•&1-S *«' <"-!* JALRTÍSTICO-^RQUEOLÓGICA j3ARCELONESA. ÁLBUM DE GRABADOS ESCOGIDOS EN EL ORDEN DE SU FILIACIÓN HISTÒRICA. eOtBCCïÓR DE D. JERÓNIMO FARAUDO. /ÑO 188?. BARCELONA: IMPRENTA DE J A I M E JEPÚS, CALLE DEL NOTARIADO, NUMERO 9. ÁLBUM: na GRABADOS ESCOGIDOS EH EL ORDEN DE SU FILItCIÓH HISTÓRICA. 3se Homenaje al coleccionista Dr. 0 . JERÓNIMO FARAUDO. A Asociación Artístico-Arqueológica está de luto. Uno de sus más entusiastas fundadores, el apre- ciable compañero, el acreditado facultativo, el inte- ligente profesor de anatomía artística en la Ácade- miade Bellas Artes, el ardoroso coleccionador do grabad» >s, que en pocos años logró reunir lo más selecto y prevalente de todos los maestros y de todas las escuelas, hasta lla- mar la atención del mundo sabio y constituir en Barcelona una verdadera especialidad; ese compañero afable y cari- ñoso, de carácter el más simpático, por sus cualidades mo- rales y personales, cumplido caballero, buen amigo, buen padre, buen ciudadano; en suma, el muy conocido y popular DR. D. JERÓNIMO FABAUDO Y CONDBXTNAS, falle- ció de muerte rápida, bajo la impresión de una desgracia de familia, el día 2 de mayo último, á la edad de 0:1 años, cuando su excelente complexión y salud bien vacia, permitían augurarle larga existencia, en beneficio ~>( 4 ><~ propio, de su familia y amigos, muy lejanos de idear que un golpe tan inesperado le arrancase al amor de 3, segando la flor preciosa de su existencia, mientras aun podía dar de sí sazonados frutos; que de seguro los hubiera dado a beneficio de la madurez, de la expe- riencia, y de su ahinco perseverante en numerosas y apro- adas tareas. La Arqueológica en especial, debíale sin- cera adhesión y auxilio desde sus laboriosos comienzos, ya por la perfecta unidad de miras, esmero en el celo, actividad en la propaganda y valía personal, ya por su eficacia en recursos, y su cooperación con los medios que de largos años tenía allegados, cual artista y arqueólogo, bajo la especialidad de sus riquísimas colecciones (1). (O Nació Faraudo en Barcelona, el día S de junio de 1823. Después de cur- sar con lucimiento los primeros estudios, inclusos los de dibujo y pintura, en que llamó la atención de sus maestros, fué graduado en artes el año 1841. Siguió des- pués la facultad de medicina, sobresaliendo en cada curso, y al fin de ella disertó en acto público, pronunciando un discurso tan nutrido de doctrina, que mereció 1.., honores de la publicidad. Médico desde 1847, y doctor en 1869, consiguió en breve hacerse lugar entre tos más distinguidos, y sosteniendo frecuentes y bri- ñones, obtuvo sucesivamente los cargos de médico de distrito; de la .Vociacíón defensora del trabajo nacional y de la clase obrera; socio correspon- sal, y después numérico de esta Academia de Medicina y Cirujía, ejerciendo en ella diferentes oftrgOS; socio correspondiente de las de Valencia, Sevilla y Cádiz; id. presidente de la Filomátloa barcelonesa; individuo de la Academia de Bellas ..'.ombro de I i \ v de socorros mutuos; id. numérico de la C n n Roja etc. Prest pdblioos de grao cuantía durante las epidemias colé- ricas de 1854 y 1865, en calidad de vocal de la junta de Sanidad y medico de dis- trito, 11.•_ celo al extremo de exponerse á la enfermedad reinante, que D muy agudo grado. A sus conocimientos artísticos debió en 1851, ser nombrado de Real orden catedrático para la asignatura de anatomia de la misma especialidad, en la escuela de Bellas Altes, y en seguida publicó como obra de texto unos /•/- ria natural del hombre, aplicados á la pintura y acuitara, que adoptados por el Gobierno, rigen todavía en las escuelas españo- lisdesuindole.li michos otros trabajos públicos y particulares, cieu- literarios, colaboración en periódicos, etc., y últimamente llevaba adelan- tada una importante obra sobre Antropologia. La colección de grabados le ocu- nmando la delicia de sus ocios, y el pedestal de su reputación o-arqueológica. Hase dicho de ciertas clases ilustradas 6 facultativas entre nosotros, que suelen distinguirse por la pluralidad de conocimientos, viéndose abogados, notarios, médicos. comerciantes, etc., muy capaces de escribir buenos dra- mas ó poemas, brillar en un arte, descollar en la indus- tria, y cultivar ciencias y enseñanzas en competencia con entidades muy sabidoras. A taita de otro ejemplo, mies- tro amigo justificaría esta aserción: Faraudo, eminente doctor profesional, llevado de una gran delicadeza de gusto y sentimiento, por otra parte ardiente admirador de la belleza plástica, cultivi» apasionadamente el arte bajo una de sus más ricas manifestaciones, y con toda la afición del coleccionista y el ardor del entusiasta, reunió, no sin costosos dispendios, un cúmulo de grabados como no los tienen varios gobiernos ni muchas corporaciones significadas. Mas no basta coleccionar por el simple afán de poseer: todo coleccionista de buena ley, debe proponerse un fin científico, y aun de interés social, basado en la enseñan- za que de la propia colección resulta, ú la vez técnica, gráfica, histórica, de generación, de comparación y de deducción. Faraudo, reunía excelentes dotes para el ob- jeto, y sus colecciones lo patentizan. Arqueólogo no me- nos que artista, en el sentido de conocer el origen y marcha de un arte gráfico por excelencia, las variedades de escuelas, las especialidades de autores, la calidad ar- tística de sus producciones, y la legitimidad. im¡ y valor de ellas, muy difíciles de aquilatar entre- la con- siderable balumba y confusión de ejemplar) gados y conservados desde los orígenes ramente ha sido uno de los más fecundos; nuestro que- rido compañero y amigo, atesoraba en 15 ó más gran- ->( 6 K des carteras, debidamente numeradas y ordenadas, so- bre 12.000 grabados de toda procedencia, desde los más toscos ensayos del grabado en madera y metal, hasta las mejores láminas de acreditadas escuelas y de grandes maestros nacionales y extranjeros. Empresas semejantes requieren tanta vocación como abnegación. El que no tenga gusto y corazón de artista; el que no comprenda las sublimes' idealidades á que sabe remontarse el genio; la alteza de miras, la santidad de impulsos, la delicadeza de afectos, la poesía, en fin, que rebosa de la estética del arte y llena de fuego sacro sus inspiraciones; ese tal carece del temple necesario y nada hará de provecho. Es una observación aplicable á mu- chos que se han titulado y titulan coleccionistas, siendo más bien rebuscadores de objetos artísticos ó históricos, las más veces heterogéneos, sin importancia, mérito ó enlace entre sí, formando como un almacén de curiosi- dades donde no rige concierto ni previsión alguna, ver- dadero esperpento artístico, y fundada causa de censura para aquellos críticos superficiales que hacen sistemática rechifla de antiguallas y anticuarios. No entendemos con esto zaherir á otras personas que por lujo ó por moda, bastante general hoy, adornan sus salones y hasta com- ponen gabinetes, con ejemplares ricos del arte de otras épocas, joyas preciosas adquiridas á gran coste, ó alha- jas raras de algún artífice reputado: ese género de colec- ciones, si tampoco responde á un fin doctrinario, llena cumplidamente el de ostentación, honra al que las ha formado para darlas realce, y siempre tiene importancia relativa por ensalzar al arte, siquiera en la coronación fas- tuosa de sus productos sobresalientes. Mas el que con vocación habilidosa, - á semejanza de ->( 7 )<~ Faraudo, se consagra á un solo objeto, convencido de que con uno solo basta y sobra ante la magnitud del trabajo, y llevado de su constante idea, día tras otro, y hora tras hora, á costa de sacrificios no medidos ni com- putados, abarca cuanto más puede, lo colecciona y or- dena, lo clasifica y gradúa, logrando descubrimientos pe- regrinos, haciendo confrontaciones sorprendentes, sacan- do deducciones tan imprevistas como ignoradas; además de rendir al arte sincero culto, le realza en una de sus secciones siempre interesantes, hasta el punto de darle nueva vida y perfecto relieve. Criticar ó desconocer la importancia de semejante tra- bajo, valdría tanto como reprobar las colecciones públi- cas, los museos y bibliotecas, y el esfuerzo de los gobier- nos para su creación y mantenimiento. Sin separarnos de la colección que nos ocupa, ¿quién desconoce la signi- ficación del grabado, y el gran papel que llena en la serie de las manifestaciones artísticas? Pues bien toda perso- na medianamente ilustrada, sabe que ese arte lleva una existencia ele cerca quinientos años; que desde principios del siglo xv, nació antecediendo, y sin duda preludió la maravillosa invención de la imprenta; que desde luego creció lozano bajólos buriles de Volghemuth, Burgmayer, Aldegrever y Durero; que con igual felicidad acometió la madera y el metal, y hallando estrecho el mundo para la grandeza de sus alientos, se extendió y propagó con una rapidez asombrosa por todos los ámbitos de los pueblos donde había artes que admirar y artistas que las culti- vasen. ¿Por ventura no fué el grabado la imprenta de la imagen, como la imprenta en caracteres lo fué del pen- samiento escrito? ¡Qué mucho, pues, brotasen donde quie- ra grabados y grabadores, compuestos en su origen de^ ->( 8 )<- los artistas de más nota, que se gozaban en reproducir y multiplicar sus obras bajo el fácil trazo del buril y la pasmosa forma de estampación! He aquí el origen del grabado al agua fuerte, flor purísima entre las más puras y delicadas del arte incisorio; in promptu del genio, que en su aspecto más subjetivo, destella rayos esplendentes de fúlgida inspiración; forma atrevida, con la cual se han revelado especialidades singulares y entidades eminentí- simas, desde Rembrandt, á Van Dyck y Ribera. ¡Qué mu- cho, si esa manera de grabado constituye el timbre de la originalidad por excelencia, bajo un sello especial en su más vigorosa potencia creatriz, arrebatada por una fan- tasía libérrima y una pulsación febricitante! ¡Qué prodi- gios no se le deben, superiores con frecuencia á los tra- bajos más acabados, á veces de tanto mérito como el cuadro mejor sentido, por la galanura de concepto, por la viveza de expresión, y por el vigor irresistible que suele ser compañero de la expontaneidad! Por dicha, tan bellas cualidades no fueron exclusivas del agua fuerte. El grabado, con hacerse clásico, nada per- dió de los prismas que le distinguen; al contrario, adqui- rió científicamente todas aquellas cualidades por las que, siendo un ramo de la producción artística, supo elevarse á un arte especial, tan fecundo en recursos como asom- broso en resultados. Alemania primero, gracias á circuns- tancias especiales, y sucesivamente Flandes, Italia, Fran- cia y España, ya en el siglo xvi, dieron maestros y for- maron escuelas, cuyos trabajos llegaron á un extremo de grandísima ingeniosidad, tanto más en cuanto, ignorán- dose aún el mecanismo ó artificio de ciertos procedimien- tos, el artista sacaba todos sus recursos del buril á pun- ta seca, y de la niela, y necesitaba grande ingenio para ->( 9 )<- lograr efectos con las simples evoluciones del rayado. En cambio, los que salían airosos, alcanzaban una movilidad y energía de trazo siempre admirables para los conoce- dores, prodigios de factura hoy como entonces, y que merecerán en todo tiempo graduarse de modelos dig- nos de asidua atención. El siglo siguiente tendió más & los efectos: supo hallar las velaturas, el estompado, el grabado en dulce, mas no por eso dejó de cultivar el sistema precedente, y bajo la iniciativa de grandes profesores de pintura, tan enalteci- dos á la sazón, que amaron reproducir sus obras en el grabado ó inspirarse en él, el agua fuerte de los Tiépolo, Goltzio, Wouvennans, Van Dyck, Callot, Van Ostade etc. etc., tomó bajo sus manos un vuelo cual nunca haya rayado á mayor elevación. Entonces había para los gra- badores otra circunstancia de sumo lucimiento: los más, improvisaban en la plancha; la mayoría traducían en el grabado sus propias creaciones: esto les daba grande sujetividad, emulando así y compitiendo en cierto modo con las improvisaciones del otro sistema más ligero. Hay en efecto, planchas de esta época, que sin carecer nada de las ventajas del agua fuerte, presentan gradaciones más completas, y parecen el coronamiento de aquel sis- tema. Pero el gran impulso, el impulso científico y magistral del grabado, data del siglo xvni. Los estudios y las or- ganizaciones académicas, no podían menos de imprimir un sello augusto á ese arte, el más susceptible de refina- ción y alambicamiento. La plancha de acero, mucho más resistente que la de cobre, fué elemento poderosísimo, no sólo para lucirse el grabador en toda especie de deli- cadezas, trasparencias, efectos y contrastes: sino para el -M 10 )<- resultado de la estampación, que se hizo suscepti- ble de tanta limpieza como vigor en tintes y matices, en un número considerablemente mayor de ejemplares ó pruebas. De otra parte, la maestría del rayado retinóse hasta el punto de atemperarse á la naturaleza, calidad, materia y color Sel objeto que debía representar. En- carnaciones, telas de diferentes calidades, pieles, meta- les, flores, frutas, plantas, sin contar cielo , tierra, agua y fuego, todo fué objeto de una aplicación y pro miento adecuado y especial. También los buriles varia- ron de puntas y gruesos; la diversidad de lineas, mul- tiplicó los efectos al infinito; el sistema de paralelas y cruzados, admitió vertieilaciones, punturas, puntillados y gemelados, que rompieron la monotonía convencional, originando en cambio una movilidad y pastosidad más conformes al realismo de los objetos, y sobre todo muy propias para la ilusión y visualidad pictórica. De entonces datan esas admirables producciones de los Le-Bas, Lepautre, Xanteuil, Morin y tantos otros que realmente nan por su valentía, por la grandiosidad de estilo, y por la maestría de elaboración técnica, ingeniosa, proli- ja, infatigable, pocas votes auxiliada de recursos mecáni- cos, como no sea en ciertos pormenores de fondos y con- juntos, patentizando una habilidad superior de mano, en grado mayor o menor según las escuelas, ó sea según el carácter, la casta, lo intes y procedencias de tas mismas, como también insiguiendo el influjo de la moda, que á su vez refluyó en la estética y en las artes. Por desgracia, el exceso de tilde engendró una especie de amaneramiento que, á últimos del siglo, caracterizaba uela del célebre Morghen y de sus imitadores, con ->•( 11 )NS- sff la más renombrada por BU majestad y grandilocuen- fl cia. Clásico en toda la exti - de la palabra, el graba- do de aquel período, que tan excelentes adeptos sacó entre nosotros, puede compararse en exceso de correc- ción, á las i" 'Méndez. & las comedias de Ho- ratín, o á loé discursos de B " i Quintana y de Jo- vettai ellos no cabe i" perfecte'' blecidas de i edimien- to: en n como obra- justament «das, y sor* prenden por la exactitud de medidas y proporciones; sin embargo, QO eclipsan a los arrojos de una genialidad briosa, quizá menos i, pero brillante como el sol ceñido de deslumbrante- ¡v-plandores. También en- tonces, con la habilidad emuló la facundia; y considerán- dose insuficiente la estampación ordinaria, ideáronse los tirajes á sepia, á colores, á la sanguina, al acuatinta, -> estamparon grandes láminas de simple puntilla- • do é imitaciones de lápiz, en cuyo trabajo particular- ment íialó el tardío y naciente grabado Ing] por asimilación el italiano. YA trances por su parte, habíase cernid mámen- te sobre tod< . la favorable impulsión artística del brillante reinado ile Luí- XIV. Hay en efei to en la- demias de Pan-, -uníame! gistrales, que aellan mucho sobre aquellas oi -italià: alemanas de la mórbida escuela puesta en boga por una ¡ voluptuosa: trabajos los primeros, que adunan ex- tremada . hnásvigoi ¡lian- do perfectamente los dos términos característicos del arte que nos ocupa. Sobresal' Lulamente por esta cir- cunstancia, los bellísimos retratos de prueba que solía trazar cada aspirante al título académico, de los cuales -*•'( 12 )*s- hay un grupo selecto en la colección del Dr. Taraudo. Cual otra donosa especialidad de entonces, merece se- ñalarse el grabado de viñetas para libros. Cuando los españoles Ametller, Esteve, Carmona, En- guidanos y otros, á quienes debe su mayor gloria el graba- do patrio, fueron á inspirarse en aquella metrópoli, la acá. demia francesa había decaído en cierto modo, infiltrándose del nuevo gusto iniciado por Morghen, con lo que nues- tros profesores vinieron á resultar unos meros satélites, si bien no cabe negar genuino caracterismo á muchos de ellos, y cualidades no pocas veces aventajadas sobre su modelo. Salvedad especial merece el popular Goya, cho- cante excentricidad en el mismo período, genio tan fo- goso como indómito, que á ser menos extravagante, de- bería señalarse entre las primeras glorias españolas. Pintor y grabador á una vez, pintaba como si grabase, y graba- ba como si pintase, confundiendo los términos de ambos procedimientos en los límites de lo sublime alo ridículo, siendo igualmente susceptible de bosquejar un mamarra- cho, como de improvisar un poema. Sus caprichos al agua fuerte, asombro de artificio, son tipos en su género peregri- nos por la ingeniosidad y fantasía, genialmente expontá- neos, sin ninguna relación con sus precedentes en el arte, pero rebasando soberbiamente á todo lo conocido, cual fúlgido astro en medio de noche oscura. A nacer más tarde, hubiérase hallado en mejor elemento, y sazonado y dirigido por el moderno progreso de conocimientos, qui- zá el grabado alcanzara en manos suyas su más perfecto desiderátum. De las influencias dominantes, quedó para nuestros gra- badores un resto de vida semi-artificial, visiblemente de- caída en lo que va de siglo, lejos de rehabilitarse y ten- . -*( 13 )<- der briosamente hacia nuevos horizontes. En cambio, otras naciones en que el arte tiene firmes y seguros es- tribos, han venido demostrando la inagotabilidad de los recursos del mismo, creando géneros nunca vistos, y ele- vándose á sublimidades tan asombrosas de factura, como pasmosas de inteligencia y originalidad. No hay sino ver las soberbias publicaciones modernas de casa Goupil y ctras, las magníficas producciones que llenan las estam- perías, atrayendo día y noche la atención de grupos cu- riosos. ¡Qué portento de trabajos! Escenas fantásticas é ideales, religiosas é históricas; detalles de vida íntima y familiares, henchidos de vis cómica ó de un realismo per- fectamente adivinado ú observado; vistas de edificios y paisajes, que mejoran su ser propio con las magníficas y soberanas fantasías del genio; juegos inefables de luces y sombras, contrastes y efectos arrebatadores, golpes tan vigorosos como atrevidos, delicadezas sin cuento, maravillas infinitas. El grabado de estos últimos tiempos, parece ya inme- jorable: sus autores brillan como artistas en toda la ex- tensión de la palabra, ya obren de inspiración propia, ya reproduzcan grandes cuadros de autores de mucha nota. El primor y corrección del dibujo compite con el del gra- bado; parece imposible conseguir con más acierto el ma- ridaje de la composión en todos sus pormenores, con las graciosas y acertadas interpretaciones del buril. ¿Pero cuándo podrá decirse que el arte haya alcanzado á su úl- tima meta? ¿Quién es capaz de adivinar y prever sus ul- teriores recursos:1 ¿Quién pondrá vallas al genio? Eso quiere decir que, si bien se ha andado mucho, el campo queda siempre abierto á la especulación, y cuanto ma- yores sean los timbres alcanzados, tanto mayor y más ->( 14 ><- glorioso estímulo se ofrece á los que aspiren á seguir tan notables modelos. Franceses y alemanes por de pronto, son los que más se emulan en esta gloriosa competencia, con lo que justa- mente pregonan su alteza artístico-industrial, y se fran- quean el mercado del mundo. Favorécenles para ello un ejercicio libérrimo, protegido y fomentado por sus gobier- nos; una especulación serena, secundada por estudios bien dirigidos, por hábiles profesores, por abundantes y accesibles centros, por selectas colecciones de modelos en todo género, por estímulos é incentivos poderosísi- mos, por agentes técnicos y mecánicos de una perfección insuperable de momento: ¿qué más? Los extranjeros pro- ceden seriamente en todo el orden de lo utilitario: sus gobiernos no se consumen en luchas estériles, ni la bas- tardía de ruines especulaciones aniquila los recursos de la patria. Sus sabios son sabios de veras, y no porque lo digan ellos: sus artistas crean con sutileza y hábil obje- tivo, bien penetrados de lo que hacen y se proponen; en suma, la vida aunque difícil, allí como en todas partes, por las indiscretas acumulaciones de población, ciménta- se en general sobre buenos principios morales y sociales, extensivos á la mayoría, que engendran costumbres mori- geradas y hábitos laboriosos; vida regulada por hábiles re- glamentos en cuanto pueden favorecerla, haciéndola buena y provechosa, como son orden, policía, higiene y progreso legítimo en todas sus acepciones. Así es como las artes, industrias y otras muchas cosas, se impulsan y endere- zan á buen fin; sobre todo las artes liberales y aplicadas, que son el producto más directo de la ilustración de los pueblos, no pudiendo medrar donde el desorden políti- co, hijo del social, resultante del moral, en vez de enalte- ~M 15 H- cer, degrada, y que en vez de las ventajas de la civilización, sólo reportará horrendas y monstruosas aniquilaciones. Esta verdad de sentido común, confirmada por la expe- riencia de todos los tiempos, sin necesidad de aplicacio- nes, está en la conciencia de cuantos gozan recto crite- rio. Lo triste es, que nuestra querida España llegue á descender al nivel de otras naciones retrasadas, sien- do así que encierra elementos muy favorables para enal- tecerse cual pocas, conforme ha hecho todas las veces que ha podido y querido. . Para que puedan y quieran nuestros artistas, es que juzgamos útiles á los mismos en general, y á los graba- dores en particular, colecciones por estilo de la del doc- tor Faraudo, donde pueden verse reunidos cuantos tipos * alcance á desear la especulación, cuantos ideales el gus- to, y cuantos modelos la enseñanza, para difundir ésta, formar el segundo y conseguir la primera, mediante el examen, cotejo y análisis del conjunto. Por igual razón es que la Asociación Artístico-Arqueológica, ganosa siem- pre de coadyuvar al estudio del arte en su pasado y presente, para guía del porvenir, ha creído oportuno de- dicar este Álbum á dicha colección, y ala buena memoria de su formador, con lo cual consigue tres objetivos: 1." dar á conocer la importancia de la propia colección, y llamar hacia ella la atención de artistas y aficionados; 2 / trazar una breve reseña de la misma, reproduciendo buenas muestras de cada época y escuela, lo que dará de sí un conjunto demostrativo del grabado en sus varias fases de iniciación y desarrollo, ó sea en su orden histó- rico; 3." y finalmente, rendir á nuestro malogrado conso- cio el homenaje que le es debido por muchos títulos, y que nos apresuramos á tributarle, deseando que su ejem- -*4 16 )HÍ- plo estimule á otros, y que sus sacrificios sean utilizados por todos los que se hallen en condición de hacerlo, ma- yormente la juventud estudiosa, cuya ambición responda al noble afán de adelanto que es divisa antigua de todo buen catalán, y que hoy como nunca debe serlo de todo buen español. Para más aliento y confianza de nuestros artistas, im- porta consignar un hecho que garantiza su buena dispo- sición y aptitud. Notorio es el fecundo renacimiento con- seguido por el grabado en madera: muerto ó poco menos, casi desde su primera cuna; abandonado cuatro siglos á la situación más vergonzosa, sin haber jamás conseguido, ni aún bajo el genio de los primeros profesores, la pasto- sidad, el color y demás buenos resultados que podía dar de sí; rejuvenecióse á favor de las publicaciones popula- res ilustradas que amanecieron en el segundo tercio de esta centuria, y tales y tan rápidos han sido sus progre- sos, que en el último tercio osa habérselas con los gra- bados metálicos, y á pesar de la sublimación de éstos, lo- gra disputarles el mérito en trazado, dulzura, delicadeza y efectos artísticos. La ventaja que ofrece de poder es- tamparse con el texto, unida al más rápido despacho de ejecución, y á la intervención directa del dibujante sobre la plancha, le han valido manifiesta prevalencia mercantil para el acelerado servicio de Museos é Ilustraciones heb- domadarias, que sirven al público, por decirlo así, al día, y satisfacen su febril ansiedad de novedades y actualida- des con grandes páginas improvisadas, donde se pasa re- vista á los acontecimientos más ruidosos de las cinco partes del mundo, se retrata á las celebridades más so- nadas, se exponen las producciones más flamantes del arte, las curiosidades mejores de las exposiciones, á ->< 17 ><- vueltas de otros famosos testimonios históricos, monu- mentos, vistas, etc., con ayuda muchas veces de la foto- grafía y fototipia, que tanto favorecen la rapidez de la publicación, como realidad materialista de los tipos ó sucesos que se publican. Pues bien: en esta clase de edi- ciones, que así incitan á los editores del país como á los extranjeros, si bien haciéndose un abuso en cierto modo excusable de los clichés, ha podido crearse un semillero de grabadores que no desmienten las buenas tradiciones artísticas de nuestra patria, y que lidiando con valor he- roico entre numerosas contrariedades, logran sin desaire' hacer buen papel en este nuevo palenque del ingenio, como lo han acreditado de algunos años acá, entre otros, el Museo Universal de Gaspar y Roig, la Ilustración Espa- ñola y Americana de A. de Carlos, la Ilustración Catalana, el reciente Museo Militar, y otras varias obras de empeño y gusto, que han obtenido premios y medallas en grandes certámenes. Si, pues, el grabador español se luce en la madera, porque la cultiva, mañana que halle aliciente y lauro en el metal, hará lo mismo, porque del estímulo na- ce la potencia. Faraudo en su colección, nos ha dejado un precioso ele- mento para semejante estímulo: ¡loor, pues, al diligente patricio que consagró buena parte de su vida y de sus intereses, al trabajo de reuniría! ¡Loor al digno ciudadano, que lega á la posteridad un recuerdo tan estimable y fruc- tuoso como patriótico! Un escritor de principios de este siglo, en el periódico literario titulado Minerva ó el Revisor General (Madrid, Vega y C.*, 1806), emite sobre las colecciones de graba- 2 •*i is y*. dos, algunas ideas que juzgamos bueno reproducir, como ampliación de lo anteriormente sentado. Las estampas, dice, son unas traducciones de las obras que se quieren multiplicar, según expresión de Milizia en el Arte de ver: las hay grabadas en madera, en plomo y en cobre, con agua fuerte, buril y otros instrumentos nuevamente inventados, á fin de imitar la pluma, el lá- piz, el humo, la aguada, etc. Para ser buenas, han de tener tres cualidades: prime- IM. asunto escogido y tomado de los mejores maestros; • segunda, corrección de dibujo y precisión de formas, de manera que se conozca el legítimo autor, y tercera, lim- pieza, suavidad y efecto en las variadas líneas y puntos que representan carnes, paños, celajes, terrenos y de- más accesorios. Las antiguas conservan las dos primeras cualidades, y por eso son más apreciables, y las moder- nas, la tercera, habiendo llegado á tal perfección en proli- jidad y delicadeza, que son de mucho coste. Parece que un platero de Florencia llamado Masso Finiguerra, fué el inventor del arte de grabar en dulce, el año de 1400. Así suele distinguirse el grabado de es- tampas del de las medallas, que se llama grabado en hueco. Bacci Baldini hubo de seguirle en la misma ciu- dad, Andrea Mantegna en Roma, Martín de Amberes en Flandes, Alberto Durero en Alemania, Lucas Cranack en Sajonia, y laicas de Leyde en Holanda. Con las obras de estos primeros maestros, se forma- ron otros muy aventajados, distinguiéndose entre ellos dos discípulos de Rafael de Urbino, Marco Antonio Raymondi, que grabó sus tablas y frescos, y Ugo de Carpi, sus dibujos y cartones. De estos procedie- ron otros muchos artífices, cuyas obras son muy apre- ->•( 10 Va- ciadas de los verdaderos aficionados é inteligentes. En fin, se han adoptado ya los elementos de este arte subalterno; se ha escrito la historia de sus profesores, y hay libros que nos presentan y descifran los monogra- mas y signos con (pie marcaban sus estampas; útil y agra- dable estudio para el amante de las bellas artes. Citare- mos entre otros, los diccionarios de Pernety y de Wa- telet y Levesque, y otras obras francesas é inglesas so- bre el mecanismo de este arte: las noticias históricas por orden alfabético de profesores, de Juan Gori Gandine- lli. 1771 ;„ el diccionario de monogramas y cifras por Mr. Uirist. traducción del alemán, con láminas, París 17H2; el catálogo de las estampas del abad de Marolles y tabla de cifras por Florent-le-Cont, para el Gabinete de singularidades de las Artes, París, 1699; tratado del modo de formar colecciones de estampas, Nuremberg, 1728, etc., etc. Se pueden dividir las mismas estampas entres clases: grabadas directamente por sus autores; grabadas sobre dibujos y pinturas de famosos maestros, y copias de otras estampas. Para mayor claridad, puede la primera clase subdivi- dí! >e en dos: 1." grabados casi siempre al agua fuerte por sus inventores, y sobre sus propios dibujos, como algunos del Parmesanino, Beccafumi, Castiglione, Guido Reni, Anníbal Caraccio, Rembrandt, Van Dyck, Testa, ("allot, Stephano della-Bella, Tempesta, Cario Maratta y otros, y las que los inventores grabaron sobre sus mis- mas pinturas ; como se _dice de Durero, Cranack, Lucas de Leyden, Jorge Penz, Althorffer, Bisck, Hisbel, Beham. Aldegrever, Brign, Berghem, Suanevelt, Both, Miele, Bautista Franco, el Spagnoleto y otros muchos. -*< 20 ><- Los de la segunda clase son en mayor número, y en- tre los antiguos gozan suma estimación los de Jorge, An- drea y Adán Manto vano, Juan Jacobo Coraglio, Marcan- tonio Raymondi, Marco di Rávena, Agustín Veneciano, Martín Rota, Cornelio Cort, Bautista del Moro, Geróni- mo Cock, Collaert, Goltzio, Eneas Vico, Bautista Man- tovano y su hija Diana, Nicolás Beatriccio, Agustín Ca- raccio, Spranger, Querubín Alberti, los Sadelers, Santo l'.aitoli, Felipe y Cornelio Galle, Vilamena, Wooster- mans, Pontius, Wischer, Jode y muchísimos otros que sería largo referir, por la precisión de contornos y for- mas, y por estar grabadas sobre las producciones más célebres de famosos pintores de los siglos xvi y xvn. También pertenecen á esta clase las de grabadores modernos de Inglaterra, Francia é Italia, que copian las mismas pinturas de antiguos maestros y otros contem- poráneos, con suma perfección y magnificencia. No son tan recomendables las estampas de la tercera clase, retalladas y copiadas de las de la segunda, por traficantes calcógrafos imperitos, que buscando solamen- te su interés, falsean el dibujo y desnaturalizan el carác- ter y estilo de los autores. Es bueno, sin embargo, con- servarlas en defecto de sus originales, porque siempre dan alguna idea de la invención y composición del asun- to, y noticia del que lo inventó. Divididas las estampas en estas tres clases, es cosa muy curiosa é importante clasificarlas por las escuelas de sus autores, ordenándolas cronológicamente paraque formen un repertorio del grabado en Italia, Flandes, Ale- mania, etc. Pero lo que más interesa para el conoci- miento de las pinturas, y para el discernimiento de los originales y de las copias, es formar listas de los que in- ->< 21 )•<- ventaron las de segunda clase, indicando el asunto que cada una representa, y los templos, palacios y demás si- tios en que sé hallaban cuando fueron grabadas; lo que no es difícil averiguar por las mismas estampas y por los libros que las explican. Harto más es el recogerlas ó adquirirlas en España, por haber quedado pocas de las antiguas. El aficionado pasa largos años sin poder formar apenas una mediana eofección, ya que nadie las.procura y pocos las conocen. CLASIFICACIONES Ï CALIFICACIONES. GRABADO ALEMÁN. Alemania fué considerada largo tiempo cabeza de las naciones de occidente, con el pomposo dictado de Sacro romano imperio. Semejante categoría, unida á sus propios recursos, le valieron legítima grandeza y muy notable importancia histórica. En ninguna parte hubo cortes más rumbosas, prelados y magnates más opulen- tos, agremiaciones mejor organizadas, categorías más de- finidas, etc. Por eso entre otras cosas, pronto florecieron en ella las artes, como lo atestiguan Colonia, Francfort, Nuremberg, Spira, Manheim con sus grandes catedrales y monumentos de todo linaje, sus artistas numerosos, sus inteligentes artesanos y sus activos mercaderes. Ta- maños elementos dieron á la producción artística un vue- lo prodigioso, y muy de antemano á otras naciones, so- brándose ella para sus necesidades, bastó para la propa- ->( 23 )<- ganda exterior, alimentando la exportación por la vía de numerosos industriales, mercachifles y buhoneros, que ya en el segundo período de la Edad media salían á re- correr los países extranjeros, con objeto de despachar á bajo precio el contenido de sus balijas. El elemento pia- doso, tan socorrido en aquellos tiempos, constituía la primordial de semejante mercado, y todavía en nues- tras iglesias rurales vemos conservados imágenes, cáli- ces, incensarios, crucifijos y otros adminículos del culto, hasta bandejas limosneras de cobre, con etiquetas de fá- brica é inscripciones alemanas, que descubren á tiro de ballesta su origen y data de los siglos xv y xvi. La especulación es infatigable cuando halla abierto an- cho campo á su ejercicio. Bien pronto los imagineros de pacotilla, hicieron su agosto con la reproducción al menu- deo de santos famosos, recomendados por la piedad ó la superstición; algunos buenos maestros comenzaron á for- marse en este género de trabajos, como se sabe entre otros de los Teniers, padre é hijo; pero aun con ser mu- chos y expeditos, la actividad de ellos no bastaba á las exigencias de la demanda. Esa necesidad, unida á la de los juegos de naipes ó ba- rajas, que á impulsos de ciertas costumbres truhanescas y de campamento, se extendió á igual compás, originó sin duda y correlativamente en Alemania y Flandes, el grabado en madera, que debía de rechazo generar la im- prenta, basada originariamente en el mismo sistema que el grabado de estampas. Grande, peregrina y maravillosa hubo de ser la tras- cendencia de dos inventos de suyo tan sencillos, que mu- tuamente se relacionan, y que relativamente se explican en sus causas y resultados: de manera que no acertamos á comprender como reconocida la innegable primacía de la imprenta en Flandes y Alemania, se haya pretendido y aun se pretenda disputar á esta nación la del grate- do: ¿puede admitirse el consiguiente sin el precedente? En las estampas ya corrían un cuarto de siglo impresos, por lo menos desde comienzos del 1400. Hay las conocidas de fecha cierta, de los i ¡i:'>. 15, 18, 22, etc. Unidas al libro casi desdo su aparición, sírcenle de adorno, arguyendo su prioridad, y en relativo nivel siguen hermanados, progresando ac- tiva é incesantemente libro y grabado, desde los prime- ros ensayos xilográficos, hasta las grandes ediciones de fines del mismo siglo, como la llamada Crónica de XK- remberg, que aun hoy se estima y precia por uno de los más notables monumentos de la tipografía. Sin embargo, los grabados seguían una esplendente tradición de la es- tampería de imágenes, y los mismos xilógrafos que sur- tían las ilustraciones de libros, procuraban ganarse re- nombre y crédito con trabajos más independientes y de su gusto, ya aislados, ya en colección formando series, ge- neralmente sobre la infancia y pasión de Jesucristo, vi- das de la Virgen y de los santos, emblemas morales, fa- bularios y otros análogos. Con ellas, en efecto, dióronse áconocer los Wolgemuth, Schongauer, Burgmayer, etc., D las mismas inició su actividad y prestancia el cé- lebre Alberto Durer. - .'{ui, hemos de retroceder algunos pasos. Concurriendo con el grabado en madera, había venido iniciándose el de metal, más fino, más perfeccionado, y debido á un procedimiento inverso, ó sea el hueco ó in- la plancha. Su invención, ó mejor la idea de él, suele atribuirse á los artífices italianos, al sacar prue- -ss-( 2 5 )-6- bas «lo las nií l que adornaban sus piezas, supo- niéndose de Masso l'iniguerra que en igual circunstan- cia y por una casualidad, habría obtenido el afto 1452, una prueba completa de la Coronació'n de la Virgen, nie- lada por 6 sobre un portapaz. 1 La verdad i ! mania tenía un maestro anóni- mo, hacia la fecha de 1466, el cual grabó mucho y i la usas un producido en varias obras modernas de ar . Para llegar i las galanuras de Durero, pre< ísaba le hu- biesen antecedido muchos y foli* or mi- lagro Minerva brota armada de la cabeza de Júpiter. Au- ne él, además del referido y otros anónimos, figura- ron Pfister, Pleydenburff, Schongauer y Wolgemuth su maestro; pero nadie en verdad como 61, supo dar al nue- vo arte un carácter magistral. Los cuatro primeros fo- tograbados de este Álbum, se contraen á esta ya sig- nificada época del arte alemán. El i - grabado en madera de un retablo, prolijo y complicado como todos los definesdel ojivalismo, y muestra DO menos com] úi- las estamperías devol su apogeo, i. número 2 la plancha más f m a < ngauer, plancha admirada del D s O I Üm j que s tal vez contríbuj mirarle su Pasmo d dibujo de Du; osa madera n. tres cobres del n." 4, siendo el último (lavatorio de Pila- ie su imitador Aldegrever: tantas estampas como modelos: tantos nombres com< A los felices auspicios de Wolgemuth y I sajón Lucas de Cranack; á las dono>as ilu Burgmair y Schanflein que, bajo la iniciativa de Maximi- liano, dejaron sellada su fama en las obras de los T ~>( 26 )<~ fos, del Santoral imperial y del Rey sabio, concurrieron con Durero á la gloria de ambos géneros de grabado, por un lado los Resch, Cornelio, Graf, Baldung-Grun, etc , por otro los ya citados Altdorfer y Aldegrever, Olmutz, con el fecundo Ysrael-van-Mecken, el célebre Holbein, Binck, Amman, los sucesivosLantensack, Hopffer, Lam- bert, Bry, Solís y otros, á una vez pintores y grabado- res, que sostuvieron hasta fines del siglo xvi las tradi- ciones de este primero y brillante período. No todos ellos grababan por sí mismos, limitándose á dar el modelo ó trazar el dibujo bajo su monograma, á cuya circunstancia es debido el frecuente error de atribuírse- les la originalidad de los grabados;'pero muchos hallaron buenos intérpretes, de maestría propia como grabadores. Por de contado, el arte alemán en la expresada época, fué gótico por excelencia, y gótico exagerado, en sus agu- deces, en sus angulaciones, en la sequedad y envara- miento de estilo, mecánico cual la escultura, y de todo punto convencional. El ingenio^ sin embargo, activo y fecundo, especialmente en figuras, luchaba vigorosamen- te con la insuficiencia de la teórica, procurando vencer las ignorancias de proporción, escorzos, perspectiva pla- na y aérea, á vueltas de contorsiones y contrastes que solían parar en extravagancias, hasta convertir la belleza en fealdad. Con todo, aquellos autores fueron legítimos talentos, y á florecer 0 1 sazón más oportuna, hubieran 1 brillado sin dada, entre las lumbreras de primer orden. ¿No hicieron bastante con sacar el arte de sus mantillas, y gracias á sus esfuerzos, abrir el camino á una nueva y explendente era, cuyos principales tipos se levantaron briosos sobro el escabel de su heroísmo? Examínense bien las producciones aludidas, y se verá -H 87 K- en todas ellas esa lucha del genio, comprimido por las ataduras de una convencionalidad caduca y un procedi- miento ineficaz, que rebosa ardorosamente en licencias atrevidas, de donde saldrán precisamente esos recursos que á la teórica y la técnica les faltan. ¡QuéCándidas son todas ellas en sus vacilantes indecisiones, pero qué ro- bustas á la vez en sus arriesgadas valentías! ¡Cómo inter- preta Wolgemuth la variada movilidad del ser humano! ¡Cómo traduce Burgmair la graciosidad de este movi- miento! ¡De qué manera lo animan y complican los Altdor- fer y Aldegrever, lo realzan Durero y sus satélites, y lo per- feccionan todos, logrando salvar en breve carrera la gran distancia que media desde el ojivalismo al renacimiento! Conforme sucede en otros muchos casos, tienen defec- tos, pero no son suyos, sino de su época; lo que es suyo es la ardorosa iniciativa, que convierte el hieratismo en naturalismo; que á las figuras de metal y piedra, sustitu- ye las de carne y hueso; á los paños acartonados, los pliegues ondeantes; á los rostros parásitos, una fisono- mía viva é inteligente; á la acción inerte, un movimiento decidido; á agrupaciones sin fondo, el espacio, la distan- cia y las proporciones graduadas; de todo lo cual resul- tan en definitiva, escorzos y perspectivas,, relieves y rao. delados, contrastes de luz y sombra, en suma, espacio, aire, actividad y vida, que es lo que se trataba de demos- trar. A esta perfección, acompaña la del procedimiento; el color en la pintura y el rayado en la estampa. El gran Durero, que en sí reasume y concentra semejante desplie- gue, porque á fuer de hábil artista aduna la factura con el sentimiento, no sólo viene determinando en la multi- plicidad desús obras cada uno de esos progresos, sino que llega en ellos á la raya de la filosofía y la sentimen- M 28 l e - talidad, hasta imprimirles cierto sello de un sujetivismo semifatídico. Señalaremos sus mejores planchas, que fal- tan en la colección Faraudo: la Melancolía, meditación profunda sobre el problema de la existencia; el Caballo de la muerte, otro problema no menos sombrío de las grandezas humanas; el S. Huberto, obra si menos filosó- fica, impregnada de un misticismo algo excéptico. Aliado de estas producciones, que á fuer de expontáneas rebo- san todo su genio, hay otras menos libres, como las se- ries de Santos y Vírgenes, recomendables por una inspi- ración peculiar, y siempre por la facundia, movilidad y travesura que a este profesor caracterizan, en medio de improvisaciones originalísimas. que aun hoy, después de 400 años, llenan de sorpresa al observador. Privilegio del genio, que destella siempre, con fuerza cada vez ma- yor, los rasgos de su sujetividad! Después de Durero, el tipo más saliente, que no le cede en caracterismo y sentimiento, y que le aventaja en gus- to y perfección, es Holbein. Cual grabador, débensele preciosas aguas fuertes; pero tuvo un buen ayudante en Latzelburger, para la interpretación entre otros, de su Alfabeto de la muerte, que es una maravilla de intención y agudeza. ¡Cuánta maestría en sus composiciones! ¡cuánta facundia y grandiosidad en ellas, atendido el es- caso progreso de la época! Y de Schongauer, ¿cómo no admirar la exquisita precisión especulativa, demostrada por' el grabado que reproducimos? ¿A quién no sorprenden los retratos y pequeños asuntos de Altdorfer, las delica- das reproducciones de Bmck, los cuadros naturalistas de Van-Mecken, Van-Bocholt, Aldegrever, Martín Zagel, asunto no mal entendido del mismo Durero, según per- miten observar nuestras láminas. • El agua-fuerte sobresalió poco en manos suyas y de sus discípulos, hasta Amman; en cambio la madera obe- decía dócil á sus trazos de composición y ornamento, y el cobre sobre todo, reprodujo con tanta fidelidad como delicadeza los caprichos de sus puntas y buriles, con un primor nunca después superado ni siquiera igualado. La precisión es lo que más cautiva en esas planchas: el artista las acaba y define en sus detalles, con una minucia que refleja la de las antiguas miniaturas; advirtiendo que no por ello salen menoscabados los varios términos de la composición, ni el efecto de conjunto. Bajo este concepto, la soltura y finura del trazo de Durero es insuperable: sus grandes estampas ya citadas, tan recomendables en el fondo, serán perpetuamente en la forma, inimitables é infalsificabies modelos. En sentir' estético, la influencia de la escuela alemana dañó al arte, generando el barroquismo. Tal ciertamente fué el resultado de sus exageraciones, por prurito de ingeniosidad é independencia, así en el accionado de las figuras, como en la exhibición de escenas, en los ropajes, en las ornamentaciones de procedencia ojival, harto oca- sionadas en su complexidad, á las desenvolturas del mal gusto. Desde fines del siglo xvi y durante todo el xvn, las obras de los grabadores adolecieron de este achaque, sin que lo compensasen otras cualidades artísticas, que en pintura calificaron á muchos profesores dentro y fuera de Alemania, sin embargo de haberse generalizado en todas partes la indicada corrupción. Así, aunque todavía salen buenos grabadores en la acepción técnica, ninguno merece señalarse con especialidad, maleados por el de- fecto de gusto y sentimiento, y harto á menudo por una ~w( 30 ) * - deplorable falta de corrección. Vistas, retratos, alegorías y viñetas, he aquí el elemento principal que ocupa á una grey más industrial que artística, que fía su modus vi- vendi al socorro de editores de àlbums geográficos, bio- gráficos, etimológicos, heráldicos, emblemáticos y vena- torios, que fueron á la sazón comidilla de la prensa. En esta sección de ilustraciones, ganaron algún crédito los Kilian y Merian, los Custos y Greuter, aparte de Hollar, recomendabilísimo por su ejecución, y de Wendel Die- terlin, ingeniosísimo en sus caprichos, improvisados con gran vigor de buril. Vanamente Ridinger pretende reme- dar á Rembrandt; vanamente Rodé prodiga muchas aguas fuertes, tan huecas como almibaradas; Dietrich apenas logra se distingan sus medianos grabados, de sus medianas pinturas, y Weirotter no logra mejor resulta- do con sus paisajes de escaso efecto. Del siglo XVIII debe Francia á Alemania dos buenos re- presentantes, Juan Jorge Willey Jorge Federico Schmidt, que expatriados desde su juventud, hallaron favorables mecenas en Rigaud y en Lancret, para desplegarse con raro talento, y contribuir eficazmente el empuje del gra- bado francés. No hablaremos de Keller, Muller, Felsing y otros mo- dernos, porque la obra contemporánea no coge en los lí- mites de nuestro estudio. •+i 31 )**- GRABADO FLAMENCO. El arte en los Países Bajos, sino tuvo iguales impulsos que en Alemania, siguió de cerca sus progresos y acabó por aventajarla considerablemente: baste citar la escuela creada por Van-Eyck y Memling. Primando con ella en los ensayos del grabado y de la imprenta, ya de antemano dio repetido el Speculüm huma- na; salrati'mis, uno de los más antiguos conocidos hasta ahora, entre los incunables con ilustraciones. Xilógrafos oscuros cual en todas partes, inauguraron al rayar el si- glo xv, aquellos trabajos que do quiera se parecen, por radicar en iguales tradiciones y contar con análogos ele- mentos. Media docena de estos inauguradores de la es- cuela neerlandesa, indicados por simples iniciales ó por al- gún detalle característico, generaron el grabado en Ams- terdam, en Amberes y en la corte de los duques de Borgoña, sobresaliendo entre ellos el llamado Maestro de 1480. En el año 1493, viene al mundo un genio que pronto deberá remontar á elevadas alturas el grabado de su pa- tria: tal es Lúeas de Leyden, pintor y grabador á la vez. autor á los quince años de la notabilísima plancha el Ecce-homo, asunto de nuestra lámina 5. a Dibujo corree- -*( 32 )<~ to, agrupación bien entendida, feliz perspectiva y ajusta- da composición, forman de este cuadro una obra maes- tra, portento para su época, en la cual se deslien todas las excelentes condiciones artísticas que nunca desmin- tió el autor en sus creaciones; y eso que se le conocen hasta 200 planchas de gran estima, además de la repro- ducida, la de las Siete virtudes, la Magdalena mundana, una familia pobre yendo de camino, origen de las colec- ciones truhanescas, tan favoritas de los flamencos. Lo más curioso de este maestro, es el fiel trasunto que ha- ce, cualquiera que sea la época aparente, de los hombres y costumbres de su tiempo, lo cual agrega al interés artístico, el histórico y arqueológico. Otro tanto cabe decir del Ecce-homo déla lámina 7. a , debida áNicolás de Bruyn, artista no menos ingenioso, fecundo y correcto, aunque más confuso y flojo en sus trabajos. Lúeas, tuvo algunos buenos imitadores: "Van Staren, Claas, Metzys y algún otro, se nutrieron de su ejemplo, pero faltábales ingenio propio, y muchos que hubieran podido honrar al país, dieron en la manía de trasladarse á Italia, para vejetar allí sin fruto; manía general entre los flamencos del resto del siglo xvi. Necesaria fué la aparición de dos grandes lumbreras, Rembrandt y Rubens, para fijar á un tiempo y con bri- llantez, durante el siglo xvn, las dos escuelas holande- sa y belga. Rembrandt (nacido en 1607), es un gran maes- tro en toda la extensión de la palabra: sus ebras forman el tesoro de las colecciones, y su reputación ha venido ajigantándose de siglo en siglo. ¿Qué diremos en elogio de las aguas fuertes, su espe- cialidad en grabado, conocidas de todos los curiosos y admiradas y celebradas de todos" los inteligentes? ¿Quién HH( 33 K le iguala en intención y valentía? /.quien le superó en efecto? ¿dónde hallar genio más inagotable en la movili- dad, acentuación y capricho de aquella punta que, donde quiere y cómo quiere, evoca explendideces las más ine- fables, efectos los más terroríficos, encantos inauditos por el solo'efecto de la tinta sobre el papel, á que sabía agregar cierta penumbra de gran recurso, mediante la impresión? Tampoco en las carteras de Faraudo hallamos pruebas asaz valiosas, para reproducirlas confiadamente; porque es de saber que ningún grabador ha sido más fal- sificado, y más groseramente casi siempre, por la misma dificultud que ofrece. Sus obras lo abordan todo, y casi en todo son superiores: historia civil y religiosa, género, re- trato, paisaje, fantasías: la crítica enmudece ante el fue- go de su ingenio, disimulándole lo que tal vez carezca de apropiado; á semejanza de otros grandes profesores coetá- neos suyos, con relación al orden histórico de la didácti- ca científica. Toda su arqueología reducíase á cuatro pin- gajos, hacinados en un rincón del taller. Maestro de tales condiciones, no podía dejar discípu- los, pero trilló ancho y especulativo camino para fran- quear á los artistas sucesivos, dilatados horizontes; sin contar algunos felices imitadores, que los tuvo en Bol, Liven, Van Uliet, etc. La afición á los tipos tabernarios y á las rustiqueces campesinas, desplegó el talento de Brauwer y Van Ostade, héroes del género, sujetiva y ob- jetivamente, con admirable observación personal, y eje- cución del segundo como aguafuertista, no inferior á la garbosidad de Rembrandt, si bien tras otro prisma y con resultado mucho más plástico. Bega y Dusart, menos correctos, fueron iguales y felices reproductores de esce- nas villanescas, y otros de los que popularizaron aquel re- 3 choncho tipo de buen holandés, tan francote en sus bulliciosas kermeses ó en sus tabagías al abrigo de un cobertizo, y en sus francachelas al aire libre, en medio de verdes praderas ó de laudas arenosas. Ese amor al estu- dio de la naturaleza, engendró otro concreto al de anima- les vivos, de que no faltaban modelos en las mismas pra- deras y landas, distinguiéndose pronto en semejante es- pecialidad, los Boos y los Potter, Van-Velde, holandés, con el minucioso Berghem y el elegante Wouvermans. Du- jardin, extendió su especulación al paisaje, siguiéndole Boh. Heuscht, Edelinck y Swannevelf; todos empero se malograron trasladándose á Italia, cuya risueña natura- leza era incompatible con su apatía y frialdad nativas. En cambio Ruysdael, que nunca se movió de Harlem, es tenido justamente por el más hábil impresionista de su tierra, así en la manera de observarla, como en la de co- piarla por medio de delicadísimas aguafuertes; y lo pro- pio, aunque en menor escala, debe decirse de Antonio Va- terló de l'trech. Por su lado, y satisfactoriamente á su vez, trataron la marina. Baekuysen, Vandervelde, Zee- man, Boat y pocos mas. Mientras los aguafuertistas se despachaban con tanto garbo, los burilistas se distinguían asimismo, acaudilla- dos por Crispía de Pas y por el fecundísimo Goltzio, se- guido éste de Saenredam y Muller. Al último pertei nuestro grabado n." ',>. que ügura entre sus mejores y mas grandiosos, amplia y vigorosamente tratado, .según ya permitía la habilidad artística en manos de tales profeso- res: lástima les desdore un barroquismo exagerado, asi en la torma como en el fondo. El repertorio de Goltzio no baja de 600 estampas. Matliam, otro discípulo suyo, fué á perfeccionarse en Italia: Soutman de Harlem formó es- ~M 35 )•<- cuela con Suydarhoef, Vischer, BloteJing y Vandalen, todos grabadores de más ó menos fuerza, que cerraron ron brillo la escuela holandesa del siglo xvu. dejando es- - herederos en Romiu de Hooge, brioso pintor de ba- tallas, Juan Luyken, de imaginación ardiente, pero torpe de mano, y Jaime Hubraken, quien en vano trató du- rante el siglo inmediato, de seguir tas buenas huellas de VIscher. Suyderhoef (Jonás, del ano 1600), combinando felizmente el agua fuerte ron el buril y la punta seca,lo- gró efectos desconocidos para sus 200 planchas, entre las cuales figuran tíos notabilísimas del Tratado de Munster por Terbourg. y los Burgomaestres de Amsterdam por Keyser, además de excelentes retratos. Corneliú Yischer (nacido en 1610), cultivó también el retrato, los géneros históricos y de costumbres, abriendo confirmetra» de un centenar de planchas. \ Hooge se le deben, entre otros, unas preciosas aguafuertes que ilustran las Décadas ib Farnesio en los Países Bajos, etc. Al segregarse Bélgica de Holanda, para emular en glorias, si bien con diferencia de destinos, podía la pri- mera ostentar una falange de artistas, no menos distin- guida que la segunda. Los hermanos Vierix. merecen tanta consideración como los mejore- de sus contempo- ráneos: un indefinible encanto, debido al más correcto gusto y buen e.stilo. recomienda los delicados traba; sus buriles. Estas circunstancias rebosan en la lámina n." t¡ que acompañamos: linda serie de electores del im- perio, que constituye una página de tanto valor histórico como artístico. Xo menos feliz por otro estilo. Sádeler en el grabado 8.°, P> n en el desierto; desierto amenísimo, pintoresca confusión de pe- ñascos y arboledas, en que compiten el idealismo con la realidad, el sentir especulativo con la precisión técnica de un trabajo franco, decidido y seguro. Hé aquí un contraste de autores, en que resaltan dos cualidades bien diversas, entre las infinitas de que el grabado es susceptible: el uno fía casi todo su mérito á la corrección y ligereza del hachazo: el otro se vale de plumadas áridas y secas; pero ¿qué importa, si el brío de ellas en sus prolijos cru- zados y juxtaposiciones, causa una ilusión tanto más di- fícil de obtener, en cuanto nada hay velado, antes muy acusado y preciso, estribando el principal efecto en la idiosincracia generatriz? Lo propio cabe decir de la exqui- sita plancha n.° 26, obra más adelantada de üunker. Al- gunos franceses de la época de Luis XIII, Callot entre ellos, siguieron de cerca el mismo estilo, sacando bellos efectos, especialmente en aguas fuertes. No dejemos de reservar su debido puesto á Collaert y luego á los Galle, otros her- manos que grabaron mucho y bien, sobre todo en sus co- mienzos, cual lo demuestra la humorística fantasía de Breugel, traducida al cobre por Juan Galle, Dicitice fa- ciunt fures, objeto de nuestra lámina 1 1 . a Rubens, el gran Rubens, el alma de la escuela flamen- ca, nacido en Siegen, año 1577, aunque nada grabó por sí, vigilando de cerca y corrigiendo con atención las pruebas de sus hábiles intérpretes, logró imprimirles fisonomía y los rasgos más salientes de su originalidad. El artista galano y palaciego, favorito de reyes, y emba- jador de imperios, genio jigante de la casta de Miguel Ángel, famoso por la grandiosidad de sus obras, que ma- logradamente deslució el pervers.0 gusto dominante, co- mún á las artes y á la literatura, inclusos nuestros Que- ->•( 37 )•*- vedo y Calderón; ese artista debía verter de sí todo el explendor de una escuela, y en efecto, tal prestigio le cupo á la flamenca, y á los profesores de su más brillante pe- ríodo. Al influjo de Rubens debieron su importancia los Bolswert (Schelte y Boecio, de Frisia), que manejando el buril y la punta con habilidad suma, dieron á sus plan- chas una nitidez superlativa, una modulación comparable sólo con las pinturas mejor definidas, sin por eso aliñar el hachazo; pues de cualquier modo buscaban y sabían en- contrar la viveza del colorido, y la transparencia y lozanía de sus modelos. Del primer Bolswert ofrece muestrario excelente, el Sileno de la lámina 14, pintura de Van Dyck, aunque grabó no menos cumplidamente de Rubens, la Re- surrección, la Asunción, la Pesca milagrosa y otras. Pero quizá el mejor intérprete del gran maestro, fué su discí- pulo Pablo Pontius, diestrísimo en las entonaciones, y celebérrimo por su bella estampa del Rey bebe ó Fiesta de los reyes, de Jordaens; sin desmerecer Lucas Vorsterman. menos vigoroso, pero tan dúctil en el rayado, que alcan- zó á especializarlo para cada calidad de objetos, como ropas, carnes, frutas, metales, etc. Otro discípulo, Pedro de Jode, hijo de Pedro de Jode el Viejo, igualó, sino su- peró á los anteriores, en sus Tres Gracias, y Casamiento de Santa Catalina (de Rubens), Milagros de San Martín de Totirs (de Jordaens), San Agustín (de Van Dick), etcé- tera, etc. Dista aun de encerrarse en estos, el catálogo de los buenos grabadores flamencos: Soutnian, Stock, Van- Soumpel, Withdoeck, burilistas y aguafuertistas, son to- dos acreedores á especial mención; pero nos tarda llegar al ya mentado Van-Dyck, rival no indigno de Rubens en reputación y mérito, por más que no le llegue en cualidad - * ( 38 )•<- de talento. Como grabador, tiene la ventaja de habernos legado pruebas directas de su innegable maestría, en 18 grabados de cien retratos que originalmente trazó para la Galerín de Pintores, edición de Hendriex y Vanderen- den, auxiliándole ó completando su trabajo los Vorster- man, Jode, Pontius y Bolswert. Mírense los dos tipos déla lámina 18, reproducción de las referidas pruebas, y dígase si cabe más expresión, más vehemencia, más in- teligencia y verdad, en cuanto puede improvisar una punta sobre el metal. De esta galanura tomaron ejemplo varios prosélitos; sin embargo faltábales el genio, y ni Schut (Cornelio). ni Wyngaerde, ni Panneels, llegaron de mucho á la sobresalencia. Uno solo, Van Thulden, com- pañero y colaborador en ocasiones, del retratista de Carlos Estuardo, sobre pintar y decorar mucho, grabó algunas de sus mismas composiciones, la Historia de TJlises de Nic- colo del Abbate, y otras planchas de buen efecto, á ve- ces hasta la exageración. Efecto de las vicisitudes políticas y de las guerras del siglo xvni, tan asoladoras para el país flamenco desde el anterior, rompióse casi de súbito el progreso de las artes pacíficas, obligados los artistas á diseminarse por diferentes lugares, como hicieron algunos pocos graba- dores remanentes, entre ellos Dunker, Edelinck, Premier y algún otro, que no sólo siguieron ejerciendo en Francia, sino que contribuyeron eficazmente al progreso del arte en aquella nación. -s»( 39 y*- GRABADO ITALIANO. El estilo ojival pasó casi desapercibido en Italia. Des- de Cimabué á Giotto, y desde San Marcos de Venècia y San Vital de Rávena, hasta los duomos de Florencia y Pisa, apenas si hay transición entre el bizantinismo y las nuevas y galanas formas que revistieron dichos monu- mentos, á partir del siglo xin. Así es que en las manifes- taciones artísticas de aquel bello país, siempre influido más ó menos por tradiciones arcaicas, todas las aspere- zas del referido estilo, vinieron blandeándose ^modificán- dose en sentido de una suavidad especial que las caracte- riza. Llegó este influjo á los primeros grabados en madera, que abundaban en las prensas Aldinas, y al menudeo en barajas, romances y pequeños libros, cual una edición ve- neciana de la Regla de San Benito, año 1475, que posee- mos. Entre los Virgilios, lerendos, Bantes y Santorales ilustrados de aquella temporada, con otras obras faculta- tivas, ascéticas, morales, etc., recomiéndase la Hipnero- tomachía Poliphili, que asimismo disfrutamos (edición de 1499), cuyo tratado, bien diverso del género alemán, entraña ya en sí las elegancias del renacimiento. En cali- dad de autores (pintores y grabadores juntamente), sefiá. lanse Baccio, Baldini, Juan de Brescia, Mizzeto, Mantegna, ~K 40 >«- Campagnola, etc. Otras producciones salieron en los si- glos xvi y XVII {Sermonario de Savonarola, obras de Doni, tratado de Anatomía, id. de Música, las Obras de Mise- ricordia, edición de Roma, Crónicas, etc.), con planchas numerosas y de algún empeño, dibujadas generalmente de perñl, sin medias tintas ni batimentos, pero airosas y de corrección notable, con abundancia de accesorios; en es- pecial las notables reproducciones de Campagnola y del Tiziano por Boldrini, y posteriormente á mediados del siglo xvni, las lindas copias del Parmesano por Zanetti. Estas condiciones recomendaron al grabado en madera italiano, basta que á su vez se degradó y bastardeó. Sin insistir sobre la anécdota de Masso Finiguerra, ni sobre la concurrencia de 400 nielistas averiguados (Pollag- nolo, Peregrini, Raibolini dicho Francia, Dei, Robetta, Raimondi) etc., que practicaban labores ó grabado orna- mentario en Siena, Arezzo, Florencia, Genova, Milán y otras localidades; ya al comenzar el siglo xvi, registramos allí la calcografía á tres tintas (camayeu), por medio de contraplanchas que imitaban el lavado, produciendo cier- to matiz; labor especial de Carpi, Vicentini, Facituzzi, Andreani, Coriolano y algunos más de su escuela, segui- dos después por los alemanes Buzing y Pilgrim. Dos grupos entretanto iban redondeándose, uno en Ve- necia bajo la dirección de Juan Bellini y Giorgione; otro en el norte, bajo la de Andrés Mantegna, de quienes sa- lieron buenos discípulos y numerosos imitadores. Alista- dos al grupo primero, anotamos por grabadores buenos y delicados, principalmente en el género de arabescos, á Mozetto, Montagna y los Campagnolas, y al segundo, Barbari y otros. Mantegna grabó-por sí excelentes plan- chas, de estilo primoroso, cual las alemanas contempo-. -3H( 41 )HS- ráneas, si bien harto más sentidas y correctas; siendo su manera bien continuada por dicho Barbari, apellidado maestro del Caduceo: en la otra escuela adviértese más inclinación al estilo de Durero. La gran entidad de Leo- nardo de Vinci, en Milán, concentró en sí y por largo tiempo, todo vigor artístico: dotado de pluralidad de co- nocimientos, alcanzó al de grabador según sus biógrafos atribuyéndosele algunas incisiones, como las de su libro de Proportione divina; pero es más verosímil se ciñese á trazar los dibujos. Quien grabó de él, siguiéndole con al- guna fidelidad, fué Cesare de Sexto, autor por su lado de ^obras recomendables.—En Bolonia, dos parientes de Rai- boliniel nielista, Julio y Jacobo, dichos Francia como él, si bien poco valiosos de suyo, tuvieron el mérito de alec- cionar al célebre Raímondi, ilustre iniciador de la escue- la romana. De la boloñesa, precisa correrse hasta el últi- mo tercio del siglo xvi, para dar con los Carraccios y las academias de su fundación, dirigidas principalmente por Agustín, uno de los hermanos, quien tuvo excelentes afi- liados en Brizzio y Valesio, aguafuertistas no menos vi- gorosos que su maestro, y burilistas de impresión, aunque duros por demás; siguiéndoles Guido Reni, con su mórbi- da factura, imitada por Cantarini, Lolli y Sirani, y última- mente el egregio Zampieri(Guerchino), que excedió á los susodichos en desenfado, sin mejorarles en corrección. —Parma tenía su Mazzuoli (Parmesano), artista tan há- bil en el pincel como en el buril, que habiendo acertado á nutrirse en la magia de colorido de su compatriota, el divino Correggio, supo manejar la punta de sus agua fuer- tes con un prisma, una facundia y una donosura inimi- tables, superiores en gestión á cuanto quepa imaginar. Dejó por solo y buen satélite á Mudolla, aunque adiestró á muchos, de suerte que en ambos viene cifrada toda la importancia de esta hijuela del grabado italiano. Para Roma reservaba una inauguración triunfal Marco Antonio Raimondi, grabador de las obras más excelentes del rey del arte, á quien rindió el homenaje de su especial valía, para reproducir aquéllas con una escrupulosidad y delicadeza exquisitas. El gran mérito de este profe- sor, mal dirigido en sus comienzos, fué saber ajustar- se al genio de Rafael, y beber bajo* su dirección en los puros manantiales del arte más sublime en idealidad, en sentimiento y vida. Grabando dibujos y no cuadros de Rafael, esmeróse singularmente en el trazado, en la for- ma y delicadeza de perfiles, sin entrar en fondos ó efec- tos que sólo la pintura da de sí. Mediante esta práctica, adquirió una sutileza y corrección de buril tales, que no sólo no desdecían del modelo, sino que lo perfeccionaban algunas veces, estableciendo para lo futuro una base só- lida en su ramo artístico, por la seguridad, intención y conciencia del trazo, vertido en líneas finas y correctas sin exceso de primor; de suerte que su grabado sale nu- trido sin pecar de nimio, y en perfecto desarrollo ofrece el asunto de una manera tan clara y precisa, que nada le sobra ni le falta, vertiendo justísimamente el pensamien- to del autor. Los modernos, particularmente en Alema- nia, han seguido un proceder análogo para las grandiosas composiciones de Overbeck, Schnoor, Knaus, Kaulback, en Francia para las de Lamaire y Flandrin, obteniendo felicísimos resultados. El grabado de Raimondi, fué y será siempre un modelo de buen estilo: así lo patentizan sus mejores planchas, Adán y Eva, Martirio de los inocentes, Lucrecia, Juicio de París, Andrómaca, la Poesía, etc.; y así también lo comprendieron sus inmediatos seguidores •**( 43 )*** Marcos de Rávena, Agustín Veneciano ó el Maestro del dado, y el ingenioso Jacobo Coraglio, autor del álbum de Amores de los dioses. Con todo, salvando la valía de dicho gran profesor, el estilo de que tratamos era ya á la sazón dominante en grabado, según demuestran todos los de principios y mediados del siglo xvi, y aún posteriores; desarrollo natural del sistema practicado desde su origen, hasta que el estudio y'la emulación abrieron nuevo cam- po al despliegue gradual de sus recursos, entonces igno- rados; despliegue hermanado con el de la pintura, si- guiendo naturalmente sus vuelos, para acertar con su interpretación. De ahí los arrojos y valentías á que mu- chos se lanzaron, y en consecuencia el progreso caracte- rístico y relativo, granjeado por los grabadores en sus di- ferentes centros de acción. Así, al compás del tiempo, aquellas influencias de una vigorosa iniciativa, acogidas al principio con entusiasmo, vienen debilitándose; los que siguen detrás, aspiran á innovar: el estímulo se excita, y bien pronto las ideas admitidas y ya gastadas, quedan reemplazadas por otras en aspiración creciente, insiguien- do la ley universal del progreso y del movimiento. No faltaron á semejante evolución los adeptos de la escuela romana, á partir de 1530, cuales Bonasone y Re- verdino., fecundísimos ambos, el primero en reproduccio- nes de Miguel Ángel, Rafael, Parmesano y otros-autores, el segundo en menudas y complicadas viñetas de un gra- cejo especial. Buen afiliado á Marco Antonio, Eneas Vico, trabajando sucesivamente en Roma, Florencia y Venècia, bajo la protección de Cosme de Médicis, sacó obras valio- sas, acabando por dedicarse á copiar medallas y objetos de arqueología: primero en este género, cuando dicha ciencia vino impulsada por los descubrimientos del si- ^4 44 )*- glo xvi. Juan Bautista Scultori, oriundo de Mantua, grabó mucho de Julio Romano; sobrepujáronle sin embargo sus hijos Adamo y Diana, célebre ésta aunque mujer, por su talento varonil, y luego un condiscípulo de los mismos, Jorge Ghisi, que en cierto modo coronó con ellos el no- ble estilo de la magistratura artística italiana. La decadencia peculiar del siglo inmediato, fué sintién- dose en Roma cual en otras partes. Ni las grandes pági- nas del cristianismo, ni las voluptuosas de la mitología, alcanzaron á conseguir ulteriores intérpretes de la subli- mada inspiración que las trazó: y sin embargo, nunca fué más considerable el número de prosélitos que acudían á Italia en busca de enseñanza y de fortuna. La concu- rrencia desmereció el artículo; grabóse mucho, pero atro- pelladamente, y buscando efectos vigorosos, se recurrió á los artistas de menor escala, aquellos que faltos de genio apelan á vulgares extravagancias, y que hubieran sido capaces de generar el barroquismo, si el barroquismo ya no existiera en aquella fecha. Contribuyeron al propio resultado algunos profesores, como el indicado Agustín Carraccio, que sin carecer de talento, venían influidos por un gusto corruptor, y cuyo prestigio sirvió sólo para mayor obcecación de inexpertos. De esa misma corrupción na- cieron las alegorías, los emblemas, los cartuchos, nuevos y desdichados elementos de decadencia, en que malogra- ron su tiempo Franco, Regnart, Coriolano, con otros gra- badores no despreciables; y cuando Urbano VIII, queriendo proteger las artes, vino á darles la mano en tan inclina- da pendiente, no hizo más que ensanchar el camino de su postración. Llegaron entonces de, Alemania Greuter y Con- ger, Cort y Villamena, y de Francia Thomassin y otros, para hacer la competencia á Testa, Castiglione y compa- •M 45 ><- ñeros de desvío, que si bien reputados en su línea, no de- jaron de contribuir menos al bastardeo del arte. De ese grupo escogemos cual muestra, los grabados números 10, Combate, por Villamena; 12, Presentación de la Virgen, por Thomassin; 13, Alegoría de la Pintura, por Testa, y 15, Asunto bíblico, por Castiglione. El primero es correc- tísimo, técnicamente tan acabado y limpio, que respon- de bien á la maestría de sus predecesores. Thomassin anda muy lejos de tal precisión, desencajado y desaliña- do, sin que falte á su buril ardorosa intención. Testa ma- logró su favorecido asunto con la aspereza de una punta rebelde, incorrecta en muchos de sus detalles. La agua- fuerte de Castiglione, con todo y las pretensiones de éste á Rembrandt italiano, así difiere de su modelo, como esa disparatada composición de las maravillosas creaciones del mismo. La patria del Tiziano, que no acertó á dar grabadores dignos de su renombre, albergaba en el siglo xvn al fla- menco Lefevre, quien reprodujo con soltura de perfil mu- chos cuadros suyos y del Veronés. En el centenar siguien- te ganaron nombradla dos reputados aguafuertistas, Ca- naletto, autor de donosos países y vistas de Venècia, llenas de miraje, y Domenico Tiépolo, que ejecutó compo- siciones de toda clase, con verdadero fuego de luces y contrastes, aunque su punta divagaba en excesiva difu- minación. La obra del propio centenar vino acabando allí en manos de Longhi, grabador por un método original, á hachazos sin cruzados, como también á las de Leonardi y algún otro menguado representante del rocoquismo. Roma, á fines del mismo siglo y á principios del actual, gozó una especie de renacimiento, en el que se populari- zaron los nombres de Piranesi, Toschi, Pinelli, Longhi, con el supereminente Rafael Morghen. de quien toma- mos las dos láminas 30 y 31 (el Tiempo y Las Estacione*, y una Sacra familia de Poussin). La reputación de estos grabadores fué merecida, dentro los conceptos del clasicis- mo académico, á la sazón en boga, y sus grabados fueron y son todavía reputados como intachables, por el sabio es- mero que omnímodamente rebosan. ¿Deben sin embargo señalarse cual última meta del arte incisorio? —Véase lo que en la introducción hemos juzgado deber consignar. -»•( 47 ) • * - GRABADO FRANCÉS. Prescindiendo de los naipes, que se remontan con ve- rosimilitud al reinado de Carlos VII, las consabidas xilo- grafías empiezan á tomar carta de naturaleza no muy antes de 1470, ya sobre matrices tudescas, ya por elabo- ración indígena, entre cuyos ignorados primerizos dejó nombre por aquella fecha, un Bernardo Milnet, quien usa- ba el raro procedimiento de relevar la imagen en silueta, dándole luz sin hachazos, mediante un simple puntuado á manchas de gradual acentuación. Grabó por este siste- ma vírgenes y santos, de que subsisten ejemplares en el Gabinete de estampas de París, únicos en su gén'ero, de gran trabajo y no escaso efecto; sin embargo, algún criti- co supone que esta manera de grabado ni fué exclusivo de Milnet, ni aplicado sólo á la madera. Opúsculos as- céticos y romances de caballería (Consuelo de los pecado- res] Mar de historias, Danza macabra, romances de Arttis, Partinoples, Fierabrás, Ogier el Danés, etc., etc.), empe- zaron, declinando el siglo, á alimentar una turba de im- provisadores, que así endilgaban estampillas como alelu- yas, groseramente góticas, sin ninguna diferencia de las alemanas y flamencas, y sin ningún genio preclaro que las encauzara como á estas últimas. No obstante, desde -».( 48 )<- las impresiones de Verard, Simón Vostre, Dupré, Har- douin, Regnault, etc., aquellos grabadillos fueron ganando carácter, tanto en corrección de dibujo, como en limpieza de rayado, elevada ésta con frecuencia á la minuciosidad. Un Temido conocemos, edición de Lión, año 1498, cu- yas viñetas, sino proceden de autor veneciano, respiran mucho el buen sabor de aquella escuela. Vostre editó un devocionario ó libro de Horas de la Virgen, que pasa por modelo en su clase. Siguió la talla en madera vulgarizándose por algún tiem- po, hasta que entrado el siglo de los Goujon y Delorme, de los Cousin y Clouet, la arquitectura, auxiliada de sus hermanas la escultura y la pintura, empujó de rechazo al grabado, que vino modulándose en formas nuevas y de- licadas, en que descollaron Salomón Bernard y Gofre- do Tory de Bourges, grabador de otras Horas de la Vir- gen, publicadas por Colines en 1524; á que pueden agre- garse algunas ediciones curiosas de la temporada, por estilo de unos Emblemas de Alciato (Lión, 1614), bien co- nocidos y preciados de los bibliófilos. En tiempo de Car- los IX y de sus sucesores Enriques II y III, los movimien- tos de la liga y otros de gran resonancia, dieron harto juego para que no ganasen publicidad dos fecundos gra- badores, Tortorel y Perisin, que eclipsaron á otros me- nos notorios; inclusos muchos romancistas que se despa- chaban á su sabor en el grabado popular, velozmente arraigado en Francia, sin solución de continuidad. Á la talla dulce, consagraban ya su talento artistas célebres en los fastos del grabado. Repleta y abundosa es la cartera de Faraudo, correspondiente á esta sección. Los iniciadores del siglo xv dieron escaso fruto: baste citar al maestro de 1488, á Garnier, Duvet, Gourmont; ->( 49 >«- prolijos' en diminutas composiciones y nada más. Cou- sin durante el siglo xvi, grabó algo con su maestría espe- cial, y Juan Duvet de Lorena, platero de cámara de En- rique II, trazó curiosas alegorías de los amores del propio monarca, y dio buen comienzo á la especialidad de retra- tos. Esteban Delanue y Pedro Vailet en Orleans, buen aguafuertista el último, elaboraban nimiamente, esme- rándose en la complicación de adornos de índole arqui- tectónica:' al segundo se debe el excelente plano de Pa- rís, levantado por Quesnel. Otros varios en Langres, en Chartres, en la capital, señaláronse apenas entre un grupo de medianías, que á falta de inventiva y careciendo en el país de modelos bastantes, dio en la flor de bus- carlos fuera de él, ciñéndose particularmente á la ma- nera de Cornelio Cort, por demás abarrocada, é incapaces de darle lucimiento alguno. Francisco Thomassin, pre- viamente citado como autor de la lámina n.° 12, forma- ba parte de este grupo, unido á Barbé, Firens, Mallery, Regnart, etc. Separadamente comenzaba á desarrollarse la escuela dicha de Fontainebleau, dirigida por entidades extran- jeras, que la rumbosidad del 1 .er Francisco había atraído, y á la cabeza de ellos los italianos Rosso y Primaticio. Bien pronto sus frescos, ejecutados en la morada real, dieron feliz incentivo á grabadores como Fantuzzi, Ruggieri, Boyvin, etc., que trabajando bajo sus órdenes, ya al agua fuerte, ya al buril, reprodujeron con fidelidad y energía las grandiosas escenas bíblicas y mitológicas de aquellos y de otros maestros. No menos hábiles, Du- moustier, Baudet, Clouet. Quesnel, Darbay, al paso que seguían sus huellas, dando nueva vida al arte, creaban un género de retrato más pastoso que el alemán, y una 4 s»( 50 >*- escuela en el propio género, seguida de cerca por Gaul- tier, Leu, Picard, Bryot, naturalistas por esencia, buenos dibujantes, si bien desiguales en grabado; y asimismo corriendo el siglo xvu, Lasne, de especial energía, Daret y Mellan, al último de los cuales pertenece la conocida Santa Faz, grabada en una sola línea espiral, imitada después por nuestro D. Antonio Casas. Leu, Gaultier y Firens, se dedicaron igualmente y con fruto, al grabado de sucesos contemporáneos, dejando en él curiosos datos para la historia. Brillante período, en el reinado de Luis XIII, abre para el arte francés la sujetiva personalidad de Jaime Callot. Si la actividad más fecunda, si la penetración más observadora, si el cálculo más sutil y el humorismo más antojadizo, bastan á calificar un ingenio fuera de lí- nea; todo eso se reunió en Callot, francés por excelen- cia, casado con su época, de suerte que viene á ser un vivo y fiel retrato de la idiosincrasia, de la fisonomía y de las costumbres de la misma. Caprichoso por natura- leza, ya dos veces en su mocedad huyó de la casa pa- terna, para asociarse con ranchos de gitanos. Estuvo en Roma; estuvo en Florencia; aprendió con Tempesta y Thomassin; mereció favor de varios potentados, entre ellos del duque Cosme II de Médicis y del rey Luis XIII de Francia, y por último ejerció en Nancy y en París, creando en pocos años (fallecido de 37, en 1635), 500 pie- zas que se le reconocen, las inmortales Tentación de San Antonio, Feria de Gondreville, Parterre de Nancy, la Pasión, los mendigos, los gitanos, los pantaloni; esas Mi- serias de la guerra tan gráficas y expresivas; esos pai- sajes y vistas locales, tan estereotipados, que forman el asunto de nuestras láminas 19, 20 y 20 bis. Callot en ->< 51 ) * - el agua fuerte, fué tan superior en su estilo como Rem- brandt, teniendo la ventaja de haber sabido aplicar al cobre un barniz, asaz recio para jugar su punta con toda la fogosidad que le caracterizaba, siempre briosa, es- pontánea, sentida, sin retoques ni arrepentimientos, se- gura como una máquina que obedece á la voluntad más consciente. Y todo esto á impulsos de su imaginación ardentísima; sentido con una gracia suya propia: dibuja- do garbosamente, y planteado con tanta precisión, que en escasas y seguras líneas destacaba las siluetas y de- finía los objetivos, rebosantes de naturalidad, transparen- cia y vehemencia. Callot, con nuestro Goya, son dos briosos genios, instintivamente observadores y robusta- mente gráficos, que en condición favorable, hubieran po- dido hacer mucho más de lo que hicieron, y lanzarse con raudo vuelo á lejanías aún desconocidas. Ambos, ade- más, como retratistas de la sociedad en que vivían, pres- taron á la historia un servicio que ellos mismos estaban lejos de imaginar. Digno de compartir los lauros de Callot, en especiali- dad de ingenio y similaridad de estilo, sería su compa- ñero Abraham Bosse, á igualársele en energía caracte- rística; aunque trabajó mucho, dejando documentos no menos interesantes y verídicos para la historia de aquel reinado. Siguieron á uno y otro, de lejos, Cochin y Der- net, y de su influencia participó el italiano Stefano della Bella. Por más certero imitador juzgamos á Sebastián Leclerc, en la segunda mitad de siglo, que asimismo dejó picantes bosquejos de costumbres, y multitud'de grandes y pequeñas aguafuertes, tocadas con muchísimo garbo y salero (véase la lámina 21). El del lorenés Claudio Ge- leo, nacido casi por iguales fechas que Van-Dyck y Rem- brant (1591-1606), brillo superiormente en sus admira- bles paisajes de pintura, de los cuales grabó algunos á punta y buril, tan afinados y deliciosos como sus pin- celes. Otro contemporáneo, Simón Vouet, iba asimismo ga- nando reputación de gran pintor, y también grababa algo, secundándole sus yernos Tortebat y Dorigny, que reprodujeron muchas obras suyas, sin lograr distinción especial; interpretándole mejor sus alumnos Lasne, Me- llan, Perier, Daret, burilistas de quienes anteriormente se ha hablado, aumentado después el grupo por La Hyre y Chauveau, mientras Vignon, Delefage, Pader y otros, sostenían los fueros del arte incisorio en diferentes loca- lidades. Había grabadores especialistas en el género ar- quitectónico, apreciables por los recuerdos de monumen- to y vistas de localidades que han dejado, siendo dignos de mención especial, Perelle, Chatillón, Israel Silvestre, y más adelante Juan Marot, Berain y Lepautre, estos últi- mos como decoratistas. Despuntaba entretanto la era del arte clásico, bajo la potente iniciativa del gran Poussin, talento asombroso de corrección y luz, que además de glorificar á su patria con obras admirables, fué para los artistas un modelo digno de perpetua recordación, y en concreto para los gra- badores, un venero fecundo, que les dió asuntos castizos y valiosos, para reproducciones de empeño no menos cas- tizas. Díganlo sino el correctísimo Pesne, la simpática Claudina Stella, lionesa, hija de Jaime, y el valiente Ge- rardo Audran, una de las eminencias del grabado francés, que interpretó por manera admirable el cuadro repre- sentando á la Verdad justificada por el tiempo, y repro- dujo además las célebres batallas de Alejandro. Mu- •*•( 53 )«*- chos otros rindieron parias al gran maestro, como Bau- det, Couvay, Gautrel, etc., y con ellos Gerardo Edelinck, ingenio eminente según evidencia nuestra lámina 16, Tetis sirviendo al sol, y su soberbio retrato del referido Lebrun, contenido en la otra lámina n.° 17. Del poderoso influjo de Audran, asistido de su discí- pulo Edelinck, desde los primeros años del siglo xvín, cuando el arte extranjero declinaba sensiblemente, sa- lieron maestros de la valía de Nanteuil y Morin, que trazando magníficos retratos, y copiando las mejores creaciones de Lebrun, Poussin, Mignard, Champagne etc., dieron á su arte nuevas ocasiones de lucimiento, y un impulso tan brioso como trascendental á la escue- la de su nación. Dicho Morin, apasionado de Van- Dyck, no sólo trasladó sus mejores retratos, sino que se identificó con la manera del artista, sacando, mediante puntilladuras, efectos incomparables. Rodeaba á estos maestros una pléyade digna de reflejarlos, entre la que bastará citar á Masson y Poilly, á Pedro Van-Schuppen flamenco, naturalizado en Francia, de quien es el retrato de Luis XV (lámina 17), Lombard, Lafond, Spierre, etc. Recomendábanse por sus agua fuertes algunos de los mis- mos pintores, como Lebrun, Stella, Bourdon, el paisa- jista Millet y el retratista Lefèvre, que tiene reminis- cencias de Van-Dyck; y reinando Luis XIV, Siegen inventó el grabado al humo, teniendo prosélitos nume- rosos en Sarrabat, Barras, el flamenco Vaillant, Cossin y Bernard. Desde fines del gran siglo, la fruslería cortesana y el almibaramiento, continuados en el siguiente, vinieron ma- logrando el talento de buenos profesores ya citados, en trabajos secundarios de floreos, medallones y alegorías. -**( 54 ) * - según el rocoquismo que ya se infiltraba en todas las manifestaciones artísticas. Watteau, principal corifeo del nuevo estilo, hábil profesor en su género, gozó autori- dad sobrada para darle boga, y además de ejecutar por sí lindas agua fuertes, arrastró á su vez toda la falange de grabadores, que desde Audran y Cochin, hasta Lebas y Desplaces (véanse los grabados de éste, lámina 23), se esmeraban, por cierto con feliz éxito, á poner en me- tal sus mejores, variadas y múltiples obras, que siendo vigorosas y coloreadas á la manera de Rubens, dieron excelente elemento para sus reproducciones. Boucher, Coypel, Lancret, *Greuse,.Pater, ayudaron á esta direc- ción, y bajo la misma pudo Francia contar nuevos buri- listas de la talla de Cars, Moyreau, Lannessin y Lois (véase la magnífica lámina n.° 22), y facsimilistas como Leblond, Dagoti y Demarteau. Chardin inspiró no me- nos á algunos de ellos, y sobre todo á Bernardo Lepicié, que era tan fiel como delicado en sus bonitas planchas. Cual pintores y aguafuertistas excelentes por la misma fecha, contaban J. Subleyras, autor de la lámina 24, Ho- norato Fragonard, Gabriel de St. Aubin, Huberto Ro- bert, el humorista Loutherbourg, el conde de Caylus, Flipart, Desfriches, Wattelet y su discípula Margarita Lecompte. Los retratos de Rigaud y Larguilliere, Nat- tier, Latour, Duplessis, etc., inspiraron á los Drevet padre é hijo, dignos sucesores de Edelinck y Nanteuil, sus reproducciones de grande estilo y señaladísimo ca- rácter, que sobresalen entre varios émulos suyos, Beau- varlat, Daullé, Balechou, etc., aparte de los alemanes Wille y Schmit, que á su excesiva limpieza acompaña- ban demasiada brillantez, no pudiéndoseles sin embar- go comparar Pedro y Francisco Robert, hermanos, Ma- -*( 55 ) « - ssard, alumno de Wille, Levasseur, Ficquet, Savart y otros de menos categoría. También la viñeta perfeccio- nada entonces, valió especial lucimiento á P. Cobffard y á Huberto Gravelot, ilustrador de Corneille, Marmontel y Bocaccio, sobre delicadas composiciones parecidas á las de Eisen, quien tuvo á su vez hábiles copistas en Ponce, Lemire, Oppenort, Delaunay, etc., inventores algunos de ellos, con la misma facilidad que reproduc- tores. El grabado de asuntos históricos, tan • favorecido en el siglo xvni, antes que el de viñeta, recobró todo su auge cuando Jaime Luis David, el restaurador del clasi- cismo, el académico por excelencia, unido álos esfuerzos de Vien, Peyron y otros, redujo el arte á un solemne formalismo, dándole caracteres científicos con el notable ejemplo de su propia individualidad: desgraciadamente intervino la revolución, al través de cuyos excesos que- dó en suspenso todo dogmatismo, para ceder lugar al libelo, á la caricatura y á las improvisaciones de circuns- tancias, que no carecieron de factores por estilo de De- bocourt, Marcean, Quenedey y Duplessis-Bertaux, este último de genialidad muy sujetiva, y cierta facundia á lo Callot. De los progresos subsiguientes iniciados por Barvic, Roger,- Tardieu y numerosos é incesantes colaboradores, á quienes se debe el moderno replanteo del grabado, su- perior en técnica y valía científica al esfuerzo por ellos heredado de los siglos precedentes; no á nosotros, sino á la posteridad incumbe hacer justicia, según en anterio- res conclusiones hemos debido consignar. •&( 56 )»*- GRABADO EN ESPAÑA, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Sevilla y Valladolid, fueron de las primeras ciudades españolas que tuvieron imprentas, si bien regidas por industriales flamencos ó alemanes, que vinieron á explotar esa interesante nove- dad en nuestro país. Tipos y grabados, salieron todos de igual origen, sirviendo largo tiempo para ediciones suce- sivas; mas ya en tiempo de los Reyes Católicos y á fines del siglo xv, la nueva industria debió de fijarse bastante, á juzgar por no escasos libros españoles de aquella fe- cha, con grabados propios, de los cuales cabe señalar un incunable de las Constituciones catalanas, el Libro de les dones, de Eximeniz, un Lunario vascuence, los Santo- rales de Vega y de Vorágine, Crónicas de príncipes y de órdenes religiosas, tratados morales y didácticos, misales y rituales, etc. Con no menor celeridad propagáronse las estampas devotas de Santiago de Galicia, Corporales de Daroca, Vírgenes del Puig, del Pijar y de Monserrat, Cristos de Bérito, Caldas, Balaguer, etc., etc., y por otro lado, los naipes de pintas á nuestra usanza, castellanos y catala- nes, que llevan efigies ó divisas de los citados reyes, existiendo unos de evidente fábrica barcelonesa, con •*i 57 )<- nombre del fabricante Juan Gaveda (El as de oros, en- cima y debajo del escudo de las armas reales, lleva estas cifras, G A (Caveda) y R M (tal vez Romeu ó Roma). A este dato podemos añadir que los nayperos (fabricantes, grabadores ó vendedores), ejercían en la propia ciudad desde el segundo tercio de siglo, pues un registro del gremio de Julianes (merceros al pormenor), guardado en el archivo del Consejo barcelonés, contiene del siglo xv hasta nueve naiperos, llamados Benito Soler (1443), Juan Brunet, cofrade ó agremiado desde 1442, Arnaldo Brú ó Naubrú, y Alejandro Busseso (1453), el Señor en Rodrigo Padrolo (1456), Antonio y Pedro Borges (igual fecha, y el segundo, prohombre del gremio en 1470), Ra- món Vaya (agremiado en 31 mayo de 1463) y M. e Bar- tolomé de Primaran (1468). Entre los grabados de estampas, haylos curiosos, de buen tamaño y de algún mérito, pudiendo citarse por donosa una Santa Teresa de Jesús de autor anónimo, bajo la fecha de 1614, reproducida en nuestro Álbum de grabadores españoles, año 1860. Entre los grabados de libros, obsérvanse no pocas genialidades, como si el espíritu nacional ensayara ya su genuina soltura: el es- tilo de ellos sin embargo, es todavía ojivalesco, y la eje- cución sin pretensiones, cuando no pobrísima con harta frecuencia. Lo más sensible es que, lejos de adelantar, decayó visiblemente, salvo raras excepciones, utilizado sólo este género de grabado para impresiones baratas de libros vulgares, ó relegado para romances, gozos y vi- llancicos, cuya humilde representación duró hasta fe- chas muy cercanas, en toscas iniciales, cabeceras y viñetas. El metal recabó mucho mejor destino. Ya desde la muerte del Príncipe de Viana (1461), hay un conocido -*( 58 )*~ retrato suyo, simple tanteo de agua fuerte al cobre, que no por sencillo carece de importancia, pues establece una buena fecha en la historia del grabado nacional. Encontrado el procedimiento, sin duda no le faltaron cultivadores, aunque por ignorados ó perdidos se desco- nozcan sus trabajos, siendo forzoso llegar al año 1488 para dejar situada otra estampa, superior á la antedicha en mérito relativo y absoluto, que es la firmada y fe- chada por Fray Francisco Domènech, religioso dominico de Barcelona, representando el triunfo de la Virgen del" Rosario, entre prolijos atributos. Un religioso que graba- ba, y grababa bien, sin duda lo haría por afición, de don- de puede arguirse cual fuese el número é importancia de los gi'abadores de oficio: algo deja sospechar el de los naiperos arriba indicados. Corriente el siglo xvr, van asomando algunos regula - ' res autores españoles: el maestro Diego, Juan de Diesa, los Arfes, Solís y Gimeno de Valencia, y separadamente Alesio, Cajés, Campí, con otros anónimos ó no bien ave- riguados españoles, italianos y alemanes connaturaliza- dos. A ser de Juan de Arfe el Caballero determinado (edición de 1573), haría resaltar bajo una de sus fases, el variado ingenio del autor de Varia conmensuración (es- tudio de las proporciones del cuerpo humano en relación con las artes suntuarias), cuyas ilustraciones revelan una mano ejercitada. De todos modos, este libro, al igual que la Historia de los árabes por Coxein, y las estampas, grabados y portadas de otros muchos coetáneos, eviden- cian que el grabado español seguía un camino trillado, sino sacando maestros de primera línea, pudiendo enu- merar buenos cultivadores. El catálogo de los que á la sazón grababan en dulce, -*( 59 )H&- registra casi un centenar de nombres conocidos, y entre ellos de notable fuerza, los Arteagas, Navarros, Rodrí- guez y Obregones; el distinguido Heylan; algunos bue- nos discípulos de Montemán y de Carducho; el segovia- no Diego de Astor; los sevillanos Domingo Hernández, Juan Pérez y Francisco González; los valencianos Juan Felipe, José Caveda, Crisóstomo Martínez; los aragone- ses Juan y José Vallés; Andrés de Medina, etc., etc. Como extranjeros acá domiciliados, figuraron Borgiani, Egidio, Metelli (italianos); Perret, Courbes, Roux, Cor- dier (franceses); Schorquens, Beer, Schut, Voutats, Ethe- nard, Walk (alemanes ó flamencos). La factura en las obras de estos profesores, no es en general ni mejor ni peor que la mayoría de sus coetáneas, guardando el mismo estilo fino y relamido que particulariza las de los siglos xvi y xvii; atonía quizá más explicable en nuestra nación que en otras, por la carencia de iniciativa, pobre- za de miras, y escasez de protección, cuando no sobra de contención; ya que la poca estima dispensada á los cul- tivadores de ese arte, considerado de segunda escala, obs- taba mucho á sus avances, obligándoles á acogerse al li- bro, que tampoco gozaba gran prestigio, en frontispicios y accesorios marginales, retratos de autores, escudos de armas, viñetas y alegorías de gusto algo equívoco, en- marañadas en su composición, sin harta limpieza de di- bujo, ni factura más recomendable. Quedan de aquel pe- ríodo numerosos retratos de reyes y personajes, los Carlos, los Felipes y sus esposas, guerreros, prelados, etc., unos de autores anónimos,, otros de los conocidos y de extranjeros españolizados, que suelen reunir buenas condiciones. Las agua fuertes de Borgiani, aunque des- pachadas, adolecen de flojedad, sin llegar de mucho á ->< 60 )•<- las que Tiépolo dejó. Courbes y Perret en sus porta- das, elaboraban al gusto de aquel tiempo buenos asun- tos, con buril fino, aunque desdibujados con frecuencia; y lo propio hicieron Boutats, Van Noort, Diego de Cosa y el valenciano Felipe Gómez, los clos primeros inferiores á estos últimos, que indudablemente eran más diestros. Cuando la fugaz preponderancia militar y política de la Casa de Austria valió á España un prestigio extra- ordinario en artes y letras, cual nunca más se haya vis- to, la dirección y el ejemplo de maestros como Ribera, Cortona, Lucas Giordano, Coello, y el susodicho Tiépolo, dieron recio impulso á nuestro grabado, en trabajos originales de punta y agua fuerte á la altura de su re- nombre, dignos de parangonarse con lo mejor en su cla- se, y que hubieran bastado á crear una escuela de im- portancia, á no atravesarse causas inmediatas de postra- ción general, desfavorabilísimas para un arte de gradual desarrollo y lentos avances. ¿Hay necesidad de recordar las premiosas crisis de nuestra nación, en los reinados de Carlos II y Felipe V? ¿Cómo podían medrar las artes bajo aquel desquilibrio social, maleadas á la vez por una corrupción estética, complexa y ubicuada, de todas las idealizaciones imaginativas? ¿Qué grabadores cabían fue- ra de los Martín, Vía, Lesó, Valls y Pauner de Barcelo- na, en concurrencia con frailes y mujeres, que llevados más de pía intención que de buen criterio, ayudaron in- conscientemente á las aberraciones del grabado? Hubo entonces un mercenario en Barcelona, Fr. José Relies; otro, Fr. Tomás de los Arcos; un capuchino, Fr. Francis- co Antonio de Madrid; con D.a Luisa Morales de Sevilla, y María Teresa Sellent, barcelonesa, todos los cuales va- ciaron sobre el cobre muy desdichadas imágenes. En ->< 61 ><- cambio otro religioso, que lo era de la Victoria de Ma- drid, Fr. Matías Irala Yuso, pintor y grabador junta- mente, dio trabajos de estimable corrección, y. D. a Ana Heilan, de la distinguida familia artística de su nombre, supo responder á él, cuando todavía duraban los reflejos de la buena escuela. Asentado el primer Borbón, y restablecida la paz, otros italianos y franceses nuevamente sobrevenidos, Procaccini, Montemán, los hermanos Tiépolo, Dubuison, Flipart, regeneraron el arte que nos ocupa, unidos á Diego de Cosa, Marcos de Obregón,, los Valdós-Leal, los Ravanals, los padre é hijo Prieto, Brocandel, Galce- ran y Rovira, valencianos, D. Carlos Casanova, pintor de cámara del rey D. Fernando VI, y sobre todos don Juan Bernabé Palomino, quien dichosamente asentó el magisterio del grabado español, elevado á la categoría académica bajo su dirección, á mediados del siglo xvni. Palomino tuvo en efecto especiales condiciones artísti- cas; pintaba bien y grababa con gusto, seguridad y pre- cisión. Sus estampas, vistas, retratos, etc., merecen lugar egregio en todas las colecciones, y debidamente lo ocupan en la de Faraudo. Casanova anduvo muy cer- cano, grabando, entre numerosos retratos, el de} rey su favorecedor. Ya antes que ellos, habían tomado buen derrotero Tomás Planes, valenciano, D. Lucas Valdés, de Sevilla, D. Tomás Francisco Prieto,' salamanquino, con otros arriba citados. Las planchas y agua fuertes de Monte- • man, Procaccini y Flipart, abrieron ancho camino á sus discípulos é imitadores, inclusa otra mujer, D.a María Loreto Prieto, hija de D. Tomás, que supo ganarse por la bondad de sus trabajos,-un lugar en la academia. -*< 62 )<- Por entonces la francesa rayaba ya á grande altura, formando semilleros de maestros; y á su semejanza la española de S. Fernando, contribuyó poderosamente al despliegue de nuestras artes, ajustadas á las corrientes que prevalecían en cuestión de teoría y práctica. Todos aquellos que sentían verdadera vocación, ya espontá- neamente, ya por méritos granjeados, acudieron á los referidos centros donde se dispensaban credenciales del saber, y así se formaron nuestros buenos grabadores, orgullo de la España de fines del siglo pasado y comien- zos del actual: el gran Carmona, los Casanovas y Prie- tos, Bayeu, Gil, Cano Olmedilla, Selva, Ballester, Mon- taner y Pedro, discípulos de Carmona; Tramullas, Boix, Moles y Fontanals, catalanes; Ametller, Esteve, López Euguidanos, valencianos, sin otros de más ó menos va- lía que forman lista numerosa.' De Bayeu y Tramulles conócense algunas agua fuertes, superiores las del prime- ro á las del segundo, según cabe juzgar por la esponta- neidad y valentía de dos comprendidas en la lámina 28: la habilidad de Carmona no ha sido superada entre nos- otros, ni en corrección, ni en primorosa delicadeza; Ametller es siempre tan pulcro como armónico y bien entonado: Pedro le gana quizá en lozanía, cuya cualidad recomienda no menos á D. Francisco Rivera: Moles, in- variablemente correcto y seguro, en todos los géneros y en todos los tonos: Esteve y Fontanals pueden igualarse por el esmerado ahinco de sus buriles: López Enguída- nos tiene cuando quiere, la delicadeza de otros, como lo prueba su magnífico retrato del Príncipe de la Paz, so- liendo acentuarse con singular ingeniosidad: Barcelón, más travieso que correcto; Boix, consumadísimo; dígalo su estampa de Sta. María Magdalena: Vázquez y López, ->( 63 )<- Ballester, Montaner, Brandi, Rodríguez, Cano, Cobo, y otros y otros, cultivan respectivamente variedad de g é - neros, dan vida y movimiento á su arte, ilustran infini- tas obras (Biblias, historias, colecciones, retratos, vistas, novelas, etc.), habiendo todos sentado el crédito del in- genio y de la aprensa nacionales, en cuanto la acción de ambas fuerzas vino siendo más libre, á beneficio de la emancipación social, política y moral que naturalmente importa consigo la intelectual. Como muestrario de la factura de nuestros profesores, remitímonos al Álbum especial arriba citado, que esta Sociedad dio á luz el año 1880, añadiendo dos exquisitos retratos de Carmo- na (lámina 25). De Goya, de su talento y facundia peregrinos, nada añadiremos á lo consignado en la introducción del pre- sente estudio: sus aguatintas, ingeniosamente acen- tuadas por el buril, fueron un procedimiento exclusivo suyo, jamás imaginado, que contribuyó en gran manera á la originalidad de los célebres Caprichos. Tampoco hemos de insistir sobre los progresos ulte- riores, ni hablar de contemporáneos que han dejado de sí buena memoria, ó que todavía viven y logran gran- jearse bello renombre: nuestra misión no debe salirse de lo pasado. Reiteraremos sí, una protesta contra el olvido ó me- nosprecio de los extranjeros, cuando de nuestras cosas se ocupan; testigos en grabado, ciertos resúmenes gene- rales que tenemos á la vista, de no lejana publicación. Conste, pues, que el grabado español gozó importan- cia desde su más lejano origen; que en sus varias etapas tuvo profesores y cultivadores dignísimos, con especia- lidades de que otras naciones pudieran envanecerse; y -*( 64 )<- si es cierto que dichos maestros y escuelas no alcanza- ron toda su merecida importancia, gran culpa cabe en ello á la ruin explotación de que este país ha sido vícti- ma en el decurso de su historia, á cuya explotación han contribuido los mismos extranjeros de una manera prin- cipal, tan mañosa como desagradecida. -^( 65 )¡<- GRABADO EN INGLATERRA. Breve es su historia: los ingleses llegaron tarde al banquete de los dioses. Un impresor, Caxton, daba á luz el Espejo del tiempo y otros libros, desde la fecha de 1474, acompañados de raras ilustraciones, y aún esas por extremo rudimentarias. Quizá el rigorismo iconoclás- tico de la secta protestante, que excluía las imágenes de sus templos, no debió sufrirlas en estampas y en li- bros: lo cierto es que aun á fines del siglo xvn, se acu- día á Barón, Dorigny y otros franceses, para obtener reproducciones de los grandes maestros, Rafael, Rubens, Van-Dyck, etc. El grabado en madera inglés, dio muy poco de sí: cli- chés ó matrices alemanas, italianas ó francesas, utilizá- banse en las primeras ediciones, y si algunos ofrecen carácter indígena, es tan menguada la índole de ellos, que ni llegan á constituir arte, ni bastan de mucho á formar escuela. Más desfavorecida que entre nosotros, la xilografía inglesa siguió laboriosa marcha durante cuatro siglos, sin apenas salirse de su elemental envol- tura, sin embargo de las contiendas religiosas y luchas civiles que la utilizaron en epigramas y folletos. Necesa- ria fué una rehabilitación verdadera cual la realizada HK 66 ) * - durante nuestros días en aquella activa nación, para que renacidas sus artes liberales, se desplegase el grabado en madera, á fin de indemnizarse brillante y grandiosamen- te, de su antigua y dilatada anemia. ¿Y por ventura el metal dio frutos que subsanasen la pobreza de la madera? Tampoco hizo nada de bueno du- rante siglo y medio, ejercitado apenas por advenedizos, que iban allá al solo fin ele ganarse la subsistencia. Uno de ellos, el flamenco Simón de Pas, enseñó su arte á Juan Paine, natural de Londres (1606), artista de escasa valía, pero que en cierto modo inauguró el grabado na- cional. Poco adelante, Guillermo Faithorne, después de llevar una vida algo aventurera y estudiar en Francia con el ya reputado Nanteuil, regresó á su patria ha- cia 1650, donde llamó la atención y empezó á sacar alumnos, que compusieron un grupo ni abundante ni es- cogido, no obstando para que las mejores estampaciones se confiasen á manos extrañas. Por aquella misma fecha el alemán Hollar, fecundísimo, al estremo de contársele más de 2000 asuntos, acreditaba en Londres el grabado al agua fuerte, bien secundado por Francisco Barlow, mientras el príncipe Ruperto, con ayuda de Luis de Sie- gen y del citado Faithorne, reinando Carlos I, importa- ba el agua tinta, ó mezzo tinta, especie de grabado acua- relado al agua fuerte (grabado al humo), que tuvo singu- lar acogida, llegando á formar una manera especial inglesa, y una escuela acreditada por Earlom, Green, Wats, Fisher, Faber y otros buenos grabadores de retratos, y copistas de las mejores creaciones de Reynolds, Lawren- ce y Guinsborough. El estilo vaporoso de esos maestros, aveníase perfectamente con la difuminación del nuevo grabado, que logra efectos armoniosos de luz y sombra, -M 67 )-<- simpáticos á la vista, y de gran vigor en manos ejerci- tadas. Modernamente se utiliza con resultados esplen- dentes y con mucha más ciencia que en los siglos xvu y XVHI, merced al auxilio del buril, cuyos trazos, jugados con gusto é inteligencia, suplen á maravilla los vacíos de aquel procedimiento. No le faltaron á Inglaterra lozanos burilistas, á contar del memorado siglo xvni, comenzando por Roberto Strange, discípulo de Le Bas en Francia, y admirador de las mejores obras clásicas en Italia, cuyas diestras y numerosas láminas serían modelos intachables, si el di- bujo no flaquease á menudo bajo los ímpetus de un tra- zo fácil por demás. Woollet educado por Tinney, no menos fácil y más correcto, sobresalió cual paisajista, ins- pirándose en las obras de Wilson y Pillement, y seña- ladamente en las admirables del Lorenés, que trasladó al cobre con una habilidad superior á todo elogio, emplean- do toques valientes en los primeros términos, para des- lindar los segundos y últimos con toda la dulce vague- dad del original. Vivares, de nación francesa, establecido en Inglaterra, fué otro buen paisajista, bajo los modelos del propio Claudio Lorenés, de Poussin y de Patel, que acertó á reducir con un esmero y una brillantez de luz superlativas. Otro francés domiciliado en Londres, J. Ra- venet, sirvió de primer director á G-uillermo Winne Ry- land, quien habiendo cumplido sus estudios en Francia al lado de Boucher y de Le Bas, volvió hecho inteligente aguafuertista, pero luego se enamoró de un nuevo gé- nero de puntillado, invención del italiano Bartolozzi, que imitaba los efectos del lápiz, género mal explotado en sus manos, y que lejos de aventajarle, anuló su primitiva reputación. Jorje Vertue hizo soberbios retratos, con -*( 68 ><- plumada elegante aunque algo cruda, y siendo hombre erudito, dio á luz en 1762 unas Anécdotas de pintores, bajo los auspicios del célebre Horacio Walpole. Abrahan Raimbach distinguióse por fiel y sagaz reproductor de las obras de Wilkie, cuyo caracterismo logró acentuar de la manera más gráfica y precisa. Análoga destreza mostraron, J. Smith, inspirado por los cuadros del maes- tro Kneller; Keating, Dixon, Warren, por los del delica- do Gainsborough, y Coussin y Turner, por los de Law- rence. Más adelante, el humorismo inglés tuvo en Guillermo Hogart un pintor filósofo de primer calibre, que sobre sus cuadros y agua fuertes, marcados con todo el sello del genio, fijó las inclinaciones de otros artistas, vinien- do á crear otro nuevo género, el caricaturesco, que des- de entonces mereció y ha conservado especial favor en Inglaterra. Hogart, sin embargo, era un observador pro- fundo, que nacido de humilde cuna y agriado por su ju- ventud azarosa, convirtió el pincel y el buril en terribles látigos de la sátira, no dudando flajelar vicios y miserias sociales, comunes en su época, cual en todas, con un causticismo y una mordacidad llevados hasta la dureza más cruda, en persona de aquellos tipos que sabía coger admirablemente al vuelo, entre todas las capas sociales. Pero otros caricaturistas que le imitaron y subsiguieron, Rowlandson, Gillray, etc., incluso el moderno Cruiks- hank (Isaac, hijo de Jorge), han buscado sólo y exajerado el ridículo, sin lograr de mucho levantarse á su nivel. En cambio, el arte noble, el arte sentido, la majestad de una grande escuela, improvisada de pocos años, está valiendo á la nación inglesa un lugar entre las más ade- lantadas en pintura y grabado, demostrando ella una -*( 69 K vez más, que querer es poder, cuando le ha convenido agregar la importancia artística, á su antigua y soberanr importancia mercantil. Y baste lo dicho, por compendio sobre grabados y grabadores, y por comentario á la interesante colección Faraudo. J. PUIGGARÍ. ÍNDICE. —O's·c.-o— P*g»- Homenaje al coleccionista Dr. D. Jerónimo Faraudo. 3 CLASIFICACIONES Y CALIFICACIONES. Grabado Alemán 22 Id. Flamenco 31 Id. Italiano 39 Id. Francés 47 Id. en España 56 Id. en Inglaterra 65 -3 1 • a i . L a m i n a H/r 5'uáeXYi IÍÍCÍUA* ?; m u t U t » «t & A ¿ 0 .'II m ^ i i r t . JSM ft&ft&t - O t a a i . ' - lfL> Uitnivz ÍVr )ij|tíJ VVs >uuw Jt c u i u J U U M A' w L p/i Uttc*l*i.Oux£ttffcuUJ(^rvfv . j ; „ |p. 1 3 -s -i i 3 * Lamini VOT. 5¡a'u-'Hí= 5«..3iiaL •» d ¿tOíiti. t p i U «t «li» f » •' >*"" • Srt » . LamínaJ.Yr >i^LsXVI^ cUc^nüa. r ^latuJc a(«udt. ai iA>x* »w\ /ïítifícx - ftnf$ -8 _2 «ïzs£^^ESS= « • i . r i .r- i 'A Lz7mnaJCIV= HáLXYB» Stal&fa aÍcM*.U Siíeite w i ^ci¿tvi'ctt-(£uuc&i.f£am r u t a ) - 4 4 . x 34. s'-'i; »i»,:•'.:: •.,; •'• 4 4 3 £ U e 3 I ï%à\ LaúmnmlUX. - -iahiWiï^- W» MAIA^ kfelfafkt ( JuuiUt)amt4) fuerte* - .13 * J¡>. ' Crt¿rmetntf Jt CieifM fvetíir mUJtü fèattbir-f mAÍénmmi¿t-ftBuret Jàkamv IMfLtpaurp*mr*m 4* lif "ItámmMM* Si^L-WT- tuf i) I fiffljfn iUi»nifr»fti l í n i í t ' . í i ^ , ^ -W,i P^ BP^P5jEïJÍ Bw TM* W t R^íl V*™ l '^fj jjft . 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