del Se- ñor Rey D. Felipe II, que dio hábito á Tiziano. Y que el pretendiente es compañero suyo, porque ambos son Superintendentes de las obras de Palacio. Esta noble declaración del Marqués de Malpica , manifestándose compa- ñero de Velázquez y consignando el propósito de S. M. de emular hechos de su abuelo , del mismo linaje con otro pintor igualmente célebre , prueba que aquella tirantez de relaciones que entre él y Velázquez se produjo á 246 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS instigaciones del maestro mayor de Palacio Juan Gómez de Mora, por celos del pintor de Cámara, no tan sólo habían desaparecido, sino que se tornaron en cordial amistad. Dicho sea esto en honor del Marqués. Juzgan Salcedo y Villamejor con las respuestas del Marqués de Malpí- ca terminada en Madrid su misión y parten para la ciudad de Sevilla. Toman allí declaración hasta á cincuenta testigos más y dan porfiniquitadoel expe- diente y cuenta de lo que de sí arroja á S. M. en estos términos: Muy poderoso señor: Por mandado de V. A. hemos hecho las prue- bas de Diego de Silva Velázquez para el hábito que pretende de la Or- den de Santiago. En la ciudad de Sevilla, donde son las naturalezas del pretendiente, padres y ahuelos maternos, examinamos cincuenta testigos en escrito, con otros muchos en voz, que todos concuerdan en que tienen los di- chos las calidades de lexitimidad , limpieza y nobleza, y las demis que pide el interrogatorio: fundan la limpieza en la común estimación que ha habido y ahí de la familia del pretendiente, sin haber oído cosa en contrario della. Y la nobleza, en que á Juan Rodríguez de Silva, padre del pretendiente, y á Juan Velázquez su abuelo materno, les volvió esta ciudad la Blanca de h carne, que es la distinción y acto que hay en ella entre los nobles y los que no lo son. También dice gozó de ella Andrés de Buenrostro, y que éste fue padre de Doña Ca- talina de Zayas, mujer del dicho Juan Velázquez y abuela materna del dicho pretendiente.... Remitense los testigos á los libros de! Cabildo, adonde dicen constará lo que deponen, los cuales vimos, y en uno que empieza en 7 de Julio de 1600, están Juan Velázquez y Andrés de Buenrostro. Y en otro libro que parece se empezó el año de 1613, están Diego Rodríguez de Silva y Juan Rodríguez de Silva, puestos en la Blanca de la carne; como consta más por menor del auto que em- pieza desde el folio 105 vuelto y acaba en el 106; lo cual va también al fin de los autos por testimonio del escribano del Cabildo desta ciudad, por no habernos querido entregar los libros originales, como parece de los autos de las fojas 107.... Diego Rodríguez de Silva y Doña María Rodríguez, según la genealogía, parecen ser abuelos pater- nos del pretendiente y naturales de la ciudad de Oporto, en el reino de Portugal, que por mandado á V. A. se nos ordenó se hiciese esta parte en los confines y se señalaron á la villa de Monterey y á la ciudad de Tuy para hacer averiguación de las naturalezas y calidades de los di- chos abuelos paternos. Y en dicha villa de Monterey y en el lugar de Verín y en el de Pazos es todo de la jurisdicción y conjuntos un lugar con otro y con dicha villa de Monterey y dicha ciudad de Tuy examina- mos setenta y cinco testigos: con los de la villa de Vigo y los de la de Madrid: que los trece dellos dan noticia de dichos abuelos y deponen en favor de sus calidades con distinción; y los demás califican los apellidos por nobles los de Vigo: citó el testigo cincuenta y nueve como parece por su declaración del folio 30, y los de Madrid el testigo cuarenta y nueve, los cuales empiezan desde el folio 39. A la vuelta desde el testigo setenta y seis hasta el ochenta y uno, folio 42 á la vuelta. Éstos dicen ser DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. el pretendiente nieto de los dichos Diego Rodríguez de Silva y de Doña María Rodríguez, que fueron naturales de la ciudad de Oporto, y nobles hijosdalgos, y de las demás calidades que pide el establecimiento. Y en dicha ciudad de Sevilla todos los examinados en ella, dicen vino de dicha ciudad de Oporto á ésta, y en ella vivieron con mucha estima- ción de hijosdalgos: y como á tal, al dicho Diego Rodríguez de Silva se le volvió la Blanca de la carne esta ciudad. También dicen que no tubo ofi- cio vil ni mecánico, ni dicho su hijo Juan Rodríguez de Silva, padre del pretendiente, ni Juan Velázquez su abuelo materno, y lo aseguran con haberlo oído decir, y con haber conocido al dicho padre del pretendien- te vivir de su hacienda y bienes, y algunos á los dichos abuelos pater- nos y maternos. Y que el pretendiente el tiempo que vivió en Sevilla, no tubo oficio de los contenidos ni otro alguno, ni ejercitado el arte de pintor teniéndolo por oficio, porque nunca tubo tienda ni aparador públi- co, ni fue examinado como los demás que lo tienen. Que lo ha usado por hacer gusto y obedecer á V. A, para adorno de sus palacios, y en esto convienen veinticuatro testigos que examinamos en la villa de Ma- drid, y cincuenta en esta ciudad de Sevilla; y todos concuerdan en que habrá treinta y seis años poco más ó menos que salió della para dicha villa de Madrid, donde ha vivido portándose con lustre y porte de hom- bre principal; y el testigo setenta y nueve, que va al folio 41, en su deposición, dice: que Diego Rodríguez de Silva, abuelo paterno del pre- tendiente, en dicha ciudad de Oporto ejercía el oficio de Veedor, el cual sólo tenían los hombres nobles é hijosdalgos, y juntamente fue cofrade de la Cofradía de la Misericordia que hay en dicha ciudad de Oporto, donde no son admitidos sino los que son tales hijosdalgos. Bautizóse el pretendiente en la collación de San Pedro desta ciudad el año de 1599, como parece del folio 105. Sevilla y Febrero 18 de 1659 años. —Fernando Antonio de Salcedo.— Diego Lozano de Villamejor. Todo lo dicho , el detalle de los ciento veintitrés días empleados en aquel expediente y una nota puesta en la primera hoja, después de los nom- bres de los jueces, en que dice: Vino el Breve de S. S. en 29 de Julio de 1659 años, y en virtud del se despachó el hábito en dicho día, COMPONEN las informacio- nes de calidades de Diego de Silva Velázquez, Aposentador de Palacio y Ayuda de Cámara de S. M., para el hábito que pretende de la Orden del Señor Santiago, que se guardan en el Archivo histórico nacional. Así pues, hasta el 30 de Julio de 1659 no pudo verificarse la ceremonia de la investidura del hábito. Error cometieron al creer otra cosa Palomino y el mismo Alfaro, discípulo de Velázquez. Pudo muy bien hacerse cruzar con la solemnidad que aquél refiere y hasta acontecer en el día cumpleaños del Príncipe D. Felipe Próspero , pero no en el año de 1658 , sino en el siguiente de 1659, hasta el que , y en fin de Julio , no fue Velázquez tal ca- ballero de Santiago. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Y ahora que es conocido el texto de las pruebas , ¿ qué necesidad tenía Felipe IV de dispensar á Velázquez cosa alguna, cuando el expediente re- sulta perfecto y sin el menor contratiempo? Muchas inexactitudes contó Juan de Alfaro á Palomino y poca autoridad adquiere por ende cuanto por su conducto ha llegado hasta nuestros días. El favor de Velázquez en la corte crecía cada día, y los enemigos que en Palacio siguiera teniendo disimulaban su encono ante la impotencia á que se veían reducidos, pues la creciente complacencia del Rey para con su pintor, muy ostensible con la concesión del hábito de Santiago , demostraba que cuantos antes formaban en las filas del partido enemigo del artista eran ya sus amigos. Entre éstos conversos se contaba el Marqués de Malpica, jefe del Bureo y de la Junta de Obras y Bosques, que tan poco favorable le fue anteriormente. Tarde era ya , pero al fin Velázquez ejercía bastante influencia en el ánimo del Rey, siquiera fuese no más que para defender su persona y ayudar á los suyos. Cesa ya aquel asedio constante en que se le tenía para satisfacerle sus honorarios, que unido á su cachaza y apatía para reclamarlos , daba por resultado que pasaran años y años olvidado, hasta que , colmada la medida del sufrimiento y despertado el natural interés, entablaba la reclamación. Verdad debía de ser que contara Velázquez con hacienda propia .si siempre se dio vida de persona noble y principal, porque sólo así puede explicarse que quien no pintó nunca para el público, ni de su profesión de artista alcanzó más emolumentos que los que le proporcionaban los gajes de sus cargos palatinos, pudiera esperar años y años que le pagasen sus honorarios. Muerta Doña Ignacia, la segunda hija de Velázquez, concedió el cielo como en compensación de aquella pérdida numerosa prole á Doña Francis- ca, la esposa de Juan Bautista del Mazo. Aquélla era su familia, de ella cuidaba y no perdía ocasión de pros- perar al yerno , ya consiguiendo que entrara á desempeñar los cargos que él dejaba, ya trasfiriéndolos á sus primeros nietos en cuanto tuvieron apenas edad para poder servirlos. Cumplía por estos años los veinte Gaspar Mazo y Velázquez , hijo segundo de Juan Bautista, y como éste dejara vacante la plaza de Ugier de Cámara que Velázquez en un principio gozó y que S. M. dio como dote á Doña Francisca en 1634 (cuando contrajo matrimonio), recordando ahora esta merced , dirige Mazo á S. M. un memorial, que los señores del Bureo informan favorablemente , evocando para inclinar el real DE DIEGO DE SILVA VEL&ZQUEZ. ánimo á favor del pretendiente que la propietaria de aquella primera merced había muerto ya y que era nieto de Velázquez quien la solicitaba. Dice así el documento : Señor: Juan Bap." del Mazo, Ugier de V. M., dice que él casó con hija de Diego Velázquez, y le dio en dote la plaza de Ugier de Cámara, que él tenía el año de 634, y tiene muchos hijos deste matrimonio, y ha- biéndole V. M. hecho ayuda de la furriera el año pasado, sin orden nueva le han tildado los gajes de Ugier de Cámara de los libros de la casa. Suplica á V. M. le haga merced del paso del oficio de Uxier de Cámara para desde luego en Gaspar del Mazo su hijo, y nieto de Diego Velásquez, pues era dolé de su madre y tiene edad para servirle; que re- cibirá merced.—Remito al Bureo el memorial que va aquí de Juan Bap. u del Mazo, y sobre su protección se me consulte lo que se ofreciere y pareciese. (Firma del Rey.) En Madrid á 3 de Octubre de 1658.—Consul- ta en favor, diciendo cómo es dote de la mujer.—Señores Marqués de Malpica, Conde de Castro, Conde de Puñonrostro, Conde de Barajas.— Señor: V. M. mandó remitir al Bureo un decreto de 3 de éste, con me- morial de Juan Bap." del Mazo, en que dice que casó con hija de Diego Velázquez, y le dio en dote la plaza de Ugier de Cámara que él tenía el año de 634, y tiene muchos hijos deste matrimonio, y habiendo V. M. hecho ayuda de la furriera el año pasado, sin orden nueva le han tildado los gajes de Ugier de Cámara de los libros de la casa. Suplica á V. M. ¡e haga merced del paso del oficio de Ugier de Cámara, para desde luego en Gaspar del Mazo su hijo y nieto de Diego Velásquez, pues era dote de su madre, y tiene edad para servirle.—Señor: Las ra- zones que dio Juan Bap. u en su pretensión son justas, pues el oficio de Ugier de Cámara era dote de su-mujer difunta, hija de Velázquez, por cuyos servicios V. M. le hizo merced en decreto de 27 de Enero de 1634, y recaen en el nieto, que tiene edad para servirle.—Al Bureo le parece que por los servicios de veinticuatro años de Juan Bautista y los de Ve- lásquez, V. M. le haga merced á Gaspar Mazo de la plaza de Ugier de Cámara, como dote de su madre, y no poder servirle su padre con la de ayuda de la furriera. Bureo 7 de Octubre de 1658.—Las cuatro rúbricas de los indicados arriba.—Por Juan Bautista del Mazo, ayuda cié la fu- rriera. (Decreto del Rey.) Assí. ¿Cuando habría muerto esta hija de Velázquez? No hay dato alguno que registre la época de la muerte de ninguna de sus dos hijas. Sábese única- mente por este documento que no existía ya Doña Francisca por este año de 1658, pero no puede colegirse por él si hacía pocos ó muchos desde su fallecimiento, aun cuando no hay duda de que vivía aún en 1652 como lo prueba el cuadro de la Galería Imperial de Viena que representa la familia de Mazo, y del que muy pronto se tratará. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS 1650. Cuando Vclázquez había acabado de tomar el hábito debió de pintar el retrato del Príncipe D. Felipe Próspero , de dos años de edad que por entonces cumplía y que guarda la Galería Imperial de Viena. Palomino lo describe no muy conforme con la verdad , aun cuando cumple con ella al decir que lo pintara para mandar á Alemania, donde en efecto lo he vísto. No lo vio seguramente aquel diligente escritor, y si Alfaro se le describió de memoria, no tuvo muy presente todos los detalles , aun cuando en lo prin- cipal acierta. Pintóle en pié y con el traje que requieren los pocos años, dice (y es natural porque no contaba mas que dos , pues había nacido en 20 de No- viembre de 1657 y no el 28 y en el año de 1651 como dice), y añade que tiene junto á sí la montera, con un plumaje blanco sobre un taburete raso. Este taburete está bastante separado en segundo término, y sobre él hay un cojín de terciopelo rojo, sobre el que se ve parte del gorro ó montera. Al otro lado una silla carmesí, y sobre ella descarga blandamente la mano derecha. La silla es un silloncito de brazos de proporciones á propósito para la edad del Príncipe. En la parte superior del cuadro hay una cortina, continúa, pero no es en la parte superior, sino al lado derecho del cuadro , empezando antes del ángulo superior y cayendo sobre la mitad no más del silloncito. En lo distante de la pieza se finge una puerta abierta. No se ve mas que un trozo de puerta ó paso á otra estancia en el extremo izquierdo del cuadro sobre el taburete y muy velado y confuso. Sobre la silla está una perrilla que parece viva, y es retrato de una que estimaba mucho Velázquez. En aquello acierta de medio á medio, porque en verdad es inimitable la viveza de aquella cabecita blanca, vista de frente y apoyada sobre el brazo del sillón. Encantador retrato de niño es éste, que no tiene igual en cuanto á la dulzura y candor de aquel rostro simpático , aunque pobre de sangre y macilento. Velázquez , como Goya, pintó siempre los niños con verdadero amor , con complacencia , porque ambos tuvieron la virtud de querer á los niños. El otro retrato era Doña Margarita, la Infanta de las Meninas , que por la descripción que hace Palomino, y en la que se lee que á la mano derecha está un bufetillo con un reloj de ébano con figuras y animales de bronce y con muy garbosa forma, y en medio tiene un círculo donde esleí pintado el carro del Sol, y DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. en el mismo circulo hay otro pequeño en el cual están pintadas las horas, hay que deducir que este retrato se ha perdido. No conviene tampoco con el que se ve en nuestro Musco, número 1.084, que á la Infanta Doña María Teresa representa á la edad de nueve años, que por este tiempo ya los contaba. Este retrato , de los últimos que salie- ron de la mano de Velázquez , es de una luz y maestría descomunal y por extremo admirable y completo sería si de mejor gusto hubiesen sido los exagerados trajes y tocados de la moda de aquella época, que , si para los hombres fue artística, varonil, severa y bella, para las mujeres hay que con- fesar que fue tan antiestética, como lo son para los hombres los pantalones y el frac que ahora vestimos, que es de suponer que ha de hacer reír , por su carencia completa de belleza, á las futuras generaciones. Hasta en sus últimos tiempos se complacía Velázquez en usar estilos distintos en una misma de sus pinturas. Así como el gran cuadro de San Pablo todo está pintado en el estilo franco y valiente de su tercer manera, á excepción del rostro del protagonista que aparece detallado en extremo, así en este retrato , como también en el del Príncipe D. Felipe Próspero , se ve la prueba de que muy bien haría el retrato de la Reina, en miniatura, del tamaño de un real de á ocho segoviano, muy acabado y pintado can gran des- treza y suavidad, como relata Palomino. Era por este tiempo de edad de diez y nueve años la Infanta Doña María Teresa, y como en el retrato no los aparenta, nace la creencia de que en época anterior , esto es , antes de su segundo viaje á Italia , pintara no más que el rostro,. porque las ropas y cortinaje acusan su último estilo, por la franqueza y sobriedad que ofrecen á la vista. Quizá quisiera aprovechar aquella cabeza terminando el lienzo que, como recuerdo de la que había de salir para siempre de España á ser Reina de Francia, había de quedar en el Palacio de Madrid. Faltando datos sobre este retrato , no hay mas que aplicarle un criterio exclusivamente artístico para explicar la notable diver- sidad de estilos que ofrece. Últimas pinturas son éstas que se cree hiciera Velázquez , y muy bien pudo ser, porque con el viaje á Irún y los aprestos para la entrevista de la isla de los Faisanes , en el siguiente año, poco tiempo tendría que dedicar á sus pinceles. No eran ya sus apuros la escasez de dineros que le apremiaba por falta de pago de sus gajes tiempos atrás , sino la de lo más preciso para atender á los gastos de Palacio que estaban á su cargo. Hasta tal punto llegaron las ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS DOÑA MARÍA TERESA. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. escaseces y las miserias que para apreciarlas hay que leer la siguiente ins- tancia , muestra de la fatal administración palatina de aquella corte donde se gastaban miles de escudos en hacer representar una comedia y no había leña para las chimeneas del cuarto del Rey, ni aun dinero para comprarla,, poseyendo tantos y tantos bosques. Señor: Diego de Silva Velásquez, Aposentador de Palacio, dice que- de los ordinarios de su oficio-se le está deviendo un año entero que yn- porta sesenta mil reales y más se le deve del año de cinquenta y tres treinta mil, y los barrenderos y oficiales de mano dependientes de su ofi- cio no sirven ni dan recado, y lo que más es que no hay un real para pagar la leña de las chimeneas del quarto de S. M. con que está en pe- ligro de una gran falta. Suplica á V. M. mande se le den mil ducados de socorro por cuenta de sus ordinarios de lo más pronto que tuviere el maestro de la Cámara. También representa á V. M. que de resulta del hospedage del emba- jador de Francia se an distribuido las alajas del en diferentes oficios, car- gando á la Tapicería las sillas, y las vidrieras á la munición. Suplica á V. M. mande se devuelban al oficio de la furriera donde tocan y sobre este punto mandarse informar de los oficiales más antiguos de la casa. Habiéndose visto en el Bureo de 17 de este mes, un memorial de Diego de Silva Velásquez, Aposentador de Palacio, en que pedía mili ducados de socorro por cuenta de sus ordinarios, de Jo más pronto que tubiese el maestro de la Cámara, se acordó <á esta parte) que el dicho- Diego Velásquez ajuste sus cuentas y el Contralor y Maestro de la Cá- mara ajusten el dinero que le tienen dado y traigan relación de ello< desde que sirve el oficio, y Velásquez las cuentas de ordinarios y que se le entreguen los diez mili reales que dice al maestro de la Cámara tiene prontos para este oficio. De que doy aviso á V. M. para que , por lo que le toca, tenga cumplimiento el referido acuerdo del Bureo. Guar- de Dios á V. M. muchos años como deseo. Madrid y Noviembre 19 de 1659 años.—Gaspar de Fuensalida.—Sr. Contralor. Habíase concertado, después de tanta desolación y muerte que lamen- tar , el fin de la guerra entre España y Francia en la paz que se llamó de los Pirineos , y como consecuencia de ella el casamiento de Luis XIV de Francia con Doña María Teresa de Austria, que fue quizá la causa de l;i muerte de Velázquez. En la histórica isla de los Faisanes, en la desembocadura del río Bidasoa en el mar Cantábrico, ajustaron estas paces los dos ministros de ambos reinos- contendientes , D. Luis de Haro y el Cardenal Mazarino , paces que tanto- importaron para el porvenir de España y en las que, como menos fuertes,, llevamos la peor parte. Con el nacimiento del Príncipe D. Felipe Próspero parecía quedar ase- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS gurada la sucesión directa al trono de España y se desvanecía el temor de que , por el proyectado matrimonio de la hermana de Felipe IV con el Rey de Francia pudiera acontecer que ambas coronas recayesen en una misma persona. Concertóse por lo tanto el casamiento, para el cual, por urgencias del francés , salió inmediatamente con dirección á Madrid y con la misión de pedir la mano de María Teresa, el Mariscal Duque de Gramont, Gober- nador de la Guyena. Llegó en breves días al sitio de Mahudes, quinta ó casa de campo poco distante de la corte, desde la cual se dispuso y ejecutó su entrada pública en ella en la forma siguiente : Salió de Mahudes el Duque á la una del dia 16 de Octubre de 1659, en un caballo de posta, á quien adornaba una silla de chamelote de plata y nácar cuajada de punta3 de plata; acompañábanle los Condes de Conteri y Luís, sus hijos , y hasta cuarenta caballeros franceses, todos en caballos de posta con diferentes y lucidos aderezos.... A las dos de la tarde entró en Madrid por la puerta de los Agustinos Recoletos , co- rriendo delante ocho postillones, con vaqueras de felpa negra, cuajados de galones de plata. Seguían á ellos seis correos muy bien vestidos y detrás el teniente de correo mayor de S. M. con vistosas galas , á quien inmediatamente sucedía la persona del Duque, solo. Llegó á Palacio á las tres, en cuyo zaguán le recibió el Almirante de Castilla.... nombra- do para conducirle y apadrinarle. Acompañábanle muchos señores, gran- des y títulos.... y subieron al cuarto de S. M., que les esperaba en el saloncillo dorado, que está sobre la puerta de Palacio.... Estaba el Rey N. S. en pié arrimado á un bufete debajo de un dosel bordado rica y exquisitamente de varia y hermosa pedrería. Admirado el Mariscal de las preciosas pinturas que vio en la recepción, y sabedor de las muchas que había en la corte, como hábil diplomático algún tanto adulador , manifestó vivos deseos de conocerlas todas , y para satisfa- cer su voluntad mandó S. M. á Vclázquez que le sirviese y asistiese mostrán- dole todo cuanto debiese ver. Muchas fueron lasfiestas, banquetes y alhajas con que fue agasajado el de Gramont por la corte y principalmente por el Almirante, que de continuo le acompañaba, pero como urgía al Rey de Francia la respuesta y término de las gestiones de su matrimonio, presto partió para Francia el Mariscal, dejando á D. Cristóbal de Gaviria , introductor de Embajadores , un riquí- simo reloj de oro para que en recuerdo lo diese á Velázquez, pues tan com- placido de su persona y trato había quedado. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 166O. No hay noticia de pintura alguna de Velázquez en este último año de su vida. Sus pinceles colgados quedaban ya, como la pluma de Cervantes, y colgados siguen y seguirán mientras otro milagro no traiga á la tierra pintor tan sobrehumano. Precisamente estos últimos meses fueron los más atarea- dos de cuantos sirvió su cargo de Aposentador de Palacio. La continua actividad que le exigían trabajos extraordinarios como éstos, en que la corte se trasladaba al confín de la Península; las constantes faenas en gran parte ingratas é indignas de un hombre de su genio é impropias y contrarias á su carácter reposado y pacífico, por jel constante roce y trato con gentes gro- seras y de baja y aviesa condición ; juntamente con las molestias de tan larga jornada , para él más que para nadie penosa y molesta por la fatiga de cada día, amén los disgustos consiguientes, ya á los sesenta años de su edad,, aceleraron el fin de sus días. Comienza el año suplicando Velázquez , en 29 de Enero, que : Habiéndole dado ti año pasado de 165S cuatro mil reales para leña, los cuales se pagan cada día á la mano á los labradores que la traen, llegando por más dinero para lo mismo de la leña, quiere descontar el maestro de la Cámara en este socorro el que me hizo en 1658, y porque en mí se le debe de ordinario todo el año pasado. Suplico á V. M. man- de que el papel de los cuatro mil reales se firme en el alcance del año pasado, en los meses que no se gastó leña, y ahora se me dé el socorro. No consta el acuerdo que sobre esto recayese. Por última vez visita en los primeros meses de este año el Monasterio del Escoria] para llevar de orden del Rey y dejar colocado , como fin y remate de la obra del Panteón de los Reyes en aquel reinado llevado á cabo y por él dirigida en este último período, el gran Crucifijo de bronce fundido para el altar, que allí se está desde que Velázquez allí lo puso. Concertadas en el año anterior las vistas de los Monarcas Católico y Cristianísimo en la isla de los Faisanes sobre el Bidasoa para la entrega'de la Infanta, se da orden en Palacio el 28 de Febrero designando aquellos. de los criados que habían de acompañar á S. M. en la jornada, y de esta disposición resulta que á quienes en primer lugar tocaba disponerse para la partida eran el Aposentador y sus ayudas. En aquella orden figuraban , Dic- -256 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS ga de Silva Velázquez, caballero de la Orden de Santiago, Ayuda de Cámara •de S. M. y Aposentador de Palacio; Juan Bautista del Mazo, Damián Goetens y José de Villa/ranea, ayudas de furriera, con mozos de retrete y oficio. Cercana la marcha y tratándose de dar al Aposentador los medios de emprenderla, se dice , según certifica Don Gaspar de Fuensalida, Grefier del Rey nuestro señor, que su Magd. (Dios le guarde) por decreto de i.° de este mes ha sido servido de mandar que el Bureo ordene que á Velázquez, que va á hacer el apo- sento de S. M. en esta jornada, se le dé por su real cuenta una litera de camino, cesándole la muía de silla que se le había de dar; y porque Villarreal (que también ha de asistir á lo mismo) va en el coche que se da á Jusepe Nieto por la casa de la Reina Nra. Señora, que ha de ha- cer el aposento de la Sra. Infanta, se excuse el darle la muía que le toca: que visto por el Bureo de este día, se acordó se cumpla el orden de S. M., y para que conste di la presente. En Madrid á 5 de Abril de 1660 años.— Don Gaspar de Fuensalida. Considerando el mucho trabajo y la premura de alhajar, colgar y dis- poner la casa de la Isla, así como los aposentos reales de Fuenterrabía y San Sebastián, pide más personal en víspera ya de su marcha, en los si- guientes términos: Su Mag.d Dios le g.dc a mandado que yo lleue una tanda de más para poner en la casa de Fuente Rauía , para esta tanda son menester dos acémilas y una muía para el barrendero que ba con ella. Vm. D. Ju°. Lo- renzo de Cuellar, Contralor del Rey n.° Sr. Mande se de luego porque mañana siete deste pueda salir de aquí, y también la acémila que me toca y la muía que toca a el carpintero que ba conmigo y la del barren- dero , que en todo son tres acémilas, y tres muías, y la litera que S. M. me a mandado dar que todo a de salir de aquí mañana 6 de Abril de 1660.—Diego de Silua Velásquez. Este oficio tiene mayor aclaración en papel, de mano de Velázquez , que se halla entre los demás que tratan de la distribución de coches y caballerías. Las muías para los barrenderos que ban á esta jornada eran siete, pero si an ido otro mas para la tanda que S. M. a mandado que baya con el aposentador con que son ocho y dos para cerrajero y carpinte- ro.—Las que son menester para mañana son tres, la una para el barren- dero que ba conmigo, la otra para el que ba con la tanda y la tercera para el carpintero que también ba conmigo.—Diego de Silua. Es decir, que delante de Velázquez iban dos mozos y los restantes le acompañaban, además de su yerno y el tapicero Goetens. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Antes que Vchizquez hubieron de salir D. Pedro de Salcedo, Alcalde de Casa y Corte de S. M. y D. Pedro Navarro , alcalde del crimen de Vallado- lid á disponer el reparo y aderezo de los caminos y el abasto de todo géne- ro de provisiones en los tránsitos de este viaje. Partieron de Madrid los mozos el día 7 y Velázquez con Mazo , Yilla- rreal y Goetens el 8 de Abril, con los carros y acémilas necesarios para llevar la tapicería y muebles con que se había de. engalanar fa Isla. Por las cuentas que más tarde rinde de los gastos de este viaje se conoce su itinerario, que era el que entonces se frecuentaba para viajar á la frontera de Francia por Irún, hijo quizá de que los caminos no serían mejores por otra parte, porque la ruta , si no enteramente recta, se desviaba poco de serlo y únicamente para pasar por Burgos. Las dos primeras etapas eran "hasta Guadalajara; desde allí, tomando por Jadraque , Atienza , Berlanga y San Esteban de Gormaz, se llegaba á Aramia de Duero y por Cilleruelo, Lerma y Cogolludo á Burgos. Desde esta capital de Castilla el itinerario hasta la frontera era precisamente el mismo de hoy. Empleó en su viaje Velázquez veinticuatro días , llegando por consiguiente el 2 de Mayo. En cada uno de los pueblos ó monasterios donde habían de pernoctar las reales personas , su cometido no era otro mas que distribuir las estancias atajando ó cortando pasos y habita- ciones con puertas , encerados ó tabiques de lienzos , para acomodar debida- mente el retrete de S. M., que así se llamaba en aquel siglo al aposento donde S. M. se retiraba á descansar y al despacho privado. Velázquez no se detuvo hasta Fuenterrabíay de orden del Rey dejó en Burgos á Villarreal para asistirle. Desde allí atendió al cuidado del Palacio de aquella villa y á vestir las salas del edificio de la Isla. Curiosas noticias de este acontecimiento dio á la estampa pocos años después, en 1667 , D. Leonardo del Castillo , oficial de la Secretaría de Es- tado , testigo presencial, en un libro con el título de : Viaje del Rey nuestro señor D. Felipe IV, el Grande, á la frontera de Francia. Funciones reales del desposorio y entrega de la serenísima señora Infanta de España, Doña María Teresa de Austria. Vistas de sus Majestades Católica y Cristianísimas, Señora Reina Cristianísima madre y señor Duque de Anjou. Solemne juramento de la paz y sucesos de ida y vuelta de la jornada , en relación diaria, que dedica, etc. etc. (Madrid. Imprenta Real, 1667} ; con buenos retratos abiertos en cobre por Pedro de Villafranca y una vista de la Isla. Este libro , hoy raro y rarísimo con todos sus grabados , aun cuando promete más de lo que cumple tiene largas y curiosas relaciones de detalles que interesan para el conocimiento del trabajo del Aposentador de Palacio. Así es que de nadie mejor que de 258 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS un testigo de vista debe extractarse y recogerse lo pertinente de estas rela- ciones. De ellas se desprende que fueron muchos los grandes , títulos y ca- balleros que acompañaron á S. M. en esta jornada, y que iban con tal pompa y lucido séquito, que sólo D. Luis de Haro llevó consigo más de doscientos criados. De la Real Casa fue la Capilla, el Mayordomo mayor Marqués de Malpica, el Conde de Puñonrrostro , el Marqués de la Guardia y trece gentileshombres , con pajes y todos los oficios ; la furriera con el Sumiller de Corps y ocho grandes de España; el Aposentador con sus ayu- das, la Guardarropa , los médicos y los Ayudas de Cámara; la Secretaría de la Cámara, Caballeriza, las Guardias de Corps con su capitán el Marqués de Mondéjar y la casa de la futura Reina de Francia con sus damas y servi- dumbre. Partió S.'M. de Madrid el Jueves 15 de Abril con tan grande séquito y por las mismas etapas que Velázquez había dejado provistas, y tomando en el camino algún descanso en ciudades y villas , llegó á San Sebastián el Martes 12 de Mayo. Esperó allí el fin de las conferencias de su Ministro con el del Rey Luis XIV y entre tanto recibió á los nobles españo- les de las cercanas provincias de Vizcaya y Navarra, que se apresuraban á rendirle el debido homenaje , así como las visitas que de orden del Rey de Francia le hicieron los principales personajes de su corte. He aquí cómo describe la vista y la casa de las Conferencias Leonardo del Castillo: La isla de los Faisanes, llamada asi desde tiempo inmemorial, está colocada más arriba del paso de Beobia, y media legua larga de Fuen- terrabía: cuenta de longitud 500 pies y de latitud sesenta. Sobre ésta se empezó á edificar algunos meses antes, de común acuerdo entram- bos reinos, una casa para que al fin de los ajustamientos sirviese á estas funciones. Y porque la posesión y derecho que tiene Fuente- rrabía á todo el río quedase salvo é ileso, se repitieron en esta ocasión por dicha ciudad á los ministros franceses las protestas judiciales que siempre ha hecho en los demás actos celebrados sobre sus aguas por las coronas, como el que se ofreció con el Rey Francisco I de Francia el año de 1526 y el de 1530 con sus hijos; el de las vistas de la seño- ra Reina Doña Isabel de la Paz con la Reina madre y hermano Car- los Nono en el de 1565, y el de las entregas de las dos señoras Reinas Doña Ana y Doña Isabel de Borbón el año de 1615.... Iba caminando la obra al paso de los tratados, y estuvo perfecta cuando la conclusión de ellos la hizo necesaria. Era su forma prolongada, por haber de obe- decer la fábrica á la comodidad que dispensaba la isla, é hízose igual- mente común á las dos naciones; de suerte que cada una de ellas tenía las mismas piezas y de igual proporción y distancia que la otra, con que refiriendo la disposición y capacidad del cuarto que pertenecía á Es- paña , se habrá referido la de entrambos. Tenía su principio este edificio en la extremidad de la Isla que mira DE DIEGO DE SILVA VELSZQUEZ. afy á Poniente, aunque ninguna de las entradas daba hacia esta parte, sino á los lados ; la de Francia vuelta al Septentrión, y al Mediodía la de Es- paña. Constaba el pórtico de éste de seis arcos, y desde tierra de la ban- da de España comenzaba un pasadizo cubierto y adornado de ventanas con vidrieras á modo de galería, fijo en el agua sobre piés de madera, que teniendo de longitud poco más de 170 piés y de latitud 22, venía á dar en el primer arco del pórtico. Cuarenta y dos piés más arriba, hacia el Oriente , había también desde tierra un puente descubierto de la mis- ma longitud que la galería, que sustentado de bascar, venia á fenecer en el cuarto arco, sobre cuyo extremo se veía un escudo de las armas del Rey nuestro señor. Era el pórtico una pieza prolongada en distancia de 102 piés, con altura de 22 y latitud de 26, que volviendo hacia el nacimiento del sol, caminaba á lo interior de la casa. De esta galería se pasaba á otra pieza de 40 piés de largo y 18 de ancho, á la cual su- cedía otra del mismo ancho y de 20 piés de largo, y desde ésta se en- traba en otra de 18 piés en cuadro, y todas con altura de 16 piés. A este aposento cuadrado se seguía una galería angosta ó pasadizo de diez piés de ancho y cuatro de largo, que abrazaba por aquella banda la pieza principal de las entregas y venía á parar en un retrete de 15 piés en cuadro que remataba la casa por aquel lado; fuera de él, sobre la cabeza ó punta de la Isla, rodeaba una estacada (al modo de las que se suelen poner en los jardines por adorno). Ambos retretes de los dos cuartos, y la pieza de las entregas que mediaba entre ellos, á los cuales se entraba por una puerta que había en medio de la galería angosta. Tenía esta pieza ó salón, fabricado como queda dicho para la vista de los Reyes, y actos del juramento y entregas á quien las demás piezas servían de engaste ó adorno, 56 piés de largo , 22 de alto y 28 de an- cho , cuatro puertas en medio de las cuatro paredes, la una prefijada de vidrios de cristal, y encima de ella cuatro ventanas, con sus vidrios tam- bién , para recibir luz. Era común á ambos reinos esta sala; la mitad de ella, de alto abajo, que era la que miraba á Mediodía , era edificio de España, y la opuesta de Franciaj diferenciándose estas dos mitades en colgaduras, techos, alfombras y cortinas de puertas y ventanas; de suerte que , como una línea sola, estaban de alto abajo y lados distin- guidos ambos edificios. El cuarto de Francia de todo semejante.... Y el principio de la gale- ría ó puente, cubierta de España, ó por decir mejor, el remate que paraba en tierra de nuestra banda volvía con otras dos piezas hacia el Poniente , de 70 piés entrambas de longitud; hacia el Poniente , y en el fin de ellas, había un desembarcadero de gradas, por donde las Majes- tades del Rey nuestro señor y Señora Infanta Reina dejaban y tomaban el barco; lo cual no había menester el cuarto de Francia por venir como vinieron por tierra aquellos Reyes desde San Juan de Luz, donde á la sazón asistían, y llegar el coche á la cabeza misma de su galería ó puente. Vistiéronse por ambas naciones los dos cuartos de esta casa para su decencia y ornato con las colgaduras y adornos siguientes: Estaban colgadas en la galería del cuarto de España, que era á laque se entraba después de los puentes, dos tapicerías distintas de los dos lados: la una figuraba los Triunfos de la? virtudes en la vanidad y horror ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS de los pecados , y era de oro y plata, seda y lana; y la otra, qu era de la misma estofa, contenía la historia de Noé. En la pieza primera, después de esta galería, se puso una tapicería de seda y lana de la historia de San Pablo. En la segunda pieza otra de las poesías de Icaro y Andromeda. Y en la pieza tercera, cuadrada, cinco paños de oro de una tapicería preciosa de las Esferas , que vino de Portugal. En el paso ó galería angosta que iba al retrete estuvo una tapicería de oro, seda y lana de la historia de Rómulo y Remo. En el retrete se pusieron cinco paños de oro de la Pasión de Nuestro Señor, un cielo de chamelote encarnado con franjas de oro y una al- fombra de oro, plata y matices de diferentes colores. Y en la sala principal de las entregas y juramento de las paces se vistió la parte que pertenecía á España con cuatro paños de oro, plata y seda de la Apocalipsis , un cielo de brocado blanco, con unasfloresde oro y guarnición de franjones también de oro; dos alfombras ricas de oro, plata y seda, con diferentes matices y cortinas de tabí de oro y seda con varios colores. Es de advertir que se diferenció el cuarto de España del de Francia en que se hicieron todos los cielos de nuestra parte rasos de yeso, y de la misma manera las paredes de las galerías, con que les fue preciso á los franceses suplir los cíelos rasos y cubrir las tablas de ambos lados con mayor número de colgaduras, y fueron éstas: En las paredes de la primera galería pusieron 22 paños de las fábulas de Psiquis y Cupido, y en el cielo della tafetanes alistados de colores. En la galería segunda colgaron ocho paños de oro, que exponían las guerras de Scipión y Aníbal. En la primera pieza, después de las gale- rías , siete paños de oro y seda de los meses. En la segunda pieza una colgadura bordada de diferentes colores, con jaras y flores de oro y seda. En la tercera pieza, que era la cuadrada, una tapicería de oro y plata de la historia de San Juan Bautista. En el pasadizo que iba al re- trete otra tapicería de seda, plata y oro de las matronas ilustres. En el retrete unos paños de oro, plata y seda, en que estaba dibujada la Pasión de Nuestro Señor, y en todas estas piezas cielos de tabí y telas de flo- res , con alfombras de colores varios. Y en el salón de las vistas y en- tregas hubo cuatro paños de oro , plata y seda de Scipión y Aníbal; en el techo, bordadas de colores, en unos paños, las fábulas de Diana y Metamorfosis, de Ovidio, terciopelos, carmesíes con franjones de oro en el suelo, y en las puertas cortinas de carmesí encarnado y blanco. Por esta detallada descripción puede hacerse el plano de la casa ó barra- ca que se construyó común á España y Francia. Para conocer mejor el relato del cronista de aquella memorable jornada y comprender más pronto cuál fuera la distribución de las estancias, la igualdad con que se destinaron á uno y á otro reino y los tapices con que cada una de aquellas cámaras y galerías se vistieron, se hace el siguiente croquis con indicación de los tapices que en cada cuarto se colgaron, así en la parte española como en la francesa. DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. Tapices colocados cu la casa de las Conferencias en la isla de los Faisanes, sobre el Bidasoa, en 1660. PARTE DE ESTAÑA. PARTE DE FRANCIA. Bien se ve la mano de Vclázqucz en la elección de los tapices que se lle- varon de Madrid. Aquellas tapicerías las custodia hoy día la Real Casa con exquisito celo y cariño ; y si de todas las colecciones que forman este ri- quísimo tesoro, sin igual en número y valor artístico, se hubiesen de escoger las más preciosas, serían de las primeras que se apartasen las que Velázquez eligió. Nótase mayor severidad, que no pobreza, porque tapices y paños sobraban en Palacio , en las habitaciones españolas , que tenían los cielos rasos de yeso blanco. ANALES DE LA VIDA. Y DE LAS OBRAS Fue de notar también el contraste de los ricos pero serios trajes espa- ñoles con los ciertamente más ricos pero abigarrados, chillones, ostentosos y poco varoniles de los franceses. Recuerdo haber visto en la Exposición de París de 1878, en el departamento de bellas artes francesas , un tapiz en que se reproducía, en figuras del tamaño natural, á Felipe IV, Luis XIV, el Cardenal Mazarino y D. Luis de Haro en uno de los momentos de estas visitas , y en aquel tapiz , no muy artístico por cierto, salta á la vista este contraste. No eran de uso en nuestros trajes los colores fuertes y chillo- nes , que caracterizaban el traje francés de aquel siglo; en la corte es- pañola dominaba el negro en los caballeros , que con lo airoso del corte producía un serio y varonil conjunto. Pero así como en el vestir masculino era la moda española más estética que la francesa, se debe confesar tam- bién que tuvieron razón Luís XIV y Ana de Austria al hacer cambiar á la Infanta María Teresa el traje y el peinado español por el francés en cuan- to llegaron á Hendaya. A cada uno lo suyo. Varias fueron las entrevistas, muchas las fiestas y grande el lujo que ambas cortes desplegaron. Nuestro artista, según Palomino , no fui el que mostró menos su afecto en el adorno, bizarría y gala de su persona, pues acompa- ñada, en gentileza y arte, que eran cortesanas, sin poner cuidado en el natural garbo y compostura, le ilustraron muchos diamantes y piedras preciosas: en la color de la tela no es de admirar se aventajara á muchos, pues era superior en el conocí- miento de ellas, en que siempre mostró muy gran gusto: todo el vestido estaba guar- necido con ricas puntas de plata de Milán, según el estilo de aquel tiempo, que era de golilla, aunque de color, hasta en las jornadas, en la capa la roja insignia y un espadín hermosísimo con la guarnición y contera de plata , con exquisitas labores en relieve, labrado en Italia : una gruesa cadena de oro al cuello, pendiente la ve- nera guarnecida de muchos diamantes, en que estaba esmaltado el hábito de San- tiago, siendo los demás cabos correspondientes á tan precioso aliño. Rica joya artística debió de ser esta espada que así describe Palomino , adquirida en Italia por Velázquez , cuando él la compró y en tales solemnidades la usaba. Hasta el 7 de Junio duraron las entrevistas para los juramentos y entrega de la Reina de Francia y al día siguiente tomó S. M. la vuelta á Madrid, mandando á Velázquez que fuese en su compañía. Más á la ligera se hizo este viaje, aun cuando no dejó S. M. de detenerse en Valladolid , pues por allí le plugo pasar , llegando á la Casa de Campo, donde le esperaban la Reina y sus hijos , el 26 de Junio. Al día siguiente de la salida de Velázquez de Madrid para Iiún , queja- DE DIEGO DE SILVA VEL.\ZQUEZ. 263 ronse de él los mozos de retrete en un memorial en que le acusan de negli- gente y descuidado; pero como cosa baladí, desestimaron la instancia los mayordomos de jornadas. Por no dejar de trascribir aquí nada de cuanto á Velázquez directa ó indirectamente atañe, se traslada este memorial. Antonio de la Cuesta, mozo del retrete de S. M., el más antiguo, dice que dos meses ha dio una Memoria á Diego Velázquez, Aposentador de Palacio, diciendo lo que faltaba y era necesario en el retrete de Su Ma- jestad para el servicio de S. M. en esta jornada para que lo proveyese. El cual se ha ido sin dejar lo que era necesario, diciendo acudiésemos al Contralor para que lo hiciese, el cual responde hable á V. M. para que lo mande; en cuya conformidad suplico á V. M. que por cuanto no se puede servir á V. M. ni salir de Madrid sin que se les dé cojines y maletas para llevar las sülitas de V. M., y se mande hacer una armadura de madera que falta. Mande al Contralor libre dineros para lo dicho. — Informe al Contralor.-—El Contralor dice que á Diego Velázquez, Apo. sentador de Palacio, que es á quien toca el comprar los cojines y demás cosas que piden los mozos de retrete, le libró de orden del Sr. Marqués de Malpica seis mil reales que pidió , que dellos debía dejar compradas las dichas cosas y haber reconocido si eran menester precisamente: que también después de haberse partido dejó á un mozo de la furriera en un papel para que pidiera lo necesario para otra tanda de ella, por haber llevado consigo una de las dos que estaban aprestadas; y con orden del Sr. Conde de Puñonrrostro, que la tuvo de S. M., ha dádola el Contralor para que se haga. Los Sres. Mayordomos de jornada ordenaran lo que se hubiere de hacer. Madrid y Abril 9 de 1660.—Rúbrica del Contra- lor. — En Madrid á 9 de Abril de 1660. —El Contralor dé lo necesario, y haga lo preciso que contiene este memorial.—Conde de Puñonrrostro, Marqués de la Guardia. Y como de su puño escribió Velázquez en Fuenterrabía certificando ha- berle acompañado en su viaje el carpintero de quien durante todo él se había servido, y que por un olvido no se incluyeron sus haberes en la cuenta de ¡a jornada , merece copiarse este escrito: Diego de Silua Velasquez, Aposentador de Palacio.—Certifico que Martin Gaxero, carpintero de la furriera, salió de M.d en ocho de Abril de 1660 en mi compañía, sintiendo su oñcio en todo lo que ha ofrecido hasta el dia de oi, y que le pago con los barrenderos en la misma no- mina que a ellos, real y m.° a el dia, porque el otro real y m.° en cum- plimiento á tres R.a se da á Ju.° Colomo, por hijo de Colomo su padre, que fue carpintero de la furriera, y que el ayuda de costa que se a dado a los barrenderos que an benido en esta jornada se deue pagar por la misma razón a el dicho Martin Gaxero, á cuyo pedimiento doy esta cer- tificación oi 19 de Mayo de 1660. —Diego de Silua Velasquez. Martín Gajero, carpintero de la furriera. Añadióse al rol de gajes de la jornada, que importó 547 reales y medio, de orden del Sr. Marqués 264 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS de Malpica, por haber ido sirviendo en la jornada de oficial de manos y no se le haber socorrido con este dinero, por no haberle puesto en la Memoria que se le pidió al principio al Aposentador de Palacio. Por autorizadas copias que se hallan en el Archivo de Palacio de pape- les que allí hace ya bastantes años que no existen , consta que en el mes de Julio hubo de formalizar la cuenta de la jornada de Irún , y que para ello iba juntando los justificativos y comprobantes necesarios, que su apatía dejó para la última hora. Las copias las trascriben de este modo: Para ajustar la cuenta del gasto de la furriera que se ha hecho en esta jornada de Fuenterrabía, necesito, Sr. Damián Goetens, me entregue la cuenta del gasto que Vm. hubiese'hecho en la furriera en dicha jor- nada; que yo tomaré por mi cuenta el dinero que Vm. hubiese recibido, haciéndome cargo del, porque así conviene para el ajuste de todo el gasto. —Guarde Dios á Vm. como deseo. Palacio y Julio 17 de r66o. De Vm. — Diego de Silva Velázquez. — Sr. Damián Goetens. Estoy contento de entregar á Vm. la cuenta del gasto que he hecho en la furriera en la jornada que ha hecho S. M. á Fuenterrabía, descar- gándome en el oficio de Contralor de S. M. los dos mil reales de vellón de que estoy hecho cargo en dicho oficio, y mandarme muchas cosas de su gusto. Guarde Dios á Vm. De la posada y Julio 17 de 1660. B. L. M. de Vm. —Damián Goetens.—Sr. D. Diego Silva de Ve- lázque;;. El siguiente papel explica la necesidad del a n t e r i o r : Damián Goetens, Ayuda de la furriera de S. M.—Cargo de los mrs. que se libran en cuenta del gasto que ha de hacer con las dos tandas del oficio de la furriera que lleva consigo en la jornada de Irún. Hácesele cargo al dicho Damián Goetens, ayuda de la furriera de S. M., de dos mil rs. de vellón que valen sesenta y ocho mil mrs., que por libranza del Secretario Juan Lorenzo de Cué- llar, Contralor de S. M., fecha n de Abril de 1660, se le li- braron en Don Agustín Spínola , maestro de la Cámara de Su Majestad, y en los ris.Sgi rs. vn. que hubiesen entrado en su poder, para en cuenta del gasto que han de hacer los oficios de la casa de S. M. que le han de ir sirviendo en la jornada de Irún , para en cuenta de las cosas menudas que hubiere de com- prar de las que se ofrecen hacer para el oficio de la furriera y gastos de las tandas que lleva consigo en esta jornada, que de todo ha de dar cuentas 68.000 De consentimiento y conformidad de Diego Velázquez, Aposentador de Palacio, se tiene hecho al dicho Damián Goetens este cargo de dos mil rs., que se han cargado al dicho Diego Velázquez, Aposentador, que ha de tomar la cuenta al dicho Damián Goetens , y darla por mayor de todo el gasto de la furriera hecho en esta jornada á quien se cargaron estos dos mil rs. vn., además de lo que se le libró para la dicha jornada. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 265 Unido á estos papeles de la cuenta del carpintero , que es curiosa por contener todo el itinerario de la jornada y porque en ella asegura Goetens que ya había dado cumplimiento á la orden del Aposentador, se halla y conviene conocer el pliego de cargo y data ó cuenta general que se le había formado , y en la que , según se ve, resulta ; que después de justificados los dos mil reales que entregó á Goetens y de los cuales ya queda dicho que de ellos daba cuenta, había Velázquez recibido 272.000 maravedises y gasta- do 217.566 y entregado á Goetens, que también los gastó, 38.000, arrojan- do por lo tanto un saldo á su favor de 13.566 reales que se le debían, y que, aun habiéndolos adelantado, todavía no presentaba el descargo correspon- diente sino á instancias é instigación del Contralor. Ni aun para cobrar lo que de su bolsillo había adelantado fue activo Velázquez en toda su vida. He aquí la cuenta: Pliegos de cargo y data de los mrs. librados para la jornada de Irún á la entrega de la Reina de Francia. Diego de Silva Velázquez, Aposentador de Palacio. CARGO de los mrs. que se le libran para algunas cosas del gasto que ha de hacer en la jornada de Irún, de las entregas. Hácesele cargo al dicho Diego de Silva^ Velázquez, Aposenta- dor de Palacio, de seis mil reales de vellón, que valen dos- cientos y cuatro mil mrs., que por libranza del Secretario Juan Lorenzo de Cuéllar, Contralor de S. M., de 4 de Abril de 1660, se le libraron en D. Agustín Spinola, maestro de la Cámara de S. M., para en cuenta del gasto que hubiese de hacer desde esta corte á Irún, donde va delante, antes que S. M 204.000 Cárgansele más al dicho Diego de Silva Velázquez, Aposenta- dor de Palacio, dos mil reales, que valen sesenta y ocho mil mrs. de vellón, por los mismos que se habrán librado y car- gado á Damián Goetens, su Ayuda en su ausencia, para al- gunas cosas que faltaban en el oficio de la furriera para la jornada de Irún; y el dicho Diego Velázquez consintió este cargo por tomar de la cuenta á su Ayuda y poner en las que él ha de dar del dinero que recibió para la dicha jornada, con más la de estos dos mil rs 68.000 Monta este cargo del dinero que se le dio para la jornada de Irún, doscientos y setenta y dos mil mrs. de vellón. . . 272.000 266 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS El dicho Diego Velázquez, Aposentador. DATA de los mrs. que gastó en la jornada de Irún de las entregas, en el año de 1660. Ha de haber y se le hacen buenos al dicho Diego Velázquez, Aposentador de Palacio, por los gastos que hizo en el dicho oficio en la jornada que Su Majestad (Dios le guarde) hizo á Fuenterrabía á las entregas de la. Señora Reina de Francia, doscientos diez y siete mil quinientos y sesenta y seis mrs. 217.566 Monta esta data del gasto que hizo en la jornada de Irún dos- cientos y diez y siete mil quinientos y sesenta y seis ma- ravedises de vellón 217.566 AI resumen y fenescimiento general de toda su cuenta que está hecho en el libro de oficios de boca que empezó á correr desde el año de 1654 en adelante. N o es menos importante la cuenta del c a r p i n t e r o , siquiera sea por dar á conocer el itinerario y la parvedad de los gastos que se ocasionaron para el alojamiento de S S . MM.: El Sr. Diego Velázquez salió de Madrid para la jornada de Fuente- rrabía á hacer el aposento de S. M. á 7 de Abril de 1660, y llevó consi- go á José de Villarreal, ayuda; dos barrenderos, Julián de Estrada y Lucas, y á Martín Gajero, carpintero. 1 Primera jomada en Alcalá, gastó 20 reales en unos atajos. . 20 2 En Guadalajara, encerados 18 3 En Ita, atajos en el retrete y encerados 60 4 En Jadraque, en lo mismo 70 5 En Atíenza, en lo mismo 50 6 En Berlanga, seis encerados 36 7 San Esteban de Gormaz, atajos y encerados 66 8 El convento de la Vid, encerados, 24 reales, y aunque aquí se hizo un atajo grande que dividiese en un corredor del claus- tro el cuarto de las damas, no se presupuestó porque le dio el convento » 9 Aranda, atajo para el retrete y encerados 15o 10 E n Meruello , á c o m e r ; u n encerado y u n atajo g r a n d e . . . 44 n E n L e r m a , encerados 30 12 E n Cogollos, á c o m e r , encerados y atajo del retrete. . . . 50 13 E n Burgos no hubo gasto » Villarreal s e quedó e n B u r g o s y se vino siempre con el R e y h a s t a S a n Sebastián, y los d e m á s pasaron siempre adelante. 14 E n Monasterio, d e rodillas, encerados y atajos 40 15 E n Bribiesca, u n atajo y unas puertas y cerraduras. . . . 30 16 ~h.u P a n c o r b o , e n c e r a d o s y a t a j o s . . . . . . . . . . 50 DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 267 17 Miranda de Ebro, un cancel, una puerta y cerramiento de chi- meneas y encerado 50 18 Vitoria, un atajo en una sala y otro para el retrete y encerados para el Sr. Duque de Medina 70 19 Mondragón , tres atajos grandes y encerados .50 20 Villarreal, seis encerados y no se hizo atajo 36 zi Tolosa, encerados 3o 22 Hernani, se pintaron tres casas con rompimientos y puertas y escaleras y atajos de retrete y encerados 70 23 De San Sebastián no fui el Aposentador á la Isla, sino á Fuen- terrabía, y allí se gastó todo por el Barón » 24 Las dos cortinas que se pusieron en Fuenterrabía y en San Sebastián, á 24 reales que se compró la madera. . . . 48 A la vuelta hizo el gasto Villar , que venía delante , y le oí decir mu- chas veces, que como los aposentos fueron los mismos que á la ida, gastaría 40 ó 50 reales no más. Damián Goetens dice que tiene la Memoria firmada. Ésta es la noticia que tengo como persona que fui sirviendo en la jornada de carpintero y como tal me consta de los gastos que arriba se dicen. —Martín Gajero. Martín Gajero. Juró ser así lo que contiene esta Memoria á su enten- der , según lo más justificado que ha podido acordarse; y así lo volvió á firmar en presencia del Sr. Juan Lorenzo de Cuéllar, Secretario y Con- tralor de S. M. -Martín üajero. Los dos últimos papeles que escritos de su propia mano custodia aún el Archivo de Palacio son dos órdenes de pago, una á su carpintero en virtud de la anterior certificación y otra á los catorce cocineros que fueron á la jor- nada. No se puede registrar con seguridad cuál fuera la última obra que produjeron sus pinceles, lo que pintara en estos últimos días de su vida, pero para contraste ridículo á la par que triste , se sabe que el último papel que de su puño escrito se conserva, de un mes antes de su muerte, es esta orden de pago á los cocineros de S. M. Del dinero que he de haber para el gasto de la jornada mande Vues- tra merced, Sr. Juan Díaz de Galarreta, se paguen á Martín Gaxero, carpintero de la furriera, que ha ido sirviendo en la jornada á Fuen- terrabía, desde 8 de Abril hasta 24 de Junio, setenta y ocho días á razón de siete reales cada día, que hacen 546 reales, y yo le tengo socorrido con 318 y medio, 227 reales y medio, con que queda pagado de su ra- ción enteramente, y dé un recibo. Hoy 3 de Julio de 1660. Diego de Silva Velázquez — a l dorso. — E s así que me pagó el Señor Diego Velázquez los 318 reales y medio que contiene esta libranza, y se me deben los 227 reales y medio restantes , que no me los pagó Juan Díaz de Galarreta, y por ser así verdad lo firmé en Madrid á 12 de Agos- to de1G64. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Mande Vm., Sr. Juan Díaz de Galarreta, que por cuenta de lo que he de haber para el gasto de la jornada á Fuenterrabía se paguen á los ocho mozos de la cocina y seis galopines ordinarios , que fueron sirviendo á S. M., 518 reales que importan las camas que se les dan, á razón de medio real al día á cada uno, y póngalos Vm. por mi cuenta , que con su recibo serán bien dados. Hoy 5 de Julio de 1660.—Diego de Silva Velázquez.-—Recibí del Sr. Diego Velázquez los 518 reales desta libran- za en Madrid á 6 de Julio de 1660.—Francisco García. Cual á Cano y Zurbarán , amparó con su influencia Velázquez á un notable escultor italiano llamado Juan Bautista Morelli. Huido de París y refugiado en Valencia el italiano , hubo de dirigirse á Velázquez por cartas pidiéndole amparo y protección y para justificar su demanda enviarle alguna obra de su mano. Acogió Velázquez al fugitivo extranjero, y agradarle de- bieron las muestras de su habilidad porque en los papeles del tantas veces citado Archivo del Palacio Real de Madrid se encuentra una carta de Mo- relli , fechada en Valencia, en que con expresivos y cariñosos conceptos le manifiesta la esperanza de buen aviso. La ausencia de Madrid del Aposen- tador debió interrumpir esta correspondencia , y la circunstancia de haberse hallado esta carta entre los papeles oficiales de Velázquez prueba es de que había dado cuenta de ella á S. M., y de que, para decidir lo que con el escultor hubiera de hacerse , estaba allí esperando el acuerdo. Hsta carta no pudo llegar á manos de Velázquez hasta los últimos días de su vida, pero algo en ellos debió de inclinar el ánimo del Rey en favor del italiano, cuando al año siguiente estaba en la corte y era escultor de Cámara como se nota por la cédula que á continuación de la carta se ve copiada y que juntamente con ella está en el legajo mismo. Sr. D. Diego de Silva y Velázquez. A Dios y á la ventura escribo ésta porque he sabido que S. M. el Rey N.° S.r ya está en Madrid, y con los buenos deseos que tengo tenga Vm. salud, y que haya venido con ella, escribo éste, adelantándome en ser el primero, por tener al- bricias de mi buen afecto y voluntad. Desearé saber cómo le ha ido á Vm. y si ha llegado bueno, y dalle nuevas que este su menor criado y todos los de su casa estamos buenos y á su servicio, con lo que espera- mos que nos mande en cosas de su gusto, pues sabe Vm. con el amor que le deseamos servir. Dios nos le guarde infinitos años, como le rue- go y suplico. Desta su casa, Valencia 5 de Julio de 1660. —Criado de Vm. q. s. m. b., Juan B.<« Morelli. A Juan Bautista Morelli he hecho merced del oficio de mi escultor, por su habilidad en este ejercicio, con los mismos gajes y emolumentos que tuvo Antonio de Herrera, que fue el último que le sirvió. Tendráse en- tendido en el Bureo de mi Real Casa y se le despachará el título en la DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 269 conformidad que ásus antecesores; ejecutaráse así.—Rúbrica del Rey.— En Madrid á 13 de Noviembre de 1664. —Al Bureo. Es de sospechar que antes de aquella carta, ó con otra que se desconoce, enviara Morelli á Velázquez un cuadrito de barro cocido de unos niños de medio relieve, de una cuarta de ancho, pues se hallaba todavía en el obrador de los pintores de Cámara, en el cuarto del Príncipe , según registra el inventario de esta habitación de 1694 , porque las demás obras que hizo Morelli des- de 1661 y luego después en el reinado de Carlos II fueron decorativas, de mayor tamaño y para determinados sitios. Como triste presentimiento, convertido en presagio cierto poco después, cuenta Palomino que en la corte se difundió la triste nueva del fallecimiento de Velázquez en Fuenterrabía durante la jornada, y que causó gratísimo asombro en la corte verle llegar con S. M. Más de un mes trascurrió desde su regreso hasta su muerte , y por no haber noticia alguna de que se resin- tiera su salud en el viaje, tampoco hay certeza para sospechar que viniese enfermo , aunque bien pudiera haber acontecido que las fatigas del viaje y el excesivo trabajo quebrantaran su salud é hicieran pronosticar un próximo fin , como lo da á entender su epitafio. Las únicas noticias de los últimos días de su vida hasta hoy conocidas son las que suministra Palomino, que las debió saber por relación de Alfaro, y como nada con más certeza añadir se puede, paréceme, mejor que extrac- tarlas , copiarlas á la letra: Sábado, día de San Ignacio de Loyola, habiendo estado Velázquez toda la mañana asistiendo á S. M., se sintió fatigado con algún ardor, de suerte que le obligó á irse por el pasadizo á su casa. Comenzó á sen- tir grandes angustias y fatigas en el estómago y en el corazón. Visitóle el doctor Vicencio Moles, médico de la familia; y S. M., cuidadoso de su salud, mandó al doctor Miguel de Alba, y al doctor Pedro de Cha- varri (médicos de Cámara de S. M.), que le viesen: y conociendo el peligro, dijeron era principio de terciana sincopal minuta sutil, afecto peligrosísimo por la gran resolución de espíritu y la sed que continua- mente tenia, indicio grande del manifiesto peligro desta enfermedad mortal. Visitóle por orden de S. M. Don Alonso Pérez de Guzmán et Bueno, Arzobispo de Tiro, Patriarca de las Indias, hízole una larga plática para su consuelo espiritual, y el viernes ó de Agosto, año del nacimiento del Salvador 1660, día de la Transfiguración del Señor, ha- biendo recibido los Santos Sacramentos y otorgado poder para testar á. su íntimo amigo Don Gaspar de Fuensalida, Grefier de S. M., á las dos de la tarde y á los sesenta y seis (error, eran sesenta y uno) años de su edad f dio su alma á quien para tanta admiración del mundo la había criado^ dejando singular sentimiento á todos y no menos á S. M., que en los 270 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS extremos de su enfermedad había dado á entender lo mucho que le que- ría y estimaba. Pusieron al cuerpo en el interior humilde atavío de difunto y después le vistieron como si estuviera vivo, como se acostumbra hacer con los caballeros de Órdenes militares, puesto el manto capitular con la roja insignia en el pecho, el sombrero , espada, botas y espuelas , y de esta forma estuvo aquella noche puesto encima de su misma cama en una sala enlutada, y á los lados algunos blandones con hachas, y otras lu- ces en el altar, donde estaba un Santo Cristo, hasta el sábado, que mudaron el cuerpo á un ataúd, aforrado con terciopelo liso negro, ta- chonado y guarnecido con pasamanos de oro y encima una cruz , de la misma guarnición, la clavazón y cantoneras doradas, y con dos llaves; hasta que, llegando la noche y dando á todos luto sus tinieblas, le con- dujeron á su último descanso en la parroquia de San Juan Bautista, donde le recibieron los caballeros Ayudas de Cámara de S. M. y le lle- varon hasta el túmulo que estaba prevenido en medio de la capilla mayor. Encima de ¡a tumba fue colocado el cuerpo, y á los lados había dos blandones de plata con hachas y mucho número de luces. Hízose todo el oficio de su entierro con gran solemnidad, con excelente música de capilla, con la dulzura y compás y el número de instrumentos y vo- ces que en tales actos y de tanta gravedad se acostumbran. Asistieron muchos títulos, caballeros de la Cámara y criados de S. M., luego ba- jaron la caja y la entregaron á D. José de Salinas, de la Orden de Ca- latrava, y Ayuda de Cámara de S. M., y otros caballeros de la Cámara que allí se hallaron, y en hombros le llevaron hasta la bóveda y entierro de D. Gaspar de Fuensalida, que, en muestra de su amor, le concedió este lugar para su depósito. Consagróle el siguiente epitafio y le hizo imprimir su muy caro é in- genioso discípulo D. Juan de Alfaro, insigne cordobés, á quien se debe lo más principal desta historia , que con la grande erudición de su her- mano el doctor D . Enrique Baca de Alfaro, recopiló en estas pocas líneas lo que aún vivió estrecho en pocos años. Con los mismos errores y faltas q u e P a l o m i n o dio á la e s t a m p a este epitafio se reproduce a q u í . EPITAFIO Á LA MUERTE DE DON DIEGO VELÁZQUEZ, POSTERITATI SACRATUM. D DIDACUS VELAZQUIUS DE SILVA HISPALENSIS. Pictor exímius, na- tus anno MDLXXXXIV. (Error, pues fue en 1599.) Pictura nobilissíma Arti se, se dicavit, (Prsceptore aecuratissimo Francisco Pacieco, qui de Pictura per eleganter scripsit) Iacet hic: proh dolor! D D Philippi IV Hispaniarum Regis. Augustissimi a Cubículo Pictor Primus, a Came- ra excelsa adjutor vigilantissimus, in Regio Palatio, et extra ad hospi- tium Cubicularius maximus , á quo studiorum ergo , missus, ut Rom*, et aliarum Italia; Urbium Pictura: tabulas admirandas, vel quid aliud huis suppelectilis, veluti statuas marmóreas, e t . , aereas conquireret, perscutaret , ac fecum adduccret, nummis largiter sibi traditis : sic que DE DIEGO DE SILVA VELA.ZOUEZ. cum ipse pro tune etiam INNOCENTII X PONT. MAX, faciem coloribus mire expresserit, áurea catena pretil supra ordinarii eum remuneratus est, numismate gemmis ceelato cum ipsius Pontif. effigie, insculpta, exipsa ex annulo, appenso; tándem D. Iacobi stemmate fuit condecora- tus; et post redditum ex fonte rápido Galliíe confini Urbe Matritum versus cum Rege suo Potentissimo , et Nuptiis Serenissima D Mari» Theresia Bibianas de Austria et Borbon, é connubio scilicet cum Rege Galliarum Christianissimo, D. D. Ludovico XIV, labore itineraris febri prehen- dus , obiit Mantua: Carpentanas postridie nonas Augusti, Aetatis LXVI (error, eran sesenta y uno) anno MDCLX. Sepultatusque est honorifice in D Ioannis Parrochiali Ecclesia, nocte, séptimo idus mensís sumptu má- ximo, immodicisque expensis, sed non immodicis tanto viro; Hasroum concomitatu, in hoc Domini Gasparis Fuensalida Grafierii Regii ami- cissimi subterráneo sarcophago: Suoque magistro pneclaroque viro sasculis ómnibus venerando , Pictura Collacrimante hoc breve epice- dium Ionnes de Alfaro Cordubenssis mcestus possuit, et. Henricus fra- ter Medicus. Así acabó la vida de aquel artista sin igual, de aquel hombre honrado. Y á los siete días abrióse su sepultura para recibir el cuerpo de su santa cónyu- ge , la hija de Pacheco , que en busca iba de su fiel y cariñoso esposo con quien en santa paz había vivido cuarenta y dos años, y á quien no llegó á sobrevivir mas que una semana. Y estos sagrados restos del hombre que dio á su patria la gloria más inmarcesible é imperecedera en una época triste y de desgraciada política, han desaparecido, se han perdido por la ignorancia, el abandono, el ingrato olvido, que son característicos de esta nuestra tierra. Madrid, ¿por qué no he decirlo aun cuando ha sido mi cuna? Madrid ha per- dido , ha profanado las cenizas de Cervantes y de Velázquez, de estos dos españoles, de estos gigantes del arte y de las letras que España puede osten- tar con noble orgullo y llevar al templo de la inmortalidad que erigiere el planeta á sus grandes hombres! Derribados el convento donde yacía Cervan- tes y la parroquia donde descansaba Velázquez, aquél por la piqueta del cle- ro , ésta por la revolucionaria, tan devastadora é ignorante la una como la otra, no hubo en todo Madrid ¡oh, vergüenza! al principio del presente siglo ni un artista, ni un docto, ni un académico, ni un aficionado, ni un curioso, ni un español cualquiera que supiera que en la parroquia de San Juan es- taba sepultado Velázquez y exigiera que no se aventasen sus cenizas. CONCLUSIÓN. iii>\ aún por decir, para dar remate y fin á estos YNU LS , lo que se sabe que aconteció después de la muerte de Vclázquez á su familia, como heredera de sus bienes y de su nombre , así como también la im- portancia de sus discípulos, y por último lo que Velázquez resulta haber sido como hombre y como artista. La administración de aquél y de todos los tiempos , siquiera sea palati- na , no tiene entrañas ni aun para los muertos más ilustres ; lleva la cuenta de cargo á los que han dejado de existir y abandona al cuidado de los he- rederos del muerto que formulen la de data. Nada más natural para no equivocarse. El viernes 6 de Agosto á las dos de la tarde murió Velázquez , y antes de que S. M. D. Felipe IV asistiera el miércoles n del mismo mes á la co- media que todos los miércoles había por entonces en Palacio , ya estaba nombrado el nuevo Aposentador del Alcázar y comenzadas las reclamaciones consiguientes á la familia del muerto. En nombre de S. M., por exigencia del buen servicio y como consecuencia del celo de los covachuelos del Bureo y de la Cámara , se piden á la familia de Velázquez unos miles de maravedises en que aseguraban que aparecía alcanzado el difunto Aposenta- dor de Palacio , aquel fiel servidor que había pintado para S. M. por el suel- do de un barbero el cuadro de Los Borrachos, y por setecientos ducados al año Las Lanzas, Las Hilanderas, San Pablo y Las Meninas. Si al celo burocrático cuadran bien estas reclamaciones , ¿ cuadran igualmente á la memoria de aquel Rey y señor absoluto , no fiólo de su casa y sus criados, sino de todos los españoles? ¿Qué conciencia fue la de aquel Rey que, sin leyes que le obli- 274 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS garan ni trabas que ataran su voluntad , dejó entablar tan mísera reclama- ción , permitiendo poner en tela de juicio la probidad y el buen nombre de tan fiel criado, que durante treinta y ocho años había estado á su lado y cuya honradez y desinterés debían constarle por tantas y tantas pruebas como de lo uno y de lo otro había dado durante su vida? ¿Cómo puede explicarse tal olvido del buen servidor en esto que á su buena memoria ata- ñe , cuando al mismo tiempo , y evocando aquella misma memoria y para honrarla y enaltecerla, fue protector dadivoso de la familia del muerto? Contrastes de esta naturaleza se encuentran muchos en aquel monarca , cuyo carácter ofrece hechos muy dignos de estudio. A los tres días de la muerte de Velázquez había ya Aposentador de Pa- lacio funcionando como tal, y quien, movido del cumplimiento de su deber y porque creyese el caso urgente, procede el día 10 de Agosto, esto es, el mar- tes siguiente al viernes en que espiró el artista, á abrir el cuarto en donde te- nía su obrador, y de orden de S. M., por supuesto, se incauta de cuanto en él hubiese que pudiera pertenecer al Rey, apartando, pero no describiendo (que algo con ello hubiéramos aprendido) lo que fuera de la propiedad del fina- do. El buen Fuensalida, como testamentario de Velázquez , y su heredero Juan Bautista del Mazo asistieron al acto , cual lo demuestra la siguiente Certificación, que por la curiosidad que despierta el conocimiento de lo que hubiese en el estudio de Velázquez, se incluye á la letra, y dice así: Certificación de las alhajas que se hallan en el cuarto del Principe to- cante á S. M. por muerte de Diego Velázquez, Aposentador, y quedaron á cargo de D. Francisco de Rojas, que sucedió en aquel oficio. En Palacio, en el cuarto del Príncipe N. S, (que esté en el cielo) á 10 de Agosto de r66o, el Sr, D. Francisco de Contreras y Rojas, Apo- sentador de Palacio, de orden de S. M. el Rey N. S. abrió la pieza de la galería del dicho cuarto, y en presencia de D. Gaspar de Fuensalida, Grefier del Rey N. S. y testamentario de Diego Silva Velázquez, que fue Aposentador de Palacio, estando también presente Juan Bautista del Mazo, yerno del dicho Diego Velázquez, se reconocieron los papeles que se hallaron de cuentas de la furriera alegajados y sueltos y otros que había de obras particulares, los cuales se quedaron en la misma pieza hasta que se tome orden de quten se ha de entregar. Alhajas de S. M. —Hallóse una estatua ó medalla, medio cuerpo , de bronce, del Rey D. Felipe II, con una peana triangular con tres águilas. Un Cristo formado de barro cocido con dos ángeles, que es el Descen- dimiento de la cruz. Catorce colgaduras de marcos de bronce dorado, formadas con cada dos viejas. Una pintura del Bazán con diferentes ganados; tiene dos varas y tres cuartas de largo, y dos varas de alto poco más ó menos. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQIJEZ. 275 Un cuadro de San Sebastián, de José de Ribera, de dos varas y dos tercias de largo y dos varas de alto. Un cuadro de la Fe, del Tiziano, de dos varas y media de largo y dos de alto. Dos cuadros iguales, de José de Ribera, de Job y San Jerónimo, de dos varas de largo poco más ó menos. Un cuadro de San Sebastián, con su marco dorado, de tres cuartas de alto. Un retrato del Rey de Francia que hoy es, de medio cuerpo, con su Un cuadro en tabla, de tres cuartas de alto y vara y cuarta de tendido, pintado, Nuestra Señora, el Niño y algunos santos. Una cabeza de un hombre vaciada de cera. Dos cajones de madera con unas plantas de papel de la villa de Madrid. Un Cupidito de mármol sobre una almohada. Un retrato de la Señora Infanta Reina de Ungría. Seis marcos de ébano verde ondeados, de vara y tercia de largo. Otros dos marcos dorados y pequeños. Una peana de caoba y ébano. Ocho pies de hierro de morrillos forma de culebras. Una medalla de bronce del Sr. D. Juan de Austria, medio cuerpo, so- bre una peana de piedra negra. Un reloj de luz, con una Nuestra Señora metida en una guirnalda de Medio bufete sin pies de pórfido ochavado. En el camarinete de la torre que corresponde al oratorio se halla un Descendimiento de la cruz, de bronce, con su peana de ébano, y la cruz de ébano, con su letrero. Un relicario de cristal, con una anunciata de oro y esmalte metido en una caja azul de terciopelo. Un retrato del griego de una cabeza de un clérigo. Un retrato del griego, medio cuerpo, de una mujer. Otro del mismo, de un viejo antiguo. Una cabeza de una Verónica con una sábana. Dos anteojos de larga vista con los cabos de marfil, con sus cajas carmesí. Una caja con unas frutas de cera. Tres cuadrillos ochavados pequeños, con sus marquillos dorados. Tres anteojos de larga vista, los dos pergaminos y el otro colorado, con cabos de marfil. Un cuerno de bada, (sic) con un piececillo de plata. Un relicario con dos ángeles de plata, sobre una peña de ébano, con un cuadrillo de boj, donde está tallada la Degollación de los Inocentes. Un marco de un espejo quebrado. Un modelo Iglesia en forma de cruz, de madera. • Entróse en una pieza que hacía de librería de S. A-, y se halló canti- dad de tablas desechas de cajas. En otro tránsito pequeño, como se entra en la galería , á mano dere - cha, se hallaron diferentes marcos y bastidores y tablas, todo de poca importancia, y con esto un marco negro de espejo sin luna. 276 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Mas se hallaron dos bolas aovadas de bronce, con unos cordones. Dos grandes compases de hierro, el uno mayor que el otro. Un mapa arrollado. En una arca se hallaron los cordones con borlas que vinieron de Italia, con los espejos que envió el Conde de Castrillo. Un marco dorado grande. Trajéronse del pasadizo una lámina de una cuarta de alto de un sacerdote de la orden de San Francisco. Otra lámina de un Salvador, de una cuarta de alto. Otra lámina, en vitela, de la Visitación de Santa Isabel. Un Pastor bonus. Un Salvador, en vitela, con las manos sobre un Mundo. Un San Francisco Javier, en lámina. Una religiosa de la orden de Santiago, en lámina. Las cuales siete láminas , con sus marcos negros , quedaron un el cuarto del Príncipe. Abajóse un cubillo en la escalera que baja á la secretaría del despacho, y se halló un retrato arrollado de la Reina Madre de Francia. Otro retrato del señor Emperador. Una cabeza de una inglesa, de Diego Velázquez. Un espejo de media vara de alto, con marco de ébano y marfil. Un retrato de una cabeza del Rey de Francia siendo niño. Un marquillo de ébano de media vara. Una estatua pequeña de bronce con un niño y áncoras , sobre un pe- destal de ébano- Una pintura de la Magdalena, que se arrolla y tiene un niño. Dos asas de pórfido de medía vara. Tres marcos de ébano. Dos guarniciones de faroles de bronce dorado sin vidrios. Diferentes llaves sin saber de dónde son. Unos tacos de trucos. Un libro grande de á folio, de plantas de edificios. Dos adornos de pinturas con dos leones y un castillo. Una cabeza de un niño , de mármol. Es copia de la nómina que se hizo de lo que se halló en el cuarto del Príncipe N. S., que eran alhajas de S. M., hallándose presentes el dicho D. Francisco de Rojas, Aposentador; Juan Bautista del Mazo, yerno de Diego de Silva Velázquez, Aposentador que fue, y por cuya muerte es- taban en dicho cuarto para diferentes disposiciones, y entre otras alha- jas del mismo Diego Velázquez que se reconocieron y apartaron; y éstas tocantes á S. M. quedaron á cargo del dicho D. Francisco de Rojas, y pasó en mi presencia, y así lo certifico en Madrid á 29 de Setiembre de 1660.— Gaspar de Fuensalida. Más respetuosa la Junta de Obras y Bosques con la memoria del muer- to , aguarda siquiera á que se cumpla el novenario , y de seguida consulta á S. M. pretendiendo que se suprimiesen por razón de economías los mil duca- dos , ó sean once mil reales , que cobraba en cada año en la consignación DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. de las obras del Alcázar de Madrid como Superintendente de ellas , expo- sición concebida en estos términos, según consta en el Archivo de Simancas, leg. 61. Cons.: SEÑOR: Presidente Con ocasión de la muerte de Diego Velázquez y del sueldo que tenia del Consejo, por obras y bosques , se llegó á tratar en esta Junta de las muchas car- Condestable, gas y pensiones con que se halla la consignación del alcázar desta villa, Marqués pues para cumplir con ellas biene á faltar cada año para lo situado un de Eliche. quento 175.250 mis., como lo represento á V. Md- en consulta de 7 de Marqués Febrero deste año, y respecto desto y de que por muerte del dicho Diego del Fresno. Velázquez han vacado mil ducados que gozaua de salario cada año en Marqués la dicha consignación, se halla la Junta con obligación de representar de Malpica. á V. Md' y suplicarle se sima de mandar que esta cantidad quede en su D. Antonio beneficio y no se haga merced de ella á persona alguna. V. Md- ordenará de Alossa. lo que fuere seruido. Madrid 15 de Agosto de 1660.—Hay seis rúbricas. Con razón decía Felipe IV que Velázquez era hombre deflema,y nada lo prueba tanto como el desorden en que se encontraron á su muerte aquellos papeles alegajados y sueltos de cuentas de la furriera en su obrador del cuar- to del Príncipe. Los que intervinieron en su liquidación no fueron menos apáticos que el pintor de Cámara, si es que no pecaron de mala intención, pues nada menos que seis años invirtieron en ella. Aquella administración que tenía fondos para pagar á Cosme Lotti y á Blonqui miles de escudos para los gastos de las maravillosas comedias de grande espectáculo repre- sentadas en el Buen Retiro , carecía de lo preciso á las veces , no contando con que pagar las de leña que diariamente traían á Palacio los arrieros para las chimeneas del cuarto del Rey , teniendo tantos miles de pinos y encinas en los bosques reales. Si la administración no tenía prisa nunca para pagar á sus acreedores, mucho más si eran gentes de humilde condición y corto sueldo , estas gentes se acuerdan muy bien de lo que se les debe. Cualquier acontecimiento que pareciera amenazar la pérdida de sus créditos les hace poner el grito en el cielo y clamar por ello. Una de estas ocasiones creyeron aquellos pobres dependientes de la furriera que se les ofrecía con la muerte del Aposentador , suponiendo que había cobrado y empleado en distinto objeto las cantidades que para pagarles sus jornales había percibido. La impaciencia dio por cierto el supuesto, que nadie trató de desvanecer , cun- diendo naturalmente la calumnia. Acudióse al Bureo y en el primer momen- to apareció como que se debían Ires cuentos de maravedises del personal de la furriera y de material de la misma , y sin más detenido examen pro- cedióse al embargo de los muebles de la casa-habitación de Velázquez , si- 278 ANALES DE LA. VIDA Y DE LAS OIÍRAS tuada en el piso principal de la Casa del Tesoro , unida al Alcázar, donde vivían los pintores de Cámara. Empezóse el expediente, que no terminó hasta el año de 1666 después de muerto Felipe IV, sin liegar á una liquidación ó ajuste de cuenta ni aun levantar el embargo. Fueron depositados los mue- bles en poder del mismo Juan Bautista del Mazo, quien , más tarde y para poder ocupar él mismo con su familia aquella habitación, por haber sido nombrado pintor de Cámara, pidió que se trasladaran á otra parte , y en efecto lo fueron á una cueva de la misma Casa del Tesoro. La deuda que apareció en los primeros momentos era cierta , pero del trabajoso ajuste de todas ellas resultó que la administración palatina de- bía por aquellos conceptos 74.769 reales , y Velázquez por su parte de- bía 17.945 reales. No pagó inmediatamente la administración ni se embargó á sí misma, pero cuidó muy bien de embargar los muebles de Velázquez. Y hace aún mucho más, que es no querer cobrar en mucho tiempo el alcance en que parecía en descubierto Velázquez , que con urgencia y repetidas veces quisieron pagar sus herederos , tanto por .su buena memoria cuanto por li- bertar de la completa ruina el mobiliario que se perdía en los sótanos. Por enojosos que sean los detalles de esta desgracia de la familia de Velázquez, se traslada aquí todo el expediente , en extricta justicia á la sagrada honra y fama de aquel hombre , de cuya vida no se conoce el más pequeño detalle que dé lugar á sospechar siquiera que hubiese sido ni poco ni mucho intere- sado y codicioso ; antes por el contrario, acaban de demostrar los expedien- tes de sus reclamaciones cuan descuidado,flemáticoy cachazudo era para exigir de años en años el pago de sus gajes , y que ni una vez siquiera manifestó descontento alguno , ni suplicó mayores ventajas de aquellas que por sus destinos le correspondían. He aquí el pesado expediente completo de las cuentas, con sus detalles, liquidación, incidentes, pago y fenecimiento de ellas , que no se vio terminado hasta el año de 1666 , después de muerto Felipe IV, y que sólo se trascribe por la demostración que arroja del des- concierto de aquella administración y de la honradez de Velázquez. Resolución y fenecimiento del cargo y data tocante al gasto ordinario y ejercicio del oficio de la furriera de S. M. de los años desde i." de Marzo de 1652 que entró á servir, hasta fin de Julio de 1660, que cesó por haber muerto. Monta el cargo de todo lo librado en los ocho años, quince cuentos, novecientos y treinta y cuatro mil y novecientos mrs. de vn. Bájansele de todo este cargo de lo librado que dejó de cobrar de ello dos cuentos y ocho mil novecientos y sesenta y nueve mrs. de vn., que son los mismos que parece por menor del pliego de data de ellos qut; DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. queda después de éste, cuyas partidas que refiere se le testaron en las mismas nóminas originales para que en tiempo alguno no se les pagase. Monta lo que le queda de cargo líquido que cobró de lo librado, los dichos trece cuentos, novecientos y veinte y cinco mil novecientos y treinta y un mil mrs. de vn. Monta la data de lo que gastó y pagó en los dichos años, los dichos doce cuentos, setecientos y cinco mil ciento sesenta y un maravedises de vellón. •Monta el alcance líquido que hace S. M. á Diego de Silva Velázquez, que fue su Aposentador de Palacio, y por él á sus herederos, un cuento, doscientos veinte mil setecientos y setenta mrs. de vn. Monta la relación por menor de lo que se está debiendo á todas las personas dependientes del gasto del oficio de la furriera del tiempo que fue Aposentador de Palacio el dicho Diego de Silva Velázque;;, que fue lesde i.° de Marzo de 1652 hasta Julio de 1660, que cesó en él por haber muerto, la cual está esc siete pliegos para satisfacerse en virtud de ella, tres cuentos y cincuen a y dos mil quinientos y cuatro mrs. de vn., de los cuales toca satisface! á los herederos, los un cuento, doscientos y veinte mil setecientos y nta mrs. de ello lo que se le hacen de alcance líquido, y los un cuento, novecientos y treinta y un mil setecientos y treinta y cuatro mrs. restantes, queda por cuenta de S. M. la satisfacción de ellos. Diego de Silva Velázque;;, Aposentador que fue de Palacio de S. M. desde 1." de Marzo de 1652 hasta 1660. — Resolución. —-Por feneci- miento de su cuenta del cargo y data tocante al gasto ordinario y ejercicio del officio de la furriera de S. Md- de los años desde r." de Marzo del de 1652 que entró á servir, hasta fin de Julio del de i66o> en que cesó en ¿1 por su muerte. CARGO. Monta lo que se le libró desde i.° de Marzo 1652 que en- tró á servir este oficio á fin de Diciembre del mismo. 2. q. 346.000 Todo el año 1653 2 195.500 Todo el año 1654 2 074.000 Año de 1655 2 060.400 Año de 1656 2 176.000 Año de 1657 2 091.000 Año de 1658 2 040.000 En el año de 1659 » 680.000 Para el ejercicio de la jornada que S. VíA- hizo á Irún el año de 1660 » 272.000 15. q. 934.900 Monta el cargo de todo lo librado en los dichos años los dichos quince cuentos novecientos treinta y cuatro mil novecientos mrs. de vn. Bájansele de todo este cargo de lo librado que dejó de cobrar dello dos cuentos y ocho mil novecientos sesenta y nueve mrs., que son los mismos que parece por menor del pliego de data de ellos que queda después deste, cuyas partidas que refiere se le restaron en las mismas ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS nóminas origínales para que en tiempo alguno no se le pagasen, 13 cuentos, 925.931. Monta lo que le queda de cargo líquido que cobró de lo librado los di- chos trece cuentos novecientos veinticinco mil novecientos treinta y un mrs. de vn. Cargo de todo lo librado, 15.934.900. — Lo que dejó de cobrar desto librado que se le hace bueno aquí, 2.008,969. DATA. Monta la data de lo que se gastó y pagó tocante al or- dinario y exercicio del officio de la furriera desde i." de Marzo del año de 1652 que empezó á correr con él hasta fin de Diciembre de dicho año. . . . 1 q. 531.358 L a data de todo el año de 1651 1 I45-4 J 7 La del año 1654 1 H7-^9 La del año 1655 1 657.90K La del año 1656 1 774-747 La del año 1057 1 642.119 La del año 1658 1 704.920 La del ano 1659 » «45.080 La del año iftuo, hasta tin de Julio, que cesó por haber muerto • 528.071 La data de exercicio de la jornada que S. M. hizo á Irún este año de 1660 * 217.566 i2. q. 705.161 Monta la data de lo que gastó en los dichos años, doce cuentos, sete- cientos cinco mil ciento sesenta y un mrs. vn. El Contralor Juan Lorenzo de Cuéllar. —Con fecha de 19 de Febrero se dio orden en virtud del que tuvo de S. M. de 17 del mismo mes para que se le admitan á Juan Bautista del Mazo los 17.957 reales del al- cance de Diego Velázquez, su suegro, del tiempo que sirvió el oficio de Aposentador de Palacio, entregándolos en poder del Mayordomo de Pa- lacio de la Cámara, para que con intervención de ese oficio se satisfaga á las personas que los han de haber y porque los interesados me hacen nuevas instancias para que tenga efecto el depósito que hasta ahora se ha retardado por pretender Juan Baptista del Mazo que luego que lo haya hecho se le ha de dar la certificación de haber cumplido con el al- cance, dejando libre el uso de los bienes que están embargados por él, y siendo esto tan conforme á justicia, he resuelto se execute así y que la cantidad del depósito se reparta entre los que la hubieren de haber rata por porción, según sus anterioridades. Tendráse entendido para que se execute así, y se le advertirá á Juan Baptista del Mazo que entregue luego el depósito sin más dilación. — Palacio 5 de Marzo de 1666.—-El Duque de Montalto. El Contralor Juan Lorenzo de Cuéllar. — Habiéndose visto la con- sulta que se me ha hecho con fecha de hoy sobre el depósito del alcance de Diego Velázquez, se executará lo que tengo resuelto de que se pague rata por cantidad á los interesados, según sus anterioridades , en los DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. Í7-957 reales, y para lo restante 74.768 reales tengo hecha consulta á S. M., de cuya resulta se dará aviso á su tiempo. Palacio 6 de Marzo de 1666. —El Duque de Montalto. Resumen y fenecimiento de esta cuenta. Monta su cargo líquido de todo lo que cobró de lo librado, 13.925.931 mrs. vn , 13.925.931 Monta su data de lo que se gastó y pagó en dicho tiempo, inclusa la jornada de Irún 12.705.161 Monta el alcance líquido que hace S. M. á Diego de Silva Velázquez, que fue su Aposentador de Palacio, y por él á sus herederos, mrs. vn 1.220.770 Monta la relación por menor de lo que está debiendo á to- das las personas dependientes del gasto del oficio de la furriera del tiempo que fue Aposentador de Palacio el di- cho Diego de Silva Velázquez , que fue desde i.q de Mar- zo de 1652 hasta fin de Julio de 1660, que cesó en él por haber muerto, la cual está en siete pliegos, que queda dentro de ésta para satisfacerse en virtud de ella. . . . 3.152.504 De los cuales tocan satisfacer á los herederos del dicho Die- go de Silva Velázquez los 1.220.770 que con los que se le hacen de alcance líquido, y los que quedan por cuenta di: S. M. la satisfacción de ellos. . . 1.931.734 Nota. Réstase este alcance que se hizo en esta cuenta de 1.220.770 maravedises á. Diego Velázquez por haberle satisfecho enteramente en la conformidad que se dice en la copia de la certificación que se dio de ello á sus herederos, que queda dentro de este pliego con las órdenes del Duque de Montalto y copia del pliego que remitió el Grefier á este oficio. Adviértese que todo lo que debe la Real Hacienda de resulta de estas cuentas importa 2.542.119 mrs.; los 1.931.073 mrs. son los mismos que se dejaron de librar á Diego de Silva Velázquez para el gasto de su oficio de Aposentador, y los 610.385 mrs. restantes y otros tantos que S. M. mandó se le descontasen al dicho Diego Velázquez por la mitad de su alcance en 3o que se Je debía de gastos y recompensa por la Real Hacienda , quedando á cargo de su satisfacción de esta cuenta, como se ve por menor en los recaudos que están dentro de este oficio y pliego. Excmo. Sr. Duque de Montalto. —Juan Baptista del Mazo.—En 11 de Abril de 1666 se dio cuenta á los herederos de Diego de Silva Veláz- quez de cómo habían dado satisfacción deste alcance en la conformidad que se refiere en la copia de la cuenta que se les dio de ello, que queda con estos papeles. El Contralor Juan Lorenzo de Cuéllar. —La Reina Nuestra Señora (Dios la guarde), con su Real Decreto de 17 del corriente, ha servido mandar que los diez y siete mil novecientos y cincuenta y siete reales del alcance de Diego Velázquez, en las cuentas del tiempo que sirvió el oficio de Aposentador, y Juan Baptista del Mazo, su yerno, está pronto 36 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS á pagarlos, se entreguen al maestro de la Cámara, para que con inter- vención de ese oficio se satisfaga con ellos á las personas que los han de haber en la conformidad que S. M. (que Dios tenga en el cielo) lo> tenía resuelto, y pagadas las personas que lo habían de haber efectiva- mente, se dará certificación á Juan Baptista del Mazo de haber cumplido con el alcance, para que quede libre el uso de los bienes que se embar- garon á los herederos de Diego Velázquez por este alcance. Executaráse lo que S. M. ordena. Palacio 19 de Febrero de 1666.—Hay una rúbrica. S. M. (Dios le guarde), sobre consulta del Bureo de 3 de este mes, fue servido de remitir á los herederos de Diego de Silva Velázquez, Aposentador que fue de Palacio, seiscientos y diez mil trescientos y se- senta y cinco mrs., que es la mitad de un cuento, 220.770 mrs. que im- porta todo el alcance que resultó contra él en las cuentas fenecidas tocante al gasto ordinario y esercicio de la furriera que corrían por su cuenta desde i." de Marzo de 1652 hasta fin de Julio de 1660, con cali- dad que estos 610.365 se bajasen á favor de la Real Hacienda de los ga- jes, recompensas y situaciones que se hubiesen quedado á deber por ella al dicho Diego Velázquez; y para en parte desta baja y satisfacción quedan restados en los Rolos de gajes de un oficio donde le estaban librados los que hubo de haber en la plaza de Ayuda de Cámara de Su Majestad en los años 1643, 644, 645 y 646. Ciento 45.600 mrs. que es cuanto se le halla contado, porque desde 647 en adelante cesaron estos gajes respecto el decreto general para que no se gozasen duplicados, y los de aposento no se le contaron á Velázquez respecto la recompensa de los setecientos ducados cada año que gozaba por la recompensa en el Ínter que se le hacía maestro, equivalente con que para el cumpli- miento del descuento de los 610.365 mrs. que se debe hacer por la dicha remisión de la mitad del alcance de sus cuentas ; restan que se han de bajar de lo que se le hubiese quedado á deber de las recompensas que gozaba por las nóminas de la despensa, 464.785 mrs.; y para que esto tenga efecto y se haga con la formalidad y notación que se requiere, conviene al servicio de S. M. y buen cobro de su Real Hacienda que el Sr. Juan Lorenzo de Cuéllar, Secretario del Rey Nuestro Señor, su Con- tralor y teniente de Mayordomo mayor, disponga la baja de la dicha cantidad de la que alcanzare á favor de la Real Hacienda en las dichas nóminas de la que , como queda referido , se le hubiese quedado á deber por sus recompensas al dicho Diego de Silva Velázquez, advirtiendo al pié de este pliego qué cantidad es la que se le hubiese bajado, para que, no alcanzando á la de las dichas 464.785 que falta de descontar, se pase á otros efectos á prevenir lo necesario hasta que quede extinguida la dicha partida y se cumpla con lo resuelto por S. M. Fecho en Madrid á n Marzo 1665 años. — Josef García de Illescas. Restáronsele de la nómina del tercio segundo y último de 1659 de su pensión 123.438 mrs. que no cobró, para que se le pa- gasen en tiempo alguno por habérsele bajado de los 610.385 que S. M. le mandó remitir del alcance de su cuenta. . . 123.438 Restáronsele de su recompensa del tercio último de 1659. . . 49.776 Restáronsele de su pensión del tercio primero del año de 1652. 87.264 Restáronsele de su pensión desde i." de Enero del año pasado de 1660 hasta 6 de Agosto que murió 126.849 DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. Kestáronsele de su recompensa del tercio primero de 1660. . 49.368 Restáronsele de su recompensa desde i." de Mayo de 1660 hasta 6 de Agosto del, de los 39.984 mrs. que importó, los 464.785 Son los 464.785 mrs. que se le restaron y faltaban de rebajar, como se refiere en este pliego rubricado del Contralor Juan Lorenzo de Cué- llar. — Concuerda con el pliego que envió el ürefier á este oficio, que respondido en esta conformidad, se le volvió en Madrid á 18 Manso da 1666 años. — Hay una rúbrica. Pliego de la razón de la certificación que se dio á los herederos de Diego Velázquez, que fue Aposentador de Palacio, en la conformidad que dieron satisfacción del alcance que se le hizo en el fenecimiento de su cuenta del oficio de la furriera. En Madrid á ri de Abril de 1666 se dio certificación por Juan Lo- renzo de Cuéllar, Secretario del Rey Nuestro Señor (que sea en gloria), su Contralor y teniente de Mayordomo mayor, de que habiéndose ajus- tado con los herederos de Diego Velázquez, que fue Aposentador de Palacio, la cuenta en cargo y data tocante al oficio de la furriera y su gasto ordinario y extraordinario y jornadas que corrió por la del dicho Diego Velázquez, desde i.° de Marzo del año de 1652 que juró de Aposentador hasta fin de Julio de 1660 que cesó por su muerte, fue al- canzado el dicho Velázquez, y por él sus bienes y herederos, en el resu- men de su cuenta fina! en 1.220.770 mrs., de los cuales parece que Su Majestad (que esté en el cielo), sobre consulta del Bureo de 3 de Marzo de 1665 fue servido de remitir á los herederos del dicho Diego Veláz- quez los 610.385 mrs. de ellos, que es la mitad del dicho alcance, con calidad que esta mitad se bajase á favor de la Real Hacienda de los gajes, recompensas y situaciones que se le hubiesen dejado á deber por ella al dicho Diego Velázquez, en que se ha prevenido lo necesario , y bajádosele de lo que se debía por dicha razón; y los otros 610.385 ma- ravedises restantes de la otra mitad, cumplimento á todo el dicho al- cance, resolvió S. M. entregasen los dichos herederos al maestro de la Cámara para convertirlos en el pago de los dichos salarios de los ba- rrenderos, viudas y demás interesados á quienes se les quedó á deber esta cantidad. En partida de mayor suma el tiempo que comprende Ja dicha cuenta en cuyo cumplimiento, y de las órdenes que á este fin dio el Excmo. Sr. Duque de Montalto , Mayordomo mayor de la Reina Nuestra Señora, sus fechas á 19 de Febrero y 5 y 6 de Marzo de este año, parece que recibió de D. Agustín Spínola, maestro de la Cámara de S. M., fecho en 8 de este mes de Abril, haberle entregado los here- deros del dicho Diego Velázquez los dichos 610.385 mrs., con declara- ción de ser para la satisfacción del dicho alcance con que quede pagado y extinguido enteramente, conforme á la cual y de lo que contiene la orden del dicho señor Duque referida, su fecha 5 de Marzo de este año, queda libre el uso de los bienes que fueron y quedaron por muerte del dicho Diego Velázquez que estaban embargados por la dependencia de esta cuanta, qus por estar satisfecha s: le pueden entregar á los que los 284. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS han de haber como herederos del dicho Diego Velázquez; y para que conste y les sirva de recado yfiniquitoen forma, di la presente en Ma- drid ei dicho día 11 de Abril de 1666. —Juan Lorenzo de Cuéllar. — Hay una rúbrica. En desagravio y como contraste de esta manera de olvidar los buenos servicios del Aposentador, aparece Felipe IV dadivoso con la familia de su pintor de Cámara concediendo á Juan Bautista del Mazo , en Abril del año de 1661 , sin previa consulta del Bureo , por su orden verbal, la merced de aquel mismo oficio de pintor de Cámara que dejó vacante su suegro; y an- tes de esta fecha, en Octubre del mismo año de la muerte de Velázquez, otorga á su nieto mayor los doce reales diarios que el abuelo gozaba, con- cediendo á este mismo ó á otro de ellos , una colocación en el reino de Ná- poles , como se deduce de los papeles siguientes : A Gaspar Mazo, nieto mayor de Diego Velázquez por la recompensa que su abuelo gozaba de doce reales al día se le han de contar desde 1 j de Octubre del año pasado de 1660 que S. M. le hizo merced hasta fin de Diciembre. He resuelto hacer merced á Juan Bautista del Mazo, ayuda de la fu- rriera, de la plaza de pintor de Cámara, que está baca por fallecimiento de Diego Velázquez su suegro. Tendrán entendido en la Junta de Obras y Bosques y daráse el despacho en la forma y de la manera que se acos- tumbra. (Firma del Rey.) En Madrid á 19 de Abril de 1661.—A Fran- cisco Manzano. El Rey Nuestro Señor, 19 de Abril 1661, que ha hecho merced del oficio de pintor de Cámara á Juan Bautista del Mago. A 5 de Mayo de 1661.—-Cúmplase lo que S. M. manda.—.Yo ha precedido consulta. Señor: Juan Bautista del Mazo, yerno y testamentario de Diego Ve- lázquez, Suplica á V. M. se sirva de mandar que las cuentas de Aposen- tador de Palacio de su suegro se tomen á manera de tanteo para re- conocer su estado y dar forma á la división de la hacienda entre los herederos, por hallarse detenido uno de ellos que va á Ñapóles como es notorio, en que recibiré merced.—Decreto.—Entregúense las cuentas al Contralor, como es costumbre, para que se despache. Varios son los memoriales que demuestran la constante insistencia de Mazo en las oficinas del Bureo para que se deliberase la hacienda embarga- da á su suegro y se recibiese el alcance que contra él pudiera resultar. De ellos conviene conocer aquí tan sólo aquellos en los que se halla , por inci- dencia, escrito algún dato relativo á su familia , tal como el siguiente: Señor: Juan Baptista del Mazo dice que es padre y legítimo admi- nistrador de D. Gaspar, D. ¡íalthasar, D. Melchor y Doña Theresa del Mazo y Velázquez, sus hijos, nietos y herederos de Diego Velázquez, Aposentador que fue de Palacio; y porque por su muerte están embar- DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. 285 gados los vienes metidos en vna bobeda de la Cassa del Thesoro, donde con la vmedad y no manejarse, se está destruyendo todo.— Suplica á V. M. le aga merced de mandar se le entrieguen con quenta y razón, para cuidar dellos, que desde luego se obliga á tenerlos de manifiesto como se le entregaren para que no se acaben de perder, de que se sigue gran pérdida sin que se consiga el seruicio de V. M. en que recluirá singular merced. 6 de Junio de 1662.—En Bureo á 19 de Junio 1662.— No ha lugar. Por este papel se sabe que no contaba Mazo por atiuellos años mas que con cuatro hijos y que había perdido ya quizá otros tantos , á juzgar por el número de ellos que se encuentra en el cuadro que á su familia representa, y del cual ha llegado el momento de tratar con alguna extensión. En la Imperial y Real Galena de pinturas de Viena figura ahora con el número 622 , un cuadro pintado al óleo que mide 1.50 de alto por 1.72 de ancho , y cuya descripción en el Catálogo provisional dice, poco ó más me- nos , lo que sigue : La familia de Velázquez. En una grande estancia está sentada al lado derecho (del espectador) Juana, la mujer de Velázquez, rodeada de hijos y nietos. Viste saya nogue- rada abierta, mostrando otra interior roja, con orla inferior galoneada de plata. Cabello negro liso con trenzas caídas sobre los hombros. Está mirando á un niño (sic) que se ha- lla en pié á su izquierda, vestido de azul y blanco, que apoya las manos en una de su abuela, quien le abraza al mismo tiempo. Otro niño de tres años, también vuelto al es- pectador, se apoya en la rodilla de aquélla y empuña un pajarito: viste jubón abrochado, calzón encarnado, mangas rayadas de blanco y rojo, valona de encaje y espadín. Una niña {sic), con lazos azules en el peinado, y saya noguerada (sic), tiene en la mano iz- quierda un bastón y en la derecha una fruta, y mira á su hermano, que apoya sobre su hombro la mano izquierda. Lleva este otro niño coleto encarnado, recamado y acuchi- llado, puños de encaje, grandes botas, y largo y caído el cabello. Al lado izquierdo está en pié la hija de Velázquez y mujer del pintor Juan Bautista del Mazo, mirando á este niño, sobre cuya cabeza posa la mano izquierda, mientras con la derecha juega con un medallón que lleva al pecho en el vestido, siendo éste gris con mangas acuchilladas y grandes puños de encaje. A su derecha está en pié un niño de ocho años, vestido de negro, cabellos largos y seria expresión. Detrás de él se ven dos caballeros; el uno quizá el yerno de Velázquez. Gran cortinaje verde á la izquierda. En el centro del cuadro, sefiguranotros colgados en las paredes, entre ellos un pai- saje y debajo el retrato de Felipe IV; delante de él una mesa con tapete verde, y encima un busto, dibujos y flores. En el fondo se descubre el obrador del artista, y á éste en pié delante del caballete retratando á una señora. Viste de negro y vuelve la espalda al es- ' pectador. Una criada conduce al más pequeño de los niños, que tiende los brazos á su abuelo. Añádese á esta descripción, para mejor inteligencia del cuadro, su repro- ducción en fototipia, y dejando aparte cuanto el Catálogo relata y respetan- do los errores en que incurre , por falta de datos indudablemente , hay que convenir en que el lienzo puede representar alguno de los aposentos del ANALES DE L \ VIDA Y DE LAS OBRAS DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. cuarto del Príncipe, donde tenía Velázquez su obrador, pero no el mismo que se figura en el cuadro de Las Meninas, como basta para de ello convencerse con el cotejo de ambos lienzos. Tampoco es el mismo obrador que se abrió á los tres días de la muerte de Velázquez para inventariar sus efectos, como lo prueba el no convenir en nada su descripción con el fondo de este cuadro. Así pues, en esta estancia no parece que pintara Velázquez desde 1656, cuando menos. Como este lienzo ofrece, bien estudiado, sobrados datos para conocer con más ó menos aproximación el año en que fue pintado sin nece- sidad de recurrir á su mérito y condiciones meramente artísticas , que por sí solas bastan y sobran para negarle la paternidad que en Viena se le atri- buye , procede examinarlo por partes y detenidamente. El obrador que en él se representa puede ser muy bien el que al mismo Juan Bautista del Mazo se le destinara como pintor que era de Palacio. Doña Juana Pacheco supone el catálogo que es la señora sentada en la parte izquierda del cuadro , y por la edad que representa no puede ser sino Doña Francisca, la hija primera de Velázquez , madre de todos aquellos niños , pues sabido es que Velázquez no tuvo más que dos hijas. Había na- cido esta señora en 1619 y contraído matrimonio á los quince años, esto es, en 1634, y ya en 1658 , cuando su hijo D. Gaspar fue nombrado uxier de Cámara, había (pág. 249} muerto esta hija de Velázquez. Por este he-, cho indudable no puede pasar la fecha de este cuadro del año de 1658. Pero es aún de fecha anterior. Absurdo es suponer que esta señora sea Doña Juana Pacheco y que la joven de la derecha sea Doña Francisca, porque la edad que en este lienzo ambas representan respectivamente no puede corresponder á un mismo tiempo á ninguna de las dos, además de que aquella muchacha, que apenas aparenta diez y seis ó diez y siete años , no puede humanamente ser la madre de aquellos otros seis niños allí presentes. H a y , pues, que convenir en que esta joven no debe ser otra mas que la hija mayor de Mazo y de Francisca, quizá la Doña Teresa que aún vivía en 1662 , cuando su padre confiesa en un documento oficial (pág. 284) que tenía sólo cuatro hijos y eran D. Gaspar, ya uxier de Cámara, D. Baltasar, D. Melchor y Doña Teresa; pero no hay certeza de que sea la misma de este nombre por haber muerto ya en dicho año de 1662 cuatro de los siete nietos de Velázquez figurados en este lienzo. El retrato que se finge en el lienzo que pinta Velázquez, bien claro está que quiere ser ó figurar el de la Reina Doña Mariana, última mujer de Felipe IV, y como á esta Reina no retrató Velázquez por primera vez hasta después de su vuelta de Italia, esto es, en 1651 , claro es que no puede ser de más remota la fecha de este cua- ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS dro. Ahora bien: con este indudable dato puede llegarse á fijar su fecha exacta, si convienen en ella la edad que representan los retratados. Doña Francisca, la esposa de Mazo , debe aparecer con más de treinta y tres á treinta y cuatro años de edad en el cuadro, y, en efecto, no los aparenta, si se tiene en cuenta que casó á los quince años y que contaba siete hijos logra- dos, por lo menos, que son los allí retratados. La hija mayor, suponiéndola nacida al año del matrimonio de sus padres , esto es , en 1635, como repre- senta unos diez y seis ó diez y siete, acusa cabalmente los años de 1651 ó 52. Concuerda esta fecha también con las edades que aparentan todos los demás sus hermanos, pues suponiendo que sea D. Gaspar el niño del extremo izquierdo del lienzo, que tendría unos diez y ocho años en 1658 cuando entró de ugier, esto es, seis ó siete años antes de pintado este lienzo, no debe con- tar en él , y en efecto no, los demuestra , más de once ó doce años, que son los que debía tener hacia el año 1651 ó 52 , cuando justamente pintaba su abuelo el retrato de la Reina Doña Ana. Mazo mismo, suponiendo que sea elfiguradoen el caballero que está detrás de su hija mayor, era de edad en aquel entonces.^próximamente, de treinta y nueve años, que bien los apa- renta en el retrato. Todo , pues, conviene por lo tanto en la misma fecha de 1651 á 1652, que no otra puede ser la de este curiosísimo lienzo. En cuanto á las dos figuras del fondo bien se comprende que quieren representar á Velázquez retratando á la Reina y á su mujer Doña Francisca, que es quien lleva con andadores al más joven de sus nietecitos. Mazo, pues, al pintar este cuadro de familia quiso representar junta la suya propia, esto es, su mujer y sus hijos , y no olvidó de incluir también á sus padres políti- cos , abuelos de aquella prole. Debe también suponerse retrato de su hijo D. Gaspar el primer niño de la derecha, de D. Melchor el del niño en cuya cabeza apoya la mano su hermana mayor , y D. Baltasar el del extremo derecho del lienzo, sin que haya medio alguno de indicar con alguna certeza cuál de las otras niñas sea Doña Teresa. Puede sospecharse que no fuera ésta la mayor, porque si hubiese vivido algún tiempo después de la fecha de este lienzo , es de creer que algo hubiera hecho su abuelo por ella y algún rastro habría quedado de la merced que se la hubiese concedido; además de que , teniendo más edad que sus tres hermanas , cuando Mazo la nombra en el citado documento, parece natural que se cuidara también de mencionarla anteponiéndola á los otros. En resumen , de las deducciones lógicas que se desprenden del conoci- miento , no muy completo en verdad, que se tiene de la familia de Juan Bautista del Mazo , este lienzo fue pintado hacia 1651. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Considerando ahora el cuadro bajo el punto de vista artístico, ofrece mu- cha mayor claridad para ser apreciado exactamente. Salta á la vista que en él no puso mano Velázquez, ni aun siquiera para corregirle ó darle vida con alguna pincelada. Oscura su entonación , mal dispuestos los grupos, duras algunas actitudes de las figuras , no tiene de Velázquez mas que la escuela, el recuerdo, entre sueños, de su estilo, pero nada de su luz, de su vigor, de su perspectiva aérea, de su verdad y de su gallardía y donosura en agrupar figuras y darles vida incomparable. ¿Cómo, por qué evento llegó á Viena este cuadro y allí alcanzó fama de ser original del mismo Velázquez y de representar á su familia ? Quizá en la capital de Austria se pueda saber, pues lo que es por España, aún lo igno- ramos. De todos modos el cuadro es de importancia suma por lo mucho que á Velázquez mismo atañe. La familia de Velázquez en el arte no fue tan numerosa como la natural, y se extinguió muy pronto. Zurbarán y Cano fueron sus amigos, sus com- pañeros, no sus discípulos ni aun secuaces de su estilo. Muriüo mismo, reci- bido por él en la corte, según se presume, como paisano, algún influjo debió sentir al conocer los cuadros de Velázquez, pero dotado este gran artista de originalidad, poco pudo modificar su manera de ser el estilo del Aposen- tador de Palacio. Sintiéronse avasallados, impuestos por la escuela de este pintor, primeramente su hijo político Mazo, que pintando á su lado, ayudán- dole no pocas veces, no podía por menos de seguir las huellas de su maestro, cuyas órdenes habría de obedecer en más de una ocasión al copiar ó repro- ducir retratos hechos por su suegro, de los cuales no pocos pasarán hoy por originales del maestro, aun cuando en muchos de ellos no posara Velázquez sus pinceles. Es tradición, no confirmada por documento alguno en estos Anales, que Juan de Pareja fue criado y hasta esclavo de Velázquez, y que fue tanto el cariño que este fiel servidor le profesó constantemente, que no le abandonó en toda la vida. También añade la conseja que Velázquez le dio libertad y le enseñó su profesión. Lo cierto es que Juan de Pareja es uno de los discípu- los de Velázquez , y si bien son muy contadas sus obras genuinas, una que posee el Museo del Prado, y representa La vocación de San Mateo, ofrece no pocos recuerdos de su amo y maestro, pero no más que recuerdos, porque el realismo que por todas partes domina en este precioso lienzo es algún tanto grosero comparado con el de su amo. Más le imitó otro discípulo llamado José Leonardo , pero sus lienzos, 37 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS menos importantes que este de Pareja, indican menor mérito artístico. Lo mismo puede decirse de Juan de la Corte, cuyas obras son sumamente escasas. El que más trató de apropiarse el estilo de su maestro fue el noble astu- riano D. Juan Carreño de Miranda, que no tuvo más guía ni más anhelo que PAREJA. seguir su escuela , y la siguió en efecto durante la vida de Velázqucz , y como él llegó y obtuvo el mismo cargo y honores en los primeros años del siguiente reinado. Pero las buenas huellas trazadas por Velázquez en cuanto á estudiar el natural y seguirlo , que éstos sus discípulos trataron de imitar , desapareció bien pronto. De un modo ó de otro , según la manera de ser y la conciencia DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. artística de cada uno, no dejaron estos pintores el estudio del natural. Unas veces más definida, otras más velada, la influencia de Velázquez se manifies- ta en casi la totalidad de los artistas de Madrid de los últimos veinte años del reinado de Felipe IV. Como poco después de la muerte de Velázquez aconteció la del Rey, ocuparon en los primeros tiempos del reinado siguiente de Carlos I I , su hijo , los puestos de pintores de Cámara , Mazo y Carreno, sucediéndoles después, cuando era mozo el nuevo monarca, otro seguramente de mayor talento y más inspiración que ellos llamado Claudio Coello , dis- cípulo de éste , último fulgor de la pintura madrileña y el postrero de los artistas de aquel siglo de oro de la pintura española, que merece particular y honrosa mención. Su obra maestra, que cual el canto del cisne presa- gia la muerte del arte nacional, es el hermoso lienzo que preside la sacristía del templo del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, conocido del pueblo con el nombre de El cuadro de la Santa Forma. Estos tres artistas sostuvieron por algunos años las condiciones y tendencias de la llamada escuela madrileña, muy principalmente en los retratos , género en que todos se proponían imitar al gran maestro. Y de aquí tiene origen la general creencia entre gentes apasionadas pero no muy conocedoras de los estilos que presentan las obras de Velázquez, de atribuirle muchos retratos de la época de Felipe IV y aun del reinado siguiente, que estos tres pintores principalmente , y algunos otros también , pintaron imitándole. Poco tiempo le fue dado perseverar al buen Claudio Coello por el buen camino en que gloriosamente marchaba en su cuadro de La Sania Forma, porque otro sendero mucho más fácil y expedito y menos concienzudo y es- tético introdujo en la corte un italiano, adonde fue llamado á fines del siglo en virtud de la exagerada fama de que gozaba en los postreros años del siglo xvti en toda Italia en cuantos procedimientos se usan para pintar. A Madrid vino para llenar de figuras los muchos techos que tendidos de yeso blanco aún había en el templo y escalera del Monasterio del Escorial, y bas- tantes más en las iglesias de la corte y Palacios reales. Lucas Jordán se llamó este pintor, y el vulgo del reino de Ñapóles , su patria, le apellidó Luca fa presto. Tenía este artista, indudablemente, dotes nada comunes, dis- posición extraordinaria para agrupar, inspiración privilegiada y exuberante; pero ya por influencias extrañas ó más aún por inmoderado deseo de lucro, juntamente con su especial manera de ser , Lucas Jordán, si bien es cierto que ha sido más fecundo quizá que el mismo Tintoreto, fue también el pin- tor más amanerado de la decadencia de la pintura italiana. Al llegar este napolitano á Madrid, remunerado con tal largueza que de ella no hubo ejem- ANALES D E LA VIDA Y DE LAS OBRAS pío en todo el siglo y tanta cual no pudo soñar jamás el propio Velázquez, su manera de pintar hízose moda en la corte, y el único pintor que por aquel entonces representaba dignamente la escuela madrileña, que no era otro mas que Claudio Coello, recibió tan duro desengaño, tan terrible golpe al ver la inmerecida fama que el extranjero cobraba por su facilidad de pintar , y al oir de boca del mismo Rey D. Carlos II sus alabanzas y presentárselo por modelo los cortesanos, que dicen sus coetáneos que fue tal el abatimiento que se apoderó de su ánimo, que al poco tiempo perdió la vida. Por ende el influjo que aún pudiera haber existido en la corte de la escuela de Veláz- quez extinguido quedó con la presencia en ella de Jordán. Si como artista fue Velázquez el primero de cuantos nacieron en nuestro patrio suelo, como hombre fue caballero, honrado, hijo sumiso, padre cari- ñoso, amigo leal, y ganoso de hacer el bien á todos cuantos se le acercaron. Los primeros años de su vida corrieron entre el cariño ásus padres y amor al arte, emulando tanto ambos sentimientos en su alma, que por el arte entra en la familia de Pacheco casando con su única hija. Ya en la corte y al calor de la protección del Conde-Duque, á quien debía el escabel de su gloria ar- tística, se arraiga en su corazón la virtud del agradecimiento, y no se extin- gue , como en tantos otros cortesanos aduladores , con la ruidosa caída del aquel poderoso favorito. De carácter retraído , concentra toda su vida en la familia y en el arte, limítase á cumplir honradamente con sus obligaciones de criado del Rey , considerando como la primera el ejercicio de su cargo de pintor de Cámara. Ajeno su corazón á las ambiciones, no abusó de la con- fianza del Rey en las continuas ocasiones que se le presentaban en las horas de expansión que con él tendría Felipe IV, cuando bajaba á su estudio á ha- cerse retratar ó verle pintar. En los treinta y ocho años que pasó al lado del Rey no pretendió mas que ir á Italia, y si logró aumento en sus sueldos ó pen- siones, los consigue como pago material de sus obras, tan mal remuneradas como era consiguiente al estado de constante penuria del tesoro de la Real Casa. Lleno de merecimientos, de servicios y de años , obtiene , cuando ya estaba al borde del sepulcro , el hábito de Santiago, que el Rey le dispensa por emular gloriosas tradiciones de su antecesor Carlos V con Tiziano. Fue, pues, Velázquez de esos hombres que ni en su vida íntima ni en la pública revelan en sus costumbres , en sus hechos y sus dichos al gran artista , sino que antes por el contrario , corren sus años sin luchas , sin combates, sin tribulaciones, mansamente. Al estudiar sus obras, se deduce que debió de ser grandemente aficiona- DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. do á la equitación y verdadera autoridad en ella. Sin ser muy conocedor del noble bruto , no se puede explicar cómo sea posible conseguir la perfec- ción y verdad en los caballos que en tantos aires y actitudes se complació en pintar. Las correcciones que en gran parte de ellos se notan, y muy especia- les en los que repintó de otros autores , prueban también el constante estudio del animal y la perfección en que llegó á conocerle. No debió perder en toda su vida el ceceo natural de su tierra, á juzgar por la ortografía de sus escritos, que copiados quedan , y esto se autoriza además con haberle llamado siempre en la corte el sevillano. Su ilustración no fue notable ciertamente y corrió parejas con su laboriosidad, que tampo- co fue extremada, pero grandes fueron su modestia , honradez y virtudes. Cristiano viejo y religioso sin fanatismo , no cultivó la pintura sagrada, pero en los pocos lienzos que en sus buenos tiempos le mandó pintar su Rey y señor para los altares, domina verdadera veneración religiosa , respeto grande, profundo sentimiento católico, singular esmero y propósito decidido de avivar la devoción de cuantos los contemplen. No de mucha estatura, de airoso continente, espesa, encrespada y abundosa melena, bigote largo y levantado hasta cerca de los ojos , cejas arqueadas y moreno color, ves- tido de negro, con gola blanca, la venera de Santiago al pecho y la espada al cinto , es para el pueblo español el tipo del caballero de la corte de Felipe IV. Nació pintor: la divina Providencia le dotó de los ojos mejor construidos para apreciar el color, la luz y las distancias. Domina por ende en todas sus obras la perspectiva aérea , el ambiente , la luz , el justo valor de todos los tonos, y consigue con el color fijar los términos y distancias tanto y tan bien como las inflexibles reglas de la perspectiva. Bastaría esto solo para que hubiese sido artista eminente. Pero Velázquez hizo mucho más: modela con el color con la misma seguridad y produciendo el mismo efecto que Miguel Ángel consiguió con el barro , y sin embargo, sabe dominarse y tener á raya la energía para no caer en la exageración ó la dureza naturales en quie- nes , arrebatados por la exuberancia de su genio , olvidan la verdad. En la maravillosa cabeza del Esopo , por ejemplo , se ve demostrado este juicio. Sus grandes obras no tienen abolengo , por más que haya tributado admira- ción no escasa á los pintores venecianos, é hijas son de su originalidad, de su espontaneidad, del sentimiento artístico con que le dotó el cielo. El cons- tante estudio del natural le dio el dominio del dibujo, así como su privile- giada vista la apreciación del color, tal y como debe resultar en la obra de 294 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS arte. Su buen gusto ,'elegancia y aristocráticas maneras de presentar acti- tudes , expresiones y grupos, con esbeltez y gracia, domina en todos sus lienzos, revelándose tanto en la gallarda y noble apostura de los retratos de Felipe IV, las Reinas , los Infantes y el Marqués de Espinóla, como en el del no muy esbelto de cuerpo Conde-Duque de Olivares y las serias cari- caturas de Esopo y Menipo y las grotescas personas de enanos y bufones. Todas estas figuras de aquellas sabandijas de Palacio, deformes las unas, groseras las otras, ridiculas todas , brotan de sus pinceles animadas de tal belleza artística que desaparece lo repugnante , lo ordinario , lo feo , y apa- recen animadas, vivas poj el encanto del arte , por la belleza artística que las redime, y, ¡oh maravilla! sin perder la naturalidad, sin dejar de ser ena- nos y bufones, míseras y ridiculas criaturas. Este grandioso modo de inter- pretar lasfigurascaricaturescas, no ha sido concedido sino á Velázquez, que as! sabe vencer la caricatura en la forma como usarla y servirse de ella en el fondo , al pintar al fabulista moral y al burlón descreído. Un contemporáneo suyo, D. Lázaro Díaz del Valle , revela en pocas lí- neas cuánto desagradaba á Velázquez la exagerada afectación , el ridículo amaneramiento que en las bellas artes dominaba en su época, y que él com- batió con el ejemplo y la elegante sencillez de sus retratos todos. Francisco Martínez de Valladolíd, (dice Díaz del Valle), de cuya mano tengo un retrato del tamaño del natural, de un general de la mar.... Este retrato es valiente y fiero y conducido en buen colorido al óleo. Muchos grandes pintores de esta corte le han visto en mi casa, y en voto de todos es famoso, y conociéndolo su artífice, lo firmó. Solamente Diego de Silva Velázquez, pintor de Cámara de S. M., preguntándole yo qué le parecía deste retrato, respondió que era bueno, mas que es- taba en postura de danzante, y dijo muy bien, y habló como artífice tan eminente y de grande ingenio y conocimiento. No es Velázquez el artista de grandes y complicadas concepciones, ni de eruditas empresas, ni de atrevido espíritu, que pretende remontarse á las altas esferas del arte; la modestia de sus costumbres corre parejas con la sencillez de sus obras. Naturalista por excelencia, pinta lo que ve , sabe lo que pinta y cómo debe pintarlo, y no mueven jamás su alma las sangrientas escenas de la tragedia ni lo patético del drama. Sólo se conoce de su mano la figura muerta que representa á Nuestro Señor crucificado en el cuadro de San Plácido. Velázquez es la vida , la luz , la naturaleza misma en toda su lozanía y esplendor. Ni la antigüedad clásica ni el Renacimiento influyen en sus obras: para él no hay más libros , más modelos, más estudios que el na- tural , ni más erudición , ni más historia , ni más horizontes que aquello que DE DIEGO DE SILVA. VELÁZQUEZ. su vista alcanza. De aquí que Velázquez en el arte sea como Cervantes en las letras , eminentemente español; y así como Calderón, Ruíz de Alarcón, Moreto y Rojas en sus comedias dejaron consignadas las costumbres de aquella época caballeresca y galante, Velázquez en sus retratos como en sus cuadros de mayor importancia ha fotografiado aquellas damas y aquellos- caballeros de la corte toda de Felipe IV. Con verdad dicen críticos propios y extraños que Velázquez es el artista más español de todos cuantos ha pro- ducido España hasta el presente. Conocida su vida año por año y las obras cuya fecha puede con alguna certeza fijarse, falta ahora para terminar estos Anales catalogar todas las que se sabe que salieron de sus manos, ya se conserven ó ya se hayan perdido, y aun aquéllas que, con alguna inexactitud, notorio desconocimiento del artista ó pretenciosa ignorancia, se le atribuyen en no pocas colecciones y museos. ! LOS ANALES DE VELÁZQUEZ. CATALOGO de los cuadros originales de YFAAZQVV.Z que aún se conservan y de los que han desaparecido. ASUNTOS RELIGIOSOS. N.° r. La Adoración de los Reyes. p'ntdo,nim. i.os4. 2.03 X 1.25. Pintado en Sevilla en 1619. (Véase este año, pá¡>. 22.) Pe ignora la procedencia de este cuadro. En el primer catálogo del Museo, año 1828, se le registra con el núm. 119: después tuvo el nüm. 167, y ahora el 1.054. Tasado á la muerte de Fernando VII en 30.000 reales vellón. Grabado al agua fuerte para estos Ánnl.-s por el Sr. Maura. N.° 2. La Adoración de los Pastores. 'L9od™%üm.a3i.' 91 X 66 pulgadas inglesas. Guiados por un ángel llegan los pastores D dM " "- al establo donde está el Niño acompañado de María y de José. Cuentan á la Virgen lo que el ángel les ha dicho y depositan sus ofrendas á los pies de Jesús. La luz de la aurora ilumina el cuadro. De la primera época del autor, caso de ser original. Vendido hacia 1832 al Barón Taylor, proceden- te de la colección del' Conde del -Águila, de Sevilla, en 4.800 libras esterli- nas. En la venta de la Galería del Rey Luis Felipe, en 6 de Mayo de 1853. fue adquirido por la National Gallery en 2.050 libras esterlinas. N." 3. La Santa Cena. O r S; bU q»S»™" ei Copia hecha por Velázquez del cuadro de Tintoreto. Alt. tres cuartas; incendio de 173* m e ¿ j a vara. Copiado en Venecia en 1629. (Véase pág, 66.) Consta an en los siguientes inventarios del Alcázar de Madrid.—1666. Pasillo junto al cubo y pieza de la Audiencia. Otro (cuadro) de tres cuartas de alto y media vara de ancho de La Cena de Cristo, de mano de Velázquez. Tasa- do por Juan Bautista del Mazo en 40 ducados. —1686. Igual sitio, é igual en todo lo demás. N.° 4 . La C r u c i f i x i ó n . ^u^ taftaíKE^ Copia hecha por Velázquez del cuadro de Tintoreto. No hay más noti- C¡a ClC dIa <]Ue k 8liminislrada ^HK?'^ P° r Palollli ™> lláS- +35- N." 5. La Túnica de Joseph. Lír°s*a?™<4*' Pintado en Roma en 1G30. (Véase pág. 67.) Descripción del P . Santos, tul!U1 * véase, pág. 217. Colocado primeramente en el Palacio del Buen Retiro y trasladado al Escorial. N.° 6. Nuestro Señor Crucificado. toltií"^" 2.48x1.69. Pintado en 1638. (Véase este ano, pág. 112,) Este cuadro no figura en los primeros catálogos del Museo; en el tercero tiene el núm. 51. Tasado á la muerte de Fernando VII en 100.000 reales. W. Stirling, cuenta que el cuadro permaneció en el Convento de San Plácido hasta que José Bo- naparte y los franceses vinieron á Madrid y lo llevaron á París. El Sr. de Madrazo, con mejores informes, dice: «Habiendo pasado, no sabemos cómo, á ser propiedad de la Condesa de Chinchón , á quien fue devuelto en 1814, sacándolo del secuestro de su marido el Príncipe de la Paz, dicha señora lo colocó en su palacio de Boadilla, donde permaneció algún tiempo deco- rando el altar de su capilla ú oratorio. Luego lo sacó de allí y lo llevó jun- tamente con otros cuadros á París, donde en Agosto de 1826 hizo anunciar su venta. Noticioso de esta resolución el Duque de Villahermosa, emba- 3» ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS CRISTO DE SAN PLÁCIDO. DE DIEGO DE SILVA VELÁJÍQUEZ. jador de España á la sazón en la capital de Francia, dio aviso al Duque de Híjar, Director del Museo, y promovido expediente para la adquisición de tan célebre cuadro con destino á este establecimiento, fue su resultado acce- der la Condesa en 1828 á enajenarlo por la módica cantidad de 30.000 rea- les vellón, después de haber sido tasado en París en 20.000 francos. Pero este trato no se llevó á cabo, porque habiendo fallecido la Condesa, sus he- rederos se negaron á reconocer su validez, y entonces fue cuando el Duque de San Fernando, cunado de la difunta y legatario de la alhaja que quisiese él mismo elegir entre las pocas que constituían su cuerpo de bienes, imagi- nó con loable generosidad dirimir el conflicto escogiendo el Crucifijo de Ve- lázquez para cedérselo al Rey Fernando VII. Existen en el Archivo de la Real Casa todos los comprobantes de la negociación seguida desde el año de 26 hasta el 29, y la minuta del oficio de gracias que se le pasó al Duque de San Fernando por tan noble desprendimiento, con la orden comunicada al Director Duque de Híjar para colocar la insigne joya artística en el Mu- seo. De uno de estos papeles se desprende el hecho de haber estado el lienzo en algún tiempo añadido por la parte inferior para adaptarlo á la dimensión del retablo de Boadilla, en cuya época tenía la cruz al pié la calavera con los huesos y la serpiente, emblemas con que lo describe Stirling, inocente- mente extraviado por alguno que vio el cuadro en el palacio de la Condesa de Chinchón.- Hay una copia antigua de este Crucifijo en la iglesia de las Capuchinas de Madrid. N." 7. La Coronación de la Virgen. )Í¡l%TT.^tA 1.76X1.34. Pintado hacia 1651 (Véase este año, pág. 177) para el ora- torio de la Reina Doña Mariana en el Alcázar de Madrid. Salvado del incendio de 1734, y señalado con el núm. 912, y atribuido entonces ai racio- nero Cuito por todos los pintores que hicieron el reconocimiento de las pintu- ras. La llevaron en depósito al convento de San Gil el Real (que no existe), próximo á Palacio. Al ocupar el Real Palacio actual, se colocó en el ora- torio del Príncipe , desde donde fue al Museo. Tasado á la muerte de Fer- nando VII en 80.000 reales. N.° 8. San Pablo y San Antonio. 1 ídV^'úíí.T^ 2.57 x i-88. Pintado para la ermita de San Pablo en el Buen Retiro hacia el ano 1658. (Véase este año, pág. 232.) Al ocupar el nuevo Real Palacio se colocó en el cuarto del Infante D. Javier. Fue tasado por muerte de Car- los III en 300 doblones, y por la de Fernando VII en 40.000 reales. K.n g. El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. b d i t 'i m i» G*ff¿i (k María Santísima teniendo al,recién nacido en unos pañales, reclinado '""teM'iT?' Jull ° e n l i n pesebre: San José, el buey y la muía; tres pastores y dos pastoras gnoríuipirudero. ofreciéndole sus dones. Dos varas y tercia de ancho y algo menos de alto, con marco pintado y dorado: tasada en 4.600 reales vellón. Véase el si- guiente cuadro. N,n 10. Santa Inés. t ™d En el de 1772: «Paso de tribuna y trascuarto, núm. 57. Una pintura d e la DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. fábula de Argos y Mercurio de tres varas de largo y una y media de caída, original de Velázquez. Nota: en los inventarios antiguos se hallará de MENIPO (N.D 32.) menos caída poique está añadido el lienzo.» Tasado á la muerte de Fernan- do VII en 30.000 reales. El grabado al agua fuerte que acompaña, hecho ANALES DE LA VIDA Y DE L.\S OBRAS por el Sr. D. José Vallejo, figura el cuadro tal y como fue pintado por Velázquez, no reproduciendo lo añadido en la parte superior cuando se colocó en el Palacio nuevo. N.°34. Apolo desollando á un Sátiro. < ne1 dio d" i 73i' ' ' Compañero del anterior. Como se ve en el reconocimiento de 1731, no aparece salvado y sí su compañero. (Véase pág. 193.) N." 35. Psiquis y Cupido. N." 36. Venu3 y Adonis. dio it 'jil?' La primera noticia de este cuadro y su compañero el anterior se halla en el Inventario de 1686. «Salón de los Espejos: otros dos cuadros iguales Psiquis y Cupido, originales de Velázquez." Y como no figuran entre los sal- vados del incendio, es de creer que perecieron en él. N.° 37. Asunto mitológico. ¿debidamente atri- Pintado después de 1652. «Un grupo de personajes de la corte de Feli- pe IV vestidos con ropajes mitológicos, viéndose en él la segunda esposa de aquel Rey disfrazado de Diana. Se cree que este cuadro, que recuerda el estilo de.Rubens, fue pintado por Velázquez para el Palacio de la Torre de la Parada». Adquirido fue este lienzo por el malogrado Jiilius Hubner. director de la Galería de Dresde, muerto en 1882, quien. si bien era un buen pintor de la essuela de Duseldorf, no fue gran conocedor de las escuelas extranjeras. Así es que este lienzo no tiene rasgo alguno caracte- rístico de Velazquez. N.°3S. Venus reclinada. rii en Rnkfb.. jo*- Pintada hacia 165+. (Véase pág. 191.) Tina vara próximamente, una y .8hírC. Inglaterra. ^ ^ ^ ^ . ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ £ n u n lech( , d e fina p u r p l i r a : á sus pies un cupido (?) arrodillado sostiene un espejo de mármol de ébano, en cuya luna se refleja el gracioso semblante de la madre, que por esta in- geniosa combinación se muestra así de frente como de perfil. Pero el casto y severo pintor coloca el espejo de modo que solo se ve en él el rostro, y la diosa, dándonos la espalda, nos oculta el seno. Detrás del grupo un cortina- je carmes! esmalta ricamente el fondo y lo limita. Las dimensiones que le supone Mr. Bürger le dan media vara más de largo que el Psiqrtis y CupiJo. N.°39. Rolando ú Orlando muerto. a l na G.'í(ry. " Atribuido á Velázquez en la venta de Galería Pourtales, donde alcanzo Aparto. el prec-o de^ o o o f r a n c o s _ D e s c r i t o e n Ln GimUe dcs BaHX Arts del m e s d e Febrero de 1865. «Au foud d'une grotte envahie par l'ombre et sous le rayón voile d'une lampe suspendue au rocher, un cadavre ut etendu par terre. C est celui d ' u n beau jeune homme qui. la tete nue, la main placeé sur la garde de son epí désormois ínutü, dort son dernier sommeil dans sa cuirasse d'acier noirci Nulle blessure apparente ne racconte sa tragique aventure. Des assassins l'ont-ils jeté dans cette caverne, ou des ossements humains jouchent le sol?...» En ninguno de los inventarios de los palacios de Madrid y sitios reales de las casas de Austria y Borbón se registra seme- jante cuadro de Velázquez, que por lo menos es de más que dudosa origi- nalidad. N.°4o. Pastorea coronados llevando un toro. in=i en la Galería de DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. N.°4i. Las Lanzas. Í»d", ñúm! i.»so? 3.07 x 3-67- Pintado hacia el año 1639 (Véase pág. 116) para el Salón de Comedias del lima Retiro, donde estaba señalado con el núm. 244. En 1772 fue trasladado á la antecámara de la señora Infanta del Palacio nuevo. Tasado á la muerte de Fernando Vil en dos millones de reales. N.°42. Las Hilanderas. íadn^numirSíf.01 2 2 - ° * 2 - 8 9- Pintado hacia 1655. (Véase pág. 195.) Colocado en el Buen Retiro con el núm. 982. Pasa en 1772 al Palacio nuevo, á la pieza del paso de tribuna y trascuartos. Tasado a l a muerte de Fernando VII en 120 escudos. N.° 43. Las Meninas. ííd^iim'Tesí' 1 3.18 X 2.76. Pintado en 1657. (Véase pág. 225.) Retrato de la Infanta Doña Margarita. Cuadro llamado entonces de La Familia. Inventario de 1666. Pieza donde S. M. tenía el despacho: una pintura de cuatro varas y media de alto y tres y media de ancho, con su marco de talla dorado, retrato de la señora Emperatriz con sus damas y una enana, de mano de D. Diego Velázquez, tasada por Juan Bautista del Mazo en mil quinientos escudos. Inventario de 1686. Planta baja de la pieza de verano, en cuyo techo está pintado Apolo. Una pintura de cuatro varas y media de alto y tres y medía de ancho, retrato de la señora Emperatriz, Infanta de E s - paña, con sus damas y criados y una enana, original de mano de Diego Velázquez, pintor de Cámara y Aposentador de Palacio, donde se retrató á sí mismo. Tasado por Arredondo en ro.000 ducados (110.000 reales). In- ventario de 1734 de las pinturas libradas del incendio. Núm. 212: Otro cuadro sin marco y con bastidor de cuatro varas y media de alto y tres y medía de ancho de la familia del Sr. D. Felipe IV, original de Velázquez. Se halla en las bóvedas de Tiziano. Inventario de 1735 de las pinturas libertadas del incendio y llevadas á las casas arzobispales, tasadas por don Juan de Miranda y D. Andrés de la Calleja. Núm. 4. Otra pintura del retrato de la Infanta Doña María Teresa, Reina de Francia, (sic) retratán- dola D. Diego Velázquez, compuesto nuevamente, de cuatro varas y media de caída y tres y media de ancho, de mano de D. Diego Velázquez; tasada en '25.0.00 reales, Según el inventario de 1772, se trasladó con el núm. 4, é igualmente descrito, al Palacio nuevo, paso de la tribuna y trascuartos. Como aquí se indica, fue restaurado ó compuesto después del incendio. N.°44, Boceto de las Meninas. N.°45. La familia de Juan Bautista del Mazo. de^™"'^ Alt. 1.50 x I-/2. Pintado en 1652. (Veáse este año, pag. 285.) RETRATOS E C U E S T R E S , DE CUERPO E N T E R O Y BUSTOS. N.n 46, Retrato de Felipe IV á caballo. p álúí> " - Pintado en 1625. (Véase este año, pág. 37.) No hay más rastro de este primer retrato ecuestre que hizo Velázquez de Felipe IV, que el hallarse re- gistrado en el inventario de 1686 *en el cuarto de la Casa del Tesoro, donde avita el Aposentador de Palacio: un retrato del Rey nuestro señor D. Felipe IV siendo mozo, armado y á caballo, al natural, con bastón en la mano derecha, original de Diego Velázquez, pintor de Cámara y Aposentador de Palacio, en un lienzo de cinco varas de alto y tres y media de ancho, poco más ó menos, sin marco». Es de sospechar que, no satisfecho Velázquez con este retrato hecho en sus juveniles años, lo retirara á su casa, sustituyéndole en el Palacio del Buen Retiro con el que pintó posteriormente á su primer via- 39 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS je á Italia. Nótese que este retrato tenia una vara más de alto que el otn núm. 1.066 del Museo del Prado. N.° 47. Retrato ecuestre de Felipe IV. *a¿Ídóu"L'To66Cl 01x 3- 3 ' ' 4 - Pintado en 1633 para el Salón Dorado del Buen Retiro (Véase aquel año, págs. 79 y 85.) E n 1772 se colocó en el Palacio nuevo, pasi de tribuna y trascuartos. E n el R e t k o tenía el núm. 24.8. Tasado á la muer te de Eernando VII en go.000 reales. FELIPE IV. (N/47.) N.°48. Felipe IV á caballo. "KULOÍIB."»^ Copia del anterior. 1.26 x 0.91. Pintado en 1633 para modelo de la es- araíto™dl*]¿¿tff* tatúa de la Plaza de Oriente. (Véase aquel ano, pág. 79.) N.°4g. Retrato ecuestre de la Reina Doña Isabel de Borbón, pri- d 'rídofiím.Toír mera mujer de Felipe IV. Pintado en 1635. (Véase aquel año, pág. 87.) Compañero del núm. 47, á quien siguió siempre. Tenia en el Buen Retiro el núm. 248. Tasado á la muerte de Fernando VII en 70.000 reales. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. DOÑA ISABEL DE BORBÓN. (N.B 49.) N." 50. Retrato ecuestre de Felipe III. 3.00 X 3.14. Repintado y corregido en 1635 para el Buen Retiro. (Véase aquel año, pág. 88.) Inventario de 1772. Paso de tribuna y trascuartos del Palacio nuevo, núms. 240 y 241 del Retiro. Dos retratos del Sr. D. Feli- pe III y la Reina Margarita á caballo, de cuatro varas en cuadro, originales de Velázquoz. Tasado ala muerte de Fernando VII en 90.000 reales. Retrato ecuestre de la Reina Doña Margarita, mujer de Felipe III. 2.97 x 3.09. (Véase el anterior.) Tasado á la muerte de Fumando VII en 70.000 reales. Retrato ecuestre del Príncipe D. Baltasar Carlos. 2.09 x 1.73. Pintado en 1636, para el Palacio del Buen Retiro. (Véase este año, pág. 92.) Según Palomino, figuraba en su tiempo en el Salón Dora- do de aquel Palacio, sobre el retrato también ecuestre de la Reina su ma- dre. En 1772 se llevó al Palacio nuevo y se colocó en el paso del cuarto del Infante D. Luis. Tasado á la muerte de Fernando VII en 50.002 reales. Mu- chas son las copias de este cuadro que andan en Museos y Galerías, y no pocas con pretensiones de pasar por reproducción de Velázquez. El Príncipe D. Baltasar aprendiendo á montar. Marqut» Pintado en 1636. (Véase este año , pág. 93.) Dudo que sea el original, aun cuando no le he visto. N.1 Retrato del Príncipe D. Baltasar Atribuida á caballo en el juego de pelota de Palacio. Fondo, un triste muro sin Heríord!" "sE ningún carácter: en diversos planos muchas figuras, apenas bosquejadas, según W. Bürger. Supónese boceto del anterior, pues éste no mide mas que cuatro pi£s de alto y dos y medio de ancha. ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. K.°55- Retrato ecuestre del Príncipe D. Baltasar Carlos. taje, ním, 416. Escue- la di Veláiqueznegim aquel Catalogo. N.° 56. Retrato ecuestre del Príncipe D. Baltasar. íntrÍaUG1ni«TrIdeqsB' 1 . 2 7 x 0 . 9 7 . Pretendida reducción del cuadro señalado con el n ú m . i.o6S 867 '^DüdosV " del Museo del P r a d o . Se vendió en 14,700 francos. N.°57. El Conde-Duque de Olivares á caballo. 1 "líído'fiiíí.Toes? 3-t3 X 2.39. Pintado hacia el año de 1639. (Véase aquel año, pág. n g . ) A mediados del pasado siglo era esta obra maestra de la propiedad del Marqués de la Ensenada, que Jo ostentaba en el salón grande de su casa de la calle del Barquillo, desde donde en 1754 pasó á ser propiedad de la Corona, con otros muchos cuadros más. En 1772 se colgó en el nuevo Palacio en el paso de tribuna y trascuarto. Tasado á la muerte de Fernan- do VII en 80.000 reales. N.°58. Retrato del Conde-Duque á caballo. en 1 <¡a!c.-¡a dd »c- » i pié 5 pulgadas X i pié 3 pulgadas. Pretendido boceto del cuadro- -N." 59. Un caballo castaño. F Alin " - 4 varas x 4 varas. Inventario de 1686. «Piezas colgadas en los tránsitos frente del Consejo de Hacienda. Cuatro cuadros de tres varas y media casi en cuadro de cuairo caballos pintados al natural; los dos originales de mano de Velázquez, que son un bayo y un castaño; los otros dos de mano de José Ribera. Tasados á 20 ducados.. N."6o. Un caballo bayo. PerildD> 4 varas x 4 varas. (Véase el anterior.) N."6i. Un hombre á caballo. Pc ildn '' ' 4 varas x 3 varas. Inventario de 1686. «Pieza que cae sobre la botica. Tres cuadros iguales de á cuatro varas de alto y tres de ancho, pintados tres caballos, y en los dos dibujados dos caballeros por acabar, y son originales de mano de Diego Velázquez, y el otro de D. Juan de Austria de mano de José Ribera. Reconocimiento de las pinturas salvada!, del incendio del Alcázar de 1734. Otro sin bastidor de cuatro varas de un picador á cahallo. Copia de Velázquez.» N."&2. U n caballo. ^'•^ 4 varas x 3 varas. (Véase el anterior.) N.°63. Felipe IV á caballo. N."G4. Retrato de Felipe IV. C •™io| n?m."o7o. 2.oi x i-02. P i n t a d o en 1623. (Véase aquel año, pág. 3 2 . ) Como l a s descripciones de ios cuadros en los inventarios de Palacio de todas l a s épocas no detallan lo bastante en los retratos de este R e y , no es fácil i n d i - car cuándo aluden á este r e t r a t o . Inventario de 1772. Colocado en el P a l a - cio n u e v o , cuarto del Infante D . Xavier. F e l i p e IV mozo, de dos tercias y media de alto y una y media de a n c h o , de Velázquez. T a s a d o á la m u e r t e de F e r n a n d o VII en 25.000 reales. o ANALES DE L.\ VIDA Y DE LAS OBRAS N.°65. Felipe IV. la üiicrííde'sjia- 0.20 X 0.14. Pretendido boceto del anterior. Dice el catálogo: «En p i é ""mm'w.7" N"~ Felipe IV tiene en la mano izquierda el sombrero y en la derecha un papel. Dudo.0, Vestido de negro con el collar del toisón. Cortina rojiza. Este retrato es el primer pensamiento del gran pintor de Madrid. • ved««, nám. eíi. t,26 x 0.84. Pintado en 1632. (Pág. 75.) Tamaño natural hasta las ro- dillas; representa de 26 á 27 años. Está de pié, escorzado, al lado derecho mirando al espectador. En la diestra tiene un memorial, y la izquierda, cal- zada con guante, se apoya en la guarnición de la espada, empuñando el guante derecho. Traje negro con gola y puños blancos. Las mangas, ajusta- das, son grises, con bordados negros; ferreruelo negro, de una fila con boto- nes, el toisón al cuello, pendiente de negro listón que baja hasta la cintura. Fondo, un balcón y gran cortina carmes!. N.°67- L Felipe IV en traje de caza. 'vttáo. ¿ara. 1.074- 1.91 X 1.26. Pintado en 1635 para la Torre de la Parada. (Véase este año, pág. 91.) No consta en el inventario de 1666. Inventario de 1686. Pieza de la Torre que cae al Parque del Alcázar de Madrid. Dos retratos del Rey nuestro señor D. Felipe IV y el señor Cardenal Infante con trajes de caza, con escopetas y perros, de á dos varas y media de alto y una de ancho, marcos negros, de mano de Velázquez. Inventario de 1700. Torre de la Parada. Pieza tercera, con ios números 31, 32 y 35. Tres retratos de perso- nas reales: la una del señor D. Felipe IV, el Infante Cardenal y el Principe D. Baltasar. No se tasan por ser personas reales. Inventario de 1772. Cuarto del Infante D. Xavier. De la Torre de la Parada, núm. 1.009, Felipe IV de caza. No constan en el inventario de 1734, hecho después del incendio del Palacio. Tasado á la muerte de Fernando VII en 40.000 reales. N."68. Felipe IV en traje de caza. cn^MfJ'/tóTc," Copia antigua del anterior, como tantas otras que andan por los princi- ™ ÍSOI^TE" d " pales museos y galerías particulares. N.n6o.. Retrato de Felipe IV. íi^d* sai! p'™¿- 2.oi X 1.20. El Rey está de pié en un aposento con balcón, vestido burgo, nurn. +tg. ^ negro, con el toisón pendiente de cinta negra; tiene en la mano derecha una carta y la izquierda sobre la guarnición de la espada. Cerca de él una mesa cubierta de terciopelo rojo: á la izquierda una cortina del mismo color. El Emperador Nicolás lo adquirió en 38.815 florines (310.520 reales vellón) en la venta de la Galería de Guillermo II, Rey de Holanda. N.°7o. Felipe IV orando. pL«íd*ñíimUi!o8i." 2.00 X 1.47. Pintado para el Monasterio del Escorial hacia el año 1651. (Véase pág. 179.) Compañero que representa á su segunda mujer la Reina Doña Mariana. Ambos retratos estuvieron colocados en el Escorial hasta que en uno de los arreglos del Museo del Prado se sacaron de aquel Real Sitio para colocarlos donde ahora están. De lo más débil d e Velázquez y parece que acusan su último estilo. N.°7i. Felipe IV con armadura. Praüin'úm.ToV" 2.31 x 1.31. Pintado hacia 1656. No hay dato de este retrato en los inventarios de Palacio, pero quizá aluda á. él algunos de los retratos de personas reales que con frecuencia juntos registran. Tasado á la muerte de Fernando VII en 5.000 reales! DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. FELIPE IV. (N.° 71.) Felipe IV en traje militar. 1.36 X 0.39. De pié, vuelto á la izquierda, de tres cuartos de perfil, hasta las rodillas, Felipe IV tiene en la mano izquierda el sombrero de anchas alas y el bastón de mano en la derecha. Ricamente vestido, lleva sobre el coleto de búfalo un gabán de paño color de rosa, bordado, y mangas blancas, puños de encaje, calzón de satén blanco guarnecido de encajes que caen sobre las botas. Rica bandolera sostiene la espada. La cabeza brillantemente ilumi- nada.... En el fondo una cortina gris. Procede de la Galería de D. Sebas- tián Martínez, de Cádiz. Vendido en París en 71.000 francos. Esta descrip- ción recuerda el traje que vestía en el ejército de Cataluña en 1644. (Véase este año, pág. 144.) (1) Busto de Felipe IV. Primer retrato del Rey que hizo Velázquez. 0.57 X 044. Pinta. ,1623. (Véase este año, pág. 33.) ANALES DE LA VIDA Y D E LAS OBRAS Busto de Felipe IV, viejo. 0.69 X 0.56. Pintado en 1659. Con gola y traje negro. Quizá el 1 retrato que hizo Velázquez de S. M. de cuantos se conocen. BUSTO DK FELIPE IV. (N.n 73.) N.° 75. Busto de Felipe IV. UGiitriadf siia- 0.59 X 0.46. Busto ovalado; traje negro bordado de plata con el toisón. •"DIÍ.^7" E e la colección Pourtales. Vendido en París en 5.300 francos. N-" 76¿ Busto de Felipe IV, viejo. p v"ciuí nfim.Vií* 0.49 x o.37. Busto del tamaño natural pintado hacia el año 1647. (Véase pág, 156.) Busto del tamaño natural. Escoriado al lado izquierdo, mirando al espectador. Traje negro, con gola y cadena de oro al cuello. El jubón con Dotones de plata. Es uno de los más hermosos bustos que pintó Velázquez. Pintado cuando se concertaba el matrimonio del Rey con Doña Mariana. DE DIEGO DE SILVA VELÍZQUEZ. N.° 77. Busto de Felipe IV. o ín'u""^^^^" -*>7 x °-53- ^int^lo hacia 1648. Representa cerca de cuarenta años. t*S™r"¿e nüm" z ~ Ó Traje negro, gola y el toisón pendiente de una cadena. N.°78, Busto de Felipe IV. ín'uGÍfeíiídí&3Í 1 pié 5 pulgadas X 1 pié 3 pulgadas. Procedente de la Galería de la m *D¡(íoiof4í' Duquesa de San Fernando, de quien lo adquirió Salamanca en 40.000 N.° 79. La Reina Doña Mariana. T a "vEk'ZÍü?.'" * 7 x °-98- P i n t a d ü hacia 1651. (Véase pág. 180.) En los antiguos catálogos de la Galería de Belvedere y aun en el nuevo, se supone ser este lienzo retrato de la Infanta Doña María Teresa, siéndolo á todas luces de la segunda mujer de Felipe IV. Está la Reina representada de pié, de tamaño natural, hasta las rodillas, escorzada al lado izquierdo y mirando al espec- tador. Peinada con desmesuradas cocas y lazos rojos y blancos, lleva cu- bierto el cuello y pecho con riquísimos encajes y un medallón con sartas de perlas. El cuerpo del vestido, muy ceñido, es blanco, bordado de plata y penden del lado derecho de la cintura dos relojes. N.° 80. La Reina Doña Mariana. G ™Ü.SÜíd" 1.30 X 1.00. Tamaño natural y cuerpo entero hasta las rodillas. I-a Reina está de pié, de- tres cuartas de perfil del lado izquierdo, dirigiendo al espectador sus ojos azules. Grandes cocas entrelazadas con cintas blancas, perlas y plumas á los lados del rostro; rica berta blanca adornada con sartas de perlas y joyas la cubre hasta la cintura. El vestido es de color de rosa con galones de plata. La mano izquierda caída naturalmente y con ricas sortijas sostiene el pañuelo, y la derecha empuña un abanico de nácar y se apoya sobre el respaldo del sillón, sobre el cual se ve un mono pe- qiieñito, cortado por el marco del cuadro. Las mangas del cuerpo son estrechas con puños de encaje negro. Fondo: á la izquierda un jardín y á la derecha cortina carmesí. N.°8i. La Reina Doña Mariana orando. 1 "Vr^núm.ToBÍ" Compañero del núm. 69. (Véase la pág. 179.) N.° 82. La Reina Doña Mariana. M prl¡idñi!^T^ 2 -39 x I - 3 1 ' P i t i d o hacia 1656. Éste es el mayor de los dos que hay casi iguales y el de más pequeña cortina: es compañero del de Felipe IV núm. 1.077, y el de más edad. N.°8j. La Reina Doña Mariana. "pradodníimUi'!o7Skl 2-O 9 x I < 2 5* M u y semejante al a n t e r i o r , pero más j o v e n , pintado hacia 1652. Inventario de 1734 , después del incendio, registra uno d e estos dos cuadros, suponiéndole retrato de Doña Isabel, la primera mujer de Felipe IV, y lo tasa en 1.500 reales. N.°84. La Reina Doña Isabel. riiíderBe*v7d*«mn£ ' - 3 o x z-°°- C u e r P ° entero hasta las rodillas. Pintado en 1632 ó 1634. m=ro 6i¡. ' E n p i é , con la mano derecha sobre el respaldo de un sillón, vestida de verde oscuro bordado de plata, cuerpo ajustado con botones también de plata, mangas anchas en el hombro y estrechas en los puños. D e tres cuar- tas de perfil, mirando á la izquierda. Pelo castaño rizado; adorno de cabeza pequeño y poco visible rodea el rostro; gola de encaje y collar d e perlas d e tres vueltas al cuello. L a mano izquierda con sortijas en los dedos, caída naturalmente, empuña u n abanico que está cerrado; l a derecha, con u n ANALES D E LA VIDA Y D E LAS OBRAS anillo en el dedo pulgar, descansa sobre el respaldo de un illón. Pulsera de perlas de dos hilos se ven bajo los puños de encaje Illa co. Fondo lis Retrato de Doña Isabel de Borbón. 2 pies 8 pulgadas X 2.02. Adquirido eu 3.001 ;ales. El pre mucho la originalidad. Retrato de Dofla Isabel de Borbón. iptón Cour, nü- Dudow.' Retrato de la mujer de Felipe IV. 0.20 x 0.14, No dice el catálogo de cuál de las dos mujeres se; colige que alude á Doña Mariana. Se vendió en 1.450 francos. Dudoso. N.°88. Retrato en miniatura de la Reina Doña Mariana. Dice Palomino, pág. 349, «que Velázque^ retrató á S. M. en u: de plata redonda del diámetro de un real de á ocho segoviano«. La Infenta Doña María Teresa. De pié, con la mano izquierda sobre una perrita faldera que itá echa- da sobre un sillón. Ni es Doña MMaría Teresa, ni hay pincelada de Velázquez ih i en este retrato. De la misma edad que en éste se representa á la misma Infanta en el del Museo del Prado, núm. 1.088, y por la comparación resul- ta lo apócrifo de su autenticidad. Retrato del Príncipe D. Baltasar en trajo de caza. 1.91 X 1.03. Pintado en 1635 para la Torre de la Parada. (Véase este año, pág. 91.) Tasado á la muerte de Fernando VII en 35.000 reales. El Principe D. Baltasar Carlos. 1.28 X 1,00. Pintado hacia 1641. (V. p. 130.) De tamaño natural y cuerpo entero, de pié, de frente, con la cabeza descubierta, la mano derecha sobre el respaldo de un sillón y la izquierda sobre el pomo de la espada; viste rico traje de terciopelo negro bordado de plata, medias de color gris y zapatos negros. El sombrero negro de anchas alas se ve sobre lina mesa cubierta de terciopelo rojo. Una cortina del mismo color cae sobre el sillón. i d r i d . Musco A Retrato del Príncipe D. Baltasar. rudo, ntim. 1.083. 2.oo X 1.41. Pintado en 1646 (Véase este año, pág. 153) para el Buen Retiro, y trasladado al Alcázar después de la muerte de Felipe IV. En el reconocimiento de las pinturas salvadas del incendio del Alcázar en 1734 figura este retrato con el núm, 50. En el Palacio actual fue colocado en 1772 en la antecámara del difunto Infante D. Antonio. Se nota en el lienzo esta leyenda: F.tat. site XVI. Tasado á la muerte de Fernando VII en 25.000 reales. Retrato del Príncipe D. Baltasar en traje de corte y con P«do, üüm. 1.11 escopeta. 1.58 X 1.13. Pintado hacia 1637. Copia ó imitación de Velázquez. Según dice el catálogo del Museo, es muy dudosa su originalidad. N.-94. Retrato de CarlOB Baltasar ribuido! Vlí (sic) hijo de Felipe IV, Rey de España, á la edad de once años (1640). Retrato del Príncipe D. Baltasar. 7 pies 1 pul. x 6 pies 1 pul. Adquirido en 80.000 reales de la Galería del Duque de San Fernando. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. N.°o,6. Retrato del Principe D. Baltasar. ""•GmiwiideLMK-- Tamaño n a t u r a l , de pié , vestido de seda gris plateada (i). N.D 97. Retrato de la Infanta de España, Reina de Hungría y E m - Vrad^n^í^ 1 peratriz de Alemania. 0.58 x 0-44. Pintado en 1630. (Véase este año, pág. 70.) Este retrato estarla comprendido en el grupo de retratos de personas reales que regis- tran los inventarios sin indicar los personajes representados en ellos. N.°98. Retrato de la Infanta Doña Margarita (busto). ^dd^ifBÜw'infaí- Retrato que admiré muchas veces en ia Galería de S. A. Ignoro dónde t.D.s.bMtU». se halle. N.° 99. La Infanta Doña Margarita, hija de Felipe IV. 'íM'.Vm.^'Wt- 1.05x0.87. Pintado hacia 1655. (Véase pág. 200.) Representa unos cua- :den 'de Pragí"""0 t r 0 anos - e s t á de pié, escorzada al lado izquierdo. Viste de blanco con lazos rojos y lleva prendido al pecho un gran joyel. Descansa la mano derecha, que empuña el abanico, sobre el guarda-infante. No se diferencia del re- trato de la misma Infanta del cuadro de Las Meninas mas que en estar escorzado al lado contrario. N.° 100. La Infanta Doña. Margarita, hija de Felipe IV. vicna,n™m. n 6 1 jD de i.3i X 1.07. Pintado hacia 1659. De tamaño natural y cuerpo entero, está de pié, escorzada al lado izquierdo. El peinado sujeto con lazos azu- les, y el traje es de color verde aceituna ccn lazos grises. Ancho collar al pecho, gargantilla y medallón de oro sujeto con lazos verdes. En la mano . derecha, que calza guante, tiene el de la otra. En una mesa que hay en el fondo se ve un reloj de caja de ébano y adornos de bronce. La figura desla- ca sobre cortina carmesí. N.°ioi. El Príncipe D. Felipe Próspero. 1 v'ínViXÍ'eíi! * 1.28 X 0.99. Pintado en 1659. (Véase pág. 250.) Niño de unos dos años está de pié. N.°io2. La Infanta Doña María Teresa. c de v¡™.,nZ 71'J 1.28 x 1.05. Pintado hacia 1642. (Véase pág. 133.) Apenas représenla unos cuatro años. De cuerpo entero y tamaño natural, viste color rosa con lazos y bordados de plata, y ancha berta y puños de encaje. Cadenas y collares de oro al cuello y al pecho. En la mano izquierda sostiene un aba- nico y la derecha apoya sobre una mesita cubierta con tapete turquesco, y encima un florero de vidrio con rosas. N.n 103. La Infanta Doña María Teresa. vZZ'ni^tre^ 1.21 X 0.95. Pintado hacia 1651. Doña María Teresa, de tamaño natu- ral hasta las rodillas; representa unos doce años. Está escorzada á la iz- quierda, mira al espectador, viste traje de color rosa adornado con anchos galones de hilo de plata, y lazos de cintas de seda roja. El cabello rubio, partido por el lado izquierdo, vuelve formando onda sobre la frente al lado derecho y cae suelto por ambos lados del rostro, ostentando lazos rojos para sujetarle. Collar de oro al cuello y cadena al pecho brillan juntamen- te con un joyel que figura el águila imperial. Cubren los dedos índice y pequeño de sus manos algunos ricos anillos; y los brazos caen natural- mente sobre el guarda-infante, teniendo en la mano derecha un pañuelo de encaje y en la otra un ramo de flores. Cortina color rojo cae sobre el 3.6 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS INFANTE DON CARLOS. (N.° 108.) respaldo de un sillón, colocado al lado izquierdo. Este retrato es repeti- ción ú original del núm. 1.034 del Muceo del Prado, njm. 90 de este DE DIEGO DE SILVA VEUZQUEZ. N.° 104. Retrato de la Infanta Doña María Teresa, que füé Reina de "r',í¡"iZ'T.»Í:' Francia. 2.12 X 1.47. Pintado en 1651. En el reconocimiento de 1734 resulta salvado del incendio con el nüm. 49 y llevado á la Armería. En el in- ventario de 1772 figura en el Palacio nuevo, paso del cuarto del Infante D. Luis. N.° 105. L' Infante Marguerite. 0 ín'"i"í<" MO ds^Lo" E n la p a r t e superior lleva aquel n o m b r e . R e p r e s e n t a u n o s seis años de ^Vud^o" 5 ' edad y debió de ser p i n t a d o este r e t r a t o en 1657. De medio c u e r p o y t a m a - ño n a t u r a l . N.° 106. Retrato de Doña Margarita María de Austria. noVeíoB"dOiBSIiVv^nB? Dice Palomino, pág. 349, t. II: «Otro retrato de la Serenísima Infanta Doña Margarita María de Austria, muy excelentemente pintado y con aque- lla majestad y hermosura de su original: á la mano derecha está sobre un bufetillo un relox de ébano, con figuras y animales de bronce y con muy garbosa forma; en medio tiene un círculo, donde está pintado el carro deí Sol, y en el mismo círculo hay otro pequeño, en ei cual están compartidas N.° 107. Busto de la Infanta Doña María Margarita, hermana de «"u^ruTd Felipe IV. de Mídrazo, nümt- 0.58 X 0.42. Dudoso. N.° 108. Retrato del Infante D. Carlos, hermano de Felipe IV. M i p radodnf.m.T°73.el 2.09 X i . 2 5 . P i n t a d o en 1C27. (Véase este año, pág. 41.) Comprendido e n t r e los r e t r a t o s reales que se registran a g r u p a d o s en los inventarios de Palacio. N.° 109. Retrato del Infante Cardenal D. Fernando en traje do caza. 11 1 61 "r^, ..'^! "^. 1.91 X 1.07. Pintado en 1632. (Véase este ano, pág. 76.) N.° no. Retrato de un Príncipe. perdid0. Boceto. P u d o ser D . B a l t a s a r Carlos ó D . F e l i p e P r ó s p e r o . E n el reconocimiento de las p i n t u r a s l i b e r t a d a s del incendio en 1734 fue hallado en las bóvedas de P a l a c i o : O t r a p i n t u r a de v a r a y media de alto y u n a y c u a r t o de a n c h o , r e t r a t o de un niño con p e r r o s y p á j a r o s , sin m a r c o , b o r r ó n , de Velázquez, n ú m . 357. N.° n i . Retrato de Doña Francisca Pacheco, mujer de Velázquez. M a p rfld r fl, d njm.T™S6 d 0.62 X 0.50. Pintado hacia 1619. (Véase este año, pág. 23.) En 1774 estaba en el Palacio de San Ildefonso; supone el Sr. Madrazo que lo trajo de Sevilla la Reina Doña Isabel de Farnesio. N.° 112. Retrato del célebre poeta D. Luis de Góngora y Argote, ^iwo'/nümlToaj*' Capellán de Felipe III, de sesenta y un años. 0.59 X 0.46, Pintado en 1622. (Véase este año, pág. 27.) N.° 113. Retrato de D, Juan de Fonseca, Perdido. Sumiller de C o r t i n a de .Felipe IV. P i n t a d o en 1623. (Véase este a ñ o , pág. 31.) N.° 114. Retrato del Príncipe de Gales, PaAlií '- i u e f í o R e y de I n g l a t e r r a . P i n t a d o e n 1623. {Véase este a ñ o , p á g . 36.} N." 115. Retrato de un golilla. M mií,dn(im™?io4*1 0.56 x 0.39. B u s t o de un h o m b r e -moreno, de escaso b i g o t e , con gola. ¿Sería este personaje el a m i g o de Velázquez y su t e s t a m e n t a r i o , Grefier de S. M. D . G a s p a r de Fuensalida? 3i8 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Retrato de la niña Francisca Velázquez y Pacheco, primera hija de Velázquez y mujer luego del pintor Juan Bautista del Mazo. 0.58 X 0.46. Pintado en 1626. (Véase este año, pág. 41.) Retrato de la niña Ignacia Velázquez y Pacheco, segunda hija de Velázquez. 0.58 x 0.46. (Véase el anterior.) G O N G O R A . (N.n Busto de D. Carlos Colona. E n el cuadro del Socorro de Pisa, original de Juan de la Corte, dice Cean Bermúdez que pintó Velázquez la cabeza de este personaje. Dicho cuadro asegura él mismo que estaba en el Retiro el año 1800. Retrato de D. Nicolás Cardona y Luvignano, Maestro de Cámara de Felipe IV. Palomino, pág. 333, t. II, Retrato de Pereira, Maestro de Cámara de Felipe IV. Palomino, pág. 333. IGNACIA YELÁZQUEZ. (N.° u7.) FRANCISl V \ELV/QLEZ (N."n6.) ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS N.° 121. Retrato del Marqués de la Lapilla D. Fernando de Fonse- Caballero de Santiago, de los Consejos de Guerra y Cámara de Indias. Palomino, pág. 333. N.° 122. Retrato del V. P. M." Fray Simón de Rojas, difunto. Perdid0 - Palomino, pág. 333. N.° 123. Retrato del Duque de Módona Francisco I. ¡Perdido? Pintado en 1638. (Véase este año, pág. 114.) N.° 124. Retrato en miniatura, busto del Conde-Duque de Olivares. *Ü«bpi°»dciVeÍMV nutério del Eicoriil. N.° 125. Retrato de Velázquez. IriHHta^pX Pintado en Roma en 1630, para su suegro Pacheco « á la manera del •ererteretrato. gran Tiziano, no inferior á sus cabezas», al decir de éste. Se pretende que sea el original del grabado de la pág. 6g. N.° 126. Retrato del mismo Velázquez con gorra de plumas. V=li«quez en U G»le- N.° 127. Retrato de Velázquez por él mismo. Dudoio. t W ' N.° 128. Retrato de Velázquez por él mismo. íue^UGiT^dt' En la Galería Digli Uffici de Florencia hay dos retratos más de Veláz- LOI DM0V™0"' quez, uno de ellos atribuido al mismo. N.° 129. Retrato de Adrián Pulido Pareja. p«dw0 Pintado en 1639, y firmado así: Diiacus Velázquez fecit. Philip. IV á culícida ciusqiie í'ictor. Anno 1639. (Véase pág. 116.) . N.° 130. Retrato de Adrián Pulido Pareja. quei ¿n uG^eriiVíí Con esta inscripción; Capitán General de la Armada de nueva España, 1660. ""'"DÍdots1'0"' Y basta con esta fecha para dudar de su autenticidad. Aún hay más pre- tendidos Pulido Pareja. N." 131. Retrato de Juanillo, *u«beñduGaíeriLVei luego D . Enrique de G u z m á n , h i j o natural de D . Gaspar de Guzmán, L "í)S¿» IB0 ™' Conde-Duque de Olivares. No se llamó Juan y sí Julián. N/132. Retrato de D. Antonio Alonso Pimentel, "r.SToí1 noveno Conde de Benavenle, Gentil hombre de Cámara de Felipe IV. 1.09 x 0.88. Según el catálogo del Museo del Prado, este retrato constaba como de Tiziano entre los cuadros que pertenecieron á Doña Isabel de Farnesio en el Palacio del Real Sitio de San Ildefonso. Ancha perilla, bigote y cabellos blancos; está de pié, revestido de armadura, con la mano derecha sobre el casco, que está encima de una mesa, la izquierda sobre la guarnición de la espada. Fondo: cortina roja y campo. Tamaño natural y medio cuerpo. Retrato del Conde-Duque. 3.o6 X i.a 5 . Pintado hacia 1631. De pié, de tamaño natural y cuerpo entero, vestido de negro, con la cruz de Alcántara. Apoya sobre una mesa empuña un bastón; la izquierda sobre la espada. Adquirido por el Em- perador Nicolás I en la venta de la Galería del Rey Guillermo II de los Países Bajos en 38.S50 florines. DE DIEGO DE SILVA VEHZQUEZ. P i M E N T E L . (N.° 132.) N.' 134. Retrato del Conde-Duque. Atribuido* V e U i - T . = ,vlt,,ial v rilPn,A pnfft Coronel Hugh Beu- N.* 135. Retrato del Alcalde Ronquillo. tribuido fc Velfi Hubo en efecto un D. Antonio Ronquillo que fue gran Canciller de Milán, del Consejo Real y Embajador en Roma. El inventario del Buen Retiro de 1780 registra un cuadro retrato del Alcalde de Zalamea, núm. 184, de dos varas alto y una y media ancho, original de Velázquez , ¡ta- sado en 400 reales! Quizá aluda á alguno de los bufones. No consta que Velázquez pintara á aquel alcalde, ni mucho menos al imaginario de Cal- derón. N.* I 3 G. Retrato del Cardenal D, Gaspar de Borja y Velasco, Arzobispo de Milán, Virey de Ñapóles y Arzobispo de Toledo, Presidente del Consejo Real y del Supremo de Aragón. Murió en 28 Diciembre de 1644. (Véase este año, pág. 147.) 0.62 X 0.49. En la venta de la Galería del Mar- qués de Salamanca figuró este retrato con el núm. 42, que fue adquirido por el Museo de Francfort en la cantidad de 27.100 francos. Aún se citan ANALES D E LA. VIDA Y D E LAS OBRAS N." 137. Retrato de an Cardenal. ei eníaQaierU dt 1.14 X 0.92. Sentado en un sillón rojo, con la mano izquierda sobre uiímanca ¿e iB67, unQ dg ^ os brazos, y en la derecha un papel en el cual se l e e : « Alia Sanct." di Nro. Sig. ra Inocencio X , Mons Maggiordomo ne parti á S. S . " P e r Diego de Silva y Velasquez é Pietro Mar tire Neri.» Bigote y cabellos grises, sotana negra con mangas blancas, sobrepelliz azul fo- rrada de rojo. Figura de tamaño natural y hasta las rodillas. Vendido en 19.300 francos. Según la descripción, se ve que no es un Cardenal. Más bien parece ser el Mayordomo de S. S. que Palomino dice que retrató Velázquez. N.° 138. Retrato del Cardenal Panfili. ¿perdió? Citado entre los retratos que Palomino dice que Velázquez pintó en" Roma en 1650. N. n i39. Retrato de Olimpia Panñli. N.° 140. Retrato de Flaminia Triunfi, pintora. ^perdido) V é a s e el n ü m _ i+o> n N. i4i. Retrato del Papa Inocencio X. oma fanfiU.a D ° r i a Pintado en Roma el año 1650, (Véase este año, pá K . 175.) N.° 142. Retrato del Papa Inocencio X. "dfwdHB&T* En el inventario de 1772 de las pinturas que se llevaron al Palacio nuevo, figura: « Un retrato del Papa Inocencio X , de medio cuerpo y de vara de alto y poco menos de ancho, original de Velázquez, procedente del Marqués de la Ensenada, colocado en el paso de tribuna y trascuartos.» Pero en el inventario de los bienes y efectos del Excmo. Sr. Marqués de la Ensenada, hecho á 28 de Julio de 1754 por el Juez D . Pedro Samaniego, del Consejo de S. M. en el Supremo de Castilla, en su casa del barrio alto del Barquillo, con asistencia de D. Andrés de la Calleja, pintor de Cámara y Director de la Real Academia de San Fernando, no figura semejante retra- to. Pudiera haber sido adquirido durante la prosperidad del Marqués ó rega- lado por éste, aun cuando, como Palomino asegura que trajo Velázquez á España copia del retrato que hizo en Roma, parece más natural que exis- tiera en Palacio. Sin embargo de esto, si el retrato hubiera existido en P a - lacio, lo registraría alguno de los inventarios desde el del año 1666, y no se halla noticia ninguna de él, como tampoco hoy consta en ninguna parte, ni ha estado nunca en el Museo del Prado. Como en la Galería del Duque de Wellington figura un retrato de Inocencio X de Velázquez, puede ser este uno de los cuadros que se le regalaron ó que se llevó. N.° 143. Retrato en busto de Inocencio X. ÍT&JKtt Véase, pág. 174- d ) N.° 144. Retrato de Jerónimo Rebaldo, udo»o. derecha el abanico y en la izquierda el ario. Guantes hasta medio bra- zo. Basta con la descripción del traje p; conocer que no es del tiempo de Velázquez este retrato. 0 156. Retrato de Alonso Martínez de Espinar, nürnTíos.5 Ayuda de Cámara del Príncipe D. Baltasar Carlos. 0.74 x 0.44. (Véase; el año 1637, pág. 112.) «Aparenta tener unos 45 años: lleva perilla y bigote. Traje negro y golilla. Busto de tamaño natural.» Y añade el Sr. de Madra- zo, con razones, ser el autor del libro Arte de ballestería y montería, á cuya cabeza está un retrato tomado de este cuadro. Se halla también retrata- do en la Cacería de jabalíes de Velázquez, que compró á Jos; Bonaparte Lord Ashbewtón. Procede de la colección de la Reina Doña Isabel de Farnesio. Retrato de una señora anciana. 1.06 x 0.77. Duda y muy acertadamente el Sr. de Madrazo en el catálo- go del Museo del Prado que sea de Velázquez este retrato (1). N.° 158. Retrato de hombre. 0.40 X 0.36. Igualmente dudoso que el anterior. N.° 159. Retrato de la Duquesa de Chevreusse, María de Roñan. JPtrdido? Montbazón. Pintado en 1636. (Véase este año, pág. 112.} N.° 160. Cabeza de viejo. p'rndo,n'íim."1.115. °-39 * °-3l- Está de perfil: tiene el cabello y la barba canosos y desali- ¡Dudoio? nados. Tamaño natural. Representa muy avanzada edad. Inventario de 1734, núm. 777 , una cabeza de anciano de medio perfil. ¿Podría ser retrato de Cristóbal el Ciego de Ciempozuelos? (Véase pág. 112, año 1637.) N.° 161. Retrato de la Condesa de Monterey. e T ?» ¿^Í""'sWÍ y res -!>7 x I " l r - ( Véase PáS- a 68 0 " Est:i en Pié J u n t 0 á lln sillón, en cuyo l u f u i '"d" ™ P ^ ° descansa la mano derecha. Figura del tamaño natural y cuerpo UmiBeí?n?in?44i entero. Este retrato pudo ser hecho por Velázquez en Roma, donde el Con- »iiit y.«0 en isu. ^ e s e n a j j a k a ^ Embajador. > De ser así, fue pintado en 1630. Según el catálogo del Sr. de Madrazo, procedía este retrato de la Galería de Altami- ra, y en ésta á su vez de la del Marqués de Leganés. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. ALONSO MARTÍNEZ DE ESPINAR. (N.° 156".) Retrato de señora en traje de caza. 1.46 X 1.06. Con guantes de cuero, valona bordada, vestido de color aplomado, con tontillo ysombrero blanco de ala ancha; en la mano derecha la escopeta y en la izquierda un cordón con que lleva atados dos perros. Fondo, país. Figura de más de medio cuerpo y tamaño natural. Procede de la Galena de Altamira. Busto de mujer. 0.38 X 0.30. Cabellera suelta rubia adornada de pedrería. Un cordón de perlas rodea el cuello y no se ve mas que un poco de vestido. N.° 164. Retrato de Henri de Halmale. g pies X 7 pies. De pié y de frente: gran sombrero de fieltro negro con plumas rojas, jubón y sobretodo pintarrajeado de un tono indescriptible, mezclado de oro y plata y perlas, gris blanco pasando por el amarillo. Grandes botas arrugadas, una mano apoyada sobre un bastón. Ala izquierda, sobre el mismo plano, un caballo blanco de frente que un criado lo tiene del diestro. Fondo, país con árboles. Proviene de la colección Purvis W. Bürger. 326 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS N.° 165. Busto del Cardenal Rospigliosi. íw™™0**!^!\V7 P a a cori P el nombre de Clemente IX en 1667. en 1» Pimcothcc» de N.° 166. Dos niños. Atribuido k Velái- l " o r i WeUiqgton'con Dudoao- ' N.° 167. Retrato de u n caballero. en la Gilerii del Du- con el ntim. 1J9. N.° 168. Personaje desconocido. mhf GÍte-idí &Ü" a pies 8 pul. X 5 pies 1 pul. Procedente de la Galería del Duque de Sun ""%££*' Fernando. Adquirido en 10.000 reales. N.° 169. Retrato de señora. m*7ícwÜÍfcaíEí * P'é 3 pul- X 1 Pié 5 pul. Procedente de la Galería del Duque de San """Sudo»!*8' l'ernando. Adquirido en 22.000 reales vellón. N.° 170. Busto de un aldeano. N.° 171. Un fraile. m".bííd6Íw 0 7 , (Véase pág. 107, ano 1637.) Inventario de 1735 de las pin- turas libertadas del incendio de Palacio y llevadas á la Armería, núm. 501. Otro de vara y dos tercias de alto y una y tercia de ancho, con marco n e - gro, de un pigmeo con un perro, de mano de Velázquez. Inventario de 1772. Núm. s o i . Retrete del Rey nuestro señor. Otra de mano de Velázquez de un enano plantado con su sombrero en la mano derecha y la izquierda puesta sobre un perro. N." 187. Retrato de Pablo de Valladolid. (El Comediante.) £adrd, num!ToV 2.09 X 1.23. (Véase pág. 108.) Inventario de 1701. Palacio del Buen Retiro. Retrato de un bufón con golilla que se Ilam6 Pablillos el de Valla- dolid, de mano de Velázquez; marco negro, de una vara y tercia de ancho y dos y media de alto: tasado en 25 doblones. Compañero del nfim. 1.094. N.° 188. Retrato del bufón llamado D. Juan de Austria. prado, n(.m. ,.0,4. 2.IQ x 1,23, Compañero del anterior. (Véase pág. 111.) Inventario de 1701. palacio del Buen Retiro. Retrato de un bufón llamado D. Juan de Austria, con varios arneses, de mano de Velázquez, de vara y tercia de ancho y dos y media de alto; marco negro, tasado en 25 doblones. Inventa- rio de 1772. Véase el cuadro anterior. DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. EL ENANO INGLÉS. iN.° itJ6.) N.° 189. Retrato de Pernia. u/0idn'úmTo93del 1.98x1.21. (Véase pág. m . ) Inventario de 1701. Buen Retiro: Retrato de un bufón en hábito turquesco, llamado Pernia, y está por acabar, de mano de Velázquez; ancho, vara y medía, alto, dos y tercia; tasado en 25 doblones. 42 ANALES DE LA VIDA Y D 2 U S OBRAS BUFÓN LLAMADO D. JUAN DE AUSTRIA. (N.° 188.) N." 190. ¿El niño de Vallecas? Pudo, Düm. 1.05*. i .07 X o.83. Llamado así, sin saber por qué, en los catálogos del Museo, pues no consta tal nombre en ninguno de los legajos del Archivo de Palacio, que contienen documentos de los bufones, hombres de placer, enanos y mu- DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. 331 chachas de la Corle. (Véase pág. 111.) ¡Compañero de Morra? Inventario de 1704. Torre de la Parada. Pieza primera. Cuatro retratos de diferentes sujetos y enanos, originales de Velázquez, tasados á 50 doblones cada uno. En 1714 á 28 de Julio se llevaron al Pardo de orden del Sr. Conde de Mon- temar. Inventario de 1772. Cuarto del Infante D. Xavier. Del Pardo, núme- ro 931. Otro de un muchacho ó enano de una vara y tercia de alto y una vara de ancho, original de Velázquez. N.n igi. Retrato de Calabacillas. víaW d siguiente. Inventario de 1701. Buen Retiro. Un bufón de vara y tercia de ancho y dos y media de alto, de Calabacillas, con un retrato en la mano y u n billete en la otra, de Velázquez, tasado en 25 doblones. N.n 19a. El bobo de Coria. ¿Calabazas? Prí¿o,AtnnU"°o9ge 1.06 x 0.83. Llamado de aquel modo en los catálogos del Museo sin razón alguna, por no hallarse este nombre entre los de los bufones de aque- lla época. Inventario de 1701. Torre de la Parada, pieza primera, igual que el íiúra. 184. Pudiera muy bien ser Calabazas. (Véase pág. 110.) N.n 193. Un enano de Felipe IV. J'ioa"cat¿oKoskd5Ua 3 píes 6 pul. x 3 pies. Está sentarlo de frente, las piernas en escorzo. S'sIí'manL^sta Barba y cabellos negros. Procede del Infante D. Luis de Borbón. Los pin- > 1S67, nám 39. t o r e s j g Cámara Sres. López, Ribera , Cerda y Brun lo consideraron origi- nal de Velázquez. Parece ser repetición de Morra. Vendido en París N." 194. Retrato de Velasduillo el bufón. Perdld "' Inventario de 1791, núm. 178, retrato de Velasrniillo, el bufón, de dos varas y media de alto y una y tercia de ancho, original de Velázquez. T a s a - N . n a i 9 5 y 196. D o s retratos. NtaS. ia9, i90. E n e ¡ i l l v e i l t a r ¡ o d e l P a l a c i o d e Madrid del año de 1666 se lee: Pieza donde se ponen los cubiertos en la bóveda del cuarto bajo de verano. Diez y seis retratos de la casa de Austria, cuatro de ellos de medio cuerpo, los dos de mano de Velázquez, á aoo ducados de plata cada uno. Igualmente en el del año de 1686. Quizá sean estos dos algunos de los ya catalogados. N.oa 197 a 204. Catorce cabezas. ¿perdida? Inventario de iGGG. pasillo de la Madona: Catorce cabezas en ochó cua- dros pequeños de mano de Velázquez, á 30 ducados cada uno. Igualmente en el del año 1686. N." 205. La cacería llamada del Hoyo. Lon r u C ry, r í,üm a T 9 1 7 C Í a ' i ° pies X 6 pies ingleses. Inventario de 1686. Alcázar de Madrid. Pieza de la torre que cae al parque. Una pintura de tres varas y media de largo y dos de alto, de una montería de jabalíes del Rey nuestro señor D. Felipe IV (que sea en gloría), original de mano de Diego Velázquez. Tasada en 150 ducados. Inventario de las pinturas salvadas del incendio del Alcázar de Madrid y llevadas á las casas arzobispales, hecho por los pintores de Cáma- ra D. Juan Carreño y D. Andrés de la Calleja. Núm. 3S1. Una cacería del Sr. D. Felipe IV, tasada en 6.000 reales. Inventario de 1772. Palacio nuevo. Paso del cuarto del Infante D. Luis. Una cacería del Sr. Felipe IV, que llaman de! Hoyo, de cuatro varas de alto y dos y media de ancho, original de Velázquez. Regalado por Fernando VII á Lord Cowley, Embajador de la Gran Bretaña en Madrid, quien el año de 1848 lo vendió á la National Gallery de Londres en 2.200 libras esterlinas. Desgraciadamente este cuadro ha sufrido mucho al ser forrado, y grandes trozos del son repintados por ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS Vían Huysum.al restaurarlo. (Véase la edición francesa, nota, pág. 188.) El núm. 1.116 del Museo del Prado es una copia de este cuadro hecha por Goya- Mide i.88 X 3.03, Boceto de la cacería del Tabladillo, según D. Pedro de Madrazo, y según el Sr. Stirling de la del Hoyo. Hertford, Londres. Largo: 3 pies y medio X 2 por alto. De obra maestra la califica Stirlinf,'. Edición francesa, pág. 272. N." 207. Cacería del Tabladillo. Inventario de 1772. Palacio nuevo. Antecámara de la Princesa. Núm. 381. Del Pardo. Un cuadro de una cacería del Sr. D. Felipe IV con unas vallas de lienzo, entre las cuales hay un tabladillo y en él la Reina con sus damas, y en término principal corren algunos coches y figuras, de tres varas y me- dia de largo y dos y media de caída, original de Velázquez. En 1714, el 28 de Julio, se trasladó al Pardo de orden del Sr. Conde de Montemar. Sus- traída de España por José Bonaparte, quien la vendió á Lord Ashburton. Montería de lobos. Inventario de 1686. Alcoba de la torre que cae al parque en el Alcázar ile Madrid. Una montería de lobos, de mano de Diego Velázquez. En 28 da Julio de 1714 se llevó de la Torre de la Parada al Pardo. Como no hay más rastro de este cuadro, es de sospechar que corriera igual suerte que el anterior. N.° 209. Felipe IV abullando un puerco. (Véase pág. 94.) En 28 de Julio de 1714 se sacó de la Torre de la Para- da para el Pardo, de orden del Conde de Montemar, un cuadro de Felipe IV abullando un puerco, con dos perros, original de Velázquez. Es una sobre- puerta. Una cuerna de venado. Inventario de 1636. Alcázar de Madrid. Pieza del pasadizo del Consejo de Órdenes. Una cuerna de venado que la pintó Diego Velázquez, con un rótulo que dice; "Le mató el Rey nuestro señor». Inventario de 1686. Igual en un todo, pero inventariado entre las pinturas desmontadas. Inventario de 1735, de las pinturas salvadas del incendio. Núm. 664: otra de vara y media de alto y una y tercia de ancho, de una cabeza de venado, pintada, por Velázquez. Un perro sobre un almohadón. Seyún Cean Bermúdez, estaba en su tiempo en el Palacio de San Ik!e- Un pelicano, una herrada y unos hocanos. En el inventario de 1701 en el liuen Retiro, y tasado por Al N. u 213. Un pastor viejo con una zorra muerta á sus pies. Atribuido i V d i i - quei en la Galería de Dudoso. N.° 214. Una perra y su hijo. N.° 215. Un águila y varias cabezas de animales. :ruUG^tía1dIeqs" 4 pies X 5 pies 5 pul. De la Galería del Duque de San Fe ando. Adqui- lima D"do>oí848' rído en 6.000 reales. DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. N.° 216. Cacería. iMlGüeÍríi.''dít|M" Boceto. 0.44 X 0.93. En primer término, varios perros que se arrojan 67° nüoí1™?™!! dy sobre un venado muerto por el cazador que les conduce. Proviene de la '**a5£? ' Galería Ircarte. N.° 217. Un muchacho mal vestido, Ferd áa ' - c o n una monterilla en la cabeza contando dinero sobre una mesa y con la siniestra mano haciendo la cuenta con los dedos con particular cuidado, y con él está un perro detrás, atisbando unos dentones y otros pescados, corno sardinas, que están sobre la mesa; también hay en él una lechuga ro- mana (que en Madrid llaman cogollos), y un caldero boca abajo: al lado iz- quierdo está un vasar con dos tablas; en la primera están unos arencones y una hogaza de pan de Sevilla sobre un paño blanco y una alcucilla de barro con vidriado verde; y en esta pintura puso su nombre, aunque ya está muy consumido y borrado con el tiempo. Pintado antes de 162a. Citado por Pa- lomino, que lo vio. Pág. 322. N.° 218. Dos pobres comiendo perdido. e n u n a humilde m e s i n a i e n q U e n a v diferentes vasos de barro, naranjas, pan y otras cosas. Pintado antes de 1622. Citado por Palomino, pág. 322. Inventario de 1772. Palacio.nuevo. Retrete del Rey. Procedente del Mar- qués de la Ensenada. Sin número. Una pintura que significa una mesa con una vajilla y cántaro y dos medias figuras sentadas á ella, de una vara y tercia de ancho y una escasa de caída, original de Velázquez. Según Cean Bermúdez, este cuadro estaba en el Retiro. N.° 219. El aguador de Sevilla, el Corzo. 23VS5££ d * " Pintado antes de 1622. (Véase pág. 21). Dice Palomino : «El cual es un sayo vil, que se le descubría el pecho y vientre con las costras y callos du- ros y fuertes, y junto á & tiene un muchacho á quien da de beber.» Esta í descripción no conviene del todo con este cuadro, pues ni se le descubre el pecho al Corzo, ni se le ve el vientre, ni es uno solo el muchacho que está con él. Sin embargo, el cuadro debe de ser el mismo de hoy. Inventario de 1772. Paso de tribuna y trascuartos, núm. 497. Del Retiro. Una pintura que representa un aguador, llamado el Corzo, de Sevilla, de una vara y cuarta de alto y una de ancho, original de Velázquez. AI huir de Madrid José Eonaparte, llevó consigo este lienzo, que con todo su equipaje cayó en poder de Lord Wellington en la batalla de Vitoria. Fernando VII lo regaló posteriormente á este general, en cuya galería se conserva. No es cierto que haya en Palacio una copia, como asegura Stirling. Un tablero q u e s i r v e d e m e s a c o n u n a n a f r e y e n c i m a l i n a o l l a hirviendo y tapada con una escudilla, que se ve en la lumbre las llamas y centellas vivamente; un perolillo estañado, una alcarraza, unos platos y escudillas, un jarro vi- driado, una almirez con su mano y una cabeza de ajos junto á él: y en el muro se divisa colgada de una escarpia una esportilla con un trapo, y detrás baratijas; y por guarda de esto un muchacho con una jarra en la mano y en la cabeza una escofieta, con que representa con su villanísimo traje un sujeto muy ridículo y gracioso. Citado por Palomino, pág. 322. Interior de una posada. Dos hombres y una mujer sentados á una mesa, aquélla de frente y en mQ¿[Or c o g e Con la mano derecha la cuchara y tiene el plato en la izquierda. E j hombre de su derecha, barbudo y descubierto; el otro es un viejo, con sombrero de alas levantadas y una taza en las manos. Sobre el man- tel, dos panes, cuchillo y vasos. Cuelgan del techo salchichones. Medias ANALES D E LA VIDA Y D E LAS OBRAS figuras de tamaño natural. De la galería de D. Serafín Martínez, de Cádiz. D. Antonio Pons trata de este cuadro, tomo XVIII, pág. ao. Interior de la Iglesia de San Jerónimo. Boceto pintado en 1632. (Véase este año, pág. 75.) Inventarlo de 1686. Cuarto de la Casa del Tesoro donde habita el Aposentador de Palacio. Otro l'etizo de cinco varas de alto y trei y media de ancho, del Retablo y templo de San Jerónimo, por acabar, sin marco, también original de Velázquez. VISTA DESIlíi LV VILLA MÉDICIS. (N.n 234.) N.n 223. El Salón Dorado. I crd 11 ' "' ' Boceto. Inventario de 16S6. Palacio de Madrid. Bóveda del T i g r e , por donde S. M. sale al Parque. Una mancha perspectiva d e l Salón Dorado de Palacio , por acabar, de una vara y media de alto y dos y inedia de an- cho, sin marco, de mano de Velázquez. X.° 224. Vista desde la Villa Mediéis. p.-l'on'íiin'.Troel*1 0 4 4 X 0.40. Pintado en Roma en 1630. Un arco sobre columnas jónicas, abre un muro para dar acceso á un parque. Inventario de 1666. Palacio de Madrid. Pasillo junto al cubo y pieza de la Audiencia. Un país de dos ter- cias de alto y una de ancho, de Diego Velázquez, tasado por Juan Bautista del Mazo en 20 ducados. Inventario de 1686. Igual. DE DIEGO DE SILVA VELAZQUEZ. N.° 225. Vista del jardín de la Villa Médicis. 1 p'adofiíim""?^* 0.44 X 0.38. Pintado en Roma en 1630. Bajo un arco en el centro la estatua de Cleopatra ó Arcadua. El resto del cuadro jardin. Inventario de 1666. Palacio de Madrid. Pasillo junto al cubo y pieza de la Audiencia. Un jardín de mano de Velázquez, de dos tercias de alto y una de ancho, tasado en 10 ducados. Inventario de 1686. Igual. N.° 226. Arco de Tito en Roma. 11 Üto.^imTiJ! 1.46 X 1.11. Vista tomada desde la Vía Sacra. En primer término un pastor con su ganado. Pintado en Roma en 1630. N.° 227. Jardín del Buen Retiro. ™.MÍriJ, M-i-'Ó 1.47 X 1.14. Estanque rodeado de árboles. No consta en ningún ¡nven- dd P a o njm.t.m. rd , ( a r ¡ 0 d g palacio_ N.° 228. Jardín con estatuas. en eibMuienVd1eíIp™- J -48 x 1 11 - - S u p o n e el catálogo q u e p u d i e r a ser u n a vista t o m a d a d e s d e do. n J m., 1». elj a n l ( n d e l o s Emperadores ó de la Priora en el Alcázar de Madrid. No consta en ningún inventario. N.° 229. Estudio de país y perspectiva, N.° 230. Estudio de país y perspectiva. N.° 231. La fuente do los Tritones 1 1 kído .^¿ÍÍTioo* en el jardín de la Isla de Aranjuez. 2.48 X 2.22. Pintado en 1657. (Véase este año, pág. 230). No hemos hallado huella de este cuadro en nin- N.° 232. La calle de la Reina en Aranjuez. pÜto^ornTiiof 2.45 X 2.02. Compañero del anterior. (Véase pág. 230.) Tampoco const* en inventario alguno. N.° 233. Vista del Buen Retiro. tribuido «VelazQuez „ . , _i , . • • , " " í 4r7B6?p n(l" estatuas y árboles del P a r q u e . G r u p o s d e mujeres tocando músicas, h o m b r e s Dudoso. paseando y ciervos c o m i e n d o . - D e la Galería de la D u q u e s a de C h i n c h ó n . Vendido e n 5.100 francos. * —- N.° 234. Paseo del Buen Retiro. "i^G.icrlí'drs" 0.47 X 1.77. E n el centro la estatua de Felipe IV. A la izquierda u n a " " ™ , í ' 4 6* 67 ' díl " p a r e d y detrás grandes árboles. A la d e r e c h a u n a verja, y tras ella un' paisa- Dudoao - j e m u y accidentado. E n la plaza d a m a s y caballeros p a s e a n d o , músicos y mendígos. Puesta del sol. D e l a galería de la D u q u e s a d e C h i n c h ó n . V e n - dido en 5.400 francos. N.° 235. Paisaje con gitanas. N.° 236. Un paisaje. !]mG*i«u_doLord La Alameda de Sevilla, con las columnas de Hércules y muchas figuras. Dudoso. ' Sería pintado antes de 1623, porque después de este año ya no volvió Veláz- quez á Sevilla. Figuraba con el núm. 290 en el catálogo de la Galería de Luis Felipe en 1838. 336 ANALES DE LA VIDA Y DE LAS OBRAS N.° 237. Un paisaje. Vista del Parque del Pardo, y en él Felipe IV en traje de caza. N.° 238. Un país. 0.60 X 0.81. En el centro una choza; en primer término una mujer sen- tada, y más lejos un mozo de muías , dos peregrinos y otras figuras. De la Galería del Sr. Páez de la Cadena. Adquirido por el Emperador Nicolás I en 1834. N.° 239. Una mano con la firma de Velázquea. XI "Fc'iitíiWodeX P u '- * I0 P11'- Aquirido en 5-000 reales. N.° 240. Retrato de un hombre joven. N." 240. . L a Galena de cuadros españoles expuestos en el Louvre en 1838, de la propiedad de Luis Felipe, vendida después de 1848, registraba nada menos que diez y nueve cuadroa originales de Velázquez. A ella pertenecieron tres de los indicados en este catálogo por lo menos, pero quizá haya algún otro también. Dudosa la autenticidad de gran parte de ellos, no se hacen constar aquí todos. Pocos Museos de provincias y Galerías particulares dejan de enumerar caprichosa- mente cuadros de Velázquez. Si hubieran de incluirse aquí todos los cuadros que á DE DIEGO DE SILVA VELÁZQUEZ. Velázquez se atribuyen, resultaría haber sido un pintor inmensamente fecundo, cuando desgraciadamente sucedió todo lo contrario. Es indudable que habrá algunos cuadros verdaderamente originales de Velázquez que no figuren en este catálogo, porque de ellos no tengo yo noticia, pero no existirán en los Museos de Europa, pues fuera de los de la Gran Bretaña, todos los he visitado, estudiando en ellos los cuadros atribuidos á Velázquez que aqui califico como me ha hecho creer el estudio de sus obras. El año pasado se ha publicado en Nueva-York, Estados-Unidos, el siguiente libro: A descriptive and histórica! catalogue of íhe works of Don Diego de Silva VeMzquez and Bartolomé Esteban Muritlo, comprising a classified list of their paintings, with descriptions; their history from the earliest knovsn dates, namss of the presen*, and former owners, sales in which they háve appeared, and engravings after thein. Also, lists of lost or unidentified pictures, a brief account of the Uves and works of the disciples of these artists, a bibliograpky and a complete índex. With original etchings. By Charles B. Curtís, M. A. Loníon, Sampson Low, Marhon, searlc, and Rivingion. New-York, F. W. Bouton ' MDCCCLXXXIII. Lujosa edición, acompañada de algunos grabados al agua fuerte. Registra nada menos que quinientos ochenta y ocho cuadros de Velázquez, y entre ellos no más que cincuenta y ocho retratos de Felipe IV, veintidós del Príncipe D. Baltasar Carlos y otros tantos del Papa Inocencio X, dudando y con razón de la autenticidad de muchos de ellos. El objeto del estudioso Sr. Curtís, en este curiosísimo libro, parece que no ha sido aplicar criterio artístico para hacer el extenso catálogo de las obras de Veláz- quez que registra, sino meramente coleccionar cuantas noticias y datos ha podido hallar á mano en Europa de las pinturas que se atribuyen á Velázquez en catálogos de Museos, Galerías y ventas de cuadros, añadiendo cuanto en artículos de periódicos ilustrados, discursos académicos y obras especiales se ha dicho sobre nuestro artista. Y en verdad que este trabajo de recolección es completo. Mira también el curioso Sr. Curtís las obras de ambos pintores bajo el punto de vista comercial, y así es que ha tenido el cuidadoso esmero de allegar cuantas noticias ha publicado la prensa relativas á los precios que han alcanzado en las ventas públicas ó particulares los cuadros de uno y otro pintor. Como en el propósito de estos Anales para nada entra este criterio , no hay para qué hacer una detallada mención del libro del Sr. Curtis, pero sí se debe recomendar á todo aficionado á Velázquez y Murillo, que posea la obra de este caballero. Mucho debe agradecer el arte español, al laborioso y entusiasta autor del catálogo de las obras de Velázquez y Murillo, su elegante publicación. ÍNDICES. CAPÍTULOS. AL LECTOR CAPÍTULO I. Desde 1559 á 1623,—La pintura en el reinado del segundo y del tercer Fe- lipe.—Rubens en España.—Don Felipe IV.—El Conde-Duque de Olivares.—La pintura al comenzar este reinado.—Familia y nacimiento de Velázquez.—Pintores sevillanos á principios del siglo xvi 1.— Maestros de Velázquez.—El obrador de Pa- checo. — Primeras obras de Velázquez.—El aguador de Sevilla.—1618: Casamiento de Velázquez con la hija de Pacheco. —Retrato de ella. —1619: Su primera hija.— Cuadro de la Adoración de los Reyes.—Influencia del Greco y de Luis Tristán.—Se- gunda hija de Velázquez.—1622: Primer viaje de Velázquez á Madrid.—Retrato de Góngora.—D. Juan Fonseca y Figueroa.— Vuelve Velázquez á Sevilla CAPÍTULO II. Desde 1623 á 1629.—Vuelve Velázquez á Madrid acompañado de Pache- co.—Retrato de Fonseca.—Primer retrato de Felipe IV.—Es nombrado pintor de Cámara.—Retrato del Príncipe de Gales.—Primer relrato ecuestre de Felipe IV.— Retrato del Infante D. Carlos. —Enemistad de Carducho.—Certamen para el cua- dro de la Expulsión de los Moriscos.—Triunfo de Velázquez.—Es nombrado ugier de Cámara.—Vuelta de Rubens á España. — Su amistad con Velázquez.—Cuadro de Los Borradlos. — Recompensas.—Sale Velázquez para Italia CAPÍTULO III. Desde 1630 a 1636.—Velázquez en Venecia.—La escuela veneciana.— Tintoreto.—Llega á Roma.— Las Fraguas de Vnlcano.— La tánica de José.—Paisajes. Su propio retrato. — El de la Condesa de Monterey.—Velázquez en Ñapóles.— Ribera.—Retrato de la Reina de Hungría.—Vuelta á España.—Jura del Príncipe Don Baltasar Carlos.—Perspectiva de la Iglesia de San Jerónimo. — Muerte del In- fante D. Carlos.—Retrato del Cardenal Infante D. Fernando.—Mercedes que recibe Velázquez. —Estatua ecuestre de Felipe IV. — Modelos que para ella pinta Veláz- quez.— Lutos por la muerte de la Infanta Gobernadora de Flandes Doña Isabel Clara Eugenia.—Casa la hija mayor de Velázquez con Juan Bautista del Mazo.— Dote que le da Felipe IV.—Velázquez es nombrado Ayuda de la guardarropa.— Retratos ecuestres de los Reyes Felipe ITT y TV y sus esposas. — Retrato en traje de caza del Príncipe D. Baltasar.—Retrato ecuestre del mismo.—El Conde-Duque, caballerizo mayor.—Reclama Velázquez el pago de sus haberes.—Pinturas para la Torre de la Parada.—Cacerías del Hoyo y del Tabladillo.—Esopo.—Menipo.—Re- trato de Quevedo CAPÍTULO IV. Desde 1637 á 1643.—Bufones y enanos de la corte de Felipe IV.—Retra- to de la Duquesa de Chevreusse.—Nacimiento de la Infanta Doña María Teresa.— Retrato del Duque de Módena.— Cristo de San Plácido.—Retrato de Adrián Pulido Pareja.—Victoria de Fueníerrabía.—Retrato ecuestre del Conde-Duque.—Oíros re- tratos del mismo.—Cuadro de Los Lamas.— Incendio del Palacio del Buen Retiro.— Ajuste de cuentas.—Nueva asignación para el pago.—Rebelión de Cataluña y Por- ÍNDICE. tugal.—Fiestas en la corte—D. Pedro Calderón de la Barca.—Nóminas de Veláz- quez.—Tasa un cuadro de Carducho.— Retrato del Príncipe D. Baltasar.—Casa- miento del hijo natural del Conde-Duque.—Jornada de Aragón.—Atentado contra Olivares.—Velázquez y Jusepe Martínez.—Caída del Conde -Duque. — Velázquez, Ayuda de Cámara.—Es nombrado para asistir á la Superintendencia de las obras de Palacio.—Opónese la Junta de Obras y Bosques.—Confirma el Rey su nombramiento y le hace merced de dos mil ducados por una ve;;.—D. Luis Méndez de Haro 99 CAPÍTULO V. Desde 1644 á 1648.— 1644: Jornada de Aragón.—Felipe IV al frente del ejército sobre Lérida.—Retrata Velázquez al Rey en traje militar.—Muere la Reina Doña Isabel.—Retrato del Cardenal Borja.—1645: Jornadas á Valencia y Aragón.— Cuestiones entre Velázquez y el Marqués de Malpica.—Reclama el pago de sus ga- jes.—1646: Jornadas á Navarra y Aragón.—Pinta Mazo las vistas de Pamplona y Zaragoza.—Retrata Velázquez al Príncipe D. Baltasar Carlos. —Muerte de este Príncipe.—Sostiene Velázquez su antigüedad en el cargo de Ayuda de Cámara.— Se desestiman sus derechos. —1647: Retrato de S. M. para enviarlo á Viena.— Es nombrado Velázquez Veedor de las Obras del Alcázar de Madrid.—Opónese la Junta de Obras y Bosques.— Ratifica S. M. el nombramiento.—Memorial de Velázquez reclamando el pago de sus haberes.—Decreto del Rey en su favor.— 1648: Aumento de la consignación de pintor de Cámara.—Cobra sus atrasos.—Crece la influencia de Velázquez en la corte.—Segundo viaje á Italia.—Se embarca en Málaga con el Duque de Nájera 141 CAPÍTULO VI. Desde 1649 á 1655.—1649: Velázquez en Venecia.— Avisa su llegada el Embajador Marqués de la Fuente. — Cuadros que compra en Venecia.— Breve estancia en Módena.—Llega á Roma.—Parte para Ñapóles.—Vuelve á Roma.—Se- gundo matrimonio de Felipe IV. —1650: Compras que Velázquez hace en Roma.— Sus gestiones para traer á Madrid pintores fresquistas. — Pedro de Cortona.— Colonna.—Mitelli. — Salvator Rosa.—Retrato del Papa Inocencio X.—Otros retra- tos.— Carta de Felipe IV ordenando á su Embajador en Roma la pronta vuelta de Velázquez.—1651: Nace la Infanta Doña Margarita.—Vuelve Velázquez á Ma- drid.— Cobra sus atrasos.— Zurbarán.— Retratos de los Reyes. — Cuadro de La Coronacü» de la Virgen. —1652; Expediente para el nombramiento de Aposentador de Palacio, que obtiene Velázquez. —1653'• Cuestión sobre los aposentos para las fiestas. —Almoneda de la galería de Carlos II de Inglaterra. —1654: Muere Pacheco en Sevilla. —Jornadas á los Sitios Reales. —Los cuadros de La Venus reclinada. Mercurio y Argos, Pstquisy Cupido, Apolo y Marsías y Marte.—1655: La fábrica de tapices de Santa Isabel.—Las Hilanderas. — Cuestiones con los mozos de Pala- cio.—Órdenes de Velázquez.—Retrato de la Infanta Doña Margarita 165 CAPÍTULO VII. Desde 1656 á 1660. —Supuesta memoria que escribió Velázquez sobre algunas pinturas mandadas al Escorial.—Informa en expedientes de su cargo.—Las Meninas.—Su retrato.—Pretende volver á Italia.—Niégale S. M. el permiso. —Mer- ced de ayuda de la furriera á Mazo.—Cobra Velázquez sus haberes. —Cuadros de la Fuente de los Tritones y la calle de la Reina en Aranjuez.—Cuenta que manda pagar á Mazo.—Nace el Príncipe D. Felipe Próspero.—Cuadro de San Pablo y San Antonio.—Alonso Cano.—Colonna y Mitelli.—Concede Felipe IV á Velázquez mer- ced del hábito de Santiago.—Informaciones.—Obtiene el hábito.—Concede S. M. al nieto de Velázquez la plaza de Ugier de Cámara.—Retratos del Príncipe, de la In- fanta María Teresa y de la Reina.—Dificultades para el pago de los gastos de Pa- lacio.—Paz con Francia.—Proyecto de matrimonio entre Luis XIV y la Infanta María Teresa.—Última visita de Velázquez al Escorial.—Jornada de Irún. — Casa de las Conferencias en la Isla de los Faisanes.—Vuelve Felipe IV á Madrid servido por Velázquez.—Su enfermedad y muerte 203 Conclusión 273 Catálogo de las obras de Velázquez 297 ERRATAS MAS NOTABLES. 6 Sansovin Sansovino. 6 12 , y para que para 12 18 Manió Maino 12 21 Id. Id. 12 Id. Id. '9 23 l-AliRO códice 22 3 Wehington Wellington. 36 16 Contrator Contralor 38 28 han ha 42 16 á la á su +7 18 le invita y le invita 5° 2 caballero caballeresco 57 2 ; y hasta . Y basta «5 TI Canincia Canencia. «5 36 la de bronce la del de bronce 8fi 32 Varían Varía 88 9 velada eran velada esta gran 88 13 pasan, y su airosa cabeza pasan, lodo lo cubren. 03 16 fuere fuera IO| 32 soberano por Juan, soherano.Juan 10+ 19 Cárdenas y el Cárdenas el no 15 prueba» prueba 121 36 corre corren 137 23 supererezca supererezca 148 r Galería la Galería 9 165 Psiquis, y Cupido l J siquis y Cupido 192 3 conservan conserva 214 : 7 agruparlo agruparlos 215 35 pintó pintaba 116 H trata, por esta trata. Por esta 216 24 destinaron. La falta destinaron y la falta 230 biloñeses boloñeses 7 á Diego de Diego p,. 17. - BIBLIOTECA . 1 déla MUSEUS D'ART d. BARCELONA | ANTIGUA LIBRERÍA BABRA N.M.-4Í» BARCELONA "i// cit.--g-(Yj («J"/í35!/íio" R. E. 193» - í / 5 J55« i&