CAPÍTULO IV * medOM y loa iicraa OBSERVACIONES PRELIMINARES | i os fértiles pastos de la extensa llanura de Media, que subiendo **^** hacia el Norte, se pierde poco á poco á lo largo del mar Caspio en barrancas boscosas y en plataformas elevadas, cubiertas de árboles, habrán seducido muy pronto la población que llegaba del Este y acon- sejádole á vivir más intimamente junta en unas moradas fijas. La sil- vestre, novelesca naturaleza del Noroeste, donde unas praderas abun- dantemente regadas alternan con montañas desiertas y estériles, que se reúnen en algunas partes con las fuentes de Nafta y los lagos salados, en un conjunto de paisajes variados, debían despertar en ella una más espiritual actividad. Los recien llegados deben haberse reunido primero en las partes centrales de la Media, que gozan siempre de una risueña primavera, donde las frutas más sabrosas prosperan en un clima dulce y benigno, cambiando su primitivo sistema de vida errante en otro más tranquilo y social. 100 BALERÍA DEL AHTE DECORATIVO La tradición pinta á Media como un reino organizado. Habla prin- cipalmente del rey de Media Farnos, al lado del mítico rey de Asiría, Niño. Recuerda las guerras que tuvieron lugar entre estos dos monar- cas y la caida de Media, bajo la soberanía asiría. En 700 años antes de J. C , libertándose los medas de ese pesado yugo, que tan largo tiempo habían llevado, aparecen en la historia como pueblo independiente y activo. Se ve Dejoce á la cabeza del Estado, cual soberano libremente ele- gido por el pueblo. Con inteligente firmeza y severo espíritu de orden, reunió el reino, que, como parece, estaba amenazado por la anarquía, le impuso leyes fijas, restituyó al Estado de Media, que había sido ani- quilado, su antiguo y respetado esplendor, y amparó el país al exterior por medio de construcciones militares. Durante su reinado, que fue de cincuenta años, logró con su sabiduría, y además con próspera suerte, elevar Media á ser otra vez un Estado poderoso é independiente. El sucesor de este enérgico restaurador de la soberanía meda, su hijo Fraorte, apoyado en tal herencia, pudo ya emprender conquistas. Apo- deróse, penetrando victoriosamente muy en el interior del país hacia Oriente, de los territorios persíanos, que probablemente estaban enton- ces poblados solamente por algunas tribus aisladas. Media, favorecida por las invasiones que habían efectuado las hordas del Nordeste y por el decaimiento de la gloria asiría, había llegado á la cumbre de su brillo y de su fama, bajo el rey Cyaxares. Desde que hubo aniquilado Nínive y que Media se alió con el reino de Babilonia ya independiente, fue con este último la potencia principal del Asia anterior. Entonces levantóse el pueblo de los persas. En su país, general- mente silvestre y montuoso, había guardado sus primitivas sencillas costumbres, tan favorables al valor y á la fuerza, sin ceder á la influen- cia de la molicie enervante, que poco á poco habia penetrado en la Media. Las desnudas montañas en el Norte, que se juntan con distritos desiertos y estériles, los cuales se extienden hasta las fronteras medas y partas; las sierras escarpadas y casi inaccesibles en el Oeste, los infe- cundos arenales á orillas del mar, no podían contribuir á hacer menguar las fuerzas de la población. En el interior del país, en un espacio rela- tivamente limitado, en los valles rodeados de montañas, que se elevan ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 1£H á manera de terrados, y abundantemente regados, podia y debia des- arrollarse una más elevada cultura. El valle de Schiras, el más favore- cido por la naturaleza, en el cual parece reunida toda la vegetación de Persia, donde en la primavera las más hermosas flores derraman su exqui- sito perfume entre bosques de ciprés y mirtos, era muy limitado para el conjunto de la población, ni podia tener más influencia que una espiri- tual y vivificadora para el alma. Quedó, pues, aquel pueblo, á conse- cuencia de las condiciones locales, fuerte físicamente y espiritualmente despierto. Las diferencias climatéricas que, para decirlo así, repartían el terri- torio de Persia en tres secciones, reconocíanse también en sus habitan- tes. Los persas, después, como se cree, de haberse separado en tiempo muy remoto, de los indios, con los cuales no formaban más que un solo pueblo, y haberse apoderado de aquellas campiñas donde vivian como pastores, habían llegado á vivir, parte como en tiempo antiguo, parte como labradores, formando tribus, establecidas. La mayoría estaba com- puesta de robustos nómades, cuyos recursos eran la caza y el producto de sus rebaños. Las tribus establecidas tenian la mayor autoridad, que es la consecuencia de una más elevada cultura; pero también entre ellas se conservaba la patriarcal división de las castas, una especie de nobleza más ó menos distinguida. A la cabeza estaba la raza de los aqueméni- des. También los reyes de Media habian, según la antigua costumbre de Persia, entregado á los miembros de aquella familia el gobierno del país, y tenian algunos de ellos como rehenes para asegurarse contra la rebelión del pueblo. En tales circunstancias Ciro, hijo del aqueménide Cambises, sátrapa persa-medo, fue criado en la corte de Media. Ani- mado por el pensamiento de libertar á su pueblo, enterado del decai- miento de los medos y de la debilidad del rey Astiages, logró persuadir á los persas al levantamiento que causó la ruina del reino, quedando Ciro único soberano (550 antes de J. C ) . Alentado por la victoria, sos- tenido por sus vigorosas tribus, continuó á avanzarse en los países occi- dentales. Como cuerdo general, activo y firme.en sus empresas, some- tió las tierras del Noroeste de Asia y los países de las costas del Medi- terráneo; luego se estableció firmemente en Siria, y derribó el reino de Babilonia, que acababa de recobrar su antiguo explendor. Los hebreos 102 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Ilía prisioneros, le acogieron con júbilo; él les concedió volviesen á su patria (538 antes de J. C ) . Dueño entonces de toda el Asia anterior, llegó hasta el Cáucaso y los países orientales á orillas del Jaxartes. Un tan extenso, poderoso, colosal Estado, tan rápidamente con- quistado, fue la herencia de su hijo y sucesor Cambises. Este anhelaba continuar en sí mismo la gloria y la fama del padre, y dirigió las armas contra Egipto; peleó allí con próspera suerte; sus hazañas estuvieron coronadas por la victoria; tuvieron al contrario un éxito infeliz en Etio- pía. Una revolución de los magos, que estalló en su propio reino, le obligó á volver precipitadamente, y sucumbió en el regreso. Darío, hijo del gobernador persa Istaspe, colocóse á la cabeza del Estado, amena- zado por una discordia general. Diestro y mañoso, valeroso y enérgico, logró reanudar las provincias divididas y frenarlas por el miedo. Con previsora sabiduría trató someter las tribus de la opuesta orilla del Mar Negro, hordas errantes que estaban siempre amenazando al Sur. Juzgó oportuno atacarlas por el lado del mar. Sin aguardar que estuviese enteramente dispuesta la innumerable armada que se necesitaba para aquella empresa, llevó al resto de su ejército consigo, atravesando el Bosforo sobre un puente gigantesco. En Bisando, por primera vez pisa- ron los persas el suelo de Europa. El éxito desdichado de esta campaña, que tuvo por consecuencia una excursión en las costa de Grecia, no pudo desalentar el enérgico y activo ánimo del monarca, el cual con un nuevo ejército en seguida se dirigió hacia el Este. Las victorias que allí alcanzó aumentaron desme- didamente la extensión del reino. Después de haber sabiamente orde- nado las reglas para gobernar tan ensanchado coloso, establecido en todas partes gobernaciones de sátrapas y en su propia corte el ministe- rio central, á pesar de una segunda infeliz empresa contra Grecia, aban- donó la vida como el más glorioso héroe del Oriente. Con él murió el temible poder del Este. Su hijo y sucesor fue Jerjes, cuyo objeto era someter á Grecia, lo que no había podido logar su padre. Entró en aquel territorio con un ejército tan numeroso, escogido entre todas las pobla- ciones de su inmenso reino, que nunca se había entonces oido hablar de un tan innumerable conjunto de fuerzas. Pero la superioridad de la inteligencia en los amenazados, triunfó de la masa de fuerzas materiales. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 1ÍIH Aquel ejército, compuesto de tantos millares de guerreros, fue disper- sado, aniquilado, y sirvió únicamente para abonar el suelo de Grecia y asegurar á su pueblo una fama duradera, una formidable grandeza. Jerjes no poseía el espíritu de su padre: acobardado y debilitado por el fracaso de sus ambiciosos designios, entregóse desde entonces á los placeres, á la molicie y á la pompa, para lo cual le facilitaban los medios los inmensos tesoros de su reino. Siguieron su ejemplo muy pronto las personas principales de su corte. También para Persía em- pezó el acostumbrado espectáculo especial de Oriente de la fuerza men- guada por el lujo y los placeres. El Estado, sabiamente organizado por el rey Darío, llegó á ser tan solo una administración de sátrapas. El mismo rey sucumbió finalmente víctima de una mezquina intriga de serrallo. Su sucesor fue Artajerjes I Longimano. Este tentó en balde impedir la separación del Estado de las ciudades de costa del Asia Menor. Dario II se vio obligado á aliarse con el Occidente y á acoger en sus tropas soldados estranjeros. En los reinados siguientes de Arta- jerjes II y III no aparecieron más que relámpagos de la antigua gloria de Persia. El despotismo cruel y bestial de este último habia causado en el pueblo una corrupción general. Bajo Alejandro, el Macedonio, el más esforzado monarca de Grecia, el Oriente poco á poco quedó some- tido á este país. Las batallas de Ixos y Arbela contra Dario acabaron de arruinar y aniquilar el poder de los soberanos persas (entre 336- 330 antes de Cristo). Solamente algunos restos relativamente escasos del arte antiguo de Persia se han conservado hasta hoy dia, ruinas de aquellas terribles catástrofes. Consisten en escombros de edificios, que se elevan en el interior de Persia, á manera de grupos, sobre los colla- dos de los valles. Monumentos de las antiguas residencias, las ruinas de Pasargada y de Persépolis son las más notables; estas últimas sobre todo, pues ofrecen una clara idea del antiguo traje persiano en general, siendo, como las ruinas de los palacios asírios, cubiertas de varías esculturas. La campiña de Media posee bastante mezquinos restos del tiempo antiguo. Únicamente en el Norte del reino, en el moderno Azerbeidschan, algunos montones de escombros proporcionan unos pocos testimonios que consisten en algunos varios objetos. Como los persas, según refieren los autores antiguos, poco á poco llegaron á 27 101 GALERÍA DEL AKTE DECORATIVO poseer la cultura y á imitar las costumbres medas, los monumentos que han dejado generalmente desquitan por la falta de los de Media. EL TRAJE Exceptuando una escultura de relieve que se considera como el re- trato de Ciro, el cual adorna la parte anterior de una pilastra del anti- guo palacio de Pasargada y recuerda en la ejecución el sistema del arte asirio, las demás dejan reconocer una mezcla singular de varios estilos. Así como el traje de la citada figura es parte asirio y parte egipcio, indicando una estrecha relación de los persas con aquellos pue- blos, así la forma artística en las imágenes monumentales persianas apa- rece compuesta de elementos asirios y egipcios. Ni domina en ellas la pesadez amanerada, casi convencional, de las esculturas asirías, ni la regla fija, según la cual las figuras de relieve egipcias, aunque elegantes y esbeltas, estaban ordenadas las unas tras las otras, en la misma acti- tud y faltas de animación y de vida. Reconócese también en las figuras persianas la generalización de la forma natural; pero parece ser esen- cialmente causada por la pobreza de imaginación en los artistas más bien que por una ley establecida exterior, que mandase no apartarse de un sistema fijo. Como todas las esculturas que se han conservado, en el mismo modo que los bajo-relieves egipcios y asirios, tenian por objeto un ornamento arquitectónico, y como sin excepción debian úni- camente representar la vida ceremonial de la corte, no podían los artis- tas traspasar ciertos límites, á consecuencia del asunto, y por ello mis- mo tienen algo de tieso. Mientras los artistas debian conformarse por una parte á la simetría que requieren los edificios en la distribución de las figuras y de los grupos, por la otra estaban obligados á reproducir el profundo reposo que reinaba en la corte persiana, en sus obras figuradas. El sistema artístico persiano es, para decirlo así, la frontera que separa el oficio del arte. En él y por primera vez hay un más elevado sentido del plástico desarrollo en los pliegues. En el retrato de Ciro contentáronse todavía los persas como los asirios, con los contornos de la forma, dejando á parte los pliegues; al contrario en las imágenes ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 105 monumentales de Persépolis, se reconoce claramente el deseo de arrimar el contorno por medio de los pliegues. Esto se ve sobre todo en las figuras que tienen una actitud de movimiento, en las simbólicas repre- sentaciones de luchas de los soberanos contra las ñeras, mientras que en las figuras en actitud tranquila, los pliegues son todavía simétricos y sumamente tiesos. El traje ceremonial, muy rico de pliegues, acaso causaba esa monotonía, siendo distintivo carectirfstico del mismo traje, que tampoco bajo el punto de vista del arte debia sufrir alteración ninguna. Solo vacilando se habian acaso atrevido los escultores á escul- pir los pliegues con naturalidad, y debian contentarse con trabajar lo más importante, la forma, pues el adorno encargábase á los pintores. Es cierto que las imágenes monumentales persianas, también las partes arquitectónicas, estaban adornadas con pinturas de varios colores, como entre los egipcios y los asirios; testimonio de ello son las relaciones entre los persas y aquellos pueblos, y además algunas huellas de pin- tura que se encontraron entre los citados escombros. Las inmensas riquezas y los tesoros de toda clase que les propor- cionaron sus victorias sobre los pueblos vecinos, el señorío sobre todos los países adelantados desde muchos siglos en la industria y el comercio, pronto los familiarizaron con sus artículos de lujo, y, como acontece todavía entre pueblos primitivos, pero capaces de cultura, luego cam- biaron su antiguo traje sencillo y desprovisto de adornos con la variada pompa de los vencidos. El traje de los antiguos persas estaba relacionado con las condiciones climatéricas del país, y sus primitivas ocupaciones, la caza y la cria del ganado, consistía, en un principio, sencillamente en pieles que cubrían el cuerpo. Algunas tribus, que no habian recibido influencia extranjera, con- servaron en todas las épocas del reino aquella vestidura, es decir, se cubrian las piernas con pieles y llevaban una capa formada también con pieles. Sin embargo, el trabajo necesario para que esa materia se cambie en verdaderos trajes llevó muy pronto la vestidura nacional, que cubria enteramente el cuerpo. Este antiguo traje persiano, enteramente de cuero, según testimo- nios escritos, consistía para los varones en calzas, faldas y cintura, luego una suerte de gorra y un sencillo calzado. Cuando los persas vencieron á los medos, Ciro introdujo en su alcázar, con el refinado ceremonial de la corte meda, también el traje de Media, y causó una relación cere- monial entre la vestidura y el rango de las diferentes clases. El vestido medo fue distintivo entonces de los principales personajes. El monarca obsequiaba con una tal vestidura á sus favoritos; aquel traje separaba á los empleados de corte de las personas de rango inferior. Quedaron éstas con su vestido de pieles, y este traje continuaba también en la servidumbre de la real casa. Ningún pueblo fue más inclinado que los persas á adoptar costumbres extranjeras; así no bastó á sus soberanos introducir costumbres y traje de Media. Extendiéndose su dominio sobre los países orientales y occidentales, tomaron de sus habitantes lo que convenia á su afición para la pompa exterior. De los reinos del Asia Menor, de los lidios y frigios, de los asirios acostum- brados al lujo, y de las cortes babilónicas, hasta de las tribus del Nor- deste imitaron el uso de tener esclavos para servirlos y ciertas particu- laridades del traje, que añadieron parte al antiguo traje persiano de los empleados de corte inferiores, parte á la vestidura meda de los superio- res, como distintivos del rango y de la dignidad. Así el citado traje de cuero fue reemplazado por otro de igual corte, pero de más blanda materia; el antiguo sombrero por una gorra semejante á la llamada gorra frigia; en lugar de las apretadas calzas de cuero entraron una suerte de calzones anchos y botas, parte de traje que recuerda los países del Nordeste. El único parecido que tenia el traje medo con el persiano consistía en lo que ambos cubrian enteramente el cuerpo. Por lo demás, estaba compuesto de anchas y largas vestiduras, superiores é inferiores, que ocultaban cualquier defecto en las formas, preciosos zapatos y no menos rico tocado de cabeza. Unos escritores menos antiguos nos informan que era parte del completo traje medo un abrigo á manera de capa y calzones. Sin embargo, mezclaban acaso lo persiano con lo medo, ó miraban sólo en imitar el lujo del tiempo menos antiguo. Puede ser que los monarcas persas hayan adoptado aquellos trajes por la materia, que era comunmente una lana muy fina y, como es muy probable, también una fuerte seda purpúrea ó parda, ó encarnada oscura. Aquellos testi- ENCICLOPEDIA UNIVEliSAl- ] Los hijos de Israel, como las últimas clases de Egipto, habían empren- dido su peregrinación, desnudos ó apenas cubiertos con delantales, llevándose sus ollas de barro y demás cosas envueltas en trajes más anchos; los acompañaban una multitud de populacho y un grandísimo rebaño de ovejas y reses mayores, y asi lograron escaparse de la muerte 23R ' GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO que el faraón les destinaba. Es cierto que sus armas, escasas en número, eran únicamente espadones, cuchillos, arcos y hondas; pronto estuvieron obligados á combatir las tribus errantes del desierto. Aunque el pueblo llevase consigo, emigrando, varios objetos de los egipcios, útiles de oro y plata y acaso trajes también, en la larga dura- ción de su viaje debia haber acudido á su propia industria. Ocupado casi únicamente en la cria del ganado y en su defensa, el mismo ganado le proporcionó los medios necesarios. Obligado así á volver á sus sen- cillas y originarias costumbres de pastores nómades, debió también vol- ver á sus antiguas ocupaciones, necesarias para ese modo de vivir. La habilidad de las mujeres israelitas en hilar y tejer, especialmente des- arrollada bajo el influjo egipcio, el recuerdo de los oficios perfeccionados en esa tierra, contribuyeron á facilitarles la fabricación de los trajes. Pues es lícito suponer, á pesar de la oscuridad que envuelve esos anti- guos tiempos, que generalmente en lo esencial se pareciese el traje hebreo al de los árabes nómades, usado en parte también hoy dia, las armas á las antiguas del mismo pueblo y así también los adornos. Las guerras encarnizadas que proporcionaron un rico botin á los israelitas, les hizo usar algunos objetos ya citados del traje del Asia anterior y de Siria. Pero más numerosas fueron las armas que adopta- ron que los trajes extranjeros. En la época de los Jueces, en la cual los israelitas se apoderaron por medio de sus victoriosas guerras contra los ricos pueblos vecinos, de varios preciosos tesoros, los emplearon más bien en adornar esplén- didamente lo que tenia relación con el culto religioso. Si Aaron habia erigido en el desierto el becerro de oro con los pendientes del pueblo, el héroe Gedeon hizo con los anillos -de los madianitas vencidos, las lunas de plata y collares, adorno de los camellos, y los trajes purpúreos de los príncipes muertos, un ídolo de oro, y para adornarle, un ephod (especie de manto) entretejido de oro. Desde el firme establecimiento de la monarquía y el Estado más tranquilo de Israel, empezó el traje del pueblo á ser más completo y más rico. Aunque Saúl quedase aficionado á las antiguas y sencillas costumbres; aunque tuviese poca inclinación al lujo, ya durante su rei- nado empezó á dominar la pompa, especialmente en la armadura de los ENCICLOPEDIA UNIVERSA!, 239 grandes. Preciosas eran las armas del rey, y tan conocidas hasta de sus mismos enemigos, que las enviaron en el país como señal de la muerte de ese monarca. Mucho se desarrolló el lujo bajo el reinado de David. Sus relaciones con los fenicios, especialmente el pomposo ceremonial de la corte tiria, que él imitó, tuvieron por consecuencia el desarrollo cada vez más extenso de la pompa exterior, la cual dominaba en los países occiden- tales. Bajo Salomón el lujo llegó á su apogeo. A pesar de los tristes cambios de fortuna que sufrieron más tarde los hebreos, quedó siempre floreciente el lujo personal. Aficionados á adornarse con los productos del lujo extranjero, nunca habían rehu- sado tampoco de los enemigos admitir objetos especiales de adorno. Entregáronse voluntariamente al influjo de la pompa asiria, y durante su esclavitud en Babilonia, mezclaron su traje nacional con el babiló- nico. Bajo el dominio de los Tolomeos y de los romanos, parece tam- bién adoptaron algunos trajes especiales griegos y romanos. Tales cambios tuvieron lugar, naturalmente, entre los ricos y los principales. Los hebreos pobres llevaron siempre su antiguo traje nacio- nal. Este consistía en una especie de camisa con mangas cortas, un abrigo á manera de capa y un calzado sencillísimo. Una notable influencia sobre la duración de esa vestidura ejerció la circunstancia que la ocupación principal de las mujeres israelitas habia sido siempre hacer los trajes de ambos sexos, ni despreciaban tal trabajo las de rango principal. Bajo el reinado de Herodes, las reinas y las princesas hacian los trajes de lujo. Mientras las clases pobres empleaban especialmente la lana de las ovejas, de las cabras, de los camellos y el cáñamo crudo, las más aco- modadas se servían de la lana más fina del país ó extranjera y del lino, procedente casi siempre de Egipto. Se prefería el color blanco en los trajes tejidos con esas preciosas materias, especialmente en las fiestas y ceremonias religiosas, pero usaban los hebreos también las vestiduras de varios colores como los pueblos vecinos. Los trajes purpúreos espe- cialmente tenían mucha aceptación entre los ricos. Sin tomar en cuenta la ley que prohibía á los seglares vestir trajes entretejidos de lana y lino, se permitía sin embargo cualquier clase de 240 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO adornos. Es cierto que desde Salomón también las industrias asiría y babilónica de bordar y tejer en varios colores habían sido cultivadas con perfección entre los hebreos. Con la creciente preciosidad de los trajes y la facilidad de ensuciar los tejidos blancos en un clima caliente, aumentó la necesidad de lavar- los con mucha frecuencia; llegó á ser ésta una medida higiénica para la salud. Los lavanderos formaban una clase aparte, y tenían comun- mente sus oficinas fuera de la ciudad, en distritos especiales. Pocas noticias nos dan las Sagradas Escrituras, exceptuando lo que se refiere al traje ceremonial de los sacerdotes, sobre la forma de las vestiduras de los ricos hebreos. El traje varonil, á lo menos hasta el tiempo de la esclavitud babi- lónica, consistía principalmente en un traje interior sencillo ó doble, una cintura para sujetarle y un abrigo á manera de capa. La forma del traje interior quedó siempre igual también en la época del mayor lujo; era una camisa con mangas cortas ó largas, que á veces llegaba solamente hasta las rodillas, más á menudo hasta los pies. Los más pobres la llevaban de los citados tejidos groseros. Aun- que fabricadas sin el auxilio de la aguja, su espesor no favorecía la formación de elegantes pliegues como las telas finas de las largas y anchas camisas de los ricos. El que no llevaba más que un solo traje, se llamaba desnudo en el lenguaje común ó á lo menos miserablemente vestido; al contrario el traje doble, se consideraba lujoso. Jesús lo pro- hibió á sus discípulos. Los profetas del tiempo antiguo se contentaban con un solo traje y sandalias; algunas veces con un delantal de piel ó de crines y una capa también de crines, como el profeta Elias. Los gran- des, en la época de los Jueces, y más aun en las épocas siguientes, usaban, debajo de la de lana, una camisa de lienzo. Esta última era ó más corta que la otra, ó mas larga, como entre las tribus vecinas. Bajo la influencia extranjera que sufrieron los israelitas durante la esclavitud babilónica y la dominación de los persas, adoptaron proba- blemente de los caldeos el traje interior muy ancho y de los persas la larga camisa con mangas. Una parte muy importante del traje era la cintura. En los primeros tiempos, la cintura era de piel ó de fieltro de lana, más tarde quedó de ENCICI-OrEDTA UNIVERSA!, '¿11 esta manera únicamente para las clases pobres. Los ricos también en ella imitaron el lujo extranjero, pues llevaban, á manera de cinturas, fajas de lienzo ó lana, entretejidas de oro y á veces adornadas con pie- dras preciosas. Los ricos llevaban el puñal y el cuchillo en la cintura; los escritores ó sabios el recado de escribir: la cintura á veces servia tam- bién como bolsillo. El traje exterior, en su más antigua forma, era sin duda una manta oblonga-cuadrada, muy ancha, que se usaba como un abrigo. Además de esta sencilla vestidura, los israelitas usaron también las capas de las tribus del Asia occidental, luego la de sus vecinos orientales. Desde que se rozaron con los habitantes de Damasco, aficionadísi- mos al lujo, bajo el reinado de Joacas y el siguiente de Jeroboan II, el traje de esa ciudad acaso habia penetrado entre las clases acomodadas con el traje fenicio ya en parte adoptado. Usaron entonces, no tan sólo el más rico ornamento de los trajes interiores, sino también el más ele- gante desarrollo de los abrigos, como se ven en algunas esculturas asi- rías, que representan prisioneros de otras naciones. Tales abrigos, como los mantos preciosos imitados de los asirios, que también se encuentran representados en unos bajo-relieves de Níníve, eran, entre los judíos, distintivo especial de las personas de rango elevado. Así más tarde los anchos caftanes medo-persas. El lujo en el traje de los más ricos entre el pueblo, quedó limitado, por lo que se refiere á los trajes exteriores, parte á verdaderas faldas, cuales ya en tiempo antiquísimo parece hayan usado especialmente los habitantes de las costas, parte á las ya citadas anchas mantas dobles ó á una capa formada con dos mantas. Los trajes á manera de faldas, casi siempre procedentes del extranjero, tal vez se usaban únicamente en el invierno. A menudo preciosamente teñidos en color carmesí, á veces estaban guarnecidos y forrados con pieles. La capa se parecía ente- ramente al antiguo traje de las mujeres cabilas; probablemente origi- naria de otro antiguo traje hebreo. Consistía en dos piezas de tela oblon- gas, iguales, unidas enrededor de los hombros, y cubria, como el traje árabe, la parte anterior y la posterior del cuerpo. Ese traje, que se llamaba Ephod cuando lo llevaban los sacerdotes, se sujetaba con cintas ó gan- chitos en las aberturas. En ese traje, que acababa en cuatro ángulos, 212 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO y en el largo y ancho abrigo podía efectuarse el precepto de adornar las puntas de los trajes exteriores con flecos y cordones purpúreos. Este adorno, que más tarde ofreció favorable ocasión á los hipócritas, es decir, á los fariseos y escribas, de aparentar mayor religiosidad engran- deciéndolos en lo posible, encuéntrase en los trajes de las esculturas asirías y en las imágenes de los monumentos persas. La época griega añadió á los citados abrigos, pero solamente para militares, la ligera capa del ginete (clámide), y la época de la domina- ción romana la pénula, á veces provista de capucho y enteramente cer- rada; verdadero traje romano para lluvia, viaje é invierno. Las calzas usadas por los vecinos orientales de los hebreos, asirios y babilonios, á las que eran especialmente aficionados los persas, tuvie- ron aceptación muy tarde, y los israelitas las llevaban sólo raras veces, aun mientras moraron en Babilonia. Parece que allí solamente los judíos de rango elevado las usaron, así como en general el traje caldeo. Se amparaba y se adornaba la cabeza con fajas masó menos anchas, arregladas ó como gorras ó como turbantes. Estas, y acaso también las gorras á manera de capuchos, eran únicamente artículo de lujo para las personas principales. Los más pobres se contentaban con anudar el cabello por medio de un cordón, ó como los árabes de nuestros dias, cubrían la cabeza con un sencillo y grosero pañuelo de lana. El calzado quedó en análoga relación á las diferentes clases como su tocado de cabeza. Las personas principales únicamente, y casi siem- pre al salir de su casa, usaban las suelas y los zapatos elegantemente trabajados de los fenicios, asirios y persas, mientras el pueblo trabaja- dor y los criados iban descalzos ó llevaban groseros zapatos de piel ó de palo. Muchas veces los grandes, también en tiempos más modernos y lujosos, hacían llevar su calzado por los esclavos que los acompa- ñaban. Lo parecido entre el traje usado generalmente entre los antiguos pueblos asiáticos, tanto varonil como mujeril, puede servir también para el de los hebreos, además porque esa analogía, especialmente para los pueblos no asiáticos, está probada por las imágenes. Si pues la ley, ENCICLOPEDIA UNIVERSA!: 243 (probablemente fundada por el culto afeminado tiro-sirio, que se habia introducido entre los judíos) mandaba: «No debe el varón llevar traje mujeril ni la mujer traje de hombre; Jehová, tu Dios, aborrece al que lo hace;» esto indica, no solamente la citada semejanza entre el traje de los dos sexos, sino también y especialmente la diferencia de que ya se habló entre el tejido que servia á los varones y el que servia á las mujeres. El traje de las mujeres principales, por el número de las prendas, consistía, como el" de los varones, en varias vestiduras superiores é infe- riores y varios adornos de cabeza de diferentes formas. Como prenda especial de mujer, á lo dicho se añadía el velo, preciosas joyas y riquí- simo calzado. Tan lujoso traje pertenece, sin embargo, al período en que más dominaba la pompa. Hasta el tiempo de Saúl, y también bajo el reinado de David, las esposas é hijas parece se hayan contentado con el antiguo y sencillo traje que seguian usando las clases inferiores. Desde aquella época, especialmente bajo Salomón, y después, los blan- dos y delgados tejidos, la muselina de algodón, el lienzo finísimo que proporcionaban el comercio egipcio y el indio, como los trajes purpú- reos de los fenicios y los bordados de Asiria y Babilonia, encontraron demasiada aceptación entre las mujeres. No solamente las citadas telas eran preciosísimas, sino que también se adornaban las mujeres con prendas de esas mismas telas sumamente anchas, ricas de pliegues y tan largas que las arrastraban por el suelo. Así se hacia la camisa de anchas mangas, que en el interior de las casas casi siempre llevaban las mujeres como única vestidura. Hasta en los últimos tiempos se acos- tumbraba generalmente abandonar antes de acostarse esa única prenda é ir á la cama enteramente desnudos. El principal adorno de aquel traje tan elegante como sencillo con- sistía en una bonita guarnición de los bordes y en la preciosa cintura, que se reemplazaba con otra más sencilla cuando otra más preciosa prenda cubría la inferior. En este segundo traje se desplegaba lodo el lujo mas espléndido. Las mangas, muy anchas y largas, llegaban, en elegantes pliegues, hasta el suelo; diminutos adornos de lámina de oro, ornamentos de perlas y piedras preciosas guarnecían el borde y la abertura del cuello. 214 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO La ancha tira que servia de cintura ó la faja ricamente bordada corres- pondía á la variedad de los colores de los demás adornos. Las cinturas eran especialmente preciosas, casi siempre adornadas con cadenitas de oro, chapas del mismo metal, piedras preciosas, etc. Las fajas se formaban con ricas tiras tejidas de diversos colores, muy largas y anchas; esas fajas rodeaban varias veces el cuerpo, llegando al pecho ó más abajo. De ellas colgaban, por medio de elegantes cadeni- tas, unas bolsas de piel finísima ó de estofa, también adornadas con dijes de oro. El traje superior, que se vestía ó se echaba sobre esas prendas infe- riores, daban cumplimiento al esplendor del conjunto. Es muy probable que esa prenda fuese, como para los hombres, un caftán más ancho—traje largo ó corto, abierto delante, con mangas largas ó cortas—ó un abrigo muy ancho, á manera de capa; tanto el caftán como la capa no eran menos ricamente adornados que los trajes inferiores, pero de color purpúreo ó vario, mientras que los inferiores eran de un blanco deslumbrante. Un velo rodeaba la cabeza y se anudaba debajo de la barba. El tocado de cabeza, debajo ó encima del velo, según el capricho y la riqueza de cada cual, consistía, parte en cofias de oro, á manera de red, adornadas con perlas, piedras preciosas y otros dijes; parte en pre- ciosos cordones de perlas ensartadas, de piedras preciosas, coral y cha- pitas de oro, con los cuales se trenzaban los cabellos, y parte en ricas cin- tas de púrpura bordadas con flores de oro. No menos precioso era el adorno del calzado. Consistía especial- mente en suelas de cordones ó zapatos de cintas, hechos con piel encar- nada ó amarilla, adornados con ganchitosde oro. Sin duda las hebreas imitaban la costumbre de las jóvenes solteras tirias, las cuales, dice el poeta Virgilio, anudaban el coturno de púrpura hasta las pantorrillas; y también Judit, para agradar á Holofernes, debia sujetar las suelas á los pies. Al salir, en fin, se cubría enteramente la mujer con un ancho man- tón, más ó menos fino, á veces transparente, de color oscuro ó purpúreo, y hoy dia se lleva negro. Ni los profetas dejaron de hablar contra un lujo tan afeminado como ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 245 el que acabamos de describir, el cual duró, especialmente entre las muje- res hebreas, hasta la época de los apóstoles. Quedó siempre un punto muy principal en sus sermones contra la corrupción de las costumbres del pueblo. Amos y Osea no callaron nunca acerca la desmesurada afi- ción al lujo que se había introducido entre la raza de Jacob bajo el rei- nado de Jeroboan II. Isaías, aumentando aun más la pompa bajo el gobierno de Jotam, lanzó contra ella las más encarnizadas reconvencio- nes. Pintó con espantosos colores la molicie y el desenfrenado lujo en los trajes de las bellas judías, y trataba de aniquilarlas con aterradoras com- paraciones: «Pues que las hijas de Sion, dijo, andan orgullosas con la cabeza erguida y los ojos afeitados, pisando lentamente el suelo con a'nillos de oro en los pies, el Señor hará desnudas de cabellera la cabeza de las hijas de Sion y descubrirá su vergüenza. Luego el Señor borrará y destruirá todos los adornos, el brillo de las cadenitas de los pies, los pequeños soles y las pequeñas lunas, los pendientes, los brazaletes y los velos, los ornamentos de la cabeza, las cadenas, las cin- turas, los frasquitos de esencias olorosas, los amuletos, los anillos para los dedos y la nariz, los trajes inferiores, las capas, las anchas vestiduras,, los bolsillos, los espejos, las camisas, las tiras para la cabeza y los trajes superiores. »En lugar del perfume de los bálsamos habrá el hedor de la podre- dumbre, cuerdas en lugar de cinturas, calvicie en lugar de trenzas, un estrecho saco en lugar de una ancha capa, y en lugar de la hermosura las cicatrices délas quemaduras. > No menos amenazador fue Jeremías: «Aunque te vistas de púrpura, te adornes con alhajas de oro, te afei- tes los ojos, en balde tratas de parecer más hermosa; los amantes te des - precian y desean quitártela vida.* — «Los que comian únicamente golo- sinas y manjares exquisitos, se mueren de hambre por las calles; los que descansaban en la púrpura, abrazan el estiércol.» Todavía en el tiempo en el cual, en Oriente, se preparaba, también bajo Nabucodonosor, la ruina de Judea, Ezequiel encontró la oportunidad de vituperar, como Isaías, la corrupción del pueblo. El también habla largamente del adorno, de la especial añcion para ornamentos preciosos y brillantes, del arte de aumentar con medios artificiales la hermosura natural. Mientras recon- viene al pueblo hebreo por su idolatría, llamándole una mujer adúltera, 24ti GALERÍA DEL AKTE DECORATIVO se dirige lastimosamente contra Jerusalen, en nombre de Jehová: *Te he purificado con agua, he lavado tus manchas de sangre y te consa- gré con óleo. Te cubrí con trajes bordados, te hice preciosas sandalias, te adorné con finísimas telas y te puse un velo. Te adorné con alhajas, te regalé joyas para los brazos y el cuello, pendientes para las orejas y la nariz, y coloqué una preciosa corona sobre tu cabeza. Estabas adornada con oro y plata, vestida de telas finas, de velo transparente y cubierta con prendas bordadas. • Todos los artificios para aumentar la hermosura, y todos los ador- nos indicados por los profetas encuentran su explicación en el arte cos- mético de los antiguos pueblos orientales. Hace enteramente falta una, aunque mezquina, prueba material para averiguar en cuanto se dife- renciaban formalmente de las joyas de los egipcios, de los árabes, y de los asirios. Sin embargo, una especialidad de los adornos hebraicos parece haya sido el más frecuente uso de cadenitas y dijes colgando, con los que probablemente adornaban las mujeres los brazaletes y aros para los tobillos, siendo por lo general sólo las mujeres las que se adornaban tan ricamente. El principal, acaso el único adorno del varón, era un anillo de sello, además de una vara, que estaba sin duda también adornada. TOCADO DE CABEZA Hombres y mujeres cuidaban igualmente mucho el peinado. Esti- mábase el color negro, y en las mujeres, el cabello largo y espeso. El Cantar de los cantares le celebra con lisonjeras palabras: «Hermosa eres, amiga mía, muy hermosa. Tus ojos, como los de la paloma, brillan bajo la sombra de tus rizados cabellos. Tu cabellera se parece al reluciente pelo de las cabras, que pacen en el monte Gilead. * —Las mujeres principales, especialmente las jóvenes solteras, rizaban ó trenzaban sus cabellos y llevaban esas largas trenzas sueltas ó arre- gladas elegantemente enderredor de la cabeza. Aumentábase su brillo natural por medio de preciosos bálsamos y esencias olorosas. Era un oprobio tanto para el varón como para la mujer la pérdida ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 247 del cabello, aunque antiguamente no permitía la costumbre llevar larga cabellera, á lo menos á los hombres entrados en años. Agradaba, sin embargo, á los jóvenes, y en todo Israel no habia hombre más bello que Absalon. Mucho más tarde consideróse el cabello largo en los hom- bres como señal de molicie ó afeminación, aunque habia bastantes cas- quivanos que llevaban largo el cabello y le hacían rizar artificiosamente por el peinador ó peluquero. La ley se ocupaba de las barbas, que los hebreos así como los árabes y los asidos, consideraban el mejor adorno del hombre, y perfumaban cuidadosamente con bálsamos y esencias. Mandaba á los legos (en oposición á la ley de los árabes): «No corta- reis el cabello alrededor de las sienes, ni la punta de las barbas;» y á los sacerdotes: «No formareis corona ó tonsura en vuestra cabeza ni cortareis la punta de las barbas.» Las barbas eran además distintivo especial del hombre libre. Asi como el cortarlas con violencia, se miraba como el mayor de los agravios, el besarlas y rociarlas con aguas olorosas se consideraba como testimonio recíproco de respeto. Tuvieron influencia especial sobre las barbas las relaciones ceremoniales del traje, tan impor- tantes en la vida de los israelitas, y más todavía en la manera de expre- sar el dolor, sobre todo en caso de muerte de algún intimo amigo ó algún pariente. En tales circunstancias arrancábase el pelo de las bar- bas, ó bien se cortaba del todo ó á lo menos se descuidaba entera- mente para largo tiempo. «Ciro, cuando supo que los israelitas se habían casado con mujeres infieles, desgarró su vestido y su capa, arrancóse los cabellos y el pelo de las barbas y sentóse sumido en el más profundo pesar. » Siendo sumamente vivas las pasiones de ese pue- blo, la primera expresión de su dolor iba acompañada de descompasa- dos y violentos ademanes. Se retorcían las manos, se golpeaban la ca- beza y el pecho, se arrastraban en el suelo ó se echaban polvo y ceniza en la cabeza, y hasta se arañaban el rostro y el cuerpo. »Tamar echóse ceniza en la cabeza, desgarró el traje de varios colores que llevaba, y con la mano sobre la cabeza andaba gritando: «Las doncellas suspiran como palomas y se golpean el pecho. > «Llegaron de Siquem, Silo y Samaría ochenta varones con las barbas cortadas, los vestidos desgar- rados, el cutis arañado; llevaban holocaustos é incienso en sus manos, para depositarlos en la casa de Jehová.» Tan violento desahogo del 348 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO pesar, como habia llegado casi á una especie de idolatría para el difunto, dio lugar á una ley que prohibía en nombre de Dios arañarse la piel por un difunto. Llevar luto, al contrario, no solamente era permitido, sino que pertenecía á las costumbres generales. Durante el tiempo de luto, ambos sexos vestíanse con suma sencillez, sin adornos y hasta sin calzado alguno; se descuidaba en fin enteramente dar realce á la hermo- sura. El traje de luto era un saco grosero, tejido con crines, de color oscuro ó negro, y una cuerda ceñida á la cintura; cubríase la barba ó también toda la cabeza con un pañuelo, Las mujeres especialmente llevaban esa clase de traje, que puede ser pertenecia al traje de las viudas. En tiempos más modernos se ordenó que las mujeres acusadas de adulterio llevasen un traje completamente desprovisto de adornos durante la ceremonia del juicio de Dios que debia absolverlas ó conde- narlas. Debían presentarse delante del juez sacerdotal en traje negro, sujeto al cuerpo por medio de una cuerda, sin llevar el más mínimo adorno. El traje de la novia era completamente contrario á esa triste sencillez. También entre los hebreos el matrimonio era una especie de operación comercial, que se arreglaba entre los padres de ambos novios, sin que ellos tuviesen en esto parte alguna; sin embargo, los ricos, especialmente en los tiempos más modernos, celebraban las bodas con muchísima pompa. En ese dia novia y novio ostentaban los más ricos trajes; la novia arrastraba una larga cola y cubría con un caftán precioso las demás vestiduras; el novio llevaba elegantes trajes inferiores y superiores. De un modo análogo se adornó Judit cuando fue á visitar á Holofer- nes: «Abandonó el traje de luto que llevaba puesto, se despojó del ves- tido de viuda, lavóse el cuerpo con agua y le perfumó con óleo de mirra; arregló sus cabellos, los sujetó con una tira, se vistió con sus trajes de alegría, los mismos que llevaba cuando vivía su esposo. Anudó las san- dalias á los pies, adornóse con collares, brazaletes, sortijas y pendien- tes; no dejó nada de sus alhajas preciosas; hermoseó su rostro para que sirviese de cebo á los ojos de los hombres que la vieran.» Una parte importante del traje de la novia, que Judit debió descuidar, era un espeso velo de color purpúreo. La novia cubríase con ese velo, cuando, acompañada por sus amigas y compañeras, entre música y danzas, de ENCICLOPEDIA UNIVERSA!. 24',i noche, á la luz de las antorchas, iba con su esposo á su nueva inorada. El novio ostentaba una corona de ñores ó de hojas durante la comida preparada en su casa, donde se reunia todo el séquito. Con el desarrollo de las relaciones políticas en Israel y Jadea, cerca el fin de la época de los Jueces, ó sea época heroica del pueblo, el traje habia llegado á tener un carácter más fijo y ceremonial. SÍ los ilustres guerreros que entonces surgieron, después de alcanzada la victoria, volvieron en parte á las antiguas costumbres patriarcales de la vida particular, el pueblo los miraba como varones de especial sabiduría. Los consideraban no sola- mente como enérgicos capitanes, sino también como sabios intérpretes y ministros de la ley, á cuyo dictamen todos se sometían en los casos dudosos. Así formaban, también por su edad, la privilegiada casta de ancianos y jefes de tribus. El pueblo los seguia espontáneamente donde querían llevarlo, y ellos eran los que montaban las borricas de varios colores, y sentábanse en alfombras los que llevaban la vara del mando. El dominio de los reyes, establecido por Samuel, en lugar de la teo- cracia pura, habia ocasionado una representación del poder reinante también en el traje. El poder del monarca, casi siempre libremente ele- gido por el pueblo, no era sin límites. Tenia facultad de hacer la guerra, la paz, pero estaba sometido á la ley de Jehová. No era sino el juez supremo. En el espíritu de la antigua teocracia, era un puro representante de Dios, y, después de la casta sacerdotal, conservador y defensor del culto nacional. Considerando al rey como á un hombre, debía ser limitado el lujo de su exterioridad. Esencialmente, para ser digno del trono, se requería un talle alto, fuerza física y un cuerpo sin el más mínimo defecto; cua- lidades que exigian también los fenicios en sus reyes. En algunos casos particulares solamente tenia lugar una solemne consagración ó corona- ción del soberano. Así sucedió bajo Atalia, madre de Aias, en la con- sagración del niñojoas: sEl sacerdote entregó al jefe de los cientos las javelinas y los escudos del rey David, los cuales estaban en la casa de Jehová. Los correos se pusieron, cada cual con sus armas en las manos, desde el lado derecho de la casa hasta el izquierdo, á lo largo del altar y de la casa, en derredor del rey. Luego condujo fuera al prín- '¿hd flAl.ERÍA Ulil. ARTE DECORATIVO cipe real, le puso la corona y le consagró; le hicieron rey, le echaron el bálsamo y palmotearon gritando: ¡Viva el rey! Oyendo Atalia las voces de los correos y del pueblo, entró en el templo. Y vio al rey en su solio, según la costumbre, y los cantores con las trompetas al lado del rey, y todo el pueblo regocijado tocaba las trompetas. Atalia entonces des- garró sus vestidos y gritó: ¡Conjura! ¡conjura! Los reyes, especialmente los más antiguos, adornábanse comun- mente como les parecía más propio de su dignidad. La costumbre de los ancianos en tiempo de los Jueces, de montar burros y muías, se habia conservado en la ceremonia de la consagración. Por lo que se refiere al demás aparato, David ya habia imitado la pompa tiria, lo que llegó al extremo del lujo bajo Salomón. Este último sin duda habia adoptado no solo los mantos y trajes bordados de los príncipes del mar, sino también el traje purpúreo del rey de Tiro, cubierto con toda clase de preciosas piedras, corniolas, topacios, diamantes, turquesas, ónix, jas- pes, záfiros, ametistas, esmeraldas y oro, y sus vestiduras perfumadas de mirra, etc., además su cetro y corona, insignias regias de aquellos monarcas, como de los asirios y persas. Luego los reyes hebreos, como los asirios, etc., adornábanse también con diademas, numerosos braza- letes y anillos. Reinaba la misma pompa en el aparato de las reinas y esposas del rey, cuyo número, desde Salomón, aumentó desmedidamente. El mismo Salomón tenia en su harem 700 mujeres princesas y 300 concubinas, pues le agradaban al rey muchas mujeres estranjeras, además de las hijas de Faraón: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias, etc. Cada una de ellas llevaba consigo la pompa de su tierra en el harem, donde pues debía verse infinita variedad de trajes. Es cierto que entre todas, por la riqueza y primor de los adornos, debían distinguirse las princesas tirias, especialmente honradas por el rey. Los cortesanos del rey recibían del soberano, según antigua general costumbre oriental, donativos de honor, los cuales eran lujosos trajes de ceremonia, adornos y armas preciosas; así los empleados de corte, especialmente el mayordomo, el tesorero, los camareros, los coperos, y sobre todo los jefes de la real guardaropa. También los especiales dis- tintivos de los empleados del gobierno, consejeros, secretarios, escriba- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 251 nos, parece haber consistido en semejantes donativos, mientras los jueces y empleados inferiores del municipio se distinguian muy poco en su traje del pueblo en general. Sin embargo, aquellos que, como ancia- nos, representaban la supremacia local, justiciera y política, parece igual- mente haber siempre conservado el derecho de llevar la vara del juez. Pronunciaban las sentencias en las plazas públicas ó debajo de las puer- tas de la ciudad, donde los pleiteantes se presentaban muchas veces en traje completo de luto. La sentencia cumplíase inmediatamente después de pronunciada y delante del mismo juez; pues «si el culpable merece azotes, le ponga el juez en el suelo y le haga azotar en su presencia, tantos golpes cuantos ha merecido, etc.» Por lo común, los castigos eran blandos, no crueles como era la costumbre general en el demás Oriente. Muy á menudo consistían en prisiones, en devolución de lo ageno y azotes con látigos nudosos. Si el culpable era reo de muerte, la ley no permitía otro suplicio que la espada ó el apedreamiento; sin embargo, en los tiempos más modernos añadió la horca, la cruz, etc., á esos suplicios. Es probable que, mucho antes que existieran relaciones políticas, el culto haya ejercitado una influencia ceremonial en el traje. Moisés, caudillo y legislador del pueblo, criado en la corte egipcia é iniciado en los misterios religiosos de Egipto, había acaso adoptado algunas exte- rioridades que allí se usaban é introducidolas en la antigua clase sacer- dotal hebrea. Sin embargo, comparando los trajes sacerdotales egipcios y los hebraicos, encuéntrase entre ellos esencial diferencia. El traje de los sacerdotes israelitas tenia muy poco parecido con el de los fenicios, el cuál, menos el regio manto de púrpura para el gran sacerdote en el santuario de Melkart (Tiro), se asemejaba en general al traje sacerdotal egipcio; tampoco se parecia al traje ceremonial de los magos medo-per- sas. En el traje sacerdotal egipcio se reconocían las huellas de la antigua tradición egipcia; los ornamentos del gran sacerdote eran una mezcla de pompa asiria y de sencillez hebrea, especialmente en la camisa y el traje de espaldas. La parte más rica de ese traje habíase acaso desarro- llado desde la época en la cual se aliaron más Intimamente Israel y Judea con el reino de Asiria, especialmente desde que entraron costumbres y 352 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO culto asirios en Israel bajo Menahem, á lo que quizás se refieren las palabras de Ezequiel sobre la idolatría de Samaría y Jerusalen. Samuel, en tiempos de Heli, vestía una sencilla capa de lienzo, pero más tarde todas las vestiduras sacerdotales fueron más ricas y varias. La consagración de los sacerdotes era acompañada por una purifi- cación, la cual consistía en lavar enteramente el cuerpo y echar bálsamo en algunas partes de él. Luego vestíase solemnemente el traje sacerdotal y se ofrecía al mismo tiempo un sacrificio. Todas las prendas de aquel traje debian ser de lienzo candido como la nieve. Consistian esas pren- das, contrariamente al traje sacerdotal egipcio, en una suerte de calzas, en una camisa de una sola pieza, una cintura de varios colores y un tocado de cabeza, que tenia la forma del cáliz de una flor; ese tocado era también de lienzo. En las funciones religiosas no llevaban los sacer- dotes ningún calzado; tampoco era lícito á los sacerdotes llevar tonsura, ni entregarse á las excesivas demostraciones de luto que usaba entonces el pueblo hebreo, y estaban obligados, sin embargo, fuera de sus fun- ciones, á vestir como todos los demás. Las calzas sacerdotales anudábanse con un cordón ó cerrábanse por medio de botones. La camisa llegaba á los pies; tenia mangas estrechas y poquísima amplitud, llegando casi á dejar ver la forma del cuerpo; era muy escotada delante y detrás, y llevaba cordones de piel sobre las espaldas. La cintura, que sujetaba el traje, llamábase originariamente Abeneth. Era de un precioso tejido con dibujo de flores, con fondo blanco variado de escarlata, púrpura, azul claro. Era bastante alta, y daba varías vueltas en rededor del cuerpo, y tenia dos cabos que llega- ban á los tobillos. Esos cabos, en la celebración de los sacrificios, echábanse encima del hombro izquierdo. El tocado de cabeza era doble. Una especie de tira de lienzo trenzada cubría dos terceras partes de la cabeza. Cubríase luego con una pieza que la sujetaba por medio de un cordón, y así no podia caer en los varios movimientos que hacia el sacerdote celebrando el sacrificio, etc. Todas las citadas prendas, especialmente las calzas, el traje inferior y la cintura, pertenecían también al traje ceremonial del gran sacerdote. Su consagración, las ceremonias de purificación y unción con óleo pre- ciosísimo, los holocaustos expiatorios, los de acción de gracias duraban ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 253 más que las que se celebraban para los demás sacerdotes (siete dias), y también su traje ceremonial distinguíase de los demás por prendas de adorno y ornamentos especiales. Á esos pertenecía, según la ley, un riquísimo traje superior, una vestidura de los hombros, una preciosa alhaja de pecho, y un precioso y rico tocado de cabeza. No podia tam- poco el gran sacerdote entrar en el santuario sino descalzo, ni ponía los citados vestidos y adornos de ceremonia sino en ocasiones solemnes. En los dias comunes de penitencia y reconciliación, iba con modesto traje, como la comunidad, con sencillas vestiduras de lienzo. Estas fue- ron dobles en tiempo menos antiguo. En fin, y como los otros sacer- dotes, fuera de su oficio llevaba el traje de los seglares. Este era el orden con el cual el gran sacerdote anadia al traje común de los demás las prendas que le distinguían. Encima de la camisa (chetomene), sujeta por medio de la cintura, llevaba el traje superior (meir). Este, probablemente más corto que aquella, estaba tejido en una sola pieza, y tenia una abertura para el cuello y dos para los brazos. Era de color purpúreo, adornado en el borde inferior con borlas de tres colores, interrumpidas á intervalos iguales por campanillas de oro, que servían á llamar la atención sobre el sacerdote. Luego poníase el ¿rafe de los hombros (ephor), más corto todavía. Esta prenda, que era pro- bablemente el traje usado antiguamente por el pueblo, originaria ves- tidura de los sacerdotes más rica y adornada, con la cual el héroe Gedeon habia decorado su ídolo, había llegado á ser el más rico ornamento del gran sacerdote. Parecido á la prenda sagrada que usan los sacerdotes al celebrar la misa solemne, consistía en una pieza que cubría el pecho y la espalda, de un tejido de lienzo (biso) purpúreo, morado, carmesí y oro. La parte que cubria el pecho estaba profunda- mente escotada en forma cuadrada, con bordes guarnecidos de tres ran- gos de piedras preciosas; sujetábase en los hombros á la parte posterior por medio de láminas de oro cargadas de piedras preciosas; anudábase en los ángulos inferiores por medio de cintas. En fin, sujetaba ese traje la rica cintura de varios colores. En el escote del ephor llevaba el gran sacerdote la alhaja que es el emblema de su dignidad. Era una cápsula oblonga, enteramente de oro, adornada con doce piedras preciosas, colocadas en tres líneas y en el orden siguiente: esmeralda, topacio, 25í GALERÍA DEL AKTE DECORATIVl) cornerina, ónice, záfiro, rubí, amatista, ágata, jacinto, jaspe, berilo, cri- sólito. En cada piedra estaba grabado el nombre de una de las doce tribus del pueblo hebreo. Esas piedras rodeaban el urim, que parece haya sido un conjunto de cuadritos de diamantes. Esa alhaja, siendo muy pesada, estaba sujeta por medio probablemente de anillos, cade- nas y ganchos de oro á los hombros y á la cintura del ephor. El gran sacerdote se cubría la cabeza con una especie de turbante. Una diadema de oro ocultaba la frente, y sujetábase con cordones morados. En él estaba grabado el nombre de Dios Jehová santo. En las fiestas solemnes, procesiones y sacrificios, también el lego parecia en su mejor traje de fiesta; sí la solemnidad era especialmente de alegría, se adornaba con una corona de yedra. En el tiempo de la plegaria, poníanse los judíos en rededor de las manos, en la frente cubriendo los ojos, en el brazo izquierdo, en la región del corazón, tiras de pergamino que llevaban escritas varias sentencias sacadas de la Biblia, para mejor acordarse las palabras de Jehová. Esta costumbre llegó más tarde á servir para aparentar una falsa santidad, como las borlas en los trajes: * Lo que hacen todavía, dice Jesús, es para mostrarse; llevan anchas tiras de pergamino con las palabras de la Escritura y grandes son las borlas que guarnecen sus vestidos.» Desde la llegada del pueblo de Israel en el territorio de los hijos del desierto, especialmente desde su toma de posesión de la tierra de Canaan, tenia continuamente la necesidad de estar preparado á la defensa contra los ataques de los enemigos que había echado con la fuerza. Por su separación topográfica en varias provincias, su vigor quedaba menguado, sus empresas guerreras bajo el mando de Josué, estando unidas todas las tribus, ya habían concluido. Hasta la época de su nueva unión bajo un solo común jefe, sus batallas, más bien escaramuzas y represalias, debían tener resultas de corta duración. Todavía bajo el mando de Abimelech, después también de formada la alianza de las ciudades, siguieron durando tales condiciones; aunque se hubiesen gastado 70 siclos de plata, sacados del tesoro del templo de Baal Beríth, para pagar soldados mercenarios, éstos eran malos sugetos. Cuando se juntaban todos los aliados para una larga é importante guerra, esa unión no era muy larga. Concluida la campaña, los hijos de Israel volvían á sepa- KNCICI.OPF.DIA UNIVERSAL 255 rarse; cada cual iba á su tribu. Con Saúl, finalmente, las cosas militares de los israelitas tomaron más fuerza é importancia. Los enormes arma- mentos de los filisteos contra Palestina ofrecieron el primer obstáculo. «Había reinado dos años sobre Israel, cuando Saúl escogió tres mil hombres de Israel; dos mil estaban con Saúl en Michmasch y en el monte Bethel; mil estaban con Jonatan en Gibea de Benjamín, y dejó ir todo el resto del pueblo á sus tiendas. «Y los filisteos se juntaron para combatir Israel con treinta mil carros, seis mil ginetes y peones numerosos como la arena del mar, y se avanzaron y pusieron el cam- pamento cerca del Michmasch. ' < Y era una terrible guerra la que hacia Saúl todos los dias contra los filisteos, y cuando el rey veia á un hom- bre fuerte y valeroso, le acogía en su tropa. •> El inmenso botin que ganó el ejército de Saúl en las victorias sobre los filisteos, sin duda no tuvo poca influencia en el modo de armarse. Estaban antes los israelitas desarmados bajo la opresión de ese pueblo, y hasta desprovistos de cualquier útil de metal, de manera que no había en toda Israel un solo herrero, el cual hubiese podido hacer espadas ó javelinas. Después de aquellas guerras, parece hayan los hebreos poseido todas las armas de las que hay mención en el Antiguo Testamento. Su armadura, pues, era poco diferente de la de los más ricos habitantes de la costa; pero es cierto que en el ejército de Israel, como en el de los filisteos, solamente los jefes llevaban completa y aún en parte muy lujosa armadura. Mejor armáronse también los soldados probablemente solo bajo David; más riqueza apareció en las armas bajo Salomón: *Y Asa tenia un ejército, armado de escudo y javelina, tres cientos mil hombres de la tribu de Judas y doscientos ochenta mil de la de Benjamín, que llevaban escudo y arco. Eran todos guerreros. El escudo, el arma defensiva más importante también entre los , israelitas, y, por consiguiente, la que más usábase en su ejército, tenia especialmente tres distintas formas. Correspondían á las tres clases de escudos usados por los asirios y los babilonios. Eran escudos de mano, más ó menos pequeños, y escudos de tamaño mayor, que cubrían ente- ramente al guerrero. Más tarde se usaron también, acaso á imitación de la armadura persiana, escudos de forma ovada. También esta arma debe haber sido semejante á la que usaban los citados pueblos. Era de 2ñtí CALERÍA DEL ARTE DECORATIVO juncos trenzados ó de palo, cubierto con piel y fortalecido con guarni- ción de metal ó enteramente de metal, pero raras veces. Escudos dora- dos ó cubiertos de lámina de oro, como mandó hacer Salomón 200, pertenecian á los adornos del traje ceremonial del rey y de su guardia particular. La armadura de batalla del rey Saúl consistía en un yelmo de bronce y una coraza. Demasiado pesada era para David, el cual todavía no estaba acostumbrado á las cosas militares, ni tenia, llevándola puesta, libertad de movimientos. Sin embargo, siempre no era de bronce el yelmo de los israelitas, sino, especialmente en tiempos primitivos, corro algunos yel- mos egipcios, de fuerte fieltro ó de cuero; no se sabe si adornaban con copos sus yelmos, como los asirios. Más probable es, por el contrario, que los principales guerreros israelitas llevasen corazas parecidas á las de los asirios, las cuales cubrían el pecho y la espalda. Tales corazas amparaban el pecho y la espalda hasta el cuello; eran de bronce ó for- madas de chapas del mismo metal, colocadas á manera de escamas ó, como en tiempos de los macabeos, eran una especie de túnicas forma- das de anillos metálicos. La cintura que sujetaba las unas y las otras eran fuertes correas, muy anchas y fortalecidas con chapas de metal. Un arma defensiva especial, acaso imitada de los pueblos de la costa, era una armadura de las piernas formada con placas de bronce. Á ella se anudaba un fuerte zapato, que probablemente tenia la forma de los botines asirios, más tarde calzado de los soldados romanos. La espada, la javelina, el arco y las flechas eran las principales armas ofensivas. La espada, cuchillo más ó menos largo, comunmente puntiaguda y de doble corte, estaba encerrada en un forro y colgaba de una cinta especial al lado izquierdo. Más tarde acompañó la espada un puñal algo encorvado, arma de los guerreros romanos. La javelina, que podia servir también de arma arrojadiza, es probable fuese parecida _ á la de los asirios y de los persas; así el arco, el cual los israelitas hacian, como aquellos, parte de palo duro y elástico, de asta ó músculo, parte de metal y de diferentes tamaños. Ellos también, cuando no lo usaban, lo guardaban en un estuche. Las flechas eran de caña, á veces envenenadas, y casi siempre se guardaban en un carcaj; algunos eran preciosamente adornados. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 25T Mucho se usaba entre los israelitas la honda, su arma favorita, y despreciaban las guadañas, las clavas, los martillos de combate, usados por los pueblos vecinos. En los más antiguos tiempos había entre los hebreos banderas y estandartes que servían de señales para rehacer las tropas de las varias tribus. Pero es dudoso sí más tarde también tenia el ejército semejantes signos de reunión, acaso parecidos á los que usaban los egipcios, los asirios y los persas. Puede ser que entre los hebreos no hubiesen otras señales que estacas ó palos fijos, colocados en puntos elevados, ó fuegos visibles á considerable distancia, con el objeto de reunir á los guerre- ros. Otros instrumentos audibles para señales eran los cuernos ó las trompetas. DIVISIÓN DEL EJÉRCITO Ya hemos dicho que tomó esa división un carácter más determi- nado solamente desde el tiempo de David, y descansaba sobre todo en la añadidura de infantería que hizo el mismo rey á las tropas, que se componían hasta entonces de guerreros montados en carros y de ie su guardia particular, formada de soldados extranjeros. Además, des- pués de haber averiguado el número de los varones hábiles para la guerra, los repartió en 12 masas, cada una de 24,000 hombres. Más tarde, bajo Salomón, fue introducida una numerosa caballería, y así desde entonces el ejército de los israelitas podia competir por las armas con los de los pueblos occidentales y orientales. Usía introdujo otra repartición de tropas. «El tenía un ejército de guerreros que iban por escuadras, según el número de su reseña por Jegiel, escribano, y Maa- seja, director, bajo la conducta de Hananja, uno de los jefes del ejército real. El número de los patriarcales caudillos de los fuertes héroes era 2,600. Mandaban una fuerza de 307,500 guerreros para defensa del rey contra el enemigo. Y Usia armó á toda la tropa con escudos y lan- zas, yelmos y corazas, arco, y honda con piedras. Las divisiones del ejército más ó menos completamente armadas (no se sabe si tenían tam- bién uniforme), ya en tiempo antiguo consistían en masas de mil, ciento y cincuenta hombres, que tenían un jefe para dirigirlas y mandarlas. Si 258 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO no era el mismo rey el jefe supremo de todo el ejército, había un gene- ral superior; eran á él sometidos los oficiales de las varias divisiones, que formaban juntos el consejo de guerra.» Los exteriores distintivos de los comandantes eran probablemente poco determinados, y dependían acaso de su riqueza y del favor del rey. Consistían, pues, en las citadas más lujosas armaduras, á cuyo con- junto contribuía el botin adquirido, y también como entre los asirios y los persas, en trajes y armas de honor. Prendas escarlatas ó purpúreas representaban entre esos objetos el papel principal. Pero, á lo menos en los más antiguos tiempos, solamente los primeros generales se adorna- ban con semejantes vestiduras. Probablemente más comunes llegaron á ser en tiempos más modernos. Durante la época de los romanos, los guerreros judíos llevaban las capas pluviales griegas y romanas, y qui- zás sus generales se adornaban con el llamado palndamentum, manto enriquecido con tiras de púrpura. El primero que erigieron los israelitas después de haber salido de Egipto, en el desierto, fue un santuario móvil, consagrado al culto de Jehová. Era éste un pabellón-templo, el cual, estando relacionado con la vida nómade de sus constructores, parecido á sus tiendas, las cuales reemplazaban las casas, podia fácilmente formarse y deshacerse. Este templo, magnífico por sus ornamentos, estaba destinado á encerrar los sagrados objetos dejados al pueblo por Moisés, y á celebrar las ceremo- nias del culto religioso. «Moisés tomó una tienda, la elevó fuera del campo, lejos del mismo, y la llamó pabellón de la asamblea; y cada cual deseando interrogar á Jehová, iba al pabellón de la asamblea, el cual estaba fuera del campo. Y cuando Moisés salia para ir al templo, se levantaba el pueblo, y cada cual se colocaba en el umbral de su puerta, y seguian todos á Moisés con la vista hasta que llegase al sagrado pabellón. Entrando él, bajaba la columna de nubes, y se paraba á la entrada de la tienda, y hablaba con Moisés. Y todo el pueblo veia la columna de nubes, que estaba á la entrada del pabellón; y todos se ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 250 levantaban y se inclinaban, cada cual delante del umbral de su propia morada.» Habitar en tiendas ó en sencillas cabanas de juncos y cañas, conse- cuencia de la larga peregrinación del pueblo atravesando el desierto, fue costumbre duradera entre la mayoría de los hebreos, también des- pués de la toma de las tierras de Canaan, y casi continuando el mismo primitivo plan; por un lado la causa era que el pueblo había reducido muchas de las ciudades conquistadas á un eterno montón de escombros, por el otro, porque continuamente molestado por los enemigos, no pudo luego lograr una firme, segura morada. Se fortalecían los hijos de Israel en cuevas y cavernas. Hecha la siembra, Madian, Amalek y los hijos de Oriente, los acometían, y destruían las mieses hasta el sitio donde está Gaza; no dejaban alimento alguno, ni ganado menudo, ni ganado mayor, ni borricos. Llegaban numerosos como las langostas; sus came- llos tampoco podían contarse, y venian para arruinar el país. Los habitantes de la parte oriental del territorio del rio Jordán que- daron especialmente expuestos á semejantes repetidas invasiones. Más largo tiempo, pues, estuvieron obligados á seguir en su vida de pastores nómades que las tribus establecidas más en el interior, sobre todo en el occidente de Canaan, favorecidos por la localidad. Pero, aunque por esas dichosas circunstancias se hubiese establecido más pronto entre ellos la agricultura y, á consecuencia de ello, los principios de la vida de ciudad, aunque poseyeran grandes ciudades, algunas reedificadas desde el tiempo de Josué, preferían, sin embargo, levantar sus oreadas tiendas en el interior ó exterior de ellas. En la época más brillante del gobierno monárquico, especialmente desde David, parece que los israe- litas experimentaron la necesidad de establecerse en ciudades. Pero en esto también fue más tarde la sola riqueza, la cual, gozando com- pletamente la propiedad, estableció sus moradas fijas en derredor de los magníficos palacios del soberano, que eran, por decirlo así, los puntos céntricos del reino, tratando de participar de su esplendor. La mayo- ría del pueblo, sin embargo, parte por falta de medios, parte por afición á sus habitudes, quedó fiel á su antigua manera de vivir. Todavía bajo el pacífico y próspero reinado de Jeroboam II, cuando en la ciudad de Samaría brillaba la riqueza en pomposos palacios y casas de marfil, el 3(50 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO pueblo de Israel vivia, como los asirios y los babilonios, todavía en tiendas. Las casas pues, moradas de la clase acomodada, llegaron en parte á ser habitadas por el pueblo, si se encontraban en una ciudad conquis- tada, y después el mismo pueblo empezó á erigir otras sobre el mismo plan. La forma general y la distribución de aquellas moradas parecen no haber variado mucho desde el tiempo más antiguo hasta nuestros dias. El clima, los materiales de construcción, y más que todo esto, la limitada cultura de los pueblos orientales, la costumbre que tienen de vivir casi continuamente al aire libre, las poco cambiadas relaciones entre los dos sexos, ejercitaron especialmente en las construcciones de los particulares (también en Palestina), una influencia siempre igual. Esto con mayor seguridad puede afirmarse especialmente para las mora- dss más pequeñas, pues que hoy dia tienen casi exactamente la misma coordinación que las más antiguas casas egipcias y asirías. Una mirada sobre una parte de la masa de casas de Nazareth, demuestra perfecta- mente lo dicho. Un patio exterior cerrado y descubierto, del cual arranca una escalera, que lleva al terrado de las habitaciones, sólidamente cons- truidas. Esta correspondencia entre el plan de las modernas y antiguas casas, hace conjeturar análoga relación entre las más extensas é impor- tantes mansiones particulares de los países occidentales. Ladrillos de barro quemados ó secados al sol, menos frecuente- mente piedras y guijarros, argamasa de cal ó yeso, y, para los tablados y las vigas, palo de sicómoro, de palmera y en algunos casos de olivo, de sándalo y cedro, eran los materiales de las casas de Palestina. Edifi- cios cuadrados, encerraban un patio más ó menos espacioso, el cual, en las casas de más importancia, estaba rodeado de columnas de madera, muchas veces enlosado y provisto en medio de una cisterna. Ese patio, á veces adornado también de árboles, reemplazaba el moderno recibidor. En él se abrian las puertas de las varias habitaciones, grandes y pequeñas, las que comunicaban entre sí por medio de puertas y pasillos. «Se fueron de prisa los dos. y volvieron á la casa de un hombre en Bahurim, el cual tenia un pozo en su patio.» Era al entrar de la noche; David se levantó de la cama y fue á pasear en el terrado de ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 201 su real casa; y desde allí miró en el patio de la casa vecina, y vio una mujerque se estaba bañando. Sobre las habitaciones extendíase, pues, un pavimento, rodeado por una barandilla, que la ley mandaba se colocase, para evitar las caidas. «Cuando fabriques una casa nueva, debes rodear . tu techo con una barandilla, para no cargar con la responsabilidad de una muerte, cayéndose alguno del techo abajo.» Una ó varias escaleras conducían parte desde el patio al interior de la casa, parte desde la calle al terrado. Como también en Palestina, allí pasaba la familia la mayor parte del dia, y hasta dormia en los meses del verano, colocando en el terrado los diferentes muebles necesarios á la vida particular. «Se levan- taron temprano, y cuando apareció en el cielo la rosada aurora, Samuel llamó á Saúl en el terrado, y le dijo: Levántate, yo te guiaré. Saúl se levantó; los dos echaron á andar, y.salieron de la casa. > «Las casas en Jerusalen y los palacios de los reyes de Judá llegarán á ser impuros; todas las moradas en cuyo terrado se quemó incienso y se hicie- ron libaciones á los dioses extranjeros.» «Andan en las calles con traje de luto, en los terrados y en las callejuelas todos gimen, y se der- riten en lágrimas.» En las casas pequeñas todo consistía en un cuarto superior, cerrado por todos lados, que servia para dormir, ó colocar enfermos ó bien objetos misteriosos, ó en fin como en Egipto, servia para capilla doméstica; y el rey destruyó los altares, que estaban en el terrado del cuarto superior de Ahas. • Fabriquémosle un pequeño cuarto superior, pongámosle allí una cama, una mesa y una silla, y un velón, para darle habitación cuando vendrá. • Las personas principales y los ricos, los cuales, cuando Jerusalen fue el punto céntrico del reino, se habían establecido no tan solo allí, sino también en las otras residencias escogidas por los reyes sucesivos. Tirza y Samaría, habían imitado probablemente en la construcción de sus casas, como los reyes israelitas en la arquitectura de sus palacios, sobre todo modelos fenicios. De éstos, puede ser imitaran la construcción de varios pisos, que la aglomeración del pueblo había aconsejado en Tiro y Arado, y más que todo los jardinillos en los patios cerrados, y mayor lujo en el interior de las casas. Los grandes palacios de Palestina, además de un buen patio cén- trico, tenían otro anterior, cerrado por murallas. Servía, por decirlo 262 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO así, de antesala ó sala de espera. Estaba rodeado de columnas, como el patío del centro, y de él también arrancaban escaleras, las cuales llega- ban á las galerías del techo. Desde este patio, por la puerta de en medio, se llegaba al segundo y á las habitaciones que le rodeaban. «Enton- ces el ejército del rey de Babel sitiaba Jerusalen, el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio anterior del cuerpo de guardia, el cual estaba en la casa del rey de Judá. > Las puertas que, como mandaba la ley, llevaban esta inscripción; c ¡Escucha, Israel! ¡Jehová, nuestro Dios, es un Jehová; luego ama á Jehová, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas I» eran de madera, comunmente pequeñas; tenían goznes per- pendiculares, y se cerraban por medio de cerrojos de madera. «Gira la puerta en sus goznes; así el perezoso en su cama.» *¡Miral como nadie abria la puerta del cuarto superior, tomaron las llaves y abrie- ron.» «Quien fabrica su puerta demasiado alta, busca la caida.» Las ventanas, como las puertas pequeñas, daban á la calle; sin embargo, en las casas de varios pisos, parte de las ventanas de los pisos superiores daban al patio interior. Las cerraban rejas de madera ó cortinas, que se podian abrir y cerrar. Tales ventanillas más comunes, parecidas á las egipcias, no eran las únicas que se usaban; había también mayores. Estas, para distinguirlas de las pequeñas, se llamaban tirias. Por la ventana de mí casa, á través de mi reja miré hacia fuera.» «Elisa puso su mano sobre la del rey, y dijo: ¡Abre la ventana hacia el Medio- día! y él la abrió.» Las estancias cerradas que rodeaban el patio interior, se repartían en casa anterior y casa posterior. Esta última servia de morada exclu- sivamente á las mujeres. El solo dueño de la casa podía penetrar allí, pero no parece fuese prohibido á las mujeres entrar en las habitaciones de los varones. La decoración de estas estancias consistía para los pobres, en una sencilla capa de pintura uniforme en las paredes; para los ricos al contrario, en imágenes y adornos, tapicerías, ensambladu- ras de madera, mármoles de varios colores, etc., etc.; así el suelo, comunmente cubierto con argamasa de yeso ó formado de ladrillos. «¡Maldito sea el que fabrica su casa con injusticia y sus cuartos supe- riores con agravio! ¡El que hace trabajar á su prójimo sin recompensarle ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 263 y le niega el salario merecido! El que dice: Me haré una casa espaciosa y cuartos superiores oreados; quiero ventanas talladas en la piedra, paredes cubiertas con palo de cedro y pintadas.» «Y yo destruiré la casa de invierno, la casa de estío, se derribarán las casas de marfil, aca- barán los grandes edificios, dice Jehová.» LOS PALACIOS DE LOS REYES Esas regias moradas, que se elevaron orgullosamente pomposas desde el principio del periodo del lujo en Israel, sobrepujaban natural- mente por la extensión y la riqueza de los adornos, á todas las vivien- das particulares, por más ricas que fueren. Luego, después que David hubo reunido las tribus en un solo conjunto, enfrenado á los enemigos, escogido Jerusalen por su real residencia, y la hubo ensanchado y pro- visto de fortificaciones, se ocupó en dirigir la construcción de su propio alcázar, en la ciudadela de Sion. Ayudado por el rey Tiram con arqui- tectos tirios y preciosos materiales, le hizo probablemente erigir á imi- tación del riquísimo alcázar fenicio, no menos magnífico y lujoso, osten- tando en él la pompa asiria, babilónica y pérsica. Salomón, más favorecido y más inclinado aún al lujo de los países occidentales, no se contentó con un solo palacio cuya construcción duró trece años, sino que le añadió otros soberbios edificios: un palacio para su esposa egipcia, y una casa de recreo en el Líbano, con grandes par- ques y viñas. «Salomón empleó trece años para fabricar su casa. Y cuando la hubo concluido, fabricó también la casa de palo de cedro del Líbano, larga ioo varas, ancha 50, alta 30, sobre cuatro líneas de columnas de palo de cedro, con vigas del mismo palo, que descan- saban sobre las columnas. Estaba cubierta de palo de cedro sobre las vigas, las cuales descansaban sobre 45 columnas, repartidas en tres hileras. Había tres ringleras de ventanas, y tres veces ventana sobre otra ventana; todas las puertas y todos los postigos eran cuadrados, cubiertos, etc. Hizo un peristilo, largo 50 varas, ancho 30; un zaguán con columnas y un dintel delante. Hizo la sala del trono, donde juz- gaba; estaba enlosada enteramente de palo de cedro. 264 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Y su casa donde habitaba, tenia otro patio en el interior de la sala; hizo también una casa para la hija de Faraón, su esposa. Las murallas eran de ricas piedras, talladas y aserradas, desde los cimientos hasta la techumbre, y exteriormente hasta el patío mayor. La base era construida con ricas y grandes piedras, de diez y ocho varas. Tenían una capa de piedras aún más preciosas, talladas como las losas de palo de cedro, y el patio mayor tenia en derredor tres hileras de columnas de piedra tallada, una de vigas de palo de cedro, lo mismo el patio interior del templo, y asimismo el atrio. El rey Salomón envió á buscar á Hiram de Tiro, el hijo de una viuda, de la tribu Neftali, y su padre era tirio; trabajaba en obras de bronce; ante al rey Salomón, hizo todo el tra- bajo que le encargó aquel monarca. Edificios semejantes á los de Salomón, ó queá lo menos tenian un plan análogo, aunque reducido, parecen las ruinas que se ven en Per- sépolis, los que formaban el alcázar de Susa y los que se elevaban en Tirza, nueva residencia de los reyes de Israel, después de la división del reino. Cuando el rey Omri trasladó la regia residencia en Samaría, surgieron los llamados palacios de marfil (adornados con marfil), edifi- cios favorecidos por el casamiento de su hijo y sucesor Achab con la hija del rey Ethbaal de Tiro; otros lujosos edificios eleváronse en la misma época, especialmente casas de recreo con jardines. Las fábricas en Jerusalen, á las que más tarde añadió algún riquí- simo edificio el rey Johakim, fueron, sin embargo, siempre las prin- cipales en toda la Palestina. Yo sé historiador, hablando del real alcázar le llama una obra superior á cualquier descripción, en el cual luchan el arte y la riqueza, sin que ninguno de los dos rivales llegue á vencer al otro. Parece que la esencial diferencia entre estas construcciones de los reyes de Israel y los soberanos asirios y babilonios consistió en la muy caracterizada entre los edificios sagrados y los profanos. Los lujosos palacios-castillos de estos últimos encerraban también los santuarios de la nación, y tenian, como en Egipto, el carácter de templos-palacios fortificados; al contrario las residencias de los monarcas de Israel y Judá, llevaban únicamente el sello de la pompa mundana. Allí no habia imágenes de dioses ni cuadros que representasen ceremonias religio- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL '¿nr> sas, etc.; nada más que ese lujo oriental que rodea al soberano como el más rico y elevado individuo en el Estado, como al humano represen- tante de aquel Supremo Ser, á cuyos mandamientos él también estaba obligado á someterse. Esta diferencia, que parece haya reinado también en el reino sirio- fenicio, era una ley del mismo Moisés. El habia desterrado el culto del toro Apis, en cuya idolatría habia caído el pueblo hebreo en el tiempo que moraba en Egipto, y habia restablecido el culto del verdadero Todo- poderoso Jehová. Para dar mayor firmeza á la nueva alianza entre Dios y el pue- blo, habia edificado nuevamente los templos según la antigua costum- bre patriarcal. Habia, para el uso del pueblo, sencillos altares de piedra tallados sin gradas ni adornos, sóbrelos cuales se ofrecían los sacrificios; luego un sitio aparte para custodia de los sagrados objetos y para el culto más intimo. Aunque en las circunstancias inciertas y vacilantes, por las que pasaron los israelitas después de la toma de la Tierra Santa, muchos entre ellos y repetidas veces se alejaron del verdadero Dios y entre- gáronse á la idolatría local, la mayoría quedó fiel á la ley de Moisés. La tribu de Efraim habia llevado el arca santa y el sagrado tabernáculo, y lo colocó en Silo, que era su territorio. Por lo demás, sacrificábase sobre altares, que se erigían preferentemente en las alturas ó sobre los techos de las casas, ó bajo la sombra de copudos árboles; más tarde, para ponerlos al abrigo de la intemperie, eleváronse en su derredor una especie de capillas. Faltan detalles acerca la forma y el tamaño del Arca de la alianza, que las tribus reunidas bajo Abimelech erigieron en la ciudadela de Siquem. Sábese solamente que después de muerto Gedeon siguieron los israelitas aficionados á la idolatría y elevaron un templo á Baal-Berith. Aquel templo, como el culto del ídolo, era sin duda una imitación directa de costumbres sirias ó fenicias. Acaso correspondía, por el plan arquitectónico, alas ruinas todavía existentes en Malta y Gozzo, las que eran colonias fenicias. Entre ellas llama especialmente la atención la Gigantea, enorme torre, en Gozzo, por su plan más regular. Este edifi- cio está compuesto de dos salones paralelos independientes y descubier- 266 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO tos; el mayor mide 81 pies de largo. Cada salón está repartido en dos patios de forma ovada. En el interior de esos patios, unidos por un pasillo que los atraviesa, encuéntranse nichos de piedra en forma de rejas, colocados irregularmente, altares, y en los arcos de los nichos, piedras cónicas, que tal vez eran groseras imágenes de ídolos. Durante la época de los jueces, la influencia del culto sirio era muy poderosa entre los israelitas. Había levantado altares á los dioses filis- teos Baal y Astarte, colocando en ellos efigies de esos mismos dioses riquísimamente vestidas. La casta sacerdotal estaba discorde entre sí por lo que atañe al culto, como el pueblo por lo referente á la política. Los mismos servidores de Jehová no temian cometer pecados de incontinen- cia en el mismo tabernáculo:—«Eli era muy viejo, y supo lo que hacían sus hijos, hasta el punto de abusar de las mujeres que iban á la puerta del tabernáculo de la asamblea para cumplir con sus preceptos reli- giosos. Tanta corrupción moral fue enfrenada por la elección de David, que resolvió restablecer á su antiguo culto los santuarios de la nación y al verdadero Dios. Reunió 30,000 hombres escogidos entre los israe- litas y con ellos trasportó solemnemente el Arca santa, sobre la cual pronunciábase el nombre de Dios. El arca estaba colocada sobre un carro nuevo; Ahio y Usa, hijos de Abinadab, guiaban el carro. David y toda la familia de Israel danzaban delante del arca, acompañados por el sonido de las arpas, de los tambores, de las campanillas y de los cím- balos. Así llevaron el arca entre gritos de júbilo y ruido de trompetas. Fue colocada el arca en su lugar, y David ofreció sacrificios al Señor, y bendeció luego al pueblo en nombre de Dios. El rey, en lugar del antiguo tabernáculo, habia erigido otro nuevo sumamenie rico; más tarde echó el plan de la fundación de un templo fijo, que debia sobrepujar en magnificencia su alcázar (la casa de palo de cedro). Los acontecimientos que turbaron la tranquilidad del reino y la muerte del rey impidieron la ejecución del edificio sagrado; así es que durante el reinado de aquel monarca, no hubo más templo que el citado magnífico tabernáculo. Muy probablemente lo que refiere la Sagrada Escritura acerca el espléndido lujo del pabellón mosaico relaciónase á ese tabernáculo. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 2«T Después elevóse el templo, que ocupaba un espacio de ioo varas de largo y 50 de ancho. Estaba rodeado de columnas, y en los intercolum- nios colgaban tapices. Una cortina de 20 varas de ancho cerraba la entrada. Este atrio reemplazaba el patio anterior. El verdadero espacio, que era también un cuadro prolongado, estaba colocado al extremo. Tenia 10 varas de ancho, 10 de alto y 30 de largo. El tablado estaba compuesto de vigas paralelas perpendiculares, de palo de acacia y dora- das, atadas por cerrojos, que pasaban en anillos de oro y sostenidas por pedestales de plata. Superiormente desplegábanse cuatro alfombras. La que estaba más cerca del santuario era de lienzo, de color purpúreo, azul oscuro y encarnado claro, con un tejido que figuraba imágenes de querubines. La segunda, una tercera parte más larga, que cubria la primera, era de fina lana de cabras; la siguiente, de piel encarnada y la cuarta de pieles. Las dos primeras, más preciosas, estaban sujetas por medio de nudos y ganchos de oro. La entrada, colocada hacia el Oriente, estaba cerrada por una magnífica cortina de lienzo con figuras borda - das. Colgaba acaso como las tapicerías en el palacio de Ahasverus, en Susan, de columnas de palo de acacia doradas ó cubiertas con plancha de oro, que probablemente descansaban sobre bases de plata. Una segunda cortina, igualmente tejida con figuras de querubines, colgando de cuatro columnas cubiertas de lámina de oro, dividía el interior en dos partes. La primera tenia 20 varas de largo y 10 de ancho; la pos- terior 10 de ancho y 10 de largo. Allí estaba el Arca de la alianza; en la parte anterior, al Occidente, una mesa con panes de la propi- ciación, tazas, copas y jarros; hacia el Mediodía, frente de estos obje- tos, un candelabro de seis brazos y un altar incensario. En el medio, delante de la entrada, había un altar para los sacrificios y una grande bacía para las purificaciones. Salomón, que tuvo la suerte de realizar el plan de su real predece- sor en el interior de la ciudad, no ahorró nada de lo que estaba á su alcance en la construcción del sagrado edificio. Después de haber deter- minado el sitio que debia ocupar, frente la ciudadela de Sion, continuó los trabajos ya empezados por el rey David. Levantó en todo Israel 30,000 hombres y los envió al monte Líbano; cada mes 10,000. Ado- niram, era el jefe de esos trabajadores. Había en el monte 70,000 hom- 208 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO bres de carga y 8o,ooo leñadores y talladores de piedra, sin contar los capataces, 3 300, que velaban porque se hiciese el trabajo. El rey mandó llevasen piedras grandes de ricas clases y talladas para poner los cimientos. Aliado y amigo del rey Hiram, éste le habia proporcio- nado los citados leñadores, más hábiles que los isrealitas, y, pagán- dolo el rey Salomón, grandes masas de oro, de palo de cedro y abeto. Estas últimas traíanse del Líbano, por medio de grandes balsas, hasta el sitio donde las podían recibir los hombres de carga. Después de siete años de activo y continuo trabajo, fue concluida la fábrica. Inmensas fuerzas habíanse necesitado únicamente para poner sus cimientos, pues fue ensanchada la colina sobre la que debia descan- sar, y rodeada hacia Oriente por una muralla, que media 400 varas de alto. Existen todavía algunos restos de esa antigua fábrica. Por ellos reconócese que el templo era un edificio perfectamente técnico. La construcción del templo representaba simbólicamente la idea de la unidad del Dios verdadero que allí se adoraba, pues era, por así decirlo, una sola localidad, y no como en los templos de Siria y de otros países paganos, donde imaginábanse varias divinidades mayores y meno- res; en el templo del pueblo hebreo, también las localidades secundarias relacionábanse de alguna manera al único Todopoderoso. Tenía ese edificio 60 varas de longitud, 20 de ancho y 30 de alto. La división anterior tenia 40 de longitud y la posterior 20, cuadradas. En la parte oriental de la casa elevábase un atrio, que tenia 20 varas de largo y 10 de ancho. Las dos columnas que estaban delante tenían una altura de 23 varas. En derredor de la casa fabricó Salomón un pasillo ó corredor, y otro en derredor de la parte menos vasta ó sea sancta sanctorum; otro, en fin, en derredor del atrio. El pasillo menor tenia cinco varas de ancho, el segundo seis y siete el tercero.—Esos pasillos ó corredores conducían probablemente á estancias, que comuni- caban interiormente entre sí por medio de puertas y escaleras. Como según la correspondencia de las medidas, el sancta sanctorum tenía 20 varas de alto, y por lo tanto 10 varas menos que el sanctus (treinta varas), acaso habia habitaciones en el espacio que quedaba vacío debajo del techo, las que debían tener 10 varas de alto.—Llegábase á los pisos superiores por medio de una puerta al Mediodía y una escalera de cara- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 2(5Í> col. El sanciits recibía la luz por unas ventanas que se habían hecho en la pared de circunvalación, la cual tenia lo varas de altura más que el templo. Dejaban aquellas ventanas también paso al humo de los incien- sos, etc. Cerraban las ventanas unas tablillas horizontales, á manera de celosías. Sobre el templo habia un corredor ó pasillo que media cinco varas de alto, y el techo estaba enteramente cubierto de palo de cedro. Las murallas eran formadas de piedras de sillería, que se llevaron pre- paradas; no se oyó en el templo el ruido de ningún martillo ú otro ins- trumento de hierro mientras se trabajaba. El techo, pues, como queda dicho, estaba compuesto de tablas de palo de cedro; una capa del mis- mo cubría interiormente las paredes, y el suelo estaba cubierto de madera de abeto; luego las paredes y el suelo mismo estaban cubiertos de plancha de oro. Todo, en ñn, era oro; ni se veía una sola piedra. La división entre el sanctus y el sancta sanctorttm, que habia sido for- mada por una cortina en el tabernáculo, era en el templo un tabique de madera de cedro, en el cual abríase una puerta cerrada por dos hojas de palo de olivera: luego una riquísima cortina de lienzo finísimo, de púr- pura azulada y color encarnado, con bordados que representaban que- rubines, colgaba delante de la puerta. Las hojas de la puerta formaban un pentágono, y estaban adornadas con esculturas de querubines y ramas de palmera, todo cubierto con lámina de oro. Otra puerta de lo mismo, pero de forma cuadrada, cerraba el sanct/tst cuyas hojas gira- ban sobre goznes dé oro y llevaban los adornos de la otra puerta. Am- bas tenian adornos de oro en forma de cadenas. En el interior, rodeando el templo, habia un patio, que se llamaba también patio de los sacerdotes. Estaba construido con tres capas de piedras talladas y una de vigas de cedro. Ese patio sostenía unos salo- nes abiertos y otras estancias, morada y asilo de los devotos. Desde aquel patio interior llegábase por algunas gradas á otro exterior más vasto. Podia cerrarse con puertas de bronce, y parece que más tarde estuviese rodeado, como el otro, con estancias exteriores. Es probable que la entrada de este patio estuviese á Oriente. También es probable que un pasillo, tal vez cubierto, condujese desde allí al regio palacio. Los útiles necesarios para el culto eran el adorno esencial y movi- ble del interior. El patio anterior, donde se reunia el pueblo para cum- 270 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO plir con los deberes religiosos, estaba sin adornos. En el patio interior había un tablado de bronce, que servia para la ceremonia de la corona- ción, un altar para los sacrificios, una grande bacía de cobre y diez de bronce más pequeñas. En el sanctus habia un altar para los perfumes, los útiles necesarios para el sacrificio, diez candelabros de oro y diez mesas para colocar los panes de propiciación. En el smtcta sanciorunt habia solamente el Arca de la alianza. Un preciosísimo adorno, y muy celebrado, del templo de Jerusalen, eran las citadas dos columnas colocadas delante del patio anterior. Eran una obra del tirio Hiram Abif. Eran cilindros de bronce y llamábanse Jaquin y Boas. Median acaso 18 varas hasta el chapitel, 12 de circun- ferencia y 4 de diámetro. Los chapiteles, del mismo metal, median cinco varas de altura; las bases, de piedra, median diez varas, y así la altura del conjunto corresponde al informe de la crónica. No pon muy claras las noticias acerca el adorno de esas columnas. Sin embargo, parece haya sido extraordinario. La división del reino, que tuvo lugar después de la muerte de Salo- món, llevó consigo también la división del culto. El mismo Salomón, después de haber elevado el templo á ser el santuario nacional, después de haberlo provisto de los sacerdotes que requería el culto de Jehová, se inclinó al culto de Siria: fSiendo Salomón anciano, sus mujeres inclinaron el corazón del rey á otros dio- ses. Salomón adoró á Astarte, diosa de los Sidoniós, y Malka, abomi- nación de los Amonitas. Salomón entonces fabricó una altura á Kamos, abominación de Moab, en la montaña que está delante de Jerusalen, y á Moloch, abominación de los hijos de Amon. Así lo hizo para todas sus mujeres extranjeras, para que pudiesen sacrificar á sus dioses y ofre- cerles el humo de los inciensos.» Mientras en la Judea, bajo Roboan, fue restaurado el culto de Jehová Jeroboan, en Israel, esforzábase en introducir ídolos extranjeros, de manera que todos los levitas y los sacerdotes que habían quedado fie- les al Dios verdadero, iban á Jerusalen para adorarle en su templo. Jero- boan seguía en la idolatría: nombró sacerdotes del cabro, hizo fabricar dos becerros de oro, y dijo: No vayáis á Jerusalen: [aquí está vuestro Dios, el que os ha sacado de Egipto! Colocó uno de los becerros hacia ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 211 Betel y el otro hacia Dan. Luego erigió un templo en las alturas y nom- bró sacerdotes que no eran de la tribu de Levi. La arquitectura de ese templo estaba sin duda en oposición á la del templo de Jehovd, semejante ala arquitectura sirio-fenicia contemporá- nea. Más tarde, bajo Manases, el mismo templo de Salomón sirvió de asilo á los Ídolos extranjeros y á sus altares. Pocas noticias tenemos sobre la coordinación arquitectónica de los templos fenicios, y confusas son las relacionadas al plan de esas cons- trucciones en Israel y Judea. La imagen del templo de Pafo, que se encuentra en una antigua moneda, fue reconocida templo de Astarte; representa un edificio elevado; en medio, un ídolo groseramente for- mado, parecido á una pilastra con atrios laterales adornados con colum- nas; delante, un patio cerrado donde tenían su nido las sagradas palo- mas de la diosa. Es cierto que la arquitectura y ornamento de los san- tuarios tirios debian ser extraordinariamente magníficos, especialmente desde que el rey Hiram favoreció la riqueza y el lujo en la ciudad de Tiro. A él debió una parte importante de la ciudad sus palacios, y todo el país en general, no solamente la restauración de los antiguos santua- rios ya existentes, sino también la erección de otros enteramente nue- vos. Los templos de las divinidades protectoras del pueblo fueron ensan- chados y hermoseados; el templo de Baalsamia adornado con incensa- rio de oro y con una columna delmismo metal y otra de esmeralda. El material de construcción para esos santuarios debía ser el mismo del templo de Salomón; principalmente piedras de talla y palo de cedro, á los que acaso se añadieron los mármoles de Paro y de Tarso, y más tarde aun los metales más ó menos preciosos. Luciano describe el templo fenicio en Yerópolis como un edificio erigido sobre una altura, en medio de la ciudad, rodeado por una tríplice muralla, cuyas salas de ingreso, hacia el Norte, tenían unos cien pasos de largo. El santuario {naos), hacia Oriente, era de arquitectura jonia; la parte anterior adornada con mucho oro, con techo y puertas también de oro. En esta última se encontraba una división especial (¿/miamos) con entrada abierta. Allí, donde probablemente estaban colo- cadas las groseras imágenes de los dioses, no podían entrar más que los sacerdotes y sirvientes. 272 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Luciano dice que tales imágenes eran de gran tamaño y simple- mente en forma de columnas. Parece que en la isla Arado haya algu- nos de tales ídolos entre otras ruinas de santuarios tallados en la peña. Son pilastras redondeadas en la parte superior, que miden hasta 50 pies de alto y 14 de diámetro, con sencillos adornos. Los dos cultos en la Judea, el del verdadero Dios y el de los ídolos siguieron hasta el rey Asa. Este monarca imitó á David; desterró á los profanos y derribó todos los ídolos. Alejó también á su madre, Maaca, para que no dominara; pues habia erigido un ídolo en el bosque. Asa le derribó y le hizo quemar á orillas del torrente Cedrón. Pero no fue- ron derribados los altares; sin embargo, Asa permaneció fiel al verda- dero Dios. El templo de Jehová en Jerusalen habia sido despojado de sus mejores tesoros por Sesonqui; Asa trajo lo que tenian él y su padre de objetos de oro y plata. Tales esfuerzos aislados para restaurar la antigua fe, no dejaron huellas muy profundas. La reacción de Israel contra Judea, contribuyó poderosamente á debilitar la religión. La alianza entre los dos reyes bajo Josafat habia introducido otra vez la idolatría, que acababa de ser abatida. Mas recobró fuerzas cuando Acab de Israel hizo fabricar en su nueva capital Samaría un templo á Baal y le proveyó con cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y cuatrocientos profetas del bosque. Un acto tan culpable y atrevido, habia despertado sin embargo, en el pueblo una terrible de oposición, pero no logró contrarestar la caida del templo de Jehová en aquellas tristes circunstancias. Raras veces, por ejemplo, bajo Joas y Usía, se hicieron reparaciones en aquel santuario; mucho más á menudo sus tesoros fueron empleados en obje- tos políticos. Varias veces, una por Israel mismo, fue enteramente des- pojado de sus riquezas. Nabucodonosor, después de haberse también apoderado de todo lo que había en él de precioso, le derribó entera- mente y lo entregó á las llamas. La erección de un nuevo templo por Zorobabel, después de la esclavitud babilónica, tuvo probablemente el mismo plan del antiguo. Aunque fabricado también con la ayuda de arquitectos fenicios y favo- recida esa obra por el rey de Persia, parece no haya podido compararse al magnifico santuario fabricado por Salomón. Faltábale el Arca de la ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 273 alianza, pues habia sido destruida con el santuario que la encerraba. Quedó, pues, vacío el sancta sanctorum y no se pudieron colocar en sus sitios correspondientes más que los demás utensilios del templo, que fueron voluntariamente devueltos á los hebreos. Es probable hubiesen también en ese edificio atrios con columnas; en las monedas de los maca- beos hay grabada la imagen de un templo que lo demuestra. Volvió á entrar la discordia en el pueblo, y el nuevo templo estuvo sometido á las vicisitudes del antiguo. Desde la época griega, fue no solamente saqueado, sino también profanado por la idolatría y el delirio político; su forma cambió, fue restaurado, otra vez profanado, final- mente, como punto céntrico de la ciudad, provisto de fortificaciones, y después, dividido en diferentes partes por Herodes cuando la toma de Jerusalen. Bajo el gobierno de este último, favorecido por el mismo príncipe, que acaso utilizó las construcciones todavía existentes, surgió un san- tuario colosal, llamado templo herodiano del nombre de su fundador. Su fábrica duró nueve años y medio; la construcción de los patios ante- riores solamente durú ocho años. El arca del templo ocupaba un estadio cuadrado ó sea media milla romana. Los patios anteriores se elevaban el uno más arriba del otro á manera de terrados; de aquellos se llegaba al verdadero santuario. El patio más exterior rodeaba, formando un cuadrado, todo el sagrado edi- ficio. Tenia varios portales; habia, en el interior, á lo largo de las mura- llas, unas dobles galerías, cuyos techos, de palo de cedro, descansaban sobre columnas de mármol, las cuales median 25 pies de alto. El suelo estaba enlosado con piedras de varios colores. Por 14 escalones se llegaba de allí á una pared de división que rodeaba el edificio y tenia tres varas de alto, luego á un escalón de 10 varas de ancho, y, en fin, al muro de circunvalación del verdadero patio anterior del templo. La muralla media 40 varas de alto. Cinco escalones conducían á sus puer- tas, la oriental se abría en el patio de las mujeres, separado del de los hombres por medio de una pared. Todas las puertas sostenían habita- ciones especiales hasta la altura de 40 varas. A los dos lados de cada puerta habia una columna, la cual media 12 varas de circunferencia; las hojas, que median 30 varas de alto y 15 de ancho, eran ricamente dora- 274 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO das. La puerta principal era mayor y más preciosamente adornada que las demás. Las murallas interiores rodeaban, como en el otro patio, atrios cubiertos, de sencilla arquitectura, pero sostenidos por columnas. Una barandilla de piedra, de una vara de alto, separaba este patio del de los sacerdotes, el cual contenia la estancia de la sal, la de la leña, la del pozo, etc., y rodeaba el santuario. Como el patio mayor, eran tam- bién estos dos últimos enlosados con piedras de varios colores. El santuario surgía sobre una altura, á la que conducían 12 gradas. Era enteramente construido de mármol blanco, en parte dorado. Del Sur al Norte media óo varas de ancho, 100 de alto y 100 de largo, incluyendo el atrio. Como este último media 100 varas de largo del Sur al Norte, excedían de 20 varas por cada lado los ángulos del santuario, pues que este último media 60 varas. La distribución de las localida- des interiores parece, según José historiador (y puede ser no sean cier- tos sus informes), hubiese sido de la manera siguiente: el atrio, largo 50 varas, ancho 20 y alto 90; el santuario ó sanctusy largo 40 varas, ancho 20 y alto 60; el sancta sanctoritm, ancho 20 varas, largo 60 y alto 20. Sobre el techo, formado probablemente con vigas de palo de cedro, habia estacas doradas esparcidas para espantar los pájaros. En derredor del techo habia una barandilla, la cual media 3 varas de alto. A los dos lados del templo, llegando á una altura de óo varas, se ele- vaban construcciones de tres pisos, en que cabia un crecido número de habitaciones. Servían para encerrar objetos sagrados, etc. El interior del sancta sanctorum, en el cual una piedra en la que se colocaba el incensario para el gran sacerdote que celebraba, debía reemplazar el Arca de la Alianza, estaba separado del sanctus por una puerta y una cortina. Sus hojas estaban doradas y la cortina era una rica alfombra tejida en varios colores. Allí estaba un candelabro de siete brazos, la mesa para los panes de proposición y el altar de los perfu- mes. En el atrio, un portal abierto, que media 70 varas de alto y 25 de ancho, permitía mirar el interior del sanctus. Sobre esa puerta habia una escultura dorada, la cual representaba una gran vid, con racimos colgando, que llegaban á cinco pies de tamaño. En el atrio habia dos mesas, una de mármol y una de oro. En el patio de los sacerdotes, un poco al Sur de la entrada, estaba la bacía para las purificaciones, ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 275 y á la distancia de 22 varas del atrio, el grande altar de los sacri- ficios. Al Norte, á corta distancia, estaban seis hileras de anillos para sujetar las reses destinadas al sacrificio, y cerca de ellos, para desollar- las, 8 columnas bajas, unidas por medio de vigas de palo de cedro; en los intercolumnios habia mesas de mármol donde se colocaba y se partia la carne. Al Oeste habia otras dos mesas, una de mármol y otra de plata; encima de la primera se ponia la grasa de las víctimas, encima de la segunda se colocaban los utensilios del sacrificio. Esta magnífica fábrica, en la que se desarrolló una mezcla de arqui- tectura oriental, griego-moderna y romana, especialmente en los orna- mentos, mezcla que se encuentra todavía en las ruinas de Palestina que pertenecen á los últimos tiempos, por ejemplo, las tumbas llamadas de los reyes, de Absalon, de Zacarías, de Josafat, etc., se conservó, sin mudanzas esenciales, hasta la entera ruina de la ciudad. Cuando el emperador Tito tomó Jerusalen, á pesar de sus esfuerzos para impe- dirlo, el templo fue presa de las llamas. Algunos objetos solamente, el candelabro de oro y la mesa de la proposición, se salvaron para aumen- tar la gloria del victorioso romano, cuando regresó á Roma. Una parte de las fortificaciones quedó en pié cuando fue destruido el templo. Extendíase hacia la ciudad alta, la fortaleza Sion, con la cual comunicaba por medio de una puente. La ciudad de Thimnath-Serah es una de las más antiguas fortalezas de los hebreos; elevábase sobre el monte Efraim. Había cabido en suerte á Josué cuando la partición del país como herencia, y él la restauró y fortaleció, probablemente según la arquitectura militar que habia domi- nado en esa tierra, eligiéndola por su residencia. Por lo demás, los sitios conquistados por los israelitas y que no habían sido destruidos, podían servirles hasta cierto punto de defensa en aquella época. El plan de verdaderas fortificaciones militares para asegurar y defen- der las ciudades, desarrollóse con perfección sólo en los últimos tiempos del reino: —«Salomón fue áHamath-Zola y la derribó. Fabricó Thadmor en el desierto, y todas las ciudades de abastecimiento, que edificó en Hamath. Edificó Bethhoron superior é inferior, fuertes ciudades con murallas, puertas y cerrojos. Fabricó también las ciudades que le habia dado Hiram, é hizo morar en ellas los hijos de Israel.»—cRoboam 218 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO vivía en Jerusalen, y fabricó ciudades para amparar á Judea con fortale- zas. Elevó obras sólidas de fortificación, estableció en ellas comandantes y provisiones, comestibles, aceite y vino, y en cada ciudad puso escu- dos y javelinas, y las hizo muy fuertes. » —«Asa fabricó fuertes ciudades en Judá, y dijo: Fabriquemos estas ciudades, rodeémoslas con murallas, torres, puertas y cerrojos. Así lo hizo, y todo salió bien.> — «Jetham fabricó ciudades en el monte de Judá, y en los bosques fabricó castillos y torres » Es cierto que fueron utilizadas las fuerzas de los obreros fenicios para erigir esas obras militares en Palestina, como para edificar los palacios y los templos en la misma tierra. Los arquitectos tirios eran buenos maestros, tanto para construcciones terrestres como marítimas, y podían dirigir los trabajos con el mejor acierto bajo todo punto de vista. Especialmente las fortificaciones de la isla de Tiro, surgidas desde el octavo siglo antes de Cristo como baluartes, sobre todo contra el poder asirio, eran las mejores obras militares hasta entonces conocidas. Unas grandes murallas de circunvalación, que median 150 pies de alto, fabricadas con enormes piedras soldadas de argamasa de yeso, flan- queadas por elevadas torres y defendidas por tropas de Libia, rodeaban la peñascosa ciudad, de manera que era imposible desembarcasen los enemigos ni empleasen escalas y máquinas de guerra. Otras obras, que estaban en comunicación con colosales diques, defendían los puertos y las norias de la ciudad. Los arsenales y las casas de consumo estaban defendidas por torres enormes y sólidas cadenas de cierre, y de esta suerte nada faltaba para sostener los ataques de los más fuertes y numerosos enemigos. No menos admirables eran las construcciones del interior que habian erigido los fenicios para proteger las colonias y el comercio. Consistían por una parte en larguísimas murallas fronterizas, por otra en torres erigidas sobre alturas. Cuidaron especialmente fortificar las islas más cerca de tierra, como los mejores asilos en casos de ataque. Por ejem- plo, la ciudad de Arvad, fabricada encima de un escollo, rodeada de murallas y torres, en la que se ocultaba un sinnúmero de casas de un solo piso, tenia acaso el plan que indican algunos bajo-relieves asidos. En esculturas asirias de los últimos tiempos se encuentra la representa- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL Til cion de la costumbre que tenían los guerreros asidos de colgar sus escudos á las almenas de las torres. Las fortificaciones de las ciudades en Palestina, que ganaron proba- blemente después de la época de la esclavitud en extensión y fuerza, consistían esencialmente, como las fenicias, en murallas de circunvala- ción, altas ó bajas, muy sólidas, con un coronamiento de almenas, con sólidas puertas cubiertas á veces con chapas de metal y elevadas torres. En diferentes distancias habia torres ó verdaderas obras de vanguardia. Supérfiuo es decir que, donde lo permitía la localidad, se erigían sobre alturas. Jerusalen, la más antigua residencia de los monarcas israelitas, fue siempre la plaza más fortificada de todo el reino. Solamente el esfuerzo de Pompes, después de tres meses de sitio, logró penetrar en ella; así resistió largo tiempo á Tito, emperador romano. Sin embargo, él der- ribó la ciudad menos tres torres, y una parte de la muralla occidental. Estos restos fueron también abatidos bajo Adriano. El ejército israelítico trataba también de guarecerse contra los ata~ ques del enemigo en los campamentos. Es probable colocasen las tien- das, como ahora los árabes, en forma de círculo, y las defendiesen exte- riormente por medio de baluartes ó fosos. Habia vanguardias y, durante el combate, guardaba los equipajes una guarnición que quedaba en el campo. Se erigian trofeos después de la victoria, que acaso eran estacas, de las que llevaban colgando algunas prendas tomadas al enemigo. Como los israelitas no tuvieron antes de Salomón, ni ocasión ri impulso para emprender grandes expediciones marítimas, su construcción naval quedó hasta entonces esencialmente limitada á botes de transporte, grandes y pequeños, para navegar en los rios y en los lagos. Solamente algunas tribus, que moraban en la costa, comerciaban ya desde antiguo con los fenicios por medio de la navegación. Parte, traían las mercancías desde el mar á Joppe, valiéndose de grandes balsas, y desde allí se con- ducían ájerusalen. Los fenicios, los primeros y mejores marinos de la antigüedad, fue- ron los maestros de los israelitas por lo referente á construcción naval. El mismo Salomón fue deudor á los fenicios (á los cuales la tradición atribuye la invención del arte de navegar, de las velas y de los barcos de guerra, para lo cual desde tiempo muy remoto proporcionaba la isla de 218 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Chypre el más excelente material) del armamento de los barcos, en los cuales habia muchos marinos de la misma nación que envió de común acuerdo con el rey Iliram, para descubrir las Indias. Los barcos que en aquellos tiempos viajaban á Ofir cada tres años, debían ser poco diferen- tes de los buques tirios. Ezequiel los describe llamándolos preciosos, magníficos palacios de agua. — «¡Oh, Tiro! tus fronteras están en el medio del mar; tus arquitectos han perfeccionado tu belleza. Los abe- tos de Senir te han proporcionado las tablas, los palos de tus barcos son los cedros del Líbano, las encinas de Basan te han dado los remos, los bancos de tus remadores son de marfil y de palo del boj de Chypre. Tus velas son del lienzo precioso de Egipto, adornadas con bellos bordados, y te sirven de banderas. Tus cubiertas, del color del cielo y de la púr- pura, proceden de las islas Elisa. Los habitantes de Sidon y de Arvad son tus remadores; los más hábiles son tus pilotos. Los obreros más ancianos é ingeniosos de Gebal hacían las composturas de tus barcos.» Un adorno, al cual los fenicios estaban especialmente aficionados, era una imagen simbólica de las tres divinidades mayores del país. Así adornábase la parte anterior y la posterior de los barcos de guerra; orna- mento usado también por los asirios, que probablemente lo hacían for- mar por los pueblos de la costa. El número de los barcos de guerra tirios era comparado con las armadas de los Estados vecinos, siempre extraordinariamente crecido. Todavía en la época persiana, habiéndose notablemente debilitado Fenicia, Sidon, Tiro y Arado, añadieron tres- cientos barcos á la armada persiana. Por lo que se refiere á la construc- ción de esos barcos y á su armamento, parece fueron menos precio- sos y elegantes que los navios de los mercaderes fenicios, pero eran más fuertes, y se parecían á fortalezas. Tenian varios pisos; en los infe - riores estaban los remadores; los guerreros, muy bien amparados, esta- ban en los superiores. Como las tropas de tierra colgaban sus escudos de las almenas, así los guerreros marinos colgaban los suyos del borde de la cubierta. Desde el tiempo más remoto estaban determinadas las rotas de mar á lo largo de las costas; habia puntos fijos de descanso ó estación entre las ciudades coloniales, de los que muchas veces se desarrollaban depó- sitos de mercancías y colonias secundarias. Tales sitios estaban conve- ENCICLOPEDIA UNIVEKSAL 270 nientemente fortificados con murallas, y provistos de albergues llamados cara van-serrallos. Su construcción, acaso parecida á la de los patios anteriores de los templos en Siria, era siempre uniforme. Consiste toda- vía, esencialmente en un vasto espacio rodeado de murallas, de forma oblonga ó cuadrada, con atrios abiertos, divididos en celdas; en la vecindad de esas fábricas encuéntranse también pozos y plantaciones. El mayor depósito de mercancías de esta clase fue Palmira, fundada por Salomón en el desierto de Siria, en un oasis sumamente fértil. Allí se habían establecido luego mercaderes; almacenes de provisiones y palacios surgieron muy pronto, y aquel sitio llegó á ser una verda- dera ciudad mercantil. Todavía en esa llanura existen grandiosas ruinas de templos, largas galerías de columnas y acueductos, testimonios de una época gloriosa. En toda la Palestina se fabricaban pozos ó cisternas, para remediar la falta de agua de manantial. A veces eran muy grandes, como aquella en la cual hizo Ismael arrojar setenta cadáveres. Los hebreos establecían frecuentemente jardines cerca de los pala- cios y de las casas. En ellos se cultivaban la vid y árboles frutales; algu- nos ofrecían, bajo sus copudos árboles, frescos y agradables paseos en las horas más calurosas. En ellos se encontraban también unas cómo- das piscinas para bañarse, y hermosas y perfumadas flores. Tal costum- bre habia penetrado entre los israelitas, probablemente á causa de la fama de la cual gozaban los jardines fenicios. Como los persas y otros pueblos de Oriente, apreciaban mucho los hebreos los árboles grandes y copudos, que entre ellos indicaban el sitio destinado á las asambleas generales. A veces se erigían bajo su espeso follaje monumentos y tum- bas.— «Todos los valerosos se levantaron, y tomaron el cuerpo de Saúl y los de sus hijos; los llevaron á Jabesch, sepultaron esos cadáveres bajo el terebinto, y ayunaron siete días.» Exceptuando los cadáveres de personas ilustres, de reyes ó profe- tas, se enterraban siempre los muertos fuera de las ciudades. Comun- mente se escogía alguna gruta cerca de un terebinto; las montañas de Palestina ofrecían esas grutas en grande número. A veces se dejaba á la gruta su forma natural, á veces se tallaba en forma de celda mortuoria con pasillos y cuartitos laterales. Cerrábanse por medio de una grande 280 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO piedra. — «Asa se durmió como sus antepasados, fue enterrado en su tumba, cavada en la ciudad de David; fue colocado en un lecho, lleno de especies y bálsamos.» MUEBLES Y UTENSILIOS Hay pocos testimonios sobre los oficios relacionados á muebles y utensilios entre los hebreos, y sobre su analogía con aquellos de los pueblos vecinos. Puede conjeturarse que antes de la fundación del reino poco se ejercitaron tales oficios entre ellos, pues que no variaron sus condiciones políticas. Después del tiempo de los jueces, solamente se desarrollaron por la influencia directa de los vecinos pueblos de la costa, en mil diferentes formas. La tradición deja suponer más bien obreros extranjeros que israelitas en los tiempos de Moisés, acaso egipcios y fenicios. Parece en general que los hebreos no llegaron nunca á la actividad trabajadora de sus vecinos. Es probable dejasen el trabajo más menudo á los extranjeros, contentándose con fabricar los muebles y útiles más necesarios. Los israelitas, como no podían hacer lo mismo que los obreros extranjeros, los estimaban mucho, y más aumentando la afición á las comodidades y á los refinamientos del lujo fenicio y asirio, y entre ellos era popular este refrán: * Quien no hace aprender un oficio á su hijo, enséñele á hurtar.* La mayoría de los obreros, que los monarcas enemigos de Palestina habian llevado á sus ciudades, pertenecían probablemente á las tribus cananeas antiguas y á las fenicias ó filisteas. Entre éstos habia los trabajadores de metales, herreros y cerrajeros, acaso también los artífices en oro y plateros, que probablemente se ocu- paban en fabricar los ídolos y los ornamentos arquitectónicos de meta- les nobles. La mayor parte del material necesario procedía del comercio europeo-fenicio, pues que los hebreos no hacian trabajo de minero. Ese ,comercio les proporcionaba principalmente oro, plata y cobre en abun- dancia. También recibían estaño y plomo; los países norte-orientales proveían mineral de hierro, acero y hasta la platina, recientemente des- cubierta por segunda vez en nuestros tiempos. La liga ó mezcla de ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 281 metales, la fabricación del bronce (cobre y estaño) del electro (oro y plata) y más tarde del bronce de Corinto (bronce, oro y plata) eran fami- liares también á los artífices hebreos que sabian también fundir, mez~ ciar y pulir los metales.—El útil principal de tales oficios era el yunque, luego habia varios martillos, diferentes varas de hierro, los hornillos necesarios para fundir, fuelles y ollas. — «El artista alentaba al platero; el que fabricaba las chapas, alentaba al que hacia los yunques.—Hacíase un hacha de hierro, trabajada en el fuego de carbón, formada con el martillo por un robusto obrero.»—* Sopla el fuelle, el fuego derrite el plomo.» — «Como se mezclan en medio del horno plata, bronce, hierro, plomo y estaño, como se pone fuego debajo, animándolo con el fuelle, para que se derritan los metales, así mezclaré y haré derretir mi enojo y mi cólera.»— «La olla es para derretir la plata, el horno para derretir el oro, pero Jehová es aquel que prueba los corazones, » Además de los artistas en metal, que después de la esclavitud de Babilonia, como los demás obreros, habitaban un barrio especial, á lo menos en Jerusalen, formaban probablemente una corporación nume- rosa los carpinteros, ebanistas, etc. Entre ellos contábanse también los carreteros, los cesteros y los que esculpían la madera, que hacían tam- bién, por lo que parece, vasijas de la misma. Como en Palestina habia escasez de palo bueno para fabricación, esos artistas también sacaban mucho material del extranjero. Los viajes á Ophir, establecidos por Salomón, proporcionaban tam- bién el precioso palo de sándalo, el marfil, etc., para trabajos delicados y lujosos. Los principales útiles de tales obreros eran el hacha, la sierra, la barrena, etc. Los artistas más relacionados con aquellos eran los curtidores, pues que contribuían á la solidez de ciertos armazones de palo y fabricaban odres para contener líquidos. A causa del mal olor que despiden las pieles, trabajaban los curtidores en una plaza abierta, lejos de la ciudad. Sus útiles deben haber sido poco diferentes de los que usaban en Egipto los del mismo oficio, Los olleros han dado su nombre á una puerta de Jerusalen. Trabajaban á la antigua manera egipcia, y los profetas sacaron muchas veces comparaciones de su industria. 282 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Las vasijas, después de formadas, barnizábanse y luego se ponían al fuego. «El ollero que trabaja con las manos y con los píes, cuyo cuidado continuo es la perfección de su obra, recibe la recompensa que le es debida. Con la mano da forma al barro y oprime la masa con sus pies. Esmérase para perfeccionar el barniz y limpiar cuidadosamente el horno.» Las formas de las vasijas de barro, que servían comunmente para objetos vulgares, eran sin duda parecidas á las ya citadas de los antiguos pueblos orientales, y por lo tanto muy uniformes. Para usos de cocina usábanse ya en tiempo antiguo ollas de diferentes tamaños. Algunas eran también de metal ó colocábanse sobre trébedes de metal. En las Sagra- das Escrituras se hace á menudo mención de ollas de barro y de bronce; así también de frascos de barro. Se usaban para llevar los sólidos y los líquidos, tazas llenas, vasijas de barro y copas; habia también, espe- cialmente para conservar mayores cantidades de líquidos, unos grandes jarrones de barro, que todavía se pueden ver en el Oriente. «Gedeon entró y preparó un cabrito, luego unas hogazas de harina sin levadura; colocó la carne en una cesta, vertió el caldo en una olla y lo llevó todo bajo el Terebinto.» Los hebreos usaban jarros de barro, pero preferentemente odres para el transporte de líquidos. Reemplazaban los toneles, que se usaban solamente raras veces. «Isaí tomó un borrico que cargó con pan y un odre de vino; luego un cabrito, y lo envió todo por medio de David, su hijo, á Saúl. >' *Judit entregó á su compañero un odre de vino y una vasija de aceite; llenó un saco de viaje con harina de cebada, hogazas de higos y pan muy blanco; le entregó todas esas cosas bien tapadas.» La verdadera vajilla de mesa limitábase á diferentes tazas y copas de tamaño mayor, de madera, de barro ó de metal; luego, como entre los egipcios, asirios, etc., á platos, bandejas y cestas, en las que se colocaba la carne ya cortada en pedazos. En los grandes banquetes, en ocasiones de fiestas de familia, naci- mientos, bodas, etc., el amo de la casa partía él mismo los manjares á los convidados, y en estas circunstancias gozaba ostentando la más pre- ciosa vajilla.—cTú me preparas una comida, perfumas mi cabeza con oleo precioso y llenas mi taza hasta los bordes.» — * ¡Desdichado el negli- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 283 gente en Sion y el temerario en el monte de Samaría! Os acostáis en cama de marfil; coméis los corderos y las terneras; cantáis acompañán- doos con el arpa é inventáis instrumentos de cuerda. Bebéis el vino en grandes copas y os perfumáis con el oleo más precioso.» Más arriba ya hemos hecho mención de los preciosos jarrones de bronce de los sidonios. Es cierto que también los reyes de Israel, espe- cialmente desde cuando se establecieron más estrechas relaciones entre Palestina y Fenicia, habían poseido tales lujosas vasijas. -Todas las tazas y las copas del rey Salomón eran de oro; los muebles de su casa eran todos de oro, nada habia de plata; la plata estimábase en nada en el tiempo de Salomón. » Además de las tazas y copas para beber, habían unos cuernos, más ó menos ricamente adornados, que servían para el mismo objeto ó para contener pequeñas cantidades de líquido; también se hacian imitaciones de cuernos de metales nobles; los de cristal se estimaban muchísimo. Es probable que procediesen parte de Fenicia, parte de Egipto. No cabe duda que hubiese también entre los israelitas vasijas grandes y pequeñas de palo, de piedra ó de metal, las que debían parecerse en la forma á las que se encontraron en las excavaciones de Egipto y Asiría. Un ejemplar de aquellas formases una vasija de piedra, que fue encontrada en territorio de la antigua Babilonia. Los muebles de las personas acomodadas consistian en sillas, camas ó canapés, asientos, mesas, armarios, aparatos de alumbrado y de calen- tar. Estos últimos, de los cuales servíanse también los reyes, eran lla- mados ollas de fuego. Colocábanse en medio de las habitaciones y cubríanse, para evitar el humo, con un armazón de palo cubierto con una alfombra. Las lámparas y los candelabros eran copas, parte de pie- dra, parte de metal, con ó sin sostenes, y sin duda parecidos á los que se encontraron en Nlníve. Los hebreos, como los demás antiguos pueblos orientales, cambia- ron muy tarde la costumbre de acostarse sobre almohadones (especial- mente durante la comida) por la de sentarse, y continuaron pues siem- pre usándolos como los asientos y las sillas. Las camas, asientos y sillas se hacian comunmente de madera; los colchones eran de telas preciosas, adornados con piezas de metal, cubiertos con ricas almohadas y pre- 2P4 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO ciosos tapetes. Especialmente las camas de los ricos llevaban semejan- tes adornos: «Estaban provistas de cordones, cubiertas con alfombras de varios colores, con telas de Egipto, perfumadas con mirra, acíbar y canela. Unas almohadas especiales, muy blandas, servían particular- mente para apoyar el brazo izquierdo; había también almohadas para la cabeza y la espalda: molicie moderna, condenada por los profetas. Las mesas, que se colocaban delante de semejantes vasijas, eran relativamente bajas y compuestas, como las mesas orientales que se usan hoy dia, de una base cuadrada y una tabla redonda, que descansa encima de ella. Ahora se usa cubrir esas mesas con un tapete de cuero, antes de la comida; el tapete, redondo como la mesa, estaba provisto de anillos y se recogía á manera de saco después de comer. El trono que Salomón hizo construir para él mismo, sin duda con ]a ayuda de artistas tirios, da un ejemplo del lujo que reinaba en la corte israelítica, lujo favorecido por aquel monarca. Aquel trono, semejante á los tronos egipcios y asirios, estaba formado de marfil y enteramente cubierto de oro. Subíase al trono por tres gradas. Tenia un alto espal- dar, redondeado en la parte superior, dos brazos sostenidos por leones y un banquillo delante para los pies. A los dos lados de las gradas, como símbolo de fuerza, había seis leones, cuya hechura era tan primo- rosa, que nada habia igual en ningún reino. Otros tronos, menos preciosos, en que solían sentarse los reyes de los últimos tiempos en ocasiones solemnes, para dar audiencia ó para administrar justicia, se colocaban en sitios abiertos ó bajo las puertas de la ciudad. Delante estaban desplegadas riquísimas alfombras, cos- tumbre todavía en vigor en el Oriente. «El rey de Israel y Josafat, y el de Judá, se sentaron en sus tronos, con el traje de los días de fiesta, sobre una alfombra, á la entrada de la puerta de Samaría; y todos los profetas anunciaban los acontecimientos del porvenir en su presencia.» El trono de los reyes de Israel era semejante al de los faraones de Egipto y de los reyes de otros pueblos. Los hebreos imitaron, en un tiempo relativamente moderno, las armas y demás cosas relacionadas á la guerra de las naciones vecinas; primero de las tribus cananeas, que los hostigaban continuamente, luego de los fenicios y de los asirios. Los primeros estaban, desde los tiempos ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 285 más remotos, familiarizados con el uso de los carros de guerra; la tra- dición atribuye á este pueblo y á los asirios la invención de todo lo rela- cionado con la misma. Cuando los israelitas atacaron á los pueblos que habitaban la tierra de promisión, debian sentir dolorosamente la falta de útiles de guerra, especialmente de carros; aunque Judá se apoderase pronto de la mon- taña, no podia echar los habitantes" del valle, pues aquellos poseían carros de hierro. Desde la fundación del reino fue remediada esta falta. David, después de haber vencido gloriosamente al numeroso ejército de los sirios y haberse apoderado de sus carros de guerra, adoptó su uso y puso de esta manera los cimientos de una nueva división de las fuer- zas militares, la que fue más y más desarrollada por sus sucesores. La construcción de estos carros debia ser sin duda la de los egip~ cios, pues procedían parte del Asia occidental, parte eran formados á imitación de aquellos, y más tarde acaso absolutamente iguales. Si el armazón de tales vehículos era de hierro ó á lo menos fortalecido con este metal, esto debia proceder del terreno montuoso y pedregoso de aquel país. Probablemente fue adoptado el mismo sistema para los demás carros, que servían para transportar las mercancías y las personas. Estos carruajes, de dos ó de cuatro ruedas, estaban provistos de asientos, más ó menos cómodos; los arrastraban bueyes, muías y raras veces caballos. Parece que los útiles de guerra para sitiar las fortalezas eran tam~ bien iguales á los de sus vecinos. Los hebreos se servían de escalas y torres, y para abrir brechas, de arietes de sitio. El rey de Babel está en la encrucijada. A su derecha, según la profecía, hacia Jerusalen, se colocaron máquinas destinadas á destruir las murallas, y las puertas, y á levantar parapetos y baluartes. El rey Usía introdujo además máqui- nas especiales para arrojar piedras, con las cuales defendía las torres angulares de su capital. GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO OBJETOS RELACIONADOS AL CULTO RELIGIOSO Tales objetos, de los cuales ya se ha hecho mención hablando de las diferentes divisiones del templo, desde la época de David y de Salo- món, no eran menos preciosos los del magnífico edificio en el que debían colocarse. Eran producto de la habilidad de los artistas fenicios. Hiram Abif, el ingenioso constructor de las célebres columnas del templo, diri- gió la fabricación de los utensilios sagrados destinados al templo de Salomón. Bazaleel y Pholiab parece hayan fabricado el Arca de la Alianza, destinada principalmente á conservar las tablas de la ley y á ser colocada en el sancta sanctorttm en otra arca especial para este uso. Su forma y sus ornamentos estaban determinados exactamente por una ordenanza mosaica. — «Haréis un arca de palo de acacia, la cual debe medir dos varas y media de largo, una de ancho y una y media de alto. Debe estar enteramente cubierta, exterior é interiormente, de lámina de oro, y haréis un borde de oro en su rededor. Fundiréis cuatro anillos de oro para colocarlos en los ángulos. Luego haréis unas estacas de palo de acacia cubiertas también de oro: estas estacas están destinadas á trans- portar el arca atravesando los anillos de oro, ni se deben sacar nunca de su sitio. En el arca estará encerrada la ley. La tapa debe ser de oro puro, y medirá dos varas y media de largo y una y media de ancho. Haréis después dos querubines de oro para colocarlos en los dos extre- mos de la tapa. Los querubines la cubrirán con sus alas y tendrán el rostro uno enfrente del otro, dirigiendo la mirada á la tapa.» No son menos exactas las indicaciones acerca los demás objetos que debían colocarse en el tabernáculo; así, como queda dicho, acerca de la mesa para colocar los panes de propiciación, del candelabro del altar de los perfumes y de otros objetos que se empleaban en los sacrificios. Los panes de propiciación, de harina finísima y sin levadura, corres- pondían en el número á las doce tribus y debían renovarse cada sábado. La mesa donde se colocaban era de palo de acacia; tenia dos varas de largo, una de ancho y una y media de alto: estaba cubierta con plancha ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 2K7 de oro y adornada con un borde del mismo metal. En los tres ángulos tenia cuatro anillos de oro, en los cuales pasaban las estacas para llevar la mesa de un sitio á otro. Estas estacas eran también de palo de acacia cubierto de oro. Las tazas, las copas y los platos, que se usaban para los sacrificios, debian ser de oro puro. También, muy exactamente, se describe la forma que debia tener el candelabro. Este debia ser de oro puro, tener seis brazos, tres tubos por cada lado. Luego debia tener un ornamento de seis cálices de flor y seis manzanas. Este candelabro tenia siete lámparas, todas de oro puro; tam- bién las despabiladeras debian ser del mismo metal, y el peso de todo el conjunto llegaba á un talento. El altar de los perfumes debia poderse transportar fácilmente, como todo lo que estaba en el tabernáculo. Era de palo de acacia; tenia una vara de largo, una de ancho y dos de alto. Los cuernos estaban en los cuatro ángulos. Cubríale enteramente una lámina de oro y tenia un borde del mismo. Debajo de éste estaban los anillos, en los que debian pasar las estacas para llevarle. Las estacas eran también de acacia y estaban cubiertas con lámina de oro. El altar de los sacrificios, los instrumentos necesarios para inmolar las víctimas, las vasijas y la bacía para las purificaciones de los sacer- dotes, eran comunmente de metal, pero siendo en general de grande tamaño, no eran muy macizos. El altar de los sacrificios era hueco, de palo de acacia; tenia cinco varas de largo, cinco de ancho y tres de alto. Tenia cuatro cuernos en sus ángulos y estaba cubierto con una capa de bronce. Tenia una reja de bronce á manera de red; también la reja estaba provista de cuatro anillos con las correspondientes estacas. El altar llenábase de tierra en el hueco cuando debian usarlo, y acaso la reja servia para sujetar mejor las tablas. Los cuernos no eran proba- blemente más que un adorno; no es inverosímil tuviese la forma del cuerno del toro ó de la voluta, que empleaban los asiáticos occidentales y los asirios, ornamento arquitectónico empleado frecuentemente más tarde por los artistas griegos y romanos. La bacía en la cual los sacerdotes debian purificarse las manos y 288 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO los pies antes de penetrar en el santuario, era de bronce; de bronce igualmente la base en que descansaba; para lo cual las mujeres que ser- vían en la tienda ó pabellón de la asamblea habían entregado sus espe- jos metálicos. Debía tener, como las enormes tazas de bronce encontra- das en Kujundschik, una forma circular. Parece fuesen también de bronce los utensilios para el sacrificio. Consistían en ollas para las cenizas, paletas, tazas, una especie de tene- dores y escalfadores; luego en los citados platos, etc., y en varios cuchillos. Estos últimos eran originariamente de piedra, así en el anti- guo Egipto como entre los antiguos hebreos; más tarde se hicieron de metal (bronce ó hierro) y provistos, especialmente los cuchillos para inmolar las víctimas, de mangos de oro ricamente adornados. El cuidado de todos los objetos necesarios para el culto, el trabajo de colocarlos y transportarlos convenientemente era obligación de los levitas. * Cuando se levante el campamento y venga Aaron con sus hijos, quiten la cortina y cubran con ella el Arca de los Mandamientos. Pongan encima una manta de pieles de Tachas, luego una cubierta de color morado y coloquen las estacas. Cubran la mesa de la propiciación con un paño de color morado, coloquen encima las tazas y las copas, los platos y el pan perpetuo. Cúbranlo todo con una manta de color escar- lata y pongan encima otra de pieles de Tachas y preparen las estacas. Cubran el candelabro con un paño morado; cubran también sus lámpa- ras, sus despabiladeras, sus escalfadores y las aceiteras. Coloqúese todo en una manta de pieles de Tachas y póngase así sobre las angarillas. El altar de oro debe cubrirse con un paño morado y luego con una manta de pieles de Tachas y colocar las estacas en sus anillos. Tómense todos los utensilios que sirven para el culto en el santuario; pónganse en un paño de color morado, cúbranse con una manta de pieles de Tachas y coloqúense en las angarillas. Luego se debe limpiar el altar de las cenizas y cubrirlo con un paño purpúreo; después poner encima de él todos los utensilios que á él se relacionan; escalfadores, tenedo- res, paletas y tazas, cubrirlo todo con una manta de pieles de Tachas y colocar las estacas. Cuando Aaron y sus hijos hayan concluido, cubierto el santuario y todo lo que le pertenece, luego que deba marcharse el ejército, vengan los hijos de Kehatpara llevarlo, pero no toquen el san- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL Ü80 tuario, ó sino, morirán. «Esta es la tarea de los hijos de Zehat en el pabellón de la asamblea.» Exceptuando la antiquísima sagrada Arca de la Alianza, Salomón reemplazó los demás muebles y útiles del tabernáculo con otros muchí- simo más ricos y preciosos, y que correspondían á la expléndida coordi- nación arquitectónica del templo de Tehová. Conservando generalmente las formas del antiguo, el nuevo aparato del culto debía ser superior al primero también en sus mayores dimensiones, pues no era probable debiese pasar de uno á otro sitio. La antigua Arca de la Alianza fue colocada como antes en el sancta sandorum. Flanqueábanla dos colosales querubines enteramente cubier- tos de lámina de oro, á imitación de los dos que cubrían su tapa. El altar de los perfumes, colocado en el santuario, tal vez muy semejante al que estaba en el antiguo tabernáculo, era de palo de cedro y cubierto con lámina de oro. En lugar de la única mesa de la propi- ciación y del único candelabro, habia diez mesas y diez candelabros. Eran parte de plata y parte de oro; en las mesas habia, no solamente el ya citado número de panes, sino también cien copas de oro llenas de vino. Los candelabros, enriquecidos con preciosos adornos en forma de flores, etc., estaban colocados cinco al Norte y cinco al Sur. Cada uno tenia sus despabiladeras de oro, etc.: las copas y los cuchillos, los in- censarios y los escalfadores eran de oro macizo. Los objetos en los cuales más lució la habilidad de los artistas tirios, y especialmente de Hiram-Abif, en tiempo de Salomón, fueron los muebles del patio interior; no tanto en la fabricación del altar de los sacrificios y en sus adornos, cuanto en las vasijas que debían servir para la purificación de los sacerdotes.—El altar de los sacrificios parece haya sido esencialmente diferente del antiguo tan sólo en el tamaño y en la materia. Era enteramente de bronce y tenia veinte varas de largo, veinte de ancho y diez de alto; en lo demás parecíase al antiguo. El artista citado esmeróse en la fabi icacion de la bacía para lavar las manos. La taza, que media diez varas de un borde al otro, estaba fun- dida; tenia cinco varas de alto y treinta de circunferencia en el borde superior. Coloquíntidas rodeaban por debajo su borde; diez de ellas 290 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO abrazaban el fondo (el mar); las coloquíntidas formaban dos guirnaldas y estaban fundidas con la misma bacía. La sostenían doce bueyes; tres vueltos hacia el Norte, tres hacia el Occidente, tres hacia el Sur y tres hacia el Oriente. Tenían las espaldas vueltas hacia dentro y las cabezas hacia fuera. El espesor de la bacía era lo ancho de una mano, el borde imitaba la flor del lirio, inclinado hacia fuera; contenia agua bastante para dos mil baños. Esta grande bacía estaba á derecha, hacia Oriente, frente al Sur. Hiram hizo además cinco sostenes en el lado derecho y cinco en el izquierdo. Eran de bronce; median cuatro varas de largo, cuatro de ancho y tres de alto. Tenían varillas horizontales colocadas entre las perpendiculares. Sobre las primeras estaban esculpidos leones, bueyes y querubines; encima de ellos y debajo habia un adorno de guirnaldas colgando. Cada uno tenia cuatro ruedas de bronce y los ejes eran del mismo metal. Las ruedas eran fundidas como todo lo demás. Hiram grabó en las tablas y en las varillas, leones, querubines, ramas de palmera y guirnaldas en derredor. Todos eran iguales, de una misma medida y de una misma forma. Hizo también diez bacías de bronce; en cada una cabían cuarenta baños; tenian cuatro varas de diámetro y estaban colocadas sobre los diez sostenes. Finalmente Hiram hizo para el patio interior también, las bacías, las paletas, las tazas y las ollas, que sin duda no tenian menos mérito que los trabajos de bronce y oro. Los muebles y utensilios destinados al nuevo templo que hizo eri- gir Zorobabel después de la esclavitud babilónica, el cual fue menos rico y menos vasto que el antiguo, exceptuando la citada Arca de la Alianza, consistían en aquellos que se encontraron en el tesoro de Ciro y que pertenecían al templo de Salomón. Aquel príncipe, rey de Persia, los hizo entregar por medio de su tesorero Mitrídates á Scescbazar, príncipe de Judá. Eran treinta tazas de oro, mil tazas de plata, veinte y nueve cuchillos; luego otras treinta tazas de oro y cuatrocientas diez tazas de plata de segunda clase, y mil otros varios objetos. El número de los objetos de oro y plata llegaba á cinco mil cuatrocientos. En lugar de las lámparas de colgar, que acaso se habían perdido, los hebreos recibieron un candelabro de oro con siete lámparas. Es probable que todos estos objetos hayan sido robados ó destruidos. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL '¿í»l MUEBLES Y UTENSILIOS D E L TEMPLO HEKODIANO Según informes que da José , historiador, parece probable lo siguiente: El Arca de la Alianza faltaba naturalmente también en este templo. En el atrio habia dos mesas, la una de mármol, la otra de oro, sobre las cuales el sacerdote, al entrar y al salir del sanctits, colocaba los nuevos panes de la propiciación y quitaba los viejos. La grande bacía para las purificaciones y los diez sostenes, de las otras pertenecían al templo antiguo, á lo menos esto es muy probable. Al contrario el altar de los sacrificios, parece haya sido fabricado para el nuevo templo. Este altar media de cuarenta á cincuenta varas de largo y de ancho. En los cuatro ángulos llevaba un adorno en forma de cuerno; un sendero de suave subida, el cual venia del Sur, conducía al verdadero hogar, que estaba en medio del altar. Más arriba se ha hecho mención de los uten- silios del sacrificio. El candelabro y la mesa de la propiciación aparecieron en el triunfo de Tito. INSTRUMENTOS MUSICALES Aunque se haga muchas veces mención, en el Antiguo Testamento, de los instrumentos de música relacionados con el culto religioso, sin embargo, no se encuentra una descripción exacta de su tamaño y de su forma. Las figuras de semejantes objetos, que se pueden ver en las esculturas del antiguo Egipto y de Asiria, los que todavía se usan en el Oriente, son el único medio de tener una idea de ellos. Entre los hebreos usábase ya antiguamente una especie de tambor, castañuelas y címbalos de metal; luego el sistro y el triángulo. Entre los más antiguos instrumentos de vientos cuéntanse la trom- peta y varias clases de flautas y silbatos. La primera fue muy usada en el acompañamiento de los sacrificios, especialmente desde la época del rey David. Las trompetas que servian en el santuario central, de cuya forma habla José historiador y que es probable se parezca á las que se 2ÍI3 GALERÍA DEI, ARTE DECORATIVO ven esculpidas en el arco de Tito, eran de plata; distinto parece haya sido el cuerno que, con la trompeta, daba señales militares. Los silba- tos y las flautas imitaban sin duda los mismos instrumentos usados en Egipto, de forma muy sencilla. Créese los haya inventado Jubal, llamado padre de los músicos que tocan instrumentos de cuerdas y silbatos. No se sabe si su forma era la de la churumbela ó zampona, ó más bien de la flauta de los pastores. Los carios empleaban las flautas en las cere- monias fúnebres, llamadas Adonias. Es probable hayan pasado á los fenicios, y de éstos á los hebreos. Posible es que los instrumentos se distinguiesen entre esos pueblos sólo por el tamaño y el número de los agujeros; pero es cierto que habia flautas dobles y sencillas. Faltan noticias acerca de los instrumentos de cuerdas. Conocido sola- mente es el nombre de arpa, que era el instrumento favorito de David; como podia tocarse también andando, más debía parecerse á un laúd que á una arpa moderna. Es cierto que había otras clases de arpas y liras, entre las que se conoce el salterio y la sambuca. Entre todos los citados instrumentos, la flauta estaba especialmente consagrada á los entierros. Con la flauta acompañábase el canto de luto que tenia lugar en la casa del difunto. Con las flautas acompañá- base el cadáver, después de lavado y vendado con tiras de lienzo y luego colocado en un ataúd. Se colocaban en las tumbas de los guerreros sus armas, y en las de las personas principales sus adornos preciosos. A veces poníanse los muertos en sarcófagos de piedra, según la costumbre fenicia, y se decoraba la tumba, como en Egipto, con imágenes simbó- licas é inscripciones. CAPÍTULO VI K pueblo* del Anta menor. OBSERVACIONES PRELIMINARES e i, Asia menor es el puente natural entre los países del Oriente y Europa. En el Norte, Oeste y Sur, países bañados por el grande Océano, es probable que el territorio haya sido ocupado por emigrantes áricos, y parte por semíticos. Los primeros, llegando del Oriente, ha- bíanse establecido en el interior; los segundos, llegando del Sur, á lo largo de las costas. El conflicto de esos primeros habitantes de Oriente con los colonos europeos, griegos y trácios, ha producido probable- mente, como en el Asia anterior, la división en numerosas tribus, más ó menos importantes. Pero más marcada quedó la diferencia entre ellas por lo que se refiere á la inclinación á la cultura, determinada por su país originario. Las sierras que atraviesan el país casi en línea paralela, especialmente en el Oeste, (Olimpo, Temno, Dindimo, Tmolo, Mesogis, Cadmo, etc.) y las diferentes condiciones naturales de los distritos que encerraban, eran favorables á una tal división. Esta misma división y 294 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO las condiciones locales, debian determinar más tarde esencialmente el futuro desarrollo de la cultura. Mientras las más favorecidas tribus, especialmente las griegas, llegaron muy pronto á un elevado desarrollo en las costumbres y en la industria, una gran parte de la población quedó sumida en su originaría barbarie. Como en el Asia anterior, allí también eleváronse primero los paí- ses de la costa y las islas más vecinas á una verdadera civilización. Ya en el tiempo más antiguo, los carios, más íntimamente aliados con los fenicios, poseían varias industrias. Habitaban casi todas las islas y una parte de la costa del Sur, desde la cual mantenían, aunque á manera de piratas, un vasto comercio entre Oriente y Occidente. En el continente más cercano á Europa arraigóse primero la cul- tura. Hornero en sus poemas describe el país como repartido entre varios pueblos, que sin embargo estaban todos aliados. Los troyanoseran los más fuertes é independientes. No muy inferiores á ellos en la cultura eran los meonios, los cilicios, los licios, los carios y los frigios. Todos poseían un vasto territorio en el occidente de la Península, y estaban en comparación de las tribus de los alizonos, paflagonos, etc., que ocu- paban en parte los países del Nordeste, en un grado elevado de civili- zación más y más desarrollada. En los poemas de Hornero aparecen un siglo más tarde, principal- mente los cilicios, los licios, los carios, los frigios, los lidios y los capa- docios como pueblos históricos. Los frigios habitaban el centro de las llanuras fértiles y ricas de bosques, tenian adelantada cultura y una forma de gobierno fija. Los lidios habitaban el territorio occidental, atrave- sado por el Meandro; no se sabe con certeza si eran del mismo origen de los misios y de los carios. Este pueblo estaba destinado á determi- nar la suerte del Asia menor. Sin tomar en cuenta la influencia guer- rera á la cual ya en tiempo muy remoto fueron expuestos aquellos países por los Estados orientales, especialmente por los asirios, y más tarde por los pontinos, desde el tiempo del rey de Lidia Gigés, y de las vic- torias de sus sucesores Ardys, Sadijattes y Alyattes, casi todos los Estados de la península pertenecían al reino de Lidia. Únicamente las colonias griegas, ya florecientes, habían resistido con pocas excepciones á las armas lidias. Creso, sucesor de Alyattes, aprovechando la división KNCICI-OPEDIA UNIVERSA!. 2í*5 que habia penetrado entre aquellas colonias, logró someterlas á su cetro y dar así la mayor extensión á sus dominios. Persia derribó la grandeza de Lidia. Conquistada por Ciro, no fue más que una satrapía persiana. Trescientos ochenta años antes de Jesu- cristo, el Asia menor del Occidente y del Norte fue ocupada enteramente por los galos. Bajo la espada de Alejandro el Grande y el dominio romano, la península tuvo en gran parte la suerte de los sometidos paí- ses del Asia anterior. MONUMENTOS Algunas ruinas solamente conservan hoy dia testimonios de la anti- gua civilización de los citados pueblos. Tales restos están casi todos esparcidos en los territorios que antiguamente pertenecian á los frigios, á los Hcios y á los lidios. Pocas noticias se pueden sacar de ellos por lo referente al traje; más importantes son las que se relacionan con algunos productos de la industria griega: consisten en jarrones esculpi- dos, donde están representadas escenas de las poesías de Hornero, y otras que tienen relación con el Asia menor. Allí se encuentran tam- bién algunos trabajos de la plástica romana, muy apreciables por la elegancia de las formas. Los poemas de Hornero dan las más antiguas noticias acerca la industria de los pueblos del Asia menor. Es cierto que el poeta poseía un exacto conocimiento de la cultura griego-asiática, pues los monu- mentos asirios y las Sagradas Escrituras, que proporcionan noticias sobre las antiguas condiciones de Oriente, atestiguan, por medio de la comparación, su veracidad. En aquellos cantos aparecen los troyanos y muchas tribus con ellos aliadas ya dueños de un lujo muy adelantado, y con una industria y comercio notablemente desarrollados. Por lo que se refiere al traje, esas noticias prueban grande afición á las prendas preciosas, á las ricas joyas y á las armas artificiosamente trabajadas. Allí se hace mención de la habilidad en trabajar los meta- 296 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO les, de la de las mujeres troyanas en fabricar excelentes tejidos y en teñir el marfil de color de púrpura. Siendo muy animado el comercio entre la población occidental de la península y sus vecinos europeos, favorecÜo por el extenso tráfico fenicio-cario y los viajes por mar de los licios y de los cilicios, no podian faltar materiales de todas clases. El país mismo suministraba elementos animales, vegetales y metálicos. Los numerosos rebaños de Frigia y Cilicia proporcionaban magnífica lana de ovejas y cabras; muy pronto además habíase empezado á cultivar el lino, en el Nordeste. En los poe- mas de Hornero hablase á menudo de las telas de lienzo, ensalzando la delgadez de su tejido y su deslumbrante blancura. De.cde que el pueblo de Lidia llegó á ser histórico, y desde que empezaron las relaciones de los griegos con los habitantes del Asia menor, las noticias acerca de su actividad industrial empiezan á ser determinadas. La molicie asiática habia reemplazado el sencillo modo de vivir descrito por Hornero. Los tesoros incalculables adquiridos por los monarcas lidios, parte por los tributos de los países sometidos, parte . por la explotación de ricas minas de oro, habian favorecido el desarrollo de la industria y dado lugar al lujo y variedad en el traje. La inclinación á la pompa, tan favorecida por estas circunstancias y propia del carác- ter asiático, no quedó sin influencia sobre los colonos griegos, que pronto participaron del lujo de sus vecinos. Sin embargo, su delicado sentido artístico los hizo aliar lo bello á lo rico, y esta mejora penetró entre los lidios, á lo menos desde que fueron sometidos al cetro de Creso. El traje de los frigios y de los lidios, como se ven pintados en los jarrones griegos, demuestra esta favorable mudanza. En aquellas pinturas se puede ver también el desmedido lujo de la época. Las mujeres solamente preparaban las telas para los trajes: ellas hila- ban, ellas tejían, y las mismas princesas se ocupaban sin cesar en seme- jantes tareas. Asi habla el héroe troyano á su esposa, en el poema de Hornero: anda á tus habitaciones, cuida de tus quehaceres; el huso y el telar son tus tareas, y mandar á las doncellas que trabajen con asidui- dad. Asunto de los varones es la guerra. La descripción del precioso traje que llevaba la hermosa Elena, demuestra tambicn que las mujeres principales no desdeñaban poner la ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 297 mano en semejante trabajo, y nos da un ejemplo del desarrollo que tenia ya antiguamente e! bordado de varios colores como adorno de las prendas de vestir, en el Asia menor; arte que probablemente era de origen asirio. Con el lujo creciente en todos los objetos de la vida pública y doméstica y el dominio de la pompa y de la molicie, que empezó con la soberanía de los lidios, entró la necesidad de establecer verdaderas fábri- cas para tanta variedad de manufacturas. Habíase formado poco á poco una clase de obreros, que parte trabajaban por su propia cuenta, y parte por encargo. Hay noticias de talleres donde se fabricaban tejidos, de tintorerías, etc. En el arte de teñir con el color de púrpura, los lidios parece haber disputado la fama á las colonias fenicias, Nisiro, Cos, Giaro, etc. La ñor del sandix servia para teñir en color encarnado claro; los griegos, para indicar un hermoso color de esa clase, lo llama- ban encarnado de Sardis. Las alfombras de Sardis, de un tejido semejante á la felpa, eran un producto muy estimado; más aún los finísimos transparentes tejidos de lino ó de otra materia semejante á la seda. Esas telas, por su preciosi- dad, servían únicamente para trajes de lujo. Además de las citadas industrias, ejercitábase mucho en aquellos países la de tejer en varios colores y el bordado en oro. Había trajes inferiores y superiores de color de púrpura, por los que se distinguían, según Herodoto, las personas principales en Lidia, en tiempo de Creso, pero también había trajes de varios colores y diferentes dibujos. Siguiendo quizá el gusto de los pueblos de Tracia y del Ponto, el dibujo más apreciado era el que formaba cuadritos. Como se reconoce en algunas pinturas de antiguos jarrones, parecíanse en esto á los egip- cios, los cuales habían adoptado la costumbre de los asírios. Un adorno especial de los trajes, usado también entre las pobla- ciones del Ponto y en las colonias griegas, eran los ornamentos ó bordados de oro. Algunos consistían en chapitas esparcidas sobre la tela. A veces eran de forma muy elegante; y hasta formábanse con ellas artísticos trabajos de relieve. Se colocaban preferentemente, como ya se usaba entre los asírios del tiempo antiguo, en forma de estrellas. La mayor riqueza de dibujo ornamental se desarrollaba en los bor- 2tS GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO des y en las guarniciones. Los dibujos destinados para este objeto, en parte de gusto asirío, llegaron, bajo la influencia griega, á una delicadeza más elegante y agraciada esbeltez. Usábanse, además de los cuadritos y dibujos á la greca, bonitas y diminutas hojas de palmera y líneas graciosamente torcidas que imitaban el curso del rio Meandro, el cual, dando mil caprichosas vueltas, atravesaba la Lidia; meandros también se llamaban esos dibujos. La doble voluta, muy usada entre los asirios, llegó á ser en el Asia menor, no solamente adorno arquitectónico, sino también ornamento de las prendas de vestir. En la época descrita por Hornero parece rio haya existido gran diferencia entre el traje de los dos sexos que se usaban en Grecia y en el Asia menor entre las tribus que no eran griegas. Tampoco habia notable distinción entre el traje varonil y el mujeril. Hombres y mujeres llevaban generalmente un traje interior más ó menos largo, semejante en la forma á una camisa, sujeto por medio de una cin- tura, y encima de él un abrigo á veces ancho, á veces estrecho. La diferencia principal en el traje de las mujeres consistía en la mayor delgadez de los tejidos, en la anchura de las prendas y en ciertos objetos de adorno; alhajas de oro ó de plata, rico calzado, elegante tocado de cabeza y largos velos trasparentes. El traje acostumbrado de los varones, en tiempo antiguo, era muy semejante al de Asiria. Los lidios, como todos los pueblos que no eran griegos, avergonzábanse de mostrarse desnudos; pues cubrían cuidadosamente el cuerpo por medio de largas vestiduras. La primera era una especie de camisa con mangas, tan larga muchas veces, que se arrastraba por el suelo y luego un manto muy ancho. El nombre de este traje, que significa piel, indica la antigua costumbre de vestirse con pieles de animales. En tiempo de Hornero, las pieles eran más bien un adorno que un abrigo. París llevaba la piel de una pantera sobre la armadura; Menelao, una de león en el combate; en tiempo de Jerjes los lidios llevaban pieles de cabras; igual prenda se ve en varias esculturas asirías, simbolizando algunos pueblos sometidos. Hornero, exceptuando las polainas, no habla de ninguna vestidura especial para las piernas. Entre los pueblos del Asia menor, aparece solamente en esculturas y pinturas de la época persa. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 2Ü9 Es muy probable que se usara entonces una especie de calzas, tra- jes más cortos, de forma parecida á los griegos. Estando perfecta- mente abrigados contra las inclemencias de un clima rígido á veces y sujeto á muchas variaciones causadas por la proximidad del mar y de las montañas, se había cambiado poco á poco el antiguo traje ancho y largo en otro más cómodo y no menos elegante y decente. Refirién- dose á esta costumbre más varonil que la antigua, pudo Herodoto poner en boca de Creso este consejo dirigido á Ciro: «Quitar el valor y la fuerza á los lidios, tomándoles las armas y dándoles traje de mujer.» Esto, sin embargo, no duró mucho tiempo; muchas pinturas en antiguos jarrones son testimonio de ello. Especialmente la figura de París, lleva un traje ligero y cómodo, parte asiático y parte griego. Las partes esenciales del traje lidio, ó más bien frigio, de los varones, eran, pues, en esta época menos antigua, las calzas, las segundas cami- sas, una especie de chaqueta y un elegante tocado de cabeza. El rey llevaba todas estas prendas tejidas en varios colores. Las calzas á veces se adherían á las formas y á veces formaban ligeros pliegues; también la chaqueta, cuyas mangas llegaban á la muñeca, eran anchas ó estrechas. La prenda que se llevaba encima de ella, era, para decirlo así, una camisa sin mangas, adornada comunmente con una larga tira colgando delante y un adorno bordado en las costuras; alguna vez estaba tam- bién simétricamente cubierta con dibujos de diminutas hojas de pal- mera, estrellas, etc. Sujetábase con un rico cinturon, pero tan flojo, que la tela de la prenda misma llegaba á cubrirlo. Todas las partes de este traje, si no se adherían al cuerpo, estaban muchas veces adornadas con chapitas de oro trabajadas en relieve. Así se adornaban también las chaquetas de largas mangas, que se ponian encima de las camisas. Es cierto que el color dominante en las prendas de lujo era el de púrpura más ó menos claro, luego un brillante amarillo y otro blanco. De los mismos colores eran los zapatos de piel con adornos de oro. Usábanse también, en lugar de zapatos, unos calzados parecidos á las botas asirías, que se anudaban por medio de cordones. Finalmente, una gorra ó una tira, que rodeaba la cabeza, remataba el lujoso traje frigio. La citada gorra, en su forma original, es característica de la pobla- ción frigio-Iidia. Cubría enteramente la cabeza, elevábase hacia delante 300 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO y cubría el cogote y las mejillas con anchas tiras colgando, las cuales podían anudarse debajo de la barba; pero comunmente dejábanse suel- tas ó enrollábanse, ó finalmente, formábase con ellas un lazo en la frente. Parece que, especialmente en los tiempos más modernos, estas ricas y elegantes gorras hayan sido muy altas: Ovidio cuenta que el rey Midas ocultó bajo un gorro frigio las enormes orejas de borrico que el dios Apolo le habia dado para castigar su temeridad. Tampoco en el Asia occidental dejó de producir cambios parciales la influencia griega y romana; pero los frigios y lidios permanecieron siempre adictos á su antiguo lujo y á la variedad de colores, tanto, que Virgilo refiere que sus trajes eran teñidos de un brillante amarillo y de un espléndido color de púrpura; dice también que llevaban largas mangas y tiras colgando de las gorras. Algún cambio se efectuó en la forma de las prendas. Esto se reconoce en varias imágenes de la época, en las que los trajes más anchos ocultan más las formas del cuerpo, formando elegantes pliegues. Las calzas, el calzado y el citado tocado de cabeza se conservaron en su forma original, acaso porque nada semejante se habia visto nunca entre los pueblos occidentales. Además de la antigua camisa sin mangas, usóse después otra con ellas, más ancha y tan larga, que era indispen- sable recogerla y sujetarla á una cintura especial para no estar privados de moverse libremente. Otra prenda moderna era una capa de gran anchura, sujeta al hombro por medio de un broche. Mientras, en el curso de los siglos, iba cambiando en algo el traje varonil, el de las mujeres poco habia variado. Hasta en los últimos tiempos, según las pinturas y esculturas de las varias épocas, quedó casi igual al que describe Hornero en sus poemas. Una larga camisa, tanto, que llegaba á los pies, y no menos ancha, sujeta al cuerpo con cintura sencilla ó doble, luego un grande abrigo, eran las prendas más importantes. Los ángulos, rica y elegantemente bordados, cons- tituían el lujo esencial del traje mujeril. El blanco era el color prefe- rido, pero también las prendas de las mujeres, como las de los hombres, eran á veces de diferentes colores. No eran blancos, especialmente los vestidos de Amorgos y Cos. Su tejido era tan delgado que, aunque doble, dejaban en descubierto las formas y el color de la epidermis. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 301 Además de dichas prendas, las que muy probablemente no llevaban más que las mujeres principales en el interior de sus habitaciones, y de la ya citada capa, habia otras largas vestiduras, que se podían cerrar completamente de arriba abajo. Eran muy largas, y tenian mangas que ocultaban enteramente el brazo. Las esposas de los príncipes, que llevaban una gorra semejante á la de los hombres, sujetaban el traje con una alta y preciosa cintura de oro. Los trajes de esas distinguidas damas iban adornados en las costuras con ricos bordados y chapitas de oro. Las mujeres jóvenes, especialmente las solteras, llevaban á veces el citado traje sin cintura; pero nunca faltaba en las casadas, ni tampoco un elegante velo. Cintas con flores, diademas de oro ó plata, á menudo enriquecidas con piedras preciosas; redecillas, vendas de finísimo tra- bajo, varias gorras, además de las frigias, eran partes esenciales del tocado de cabeza de las mujeres. El calzado, al contrario, quedó limi- tado sin duda á varias clases de elegantísimas zapatillas ó sandalias, y á ligeros medio-botines. No habia notable diferencia entre los adornos varoniles y mujeriles. Los hombre.1; cuidaban mucho las barbas, como lo demuestran varias imágenes de Baco; ambos sexos arreglaban mucho la cabellera. Los jóvenes la dejaban caer sobre los hombros en elegantes rizos y la perfumaban con óleos preciosos. Virgilio dice que se perfumaban las prendas de vestir con las esencias del Tmolo, se adornaban las muñecas y el cuello con joyas, y el pecho con largas cadenas de oro, llamadas trabas. Los dos sexos llevaban también preciosos pendientes en las ore- jas, y este adorno era tan común, que los griegos llamaban lidio á cualquiera que lo usase con las orejas horadadas. No se puede afirmar nada cierto, sino que es preciso limitarse á sen- cillas conjeturas sobre las distinciones ceremoniales relacionadas al traje en el reino de Lidia. Es probable que también allí, como entre los pue- blos del antiguo Oriente, se reconociese por la mayor ó menor pompa en el traje las distinciones de rango y dignidad. Parece que los pobres 302 GALERÍA DEL AKTE DECORATIVO llevasen vestiduras muy sencillas y faltas de adornos. De un modo aná- logo á la costumbre de hoy dia, en aquel tiempo contentábanse el labrador y el pastor lidio con calzas cortas, más bien estrechas que anchas, y una corta chaqueta; el labrador de Licia llevaba calzas más largas, que se sujetaban á los tobillos, un traje, á manera de caftán, de algodón rayado, y medias botas más ó menos largas. La doble hacha era distintivo especial de los reyes de Lidia, y sim- bolizábase también con ella al verdadero Dios. Usaban asimismo los monarcas el color de púrpura en todas sus prendas de vestir y el cetro. Parece que los pontífices llevasen esas mismas insignias del rango supremo, é igualmente usasen el color de púrpura. Así á lo menos entre los capadocios, los cilicios y los frigios; en los últimos tiempos de la época romana, los sacerdotes frigios, que se desparramaron á ban- dadas en el Occidente hasta Roma, llevaban trajes afeminados y capri- chosos de varios colores. Hay grande analogía entre las armas y los pertrechos de guerra que figuran en los monumentos asirios con los que se usaban en tiempo de Hornero. Todo asemejába5e pues esencialmente á los usos militares del antiguo Oriente. El espíritu guerrero, que fue, desde anti- guo, propio de los pueblos del oeste del Asia menor, parece no se haya considerablemente disminuido en la lujosa época más moderna. Todavía bajo Creso, ningún pueblo se juzgaba tan valeroso como los lidios: Hornero dice que eran los más esforzados ginetes. La parte militar fue favorecida por la enérgica dinastía de Gigés. Desde el ensanchamiento del reino, la fuerza del ejército iba siem- pre aumentando. Este ejército, sin contar las tropas auxiliares, estaba compuesto de 10,000 ginetes y 40,000 peones lidios (armados con escudo y arco), 8,00o ginetes frigios y 40,000 lanceros; 6,000 ginetes de Capadocia y 30,000 arqueros. Las fuerzas, pues, de Lidia no iban en zaga á las del Asia oriental y central, y débese echar la culpa á las vacilaciones y táctica equivocada de Creso, si Lidia sucum- bió y fue derrotada completamente en el combate contra Ciro. Perdida su independencia, poco á poco quedó aniquilada la fuerza militar de los lidios. Combatiendo bajo un cetro extranjero, no les quedó más que la afición á las armas preciosamente adornadas. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 30:1 Hornero describe la armadura sumamente rica de un general, cuando refiere cómo iba armado París: «Apresúrase á anudar sus polainas, resplandecientes y adornadas de plata; luego cúbrese el pecho con la coraza de bronce de su hermano; cuelga del hombro la espada llena de chapas de plata y la hoja úe bronce, y encima el macizo y fuerte escudo; cúbrese la cabeza con el hermoso yelmo con penacho de crines, y en fin, coge la lanza poderosa, que no era demasiado pesada para su robusta mano, i Una de las más importantes entre las citadas armas defensivas, era el fuerte escudo. En la forma y en la materia parecíase al antiguo escudo oriental, especialmente al asirio. El escudo que más se usaba en el ejército troyano, estaba en parte compuesto con varias capas de pieles de animales, con borde de metal, parte con muchas láminas, colocadas las unas encima de las otras, de considerable espesor, enteramente de metal, de forma redonda ú ovada. A veces era tan grande, que cubria todo el cuerpo. Tenia dos asas interiormente, invención de los carios, que también fueron los primeros que pintaron los escudos. Pasaban el brazo en una de las asas y cogían la otra con la mano. Además de los escu- dos redondos, los cuales quedaron, en todos los tiempos, los más gene- ralmente usados, como demuestran muchas pinturas y esculturas, pro- bablemente á causa de la citada influencia de Tracia y del Asia oriental, habíanse adoptado en las tropas lidio-frigias pequeños escudos de mano. Por su forma especial, no cubrían más que la parte superior del cuerpo, pero dejaban la mirada libre. También el yelmo descrito por Hornero correspondía en su forma más antigua y en sus adornos á los antiguos yelmos asírios. Hecho como una gorra, de cuero fortalecido con aros de metal, ó enteramente de metal (bronce), para amparar el cogote, las orejas y las mejillas, tenia chapas también de metal y fuertes correas para sujetarlo debajo de la barba. Su principal adorno era un largo penacho. Este también era un adorno inventado por los carios. El penacho, comunmente hecho de crines de caballo teñidas, estaba sujeto al yelmo en una elevación cónica ó en una gruesa tira que le rodeaba. Los lidios y los frigios de tiempo más moderno, alejándose de la forma de la gorra, imitada en cuero y bronce y embellecida con antiguos :¡04 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO ornamentos, llevaban yelmos preciosamente adornados, que tenían, en la forma, mucho parecido con la gorra frigia. Para sujetar el penacho, estaban provistos de la citada tira ó peine. La pieza que servia para amparar el cogote, había sido reemplazada por un tejido de cadenitas ó por una especie de defensa á manera de escamas, ambas móviles. La coraza del pecho ó de la espalda cubría el cuerpo desde el cuello á la cintura. Las dos partes reuníanse debajo del brazo por medio de ganchos, luego de una cintura y de tiras en los hombros. Tales corazas eran á veces dos piezas de bronce, ó, según la costumbre asiría, eran de cuero, fortalecidas por tiras de metal, ó en fin, eran una especie de trajes muy cortos, cubiertos con chapas de metal, colocadas á manera de escamas. Parece que se hayan usado poco las corazas de lienzo, pero conocíanse ya en tiempo de Hornero. Varias pinturas en anti- guos jarros que representan algunos héroes de los poemas del citado Hornero, prueban que todas las armas defensivas, escepto el escudo, estaban hechas de chapas de metal á manera de escamas. Llevábase debajo de la coraza, para defensa especial de las partes del cuerpo más delicadas contra la presión del bronce, una especie de chaleco de cuero ó de fieltro muy espeso. Además, los héroes de Hornero amparaban el vientre con una faja de lana. Esa faja estaba también cubierta con lámina de metal, y formaba pues con la cintura superior y la coraza la tercera, ó más bien, contando el chaleco, la cuarta defensa. Únicamente los licios combatían sin esas fajas fortalecidas con láminas metálicas. Las polainas eran de una ó de dos piezas. En el primero y más raro caso, sujetábanse con hebillas, y cubrían sólo la parte anterior de la pierna; en el segundo, la parte delantera juntábase á la trasera por medio de ganchos. Dichas polainas, como las demás piezas de la arma- dura, eran de metal, especialmente de bronce ó de estaño; los bordes inferiores eran á menudo de plata y cubrían en parte las correas que sujetaban las suelas á los pies. La coraza y las polainas parece hayan conservado poco más ó menos la misma forma entre los pueblos occidentales durante toda la antigüe- dad. Lo mismo se puede suponer, con más probabilidad aún, acerca las .armas ofensivas. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 305 La lanza y la javelina eran las principales armas arrojadizas, luego el arco y la honda: usaban además la espada, varias hachas y clavas. Según las descripciones de Hornero, todas las citadas armas se dife- renciaban poco de las que usaban los asirios en el Asia central. El arco, enteramente de asta ó formado de dos cuernos sujetos por medio de una vara en medio de los dos, más se asemejaba al arco de los escitas que al de los asirios. Las flechas eran de palo ó de caña, con puntas de bronce en forma de gancho, y el extremo opuesto adornado con plumas. El arco guardábase en un estuche, con las flechas ó sin ellas. Colgaba del hombro por medio de una larga cinta, y descansaba diagonalmente sobre la espalda. Llevaban la espada colgando de correas, al lado izquierdo, como los asirios (los persas la llevaban al lado derecho); la empuñadura y el forro eran de metal ó de marfil, y ricamente adornados si pertenecian á guerreros distinguidos. La hoja era de bronce, puntiaguda y de dos cortes. A veces la espada misma iba acompañada de un pequeño cuchillo, el cual, por lo general, no era más que un útil de algún oficio. Entre los pueblos del Este y del Nordeste usábase, ya en tiempo antiguo, muy comunmente la doble hacha. Habia además elegantes guadañas y clavas de madera, fortalecidas con metal, que quizá se pare- cían á las antiguas asirias. A pesar de estas numerosas armas de defensa, que los pueblos del Noroeste habían imitado de los pueblos orientales, no llevaban sus guerreros una armadura uniforme: los principales jefes y los más vale- rosos combatientes tenian el privilegio de llevar una completa arma- dura, con la cual cubrían su traje común nacional, y adornábanse además con preciosas alhajas. Luego, encima de la armadura, echaban una piel de animal ó una capa ricamente bordada. Desde el tiempo que se usó generalmente un traje interior, á manera de elástico, que cubría todo el cuerpo y estaba adornado con dijes de metal, se usaron también unas corazas, hechas á manera de escamas, como las que más tarde aun llevaban los pueblos sármatas. Muchos guerreros principales preferían, en el período de que esta- mos hablando, presentarse en la batalla cubiertos únicamente con trajes ;)0G GALERÍA D E L ARTE DECORATIVO riquísimos,' y así no habia más diferencia, en comparación de los guerreros griegos, que llevaban los brazos y las piernas cubiertos. Las tropas inferiores, su traje y armadura eran, naturalmente, más sencillas; sin embargo, después de las conquistas de Gigés, el cual sometió las tribus vecinas, se introdujo la variedad en los trajes, que continuó después de la caída del reino, y aumentó uniéndose esas tropas con el ejército persa, que Jerjes llevaba contia los griegos. En aquel ejército servían todas las naciones del Este; y de las que se hace mención, son los lidios, los frigios, los calibas y las tribus pafla- gónícas; luego los tracíos, los cilicios, los lirios, los mísios, etc. Los lidios, imitando enteramente á los griegos, iban mejor armados que todos los demás: combatían á caballo, provistos de largas lanzas. Los frigios llevaban la armadura paflagónica, que consistía en yelmos parecidos en la forma á las gorras frigias, pequeños escudos y gran- des lanzas, javelinas, puñales y botas que llegaban á mitad del muslo. Diferenciábase poco el traje de los mosineques, pueblo que habita las orillas del mar Negro. Llevaban calzas á manera de sacos, y yelmos de cuero, adornados con altos penachos de crines. Los escudos eran tren- zados y cubiertos con pieles de bueyes blancos; los espadones median seis varas de largo. Los calibas, conocidos en los tiempos antiguos como trabajadores independientes en bronce, llevaban pequeños escu- dos de piel de buey, yelmos de bronce con penachos y cuernos del mismo metal, polainas encarnadas y espadones de obra liria. Algunos llevaban corazas de lienzo, de un tejido muy espeso, provistas de cor- dones trenzados para escudar el vientre; yelmos, polainas y espadas encorvadas. Todos esos pueblos, y generalmente las tribus del Ponto, ' pertenecían á las tropas de á caballo; como también los cilicios y los misios, muy atrasados en la cultura. Los primeros usaban trajes de lana y mantas de piel de buey. Iban armados, como los egipcios, de javeli- nas y espadas, y cubríanse la cabeza con yelmos, según el uso del país. Los misios solamente llevaban yelmos iguales, pequeños escudos y javelinas de palo con puntas labradas y endurecidas en el fuego. Los tractos, muy fieles al uso primitivo, iban vestidos y armados según correspondía á su patria septentrional. Cubrian su cabeza con pieles de zorra; llevaban, como los lidios, trajes de varios colores, zapatos de ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 301 piel de ciervo (ó botines), javelinas, escudos y pequeñas espadas. Los licios, finalmente, llevaban coraza, polainas y gorras con plumas, arco y flechas de caña, puñales y espadas hechas á manera de guadañas y una capa corta de pieles de cabra; los misios llevaban capas más largas, sujetas con ganchos. Entre el crecido número de isleños que servían en el ejército de Jerjes, por lo común tropas de marina, se usaba la armadura medo-persa ó la griega. ARQUITECTURA No es posible fijar con certeza en qué época remota empezó á des- arrollarse una actividad artística en la arquitectura de los pueblos del Asia menor. El tiempo en que se fundaron muchas de sus ciudades pertenece al dominio de la tradición, aunque sus nombres estén en el de la historia. Sin embargo, aun en nuestros dias, hay ruinas colosales en el territorio lício, en el de Cílicia, el lidio y el cario, que son testimo- nio de una arquitectura técnica en tiempo muy antiguo. Hay restos de agigantadas murallas, compuestas de una sólida argamasa y cubiertas con grandes piedras cuadradas; otras hay de murallas formadas con fuertes maderos polígonos y muy estrechamente unidos. Algunas de estas ruinas, por ejemplo, las murallas de ¡anos, en la costa de Oaria, dejan reconocer sus antiguas fortificaciones por algunas torres semi- circulares. Las epopeyas de Hornero nos dan las únicas noticias existentes sobre los planos arquitectónicos de esos pueblos. Habla, no de Troya únicamente, la capital (fabricada sobre una oreada altura, con murallas, torres y almenas, ricas y preciosas moradas, etc.), sino también de otras muchas, defendidas por un cerco de murallas y torres. Ulises dice: «Ya he llevado el estrago á doce ciudades con mi armada, y he abatido once combatiendo á pié.» Así como los troyanos, vivian los frigios y los lldios, en aquel tiempo, en pobladas ciudades, y también los pafla- gonios. Acerca los edificios particulares, faltan enteramente noticias; ni existen ruinas de ellos, escepto algunos escombros de casas, que pro- bablemente han pertenecido á una época relativamente más moderna, 308 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO en Licia, cerca de la antigua Aperla, á poca distancia de la playa. Es probable, teniendo en cuenta las muchas montañas de esas localidades, que los habitantes de los distritos occidentales hayan empleado, ya en tiempo remoto, las piedras como materiales, especialmente en la cons- trucción de los mejores edificios. Los bosques proporcionaban otro no menos sólido con sus abultadas encinas, sus abetos y sus plátanos. Tampoco faltaban las preciosas maderas, el ciprés y el cedro, ni los metales de toda clase, que servían, según la costumbre oriental, para solidar y adornar los edificios. La descripción que nos dejó Hornero de los palacios de sus héroes, hace claramente mención de todos los citados materiales; ofrece además un cuadro suficiente del plan y de la coordinación de tales edificios, en los cuales hubo de brillar la pompa oriental. Esto se desprende de la descripción del palacio en que habitaba el rico rey de los fearienses y de la del alcázar de Menelao. La poética descripción de los palacios regios, en los cuales moraban Ulises, Priamo y Alcinoo, es el mejor monumento que guarda idea clara de aquellos edificios; todos tenian el mismo plan, y donde lo permitía la localidad, elevábanse sobre alturas. Eran indudablemente de forma oblonga y estaban rodeados de una muralla. En el medio abríase un portal de dos hojas; en los lados habia asientos. Este portal daba paso en el patio exterior, donde se encon- traban los establos y las cuadras; allí habia también la perrera y el foso del estiércol. Frente del portal habia otro, también de dos hojas, el cual daba paso al patio interior, rodeado por una columnata. En la galería que formaban las columnas, abríanse las puertas de las habitaciones. Ocu- paba el centro del patio un hogar elevado, que servia á veces para los sacrificios. De allí pasábase á un zaguán, en cuyos lados abríanse las estancias de las criadas, los baños y otras piezas análogas. Después del zaguán, llegábase á un vasto salón de techo llano, el cual descan- saba sobre columnas, donde se reunían habitualmente los hombres. Ocupaba este salón, poco más ó menos, la mitad del edificio. Estaba repartido por las columnas en tres galerías, y parece fuese la central la más espaciosa. Allí estaba colocado el hogar doméstico y otros objetos ENCICLOPEDIA. UNIVERSAL 309 destinados á usos cotidianos. Una abertura en el techo á manera de chimenea daba paso al humo del hogar. La luz entraba probablemente, durante el dia, como en las casas asirías, por la puerta abierta y las ventanas superiores colocadas en la parte más alta del techo. De aquel salón, que en la morada de Ulises tenia un astillero de javelinas, subíase por medio de escaleras, al piso superior, repartido en varias estancias. Desplegábase el mayor lujo en la ornamentación de la gran sala destinada á los hombres. En el alcázar de Menelao resplandecían sus paredes de bronce, oro, plata, liga de plata y oro, y marfil. Frente al portal de dicho salón estaba colocada la puerta de la habitación de las mujeres, que consistía en una gran sala para trabajar, aposentos para las solteras y el cuarto de dormir para el dueño y su esposa. En aquella sala también habia un hogar; el techo llano des- cansaba sobre columnas y, como en el salón de los varones, encontrá- banse numerosos y elegantísimos asientos. En la sala de trabajo de Ulises y en la de Alcinoo cabian cómodamente cincuenta doncellas. Las demás estancias de las mujeres eran también ricamente alhaja- das, y en estas habitaciones algo menores, habíase refugiado Penelope durante la ausencia de Ulises. En las moradas de los grandes habia también, en los bajos, pro- fundas bodegas. Allí colocábanse los tesoros, riquísimos trajes, vajilla de oro y plata y las provisiones. Rodeaban esos edificios jardines más ó menos vastos. Célebre es el jardín de Alcinoo, que se extendía más allá que el patio, llegando á la puerta exterior. Esceptuando los citados edificios, moradas de reyes y príncipes, parece que las demás casas hayan sido siempre pequeñas y muy senci- llas. Hasta en la rica ciudad de Sardis, la mayor parte de ellas estaban construidas con ladrillos, con techos de cañas ó sencillamente de vigas, y así se comprende que fuese la ciudad presa del incendio, no quedando de ella más que un montón de cenizas, en la guerra contra los griegos. Parece no debieron ser dichas casas muy diferentes de la tienda de Aquiles y de la morada de Eumeo, como las describe la epopeya griega. Eran construidas con maderos; en el interior habia un hogar, y á poca distancia las yacijas ó lechos del dueño y su demás familia. 310 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Como se desprende de las tumbas cavadas en las peñas, la sencilla construcción ya citada empleábase también por tales edificios, que tie- nen, en verdad, siendo cavadas en la piedra, más esmero en los detalles y más arte en el trabajo y en la forma. Algunas de dichas tumbas son monolitos aislados. En cada lado hay un asiento de piedra, y en la parte posterior un sarcófago con tapa hecha á manera de silla y adornado con bajo-relieves; se parecen más bien á unas arcas descansando sobre pedestales. Bajo la influencia del arte griego fueron fabricadas otras tumbas, en las cuales se descubre un desarrollo mayor de la arquitectura en el empleo de las columnas. También estos monumentos están cavados en la peña. La parte que forma el techo adelántase mucho de la línea inferior de la fábrica, y descansa en los ángulos sobre pilastras de cuatro lados y columnas adornadas con un chapitel elegante. El conjunto correspon- dia á algunos pequeños templos, numerosos en la antigüedad griega, y cuya imagen está representada á menudo en antiguos jarros. Algunas tumbas cavadas en la peña, en el territorio de Frigia, son muy diferentes de aquellos monumentos licios, cuyo origen se remonta probablemente al siglo v y vi antes de Cristo. Estos, tal vez ante - riores á los más antiguos de aquellos, presentan fachadas llanas, cua- dradas, con adornos en la superficie ó sin ellos. La tumba de Midas, una de las más considerables, lleva un adorno de varillas. Otras, descubier- tas también en Frigia, pero que pertenecen á una época mucho más moderna, demuestran el espíritu del arte griego. Algunas tumbas en Lidia tienen la fama de ser las más antiguas, no tan sólo por su originalidad, sino también por las antiguas tradiciones que á ellas se refieren. Son tmmili agigantados, que llegan acaso al número de sesenta, á poca distancia de Sardis. Elévanse sobre una base redonda de piedra, que mide hasta cien pies de diámetro; son de forma cónica y considerablemente elevados. Habiéndose abierto una de estas tumbas, se descubrió que no encer- raban otra cosa que un sarcófago de piedra. Parece que bajo estos monumentos están las tumbas de los reyes lidios, Atis, Gigés y Aliates: la descripción que hacen Herodoto y Jeno- fonte del sepulcro del último de estos reyes, confirma tal opinión. El ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 311 primero de esos autores dice, que la tumba de aquel fty, después de las construcciones egipcias y babilónicas, era el mayor monumento del mundo; que la base tenia 3,800 pies de circunferencia', la longitud era de 1,300 y la anchura 600. Corresponden á la forma de estas tumbas regias, que se parecen á un gran montón de tierra, las noticias que nos da Hornero acerca la forma de los monumentos fúnebres de su tiempo. Así describe las tum- bas de Héctor, de Aquiles, de Patroclo y de muchos más. También en aquella época remota rodeábanse los monumentos fúne- bres con copudos árboles, luego con columnas, que atestiguaban alguna particular memoria del difunto. LOS TEMPLOS Aunque se haga muchas veces mención de los templos en los can- tos de Hornero, en ninguna parte de ellos se encuentra una noticia satisfactoria sobre su construcción. Al contrario, hacen á menudo men- ción de los bosques sagrados y de los altares, y los recuerdan siempre cuando tratan de la celebración de las ceremonias del culto. Es dable conjeturar, por lo poco que dice el poeta, que él se refiere á unos edifi- cios ocultos, cercados y separados de los profanos y rodeados de árbo- les, en los cuales se adoraban los dioses. Según el mismo poeta, habia lugar suficiente en uno de dichos san- tuarios para caber la reina Hecuba y sus doncellas, y también para sacrificar doce grandes vacas; pues el edificio debia ser bastante espa- cioso. Es verosímil que los templos de la población indígena fuesen mucho mayores que los santuarios, los cuales servían al culto griego en los distritos occidentales del Asia menor. La religión del país correspondía á la fenicio-siria. Como en los templos de Siria, representaban esos pueblos los dio- ses casi siempre bajo la forma de una piedra cónica. Entre los frigios, los carios, los lidios y otros pueblos, una piedra cónica representaba especialmente la Gran Madre ó sea Cibeles, la personificación de la naturaleza productora. A ella eran consagrados los peces. Cerca el 312 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO templo de esta diosa había un estanque en el cual cuidábanse con mucho esmero esos peces, que se adornaban con anillos de oro. Atri- buyóse á Midas la fundación de un templo á Cibeles en la Frigia. Refiere la tradición, que se colocaban cerca de su imagen panteras y leones, pues se creia que la habian amamantado estos animales. En la Cilicia habian otros edificios muy ricos, consagrados al culto. Senaque- rib, 700 años antes de Cristo, habia edificado un templo cerca de Tarso. Los misios, los carios y los lidios celebraban juntos las ceremonias del culto en un vasto templo consagrado al Júpiter Cario en Milasa, erigido en medio de un bosque de plátanos. Allí estaba la imagen de ese dios, adornada con los distintivos de la dignidad regia. Los dos san- tuarios de la diosa Ma ó Mene, en las dos ciudades, ambas llamadas Komene, pertenecían á los más célebres edificios de este género entre los sirios. Estaban construidos sobre escarpadas pendientes, rodeados por un vasto territorio sagrado, y en él habia numerosos ministros del culto. De todo lo dicho se desprende, que los templos y las moradas de los grandes iban siempre acompañados con fortificaciones más ó menos importantes; pero es aún mas verosímil que no faltasen para la defensa de las ciudades grandes y pequeñas. El gran número de agigantadas ruinas de murallas, que todavía se pueden ver donde se elevaban esas ciudades, lo prueban evidentemente. Además, existen unos manuscritos aun más antiguos, que tratan de los diferentes sistemas de fortificación, para defenderse de los enemigos exteriores. Erigíanse las ciudades en puntos lo más elevados posible; se rodea- ban con murallas provistas de almenas, de torres y puertas que podían cerrarse, y además construíanse baluartes y se cavaban fosos, para mayor seguridad, enderredor de las ciudades. De un modo análogo se defendían los campamentos. Rodeábanse también de un profundo foso, un baluarte de tierra con empalizadas y una muralla provista de torres y puertas. En el interior del recinto se celebraban las funciones religiosas, los ejercicios de la guerra y de la gimnasia. Allí se establecían las cabanas de los guerreros. Las tiendas de los soldados inferiores eran probablemente chozas muy primitivas hechas de ramos, hojas, etc. La del general, al contrario, cuando se ENCICLOPEDIA UNIVERSAL ^13 trataba de un largo sitio, era una construcción de madera, parecida á las cases de los grandes. Tal debía ser la de Aquiles, en el campo acaico delante de Troya. Los lidios y los frigios, que llevaban consigo las mujeres en unos carros cuando iban á la guerra, habrian adornado la tienda del general con toda la pompa del Oriente. Muy importante, en los cantos de Hornero, es el uso de los navios: los griegos llegaron á Troya por mar, y Ulises emprendió y concluyó su larga y peligrosa navegación con un barco construido con sus propias manos. El arte de navegar generalmente no pudo desarrollarse más que en países de costa, pero los territorios del Asia anterior y del Asia menor eran los más oportunos para favorecerlo. Las primitivas tenta- tivas llegaron á grande perfección por la vecindad del continente euro- peo, y el gran número de islas, que son como estaciones entre el Occidente y el Oriente. Las noticias que nos da Hornero sobre la construcción naval pueden servir también para darnos una idea clara de los barcos fenicios y de otros pueblos del Asia occidental. La hermosa descripción del trabajo de Uiises en la isla de la diosa Calipso, nos presenta con mucha clari- dad el modo de trabajar y reunir las partes que deben formar un buque bien construido. Aquel barco no tenia más que un palo, el cual se eleva- ba en el medio y llevaba una vela, que podia desplegarse ó recogerse e por medio de maromas, las cuales servian también para sujetar el palo. Las maromas estaban hechas de biblos ó de cuero. Rabia remos y un timón. El número de los remeros llegaba á veinte en los buques peque- ños, y á cincuenta en los mayores, destinados á la guerra. Unas gruesas piedras, colgando de fuertes maroma?, reemplazaban el ancla. El número de los navios que sitiaban Troya llegaba á mil ciento ochenta y seis. Esta armada pues representaba la tercera parte de la del rey Jerjes. Esta última consistía en cuatro' mil doscientos y siete navios de guerra. Mil doscientos y siete eran triremes, ó embarcacio- nes de tres órdenes de remos, y los tres mil restantes eran inferiores. GALERÍA DHL AHTE DECORATIVO LOS MUEBLES Y UTENSILIOS La mayor parte de los objetos lujosos ensalzados en los poemas de Hornero, se consideran como producto de la industria extranjera, feni- cia ó egipcia. Parte son preciosos jarros, ánforas ó vasijas de oro y plata, canastas y trébedes de Egipto, trabajos en metal de la isla de Chipre, jarros de Sidon, de preciosos metales, trabajados en oro con la mayor elegancia y el más delicado esmero. Los muebles descritos en aquella epopeya corresponden por su trabajo á los productos del Asia anterior y central. Las noticias históricas acerca de las inmensas é incalculables riquezas de los reyes lidios, especialmente acerca de los innumerables objetos de plata y oro, ofrecidos en el templo de Apolo en Delfos, hacen conjetu- rar un notable desarrollo en el arte de la fabricación de vasijas; sin embargo, no es dable saber si era industria enteramente nacional ó imi- tada del extranjero. Las relaciones comerciales entre los lidios y los griegos duraron mucho tiempo y produjeron correspondencias amis- tosas y cambios de objetos preciosos. Aunque los griegos mismos alaben á los lidios por su progreso en varias industrias y les atribuyan la invención del arte de grabar el metal; aunque ensalcen las tribus del Asia menor, por los trabajos finí- simos en metal, sin embargo, la tradición refiere que en las islas de Samos y Quios hubo las principales oficinas de los trabajos artísticos. Allí habíase formado, acaso por antiguas influencias fenicias ó carias, una verdadera escuela artística de griegos trabajadores en metales. Céle- bres entre ellos son los nombres de Glauco, Reco y Teodoro. Estos dos últimos inventaron la fundición de bronce y el arte de grabar piedras preciosas. En la misma época desarrollóse en las mismas islas el arte del ollero, y llegó á tal perfección, que buscaban sus productos también en los países occidentales. Si debemos creer á Herodoto, Glauco de Samos trabajó para el rey lidio Aliates; Teodoro para Oreso:esto confirma la suposición que la industria (por lo que se refiere á muebles y uten- silios) en el Asia menor, y la industria lidia especialmente, desde el rey Gigés, se desarrolló bajo la influencia asiático-griega. Además, hay que ENCICLOPEDIA UNIVERSA!. 315 tomar en cuenta que Gigés fue el primer bárbaro que, después del rey Midas, haya enviado ofrendas al templo de Delfos. El mayor número de esas dádivas, exceptuando el león de oro, la estatua de oro, que media tres varas de alto, ciento y diez y siete medias tejas de oro del rey Creso, eran vasijas de metal más ó menos artísti- camente trabajadas. Habia muchos cráteres, vasijas redondas con ancha abertura, destinadas á contener crecidas cantidades de vino, con un pié ó, como entre los asirios, colocadas sobre una base, Entre las ricas ofrendas de Gigés descollaban seis de los tales cráteres de oro, los cuales pesaban treinta talentos. Más estimada aun, sin embargo, fue la de Aliates, á lo menos bajo el punto de vista del trabajo artístico. Consis- tía en una grande vasija, obra del citado Glauco, de plata, con base de hierro y riquísimos adornos de metal. Entre las vasijas enviadas por el rey Creso, además de una de plata y otra de oro, que pesaba ocho talentos y medio y doce minas, (en la de plata cabían seiscientas ánforas de líquido) habia cuatro jarros de plata de forma ovalada, una vasija de oro y otra de plata para el agua consa- grada, y un número de jarros de plata redondos. Herodoto vio en Tebas, en Efeso y en Milesio, otros regalos del mismo rey. Descollaba entre ellos un trébedes de oro, que fue colocado en el templo de Apolo en Tebas. De dichos objetos se habla también en la epopeya de Homero. Allí se hace mención del cráter, como de una enorme vasija de metal, de la cual se sacaba vino con vasijas menores. Luego se habla en aquellos cantos de bacías de oro y plata, de jar- rones para el agua, y de bañeras de plata. Hablase en ellos de ánforas de metal ó de loza para conservar ó transportar crecidas cantidades de líqui- do, de jarros con mangos portátiles (hydrix), de odres de piel de buey ó de cabra. La epopeya de Hornero habla también de canastas de cobre, de oro y de plata; también de cañas trenzadas, para llevar en la mesa alimen- tos secos, pero con más pormenores y más frecuentemente, de vasos y tazas de nobles metales. Muchos nombres diferentes hay en el poema para tales recipientes, lo que indica que habia muchas clases de ellos, pero no refiere nada respecto á sus formas. Parece, sin embargo, que la 3115 G A L E R Í A D E L A R T E DECORATIVO mayor parte de ellos hayan sido copas más ó menos grandes. Entre los pequeños hay que recordar la redoma. Ilabia también de tamaño mayor, y de oro y plata, y entonces servían como objetos de aparato, para pre- mios en los juegos guerreros. Más generalmente usada era una copa doble (depas); varia en la forma y en la materia. No es inverosímil que, especialmente en la Lidia y en la Frigia, usaran también verdaderos cuernos para beber. Jenofonte cuenta que los usaban preferentemente las tribus de Tracia, y son los más antiguos recipientes de líquidos, casi entre todos loa pueblos. Adornábanse con noble metal ó se hacían de metal, imitando su forma. La influencia griega que multiplicó las formas y perfeccionó el tra- bajo de los citados objetos, desarrollando el arte de las lujosas como- didades entre los lidios, perfeccionó también artísticamente el trébedes. Ya en el antiguo Egipto, en el Asia anterior y en el Asia central, y tam- bién entre los lidios, habia sido un importante útil de cocina para sos- tener ollas, copas y otros objetos análogos. El trébedes sirve para el mismo uso también en nuestros dias; pero en los templos de los dioses, pronto llegó á ser un mueble precioso. Así lo describe Hornero en sus cantos: lo describe como una alhaja preciosamente trabajada, y refiere el nombre de Efestos, que era el mejor artista en la fabricación de los trípodes, que descansan sobre ruedas de oro y van provistos de magní- ficas asas. El trébedes es un útil de cocina, un objeto de lujo en el templo, y un rico mueble en las habitaciones, donde es el sosten de la bacía de plata, que sirve para lavarse las manos. Casi todos los muebles usados, en el tiempo má¡; antiguo, en el Asia central y en la anterior, se encuentran también en las casas asiático- griegas: faltan completamente testimonios materiales para juzgar la for- mal diferencia entre la época antigua y la moderna bajo este punto de vista. Existen solamente algunos modelos de origen griego y menos antiguos, que representan muebles y objetos análogos, en los cuales se reconocen las formas antiguas asiáticas, que corresponden á las descrip- ciones de Hornero. Allí se ven los más antiguos ornamentos orientales, pies de bestias, palmas pequeñas, estrellas, varillas y meandros; luego ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 317 las formas arquitectónicas de los antiguos asíríos empleados en los mue- bles, otras más esbeltas, como se apreciaban en el tiempo más remoto en el Asia occidental y en Egipto. Los asientos descritos en la epopeya de Homero, son especialmente el trono y el clismo. Aquel, una silla elevada con banquillo para los pies, parece haberse diferenciado muy poco de los antiguos tronos orientales. Era el asiento del rey, y luego de los grandes,'el clismo, probablemente menos alto que el trono, acompañado también por un banquillo; se pare- cía seguramente á los antiguos sillones orientales. Ambos asientos eran magníficamente guarnecidos al estilo de los orientales. La madera del trono, del clismo y de los banquillos, estaba cubierta con lámina de oro ó adornos de plata; á veces también artísticamente tarascada con plata y marfil. Además, tales asientos se cubrían con magníficos tejidos. Es probable que el trono de Midas fuese de esta clase; trono que ofreció al Dios de Delfos; así habrán sido los ricos muebles y las almohadas que Creso quemó en honor de la misma divinidad. Si en tiempo de Homero era costumbre acostarse sobre pieles de ani- males, lo mismo hacíase en ésta época, menos cuando las circunstancias se oponían á ello. La costumbre de comer acostados sobre camas, pasó probablemente muy tarde del Asia menor entre los griegos de Asia, y lo era también entre ellos que los varones solos disfrutasen semejante comodidad. La antigüedad de Homero no conocía más camas que las destinadas al sueño, pero no menos preciosas y artísticamente traba- jadas que los asientos. Era una especie de cajón llano, compuesto de tablas, que descansaba sobre cuatro pies más ó menos altos: estaba adornado con oro, plata y marfil, y además (como se refiere de la cama de Ulises) provisto de tiras purpúreas de piel de toro. Encima de esas tiras colocábanse pieles, lusgo preciosas alfombras, un cobertor de lienzo y en fin, á manera de manta, una capa de un espeso tejido de lana. Las mesas, de las que habia de varias clases por el tamaño y la forma, servian, parte para preparar los manjares, y parte para el uso moderno en las comidas. Estas últimas eran tablas cuidadosamente ali- sadas con base de color azul de acero, y se limpiaban á menudo con esponjas. 318 GALERÍA DEI. ARTE DECORATIVO Luego la citada epopeya habla de arcas y armarios de muy varios tamaños, destinados á encerrar toda clase de objetos preciosos, prendas de vestir, joyas, etc. Estaban provistos de tapas con cerraduras y ele- gantemente trabajadas; por lo común arcas y armarios eran sumamente sólidos. Su forma más moderna, usacfa especialmente entre los licíos, se parecía mucho á los fúnebres monumentos de piedra del mismo pueblo, que existen aun en nuestros dias. El alumbrado de las habitaciones consistía, ó en pequeñas varitas de palo, parecidas á mondadientes, que se mantenian quemando en un reci- piente de metal hecho á manera de taza, ó en algún combustible oleoso, que ardía en una lámpara, á veces de oro, ó, como en la casa de Alcinoo, en antorchas encendidas. Como los griegos tenían ocasión de enterarse de las costumbres de las poblaciones indígenas del Asia menor, no descuidaron disfrutar la natural inclinación de esas tribus para las reuniones. De algunas refiere Herodoto, que tal inclinación habia llegado al extremo, de que hombres, mujeres y niños, según la edad, el sexo y la condición, reuníanse en verdadero tropel para beber juntos. Como los licíos seguían en parte las costumbres de Creta, y en parte las de Caria, éstos habrían tenido la misma afición; Jenofonte relata muy detalladamente, y como testigo ocular, que los tracios, los paflagonios, los enianos, los misios, etc , reuníanse desplegando mucha pompa en los trajes, para bailar y divertirse en varios juegos. Los lidios se estimaban en mucho por su afición á las reuniones, pues decían que á ella debían no haber sucumbido á un hambre cruel, que habia azotado su nación bajo el rey Atis; luego decían que las tales reuniones habían producido la invención de varios juegos, como el de los dados, de los huesos, que servían al mismo uso de las bolas, etc.; pero no el juego de tablas (probablemente parecido al de damas ó domino) que jugaban los griegos antes que ellos. Entre las diversiones descritas en la epopeya de Hornero, excep- tuando los juegos guerreros y los de gimnasia, los principales son, los juegos de dados, de bolas y de tablas. El primero se consideraba princi- palmente juego de niños, que lo hacían con pequeños huesos de pió de animales; el juego de bolas era diversión muy preferida de jóvenes y doncellas El aparato de este juego debia ser muy lujoso, y ostentaba, ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 319 como refiere Hornero, la púrpura artísticamente trabajada. El juego de las tablas parece haya sido especia.1 diversión de los varones. Mientras, por la referida tradición, atribuíase á los lidios la inven- ción de esos juegos ya conocidos en la más remota antigüedad en Asia, á los griegos les concedían, y también á los frigios, la gloria de haber cultivado la música antes que ellos. INSTRUMENTOS DE MÚSICA En la Grecia se consideraba la cítara de tres cuerdas como una invención de los lidios; reputábanse luego los carios como muy hábiles para tocar el silbato y la flauta, instrumentos que daban unos sonidos agudos y desagradables. La zampona, los címbalos y el tambor se atri- buían á los frigios, y á Marsia, frigio, especialmente, la gloria de haber tocado por primera vez la flauta en lugar de la zampona. Si se consi- dera que los griegos mismos afirman que siete años antes de Cristo sabían fabricar y tocar instrumentos de viento frigios, ejecutando mú- sica frigia, no puede dudarse que la música griega fuese de origen asiá- tico; sin embargo, la fábula de la victoria de Apolo sobre Marsia prueba alegóricamente que los discípulos llegaron á vencer á los maestros. Cuéntase de la música guerrera, que la del rey lidio Sadiate consistía en silbatos, diferentes flautas é instrumentos de cuerda, y la de los tracios estaba compuesta de trompetas hechas con piel de buey curtidas. Los cantos de Hornero hablan de la flauta, de la zampona y de otro instrumento, que debe parecerse á la trompeta; luego de uno de cuer- das llamado formix, y de la cítara menos estimada, probablemente poco distinta de la primera. Los dos se parecían á un laúd. El formix era un instrumento consagrado especialmente á los banquetes. Hornero dice que era el preferido de Apolo. La epopeya habla de la trompeta como ins- trumento musical de guerra, y no hace" mención de ningún otro de esa clase. ÚTILES I) II C.UERRA Hornero describe muy superficialmente el carro de batalla: en nin- guna parte hace mención de las máquinas para la defensa, conocidas y 320 GALERÍA DEL ARTE DECOIÍATIVO empleadas por los asirios en la antigüedad. Aunque este silencio no sea una prueba que tales máquinas fuesen desconocidas, se desprende, sin embargo, de las descripciones de las batallas, que preferían luchar en campo abierto, á sostener el sitio escudándose con las murallas de una ciudad, mereciendo ser llamados cobardes ó exponiéndose á los horrores del hambre. El carro de guerra para los héroes de Hornero, era el caballo de batalla. En el Asia anterior y en el Asia central, desde tiempo muy remoto, usábanse los carros de guerra; es pues verosímil que también los carros de los griegos hayan sido construidos en aquellos países. Las descrip- ciones de los carros preciosamente adornados de las divinidades, puede ser no sean otra cosa sino una representación de los carros asiáticos. Comunmente esos carruajes se construían con palo de higuera y eran provistos de clavos y láminas de bronce y de hierro. El yugo, des- tinado á sujetar dos caballos, era de palo de boj y redondo.[Enganchá- base un tercer caballo de reserva por medio de una correa atada al yugo. El aparejo de los caballos se componía de correas magníficas de color de púrpura, con adornos de oro y marfil. Algunas esculturas griegas dan una idea exacta tanto de los carros como de los muebles de aquella época. Pin ellas se reconoce mucha semejanza entre los carros griegos y los asirios. Los unos y los otros van provistos de una vara que une el timón al toldo. En tiempo antiguo habia carros de dos ruedas con asiento, carruajes para viajar con dos asientos y cuatro ruedas; el toldo tenia la forma de un arca: arrastra- dos por muías y desprovistos de asientos, servían como carros de transporte. Desde el tiempo en que se formó la caballería lidia, especialmente desde la época de la dominación de aquel pueblo, parece que el carro de batalla haya desaparecido poco á poco. La época histórica refiere, que el origen de la caballería fue una división de ginetes, armados de largas lanzas, que combatían valerosamente sin apearse. También en el ejército auxiliar de Creso, descrito por Jenofonte, los árabes y los asi- rios solamente aparecen provistos de carros de guerra. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL OBJETOS RELACIONADOS AL CULTO RELIGIOSO Entre las poblaciones del Asia menor, el culto era análogo al de Asiría, Fenicia, etc.; los objetos á él relacionados entre los griegos del Asia menor, en tiempos de Hornero, parecen únicamente imágenes de los varios dioses, altares para los sacrificios y los perfumes, los útiles necesarios para celebrar esos mismos sacrificios, pero sin ninguna significación simbólica. A cualquiera persona era lícito hacer sacrificios á los dioses y también traer consigo los instrumentos necesa- rios. Los sacrificios de animales que requerian tales instrumentos, tenían entonces, y tuvieron aún más tarde, el carácter de una comida de fiesta en honor de la divinidad. El territorio occidental del Asia menor, que se extiende hacia el Oriente desde el rio Haly hasta las montañas de Armenia (el Antilauro), hacia el Norte hasta el mar Negro, al Sur hasta los barrancos del Tauro, había acogido la población de la Siria. Unas hordas errantes del Norte, que habian bajado del Cáucaso, ocuparon después los países de costa y fijaron su morada, esparciéndose y separándose en pequeñas tribus, en los valles de las montañas. Recelaban siempre los ataques enemigos preparados á la defensa armada, y poco á poco se derramaron comba- tiendo en la parte del país que más tarde se llamó el reino del Ponto. La antigua población, así rechazada hacia el Sur, hablase también desarrollado y formaba un pueblo con territorio geográficamente fijo. Entró en el dominio de la historia bajo el nombre de capadocios. Aun- que la epopeya de Hornero no haga mención de ellos bajo este nombre, los persas ya entonces los indicaban como pueblo importante. Según el relato de Herodoto, antes de la dominación persa, los capadocios eran sometidos á los medos, y los griegos les daban el nombre de sirios. La inmigración de los pueblos galos tuvo por consecuencia otra limitación en el territorio. Mientras ocupaban los distritos septentrionales del país y fundaban un reino, los sirios quedaron limitados aun espacio relativamente pequeño, atravesado por el Antilauro. Sus fronteras en el Norte eran Galacia, en el Este y en el Sur las montañas de América, en el Oeste la Licaonia. 322 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO La población de todos los citados territorios, separada de los pue- blos del Oeste por las condiciones del país en parte montuoso y casi inaccesible, agitada por frecuentes cambios en sus recíprocas relaciones, en parte aun menos favorecida por la naturaleza que las otras, partici- paron muy poco de su cultura. Tampoco las colonizaciones de los feni- cios, en tiempo muy antiguo, y las que siguieron de los griegos, habian podido ejercer duradera influencia sobre las tribus indígenas. La mayor parte de la población del Oriente continuó en su primitivo basto sistema de vivir también bajo el señorío de Roma. Hornero tenia dudosas noticias de los pueblos que habitan la costa del mar Negro. Dice que desde allí los alizones, bajo el mando de Hodio y de Epistrofo, acudieron en socorro de los troyanos; la céle- bre nación de las Amazonas, dice Hornero, era también aliada de los troyanos. Una noticia más digna de fe sobre las tribus del Oriente, hasta enton- ces envueltas en las profundas tinieblas de la tradición, encuéntrase en la narración de Herodoto de las batallas y victorias de los persas en aquellos países. Las comunidades, probablemente hasta entonces libres, fueron sometidas bajo el dominio persa; estaban obligadas, á lo menos en parte, á servir á los persas y á pagarle tributos. Jerjes, como ya queda dicho, incorporó esos indígenas al núcleo de su ejército. En aquel encontrábanse, además de las citadas nacionalidades, los caslos- pactios, los utios, los micos y los paricanios; luego los mosquios, los tibarenes, los macronos y los mosinecos, los marios, los alarodios, los saspiros, etc. EL TRAJE Las armaduras y las prendas de vestir de todos estos pueblos, como las describen las relaciones existentes, indican claramente sus costumbres primitivas y sencillas. Su traje, conveniente para el clima de su patria septentrional, consistía entre la mayoría de ellos, en un vestido de cri- nes. Los sarangos solamente llevaban prendas de colores varios y botas que llegaban á la rodilla. Los macronos, como dice Jenofonte, ampará- banse las rodillas con cortas calzas, hechas á manera de saco. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 323 Las armas de esas tribus eran groseras y sencillas. Los caspíos y algunos otros, llevaban, parte, arcos de caña y espadas, parte puñales- cuchillos. Los sarangos llevaban arcos medos y venablos; losmosquios, los macronos y algunos otros, largos venablos, que median seis varas; los colquios, venablos más cortos y espadas. Las armas defensivas, eran: parte, escudos trenzados cubiertos con pieles de buey curtidas; parte únicamente un escudo para la cabeza, de madera y á veces cubierto con alguna tela. EDIFICIOS Las casas de estos y de otros pueblos del mismo origen, (muchos entre ellos habían logrado conservar su independencia ó recobrarla con- tra los persas) hasta en los últimos tiempos, fueron groseras cabanas de madera, poco diferentes de las moradas que todavía se usan en aque- llos países. Aun muy cerca de las más ricas ciudades coloniales, se fabri- caban con el mismo sistema; Trapezo, por ejemplo, estaba rodeado, en tiempos de Jenofonte, de aldeas colquias formadas con tales chozas. No faltaban sin embargo fortificaciones para defenderlas. Muchos, como los mosinecos, elevaban sus moradas en la cumbre de las montañas, y fabri- caban torres de madera en la llanura; otros, como los drilos, rodeaban el grupo bien ordenado de sus casas de madera, con una empalizada con torres, luego con un dique y un foso. Las familias que vivían en las cercanías de dichas aldeas, en ocasión de peligro, refugiábanse allí con sus muebles, utensilios, ganados y provisiones. Como los utensilios limi- tábanse á lo extrictamente necesario, recipientes de madera, de loza y de metal, para preparar y conservar los alimentos, bastaba esa especie de fortaleza para recoger á todos con su pobre hacienda. Jenofonte habla de los citados pueblos y además de los taocos, fasianos, etc., como de habitantes de las montañas, muy valerosos, y dice que sus fortificaciones eran poco más ó menos las arriba descritas. Más adelantados en la cultura que la población del Ponto eran los capadocios. Sin embargo, las condiciones montuosas del paíshabian con- tribuido á separarlos en numerosas fracciones, y por consiguiente, sólo en parte llegaron á un alto grado de cultura. La ocupación princi- „ 324 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO pal de las tribus menos cultivadas consistía en la cria del ganado en vastas proporciones. Cuidaban sobre todo los caballos, muy buenos en aquella tierra. Los capadocios pagaban sus tributos á los persas con caballos, y el cuerpo preferido en el ejército del rey de Capadocia en tiempos de Jenofonte consistía en 6,000 jinetes. EL TRAJE Aquellos pueblos que, desde su sumisión al cetro de la Media habían probablemente adoptado muchos usos medos-persas, llevaban un traje parecido en lo esencial al de los paflagonios, Así vestían los guer- reros siríos-capadocíos del ejército de Jerjes. Llevaban túnica, calzas, botas que llegaban á la mitad del muslo, yelmos cubiertos con turban- tes, pequeños escudos, largos venablos, jabalinas y puñales-cuchillos. En la Capadocia del norte hay una escultura en una peña que parece representa la inmigración en el país de tribus enemigas y su pacto de alianza pacífica con los indígenas. La escultura parece del tiempo del dominio medo. Herodoto, hablando de los sacos ó escitas, dice que lle- vaban gorras puntiagudas, calzas cortas y hachas dobles; pues se supone que algunas figuras del citado monumento representan escitas, y las otras, por el traje afeminado, medos ó asirios. Si esta escultura no llevase decididas huellas de remota antigüedad, pudiérase atribuirla al tiempo en el cual los galos apoderáronse de la Capadocia septentrional. Aunque en esas figuras se reconozca el traje de los pueblos que allí inmigraron, sin embargo no hay nada en ellas parecido á calzas, prenda que se atribuye á los escitas. Parecen más bien (exceptuando la gorra y el calzado puntiagudo) un pueblo que llevaba únicamente un delantal. Los galos permanecieron fieles á ese traje antiasiático, como endurecidos contra las intemperies climatéricas, hasta las conquistas romanas. Casi desnudos, combatían á los romanos con escudos redondos, que median tres pies de diámetro, venablos y espadas; á pesar de tan escasa arma- dura, habian inspirado tanto terror á los países orientales que amenaza- ron, que los mismos reyes de Siria les pagaban tributo. ENCICLOPEDIA UNIVERSA!, Los capadocios, faltando en su país los grandes bosques (pues sola- mente se encontraban en el centro del país, en las pendientes del monte Argeo), debieron pronto y preferentemente edificar con piedra. Ruinas ciclópeas, esparcidas en un vasto territorio y algunos trabajos arquitec- tónicos en peñas del valle Marquiana, demuestran en su ornamentación, ora la influencia griega, ora la asiría. Un grandísimo número de estancias cavadas más ó menos hábil- mente en las montañas que atraviesan el país, se remontan á una anti- güedad mucho mayor que la de aquellos monumentos, antigüedad casi prehistórica. Muchísimas hay de forma cónica con varios pisos, puertas y ventanas. Por el crecido número de moradas cavadas en las peñas, es justo suponer que la mayor parte de los habitantes, como en Frigia, "Cilicia, Pisidia é Isauria, vivian como trogloditas. Cuando los romanos pisaron aquel territorio, no encontraron ciudades, sino arrabales fortifi- cados ó castillos erigidos sobre las montañas. Desde Alejandro, las colonizaciones en el territorio de Capadocia llegaron á tener la importancia de ciudades, solamente bajo el domi- nio romano, y después una administración más desarrollada. En el tiempo de Estrabon habia en el templo de Artemis, en la Comana licaónica, un crecidísimo número de sacerdotes para el culto de la diosa, y Pesino, el centro comercial más célebre en el país galático, en cuyas murallas se encerraba el templo de la Gran Madre con su más venerado símbolo de piedra, cabia una masa innumerable de mercaderes de todos los países del mundo. Como aquella tierra no era muy rica de productos naturales, y no podia sacarse de ella más que los ya citados caballos y algunos mine- rales estimados, la industria local no podia ser más que limitada. Los útiles necesarios debían ser de procedencia extranjera ó sumamente sencillos. Este país abunda más que Capadocia en escarpadas montañas: tiene forma ovada y se prolonga á Oriente casi hasta el mar Caspio; al Sur, 33(5 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO hasta las inmensas elevadas sierras de Siria, Asiría y Media: forma geo- gráficamente el paso, por decirlo así, entre el Asía menor y los citados reinos del Asía anterior y central. La población, probablemente originaria de la tribu aria, mezclada sin embargo con elementos semíticos, ocupa un lugar importante en las más antiguas noticias históricas. El nombre de la Armenia, es citado en la tradición que relata, como la familia de Noé bajó del monte Ararat y fundó la nueva estirpe humana. .Luego, muchas veces, en el antiguo Testamento, se hace mención de la Armenia. Los hijos de Sanherib, Adramelec y Sarezer, después de haber muerto á su padre, se refugiaron en el territorio de Ararat. En la profecía de Jeremías, en la cual anuncia la destrucción de Babilonia, se encuentra el nombre de Ararat con los de Minni y Askenas. Los grandes caminos del Eufrates, Tigris y Araxes tuvieron una esencial influencia en el desarrollo de la cultura, especialmente entre las poblaciones del Sur, Tenian ya en tiempo remoto un comercio animado hacia el Oriente y el Sur y cambios con mercancías extranjeras de gran valor. En el tiempo de Ezequiel, y mucho antes, los mercade- res visitaban los mercados de la lejana Tiro; iban con ligeros botes á Babilonia para vender, como en otras partes, los principales productos de su patria: caballos, mulos, vino de palmera, etc. Por estas relaciones no interrumpidas entre los distritos meridiona- les de Armenia y los llamados pueblos civilizados, aquellos indígenas debieron luego apercibirse que les hacia falta una verdadera cultura. Adoptaron poco á poco costumbres medas y luego persas, y llegaron hasta á abrazar la misma religión de los persas, pues honraban prefe- rentemente á Artemís. Muy diferentes eran las condiciones de las tribus que moraban en las montañas, especialmente en el Norte y en el Este. Como participa- ban poco en el comercio de que hemos hablado, escasa fue la influencia de la cultura extranjera. Continuaron, como los pueblos del Ponto, á ser parte pueblos nómadas y pastores, parte salteadores de caminos. La consecuencia fue, que una parte de la nación llegó á un conside- rable desarrollo de cultura, y la otra permaneció en su primitivo estado, y esta diferencia se manifestó en todas sus relaciones exteriores. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 327 EL TRAJE Armadura y traje, parecíanse entre la parte más civilizada de los armenios, al traje y á la armadura de los medos y de los persas. Una escultura, además de otros testimonios, que se ha encontrado cerca el Vansee, entre muchas ruinas de edificios, confirma esta semejanza. En ella se ven muchas figuras, unas con pobladas barbas, otras sin ellas, que llevan largas camisas con mangas, capas y una gorra á manera de yelmo. Algunas llevan en la mano un grueso palo que remata á manera de maza. Entre los pueblos más atrasados que Jenofonte tuvo ocasión de conocer atravesando la Armenia, los curdos se distinguían por su habi- lidad en el manejo del arco. A consecuencia del clima (en el invierno se amontonan en esa parte de la Armenia inmensas masas de nieve) llevaban sin duda, aun en aquellos tiempos remotos, abrigos pesados de pieles, prenda que se usa también hoy día en aquellas montañas. Consistían las armas en hondas enormes, arcos que median tres varas de largo, flechas que median dos, escudos trenzados, largos ó cor- tos, y lanzas. Algunos solamente tenían hachas dobles; todos se consi- deraban como el pueblo montañés más valeroso de Armenia, y tenían lugar preferente en el ejército persa. Según Jenofonte, la fuerza militar de los armenios consistía en 8,000 jinetes y 40,000 infantes. Las ruinas citadas cerca el Vansee son testimonio que los edificios armenios eran muy espaciosos y construidos con piedra. Las ruinas que la tradición llama ciudad de Semirámis, se encuentran sobre una colina, la cual mide un cuarto de milla de largo y óoo pies de alto. Consisten en vastas habitaciones cavadas en la peña, que probablemente servían para sepulcros reales. Esto se desprende del plan general y de las urnas 3Ü8 GALERfA DEL AKTE DECORATIVO allí encerradas. Las superficies exteriores de la elevada peña están cubier- tas de innumerables inscripciones, las cuales sin embargo no explican si el conjunto es un trabajo asirio ó persa. En la vecindad de Ani, Aklat, Artemíte y otras localidades, hay también semejantes ruinas, pero menos importantes; mas en el interior de los valles se encuentran muchas cuevas cavadas en la peña, que sin duda debían servir de habitacio- nes, etc. Después de la época persa empezó á formarse la vida de las ciuda- des. Hasta entonces vivían los armenios en grandes aldeas abiertas, y las tribus más atrasadas, parte en las citadas cuevas, parte en casas subter- ráneas. Un paso angosto, el cual empezaba en el techo, conducía á aquellas moradas, por medio de una escalera. En el interior, el cual era bastante espacioso, habia lugar para los hombres, las cabras, las ovejas, los bueyes, las aves de corral, y en fin para las provisiones. Las casas edificadas sobre la tierra eran un conjunto de maderos, ladrillos y musgo; tenían una especie de torres sobre el techo. Según eso y las descripciones de las viviendas subterráneas, es probable que haya poca diferencia entre aquellas antiguas moradas y las que se usan todavía en la Armenia montañosa. Tenían alguna importancia los utensilios que encontraron las griegos en las citadas aldeas: consistian especialmente en vasijas de bronce; entre ellas, ollas de gran tamaño llenas de cerveza, que bebían por medio de cañas. CAPITULO VII OBSERVACIONES PRELIMINARES ¥ / AS satrapías comprendidas por los antiguos bajo el nombre de * * * l Ariana, al oriente del reino persa, separan la India del mundo occidental. Herodoto las describe como un vasto país, relativamente escaso de agua, y desierto; cuyos habitantes, valerosos y esforzados, esta- ban sin embargo muy atrasados en la cultura. Forman la frontera de) Norte las enormes montañas Himalayas, que se extienden de Occidente á Oriente, llamadas palacios de nieve. La India anterior se ensancha hacia el Sur, á manera de península, en las olas del Océano; á ella pertenecen también las grandes islas Ceylan, Trapobana y Lauca. Este territorio limitado por el mar y las montañas, llamado la Italia de Oriente, ocupa una superficie vasta como la Europa, menos la Rusia. Una especie de ríos, que brotan principalmente de las montañas del Norte, y de las plataformas centrales, atraviesa el país en todas direcciones. El Indo le baña en el Oeste, del Norte al Sur, por un espacio ;i30 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO de 340 millas. Después de haber recibido en su seno las aguas de siete ríos mayores y de más de 400 menores, desemboca por varias partes en el mar. En la parte superior del país, el Ganges y el Brahmputra contribuyen á la fertilidad del territorio. El Ganges, llamado la arteria de la India superior, atraviesa un espacio de 300 millas, de Occidente á Oriente, ensanchándose hasta el punto que mide 4 200 pies: el Brahm- putra recorre 320 millas. En el interior de los países del Sur, brotan otros rios menos importantes, pero que merecen también ser llamados grandes, y su curso es casi parecido al de los ya citados. La mayor parte de estos rios, siguiendo la natural inclinación de la península, corren hacia la costa oriental. Donde va bajando la muralla de montañas del extremo occidental, se encuentra también una vasta y rica variedad de rios. A consecuencia de tan crecida masa de agua, repartida en todo el país y de las condiciones climatológicas, la India desarrolla una fuerza productora que no puede, por su inagotable riqueza, compararse á nin- gún territorio del hemisferio oriental. Bajando de las inmensas llanuras heladas del Himalaya, adquiere la vegetación tal variedad, que es de todo punto imposible describirla. Primero se presenta con el carácter de la naturaleza alpina; arbustos, espesos bosques de pinos, encinas y abedules; luego poco á poco pasa á ostentar los árboles colosales del Sur. En los valles del Ganges expues- tos al sol, desplega la naturaleza maravillas admirables, y hasta espanto- sas, de una vegetación en la cual la vid se reproduce bajo mil diferentes formas del seno de la misma muerte. Al lado de la gigantesca palmera, que llega á una altura de 80 pies, hay las preciosas plantas productoras de perfumes y colores. Como en la India del norte el cedro, en el Sur vegeta el estimado árbol tik, cuyo palo es tan fuerte que se puede com- parar á las piedras; el banano, cuyas largas ramas se arraigan con sus puntas en el suelo y producen un bosque de las mismas plantas; y un sinnúmero de otros ricos productos de la más fértil de las tierras. Allí vegetan las más hermosas y exquisitas frutas del Sur, la planta del algodón, las especies más variadas y una pompa de flores de mil formas y mil colores. Corresponde en la India el reino animal al vegetal. Los espesos y casi impenetrables bosques están poblados por tigres de extraor- ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 3,31 dinario tamaño y fuerza, leones, chacales, hienas, etc. En las regiones pantanosas hormiguean innumerables serpientes y toda clase de gusanos dañinos; las ramas de los árboles están llenas de numerosos grupos de monos y de innumerables enjambres de pájaros, cuyas plumas brillan con todos los colores del arco iris. Excepto el caballo, que en la India se encuentra solamente en algunas partes, este país posee en el estado salvaje casi todos los animales domésticos de la tierra. Sin embargo, desde los tiempos más remotos, se reemplaza allí el caballo con el dócil elefante y el robusto búfalo. Además de la riqueza vegetal y animal, la India encierra otra no menos admirable en el reino mineral: ningún país de la tierra abunda como éste en piedras preciosas; el diamante blanco se encuentra en toda su hermosura, y también otras piedras de todos los colores. Hay pocos metales; entre éstos en más abundancia el hierro. El mar de la India ofrece una crecida cantidad de hermosísimas perlas. Una tierra tan rica de productos naturales no podía permanecer oculta por mucho tiempo á la población comercial y codiciosa del Oeste. En el año mil antes de Cristo fueron allí primero los fenicios, aliados con Salomón, que prepararon una armada para emprender el comer- cio de la India oriental, el cual continuó en sus manos por mucho tiempo. Aunque hayan sido muy grandes los tesoros que proporcionó la India á los países occidentales, sin embargo, parece que aquellas rela- ciones comerciales no hayan contribuido mucho para el conocimiento de la verdadera India. También para el sabio Herodoto, eran los indios según las noticias que había recogido en Persía, el ultimo pueblo de Oriente, y los territorios que allí se extienden, un vasto desierto de arena inhabitable. Otros escritores hablaron de los maravillosos tesoros de aquella región y exageraron hasta llegar á lo fantástico y fabuloso. Los griegos estaban destinados á descorrer el velo que cubria la verdad: bajo el mando de Alejandro el Grande, combatiendo los persas, pudieron ver á lo menos, por decirlo así, la antesala del país del Ganges, Nearco, Onesicristo y otros, con la memoria llena de los encantos de la natura- leza india, comenzaron á reemplazar los fabulosos relatos arriba citados, con descripciones exactamente conformes á la verdad. Más conocidas aun fueron aquellas tierras bajo Seleuco Nicator, el cual, después de la 332 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO muerte de Alejandro, emprendió otra campaña en los países del Ganges, aumentando las noticias sobre la India. Megastene, embajador del rey de Pérsia en la capital Palibotra, esmerado y puntual observador, no se olvidó de hacer la exacta descripción de las costumbres de las cua- les fue testigo. Comparadas con las de esos autores, las noticias comer- ciales de la época romana son muy mezquinas, á pesar de que no se hayan conservado más que algunos trozos sueltos de los citados escrito- res. Solamente en tiempo moderno se ha publicado una exacta rela- ción del territorio interior al sur del Ganges. Hablando etnográficamente, mucho se parece la India á la gran península africana. También la población de la India está repartida en un sinnúmero de tribus, muy diferentes entre ellas por las formas del cuerpo, por el idioma y por la inteligencia más ó menos despierta. También hay allí masas de pueblo de tez más clara y facciones más nobles, otras de tez muy morena y de escasa inteligencia; lo mismo pasa en el África del norte, especialmente, desde tiempo muy antiguo. Como las poblaciones de color más claro son las más civilizadas, parece que sean de origen caucasiano, que habiendo entrado en el país por la parte de Occidente, hayan subyugado parte de los habitantes antojtonos y rechazado la otra en lo más interior de la península. Una cierta analogía entre el culto religioso de aquellos indios y el de los arios, hace conjeturar relaciones muy íntimas de las dos tribus en la más remota antigüedad. Las tinieblas en que se pierden, como entre todos los otros pueblos, esos antiguos acontecimientos, no son sin embargo siempre igualmente impenetrables acerca el desarrollo intelectual de los indios. Bajo el influjo inmediato de las bellezas naturales que los rodeaban por todas partes, su espíritu pasó muy pronto del vivo interés hacia sí mismos y sus ope- raciones, á examinar el origen y el objeto de la creación, después, á una actividad más especulativa de la inteligencia. Los indios, sin embargo, aunque posean una literatura bastante rica, no tienen historia alguna, en el verdadero sentido de la palabra. Los más antiguos cantos populares, que casi siempre se refieren á sus guerras y á las hazañas de sus héroes, llevan un sello tan poético y •fantástico, que los hechos históricos que refieren no son otra cosa más que formas dudosas envueltas en niebla. Lo único que se desprende de ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 333 ellos con más claridad es que unas batallas heroicas formaron los Esta- dos á orillas del Ganges poco más ó menos 1300 años antes de Cristo, que las tropas victoriosas penetraron más en el interior y conquistaron vastos territorios por medio de batallas sangrientas contra los indígenas, que habiéndolos en parte sometido, empezó una lucha de dinastías entre los Pandu y los Kuru, de la que salió victoriosa la estirpe Pandu, la cual eligió Hastinapura por residencia. Las relaciones entre vencedores y vencidos determinaron el desar- rollo interior de esos Estados. Los primeros consideraban á los segun- dos como una masa de pueblo inferior y dependiente, y se clasificaban ellos mismos, como los egipcios, en varias castas. La primera era la de los guerreros, luego había la de los mercaderes, de los trabajadores y de los aldeanos. El clero, poco organizado todavía, desprovisto de sólido lazo exterior é interior, no debia formar casta aparte. En tal sis- tema de gobierno, probablemente fue aumentando la importancia de los sacerdotes, favorecidos por la enervante influencia de las condiciones locales, y llegaron á constituir una gran corporación. Meditando sobre la naturaleza de las fuerzas que la ponen en movimiento, llegaron á esa doctrina místico-religiosa, cuyo punto céntrico formaba Brahma, el ser vivo y agente. Reflexionando sin cesar sobre el orden del universo, que les ofrecía un cuadro continuamente variado, imaginaron que el destino del hombre fuese en todo relacionado á la misma naturaleza, y establecieron nume- rosas reglas de costumbres para todas las relaciones humanas. La pobla- ción aceptó voluntariamente esas leyes, y los sacerdotes quedaron vic- toriosos. Ellos dijeron entonces, fijando más escrupulosamente la división del pueblo en castas, que los sacerdotes habían salido de la boca de Brahma, los guerreros de sus brazos, los mercaderes y artífices de sus muslos, y los aldeanos de sus pies. Esas doctrinas, producto de una religión ideal, habían gobernado el pueblo por muchos siglos, y en el año 700 antes de Cristo fueron orde- nadas en un libro y formaron un verdadero código. Este código, lla- mado Manu, está todavía en vigor en toda la India, y abraza todas las humanas relaciones ocupándose de los menores detalles. Si la vida exterior de los grandes se desarrollaba con sumo espíen- 334 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO dor, á consecuencia de las inagotables riquezas propias del país, había límites fijos para el libre progreso de la inteligencia. Mientras el pue- blo gemia bajo el yugo del despotismo de los grandes y de los sacer- dotes, las especulaciones teológicas de los brahmines habían llegado á producir poco más que una árida filosofía, un pueril ceremonial en todos los actos de la vida, una cadena que aprisionaba la inteligencia. En tales enervantes condiciones surgió un rey prudente, sabio y filántropo, un benéfico reformador en Cuddhodana. Adandonó en su ardiente celo el cetro y cogió el bastón del mendigo. Recorriendo sus Estados pidiendo limosna, se ocupaba únicamente en descubrirlas cau- sas de las humanas desdichas, pensando en el posible remedio para ali- viarlas. Después de veinte años, sostenido por el poderoso monarca Rimbisara, entre el año 600-550 antes de Cristo, declaróse abierta- mente adversario del orgullo y de la doctrina de los brahmines. Publi- cando, en una lengua de todos conocida, en oposición á la doctrina de los brahmines, otra más liberal, la cual, sin abolir las castas, sostenía los universales derechos de todas, luego enseñaba el puro amor del pró- jimo, la paciencia, la compasión, negaba absolutamente el renacimiento de las almas de los difuntos en otros cuerpos mortales, habia adquirido muy pronto numerosos secuaces. Estos discípulos lograron, después de la muerte de Budha, acae- cida en el año 540 antes de Cristo, fuese universalmente admitida la nueva creencia. De la encarnizada lucha entre las dos religiones salló triunfando el budhismo. A mediados del siglo tercero era religión del Estado en Magadha, etc. En el quinto siglo de nuestra era el brah- mismo, cambiado esencialmente por la influencia de esa doctrina, reco- bró su antiguo dominio. La población del país del Ganges, habia quedado casi independiente en el citado desarrollo hasta la entrada de los griegos. Las relaciones políticas de los antiguos asirios y persas con los indios, en épocas mucho más remotas, habían tenido una influencia tanto menos duradera, que puede ser hubiesen tocado, y aun por poco tiempo, principalmente los distritos del Oeste. Al contrario, al llegar allí, la cultura griega encontró un terreno mejor preparado por las disensiones religiosas. La inteligen- cia, ocupándose en las cuestiones teológicas, habia adquirido más fuerza ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 335 y penetración. Poco tiempo después de la victoria de la nueva doctrina, se habia despertado una actividad artística en la erección de monumen- tos para la gloria de su fundador. Llegando los griegos, la arquitectura y todos las artes plásticas dejaron de ser originales, y adquirieron el sello del gusto griego, hasta en los más pequeños objetos del lujo doméstico. Un número relativamente escaso de los monumentos citados perte- nece á la verdadera antigüedad. Los más numerosos restos del arte indio pertenecen al principio de la Edad media cristiana. Las fuentes princi- pales de las noticias sobre el traje antiguo indio, son la literatura del pueblo y los relatos (más exactos) de los escritores griegos. Por lo demás, lo que todavía se usa en la India, respecto á las citadas descripciones, aclara muchos puntos dudosos. EL TRAJE Los griegos trataron de examinar desde el principio la cultura india ya notablemente desarrollada. Imaginaron un estado salvaje, en el cual se alimentaban de los productos de su tierra sin el menor arreglo y se cubrían con las pieles de los animales muertos en la caza. Faltándoles datos históricos para explicar el progreso, se contentaron con mezclar su propia tradición con el mito indio. * Dionisio, y quince generaciones después, Hércules, llevaron la guerra entre aquellos pueblos, los some- tieron, y finalmente les enseñaron las leyes de una adelantada cultura.» Asi explican los autores griegos la civilización india. Si las obras literarias de los indios, las cuales se relacionan con la más remota antigüedad, los vedas y las epopeyas Mahabharata, Rama- jana, etc., no hubiesen sido desfiguradas, las descripciones que se encuentran en aquellas obras serian las más oportunas para formar un cuadro del conjunto y de los pormenores del progreso intelectual en la India. Esos libros llevan el sello de una cultura formada, mezclada con ideas fantásticas y fabulosas. En algunas partes de los vedas y en poe- sías más modernas, se encuentran alusiones á una vida consagrada á la guerra y á la cria del ganado. Por lo que se refiere á las exterioridades de la existencia, especial- 336 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO mente al traje, aquellas obras demuestran el conocimiento de un lujo que no puede desarrollarse sino bajo un gobierno estable, aumentándose las necesidades, y en medio de una pacifica actividad industrial. En aquellas antiguas memorias hay poca luz acerca las causas del desarrollo de la antigua cultura india; tampoco hay datos fijos sobre la historia del pueblo. La ley Manu, aunque demuestre el estado de la cultura india llegado á la perfección, sin embargo por sus reglas invariables sobre la religión, la política y la vida privada, pone barreras insupera- bles á un mayor desarrollo. De grande importancia fue para ef perfeccionamiento del traje, bajo el punto de vista técnico, la actividad industrial muy favorecida por la separación de las castas. La fama del indio en la perfección de los ofi- cios es debida sin duda á la organización del pueblo en castas. El indio, desde su juventud, conoce el arte á que debe dedicarse, y es muy razonable que su único objeto sea lograr en él la mayor habilidad posi- ble. Ocupan una parte considerable en las leyes del Manu los reglamen- tos relacionados al comercio y á la industria. Desde los viajes de los fenicios, entre las mercancías que iban al Oeste, los productos naturales de la India, sus preciosas telas, sus obje- tos de adorno, también las armas, en fin, los productos de la industria india, especialmente en lo referente al traje, fueron artículos preferidos. Entre los principales, ya en la antigüedad, ocupaban el primer lugar las varias telas de algodón. En la más remota época de la cultura en la India tuvo principio la industria del algodón y el arte de tejer. En nues- tros dias aún los indios se visten por lo común con tejidos de algodón. Hállase de tales vestiduras en las más antiguas obras sánscritas, luego en las de los autores griegos. Esos tejidos eran á veces del color natu- ral de las varias clases de algodón (blanco, amarillento y rojizo), ó se los teñían en diferentes colores, ó, en fin, ostentaban dibujos de varios colores. Para este objeto se servian, ya en tiempo antiguo, de varios palos colorativos, especialmente el añil, el llamado sangre de dragón (drago) y la cochinilla. Los indios no iban en zaga á los egipcios en el arte de tejer pre- ciosísimas telas. Conocían el modo de fabricar velos delgadísimos entre- tejidos con hilos de oro y plata. Parece que la suma habilidad en la ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 337 fabricación de tejidos de algodón hizo descuidar la del lino: la ley habla de vestiduras de lino como insignias de ciertas dignidades; más á menudo, cita trajes de pieles de ciertos animales ó sencillamente ves- tiduras de corteza de árbol. Es propable que en la India, antes de la Edad media cristiana, no se hayan usado tejidos de lana, pero mucho tiempo antes, las personas principales gastaban traje de seda. El Manú prescribe el modo de limpiar las prendas de seda. Aunque el gusano de seda sea indígena de la India, sin embargo, es muy pro- bable que en la antigüedad más remota, los tejidos de seda hayan sido procedentes de la China septentrional. Algunos trozos de las citadas poesías hacen suponer que existiese muy antiguamente una relación comercial entre las tribus de los Estados del Norte y los arios del Ganges. Describen los objetos que los prínci- pes indios recibían de allí, y citan, además de grandes masas de ricos metales, piedras preciosas, maderas rarísimas, coral, etc.; también finí- simos tejidos, trajes de algodón, y principalmente cargas enteras de pie- les, armas y adornos. Es probable que las pieles, las cuales es verosí- mil sirvieran para adornos, fuesen pieles de cebellinas, arminios, martas, zorros, etc. A pesar de la variedad de las materias y tejidos que poseían los indios desde la más remota antigüedad, el verdadero traje nacional permane- ció siempre bastante sencillo. Bajo la influencia de un clima variable, pero generalmente templado (en algunas regiones llega á un excesivo grado de calor), nunca se desarrolló en formas adherentes al cuerpo. Las tribus que han quedado atrasadas en la cultura, se abrigan toda- vía, bajo el sistema primitivo, con esteras, pieles de animales, pañuelos de lana, etc., prendas que se llevaban en tiempo de Alejandro; las des- cripciones de la epopeya, las noticias de Megastenes y de otros sobre el traje de la población india civilizada, indican que el traje todavía usado en los Estados del Ganges, debe ser igual al de la época más antigua. Este traje indio consiste, generalmente para ambos sexos, parte, en una camisa larga ó corta, unos, en un delantal, otros, en un paño reco- gido á manera de calzas, luego, en un traje inferior y uno superior de tejidos más ó menos delgados. A veces el solo delantal, ó la camisa, á veces el traje superior, ó éste y el delantal forman el traje completo. 338 (VALERIA DEL AKTE DECORATIVO Hay camisas que llegan á la mitad del muslo, hay otras que llegan á los pies. La capa consiste en una ancha pieza oblonga, como sale del telar, y cada uno se envuelve en ella caprichosamente. Para sujetar la camisa y la capa se valen de un cinturon sencillo ó tejido en varios colores. La cabeza se cubre con una gorra ó con una especie de turbante, formado con pañuelos de varios colores, velos, etc.; el calzado consiste en zapatos ó sandalias de cuero. Nearco describe, en la manera citada, el traje usado generalmente en aquellos países en tiempo de Alejandro; corresponden á la misma des- cripción esculturas que pertenecen á varias épocas y á diferentes paí- ses, según varios testigos oculares. Estos testigos, después de haber hablado de las condiciones geográficas y físicas del país, de la planta del algodón, de los tejidos con él fabricados, del biso, otro producto también vejetal parecido á la seda, y de otras cosas preciosísimas, se ocupan de los habitantes. Dicen que tienen talle elevado y formas elegantes; observan que los montañeses se abrigan con pieles de ciervo; que los ciudadanos, al contrario, llevan largos trajes interiores y superiores, de tejido de algo- don ó de lienzo, comunmente blanco, á veces de varios colores, una venda para la cabeza, zapatos de cuero blanco con altos tacones de varios colores, muchas alhajas de oro y piedras preciosas, y que van siempre acompañados por un criado que lleva la sombrilla. Según las noticias aun más completas que nos dejó Arriano, el traje consistía (traje que aun se usa al presente) en una camisa, que llegaba á media pantorrilla, en otra vestidura superior, á manera de manto, sujeta á los hombros y á veces colgando de la cabeza. Según las descripcio- nes del Ramajana, los más principales ciudadanos llevaban trajes de seda purpúrea; sus señoras se adornaban con alhajas preciosas, trajes de seda de varios colores, pañuelos de lana sumamente blanda, corsés y pieles. El mismo poema habla también del elegante calzado de cuero blanco, del que hacen mención también los griegos, y del calzado de la clase pobre, mucho más sencillo y groseramente trenzado. En fin, todos están acordes en afirmar que pocos pueblos ha habido tan aficionados á la belleza del cuerpo y que tanto se hayan esmerado ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 339 para cuidarlo. Baños, perfumes, óleos que favorecen la hermosura de la tez, afeites varios, todo lo conocían y empleaban desde la más remota antigüedad. Hay afeite negro para las cejas, afeite encarnado para los dedos de los pies, y las uñas; para las manos, los pies y algunas partes del pecho, el color carmes! claro, producto del sándalo. Hombres y mujeres llevaban, como al presente, el cabello largo. Entonces, lo que ahora ya no se usa, los hombres teñíanse la barba con los más vivos colores, blanco, verde, azul oscuro y purpúreo; tren- zaban el cabello y lo cubrían con un aderezo parecido á la mitra persa. Las mujeres, aun más que los hombres, se esmeraban en el arreglo de su rica cabellera. Además de las anchas trenzas que caían á la es- palda, las jóvenes solteras anudaban el cabello sobre la frente; las rameras, al contrario, arreglaban el cabello en numerosos bucles, que caían sobre las mejillas y los hombros. En tiempo de luto, la viuda se arreglaba el cabello en una sola trenza colgando, y renunciaba á todos los adornos; cintas de varios colores, sartas de perlas, corales, piedras preciosas y flores, con las cuales las mujeres indias se adornaban la cabeza desde el tiempo más remoto. Entre las preciosas alhajas usadas por ambos sexos, descuellan pen- dientes elegantemente trabajados, sortijas, aros para las piernas y los brazos, dijes colgando del cuello y del pecho, y ceñidores preciosísimos; las mujeres públicas se adornaban también las caderas con sartas de perlas de varios colores. Es cierto que el marfil ocupaba un lugar preferente, como lo tiene todavía, en la fabricación de los adornos; luego después el oro, pero no se empleaba en tanta cantidad como el marfil, pues sacábase parte de los países del Noroeste, parte de la India posterior. Era objeto principal de adorno el coral, y aumentando el comercio por mar y por tierra, se usaron muchas perlas y piedras preciosas, que servían á los plateros, citados en el Manú, para rico ornamento de sus trabajos de oro y de marfil, para formar sartas y cadenas. Muchos celebran los antiguos y grandes pendientes en forma de anillos, hechos con piedras preciosas; luego los brazaletes de asta, de marfil ó de metal, adornados con preciosas piedras. Los más pobres 340 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO llevaban un adorno semejante de palo ó de plomo, y en lugar de las ricas sartas de perlas, cordones con piedrecitas redondas y pedacitos de vidrio. Los aros para las piernas, correspondientes al rango y á la riqueza como los demás adornos, tenian la añadidura de cascabeles ó dimi- nutas campanillas, como las solían llevar las jóvenes hebreas. Gene- ralmente, en la más remota antigüedad, el lujo de las personas ricas habia llegado á tal punto, dice el Ramayana, que en Ajodhja no habia ningún habitante sin pendientes, corona, collar, perfumes y trajes preciosos. La afición tan profundamente arraigada en el pueblo para el más espléndido ornamento del cuerpo, tuvo que limitarse hasta cierto punto, á consecuencia de la institución de las clases. Separándose las diferentes clases por la ley del Manú, el traje adquirió un sello simbólico, algo parecido al que llevaba el antiguo traje egipcio, lo que distinguía las diferentes clases por la forma ó el material de las prendas de vestir. Según Magestenes, el pueblo estaba dividido en siete clases. Sin embargo, esto y otras observaciones sobre el modo de vivir de los individuos de las diferentes clases entre ellos, parecen estar en contra- dicción de la ley. Como acaso no conocía ese autor el Manú, es fácil haya incurrido en varios errores. El Manú hace mención de cuatro castas solamente: los brahmines (sacerdotes), los guerreros, los mercaderes y artífices, y los criados. Únicamente la de los criados no era originaria de sangre aria. Estaba compuesta por las tribus sometidas, consideradas como inferio- res, buenas solamente para servir. Los arios, determinaron adoptar un antiguo signo exterior para que no fuese posible confundirlos con esas tribus esclavizadas. Este signo era un cordón, venerado como entre los persas; cordón sagrado, con el cual se adornaba al niño al entrar en su casta. Ese cordón, que del hombro izquierdo pasaba al pecho y á la espalda, para los brahmines consistía en tres hebras de algodón, para los guerreros en tres hebras de cáñamo, y para los mercaderes y artífices en tres hebras de lana de oveja. Recibían solemnemente ese cordón los brahmines á la edad de ocho años, los guerreros á la de once, y los mercaderes y artífices á la de doce. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 341 No había leyes especiales sobre el traje de los criados.á los cuales, sin embargo, no estaba prohibido ejercer industrias y oficios. La situa- ción inferior y dependiente, les negaba naturalmente los medios de llevar lujosas vestiduras. Más tarde, esta casta llegó á repartirse en varias sec- ciones; los que habitaban las ciudades, ocupándose en algún oficio, eran más estimados que los moradores de los bosques y de las montañas. Habia entre estas tribus menospreciadas, los negros, los parias, los can- dalas, los niscadas y otros. Los menos despreciados eran los habitantes de la ciudad que volun- tariamente dedicábanse al servicio de los sacerdotes. Los amos recom- pensaban á los criados con varios productos naturales y con trajes medio usados. En tiempos de la invasión de los arios, los negros habitaban las ori- llas del Indo. Los vencedores recibieron de ellos, como tributo, innu- merables esclavas de largos cabellos, vestidas de algodón, pequeñas de talle y de color negro. Los parías, los cándalas, etc., no podían tener relación alguna con las castas condenadas á permanecer siempre en estado salvaje. El Rama- jana hace de ellos una pintura que horroriza. «Su color es cobrizo ó pardo de mono; los ojos encarnados é inflamados; llevan un traje inte- rior azul, otro exterior muy sucio ó una piel de oso; sus adornos son de hierro.» Entre las clases inferiores de la población, repartidas en siete cate- gorías, habia la de los prisioneros de guerra. Estos eran los verdaderos esclavos. Les cortaban casi enteramente el cabello para indicar su estado; les dejaban únicamente cinco copos. Además del citado cordón, la ley prohibía á esas últimas clases lle- var las prendas usadas por las castas superiores. Por ejemplo, los mer- caderes y artífices llevaban una camisa de lana y la piel de un cabrito, un cinturon de cáñamo y llevaban en la mano un bastón de palo de higuera, cubierto con su corteza, y que llegaba al nivel de la punta de la nariz. Los guerreros, al contrario, usaban una camisa de lienzo y la piel de un ciervo, un cinturon de cuerdas para el arco y una vara de banano, que llegaba hasta la altura de la frente; finalmente, los brahmi- nes se vestían con una camisa de delgado tejido de cáñamo, la piel de 34Í GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO una gacela, un cinturon de caña de azúcar y llevaban en la mano un palo de bambú, el cual llegaba hasta el cabello. Se ignora si estas regias se observaron rigurosamente, pero las noti- cias sobre el traje de los indios en general, dejan suponer que los ricos y grandes de las castas superiores no se hayan nunca sometido entera- mente á limitar su vestidura á semejante sencillez. La casta de los guerrero?, fue la que más descuidó las prescripcio- nes arriba citadas. Esta y la casta de los agricultores eran siempre las más numerosas, aun en tiempos de Megastene. Gozaba de la mayor libertad tanto en tiempo de paz como en tiempo dé guerra, por lo cual era concedido á sus miembros gozar de todos los placeres, y también dedicarse á alguna provechosa industria, al comercio ó á un oficio cual- quiera. Tales privilegios proporcionaban, en tiempo de paz, á la casta de los guerreros, los medios de adquirir riquezas independientemente, y por otro lado la guerra era para ellos ocasión de muchas ventajas. A ellos pertenecía exclusivamente el botin, menos el oro y la plata, propiedad del rey, el cual pertenecía á su propia casta y los mantenía con su caudal particular. Además, el monarca tenía obligación de proveer las armas y todo lo necesario para la guerra, objetos que después se guardaban en los depósitos militares. I-AS ARMAS Una categoría especial de herreros forjaban las innumerables armas que necesitaba el ejército indio. Las materias principalmente empleadas eran el hierro y el cobre. El primero de estos metales era de fácil alcance; se encontraba en grandes masas y de la mejor calidad; el cobre no era tan bueno, y se debía buscar en los montes Himalaya, en el Norte. Pronto aprendieron los indios á trabajar el acero, y las espadas de fabricación india, esportábanse al Occidente desde los tiempos más antiguos. Los adornos de las armaduras, era obra de los plateros, los cuales también fabricaban, además de las empuñaduras de las espadas de oro ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 343 y marfil, las corazas compuestas parte de madera, parte de cuero ó fuertes tejidos; los escudos y las polainas, los adornaban ricamente con oro, plata y piedras preciosas. El escudo fue el arma de defensa mis antigua, cuya imagen se encuentra esculpida en el Tope de Sanki: probablemente es el monumento más antiguo de la India. Como los escudos orientales, el escudo indio estaba compuesto más generalmente de un armazón de palo cubierto con una capa de cuero; otros habia de cuero, fortalecidos con chapas de metal. En las poesías que describen las batallas de los pandu contra los kuru, los guerreros aparecen armados con grandes escudos de pintadas pieles de animales; el Ramayana describe del mismo modo la armadura defensiva de la guardia del rey. Parece que cada división del ejército llevaba un escudo de forma dife- rente. En las esculturas se ven á lo menos tres distintas clases de escudos; una para los peones, otra para los ginetes y una tercera para los guer- reros que combatían en los carros. Mientras otras imágenes simbólicas dan testimonio que los indios en la antigüedad usaban escudos redondos como al presente, los griegos hablan de ellos como de un arma especial de los ginetes, y añaden que los peones se servían de largos y estrechos escudos, de piel de buey no curtida, los cuales llegaban á la altura del hombre. La falta de noticias más especiales impide ofrecer otros pormenores sobre la antigua armadura defensiva usada en la India. Según las poéticas descripciones de las hazañas de los guerreros arios, llevaban éstos, además de las corazas, demasiado delgadas para oponer oportuna resistencia á las flechas, abrigos ondeantes, de color amarillo de oro las más de las veces, ó blancos. Las tropas indias, que servían en el ejército de Jerjes, á las cuales es verosímil perteneciesen los llamados por Herodoto etiopes orientales, se vestían con trajes de algodón, y asi también los guerreros de la tribu llamada de los indios libres, ó aratta. Estos se cubrían únicamente con largas y ondeantes vestiduras, con borde encarnado, una capa doble encima y una venda para la cabeza, á manera de turbante; los jefes se distinguían por el color oscuro de su traje y un adorno de plata. 3U GALERÍA DEL AKTE DECORATIVO Puede ser que las condiciones climatológicas hayan esencialmente con- tribuido al uso de un traje tan ligero, aun para la guerra, en lugar de las pesadas armaduras formadas con chapas de metal; pero no se com- prende porqué en el mismo país, se hayan usado, aun antiguamente, dichas armaduras tan ricamente adornadas. El arma ofensiva principal entre los antiguos indios era el arco. En lenguaje indio indícase el manejo del arco con una palabra que corres- ponde á el arte militar. Según el mito, el dios Indra despide sus flechas con un arco colosal, que después de la batalla muestra á los mortales como arco iris. En las epopeyas, los héroes se llaman hombres que llevan el arco, hombres que saben manejar el arco, y esto es su mayor título para merecer las alabanzas y la gloria. Los arcos que allí cono- cieron los griegos, median la altura del hombre. Para armar el arco, se colocaba un extremo en el suelo, hacia la punta del pié izquierdo, agarrando el arco mismo con la mano izquierda y sacando lentamente la flecha con la mano derecha. Las flechas eran de palo ligero ó de caña, con puntas de hierro y un adorno de plumas; median 4 pies y medio de largo. La fuerza de esas flechas fue aumen- tando hasta el punto que atravesaban cualquier arma defensiva, por más sólida y dura que fuese. La ley prohibia envenenar las puntas de las flechas; prohibia también el uso de flechas ardiendo; lo que sin embargo no impidió á los habitantes del reino de Sindomana usar las flechas envenenadas para combatir los griegos. El arma de uso más general, después del arco, fue el venablo ó la lanza. En las epopeyas, es el arma principal de los héroes y del dios Indra. En los cantos guerreros más antiguos este mismo dios es llamado < el que lleva el venablo,» y en los tiempos más modernos el mayor número de los soldados indios no tenían más armas que arcos y venablos; así lo refieren Herodoto, Estrabon y Ariano. Es posible que entre las numerosas armas ofensivas, citadas de un modo sumamente confuso en las poesías, haya algunas de esta última clase. Algunas esculturas mues- tran venablos sencillos con puntas de metal, á manera de lanza, varas con ganchos para los guerreros que montaban el elefante, y lanzas con hoja de tres puntas. En la grande epopeya, se citan las tribus guerreras ENCICLOPEDIA UNIVERSAL G4y gandhara y sindhu-sauvira principalmente como pueblos ejercitados en el uso délos venablos con varias puntas. En el mito indio el tridente es el símbolo del dios Siva. Entre las armas ofensivas ocupan lugar preferente espadas y puñales muy varios por la longitud y la anchura. Según Ariano, casi todos los guerreros de las tropas indias llevaban una espada muy ancha, la cual media tres varas de largo, y que debía cogerse con las dos manos para aumentar la fuerza del golpe. La epopeya, además de la espada que representa un papel impor- tante en los antiguos poemas heroicos, recuerda las clavas, adornadas con ornamentos de oro, diferentes hachas y guadañas. Algunas hachas tenían una forma muy sencilla, otras eran exactamente iguales á las antiguas egipcias. Es probable que las clavas no fuesen muy diferentes de las que usaban los antiguos asirios. El Ramayana cita como armas arrojadizas unos discos de metal y unos largos lazos, que servían, como entre los persas, para echarlos al cuello del enemigo que huye. El conjunto de las fuerzas militares indias, según los autores del país, llegaba, por decirlo asi, casi á lo Infinito. Muchos relatos de esta clase parecen fabulosos, y no se pueden considerar como exactos sino aquellos que nos dejaron los que acompañaban á Alejandro. Sin embargo, ellos también dicen que el número de los guerreros indios era sumamente considerable. El príncipe Goro únicamente, podia proporcio- nar por sí solo 50,000 infantes, 200 elefantes de guerra, mucha caba- llería y muchos carros de batalla. El pueblo relativamente pequeño de los Kattia tenia un ejército de 60 hasta 70,000 guerreros. La tribu de Agalafsar contaba 40,000 combatientes; el ejército de los reyes de Kalinga 60,000 peones y 700 elefantes; el poderoso reino de Magadha 200,000 peones, 20,000 ginetes, 2,000 carros de guerra y 3,000 ele- fantes; el ejército de Tschandragupta (320 antes de Cristo) estaba com- puesto de 400,000 hombres. El libro de la ley ocúpase de los menores detalles relacionados con la vida privada y la conducta diplomática del príncipe, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. En él se encuentran los más oportu- nos consejos para cualquier caso, las reglas para la división del ejército 3415 GALERÍA D E 1 , A K T E DECORATIVO y los diferentes oficios de las divisiones en tiempo de paz y en tiempo de guerra. El ejército repartíase en seis divisiones: elefantes armados, guerre- ros combatientes en los carros, ginetes, peones, comandantes y bagajes del ejército. La posición y los movimientos de estas divisiones correspon- dían á la antigua coordinación de las piezas del ajedrez; á los dos lados del rey y de sus ministros estaban los carros ó la caballería (alférez y caballo), las alas estaban protegidas por los elefantes (torres) y la van- guardia estaba formada por los soldados de á pié (peonen). La armadura de las diferentes tropas correspondía también, según refiere Estrabon y Ariano, á su oficio en la batalla. Todos llevaban las citadas largas espadas, algunos también arcos y venablos ó arco sólo ó dos venablos sin arco, y éstos eran principalmente los ginetes, cuyos escudos eran pequeños y redondos, mientras la infantería iba armada con los largos escudos ya arriba descritos. La brida de los caballos era sumamente sencilla; no llevaban silla, el freno tenia la forma de un asador al cual se sujetaban las riendas. En cada carro de guerra, en los tiempos antiguos, había un guer- rero, además del conductor; más tarde los guerreros eran dos y tres para cada elefante. Estos últimos, como debían combatir desde lejos, estaban provistos de armas arrojadizas. El traje de los ginetes principales distinguíase por los ricos adornos, y naturalmente, más que todos brillaba el comandante general. Antes de empezar la batalla subia en su magnífico carro de guerra ó, como en el tiempo de Alejandro, montaba un elefante preciosamente apa- rejado. El rey, si mandaba en persona (como Poro, que fue hecho prisio- nero por el mismo Alejandro), defendíase y adornábase con una coraza sumamente sólida y espléndida. La música y los señales visibles, dirigían el orden de las diferentes divisiones. Entre otros, es digno de memoria el estandarte real, ador- nado con un dragón; luego había una infinidad de banderas de varios colores, grandes y pequeñas. Las llevaban los diferentes capitanes de infantería ó, según antigua costumbre asiría, estaban colocadas sobre los carros de guerra. Daban la señal de ataque las trompetas de concha, ENCICLOPEDIA. UNÍVEI4SAL 341 tal vez también largos cuernos encorvados y dobles flautas; para animar las tropas empleábanse grandes tambores y bacías de metal. El poder real era más bien elevado por las leyes de los sacerdotes que limitado. Los brahmines se habian contentado con ser consejeros del rey; en lo demás, como los individuos de las otras clases, en la política y en el derecho, dependían del monarca y trataban, como los sacerdotes egipcios para los faraones, de representarlos como divinidades visibles. Esta manera de considerar la persona del soberano, la cual autori- zaba un despotismo civilizado, no carecía de influencia sobre las exte- rioridades del rey. Pues que el soberano, según las palabras de los sacerdotes, sobrepuja como Judra, al espléndido firmamento, y des- pide sus rayos, como Surja, el dios del sol, y á todos los mortales, de manera que nadie puede fijar en él sus miradas, pues sobrepuja á todo lo que le rodeaba con una pompa deslumbradora. La vida cotidiana del rey estaba sometida en los menores detalles á reglas fijas, que tenían su origen en costumbres muy antiguas. Anti- guas también eran las solemnidades relacionadas con la elección del monarca. Así se describe la ceremonia de la coronación en la epopeya del Ramayana: «En medio de una corte reluciente por riquísimos trajes, elevábase el trono de oro del soberano que iba á ser consigrado. En él recibía, entre los gritos de júbilo de la multitud, la consagración y las insignias del dominio: prendas ricamente bordadas de seda amari- lla, el cetro de oro, el turbante ó la ínfula; un puñal adornado con pie- dras preciosas, zapatos de varios colores, una sombrilla de color ama- rillo. Esta última, la espada y el arco eran objetos que empleados espe- ciales llevaban siempre detrás del rey.» La descripción de los compañeros de Alejandro, especialmente la de Magastenes, cuando habla de la manera de vivir de los príncipes de Magadha, corresponde á las de las poesías indias. Ensalzan la riqueza de aquellos reyes refiriendo que poseían incalculables tesoros de noble metal; recuerdan las regias prendas y los zapatos, todo de seda, car- gado de oro, púrpura y piedras preciosas; luego su cetro, sus collares y brazaletes de riquísimas perlas. A la mesa (continúan refiriendo los griegos) el rey es servido por sus esposas riquísimamente vestidas y 318 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO adornadas; cuando da audiencia esas mismas esposas lo adornan y per- fuman. Cada vez que el monarca salia de sus estancias para mostrarse en público, esta salida se parecía á una fiesta solemne. Le precedían numerosos criados, que llevaban incensarios, los cuales despedían exqui- sitos perfumes. Yacia el monarca, cubierto con trajes bordados de oro, en una palanqueta (silla portátil) de oro, adornada con perlas y forrada con pieles de tigre. Iba rodeado de carros artísticamente trabajados, y en fin, acompañado por la deslumbrante guardia del cuerpo. No menos pomposas eran las casas que el rey hacia en sus propios parques. Si se trasladaba á algún país lejano, montaba un elefante cubierto con riquísimas mantas. Seguíanle primero los guerreros más principa- les y una numerosísima servidumbre, luego sus esposas, llevadas en literas. En el acto de despedir las largas flechas el rey para herir los animales que cazaba, cantaban sus mujeres. En ocasión de públicas fiestas religiosas, desplegábase la mayor pompa de la regia dignidad. Iban procesionalmente carros y elefantes magníficamente adornados, músicos, criados, panteras, tigres y leones amansados. Una de las más solemnes entre tales ceremonias religiosas, era el sacrificio del caballo, que se llamó el rey de los sacrificios. Los sacerdotes habían confiado al monarca la dirección de las s o - lemnidades religiosas y se habían reservado el cargo de jueces su- premos. En tiempo antiguo estaban á la cabeza de su tribu como jueces, y conservaban esta dignidad. Aun que el rey tuviese participación en ello, lo encargaban preferentemente á los guerreros, en lo referente á la justicia, por ser más sabios é instruidos. El rey, sin embargo, nom- braba los empleados de la real casa y los ministros de Negocios e s - tranjeros. Según el antiguo sistema oriental de gobierno administrativo, el del reino indio descansaba sobre la vigilancia de la policía, que velaba en lo público como en Ja vida particular, y, por lo tanto, requería un per- sonal muy numeroso. Recibía probablemente su anualidad del Tesoro como la regia servidumbre. Cada empleado recibía en ciertas épocas fijas, un traje superior y otro inferior, dos y hasta seis veces al año, según la mayor ó menor ENCICLOPEDIA UNIVERSA!. 319 elevación de su rango. Esos trajes parece indicaban los diferentes car- gos, pues la epopeya habla claramente del traje azul como distintivo del verdugo. Los colores eran signos simbólicos en la India: el color ama- rillo, por ejemplo, significaba la regia dignidad; el encarnado la muerte. Los testigos obligados á prestar juramento, debían llevar traje encarnado y una guirnalda de flores del mismo color. Los condenados á muerte iban al lugar del suplicio con prendas ricamente adornadas. Esos suplicios eran: la decapitación ó el palo. Habia penas menores, que eran: las mutilaciones, la marca en la frente con hierro candente, etc. Los brahmines, los cuales eran los verdaderos autores de la ley, tenían, naturalmente, la obligación de vivir según las reglas establecidas para su propia clase. Su antiguo principio que para llegar á conocer la divinidad es nece- sario renunciar á todas las relaciones mundanas y sumirse enteramente en la contemplación de los más elevados objetos, les obligaba á un aus- tero ascetismo. Su traje también estaba sometido á reglas tan rigurosas como el de las demás clases. Dice la ley: »E1 traje de los brahmines debe ser siem- pre blanco y perfectamente limpio; nadie puede haberlo llevado antes que ellos. Un criado les debe cortar las uñas, las barbas y el cabello, menos una trenza en medio de la cabeza. Debe adornarse las orejas con espléndidos anillos, la cabeza con una corona. Lleva en una mano la vara de bambú, en la otra un jarro con el agua para las purificaciones necesarias. Debe tener descubierto el brazo derecho cuando lee los libros sagrados y cuando esté comiendo. Le está vedado lavanse los pies en una vacía de latón; tampoco puede bañarse ni dormir desnudo.» Además de estas é innumerables otras reglas sobre las exteriorida- des de los sacerdotes, la forma en que debían satisfacer las necesidades de la vida, entra la ley en minuciosas descripciones del traje que deben llevar, según los diferentes grados de dignidad sacerdotal. Encarga á todo brahmin joven tener intimidad con otro anciano, respetarle y amarle como á su padre espiritual, y, cumpliendo puntual- mente todas las reglas del ceremonial, entregarse sin cesar al estudio de los sagrados Vedas. 3óO GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Mientras recibe la instrucción el discípulo, lleva el traje interior de cáñamo, la piel de gacela, el sagrado cordón y la vara de bambú. No le es lícito servirse de zapatos ni de sombrilla; también debe renunciar á la carne, á la miel, al zumo de las frutas, á los perfumes y á las guir- naldas, á las mujeres, al baile, á la música y al juego, y generalmente ganarse la vida pidiendo limosna. Cuando el brahmin conocía dos ó tres Vedas, podia abandonar la casa de su maestro; estaba obligado entonces á hacerle un regalo, que debia consistir en tierra labrada, ú oro ó reses, ó en fin, prendas de ves- tir. Luego tomaba un baño, buscaba una mujer en su propia clase para llegar á ser padre de familia. Entonces el brahmin para ser santo, debia renunciar á los bienes terrenales, vencer sus pasiones y ocuparse únicamente de los objetos más elevados. Cuando el brahmin (así dice la ley) llega á ver al hijo de su hijo, abandone á su esposa y á su familia y retírese en la soledad del bosque con el fuego sagrado y los demás objetos que pertenecen al culto. Allí debe vivir en la penitencia, comer raíces y frutas, dormir sobre la tierra, vestirse de escorza ó de la negra piel de la gacela, dejar crecer las bar- bas y las uñas, llevar traje mojado en el tiempo frío, y sentarse entre cuatro fuegos en el tiempo del calor. Pasada esta última prueba, el brahmin subia al más elevado pel- daño de la escala de la perfección: llegaba á ser brahmin errante. Aban- donaba el bosque, recorría el país pidiendo limosna, pensando sin cesar en el Ser supremo y murmurando palabras de los Libros sagrados. Su traje debia ser una mala pieza de tela, apenas bastante para cu- brir las partes vergonzosas; debia llevar el cabello, las barbas y las uñas cortadas, no tener nada más que un bastón, un jarro ordinario, una cesta de cañas de bambú y una escudilla de madera. Indiferente para todo lo que le rodeaba, sumido en sus sublimes meditaciones, debia soportarlo todo por el amor de Brahma. El ritual de los brahmines había llegado á un ascetismo estúpido cuando surgió Budda con su reforma. Entonces hubo sacerdotes brah- mistas y sacerdotes buddistas, y se produjo un cambio también en el traje. Los de la nueva secta adoptaron poco á poco también los exterio- ENCICLOPEDIA UNIVERSA!, 351 res distintivos de su maestro. Consistían en una tonsura entera y traje amarillo, que Budda habia conservado de su regia dignidad abandonando el trono. Después de muerto este fundador de la nueva secta, sus discípulos se dividieron en varias fracciones, interpretando de distinto modo sus máximas. Algunos, despreciando la regla del mismo Budda, la cual prohibía la prodigalidad, especialmente en las prendas de vestir, empe- zaron pronto, no tan sólo á abandonar la antigua forma, sino á llevar preciosos adornos y á rodearse de cómodo y rico mueblaje. Sin embargo, en Pataliputra, capital del reino de Magadha, dominó mucho tiempo aun la doctrina de los brahmínes, y venció finalmente el buddismo bajo el rey Azoza. ARQUITECTURA En la India, donde el clima exige apenas un ligero abrigo para el cuerpo, donde la generosa naturaleza ofrece todos los recursos para las necesidades de la vida, transcurrió mucho tiempo antes que la actividad constructora se desarrollara, y más que en otra tierra fueron para ello necesarias muchas influencias extenores. Las montañas de la India abundan en granito y pórfido sumamente duros. Esta circunstancia no podia favorecer las construcciones de piedra; y tanto mas cuando sus bosques son riquísimos en maderas muy adecuadas y el suelo propor- ciona un excelente barro. La vida nómade que llevaban los arios, aun después de haber fundado sus colonias en los valles del Ganges, les recordó muy tarde en edificar verdaderas moradas fijas. En un principio, no habia otra cosa sino pobres aldeas de tiendas y chozas, y son puramente fábulas poéticas las descripciones de ciudades magnificas. Hastipanura se distinguía entre las capitales como residencia de los reyes Kuru, y es la primera que tiene verdad histórica entre las tinie- blas del antiguo mito. Luego, fundada probablemente mucho más tarde, aparece la ciudad de Ajodhja (la invencible), cuyas colosales ruinas están esparcidas cerca de la moderna Andh, como centro de una civilización ya muy ade- lantada. 352 GALERÍA DBL ARTE DECORATIVO Según la descripción del Ramayana, Manú, el primer monarca de la India, la edificó á lo largo de la orilla septentrional del rio Saraju, en una extensión de varias leguas, y fue muy ricamente adornada. Tres calles, muy anchas y siempre limpias, la atravesaban de uno á otro extremo. En ellas las casas se elevaban las unas al lado de las otras, sin dejar intervalos entre ellas. Estas casas, de tres hasta siete pisos, tenían hermosos patios, numerosas galerías y magnificas azoteas. Más elevadas aun se levantaban, como cumbres de escollos, las cúpulas de los palacios. Aquí y allá, veíanse regularmente ordenados, parques, plazas, baños y hermosos jardines. Resplandecían también en la ciudad los templos de los dioses. Estaba rodeada de elevados baluartes y fosos llenos de agua. Las murallas, adornadas con piedras de varios colores, colocadas á manera de un tablero de ajedrez, tenían sólidas puertas con fuertes candados. Una guardia de arqueros, hacia centinela sobre los baluartes, cerca del matacientos. Muy alegres eran las calles: veíanse continuamente muchos estran- jeros, embajadores, mercaderes con sus elefantes, caballos y coches. En el interior de las casas tocábanse el tamboril y la flauta, que acompañaban dulces melodías; subía al cielo perfumando el aire el vapor del incienso, el olor de las flores y de los sacrificios. Al anoche- cer llenábanse los jardines de hombres y mujeres con ricos trajes, y en las galerías veíanse jóvenes y mozas que bailaban alegremente. Así describe la ciudad de Ajodhja el Ramayana. Tiene mucha semejanza esta descripción con la que dejó Megastene hablando de Pataliputra, la capital de los prasios. Se la creía entonces la ciudad más grande de la India. Tenia la forma de un cuadrado prolon- gado; media 8o estadios (2 millas) de longitud en los lados largosy 15 es- tadios solamente en los lados estrechos; la circunferencia era de 5 millas. Un foso de 600 pies de ancho y 45 varas de profundidad, que reci- bía el agua parte del Ganges y parte del Zona, formaba la primera defensa exterior. Detrás elevábase una muralla de circunvalación de madera con 64 puertas. La muralla estaba provista de 570 torres y saeteras, siendo bastante defensa para el regio alcázar, que se elevaba en medio de las casas. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 351 Para construir las casas empleaban entonces principalmente, los materiales que se usan hoy dia; madera y barro. En la manera de edificar, especialmente los edificios menores, parece que tampoco haya tenido lugar un gran cambio. Hoy dia aun la arquitectura esti relacionada al clima. Esas sencillas cabanas que los griegos descubrieron á orillas del Indo, siguen cons- truyéndose sin haber cambiado su forma; igualmente, en las regiones más cálidas, continúan viéndose esos edificios largos ó redondos, queá veces están representados en antiguas esculturas, muy oreados, cons- truidos con cañas de bambú, con techo entablillado. Comparando la descripción de modernos escritores, que hablan de planos de edificios macizos, fabricados con ladrillos, con algunas de autores indios de la antigüedad y también con imágenes de tiempos sumamente remotos, parece que tampoco resulta cambio esencial en la construcción de esos edificios. Las casas urbanas de los ricos y principales, consisten comun- mente en una armadura de palo de palmera y ladrillos y un techo de tejas hondas; las murallas brillan cubiertas con una fuerte capa de barniz de varios colores; el edificio está adornado con una co- lumnata. En Benares, centro de riqueza, donde el mayor número de las casas (30,000) son macizas, hay magníficas construcciones de cinco y hasta de siete pisos. En la fachada hay comunmente pasajes abo- vedados, que llevan al verdadero vestíbulo, colocado mucho más alto que la calle. Galerías, ventanas salientes, etc., adornan los pisos superiores, y encima de todo extiéndese el techo, casi siempre soste- nido por vigas esculpidas. Una idea completa de las vastas moradas de los ricos, encuéntrase en una obra del primer siglo de la Era cristiana. El edificio del cual en ella se hace mención, formaba un cuadrilongo. Siete patios descu- biertos conducían á la construcción principal. El conjunto, menos la fachada, estaba rodeado de un vasto jardin. Magnífica era la entrada principal y el umbral elegantemente pintado. Salia del frontis una planta de jazmín, cuyas ramas flexibles sombrea- ban y perfumaban la puerta. Encima elevábase un arco taraceado con 354 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO marfil, desde el cual ondeaban banderitas de varios colores, guarneci- das con flecos. Cada pilar sostenía en su chapitel un jarro de cristal, que contenia hermosas flores. Las hojas de la puerta, resplandecían de oro y clavos de piedras preciosas. Flores perfumadas cubrían el suelo. Allí estaba el portero sentado cómodamente en un sillón. Las construcciones, salas y galerías, que se extendían á los dos lados del primer patio, estaban adornadas como palacios, blancas como la luna, el nácar, el lirio. Escaleras doradas conducían á lospis'os supe- riores, que recibían la luz por ventanas de cristal. En el segundo patío habia los establos para los bueyes de tiro, los carneros, los elefantes y las caballerizas. El tercer patio era una especie de recibidor, con asien- tos y mesas de juego. El cuarto patío estaba destinado á conciertos, representaciones y gimnasia. En el quinto patio estaban las salas de armas y las cocinas. En el sexto las habitaciones de la servidumbre. El séptimo, finalmente, estaba lleno de varios pájaros, parte libres y parte encerrados en soberbias jaulas colgando de las galerías. El jardin estaba provisto de las más hermosas flores, sabrosas fruías, estanques y hasta de columpios de seda. PALACIOS DE LOS REYES La descripción que acabamos de citar conviene en parte á los regios alcázares. El Ramayana habla de columnas y almenas de oro. Sus azoteas y sus galerías eran de las más grandes, proporciones; las su- perficies exteriores é interiores estaban cubiertas con expléndidas pin- turas. Además, la morada del rey, según el Manú, debía estar en sitio elevado, de difícil alcance, ó rodeada de fuertes murallas y profun— • dos fosos. FORTIFICACIONES A semejanza de los regios" alcázares, estaban rodeadas de murallas y fosos las capitales de la India en tiempo de Alejandro. Una de las más ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 3Í5 célebres fortalezas era la ciudadela Aornus, de la que referia la tradición que habia resistido al mismo Hércules. Según los historiadores griegos, que no cabe duda han exagerado, la peña sobre la cual estaba erigida, media 6,600 pies de alto y 6 mi- llas de circunferencia. A pesar de tanta altura, de casi imposible ascen- so, pues la pendiente era, por decirlo así, perpendicular, y no habia escalones cavados en la piedra, sin embargo, la plataforma estaba pro- vista de fuentes, bosques y tierra laborable. CONSTRUCCIONES DE UTILIDAD PÚBLICA Habia arquitectos especiales para los caminos, estos, aunque midiesen enormes distancias, eran rectos é interrumpidos á interva- los iguales por columnas miliarias. La ley habia cuidado de la lim- pieza de los caminos y de su mantenimiento, como también del de los canales. Ruinas todavía existentes de puentes colosales, compuestos de muchos pilares de granito, que miden 20 pies de alto, sobre un plano de 600 pies de longitud; las descripciones del Ramayana y lo que refie- ren los griegos acerca de un sistema de canales y esclusas para el riego del país, no permiten dudar que también la antigüedad india ha produ- cido cosas admirables en este ramo de arquitectura. En las obras más antiguas de ese país, hay noticias relacionadas á un comercio muy animado por tierra, pero falta completamente lo que se refiere á la navegación y construcción naval. Sin embargo; los últi- mos descubrimientos han esclarecido la verdad de que los indios recor- rieron los ríos y también el mar en tiempos muy remotos. Nada se sabe acerca la construcción de sus barcos. Lo único que se ha descubierto es que los botes, de los cuales se servían los indios para navegar en los ríos, eran de cañas ó árboles vaciados, y que, en los Estados del Ganges, los barcos grandes y pequeños, para la navega- ción de los rios, estaban construidos por artistas especiales. Además, autores indios y griegos nos dicen que en la India, como en el Asia central, usaban balsas, odres y hasta ollas llenas de aire, para atravesar ríos menores. í);¡6 CALERÍA DEL AUTE DECORATIVO Tomando en cuenta la rápida corriente de algunos rios, á la cual no lograban tampoco resistir los barcos griegos de treinta remeros, es justo conjeturar que los barcos indios destinados para esa navegación, debían ser de una construcción muy sólida, y tanto más sólidos debían ser los destinados á recorrer el mar. Ya en las antiguas canciones del Origveda se habla de navios para viajes por mar con cien remeros, y en el Mahabharata, de barcos que desafiaban la tempestad. Debían ser de enorme tamaño los buques indios, pues transportábanse en ellos los elefantes de guerra, desde la isla Ceylan (Trapobana) hasta el continente. Estrabon y otros autores afirman que los navios indios, á pesar de su grande tamaño, eran poco oportunamente construidos para su objeto y escasamente provistos de jarcias y aparejos; faltábales además por lo común un camarote cerrado. EPIFrCIOS DEL CULTO Tales edificios, en el verdadero sentido de la palabra, no existían en el brahmismo, como tampoco la representación plástica de divinidades. Desde la época en que triunfó el buddismo, empezó la actividad arqui- tectónica á desarrollarse también en edificios de carácter religioso. Llegando la nueva doctrina á ser autorizada por el gobierno, favo- recida por el rey Azoza, el cual habia abrazado la nueva religión, em- pezó en los valles del Ganges á surgir una obra colosal, destinada tam- bién á perpetuar la memoria de la victoria del monarca. En ella se desarrolló por primera vez, el arte de los pueblos occi- dentales mezclado y mejorado con influencias griegas. Los más anti- guos edificios de esta clase, como lo demuestran sus ruinas, pertenecen á esa época, la mitad del tercer siglo antes de Cristo. Consiste en monumentos que habia hecho erigir Azoza para eter- nizar la memoria de Budda y de su influencia reformadora en el país. Hasta el punto á que llegan las actuales noticias, el mayor número de tales monumentos eran grandes y esbeltas columnas. Como se des- prende de las citadas ruinas, eran todas del mismo modelo y construi- das con el mismo material, una piedra arenosa de color rojizo. La base ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 3ÍV7 media no más que 10 pies; llegaba la columna, que tenia ó pies de cir- cunferencia, á una altura de 40. Sobre una tabla cuadrada elevábase el chapitel con el símbolo de Budda. Ese chapitel, como los de Persépolis, tenia la forma de un cáliz de flor revesado; el símbolo de Budda, con referencia al nombre de su familia, era un león sentado. Otro adorno de esas columnas era una especie de cintas esculpidas, que rodeaban la caña. Llamábanse columnas de la virtud, porque llevaban grabadas unas máximas morales; y columnas del león, por llevar el citado símbolo de Budda. Una torre que se encuentra al sureste dePatna, en el Behar, de cons- trucción sumamente maciza, pertenece probablemente á los monumen- tos erigidos en memoria de Budda. A pesar de que la tradición la haga remontar á una época mucho más antigua, 5 ó 6 siglos antes de Budda, es verosímil no sea anterior al reinado de Azoza, tal vez para eternizar algún importante aconteci- miento político ó religioso. La veneración que iba siempre aumentando hacia Budda, acabó por atribuírsele un carácter divino. La enorme grandiosidad de las divinida- des del brahmismo habia hecho imposible una visible representación de ellas, luego el buddismo negaba generalmente la existencia de tales dio- ses, pues en la figura del fundador de esa religión veíase la forma visí - ble de todas las virtudes y de la más elevada sabiduría. Con la erección de las ya descritas columnas, conservábase su me- moria sólo simbólicamente, pero con la siempre creciente veneración por él, llegó la necesidad de representarle en su propia forma. Hicié- ronse, pues, imágenes de Budda, algunas veces de tamaño colosal. Dice la tradición que el cuerpo de Budda, fue dividido en ocho par- tes, que se colocaron en diferentes puntos, en colinas elevadas para dicho objeto. Tales monumentos llevan el verdadero sello de la arquitectura nacional. Los que hasta ahora se conocen están esparcidos por la India orien- tal, la India anterior y las islas. Uno de los principales está en el país superior de Malva.El mayor de todos, probablemente erigido por el rey Azoza, es una maciza construcción redonda; la base que mide 14 pies 35S GALERÍA DEL AKTE DECORATIVO de alto y sube en forma cilindrica, sostiene un túmulo en forma semi- esférica, el cual mide 42 pies de alto. El diámetro inferior es casi de 120 pies. En derredor hay un anden, de ancho 10 pies. Cuatro puertas, hacia los cuatro puntos cardinales, dan paso en la tumba. Todas están adornadas con soberbias esculturas; los chapiteles de los pilares tienen la forma de elefantes, leones ó figuras humanas, que representan gnomos. Delante de las puertas del S. y delN. hay columnas parecidas á las ya descritas de virtud, las cuales miden 33 pies de alto. Un importante adorno de dichos monumentos, muy vario en su tamaño, consistía en un coronamiento á manera de altar con dosel muy ancho, símbolo de la consagración. La historia refiere que el rey Azoza había provisto esos monumen- tos de piedras preciosas, sombrillas y estandartes. Entre las esculturas de Sancki hay varias imágenes de esas tumbas. Puede que sean, pues, no solamente la más antigua y sencilla forma de esos monumentos, sino también que representen la manera de adornar- los en tiempo de Azoza. En la isla de Ceylan se encuentran notables muestras del desarrollo arquitectónico en estos monumentos del buddismo. Allí Devanamprija, contemporáneo de Azoza, favoreció la nueva doctrina en aquella isla, que llegó á dominar enteramente el país á mediados del siglo n antes de Cristo. Dushtagamani ilustró esta religión con magníficos edificios, y sobre todo, erigiendo los monumentos propios del mismo culto. El material con el cual se construían esas tumbas, como se des- prende de las ruinas existentes, eran ladrillos cocidos y una arga- masa parecida al estuco; la base era muchas veces de granito. Algunas tenían colosales dimensiones, hasta 200 pies de alto, y estaban rodea- das con esbeltas columnas ó mástiles para banderas. El principio de los brahmines, de que solamente en la soledad es posible llegar á una virtud perfecta, era contrario al de los buddistas, que enseñaban ser necesario para ello vivir en sociedad. Budda, luego que publicó su doctrina, encontró muchísimos partidarios, que pronto fueron sus discípulos. Los nuevos correligionarios continuaron á vivir juntos mucho tiempo, y á ellos iban siempre agregándose nuevos neófitos. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 35S Mientras duró la lucha entre los brahmines y los buddistas, estos últimos debieron habitar las casas comunes, y, donde la localidad lo permitía, las grutas y cuevas naturales, celebrando allí mismo sus reu- niones. Pero en el siglo ni antes de Cristo, triunfando la nueva doc- trina, aquellos sitios debían tomar un sello arquitectónico. Se formaron cerca ó en el mismo lugar en el cual surgían las cita- das casas comunes, unas vastas moradas, á manera de monasterios, con azoteas, plataformas y celdas; lo mismo pasó con las grutas que fueron ensanchadas y artísticamente cavadas. Es probable que los pri- meros edificios fuesen construidos con maderos y ladrillos. No hay ninguna huella de estas construcciones. Sin embargo, existen algunas grutas cavadas en la peña y esmeradamente aca- badas. Tienen entradas estrechas y bajas. La gruta mayor mide una longitud de 47 pies y una anchura de 20; en una de ellas hay un nicho. Delante de la mayor hay unas azoteas sostenidas por pilastras, que miden de 6 á 10 pies de ancho, según el número de las celdas cavadas en la peña detrás de ellas. Un pasaje conduce de este zaguán á la cue- va interior. La más espaciosa mide 56 pies de largo; en los dos lados hay dos alas en ángulo recto. Uno de estos monumentos está adornado con bajo-relieves que representan batallas; en otros—añadidura que llegó mucho más tarde—hay ídolos del brahmismo. Ya no bastaba á los buddistas vivir de una manera sumamente ascética, observando fielmente las reglas de su fundador y maestro: querían ofrecerle el homenaje de su culto en una tumba erigida en su memoria y á veces delante de su imagen, y así es que los antiguos se- pulcros adquirieron el carácter de templos. El mayor, mejor conservado y probablemente el más antiguo de tales templos, parece haya sido construido en el siglo n antes de Cristo. La forma es análoga á la de una bodega abovedada, cuyos extremos son semicirculares y cuyo interior está dividido por una serie de pilas- tras por todos lados. En el fondo elévase el túmulo, delante del cual se ensancha una especie de pórtico. El interior mide algo más de 102 pies de largo y 3(íO GALERÍA UEL ARTE DECORATIVO 45 de ancho; 41 columnas sostienen la bóveda labrada á manera de arco, y algunas de ellas están detrás del túmulo. Las siete citadas son sencillamente acandiladas; las demás, de forma pesada, son acanaladas. Todas descansan sobre pesados boceles y llevan encima chapiteles formados como cálices de flor vueltos de arriba abajo, la figura de un elefante arrodillado al lado de una figura humana, varonil ó mujeril. El plan de esta gruta es poco más ó menos igual al de los demás templos-grutas del buddismo. A pesar de que, en menos de 50 años, con la restauración del brah- mismo, hayan sufrido muchos cambios, hasta á ser sobrecargados de pesados ornamentos, conservaron cual más cual menos el primitivo pían de un atrio oblongo sostenido por pilastras. Los brahmistas también sintieron la necesidad de erigir templos, y tomaron de los buddistasel plan general y gran parte de los ornamen- tos arquitectónicos. Empezaron también á dar la forma humana á sus deidades y ador- nar sus templos con plásticas imágenes. Pocos restos existen de dichas construcciones, y todos están en Kaz- mira. Parte son edificios sobre el nivel del suelo, parte excavaciones de corta extensión y formas de estilo griego. El edificio más notable de esta clase, elévase sobre una colina, cerca la antigua capital. Es octágo- no, cada lado mide 15 pies, el interior míde 20 pies de largo. Una mu- ralla, también octágona, le rodea, á la distancia de 7 piós y medio. Una escalera de 18 gradas conduce á la entrada. Otro templo, llamado Bhau- mago, en el interior de una cueva, está cerca de la ciudad Islamabad. Es pequeño también; mide 16 pies de alto y diez en cuadro. Otro templo finalmente, llamado Pajak, está formado con piedras de tan enorme tamaño, que una sola es una pared entera, y dos el techo. Tiene cuatro puertas; á la de Oriente se llega por medio de una es- calera. Esas puertas están adornadas con deidades del culto de Brahma; el interior con un nicho y pilastras, cuyos chapiteles contienen figuras de toro. En el nicho hay una LINGA, símbolo del dios Siva. Parece que este santuario haya sido edificado en el tercer siglo después de Cristo. Los indios no tenían sepulcros de forma.monumental. La costumbre observada también por los griegos (menos el pueblo de Tacshazila), de quemar el cadáver, y la máxima, de que los cuerpos de los difuntos sean impuros, habrá contribuido esencialmente á ello. Los funerales se cele- braban con poca pompa. Envolvíase el cadáver en unos paños, quemá- basele en un sitio destinado á este objeto, y siempre fuera de la ciudad; luego echábanse los restos en un río. MUEBLES Y UTENSILIOS El desarrollo de la industria india descansaba esencialmente en la división del pueblo en clases. Parecíase á lo que se acostumbraba en Egipto. Aunque hagan falta, para juzgar con certeza de esa industria, los testimonios que ofrecen para la egipcia los templos y las tumbas, la correspondencia que había entre las condiciones de los artistas de ambos países, hace creer que los indios no estaban menos adelantados que los egipcios. No les faltaban materiales; al contrario, estaban aun más provistos que éí>tos. Creciendo el deseo de las comodidades de la civili- zación, debia aumentar también el conocimiento del provecho que se podia sacar de ellos, y la habilidad en el trabajo con el ejercicio. Los escritores del país nos dan, además, la prueba que no tardó en llegar á cierta altura esta habilidad; los autores griegos nos informan hasta qué punto había llegado cuando entraron en la India. Según las ordenanzas del libro de la ley, la clase de los artistas era una sola, pero estaba dividida en muchas secciones correspondientes á sus varios oficios. En cada aldea habia un herrero y un carpintero, que hacían el moviliario de la casa más grosero; un ollero, proveyendo á todo el lugar; el lavandero, para lavar las prendas de vestir, que las mismas familias hilaban, tejían y hacían, ó compraban en el mercado que estaba más cerca; el barbero; y el platero el cual fabricaba los sen- cillos adornos de las casadas y solteras. Estos seis industriales, el juez, el cobrador, dos guardias y un astro- 3G2 ÜAí.EEUA DEL AKTli DECORATIVO logo, que no debian faltar en ninguna aldea, estaban á cargo del común. En las ciudades era y es todavía más considerable el número de los artesanos. En ellas, especialmente en las residencias regias, se les presentaba la ocasión de llevar los varios ramos de su industria á la per- fección. Los indios, muy torpes en el oficio de mineros y en la construc- ción de sus cabanas, eran de maravillosa habilidad en la fabricación de los objetos más varios de pequeño tamaño. Hoy mismo el indio sabe, con los útiles más sencillos, fabricar ele- gantísimos objetos de metal, de madera y de piedra. Un viajero moderno dice: «Es cosa de admirar ver cómo los indios hacen los más bonitos trabajos con los útiles menos perfeccionados; extraordinaria es la delgadez de sus tejidos; el tejedor se hace él mismo un telar con lo primero que le viene á mano; tiene un cilindro tosca- mente hecho, y trabaja en cualquier parte; en una avenida, en un patio, en un jardín. El que quiere un trabajo del herrero, debe proveerse en el mer- cado de liga de hierro y bronce y de un yunque; el yunque es una gran piedra, y cuando pesa demasiado, se coloca la fragua cerca de él. Cuando todo está preparado, llega el herrero con un fuelle, dos tena- zas y uno ó dos martillos; empieza por limpiar el hierro, y luego, no se sabe cómo, hace un trabajo tan perfecto como si hubiese aprendido en París.» El viajero Haafner, vio cajítas de betel y toda clase de objetos, más ó menos pequeños y artísticos trabajos taraceados con marfil, de una perfección insuperable; conocen los indios á las mil maravillas, el arte de taracear con marfil; no sólo cajas, estuches y otros diminutos objetos, sino también mesas, sillas, canapés, sillas de mano y otros muebles de mayor tamaño, representando flores, frutas, paisajes y otras cosas semejantes. Se puede casi creer que la tan reconocida habilidad de los indus- triales indios tenga su origen en una remota antigüedad; las noticias que nos dan los autores antiguos son muy superficiales, pues no hacen más que indicar un objeto sin darnos una descripción de él; más clara idea ofrecen aun los detalles arquitectónicos de los antiguos monu- mentos. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 36J Estos demuestran el sentido ornamental del pueblo, y es de supo- ner que haya habido analogía entre aquellos adornos y la forma de los muebles y de las alhajas. El ajuar de los indios pobres, consiste también hoy dia en pocos objetos necesarios. Los indios ricos (los habitantes de la costa del Mala- bar) se contentan con algunas esteras, sobre las cuales duermen y comen; algunas ollas y tazas de cobre, y unas cajas en las cuales guar- dan sus prendas de vestir, etc. Si se compara esta sencillez con las descripciones de la pompa que rodeaba al príncipe, resulta que en la India, como en los demás anti- guos reinos asiáticos, la corte solamente favorecía el lujo. Los muebles de los regios alcázares eran ricos; la vajilla de mesa, de oro y plata; del mismo metal las vacías y bañeras que servían para las abluciones del monarca. Según los relatos de los escritores griegos, la forma de las vasijas indias no tenia gran importancia artística, á causa de las materias que empleaban y del escaso conocimiento que tenian acerca la manera de trabajar los metales. Las ollas, cacerolas, tazas y escudillas, eran de cobre. Por lo que se relaciona al oficio del ollero, en la época á la cual nos referimos, no quedan más testimonios que algunos restos de vasijas de barro, que consisten en recipientes redondos, más ó menos llanos, á manera de cajas y urnas, con ornamentación sencilla. El uso del vidrio para vasijas fue ignorado por los indios; en la época romana, tales objetos llegaban entre los indios como mercancías extranjeras. Al contrario, parece que hayan conocido muy pronto el arte de fabricar vasijas de piedra. Entre otras, como objeto muy apreciado en los países del O, que se pagaba sumamente caro en el imperio romano, descuellan las vasijas de Murena. Eran comunmente copas, vasos, etc. Estos objetos, que Pompes trajo (61 años antes de Cristo) á Roma, probablemente pasaron después al gran puerto de Barygaza, donde los habian comprado mercaderes de Alejandría, trasportándolos más lejos. GAl.hRlA DEL AKT1£ DEC0KAT1V En el verdadero sentido de la palabra, solamente las personas prin- cipales poseían lo que se entiende por muebles. Es probable que en sus habitaciones el mueblaje consistiera en cómodos sofás para sen- tarse y acostarse, almohadas y alfombras preciosas, mesas para comer, pequeños estantes de madera y arcas para guardar objetos de valor. No faltaban materiales: el ttk, célebre por su solidez, un número de diferentes nogales, la caña de bambú, muchas maderas de varios colores, el marfil, la concha, los metales, y hasta las piedras preciosas, eran de fácil adquisición para adornar las regias habitaciones con lujosas alhajas. Las mesas de los indios eran pequeñas. En los banquetes de los grandes cada convidado tenia su mesita aparte, sobre la cual colocá- base, en tazas de oro, primero el arroz y luego las demás legumbres. Como se estimaba poco la comida y los manjares eran escasos, debia ser limitado el lujo que á ello se relacionaba. El más precioso de los asientos era el trono de madera de higuera entallado, cubierto con lámina de oro, sostenido por leones análogos. La sombrilla de seda amarilla que lo cubria reemplazaba el dosel. No cabe duda que el trono había sido adornado con preciosos tape- tes enriquecidos con piedras preciosas. No menos rica era la silla portá- til (palanqueta) en la que viajaba el monarca. Dichas sillas osten- taban lujosos almohadones ó pieles de tigre y un elegante y precioso dosel. Especialmente en ocasiones de fiestas solemnes se podían admirar los muebles y demás objetos que adornaban el regio alcázar. Enton- ces aparecía el soberano rodeado por sus acompañantes lujosamente vestidos. Le precedían tambores y campanas; luego elefantes adornados de oro y plata, después carros arrastrados por un par de bueyes. Llevaban en la procesión objetos de oro, grandes calderas y enor- mes tazas, mesas, sillas, bacías de cobre indio, enriquecidas con pie- dras preciosas, esmeraldas, berilos y carbunclos. ENCICLOPEDIA UNIVERSAL 36ñ Seguían búfalos, panteras, tigres y leones amansados; luego gran- des carros de cuatro ruedas, que llevaban árboles de grandes hojas, entre las que cantaban preciosos pájaros. Oíase el ruido de toda clase de instrumentos; las calles estaban cuajadas de flores, y el exterior de las casas era adornado con sombri- llas, estandartes y banderas. INSTRUMENTOS DE MÚSICA Los indios, como está indicado muchas veces también en la epo- peya, poseían agigantados tambores, trompetas y muchas especies de flautas; luego varios instrumentos de cuerda que debian ser muy sencillos. Antiguos escritores dicen que formaban liras con las conchas de ciertas tortugas, y que entre los regalos que ofrecieron al rey Arjake, habia varios instrumentos de música. Comparando los instrumentos que usan al presente los indios con aquellos que se ven esculpidos en los antiguos monumentos asirios y egipcios, encuéntrase mucha semejanza entre ellos. La música y el baile eran esenciales en las fiestas profanas y religiosas. JUEGOS DE AZAR Los indios eran apasionados para esos juegos hasta tal punto, que la ley los prohibió. A pesar de ello, el pueblo y el mismo monarca eran sumamente adictos á los dados. De ellos se hace mención en los más antiguos escritos indios. Considerábase el juego de dados, como el de ajedrez, algo que debía aprenderse. Otras diversiones habia, las cuales consistían en asistir á los espectáculos de hábiles volatínes, escamoteadores, etc. El cuidado para la belleza del cuerpo, tan desarrollado en las cla- ses superiores, produjo muchos objetos de tocador. Había bañeras, bacías (de nobles metales si debían usarlas los reyes), espejos, peines para el cabello y las barbas, abanicos blancos, plume- ros, etc.; luego frasquitos, cajitas y tarros primorosamente labrados de piedra y madera taraceada. GALERÍA DEL ARTÜ DECORATIVO Estos consistían en diferentes máquinas, especialmente lo relacio- nado con los carros y elefantes, las bestias de carga y carretones. En los tiempos más antiguos, según las descripciones de los vedas, parece que no habia más carruajes que los carros de batalla. Mas tarde las poesías épicas hacen mención también de los elefantes, descritos muy exactamente por los griegos. Los carros de guerra eran muy semejantes á los que usaban en tiempo muy remoto los pueblos del Occidente. La influencia griega les hizo adquirir una forma más esbelta y elegante, aumentando los adornos. Banderolas triangulares ó, como entre los antiguos asirios, estan- dartes, y en lugar de tapetes, pieles de tigre adornaban el carro. En la marcha los carros eran arrastrados por toros y conducíanse los caballos por la brida. Los elefantes de guerra llevaban una especie de torre, sujeta por medio de una ancha correa, cuerdas y cadenas; formaban los elefantes así cargados unas hileras á la vanguardia, y servían como de muralla para defender la infantería. Según los escritores griegos, en esas torres no podían caber más que tres ó cuatro guerreros. Para aumentar la violencia del golpe, ata- ban á la trompa de los elefantes una cadena de hierro y adornaban el animal con muchas banderolas de varios colores. Parece que los indios conociesen en tiempo remoto una composi- ción parecida á la pólvora y armas para usarla. En el Ramayana se habla de lanzadores de fuego y de matacientos, de balas volátiles, que producen un estruendo como el rayo. APARATO DEL CULTO Este, en los tiempos primitivos, limitábase á pocos objetos relacio- nados á los sacrificios. Como los antiguos persas, los indo-asirios del Ganges, consideraban el sol como generador y conservador de los hom- bres; el fuego como eí espíritu que da el alimento y la riqueza. A estas dos, y también á las demás divinidades, se sacrificaban sus- ENClCl.ül'EtUA UNIVERSAL :tS7 tancias blandas; á Indra, el dios del rayo, el zumo de una planta llamada soma. Cambiando poco á poco las antiguas ideas religiosas, ensancháronse esas sencillas formas del culto. De los antiguos sacrificios de anima- les, que muy raras veces tenian lugar, hablase conservado solamente el citado del caballo. En tiempo antiguo sacrificábanse de veras los caba- llos; ofrecíanse acaso simbólicamente en las épocas siguientes. Los preparativos necesarios para tal sacrificio, eran largos y explén- didos. «Búscase un sitio oportuno á orillas de un rio, y mejor del Ganges. El sacerdote destinado por el monarca á celebrarlo, toma un baño de sésam y azafrán, con su esposa. Los cuatro brahmines que lo asisten se purifican en baños de palo desándalo después de haber ayunado.para prepararse á la sagrada función. El gran sacerdote se sienta en un sillón elevado y adornado con piedras preciosas, y empieza invocando, en el nombre del rey, los dioses elementales. Promete, para lograr el perdón de sus propias culpas y de las del pueblo, sacrificar durante seis meses al dios Indra. Con muchas fórmulas de plegaria, las últimas dirigidas especial- mente á cada objeto necesario para el sacrificio, se enciende el fuego en un hoyo. Entonces empiezan las ofrendas á Indra, que van siempre aumentando. En el último mes se entregan á las llamas cada dia 360 veces, nueve diferentes clases de palo, manteca de vaca y miel. En el último dia aparece el rey para las libaciones. Al concluir la solemnidad de los seis meses, empieza otra de cuatro para Jama, el dios de la muerte. En ésta el gran sacerdote entrega á las llamas 1000 veces cada dia, manteca de vaca purificada. Sigue otro sacrificio de cinco meses para Varuna (Urano), en la cual se purifica también el agua para las asper- siones. Acabados todos estos sacrificios se busca un caballo joven, entera- mente blanco, sin tacha alguna. Cuando se haya encontrado, lo que requiere meses y hasta años enteros, limpíase con aceite y sándalo, adórnase con un cordón de oro y cúbrese con un velo blanco; luego, después de haberle dirigido unos largos discursos, se suelta hacia el Norte. Lo sigue un número de guerreros á caballo para protegerlo. Si :it« GALERÍA Dlif. AKTE DECOKATIVO en un año no vuelve, todo fue inútil, y empiézase otra vez la larga fun- ción. SÍ, al contrario, vuelve el caballo, entonces después de muchas puri- ficaciones y largas plegarias á él dirigidas para disponerlo al sacrificio, es inmolado. Un brahmin le abre la cabeza con el cuchillo sagrado, á lo que sigue una larga ceremonia de la resurrección. En fin, todo lo que ha servido para el sacrificio, tazas, etc., hasta los vestidos de los sacerdotes, debe entregarse al fuego, que luego se debe apagar con leche echada con mil jarros. El rey ofrece un banquete á los sacerdotes y el monarca mismo toma un baño final.» Como el buddismo no reconocía divinidades, dejaron de celebrarse tales sacrificios, ni hubo más los objetos á ellos relacionados. Pero en esta nueva religión, á consecuencia de la veneración á las reliquias, necesitábanse incensarios. Además, en las comunidades de buddistas, para llamar á los fieles adoptaron pronto el uso de las campanas de metal de grande tamaño, y el de largas sartas de perlas, para el más cómodo ejercicio de las oracio- nes. El principio de los brahmines, que continuó entre los buddistas, de vencer la lujuria por medio de penas corporales, produjo un sinnúmero de instrumentos de tortura. Camas con puntas, azotes, cadenas, hierros con nudos eran más crueles aun en parte, que los castigos impuestos por la ley á los culpables. Este último eslabón en la cadena de los países civilizados del Asia, apenas era conocido por su nombre. Tampoco los griegos y romanos tenian noticia acerca de los chinos; refieren que en el extremo nordeste de la tierra había un país llamado Siná y un pueblo que lo habitaba, llamado Seros, y que, por medio de señas, sacábanse de allí las telas de seda. Por falta de más noticias y por los relatos fantásticos de los mer- caderes, hasta en tiempos relativamente modernos, imaginábanse cosas fabulosas acerca de dicha nación. Faltan testimonios de una embajada enviada á China por Marco Aurelio, en el año 166 después de Cristo. El geógrafo griego Tolomeo, en el siglo n de nuestra era, hablaba de varios pueblos que habitaban la Sérica, conocidos como ricos mercaderes de seda, comerciantes, talladores de piedra, plateros y joyeros habilísimos, ENCICLOPEDIA UNIVERSA!, ÜG9 Pocas noticias ha dejado ese autor sobre el país de Siná, pero otro escrito más antiguo describe el pueblo de Sesata que prueba su origen mongólico. Dice: «Cierta nación, parecida á los pueblos salvajes, cuyos individuos son pequeños, con frente ancha y nariz chata viene anual- mente; muchos hombres, mujeres y niños, en la frontera de Siná. Se llama Sesata. Traen consigo unos grandes bultos en cestas formadas de cañas y hojas. Permanecen en la frontera, se hacen las camas con los bultos citados y celebran dias de fiesta. Luego vuelven al interior de su patria.» El sistema chino de rehusar toda clase de relaciones con otros pue- blos, contribuyó esencialmente á guardar ese pueblo de cualquier influen- cia estranjera. En los tiempos modernos, solamente fue posible penetrar en aquel vasto imperio (rodeado desde el año 214 antes de Cristo por la célebre muralla, de la cual ha hecho mención Amiano), y se adqui- rieron noticias más detalladas acerca las condiciones de la cultura china. La historia de los chinos empieza con el célebre filósofo y maestro de moral Confucio, á mediados del siglo vr antes de Cristo. Entre los muchos escritos que verdaderamente dejó, ó que se le atribuyen, des- cuella el «Schuking,» colección de antiguas tradiciones arreglada histó- ricamente. Considerando las máximas de este autor acerca la vida terrenal y la inmortal, se deduce fácilmente que la cultura de los chinos estaba á grande altura ya en tiempo antiguo, y más aun de lo que lo está al presente. El imperio estaba dividido en nueve provincias, y producía oro, plata, hierro, estaño, cobre, piedras preciosas, perlas, concha, seda, algodón, cáñamo, madera de varias clases, muchísimas plantas y muchas espe- cies de animales, lo que producía una industria extraordinaria. Los tributos de los isleños consistían en pieles y prendas de vestir. El áspero clima del país en las regiones septentrionales, los hielos, las abundantes nieves, el cambio repentino de grande calor á un frió exce- sivo, al cual están expuestas también las regiones del Sur, debían ejer- cer grande influencia en el traje nacional. Las muchas prendas, hechas á manera de batas, chalecos y chaque- tas, de las que se visten todavía los chinos de la época actual de ambos sexos, eran para ellos necesarios en los más remotos tiempos. 370 GALERÍA DEL ARTE DECORATIVO Los chinos son prácticos; su objeto es siempre la utilidad material; no tienen afición ni están dispuestos para las verdaderas bellas artes. Contemplando siempre las formas ofrecidas por el reino animal y el vegetal de su patria, y hasta aquellas de los productos de las montañas en el interior del país, se formaron un gusto original, muy diferente de la belleza estética. Aunque sepan emplear con suma habilidad cualquier materia, nunca, ni en sus edificios, ni en sus muebles se extralimitó la perfec- ción puramente técnica. Entró el buddismo en la China (246-210 antes de Cristo) y parece que desde entonces haya tenido allí alguna influen- cia el arte indio. Sín embargo, no remontan más allá de la Edad media del Cristianismo los edificios en los cuales se reconoce esa influencia. La torre de porcelana, que mide 200 pies, en Nanking, fue cons- truida entre 1412 y 1431 déla Era cristiana. En ella no hay más arquitectura china antigua que por lo referente al conjunto y efecto general; lo mismo se puede decir de las llamadas Pá-lu, ó sea puertas del recuerdo. Al contrario las tumbas, que se parecen á unos islotes cónicos eri- gidos sobre guirnaldas de piedra, presentan, sin la menor duda, toda- vía la primitiva forma de los fúnebres monumentos chinos. FIN DEL TOMO PRIMERO wÉdWMóriid •'•• * + * ' • , /•'~A í i (S, fe) )tfié i (C ?) ) i 1 I