I 'i',V"iï»^îi;|- |< '.^ \\\ ^ i''l îÇkî'ôii*.'; ®Sg: iaiíí^^fes-.élííís-^- '■• ÍA". 3- iKsiSS'i'i-Si sSí^- im ïfli^ síSíSí i ; Ir ^ -7 4^ 0 >t¿.- ''· IHHMbfkk: Í;.->-jj* .- ■».;j=-ïri>;ç^.i --.^. , ^ V". ;-«\- l»I^^^S®a^>^-'í*:sÍ V ïí'·.^r-.í ··<^·^WíS·^^·<íf='^*'.·»^-S~•■'^» •• >'··^--:·A·}ff ·'' ^^^^ -.'"i ¿áí { i '^s h 'TC-:â-^m^ H·iCA'T'TS·.·iw -Î?.. i- ':-B^ . .Sií..-J^;í-ív'y:"--ív jf ' . NUEVA HISTORIA del SANTUARIO Y MONASTERIO DE ' Nuestra Señora de Montserrat POR eu p. D. F. DE P. GROSELLAS, o, s. B. DEL REFERIDO REAL MONASTERIO BARCELONA Tipografía Católica, calle del Fino, 5 1896 CENSURA ï APROBACIÓN ECLESIÀSTICA Muy Ilustre Señor; El infrascripto nombrado por V. S. para el examen y censura del li¬ bro Nueva Historia del Santuario y Monasterio de Nuestra Señora de Mont¬ serrat, he leído atentamente el manuscrito original de dicha obra, no en¬ contrando en ella concepto alguno contrario á la fe, moral y disciplina de nuestra Santa Madre la Iglesia. Su objeto no puede ser más digno y recomendable, cual presentar reunidos y ordenados los hasta hoy dis¬ es persos materiales que ofrecen antiguos autores, curiosos manuscritos y la misma tradición oral, para la completa historia de Montserrat desde el venturoso hallazgo de la Santa Imagen hasta nuestros días, á fin deque crezca más y más el culto y devoción de España, y de Cataluña en par¬ ticular, á la Divina Señora. Por lo cual, y por el espíritu de sólida piedad que respiran las pági¬ nas todas del texto indicado, estima el infrascripto muy conducente se autorice su pública impresión, salvo mejor parecer de V. S. Sabadell, II de Julio de 1896. Félix S.yrdá y Salvany, Piro. M. Iltre. Sr. Provisor eclesiástico de la diócesis de Barcelona. Barcelona, 15 de Julio de 1896. Vista la anterior favorable censura, concedemos permiso para la pu¬ blicación de la obra titulada : Nueva Historia del Santuario y Monasterio de Nuestra Señolea de Montserrat. el provisor vic. gen. Valentín Basarl. Por mandato de S. Sría.: Dr. Jaime Brugueras, Bbro. Serio. Canc» G censura y apeoiîagiôn APROBACIÓN Y PERMISO DEL PADRE ABAD GENERAL para la iaipeesión de esta historia D. Romaricus Flugi, Abbas generalis (]oiigregatioiiis Casinensis à ])rimgeva observaiitia Ordinis Sancli Benedictí. Cum Censor provinciíE Hispaniíe Congregationls nostrie nobis proba- tus examinaverit librum, oui lilulus Nueva Historia del Monasterio y Santuario de Montserrat, composilum a Rev. D. Francisco de Paula Cru- sellas, ejusdem Congregationis et Provincite Presbytero, et cuin lesta- tus nobis fuerit nihil obstare publicationi; imo valde utilem esse illius lectionem ad fovendara pietatem et devotionem erga Smam. Virginem, Nos his litteris pennittimus ut liber ipse typis maudetur, servatis cie- teris de jure servandis. In quorum fidem, etc. Datum Romie ad S. Ambrosii die 22 Martii 1896.—D. Romaricus Flugi.—D. Joannes Ma grané, Secret. AL LECTOI\ m CONVENiEííTE nos ha parecido escribir la Historia de Montserrat; y más que conveniente, necesario. Al¬ guien la escribió en su tiempo ; pero así como el Mo¬ nasterio quedó un día en minas, así también su histo- lia. Si se consultan arciiivos, ya apenas se encuentra la tan ponderada Perla de Cataluña, del Maestro fray Gregorio Argaiz. Si se registran antiguas librerías, raros son los ejemplares de las obras del abad D. Pedro de Burgos, y del académico D. Pedro Serra y Postiiis. Hasta nuestra hermosa Biblioteca Montserratina, ad¬ miración de los sabios, desapareció á principios de este siglo. f;En dónde hallaremos, piies, materiales para la formación de juiestra historia? Como las abejas, chu¬ pando un poco de cada flor, llegan á fabricar su panal; como el arqueólogo, piedra tras piedra forma un her¬ moso museo; de la misma manera que un anticuario pieza tras pieza llega á reunir un tesoro de preciosas an¬ tigüedades; así no será más la presente historia que una simple colección de noticias, referentes al Monasterio y Santuario de Nuestra Señora de iMontseia-at, recogí- « AL LECTOR das de en medio de los escombros de su destrucción, jamás bastantemente llorada. Poco será siempre cuanto se diga de Montserrat. Montserrat empieza y va unido con la reconquista de nuestra amada Cataluña, y tiene páginas por demás her¬ mosas é interesantes. La Virgen escogió esta Montaña para en ella ser honrada de los fieles : con milagros de¬ mostró ser ésta su hallazgo, y con voluntad el día de su milagros lo ha acreditado hasta nuestros días. Con mu¬ cha razón, pues, podemos debemos aclamarla Patrona de Cataluña. Su historia está como encarnada con el pueblo catalán, y si fuese posible hacer desaparecer la historia de Montserrat, mucho perdería la de Cataluña. Empieza con los Condes de Barcelona, y concluye con los Reyes de España. Monjas Benedictinas dieron prin¬ cipio al desarrollo del culto de la Santa Imagen, y Monjes Benedictinos continúan cuidando de ella, á pe¬ sar de haber transcurrido más de diez siglos desde que fué hallada entre las fragosidades de esta Montaña. Así como los lugares que con su divina planta pisó el Hijo de Dios, son lugares de bendición y gracia, de gracia y bendición fué siempre lugar este Santuario. Todos los Papas han derramado á manos llenas los tesoros de la Iglesia á los que en peregrinación han visitado los San¬ tos Lugares; tampoco ha habido Pontífice que los haya negado á los que visitan á Nuestra Señora de Montse¬ rrat. No ha habido rey católico que no haya sido espe¬ cial protector del país en donde tuvo lugar el misterio de nuestra Redención; todos los reyes de España han si¬ do, no sólo protectores de Montserrat, sino que se han •hecho no pocos el deber de visitarlo más de una vez du¬ rante su vida. A nuestra Imagen excelsa han venido á venerar los Santos más esclarecidos, y aquí han recibi¬ do grandes mercedes del cielo. De aquí han salido Mon¬ jes eminentes en todos los ramos del saber humano. AL LECTOB músicos famosos, embajadores, diputados, cardenales, obispos, generales y abades para otras Casas. De aquí salió el primer sacerdote que predicó y celebró el Santo Sacrificio en América. Aquí se erigió el primer Conser¬ vatorio de música del mundo. Aquí se conoció el mejor y más rico y estimado tesoro de alhajas, no sólo en va¬ lor, sino en mérito. Aquí... mas basta. Sirva la lectura de este ligero prólogo para hacer más interesante hi sencilla historia tenemos el gusto de ofrecer al pue¬ (|ue blo fiel, como prenda y fruto de la Santa Obediencia. Vale. f 1,- tv4i· r P ^ -=- 5| •Jt-Íif p >íhr ^ tv- ^"'-1 Víf •í- ■- A.^ 'Í^V'r X. » <í Pi ¡S«í=« ^ j? w ísr R íii"^ ; • inaf 3> "• 1-^ x-~ ü- 'VI f« ■»- vtfe^ ■íí- r' l -Vi > V ki4 ï- % ,^-ï í. .^> ;-w -. -».• JÎÇ'. ,.n- V ^ .'aàSïífeS ' -fsâ"" ^ jèfe" í v; • " ' > .'íí^píiv Pjp - _ ^■•-. <..• .• ..^/ •- •: .'J,-i)ï^-r, -¡_^' J • -•' /VS^/jï ^ '•■¿4áh .•yV5-#A J •á^'-' IS/Ü- I í í -í» r't '^i· ^ t, ^ i *t: /■ fc ^ y M 'VMPt 4í|í®^^ ■í^í·.'^:^ * î J< .J ^ ". -' . i: ír 5?,, ' . . . . _. -r > ; ^ ^ V ïí ^'> ' Í'Í' > •iV,".;- »/ "t /— < ..'i^;, .v«ifí-.KfV-A.s\.<->>^" •v·i,..---:^>í^·'·,a.>',.: ;-»/w xi-i.;„--;;îi>S-;-,;■; '••-^"•"'.·v..'%·^·/;---··,/r-i* , •r - >-JV , :*t5Í:,rW.; •^'■•■·,·· ^"^ i> "•-•/' -l'i •'•-^^-^•■-'-íV'i'M' /«■' . - ' ■ v>/ 'Tt rS-eÎSTL- ífj/ ' í < \ /o > l^f, ea-^.^ V' -K^.-. .i* - 'Wi· ' d-»$ -^k - >, "7'. í- píít î« "SívA ->> p fi- .^1 CAPÍTULO PRIMERO Montaña de Montserrat y origen de este nombre.—Vista de la Mon¬ taña.— Causa presunta de su forma.—Sus aguas. T El célebre Saiitiiario de Montserrat, tan famoso en Europa y Amé¬ rica, toma su nombre de un Monte así llamado, por sus elevados riscos y encumbrados peñascos, que se alzan rajados, cortados y partidos, como si se los hubiese asei'rado. El nombre Montserrat lee se en di¬ ferentes diplomas de los siglos IX y X, como en la donación de esta Montaña iiecha por el conde de Barcelona, M'ifredo el Velloso, al Real Monasterio de Ripoll en 888, en el precepto ó confirmación de esta donación por el rey Lotario en 982, y en la Bula del Papa Bene¬ dicto VI, 972, á favor del Abad del Monasterio de Santa en sito en esta misma Montaña Cecilia, (1). Lo más natural parece ser que la ver¬ dadera etimología de Montserrat deriva de sus propios riscos, ó por¬ que realmente figuran como aserrados, ó porque sus puntas son como dientes de sierra. Son de esta opinión gravísimos autores como Luís Moreri (2), Tomás Corneille (3), Jovin de Rochefort(4), el autor de las (1) Del Archivo de Montserrat antes del incendio. (2) Moreri, tom. 11), fol, 561. (3) Corneille: Diccionario Geográfico, palabra Montserrat. (4) Hochefort, citado por Corneille. 0 12 NTTEVA HISTORIA Delicias de Esparut, (1), y el insigne geógrafo de S. il. Bnizen de la Martinière (2), del cual son las palabras siguientes; "Es ella (liabla de esta Montaña) casi toda de peñas escarpadas, (ine son agudas y eleva¬ das á manera de dientes de sierra.» Juan Blaen (3) en sii Atlas ma¬ yor, dice: «Es uno de los más insignes Montes, ([ue ennoblecen, no sólo á la Provincia de Cataluña, sino á toda España, y aun á Europa, por la figura de sierra, que finge la aspereza de aquellos riscos, dándole el nombre.» El arzobispo Marca (4), dice: Inihi-Mons in duaspartes, uc si Serra scissus esset, unde illi nomen sinditur. El abad D. Pedro de Burgos (5), dice: «Llámase Montserrat, que es lo mismo que Mon¬ te-aserrado, porque parece que lo ha sido en la juntura y división de las peñas.» El cronista de España Jféndez Silva (6), dice: «A siete leguas de Barcelona, hacia el Norte, se descubren las Montañas de Montserrat, que significa Monte-Serrado por medio, como lo es.» Por último, pues sería nunca acabar, el célebre Oamós (7), dice: «Están á más de eso, aserradas sus peñas, por lo que se llama Ufontserrat. » ii: Este bellísimo Montetiene de circunferencia cuatro leguas, y unas ' dos de alto poco más ó menos. Desde el pico más elevado de la Mon¬ taña, en tiempo claro y despejado, se descubren las Islas Baleares, que distan ciento ochenta y una millas, esto es, ciento sesenta de mar, y veintiuna de tierra. El P. Er. fjesmes Reventós, que vivía á mediados del siglo pasado eu este Monasterio, en el cual ejerció mu¬ chos años el cargo de Bibliotecario, decía: «Que este .Monte, puesto en forma piramidal, tiene mil trescientas veintiséis varas de altura.» .Ajuicio de varios autores, los montes de Montserrat y lilontseny son los dos más elevados de Cataluña, á los (pie añade el cronista Puja- des el de San Lorenzo, situado entre Tarrasa y Caldas de Montbuy. De lo encumbrado de este IMonte, se puede inferir lo delicioso de su vista; pues dilatándola por Oriente y Mediodía, sobre el Mediterrᬠneo, con la extensión que se ha significado, y por Norte y Occidente (1) Cilado por La Martiniére. (2) La Martiniére, tom. V, púg. 512. (3) Blaeu: Atlas mayor, tomo: España, fol. 334. (4) Marca; Hispan., lib. 11, cap. xin, col. 206 y 207. (5) Burgos; Hist, de Montserrat, cap. i. (6) Méndez; Descrip. de Cataluña, cap. xxi.x. (7) Camós; .Jardín de María, lib. Vil, cap. i, pág. 281. DE MONTSKKllAT 13 liasta los montes de Valencia, Aragon y Pirineos, se la da hermosísi¬ ma su vasto horizonte con la variedad de objetos que forman las mu¬ chas poblaciones y diversos territorios del pais intermedio que domina. Por la parte oriental baña el sagrado Monte el río Llobregat, tan celebrado por los antiguos con el nombre Jñihricatus, que para besar¬ le el pie, tuerce su curso hacia Montserrat, y le continúa para des¬ aguar en el Mediterráneo, á una legua de Barcelona. Sube por esta parte el Monte desde la raíz hasta la cumbre, cubiei to de peñascos, en figura de columnas ó pirámides, que semejan pilones de azúcar. Estos riscos, entre lo frondoso de su verdor, hacen más admirable su extiañeza y más plausible su vista; pues se ofrecen como extendido anfiteatro de matizados obeliscos. Continúan éstos su orden, rasgando como en dos partes el Monte, formando sus dos cumbres un valle, que antes se llamaba Valí-mal, por su gran fragosidad, y hoy de Santa María, por su Santuario; de donde en tiempo de lluvias se despeñan en varios saltos las aguas, que resonando en aquellas concavidades, dan lauto placer á la vista como música al oído. Por la parte de Mediodía se descubren aún peñascos mucho más variados. Unos se ven vestidos de árboles, y otros desnudos hasta de hierba; y sin embargo, de levantarse éstos desde el pie del Monte, no parece que se muestra éste más fragoso y menos accesible. Por el lado occidental, hasta casi media falda, ofrece á la vista el aspecto común á los demás montes; pero de media falda para arriba, le cubren peñascos extraordinarios con mayor fragosidad y aspereza, que no permite apenas lo huelle planta humana. Pero por la parte septen¬ trional, se excede á sí mismo en lo extraño. Campea allí la fantasía en mil ideas según la distancia. Pondré las mismas palabras con que lo pinta de mano maestra el arzobispo Marca (1), quien parece le te¬ nía seguido y mirado por todas partes. A latere Scftentrionis, dice, mitior est ría luxvriantUms arhorv.m frondil·iis fcrfctv.o virens, que ociilis l·lanàitnr 'per novas rnplum jíguras, qnœferc continum et incUvisdi in varios cuneos fast igiantv.r, ita nt liinc turrita caste¬ llà, ilUnc organornm musicorum tuhi, alibi eques insidens cquo, at- quc alie diverse Jig are exprimi videantur miro nature lascivien- tis opere, sen prolapsione. Hasta aquí son palabras del historiador D. Pedro Serra (2); pero á fin de que nuestros lectores puedan sabo¬ rearlo mejor, pondremos término al presente párrafo con la siguiente preciosísima descripción del Dr. Sardá (3). Dice así: «Por más des- (1) Murca, lugar citado: Descrip. Montis-Serrati, col. 207, n." 2. (2) Serra, lugar citado, pág. 29. (3) Sardé : Moniferraí. Noticias históricas fie este Santuario, pág. 10. 14 NUEVA HISTORIA cripciones geográficas ó poéticas que se lean, por minuciosos relatos que se oigan, hasta por bien sacadas fotografías ó grabados qne se contemplen, es imposible hacerse cargo de la impresión que en el ánimo produce la vista de la sin igual Montaña. Figúrasele á la ima¬ ginación, ora majestuoso altar con remates de afiligranada cresteria; ora colosal silla gótica de caprichosas labores; ora extensísima mura¬ lla dentellada y almenada y á trechos flanqueada de vistosos torreo¬ nes y contrafuertes; ora gigantesca cristalización química, en la que todos los grupos y elementos que los componen, afectan la misma con¬ figuración cónica ó piramidal. Cuando la niebla envuelve con sus hú¬ medos pliegues aquellos picachos ; cuando tendida y rozagante se la ve vagar de uno en otro, ya ocultándolos en parte, ya descubriéndolos, algunos de ellos semejan con toda propiedad amenazadores guerreros embozados en ceniciento alquicel, ó airados espectros que alternati¬ vamente se forman y se disuelven en la región de las nubes. El claro obscuro de la tempestad, ó las sombras del crepúsculo, les dan á esas rocas misteriosas, inmóviles y plantadas cnal aéreas pilastras, cierta entonación como de monstruosa fisonomía ; y si entre ellas serpentea el rayo, y retumba el trueno, ó silba con agudo alarido el liuracán, le es imposible al más indiferente espectador sustraerse á cierto vago terror, á cierta impresión de pavoroso respeto. "Y en cambio ¡oh poder inefable de Dios en las obras de su mano! esa misma decoración imponente y terrible truécase en risueña, y por todo extremo deleitosa, cuando la doran los rayos del sol, y la matizan en primavera los mil y mil arbustos de su vegetación frondosísima, y la embalsaman sus confortantes olores, y la animan por doquier el murmullo de las fuentes, los gemidos de la brisa, los gorjeos del ruise¬ ñor, los trinos de la alondra, y sobre todo los alegres cantares de la romería. Lo que fuera antes sombrío como una i)ágína del Dante ó un cuadro de Miguel Angel, es un momento después agraciado como un idilio, y fresco como una Virgen de Rafael." nr Aunque es cierto, que en el dilatado ámbito del mundo no faltan algunos montes que, con natural emulación, quieren competir con la santa Montaña de Montserrat, es cosa fuera detoda duda, que en rea¬ lidad ninguno de ellos ha podido copiar perfectamente las extrañas y maravillosas circunstancias de la nuestra. La más particular y primi- de montserrat 15 tiva es, que mientras las demás montañas suelen infundir pavor, ésta no sólo consuelo y espiritual alegria, sino que convida á la con¬ causa templación de las cosas celestiales. Con este blasón glorioso parece que quiso el Criador del mundo honrar y singularizar estos riscos y peñascos por la ternura que tan patentemente manifestaron en la muerte del Redentor Divino, rompiéndose sus insensibles entrañas como si se doliesen de la muerte de su Autor. DiSen, en efecto, algunos historiadores, que la causa de la sepa¬ ración de los expresados riscos, es el quebrantamiento de las peñas en la muerte del Salvador ; atribuyendo á éstas, la gloria que tuvie¬ ron otras, de acompañar con su quebranto el duelo general de las criaturas por el horrendo deicidio. Este parecer se ve autorizado por el antiguo Padre de la iglesia San Cirilo, obispo de Jerusalén, que floreció en el año 360 de Cristo, el cual dice las palabras siguientes: 1(1 (fwd hactenus Golgotha monstrat, ubi grogter Christum gctvie scissre sunt, me non traditionc, Mons ATbernm in Etruria, hi ex campania Promontorium ad littus Caietm, et in Tarracomnsi His¬ pània Montsereatus. Esta autoridad tan respetable está transcrita en la Historia del P. Roig, impresa en Barcelona en 169íí (1); y es indudable que un Religioso de tan reconocida respetabilidad, expro¬ vincial de la Orden de Mínimos y Cronista de los reinos de Aragón, no la i)usiera, si no la hubiese encontrado en alguna edición ó manuscrito muy recomendable. Además de esta tan grave autoridad, favorecen esta opinión otros no menos graves autores como el Venerable Juan de Palafox, obispo de Osma (2), quien afirma ser ésta una tradición muy antigua en este Principado ; de la misma manera lo notaron don Miguel de Calderó (3), el dos veces jubilado Padre de Provincia y Calificador del Santo Oficio Fi'. Francisco Serra (4), el cronista de España D. Rodrigo Méndez de Silva (5), diciendo: .¡Que esto es sen¬ tir de graves autores." El P. Ph-ancisco Crespo (6), en un memorial dirigido al rey P'elipe I V por la Concepción Purisima de María, que anda impreso, dice: «Monumento perenne de nuestra fe, pues se di¬ vidió al morir el Autor de la vida, rompiéndose en varias partes esta Montaña, como en señal doloroso de la muerte de su Criador.» El P. Pr. Antonio de Santa María (7), carmelita descalzo, se expresa (1) Hoig y Jalpí: Epit. Hist, de la Ciudad de Manresa. (2) Palafox; Vida de la Infanta sor Manjarita delaCriu. (3) Calderó; Decis. criinin. Cathal., tomo I, pág. 35. (4) Serra: lAbano Mariano, lib. I, cap. x.xv, n.° 1.50. (5) Méndez: Descripción de Cataluña, cap. xi.\. (6) Crespo: Menior. al Rey Felipe IV, pág. 41. (7) Santa María: España triunf. por María, cap. xvu, fol. 159. 16 NT'EVA HISTORIA en estos términos: «Cuando murió nuestro Salvador en el árbol de la Cruz, extremeció este Promontorio sacro y se quebraron sus en¬ se cumbrados riscos, siendo objeto de ternura para quebrantar corazo¬ nes de bronce; y en Montserrat se verificó lo que dijo San Mateo: Et term mota est, et fctroi scissce sunt. Cierto que no lo extraño, cuando he visto aquel sagrado Monte; porque si no es por tan justo sentimiento, ¿cómo es posible tan desquiciados los riscos, tan que¬ brantadas las peñas, y en el aire; tanta deformidad en los pedernales, y tanta desigualdad en los mármoles? No es posible. Ni pudo la na¬ turaleza sacar á luz tanto asombro ; y menos que con la muerte de Cristo, no es posible que hubiese allí tanto quebranto de riscos, ni tan desconcertados vagios, ni pirámides más toscas, ni más eminentes torres, que son asombro del mundo y asombro de la naturaleza." No es, pues, extraño, que en vista de lo que acabamos de decir, el agus- tiniano Fr. Agustín Cura, después obispo de Orense, en su delicadí¬ sima é inspirada descripción de la Montaña de Montserrat, cantara en su nativo idioma déla siguiente manera: MoiUain'a prodigiosa Que 'n elevadas punías dividida, Sentires llastimosa Morir lo Autor de la mateixa vida : Y entre altres piinoipals dòcils montanvas, De sentiment romperes las entranjms. IV No menos que su figura, son también raras otras circunstancias de esta admirable Montaña. Aunque en su falda tiene copiosísimas fuentes de agua cristalina y dulce, y rarísimas de la mitad para arri¬ ba, de suerte que así los moradores del Convento, como los Ermita¬ ños, cuando los había, se han servido siempre de aguas pluviales re¬ cogidas en cisternas ; sin embargo, está todo el Monte hecho un ver¬ dadero jardín. Parece que en esto anduvo misteriosa la naturaleza, haciendo resaltar más el prodigio, con hacer ver, que de venas ocul¬ tas se fecundan las varias plantas que visten la Montaña y los mu¬ chísimos árboles que la hermosean ; que según el citado P. Eeventós, pasan de cuarenta las diferentes especies que se crían en esta Mon- aña, y de cuatrocientas las de aquéllas, hallándose algunas muy ra- DE MONTSEIIKAT 17 ras en entrambas. No es, pues, extraño, que admirado de tantas ma¬ ravillas, dijera en uno de sus inspirados cantos el P. Fr. Foi'cada, hijo de este Monasterio: «Rin agua, sin semilla y suelo poco, Arboles, plantas, hierbas, matas, flores. Las peñas visten de contento loco. Sin que el Agosto ofenda á sus verdores: Milagro es todo cuanto en ella toco, Obras son de los cielos sus primores ; Que aquí, como es María la hortelana, Medran las plantas sin industria humana.» Pll venerable abad D. Pedro de Burgos, después de expresar y referir este prodigio, busca la razón de esta esterilidad, 6 falta de agua, y discurriendo con su acostumbrada reflexión, dice del modo siguiente: «Y más es esto de maravillar por no haber fuentes en esta Montaña, si no es algunas de muy poca agua, y que casi vienen á faltar en tiempo de sequedad. Bien es verdad que se engendran aguas en ella como en otras montañas; mas como sea compuesta de peñas di¬ vididas unas de otras, las aguas se vienen á sumir, y caená lo bajo, como se ve por la experiencia en una fuente, que está bien alta á la parte de Santa Cecilia, que es un Monasterio muy antiguo en la mis¬ ma Montaña, á la parte de Levante y Tramontana, y unido al de Nuestra Señora de Montserrat. Y el agua de aquella fuente se siente caer entre las peñas, y no viene á salir á fuera, ni se ve; mas húndese á lo bajo. Y así es de de las otras aguas, las cuales vienen á creer salir al pie de la Montaña, á parte de Levante, muchas de muy buena agua y muy grandes, que mueven molinos con ellas, y en algunas partes se hallan debajo de esta Montaña concavidades más grandes y espantosas, donde algunos han probado de entrar, y bien adentro sen¬ tían ruidos de aguas que corrían." Casi todos los autores que han escrito sobre Montserrat, tratan de si esta Montaña estuvo antiguamente dedicada á la diosa Yenus, y si tuvo un templo donde le ofrecían culto los paganos. También en investigan si existieron castillos para defenderse la gente del país de las incursiones de los ínfleles. Nosotros sólo hemos venido á hacer historia de la Yirgen de Montserrat desde la invención ó hallazgo de su Santa Imagen. Por lo tanto, sobre lo primero remitimos á quien lo necesite á la Historia de Montserrat, escrita por el abad Munta- das; y sobre lo segundo, puede verse á D. Francisco Carreras y Can- 18 XÜEVA HISTORTA di (1). Para conduir el presente párrafo dignamente, bastará decir, que el Señor dispuso la naturaleza y forma de esta Montaña tan prodi¬ giosa y maravillosamente, que parece la tenía destinada y reservada para habitación y trono de una milagrosa imagen, en que su original, la Emperatriz de cielos y tierra, había de manifestar al mundo su po¬ der incomparable, haciendo en ella y por ella las más grandes mara¬ villas, Dispuesto así el trono, y adornado con las galas que le dió la naturaleza, con pasmo de cuantos le miran, sólo nos resta tratar de la Eeina y Señora que va á habitarlo, lo que vamos hacer en el ca¬ pítulo siguiente. CAPÍTULO SEGUNDO Barcelona esconde en Montserrat la imagen de María, conocida por la Jerosolimitana. — Fecha de su hallazgo.—Cómo fué descubierta.— Origen de su culto en Montserrat. 1 Era el siglo VIif; los musulmanes, como desbordado rio, inunda¬ ban y devastaban la infeliz España. Nuestras villas y ciudades ge¬ mían bajo el látigo de los feroces sarracenos. Nuestros templos y pa¬ lacios caían incendiados, y hasta Barcelona era presa del fiero invasor. Mas el fuego sagrado de la Religión y de la Patria no se extinguía por esto. Mientras unos empuñaban las armas y defendían palmo á palmo el suelo español, los demás cuidaban de poner á salvo las imᬠgenes de los Santos y los objetos del culto para que no fuesen profa¬ nados. Entre tanto, era general la desolación en las comarcas catala¬ nas. Posesionado el enemigo de todas sus ciudades y fortalezas, ce¬ bábase su furia con particular rencor en los objetos más respetables por su carácter religioso. Había por aquella época en Barcelona una imagen de María, llama¬ da por el pueblo la Jerosolimitana, que se cree haber sido venerada en el altar mayor de la primitiva iglesia ó catedral de los Santos (1) Carreras: Los Castells de Montserrat. Monografía en lengua catalana, pre¬ miada enlos Juegos Florales de Barcelona en 1890. DE MONTSEEEAT 19 Justo y Pastor, por el obispo San Paciano. El P. Mtro. Fr. Gregorio Argaiz (l) (según el Dr. D. Pablo Valls), después de suponer que es¬ ta Santa Imagen fué obra del evangelista San LucasJ que San Pedro la trajo á España el año 50 y la entregó al primer Obispo de Barce¬ lona San Teodosio 5 Etereo, y que había sido venerada por el obispo San Severo y Santa Eulalia, añade: Que á 22 de Abril de 718 (2) el obispo Pedro y el gobernador y capitán Erigonio la escondieron en la Montañá de Montserrat, donde permaneció oculta i)or espacio de ciento sesenta años, pasados los cuales, y hallada milagrosamente, cambió el nombre de Jerosolimitana con que había sido invocada, con el de la Montaña que tan célebre se hizo por ella en los fastos del Cris¬ tianismo. Por esto en los tres retablos principales de la actual iglesia de San Justo, construidos, el primero á principios del siglo XV, el segundo en 1724, y el tercero, que aun existe, á mediados de este si¬ glo, siempre se ha colocado la imagen de Nuestra Señora de Montse¬ rrat, representándola en cada uno, de modo que no pudiese dudarse de su invocación, y dando con ello testimonio auténtico de la tradi¬ ción referida." El Dr. Sardá, hablando de este asunto, dice : "Esta preciosa Ima¬ gen, que habían venerado Severo, nuestro ilustre Obispo, y Eulalia, la tierna doncellita sarrianesa, y todo el pueblo barcelonés, podía de un día á otro ser objeto de brutal escarnio por parte de los sectarios del Corán. Y aquella Virgen preciosa podía ser pasto de las llamas cuando pluguiere á los enemigos del nombre de Cristo. Y perdería Barcelona, y no vería jamás Cataluña aquella rica joya, primeras arras de su celestial desposorio cuando, por su conversión á la fe, de sierva del demonio pasó á ser esposa del Crucificado. Era urgente salvarla, y para eso era preciso trasponerla y ocultarla durante aquellos borrascosos días de desolación. La generación presente hacía el sacrificio doloroso de perderla de vista para conservarla al amor y devoción de generaciones más venturosas. E'ué unánime el pensamien¬ to entre los fieles ; y el Obispo y Gobernador cristiano de Barcelona se encargaron de su ejecución. Y el sitio escogido, por agreste y ase¬ gurado, para servir de nido á la fugitiva Paloma de los valles, fueron los derrumbaderos de Montserrat. La tradición fija en 22 de Abril de 717 el día en que el Obispo y el Gobernador, con muy pocas y secretísimas personas de su mayor confianza, escondieron en una cue- (1) Valls y Bonet, en nn pequeño opúsculo que publicó siendo Obrero de la parroquia de San Justo de Barcelona. (2) Esta fecha está equivocada; debe ser 717. 20 NUEVA IIISTOlîIA va oriental del Monte la imagen Jerosolimitana, que siglo de la parte y medio después, pasado 3'a lo más recio de la tempestad, quiso el cielo descubrir otra vez con maravillosos portentos á los fieles cata¬ lanes. Mas nó para volver á Barcelona, sino para que allí quedase, en aquel su singular palacio de rocas, como Eeina de él y de todo el Principado." ir "Después de siglo y medio,y entre tanto que desde las cimas del Pirineo se emprendía por los catalanes la reconquista de su profanado suelo, que si en lo restante de España duró ochocientos años, aquí no se prolongó más allá de una centuria ó poco más, serenábase rápida¬ mente nuestro horizonte, prosigue el Dr. Sardá (1), y en nuestras más bellas comarcas sólo restaban del pasado estrago huellas que el fervor y laboriosidad de los catalanes se encargaban de borrar á toda prisa. Era libre ya Barcelona y todo cuanto dominan desde su eleva¬ do asiento los picos de Montserrat. Bien podía ya salir de su arca de refugio con el olivo de la paz la divinal Paloma allí refugiada; bien podía amanecernos de nuevo á los devotos catalanes el Sol con tan prolijo eclipse obscurecido. Esta recompensa merecían el tesón y la fidelidad de aquellos invencibles campeones de la fe, que en tan breve plazo acababan de escribir con su sangre el glorioso poema de nuestra reconquista, en que ¡María! había sido su grito i)rimero de guerra, y la salvación de la fe cristiana en Cataluña el principal objeto de sus heroicos esfuerzos. Cómo, empero, le fué devuelta por el cielo á la piedad catalana joya de tan gran precio ; cómo y con qué prodigios quiso el Señor para gloria de su Madre acompañar el feliz hallazgo, cómo y con qué ardientes muestras de devoción y cariño correspondió siempre á este singular beneficio la piedad de nuestros mayores, lo diremos ahora. » Nadie nos pida documentos para comprobar la verdad de lo que va¬ mos diciendo; sólo existe la tradición, y tradición de diez siglos, que nos lo está predicando. Todos los autores que han escrito sobre este Santuario convienen en que la invención de nuestra Santa Imagen tuvo lugar siendo conde de Barcelona Wifredo el Velloso; mas no to¬ dos piensan igualmente en cuanto á la fecha de su hallazgo. Unos di¬ cen que fué hallada en 873, y otros en 888. En ésta la puso el Maes- (I) Montserrat, lugar citado. DE .MONTSERRAT 21 tro Yepes, no por sentirlo, sino porque acababa de escribir la historia de la Abadía de Eipoll, de quien dependía la de Montserrat, por do¬ nación de sn restaurador el conde Wifredo. Así lo confiesa, y por ser hecha la donación el dicho año, como es verdad; porque si entre las iglesias de esta Montaña era la primera y principal la de Nuestra Se¬ ñora, como se ve por las palabras de su hijo el conde Snñer, infiére¬ se de aquí claramente que la santa imagen de Maria era ya conocida y venerada, y por lo mismo descubierta. Nosotros,-creyendo andar más por lo cierto y seguro, fijaremos este acontecimiento al año 880, primero porque asi se ha tenido en consideración al celebrar el pri¬ mer milenario del hallazgo de la Santa imagen; y también porque asi estaba reconocido en un libro del Archivo, que tendría por lo menos seiscientos cincuenta y cuatro años, escrito en catalán, cuya relación empezaba asi; En lo temps del primer Compte ele Barcelona appe- llat Grife Pedos, V any BGGGLX'YX J'oncli trocada la Imatge de Madona Ganta Maria (1), Serra y Postius (2), dice: «Otrocódice muy antiguo he visto yo en el Archivo de Montserrat, también de pergamino con cubiertas de ma¬ dera, que empieza con el Calendario eclesiástico, después trae la Ee- gla del gran Padre y Patriarca San Benito, y luego se siguen varias notas, ya en latín, ya en catalán, y todo de letra antigua. Una de aquéllas, que está á más de la mitad del libro (no tiene folios), dice: Bn temps del Papa. Joan VIII, fon trobada la devota de Montse¬ rrat, any DGCGLXXX. Está recondido el expresado códice en el cajón 2, n.° 4.'- También he visto allí un tomo en folio grande manuscrito en idioma castellano, que contiene primero noticias antiguas y modernas de aquel Monasterio, principalmente de los bienhechores, y creo es más antiguo que otro semejante que tiene en custodia el Padre Sacristán Mayor, quien va continuando en él lo que la liberalidad y gratitud de los fieles ofrece á la Santísima Virgen. El epígrafe dice: «Catálogo de los Bienhechores de Montserrat, sacado de los originales del Archivo desde el año DCCCLXXX que se halló la Santa Imagen, hasta de presente." «En el año ochocientos y ochenta, continúa el mismo libro, cuando la Iglesia de Dios se halló casi en su mayor congoja ; nuestra España ocupada de moros; los griegos con su patriarca constantinopolitano Focio, le negaban la obediencia; los sarracenos fomentados por el ar- (1) Argaiz: Perla de Cataluña, pág. 24. (2) Epitome histor. del Monast. de Montserrat, pág. 42. 22 NUEVA HISTORIA zübispo (le Nápoles. Ataiiasio, talando toda la costa de Italia, con in¬ tención de ir á Roma, y poner debajo de sus infieles plantas la vene¬ rada Silla de San Pedro; y finalmente, el mundo todo un teatro de ma¬ les y una furia de insultos... En este año, pues, tan lleno de males, según el computo que más se ba ¡lodido apurar de memorias antiguas de esta Santa Casa, el Omnipotente Dios primero, y principal bienhe- clior de ella, con poi'tentos milagrosos y señales del cielo quiso que apareciese la Santa Imagen, que está ahora en el altar mayor, tan de¬ vota y milagrosa, para que fuese en este Monte el común y general emporio de su misericordia, en donde los mayores monarcas, los po¬ bres, los enfermos, los cautivos, los desamparados del divino y huma¬ no favor, y finalmente, los más descaminados y endurecidos pecadores hallasen su total remedio." Con estas tan como respetables autoridades, además las antiguas de Ludovico Monio (1), Maestro Argaiz (2), Dr. Giribets (3), y Rruzen de la Martinière (A), que son del mismo parecer, queda bastante pro¬ bado el verdadero año del hallazgo de la Santa Imagen. Muchos autores hacen mención de este milagroso acontecimiento sin expresar el año, como Villegas (5), Fr. Antonio de Santa Ma¬ ría (6), D. Eb-ancisco de la Torre (7), Beuter, Camós, Jordán, Mar- cillo y Méndez de Silva. III Si la naturalezase esmeró en la formación del ti-ono que debía ocupar la imagen de Nuestra Señora en Montserrat, parece también que el cielo quiso competir con ella en los medios con que se dignó revelar al mundo la Reina que había de ocuparlo. A la hora en que el astro del día cede su lugar á la melancólica lumbre de la reina de la noche, unos pastorcillos, que unos quieren que fuesen de la villa de Olesa, y otros de Monistrol, que no es cuestión de tanta importancia que en ella debamos entretenernos, guardaban según costumbre sus rebaños al pie de esta santa Montaña, bien ajenos por cierto de la (1) En ?u España : Descrip. de Montserrat, col. 207, cap. v. (2) Argiiiz, fol. 244. (3) Gïviheis: Descrip. de Montserrat. (4) La Martinière, tom. V, verb. Montserrat. (5) Villegas; Fractos Sanctorum, fol. 216. (6) Santa María: Patrocinio de Nuestra Señora. (7) La Torre: Símbolos selectos, 15S. DE MONTSEHKAÏ 23 alta dicha que iba á proporcionarles la Divina Providencia. Cuando más distraídos estaban, vieron unas como estrellas resplandecientes que del cielo bajaban á uno de los extremos de la Montaña, y venían a esconderse en el ángulo oriental de la misma, en la parte que cae sobre el río Llobregat. Era esto un sábado al anochecer. Al principio quedaron aquellos pobres pastores como atónitos y espantados, sin atreverse á revelar este secreto, y sin saber qué partido tomar. Die¬ ron largas al asunto y esperaron. El sábado siguiente á igual hora se les ofreció el mismo caso tan singular ; pero esta vez, á las estre¬ llas y luces que vieron el sábado anterior, se añadieron hermosos cánticos, que no podían salir sino de los mismos Angeles. Al llegar aquí no pudieron ya guardar más el secreto, develáron¬ lo á sus amos, quienes quisieron también ser testigos del prodigio. Al efecto, fueron el sábado siguiente con sus pastores al lugar indicado, y apenas el sol se había hundido en el ocaso, empezaron á brillar en él estrellas muy hermosas y luces extraordinarias, y oyéronse Angeles que cantaban preciosas melodías, haciendo comprender que aquel lugar ocultaba algún riquísimo tesoro. En vista de tales acontecimientos, el dueño de los pastores fué á encontrar al Obispo, que según la tradi¬ ción seria el de Vich, que por hallarse esta ciudad ocupada por los moros, vivía en Manresa, quien oídas sus sencillas explicaciones de¬ terminó ir en persona á reconocer el lugar del prodigio. El sábado siguiente, 2.5 de Abril de 880, salió de Manresa el obis¬ po G-otmár con gran multitud de sacerdotes y pueblo, y apenas lle¬ garon, entrada la noche, al lugar referido, se repitió el milagro, que todos presenciaron. Oró y gimió el buen Pastor para que el cielo le revelase su significación. A la mañana siguiente, domingo, dirigióse impávido al lugar señalado por las aparecidas estrellas, y entre ar¬ bustos y malezas encontró en una cavidad de la roca la imagen de María, la Jerosolimitana, la Barcelonesa, la agraciada Morena, la que en adelante con un solo titulo quería ser conocida y apellidada: Nuestra Señora de Montserrat. Es fama que un celestial resplandor inundaba la lobreguez de aquella caverna,rústico primer Camarín de nuestra bella Señora, y que al poner el pie en ella el anciano Pastor, oyeron los ecos de Mont¬ serrat por primera vez la Salve Regina, cantada por voces de Angeles y acompañada por el murmullo de las aguas del Llobregat; himno que desde entonces á igual hora hacen resonar bajo las bóvedas del San¬ tuario, envuelto en las armonías del órgano, los Monjes y Escolanes. Cuál seria el regocijo y admiración de aquella buena gente, que era testigo de vista de todos estos portentos; cuáles los cánticos de ac- 24 NUEVA HISTORIA ciôn de gracias y de alabanza á su Madre Santísima ; qué de plácemes y enhorabuenas darianse mutuamente aquellos felices cristianos, más fácil es á la imaginación concebirlo, que á la pluma medianamente ponderarlo. Organizóse en seguida una devota procesión; tomó en brazos el buen Obispo la Santa Imagen, no queriendo ceder á nadie el consuelo de llevar tan dulce carga ; treparon todos por aquellos riscos y veredas, hasta dar con el camino que desde el punto central de la Montaña conducía á Manresa; allí formaron todos á una el proyecto de colocar aquel_ precioso tesoro en la iglesia catedral de dicha ciudad (1). IV Otros empero eranios designios de Dios; otro era el plan de su adorable Providencia. Al distinguir á Montserrat con un sello de sin par magnificencia y de caprichosa y original hermosura, trazólo in¬ dudablemente para trono de su Madre, y esta era la ocasión de mos¬ trarlo con nuevos prodigios. Al llegar la piadosa comitiva al sitio que ocupa hoy una cruz de piedra con esta inscripción y fecha: "Aquí se hizo inmóvil la Santa Imagen, 880,» que cae en la misma carretera de Monistrol, debajo del nuevo Camarín, y al pararse allí para des¬ cansar un momento dicha comitiva, permaneció como enclavada la Santa Imagen en aquel lugar, siendo imposible todo humano esfuerzo para moverla. La que le era antes ligera al Prelado como leve pluma, habíasele hecho de súbito pesadísima é inconmovible como una de aquellas enormes masas de granito que desde los días del diluvio uni¬ versal, ó desde que el Salvadoi' expiró en la cruz, guardan en Mont¬ serrat su posición vertical, como mudos testigos del poder de Dios, cuyo dedoel único que los puso allí como á plomo y á cordel, y el es único que los hará desgajar un dia de su atrevido asiento. Clara mos¬ trábase con esto la voluntad de Dios ; visto era el deseo de la Virgen benditísima. Nuestra Keina no quería, nó, volver á ser ciudadana; placíale infinitamente más ser desde entonces montañesa. Desde allí quería Ella velar sobre su pueblo catalán, que en mágico panorama ve derramarse á sus pies, desde donde, como con cinto de plata y oro, rodea el mar toda su pintoresca ribera, hasta el áspero cinturón de hierro con que la separan de la vecina nación los enriscados Pirineos. Aquí, en esta singular Montaña, que es como el corazón de Cataluña, (1) Montserrat, lugar citado. GEUZ DEL TÉRMINO DE ÍMONÏSEEKAT 25 aquí quería morar perpetuamente la celestial Pastora ; que ninguna provincia ó comarca podrá mirarla exclusivamente suya con como desdoro de las demás, porque no pertenece en rigor á ninguna la que está sobre todas á tal elevación, que más parece cernerse sobre ellas en la región de las nubes, que ocupar punto alguno de su suelo material. Mil años ha que la Reina de los cielos ocupa esta Montaña, y mil años ha que de todos los pueblos del noble Principado, entre el fragor de nuestras luchas por la patria ó por la Religión, entre el sollozo que nos arrancan á menudo públicas y privadas calamidades, entre el regocijo de nuestras fiestas y el hervor continuo de nuestra laboriosa vida, sube sin cesar á este agreste palacio de flores, rocas y nubes la plegaria del buen catalán. No hay desde entonces casa alguna de nuestros campos ó poblados en que no se ostente en lugar privilegia¬ do la imagen de Nuestra Señora de Montserrat. Su nombre ocupa las páginas todas de nuestra historia, y su devoción todos los corazones verdaderamente catalanes. Cataluña y Montserrat aparecen desde entonces identificados, desde Wifredo el Velloso hasta los héroes del Bruch, que por primera vez derrotaron á Napoleón al pie de esta Montaña de Maria. He aquí por qué al llegar al sitio donde está edificada la actual iglesia, hizo inmóvil esta Santa Imagen, viéndose pi'ecisados, con¬ se tra su voluntad, á dejarla en esta misma Montaña donde había sido hallada. Es que la Virgen Jerosolimitana quería llamarse Maria de Montserrat; es que quería ser visitada en este lugar, y no en Manre¬ sa ó en otra parte alguna; es que quería ser la fiel Atalaya de Ca¬ taluña, y recibir desde este lugar de refugio los cultos y obsequios de sus estimados catalanes. NUEVA HISTORIA. CAPÍTULO TERCERO Descripción de la Santa Imagen.— Opinión de escritores ilustres sobre la misma.—Efectos que produce en los que la visitan. I Visto el hallazgo de la Santa imagen, con la cual quiso su Origi¬ nal Soberano consagrar esta prodigiosa Montaña, que con supersti¬ ciosas aras habia profanado la gentilidad (1), describiremos ahora el Sagrado Simulacro. Ya que dejamos á la santa imagen de Maria sen¬ tada en su Real trono de Montserrat, no será fuera de propósito que pasemos á contemplar y describir su hermosa y divinal figura. Muchos grandes historiadores han tomado á su cargo esta santa y gustosí¬ sima ocupación para copiarla en sus obras, y lo han ejecutado con tan singular primor, que todo cuanto queremos copiar y decir en este párrafo, ño vendrá á ser otra cosa que una imperfectísima descrip¬ ción de tan gran Señora. Dice el citado Serra y Postius (2): "De cuantas he visto, ninguna mueve más mi devoción, que la del principio del libro de los milagims de aquella taumaturga Señora; que como la hizo un Abad de su casa, dibujó bien sus facciones, pintándolas con estilo terso, pió y devotí¬ simo. Esto juzgo que movió alabad Yepes á transcribir sus palabras cuando quiso tratar lo que yo emprendo, y venerando el ejemplar de atitor tan grave, le imitaré á lo menos en este pensamiento. «Pues el principio fundamental de esta santa Casa, dice el abad Fr. Pedro de Burgos, que es el autor de aquella historia, aunque calló su nombre, tuvo su origen de aquella Imagen Santa de Nuestra Se¬ ñora, que milagrosamente se halló en la Cueva, y es ella la causa principal por quien la Reina del cielo y su gloriosísimo Hijo hacen aquí tantos milagros; para referir algunos, justa cosa será decir pri¬ mero algo de la hermosura y gravedad de su rostro, y de la forma y lugar que tiene. «Está, pues, la gloriosa Imagen en el retablo del altar mayor, en (1) Yepes; Crónica de San Benito, tom. IV, fol. 222, col. 4. (2) Epitome citado, cap. iv, pág. 44. hmmm.. COPIA DEL ORIGINAL DE LA SANTA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT DE lIOisTSERUAT 27 un tabernáculo de curiosa yrica labor, más alto que el del Santísimo Sacramento. Es figura de noble señora, de más que mediana una edad; pero la hermosura de su rostro es admirable, y llena de con¬ suelo, su gravedad inclina á reverencia; el color es moreno, y los ojos muy vivos y hermosos ; tiene autoridad celestial, y mueve á ve¬ neración tan grande, que los monjes, á cuyo cargo está el vestirla, apenas osan levantar los ojos para mirarla. Tiene á su Santísimo Hijo, en la proporción de un niño de tres á cuatro meses, sentado sobre sus preciosas rodillas, y la bendita Imagen de Nuestra Señora le pone la mano izquierda sobre su hombro izquierdo, y saca la mano derecha por el costado derecho, tanto que el Niño pueda verla. Tiene abierta la palma hacia arriba, como si en ella tuviese alguna cosa. Las facciones y rostro del glorioso Niño Jesús son del color y reve¬ rencia de su Sagrada Madre, en cuya gloriosa Imagen ha sido Dios Nuestro Señor servido de poner una Majestad tan del cielo, que no hay persona de las que aquí vienen, que en entrando por la puerta de la iglesia no sienta mudanza y alteración notable, pareciéndoles que pisan otro mundo. Algunos hay, que habiendo estado muchos años obstinados en maldades sin confesarse, en llegando á verla, encogidos los ánimos se convierten y mudan, y con dolor y contrición grande de sus pecados los confiesan y hacen penitencia de ellos; y este es uno de los mayores y más continuados milagros que aquí se ven cada día. "También los atribulados, y que por algunos desgraciados sucesos han llegado á punto de desesperarse, venidos aquí se consuelan y ali¬ vian ; de manera que, olvidados de sus trabajos, cobran nuevos bríos santos, para sufrirlos de ahí adelante con mucha igualdad de áni¬ mo. No les sucede menos bien á los que arraigados en las entrañas de la vanidad del mundo, menospreciadores de los Eeligiosos, muy sin propósito de serlo, en llegando á vista de esta gloriosa Imagen se convierten y hacen nuevos hombres, atropellando las grandezas y regalos de esta vida, y reciben el hábito con ejemplar devoción, ha¬ ciéndose Siervos de Nuestro Redentor Jesucristo y de su gloriosa Madre; cuya Santa Imagen hace tantas y tan grandes maravillas, que lo más que se puede decir de ellas es encoger los hombros y esti¬ marlas; ya que no como lo merecen las manos que las hacen, á lo menos como diera la flaqueza de nuestras fuerzas.» Hasta aquí la re¬ lación dçl abad D. Pedro de Burgos. 28 NUEVA HISTORIA ri Mucho se ha dicho en lo pero considero que no se dirá referido, menos calificará más lo y se expresado con lo que vamos á decir, transcribiendo también las propias palabras de varones respetables en ciencia y virtud que visitaron esta portentosa Imagen. El valen¬ ciano Jaime Prades (1), dice: «Es la Imagen de Montserrat muy an¬ tigua, y á ninguna de la tierra inferior; antes, por la virtud de Dios, que se manifiesta en ella visible, y más evidentemente á todas aven¬ taja.'- Y algo más adelante, continúa diciendo: «Porque es ella admi¬ rable en su aspecto; y aun hoy dia que tenemos los corazones llenos de su devoción, nos admira y espanta cuando la vemos." Y el abad Yepes, dice: «Esta Sagrada Imagen es tan venerable, que pone es¬ panto, y asombra á quien la mira." El P. Camós, hablando de ella, se expresa así (2): «Es su figura de una señora de mediana edad, con admirable hermosura en su ros¬ tro, y de tanta gravedad y consuelo, que inclina y mueve á reveren¬ cia á quien la mira, descubriendo una autoridad celestial en ella ; de tal suerte, que los monjes que la visten, apenas se atreven á levantar los ojos para mirarla." El cronista de los Eeinos de Aragón, el P. Roig y Jalpí (3), la describe de esta manera: «Es de rostro hermosísimo, grave, y tan majestuoso, que no sólo causa suma veneración á quien la mira, sino asimismo infunde un temor tan reverencial, que aun los Religiosos, á los cuales pertenece de oficio cuidar de su adorno y aliño, se acer¬ can á ella temblando. De mí aseguro con toda verdad, que en tres ocasiones que he subido á su Gamarin con devoción á besar su santí¬ sima mano, en todas fué tanto lo que temblaba, que nunca me atreví á mirar de hito á hito divino rostro. su fill P. Maestro Ifr. Pablo de San Nicolás, cronista general de la Orden de San Jerónimo (J), dice: «Infunde reverencia y temor á quien la mira." El P. José fi'ernández, de la Compañía de Jesús (5), se explica asi: «En llegando á este sagrado templo, á vista de aque¬ lla Imagen Soberana, que en hermosura antigua ostenta majestad ad- (1) Prades, lib. Ill, cap. ix, párr. 2.°, púff. 177. (2) Cuniós; Jardin de Maria, pág. 284. (3) Hoig y Jalpí: HiHoria de Manresa, pág. 81. (4) Sir/los fíeroniiníanos, tom. XII, lib. V.I, cap. lvii, iol. 473. (5) Vida del Ven. P. Pedro Claoer, pág. 27. DE IIONÏSEEEAT 29 mirable y ocultamente infunde veneración y tierno amor al Divino Original.» El Maestro Peñalosa (1), se expresa en los siguientes términos: "Es la Imagen de la devoción del mundo, Casa angelical, Tem¬ mayor plo de las misericordias de Dios.» El obispo Palafox (2): «Es de in¬ visibles gracias tan pródiga, que nadie deja de mejorarse en su pre¬ sencia, encendiendo los corazones, y con oculta fuerza se los lleva.» El P. Francisco Ortiga, monje de esta Casa (3): «Son infinitos los que sólo mirando el rostro de la Santa Imagen se convierten, así he¬ rejes como malos cristianos.» Otro monje de la misma Eeal Casa, el P. Fr. Lesmes Reven¬ ios (4), con la experiencia de cerca setenta años que estuvo en ella, dice así : «Apenas hay persona que aquí venga, que en entrando por la iglesia no se altere y mude de sí mismo. A unos les parece que todos se trastornan como atónitos, y se les erizan los cabellos, y les parece que entran en otro mundo nuevo. A otros de muy desconsolados y tristes, al arrodillarse delante de la Sagrada Imagen, súbitamente se consue¬ lan y alegran, pareciéndoles que todos sus males son ya acabados. Y á otros, grandes pecadores, los vuelve aquella gran Reina tan otros, que no encuentran sosiego, ni pueden decir que viven, hasta haberse confesado.» El P. ManuelMarcillo, jesuíta (5): ."-Es para alabar á Dios Nues¬ tro Señor, considerar la conversión de otros pecadores desalmados que acuden á este Convento sin pensamiento de mudar sus vidas, y entrando en el sagrado templo se ven vueltos y trocados; porque Nuestra Señora los hiere con dardos arrojadizos de compunción, y les envía deseos fervorosos de enmendar sus costumbres. Esto no sucede una ó dos Montserrat, sino innumerables.» «Y lo que es más, veces en dice el abad Heredia, se han convertido muchos herejes ocultos, en¬ trando en este Santuario... á vista de aquella Soberana Imagen, con¬ fesándolo ellos después." El abad Crespo (6); «En número de rarísi¬ mas conversiones, excede á todas las Imágenes del universo.» (1) Esccelencias del españal, excel. V, cap. xxi. (2) Tomo IV. Vida de Sania Margarita de la Cruz. (3) Descripción de Montserrat, M. S. (4) Historia de Montserrat, M. S., pág. 39. (5) En su Crisi., num. 67. (6) En su Memorial, pág. 44. 30 NUEVA HISTORIA No es menor sí experimentan personas de vi¬ la mudanza que en da ajustada. Díganlo Pedro Antón Beuter (1), el obispo Guevara (2), y el emperador Carlos V. «Habiendo, dice el primero, visitado la San¬ ta Casa de Loreto en la Marca de Ancona, y muchos lugares de devo¬ ción en Italia y y casi todos los de España, ninguno he ha¬ Francia, llado que tanta devoción traiga á los ánimos de los que allí se hallan, como éste. Y serme han testigos los que le hubieran visto como yo. Es cosa que no se puede decir, ni poner en escrito lo que sienten en sus corazones y almas los devotos que este lugar visitan." El segundo, dice asi: «Acuérdome haber estado en Nuestra Seño¬ ra de Loreto, de Guadalupe; de la Peña, en Francia; de la Hoz, en Segovia, y de Valvanera; las cuales Casas y Santuarios son todas de mucha devoción, oración y admiración. Mas para mi contento y con¬ dición, á Nuestra Señora de Montserrat hallo ser edificio de admira¬ ción, templo de oración y Casa de devoción. Digo de verdad. Padre Abad, que nunca me vi entre aquellos riscos ásperos, entre aquellos cerros bravos, y entre aquellos bosques ásperos, que no propusiera en mi de ser otro, que no me·'pesase del tiempo pasado, y que no abo¬ rreciese la libertad y amase la soledad. Nunca pasé por Montserrat, que luego no estuviese contrito, que no me confesase despacio, que no celebrase con lágrimas, que no velase allí una noche, que no diese algo á los pobres, que no tomase candelas benditas, y, sobre todo, que no me hartase de suspirar y propusiese de mi enmienda. ¡Oh, plu¬ guiese á Dios del cielo, y á Nuestra Dona de Montserrat, que tal fuese yo en esta tierra, cual propuse ser en esta santa Casa!" Del emperador Carlos V, refiere el obispo Sandoval (3), que ha¬ llándose en Montserrat, solia decir á sus Privados: «Las paredes de este Santuario están ahumadas (hablaba de la iglesia vieja), y siento de ellas tanta devoción y una cierta deidad, que no sé significar." No es, pues, extraño, que el P. Fr. Anselmo Forcada, monje que fué de esta misma Casa, en un momento de inspiración cantase las misericordias y larguezas de la Divina Señora, con los siguientes ca¬ denciosos versos : (1) Lib. 11, pág. 13, fol. 73 y 74. (2) Epistolce, fol. mihi 671. (3) Historia de Carlos V, tom. 11, fol. inihi 671. DE MONTSERRAT gj Esa Imagen Divina, ese portento, " Labrado en la oficina déla gloria, Es el timbre mayor de mi convento. De las obras de Dios, es la victoria : Alada inteligencia, á par de viento. La puso en este Monte, por memoria Del bello Original; que si es morena, Sombra será del Sol, de que anda llena. CAPÍTULO CUARTO Capilla en que fué colocada la Santa Imagen.—El obispo Gotmár cons¬ truye una iglesia.—Lo que era la iglesia vieja. I Historiada la invención de la Santa Imagen y demás hechos pro¬ digiosos tuvieron lugar antes y después de su hallazgo, parece que natural que nos ocupemos del lugar en que fué depositada, al dar la señal el cielo, de ser éste y no otro el ptinto destinado por la Divina Providencia para ser venerada la celestial Reina y Señora, y. derramar sus gracias y misericordias sobre España, y de un modo particular sor bre Cataluña. Según tradición, en 880, entre otras capillas, existía en este sar grado Monte la de los ilustres hermanos y mártires cordobeses San Acisclo y Santa Victoria. Como quiera que esta capilla estaba edifica¬ da á muy pocos pasos de distancia del lugar en que la Santa Imagen se hizo inmóvil, escogióse este lugar para que en él quedase ella co¬ mo en depósito, al menos interinamente. Al llegar á este punto se nos ocurre una dificultad, y es; ¿quién podría quedar encargado de su custodia? La respuesta sale por si misma, sin necesidad de ningún esfuerzo. En efecto, la misma tradición nos dice, como veremos en su lugar correspondiente, que en aquellos dias vivia en esta Montaña el ermi¬ taño Fr. Juan Garí. ¿Qué otro sujeto podía hallarse más á prapósito para el cuidado de la Señora? Además, ¿no parece cosa muy raciona} 32 NUEVA HISTOKIA pensar y creer que en Monistrol, pueblo situado á la falda de la mis¬ ma Montaña, habría algún sacerdote para atender á las necesidades espirituales de sus habitantes, y que de común acuerdo con el célebre penitente, y tal vez por mandato del propio Prelado diocesano, tendría á su cargo el culto y veneración de tan preciada joya? ¡Con qué gusto y satisfacción desempeñarían ese deber las personas destinadas á ejercer tan sagrado ministerio! ¿Duró mucho tiempo esta situación ó especie de interinidad? No es de creer. Duraria probablemente el tiempo que se necesitó para construir una nueva iglesia para colocar en ella la Virgen hallada. No es de creer que una Imagen descubierta á fuerza de prodigios y milagros de que fueron testigos tantas personas, fuese olvidada tan fácilmente. Seria hacerle una injusticia al Obispo que la llevó en sus brazos y á quien Dios dió á conocer ser su voluntad que fuese vene¬ rada en la misma Montaña, suponer que la dejó en la capilla de los Santos Mártires, no pensando-más en ella. Y los pastores y demás pueblo que vieron con sus propios ojos la Santa Imagen y las celes¬ tiales luces y oyeron aquellas angelicales melodías, ¿olvidarían en toda su vida portento tan singular? Al contrario, ¡qué plegarias, qué afec¬ tos de purísimo amor saldrían de sus pechos hacia tan prodigiosa y querida Madre! Desde el momento que el dichoso obispo Gotmár conoció ser vo¬ luntad de Dios que la Santa imagen fuese venerada en esta Montaña, dióse prisa á edificarle una capilla. ¡ Con qué fervor y actividad tra¬ bajarían todos para dejarla concluida lo antes posible! Cuántas difi¬ cultades tendrían ijue vencerse en lugar tan áspero y escabroso! Sin embargo, llegó el dia tan deseado por toda la comarca, en que se dió por terminado el palacio donde debía habitar la gran Reina. Es ver¬ dad que no existen documentos que lo acrediten, pero debemos juz¬ gar, sin pecar de crédulos, que el traslado de la Santa Imagen á la nueva capilla se verificaría pronto y con gran solemnidad, asistiendo numeroso concurso de fieles. Aquí debió dar principio la devoción á Nuestra Señora de Montserrat, y su continua y constante propaga¬ ción. Desde esta fecha aparece regularizado el culto y empieza á ser conocida con el nombre de Madona ó Nuestra Señora de Montserrat la Imagen allí venerada. Por este tiempo fundaba el esclarecido Wi- fredo el Monasterio de Santa María de Ripoll, marcando con esta fun- DE MONTSERRAT 33 dación la primera etapa de la reconquista cristiana de Cataluña, des¬ tinando para su enterramiento y de su familia aquel soberbio monu¬ mento, que venía á ser como el Escorial catalán, en mal hora devas¬ tado mil años después por el vandalismo revolucionario, y dejando alli por primer abad á su hijo Eodulfo, como de la fundación Montse- rratina fué abadesa su hija Riquilda, según diremos luego ; y para proveer á la sustentación de sus moradores, como al esplendor del culto de Dios y de su Santísima Madre, hacia donación á ambos Mo¬ nasterios de pingües heredades ganadas con su espada á los moros invasores; bien que sujetando el de Montserrat á la jurisdicción del de Ripoll, que por pertenecer á igual Orden y ser de varones y con¬ tar alguna mayor antigüedad, merecía esta preferencia y señorío. Ill Es común opinión pequeña iglesia fué construida muy que esta cerca del lugar en quehizo inmóvil la Santa Imagen, y que pronto se empezó á propagarse su devoción, de tal modo, que ya no eran sim¬ ples familias las que visitaban esta sagrada Montaña, sino que los pueblos vecinos se disputaban el deseo de acudir á ella en devotas ro¬ merías. Este templo era de formas sencillas y de una sola nave bas¬ tante reducida ; mas á proporción que el número de peregrinos iba en aumento, fué preciso ensancharla y darle mayor capacidad. En 1537, el abad D. Miguel Pedroche concluyó dos naves laterales, que fueron añadidas á la primitiva, como lo prueban aún las dos puertas latera¬ les de poco gusto que existen en la pared de la fachada, única pieza que se conserva del templo antiguo, tan venerado y visitado. Este mis¬ mo Abad hizo consti'uir y pintar un rico altar mayor, que fué consa¬ grado por el limo. Fr. Francisco María, obispo de Fez, en 16 Sep¬ tiembre de 1537, para cuyo adorno dió una crecida limosna la esposa del emperador Carlos V. En 1476 firmóse escritura de contrata para levantar el. claustro gótico, del cual existe aún una parte, en que se halla hoy la tienda de medallas. Este claustro se hizo adosado á la puerta de entrada de la iglesia, para facilitar un desahogo á la gente que no cabía en ella. Fué habilitado para oír las confesiones de los fieles, y en él se colo¬ caron todos los confesonarios. Esta iglesia se hallaba siempre llena de romeros; y á excepción de las horas del rezo de los monjes, no ce¬ saba un momento el devoto rumor, poi'que mientras los unos rezaban, cantaban otros, preparándose para confesarse los demás. Ardían con- NUEVA HISTOlUA tiniianiente multitud de lámparas que colgaban del techo y centenares de cilios que ofrecían los peregrinos, de suerte que las paredes esta¬ ban ennegrecidas del densísimo humo que despedían tantas luces. El claustro estaba lleno de ofrendas y exvotos, y pendía de su artesona- do, entre otros objetos de devoción, la célebre lámpara del Rey moro que regaló D. Juan de Austria al volver de la batalla naval de Le¬ pante, en que obtuvo completa victoria por intercesión de la Virgen María. Entrando en iglesia por el claustro, á la derecha, había un cua¬ la dro antiguo de Nuestra Señora, y en su presencia San Pedro Nolasco arrodillado en actitud de orar. Un poco más adelante estaba el sepul¬ cro del obispo Tocco, visitador apostólico de este Monasterio. Casi en frente de esta sepultura, á la izquierda, había otro cuadro de la Virgen y San Ignacio de Loyola. Al lado de este cuadro se hallaba un gran mausóleo de precioso alabastro, donde yacía U. Bernardo de Vilamari, noble catalán, almirante de Nápoles, conde de Capacho en Italia, señor de muchas villas y lugares en Cataluña, general y almi¬ rante en mai- y tierra. A más de esto, había veintidós sepulcros de varones ilustres, con sus escudos de armas. Esta antigua iglesia fué visitada por muchos reyes y príncipes, nobleza y devotos de toda España y naciones extranjeras. Ahí vinie¬ ron muchos Santos á implorar las misericordias de María. Ahí fué donde se convirtieron tantos pecadores y se obraron tantos milagros. Este fué el lugar donde estuvo por espacio de setecientos diecinueve años la gloriosa Imagen. Mas llegó el día en que el templo era demasiado reducido para con¬ tener tanta multitud de fieles, que continuamente y sin (;esar afluían á esta santa Montaña para pedir y dar gracias á la Santísima Virgen. Estaba ya concluido el nuevo y grandioso templo que se le acababa de erigir. Existía una dificultad para realizar su traslado, y el rey D. Felipe III cuidó de solventarla. Los monjes antiguos se habían comprometido á nunca sacar la Imagen del templo viejo, obligándose, bajo censuras que señaló el Obispo de Vich. El Nuncio de Su San¬ tidad levantó este voto y sus penas á ruegos del Rey, y el domingo, 11 de Julio de 1599, tuvo lugar el traslado con pompa verdadera¬ mente regia. Aunque todos los actos del culto se efectuaron en el templo nuevo desde el día del traslado de la Santa Imagen, conservóse abierta la iglesia antigua, en cuyo altar mayor se colocó otra imagen de Nuestra Señora; y el público continuó visitándola con la misma devoción de siempre, hasta que con motivo de construirse el nuevo claustro, exís- DE MONTSERRAT 35 tente hoy dia, á 20 de Octubre de 1794, fué derribada, desapareciendo para siempre un monumento, que si no lo era como obra de arte, lo era por su mucha antigüedad y por los grandes prodigios que en él se ha¬ blan obrado. Sólo se conserva como memoria el lienzo de pared del frontispicio con su primitivo portal bizantino y los dos que le fueron después añadidos; y una lápida en una de las primeras pilastras del nuevo atrio, que se cree ser el lugar que ocupaba la Santa Imagen en su antiguo altar, con la siguiente inscripción; PhU'qypo tertio, His- paniarum Rege Catliolico prmmnte, Deipar(e Virginia liaago liinc in templurn nocuni translata fuit. V idus Julii anno MBXGIX, cum hic septingentis tmdecim annis miracnUs claruisset. CAPÍTULO QUINTO Vienen monjas Benitas á Montserrat.—Riquilda, primera abadesa, y protección de su padre el conde Wifredo.—Regreso de las mismas á su primitivo Convento de Barcelona. I Que el conde Wifredo, llamado el Velloso, fuese como el fundador de la iglesia de Montserrat, y que estableciese el primer culto en ella por medio de las Religiosas Benitas que sacó del Monasterio de San Pedro de las Fuellas de Barcelona, poniendo á su hija Riquilda por primera abadesa, lo afirman casi todos los escritores, asi naturales co¬ mo extranjeros (1). Sólo el arzobispo Marca, en su disertación de Mont¬ serrat, después de haber referido el suceso de Fr. Juan Gari, supone que ningún Conde de Barcelona habia hecho donación alguna al Mo¬ nasterio de Montserrat, cuando, según Serra y Postius (2), antes cons¬ taba en los libros antiguos de los bienhechores, conservados en este Archivo, que las hicieron el mismo conde AVifredo el Velloso y los con¬ des Suñer y Borrell. (1) Luis Moreri, Tomás Corneille, Bruzan de la Martinière, Cristóbal Vives, D. Pedro Ciria, Méndez Silva, Yepes, Heredia, Burgos, Argaiz, Heventós, Ortega, Brenuoh, Marieta, Curibay, Villegas, Beuler, Jordán, Sitayolo, Prades, Domènech, Pujades, Manescal, Monfar, Camós, y Marcillo. (2) Epítome citado, cap. x, pág. 68. 36 NUEVA HISTOHIA Dificulta la expresada residencia de aquellas Religiosas en Mont¬ serrat, fundándolo en dos razones. Primeramente, por no hallarse me¬ moria antigua que acredite esta noticia. En segundo lugar, por el re¬ tiro y aspereza del sitio para Monasterio de monjas. En uno yotro padeció equivocación este autor. En lo primero, por expresarlo el citado antiguo pergamino y verse pintado en un antiguo retablo he¬ dió en 1239. En cuanto á lo segundo, por hallarse en aquellos mis¬ mos tiempos Monasterios de monjas en lugares igualmente montuosos, separados y desiertos ; de suerte que el Sagrado Concilio de Trento dispuso que los Monasterios de monjas que estaban en soledades, fue¬ sen trasladados á poblado, para evitar todo peligro; de lo que claramen¬ te se infiere, que en los desiertos los había. Podríamos traer muchos ejemplos de los que existían sólo en Cataluña, como en las montañas de Santa María de Meya, en el Condado de Ampurias y en Montroig; pero {irescindiremos de ello por considerarlo de ninguna necesidad. Por lo que parece, fué sólo antojo de Marca negar la existencia de Religiosas en Montserrat, como lo fué también el tener por fábula el antiguo Monasterio de San Juan de las Abadesas, cuando acreditan esta verdad, no sólo muchos instrumentos de los antiguos Condes de Barcelona, y entre ellos la entrega que el conde Wifredo el Velloso y su mujer la condesa Guinidilda hicieron al Monasterio de su hija Em- mone, que después fué abadesa del mismo Convento, sino también las Bulas Apostólicas, la subrogación de los Canónigos regulares en lugar de las Religiosas, y la decisión á favor de éstos y contra aquéllas (1). Cuándo empezó el citado culto prestado por las referidas Religio¬ sas, no puede señalarse á punto fijo; pero casi todos los autores que han escrito sobre Montserrat opinan que fué por los años de 895, poco después del nacimiento del conde Mirón, como resulta del hecho de Fr. Juan Garí. Este Conde nació en 894. TI En un libro que existe en este Archivo, escrito en pergamino (2), se leen estas palabras: «Año ochocientos ochenta y ocho, el serenísi- simo Sr. D. Wifredo Pelos, conde de Barcelona, después de haber edificado este Convento de Montserrat, y tomado muy por su cuenta (1) Véase Ribera, en .su Milicia Mercenaria, Reflexión V, fol. 611, n.° 32 y 33. (2) Catálogo de los Bienhechores, en pergamino, que comienza en el año 888, fol. 2. rSfM"^ Aî>V '^■f'-'rJ^ -tOi " > PÇKTS^tw? A"a^ ' ■I'' «^í- %-'i-^wi^fe^-- sï--v ij -«tsí ■> f ^ ''■'^'ííJI&Mv.rí· .'iS- ^ í «•>. j ^ .'..íí- •-^f". v.-r," : ,'■ ■¿'■'^i>%''^y¿t 'í- '-*•• ":?.T'.''J95 ikhá^. ' '1 t?Víi.» •^· 37 la proteccióny amparo del mismo, como siempre lo hizo su ilustre Casa y familia, movido á mayor devoción por los muchos milagros que esta Reina hacía, y por la vida ejemplar de la señora Abadesa, su hija, y demás Religiosas, hizo donación para siempre á este Con¬ vento, y por él á Rodulfo su hijo, monje del Convento de Ripoll (pa¬ ra quien y para su sepultura edificaba aquel insigne Monasterio), de la mayor parte de esta Montaña, lugar y término de Monistrol, con las iglesias que había en lo alto y bajo de ella, es á saber, este Con¬ vento, San Acisclo, San Pedro y San Martín, con la directa y alodial señoría y jurisdicción civil plena, quedando este Convento en virtud de esta donación sujeto al Monasterio de Ripoll, hasta el año 1410,. que la Santidad de Benedicto XUT lo erigió en Abadía.» Este relato supone que el año 888 ya estaba instalada la Comunidad de monjas, y que el Monasterio se edificó antes de este año, y que en el interme¬ dio del 880 al 888 se levantó la capilla primitiva, y tuvo lugar la historia del hallazgo de Riquilda, asesinada por Juan Garí. Otro libro de notas que también se conserva en el Archivo, dice que esto aconteció en el año 887 (1). Sea como fuere, es bien cierto que el conde Wifredo, por afecto de paternal cariño hacia su hija ha¬ llada con vida, tomó á pecho y dió regio impulso á la fábrica del Mo¬ nasterio, que edificó junto á la capilla de la Santa Imagen levantada por el obispo Gotmár, y que Riquilda fué su primera abadesa. Es de creer que desde que esas Religiosas tomaron posesión de este Conven¬ to, quedó regularizado el culto diario, celebrándose en el mismo el santo sacrificio de la Misa ; y que desde esta fecha empezaron los fie¬ les á subir esta escabrosa Montaña, para visitar la morenita Señora é implorar su gracia y protección ; siendo muy probable que de aquí traigan origen las devotas romerías, que tan célebres se han hecho en este antiguo Santuario (2). Mas aquellos tiempos no eran del todo normales, antes muy malos é inseguros por razón de los infieles que dominaban en casi toda la Es¬ paña. Wifredo comprendió sin duda el peligro en que quedarían aque¬ llas buenas esposas del Señor, si las dejaba abandonadas á sus pobres y escasos recursos. Así es que resolvió rodear el Monasterio y capi¬ lla de gruesas murallas, de una elevación correspondiente á la estra- (1)El Papa Sergio III confirmó esta donación, á petición del conde Wifredo, á favor de su hija en 'J05. (2) A 14 de Marzo de 928 el Conde de Urge), hermano del conde Suñer de Bar¬ celona, regaló ú su hermana Riquilda, ahadesa de Montserrat, la Cuadra de Vila- malichs; y ú 25 de Febrero del año siguiente el Obispo de Vich le regaló también la décima y demás derechos que tenía sobre la misma Cuadra. 38 NUEVA HISTORIA tegia propia de aquel tiempo, levantando torres á cierta distancia unas de otras, que sirviesen para defensa y para vigilancia. Estos mu¬ ros empezaban la plazuela de San Acisclo, seguían por lo que hoy en es huerta de arriba, y cogiendo el Monasterio y capilla, cerraban muy cerca del edificio que sirve de fonda : de todo lo cual se ven aún seña¬ les muy claras y evidentes. Antes de construirse la hospedería de San .Tosé, existía una de estas primitivas torres, que se derribó para poder utilizarse mejor el local. De modo que estas precauciones, no sólo resultaron para mayor seguridad de aquellas santas mujeres con¬ sagradas al servicio del Señor, sino para particular beneficio de los romeros que venían á visitar á la Santa Imagen. rii Dé la mismamanera que los escritores están contestes en que los primeros quedieron y uniformaron el culto de nuestra Santa Imagen fueron Eeligiosas salidas del Convento de San Pedro de las Fuellas de Barcelona, del Orden de Nuestro Padre San Benito, así también ase¬ guran que antes de un siglo abandonaron esta Montaña y regresaron al Convento de donde iiabian salido. Tal vez lo inseguro del tiempo y el lugar sobrado solitario en que vivían fué la causa de abandonar este Ifonte. Dios había dispuesto que estas santas mujeres, retiradas del mundo y entregadas á la vida del claustro, fueran las que formaran la primera corte monástica de nuestra Santa Imagen; la primera Co¬ munidad encargada de su servicio ; la guarda mística puesta para su custodia ydefensa, y que una angelical doncella, degollada por un ex¬ traviado y después arrepentido anacoreta, fuese su primera Abadesa en el mismo sitio en que se desarrolló esta misteilo.sa tragedia, porque misterioso es todo lo que acontece en nuestro célebre y devoto San¬ tuario. El Señor en sus inescrutables designios dispuso que estas señoras no permaneciesen siempre al lado de nuestra Santa Imagen; estaba satisfecho de ellas, y qiieiúa que no fuesen monjas, sino Keligiosos de la misma Orden sus inmediatos sucesores. Hallamos en un libro de notas de este Convento, que á 27 de Mayo de 986 salieron de Mont¬ serrat, pasando á ocupar de nuevo su primitivo Convento de San Pe¬ dro de las Fuellas. ¿Seria tal vez porque habiendo muerto Riquilda, habían cumplido ya su misión? ¿O quizás porque el concurso de fieles iba aumentando de un modo prodigioso, y no parecía prudente que personas de aquel sexo, aunque consagradas á Dios, tuviesen que DE MONTSERRAT cuiflar del albergue de peregrinos de todas clases y condiciones, sin poder exclusivamente dedicarse, como debían, al cumplimiento de sus deberes, ó sea á lo que prescribe la santa Regla? Además de estas considei'aciones, nada despreciables por cierto, antes muy fundadas en razón, también podría haber contribuido bastante á la salida de dichas Religiosas el temor de alguna irrupción por parte de los moros, que no dejaban de hacer correrías, por más,que su dominación fué muy efí¬ mera en Cataluña. De todos modos, para nosotros es cosa fuera de toda duda que han existido monjas Benedictinas en Montserrat, y que su primera abadesa se llamó Riquilda, hija de Wifredo, conde de Barcelona, asesinada por el ermitaño Juan Gari, la cual fué hallada viva en su sepultura por intercesión de María, Madre de Dios. CAPÍTULO SEXTO Si Montserrat fué Santuario antes de la Era cristiana.—Venida de Qui¬ rico, discípulo del glorioso Padre San Benito y primer monje bene¬ dictino de Montserrat.—Posesión definitiva de los monjes de Ripoll. I Casi todos los que han escrito sobre este Santuario afirman que Montserrat ha sido en todos tiempos Montaña religiosa. Cuál haya sido primera forma de culto y cuál su extensión, ni parece cosa su cierta, ni es fácil declararlo con pruebas positivas. A nadie debe pa¬ recer extraño que se carezca de noticias ciertas tratándose de tiem¬ pos tan remotos, después de tantas guerras, robos é incendios que, como sabido, ha sufiádo nuestra rica láspaña, que por serlo fué es objeto de la bárbara rapacidad extranjera. Consultando las más anti¬ guas tradiciones, procurando esclarecer á favor de ellas lo que apenas se vislumbra en los más lejanos horizontes de la historia, viénese á esta conclusión, que llega á adquirir las condiciones poco menos que de absoluta é incontestable, como afirma el Dr. Sardá(l). «Montserrat ha sido en todos tiempos Montaña religiosa." Parece que para tan (1) Montserrat, ya citado. 40 NUEVA HISTOKIA sublime destino la crió Dios, y le liizo lugar de tantas y tan raras ma¬ ravillas de naturaleza y gracia como le lian dado renombre universal. Cuando aun no alumbraban al mundo los resplandores de la fe cristiana, el mismo- gentilismo conoció que sitio tan privilegiado sólo podía dignamente consagrarse al culto de la Divinidad. Así que en su ceguedad los infieles paganos levantaron entre las rocas de Mont¬ serrat un templo á los ídolos, y la tradición señala el lugar donde se ve hoy la ermita de San Miguel, como antiguo emplazamiento de un altar dedicado á Venus. El oratorio dedicado al Arcángel, Prínci¬ pe de la milicia celestial, substituyó en el siglo Til de nuestra Era la de aquel inmundo simulacro, y desde entonces reina en él el Cristia¬ nismo sin competidor. La fama del heroísmo con que los hermanos Acisclo y Victoria die¬ ron su vida por Cristo en Córdoba, á principios del siglo IV, se de¬ rramó por toda España, y desde entonces fueron muchísimos los si¬ tios de devoción dedicados al culto y piadosa memoria de los invictos jóvenes cordobeses. Montserrat vió alzarse en una de sus laderas una ermita á dichos Mártires. Aun la contempla hoy en pie la curiosidad del peregrino, ostentando en sus formas arquitectónicas el sello de la antigüedad más remota. Mucho tiempo tardó, sin embargo, en purificarse esta Montaña de las inmundicias de la diosa Venus, y no es de extrañar. Si por cua¬ renta días qire estuvieron los liebreos esperando á Moisés al pie del monte Sinaí, cayeron impacientes en idolatrar el becerro; y si por sus murmuraciones de Dios los tuvo Este cuarenta años en el desierto, hasta que sus cadáveres quedaron consumidos y deshechos, ¿qué mu¬ cho que tardase á purificarse Montserrat de tantas maldades como se habían cometido en él en honor de nna fingida deidad, habiendo de suceder la pureza de María á la deshonestidad de una impura Venus? Entre tanto fuéronse acabando las encarnizadas guerras, que á fuegoy sangre hicieron á la Iglesia los emperadores gentiles, con la muerte de los fieros Diocleciano y Maximiano, como había vaticinado la virgen Santa Lucía en el acto de su martirio. II Llegó el año 523, y habiendo tomado San Benito, por medio de sus hijos, posesión de los reinos de Castilla, Aragón y Portugal, fal¬ taba tomarla de este Principado de Cataluña. Y aunque habían venido Esteban y otros dos discípulos de nuestro Santo Patriarca á Gerona ÜH MONTSERRAT 4] por el año de 533, es de creer que su viaje sólo tuvo por objeto visitar el cuerpo de San Narciso, mártir y obispo de dicha ciudad, porque no consta que hiciesen ninguna fundación. Vendrían sólo en peregrina¬ ción, según se desprende de lo que dice el Cronicón gerundense: Hue anno, (¿ui sextus est œtatis mem, veniunt Gerundm Stephanus, et alii duo Monaclú Sancti Patris nostri Benedicti in Italia visitare cor¬ pus sanctissirni Episcopi et Martyris Narcisi, ct alias innumerahi- lium Sanctorum Martyrmi exmias, cium in Ecclesim Beatm Marim Angelorum hujus nrhis cum magnavenera,tione servantur. La fecha más pi'obable y casi cierta en que tomaron posesión de este Principado los primeros Benedictinos, puede fijarse en el año 542, porque entonces vinieron, según el mismo autor, el monje Juan y otros cinco discípulos del Santo Patriarca, y fundaron tres Conventos, que fueron los primeros del Principado, uno en la ciudad de Gerona, de¬ dicado á Nuestra Señora; otro en Barcelona, dedicado á Santa Cata¬ lina; y el tercero en Tarragona, dedicado á Santa Tecla. A uno de estos cinco discípulos de San Benito, llamado Quirico, se debe el ha¬ ber tomado posesión de esta Montaña, según Argaiz (1). El cual ha¬ biendo visitado este sitio, del que tuvo noticia, y gustándole por su gran soledad, que le representaba la de Monte-Casino, de cuyo lugar su Maestro había también echado al demonio, y quemado el bosque de Venus, destruyendo el altar y ara del templo de Apolo, y levantando aquel seminario de Santos, sintióse revestido del mismo espíritu de santidad (pie San Benito para imitar sus virtudes; yen el sitio donde estaban y se veían las ruinas del templo de la inmunda Venus, dió principio al Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, para que alli donde abundó la malicia del pecado abundase también la gracia. Esta relación nos la dejó escrita Liberato, monje gerundense, contemporáneo de Quirico, que pudo conocerle y tratarle personal¬ mente, en su Cronicón en el año 546, por estas palabras vertidas en lengua española; i'El templo de Venus, en Montserrat, es reparado este año por los cristianos y dedicado á la Virgen. En él fué puesta una Imagen suya de piedra, de admirable hermosura... Esta casa se entregó á los monjes siendo abad suyo Quirico, que en varias partes de España edificó muchos Conventos bajo el nombre y título de la Virgen María.» ^ . El punto de la Montaña que escogió el monje Quirico para levan¬ tar el Monasterio, es imposible señalarlo con certeza; pero todos los autores que tratan esta materia convienen en que fué el lugar llama- (1) Argaiz: Perla de Cataluña, cap. iii, pág. 10. 42 NUEVA IIISTOMA do hoy Monistrol, derivado del primitivo nombre Monasteriolum, ó pequeño Monasterio, cuyo pueblo es regular que no existía aún en aquellos días, y si tan sólo algunas casas diseminadas. Pruébase que este primer Monasterio edificado por Quirico fué en este lugar, y que di6 nombre al pueblo de Monistrol, derivándolo de la voz latina Uo- nasteriolíim, por una antigua escritura que existía antes del incen¬ dio en este Archivo, que hacía referencia á cierta venta que hizo una tal D." Druda con su hijo Ansiulfo, (lue eran señores del Castillo Ma¬ rro, á la persona de D. Cesarlo, arzobispo de Tarragona, sobrino suyo, otorgada en el año 942, donde señalando las confrontaciones de dicho Castillo, dice : Et transit fcr ipsas voceas, qum sunt super ip- sum locum, qui dícitur Monaster loi: Esto supuesto, no será extraño suponer que desde luego empeza¬ ría á poblarse de monjes este Monasterio, y á ejercitarse ellos en la vida espiritual con gran perfección ; y que estando aquí monjes Ceno¬ bitas, quedaría toda la Montaña en disposición de recibir á cuantos seglares desearan hacer vida de anacoretas, vacando á la oración y contemplación, ¡.-^h! ¡cuántos y cuán grandes varones fiorecerian en¬ tre las rocas solitarias de esta nueva Tebaida, que el tiempo nos ha ocultado y la posteridad no nos ha transmitido! 111 Casi todos los historiadores dan por cierto, queinmediatamente después de la traslación de las monjas al Convento de San Pedro de las Puellas, vinieron á ocupar su lugar, por disposición del mismo conde Borrell, los monjes del Eeal Monasterio de Santa María de Ri¬ poll, de cuya jurisdicción fué esta iglesia de Montserrat, según la do¬ nación de Wifredo II, conde de Barcelona, al Monasterio de Ripoll en 888, como afirma el cronista Serra y Postius (1). El monje que, como Superior, comenzó á gobernar esta iglesia y presidió en el Monasterio compuesto de doce monjes, según el arzo¬ bispo Marca (2), se llamaba Prior, en señal de que la iglesia y Mo¬ nasterio era obediencial y dependiente de la iglesia de Ripoll, según la práctica del siglo IX; y por esta causa eran inferiores, anexos y dependientes de Monasterios superiores, que se llamaban Monasterio- la y Células, como pequeñas Abadías que regían los Priores, nombra- (1) Epitome histórico citado, cap. xir, pág. 76. (2) Marca : Dissertat, de Montserrat, n.° 7. DE IIONTSEKHAT 43 (los por el Abad del Monasterio superior. El Maestro Argaiz (1), in¬ sinúa ser tradición del Condado de Ribagorza, que los monjes que substituyeron á las monjas de Montserrat vinieron del Monasterio de yanta María de Linares ; pero esta especie no parece tener bastante apoyo contra la universal opinión de los autores, memorias, documen¬ tos antiguos y constante tradición de Ripoll y Montserrat, mayor¬ mente siendo cosa muy inverosímil lo que supone aquel autor, de que el Santuario y demás iglesias de esta Montaña estuviesen exentas de Ripoll ; toda vez que del instrumento que cita en el capítulo segundo, párrafo XIV, sólo consta que la condesa Riquilda dió á Cesarlo, abad de Santa Cecilia, el alodio y señorío de dicho Monasterio, desmembrán¬ dole del de Ripoll, pero no las demás iglesias; y lo manifiesta eviden¬ temente el decreto del conde Berenguer Borrell, del año 1022, que antes existía en esta biblioteca. Dice Argaiz los monjes de San Benito entraron en este San¬ que tuario el año 987. Nosotros, en la imposibilidad de aducir documentos que lo confirmen, sólo diremos, que habiendo sido el fundador del Monasterio de Ripoll W'ifredo el Velloso en 888, y el conde Borrell quien dispuso la traslación de las monjas de Montserrat á Barcelona, dependientes como eran del de Santa María de Ripoll, puede muy bien suponerse, sin temor de que sea calificado de irracional semejante su¬ posición, que apenas hubieron salido las monjas, entraron á ocupar su lugar los monjes ; pues no puede creerse que la devoción que se iniciaba en este lugar santo fuese desatendida y abandonada. Por tanto, no fué el año 987, como dice el P. Argaiz, sino el de 976, poco más ó menos, la verdadera fecha de la instalación de los monjes de Ripoll en este Monasterio de Montserrat. Realmente en aquellos azarosos tiempos y en medio de las aspere¬ zas de esta soledad, hacíase indispensable tal mudanza, y lo deman¬ daba también la cada día mayor concurrencia de los pueblos álos pies de la venerada Imagen. No podían las Religiosas atender, como los monjes sacerdotes, á las múltiples necesidades del culto, del ministe¬ rio del altar, de los Sacramentos y de la hospitalidad, que ya desde entonces se empezó á dar franca y generosa á todos los peregrinos por espacio de tres días. Por esto fué grande el impulso que recibió el culto de la Madre de Dios, y mucho hubo de acrecentarse su im¬ portancia con los nuevos habitadores que el cielo deparaba á la resi¬ dencia de su Reina y Señora. ¿Y quiénes mejor que ellos, los monjes Benitos, podían engrandecer y embellecer este agreste lugar, ellos que (1) Argaiz, cap. xii. n.° 2. u NUEVA HISTOKIA en lasprincipales regiones de Europa habían sido los primeros en des¬ montar los terrenos incultos, desecar los pantanos y lagunas, que ha¬ bían echado puentes á los ríos, y dado asilo bajo las bóvedas de sus viejos claustros á todos los elementos de aquella civilización que allí se refugiaba espantada por los horrores de la barbarie? «¿Quiénes me¬ jor que los Benedictinos podían hacer de Montserrat, dice el Dr. Sar¬ dà (l), lo que le vieron llegar á ser los siglos posteriores, hasta el malhadado actual, en que la invasión de los jacobinos franceses por un lado, otro el salvajismo de los jacobinos españoles, han con¬ y por vertido en triste montón de ruinas aquel encantado palacio de nuestra Patrona? Y si hoy vuelve á levantarse de sus ruinas espléndido y ma¬ jestuoso este viejo archivo de nuestras glorias, ¿no es cieito que á nadie se justicia que á esos laboriosos hijos de San deberá con mayor Benito, que en medio de la agitación é inseguridad presentes nos guardan y embellecen cada dia más tan rica como preciosa joya?» CAPÍTULO SÉPTIMO Antigüedad de la Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat. Solem¬ ne institución de la misma. —Largueza de los Sumos Pontífices en conceder indulgencias. I Debiendo discurrir sobre asuntos que se remontan á tiempos tan antiguos, y hallándose sin documentos justificativos para consultar, ya se hará cargo el lector de las dificultades en que nos encontramos á cada momento. El capítulo que vamos á tratar, ofrece ya desde lue¬ go la presente: ¿En qué año se fundó la célebre Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat? Es de advertir, que en materia de fechas, ha¬ llamos discordancia muy notable entre los autores. De ahí que antes de historiar los muchos é innumerables privilegios é indulgencias de (1) Sardú: Montserrat. Noticias históricas de este célebre Santuario, cup. m. púg. 31. DE MONTSERRAT 45 esta tan antigua Cofradía, hemos creído conveniente fijar la verdade¬ ra su fundación en cuanto nos sea posible. fecha de Casi todos los autores la ponen en el año 1200; mas un libro M. 8. en pergamino de tamaño folio mayor, que ha podido conservarse des¬ pués del incendio y devastación de este Santuario, del que se hace mucho caso, y con razón (1), la pone en 1223, fecha que desde luego aseguramos estar equivocada. El párrafo que habla de este asunto, y que luego transcribiremos, dice que á esta fundación asistieron el Ar¬ zobispo de Tarragona y el Abad de Ripoll. Consta de un modo incon¬ trovertible que el primero fué D. Raimundo de Rocaberti, que empezó su arzobispado en 1199, y acabó en 1214 (2); y el abad de Ripoll se llamaba D. Raimundo de lo fué desde 1172 basta 1205, Berga, que según Villanueva (3). Malamente podían asistir á este acto los cita¬ dos personajes, cuando ya no existían ejerciendo sus cargos en el año 1223. Argumento es éste que cierra de golpe la puerta á toda duda y que no admite mayor discusión. Por tanto, lo más natural y convincente será poner la data en el año1200, conforme lo acreditan casi todos los que escribiendo sobre Montserrat, han tocado, aunque de paso, este punto. Lo que no será tan fácil averiguar, es el día en que fué dicha institución. Los auto¬ res se contentan de ordinario con escribir el año á secas, sin preocu¬ parse poco ni mucho del día y mes. Sin embargo, podemos asegurar haberlo visto consignado, aunque en una nota que no parece del todo fehaciente, en otro libro en pergamino y folio mayor, por nombre En¬ carnado, que señala por fecha el 23 de Julio de 1200 (4). 11 Una vez comprobada la fecha más probable de la fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat, procede tratar ahora de su solemnísima y canónica institución. Oreemos de gran importancia y oportunidad copiar al pie de la letra la relación citada del libro de los Bienhechores. Dice así: "En este mismo año (1223, que debe ser el de 1200), la serenísima Sra. D." Eleonor, reina de Aragón, mujer (1) Catálogo de los Bienhechores de Montserrat, sacado de los originales del Archivo, 1637, pág. 6, escrito por el P. Fr.Anselmo de San Benito. (2) Villanueva, tomo XIX, pág. 173. (3) Villanueva, tomo VIH, pág. 13. (4) Este libro no tiene foliación, ni es completo, y tiene varias quemaduras en sus extremos. 46 NUEVA HISTORIA del sobredicho rey D. Jaime, imitando la mucha devoción del sere¬ nísimo Rey su marido, queriendo levantar bandera en nombre desta Reyna del cielo, avasallar los ánimos de los fieles á la piadosa mili¬ y cia y culto de su Santa Imagen ; con los ilustrísimos y reverendísimos señores Arzobispo de Tarragona, Obispo de Vique, y el señor Abad de Ripoll, instituyó la Cofradía desta Reyna del cielo, escribiéndose en ella la primera, y después los sobredichos señores Arzobispo de Tarragona, Obispo de Vique y Abad de Ripoll ; concediendo el señor Arzobispo á los cofrades que por tiempo fuesen, cuarenta días de in¬ dulgencia el día de su entrada, y el señor Obispo, treinta, y hasta el día de hoy han concedido á los dichos cofrades los Sumos Pontífices tantas indulgencias y ab¬ gracias que, exceptuados los lacticinios y la solución de los casos de la Bula in CHma Domini, son tantas comolas de la Cruzada." Hasta aquí lo único que ha quedado de esta funda¬ ción después de los trastornos y vicisitudes pasadas ; de lo que se des¬ prende la solemnidad é importancia de que fué revestida de una parte, y de otra su antigüedad, pues difícilmente se hallará otra que cuente tantos siglos. Pronto obtuvo esta devoción prodigioso desaiTollo. A ejemplo de la piadosísima Reina, se inscribieron por cofrades de dicha Cofradía varios Sumos Pontífices, cardenales, nuncios, arzobispos, obispos y muchos otros prelados. Lo mismo hicieron emperadores, emperatri¬ ces, reyes y reinas, principes de sangre real y otros príncipes y duques de diferentes países; almirantes y generales; marqueses, con¬ des y nobles caballeros que fueron sin número, conforme antes cons¬ taba en sus respectivos libros. Muchos de estos soberanos escribieron sus nombres con sus propias manos, otros por sus secretarios, y al¬ gunos por sus embajadores enviados directamente á este Santuario, ya para suplicar y pedir mercedes á Nuestra Señora, ya para darle gracias de favores recibidos, ya también para ofrecerla regalos de lám¬ paras, joyas y otras preciosidades. En el referido libro encarnado hallamos, que á 10 de Junio de 1415 fué confirmada y ratificada esta Cofradía. El abad que fué D. Marcos de Villalba, en presencia de gran concurso de fieles que se hallaba á la sazón presente en Montserrat, convocó á son de campana toda su res¬ petable Comunidad, compuesta de doce monjes, doce sacerdotes, doce donados y doce ermitaños, y juntos ratificaron y confirmaron los Esta¬ tutos de dicha Cofradía, disponiendo que de allí en adelante se pagasen siete sueldos de entrada y otros siete al morir el cofrade ; y que se diesen siete dineros cada año, en dinero ó en especie, como cera, acei¬ te, ropa, etc. El Convento por su parte ofreció celebrar un aniversario DU MONTSERRAT 47 al ocurrir la muerte de algún cofrade, 3' una Misa semanal cada uno de los monjes. Los donados y ermitaños debían rezar el salmo Mi¬ serere. Hallamos en de las calendas de Diciem¬ el mismo libro, que á 16 bre (16 Noviembre) de 1453, el abad D. Pedro Antonio Ferrer rati¬ ficó y confirmó de nuevo la Cofradía de Nuestra Señora, siendo en número indecible los que subscribieron á ella. Basta decir, que ya no eran personas ó individuos en particular los que ponían sus nombres en el libro de la Cofradía, sino que eran pueblos en masa los que te¬ nían á honra y gloria el ser cofrades de Nuestra Señora de Montse¬ rrat. En nuestros días, por la misericordia de Dios, aun se conserva y propaga esta devoción. Pocas serán las personas que visitan con devoción este Santuario, sin que inscriban sus nombres y tomen la respectiva Cédula de cofrade de la Santísima Virgen de Montserrat. ITT A tanta piedad y devoción de la más alta y distinguida nobleza, que difícilmente se hallará otra mayor ni igual, supieron correspon¬ der con mano pródiga los Sumos Pontífices, derramando las más co¬ piosas gracias y particulares indulgencias á favor de los que fuesen inscritos en el libro de esta Cofradía. 1." El Papa Clemente 111 concedió ciento cuarenta días de in¬ dulgencia á los cofrades que, á su arbitrio, hiciesen algunas limosnas al hospital anejo á la iglesia de Montserrat. 2." Los Papas Clemente VI, Bonifacio fX y otros predecesores suyos, extendieron á los vivos y difuntos todas las indulgencias hasta entonces concedidas á los que visitan las Basílicas de Roma. 3.° Urbano IV concedió á los mismos cofrades que pudiesen ele¬ gir un confesor que les absolviese una vez en la vida, y en la hora de la muerte, de todos los casos reservados á la Santa Sede, y aplicarles una indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados. i." Nicolás V concedió una indulgencia plenaria para el artículo de la muerte á todos los cofrades que durante un año ayunasen todos los viernes. o." León X concedió que los que visitasen uno ó muchos altares y rezasen tres Padre naestrus, ganarían las mismas indulgencias que visitando las principales iglesias de Roma. 6." Que el Padre Abad, ó su delegado, pudiese conmutar los vo¬ tos hechos por ios cofrades, menos los tres exceptuados. 48 XUEVA HISTORIA 7° Adriano VI concedió que en la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen y su octava, pudiesen ganarse las mismas indul¬ gencias el jubileo de la Porciúncula. que en 8." Gregorio XIII, aprobando y confirmando la Cofradía, conce¬ dió que los cofrades pudiesen elegir confesor una vez en vida, y en la kora de la muerte, para ganar indulgencia plenaria y absolución de todos sus pecados. 9.° Posteriormente varios Sumos Pontífices han concedido indul¬ gencia plenaria á los cofrades que recen tres veces el Padre nuestro y Ave María, los que en la hora de la muerte invoquen el nom¬ y á bre de Jesús. Y que cuando se celebren tres Misas por un cofrade di¬ funto, sea libre su alma de las penas del purgatorio. 10. Urbano VIII, en su Bula dada á 23 de Septiembre de 1623, confirma y aprueba los indultos y gracias concedidas al Monasterio de Montserrat, al Padre Abad y monjes, y á los cofrades, por los Pontí¬ fices sus antecesores Clemente XIII, Clemente VI, Bonifacio IX, Alejandro VI, Urbano VI, Nicolás V, León X, Gregorio XIII y Gre¬ gorio XV. Y en otra parte declara el mismo Papa, que no obstante la suspensión de todas las indulgencias hechas con ocasión del jubileo, no van en ella comprendidas las indulgencias concedidas á la iglesia de Montserrat. La misma declaración hicieron los Papas Clemente X, en 1675; Inocencio XII, en 1699; Benedicto XIII, en 1724, quien confirmó además todos los privilegios, exenciones, gracias, indultos é indul¬ gencias concedidas á los monjes y á los cofrades, á las ermitas y ca¬ pillas anejas, por sus predecesores. Paulo ^ concedió indulgencia plenaria á los cofrades en el dia de su entrada, recibiendo los Santos Sacramentos. Es digno de notarse que todas estas indulgencias pueden ganarse, no sólo visitando este Santuario, sino cualquier iglesia en donde está erigida esta Cofradía. En vista de esto, ¿quién no se apresurará á entrar á la parte en este precioso tesoro de gracias espirituales, agregándose con su familia á la gloriosísima y riquísima Cofradía de Nuestra Señora de Montserrat, toda vez que decaída y olvidada durante estos últimos años por efec¬ to de las vicisitudes políticas, tenemos la dicha de verla reconstituida y realzada de nuevo en nuestros días? 49 CAPÍTULO OCTAVO Emperadores y reyes bienhechores de Montserrat. — Privilegios y gracias otorgadas por los mismos.— Ofrendas y regalos hechos por personas reales. I Fué el hallazgo de la santa imagen de Nuestra Señora de Mont¬ serrat en que Cataluña era gobernada por sus Condes. El pri¬ tiempo mer conde bienhechor, fundador y patrono de este Eeal Monasterio, fué Wifredo IT. Estando entonces este Santuario poco menos que en mantillas, á poca costa y á sus expensas le iban sosteniendo los Con¬ des, ofreciendo algunas donaciones; pero la Virgen les correspondía á la vez con memorables victorias y triunfos que conseguían de los mo¬ ros. Para estas empresas no secontentaban con visitar la Santa Ima¬ gen, sino que solían también llevarla en los mismos combates, para obtener más fácilmente su valiosa protección y amparo. He aqui la base y fundamento de este verdaderamente grande y célebre Santuario. Sin embargo, es de observar, que mientras los de¬ más ^Monasterios levantados á expensas de cuantiosas sumas y rentas, muy pronto vinieron á menos, el de Montserrat empezó con harta es¬ casez y corta renta, viniendo después á tanta grandeza, que fué la admiración del mundo. Desde Wifredo ff hasta hoy día, todos los Condes de Barcelona, Reyes de Aragón y Castilla, todos sin excepción de uno solo, fueron devotos y bienhechores especiales de Nuestra Señora de Montserrat; pero uno de los príncipes más afectos, más fervorosos, y que más se han distinguido en la devoción áesta Santísima Imagen, fué el máxi¬ mo de los emperadores, el gran Carlos V. Nueve veces consta haber visitado á esta Emperatriz de todo lo criado, ofreciendo siempre li¬ mosnas muy copiosas. El emperador Maximiliano If, entre otras dádivas, ofreció á la Virgen una preciosa lámpara y unas reliquias de los Santos Inocentes en un relicario de extraordinario valor y hermosura, acompañado de una rica limosna. Los emperadores Rodulfo TI y Fernando III, el príncipe D. Car- 50 NUEVA IIISTOHIA los de Austria, que después fué emperador Carlos VI, la emperatriz ü." Isabel, digna esposa del emperador Garlos V, la emperatriz doña Margarita Maria, esposa del emperador Leopoldo, los reyes católicos I). Pefnaiido y D." Isabel, los reyes Felipe II, III, IV, V, Carlos Til, IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, y la Reina que regenta hoy la nación en nombre de su hijo Alfonso XIII, todos, sin excep¬ ción de uno solo, fueron devotos y bienhechores de este Monasterio. De ahí el nombre de Real, que por tantos títulos tiene bien merecido. Gloria es ésta propia y característica de Montserrat. Pocos y tal vez ningún otro Monasterio, no sólo en España, ni el universo entero, podrá aducir en favor de su realeza tantos y tan honrosos títulos que le ennoblezcan y eleven á tan alto grado. Es que Dios crió este Monte y lo destinó al culto de su Divina Madre. Y que asi como su Montaña no tiene rival el mundo por su forma rara en y caprichosa, tampoco quiso que pasara ningún rey ni emperador que no la rindiese culto y amara de veras. Esta Santa Imagen no se dió por contenta con tener un solo Patro¬ no ó Protector de su Casa, sino que quiso lo fuesen también los ma¬ yores emperadores, reyes y monarcas de la cristiandad. Asi como á la formación del Santuario déla ley escrita, quiso Dios (jueconcurriesen todos los israelitas, asi también para la construcción de este Santua¬ rio de la ley de gracia, quiso Su Majestad que concui'riese toda la cristiandad. De modo que á este efecto dispuso con alta providencia, que desde el principio de la invención de esta portentosa Imagen se extendiesen sus favores con tanta profusión y universalidad, que ape¬ nas hubiese provincia conocidaen el mundo en que el monarca enfer¬ mo, cautivo ó pecador, no hallase remedio en sus males y necesidades. Esto fué como un pregón del Altísimo para que el orbe católico acu¬ diese agradecido y cooperase á la erección del mayor monumento de la piedad española. ¡ Gloria á la gran Reina y Señora de Montserrat! II No se contentaron los emperadores y reyes con manifestarse es¬ peciales bienhechores de Nuestra Señora de Montserrat con sus gran¬ des limosnas y ofrendas, sino que todos los Reyes de Aragón, y des¬ pués de España, han concedido á este Real Monasterio muy singula¬ res privilegios. El rey D. Jaime el Conquistador concedió que el Monasterio de Montserrat fuese perpetuamente inmune de tributos en todos sus reinos. Este privilegio lo ratificai'on los Reyes Católicos DE MONTSERRAT 51 al unirse las coronas de Aragon y Castilla, de suerte que legalmente está libre y exento de toda clase de contribuciones. No se contentó este piadoso Rey con otorgar este privilegio, sino que fué uno Señora, y de los de los más devotos Monarcas de Nuestra (lue más contribuyeron á generalizar esta devoción tanto en España como en el extranjero. Efectivamente, á fin de facilitar la venida á este Santuario, en 1218, concedió libre pasaporte ó salvoconducto á los romeros, mandando á todos los oficiales y justicias de sus domi¬ nios que no los pudiesen prender en el tiempo de su peregrinación, ni castigar por ningún género de anteriores culpas ó delitos, ni sacarles prenda alguna por cualesquiera deudas, bajo pena de cien florines de oro, y que los presos fuesen dados por libres. También concedió privi¬ legio por el pan, vino, aceite, ganado grueso y menudo, y por cuales¬ quiera otras cosas del Monasterio, desobligándole de pagar derecho alguno en las compras, ventas ó tránsitos. También tomó bajo su pro¬ tección todo lo perteneciente á Nuestra Señora, retribuyéndole la Vir¬ gen estos obsequios haciéndole uno de los más grandes héroes que ha conocido el mundo. En 122(1 el mismo Rey, por la mucha devoción que tenía á Nues¬ tra Señora, concedió al Prior de este Convento y á sus sucesores que pudiesen tener todos los sábados mercado público en la villa de Mo¬ nistrol, cediendo todos sus derechos á favor de Montserrat. El infante ü. Pedro, su hijo, siendo capitán general de este Prin¬ cipado, en 12()4, confirmó todos los privilegios de su padre, y se de¬ claró también especial protector de este Santuario. A 21 de Agosto de 1301 el Baile de Barcelona hizo pregonar por las calles yplazas de la ciudad, que el rey D. Jaime 11 ponía bajo su protección, no sólo á este Monasterio, sino á sus bienes, vasallos y moradores. El Abad de Ripoll quiso oponerse, pero el Rey se mantu¬ vo firme en su resolución. A 11 de Marzo de 1302, hallándose en Cambrils (Tarragona) el rey I). Jaime 11, confirmó el privilegio de Salvaguardia á favor de los peregrinos que visitaban este Santuario, y los demás que fueron concedidos por su abuelo. A 15 de Julio de 1324, siendo el rey D. Alfonso 111 infante y procurador general de su padre, hizo donación de cien starellos de trigo, cobraderos el día de Todos los Santos, y de la villa de Selluri, en la isla de Cerdeña, cuya donación fué confirmada por su hijo el rey D. Pedro el Ceremonioso en Barcelona á 1 de Mayo de 1338. A 9 de Marzo de 1331 el rey D. Alfonso mandó dar dos cirios de cera blanca, de peso un (luintal cada uno; y en 1334 confirmó todos los privilegios concedidos por sus antecesores. 52 NUEVA HISTORIA A 13 de Septiembre de 1366 el reyD. Pedro concedió privilegio de exención para.que Montserrat estuviese libre de pagar derechos de Cena Real; y á 5 de Febrero de 1372 concedió privilegio de libertad y franqueza como los ciudadanos de Barcelona. A 3 de Abril de 1423 el rey D. Alonso TI de Aragón concedió que Montserrat pudiese tener barca y barquero en el río Llobregat, entre Esparraguera y Olesa, poniendo tasa ó derecho, de la cual na¬ die fuese exento, ni aun la persona del mismo Rey. A 20 de Octubre de 1458 el rey D. Juan nombró bibliotecario mayor de los Reinos de Aragón al abad D. Pedro Antonio Ferrer y á todos sus sucesores, gozando de igual fuero é inmunidad que los Abades de Poblet y Santas Cruces. A 10 de Enero de 1459 el mismo rey D. Juan concedió que el Padre Abad pudiese tener tribunal en sus casas de Barcelona, y cono¬ cer de las causas civiles de sus vasallos, firmarlas y completarlas; mas no de lo referente á lo criminal. En 1469 el Infante de Aragón, primogénito del reyD. Fernando el Católico, siendo gobernador general de Cataluña eximió del pago de Sello Real por las escrituras de este Convento. A 19 de Octubre de 1475 el rey D. Fernando el Católico concedió á los Bacineros de este Santuario que pudiesen usar armas ofensivas y prohibidas; y que fuesen también exentos de pagar por derecho de barcas, puentes y barras. A 10 de Noviembre de 1520 el emperador Carlos V concedió al abad I). Pedro de Burgos y á sus sucesores el título de Sacristán Mayor de los Reinos de Aragón, gozando de todas las prerrogativas inherentes á semejante dignidad. k 1 de Octubre de 1523 la Diputación y Consejo de Ciento de Bar¬ celona otorgó el título de Ciudadanos á los monjes y ermitaños. Estos y otros privilegios, que honran y ennoblecen al primer San¬ tuario del mundo católico, después del de Loreto, están consignados en el citado libro titulado Catálogo de los Bienhechores, y según los historiadores Argaiz y Serra, hallábase antes del incendio en este Ar¬ chivo toda su documentación. DE AIONTSEKKAT Ó3 III Como lugar correspondiente pensamos ocuparnos del pre¬ eu su ciosísimo tesoro de alhajas que hubo eu este Santuario, no haremos ahora más que indicar alguno de los regalos principales que hicieron los piadosos Eeyes de España. Célebres son en la tradición y en las baladas del pais las setenta y cuatro lámparas de plata que ardían constantemente en el altar mayor, regalo de diferentes principes. Contábase entre ellas el farol, siempre apagado, de la Capitana que apresó en Lepanto D. Juan de Austria. Además de éstas ardían muchas otras en las capillas supe¬ riores é inferiores. Muchas de ellas estaban dotadas con rentas para su alumbrado. Eran todas de plata, y algunas de valor de más de cua¬ tro mil ducados, como la de Filiberto de Saboya, la de Felipe tV, la de Felipe V, y la de los Archiduques de Austria. El sagrario ó tabernáculo para la exposición del Santísimo Sacra¬ mento era todo de plata. La custodia ú ostensorio era obra maravi¬ llosa. Contábanse en él ochocientos quince diamantes de quilates muy subidos, más de dos mil dieciocho perlas, tres zafiros, doce rubíes, además de una pluma formada de quince ópalos, valuada en cuatro mil pesos, regalo del príncipe Filiberto. La esposa del emperador Carlos V regaló un navio de oro y dia¬ mantes, riquísimo en valor y mérito. Una de las principales mitras que tenia el Padre Abad, y que usaba sólo en las fiestas principales, fué regalo del Duque de Mantua, va¬ luada en más de mil quinientos ducados. El rey de Francia Francisco I, el ilustre prisionero de Carlos V, después de su derrota en Pavia envió á la Santísima Señora una pi-e- ciosa sortija, insigne por su valor histórico. El magnifico altar mayor que fué consumido por las llamas en 1811, obra de mucho arte y escultura, fué construido á expensas de un Rey de España, como se dirá en su lugar. También lo fué la gran reja que antes dividía la iglesia del bajo. Seria preciso repetir lo que se coro dirá en otras aquí lo que partes de esta obra, si hubiese de consignarse han hecho los Reyes de España á favor de Santuario tan querido y estimado. Todos vinieron personalmente, y muchos más de una vez, y ni uno siquiera dejó de contribuir con gruesas y abundantes limos¬ nas al embellecimiento y decoración de la Catedral Basílica de Cata- 54 NUKVA HISTORIA DE MONTSERRAT luña. La infausta invasion francesa á principios de este siglo lia hecho desaparecer monumentos históricos que en Montserrat acredi¬ taban el acendrado catolicismo de nuestros re3'es; pero su memoria no se borrará jamás. Montserrat fué grande, porque grande lo hicie¬ ron sus monarcas; mas éstos fueron también grandes y salieron bien en todas sus empresas, porque la generosa Señora correspondía con usura á todos sus obsequios. ¡ Ah ! ¡ Pluguiera al cielo que los rej'es modernos siguieran las huellas de sus dignos predecesores ! ¡ Otra cosa fuera el mundo de hoy; mayores serían sin duda la paz y estabilidad de los pueblos ! LIBRO SEGUNDO CAPÍTULO PRIMERO Montserrat dependiente de Ripoll, con el titulo de Priorato.—Mont¬ serraterigido en Abadía independiente de Ripoll.—Reclamaciones de Ripoll contra el Abadiato de Montserrat. l fuera de toda duda, por lo que se ha dicho en los Cosa cierta es y capítulos anteriores, que desde la venida de los monjes Benedictinos del Monasterio de Santa María de Ripoll, puestos al frente d.e este Santuario en substitución de las monjas, también Benedictinas, de San Pedro de las Fuellas de Barcelona, este Convento de Nuestra Señora de Montserrat estuvo siempre bajo la dependencia de los Aba¬ des de Ripoll, nombrando éstos los Superiores de dicha Casa, á quie¬ nes se conservó siempre el título de Priores de Montserrat. Así di6 y fué gobernándose Montserrat por espacio de cinco siglos, no sin re¬ clamar varias veces, pretendiendo y solicitando sus Superiores el título de Abades, para que los monjes que tenían á su cuidado el cul¬ to y devoción de la venerable Imagen de Nuestra Señora, se gober¬ nasen por sí solos, sin dependencia de ninguna otra Casa. Los monjes de Ripoll hubieron de oponerse siempre á sus deseos. La devoción á Nuestra Señora de Montserrat iba entre tanto cre¬ ciendo y desarrollándose al calor de los estupendos y continuos mila¬ gros que se sucedían sin cesar. El número de peregrinos aumentaba de día en día, y la fama de este Santuario se extendía prodigiosamen- 56 NTliVA UISTOIÎIA te, no sólo por toda España, sino también por las naciones extranje¬ ras.Estas respetables consideraciones, no sólo daban realce é impor¬ tancia á este Monasterio, sino que constituían un argumento poderoso é incontestable á favor de los deseos de esta Casa ; de suerte que la erección de Abadiato llegó al fin á imponerse de una manera incon¬ testable. Natural es que un Convento en embrión, sin medios para gobernarse, y sin renta para vivir, se halle bajo la tutela de otro más pujante y en mejores condiciones. Montserrat no se hallaba ya en este caso; había pasado del estado de su infancia al de la más exuberante virilidad : tenía sobradas condiciones para vivir y administrarse por si solo, sin necesidad de tutela ó autoridad extraña de ninguna clase. Lejos de cesar, fué creciéndola lucha entre los dos Conventos. La filial se hizo mayor de edad. Había llegado la hora de ser escuchados los deseos de los conventuales montserratinos, y hasta el pueblo ca¬ talán eciiaba á mala parte la obstinación de los monjes ripollenses. Atendido el estado cada día más fioreciente de este Santuario ; el nú¬ mero de monjes ya bastante respetable; el brillo y suntuosidad de las funciones religiosas ; los fieles que en peregrinación y sin ella acudían á visitar la Santa Imagen ; los milagros portentosos que obraba la Santísima Señora; los exvotos y dádivas que se ofrecían continuamen¬ te, y los unánimes deseos de Cataluña, que empezaba 3m á mirarse esta Montaña como cosa propia y al Santuario como su catedral na¬ tiva, ni debía, ni podía retardarse más el cumplimiento de sus aspi¬ raciones y deseos. Llegó, por fin, el momento tan suspirado de que el antiguo Priorato de Montserrat dejara de existir, erigiéndose en su lugar la nueva Abadía, como se verá en el párrafo siguiente. TI En 1410 eraprior de Montserrat Fr. Marcos de Villalba, que al mismo tiempo eraabad y monje de Ripoll, varón docto en letras di¬ vinas y humanas, en quien era lo de menos venir de noble é ilustre sangre. Circunstancias eran éstas muy á proi)ósito para continuar nuestro Monasterio de Montserrat bajo la dependencia de la Abadía de Ripoll. Humanamente hablando, todo hombre pensador hubiera creído que este Priorato no llevaba trazas de dejar de existir; antes al con¬ trario : que lejos de ser elevado al rango de Abadia, conforme se pre¬ tendía y deseaba, con tanta justicia, iba á quedar todavía más estrecha¬ mente ligado á la Abadía de Ripoll. Y más teniendo por cabeza ádon Marcos de Villalba, de la obediencia de Benedicto XíII, Papa reco- DE MONTSERRAT 57 nocido por España y otras naciones. Mas como los corazones de los hombres están en manos de Dios, y el Eterno tiene dispuestos los momentos y tiempos en que se lian de ejecutar las cosas de su volun¬ tad, precisamente en estas circunstancias ile^ó el cumplimiento de la separación tan deseada, y con superabundancia en los privilegios, poi'que no sólo fué concedido á Montserrat lo que pedia en orden á los principales puntos del gobierno económico del Convento, sino que se le erigió en Abadia, pudiendo su Abad usar mitra, báculo y anillo. No pareció justo que un Santuario tan venerado, la santa imagen de la Virgen Montserratina, aquellas paredes del templo y de los claustros tan llenas de trofeos y señales de los muchos milagros obrados por intercesión de la Divina Señora, y el concurso de peregrinos de todas las naciones estuviesen bajo el humilde título de Priorato, sino que era más que digno de la dignidad abacial. Mas á ñn de que Montserrat no quedase del todo emancipado de Ripoll, esta concesión tuvo lugar bajo las siguientes condiciones: Que la elección del Abad se hiciese por los monjes conventuales de Mont¬ serrat, y que pudiese aquél usar mitra, anillo y báculo pastoral. Que el Abad de Ripoll tuviese voto en la elección, y que su voto valiese por seis. Que el Abad tuviese obligación de sustentar doce monjes y doce sacerdotes seculares, los cuales debían celebrar los Divinos Oficios en el mismo Monasterio. Que tuviese también el Abad doce servidores para cuidar de los peregrinos y huéspedes. Que tuviese además doce ermitaños para otras tantas ermitas, dándose al Abad facultad para dar el santo hábito y profesión según la observancia de la Orden Be¬ nedictina. Ooncediósele, finalmente, derecho de corrección y punición de monjes, clérigos, ermitaños, gente del Monasterio y vasallos, re¬ servando al Abad de Ripoll la visita, con todos sus adhérentes, y en causas de agravios poder recibir apelación. (Dado en Perpiñán, á 9 de Junio de 1410). Til Hallándose ya Fr. Marcos de Villalba con el iionroso título de Abad, y con el de Abadía el Santuario, pretendió que este Monasterio fuese admitido en la Congregación Claustral Tarraconense y Cesar- angnstana; pero no lo quisieron aquellos Padres, alegando que la exención que el Papa le había concedido de la Abadía de Ripoll, era limitada, absoluta. Así las cosas, creyóse prudente aguardar. no Fué entonces cuando se acabó el pleito sobre la corona de Aragón, 58 NUEVA HISTOHIA habiendo obtenido mayoi' número de votos el infante D. Fernando de Castilla, hermano del rey D. Enrique IIT. Publicóse en 1413 el fallo de Caspe, y D. Fernando fué coronado en Zaragoza, y viniendo á Cataluña, como conde de Barcelona, quiso ofrecer su reino y persona á la que es Reina y Emperatriz de España, y darle la obediencia. Yino á Montserrat en 1415; visitó la Santa Imagen, y aprovechando esta ocasión Fr. Marcos de Villalba, le dió cuenta y razón del es¬ tado en que se hallaban sus relaciones con los demás Conventos claus¬ trales que profesaban la misma Orden del glorioso Padre San Benito. Y el Rey no pudo menos de hacerle justicia, venciendo las repugnan¬ cias de los monjes, ripollenses, entrando desde luego Montserrat á formar parte de dicha Congregación Tarraconense y Cesaraugustana. Después de muchas disputas y alegatos, después de apurarse toda clase de influencias y valimientos por una y otra parte, al fin la victoria se declaró definitivamente á favor de Montserrat; y esto prueba una vez más lo que había prendido el fuego del amor á la Di¬ vina Madona, y lo popular que se había hecho el entusiasmo y afecto á Nuestra Señora de esta Montaña. Y aunque Constanciense depuso á Benedicto XIIT por el Concilio cismático, en 1417 aprobó todo lo que había despachado cuando estu¬ vieron á su obediencia estos reinos (1). Más tarde, en 1420, la San¬ tidad del Papa Martín V confirmó también y aprobó cuanto había he¬ cho Benedicto en lustre y gloria de Montserrat. CAPÍTULO SEGUNDO Estado deplorable de Montserrat en el siglo XV. — Interés del rey D. Eernando á favor de este Santuario. —Unión de Montserrat con los Benedictinos de Valladolid. [ Muerto el abad Fr. Marcos de Villalba, empezó á decaer la ob¬ servancia en los monjes y la devoción en los fieles. Indicaremos las causas que pudieron contribuir átan triste espectáculo. Había comen- (1) Salmerón, general mercenario: Recuerdos históricos, eiglo I, recuerdo XIV, g 11, fol. 107. DE MONTSERRAT 59 zado á florecer Italia la en Congregación de Santa Justina de Padua, que después se llamó «Casinense,» y como el rey D. Alonso, que es¬ taba en Nílpoles, atendía también á las cosas de Cataluña, y le habían ganado la voluntad el buen ejemplo y observancia del Monasterio Ga- sinense, deseó que la nueva Abadía de Montserrat se gobernase por sus leyes. Comunicó su pensamiento con la reina D." Catalina y con los monjes catalanes, siendo luego presentado por abad el P. Fr. An¬ tonio de Aviñón, monje profeso de Monte-Casino, quien trajo consigo otros seis Religiosos, para que fuesen como los maestros de los demás y asentasen la observancia casinense. Los que han escrito sobre esto, no convienen en la fecha de su entrada; nosotros, apoyados en un libro antiguo que antes existía en nuestra biblioteca, titulado: Manuscritos, n° 89, la pondremos en el año 1342, conforme á lo leía él: Anno que se en Domini M. CGC. XL·II, nono die mcnsis Octolris, líeguïaris ohserraniia Sanctissimi, Patris nostri Bencdicti, Al·latis Ca sinensis inclioata futt in Gatluüonin. in Monasterio Venerahili Sanctœ. Mariœ Mon- tisscrrati per Reverendmm Doniinum Al·latem Antonium de Ave- nione, et per venerahïlem. fratrcm Henricum de Monte, et socios suos; videlicet, Jratreni Ciprianum, fratrern Simplicium, fratrem Baptistam, fruirem Nutadem et fratrem Antonium, cum eodcm fratre Henrico de Italia, transm.lssosper Serenissimum et Reg em Aragonum, et consortem suam Principem Sercnissimam Mariam, nec non per Venerubilem Conventum Casinensem. Kstos Religiosos vivieron doce años en Montserrat, durante los cuales no leemos que existiese inquietud ni disturbio de ninguna clase entre los monjes. Al contrario, eran todos hombres muy observantes y espirituales, no atendiendo más que al bien de sus almas. Murió el Abad, y entonces viéndose como huérfanos los monjes italianos, tra¬ taron de volverse á Monte-Casino. El verdadei'o motivo de su marcha aun se ignora. Unos dicen que fué el cariño y amor á su patria; otros sospechan que fué verse en estado y hábito de extraños, y que no ha¬ bían de figurar en adelante más que como monjes de coro, sin cargo alguno en la Casa. Otros (luieren que como extranjeros no sabían ave¬ nirse con la gente del país, retirándoles éstos sus limosnas y su con¬ fianza. Sea lo que fuere, todos volvieron á Monte-Casino, y con ellos desapareció en gran parte el buen gobierno de esta Casa. Lo que fué causa de que se entibiase no poco la devoción á este Santuario. Vinoluego á ocupar la Abadia vacante Fr. Pedro Antonio Ferrer, hombre de genio vivo y amigo de disponerlas cosas á su gusto. Todo su afán era competir con las célebres Abadías de Ripoll y San Cucufate 60 NUEVA HISTORIA del Valles, pareciéiidole que Montserrat no debía ser menos que los monjes claustrales. Juzgando irregular y anómalo que el cuerpo de la hacienda fuese uno é indiviso para el Abad y monjes, y que no se di¬ vidiese para el sostén de la dignidad abacial, como' lo estaba en las Abadías de Ripoll, San Cucufate y demás claustrales, alcanzó del Pontiflce Calixto una Bula para hacer esta partición. Pronto, empero, empezaron á palparse las consecuencias. Dispuso nuestro Abad siete oficios, entre los cuales repartió todo el cargo y cuidado del Monasterio. Señaló para ellos ciento veinti¬ cinco libras de renta, sacándolas de la mesa abacial. Fueron estos oficios el de Prior, al que asignó veinticinco libras sobre las rentas de Marganell; veinticinco al Sillericio ó Mayordomo sobre Odena; diez al Refitolero sobre Sagarra; dieciocho al Limosnero sobre Manresa; quince al Obrero sobre el Mal Cavaller; diez al Enfermero sobre Ba¬ ges; y al Sacristán, que era el séptimo, le señaló veinticuatro libras para él y su ayudante, sacerdote secular. Ordenó también (lue la de¬ más hacienda, consistente en dos mil libras, fuese dividida en dos par¬ tes; una para sostener á los monjes, presbíteros, ermitaños y servi¬ dores, y la otra para el decoro de la dignidad abacial. En 1462, con motivo de sostener Cataluña la causa del principe de Viana, fueron pedidas provisiones para el cerco de Barcelona, que iban á poner las tropas reales, viéndose Montserrat en gravísimos apuros para pagar este subsidio. El erario se hallaba del todo ago¬ tado. Y de personal, ¿cómo se hallaba? Vergüenza da tener que his¬ toriarlo; pero es la verdad, y ésta no debe ocultarse. Nunca, desde la invención de la Santa Imagen, se había encontrado Montserrat en estado tan miserable. Ni siquiera se hallaban los doce monjes, doce clérigos, doce ermitaños y doce servidores que el Papa Benedic¬ to Xtll había ordenado y dispuesto; sólo siete monjes, tres ermita¬ ños, dos donados, dos escolanes y un cocinero, eran todo el personal de esta célebre Casa. Léase sino la carta que escribió el reverendo Prior al Procurador de Barcelona, que da compasión (1). Pdn esto había ve¬ nido á parar el gran Convento de Montserrat. A tal estado le redujo la malhadada repartición de sus rentas, y el desmedido deseo de equi- (1) u.vó le treme- Dice así: «Lo que V. R. aurú de fer, cat ultra no cal, que per tren aquesto, y es; que V. R. advertesca nquexos Senyors, que som de ordinari en aquest rnonastir de Montserrat set monjos, tres ermitans, dos donats, dos escolans, y Pere lo coch, y que acuden á esta santa Casa alguns Religiosos de altres Ordes, peregrins, que Ms havem de donar de menjar y havem menester per axó cent y vint quarteras de blat y qualcun bou, y que de dinés no 'n tenim. Las trias de Monis¬ trol están prou bonàs. Lloor á Déu, que no tinch pera més.» Argaiz, pág. 103. DE MONTSERRAT 61 pararse á las Abadías de Eipoll y San Cugat. Esta causa y la otra que se deja consignada, pusieron este Santuario y Monasterio á punto de sucumbir. II No lo permitió la misericordia de Dios; no faltaba quien tenía fijas sus miradas en Montserrat y se interesaba por su suerte. Efectiva¬ mente, á pesar de hallarse guerreando conlos moros, á punto de sa¬ carlos de sus últimas trincheras y del suelo español, el rey D. Fer¬ nando el Católico, que se hallaba muy enterado del estado de cosas de esta santa Montaña, y que no las descuidaba por su filial afecto á la Morenita Señora, esperaba el momento opoituno para proveer de remedio. Afortunadamente, tanto como el Rey, lo deseaba su piadosa señora la magnánima reina Isabel. Mucho era el dinero que, llevaban gastado para levantar un digno Monasterio en Montserrat salvan¬ do innumerables dificultades; sin embargo, mil veces preferían ellos que el culto de la Santísima Virgen no decreciese, ni que la obser¬ vancia y disciplina regular de los monjes fuese el ludibrio y escarnio de la gente sensata. En prueba de que era así, pondremos dos de las muchas cartas que el propio Rey escribió á los Religiosos de este Convento. En la primera, escrita desde Bai celona, decia á los monjes de esta Casa. "Religiosos amats nostres, ab Fr. Boill habem rebuda vostra lletra ab creencia en sa persona. La qual vista, y attés lo que aquell per vostra part nos ha volgut explicar, vos responem, es nos¬ tra voluntat ser vers aqueixa Casa segons la devoció y tenim, é com avem offert, es per més llargament ó vem dit al dit Fr. Boill, é com ó entenem metre per obra plaheu á nostre Senyor ans de nos¬ tra partida de aci, nos remetem á la relació al qual sobre de assó dareu fe, é creencia, com á nostia propia persona. Dada en Bai'ce- lona á 24 de Setembre de MCCCCLXXXl.—Yo el Rey.—Ariminio, Secretario.» Lo que contiene y les dice el Rey en esta carta á los monjes es, que ha oído y entendido lo que de su parte les ha dicho Fr. Boil, y que por la devoción que tiene á Nuestra Señora, y se lo ha ofrecido, irá sin falta á visitar su Casa, como más largamente se lo dirá fray Boil, y que lo cumplirá antes de salir de Barcelona. La segunda carta, escrita desde Madrid, es del tenor siguiente: "Venerables Religiosos, é Amats nostres, vostra lletra reverem, per 62 la qual nos donau avís de la vinguda en aquexa Casa é Monaster, del Illustre Infant Don Henricli, Llocli Tinent G-eneral nostre, é del Orde, que aquéll ha donat per la conservació de la dita Gasa, del qual aveni pres molt gran plalier. E plalient á Nostre Senyor será per avant procurat ab mayor cumpliment lo redrez de la Casa. Pre- gain, é eiicargamvos, que ab concordia é charitat sian nuits en lo servei de Nostre Senyor, benefici é conservació de la dita Casa, car sempre per nos en assó sereu favorits, é trobam plalier, del que nos escriviu, que los Religiosos, é amat nostre Fr. Boill, sia estat tan solicit, é propici en lo que es estat menester per ditas cosas. Dada en Madrid á 23 del mes de Octubre, anni MCCCCLXXXII.—Yo el Rey.—Ariminio, Secretario (1)." El contenido de esta carta es, que los monjes avisaron á Su Ma¬ jestad que el infante D. Enrique había subido á Montserrat, y la orden que había dado para la conservación de su Casa, de (jue se hol¬ gó mucho, y que, Dios mediante, se proveerá mejor para su reparación y aumento en lo sucesivo. Les ruega y encarga estén bien unidos en concordia y caridad para el servicio de Dios y bien de la Casa, que con eso les hai'á favor cuanto fuere de su parte; y que está contento de lo que le escribió Fr. Boil, de que estaban cuidadosos y solícitos en procurar los aumentos de ella. Esta carta da claramente á comprender el estado triste y lamen¬ table á que habían venido á parar los antiguos monjes claustrales de Montserrat, que sobre ser pocos estaban muy mal avenidos; y el Monasterio y edificios y la hacienda en malísimo estado; circunstan¬ cias todas qne obligaron al rey D. íYrnando á meditar seriamente sobre la reforma de este Convento y su unión con los Benedictinos de Valladolid. Ill Corría el año 1492, dichoso y feliz para nuestra España ; pues en él se vió libre del señorío de los moros con la conquista de la ciudad y reino de Granada. Quedaron los españoles henchidos de la más justa y cabal alegría, viéndose ya señores de sí mismos, y los Reyes, agra¬ decidos á Dios por tan grande beneficio, propagaron todo lo posible el culto divino, no sólo entre sus católicos vasallos, sino entre los (1) Argaiz, pág. 109. Estas y otras cartas autógrafas se hallaban en el Archivo de este Monasterio antes del incendio. UE MONTSERRAT 63 misinos Religiosos, procurando lo primero su reforma. Cupo esta suer¬ te á nuestro Monasterio eu el mismo año, siguiéndose desde luego su unión con las demás Abadías de la Congregación de Castilla, que ha¬ bían tomado principio en el Monasterio de San Benito el Real, de Va¬ lladolid, cu3ms prelados, con título de priores generales, gobernaban la Congregación, y sustentaban con sus visitas la observancia tan pro¬ pia de aquella Casa. Acabada la conquista de G-ranada vinieron los Reyes á Barcelona, y como viesen con sus propios ojos esta Montaña, y el estado en que se hallaba la observancia con abades comendatarios, hablaron á D. Juan de Peralta, que abdicó su abadiato, nombrándole obispo de Vich. Difi¬ cultades hubo por parte de los mismos monjes; fué menester mucho arte y trabajo para volver este Convento á la observancia de la santa Regla y antigua rectitud; porque, á imitación del Abad, cada uno mi¬ raba por su interés, y no se conformaban á que las rentas repartidas entre ellos volviesen á juntarse en masa común. Al fin Dios fué ser¬ vido premiar los esfuerzos de un Rey tan piadoso. A 19 de Abril de 1492 alcanzaron ios Reyes Bulas del Papa Ale¬ jandro VI para la reformación de este Convento; y después de rogar¬ lo mucho á Dios y á la Virgen, á 15 de Mayo fué extinguida la digni¬ dad abacial, realizándose la tan deseada unión de Montserrat con San Benito de Valladolid. Era general ó prior en aquellos días Fr. Juan de San Juan, el cual trajo consigo del Monasterio de Valladolid y de otras Casas ya reformadas y unidas los monjes Fr. García de Cisne- ros, Fr. Juan de Soria, Fr. Juan de Tudela, Fr. Diego de Valladolid, Fr. Diego de la Plaza, Fr. Juan Bartolina, Fr. Bernardo Cafalli, y Fr. Juan de Valvanera, y otros muchos (1). A 28 de Junio de 1493, que cayó en día de viernes, tomaron pa¬ cífica posesión de este Convento. El miércoles siguiente, á 3 de Julio del mismo año, fué canónicamente elegido prior el P. Fr. García de Cisueros, asistiendo á estos actos el Conde de Lerín, capitán ge¬ neral de Cataluña, y uu Conceller de Barcelona, por mandato del mismo Rey Católico. Hallábanse entonces en Montserrat, no sólo mon¬ jes claustrales, sino ermitaños y escolanes. De los primeros no puede dudarse que serían los siete que tenían partida la hacienda entre sí, á causa de sus oficios; de los demás sólo se halla noticia de Fr. Pe¬ dro Campo, Fr. Felipe Gilabert, y Fr. Mateo de Peña, prior, licencia¬ do en derecho. Ermitaños sólo se encuentran cinco que profesaron la reforma, y son: Fr. Juan Sierra, Fr. Juan Mella, Fr. Benito, fray (I) Argaiz, cap. xlii, pág. 113. 64 NUEVA HISTORIA Pascual, Fr. Juan Enguidanos. Así constaba en un libro manuscrito y antes del incendio, según el cronista P. Maestro Argaiz. Después de elegido prior del Convento Fr. García de Gisneros, fué á tomar posesión de las villas y prioratos pertenecientes á Mont¬ serrat; y de allí á poco tiempo se le dió el titulo de abad. Desde el mo¬ mento en que comenzó á gobernar el P. Fr. García, se vió el grandísi¬ mo acierto que se tuvo en su elección. Fué extraordinaria la pruden¬ cia con que este bienaventurado siervo de Dios dispuso las cosas, siendo él el capitán y el primero siempre en todos los actos conven¬ tuales, en el -coro, en la lección, en la oración, en las obras de manos y en las penitencias. Ayudó mucho al acrecentamiento de la Gasa, el buen orden que puso en ella, distiibuyéndola en cuatro Comunidades de monjes, ermitaños, fi ailes legos y escolanes. Ordenó que se abrie¬ sen cursos de teología y artes, y que residiesen en el Convento per¬ sonas espirituales y doctas, y confesores diestros é inteligentes. No es éste el lugar propio para hacer la biografia de este hombre extraordinario. En su lugar correspondiente diremos lo que sea me¬ nester. Para concluir este capítulo bastará consignar; que la alegría de los Reyes Católicos no pudo ser mayor cuando supiei on los progre¬ sos notables que bada Montserrat en la vida espiritual por medio de la santa reforma que les había procurado. Los monjes volvieron á la antigua observancia, ó mayor si cabe decirlo; y la devoción á Nuestra Señora empezó á aumentar y crecer extraordinariamente, de modo que es preciso atribuir á milagro lo que no es posible-explicar con la sola razón natural. CAPÍTULO TERCERO InsTiflciencia y dificultades del templo antiguo.—Quién construyó la iglesia nueva y con qué medios.- Su descripción. r Escribe el P. Filgueira (1), que llevando el rey D. Fernando el Católico siete años en la conquista del reino de Granada, en la que le ayudó mucho la ciudad de Barcelona, ya con galeras para allegarle (1) Historia de Montserrat manuscrita, pég. 283. Isi'K ■ ■i..^?·--·rt.V'·'-, -■^ÍSPC'Í- ,ítA » AT ^ '' '<' ■* ,4 i - TíVí·'·'··'^'·· -«aíjtss^, i> •" ' s .» '•"■ ■-·KÍtMr:·~:-·'^··:·· V-'-. • ..-.^· '■•. •._-- •5i>a í .fiCt sí>,t 'TA ^tl%£Si!rA .„W" íjri,. /. >T.''·4··'·Vt^l&ÍCT£^ DE MONTS EEllAT 65 recursos por mar, al mauclo de I). Galcerán de Eequesens, ya también con cuantiosas remesas mandó hacer á sus de municiones de guerra, expensas una muy memorable obra en Montserrat, en la que empleó muchos miles de ducados. El escritor Serra con otros historia¬ dores asegura haberlo leído así en un libro titulado de Bienhecho¬ res (1), en el cual se hallan las siguientes palabras: «Año 1489 el serenísimo rey católico D. Fernando, devotísimo desta Eeina del cielo, pareciéndole que á imagen tan devota y celebrada en el mun¬ do se le debía mayor templo y aparato, con ánimo real dió princi¬ pio á la Iglesia nueva, haciendo desmontar mucha tierra y peñas para abrir las zanjas, y últimamente levantó los fundamentos hasta un cordón que se ve por la parte de afuera, en donde gastó infinitos ducados." El arquitecto que dirigió esta importantísima obra se lla¬ maba Jacobo Verginali, cuyo apellido parece ser italiano. Hora era ya, en efecto, de ocuparse eu la construcción deun'tem- plo digno de Nuestra Señoi a de Montsei rat. De venei anda memoria era el viejo, por haber sido levantado por el obispo Gotmár, cuando co¬ noció ser la voluntad de Dios que la Imagen que acababa de ser des¬ cubierta en una cueva de esta Montaña fuese veneiada aquí y no en Manresa; pero su capacidad no era bastante para la multitud de fieles que la visitaban, y mucho menos en las grandes solemnidades. Uluy respetable era por ciei to el lugar en donde estuvo la Virgen jior es¬ pacio de seis siglos; donde obró tantos y tan portentosos milagros; donde encontraron la salud tantos enfeimos de cueipo y alma; final¬ mente, lugar visitado por tantos Santos, y en especial por los cuatro célebres fundadores San Pedro Nolasco, San Ignacio de Loyola, San José de Calasanz y San Juan de Mata. Cosa cierta es también que desde la reforma de este Monasterio, obrada por los Padres Vallisoleta¬ nos, el número de peregrinos fué cada día en aumento, hasta el punto de que el templo viejo era insuficiente é incapaz para contener la mu¬ chedumbre de devotos. H-bia además otra clase de inconvenientes muy atendibles. En atención al sinnúmero de lámparas y velas que ardían noche y diade¬ lante de la Santa Imagen, era tan denso el humo que había dentro de la iglesia, que era insoportable para las i)ersonas que debían pasar allí mucho tiempo. El coro era también muy reducido para Co¬ munidad tan numerosa; pues se lee que en 1568 había setenta mon¬ jes, dieciséis ermitaños, ocho donados, veinte escolanes, cuatro clé¬ rigos, trescientos criados, ciento veinte acémilas, y doce muías de si- (1) Este libro M. S. ha podido conservarse. 66 NUEVA HISTORIA lla. A. la entrada de esta iglesia estaba adosado el pequeño claustro gótico, del que se conserva una gran parte en nuestros días, en el cual solian reunirse los romeros; y como estaba tan cerca el templo, molestaba mucho la gritería de aquella gente forastera: dificultadesé inconvenientes que no sólo imposibilitaban el recogimiento de los fieles, sino de una manera más particular el de los mismos Religiosos, que tenían que pasar allí la mayor parte del día y de la noche confesan¬ do, cantando ó rezando. Estas fueron las principales causas para em¬ prender obra tan colosal y atrevida como lo es el templo actual, mil veces superior á las fuerzas de un Monasterio como el de Montserrat, y al espíritu del abad más activo y emprendedor. TI ¿A quién estaba reservada esta empresa? Consta en los anales de este Monasterio, que en el año L511 trajo un pobre labriego al Mo¬ nasterio un hijo suyo chiquitín de siete años, que en virtud de cier¬ to voto le tenia prometido á Nuestra Señora. Llamábase este niño Bartolomé Garriga, el cual entró de paje de la Virgen á formar parte de la Escolania. Mientras permaneció niño, se le oyó decir mu¬ chas veces entre sus compañeros escolanes; uAra que só xich, la Mare de Dén té un temple xich. t¿uan jo seré gran, 11 faré nn temple gran.» Lo que á los niños les pareció una broma, se convirtió más tarde en realidad. Creció la criatura en edad y en virtud ; de suerte que su ejemplar conducta le hizo acreedor á-ser admitido en clase de monje; y su observancia y saber le elevaron á la dignidad abacial en el año 15.59. Aqui hubo de mostrarse porqué la Divina Providen¬ cia le trajo á Montserrat. Apenas había tomado las riendas del go¬ bierno de esta Casa, y sin constarle los medios de que podía disponer, ya se ocupaba del proyecto de un templo digno de la Madre de Dios, pues éste era su sueño dorado. Contemplaba una y muchas veces los cimientos del gran Monasterio ideado por los Reyes Católii;os, y le pai'ecian dispuestos y preparados providencialmente para la grande obra que él proyectaba. Lleno de aquella fe que traslada los montes, á 11 de .Julio de 1560 dió principio al templo actual, convencido de que la misma Señora que le inspiró tan feliz idea, le facilitaría tam¬ bién los medios para su ejecución. ¡Cosa rara y maravillosa fué que el arquitecto que trazó los planos y dirigió las obras había sido esco- lán de esta iglesia y condiscípulo de música de este célebre Abad! La Virgen de Montserrat había escogido dos pajecitos suyos para reali¬ zar y llevar á cabo esta colosal empresa. DE MONTSEKKAT 67 En tanto es así, que persuadido sin duda de la escasez de sus fuerzas, ideó un medio muy feliz para solventar las primeras dificul¬ tades, y fué sacar un jubileo plenísimo para los que contribuyesen con sus limosnas á la fábrica de la iglesia, lo cual ayudó tanto, que con pudo darse principio á una obra llena de dificultades y de ello grandísimo empeño por el sitio, por la falta de aguas y de materiales, y por haberse de traer y acarrear éstos de partes tan remotas. Trazó¬ se la planta en el mismo lugar en donde los Eeyes Católicos en 1489 hablan determinado levantar claustros y Monasterio para los monjes, á cuyo el propio Key y puso la primera acto asistió personalmente piedra el abad D. Juan de Peralta, plan que no llegó á realizarse por varios accidentes que ocurrieron, y tratarse entonces de la reforma del Convento. Entró el P. Fr. García de Cisneros en el gobierno, y consideró asunto de preferencia tratar de la reforma espiritual de los monjes, antes que del edificio material. Dió no poco ánimo al abad Garriga para llevar adelante su empre¬ sa el ver reunidos gran parte de los materiales que se habían traído para los claustros, y que se hallaban muy próximos al Convento con piedras de jaspe, salidas de canteras de esta misma Montaña. El nue¬ vo edificio ó templo fué levantado sobre peña viva, de suerte que la Virgen pudo decir; Super hanc petram letlilicaho Ecolcsiam meam. Además del jubileo que alcanzó de Koma el abad Garriga para limos¬ nas á favor de este nuevo templo, el rey Felipe fl le concedió por diez años facultad para hacer cuestaciones en España y Ultramar, que dieron felicísimos resultados. En todos los pueblos de la Penín¬ sula se hicieron colectas en dinero y en especie, designándose perso¬ nas de toda honradez y arraigo para hacerse cargo de las sumas y frutos colectados, y después remitirlos directamente á este Monaste¬ rio. De América llegaron cantidades fabulosas, especialmente de Mé¬ jico y del Perú, para cuyos puntos fueron nombrados algunos monjes que personalmente pasaron á fundar prioratos en a(iuellas tierras, y desarrollar el cuito de Nuestra Señora. Bajo tan buenos auspicios y con la protección visible del cielo, no podía (luedar atrás la obra co ¬ menzada. Dióse principio en 1560, y se concluyó en 1592; de suerte que bastaron treinta y dos años para dejar concluido ese monumento de imperecedera memoria. Para que el lector se forme más cabal idea de lo (lue costó la nue¬ va iglesia, y de las sumas incalculables que fueron menester para lle¬ var la obra á feliz término, diremos que se gastaron doscientos mil ducados en su parte puramente material hasta cubrir ; ciento cincuen¬ ta mil en el revoque de las paredes, para cuyo trabajo se emplearon 68 NUEVA HISTOKIA ocho años; cincuenta mil libras los retablos en y adornos, trabajando de continuo más de ciento diez hombres, doce acémilas y diez bueyes de carreta. líL En cuanto á su forma y dimensiones dejaremos que hable el céle¬ bre D. Pablo Piferrer (1), autoridad de las más calificadas en esta materia. Hablando de Montserrat se expresa de esta manera: «...Las guerras y las revoluciones han destruido tanta riqueza, y mayormen¬ te el saqueo é incendio que en la guerra de la Independencia sufrió por los franceses el iVIonasterio, acabaron con lo que todavía atesti¬ guaba la munificencia de nuestros antepasados y el saber de los artífi¬ ces. Rei)ar6se un tanto la iglesia, de cuya forma daremos una ligera idea. Sin pararnos en la portada, que ninguna particularidad ofrece, consta el templo de una sola nave muy desembarazada, proporcionada y elegante, ancha de setenta y seis palmos catalanes, sin incluir las capillas, y larga de doscientos ochenta y cinco. A cada lado tiene seis capillas muy espaciosas, que equivalen á dos naves laterales, y sobre ella se levantan otras balaustrada cada una, con las cuales, des¬ pojadas ahora de sus altares, forman un vasto ándito á una y otra parte; de manera que están las paredes laterales de la nave divididas en dos cuerpos, separados en su longitudmoldura á por una gran manera de cornisa, las pilastras del primero, y estribando en el que suelo y tocando en la moldura dividen las capillas inferiores, son corintias. Entre la quinta y sexta capilla interrumpe la nave una ele¬ gante verja de hierro, con que se reemplazó la magnífica antigua ; los arcos, dentro los cuales está comprendida á una y otra parte la sexta capilla, pueden calificarse de torales, pues sostienen una leve cúpula. El ábside con que remata este templo es bellísimo y produce muy buen efecto. La demás fábrica moderna es de proporciones colosales; el sólo lienzo que mira de Levante á Mediodía consta de ocho i)isos, altos y vastos cada uno; y al menos conocedor le será fácil calcular cuántos esfuerzos y gastos debieron de ser necesarios para edificar sobre la viva peña y transportar los materiales." Concluida la iglesia, faltaba adornarla de altares y demás. El rey D. Felipe IT, tan devoto de la Virgen, costeó el grande altar mayor que (I) Piferrer: Recuerdos y bellezas de España. Principado de Cataluña, pági¬ na 348. Nota. DE MONTSERRAT 69 labró en Valladolid el célebre escultor Esteban Jordán por catorce mil y fué una de las tres ducados, obras que le han valido su nom- bradia. Constaba de tres cuerpos, corintios el primero y segundo, y compuesto el tercero, llenos de bajos relieves, estatuas, etc. Acabólo en 1.594; se trajo á este Monasterio en sesenta y cinco carros, previo una circular que á 27 de Abril de 1597 el Rey despachó á todas las justicias de los pueblos del tránsito, para que ayudasen con carretas y bestias; costaron los portes y asiento seis mil ducados. Poco después, por Septiembre de 1598, de orden del Rey vino de Madrid con doce oficiales escogidos él pintor Francisco López, que se encargó de pin¬ tarlo y dorarlo en dos años. El escultor Cristóbal de Salamanca á 8 de Mayo de 1598 firmó la contrata de labrar la sillería del coro, igual á dos sillas que presentó por muestra, y se fijó el precio de cada una en noventa y cinco ducados, dándole el Monasterio la madera de ro¬ ble que hizo traer de los famosos bosciues de San Juan de las Abade¬ sas. Trabajó su obra en Monistrol, y la adornó con relieves, que me¬ recieron los elogios de todas las personas peritas en el arte. En las treinta y seis sillas inferiores esculpió la vida, pasión y muerte de Jesucristo, y en las cincuenta y cinco superiores, sobre cada respal¬ do puso una imagen de un Santo, de cuerpo entero, subiendo este se¬ gundo cuerpo á la altura de cinco varas del suelo, y rematándola un ándito practicable. También ejecutó hi magnífica verja, con que en 1608 se diviilió el presbiterio de lo restante de la iglesia, por catorce mil ducados. En fin, D. Juan de Austria, hijo natural del rey D. Fe¬ lipe IV, en 1669 hizo dorar todo el templo; obra que costó cuatro mil escudos de oro. Poco á poco se fueron completando todos los adornos déla iglesia, hasta quedar hecha la admiración de todo el mundo; pues siempre ha causado asombro encontrar un templo de tan rele¬ vantes condiciones entre los riscos y peñas de esta sin igual Montaña. 70 NUEVA HISTORIA CAPÍTULO CUARTO Dase cuenta al Rey del estado en que se halla el templo.— Su consa¬ gración. - Solemne traslación de la Santa Imagen. I A medida que se iba acercando el momento de la conclusión de las obras de la iglesia nueva, empezaron á dudar algunos Religiosos ancianos si sería óno conveniente trasladar en ella la Santa Imagen de Nuestra Señora; ya que durante la visita apostólica del año 1586 se había ordenado y mandado con graves penas y censuras que ni se hablase ni tratase de esta cuestión. De esto y del estado en que se hallaba la obra de la iglesia, creyó conveniente el Abad dar noticia al Rey á 31 de Diciembre de 1591, el cual después de haberlo meditado con madurez escribió dos cartas una al Padre Abad, y la otra al vi¬ rrey D. Pedro Luís Galceran de Borja, marqués de Navarrés y maes¬ tre de Montesa, que pondremos á continuación, porque, de su tenor consta lo que pasó, y el cuidado que tenia el Rey de las cosas de este Santuario, como si no tuviera otros asuntos en que ocuparse. La carta que escribió el Rey al Padre Abad dice así: » Venerable y devoto Re¬ ligioso, he visto todo lo que me escribís en vuesti'a carta del último del pasado, en i'estiuesta de otra mía del veinticuatro del mismo, so¬ bre lo que toca á la mudanza de la Santa Imagen de Nuestra Señora á la iglesia nueva, juntamente con la planta, y disimsición de ambas iglesias, y el haver convidado para la consagración de la dicha iglesia á nuestro Lugarteniente General, y al Arzobispo de Tarragona, y á los demás Prelados congregados en el Concilio Provincial que aora se celebra, me ha ¡larecido bien. Y respecto de la mudanza de la Santa imagen, son muchas las consideraciones que obligan á que no se haga, como Vos muy bien lo apuutastes, quando fuistes de este mismo pensar. Pei'O para que mejor se acierte, he querido pedir á cada uno de los Prelados en particular, y también al dicho Lugarte¬ niente General, su parecer, y escrivirles sobre esto las cartas, que aquí van con las copias de ellas. Vos se las daréis á cada uno de por sí, y comode vuestro les podréis decir lo que á este propósito viére- des que convenga, y cobradas todas las respuestas me las embiaréis; VISTA INTEEIOE DEL TEMPLO DU MONÏSEKEAT 71 y si algo tiiviéredes que dezir de nuevo sobre esta materia, de más de lo que aora me avéis escrito, me lo podréis advertir aparte, para que visto lo uno y lo otro se pueda tomar la resolución que más convenga á servicio de Nuestro Señor Jesu Cliristo, y de su beatísima Madre María Santísima, y el decoro y reputación de esse Santuaiáo, aunque lo (jiie apuntáis cerca de los Oficios divinos en la iglesia vieja y nue¬ va, parece bien todavia, pues se hallarán ai los dichos Prelados, será bien que como personas eminentes y de toda experiencia se lo comu¬ niquéis y tratéis con ellos de la foimia en que han de quedar las dos iglesias en caso que no se aya de mudar la Santa Imagen, y que Ofi¬ cios divinos se han de dezir en la una y otra iglesia, y el servicio que ha de aver en ambas. Y de todo lo que sobre ello les pareciera, me avisaréis con el primero. Entre tanto que tuviéredes nuestra respues¬ ta, no daréis lugar á que se haga novedad, así en lo que toca á la mudanza de la Imagen, como en ninguna de las demás cosas arriba contenidas, que en ello me serviréis. Dado en Madiid á 22 de Enero de MDXCll.—Yo el Rey.—Cassol, Secretario.» No es necesario ponderar el afecto de Su Majestad hacia este Con¬ vento de Nue.^tra Señora de Montserrat; las menudencias á que atien¬ de en esta carta, digna de ser leída nna y otra vez, lo están diciendo de sobi'as. La (pie escribió al Virrey es del tenor siguiente: «Ilustre ]\Iar(iués de Navarrés, Primo nuestro, Lugarteniente y Capitán Geneial, el Abad de Nuestra Señora de Montserrate me ha escrito, que para el día de la Purificación de Nuestra Señora está acordado (lue se haga la consagiación de la iglesia nueva de aquella santa Casa, y que juntamente con el Arzobispo de Tarragona y los demás Prelados que aora celebran el Concilio Provincial en essa Ciudad, os havéis Vos de hallar en ella, de que he olgado mucho, pues estoy ciei'to que con vuesti'a presencia y dellos se hará todo con mayor autoridad y demostración de general contentamiento, y aunque (luedando la dicha iglesia consagrada, y en tanta peifección como el dicho Abad me escrive, algunos son de opinión (pie conven¬ dría mudar la Santa imagen á ella, pero porque son muchas las con¬ sideraciones que obligan á que se haga, y para que mejor se acierte, en caso que tanto importa, me ha parecido saber de Vos en secreto lo que acerca desto os ocurre. Seré muy servido, que pues os halla¬ réis eu la dicha santa Casa, y podréis más de cei'ca entender y consi¬ derar las razones y fundamentos que en pro y contra desto se ofrecen; y oyendo primero el Abad della, por cuya mano recibiréis ésta, en todo lo (pie á este propósito os quisiera dezir, me avisaréis con toda brevedad y secreto, y sin que nadie lo entienda, de lo que sobre este 72 NUEVA HISTORIA particular ocurra, para que visto todo cou la madurez que se requiere, se pueda tomar sobre ello la resolución que más convenga al ser¬ vicio de Dios, y honra de su benditísima Madre, y á la honra y re¬ putación de aquel Santuario. Dada en Madrid á 22 días de Henero de MDXOir.—Yo el Rey.—Cassol, Seci-etario.» A consecuencia de lo contenido en las presentes cartas, y oído el parecer de los Prelados reunidos en Concilio, pasóse inmediatamente á la consagración de la nueva iglesia. TI Desde el momento que quedó resuelto verificar el importante acto de la consagración de esta iglesia, pusiéronse en movimiento todos los resortes para que la ceremonia resultase lo más solemne po¬ sible. No se escasearon los adornos, entre los cuales fué uno dejar consignada la memoria del célebre Abad qne dió comienzo á la obra, y del que le dió feliz término. En dos pilares de la iglesia fueron co¬ locadas las siguientes inscripciones. La primera, que estaba dedicada al abad Garriga, decía asi: Fratre Bartholomeo Garriga, liujiis Se- dis Sacrosanct(B Ahhate, cepta fait aagastissimi Tc.mpli istias mo¬ les: gai in hoc Císnohío puv aihuc in s '.rvi-'tiiis sa,cris coóp¬ cum talas, faturam ita prmdixissct, priniam ejasdem Trnipli lapidem jcoit, et expkioit, quinto Has Julii anno D ¡mini MDLX. La otra dedicada al Maestro ,Bh-. Plácido Salinas, que la acabó, decía como sigue: Fratre Placido de Salinas, hajus Sedis Rdigio- sissiium Ahhate et Prxfecto g encrai,i hajus Ordinis enixe curante, hoc clarissimum Templum astantihus fxe candis Episcopis Ca- thalonim, Prorege, et optimatibas dedicatam consecratumque fuit quarto Nonas Fcbruari anno Domini MDXOII. Asi las cosas, empezaron á llegar la gente oficial y devotos de to¬ das partes, por manera que en este día no bastaron los ordinarios aposentos, sino que gran parte del público tuvo que pasar la noche al raso, á pesar de hallarse en tiempo de invierno y ser éste muy riguro¬ so. Llegó el día 2 de Febrero de 1592, y á la primera hora de la ma¬ ñana la iglesia vieja estaba llena de fieles ávidos de recibirlos Santos Sacramentos, y de presenciar un acto de tanta importancia. Vino la hora señalada para la solemne ceremonia de la consagración del nuevo templo, y empezaron á salir en procesión los escolanes, ermitaños, donados, monjes, dignidades eclesiásticas y seglares, y por último el obispo celebrante D. Pedro Jaime, de Vich, acompañado de sus her- DE MONTSERRAT 73 manos los obispos de Barcelona D. Juan Diraas Loris; de Gero¬ na D. JaimeCasador; de Urgel I). Andrés Capilla, monje cartu¬ jo; de Elna I). Francisco Robuster y Sala, y de D. Gaspar Pun¬ ter, obispo de Tortosa. El arzobispo de Tarragona D. Juan Jerés, no pudo asistir por iiallarse enfermo. Del brazo secular asistieron el virrey I). Pedro Luis Galceran de Borja, marqués de Navarrés, maes¬ tre de i\[ontesa, lugarteniente y capitán general de Cataluña; don .Toaquin Carroz y Centellas, barón de Centellas; D. ,Juan de Icart, baile general de Cataluña, con otros muchos caballeros é infinita gen¬ te de todos estados y condiciones. Verificóse la ceremonia con la ma¬ jestad que suele la Iglesia, y con la solemnidad que acostumbra este Santuario en todos sus actos. Fué este un dia de general regocijo; los fieles llevaban impresa en su rostro la satisfacción de que se hallaban poseídos. Este solem- nisimo acto ocupó toda la mañana; sin embargo nadie salió del tem¬ plo, ni dió prueba de cansancio ni fatiga. La inmensa multitud sentia- se altamente coin[)lacida y satisfecha al ver que desde este dia tenia Cataluña edificada y bendecida su Catedral más hermosa en la sin igual Montaña de Montserrat. Todos admiraban el valor del Abad que llegó á concebir tan magnífica planta y dió tal capacidad á un tem¬ plo que ha sido reputado como uno de los mejores y principales de Buropa. Concluido el acto de la consagración, y reunidos en la Cámara Abacial losObispos asistentes, el Padre .Abad estimó conveniente aproveciiar la ocasión para cumplir la volunt.id de Su Majestad el Rey, haciendo entrega de las resi)ectivas cartas (jue le había mandado para cada uno de ellos. No hemos visto ni hallado en parte alguna lo que opinaron esos Prelados acerca el objeto de la consulta; pero no pode¬ mos dudar que su consejo fué favorable al traslado de la Santa Ima¬ gen, salvas siempre ciertas formalidades, por lo mismo que algunos años después tuvo lugar este acto tan necesario como deseado. Así terminó uno de los acontecimientos más solemnes é importantes que ha presenciado esta Montaña. III Llegó, en fin, el momento de la traslación. Todo el tiempo que medió desde la consagración fué necesario para completar el decorado del templo nuevo. Es verdad que se celebraban en él y tenían lugar cierta clase de funciones con otra imagen de Nuestra Señora; mas esto 74 NUEVA HISTOKIA no satisfacía la piedad y devoción de los fieles. Faltaba lo principal, y era: la Imagen que por milagro había sido encontrada en la santa Cueva, y que tantos y tan estupendos milagros había obrado. Murió Felipe TF, el protector entusiasta del Santuario de Montse¬ rrat, y falleció precisamente en Septiembre de ].ó98. Poco después vino á Barcelona su hijo B^dipe 111 á celebrar Cortes y jurar los fue¬ ros de Cataluña, y deseoso de (lue se verificase el traslado, consulta¬ dos los pareceres de todos, á fin de quitar y remover los escrúpulos de las censuras del Obispo de Vich, que como Visitador Apostólico había impuesto á los monjes que tratasen ó hablasen de quitar de su propio templo la Santa Imagen, acudió al Nuncio de Su Santidad, quien levantó dichas censuras y dió el correspondiente permiso (1). Con esta licencia se sosegaron los ánimos y cesaron las dudas. El jueves 8 de Julio de 1.599 salió el Rey de Barcelona, yendo á pernoctar en Martorell. Púsose en camino á la madrugada del día si¬ guiente, llegando á Montserrat el viernes á las diez de la mañana. Fué recibido por toda la Comunidad con cruz alta, presidida por el Padre Abad, de pontifical, y cantando el Te J)cum fué acompañado á la iglesia vieja, donde estaba la Santa Imagen, terminando con la Salve cantada por los escolanes. Después de orar un rato, pasó á la iglesia nneva ; y viéndola tan bien dispuesta, dió orden para que el día siguiente, que era sábado, se acabase de preparar lo necesario para la traslación. Hizose como el Rey ordenaba, y el domingo, después de oír Misa y comulgar en público, asistió ála mayor, que se celebró de pontifical, predicando el P. Fr. Plácido Pacheco de Ribera, que después fué obispo de Cádiz y Plasència. Acabada la Misa, seis monjes con ro¬ quete y estola sacaron la Santa Imagen de su tabernáculo, la bajaron sobre el altar, y la vistieron con la ropa y joyas más preciosas. Llegada la hora de vísperas asistió á ellas Su IMajestad ; y con¬ cluidas, se vistió de pontifical el Abad: los monjes con capas de bro¬ cado, y los ermitaños y frailes con dalmáticas también de brocado, sa¬ liendo en seguida la procesión. Iba delante la cruz regalada por los marineros catalanes de la nave llamada .Juliana, y ellos .Julians, de cincuenta y dos marcos de peso y toda de plata dorada. Seguían lue¬ go cuarenta y tres frailes legos, quince ermitaños, y sesenta y dos mon¬ jes, todos con vela; los niños escolanes y demás Capilla de música; y á éstos el Trono donde iba el joyel del Principado, la Perla de Catalu¬ ña, Nuestra Señora de Montserrat. Llevaban las andas cuatro mon- (I) Véase el Apéndice núm. 1. DE MONTSERRAT 75 jes con dalmáticas del más rico brocado, las varas del palio seis mon¬ jes ancianos. Detrás de la Virgen iba el Abad de-pontifical, á quien seguía el Rey con hacha en la mano en que estaban grabadas las ar¬ mas reales ; y detrás, formando dos filas, los Grandes de España que acompañaban á Su Majestad y señoras de alta alcurnia que asistie¬ ron devoción. No es extraño que aquí no figuren Prelados ni por Digni¬ dades eclesiásticas; pues se hizo la función como en secreto por la peste que asomaba la cabeza, y quería evitarse todo lo posible la aglomera¬ ción de gentes. Volvió á entrar la procesión en la misma iglesia vieja de donde había salido, y desde allí, por un paso que se había abierto, pasó al patio de la iglesia nueva, entrando en ella cantando el Te Dciim, y al grito de Viva la. Mare de Dhi de Montserrat dióse por terminada una de las funciones principales que se han visto en este Santuario. La misma tarde el Rey con todo su séquito se fué á dormir á Martorell. Para eterna memoria de este solemne traslado, pusiéronse tres inscripciones, una en la iglesia vieja que decia; PhÚqw 111, Hísp. Rege CatlioUco f nesente, Delpa.rce Vírgínis Marim Imago. Hiñe in Teniplmn novum translata fuit V. Idus Jiüii, anno MDXCIX, cum, hie septingentis amnis niiraculis cla'i uisset. Púsose esta da en el mismo lápi¬ lugar que ocupaba antes de ser trasladada la venera¬ ble y Santa Imagen. Dejáronse muchas lámparas para que ardiesen continuamente delante otra imagen que se coloco en el altar mayor, y hubo el mismo concurso de fieles á visitar esta iglesia que antes del traslado. La segunda inscripción se puso en la iglesia nueva, y decía así: Philipus 11, llisganiarum Pcx, Catholicv.s, maxinnis, cxim singu- lari pietate, in hoc Monasterium plurima et ampla dona contulis- set, oh