INSTITUTO AMATLLER | DE ARTE HISPANICO | SAN IGNACIO EN MANRESA ÁLBUM HISTÓRICO ESCKITO É ILTJSXRA-DO é POR PADRES DE LA COMPARA DE JESÚS con las licencias necesarias BARCELONA. —i89i Imprenta de Hen ric h y C.^, en comandita SUCESORES DE K. RAMIREZ Y COMPAÑÍA Pasaje EscuJilIevs, 4 Es propiedad. )oaüDDMxxxi )omD^xmi i - Fototipia Suc. lUmlrez, Barcelona VELANDO LAS NUEVAS ARMAS INTRODUCCIÓN Bajaba S. Ignacio de la montaña de Monserrat el día 25 demarzo de 1522, y á poco trecho del mo¬ nasterio, cerca de la ermita de los Santos Apósto¬ les, encontró un grupo de cuatro mujeres y dos mancebos, ahijados de una de ellas.—«¿Hay por aquí cerca algún hospital donde me pudiese reco¬ ger?» preguntó Ignacio á la que parecía más prin¬ cipal.—«El más cercano, contestó, está á tres leguas de aquí en la ciudad de Manresa, en donde nosotras vivimos. Si vos gustáis de retiraros allá, yo misma os acomodaré como mejor sepa y pueda.» ■—«Dios os pague el ofrecimiento», repuso el Pere¬ grino; y se fué tras ellos cojeando del pie derecho y con gran fatiga.—«Subid en este nuestro jumen¬ to», le dijo Inés Pascual (que así se llamaba la buena mujer) edificada de su compostura y ad¬ mirada de traje tan grosero en porte tan señoril. [N.° 1 J INTRODUCCIÓN Mas Ignacio lo aceptó ni un solo paso. Otros no deseos y otros pensaniientos revolvía. El día antes había dado su cabalgadura al monasterio; su rico vestido, basta la camisa, á un pordiosero; la espada y la daga, el cinto y el talabarte dejaba colgados ante el altar de su Reina y Señora; y el valiente D. Iñigo, el hijo de D. Beltran Yáñez de Oñaz y de Loyola y de Marina Sáez de Licona y Balda, el paje del Rey Católico, el soldado más esforzado de D. Antonio Manrique, el defensor del castillo de Pamplona contra Enrique Labrit y Andrés de Fox, el entonces graduado capitán de infantería, boy con los honores perpetuos de Capitán general, bajaba la cuesta con una cadena de hierro á raíz de las carnes, un sayal de jerga sujeto á la cintura con nna soga de espadaña de tres ramales, una alpargata de esparto en el pie que le quedó lastimado de la herida recibida en Pamplona el lunes de Pentecostés á 20 de mayo de 1521, descubierta la cabeza, suelto el rubio cabello y desgreñado, y en la mano el bordón con su calabacita de peregrino... La noche la había pasado parte en pie y parte de rodillas, velando sus nnevas armas ante la Virgen de Mon- serrat. Aún se conserva allí la lápida conmemo- ! INTRODUCCIÓN [N." í] rativa que puso Fray Lorenzo Nielo en lü03. Ba¬ jaba Iñigo lleno de Dios y rebosando júbilo con su nueva librea. Mas á una legua del monasterio le alcanza un alguacil, y le pregunta:—«¿Es verdad que habéis dado vuestros ricos vestidos á un pobre que asi lo jura, y está en la cárcel por la¬ drón?» Demudóse Ignacio, perdió la voz, y llo¬ rando dijo:—«¡Ay de mí, pecador, que no sé ni puedo hacer bien á mi prójimo, sin hacerle daño y afrenta!» Y respondió que sí. Y prosiguió su camino hacia Manresa... Yamos en pos de él. Man¬ resa es para Ignacio lo que el monte Sinaí para Moisés, lo que el monte Alvernio para S. Fran¬ cisco de Asís. El original de esta fototipia es un magnifico lienzo de 3'92 metros de alto por 2'50 de ancho, i que se ha puesto recientemente en el altar del 1 Santuario de Monserrat, dedicado al Patriarca de la Compañía de Jesús. Al pie y en letra bastar- > dilla hay esta leyenda: M. Coronas. S. J. i89i. > 1 i É A LA VISTA DE MANRESA Al subir del Rajadell y vencida la montañuela que separa este arroyo del Gardoner, vió Ignacio por vez primera, á la luz del sol poniente, la bendecida ciudad de Manresa que él había de inmortalizar. Asentada al rededor de una colina, á la altura de 47;3'65 metros sobre el nivel del mar, de cielo claro, de aires puros, de temple nada desapacible, no contaba á la sazón más de mil ó mil do.scientas familias; pues acrecentada en el siglo XVI, sólo tenía, en 1594, novecientas sesenta y tres casas repartidas en veintiocho calles y plazuelas; y un siglo después, en 1079, subía á cuarenta y tres calles con mil ciento y sesenta casas, según el Códice de Canyellas, que se guarda el archivo de la Seo. Agradóle al devoto en Peregrino el aspecto de la ciudad, y sobre todo á la vista de tantos templos, se le ensanchó el cora¬ zón. Dejando á un lado la torre que llaman de [N.° 2] Á LA VISTA DE MANRESA Breny, cuyos vetustos paredones lame el río Car- doner, donde sus aguas se juntan con las del Llobregat, vió á su derecha en la más alta cum¬ bre el castillo ó masía de la Culla, y en la ribera más honda el priorato ermita de San Pablo. Vió y en la misma linea el antiquísimo monasterio de Santa Clara, albergue de penitencia para las hijas de S. Francisco de Asís desde el siglo xiv, y de las religiosas de Sto. Domingo desde 1602. Más adelante vió la parroquia de San Bartolomé, que ya existia en el siglo xiii, la cual el mismo día del Santo Apóstol de 1582 se cedió á los religiosos Capuchinos. Dejó á la izquierda las capillas de Santa Catalina y San Cristóbal, en cuyas inmedia¬ ciones hubo en la Edad media un monasterio de San Crodegundo, del cual fué último Prepósito en 1228 Fr. Geraldo Levita. Enfrente miró con mara¬ villa lagrandiosa mole de la Seo, que se yergue en campanario, que la cima de la montaña, sin el no se levantó hasta muerto S. Ignacio, y con los ventanales cegados entonces, pues no se han abierto hasta nuestros días. Por encima de las casas vió asomarse tres iglesias antiquisirnas; San Andrés, que se labró en 1080 cuando la repo¬ blación de Manresa, San Miguel, de primitiva trazabizantina, reedificada en 1384; y Santo Do¬ mingo, labrada la primera en 1821, y la que hoy À LA VISTA DE MANRESA [N.° 2] existe 1412; y descollando sobre todas vió la del en Carmen, fundada en 1314 en el castillo de Reca- redo. Manresa, la antigua Minorissa, la cuna de la reconquista catalana en el siglo ix y de la inde¬ pendencia nacional en nuestro siglo, fué la cuna de S. Ignacio y de su Compañía, fué su segunda madre, fué su Iglesia primiliva. Aquí le estaban esperando Dios con sus misericordias, el ángel de Manresa con su protección, la Reina de los ángeles con los brazos abiertos en el Santuario de la Guia. Harci·loM HSauemcíz,i, KutúipA GUÍA SDELÑOARA NUESTRA NUESTRA SEÑORA DE LA GUÍA Está situada en la derecha margen del río Cardoner y al pie del puente de piedra que introduce en la ciudad. La Imagen está pri¬ morosamente labrada y nuevamente renovada: el divino Niño, sentado sobre el brazo derecho de la madre, extiende su manecita como señalando la Santa Cueva. Su culto anterior al año es muy de 1488, y aun pretenden algunos autores que, al construirse el Puente viejo, los trabajadores edificaron una cabaña en que se guarecían ellos y guardaban sus herramientas; y que esta cabaña se trocó siglos más tarde, disponiéndolo así el Señor, en morada de la Reina de los cielos.—Ce¬ lebrábase su fiesta anual el 25 de marzo de 1522, con piadosa algazara y gran concurso de los pueblos á la redonda: y al caer de la tarde, llega S. Ignacio de Monserrat, fatigado, andrajoso [N.° 3] NUESTHA SEÑORA DE LA GUÍA y vestido de sayal. Entra en esta ermita, ora largo ra-to y se le aparece la Virgen y le alienta á perseverar en la penitencia comenzada, y le señala la. Cueva en que seria gusto suyo y de su Hijo se retirase. Mucho duraba la oración, anochecía por momentos, el ermitaño ó custo¬ dio agitaba las llaves para indicar al devoto peregrino que saliese, cuando oyó una voz dulcí¬ sima que decía: Márclmle, Ignacio, y cumple tu deslino, y otras palabras que no pudo compren¬ der. Ignacio se levantó y fuése al hospital de Santa Lucía.—Desde entonces es fama en la ciu¬ dad que la Virgen miraba hacia la Cueva; quiso probarlo el P. Pineyro, Rector del Colegio de Belén de Barcelona, delante de testigos en -1689; varias veces cambió de postura á la Santa Ima¬ gen, y otras tantas tornó Ella á su primera posición. Hoy por nuestros pecados no acaece esta maravilla.—El antiguo santuario se reedi¬ ficó á principios de este siglo; derribáronlo sin necesidad al hacerse el ferrocarril en 1856, y reconstruido felizmente en 1861, sobre las rui¬ nas del antiguo aunque en diversa dirección, fué trasladada con gran pompa la milagrosa Imagen desde la Santa Cueva en que se hallaba, á su nueva ermita, el día 23 de marzo de 1862, de dulce recordación para todos los manresanos. tÍ'.•■ír:W;' u ; - .ç^íÇ ■■ :f-' .. Á ';-<- ■■■ íS:-;!-', ■ ■ :■ ■ v^^;, -í--» ' ■■-íW ■■ r. ;•. < ■ . . -í- -V ."^v- P&-'' '■---. ■ ■ ■ A;r •„. : • ■ ;. ■:a''^íV^- ■:• : -.:AA ■ ■• ■■ .¡(i- ■ ': w '■hÍ7 . -■, - jfí. — : " .■ ( f .-a "I' LA CRUZ DEL CARDONER Asiéntase esta venerable Cruz á la orilla dere¬ cha del rio Cardoner, entre el Puente viejo y el santuario de la Guía... ¡Oh lugar Verdaderamente santo! Un dia entre otros iba Ignacio á una er¬ mita que estaba fuera de Manresa como un tercio de legua, y transportado en dulce contempla¬ ción, sentóse cabe el camino que pasa á la ribera del Cardoner y puso los ojos en el agua. De súbito se le abren los cielos y ve visiones de Dios. Ve, digo, sin imagen alguna sensible, tan altas y soberanas cosas así de las sobrenaturales que pertenecen á nuestra santa fe, como de las cien¬ cias naturales que se alcanzan por estudio, que anciano de más de 62 años afirmaba que, «jun¬ tándose en uno todo lo que por estudio de los libros, por experiencia de las cosas, por revela¬ ción divina había recogido y entendido, no llegaba á lo que e.sta sola vez, en la orilla de este río, le [N." 4] cnüz niíL CAnCoNuR comunicó el Señor»... ¡Cuán trocado quedó de esta visión! Todas las cosas del cielo y de la tierra le parecían otras; á sí mismo se desco¬ nocía, viéndose tan alumbrado y mejorado de ¡Tnproviso. Muchos autores creeu que vió la esencia divina, como Moisés y S. Pablo.—Vuelto en sí al cabo de buen rato, echóse de rodillas de¬ lante de esta Cruz y dió gracias al Señor.—Mas he aquí que se le aparece en el aire una hermosa y resplandeciente figura, llena de muchos á ma¬ nera de ojos. El aspecto es de culebra : Ignacio reconoce al demonio que le quiere engañar y dársele por autor de aquella luz y regalo. Con la virtud de la Cruz que estaba adorando, quedó tan superior á la maldita serpiente, que con el báculo que traía la apartó de sí con gran facilidad y señorío. Y de aquí en adelante, siempre qiie se le presentaba aquella engañadora belleza, que era muy á menudo, la desviaba con un amago de su bastón.—Que esta prodigiosa revelación la tuvo S. Ignacio aquí y no en el Tort, ni en el bal¬ cón de San Pablo, como ha dicho algún autor ex¬ tranjero es cosa manifiesta ya por la tradición, ya por la autoridad de escritores tan diligentes como Roig, García y Fluvià, ya porque cuanto dicen Rivadeneira y Luis González de Cámara cuadra únicamente á esta Santa Cruz. La ribera del río. ! Lk CRtfZ DEL CARDÓNEa [N." 4] el camino que pasaba junto á él (esta encrucijada se decía tres camins/, la Cruz que allí estaba, la I ermita distante un tercio de legua de la ciudad, que podría ser San Pablo, ó Santa Catalina, ó la i misma Guía, el poner los ojos en las aguas, el ) profunde ferehatur de la corriente, todo conviene á este lugar.—Un muchacho desvergonzado de 3 los que decían Cristinas, encaramándose por el i astil y profiriendo no sé qué blasfemia, echó el remate de esta bendita Cruz en la corriente o del río. Presto sintió el castigo de Dios. El mo- y zuelo insolente .se cayó, y dando en la dura roca, a se quebró la pierna y se sumió en el agua. Fué ó merced de S. Ignacio que no pereciese en el acto ;1 en pena de su atrevimiento; pero de allí á pocos d meses falleció con muestras de pesar (1838). En ;e vez del remate de piedra, colocaron otro de hierro sobre un lindo pedestal en que se ven entalladas ;o las figuras de tres santos. Para perpetuar un su- la ceso tan divino, convendría poner en el zócalo 1- una inscripción conmemorativa. c- :'a 10 m ra o, É HOSPITAL DE SANTA LUCIA Pasado el Puente viejo y dejada á mano dere¬ cha la capilla de San Marcos, un tiempo hospital de leprosos, y desde 1454 hasta el presente siglo, propiedad de la cofradía del Espíritu Santo, de maestros curtidores, entró S. Ignacio en la ciu¬ dad, entonces amurallada, por el portal de Santa Lucía. Acompañábanle los dos mozos que diji¬ mos: venía con su nueva librea, saco de jerga atado con una soga, el un pie descalzo y el otro calzado, el cabello por peinar y una cadena de hierro á raíz de las carnes. No entraron más ufanos los triunfadores en Roma.—A 40 pasos del portal antiguo halló en la orilla del torrente Mirable, hoy de San Ignacio, el hospital é Iglesia de Santa Lucía. La Iglesia se conserva intacta: es gótica, arcos diagonales, todo del mejor gusto. Del hospital sólo queda la fachada al mediodía, y al norte nn paredón medio arruinado: tiene 1res [X.° 5] HOSPITAL DE SANTA LUCÍA altos ó pisos, y la cornisa es de piedra. Era el anochecer del 25 de marzo. Rogó D.® Inés á la hospitalera Gerónima Gavera (otros dicen Ula- dera) que acogiese á Ignacio y le diese aposento y cama, que ella cuidaría de la comida. Aquella misma noche, quitándose el hocado de la boca por darlo á J. G. en Ignacio, le envió sopa y ga¬ llina, que él repartió entre los pobres.—Aquí entabló su penitencia, de siete horas de oración, tres ó cinco disciplinas diarias, ayunos á pan y agua; los domingos añadía unas yerbas polvo¬ readas con ceniza, el sueño en tierra y por cabe¬ cera un tronco. El día gastaba en visitar las Iglesias y santuarios, en pedir limosna de puerta en puerta, distribuyéndola entre los pobres y quedándose con el pedazo de pan más duro y mohoso. — ¡Cuan blando con los enfermos! Barría las salas, hacíales la cama, lavábales los pies, cortábales las uñas, llevábalos en brazos, curaba sus llagas podridas y muchas veces chupó la podre que de ellas manaba, por más vencerse á si mismo. Con grande amor los alentaba al sufrimiento, pasando en su cabecera muchas ho¬ ras.—Acecháronle algunos curiosos, y le vieron á media noche de rodillas, levantados los ojos y manos al cielo, y que exclamaba ternísimamente: «¡Ay buen Jesús, si todos los hombres te ama- HOSPITAL DE SAXTA LUCÍA [N.° 5] ran!» Y se elevaba hasta cuatro codos en alto, y seguía en su oración, despidiendo de su rostro gran copia de luces. — Dos veces estuvo en este Hospital, y dos veces enfermó, y la postrera gra- vísimamente. El Ayuntamiento y lo más honrado de la ciudad se disputaban la honra de servirle. ¡Tanta opinión de Santo se hahia granjeado! Vino á trance de muerte, y el demonio le tentó de va¬ nagloria. Gemia él y suspiraba, y rogó á los pre¬ sentes le baldonasen y dijesen; «¡Oh miserable pecador! Piensa, piensa los delitos que has come¬ tido.» Y asi venció á Satanás. Esto le sucedía en este Hospital pocos meses después que vino á Manresa. ENTRADA PRIMITIVA DEL HOSPITAL Junto á lacapilla del Rapto, á mano izquierda, guárdanse como recuerdo precioso la entrada primitiva del Hospital y dos piedras que servían de poyos en la puerta. Sobre estos poyos, ora sobre uno, ora sobre otro, se ponía de pie San Ignacio, para enseñar los misterios de nuestra santa fe á los pobres y mendigos, á los niños y niñas, á los hombres y mujeres que de las veci¬ nas calles acudían á escucharle. Estas piedras son la primera cátedra, éstas el primer pulpito que ha tenido la Compañía de Jesús. Por esto se conservan con tanta veneración, que los devotos las tocan y besan, y no dudan de poner la boca donde el Santo puso los pies. Miden poco más de un palmo cada una, pero antes que se levantara el pavimento sobresalían mucho más. El portal tiene un metro y ochenta centímetros de ancho, con dos y ochenta de alto, de sencillísima labor. [n." g] ENTRADA PRIMITIVA DHL HOSPITAL A la parte de fuera vese todavía el arco del portal exterior correspondiente al de dentro, y más ancho que éste: en el espacio intermedio habría el atrio ó zaguán que nunca faltaba en las hos¬ pederías. Hoy está ocupado por las escuelas de niñas. Encima del portal — existia, desde el siglo xvir, un letrero esculpido en una tabla, qüe decía asi: Sirviendo en este Hospital—Igna¬ cio á gloria divina—enseñara la doctrina—en las piedras de este umbral. Recientemente se ha puesto la misma leyenda en lápida de una marmol. Dentro del mismo hospital componía las discordias de los pobres, apaciguaba sus riñas y les repartía la limosna que había reco¬ gido por la ciudad: luego sentaba con ellos á se comer, y á veces comía en mismo plato conun el más asqueroso. Un día, viéndole el enemigo rodeado de pobres y lleno de suciedad y de mugre, le acometió diciéndole: «¿Y qué haces tú aquí entre esta hediondez y bajeza? ¿poi¬ qué andas tan pobre y tan aviltadamente ves¬ tido? ¿No ves que tratando con esta gente tan vil, oscureces y apocas la nobleza de tu linaje?» Ignacio entonces, metióse más adentro entre los mendigos, y buscando al más roto y repugnante, se abrazó con él y no le dejó hasta que le dejó la tentación. En la entrada de la capilla hay otra ENTRADA PRIMITIVA DEL HOSPITAL [n.° 0] memoria de S. Ignacio: la pila en que tomaba agua bendita nuestro Santo. Sobre ella se lee esta marmórea inscripción: en esta pila — tomaba agua bendita —S. ignacio de loyola. Esta pila ha estado en varios puntos. En tiempo de San Ignacio estaría á la entrada de la Iglesia de Santa Lucía. LA CAPILLA DEL RAPTO Aquí sucedió aquel éxtasis, uno de los más admirables que se han visto en la Iglesia de Dios. San Ignacio, arrimado á la reja de la ven¬ tana que salía al cuerpo de la Iglesia, mientras oía las Completas que solían cantar todos los sábados los cofrades de Santa Lucía, fué arreba¬ tado en espíritu, y con la vehemencia del amor perdidas las fuerzas y el aliento, cayó desma¬ yado en tierra. Al principio lo tuvieron por un deliquio de los que solía padecer: mas después que pasaron dos, tres y cuatro días sin volver en sí, los puso á todos en gran cuidado no estu¬ viese muerto. Asíanle de las manos, tirábanle de los brazos, dábanle voces: á todo estaba como insensible. Los presentes, que era todo el Hos¬ pital, miraban con asombro á aquel pobre tendido en el suelo, vestido de saco, ceñido con una cadena, descalzos los pies, los ojos algún tanto [n.° 7] LA CAPILLA DSL RAPTO abiertos y levantados hacia el cielo, sonroseado el rostro, todo él respirando amor y devoción. Sigue un dia y otro dia, hállanle sin pulsos ni señal alguna de vida; con que tiénenle por muerto y determinan dar con 61 cu la sepultura. Pero quiso IJios que uno cayera en tocarle el corazón, (jue débilmente le batia. Dejáronle estar hasta el otro sábado á la misma liora, en (juc es¬ tando todos presentes al tiempo que se cantaba la Salve, despertó como de un sueño, y dando un amoroso suspiro, repitió dos veces; «¡Ay Jesús! i Ay Jesús!» (Del Sal Di de abril de 15'2'i, vis- pera del Domingo de llamos, según el P. Fita).— El aposento se consagró á S. Ignacio, y en Ib'JS se convirtió en capilla abriéndose la entrada y labrándose el frontispicio á la parte de la iglesia. L.o que viera en este rapto lo declarábala antigua pintura del altar: S. Ignacio tendido en el suelo como muerto, un ángel que lo entrega el estandar¬ te con el nombre de Jesús, y los cielos abiertos con toda su Religión. Los ladrillos cuque tuvo re¬ costada la cabeza defendiéronlos con una porte¬ zuela de plata y otra de liierro, y á los lados pusie¬ ron inscripciones, una latina á la derecha, y dos otra castellana, que se ha reproducido en mármol, á la izquierda. Las venerandas paredes y la ins¬ cripción latina tan antigua y de tanta autoridad. LA. CAPILLA. DEL RAPTO [N.° 7] han desaparecido: en su lugar han levantado una esbelta capilla gótica de preciosos mármoles, y se hanpuesto tres inscripciones de P. Angellini S. J., que dicen, trasladadas del latin: La del cen¬ tro: «Orígenes de la Compañía de Jesús.» La del Evangelio: «Aquí, donde Ignacio de Loyola, arre¬ batado fuera de sí por espacio de ocho días, vió cosas celestiales, se labró una capilla á comien¬ zos del siglo xvn: restauróse en 1823. (No seria el 23, en que no había jesuítas en Manresa, sino acaso el 33, en (jue se aseguraron las paredes.) Media 11 pies á lo alto, 12 á lo largo y 7 á lo an¬ cho.» La de la Epistola:« Al Dios óptimo má.ximo. En honor del Patriarca Ignacio, que enagenado odio días de los sentidos, quedó absorto en la contemplación de las cosas celestes, se ha erigido esta capilla y consagrádose en debida forma el dia 31 de agosto de 1885, con limosnas de los de¬ votos de S. Ignacio » Cubre los ladrillos un grueso cristal en que descansa la estatua de S. Ignacio yacente. Los cuadros que adornan el altar y las paredes, son obra del H. Sebastian Gallés S. J. IGLESIA Y COLEGIO DE SAN IGNACIO En el extremo occidental de la calle de Esco- dinas y en la parte más honda de la ciudad, vense juntos cuatro edificios consagrados á la me¬ moria de S. Ignacio: El Hospital de Santa Lucía, anterior al siglo xi; la Iglesia de Santa Lucía, de estilo gótico; la Iglesia de San Ignacio, fábrica del siglo xvin, y el Colegio de San Ignacio, obra del siglo XYii, uno y otra de arquitectura greco- romana. El frontispicio de la Iglesia es todo de sillares. Decórase la entrada con dos columnas dóricas, zócalo, pedestal y cornisamento, sobre el cual campea la gran estatua del ilustre Fun¬ dador. Sus ojos miran al cielo: en la mano izquierda lleva las Constituciones y con la dere¬ cha empuña el báculo patriarcal, que clava en la cabeza de Lulero. A uno y otro lado están artísticamente asentadas la Fe y la Esperanza. Dos ventanas y un rosetón dan luz á la Iglesia rN.° 81 iglesia V COLEGIO ÙË SAM IGMACtO que es de una nave con ocho capillas laterales y una hermosa cúpula en el crucero. Danle mucha gracia las pilastras corintias con su zócalo y pedestal de sillería, sus frisos de follaje y la cornisa con que remata. A la izquierda del cru¬ cero está la espaciosa escalera que conduce al Rapto. Comenzóse á labrar en 1750, suspendióse en 1767, se continuó en 1818 y no se concluyó el retablo de estuco hasta el 1831. Hoy se ha res¬ taurado todo y enriquecido con primorosos alta¬ res. En los del Santísimo Corazón de Jesús y de María venéranse en sendas urnas de cristal los cuerpos de S. Fortunato y Sta. Victoria, sacadas de lascatacumbas, traídas á Manresa por el H. Fran¬ cisco Bosch, y regaladas á los PP. por D. José Herp (1830 al 1832). La casa de los Sres. Herp encierra un tesoro de Reliquias, que envidiaría cualquiera catedral. En el de San Luis hay un Crucifijo misterioso. En el mismo punto que en Madrid mataban sacrilegamente á los religiosos de la Compañía, este Crucifijo se le cayó de las manos al Santo y dió en tierra sin quebrarse. ¡Justo sentimiento en tan injusta muerte! —Todos los años, comenzando la Vigilia de la Dominica de Pasión, se celebra un octavario solemne en memoria del Rapto, y con la misma pompa la fiesta del 31 de julio, á la cual hasta hace poco IGLESIA Y COLEGIO OE SAN' IGMACIO [N.° 8] asistía le Ayuntamiento en forma de ciudad.—Ade¬ más de la real Congregación del Corazón de •Tesús, de las primeras de España, hay la una de Ineses y .lavieras para las obreras de las fábricas. Es obra de mucho celo y edificación.— El Colegio lo fundó en 1616 Don Frey Lupercio de Arbizu, caballero de la orden de San .Juan, comendador de San .luan de Malta, bailío de Caspe en Aragón, dotándolo perpetuamente con la renta anual de 1,500 libras catalanas. Fué su primer rector el P. Diego Thonera, célebre mi¬ sionero. Enseñábase latinidad y filosofía. Para los estudiantes se fundó una Congregación de la Virgen Inmaculada, y otra para los eclesiásticos y ciudadanos de Manresa. Cerrado en 1767, se restableció en 1818 á instancia del Ayuntamiento. Otra vez suprimido1820, volvióse á abrir en en 1824; mas cerrado en 1835,no se tornó á en.señar hasta el 1864. Expulsados los PP. en 1868, toma¬ ron posesión última vez en 1877, para gran bien de la juventud y lustre de la ciudad de Manresa. Fototipia Suc. Ramirez, Barcelona CRUCIFIJO DE SAN IGNACIO T tí i CRUCIFIJO DE SAN IGNACIO á Consérvase actualmente bajo rico dosel en el Colegio de San Ignacio. Es de madera muy liviana: el rostro devotísimo, y bien labrado, lo restante del cuerpo de sencillísima escultura. Mide desde los pies hasta la coronilla treinta y cuatro centí¬ metros, ó sea palmo y medio, y treinta y cinco centímetros de mano á maiio. Las junturas de los In'azos están rotas y como desencajadas, los dedos de la mano derecha y del pie izquierdo algo muti¬ lados, todo el conjunto infunde veneración. Lle¬ vólo S. Ignacio sobre el pecho desde el día que se convirtió, para continua memoria de la Pasión de su Señor, por el deseo ardiente de estar crucifi¬ cado con Cristo. En la Cueva y en el Hospital se lo ponía delante para orar: en las calles y plazas de Manresa donde había mayor concurso, se pa¬ raba, é hincándose de rodillas, platicaba de la eternidad del infierno, de los frutos de la peni- [>í.° 9] CRUCIFIJO DE SAN IGNACIO tencia, de la importancia de la confesión y comu¬ nión, con palabras de fuego que traspasaban los corazones; y cuando hablaba de la Pasión de Cristo con el Crucifijo en las manos, se deshacía en lágrimas, haciéndolas derramar á los oyentes, y con un vivo sentimiento repetía: «En sólo Cristo y su Cruz se halla verdadera alegría y con¬ suelo», y parecía que estampaba en los pechos, la Pasión que él traía grabada en el suyo.—Con este crucifijo se fué á Jerusalén, tornó á Barcelona, le acompañó siempre en esta ciudad, hasta que se lo quitó con hurto digno de envidia, su amigo Juan Pascual, hijo de Inés Pascual, quien regaló la armazón de la cruz á los Padres de la Compa¬ ñía. La cruzhoy se ve es obra harto reciente. que Guardábanlo posteriormente los PP. del Colegio de Belén de Barcelona; pero en la revolución del 35 lo entregaron en depósito á Mosén Joaquín Abadal, y hasta hace poco tiempo se veneraba en el oratorio de la cristianísima familia del Dr. don José Solá y Abadal (q. s. g. h.).—Como traía en el pecho la imagen de Dios crucificado, ni más ni menos llevaba la de María Santísima al pie de la Cruz, herida de dolor y una espada que le atraviesa el corazón. Diósela al P. Araoz, dicién- dole: «Tomad aquesta imagen y estimadla en mucho, y no la deis á nadie mientras viviéredes: CRUCIFIJO DE SAN IGNACIO [N.° 9] porque habéis de saber que la be llevado siempre conmigo en todas mis peregrinaciones, y por medio de ella bame Dios becbo grandes merce¬ des.» Esta Dolorosa créese ser la misma — que S. E. el Cardenal de Zaragoza ba regalado gene¬ rosamente al Noviciado de Veruela. ? f r r Kototipin Slli'. llniiiiMV.. 11.11 .'i-lotia EL OBELISCO DE SAN IGNACIO 1 #|í?ÍlÍÍfci»Í»i í>-■>- •..• -i' .: • • ' '- • •.T;^..'..Tr<'í:t,,^--': .^.<=^. •/•"^•· - • ^T- •5.'^% i -^, ^'^'· o'^íí; 7- ^í .?",,■* 'a&iaèíí'^'* v" 'a^ts, .'1^. S.: ^■" -'^?,--í·<í?:,... .,J..... ./^ ^ jTí •áJ>' -c ' T^riX K.>^> i)í^,-"'íV^-í-t-7 .í' ■".' ^ •r^r&s-yi^ * ^ '*■ » ■r.v^.. •>-^..' . .'!ü»^ ; •-* *<**A--r» EL OBELISCO DE SAN IGNACIO A la izquierda de Santa Lucía, encima mismo del puente que da paso al arroyo de San Ignacio, hay una especie de pirámide de piedra con una cruz de hierro por remate. Es el primer monu¬ mento levantado á la memoria del ilustre fun¬ dador de la Compañía de Jesús. Aun no habían transcurrido treinta y un año.s de su muerte; no se habían incoado todavía los procesos de su beatificación, y ya su nombre se veneraba públi¬ camente en las calles y en las plazas de Manresa. -Mide este pequeño obelisco tres metros y vein¬ tisiete centímetros el astil ó aguja, y un metro y setenta y tres el zócalo con las tres gradas ó pel¬ daños del pedestal. He aquí la historia de este monumento tal como la trae el Códice Canyellas en su lengua nativa; «A est mateix temps (en 1587) lo atrás escrit P. Llorens S. Joan predica la quaresma en la Cathredal de la ciutat de Vich y [N.° 10] EL OBELISCO DE SAN IGNACIO vingué ab molta coneixensa de sa Illma. Don Joan Batista Cardona, Bisbe de Vich, de qual Diósesis es esta ciutad de Manresa. Lo cual volent decla¬ rar la devoci) que tenia al Sant y lo amor que tenia ais Pares de la Goijqpañia de Jhs, mana obrar y alsar una Piramida a modo de Aguila devant la porta del Ospital de Sta Lucia, manant esculpir al pedrestral de la Piramida un epitafio en llati».... El epitafio ó inscripción dice en cas¬ tellano. (En el Cuadro 1." A Ignacio de Loyola, hijo de Beltrán, cántabro, fundador — de la fa¬ milia sacerdotal de la Compañía de Jesús, el cual — siendo de edad de treinta años, por la defensa de lajmtria, en el cas'illo de Pamplona valerosa¬ mente peleó — y habiendo recibido mortales heri¬ das, por singular — beneficio de Dios curadas — inflamado en deseo de visitar — los santos Lugares de Jerusalén — se pniso en camino haciendo voto de castidad; — y asi, habiéndose quitado y dejado las militares insignias — en el templo de la — Madre de Dios, Maria de Monserrat — vestido de saco y cilicio y rasi desnudo — en este sitio desde alli, primeramente con ayunos, lágrimas (Cua¬ dro 2.") y oraciones mereció llorar las pasadas culpas, y comenzó á tomar — venganza de ellas como nuevo soldado de Cristo — Para conservar la memoria de tan grande hazaña, — para gloria de EL OBELISCO DE SAN IGNACIO [N.° 10] Cristo — esplendor preclaro de su Compañía — y Juan Bautista Cardona, natural de Valencia Ausonense obispo y electo de Tortosa, 2^or su — gran devoción — á dicho Padre y á su Religión — le dedicó esta lápida como á varón piadosísimo — y á quien tanto debe toda la Reqniblica cristiana, — siendo Papa Sixto V y Rey de España el católico y Máximo — D. Felipie II de este nombre. (Cua¬ dro 3.") Este monumento echado á perder por la huella injuriosa del tiempo, — siendo Pontífice Pío VI, Rey Carlos IV — y gobernador de la ciudad Ignacio de la Justicia, — eji testimonio de amor indeleble — dejó restaurado y encomendó á la Pos¬ teridad — el muy noble Ayuntamiento de la ciu¬ dad — de Manresa. (Cuadro 4.") -1799. .T. B. Car¬ dona murió en 1589. Fué obispo de Vich desde el 1584, y de Tortosa en 1589. Escribió el Laus S. Ignatíi, precioso MS. que se guarda en la Biblioteca nacional. Ayudó grandemente á Fe¬ lipe II en la formación de la real Biblioteca Escu- rialense. — Este obelisco se trasladó desde la puerta del Hospital á donde hoy se halla, sin duda cuando se construyó el puente, que no es de época remota. La huella injuriosa del tiempo ha vuelto á deteriorar esta pequeña pirámide. ¿Quién la restaurará? Holotipia Suc; Rnmlrex, Barcelcna SAN IGNACIO ANTE LA INMACULADA CONCEPCION s. IGNACIO Y LA INMACULADA CONCEPCION ¡Cómo dejarnos perder las loables costumbres de nuestros mayores! En la hoy plazuela de Santa Lucía, frente por frente á la calle de este nombre, lia habido desde tiempo inmemorial hasta el año 1859, en el frontispicio de la que llamaban Casa- joana, una capilla ó nicho en que se veneraba á S. Ignacio y á S. Juan Bautista á los pies de la Inmaculada Concepción. He aquí la historia de esta pintura; En tiempo de S. Ignacio se adoraba en esta capilla una imagen de la Purísima, y de¬ lante de ella se postraba el Santo al ir y volver del Hospital de Santa Lucía. En memoria de esta devoción se añadió en el retablo de la Virgen la figura de S. Ignacio: la del glorioso Precursor se puso por ser los dueños Casa-joana, ó sea casa de Juan. Esto representa nuestra pintura, sacada del lienzo que iiabía últimamente, copia de otro más antiguo, en el cual aun pueden verse rastros de [N." 11] S. IGNACIO Y LA INMACULADA CONCEPCIÓN una inscripción que había al derredor.—Dios trajo á S. Ignacio á Manresa para que se confirmase en la devoción á la Inmaculada. Sentimiento es éste de Nieremberg, que dice; «Y no fue sin particular providencia de Dios y favor de su Santísima Madre, llevar á S. Ignacio á Manresa, para que allí diese principio á. su fervorosa y milagrosa vida, confirmándose en la devoción desta Señora y principalmente de su purisirna Concepción, á vistas y oídas de aquel raro suceso, que aconteció en aquella Villa y está pintado en el claustro de la Iglesia Colegial que cada dia frecuentaba nues¬ tro santo Padre.» Cuenta la resurrección del canónigo Francisco Mulet en confirmación de este misterio, acaecida á 9 de septiembre de d4'28, y luego añade; «Toda esta historia está pintada en aquel claustro de la Iglesia, á que tantas veces ma¬ ñana y tarde acudia S. Ignacio; y ay en aproba¬ ción suya dos processos en la Inquisición de Bar¬ celona, poniue dos veces hizo aquel Santo Tribunal información desta historia, por pretender algunos la quitasen de.alli; pero, hecha averiguación, no lo permitieron los señores Imiuisidores... No dudo que Dios previno este milagro, para confirmar en la devoción (á la Inmaculada) á aquél que escogió por Capitán del escuadrón que de nuevo enviaba al mundo para defender y apoyar esta verdad.» s. IGNACIO Y LA INMACULADA CONCEPCIÓN [N.° H] (Claros varones, t. I, c. IV.) A Manresa debe pues Ignacio y la Compañía de Jesús su ardor por la Concepción Inmaculada. Aun resonaban en toda la ciudad las palabras den Mulet al Prior Rocafort; O Domine Prior, jo som estat devant lo Jay divinal, e som passat per las penas del Purgatori, que son molt forlas, c forn es'at damnat elernalment sino fos per la Sacra'issima Verge Maria, la cual jo saludaba fasentli oració quiscundia a una Ima'ge que jo ii habin feta fer molt bella; e asso per quant jo dil Mr. Mulet eslant en to es'.udi de Lleida, habia tinguda una grandissima error, so es, que la di'a Sacratisshna Verge Maria hera consebuda en pcccal original... (Cod. Canyellas, pág. 178.) No sólo Manresa y en Cataluña, jiero en varias pro¬ en vincias de España y en la Corte Romana andaba de boca en boca este prodigio, que alentó á los manresanos á defender más y más este Privilegio. Un siglo después que se partió de Manresa S. Igna¬ cio (en I6I8), celebrábanse en ella grandísimos re¬ gocijos, porque la Santidad de Paulo V mandaba que nadie públicamente enseñase ó mantuviese que la Virgen Santísima era concebida en pecado. Entonces se hizo aquel Jurament y promesa de Concellers y Conceit, que debe renovarse cada año y antes de tomar el oficio : Juram y votam sobre la Creu y los cuatre Sants Evangelis, que mentre [N.° 11] s. IGNACIO y LA INMACULADA CONCEPCIÓN que la.Iglesia nostre Mare altre no determine, sen¬ tirem y defensarem la limpresa de vostra Inma¬ culada Concepció... fins d perdrer la vida y la hacienda. El mismo voto y juramento había hecho ochenta años antes en París S. Ignacio de Loyola. —El lienzo que había últimamente lo guarda An¬ tonio Ribas, ferviente católico, en su casa de la esquina núin. 13. A esta casa, cuyo suelo es el mismo que holló tantas veces S. Ignacio, venía el Santo á pedir limosna, como es tradición de padres á hijos; y porque ésta no se perdiese, han puesto al pie de una Imagen de S. Ignacio esta leyenda: Es tradició de -pares a filis, que San Ignasi vingué en aquesta casa y a aquest mateix puesto, a demaná caritat. El caritativo dueño que daba limosna al P. Ignacio llamábase Pedro Puig. — Esperamos que pronto se restablecerá en la pared fronteriza á la plazuela, el lienzo y capilla antiguos con nuevo esplendor, á gloria de María Inmaculada y de su siervo Ignacio de Loyola. El y Ella ampararán este devoto vecindario, como lo bicieron el año 54, cuando el cólera diezmaba lo restante de la población. ¡Qué preces tan fer¬ vientes, cuántos rosarios se oían día y noche al pie de este retablo! Kntoti]>i« Suc. Ramiroz, Uarccloiiii CONVENTO DE SANTO DOMINGO CONVENTO DE SANTO DOMINGO Ya nohay convento, ni celdas, ni religiosos. La obra de quinientos años ha sido destruida en pocos días. El catolicismo levanta casas religio¬ sas; el liberalismo las derriba, y prostituye el sagrado lugar con teatros, cuarteles ó presidios. En este recinto cercado por ese vetusto muro, se fundó 1318, el día después del Nacimiento del en Señor, un grandioso convento, en los patios que pertenecían al pavorde Guillermo y á sus canó¬ nigos reglares. El fundador fué el P. Jaime Ale¬ mán, provincial de la Orden en la Corona de Aragón; y el primer prior fué el célebre Fray Juan de JjOtgerio, hijo del convento de Santa Gata- lina de Barcelona, é Inquisidor general de toda la Coronilla. ¡Cuánta virtud y cuánta ciencia flo¬ reció aquí en el espacio de cinco siglos! — Aqui estuvo dos veces S. Ignacio de Loyola; la pri¬ mera, cuando le trajeron del Hospital de Santa 1 [.V 121 CONVENTO DE SANTO DOMINGO Lucía, y á los pocos días le trasladaron á la casa de Amigant; la segunda, cuando se desmayó en Viladordis y fué transportado á esta bendita casa. Crecieron en la celda las congojas de su espíritu. «¿Qué es ésto?» se preguntaba el novel soldado de Cristo, ■ al sentirse ya seco y desabrido, ya excesivamente consolado. — «¿Qué camino es éste, por donde entramos? ¿(jué nueva empresa acometemos? ¿en qué guerra andamos?» Y con esto, le acosaron los escrúpulos de si se había confesado bien en Monserrat. Pasábansele llo¬ rando las noches y los días, no hallaba remedio ni con los ayunos y vigilias, ni con las disciplinas y penitencias. K1 peso de la tristeza le derribaba en el suelo, y le hacía gritar con dolorosos gemi¬ dos que llenaban la celda. Al ir á comulgar, súbi¬ tamente se retiraba teniéndose por culpado. — No osaba decir su pena al confesor, por parecerle este remedio sospechoso, sólo por ser suyo, con que creció la borrasca. El demonio, aprovechando el lance, le apretó fuertemente y le persuadió que para acabar de una vez se despeñase de la ven¬ tana abajo de su celda. «No haré tal, respondía Ignacio, no tentaré á mi Dios. Señor, Señor, ¿á dónde os habéis ido. » Y propuso no probar- bocado hasta vencer la tentación. Estúvose sin comer cuatro, cinco, seis, siete días continuos. 1 CÓNVEN'TO DË SANTO DOMINGO [N." 12 | i extraña constancia ! y esto sin dejar sus siete horas de oración hincado de rodillas, sus disci¬ plinas tres al día, etc., y aun estuviera más veces si no se lo prohibiera su discreto confesor Fi'ay Guillén de Pellarós. Se apaciguó su espiritu, pero al tercer día se recrudeció la pelea. Determinó por fin de sepultar la memoria de los pecados pasados, y con esta victoria alcanzó la paz.— Los claustros de las escuelas son posteriores á la época de S. Ignacio. ^ ^ ^ ^ "'í;:S=b '>|k- ' ^ ! t isJCSC " ^ ' i: -u l> *" . " T * s .r si ,a^ Síi^ -"Sv-ï e ^4,' - ?s . ^ >-' ^ -A, %'i - 5 tó ; , - -is- 3,\-M y (^vf^ If- ^^ k't! i -1 Sy, ^ -"st' Si, ií V «-á.'-. ^ ' ^■Síí^ ^.'.r^-sTic »ï?N Nò- J^ ïCi-at ,-•;- - • H vvS¿. ^ . 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