ATENEO BARCELONÉS nrm n jm An PÚBLICAS RELATIVAS A LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE BARCELONA BARCELONA TIPO-LITOGRAFÍA DE BUSQUETS Y VIDA I calle d e l O l m o , n ú m . 8 1889 En la sesión celebrada por la Junta Directiva del Ateneo Barcelonés, en 21 de Noviembre de 1888, tomóse entre otros acuerdos el que á continuación se expresa : «El Sr. Presidente manifestó que habiendo concebido la idea de organizar uca serie de Conferencias en la cual se hiciese un estudio ciítico de la Exposición Universal, encargándose à personas recono- cidamente idóneas cada uno de los puntos que debiese abarcar dicho estudio, este proyecto había sido muy bion acog·ido por los señores socios á los cuales había consultado sobre el particular, ofreciéndose muchos de ellos á turnar parte en dichas Conferencias. El Sr. Presi- dente rogó à la Junta que se sirviese aprobar ias diligencias hasta aqui practicadas, ratificándolas con su acuerdo. Hizose afí por uns- nimidad, aprobando ademas la idea de que estas Conferencias fuesen escritas y leídas publicándose en un tomo por cuenta del Ateneo, el cual no entiende hacerse solidario de las ideas vertidas en ellas.» Ateneo Barcelonés, T3 de Julio 1889. Es copia £1 Secretario General J U A N SALAS A N T O N INAUGURAL POR EL PRESIDENTE DEL ATENEO BARCELONÉS D- JOSÉ CORO LEU 23 de enero 1889 SEÑORES : Preciso es confesar que el destino se complace muy á menudo en destruir los más arraigados prejuicios con hechos de todo punto imprevistos y á cuya irrebatible elocuencia debe rendirse la obcecación, por ciega e inveterada que sea. Muchas, muchísimas veces se ha tildado á Cataluña de particularista; muchas, muchísimas veces se ha motejado á Barcelona de egoista. Oyendo como hablan de nosotros cier tas gentes, no parece sino que pretendemos convertir el Ebro en frontera y los Pirineos en muralla de la China, con la mira de formar dentro de tan angostos límites una patria chica, exclusivamente habitada por un pueblo esquivo, huraño, rece- loso de todo trato con los demás é incapaz de creer que haya, en el mundo una comarca que en rdgo la aventaje : que .; ha querido interpretar nuestro santo amor á la tierra en que nacimos. Y, sin embargo, Barcelona ha celebrado la primera Expo- sición Universal española. Barcelona ha abierto de par en par sus puertas á los pro- ductores nacionales y extranjeros brindándoles con hospitala ria acogida, y, lejos de abrigar la desatentada pretensión de deslumhrarles con sus obras, les ha dicho solemnemente—y IO en este mismo recinto se lo han repetido nuestros industriales — que no les llamábamos para enseñarles lo poco que sabía- mos, sino para aprender de ellos lo mucho que ignorábamos. Y cuenta, señores, que poner en duda la sinceridad de esta declaración sería inferir á todo un pueblo un ultraje tan tre- mendo, que de puro excesivo heriría de rechazo al ofensor, pues la calumnia resulta inofensiva cuando peca de invero- símil. ; Quién no advierte que tenemos mucho qué aprender, mucho qué estudiar y mucho qué hacer para recobrar el largo tiempo que llevamos perdido á cp.usa del antiguo despotismo y de nuestras modernas é intestinas discordias ? A principios del presente siglo, una guerra descomunal que convirtió en campo de batalla la Península entera, destru- yó los postreros vestigios de varias industrias españolas cele- bérrimas en ambos hemisferios. Y cuando esta desventurada nación, sin crédito, sin caminos, sin universidades, que todo lo había perdido menos la honra, trató de recobrarse y de restaurar sus industrias, una guerra más cruel y deplorable todavía, porque era una guerra fratricida, obligó al labriego á soltar el arado y al tejedor á p.bandonar la lanzadera y púso- les nuevamente el fusil en la mano para que mutuamente se exterminasen. La industria, que sólo prospera y adelanta con la ayuda de la paz, del crédito, de una sabia administración y de una actividad inteligente y asidua, fué saludada á su renacimiento por el fragor de los combates y por el siniestro fulgor de los incendios que abrasaban bosques, alquerías y poblaciones enteras. Y cuando hubo cesado en los campos el estampido de los cr.ñones ¡ cuántas veces no resonaron en las ciudades el furio- so toque de rebato, el clamoreo de la revuelta y la formidable lucha de las barricadas ! ¡ A h señores! Cada vez que imanación más adelantada, pero menos generosa que la nuestra, nos moteja de atrasados porque le tocó la suerte de prosperar y triunfar cuando sonó para nosotros la hora de la decadencia, me dan ganas de pre- 11 guntarle si en tan terribles circunstancias hubiera sido capaz, de hacer lo que nosotros hicimos. Muchas cualidades nos faltan; pero no ha de atreverse nadie á negarnos la entereza. En medio de nuestro atraso, cuya existencia y causas principales harto conocemos, aun nos es dable enseñar al extranjero una cosa de inapreciable valor en las luchas del progreso,- una virtud que preserva á las naciones de la abyección y el descrédito: la constancia en las adversidades. Barcelona sabía todo esto, y porque lo sabía fué sincera y leal en sus declaraciones, como cumple á un pueblo hidalgo y celoso de su buen nombre. No hay en Europa una raza que aventaje á la española en lo sobri?, y austera; no hay en la tierra un obrero que su- . pere al obrero catalán en laboriosidad, inteligencia y amor al progreso. Pero, en punto á actividad industrial, nos hallamos todavía en el periodo incipiente y por lo tanto carecemos en esta parte de útiles tradiciones; las ciencias hállanse entre nosotros escasamente difundidas y por consiguiente no pue- den prestar á la industria el eficaz auxilio que en otras partes le proporcionan, y por último no tenemos, como los extran- jeros, museos industriales, y de ahí que no puedan ilustrar- se y desarrollarse completa y armónicamente las aptitudes, aprendiendo á hermanar lo útil con lo agradable, la industria con el arte, avalorando el producto destinado á satisfacer una necesidad física con la gala exterior que halaga la fan- tasía. ¿ Cómo suscitar estas ideas y el sentimiento de estas nece- sidades en el ánimo de los que jamás se pararon á reflexionar en ello ? ;Cómo lograr que nuestro pueblo se formase una idea exacta de los caracteres típicos de la industria contemporá- nea, que sólo conocen á fondo aquellos de nuestros indus- triales que tienen fortuna y conocimientos bastantes para estudiarla en el extranjero? No había más que un medio, y era hacer que los extran- feros viniesen á visitarnos, mostrándonos sus productos. 12 Y esto sólo podía hacerse celebrando una Exposición Universal. Por otra parte, España, á causa de su peculiar situación en el continente europeo y de su escasa importancia política y mercantil, es poco visitada por los extranjeros y esto, uni- do al desventajoso concepto en que nos tienen por el prolon gado periodo de decadencia que hemos pasado, hace que, por punto general, nos crean allende los Pirineos mucho más atrasados de lo que en realidad lo estamos. Porque la existencia en nuestro suelo de muchos elemen- tos que con toda razón podríamos llamar indígenas, por lo que escasean en otras regiones; el carácter típico y distintivo que muchos de nuestros productos han conservado, precisa- mente á causa de nuestro relativo atraso y aislamiento y la constancia inquebrantable de que siempre ha hecho alarde nuestra raza, sobretodo en las comarcas septentrionales de la Península, imprimen á nuestro suelo, á sus producciones na- turales y á las obras que en él fabrica la actividad industrial un sello de originalidad que da especial importancia á España en los mercados extranjeros. Cuanto más culta sea la nación que trate con nosotros mejor sabrá apreciar las excepcionales cualidades que en estos conceptos tienen nuestros productos. Así, concretándo- nos á lo más conocido y vulgar, no hay en el mundo ningún comerciante medianamente ilustrado, ningún hombre de re- gular erudición, ningún artista instruido que ignore que nues- tros frutos y nuestros caldos pueden parangonarse con los más famosos de la tierra, que nuestra riqueza mineralógica es tan estupenda que no hay ninguna nación que en esta parte nos exceda y, por último, que merced á nuestras grandes vicisitudes históricas, las generaciones pasadas han ido po- blando este suelo de monumentos en los cuales se ven repre- sentados el gusto y las tendencias artísticas de muchas y muy diversas épocas, razas, civilizaciones y escuelas. - 13 La nación que posee templos góticos tan maravillosa- mente espléndidos como S. Juan de los Reyes y las catedrales de Toledo, de Burgos, de Sevilla y de Barcelona; alcázares moriscos únicos en su género como el de Sevilla y la celebé- rrima Alhambra, amen de los magníficos palacios de la época del Renacimiento que se ven en muchas de sus ciudades y de los preciosos restos de edificios romanos y bizantinos que todavía se hallan en muchos lugares de la Península; una nación que puede mostrar al extranjero paraísos como la vega de Granada, las huertas de Murcia y Valencia y el Cam- po de Tarragona; territorios tan pintorescos y bien cultivados como Cataluña y las Provincias Vascongadas, museos tan opulentos como el del Prado, archivos tan admirables como el de la Corona de Aragón, colecciones arqueológicas tan va- . liosas como las hay en Madrid, en Barcelona y en otras cien ciudades y villas, veneros de riqueza natural tan portentosos como las minas de Almadén y de Rio Tinto y los montes de hierro de Vizcaya, es una nación muy digna de ser visitada y estudiada. Porque, si en achaque de científicos procedimientos para aprovechar los tesoros que la naturaleza nos prodigó estamos por desgracia muy atrasados todavía y en la elaboración de nuestros productos mostramos por punto general una ruda impericia que no nos permite competir con otras naciones más adelantadas, en cambio éstas encuentran aquí primorosos modelos cuyo valor estético irán comprendiendo cada vez más nuestros industriales y primeras materias cuya excelencia es el asombro de los sabios extranjeros. Estas ligeras consideraciones bastan, á mi entender, para justificar esta, á primera vista, indisculpable jactancia, de ce- lebrar una Exposición Universal en Barcelona. H a y más. Se ha dicho y repetido hasta la saciedad que la grande facilidad de comunicaciones que el vapor y la electri- cidad han establecido aproximan entre sí á los pueblos, des- truyendo las bárbaras preocupaciones que los traían alejados y poseídos de tradicionales rencores y haciendo que apren- diesen á conocerse y á apreciarse recíprocamente. Mas esto '4 no acontece por tan súbita y prodigiosa manera como muchos se figuran. Mucho se han multiplicado de treinta años á esta parte lr.s comunicaciones merced al vapor y á la electricidad, y sin embargo, en -este periodo de un tercio de siglo hemos presen- ciado guerras tan espantosas como la de Crimea, la de Italia, la de los Estados Unidos, la de Méjico, la de Dinamarca, la de Alemania, que arrebató al Austria el cetro del imperio germánico, la franco-prusiana, la turco-rusa y las de la China, del Paraguay, del Afganistan, etc., etc. Mucho se han ido extendiendo las redes de ferrocarriles y las líneas telegráficas, por manera que estamos enterados dia- riamente de cuantos sucesos notables ocurren en el mundo, y sin embargo, hoy por hoy, los europeos del Norte y hasta nuestros vecinos los franceses hablan muchas veces de noso- tros y describen nuestras costumbres cual si viviésemos toda- vía en los tiempos de Carlos II el Hechizado. ; Y sabéis por qué ? Porque el ferrocarril, al suprimir las distancias, ha suprimido también aquel que podríamos llamar dilettantismo filosófico, que era como el condimento y la sal de todo viaje para los hombres observadores y ávidos de im- presiones. Por más que vuele la locomotora no lo hace nunca á medida de nuestro deseo ; nos hemos desacostumbrado de sufrir las molestias é incomodidades que antaño parecían ine- vitables en todo viaje y, al partir el tren de la estación, ya estamos impacientes por llegar al término de la travesía, y así pasamos indiferentes y, si á mano viene, durmiendo á pierna suelta, junto á muchas poblaciones intermedias, muy dignas de ser visitadas. No nos detenemos sino en las ciuda- des más importantes por su población y cultura y porque encontramos en ellas un remedo de las tres ó cuatro capitales que en nuestra época dan á las demás la pauta y el impulso en todos los progresos, imaginamos y sostenemos que las costumbres se han uniformado y que los tipos nacionales, en la esfera del arte, han desaparecido casi por completo. E n todo lo cual hay una evidente exageración. Es indu- dable que á causa de muchas circunstancias que fuera prolijo i5 enumerar y entre las cuales figura indudablemente la facilidad de comunicaciones, nuestra sociedad propende á apartarse ele lo puramente nacional, tendiendo á sustituirlo por lo huma- no, con lo cual gana sin duda en el orden filosófico cuanto pierde en el terreno estético; pero esto no quiere decir que podamos dar por realizada una evolución de suyo tan extre- madamente trascendental y laboriosa. Las guerras que acabamos de recordar prueban que la república ideal de los filósofos es y será por muchos años una utopia vigorosamente combatida en las cancillerías y en los cuarteles. * * * Esto por lo que se refiere al cosmopolitismo político. Para estudiarlo en su aspecto artístico, basta recorrer las galerías de una Exposición Universal. En ellas se ven gráficamente retratados los caracteres, los gustos y las aptitudes de cada raza, como en un museo arqueo- lógico se ven pintados el genio, las costumbres y los ideales de cada época, formando una instructiva serie de cuadros auxiliares para el estudio de las civilizaciones comparadas. Y si se inquieren las causas de esta extraordinaria varie- dad, hallaránse en la diversidad de climas, de razas y de antecedentes históricos, que engendraron fatalmente la diver- sidad correlativa de necesidades, caracteres y tradiciones. Dudo, señores, que un hombre reflexivo pueda encontrar un tema de estudio más útil y agradable. Cada tipo de estos es como una nota de la armonía inmensa que las razp.s y las naciones forman sobre la superficie del globo que habitamos : nota de color cual pieza adherida á un gigantesco mosaico; nota de sentimiento como el sonido musical combinado en un efecto acústico; nota ideal, pero que vibra en el fondo del corazón con toda la magia del arte y de la poesía. Examinad los cuadros, las estatuas, los tapices, la cerá- mica, los que hemos dado en llamar bronces artísticos, y ve- réis representados en mil y mil objetos los mitos primitivos 16 trasformados en leyendas, las leyendas trocadas en asuntos literarios y la tradición clásica inspirando á Shakespeare, á Corneille y á Gcethe y las escenas que estos escribieron re- producidas por los pinceles de los pintores y por el cincel del escultor que en mármol y en madera las esculpe y entalla. Veréis reproducidos en una infinidad de objetos las efigies de los dioses y los héroes que los antiguos veneraron y los epi- sodios de la historia religiosa que de padres»á hijos se trasmi- tieron. Veréis, en fin, pintadas y esculpidas las tradiciones populares trascritas en candorosa forma por un vate anónimo y desarrolladas después con toda la pompa y gallardía del arte moderno; pero de tal suerte, que cada nación y cada época las han marcado con el sello de su genial carácter. Y sin remontarnos á tales alturas ¡ cuan elocuentes no son los muebles, los trajes, las armas, las joyas y aun los más in- significantes utensilios industriales ó domésticos para quien desea conocer la índole y las costumbres de un pueblo ! L a mal reprimida ferocidad del oriental que va entrando á pesar suyo en el concierto de las naciones civilizadas; la vida alegre, fastuosa y muchas veces disipada de la europea, atenta siempre á cautivar las miradas y á eclipsar á sus rivales en una lucha perenne de lujo y elegancia; el cariño extre- mado del anglo-sajón á los apacibles goces del hogar domés- tico; la lozana juventud y el vigoroso empuje de la raza eslava, tan poética, tan confiada en su destino y en la cual empiezan á fijarse con honda preocupación los filósofos y los estadistas; todos los caracteres, todos los rasgos geniales de las naciones, todas las particularidades de sus costumbres se reflejan, se notan, ó cuando menos se adivinan en las obras que presentan en estos grandes certámenes internacionales. Y esto que por una parte es un importante dato histórico y artístico, por otro lado constituye un gran valor económico, pues todo producto industrial puede estudiarse con relación al país que lo creó y en el punto de vista del cambio, es decir, como objeto de comercio. Porque éste no lo produce exclusivamente el enérgico acicate de las necesidades reales, pues el voluptuoso estímulo 1/ de la sensualidad, que trasforma en sugestión imperiosa los apetitos de la molicie y los antojos de una orgullosa ociosidad, han hecho en todos tiempos que los pueblos procurasen mul- tiplicar las ocasiones de efectuar sus cambios de productos y que éstos fuesen muchas veces estimados no ya por su posi- tiva utilidad, sino también por el valor convencional que á su fastuosidad se atribuía. De aquí resultó que adquirieron grande estima en los mer- cados no sólo aquellos objetos que indispensablemente se necesitaban, sino aun muchísimas cosas cuyo valor dependía con suma frecuencia del caprichoso favor de la moda. Y es un estudio por todo extremo curioso el del carácter y desenvol- vimiento que ha tenido este fenómeno económico según la variedad de los tiempos y los lugares. Pero esta recíproca aproximación de los pueblos, estas congregaciones inmensas de gentes de toda raza en un mer- cado universal en donde son todas á la vez productoras y consumidoras, este espectáculo grandioso en el cual Cada nación figura con el doble carácter de actora y espectadora, sólo podían realizarse en una época como la nuestra, en el siglo en que vivimos. Porque, si bien se reflexiona, es realmente espantoso lo que le ha costado á la humanidad llegar á tal grado de ade- lanto que fuesen posibles semejantes alardes de vigor, de despreocupación, de fraternidad y cultura. Hoy nos parece muy sencillo y natural pasearnos por las naves de una Expo- sición Universal Y sin embargo ¡cuántos trabajos, cuántos sacrificios, cuántas hecatombes humanas no se han necesitado para que ello fuese posible! Vivían las naciones apartadas unas de otras por grandes distancias y ha habido que suprimirlas; mirábanse entre sí los pueblos con mutuo recelo por obra de absurdas preocupacio- nes y ha sido preciso desvanecerlas. L a Ciencia ha tenido que encontrar medios para horadar los montes más empinados y duros, traspasar los ríos más caudalosos y reemplazar en los mares la fuerza impulsiva de los vientos, encerrándolos—como dicen nuestros marinos en su pintoresco lenguaje—en la bo- i8 degà de las naves, para que la distancia no fuera un obstáculo punto menos que insuperable á la reunión de estas abigarra- das y fecundas asambleas. L a Ciencia ha tenido que destruir con invencibles argumentos un sin número de errores, prejui- cios y supersticiones para lograr que se acostumbrasen los hombres á ver con simpatía y á tratar con respeto á sus semejantes, prescindiendo de su nacionalidad y de sus creen- cias. Y para conseguir tan sublimes resultados, que en otro tiempo hubieran parecido—con razón—de todo punto impo- sibles, han sido menester muchos estudios, cruelísimas gue- rras y grande efusión de sangre. Por esto consideramos las Exposiciones Universales como elocuente manifestación y glorioso alarde de la civilización contemporánea, al paso que como un campo neutral y abierto á todas las naciones para que mutuamente se vean, se estu- dien, se relacionen-y, teniendo en cuenta cada una de ellas las propias y las ajenas necesidades y costumbres, se presten recíprocamente auxilio eficaz y legítimas ganancias con el comercio de ideas y de productos. * * # Hasta mediados del presente siglo sólo se habían podido intentarse las copiosas asambleas mercantiles y las grandes exposiciones de productos cobijándolas bajo el augusto manto de la Religión. H o y se celebran estas asambleas internacionales de pro- ductores de una manera mil veces más completa y ostentosa acudiendo á ellas no sólo el industrial y el mercader para exhibir, vender y comprar productos de todo género, sino también el economista para hacer un estudio de los fenóme- nos que allí se realizan; el artista, para observar y comparar tipos y costumbres; el filósofo, para deducir de un examen comparativo las aptitudes características de los pueblos y las tendencias generales y particulares que revelan sus obras. Y para reunir á tanta multitud de gentes de tan diversas 19 nacionalidades, lenguas y creencias, basta que una ciudad conocida en el mundo mercantil lance á los cuatro vientos su cortés invitación, convocándolas á celebrar el universal certa- men. Un día fué Londres, otro París, más adelante Viena la capital que tuvo la gloria de presidir esas pacíficas luchas de las cuales vencedores y vencidos salen igualmente ganancio- sos. Después ha sido Filadèlfia, luego Lyon y por último Barcelona. El resultado que esta postrera Exposición ha tenido en todos terrenos, el concepto que de ella debemos formar, las consecuencias que de su estudio se deducen, sus grandezas y sus deficiencias, no me toca á mí exponerlas. Cábeme tan solo—y esto como un deber que me impone el puesto que inmerecidamente ocupo— la honra de manifes- taros las razones que han inducido al Ateneo á acometer la empresa de la cual es conciso y desabrido prólogo este razo- namiento que estáis escuchando con tanta benevolencia. Si de algo ha blasonado siempre esta corporación, es de tolerante; si algún timbre la enorgullece y desea conservarlo con celoso empeño es el de la cultura social y científica que modera los ímpetus de la pasión y atenúa los extremos de la intransigencia. El Ateneo—mil veces se ha dicho y no debe- mos cansarnos de repetirlo—no es una escuela, ni un club, ni una secta. No es un instituto cerrado en el orden filosófico, en el terreno político, ni en el campto religioso. Es una cátedra libre, un palenque abierto, una sociedad en la cual la unidad de miras eh lo humano y patriótico hace cumplida y perfecta con el impulso del alma la armonía que la ilustración científica establece aun entre los hombres de más opuestas opiniones y más contrarias tendencias. Xo ha mostrado nunca arrogante presunción por su valer colectivo, ni se ha forjado ilusiones respecto á su influencia moral y científica; pero en cambio tiene la plena convicción de haber contribuido en la medida de sus fuerzas y con entero desinterés á la propaganda y vulgarización de los conocimien- tos útiles y sobre todo á crear precedentes y tradiciones de imparcialidad y tolerancia. 2O Sea cual fuere el juicio que formemos de la última Exposi- ción Universal, ello es indudable que ha de figurar en los anales de Barcelona como uno de los más notables sucesos de su larga y gloriosa historia. El Ateneo hubiera sido inconse- cuente con la suya y hasta infiel á su programa, si no hubiese otorgado ninguna atención á un hecho de tanta magnitud y trascendencia. Así lo creyó la Junta Directiva y así lo han creido también los señores Socios que han tenido la abnegación—que bien pudiéramos calificar de patriótica—de tomar parte en la serie de estudios cuya lectura va á comenzar el próximo lunes. Suyo será el trabajo: del Ateneo la gloria. Porque á gloria y orgullo ha de tener esta corporación el contar en su seno á tantas personas capaces de tratar con reconocida competencia de tantos y tan arduos y variados asuntos. Seguro estoy por-lo tanto de interpretar fielmente vuestros sentimientos al anticiparles en nombre de la sociedad las más cumplidas gracias por la amabilidad con que han consentido en secundar los deseos de la Junta, mostrando con ello cuánto estiman el prestigio de esta corporación y cuánto se interesan por la ilustración y progreso de sus conciudadanos. Porque la verdad es que nuestras ocupaciones cotidianas no nos dan vagar para dedicarnos á semejantes estudios por vía de distracción y pasatiempo y, dado que así no fuese. aun había de faltarnos una condición muy esencial para sacar algún provecho de nuestra empresa. Nos faltaría la enorme suma de conocimientos que serían necesarios para- profundi- zar tanta diversidad de temas; empresa que no pudiera aco- meter sino el sabio prodigioso que atesorase en su mente toda la inmensa Enciclopedia del siglo XIX. Y es tanto más de agradecer, señores, la galantería de nuestros consocios, cuanto que varios de los temas que han de tratar son de suyo áridos y dificultosos, y ni la aridez del asunto ni lo ímprobo del trabajo fueron parte á arredrarles en su empeño. No miran tanto al propio lucimiento como á la general utilidad, y así, considerando que ésta ha de resultar 21 mucho mayor si en vez de una fugitiva serie de impresiones causadas por la palabra pueden conservarse estas conferencias en la integridad de sus conceptos, han consentido en escribir- las, á fin de que luego se imprimiesen formando un volumen que será como una historia crítica de la Exposición Universal de Barcelona. Temería inferir una ofensa á tan dignos consocios dicién- doos que sus juicios serán imparciales. Lo abona la respetabi- lidad de sus nombres. Lo abona la seriedad de esta corpora- ción, que no le permite trasfonnar la crítica científica en vil lisonja, ni en sistemática diatriba. El objeto que el Ateneo se propone al emprender esta obra es que puedan todos aprender con lo que algunos han estudiado, y como sólo la verdad es útil, instructiva y justa, ella será el norte de los trabajos que en las sesiones siguientes tendrán la honra de leer aquí nuestros ilustrados compañeros. * * * Y ahora, señores, permitidme que antes de concluir os dirija en nombre de nuestra Junta un afectuoso ruego. L a primera Exposición Universal de España habría fraca- sado si las naciones extranjeras no hubiesen acudido al llama- miento que les dirigió Barcelona. Todos sabéis q u e Francia fué la que con más solicitud y empeño coadyuvó desde los primeros momentos al buen éxito de la empresa, la que con la pompa del aparato oficial y con la actividad de la iniciativa privada más ha contribuido á su importancia y esplendor. España en general y Barcelona en particular han contraído con ello una deuda de gratitud y ha llegado la hora de pa- garla. Francia va á celebrar á su vez una Exposición Universal. Deber nuestro es asistir á ella, cooperando en la medida de nuestras fuerzas á su animación y lucimiento. Este Ateneo, que en los certámenes universales de Fila- dèlfia y Barcelona ha alcanzado honrosísimas recompensas, faltaría á la obligación que su título de Barcelonés le impone, si no concurriese también á la Exposición de París tan com- pleta y lucidamente como le sea dable hacerlo. L a Junta remite á ella los Estatutos y las actas impresas de la sociedad y una sucinta reseña histórica en la cual constan las discusio- nes científicas que en ella se han celebrado, las cátedras que ha sostenido, los premios que ha otorgado á trabajos cientí- ficos, artísticos y literarios; las pruebas, en fin, del ahinco per- severante con que se ha consagrado á cumplir los fines de su instituto para contribuir al fomento de la pública cultura, Pero esto no basta. El Ateneo tiene la honra de contar en su seno á muchos hombres doctos, á muchos escritores de merecido renombre, á muchos artistas de gloriosa reputación. A todos ellos se dirige hoy, rogándoles con encarecimiento que dispensen á la sociedad el obsequio de remitirle lo más pronto posible las obras que hayan escrito ó ilustrado para enriquecer con ellas la instalación del Ateneo. No se trata,señores, de una fnVola jactancia, sino de pagar una deuda de agradecimiento. Se trata de probar á nuestros amigos de allende los Pirineos, que España es nación hidalga y Barcelona dechado de cortesía, justificando con los hechos la fama que nos dieron las historias.—HE DTCHO. CONFERENCIA 4 . A ESTUDIO cLe l a SECCIÓN. ARQUEOLÓGICA DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE BARCELONA POR D. J O S É F E R R E R Y S O L E R — 4 Febrero 188c — SEÑORES: "No extrañéis que me haya adherido con entusiasmo al patriótico pensamiento, al laudabilísimo propósito de la celo- sa Junta que dirige la marcha de este Ateneo, de organizar una serie de conferencias todas ellas encaminadas á formular el estudio de las diferentes agrupaciones de nuestro espléndido y finalizado Certamen Universal. Me halagó el proyecto, porque me complazco en lo bueno y lo útil, y bueno y útil considero todo aquello que puede dar esplendor y perpetuar la memoria de un monumento de la índole de nuestra Exposición, que, como todas las de su clase, si bien desaparecen, dejan, sin embargo, perennes en la historia el nombre y la gloria de las naciones en que se re- alizaron con éxito. Conozco sobradamente hasta dónde llegan mis limitados conocimientos, para que intente presentarme ante vosotros con la seguridad propia del que domina el asunto sobre que discurre con su ilustración y talento. Sé que no tengo méritos bastantes ni ciencia suficiente que excusen mi pretensión, mi debilidad de tomar parte en veladas de esta naturaleza; pero las súplicas de estimados y benévolos amigos por un lado, y por otro mis deseos de con- 86 tribuir con mis escasísimas fuerzas á un acto que honra á este Ateneo y por ende á Barcelona, hánme decidido á bosquejar este estudio, contando de antemano con vuestra reconocida generosidad, que espero no me regatee la indulgencia que tanto alienta y vivifica, y que yo necesito más que nadie. Indulgentes os mostrasteis hace poco conmigo, y ese fe- cuerdo me obliga á aprovechar la presente ocasión para de- mostraros mi profundo agradecimiento. Voy á tratar, señores, como mejor sepa, de la agrupación 22.a de nuestro Certamen Internacional, ó sea la sección 177 de Arqueología. Este trabajo, por su índole, no puede proporcionarme glo- ria ni reputación alguna; poco ó nada hay en él que sea mío: no es más que una recopilación de noticias esparcidas en di- versas publicaciones referentes al estudio de los distintos ra- mos que constituyen la ciencia arqueológica (1). Apuntes históricos Cuantos en calidad de meros aficionados, como el que tie- ne la honra de dirigiros la palabra, han empleado sus ocios en recorrer alguna páginas de tan importante estudio, saben perfectamente cuan moderna es la ciencia arqueológica, naci- d a en el siglo XVI, á raíz de descubrimientos de antiguas pinturas y esculturas y del renacimiento de las letras. Débese á Lorenzo de Médicis su primer empuje, como fundador de la primera cátedra de arqueología en Florencia. Ya en el siglo XVII se acentúa el movimiento favorable á tan útilísimos estudios; aumentan sus adictos; se realizan ex- ploraciones y exhumaciones científicas, que proporcionan grandemente materia para ocupar la atención de distinguidos autores. Continúan los descubrimientos y progresa rápidamente (1) Autores consultades: M. L'abbé Mígne, J . F . Riaño, Jacquemart, J. Addison, Sau- zay, J . C. Davillier, E . Bosc, M. Vachon. 8; esta Ciencia en el siglo XVIII, ocupándose seriamente de ella y predicando su utilidad é importancia gran número de emi- nentes escritores, entre ellos Winkelmann, Morelli, Eckel, Passieri, y otros muchos. Llega, por fin, su apogeo en este siglo, para mejor estu- diarla y empujarla, la subdivide en «Numismática», ó sea el conocimiento de las monedas y medallas antiguas; «Epigrafía», arte de interpretar las inscripciones; «Paleografías, el de leer la escritura y signos délos documentos antiguos; «Lingüística», ó sea el estudio comparativo y filosófico de las lenguas; «Ce- rámica», el conocimiento científico de los objetos á este ramo pertenecientes, en el punto de vista arqueológico, y la «Glíp- tica», arte de grabar las piedras preciosas. De tales divisiones se han ocupado con gran éxito hom- bres eminentísimos por sus conocimientos en diversas nacio- nes y designados con el nombre de arqueólogos, que han hecho de esta ciencia uno de los más completos y útilísimos estudios de la marcha seguida por las civilizaciones, compen- diadas en el conocimiento de las épocas, de los acontecimien- tos históricos, costumbres, tradiciones, gobiernos, religiones; todo, en una palabra, lo que marca el estado de cultura ó de postración, en distintas épocas, de todos los países del mundo. Existe además otro grupo, que en algo se diferencia de los arqueólogos por ser más limitado su estudio. Si bien los primeros se dedican al conocimiento de los monumentos y cosas de la antigüedad, son los segundos, llamados Anticua- rios, según el Diccionario de la Real Academia Española, aquellos que se dedican por profesión ó estudio particular al conocimiento de las cosas antiguas; resultando de las dos definiciones, como podéis notarlo, que quedan, por decirlo así, confundidos los dos grupos. Os diré, sin embargo, que, á mi entender y por regla general, se ocupan preferentemente los anticuarios en el estudio particular de los objetos pertene- cientes á las muchas ramificaciones derivadas de esta ciencia, como, por ejemplo, los trabajos de hierro y bronce, armas, muebles, marfiles, vidrios artísticos, pinturas, materias texti- les y otras varias. 88 Ya hemos indicado, señores, la importancia que tiene esta ciencia considerada en el punto de vista histórico; pero existe aún otro de mayor y más inmediata importancia, trascendental en grado sumo, y que consiste en su aplicación á los diferentes ramos industriales. L a s escuelas de Arte aplicado á las industrias, de las cua- les son base firmísima los museos arqueológicos, no tienen por objeto, como decía muy bien Raffaele Erculei en uno d e sus discursos, aumentar el número de arquitectos, pintores y escultores, sino iluminar, por medio del Arte, á los artesanos que elaboran utensilios de todas clases que reclama la socie- dad actual, y que permite considerar el Arte, no como un privilegio de unos pocos, sinó como un patrimonio de todos; convirtiendo el don excelso de saborear las obras artísticas que antes reservaba el cielo á los ricos, en justa recompensa al trabajo, base de nuestra moderna .sociedad. Con tales principios y propósitos debe estudiarse el arte Etrusco, el Griego, el Pompeyano y otros de los cuales puede derivarse aplicación directa á los objetos más comunes, con- siderando ese estudio como actividad que eleva, recrea y pu- rifica los sentimientos. Indicado ya el objeto de esa importante ciencia en sus dos puntos de vista histórico é industrial, voy á expresaros con leal imparcialidad y franqueza mi humilde opinión respecto á la ya citada sección XXII, ó sea la de Arqueología. Magnífico era el efecto que producía aquella sección. Al visitarla por primera vez, sea por no estar acostumbrados los barceloneses á los útilísimos espectáculos de este género, bien por la inteligencia y esmero desplegados por la Comisión, digna de plácemes, que la organizó, sentíase uno agradable- mente sorprendido, y para sí decían los aficionados y aman- tes del Arte: «¡Lástima grande que no quede perenne esta sección!» Esta era la impresión favorable que se recibía descen- diendo los peldaños de la escalera que daba entrada al local, y que permitía dominar el conjunto. Examinando en globo la importancia arqueológica y artís- 89 tica de los objetos expuestos, es mi parecer, señores, que pre- dominaba el mérito arqueológico al puramente artístico. Y no debe entenderse, por lo que acabo de afirmar, que el Arte no estuviese allí dignamente representado ; varios eran los objetos que ostentaban el lujo y el buen gusto clásico, pero su valor artístico no tenía la importancia de la de otros, de- bida á su rareza, á su remota época. Cálices, cruces, retablos preciosos existían allí, pero otros similares se encuentran en diversos Museos; en cambio, el tapiz de Gerona, el palio vulgarmente llamado de las bruixas. la capa pluvial atribuida á San Valero, y varios otros objetos son verdaderamente más importantes por considerarlos úni- cos en su clase. Permitidme, señores, antes que prosiga comunicándoos mis impresiones recibidas en aquella sección, que os exponga la idea que ha predominado al formular este difícil y algo escabroso estudio. Mi intento es transformarlo en un trabajo práctico, en el que resalten los objetos principales expuestos en aquella sección y los que de clasificación también arqueo- lógica y artística estaban diseminados en otros edificios, pro- curando daros algunas noticias de su historia en nuestro país, y realizando, si mis conocimientos me lo permiten, un estudio útil y provechoso á aquellos que deseen adquirir los datos que conozco referentes á la importante ciencia que nos ocupa. Numismática Voy á tratar, en primer término, de la rica colección nu- mismática establecida en el Museo-Martorell por su dignísimo fundador y propietario, D. Manuel Vidal y Quadras. Cuantos elogios tributara á tan inteligente y distinguido patricio serían escasos. Su colección, que consta de 2,152 monedas de oro, 6,428 de plata, 4,581 de cobre, 780 de vellón, ó sean 13,841 mone- das y 1,538 medallas conmemorativas, es digna de figurar ço en los primeros museos del mundo y son honra y gloria de su poseedor y de su patria. Su importancia, su número, su conservación, su clasifica- ción, en una palabra, el saber y los sacrificios y desvelos que representa, hace esta colección, debida tan sólo al esfuerzo individual, digna de todo elogio y encomio. E s una de aquellas colecciones que llenan el fin de utili- dad, objetivo de la ciencia. El conocimiento de monedas y medallas trae consigo pre- ocupaciones que lo ridiculizan ante los no inteligentes en la materia, y se mira generalmente con fastidio por no tener inmediata relación con la conveniencia de los hombres. Según el concepto medallístico, no debe mirarse una colección de monedas como un tesoro de moneda corriente, sinó puramente de ciencia ; su valor no es otro que el de las figuras é inscripciones, y así se comprende que puedan valer hoy una suma relativamente respetable, piezas cuyo valor no pasaba de algunos maravedises. Una colección numismática puede compararse á una ex- posición de pinturas en miniatura donde quedan representa- dos Alejandros, Césares, Pompeyos, Trajanos y otros varones ilustres, siéndonos permitido con la historia cotejar su sem- blante ya revelando nobleza, crueldad, orgullo ó mansedum- bre. También representa bustos de ilustres damas, cuyos atractivos han ocupado gruesos volúmenes, y cuyas facciones han causado la felicidad ó la desgracia de reinos enteros. Representa, además, la de muchos otros cuyo conocimiento existe únicamente por las medallas; vése en ellas el genio de las naciones, provincias, ciudades, alegorías que tan presentes han tenido pintores históricos, que sin semejante auxilio no hubieran acertado á dibujar entes aéreos ó pintar las virtudes, ni dar cuerpo á las pasiones : en una palabra, señores, son las monedas y las medallas la luz de la historia. Se ven en ellas acuñadas la existencia, hechos y época de emperadores, cuanto constituye su vida histórica y social; sin esta ciencia no hubiera podido recopilarse la cronología de reyes de remotos siglos; ayudan á la memoria, como enseñan 9i á deletrear las inscripciones, sirven al artista para sus estu- dios indumentarios, para ese estudio de trajes y vestiduras tan fútil en apariencia, y tan provechoso para los que saben deducir la significación que tienen, y que enseñan además el uso que prevalecía en otros tiempos. Otras muchas aplicacio- nes pudiéramos citar, si no temiéramos hacer enojosa la enu- meración. Juzgad, pues, de la importancia de la colección de D. Ma- nuel Vidal y Quadras, y n» extrañaréis que el Jurado le adju- dicase el primer premio entre los primeros, ó sea, el Diploma d e Honor. Joyería Débese únicamente á nuestras iglesias y á algunos digní- simos particulares el haber estado representada en aquella sección una parte de las Artes llamadas Suntuarias por me- dio de labores en ricos metales dedicados al culto religioso. Tengo que hacer constar, con vivo sentimiento de mi par- te, que, en lo que á este ramo se refiere, no han correspon- dido las demás provincias y corporaciones de España á la importancia por todos reconocida de nuestra Exposición, que mucho más hubiera brillado si se hubiesen ostentado en ella los riquísimos objetos, dignos de estudio y de preciado valor artistico-arqueológico, que poseen. Sobresalían y brillaban, sin embargo, magníficos objetos d e varias parroquias, todas ellas catalanas, y representadas por sus obispados, como son : los de Barcelona, Lérida, Tor- tosa, Urgel, Vich y la Colegiata de S. Juan de las Abadesas. Entre los objetos más importantes figuraba una urna de plata sobredorada perteneciente al siglo X I V y con vestigios de esmalte, conteniendo recuadros de pasajes de la vida y martirio de San Cucufate; varias cruces procesionales de re- conocido mérito, algunas de ellas de cristal de roca; custo- dias, cálices de varios estilos y épocas, sobresaliendo uno de 9 2 plata sobredorada con esmalte y grandiosa patena, atribuidos al Papa Benedicto XIII, ó Pedro de Luna, y que es ejemplo riquísimo de esmerada ejecución y del siglo XV. Otro cáliz también de plata sobredorada con aplicaciones de filigrana y de la época del renacimiento. El precioso y bien conservado tríptico perteneciente al señor marqués de Alfarràs, esmalte de Limoges, firmado por Penicaut, uno de los mejores artistas del siglo X V , y otros diversos objetos muy dignos ciertamente de ser estudiados. Este tríptico, señores, es una joya de gran mérito artístico industrial, y proviene de los talleres de la ciudad de más fama en esta clase de productos. Dedicáronse á ellos en el si- glo XII, habiendo alcanzado en el XIII merecida reputación. Dos eran en Limoges los sistemas ó procedimientos gene- ralmente seguidos en la elaboración de esta clase de esmal- tes; el primero, y más antiguo, llamado cloisonnéy champlevé el segundo. Voy á daros una pequeña explicación de estos dos proce- dimientos, dejando aparte los esmaltes sobre relieve, ó sean los traslucidos, por pertenecer éstos más particularmente á la fabricación italiana. Consistía el primero en sobrealzar los perfiles del dibujo efectuado sobre una plancha de cobre con unas hojas ó re- glitas sumamente finas de oro que se adherían á la plancha por medio de goma. Llenábanse las diferentes cavidades con esmaites ó pastas de diferentes colores preparados al efecto, sometiendo con cuidado el todo á la acción del fuego. El segundo procedimiento, ó sea el champlevé., consistía en reemplazar las reglitas de oro por bordones delgadísimos realzados de la misma plancha, que servía de fondo, llenando luego las cavidades con esmaltes, como en el otro sistema, y sometiendo también el todo á la acción del fuego. Son sumamente raros los esmaltes elaborados de esta ma- nera. Muchos son los objetos pertenecientes á la parte que nos ocupa, así como de la joyería, que en distintas épocas han sa- lido de nuestro país para enriquecer los museos de Europa. 93 ¡Cúlpese tan sólo de este antipatriótico proceder á la igno- rancia! Célebre fué nuestra nación ya en remota época por sus trabajos en oro y plata. Ya en tiempo de los romanos florecía este arte, si bien con su marcado estilo que imponían por do quiera que ellos dominaban. El hallazgo descubierto en 1858 en Guarrazar, provincia de Toledo, conocido con el nombre de «Tesoro de Guarra- zar», que constituye la colección más importante de Europa, y que en su mayor parte se ostenta con orgullo en el Museo Cluny, demuestra claramente la importancia, el estado de esplendor de este ramo ya en el siglo V, ó sea durante la dominación visigoda. Formaban aquel tesoro once coronas votivas, algunas de ellas de extraordinaria magnificencia, dos cruces con inscrip- ciones, varios objetos de oro puro, piedras preciosas y algu- nas joyas de gran valor artístico de las muchas que la igno- rancia y la codicia destruyeron. Por los objetos aún existentes en España, podemos per- fectamente observar el estado floreciente de este arte en los siguientes siglos de la Edad Media. En aquella época predominaban los trabajos afiligranados aplicados á piedras duras, como el ágata y la sardónice, y de- corados los más ricos, con perlas, rubíes, zafiros y esmeraldas. A fines del siglo XIII, se nota en ellos un principio de transición al naciente estilo del renacimiento, progresando y perfeccionándose el dibujo de la figura, influyendo en gran manera el estilo y gusto italianos. Durante el siglo XIV, ó sea del renacimiento, entra Espa- ña en el periodo más importante de su joyería, así por la belleza de la forma como por su deslumbradora riqueza, os- tentadas sobre todo en las custodias, que constituían exclusi- vamente el arte peculiar de nuestro país, y que motivó la venida de gran número de artistas joyeros de Alemania, Fran- cia é Italia. A juzgar por el corto número de objetos de esta clase hoy existentes aún en nuestras iglesias, y también por lo que se lee 94 en diversos autores, pues los enumeran por centenares los joye- ros de más fama que brillaron en España desde el siglo XIII, puede concebirse la gran cantidad de alhajas que desaparecie- ron cuando la invasión francesa á principios de este siglo; y cuéntase que muchas otras desaparecieron también desde 1833 á 1840 por causa de las expropiaciones efectuadas durante la guerra civil, y por la ley de 1869 decretada por el Gobierno con idea de coleccionarlas. Mantúvose el gusto en este ramo durante el siglo XVII, aunque, inferiormente al siglo XVI, y sucumbe, como en to- das las demás naciones, si bien en mayor escala, al influjo de la revolución producida por el estilo barroco. Tapicería Adornaban parte de las paredes de las respectivas salas ricos tapices góticos y del renacimiento, expuestos por varias iglesias y particulares, debiendo mencionarse muy especial- mente el de Gerona, nueve de la Metropolitana de Burgos, el de Tortosa y los del E x c m o . señor marqués de Castro Serna. Ratísimo y de valor arqueológico extraordinario, es el ta- piz de Gerona que representa el Génesis. Vése en su centro la imagen del Eterno sosteniendo con la mano izquierda un libro abierto con varias inscripciones; y en torno suyo el San- to espíritu, simbolizado por la paloma mística; el ángel de la luz, el de las tinieblas, la división de la tierra y el mar, la crea- ción del sol, de la luna, estrellas, peces, pájaros y otros ani- males, y por fin las figuras de Adán y Eva. E n los cuatro án- gulos del tapiz están representados respectivamente los cuatro vientos, viéndose el todo encerrado en una no menos intere- sante orla, representación de los meses del año y varios pasa- jes de la Sagrada Escritura. Pertenece este tapiz al siglo XII, y se considera elaborado en Cataluña. L a tapicería española existía ya en el reinado de Felipe II en Salamanca y Madrid, dirigiendo los trabajos el artífice Pedro Gutiérrez. 95 No sabemos la causa del rápido decaimiento de esta in. dustria que intentaron realzrr el belga Juan Metler en 1694 y el Salmantino Hernández en 1707. Protector se mostró de esta industria nuestro rey Car- los III, quien fundó la fábrica existente aún de Santa Bárbara, para cuya dirección llamó de Bélgica á Jacobo Yandergoten, que inauguró los trabajos en 1720. Estableció también el mo- narca en Sevilla en 1730 otra fábrica que dirigió uno de los hijos del citado Vandergoten, y que tan sólo se sostuvo allí tres años, después de los cuales se trasladó á la calle de San- ta Isabel de Madrid, en donde funcionó hasta 1744, en que se unió á la ya nombrada fábrica de Santa Bárbara. Continuaron en ella los trabajos, notándose empero gran descuido y decaimiento en 1786 hasta su destrucción por los franceses en 1808, reabilitándola posteriormente en 1815. Bordados Además de los tapices mencionados, figuraban en aquella interesante sección temos, frontales bordados, palios rarísi- mos, corporales de hilo con ricas orlas de trenzados de oro con perlas y granates, mitras interesantímas, todo lo cual for- maba una colección preciosa, capaz por sí sola de llamar la atención de los inteligentes. Dos eran los frontales dignos de mencionarse; el primero, propiedad de la capilla de la Diputación de Barcelona que representa la poética leyenda de san Jorge. Es su bordado de alto relieve y tan perfectos sus detalles que parecen cince- lados. Pertenece el otro frontal á la Colegiata de Manresa, repre- sentando con gusto exquisito y correcto dibujo, la Crucifixión rodeada de sugetos varios sacados del antiguo y nuevo Testa- mento; es florentino ese frontal y lo firma Geri, Lapi, Racha- matore me fecit Florencia. Los bordados pueden, señores, considerarse importados 96 por alemanes é italianos. Existían ya en el año 1422 artistas bordadores en la ciudad de Burgos y se conserva aún algún ejemplar del año 1433. Los pertenecientes á esta última época denotan clr.ramente la influencia alemana que desapareció to- talmente en el siglo XVI, reemplazando al estilo ojival el del renacimiento, debido á la influencia italiana. Durante este pe- riodo, este arte dedicado exclusivamente al culto religioso se desarrolla casi en todas las principales ciudades de España, distinguiéndose en primer término Ciuda,d-Rodrigo, Toledo, Sevilla, Burgos y Valencia. Consideran algunos arqueólogos que los bordados en hilo de oro constituían el Arte principalmente español, así como reconocen que este sistema era derivado ó provenía de los moros que dominaron en nuestra tierra. Pierden nuestros bordados su sello artístico á fines del siglo XVII, si bien conservando su buena calidad, y transfor- mándose en el siglo XVIII, en bordados de flores sobre teji- dos de plata y oro enriquecidos con pedrería y coral. Pertenecen también á esta época los sobrecamas de raso bordados con animales de gusto oriental y con otros típicos de nuestras colonias americanas. Cerámica E n lo que se refiere á la Cerámica varias eran, señores, las colecciones expuestas por distinguidos propietarios colec- cionistas, abundando especialmente los ejemplares con refle- jos metálicos denominados Cerámica Hispano-Árabe ó Hispa- no-Morisca. Llamaba particularmente la atención la variedad de ejem- plares de las principales fábricas de Talavera de la Reina, Alcora, y dos preciosos jarrones, con aplicaciones de bronce y con los retratos de Carlos IY y María Luisa, propiedad de la Excma. señora duquesa de Santoña. L a rica colección de D. Juan Prats y Rodés, en la que sobresalían dos platos he- 97 ráldicos, un hermoso aguamanil y algunas tazas y platos de la fábrica « Capo di Monte. » La colección de D. Eduardo Bosch que ostentaba un magnífico plato de la misma fábrica, y varios otros objetos podrían citarse, como por ejemplo los potes con reflejos metálicos propiedad de D. Mariano Fuster, pero, por su número y por considerar los omitidos de inferior importancia, nos limitaremos á los y a expresados, reseñando lijeramente su historia en nuestro país. L a cerámica, señores, ha proporcionado á España, ya en remota época, merecida reputación y gran movimiento co- mercial. Créese que esta industria fué importrda por los ro- manos, sin alterarse su fabricación y estilo durante la domi- nación visigoda, hasta la invasión árabe, en cuyos siglos cambió su aspecto. Existían ya en Cataluña por el año 1257 diferentes esta- blecimientos cerámicos y el gremio apellidrdo de los «Olle- ros, » t u y o s productos alcanzaron grande renombre y estima, contándose además otros similares en Toledo, Córdoba y Se- gòvia. Los productos con reflejos metálicos hallados en distintos lugares y pertenecientes á la época de la dominación árabe, hacen creer, por su tipo especial, que fueron únicamente im- portados, fabricándose con posterioridad en España cuando la dominación mora, industria justamente admirada que fué desarrollándose durante la Edad Media, en cuya época se elaboraban también azulejos de hermosos y brillantes colores. Alcanzaron asimismo luego grande estima los productos d e estilo ó gusto italiano de las fábricas de Talavera, Sevilla, Andújar, la Rambla, Alcora y por último las ricas y artísticas porcelanas del Buen Retiro. L a industria cerámica con reflejos metálicos se estableció en España á principios del siglo XII, y difícil es asegurar á qué población se deben sus primeros productos; atribúyense sin embargo á Málaga y Granada los reconocidos como más antiguos y de fabricación española que se generalizó luego en muchas poblaciones como en Muel (cerca de Zaragoza) en 1585, en Valenci?. una de cuyas principales fábricas fué 7 98 la de Manises, existente aún si bien en estado de deplorable decadencia. Hace muy poco estaba dicho establecimiento en manos de un posadero, quien se ocupaba tan sólo en elabo- rar platos y otros objetos de calidad muy inferior (ornamen- tados por su propia mujer), cuando la escasez de forasteros le impedía realizar su privilegiado y descansado negocio. L a importancia que alcanzaron los productos de la fábrica de Talavera y más tarde los de Alcora en 1725, dieron orí- gen al establecimiento de doce fábricas similares en Toledo y algunas en Puente del Arzobispo, Segòvia y Zamora, no- tándose en el siglo X V I I I la tendencia á imitar los productos de las demás naciones. Recientemente llegado de Ñapóles nuestro rey Carlos III y admirado de las bellezas producidas en la fábrica napoli- tana «Capo di Monte» dedicó sus cuidados al establecimiento en Madrid de una fábrica similar, y después de un detenido análisis de las diferentes tierras de aquella capital, decide el punto de instalación en el Buen Retiro en 17 51. Deseoso el monarca español de ver realizados sus sabios proyectos ordenó la venida á España de artistas napolitanos con toda clase de utensilios, cargando á su cuenta particular los enormes gastos que se originaron. Inauguráronse los trabajos cerámicos en 1760, llamando poderosamente la atención de las demás naciones y siendo sus productos durante los primeros años dedicados exclusivamen- te al uso particular de la Real familia. Producía dicha fábrica en 1803 las mejores porcelanss de Sevres y constituía una gloria para la nación española y una envidia vehemente de los extranjeros. Sin duda su importancia y el temor de una funesta compe- tencia, mejor quizás que las razones que se consignan en la historia, dieron motivo, cuando la invasión francesa á primeros de este siglo, mientras corría la sangre española para mante- ner nuestra honra y la independencia de la patria, á que nuestros amigos y aliados los ingleses destruyesen aquel tem- plo de arte industrial. ¡Vivo contraste con los actos atribuidos á Garibaldi, hijo de aquella tierra bendita del Arte y la Poesía, - 99 que durante sus últimas luchas ordenaba á sus subditos el res- peto á los monumentos y objetos artísticos, amenazando más de una vez con pena de muerte al que no cumpliera sus pres- cripciones ! ¡Vivo contraste también con lo que cuenta la historia de que, en momentos de encarnizada lucha, cuando las guerras de Florencia á principios del siglo XVI, como hubiese derri- bado un proyectil un brazo de la estatua de David, reciente- mente labrada por el insigne Miguel Ángel, cesó como por encanto la lucha y adelantáronse combatientes para poner á salvo el artístico fragmento, resonando en ambos un nutrido y espontáneo aplauso! Estos son rasgos que deberían tener presentes gran núme- ro de españoles. Hierros Los trabajos artísticos en hierro, como el ramo de ferrete- ría artística, estaba representada con la importante colección, propiedad de D. Santiago Rusiñol, compuesta de candelabros góticos, grifos, aldabones, veletas, chapas, luminarias y orna- mentadas llaves, conjunto de belleza, que inducía á estudiar el grado de importancia que adquirió en España este ramo, comprendiéndose fácilmente que los aficionados á la ciencia arqueológica se dediquen muy especialmente á coleccionar tales objetos. Los candelabros de estilo ojival, así como alguna de las aldabas, sobre todo la que representa un grifo sosteniendo un aro, y que perteneció á una antigua casa de esta capital, y así como otros objetos pertenecientes al estilo del renacimiento, sobresalían por su mérito, por su dibujo y su ornamentación. Proporcionó á España esta industria durante varios siglos grande esplendor y gloria, siendo muchos los artistas q u e podrían citarse como notabilidades en este ramo. Justo halla- réis, por tanto, que dediquemos algunos instantes á la historia IOO - de su desarrollo y progreso, ofreciendo así un tributo á nues- tros abuelos que con su inteligencia y trabajo supieron honrar tan dignamente al suelo que les vio nacer. Los ejemplares pertenecientes á este ramo, que pueden admirarse así en España como en el extranjero, inducen á dividirlos en dos clases, por no decir en dos épocas: los elaborados en nuestro país por artistas mahometanos, y los debidos á los no menos artistas cristianos. Son los moriscos y del siglo XIII los trabajos de estilo afiligranado de delicadísimo gusto y ornamentados con ins- cripciones de carácter cúfico; y debo declarar, con viva satis- facción, que en la misma época, ó sea en 1257, existían ya en Mallorca artistas inteligentísimos, y otros muchos de gran reputación en Barcelona, quienes formaron el gremio titulado de «Herreros», que comprendía á los cerrajeros, herreros de corte ó ferrers de tall, y armeros. Esta fué, señores, la época en que más brilló dicho ramo en Cataluña, y lo demuestra el haber sido llamados á París los dos artistas Blay y Suñol, para trabajar las rejas de la iglesia de Notre Dame. Grande y merecido renombre alcanzaron también en el siglo X V los artistas vascos, los de Toledo, Valladolid, Sevi- lla, Burgos y tantos otros, pudiendo asegurarse que en el siglo X V I superaban nuestros productos en mérito á los similares del extranjero. Díganlo, sinó, los inteligentes que conocen las ricas y preciosas rejas de la capilla de la Catedral de Granada y la del coro de la Catedral de Sevilla, obras del maestro Bartolomé; la de la Catedral de Toledo, debida al vallisoleta- no Francisco Villalpando; la de la capilla del Condestable en la Catedral de Burgos, obra de Cristóbal de Andino; la reja de la Colegiata de Alcalá de Henares, firmada por el maestro Juan Francés, y tantas otras que podríamos citar, así como clavos y bien labradas cerraduras, abundantes en Toledo, si bien recordando el estilo morisco, pero de no menos mérito é importancia. Pierde esta industria su sello característico en el siglo XVII, por más que de dicha época podrían citarse algunos IOI trabajos dignos de mencionarse, pero que son insuficientes para ocultar su marcada decadencia. Esta es, en resumen, la historia del hierro labrado en nuestro país, y no cabe duda que á su gloria contribuyó To- ledo con sus armas, que ya los romanos aceptaron por reco- nocerlas muy superiores á las suyas, y que perfeccionándose de continuo alcanzaron grande reputación'en el periodo del Renacimiento. Ya anteriores á esta época, eran también reco- nocidas de superior calidad las de las fábricas de Almería, Murcia, Sevilla y Barcelona, que en 1257 tenía el gremio de «Coraceros» y en 1390 el de «Espaderos», y durante el pa- sado siglo se fabricaban en Ripoll elegantes armas, de sólida construcción, con la marca de «Canivell». Hoy día mantienen principalmente esta industria las fábricas de Toledo y Zulua- ga, que, como todos sabéis, se dedican á incrustaciones de oro y plata sobre hierro,, formando caprichosos ^dibujos. Asegúrase que de poco tiempo á esta parte los japoneses se dedican á esta clase de productos incrustados, y de sentir sería que en la lucha iniciada no quedase triunfante nuestra gloriosa bandera. Vidrios No podían tampoco pasar inadvertidas á los inteligentes las elegantes vitrinas instaladas en una de las salas de la sec- ción que nos ocupa, por la diversidad de vidrios artísticos y de formas curiosísimas que contenían, por el buen gusto con que se instalaron, y pertenecientes á la distinguida señora Castelló, viuda de Chopitea, y á los señores D. Francisco Miquel y Badía y D. Emilio Cabot. Figuraban en dichas vitri- nas ánforas romanas, ungüentarios, vidrios catalanes, alguno de mucha importancia, y otros venecianos y alemanes de los siglos XV, XVI y XVII. Fué la vidriería importada por los romanos, y nada dire- mos de sus productos por ser similares á los restantes de los I02 demás países en que aquéllos dominaron. Sabemos por algu- nos autores, que esta industria quedó paralizada hasta el si- glo VIII, considerándose como importados de Oriente los usados durante la dominación visigoda, desarrollándose luego hasta el siglo XV, siendo su ornamentación derivada de la mo- risca, y consistía en rodear los objetos á manera de espiral con un filete blanco letoso, colocándose ya en esta época la vidrie- ría á la importante altura á que rayaba la cerámica. Creemos deber consignar nuestra extrañeza al consultar autores franceses de la talla del señor Jacquemard, al ver que, ocupándose de diversos países, omite por completo el nuestro, cuando muchas fueron las poblaciones de España que se dedicaron con preferencia á este ramo y cuyos pro- ductos llamaron poderosamente la atención de Europa entera. En Barcelona prohibióse ya en 1324 la estancia de varias fábricas dentro de su recinto, con intento de evitar lo? incen- dios que sus hornos pudieran producir, y obligando á insta- larlas en las afueras de la ciudad. E n 145 5 creóse el importante gremio titulado de «Vidrieros y Esparteros >, bajo el patrona- to de San Bernardino, constando en uno de los artículos de su Reglamento que no podía admitirse en él obrero alguno •que no contase con un aprendizaje mínimo de seis años. Existían también fábricas en Venta del Cojo y en Venta de los Toros de Guisando en 1478, y más tarde gozaron de justo renombre los productos de las fábricas de Mataró, Cervelló, Almantre, Cadalso de los Vidrios, Toledo, Almería, Jaén, San Martín de Valdeiglesias, Puebla de Don Fadrique, Pinar de la Vidriera y tantos otros. E n una palabra, señores, propagó- se en España esta industria con grandísimo éxito, pudiendo aún hoy verse ruinas de remota época, que prueban la exis- tencia de dicha industria en diversas partes, habiéndose ela- borado en unas objetos de gusto oriental, y en otras, como en Cataluña, de estilo veneciano. Diversos' autores refieren las alabanzas que tales produc- tos obtuvieron de monarcas, como Alfonso el Sabio y Felipe £\ Hermoso, así como de muchísimas personas competentes, notándose halagüeña unanimidad de juicio que prueba el alto IO3 grado de adelanto, el extraordinario comercio hecho con es- tos productos, que competían por su esbeltez, calidad y buen gusto con sus similares de Venècia, cuyas fábricas eran á la sazón las más reputadas. Pagábanse á alto precio en el si- glo X V I I los vidrios de Valmaqueda y Villafranca, y en el si. glo XVIII los de Alicante, Hinojares y Carolinas, contándose por centenares los artistas y pintores empleados en este ramo durante los expresados siglos. Debemos también hacer constar que fué invención catala- na, debida á Pedro Fondevila, la máquina de pulimentar vidrios planos dedicados á la fabricación de espejos. Una co- lección de vidrios artísticos sería más que conveniente al instalarse en nuestra ciudad un museo artístico industrial para los artistas ya cerámicos, ya joyeros, ó simplemente ilustradores. Préstase la variedad de sus elegantes formas á transformaciones caprichosas, que podrían originar, si cabe, un arte nuevo aplicándole á objetos así de primera necesidad como de adorno, y cuya novedad facilitaría la venta y honra- ría al artista. » Varias son las fábricas cuyos productos, justamente pre- ciados en los mercados de Europa, no son otra cosa que imitaciones de los existentes en distintos museos y ornamen- tados con el gusto que domina en la época actual. Glíptica Escasa fué la representación de piedras preciosas, tanto las así llamadas propiamente cuanto los camafeos y las gra- badas. Débese al señor Bordas y Sala el que pudiera verse allí representado este ramo, constituyendo su colección un ca- mafeo, ó sea aquellas piedras cuyo dibujo es en relieve, y muchas veces su color es distinto del fondo, y algunas otras cuyo trabajo consiste en un grabado en hueco. Nada podemos decir de esta industria en España, por no haber hallado dato alguno que á ella se refiera: consta, empe- IO4 ro, que vino á Europa importada de Oriente, habiéndose dedicado á ella, con marcada preferencia, Italia y Francia en el periodo del Renacimiento. Dificilísimo es el conocimiento de la autenticidad de estas piedras grabadas, por ser notorio que en época también lejana se hicieron muchas falsificaciones de ellas, habiendo más d e una vez ocasionado lamentables engaños entre personas inte- ligentes ó peritas en este ramo. Las piedras preciosas, en la acepción de esta palabra, tienen importancia sobre todo por la significación que se les daba antiguamente y en la que fácilmente se nota analogía con su dureza, particular color y brillantez. En el siglo XII, época hieràtica por excelencia, florecía el simbolismo de los colores representado por la pedrería fina y derivado del de las doce piedras del Apocalipsis, significando cada una d e ellas, por su naturaleza especial y por su propiedad y color una virtud predominante, y en el racional (vestidura sagrada del sacerdote de la ley antigua), uno de los doce hijos de Jacob. , Hemos podido indagar el nombre y significación de algu- nas de ellas, y vamos á referirlos como datos curiosos. El Jaspe», piedra opaca, dura y de un tinte algo verdoso, re- presenta por sus tres caracteres la F é y la impenetrabilidad de sus misterios. Su dureza simbolizaba la estabilidad, y su color la persistencia. Empleábase también para significar el príncipe y jefe de los Apóstoles. Kl «Záfiro», representación de la esperanza cristiana y de la santa contemplación, entre los elementos simbolizaba el aire; entre las virtudes cardinales, la templanza; y de las cualidades mundanas, la inocencia, la perseverancia y la lealtad. L a «Calcedonia», especie de ágata translúcida que palidece á la luz del dia y resplandece en las tinieblas, aludía á la dulce misericordia y á la modesta humil- dad que se recrea en el retiro. L a «Esmeralda», recordaba á la naturaleza en toda su magnificencia y explendor, el suntuo- so panorama de los campos y la incorruptibilidad del alma de los justos. El «Carbúnculo: (rubí), cuyo nombre griego signi- fica carbón encendido, era la representación de la caridad y ios la mansedumbre: esta piedra era reemplazada algunas veces por la «Sardónice», ágata de color rojo anaranjado oscuro, que tenía el mismo significado. El «Topacio», amarillo brillan- te parecido al oro, representaba simultáneamente las más pre- ciosas virtudes: la sabiduría, la castidad y lo invencible. El «Jacinto», de color pardo anaranjado, simbolizaba la prudencia y se le atribuían también virtudes medicinales. El ¿Ónix ágata fina á la cual los antiguos hallaban cierta analogía con la uña, representaba la inocencia, el candor, la sinceridad. El «Sardio» (cornelina), especie de ágata de color de sangre, re- presentaba la fe y el martirio. Además de estas piedras nombradas y que junto con a l - gunas otras, hasta doce, eran, como hemos dicho anteriormente el adorno de las ricas vestiduras del Sumo Pontífice (en las que se colocaban en hileras de tres piedras, resultando por consi- guiente cuatro hileras cuya representación era las cuatro vir- tudes cardinales, y las tres piedras de cada hilera las tres vir- tudes teologales), se usaba también el «Diamante», que por su dureza y resistencia á la acción de las llamas, simbolizaba la fuerza sobrenatural oculta en los corazones cristianos. Estos simbolismos sagrados tenían una analogía más ó menos racional con las cualidades particulares de las piedras; su armonía principal estaba sobre todo en la brillantez y en los diferentes colores, pues éstos por sí solos tenían también sus significados. Los colores verde, azul y rojo eran empleados para repre- sentar la fe, la esperanza y la caridad; y la púrpura, e.'carlata y jacinto para expresar las virtudes cardinales. El color verde simbolizaba la fe. El azul, que recuerda la bóveda celeste, designaba la esperanza y el amor á las cosas del cielo. El rojo, del color de la llama, era el símbolo de la caridad, y recordaba la sangre, y por consiguiente era la re- presentación del martirio. El púrpura era la insignia de los monarcas; significación de la real dignidad. El jacinto sim- bolizaba la prudencia cristiana, la paz, la serenidad de la con- ciencia. El rosa, figuraba el martirio; el azafrán los confesores: el blanco y el flor de lis, la castidad, la inocencia de la vida io6 y la pureza, virtudes caracteríscas de las Vírgenes. El gris, la tributación. El negro, en fin, la penitencia y el luto. Estos son, señores, los símbolos atribuidos á las piedras preciosas y la significación que tuvieron en las Sagradas Es- crituras. Muebles El ramo de ebanistería, ó sea, señores, la sección de mue- bles antiguos emplazados en la primera sala de arqueología, se hallaba representado por un respetable número de arcones, arquillas, armarios, cofres, muebles vargueños, sillas de mano, sillones y otros objetos pertenecientes respectivamente á los siglos X V á XVIII inclusive; sobresaliendo, á nuestro enten- der, un armario-arquilla, propiedad de D. Francisco Miquel y Badí:', que permitía apreciar perfectamente la época de tran- sición del estilo ojival al del renacimiento. Dos arcas catalanas expuestas por D. Miguel Sastre, las cuales no dejan de ser bastante raras, aunque su dibujo no pueda encomiarse por su elegancia. Veíanse también hermosos arcones góticos por más que no correspondan á los generalmente estimados dentro del es- tilo ojival; así como dos arcas italianas del renacimiento, cuyo dibujo no pertenece á su mejor época, y, por consiguiente, no podían ser clasificadas de primera clase. Son estos últimos muebles comunes en Italia, y componían su conjunto la co- lección presentada por el distinguido y excelentísimo señor marqués de Monistrol. Otros existían allí que llamaban la atención por sus in- crustaciones en maderas, marfiles, concha, nácar y metales, correspondientes á los siglos X V I I y XVIII, pero considera- dos de poca importancia bajo el punto de vista arqueológico; no obstante, la riqueza de algunos y la diversidad de estilos agradaban al espectador, la variedad no daba lugar á la mo- notonía y el conjunto aparecía artísticamente dispuesto. IO7 Nos creemos en el deber de señalar algunas profanacio- nes consumadas en la anti-artística restauración de diversos muebles en los que el oro y brillantes colores destruían su carácter y hasta su sabor antiguo. Bueno es que se restauren los muebles; pero no se olvide que debe la mano experta del restaurador ceñirse á devol- verles los detalles, las líneas, que los siglos y los contratiem- pos hayan podido borrarle ó destruirle, y no trate jamás de convertirlos en muebles á la nueva usanza, ya que su valor •esencial, además del artístico, está constituido por el sello de su antigüedad. No sirva de ejemplo lo que pasó á los atenienses con el casco del inmortal Teseo, cuando fué á libertarles del tributo d e Minos, y que, en señal de veneración, lo conservaron re- poniendo continuamente las piezas que se rompían, en térmi- nos que después de nueve siglos siempre era el mismo aunque había desaparecido del todo. Los estilos que hasta el siglo XIII adoptaron nuestros ar- tistas, correspondían al oriental y bizantino, siendo" sus pro- ductos exclusivamente dedicados al culto religioso y notán- dose en ellas la influencia italiana y francesa: débese hacer notar, sin embargo, como estilo típico de nuestro país la mez- cla del morisco y cristiano, vulgarmente conocido por el nom- bre de «mozárabe». El periodo más importante corresponde á los siglos X V y XVI, durante los cuales su parte decorativa la constituían los adornos y figuras exquisitamente esculpidos. Fueron flamencos y holandeses los primeros artistas que cultivaron en España este ramo, en el cual posteriormente nuestros compatriotas, dícese, llegaron no tan sólo á igualar- les en mérito, sí que también á superarles. Decayó el gusto artístico en el siglo XVII. Durante su transcurso se construyeron los llamados muebles vargueños, nombre derivado de Vargas, pueblo de la provincia de Tole- do, en el que se elaboraban en grande escala por ser aquella la época en que se introdujo en España el uso de escritorios, contadores y bufetes, importados de ítala, Flandes y Alema- io8 nia, lo cual motivo la demanda de Pedro Gutiérrez al monarca español reclamando protección para la ebanistería nacional. E n 1603 Felipe III firmó un edicto prohibiendo la total im- portación de muebles de Nuremberg. Se construyeron también en nuestro país, si bien copiado de Italia y de Alemania, muebles incrustados de varias made- ras y colores; los de ébano incrustados.con marfiiy los de ma- dera con aplicaciones en hueso formando dibujos geométricos denominados taraceas, elaborados preferentemante en Italia y Portugal. A últimos del siglo X V I I y durante el XVIII, influyó po- derosamente en este ramo la arquitectura, siendo su sello especial el estilo barroco y churrigueresco, que predominaban sobre los demás. E n el presente siglo todos sabemos cuan grande ha sido en España la influencia francesa y de qué manera han pre- dominado el estilo Luis X V I y el comunmente llamado del Imperio. Pintura L a sección de Pintura estaba principalmente representada por los retablos románicos procedentes de Vich y por otros cuatro de estilo ojival, del siglo décimo quinto, pertenecientes á la Asociación de Curtidores y Zurradores de Barcelona y que representaban la vida de San Agustín, siendo su ejecu- ción de notable mérito artístico-arqueológico y ofreciendo el conjunto idea completa del estado del arte pictórico en aque- lla época en nuestro país, durante la cual se destinaban tales obras al culto religioso. Según tenemos entendido, ocho ó doce fueron los precio- sos retablos que poseía la mencionada Asociación, y de cuya propiedad ó guarda es sensible que se diga que han desapa- recido por motivos que juzgamos prudente no referir. iog Importancia de la Arqueología Mucho nos pesa, señores, que en la época presente abun- den aún los que miran con indiferencia, por no decir igno- rancia, la conservación de toda clase de objetos artístico-ar- queológicos que se construyeron para conservar la memoria de los acontecimientos ó de las personas ó como obras de arte por el deleite que inspira su forma aplicable á todos los objetos de nuestro uso más común. La utilidad, los grandes servicios que prestan los coleccionistas inteligentes es indis- cutible cuando no se trueca su honrosa afición en malhadado negocio, ó hablando con más claridad, cuando bajo el nom- bre de coleccionista no se encubre el oficio de revendedor de antigüedades. Alemania, Inglaterra y Francia deben en gran parte á los coleccionistas la formación de Museos de todas clases y á estos últimos se debe, sin duda alguna, su ilustra- ción y su buen gusto. La aplicación de tales conocimientos á las diferentes industrias es fuente inagotable de riqueza, base de crédito y por lo tanto timbre de gloria para el país. Ingla- terra, que hace pocos años, por decirlo así, había prescindido del arte en sus manufacturas y que contaba con escasísimos artistas, en el corto espacio de treinta á cuarenta años ha sa- bido conquistarse una fama artística que la ennoblece. Si el arte allí ha progresado rápidamente, débese, no cabe duda, á sus investigaciones, á sus adquisiciones arqueológicas efec- tuadas por doquier, hasta en nuestra desgraciada España donde, debido á nuestro carácter algo descuidado, ha adqui- rido más de una vez prendas de gran valor por un miserable plato de lentejas. Todos los países que hemos citado, y quién sabe si algu- nos otros, tienen aquí sus emisarios con el sólo objeto de acá parar todo lo bueno que pueda enriquecer sus museos y que pueda servir de material artístico á las industrias, creando con su ayuda nuevas formas, nuevas combinaciones que mul- IIO tiplican su valor. Triste es lo que pasa en nuestro país, d o n d e algunos de los que se dedican al ramo de antigüedades lo efectúan por puro negocio y vendiéndolas preferentemente á extranjeros. No atacaremos este modo de proceder cuando el citado comercio constituye un oficio en el cual estribe el sus- tento de familias; pero sí lo haremos con toda la energía d e que somos capaces, si bajo el título de amantes del arte ó coleccionistas (lo que facilita con ventaja la adquisición d e objetos) se transforman en anticuarios de oficio, desterrando quizás para siempre los bienes de nuestros padres, reflejo de su época, que podrían constituir una brillante página de nues- tra historia. D e este modo han salido de nuestro país objetos de ver- dadera estima que figuran hoy día en sitios de preferencia en diferentes museos de Europa. Pero no es esto sólo lo que lamentamos. Nuestros gobernantes probablemente ignoran lo que ocurre, ó no quieren conocerlo, ó no le dan importancia alguna y esto es. lo funesto. ¿ Por qué no procurar en lo posi- ble que se destine una suma para casos análogos y velar para que no salgan de España objetos tan preciados? Si en tal variedad y cantidad los tenemos en nuestro país que colec- cionados trazarían la historia de nuestra patria, ¿por qué dejarlos desaparecer de este suelo y exponerse á que nuestros descendientes nos echen en cara nuestro descuido obligándoles á estudiar en países extraños la historia de nuestros antepasa- dos? ¿Acaso nos sobran los museos ? ¿Acaso no se nota en nuestros astistas la falta de consulta de grandes maestros que como estrella polar guien sus pasos ? ¿ E s ya tan indiferente en el siglo en que vivimos el nombre, la gloria de nuestras fami- lias? Procuren, pues, los gobernantes, de cuyo patriotismo no queremos dudar, proteger este precioso ramo del humano sa- ber, ayudando así al verdadero adelanto artístico civilizador en todas épocas; piensen que así como existen comisiones para importantes asuntos, sobradamente merece la arqueología que haya quien vele por ella. III Juicio sintético y derivaciones para la industria Volviendo á nuestro tema y resumiendo cuanto he tenido la honra de manifestaros, es mi parecer que el conjunto de los objetos expuestos en aquella sección constituiría una sólida base para el planteamiento de un museo arqueológico, no pudiendo aplicársele éste nombre por la carencia de varios ramos que no estaban allí representados, así como por no so- bresalir en las colecciones mencionadas, salvo alguna excep- ción, objetos que podríamos llamar de primera clase, y aún éstos puede decirse que pertenecen á una misma época, de lo que se desprende, y ésta es mi opinión, que la sección de que nos ocupamos no estaba á la altura de una Exposición Uni- versal de la importancia de la que se ha realizado en Barce- lona. Pero todo lo dicho poco importaría si siguiendo las huellas de Inglaterra cuando la Exposición que celebró en 1851, las de Alemania en 1867, las de Austria y Hungría en 1873 Y 1878, las de Rusia en 1857, y más tarde las de Italia procu- ráramos dotar á nuestro país de Museos y escuelas de arte aplicado á las industrias; elementos sin los cuales marchare- mos siempre á remolque en todos los ramos del saber. D e b e servirnos nuestra Exposición para estudiar é indagar á que se debe el grado de adelanto de dichas naciones y la causa del triste estado de nuestra industria y de nuestro comercio. Este estudio es el que han realizado seriamente las principales naciones de Europa en distintas épocas, como consecueucias de las Exposiciones que dieron por resultado práctico el plan- teamiento de sistemas especiales con el fin de mejorar las fuentes productoras del país. Debemos á Mr. M. Vachon los siguientes datos: 112 • F u é para Alemania y Austria la Exposición de 1867, lo que para Inglaterra las de 185 1 y 1855, y para Hungría la de 1878. Desde aquella fecha, Alemania se ha dedicado muy particularmente á su desarrollo industrial, ha creado magnífi- cos museos y gran número de escuelas de Arte aplicado á las industrias; sus colecciones aumentan de continuo; y, en fin, Bismarck, ese grande hombre político, no solamente se ha transformado en ministro de la industria y del comercio, sí que también en simple industrial, preparando á la Alemania para las terribles luchas ó guerras de la paz, afanándose en ver realizados sus sabios proyectos que claramente indicó cuando la inauguración del museo de Arte industrial en Ber- lin con las siguientes palabras:—«Hemos vencido á la Fran- cia en el campo de batalla; queremos vencerla también en el campo de la industria y del comercio. > Y en efecto, desde aquel entonces han aumentado consi- derablemente los establecimientos fabriles, ha mejorado no- tablemente el gusto artístico, lo que preocupa y a seriamente á Inglaterra y Francia. E n 1872 con 4 1 . 2 2 8 , 0 0 0 habitantes, exportaba por 2.492.195,000 marcos. E n 18S3 con 4 5 . 8 6 2 , 0 0 0 habitantes, exportaba por 3.335.000,000 marcos. Políticos como Bismarck, que barren para dentro son los que precisan en el Estado. E n cambio nuestras lumbreras económicas buscan y obtienen ruidosos aplausos con frases y afirmaciones como las siguientes: «Esos señores proteccionistas catalanes, que buscan el amparo de los castellanos, que les ofrecen el suyo para con- »servar la protección; esos señores, que afirman que necesitan »altos aranceles, y que amenazan emplear no sé qué metales xcontra el tratado con Inglaterra; esos señores llevan á Por- t u g a l sus géneros de algodón y compiten con los géneros «ingleses; llevan sus lanerías á Francia y compiten con lanas afrancesas, y eso que pagan derechos en Francia, y pagan «derechos en Portugal; de lo que se deduce, que esos patrio- utas venden á los franceses y á los portugueses sus géneros "3 »mucho más baratos que nos los venden á nosotros. Este he- »cho no lo puede negar nadie.» . ¡Lástima que se emplee así el talento y el ingenio! Esta relación tiene todos los visos de cuento, y pertenece al género de los llamados de «punta»; y archeológicamente hablando, podría llamársele cuento i gótico», «piramidal» y hasta «simbólico». Nada es de extrañar que no se nieguen argumentos y afir- maciones como las que habéis oido; y tampoco debe ni puede extrañarnos que otra lumbrera librecambista, en el último «meetingí: celebrado en Madrid en noviembre, después de hacer una descripción del estado angustioso de la agricultura y de la ganadería de Galicia pidiera en nombre de los gallegos i.protección» para comer, «protección» para vivir y «protec- ción» para no emigrar. E n Austria como en Alemania se han desarrollado los museos, las bibliotecas y las escuelas de arte industrial; se realizan de continuo exposiciones y conferencias en todos los ramos, con idea de estimular á jefes y obreros ; cada semana se efectúa en los mismos museos reuniones en las que se dis- cuten los negocios, ya considerados bajo el punto de vista artístico-industrial, ya como puramente fabril, ó sea el estudio d e procedimientos más ventajosos para hacer frente á la com- petencia extranjera. La exportación austríaca aumentó en 1883 á 1884 de 707 millones á 749. habiendo bajado la importación en igual pe- riodo en 12 millones de florines. Sigue Hungría la misma marcha, los mismos procedi- mientos, notándose también en ella grande desarrollo indus- trial, y no debe extrañarse que debido á tan acertada dirección haya la ciudad de Pest triplicado la población en el espacio de quince años. Rusia, que constituía por decirlo así, un mercado francés, debe al estudio de las exposiciones realizadas en las diferen - tes naciones, á su sistema, por varios conceptos altamente pro- tector, á sus museos y escuelas de todas clases el aumento considerable de su industria y su comercio. 8 114 E n 1872 importaba por 407.657,000 rublos y exportaba por 311.553,000 rublos. E n 1881 importaba por 476.134,000 rublos y exportaba por 491.367,000 rublos. Varsòvia en 1872 contaba con 3,000 fabricas y 11,000 obreros. E n 1883 contaba con 5,000 fábricas y 35,000 obreros. Moscou en 1871 contaba con 816 fábricas y 70,049 obre- ros, habiendo alcanzado la población obrera en 1882 la enor- me suma de 171,488. Las exposiciones de París, Viena y Filadèlfia demostraron claramente al gobierno italiano el estado de decadencia de su industria, y siguiendo también lo practicado por las naciones antes citadas, organizó museos y escuelas de arte aplicado á las industrias con el intento de mejorarlas; habiendo en los últimos quince años duplicado su exportación y habiendo multiplicado considerablemente los establecimientos fabriles en el Piamonte y la Lombardía. Francos Exportaba en 1872 á Alemania 7.320,000 Id. 1882 Id. 73.000,000 Id. 1872 á los Estados Unidos 28.000,000 Id. 1882 Id. 61.000,000 Id. 1872 a Turquía 5.000,000 Id. 1882 Id. 13.000,000 Id. 1872 á Egipto 13.000,000 Id. 1882 Id. 19.000,000 Id. 1872 á Grecia 5.000,000 Id. 1882 Id. 12.000,000 Id. 1872 á España 10.000,000 Id. 1882 Id. 20.000,000 E n los once primeros meses del año 1885, la exportación comparada con la del año 1884 había superado en la suma de 52.877,053 írancos. Ahora bien, señores; ya veis que los gobiernos todos se ii5 ocupan con preferencia del estudio de sus industrias, concen- tran sus esfuerzos para su desarrollo, no desdeñándose los cuerpos colegisladores de contribuir al mismo, discutiendo in- numerables proyectos y aprobando los que juzgan más con- venientes á la próspera marcha de sus respectivos países. Y bien, en medio de este general movimiento, ¿qué se dis- cute en nuestra España? Sobradamente lo sabéis; lo dejo á vuestra ilustración. Por más que muchos disientan de nuestra opinión, creemos que el Arte debería familiarizarse en los talleres industriales; allí debería tomar su vuelo y cobrar sus fuerzas para que ¡de esta escuela rudimentaria se elevase progresivamente á las re- giones ideales donde el esmero de la forma y del color domina á la idea de lo útil; y elevado que sea á esa cúspide, necesa- rio será que se comunique constantemente con el centro que le dio vida y en el q u e . únicamente podrá sostenerse y ali- mentarse. Verdad es que han existido pueblos cuyos artistas se de- dicaron preferentemente á la expresión de lo bello; pero hoy dia que tanto preocupa la cuestión económica no puedo con- cebir una generación artística duradera, que prescindiendo de la utilidad, creyera rebajarse al aplicar su talento á la produc- ción ó al ramo industrial. Todos, pues, artistas, industriales y cuantos deseen la pros- peridad y el bienestar de nuestro país, agrupados y prescin- diendo de clases y opiniones, debemos sustentar la idea del progreso, apoyar el planteamiento de museos y escuelas pú- blicas de toda clase donde cada cual pueda estudiar según su propia inclinación, procurando tener constantemente grabado en la memoria que en la época presente sólo debe conside- rarse al hombre por su honradez, su ilustración y su actividad; y todo esfuerzo será laudable si tiende á conducir la nave de la Patria por corrientes contrarias á las que hoy la arrastran, único medio de sostener dignamente el renombre y la gloria que Barcelona ha alcanzado con nuestro Certamen Universal. Antes de concluir, señores, y dándoos expresivas gracias por la atención é indulgencia con que me habéis oído, quiero atre- n6 verme á indicaros una idea, que así puede parecer nueva como podréis tildarla de peregrina. Señores : en este siglo científico por excelencia durante el cual tan notables inventos se han realizado, ¿ podemos quedar satisfechos de nuestra obra artística ? ¿ Tenemos estilo propio? ; N o podría la ciencia facilitarlo ? ¿Acaso no podríamos des- cubrir por medio del microscopio nuevas formas aplicables al ramo artístico-industrial ? ; No podría el buque submarino per- mitir á nuestra mirada espaciarse por ignorado y vasto hori- zonte contemplando en él nuevas plantas, desconocidas for- mas, una naturaleza distinta, cuya aplicación pudiera dar lugar á un nuevo estilo ? Mucho debería halagarnos á fuer de buenos patricios, ser los primeros en aplicar al Arte tales inventos y poder presentar á la faz del mundo nuestras columnas àelplus ultra adornadas con nuevos, elegantes y sólidos capiteles sos- teniendo la majestuosa estatua del Progreso coronando con palmas y laureles el glorioso escudo español. — H E DICHO. CONFERENCIA 7.A DE LA PINTURA Y ESCULTURA EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL POR D. J O S É L U I S PELLICER SEÑORES : "Por vez primera, Barcelona, Cataluña, llevando la repre- sentación de España, invitaba á las naciones extranjeras el año pasado, á una de esas pacíficas manifestaciones de la ac- tividad humana, que con mayor ó menor importancia, vienen celebrándose desde 1851. Nuestra Exposición Universal tuvo una gestación penosa y difícil, y aunque elementos oficiales la revistieron de solem- nidad en su comienzo, llevó una vida raquítica, para crecer en poder y lozanía, hasta terminar en medio del aplauso ge- neral. Su origen, la premura de tiempo al organizaría, la oposi- ción inevitable á que tiene que someterse toda empresa sin precedentes y otras causas que no son de este lugar, hicieron que al nacer contara con muchos adversarios y con el factor más importante siempre en nuestro país: la indiferencia. Con tales elementos, los más sensatos auguraban un de- sastre, y ¿porqué no decirlo? pocos creían que la Exposición pudiera realizarse y menos todavía, que obtuviera un mediano éxito. Sin embargo llegó la fecha de la apertura, y se realizó la Exposición, termináronse las obras y acudieron expositores. 184 La indiferencia, la vacilación en unos, la tenaz oposición de otros, perjudicaron sensiblemente á nuestro Certamen, im- pidiendo la concurrencia de muchos expositores nacionales y extranjeros; improvisándose á última hora gran parte de ins- talaciones. La duda, respecto á la Exposición fué general y los artis- tas lo sintieron, como los demás, pero así como muchos in- dustriales, prescindiendo de discusiones bizantinas tuvieron por insensatez, despreciar la ocasión de manifestarse en cir- cunstancias y condiciones, nuevas en este país, y apresurada- mente llevaron sus productos á los edificios del Parque; los artistas no pudieron hacer lo propio, pues sus obras no existen almacenadas y necesitan de tiempo, sufriendo no sólo para eje- cutarlas sino para sentirlas, para pensarlas. Esto explica la deficiencia por todo el mundo observada, con que se presentaron las Bellas Artes en nuestra Exposición. Los artistas en general, tanto en el extranjero, como en Espa- ña nunca creyeron en ella, y así se explica su escasa concu- rrencia. El Círculo Artístico de esta ciudad comprendiendo la ex- traordinaria importancia que representaba el anunciado Cer- tamen, ya que por vez primera entre nosotros, se presentarían las Bellas Artes, no aisladamente como un conjunto de obras bellas ó agradables pero sin trascendencia, sino como otras de las tantas producciones del trabajo inteligente y activo, contribuyó en cuanto estuvo á su alcance á fomentar la con- currencia á la Exposición, entendiendo con esto, cumplir lo prescrito en sus Estatutos. Hizo suyas las quejas y reclamaciones de algunos artistas sobre la injusticia de considerar las obras de arte como pro- ductos industriales, sujetándolas al pago de la superficie ocupada, y obtuvo del señor Presidente de la Comisión Eje- cutiva y por intercesión del señor Marqués de Comillas la rec- tificación del Reglamento, sin lo cual el retraimiento hubiera sido general. Una Exposición Universal de Bellas Artes, en la actuali- dad encierra una enseñanza y contiene un interés especial: en- i85 seftanza é interés, que de fijo no presentara cincuenta años atrás. El arte en el día, en medio de su eclecticismo y de la duda en que se produce, como consecuencia de los tiempos en que vivimos, camina en virtud de hechos y resultados, guiado por un principio sólido é inmutable: la verdad, por la observación constante y directa de la naturaleza. Desapareció el dogma: esa unidad absoluta que imprimía á todas las manifestaciones artísticas un sello convencional. L a unidad que hoy rige es la unidad imponente y grandiosa de la naturaleza; al arte de prescripciones escritas, ha sucedi- do el arte de la sinceridad, á la Escuela clásica ó romántica, la escuela del país, de la región, de la comarca en que mora el artista; que el arte como reflejo fiel de la manera de ser de una época, no puede ya producirse de otro modo en los mo- mentos actuales. La última Exposición Universal de París lo evidenció y el movimiento artístico del mundo entero lo comprueba cuoti- dianamente. Así que,- para el público y artistas nuestro Certamen pudo revestir un aspecto, en extremo provechoso. Desgraciadamente, por lo expuesto antes, no fué así. Veamos cuales elementos hicieron defecto, cuales honraron á nuestra ciudad con su representación. * * * Existen hoy en el mundo artístico dos grandes centros que bajo cierto punto de vista condensan el movimiento de las artes gráficas y plásticas: París y Roma. Uno y otro tienen el carácter propio de escuela y el español que forzosamente debe producir la reunión de tantos y diversos artistas nuestros en esas ciudades. Uno y otro reasumen, bajo distintos puntos de vista, la vida, el movimiento y desarrollo del Arte en general. A Roma acuden los laureados de todos los países estu- diando según los preceptos adquiridos unos, emancipándose otros, desdeñando las monumentales enseñanzas que contie- 186 ne los más, para contribuir al aumento de esa producción mercantil artística que no halla ya consumidores, para volver á su patria á luchar con la realidad sin medios con que ejecu- tar las obras soñadas, en la breve vida del pensionado, otros. ¿Qué decir de París, como centro artístico? Vive allí la escuela francesa en sus distintas manifestaciones y vive en di- latado campo, robusto y lozano, extendiendo cada día más sus labores, aplicando el arte á toda suerte de productos: des- de la severa decoración de sus edificios públicos, á la abiga- rrada fabricación de carteles, anunciando rebajas de precios en los comercios, desde las estatuas monumentales á los bebés incassables, desde el libro, verdadera joya del arte tipográfico, al alcance de los menos, al cuaderno económico que popula- riza artes y letras en los más. Viven en París todas las escue- las del mundo; que allí acuden á estudiar y producir, artistas de todos los países: y allí se reúnen todos los años en el Pala- cio de la Industria las innumerables obras que atestiguan el progreso de las Artes y que constituyen un concurso uni- versal permanente. Existe en París, sobresaliendo por cima de todas la pro- ducción artística, la escultura francesa digna sucesora de la antigüedad y del Renacimiento, verdadera gloria artística de nuestros tiempos. Ahora bien ;qué representación tuvieron en Barcelona estos dos grandes centros? Fué tan escasa que cuasi puede contestarse, ninguna. Mélida y Masó por la colonia española de París, Echena, Palmaroli, Alvarez y Serra por la de Roma. Algunas otras obras ejecutadas en esa capital, fueron expuestas por el Es- tado y por lo tanto adquiridas ya anteriormente en nuestras exposiciones de Madrid. D e las escuelas extranjeras todas, excepción hecha de Francia y Bélgica, nada pudimos contemplar. Inglaterra, Ale- mania, Italia, Austria, Hungría, Rusia, Estados-Unidos, etc. puede y debe decirse que no concurrieron á nuestra exposi- ción. Francia, con demostrar, en lo que expuso, su valor, su i87 importancia en Bellas Artes, no correspondió en mucho á lo que todos hubiéramos deseado, á lo que pudo presentar, de efectuarse la Exposición en condiciones más favorables en su comienzo. ¡Qué lástima tan grande haber perdido la pro- vechosa lección de contemplar en Barcelona alguna de las magistrales obras de sus esculturas ! ¡ Cuan sensible no haber tenido la honra nuestro Palacio de Bellas Artes, de guardar aún temporalmente algunos de los rasgos característicos de tantos eminentes pintores franceses como dejaron de con- currir ! Por otra parte, ¡ cuánto no hubieran ganado la cultura ar- tística y el criterio razonado, en nuestra ciudad con la obser- vación de esas sinceras revelaciones peculiares á la escuela inglesa, de esas escenas, íntimas y sentidas de la escuela ale- mana y austríaca, del realismo minucioso y atractivo de tantos artistas italianos, de la original concepción y ejecución de los rusos, de la joven escuela americana, nacida ayer para ser, como será en breves años, una de las más importantes entre todas; para convencerse en conjunto, de la inmensa variedad de la producción artística contemporánea, para convencerse palpablemente, como, obedeciendo á un mismo principio, el arte se manifiesta, vario, inagotable, en cada una de las escue- las que lo crea; exacto trasunto de los pueblos que les dan ca- lor y vida! La enseñanza se redujo al estudio de las obras presenta- das por Francia y Bélgica; y aunque no pudimos apreciar en su justo valor, por lo expuesto, la verdadera importancia de las escuelas de estos países, la bondad de algunas de las obras no dejó de ser provechosa para cuantos las estudiaron con detención; que al fin y á la postre, jamás nuestro público había tenido ante la vista, un conjunto tal de obras, extraor- dinario por la calidad y la cantidad, dada la importancia de las manifestaciones artísticas verificadas anteriormente entre nosotros. Contribuyeron al interés de las Secciones extranjeras al- gunas obras recomendables de Austria, Italia y de Noruega, datos sueltos, pero dignos de atención por constituir notas i88 artísticas completamente desconocidas del nuestro público. D e la escultura italiana, pudiéronse apreciar algunas obras, pero la fortuna nos impidió admirar otras de la escuela fran- cesa que tan altos han puesto los nombres de Dubois, Dela- planehe, Barrías, Mercié Fremiet, Barye, Dalou, y tantos y tantos otros. ¿Concurrió España á nuestra Exposición Universal como era de esperar, en proporción á nuestro movimiento artístico? Por ser la Sección Española, la más numerosa, en el Pa- lacio dé Bellas Artes, no correspondía empero de mucho á la justa representación del arte español. Empezó la deficiencia, como es lo normal en nuestro país, por la escasa cooperación que prestara el Estado al concurso. Limitóse á la remisión de media docena de cuadros, de los adquiridos en las últimas Exposiciones nacionales que como envío oficial recibió el Jurado de colocación, á última hora, y que fueron colocados abierta ya la Exposición. Fuerza es reconocer que entre ellos figuraban los Aman- tes de Teruel de Muñoz Degrain y el Hamlet de Barbudo, que atenuaron, en parte el error de haber enviado el Gobierno una colección escogida de obras á otra exposición extranjera. D e deplorar es que por el Estado no se concediera á la primera Exposición Nacional española la importancia que me- recía. Especialmente en Bellas Artes, uno de los ramos del saber en que felizmente, brillamos algo, debía España aprove- char la ocasión de manifestarse con lucimiento, haciendo ver- dadero alarde de cuanto han producido nuestros artistas en estos últimos años. Así lo hubieran practicado gobiernos de otros países, que por fortuna para ellos ao necesitan, como España, podemos decir, el revelarse. Así pues dejaron de avalorar á la sección española, las obras de Rosales, de Mercadé, Pradilla, Plasència, Moreno, Carbonero, Amérigo, Domínguez, P. Gisbert, Ferrant, Benlliure, etc., etc. el Dante de Suñol, el primer paso de Oms, obras de los Vallmitjana y tantas otras como debieron probar á na- cionales y extranjeros el renacimiento artístico de nuestra pa- 189 tria. A ocuparse en las esferas oficiales de estos detalles que nada tienen que ver con la política menuda al uso, hubieran comprendido que entre los varios grupos que debían consti- tuir en el Parqne la significación de nuestra actividad, uno po- día enaltecer en cierto grado el nombre español, y este era el de Bellas Artes; porque sin pretender parangonar nuestra pro- ducción artística con las extranjeras, dado el nivel á que al- canzan las demás manifestaciones de la inteligencia en nues- tra patria, ésta se halla á una altura por demás honrosa. El Estado en primer lugar y las Corporaciones oficiales todas que poseen alguna obra de artista contemporáneo, de- bieron haber contribuido al mayor prestigio de la Sección es- pañola. Nuestra Diputación provincial, que, aunque poco, po- see algo, pudo exponer el cuadro de Luna, el de Sans por ejemplo y especialmente haber dado á conocer el bosquejo de la batalla de Tetuán de Fortuny, obra poco vista y por consi- guieríte desconocida del público. Podría objetarse á lo indicado que el Reglamento de la Exposición se oponía á la admisión de obras de artistas falleci- dos en determinado plazo de tiempo, pero con reformarlo ó con no cumplirlo se salvaba la dificultad y se hubieran ex- puesto aquellas obras como se expuso la del que fué nuestro querido compañero Casado. Veamos la cooperación particular. Puede considerarse la España artística constituyendo cuatro núcleos ó escuelas, pues tiene cada uno de ellos fisonomía especial y propia. Son Madrid, Sevilla, Valencia y Barcelona, es decir, lo que podemos llamar escuela castellana, escuela andaluza, escuela valenciana y escuela catalana. Poca, muy poca representación tuvo la primera; los más de los cuadros que debían darle debida importancia los expuso el Estado y particularmente los artistas dejaron de concurrir. Representó se puede decir á la escuela sevillana, un hermoso dibujo de García-Ramos, y una marina de un pintor gaditano. Villegas, Jiménez, Aranda, Sánchez, Perier, Viniegra y otros, nada expusieron. L a escuela valenciana estuvo regularmente representada, ICO en número y en calidad á pesar de no concurrir muchos de sus nuevos artistas; sin embargo Valencia merece por ello un caluroso aplauso; Para apreciar justamente como correspondió la escuela ca- talana á la importancia de la Exposición Universal, precisa con- signar qué elementos la constituyen, cómo existe y hacer algu- nas consideraciones sobre su desarrollo y medios en que vive. Al contrario de las demás escuelas españolas, Barcelona vio su tradición interrumpida, resultado de causas que directa ó indirectamente, afectaron á la vida gloriosa de nuestro pue- blo. Mientras florecía la pintura en Madrid, Sevilla y Valencia, mientras brillaban los gloriosos nombres de Velázquez, del Greco, Murilio, Zurbarán, Juanes, Cano, Coello, etc., puede de- cirse que la escuela de Barcelona no existía. E n momentos de suprema angustia para nuestra patria, cuando Cataluña combatía denodadamente, último baluarte de las libertades españolas contra el absolutismo del primer Borbón, en aquellas circunstancias aciagas y tristes se revela en Barcelona un genio de primera fuerza, el ilustre Viladomat, base puede decirse de nuestra escuela moderna y cuyas obras expuestas en una de las salas de la Sección Arqueológica, no pudieron apreciarse debidamente por falta de luces apro- piadas. Apareció Viladomat como brillante meteoro en el opaco cielo de nuestra patria, como último rasgo de un sentimiento artístico y no sólo en nuestra ciudad, en España toda, hasta terminar el siglo, no aparece, con Goya el continuador de la pintura española, iniciando un renacimiento que los desvarios de los llamados clásicos impidió continuar. Escaso, insignificante es el movimiento artístico en nues- tra ciudad en los comienzos del siglo actual; sin embargo se produce un hecho de verdadera trascendencia para las Artes, que será siempre un título de gloria para la Junta de Comercio de Barcelona, tal es el establecimiento de la Escuela que poste- riormente debía llamarse de Bellas Artes y el envío de pensio- nados á Roma, ejemplo imitado por nuestras Corporaciones populares. IÇI Cuando generalmente se tilda á nuestra ciudad de ser agena sino indiferente á las Artes, de preocuparse exclusiva- mente de cuestiones mercantiles é industriales, importa con- signar esto que la honra y honrará mientras quede recuerdo. Pasó ya á vulgaridad el repetir que las Bellas Artes no pueden vivir con el positivismo de la actividad industrial y mercantil: sin retrotraernos á la antigüedad ni á la edad me- dia aquí en Barcelona, sin estudiar las repúblicas italianas, con sólo citar París, Londres y los Estados-Unidos de A m é - rica, se convence uno de ello. ¿No es París una capital indus- trial y mercantil ? ¿ no es Londres el primer puerto de Europa? ¿y un centro de producción, en todo género de industrias? Y por tanto, París constituye el centro artístico del mundo y en Londres produce la escuela inglesa, obras artísticas á que no alcanzamos nosotros. ¿No son los americanos positivistas por excelencia ? Pues véanse sus revistas ilustradas y la creciente importancia con que cada año se manifiesta en el Salón de París su colonia artística. ¿ Los japoneses, con ser mercaderes é industriales, dejan de ser un pueblo artista por excelencia ? No, muy al contrario, el arte no lo producen abstracciones. En nuestra ciudad ha crecido y se ha vigorizado una escuela de escultura que es la única española. ¿A qué debe su origen? á causas muy modestas: á la producción incesante de imáge- nes, á la fabricación años atrás de figuras para nacimientos, á la aplicación de la talla en la construcción de muebles al modelage para la platería, etc. y posteriormente, á la erec- ción de mausoleos en nuestros cementerios, á la creación del Parque que le dieron desarrollo, obligándola á propósitos más serios al tener que responder á conceptos más elevados. Sin aquellos precedentes, inútil hubiera sido el deseo de embellecer con estatuas el Parque, y si nuestros paisanos Güell y Clavé se hallasen sobre los pedestales que ocupan, no se- rían ciertamente esculpidos por el cincel de la patria. Precisamente la enseñanza abstracta de la pintura, el crearse pintores no por responder á necesidades sentidas, sino por satisfacer aptitudes y aficiones, han hecho que nues- 192 tra escuela pictórica no posea la cohesión y robustez que la de escultura.—La aplicación del dibujo y el color en nues- tras industrias es sólo rudimentaria en unas, rutinaria, insig- nificante ó nula en otras. El decorado interior de las casas ha sido y continúa siendo uno de los elementos más favorables al desarrollo del arte pictórico. D e esperar es que las necesida- des cada día crecientes de bienestar y de satisfacciones mo- rales y materiales, fomenten arte tan bello en términos más elevados. Barcelona ha producido, ha acumulado el trabajo de mu- chos años, cuasi sin consumirlo. Indudablemente, como ya se manifiesta en la ciudad nueva, á la vivienda fría y austera de antes, sucederá la habitación saneada por la higiene y embe- llecida por el arte ; como á su vez las corporaciones públicas, ornarán los muros de sus edificios con la representación de los hechos gloriosos de nuestra patria querida que el pueblo que no los conmemora, borra su historia. Sólo así podrá exigírsele á la escuela de pintura lo que piden todos los días nuestros críticos, lo que no puede dar en la actualidad ceñida como se halla á una producción es- casa, respondiendo á ideales mezquinos y sujeta á exigencias de modas, fugaces, pasajeras como todas las convenciones. Dados estos antecedentes, se comprende que la sección- española de Bellas Artes no satisfaciera á los mas de cuan- tos se interesan por el porvenir del Arte entre nosotros, ni correspondiese siquiera al grado de reputación que se ha conquistado en el extranjero en concursos anteriores. A l considerar tal y como se presentaron nuestras escuelas en la Exposición Universal, pudo notarse en su totalidad una falta de carácter determinado, y carencia casi absoluta de conceptos serios y levantados. Si se singulariza la pintura española en algo, deber de justicia es consignarlo, hablando en términos generales, es por una ejecución impetuosa y por lo tal incorrecta, á menudo ; por el predominio del llamado color en detrimento de la forma y entonación y del resultado mismo que se desea obtener. Por singulares aptitudes aplica- das muchas veces á producir revelaciones de temperamentos 193 artísticos, no obras, sólidas y razonadas ; al imperio de la mano sobre la cabeza y al corazón ; al brillo de la hechura con menoscabo de la expresión moral; á pura exterioridad; á ausencia de sentimiento; á lo que pudiera llamarse un liris- mo pictórico, convencional en ocasiones, sobrado mezquino y materialmente realista en otras. Sin embargo, buenas y malas, nuestras cualidades, nos han conquistado un lugar en el mundo artístico, pero en mucho dista todavía el arte español de alcanzar á las escuelas de otros países. Si la manera de ser de nuestra desgraciada patria, no ha podido atrofiar la aptitud artística peculiar en nosotros; en cambio no puede dar alimento á esas mismas aptitudes y nuestros mejores artistas emigran para sostener el renombre del arte patrio en el extranjero, impidiendo así que tenga la cohesión, el carácter propio, la unidad que de otra manera lo personificara. De entre las escuelas parciales que constituyen la españo- la, la nuestra catalana, es la que sin poseer las condiciones que avaloran á otras, sin la castiza tradición castellana de la de Madrid ni los recursos de vida oficiales que la animan, sin el brillo seductor de la escuela andaluza, ni el misterioso atractivo de la entonación valenciana, con una característica hija de las cualidades de nuestra raza, marca un camino, que indudablemente ha de llevarla á constituirse con perso nalidad propia y determinada á no tardar mucho tiempo. La modestia misma de procedimientos augura un porve- nir halagüeño. Así lo comprobó la Exposición Universal. No abundaron en ella, esas telas aparatosas que se engalanan pomposa- mente con el calificativo de cuadros históricos, sin alcanzar las más de las veces ni á ser teatrales. Estudios, observacio- nes, tentativas; algunos cuadros de costumbres con sentimien- tos apuntados, uno que otro lienzo decorativo, países, marinas; aplicaciones de pintura y el dibujo á varias industrias, á la ilustración, grabados etc., y una exposición de esculturas dig- na de atención, todo reunido formando un grupo de elemen- tos que ha de constituir en lo venidero, lo que todos deseára- 13 194 mos para el presente; pero la semilla existe y germina, sino nos empeñamos en destruirla, crecerá erguida y robusta para producir abundante fruto en honra y beneficio de iodos. En resumen; la sección de Bellas Artes de nuestra prime- ra Exposición Universal, no correspondió á la importancia que adquirieron los demás productos del trabajo humano, la enseñanza que de ella resultó no fué tan provechosa, como para las ciencias y sus derivaciones y para las otras artes lo fué la comparación y el estudio de todo lo expuesto. E l público en general no pudo gozar en la contemplación de las diversas y múltiples obras que constituyen el arte de escuelas diversas, pero esto que hubiera sido un mal irrepa- rable y completo, al tratarse de otra clase de productos, toda vez que los concursos universales no se repiten con frecuencia, no fué tan perjudicial para los artistas cuando menos, pues estos tienen constantemente, motivo de estudio, de compara- ción y de estímulo, en los regulares concursos que se verifi- can en París. Esto no obstante, la enseñanza que habrá resultado para nosotros de la Exposición Artística será inferior á la que pro- ducirá, es indudable, más ó menos inmediata en los demás ramos que constituyeron la Exposición, sin dejar de ser bene- ficiosa en muchos conceptos. Por de pronto, gracias á ella, cuentan los artistas en la actualidad con local adecuado y propio para presentar sus obras como exigen la necesidad de observarlas en locales que reúnan condiciones de luz y capacidad. D e otra parte á semejanza del hecho tan repetido ahora y comentado, de la Exposición Universal de Londres en 1851 y de la fundación del Museo de Kensingthon, palpablemente, se nos ha presentado la necesidad de avalorar nuestros pro- ductos industriales, con el auxilio del Arte, de que hoy care- cen puede decirse en absoluto. L a creación de un museo industrial y de una escuela de Artes y oficios á imitación de lo practicado en Inglaterra y otras naciones, será una de las consecuencias de nuestro primer concurso universal y con la aplicación de cualidades que hoy no sobresalen, faltas de cul- 195 tivo y de estímulo, se desarrollarán para repercutir, del terreno de la aplicación industrial al propiamente llamado artístico. Esperemos confiadamente, que para cuando España re- nueve las luchas provechosas del trabajo en una segunda Ex- posición Universal las enseñanzas de la primera, la experien- cia adquirida, sean prendas seguras de nuestra completa rehabilitación en la cultura universal y que el arte español próspero y exhuberante, corone y enaltezca la inteligencia, la actividad, el Progreso h u m a n o . — H E DICHO. CONFERENCIA 1 8 / APUNTES BIBLIOGRÁFICOS y n.otieia DE LOS MANUSCRITOS, IMPRESOS Y DIPLOMAS DE L \ EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE BARCELONA EN 1888 I'OR D. FRANCISCO DE BOFARULL Y SANS SEÑORES: L a colección de manuscritos, diplomas é impresos presen- tados en la Sección Arqueológica de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 es en todos conceptos digna de estudio y merece por consiguiente un examen detenido á fin de po- der sacar algún provecho real en beneficio de la ciencia biblio- gráfica. Las tres materias escriturarias que más se han usado fue- ron allí expuestas, siendo en alto grado interesante el códice sobre los Comentarios del Apocalipsis, del siglo X, y las dos Bulas en papirus del IX de la Iglesia de Gerona. Llamaron también la atención los seis códices del Monasterio del Esco- rial que formaban parte de la Sección de la Real Casa así como los del Sr. D. Trinidad de Fontcuberta, Archivo Dalma- ces, del limo. Sr. obispo de Orihuela, y uno que otro particu- lar cuyos notables códices se refieren en su mayor parte á las épocas más pujantes del arte de la miniatura. Las colecciones enumeradas y las demás que reseñaremos, si bien fueron notables por la excelencia de sus obras, no lo fueron por su número; y es de sentir que en este útilísimo Certamen hayan dejado de concurrir mayor número de expo- sitores, pues aunque Barcelona no se distingue por su amor á 462 la bibliografía, hay sin embargo bibliófilos, y estos con su con- curso podían haber contribuido á dar más uniformidad al gru- po indicado. No me detendré en manifestar las causas que á mi modo de ver puedan haber influido á ese retraimiento, que por otra parte se comprende por la manera precipitada con que se llevó á cabo. A propósito de la falta de expositores bibliófilos recordaré un hecho práctico sucedido en Francia cuando la Exposición Retrospectiva de la Unión Central de 1882, en cuyo concurso á pesar de la influencia de los comisionados, el número de expositores fué escaso. Deplorando este resultado el crítico Jules Petit escribía que los bibliófilos se asemejaban á la hormiga de la fábula, que cuidan más de atesorar que de manifestar su cosecha. Esto explica en parte la ausencia de algunas colecciones en la Sección bibliográfica de la Exposi- ción Universal de Barcelona, como lo fué también en la Retrospectiva de 1867 y en la de Artes suntuarias de 1877. Con todo, creo que el día que Barcelona se proponga hacer una exposición especial bibliográfica, podrá llevarla á c a t o dignamente y con fruto teniendo siempre en cuenta el tiempo necesario y el concurso de los bibliófilos á los que debe in- vitarse previamente, pues la atención y deferencia no está de más en estos casos; y vamos á lo que importa, que la materia es extensa y el tiempo breve. PARTE PRIMERA La primera forma y más común del libro en la antigüedad fué la de rollos á los que los latinos llamaban volúmenes, deri- vado de volvere-xoWax. L a forma de rollo se supone fué intro- ducida por los egipcios y se denominaba liadura egipcia, sis- tema que fué adoptado por los hebreos, griegos, romanos, persas etc. Al exterior del volumen se le llamaba/>-¿w.r, al cilindro umbílicus y sus extremos cortina. El cilindro que for- maba la parte principal del volumen era por regla general de madera, y según algunos fué también denominado caudex y 463 después codex, que significa el tronco del árbol. Terminado el volumen se encerraba en un estuche que dejaba ver el canto del rollo en el cual se fijaba el título de la obra. Elpapirus es la más antigua y más común de las mate- rias escriturarias blandas que se conocen y su palabra deriva de la griega papnros, especie de caña que se cultivaba en las orillas del Nilo. Preparábase el papiro superponiéndose en forma de cruz sus filamentos, pero tan hábilmente, que apenas se conocía su textura; dábanle después un baño con una sus- tancia glutinosa, y de esta suerte le dejaban en condiciones para escribir sobre él, con los juncos primero, y más tarde con las plumas de ave. Sobre su antigüedad la opinión más fundada es la que se refiere á la época en que Alejandro Magno conquistó aquella comarca cuatro siglos antes de Je- sucristo, perpetuándose su uso hasta el siglo XII. Las escrituras en papirus se colocaban también enrolladas como los volúmenes, y en esta forma se habian conservado las existentes en las Iglesias de Vich y de Gerona y las del Archivo de la Corona de Aragón procedentes de S. Cugat del Valles, documentos que para mejor conservación se hallan hoy en cuadros, que á la par que impiden su deterioro, permi- ten al investigador su examen. Las dos bulas presentadas por el Cabildo de Gerona procedentes del siglo IX lo atestiguan; una de ellas pertenece al pontificado del papa Formoso, y aunque la data se halla destruida, se sabe el año en que se expidió, que fué en 892 como se lee en la publicada en la co- lección Regesta Pontificum Romanorum N.° 2,677 d e I a l i - ción de Jàffé. Esta bula es la confirmación de las donaciones hechas á la santa iglesia de Gerona. La otra pertenece al pontificado del papa Romano, y en ella confirma la posesión de los bienes de la Iglesia á su obispo Servus Dei, fué expedida en Octubre de 897 y publicada por Balucio en la Marca Hispánica y posteriormente en la obra antes indicada referente á la anterior. Son ambas parecidas en tamaño y d a s e de escritura. Han sido estudiadas y citadas por los autores de la España Sagrada, por la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona y en la actualidad por don \ 464 Claudio Girbal cronista de Gerona (i) y por Mr. Brutai's y otros. Al papiro sustituyó con v e n t a j a d pergamino, cuyo origen se atribuye á la época de Eumenes Rey de Troya, y toma su nombre de Pergamo, donde algunos opinan que se inventó; siendo lo más cierto que allí se perfeccionara, pues no hay datos suficientes para asegurar en absoluto que allí tuviera su cuna. Las escrituras (2) en pergamino más antiguas que se cono- cen son del siglo VI escaseando hasta el VIII, repitiéndose la falta en los siglos XI y XIII, lo que introdujo la malacostum- bre de escribir sobre pergaminos que habían sido escritos y borrados á los que se les dio el nombre de palimpsestos. Para los códices se usó con preferencia la vitela que se fabricaba con pieles de becerrillos y recentales nacidos y por nacer, aunque esto último se empleaba tan sólo para los có- dices importantes. D e la forma del rollo pasó el libro á la forma llana, y el tamaño cuadrado fué el primero que se empleó, y suponen que el introductor fué Átalo de Pergamo al perfeccionar el pergamino preparándolo por ambas caras así como antes sólo se hacía por u n a ; lo más creible es que hecha esta inno- vación los amanuenses lo irían empleando así para mayor comodidad. La forma más común de los cuadernos de que se compo- nía el Códice era de cuatro pliegos, ocho hojas y diez y seis páginas. La abundancia de estos en la edad media hizo que se les llamase indistintamente códices ó quaterniones así como á los compuestos de dos ó tres pliegos se les denominó diter- túoncs y tendones. (A. los códices se les llamó códigos cuando eran recopilaciones de Rescriptos ó leyes civiles y canónicas y codicilos los de menor tamsfio). En nuestra Basílica existe la obra « Homilías de San Gerónimo » que es un hermoso (1) Revista de Gerona año XÏ Marzo 1S86. (2) En España las escrituras más antiguas son del Monasterio de Sahagún años 857 y 86t y en c: Archivo de la Corona de Aragón en 875- 465 ejemplar de códice quaternion del siglo IX, así lo demuestran sus caracteres intrínsecos y extrínsecos como letra, ortografía, signaturas etc. Estuvo expuesto este antiguo ejemplar en la Exposición de artes suntuarias y en la última Exposición que hizo el Cabildo. Posteriormente ha sido colocndo dentro una lujosa caja de madera que facilita el estudio del mismo y de su primitiva y rara encuademación y cuya acertada medida se debe al celoso archivero del Cabildo, D. Buenaventura Ribas. Los códices más antiguos están escritos en letras ca- pitales ó iniciales, y algunos en minúsculas y cursivas. Los primeros se empleaban con preferencia para las obras de lujo y para las destinadas á la Iglesia y las minúsculas y cursivas para otra clase de escritos. E n los siglos IV y V se empleaban los caracteres mixtos y la cursiva, pero á mediados del VI, sea por negligencia ó por otra causa, se abandonó la cursiva y se empleó la letra inicial hasta el si- glo VIII, y en tiempo de Cario Magno se volvió á emplear la minúscula. Los códices más antiguos que se conocen son de los si- glos III ó IV. Los benedictinos citan como uno de los ejem- plares más antiguos un fragmento de Virgilio palimpsesto sobre el que se escribió la obra « Lo? hombres ilustres de S. Gerónimo..» Empleóse la letra inicial, y reúne dicho ma- nuscrito infinidad de pormenores dignos de tener en cuenta p a r a el estudio de la escritura de aquel tiempo. Otros ejem- plos dan los mismos autores referentes á los siglos IV y V como el Virgilio de Florencia ó de Médicis, volumen en cuar- t o de forma cuadrada y escrito todo en letras capitales. Cítase también el antiguo códice de la Abadía de Saint Germain des Prés que está escrito en letras capitales de oro y plata sobre vitela purpúrea. Contiene este manuscrito el Evangelio de San Mateo y parte del de San Marcos, lleva puntos en los finales, signaturas á la parte inferior y en la superior los títu- los, terminando las palabras enteras al concluir cada renglón. Cítanse entre muchos otros de la indicada época un Terencio del Vaticano y una copia del Evangelio de San Marcos en 30 466 Venècia, y del siglo VI el libro de Salmos conocido portel Salterio de Saint Germain obispo, de Paris, que según los benedictinos, es el ejemplar más raro y precioso de Europa, escrito en letras iniciales de oro y plata. El siglo V I I fué fatal para las ciencias y artes, resintién- dose los escritos que hasta la época de Cario Magno no vol- vieron á recuperar su anterior perfección. Durante este inter- valo las palabras y la ortografía se hallaba descuidada, úsanse las e por las i; las t por d: la c por q; l a / por b y al contra- rio, notándose gran número de correcciones que alteraban el -texto. Dados estos antecedentes de los códices más antiguos de Europa, pasaremos á reseñar los ejemplares españoles esco- giendo los más notables en antigüedad y condiciones artísti- cas. El primero es el Misal de San Millan de la Cogolla, que data del siglo V I I , tiene una sola miniatura y representa á Jesús Crucificado, la Virgen y San Juan á los lados llevando nimbos perforados, y en el fondo sobre estas figuras se leen los nombres de Santa María y San Juan. D e los brazos de la cruz penden las letras simbólicas alpha y omega. Del estudio de este códice existente en la Real Academia de la Historia el reputado escritor D . J o s é María de Enguren (i) sacó curiosas y eruditas consideraciones. Otros códices litúrgicos existen de los siglos VIH al X, pero sólo citaremos los que sirvieron d e norma para el estudio de la ornamentación y caligrafía. Como modelo de carácter visigótico, Enguren cita las etimologías de San Isidoro del año 733, cuyo manuscrito había pertene- cido á la Iglesia de Oviedo y hoy á la Biblioteca del Escorial. A estos códices sigue una Biblia Sacra y el códice de Insti- tutione Virginum de San Leandro. Del siglo IX la Biblia Sa- cra de San .Isidoro de León, el Código Lucense y las Etimo- logías de San Isidoro. Del X la Biblia Sacra de la Iglesia d e León, otra de la Biblioteca Nacional, los Comentarios de la Apocalipsis de Beato del Cabildo de Gerona y otro de la (1) Memoria descriptiva de los códices notables conservados en los Archivos eclesiásti- cos de España. - 467 Real Academia de la Historia procedente de San Millan de la Cogolla, el códice Vigilano y el códice Etnilianense. Del siglo XI una exposición del Apocalipsis por Beato, que se custodia en la Biblioteca Nacional, un Salterio y libro Parali- pomenon de la Iglesia de Vich y un códice canónico de la biblioteca Toledana. Del siglo XII el Libro gótico de la Iglesia de Oviedo, la Biblia sacra de San Isidoro de León, un Lec- ción ario de Festividades solemnes, y el Libro de los Feudos del Archivo de la Corona de Aragón. La iluminación de los códices en España fué oriunda de Bizancio, en cuya capital fueron á refugiarse muchos de nues- tros prelados y doctores, huyendo de las persecuciones que contra ellos se había iniciado á últimos del siglo V I ; fueron entre aquellos S. Leandro, el abad Servitano Eutropio, electo después para la mitra de Valencia, y el Lusitano Juan de Val- clara (que pasó quince años ausente) y que fué electo en el año 591 para la sede de Gerona (1). Estos sabios prelados, S. Isidoro y los demás que les siguieron, fueron los primeros que se dedicaron á la transcripción de códices de los cuales sólo queda la memoria, á causa de la destrucción que sufrió la España Goda al ser invadida por los árabes en 714. Los pocos que se salvaron en Asturias y Aragón, debieron servir de original de los que en el siglo VIII se confeccionaron, aunque puede asegurarse que en el siglo VIII Asturias fué la que más se dedicó á la transcripción de libros aplicando los procedimientos empleados en Bizancio para la pintura d e aquellos y cuya escuela copiaron exactamente excepto los caracteres, que modificaron luego empleando la letra gótica que fueron modificando. Visigodos como eran de educación y costumbres escribieron con caracteres visigóticos sus libros y los ilustraron con dibujos orientales de la escuela de Bizan- cio pues así lo habían aprendido ellos y los monjes anteriores que se habían educado en Constantinopla. Este renacimiento literario Bibliográñeo lo inició el monje Beato, en el Monasterio de Liebana en Asturias al escribir (1) España Sagrada. 468 contra Elipando, y al ilustrar sus comentarios sobre el Apo- calipsis de San Juan obra que recopiló en doce libros, y cuyo original sirvió sin duda de base y modelo á los otros ejempla- res que copiaron y adquirieron los monasterios del N. O. y N . E . de España á partir del siglo VIII, en cuyo tiempo vivió el comentarista Beato. Al estudiar el ejemplar del siglo X que se custodia en la catedral de Gerona trataremos de ello. El espíritu visigótico de los españoles fué un hecho lógico y natural, basado en el mismo hecho de la conquista, que fué una sorpresa hasta para el mismo caudillo árabe, quien, satis- fecho con la inesperada victoria, concede al pueblo vencido su religión, leyes y jueces, lenguaje y costumbres. El docto historiador de la Literatura Española y arqueólogo D. José A m a d o r de los Rios, al comentar esta época expresa « que la tradición isidoriana y latino-bizantina no desapareció con la conquista árabe, pues si bien las letras y las artes se resin- tieron, quedó incólume la antigua disciplina como lo prueban Eterio y Beato y como hicieron en la siguiente centuria Al- varo Cordobés y San Eulogio. Al hablar de aquellos códices dice: empleábase en la decoración de aquellas obras, los objetos del mobiliario, no menos que los miembros arquitec- tónicos adoptados por el arte latino-bizantino, abundando sobre todo las arquerías, en que y a proviniese del ejemplo de los árabes, ya fuese un desarrollo del mencionado arte, como yo creo, se dibujaban repetidamente los arcos de he- rradura.1» Este estilo ó escuela Bizantina fué el que se empleó para el adorno de los códices, cuyo pergamino confeccionaban los monjes del modo que habían aprendido en Constantinopla, cuya preparación se hacía con una pasta muy delicada que se alisaba y permitía la pintura del códice, y sobre cuyas páginas trazaban los perfiles de las figuras ó dibujos, con tintas pálidas que luego llenaban con brillantes colores. El más usado y primero que se empleó fué el minio, color rojo que en los códices primitivos se usaba para las rúbricas ó títulos, capítulos y letras capitale é iniciales. D e la palabra 469 minio proviene la palabra miniatura, que se emplea hoy para designar la pintura y ornato de los códices. A más del minio, del oro y plata emplearon también el albayalde (cerusa), el almagre (rúbrica), la púrpura (purpurissum), el verde oscuro (appianum), el verde vidrio (hyalinum), el morado (tinctura- hiacinthina), el amarillo (croceum) y el pardo oscuro (furvum). Estos colores fueron los empleados por los pintores de Bi- zancio en los primeros siglos del cristianismo, de los que pasó á los monjes de Asturias y de otros puntos de España en los siglos posteriores. Los mercaderes judíos eran los encargados de llevar de Oriente á Occidente esta clase de mercancía empleada en- tonces en el N. O. de España y también en Cataluña, así consta haber existido en la, biblioteca de Santa María de Ri- poll el célebre códice Psalterium Argenteum escrito en tinta de plata y sobre vitela morada. Este códice, según el P. Vi- llanueva, pertenecía á la época de Cario Magno ó de Carlos el Calvo, y aún cuando sea de esta última es anterior al si- glo IX (1). (1) Damos en esta nota todas las noticias que han quedado de la descripción del códice Argenteum, las unas, del P . Villanueva y las otras, del inventario existente en el Archivo de la Corona de Aragón. Villanueva vio el códice en el monasterio de Ripoll por los años de 180Ó y 7 y dice lo siguiente: «No es para omitir la noticia de un códice custodiado en el mis- mo archivo, y es un saUterio escrito con letras plateadas sobre vitela teñida de morado, y las iniciales y epígrafes de los salmos con letras de oro. En una llana está la versión vulgata y en la otra la de San Gerónimo. En la última hoja se lee Karolus gratia Dei rex et impera- tor Franchorum. El carácter de la escritura hace creer que el códice es del tiempo de Car- io Magno y á lo menos de Carlos el Calvo, es decir, que pertenece cuando menos al siglo IX. Lo mes aingular es que en tanta antigüedad las letras están como acabadas de escribir con ser así que en otros códices esta alquimia de plata tiene muy poca consistencia y aduración. Descripción del códice, según un catálogo de 1824, existente en el Archivo de la Corona de Aragón. Salterio entero con todas las letras de alquimia de plata y las iniciales de oro de un tama- ño muy pequeño y la vitela ó pergamino sobre que está escrito es de color morado obscuro sín duda para mayor rea'.ce de la letra. Su tamaño no llega al de folio y está perfectamente conservado, menos en las primeras y últimas páginas que con dificultad pueden leerse por ha - berse ennegrecido la alquimia, según parece por la humedad que alguna vez habrá padecido. En la última página se han podido leer con mucha dificultad las palabras Pipinus Impe- rator et Rex Franchorum, las que junto con la circunstancia de hallarse notado como exis- tente ya en el monasterio de Ripoll en un inventario recibido el dia 14 de Marzo del año 1047 en presencia de Willelmo conde de Besalú y el lujo con que se escribió hace sospechar que fué regalado este precioso códice al monasterio por algun emperador de Francia, y siendo as DO baja su edad del siglo VIII. 470 La confección de códices, según hemos manifestado, se debió á los monjes y escritores eclesiásticos, que con sus es- tudios y celo cristiano, empezaron la formación de las biblio- tecas, cuyos fondos de obras fueron en su mayor parte de escritos de religión, liturgia, teología, etc. Las primeras bi- bliotecas del N. O. de España comenzaron de nuevo sus tra- bajos después de la reconquista en cuya época el Scriptorium de los Monasterios Asturianos y Leoneses estaban en gran actividad. El Scriptorium ó sala destinada para la confección de libros, situada en el punto más silencioso del monasterio, estaba incomunicada para el resto de la comunidad á excep- ción del Abad, prior, subprior y el armar-¿íes que era el jefe ó director del Scriptorium.—«Nenio ad eos intrare debet excep- to abbate etpriorc elsubpriore et armario.n (i)—Bajo la auto- ridad del jefe estaban los monjes copistas y todas las perso- nas empleadas para este piadoso objeto, quienes recibían de aquel el pergamino, plumas, compases, colores etc. así como también corria de su cargo la revisión de los textos y todo lo concerniente á la parte interna y externa de las obras. El Scriptorium después del recinto de la Iglesia, del cuar- to del Tesoro, del pyralc ó sala capitular, era el más impor- tante del monasterio, y por regla general estaba situado junto la Biblioteca y sala Capitular, cuyos dos últimos departamen- tos solían tener vista á los jardines interiores como sucede con la sala capitular de Poblet. No consta descripción alguna del Scriptorium de los mo- nasterios de España, pero se dan noticias detalladas del de S. Gall en Suiza, del de Cister y del de Claraval; del primero, construido en el año 820, en la obra de Mabillón titulada «Anales Benedictinos» y de los dos restantes en la obra de Viallet le Duc. Contiene las dos versiones la antigua y la de San Gerónimo, hallándose esta escrita en la plana de la izquierda, y la antigua á la derecha. E n la versión de San Gerónimo son de notar algunas variantes, á mas de las que se hallan en las que se han publicado. En la vuigata es de notar que en el salmo T3 faltan los tres versos Sepulcrum—quorum os—Contrito.—Al fin d é l o s salmos van todo¿ los cánticos, el Tedeum, el Símbolo de San Atanasío, y el credo por artículos atribuidos á los apóstoles. (1) Ducange. 47i Por estos autores venimos en conocimiento que los había de dos clases, ó una sala espaciosa de planta rectangular, ó bien celdas reservadas con sus respectivas puertas, y sobre ó junto las cuales estaba la Biblioteca. E n estos recintos silencio- - sos é incomunicados era en donde se procedía á la copia de las obras santas que debían difundir por el mundo la enseñan- za de las Sagradas Escrituras, y cuyos libros bíblicos, canóni- cos, litúrgicos.etc. copiaron,prestaron y adquirieron los monjes propagando la ilustración religiosa, el amor al arte, el estudio de la paleografía y la caligrafía y pintura. El préstamo de libros de unos monasterios á otros fué entonces muy frecuente y sumamente beneficioso para la ma- yor propagación de las obras, pues los monasterios de este niodo iban uniformando el fondo de su biblioteca. El préstamo se hacía por un tiempo limitado y no estaba exento de formalidades. L a copia de las obras, si bien algunas veces se modificaban, enmendando los errores, en otras se hacía servilmente, así como se copiaban las láminas como debió suceder con el códice original de San Beato del siglo VIII que sirvió de modelo á los otros ejemplares que le siguieron. E n 968 el presbítero Magiu, jefe del Scriptorium de Ta- -vora, una de las instituciones monásticas de S. Froilan d e León, comenzó para aquel monasterio una copia del comenta- rio de la Apocalipsis, que no llegó á terminar á causa de su muerte: dos años después sigue la copia su discípulo Emete- rio, quien la termina en 27 de Julio de 970, después de tres meses de un trabajo asiduo que llega á postrarle. A 8 de Setiembre de 970, dos años después de terminada la copia del manuscrito de Tavora, Oveco, religioso de un monasterio sito en el obispado de León, emprende por orden de su abad Sempronio una nueva copia del comentario de. San Beato. En los primeros tiempos de la Iglesia, y en el siglo X, re-s gistran los antiguos textos que á más del clero regular se empleó algunas veces á las mujeres para la copia é ilumina;* ción de los códices, y son varios los ejemplos de princesas, monjas y particulares, que procedían á la transcripción ,de 472 obras en honra y provecho de la religión, como así solían consignarlo en la suscripción del t e x t o . Por Plinio venimos en conocimiento que la caligrafía y la pintura estuvo muy considerada en R o m a y que las obras de Varron las Hebdómadas, especie de biografías de los hom - bres ilustres de la antigüedad romana, fué confiada á una griega llamada Lala, oriunda de Cyzica, ciudad del Asia me- nor, quien pintó los cien retratos que ilustraban la obra. Euse- bio refiere que los eclesiásticos habían confiado la tarea de ilustrar las obras á las jóvenes vírgenes, y que en el siglo V Santa Melada fué designada por su mismo biógrafo que co- nocía sus méritos caligráficos. E n el siglo V I fueron también notables las copias ejecutadas en el monasterio de las monjas de Santa Cesaría ó Cesarina, como lo consigna el P. Mabillón, así como el P. Cahier nos dá noticia de una cita de Ayincourt que dice que en aquel mismo siglo la princesa bizantina Ju- liana, hija menor del emperador Teodosio el joven, pintó un Discoride. Mentan asi mismo antiguos escritores que las San- tas Hermilda y Renilda, abadesa esta última de un monasterio de Limburgo en el siglo IX, se dedicaban á transcribir los santos libros y que San Bonifacio, apóstol de Germania, escri- bió á una abadesa rogándole le iluminara con letras de oro las epístolas de San Pablo. E n lo que atañe á España sabemos que en el monasterio de Bobadilla, dependencia de Samos, una religiosa benedictina llamada Londegonda transcribe en el año 912 una colección de Reglas Monásticas notables por la elegancia de ejecución: auxilió á la religiosa en este trabajo el monje Trasmondo que pertenecía á la comunidad del Monasterio de Samos, en Ga- licia (i)- Y basta este ejemplo para nuestro objeto que no es otro que probar que las monjas del N. O. de España en el siglo X se dedicaban á la confección de códices y ornamen- tación. Dados los antecedentes necesarios para el conoci- miento de la vida y costumbres monásticas durante el perio- do de los siglos octavo al décimo, y presentados los ejemplos (1) Enguren, obra citada. 473 de todo lo concerniente á los códices del N. O. de España, vamos á proceder al examen del códice de Gerona, ejemplar interesantísimo y punto capital de esta reseña. Comprende este precioso códice un comentario del Apocalipsis de San Juan escrito por San Beato, presbítero de Asturias á fines del siglo VIII, al que precede un breve comentario de Victorino, obispo Petabionense en Stiria, con la prefación de San Geró- nimo, cuyos párrafos publicados por el P. La Canal en el to- mo 45 de la España Sagrada ha hecho creer á distinguidos escritores que los comentarios se debían todos á Victorino. E l P. Villanueva en su importante obra «Viaje literario á las Iglesias de España» tomo 12, corrige el yerro de La Canal y atribuye el comentario del Apocalipsis al Beato de Liébana. Efectivamente, los pasajes y la división de la obra en 12 capí- tulos están en igual forma que los restantes ejemplares q u e existen en Europa de aquel autor. El códice está escrito y pintado sobre pergamino grueso, mide centímetros o'40 p o r 0*26, sus folios de tamaño máximo sin numerar y el carácter de la letra hispano gótica (1) y mayúsculas romanas con dibu- jos de carácter bizantino. F u é escrito é iluminado en el N. O. de España (diócesis d e Astorga) y se terminó en el año 975 mientras estaba sitiando la ciudad de Toledo (el Conde) Fernando Flaginiz Dispuso su transcripción el abad Dominico, hizo la copia el presbítero- Sénior y lo iluminaron la mujer Ende bajo la dirección (ó con ayuda) del presbítero Emeterio. El error de estudiar este códice bajo el punto de vista artístico ó sean los detalles arquitectónicos de sus dibujos, y el descuido de la parte histórica paleogràfica y diplomática, ha dado ocasión á la creencia de que el códice fué escrito fuera de nuestra península, falta debida á la precipitación d e su examen y tal vez al desconocimiento de la historia de la Edad media en España, en cuyo estudio de los siglos V I al X debían haber buscado los críticos modernos, las bases indis- pensables para poderlo juzgar con discernimiento. (1) L'amábase también visigótica. 474 Manifiesta este códice el sello característico español en el primer folio y en la suscripción final del texto, cuya data y •demás circunstancias como nombres lugar y hechos históricos, son encarnaciones evidentes de origen castellano, requisito que reúnen también los demás ejemplares de Beato que se hallan en Europa. Los autores extranjeros y españoles verda- deramente arqueólogos y bibliófilos así lo han reconocido y es ejemplo entre los primeros el P. Cahier y entre los segundos «1 P. Villanueva é incidentalmente el autor de la historia ge- neral de literatura el doctísimo D. José A m a d o de los Rios. En la historia de la ornamentación de los códices en el •siglo X la obra comentada del Apocalipsis de San Beato ha sido sin duda la que dio más elementos y extenso campo á los iluminadores y la que movió más á los monjes para la ad- quisición ó copia de aquellas. Los pedidos y copias de esta o b r a desde el siglo VIH en que la escribió el monje Beato hasta el XII fueron innumerables, y en todas ellas se mani- fiesta el sello propio de nacionalidad perfectamente marcado, c o m o lo es el llevar en su primer folio la cruz pelagiana ó de Oviedo con el alpha y omega, así como el ejemplar que se custodia en Gerona, cuya copia, á más de reunir este requisi- t o , tiene la ventaja sobre los demás de llevar escritas las pala- bras de la cruz regalada por el rey Alfonso III el Grande á la iglesia de Oviedo que dice: Hoc signo tuetur pius.—Hoc sig- no vincitar inimicus; inscripción que se halla en la parte infe- rior de la cruz de Oviedo y á los lados de la cruz del códice •que estudiamos. Es tradicional en Asturias que la fundación de la iglesia d e Santa Cruz que está cerca de Cangas de Onís, fué fabrica- d a por Favila en recuerdo de haber aparecido á su padre D . Pelayo una cruz en el cielo como señal de próxima victo- ria, á lo que Pelayo correspondió mandando fabricar una cruz angelium eternum; y á los pies de las últimas ocho figuras se lee: Isti dederunt glo- riam Deo celi; en la faja inferior morada vense arcos des- plomados y seis figuras desnudas precipitándose. Prosigue el t e x t o : Incipit storia de nube alba fili omnis in libro VIL Esta lámina ocupa los folios 192 verso y 193 recto, y en su fondo de colores morado , amarillo y verde aparece el ángel entre blancas nubes, lleva una hoz en la mano derecha y el libro á la izquierda (esta figura ocupa el ángulo superior izquierdo del cuadro); otro ángel atraviesa el espacio diri- giéndose á él, y un tercero posa sobre el ara que expresa : Ara domini, en donde se le reúne un cuarto ángel que le en- trega la hoz. Junto al ángel del ara se lee: Iste angelum abens potestatem super ignem, y bajo la blanca nube : Ángelus sedit supra nubem albam. Sobre las fajas amarilla y verde hállanse representados dos campesinos en el acto de la siega, y expresa: Vbi metent messem terre. L a hoz es semejante á la empleada actual- mente. A la izquierda tres figuras más, semejantes á las des- critas y con sus faldellines cortos que sólo cubren las caderas y vientre, se hallan ocupadas en la poda de las vides, y se l e e : Vbi vendimiant butros vine terre. E n la parte inferior del cuadro y sobre su faja morada se representa el exterior de una ciudad, cuyos edificios y puerta forman el último tér- mino : junto á los muros y en el lienzo exterior de la izquier- do está pintado un gran lagar, sobre el cual hay una mujer desnuda que se apoya en el cilindro de la prensa en ademan de dirigirla. E n el espacio del lagar á la puerta de la ciudad pasan dos caballeros corriendo, que levantan con sus cascos el líquido que les salpica hasta la cabeza: Vbi calcatur torcu- laria extra civitate et exiit sanguis de torcularia usque ad frenos equorum. A la lámina sigue la interpretación, y más abajo: Incipit storia VII angelorum. 50i Representa la lám. del fol. 195 tres compartimentos. E n el superior de color verde están pintados los siete ángeles en línea y de frente, y dice: Istis sunt ferientes plagas que in novísimo. E n la faja amarilla se representa al Cordero de Dios con la cruz dentro un disco que está en la cumbre de un mon- te morado, á cuyos lados se ven tres ángeles por parte, tocan- do cítaras, etc. Debajo se lee confusamente: Vbi. super cum stantem victorem vestie. Al verso del siguiente folio dice: Incipit storia templi aperti et de easdem etc.; y más abajo: Vbi sancti tenentes ci- tharas et cantantes canticum novum magnum. El fol. 197 recto, cuyo fondo está pintado de morado, amarillo, rojo y tierra, representa en su parte superior una puerta abierta, de la que figura haber salido un águila que lleva en sus garras la rosa de los vientos y desciende por la faja amarilla, dentro la que se lee: Iste animal dedit ángelus sebtem fialis. En los siguientes fondos, rojo y tierra, se ha- llan pintados los siete ángeles, sobre los que se lee: Hic sunt sebtem angelí portantes fialas áureas. En la siguiente lámina fol. 198 están representados los siete ángeles con las copas de oro en las manos, y dice: Vbi Sebtem angelí fíalas fundere in terra. Siguen las láminas representando la acción de los siete ángeles; el primero ocupa del cuadro la tercera parte del fo- lio 199 verso y representa al ángel en el acto de derramar la copa sobre la tierra: Primas ángelus efundit fialam suam in terram. Las siguientes láminas son del 2. 0 , 3. 0 y 4. 0 ángeles; y la del S-° fol. 203 figura al ángel derramando la copa sobre la bes- tia de siete cabezas, lo que se expresa con estas palabras: Vbi quintus angelum efundit fialam suam super tronum vestie. La siguiente lámina fol. verso representa la serpiente co- giendo una rana, la bestia cogiendo otra, y una figura que tiene cogida la rana, á la que se dirigen otras dos figuras nim- badas. E n el fol. 205 se representa al séptimo ángel que se diri- ge al cielo después de derramar la copa sobre una ciudad; la 502 lámina dice: Et VII ángelus efundit fialam suam in aerem et pactus est fulgura et grando. Sigue el texto hasta concluir el libro octavo, y luego dice: Incipit líber nonus de mullere meretrice. La lámina fol. 207 representa una mujer arrodillada ó aga- chada en un trono; sostiene una copa con la mano izquierda, cuya copa coge con la derecha una figura nimbada; jun- to á estas figuras hay un tercer personaje cruzado de brazos: la letra dice : Vbi mnlier reges propinat de cálice pleno san- guine. Sigue la lámina fol. 208 representando la mujer que pasa por el campo montada sobre la bestia de siete cabezas; lleva la copa á la derecha y con la izquierda sostiene las rien- das; luce un vestido estrellado y siete discos de oro sobre la parte que cubre su pecho, y dice la letra: Incipit de easdem mullere et bestie. El siguiente libro dice: Incipit de aguo et bestia superata, y en la lám. fol. 212 en la parte superior está el Cordero Santo dentro un iris estrellado, lleva la cruz y á sus pies el libro mis- terioso; dice: Vbi agmis vincit sendo profeta, draconem et dia- bulo. Más abajo está la bestia á la que combate un hombre, la bestia en ademan de huir, y en otro punto un ángel vencien- d o á unos personajes y la culebra huyendo. Y prosigue el texto : Incipit liber decimus diaboli civitate. Representa la lám. fol. 214 la entrada de una ciudad ar- diendo: sobre el frontis del portal un á n g e l : Vbi babilon.—It est iste mundus ardet. En el fol. recto 215 píntanse varias figuras pasando y se lee: Vbi reges vel mercatores Babilonia plangent. La lám. 216 figura una ciudad debajo el mar, sobre la que cae una rueda molar que expresa L A P I D E M : en la parte su- perior un ángel: Vbiangelum lapidan molarem misit in mare. Incipit storie de civitate Dei. Lám. fol. 217. Representa al Redentor dentro de un iris sentado en un trono con el libro en la mano izquierda Tronum domini. Los cuatro animales simbólicos sobre otras tantas rosas d e los vientos. Debajo unas figuras. Séniores adorant tronum. -503 E n la parte inferior está pintado un ángel cuyas manos posa sobre la cabeza del apóstol S.Juan, mientras éste pone las su- yas sobre los pies del ángel, y se lee: Vbi Johannes cecidit ad pedes angelí. Explícit liber decimus.—Incipit líber itndecinnts de equo albore capitulat a pasione brebiys. — Sigue un fol. en blanco y en el verso dice: Explanado suprascripte storie, y al recto que sigue: Incipit storia a celis stantis in solé. La lámina fol. 220 representa á un ángel sobre el astro solar, rodeado de palomas, y dice: Angelnm in solé. Sigue: Incipit de Bestia et reges terre, y en la parte infe- rior del fol. 221, dentro de un medallón circular, están pintados dos animales en lucha. Al verso del fol. anterior hay una viñeta que ocupa la mitad de la página y que representa dos figuras que arrastran una bestia pegándole con palos, y se lee: Bestia et sendo pro- pheta cabtus cst; debajo dos figuras en ademan de acometer se dirigen á un personaje nimbado echado al suelo, junto al cual yace una mujer desnuda y sobre cuyo cuerpo están pin- tados dos cuervos, el uno picándole los ojos y el otro los pies: Vbi satura ti sunt abibus de car nibus corutn. Incipit de alio angelo. El cuadro que á esto se refiere, so- bre fondo rojo, amarillo y verde, representa al ángel con una llave en la mano izquierda, y en la derecha una cadena á la que está sujeta una gran serpiente. En la parte inferior está pintado el diablo sobre unas parrillas y dice la letra: Vbi án- gelus adp rendit draconem et liga bit euní in abissum (fol. 222 verso). Al siguiente recto 223 se representa al Redentor en un trono, y á su frente once personajes con nimbos: Tronos seden- tes eljndicium datutn est eis. A la siguiente faja se hallan diez y siete pájaros, nueve sobre unos postes y los restantes en el suelo, y sigue otra faja con nueve pájaros más. Incipit de diaboli bestia etpseudo propheta. Esta lám. fol. 226 recto, de fondo morado y color de tierra, figura la bestia echada y á su lado dos figuras desnu- das; y al otro lado el diablo (de color negro) precipitándose 5°4 al abismo. Dice arriba: Vbi bestia elpsendopropheta et diabo- lum m ssi sunt in stagnum ignis et sulfuris. Incipit libro duodecimus de diem judicii et chútate Jkeru- salem, y más abajo continua : Incipit de Jherusalem civitate in quo finit ¿iber duodecimus. E n el verso del fol. 228 está representado el frontis de un gran edificio, y en los intercolumnios de los ventanales están representados los apóstoles S. Pedro, S. Andrés, S. Judas Ta- deo, S. Matías, S. Mateo y S.Jaime, y en otro ventanal mayor se halla un ángel con un bastón ó lanza. A los tres fol. dice el t e x t o : Explícit explanatio civitatis Jherusalem incipit storia finis libri ujus. L a lárn. que sigue, fol. 232, tiene el fondo pintado con fajas, morado claro, amarillo y morado oscuro. En la primera el Redentor está en el trono con el libro á la izquierda, la derecha extendida y todo dentro un iris que sostienen dos án- geles. En la parte inferior se halla pintado un gran arco de herradura sostenido por pequeñas columnas, y en el lienzo varios ventanales, en cuyos intercolumnios están escritos los nombres de las siete iglesias del Asia, bajo los cuales se hallan pintadas varias aras de oro. Sobre el gran arco se representa á San Juan de rodillas é inclinado con las manos puestas sobre los pies de un ángel, que á la vez coge la cabeza del apóstol con ambas manos. E n la parte exterior del arco y junto á una de las columnas que lo sostienen está un personaje nimbado. En el fondo amarillo se lee: Vbi Johannes angelum adorat, etc. Explícit codix apocalipsin. A l Apocalipsis sigue el libro de Daniel en esta forma: L a primera lámina fol. 234 representa la ciudad de Babi- lonia, rodeada de una gran serpiente que forma la orla del cuadro. Y dice el texto: In nomine domini nostri jesu christi. Inci- pit explanatio Danielis prefacte ab auctore beati Jheronimi. Incipit prolongas in libro Danielis. A los cuatro folios, ó sea en el 239, se halla pintada la ciudad Santa, que está representada con grandes puertas, y en 505 sus torres varios personajes en traje de guerra. En la parte inferior una figura nimbada y sentada que contempla la ciu- dad. Al verso de la lámina descrita dice el texto: Incipit ejus- dem Jherusalem Jheremie profete diccnte. E n el fol. 241 campean varias figuras sin fondo alguno: en la parte superior se representa á un personaje sentado con nimbo y en frente otra figura nimbada que acompaña á un personaje vestido con suntuosidad. Sobre este grupo se lee: Vbi Nabucodonosor Daniel interrogat super sottinium suuiu. E n la parte inferior se representa á Nabucodonosor en el le- cho durmiendo, y á sus pies una colosal estatua de oro; en el suelo de la estatua hay varios trozos de una figura nimbada. Al lado de la estatua se halla pintada una montaña. Junto a l a estatua dice: Statuam quamviditNabucodonosor, y junto á la montaña: Evulsio lapidis. Al verso sigue el texto:' Incipit visio secunda, in atino se- cundo regni Nabuquodonosor sottinium et reliqua. La lámina fol. 245 representa la estatua de oro erigida por Nabucodonosor, junto á la cual se hallan cuatro persona- jes por lado, adorándola; dice la letra: Statuam auream qum erexit Nabucodonosor. En la parte inferior de la lámina se representa un horno ardiendo, dentro del cual se ven tres jóvenes protegidos por un ángel; al otro lado se halla Nabuco- donosor sentado en una tosca banqueta y á sus lados dos personajes con corona nimbada; dice la letra: Nabucodonosor iussit tres pueris muere in fornaccm. Después del Incipit visió quarta, sigue el fol. 250 verso que representa un gran arco y dentro un gran candelabro, de cuyo pié central sale una mano que empuña un cálamus: á un lado está representado San Daniel, y en la parte inferior del cuadro varias figuras echadas: en varias piedras del arco se lee: mane tliecel fares. E n el fol. 254 se representan dos ángeles que descienden del cielo, el uno lleva una copa, cuyo contenido es encarnado; en la parte inferior está una figura nimbada, vestida con un corto faldellín: dos leones lamen sus pies. Otro cuadro más 506 abajo representa un personaje nimbado, en la cama, y junto á ésta dos soldados con lanza y escudo que le custodian. Y sigue el texto: Explícit visió quarta. Incipitvisio quinta. Los folios 255 verso y 256 recto forman una sola lámina, que representa dentro de un círculo al Redentor sentado en el trono: lleva el libro santo en la mano izquierda y la dere- cha en ademan de bendecir. Al rededor ángeles; dice la leyenda: Judicium sedit et libri aperti sunt milia milium ministrábante. Concéntrico á éste sigue otro, cuya zona está ocupada por ángeles. En los cuatro ángulos de la lámina hay las cuatro rosas de los vientos sur- montadas de un ángel, y debajo de aquellas el león alado, una bestia de cuatro cabezas, el oso y un caballo infernal. Los án- geles sostienen un letrero que dice: Ventus. A los tres folios dice el texto: hicipit visto sexta qui est secunda tempore eius? supra. L a lámina del fol. 259 representa la lucha de dos animales, uno de color azul y otro de color amarillo; á este último se le desprenden los cuernos. Debajo de este grupo está pintada una puerta y torre, dentro la que se halla un personaje, y á la parte exterior en el campo una cabra amarilla en ademan de morder un árbol. A los dos fols. (261) dice el texto: Incipit Visio séptima qui est quarta tempore quo supra. Representa en la parte superior á Daniel y al ángel Gabriel, y en la inferior á Daniel sobre el lecho. A l reverso del penúltimo folio (284) dice en letras mayús- culas latinas: SÉNIOR PRESBITER SCRIPSIT. La subscripción final, folio 285, es la siguiente: DOMINICUS ABBA LÍBER EIERI PRECEPIT. Sigue una magnífica omega, y continua: ENDE PINTRIX ET DEI AIUTRIX FRATER EMETERIUS ET PRESBITER. Inveni portum voluntóte VI." Feria 11.a nonas Julias. In is diebus erat Fredenando Flaginiz a villas Toleta civitas adde- vellando mauritanie Discurrente Era millcsima XIII." 507 Del análisis y estudio detenido del presente códice dedu- cimos: Que fué escrito é iluminado en el N. O. de España, en el antiguo reino de León y dentro l a diócesis de Astorga: que el abad Dominico, según antiguos documentos, vivía 31 años antes de la ejecución del códice, y consta con el título ele abad, y en calidad de testigo, en el privilegio que los reyes de León otorgaron á favor del monasterio d e S . Martin de Castañeda (1) y de su abad Severo. Esta escritura, que corresponde al año de J. C. 941, fué autorizada en la ciudad de Zamora, á donde acudiría el abad Dominico en calidad de sufragáneo, ó com- pañero del abad Severo. (1) El monasterio de San Martin de Castañeda ó San Martín del Lago está situado fue- r a del Vierzo, aunque pertenece á la iglesia de Astorga; está separado por las montañas en lasque se reparten las aguas unas dentro del Vierzo y otras á Sanabria. El rio Tera, que nace cerca de la altura llamada del Portillo de Puertas, corre hacia el mediodía por encima de las montañas que dividen la Sanabria y el reino de León de Palència, formando el lago de Sanabria. Este lago, y todos aquellos montes son del monasterio de San Martín de Castañe- da, que está situado junto al lago, aunque elevado en la falda de los montes entre Oriente y Mediodía. Se cree que su fundación es de la época goda y destruido como otros muchos c i a n d o la invasión agarena. Fué restaurado por un abad que vino de Córdoba, llamado Juan, en el año de 916, según Yepes, tomo 5, folio 97. España Sagrada, tomo 18. Florez, página, 45. Entre los otros monasterios fuera del Vierzo y pertenecientes á la diócesis de Astorga y de los que hablan los documentos del siglo X, debemos citar el de Santa Marta de Tera, tres leguas de Benavente y junto el rio Tera; y á legua y media de este el de San Pedro y San Pablo de Zamudia, cuyo monasterio, mencionado en escrituras del siglo X, fué duplice, ésto es, de hombres y mujeres. En la misma ribera del T e r a había otros dos, el de Sta, Marta y el de San Miguel, am- bos de Camargana; el primero data de 963 y el segundo de 980. Junto á este último y en la margen del rio, hubo otro de monjas en Castro Ferrol y se títuliba de San Salvador. Sigue el de San Adrián del Valle, de Sta. María sobre Benavente, que data de 957; el de San Martín de Torres (junto á la Bañega) mencionado en 987, y el de v a l c a v a d o que fué duplice y per- tenece á modtados del siglo X . Monasterio duplice dentro de Astorga. Junto á los muros de Astorga hubo el de Sau Dictinio; lo reitauró en 925 el obispo Fortís, que le agregó la iglesia de Sao Martín que esta- ba en el arrabal. Las dos casas formaron el monasterio duplice. Entre los abades se citan Vimara y Andrés, y de 980 al 1078 las abadesas Froilo, Migilia, Mathea, Flámula, Aragunti y Guntina. San Cristóbal Julián y Basilisa, junto á la iglesia de Santa María y Santa Marta y de- dicado á los santos citados. Citan los documentos del X y XI, y se sabe de las abadesas Godo y Egílo, y al incorporarse el del Moral se cita la abadesa Dominica en 943. EI de San Sah'ador (que lo fué de mujeres) dentro la ciudad y que se llamó también de Santa María, Santiago Apóstol y culto de las Imágenes de San Clemente, Santa Leomcia y Eu emia- San Acisclo. Llamóse su abad Armentario , en 930. F u é de hombres y mujeres, y Yepes menciona la abadesa Froyla en 904. Santa Marta (pared por medio i la Catedral) ms. Duplice. El de Santo Tomás, junto á la Iglesia de Santa María y de Santa Marta. Añade Yepes otros dos dentro de Astorga, el de monjes, llamado de San Isidoro, y e l d e San Pedro, que fué duplice. 5o8 Otro argumento se nos ocurre en apoyo de ser la diócesis de Astorga la cuna del códice, y es el notable apogeo en que se hallaban a mediados del siglo X los varios monasterios duplices (de hombres y mujeres) que allí existían, no sólo dentro la ciudad de Astorga sí que también en el radio d e la diócesis, de la que dependía el monasterio de San Martin de Castañeda y otros próximos á aquel, en alguno de los cuales debían hacer vida religiosa la pintora Ende, el abad Dominico y los presbíteros Sénior y Emeterie. Esta opinión es simplemente expositiva, porque para aceptarla en abso- luto seria preciso demostrar el estado religioso de Ende, cuyas palabras del códice sólo nos dicen fué pintora y servi- dora de Dios; y si bien las frases son breves, como lo son siempre en las subscripciones de los códices de aquel tiempo, no podemos afirmarlo, quedando siempre la duda de si E n d e fué verdaderamente religiosa ó bien una pintora de la escue- la bizantina, á la que se la confió la iluminación del có- dice. A lo dicho falta consignar el sello característico del origen castellano del mencionado códice y el dato histórico de su fe- cha que nos dá á conocer el sitio y sitiador de Toledo en el año 975, cuyo hecho y apellido de Fernando Flaginiz no se consigna en las crónicas é historias de España y cuyo apellido consta en las escrituras del siglo X. La mayor parte de los autores que han copiado la subs- cripción del códice de Gerona, incluso el P. Villanueva, han suprimido la z del nombre Flaginiz, olvidando precisamente la terminación del apellido castellf.no, que es lo que más le naturaliza. El apellido Flaginiz existía dentro la demarcación de la Iglesia de Oviedo, en el siglo IX, y así consta en un cartulario que posee aquella iglesia, en cuya escritura registrada á que me refiero consta que las familias de Veremundo Ectaz, Juan Flaginiz y Martin Vellitiz eran pecadores (i). Vemos por este documento que el apellido Flaginiz existía ya un siglo antes (i) M-.:ñoz y Romero ( D . Toma?) Fueros municipales y cartas-pueblas, pág. 124. Soc d e la fecha del códice, y que pertenecía á una familia prole- taria. E n los siglos X y X I aparece ya el apellido Flaginiz en esfera de !a milicia ó tal vez de la nobleza ; y en la confirma- ción de los fueros de Brañosera, hecha en el año 912, se lee entre los confirmantes la firma de Lain Flaginiz (1). Por último, en una escritura del siglo XI publicada por el P . Yepes, hallamos que en la donación en que los Reyes Don Fernando I y Doña Sancha disponen la restitución de tierras á la Iglesia de Oviedo, en 1036, figura entre los testigos el Conde Flaginiz Fredinandiz, que fué á no dudar el hijo del Fernando Flaginiz que puso sitio á Toledo en 975, mediando entre ambas fechas la diferencia de 61 años. Respecto á la trasposición de los nombres debemos recor- dar que en los antiguos reinos de Castilla, León, Galicia y Navarra era esta costumbre usada y corriente entre padres é hijos, y son varios los ejemplos en los siglos IX y X. Asi su- cede en Navarra con García Iñiguez y sus hijos Fortun Gar- cía y Sancho García y Ximeno García, y también Iñigo Aris- ta y García Iñiguez, su hijo. L o mismo sucede en el siglo X con Sancho García y García Sanchiz, cuyos reinados de 966 el primero, y de 993 el segundo entran dentro el año en que se escribió el códice, en cuya época estaba en boga en el N . O. de España la trasposición del nombre, demostrando por consiguiente la sucesión del conde Flaginiz Fredinandiz á su padre Fredenando Flaginiz. PARTE SEGUNDA Dejemos ya, señores, el recuerdo de las primeras faces de la sociedad cristiana en el siglo V I al fundar S. Toribio el Mo- nasterio de Liébana, punto en donde hemos dicho inició dos siglos más tarde el monje Beato la escuela de la caligrafía visigoda y de la pintura bizantina, y pasemos á Cataluña. Ya hemos visto en el transcurso de esta reseña las relacio- nes fraternales de aquellos obispos con los de nuestro antiguo (1) Autor y obra mencionados, pág. 16. 5io reino, y no hay que esforzarse en probar que el' movimiento bibliográfico fué el mismo y que las obras que se escribían en los monasterios de Asturias y León''eran las que transcribían los cenobitas en Cataluña. Los préstamos de libros de unos á otros, como indicamos antes, fué una de las causas de las relaciones continuas de aquellos obispos y abades. Leemos en la «. España Sagrada» que en la corresponden- cia de Braulio de Zaragoza á Emiliano de Tarragona éste contesta á aquel que no puede proporcionarle los «Comenta- rios de Apringius sobre el Apocalipsis» porque no se contaba entre las obras de su biblioteca. El obispo de Barcelona Quirico solicitó de S. Ildefonso de Toledo una exposición mística del Antiguo Testamento, y á fuerza de ruegos pudo obtener de Tajón, sucesor de Braulio durante el sitio de Zaragoza, el préstamo de su manuscrito recientemente terminado del libro dé las «Sentencias» en don- de se hallan reasumidas las doctrinas de S. Gregorio. En To- ledo S. Julián escribió su demostración de la sexta edad por orden de Ervigio, y su Prognosticon para Idalio, obispo de Barcelona, y habiendo llegado á oidos de Seniofredo, Metro- politano de la Galia Narbonense, le pide se la facilite. Pero de todo aquel acopio de obras sólo queda el recuer- do, y Cataluña, al sufrir la invasión árabe, perdió todos los te- soros que había adquirido y con estos los pocos libros que se habían copiado. Resulta de todo esto que el renacimiento civilizador no se inició en Cataluña hasta el reinado de Cario Magno, en cu- ya época el influjo del irlandés Alcuino, consejero del Empe- rador, trasportó á Francia la enseñanza de la caligrafía, cuyo arte cultivó y protegió, induciendo con su ejemplo y consejos á que el Emperador dictara las Ordenanzas de los años 788, 789 y 805, que fueron todas encaminadas á la buena correc- ción de los antiguos textos, a l a copia de obras escogidas. Con las conquistas de Cario Magno vino, pues, la civilización literaria á Cataluña, y la influencia francesa superó en esta parte de España, absorbiéndola nuestros Condes en calidad d e feudatarios de los reyes Francos. 5«i No busquemos más allá de la época de Cario Magno có- dice alguno en Cataluña, pues los pocos que en aquel tiempo existieron sólo se conocen de nombre, como sucede con el mencionado del Monasterio de Ripoll y la Biblia del de Poblet, cuyos ejemplares son conocidos por reseñas anti- guas. E n el siglo X ya el renacimiento bibliográfico torea incre- mento, y las bibliotecas monásticas catalanas comienzan sus primeras colecciones; debióse este impulso á la ilustración de nuestros obispos y abades, quienes no sólo empleaban el tiem- po en copias y transcripciones de libros santos, sino también en trabajos históricos, jurídicos y geográficos, como lo prue- ban las colecciones canónicas y el códice conciliar que exis- ten en la Catedral de Gerona y de las que nos dan noticia los autores de la «España Sagrada» y el P. Villanueva. A fin de concretar este estudio y ver la marcha progresi- va de las Bibliotecas de España, y de consiguiente de la con- fección de los códices, nos fijaremos en la historia del Monas- terio de Ripoll, q u e , á mi modo de ver, fué el que inició el movimiento científico en Cataluña. El célebre monasterio de Santa María de Ripoll, fundado en el año 888 por el conde de Barcelona Vifredo el Velloso, fué el emporio y cuna de las letras catalanas y en él florecie- ron en el siglo X Widisclo, Seniofredo y Oliva, que murió á mediados del siguiente. Este último fué el que más se distinguió en su prelacia y á él se deben los monumentos varios que se hicieron. En ca- lidad de obispo de Vich presidió algunos concilios y erigió varias iglesias, y por último reedificó el monasterio en 1032, en cuyo año se consagró. Dejó este sabio y celoso Obispo en la época de su muerte al Monasterio de Ripoll en gran auge, y su biblioteca con alguna existencia de libros. Según el antes mencionado autor Enguren, la biblioteca de Ripoll en 979 constaba de 66 códices que dejó Widisclo, que ascendió Seniofredo á 121, y que se aumentó hasta 192 en la época de Oliva; así consta esta última suma en el inven- tario practicado en 1047 con posterioridad á su muerte. R e - 512 sultà del estudio de este inventario que el abad Oliva adqui- rió 71 códices. Algunos de los códices de Ripoll existen en el Archivo •de la Corona de Aragón, y los restantes se perdieron en el in- •cendio de aquel monasterio en 1835. Los salvados ascienden á 230, ,y su existencia ó fondos demuestran la escala gradual •del aumento de la biblioteca antigua de Ripoll. Del examen practicado de los códices que se conservan, encuentro 8 dudo- sos del siglo X, 7 del XI, 6 del XII, 24 del XIII, 123 del XIV, 5 5 del X V y 7 dudosos. D e este número, si sacamos los 8 del siglo X y sumamos los restantes con los 192 que dejó Oliva •en el inventario de 1047, resulta que la Biblioteca de Ripoll al terminar el siglo X V debía contar con un fondo de 414 có- dices, más los 129 que fueron consumidos por las llamas en -el año 1835, lo que asciende á la cantidad de 543- De este estudio y de otros comparativos que podríamos enumerar, resulta que á últimos del siglo XIII se inició en Ca- taluña la afición á la bibliografía y á los estudios literarios, debidos en gran parte á los poetas provenzales que vinieron á nuestro suelo á cultivar la literatura, que llegó á su apogeo en el siglo X I V y en particular en el reinado de Juan I de Ara- gón y su esposa Violante de Bar. L a universidad de Lérida, fundada por Jaime II en 1300, había contribuido en gran parte, así como la afición decidida -que este monarca manifestó siempre á todo lo concerniente á los estudios científicos y á las bellas artes. A fin de tener bien organizada la Cancillería, nombró el personal necesario y agregó á ella en 1291 al judío Abrahim A b o n a m i e s e n calidad de escribiente encargado de la correspondencia árabe. Registra su reinado la afición de este monarca por las ciencias, la adquisición de las obras de Ramón Lulio De pro- verbis y Filosofia amoris, así como la de Constituciones sobre esclavitud, juegos y derechos eclesiásticos que Arnaldo de Vilanova había hecho para Federico III de Sicilia y que éste había cuidado de dar á conocer. Poseyó también por dádiva de P. de Queraltó el códice Canonnm et Copularían (1) que (1) Registro mím. oo, f. 171, 513 había pertenecido á su antecesor Alfonso II, y se hizo traer de Paris un magnífico libro de horas. (Durante su reinado figuran como pintores en 1296 un tal Sánchez, vecino de Za- ragoza, y Bernardo Pou en 1313 en Barcelona: Como maestro de obras en 1322 figura Bertran Riquer, y como escultor de imágenes Francisco de Montflorit.) Iniciado.el movimiento científico y literario, los sucesores de la Corona de Aragón fueron dando impulso desarrollándo- se la afición á la bibliografía en el reinado del autor de las Or- denaciones de la ca-a de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, á quien podemos llamar el poeta satírico por las poesías que dedicó á su hijo cuando su casamiento en 1378. En su reinado la bibliografía toma un incremento extraor- dinario y se debe en parte al empleo del papel para la trans- cripción de los manuscritos, especialmente los de ciencias, historia, poesía, etc., pues los de carácter sagrado se escri- bieron en pergamino á fin de poderlos iluminar fácilmente. La afición de D. Pedro á los libros la manifiesta precisa - mente en la protección y adquisición de una crónica en verso sobre su vida, cuyo autor fué su capellán Sancho Martin en 1344(1). La historia fué el ramo que cultivó más este monarca: en 1348 adquiere el Libro de las Crónicas, que poseía Antonio Descalell; en 1359 devuelve á los monjes del monasterio de Poblet la obra Coronicas golorum, que le habían prestado aquellos monjes y que envió por su capellán Francis Albi- nyana. E n 1365 adquiere «Las Siete Partidas» llamadas entonces las Lejs de España, y en 1375 consta que poseía la Crónica de los Reyes de Sicilia y que reclamaba un libro de teología conocido por Diccionari. Por último, en 1384 manda copiar en pergamino y con escritura redonda y elegante IF.S Ordena- ciones de la Casa Real, que regaló al monarca de Castilla. Su hijo y sucesor Juan I, antes duque de Gerona, heredó de éste la afición á las letras, que supo cultivar ayudado de (1) Legajo de Cartas Realos año id. Archivo Corona de Aragón. 33 los consejos y lecciones de su ayo Bernardo de Cabrera. L a poesía, la música, los libros y la caza fueron su pasión favorita, á la que coadyuvó su tercera esposa Doña Violante, hija del Duque de Bar y de la princesa María, hermana de Carlos V I de Francia. El parentesco próximo de esta ilustre princesa con el rey de Francia y los hermanos de éste, los duques de Berry y de Borgoña, explican la influencia que entonces se manifestó en Cataluña por los libros franceses, cuya ornamentación fué imitada por los miniaturistas de la Corona de Aragón por influjo de sus protectores D. Juan y Doña Violante (i). A más de los libros que di á conocer en un artículo sobre Juan I como bibliófilo, añadiré hoy los si- guientes: E n 1340 adquirió un Tito Livio escrito en papel y en dialecto siciliano. E n 1374 el Libro de Troya traducido del latin al romance: en 1377 lo Palladí: en 1378 el libro de Frare Odadich: en 1380 su esposa Violante escribe al conde de Foix acusándole recibo del libro Guillem de Maixant. E n 1383 encarga D . Juan las siguientes obras: Godo/redo de Billa, el libro de Merli, el del Condestable., las Crónicas de Bretaña, Guron Lo Cortés, Los hechos de Aragón (en letra gótica) y el libro Dialogorum que tenía el Prior de Mont- serrat. En 1384 regala á su yerno el conde de Foix el libro Marco Polo, y al siguiente adquiere el libro Le Mecliaud y el Paparí, el Justino, el Tragó Pompeo (filósofo griego), el libro Cigonia (de Cigo obispo) y el libro francés DlEximplis. Poseía también D. Juan libros ornamentados de gran pre- cio, como el Libro de casa, escrito por el Conde de Foix, de cuyo ejemplar mandó sacar una copia iluminada en 1389, y otra que había pertenecido á su segunda esposa Doña Mata titulado, Lo Breviari de Amor, cuyo autor, Armengol de Be- ziers, fué uno de los mejores poetas provenzales del siglo XIII. (Este ejemplar estaba escrito en vitela eystoriat daur. Adquie- re también Lo Purgatori de Sant Patrici, de Mandrevila, Vi- gencias de re militari, y por último la obra Profecías de la Casa de Aragón compiladas por P. Lena, Paborde de Menor- (1) Véase mi artículo sobre J u a n de Berry. sis ca, y en 1396, año de su muerte, adquirió la Biblioteca del Maestre de Rodas, entre cuyos libros había las Obras de Tito Livio y Plutarco, y las Crónicas de España, de Grecia, deis Emperadors y las Historias de Grecia, en tres volúmenes. La ornamentación de los libros en Cataluña siguió la es- cuela francesa, cuyos iluminadores influyeron de una manera muy directa sobre los pocos que aquí cultivaron este a r t e ; pruébalo el mismo rey en 1388, en cuyo año manda venir de París el pintor iluminador Jaco Tuno. En este reinado se distinguen el iluminador Mestre Gre- gori, que pintó un libro de horas para D.a Violante, y como pintor de retablos un ermitaño del Monasterio de Montserrat apellidado Antonio Verius. Vemos, pues, que la biblioteca de Juan I, cuando su falle- cimiento, constaba de infinidad de obras referentes á todas las ciencias, abundando las de historia, filosofía, derecho, re- ligión, geografía, astronomía y nigromancia, así como algu- nas obras escritas en hebreo, griego y árabe. La iluminación en Cataluña durante los últimos reinados no forma escuela, y es de presumir que los pocos que se de- dicaban á este arte tomaron por modelo las obras recibidas * de Francia, las que imitaron. Así lo confirman los códices que se conservan en. el Archivo de la Corona de Aragón y en otros establecimientos. La influencia francesa comenzó á decaer después del rei- nado de Juan I, y á principios del siglo X V la escuela italia- na comienza á introducirse en la Corona de Aragón, en cuyas capitales como Valencia, Zaragoza y Barcelona se cuentan ya algunos iluminadores. El primer libro adquirido en Italia lo fué por el Infante D. Martin durante su permanencia en aquel país. Este famoso guerrero y desgraciado príncipe en 1393 compró al mercader de Florencia Leonardo de Dini un ejemplar de la Biblia en pergamino por la cantidad de 450 salmas de trigo; y en 1403 el capellán del rey D. Martin, llamado Juan de Casanova, copiaba para el Príncipe un her- moso misal. Este calígrafo-iluminador habitaba en Zaragoza, según la carta que el R e y escribió en el año mencionado al 5i<5 arzobispo de aquella, ciudad, en la que le encarga entregue los cuadernos á Juan de Casanova para que le copie las dos partes del libro de Séneca, así como requiere al Arzobispo que h a g a ir á su lado al iluminador francés Johanin, que á instancias de un bretón se había marchado de Barcelona. Por la correspondencia del mismo rey sabemos que en aquel año (1403) figura como aprendiz iluminador Mateo Calde- rons, y así lo manifiesta el R e y en la carta que dirige al en- cuadernador Juan dez Plá. Conocida fué la afición que el rey D . Martin tuvo por los libros, así como sabemos las obras de que constaba su biblio- teca, que era numerosísima é importante. E n su reinado se consigna la traducción de una Biblia en papel, escrita en len- gua catalana, libro que adquirió en 1398; y entre los objetos que heredó en 1409 de la infanta Juana, condesa de Foix, consta un libre en pergami scrit en calhala en que son les Epístoles de Ovidi arromençades. Es cubert de posts de cuyr negre. E n 1402 la princesa D . a María compra al corredor de libros de Valencia Gabriel Moliner un misal por el precio de treinta y dos florines de oro, que regala esta princesa á los frailes menores del monasterio de Murviedro. E l ejemplo de« Juan I y Violante y del rey D. Martin fué imitado por prin- cipes y magnates, y no debemos olvidar al infortunado Carlos de Viana, que poseía infinidad de manuscritos según consta en el inventario de sus bienes (1) y también la colección que poseía el duque de Calabria D . Fernando de Aragón. E n el siglo X V son frecuentes estos ejemplos. Pedro de Viure, consejero del rey de Aragón, en carta dotal del año 1403 inserta una lista de los códices aportados en dote por la noble D. a Constanza de Anglesola, hija del barón de Cabre- ra, cuyo catálogo y los anteriores mencionados nos dan cono- cimiento de las obras que entonces formaban las bibliotecas. L o s seis años del reinado de Fernando I no dan gran nú- (1) Colección ríe Documentos inéditos del Archivo general de la Corona de Aragón.— Documentos relativos al príncipe de Viana, tom. 26. 5i7 mero de noticias; pero á pesar de los azarosos dias que pasó en Cataluña y de su quebrantada salud, se refiere la reclama- ción que hizo en 1413 de los libros de la Capilla Real que po- seía su tia D . a Margarita, y en cuyo año mandó construir tres imágenes al escultor maestro Bernat. Su hijo y sucesor Alfon- so V, vencedor en Italia, aportó de aquel país la afición á las artes, y sus continuos viajes fueron una de las causas que más contribuyeron á que nuestros miniaturistas adoptaran aquella escuela. Inició el rey Alfonso sus primeras aficiones con la ad- quisición de las Siete Partidas, cuya colección había encarga- do al ilustrado Juan Mercader, Baile de Valencia, quien en 1416 escribe al Secretario del Rey, Pablo Nicolás, avisándole que estaban ya terminadas. Los pedidos de obras hechas por Alfonso desde Italia son muchas; una de las mas importantes fué la que hizo al Lugarteniente del Baile general de Aragón García ^e Urrea, á quien en 1455 le envía desde Ñapóles á su librero mayor el Canónigo de Valencia Jaime Torres para la adquisición de las siguientes: Nicolaus de Liria, super Bi- bliam;—Qüestiones Nicolai de Liria de adventu messie.—Mi- lle loquium veritatum Augustini per Alphabetum: sunt duo vo- lumina magna. —Deductorium morale Jacobi magni: sunt duo volumina magna.—Primus secundus tertius et quartus Scoti, super sentencias. — Quolibeta Scoti.—Collaciones Scoti.— Historie scolastice.—Marmotretum. —Itinerarium Clementis cum epistolis suis.—Pastorale Dambrosii.—Addiciones ad Nicolaum de Liria, editas á magistro Paulo de Santa María episcopo de Burgos: sunt due partes.—Matiale Alexandrí de Ales.—Bernardus super cántica.—Bruno super pentateucum. — D e auctoritate conciliorum secundum greces.—Quolibeta Enrici de Gaudano.—Enricus de Alamania super libros eti- corum.—Enricus de Bacén, de universo.—Petrus de Alvemia super libros meteorum.—Policcaton alias Joannes Carnotencis Episcopus.—De principatu secundum Franciscum de Mairo- nis. — Conflatus Francici de Maironis cum tribus suis libris se- quentivus super sentencias. — Sermones Francici de Mai- ronis. Basta el catálogo de las obras pedidas por el Rey para 5i8 conocer su ilustración y la pasión que tuvo por el estudio; su correspondencia nos demuestra de igual modo que sus conoci- mientos bibliográficos no tenían nada de vulgares; allí donde sabía existía un libro se lo procuraba, y no perdonaba medio para adquirirlo; y si no podía lograrlo, mandaba copiarlo inme- diatamente. Habiendo llegado á su noticia que el Rector de la parroquia de Santa Catalina de Valencia, llamado Miguel del Miracle, poseía el Licomen sobre lo Salteri, escribe desde Ñapóles para que se lo copien en pergamino y se lo remitan. E l citado Baile de Valencia y su librero Jaime Torres eran los encargados de buscar, comprar y mandar copiar las obras que deseaba; no regateaba ni tenía reparo en la com- pra. E n 1455 adquiere por conducto de este último un Nicolás de Liria por el precio de 550 florines y un Policatron por 40. E n otra ocasión compra por igual cantidad un ejemplar Vitis palrum que estaba escrito é historiado. Sus aficiones particulares le llevaron siempre al trato de los hombres de letras y á los aficionados á libros, á quienes protegía con libe- ralidad colmándolos de honores. E n 1458 habiendo vacado una canongía por muerte de Narciso de Sent Dionis, escribe al Cabildo de Barcelona proponiendo á su librero mayor, que lo era entonces el barcelonés Gaspar Peyró. Como la ilustración de Alfonso era sólida y nada superfi- cial, buscaba siempre los libros para el estudio, no por manía como el bibliómano. Esto explica los pocos pedidos de obras de lujo. Adquirió sin embargo la obra sobre Montería que había pertenecido al montero Fernando de Almazán, cuyo códice estaba guarnecido de oro: y también encargó la ilumi- nación de un Libro de horas, cuyo trabajo estaba encomenda- do al cardenal de Sant Sist y cuyo códice se iluminó en Va- lencia. L a influencia francesa é italiana en el arte de iluminar siguió aproximadamente los mismos pasos en las demás pro- vincias españolas, quedando este arte como privilegio de la escuela sevillana. Son modelos de las obras iluminadas en Cataluña algunas de la Biblioteca de Ripoll, Poblet y San Cugat, archivo del 519 Municipio de Barcelona, etc.; y de las de Italia y Castilla algu- nos de los ejemplares del Escorial, etc. La muerte de D. Alfonso en 1458, la introducción de la imprenta y otras causas, fueron ocasión de que la miniatura degenerara en Cataluña, quedando casi extinguida en el si- glo XVI, en cuya época se halla sin embargo algun modelo, como es el rico Misal de la Capilla de San Jorge y el ejem- plar de las Constituciones de Cataluña, cuyas dos obras, im- presas y grabadas sobre pergamino, é iluminadas sobre el grabado, son dos bellas muestras de los últimos destellos de la iluminación en Cataluña. I N S T A L A C I Ó N D E LA R E A L CASA I . ° Códice en francés de principios del siglo X V titulado Juvencel, de autor desconocido, escrito é iluminado en vitela, con objeto, según dice el texto, o de dar valor y osadía á la juventud dedicada al ejercicio de las armas.» Pertenece á la Biblioteca del Escorial. Consta de 246 fols. El fol. 1.0 representa al Soberano revistando el ejército en formación de batalla, y la orla adornada de follaje sobre fondo blanco. El primer fol. orlado de flores, y en la parte inferior un ele- fante que lleva un mono por ginete: la letra inicial C adornada de ramaje. Cy comance la iable de ce present livre apelle le iouvencel nonvellament fait et compile par un discret et hono- rable chevallier pour introduiré et dontier couratge et liarde- ment à tous jeunes hommes qui onl desir et voulonte de suivire le noble stille et exercice des armes, etc. Sigue el índice de los caps, que contiene el libro, que termina en el fol. 5. E n este mismo fol. verso comienza la explanación de la obra. La orla de la hoja está cubierta de ramaje, en la que cam- pean un niño montando un oso, un pavo real sobre un perro, y una dama con una gaita bajo el brazo; la miniatura ocupa la mitad de la página, y representa el ejército dirigiéndose á una plaza de armas; en primer término está pintado un grupo de soldados escoltando á su jefe; el fondo de la ciudad de un 520 tinté celeste hermosísimo, y el color del cielo aparentando el sol en su ocaso. Sigue el códice, orlado en su mayor parte, y á intervalos las orlas ocupan parte de márgenes, ya los ángu- los, ya los laterales. La - miniatura del fol. 23 figura la entrada del ejército en una plaza ó castillo; está orlada la página con elegancia y ri- queza, y entre las flores campea una mujer desnuda, cuya par- t e superior asoma de la cascara de un caracol; está represen- tada tocando la flauta y el timbal; en la orla inferior dos ani- males fabulosos montados por un niño y por un mono. El fol. 56 representa el sitio de una fortaleza. El fol. 108 verso tiene la miniatura de mayor tamaño y representa un estrado que ocupa el señor del castillo, rodea- do de caballeros; un guerrero de rodillas presenta un docu- mento. El fol. 155 representa un combate de tropas de á pié, cer- ca de una ciudad; los dos ejércitos llevan los estandartes con el signo de la cruz, pero trocados los colores. El fol. 185 recto representa á los reyes rodeados de su corte, de pié, recibiendo de un caballero una escritura con un sello de oro pendiente, que entrega arrodillado. El fondo re- presenta un puerto en el acto de embarcarse las tropas. E n el fol. 202 verso se representa un torneo presidido por los príncipes, que ocupan un trono de lises; los heraldos con las trompetas dan la señal, y un caballero sale al campo lle- vando en ristre la lanza. El fol. 203 recto, de composición muy semejante, figura un combate de peones; el Rey preside sólo, las damas y ca- balleros en las tribunas, los heraldos en segundo término. E n el fol. 203 figura, al parecer, el autor escribiendo la obra; lleva traje talar, sobre sus rodillas descansan varios pa- peles, y el personaje sentado está en ademan de escribir, mientras otros tres están conversando á un lado. E n el último fol. se lee: Le iouvencelfut lieutenant du conte Dumanie et du duc Dalençon quelquefoiz. Et pource est il dit en son liure quil estoit lieutenant du conte de Parvanchietçespource que ccs.seigneurs le laissorent enleur Heu. Et pour mieuvdes- 521 gidser tons iours scellui liure on les apelle tous le conte de Par- vanchieres. Anssi de la part des Angloys z'l est entendu pour tous lieutenants du Roy Dangleterrc, le duc Baudovin dit le duc Dat. Or le duc de Bethfort et le conte Darondelpour' le conte Derche. II faullit de la compagine du Jovencel mon maistre plusieurs gens de bien qui se firent grans gens. Et en- tre les mitres Messir Anthoine de Campagne Jouachim Ro- vault qui depuis a este Marcschal de France Jean de Breze messire Regne de la Jumeliere. Et mesmement Messire Pierre de Breze qui depuis a este gran Senescal de Normandie et plusieurs altres. El pource que jay en mon entendement sceu la verite des dioses je les ay mises le plus au brayque jay peu grossement sans plus les declarer. Et soyes seurs quil nya point de faulte en ce que jay ey devanl escript. Et sil nest si bien mis et si aulong comme il appartien. Je suplie aux lisans quil leur plaisse ma pardonner. E n la parte inferior del fol. último, en letra cursiva espa- ñola y en carácter de nota, expresa: Este libro dio al Rey N. Señor D. Alvaro de Zkñiga año I$J3 su gentil hombre de la Cámara. 2.0 Salterio de la orden monástica de San Agustín, del siglo XIII, códice en vitela folio menor prolongado (fols. 178). Comienza: Sancti Andree apostoli letanía. D e los folios 3 al 7 trata de la vida de la Virgen y de Cristo, y consta de 1 5 miniaturas. Sigue una lista de santos, con capitales y meda- llones circulares en la parte inferior con los signos del zodíaco y otros, y consta del folio 7 al 13 de 24 medallones. Los fo- lios 13 y 14 representan la Pasión de J. C. en miniaturas. Comienza el salterio en su folio 15. La página, como todo el libro, está orlado ricamente de follaje y lleva intercalados cinco escudos: el i.° de fondo ó campo azur, con lises y un león rampante de plata; el 2.0 campo de oro y un león negro, coronado y rampante; el 3 . 0 como el anterior, pero con fondo plata; el 4 . 0 cinco bandas negras sobre campo plata, y el 5. 0 tres rosas de oro sobre campo de ramaje azur. Los dos últimos ocupan la parte inferior de la página; en la parte superior, en letras de oro, dice : Beatus viro nomine etc., y la inicial E? 522 encierra la figura de David tocando el arpa. En el folio 63 la D inicial encuadra un fondo de oro sobre el cual está pintado un diablo en traje de bufón y empuñando el cetro; la página ricamente orlada, y en la parte inferior dos de los escudos antes mencionados, el de las tres rosas sobre campo de azur y el de las cinco bandas negras sobre plata. En el folio 75 se repite la pintura de los dos blasones, prueba evidente de la procedencia de su antiguo propietario; la inicial S ricamente adornada: un hombre se halla suspendi- do de aquella, los pies de la figura sobre la superficie del mar de donde sale un delfín en ademan de morderle un pié. El folio 92 verso orlado y con los dos escudos, y la letra ini- cial E con fondo de oro representa á David, con martillos en ambas manos y tocando con ellos tres campanas suspendidas. E n el folio 36 están repetidos los c-cudos y la inicial D con una figura de Reina en ademan de suplicar al cielo. Termina el libro: Explícit psalterium ordinis Sancti Augustini. La encuademación es de piel encarnada, y en una cara lleva el escudo del Escorial. 3.0 Virgilio, códice florentino del siglo X V . Pertenece á la biblioteca del Escorial. Este códice de fina vitela consta de 281 folios, ejemplar bellísimo y rico en todos conceptos y el mejor monumento dedicado á la memoria del insigne poeta. Comienza la primera página con la égloga á Titio y la miniatura representa un pastor sentado á la sombra de un árbol, tocando la gaita y con el perro á sus pies; está á su lado otro pastor, de pié, cuidando del ganado. La inicial T del primer verso de la égloga Titire tu patule recubans sub tegmine fagi, está adornado con dos culebras enroscadas, y unos niños tocando el cuerno. L a orla de ramaje y flores con figuras de niños desnudos y animales; en la parte inferior cen- tral de la orla, dentro un medallón circular formado por dos cuernos de la abundancia que sostienen dos niños desnudos, un escudo cuartelado con las cuatro barras ó palos repetidos como el otro cuartel compuesto de bandas, lises y cruces, que suponemos es de la casa de Anjou. Sobre la corona del escu- do está suportada una cabeza de ángel. 523 Sigue adornado con 10 miniaturas hasta el folio 17, en el que se vé la misma clase de adorno que en la primera tabla ó cuadro, cuya disposición se asemeja; se refiere esta al libro primero de las Geórgicas: Quid faciat latas etc. La inicial adornada con la figura de un hombre cavando, y el cuadro ó tabla que figura la siembra está representado por una yunta de bueyes que labran guiados por un campesino, mientras otro está echando la semilla á la tierra. La tabla siguiente folio 41 representa la cria de abejas, y las cajas para la cria, cuyas formas son horizontales. E n su folio 53 comienza la Eneida, cuyos cuatro primeros renglones ocupan el espacio entre el cuadro que forma la lá- mina y la inicial A. La composición representa un ejército saliendo de una plaza, en formación de batalla. La inicial A , también historiada, representa al autor escribiendo mientras un ángel le inspira; en su primer término se representa á un guerrero en ademan de tomar ó dejar el escudo; la escena re- presanta el interior de un castillo, y comienza el libro primero: « Arma virnmque cano, etc.; en la parte inferior de la orla se repite el blasón antes mencionado. 4. 0 Libro de horas de la reina Isabel la Católica, escrito é iluminado en vitela; mide centímetros 20 por 14, cuyos fols. ascienden á 500. Este riquísimo códice comienza con un calendario que termina en el folio 10. E n el 11 la página está toda orlada de flores, figuras, pájaros é insectos y todo de exquisito gusto; en la parte inferior central está pintado el escudo de España, antes de la conquista de Granada, cuyas armas llevan dos ángeles por tenantes; á los extremos de la orla están pintadas las dos haces, atributo parlante de los Reyes Católicos. El escudo representa á Castilla y León, y Aragón y Sicilia: estos son sus cuarteles; por timbre ostenta la corona condal. L a inicial de la página hermosamente pintada y adornada de flores. En el folio 23 verso, en su parte inferior, figura el escu- do de Castilla y León. L a miniatura, como todas las que siguen después, están historiadas en la inicial y comienza la primera con la Anunciación á los pastores. 524 Este riquísimo códice presenta una particularidad que de- be tenerse en cuenta para sacar la fecha de su ejecución. E n el folio 37 verso, en cuya parte inferior se repite el escudo de León y Castilla, la orla en sus extremos ó ángulos ostenta los haces y junto al escudo varias, ramas de granado llenas de fruto. En el folio 68 se pinta la inicial Y de Isabel, con una corona sobrepuesta, y en otra las iniciales I S enlazadas en monograma. L a composición del folio 205 verso representa la Calcifi- cación del Señor, y ocupa toda la hoja á excepción de la orla. En igual forma se representan los demás cuadros, como la Resurrección en el folio 211, etc. Aquí empieza el códice á ostentar arabescos en sus orlas, y en una de estas en que campean varias ramas de granado se lee en su fondo: Ale- luya. Este folio y la particularidad del adorno de l?.s granadas en su folio 37 verso parecen acusar el convencimiento de que el códice fué comenzado antes de la toma de Granada y ter- minado después de esta. En el folio 228 se repite la inicial monogramática, que lleva sobrepuesta una corona con tres ínfulas ó listas franjadas pendientes del círculo, y en el folio 233 verso se repite el escudo de León y Castilla, que está dentro un medallón circular con la leyenda: Helisabet Regina Castelle et Legionis, títulos que se repiten en el folio 252, así como se repite el escudo con el Signum Regirte Hispaniarum Helisabet. En otro escudo de folio 361 tras de la corona aso- ma surmontada un águila de perfil, llevando á su alrededor el adorno de las granadas. L a representación de las granadas, que se halla después del folio 37 mencionado, se representa también entre dos ángeles que están en la parte superior de aquel folio y que sostienen la leyenda Jesús vocabit eum. Todos los 500 folios del códice están orlados é iluminados con magnificencia, y es una de las joyas más preciosas de la monarquía española. 5. 0 Breviario del emperador Carlos V. Códice en vitela iluminado estilo del renacimiento, con el retrato, escudo de armas y emblemas propios de aquel monarca. Pertenece á la 525 Biblioteca del Escorial, y es un hermoso ejemplar en vitela, de carácter itálico, constando de 240 folios. A Nativitate ttsque octavam EpipJianie. Comienza con una tabla que expresas los oficios que con- tiene el libro, como el de la Natividad, de S. Esteban, de Ino- centes, etc. La primera tabla representa la adoración de los pastores: el folio orlado ricamente, y en la parte superior la figura de David y otra; en la parte inferior se l e e : Adoremus. Cliristus natus estnobis venite. Dentro de un círculo en forma de meda- llón, está pintado el retrato del Emperador, cuya corona impe- rial posa sobre la mesa. Esta riquísima y perfecta miniatura da un valor extraordinario al códice y le coloca en el número de los primeros de este género. El segundo fol., orlado con profusión, ostenta cuatro meda- llones con santos, y en la parte inferior se representa el escu- do de España con las águilas del Imperio. La letra capital D representa un ángel anunciando á los pastores el nacimiento de Dios, quienes celebran la nueva con bailes mientras otros tocan el timbal. El fol. 6 está también orlado, pero sólo en los márgenes; vense con profusión entre el oro y las flores mari- posas y otra variedad de insectos. Con igual riqueza está orla- do el fol. 10, en cuya miniatura se representa sobre un verde prado al rey David de rodillas, y junto á él y en el suelo la corona y el arpa; en el espacio celeste la imagen de Jesús. Ad missam maiorem officium fol. 52 vuelto: orla fondo oro, flores, pájaros, insectos. La miniatura representa el niño Jesús desnudo llevando la cruz ; está colocado en un almohadón encarnado sobre un fondo de verde prado. Fol. 72. Orla fon- do morado, ramaje oro y flores; la miniatura el martirio de S. Esteban. Fol. 112 verso, margen orlado, campea la corona del Imperio y la leyenda Plus Ultra. Fol. 136 Sacerdotes lui Domine. Orla encarnada, cinco medallones azules, ramaje, grifones soportes sosteniendo un medallón en el que están las columnas con el plus ultra todo en la parte inferior. La mi- 526 niatura representa al Sumo Pontífice. Fol. 146 orla fondo azul, oro, ramaje y margaritas; en su parte inferior las armas de Castilla y León y las águilas del Imperio. L a inicial histo- riada y representando la Circuncisión; ocupan el cuadro las figuras de la Virgen y el niño, dos sacerdotes y S. José. Officium Laudans invocalio Dominum. — Missa pro victo- ria adgratiarum actiones. Orla fondo oro, flores de granado, y granadas enteras y partidas; y en la parte inferior, dentro un medallón circular formado de corona verde, una granada de mayor tamaño. La miniatura representa al rey vencedor (Fernando el Católico) vestido con armadura y manto, y mon- tado sobre un caballo blanco. L a acción se refiere al acto de recibir las llaves de la plaza de Granada que le entrega el caudillo moro, que se halla de rodillas y á su lado dos solda- dos moros. Detrás de la figura del rey Fernando se ven va- rios soldados peones. Fol. 183 vuelto, Orla fondo azul y oro, la parte superior con el plus tdtra y la inferior el escudo de Aus- tria dentro de un rosetón adornado con el Toisón, y cuyo adorno sostienen dos ángeles. Esta miniatura lleva á su lado dos palos cruzados, de cuyo cruce pende un eslabón de plata. L a miniatura, de tamaño mayor que las anteriores, representa la adoración de los Reyes Magos. Fol. 184. In epiphania repre- senta el bautismo de Jesús en el Jordán junto á S. Juan, y la paloma en el espacio. Ocupa esta miniatura la parte interior de la D, y en la parte inferior dentro de un medallón se repre- senta la cena. L a orla, entre el ramaje, ostenta la corona del imperio que sostienen ángeles. Fol. 193. Orla fondo azul, ra- maje oro, medallones ovalados; en el centro interior se repre- senta la Justicia dentro un medallón circular, y los anteriores ovalados distintas figuras. L a miniatura representa el niño Je- sús con el mundo y cruz. Fol. 221. Regreso de los Reyes Magos. A missam maiorem officium; la orla, que es de fondo morado, está adornada con medallones grises representando á Jonás, Adán, David y Daniel; en la parte inferior termina el códice con la representación de dos ángeles que sostienen la corona del Imperio. Encuademación tafilete marrón, con el escudo del Escorial. 527 6.° Breviario del Rey Felpe II. Códice en fol. en vitela, ricamente iluminado á fines del siglo XVI. Contiene diez y ocho láminas representando pasajes de la vida del Señor, y cuarenta páginas orladas con singular gusto y delicadeza. E s obra de fray Andrés de León. L a encuademación es de ter- ciopelo carmesí con cantoneras, escudo y cierres de plata dorada y cincelada. Este excelente códice de escuela española está sin foliar; comienza con el calendario, al que sigue la primera tabla ó cuadro que llena todo el folio, representa el busto del Reden- tor que asoma en un ventanal, llevando en la mano izquierda el mundo mientras da la bendición con la derecha; debajo de este cuadro, y dentro un medallón circular, se halla represen- tada la Virgen con el niño Jesús y S-. Juan, todo dentro de una hornacina; la Virgen se representa sentada: sobre su ca- beza se lee Charitas, y más abajo Tria hech maiorum est charitas, y sigue: Capitula et oratione totius a/mi: adornan los laterales del cuadro dos figuras del tamaño de la mitad de la página, que representan la F é y la Esperanza; remata la composición general del cuadro la figura del Padre eterno y el Espíritu Santo. A esta riquísima portada siguen los demás cuadros ó ta- blas en el siguiente orden: i.» Huida de Egipto en el medallón del fol. 2. Tabla 2. a el Nacimiento. 3 . a la Circuncisión del Se- ñor; las figuras de los hombres y en particular las mujeres sorprenden por su hermosura. 4. a Adoración, al parecer. 5. a Resurrección del Señor. 6.» Ascensión id. Advenimiento del Espíritu Santo. 7. a La Virgen. 8. a (de menor tamaño) La San- tísima Trinidad. 9. a (menor tamaño). S. Andrés apóstol. 10. (tabla mayor). La Purificación de la Virgen. 11. La Anuncia- ción. 12. (tamaño menor). S. Felipe y S.Jaime. 13. (menor). Natividad de S. Juan Bautista, hermosa cabeza. 14. S. Pedro y S. Pablo. 15. Visitación de la Virgen á su prima Santa Isa- bel. 16. (menor). S.Jaime apóstol, sombrero peregrino. 17. Transfiguración del Señor. 18. S. Lorenzo, de diácono, en ademan de súplica y mirando al cielo; la Virgen entre nubes en ademan de darle una palma. 19. Asunción de la Vír- 528 g e n . 20. Natividad del Señor. 21. S. Gerónimo en el desier- to, hermoso cuadro en detalles. 22. Domingo de Ramos. 23 Sepultura del Señor. El colorido de los cuadros, el perfecto dibujo de las com- posiciones, los tipos hermosísimos de los personajes pintados, y el cuidado en presentar la figura de la Virgen en sus distin- tas manifestaciones, sin perder la semejanza en todas ellas, colocan á este códice á la altura mayor á que pudo llegar la miniatura. INSTALACIONES PARTICULARES Manuscritos de propiedad de D. Trinidad de Foncubertá: procedentes del archivo de casa Dalmases. <íDe angélica naturaleza:-» escrito por fray Francisco Eximenez de la orden de menores, en lengua catalana, año 1392. Consta de 177 folios; el i.° en pergamino y el resto en papel de la marca del castillo. Las capitales están ricamente ornamentadas, en particular la A del primer folio en que se representa al autor en el acto de entregar la obra á la persona á quien la dedica. «Al molt honorable e molt savi Cavaller Mossèn Pere Dartes Maes- tre racional del molt alt príncep e senyor, Monsenyor en Joan per la gracia de Deu R e y Darago lo seu humil servidor frare Francesch Exemenez del orde dels frares menors, si mateix ab tota reverencia en aquell eternal Deu qui es pare de tots los Sants Àngels e virtuosos sperits en gloria, etc.» E n la parte inferior de la orla está pintado un fraile en ademan de correr cogiendo con ambas manos unos ramajes. E n el verso comienza el índice, que ocupa 7 fols. En la A inicial del capítulo primero se representa al -arcán- gel S. Miguel sobre una alimaña, y en la parte inferior de la orla un ángel sostiene el ramaje que la adorna. (Esta obra se imprimió en Burgos en 1490 por el alemán Federico de Basilea; y en 1494 en Barcelona por Juan Ro- senbach). Comentarios del Eva?tgelio de S. Juan por Cirilo Ale- 529 jandrino, y traducido del griego al latin por Jorge Trapezunti. Códice dedicado al papa Nicolás V, escrito en pergamino, consta de 200 fols. Portada é iniciales primorosas. El fol. i.° orlado de flores, ángeles, pájaros, perros, conejos é insectos; en la parte inferior hay un escudo sin llenar. Dentro la inicial M se representa la figura del Pontífice y un personaje en tra- je talar arrodillado. Ad sanctissimum papam Nicolaum quin- tum, Georgi Trapesuncii, in traduccione comentariorum Cyri- lli Johamiis evangelium prefationem lege feliciter. Dentro las iniciales bustos y figuras. Tesoro contra los heretes, por Cirilo Alejandrino. Ms. en vitela (siglo XV). El primer fol. está ricamente orlado, y en la parte superior el escudo de Cataluña con dos ángeles por tenantes; la orla con ramajes y flores y varios animales, conejos, perros, mari- posas, pavos reales etc.; en su parte inferior hay el escudo de Aragón y Sicilia dentro un medallón que suportan dos ánge- les. Comienza el libro con la dedicatoria á D. Alfonso V de Aragón. iAd inclitum Alfonsum Regem Aragonum et utrins- que Sicilie: Georgii Trapezuntii in tradnctione thesaurorum Cyrilli Alejandrini prefatio.» Comienza Beati Cyrilli, cuya inicial B historiada representa el interior de un scriptorium, y sobre el atril en ademan de escribir se representa á un monje con hábito blanco y una capa adornada con borde y broche d e oro y capucha negra; su barba rubia acaba de realzar la miniatura, que es sumamente curiosa por darnos á conocer el tipo de un escritorio portátil del siglo X V . Las iniciales pare- cen iluminadas por el mismo maestro autor del otro ejemplar citado. Libro de las virtudes y vicios de las mujeres, por Fran- cisco Eximenez, de la orden de menores. Pergamino y papel fol. menor, consta de 350 fols. Ms. en catalán, titulado Llibre ó carro de las donas, y lo dedicó su autor á D. a Sancha de Are- nas, condesa de Prades. (Impriaiióse en Bolonia y en Tarra- gona en 1485). -• Sermonario para las diversas festividades del año, sacado 34 53° del Evangelio de S. Mateo: por S. Remigio. Ms. en perga- mino, de principios del siglo XIV, escrito en latin, á dos co- lumnas, y consta de 295 fols.; su portada y letras capitales sumamente raras y caprichosas, como en su fol. IIII, en cuya parte inferior se vé un hombre perseguido por unos grifos y una fiera. De las alabanzas de la Santa Virgen, por Fr. Alberto d e la orden de predicadores. Ms. en vitela (siglo XIV). Consta de 289 folios de folio menor. El 1.° orlado de ramaje, y en el cen- tro de la inferior un escudo dentro de un medallón octógono que sostienen dos ángeles. (Sigue el escudo). LÍBER F R A T R I S ALBERTI D E ORDINE PREDICA- TORVM DE L A V D E B E A T A E VIRGINIS PROLOGVS INCIPIT FELICITER. Las rúbricas del códice en letras latinas y el texto en cur- siva elegante. Las iniciales sumamente delicadas están en oro sobre fondos rojo, morado y azul, y muchas á dos colores. E l último folio está roto. Colaciones ó instituciones de cenobios, por S. Casiano, obispo de Masilla, y copiado en 1432 por Juan Font, párroco de Riudoms. E n vitela y ricamente ornamentado, consta d e 243 folios en 4. 0 ; lleva el primer folio todo ornamentado, y la inicial D representa un obispo en actitud de bendecir; en la parte inferior figura un escudo con castillo almenado d e oro, sobre campo de gules, y por remate ó timbre una cruz procesional. Toda la orla con ramaje y flores. Comienza la obra: «Epístola Sancti Castoris Aptensis episcopi, ad dominum Cassianum massiliensem abbatem. [n- cipiunt instituta cenobiorum edita Abrato Cassiano massilien- sis abbate.» L a inicial V encierra la figura del abad con un escrito en la mano. Debajo de todo y en su último folio del libro XII, fol. 50, consta: «Font me scripsit anno MCCCCXXXIII.3 E n su fol. 51 comienza una segunda parte, que tiene ilu- minado el folio como el primero descrito; está orlado de ra- maje y medallones y lleva el escudo en su parte inferior. «Incipit liber collationum beatiCassiani massiliensis presbiteri 531 prephacio subsequentis operis;» y termina: «Explícit liber collationum beati Cassiani in Christo patris et domini domini Dalmatio de Muro Archiepiscopi Cesaraugustani. Scripsi per me Johannem Font presbiterum rectorem ecclesie Riviulmo- rum Campi et diócesis Tarracone familiarem domini XIIII die mensis Julii eiusdem. A n n o a nativitste Domini MCCCCXXX secundo. Deo gratias.s limo. Sr. Obispo de Orihucla. Pontifical del siglo XIV sin foliar, escrito á dos columnas, en pergamino, letra gótica, en- cuadernado en terciopelo y con cierres. Hermosamente iluminado. Iniciales y capitales historiadas. La primera del título: Dominica tercia de advenía. La segunda G de Gatidete encuadra una cabeza rodeada de las palabras Ego vox clamavit. La P de Per omnia encierra el busto del Sumo Pontífice con la tiara de tres coronas. La R del Réquiem encuadra un busto de esqueleto, con ropaje rojo y una cruz verde en el pecho, y sobre el cráneo la guadaña. Todo el códi- ce está con lacerías y flores en sus márgenes. Las letras capita- les en su mayor parte llevan el fondo de oro; las orlas variadas, unas veces rodean toda la página, otras sólo el margen. En los últimos folios se representa otro busto del Sumo Pontífice, pero así como en el primero se vé joven y barbudo, en éste se le representa anciano. D. Antonio Camella de Puigguriguer. Elegante devo- cionario escrito sobre vitela y ricamente orlado y miniado (siglo XV). Este libro debió pertenecer á algún individuo de la noble familia de Sinisterra, oriunda de Perpiñan. Así lo prueba el escudo, que trae un vuelo bajado de plata en campo de gu- les, con la bordadura compuesta de ambos esmaltes. D. Apeles Mestres. Hermoso devocionario catalán del si- glo XV, iluminado ricamente, estilo francés. Francisco de Bofarull y Sans. Devocionario en latin, con carácter de letra francesa, año 1514. Xotable por la finura de la vitela y por su reducido tama- ño. Miden sus hojas centímetros 11 por 8; el texto sólo ocupa 6 por 5. Ornado con viñetas é iniciales. Es un modelo de los 532 devocionarios miscroscópicos de los miniaturistas franceses del siglo X V I . Excmo. Sr. Marqués de Monistrol. «Privilegis otorgats per los Senyors Reys D' arago a la Seq(ua) (seca de Barce- lona). » «Ilerdee, V Kalendas febroary, anno Dominse Incarnationis Millesimo ducentésimo octavo.» (28 de Enero de 1208 dado por el rey Pedro II el Católico). Esta es la fecha del pri- mer documento que se halla entre las 10 hojas descosidas que preceden, empezando las cosidas con el fol. 19, lo que revela la falta de ocho hojas. E n el fol. 21 al dorso se lee el privilegio hecho extensivo á los empleados en la Seca de Valencia. Y concluye el libro con una real provisión de 21 de Junio de 1664. Hasta el fol. 38 inclusive está escrito en letra gótica, y varia hasta el fin. Aunque el texto está en latin, los títulos van es- critos en lenguaje lemosin y en tinta encarnada y alguna ini- cial toscamente iluminada. En la primera hoja hay una minia- tura que representa al Rey sentado y de magestad en actitud d e escribir; á sus costados aparecen un grupo de caballeros. Sobre la miniatura que acabamos de describir se lee lo siguiente: Privilegis otorgats per los Senyors Rey darago á la Seq(ua). Y debajo la miniatura dice: Salvaguarda e franquesa feyta per lo Senyor Rey en Pere als moneders obrers e altres persones qui obren ó serz Fundó en Gand la primera fábrica importante de placas secas; colo- cando en ella como preparador á Bernaert, que después de la muerte de Monckoven -continuó dirigiéndola, hasta que hace pocos años se estableció por su cuenta. Su instalación, pasaba casi desapercibida, pues se reducía á unos pocos paquetes de pla- cas, muy mal presentados. No así la de sus colegas franceses, los Sres. Lumière é hijos de Lyon, quienes, además de las usuales preparaciones sobre vidrio, presentan papel pelicular y películas flexibles fabricadas por los sistemas de Balagny. Es muy antigua la idea de reemplazar el vidrio como so- porte de las sustancias sensibles; data de los primeros tiempos de la Fotografía, pues se emplea el papel en dos de los más antiguos procedimientos: en el de Bayard (anterior á Dague- rre) y en el de F o x Talbot. E s cierto que al efectuar el tiraje de un negativo sobre pa- pel, la prueba positiva obtenida carece de la fineza de la pro- cedente de un cliché ordinario; esta ha sido la principal causa d e la poca aceptación de dichos procedimientos, hasta que hoy, gracias á los sistemas peliculares, se preparan superficies sensibles sobre soportes tan transparentes como el vidrio. Unos autores operan con películas de gelatina, separadas del cristal, otros prefieren usarlas encoladas provisionalmente sobre hojas de papel ó cartón, desprendiéndolas una vez con- cluidas las manipulaciones ordinarias. Balagny prepara de las dos clases: papel pelicular y películas flexibles {plaques sou- pies); el primero, de muy buenos resultados en la práctica, re- 572 quiere cierto cuidado en el trasporte por lo que las segundas son de más fácil empleo. El tener expositor de este género, Boissonss de Ginebra, presenta placas ordinarias y de otra clase, cuyo principio teó- rico se funda en lo que antes hemos apuntado acerca de los medios para hacer sensibles las sustancias, á los colores que comunmente apenas las alteran. Las placas ortocromáticas, tal es su nombre, resuelven completamente el problema de la atención del valor relativo de los colores, traducido natu- ralmente en claro y oscuro. Sabido es, que uno de los defectos que más se achacan á la Fotografía, es el de alterar la relación de los colores, debi- do esto á que las usuales preparaciones sensibles, se impresio- nan mucho más por los rayos violetas y azules (colores actí- nicos) que por los verdes, amarillos y rojos (colores inactíni- cos). No es esto decir, que las placas ordinarias sean incapa- ces de dar reproducciones de objetos d e estos últimos colo- res, pues las conseguiremos aumentando el tiempo de expo- sición; pero este recurso es de aplicación muy difícil, cuando se trata de una mezcla de los dos. E n este caso, recordando que, según se dice en Foto-química: «para hacer sensible una sustancia á los rayos de un color que normalmente no la ata- quen, basta mezclarla con otra que los absorba», añadiremos á la emulsión algun excitante óptico, siendo los más usados: la clorofila, las eosifias, la eritrosina y la azulina. Las placas d e Boissonas son á base de gelatinobromuro de plata con eosina y eritrosina, habiéndonos dado buenos resultados en nuestra práctica. Por lo visto, España no presenta ninguna instalación de estos productos, cuyos ensayos de fabricación han fracasado hasta ahora por completo. P R O C E D I M I E N T O S P O S I T I V O S . Hemos dichoya, que el m á s usado es el del albúmino-cloruro de plata, por el que están obtenidas la mayoría d e las pruebas presentadas así por los fotógrafos de nuestro país, como por los del extranjero. España cuenta con unos treinta expositores, casi todos re- tratistas, algunos de primer orden, abundando las medianías. 573 Entre aquellos no vacilamos en indicar en primer lugar al conocido fotógrafo madrileño Eduardo Debas, que además de exponer muchos y muy buenos retratos obtenidos por el sis- tema usual, presenta una notable colección de magníficas pla- tinotípias. • En la casa de Audouard y compañía de Barcelona, se ven algunos retratos directos de gran tamaño, muy bien ejecuta- dos; trabajos casi imposible de realizarlos hace veinte años, por la poca rapidez de los procedimientos antiguos. Fernandez (A. y E. dits. Napoleón), Martí, Esplugas, Are- ñas y algun otro, presentan variadas colecciones de retratos, ejecutados con limpieza y buena distribución de luces. En la instalación de los primeros llamaba la atención una numero- sa colección de pruebas (por ellos bautizadas con el nombre de platino-gravure) que, á nuestro juicio, son excesivamente retocadas, produciendo el efecto de dibujos á la pluma, más bien que de fotografías. El Centro fotográfico del señor Sala, expone algunas vis- tas interiores de nuestra Catedral, trabajo ejecutada c o n s u - ma perfección, á pesar de las malas condiciones de luz con que se ha operado. Capmany es el único fotógrafo español que ha presentado pruebas obtenidas por el procedimiento al carbón, algunas de ellas sobre vidrio, género de fotografía poco desarrollado en- tre nosotros Portugal concurre con dos instalaciones que le honran en extremo; especialmente la del conocido amateur (como mo- destamente se titula) Carlos Reivas, de Gollega; en ella se ven pruebas admirablemente ejecutadas, de casi todos los proce- dimientos, mereciendo especial mención algunos paisajes de gran efecto artístico. Casi al lado del anterior, Fonseca y comp., presentan una buena colección de retratos directos de todos tamaños, en los que hay gran sobriedad de retoques. Pasando á la sección francesa, debemos citar en primer lugar, los positivos al carbón de negativos directos de gran tamaño, del conocido fotógrafo Bellingard, de Lyon; si como 574 retratos son irreprochables, el tiraje se ha hecho con gran perfección, escaseando también los retoques. L o s Sres. Levy é hijos, d e París, exponen un álbum con numerosas vistas de varios países, tiradas por el procedimien- to usual á la albúmina; algunas de ellas escenas instantáneas, ejecutadas con mucha limpieza. Malfait {amateur) presenta pruebas al platino, d e negati- vos instantáneos de caballos, una d e ellas, la del gran galope de perfil, muy notable por la gran rapidez con que ha sido tomada, habiendo usado para su obtención el conocido obtu- rador de T u r y y A m e y . Poulenc hermanos, en su instalación de material fotográ- fico, tienen una colección de retratos obtenidos también, por el procedimiento al platino, p a r a ' cuya explotación industrial tienen privilegio exclusivo. Boissonas, de Ginebra, expone en el Palacio de Ciencias, una magnífica colección de retratos instantáneos de niños, la mejor que hemos visto en este género; y otra de pruebas ob- tenidas con sus placas ortocromáticas, que es un verdadero estudio práctico de los mismos. Alemania solo cuenta con un expositor, Kolby, cuyos re- tratos, muy bien ejecutados, están obtenidos á las sales de plata, como los anteriores. Hungría presenta así mismo una instalación, la de Wein->¡ wurm, de Buda-Pest, con algunas vistas de dicha ciudad. ¡Los fotógrafos ingleses brillan por'su ausencia! N o obs- tante una de sus colonias, Terranova, contribuye con un expo- sitor. PROCEDIMIENTOS F O T O - M E C Á X I C O S . - Respecto á estos observamos que en España se empieza á comprender su gran' importancia. Figuran como expositores: Joarizti y Nariezcurre- na, Ramírez y comp., y Thomás, los tres de Barcelona; todos presentan buenas pruebas d e fototipias y fotograbados ordina-: ríos y directos, obtenidos estos, d e reportes fototípicos ó por el procedimiento de Meisembach y análogos. E n Portugal, nación en que la Fotografía se practica según los últimos adelantos, el amateur Relvas, que y a • 575 conocemos, expone un álbum de fototipias de la Exposición . del Arte retrospectivo celebrada en Lisboa en 1885, cuyas pruebas son obras maestras en este género. En la sección francesa, en casi todas las instalaciones de las principales casas editoriales, figuraban numerosos foto- grabados en relieve y algunos en hueco en las obras de lujo. Recordamos entre otras, las de Firmin-Didot y de Ouan- tin, en que había además, impresiones polícromas •obtenidas por estos procedimientos. Italia contribuye con una colección de foto-zincografías,' de la conocida casa Turati, de Milán. Holanda hace brillante papel.en este grupo: su Ministerio de la Guerra presenta una magnífica colección de pruebas de heliograbados sobre piedra y fotolitografías, obtenidos por los procedimientos de Eckstein, Director de su sección de graba- do y. litografía. Es lò mejor que se ha presentado en esta clase, teniendo además el mérito de la novedad, á nuestro juicio re- suelven completamente el problema de fotolitografía con me- dias tintas. . - Por último, en un rincón de la sección alemana del Pala- cio de Bellas Artes, habia un . cuadro con varias fototipias, muy bien ejecutadas, por la conocida casa Bruckman y com- pañía de Munich. A P L I C A C I O N E S . — E n España se han dado á conocer de los profanos (pues entre los que se dedican á estos estudios, lo son ya hace tiempo) dos notabilidades en microfotografía: una el Padre Blas Ainza, de las Escuelas Pias de Zaragoza, con una completa instalación de preparaciones, clichés, y po- sitivos de diatoineas, dignos de la firma de un Van Heurck, la otra el ilustrado Ingeniero de Montes, don Joaquín de Cas- tellarnau, con una magnífica colección de microfotografías de cortes de maderas. Es cierto que en este ramo se trabaja, poco en nuestro país, pero por fortuna está en muy buenas manos; doliéndonos mu- cho que no hayan;concurrido á nuestro Certamen, otros dos eminentes microfotógrafos : los señores Truán de Gijón y Fe- rran, Director del Laboratorio Microbiología) Municipal de : 576 Barcelona, en cuyo establecimiento* se usa con muy buenos resultados, el microscopio fotográfico del que Nachet, su constructor, expone un modelo en la sección francesa. La obtención de los positivos en vidrio para los aparatos de proyección, presenta un cúmulo de dificultades que son causa de que este trabajo sólo se practique por unos pocos es- tablecimientos, únicos en su género. Fácilmente se compren- de que los más leves defectos en la imagen, al proyectarse ampliada, han de aumentar enormemente, disminuyendo así su limpieza. La instalación que de este artículo presentó la acre- ditada casa Levy é hijos de París, llamaba justamente la aten- ción del público en la sección francesa. Allí estaban muy bien dispuestas para examinarse por trasparencia, fotografías sobre vidrio del tamaño usual para las proyecciones y otras de mayores dimensiones para vidrieras y pantallas; represen- tando los asuntos más variados desde las más delicadas pre- paraciones de histología animal y vegetal hasta los princi- pales monumentos de las cinco partes del mundo. Estaba así mismo dignamente representada en dicha ins- talación, la fotografía estereoscópica, ya un poco pasada de moda, pero cuyos sorprendentes efectos de relieve es impo- sible obtener por otros medios. Un estereóscopo de modelo americano, cuyas vistas se renovaban de vez en cuando, pa- recía convidar al público á entretenerse un rato viajando, sin moverse del sitio, por los países más variados. Por la ya pesada reseña que acabamos de hacer se obser- va, que en la sección de Fotografía de nuestra Exposición Universal hay un poco de todo; tal es en resumen el juicio que nos merece; pero, como hemos dicho, creemos que con- tribuirá á la mayor difusión de los conocimientos fotográficos. Salvo honrosas excepciones, el fotógrafo de profesión, no tiene otras nociones de su arte, que las que le dicta su expe- riencia, limitada á los dos ó tres procedimientos que conoce prácticamente. Una de las causas principales que á ello con- tribuyen, es la falta de Sociedades fotográficas en nuestro país, pues han sido inútiles todas las tentativas hechas para su 577 formación. Gracias á ellas, entran en relaciones los prácticos con los aficionados, no desdeñándose de presidirlas los hom- bres científicos de más valía; ya que han figurado notabilida- des como los Bedquerel, Dumas, Regnault, Herschell y otros muchos, no siendo ocioso el recordar que si Daguerre perse- veró en sus trabajos se debe en gran parte á Dumas y Arago que le alentaron y protegieron en gran manera. Con e! concurso de los prácticos, con el apoyo de las per- sonas científicas, y un poco de protección por parte del Go- bierno estableciendo cátedras teórico-prácticas, como existen en Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Italia, Portugal, Japón (I!) y en algunas otras naciones, es como se conseguirá que en España alcance la Fotografía la importancia que debe tener en un país en el que, por fortuna, no faltan elementos. Imposible es, señores, desarrollar por completo nuestro tema en una sola conferencia, pues no quiero abusar más de vuestra amabilidad, réstame sólo daros las gracias por la atención con que os habéis dignado escucharme por lo que os estoy profundamente agradecido.—HE DICHO. 37 CONFERENCIA 2I. A LAS ARTES INDUSTRÍALES POR D. SALVADOR SANPERE Y MIQUEL SEÑORES: Por aquello de «en casa del herrero cuchillo de palo,» ape- nas si os traigo cuartillas, pues las que voy á leeros escritas á vuela pluma, no son lo que merece vuestra respetabilidad, ni lo que tienen derecho á exigir mis compañeros, de quienes habéis oido tantas y tan valiosas contribuciones al estudio de la Exposición Universal de Barcelona. Sujeto como el que más á las duras exigencias de la vida, he tenido que ver como se deslizaba impunemente el tiempo que necesitaba para voso- tros, y si esta confesión no basta á merecerme vuestra indul- gencia, merézcamela la enorme tarea que me ha caido de tener que daros cuenta de media Exposición y nún de aque- lla mitad que entraña el presente y el porvenir de Bar- celona, é iba á decir de E s p a ñ a ; pero me contiene el respeto que me inspira la escuela libre-cambista que nos ha hecho creer á todos que España era una nación puramente agrícola, aún cuando esto no lo haya demostrado la agricultura espa- ñola en la Exposición. Será para otra vez. Oblígame también á recomendarme á vuestra bondad el no poder deciros nada nuevo sobre las artes industriales, el tener que reproducir lo que dije durante la Exposición en las columnas de La Publicidad, pues no he tenido ni ocasión ni 582 tiempo de completar el estudio que entonces hice, ni ocasión ni tiempo para enterarme de si posteriores manifestaciones d e nuestros industriales exigían un cambio ó modificaciones en mis juicios. Sin novedad, pues, en el asunto, y sin preparación para poder presentar lo viejo vestido de nuevo, voy á ver si puedo lograr lo único que puedo pretender, y es, encerrar en una sola conferencia lo que necesitaría de muchas para daros á conocer el estado de nuestras industrias artísticas. Digo industrias artísticas y no industrias ó artes suntua- rias, no porque en toda Europa se haya desechado el uso de esta denominación, sino por la razón que entiendo obligó á desecharla. Suntuario viene del latin sumptus, que significa «gastar,» y aun cuando no siempre haga el nombre la cosa, siempre el nombre sirve para designar la cosa, y ya comprendéis de sobra que el fin del arte no es producir cosas suntuarias, cosas de gasto, costosas, sino cosas bellas. No diremos que lo suntuario sea lo enemigo de lo bello; pero si es cierto que las cosas caen del lado que se inclinan, bien podemos decir que lo suntuario, desde el momento que no se inclina del lado de la belleza sino del coste, ha de caer muy á menudo del lado del lujo, de la riqueza, de la ostentación, de la vani- dad, del orgullo, de la petulancia: la cual nunca ha sido con- tada entre las virtudes sencillas y modestas que despierta la belleza. Todos sabéis que en España y en todos los países existe una legislación suntuaria, y que esta legislación ha exis- tido en tiempos en que no se conocían bien las leyes econó- micas que regulan la producción, para refrenar el lujo y evitar sus funestas consecuencias. Ahora bien, llamar artes sun- tuarias á artes que tienen otro fin que el de producir obras costosas, es difundir con las palabras ideas falsas, es envene- nar de la manera más inocente las inteligencias, y hacer que caigan en errores y vicios de que deben estar lo más lejos po- sible. > Hablando ahora un momento, que ya recuerdo que tengo pocos y es largo el espacio que he de recorrer, de esas conse- cuencias funestas de una tendencia antiartística en las artes, 583 de la tendencia á lo suntuoso, hemos de observar que la in- dustria moderna, gracias á las ciencias físico-químicas, se en- cuentra tan bien armada para producir sin esfuerzo alguno lo suntuoso, que la producción artístico-industrial del universo tiende á lo suntuoso desde los primeros días de la regenera- ción de las artes industriales, de lo que hay que hacer honor á Alemania, á Schinkel y á Semper. Como lo suntuoso satis- face siempre, aun á las almas más sencillas y piadosas, por cuya razón el modesto y evangélico sacerdote viste alba de blonda y casulla de brocado, y por reverencia á Dios, á sus liipostasis, y alguna vez á él mismo también, les vestimos sun- tuosamente, que todos podéis ver en Barcelona, Jesús Nazare- no con la cruz á cuestas, vistiendo tela de terciopelo carmesí, bordada de oro y estrellada de piedras preciosas, la más alta concepción artística de nuestro tiempo tiende siempre á lo sun- tuoso. Un ejemplo de nuestro tema. Todos admirasteis, y con razón, en la Exposición, el jarro de los hermanos Masriera, y no negaréis que allí lo suntuoso no marchaba del brazo de lo artís- tico. Cuando lo suntuoso se aplica ó se manifiesta en obras como la citada, podemos decir que el arte hace como las mu- jeres hermosas, que realzan su hermosura con todo aquello que es capaz de encender un fuego abrasador en el alma del hombre; pero cuando lo suntuoso se aplica áobras con las que ha de poder todo el mundo, lo que es decir, los deshereda- dos de la fortuna, el arte hace una mala obra, la industria co- mete un pecado. Gracias, como os he dicho, á los grandes medios físico- químico y mecánicos que la ciencia ha puesto en manos del artista, hoy les es posible á los hermanos Masriera hacer re- producciones de su hermoso jarro á un precio tan distante del que tiene la obra original, que así como para muchos la aspi- ración á poseerla no pasa de un sueño quimérico, para muchos otros es posible una reproducción de la que se encargarían de hacer que se confundiera con el origina!, el hábil platero que lo construyó y el hábil joyero que montó sus flores, los seño- res Santafé y Tamburini, gracias á la pila eléctrica, al latón ú otro material análogo y á los brillantes americanos. Otro 5»4 ejemplo. Nada tan suntuoso, en verdad, como una estancia cubierta de tapices. Esto es tan suntuoso, que hasta les está vedado á las más de nuestras grandes familias, y sin embar- go, lo que á ellas les está prohibido, hoy nos es posible á nosotros, pues no tenemos más que ir al despacho de La Es- paña Industrial y comprar tapices á tanto el metro. ;Pero qué va á resultar, señores, de darnos todos á comprar tapices de percal? Que, ya es, nuestra desgraciada sociedad, tan «percalizada,» falsificará todavía más los sentimientos huma- nos, haciendo imposible que se entiendan las clases sociales, porque el rico no se ha de democratizar sino hasta cierto punto, y el pobre no se ha de aristocratizar sino hasta cierto g r a d o ; porque si no están bien en ciertos salones el frac y la americana, tampoco están bien juntos fracs de elasticotín su- perior, y fracs de paño del que ennegrece el cuello, la peche- ra y los puños de la camisa. En aquellas afortunadas naciones en donde hay hombres, corporaciones, institutos y gobiernos que se preocupan de las necesidades del arte y de la industria, de su fomento, de su progreso y de su contribución al desarrollo moral de un pue- blo, nada tan antiguo como haber buscado los medios para contener á las artes industriales en sus invasiones, para pre- servar á las familias de sentimientos falsos, que principian por rebajar los caracteres, y acaban por entregarlas á la prostitu- ción. Podría leeros los programas de la Unión de bellas artes aplicadas á la Industria de París, hoy sociedad para el Museo de Artes decorativas, en los cuales se ofrecían ya en 1860 bue- nos premios á los artistas, á los industriales que presentaran mobiliarios más económicos y más artísticos; porque si es jus- to, si es preciso, amueblar la casa del pobre, vestir al pobre y ataviar al pobre de una manera artística por los efectos mo- rales que produce el arte en cuantos lo cultivan, aman ó aca- rician, es criminal, es anti-social, anti-humano, alejarles lo mis- mo de las esferas del arte, que no darles á gozar más de un arte mentira. Confieso, señores, que soy de los que creen que una de las cosas que más honran á los barceloneses, es su Rambla de 5*5 las Flores, de los que creen que aquellas mesas llenas de co- lor y de verdura, ejercen una gran influencia en el sentido es- tético de nuestro pueblo, y que lejos de señalar nuestro Mu- nicipio hora á las floristas pp.ra retirar de la vista la más bella mercancía del mundo, debería instarlas para que tuvieran siempre puestas sus sonrientes mesas con las joyas con que se adorna la naturaleza; y si también comprendo el arte del fa- bricante de flores artificiales, cuando éste se llama Lazzoli, y vosotros sois jueces de lo que expuso en la Exposición; cuan- do veo en la misma Rambla de las Flores una mesa de flores artificiales entre las de flores naturales, pero de aquellas que nos recuerdan á esas desgraciadas que pasean los harapos del lujo que las ha corrompido, me pregunto, señores, si la auto- ridad no tiene derecho á intervenir para prohibir que de tal manera se corrompa el buen gusto público, ó si no se debería pedir que para ser alcalde, cuando tales atropellos se autori- zan, se probara antes su suficiencia en estética. Sobre que en ningún país del mundo se autorizarían pues- tos de tales mercancías, por lo poco que dice en favor de la cultura pública, en pocos países pueden ser más fatales que en el nuestro, aquí en donde el buen gusto, el sentimiento pú- blico estético, tan sin medios está para formarse y conser- varse. No me digáis que Barcelona principia ya á contar con una serie de monumentos destinados á la cultura estética, pues me obligaríais á deciros que yo me había hecho la ilusión de que en su casi mayoría eran provisionales como el palacio de la Exposición, que es lo que me hacía creer que eran tolerables, pues condenar á un pueblo por toda una eternidad á educar su vista, el sentido de la vista que es para las artes plásticas el sentido del arte, en la desproporción, en la desarmonía, en la incoherencia, en la incorrección, en el desaliño, es como querer hacer músicos sin enseñar la afinación, el compás y el ritmo; y esto en una ciudad como la nuestra que vive del arte y de la industria, cuyos errores en materia de buen gusto los pagan los industriales con su ruina, los obreros con la falta de trabajo, y la ciudad con la crisis que producen en todas 586 partes la angustia y su enfermedad ó signo particular, la tisis. Tampoco me digáis que se van á disponer otros medios d e enseñanza y dé cultura estética, porque os diré que aquí si hay hombres para montar los negocios más aventurados y sacarlos á flote, por ejemplo, la misma Exposición, no los hay cuando se trata de crear algo impersonal, algo que no pueda dejarnos más que la satisfacción íntima de decir: «Yo contri- buyo también á aquella buena obra.» Creedme, no gusto de exageraciones sino de verdades. Confesemos que esto es así, digamos que esto es un efecto ó un vicio de todo pueblo eminentemente industrial ó comercial que no trabaja más que para la ganancia; pero confesemos también que no somos el único pueblo industrial ó mercantil del mundo, y que no hacemos lo que hacen todos los pueblos industriales y mercantiles de la tierra para asegurarse estas ganancias, este oro detrás del que todos corremos por distin- tos caminos, aun cuando no sea para todos su posesión el fin de la vida. Pueblo más industrial, más mercantil que el inglés, espero que me concedáis que no hay otro sobre el redondel de la tierra. Pues hé aquí que este pueblo es el primero en celebrar Exposiciones Universales, y el primero en dejar de celebrar- las cuando apenas ha cerrado su segunda Exposición, la de 1862, que fué para la industria europea, lo que la Revolución de 1789, para los pueblos de Europa que este año conmemo- ran todos los hombres de buena voluntad. No inventó el pueblo inglés esto de las Exposiciones. Na- cieron las exposiciones cuando el pueblo francés, convencido de su impotencia para vencer á Inglaterra en la titánica lucha que sostuvo contra la Revolución, creyó encontrar la revan- cha aniquilando la potencia industrial de Inglaterra. Abrió al efecto concursos el Instituto de Francia, y se premiaron tra- bajos como los de Duval y de David, dominados por la idea d e «encontrar, como dice Emerico David, en nuestra indus- tria propia, recursos inagotables contra Inglaterra y sus seis- cientos buques y su mitad de las Indias,» restableciendo la balanza del comercio en nuestro favor, por el solo trabajo de 587 nuestros artistas y obreros.» Estas ideas produjeron las expo- siciones nacionales periódicas que inició la Revolución fran- cesa, y por consiguiente era justo, que otra Revolución, su hermana, la de 1848, coronase ya los resultados obtenidos con las Exposiciones Universales. Pero vino á caer el proyec- to en manos del presidente Napoleón, y éste que tantas co- sas de su patria había de dejar en manos del extranjero, de- jóles también la honra de que recogieran el proyecto de la primera Exposición Universal, rechazado en Francia por las clases que hicieron el Imperio, por socialista. Inglaterra, que había de ser la primera nación que cele- brara una Exposición Universal, la de 1870, en la que los productos hubieron de exponerse con los nombres de los que los habían fabricado, labrado ó hecho, se preocupó de esto del socialismo como de tantas otras palabras más sonoras que llenas de sentido, con las que los hábiles políticos latinos en- tretienen á las impresionables naciones meridionales que ri- gen. Inglaterra, que gusta de ir al fondo de las cosas, fué al fondo, lo encontró bueno y lo realizó. No podemos hablar ahora de la Exposición del palacio de Cristal. Era niño y recuerdo la sensación que produjo como si fuera un hecho de ayer. Principiaban entonces las grandes construcciones en hierro, y la maravilla de las armaduras del palacio de la Exposición fué una de sus grandes causas de éxito. Se hablaba de los persas, y de los indios, y de los chi- nos que acudían al Certamen, como de seres venidos de la otra parte del mundo, de la que está más allá de la realidad. A todo esto se unía el que casi desde el otro lado del Pirineo se podía ir á Londres llevado por el vapor. Los ferrocarriles y los buques de vapor eran por todas partes cosas nuevas ; novísimas entre nosotros. Cito de memoria; creo que en Es- paña en 185 1 no había más que dos vapores, ni más ferroca- rriles que los de Barcelona á Mataró y de Madrid á Aranjuez. L a prensa de Barcelona no existía. No se creía que esto de la Exposición del palacio de Cristal pudiera interesar más que á los que tenían medios para ir á visitarla, y á estos no era ne- cesario hablarles de ella, pues estaban enterados. Así, á los 588 que iban á Londres, á su regreso se les asediaba y acosaba para que contasen lo que habían visto, que aun aquellos tiem- pos eran tiempos de conversación; hoy como los libros, Iss revistas y los diarios nos lo dicen todo, no encontramos gusto en conversar con nadie, porque ya estamos enterados; por esto han muerto las tertulias, los salones, las academias y ago- niza el comercio social. Pero en aquellos días, oír á un hombre que había ido en menos de la mitad del tiempo que entonces se empleaba para ir de Barcelona á Madrid, de Barcelona á Lon- dres; oír al hombre que había visto reunidas en un palacio de Cristal, que pocos eran los que comprendían lo que esto era, pues no era conocida esta gran fabricación de cristales que la hacía posible, á todos los pueblos del mundo, era como haber estado en Austerlitz con Napoleón I, haber estado en Ame- rica con Colón ó Hernán Cortés. Cuando la Ilustración inglesa publicó en suplemento una gran lámina representando la vista del palacio de la Exposición rodeada de una orla formada por los pueblos todos de la tierra acudiendo á la Exposición con sus productos, apenas si quedó familia que no adquiriera di- cho suplemento, y no lo fijara en el despacho del dueño de la casa como objeto digno de admiración. El éxito fué tan ex- traordinario, que Napoleón III corrió peligro de no llegar á ser emperador por haber dejado que Inglaterra se adelantase á Francia. Napoleón se apresuró á declarar que París tendría su Exposición en 1855, y que seria mejor que la de Londres, y con esto se calmó ei orgullo nacional que pudo poner á poco bajo las botas de los esbirros de Maupas y de los soldados de Saint-Arnaud. Pero, señores, mientras por todas partes, incluso en Ingla- terra, no se oían más que ditirambos en honor de la gran feria de Londres, de la kermese británica, en Londres un gru- po de patriotas, de industriales y de artistas había estado en medio de las fiestas de la Exposición estudiando el estado de la producción artístico-industrial universal, concluyendo que Inglaterra acababa de sufrir una espantosa derrota, que su pro- ducción industrial estaba comprometida, y que urgía hacer un supremo esfuerzo para salvarla de la total ruina. Los indus- 5S9 tríales de! resto del mundo, no habían visto nada en Londres. Francia, había salido sólo convencida de que su hegemonía artística-industrial era incuestionable. Lo que se hizo en Inglaterra para regenerar sus industrias artísticas ya os lo diré luego; ahora, baste decir que puestos de acuerdo dos hombres, obraron la maravilla de poder los industriales ingleses decir en París, en 1855, por boca de su representante, á los jurados internacionales presididos por el príncipe Napoleón y dirigiéndose á éste; «que los industriales ingleses esperaban que los industriales franceses les perdona- rían si se habían aprovechado de las lecciones que les dieron en 185 1;» yo creo, señores, que el orgullo británico no se de- mostró de una manera más insolente después de Trafalgar ó de Waterloo. Los dos hombres que habían conseguido tales resultados eran Enrique Colé y el prúicipe Alberto, el esposo de la reina Victoria; por esto hoy día tienen entrambos su monumento conmemorativo en Kensington, dentro del museo Colé, en el parque el príncipe; cada uno en su punto. Colé presidiendo el trabajo, el príncipe presidiendo al público, por- que Colé y Alberto estuvieron conformes en idear una serie de medios destinados por igual á formar y á ilustrar el público, á los artistas y á los industriales. Aquí hemos visto nombrar á nuestro digno consocio y amigo, á D. Cayetano Vidal de Valenciano, para escribir la Crónica de la Exposición. Y como nuestro consocio tiene bue- na pluma para hacerlo, las fiestas de la vanidad y los lances de la feria barcelonesa, de la kermese española, quedarán para la historia; en cambio, nadie nombró á quien pudiera decirle á la historia, al arte, á la industria, á la política, lo que había sido la Exposición de Barcelona. Unos cuantos perio- distas por deber, y otros experiodistas por amor al oficio y al arte, han hecho lo que dentro de sus condiciones estaba poder hacer, pero yo no creo que ninguno de mis compañeros se sienta mortificado por mí al decirles, que la Exposición de Barcelo- na cerró sus puertas sin dejar ejemplo vivo para el presente y una lección para el porvenir. Y al hablar de mis compañe- ros de la prensa, séame permitido pediros que recordéis al 590 infortunado consocio D. Eduardo Támaro, á quien acabamos de perder, y que en La Dinastía puso tan grande voluntad para que resaltasen las viejas artes de la patria expuestas en la Sección de Arqueología. De lo que hacemos aquí otros juzgarán. ;Me diréis ahora que también en Inglaterra no se hizo nada oficialmente, y que sin embargo, la iniciativa individual y el esfuerzo colectivo lo hizo todo? Cierto. Pero á mi vez tengo derecho á preguntar qué ha hecho hasta aquí la iniciativa indi- vidual y la corporativa. Ignoro, lo confieso, lo que se ha hecho; ignoro lo que se hace; sé algo de lo que se ha intentado hacer, y este algo voy á contarlo. Fueron los artistas, señores, si no hay más que lo que y o sé, fueron los artistas de Barcelona, los que creyeron que de- bía hacerse algo para poner á Barcelona, para poner á nues- tra industria en estado de poder competir con la extranjera, y al efecto se reunieron muchos de los más autorizados de ellos, haciéndome el honor de llamarme á su reunión, lo que me honró y satisfizo tanto más, cuanto que durante la Expo- sición me había permitido decirles con mi habitual lealtad y franqueza lo que me habían parecido sus obras; seña!, pues, de que si no había estado acertado, no había sido por lo menos parcial. Reunión de artistas, reunión de entusiastas. Mis buenos amigos creían que no habían de hacer más que pedir para que se les diera, para que se les dieran medios públicos de apren- der y perfeccionarse. Sólo en aquella reunión de entusiastas me esforzaba yo para hacer que no olvidaran el mundo en que viven. Por lo dicho esta noche, podéis comprender algo de lo que les diría. En resumen, acababa una y otra vez diciéndo- les: señores; como sabemos lo que hay que hacer, pues no tra- tamos sino de resumir, de organizar, lo que se ha hecho y se hace en toda Europa, para el arte y la industria; sabemos y podemos tanto como Enrique Colé, ;pero en dónde está el príncipe Alberto? La reunión se levantó nombrando una comisión para que 59i fuera en busca del príncipe, pues allí se creyó que se debía pedir primero al esfuerzo individual, al patriotismo y á las personas autorizadas é interesadas, su apoyo moral y material, antes de reclamar nada oficial. Así se había hecho en Ingla- terra, así se habíahechoen Prusia, así se ha hecho en Francia, y esto queríamos hacer nosotros. Nombróse para la comi- sión á los Sres. Soler y Rovirosa y Soler y Ferrer, que no pudieron acompañarla por perentorias ocupaciones, á D. José Masriera, á D. Eduardo Llorens y al humilde consocio que de todo esto os entera. Como se creía que el horno estaba caliente, no perdimos tiempo, y nos dirigimos á D. Eusebio Güell para saber si po- díamos contar con su concurso y con su iniciativa. D. Euse- bio nos ofreció su concurso ilimitado, pero se reservó su ini- ciativa. Pasamos á ver á seguida al señor marqués de Comillas, porque la comisión creyó que sus dos primeras visitas habían de ser para los que gozan de la inmensa dicha de ver á sus padres en piedra y en bronce en medio de nuestras plazas públicas, por lo que en vida hicieron como industriales; y el señor marqués de Comillas se demostró desde luego muy simpático y muy dispuesto por la idea que a él nos llevaba. Nos interrogó, le enteramos, quedamos en imponerle más detenidamente de la cosa al llegar el momento de obrar, pues habiéndole dicho al señor Comillas que íbamos á él con la es- peranza de que fuera nuestro príncipe Alberto, aunque se excusó con la modestia que tan bien sienta al que tantos y tan ignorados servicios acaba de prestar á la Exposición Uni- versal, acabó por ofrecernos que, caso de que no encontráse- mos quien quisiera tomar la iniciativa para reunir á los ele- mentos que íbamos concertando para presentar la idea al público, que él los convocaría en su palacio. Pasamos luego á visitar al señor marqués de Santa Isabel, de quien no podemos decir que se mostrara más dispuesto que los Sres. Güell y Comillas, pero sí tan entusiasta y tan convencido de que era necesario hacer algo serio que, des- pués de ofrecérsenos como marqués de Santa Isabel y como Ricart y C. a , nos pidió que le dejásemos á su cargo y como 592 un servicio, el organizar la sección del Museo Artístico-indus- trial consagrada á estampados. Visitamos después á D. Enrique Batlló, y no hay más que citar su nombre para saber que tratándose de industria y de intereses catalanes había de estar dispuesto para todo. Fuimos también á casa de D. Domingo Sert y de D . J o s é Sert, máí para enterarles que para ponerles en lista; que los Sres. Sert hermanos tienen dicho y probado que están dis- puestos á asociarse á cuanto se haga ó se quiera hacer para bien de las industrias artísticas. Dirigímonos después á los señores presidentes de los Fo- mentos de Barcelona, y lo mismo el señor Bosch y Labrús que el señor Sard, acogieron el pensamiento con entusiasmo, ofreciéndose como particulares y como presidentes de los dos grandes centros industriales de Barcelona. Ausentes en aquellos días D. Evaristo Arnús, D. José Ferrer y Vidal, el señor marqués de Alella y otros que no recuerdo en este momento, suspendimos nuestras visitas, no sin haber antes procurado interesar á algunos representantes autorizados de las varias industrias artísticas barcelonesas, como los señores Parellada, Florensa, Fauste, Fita, S. María, Bonastre, etc., etc., que no se mostraron menos dispuestos que los señores antes citados para cuanto de ellos se necesi- tara; y en el ínterin llegaban los ausentes á quienes creíamos deber enterar de lo que se hacía, nos reunimos con los que nos habían delegado, les dimos cuenta del magnífico resulta- do que habíamos tocado; yo tuve que aguantar algunas entre amistosas y severas reconvenciones por mi excepticismo, en- tonando de buen grado el mea culpa y ofreciendo enmienda para lo sucesivo, y allí se formó lista de los principales artistas de Barcelona que debían agregarse á la Comisión organiza- dora: no tengo la lista á mano, ni recuerdo los nombres de los allí designados en número de cincuenta, por esto no cito nominalmente á nadie para no herir susceptibilidades, que ya sabéis, señores, cuan susceptibles son los artistas. Convenimos luego en las líneas generales del plan que debía desarrollarla Comisión organizadora, y como debía ser el señor Comillas 593 quien, al hacernos el honor de reunimos, presentara la idea que á todos nos convocaba en forma concreta, le presenta- mos un borrador de la circular que se había de dirigir á cuan- tos creyeran deber interesarse para el fomento y regeneración d e las artes industriales, al objeto de ganar tiempo, ínterin llegaban á Barcelona los que estaban ausentes y se completa- ba el cuadro de representantes de las industrias artísticas ca- talanas, que debían autorizar la circular que redactamos en los siguientes términos: «Muy señor nuestro: La Exposición Universal de Barcelo- na acaba de demortrarnos que el presente y porvenir indus- trial de esta ciudad está en las industrias artísticas; pero tam- bién acaba de demostrarnos nuestra insuficiencia en ellas. Empero, en cada una se han presentado obras hijas del es- fuerzo individual, que nos han convencido de que el día en q u e se llegasen á reunir y sistematizar todas las energías par- ticulares, podríamos esperar para nuestras industrias artísticas dias de gloria, y para nuestra ciudad y para España honra y provecho. Lograr la realización de tan grande obra es lo que nos hemos propuesto tomando por modelo, gfuía y experien- cia lo que viene haciéndose en Europa desde 1851. ...«V. sabe, que después de la gran lección que los ingleses recibieron en el Palacio de Cristal, propúsose ese pueblo, el que menos tradiciones artísticas contaba, ponerse á la altura de los pueblos más artísticos de Europa, artísticos por tempe- ramento y por tradición, y que esto lo consiguieron en breví- simo plazo gracias al patriotismo de los industriales y amigos d e las artes de Londres y al gran talento práctico de Enrique Colé, el organizador de esas famosas instituciones inglesas de aplicación del arte á la industria, conocidas é imitadas en toda Europa, excepto en Servia, Bulgaria, Rumania, Turquía, Grecia, España y Portugal. «Nosotros no nos proponemos, pues, más que imitar lo que han hecho los ingleses y lo han copiado y perfeccionado Prusia, Wurtemberg, Austria, Baviera, Alemania, Dinamaica, Suècia, Sajonia, Rusia, Bélgica y Holanda.—Imitarlo h ; s t a d o n d e lleguen nuestras fuerzas y apoyos. 38 594 >Como en Inglaterra, pues, nos proponemos educar al público, y por consiguiente crear un museo, que aspire á ejer- cer, por lo menos, la influencia que ha ejercido en Inglaterra el museo de South Kensingthon, que ha ejercido en Wurtem- berg el Centralstelle, que ha ejercido en Moscou el Museo In- dustrial, que han ejercido en Viena y Berlin los Museos de Artes é Industrias de dichas ciudades, que espera en fin Francia de su Museo de Artes decorativas. sComo en Inglaterra nos proponemos hacer sentir la acción del Museo por toda la provincia, por toda Cataluña á ser posible, y ¡ojalá pudiéramos esperar hacerla sentir por to- da España! tomando del Museo los elementos y medios nece- sarios para organizar Exposiciones viajeras ó circulantes, que lleven á los grandes centros industriales, siquiera sea tempo- ralmente, la vista de los modelos que el industrial y el artista necesitan para dar forma á sus concepciones, y el público para formar y purificar su gusto. »Como en Inglaterra, ínterin no nos sea posible reunir en el Museo obras originales maestras, procuraremos, por medio de reproducciones de nuestras obras antiguas, adquirir en cam- bio las que se han hecho en toda Europa en virtud del conve- nio internacional de 1858, que España desgraciadamente no suscribió, si bien mucho más tarde lo hemos beneficiado crean- do el taller de reproducciones de Madrid, con lo cual conse- guiremos conocer las grandes obras industriales del extranjero y darles á conocer las nuestras. i C o m o en Inglaterra nos proponemos crear una Biblio- teca especial de arte industrial, abierta día y noche al es- tudio. i> Como en Inglaterra organizar exposiciones anuales para conocer las necesidades de la industria nacional, y el estado ó adelantos de la industria extranjera. 2 Como en Inglaterra organizar la enseñanza superior del arte aplicado á la industria bajo verdaderas bases de ense- ñanza, no reduciendo ésta á la práctica de copiar obras ó detalles de estampa, yeso ó del natural, si no explicando k s leyes y reglas de la composición de cada una de ellas 595 ' poniendo además junto á la clase teórica la práctica, al lado de la clase de composición ó de perfeccionamiento el ta- ller. j C o m o en Inglaterra, nos proponemos crear todas aque- llas enseñanzas teórico prácticas que necesita el adelanta- miento de nuestra industria. sComo en Inglaterra, pues, nos proponemos crear la en- señanza de todas aquellas industrias artísticas nuevas ó sin tradiciones en el país, ó resucitar las industrias muertas. Así, por ejemplo, nos proponemos organizar un obrador de mosai- cos veneciano, romano y florentino, una clase de pintura al esmalte, otra de pintura sobre porcelana, una escuela en don- de se enseñe el arte encajero con todas sus variedades de punto de burano, veneciano, inglés, flamenco antiguo, irlan- dés, etc.; una escuela de tallistas, otra de pintura sobre vidrio, otra de fabricación de vidrios artísticos, una escuela general de cerámica, porcelana, mayólica y cerámica antigua, una escuela, en fin, de tapices de alto lizo. ï C o m o en Inglaterra, por último, nos proponemos publi- car la gramática de la ornamentación nacional española, para que nuestras industrias artísticas tengan el sello de originali- dad que tanto distingue á las extranjeras. »Para conseguir todo esto también nos proponemos no seguir otros caminos que los abiertos por Inglaterra y que toda Europa ha recorrido. No vamos pues á hacer un llama- miento á la protección oficial, esto podrá hacerse en su día cuando el Estado mismo sienta la necesidad de multiplicar nuestros esfuerzos. Hoy nos proponemos empezar como se ha empezado en todas partes, sumando todos los esfuerzos indi- viduales, y todas las fuerzas locales. »Dado caso que nuestro propósito y programa encuentre en V.... un protector, como esperamos, puede V contribuir á nuestra obra suscribiendo una cantidad alzada pagadera de una sola vez ó á plazos, ó suscribiendo una cuota anual para el sostenimiento del Museo y escuelas, ó regalando ó deposi- tando en el Museo las obras artísticas reales ó literarias con que organizar sus colecciones y biblioteca. 596 »Una suscrición por una sola vez de 500 pesetas da de- recho al título de cofundador. , »Una suscrición anual de 100 pesetas da derecho al títu- lo de miembro del Comité de protección. »Una suscrición anual de 25 pesetas da derecho al título de socio. » Serán considerados como fundadores todos los señores suscritores con derecho al título de cofundadores que se sus- criban antes de la organización definitiva del Museo artístico industrial de Barcelona. Estos tendrán derecho á elegir el Comité directivo que á su vez elegirá la Comisión ejecutiva. Los socios protectores nombrarán la Comisión administrativa. »Caso que creyeran deber auxiliarnos la Excelentísima Di- putación provincial y el Excmo. Ayuntamiento, cada una de estas Corporaciones nombrará de por sí una tercera parte de los miembros del Comité directivo y de la Comisión admi- nistrativa. »La Sociedad se constituirá el día con los señores que nos hayan hecho la honra de ofrecernos su concurso.» Cuando la Comisión pasó á ponerse á las órdenes del señor marqués de Comillas para continuar sus trabajos, el señor Co- millas nos enteró que había hablado con el señor alcalde de Barcelona de lo que traíamos entre manos. Consecuencia de esta entrevista, de la que comprendereis no diga una palabra, fué el excusarse el señor Comillas de convocar á las personas á quienes habíamos pasado á visitar, cuyas conocían el ofre- cimiento que nos había hecho de reunimos, sin que esto sig- nificase oposición á la idea ni que no deseaba prestarle su concurso, sino que creía que se debía dejar el asunto á la ini- ciativa del señor Olérdula. La Comisión abundando en la idea del señor Comillas de que, tratándose de hacer el bien hay que estar al lado de quién lo haga, y no dudando de lo eficaz de la iniciativa del señor marqués de Olérdula, cesó en sus trabajos confiada en los buenos resultados que de seguro se tocarán de lo hablado entre los señores Comillas y Olérdula. Hasta aquí, pues, señores, lo que yo sé de los efectos cau- sados por la Exposición en el círculo de las Artes industria- 597 les, y creo que ahora todos vosotros al saber la caliente adhe- sión de los más altos representantes de la industria catalana á la obra de nuestra regeneración artística industrial, diréis con- migo que, en efecto, no falta sino ese impulso primero que por mi parte he buscado desde 1867 sin encontrarlo ora en los centros oficiales, ora en los industriales, ora en autorizadas representaciones industriales, pues nunca he sentido oposición á la idea, sino una resistencia de inercia de la que tal vez un día os exponga sus causas. Pero ¿qué consecuencia, señores, podemos deducir á prio- ri sobre el estado de nuestra producción artístico industrial de ese concierto de voluntades de los conspicuos represen- tantes de las industrias artísticas de Barcelona, para hacer para ellas lo que se viene haciendo en Europa desde 1851? Que nuestra industria tiene necesidad de esa verdadera protección, de esa eficaz protección del estudio, y que ese es- tudio hoy por hoy no puede hacerse en Barcelona. Porque no puede hacerse este estudio es por lo que noso- tros, gran ciudad, gran pueblo industrial, no poseemos más que uno de los dos elementos que concurren á la producción de una obra de las artes bellas industriales, la mano de obra; lo que nos falta es la mano de la inteligencia. Sé que me escuchan no pocos de los que han tenido re- petidas veces que enseñar á sus obreros cómo se realizan de- terminadas obras, ellos os dirán que han principiado por en- contrar reacios y mal dispuestos á sus cooperadores, pero que ha bastado que les lanzasen á tiempo la palabra mágica que enardece á los hijos todos del trabajo, es decir, «el no sa- bes, pues, hacerlo,» para que en horas tuvieran á sus órdenes las manos adiestradas para la realización de su empeño. ¿Y esto por qué? Porque aquí existe el verdadero temperamento industrial. Preguntamos por la suma de energía, de honradez que nece- sita, por ejemplo, la fabricación de las máquinas de vapor que la Maquinista terrestre y marítima expuso en la sección d e maquinaria, y comprenderéis el alto grado de cultura de nues- tras clases obreras, y lo que digo de las máquinas de vapor d i g o 598 de todas las otras industrias. Ora sea la mano la que directa- mente labre un producto, ora esa mano dirija una máquina, un aparato de física, etc., la más pequeña distracción en la obra, la más pequeña mala disposición producen males irre- mediables. Unas veces la muerte, otras la destrucción del aparato industrial, otras la inutilización de la obra. Un obrero mal intencionado, no descubierto á tiempo, puede causar la ruina de una casa por el descrédito; por esto os aseguro que no puede ser obrero industrial más que el hombre honrado, y que no tenéis que preguntar de un obrero, si no si es buen tra- bajador para saber que es honrado. Esta honradez que dá por resultado la identificación del obrero con su obra, con lo que produce, es lo que permite, lo que asegura la existencia de la industria. Como esos grandes héroes anónimos que en los campos de batalla salvan la hon- ra y la independencia d e los pueblos, ellos en sus fábricas, en sus talleres, en sus obradores, ganan diariamente la batalla que asegura á Barcelona su existencia y su prosperidad. Aho- ra acaban de ganar en el Parque toda una campaña, los que los han dirigido se han podido sentir orgullosos con el triunfo de los soldados industriales que han mandado, las recompen- sas que ostentan son merecidas y justas ;pero podíamos noso- tros, señores, olvidar á sus cooperadores? Por mi parte, señores, no me había de ser posible hacerme cómplice de tal injusticia. Por esto durante el varano pasado, mientras la Exposición estuvo abierta, al encontrarme por ejemplo con el cofrecito de plata dorada calada del señor marqués de Castellvell expuesto por la platería de la señora viuda de Cabot é hijos, decía, ó esa plancha ha sido cortada por el señor Calzada ó es un trabajo extranjero. ¿Tenemos la dicha de poseer otro artífice como el señor Calzada? pues que se diga quien es para pregonar su mérito y su nombre, que sólo honrando al trabajador podemos tener trabajo. Por esto, señores, delante de aquellos muebles del señor Tayá, que no parecía sino que habían sido vaciados en un molde por la maravillosa ejecución de sus líneas, decía que el señor T a y á tenía en sus talleres ebanistas que podían competir con los 599 mejores del mundo. Por esto señores, delante de aquel tapiz d e la España Industrial, decía que, si á lo menos había sido pintado en Barcelona, Barcelona poseía sino los mejores pin- tadores del mundo, pintadores capaces de competir con los más celebrados de Francia, Inglaterra y Alemania. No, noso- tros no podemos negar, por ejemplo, el legítimo derecho con q u e la razón social anónima de la España Industrial ostenta su medalla de oro, porque nosotros sabemos cuales son las con- diciones de! trabajo industrial y las saben nuestros obreros, y por esto, sus patronos os lo dirán, sienten la misma satisfacción q u e ellos por la recompensa obtenida por la casa; pero noso- tros tampoco podemos olvidar álos hombres que han tejido las soberbias telas del señor Malvehy, ni las hermosas alfombras d e los señores Sert, ni á los que han esculpido los modelos y fundido los bronces del señor Santa María, ni á los que han labrado las obras todas de los talleres del señor Vidal. Quiero decíroslo, señores, cuando dominado por la angustia que me causaba la fiebre de mi patriotismo, que no se satisfacía con ad- mirar las bellezas de un producto nacional, sino con el cono- cimiento cierto de que aquel producto era realmente de fabrica- ción española, dudaba de cuanto veía, de cuanto se me decía, y me creía víctima de una gran mistificación; para serenar mi •espíritu me iba á visitar la instalación de los Sres. Vidal y Com- pañía y me refrescaba, haciendo que en mi turbado corazón cayeran una por una como gotas de reparador rocío, las pala- bras de aquel cartelón que decía: «Los objetos expuestos, proyectados y dirigidos por don • Francisco Vidal, han sido ejecutados por operarios españo- » l e s , en los grandes talleres de fabricación de muebles, tapices, ^lámparas, vidrieras de colores, cristales grabados, bronces efundidos, cincelados, repujados y cerrajería artística de Fran- c i s c o Vidal y compañía. » Y ya comprendéis, señores, que, al terminar esta lectura, me sentía hinchado del mayor orgullo y de la mayor confian- za; si todo estocs nuestro, me decía, todo lo podemos, puesto que todo lo sabemos hacer, y me retiraba de la instalación del Sr. Vidal, aturdido por los aplausos que en mis oídos resona- 6oo ban y eran los que mi alma tributaba á los obreros españoles del Sr. Vidal. Convencido, pues, de poseer nuestra industria una mano inteligente, hábil, diestra para la ejecución, aquel funesto y a está bé,ja pot anar, de la industria catalana, se me presenta- ba en sus verdaderos términos. Era un efecto, no de nuestra insuficiencia, no de nuestra negligencia, no de nuestra incu- ria, no de nuestra avaricia, era un efecto de la falta de edu- cación del sentido estético de nuestro público. Si nuestro pú- blico no fuera como nuestros niños, en grado y proporción, si no encontrara como ellos placer en lo imperfecto y hasta en lo monstruoso, no se le entretendría y no se le satisfaría con obras de pacotilla, con obras mal ejecutadas, sino que exigiría los primores de ejecución, cuando menos, que han're- velado que no desconocían muchos industriales españoles. Digo que cuando menos se exigiría que una obra fuese bien ejecutada, porque no se necesita de estudios ni de edu- cación estética, para comprender si una moldura corre bien, si una soldadura está bien disimulada, si unaimpresión es justa, si una tela es bien cosida, si una estampación está bien hecha, si una construcción es sólida. Para esto se basta el buen sen- tido, el sentido común. Que, cuando le es á uno imposible re- cibir un mueble, por ejemplo, con imperfecciones como las que he citado; cuando no puede uno adquirir una obra pinta- da cuando los varios colores discrepan ; cuando uno dice que es falso que aquello esté bien ó pueda pasar, el sentido que tan repulsivo se muestra no es el sentido común, sino el sentido estético. Aquel hombre ha recibido ya una cierta edu- cación estética, y notad que digo una cierta educación y no una cierta instrucción, que ya sabéis que son cosas muy dife- rentes. Educar, pues, á un pueblo, como la madre educa el niño, desde su más tierna infancia, es hacer á un pueblo morigera- do y severo. Porque esta educación es precisa y de ella gozan los pueblos industriales, es por lo que las ciudades industriales, á pesar de las grandes aglomeraciones y contactos de indivi- duos de los dos sexos son más morales, más cultas que las 6o i ciudades que viven de otra suerte, y no quiero probar esto T que ya lo demostré en otra ocasión con estadísticas oficiales de la moralidad pública de las ciudades de España. Esta educación estética general, será tanto más elevada, cuanto más superiores sean los modelos que puedan ofrecerse al educando, y por no faltar estos en absoluto en nuestra ciu- dad es por lo que poseemos, si bien con educación estética inferior, al fin una cierta educación estética. Nuestras gran- des iglesias góticas, nuestros edificios góticos todos han obra- do por sí solos el verdadero milagro de conservarnos un cierto gusto por el arte contra el cual la edad moderna ha lanzado los horrores de la fachada moderna de las Casas Consistoria- les, la fachada del Gran Teatro del Liceo y la fachada del Teatro Principal, de cuyo derribo soy partidario por esta cau- sa, y porque también nos libraría del salón en que ahora esta- mos reunidos. Pero es de la educación como de otras muchas cosas q u e necesitan de la variedad y del contraste para conservarse. Hubo un tiempo en que la buena educación exigía que se par- tiera el pan que se come con el cuchillo y se comiera con éste, hoy esto es de mal tono. Dejemos á otros la averiguación d e cuál de las dos modas es la más racional y conveniente, pero tened presente lo que os digo, y es que veréis de nuevo cortar el pan que se come en las mesas de tono con el cuchillo, si no se acierta á inventar otra manera de comerlo. Recordad que esa futesas le sonrojan á uno y desconciertan cuando nos sentimos sorprendidos contraviniendo las reglas de la buena educación vigente, y que por esto procuramos estar siempre con ella en regla sometiéndonos á sus duras exigencias, que estas mate- rias son las que nos mantienen bien educados y civiles, y q u e por consiguiente, en materia de educación artística, no edu- carnos más que con la vista de nuestros grandes monumen- tos góticos, es dejarnos en la época en que se partía el pan con el cuchillo, cuando ahora hay que partirlo don los dedos. Antes tenía también Barcelona para su educación artística su campo, ese campo hermosísimo celebrado desde la má.^ remota antigüedad y ahora convertido en un tablero de pie- • 6o 2 dra y de ladrillo. Ese campo admirable educaba nuestra vista para el color, sus variados tonos, sus matices, sus modulacio- nes, eran sentidas por nuestros ojos, que luego instintivamen- te se cerraban al contemplar una obra pictórica de la clase que fuera que contradijera las leyes del color, y ese campo no lo reemplaza nuestro Parque con ser uno de los más bellos de Europa. El ensanche de nuestro puerto nos ha alejado del mar, que con sus cambiantes eternos de luz y de color, aun cuando dentro de un círculo cromático limitado, nos educaban para la armonía de los colores. H é aquí la causa del éxito de nuestra Sección marítima en la Exposición. A ella corríamos los viejos porque se nos devolvía lo que se nos había quitado al derribar el soberbio mirador de la muralla de mar; á ella corrían los artistas á endulzar sus ojos con el frescor del color del mar y del cielo y de aquel pedazo de costa de Levante que ofrece á cada hora, á pesar de lo inmutable de sus líneas un cuadro nuevo pintado por el sol para la educación é ins- trucción de nuestros artistas, á ella iban cuantos saben gozar con la vista de !a bella naturaleza, la madre del arte, y á ella iban en tropel los que decían «que aquello era una cosa nueva,> y en efecto, lo era, porque aquello es hoy para nosotros como un cuadro de color en medio de un museo de pinturas monocro- nas, un cuadro del Ticiano en medio de un museo de cuadros d e la escuela académica de la primera mitad de nuestro siglo. Cuando, pues, señores, la Exposición no produjera para las artes industriales más bien que el haber dotado á Barcelona con las nuevas perspectivas del mar y de la costa de Levan- te, no fuera insignificante el beneficio recibido. Pero estos son medios indirectos de educación: es como si se tratara de hacer hombres bien educados con sólo hacer- les aprender de memoria un «Arte de urbanidad.» No; la edu- cación hay que practicarla, y esa educación práctica que se obtiene con el trato social, en la educación estética se obtiene practicando las colecciones artísticas, los Museos. De sobra sabéis lo que hizo público Reynolds, el jefe d e la escuela pictórica inglesa del siglo XVIII, cuyos discursos, no traducidos á nuestra lengua, deberían saber de memoria 6o3 cuantos practican y aman las artes; de sobra, digo, sabéis cuan cierto es lo que él contó relativo á las obras de Rafael de las Loggie del Vaticano, pero aquellos mismos que no notan sus bellezas incomparables y su grandeza divina hasta poder es- tudiarlas, puesto que al fin acaban por este estudio, es señal que sienten el influjo de esa corriente misteriosa que se esta- blece á pesar nuestro entre lo que es digno de ser amado y nosotros, corriente que principia por atraernos, por hacernos simpático el objeto con que nos relacionamos y que acaba- mos por amar con toda nuestra alma. Durante toda la época d e gestación de un sentimiento amoroso vivimos sometidos á su encanto, y su encanto nos hace sentir aquella placidez es- piritual, sin la cual es imposible la bella producción estética. Cierto que son y no pocos los que no llegarán nunca á gozar de la hermosa intimidad de Rafael, que serán no pocos los que después de haber hecho hasta cien visitas á un mismo museo serán incapaces de explicar el efecto que les haya causado una de sus obras, ni reseñar sus condi- ciones y cualidades artísticas; pero á estos les pasará lo que á los que hablan en prosa sin saberlo, que basta con en- señarles lo que es prosa para que sepan lo que ellos hablan, es decir, bastará que se les enseñe una obra anti-artística para que os digan que aquello no es arte, que se les presente una obra que contradiga absolutamente tales ó cuales principios del arte para que señalen esas mismas infracciones, y todo porque como saben que las obras que han visto cien veces en el museo son verdaderas obras de arte y están libres de aque- llas infracciones, afirmarán y podrán afirmar que aquellas in- fracciones son anti-artísticas. Más todavía; serán no pocos, serán los más si queréis, los que no podrán llegar á formular ese juicio comparativo, pero esa multitud no será por esto in- consciente delante de una obra de arte falsa, esta multitud os dirá «no sé porque,pero esto no me gusta:» pero vosotros sabéis, porque sabéis de lógica, que el que formula tales juicios sabe ya algo, y que falta muy poco para que tenga un conocimien- to cierto de lo que cree totalmente ignorar. Dado, pues, que las colecciones artísticas nos educan y 6o4 nos instruyen; dado, pues, que de la vista de las obras de arte sacamos educación é instrucción, la formación de las coleccio- nes artísticas, es cosa que necesita mucho tino y mucho tacto y un grande conocimiento del arte, todo lo cual os parece- rá una insigne vulgaridad, pero creedme que esto no lo es para todo el mundo, y tan cierto es esto, que por la Dirección de la Exposición se pasó una circular á los comisarios de las secciones extranjeras, y supongo que también á los exposito- res españoles, rogándoles que se interesaran para que sus na- cionales dejaran algo para los museos de la ciudad, como si todo lo que se expuso en la Exposición hubiera sido digno de un museo. No, una cosa es un museo artístico y otra cosa es un museo arqueológico, lo que creo que son no pocos los que lo confunden. Cluny no es South Kensingthon. No todo lo que estaba expuesto en las galerías bajas de la sección de Arqueo- logía podía ir á un museo de aplicación del arte á la Industria. Un director que hubiera sabido su obligación, hubiera recha- zado lo más de lo que allí estaba expuesto con el mismo ho- rror con que los griegos rechazaron los presentes de Artajer- jes. En cambio el jefe de un museo de Arqueología sólo hubiera recusado las falsificaciones que no dejaban, por des- gracia, de ser abundantes. Ahora podéis, pues, comprender todos porque giran alre- dedor del museo de South-Kensingthon todas las instituciones inglesas de aplicación del arte á la industria, porque en todas partes es el Centro el museo, lo mismo en Austria, que en Berlín, que en Wurtemberg, que en París. Con el museo se educa al público y se instruye al artista, doble función que no se debe olvidar nunca y de la que es necesario que tengamos un convencimiento profundo, si no queremos que se nos diga lo que Enrique Colé dijo á la co- misión parlamentaria encargada de hacer una información so- bre la utilidad de los grandes gastos que se hacían por la ad- ministración inglesa para la protección industrial por medio del fomento de los medios de instrucción artística. Colé en vista de que los economistas de la Cámara de los Comunes no comprendían esa enseñanza pública por medio del museo, 6o 5 les dijo en el pintoresco lenguaje de Shakespeare que «aque- llo no era cuestión de pan y queso.» Un pueblo, pues, que quiera cultivar el arte y sus aplica- ciones, necesita por lo menos lo que el soldado cuando va á la guerra, armas, y las armas no se encuentran sino en los ar- senales, y los arsenales de la industria son los museos. Pero de la misma manera que es locura arrojar margaritas ad por eos, es locura querer que un pueblo responda al llama- miento del arte si no se le ha educado para la vida artística. Este pueblo sólo secundará al arte en proporción de lo que el pueblo sienta el arte, que, de la misma manera que en la pro- ducción vinícola, corresponden á tantos grados de calor—de la temperatura media—tantos grados en el vino, de la misma manera á tantos grados de cultura media artística correspon- derán otros tantos grados de producción artística. Y de la misma manera que determinadas condiciones climatológicas debidas á accidentes topográficos, determinarán una región vinícola superior al término constante de la producción, de la misma manera habrá excepciones en las artes. Ejemplos: cuan- do al frente de una platería se encuentren artistas como los hermanos Masriera que han practicado y practican las artes del platero, las obras de esta clase se elevarán hasta las altas regiones de la producción artística, como sucede con todo lo que se produce en casa de don Francisco Vidal, como suce- de con los metales incrustados del señor Beristain, con los en- cajes del señor Fauste, con las sederías del señor Malvehy, con las incrustaciones de mármoles del señor Leheque; pero estas y otras excepciones que podría citar por lo mismo que no dependen de condiciones físicas inmutables como las de aquella región especial vinícola, sino de condiciones particu- lares que pueden generalizarse y hacerse extensivas, no p r o - curar esta difusión de medios no es hacer obra de buen espa- ñol, de buen catalán ni de amante de las artes. Sin guias nuestra producción artístico-industrial, pero sin guias de ninguna clase, ¿no ha sido maravilla que, á pesar de su insuficiencia, haya podido salir bien librada al hacer los honores de la casa á la industria extranjera? ¿Cuando nuestros 6o6 artistas no saben dónde y como formarse, como amueblar su fantasía, porque les negamos sus bibliotecas que son los mu- seos; cuando les negamos á nuestros obreros el conocimiento d e otras manos más hábiles ó más discretas que las suyas, porque les negamos el conocimiento de esas perfecciones no presen- tándoselos en Museos; cuando todos les decimos que debe- rían alcanzarlas; cuando nuestros fabricantes faltos de com- paración por carecer de colecciones ó Museos de sus artes, no pueden pretender la corrección en sus obras que desconocen, ni la corrección parcial, porque no ven á diario una correc- ción superior; cuando el público ha de ser forzosamente in- justo con los artistas, obreros y fabricantes, porque el públi- co les ha de juzgar, no según las leyes de la equidad, sino por las de lo justo; conseguir como conseguimos una producción media aceptable, es hacer lo que hasta hoy no ha hecho otro pueblo alguno de la tierra. H o y que todos hemos visto y conocido, hoy sería imper- donable nuestra anterior pasividad para el fomento de las ar- tes industriales. E s imposible que nuestro público que arrebataba las produc- ciones geniales del Japón, aunque sin comprender el motivo de su preferencia, no sea en lo sucesivo más exigente. Los que demostraban sentir como la decoración artístico-industrial se funda en la expresión de la quinta esencia de las líneas y de las formas, como los colores no se han de aplicar por semi- tonos ó matices de un mismo color sino por contraste, han d e pedir á nuestra industria más sencillez en sus composiciones, más color en sus productos. Los que se entusiasmaban con las obras llenas de carácter de Hungría, una nación que re- nace, y de Rusia, una nación que se forma, estos que sentían los ardores del sentimiento patrio, habrán de pedir á nuestra industria, habrán de exigirle que tenga carácter, porque nues- tra historia, nuestro pasado, no es menos glorioso, típico y ca- racterístico que el de Hungría y Rusia. Los que vaciaron una y dos y más veces las instalaciones de Salviatti y de Candiani, y las de los ceramistas italianos, probaron que sentían las be- llezas de la forma y del color en su variedad romántica, como 6o7 los que se atropellaban delante de las obras clásicas de la ce- rámica dinamarquesa, decían que sentían el encanto inmenso de lo ideal en el arte; todos ellos, pues, no dejarán de pedir á nuestras industrias artísticas más variedad de formas, más vida y más idea. Los que en la sección austríaca se extasiaban en aquel conjunto de buen tono y de distinción, que no sa- bían que preferir, porque todo les parecía igualmente bueno, demostraban gozar del placer de un conjunto artístico, del anhelo de disfrutar los encantos de una vida, y de una socie- dad artística como la vienesa, y estos habrán de pedir á nues- tra industria que satisfaga sus aspiraciones. Los que en Ale- mania se embelesaban con formas históricas, que lo mismo recuerdan las glorias de la Alemania imperial de hoy, que las de aquellos tiempos en que su emperador era nuestro Car- los I, dirán á nuestra industria que á falta de invención hay estilos históricos que resucitar, hay tradiciones artísticas que renovar, preferirán vivir con ideas antiguas á vivir como has- ta hoy sin ideas. Los que en Francia y en Bélgica, su hija indisciplinada, se sentían en pleno mundo del arte, y lo admiraban todo sin preguntar por su estilo, sintiéndose capaces de amueblar un salón con un sillón del renacimiento y un gueridón á la Pom- padour ó á la Dubarry, estos comprendían que el arte no es una forma histórica, que el arte no es una cosa que ha sido y sea necesario restaurar, sino una cosa que es y que deviene todos los días, estos pedirán á nuestra industria obras geniales, no querrán que sea ni clásica ni romántica, sino que satisfaga el sentimiento artístico del alma humana, que siente lo bello en donde quiera que esté, así se lo presente Iktinos en el Par- thenon de Atenas, como Roquer, Gual y Escuder en la cate- dral de Barcelona, ó el Bramante en los palacios de Roma. Pero ¿qué sucederá, señores, si no ponemos á nuestros in- dustriales en situación de satisfacer tan legítimas aspiraciones: ¿qué sucederá si no damos á nuestros dibujantes industriales los medios para responder á lo que se les pida? ¿que sucederá si no procuramos á nuestros obreros los medios de adquirir aquella mano que se pedirá en sus obras? » 6o8 Señores: no se desea lo que se desconoce. Hoy nuestro público conoce; por consiguiente, quiere. Hay que darle lo